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La abolición del hombre - C. S. Lewis

La abolición del hombre - C. S. Lewis

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´ LA ABOLICION DEL HOMBRE

C. S. LEWIS 1943

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((La abolici´n del hombre)) es uno de los mejores alegatos que se han escrito o en favor de la educaci´n y los valores tradicionales que deber´ preservar. Su o ıa actualidad proviene del intento de usarla para falsear estos valores o eliminarlos completamente sustituy´ndolos por propaganda e ideolog´ De ah´ la e ıa. ı necesidad de contar con argumentaciones s´lidas y claras que oponer. Este o es un librito cl´sico que reproducimos aqu´ parcialmente. Hemos omitido las a ı notas a pie de p´gina y un ap´ndice. Ofrecemos as´ lo esencial de un texto a e ı que se edita ocasionalmente y siempre es dif´ de encontrar, al menos en esıcil pa˜ ol, y al mismo tiempo ((preservamos)) en lo posible los derechos legales de n los editores del libro estimulando al lector para que se haga con un ejemplar impreso.

Cap´ ıtulo 1 Hombres sin coraz´n o

sentenci´ a muerte a la palabra o y as´ conden´ al ni˜ o ı o n Dudo que prestemos suficiente atenci´n a la importancia que tienen los o textos escolares b´sicos. Tal es el motivo que me ha llevado a elegir como a punto de partida de estas conferencias un peque˜ o libro de lenguaje destinado n a ((ni˜ os y ni˜ as que cursan sus ultimos a˜ os de escuela)). No creo que las n n ´ n intenciones de los autores (hab´ dos) fueran malas, y les debo, a ellos o a su ıa editor, alg´ n agradecimiento por haberme enviado un ejemplar de cortes´ Al u ıa. mismo tiempo, nada bueno puedo decir de ellos. Y quedamos en una situaci´n o bastante dif´ ıcil. No quiero poner en rid´ ıculo a dos modestos profesores que hac´ lo mejor que pod´ ıan ıan; pero tampoco puedo guardar silencio ante lo que creo la verdadera tendencia de su obra. Por lo tanto, he decidido ocultar sus nombres. Llamar´ Gayo y Tito a estos dos se˜ ores, y a su obra, El libro e n verde. Pero les aseguro que este libro existe y que lo tengo en mi biblioteca. En el segundo cap´ ıtulo, Gayo y Tito citan la conocida historia de Coleridge en la cascada. Recordemos que hab´ dos turistas presentes: uno la ıa llam´ ((sublime)) y el otro, ((linda)); y que Coleridge mentalmente aprob´ el o o primer juicio y rechaz´ con disgusto el segundo. Gayo y Tito opinan lo sio guiente: ((Cuando el hombre dijo ”Esto es sublime”, parec´ referirse a la ıa cascada ... En realidad ... no estaba hablando de la cascada, sino de sus propios sentimientos. En efecto, lo que estaba diciendo en realidad era ”Tengo ciertos sentimientos, asoc´ ıados en mi mente a la palabra ’sublime’... o m´s a brevemente: ”Tengo sentimientos sublimes”)). He aqu´ varios temas bastante ı 1

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profundos, tratados un poco a la ligera. Pero los autores a´n no han termiu nado. A˜ aden: ((Esta confusi´n est´ siempre presente en el lenguaje, en el n o a uso habitual que hacemos de ´l. Parecemos estar diciendo algo muy impore tante sobre una cosa y, en realidad, s´lo decimos algo sobre nuestros propios o sentimientos)).

Antes de entrar a considerar el verdadero alcance de este trascendental parrafito (destinado, recordemos, a ((los ultimos a˜ os escolares))), debemos ´ n eliminar una simple confusi´n en que Gayo y Tito han ca´ o ıdo. Pues incluso desde su propio punto de vista -o desde el que sea-, el hombre que dice ((Esto es sublime)) no puede querer decir ((Tengo sentimientos sublimes)). Incluso si se concediera que cualidades como la sublimidad fueran unica y simplemen´ te algo que proyectamos en las cosas desde nuestras propias emociones, aun as´ las emociones que activan la proyecci´n son los correlatos y, por lo tanı, o to, casi los contrarios, de las cualidades proyectadas. Los sentimientos que hacen que un hombre califique un objeto como sublime no son sentimientos sublimes, sino de veneraci´n. Si se va a reducir ((Esto es sublime)) a una o declaraci´n sobre los sentimientos del hablante, la interpretaci´n adecuada o o ser´ ((Tengo sentimientos de humildad)). Si Gayo y Tito fueran consecuentes ıa en aplicar a todo la perspectiva propuesta, llegar´ a obvios absurdos. Se ıan ver´ obligados a afirmar que la frase ((T´ eres despreciable)) significa ((Tengo ıan u sentimientos despreciables)); de hecho, ((Tus sentimientos son despreciables)), vendr´ a significar ((Mis sentimientos son despreciables)). Pero no queremos ıa detenernos en esto. Ser´ injusto para Gayo y Tito enfatizar lo que sin duda ıa fue una mera inadvertencia. El estudiante que lea ese fragmento en El libro verde creer´ dos proposiciones: Primero, que todas las frases que contienen un a predicado de valor son afirmaciones o negaciones acerca del estado emocional del hablante. Segundo, que todas estas afirmaciones y negaciones carecen de importancia. Es cierto que Gayo y Tito no se extienden sobre ello en esa forma. S´lo se refirieron a un predicado espec´ o ıfico de valor (sublime) como una palabra que describe las emociones del hablante. Dejan a los alumnos la tarea de aplicar por s´ mismos este an´lisis a todos los predicados de vaı a lor, y no sit´ an obst´culo alguno en su camino que les dificulte hacerlo. Los u a autores quiz´ desean, quiz´ no, tal generalizaci´n de su enfoque: puede que a a o nunca en su vida se hayan concedido cinco minutos para pensar seriamente el problema. No me interesa lo que deseaban, sino el efecto que su libro inevitablemente tendr´ en la mente del estudiante. De la misma manera, tampoco a han dicho que los juicios de valor carezcan de importancia. Sus palabras son que ((Parecemos estar diciendo algo muy importante)) sobre las cosas, cuando en realidad, ((solamente decimos algo sobre nuestros propios sentimientos)).

3 Ning´ n estudiante ser´ capaz de resistirse a la influencia que puede ejercer u a sobre ´l esa palabra ((solamente)). Desde luego, no quiero decir que de esta e lectur´ har´ una inferencia consciente a una teor´ filos´fica general de que a a ıa o todos los valores son subjetivos y triviales. El poder mismo de Gayo y Tito depende de que est´n tratando con un ni˜ o; un ni˜ o que cree estar estudiana n n do su tarea de lenguaje y que ni siquiera sospecha que la ´tica, la teolog´ e ıa y la pol´ ıtica est´n en juego. No le est´n inculcando una teor´ sino un sua a ıa, puesto; un supuesto dentro de diez a˜ os -ya olvidado su origen e inconsciente n su presencia- lo condicionar´ para adoptar una posici´n determinada en una a o controversia que nunca advirti´ que fuera tal. Los mismos autores, sospecho, o apenas saben lo que le est´n haciendo al ni˜ o, y ´ste tampoco puede saberlo. a n e Antes de considerar las credenciales filos´ficas de la posici´n que Gayo y Tio o to han adoptado acerca del valor, quisiera presentar los resultados pr´cticos a que dicha posici´n tiene en los procedimientos educacionales de los mismos o autores.

En el cap´ ıtulo cuatro, citan un anuncio rid´ ıculo de un crucero de placer y proceden a inocular a sus alumnos contra ese tipo de redacci´n. El anuno cio nos informa que los que compren pasajes para este crucero ((atravesar´n a el Mar Occidental donde naveg´ Drake de Devon)), ((aventur´ndose tras los o a tesoros de las Indias)), y que tambi´n regresar´n a casa con un ((tesoro)) de e a ((momentos dorados)) y de ((fulgurantes colores)). Sin duda, es mala forma de escritura: una explotaci´n trivial de las emociones de asombro y placer o que se siente al visitar lugares vinculados a la historia o la leyenda. Si Gayo y Tito hubieran trabajado con seriedad y ense˜ aran a sus lectores (como n lo prometieron) el arte de la composici´n literaria, deb´ haber comparao ıan do este anuncio con pasajes de grandes escritores en los cuales esta misma emoci´n estuviera bien expresada, y luego tendr´ que haber mostrado en o ıan qu´ consist´ las diferencias. Podr´ haber usado el famoso fragmento de e ıan ıan Johnson, en Western Islands, que concluye: ((Poco hay que envidiar en un hombre cuyo patriotismo no se fortaleciera en la planicie de Marat´n o cuya o piedad no aumentara entre las ruinas de Iona)). Podr´ haber considerado el ıan pasaje de The Prelude ((Fuerza y poder, poder que crec´ con la fuerza)) donde ıa Wordsworth describe esa primera vez que vislumbr´ la total antig¨ edad de o u Londres. Una lecci´n que presentara dicha literatura junto al anuncio publio citario, y que realmente discriminara entre lo bueno y lo malo, habr´ sido ıa digna de ense˜ arse. Habr´ tenido alguna sangre y savia -los ´rboles del conon ıa a cimiento y de la vida creciendo juntos-. Tambi´n habr´ tenido el m´rito de e ıa e ser una lecci´n de literatura: un tema sobre el que Gayo y Tito, a pesar del o prop´sito manifestado, est´n sumamente ((verdes)). o a

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Lo que en realidad hacen es indicar que el lujoso barco no navegar´ verdaa deramente por donde lo hizo Drake, que los turistas no tendr´n aventuras, a que los tesoros con los cuales regresen ser´n s´lo de naturaleza metaf´rica, y a o o que un viaje a Margate podr´ proporcionar ((todo el placer y el descanso)) ıa que necesitasen. Todo esto es muy cierto: talentos inferiores a los de Gayo y Tito habr´ bastado para descubrirlo. Lo que no advirtieron, o no les interıan es´, es la posibilidad de aplicar un tratamiento muy similar a mucha buena o literatura que se ocupa de la misma emoci´n. Despu´s de todo, ¿qu´ puede o e e a˜ adir, en l´gica pura, la historia del temprano cristianismo brit´nico a los n o a motivos de piedad tal como se dan en el siglo dieciocho? ¿Por qu´ la posada e de Wordsworth tiene que ser m´s c´moda o el aire de Londres m´s saludable a o a s´lo porque Londres ha existido durante tan largo tiempo? O, si en efecto o hay alg´ n obst´culo que impida que un cr´ u a ıtico desacredite a Johnson y a Wordsworth (y a Lamb, y a Virgilio, y a Thomas Browne, y a Walter de la Mare) en la misma forma en que El libro verde desacredita el anuncio, tampoco Gayo y Tito dan a sus lectores estudiantes la m´s m´ a ınima ayuda para que lo descubran. De este pasaje, el estudiante no aprender´ absolutamente nada de literaa tura. Lo que s´ aprender´ bastante r´pido, y quiz´ de manera indeleble, es ı a a a la creencia de que todas las emociones provocadas por asociaciones de ideas son de suyo contrarias a la raz´n y despreciables. No habr´ aprendido que o a existen dos formas de ser inmunes a anuncios de este tipo; que no surten ning´ n efecto ni en los que est´n por encima de ellos, ni en los que est´n por u a a debajo: ni en el hombre verdaderamente sensible, ni en el mero simio con pantalones que nunca ha podido concebir el Atl´ntico como algo mas que a millones de toneladas de agua salada fr´ Pues hay dos tipos de hombre a ıa. los que ofrecemos en vano falsos discursos sobre el patriotismo y el honor: uno es el cobarde; el otro, el hombre honorable y patriota. Nada de esto se presenta al ni˜ o. Por el contrario, se lo alienta a que rechace la atracci´n n o del ((Mar Occidental)), y ello sobre la peligrosa base de que, al hacerlo, demostrar´ que es un tipo listo a quien no se puede estafar. Gayo y Tito, sin a ense˜ arle nada de letras, han privado a su alma, mucho antes de que est´ en n e edad de elegir, de la posibilidad de tener algunas experiencias que pensadores con m´s autoridad han estimado generosas, fruct´ a ıferas y humanas. Sin embargo, no se trata s´lo de Gayo y Tito. En otro librito, a cuyo autor o llamar´ Orbilio, se realiza la misma operaci´n y con el mismo anest´sico genee o e ral. Orbilio elige desacreditar un fragmento rid´ ıculo acerca de caballos, en que se alaba a estos animales por ser ((los abnegados sirvientes)) de los primeros

5 colonos en Australia. Y cae en la misma trampa que Gayo y Tito. Nada dice de Ruksh y Sleipnir ni de los llorosos corceles de Aquiles, ni del caballo de guerra del Libro de Job -ni siquiera del Hermano Rabito ni de Pedro Conejoni de la piedad prehist´rica del hombre por ((nuestro hermano el buey)); nao da, en fin, de todo lo que ha significado el trato semiantropom´rfico de las o bestias en la historia humana ni de la literatura en que halla expresi´n noble o o aguda. Tampoco se refiere a los problemas de la psicolog´ animal tal como ıa los considera la ciencia. Se conforma con explicar que los caballos no est´n, a secundum litteram interesados en la expansi´n colonial. Esta informaci´n es, o o en realidad, la unica que entrega a sus alumnos. No les explica por qu´ la ´ e composici´n es mala, cuando otras, pasibles de la misma cr´ o ıtica, son buenas. Y mucho menos aprenden de los dos tipos de hombre que, respectivamente, son impermeables a este tipo de escritura o pueden ser afectados por ella: el que de verdad conoce y ama a los caballos, no con ilusiones antropom´rficas, o sino con amor com´ n; y el irredimible imb´cil urbano para quien un caballo u e es s´lo un anticuado medio de transporte. Habr´n perdido alguna posibilio a dad de encontrar placer en sus propias jacas y perros; habr´n recibido alg´ n a u incentivo hacia la crueldad o la negligencia; y se les habr´ introducido en la a mente algo de la tendencia a solazarse en su propia astucia. Esa habr´ sido a su clase de Lenguaje del d´ aunque de Lenguaje no han aprendido nada. ıa, Se los ha despojado silenciosamente de otra peque˜ a porci´n de la herencia n o humana antes de que tuvieran edad para entender.

Hasta ahora, he supuesto que profesores como Gayo y Tito no comprenden del todo lo que est´n haciendo ni es su intenci´n producir las consecuencias a o de largo alcance que de hecho producen. Hay, por cierto, otra posibilidad. Lo que he llamado (suponi´ndolos part´ e ıcipes de un determinado sistema tradicional de valores) el ((simio con pantalones)) y el ((imb´cil urbano)) pueden e ser precisamente el tipo de hombre que de verdad desean producir. Las diferencias entre nosotros pueden ser completas. Es posible que Gayo y Tito realmente sostengan que los sentimientos humanos comunes acerca del pasado, de los animales o de las grandes cataratas son contrarios a la raz´n, o despreciables, y que se los deber´ erradicar. Quiz´ su intenci´n es borrar ıa a o los valores tradicionales y comenzar con un conjunto nuevo. Esta posici´n se o analizar´ m´s adelante. Si tal es la postura que sostienen Gayo y Tito, debo, a a por el momento, conformarme con se˜ alar que es una posici´n filos´fica, y no n o o literaria. Al incluirla en su libro, han sido injustos con el padre o el director que compra y obtiene la obra de fil´sofos aficionados cuando esperaba la de o gram´ticos profesionales. Cualquiera se molestar´ si su hijo regresara del a ıa dentista con los dientes intactos y la cabeza atestada de los obiter dicta del

6 dentista sobre el bimetalismo o la teor´ de Bacon. ıa

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No obstante, dudo que Gayo y Tito realmente hayan planificado propagar su filosof´ so pretexto de ense˜ ar literatura. Creo que cayeron en esto por ıa n las siguientes razones: En primer lugar, la cr´ ıtica literaria es dif´ y lo que ıcil, en realidad hacen es mucho m´s f´cil. Explicar por qu´ un mal an´lisis de a a e a una emoci´n humana b´sica es mala literatura, si excluimos los ataques que o a ponen en duda la emoci´n en s´ es algo muy dif´ o ı, ıcil. Incluso me parece que A. Richards, el primero que enfrent´ con seriedad el problema de lo malo en o la literatura, fracas´. En cambio, desacreditar la emoci´n bas´ndose en un o o a racionalismo trivial, es cosa que est´ al alcance de cualquiera. En segundo a lugar, creo que Gayo y Tito, con toda honestidad, pueden haber comprendido mal la apremiante necesidad educacional del momento. Ven c´mo el mundo o en torno est´ regido por propaganda emocional, han aprendido de la tradici´n a o que la juventud es sentimental, y concluyen que lo mejor ser´ fortalecer la ıa mente de los j´venes contra las emociones. Mi propia experiencia de profesor o indica lo contrario. Por cada alumno que proteger de un leve exceso de sensibilidad, hay tres que despertar del estupor de la fr´ vulgaridad. El deber ıa del educador moderno no es talar selvas, sino irrigar desiertos. La defensa adecuada contra los sentimientos falsos es inculcar sentimientos justos. Si no alimentamos la sensibilidad de nuestros alumnos, s´lo los convertimos en o presa m´s f´cil del propagandista. Pues la hambrienta naturaleza se vengar´, a a a y un coraz´n duro no es protecci´n infalible contra una mente d´bil. o o e Sin embargo, hay una tercera raz´n, m´s profunda, para el procedimiento o a que adoptan Gayo y Tito. Pueden estar dispuestos a admitir que una buena educaci´n deber´ construir algunos sentimientos mientras destruye otros. o ıa Pueden intentarlo. Pero es imposible que lo logren. Hagan lo que hagan, el aspecto destructor de su trabajo, y s´lo ´l, tendr´ efecto realmente. En orden o e a a aprehender claramente esta necesidad debo, por un momento, hacer una digresi´n que me permita mostrar que aquello que se puede llamar la posici´n o o educacional de Gayo y Tito es diferente de la de todos sus predecesores. Hasta hace muy poco todos los profesores, e incluso todos los hombres, cre´ que el universo era tal que determinadas reacciones emocionales nuesıan tras pod´ ser congruentes o incongruentes con ´l; cre´ ıan e ıan, de hecho, que los objetos no s´lo recib´ o ıan, sino que pod´ merecer nuestra aprobaci´n o ıan o desaprobaci´n, nuestra reverencia o desprecio. Sin duda, Coleridge concoro daba con el turista que llam´ sublime a la catarata y discrepaba del que la o llam´ linda porque pensaba que la naturaleza inanimada era tal que ciertas o

7 respuestas ante ella pod´ ser m´s ((justas)) o ((pertinentes)) o ((apropiadas)) ıan a que otras. Y cre´ (con raz´n) que los dos turistas pensaban lo mismo. La ıa o intenci´n del que llam´ sublime a la catarata no era simplemente describir o o sus propias emociones: tambi´n afirmaba que el objeto merec´ estas emocioe ıa nes. Si no fuera por esta afirmaci´n, no habr´ nada con qu´ estar de acuerdo o ıa e o en desacuerdo. Estar en desacuerdo con la frase ((Esto es bello)), si estas palabras s´lo describieran los sentimientos de una persona, ser´ absurdo: si o ıa hubiera dicho ((Me siento mal)), Coleridge no habr´ contestado ((No; yo me ıa siento bastante bien)). Shelley asume la misma posici´n cuando, tras como parar la sensibilidad humana con una lira e´lica, a˜ ade que se diferencia de o n una lira com´ n porque posee un poder de ((ajuste interno)) que le permite u ((acomodar sus cuerdas a los movimientos de aquello que las toca)). ((¿Puedes ser un hombre honrado -pregunta Traherne- a menos que seas justo en otorgar a las cosas la estimaci´n que les es debida? Todas las cosas se hicieron o para ser nuestras y nosotros para apreciarlas seg´n su valor)). u

San Agust´ define la virtud como ordo amoris, la ordenada condici´n de ın o los afectos en que se le otorga a cada objeto el tipo y grado de amor que le corresponde. Arist´teles dice que el fin de la educaci´n es conseguir que o o el alumno tenga predilecciones y aversiones por lo que corresponde: Cuando llega la edad del pensamiento reflexivo, el alumno que se ha ejercitado de esta forma en ((afectos ordenados)) o ((sentimientos justos)) descubrir´ con a facilidad los primeros principios de la ´tica; pero el hombre corrupto nunca e los podr´ ver y no podr´ progresar en esta ciencia. Plat´n ya hab´ dicho lo a a o ıa mismo: ((En un principio, el peque˜ o animal humano no tendr´ las respuesn a tas exactas. Se le debe ejercitar para sentir placer, predilecci´n, aversi´n y o o odio por las cosas que realmente son placenteras, agradables, desagradables y odiosas. En La Rep´blica, el joven bien educado es el ’que ver´ con mau ıa yor claridad cualquier error en trabajos mal hechos de un hombre o en obras mal terminadas de la naturaleza; con justa aversi´n culpar´ y odiar´ lo feo o ıa ıa incluso desde sus primeros a˜ os, y har´ entusiastas alabanzas a lo bello, recin ıa bi´ndolo en el alma y aliment´ndose con ello, para convertirse en un hombre e a de buen coraz´n. Todo esto antes de encontrarse en edad de razonar; de modo o que cuando finalmente llegue a ´l la Raz´n, entonces, educado de esta forma, e o estrechar´ sus manos para darle la bienvenida y reconocerla, ya que percibe a su afinidad con ella)). En el primer hindu´ ısmo, la conducta humana que se puede llamar buena consiste en la conformidad con (o casi participaci´n en) o la Rta, ese gran ritual o modelo de la naturaleza y de la sobrenaturaleza, que se revela del mismo modo en el orden c´smico, en las virtudes morales o y en el ceremonial del templo. Constantemente se identifica la rectitud, la

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correcci´n, el orden, la Rta, con la satya o la verdad, la correspondencia con o la realidad. Tal como Plat´n dice que el bien est´ m´s all´ de la existencia, y o a a a Wordsworth que por la virtud las estrellas permanecen firmes, los maestros hind´ es dicen que los dioses mismos nacen de la Rta y la obedecen. u Tambi´n los chinos hablan de algo grande (lo m´s grande), que llaman el e a Tao. Es la realidad m´s all´ de toda calificaci´n, el abismo que era antes que a a o el Creador mismo. Es la Naturaleza, el Camino, el Sendero. Es el Camino por donde avanza el universo, el Camino de donde todo eternamente surge, silencioso y tranquilo, al espacio y al tiempo. Tambi´n es el Camino que todo e hombre debe hollar imitando esa progresi´n c´smica y superc´smica, conforo o o mando todas las actividades con ese gran ejemplo. ((En el ritual -dicen las Analectas- se privilegia la armon´ con la Naturaleza)). De manera similar los ıa antiguos jud´ alaban la Ley por ser ((verdadera)). En adelante, y por razoıos nes de brevedad, llamar´ a todas las formas de esta concepci´n -plat´nica, e o o aristot´lica, estoica, cristiana y oriental- simplemente ((el Tao)). A muchos, e algunas de sus versiones quiz´ puedan parecerles extra˜ as o incluso m´gicas. a n a Pero todas tienen en com´ n algo que no podemos olvidar: la doctrina del vau lor objetivo, la convicci´n en que ciertas actitudes son realmente verdaderas, o y otras realmente falsas, respecto de lo que es el universo y somos nosotros. Los que conocen el Tao pueden sostener que llamar encantadores a los ni˜ os n o venerables a los ancianos no es s´lo registrar un hecho psicol´gico acerca o o de moment´neas emociones parentales o filiales, sino reconocer una cualidad a que nos exige una determinada respuesta, respondamos o no de este modo. Yo no disfruto de la compa˜´ de ni˜ os peque˜ os; pero, como hablo desde nıa n n el Tao, reconozco esto como un defecto m´ de la misma forma en que otro ıo, hombre puede reconocer que carece de o´ musical o es dalt´nico. En esta ıdo o concepci´n, nuestras aprobaciones y desaprobaciones son entonces reconocio mientos de valor objetivo o respuestas a un orden objetivo y, por lo tanto, los estados emocionales pueden estar en armon´ con la raz´n (cuando sentimos ıa o agrado por lo que se debe aprobar) o no (cuando advertimos que algo nos deber´ producir agrado, pero no lo podemos sentir). Ninguna emoci´n es, en ıa o s´ un juicio; en este sentido, todas las emociones y sentimientos son a-l´gicos. ı, o Pero pueden ser razonables o irrazonables seg´ n est´n o no est´n de acuerdo u e e con la Raz´n. El coraz´n nunca reemplaza a la cabeza; pero puede, y debe, o o obedecerla. A todo esto es contrario el mundo de El libro verde. En ´l, la posibilidad e misma de que un sentimiento sea razonable -o no razonable- se ha excluido desde el principio. Pues algo s´lo puede ser razonable o no razonable si se o

9 conforma o no con otra cosa. Decir que la catarata es sublime implica decir que nuestra emoci´n de humildad es apropiada o se ordena seg´ n la realidad o u y, de este modo, implica hablar de algo adem´s de la emoci´n (como decir a o que un zapato calza bien no es hablar s´lo de los zapatos, sino tambi´n de los o e pies). Pero esta referencia a algo m´s all´ de la emoci´n es lo que Gayo y Tito a a o excluyen de cada frase que contiene un predicado de valor. Esas afirmaciones, seg´ n ellos, s´lo se refieren a la emoci´n. Entonces la emoci´n, considerada u o o o por s´ sola, no puede estar de acuerdo o en desacuerdo con la Raz´n. Es ı o irracional; no como lo es un paralogismo, sino como lo es un hecho f´ ısico: ni siquiera se eleva a la dignidad de error. Desde esta perspectiva, el mundo de los hechos, sin indicio alguno de valor, y el mundo de los sentimientos, sin indicio alguno de verdad o falsedad, justicia o injusticia, se enfrentan, y ning´ n encuentro es posible. u Por lo tanto, el problema educacional es totalmente distinto seg´ n se u est´ dentro o fuera del Tao. Para los que est´n dentro, la tarea consiste e e en ejercitar en el alumno aquellas respuestas que son de por s´ apropiadas, ı sin importar si alguien las est´ o no las est´ dando; ejercitar precisamente a a aquellas respuestas en cuyo ejercicio consiste la naturaleza del hombre. Los que est´n fuera, si son l´gicos, deben considerar que todos los sentimiena o tos son igualmente no racionales, meras nieblas entre nosotros y los objetos reales. Como resultado, deben decidir eliminar cuanto sea posible los sentimientos de la mente del alumno; o inculcar ciertos sentimientos por razones que no tienen relaci´n alguna con su ((Justicia)) o ((pertinencia intr´ o ınseca)). Este ultimo camino los compromete en la dudosa tarea de crear en otros por ´ ((sugerencia)) o por conjuro, un espejismo que su propia raz´n ya ha disipado. o Quiz´ esto quede m´s claro si consideramos un caso concreto. Cuando un a a padre romano le dec´ a su hijo que era dulce y apropiado (dulce et decorum) ıa morir por la patria, cre´ en lo que dec´ Le comunicaba a su hijo una ıa ıa. emoci´n que ´l compart´ y que cre´ estaba de acuerdo con el valor que su o e ıa, ıa juicio discern´ en una muerte noble. Le daba a su hijo lo mejor que ten´ ıa ıa, d´ndole de su esp´ a ıritu para humanizarlo como le hab´ dado de su cuerpo ıa para engendrarlo. Pero Gayo y Tito no pueden creer que al llamar dulce y apropiada a esta muerte se est´ diciendo ((algo importante acerca de algo)). e Su propio m´todo de cr´ e ıtica se volver´ en su contra si lo intentaran. Pues la ıa muerte no es algo que se come y, por lo tanto, no puede ser dulce en sentido literal, como tambi´n es muy improbable que las sensaciones reales que la e preceden sean dulces, ni siquiera por analog´ Y en cuanto al decorum ıa. aquello que es apropiado-, es s´lo una palabra que describe lo que otras o

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personas sentir´n acerca de nuestra muerte cuando piensen en ella, lo que a no ocurrir´ a menudo y, sin duda, no nos har´ ning´ n bien. S´lo quedan a a u o dos caminos disponibles para Gayo y Tito: O bien deben llegar hasta el final y desacreditar este sentimiento como lo hacen con cualquier otro. O bien deben empe˜ arse en producir, desde fuera, un sentimiento que, careciendo n de valor para el alumno, puede costarle la vida, y ello porque a nosotros (los sobrevivientes) nos es util que los j´venes lo sientan. ´ o Si toman este segundo camino, la diferencia entre la antigua y la nueva educaci´n ser´ importante. Donde la antigua educaci´n iniciaba, la nueva o a o solamente condiciona. La antigua trataba a los alumnos como los p´jaros a adultos tratan a sus polluelos cuando les ense˜ an a volar; la nueva, m´s bien n a como un avicultor trata a los polluelos, cri´ndolos para tal o cual prop´sito a o del que los p´jaros nada saben. En s´ a ıntesis, la antigua era una especie de propagaci´n -hombres transmitiendo humanidad a otros hombres-; la nueva, o s´lo propaganda. Habla a favor de Gayo y Tito el que adopten la primera o alternativa. Ellos abominan de la propaganda; no porque su propia filosof´ ıa permita condenarla (o condenar cualquier otra cosa), sino porque son mejores que sus principios. Es probable que sospechen vagamente (lo examinar´ en mi e pr´xima conferencia) que, si llegara a ser necesario, podr´ ponderar ante los o ıan alumnos el coraje y la buena fe y la justicia sobre la base de lo que llamar´ ıan fundamentos ((racionales)), ((biol´gicos)) o ((modernos)). Mientras tanto, dejan o pendiente el tema ... contin´ an desmitificando. u No obstante, este camino, aunque no tan inhumano, no es menos desastroso que la alternativa de la propaganda c´ ınica. Supongamos por un instante que las virtudes m´s arduas puedan en verdad justificarse te´ricamente sin a o recurrir al valor objetivo. Sigue siendo verdadero que ninguna justificaci´n o de la virtud capacita a un hombre para ser virtuoso. Sin la ayuda del entrenamiento de las emociones, el intelecto carece de poder frente al organismo animal. Yo preferir´ jugar a las cartas con un hombre esc´ptico acerca de ıa e la ´tica, pero educado para creer que ((un caballero no hace trampas)), que e con un fil´sofo moral intachable que ha crecido entre estafadores. En una o batalla, los silogismos no son lo que mantiene firmes m´ sculos y nervios duu rante la tercera hora de bombardeo: m´s util resulta el sentimentalismo m´s a ´ a crudo (del tipo que Gayo y Tito abominan) en relaci´n con una bandera, o un pa´ o un regimiento. Plat´n nos lo dijo hace mucho tiempo. As´ como ıs o ı el rey gobierna mediante su ejecutivo, la Raz´n en el hombre debe gobero nar los meros apetitos mediante el ((vigoroso elemento)). La cabeza domina el est´mago a trav´s del coraz´n -el asiento, como Alanus nos dice, de la o e o

11 Magnanimidad, de las emociones organizadas por el h´bito en sentimientos a estables-. El Coraz´n, la Magnanimidad, el Sentimiento: ´stos son los indiso e pensables oficiales de enlace entre el hombre cerebral y el visceral. Se puede decir, incluso, que es por este elemento intermedio que el hombre es hombre, ya que por su intelecto es un mero esp´ ıritu, y un mero animal por su apetito. El efecto de El libro verde y otros de su g´nero es producir lo que se puede e llamar hombres sin coraz´n. Es una atrocidad que habitualmente se les llao me intelectuales. Esto les permite decir que quien los ataca, tambi´n ataca la e inteligencia. No es as´ No se distinguen de otros hombres por una habilidad ı. especial para descubrir la verdad ni por un ardor virginal para buscarla. En realidad ser´ extra˜ o que as´ fuera: la devoci´n perseverante por la verdad ıa n ı o y el sentido del honor intelectual no se pueden mantener por mucho tiempo sin la ayuda de un sentimiento que Gayo y Tito podr´ desacreditar con ıan la misma facilidad con que denigran cualquier otro. No se destacan por un exceso de pensamiento, sino por defecto de emoci´n f´rtil y generosa. Sus o e cabezas no son m´s grandes que lo normal: la atrofia del coraz´n las hace a o parecer as´ ı. Y todo el tiempo -tal es la tragicomedia de nuestra situaci´n- seguimos o clamando precisamente por aquellas cualidades que tornamos imposibles. No se puede abrir un peri´dico sin encontrar la afirmaci´n de que lo que nuestra o o civilizaci´n necesita es m´s impulso o dinamismo o autosacrificio, o creativio a dad. Con una especie de atroz simplismo, extirpamos el ´rgano y exigimos o la funci´n. Formamos hombres sin coraz´n, y esperamos de ellos virtud y o o arrojo. Nos burlamos del honor, y despu´s nos sorprende descubrir traidores e entre nosotros. Castramos, y esperamos fertilidad.

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1. Hombres sin coraz´n o

Cap´ ıtulo 2 El camino

Bajo una unica perspectiva ´ trabaja el gentilhombre Confucio, Anales I.2 El resultado pr´ctico de la educaci´n seg´ n el esp´ a o u ıritu de El libro verde es la destrucci´n de la sociedad que acepta dicho esp´ o ıritu. Pero esto no supone, necesariamente, la refutaci´n de la teor´ del subjetivismo de los valores. La o ıa verdadera doctrina debe ser tal, que si la aceptamos, estamos dispuestos a morir por ella. Nadie que hable desde el Tao podr´ rechazarla por tal motivo. ıa Pero todav´ no hemos llegado a ese punto. Existen dificultades te´ricas en ıa o la filosof´ de Gayo y Tito. ıa A pesar de lo subjetivos que puedan ser al considerar algunos de los valores tradicionales, Gayo y Tito, por el simple hecho de escribir El libro verde, han explicitado que deben existir otros valores en absoluto subjetivos. Ellos escriben con el fin de provocar determinadas im´genes mentales en las nuea vas generaciones: y no porque piensen que dichos esquemas mentales sean intr´ ınsecamente justo o buenos, sino, ciertamente, porque consideran a dichas generaciones como el medio hacia un estado de la sociedad que estiman deseable. No ser´ dif´ (aunque s´ fatigoso) recoger en varios pasajes de El ıa ıcil ı libro verde cu´l es su ideal; pero no es necesario hacerlo. Lo importante no a es precisar la naturaleza del fin que persiguen, sino el hecho de que tal fin exista o no. Y debe existir, pues en caso contrario, este libro (siguiendo un razonamiento estrictamente pragm´tico) habr´ sido escrito sin prop´sito ala ıa o guno. Adem´s, este fin debe tener un valor real ante sus ojos. Eludir llamarlo a ((bueno)) y utilizar, en su lugar, calificativos como ((necesario)), ((progresista)) 13

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o ((eficaz)) ser´ un subterfugio. A trav´s de una argumentaci´n, se les podr´ ıa e o ıa conminar a responder a las pregunas: ¿necesario para qu´? ¿progresando hae cia d´nde? ¿con qu´ eficacia?; como ultimo recurso, tendr´ que admitir que o e ´ ıan el estado de la cuesti´n es, en su opini´n, bueno para sus propios intereses. Y o o esta vez no podr´ mantener que ((bueno)) simplemente refleja sus emociones ıan sobre el tema, dado que el objetivo ultimo de su libro es el de condicionar al ´ joven lector para que comparta sus aseveraciones; y esto ser´ empresa o de ıa un loco o de un mezquino, salvo que consideraran que dichas aseveraciones fueran, de alg´ n modo, v´lidas o correctas. u a De hecho Gayo y Tito se encontrar´ sosteniendo, con un dogmatismo ıan completamente acr´ ıtico, todo el sistema de valores que estuvo de moda entre los j´venes de educaci´n moderada de las clases profesionales en el periodo o o de entreguerras. Su escepticismo en relaci´n a los valores es s´lo superficial: o o es aplicable respecto a los valores de los dem´s, pero sobre su propio sistema a de valores no son en absoluto esc´pticos. Y este fen´meno es muy habitual. e o La mayor´ de los que menoscaban los valores tradicionales o (como suelen ıa llamarlos) ((sentimentales)), tienen sus propios valores que parece ser inmunes a tal proceso de descr´dito. Proclaman estar cortando con el desarrollo e ((parasitario)) del sentimiento, de la aquiescencia religiosa y de los tab´es u heredados con el fin de que los valores ((reales)) o ((fundamentales)) puedan salir a flote. Intentar´ a continuaci´n descubrir qu´ sucede si se afronta este e o e problema seriamente. Sigamos usando el ejemplo anterior -el de la muerte por una causa justapero no, por supuesto, porque la virtud sea el unico valor o el martirio la unica ´ ´ virtud, sino porque ´ste es el experimentum crucis que analiza diferentes e sistemas de pensamiento del modo m´s clarificador. Supongamos que un a ((innovador)) de valorres considera dulce et decorum y greater love hath no man como meros sentimientos irracionales que deben ser desterrados a fin de poder descender al terreno ((realista)) o ((fundamental)) de este valor. ¿D´nde o encontrar´ un terreno as´ ıa ı? En primer lugar, podr´ decir que el valor real se encuentra en la utiliıa dad que para la comunidad tiene un sacrifico de este tipo. ((Bueno)) -podr´ ıa decir- ((significa util para la comunidad)). Pero, por supuesto, la muerte de la ´ comunidad no es util para la propia comunidad: unicamente podr´ serlo la ´ ´ ıa muerte de algunos de sus miembros. Lo que realmente se quiere decir es que la muerte de algunos hombres es util para otros hombres. Eso es muy cierto: ´ ¿pero cual es el fundamento por el que se les pide a algunos hombres que

15 mueran en el beneficio de otros? Cualquier apelaci´n al orgullo, al honor, a o la dignidad o al amor es excluida por hip´tesis. Hacer uso de ello implicar´ o ıa reconsiderar el sentimiento, y la tarea del ((innovador)) es, una vez desligado de todo eso, explicar a los hombres, en t´rminos de puro razonamiento, por e qu´ se les pide que mueran para que otros puedan vivir. Podr´ decir: ((A e ıa menos de que algunos corramos el riesgo de morir, todos nosotros moriremos con seguridad)). Pero eso ser´ cierto tan s´lo en un n´ mero muy limitado de a o u casos; y a´ n siendo cierto, se podr´ rebatir de modo muy razonable conu ıa testando con la pregunta: ((¿Por qu´ he de ser yo uno de los que corran ese e riesgo?))

LLegados a este punto, el ((innovador)) deber´ preguntarse por qu´, desıa e pu´s de todo, el egoismo deber´ ser m´s ((racional)) o ((inteligente)) que el e ıa a altruismo. Sea bienvenida la pregunta. Si por Raz´n entendemos el proceo so (es decir, el proceso de inducir por inferencia de proposiciones, derivadas en ultimo extremo de datos sensoriales, proposiciones ulteriores) que siguen ´ realmente Gayo y Tito cuando se ocupan de menoscabar los sentimientos, entonces la respuesta debe ser que rechazar sacrificarse uno mismo no es m´s racional que acceder a hacerlo. Ni tampoco es menos racional. Ningua na elecci´n es en absoluto racional o irracional. No se puede seguir ninguna o conclusi´n pr´ctica de las proposiciones referentes a hechos aislados. Esto o a preservar´ a la sociedad no puede llevar a haz esto salvo que medie el la a sociedad debe ser protegida. Esto te costar´ la vida no puede llevar directaa mente a no hagas esto: s´lo conducir´ a ello si existe un deber consciente o o a un instinto de autoconservaci´n. El ((innovador)) intenta obtener conclusiones o en modo imperativo a partir de premisas formuladas en modo indicativo: y aunque lo intente eternamente no podr´ tener ´xito, porque tal cosa no es a e posible. Por consiguiente, deberemos ampliar la palabra Raz´n para incluir o lo que nuestros antecesores llamaron Raz´n Pr´ctica y confesar que juicios o a tales como la sociedad debe ser protegida (aunque ´stos se puedan sostener sin e la clase de Raz´n que Gayo y Tito exigen) no son simples sentimientos, sino o que constituyen la racionalidad misma; o, en caso contrario, debemos eludir, de una vez por todas, el intento de encontrar un n´ cleo de valor ((racional)) u m´s all´ de los sentimientos que hemos menoscabado. El ((innovador)) no elea a gir´ la primera alternativa, puesto que los principios pr´cticos que todos los a a hombres conocen como Raz´n son, simplemente, el Tao que ´l pretende suso e tituir. M´s bien decidir´ evitar la b´ squeda del n´ cleo ((racional)) e indagar a a u u en otros campos m´s ((realistas)) y ((fundamentales)). a

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Y esto probablemente creer´ haberlo encontrado en el Instinto. La prea servaci´n de la sociedad y de la propia especie son fines que no penden del o precario hilo de la Raz´n: dependen del Instinto. Por eso es por lo que no es o necesrio rebatir al hombre que no los reconoce. Tenemos una exigencia instintiva de preservar nuestra especie. Esta es la raz´n por la que los hombres o deben trabajar para la posteridad. No tenemos una exigencia instintiva para mantener las promesas o para respetar la vida de cada individuo; por eso, tener escr´ pulos en relaci´n a la justicia o a la humanidad -lo que de hecho u o es el Tao- es algo que se puede eliminar sin m´s cuando entra en conflicto a con nuestro fin real: la preservaci´n de las especies. Esta es la raz´n por o o la que, de nuevo, la situaci´n moderna permite y requiere una nueva moral o sexual: los viejos tab´ es jugaron un papel importante como ayuda para preu sevar las especies; pero los anticonceptivos han modificado esta situaci´n y o de este modo, se pueden abandonar muchos de aquellos tab´ es, puesto que, u por supuesto, el deseo sexual, siendo instintivo, debe ser satisfecho mientras no entre en conflicto con la preservaci´n de las especies. Parece como si, de o hecho, una ´tica basada en el instinto diera al ((innovador)) todo aquello que e desea y evitara todo aquello que no desea.

En realidad no hemos subido un solo pelda˜ o. No insistir´ en que llamamos n e Instinto a lo que no conocemos (pues decir que las aves migratorias encuentran su itinerario por instinto es s´lo decir que no sabemos c´mo lo encueno o tran), y aqu´ se est´ usando de un modo adecuado en cuanto que expresa ı a un impulso irreflexivo o espont´neo ampliamente percibido por los miema bros de una especie determinada. ¿De qu´ manera nos ayudar´ el Instinto, e a as´ concebido, a encontrar valores ((reales))? ¿Se puede sostener que debemos ı obedecer al Instinto, que no podemos obrar de otro modo? En tal caso, ¿por qu´ se escriben libros verdes? ¿por qu´ tal conjunto de exhortaciones para e e conducirnos adonde es ineludible ir? ¿por qu´ tales elogios para quienes se e han abandonado a lo inevitable? ¿O es que se sostiene que si obedecemos al Instinto estaremos felices y contentos? Sin embargo, la verdadera cuesti´n o que estamos considerando es la de afrontar la muerte, la cual (al menos por lo que el ((innovador)) conoce) elimina cualquier posible satisfacci´n: y si teo nemos un deseo instintivo de bien para la posteridad, entonces, este deseo, por la propia naturaleza del problema, nunca se puede satisfacer, puesto que su objetivo se alcanza, en todo caso, cuando se est´ muerto. Parece m´s bien a a que el ((innovador)) no quiere decir que debamos obedecer al Instinto, ni que nos satisfar´ el hacerlo, sino que ser´ conveniente obedecerlo. a ıa

17 Pero ¿por qu´ tenemos que obedecerlo? ¿Existe otro instinto de orden e superior que nos obligue a hacerlo; y un tercero de mayor orden a´ n que nos u obligue a obedecer a este segundo: una recurrencia infinita de instintos? Se puede presumir que esto es imposible, pero no existen otras opciones. A partir de la proposici´n de car´cter psicol´gico ((Algo me impulsa a hacer esto y lo o a o otro)) no se puede ingenuamente inferir el principio pr´ctico ((Debo obedecer a a este impulso)). Aunque fuera cierto que los hombres tienen un impulso espont´neo e irreflexivo para sacrificar su propia vida en beneficio de sus a cong´neres, otra cuesti´n muy distinta es si deben controlar o consentir este e o impulso; puesto que incluso el ((innovador)) admite que muchos impulsos (los que entran en conflicto con la preservaci´n de la especie) se deben controlar. o Y admitir esto nos lleva a una dificultad a´ n m´s esencial. u a Decirnos que obedezcamos al ((Instinto)) es decirnos que obedezcamos a la ((gente)). Y la gente dice cosas muy variopintas, al igual que los instintos. Nuestros instintos est´n en conflicto. Si se sostiene que el instinto de prea servar la especie debe ser obedecido a expensas del resto de instintos, ¿de d´nde se deriva esta regla de precedencia? Hacer caso a tal instinto, que nos o habla en su propia causa, y decidir a su favor ser´ una simpleza. Cada insıa tinto, si se le presta atenci´n pretender´ ser satisfecho a expensas del resto. o a Por el simple hecho de prestar atenci´n a uno en vez de a otro habremos o prejuzgado el problema. Si en dicha comparaci´n no tenemos en cuenta la o dignidad comparativa de cada uno, nunca la podremos extraer de ellos. Y el conocimiento no puede ser instintivo en s´ mismo: el juez no puede ser una ı parte de lo que se juzga; en caso de serlo, la decisi´n no tiene valor y no o existe un terreno en el que situar la preservaci´n de las especies por encima o de la autoconservaci´n o del instinto sexual. o La idea de que, sin apelar a una instancia superior a los propios instintos, es posible encontrar un fundamento por el que dar preponderancia a un instinto frente al resto se presenta muy complicada. Para ello, nos aferramos a palabras bald´ lo llamaremos el instinto ((b´sico)) o el ((fundamental)), o ıas: a el ((primario)) o el ((m´s profundo)). No sirve para mucho. O estas palabras a ocultan un juicio de valor que va m´s all´ del instinto y, por tanto, no puede a a derivar de ´l, o bien, simplemente, recogen la intensidad que despierta en e nosotros, la frecuencia con que se manifiesta o su amplia difusi´n. Seg´ n lo o u primero, todo intento de basar el valor en el juicio se ha desechado; seg´ n lo u segundo, estas observaciones sobre los aspectos cuantitativos de un hecho de car´cter psicol´gico no nos conducen a una conclusi´n pr´ctica. Es el viejo a o o a dilema. O estas premisas ocultan un imperativo o la conclusi´n se queda o

18 simplemente en lo indicativo.

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Finalmente, no tiene mucha utilidad preguntarse si existe alg´ n instinto u por el que preocuparse por la posteridad o por preservar la especie. Yo no lo descubro en m´ mismo; adem´s, soy un hombre poco propenso a pensar en ı a el futuro lejano: prefiero leer con placer a Mr. Olaf Stapledon. Y me parece a´ n m´s dif´ pensar que la mayor´ de la gente que se ha sentado en el u a ıcil ıa asiento de enfrente en el autob´ s o que ha hecho cola a mi lado, sienta un u impulso irreflexivo para hacer algo por la especie o por la posteridad. S´lo o la gente educada de un modo particular ha podido tener en consideraci´n o la idea ((posteridad)). Es dif´ atribuir al instinto nuestra actitud hacia un ıcil objeto que existe s´lo para los hombres reflexivos. Lo que poseemos por o naturaleza es un impulso para proteger a nuestros hijos o nietos: un impulso que se hace cada vez m´s d´bil conforme la imaginaci´n se retrotrae hasta a e o morir en los ((desiertos del abrumador futuro)). Ning´ n padre, guiado por este u instinto, podr´ so˜ ar, por un instante siquiera, en anteponer las exigencias ıa n de sus hipot´ticos descendientes a las del beb´ que en ese momento chilla y e e patalea en la habitaci´n. Los que aceptamos el Tao deber´ o ıamos, quiz´s, decir a que tendr´ que hacerlo: pero eso no est´ claro para los que consideran al ıan a instinto como la fuente de todo valor. En la medida en que pasamos del amor maternal a la planificaci´n racional del futuro estamos pasando del terreno o del instinto al de la elecci´n y la reflexi´n: y si el instinto es el origen del o o valor, la planificaci´n del futuro deber´ ser una cosa menos respetable y o ıa digna de menor consideraci´n que el modo de hablarle a un beb´ o los mimos o e de una madre cari˜ osa; o que las an´cdotas de colegio m´s banales de un n e a padre ya mayor. Si nos basamos en el instinto, estas cosas son lo sustancial, y la preocupaci´n por el futuro la sombra; la enorme sombra danzante de o la felicidad infantil proyectada sobre la pantalla de un futuro incierto. No digo que esta proyecci´n sea algo malo: pero, en tal caso, no creo que el o instinto sea la cimentaci´n de los juicios de valor. Lo que es absurdo es exigir o que la preocupaci´n por el futuro encuentre su justificaci´n en el instinto y o o despu´s mofarse en cada momento del unico instinto en el que se supone que e ´ se sustenta, apartando a los ni˜ os del regazo de la madre y llev´ndolos a la n a guarder´ o al parvulario en aras de progreso de la raza venidera. ıa La verdad, as´ se pone de manifiesto finalmente; ni a trav´s de determinaı, e das operaciones, manejando proposiciones de hecho, ni apelando al instinto puede el ((innovador)) encontrar fundamento para su sistema de valores. Ninguno de los principios que le son necesarios los va a encontrar en tales posiciones: pero s´ los debe encontrar en alg´ n otro sitio. ((Todo cuanto alcanzan ı u

19 a abarcar los cuatro mares lo siento como hermano m´ (XII,5) dice Confuıo)) cio del Chiintzu, el cuor gentil o gentilhombre. Humanum a me alienum puto dice el estoico. ((Haz t´ como si lo hicieran contigo)) dice Jesus. ((La humaniu dad debe ser preservada)) dice Locke. Todos los principios pr´cticos que hay a detr´s del problema que se le plantea al ((innovador)) acerca de la posteridad, a o de la sociedad, o de la especie, est´n, desde tiempo inmemorial, en el Tao. a Y en ning´ n otro sitio; salvo que uno acepte sin resquicio de duda que esto u es al mundo de la acci´n lo que los axiomas son al mundo de la teor´ no o ıa, se puede encontrar ning´ n g´nero de principios pr´cticos. Y adem´s, no se u e a a puede llegar a ellos como conclusiones: son premisas. Se les puede considerar -puesto que no existe una ((raz´n)) para ellos de la clase de raz´n que exigen o o Gayo y Tito- sentimientos: pero, en tal caso, se deben dejar de comparar los valores ((reales)) o ((racionales)) con el valor sentimental. En tal supuesto, todo valor ser´ sentimental; y se debe admitir (so pena de desestimar cualquier ıa valor) que todo sentimiento no es algo ((simplemente)) subjetivo. Se les debe considerar, por otra parte, tan racionales -o, m´s bien, tan la racionalidad a misma-, como las cosas m´s obvias y razonables, aquellas que ni exigen ni ada miten verificaci´n alguna. Pero entonces se debe admitir que la Raz´n pueda o o ser pr´ctica, que un deber´ no se debe despachar tranquilamente porque no a ıa pueda generar un es que lo acredite. Si nada es evidente en s´ mismo, nada ı se puede demostrar. Del mismo modo, si nada es obligatorio por s´ mismo, ı nada es en absoluto obligatorio.

A alguien le podr´ parecer que he encubierto, simplemente, bajo otro ıa nombre lo que siempre se entendi´ por instinto b´sico o fundamental. Peo a ro las implicaciones van mucho m´s all´ del simple juego de palabras. El a a ((innovador)) ataca los valores tradicionales (el Tao) en defensa de lo que ´l, e en principio, cree que son (bajo un punto de vista muy particular) valores ((racionales)) o ((biol´gicos)). Pero como hemos visto, todos los valores que o utiliza para atacar el Tao, y que cree sustitutorios del mismo, se derivan del propio Tao. Si ´l realmente se ha remontado de nuevo a la l´ e ınea de partida, siendo ajeno a la tradici´n humana en el terreno de los valores, ning´ n o u subterfugio le puede haber ayudado a avanzar ni siquiera un metro en la concepci´n por la que un hombre deber´ morir por la comunidad o trabajar o ıa para la posteridad. Si falla el Tao, fallan con ´l las propias concepciones del e ((innovador)) respecto a los valores. Ninguna de ellas puede exigir una auto´ ridad distinta a la del Tao. Unicamente gracias a ciertos aspectos del Tao que ´l ha heredado est´ capacitado para atacarlo. La cuesti´n es, por tanto, e a o qu´ autoridad tiene ´l para aceptar ciertos aspectos del Tao y rechazar otros. e e Puesto que los aspectos que rechaza no tienen autoridad alguna, tampoco la

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tienen los que acepta; y si lo que acepta es v´lido, tambi´n lo es lo que no a e acepta. El ((innovador)), por ejemplo, valora muy positivamente los anhelos de posteridad. No puede encotrar otra exigencia de posteridad v´lida que no sea a el instinto o (en el sentido moderno) la raz´n. De hecho, est´ deduciendo o a nuestro deber hacia la posteridad a partir del Tao; nuestro deber de hacer el bien a todos los hombres es un axioma de la Raz´n Pr´ctica, y nuestro o a deber de hacer el bien a nuestros descendientes se deduce claramente de ella. Pero, entonces, sea cual fuere la modalidad del Tao que haya llegado hasta nosotros, junto al deber frente a nuestros hijos y descendientes est´ el deber a para con nuestros padres y nuestros ancestros. ¿En base a qu´ aceptamos e lo uno y rechazamos lo otro? Nuevamente, el ((innovador)) puede anteponer un criterio econ´mico: alimentar y vestir a la gente es el gran fin; en pos de o ´l, se deben dejar de lado los escr´ pulos respecto a la justicia y a la buena e u fe. El Tao, por supuesto, concuerda con ´l en la necesidad de alimentar y e vestir a la gente; a menos de que el ((innovador)) se apoyara en el Tao, nunca podr´ haber aprendido tal deber. Pero junto a ´ste, en el Tao se encuentran ıa e esas exigencias de justicia y buena fe que est´ dispuesto a desde˜ ar. ¿Cu´l a n a ´ puede ser jingoista, racista, nacionalista radical; uno es su justificaci´n? El o que sostiene que el progreso de su pueblo es el fin al que hay que supeditar todo lo dem´s. Pero ning´ n tipo de observaci´n de los hechos, ninguna apea u o laci´n al instinto podr´ cimentar esta opini´n. Una vez m´s, est´, de hecho, o a o a a deduci´ndolo a partir del Tao: un deber contra´ con nuestra gente, por el e ıdo simple hecho de serlo; parte de la moral tradicional. Pero, junto a este deber -y limit´ndolo- , en el Tao subyacen los inalienables deseos de justicia a y la norma por la que, en la Larga Carrera, todos los hombres son nuestros hermanos. ¿De d´nde le viene al ((innovador)) la autoridad para seleccionar y o decidir? Puesto que no encuentro respuestas para estas preguntas, extraigo las siguientes conclusiones. Lo que he llamado por convenio Tao y que otros llaman Ley Natural o Moral Tradicional o Principios B´sicos de la Raz´n Pr´ctica o a o a ´ Fundamentos Ultimos, no es uno cualquiera de entre los posibles sistemas de valores. Es la fuente unica de todo juicio de valor. Si se rechaza, se rechaza ´ todo valor. Si se salva alg´ n valor, todo ´l se salva. El esfuerzo por refutaru e lo y construir un nuevo sistema de valores en su lugar es contradictorio en s´ mismo. Nunca ha habido, y nunca habr´, un juicio de valor radicalmente ı a nuevo en la historia de la humanidad. Lo que pretenden ser nuevos sistemas o (como ahora se llaman) ((ideolog´ ıas)), consisten en aspectos del propio Tao,

21 tergiversados y sacados de contexto y, posteriormente, sublimados hasta la locura en su aislamiento, aun debiendo al Tao, y s´lo a ´l, la validez que poo e seen. Si el deber para con mis padres es una superstici´n, entonces tambi´n o e lo es el deber respecto a la posteridad. Si la justicia es una superstici´n, tamo bi´n lo es el deber hacia mi pa´ o mi pueblo. Si la b´ squeda de conocimiento e ıs u cient´ ıfico es un valor real, entonces tambi´n lo es la fidelidad conyugal. La e rebeli´n de las nuevas ideolog´ contra el Tao es la rebeli´n de las ramas o ıas o contra el ´rbol: si los rebeldes pudieran vencer se encontrar´ con que se han a ıan destruido a s´ mismos. La mente humana no tiene m´s poder para inventar ı a un nuevo valor que para imaginar un nuevo color primario o, incluso, que para crear un nuevo sol y un nuevo firmamento que lo contenga. ¿Signifca esto, entonces, que no se puede progresar respecto a nuestra percepci´n del valor?, ¿que estamos obligados para siempre por un c´digo o o inmutable establecido de una vez por todas? ¿Y es posible, en todo caso, hablar de obediencia a lo que he llamado el Tao? Si juntamos, como yo he hecho, las morales tradicionales de Oriente y Occidente, la cristiana, la pagana y la jud´ ¿no hallar´ ıa, ıamos muchas contradicciones y algunos absurdos entre ellas? Debo admitir que s´ Algo de cr´ ı. ıtica, la eliminaci´n de algunas o contradicciones, incluso algo de desarrollo real es necesario. Pero hay dos formas muy distintas de criticar. Un te´rico del lenguaje podr´ aproximarse a su lengua nativa, desde su o ıa ((exterior)), considerando la genialidad de la misma como algo que no ejerce un derecho sobre ´l y consintiendo el deterioro al ((por mayor)) de la lengua e y de su uso en aras de una conveniencia comercial o de una mayor precisi´n o cient´ ıfica. Esto es una cosa. Un gran poeta, que ha ((amado, y ha sido bien educado en su lengua materna)), puede introducir tambi´n grandes modificae ciones en ella, pero sus cambios en el lenguaje est´n hechos con el esp´ a ıritu del propio lenguaje: act´ a desde el ((interior)). Es la propia lengua que pau dece las modificaciones la que las inspira. Y esto es otra cosa bien distinta; tan distinta como lo es la obra de Shakespeare de nuestro Curso B´sico de a Lengua. Es la diferencia entre la modificaci´n desde dentro y la modificaci´n o o desde fuera del lenguaje: entre lo org´nico y lo quir´ rgico. a u Del mismo modo, el Tao admite el desarrollo desde su interior. Quienes comprenden y han sido guiados por el esp´ ıritu del Tao pueden modificarlo en las diversas direcciones que su propio esp´ ıritu les sugiere. Y s´lo ´stos o e pueden saber qu´ direcciones son ´stas. El que es ajeno a ´l, nada sabe del e e e tema. Sus intentos de modificar se contradicen por s´ mismos, como hemos ı

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visto. Lejos de ser capaz de armonizar las discrepancias en su formulaci´n o profundizando en su esp´ ıritu, simplemente extrae alg´ n precepto que le llama u la atenci´n a causa de los accidentes de tiempo y espacio, y lo conduce a la o muerte, pues no puede dar raz´n de ´l. S´lo desde el interior del Tao mismo o e o se tiene autoridad para modificar el Tao. Esto es lo que indicaba Confucio cuando dijo ((Es in´til aceptar consejo de quienes siguen un Camino distinto)). u Por la misma raz´n Arist´teles advirti´ que s´lo aquellos que hubieran sido o o o o correctamente educados podr´ estudiar ´tica: para el hombre corrupto, el ıan e que es ajeno al Tao, el aut´ntico punto de partida de esta ciencia es invisible. e Puede ser hostil pero nunca cr´ ıtico: no sabe lo que est´ en discusi´n. Y por a o esto se ha dicho: ((La gente que no conoce la ley es detestable)), y tambi´n e ((El que cree no ser´ maldito)). Una mente abierta es util en los asuntos que a ´ no conciernen a las cuestiones ultimas. Pero una mente abierta respecto a ´ las cuestiones ultimas que plantean tanto la Raz´n Te´rica como la Raz´n ´ o o o Pr´ctica es una idiotez. Si un hombre mantiene una posici´n abierta frente a o a estas cuestiones, por lo menos debe mantener la boca cerrada, pues sobre ellas nada podr´ decir: desde fuera del Tao no hay fundamento para criticar a el propio Tao ni para criticar ninguna otra cosa.

Existen casos particulars en los que, sin duda, es cuesti´n delicada el decidir o d´nde termina la leg´ o ıtima cr´ ıtica interna y d´nde empieza la nefasta cr´ o ıtica externa. En cualquier caso, siempre que se desaf´ a un precepto de la moral ıa tradicional a mostrar su validez como si recayera sobre ´l el peso de la prueba, e haremos elegido la postura err´nea. La tentativa leg´ o ıtima del reformista es la de demostrar que el precepto en cuesti´n entra en conflicto con alg´ n otro o u precepto que los defensores del primero admiten como m´s esencial incluso; a o bien que no materializa el juicio de valor al que deber´ de encarnar. El ıa ataque frontal ((¿Por qu´?, ¿qu´ bien hace? ¿qui´n lo ha dicho?)) no es nunca e e e admisible; y no porque sea severo u ofensivo, sino porque ning´ n juicio de u valor se puede justificar a ese nivel. Si se insiste en tal tipo de proceso se acabar´ con todos los valores y, de este modo, se acabar´ con las bases que ıa ıa fundamentan tanto la cr´ ıtica como el objeto de la misma. No se le debe poner una pistola en la sien al Tao. Tampoco debemos posponer la obediencia a un precepto en tanto se verifica su validez. S´lo aquellos que practican el o Tao lo entender´n. El hombre instruido, el cuor gentil, y s´lo ´l, es capaz de a o e reconocer la Raz´n cuando ´sta se presenta. Es Pablo, el fariseo, el hombre o e ((perfecto hasta el punto de lindar con la ley)) qui´n reconoce c´mo y d´nde e o o es deficiente la ley.

23 Con el fin de evitar malos entendidos, tengo que a˜ adir que, a pesar de n ser yo mismo te´ ısta, e incluso cristiano, no estoy aqu´ esbozando ning´ n ı u argumento indirecto a favor del te´ ısmo. Tan s´lo estoy argumentando que o si debemos tener ((de alg´ n modo)) valores, debemos aceptar los principios u ultimos de la Raz´n Pr´ctica como algo con validez absoluta; as´ cualquier ´ o a ı, tentativa, siendo esc´pticos en este punto, de volver a introducir el valor e m´s abajo, sobre una base supuestamente m´s ((realista)), est´ condenada al a a a fracaso. Que esta posici´n implique un origen sobrenatural del Tao o no, no o es una cuesti´n que me interese precisar aqu´ o ı. Entonces, ¿c´mo se puede esperar que la mente moderna acepte la concluo si´n a la que hemos llegado? Este Tao al que parece que debemos atender o como algo absoluto es, simplemente, un fen´meno como cualquier otro: el o reflejo en las mentes de nuestros antepasados del ritmo que la agricultura impon´ a sus vidas o, incluso, de su fisiolog´ Hasta ahora sabemos c´mo ıa ıa. o se producen, en teor´ tales fen´menos: pronto lo sabremos con detalles; ıa, o y, eventualmente seremos capaces de producirlos a voluntad. Por supuesto, cuando no sab´ ıamos de qu´ modo se cre´ la mente, aceptamos este accesoe o rio mental como un dato, incluso como un amo. Aun as´ muchos objetos ı, en la naturaleza que fueron nuestros amos se han convertido en nuestros esclavos. ¿Por qu´ no tambi´n ´ste? ¿Por qu´ se debe quedar corta nuestra e e e e conquista de la naturaleza, en est´ pida reverencia, ante este elemento ultimo u ´ y resistente de la ((naturaleza)) que hasta ahora se ha llamado conciencia del hombre? Nos amenazan con oscuros desastres si nos apartamos de ella: pero nos han amenazado en ese sentido los oscurantistas a cada paso de nuestro caminar, y todas las veces se ha mostrado falsa tal amenaza. Dicen que nos quedaremos sin valores si nos apartamos del Tao. Muy bien: probablemente, descubriremos que podemos desenvolvernos con comodidad sin ellos. Consideremos todas las ideas sobre lo que tenemos que hacer unicamente como ´ una interesante r´mora psicol´gica: apart´monos de todo eso y empecemos a e o e hacer lo que nos plazca. Decidamos por nosotros mismos lo que debe ser el hombre y hagamos que lo sea: pero no sobre la base de un valor imaginado, sino porque queremos que sea eso y no otra cosa. Una vez dominado nuestro entorno, domin´monos a nosotros mismos y elijamos nuestro propio destino. e Esta es una posici´n muy plausible: y a los que la sostienen no se les o puede acusar de contradictorios como a los esc´pticos sin coraz´n que a´ n e o u esperan encontrar valores ((reales)) cuando han desechado los tradicionales. Esto ultimo supone el rechazo total del concepto de valor. Necesitar´ otra ´ e lecci´n para considerarlo. o

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2. El camino

Cap´ ıtulo 3 La abolici´n del hombre o
((La conquista de la Naturaleza por parte del hombre)) es una expresi´n o utilizada habitualmente para describir el progreso de las ciencias aplicadas. ((El Hombre ha derrotado a la Naturaleza)), le dijo alguien a un amigo m´ ıo hace poco tiempo. En su contexto, estas palabras ten´ una cierta tr´gica ıan a belleza, pues quien las pronunciaba se estaba muriendo de turberculosis. ((No importa)), sigui´ diciendo; ((S´ que soy una de las bajas. Est´ claro que hay o e a bajas tanto en la parte ganadora como en la perdedora. Pero eso no altera el hecho de que sea ganadora)). He elegido esta historia como punto de partida con el fin de poner en claro que no deseo menospreciar todo lo que de verdaderamente beneficioso existe en el proceso descrito como ”La conquista humana”, y mucho menos toda la verdadera pasi´n y el sacrificio personal o que lo han hecho posible. Pero una vez dicho esto, debo proceder a analizar esta concepci´n un poco m´s de cerca. ¿En qu´ sentido es el Hombre el o a e poseedor de un poder creciente sobre la naturaleza? Consideremos tres ejemplos t´ ıpicos: el avi´n, la radio y los anticonceptivos. o En una comunidad civilizada y en tiempos de paz, cualquiera que se lo pueda permitir puede hacer uso de estas tres cosas. Pero no se puede decir estrictamente que quien lo hace est´ ejercitando su poder personal o individual sobre e la Naturaleza. Si te pago para que me lleves no se puede decir que yo sea un hombre con poder´ Todas y cada una de las tres cosas que he mencionado ıo. les pueden ser negadas a algunos hombres por parte de otros hombres: por los que las venden, o por los que permiten la venta, o por los que poseen los medios de producci´n o por quienes los producen. Lo que llamamos el o poder del Hombre es, en realidad, un poder que poseen algunos hombres, que pueden permitir o no que el resto de los hombres se beneficien de ´l. De e nuevo, en lo que se refiere al poder del avi´n o de la radio, el Hombre es tano to el paciente u objeto como el poseedor de tal poder, puesto que es blanco 25

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tanto de las bombas como de la propaganda. En lo que respecta a los anticonceptivos, existe parad´jicamente un sentido negativo por el que todas las o posibles generaciones futuras son pacientes u objetos de un poder que ejercen sobre ellas los que a´ n viven. A trav´s de la contracepci´n, simplemente se u e o les niega la existencia; a trav´s de la contracepci´n, usada como medio de e o engendrar selectivamente, se les obliga a ser, sin que se les pida opini´n, lo o que una generaci´n, por sus propias razones, pueda elegir. Bajo este punto o de vista, lo que llamamos el poder del Hombre sobre la Naturaleza se revela como un poder ejercido por algunos hombres sobre otros con la Naturaleza como instrumento. Por supuesto que es un t´pico lamentarse de que, hasta ahora, los hombres o han usado equivocadamente y contra sus propios cong´neres el poder que e la ciencia les ha otorgado. Ni siquiera es ´ste el punto sobre el que pretene do reflexionar. No me estoy refiriendo a abusos o corrupciones particulares que una mayor moralidad pudiera subsanar; estoy considerando lo que debe ser siempre y esencialmente lo que llamamos ((el poder del Hombre sobre la Naturaleza)). Sin duda, este cuadro se podr´ modificar con la estatalizaci´n ıa o de las materias primas y de las empresas y mediante el control p´ blico de u la investigaci´n cient´ o ıfica. Pero, a menos de que existiera un unico Estado ´ mundial, esto todav´ significar´ la preponderancia de unas naciones sobre ıa ıa otras. E incluso en esta unica Naci´n o Estado mundial, significar´ (en ge´ o ıa neral) el poder de las mayor´ sobre las minor´ y (en particular) el poder ıas ıas del gobierno sobre el pueblo. Y todas las acciones de poder a largo plazo, especialmente en lo que respecta a la natalidad, significan el poder de las generaciones previas sobre las posteriores. Este ultimo punto no siempre se enfatiza lo suficiente, pues los estudiosos ´ de los asuntos sociales a´ n no han aprendido a imitar a los f´ u ısicos en la consideraci´n del tiempo como una dimensi´n. A fin de comprender totalmente o o lo que el poder del Hombre sobre la Naturaleza y, por tanto, el poder de algunos hombres sobre otros, significa realmente, debemos considerar en el tiempo la raza humana, desde la fecha de su aparici´n hasta la de su extino ci´n. Cada generaci´n ejercita un poder sobre sus sucesores: y cada una, en o o la medida en que modifica el medio ambiente que hereda y en la medida en que se rebela contra la tradici´n, limita y se resiste al poder de sus predeceo sores. Esto modifica el cuadro que, a veces, se nos presenta: una progresiva emancipaci´n frente a la tradici´n y un control progresivo de los procesos nao o turales resultantes del continuo incremento del poder humano. En realidad, por supuesto, si cada generaci´n realmente alcanzara, mediante una educao

27 ci´n eugen´sica y cient´ o e ıfica, el poder de realizar en sus descendientes lo que ella deseara, cualquier hombre que viviera tras dicha generaci´n ser´ objeto o ıa de tal poder. Y no ser´ m´s fuerte, sino m´s d´bil: aunque hayamos podido ıa a a e poner util maquinaria en sus manos, habremos prefijado c´mo se debe usar. ´ o Y si, como suele suceder, la generaci´n que hubiera logrado el m´ximo poo a der sobre la posteridad fuera tambi´n la generaci´n m´s emancipada de la e o a tradici´n, se ver´ comprometida en reducir el poder de sus predecesores tan o ıa dr´sticamente como el de sus sucesores. Tambi´n tenemos que recordar que, a e aparte de esto, cuanto m´s reciente es una generaci´n, tanto m´s cercana a o a est´ de la fecha en que las especies se hayan de extinguir, y tanto menos a poder tendr´ para avanzar, pues sus sujetos ser´n cada vez menos en n´ mea a u ro. Por consiguiente, no se puede plantear la cuesti´n del poder conferido a o la raza como algo que se asienta con firmeza en la medida en que la raza progresa. Los ultimos hombres, lejos de ser los herederos del poder, ser´n ´ a sobre todo los m´s sujetos a la mano mortal de los grandes planificadores y a manipuladores, y ser´n menos capaces de ejercer un poder sobre el futuro. a El cuadro resultante es el de una ´poca dominante -pongamos por caso el e siglo X d.C.- que resiste con ´xito a las generaciones precedentes y domina e de forma irresistible a las posteriores y, por tanto, es la aut´ntica gu´ de la e ıa especie humana. Y centr´ndonos en esta generaci´n, (que es en s´ una minor´ a o ı ıa infinitesimal de la especie) el poder lo ejercer´ una minor´ a´ n m´s reducida. a ıa u a La conquista de la Naturaleza, si se cumple el sue˜ o de ciertos cient´ n ıficos planificadores, resultar´ ser el proyecto de algunos cientos de hombres sobre a miles de millones de ellos. Ni hay ni puede haber incremento alguno del poder por parte del Hombre. Todo poder conquistado por el hombre es tambi´n un e poder ejercido sobre el hombre. Todo avance debilita al tiempo que fortalece. En toda victoria, el general, adem´s de triunfar, es tambi´n el esclavo que a e sigue al coche triunfal. A´ n no estoy considerando si el resultado de tales victorias ambivalentes u es bueno o malo. S´lo pretendo clarificar lo que significa la conquista de la o Naturaleza verdaderamente y, en especial, cu´l es el pelda˜ o final de tal cona n quista (pelda˜ o que, por otra parte, no parece estar lejano). El pelda˜ o final n n se alcanza cuando mediante la eugenesia, mediante la manipulaci´n prenao tal y mediante una educaci´n y una propaganda basadas en una perfecta o psicolog´ aplicada, el Hombre logra un completo control sobre s´ mismo. ıa ı La naturaleza humana ser´ el ultimo eslab´n de la Naturaleza que capitua ´ o lar´ ante el Hombre. En ese momento se habr´ ganado la batalla. Habremos a a ((arrancado el hilo de la vida de las manos de Cloto)) y, en adelante, seremos

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libres para hacer de nuestra especie aquello que deseemos. La batalla estar´, a ciertamente, ganada. ¿Pero qui´n, en concreto, la habr´ ganado? e a El poder del Hombre para hacer de s´ mismo lo que le plazca significa, ı como hemos visto, el poder de algunos hombres para hacer de otros lo que les place. No cabe duda de que siempre, a lo largo de la historia, la educaci´n o y la cultura, de alg´ n modo, han pretendido ejercer dicho poder. Pero la u situaci´n que tenemos en ciernes es novedosa en dos aspectos. En primer o lugar, el poder estar´ magnificado. Hasta ahora, los planes educativos han a logrado poco de lo que pretend´ y de hecho, cuando los repasamos ( c´mo ıan o Plat´n considera a cada ni˜ o ((un bastardo que se refugia tras un pupitre)), y o n c´mo Elyot desear´ que el ni˜ o no viese hombre alguno hasta los siete a˜ os o ıa n n y, cumplida esta edad, no viese a ninguna mujer, y c´mo Locke quiere a los o ni˜ os con zapatos rotos y sin aptitudes para la poes´ podemos agradecer n ıa) la beneficiosa obstinaci´n de las madres reales, de las ni˜eras reales, y, sobre o n todo, de los ni˜ os reales por mantener la raza humana en el grado de salud n que todav´ tiene. Pero los que moldeen al hombre en esta nueva era estar´n ıa a armados con los poderes de un estado omnicompetente y una irresistible tecnolog´ cient´ ıa ıfica: se obtendr´ finalmente una raza de manipuladores que a podr´n, verdaderamente, moldear la posteridad a su antojo. a La segunda diferencia es, si cabe, m´s importante a´ n. En los antiguos a u sistemas, tanto el tipo de hombre que los educadores han pretendido producir como sus motivos para hacerlo estaban prescritos por el Tao: una norma a la que estaban sujetos los propios maestros y frente a la que no pretend´ tener ıan la libertad de desviarse. No aquilataban a los hombres seg´n un esquema por u ellos preestablecido. Manejaban lo que hab´ recibido: iniciaban al joven ıan ne´fito en el misterio de la humanidad que a ambos concern´ es decir: los o ıa; p´jaros adultos ense˜ ando a volar a los j´venes. Pero esto se modificar´. Los a n o a valores no son simplemente fen´menos naturales. Se pretende generar juicios o de valor en el alumno como resultado de una manipulaci´n. Sea cual fuere o el Tao, ser´ el resultado y no el motivo de la educaci´n. Los Manipuladores a o se han emancipado de todo esto. Han conquistado una parcela m´s de la a Naturaleza. El origen ultimo de toda acci´n humana ya no es, para ellos, ´ o algo dado. Es algo que manejan, como se hace con la electricidad: es misi´n o de los Manipuladores controlar dicho origen y no someterse a ´l. Saben c´mo e o concienciar y qu´ tipo de conciencia suscitar. Ellos se sit´ an aparte, por e u encima. Estamos considerando el ultimo eslab´n de la lucha del Hombre ante ´ o la Naturaleza. La ultima victoria se ha producido. La naturaleza humana ha ´ sido conquistada y tambi´n, por consiguiente, ha conquistado, sea cual fuere e

29 el sentido de dichas palabras. Los Manipuladores, en ese punto, estar´n en condiciones de elegir el tipo a de Tao artificial que quieran imponer, seg´ n sus propias razones adecuadas, u sobre la raza humana. Son los motivadores, los creadores de motivos. ¿Pero a partir de d´nde sacar´n ellos esos motivos? o a En principio, quiz´s tengan reminiscencias en sus propias mentes del ana tiguo Tao natural. Por tanto, se considerar´n a s´ mismos como servidores a ı y guardianes de la humanidad y creer´n tener el ((deber)) de hacerlo ((bien)). a Pero s´lo la confusi´n les permitir´ permanecer en esta situaci´n. Consideran o o a o el concepto de deber como el resultado de ciertos procesos que ahora pueden gobernar. Su victoria ha consistido, precisamente, en pasar del estado en que eran objetos de dichos procesos al estado en que los utilizan como herramientas. Una de las cosas que deben decidir ahora es si condionarnos al resto de tal modo que podamos seguir teniendo la vieja idea del deber y las antiguas reacciones ante ´l. ¿De qu´ manera les puede ayudar el deber a e e decidir una cosa as´ Someten a juicio el propio deber: pero en dicho juicio ı? el deber no puede ser al tiempo juez. Y, as´ lo intr´ ı, ınsecamente ((bueno)) se queda estancado, no mejora. Saben con precisi´n c´mo producir en nosotros o o una docena de concepciones diferentes del bien. La cuesti´n es cu´l de ellas o a se lleva a la pr´ctica, en caso de que se lleve alguna. Ninguna de las distintas a concepciones del bien les puede ayudar a decidir. Es absurdo centrarse en algo que se compara para hacerlo modelo de comparaci´n. o A alguien le podr´ parecer que estoy imaginando dificultades ficticias para ıa mis Manipuladores. Otros cr´ ıticos, m´s ingenuos, podr´ preguntar: ((¿Por a ıan qu´ presupones que son tan malvados?)) Sin embargo, yo no presupongo que e sean hombres malvados, pues ni siquiera son ya hombres -en el antiguo sentido de la palabra-. Son, si se quiere, hombres que han sacrificado su parte de humanidad tradicional a fin de dedicarse a decidir lo que a partir de ahora ha de ser la ((Humanidad)). ((Bueno)) y ((malo)), aplicadas a ellos, son palabras vac´ puesto que el contenido de las mismas se deriva, en adelante, de ıas, ellos mismos. No es ficticia, por consiguiente, la dificultad. Podemos suponer que fue posible decir: ((Despu´s de todo, la mayor´ queremos m´s o menos e ıa a lo mismo: comida, bebida e intercambios sexuales, diversi´n, arte, ciencia, y o una vida lo m´s larga posible para los individuos y para la especie. Dig´mosa a les, simplemente: Esto es lo que nos gusta; y manipulemos a los hombres de modo que logremos el objetivo. ¿Cual es el problema?)) Pero no es ´sta la e respuesta. En primer lugar, es falso que a todos nos gusten las mismas cosas.

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Pero aunque as´ fuera, ¿qu´ motivo impulsa a los Manipuladores a despreciar ı e satisfacciones y vivir d´ laboriosos a fin de que, en el futuro, tengamos lo ıas que nos gusta? ¿Su deber? Su deber no es otro que el Tao, que decidir´n si a imponernos o no, pero que no ser´ v´lido para ellos. Si lo aceptan ya no ser´ a a ıan los que deciden sobre las conciencias, sino que a´ n estar´ sujetos al Tao u ıan y, en tal caso, no habr´ acontecido la conquista definitiva de la Naturaleza. ıa ¿La preservaci´n de las especies? ¿Por qu´ han de ser protegidas las espeo e cies? Uno de los problemas que dejar´ tras ellos ser´ si a este sentimiento ıan ıa hacia la posteridad (que bien saben ellos c´mo producir) se le debe dar o no o continuidad. No importa cuanto se retrotraigan o cuanto profundicen, pues no encontrar´n base alguna sobre la que fundamentarlo. Todo motivo que a pretendan poner en juego se convertir´, de primeras, en petitio. No es que a sean hombres malvados; es que no son hombres en absoluto. Apart´ndose del a Tao han dado un paso hacia el vac´ Y no es que sean, necesariamente, gente ıo. infeliz. Es que no son hombres en absoluto: son artefactos. La conquista final del Hombre ha demostrado ser la abolici´n del Hombre. o Pero no se detendr´n aqu´ los Manipuladores. Donde acabo de decir que a ı todos los motivos les han fallado, deber´ haber dicho que les han fallado ıa todos menos uno. Cualquier motivo cuya validez pretenda tener un peso m´s a all´ del sentimiento experimentado en un momento dado, les ha fallado. Se a ha justificado todo salvo el sic volo, sic iubeo. Pero lo que nunca precis´ de o objetividad no lo puede destruir el subjetivismo. El impulso para rascarme cuando algo me pica o de desmontar un objeto cuando tengo curiosidad por ´l es indiferente frente al hecho de que estas acciones resulten ser fatales para e mi justicia, mi honor o mi preocupaci´n por la posteridad. Cuando todo el o que dice ((Es bueno)) es menospreciado, prevalece el que dice ((Yo quiero)); y no se puede refutar ni esclareceer porque nunca se tuvo la pretensi´n de o hacerlo. Los Manipuladores, por tanto, se motivan simplemente por su propia apetencia. No estoy hablando aqu´ de la corrupta influencia del poder, ı ni pretendo expresar el temor de que los manipuladores degeneren bajo la influencia del mismo. Las aut´nticas palabras corrupto y degenerado implican e una doctrina de valores y, por tanto no tiene sentido en este contexto. Mi punto de vista es que quienes se mantienen al margen de todo juicio de valor no pueden tener fundamento alguno para preferir uno de sus impulsos a otro m´s all´ de la fuerza sentimental de los mismos. a a Podemos, leg´ ıtimamente, esperar que de entre todos los impulsos que llegan a mentes as´ vaciadas de todo motivo ((racional)) o ((espiritual)), algunos ı de ellos sean bondadosos. Dudo mucho de que estos impulsos bondadosos,

31 arrancados de la preponderancia y la confianza que el Tao nos ense˜ a a conn ferirles y abandonados simplemente a la fuerza natural y a la frecuencia que tienen como hechos psicol´gicos, ejerzan influencia alguna. Y dudo tambi´n o e mucho que la historia nos muestre un solo ejemplo de un hombre que, habi´ndose apartado de la moral tradicional y detentando un cierto poder, haya e usado este poder de manera benevolente. M´s bien me inclino a pensar que a los Manipuladores odiar´ al manipulado. A pesar de considerar ilusoria la ıan conciencia artificial que estos impulsos producen en nosotros, sus objetos, seguir´ precibiendo que crean en nosotros una ilusi´n de significado para ıan o nuestras vidas comparable -a nuestro favor- a su propia futilidad: y nos envidiar´ como los eunucos envidian a los hombres. Pero no quiero insistir ıan en esto, pues es mera conjetura. Lo que no es conjetura es que nuestro deseo de una felicidad, incluso ((condicionada)), permanezca en lo que habitualmente llamamos ((posibilidad)): la posibilidad de que los impulsos bondadosos predominen en el fondo en nuestro Manipuladores. Pues sin el juicio ((la benevolencia es buena)) (es decir, sin reconsiderar el Tao) no se puede hallar fundamento alguno para dar preponderancia o estabilidad a estos impulsos frente al resto. Seg´ n la l´gica de su postura, deben aceptar los impulsos tal u o y como se dan, seg´ n una probabilidad. Y Probabilidad significa aqu´ Natuu ı raleza. Los motivos de los Manipuladores brotar´n de la herencia recibida, de a la digesti´n, del tiempo que haga y de la asociaci´n de ideas. Su racionaliso o mo extremo -el profundizar m´s all´ de todo motivo ((racional))-, les hace ser a a criaturas de comportamiento totalmente irracional. Si no se obedece al Tao, o uno se suicida, u obedecer al impulso (y, por tanto, en la Larga Carrera de la vida, a lo ((natural))) es la unica v´ posible. ´ ıa

De modo que, por el momento, de la victoria del Hombre sobre la Naturaleza se saca una conclusi´n: la sumisi´n de toda la raza humana a algunos o o hombres, y estos hombres sujetos a lo que en ellos es puramente ((natural)): a sus impulsos irracionales. La naturaleza, sin el obst´culo de los valores, a rige a los Manipuladores , y a trav´s de ellos, a toda la humanidad. La cone quista de la Naturaleza por parte del Hombre se revela, en el momento de su consumaci´n, como la conquista del Hombre por parte de la Naturaleo za. Y cada batalla que creemos ganar nos lleva, paso a paso, a esta misma conclusi´n. Todas las aparentes derrotas de la Naturaleza no han sido m´s o a que retiradas t´cticas. Hemos cre´ contratacar y ella s´lo nos enga˜ aba. a ıdo o n La mano que parec´ rendirse ante nosotros, realmente empu˜ aba el arma de ıa n la dominaci´n permanente. Si se diera el caso de la existencia de un mundo o totalmente planificado y manipulado (con el Tao reducido a mero producto de tal planificaci´n), la Naturaleza no se volver´ a preocupar de la inquieta o ıa

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especie que se revolvi´ contra ella hace ya muchos millones de a˜ os; no ser´ o n ıa molestada ya m´s por la ch´chara de la verdad, de la compasi´n, de la belleza a a o y de la felicidad. Ferum victorem cepit: y si la eugenesia es verdaderamente eficaz no habr´ una segunda revuelta, sino un acomodo a los Manipuladores; a y los Manipuladores, a su vez, amoldados a ella hasta el d´ en que la luna ıa se descuelgue o el sol se enfr´ ıe.

Mi punto de vista se aclarar´ a algunos si se reformula de distinta manea ra. Naturaleza es una palabra de significados diversos, lo que se comprende mejor si se consideran los varios ant´nimos. Lo Natural es lo opuesto a lo o Artificial, a lo Civil, a lo Humano, a lo Espiritual y a lo Sobrenatural. Lo Artificial no nos interesa en este momento. Sin embargo, si consideramos el resto de la relaci´n de ant´nimos, creo que nos podemos hacer una primera o o idea de lo que los hombres han entendido por Naturaleza y por lo opuesto a ella. La Naturaleza parece ser lo espacial y lo temporal en contraposici´n o a lo que es espacial y temporal en menor medida o no lo es en absoluto. Parece ser el mundo de lo cuantitativo, en contraposici´n al mundo de lo o cualitativo; de los objetos frente a lo que tiene conciencia de s´ de lo preı; determinado frente a lo que es total o parcialmente aut´nomo; de lo que no o conoce el valor frente a lo que tiene y percibe el valor; de las causas efectivas (o, en algunos sistemas modernos, sin causalidad alguna) frente a las causas finales. Har´ uso ahora de aquello de que si entendemos una cosa anal´ e ıticamente y entonces la dominamos y la utilizamos para nuestra conveniencia, la reducimos a un nivel ((natural)), en el sentido de que omitimos los juicios de valor que suscita, ignoramos su causa final (si la hubiera), y la tratamos en t´rminos cuantitativos. Esta reducci´n de elementos, en lo que de otra e o manera ser´ nuestra plena reacci´n ante ella, es a veces muy significativa e, ıa o incluso, dolorosa: hay que vencer alg´ n obst´culo antes de poder disecionar u a a un hombre muerto o a un animal vivo en el laboratorio. Estos objetos se resisten al movimiento de la mente a causa del cual se les empuja al mundo de lo meramente Natural. Pero tambi´n en otros casos, un precio parecido e se logra por la fuerza de nuestro conocimiento anal´ ıtico o nuestro poder manipulador, aun en el caso de que lo hayamos dejado de tener en cuenta. No consideramos el ´rbol ni como Dr´ a ıadas ni como un objeto bonito cuando lo talamos: y el primer hombre que lo hiciera debi´ haber sentido profundameno te el precio a pagar; y los ´rboles resinados de Virgilio y Spenser debieron a ser ecos remotos del primitivo sentido de la impiedad. Las estrellas perdieron su dividnidad con el desarrollo de la astronom´ y el Dios Fecundo no tiene ıa, lugar en la agricultura qu´ ımica. Para muchos, qu´ duda cabe, este proceso es e simplemente el descubrimiento gradual de que el mundo real es diferente del

33 que imaginamos, y que la antigua oposici´n a Galileo o a los que desenterrao ban cad´veres con fines investigadores es, simplemente, oscurantismo. Pero a esto es s´lo parte de la historia. De entre los cient´ o ıficos modernos, no es el m´s grande el que percibe con seguridad que el objeto, una vez eliminadas a sus propiedades cualitativas y reducido a mera cantidad, es totalmente real. Los cient´ ıficos peque˜ os, y los peque˜ os seguidores acient´ n n ıficos de la ciencia, s´ podr´ pensar eso. Las grandes mentes saben muy bien que el objeto, si se ı ıan manipula de este modo, es una abstracci´n artificial, porque se han omitido o aspectos de su realidad.

Bajo este punto de vista, la conquista de la Naturaleza se nos presenta ante una nueva luz. Reducimos las cosas a mera Naturaleza con el fin de poder ((conquistarlas)). Siempre estamos conquistando la Naturaleza, ya que ((Naturaleza)) es el nombre que damos a lo que hemos conquistado de alg´ n u modo. El precio que se paga por la conquista es el de tratar las cosas como mera Naturaleza. Toda conquista de la Naturaleza incrementa el poder de ´sta. Las estrellas no son Naturaleza mientras no podemos pesarlas y medire las; el alma no es Naturaleza mientras no podemos psicoanalizarla. Arrebatar potencia a la Naturaleza es tambi´n hacer capitular las cosas ante la Naturae leza. En la medida en que este proceso se detiene cerca de la escena final, bien se puede sostener que los beneficios superan a los inconvenientes. Pero tan pronto como afrontamos el pelda˜ o final de reducir nuestra propia especie al n nivel de mera Naturaleza, todo el proceso se viene abajo, pues esta vez el sujeto que pretende obtener beneficios y el que resulta ser sacrificado coinciden. Este es uno de los muchos ejemplos en los que desarrollar un principio hacia lo que parece ser su conclusi´n l´gica produce un evidente absurdo. Es como o o aquel irland´s que se dio cuenta de que un determinado tipo de estufa reduc´ e ıa a la mitad la factura de combustible y lleg´ a la conclusi´n de que usando dos o o de esas estufas podr´ calentar su casa sin utlizar combustible. Es la ganga ıa que nos ofrece el mago: entrega tu alma, recibe poder a cambio. Pero una vez que hayamos entregado nuestras almas, es decir, que entregamos nuestras personas, el poder que se nos otorga no nos pertenecer´. Seremos, de hecho, a esclavos y marionetas de aquello a lo que hayamos entregado nuestras almas: del poder del hombre para considerarse a s´ mismo como mero ((objeto natuı ral)) y para considerar sus juicios de valor como materia prima sujeta a libre manipulaci´n cient´ o ıfica. La objeci´n para proceder de tal modo no reside en o el hecho de que este punto de vista sea desagradable o repulsivo (como la primera vez que se est´ en un quir´fano) mientras nos acostumbramos a ´l: a o e el desagrado y la impresi´n son como mucho una advertencia y un s´ o ıntoma. La verdadera objeci´n es que si el hombre elige tratarse a s´ mismo como o ı

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materia prima, se convertir´ en materia prima; no en materia prima a maa nipular por s´ mismo, como con condescendencia imagina, sino a manipular ı por la simple apetencia, es decir, por la mera Naturaleza, personalizada en sus deshumanizados Manipuladores. Hemos estado intentando, como el rey Lear, jugar en dos frentes: entregar nuestras prerrogativas humanas y, al tiempo, retenerlas. Y esto es imposible. O somos esp´ ıritus racionales obligados a obedecer por siempre los valores absolutos del Tao, o bien somos mera materia prima a amasar y moldear seg´ n las apetencias de los amos, quienes, por hip´tesis, no tienen otro motivo u o que sus impulsos ((naturales)). S´lo el Tao proporciona una ley humana de o actuaci´n com´ n a todos, ley que abarca a legisladores y a leyes a un tiempo. o u Una creencia dogm´tica en un valor objetivo es necesaria a la idea misma a de una norma que no se convierta en tiran´ y una obediencia que no se ıa, convierta en esclavitud. No estoy pensando aqu´ exclusivamente, ni siquiera principalmente, en ı quienes son por el momento nuestros enemigos p´ blicos. El proceso que, de u no ser revisado, llevar´ a la abolici´n del Hombre se extiende deprisa tanto ıa o entre comunistas y dem´cratas, como entre fascistas. Los m´todos pueden o e diferir (en un primer momento) en el grado de brutalidad. Muchos cient´ ıficos con anteojos y mirada candorosa, muchos actores populares, muchos fil´sofos o aficionados entre nosotros tienen la misma significaci´n de cara a la Larga o Carrera que nos legisladores nazis en Alemania. Los valores tradicionales deben ser menospreciados y la humanidad se debe adaptar a un molde fresco hecho a voluntad (voluntad que debe ser, por hip´tesis, arbitraria) de algunos o pocos afortunados de entre una generaci´n afortunada que han aprendido o c´mo hacerlo. La creencia de que podemos inventar ((ideolog´ o ıas)) a placer, y el consiguiente trato que se le da a la humanidad como meros espec´ ımenes, como amasijos, llega a afectar incluso a nuestro lenguaje. Ayer matamos a los hombres malvados: ahora acabamos con los elementos insociables. La virtud se ha convertido en integraci´n, y la diligencia en dinamismo, y los chicos o que parecen dignos de consideraci´n son ((potenciales funcionarios)). Lo m´s o a digno de todo, las virtudes de la prudencia y la moderaci´n, e incluso la o inteligencia ordinaria, es resistencia al mercado. El verdadero significado de lo que hay en juego se ha ocultado con la utilizaci´n del Hombre abstracto. No es que la palabra Hombre sea necesariamente o una abstracci´n. En el Tao mismo, en la medida en que permanecemos en ´l, o e nos damos cuenta de que la realidad concreta en la que participamos es la

35 de ser verdaderamente hombres: la voluntad real y com´ n y la raz´n com´ n u o u de la humanidad, viva, creciendo como un ´rbol y buscando nuevas direca ciones -seg´ n las circunstancias- de expresi´n de lo bello y aplicaci´n de lo u o o digno. Mientras hablamos desde dentro del Tao podemos hablar del Hombre con poder sobre s´ mismo en un sentido verdaderamente an´logo a un auı a tocontrol individual. Pero en el momento en que nos apartamos del Tao y lo consideramos como mero producto subjetivo, tal posibilidad desaparece. Lo que tienen ahora en com´ n los hombres es una abstracci´n universal, un u o m´ximo com´ n divisor, y la Conquista de uno mismo por parte del Hombre a u significa simplemente el establecimiento de la norma de los Manipuladores sobre el material humano manipulado, el mundo de la post-humanidad que, unos consciente y otros inconscientemente, todos los hombres de todas las naciones en este momento trabajan por lograr. Nada de lo que pueda decir puede hacer desistir a algunos de calificar estas p´ginas como un ataque a la ciencia. Rechazo la acusaci´n, por supuesto: y a o los verdaderos Fil´sofos de la Naturaleza (todav´ quedan algunos vivos) se o ıa dar´n cuenta que en la defensa de los valores estoy defendiendo inter alia a el valor del conocimiento, que muere como cualquier otra cosa cuando se le cortan las ra´ ıces que le unen al Tao. Pero a´ n puedo ir m´s lejos. Sugiero u a que desde la propia Ciencia puede venir el remedio. He calificado como la ((ganga de un mago)) el proceso por el que el hombre entrega objeto tras objeto, y en ultimo t´rmino a s´ mismo, a la Naturaleza, ´ e ı esperando adquirir poder en contrapartida. Y expliqu´ dicha afirmaci´n. El e o hecho de que el cient´ ıfico haya tenido ´xito mientras que el mago ha fracasado, e ha contrastado de tal modo ambas posiciones de cara al saber popular que la verdadera historia del nacimiento de la Ciencia ha sido mal interpretada. Es posible incluso encontrar a gente que escribe sobre el siglo XVI como si lo M´gico hubiera sido una herencia medieval y la Ciencia la cosa novedosa a que surgi´ en un momento dado y elimin del mapa a lo M´gico. Los que o a han estudiado dicho periodo conocen mejor la historia. Hubo muy poco de m´gico en el Medievo: son los siglos XVI y XVII la eclosi´n de lo m´gico. a o a El verdadero esfuerzo m´gico y el verdadero esfuerzo cient´ a ıfico son hermanos gemelos: uno estaba enfermo y pereci´, y el otro estaba sano y prosper´. o o Pero fueron hermanos gemelos. Nacieron a partir del mismo impulso. Admito que algunos de los primeros cient´ ıficos (pero no ciertamente todos) pudieran surgir por puro amor al conocimiento. Pero si consideramos el temperamento de dicha ´poca como un todo podemos discernir acerca del impulso del que e estoy hablando.

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3. La abolici´n del hombre o

Hay algo que une lo m´gico y la ciencia aplicada y que separa a ambas a de la ((sabidur´ de tiempos anteriores. Para los antiguos hombres sabios, el ıa)) problema cardinal era c´mo adaptar el alma a la realidad, y la soluci´n fue el o o conocimiento, la autodisciplina y la virtud. Para lo m´gico y para la ciencia a aplicada, el problema es c´mo adaptar la realidad a los deseos del hombre: o y la soluci´n es una determinada t´cnica; y ambos, aplicando dicha t´cnica, o e e est´n preparados para hacer cosas que hasta entonces se hab´ considerado a ıan displacientes e imp´ como desenterrar y mutilar a los muertos. ıas, Si comparamos al pregonero mayor de la nueva era (Bacon) con el Fausto de Marlowe, las similitudes son impresionantes. Se puede leer en diversas cr´ ıticas que Fausto ten´ sed de conocimiento. En realidad, a duras penas ıa se habla de esto en la obra. No es cierto que pretenda algo de los demonios, sino que quiero oro, armas y mujeres. ((Todo lo que se mueve entre la quietud de los dos polos seguir´ este mandamiento)) y ((un sonido m´gico a a es un dios poderoso)). En la misma l´ ınea, Bacon condena a los que valoran el conocimiento como un fin en s´ mismo: esto, para ´l, es como utilizar a ı e una se˜ orita para obtener placer en lugar de una esposa para obtener frutos. n El verdadero objetivo es extender el poder del Hombre a la realizaci´n de o cuantas cosas sean posibles. Rechaza lo m´gico porque no funciona; pero su a meta es la misma que la del mago. En Paracelso, los papeles del mago y del cient´ ıfico se intercambian. Qu´ duda cabe de que quienes fundaron verdadee ramente la ciencia moderna fueron normalmente aquellos cuyo amor por la verdad superaba a su amor por el poder; en todo movimiento aglutinador, la eficacia la consiguen los elementos positivos y no los negativos. Pero la presencia de elementos negativos es relevante para la direcci´n en que dicha o eficacia se pone en juego. Quiz´s ser´ ir muy lejos el afirmar que el movia ıa miento cient´ ıfico moderno estaba viciado desde su nacimiento: pero pienso que ser´ cierto afirmar que naci´ en un barrio poco recomendable y a una ıa o hora poco propicia. Sus triunfos pueden haberse conseguido demasiado r´pia do y el precio pagado puede haber sido demasiado caro: ser´ necesaria una ıa reconsideraci´n, y algo as´ como un arrepentimiento. o ı ¿Es posible, entonces, imaginar una nueva Filosof´ Natural, continuamenıa te consciente de que el ((objeto de la naturaleza)) producido por el an´lisis a y la abstracci´n no es la realidad sino tan s´lo un punto de vista siempre o o dispuesto a corregir dicha abstracci´n? Apenas s´ lo que estoy pidiendo. He o e o´ rumores de que el acercamiento de Goethe a la naturaleza merece maıdo yor consideraci´n; que incluso el Dr. Steiner pudiera haber encontrado algo o en lo que los investigadores ortodoxos no hubieran recapacitado. La Ciencia

37 regenerada que tengo en mente no har´ siquiera con el reino mineral y el ıa vegetal lo que la Ciencia moderna pretende hacer con el mism´ ısimo hombre. No explicar´ nada d´ndolo por descontado. Cuando hablase de las partes ıa a no deber´ olvidar el todo. Estudiando la cosa no deber´ perder de vista lo ıa ıa que Martin Buber llama la situaci´n del T´ . La analog´ entre el Tao del o u ıa Hombre y el instinto de una especie animal significa para la ciencia el proyectar nueva luz sobre lo que se desconoce (el instinto) mediante la realidad conocida desde dentro, que es la conciencia, y no mediante la reducci´n de o la conciencia a la categor´ de instinto. Sus seguidores no ser´n libres con las ıa a palabras s´lo o simplemente. Resumiendo, conquistar´ la Naturaleza sin ser, o ıa al tiempo, conquistada por ella, y comprar´ el conocimiento a menor precio ıa que el de la vida. Quiz´s estoy pidiendo cosas imposibles. Quiz´s, seg´ n la naturaleza de las a a u cosas, la comprensi´n anal´ o ıtica debe ser siempre semejante a un basilisco que mata lo que ve y s´lo es capaz de ver al matar. Pero si los propios cient´ o ıficos no pueden detener este proceso antes de que alcance a la Raz´n com´ n y la o u destruya tambi´n, entonces alguien debe detenerlo. Lo que m´s temo es la e a r´plica de que no soy ((m´s que otro)) oscurantista; que esta barrera, como e a cualquier barrera anterior levantada contra el progreso de la Ciencia, se puede traspasar sin problemas. Tal r´plica se da desde la nefasta concepci´n ((serial)) e o de la imaginaci´n moderna; la imagen que se repite en nuestras mentes de o una progresi´n infinita en una sola direcci´n. Debido a que trabajamos freo o cuentemente con n´ meros, tendemos a imaginar todo proceso como si fuera u una serie num´rica, donde cada paso, por siempre jam´s, es el mismo tipo e a de paso que el anterior. Les ruego que se acuerden del ejemplo del irland´s e y las dos estufas. Hay progresiones en las que el ultimo paso es sui generis ´ -incomparable con el resto- y en las que recorrer todo camino es deshacer el trabajo del camino recorrido. Reducir el Tao a mero producto de la naturaleza es un paso de tal tipo. En ese punto, el tipo de explicaci´n que justifica o las cosas nos deber´ rentar algo, a´ n a alto costo. Pero uno no puede estar ıa u ((justificando)) continuamente: se llegar´ a justificar la propia justificiaci´n. ıa o No se puede ((ver a trav´s de las cosas)) permanentemente. El objetivo de e mirar a trav´s de algo es que se vea algo. Es bueno que la ventana sea transe parente porque la calle o el parque que se ven a trav´s de ella son opacos. e ¿Qu´ pasar´ si el parque tambi´n fuera transparente? Es in´ til intentar ((ver e ıa e u a trav´s)) de los principios ultimos. Si uno trata de ver a trav´s de todo, ene ´ e tonces todo es transparente. Pero un mundo totalmente transparente es un mundo invisible. ((Ver a trav´s)) de todas las cosas es lo mismo que no ver e nada.

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