AFANARSE EN AFANAR POLVO DE ESTRELLAS (APHÁNISIS o síndrome de ¡ESTO-es-el-COLMO!

) Arte es perseguir y ser perseguido por imágenes del arte -como Duchamp y Buster Keaton lo eran por las cosas del mundo. Arte es futuro anterior, pasado por venir: una obra es captada sólo a posteriori (nachträglich) por lo que hace con ella otra obra: contagio, apego constelado; ¿vemos esta escena como romántica o policial? El paso entre cita, plagio y apropiación connota, con léxico judicial, una escalada de violencia: ¿cuándo una cita [amorosa] se convierte en secuestro? Pero en arte no se trata tanto de la usurpación de otra identidad, como del riesgo a perder la propia bajo una sombra ajena: afánisis. Arte es proyectarse como autor a través de una identificación creativa, “autorizarse a sí mismo como artista en relación con otros… identificación que sostiene la búsqueda de un objeto propio [de deseo]”, conversión de coerción en libertad. Una obra es la botella en la que se arroja una carta robada (cambiando el destino/sentido): mejor dejar el talante policial y ver el arte como el campo o mar transferencial que es. Después de atravesar la selva didáctica de la identificación creativa, es lógico que a una obra le queden manchas o jirones: este proceso es trivial y no hay que escandalizarse si, en ese duro pasaje, la repetición prima y cierta novedad tarda en asomar. La crítica no debería judicializar las cartas robadas sino desbrozar las espinas del arte como selva de identificación. Plagio y apropiación confunden –fundidos en su sinonimia con secuestro. Arte es delirio imaginario, “angustia de influencia”, idealizar logros ajenos para confrontar las fuerzas propias. En esa práctica no hay tanto placer sino más bien “un goce que no es sinónimo de placer, porque lo subtiende una identificación y está articulado con la idea de repetición como elaboración de una pulsión de muerte”. Incorporación caníbal: la identificación angustiosa muchas veces se produce con un muerto (un túnel de salida cegadora, reconocimiento pedido a una efigie, a una esfinge). Esto explica la censura en la conciencia del que miró con admiración y olvida o pretende olvidar –cesura del que usura lo que mira y clausura la mirada, inaugurando la sugestión de una culpa. Pero el plagiario no miente si dice yo no fui; la transferencia a través del campo minado de la identificación admirativa es el duelo-deseo por el que una obra de arte autentifica retroactivamente su envío, y depende de un malentender, una emergencia en fuga dónde lo dejado plenamente a la vista (carta robada > baúl-de-aire) se pretende invisible. La identificación creativa no se hace punto-a-punto como un mapa de bits: es un proceso dialéctico, pasaje de amo a esclavo y viceversa: captura imaginaria, reconocimiento denegado. Si decimos plagio, apropiación, con ánimo detectivesco, parecemos señalar un vaciamiento, una presencia ausente. Pero el ojo detecta un lleno, una mancha o rasgo venido de otro lado (y confunden los términos plagio-apropiación que denotan algo que ya no está). El arte trata más bien de un traslado, un

a multiplicar los p(l)anes. el vaho estelar de una obra anterior –en ese relicto de afecto ya se ejerció la represión intrínseca a toda representación. sino a construir la propia obra como pasaje libidinal sobre una ruina monumental (como hacíamos cuando rompíamos juguetes). la relación dual entre sí mismo y otro. qué afecto tiñe o mejor aún. Se sabe que la radical originalidad vanguardista es un mito resistente. Porque como sostiene la comunidad copyleft. puesto que el sujeto se registra ante todo en el otro. judicializar esto desmiente el monto de afecto y la pertenencia del arte a ámbitos de don para restringirlo a los de la propiedad. El olvido voluntario. la simulación involuntaria. se aplica mal al pasaje angustioso por la admiración histérica de aquel que eleva lo que otro hizo (siempre masomenos) a alturas estelares. a destruirse en la sumisión al otro. el twist cuadro a cuadro de Woody Allen en Stardust memories sobre 8 y ½… etc. Y el artista tiene derecho a decir en su defensa: “¿Te parezco un tipo con un plan? Soy un perro persiguiendo un coche… ¡No sabría qué hacer si lo alcanzara! Yo simplemente hago cosas. les señalo a los planificadores lo patéticos que son sus intentos de controlar las cosas”. copiar no es robar –es más parecido a redistribuir. Elegir erigir una obra previa en posición ejemplar lleva paradójicamente no a abandonar el deseo. no planeo. Bourgeois puliendo y mutilando a Rodin. Con pose delincuencial. el artista apuesta sin embargo a la liquidación del crimen. y la semejanza bajo el mandato de la diferencia. a traducir lo singular en género. el 1º Clorindo Testa. son estructurales a esa identificación creativa: El niño que pega dice haber sido pegado: más que una mentira infantil se reconoce aquí la instancia de lo imaginario en el sentido de la imagen.) Empatía y angustia se superponen en la noción de autor: alguien a quien le remueve la doble espina de la representación (su obra debe ser nueva a la vez que inscripta en un campo plagado de topos y patrones).desplazamiento a otro emplazamiento. como plan de robo bajo control total. como imitación indigna. Fabián Burgos. Cualquier obra con valor presintió el riesgo de desaparecer bajo los trazos ejemplares. Hay que investigar qué nos afecta de la proyección de una obra sobre otra. La calificación de plagio duplica la represión (mejor dejársela a otros) y cristaliza la representación como truco. destiñe a la representación artística en la época de la reproductibilidad técnica (foto/moda/copy-paste). quizá un golpe o una caída: la enajenación se proyecta sobre el “plagiario” –la idea de ganancia ilícita e inmerecida que la apropiación como noción jurídica define. una transformación. simula un plan para dar lugar a la contingencia. aunque sea desmentido todo el tiempo por obras principales (cada uno elija: Borges. practica la admiración bajo la forma del atentado. Aunque el paso por la identificación creativa a veces quede en copia vulgar. .

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