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Revuelta de Los Indigenas Cuenca 1921

Revuelta de Los Indigenas Cuenca 1921

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revista ecuatoriana de historia

DlREcroR
Enrique Ayata Mora
CoMm EDIToRIAL
Guillermo Bustos, Carlos Landázuri,
Juan Paz y Miño Cepeda, Rocío Rueda, Ernesto Salazar,
Rosemarie Terán Najas, Fernando Tinajero.
PmcDOS es una publicaci6n semestraL Las ideas
emitidas en los artículos son de responsabilidad de sus
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Jaime Pozo
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No. 4, [ semestre / 1993, Quito
CoNTENIDO
ESruDIOS
Tiempo inmemorial, Tiempo colonial:
un estudio de casos, por Scarlet O'Pbelan Godoy........................ 3·
La delimitación hispano-portuguesa y la frontera regional
quiteña, 1777-1804, por Manuel Lucena Giraldo ......................... 21
Campesinos indígenas contra el Estado: la huelga de los
indígenas de Azuay, 1920/21, por Micbiel Baud ........................... 41
En busca de la libertad: los esfuerzos de los esclavos
guayaquileños por garantizar su independencia
después de la· Independencia, por Camila Townsend................. 73
DEBATES
La esquiva presencia indígena en el Arte Colonial quiteño,
por AlexandTa Kennedy Troya .............................................................. 87
Región, clase y discurso: análisis crítico de varias obras
recientes sobre el proceso social y político ecuatoriano
entre 1930 y 1950, por Carlos de la Torre Espinosa ..................... 103
AUlA ABIERTA
Didáctica de la Historia: algunas ideas prácticas
para una. clase activa, por Carlos La1'lfi,p.zurl Camacbo ...... .... .... 117
OBrnJARlOS
Alfredo Pareja, la huella de un buscador ......................................... 125
Presley Norton, 1932-1993 ....................................................................... 126
Julio Estrada Ycaza, 1917-1993 .............................................................. 127
SOW UBROS/ reseñas
Enrique Ayala Mora, REsUMEN DE HISlORlA DEL ECUADOR,
por Rosemarie Terán Najas .......................................... ............. ............... 131
Paúl Aguilar, et. al, ENFOQUES y ESTUDIOS HlSTóRlCOS,
QUITO A 1RAvts DE LA HISlORlA, por Pablo Ospina ................................ 133
Linda Alexander Rodríguez, LAs FINANZAS POBJjCAS
EN EL ECUADOR (1830-1940), por Rebeca Almeida A . ...................... 136
Diego Pérez Ordóñez, HISlORlA DEL CONSERVADORlSMO,
por Juan J. Paz y Miño C. ... ...................................................................... 137
Juan Bottasso, comp., Los SAlESlANOS y LA AMAzONiA,
RELATO DE VIAJES 1893-1909, por Rocío Rueda Novoa ...................... 138
SOW UBROS/ referencias .................................................................... 141
EVENTOS ......................................................................................................... 145
hOClsoS, ReviIta Ecuatoriana de Historia, No. 4,
© 1993, EdIora NacionalllJlo.
ES1VDJOS
TIEMPO INMEMORIAL, TIEMPO CoLONIAL:
UN ESnJDIO DE CASOS
Scarlet O'Phelan Godoy
En la documentación colonial es recurrente encontrar referencias al "tiempo
inmemorial" o a las "costumbres inmemoriales", dando la impresión que éstas
se remontan a la conquista, a los inicios de la colonización o incluso, antes. En
la mayoría de los casos buscar respaldo en las prácticas llevadas a cabo desde
"tiempo inmemorial", fue la cobertura ideal utilizada para legitimar un argu-
mento o una acción determinada.
En el presente trabajo me interesa la amplitud del uso del recurso
del "tiempo inmemorial" durante el período colonial tardío. El contexto crono-
lógico será, por lo tanto, el enmarcado por el período borbónico. Las Reformas
Borbónicas no tocaron exclusivamente la esfera económica-administrativa, ni
se encontraron en el aparato fIScaL El reformismo tiñó en mayor o menor medi-
da prácticamente todos los aspectos del sistema colonial.
Lo interesante es comprobar que así como se resistió a los cambios admi-
nistrativos y transformaciones en el sector impuestos, también se rechazaron las
alteraciones en los ceremoniales públicos o representaciones rituales.
1
Inclu-
sive, el paréntesis de desconcierto creado inicialmente por las reformas sirvió
para especular sobre la conveniencia de mantener o erradicar ciertas contri-
buciones "tradicionales" que estaban en vigencia. El reclamo a respetar la tradi-
ción será, de alguna manera, el juego de palabras que se oponga a los elementos
modernizantes que cargaba dentro de sí el programa borbónico.
La tradición a la que se apela, no obstante, será de una proximidad crono-
lógica estrecha. El "tiempo inmemorial", como veremos, describirá en muchos
casos el tiempo del cual el individuo tiene memoria, tiene recuerdos. Se
remontará usualmente a una generación o a lo sumo a dos, no más. Es decir,
1. David Brading. MBourbon Spain and. it.s American Empile". Leslie Bethell (oo.) Colonial
spanisb America. Cambridge University Press, 1988, pp. 160, 161.
4
hablar de tiempo inmemorial será retroceder hasta el período tardío de los
Habsburgo, contraponiéndolo al ciclo de transformaciones instaurado por los
Borbones.
2
En los casos que a continuación trataremos, al utilizarse el recurso del tiem-
po inmemorial se apela a la tradición, pero también a la costumbre. Se enfati-
zará, por ejemplo, la inmemorial posesión de tierras, es decir una costumbre
establecida por la práctica cotidiana y legalizada por los títulos·de tierras. Por
otro lado, se aludirá al status de caciques o indios nobles y como tal, al papel
tradicional que cumplían estos como reales en las procesiones o des-
files ceremoniales. En este caso se implica una práctica ritualizada, de repe-
tición. Es decir, se apelará a la
1. LA POSESION DE TIERRAS
Es con relación a la posesión de tierra donde el recurso del tiempo inme-
morial se presentó con más transparencia. Se entiende entonces que algunos
estudiosos empleen los "títulos de tierras" como testimonios para la reconstruc-
ción de una historia local,"o como una memoria alternativa en la preservación
del pensamiento aut6ctono.
5
Durante el período colonial los litigios de tierras se suscitaron, por lo
general, entre dos comunidades, entre una comunidad y una hacienda, o entre
una comunidad y un individuo ajeno a la misma.
6
A través <Je estos pleitos por
tierras se puede llegar a determinar la mecánica existente en la adjudicación de
parcelas, el pacto de reciprocidad que se establece
7
y el tipo de conflictos en
2. Sobre la relaci6n de los Habsburgo con Hispanoamérica sigue siendo un clásico el libro de
John Lynch Spain under tbe Habsburgs, 2 vals. Oxford, 1981 (2da edici6n). Henry Kamen también
discute este período en su libro Spain in tbe /ater sevenl8entb cenlUry, Londres, 1980. Para el
período Borbónico siempre es de utilidad el libro de Gonzalo Anes, El Antiguo Régimen: los
Borbones, Madrid, 1975, yel de Antonio Domínguez Oníz, Sociedad y estado en el siglo XVI/l
españcl, Madrid, 1976. Para el impacto de la Ilustración en España consúltese el libro de Richard
Hecr, 7be sigbleenlb century reuolution in spain, Princaon, 1958.
3. Eric Hobsbawm y Tecence Ranger (eds.). 7be.hwentioon 01 Tradition. Cambridge, 1984,
Introducción a cargo de Eríc Hobsbawm, p. 2.
4. Robert Haskett, "Visions of Municipal Glory Undímmed. The Nahuatl Towm Histories of
Colonial Cuemavaca-. CokmíalLalinAmericanHislOricalReview. Vol. 1. No. 1 (992) p. 2. El autor
se refiere al estudio de Stepharue Wood en el cual los titulos de tierras al ser reconocidos como
evidencias en las cones hispánicas legitimaban una historia local y los -reclamos inmemoriales".
5. William Rowe y Vivian Schelling. Memory andModemity. PepularCuliure in LatinAmerica.
LondonlNew York, 1991, p. 21.
6. Scarlat O'Phelan Godoy. -Tierras Comunales y Revuelta Social. Perú y en siglo XVIn",
Allpancbís No. 22 (983), pp. 76, 77.
7. Tristan Platt. -El Papel del Ayllu andino en la reproducci6ndel régimen mercantil simple en
el norte de Potosí". América Indígena, Vol. XIl, No. 4 (981). También es de interés el comentario
5
que éste puede devenir.
Así, en lBOl en Huambalpa, Vilcashuamán (Huamanga) el recaudador de
reales tributos, Francisco Baes, argumentaba "que ahora muchos años siendo
alcalde ordinario don Antonio Baptista me dio unos pedasos de tierra de la
comunidad con el CQtgo de pagar las mitasy como en efecto he cumplido hasta
el día, y haora tres cüas salió a impedirme mi siembra Fermin Gamboa diciendo
que son tierras suias ... quando hemos gosado dichas tierras tiempo inmemo-
rial.
8
Es decir, en este caso el tiempo inmemorial se remonta a algunos años
atrás, cuando el alcalde don Antonio Baptista -como Baes mismo indica-le otor-
góla posesión de las tierras. Adicionalmente se observa que las tierras de comu-
nidad estaban siendo enajenadas a extraños, a cambio de que éstos amortizaran
la mita.
En otras oportunidades encontramos a comunidades y hacendados enfren-
tados por tierras en disputa. Entre 1790-1B09, por ejemplo, se suscitó en Lima
un comparendo entre don Pedro Tramarría -poseedor de la hacienda Villa-
quien intentaba tomar en arrendamiento de los indios del pueblo de Surco "unas
tierras mescladas con las de [la hacienda] San Juan, que desde tiempo inmemo-
rialIas han poseído los dueños de esta hacienda [Villa] como es público y no-
torio.
9
Nuevamente el recurso del tiempo inmemorial, si bien se utiliza para dar
fuerza al argumento, solo puede rastrearse algunos años previos a la apertura
de los autos por la posesión de los terrenos mencionados. La hacienda Villa,
como la de San Juan, cambiaron varias veces de manos durante la colonia,
habiendo sido lá. primera propiedad de los jesuitas por un Iapso".lo El "tiempo
inmemorial que recalca el hacendado Tramarría no podía ir, por lo tanto, mas
atrás de una veintena de años ya que la orden de San Ignacio de Loyola fue
expulsada en 1767,11 momento en que sus propiedades entraron en subasta a
cargo de temporalidades. 12 Es más, de acuerdo al trabajo realizado por Cristóbal
Aljovín, Tramarría adquirió la hacienda Villa en 1778 y se constata que entró en
litigio en 1790. Es decir, once años luegó de efectuada la compra.
Un caso distinto es el que compete al reclamo de tierras cacicales por parte
de las autoridades étnicas. En 1815, don Lorenzo Apoquispe Amaru, indio noble
realizado por Rossana Barragán. "Economía, Política e Ideología en Bolivia del siglo XIX. Un libro
de Tristan Plan." Historia Boliviana No. 11-12(983), p. 272.
8. A.G.N. Derecho Indlgena CS64, Año 1801.
9. A.G.N. Derecho Indígena 0446. Año 1790-1809.
10. Nicholas Cusher. Lords oltbe Land. New York, 1980, pp. 65-67.
11. Sobre la expulsión de los Jesuitas de Hispanoamérica puede consultarse la antología a cargo
de Magnus Momer (ed.) 1be e:xplusion 01 tbe Jesuits from Latin America. New York, 1965.
12. Cristóbal Aljovín de Losada. "Los compradores Temporalidades a fmes de la Colonia".
Histórica, Vol. XIV No. 2 (dic. 1990) p. 229.
6
y cacique propietario de los ayIlos de Pumamarca y Ayamarca reducidos en la
parroquia de San Sebastián, Cusco, explicaba que poseía cuatro fanegadas de
tierra nombradas Miscaura "por sucesión legítima deribada de mis autores ...
desde inmemorial tiempo en que todavía disfrutan los indicados mis autores
hasta la época presente, que yo he continuado como un sucesor de ellos y caci-
que de sangre ... " Se puede observar que para el cacique el "inmemorial tiempo"
se refiere al período en que sus progenitores tomaron posesión de las tierras
en litigio. Con ello se remonta una generación atrás especificando inclusive, que
sus padres aún viven. 1 ~
Las tierras eran distribuidas en las visitas que se realizaban periódicamente
a las comunidades para efectuar una "remesura" de las parcelas, y controlar que
se mantuviera la jurisdicción sobre los linderos establecidos por la "compo-
sición de tierras". No obstante, estas mediciones podían efectuarse cada veinte
o treinta años. l.f El tiempo inmemorial podía remontarse así a la última compo-
sición efectuada.
Tanto Kubler como Hobsbawm han hecho notar el apego de las comuni-
dades a los papeles legales de adjudicación de tierras
1S
y a cómo estos eran '
atesorados como documentos preciosos por las autoridades locales que bien
podían ser el cacique, el alcalde de indios o el protector de naturales. LO "inme-
morial" venia a ser entonces sinónimo de lo "legal", de lo "legítimo".16
2. lAs SUCESIONES CACICALES
Otro frente en el cual se recurrió a la fórmula del "tiempo inmemorial",
fueron las sucesiones cacicales. El nombramiento de caciques atravesaba por
un proceso de álgida competencia entre los potenciales candidatos para el
puesto, para lo cual los contrincantes debían presentar complicadas genea-
logías y extensas declaraciones de testigos que ratificaran su calidad e idoneidad
como legítimos sucesores al cargo.
El puesto de cacique era codiciado. Significaba, por un lado, acceso a las
comunidades -a sus tierras y a sus hombres-, control sobre los reales tributos
13. A.D.e. Intendencias/Gobierno, Leg. No. 150. Año 1815.
14. Jean Piel. Capilalisme AgNi7W au Perou. París, 1975, p. 193-. Tabla cronol6gica de
composici6n de tierras.
15. Eric Hobsbawm. -Peasant Land occupation" PastandPresenl, No. 62(1974), p. 124. George
Kubler. -The Quechua in the colonial World". !be HandboollofSoutb A1'fUiIrican Indians, VoL 2,
Washington, O.e. Soúthsoni2n Institution, 1946, p. 379 El autor alude a la fascinación que ejercen
los papeles legales sobre las comunidades.
16. La costumbre puede ser considerada un principio de legitimidad. Al respecto consúltese el
ensayo de Carlos Espinosa Femández de Córdova. "The Fabrication of Andean Particularísm".
Boletin del Instituto Francés de Estudios Andinos, No. 1812 (1989) p, 289.
7
pero, además, traía consigo prestigio social, remrsos económicos y manejo
político. 11 Adicionalmente establecía para el favorecido la excepción de mitar,
de pagar tributo, de efectuar trabajos manuales. Ayudaba también a conseguir
privilegios que iban desde poder montar a caballo ensillado y tener escudo de
armas, hasta lograr con éxito la entrada de alguno de los hijos a la universidad
y posteriormente, al sacerdocio.
Así, en 1784 don Gregario Choquehuanca, de la Santa Iglesia
Catedral de La Plata e hijo y primer albacea del finado coronel Don Diego Cho-
quehuanca, cacique y gobernador del pueblo de Azángaro, pasó remento a la
carrera militar de su insigne padre. Hizo hincapié en los servicios que éste había
prestado al Rey, como el de sofocar la rebelión de Túpac Amaru, demostrando
así su lealtad a la Corona. Se refirió también a la figuración que éste había tenido
"en especial en [el puesto] de cacique y gobernador del pueblo de Azángaro,
que lo obtubo desde tiempo inmemorial y por sucesión de sus progenitores y
descendientes" .18
Nuevamente, en este caso es posible constatar que el tiempo inmemorial
alude a los años en que el cacique Diego Chuquihuanca estuvo en actividad,
pero no se remonta a sus ascendentes, aunque alude a la naturaleza hereditaria
del cargo. El tiempo inmemorial Se refiere, concretamente, al momento en que
Chuquihuanca detentó el cargo de cacique de Azángaro. Es decir, abarca unos
cincuenta años, desde que fue oficializadó como cacique propietario por el
Virrey Conde de Superunda, en 1754, hasta su fallecimiento.
19
.
Pero hay otros casos y otras circunstancias. en 1791, María Inga-
paucar reclamó el cacicazgo de Coya, en Calca y Lares, construyó su argumento
sobre la base de que en su pueblo, "como en los más de este Reyno del Perú,
es una práctica de inmemoriales tiempos ... el haver obtenido las mujeres sus
cacicazgos y gobiernos en propiedad y sirviéndolos por si o por sus maridos,
como lo obtuvieron de facto doña Mamahuacso y doña Gertrudis Marcachimbo
. y otras ... "20
Es verdad que. no era inusual encontrar a mujeres cacicas. Sin ir más lejos,
durante la rebelión de Túpac Amaru les tocó cumplir una actuación destacada
a Tomasa Tito Condemaita, cacica de Acos, ya Catalina Salas, cacica de Yana-
coa, Tinta.
21
En todo caso, volviendo a Maña Ingapaucar, se puede decir que
17. Sobre las aaividades de los caciques siempre resulta relevante el artículo dé Karen Spalding
"El Kuraka yel Comercio Colonial". De Indio a Campesino. Lima, 1974, El libro de Franldin Pease
recientemente publicado CUmca5, Reciprocidtu:l y Riqueza, Lima 1992, analiza sobre todo en el
capítulo IV, el manejo de los bienes de comunidad por parte de los caciques.
18. "Pruebas de Nobleza de don Gregario Chuquihuanca". Revista de Historia de América, No.
n-78 (1974). p. 151.
19. Ibid., p. 197.
20. A.D.C. Real Audiencia. Causas Ordinarias, Leg. No.' 9, Año 1791.
21. Scarlett O'Phelan Godoy. Un siglo de rebeliones Anticoloniales. PeFÚ Y Bolivia, 17()()"1783.
8
de alguna manera cumpli6 su objetivo ya que, posteriormente, encontramos a
su marido, Hermenegildo de Uzcueta, ostentando el cargo de cacique de Coya.
22
En este caso excepcional las referencias que se hacen a Mamahuacso y
Gertrudis Marcachimbo trasciende, por primera vez, el estadio generacional de
María Ingapaucar. Los ejemplos que utiliza para sustentar su solicitud nos
remonta a sus ancestros. La explicación puede radicar en que la presencia de
indias cacicas fue más la excepci6n que la regla y por lo tanto era necesario
recalcarla.
23
La conquista modific6la estructura del sistema cacical introducien-
do patrones europeos, como el mayorazgo. En concordancia con la costumbre
hispana se puso énfasis en el gobierno en manos de varones y la sucesión por
la línea masculina, subestimándose el derecho femenino de acceso a los caci-
cazgos.
2
" Así, María Ingapaucar consigui6 eventualmente el cacicázgo de Coya,
pero para colocar a su marido como cacique, el cual es descrito como "español n.
El status social y posible riqueza de la hija del cacique Ingapaucar debió animar
a Uzcueta a casarse con una mujer de la élite indígena.
25
En este caso se puede
decir que el matrimonio fue, para ambos, un mecanismo de movilidad social.
3. LAs PRÁCTICAS RITUALES
Las tradiciones que se inventaron en Europa fueron tránsferidas a His-
panoamérica,26 ayudando a redefinir las relaciones entre dirigentes y dirigidos
o, en otras palabras, entre colonizadores y colonizados. Los primeros daban las
órdenes y los segundos las aceptaban, pero dentro de un esquema compartido
en el· cual el respeto y la lealtad eran vértices claves. Mantener este balance
permitía preservar el diálogo.
Cusca, 1988, p. 229.
22. David Gahill. ·Cacique y Tributos·. Ponencia presemada al VII Simposio de CLACSO, Lima,
1986.
23. Scarlett O'PheJan Godoy. Kuralttas sin sucesiones. Del cacique al Alcalde de Indios. Hisbol.
La Paz, 1992, capítulo 1.
24. Alejandro Díez. Pueblos y Caciques de Piura. Siglos XVI Y XVII. CIPCA. Piura, 1988. pp. 45-
46. .
25. Elinor C. Buskeu. alas mujeres indígenas y la sociedad blanca: El caso del Perú del siglo XVI".
Asunción Lavrin (comp.) Las mujeres Latinoamericanas. Perspectivas Hislóricas. México 1985, p.
1143. Para el temprano siglo xvm había pocas familias criollas en las que no se hubiera nitrado
sangre indígena. Consúltese al respecto el artículo de Anthony pagden "Identity Fonnation in
Spanish America-. NichoJas Canny y Anthony Padgen (eds.) Coloníalldenlily in tbeAtlantic W o ~
1500-1800. Princetan, Princeton University Press, 1987, p. 69.
26. Terence Ranger. -The lnvention of Tradition in Colonial Aftica-. Enc Hobsbawm y Terence
Ranger (eds.) 1be /nvention ofTmdilion. Cambridge University Press, 1984, p. 212. El autor analiza
cómo las tradiciones inventadas en Europa fueron posteriormente revividas en Aftica, pero siendo
utilizadas en beneflcio de los colonizadores.
9
En 1814 el cacique de Chincheros, Mateo García Pumacahua, elevó una
petición en la cual hacía constar ser hijo legítimo del gobernador don Francisco
Pumacahua Inca, recalcando que "sus ascendientes fueron Incas nobles y como
tales han sido alféreces reales desde tiempo inmemorial y siempre tenidos y
respetados por tales Incas nobles y principales. "27
En su discurso Pumacahua se refiere directamente a sus ascendientes,
enfatizando su condición de indios nobles, legítimos caciques gobernadores y
como tales, elegibles para ostentar el privilegio de desempeñarse como
alféreces reales. En este caso el tiempo inmemorial alude a una práctica ritual
transmitida de generación en generación, rebasando el entorno cronológico de
don Mateo.
La intención del cacique de. Chinchero en ratificar su participación en
calidad de alférez real, -probablememente se refería a su incursión en el lucido
desfile del Corpus- era para acentuar su legítima integración en la sociedad
colonial, en la cual ocupaba un lugar distintivo. El proceso de incorporación al
cuerpo social necesita ser continuamente reafirmado, de allí el interés de
Pumacahua por resaltar su ubicación en el ceremonial público.
28
No hay que
olvidar que el despliegue procesional responde a criterios de jerarquización y
estratificación, donde hay atribuciones singulares que pueden materializarse en
la asignación de un sitio honorífico, o guardar un riguroso orden pre-
establecido.
29
EI control que ejerce la clase dominante se localiza también a nivel
cultural y no solo a nivel económico o militar. 30 /
Pero, en el contexto en que Pumacahua destaca su rango como alférez real
se entremezclan otras variables. Su discurso es el preámbulo a un pedido
concreto: solicitar que tanto él como sus familiares cercanos, también "descen-
dientes de caciques", no sean gravados con el tributo que a partir de la legisla-
ción borbónica iba a exceptuar, exclusivamente, al primogénito de un linaje
cacical. De allí que subraye categóricamente su reconocida incorporación a la
nobleza inca, de la cual puede hacer gala en las representaciones públicas. 31
Otro ceremonial conocido como "el paseo del estandarte real". que se
realizaba en el mes de julio, también venía prescrito por una práctica ritualizada.
27. C.D./.P. Tomo m, V.8. Conspiraciones y Rebeliones en el siglo XIX. Lima, 1974, p. 406.
28. MervynJames. "Ritual and Social Body in the late Med.ieval Enclish town", Pasl and PrssImI.
No. 98 (1988) p. 8.
29. Pedro Gómez García. "Hipótesis sobre la estructura y función de las fJeStas". lA Fiesta, la
cenmaonÚl, el rilo. Casa de Ve1úquez, Universidad de Granada, 1990. p. 55.
30. Edwatd P. Thompson. ·Patrician Society, Plebeian Culture". joumaJ 01 social History. Vol.
7, No, 4, Summer 1974, p. 387.
31. C.D.J.P.TomollI, V.8. eonspiracionesyRebeliones,p. 392. Por su buenaaplicaci6nybuenas
costumbres Mateo Garcla Pumacahua recibió el nombramiento de Capitin de Infanteña de Indios
Naturales del pueblo de Chincheros, "permitiéndole levantar bandera de Alférez Real en la misma
conformidad que a sus padres por wa¡ de nobleza que gozaban".
10
En 1746, en el Cusco, se desató una polémica entre el alférez interino yel juez
de naturales, sobre la parafernalia que debía acompañar al evento. Así:
Sacó el estandarte real don Vicente de Mendoza, alferez interino, quien después de
la tercia y procesión, antes de la misa volviéndose hacia el alferez Inca -que lo era
don Pablo Tambohuacso- y al juez de naturales -que lo era don Joaquín Farfán· los
que tenían cogines a los pies, les dijo: quiten esos cogines. El juez de naturales le
respondió: no quiero, porque esto es práctica y costumbre de tiemJX> inmemoria{32
En este caso, al reclamar el juez de naturales la presencia de los cojines
durante el ceremonial, lo que exigía era que se mantuvieran los objetos que
formaban parte del "exorno exterior" al ritual, preservando el escenario tal y
como, de acuerdo a sus palabras, se estipulaba desde "tiempo inmemorial".
Indudablemente, el hecho de que Farfán hubiera asistido con anterioridad
a estas representaciones daba validez a sus palabras. Es más, su argumento
como juez de naturales obviamente pesó frente a los requerimientos de un alfé-
rez con carácter interino. Farfán debió aprender las secuencias de la ceremonia
asistiendo al ritual, que era la manera más eficaz de absorberlo y, luego estar
en capacidad de transmitirlo.
33
Su apreciación resultaba, por lo tanto, fiable.
El paseo del estandarte era una festividad anual. De acuerdo a los Anales
del Cuzco, se realizaba cada 24 de julio. En este sentido, la frecuencia de su
repetición ayudaba a combatir el olvido de los detalles intrínsecos a la parafer-
nalia de la celebración. Aunque como queda demostrado no siempre garan-
tizaba una completa fidelidad.
La Iglesia cumplió un papel preponderante en la ritualización de las cere-
monias.
35
No en vano muchos de los símbolos de legitimidad más poderosos
tienen un origen religiosó.
36
y es que la Iglesia no solo participaba activamente
en organizar y coordinar procesiones como, por ejemplo, la del Corpus Christi,
sino que también velaba por el cumplimiento de las celebraciones del calen-
dario litúrgico cristiano.
La misa era, dentro de ellas, un requisito indispensable e ineludible. Al estar
32. Anales de Cuzco, 1600-1750. llma 1901, p. 394.
33. Jan Vansina. Oral TTadition as History. The Universily of Wisconsin Press, 1985, p. 47.
;4. Anales del Cuzco. p.
35. El tema ha sido más trabajado para el caso del México borbónico que para el caso del Perú.
Al respecto puede consultarse el interesante articulo de Serge Gruzinski -La segunda aculturaci6n:
el estado ilustrado y la religiosidad indígena en Nueva España (1775-1800)". Estudios en Historia
Novobispana. Vol. VIn. México, 1985. También es su interés ei artículo de William Taylor •... de
corazón pequeño y ánimo apocado. Conceptos de los curas párrocos sobre los indios de Nueva
España del Siglo XVIII". Relaciones Estw:Jws de Historia y Sociedad. No. 39. (1989).
36. David 1. Kertzer. Politics and Power. Yale University Press, 1988, p. 45. De allí que
las nuevas fuerzas pol1ticas buscaran canales de expresi6n a través de los rilos y símbolos religiosos.
11
estrechamente organizada y prescribir una. secuencia de eventos transformaba
la realidad profana en una realidad sacralizada. Era un ritual con una cobertura
simbólica. Además, las vestimentas del clero durante la ceremonia creaban de
por si una atmósfera sacralizada que trascendía los límites de la cotidianidad. 37
En 1802 el Arzobispo y el deán del cabildo eclesiástico de La Plata denun-
ciaron la "novedad" introducida por el Regente y los oidores de la Audiencia
de Charcas, de no haber asistido ese año a recibir las velas y las palmas en la
Catedral durante las funciones de la Purificación de Nuestra Sra. y el Domingo
de Ramos. Alegaban que el verdadero motivo de estas ausencias era que el Re-
gente se consideraba desairado,
porque el Deán y Cabildo no se ponen de pie todo el tiempo que la Audiencia
consume en pasar desde el cuerpo de la Iglesia hasta el Altar Maior donde reciven
el Regente y Oidores las velas y palmas, sino que el Cavildo [eclesiásticol permanece
sentado ... yal pasar la Audiencia ida y vuelta le hacen los capitulares una profunda
inclinación ... que esta ha sido la costumbre inmemorial.'8
La tensión que las Reformas Borbónicas generaron entre el poder civil y el
poder eclesiástico, se refleja en la aparente intolerancia en que incurren los
oidores de la Audiencia de Charcas frente al cabildo Eclesiástico de La Plata. Los
primeros quieren exigir que los segundos se pongan de pie durante el cere-
monial dentro de la iglesia mientras que, deán y clérigos se ampararon en una
"costumbre inmemorial" para permanecer sentados, limitándose a inclinar la
cabeza durante el ritual. 39
Lo cierto es que en todo ritual la posición que ocupaban los parÍicipantes
era un punto central y una modificación en la misma implicaba, en este caso,
un replegamiento en la lucha por el poder.
40
La ubicación y actuación del poder
civil y el eclesiático estaba prefijada por la tradición. En este sentido ganar
privilegios por parte de los oidores habría significado perderlos por parte del
Cabildo eclesiástico.
Desconocemos el desenlace del enfrentamiento entre ambos poderes, pero
el punto en discusión denota un intento por recortar las prerrogativas del clero
37. Miles Richardson. "The spacial sense of the sacred in Spanish America and the American
South and its tie with the performance". Richard Sch.echner and Wille ApIle. By Means 01
Peiformance. JnIen;u/lural StudÚlS in Tbeatre and Ritual. Cambridge, 1990, pp. 224, 225.
38. A.G.J. Audiencia de lima, Leg. 600, Año 1802, consultas de Negocios Seculare.s.
39. Estas tensiones en el ritual eran t1pica.s. En 1632. por ejemplo, Luis xm solicit6 a los
pre.siden1e.s del parlamento que se pusieran de pie frente a los oficiales encargados de los sellos
rea1e.s, a lo cual los primeros argumentaron que esto no correspondía con su dignidad. Para
mayores detalles consúltese el libro de David I. Kert2er, .Ritua4 Polities and l'ower, p. 106.
40. Este juego por el poder es descrito por Edward Meir en su libro Civic Ritual in Renaissance
Venice. Princeton University Press, 1981, p. 189.
12
que, a pesar de estar fijadas por el tiempo inmemorial, son' desestimadas por la
Audiencia. Se observa entonces que la tradición se recrea, pero también se
innueva. Y es que, una vez que los rituales quedan establecidos toman vida
propia.
4. LAs CONTRIBUCIONES PRESCRITAS
Un último tema que quisiera abordar en tomo al uso del argumento del
tiempo inmemorial, es el que se refiere al pago de determinadas contribuciones
-en trabajo y dinero- que estaban prescritas por la costumbre.
En 1756 el Virrey de Superunda hizo notar que había recibido una
representación del Arzobispo de Chuquisaca sobre los excesos cometidos por
varios religiosos de las órdenes de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín
y La Merced, de los conventos de Potosí, "con el motivo de haver Fr. Federico
Hurtado, religioso de la última [La Merced], procurador de la Redención de
Cautivos, introducidose a rezar responsos y recoger también limosnas para las
Animas del Purgatorio, en perjuicio de la costumbre tnmemorial y facultad
privativa que tiene la Iglesia matriz de aquella villa.":i1 /
En este caso 10 que se observa son fricciones entre el clero secular,
representado por el Arzobispo y la Iglesia matriz de Chuquisaca, y el clero
regular, del cual la orden de La Merced forma parte. No hay que olvidar que
fueron también dispositivos implementados por el reformismo borbónico los
que aconsejaron adjudicar doctrinas y parroquias prioritariamente al clero
secular, frente al relegamiento del clero regular. Esto implicaba que eventual-
mente el clero secular iba a ganar una mayor presencia y control 'sobre las
comunidades del campo y barrios urbanos en general.-42 Así, la expulsión de la
orden de los Jesuitas fue solo el primer paso de una campaña contra las órdenes
religiosas que se iría incrementando en la segunda mitad del siglo XVIII. Los
Borbones consideraron que era más conveniente aliarse al clero secular, que
permitir que los regulares siguieran ganando fuerza en las colonias. .
Pero las contribuciones no siempre fueron eclesiásticas, también lo fueron
fiscales. En 1776 se creó el virreinato del Río de La Plata (o Buenos Aires) y, al
año siguiente se establecieron Aduanas para un mejor control del tráfico y
cotización de la alcabala, o impuesto de compra venta, entre el Bajo y el Alto
41. A.G.I.Aud.iencia de Charcas. Leg. 306. cana del 20 de enero de 1756 del Virrey Conde de
Superunda.
42. David Brading. "Tridentine Catholicism and En1ightened Despotism in Bourbon Mexico"
joumal 01 Latin American Studies. Vol. 15 (1983) p. 9. .
13
~ e r ú . 4 ~ Adicionalmente,.1a alcabala se incrementó, en 1772, del 2 al 4% y, en
1776, al 6% haciéndose extensiva a los productos de la tierra y grabándose un
nuevo impuesto sobre el aguardiente.
44
Las protestas no se hicieron esperar y las más álgidas vinieron de parte de
los pequeños comerciantes, "arrieros, viajantes y trajinantes", quienes se encon-
traron desprovistos para encarar la nueva tasa de la alcabala y desconcertados
frente al nuevo sistema de tornaguías, que estipulaba que debían dejar un depó-
sito en la Aduana, el cual les era devuelto al efectuar la venta de sus productos
y cancelarse la correspondiente alcabala.
45
En 1777 estallaron serios disturbios en la aduana de La Paz, donde los viajan-
tes y lrajinantes se enfrentaron al aduanero -don Bernardo Gallo- amenazán-
dolo de "que no havian de pagar mas de una vez la alcabala, o en ésta [La Paz}
o en el lugar de su expendio, pues así lo acostumbraban desde tiempo inmemo-
rial y que tampoco pagaban el mayor aumento.
46
Una vez más, el tiempo inmemorial se refiere al enmarcado por los recuer-
dos, por la memoria aunque, en este caso, la alcabala operaba en su tasa acos-
tumbrada del 2% desde los Austrias e incluso, su introducción en el Perú ya
había provocado disturbios a fines del siglo XVI.47 No obstante, cuando en el
siglo XVIII se busca hace memoria de las protestas contra la alcabala, lo que se
recuerda es la rebelión de los- barrios de Quito de 1765,
48
..no se mencionan para
nada los desórdenes previos del siglo XVI. El recuerdo tiene sus límites.
Como bien indica Phelan, al analizar la rebelión de los Comuneros del Soco-
43. Sobre la creación del Virreinato del Río de La Plata siempre resulta de gran utilidad el libro
de John Lynch Spanisb Colonial Administration 1782-1810. Tbe lnlendenl System in /be
Viceroyal'Y O/Ibe Río de La Plata. Londres, 1958. Adicionalmente para analizar las relaciones entre
el Bajo y el Alto Perú consúltese el ensayo de Guillermo Céspedes del Castillo, Lima y BuenosAires,
repercusiones económicas y políticas de la creación del Virmnato de La Plata. Sevilla, 1947.
44 _ Scarlett O'Phelan Godoy. Un siglo de rebeliones antícoloni,ales. p. 177. Consúltese también
el ensayo de Osear CornbliI. "Levantamiento de Masas en Perú y y Bolivia durante el siglo XVTII".
Alberto Flores Galindo (ed.) Túpac Ama", 11-1780, Antología, Lima, 1976.
45. Graciela Ibarra de Ronconi. ·Un aspecto del Comercio Salteño (177&1811)", Anua1"ÍO del
Instituto de Investigaciones Hislóric;Qs. No. 8, Rosario (1965),
46. A.G.I. Audiencia de Charcas, Leg. 594. .
47. Ronaldo Escobedo MansUla. "La alcabala en el Perú bajo los Austrias·, Anua1"ÍO de Estudios
Amerlcano.s. Vol. xxxm (1956). -pp. 257-258. Sobre los disturbios cOQSúltese también. Manuel de
Mendiburu, Diccíona1"ÍO Histórico BiográfICO del Perú. Lima, 1876-1890. Vol. 6, p. 310. Gobierno
de don García Hurtado de Mendon.
48. Víctor Angles Vargas. El Cacique Tambobu.M:so. Lima, 1975. p. 81. Uno de los jnvoluaados
en la conspiración de 1780 en el Cu.sco, Farfin de los Godos, aconsejaba reclutar gente para
levantarse como se había realizado en Quito. Sobre la rebelión de los banios de Quito se puede
consuhac el articulo de Anthony McFarlane "1he Rebe1lion of the Barrios: Urban Insurreaion jn
Bourbon-Mexico". H.A.H.R.69(2), 1989.Joseph P&ez es quien inicialmente llama la atenci6nsobre
la rebelión de 1765 en su libro Los movimientos precurSores de la emancipación en Hispano-
américa, Madrid, 1977, pp. 46-63.
14
rro ocurrida en 1781, en Nueva Granada, para muchos líderes el objetivo de la
insurrección y el énfasis del programa político era el volver a un sistema que
matizara equilibradamente la centralización y descentralización promovida por
los Habsburgo, frente al absolutismo borbónico. Para Phelan las medidas no
fueron estrictamente reformas sino, más bien, sentaron las bases para efectuar
transformaciones más profundas. 49
Pero la política borbónica no solo afectó a los impuestos de carácter general,
como la alcabala, también infligió modificaciones sustanciales en impuestos de
otra índole. El 10 de Mayo de 1794 se presentó el administrador del Hospital
de Naturales del Cusco,
exponiendo que sin embargo de hallarse en la posesíon inmemorial de percivir
anualmente tomín y medio que le paga van los partidos de Lampa, Asángaro,
Carabaya, para ayudar a las curaciones de los enfermos y señaladamente de los
mismos contribuyentes, le havía privado de este socorro el Intendente que fue de
la provincia de Puno, don Josef Reseguin, vajo el pretexto de querer edificar un
hospital en aqueJla capital de que se seguía a los naturales los mayores perjuicios.
5o
En este caso la actitud vertical de Don Josef Reseguín frente al empleo de
la contribución del tomín y medio, es la que desencadenó el conflicto en el cual
las comunidades mantuvieron una postura cercana a la del administrador
general del Hospital de Naturales. La autoridad absolutista del Intendente de
Puno se percibe a través del uso ilimitado del poder, la falta de consenso y
consulta popular sobre la orientación del gasto de la contribución y el relegar
la búsqueda del bienestar de la comunidad en generaL Por lo menos, en esto
se basan las críticas a sus resoluciones.
Los hospicios y hospitales estaban en manos de las órdenes religiosas, pero,
como parte de la política borbónica, se vio la necesidad de apartarlos del control
de la Iglesia y crear servicios médicos que fueran construidos y administrados
por autoridades civiles. 51 De alguna manera este impase entre el administrador
del Hospital de Naturales y el Intendente refleja también fricción entre el poder
civil y el eclesiástico. Adicionalmente, resistir al Intendente también significaba
resistir al cambio enmarcado en el proyecto de reformas.
Pero, como se ha mencionado, las contribuciones que se solicitaban bajo
el pretexto de haberse llevado a cabo desde tiempo inmemorial, también
cubrían el área de los servicios personales. En 1805 los indios de la doctrina de
Omache, parcialidad de Paruro,' denunciaron el abuso de exigírseles que
enviaran un indio de séptima, en calidad de pastor, al chorrillo de Sahuasahua.
49. John Leddy Phelan. 1be People aná /he King. 1be comunero Rewluticn in Colombia, 1781.
University of Wisconsin Press, 1978, pp. 84-85.
SO. A.G.I. Audiencia de Lima, Leg. 600, Consuka al Consejo de Indios, 22 de junio de 1799.
15
Al ser enterado don Andrés Villamiel, usufructuario del chorrillo, de la querella
que se le había interpuesto expresó que
nada tenía que haser en el particular sobre la séptima o yndio mitaio que de tiempo
inmemorial a esta parte a contribuido en dha hacienda el pueblo de Quilla para
pastear una de las tropas de vacas que ai en ellas y quien debe responder es el
convento de La Merced a quien corresponde ... 52
Lo que se infiere del alegato es que Villamiel era poseedor del chorrillo del
cual era propietaria la orden de La Merced, desde tiempo inmemorial. El
período comprendido en esta transacción debe haber fluctuado -como en los
otros casos- en algunas decenas de años, ya que los arreglos de mita-chacra se
renovaban o denegaban al cambiar la hacienda de manos. En otro acá pite del
proceso judicial se explicita el crecido número de ganado que se asignaba al
pastor. Este argumento fue desdicho por Villamiel quien declaró que "el actual
pastor ... solo tiene a su cargo 94 vacas madres, 29 toros, 12 novillos y algunas
crias ...
s3
Lo que para el hacendado era un ganado reducido, para la comunidad
resultaba excesivo para ser adjudicado a un solo pastor.
Para el temprano siglo XIX el sistema de la mita ya había decaído ostensi-
blemente. La disrupción que había producido la gran rebelión en el sur andino,
había puesto en tela de juicio el principio de la prestación de servicios. Adi-
cionalmente, al haber sido numerosos caciques removidos de sus cargos y
suplantados por criollos, las relaciones de reciprocidad habían sufrido alteracio-
nes.
54
El cacique-criollo funcionaba más dentro del esquema patrón-cliente que
dentro del esquema de la reciprocidad andina.
55
La mita, de esta manera, perdía
vigencia y era cada vez más difícil recurrir a ella como medio para reclutar mano
de obra.
Posteriormente, en 1812, la constitución de Cádiz suprimió tributos y mitas,
por considerarlos mecanismos de explotación caducos dentro de la moderni-
dad que se. trataba de imprimir a Hispanoamérica. Pero estos aires de mo-
dernidad ya venían delineados en el proyecto borbónico, donde se postu laba
la abolición del tributo indígena -y con ello el de las mitas- frente a la intro-
ducción de un tributo extendido que alcanzara a mestizos, zambos y mulatos.
Con ello no solo el cacique perdía su razón de ser, también se desmantelaban
51. John Tate Lanning. 1be Protomedicato. 1be ReguJations 01 tbe Medical Profsssion in the
Spanisb Empíre. Durham, 1985.
52. A.D.C. Real Audiencia, Causas Ordinarias, Leg. 55. año 1805.
53. Ibid
54. Scarlett O'Phelan Godoy. "Tradici6n y Modernidad en el proyecto de Túpac Amaru". Jean
Meyer (00.) Pugachov, Túpac Ama"" Hidalgo. Tres lerJanlamienlos Populares. México, CEMCA,
1992.
55. Scarleu O'Phelan Godoy. Kuralllas sin Sucesiones, capítulo 1Il.
16
las mitas, cambiándose la correlación de fuerzas al interior de las comunidades
campesinas en los andes.
CONCLUSIONES
El presente estudio está basado en una docena de casos en los cuales apa-
rece, en la documentación colonial, referencias al tiempo inmemorial. Son bási-
camente en cuatro acá pites en que se hacen alusiones al tiempo inmemorial:
la posesión de tierras, las contribuciones prescritas, las sucesiones cacicales y
las prácticas rituales. Los dos primeros frentes están más determinados por la
costumbre, mientras que los dos últimos se enmarcan sobre todo dentro de la
tradición.
Lo que emerge del estudio es poder evidenciar que el tiempo inmemorial
se utiliza para legitimar una situación y que, por 10 general, se remonta a una
generación o a lo sumo dos. Solo en el caso de las sucesiones cacicales se va
más atrás, lo mismo que con relación a ciertas contribuciones establecidas,
como el alcabala y el tomín y me4io para subvencionar el Hospital de Naturales.
No obstante, en estos dos últimos casos no queda deftnido claramente la cro-
nología de referencia. Podría o no ser inmediata. Es posible que la defensa de
las costumbres y tradiciones recreadas desde tiempo inmemorial se activaran
en la segunda mitad del siglo XVIII, como respuesta a las alteraciones y cambios
emprendidos por las Reformas· Borbónicas.
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A.D.C. (Archivo Depanamental del Cusco)
Intendencia/Gobierno. Leg. No. 150. Año 1815.
Real Audiencia. Causas Ordinarias. leg. No. 9. Año 1791.
Real Audiencia. Causas Ordinarias. lego No. 55. Año 1805.
A.G.L (Archivo General de Indias, Sevilla)
Audiencia de Lima. Leg. 600. Años 1799, 1802.
Audiencia de Charcas. Leg 594. Años lm-80.
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LA DELlMlTAOÓN HISPANo-PORTIJGUESA
y LA FRONTERA REGIONAL QUITEÑA,
1777-1804*
Manuel Lucena Giraldo··
1. INTRODUCCIÓN
La existencia de grandes espacios fronterizos del continente americano,
desintegrados del dispositivo imperial español, no tuvo una verdadera reper-
cusión política hasta mediados del siglo XVIII. Un virrey del Perú, el conde de
Superunda (1745-1761), llegó a afirmar en su Relación deMando en referencia
a la frontera amazónica del Virreinato:
Los países conquistados son unas seJvas y montañas de dificiJ tránsito y Jos Jlanos
muy húmedos, cenagosos y ardientes, por Jo que no pueden mantenerse Jos españoles.
Las naciones que allí habitan son bárbaras. No cuidan de cubrir su desnudez y sus
casas son tan pobres que nada pierden aunque se las quiten, porque con cuatro pajos
y unas hojas de árboles en pocas horas fabrican otras en eJ Jugar que tes parece.
Reducirlos por armas se ha tenido siempre por imposible, respecto de que con
mudarse de un Jugar a otro e internarse en /o más espeso de la montaña, como Jo
han hecho en las ocasiones que se tes ha buscado, quedan .frustradas las diJigencias,
perdidos Jos gastos y expuestas muchas vidas por las enfermedades que se contraen.
1
Esta actitud oficial de dejación ante lo que sucediera en la frontera tropical
contrastaba de modo dramático con la política luso-brasileña, caracterizada ya
antes de la independencia portuguesa de España (1640) por el apoyo estatal al
avance hacia el interior del continente. Tropas de rescate, paulistas y sertanistas,
• Proyeao NI:' SEC SEUI 0945, DGICYT (España). Agradecemos al Museo Nacional de Medicina
de Quito y especialmente al Dr. Eduardo Estrella su acogida como investigador visitante en 1992 .
.. Sto Antony's College. University of Oxford-CSIC.
1. Cit. en C. Bayle, -Las misiones, defensa de las fronteras", Missionalia Hispánica, No. 24,
Madrid, 1951, CSIC, p. 431.
22
carentes de cualquier control político o religioso desde la primera expulsión de
los jesuitas del Amazonas en el siglo XVII, consolidaban año tras año sus
posiciones impulsados por la búsqueda de productos medicinales, especias y
esclavos que abastecieran las plantaciones costeras. Su método era simple, pero
muy efectivo: hacían reconocimientos cada uno o dos años, capturaban todos
los indígenas que encontraban y fundaban un pueblo en el que establecían,
junto a un grupo de los recién reducidos, indios ya civilizados y un pequeño
grupo de portugueses, que se hacían cargo de los empleos principales. De esta
manera, controlaban las desembocaduras de los ríos y podían continuar hacia
el interior sin dejar enemigos a la espalda.
En cualquier caso, la carencia de una política fronteriza española en
América hasta 1750, se podría explicar como una consecuencia de la propia
concepción del poder, pactista y delegada, por parte de la monarquía de los
Austrias. La concesión del control de las fronteras americanas a las Órdenes
religiosas -especialmente los jesuitas- entraba, por tanto, dentro de un
comportamiento político que se dio a lo largo y ancho de un imperio gobernado
sobre un sistema de ambigüedades calculadas.
En la segunda mitad del siglo XVIII la situación cambiaría radicalmente. Una
y otra vez el proyecto de regeneración peninsular se dirigió hacia América en
busca de mercados y recursos, en una verdadera lucha por la consecución de
un Segundo Imperio español en el Nuevo Mundo.
2
Una de las novedades
aportadas por el Reformismo Borbónico fue la 'aparici6n de nuevas formas de
ejercicio del poder, que se apoyaron en la ciencia y la tecnología, constituidas
así en instrumentos de renovaci6n y transformaci6n dS una realidad de
decadencia.
3
Frente a la tradicional alianza de la corona con la burocracia, el
clero y las élites regionales, el pujante Estado centralizador de los Borbones
opuso políticas de recorte de las autonomías locales, de reforma fiscal y militar
y de ejecución de proyectos de renovación productiva y especializaci6n
económica regional. En este contexto, la ocupación IlSica del continente
americano cobró una importancia de la que antes carecía, llegando a convertirse
en un factor fundamental de la política ultramarina española.
Hacia 1740 la tradicional disputa territorial entre España y Portugal en el
Nuevo Mundo se encontraba en un punto especialmente delicado, porque se
había convertido en un inminente conflicto armado. Por tanto, la definici6n de
las áreas de soberanía respectivas era imprescindible, pero además, como
hemos señalado, el control de las fronteras tropicales era vital para los proyectos
ibéricos de modernización política y económica. El proceso de negociación de
2. Ver John Lynch, El siglo XVIII, Barcelona, Ed. Cñtica, J991, p. 314 Y ss.
3. Sobre cuestiones referentes a la ciencia, la téalica y el Estado borbónico ver M. Sellés, J. 1.
Pese: y A. Lafuente Comps. Carlos 111 y la Ciencia de la Ilustración, Madrid, Alianza, Ed., 1988.
23
un nuevo límite entre los respectivos dominios americanos, que comenzó en
1746, concluyó con la firma del Tratado de Madrid el 13 de enero de 17S0. Su
característica fundamental fue el reparto de América del Sur en áreas de influen-
cia, el Amazonas para Ponugal y El Plata para España. Como se sabe, la ejecu-
ción práctica del Tratado llevó a una serie de desgraciados sucesos entre los
cuales la Guerra Guaranítica fue el más importante, por lo que la Expedición
de Límites del Sur, mandada por el Marqués de Valdelirios, solo pudo cumplir
su tarea delimitadora en un sector de la línea divisoria.
4
Por otra parte, la Expedi-
ción de Límites del Norte, que estaba a cargo de José de Iturriaga, se dedicó casi
exclusivamente a la implantación de un verdadero dispositivo estatal de control
de la Guayana española, por lo que nunca actuó en la Audiencia de Quito, como
se había planeado.
5
En cualquier caso, el fracaso del proceso delimitador, reconocido en el
Tratado anulatorio de El Pardo de 1761, parecía ser lo de menos ante la mag-
nitud de los cambios en la frontera amazónica producidos por la reorganización
administrativa, los planes de desarrollo regional, la redistribución de pobla-
ciones y recursos y el proceso fundacional impulsado por las expediciones de
límites. Los años siguientes recordaron sospechosamente lo sucedido durante
la primera mitad del siglo. En 1762 España y Portugal llegaron al conflicto direc-
to. Entre 1763 y 1776 permanecieron teóricamente en paz, pero mantuvieron
en América una guerra de frontera nunca declarada, en flagrante contradicción
con el statu quo jurídico y diplomático vigente.
2. UNA SOLUCIÓN COYUNroRAL:
EL TRATADO PRELIMINAR DE SAN hDEFONSO (1777)
En agosto de 1 ns el rey de Francia Luis XVI ofreció su mediación a España
y Portugal a fin de que pudieran resolver sus diferencias, en un evidente intento
de atraer a Ponugal a la alianza hispano-francesa sellada en los Pactos de
Familia. El todopoderoso Marqués de Pombal contestó a la oferta en términos
ambiguos, pero poco después solicitó al ministro de Estado español, el marqués
de Grimaldi, el inicio de conversaciones diplomáticas que resolvieran las
diferencias mutuas. En enero de 1776 los ponugueses enviaron a la corte
española un largo Memorial en el que se proponía una negociación sobre la base
de los Tratados de Utrecht (171S) y de París (1763), En la contestación a los
4. Una visión general del proceso delimitador en Manuel Lucena Giraldo, "Ciencia para la
frontera: las expediciones de límites españolas, 1751-1804", Cuat:úIrruls Hispanoamericanos, Los
Complementarios/2, Madrid, ICI, 1988.
5. Ver Manuel Lucena Giraldo. laboratorio Tropical. la E:xpedición de Limites al Orinoco, 1750-
1767, Caracas. Monte Avila Eds. Latinoamericana-CSIC, 1993. p. 84 ss.
24
lusos, un clásico de la historia diplomática española, el marqués de Grimaldi
haáa una historia de las desavenencias ibéricas, llamaba la atención sobre la
continua mala fe de la corte portuguesa y, finalmente, declaraba como única
base para la demarcación el Tratado de Tordesillas de 1494. Esta actitud de
Grimaldi indudablemente estuvo condicionada por los contactos previos que
mantuvo con el marqués de Valdelirios y el conde de Aranda. El primero de ellos
puso en duda la legalidad de la posesión portuguesa del Amazonas y llamó la
atención sobre la práctica lusa de falsificación de las longitudes de los mapas
para minimizar en las negociaciones la zona que ocupaban, que era en realidad
mucho más amplia.
6
Por otra parte, la actitud del Conde de Aranda, que había
sido embajador en Lisboa, fue decisiva a la hora de determinar la posición
española en el Congreso convocado en París en 1776 para resolver con la me-
diación de Francia y Gran Bretaña el contencioso hispano-portugués. Aranda
desconfiaba profundamente de los franceses, ya que temía que aprovecharan
para negociar las fronteras de la Guayana francesa a costa de los dominios
españoles, y llamó la atención a Grimaldi sobre los verdaderos propósitos que
buscaban los portugueses con el mencionado Congreso:
Entrados en la negociación, Portugal con Inglaterra procurarlan hacerla intermi-
nable por tres razones. la primera, porque babiendo de regir los lratados es inmenso
lo que habría de reslituir a la apaña. la segunda} porque cuanlo se prolongase se
mantendrían allí las tropas españolas, eslablecidas en unos paises ingratos, de
fronteras despobladas, disgustándose y enfermando la gente, deshaciéndose por
consumición, costando sumas de enl1dad y haciendo falla por acá, sin obrar tam-
poco por allá e incomodando, de modo que la negociación solo bastará a destruirlas,
como si a palmos. hubieran adquirido el terreno baliéndose. la tercera, para lomar
otras medidas Londres y Lisboa entre sí, dando tiempo a finalizar la guerra de las
colonias lla guerra de independencia norteamericanal bien o mallyJ para romperla
en el frulo de su conveniencia.
7
Como se sabe, a pesar de la continuación de las negodadones diplomáticas
España y Portugal llegaron en 1776 al conflicto armado. Mientras Aranda duda-
ba sobre la postura a tomar, aunque había recomendado que el escenario de
la guerra fuera exclusivamente el Nuevo Mundo, el antiguo gobernador del Río
de la Plata Pedro de Ceballos postulaba atacar directamente a Portugal yel Con-
de de Ricla proponía intentar la conquista de todo el Brasil para expulsar a
Portugal de América, repitiendo lo que había hecho Gran Bretaña con Franda
en la Guerra de los Siete Años (1757-1763). La decisión final, atacar a Portugal
6. Valdelirios a Grimaldi, Madrid, 11 de m.arLO de 1776, ARCHIVO HISTORICO NACIONAL,
Madrid, Estado,4371.
7. Ananda a Grimaldi,París, 8 de agosto de 1776, ARCHIVO GENERAL DE SIMANCAS (En
adelante AGS), Estado,4604.
25
enAmérica, llevó a la organización de una gran expedición, que partió de Cádiz
en noviembre de 1776 hacia la isla de Santa Catalina, mientras en otros territorios
americanos, <:omo Venezuela o Quito, se hacían preparativos para expediciones
punitivas contra los establecimientos lusos de la frontera amazónica.
8
Pese a los éxitos dlilitares españoles, el aislamiento diplomático, la muerte
del rey y la destitución del marqués de Pombal en febrero de 1777 en el caso
de Portugal, y la sustitución del marqués de Grimaldi por el conde de Flo-
ridablanca, la continuidad de la relación dinástica con la corona lusa (Carlos III
era tío de la nueva reina, María 1) y fundamentalmente, el riesgo de un ataque
inglés a los dominios españoles, acabaron llevando de nuevo a la negociación
a las monarquías ibéricas. Los plenipotenciarios español y portugués, el conde
de Floridablanca y Francisco Inocencio de Sousa Coutinho, se pusieron de
acuerdo con una rapidez inusual, firmando en San Ildefonso elIde octubre de
1 ro un Tratado preliminar de límites de las posesiones respectivas en América
y Asta. Fue, por tanto, un instrumento diplomático concebido con un carácter
puramente temporal, en espera de que se pudiera elaborar un acuerdo de-
fmitivo. El Tratado, que constaba de 24 artículos, debía servir de base para uno
de perpetua e indisoluble amistad, uno de paz y otro definitivo de límites. No
represent6, por tanto, la culminación del desarrollo y la evolución del problema
fronterizo luso-hispano, sino un cese de hostilidades, un statu qua a partir del
cual se podía empezar la verdadera negociación. La evolución política posterior
impidi6 que el ,designio temporal bajo el cual había nacido el Tratado llevara
a un arreglo fmal, a pesar de que todavía en 1802 se plantearon unas nego-
aaciones con ese fin. Las consecuencias resultaron tener cierto grado de ironía;
hasta los obeliscos colocados en América en ejecución del Tratado de 1777 para
señalar el límite con carácter permanente recalcaban su provisionalidad, al
incluir una leyenda que indicaba que su colocación se había realizado para
~ r a memoria l .. } en vtrtud del Tratado Preliminar.
9
Tras hacer votos por una paz perpetua, el Tratado ratificaba otros
precedentes y fijaba las posesiones mutuas. Quedaban para España la Colonia
de Saaamento, la isla de San Gabriel y los siete pueblos cuya entrega había
causado la Guerra Guaranítica, y para Portugal Río Grande de San Pedro yel
Yacuí, además de grandes áreas amazónicas. Una zona neutral separaóa los
dominios de ambas coronas. En Asia, Portugal renunció a sus derechos sobre
las islas Marianas y Filipinas y por unos artículos separados cedió en Africa
8. En el caso qulleft.o fue protagonista destacado de los preparativos armados el presidente de
la Audiencia José Oiguja, que coruaba con experiencia en asuntos limítrofes porque había sido
aaarto comisario de la Expedici6n al Orinoco entre 17S8 Y 1761.
9. -Hiltexia de las demarcaciones en la América entre los dominios de España y Ponugal" (1797),
por PranciIcode Requena y VicerueJurado, MUSEO NAVAl, Madrid, Ms. 283. Este escrito es una
de las fuentes b6Ik:u del proceso delimitador en el Nuevo Mundo en este período.
26
Annobón y Fernando Poo, a fin de que España se estableciera allí y comerciara
con esclavos en las costas vecinas. Entre los artículos VII y XII seaescribe la línea
divisoria, que en la Amazonía quedaba definida de la siguiente forma:
Continuará la frontera subiendo aguas arriba de dicha boca· más oecidelíilú. iJel
Japurá y por medio de este rio hasta aquel punto en que puedan quedafCwbíhlibs los
establecimientos portugueses de dicho 110 Japurá y del Negro'!. . .! Sin periUau:ar
tampoco a las posesiones españolas ni a sus respectivas yo .0. .•
caciones con ellas y con el 110 Orinocof. . .J Las personas que nombraren para fa ejecu-
ción de este Tratado señalarán aquellos límites} buscando las lagunas y los ríos que
se junten alJapurá y Negro y se acerquen más al rumbo del norte, y en ellos fijarán
el punto de que no deberá pasar la navegación y uso de la una ni de la otra nación}
cuando los ríos haya de continuar la frontera por los montes que
median entre el Orinoco y Marañón o Amazonas} enderezando también la línea de
la raya cuanto pudiere ser hacia el norte} sin reparar en el poco más o menos del
terTeno que quede a una u otra corona} con tal que se logren los expresados fines
hasta concluir dicha línea donde finalizan los dominios de ambas monarquías. 10
El propósito de este articulo era dejar cubiertos los establecimientos portu-
gueses de los ríos japurá y Negro sin afectar a los españoles, evitando intromi-
siones mutuas en las zonas señaladas como neutrales. También se buscaba
garantizar la comunicación que los portugueses deáan tener entre los dos ríos
citados, recogiéndose, como en 1750, la cordillera interfluvial Orinoco-Amazo-
nas como eje de demarcación. El resto del articulado recogió disposiciones
relativas a la navegación fluvial, que sería común cuando lo fuera el dominio
y privativa en caso contrario, la posesión de las islas -pertenecerían, como en
el Tratado de Madrid, al poseedor de la orilla más cercana en estación seca- el
contrabando, las cesiones mutuas y las ratificaciones. Los siete artículos separa-
dos y secretos que acompañaron al Tratado Preliminar regularon los puertos y
tránsitos, las escalas y las ya mencionadas cesiones portuguesas a España en
Africa.
Desde el punto de vista de la gran política ibérica en el Nuevo Mundo, el
Tratado Preliminar de San Ildefonso consagró el denostado acuerdo de 1750.
Por tanto, la debilidad de la sitUación portuguesa por la crisis de su vital relación
con Gran Bretaña no se plasmó en una devolución significativa de territorio a
España, como pedían los representantes más significativos del partido milita-
rista de la corte madrileña. La esperanza de una alianza ibérica que neutralizara
la amistad luso-inglesa y el peligro de un ataque británico explican sobrada-
mente la diplomática prudencia del Conde de Floridablanca. Este intentaría en
10. Ver Manuel Lucena Giraldo Ed. Ilustrados y Bárbaros, Diario de la lbploración de Limites
al Amazonas (1782). Madrid, Alianza Ed..-Quinto Centenario, 1991, p. 26.
27
años sucesivos consolidar el distanciamiento de Portugal de la política británica
con la firma de un tratado complementario al de San Ildefonso, el de Amistad,
Garantía y Comercio de El Pardo de 1778, al que Francia se adhirió fugazmente
en 1783. La percepción que tuvieron algunos diplomáticos portugueses del
Tratado de 1777 es extremadamente significativa; gracias a él una catástrofe ha-
bía quedado reducida a una derrota.
11
Uno de los personajes que más explícitamente manifestó su disconformidad
ante el Tratado Preliminar fue el conde de Aranda. Aunque marginado en la eta-
pa final de las negociaciones, señaló que Portugal necesitaba una lección de
prudencia y un estímulo irresistible para reducirse a partido, planteando a
Floridablanca que el verdadero objetivo español debía ser el control del Ama-
zonas:
Las bocas del río de las Amazonas en poder de la España son de una entidad suma
yaún indispensable, porque las uliJidades que pueda dar de sí la A mérica no se han
de graduar por las pocas que hasta aquí ha rendido, sino por las que el mejoramiento
de /os tiempos Y las mayores luces que se tienen de sus diferentes distritos pueden
proporcionar. 12
Además, el reconocimiento de zonas neutrales imposibles de verificar con-
sagró la tradicional práctica lusa de la frontera móvil, creando precisamente los
motivos de discordíaque el conde de Floridablanca consideraba -no sin razón-
constituían la mayor causa de mutuas diferencias. Todavía en su famosa Instntc-
ción a la Junta de Estado de 1787 señalaba:
Nada nas importa más en este punto que fijar Jas límites de la manera indeleble que
se capituló en las últimas tratados con la corte de lisboa Y especialmente en el de 1
de octubre de 1 7 7 ~ aunque sea a casta de cualquier cesión o sacrificios de territorios
en unas parajes en que nas sobran tantas, pues la conjunción y ascuridad de las
confines siempre han de dar lugar a nuevas intrusiones de los ponugUeses.t
3
Yeso que para entonces el proceso delimitador hispano-portugués en
América había entrado, de nuevo, en un callejón sin salida.
11. M. Castro Brandao, "00 Tratado de Madrid ao de Samo lldefonso (1750-17n): Algunos
aspectos e problemas-. Occidente, Vol. LXXVIll. Lisboa, 1970, p. 38.
12. Aranda a Floridablanca. París, 20 de julio de 1777, AGS. Estado,7412.
13. Miguel Mola, "América en el pensamiento español del siglo xvm-, RetJista de Indias, No.
115-118, Madrid, CSle, 1969, p. 62.
28
3. LA COMISIÓN DEL M.AltAAÓN (1778-1804)
Según indicaba el Tratado de 1777, la fijación práctica del límite acordado
en el Nuevo Mundo, debía ser llevado a cabo por comisarios nombrados al
efecto, los gobernadores de. las fronteras o quienes ellos designaran (Lucena
Giraldo, 1991:29). Un dictamen de la Junta de Umites de 17 de mayo de ]778
sentó las premisas básicas para la puesta en marcha de la demarcación.
Posteriormente, una Instrucción de la corte, que señaló las tareas, zonas de
trabajo e instrumentos científicos necesarios, fue enviada a los virreyes de Perú,
Santa Fe y Buenos Aires y al gobernador de Caracas. El siguiente paso, los
nombramientos del personal necesario, aún se iba a demorar a causa de la situa-
ción bélica. Hasta finales de 1781 no partieron de Lisboa los comisarios destina-
dos a la Expedición de la América Meridional, comenzando sus tareas en el Río
de l.a Plata poco después.
1
"
En el caso de la demarcadón en el área amazónica el proceso fue muy
distinto. Según indicaba la mencionada Instrucción de 1778, una "cuarta
partida", encargada del trazado en la zona más septentrional del continente,
partiría de San Fernando de Pebas, en la Audiencia quiteña, y bajaría posterior-
mente hasta la.desembocadura del río Japurá en el Amazonas.
15
Tras reunirse
cori los portugueses, el comisario y sus hombres llevarían. adelante el trazado
en los confines del Virreinato peruano, la Au<iliencia quiteña, el Virreinato de
Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela hasta el final de la línea
divisoria en el océano Atlántico. Las tareas de organización en América de esta
cuarta partida, conocida más tarde como Comisi6n del Marañón fueron en-
cargadas al antiguo comisario de límites y virrey de la Nueva Granada, Manuel
Antonio de Flores. Este designó en abril de 1778 como primer comisario a Ra-
món García de León Pizarro, al ingeniero militar Frandsco de Requena y Herrera
como su ayudañte, al. capitán de milicias Felipe de Arechua como segundo
comisario y al antiguo instn,Imentario de la Expedición del Orinoco Apolinar
Díez de la Fuente como astrónomo. También fueron incorporados a la Comisión
el teniente Juan Manuel Benítez, el sargento mayor Joaquín Fernández del Bus-
to, el capellán Mariano Bravo, el cirujano Manuel Vera, el secretario Gaspar
Santiesteban, el dibujante José Cartagena y el cadete Juan Salinas.
16
Como
personal de apoyo fueron reclutados cinco cabos, 45 soldados, 24 trabajadores
14. Desde el punto de vista español, la división entre la América Septentrional y la Meridional
.se encontraba en la linea ecuatorial.
15. La ·partida
h
era el grupo de tropa y oficiales formado por un comisario, su estado mayor,
auxiliares, escolta e indios de servicio.
16. Eugenio Espejo fue designado médico de la Comisión del Marañón, en un intento de León
Pizarro por desterrarlo de manera encubierta. Espejo huyó a Ambato, donde fue capturado, pero
29
especializados para labores de cocina, herrería, carpintería y dibujo, 180 canoe-
ros indígenas de las misiones de Maínas y dos negros libres como capUanes de
conquista. 17
El inmediato traslado del primer comisario al gobierno de Guayaquil y la
baja de Apolinar Díez de la Fuente obligaron a Francisco de Requena -que era
el único miembro de la Comisión con la preparación técnica suficiente- a ocu-
parse en solitario del mando político y científico de la Comisión.'
8
Los augurios
bajo los que ésta comenzó no pudieron ser peores. Además del cambio de per-
sonal, los instrumentos para la demarcación (cuarto de circulo, péndulo o reloj
astronómico, anteojo, teodolito, relojes, micrómetro, termómetro, agujas y
barómetro) no llegaron a manos de Requena hasta 1782 e incluso el mapa desti-
nado a los trabajos de delimitación se perdió en el correo. Las provisiones del
personal necesario fueron catastróficas.
19
En cualquier caso, superados los
contratiempos iniciales, los expedicionarios partieron en enero de 1780 de
Quito hacia el Amazonas. Tras pasar por Omagua, su llegada a la fortaleza de
Tabatinga -estratégico punto de reunión con los portugueses que debía ser
entregado a los españoles- tuvo lugar el 7 de marzo de 1781. Las primeras
diferencias entre portugueses y españoles ya se produjeron entonces. Según
indicaba el artículo XX del Tratado, la localidad y la margen norte del Amazonas
desde la entrada del río ]avarí hasta la boca más occidental del ]apurá pasarían
a España, pero una diferencia sobre la indemnización a pagar paralizó su
entrega a Requena. La petición portuguesa de entrega de los fuertes españoles
de Río Negro, además de escandalizar al comisario español, aumentó las
suspicacias mutuas. Pese a todo, en julio de 1781 los expedicionarios comen-
no fue obligado a unirse a la Comisi6n: ver P.L Muto, Eugenio 1!spejo. Reformador Ecuatoriano
de l4/lustraci6n, 1747-1795, México, FCE, 1969, p. 59. Es posible que Juan Salinas sea el futuro
prócer de la independencia ecúatoriana, muerto en 1810.
17. Sobre la extraordinaria peripecia de los capitanes de conquista ver D. G. Sweet, -Juan de
Silva y Fernando Rojas: Baqueanos africanos de la selva americana (Perú y Gran Pan. siglo XVIn".
en SWEET. D.G. y NASH. G. Eds. Lucha por 14 supervi'l.ltfmCia en 14 América c o l o n i a ~ México, FCE,
1987, p. 234 ss. BibHograt12, general sobre la Comisión del Marañón: (Lucena Giraldo, 1991-31).
18. Francisco de Requena nació en 1743 en la plaza de Orin, en la actUal Argelia, entonces
poaesi6n española. Tras ingresar en el cuerpo de ingenieros, pas6 en 1764 a Panamá yen 1m
a Guayaquil, donde se cas6 sin el necesario permiso militar con una criolla de la misma ciudad.
En años sucesivos trabaj6 en todo el distrito de la Audiencia quiteña en tareas de levantamiento
eanográfico. Sobre los ingenieros militares y su enorme importancia como t&:.nicos civiles es
imprescindible el libro de H. Capel, O. Moneada y J. E. Súx:hez, DtlPa/asaMintmJa. Lalormacíón
cienliftaJ y 14 eslructura instílucional • los ingenieros müuares en el siglo XVIII, Barcelona, Ed.
Serbal-CSIC, 1988.
19. Mientras la comisión portUguesa llevaba dos comisarios de llmites, dos ingenieros y un
astr6nomo, en el lado español Requena permaneci6 un largo periodo sin personal científico de
apoyo, ya que el instrumentario nombrado para ayudarle, Vicente Vivas, nunca se incorpor6 a su
destino. Para obtener datos astron6micos y poder construir mapas dependta de la buena voluntad
de los portugueses.
30
zaron sus trabajos exploratorios en el javarí, en cuya boca colocaron un obelisco
de señalización de la frontera, regresando posteriormente a Tabatinga. Al mes
siguiente, partieron con el fin de determinar cuál era la boca más occidental del
japurá, cuestión que se habría de convertir en el escollo básico de la delimi-
tación amazónica,lO Tras una pequeña exploración regresaron a Tefé. La situa-
ción de los expedicionarios era pésima; Requena estaba enfermo, carecía de
astrónomo y tenía problemas logísticos por los obstáculos de los portugueses
al suministro de víveres y embarcaciones desde Mainas y el Orinoco.
Sobreponiéndose a los contratiempos, en febrero de 1782 partieron a un
nuevo intento de demarcación del japurá.
21
Después de navegar con grandes
dificultades por el Amazonas y el japurá, españoles y portugueses lograron
llegar a la boca del río Apaporis. Una vez explorado, volvieron al japurá y
subieron hasta el río Yarí o de los Engaños. La fiebre y la disentería les obligaron
a volver a la boca del Apaporis, lugar desde el cual enviaron a Tefé a los
enfermos. En junio de 1782 reiniciaron el ascenso del Apaporis, pero la
dificultad del terreno y las epidemias les obligaron a regresar definitivamente
a Tefé, donde llegaron al mes siguiente. A partir de este momento, las comi-
siones de límites entraron en una fase de parálisis. Las diferencias básicas entre
españoles y portugueses seguían siendo la entrega de Tabatinga, la situación
de la boca más occidental del río japurá yel trazado de la línea que dejara
cubiertos los establecimientos portugueses entre los ríos japurá y Negro sin
perjudicar a los españoles del Onnoco. Nuevas exploraciones de los ríos japurá,
Apaporis, Mesai y de los Engaños e interminables consultas a las cortes penin-
sulares no sirvieron para resolver el problema, al tiempo que la situación de los
expedicionarios españoles empeoraba por momentos. Por fin, a fines de 1790:
después de permanecer más de cuatro años en Tefé sin resultado alguno,
Requena decidió retirarse a la gobernación de Mainas, dando término a su tarea
en el Amazonas. En 1793 regresaría a España, desempeñando en los años
sucesivos importantes cargos políticos. 22
El sucesor de Francisco de Requena en el mando de la Comisión de Límites
del Marañón fue el gobernador de Mainas Diego Calvo, que preparó para su
remisión los mapas y manuscritos de la Comisión, enviados a España en 1796.
23
20. Para el comisario español era la desembocadura del río Apaporis al japurá, qtientras para
los portugueses era el caño Avati (confluencia del Amazonas con el río Avati·Paraná);
posteriormente mantuvIeron que era la desembocadura del río Yarí en el japurá.
21. El Diario de esta importante exploraci6n fue objeto de redente publicaci6n: (Lucena
Giralda, 1991: 65 y ss).
22. Requena fue designado en 1798 miembro del Consejo de Indias. Tras vivir en Reus como
director del Canal se declar6 la guerra de independencia, en la que fue presidente de la junta
Suprema de Guerra de Cataluña. En 1812 fue nombrado miembro del Consejo de Estado. Muri6
en Madrid en 1824.
23. Sobre aspectos cartográficos ver C. !.arrea, CartograFJa ecuatoriana de los siglos XVI, XVII
.. -
31
Su disolución definitiva no tuvo lugar hasta 1804, concluyendo así un largo
período de paréilisis, muestra inequívoca de que la colaboración hispano-
portuguesa en la tarea de delimitación con la que habían soñado los promotores
de la política de entendimiento ibérica se había mostrado inviable. Esta
situación de mutuo hostigamiento, sin embargo, no debe impedirnos ver en el
magno proceso de delimitación hispano-portugués un factor béisico en el
reconocimiento científico del Amazonas, anterior a las supuestamente funda-
cionales explotaciones del siglo XIX, un estímulo para la creación de institu-
ciones científicas en la península yen América y, por encima de todo, una pode-
Josa herramienta de organización del territorio cuyas líneas béisicas han perdu-
rado hasta nuestros días.
4. MAINAS, EL SUEAo DE UNA MESOPOTAMIA INTERIOR
El reconocimiento de un proceso de ocupación de la frontera tropical
promovido y controlado desde la metrópoli y estrechamente relacionado con
la política exterior española como el que acabamos de describir, no debe
impedirnos afirmar la existencia simultánea de una frontera regional que se
interfiere y entrecruza con la metropolitana, dando lugar a un juego de
oposiciones, neutralidades y beneficios mutuos. Aparece así ante nosotros un
escenario en el que se contraponen, se equiparan o se superponen distintos
sistemas de control del espacio americano que pugnan por imponerse unos a
otros. Por supuesto, este planteamiento supone una ruptura con cierta
historiografía del Reformismo Borbónico, caracterizada por un fuerte sesgo
urbano, fiscalista y criollista,24 que puede explicar los movimientos antire-
formistas, pero no las formidables transformaciones sufridas por la Amazorua
en la segunda mitad del siglo XVIII.
JI XVIII, Quito, Corporación de Estudios y Publicaciones, 1977, p. 59 ss. yO. Latorre, Los mapas
del Amazonas JI el desarrollo de la cartografta ecuatoriana en el siglo XVIII, Guayaquil, Museos del
Banco Central del Ecuador, 1988, p. 72 ss.
24. Algunos rederues trabajos ponen en entredicho estos tópicos de la historiografía reformista.
Ver el excelerue libro de Vicent Uombart, Campomanes, economista JI poIilico de Carlos 111, Madrid,
Alianza Ed., 1993, cap. 4 (El comercio libre a Indias): Si la fsscalidad era el objetivo de la
liberalización comercial, ¿por qué Campomanes y Ortiz pretendían un tipo impositivo cero para
produaos españoles y americanos? La respuesta sería que la reforma, inscrita en una amplia
propuesta de -economía política- buscaba un fomento global de industria, a g r ~ t u r a y comercio.
Ver tambi6n Francisco Javier Puerto Sa.rm1eruo, Cúmcia de Cámam. Casimi70 G6mez Ortega
(1741-1818), el científaco cort&sano, Madrid, CSIC, 1992, p. XV, que considera que la política
científica ilustrada estaba basada -en un complicado juego de espejos, en la que nada es lo que
parece ni sirve a la función para la que en teoría fue diseñado". En el caso del Amazonas, para
pensar en cobrar impuestos en mettilco primero había que introducir el. numerario. Las teorías
simplificadoras sirven, pues, de bien poco.
32
La construcción de una perspectiva articulada en el Reformismo de Frontera
como una manifestación de la ideología modernizadora ibérica característica de
nuestro período de estudio permite, por otra parte, asumir que la regionalidad
americana del siglo XIX se construyó, en buena medida, sobre el proceso de
ocupación de espacios marginales de la segunda mitad del XVIII Y la dramática
ruptura del viejo mundo de dependencias regionales, tan trabajosamente
alumbrado en los siglos XVI y XVII. Porque lo cierto es que, en el caso de la
Audiencia quiteña como en otros, el efecto inmediato de la delimitación
hispano-portuguesa fue la expansión de un ecúmene occidentalizante sobre el
mundo americano selvático, descubierto esta vez con las armas de la razón y
la ciencia.
Estudiar algunas de las propuestas de organización territorial hechas por los
miembros del círculo de reformtstas de frontera que administró la política
limítrofe española en la segunda mitad del siglo XVIII resulta muy sintomático.
Para Francisco de Requena el objetivo fundamental en la gobernación de
Mainas era la implantación de una presencia estatal permanente, lo mismo que
mantenía Lázaro de Ribera en sus trabajos sobre la gobernación de Mojos,
Miguel Marmión en su descripción de la Guayana y Félix de Azara en sus
informes sobre el Paraguay. Y tras las propuestas de todos ellos se vislumbra,
a modo de hilo conductor, el sueño de una Mesopotamía interiOr, de una
América fluvial selvática e irredenta, llena de posibilidades para el futuro.
25
Algunos de los escritos que abordaron entre 1780 y 1 7 ~ el fomento de esa
desdicbada provincia que era Mainas, nos permiten definir con más claridad la
existencia de un proyecto de modernización que se vinculó con el proceso
delimitador, pero también con 'las tradiciones e inquietudes intelectuales de
destacados representantes del poder criollo. En 1787 Francisco Calderón y
Piedra, alcalde de la Santa Hermandad en Quito, presentó un proyecto de
fomento de Mainas en el que enumeraba como riquezas de la provincia la pita,
cera, aceites de copaiba, de canime, de María y de charapas, oro, resinas de
sangre de drago y beldaco, el perfume llamado estoraque o menjui, canela,
cacao. quina, vainilla, algodón, zarza, caña de azúcar, te, café, tamarindo,
palosanto, la pesca, pieles de tigres, dantas, corzos y gamos, plumas de aves,
manteca de vaca marina, de oso y de víbora, vejuquillo, polvo de Mompós y
otros simples que pueden formar una ootiCa muy cumplida y provecbosa. 26 Para
25. El término fue utilizado recientemente por Amonío Lafuente y Leoncio I.6pez-ocon en el
artículo "Tradiciones científicas y expediciones ilustradas en la América Hispana del siglo XVlU",
1992 (En prensa).
26. Expediente sobre la propuesu de descubrimiento de la fertilidad de Mainas, por Francisco
Calderón y Piedra (1787-1790), ARCHNO NACIONAL DE ECUADOR. (En adelante ANE),
Gobierno, 1787.
33
poner en producción tantos bienes de la naLUraleza había que desarrollar un
plan de poblaciones y presidios que radicara españoles en el Napo, Archidona
y Baeza, construyendo a cada legua -ni más, ni menos- un pueblo de 50 casas.
En las oficinas y fábricas que se crearían en ellos se debían establecer artesanos
traídos de España y como mano de obra muchos vagos, mal entretenidos y
Viciosos que infestan esta república (Quito} sin que alcance el desvelo y actividad
de los jueces a contener la obstinada insolencia de la plebe. Los aspectos
mercantiles del proyecto son muy interesantes. Según indica Calderón y Piedra,
había que permitir un comercio libre con las posesiones portuguesas, poniendo
una aduana en el Marañón y aprovechar el tráfico tradicional de los indígenas:
No contribuye poco a este proyecto el trato interior de estos indios, con sus lienzos
pintados, sombreros, manlaS y quilaSoles de plumas, barnices de calabazos, pilches,
bastones, venenos etc ... fuera de los comestibles de arroz, yuca y maní, a que se
agrega el tabaco. 27
Desafortunadamente, la siLUación de Mainas en ese momento distaba de
permitir experimentos. 28 Uno de los fieles capitanes de conquista al servicio de
Requena, el moreno Juan de Silva, intentaba desde 1786 repoblar Capucuy y San
Miguel, en el río Napo, para mantener la ruta del Marañón abierta y enviar
socorros a los miembros de la Comisión del Marañón, que seguían malviviendo
en Tefé.
29
En 1789 el gobernador interino de Quijos, José Ignacio de Checa,
separó del mando a Silva y dirigió en su provecho personal la entrada a buscar
indígenas. Según afirmó en su justificación, quien los había ahu yentado era el
propio capitán de conquista. Este había acusado al misionero anterior de perju-
dicar a los nativos, causando la despoblación. 30
Las circunstancias críticas en las que se encontraba Mainas se hacen paten-
tes en la importantísima Descripción que le dedicó Requena, terminada en
febrero de 1785.
31
Su primera parte es una clásica relación histórico-geográfica.
27. Expediente sobre la propuesta de descubrimiento de la fertilidad de Mainas, por Francisco
Calder6n y Piedra (1787-1790), ANE, Gobierno, 1787.
28. Es imprescindible la consulta del libro de M.E. Porras, Gobernación y obispado de Mainas,
siglos XVIly XVIII, Quito, Ed. Abya-Yala-TEHIS, 1987. .
29. Sobre la siwaci6n indígena ver M. S. Cipolletti, -Remeros y cazadores: la información
etnogrifica en los documentos de la Expedición de Límites al Amazonas (1779-1791)", Etnobisloria
del Amazonas, Quito, Ed. Abya-Yala-MLAL, 1991, p. 83 Y ss.
30. Expedi.ente sobre la reconquista de los indios de Capucy y San Miguel en el río Napo (1786-
1790), ANE. Indígenas, 1786.
31. El manusaito original se encuentra en la BIBUOTECA DEL PALACIO REAL DE MADRID,
Miscelánea de AyaIa, 2897. Ver la excelente edici6n de Pilar Ponce Leiva, Rslaciones Hislórico-
GeográfICaS de la Audiencia de Quilo (Siglos XVI-XIX), Vol. 11, Madrid, CSIC, 1992, p. 658-700. Hay
otra edici6n reciente de Ma. del Carmen Martín Rubio, Historia de Mayna.s, un paraíso perdido en
si Amazonas (DllscripcioniJs de Francisco de RBq1M1ntI), Madrid, Ed. Atlas, 1991, p. 11 ss. La
34
El territorio de la gobernación consta de 22 pueblos muy separados unos de
otros, con 9.111 almas que hablan 18 idiomas distintos: Muchas veces no se
entienden unos a otros en unapropíapoblación. Para entrar a Mainas hay cuatro
caminos, todos muy malos (Lucena Giraldo, 1991: 39 ss). A continuación Reque-
na realiza una dura crítica al clero, al que acusa, por su mal comportamiento
y pésima preparación, de la infelicidad del país:
Las más se presentan a las sagradas órdenes haciendo su petición para recibirlas
prometiendo entrar a las misiones, sin tener vocación llevados de s610 el
interés de iniciarse en la santa carrera del sace,rdocio por baUarse sin patrimonio
Los misioneros, continúa Requena, no saben lenguas indígenas, no enseñan
español y se dedican a sus negocios particulares, aprovechándose de los indios
de mitayo, a quienes mandan vender cacao, cera, zarza, gomas y aceite· de
copaiba en las gobernaciones vecinas, de las que retoman con lienzos, tabaco,
azúcar y carne salada. En cuanto a la población blanca, es objeto de un profundo
desprecio. La ciudad de Borja es una sombra de lo que fue, sumida en la miseria
por sus propios habitantes. Distinto panorama encuentra Requena en los pue-
blos de indios, regidos por un cacique-gobernador y un cabildo elegido anual-
mente: Por su probidad y entereza gobiernan con bastante juicio y acierto a los
de su nación, de quienes se hacen obedecer. Administran su propia justicia y
componen sus pequeñas querellas, poco habituales porque los indigenas de)
Amazonas son menos viciosos que los de las grandes culturas americanas:
No cometen aquel cúmulo de desórdenes que eran conocidos en Jos imperios de los
Incas y Moct.ezumas
J
ni los que practican muchos blancos) y aún bay especie de
pecados que o los ignoran o los han aprendido de eSIOS últimos.
Son poco vengativos, aunque se embriagan y hacen pequeños hurtos
cuando necesítan algo. Su generosidad es proverbial. síendoporotrapartetan
poco ambiciosos ni avaros que saben partir lo que tienen con sus compañeros
con desinteresada liberalidad. A partir de este punto, Requena continúa
trazando un cuadro bien lejano de esas ensoñaciones de los ilustrados del Viejo
Mundo, dedicados a imaginar unos indigenas americanos viviendo como
antiguos europeos, en su propia Edad de Oro. Los indios del Amazonas ni si quie-
ra son idólatras, según su punto de vista: Son infieles negativos sin conocida
Sus conocimientos sobre medicina deben ser respetados y apreciados,
porque provienen de una remota antigüedad, aunque hay que enseñarles a
separar lo tJueno ae lo m.alo. Frente a una creencia extendida como principio
introducción es escasamente útil y el punto de vista peruanista sobre la obra de Requena es
absolutamente anaa6nico.
35
general, afirma:
Estos paises no son tan sangrientos como lo suponen. Cuando ingresa alguna
epidemia de los vecinos es cuando hay estrago en ellas. Tabardillas y otros males
violentos son raros.
Las costumbres de los nativos ocupan los epígrafes siguientes. Frente a
quienes sólo han descrito sus vicios, ignorando sus virtudes, Requena señala
que los de Mainas son:
Nimiamente sencillas, cándidos o con muy poca malicia, de bella índole, de buenas
inclinaciones y de la mayor frugalidad. Son bastante humildes, obedientes y leales,
constantes en las calamidades, sufridos en la miseria y de una extraordinaria
fortaleza para tolerar con resignación toda clase de trabajos, pero demasiadamente
embusteros, lo que les viene de no conocer el honor, y nada reconocidos a los
beneficios.
Hay tres puntos en los que Requena se acerca a un terreno en el que linda
con un relativismo cultural ciertamente sorprendente, cercano a la heterodoxia.
En primer lugar pone en entredicho el criterio de autoridad, censurando la
ignorancia de quienes opinan de los nativos sin conocerlos. En una referencia
que podría aludir a la polémica del siglo XVI entre Juan Ginés de Sepúlveda y
el Padre Las Casas, indica:
Hubieran sido mas crecidos {inteligentes} algunos escritores si en lugar de dudar si
eran hombres {las indiosJ, por las defectOs que supusieron en sus entendimientos { .. .J
los hubieran considerado como bestias, reflexionando [valorando} su grande
sufrimiento y la serenidad con que hacen frente a las mayores desdichas, no porque
sean insensibles, sino porque son fuenes.
32
Antes que c9nfiar en europeos o en negros africanos Requena prefiere
hacerlo. en indios, sin idea de propiedad, pero fáciles de gobernar, buenos
cazadores y grandes artesanos. Si anteriormente alababa la tradici6n de la
medicina indígena, ahora anota que los operarios traídos de Guayaquil, que
despreciaron los consejos de los nativos, han construido barcos inútiles,
mientras los hábiles y sabios carpinteros del Amazonas han fabricado excelen-
tes embarcaciones. Absolutamente sorprendente resulta su intento, un poco
anterior en el tiempo, de hallar una explicaci6n racional a la antropofagia. En
el DiariO del Japurá (1782) refiere:
32. El subrayado es nuestro.
El día 26 bien tarde de la noche llegó a incorporarse el soldado que babía siete días
que estaba extraviado, librándonos del cuidado de si babía sido él y las cuatro indios
de la canoita vfctímas de la mala costumbre de los infaeles de estos ríos en alimentarse
de sus prisioneros, vicio que deben frecuentarlo tal vez más por necesidad que por
gula, vista la falla de carne que tienen en estas partes (Lucena Giraldo, 1991: 112-
3).
En la segunda parte de la Descripción Requena se convierte en un proyec-
tista clásico, proponiendo una reforma completa de la gobernación de Mainas
bajo la premisa básica del gradualismo político y la consideración de un esce-
nario global, amazónico. Obsesionado con la posibilidad -nada remota- de que
los portugueses llegaran hasta el Perú, postula el establecimiento de una ver-
dadera barrera de poblaciones en la orilla septentrional del Marañón -de pose-
sión española- entre los ríos Apaporis, Japurá y Putumayo,33 que debía enlazar
con las misiones de Popayán al norte y, segúnindicará más tarde, con las de
los franciscanos de Ocopa por el su r. 34
En cuanto a los aspectos que atañían a la reorganización interna de Mainas,
Requena mantiene la necesidad de fundar una sola población de blancos en la
frontera con Portugal. Serían jóvenes casados, a los que se proveería de
herramientas, vestidos, etc ... Un grupo de solteros blancos se asentaría con la
condición de que se casaran con indias, que no harían labores domésticas para
aumentar su consideración entre los demás. A partir de este punto de la
Descripción Requena se muestra profundamente original, ya que mantiene que
todo el dispositivo de control del territorio quedaría confiado a una política de
pactos con los indígenas en un proceso de hispanización, cuya duración sería
de unos seis años. Los misioneros perderían toda jurisdicción temporal sobre
los nativos, y la gobernación se regiría, en una primera fase, asentando en cada
pueblo de indios un director que se aseguraría de que aprendieran español,
buenas costumbres, el uso de moneda, civilidad y las virtudes del comercio. Éste
se realizaría directamente por los indígenas, sin intermediarios, y las ganancias
se repartirían bajo la vigilancia del gobernador con absoluta equidad. El trato
con los portugueses quedaría prohibido, fomentándose el intercambio con las
provincias cercanas. En cada pueblo de indios se fomentaría la cría de ganado
y aves de corral y se pondría casa de cabildo, cárcel, un telar, una maestranza
para embarcaciones, unafábrícade harina (cazabe) y se cultivaría algodón. Los
33. En 1786 Requena había logrado por su cuenta la fundaci6n de Asunci6n, misi6n de merce-
dacios que constituy6 el puesto español mis cercano a la boca del Putumayo.
34. Esta es la raz6n última del apoyo de Requena a la creaci6n del obispado de Mamas y su
paso a la jurisdicción del Virreinato peruano en julio de 1802; ver Marco Restrepo el aL PmnIlWa
Amazónica. Historia de un pmblema, Pastaza, CmIME y otras, 1991. Una perspectiva general en
Orlando Peña, EsUulos Y Territorios en América Latina y el Caribe, México, Ed. Era, 1989, p. 78 Y
ss.
37
españoles tendrían prohibido radicarse en ellos salvo en el caso de que vinieran
a enseñar algo: uso de trapiches, cría de ganado, beneficio de tabaco, etc ... en
cuyo caso contarían con los aprendices necesarios por un período de diez años.
En cuanto a los misioneros, no solo serían escogiaos y educados en una insti-
tución especial -un seminario que se establecería en Quito- sino que carecerían
de mitayos, quedando sujetos exclusivamente al pago de estipendio.
En una segunda fase, ya dotados de la suficiente capacidad e ínst7uccí6n,
los indios se regirían por medio de sus propios gobernadores y justicias, depo-
sítarios de la jurisdiCCión real, y colaborarían en las expediciones a buscar
indios infieles deseosos de la comodidad y consolaci6n de vivir en sociedad. En
esta etapa ya pagarían diezmos, de los que, en cualquier caso, quedaban exen-
tos hasta que llevaran diez años poblados. Requena finaliza su Descripción
lamentando la situación de Mainas, imposibilitada de una comunicación por el
Amazonas con el mar:
Como en los principWs de la conquista de América no se pudo conocer desde luego
los puertos que serian para lo sucesivo ventajosos e importantes {.. J los portugueses
se situaron después en la beca del propio Marañón o Amazonas¡ con que nos tienen
privados de este giro y viaje.
La madurez de la reflexión sobre la frontera tropical de Francisco de Reque-
na, que con su proyecto para Mainas venía a propugnar una posesión territorial
por parte de España basada en una gran alianza con indígenas hispanizados,
sobre la base de un mutuo beneficio, es evidente. Por otra parte, el gradualismo
de sus propuestas merece recordarse como el telón de fondo de una política
ilustrada, un tanto filantrópica, quizás en la frontera de lo posible culturalmente,
que contrasta dramáticamente con los sufrimientos de los indígenas del Amazo-
nas a lo largo del siglo XIX.
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CAMPESINOS INDÍGENAS CONtRA EL EsTADO:
LA HUELGA DE LOS INDIGENAS DE AzUAY, 1920/21·
INTRODUCCION
Michiel Baud··
Qui ti vas hacer un juista
dun Cintinario, pues toma:
el7Una paga la chama
y al chamada no le cuista.
(Fragmento del poema "La huelga del indio". de
Alfonso Andrade Ch., 1920)1
La situación económIca y social de la provincia de Azuay no era muy
prometedora en los inicios de 1920. La exportación de sombreros, la actividad
comercial más importante de la región, se había estancado como consecuencia
de la Primera Guerra MundiaL La población rural había sufrido de algunos años
secos y de cosechas malas, que fueron su consecuencia. El año 1917 había visto
una hambruna aguda, sentida tanto en los campos, como en la ciudad.
Sin embargo, la élite de la provincia no se preocupó mucho de estas cosas.
Los intelectuales y los políticos tenían asuntos más importantes en qué pensar.
En 1920 se iba a celebrar un siglo de independencia del Ecuador. El próximo
centenario animaba los corazones de los hijos pródigos de Azuay y, sobre todo,
• El trabajo de ardúvo en que se basa este anículo fue posible gradas a la Facultad de Historia
de la Universidad Erasmiana en Rotterdam, Holanda. Quiero agradecer a Lucas Acrug y Carlos Rojas
para ubicarme en Cuenca yal personal del Acdúvo Nacional de Historia, Sección del Azuay por
su ayuda y cariño. Debo a Andrés Guerrero la mayor pane de la comprensión de la historia social
de Ecuador que tengo. Agradezco su ayuda y sus comentarios a una primera versión de este
anículo. Es evidente que si han quedado errores todos son míos .
.. Universidad Erasmiana Rouerdam, Holanda.
1. Publicada en: La Alianza Obrwa, XV, 749, 1+1920. Republicado en el tomo segundo de
su obra titulado Espigueo. Véase el Anexo para el poema completo.
42
de la capital provincial Cuenca. Querían organizar una fiesta grande, digna de
una región de cuyos sentimientos nacionalistas no era posible dudar. Huelga
decir que se esperaba que toda la población ayudara para el éxito de las
festividades. Tenía que contribuir su mano de obra por medio ,de las mingas
organizadas por los Tenientes Políticos, pero también tenía que pagar parte de
los costos. Para tales fines los impuestos de aguardiente ya habían sido
aumentados; y más impuestos estaban pendientes. Las autoridades estaban tan
entusiasmadas con esos planes que olvidaron por completo los problemas
urgentes de la provincia. De alú que su sorpresa fue grande cuando a finales
de marzo y principios de abril de 1920 la población campesina se levantó.
Durante algunos días el pánico reinaba, sobre todo en la ciudad de Cuenca,
donde temía una invasión de Jos rebeldes. Rápidamente se organizó la defensa
de la ciudad. Con esta defensa y la fuerza represiva del ejército las autoridades
creyeron haber sofocado la desobediencia de la población rural. Sin embargo,
la rebelión duraría más de un año y, en realidad, continuaría durante todos los
años de la década del veinte dejando el campo al norte y este de Cuenca
prácticamente fuera del control de la autoridad estatal.
Esta sublevación fue notable por varias razones. Primero, su larga duración
llama la atención. Sugiere por un lado, una cohesión bastante fuerte del
movimiento y, por otro, la impotencia y debilidad del Estado. Además hay
evidencias de que no solamente participó la población indígena, sino también
otros grupos del campo azuayo. Finalmente, el movimiento ocurrió en el
período cuando en el Perú y Bolivia se experimentaba lo que Silvia Rivera y
Alberto Flores Galindo han descrito como un 'ciclo rebelde'.2Muestra que este
ciclo de descontento rural e indígena no pasaba por alto al Ecuador. Así, abre
nuevos caminos para. un análisis comparativo.
Este artículo pretende describir el transcurso de este levantamiento llamado
por los contemporáneos 'la huelga de los indígenas'.' La descripción se basa
principalmente en los documentos presentes en los archivos de Cuenca. En
general, son documentos escritos por las mismas autoridades y que tienden a
dar una visión estatal y urbana. Una visión mb distanciada e imparcial solamen-
te se puede encontrar en algunos diarios regionales. Por lo tanto, muchas son
las cosas que todavía quedan oscuras. Por ejemplo, falta conocimiento sobre la
distribución geográfica del movimiento y lo que es más importante, sobre la
composición y las demandas de los rebeldes. Hasta ahora no se sabe casi nada
de la perspectiva de la población rural, sus motivaciones y su visión del mundo.
2. Silvia Rivera Cusicanqui, Oprimidos pero no vmcidos. Lucbas dIII campesi:Nldo aymara y
quecbwa, 1900-1980, La Paz; Hisbol, 1986; 36n; Alberto Raes Galind<>, Bw.st:ando un Inca:
Idlmlidad y utopía en los Andes, Lima; Ed. Horizonte, 1987; sobre todo pp. 308-343.
3. El único lugar que yo sepa que esta sublevaci6n est4 mencionada es: Oswaldo Albornoz
P., LM luchas indígenas en el ~ Guayaquil; Ed Claridad, 1971; pp. 55/6.
43
Solamente cuando podamos recuperar ese tipo de información será posible
lograr una descripción completa del movimiento.
lA. SOCIEDAD RURAL EN LA PROVINCIA DE AzUA Y
Las provincias de Azuay y Cañar se ubican en la región Centro-Sur de los
Andes ecuatorianos. El centro de la región es la ciudad de Cuenca, a 2.500 metros
sobre el nivel del mar. Su suelo es bastante pobre y erosionado, con la excepción
de la planicie de Cuenca y de los pequeños valles de Yunguilla. Paute y
Gualaceo. En la época que nos ~ p a la mayoría de la población vivía alrededor
y al este de Cuenca y Cañar. Esta zona de aproximadamente 1.600 kilómetros
cuadrados de terreno accidentado fue el escenario de la sublevación rural que
es el tema de este artículo.
La región se caracterizó por algunos elementos específicos. No fue una zona
de grandes haciendas como las provincias norteñas del país, lo cual no quiere
decir que no hayan existido grandes propiedades en la región, sino que la mayor
parte de la agricultura se- concentró en predios pequeños. Ello también
implicaba que la mayoría de la población regional mantenía una parte de su
autonomía. Se encontraban relativamente pocos 'arrimados' que vivían dentro
de las haciendas y que habían roto todos los lazos con su comunidad de origen."
La segunda característica de la región era que los agricultores también estaban
vinculados al mercado por medio de la producción artesanal. Como ha obser-
vado Silvia Palomeque, la principal característica de las Provincias de Azuay y
Cañar ha sido la presencia masiva de campesinos parceleros que combinan la
agricultura con la artesarua para el uso y para el mercado y con diversas
actividades transitorias.
5
De otro lado, la inserción de la economía regional en
el mercado nacional fue poco estable. Después de la Independencia, < la región
sur de la República había perdido sus lazos fuertes con el norte del Perú, pero
las comunicaciones con la Costa y la Sierra central seguían siendo muy débiles
e inciertas. Una consecuencia de esta situación fue la permanente desmo-
netización que afectó tanto a los terratenientes como a los campesinos. También
la posición de la élite en la ciudad de Cuenca fue muy precaria. Dentro el
contexto regional tenía el dominio; frente al mundo externo era una <clase débil
y vacilante.
4. Silvia Palomeque, "Estado y comunidad en la región de Cuenca en < el siglo XIX. Las
autoridades indígenas y su relación con el Estado", en: He:rac1io Bonilla (compilador), lDs Andes
en la encrucijada. lnaios, Comunidades y EsUldo en el siglo XIX, Quito: Ubri MundilEnrique
Grosse-Luerme:rn/FLACSO, 1991; pp. 391-417, especialmente p. 4OS.
5. Silvia Palomeque, "Historia econ6mica de Cuenca. y de sus relaciones rt!gionales", en:
Ensayos sobre historia regional. La región centro sur, Cuenca: Instituto de investigaciones sociales
de la Universidad de Cuenca, 1982¡ pp. 117-140, sobre todo p. 119.
44
Desde 1850 hasta aproximadamente 1890 la producción de quina o
cascarilla para el uso medicinal ocasionó un período de auge económico.
Muchos campesinos dedicaron parte de su tiempo a la recolección de ese
producto. Aunque los árboles no se encontraban en el centro de la región, las
ganancias ayudaron a la creación de una clase de comerciantes importantes. Sin
embargo, la recolección de la quina se hizo de una manera tan destructiva que
este sector desapareció después de una bonanza entre 1875 y 1885.
6
En cuanto
a las relaciones con el mercado mundial, la producción de sombreros de paja
toquilla (y hasta cierto grado los tejidos) fue lo más importante y estable. Desde
la mitad del siglo XIX, esta producción artesanal dio trabajo a muchos
campesinos y campesinas en las ciudades y erf el campo. Fue una ocupación
que continuó siendo una importante base de ingresos para las familias rurales
hasta principios del siglo XX. El centro de ese sector se encol1tró en Azogues,
pero la producción en Cuenca, Cañar y Girón era considerable.
7
Para la satisfacción de sus necesidades agrícolas la región dependió casi
completamente de su propia producción. El producto principal era el maíz, pero
también se sembraban otros cultivos de consumo, como frijoles. La provisión
de carne, provenía de las haciendas de ganado de la región. Este sistema
regional de subsistencia siempre tuvo un balance precario. Una sequía, una
helada o una situación de guerra podía sumir a la región en el hambre. Este tipo
de situaciones fue frecuente cuando la economía regional se dirigió más hacia
el mercado mundial a fines del siglo XIX y principios del XX. Por ejemplo, en
1882 y 1892/93 ocurrieron crisis de subsistencia. Las importaciones de granos
de Chile Y otros lugares apenas fueron suficientes para satisfacer las necesidades
de la población.
8
Tales períodos de hambruna se repitieron en las primeras
décadas del siglo:XX. Estas crisis tenían que ver con el aumento de la población
no-agrícola en este período, con el énfasis en la producción de exportación y
con la situación climatológica de la región. Silvia palomeque también se refiere
al monocultivo del maíz en las pequeñas parcelas del campesinado, y lo explica
como una reacción de las familias campesinas frente al mercado. Con la
sustracción de mano de obra, el maíz quedaba como el cultivo más adecuado,
pero haáa a las familias más vulnerables frente a los vaivenes climatológicos.
9
Sin embargo, para un análisis satisfactorio de este proceso hace falta mucha
información sobre la producción campesina y el contexto de su producción. No
6. Véase: Palomeque, Cuenca en el siglo ~ 39-48, 106. También: Iván González y Paciente
Vizquez, -Movilizaciones campesinas en Azuay y Cañar durante el siglo XIX", Revista del Arcbiuo
Nacíonalde Historia, Sección de Azuay, 3, 1981; pp. 38-91, sobre todo pp. 51/2.
7. Véase: Leonardo Espinoza y LuCas Adúq, Prot:eso de eúrsaTrollo de las Provincias de AZIoUJ)/,
Caña,. y MOI'OPIa Santiago en el periodo republicano, Cuenca: Ed. Don Bosco, 1981; pp. 70-73.
8. Por ejemplo: Espinoza/ Achiq, P7oceso de desarfOllo, 62-65.
9. Palomeque, Cuenca en el siglo XIX, 141-5.
45
parece muy probable que los cultivadores campesinos voluntariamente hayan
provocado estas crisis de subsistencia, si no fuera por causas externas.
Solamente conocemos los grandes rasgos de las relaciones sociales en la
región durante el siglo XIX. La división esencial en la sociedad regional se hacía
entre los 'indígenas'e "indios' y la población mestiza. Para los contemporáneos
esas categoría fueron indiscutibles. Un historiador actual encuentra en ellas más
problemas, puesto que de ninguna manera están daros los criterios de la
categorización. Los términos tenían una connotación social, que identificaba
sobre todo a la población pobre que reunía las condiciones culturales y étnicas
normalmente atribuidas a la raza indígena. De manera que la categoría
'indígena' se usó muchas veces defacto, como indicador de la población rural
en contraste con la población urbana. En adelante hablaré, por lo tanto, de la
población campesina/indígena. Este era un sector de población que vivía
disperso en los campos. Todos los miembros de las familias estaban involu-
crados en la producción. La mayoría tenía una pequeña parcela y el ciclo
agrícola imponía el ritmo a la vida familiar. En los momentos de escaso trabajo
agrario o cuando una cosecha fracasaba, la familia se dedicaba a la artesanía o
al trabajo asalariado. Existía una obvia relación entre el ciclo agrario y la
disposición de la población rural de involucrarse en otras actividades. El Gober-
nador de Azuay observó en 1880: "cuando la cosecha es abundante, el jornalero
y la masa del pueblo que cultivan sus pequeños retazos de terrenos (. .. ) niega
el concurso de sus brazos a las demás industrias".lo En cuanto a su ámbito
cultural, la población campesina/indígena, vivía en un mundo separado de la
élite regional. No está completamente claro hasta qué punto su cultura se
remontaba a orígenes indígenas y hasta dónde se puede hablar de sincretismo.
En todo caso ho cabe duda de que la población ru:ral tenía una cosmovisión y
una cultura muy específicas. 11
Es muy probable que la influencia de las haciendas haya crecido hasta fines
de siglo. El problema no fue tanto el que ellas monopolizaran la posesión de
la tierra, sino el que su dominio sobre la mano de obra campesina/indígena fuera
cada vez más fuerte. La producción de las haciendas corría a cargo de trabaja-
dores dependientes, bajo la forma de huasipungo y concertaje. La influencia de
las haciendas aumentó como consecuencia del creciente peso del Estado
republicano en las zonas rurales. Exigió a las comunidades rurales no solo la
paga del tributo sino un conjunto de servicios al Estado, de los cuales sobre todo
10. Citado en: Palomeque, Cuenca en el siglo XIX, 59.
11. Véase por ejemplo: E:xpresiones culturales andinas en Azuay y Caña,.. Estudios de casas
en tres parroquias ru,.ales (2 tomos), Cuenca: Universidad de Cuenca, Instituto de Investigaciones
sociales, 1992. Para una perspicaz análisis hist6rico: Andrés Guerrero, De la economía a las
Mentalidades (Cambio social y conflicto agrario en el Ecuado,. J, Quilo: Ed. El Conejo, 1991; sobre
todo el capítulo IV: -Determinaciones del pasado y mentalidades del presente: un confliao entre
comuneros. Quinchuquí-Otavalo", pp. 149-192.
46
los de obras públicas demandaban mucho tiempo. Silvia Palomeque. ha obser-
vado que "frente a esta situación muchos indígenas optan por buscar la
'protección' de un hacendado" .12 Esta complicada relación entre el Estado,
hacendados y campesinos indígenas es esencial para comprender la historia
regional hasta el cambio del siglo, cuando la situación económica y social de
la región empezó a transformarse poco a poco.
La revolución liberal de 1895 tenía dos consecuencias importantes -yen gran
parte contradictorias- para la región. Por un lado significaba un mejoramiento
esencial en la posición legal-jurídica de la población indígena. Sobre todo las
Leyes del 25 de febrero de 1898 sobre la exoneración de la contribución
territorial y de 12 de abril de 1899 sobre la reglamentación del concertaje forta-
lecieron la posición legal de la población evidente que estas leyes
no iban a cambiar la práctica de siglos, pero se convirtieron en un 'instrumento
para la lucha social y política de los indígenas. Los archivos de la Corte de Justicia
contienen un sinnúmero de peticiones de indígenas para terminar con su
servidumbre y liquidar sus cuentas. No se pueden entender las luchas campe-o
sinaslindígenas del siglo XX sin tomar en cuenta el papel importante de las Leyes
Alfaristas de fines del siglo XIX.
Por otro lado, los gobiernos liberales después de 1895 continuaron la
política modemizante de los gobiernos anteriores e inclusive intensificaron los
esfuerzos para controlar la sociedad ruraL Mientras la protección de las
haciendas disminuyó, las exigencias de las autoridades, sobre todo en cuanto
al trabajo obligatorio en las obras públicas, aumentaban dramáticamente. Esta
presión se sentía con más fuerza en las primeras dos décadas del siglo XX e iba
creando un profundo sentimiento anti-estatal dentro la población rural.
Estas tendencias se agudizaron en las primeras décadas del siglo XX. Las
vinculaciones con el mercado mundial se reforzaron y la intervención del Estado
se volvió más frecuente y pesada. Con la construcción de carreteras y
ferrocarriles la región se hizo más vulnerable a los vaivenes del mercado
mundial y de las políticas nacionales. La situación financiera del país siguió
siendo precaria y distintos gobiernos aumentaron las exigencias fiscales para la
sociedad ruraL Sobre todo los impuestos indirectos en la forma de patentes para
tabaco y aguardientes por ejemplo, afectaron directamente a la población
campesina.
12. SilVia Palomeque, Cuenca en el siglo XIX. La Artic;ulación de una Región, Quko, Flacso/
Abya-Yala, 1990; p. 136 Y ss. Este libro es hasta ahora la mejor introducción para la historia de la
región.
13. El texto de estas Leyes se puede encontrar en: Piedad P. de Costales y Alfredo Costales
Samaniego, Recopilación de las úyes Indígenas de 1830 a 1918, Tomo m, Quko, 1964; pp. 728-
732.
47
LA HUELGA DE 1920: LAS CAUSAS DIRECTAS
Como sucede siempre con eventos violentos y no anuf.1ciados, no se sabe
mucho sobre los antecedentes de los sucesos de 1920. Es obvio que la situación
de la población campesina/indígena en el campo ecuatoriano no era muy
buena. Aunque algunas de las leyes más represivas fueron abolidas, ella seguía
sufriendo muchas injusticias y abusos de los terratenientes y empleados públi-
cos. Sin embargo, esto no puede explicar por qué la gente del campo decidió
levantarse en ~ s e preciso momento. El siglo XIX había producido un número
considerable de levantamientos, pero no tuvieron la extensión y la duración del
movimiento de 1920/21.
1
'¡Por otro lado, sería muy interesante investigar en qué
sentido la 'Huelga' puede ser interpretada como el momento de una estrategia
de 'adaptación resistente' de larga duración, como sugiere Steve Stern. I ~
Podemos obtener una idea de las causas directas de la rebelión a base de"':
la primera carta que tenemos a nuestra disposición y que se refiere al levan-
tamiento. El Gobernador de la Provincia de Azuay escribió en un telegrama del
14 de marzo al Ministerio de Gobierno:
Junta de Fomento Agrícola decretó el empadronamiento de los vecinos de las
parroquias (. .. ) para el efecto de la contribución de los dos ataS de trabajo prevista
de la Ley de Fomento; y se propuso además formar la estadística agrícola del lugar.
Con este motivo, por tratarse del nuevo impuesto y sobre todo por haberse
interpretado mal la formación de la estadística agrícola, la población de los campos
se halla exaltada ... 16
Entonces, la causa del levantamiento, como en muchos otros de los Andes
en el siglo XIX y principios de XX, era la intervención cada vez más onerosa del
Estado en el campo.)' Aunque tributos y trabajos forzados siempre habían sido
características de la relación entre población indígena/campesina y el Estado,
en el curso del siglo XIX las exigencias estatales se habían ido incrementando
14. Sobre los levantamientos del siglo XIX: María A. Vintimilla, "Las fonnas de resistencia
campesina en la sierra sur del Ecuador (Gran Colombia - Primeros años de la República)", en:
Ensayos sobre bislOria Tegional, pp. 141-1n. También: González/Vázquez, Movilizaciones
campesinas. Para el periodo anterior: Segundo E. Moreno Y1nez, Sublevaciones indígenas en la
AudUmcÍll de QuilO desde comienzos del siglo XVIII basta finales de la colonÍll, Quilo: Pontificia
Universidad Católica del Ecuador, 1m. También: Martha Moscoso C., "Comunidad, autoridad
indígena y poder republicano en el siglo XIX", RBrlistaAndina, VII, 2, dic. 1989¡ pp. 481-499.
15. Steve J. Stern (ed.), Resistance, RebelJion, and Consciousness in lbs Anáean Peasanl
World, 18th 10 2Q1b Cenluries, Madison, UP of WJSConsin, 1987, pp. 13/14.
16. Telegrama del Gobernador de Cuenca, Federico Malo, al Ministro de Gobierno, 14-3-1920,
en: Archivo Documental de la Gobernación del Azuay (AGA), Libro 153 (Copiador de telegramas).
17. Véase por ejemplo los artículos en: Stem (ed.), Resistance, Rebttllion. and Ccmsciowness.
48
hasta exasperar a la poblaci6n rural. Esto condujo a Tristan Platt a sugerir que
en el caso boliviano se rompi6 el llamado 'pacto de reciprocidad' entre Estado
y comunidades indígenas en la segunda mitad del siglo XIX. 18 Aunque hay que
examinar hasta qué punto tal a n ~ l i s i s pudiera ser aplicado a la sociedad ecua-
toriana, es evidente que los cambios en la relaci6n entre el Estado y la población
rural fueron una causa de larga duraci6n importante para explicar el descon-
tento en los campos azuayos.
Por otro lado, el momento de explosión del descontento no fue coinci-
dencial. Estaba directamente relacionado con las festividades del Centenario. La
Ley de Fomento a la cual se refirió el Gobernador, se aplicaría parcialmente a
fines de las festividades. Como era lo usual cuando las autoridades ecuatorianas
de la época querían realizar un proyecto, se servían de la mano de obra de la
población campesina/indígena. En este caso, la Gobernación de Azuay había
destinado dos días de trabajo de la población 'indígena' a los trabajos prepa-
rativos del Centenario. Esta exigencia compiti6 con los trabajos de la carretera
de Sigsig a Gualaceo. No obstante el Gobernador escribi6 al Presidente de la
Junta de Fomento Agrícola en febrero: "excito el patriotismo de Ud. para que
sin desatender los trabajos del carretero, proporcione los peones solicitados por
el Sr. Ill$pector del Centenario".19
Los rumores del nuevo impuesto enfurecieron a la población rural y fueron
la causa principal que llevó a incendiar los campos. Las autoridades desmin-
tieron que la estadística agrícola fue organizada para establecer un impuesto
catastral de dos por mil. Así que el Gobernador de" Azuay escribió una circular
para los tenientes políticos de Paute, Gualaceo, Gir6n y Sigsig, aclarando que
el levantamiento se había fundado en un malentendido:
Con motivo de ciertas disposiciones dictadas por la Junta de Fomento de este
Cantón, para formar la estadística agricola, muchos indígenas de algunas parroquias
de este lugar, han fonnado motines tendientes a alterar el orden público persuadidos
de que se trataba tal vez del cobro de un nuevo impuesto.
20
Se solicitó a las autoridades locales aclarar a la población rural que la
estadística fue una medida puramente administrativa y que de ninguna manera
significaría un nuevo impuesto indígena. La continuaci6n de los eventos prueba
que estas exhortaciones fueron inútiles. Los pobladores del campo no creían en
las autoridades. Su memoria colectiva registraba numerosos ejemplos de exi-
18. Tristan Platt, EsUldo boliviano Y ayUu andino, Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1982.
19. Telegrama del Gobernador Federico Malo al Presidente de Junta de Fomento Agrícola, 25-
2-1920, en: AGA, libro 148 (Copiador de Telegramas).
20. Circular del Gobemador de Azuay para Paute, Gualaceo, Gir6n, Sigsig (15/17 de marzo
1920), en: AGA, libro 148.
49
gencias de tributo y promesas incumplidas de parte del Estado. y tenían razón!
Ya para el día 10 de febrero la venta de sombreros fue gravada por un impuesto
para pagar las festividades. La junta del Centenario vigiló la exportación de
sombreros, 'con el fin de hacer efectivo el cobro del impuesto respectivo'.21 Dos
semanas después la Colecturía Fiscal gravó las parroquias de Paute, Gualaceo,
Girón y Sigsig ( y probablemente otras más) con 'extra impuestos para el Cente-
nario'.22 Es muy probable que estos nuevos impuest9s hayan afectado sobre
todo a los productores rurales.
Algunos sectores urbanos también c;:riticaron la actuación y las intenciones
de las juntas de Fomento. El diario de los Católicos sociales, La Alianza Obrera,
dedicó un largo editorial a las quejas de los indígenas. Afirmó que todavía no
se sabía mucho de las recién establecidas juntas de Fomento, pero que los rumo-
res decían que su principal preocupación era solucionar una gran falta de recur-
sos. Continuaba su comentario así:
En tal penuria, llegada o buscada la ocasión de forjar el nuevo catastro, para el objeto
acudióse a la intervención de peritos de poca conciencia, que llenaban su cometido
explotando la invalidez de los desgraciados indios. Las haciendas de ricos
propietarios fueron tasados amistosamente; los predios de los infelices indemniza-
ban lo que con aquellos se perdía; y la Junta de Fomento se rehabilitaba en sus
entradas.
23
desde el principio el censo agrícola fue cuestionado desde varias
ópticas. Vista la brecha casi insuperable entre la ciudad y el campo y, aún más,
entre la administración estatal y la población campesina/indígena, no puede
sorprender que la reacción de esta última fuera más extrema que la preferida
por los simpatizantes urbanos.
Las noticias sobre las nuevas medidas se transfirieron en el campo de boca
en boca y toda clase de rumores empezaron a circular. No cabe duda de que
el censo fue interpretado en general como un ataque directo' a la sociedad
campesina. La Alianza Obrera continuó su relato de los eventos aSÍ:
Sobre las arbitrariedades del catastro, el pueblo de los campos abultó los comen-
tarios hasta persuadir a los habitantes de Ricaurte, Llacao y otros vecindarios de
indios que sus pequeños haberes, y sus futuras cosechas iban a ser divididas con
el Gobierno, en partes iguales. Horrorosa exasperación ha cundido por las parro-
quias que rodean a la ciudad; y como en su rudeza los vecindarios de indígenas no
saben contra quien arremeter, en su huelga desesperada juran venganza y muerte
contra todo individuo que revista cualquier carácter de autoridad.
21. Telegrama del Presidente de la Junta del Centenario, 10-2-1920, en: AGA, libro 148.
22. Carta Colecturía Fiscal, 26-2-1920, en: AHGN, libro ¡48.
23. La Alianza Obrera, XV, 747, 18-3-1920; 'La Junta de Fomento'.
50
Esta observación indica otra característica del levantamiento de 1920. Como
también orurrió en otros eventos similares en los Andes, la ira de la población
rural se dirigía contra los representantes más cercanos de la justicia. En otros
casos fueron los terratenientes. En el caso de Amay, fueron las personas que
a nivel del campo representaban el Estado: los encargados de la Junta de
Fomento y los Tenientes Políticos. Estos últimos habían jugado un papel central
en la sociedad rural desde el siglo 19. Andrés Guerrero escribe sobre el caso de
Otavalo: "[L]os tenientes políticos [funcionaban] como un ariete que expande la
soberanía del estado nacional frente a los indígenas a 10 largo del siglo XIX y
comienzos del la población campesina se convirtieron en los símbo-
los de la represión estatal. Por esta razón, no sorprende que en muchos lugares
la población rural se haya aprovechado de las cirrunstancias para arreglar sus
ruentas con los Tenientes Políticos.
Hay que enfatizar que la posición de estos Tenientes no estaba libre de
ambigüedades. Aunque generalmente actuaron como los brazos del Estado en-
los campos, también fueron víctimas de la política oficial. Al revisar los docu-
mentos archivales, uno se percata de su posición difícil. Fueron responsables
del reclutamiento de trabajadores para los trabajos de infraestructura. Si no po-
dían llenar la cuota de trabajadores tenían que pagar multas. El apetito de mano
de obra de parte del Estado era insaciable. A pesar de las numerosas cartas
desesperadas que enviaron los Tenientes Políticos estos tenían que cumplir. Los
que se opusieron a las demandas terminaron, en ocasiones, convertidos en líde-='
res comunitarios.
25
En tales casos representaron la- población campesina frente
al Estado, yes probable que algunos Tenientes se hayan integrado a las filas de
los rebeldes, inclusive dirigiendo levantamientos locales.
Pero avancemos con la historia. El primer blanco de los levantados fue la
ciudad de Cuenca, bastión del poder estatal y símbolo de la represión de la
sociedad rural.
EL INICIO DE LA HUELGA
Las autoridades recibieron las primeras noticias del levantamiento el día 12
de marzo de 1920. Rápidamente se dieron cuenta de que no se trataba de un
asunto fugaz y pasajero. Dos días después de estas primeras noticias el Gober-
, nador escribió al Ministerio de Gobierno:
24. Andrés Guerrero, aCuragas y tenientes políticos: la ley de la costumbre y la ley del estado
(Otavalo 1830-1875)", Revista Andina, VII, 2, die, 1989, pp. 328.
25. Sobre este tema: Palomeque, Estado y comunidad".
51
La emergencia de que le hablé a Ud. anteriormente ha tomado mayores propor-
ciones, a pesar de las medidas de conciliación que he empleado. Se han amOlinado
tres ó cuatro mil indios, contra las autoridades parroquiales, han puesto en fuga a
los Tenientes Políticos, habiendo sido gravemente heridos los que no han podido
escapar.
Lo que añadía era no menos alarmante. "Además, se teme que caigan sobre
la ciudad después de saquear los campos".
26
Ya el día anterior había informado
que habían 'llegado a como mil hombres en actitud hostil en lugares
próximos de la ciudad'. Nadie imaginó la cólera repentina de la gente del campo,
menos aún las autoridades. Incidentes o erupciones de rebeldía no eran excep-
cionales en la historia turbulenta del campo ecuatoriano, pero había sido muy
raro que los efectos de la rebeldía llegaran a la ciudad. Dentro de la población
urbana de Cuenca el temor fue grande. La amenaza de los grupos amotinados
de indígenas creaba un verdadero pánico.
Las autoridades inmediatamente tomaron medidas drásticas. Notificaron los
jefes militares de la zona y pidieron auxilio de la fuerza de línea 'para que ésta
se movilice a la región invadida en apoyo de la Policía'. No está completamente
claro qué pasó en esos días, pero las medidas parecían efectivas en principio.
En los alrededores de Cuenca se reconstituyó una semblanza de orden. Durante
dos semanas una tensa paz reinaba en la provincia. Las autoridades retenían el
aliento esperando que los problemas desaparecieran por sí solos.
Mientras tanto el humo de paja de rebeldía se extendió por los campos. No
pasó nada sensacional en esos días, pero las noticias del levantamiento, y tal vez
también de las vacilaciones de las autoridades provinciales, se llegaron a saber
en los rincones más alejados de la región.
Los primeros días de abril estalló la bomba. Es muy probable que el asunto
se haya coordinado y que existieran comunicaciones entre los rebeldes y tal
vez una forma de organización. De todas maneras, los nuevos eventos empe-
zaron en diferentes lugares al mismo tiempo. Se dirigían sobre todo contra los
representantes del estado, los colectores fiscales y tenientes políticos, pero tam-
bién fueron atacados los depósitos de aguardiente y las oficinas de los Juzgados.
Los rebeldes también trataron de romper las comunicaciones entre los distintos
lugares de la región. Asaltaron corredores de posta y destruyeron líneas tele-
gráficas.
Las primeras indicaciones del resurgimiento del levantamiento ocurrieron
el día 30 de marzo. En ese día la policía sofocó un primer intento de reunificación
de rebeldes. "Ciertamente apareció entre Sidcay y Santa Rosa un grupo bastante
numeroso de indios, pero a tiempo cayó la fuerza pública y los indios se
26. Telegrama del Gobernador al Min. de Gobierno, 14-3-1920, en: AGA, libro 153.
52
dispersaron sin causar desórdenes mayores",27 Al día siguiente el Intendente
General de Policía fue informado de 'un nuevo alzamiento verificado por indios
de las parroquias de San Juan, Jadán y Santa Ana',28 Inmediatamente se envió
una escolta de policía a los lugares indicados. Ahora lª- intervención de las
autoridades fue menos efectiva. Este grupo de rebeldes no se dejó sorprender.
El Gobernador informó al Gobierno de la misión:
La escolta de Policía de que le hablé en mi telegrama anterior, ha sido arrollada por
los indios hasta Gualaceo. Me es sensible comunicarle que han habido algunas bajas
de parte de los indios.
29
Este evento significó un reverso dramático en el transcurso del levanta-
miento. La represión estatal habla causado los primeros muertos. Desde ese
momento, la rebeldía rural se tomó más violenta e implacable.
La indignación en las filas de los levantados frente al asesinato de sus
compañeros era grande. Los levantados dirigieron su cólera a la ciudad. El día
4 de abril Cuenca fue cercada por 'una numerosa partida de indios alzados de
las parroquias de Baños, Turi y otras mas'. Las informaciones sobre los eventos
en la ciudad son escasas. El Gobernador informó que "los indios han intentado
varias veces entraren la ciudad, pero felizmente no han conseguido su objeto".
En todo caso, los intentos de invadir la ciudad de parte de los rebeldes
nuevamente costó algunas vidas. Con la ayuda de las fuerzas armadas de la zona,
los rebeldes fueron repelidos. Entre los habitantes de la ciudad no hubo
víctimas, 'pero entre los indios se cuentan varios muertos'.30 En palabras del
Gobernador: "[Los indios] fueron arrollados dispersados, habiendo sin embargo
conseguido varios indios entrar en la ciudad. Hay algunos muertos y heridos
entre los rebeldes ",3] Según él, era inevitable la violencia: "Al principio se
agotaron medida pacíficas, después de las cuales hubo que hacer uso de la
fuerza",
Una parte de los rebeldes se retiró al sur en la dirección de Quingeo. Sin
, "
embargo, la indignación de la población levantada solamente se había
aumentado. Al día siguiente, hacía un nuevo intento de invadir la ciudad,
mientras otro grupo llegaba a Quingeo. Según el reportaje del Gobernador:
Los indios amenazan la ciudad por los lados Occidental, Sur, Noreste. A las doce
avanzan los amotinados de Déleg y Biblian hasta la quebrada de Sidcay que se halla
27. Telegrama del Gobernador de Azuay al Ministro de Policía, 1-4·1920, en: AGA, libro 153.
28. Cana del Gobernador al Intendente General de Policía, 1-4·1920. in: AGA, libro 154.
29. Telegrama del Gobernador al Ministro de Gobierno, 3-4·1920, en: AGA, libro 153.
30. Telegrama al Gobernador de Loja, 8-4·1920, en: AGA,1ibro 148.
31. Telegrama del Gobernador al Milústr? de Polieía', 6-4·1920, en: AGA, libro 153.
53
a diez kilómetros de distancia de Cuenca retirándose por la tarde hacia Azogues y
Biblián. A las misma hora, se sabe el alzamiento en Quingeo, donde atacaron los
rebeldes a las oficinas de la Tenencia, Juzgados Civiles, depósitos de aguardiente.
Simultáneamente otro grupo de hombres asaltó a un grupo de militares
cerca de Azogues. El día siguiente pobladores de Quingeo marcharon a la
parroquia del Valle 'creyendo encontrarse con los indios de este pueblo'. Sin
embargo, fueron dispersados por los militares, teniendo que regresar 'a las
alturas'.3
2
El radio de la rebelión se extendió en un medio círculo norte-este de
Cuenca. El centro de la huelga se ubicó en las comunidades enlIe Azogues y
Sigsig, pero también en otros Ivgares surgió el descontento. La simultaneidad
de los eventos indica una considerable coherencia y coordinación dentro de la
filas de los rebeldes.
Las autoridades empezaban a advertir que la huelga no era un asunto
transitorio. La indignación de la 'indiada' no se dejó sofocar con algunas palabras
conciliatorias. Además, los habitantes del campo conocían sus tierras. Muchas
veces se impusieron a las tropas gubemámentales, que tenían que luchar en
terrenos ajenos. Los rebeldes usaban una estrategia de guerrilla que les hacía
casi invulnerables frente a las tropas policiales. Una carta del Gobernador des-
cribe elocuentemente la situación caótica de la provincia como consecuencia
de esta guerra de guerrilla, y también muestra la percepción y los prejuicios de
la élite cuencana: .
[Los moradores pacíficos] viven en una constante alarma, como aquellos pobladores
de colonias incipientes en medio de tribus temiendo, de un momento
a otro, un ataque salvaje contra sus personas o sus bienes, a veces en altas horas de
la noche. La autoridad de policía no puede atenderles sino cuando los hechos han
sido consumados y entonces viene la guerra de emboscadas; hacen cara a la fuerza
de policía y la atacan, si pueden reunirse en cantidades considerables ven que
pueden dominarla; si se creen algo débiles, se ocultan entre las quiebras, o fugan
momentáneamente, haciéndoles frente en retirada. Al regresar los agentes del orden
a ra ciudad, salen los perturbadores de sus escondrijos y vuelven a lo mismo.'3
El Gobernador pidi61a ayuda de las Fuerzas Armadas. Dentro de pocos días
llegaron el Batallón Pichincha y el destacamento a Bolívar. Se encontraron cerca
de la ciudad, porque el Gobierno ya había enviado esas tropas a la Provincia
de Cañar 'en donde también hay sublevación de indios', para contrarrestar las
actividades de los rebeldes.3-4 Ya pocos días más tarde el Gobernador podía
32. Esta secuencia de eventos se encuentra en: Telegrama del Gobernador de Aroay al
Ministro de Gobierno, 8-4:-1920, en: AGA, libro 153.
33. Carta del Gobernador al Ministro de Gobierno, en: AGA, libro 153.
34. Telegrama del Gobernador al Gobernador de Loja, 8-4-1920, en: AGA, libro 148.
54
informar que la acción de las autoridades había sido exitosa. 'La cjispersión de
los indios es casi completa. La ciudad se halla ya en calma'. En su opinión, la
llegada del Batallón Pichincha y del destacamento 'Bolívar', habían dado el
golpe de muerte a la sublevación. Según el Gobernador las fuerzas armadas
habían actuado con mucha prudencia y reserva y por eso existían pocas
víctimas. "A pesar de haberse disparado en las calles contra un gro po de indios
que llegó a entrar en la ciudad, se hizo con tal prudencia que no resultó de los
habitantes sino un muerto".
Como esta última observación indica, con la desaparición de las amenazas
más directas las autoridades empezaron a evaluar los eventos. Los métodos
represivos utilizados por las autoridades habían despertado críticas dentro de
la sociedad urbana de Cuenca. Algunos diarios se preguntaron si la violencia
había sido necesaria y publicaron editoriales pidiendo moderación y calma. Ya
el día 1 de abril, muy temprano en la secuencia deeventos, La Altanza Obrera
había publicado el poema 'La huelga del indio' (véase el Anexo). Fue escrito por
el joven poeta Alfonso Andrade Chiriboga y contenía una apología para la
rebelión y una crítica de la represión estatal.
Las autoridades provinciales buscaron excusas para explicar los muertos
entre las filas de rebeldes. Una vida de un 'indio' no contaba mucho en la socie-
dad ecuatoriana de la época, pero los muertos contradecían la imagen de armo-
nía y paz que las autoridades preferían mantener. La violencia abierta aplicada
para sofocar la rebelión amenazaba romper el control paternalista que el estado
solía tener sobre la sociedad rural. Frente al Gobierno central el gobierno pro-
vincial dio una impresión débil ineficiente.
Ante todo las autoridades redoblaban sus esfuerzos par¡t solucionar los
problemas de una manera pacífica. El Gobetnador de la Provincia escribió el 9
de abril al Encargado del Poder Ejecutivo: "En cuanto a las Comisiones pacíficos
enviadas a los indios, han sido varias. Al principio del alzamiento el mismo Dr.
Intendente habló con ellos, rodeándoles de garantía y dándoles las explica-
ciones convenientes'.36 Esta versión de la actitud de las autoridades parece
coloreada por el deseo de demostrar moderación. Las cartas escritas al inicio de
la huelga, no mostraron mucha compasión con las quejas de los indígenas y
reflejaron un menosprecio autoritario de sús motivos. Los primeros esfuerzos
pacíficos consistieron en meros llamados a Jos indios para volver a la calma y
a sus casas. Nunca se hizo un esfuerzo serio por tomar en seria consideración
sus quejas.
Aunque la rebelión fue reprimida, las autoridades se dieron cuenta que 'el
espíritu de rebelión se conserva todavía eso buscaron soluciones
35. Telegrama al Gobernador de l.oja, 11-4-1920, en: AGA, libro 153.
36. Telegrama al Encargado del Poder Ejecutivo, 9-4-1920, en: AGA, libro 148.
37. Telegrama Gobernador 12-4-1920, en: AGA, libro 153.
55
para las demandas de los huelguistas y trataron de satisfacerlas. Mientras en
primera instancia habían tratado las quejas de los levantados como consecuen-
cia de un malentendido, ahora las tomaron en serio. Tenían que admitir que los
reclamos de los rebeldes no carecían de fondo y que el objetivo del censo agrí-
cola efectivamente había sido facilitar un nuevo impuesto de terrenos.
Para restaurar la paz en los campos se propuso una prórroga del nuevo
impuesto. El Gobernador de Azuay escribió al Ministerio de Fomento y
Agricultura: "Algunas Juntas de Fomento han decretado ya el impuesto que debe
pagarse en el presente año por concepto de Contribución Territorial, lo cual en
las actuales circunstancias es imprudente y digno de reconsideración". 'Como
una de las medidas pacíficas empleadas para calmar el ánimo de los indios',
pidió entonces 'la suspensión del gravamen territorial'.38 S'u petición fue
concedida y el día 14 de abril las Juntas de Fomento de Paute, Gualaceo y Sigsig
recibieron una circular de la Gobernación con el siguiente contenido:
No dejaré de manifestar a U. la conveniencia de que, en vista de las actuales circuns-
tancias, se suspenda por ahora la recaudación del mencionado impuesto. Mas, si e&o
no fuere posióle, creo quelaJunta procederá prudente y patrióticamente acordando
que no pagarán la Contribución sino los predios rusticas avaluados a más de

En una carta al Ministro de Agricultura, el Gobernador manifestaba que esta
medida había sido tomada la fin de conseguir la tranquilidad de la raza indígena'.
No quería crear un precedente o dar una impresión de debilidad. Explicaba sus
motivos de la manera siguiente:
El mejor medio de liberar a los indios del impuesto fijado por las Juntas de
Fomento de esta Provincia, sin ninguno odioso privilegio, me parece
que es el de acordar que no pagarán dicha contribución sino los predios
en mas de $2.000 por ejemplo. En este caso quedarían libres los
indios, cuyas propiedades no avanzan por lo regular a este precio.
40
De nuevo, las autoridades creyeron haber solucionado la crisis ocasionada
por la huelga. La fuerza militar había demostrado que el Gobierno estaba
preparado para proteger la tranquilidad pública. Por otro lado, la causa central
de la huelga, el establecimiento de un nuevo impuesto, era extirpado. Los
pequeños propietarios del campo fueron defactoexonerados del impuesto. Las
facultades extraordinarias que el Gobierno Central había otorgado a las
38. Telegrama del Gobernador al Ministro de Fomento y Agricultura, en: AGA, libro 153.
39. Circular de la Gobernación, 14-4-1920, en: AGA, libro 148.
40. Telegrama del Gobernador al Ministro de Agricultura, 14-4·1920, en: AGA, libro 153.
56
autoridades provinciales ya no fueron necesarias, 'por haberse sofocado en
efecto la sublevación general'.'u
Así lo creyó el Gobernador o lo quería creer ... En esa misma carta sugirió
que sería prudente dejar a las tropas en la región por el momento, en contes-
tación a un telegrama recibido del Comisario de Girón, "Comunico la suble-
vación de la gente de San Fernando. Fui a ese pueblo a cumplir una comisión
y se levantó mucha gente del lugar y nos atacaron dándonos bala y con machete
a la mano". Probablemente el Gobernador también se dio cuenta de que la huel-
ga no se había terminado. Pero nadie imaginaba que iba a durar tanto!
LA HUELGA CONTINUA
La huelga no terminó con las concesiones del gobierno. Los rebeldes se
dieron cuenta de que las medidas de la Gobernación fueron sobre todo un
esfuerzo por debilitar el movimiento de protesta. Los pobladores de los pueblos
rurales tampoco habían olvidado sus muertos. Sin embargo, el incentivo más
importante para continuar la rebelión pudo haber sido su éxito inicial. Aparte
de las concesiones gubernamentales, los campesinos rebeldes lograron atemo-
rizar a la población urbana. Por primera vez habían logrado el respeto de las
autoridades.
Los eventos pasados demostraron la fuerza de su número y, por otro lado,
la posición débil de las autoridades rurales. La sublevación había dado un golpe
mortal al prestigio de los representantes estatales en el campo. Algunos
Tenientes Políticos ya habían huido durante las primeras semanas de la huelga.
Luego, otros también renunciaron o simplemente desaparecieron de sus
puestos. Al final de mayo, el Gobernador de la provincia escribió al Ministerio
de lo Interior. "En varias parroquias donde ha tenido lugar el levantamiento de
los indios, se ha hecho imposible el ejercicio de la autoridad y como continúan
las amenazas contra los Tenientes Políticos, ninguna persona quiere aceptar el
cargo de Teniente" . .(2 La huelga había roto el control urbano sobre el campo y
los rebeldes no iban a devolver voluntariamente la autonomía adquirida.
En esta situación de una ausencia casi completa de legitimidad estatal en las
zonas rurales, la tensa calma en los campos se rompió fácilmente. En distintos
lugares se reportaron incidentes y alteraciones del orden. Grupos de sublevados
andaban por los campos atacando a la policía y los últimos vestigios de
autoridad estatal. En algunas ocasiones los caminos fueron bloqueados. En
Uacao el Director de Estudios tuyo que huir por 'una turba de indios subleva-
41. Telegrama del Gobernador al Ministro de Gobierno, 16-4-1920, en: AGA, libro 153.
42. cana del Gobernador al Ministro de lo Interior, 22-5-2920, en: AGA, libro 153.
57
dos', El profesor asustado report6 que le buscaban 'con el objeto de impedir que
siguiera yo al frente de la escuela de niños'. 43 También los maestros se convir-
tieron en enemigos de los rebeldes!
En los últimos días dé mayo se reportó que los indios 'reunidos en masas
comenzaron por desmoralizar la tranquilidad de la población de Ricaurte, Sid-
cay, Checa y otras parroquias cometiendo un sinnúmero de abusos', Por fin uno
de estos grupos mató en circunstancias desconocidas a dos mujeres en Ricaurte.
Enseguida una escolta de Policía de treinta hombres se dirigió al lugar del
asesinato, pero no pudo investigar el incidente:
Apenas se vio la presencia de ella en Ricaurte, soñaron las quipas y en un breve
tiempo se reunieron como 500 indios armados de escopetas, revólveres, machetes
y palos, habiendo pretendido arrollar a la escolta de Policía. Con un nuevo refuerzo,
se pudo capturar a unos pocos cabecillas, logrando retirarse la Comisión a su cuartel,
sin consecuencias. H
La región norte de Cuenca estaba otra vez en rebelión. El Teniente General
de Policía pidió ayuda al Jefe Militar de la zona contra 'la pandillas de indios y
campesinos armados que merodeaban en las parroquias de la sección norte de
esta provincia, cometiendo toda clase de atropellos y sembrando la alarma y la
intranquilidad en esas poblaciones'. Advertía que al igual que en los meses
anteriores, 'la subversión de esos pueblos puede llegar a constituir una grave
amenaza para la tranquilidad de toda la provincia'.4s
Durante 'los meses de junio y julio la situación de anarquía continuaba.
Aunque la desesperación de las autoridades locales les motivó varias veces para
pedir apoyo militar del Gobierno, ninguna medida lograba restablecer el orden
en la Provincia. Las autoridades de Paute manifestaron al final de junio 'que son
continuos los desórdenes que se cometen en dicho lugar y que la población se
conserva en completa alarma'.46 Desde Sidcay se comunicaba en palabras
semejantes que 'los _ habitantes de esta parroquia se hallan en movimiento
constante, -persig\}iendo a las autoridades y ofreciendo victimarlas'.47 Un:mes
después el Intendente General de Polida se quejó sobre 'la anormal situación
en que se encuentran las parroquias de la región Norte de esta Provincia a causa
del estado de rebelión de sus habitantes'. Sugería que solamente medidas
enérgicas del ejército podían resolver los problemas de esta regi6n: "La actitud
hostil observada diariamente por los indígenas de las parroquias sublevadas,
43. Cana del Gobernador al Intendente General de Policía, W.S-1920, en: AGA, libro 154.
44. Cana del Gobernador al Minisuo de Gobierno, 22-5-1920, en: AGA, libro 153.
45. Cana del Intendente General de Polic:ia al Coronel Jefe de la cuana zona militar, 22-5-1920,
en: AGA, libro 154.
46. Carta del Gobernador al Ministro de Guerra y Marina, 2s-6-192O, en: AGA, libro 153.
58
requiere efectivamente tomar medidas eficaces".48
Con el transcurso del tiempo las protestas de los grupos rebeldes se habían
extendido considerablemente. Ya no se quejaron solamente del nuevo impues-
to o de sus muertos. La huelga se convirtió en una protesta general contra un
gobierno que cerró sus ojos ante los problemas y el hambre de la población
rural. También se dirigió contra una sociedad que les consideraba como
ciudadanos inferiores. Por otro lado, las protestas ganaron fuerza y persistencia
cuando podían dirigirse en demandas concretas.
Por ejemplo, la vehemencia de la sublevación en Ricaurte se puede explicar
por un conflicto que tenía su base en una época anterior a la Huelga. El gobierno
de Leonidas Plaza había expropiado dos haciendas de una orden religiosa.en
los alrededores de esta población, pero en vez de entregarlas a los campesinos
fueron arrendados a un terrateniente locaL El movimiento de protesta y el estado
de anarquía dio a los pobladores la oportunidad de expresar el rencor que esta
situación había fomentado dentro de la población locaL El diario El Azuayo
describió este sentimiento en junio 1920:
Es público que nuevamente los habitantes de la parroquia de Rícaurte se levantan
al toque de bosinas i quipasen la sección de Calchaulo.Tratan, según se dice, de
arrastrarle al conservador que ha aprovechado de las leyes liberales para arrendar
las haciendas de Ucubamba i Paccha¡ cultivar estos inmuebles i devolverlos a los
padrecita; de Santo Domingo que son los dueños.
H
En este caso el movimiento tomó otro rumbo. Se desvió de las autoridades
estatales y se dirigió contra las haciendas. Esta actitud también se pudo observar
en otras ocasiones. Grupos de campesinos trataban de ocupar haciendas y
amenazaban a sus propietarios. No obstante, esta actitud no fue muy frecuente.
En verdad una de las características del movimiento, comparado con otros, de
los Andes, fue precisamente el que los conflictos con las haCiendas no jugaron
un papel muy importante.
La intensidad del movimiento en la región de Sidcay también se puede
explicar por conflictos en el pasado. Al principio de julio, el Teniente Político
de Santa Rosa envió una carta a sus superiores, escribiendo en un lenguaje casi
hablado:
Anoche casi fui muerto en el punto de 'Retama-punga' de Sidcay, por los indios de
Sidcay, Ricaurte y de mi misma parroquia y lo mismo juran malar entre estas noches
47. Carta cie1 Ten.ienl:e Político de Sidcay, 13-7-1920, citado en: cana del Gobernador al
lnlendente General de Policía, 20-7-1920, en: AGA, libro 154.
48. Carta del Gobernador al Ministro de Gobierno, 22-7-1920, en: AGA, libro 153.
49. El Azuayo, J, 1, 8-7-1920, 'Los Indios'.
59
al Secretario de Registro y a mi, con el fin que no se permita los libros de Registro
Civil, dicen, señor, la gente de Sidcay que libros, secretario y político, nos venían(?)
en ceniza, así es señor, ya no tenemos aguantar con t a n ~ o s juramentos.
so
Al día siguiente los rebeldes cumplieron sus amenazas. Invadieron la casa
del Teniente Político de Sidcay y le obligaron a satisfacer sus deseos. Las pala-
bras del informe del Teniente hablan por sí mismas:
A las nueve y media de la noche penetraron en mi casa de habitación, animosos y
resueltos a quitarme la vida, se contaba hasta trescientos hombres que componían
la masa agresora. Al fin lograron apresarme, entonces resolví morir, todos me
exigieron la entrega del oficio remitido por el señor Colector a fin de que se publique
por bando que deben pagar el impuesto del uno por mil sobre fundos rústicos, yo
temeroso de la amenaza les presenté el oficio solicitado, no contentos con este me
exigieron además les presente todos los papeles que entonces existían en mi poder
y habiéndome negado lo buscaban y revisaban uno por uno obligándome les dé
lecturas tres y cuatro veces en cada oficio. Al fin de lectura en el oficio dirigido por
U, cuyo número no recuerdo, pero su contenido es el siguiente. El Sr. Gobernador
dice: 'La Junta que presido tiene conocimiento que algunos arrendatarios de los
fundos nacional izados cometen los siguientes abusos: obligan a los peones a trabajar
con herramienta propia en fundos ajenos distintos a los que consta en sus
compromisos, les obliga a trabajar en demis a lugares moníferos, etc.', oficio que
junto con los otros se llevaron y me obligaron leerlo en público, prohibiendo que
no me resuelva ni siquiera contar a nadie el arrebato de los oficios y diciéndome la
contesta al Sr. Colector que ellos pagarán el impuesto antedicho y no ningún otro
fuera de él en quince del próximo agosto, pero antes que no, por manera que el día
de domingo a las seis de la mañana me sacaron de mi habitación un sinnúmero de
hombres y me obligaron leer eJ oficio ya relacionado.' 1
Este relato nos da mucha información sobre los motivos y demandas de los
'huelguistas'. Sus quejas totaron los fundamentos de la organización social del
campo. En realidad exigían que se cumplieran todas las promesas hechas en las
Leyes liberales proclamadas por distintos gobiernos desde 1895. Los habitantes
del campo debían pagar el impuesto 'uno por mil', pero nada más. Sobre todo
protestaron vehementemente ante los trabajos forzados. Aunque prohibidos por
ley, estos últimos siguieron siendo una obligación odiada por la población
campesino/indígena.
La rebeldía de los huelguistas se fundamentaba entonces en las Leyes de la
República. Así como en Bolivia líderes indígenas fueron apresados por poseer
50. Carta del Teniente Poütico de Santa Rosa, citado en carta del Gobernador al Intendente
General de Policía, 9-7-1920, en: AGA, libro 154.
51. Carta del Teniente Político de Sidcay, 13-7-1920, citado en carta del Gobernador al
Intendente General de Policia, 20-7-1920, en: AGA, libro 154.
60
documentos subversivos, como ordenanzas del Virrey Toledo del siglo XVI en
las que se confumaba la posesión legal de las tierras comunales, o leyes y
decretos republicanos, la actitud subversiva de los huelguistas era su creencia
en las Leyes de la República.
Gradualmente la huelga se había convertido en una crítica directa de la
gobernación de la provincia y de la autoridad estatal en general. En este contexto
es interesante constatar que continuaron los asaltos a los Maestros de las escue-
las rurales. Algunos días después de los incidentes en Sidcay el 'Examinador de
los niños' de ese lugar era 'amenazado a muerte por los indígenas y más indivi-
duos de esa parroquia'. El Director de Estudios en Cuenca informó el Gober-
. nador que varias escuelas de la región se encontraron fuera del control de su
despacho. Escribió que 'no sería prudente trasladarse a [esas] escuelas' .52 Esta
furia contra el sistema de escuelas rurales provoca preguntas sobre los motivos
y la composición de la sublevación. También en otros movimientos campesino/
indígenas de los Andes las escuelas fueron asaltadas. Flores Galindo probable-
mente tiene razón cuando sugiere que esta actitud tenía que ver con la posición
de las escuelas en los campos andinos. Ante todo se habían dedicado a fomentar
un sentimiento nacionalista entre los campesinos. Muchas veces también fueron
destinadas para disciplinar a la población rural y para adaptarla a las nuevas
necesidades de la sociedad moderna. Como dice Flores Galindo: "La escuela,
ese factor de movilización campesina, fue también un instrumento en la pro-
palación de nuevos valores.
5
' No está claro hasta qué punto ésta también era
la explicación en Amay. Puede ser que se hayan atacado las escuelas por sus
efectos transformadores o, al contrario, por ser inaccesibles para los niños cam-
pesinos. Sin embargo, creo que lo más importante era que las escuelas (y, sobre
todo, los maestros) constituían símbolos del odiado mundo estatal y urbano.
La Huelga había destruido la legitimidad del Estado por completo. Ciertos
policías que quisieron investigar un asesinato en agosto, fueron expulsados de
Sidcay por un grupo de hombres 'que según ellos se consideran huelguistas en
número de ciento más o menos'. Las protestas continuaron en diversos lugares.
En otra ocasión cuarenta hombres de la policía que conducían un preso '-que
s ~ lo tenía por instigador' - fueron atacados entre Ricaurte y Uacao. Los atacantes
hirieron a un teniente y 'también a dos celadores a machetazos, y les arrebataron
un rifle y un sable',S04 En otro incidente, los habitantes de la parroquia de San
Cristóbal cerca de Paute se levantaron y vocearon protestas fuertes contra las
autoridades, "dando muestras al Gobierno y manifestando intenciones de
avanzar a esta plaza (paute; MB) después de arrasar la población de San
52. Citado en carga del Gobernador allntendente General de Policia, 19-7-1920, en: AGA, libro
154.
53. Flores Galindo, Buscando un inca, 336.
54. carta al Gobernador al Mirústto de Gobierno, 23-8-1920, en: AGA, libro 153.
61
Cristóbal". 55
En esta época se oían rumores acerca de que los disturbios ya no eran
solamente asunto de la población campesina. Algunos observadores decían que
la continuación de la huelga fue instigada, o por lo menos apoyada por enemi-
gos del Gobierno. En un artículo titulado 'Indios y blancos,' EIAzua}Uescribió
el día 5 de agosto:
De Sidcay y Santa Rosa nos llegan a díario noticias de los abusos y tropelías que
cometen los vecinos de esos lugares, reunidos en pandillas armadas, atreviéndose
a veces hasta con las mismas autoridades, a quienes se atrabiliaría voluntad injuria
con amenazas intolerables .
. Añadió que fue necesario sobre todo actuar contra 'los que los instigan a
ellos, con fines que no son ningún misterio'.56 Estos rumores sugieren que la
Huelga fue apoyada por las dases más poderosas de la sociedad rural y, tal vez,
por grupos políticos. Este aspecto podría también explicar la larga duración del
movimiento.
Regiones completas estaban incomunicadas con el mundo exterior. Nada
sabemos de la situación en esas regiones. Probablemente habían surgido distin-
tas formas de administración local. Probablemente en algunos lugares los
sistemas de autoridad indígena hubieran restituido. En otros reinaba el derecho
del más fuerte. Allá apenas se podía distinguir entre grupos de bandidos y suble-
vados. En otras ocasiones caciques locales fortalecían su poder en su comuni-
dad. En ciertos lugares se estableció un informal sistema judicial. Algunos obser-
vadores sugerían que en las regiones 'liberadas' se organizaron juicios que con-
dujeron a la ejecución de algunas personas. 57
La exasperación de las autoridades frente a la sublevación crecía cada día.
Tenían que admitir que la situación estaba fuera de su control. La impotencia
y desesperación del gobierno provincial se muestra clarísima en una larga carta
del Gobernador escrita a fines de agosto.
Ninguna autoridad parroquial es respetada por ellos, y al contrario, es suficiente
causa por su enemistad, ser funcionario público de cualquier naturaleza, razón por
la que toda persona pacífica prefiere no aceptar cargo alguno. Estas comarcas se
hallan sin empleados públicos o los que e s t ~ n nombrados, se encuentran prófugos,
o sin ejercer función alguna. Quizá, para un caso tan anormal, solamente comparable
a regiones recién colonizadas, o retrocedidas al estado de completa anarquía, una
policía respetabilísima, de algunos cientoS de hombres, podría después de algún
tiempo imponerse; pero nuestra policía actual tiene que declararse impotente (. .. ).
55. Carta del "Jefe Político de Paute al Gobernador, 1l...g..1920, en: AGA, libro 154.
56, EIAzuayo, 1, 5. 5-8-1920; 'Indios Y blancos',
57. La Alianza Obrem, XV. 769. 26-8-1920; 'La Rebelión de los campos',
62
[I]mploro, en nombre de la justicia y del derecho, se sirva escogitar un medio eficaz
de poner remedio a un estado tan contrario a la civilización que creemos haber
alcanzado. "
La tensa situación rulminó en esos últimos días de agosto. Las autoridades
perdieron la paciencia y sintieron la necesidad de poner fin 'a la situación de
anarquía. Ya el día 12 de agosto La Alianza Obrera había denunciado los
sentimientos vengativos dentro de los políticos y de la población urbana. Enfa-
tizó el diario que el levantamiento era un asunto complejo. Amonestaba en el
sentido de que una represión violenta de la huelga costaría muchas vidas hu-
manas: 'Vueltas las armas contra esos infelices, el derecho se transformaría en
matanza'. Por lo tanto, pidió una actitud calma y conciliatoria de parte de las
autoridades. "Calmar e ilustrar a los cabellos, explicándoles en que consisten sus
deberes, sus derechos y sus peligros, sería obra de humanidad y patriotismo".59
Sin embargo, el momento de una solución conciliatoria ya había pasado. Las
autoridades habían resuelto arudir a la fuerza militar para reprimir a los indí-
genas desobedientes.
Al final pasó lo inevitable. Nuevos disturbios alrededor de algunas hacien-
das en los valles de Chuallabamba y Urubamba provocaron otra vez un derrame
de sangre. La Alianza Obrera describió el incidente en un editorial triste:
Escoltas de la Intendencia trataron de repeler el movimiento, al principio solo con
su presencia, mas rodeados y atacados a hondazos los celadores acudieron a la
fusilería, y algunas descargas pusieron en polvorosa a los insurrectos y causaron
víctimas.
El diario sugería que un incidente anterior también había costado algunos
muertos. Se preguntó retóricamente si tan alto costo valía la pena; pero la
pregunta ya había perdido su relevancia. La represión militar de la Huelga era
ya inevitable.
LA CoMITIVA
La su perioridad militar y la represión más efectiva de la polida otra vez
obligaba a los levantados a esconderse en sus comunidades, en los últimos
meses del año 1920. Los campesinos también tenían que preoru parse por las
cosechas, que demandaban muchos brazos oro pados. Numerosos hombres
volvieron a sus hogares y su ausencia debilitó el movimiento. Además, la región
58. Carta del Gobernador al Ministro de Gobierno, 23-8-1920, en: AGA, libro 153.
59. La Alianza Obrera, XV, 767. 12-8-19201 'Indígenas',
63
experimentó una extrema sequía en la segunda mitad del año 1920, lo que
significaba otra cosecha mala en la región y mucha miseria. Se comentaba en
enero de 1921 que 'la prolongada sequía de meses y meses, de que no hay
ejemplo,' ha convertido los campos en vastos y prolongados yermos'. Este
desastre climatológico, complementado con la baja de los sombreros de toquilla
y la exportación de víveres hasta la costa que era una causa importante de la
escasez de alimentos, ocasionó. una crisis económica y social en la región.
60
Aunque temporalmente estas circunstancias disminuyeron la combatividad
de la población rural, el espíritu de descontento y de rebelión se mantenía vivo.
La tranquilidad en los campos era superficiaL Fuera de los centros urbanos el
control estatal era muy fnlgil y casi inexistente. Muchas parroquias mantenían
su autonomía. La mayoría de los representantes del Estado en estos lugares
preferían mantener cautela. Las comunicaciones fueron difíciles y peligrosas y
los transportes frecuentemente asaltados por grupos de hombres armados.
Muchos conductores de correos aceptaban recorred os campos a condición de
ser escohados.
61
No se sabe si los asaltantes eran bandidos o 'huelguistas'. Tal
vez la diferencia entre estas dos categorías iba desapareciendo en ese contexto.
El descontento estalló otra vez en marzo/abril de 1921. Según La Alianza
Obrera fue resultado de una nueva ley de' inscripción militar. Los Tenientes
Políticos amenazaron a los campesinos con multas y prisión para quienes no
se inscribían, pero para el formulario de inscripción también tenían que pagar.
62
Aparte de la desesperación que este tipo de exigencias provocaba dentro del
campesinado, la inscripción militar debió haber sido un asunto delicado en ese
momento. ·La actitud de las autoridades mostraba otra vez una extrema insensi-
bilidad ante la situación explosiva en los campos.
La causa directa de la nueva explosión de violencia era el asesinato del
'cabecilla' Anselmo Guamán y su-compañero, Miguel Sinchi, en Sidcay a fines
de marzo. Bajo la dirección de Guamán y Sinchi los huelguistas habían tomado
el control de la región de Sidcay durante la Huelga. Los dos líderes habían sido
los peones de un hacendado rico que también era el Teniente Político de la
comunidad. Ahora este hacendado, el 'célebre azote
J
como lo llamó El Obrero
Azuayo, había retornado a Sidcay con un grupo de hombres armados. Bajo
circunstancias desconocidas mataron a los dos indígenas. El Aurora informó
que había ocurrido 'en un encuentro habido entre una facción de indios y otra
de blancos'.63 Otros diarios dieron otra versión. Según ellos los dos hombres
fueron 'cobardemente' asesinados 'con tiros de revolver' durante la noche por
60. El Obrero.AZ'uayo, 1, 9, 3().1-1921¡ 'El pueblo frente al hambre'.
61. Por ejemplo: Canas del Gobernador al Intendente General de Policía, 22-12 y 27-12-1920,
en: AGA, libro 158. ,
62. La Alianza Ohrrml, XVI, 805-25-4-1921;'1.05 Indios',
63, La Aurora, 11, 18, 24-3-1921; 'I..evantamiento de los indios',
64
el Teniente POll.tiCO del lugar, ayudado por otras personas. El acusado había
admitido el asesinato explicando que 'aquel procedimiento suyo obedecía a que
aquellos indígenas victimados habían sido los cabecillas de las rebeliones'.64EI
asunto era aún más grave porque el crimen fue cometido con armas del Estado
'que los moradores de este lugar, creen fueron suministrados de Cuenca'.
Los documentos disponibles en este mOmento no permiten conocer el
transcurso exacto de los sucesos. Lo que sí se puede confrrmar es que los cam-
pesinos de la zona estaban seguros de que los asesinatos fueron premeditados
y hechos con el apoyo de las autoridades provinciales de Cuenca. Con motivo,
de este incidente el descontento latente de la población rural explotó de nuevo.
Sidcay volvió a ser teatro de rebeldía y provocación. El Teniente Político de este
lugar reportó a la Corte Superior de Justicia en Cuenca:
El día domingo tres del presente mes (abril 1921; MB), fueron atacados por los de
la huelga varias casas de la parroquia de mi jurisdicción, destruidas estas, encendidas
las cosas que estaban en estas; y en especial han quemado el archivo del Juez
Parroquial primero (. .. ) y el del suscrito.
65
El levantamiento resurgió con fuerza. Algunos días después de los sucesos
en Sidcay, las autoridades judiciales en Cuenca fueron informadas de que las
parroquias Sidcay, Sinicay y Checa 'por motines y levantamientos de indios se
hallan completamente anarquizadas'.66 De nuevo, las autoridades tenían que
enfrentarse con 'el espíritu anárquico que desde hace algunos meses reina entre
los indígenas'.67.
Parece que ahora el gobierno estaba decidido a actuar de manera drástica
y reprimir todos los actos de rebelión de una vez. Las autoridades provinciales
mandaron el día 11 de abril una escolta de treinta 'celadores'. Debían 'recorrer
las parroquias sublevadas, iniciando los juicios respectivos y capturados los
promotores y más que resulten culpables '.68 Pero ya al día siguiente pidieron
del 'Estado Mayor General del Ejército' ayuda militar 'para restablecer el orden
y capturar a los responsables'.69 Los líderes de los sublevados fueron identifi-
cados y algunos de ellos capturados.
64. El Ohn!ro Azua}\?, 1, 18, 1M-1921 'Lo que sucede en Sidcay' ·conviene notar las
circunstancias de haber sido cometidos de noche, OJando las víctimas se habían abandonado al
sueño, al abrigo de sus chozas". las citas se pueden encontrar en: La Alianza Obrem, XVI, 805-
28-4-1921 j 'Los indios'.
65. Carta de la Tenencia política de Sidcay, 6-4-1921, en: Archivos de la Corte Superior de
Justicia (CS)).
66. Carta de la Judicatura la de Letras, 12-4-1921, en: CS).
67. Carta del Ministro del Interior al Presidente de la Corte de Justicia, Cuenca, 7-4-1921, en:
CS).
68. Carta del Gobernador al Juez de la de Letras Y Comisario Nacional, 11-4-1921, en: CS).
69. Carta de la Jefatura de la 4a. Zona Militar, 12-4-1921, en: CS).
65
La Alianza Obrera, un diario que muchas veces había pedido comprensión
para las quejas de la población campesina, expresó la esperanza de que estas
medidas por fin podrían poner término al conflicto 'que desde ahora catorce me-
ses agrava la situación de esta provincia, y del que huelgan comentarios inspira-
dos por esa obsesión de partido que mina entre nosotros toda esperanza de
enderezamiento hacia la civilización y la cultura'. Así que los sectores que más
simpatizaban con el movimiento indígena también observaban con angustia la
situación. No está claro si las denuncias de manipulaciones políticas fueron
creídas o solamente usadas como un pretexto para disculpar el cambio de
opinión. En todo caso enfatizó otra vez la brecha insuperable entre la sociedad
urbana yel mundo del campo. Esta brecha era el obstáculo más grande para una
solución definitiva del descontento del campesinado. Sería la causa de otros
tantos levantamientos en las provincias de Azuay y Cañar durante los años
veinte.
CoNCLUSION
¿Qué nos puede enseñar la huelga de los indígenas que hemos descrito en
las páginas anteriores? De qué manera suscita nociones y conceptos que pueden
ayudarnos a lograr una mejor comprensión de la historia de la provincia de
Azuay y de la sociedad agraria ecuatoriana en general? Creo que la huelga es
interesante en varios aspectos.
En primer lugar, muestra que también en el Ecuador -igual como en los otros
países andinos- el proyecto liberal del estado decimonónico provocó conside-
rables cambios en la sociedad rural que, en última instancia condujo a protestas
colectivas de la población campesino/indígena. No sabemos mucho sobre la
resistencia campesina en el Ecuador durante la primera mitad del siglo XX. Una
mayor información podría facilitarnos una perspectiva comparativa. Nuestro
conocimiento sobre similares movimientos de protesta en los otros países
andinos ha avanzado mucho. La resist«;!ncia de la población campesino/indí-
gena andina contra el deterioro de sus condiciones de vida parece haber sido
particularmente aguda en los años 1910-1930. pero los historiadores no están
de acuerdo sobre las causas de este ciclo. Se ha mencionado el rompimiento del
'pacto de reciprocidad' de parte del estado (Platt), la fuerza de una memoria
colectiva que busca el restablecimiento del imperio incaico (Rivera), las presio-
nes de la econofiÚa de mercado (Contreras), y las haciendas expansivas (Flores-
Galindo). Más que opiniones contrapuestas, estas explicaciones distintas pare-
cen indicar el peso variable de las drcunstandas locales. Dentro de un contexto
de procesos comunes en los países andinos -de los cuales la influenda credente
de la econofiÚa mundial y la intervención del EStado liberal son los más impor-
tantes- los movimientos rurales adoptaron caras distintas.
66
La interrogante mis importante del movimiento aquí descrito se refiere a su
composición social. A base de la correspondencia estatal fácilmente uno se crea
la imagen de un levantamiento protagonizado por una población rural homo-
génea. Sin embargo, su larga duración puede sugerir que la Huelga fue apoyada
por diversos estratos sociales. Los contemporáneos generalmente hablan sobre
la huelga o el levantamiento de los 'indígenas' o 'indios' y campesinos'. Algunas
veces los términos 'indios' y 'campesinos' usados alternativamente. Otras
veces se usan ambos. El Intendente General de Policía, por ejemplo, informó
al Gobernador que 'pandillas de indios y campesinos armados' merodeaban por
los campos. 70 Significaba que los parceleros mestizos y blancos también se
adhirieron a ella. En todo caso es muy dificil entre los dos grupos, de
ahí que se haya adoptado en este artículo, la idea de población campesino/
indígena. Esto no quiere decir que el concepto 'indígena' no tenga valor analí-
tico. Fue una importante categoría en la ideología del período. La política estatal
y la práctica de esta política en un nivel local se basaron en esta categoría. En
ese sentido fue, por lo tanto, una realidad, pero una realidad construida y por
lo mismo cambiante. El término 'indígena' en el medio azuayo parece referirse
más a la clase social de campesinos que a un grupo étnico determinado. Por
consiguiente, es probable que la huelga de los 'indígenas' debe ser considerada
tanto un movimiento étnico, como un levantamiento social campesino. Esta
hipótesis está también sugerida por la geografia de la insurrección. El centro del
descontento se ubicaba al norte y este de Cuenca. llegó hasta Azogues y Biblián
en el norte y hasta Paute y Sigsig en el este, pero también se reportaron disturbios
desde Nabón y Girón en el sur de la Provincia. Estas regiones no se caracteri-
zaban por una espeáfica composición étnica, pero sí fueron áreas minifundistas
y artesanales firmemente vinculadas al mercado ..
También en otro sentido el movimiento no parece haber sido homogéneo.
Los más grandes terratenientes no se opusieron claramente al movimiento. No
sería demasiado aventurado sugerir que algunos inclusive lo apoyaron de una
manera más activa. Ellos también estaban afectados por los rurales
y se sentían descontentos con la intervención,estatal. Probablemente, también
tenían miedo a convertirse en blancos del movimiento. Como hemos visto, exis-
tieron algunos ejemplos de este tipo de confrontaciones, cuando los peones de
haciendas se afiliaron al levantamiento. Es probable que una parte del apoyo
(pasivo) de la clase terrateniente se pueda explicar además por motivos polí-
ticos. Por eso la ayuda al movimiento se extendió hacia algunos sectores urba-
nos. El uso del término 'huelga' también puede indicar la influencia·de algunos
sectores urbanos que posiblemente prestaron ese término proveniente de la
70. Carta citada en carta del Gobernador al Coronel Jefe de la cuarta zona militar, 22-5-1920,
en: AGA, libro 154.
67
literatura socialista que empezó a difundir en el país en esta época. 71 Para escla-
recer este aspecto del movimiento hace falta mucho trabajo histórico. Andrés
Guerrero sugiere que la prolongación del estado de agitación y la dificultad de
reprimirla se podría explicar por esta 'velada relación entre indios, campesinos
blancos mestizos pobres y gente del pueblo (blanca mestiza), todos ligados
contradictoriamente contra el estado.'72
Precisamente, la característica más notable del movimiento fue que se
dirigió, salvo algunas excepciones, exclusivamente contra el Estado. La causa
directa de la huelga era un nuevo impuesto (o por lo menos: los rumores de él)
que afectaría a los pequeños productores. Se puede apreciar, entonces a la
sublevación como una protesta contra un estado parasitarío. Es evidente que
este elemento jugaba algún papel. La práctica de la Ínterv'enCÍón estatal en la
sociedad rural se caracterizaba por un rígido autoritarismo y una insensibilidad
para las condiciones de vida de la población rural. Mientras en teoría se había
abolido el concertaje, el Estado continuó pidiendo trabajo forzado para ejecutar
sus ambiciosos planes de desarrollar el país y de mejorar su infraestructura.
También en otros niveles de la vida, la población rural sentía cada día más la
creciente presencia del Estado.·
Sin embargo, eso no lo explica todo. Los impuestos no son necesariamente
predatorios. Mientras el Estado logre mantener la semblanza de reciprocidad y
la población se vea recompensada por sus tributos, la rebelión es improbable.
Sin embargo, cuando el Estado quiere cambiar o reconsiderar el peso de los
impuestos existe un alto potencial de conflicto. Más aún si los cambios son con-
siderados injustos. Esta situación se presentó en 1920. Después de una serie de
nuevos gravámenes en los años 1918 y 1919, los impuestos para las festividades
del Centenario fueron demasiado. Esa nueva demanda del Estado era inacep-
table para la población rural ya azotada por algunas cosechas malas. Es probable
de otro lado, que la finalidad de los impuestos ha ya jugado algún pa pe 1. En Perú,
las festividades de la Independencia en 1921 también fueron recibidas con
revueltas indígenas.
73
Además la retórica en favor de la 'raza indígena' durante
los gobiernos liberales había cambiado la manera de pensar dentro de la
población campesino/indígena sobre su propia posición social. Las ideas sobre
la igualdad de todos los ciudadanos, la justicia social etc .. le ayudaban a formular
sus protestas y le hacían más combativa frente a la élite política.
Un factor de gran importancia pudo haber sido que en la región de Azua y
no existiera una clase fuerte de grandes terratenientes. Las grandes haciendas
que tenían una posición tan dominante en la sierra norte del país, eran casi
71. Puede ser que el término se difundió por los periódicos, por ejemplo durante la huelga
de los operarios de sastrerías en Quito en 1918.
72. Comunicación personal.
73. Flores Galindo, Buscando un Inca, 315/6.
68
inexistentes en el sur. En este sentido el trabajo de Andrés Guerrero sobre la
sociedad rural en el norte del país es muy pertinente.
7
" Su análisis enfatiza la
ausencia de resistencia abierta en las regiones norteñas dominadas por las
haciendas. Muestra cómo la hegemonía de las haciendas era tan grande que la
resistencia de los conciertos -que ciertamente existía- se expresó de maneras
sutiles y escondidas. Señala además que exisUan muchos intereses mutuos entre
los hacendados y 'sus' indígenas. Las dos partes trataron de proteger los intere-
ses, lo que significaba, en fin de cuentas, la reproducqón del sistema de hacien-
da. La autonomía de la hacienda era prácticamente total, yel hacendado tenía
un poder casi soberano sobre sus conciertos. El contrapeso de las haciendas
frente al Estado no existía en Azuay. Resulta interesante preguntarse si esa situa-
ción facilitó una intervención estatal mucho más directa en la sociedad rural de
la región, provocando así la reacción violenta que hemos estudiado.
En todo caso, la incapacidad de las autoridades también puede servir como
explicación para la prolongación y la intensidad de la sublevación. Parece que
la población rural no buscó la confrontación directa. Inicialmente solo quería
descubrir su caso ante la autoridad estatal a fin de restablecer el status quo
anteriOr. La 'invasión' de la ciudad, con la cual empezó el movimiento no fue
más que un esfuerzo de abogar por su posición y hacer que las autoridades
provinciales, y sobre todo el Gobernador, cambiaran de idea. El temor y la
alarma dentro de la población urbana y las autoridades muestra, ante todo, los
prejuicios urbanos contra la población rural y contra 'la raza indígena'. Es
probable que la huelga se hubiera sofocado rápidamente cuando en los
primeros momentos el Gobernador al recibir una delegación de los huelguistas
hubiera decretado la prórroga de los odiados impuestos. Cuando por fin decidió
retirarlos, fue ya demasiado tarde. Como comentaba El Obrero Azuayo en 1921:
Entonces, faltó un verdadero gobernante, que, asumiendo la responsabilidad que
pudiese sobrevenirle, suspendiese la ley, que, a causa del estado y modo de ser de
los habitantes del campo, encontraba una formal resistencia, que luego se trocó en
reclamación y expresión de agravios bastante justa y atendible ... Por desgracia una
política nula, una acción gubernativa d e ~ u i d a d a y rutinaria dio margen a que todo
ello degenerase en anarquía y rebelión."
El diario expresó que la ignorancia por parte del Estado de las condiciones
en el campo, había conducido· a una reacción incompetente frente a las
protestas. Cuando la Gobernación no podía resolver los problemas, la cólera de
los levantados, se dirigía contra las autoridades rurales y contra los símbolos de
74. Andrés Guerrero, Lt:I semánlic4IdIlla dominación. El conamaje de indios, Quito, Ediciones
Libri MundilEnrique Grosse-Luemem, 1991.
75. El Olmlro AZIUI)'O, J, 15, 20-,..1921 i 'Los levantamientos'.
69
la autoridad estatal en el campo.
En esta confrontación entre población rural y el Estado el papel de los Te-
nientes Políticos es interesante. Fueron los representantes más cercanos de la
autoridad estatal. No es una ,coincidencia que con la continuación del levan-
tamienlO se convirtieran en los blancos del levantamiento. La ausencia de una
protección armada les hacía vulnerables frente a las protestas colectivas de la
población. ·Muchos fueron expulsados de las comunidades. Un Teniente
Político fue forzado a leer públicamente documentos oficiales favorables para
la población indígena, Las protestas contra el nuevo impuesto rápidamente se
transformaron en proteslas más generales. Como escribió un observador en
Sidcay:
Los indígenas cansados de soJX)nar la desaJX>derada opresión que en ellos ejercen
los Tenientes Políticos, que no solo les obligan a trabajos forzados, les sustraen sus
bienes so pretexto de indemnizarles de multas, sino que también raptan a sus hijos
menores, valiéndose de medios al parecer legales, y los consignan en calidad de
sirvientes domésticos en casasde sus autoridades superiores (. .,), pidieron que se
les mandase esos funcionarios abusivos. Desatendido el reclamo, apelaron los
infelices al último extremo: la rebelión. Invadieron la habitación de Tenientes
Políticos, quienes con sus familias se pusieron en fuga; y los vecindarios veían con
gusto el ostracismo voluntario de sus opresores?6
Esta cita no deja dudas sobre las quejas dentro la población rural acerca de
los Tenientes Políticos. No obstante, parece esconder una realidad compleja. La
pregunta clave es: ¿quienes fueron estos Tenientes en los campos de Cuenca y
Cañar? ¿Siempre fueron reclutados entre las clases blanco-mestizas o también
provinieron de la población indígena? Hasta ahora no podemos contestar esas
preguntas. Es evidente que la autoridad indígena se había erosionado rápida-
mente en el siglo XIX, probablemente con más fuerza en el sur del país donde
la población mestiza era relativamente grande. Sin embargo, siguió funcionando
el llamado Cabildo Pequeño y el Gobernador de Indígenas.
77
Los funcionarios
estatales se vieron en la necesidad de adaptarse a las ideas de justicia y a los
sistemas de organización indígena, a los que Andrés Guerrero ha llamado: la ley
de la costumbre. Por lo tanto, se puede decir que las autoridades rurales
pertenecían a una población liminal, constituida por ejemplo, por blancos
quichuahablantes, o por indígenas, bajo el dominio de normas legales y políticas
del Estado republicano. 78 Sin embargo hasta el fin de siglo la presión ejercida
76. La Alianza Obrera, XVI, 805, 28-4-1921; 'Los indios'.
n. Véase por ejemplo: Moscoso, M Comunidad, autoridad indígena y poder republicano".
También: Palomeque, "Estado y comunidad",
78, Guerrero, "Curaga5 y tenientes políticos".
70
por el Estado sobre la jerarquía indígena aument6. Si no cumplían las tareas que
les correspondía se los despedía. Con el fortalecimiento del control estatal sobre
sus representantes, la autonomía y la libertad de acci6n de la jerarquía indígena
fue declinando. Podría ser muy interesante investigar si algunos de los cabecillas
de la sublevaci6n vinieron de esa clase de dirigentes tradicionales.
Otra cuesti6n clave es por qué los Tenientes Políticos se convirtieron desde
el principio en blanco principal de la huelga. Esta pregunta queda por contestar.
Aquí solamente se pueden presentar algunas hipótesis. Es muy probable que
el papel burocrático de los representantes del Estado en la sociedad rural haya
aumentado en el siglo XX. Pudo ser inclusive que fuera acelerado por la política
liberal después de 1895. No sería aventurado sugerir que en este proceso las
autoridades rurales perdieron su posición de intermediarios entre dos sistemas
étnicos y politicos y se volvieron simples representantes de un Estado que exigía
de la poblaci6n rural cada día más contribudones fmanderas y personales. Este
proceso debe haber sido intensificado durante la crisis econ6mica después de
1918. Pero aquí no se agota la cuestión. Será necesario adquirir mayor informa-
dón sobre la posid6n local de los Tenientes. No sería improbable que muchos
de ellos ejerderan un papel dominante en la comerdalizad6n de los productos
rurales. Dados los fuertes vínculos con el mercado de los pueblos que se afilia-
ron a la huelga, esto resulta aún más probable. Así, los Tenientes Políticos no
solamente representaban al Estado en los pueblos, sino también a las fuerzas
del mercado. En tal caso,la confrontadón de la pobladón rural con los Tenien-
tes Políticos podría ser interpretada como un esfuerzo por romper tanto su
autoridad política, como su monopolio comerdal.
FUENTES
Este artículo se basa fundamentalmente en los documentos que se encuen-
tran en una pequeña sala de la Gobernación de Azuay en Cuenca (AGA). En ella
se guarda algunos libros de correspondenda de la Gobernación. Los docu-
mentos para el período anterior a 1900 se encuentran en el Archivo Nadonal
de Historia, Sección de Azuay (ANH/C). Los libros de la Gobernación fueron
catalogados simultáneamente con los documentos de este Archivo. Las referen-
cias en las notas se refieren al sistema empleado.
Otra fuente para los sucesos se encuentra en el Archivo de la Corte Superior
de ]ustida de Cuenca (CS]). La Corte tiene una pequeña colección de libros de
correspondencia que se puede investigar sistemáticamente. Además posee una
sala que atesora muchos documentos que desafortunadamente no han sido
catalogados. Por último, han sido una fuente importante los periódicos contem-
poráneos. La mejor colección se encuentra en la hemeroteca 'Alfonso Andrade
Chiriboga I del Banco Central en Cuenca.
ANEXO
LA HUELGA DEL INDIO
Alfonso Andrade eh.
Púes, señor sigue, la suma,
juraron hacer su Abril
en la tierra de don Gil
los hijos de Motezuma;
que el impuesto les abruma,
que la minga es el azote;
y el dogal, en el gañote
la multa que el juez les saca
rematándoles la vaca,
despechándoles sin mote.
Juran que es el mismo infierno
conducir el material
a la obra municipal,
al proyecto del Gobierno,
al ferrocarril eterno,
a los parientes y ahijados
de todos los empleados,
con tan miserables pagas,
como grandes son las llagas
de sus lomos allagados.
y la innúmera manada,
abigarrada, ondulante
deja sentir su punzante
olor a lana mojada.
Del mar parece la oleada:
es tanta su inmensidad.
No sabe la autoridad
qué hacer del bolchiviquismo
de estos parias del civismo
que avanzan a la ci udad.
y los pacificadores
se devuelven engañados;
con malojo los empleados
ven a los conservadores
"Uegan los indios, señores, n
un alegre grupo exclama,
y el atranca - puertas brama,
reina silencio de horror:
tanto es cierto que el pavor
contagia como la llama ...
Llega la fusileria
frente a i;JS mdlos, no hay duda,
será la refriega ruda
atroz la carnicería;
el jefe, con voz sombría,
desenvainando la espada
dice endiendo la manada,
"retirárse') o los rechazo,
los Indios no dan traspaso,
estoicos, ni dicen nada.
Atención, apunten, fuego ...
tronó en el pampa y el monte;
humo cubrió el horizonte,
doquier el desaSOSiego;
mas el humo se fue luégo,
del eco se fue el ruido,
el fogonazo, el chasquido,
todo desapareció;
y los indios? ellos, nó
ni uno solo se ha movido.
En conflicto tan extraño
alarmado el Intendente
se acerca al bloc insurgente
y les dice: Ningún daño
se os hara, si algún engaño
alarmante, os ha traido,
decid: a qué habeis venido;
que alguno se deje oir:
hemos venido a morir,
dijo el tumulto reunido.
Salta el quichua, y encarado
con la autoridad, exclama,
con los ojos hechos llama,
yal hombro el poncho terciado:
Amu siur, hay pagado
il jondo de uno por mel;
fondo de
jondo de eletrecedad;
caracho, y temeredad,
que cobra taita alguaceJ.
il
72
Año intiro con m ~
acarreto de IadrelJos
J
todo huevos y queselJos
J
de ama tininta ha di serj
ya no si puide s u g ~
islas juchas añu intiro
no hay un coy en el coyero,
la ovija qui tave acolla
J
uendi por pagar la molta.
lvinaya mi taita Aljuerol
Malayaj juiros cristianos
J
qui cbaspasti en día claro,
como cachi a taita Aljuaro
achagnando pies y manos,
malaya, pulimas tiranos,
toviste tanta pechuga ...
y el pobre mitayo enjuga,
con la punta del guanaco,
su rostro enpolvado y flaco,
que el hondo pesar arruga.
Amo Entendenco, siñor,
Alau
J
dice el runa y sigue:
taita alguacel nos persigue
ya no tinimos valor.
En la choza el mididor
chapa todo, hasta el subirno,
tasa el simintira en timo,
il árbol di capoIés,
cuiJta mis longos dispuésJ
y dece: ono es di gobirno.
Qui ti vas hacer un juista
dun Cintinario, pues toma:
el runa paga la cboma
y al chomado no le cuista ...
Ay, amo sior, contista
J
si es que un chulla calé vimos
pOr loz que al hombro truftmos.
y pague loz el zupenco.
y por Jonta delJomenco
del tiniente perseguidos,
alau, estamos jondidos
amo, siñor Entendenco.
Al elocuente orador
aplaude la chusma ingente
y cuando habla el Intendente
le escucha sin un rumor.
Luégo avanza al rededor
del soldado, en nube espesa,
del soldado que regresa
si no vencido, a lo menos
llevando los ojos llenos
de lágrimas .y tristeza ...
Publicado por primera vez en: La Alianza Obrera, XV, 749, 1-4-1920.
PROCESoS, ReYÍSta Ecuatonana de Historia. No. 4,
© 1993. Corporación Editora Cltlo.
EN BUSCA DE lA UBERTAD:
LOS ESFUERZOS DE LOS ESCLAVOS GU.AYAQUILEÑOS
POR GARANTIZAR SU INDEPENDENCIA
DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA
Camila Townsend*
En 1825. Alejandro Campusano todavía se acordaba del día en que salió de
la casa de su amo: " ... Llegó a mis Oídos la dulce voz de la Pauia y deseandc
yo ser uno de sus soldados tanto por sacudir el yugo de la 0piesión Générai
como por liberarme de la esclavitud en que n:e Üad4ba, ,:orrí ve:,;z a
presentarme a las tropas libertadoras ... ' í Ya en eSte negrG, ',iv;endv libre
en la ciudad de Guayaquil, tuvo que defender en la cone que h.abh
ganado luchando por la Patria. Entre tanto, María Manuela A.w:::ta, una esciava
en la casa de José Garostiza, consiguió su libertad y la de sus hiJus de otra
manera. Vicente Mata, dueño de una tienda en la planta baja de la casa de la
madre de Garostiza, se había enamorado de ella y ambos mantenían relaciones.
María Manuela se hizo muy amiga de la hermana de Vicente, quien compró la
esclava para su hermano, con la condición de que recibiera su libertad cuando
Vicente muriera o cuando la misma Manuela se casara con otro. Vicente nunca
habló de esta última posibilidad, y aunque tampoco admitió que los dos hijos
de Manuela eran suyos, siempre los trató como si lo fueran. Manuela no se casó
y recibió su libertad cuando murió su dueño.2
En los años de independencia -Guayaquil se liberó en 1820, la Gran
Colombia se formó en 1822, y la República del Ecuador se declaró en 1830-la
gente común de la ciudad, incluso el sector de esclavos, no experimentó ningún
cambio revolucionario, pero es poco probable que nada importante sucediera
en sus vidas. Para los esclavos, especialmente, su futuro estaba en un proceso
de transformación muy significativo. Y ellos mismos participaban de manera
muy activa en dicha transformación. Al parecer, todos, casi sin excepción,
• Candidata doctoral Rutgers University, Depanamento de Historia
l. Archivo Histórico del Guayas (AHG), Banco Central de Guayaquil, Documento No. 5996.
2. AHG, documento No. 769.
74
deseaban más que nunca conseguir su libertad. Pero la mayoria no declaró la
guerra contra la sociedad blanca, buscó ventajas y posibilidades en cualquier
situación que se presentara.
En ese periodo, según las estadísticas que tenemos, los esclavos constituían
aproximadamente el 8% de la población de la ciudad de Guayaquil. Pero en el
centro, donde vivía la gente blanca acaudalada, la concentración era mayor. Por
ejemplo, en 1832, en la parroquia de la Matriz, más de 300 (10%) de los 3.000
personas eran esclavos todavía. En las manzanas de la parroquia cerca del male-
cón, el 24% de los residentes eran esclavos, pero hacia la sabaria de la misma
parroquia, solamente el 40/0 sufrían el sistema de servidumbre. En las demás
manzánas de la parroquia, entre los dos extremos, los esclavos conformaban
aproximadamente un 8%, de acuerdo con el promedio general de la ciudad.
La vida era muy diferente para los esclavos en los diversos sectores de la
urbe. En la manzana más elegante, la de la familia Elizalde, por ejemplo, una
de cada cuatro personas era esclavo, y en ese sentido un esclavo no se sentía
tan aislado, aunque estuviera rodeado de gente que por lo general ignoraba
hasta los nombres de los criados del vecindario.
4
Más allá del malecón vivía un
mayor número de gente de color, pero no esclava. Los padrones demuestran
que en las manzanas pobladas por zapateros, hojalateros, y otros artesanos,
existían pocos esclavos. Para ellos, la vida era una dura tarea, pues, en general,
un esclavo era el único sirviente de su amo. Damiana Mesa, por ejemplo tenía
que "cargar lavar, cocinar, etc, .... como que es la única criada que tiene
el precitado Leon ... " O en otro caso: "Es notorio que en el espacio de quatro
años, no ha tendio el a otra cocinera, otra lavandera, (. .. ) y lo que es mas que
todo, otra concubina".s Un esclavo no ignoraba que los ingresos y bienes de su
dueño existían también gracias a sus esfuerzos. En ese sentido, es ilustrativo el
caso de un individuo que murió en 1823, dejando 600 pesos en propiedades,
de los cuales 550 provenían del valor de una esclava y sus dos hijoS.6
. Los esclavos ansiaban integrarse a la comunidad libre de gente de color, que
presentaba una variedad de tipos. Existía una comunidad de pardos (negros y
mulatos libres): "El estuvo ... en un fandango que había en el cuarto de una casa
frente a la Astillería donde no vio ,mas que a unos Pardos".7Por lo general este
3. Mic.hael Hamerly nos da la estadística de 7,7% para el año de 1825 en la de Guayaquil.
Historia $tXial Y tlIlla anlígua tlIl Guayaquil, 1763-1842, Guayaquil, Banco
CenuaI. de EOJador, 1987, p. 92. En los padrones de 1832 que se encuentran en el archivo de la
Biblioteca Municipal de Guayaquil aparecen detalles maravillosos lObee la parroquia de la Matriz.
Se puede contar cada residente de cada manzana.
4. En los documentos de la con.e, un blanco comúnmente puede identificar a un esclavo como
al criado de un vecino, pero sin poder proporcionar su nombre.
5. AHG, documentos No. n6 y No. 6237. .
6. AHG, documento No. 608.
7. AHG, docu.mento No. 6222.
75
grupo no formaba una comunidad distinta, sino que integraba un mundo más
amplio de gente de color. Los testimonios de los documentos de la Escribanía
hablan de negros y mulatos (o de "pardos" si eran libres), de indios y mestizos.
Pero la palabra que aparece con mayor frecuencia es ZAMBO, términ<? que
técnicamente designaba él producto de la unión de indio y negro, pero que se
usaba también para los hijos de mestizos y ,mulatos. En 1779, los mulato?
constituían el grupo más grande de Guayaquil, seguido de los blancos, los
negros y finalmente los mestizos.
8
Pero ya para los años de 1830 existían más
mestizos y zambos que pardos puros.
9
A veces los casamientos mismos provo-
caron esta transformación: "Don Alejo de Silva, samba libre natural del Puerto
de Paita y residente en esta [ciudad], .. y Martina Flores mestiza natural de la de
Puertoviejo ... libres por casar sin ningún impedimento que embaraza el ma-
trimonio .. ," se presentaron en la Iglesia en 1827.
1o
En otras ocasiones, nacieron
hijos de uniones menos formales. En 1823, por ejemplo, la blanca María Haro
puso un pleito contra Narciso Flores, un zambo zapatero, con quien aparente-
mente había tenido una relación que no quería admitir.
Después de la independencia, se suponía que todos los esclavos pasarían
a integrar el grupo de gente libre de color. Aunque esto no debía constituir un
resultado automático de la independencia, al menos las nuevas leyes lo suge-
rían. En el período independiente de Guayaquil entre 1820 y 1822, se aprobaron
leyes que prohibían importar un solo esclavo más, y que establecían que los
futuros hijos de madres esclavas serían libres si trabajaban para su amo hasta
la edad de 18 años. Las leyes de la Gran Colombia estipulaban lo mismo, pero
nada cambió cuando la provincia de Guayas se integró a la Gran Colombia en
1822. También, según las leyes de Colombia de 1821, se decretó la fundación
de un fondo de manumisión, constituido por un impuesto sobre las herencias.
1l
8. La mayor parte de jefes de familias libres de sangre africana eran mulatos en aquel tiempo,
lo que no significaba que todos los padres blancos liberaran a sus hijos mulatos, puesto que en
1846 existían todavía casi 5.000 "mulatos esclavos" en la provincia. Julio Tobar Donoso, "La
abolici6n de la esclavitud en el Ecuador", Boletín de la Academia Nacional de Historia, Quito,
enero-junio 1959. Véase también Fernando Jurado Noboa, -Demograita y trascendencia del grupo
africano en el Guayaquil de 1738", en El Negro en la Historia, Rafael Savoia, coordinador, Centro
Cultural Afro-Ecuatodano, 1990.
9. Michael Hamerly (op. cit.) demuestra que este cambio sucedió en toda la región, y las
observaciones de los viajeros indican lo mismo. W.B. Stevenson, quien viajó antes de la
independencia, señal6: -The inhabitants are composed of all the different classes which are found
in the various towns of South America, but there i.s an excess of mulattos". Mientras Adrian Terry
y Joaquin de Avendaño, que viajaron en las décadas de 1830 y 1850, comentaron que existían
muchos mestizos y zambos.
10. AHG, documento No. 500 (un papelito incluido que no tiene que ver con el resto del docu-
mento). .
11. Julio Tobar Donoso (op. cit.) Mariano Fazio Femández, Ideología de la Emancipación
guayaquileña, Guayaquil, Banco Central del Ecuador 1987, pp. 105-115. '
76
• Algunos "amos" de Guayaquil, pensaron en 1823 que una ley aún más drástica
se anunciaba e hicieron esfuerzos para vender sus esclavos, "temiendo los
titulados amos que en breve se pronuncie el Decreto de la Libertad. "12
No pretendemos insinuar que el lenguaje de la libertad haya sensibili2ado
a los Patriotas dueños de esclavos. En general ellos no pretendían liberarlos.
Pero sí surgió en la mente colectiva un cierto grado de desconcierto. Al
Procurador General, que defendió a los esclavos en sus pleitos legales, le
complacía recordar a la gente que los españoles derrotados habían introducido
la esclavitud al Nuevo Mundo. Hablaba de "los infelices de dicha clase [de
esclavos] cuya libertad fue arrebatada tan bárbaramente por los Españoles".13
Súbitamente se tornó muy importante para los dueños evitar aparecer como
unos tiranos. Cuando el Procurador General se refirió a los "caprichos" de cierto
amo, éste se defendió, aduciendo que en realidad él era benévolo como amo,
y no caprichoso o tiránico como los Españoles.
14
Cuando el hacendado José
Segarra llegó a la ciudad para depositar en el hospital a un esclavo bru talmente
golpeado, dijo que había tenido que castigarlo por un delito horrible. Contó una
historia increíble acerca de que el esclavo Bacilio había intentado matarlo
mientras viajaba en canoa, enfrascándose ambos en una lucha feroz que por
poco hizo voltear el barquito. Bacilio murió en el hospital, y los oficiales
arrestaron a Segarra luego de escuchar los testimonios del resto de esclavos. Sin
embargo, aunque la sociedad blanca sentía algo de desconcierto, casi nadie
estaqa listo para cambiar sus principios básicos, y cuando varias personas
importantes hablaron en favor de Segarra, lo dejaron salir sin más castigos.1
5
También existían otras razones para advertir ciertas mejoras en la situación
de los esclavos: en este período de guerra civil y revolución creció el temor de
los blancos a una sublevación esclava. En su defensa, el mismo Segarra, para
convencer a la corte que Bacilio era un mal individuo denunció un "partido que
tenía formado [su esclavo] con otros de su clase y facción". En 1823, cuando un
blanco llamado Francisco Cara fue acusado de haber dicho "que se caga en la
Patria" y que "mejor era el Gobierno del Rey", el acto fue considerado
doblemente criminal por cuanto esas frases las había dirigido a los esclavos que
se compraban frente al edificio del Gobierno.
16
De forma aún más amenazante,
en 1831 (después del famoso sublevamiento de "Nat Turner" en los Estados
Unidos), alguien denunció a los ciudadanos Francisco Paredes y Bernardo
Villamar por haber pronunciado "palabras subversivas contra la clase de blan-
cos" en una fiesta de bautizo en la casa del pardo Juan José Bolon-
12. AHG, documento No. 1546, p. 11.
13. Ibid, p. 11. También AHG, documento No. 698, p. 10.
14. AHG, documento No. 6237.
15. AHG, documento No. 6219.
16. AHG, documento No. 609.
77
queso Al final solo se pudo probar que se habían entonado unas "canciones
cómicas"Y
En realidad la esclavitud no se extinguía. En 1828, Simón Bolívar tuvo que
decretar la misma ley sobre el Banco de Manumisión, porque no funcionaba en
varias localidades. En 1830, cuando una esclava puso un pleito en Guayaquil,
el gobernador Olmedo no habló de su libertad, sino de un esfuerzo de "hacerla
menos infeliz en su condición". 18
La práctica de vender y comprar a otros seres humanos continuó, aunque
es cierto que la eliminación legal de importaciones tuvo algún efecto. En 1821,
el comerciante José Maruri llegó a la ciudad con un grupo grande de esclavos
procedentes del Chocó. Insistió que ignoraba la nueva ley, y que ya era
demasiado tarde en su caso, puesto que había vendido varios de los morenos
a diversos clientes de buena fe. La corte ordenó que si en un lapso de 30 días
no sacaba de la provincia al reslQ de esclavos que quedaban por vender lOdos
quedarían libres. También debía entregar al gobierno un cuarto de las ventas. 19
El negocio interno, sin embargo, continuaba entre vecinos y conocidos. A
veces aparecían avisos como el siguiente en el periódico: "Se vende un esclavo
de buenas costumbres, ejercitado en servicios de campo. La persona que
quisiese comprarlo puede venir a esta oficina ... "20 Pero estos anuncios eran muy
raros comparados con otras formas de venta de esclavos. Don Vicente Roca, por
ejemplo, vendió, sin intermediarios, la esclava María Josefa Carbo a la señora
Micaela Llana, esposa del General Castillo, bien conocido por la familia Roca.
En el lapso de tres años, entre 1827 y 1829, esta pobre María Josefa pasó de mano
en mano a través de una cadena de seis dueños más.
21
Cuando terminaron las
importaciones, el gobierno del Guayaquil independiente también limitó el
precio de venta de un esclavo al precio que el dueño había pagado, para
prevenir las especulaciones en el mercado de esclavos raros y preciosos. (Si un
esclavo nacía en casa del amo no podía ser vendido por más de 300 pesos). Por
eso, cada esclavo se vendía con la lista legalizada de sus dueños anteriores y
de la cantidad de dinero pagado en cada venta. Antes de la publicación de la
nueva ley, una mujer joven y sana valía más o menos 325 pesos (un poco más
si era muy bonita y el comprador pensaba en usarla como concubina). Con la
nueva ley, una mujer bien parecida, con una criatura (que era libre, pero debía
trabajar p ~ r a el amo de su madre hasta la edad de 18 años) todavía costaba
solamente 325 pesos.22Comprar un esclavo ya no era una inversión: se suponía
17. Archivo de la Biblioteca Municipal de Guayaquil (BMG). volumen 104, Causas Criminales.
18. AHG, documento No. 3471. Véase también Julio Tobar Donoso. p. 14.
19. AHG, documento No. 985. Se habla de esta causa en la obra de Mariano Fazio (op. cit.).
20. Patriota de Guayaquil, 10 de marzo de 1827.
21. AHG, documento No. 894.
22. Ejemplos de estos precios se encuentran en varios documentos en el AHG: Nos. 467, 698,
n ~ ~ c .
78
que se estaba comprando un cierto número de jornales de trabajo.
Todavía se pensaba entonces, que un esclavo era un objeto.. Generalmente,
y según las tradiciones de la Colonia, el comprador probaba al nuevo criado
durante 15 días antes de pagar. Y si descubría algún defecto en el lapso de seis
meses, podía entablar un pleito de "redivitoria". El mayor número de causas de
conciliación entre 1822-1823 eran precisamente de este tipo. Con frecuencia se
argumentaba que un esclavo estaba ya enfermo al momento de su venta. De
otro lado, y en casos no muy usuales, se trataba la personalidad de un esclavo
como si fuera otra cualidad fisica: "Se le vendió por fiel, que solamente havía
huido en esta ciudad por pocos días, quando la esclava resulta en dos meses
corridos con el vicio de ladrona y se consideró al esclavo
como un instrumento más de trabajo, creado para realizar las tareas más duras
y peligrosas. A nadie le pareció extraño por ejemplo, el caso de una criada que
se quemó la cara cargando jabón caliente encima de su cabeza. Además de las
duras jornadas, las mujeres tenían que aguantar con frecuencia las "atenciones"
de sus amos en la noche. En estos casos, los amos podían ejercer la violencia
sin ser castigados, o podían usar presiones sicológicas, como las promesas de
libertad. Muchas veces las esclavas contrajeron enfermedades venéreas que les
acompañaban a lo largo de la vida.
24
' .
En las haciendas fuera de la ciudad, los esclavos eran mucho más cosifi-
cados por sus amos. Eran las víctimas de sádicos insanos. Aquel José Segarra
que ya conocemos, y que mató a su esclavo Bacilio, lo torturó previamente a
nivel fisico y sicológico. Ignacio, otro esclavo de 'Segarra, dio el testimonio:
Segarra disparó por tres ocasiones una pistola que tenía en las manos apuntado a
Bacílio, pero no dando fuego ... [Luego] ordenó que el declarante [Ignacio] le diese
en las nalgas cincuenta azotes lo que executó ... Luego mandó a su esclava
Magdalena que diese otros veinte y cinco azotes ... y como esta no se animase a este
castigo, Segarra le aplicó igual numero de azotes a]a dicha Magdalena ... 25
Como Ignacio no tenía ningún derecho a protegerse, uno ya puede ima-
ginar el castigo que le aplicó Segarra por haber sido testigo.
Pero en la ciudad existía otra atmósfera. Las condiciones de trabajo habían
cambiado tanto que los propietarios ya no tenían el mismo poder de antes.
Algunos esclavos de los hacendados se habían quedado en las haciendas, y
otros viajaban con sus amos entre la ciudad y el (el Bacilio asesinado
era uno de estos). En esos momentos la mayoría de los obreros del campo eran
peones o jornaleros contratados, y los esclavos se concentraban prefe-
23. AHG, documento No. 1546, p. 17.
24. AHG, documentos No. 467, No. 698, No. n6.
25. AHG, dOCUmenlO No. 6219.
79
rentemente en la ciudad para trabajar como artesanos o sirvientes domésticos.
26
Se sabía que un amo podía ganar mucho, dejando a su esclavo trabajar para
otros, y recolectando después la mayor parte de su sueldo. Al respecto señalaba
un testigo: "Se está aprovechando del considerable jornal de un oficial de
zapatero como lo es el Zambo".27 Agregó que este podía ganar 22 pesos en
cuatro meses, sin trabajar los domingos. En 1826, un esclavo joven de mucha
fuerza [lSica podía ganar aún más, tal vez 56 pesos en cinco meses y otro hasta
sin experiencia, podía trabajar en una panadería.
28
El trabajo de las mujeres -
cocinar, lavar ropa, cargar agua, etc.,- también poseía su valor monetario. Se
consideraba que estos servicios todos juntos costaban aproximadamente 9
pesos al mes.
29
Con frecuencia, los esclavos que trabajaban fuera de la casa del amo tam- -
bién vivían afuera. En el período colombiano este fenómeno se experimentaba
hasta en Bogotá, yel gobierno envió una carta especial al Intendente de Guayas,
advirtiendo que tuviera cuidado cqn esos numerosos esclavos que vivían sin sus
dueños, dando mal ejemplo a los demás.
30
Es cierto que casi todos los esclavos
tenían una vida apartada de la de sus amos, o por lo menos al margen de su
control. Podían, por ejemplo, salir del trabajo y descansar un rato en una pul-
pería, beber ~ o n sus compañeros, saldar deudas de un real, o reñir con algún
enemigo.
31
Alguna vez que se escuchó un grito en la calle, a media noche,
fueron los criados quienes salieron en primer lugar para investigar el incidente.
Al constatar que era un blanco el que moría -iY un santo padre también!- deci-
dieron ir en busca de sus amos.
32
En otras circunstancias no lo hubieran hecho.
La situación del esclavo se movía entre la retórica de independencia y liber-
tad que flotaba en la atmósfera y en las nuevas leyes y unas pésimas condiciones
de vida. Era obvio que en esas circunstancias todo esclavo buscara su libertad
ardientemente, aunque los amos interpusieran todo tipo de obstáculos. Algunos
intentaron escapar de la esclavitud huyendo. La frecuencia de la fuga se convir-
tió en una gran preocupación de los amos. Algunos insistieron en que se les exi-
miera de la "responsabilidad que (. .. ) podría resultaren caso que el Esclavo fuge
o muera ... " Un aviso rezaba así: "Se necesita un esclavo de catorce años robusto,
sin vidas, y que no se haya huido nunca del poder de sus amos". 33 A veces los
26. Hamerly (op. cit.) nos da las estadísticas. Este.asunto quizb indique un cambio profundo
al fm de la Colonia, lo que merece un artículo apane.
27. AHG, documento No. 696.
28. AHG, documento No. 6247.
29. Un ejemplo en 1825 se encuentra en el AHG en el documento No. 776; otro de 1836 en el
documento No. 4321.
30. Archivo de la BMG, Volumen 77 (828).
31. AHG, documento No. 1198.
32. AHG, documento No. 1418.
33. AHG, documento No. 3477. El Patriota, 1 febrero de 1832.
80
esclavos de la ciudad se ausentaban por varios días a la casa de algún conocido
(o para "traficar libremente en las calles", en palabras de un amo furioso), pero
en un mundo tan pequeño resultaban siendo localizados en seguida.
34
Con
mejor éxito, los esclavos del campo podían huir y esconderse en la ciudad,
donde poca gente los conocía. Una mujer libre de color fue castigada con una
multa de cuatro pesos por haber acogido a un esclavo que se había fugado. 35
Algunos podían encontrar la ansiada libertad en la ciudad, pero ese era un
camino peligroso. A los esclavos se los buscaba infatigablemente. En 1834, el
periódico El Colombiano comenzó a publicar los nombres de los "esclavos
aprehendidos", dos o tres en cada mes.
36
Y los amos no olvidaban. En cierta
ocasión un hacendado mencionó que en la ciudad había encontrado a un peón
y a un esclavo, ambos suyos, que se habían' fugado doce años atrás. (No se
conoce si los capturó o no.)3
7
Se preferían los métodos legales, cuando estos existían. Y ciertamente, des-
de la independencia, varios estaban ya al alcance. Se suponía que cada región
tenía su Junta de Manumisión, que se reunía por lo menos una vez al año para
escoger los esclavos que iban a ser liberados por medio de los fondos del Banco
de Manumisión. En Guayaquil, el Banco tenía dos funciones: la de cobrar los
impuestos sobre las herencias, y la de recoger las contribuciones"semanales de
10$ esclavos mismos. Sin embargo, parece que en un comienzo la primera
función existió solo en la letra y no en la práctica, puesto que no se ha encon-
trado evidencia alguna de su funcionamiento. Pero la segunda función del
Banco también tenía sus problemas, y estos no radicaban precisamente en los
clientes: Ya en 1823 los esclavos llegaban con frecuencia a la Plaza de San Fran-
cisco para pagar su contribución semanal.
38
El problema era administrativo,
puesto que el dinero rescatado se perdía. El comisionado Ignacio Cevallos no
quiso aceptar la responsabilidad, pero existían varias historias que denunciaban
el asunto, como la de Petra !ler:
... luve a bien ponerlos para fondo en el banco de manumisión, segun era costumbre,
y bajo la seguridad que podian ofrecer a los esclavos las disposiciones del Exce-
lentisimo Sr. Libenador. Casi he contribuido con la mitad de mi valor, y después que
nada he conseguido veo que el dicho banco se halla destituido ... 39
34. Unos ejemplos en el AHG: documentos No. 894 y No. 1546, p. 4.
35. El Colombiano del Guayas, 7 de enero de 1830.
36. La mayorJ.a eran hombres, pero se encontró una mujer también.
37. AHG, documento No. 1454.
38. AHG, documento No. 609.
39. AHG, documento No. 6145.
81
En vista de que Petra acudió a la corte en 1824 y luchó duro por sus
intereses, la dirección por fm encontró los fondos necesarios para comprar su
libertad. .
En enero de 1826 el gobierno se preocupó por el problema de la
administración de los fondos. Desde Bogotá se envió una carta al Intendente
de Guayaquil acerca de los "abusos" relacionados con los impuestos sobre
herencias para el Banco de Manumisión.
40
Un año más tarde, por orden del
Libertador, apareció en el periódico un anuncio sobre la refundación del Banco
de Amortiiación de esclavos en la casa de Gobierno. Allí los esclavos podían
comprarse, pagando por lo menos un peso semanalmente.'1l La Junta de
Manumisión (que consistía de un primer juez, el vicáreo foráneo, un tesorero
y dos vecinos nombrados por el Gobernador) tenía la responsabilidad de
escoger los esclavos que serían liberados, es decir, los que habían contribuido
con más dinero, los que habían luchado por la Patria, y los que traían buenas
recomendaciones. Pero nadie podía alcanzar su libertad si la Junta no se reunía.
A fines de 1827, Francisco de Ycaza escribió al Intendente:
No pudiendo reunirse la Junta de Manumisi6n de esta Capital para tratar de la
recaudación de los fondos destinados para la libertad de Esclavos por falta de
Tesorero y otro de los individuos que la componían; se lo hago a Usted presente
para que se sirva nombrar las personas que deben subrogarlos, y tenga efecto un
establecimiento tan
A pesar de todas las demoras y de tantos obstáculos, los esclavos conti-
nuaban empeñados en aprovecharse de la nueva ley. Cada Pascua de Navidad,
antes de la reunión de la Junta, llegaban varias peticiones, algunas muy
elocuentes como la de Alejandro Campusano, citado al comienzo de este artícu-
lo. Varios no se consideraban esclavos: "Yo, esclavo que fui. .. " y otros se
expresaban aSÍ: "Y o, Zeledonio Morillo, residente en esta Ciudad y hijo del
Chocó ... " Y si alguno todavía estaba en condición de esclavitud, insistía tam-
bién en sus derechos de ciudadano: "Yo, Petra Iler, vecina de esta Ciudad y
Esclava de mi Señora Francisca Ayala ... " A veces el Procurador General ofreció
sus servicios, pero los esclavos mismos eran finalmente sus mejores defensores,
pues esgrimían argumentos de excelente calidad para obtener su libertad, que,
por supuesto, debía ser permanente. Así lo sugirió el mismo Alejandro Campu-
sano al juez: "Espero se sirva concederme la gracia de un seguro para que ... mi
40. Ardúvo de la BMG, volumen 61 (1826). Después de esta fecha, se encuemran varias
referencias a la tecolecci6n de estos impuestos, pero todavla en 1830, la gran mayorla de los casos
estaban -pendienres" y no ·pagados": Ardúvo de la BMG. Volumen 98 (1830).
41. Patriola de 6 de enero de 1827.
42. Ardúvo de la BMG, Volumen 71 (1827).
82
amo, o cualquier otro, me reconozcan por libre y no tengan que intervenir
conmigo para nadan.
La mayoría de los hombres que presentaron peticiones habían luchado en
el ejército libertador, yeso debía ser confirmado a través de testigos y docu-
mentos. Si tenían suerte, el amo anterior no presentaría dificultades: "Ahora que
veo tan fundada su solicitud de ser libre, y que no me consta que haya cometido
delito por el cual haya perdido este derecho, hago presente al juzgado que no
tengo inconveniente ... 4 ~ No se necesitaba el permiso de los amos si habían
luchado por la Patria, pero en algunos casos éstos hicieron todo lo posible para
demostrar que sus ex-esclavos se habían integrado en el ejército por poco
tiempo, o que no habían luchado con mucha energía, o que habían sido
demasiado jóvenes para servir efectivamente a la Patria. La viudá del General
Juan Paz de Castillo, por ejemplo, adujo que el muchacho esclavo que siguió
a su esposo no hubiera podido luchar, "mucho menos manejando las armas del
ejército; ... todavía estaba pequeño y incapaz de servir aun de tambor".44 No
obstante, en ocasiones, un soldado (o ex-esclavo) podía derrotar a un amo que
se le opusiera. En 1830, un tal Pedro Franco argumentaba: "No me parece lícito
tales pretensiones de dichos señores porque yo soy libre, y estoy pronto para
tomar las armas de [nuevo]... como fiel soldado colombiano". Añadió que su
ex-dueño no poseía sentimientos patriótic0s y agregó algunos detalles que
provocaron una investigación de la conducta del blanco durante la guerra. Este
se quedó con la vergüenza y la rabia, y Pedro Franco con su libertad. 45
Las mujeres tenían que buscar otras maneras de conseguir su libertad,
puesto que no podían integrarse al ejército. En los prímeros años de indepen-
dencia, el Procurador General hizo un esfuerzo para convencer a la corte de que
si un hombre pretendía usar a una mujer como concubina, debía otorgarle la
libertad. Era su cliente la esclava Angela Batallas, a cuyo nombre él alegó:
La union de dos personas de diversos sexos, las constituye en una misma, pues de
esta resulta regularmente la prole: et erum duo en carne una. Yes posible que con
buen juicio se crea que Ildefonso Coronel, cuando me propuso su union, quisiese
que la mitad de su cuerpo fuese libre; y la otra mitad esclava, sujeta a servidumbre,
venta y mas odiosidades, que en algunas desgraciadas personas, se conservan como
reliquias del sistema feudal en que cerca de tres siglos hemos estado envueltos.
46
Angela había tenido un hijo de Coronel, un ciudadano bien conocido, que
siempre la había tratado como una amante libre. Sin embargo, un día, de
43. AHG, documento No. 6196.
44. AHG, documento No. 672.
45. AHG, documento No. 501.
46. AHG, documento No. 698.
83
repente, él la vendió. Ella, desesperada, p ~ o un pleito con la ayuda del Procu-
rador, iY también envió una carta al Libertador!
Angela tuvo éxito; pero su caso Y' su proceder fueron bastante excep-
cionales. La mayoría intentó usar la nueva ley que les otorgaba el derecho a
comprarse, a veces con una pequeña ayuda del Banco de Manumisión. El precio
que un dueño estaba dispuesto a aceptar se convirtió en un elemento muy
importante de la relación entre amo y esclava. Por ejemplo, cuando un amo
ofrecía a su esclava para que atendiera la crianza del bebé de algún amigo suyo
o allegado, en vez de ofrecerle dinero, descontaba la cantidad de pesos del
precio de ella y ambos quedaban satisfechos.04
7
En 1822 y 1823 un gran número
de las causas en la corte de conciliaciones eran entre esclavas y sus dueños,
sobre el precio justo de venta, o sobre un arreglo de venta anticipado. Gene-
ralmente, el dueño y la esclava firmaban un "papel de venta", y según los térmi-
nos de este recurso, la esclava debía salir de la casa para trabajar y obtener el
dinero, de cuyo monto destinaba una cantidad semanal al amo.
En ocasiones la cuestión se complicaba. En 1822, por ejemplo, una esclava
solicitó en la corte de conciliaciones que se rebajara su precio, porque padecía
de una enfermedad que le impedía trabajar demasiado (y que en realidad
reducía su valor en el mercado). El amo 10 consintió en primera instancia, pero
más tarde cambió de opinión y pidió a la corte que forzara a la esclava para
que volviera a casa y trabajara exclusivamente a su servicio. Esta petición fue
negada y la mujer pudo proseguir su compra.
048
En 1825, la esclava Estéfana
García protagonizó otro caso, demostrando en él una gran dosis de dignidad.
Sin criticar a nadie, explicó que ella siempre había pagado al Banco de Manu-
misión tres pesos semanales, uno para ella, y dos para sus dos hijos: Cuando
logró ahorrar 100 pesos, su ama le ofreció la libertad, con la condición de que
el Banco pagará los 200 pesos que restaban para cubrir el costo. Sin embargo,
el Banco propuso que Estéfana siguiera pagando semanalmente. La dueña
entonces prefirió retener a Estéfana. La corte decidió por fin que el Banco com-
prara su libertad para Navidad, y que, mientras tanto, Estéfana pagara un jornal
diario a la Señora. En los peores casos los dueños no eran simplemente egoístas,
sino también tramposos. En cierta ocasión tres hombres esclavos habían dado
dinero para que sus tres esposas compraran la libertad. El amo robó los docu-
mentos y trató de venderlos a otro propietario de esclavos. Por suerte, una de
las mujeres había escondido su recibo, si bien nunca admitió en dónde, evitan-
do así que el amo pudiera quitárselo. 049
El pago de la última cuota, con la que se conseguía el documento de liber-
tad, siempre era un momento propicio para la celebración. Muchas veces, las
47. AMG, documento No. 769.
48. AHG, documento No. 1484.
49. AMG, documento No. 784.
84
mujeres que lo lograron, fueron primero a buscar a sus esposos para que las
acom pañaran a saldar las cuotas. 50 Era una ocasión para compartir.
¿Y qué venía después? Como jornaleros libres tenían que enfrentarse a diario
con los problemas en que estaban inmersos la gente más pobre de la ciudad -
suelos de lodo con .sus niguas y otros insectos, los incendios, la falta de agua,
a veces la falta de trabajo y de comida ... Los negros, junto a los mulatos y zambos
que parecían negros, no podían trabajar en cualquiera empresa. Según la
costumbre, para ellos estaban reservados cíertos tipos de trabajo. Se ha
publicado una lista de los negros libres de Guayaquil, en 1832, que tenían origen
barbacoano: Pablo Cuero, 30 años, sirviente en la casa de José María Villamil;
Joaquín Preciado, dueño de la chingan a por la Iglesia de la Concepción; y
Crisóstomo Caicedo, sirviente en la misma chingana.
51
Esta lista es bastante re-
presentativa del trabajo al que los negros tenían acceso.
Las mujeres, por su parte tenían que escoger entre las tareas domésticas y
el trabajo de brindar diversión a otros. Podían trabajar como criadas o montar
un negodo de lavar ropa, preparar pan, cargar agua, etc. Si no, ofrecían diver-
sión bailando, cantando, jugando, o trabajando como prostitutas. Una mujer,
que logró un relativo éxito en esos terrenos, llegó a ser la dueña de su propia
chingana. (Ella vivía en los cuartos de arriba, y tenía quien la ayudara).s2 Pero
otro grupo de negras que intentaron abrir una chingana tuvieron conflictos con
los vednos, por los escándalos que provocaban sus fiestas una
mujer de esta clase, en definitiva, exisúan pocas alternativas. Con algo de suerte,
era posible casarse con algún artesano. Algunas muy talentosas llegaron a
hacerse parteras y se ganaron algún respeto. S.of
Los hombres también servían como sirvientes y chinganeros, pero además
podían trabajar como jornaleros donde fuera necesario -cargando, constru-
yendo, guardando, etc. Podían emplearse como aprendices de ciertos artesa-
nos. Tradicionalmente, por ejemplo, la mayor parte de los obreros de los astille-
ros eran negros y mulatos.s
5
No se conoce cual era su porcentaje en el período
estudiado pero se sabe que eran todavía bienvenidos en ese campo -sobre todo
cuando a causa de la guerra escaseaban. Por ejemplo, no importó que un zambo
fuera acusado de haber violado a una mujer blanca: le dieron trabajo en el
astillero. 56 Existen también numerosas referendas a los que trabajaban como
50. Un ejemplo sale in AHG. documento No. 1546. p. 70.
51. Fernando Jurado Noboa, EsclalJitud en la Costa PacifICa, Quito, Ediciones Abya-Y ala. 1990.
p.424.
52. AHG, documento No. 549.
53. Archivo de la BMG, Volumen 104, "Causas Criminales",
54. Una de ellas sirvió como testigo, documento No. 467, AHG.
55. Lawrence Clayton, Los Astillmos de Guayaquil Guayaquil, Archivo Histórico del
Guayas, 1978.
56. AHG, documento No. 597.
85
zapateros. Pero no se podía dar por seguro que cualquier negro pudiera trabajar
en el Astillero o en una zapatería. Era necesario conocer previamente a un
maestro y trabajar para él. 57
Las oportunidades que existían fuera de las chinganas y las casas privadas
eran raras. Algunos cometían delitos y si la policía los agarraba terminaban en-
frentándose con una irónica realidad: los criminales esclavos eran menos casti-
gados que los negros libres, en virtud de que los amos no querían sacrificar
sus propiedades. A los libres nadie les pr<;>tegía.
58
No es que los clasificaran siempre por raza. No es que el nuevo gobierno
construía barreras muy obvias. La situación era demasiado complicada. Pero
todo el mundo sabía que la gente de color estaba destinada al más duro trabajo
y era poco respetada. En la corte, un blanco denominaba a su oponente "el
zambo zapatero" en vez de "zapatero" I o "esa negrita" en vez de "esa señora".
Pero los que fueron esclavos nunca se rindieron. Entablaron pleitos con una
frecuencia impresionante. Hablaron muy claro cuando fue necesario y no
tuvieron miedo de usar el sarcasmo. Angela Batallas se acordaba de lo que hizo
su ex-amo cuando ella estuvo embarazada: "[El] trató de mandarme a Cuenca
para que allá fuese a parir por el ridículo reparo de no perder su honor- del
que hace tanto aprecio" .59 Los que fueron esclavos entendían lo que significaba
el honor de un hombre que había sido propiedad de otro ser humano. Y aunque
sufrían de mucha pobreza, no tenían demasiado miedo del futuro. Poseían su
libertad, y a un -costo indescifrable.
57. AHG, documento No. 769.
58. Un ejemplo aparece en la causa del documento No. 3532, AHG.
59. AHG, documento No. 698.
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PaocuoS, Revisla Ecualoriana de Historia. No. 4,
e 1993, Corporaci6n Ediora Q,Jilo.
LA ESQUIVA PRESENCIA INDIGENA
EN EL ARTE COWNIAL QUITEÑO·
Alexandra Kennedy Troya
DEBATES
El tema de la influencia indígena sobre el arte colonial ha sido uno de los
primeros tópicos en plantearse desde que se iniciaran los estudios sobre arte y
arquitectura hispanoamericana colonial a comienzos de siglo. Desde luego esta
elección no fue gratuita, sobre todo durante los años 60 en que este capítulo
provocó verdadera polémica. Esto quizás se deba a que en muchas ocasiones,
el mayor o menor grado de participación de la mano indígena, se convirtió en
la base fundamental para determinar una identidad propia para el arte
latinoamericano o dictaminar su calidad de simple prolongación de las fuentes
originales, un arte provinciano o con resultados originales muy puntuales que
no se desarrollaron, al decir de Marina Waisman en la arquitectura.
Sin embargo, para el caso espeáfico de Quito, es muy Poco lo que se ha
dicho o investigado en esta línea, debido principalmente a que el desarrollo de
la historiograña artística en Ecuador ha contado con escasos adeptos. Los dos
estudiosos contemporáneos ya desaparecidos -José Gabriel Navarro y el padre
José María Vargas quienes iniciarían sus trabajos en la segunda y tercera décadas
de nuestro siglo- se interesaron muy poco sobre el tema indígena e intentaron
más bien sentar las bases cronológicas y estilíticas del arte colonial, hasta
entonces prácticamente desconocido. Ambos harían el gran esfuerzo por
describir y ubicar el gran conjunto del arte del momento, emparentando a la
producción local con su modelo hispánico, sobre todo estilística mente en el
caso de Navarro, especialmente interesado en el tema de la arquitectura
religiosa. Por otro lado Vargas se inclinó más bien al estudio de bienes
inmuebles, destacando su relación con la Iglesia como verdadero ente propulsor
del arte quiteño en sus diversas fases. Desde entonces poco se ha avanzado -
como deda Sonia Femández en un artículo reciente- en el estudio más analítico
del arte coloniaL En consecuencia, los debates que se han llevado á cabo en
otros países latinoamericanos han tenido muy poca repercusión en el nuestro.
Lo justifica entonces el tratare} tema en la década de los 90, treinta
88
más tarde de que se inidara dicha enriquecedora polémica en la América
Latina y que no deja de tener vigenda, sobre todo a la luz de nuestros propios
autodescubrimientos, tras 500 años de mestizaje.
Evidentemente, partimos del supuesto de que consdente o inconsdente-
mente existió una respuesta local regional para aquello que desde el s. XVI llegó
de España (Flandes, Italia o Filipinas) a manera de modelo artístico y al cual
debíamos emular con mayor o menor apego a las reglas del juego de la estética
(u oriental europeizada). Es obvio pensar, como Damián Bayon, en las
respuestas de las diversas regiones latinoamericanas con sus propios ritmos
culturales o sociales. Sin embargo, nos iQteresa poco medir el porcentaje de
originalidad de nuestro arte en favor de una definidón más o menos "mestiza"
que nos favorezca en "identificarnos" y presentarnos al mundo como distintos.
Creo que preocupa sobre todo leer en las obras de arte y por extensión en
la cultura material del período, aquello que nos permita comprender más
cabalmente la sodedad de esta época. Entonces, no interesa cuánto hayamos
reproduddo de la cultura española o europea en nuestras tierras, sino cómo se
lo ha hecho y por qué se han elegido y repetUlo hasta el cansando dertas
formas o contenidos en un arte que no buscaba ser original, sino plasmar un
derto tipo de condenda colectiva, claramente destiÍlada a trasladar una nueva
cosmovisión y religiosidad popular.
Perseguimos determinar oal menos acercamos a aquello que sucedió con
aquel sector mayoritario indígena y cuál fue su participadón real en las diversas
manifestaciones. El arte es una forma de aportar a tales búsquedas, sin que
necesariamente de estas breves reflexiones se desprendan adjetivadones inne-
cesarias para el propósito.
Es así cómo la presente ponencia -como acto de reflexión más que de
defmidón- desea compartir con ustedes uno o dos puntos que podrían aportar
en algo al tema en mención y que desde luego quedan aún por ser investigadas
a cabalidad.
Una de las observaciones más sorprendentes que se puede realizar sobre
las tradidones artísticas de Quito, es la de que la presenda indígena en esta
región, comparada con otras áreas andinas de alta densidad pobladonal india,
parece ser sumamente tenue. Buena parte de mis comentarios se centran sobre
este punto.
Aclaremos que en la búsqueda -aún superficial- de la participadón indígena
en el arte colonial, se han tomado en cuenta posibles símbolos indios cuyo
significado original se perdió al convertirse en parte integral de la decoración
tradicional, transposiciones que se pueden haber realizado de una iconograña
nativa en una nueva, como por ejemplo el caso de la Pachamama, madre tierra,
fundida en diversas advocaciones de la Virgen María; rasgos estilísticos que
recuerden la cultura material anterior (en el caso del Ecuador no contamos con
la tradición del relieve en piedra, el códice o manuscrito y debemos centrar
89
nuestra atención básicamente en la cerámica)¡ la incorporación de materiales y
técnicas totalmente autóctonos que le dan a la obra final un aspecto muy distinto
y fmalmente la directa participación del artífice indígena en la obra.
I..A DOBLE CONQUISTA: DEBIUTAMIENTO DEL INDIGENADO
A pesar de la diversidad de grupos indígenas serranos, el común denomi-
nador es su lengua quichua, asimilada tras la conquista inca a mediados del s.
XV y la religión católica implantada desde el arribo de los españoles, 80 años
más tarde. Antes de la presencia inca y de que Quito p6sase a formar parte del
norte del Tahuantinsuyo, el Ecuador era una área donde se conjugaba una serie
de señoríos cultivadores asentados en sus tres regiones: Costa, Sierra y Oriente.
Estos jamás llegaron a tener el desarrollo agrícola, comercial, religioso y político
que presentaría el incario. Sin embargo, en la etapa de la historia ecuatoriana
denominada de Integración (550 al 1530), esta región participó del reordena-
miento de sus fronteras étnicas, conformándose importantes confederaciones
en las que sobre todo en la costa ecuatoriana -además de los grandes avances
en navegación y comercio- muchos grupos humanos se especializaron en la
elaboración de objetos de cobre, plata y oro, conchas, manufactura de tejidos
y plumería.
Sin embargo, cabe destacar que en el caso de la espléndida y rica cerámica
del período anterior al de Integración denominado de Desarrollo Regional,
según los arqueólogos, se constata una clara decadencia en la Costa Norte (fase
Manteña, Atacames, Balao, Jama Coaque) en la producción masiva realizada en
molde en la zona de la Costa Sur (Milagro, Quevedo) o en aquella elaborada
en la Sierra Norte en la fase Piartal Tuza (750-1250 d.C.), por mencionar las más
importantes.
Por otro lado, de este Período de Integración solo queda en pie una
arquitectura incipiente, sencilla como la que apreciamos en los restos en San
Sebastián en Guano, al sur de Chimborazo y Chabalula en el oriente del Azuay.
En los años de ocupación inca en Ecuador, tampoco se pudo realizar una
arquitectura estabfe, sólida y de gran envergadura como la que que se ve en
territorio peruano. Salvo casos aislados como Ingapirca, fortaleza-tambo-adora-
torio en la sureña provincia de Cañar, o los restos de la antigua Tomebamba,
actual Cuenca, la corta permanencia inca y el sistema mitimae no permitió que
se consolidase su presencia en grandes obras, ni que los artesanos locales logra-
sen asimilar una tecnología constructiva más avanzada.
Volviendo al tema de la cerámica, mucho de lo que se produjo localmente
y sobre todo aquella destinada a las nuevas élites incas, fue copiada de la "im-
perial", importada desde el Cuzco y alrededores, como en el caso de Jatum-
Pamba (prov. del Cañar). Según el arqueólogo Fresco, estos alfareros debían
90
seguir patrones técnicos y estilísticos precisos, controlados por el Estado, antes
de que la producción pudiese ser distribuida entre nobles, curacas y súbditos
privilegiados del Imperio. La calidad técnica era muy alta, la diversidad de
formas escasa y la decoración estereotipada. De todos modos empobrecida, la
cerámica local de uso común con pequeñas influencias de lo inca, siguió su
curso, degradándose a medida que avanzaba la desintegración de un mundo
andino previo.
La presencia española en territorio ecuatoriano vendría a ser entonces una
segunda conquista del territorio ecuatoriano. Esta doble ocupación se dio en el
corto período de 80 años, en los cuales la reorganización social, política,
económica y cultural fue alterada por doble partida. Cabe recordar que la élite
inca y los señores étnicos locales, fueron fundamentales en facilitar la conquista
castellana del indigenado local a través del "pago" que los peninsulares les
hicieran en tierras o mercedes y rangos de nobleza.
Tal cual sucedería en México, Guatemala o Perú, el español en Quito
aprovechó para su beneficio de la calidad y capacidad de la mano de obra
indígena, en pos de construir nuevos asentamientos o reconstruir sobre ruinas
los pueblos y ciudades asentadas estratégicamente en las regiones que ofrecían
al nuevo conquistador un excedente, sobre todo de metales preciosos.
Entonces, en Ecuador, Audiencia de Quito dependiente del Virreynato de Perú
hasta el s. XVIII, se desarrollaron las áreas en donde se concentraba la mayor
población nativa, y en aquellas donde se creía existían minas de interés como
las australes ciudades de Cuenca, Zaruma y Loja, localizadas básicamente en el
callejón interandino.
RESISTENCIA PASIVA Y FÁCIL SINCREnSMO
Una vez que la Audiencia demostró, durante los primeros 25 años de
presencia española, no ser tan lucrativa como se había pensado, Quito reorientó
su producción sobre todo a la elaboración de textiles baratos realizados por
mano indígena -bayetas, jergas y destinados al mismo mercado
indígena interno y a los mercados colombiano y peruano. El sector mestizo en
cambio, se dedicó a tareas "más que las del trabajo agrícola o textilero .
en los complejos hacendatarios y/u obrajes, involucrándose en labores de
carácter artesanal o al comercio de corto y mediano alcance.
Quizás aquí encontremos la primera clave para intentar comprender la
esquiva presencia indígena en el arte colonial. Para el nuevo español asentado
en territorio quiteño, no le fue dificil proyectarse en un lugar debilitado por una
conquista material y espiritual anterior. Jamás se vio abocado a tener que
resumir o "sincretizar" su posición de conquistador, imponiendo fisicamente
estructuras renacentistas europeas sobre la arquitectura anterior, tal cual había
91
sucedido por ejemplo en el famoso convento de Santo Domingo en el Cuzco,
construido sobre el Coricancha u otras construcciones civiles en la misma ciudad
o pueblos alrededor dél área. No se contaba con una tradición de relieve en
piedra u otros materiales que guiara las nuevas tareas de labrado de los prime-
ros recintos eclesiásticos.
Tampoco se encontró con una cultura material que opusiera resistencia. Se
conoce por cronistas del XVI que se continuaba la elaboración de mantas en
Eruador, sin embargo ésta parecería ser incomparable con aquella elaborada en
Paracas, Perú, de características formales muy especiales y de gran calidad, cosa
que favoreció a que su producción continuara. No se conoce en Quito un solo
grupo indígena que haya realizado textiles sobresalientes durante la Colonia,
que permitiera captar nuevos mercados. Se sabe que la alfarería, como vimos,
en decadencia antes de la llegada de los españoles, continuó su tradición
descomponiéndose paulatinamente hasta convertirse en un producto híbrido
combinando en ocasiones formas semejantes a las incas -aríbalos, por citar la
_más común- de p a r e ~ gruesas y decoración con sellos de cabecitas de queru-
bines o incisos de espIgas de trigo que daban fe de la imposición de la simbo-
logía cristiana. Nada se conoce sobre el arte de la plumería en estos momentos
y tampoco tenemos referencia sobre el trabajo en concha, manufacturas ambas
que en el México azteca o maya se destacarían y que serían aprovechadas por
la élíte española y criolla asentada en aquel territorio.
UNA NUEVA Y TARDIA FORMA DE AMORTIGUAMIENTO
Al efecto, llama mucho la atención y corrobora la tesis de debilitamiento del
indigenado local, un evento partirular de teatro político en el XVII en el cual
se representaban episodios del Inca, muy común en Perú y según el historiador
Carlos Espinosa, extremadamente escaso en Quito. A través del análisis de un
juicio entablado en 1660 contra un descendiente del Inca Atahualpa, se logra
reconstruir los episodios de "Reruerdos del Inca" que según el investigador
mencionado se darían en las festividades como una historia inca instituciona-
lizada, parte de un mecanismo de los nobles incas por recibir de los españoles
las mercedes mediante el sistema de "probanzas". Este tipo de teatro político en
donde se reafirmaría la lealtad al Rey mediante alegorías pantomímicas, tenía
sus raíces en la política del barroco y no en un supuesto sensacionalismo
indígena. De hecho la freruencia de este tipo de eventos fue inferior a simila'res
en Cuzco, debido sobre todo a que el estatus de la nóbleza local en el marco
colonial de la Real Audiencia de Quito era restringido.
Lo que interesa rescatar sobre todo es la idea de que a la larga la decadencia
de los descendientes quiteños de los Incas tuvo importantes conseruencias para
el desarrollo del simbolismo del espectárulo público y para la resistencia
92
indígena en Quito. Mientras en Perú esta innovación o renovación del recuerdo
inca creció y se enriqueció en el XVIII, en Quito, debido a su transferencia al
virreynato de Santa Fe perdió el referente inca y su contraparte en Cuzco y Lima.
Una nueva y tardía forma de amortiguamiento.
La pregunta que surge al exponer brevemente los ejemplos anteriores es la
de qué sucedió con las manifestaciones propiamente indígenas en estos
territorios. ¿Dónde quedó expresado su legado cultural?; ¿es que desapareció
simplemente conforme el sector indígena tuvo que dedicarse a otras tareas en
un nuevo mundo?; ¿desapareció quizás por su debilitamiento bajo una doble
conquista?; ¿se perdió bajo los ojos de una historia oficial ligada con el gran
poder eclesiástico? ¿Es que las nuevas élites criollas no encontraron nada
espectacularmente interesante en las manufacturas indígenas que les permitiera
utilizar el material básico transformándolo bajo su propio vocabulario, tal cual·
el caso de los famosos enconchados, emplumados o códices bellamente
ilustrados en México? ¿Podremos considerar que la forma evidente de la
participación indígena fue la de incluir temas locales como la piña,
la papaya o la granada en las. tallas en madera que rc!'cubren por ejemplo el
interior de San Francisco?
LA "POBREZA" DE LA CULnJRA MATERIAL INDIGENA
En este punto creo que es importante compartir una idea que surge de todo
este meollo. Me da la impresión de que podría funcionar la siguiente hipótesis:
ante la "pobreza" y lo poco llamativo de la cultura material indígena local, el
nuevo español prefirió acudir, desde el inicio de su estancia en el XVI, a la
importación de bienes "más suntuarios" como los orientales -telas, marfiles,
hilos, coral, cerámica- de libre comercio, vía Méjico, o a la elaboración de ciertos
bienes en el propio lugar de residencia pero de material noble como las citadas
vajillas de plata en la documentación temprana, posteriormente suplantadas por
el peltre importado, o la denominada loza de la Chtna.
El producto indígena: la manta, el poncho, el sombrero, el pondo, el arete
de plata martillada o la pequeña urna de hojalata, servirían para su autoconsu-
mo o para el trueque con otros bienes de primera necesidad, trueque que se
realizaría en los confines de los pueblos de indios y que probablemente nunca
ingresó en el teje-maneje del arte oficial vinculado particularmente con la
Iglesia. (Salvo en el caso de la cerámica, no existen objetos indígenas coloniales
en los museos ecuatbrianos. Es un tema digno de atención).
lA. NO "INFLUENCIA" INDIGENA Y LA PRODUCCiÓN
DE UN ARTE COLONIAL "CONSERVADOR"
Recordemos que el indígena, salvo casos excepcionales como la de los
escultores Caspicara en el XVIII, o Sangurima a fines del mismo siglo y
comienzos del siguiente, parece ser que interviene en las obras de carácter
arquitectónico únicamente en calidad de cargador de material, peón de la
construcción, pintor de paredes, u otros similares. Este particular puede ser
confirmado a través de los libros de -cuentas de los conventos, los documentos
de gremios y cofradías, entre otros. Cosa muy distinta es la que sucede por
ejemplo en Cuzco donde durante el apogeo de esta Escuela, el 70% de artistas
que perteneáan a ella eran de origen indígena. Estos artistas procedían de la
nobleza indígena, cosa que quizás podría explicar su directa participación y la
capacidad político-social para poder intervenir.
Entonces, parece existir un verdadero divorcio entre la producción material
cultural del y para el sector indígena y aquella elaborada básicamente por
mestizos urbanos, quienes sin "interferencia n mayor de patrones indígenas,
pudieron asimilar las nuevas artes bajo el tutelaje de la Iglesia. Recordemos que
en el convento de San Francisco en el XVI se instauró la primera escuela de artes
y oficios. Paralelamente, se introdujeron decenas de esculturas importadas
desde España o grabados flamencos, españoles o italianos que sirvieron de
fuentes de inspiración y aprendizaje, tal como aquel libro de grabados de santos
hermitaños perteneciente al pintor dieciochesco Bernardo Rodriguez CM, de
Arte Colonial, Quito), Pocos artistas aventuraron su vida en un lugar de
trastienda como lo era Quito, diñcil de llegar por su accidentada geografia y
poco atractiva o lucrativa desde el punto de vista político- administrativo. De los
escasos ejemplos que tenemos del arribo de artistas y arquitectos a la Audiencia
es el grupo de jesuitas que durante el XVII trabajó en la Compañía de Jesús en
Quito.
Esta transferencia de información y formación, por la vía que fuere, halló
en Quito un sujeto apto para el aprendizaje, debido a su tradicional vínculo con
las labores artesanales y a la antedicha apertura sin mayor "interferencia", El
resultado ha sido un arte colonial quiteño en donde la emulación de una estética
Renacentista hispano-flamenca y posteriormente Barroca han sido recogidas
con mucha diligencia y precisión, tomando a la escuela de Quito en quizás una
de las más clásicas en la América colonial Oéase: la más apegada a las reglas del
juego; o mejor dicho, la que más exactamente asimilaría los postulados de los
nuevos estilos europeos). Tomemos al azar unos pocos ejemplos que enfatizan
la cercanía entre el arte y la arquitectura colonial a sus fuentes grabadas.
La capacidad del artesano quiteño de imitar perfectamente, es destacada
94
reiteradamente por diversos autores. En la mitad del XVIII el historiador jesuita
Juan de Ve lasco haría especial hincapié en este punto y a lo largo del XIX
muchos viajeros y científicos formados en una ideología Romántica, mencionan
la habilidad del quiteño en copiar, sin inventar ni aportar nada nuevo, cosa que
no contribuiría, según ellos, al verdadero desarrollo de las artes del momento.
Sin embargo, al presente, nosotros debemos ser muy cuidadosos al estudiar
por qué los artistas quiteños seleccionaron tales o cuales iconografias y que éstas
-aunque europeas- se acoplaran perfectamente al medio, se transformaran en
ocasiones y se repitieran hasta el cansancio (como el caso de la Virgen Alada
de Quito). En otras palabras, debemos adentrarnos más profundamente en las
obras de arte como testimonios culturales de nuestras sociedades. Como nos
hace notar Santiago Sebastián, "estos aspectos son más importantes en el
entendirruento del arte [de Nueva Granada] que las viejas acusaciones de falta
de límites en la originalidad. Una lectura más cuidadosa quizás nos permita,
además, encontrar la "oculta" presencia indígena a través de símbolos o
iconología que siendo originariamente "suya" se sincretizó en la nueva realidad
mestiza".
De todas maneras, quizás por esta capacidad de emular al patrón europeo,
la denominada Escuela de Quito tuvo el éxito comercial que fuera comentado
con gran énfasis por el mismo Juan de Ve lasco y el criollo ilustrado Eugenio
Espejo. Este arte "conservador" por llamarlo de alguna manera, parece haber
atraído el gusto de sectores tradicionales criollos, no solo a nivel de la Audiencia
sino más allá de los alrededores en Pasto, Popayán, Santa Fe de Antioquia, Lima
o Santiago de Chile.
En este punto uno de los ejemplos más interesantes es el de la ejecución que
del diseño teórico de Bramante de una escalinata en forma de círculo
concéntrico, transcrito en el tratado de SerUo y que sería ejecutado por una vez
en Hispanoamérica, en la grada de acceso al convento de San Francisco de
Quito. En escultura también se verían parentescos sorprendentes. El famoso San
Francisco ejecutado por Pedro de Mena 0663, Catedral de Toledo) tiene un
cercano pariente con aquel que encontramos en el convento dominico y que
a la investigadora Palmer le llevaría a atribuir al taller de Pedro de Mena y que
pensaríamos más bien que fue ejecutado en Quito, sobre todo por el tratamiento
del encamado brillante muy característico.
Entre muchos ejemplos para el XVIII señalamos dos que fueran menciona-
dos por los investigadores Palmer y Santiago Sebastián respectivamente. El
traslado del grabado de la Mater Inmaculata de Francisco Muntaner a la técnica
escultórica por el taller de Bernardo Legarda en la talla de la Inmaculada
Concepción en una colección privada de Quito. El parecido es sorprendente y
audaz por parte del escultor quiteño que llega incluso a incorporar el manto en
revuelo que, en un soporte plano, no demandaba los retos que en escultura. Del
alemán Paul Decker llegan a Quito la serie de los países: "Virtudes y defectos
95
de los europeos", grabados por Johan Georg y Martín Engelbrecht Estos fueron
recogidos por Manuel de Samaniego y Bernardo Rodríguez quienes la traslada-
ron a la pintura y que se hallan actualmente en los museos Jacinto Jijón y
Caamaño y de Arte Colonial, ambos en Quito.
Dentro del sistema tradicional de aprendizaje a través de talleres agrenúa-
dos, la instrucdón se dio básicamente dentro de un contexto familiar en una
práctica diaria, en donde se llegó a un perfeccionamiento muy delicado tras la
reiterada repetidón de formas y contenidos. Y aunque dentro del señalado
contexto de un arte colonial "conservador" o "clásico" en donde la mano del
indígena parece quedar apagada, de hecho sobresalen dertos aspectos estéticos
de la obra que señalan la mano más bien nativa -léase como mestiza o indígena-
en el tratamiento achatado de la figura humana, tal como podemos apreciar en
el Cristo Resucitado de Caspicara CM. de Arte Colonial, Quito), pómulos salientes
en los rostros, ojos almendrados, como en la Virgen de Quito de Legarda en
Popayán, el relieve suele ser plano, más bien pictórico, el gusto por el brillo,
dorado durante el XVII y por plateado o chinesco, durante el XVIII, la
introducción de técnicas nuevas en el tratamiento del encarnado rosado y
brillante en rostros y manos, entre otros. Cabe reiterar que no se encuentran ni
símbolos, ni temas en general que nos remitan a la presencia expresa del
indígena en la Audiencia de Quito, no existen cuadros de genealogías incas
como en Pero, o retratos de la nobleza indígena como en el caso mejicano.
Como una excepción que confirma la regla conviene recordar al Santiago
Matamoros, transformado en Santiago Mataindios ...
Mencionemos unos pocos ejemplos que vienen a la mente, la Virgen
española de la Merced, aclimatada en Quito como Virgen Peregrina (contra los
terremotos) no muestra rasgos o símbolos indígenas; la Divina Pastora, icono-
graña carmelita, de gran éxito y propagada en el s. XVIII por Manuel de
Samaniego, seguramente por su vínculo con lo campesino, o el espedal énfasis
en la producción de angelitos en bulto redondo ataviados a la romana y quizás,
como señala Barbara Gretenford, recogidos del Libro de los Angeles (Apócrifo
de Enoc, caps. VI a XXXVI) en donde se descubren sus funciones como "señor
del granizo" o "del Rayo", entre otros. Estos representan los astros y las fuerzas
de la naturaleza y coinciden con las deidades prehispánicas en cuanto a sus
atribuciones. Quizás nuevos renglones en la investigación local nos deparen
ma yores y mejores aproximaciones.
UNA HIPÓTESIS: LA FUSIÓN INDIGENA-oRIENTAL
Sin embargo, creo que es importante destacar que si bien se pueden rastrear
dertas características formales e iconográficas que asunúmos como "presencia
indígena o nativa", éstas podrían ser fácilmente confundidas con el tratamiento
96
similar que se dio so!?re todo al arte chino en Filipinas, bajo dominio español.
Sus representaciones cristianas fueron exportadas a América en las famosas
travestas de las naves de Manaos a Acapulco, mercaderías que serían parcial-
mente redistribuidas en Centro y Sudamérica. Basta revisar al azar libros de
cuentas de conventos y monasterios, testamentos de diversas épocas y de
diversos legatarios, tasaciones de bienes, etc., para darnos cuenta de la
apreciable cantidad de mobiliario, cerámica, textiles, perfumes y otros enseres
orientales que se filtraron en la vida diaria del común habitante de la Audiencia
d e ~ ~ .
Veamos, por tomar uno de los ejemplos más destacados, la Virgen de Quito
o Inmaculada apocalíptica, iconografia recogida de estampas provenientes de
España. Tenemos su antecedente quiteño en pintura en el XVII con Miguel de
Santiago y revisemos su traslado a la escultura, tema que cobró gran importancia
con el afamado artista Bernardo I.egarda y su taller. De entre muchas Vírgenes
producidas en ~ i t o , se encontró una en marfil (manos y caras), citada por
Gabrielle Palmer y más tarde Margarita Estella en España, y otras que
efectivamente tienen un aire oriental que me es dificil definir pero que ya con
anterioridad fue notado por los historiadores del arte, el español Marqués de
Lozoya y el ecuatoriano José Gabriel Navarro. Remarcando sobre el tema, en el
testamento de I.egarda de 1773, entre abanicos, flautas y anteojos de larga vista
se descubre un apartado de esculturas entre las que se tasan:
Una [Inmaculada] Conce¡x:ión de la China, de un jeme de alto ... 4 reales
Otra dicha de madera y diadema de plata de un jeme de alto en 2 reales
Otra dicha con su peaña de jaspe, de una cuarta de alto en 6 reales
Otra dicha de marfil con su peaña de mármol de cinco dedos de alto en 6 reales (Test.
103-10Sv nota 42, M. del Banco Central del Ecuador, Quito).
Entre paréntesis, es muy probable que lo "chino" fuese utilizado como
genérico para todo lo que viniera de Filipinas.
Portadores importantes de esta influencia orientalista parecen haber sido los
marfiles hispano-filipinos elaborados por la población china, sangleyes, en
Manila, como subrayaría la mencionada Estella y 0tros autores mejicanos
dedicados al tema. Estos también usaron modelos grabados y muchos de los
temas preferidos coinciden con la escultura americana: cristos crucificados, el
tema mariológico, el Buen Pastor, los santos José, Miguel, Sebastián y Juan
Bautista, entre otros.
Un posible ejemplo de esta hipotética fusión indígena-oriental de una de las
pocas artesanías indígenas que continuaría durante el período colonial fue el del
barniz de Pasto, elaborado en la pequeña ciudad de Pasto al sur de Colombia.
Los indígenas en la época Precolonial trabajaban con resina vegetal del árbol
denominado mopa-mopa (flaegia pastoensis mora) aplicada a diversos objetos
97
de madera, sioúlar a la artesanía del Uruapán en Michoacán y Guerrero en
Méjico, en donde se usaba la resina animal.
Durante la conquista se introdujo el uso del pan de oro, papel metálico,
colorantes vegetales y animales, con formas nuevas moriscas en ocasiones, o
decoración que incorporaba un vocabulario oriental en el tratamiento de
florecillas y animales fantásticos. De los talleres salieron marcos, cajas, joyeros,
azafates, atriles, y en esta manifestación se dio el excepcional encuentro de
tecnología y tradición indígena que pudo sobrevivir, creo yo, gracias al gusto
difundido por la vía de la importación de productos semejantes de exótica
procedencia como lo fueron los biombos, cajitas y charoles hechos de laca o
maque chinos.
Debo confesar oú enorme interés por estudiar más a fondo esta otra realidad
en la conformación del arte colonial latinoamericano. La falta de investigación
hace que de momento simplemente se planteen hipótesis y que se haga un
llamado de atención al tema.
OTRA CLAVE: LAS ARTES APLICADAS
Este ejemplo del barniz de Pasto nos debería llevar a reflexionar sobre el
siguiente aspecto: si de hecho es cierto que el arte oficial eclesiástico no recoge
la presencia explícita del indígena, ¿no será que debido a la falta de estudios e
interés por 10 que hasta hace poco se consideraba "artes menores", estamos
dejando de lado las artes industriales o aplicadas y que probablemente un
profundo estudio del tema a través del textil colonial, el bordado, el mobiliario
de madera o la ceráoúca nos lleve a exaoúnar otro tipo de encuentros con las
manifestaciones culturales del sector indígena? Recordemos que las artes
aplicadas casi siempre se han desarrollado más libres del control oficial y que
a través de ellas podría existir una posibilidad de diálogo.
También deberá tomarse en cuenta el estudio de los materiales y las técnicas.
en sí, temas que podrían aportar con nuevos datos para este reencuentro. De
todas formas yo me aventuraría a iI?Sinuar que, salvo en el caso del barniz de
Pasto, la_presencia indígena en las demás artes aplicadas no va a evidenciarse
como en otras partes de la América indígena, y que el caso ecuatoriano -y por
extensión en Colombia-, al menos en lo que a las artes se refiere, se deberá
hablar más bien de un arte mestizo por excelencia, caracterizado en su etapa
barroca (1730-1830). El téroúno "barroco mestizo" debería ser utilizado -según
Ramón Gutiérrez y otros autores que estamos de acuerdo con ello- no
precisamente como una su perposición de elementos temáticos que dan fe de
la incorporación de datos o iconografia española frente a detalles que hacen
referencia al entorno americano indígena.
Si nuestra tesis es válida, aquella que plantea el distanciamiento o sepa-
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ración desde el inicio de la conquista, de la producción material indígena
(empobrecida y limitada) de la del sector urbano mestizo (cada vez más rica y
dinámica y con la Iglesia detrás como el gran mecenas), no es diñcil de imaginar
que esta realidad última florecería. Consideremos por un momento la discreta
producción de pintura o escultura popular (¿o es que casi todo se ha perdido?
¿o quizás es la falta de estudio?). Si revisamos ciertas imágenes nuevamente nos
pernúten apreciar en esta pinLUra popular un esfuerzo muy grande por seguir
las reglas del juego del arte oficiaL Incluso aquellas estampas religiosas de
vírgenes populares grabadas y lanzadas al mercado para aumentar el fervor
popular o aquellos pequeños cuadros con donante indígena al pie, no aportan
notoriamente en cuanto a la introducción deliberada de elementos locales
formales o de contenido que rodean su propia realidad.
EL ARTE BARROCO Q U I ~ O :
EL MESTIZO MIRANDO AL EXÓTICO INDIO
Sin embargo es interesante introduciinos brevemente en el "siglo de oro"
del arte colonial qujteño, la etapa del barroco, en donde se expresa con más
libertad y mayor poder de convicción un arte más 'propio, mejor caracterizado
y que le diera verdadera identidad a la cuestionada Escuela Quiteña. Este
período coincide con importantes transformaciones ideológicas y políticas. Por
un lado el contacto de la América española con un espíriLU más ilustrado,
aunque los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa señalaran que en Quito "la
juventud distinguida [era] muy corta en las noticias políticas, en las históricas,
y en otras Ciencias Naturales, que contribuyen al mayor cultivo de los
Entendinúentos, o que los ilustran ... "
y por otro lado el impulso que dio la Corona Española en manos de los
borbones por reorganizar el espacio colonial y vincularlo con la península,
mediante un mejor y más efectivo control fiscal y político, cosa que en los últi-
mos momentos ausburgos se había debilidado notoriamente. Esta necesidad de
reactualización y reflexión en tomo a las nuevas relaciones de dependencia en-
tre España y América, desencadenó una serie de proyectos científicos de obser-
vación y estudio por parte del gobierno español, una especie de inventario
reactualizado de Indias, en donde los metales preciosos no eran ya lo único
importante. Muchas de estas expediciones tuvieron un impacto interesante en
la consolidación misma de los propios pueblos americanos, poniendo en aviso
la necesidad de registrarnos, de identificarnos. El espíriLU práctico de su trabajo
debe haber afionado el poder civil del hombre hasta el momento donúnado por
un espíriLU en extremo religioso. El laicismo del siglo es interesante aunque
Quito continuase siendo un gran convento, al decir de Bolívar, décadas más
tarde.
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A pesar de esto, la expedición del botánico Mutis en Colombia, trabajando
con un apreciable elenco de pintores quiteños, en el registro minucioso de flores
y frutos del área (coL en el Jardín Botánico de Madrid), su contraparte con la
expedición de Tafalla y el proyecto La Flora Huayaquilenses, o el encargo de
que se pintaran las razas, los vestuarios, frutos y flores, colección realizada por
Vicente Albán en 1783 y que hoy se halla en el Museo de América, entre muchos
otros acercamientos de carácter científico, colaboraron a que el criollo ameri-
cano dier3:. vuelta de ojos hacia América y sus gentes nativas o indígenas.
Añadamos a esto el sinnúmero de piezas de marfil, loza fina de la China, Talavera
o Ingla[erra que traían en su repertorio la representación de tipos exóticos (tal
cual el gusto rococó) como por ejemplo pajes negros o damiselas campesinas
que podían ser "leídas" como parte del entorno local, su idealizada visión de
los nativos.
Parcial consecuencia de los aspectos descritos y dentro de un marco estric-
tamente religioso para el caso de Quito, el tema del indígena (no su participa-
ción) parece haber surgido en el seno de una de las manifestaciones más impor-
tantes de la escultura quiteña dieciochesca: el Nacimiento. En los Nacirruentos
se incorporaron además de las figuras centrales de San José, la Virgen yel Niño,
cientos de figurillas secundarias que por un lado dan fe de las costumbres indí-
genas y mestizas del lugar y por otro combinan espectaculares vuelos a sitios
como Egipto o el Oriente en general, produciéndose un verdadero sincretismo
de culturas de la más diversa procedencia.
En el gran Nacimiento que Legarda dejara en su testamento, a más de dece-
nas de lucecillas o fuentes de luz, y 290 figuras de cristal, encontramos "2 indios
peleadores, 1 indio y una india", y para añadir otra pequeña nota sobre la
conexión con Oriente, se menciona "seis figuras que manifiestan diferentes de
animales, de losa de la china, de un jeme de alto L.1 Nueve dichas; las siete en
figura de gato de madera y las dos figuras de perro, de loza de la China, de 3
dedos de alto L.J".
Además de estas menciones al tema indio, recuerdo tan solo una obra del
quiteño Antonio Astudillo, pintada para San Francisco en 1785: Fray Jodoco
RicRe bautizando a un indiecíto (alrededor de 1530), cuadro más bien de
carácter histórico.
Solo al final del XIX el tema indígena se tornaría popular en las artes oficiales
y solo al final del XX el indígena mismo empezaría a participar directamente en
ellas. Un profundo estudio sobre el tema, tan en boga dentro de las conmemo-
raciones de España por su encuentro con América después de 500 años,
empezará a afinar mejor lo que yo tan burdamente he esoozado en esta
ponencia.
100
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REGION, CIASE Y DISCURSO:
ANAUSIS cmnco DE VARIAS OBRAS RECIENTES
SOBRE EL PROCESO SOCIAL Y pounco
ECUATORIANO ENTRE 1930 y 19S0
Carlos de la Torre Espinosa·
Nuestro conocimiento sobre el período que va desde la década 'de los treinta
a los setenta y que abarca los diferentes velasquismos es desigual. Si bien existen
excelentes trabajos sobre el boom bananero y los cambios que éste provocó en
la estructura social del Ecuador, así como sobre la conquista del voto en
Guayaquil a partir de los años cincuenta, las décadas de los treinta y los cuarenta
han permanecido relativamente ignoradas. Este descuido sobre una época de
grandes cambios spcioeconómicos y políticos, por suerte está superándose:
recientemente se han publicado una serie de libros y artIculos que nos permiten
comprender mejor este importante período.
1
Una nueva bibliografia, que será
críticamente analizada en este artículo, enriquece, cuestiona y da bases más
sólidas para evaluar las interpretaciones dominantes en las ciencias sociales
sobre las décadas de los treinta y cuarenta, aquellas de Agustín Cueva y Rafael
Quintero.
2
Esta reseña está dividida en cuatro secciones. Primero se evalúan los aportes
de quienes usan la categoría región para el análisis de los procesos socioeco-
• Profesor de Drew University.
l. Cristina Clrdenas, Velasco IbaTTQ.: Ideología, podery democracia. Quito, Corporaci6n Editora
Nacional-Fundaci6n Friedtich Naumann, 1991.
Abelardo Moncayo Andrade, Raúl Andrade: Crónica de un Cronista. Quito, Casa de la Cultura
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2. Rafael Quintero, El Milo del Pepulismo en el Ecuador, Quito, FIACSO,1980.
Agustín Cueva, El Proceso de Dominación Política en el.Bcu.ador, Quito, Editorial Planeta, 1988.
104
nómicos. La segunda secdón discute diferentes aproximadones a la historia de
la clase obrera y a movilizadones multiclasistas. La tercera secdón analiza tra-
bajos sobre el discurso. Por último, se retoma el viejo debate de si el velasquismo
fue o no fue una forma de populismo. Debido a que el tema de la reseña son
los estudios sobre el período histórico que va de 1930 a 1950, este trabajo no
discute los artículos de las obras editadas por Quintero y Thorp sobre otros
períodos históricos. Es así que los artículos de Bertha García, Nick Mills y
Amparo Menéndez-Carrión del libro La Cuestión Regional y el Poder, y los
trabajos sobre la crisis de los ochenta del libro Las Crisis en el Ecuador, no son
analizados.
REGiÓN
A diferenda de la visión convendonal sobre las décadas de los treinta y
cuarenta como una época de crisis económica y social situada entre los booms
cacaoteros y bananeros, la literatura producida en los últimos años demuestra
que desagregando las experiencias históricas a niveles regionales, se alcanza
una mejor comprensión del período. Juan Maiguashca y llisa North en su trabajo
publicado en La Cuestión Regional y el Poder, así como el trabajo de Maiguashca
en Las Crisis en el Ecuador, separan los efectos económicos y sociales de la crisis
del surgimiento de productos y nuevas reladones de producción en tres
regiones del país: la costa, la sierra sur y la sierra centro-norte.
A través del análisis de fuentes secundarias, algunas de diñdl acceso en el
país tales como tesis doctorales de universidades extranjeras, se demuestra que,
en la costa, la crisis de las plantadones cacaoteras de la provinda del Guayas,
que es la única provinda analizada, estuvo acompañada del surgimiento de
otros productos de exportadón y consumo interno. Es así que las producdones
de arroz, azúcar y en parte cacao caracterizaron la estructura económica de esta
región que, a pesar de experimentar el relajamiento del control de los
hacendados sobre los campesinos cacaoteros y del surgimiento de nuevas
reladones de producdón -la aparcería para el cultivo del arroz y el trabajo
asalariado ocasional o permanente en las plantadones azucareras-, no vio el fin
de las reladones entre hacendados cacaoteros y sus sembradores y cultivadores.
En la sierra sur se dio el surgimiento de la producd6n de sombreros de paja
toquilla, antes centrada en Manabí, que provocó el aparedmiento de una clase
media que retó al dominio absoluto de los terratenientes. En la sierra centro-
norte, a pesar de los limitados procesos de modernizad6n en las hadendas
lecheras de los cantones Cayambe y Mejía de la provinda de Pichincha, la
hadenda tradidonal sigui6 dominando. Además, esta región, como lo demos-
tró previamente Deler experiment6 un limitado proceso de industrializadón
105
centrado en las industrias textiles y harineras. 'Por 61timo, los autores demues-
tran Jos PJ'OCe'OS de urbanizad6n sin proletpizadón masiva ocurridos tanto en
Quito como en Guayaquil.
. A pesar de que, debido a la falla de estudios de caso, los autores no pueden
ligar los cambios en la estructura social con diversas modalidades de protesta
y resistencia. se ofrece un esbozo de conflictos rurales y urbanos, así como una
discusión del proc:eso organiutivo de las dases subalternas que aceleran la
constitudOn de gremios, sindicatos, asodadones de empleados de clase media
y estudiantiles, entre otros. Es asl cOmo los ·treinta y cuarenta aparecen como
una época en la que simultáneamente surgen nuevas reladones de producdón
y se afianzan reladones tradidonales; en la que el proceso organizativo de los
sectores subalternos se acelera y en la que diversas formas de acción colectiva
retan a las clases dominantes.
Desafortunadamente, el de Maiguashca y Nonh es incompleto. No
solamente por la falta de estudios de caso que no les permiten ligar estructura
social con formaS de organizaci6n y tipos de resistencia y conflicto, sino también
porque, al igual que otros autores, reducen el estudio de la región costa a la
provinda del Guayas y de la sierra sur al 4rea alrededor de Cuenca. Además,
omiten en su estudio a una cuana regi6n: la Amazonía. Irónicamente, al seguir
considerando a la Amazonia como un mito, los autores pierden la oportunidád
de ligar estructura sodal con formas de resistenda y protesta. Precisamente, uno
de los únicos trabajos históricos sobre esta regi6n, el de Blanca Muratorio sobre
el Napo/la través del uso de la historia social y oral, elabora la historia del área
tanto en sus aspectos estructurales, como de resistencia y contestación de los
Napo-Runas.
CLASE
La publicad6n del Segundo Tomo de la Historia del Movimiento Obrero de
Patricio Y caza, ciertamente trata de llenar un vacío.sEI autor, a través del análisis
de una serie de publicaciones de las diferentes asociaciones y sindicatos
obreros, ast como de hojas volantes, periódicos y de propuestas de partidos
políticos, en particular de izquierdi, analiza la historia del movimiento obrero
desde mediados de los treinta, en que las izquierdas adoptan la táctica de los
frentes populares, hasta el levantamiento indígena de 1990.
3. Jean PauJ Dder, 1k:uadt:w: del1ispt.lcio alJ!stadoNaQonal, Quito, Banco Central del. Ecuador,
1987.
4. Blanca Muratorlo, AIcmso Y la Historia Social Y Económica del Alto Napa, Quito,
Abya-Yala, 1987.
5. Patricio Ycaza, HístoriadelMovimfentoObNroBcuatoriano, Tomo l. Quito, CEDIME, 1984.
106
y caza parte del postulado marxista de la centralidad revolucionaria del
proletariado, para desarrollar una metodología para el estudio de la historia de
la clase obrera. Esta metodología se basa en dos premisas: 1) analizar las
propuestas de los partidos de izquierda y los archivos escritos de las organi-
zaciones obreras; 2) el criterio para evaluarlas es si responden o no a los "inte-
reses" proletarios de transformar la sociedad capitalista por una socialista. El
impresionante trabajo de investigación del autor, tiene además una intención
práctica. El análisis histórico intenta cumplir la doble función de dar voz a
quienes no la tienen y de evaluar los errores y éxitos del pasado, para superar
la crisis actual del sindicalismo y de la izquierda ecuatoriana.
Pero, al finalizar la lectura del texto de Y caza, nos preguntamos ¿es ésta la
historia del movimiento obrero? ¿Es válido analizar la historia de la formación
de la clase obrera a través de las tácticas y estrategias de los partidos de
izquierda? ¿Cuál fue la racionalidad de los obreros y trabajadores al-según lcaza-
equivocarse tantas veces, al no actuar en beneficio de sus intereses y dejarse
engañar, ya sea por sus adversarios de clase o por la mala estrategia y táctica
de sus aliados-voceras-representantes de izquierda?
La historia de la clase obrera, de los obreros d ~ came y hueso, deviene según
y caza en la historia de sus representantes, de sus líderes y de:: las agrupaciones
políticas cuya razón de ser es la liberación del proletariado. Por lo tanto, el
interés original de dar voz a los que no la tienen; de rescatar la historia de un
sector de los oprimidos, no se cumple o solo se la cumple parcialmente. Los
obreros todavía no tienen su propia voz, solo la alcanzan -y a medias- cuando
sus acciones están de acuerdo con sus intereses que, por supuesto, los conoce
el autor, quien basa su autoridad en el método cientificó marxista de la historia.
Así, por ejemplo, la historia de la Confederación Ecuatoriana de Obreros
Católicos (CEDOC), en sus primeros años, es la historia deerrdres de artesanos
que debido al influjo de la iglesia no conocían sus intereses. Las acciones
obreras en episodios violentos, como en la Gloriosa en mayo de 1944, no fueron
por sus intereses, en este caso por las malas tácticas de sus líderes que,
influenciados por las teoñas de los frentes populares, cayeron en "las,lrampas
de la institucionalidad democrática-burguesa".
Los ejemplos de errores históricos son fftUcftos, ¿por qué ~
tanto los obreros? Una posible respllesta es queJa ideología dgmina1'1fl!!!di .. -
siona permanentemente la verdadera lucha por sus intereses..Otra,' ..,...1lWJe
complementar la primera, vendña del carácter atrasado y amorfo d.eIi clase
obrera ecuatoriana, la cual, debido a las distorsiones del desarrollo-capitalista
dependiente, no se puede constituir como tal.
Estas dos posibles respuestas son problemáticas. La idea de una sociedad
capitalista cerrada y total, de la anti-utopía del control social, no se puede
mantener dadas las evidencias de contestación y resistencia al orden social
imperante. Por otro lado, se asume que la historia tiene un fin y un modelo dado
107
que se explica en la conformación de la clase obrera como sujeto revolucionario
que, inevitablemente, transformará al capitalismo en una sociedad mejor y más
elc:vada: el socialismo y/o el comunismo. Todo lo que se aparta de lo postulado
por este modelo teleológico de la historia, es denigrado o considerado como
obstáculos que a la larga podrán ser superados por la correcta táctica de lucha
obrera.
Dados los supuestos problemáticos del marxismo ortodoxo, se necesitan
modelos alternativos para el estudio de la formación de la clase obrera. Estos
no deben basarse en la visión de la inevitable evolución de la historia al
comunismo, ni en la constitución de los intereses del proletariado en la esfera
de la producción, que se reflejan en la política y en la ideología y que son
reconocibles para los teóricos iluminados por la ciencia marxista que liderarán
al proletariado en su inevitable lucha por el socialismo. Estos modelos deberán
partir de las experiencias, vivencias, sueños y pesadillas de obreros. de carne y
hueso localizados en estructuras socioeconómicas, políticas y discursivas
concretas. Estos estudios, por lo tanto, situarán la autoconstitución de la clase
obrera dentro de estructuras dadas tales como relaciones de producción, formas
estatales, formas de acción colectiva y discursos que estén disponibles en la
sociedad en coyunturas concretas.
Afortunadamente, en el Ecuador el modelo marxista de Y caza no es el único
disponible para el estudio de la formación de la clase obrera. Basándose en la
teoría y metodología de los historiadores marxistas ingleses, sobre todo de E.P.
Thompson, Milton Luna,6 Guillermo Bustos y Juan Maiguashca en el libro Las
Crisis en el Ecuador, así como Maiguashca y North, presentan un modelo
alternativo.
El interés es rescatar la voz autónoma de los sectores subalternos, en este
caso de obreros y artesanos. Para lograrlo usan, irónicamente, los mismos
documentos que Y caza: hojas volántes, periódicos de la época y manifiestos de
los organismos obreros. La diferencia es que, en lugar de a priori asumirse lo
que son los verdaderos intereses obreros, se analizan las luchas en el contexto
histórico en que se dieron. Se busca la racionalidad de acciones que, aparen-
temente, y desde el objetivismo marxista ortodoxo, son irrfcionales. Es así que,
por ejemplo, la formación de la Compactación. Obrera Nacional (CON) y la
Guerra de los Cuatro Días en 1932, no son necesariamente actos irracionales
como los interpretaron Cueva 0988; también en su anlculo recopilado en el
libro Las Crisis en el Ecuador), Quintero (1980) y el mismo Ycaza (984) en su
primer tomo de la historia del movimiento obrero.
Bustos y Luna sugieren, pues sus investigaciones completas sobre la década
. 6. MUton Luna Tamayo, -Los Movimientos Sociales en los treinta. El rol protag6nico de la
multitud", Revista Ecuatoriana de Historia Econ6mica, Quito. 1989, No. 6, pp. 199-236.
108
del treinta en Quito no han sido publicadas todavía, que fue económicamente
racional el que maestros artesanos, que se estaban convirtiendo también en
comerciantes, apoyaran a otros sectores del bonifacismopues las promesas de
Bonifaz fueron "expandir el mercado nacional, de prohibir importaciones de
artículos que compitan con similares ecuatorianos y de abrir importaciones de
materia prima" (Luna, 1989: 214), Además, artesanos, pobladores, obreros y
sectores de la tropa apoyaron a Bonifaz, incluso con las armas, al oponerse al
fraude electoral y al dominio del partido liberal que fueron vistos como la raíz
de sus problemas y miserias económicas y políticas. Por supuesto, y tal vez
debido a que la investigación sobre la coyuntura del 32 esté en proceso, todavía
no se han analizado los discursos de la época para comprender por qué el
liberalismo y el fraude electoral se convirtieron simbólicamente en la fuente de
todos los problemas económicos y sociales, para de esta manera dar cuenta de
por qué la política entendida como el respeto a la libertad de los electores para
* hacer válido su derecho al sufragio, fue la.bandera de lucha que aglutinó a otras
demandas.
El análisis de Guillermo Bustos sobre artesanos y obreros quiteños en la
década del treinta, publicado en las Crisis en el Ecuador, además demuestra la
necesidad de la especificidad en el análisis histórico pues, en lugar de hablar
de artesanos en general, uno de los puntos claves de su trabajo es constatar la
existencia de diferentes propuestas dentro de las organizaciones artesanas. No
todos los artesanos quiteños fueron miembros de la CON, también fue
importante la Sociedad Artística e Industrial de Pichincha (SAIP) que articuló,
frente a las propuestas organicistas de armonía de clases de la CON, propuestas
sobre la lucha de clases. Es así que, en las luchas obreras y artesanales de la
década del treinta, surgen dos oposiciones discursivas: pueblo/estado y
obreros/patronos-estado. Mientras que la primera presenta el campo discursivo
como la lucha entre las categorías imprecisas pueblo/estado, la segunda da un
carácter clasista a la lucha social.
A pesar de no centrarse en el estudio de la formación de la clase obrera, el
trabajo de Quinteroy Silva, publicado en La Cuestión Regional y el Poder, parte
.de la categoría marxista de claSe para explicar una serie de conflictos regionales
ocurridos en 1939 y én 1959. En el primer conflicto, provocado por políticas del
Banco Central, se agruparon varios sectores sociales guayaquileños en la
formación de un movimiento regionalista que nunca se constituyó en partido
político, pues uno de sus líderes, el libenll Carlos Arroyo del Río, fue
candidatizado y electo -algunos dicen que por fraude- Presidente de l ~
República en 1940. La segunda serie de conflictos regionales ocurrieron en 1959,
en la administración de Camilo Ponce. Uno estuvo centrado en el conflicto entre
importadores guayaquileños de llantas e industriales serranos que querían
instalar plantas en la sierra. El otro, más rico en sus alianzas y contradicciones,
se dio acerca de la suspensión de la importación de arpillera de yute de la india
109
para la elaboración de costales o sacos para comercializar el azúcar. Mientras
que para los industrialés costeños del azúcar, la medida iba en contra de la
necesidad de obtener sacos o costales de.mejor calidad, para los industriales y
los sindicatos serranos se estaba promoviendo la industria nacional. En este con-
mcto también intervinieron, de manera autónoma, los productores algodoneros
de Manabí.
El relato de Quintero y Silva de los conflictos regionales es fascinante.
Utilizando fuentes periodísticas y editoriales de la época, planteamientos de los
gremios de industriales, comerciantes y obreros de las diferentes regiones, los
autores describen una serie de coyunturas para entender la ausencia de clases
nacionales y partidos políticos que sean los mediadores de estos intereses y, más
importante, en mi criterio, las alianzas multiclasistas que se dieron en estas
coyunturas de luchas regionales.
Para explicar la ausencia de clases dominantes nacionales y la falta de
partidos políticos que mediatizaran los intereses de clase a nivel nacional,
Quintero y Silva proponen la existencia del Segundo Pacto Oligárquico entre
terratenientes y burgueses, que se dio con el primer velasquismo en 1934. Este
Pacto Oligárquico, producto del empate catastrófico de fuerzas de terratenientes
y burgueses en la que ninguna clase podía imponer su voluntad nacional en un
momento en que el proletariado era muy débil para dominar la sociedad pero
lo suficientemente fuerte como para cuestionar la dominación clasista, perdura
hasta principios de los años setenta. Este Pacto explicaría, según los autores, la
inestabilidad política y la falta de políticas económicas coherentes en un período
largo de nuestra historia.
El mérito y el riesgo de la interpretación de Quintero y Silva es que el Pacto
Oligárquico a la vez que explica mucho, explica poco. Por un lado, aparece
como una hipótesis interesante para entender la falta de políticas económicas
claras, la ausencia de proyectos nacionales y la debilidad de los partidos
políticos. Pero, por otro lado, la crisis de proyectos nacionales de dominación,
que está en el fondo de su explicación, se torna en casi permanente. El Primer
Pacto Oligárquico va desde 1912 hasta 1925, mientras que el Segundo Pacto
Oligárquico dura más de treinta años 0934-1972). De esta manera, los Pactos
Oligárquicos son un recurso teórico para explicar coyunturas demasiado dife-
rentes de la historia nacional. Explicarían los llamados gobiernos plutocráticos
1912-1925; el primer velasquismo 1934-35; la inestabilidad que le sigue, en la
que gobiernos Militares represivos son reemplazados por gobiernos Militares
que atienden las demandas obreras; el triunfo liberal de Arroyo del Río en 1940;
las luchas contra Arroyo y la revuelta multiclasista y pluripartidista que trajo a
Velasco al poder luego de La Gloriosa en mayo de 1944; los conflictos del
segundo velasquismo 1944-47; la estabilidad de los años cincuenta, que por cier-
to, incluye un tercer velaquismo y, por último, la inestabilidad de los setenta
con los dos últimos velasquismos incluidos. En fin, los pactos oligárquicos
110
explicarían sesenta años del proceso histórico ecuatoriano, de 1912 a 1972.
Pero, eso no es todo: el apego a la teoría marxista ortodoxa de las clases no
permite a Quintero y Silva explicar por qué los sectores subalternos fueron parte
integrante no solo del Segundo Pacto Oligárquico sino, más en concreto, por
qué participaron en los movimientos regionales, que es el objeto de su estudio.
La participación popular en movimientos multiclasistas regionales es explicada
por la manipulación y por la falta de lucha de los sectores subalternos por sus
verdaderos intereses. O lo que es lo mismo, no se la explica sino que se la reduce
a la ignorancia de las bases y a errores de líderes sindicales y de izquierda. Esta
imposibilidad de entender la acción colectiva de los sectores subalternos es más
grave aún, pues Quintero y Silva no son modestos en sus alcances interpreta-
tivos. Ellos proponen que el estudio de estos movimientos regionales es la clave
para entender los "mal llamados populismos" y el "mal llamado velasquismo".
El problema es que el marco teórico de Quintero y Silva no les permite ir más
allá de consideraciones acerca de los sectores subalternos como "masas", cuya
supuesta manipulación e ignorancia explicaría el éxito del Oc. Velasco Ibarra y
de otros líderes populistas.
DISCURSO
A diferencia de autores que señalan la importancia del discurso pero sin
analizar discursos específicos, María Cristina Cárdenas estudia rigurosamente el
discurso de José María Ve lasco Ibarra. Basándose en la abundante obra
periodística, académica y de los discursos políticos y mensajes de Velasco, la
autora presenta los ejes centrales del discurso de quien fue cinco veces presi-
dente del Ecuador 1934-35; 1944-56; 1960-61; 1968-72 en relación con los temas
de la democracia, el poder, el liberalismo, los partidos políticos y las consti-
tuciones.
A grandes rasgos y simplificando el análisis de Cárdenas del pensamiento
de Velasco, se lo puede resumir en los siguientes puntos: 1) Velasco es un liberal
tradicional. Para él la base de la historia y de la sociedad es el individuo, pero
no el individuo utilitarista, sino el individuo subordinado a los valores univer-
sales cristianos "de verdad, justicia, belleza, amor"; 2) Velasco reconoce que la
democrada entendida sobre todo como sufragio universal es la única forma
legítima de gobierno; 3) su visión de poder y ejerdcio del poder es paternalista
y tiende a personalizar el poder en el líder; 4) su teoría constitucional defiende
el presidencialismo; 5) si bien reconoce el rol de los partidos políticos en los
regímenes democráticos, desconoce la existencia de éstos en el Ecuador y sitúa
al pueblo ecuatoriano, sobre todo en su libro Conciencia o Barbarle¡ como el
depositario de las virtudes y obligaciones que en otros lugares corresponden a
los partidos políticos; 6) reconociendo la existencia del problema social, su
111
propuesta es antagónica al "socialismo bolchevique" t proponiendo la incorpo-
ración del indio, yel reconocimiento de los derechos de los mestizos pero siem-
pre dentro de una concepción jedrquica de la sociedad¡ 7) por último, Ordenas
plantea que a pesar de que "el pueblo" es el aparente destinatario del discurso
velasquista, en realidad no lo es, sino la clase dirigente¡ y que oligarquía es "a
su vez concepto moral que describe al advenedizo social y económico, contra-
puesto tanto al rico de cuna tradicional y cultura consolidada, sentimientos y
conducta honorables, como al verdadero pueblo, compuesto por artesanos de
vida laboriosa y humilde, y de sostenida moral cotidiana". (Cárdenas 1991: 85).
Si éstos son los temas del discurso de Velasco, ¿por qué se aceptó su discurso
en el Ecuador desde los años treinta hasta principios de los setenta? ¿Por qué
sus propuestas aparecieron como válidas y creíbles frente a las propuestas de
sus adversarios politicos? ti
La respuesta de Cárdenas nos remite al contexto socioeconómico en el que
se dio el velasquismo, caracterizado por la transición a una sociedad capitalista
en la que se dan procesos de crisis económica, social y política, donde sectores
subalternos cuestionan la exclusividad de la política de élites. Es así que Velasco
representa la preservación de la sociedad oligárquica adaptada a las demandas
de participación política de sectores subalternos. De esta manera, el análisis del
discurso se sitúa dentro del contexto social y económico más amplio, para no
caer en el idealismo de quienes parten de y se quedan en el análisis discursivo.
Pero María Cristina Cárdenas no explica por qué el discurso de Velasco tuvo
éxito frente a otros y en qué contexto discursivo se dio el velasquismo.
Para responder estas preguntas, la autora debía haber estudiado el marco
discursivo compartido, aunque disputado, de la sociedad ecuatoriana de los
años treinta a setenta. ¿Qué propuestas discursivas sobre democracia, poder y
partidos políticos estaban presentes? ¿Cuáles eran las propuestas de los diferen-
tes partidos políticos y asociaciones de la sociedad civil sobre estos temas? ¿En
qué contexto discursivo irrumpe Velasco? Cárdenas no da respuestas.
A pesar de ser el primer esfuerzo serio de análisis del discurso, el texto de
Cárdenas tiene otros serios problemas. No se diferencia el análisis del discurso
político del análisis del discurso en general. Cárdenas analiza toda la obra de
Velasco sin diferenciar si estos son estudios académicos, periodísticos, discursos
electorales en plazas, o informes al Congreso. No toda la obra de Velasco tiene
la misma audiencia. Libros académicos como"Democracia yConstitucionalismo
o periodísticos como Estudios Varios no fueron escritos para el mismo público
que escuchó sus discursos en plazas públicas durante campañas electorales.
Pues como José Alvarez Junco lo ha demostrado en su brillante estudio sobre
Lerroux,
7
es esencial diferenciar entre discursos científicos-académicos que
7. José Alvarez Junco, El EmptmMJor., Paralelo. ÚIr'fOU% y la Demagogia ~ l i s l a , Madrid:
Alianza Editorial, 1990.
112
están dirigidos a la razón de los destinatarios, de discursos políticos electorales
o de barricada cuyo objetivo es motivar a la acción.
Cárdenas analiza el discurso de Velasco tomando en consideración las i n t e ~
rrelaciones entre quien habla, la audiencia y las interrelaciones orador-audien-
cia. El capítulo 2 contiene una interesante discusión teórica y empírica de quién
habla, a quién y cómo se relacionan. Pero a pesar del claro intento de analizar
los discursos en sus complejidades orador-audiencia, Cárdenas no logra su obje-
tivo, pues su estudio es sumamente ambicioso. Cárdenas analiza todo el discur-
so velasquista cubriendo más de treinta años de la historia ecuatoriana, sin
especificar los contextos y coyunturas socioconómicas y políticas en que se fue
dando este discurso.
Por ejemplo, considérense dos discursos de Velasco analizados por la auto- .
ra. E14 de junio de 1944, en Guayaquil, luego de la insurrección del 28 de mayo,
Velasco se refirió a los presentes como pueblo ecuatoriano que lucha por la
democracia contra las oligarquías liberales que basan su poder en el fraude. Diez
y seis años después, en el discurso que Velasco dio en Quito en la campaña
electoral de 1960, se refiere a los presentes como "noble chusma". Esta simple
constatación de que el carácter de la audiencia había cambiado, de que los mar-
ginales o sub proletarios habían irrumpido de mayor manera en la escena públi-
-ca, queda señalado en las palabras del caudillo. y es esta constatación la que
debe explicarse tomando en cuenta las especificidades de las diferentes coyun-
turas en que se dieron los discursos.
Si bien el libro de Cárdenas es un primer intento de estudio del discurso de
la época, el texto de Mencayo sobre Raúl Andrade, se sitúa dentro de preocu-
paciones teóricas más tradiaonales. El objeto de estudio es la vida y obra del
intelectual y periodista liberal y es por demás acrítico y apologético. Pero en
todo caso, RaúlAndrade: Crónica de un Cronista, es un libro que aporta datos
para entender el marco cultural y discursivo en el que se dieron los dos primeros
velasquismos.
Raúl Andrade, en los años treinta y cuarenta, fue el opositor más mordaz y
lúcido de Velasco. Sus escritos sobre el primer velaquismo están recopilados en
Coc}etail's y su análisis sobre la coyuntura de 1944 escrita en la columna de El
Telégrafo, "viñetas del Mentidero", desgraciadamente no se han reeditado. En
estos escritos, Andrade ataca _a Velasco y sus seguidores con sorna, como
representantes de la decadencia espiritual, moral y política del país. Los temas
de su crítica a Velasco se fundamentan en un liberalismo que se opone a la
demagogia del caudillo. Por ejemplo, con motivo de la visita del Presidente
electo Velaseo a Perú en 1934, donde fue vivado por los apristas, Andrade
escribió:
113
en Velasco Ibarra se funden y confunden todos Jos sectores independientes de su
carácter, para formar un todo anárquico, caótico, disolvente y descompuesto. En él
se operan reacciones violentas, contradictorias y disimiles, sin unidad común, ni
nexo lógico. Se diría una pantalla en la que se proyectan, deformadas y en libertad
de celda de manicomio, las más recientes e inmediatas emociones. Algo así como
un personaje naúfrago de James Joyce que fugando de "Ulises", hubiese atracado
en la política ecuatoriana. Una especie de "medioum", de subconsciente atento a las
insinuaciones de los fascinadores.
8
A diferencia de la avalancha de la opinión pública que en 1943-44 trans-
formó a Velasco Ibarra en el "Gran Ausente", Andrade mantuvo su independen-
cia crítica. Por ejemplo, debatiendo con el escritor y militante del Partido Comu-
nistaJoaquín Gallegos Lara, quien defendía la candidatura de Velasco Ibarra por
Alianza Democrática Ecuatoriana, que agrupó a los partidos de derecha e iz-
quierda, menos al liberal, Andrade manifestó: "soyantivelasquista, porque no
creo que los programas reivindicacionistas de las clases pobres puedan ser eje-
cutadas por un estado mayor de gamonales de historial tan conocido" (Mon-
cayo, 1991: p. 67). La rivalidad entre Velasco y Andrade, en todo caso, no fue
eterna. En el cuarto velasquismo los rivales se reconciliaron y Velasco conde-
coró a Andrade y le ofreció la Embajada en Moscú, que le fue negada por la Junta
Consultiva del Ministerio de Relaciones Exteriores.
Más allá de la anécdota y de demostrarnos lo bien que escribía Raúl Andra-
de, ¿qué nos dice la rivalidad de Velasco con Andrade para el análisis del discur-
so de los años treinta y cuarenta? Parecería que no mucho, pues la evidencia que
presenta Moncayo, cuyo objeto de estudio es diferente, no permite conclu-
siones. Pero en todo caso, este recuento de la oposición del escritor liberal,
demuestra la necesidad de construir los parámetros en que se dieron los discur-
sos en una época dada.
Velasco, a pesar de ser liberal, apareció en la lucha política contra el libe-
ralismo, al cual acusó de haber destruido la fábrica moral del país por el frau-
de electoral. Los liberales, por su parte, se opusieron a Velasco por su demago-
gia, falta de principios de gobierno, por su personalismo, vehemencia de carác-
ter y falta de respeto a las instituciones democráticas. Entre estos dos polos, el
de oposición a Velasco por demagogo y la de Velasco en contra del liberalismo,
hay que situar las propuestas de los diferentes partidos políticos y asociaciones
de la sociedad civil. Pues los velasquismos al ser apoyados por diversos partidos
'y clases sociales tiene que entenderse más allá de la supuesta manipulación del
líder y de la "ignorancia" de los seguidores. Y en este sentido es imprescindible
el estudio de cómo discursivamente se formaron las diferenfes propuestas que
8. Raúl Andrade, ·Velasco lbarra, llder Aprista". Codtail's Quito: Talleres Gráficos de Edu-
cación, 1937.
114
permitieron las alianzas que apoyaron a Velasco, así como los argumentos que
usó la oposición en su contra, Este análisis de los parámetros en que se dio el
discurso en la década de los treinta y cuarenta, es esencial para comprender el
apelativo del discurso de Velasco y por qué otras propuestas como las de los
socialistas, comunistas, liberales y conservadores no tuvieron el mismo éxito
que las del caudillo,·
POPULISMO o VELASQUISMO
En esta reseña se han discutido diferentes metodologías para el estudio de
la historia de los sectores subalternos y diversas propuestas para el análisis de
los discursos: a modo de conclusión se. retoma la pregunta: ¿fueron populistas
los diferentes velasquismos?
Esta vieja pregunta en el debate de las ciencias sociales ecuatorianas no deja
de ser pertinente, pues no solo varios de los trabajos discutidos se refieren al
tema, sino que también el velasquismo fue el fenómeno sociopolítico más
importante de las décadas de los treinta y cuarenta. Es así que en Las CrisiS en
el Ecuador se reproduce un artículo de Agustin Cueva en el que caracteriza al
velasquismo como populismo, producto de la crisis de los modelos previos de
dominación y que surge junto con un nuevo ,actor sociopolítico, el subprole·
tariado. Quintero y Silva niegan la utilidad teórica del término populismo,
plantean en su lugar el análisis de los diferentes movimientos multiclasistas, mu-
chos de ellos regionales; que explicarían mejor los diversos velasquismos Y otros
fenómenos designados como populistas. Maiguashca y North, así como María
Cristina Cárdenas, aunque desde perspectivas teórico-metodo16gicas diferen·
tes, caracterizan al velasquismo como un producto de la transición del Ecuador
a la modernidad, explicado por la de nuevos actores sociales y no
usan el término populismo para caracterizarlo. Pero Maiguashca y North y María
Cristina Cárdenas no comparten su evaluación del fenómeno velasquista.
Cárdenas, de acuerdo con Quintero y Cueva, ve en el velasquismo un movi-
miento funcional a los intereses de las clases dominantes; para ella, el discur-
so de Velasco incorpora demandas de participaci6n política de sectores pre-
viamente excluidos, pero sin cambiar la estructura de la sociedad oligárquica.
Esta perduración de la sociedad oligárquica le hace rechazar la caracterización
de populista al velasquismo. Maiguashca y North, en contra de los otros autores,
rescatan los aspectos contestatarios del velasquismo, que aparece en una nueva
faceta, que Cueva la descubrió a medias, como una forma de protesta a las
dislocaciones producidas por la modernización capitalista.
Para concluir, sin estudios de caso de los diversos velaquismos es apresu-
rado caracterizar este fenómeno. Si el velaquismo fue populista o no depende
de cómo se defma el término populista, lo que en sí demuestra la dificultad de
115
construir teóricamente esta noción. Pero se caracterice de populista o no al
velasquismo, lo importante es que se lo estudie en los diferentes aspectos a los
que se refiere el término populismo. Es así que hay que dar cuenta de las
conq.¡ciones estructurales en que se dieron los diversos velasquismos; los estilos
de liderazgo político que tienen que prestar atención a las interrelaciones bases-
líder; los discursos del líder pero dentro del contexto discursivo en que se
mueve; los mecanismos de articulación electoral; y, por último, desarrollar las
historias sociales de los diversos velasquismos sin prejuicios apriorísticos del
marXismo onodoxo que no permitan analizar acciones aparentemente irracio-
nales, sino rescatar y evaluar la racionalidad de la acción éolectiva en coyunturas
concretas.
PROCESoS, Revista Ecuatoriana de Historia. No. 4,
e 1993, Corporación Editora Nacional QJlo.
DmACOCA DE lA HISTORIA:
AULA ABIERTA
ALGUNAS IDEAS pRÁcnCAS PARA UNA CLASE ACnVA
Carlos Landázuri Camacho
Hace algunos meses pude escuchar una interesante conversación entre
algunos empleados de una prestigiosa entidad del sector público enQuito sobre'
la utilidad de los estudios secundarios. Uno de ellos, una eficiente secretaria de
unos 28 años, decía que lo que le había servido de su educación secundaria eran
las materias de especialización: taquigraña, mecanograña, archivo, inglés. Lo
demás había sido prácticamente inútiL Le interrumpí para preguntarle especí-
ficamente si las clases de historia le habían sido de algún provecho y me contestó
que no. Ni siquiera se acordaba sobre qué habían tratado esos cursos, pero sí
recordaba que en ellos se aburría, que no hallaba sentido a la memorización de
tantos nombres, datos y fechas, que ella olvidaba después del examen final.
La opinión de esa joven burócrata supone un fuerte cuestiona miento a toda
una práctica educativa libresca y memorística, explícitamente en lo que se
refiere a la enseñanza de la historia. Su opinión oculta también, desde luego,
una actitud exageradamente utilitarista, pero sería injusto tratar de eludir ese
cuestionamiento fundamental transformando la discusión en un debate entre
posiciones filosóficas diversas. Así, pues, este articulo pretende, en primer lugar,
enfrentar directamente el tema del propósito de la enseñanza de la historia en
escuelas y colegios y, luego, el de la metodología con que debería ser enseñada.
1. ¿PARA Qut ENSdAR HISTORIA?
Para comenzar, señalemos claramente que el proQÓSito de la enseñanza de
la historia no puede ser el de memorizar datos sobre el pasado de un pueblo:
ni las culturas aborígenes, ni los límites de la Real Audiencia de Quito según la
cédula real de 1563, ni los nombres de los presidentes del Ecuador republicano.
Todas esas listas y muchas otras, aprendidas con frecuencia fuera de contexto
y por lo mismo casi sin sentido, han sido en demasiadas ocasiones el terror de
118
los estudiantes y, a veces, el instrumento del "control" o la venganza en manos
de algunos profesores.
Pese a lo que dejamos anotado, también hay que aclarar que la memoria es
uno de los componentes más importantes de la inteligencia humana y por lo
tanto bien vale la pena cultivarla y ejercitarla, al contrario de lo que parecerían
mantener ciertas escuelas pedagógicas que tan olímpicamente la menosprecian.
Pero ello no significa, insistimos, que el propósito central del estudio de la
historia sea el memorizar datos, ni que el mejor estudiante sea el que más
información pueda repetir.
En definitiva, la historia es el estudio del pasado para entender el presente
y, en último término, para entendernos a nosotros mismos. Se trata, pues, de una
disciplina esencialmente formativa, cuya tarea fundamental, más que la de
enseñar al futuro bachiller a hacer algo concreto, es la de motivarlo a ser de una
cierta manera y a pensar de un modo que difkilmente adoptaña quien nunca
la hubiera estudiado.
Tratando de concretar lo expresado, podríamos decir que el estudio de la
historia persigue o debería perseguir ciertos objetivos básicos:
1. Lograr una comprensión y un compromiso más profundos con la realidad
contemporánea.
No estudiamos el pasado por el pasado, como haría el anticuario que valora
más un mueble antiguo que uno nuevo, precisamente por ser antiguo.
Estudiamos el pasado, ya lo hemos sugerido, porque sin ese estudio no es
posible entender el presente. El presente no es algo que haya aparecido de
pronto, con sus caracteñsticas establecidas caprichosamente; por el contrario,
es un todo complejo y dinámico, que se ha ido gestando a lo largo del tiempo
y que continúa naciendo todavía. Sin entender ese proceso de gestación, esa
historia, se qos escapañan muchas de las dimensiones más profundas de la
realidad.
Además, el presente, nuestra realidad social, no es exactamente un objeto
externo que podamos estudiar de la misma manera que podñamos observar un
insecto con una lupa. Más bien es como la atmósfera que nos e n ~ e l v e yen la
cual vivimos, que en parte nos determina pero sobre la cual también influimos
necesariamente. Por ello el estudio de la historia no solo debeña llevar a
comprender el presente, sino, además a comprometernos con él, con los demás
hombres, para mejorarlo.
2. Desarrollar el sentido critico, el respeto por la verdad, la honestidad
intelectual.
El estudio de la historia está lleno de verdades. incompletas, de datos
contradictorios, de conclusiones polémicas. Todo 10 humano se suele mover en
una infinita gama de grises, que va desde el blanco al negro, pero donde es
infrecuente encontrar cualquiera de esos dos colores en estado puro. Por ello,
el estudioso de la historia tiende a evitar el dogmatismo y a buscar la verdad a

119
la vez con rigor y con hutnildad.
En los cuentos infantiles existen los buenos y los malos; en la historia, no.
La frontera entre el bien y el mal no pasa entre el norte y el sur, ni entre el este
y el oeste; no divide a pobres de ricos, ni a unas razas de otras, ni a las clases
sociales entre sí; pasa por el medio de todo corazón humano. Por eso resulta
deleznable la figura del historiador como juez (el"Tribunal de la Historia") que
dicta sentencias inapelables sobre personajes, pueblos y épocas. Su verdadera
misión no es la de juzgar, sino la de comprender y explicar.
Adicionalmente hay que tener en cuenta que para poder formar su criterio
sobre los acontecimientos históricos, el joven historiador necesita leer diversas
narraciones y textos. Por ello, el estudio de esta disciplina es un estímulo pode-
roso para desarrollar la capacidad y el gusto por la lectura.
3. Desarrollar la capacidad de síntesis
El estudio de la historia supone una evaluación constante de los diversos
datos para determinar cuáles son relevantes y pertinentes y cuáles no lo son.
Después de haberlo establecido, resulta indispensable formular una imagen
coherente del problema que se estudia. Por ello, el joven estudiante de historia
tiene en esa asignatura un estimulo constante para pensar y para expresar lógi-
camente sus pensamientos, vale decir, para hablar y para escribir.
4. Fomentar un sólido patriotismo
El estudio de la historia fomenta en el estudiante la formación de una
conciencia nacional, es decir, el sentido de pertenencia a una comunidad
amplia, más allá de su familia, de su grupo, de su clase. Con esa comunidad am-
plia comparte una historia común que crea lazos invisibles pero fuertes, que
pueden ser identificados, asumidos y transformados en actitudes solidarias. Al
propio tiempo, el patriotismo que fomenta la historia no es fanático, intransi-
gente, falso: no es patriotería, sino verdadero patriotismo.
5. Fomentar la solidaridad y la comprensión internacionales
A poco que se profundice el estudio de la historia, saldrán a relucir rasgos
comunes que unifican a las familias de pueblos. Entre nosotros, por ejemplo,
se reconocerán las históricas comunes que unen a la comunidad
latinoamericana.
A esas experiencias se suma, muy especialmente en nuestra época, la
consideración de los problemas y destino común de un mundo cada vez más
interdependiente. Examinando, por ejemplo, la problemática ecológica desde
una perspectiva histórica, es dificil no descubrir intereses comunes a toda la
humanidad. La solidaridad entre los hombres resulta, así, un imperativo
histórico. Y el patriotismo bien entendido no puede ser otra cosa que una
concreción de la solidaridad con todos los hombres.
120
ll. ¿CoMO ENSERAR HISTORIA?
. Digan lo que digan los manuales de pedagogía, la verdad es que en el
Ecuador los profesores de historia tienden a usar métodos expositivosren los
cuales, conscientemente o no, se parte de la premisa de que el profesor es el
que sabe y su papel es el de enseñar, mientras que el alumno no sabe y su obli-
gación es la de aprender lo que el profesor le enseñe.
Ese tipo de métodos de enseñanza-aprendizaje conducen con frecuencia al
memorismo, al y al aburrimiento. Solo cuando el profesor es un
excelente conferencista y cuando tiene mucha habilidad para motivar a sus
estudiantes, pueden dar buenos. resultados. En los demás casos, que son la
mayoría, los estudiantes no se interesarán por la historia o terminarán odiándola,
porque no comprenden qué sentido tiene su estudio.
Los métodos simplemente ex positivos pueden lograr que los alumnos
aplicados memoricen abundantes cantidades de información, relevante o no, y
por lo mismo tienden a que se juzgue el éxito de la asignatura por la cantidad
de conocimientos memorizados. Ese sistema de medida lo adoptan primero los
profesores, quienes diseñan las evaluaciones del curso mediante preguntas casi
exclusivamente de memoria. Después lo transfieren, por ejemplo a través de las
calificaciones, a los padres de familia y a los mismos estudiantes. Por ejemplo,
cuando la secretaria de nuestra anécdota dice que sus cursos de historia no le
han servido para nada, está basando ese juicio principalmente en el hecho de
que ahora ya no se acuerda, digamos, quien fue presidente del Ecuador en 1875,
o cuando tuvo lugar la batalla de Miñarica. Ni a ella ni a casi nadie se le ocurre
evaluar el éxito de esa asignatura por las actitudes, habilidades y formas de
pensar que pudo haber contribuido a desarrollar.
De lo dicho se desprende que los métodos simplemente expositivos no son
apropiados para lograr los objetivos formativos del estudio de la historia. Por
eso es necesario ir hacia métodos activos, en los que el estudiante se vaya
convirtiendo en el principal agente de su propio aprendizaje y el maestro llegue
a ser el guía, director o facilitador de ese proceso, no el dispensador principal
o único de la información .
. Los tratados de didáctica hablan de diversos tipos de métodos activos para
la enseñanza de la historia, por ejemplo, el estudio dirigido, el trabajo por
equipos, el "método progresivo", etc. Sin pretender ni siquiera describirlos,
queremos plantear que, en definitiva, los profesores de historia que deseen
adoptar métodos más activos deben lograr que sus estudiantes LEAN, HABLEN
Y ESCRIBAN sobre los temas que se deban tratar en clase. Anotemos, de paso,
que estas tres habilidades básicas, leer, hablar y escribir, son fundamentales en
la formación del ciudadano bien informado, el profesional capaz, el hombre
culto: a su cultivo y desarrollo hacia niveles cada vez más críticos y profundos
121
puede contribuir el estudio de la historia, de manera poderosa y eficaz.
1. LEER
El estudiante de historia, así se trate de un niño de la escuela primaria, sabe
ya leer. Es decir, conoce los rudimentos de esa habilidad siempre perfecciona-
ble; con sus clases de historia la desarrollará, aprenderá a comprender y
sintetizar textos más complejos, a leer con sentido crítico, a analizar lo que lee,
de acuerdo a su capacidad y a la etapa educativa:ep la que se encuentre.
Para lograr que el estudiante lea, el profesor debe comenzar por determinar
qué parte de la información que deben conocer sus alumnos, tiene que ser
trasmitida por el propio maestro y qué otra parte pude ser adquirida por el
estudiante, leyendo. En términos ideales, y especialmente para los cursos
superiores de la secundaria, se puede decir que la mayor parte de la información
podría ser obtenida directamente por los estudiantes. En esos casos, el profesor
podría casi abandonar su papel de trasmitir información y podría dedicarse a
trabajos más pedagógicos, como motivar a los estudiantes, ayudarles con sus
problemas de aprendizaje, evaluarlos adecuadamente (no con preguntas que se
-le ocurren mientras va al aula para el examen), hablarles de lo que más sabe
o más le apasiona, comunicarles sus punto de vista sobre los problemas estu-
diados, etc.
Nuestra realidad escolar, sin embargo, dista mucho de ser ideal. Con fre-
cuencia no hay buenos libros de texto: modernos, actualizados, objetivos, bien
escritos y bien diseñados, adecuados al nivel de los alumnos. Otras veces, esos
libros no están al alcance de los educandos, principalmente por su precio, ni
es muy fácil organizar una eficiente biblioteca escolar. Por eso supone un gran
trabajo por parte del maestro determinar qué parte de la información pueden
adquirir directamente sus alumnos. En muchas ocasiones ese trabajo ni siquiera
es principalmente intelectual o docente: puede consistir en adquirir los libros,
realizar actividades para financiarlos, sacar fotocopias de las páginas pertinen-
tes ... Muchas de esas acciones ni siquiera deberían corresponder al maestro de
acuerdo a los manuales de pedagogía, pero alguien debe realizarlas_ Y es muy
posible que el maestro consiga despertar el natural entusiasmo de los jóvenes
para realizar ese tipo de tareas, con lo cual se habría conseguido, de paso, un
adicional elemento formativo a propósito de la clase de historia.
En segundo lugar, el maestro debe determinar las fuentes espeóficas de
información que deben utilizar los alumnos. Y aquí también surgirán de inme-
diato una serie de problemas concretos: ¿Existen suficientes ejemplares de esa
obra? ¿Se encuentran en la biblioteca del colegio? ¿Es posible reproducirla, dada
su extensión o los derechos del autor ... ?
Aquí el profesor debe asegurarse de que todas las reglas del juego sean
justas y queden claras. Nada del libro "secreto" que solo él maneja y a base del
122
cual se formularán las preguntas del examen. Nada de las consultas tan compli-
cadas o especializadas que en realidad constituyan un "deber" para los padres
de familia, antes que para el alumno. Nada de datos intrascendentes yespecial-
mente de obtener, como la consulta que pidió de un día para el otro aquel
profesor que quería saber exactamente de qué grosor eran las murallas de la Bas-
tilla, la fortaleza parisina que destruyó el pueblo al comienzo de la Revolución
Francesa ...
En tercer lugar, el profesor debería elaborar una "guía de lectura" que
indicara desde las páginas que los estudiantes deben leer hasta las preguntas
que deben ser capaces de contestar con la información que obtengan. No se trata
de "leer por leer", sino de entender, analizar, juzgar.
Por último, el maestro debe evaluar el trabajo realizado por sus estudiantes,
tanto porque un esfuerzo no reconocido ni tomado en cuenta desmotiva para
las siguientes tareas, cuanto porque es n e c e ~ r i o saber si todos leyeron y com-
prendieron, si existe algún problema especial, si se deben modificar los siguien-·
tes trabajos ...
Como se. ve, el hecho de que los estudiantes obtengan la información por
sí mismos no significa que el profesor deje de trabajar.
2. HABLAR
Se pretende que el estudiante asimile la información que ha obtenido sea
del profesor O de los libros. Para ello se necesita que reflexione sobre ella y
formule los resultados de su pensamiento. La primera y más elemental manera
de cumplir ese proceso es pidiéndole que hable sobre el tema.
Los "pretextos" para que el estudiante hable pueden ser muy variados. Una
exposición individual o grupal sobre determinado tema, que podría también
servir de evaluación de lo leído; un debate o discusión sobre asuntos especí-
ficos; una conversación con el profesor, sea como evaluación, sea para lograr
que exprese sus opiniones sobre algún asunto polémico, etc.
Igual que en el caso de la lectura, la mayor actividad de los estudiantes no
debe ser un pretexto para el menor trabajo del profesor. No se trata de que ellos
"hablen por hablar", agravando así un defecto tan nuestro, sino que sus
intervenciones han de ser cuidadOsamente organizadas y planificadas. Al maes-
tro le corresponde establecer de antemano los temas que se deben tratar y un
calendario realista, precisar las formas de califa.cación cuando las intervenciones
orales de los estudiantes deban ser calificadas, señalar los participantes para
cada ocasión, de tal manera que todos deban mantenerse activos, etc.
123
3. ESCRIBIR
Para un joven de secundaria, escribir un ensayo propio sobre un tema
académico, por más que sea breve y desde luego no sea "original" en sentido
estricto, puede ser un desafio intelectual y una experiencia altamente formativa.
Por eso, es importante que el profesor venza todos los obstáculos que se
presenten y logre que sus estudiantes de historia se habitúen a escribir.
La frecuencia de esas tareas escritas, su carácter y extensión, pueden variar
mucho dependiendo de las circunstancias concretas del curso. Y, como es
natural, corresponde al profesor evaluar esas circunstancias y planificar dichas
tareas.
En primer lugar él debe establecer los temas sobre los que se habrá de escri-
bir. Deben ser temas adecuados a la edad, capacidad y experienoa de los
estudiantes y que en lo posible les résulten interesantes. En segundo lugar, le
corresponde fijar las características del escrito: desde su extensión aproximada
(o mínima y máxima), hasta su grado de dificultad y su forma de presentación
externa. También debe establecer si serán trabajos individuales o por equipos
y, en este último caso, el tamaño de los mismos, de tal manera que se asegure
una efectiva socialización del conocimiento y se evite que haya estudiantes que
en la realidad no aporten nada al trabajo común. Además deberá sugerir el tipo
de fuentes de información que podrán o deberán utilizar los estudiantes para
su trabajo. Por último, tendrá que evaluar cuidadosamente cada trabajo de tal
manera que pueda medir el progreso y el esfuerzo de sus alumnos y a la vez
los estimule a nuevas empresas intelectuales. De nuevo, no se trata de que la
actividad intelectual de los educandos sirva para disimular la falta de trabajo del
profesor, sino que el papel del educador ha cambiado de sentido: ya no es quien
proporciona información en sus clases, sino quien estimula y dirige a los edu-
candos en su búsqueda.
Nada de lo dicho en esta breve nota es radicalmente novedoso. Al contrario,
podría ser elaborado a partir de cualquiera de varias obras sobre didáctica de
las ciencias sociales. En cierta forma, podría incluso decirse que simplemente
reitera lo que los profesores ecuatorianos ya saben o ya han leído en otros artícu-
los de esta u Aula Abierta". Y esto es así porque no se trata de proponer cada vez
nuevas metodologías sino de seguir estimulando a los maestros para que se
atrevan a adoptar algunos cambios quizá ya sabidos, pero que la educación
ecuatoriana sigue reclamando con urgencia. Si en algo hemos podido contribuir
para ello, ciertamente que nos dañamos por muy satisfechos.
124
BIBUOGRAFIA
El presente artículo se basa solo en pane en algunos de los títulos que listamos a
continuación. Los citamos más bien porque pudieran servir a algunos de los lectores que
quieran seguir reflexionando sobre estos temas. No son libros muy nuevos, como se
podrá ver, pero los hemos seleccionado porque pueden ser consultados en algunas
bibliotecas locales.
Cantor, Nonnan F. y Richard Schneider,
1967 How to Study History, Nueva York, Thomas Y. Crowell, 274 pp.
Comellas, José Luis,
19n Guía de los estudios universitarios: Historia, Colección Ciencias de la Educación,
Pamplona, Universidad de Navarra, 347 pp.
Leif, J. y G. Rustin,
1961 Didáctica de la historia Y de la Buenos Aires, Kapelusz, 142 pp.
Luc, Jean-Noel,
1984 La enseñanza de la historia a través del medio, Colección Diálogos en Educación,
lO, Madrid, Cincel-Kapelusz, 154 pp.
Poinssac-Niel, Josette,
19n La tecnología en la enseñanza de la historia, Barcelona, Oikos-Tau, 240 pp.
Ramallo, Jorge María,
1966 Metodología de la enseñanza de la historia, Buenos Aires, Guadalupe, 143 pp.
Simiande Molinas, Susana,
1970 El método retrospectivo en la enseñanza de la historia, Buenos Aires, Angel
Estrada, 179 pp.
PROCESoS, Revista Ecuatoriana de Historia, No. 4.
e 1993. Corporación Editora
ALFREDO PARFJA,
LA HUELLA DE UN BUSCADOR
OH/1IJAR/OS
La muerte encontró a Alfredo Pareja Diezcanseco cuando ya nadie dudaba de su gran
talla académica, cuando el país entero reconocía su múltiple contribución a la cultura
nacional. Ante su tumba desfiló no solamente la intelectualidad progresista del Ecuador;
también se congregaron varios de los ideólogos de la derecha clerical que hasta hace
algunos años lo consideraban un aventurero de la ciencia y hasta "hijo legítimo de
Belcebú".
Pareja había llegado al trabajo histórico cuando ya era uno de nuestros mayores
novelistas, miembro del "Grupo de Guayaquil" del cual fue el último sobreviviente. Para
entonces había escrito una docena de novelas, entre ellas varios de nuestros "clásicos".
Cuando, según el contaba, recibió la inesperada propuesta de escribir un Manual de
Historia del Ecuador para una editorial extranjera, aceptó la oferta y produjo un libro que
en poco tiempo se hizo famoso.
El clero y la derecha le cayeron a palos. Hubo un fraile feroz que hasta negó el valor
de la obra como pieza literaria. Pero el librito fue imponiéndose como texto alternativo
a la versión de la Historia Patria de los canonizadores de Garda Moreno. Desde luego,
el trabajo tenía serias limitaciones. La más grande quizá es que el autor había tenido que
improvisarse como historiador, aprender dolorosamente el manejo de las fuentes y
aceptar que el pasado se reconstruye solamente a base de la presentación de evidencias.
Pero el que el novelista Pareja, identificado con las corrientes progresistas del
liberalismo de los años treinta haya devenido en historiador, no es coincidencia. La
Revolución de 1895 había puesto all iberalismo en el poder pero, al cabo de transacciones
y componendas realizadas sobre las cenizas de Don Eloy, las fuerzas del latifundismo
lograron conservar un espacio de poder político y cultural, que en el caso de la historia
fue casi absoluto. No se dio en el Ecuador una "Escuela Históric;a Liberal". Roberto
Andrade, el apestado, Pío jaramillo Alvarado, el gran acusador de los asesinos de Alfaro,
apenas lograron sobrevivir cultural y hasta materialmente. No pudieron consolidar una
corriente alternativa a la que, comprometida con el proyecto político de la derecha,
contaba al mismo tiempo con todos los recursos para hacer Historia: bibliotecas, archivos
y tiempo de rentistas para dedicarlo a escribir.
Al haber renunciado el liberalismo a su propia interpretación de la Historia, los
intelectuales de la izquierda liberal de entonces, tuvieron que asumir la tarea de
reinvindicar los elementos progresistas y revolucionarios de la transformación liberal y
más particularmente del alfarismo. Y algunos de ellos tuvieron que improvisarse como
historiadores, para hacer la Historia Liberal que no había. En este contexto Alfredo Pareja
deviene en historiador y produce su texto, transformándose en uno de los más lúcidos
intelectuales orgánicos de la burguesía ecuatoriana.
En la misma línea de trabajo historiográfico Pareja publicó su biografía de Eloy
126
Alfaro, la Hoguera Bárbara, una obra escrita con pasión, con maestría de narrador y con
la consigna de vender a los lectores la figura real y humana de un gran revolucionario.
Aun con las opiniones en contrario, entre las que quizá se encontró la del autor, este libro
y el texto de Historia, son, sin duda, las obras de Pareja de mayor impacto en la cultura
nacional.
La doble caÍidad de maestr¿ del relato e historiador daban a Pareja una gran fuerza
en su producción intelectual, pero también constituían su mayor límite, ya que su obra
fluctúa desde intentos de interpretación global de la realidad, hasta explicaciones que
empobrecen el análisis por la supervaloración de los conflictos personales y las causas
subjetivas. La calidad del relato no corre paralela con el análisis económico y social,
limitado, cuando no inexistente. Pareja fue un gran divulgador, pero su fuerte no era,
al contrario de lo que han afirmado algunos de sus comentaristas en los últimos tiempos,
la investigación de fuentes primeras en archivo. En ese sentido no fue un investigador
y sus esfuerzos en este campo produjeron más bien magros resultados.
Todos reconocen que en su larga vida, Alfredo Pareja sirvió al país con rectitud como
diplomático, Uegando a ejercer el Ministerio de Relaciones Exteriores. Aunque sobre todo
en los últimos años lo vimos a veces convertido en apologista incondicional de un
gobierno y un partido, hasta en sus políticas más lejanas al progresismo, en la larga
duración de su producción de periodista y crítico nos revela una inalterable conducta
en defensa de los grandes valores de la democracia, tal como la entendía limpia y
honorablemente.
Pero más allá de estos límites es preciso reconocer en él dos valores fundamentales.
El primero es que, precisamente por su antecedente literario, logra como ningún otro
historiador, antiguo o nuevo, presentar un cuadro vivo, animado de la realidad, en donde
los personajes y las circunstancias son expuestos con plasticidad y calor. El segundo es
que, su crítica mil ¡tante, sistemática y fundamentada de la versión clerical conservadora
de la Historia Nacional, lo consagra como uno de los más firmes antecesores de la nueva
corriente historiográfica de nuestro país.
Enrique Ayala Mora
PRESLEY NORTON,
1932-1993
La prensa nacional ha destacado las importantes contribuciones que Presley Norton
hiciera al país, como hombre de empresa, periodista y promotor cultural. Hay que
señalar, sin embargo que detrás del hombre público existía un investigador comprome-
tido con la cultura ecuatoriana, particularmente con sus remotas raíces a cuyo estudio
dedicó sus mejores años y la época más vigorosa de su capacidad intelectual. Iniciado,
desde temprano, como coleccionista de antigOedades, Prestey no tardaría en renegar
públicamente de su afición, consciente de que el pasado de un pueblo no debe ser
solamente recogido de la tierra sino también interpretado y explicado para conocimiento
de las generaciones futuras. A este efecto estableció el Programa de Antropología para
el Ecuadory la Fundación Humboldt para fomentar las investigaciones tanto en Arqueo-
127
logía como en Antropología Social. Asimismo, fundó en Salango un Centro de investiga-
ciones arqueológicas, al que dotó de instalaciones para arqueólogos v.isitantes y de
laboratorios para análisis de materiales de las excavaciones realizadas en el área. Además,
un museo hecho con tc:xios los adelantos de la técnica fue puesto en funcionamiento para
difundir los resultados de estas investigaciones. A este centro cultural, Presley le añadió
en los últimos años una faceta ecológica surgida de la necesidad de salvar las especies
animales en vías de extinción. Al respecto, el Centro rescata animales vivos que han sido
sacados de su medio ambiente natural y los devuelve a su hábitat luego del respectivo
tratamic;nto. Un esfuerzo importante también ha constituido la formación de una
colección ósea de especies ecuatorianas (única en el país) para estudios comparativos
de arqueozoología. Con esta infraestructura, no sorprende que un sinnúmero de
investigadores y estudiantes nacionales y extranjeros hayan realizado estadías en Salango
para dictar cursos, aprender, o llevar a cabo estudios específicos, muchos de los cuales
han sido publicados en el país y en el exterior.
En el ámbito científico Presley se interesó particularmente en las culturas formativas
de la costa ecuatoriana. Sus excavaciones en el sitio de Loma Alta (ca. 2700 AQ
permitieron determinar la existencia de un grupo de agricultores que vivían a 15 Km.,
aproximadamente, de la playa y que producían un excedente para intercambio con las
aldeas valdivianas dedicadas a la pesca y recolección de moluscos marinos. Este
incipiente intercambio local llevó gradualmente a Presley a interesarse en el intercambio
regional, particularmente de la concha SpondyJus
1
cuyos talleres de procesamiento
fueron hallados y excavados en la isla de La Plata, yen el siLio de Salango. La investigación
realizada en este último sitio arrojó una secuencia cultural que cubre casi todos los
períodos de la arqueología costera, proveyendo de paso indicios suficientes para la
búsqueda y definición del Señoríp de Salangone reportado'en las crónicas y que habría
sido uno de los centros más importantes de la "liga de mercaderes" de Jacinto Jijón
Caamaño.
En todas estas actividades, Presley trabajó activamente, ya investigando, ya prove-
yendo los fondos necesarios que, más de una vez, tuvieron que salir de su patrimonio
personal. Y por si ello fuera poco, Presley tuvo que lidiar con las burocracias, los militares
que confundieron sus cajas de Spondyluscon las arcas de un galeón hundido, en fin, las
entidades estatales que arrasaban sitios arqueológicos en vez de darles lustre y
relevancia. Por ello, reconforta saber que su familia y sus amigos están empeñados en
continuar la labor de Presley, ahora con una Fundación que llevará su nombre. Es,
ciertamente, el mejor tributo que puede hacerse a su memoria.
Ernesto Salazar
JULIO EsTRADA Y CAZA,
1917-1993
El 21 de agosto de 1993, a las 11 de la noche, murió en Guayaquil el señor Julio
Estrada Y caza, debido a una antigua afección cardiaca. Tenía 75 años de edad, pues había
nacido en esa misma ciudad el 16 de noviembre de 1917.
128
Julio Estrada perteneció a una distinguida familia porteña, entre cuyos miembros
más destacados se cuentan su abuelo, Emilio Estrada Carmona, presidente de la Repú-
blica en 1911; su padre, Víctor Emilio Estrada Sciacaluga, prestigioso banquero, casado
con doña Isabel 1 caza Marín, y su hermano, Emilio Estrada Y caza, destacado arqueólogo.
Julio Estrada contrajo matrimonio con María Teresa SOla Franco, con quien tuvo cuatro
hijos. ,
Estudió en los colegios católicos "Cristóbal Colon" y "La Salle" de su ciudad natal y
también, debido a los viajes de su familia, en Italia, Bélgica y Francia. Los últimos años
de su educación secundaria los realizó en la Academia Militar Baylor, de Chattanooga,
en el estado norteamericano de Tennessee, donde se graduó con altos honores. Inició
sus estudios superiores en los Institutos Tecnológicos de Massachusetts y de California,
pero los dejó truncos por su deseo de independencia y regreso a su patria para trabajar
como vendedor de seguros. Mientras tanto continuó estudiando por sí mismo economía,
seguros y matemáticas actuariales, temas sobre los que llegó a ser profesor de la Facultad
de Economía en la Universidad de GuayaquiL
Tuvo una vida muy activa y fue empresario de seguros y de hoteles, Director de la
Cámara de Comercio de Guayaquil, delegado a la Conferencia Económica Nacional de
1945, articulista de El Universo y El Telégrafo} constructor de vivienda económica,
Presidente del Patronato de los Barrios Suburbanos de Guayaquil, Gerente de la Sucursal
en Guayaquil del Banco Ecuatoriano de la Vivienda, Subgerente de Servicios Culturales
del Banco Central del Ecuador, Sucursal en Guayaquil.
Cuando tenía cuarenta años quiso continuar la idea de su padre de escribir la historia
económica del Ecuador. Nunca llegó a realizar tal proyecto, pero desde entonces fue
dedicándose cada vez con mayor entusiasmo a la investigación histórica, hasta convertir-
se en úno de los más notables historiógrafos ecuatorianos de la segunda mitad del pre-
sente siglo.
Su obra histórica es muy amplia y abarca temas muy diversos, muchos de ellos nove-
dosos, en los que abrió el camino para otros investigadores. Entre sus libros constan los
siguientes títulos: ElhaspitaldeGuayaquil(196(j; 2a. ed., muy ampliada, 1973), Elpuerto
de Guayaquil (2 vols., 1972-73Y;'la fundación de Guayaquil (1974), Los bancos del siglo
XIX (1976), Regianalismo y migración (1977), la lucha de Guayaquil por el Estado de
Quito (2 vols., 1984), Andanzas de Cieza por tierras americanas (1987) y Banco Central
del Ecuador: Breve historia de lafundaci6n de la Sucursal Mayor en (juayaquíI0987).
A esa impresionante lista habría que añadir el Catálogo de medallas del Ecuaa'or(1988,
en colaboración con Víctor Iza Rodríguez), el tercer tomo de El Puerto de Guayaquil Y
otros libros que dejó terminados o por terminar, varios artículos en revistas especializadas
y muchos más de tema histórico en la prensa diaria.
Pero allí no termina su contribución a los estudios históricos, ya que supo unir su
pasión por esa disciplina con su capacidad de hombre de empresa en el Archivo Histórico
del Guayas. El fue uno de los creadores de esa institución, a la que dirigió entre 1971
y 1988. Allí publicó la mayoría de sus libros, junto con muchas obras históricas notables
de autores nacionales y extranjeros, a veces traducidas por el' propio Estrada. El Archivo
dirigido por él se convirtió en uno de los centros históricos más importantes del país y
la Revista delArchivo Histórico del Guayas llegó a cobrar merecido prestigio en los círcu-
los profesionales. Por todo ello el señor Estrada fue elegido Miembro de Número de la
Academia Nacional de Historia en 1984, donde ocupó el sillón de Carlos Manuel Larrea.
129
Toda la vida pública de Julio Estrada Y caza estuvo marcada por un fuerte guayaqui-
leñismo anticentralista, que rayaba en el regionalismo, sin desbordar el cauce de su
profundo patriotismp. Quienes lo conocieron lo describen como un hombre amable y
bondadoso, pero también enérgico, polémico y conflictivo. Todo esto se refleja en su
obra histórica, que en gran parte se consagra a Guayaquil, sus tradiciones y sus glorias.
En ocasiones sus libros parecen escritos demasiado de prisa, con el ímpetu de quien abre
una trocha, pero no tiene ocasión de dejarla bien consolidada. Se lanzan ideas, se dan
datos, se sugieren líneas de investigación, pero a veces el lector añora la obra pausada-
mente escrita, morosamente ensamblada, en que cada párrafo cumple una función pre-
viamente asignada y el conjunto resulta sólido, poderoso, convincente. Ello no obstante,
Julio Estrada Y caza fue uno de los más notables historiadores ecuatorianos 'de su tiempo.
Carlos Landázuri Camacbo
SOLO LIBROS/ reseñas
AVAlA MORA, ENRIQUE, RESUMEN DE HIS'IORIA DEL ECUADOR,
QUITO, CORPORACIÓN EDITORA NACIONA4 1992, 169 pp,.
En nuestro país la historia escrita ha tenido que recorrer un largo camino antes de
convertirse en un quehacer profesional. Luego de haber fungido, hasta mediados del
presente siglo, de arma política al servicio de las disputas partidistas o de discurso
legitimador de posiciones que oscilaban entre las tendencias liberales y conservadoras,
la reflexión histórica especializada emprende solo a partir de los años setenta, una
refonnulación de los parámetros que hasta entonces habían orientado la comprensión
de la trayectoria nacional. Desde el campo de las ciencias sociales, y ante el desafío de
un presente que suscitaba nuevas e inéditas preguntas al pasado, se desarrolló entonces
un esfuerzo por comprender la historia a través de categorías científicas, cuestión que,
además, pasaba por la necesidad de articular el trabajo intelectual a la preocupación por
Jo social. Ambos aspectos debían sustentar la construcción de un proyecto intelectual y
político que aspiraba a comprender el pasado y el presente, y, con ello, el cambio social
y las posibilidades de fomentarlo. Empezó así la historia a ganarse el estatuto de ciencia
social.
Enrique Ayala fue protagonista activo de ese momento fundacional de una nueva
historia para el país. En ese marco hizo contribuciones fundamentales a la comprensión
de nuestra etapa republicana estableciendo con precisión, aún no superada, la naturaleza
y trayectoria de las fuerzas que gestaron la historia política decimonónica (más tarde
incursionaría con iguales logros en la etapa liberal). Su adhesión a la línea del emergente
pensamiento alternativo, se manifestó de múltiples maneras en esos primeros plantea-
mientos. En su obra, la historia ya no constituía el escenario de fuerzas invisibles que
inexplicablemente habían designado como gestores exclusivos del pasado a los
presidentes, los obispos y los héroes. Tampoco era el escenario de los hechos únicos e
irrepetibles y de las instituciones. En su lugar, tomaban presencia lós múltiples
protagonistas, hasta entonces ocultos, que la sociedad integra y que a manera de fuerzas
sociales y de actores colectivos se convierten - desbordando los marcos institucionales-
en los grandes y verdaderos gestores de los procesos económicos, sociales, políticos. Los
sectores sociales, las multitudes, las utopías colectivas empezaban a poblar la historia,
saliendo por fin de su anonimato de siglos.
Los diversos esfuerzos que en la reflexión histórica desplegaron los estudiosos de
los setenta, se articularon alrededor de una iniciativa que Enrique Ayala impulsó a inicios
de los años ochenta: el proyecto de elaborar La Nueva Historia del Ecuador, obra que
condensaría el trabajo de ese movimiento. En el marco de la convocatoria se diseñaron
en conjunto los lineamientos científicos y metodológicos de la futura historia y se
• El texto de esta reseña fue elaborado para la presentaci6n del libro en el marco del
lanzamiento efectuado el 27 de julio de 1993. -
132
precisaron ,a través del diálogo y del debate, la naturaleza y el alcance de sus contenidos.
Tal vez la tarea más dura e imponante, en ese contexto, fue el intento por esbozar una
nueva periodización de la historia del Ecuador, que adoptara como hitos, no solo los
eventos que definen cambios superficiales a nivel político, sino las modificaciones que
se operan a nivel de las estructuras profundas de tipo económico, social, ideológico y
cultural.
Esta Nueva Historia, sin embargo, constituía aún un saber para especialistas. El
discurso científico que la obra adoptó, inaugurando con él una nueva epistemología del
conocimiento histórico, no podía todavía traducirse en un lenguaje de divulgación. Aún
era demasiado temprano. Debían pasar algunos años antes de que los diversos trabajos
de los aproximadamente 70 autores de la Nueva Historia, pudieran ser aniculados y
depurados en una síntesis de conjunto. De nuevo, esta otra tarea pionera fue asumida
también por Enrique Ayala. El resultado lo tenemos ahora: su Resumen de la Historia del
Ecuador, cuyo lanzamiento en este momento nos convoca.
Este Resumen condensa en sí las dos cual idades más importantes del autor en su
dimensión de historiador: el talento y la vocación por la enseñanza, aspectos ambos que
se han mostrado inseparables en su vida profesional, y que ahora aparecen fusionados
en lo que podría concebirse como la primera y más importante iniciativa de divulgación
de la historia especializada desde el surgimiento de la moderna historiograña. Con esta
obra se podrá, por fin, empezar a salvar la brecha entre un conocimiento que durante
años ha estado confinado a cerrados círculos intelectuales y el saber del gran público,
cuya memoria histórica espera desde hace décadas por una renovación. De allí que este
Resumen esté concebido como un recurso de difusión flexible, apto tanto para ser usado
en el medio educativo de la enseñanza formal, como para ser difundido de manera
general.
El esfuerzo de síntesis realizado por Enrique no significa un mero recone de la Nueva
Historia. Construir una visión de conjunto de la historia nacional, en versión breve,
implica poner en juego un complicado procedimiento de análisis. Implica precisar la
naturaleza de los períodos y determinar las problemáticas fundamentales que definen
cada época, porque no todas obedecen a las mismas pulsaciones. Implica descubrir los
hilos conductores de los procesos para que la explicación tenga una aniculación lógica.
Solo la larga experiencia de Enrique en el campo de la investigación y de la reflexión
históricas, aunada al impulso por buscar en la historia luces, sentidos, que ayuden a
definir mejores futuros para el país, podían haber hecho realizable semejante empresa.
Empresa esta que, como reto más dificil, demandaba de nuevo la creación de otro
lenguaje, de una epistemología renovada que ,en el caso del presente Resumen, debía
ir más allá de la que inauguró la Nueva Historia, para ponerse al servicio del amplio
público.
El marco temporal que cubre la obra abarca aproximadamente desde los 1U)(X)
años a.c. hasta los recientes eventos vividos por el Ecuador en la última década. A lo largo
de 120 páginas el lector podrá descubrir una historia que marcha al ritmo de las relaciones
qué los hombres establecen con la naturaleza, con sus medios productivos y con los otros
hombres en el marco de una sociedad, en la que la dicotomía estado-sociedad, juega un
papel protagónico de primer orden. Protagónicas son, ante todo, las relaciones que
entran en conflicto y que dan lugar a la configuración de sectores sociales que, con
proyectos de clase o proyectos étnicos, definen la suene de los procesos
133
contribuyendo a su transformación. El énfasis de ,esta aproximación reside en el análisis
de las estructuras económicas y sociales y de las correlaciones de fuerzas que actúan en
la definición de los fenómenos políticos. Fuera del texto explicativo, la obra incluye una
variada información sistematizada que comprende una suscinta cronología, una lista
fechada de las constituciones republicanas y un registro minucioso de los jefes de estado
y de sus períodos presidenciales. Se añade por fin información sobre los partidos
políticos. No se han dejado de lado recursos gráficos tales como mapas, ilustraciones y
fotografias que facilitan al lector el acceso a los contenidos de la obra.
No podemos reclamar al autor el poco espacio que concede en su Resumen a
manifestaciones que rebasen el estricto marco de los fenómenos que de manera muy
simplificada hemos mencionado. También entre los años ochenta y noventa la reflexión
histórica ha dado nuevos frutos que amplían y complican el panorama sobre nuestro
pasado, cuestión que el autor de todas maneras advierte, aunque sin llegar a explicar la
imponancia que estas nuevas propuestas tienen en una reformulación paulatina de las
categorías que en los setenta tenían el estatuto de científicas. Habrá que esperar ahora
también porque el debate académico y la misma producción histórica vayan contribu-
yendo a forjar un nuevo repertorio de nociones que respondan a las demandas teóricas
de un presente siempre en transformación. Como el autor mismo lo advirtió ya en
relación a la Nueva Historia, ésta debía ser en el futuro superada, porque de no hacerlo
terminaría por negar su propia naturaleza de historia sujeta a la historia, de historia sujeta
al cambio. Creemos que la obra de Enrique lo compromete profunda e inevitablemente
con un quehacer que por su propio origen y desenvolvimiento representa la altemativa
crítica a las propuestas de la historia oficial convencional, tan gravitante aún en la
conciencia histórica nacional. La crítica y la problematización de los fenómenos del
pasado son los signos de una reflexión histórica renovada. Una historia que se oficializa,
en el intento de consagrar verdades absolutas, está destinada al suicidio.
Quiero finalizar felicitando a Enrique por su obra, y hacer votos porque su difusión
cumpla el papel transformador que le está asignado.
Rosemarie Terán Najas
PAL'L AGUlLAR, ET. AL,.ENFOQUES y ESTUDIOS HISTóR/roS,
QUITO ti 11lAJlÉs DE LA HISTORIA,
QUITO, DIRECCIÓN DE PLANlFICACIÓN DEL MUNICIPIO DE QUITO
Y CONSEJERlA DE OBRAs PúBUCAS y TRANSPORTE DE LA JUNTA DE ANDALUClA
MINISTERIO DE RR.EE. DE. EsPAÑA, 1992.
Otro libro, uno más, sobre Quito. Se puede decir, legítimamente que Quito es la
ciúdad más documentada de la historia ecuatoriana. Desde que F. González Suárez usó
por primera vez los Libros de cabildo, a fines del siglo pasado, el voluminoso número
de comentaristas ha superado con mucho las nuevas fuentes documentales disponibles.
¿Se justifica esta nueva empresa historiográfica?
A los ojos pragmáticos del buen vecino podría parecer, a simple vista, que todo se
ha dicho sobre la historia de la ciudad. Entre las toneladas de escritos parecería imposible
no repetirse. A la inversa, ante los ojos benévolos de un historiador, deseoso de justificar
134
su profesión, podría decirse, solemnemente, que "cada generación debe escribir su
propia historia". Una fórmula que recuerda el derecho canónico: como si la relación entre
originalidad y empresa generacional fuera obligatoria. En realidad, solo la mirada critica
sobre cada empresa intelectual nos pude revelar si existe una mirada nueva o si la "gene-
ración" en cuestión reposa plácidamente sobre las espaldas de la anterior.
El libro se compone de once anículos que enfocan la historia urbana desde dife-
rentes aproximaciones (mentalidades, actores sociales, ane y arquitectura, etc.) desde los
cacicazgos preincásicas hasta 1950 aproximadamente. Otros libros de fa misma colección
abordan el espacio del Quito contemporáneo.
En la introducción Eduardo Kingman entrega algunas pistas sobre las preocupacio-
nes dominantes de una disciplina reciente en Ecuador: la historia urbana. En pocas
páginas subraya algunos de los elementos centrales que recorrerán todo el libro: la
ciudad como materialización de exclusiones sociales. A lo largo del libro aparecerán los
excluidos de la ciudad: el espacio campesino, los mestizos, los indios. Pero también los
discursos de la exclusión y los exclusores: el poder municipal, las normas de la
urbanidad, las leyes de la decencia pública, el derrotero de la segregación espacial.
Galo Ramón se pregunta por los excluidos del tiempo. Pocos períodos de la historia
de la ciudad han merecido tantas interpretaciones como el carácter y el estatuto del Quito
precolonial. Fuente y cristalización de imágenes, aspiraciones e intenciones insatisfe-
chas, la producción historiográfica sobre el tema está marcada por un antes y un después.
Antes y después del estudio de Frank Salomon "Los señores étnicos de Quito en la época
de los Incas". La excelente síntesis de Ramón nos ilustra sobre un "después" cuyos
avatares son poc9conocidos y donde las viejas interpretaciones que ignoran los estudios
etnohistóricos recientes, siguen escribiéndose y publicándose.
El anículo de Rosemarie Terán ofrece un panorama general de la expansión uriy.¡na
de Quito en los siglos XVI Y XVII. Cómo la organización del espacio excluye y gracias
a esa exclusión, construye un modelo de "vida en policía". No solo el ritmo y las
modalidades del desarrollo económico de la Audiencia de Quito Oa economía textil) sino
también y muy panicularmente la lógica de la evangelización y de la organización
eclesiástica, configuraron la ocupación colonial de la meseta quiteña.
Guadalupe Soasti pretende enfocar uno de los elementos característicos de la zona
none de los Andes: el comercio y los comerciantes. El aníallo distingue entre los
"mercaderes" y los "tratantes". Los primeros, vinculados al gran comercio y a las redes
de gran distancia, eran criollos o peninsulares que engrosaron las filas de la élite colonial
de la ciudad. Los segundos, en cambio, eran reclutados del lado "oscuro" de la medalla
étnica y social de Quito: vendían al detalle, combinaban oficios y establecían las redes
de distribución cotidiana de mercaderías. El anículo, sin embargo, no explora aquello
que deja evocado: el papel de ambos grupos sociales en la configuración urbana de
Quito. Las redes de relaciones comerciales de mercaderes y tratantes organizaron un
espacio propio apenas, señalado en la descripción de ambos grupos ¿Cómo tales redes
se aniculan en la formación de la ciudad? El anículo, en medio de un libro como este,
despierta la pregunta pero deja dormida la respuesta. .
Pablo Ospina espera dar cuenta de la configuración de otro elemento central de la
organización urbana colonial: el aparato del poder local por excelencia, el Cabildo. Su
intención declarada es cambiar la perspectiva en el estudio de la formación del poder
local: en tanto relaciones que se estructuran en medio de intervenciones repetidas y
135
sucesivas en la vida cotidiana de la ciudad. El poder entendido como redes de legiti-
maciones de la autoridad que se estructura todos los días y no como una institucional idad
preconstituida que se despliega luego en la vida cotidiana. Lamentablemente, el trabajo
consta de dos panes no muy bien hilvanadas entre sí: una sobre el abastecimiento de
al imentos de la ciudad colonial y otra sobre el control del servicio de agua de la urbe.
En el hiato entre dos panes separadas, se pierde el sentido del texto. '
Eduardo Kingman aborda la formación de la ciudad republicana. Durante todo el
siglo XIX la ciudad no crece espacialmente pero en cambio se densifica su poblamiento.
¿Por qué? No se trata tan solo de las dificultades para la expansión urbana
sino de la ocupación campesina y comunal en los alrededores de la ciudad. Las
condiciones para la transformación de la tierra en mercancía se fueron creando a lo largo
del siglo para permitir, el siglo XX, la inusitada expansión espacial de Quito, La
expansión de finales del XIX se acompañó de una ampliación de los servicios urbanos,
de una diferenciación ocupacional y de una segregación espacial muy panicular, donde
los componentes étnicos se superponían a los de clase.
Eduardo Kingman y Ana María Goetschel abordan el orden de las exclusiones
culturales en el Quito de inicios del siglo XX. La decencia pública invade la "moderni-
zación" de una ciudad todavía colonial. Una ciudad que quiere exorcisar el fantasma de
'su retraso: el ambiente rural, su fachada indígena, su cultura de la cantina. Las
prohibiciones configuran la clave de la construcción de la ciudad moderna.
Guillermo Bustps se pregunta por 'Ia fo"!,ación de actores urbanos hasta mediados
del siglo XX. Su trabajo se estructura en medio de la polémica: entre aquellos que sin
investigación empírica postulan el aparecimiento de modernas clases sociales vinculadas
al aparecimiento del capitalismo y aquellos otros que a su juicio idealizan, con una mirada
romántica, las características "contestatarias" de los grupos subalternos urbanos del
período analizado. Para Bustos la formación de la identidad cultural de las clases
subalternas está tan informada por el desarrollo de la ciudad moderna, como por la matriz
exclusoria de una ciudad que se asienta sobre valores señoriales.
Es justamente el artículo de Milton Luna, publicado originalmente en 1989, el que
partiendo de las mismas premisas que Bustos (el desarrollo del capitalismo y las matrices
étnicas heredadas del pasado), concluye en la formación de una "ideología" clasista de
los sectores subalternos. Luna pane de una pregunta implícita que ha recorrido los
estudios sobre las clases populares de la época: ¿por qué la formación y la actividad de
la clase obrera quiteña no respondió a las características clásicas de la clase obrera
europea? La respuesta se encuentra en las características anesanales del capitalismo de
inicios de siglo y en su origen rural. De ella deriva, no obstante, una visión esperanzada
del mestizo que "se adueñó de la ciudad y le inyectó su carácter y personalidad". Luna
subraya las inclusiones de los indios en la constitución de la identidad popular urbana
pero olvida las fuertes evidencias de la exclusión.
l
Fernando Pérez Arteta presenta un artículo sobre el arte en el siglo XIX. Su intención
es hacer una periodización de las tendencias anasticas hasta 1960. No obstante el
resultado en una abigarrada mezcla de nombres de artistas, señ:damiento de estüos que
l. Algunas críticas similares pea:o de otro aspecto de la tesis de Milton Luna en Hemán lbarra,
1992, Indios Y Cholos, Quito, Edito{ial El Conejo, pp. 45 Y ss.
136
se suceden y mención de acontecimientos políticos (presidentes que se sustituyen unos
a otros, partidos que se fundan y gobiernos que se catalogan por sus tendencias
ideológicas), En medio del artículo surge, sin embargo, un argumento: el paulatino y
progresivo desarrollo de una "modernidad" artística nunca bien definida a lo largo del
texto.
Finalmente, Paúl Aguilar se interesa en la arquitectura de inicios del siglo XX. Vol-
vemos al argumento de la segregación espacial expresada ahora no solo en la distribu-
ción de la población sobre el territorio sino en la propia configuración arquitectónica de
Quito. En el espacio privado del hogar de inicios de siglo se encuentra que el hogar no
fue tan privado y que no fue un hogar, sino muchas formas de apropiación de los espacios
cotidianos.
Al final de la lectura de los artículos, queda abierta la pregunta inicial ¿es un libro
nuevo? Más allá de la temática, de las fuentes utilizadas y de los desarrollos de hipótesis
específicas en cada artículo y para cada época, queda una sensación general: la
de la mirada antropológica en los estudios históricos reseñados. Pero una antropología
política, preocupada de los mecanismos de ejercicio del poder y de las formas de
exclusión que aparecen enclaustradas en la vida diaria. Una mirada al racismo y a la
negación en la organización del espacio y el poder, en la formación de los actores 4
colectivos, en la estética de las figuras. Por eso, si éste es un libro de historia nuevo no
se debe a su mirada sobre el pasado sino a la pregunta que le hace al futuro.
Pablo Osptna
Au:x.ANOER ROORIGuEz, LINDA, LAs FINANZAS PtlBUCAS
EN EL ECUADOR (1830-1940 J,
QUITO, BANCO CENTRAL DEL ECUADOR, 1992.
El volumen cuatro de la Biblioteca de Historia Económica del Centro de Investiga-
ción y Cultura del Banco Central del Ecuador recoge el trabajo de Linda A1exander
Rodríguez "Las Finanzas Públicas en el Ecuador (1830-1940)", investigación ya conocida,
aunque de manera parcial, a través de la publicación de la primera versión en idioma
castellano de algunos de sus capítulos en la Revista Ecuatoriana de Historia Económica,
editada también por el citado Centro.
El libro está estructurado en siete capítulos en los cuales se analiza la historia
geográfica, económica y política del Ecuador desde inicios de su vida republicana. En
los tres primeros se enfoca la evolución de las finanzas públicas desde 1830, señalando
que debido a condiciones estructurales del país, entre las que sobresale el regionalismo
económico y físico, unido a la volátil situación política, el Estado durante el siglo XIX se
ve imposibilitado de formular y ejecutar una coherente política financiera.
El siguiente capítulo analiza las finanzaS gubernamentales,durante el período liberal,
subrayando la recurrencia de los gobiernos a arbitrios extraordinarios para financiar sus
actividades e incluso para cubrir gastos corrientes. Es la época en que el país se sirve de
impuestos fáciles de cobrar, sin considerar aspectos como la equidad, productividad o
su racionalidad económica. Esta incapacidad del Estado para financiar sus gastos por me-
dio de la tributación o de negociar nuevos préstamos extranjeros, obliga a los gobiernos
r37
a recurrir al endeudamiento interno para cubrir su perenne déficit presupuestario;
durante los primeros treinta años de vida nacional se acude a los préstamos de
particulares, mientras que en el pericdo l8f0-1923,los bancos costeños s€ constituyen
en la principal fuente de ingresos
En los capitulos V y VI se ofrece un estudio detallado de la actuación de la Misión
Kemmerer en el país y sus cons€cuencias. Se analizan las reformas institucircnales, las
leyes fiscales, bancarias y monetarias sugeridas y los obsráculos que debieron salvar los
técnicos extranieros yara llevar a la práctica sus recomendaciones.
El estudio concluye con un imporrante apéndice estadístico que sustentz la ida
fundamental de la autora:
"que
es el cambio evolutivo, no revolucionario, el que tipifica
la historia de la nación" y que, no obst¿nte la egitadz vida política, esa turbulencia es
engañosa, porque enmascara continuidades en las prácticas políticas y fiscales.
L¿ utilización sistemática de las principales fuentes primarias paralz interpretación
de un siglo de historia financiera del Ecuador, hacen de este trabaio un significativo
aporte ante la escas€z de literatura sobre la Historia monetaria del país.
Rebeca Alneifu A
PrÉn¡z-Onoóñrz, DrEco, fI ts,ront t ont C,oxsnnvAlrl,nrsttg.
Quno,
Asye Yel-r sorcroNEs, s.r. 146
pp.
En la misma portada el libro anuncia:
"Prólogo
deJ. M.
Jijón-Caamaño".
El apellido
suena,
Porque
en los medios políticos y culturales es nornal que muchos conozcan ^
JacintoJijón
y C,aamaño, quien fuera primerísima figura del conservadorismo clásico en
los albores del siglo )O(, promotor industrial y sin duda, valioso investigador de la historia
ecuatoriana, cuyo fondo bibliográfico forma hoy parte del archivo del Banco C.entral en
Quito.
Para otros quiás también sea mot.ivo de prestigioso recuerdo e.l
"Crnde
de Casa
Jiión",
heredero del conservadorismo político que inspirara, con inigualada inteligencia,
Don
Jacinto.
lo cierto es que el nombre de quien prologa esta obra constituye, por sí
mismo, una invitación a la lectura.
Ef prologuista considera que
"la
clera visión del escritor, Diego Pérez-Ordóñez, es
tento más meritoria por tratarse de un joven que, con valentía y acieno, ha afrontado la
urea de enalizei loque es el pensamiento conservador, su trascendencia e importancia".
Y el propio autor reconoce, en su introducción:
"En
pocas palabras, el obieto de este
estudio consiste en hacer un intento por exponer algunos de los más importantes
principios que unen a los conservatismos de diferentes partes del mundo occidental, así
como mostrar unos pocos pensadorgs que por sus ideas merecen el calificativo de
'conseryadores".
El titulo del libro, en consecuencia, contradice al contenido de la obra,
Porque
en ella no s€ rcelize,la historia del conservadorismo
(bastante
ambiciosa como
misión). En efecto, el libro está dividido en cuatro pa.rtes: El pensamiento conservador,
El conservadorismo europeo; El conservadorismo en Estados Unidos; y, El conservado-
rismo en América latina. La primera pafte, además, está suMividida en cinco sub¡temas:
l¿ naturaleza humana para el conservadorisnrc; Elelitismo aristocrático conseryador; I¿
preferencia conservadora por el derecho natural; L¿ socbdad orgánica, no atómica; y,
[¿ tradición: piedra angular del pensamiento conserr¡ador.l,e perte final, a su vez, que
137
a recurrir al endeudamiento interno para cubrir su perenne déficit presupuestario;
durante los primeros treinta años de vida nacional se acude a los préstamos de
particulares, mientras que en el período 1860-1923, los bancos costeños se constituyen
en la principal fuente de ingresos.
En los capítulos V y VI se ofrece un estudio detallado de la actuación de la Misión
Kernmerer en el país y sus consecuencias. Se analizan las reformas institucionales, las
leyes fiscales, bancarias y monetarias sugeridas y los obstáculos que debieron salvar los
técnicos extranjeros para llevar a la práctica sus recomendaciones.
El estudio concluye con un importante apéndice estadístico que sustenta la idea
fundamental de la autora: "que es el cambio evolutivo, no revolucionario, el que tipifica
la historia de la nación" y que, no obstante la agitada vida política, esa turbulencia es
engañosa, porque enmascara continuidades en las prácticas políticas y fiscales.
La utilización sistemática de las principales fuentes primarias para la interpretación
de un siglo de historia financiera del Ecuador, hacen de este trabajo un significativo
aporte ante la escasez de literatura sobre la Historia monetaria del país.
Rebeca Atmeida A.
DIEGO, HISTORIA DEL CoNSERVADORISMo,
QUITO, ABYA YALA EDICIONES, S.F. 146 PP.
En la misma portada el libro anuncia: "Prólogo de J. M. Jijón-Caamaño". El apellido
suena, porque en los medios políticos y culturales es normal que muchos conozcan a
Jacinto Jijón y Caamaño, quien fuera primerísima figura del conservadorismo clásico en
los albores del siglo XX, promotor industrial y sin duda, valioso investigador de la historia
ecuatoriana, cuyo fondo bibliográfico forma hoy parte del archivo del Banco Central en
Quito. Para otros quizás también sea motivo de prestigioso recuerdo "Conde de Casa
Jijón", heredero del conservadorismo político que inspirara, con inigualada inteligencia,
Don Jacinto. Lo cierto es que el nombre de quien prologa esta obra constituye, por sí
mismo, una invitación a la lectura.
El prologuista considera que "La clara visión del escritor, Diego Pérez-Ordóñez, es
tanto más meritC?ria por tratarse de un joven que, con valentía y acierto, ha afrontado la
tarea de analizar lo que es el pensamiento conservador, su trascendencia e importancia".
y el propio autor reconoce, en su introducción: "En pocas palabras, el objeto de este
estudio consiste en hacer un intento por exponer algunos de los más importantes
principios que unen a los conservatismos de diferentes partes del mundo occidental, así
como mostrar unos pocos que por sus ideas merecen el calificativo de
'conservadores". El título del libro, en consecuencia, contradice al contenido de la obra,
porque en ella no se realiza la historia del coeservadorismo (bastante ambiciosa como
misión). En efecto, el libro está dividido en cuatro partes: El pensamiento conservador,
El conservadorismo europeo; El conservadorismo en Estados Unidos; y, El conservado-
rismo en América Latina. La primera parte, además, está subdividida en cinco subtemas:
La naturaleza humana para el conservadorismo; El elitismo aristocrático conservador; La
preferencia conservadora por el derecho natural; La sociedad orgánica, no atómica; y,
La tradición: piedra angular del pensamiento conservador. La parte final, a su vez, que
138
anuncia trat3,r el conservadorismo
en América Latina, realna unos apuntes sobre los
conservadorismos
chileno, argentino, boliviano,
verlgueyr.,
peruano,
colombiano,
brasileño, uruguayo, venezolano,
mexicano y centroamericano,
Lntr" las páginas l1g y
140, es decir, en 12 páginas; dedicando al conservadorismo
en Ecuador 19 páginas (109-
128). Todo esto, que constituye la única parte propiamente
"histórica"
del libro, de¡a
mucho que desear, no solo
Por
sus pretensiones
investigativas, sino porque nada aportá,
en fuentes primarias o en análisis, al trabajo académico que en Ecuador y en toda América
Latina han venido realizando los historiadores políticos, por lo menos desde hace dos
décadas.
La obra exPone principios fundamentales
del conservadorismo que más bien pue-
den considerarse clásicos. Allí se concentran los esfr:erzos del autor. Para ello también
le sirve el seguimiento del conservadorismo
europeo y norteamericano, a través de las
ideas de algunos pensadores.
Un examen de la bibliografía presentada al final del rexro
permite inferir esos mismos propósitos,
aunque resulte ostentoso el grupo de
.Biblio-
tecas consultadas". Pero tampoco s€ trata de una historia de las ideas, conforme hoy se
te2'liza y de la cual puede dar cuenta la vigorosa presencia del pensar latinoamericano
y del quehacer filosófico en Ecuador.
El libro rePresenta, por consiguiente,
un trabajo de divulgación de autores y de
concepciones
Para
explicar qué es el conservadorismo,
sus ra'rces significativas y sus
concepciones teóricas y humanas. Publicado por una editorial de conocido prestigio en
nuestro medio
0ástima
que no se indica fecha, aunque la obra circula en lggrsirve como
introducción al tema y como un buen estudio monográfico al servicio de colegiales,
estudiantes y lectores que requieren información
resumida
,
rápidz y clara.
JuanJ.paz
y Miño C.
Bcrrmsso,
Ju¡*u,
coMp., Ios Slt¡sttxos
y
u An,nzoxÍ.t,
Rnuto on Vtqu Ig93-19O9,
Tor'lo I,
Qurro,
7993, A¡ye
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3g'pp.
Este es el primero de los tres tomos que componen la colección documental sobre
la presencia de los Salesianos
en
el oriente a finales del siglo )ilX, concreramenr,e, su
establecimiento en la región de Méndez y Gualaquiza, provincia del Azvay. Este tomo
está compuesto por las relaciones de viajes que los misioneros salesianos enviaron al
Bolbttino Sabbno de Turín, desde 1893, en los cuales, entre otras cosas, dieron cuenta
detallada de la labor que realizaron en favor de la política que el estado ecuaroriano ha
intentado desplegar en el Oriente y de los habitantes de la zona.
por
tanto, constituye
una ft¡ente importante para el estudio de la evzngelización decimonónica,
como
mecanismo de definición de lasfronteras orientales, al promover presencias estables que
hicieran resPetar las fronteras en la amazonia. Representa, además, un gr¿rn apone
documental prz el trabaio histórico y etnohistórico de finales del siglo )flXy principios
del )O( en esta región. Pues, cada bloque de relatos proporciona
al investigador,-y
el
lector curioso, información variada sobre las costumbres, laorganización socialy política,
datos poblacionales,
mitos y creencias de las comunidades indígenas Shuar de hace 100
años.
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138
anuncia tratar el conservadorismo en América Latina, realiza unos apuntes sobre los
conservadorismos chileno, argentino, boliviano, paraguayo, peruano, colombiano,
brasileño, uruguayo, venezolano, mexicano y centroamericano, entre las páginas 128 y
140, es decir, en 12 páginas; dedicando al conservadorismo en Ecuador 19 páginas 009-
128). Todo esto, que constituye la única parte propiamente "histórica" del libro, deja
mucho que desear, no solo por sus pretensiones investigativas, sino porque nada aporta,
en fuentes primarias o en anál isis, al trabajo académico que en Ecuador yen toda América
Latina han venido realizando los historiadores políticos, por lo menos desde hace dos
décadas.
La obra expone principios fundamentales del conservadorismo que más bien pue-
den considerarse clásicos. Allí se concentran los esfuerzos del autor. Para ello también
le sirve el seguimiento del conservadorismo europeo y norteamericano, a través de las
ideas de algunos pensadores. Un examen de la bibliografía presentada al final del texto
permite inferir esos mismos propósitos, aunque resulte ostentoso el grupo de "Biblio-
tecas consultadas". Pero tampoco se trata de una historia de las ideas, conforme hoy se
realiza y de la cual puede dar cuenta la vigorosa presencia del pensar latinoamericano
y del quehacer filosófico en Ecuador.
El libro representa, por consiguiente, un trabajo de divulgación de autores y de
concepciones para explicar qué es el conservadorismo, sus raíces significativas y sus
concepciones teóricas y humanas. Publicado por una editorial de conocido prestigio en
nuestro medio Oástima que no se indica fecha, aunque la obra circula en 1993) sirve como
introducción al tema y como un buen estudio monográfico al servicio de colegiales,
estudiantes y lectores que requieren información resumida, rápida y clara.
Juan j. Paz y Miño C.
Borl'Asso, JUAN, COMP., Los SALESIANOS y LA AMAZONiA,
RELATO DE VLVES 1893-1909,
TOMO 1, QUITO, 1993, ABYA YALA EDICIONES, 399·pp.
Este es el primero de los tres tomos que componen la colección documental sobre
la presencia de l<;>s Salesianos en el oriente a finales del siglo XIX, concretamente, su
establecimiento en la región de Méndez y Gualaquiza, provincia del Azuay. Este tomo
está compuesto por las relaciones de viajes que los misioneros salesianos enviaron al
Bol/ettinoSaJesiano de Turín, desde 1893, en los cuales, entre otras cosas, dieron cuenta
detallada de la labor que realizaron en favor de la política que el estado ecuatoriano ha
intentado desplegar en el Oriente y de los habitantes de la zona. Por tanto, constituye
una fuente importante para el estudio de la evangelización decimonónica, como
mecanismo de definición de las fronteras orientales, al promover presencias estables que
hicieran respetar las fronteras en la amazonía. Representa. además, un gran aporte
documental para el trabajo histórico y etnohistórico de finales del siglo XIX y principios
del XX en esta región. Pues, cada bloque de relatos proporciona al investigador, yal
lector curioso, información variada sobre las costumbres, la organización social y política,
datos poblacionales, mitos y creencias de las comunidades indígenas Shuar de hace 100
años.
139
I¿ obra aparece en el marco de la conmemoracián del centenario del establecimien-
tode la Orden Salesiana en el Ecuador, acontecimientoque no solo rememorale historia
misional de los religiosos sino que llama la atención sobre su destacada presencia en el
campo de la cultura y de las culturas de nuestro país. Precisamente, el libro presenta el
origen de aquellas primeras vinculaciones
con los habitantes amazónicos, vinculaciones
que con el parc del tiempo han ido nutriéndose de una importante reflexión antropo-
lógica, fomentada por la misma orden en los diversos ámbitos académicos interesados
en el Oriente ecuatoriano.
Rocío Ruefu Novu
139
La obra aparece en el marco de la conmemoración del centenario del establecimien-
to de la Orden Salesiana en el Ecuador, acontecimiento que no solo rememora la historia
misional de los religiosos sino que llama la atención sobre su destacada presencia en el
campo de la cultura y de las culturas de nuestro país. Precisamente, el libro presenta el
origen de aquellas primeras vinculaciones con los habitantes amazónicos, vinculaciones
que con el paso del tiempo han ido nutriéndose de una importante reflexión antropo-
lógica, fomentada por la misma orden en los diversos ámbitos académicos interesados
en el Oriente ecuatoriano.
Rocío Rueda Novoa
AROSEMENA AROSEMENA,
GUlLLERMO
t
El ~
exterior ., ECIUUIor,
vol. 1: Período colonial: La
Audiencia de Quito (326
pp.); vol. JI: Período
republicano, 1821-1920
(449 pp.); vol III: Período
contemporáneo, 1921-1990
(433 pp.) s/e Guayaquil
1993.
AVALA MORA
t
ENRIQUE,
EstlUllDs sobre Hlstorúl
ECJUItorúuuI, Colección
Identidad, vol. 3t Quito,
1993, TEHI5- IADAP, 152
pp.
AVALA MORA, ENRIQUE,
EDITOR, Pensamiento •
Pedro MOIIcayo,
Biblioteca de Ciencias
Sociales, vol. 20. Quito,
1993, Corporación Editora
Nacional, 220 pp.
BAKULA, JUAN MIGUEL
Perú Y ECtUUIor:
*"'Pos y IestlJlflOlllos
• "'"' wclluüul, 3
tomos, Perú, 1993, Centro
Peruano de Estudios
Internacionales, CEPEI-
Asociación Peruana para
el Fomento de las Ciencias
Sociales, FOMCIENQAS.
SOLO LIBROS/ referencias
Obra de reciente aparición
t
editada con el auspicio
de varias compañías privadas de Guayaquil. El autor
es un empresario guayaquileño empeñado en
investigar la historia económica del Ecuador desde la
perspectiva que le brinda su propia actividad. Los tres
tomos abarcan la historia del comercio exterior desde
la Colonia hasta nuestros días. Contienen abundante
y valiosa informaci6n de primera mano, procedente
de los numerosos archivos consultados por el autor
en el país y en el extranjero.
Este libro recoge temas variados de la historia
nacional, que cubren diferentes períodos y que
traducen un esfuerzo por difundir de manera fácil los
avances de la reflexión histórica en el Ecuador. El
lector encontrará estudios sobre los g r a n d e ~
protagonistas de nuestra historia, sobre sus eventos
más polémicos y sobre libros publicados en las
últimas dos décadas. Incluye además ensayos sobre
historia regional.
La obra recoge seis ensayos acerca de la vida y el
pensamiento del gran político, historiador y periodista
de inicios de la República. Los autores: Rodrigo
VilIegas, Marcelo Villamarín, Julio César Trujillo,
Roberto Morales y Guillermo Bustos. El libro también
incluye una versión completa de los discursos
parlamentarios de Moncayo, preparada por Cecilia
Durán. Se añaden índices y bibliograf13.
Significativo esfuerzo editorial en el que su autor.
diplomático peruano poseedor de un amplio
conocimiento sobre las relaciones de su país con el
Ecuador, publica un importante material respecto de
la historia común de los dos países. El primer tomo
contiene una amplísima bibliografía; el segundo y el
tercero se dedican a una visión histórica de las
relaciones entre ambas repúblicas.
142
BOTTASSO, JUAN, CoMP.
LO$ Sak$ÚUlOS y ltJ
AlIIIof.l%oftÚl, Relato die
Viajes 1893·1909, Tomo
1, Quito, 1993, Abya Yala,
399 pp.
CoSTALES, PIEDAD y
ALFREDO El Remo de
Quito, Quito, 1992, Abya
Yala, 289 pp.
LE GOUHUIR S.J., JosÉ
MARIA, Historia dieltJ
República diel EcruuIor,
Quito, 1992, Colección
Grupo Ayrnesa, editada
bajo la coordinación de
Marco Lara, vals. 2,3,4.
Este es el primero de los tres tomos que componen la
colección documental sobre la presencia de los
Salesianos en el oriente a finales del siglo XIX,
concretamente, su establecimiento en la región de
Méndez y Gualaquiza, provincia del Azuay. Este
torno, está compuesto por las relaciones de viajes que
los misioneros salesianos enviaron al Bollettino
Salesiano de Turín, desde 1893, en los cuales, entre
otras cosas, dieron cuenta detallada de la labor que
realizaron en favor del estado ecuatoriano y de los
habitantes de la zona. Por tanto, constituye una
fuente importante para el estudio de la
evangelización decimonónica como mecanismo de
definición de las fronteras orientales, al promover
presencias estables que hicieran respetar las fronteras
en la amazonla. Representa, además, un gran aporte
documental para el trabajo histórico y etnohistórico
de finales del siglo XIX y principios del XX en esta
región. Pues, cada bloque de relatos proporciona al
investigador, y al lector curioso, información variada
sobre las costumbres, la organización social y política,
datos poblacionales, mitos y creencias de las
comunidades indígenas Shuar de hace 100 años. En
resumen, una obra valiosa por la riqueza de
información que contiene.
Esta reciente obra de los esposos Costales saca a la
luz nuevos planteamientos que resucitan el antiguo
debate acerca de la existencia del Reino de Quito. A
propósito de una relectura del P. Velasco se pasa
revista a la información que brinda la etnología , la
arqueología, los testimonios de cronistas y las fuentes
documentales de la colonia temprana. Los autores
reivindican la idea del Reino frente a versiones
modernas que advierten sobre su carácter legendario.
Luego de más de medio siglo de su primera edición,
esta obra ha vuelto a publicarse en dos iniciativas
editoriales distintas. La una del Banco Central
(reseñada en Procesos 3) y la otra del Grupo A yrnesa,
que dedicará los volúmenes 2 al 6 de su Biblioteca a
la significativa obra del histor'iador jesuita. Este
versión se publica de acuerdo al plan original del
autor y contiene un prólogo del jesuita J. J. Flor.
LUNA TAMAYO, MILTON,
¡MODERNIZACIONl
AmblglUl experiencia en
ell1c:JUUkw. Industriales
y fiesta popular,
Colección Procesos No. 1,
Quito, 1993, IADAP, 122
pp.
MEYER, HANS, .l1n los Altos
Andes del I1cuador,
Colección Tierra Incógnita
No. 3 , Quito, 1993, Abya
Yala, 747 pp.
MÓRNER, MAGNUS,
Ensayos sobre historia
latlnoamerlctma.
Enfoques, conceptos y
métodos, Biblioteca de
Ciencias Sociales Vol. 37,
Quito, 1992, Corporación
Editora Nacional,
Universidad Andina Simón
Bolívar, Subsede Quito,
248 pp.
OBEREM, UDO,
Sancho Hacho, un
cacique mayor del siglo
XVI, Quito, 1993,
CEO ECO - Abya Yala, 139
pp.
143
Este libro analiza uno de los fenómenos históricos
más relevantes del Ecuador contemporáneo, la
modernización, intentando establecer las causas que
explican el tardío desarrollo industrial del país. De
una manera suigéneris se vincula al tema central el
estudio de la embriaguez y la fiesta popular. El autor
pone especial énfasis en el análisis del rol de las
élites como agentes de modernización.
En 1903 el alemán Hans Meyer llega al Ecuador con
el fin de estudiar las hasta entonces poco conocidas
regiones glaciales de la Cordillera de los Andes. Este
libro, segunda edición en español elaborada a base
de la primera de 1938 y revisada según la alemana de
1907, recoge, a manera de diario de viaje, las
observaciones que Meyer hizo en el Chimborazo, el
Carihuayrazo, el Altar, el Cotopaxi, yel Quilindaña.
La obra constituye, además, un importante testimonio
histórico de la vida en el Ecuador a principios de este
siglo.
Recopilación de ocho ensayos del conocido
especialista sueco, dedicados a temas como
historiografía comparativa, estructuras de clase,
estratificación, estructuras agrarias, relatos de viajeros
y otras fuentes de investigadón histórica. El libro
contiene varios mapas y gráficos, así como extensas
bibJ iografías especializadas.
Obra póstuma que comprende dos partes. La primera
analiza la estructura del poder cacical y estudia la
posición de privilegio como elemento definidor de las
categorías jerárquicas en los cacicazgos. A través del
estudio de caso del señorío de Latacunga, aborda el
problema de las obligaciones y derechos de los
caciques en la vida social de la colonia. La segunda
parte recoge la transcripción paleográfica de
documentos localizados en el Archivo General de
Indias, de gran interés para los estudios
etnoh·istóricos.
144
OaTIZ DE LA TABLA
OUCASSE, JAVIER,

Quito 1534-1660, orIget1
Y evol"cI6 • • "fUI éllkl
colonúú,
Escuela de Estudios
Hispanoamericanos de
Sevilla, 1993
PAREJA OIEZCANSECO,
ALFREDO, lA HogJWrtl
Bdrbara
J
Quito, 1992,
Comisión Nacional
Permanente de
Conmemoraciones Cívicas-
Casa de la Cultura
Ecuatoriana (Cuarta
edición). 440 pp.
SANTOS, FERNANDO, CoMP.,
Opresló. Coúmial y
ResiSleflCia ltU11gefta 6ft
la Alta AmazoftÚl, Serie
Amazonía, Quito, 1992,
CEOIME - FUesO - Abya
Yala, 184 pp.
SEGOVIA BAUS, FAUSTO,
CoMP., Los Q:N#.ráetJt06
ARos Y los J6vaes J
Quito, 1992, Corporación
Editora Nacional, 120 pp.
En un marco temporal situado entre 1534 y la
segunda mitad del siglo XVII, el autor aborda un
problema crucial de la historia colonial del Ecuador,
muy poco explorado aún: el rol jugado por los
encomenderos en la conformación de la sociedad
quiteña temprana. Un abundante acopio de
información y una gran calidad interpretativa
contribuyen a que el tema incorpore una variedad de
aspectos interesantes, como son la composición social
del grupo encomendero, la suerte corrida por sus
fortunas, la naturaleza de sus proyectos elitarios. Sin
lugar a dudas, la obra será recibida en el medio
especializado como una contribución sustancial a la
historiografía ecuatoriana.
Esta nueva edición recoge, en un solo tomo esta vez,
e) texto completo de una de las obras más notables
de Alfredo p'areja, consagrada ya por muchos motivos
como uno de los clásicos de la Literatura y la
Historiografía del Ecuador. El libro es no solamente
una gran biografía de Don Eloy A1faro, sino también
un buen esfuerzo de comprensión de su época.
El libro recoge varios de los trabajos de investigación
desarrollados en el curso de Etnohistoría Amazónica
dictado en FLAeso por el compilador de la obra,
Profesor Fernando Santos. Los diversos ensayos
abordan como temática fundamental el impacto de la
situación colonial en las sociedades indígenas de la
alta amazonía y las formas de resistencia que esos
pueblos adoptaron frente a la presencia europea. El
hecho de incluir en la obra trabajos referentes a las
amazonías ecuatoriana, colombiana, peruana y
boliviana, brinda al lector la posibilidad de obtener
una interesante visión comparativa.
El libro recoge diecinueve de los ensayos
participantes (entre ellos los ocho ganadores) del
Concurso promovido en 1992 por la Fundación EL
COMERCIO, establecida por el diario del mismo
nombre. El conjunto de los trabajos ofrece una
amplia visión de diversas interpretaciones de los
jóvenes del Ecuador sobre el hecho histórico del 12
de Octubre y sus consecuencias.
PROCEsoS, Revista Ecuatoriana de Historia, No. 4
e 1993, Corporación Editora Nacional. Q.¡fto. •
EVENTOS
CURSO DE ACTUAUZACIÓN PARA DOCENTES EN
HISTORIA DEL ECUADOR y DE LA PROVINCIA DE IMBABURA
Entre el 15 y 17 de abril del presente año, se llevó a cabo en la ciudad de Ibarra un
Curso de Actualización de la Historia del Ecuador y de la Provincia de Imbabura para
profesores de enseñanza media, con el auspicio de) Municipio de Ibarra y la Universidad
Andina Simón Bolívar Quito- y bajo la coordinación académica del Taller de
Estudios Históricos (TEHIS). El curso constituyó un importante esfuerzo de pane de las
tres instituciones por presentar a los profesores de la Provincia de Imbabura los avances
recientes de la investigación histórica en el país. En el mismo, se pudo evidenciar el
significativo desarrollo que ha experimentado esta disciplina en los últimos años, frente
a un sistema educativo que insiste en mantener todavía vigentes en sus programas de
historia, planteamientos historiográficos de la escuela tradicional decimonónica, hoy
ampl ¡amente superados. Profesores y expositores estuvieron de acuerdo en la necesidad
de continuar con eventos similares, que permitan incorporar al proceso de
aprendizaje los crecientes nuevos resultados del quehacer historiográfico moderno.
REUNiÓN DE ADHIEC
Los directivos de la Asociación de Historiadores del Ecuador mantuvieron una
reunión para programar la Asamblea que se realizará conjuntamente con el Congreso de
Historia del mes de noviembre. Su Presidente Juan Paz y Miño informó que se realizará
con algunas semanas de anticipación un proceso de actualización de fichas, eL": se
distribuirán oponunamente. Indicó también que se realizará una refonna ck EE,i:lt!.. .. tü5
que permita mayor panicipadón en ADHIEC •
TEMA PRINCIPAL
La producción historiográfica sobre el Ecuador
en los últimos 25 años
AUSPICIO
Casa de la Cultura Ecuatoriana
Benjamín Carrión,
Sección Historia y Geografía
Universidad Andina Simón Bolívar,
Subsede QUito
COMITÉ EJECUTIVO
Asociación de Historiadores
Ecuatorianos, ADHIEC
T ~ l I e r de Estudios Históricos, TEHIS
MARKA, Instituto de Historia
y Antropología Andina
ASOCiación de Estudiantes
de Historia, AEH-Puce
INFORMES
Se,retllrÚI Ejee.'¡,.:
Al'. 12 de Octllbre 1430, FA.if. Centro Q,úwrIÚAb,. YIÚIJ, 3er. piso,
Teléfono (593-2) 508150, Fa.x (593-2) 508156, ÚJsiu. postJ 17-12-569, Qurro-ECUADOR
RESOMEN DE HISTORIA Enrique Ayala Mora
DEL ECUADOR
COMO ESCRIBIR BIEN Hernán Rodríguez Castelo
DA TOS BASICOS DE LA Agustín Grijalva Jiménez, Ed.
REALIDAD NACIONAL
MITOS DE NUESTRO PASADO Ernesto Salazar
APRENDIENDO A VIVIR Fausto Segovia &us. Clara Salcedo Orellana
SISTEMAS ELECTORALES, IDEOLOGIAS Ernesto Albín Gómez.
y PROGRAMAS POUTICOS Enrique Ayala Mora. Agustín Grijalva Jiménez
PROBLEMAS DEL MUNDO Byron Carda!lO
CONTEMPORANEO
BREVE HISTORIA Alberto Acosta
ECOftOMICA DEL ECUADOR
¿Q<É SON LAS DROGAS? Francisco lópez Bermúdez
PANORAMA DE LA Fernando &Iseca, Raúl Vallejo
UTERATaRA ECUATORIANA
REVISTA DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS ANDINOS y AMAzÓNICOS
Número 1 (1991)
Comunidades Campesinas
de Los Andes en el Siglo XIX
Número 2 (1992)
Economías de Bolivia
y A!gentina en el Primer Siglo Republicano
Número 3 (1993)
La Revolución Boliviana de 1952
INSTITUTO DE ESTUDIOS ANDINOS y AMAzÓNICOS
(INDEAA)
APARTADO 4452, LA PAZ-BoLIVIA.
· ,
eglon
Revista del Centro de Estudios Históricos del Suroccidene Colombiano
_._.. AÑO 1 IN!! 01 AGOSTO, 1993
LA AMPLIACIÓN DE FRONTERAS EN EL ESTADO SOBERANO DEL CAUCA
Alonso Valencia LLano
UN EMPRESARIO TERRITORIAL: LISANDRO CAlCEDO
Jaime Eduardo Londoflo
CONDUCTA y SOCIEDAD CAMPESINA: VAllE DEL CAUCA SIGLO XVIII
Eduardo Mepa
PAR1IClPACIÓN DE LA COFRADÍA EN EL PROCESO DE POBlAMIENTO
Natalia Silva Prada
CALOTO: FIESTA Y COnDIANIDAD
Rosóngela Valencia Valderrama .
Centro de EstudioS Históricos Regionales del Suroccldente Colombiano
• Apartado Aereo 025022 Cali·Colombia •
ENSAYOS
SOBRE
HISTORIA
LATINOAMERICANA
Magnos Morner
CEN, UASB, Quito, 1993, 248 páginas El contenido de este libro es
francamente provocador. Sus textos
afrontan el tema de la estratificación,
definiciones de clase y estructuras
agrarias y relatos de viajeros como
fuentes de investigación histórica.
1. Historiografia europea occidental y
norteamericana: algunas tendencias
recientes
2. Clases, estratos y élites: un dilema del
historiador social
3. Factores económicos v estratificación en la
Hispanoamérica coÍonial con especial
referencia a las élites
4. Aproximaciones comparativas a la rustoria
latinoamericana
5. Patrones de estratificación en los paises
bolivarianos durante la época del
Libertador
6. Los derechos sobre la tierra de los Sami
(Lapones suecos) y de los indios de
Hispanoamérica
7. Aplicación de un esquema analítico
general en el caso de la rebelión de Túpac
Amaru
8. Los relatos de viajeros éuropeos como
fuentes de la historia latinoamericana
desde el siglo XVIII hasta 1870
1
2
Tehis
TALLE1lDB FBl'lJDlO8
HlSTORICOS
•••
• María Elena POrnlS, LA GoBERNAcKJN y EL OBISPAOO DI MAINAS, 136 pp.
• Rosemarie Terán Najas, Los PROfIJCIOf DsIJlPEJIO lbur'JN¡co EN U Rw.
AUDlF.NClA DlQunq 114 pp.
• Rocío Rueda Novoa, EL OBlliJl DI SANJmmt DI PBillCHI, 159 pp .
•••
• Milton Luna Tamayo, HISIORIA yCllVC1lNC1A POI'flLAR, EL A1lTF.SANAOO EN Quno
(1890-1930), 195 pp.
• Enrique Ayala Mora, LUOlA POÚl1CA YOIUGEN DI LOS p ~ EN ECUAOOR, 371
pp., 4ta. edie.
• ••
; l' Enrique Ayala MOla, JIstrJtJ«ls .IOIIRE /lDlWt EWA1llI1ANA, 152 pp .
•••
1. Coedici6n con Abya-Yala
2. Coedici6n con la Corporación Editora Nacional
3. Coedición con el IADAP
Tehis - Taller de Estudios Históricos
Av. 12 de Octubre 1430 (entre Madrid y Veintemilla)
Apartado Postal 17-12-860, Quito - Ecuador
PalabfaSuel fa
RmaTA DE CUL TUllA Utenture En_yo Mú.ac. ..... tlc. Cine Crítlc8




Ecología
Ideología y literatura
Cien años de modernizaci6n
Libros. Pintura. Artes
Entrevistas exclusivas a los
mejores escritores del mundo
EN EL NUMERO 18
. 1 1 1 O T n A • D t • H 1 T O R 1 A • t U A 1 O R 1 A N A
l.
Roberto Andradc,
6.
Elov A1faro
msrORlA DEL ECUADOR J HISTORlO\S
EsttIÁÚJ le M.tlJUI c;,j';¡'og. ErtwiÚJ le Mllcol", Dus
2
Juan León Mera,
í.
Roberto Andradc,
LA DICTADURA Y LA RESTAURACIÓN EN LA¡ HISfORlA DEL ECUADOR III
REPÚBUCA DEL ECUADOR
ErtvliÚJ de R.foe1 QJimero
8.
Muñoz V crnaza,
ORlGENES DE LA NACJONAUDAD
3.
Camilo Dcsttuge, ECUA TORlANA
msrORlA DE LA PRENSA DE GUAYAQUIL, 1 ErtwiÚJ le JIId CorJero !jigtlez
EsttIÁio de AbeJ R 01fltO ClIoStilJo

Roberto Andradc,
4.
Camilo Dcstrugc, HISfORlA DEL ECUADOR IV
msrORIA DE LA PRENSA DE GUAYAQUIL, II
10.
Ayala Mora, ed.,
i
Roberto Andradc, LA srORlA DEL ECUADOR:
HIsrORlA DEL ECUADOR IJ ENSAYOS DE INTERPRETACIÓN
-Biblioteca
Ecuatoriana de
A ~ ~ ~
L
a in\'Cstigación arqueológica tiene ya una importantt 'tradición en las Ciencias Sociales
ccuatori2nas. Varios in\'Cstigadorcs, nacionm y CJtranjcros, han indagado con esfuerzo y
rigor cientifico sobre d pasado de la, formación social ecuatoriana, contribuyendo a su
esclarecimiento y comprensión y entregando valiosos aportes para la planificación del futuro.
La Gorporación Editora Nacional ha crado esta numscrie en su fondo editorial, que cuenta
con el esfuerzo compartido del Centro de Estudios Arqueológicos y Antropológicos de la
ESPOL y con el auspicio de CEPE. la Bibtiotca recoge los raultados arrojados por
in\'Cstigacioncs conttmporáneas, así como tnbajos pretéritos de w.lor actual.
FtmIIIt,14,8 x 21 &11
1. Jorge Marcos, ed., ARQUEOLOGIA DE LA COSTA ECUATORIANA:
nuevos enfoques
308 páginas
2. Deborah Marie Pearsall, LA PRODUCCION DE ALIMENTOS EN REAL
. ALTO
240 páginas
3. JonathanDamp,LAPlUMERAOCUPACIONVALDMADEREALALTO:
patrones económicos, arquitectónicos e ideológicos
148 páginas
4. Jorge Marcos, REAL ALTO: la historia de un centro ceremonial Valdivia 1
346 páginas
5. Jorge Marcos, REAL ALTO: la historia de un centro ceremonial Valdivia 11
3S6páginas
'RHESlS
revista ecuatoriana de historia
E SnJ DIOS
Obrajeros y comerciantes en Riobamba (s. XVII),
por Guadalupe Soasti
Censos, capellanías y élites: aspectos sociales del crédito
en Quito colonial (primera mitad del s: XVIII),
por Rosemarie Terán N.
Rasgos fundamentales de la historia agraria peruana
(s. XVI-XVIII),
por Manuel Burga
CONFERENCIA
El Municipio en el siglo XIX,
-por Enrique Ayala M.
AULA ABIERTA • SOLO UBROS/ DEBATE/ RESEÑAS/ REFERENCIAS • EVENTOS
OBITUARIO
o
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O
L-....... ~ - - - - I n SEMESTRE/1991 ___ --1
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revista ecuatoriana de historia
ESTaDIOS
La hacienda en la sierra norte del Ecuador:
fundamentos económicos y sociales de una diferenciación nacional
(1800-1870), por Germán Colmenares
Rito religioso y rito secular en la Octava de Corpus
de Cuenca, por EmesllJ Salazar
La identidad 'clase obrera' a revisión: una lectura sobre
las representaciones del Congreso Obrero de Ambato de 1938,
por Guillermo Bustos
DEBATES EN HISTORIA Da ARlE
Historiografia de la arquitectura en la época colonial:
algunas consideraciones,
por Sonia Femández Rueda
Del Taller a la Academia.
Educación artística en el siglo XIX en Ecuador,
por Alexandra Kennedy Troya
AUlA ABlfRTA • SOLO UBROS/ RESEMS/ REFERENCIAS • EVENTOS
OBITUARIO
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L---.......... ~ _ 1 SEMESTRE/1992 _____ ......J
'"IfJFMS
revista ecuatoriana de historia
ESltIDIOS ti
La región de los Quijos: una tierra despojada de poderes (1578-1608) I
por Pablo Ospina
La ruta a la Mar del Sur:
un proyecto de las élites serranas en Esmeraldas (s. XVIII),
por Roclo Rueda Novoa
Elites, burocracia, clero y sectores populares en la Independencia Quiteña
(1809-1812)
por Michiel Baud
En busca de la libertad: los esfuerzos de los esclavos guayaquileños por
garantizar su independencia después de la Independencia,
por Alonso Valencia Llano
DEBATES
Fray Vicente Solano y el pensamiento conservador en Ecuador,
por Juan J. Paz y Miño C.
Naciones, fronteras y grupos étnicos (en homenaje a Thierry Saignes),
por Eduardo Kingman Garcés
AULA ABIERTA • SoLO UBROS/ RESEÑAS/ REFERENCIAS • EVENTOS • OBITUARIO
TI SEMESTRE/1992 ___ --.J
ENRIQUE AYALA MORA
NUEVA
HISTORIA
DEL
ECUADOR
• IA OBRA DE LA DECADA •
1. EPOCA ABORIGEN I
2. EPOCA ABORIGEN 11
3. EPOCA COLONIAL 1: Conquista y Primera Etapa Conial
4. EPOCA COLONIAL 11: Segunda y Tercera Etapa Colonial
5. EPOCA COLONIAL 111: Perspectiva General de la Colonia
6. INDEPENDENCIA Y PERIODO COLOMBIANO
7. EPOCA REPUBLICANA 1: El Ecuador, 1830-1895
8. EPOCA REPUBLICANA 11: Perspectiva General del Siglo XIX
9. EPOCA REPUBLICANA 111: Cacao, Capitalismo y Revolución Liberal
10. EPOCA REPUBLICANA IV: El Ecuador entre los Veinte y los Sesenta
11. EPOCA REPUBLICANA V: El Ecuador en el Ultimo Período
12. ENSAYOS GENERALES 1: Espacio, Población, Región
13. ENSAYOS GENERALES 11: Nación, Estado y Sistema político
14. CRONOLOGIA COMPARADA DE LA HISTORIA ECUATORIANA
- 15. DOCUMENTOS DE LA HISTORIA DEL ECUADOR
lI.se
mes
tre
1993
HUMBERTO ROBLES El primer viaie alrededor del mundo: de
Pigafelta a García Mórquez
ALFREDO ALZUGARAr Configuración discursiva de familias en
Latinoamérica: una conFrontación entre "Los
Songurimas H y "Cien años de soledad'
ANTONIO SACOrO El ensayo hispanoamericano y la supuesta
historia de un fracaso
NELSON OSORIO La literatura del período de la emancipación
(1791-1830)
MERCEDES LÓPEZ-SARALr Reinventando jerarquías: la ficcionalización
del autor en el frontispicio de la "Nueva
Corónica i buen gobierno" de Guarnón
Poma de Ayala
PÉRUS Formas narrativas en "Balún Canón", de
Rosario Castellanos
FERNANDO SALSECA Escritura y tecnología en "Todo lo que
inventamos es cierto" de Miguel Donoso
Pareja
• TRANSICIONES' DOCUMENTOS' RESEÑAS • REFERENCIAS • ACTIVIDADES'
NORMAS PARA CoLABORADORES
• Los artículos a publicarse deben ser inéditos y pueden ser solicitados por el
Comité Editorial, o sometidos a su conocimiento por el autor que solicita su
publicación. En ambos casos deben ser remitidos en <?riginal y copia a la
siguiente dirección:'
PIffXESllS, Revista ecuatoriana de historia
Corporación Editora Nacional,
Roca 230 y Tamayo. Apartado Postal 17-12-886
Quito-Ecuador
• El arribo de los artículos así como su publicación será notificado a la dirección
proporcionada por el autor. Los artículos serán evaluados por el Comité
Editorial o por académicos especializados, a la vista de cuyo informe se
resolverá su publicación, independientemente de lo cual, los artículos en
ningún caso serán devueltos por correo a sus autores.
• Los autores, al presentar su artículo a la Revista declaran que son titulares de
su autoría. y derecho de publicación; este último lo ceden a la Corporación
Editora Nacional, manteniendo desde luego, su derecho de autoría. Si el autor
ha presentado también a otra publicación el mismo artículo debe expresarlo
así al momento del envío a la Revista.
• Los artículos deben ser presentados en papel normalizado A4, a espacio y
medio, con un límite máximo de treinta páginas de texto, notas y anexos. En
casos especiales podrá el Comité Editorial autorizar una extensión mayor.
• Las notas de pie de página deben presentarse al final del texto, en numeración
consecutiva. Para citar una obra por primera vez dentro del texto, se debe
hacerlo de la siguiente manera: E. J. Hobsbawn, Las revoluciones burguesas
1
Barcelona, Edil. Guadarrama, 1982, 9na. edic., p. 345. En citas sucesivas de
la misma obra, ya oc. es necesario hacerlo en cita numerada de pie de página,
sino incluirla dentro del texto de la siguiente forma: (Hobsbawm, 1982: 345).
• La Bibliografía organizada alfabéticamente, debe contemplar la siguiente
disposición:
Vilar, Pierre,
1973 "El tiempo del Quijote", en: Carla CipoIla, Y otros.
la Decadencia económica de los ImperiosJ Madrid, Alianza Editorial.
1980a Historia de España
1
Barcelona, Edil. Crítica.
1980b Iniciación al voca.bulario del a.nálisis histórico
J
Barcelona, Edil.
Crítica.
• Las citas textuales que excedan de cinco renglones deben escribirse con una
sangría diferente del resto del texto. Cualquier añadido dentro de la cita por
parte del autor debe ir entre corchetes.
• Todo lo que se requiera que aparezca en letra diferente debe presentárselo
subrayado.
• Todo material referido como tablas, cuadros, gráficos, mapas, croquis,
fotografias, diagramas será preSentado en una serie wnica bajo el título de
anexos, en forma numerada al final, con el fin de facil ¡tar la labor de
levantamiento y armado. Si alguno o algunos de estos materiales es indis-
pensable que vaya dentro del texto, debe indicárselo, caso contrario se lo
incluirá al final como anexo.

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