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Argo

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Published by: Fátima Ramos del Cano on Feb 10, 2013
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11/02/2015

Basado en hechos reales, el thriller Argo relata la operación encubierta a vida o muerte que se llevó a cabo para rescatar

a seis norteamericanos durante la crisis de los rehenes de Irán, y se centra en el poco conocido papel que desempeñaron la CIA y Hollywood (información que no fue revelada hasta pasados muchos años del suceso). Ben Affleck, ganador de varios Premios de la Academia (The Town: Ciudad de ladrones, El indomable Will Hunting), dirige y protagoniza la película, producida por Grant Heslov (nominado a los Óscar por Buenas noches, y buena suerte), Affleck y George Clooney (ganador de un Óscar por Syriana). El 4 de noviembre de 1979, cuando la revolución iraní alcanza su momento de mayor tensión, unos militantes irrumpen en la embajada norteamericana en Teherán, tomando a 52 norteamericanos como rehenes. Pero en medio del caos, seis de ellos consiguen escabullirse y encuentran refugio en la residencia del embajador canadiense, Ken Taylor. Conscientes de que es solo cuestión de tiempo que los encuentren y posiblemente los asesinen, los gobiernos de Canadá y Estados Unidos piden la intervención de la CIA, que recurre a su mejor especialista en “exfiltraciones”, Tony Mendez, para que idee un plan con el que sacarlos del país sanos y salvos: un plan tan increíble que sólo sería posible en una película. El resto de protagonistas son Bryan Cranston (de la serie televisiva Breaking Bad), Alan Arkin (ganador de un Óscar por Pequeña Miss Sunshine) y John Goodman (Golpe de efecto). En el reparto también se encuentran Victor Garber, Tate Donovan, Clea DuVall, Scoot McNairy, Rory Cochrane, Christopher Denham, Kerry Bishé, Kyle Chandler y Chris Messina. Affleck dirigió la película a partir de un guión de Chris Terrio basado en un capítulo de El maestro del disfraz, de Antonio J. Mendez, y el artículo de la revista Wired The Great Escape (La gran evasión), escrito por Joshuah Bearman. David Klawans, Nina Wolarsky, Chris Brigham, Chay Carter, Graham King y Tim Headington son los productores ejecutivos, con Amy Herman como coproductora.

Entre el equipo creativo, se encuentran el director de fotografía Rodrigo Prieto (ganador de un Óscar por Brokeback Mountain), la directora de diseño de producción Sharon

Seymour (The Town: Ciudad de ladrones), el director de montaje William Goldenberg (nominado a los Óscar por Seabiscuit, más allá de la leyenda y El dilema), y la directora de diseño de vestuario Jacqueline West (nominada a los Óscar por La red social y El curioso caso de Benjamin Button). La música está compuesta por el tetra-nominado a los Óscar Alexandre Desplat (El discurso del rey, The Queen (La reina)). El rodaje de Argo se llevó a cabo en Los Ángeles, Washington, DC, y en Estambul. Warner Bros. Pictures presenta, en colaboración con GK Films, Argo: una producción de Smokehouse Pictures. Warner Bros. Pictures, empresa del grupo Warner Bros. Entertainment, distribuirá la película a nivel mundial.

SOBRE LA PRODUCCIÓN – PARTE I
O’DONNELL Los seis salieron por detrás… Los canadienses los acogieron. Desde entonces, siguen allí. En 1980, Studio Six Productions anunció un nuevo proyecto cinematográfico que contaba con los elementos de una superproducción de ciencia ficción: naves espaciales, extraterrestres, acción y aventura… todo ello en un planeta árido y lejano. Anunciada como una “conflagración cósmica”, la epopeya histórica nunca halló luz verde por parte de las productoras, sólo pudo darle el visto bueno el Comandante en Jefe de Estados Unidos. Más de 30 años después, Ben Affleck dirige, produce y protagoniza Argo: una película basada en la historia real de la misión encubierta para rescatar a seis norteamericanos atrapados en Irán, tras la toma de la Embajada de Estados Unidos en Teherán que conmovió al mundo en 1979 . El grupo había conseguido por los pelos no ser tomado como rehén por los revolucionarios iraníes y se les dio refugio en la residencia del embajador canadiense Ken Taylor, que arriesgó todo lo que estuvo en su mano para ayudar a los norteamericanos, incluso cuando el resto les volvió la espalda. Pero los “huéspedes” (como se han llegado a llamar) estaban en constante peligro de ser encontrados y

capturados… o de algo peor. Con el tiempo agotándose, el mejor experto en exfiltraciones de la CIA, Antonio (“Tony”) Mendez, concibió un plan de escape brillante aunque estrafalario. “Tony era amigo de un famoso artista de maquillaje llamado John Chambers y sabía que los profesionales del cine a veces viajan en busca de determinados lugares, así que le ocurrió una idea única”, explica Affleck. El plan consistía en que los seis fingieran ser un equipo de rodaje canadiense en busca de un determinado lugar para después simplemente escaparse en avión….aunque llevarlo a cabo resultó ser cualquier cosa menos sencillo. “Se trataba de un juego sin reglas, por lo que era extremadamente arriesgado. Lo más peligroso era la inseguridad acerca de lo que harían aquellos a los que estábamos intentando evitar: no teníamos modo de saber lo que ocurriría si nos capturaban (a nosotros o a alguno de los rehenes)”, recalca Tony Mendez. Joshuah Bearman, que en 2007 relató la huida en un artículo de la revista Wired, nos cuenta que “la toma de la embajada fue un suceso sísmico a nivel mundial. Nadie sabía cómo responder a una situación como esa. El problema de los seis huéspedes era aún más peliagudo puesto que la diplomacia no era una buena opción y, día a día, aumentaban las posibilidades de que fueran descubiertos. Finalmente, Tony Mendez, que había exfiltrado a mucha gente de Irán y de otros países, tomó cartas en el asunto ideando este plan”. Había también una amenaza muy real contra quienes dieran refugio a los norteamericanos. El embajador Ken Taylor afirma que “durante aquellos tres meses, el personal de la Embajada Canadiense estuvo en peligro por la situación. Todos nos sentíamos ofendidos por la ruptura violenta del protocolo diplomático, pero además, se trataba de nuestros amigos. Estados Unidos y Canadá han mantenido siempre una relación especial que supera cualquier límite. Me han atribuido buena parte del mérito, pero también se debe a mi mujer, Pat, y al personal de la embajada, así como a mis compañeros de Canadá”. En una sesión de emergencia, el Parlamento canadiense acordó realizar una excepción a su legislación a fin de proporcionar un pasaporte canadiense falso a los seis norteamericanos como “equipo de rodaje”. Gracias a la ayuda diplomática, llegaron

hasta el embajador Taylor, que se reunió con Mendez para liberarlos. Empleando su amplia experiencia en falsificación, Mendez les añadió el correspondiente visado iraní, que indicaba que los seis habían llegado al país tan solo el día anterior. “Para mí”, dice Affleck, “uno de los temas más importantes de la película es recordar cuando Estados Unidos se alzó como nación para dar las gracias a Canadá. Nada de esto habría sido posible sin su ayuda, así que Estados Unidos estará siempre en deuda con nuestros amigos del norte”. En la actual era de la información inmediata, parece inconcebible que toda la operación permaneciera en el más alto secreto hasta que el presidente Clinton la sacara a la luz en 1997. Sorprendentemente, incluso después de que Tony Mendez relatara los hechos en su libro El Maestro del disfraz del año 2000 y, posteriormente, Bearman explicara los detalles en Wired, la mayor parte la población siguió sin apenas conocer una historia que el propio Affleck admite que “suena totalmente absurda. No me extraña, porque parece completamente increíble, pero el hecho de que ocurriera es aún más fascinante”. “Esta operación fue un suceso poco conocido y con final feliz en un capítulo difícil de la historia”, dice Bearman. “La gente se enteró de que seis norteamericanos habían conseguido escapar con la ayuda de los canadienses unos cuantos meses después del suceso, pero hasta que la operación no salió a la luz años después, nadie sabía que en realidad la CIA había llevado a cabo una misión tan arriesgada para ponerles a salvo empleando una disparatada tapadera”. Al principio, el artículo de Bearman llamó la atención de los productores Grant Heslov y George Clooney. “Recuerdo bien la crisis de los rehenes, pero no conocía esta historia, así que me pareció asombrosa y muy buena. Supe inmediatamente que me encontraba ante una película y que tenía muchas ganas de hacerla. Además, George pensó lo mismo”, indica Heslov. Se confió al guionista Chris Terrio la tarea de convertir esta operación de rescate en un guión, así que fue directo al origen: “cuando leí el artículo, me quedé fascinado, y me llamó especialmente la atención Tony Mendez: tenía especial curiosidad por conocer el tipo de persona que podía ser tan creativo como para concebir este plan y después llevarlo a cabo. Si lo enfocaba como una idea original, la gente se extrañaría y pensaría que nadie del público se lo iba a creer, pero Tony consiguió convencer al gobierno de

Estados Unidos para que intentara algo que era una locura aún mayor de lo que habrían ideado la mayoría de los estudios de Hollywood”. “No creo que sea tan poco habitual relacionar Hollywood con la CIA porque el espionaje ya es de por sí algo muy teatral”, indica Mendez “Es cierto”, afirma Heslov. “En ambos mundos se utilizan situaciones ficticias y disfraces para crear escenarios convincentes, con lo cual, sí coinciden”. Terrio concertó una cita con Mendez, que había dejado la CIA en 1990. “Esta película gira entorno a un rescate de personas cuya vida pende de un hilo. El riesgo no podría ser mayor, pero quería conocer el día a día de Tony porque si entiendes los detalles de la vida de un agente de la CIA de aquella época, consigues un drama más complejo, que te lleva más allá de la acción y del suspense. Cuando empiezo a perderme en la magnitud de la historia (cómo los sucesos históricos arrastraron a estos hombres y mujeres), recuerdo que debajo de todo se encuentra tan solo una historia humana sobre personas que intentan hacer todo lo posible para evitar el destino”, comenta el guionista. “Sabes que has contratado al escritor adecuado cuando conecta tan estrechamente con el material”, dice Heslov. “Intrínsecamente, es una historia fabulosa, por lo que ya está ganada la mitad de la batalla, pero además Chris redactó un guión asombroso. Plasmó todo desde la primera versión borrador”. Affleck asiente: “es uno de los mejores guiones que he leído. Siempre estoy buscando grandes historias y sé cuándo encuentro una. Eso fue lo que pasó con Argo: era absolutamente apasionante, así que me alegré de poder dirigirla”. Heslov y Clooney se enteraron de que Affleck estaba interesado en dirigirla poco después de ver su drama “The Town: Ciudad de ladrones” de 2010. “Ben tiene muy buena intuición y sabe cómo emplear la cámara para relatar historias. También ve las cosas desde una perspectiva clara, y eso es probablemente lo más importante en un director. Sabe cómo llevar las películas hasta un clímax y, frente a lo que nos habíamos imaginado, mostró el lado más thriller de Argo”, afirma Heslov. Uno de los mayores retos de los cineastas fue la yuxtaposición de un drama de vida o muerte con una comedia irónica. “Comienza siendo muy seria y luego el tono cambia, en concreto en la parte de Hollywood. Queríamos que Argo tuviera alguna frivolidad,

pero integrada de forma cohesiva. Al final, creo que hemos conseguido el equilibrio perfecto, lo que demuestra la calidad de Ben como director”, explica Heslov. “El humor era un elemento importante del guión”, añade Affleck, “pero se trataba del aspecto más difícil de tratar. Mi principal preocupación era asegurarme de que el humor no pusiera el peligro el carácter de urgencia de la situación ni el realismo. Afortunadamente, contábamos con Alan Arkin y John Goodman, que se encargaban de la mayor parte de la comedia. Su interpretación estaba dotada de tanta integridad que el humor parecía innato y nunca le restó credulidad”. La credibilidad fue la pieza clave de toda la producción. Sin embargo, Affleck subraya que “no pretendíamos hacer un documental. Como siempre ocurre con películas como esta, hubo que comprimir ciertas partes y le dimos un toque dramático porque, después de todo, se trata de un drama, pero afortunadamente pudimos ser fieles al espíritu de lo que ocurrió, porque la verdad de lo que ocurrió fue de extrema urgencia”. Terrio menciona los minutos del final de la película a modo de ejemplo en el que los cineastas utilizaron hechos ficticios para evocar emociones genuinas. “Cuando hablé con Tony y leí lo que habían relatado los huéspedes sobre su experiencia real, me di cuenta de lo abrumador y eufórico que fue ese momento. Para representar en la película lo que sintieron hizo falta mucho más que palabras. La acción tenía que transmitir tensión para que el alivio fuera tangible y el público también lo percibiera.” Affleck trabajó con los actores y con el equipo creativo para conseguir que fuera muy verosímil, tanto en tiempo como en espacio. Él y el cinematógrafo Rodrigo Prieto adoptaron un estilo claro para evocar la época de finales de los años 70 y los 80, y establecieron una división visual entre Washington, DC, Hollywood e Irán. Sharon Seymour (diseño de producción) y Jacqueline West (diseño de vestuario) examinaron fotografías y archivos de vídeo para recrear el ambiente de la época ya que se trataba de escenarios indudablemente distintos. “A la hora de investigar sobre aquellos tres mundos, empecé a planear cómo íbamos a combinarlos para narrar esta extraordinaria historia. Fue entonces cuando comenzó el verdadero trabajo”, afirma Affleck. Y, según las personas que estuvieron allí en la vida real, el trabajo valió la pena. Según Ken Taylor, “la película consigue captar el ambiente y la tensión de Teherán y los

esfuerzos que se hicieron por vía diplomática, a menudo en circunstancias extraordinariamente difíciles. Tampoco creo que la película podría haber representado mejor la época, Tuvo lugar hace unos treinta y tantos años, pero perfectamente podría haber ocurrido en nuestros días”. “Estaba encantado de que esta experiencia se fuera a plasmar en una película, y ahora que se ha llevado a cabo, es emocionante”, afirma Mendez. “Hubo un tiempo en el que era importante mantener en secreto lo que ocurrió por el bien de la sociedad, pero ahora forma parte de la historia. Ben y todas las demás personas que participaron en la película realizaron un trabajo estupendo y ver Argo me recordó lo que pasó. En resumen, lo hicieron bien”.

TURNER ¿No se te ocurre una mala idea mejor que esta? O’DONNELL Señor, esta es la mejor mala idea que hemos tenido. Con diferencia.

El único personaje que vive en los tres mundos de Argo es Tony Mendez, el mejor especialista de la CIA en exfiltraciones, es decir, en sacar a la gente de lugares hostiles. Según Terrio, “Tony tiene que meterse en la boca del lobo (el lugar más temido del mundo para un norteamericano) y sacar de allí a seis personas. Además, el tiempo va en su contra y entran en juego fuerzas (burocráticas y geopolíticas) que complican aún más la situación. En cierto momento, no te imaginas que acabará bien porque hay demasiadas cosas que indican lo contrario. La presión que pesa a sus espaldas no podría ser mayor, pero lo fundamental es que Tony es tan solo un joven haciendo su trabajo”. Affleck, que encarna a Mendez, afirma que “Tony ofrece sus servicios y hace lo que se le pide, en el más absoluto secreto, sin fanfarronearse, sin tomarse demasiadas confianzas…tan solo hace el trabajo y, si lo consigue, se va a casa y cierra el pico. Pone

su vida en peligro para intentar salvar a estas personas y eso es algo heroico, por eso resulta impresionante y, a la vez, una lección de humildad”. Heslov indica que Affleck posee muchas de las cualidades que identificaron en el personaje: “Ben es fuerte y humilde, cualidades que encajan con cómo nos imaginamos que sería Tony. También es muy inteligente, y este personaje tiene que confiar en su inteligencia, es importante que parezca que tiene la situación bajo control y que es capaz de tomar una decisión en el último momento si hace falta. Ben es gracioso por naturaleza, lo que encaja a la hora de dar ese toque de humor irónico, en concreto cuando Tony va a Hollywood”. Antes de acudir a Hollywood, Mendez necesita el visto bueno de su jefe inmediato, Jack O‟Donnell (subdirector de la CIA), interpretado por Bryan Cranston. “Tony Mendez responde ante Jack O‟Donnell, así que Jack se siente responsable de su vida y de la misión”, comenta Cranston. “Cuando investigué sobre la CIA, una de las cosas que más me llamaron la atención fue la idea de que no dejan a nadie atrás. Viajan a un lugar remoto para sacar a alguien del peligro, y eso incluye a los seis norteamericanos atrapados que estaban en Teherán trabajando para el gobierno. Eso me ayudó a conocer a mi personaje”. “Era difícil encontrar a alguien adecuado para el papel de Jack O‟Donnell”, dice Affleck. “A primera vista, puedes pensar que muchas personas podrían encajar, pero no quieres que el personaje sea del montón, sino que necesitas a un actor con la gravedad que puede aportar Bryan”. Cranston dice que, cuando leyó el guión, no dudó en aceptar el papel: “Hay cosas que aceptas inmediatamente y de forma visceral, y Argo fue sin duda una de ellas. El guión era dramático y apasionante, y cada vez que lo leía, me cargaba de emoción. Una oportunidad como esta no se ve muy a menudo, así que estoy muy contento de haberla tenido”. Puede que Mendez nunca hubiera concebido el plan de la película falsa si no hubiera conocido al artista de maquillaje John Chambers, que había sido galardonado con un Óscar Honorario por las máscaras que realizó para la película “El planeta de los simios”. Sin embargo, de manera clandestina, Chambers también ha empleado sus habilidades con fines más serios, en las operaciones de inteligencia del gobierno.

John Goodman, que interpreta a este pionero del maquillaje, comenta: “le encanta su trabajo y además lo suele utilizar para ayudar a la CIA: disfruta sirviendo así a su país. Por eso, cuando Tony acude a él y le dice que necesita ayuda para sacar adelante una película, Chambers se queda intrigado. Me atraía mucho la doble vida del personaje, pero, lo principal es que es una historia muy buena, apasionante”. “También quería trabajar con Ben Affleck porque es un actor fantástico y ya cuenta con un historial muy bueno como director”, añade. “Era interesante verle cambiar de papel y sabía exactamente lo que quería, pero también era flexible y muy generoso: se le ocurrían ideas para mi personaje que no se me habían pasado por la cabeza. Trabajar con él fue algo magnífico”. El sentimiento es mutuo. “John es muy buen actor. Tan solo hay que ver la variedad de papeles que ha interpretado, puede ser simple y llanamente cómico o alguien muy serio, y también se le da muy bien captar sutilezas y matices, por lo que siento un profundo respeto hacia él”, admite Affleck. Aunque la película es una farsa, tiene que ser creíble, así que Mendez y Chambers necesitan un productor auténtico. “A la hora de crear una tapadera, debe ser creíble, así que necesitaban a alguien importante, que fuera una eminencia en Hollywood, alguien que conociera a todo el mundo, el tipo de persona a la que recurrirías si necesitaras hacer que tu película falsa pareciera real”, explica Affleck. Recurren a Lester Siegel, que, según nos dice Chris Terrio, “es una mezcla de productores reales que he conocido con algunos magnates legendarios que llegaron a Hollywood y utilizaron su astucia para prosperar. Me encantó la idea de que probablemente el último trabajo de Lester va a ser una película que no existe en la realidad pero que puede salvar seis vidas”. Para interpretar a este personaje, los directores cinematográficos contrataron a un icono del sector: Alan Arkin. “Alan lleva décadas siendo venerado en nuestro negocio, es una figura legendaria, así que era obvio que teníamos que recurrir a él”, afirma Affleck. “Lester es un productor duro e inteligente que conoce el negocio”, describe Arkin. “Al principio tiene sus dudas sobre la posibilidad de que funcione dicho plan, pero conforme se va implicando en el proyecto, el reto que supone le da energía… conseguirlo parece una tarea imposible. Para mí, uno de los aspectos con más fuerza de

la película es que se hallaban ante una situación insostenible y encontraron una solución creativa que no implicaba ningún tipo de violencia”. A pesar de que Lester les dice que si va a producir una película falsa, “tiene que ser un taquillazo falso”, admite Arkin, “hacen la peor película que se puede concebir, pésima. El único motivo por el que la eligen es porque pueden utilizarla como tapadera para entrar en Irán, no porque tenga ningún mérito como película”, se ríe. “Hay una frase de Mark Twain que me encanta y que dice: “La única diferencia entre la realidad y la ficción es que la ficción tiene que ser creíble”. Así que tienen que afrontar muchos problemas para hacer que parezca una producción de verdad: contratan publicidad, castings, un guión para la prensa, vestuario… Es imperativo porque cualquier error les podría desenmascarar”. “Lo que más me impresionó de Alan es que puede ser desternillante, e inmediatamente después participar en una escena con Ben en la que sus personajes hablan sobre sus hijos y parece real. Por eso, lleva todos estos años siendo uno de nuestros mejores actores”, afirma Heslov. SOBRE LA PRODUCCIÓN – PARTE II JOE ¿Crees va a realmente cambiar que algo tu cuando STAFFORD historieta nos

apunten con un arma a la cabeza? TONY Creo lo ustedes y el arma. que único mi que historieta tienen MENDEZ es entre

La compañía cinematográfica de la farsa de Mendez se llama Studio Six Productions (productora Estudio Seis), un guiño sutil a la misión que esconde la película: rescatar a los seis norteamericanos que llevan más de dos meses escondidos en la residencia del embajador canadiense Ken Taylor, interpretado por Victor Garber. “Ken Taylor y su mujer, Pat, acogen a los norteamericanos, lo que es muy valiente por su parte porque les pone en serio peligro, no solo en términos diplomáticos sino también en el ámbito personal, ya que si sus huéspedes fueran capturados, sería extremadamente peligroso para ellos también. Me quedé muy impresionado de lo que hizo este hombre y pesaba una gran responsabilidad en mí a la hora de interpretarlo porque lo que hizo fue heroico y sigue siéndolo”, explica Garber. Según Terrio, “esta operación se conocía como la “travesura canadiense”, lo que es cierto ya que cuando otros países se negaron a ayudar a los seis fugitivos, Canadá, sin dudarlo, los acogió y protegió. Se sabe que los Taylor eran conscientes de que sus vidas estarían en juego, pero se armaron de valor y los acogieron de todas formas, y tuvieron un papel decisivo al proporcionar una tapadera a su misión de rescate”. “Victor era ideal para el papel de Ken Taylor, partiendo de que resulta que es canadiense”, afirma Affleck. “También encarna a la perfección el heroísmo humilde de este hombre que se alzó e hizo lo que debía porque era lo correcto. Pero sobre todo, Victor es un joven espectacular con mucho talento, y yo estaba encantado de de rodar con él”. Para escoger a los actores que representarían a los seis norteamericanos, Affleck afirma que “tenía fotos de ellos en el despacho porque quería que los actores se les parecieran, pero aún más importante, quería buenos actores que estuvieran dispuestos a arriesgarse, a improvisar y que fueran capaces de proporcionar el realismo que buscaba”.

El grupo de huéspedes estaba compuesto por: Tate Donovan interpretando a Bob Anders (el líder del grupo), Scoot McNairy como Joe Stafford (el único que habla farsi con fluidez), Kerry Bishé como Kathy (la mujer de Joe), Christopher Denham y Clea DuVall como el matrimonio Mark y Cora Lijek, y Rory Cochrane como Lee Schatz. Aunque los huéspedes disfrutan de relativas comodidades gracias a la hospitalidad del embajador, están encerrados, aislados y viviendo en un estado de constante miedo que ensombrece su día a día. “Tienen sentimientos encontrados con respecto a su vida: organizan fiestas, beben y juegan, y aun así es una pesadilla. Me imagino que también se sintieron culpables por los demás compañeros, que vivían en un auténtico cautiverio”, indica Kerry Bishé. “Cuando les rescatamos”, dice Clea DuVall, “llevaban unas diez semanas encerrados. Estaban empezando a tener los nervios de punta por la claustrofobia y la amenaza constante de que les descubrieran. Están en el punto en el que saben que es el momento de salir de ahí”. Affleck quería que los seis actores no sólo interpretaran sus papeles sino que también experimentaran a nivel más profundo las circunstancias en que se encontraban sus personajes. Así pues, antes del rodaje, estuvieron una semana secuestrados en la casa que más tarde haría las veces de la residencia del embajador. Se la decoró según el estilo de la época y los actores también utilizaron un vestuario acorde durante dicha semana. Para integrarlos completamente en la época, el director les aisló del resto del mundo, no permitiéndoles utilizar ningún ordenador, teléfono móvil ni ningún tipo de tecnología. “Les quitamos todo lo que era contemporáneo y les dimos música, juegos, libros, revistas y periódicos de la época, no disponían de internet ni podían ver la televisión. Al carecer de estas cosas, se vieron obligados a hablar entre ellos. Quería que se sintieran cómodos de forma natural, que es mucho más difícil de conseguir que fingir familiaridad ya que se trata de algo más químico: tu cuerpo se relaja, adoptas cierta postura y te diriges a la gente de distinta forma. Ese era el tipo de conexión que quería ver, y sin duda valió la pena fortalecer los lazos del grupo”, afirma el director. Los actores que encarnan a los huéspedes están de acuerdo, señalando que el método de Affleck superó sus expectativas:

“Estoy muy contento de haber vivido esa experiencia”, dice Rory Cochrane. “Fue increíble lo rápido que nos sentimos unidos, me sirvió de preparación para mi personaje”. “Nos convertimos en una piña: todos nos llevábamos bien y los egos se quedaron a la puerta. Pudimos improvisar y actuar mejor por el simple hecho de que pudimos conocernos bien”, afirma Scoot McNairy. “Consiguió que hubiera compañerismo en el grupo”, indica Christopher Denham. “Nos relajamos y, gracias a eso, en seguida nos hicimos amigos. Creo que esas cosas intangibles se verán en la pantalla”. Tate Donovan admite que al principio era reacio a estar confinado toda una semana, especialmente sin depender de ningún aparato de la vida moderna: “No me hacía mucha gracia”, admite, “así que accedí pensando “Vale, les seguiré la corriente”, pero he de decir que me adapté totalmente. Nos lo pasamos genial, hablamos, jugamos y nos convertimos en un equipo, así que cuando llegó el momento del rodaje, ya habíamos vivido la experiencia. Ben nos buscó un lugar seguro en donde trabajar aspectos de nuestros personajes, y eso fue muy beneficioso”. En el reparto de Argo también se encuentran una serie de actores que interpretan a las personas del gobierno que emplearon sus esfuerzos en rescatar a los seis norteamericanos, tales como: Kyle Chandler como Hamilton Jordan (Jefe de personal de la Casa Blanca), Chris Messina como Mario Malinov, Željko Ivanek como Robert Pender, Titus Welliver como Jon Bates, Keith Szarabajka como Adam Engell, y Bob Gunton como Cyrus Vance (Secretario de Estado). Además, Page Leong encarna a la doctora Pat Taylor, la mujer del embajador, y Richard Kind interpreta a Max Klein, un guionista que se comporta de forma agresiva con Lester Siegel.

“Contábamos con un elenco de actores de categoría que querían formar parte de esto, y creo que se refleja en la calidad del guión, así como en esta extraordinaria historia”, dice Affleck. JOHN Así y que montar ¿quieres un venir gran a rodaje CHAMBERS Hollywood sin

hacer una película? Muy propio de ti. La historia de Argo se inicia con los sucesos explosivos de Irán, que desencadenan fuertes reacciones en Washington, DC, lo que lleva en última instancia a un plan de rescate que se desarrolla en Hollywood. En estos escenarios disparatados, Affleck colaboró con su equipo creativo para representar los choques culturales, así como la época: “mi principal objetivo era que todo tenía que parecer natural en vez de premeditado”, dice Affleck. “Todo, desde los escenarios pasando por el vestuario hasta el peinado, tenía que encajar con el momento, y también tenía que ser idéntico a cómo fue”. Affleck y el cinematógrafo Rodrigo Prieto procuraron evocar lo que Rodrigo denominó “un tapiz visual que aporta una calidad concreta y un marco de referencia a cada fragmento de la película. Queríamos ayudar al público a identificar inmediatamente dónde nos encontrábamos nada más ver la primera imagen de la pantalla”. Era muy importante, ya que había partes rodadas en Los Ángeles que tenían que encajar bien con otras perspectivas de la misma escena, que se habían rodado en otro lugar (ya fuera en Washington, DC, o en Turquía para simular Irán). “Necesitábamos unificar el aspecto de cada parte, incluso si se rodaba en distintas zonas del mundo”, añade Prieto. Un ejemplo que indica Prieto es la angustiosa toma de la embajada, que desencadena la creación de Argo: “el edificio y los interiores de la embajada se rodaron en la Administración de Veteranos de Guerra al norte de Los Ángeles, mientras que todo el exterior se rodó semanas después en Estambul. En las secuencias de Irán utilizamos una textura claramente granular para aumentar la sensación de ansiedad”. En las escenas de la residencia del embajador, Affleck utilizó cámaras de mano, pero matiza que “no quería que se notara mucho, así que les pedí que no las agitaran ni acercaran el zoom de golpe. Pedí a los actores que representaran la escena como en el

guión varias veces y después que empezaran a improvisar, así que al final los cámaras tuvieron que improvisar ya que esperaban que hablara una persona pero era otra la que lo hacía, con lo que conseguimos esa sensación de ir cambiando de atención como en una conversación”. Sin embargo, añade Affleck, “para las escenas de Washington DC, no utilizamos ninguna cámara de mano, sino cámaras sobre plataformas para que los movimientos fueran mucho más suaves. Luego, para Hollywood, utilicé mucho el zoom (desde helicópteros, coches…), como se solía hacer en los años 70, y el color estaba mucho más saturado. Con lo cual, en cuanto a imagen, cada escenario tiene un aspecto muy concreto”.

Sharon

Seymour,

directora

de

diseño

de

producción, y Jacqueline West, directora de diseño de vestuario, colaboraron con Affleck para identificar la época y el telón de fondo de una forma más tangible. Con la ayuda del investigador Max Daly, comenzaron estudiando detenidamente fotografías y cientos de periódicos y revistas, así como viendo noticias por televisión y películas durante horas. “Muchas cosas han cambiado que ahora están en nuestro día a día: la tecnología era totalmente distinta, no había ordenadores en cada mesa, así que para todas las escenas de oficina, tuvimos que conseguir viejas máquinas de escribir, télex y otros aparatos que ya no se utilizan”, comenta Seymour. El edificio de Los Angeles Times, en el casco urbano de Los Ángeles, se redecoró para que sirviera como oficina de los años 70 y sala de conferencias de la CIA. Al decorar los escenarios, el equipo de Seymour prestó mucha atención al más mínimo detalle, desde los típicos ceniceros, que hoy en día no encajarían, hasta los mapa mundi, que han cambiado de manera drástica en las tres últimas décadas.

Al diseñar el vestuario para los agentes de la CIA y quienes trabajaban en otras áreas del gobierno, West indica que a pesar de la seriedad de sus trabajos, “los setenta fueron una época de gran libertad, cuando incluso gente algo conservadora podía expresar sus gustos a través de la ropa: se llevaban corbatas llamativas, anchas y con estampados… rompiendo con todas las normas de la moda. En ese sentido, trabajar en el cine es maravilloso ya que das vida, por un momento, a otra época y otro lugar. Me encantó”. Para el personaje de Tony Mendez, la directora de diseño de vestuario tenía además la suerte de poder consultar al propio personaje que interpretaba Affleck. “Le envié un email a Tony para pedirle que me describiera la ropa que solía llevar, fue muy amable y me lo contó todo. Cuando participaba en misiones, se convertía en lo que él denominaba “el hombrecillo gris”, para desaparecer entre la multitud, pero en la CIA, me imagino que no era hombre de llevar traje, sino más bien llevaba su propio estilo. Descubrí que a veces llevaba traje, pero prefería utilizar una chaqueta informal, así que así vestí a Ben”, afirma West. West creía que los seis huéspedes tuvieron un armario limitado, ya que llegaron a la residencia de los Taylor con lo mínimo: “dimos por hecho que se cambiarían de ropa muy poco y que Pat Taylor a lo mejor les prestó algo, pero en general, su aspecto no cambia mucho”. La residencia del embajador canadiense se encontraba en el barrio de Hancock Park, a las afueras de Los Ángeles. La armonía entre las habitaciones de la casa y la decoración les sumergió en la película. Seymour comenta que “el aguacate era el color de las cocinas en aquella época, y la del edificio nunca se había reformado. De hecho, más que aguacate era color lima, con azulejos verdes y blancos y papel de pared verde helecho. Cuando entré, pensé: “Madre mía, es incluso mejor, o más bien peor, de lo que me había imaginado””, ríe. Para Studio Six Productions se rodó en el plató de la Warner Bros., y se cambió el logo del emblemático depósito de agua por el de The Burbank Studios, como antes se la conocía. Estando en la calle de la productora, Mendez y Chambers empiezan a desarrollar su película falsa en el histórico restaurante SmokeHouse, del que Clooney y Heslov sacaron el nombre para su productora.

Cruzando la colina desde el Valle de San Fernando, se encuentra el lujoso Hotel de Beverly Hilton, en donde se rodaron algunas escenas. Una casa de lujo de Bel Air, anteriormente propiedad de Zsa Zsa Gabor, se convirtió en la residencia de Lester Siegel. Haciendo honor a su estatus, Lester conduce un Rolls Royce dorado de 1975, mientras que John Chambers tiene un Cadillac Eldorado del 77. Ted Moser, especialista en vehículos que se utilizan en el cine, se encargó de encontrar y en algún caso, retapizar estos y otros vehículos que ahora son vintage, como la reluciente caravana Airstream, que hace de cuartel general de Chambers. Según indica, “la enceramos bien y cambiamos el interior para que fuera una bonita caravana de maquillaje. También restauramos el Eldorado para que pareciera nuevo, pero el resto de vehículos no podían parecer que hubieran salido de clubs automovilísticos”. Se trata sobre todo de los coches que Moser utilizó para las secuencias de Irán, tales como Granadas, Fiats, Peugeots, Mavericks y una furgoneta Volkswagen Bus, así como un camión Unimog del 62 para el transporte de tropas y los clásicos coches de policía que se ven en la tensa persecución del aeropuerto de Teherán. El aeropuerto internacional de Ontario, a unos 150 kilómetros al este de Los Ángeles, hizo las veces del transitado Aeropuerto de Teherán. El equipo de Seymour decoró la terminal con señales en farsi y con carteles gigantes del Ayatolá Jomeini. “Tuvimos la suerte de contar con muchos extras persas, ya que algunos habían estado en Irán durante la Revolución. Era muy gratificante cuando se nos acercaban y nos decían: “Esto me recuerda a hace 30 años…” y nos contaban sus anécdotas. También tenían muchas ganas de ayudarnos a hacerlo bien, de hecho, algunos realmente se metieron en el papel, señalando la más mínima discrepancia, lo que me permitió incordiar a Sharon diciéndole cosas como „Sharon, ese hombre me ha dicho que el león de este cartel está mal, no me puedo creer que se te haya escapado‟”, ríe Affleck.

Los cineastas sabían que era imposible rodar en Irán, así que eligieron Estambul, en la vecina Turquía, para las escenas de Teherán. Siendo la única ciudad del mundo que se localiza en dos continentes (uniendo Europa y Asia), Estambul también fue lugar de tránsito para Tony Mendez ya que fue allí donde obtuvo su visado del Consulado de Irán. “Estambul es una ciudad increíble para vivir y trabajar”, afirma Affleck. “Nos sorprendió la amabilidad de todo el mundo y estamos enormemente agradecidos a sus magníficos actores y a la cooperación del público”. Dos de los lugares más impresionantes de Estambul se emplearon como escenarios de rodaje ambientados en la antigua ciudad: la Mezquita Azul, que se puede ver solo desde fuera, y el interior de Santa Sofía, en la que Tony Mendez se ve con su compañero de la agencia de inteligencia británica de manera clandestina. “Santa Sofia es un lugar increíble porque fue una iglesia, luego una mezquita y ahora es un museo, así que realmente representa una intersección entre varias culturas”, dice Affleck. Un amplio espacio en el que estuvieron rodando queda iluminado por docenas de candelabros circulares, que han pasado a tener, en los últimos años, bombillas fluorescentes. Desgraciadamente, proyectan demasiada luz (por no mencionar que no existían en 1980), así que varios miembros del equipo trabajaron durante toda la noche para apagar las más de 4000 bombillas y suavizar así la luz que necesitaban los cineastas. Quizás la secuencia que supuso un mayor reto fue la gran manifestación que se fraguó en la Puerta de Roosevelt de la Embajada Norteamericana. La escena se realizó en un estadio de fútbol del barrio residencial de Barkikoy que podía albergar a más de 1300 personas, coreando consignas anti norteamericanas en farsi cada vez más y más alto. Vestir a los extras fue una tarea especialmente complicada porque Jacqueline West no sólo tenía que reflejar con exactitud la época sino también las convenciones de dicha

sociedad: “hicimos cientos de chadores (túnicas negras largas que llevaban las mujeres) y toda la ropa de los mulás. Los revolucionarios llevaban chaquetas militares, al estilo de Castro o del Che Guevara, así que les proporcionamos docenas, pero participaron miles de personas, así que tuvimos que ser muy imaginativos a la hora de crear y de encontrar todo lo que necesitábamos”. Para que estallara el caos entre el público, Affleck infiltró en la muchedumbre varios cámaras ataviados como extras y con cámaras de 16 mm para que rodaran aleatoriamente. Además, el director, junto con otras personas, se integraron en la muchedumbre para grabar la revuelta en formato Super 8. “Lo malo de este formato es que la película es diminuta, así que cuando se proyecta en un cine, se ve muy granuloso”, explica Affleck. “Parecía real, pero es todo nuevo, salvo lo que se muestra en los televisores”. “Es emocionante porque se parece mucho al material de archivo: había una marea de gente a las puertas de la embajada, y eso es lo que recrearon. Los extras se dejaron llevar, porque no puedes evitar contagiarte cuando estás en una multitud de gente con ese tipo de fervor”, indica Chris Terrio. Eso también le ocurrió a la pequeña pero intensa manifestación que Mendez y los seis huéspedes (fingiendo ser un equipo cinematográfico canadiense) tuvieron que atravesar para llegar a su supuesto destino localizado en el Gran Bazar. “Cuando la furgoneta se empezó a balancear, tuvimos miedo de verdad”, reconoce Clea DuVall, “parecía que íbamos a volcar, y había mucha gente gritándonos… Te aseguro que no nos hizo falta saber actuar para aparentar que estábamos nerviosos”. “Una cosa es leer en el guión que los protestantes golpean el autobús, y otra muy distinta estar rodeado de verdad de cientos de personas que están haciendo como si quisieran matarte, te afecta de verdad”, añade Christopher Denham. También le pasó a Affleck: Scoot McNairy nos cuenta que “cuando un chico cogió una piedra y empezó a golpear la luna delantera, recuerdo que miré a Ben y le vi aterrorizado durante un instante, fue muy intenso”. Con respecto al rodaje en el Gran Bazar, el momento en que se realizó no podía haber sido mejor, ya que los puestos estaban cerrados por ser festivo. “El bazar de Estambul

es maravilloso”, afirma Seymour, “tenía el aire del de Teherán porque ambos están entre los más antiguos del mundo. Como es de esperar, muchos de los artículos tienen un aspecto atemporal, así que no tuvimos que cambiar mucho. El principal problema era la gran cantidad de señalización en turco que tuvo que traducirse a farsi”. “El bazar de Estambul era un laberinto, el trazado de sus calles era muy irregular, así que era muy fácil perderse nada más entrar en un callejón”, recuerda Affleck, “pero fue estupendo y tuvimos la suerte de que todo estuviera cerrado porque teníamos libertad para rodar”. “He oído que a Estambul se la denomina la encrucijada del mundo, pero hasta que no estás ahí, no te das cuenta de lo bella que es. Te encuentras parte de la historia de la ciudad en cada lugar al que diriges la mirada. Teníamos una agenda muy apretada en Turquía y todo salió sin problema gracias, especialmente, a los lugareños. Fue sin duda el lugar ideal para filmar”. Desde Turquía, el equipo se trasladó a Washington, DC. Los cineastas y miembros del reparto tuvieron acceso limitado a la sede de la CIA en Langley (Virginia) en donde aprendieron mucho sobre la CIA. Heslov nos cuenta que “cuando entramos en el edificio, nos pidieron que dejáramos los teléfonos en un cesto y, a decir verdad, hice caso omiso no porque quisiera llamar a nadie, sino porque simplemente no quería dejar el teléfono. Pasados unos minutos, un agente de la CIA se acercó y dijo “a ver, ¿quién tiene un iPhone?” Le dije que era yo y le pregunté cómo se había dado cuenta. Entonces, me llevó a la parte de atrás y me enseñó unos ordenadores desde los que podían controlar dónde había móviles, qué número tenían… te lo dicen todo. Era asombroso”.

“En Langley, te podías inspirar simplemente caminando por los pasillos de la agencia. Esas fueron las escenas más importantes para

mí porque sabía que había sido un privilegio estar allí como civil”, dice Bryan Cranston. “Había una interesante dualidad en el edificio porque ibas por ese pasillo soso y de repente te encontrabas con una puerta en la que ponía “Unidad Antiterrorista”. Era impresionante, me conmovió ver las estrellas de la pared conmemorando a aquellos que han entregado sus vidas al servicio de la CIA. Por eso, diseñé una escena concreta en la que Tony se para a mirar las estrellas, queríamos que la gente lo viera”, dice Affleck. Los cineastas tuvieron que eliminar digitalmente algunas estrellas porque eran menos en aquella época y otras todavía no tienen el nombre de los agentes caídos porque sus misiones siguen siendo confidenciales. Affleck colaboró con el director de montaje William Goldenberg para armonizar las imágenes de los distintos lugares. También era consciente de que la música haría de tejido conectivo entre los tres mundos de la historia. Por eso, Affleck utilizó música de entonces para situar al público en la época, especialmente en la secuencia de Hollywood. “Todo el mundo asocia la música en nuestro subconsciente: oyes una canción y te imaginas la escena”, dice el director. En la banda sonora, compuesta por Alexandre Desplat, “necesitábamos encontrar un tema que pudiéramos utilizar a lo largo de la película (obviamente empleando distintos instrumentos y tempo, pero siendo básicamente la misma pieza musical). Alexandre estaba encantado de componer algo fuera de lo normal, incorporando instrumentos poco habituales, a menudo procedentes de Oriente Medio. No suena demasiado estereotipado, pero creó un sonido que te traslada al lugar de forma instantánea”, añade Affleck. Sin embargo, “no hace falta que conozcas Oriente Medio ni la situación política de la época para que te atrape la historia. Esta película gira en torno a un peligroso rescate de seis personas, y al estar basada en hechos reales resulta aún más apasionante”, insiste Chris Terrio. “Te mantiene en tensión y es escalofriante, pero también es una película graciosa y entretenida, espero. Desde una perspectiva más profunda, trata del poder que tiene la información ya que durante mucho tiempo esta historia no se pudo contar, pero fue un

momento en la historia del que podemos estar orgullosos gracias a lo que hicieron estas personas”, concluye Affleck.

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