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Santísima Trinidad (Flamenco, toros, vino)

Santísima Trinidad (Flamenco, toros, vino)

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Un viaje iniciático hacia el flamenco, los toros y el vino que se convierte en una auténtica apología de la impureza de la mano del periodista Pablo García-Mancha: «No he creído nunca en la pureza como concepto artístico porque el arte, por definición, es mestizo y bebe de múltiples fuentes»

Editado por Bodegas Ontañón (2010); 580 páginas

web: http://ontanonlibro.blogspot.com/

SINOPSIS
El libro, de casi 600 páginas, prologado por el escritor Carlos Abella, supone un viaje personal hacia estas tres manifestaciones culturales (flamenco, toros y vino): "No he pretendido ordenar estos universos, sólo explicar por qué me emociona la vida y las razones por las que estas tres expresiones del hombre pueden llegar a crear en mi mente y en mi corazón parecidas sensaciones, temblores singulares, disquisiciones entre la vida y la muerte, experiencias sensoriales únicas, puros aullidos en el alma", asegura el autor en la introducción. El toreo es un sentimiento antiguo, como el vino, como el flamenco. Son formas de entender la existencia en las que se depuran al máximo los sentidos para lograr el néctar de cada momento. «No he creído nunca en la pureza como concepto artístico porque el arte, por definición, es mestizo y bebe de múltiples fuentes. Si el toreo fuera puro, en esencia sería igual ahora al que se destilaba en los tiempos de Paquiro y Pedro Romero; si el flamenco fuera puro Camarón, Chano Lobato o Rafael Riqueni nunca hubieran existido; si el vino fuera puro, a nadie se le hubiera ocurrido, por ejemplo, hacer una fermentación maloláctica o investigar con barricas de roble americano o francés, y ni mucho menos jugar con tostados o fermentaciones controladas».

EL AUTOR
Pablo García-Mancha (Logroño, 1968) es periodista y desarrolla su trabajo para diversos medios de comunicación. Las pasiones que le definen son el flamenco, los toros y el vino. Tiene la suerte de hablar -en Punto Radio y en TVR- y de escribir o haber escrito en diversos periódicos como Diario La Rioja, El País, Navarra Hoy, Diario de Noticias y últimamente en el suplemento de viajes de Abc. Presenta semanalmente Vivir para comer y Sol y Sombra, un espacio que ha sido reconocido como el mejor programa radiofónico taurino de España por la Academia de las Artes y de las Ciencias Radiofónicas. Su blog -toroprensa.com- obtuvo el galardón de larioja.com a la mejor bitácora riojana en 2008.

Un viaje iniciático hacia el flamenco, los toros y el vino que se convierte en una auténtica apología de la impureza de la mano del periodista Pablo García-Mancha: «No he creído nunca en la pureza como concepto artístico porque el arte, por definición, es mestizo y bebe de múltiples fuentes»

Editado por Bodegas Ontañón (2010); 580 páginas

web: http://ontanonlibro.blogspot.com/

SINOPSIS
El libro, de casi 600 páginas, prologado por el escritor Carlos Abella, supone un viaje personal hacia estas tres manifestaciones culturales (flamenco, toros y vino): "No he pretendido ordenar estos universos, sólo explicar por qué me emociona la vida y las razones por las que estas tres expresiones del hombre pueden llegar a crear en mi mente y en mi corazón parecidas sensaciones, temblores singulares, disquisiciones entre la vida y la muerte, experiencias sensoriales únicas, puros aullidos en el alma", asegura el autor en la introducción. El toreo es un sentimiento antiguo, como el vino, como el flamenco. Son formas de entender la existencia en las que se depuran al máximo los sentidos para lograr el néctar de cada momento. «No he creído nunca en la pureza como concepto artístico porque el arte, por definición, es mestizo y bebe de múltiples fuentes. Si el toreo fuera puro, en esencia sería igual ahora al que se destilaba en los tiempos de Paquiro y Pedro Romero; si el flamenco fuera puro Camarón, Chano Lobato o Rafael Riqueni nunca hubieran existido; si el vino fuera puro, a nadie se le hubiera ocurrido, por ejemplo, hacer una fermentación maloláctica o investigar con barricas de roble americano o francés, y ni mucho menos jugar con tostados o fermentaciones controladas».

EL AUTOR
Pablo García-Mancha (Logroño, 1968) es periodista y desarrolla su trabajo para diversos medios de comunicación. Las pasiones que le definen son el flamenco, los toros y el vino. Tiene la suerte de hablar -en Punto Radio y en TVR- y de escribir o haber escrito en diversos periódicos como Diario La Rioja, El País, Navarra Hoy, Diario de Noticias y últimamente en el suplemento de viajes de Abc. Presenta semanalmente Vivir para comer y Sol y Sombra, un espacio que ha sido reconocido como el mejor programa radiofónico taurino de España por la Academia de las Artes y de las Ciencias Radiofónicas. Su blog -toroprensa.com- obtuvo el galardón de larioja.com a la mejor bitácora riojana en 2008.

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carmelo bayo

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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José Tomás, camino de Barcelona

Siempre he creído que el toreo se mueve (y tan poderosamente nos conmue-
ve) por la ilusión que desata, por el qué será, por todo lo que esperamos de
una tarde que soñamos como irrepetible, en la que hemos depositado todas
nuestras ilusiones, nuestros anhelos, nuestras esperanzas. El toreo también
es una experiencia sensorial, un retrato impresionista del hombre que, em-
butido en un traje de seda y alamares, se perfla ante la muerte para conde-
narnos a la vida. El toreo es único porque lo que él hace sobrepasa, a veces,
los límites de la razón pura para subirse al pedestal del héroe, para darse la
mano con el Mito ante la admiración del resto de los mortales.
Por eso admiro tanto al torero, porque es capaz de hacer algo que a veces
parece una quimera y sobrepasa cualquier razón que subyace en lo coti-
diano, que sobrepasa cualquier rutina acumulada. Y a eso se le llama arte
cuando además de la sobresaliente técnica fuye el sentimiento, el corazón,
las tripas. Cuando se embelesa con el toro para crear, cuando se une a la
embestida habiéndola sometido antes a través de una gramática precisa e
inquietante: distancia, terrenos, colocación, altura, muñeca, toque, ritmo,
suavidad. El toreo, cuando fuye del alma, abstrae la violencia sin un punto
de mecanicismo gracias a un juego de pesos y contrapesos absolutamente
delicado, vigoroso, extenuante. El toreo surge también como culminación
estética: el toreo dicho con profunda desnudez, dicho con la lentitud de
los anhelos, con la perseverancia de las derrotas, con el llanto de los des-
encuentros, con la prisa de los primeros besos, con el pudor de las miradas
que se encuentran de improviso; el toreo, en fn, como la propia vida, como
la demostración absoluta de que, a veces, lo imposible puede ser, de que
cuando menos te lo esperas viene ella y te sonríe.
Y de todos cuantos toreros he conocido ninguno me ha impresionado más
que José Tomás; ninguno ha sido capaz de ahondar en mi desasosiego vital
como lo ha hecho el diestro de Galapagar, como lo ha hecho José Tomás, el
príncipe, la estatua, el torero de los sueños que diría Vicente Amigo, el genio
que conmueve las distancias siderales con su muleta, con su capote, con los
trebejos con los que nos ofrece abrigo y resuello, confanza, temores, delica-
deza, belleza, arte, parsimonia, dulzura, pasión, compromiso y misterio.

j. rodríguez

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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José Tomás concita en su corazón todas las esperanzas y en su camino
por el ruedo sereno de la vida se ha convertido en la representación exac-
ta y milimétrica de la coherencia: sus decisiones no admiten paradojas, ni
requiebros, y su sino trágico puede que sea inmarcesible y puede parecer
incluso lejano, pero es cristalino como el agua de un arroyo. Atrevámonos,
pues, a describirlo.

Un torero del más allá

No sé en las esferas telúricas, pero en la tierra un día me desperté sudoroso
y aturdido porque aquella noche había tenido un sueño: reaparecía José
Tomás. Me encaminé como un poseso hacia el ordenador y busqué lo que
escribí de él en El País cuando estuvo en Logroño en un lejano San Mateo de
1999. Y sigo soñando despierto:

José Tomás anduvo con dudas y medianías en la primera de
feria. Parecía un diestro abúlico y atorado; un hombre sin
ganas. Pero dejó de lado su versión humana y terrenal y se
convirtió en un torero del más allá, capaz de transportar al
afcionado al paraíso de la tauromaquia. Salió por la puerta
de chiqueros un animal de cuerna veleta y astifna, casi con
el colmillo retorcido, al que encima colocaron la divisa en la
cepa del pitón. Aquello debió de molestarle mucho porque
su fero temperamento de casta le hizo venirse arriba con los
del castoreño, que le zurraron a modo y con la salida tapada,
como casi todas las tardes. Encampanado esperaba al peonaje
cortando en los embroques. Salió José Tomás y con la muleta
empezó aguantando uno de esos terrorífcos parones. Si quieto
estaba el toro, más quieto se quedó el torero. Tragaron saliva él
y toda la plaza al unísono y resolvió con un derechazo mandón
como un cartel. Puso sitio entre su anatomía y la del descarado
cornúpeta y acto seguido comenzó a brotar el toreo. El animal
se continuaba colando y el de Galapagar se echó la pañosa a
la izquierda para que rugieran los tendidos tras cada uno de
sus naturales, algunos inverosímiles, con la cargazón y el viaje
del toro absolutamente consumados en una belleza formal que
casi parecía un ejercicio de estilo. Citó por dos veces con la
derecha para cambiar la muleta de mano. En la primera casi
viaja hasta el reloj, en la segunda obligó tanto la embestida que

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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el animal, que parecía a muchos el del tío picardías, se había
convertido en un toro noble y con recorrido, cosas del toreo
cuando se practica con pureza. Sucedió sencillamente que
Tomás se colocaba al citar en el centro de la suerte presentando
la muleta por derecho. Se lo traía toreado y embebido una y
otra vez, dejaba la muleta colocada y volvía a cargar la suerte
para deleite de la santa afción ligando siempre y sin perder ni
un paso entre cada lance. Después, las manoletinas y el mitin
con la espada. José Tomás había bajado defnitivamente a la
tierra y toda la plaza era consciente. En el que cerró corrida
no se fue al más allá, aunque la mayoría seguía aplaudiendo la
faena como si tal cosa. Aquí Tomás se puso pesado, reiterativo
y al hilo del pitón. No era posible subir y bajar dos veces en el
mismo día. En todo caso se quedó en el limbo.

El anhelo de un regreso (José Tomás, reaparece ya)

Si quitamos la coma que separa el sujeto del verbo en el título de este apar-
tado me da un soponcio. Pero, coño, hay coma, sigue la coma, nos persigue
la coma. Y lo que no se sabe es hasta cuándo va a durar la coma que resume
la petición inequívoca de muchos afcionados para que este extraño tipo de
Galapagar deje de jugar al fútbol sala y le dé por enroscarse la montera y
volvernos a acojonar como solamente acojonan los toreros de verdad. Por-
que un torero de verdad acojona, ¿o no? Es más, yo creo que para que un
torero lo sea de verdad tiene que ser capaz de ponernos a los afcionados
un nudo en la garganta, un corazón desasosegado y ese no-sé-qué que hace
que esta festa, este rito sea sin duda alguna algo incomparable que carece
de explicación. Dicen que José Tomás antes de las corridas de Madrid se iba
a unos billares a explayarse. ¡Qué cosa! El caso es que después, por la tarde,
con ese valor suyo tan indescriptible se vivía un acontecimiento tremebun-
do. Toreaba con tanta verdad que el adjetivo valeroso se quedaba escueto
y minimizado. A veces he pensado que José Tomás despreciaba su propia
vida; ahora estoy convencido de lo contrario, porque este torero bulle en
el interior de un hombre vitalista y sencillo, acorralado por los periodistas,
por las multitudes, porque lo que tenía que decir lo decía armado de capote
y muleta. Ahora calla. Vive la vida. Respira. Pasea. Probablemente amará.
Como cualquiera. Como usted. Como yo. No sé si algún día volverá a sentir

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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el Fulgor del Círculo (gracias a Javier Villán por el descubrimiento poético
de esta poderosa imagen). Pero el caso es que yo, como cualquiera, como
usted, necesito que José Tomás reaparezca ya. Cuanto antes.

Los bajones

Lo confeso: estaba hundido. Aunque en el fondo sabía improbable la re-
aparición de José Tomás y menos para un festival -aunque fuera para el del
homenaje a Rafael de Paula-, en lo más hondo de mi inconsciente taurino
soñaba con verlo otra vez en un ruedo, echarse la muleta a la izquierda y
citar al toro con esa especie de entropía suya que ya no sé si era desvarío
mío por no verlo o la nebulosa de su recuerdo que me aturullaba. El caso es
que desde que se fue yo no encontraba un torero que me apasionara (quiero
decir que me dilucidara con matemática exactitud la diferencia que existe
entre la vida y la muerte, entre el agua y la espuma). Lo había buscado entre
los novilleros y los que piden oportunidades, lo había tratado de leer en las
más diversas publicaciones taurinas -si supierais lo que he llegado a tragar-
me- y lo había releído en VHS cuando la monotonía de las ferias me dejaban
arrasado. José Tomás, de momento, no iba a volver y yo seguiría aquí -es de-
cir, en mi limbo de su insoportable ausencia- lanzando venablos al planeta
confando en su regreso.

José Tomás: «Me puede el corazón»

Antes de seguir con el relato, recupero la única entrevista que en mi vida
le he hecho a José Tomás, fue en junio de 1999, antes de actuar en Haro
(La Rioja) y después de torear de forma absolutamente alucinante unos días
antes en Las Ventas a dos toros de El Puerto de San Lorenzo con los que di-
visó el mismo cielo, en los que a pesar de perder las orejas por fallar con los
aceros, dejó sobre el ruedo dos tratados de esa tauromaquia suya grandiosa
y acongojante.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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«La voltereta que me pegó el toro en Madrid fue bastante larga,
cuando estaba sujeto a sus pitones y entre tantos derrotes, me
dio tiempo a pensar en mi familia y el mal rato que estarían
viviendo. Yo tenía la cabeza fría, noté que no me había
empitonado y por eso estaba tranquilo para pensar en cómo
salir lo mejor posible del trance». Así relata José Tomás los
momentos que vivió el martes entre la astas de un impresionante
morlaco. José Tomás es el matador más esperado. Su paso por
la feria de San Isidro ha dejado un antes y un después no sólo
en la plaza venteña sino en todo el planeta taurino. José Tomás
encarna el único aspecto de la tauromaquia en el que todo el
mundo (toristas y toreristas) coincide: su forma de concebir e
interpretar el toreo es la más profunda y auténtica. «Creo que
varios de los naturales de la tarde de los toros del Puerto de
San Lorenzo han sido de los mejores que he dado en mi vida.
Aunque me considero una persona equilibrada y cerebral,
cuando llego a ese punto de entrega es muy difícil no dejar
que sólo mande la cabeza, el corazón termina imponiéndose»,
señala el maestro de Galapagar mientras asegura que no hay
ninguna duda sobre su comparecencia de hoy en la candente
jarrera: «Tengo el codo algo resentido pero estoy perfectamente
bien. Torearé». El cartel de hoy, junto con Ponce y El Juli, es el
más esperado de la temporada: «Conozco toda la expectación
que provoca entre los afcionados y soy perfectamente
consciente de que a muchos les hubiera gustado vernos a los
tres a la vez en Sevilla y Madrid. Pero todo el mundo sabe el
motivo; yo no hubiera tenido ningún inconveniente», asegura.
Y dado que este año la competencia directa entre estos tres
espadas aforará en contadas tardes, muchos abogan porque
sean las estadísticas las que marquen el nivel de cada uno.
Pero Tomás, que se apunta a la competencia directa, desestima
la batalla aritmética: «Ésa no es mi guerra, ahí estoy vencido
porque no voy a frmar más de setenta corridas. Mi forma de
torear no la puedo exprimir como si fuera una máquina. El
toreo es sensibilidad, es una profesión donde se crea arte y
no me importan las estadísticas». En estos años en el mundo
taurino se vive con el temor de que lo que sucede sobre los
ruedos no esté preñado de toda la verdad que merece el caso:
«Sí, reconozco que lo del fraude es un tema preocupante.
Desde mi punto de vista puedo asegurar que trato de elegir las
ganaderías que se acercan al concepto de la tauromaquia que
más me gusta. Lo que sucede es que las vacadas no atraviesan
su mejor momento y es muy complicado saber cuáles son las
que van a embestir». Hace unos días, la propietaria de uno de
los hierros triunfadores en San Isidro (los gracilianos de Fraile)

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dijo que lo peor que le puede pasar a un encaste es que se fje
en él un torero. Para Tomás eso es «injusto porque somos los
toreros los más interesados en que las cosas salgan lo mejor
posible. Como afcionado me encanta ver la conjunción de
un toro que embista con un matador que sea capaz de darle
perfecta réplica. Estoy seguro de que me aburriría mucho
viendo toros que son muy bravos en el caballo pero que luego
son imposibles para realizar el toreo. La tauromaquia no es
una guerra entre el matador y el torero. Para mi gusto, el bravo
es el toro que se entrega y permite expresarse al torero como
él lo siente. No hay que confundir la casta con el genio». Otra
de las ideas que tiene muy claras José Tomás es que hasta
esos toros que aparecen en el ruedo con escasas fuerzas y
nula bravura pueden «dar tabaco, tal y como le ha sucedido a
Miguel Abellán o todo lo que le expuse a la res que me pegó
la voltereta en Madrid». Pero José Tomás ha reafrmado con
su quehacer en el ruedo la ortodoxia de la muleta adelantada
y la cargazón de la suerte: «Yo concibo la verdad del toreo
partiendo de una base en la que el torero ha de darse las menos
ventajas posibles frente al toro, intentando hacer las cosas con
pureza, y eso implica -prosigue José Tomás- no perder pasos
ni quitarle el engaño de la cara. A veces lo logro y otras veces
no tanto». Sobre si considera que ha llegado a la cúspide de
su expresión artística, el espada madrileño sorprende con su
afrmación: «De los mejores naturales que conseguí recetar, en
alguno de ellos llegué más o menos a la mitad de lo que estoy
seguro que puedo llegar a dar». Ahondando en su inolvidable
tarde madrileña, José Tomás le da más valor a la segunda faena:
«Aquel toro parecía que no iba a dar ninguna facilidad, sin
embargo creo que le hice las cosas muy bien y al fnal acabó
entregándose al vuelo de la muleta. No fue un toro bravo, ni
mucho menos, pero tuvo la virtud de dar emoción en cada
embestida». Sobre la crítica taurina, José Tomás afrma que no
le da mayor importancia: «No me afecta lo que escriban. Cada
torero tiene que seguir su camino. Lo que sí me molesta y más
me duele son los que escriben con maldad sin respetar a los
que se ponen delante. De todas formas, el más crítico conmigo
soy yo».

Pasaban los años, el dolor ante su ausencia, el espanto ante el abandono de
un torero que parecía que la misma tierra se lo hubiese tragado y un jueves
de principios de marzo de 2007 vino a cantar a Logroño Gema Caballero,
una de esas nuevas voces que van saliendo poco a poco en el panorama de

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lo jondo: «Mis fuentes en el famenco son muy amplias, pero me encantan
los antiguos como Don Antonio Chacón, Mairena o el Cojo de Málaga», ase-
guraba una artista que comenzó forjándose en las academias de baile como
intérprete de atrás, donde consiguió adquirir técnica y ritmo sufcientes para
lanzarse al famenco como solista. Y Gema Caballero admira a Enrique Mo-
rente. «No es que quiera parecerme a él, pero en sus cantes siempre descu-
bres cosas nuevas, expresiones diferentes». Y de repente sonó el móvil. Era
Isabel Virumbrales, mi amiga y colaboradora del programa ‘Sol y Sombra’
que dirijo en Punto Radio La Rioja. «¿Te has enterado?», me dijo con la voz
entrecortada. «¡Qué reaparece José Tomás!». Me quedé varios minutos en
silencio, musitando después, saltando, trotando, cantando. No me lo podía
creer pero los teletipos echaban humo. ¡Era verdad! José Tomás había apar-
cado su retiro y decidía volver a torear.

Salvador Boix: «José Tomás vuelve para decir más cosas»

La noticia tan anhelada se acababa de producir y parecía un sueño, un im-
posible, una quimera inalcanzable. José Tomás había decidido volver a los
ruedos y lo iba a hacer en una plaza mítica en su carrera: la Monumental
de Barcelona, el 17 de junio en una tarde en la que actuaría con Cayetano y
Finito de Córdoba para despachar seis astados de Núñez del Cuvillo. La no-
ticia provocó una hondísima conmoción en el mundo del toro porque, tras
su inesperada despedida del 19 de septiembre de 2002, no habían parado
de circular rumores de todo tipo referidos a su vida personal y a sus inten-
ciones de regresar. Sin embargo, aquel invierno se trasladó a México y toreó
muchísimo a puerta cerrada en un sinfín de plazas.
«José Tomás regresa porque tiene cosas que decir; ha estado cuatro años
desaparecido de los ruedos pero ha emprendido un camino de vuelta que
viene de lejos y que está fundamentado en un proceso de refexión muy
profundo en el que ha ido reencontrado sus pulsiones toreras, que andaban
dentro de él, pero que han ido creciendo hasta cristalizar en su vuelta». Son
palabras de Salvador Boix (catalán de Banyoles), músico, periodista, escritor
y el sorprendente apoderado de José Tomás. Y es que Boix -«un ejemplar
perro verde como el propio torero», a decir de Arcadi Espada- está viviendo
«un sueño incomparable, aunque desde dentro tengo que reconocer que

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quizás no sea muy consciente de la magnitud de todo este asunto». Sin
embargo, no le asaltaba ninguna duda sobre la clase de torero con el que
se iban a reencontrar los afcionados: «Que nadie ponga en duda que José
Tomás vuelve a los toros para hacer más cosas que las que hizo», asegura
sin ambages. Y es en este punto donde se toca de cerca lo arriesgado de la
nueva aventura emprendida por el diestro de Galapagar: «Si desde fuera
se ve imponente el compromiso adquirido, nadie se puede imaginar cómo
lo percibe el propio torero, que es el primero en ser consciente de lo que
ha dejado atrás y de lo que se juega a partir de ahora. Pero aún así, lo que
está claro es que vuelve para decir más cosas. El reto es impresionante y
por eso hay que valorar la apuesta de José Tomás, que en estos momentos
-y aunque pueda parecer paradójico- irradia una felicidad sólo comparable
a la dimensión de su reto. Está completamente volcado en su profesión, en
contacto con los toros y en plena forma física y mental. Y además, con un
punto añadido -que la gente podrá comprobarlo- de entrega, arrojo y querer.
Yo creo que nos esperan días de gloria», pronosticaba en nuestro programa.
Para Salvador Boix apoderar a José Tomás también suponía defender los in-
tereses de la festa por lo que «signifca ponerse delante de un toro y con la
actitud ética con la que lo hace José Tomás en concreto». En ese sentido se
mostraba plenamente consciente sobre sus condiciones especiales como ser
humano porque «todo en él es muy de verdad; es un tipo sencillo, humilde y
en extremo generoso, pero en torero, como es él, un personaje fascinante».
Nunca en la historia de la tauromaquia la reaparición de un torero había
provocado un terremoto similar al suscitado por José Tomás con el mero
anuncio de que regresaría en junio -en Barcelona- y que aspiraba a torear 15
o 20 corridas en lugares de compromiso y sin rehuir a ninguna fgura. Tanto
es así que la feria de Sevilla (recién presentada) y la de Madrid (todavía en
hilvanes) se quedaron casi inertes de un plumazo. Estaban todos pero falta-
ba José Tomás, el torero más esperado, el diestro más misterioso. Y, ¿cuáles
son las claves de su enigma?; ¿por qué desde que se fue -en septiembre de
2002- y tras comunicárselo sólo a los miembros de su cuadrilla ha generado
tantos vacíos en la tauromaquia? (Los toros, sin tus pies en el platillo, saben
a Benidorm y a charlotada, escribió Joaquín Sabina).
Su última época en los ruedos fue casi de inmolación, de toreo con los
muslos y de un estoicismo tan sobrecogedor que para muchos, aquel tomis-
mo se convirtió casi en una religión: era un torero venerado; el primero que
contó con una jefa de prensa para librarse de los periodistas (Olga Adeva) y
el que se negaba a que le televisaran las corridas no por nada en especial;

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sólo para mantener intactas su libertad y el compromiso ético irrenunciable
que siempre le hubo acompañado. De hecho, ésta es una pelea vieja en José
Tomás, una batalla en la que la mayoría de las fguras le han dejado solo y
sólo queda él en la trinchera de la defensa de los derechos profesionales y
personales de los matadores ante las empresas que contratan la televisión
como un trágala irrenunciable. Años antes, José Tomás decidió irse a México
para no entrar en la terrible rueda de pagar por torear. Allí tomó la alterna-
tiva y en esa misma temporada asombró a Las Ventas por su valor y por su
mano izquierda. Su tauromaquia era terriblemente sencilla y pura. En los
cites siempre echaba la muleta por delante -sin apenas toques perceptibles-
y claro, los terrenos que pisaba unidos a su increíble frialdad componían la
imagen de un torero que helaba la sangre, que cuando era cogido, jamás
hacía el más mínimo ademán. Vivió varias tardes triunfales en Madrid, Se-
villa, Pamplona o Bilbao, pero en Barcelona logró momentos increíbles: un
día cuatro orejas, otro un rabo, hasta consumar siete puertas grandes con-
secutivas. Barcelona se enamoró de su toreo y autores como Nuria Amat, el
propio Salvador Boix, Albert Boadella, Víctor Gómez Pin, o Joaquín Sabina
le dedicaron un libro, ‘Refexiones sobre José Tomás’. Rompió con su apo-
derado y confó en Enrique Martín Arranz, mentor de Joselito y hombre de
no muy buena reputación entre los afcionados. Y ahí llegó el penúltimo
José Tomás, al que muchos críticos acusaron de manierista y de pervertir sus
primeras formas. Pero lo más sonado aconteció en Madrid, una tarde en la
que se negó a matar un toro de Adolfo Martín: sencillamente se refugió en las
tablas y esperó a que sonarán los tres avisos. Unos meses después se había
ido en silencio de los ruedos, con el corazón de muchos afcionados cosido
a su muleta.

Barcelona, 17 de junio de 2007

Por fn llegó el día más esperado. Aquella tarde José Tomás regresaba al toreo
en la Monumental de Barcelona, que le aguardaba abarrotada con afciona-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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dos venidos de los lugares más recónditos. La reventa estaba por las nubes
y en alguna página de Internet las entradas se cotizaban a precios insospe-
chados. En la historia de la tauromaquia ninguna reaparición de un torero
había provocado semejante convulsión, ni la de Luis Miguel Dominguín, ni
la de Antonio Ordóñez ni la de El Cordobés, que fue en su día el torero más
taquillero de todos los tiempos. ¿Y qué es lo que tiene José Tomás que mueve
tanto los corazones? Nadie lo sabe con absoluta certidumbre, pero todos sus
seguidores coinciden en señalar que les deslumbra la desnuda hondura de
un torero que fue fraguando a su alrededor una singular aureola mística. To-
más no frecuentaba los ambientes taurinos, no hablaba con periodistas, tam-
poco accedía a televisar sus corridas y su vida privada era un coto totalmente
inaccesible: apenas se sabía que antes de las corridas en Madrid desahogaba
los nervios en unos billares y que admiraba la personalidad de Manolete.
Sus formas y su estilo empezaron a cautivar y estableció una comunión apa-
sionada con el coso de Barcelona, donde regresaba para devolver el orgullo
a una afción masacrada por las instituciones catalanas, que señalaron a la
festa de los toros como una actividad apestada, anacrónica y en la que se
plasmaban los peores vicios de la españolidad. De hecho, con Joan Clos
como alcalde, se realizó la declaración institucional de Barcelona como
ciudad antitaurina. Cosas de los políticos, ya que unos años antes Pascual
Maragall imponía al torero barcelonés Joaquín Bernadó la Medalla de Oro
de la Ciudad Condal. Los antitaurinos, aprovechando el tirón y la fuerza me-
diática de José Tomás, se movilizaron y convocaron una manifestación a las
puertas de la plaza. Es más, la Asociación para la Defensa de los Derechos
del Animal (Adda) gastó miles de euros en anuncios a toda página en siete
diarios barceloneses en contra de la tauromaquia. Según publicó El Periódi-
co, con «fondos obtenidos de donaciones particulares». El caso es que José
Tomás decidió en 2002 retirarse y parecía que el mismo fn del mundo se lo
había tragado. Todo eran especulaciones y en cinco años sólo trascendió que
jugaba a fútbol sala cerca de Málaga y que de vez en cuando toreaba para sí
y sus íntimos en el campo. Pero desde hace dos meses todo había cambiado.
«Vivir sin torear no es vivir», pensó y decidió empezar a vivir de nuevo en
Barcelona tal día como aquel memorable 17 de junio.
Recuerdo ahora la crónica que escribí para Diario La Rioja.

José Tomás, torero de lo inconmensurable

Medir lo inconmensurable es un ejercicio a todas luces
insufciente, un ejercicio que no tiene más sentido que rebuscar

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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el alma del incoloro mundo de las multiplicaciones. Lo
inconmensurable no pesa, no huele ni se mide con el absurdo
interés de rebuscar siempre lo que falla, lo que quizás vale
menos, lo que no se ajusta a nuestros pensamientos. Hay quien
va a los toros con un cronómetro, con un segundero que no
vacila, implacable, en el incesante tic-tac del tiempo. Pero no
saben que en la tauromaquia el tiempo carece de importancia
y que cuando surge el toreo, el tiempo mismo tiene la enorme
delicadeza de desvanecerse, como ayer, cuando José Tomás, a
las siete y once minutos de la tarde, volvió al toreo, regresó a la
vida. Y lo hizo quitando un toro de Finito de Córdoba con una
serie de gaoneras de infarto. Nadie miró el reloj, acaso los que
no tienen alma, y sin embargo el tiempo se había detenido en
el cielo de una plaza, la Monumental de Barcelona, colmada,
orgullosa del reencuentro, franca, enardecida, jubilosa y
mítica. La tarde fue creciendo a medida del impulso de los
toreros, a pesar de la terrible apatía de un Finito alicaído y triste
que desaprovechó el primero de la tarde (y al cuarto también),
un astado que embistió franco por ambos pitones. Pero llegó
el turno de José Tomás, del torero más esperado de la historia.
Ya había dejado su impronta en el quite y estábamos ante el
gran momento de la faena. El toro, encastado y desigual, tuvo
cierta fereza y volteó al torero hasta quedarse a su merced
mientras los pitones rebañaban inmisericordes su cuello. Se
levantó sin apenas mirarse y la faena cambió dibujando dos
series con la izquierda bellísimas, con todo él entregado al rito.
Había vuelto José Tomás, en la más genuina de sus versiones.
El quinto, el peor presentado del festejo, careció de casta.
Sin embargo, José Tomás planteó una de esas faenas suyas
asombrosas por la quietud, por su terrible sinceridad. Comenzó
por alto y cuando el toro se sintió sometido frenó en seco sus
embestidas. Y justo ahí, cuando más imposible parecía el reto,
tomó la pañosa con la izquierda y se pasó por la faja al toro
en tres tandas increíbles, como el remate postrero con las más
arriesgadas manoletinas que se hayan dado jamás. La última
fue pavorosa: el toro andando lentamente, incierto, sin fjeza.
Y se lo sacó. Nadie supo cómo lo hizo, pero se lo sacó con
una deliciosa armonía. Al fnal, volvió a recetar un segundo
bajonazo. Vale. No era de dos orejas. Vale. Pero aquello fue
inconmensurable y nadie esgrimió el cronómetro para desdecir
al gentío enloquecido.
Y en éstas apareció Cayetano y bordó el toreo. Al primero,
con el que logró otras dos orejas excesivas, lo toreó un punto
precipitado, aunque con donosura. Y llegó el sexto, el mejor
de la corrida, y logró tres series por la derecha redondas de

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

224

fragancia y torería. La plaza toda puesta en pie. Había renacido
el toreo en Cataluña, donde desde ahora está la plaza más
cosmopolita y ufana del ancho mundo.

En cuanto comenzó a andar la temporada de la reaparición y se sucedían
los sucesos tomasistas por los ruedos de España, una buena parte de los
medios de comunicación y los sectores más inmovilistas del toreo unieron
sus fuerzas y sus estrategias para denostar a José Tomás y lo que es peor, para
cercenar toda la ilusión que estaba generando su regreso. Por lo visto ahora
la torpeza en un torero era que le cogiera: «José Tomás no ha inventado las
cornadas», repetía Salvador Boix por las emisoras. José Tomás había reapare-
cido de una forma absolutamente gloriosa; con una entrega alucinante, con
un valor magnífco que le permitía torear mejor que antes, con más lentitud,
con más belleza. Ah, pero eso se paga; siempre se ha pagado en la tauroma-
quia: los grandes toreros están cosidos a cornadas; están remendados como
un pantalón de la posguerra. ¿Es torpeza no dar toques hacia afuera con la
muleta? ¿Es torpeza pasarse los toros por la barriga más cerca de lo que hace
nadie? ¿Es torpeza no hacer faenas asépticas? ¿Es torpeza salir al ruedo a de-
cir algo maravilloso cada tarde? ¿Es torpeza acaso la torería? ¿Ha sido torpe
César Rincón en sus mil batallas por los ruedos? No le tragan los taurinos:
todos le ponen pegas. Razón: no le controlan; no le alcanzan y creo que a
él no le interesan. José Tomás es todo lo contrario a la mediocridad actual, a
la monotonía de toreros con técnica defensiva. No quiero nombrar en este
libro a nadie, no me apetece, pero este hombre no sabe mentir; ni quiere;
ni puede.

Torea para vivir

José Tomás concedió en 2007, tras fnalizar la temporada española, una en-
trevista a Televisa en México en la que desvelaba las razones de su regreso a
los ruedos: «Me moría sin torear y mi cuerpo no aguantaba más». «Este año

m. p. a.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

225

justo rodríguez

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

226

se ha llegado a decir que salgo al ruedo para que me mate un toro. ¡Eso es
una barbaridad! Toreo para vivir, no para morir. Pero toreando para vivir te
tienes que poner en ese sitio, y ahí los toros cogen y te dan cornadas. Eso sí lo
tengo asumido y puede pasar lo otro, y eso un torero lo tiene que tener muy
claro porque en el caso contrario, te estarías engañando y yo no me quiero
engañar, ni a mí mismo ni a nadie». El diestro de Galapagar no rehuyó nin-
gún tema, e incluso habló de las especulaciones políticas que se han hecho
sobre él: «Hay gente que me ha querido utilizar con el tema de Barcelona.
Yo no toreo para luchar contra el nacionalismo. Yo toreo para hacer disfrutar
a la gente que me va a ver a la plaza y en Barcelona, lo que ha sucedido este
año ha sido una recompensa para ese público que ha dado tanto al toreo
durante tantos años y que está pasando ahora un momento complicado (...).
Ese día en la plaza estaban nacionalistas, no nacionalistas, de izquierdas, de
derechas y toda esa gente se puede emocionar con lo que yo hago y yo toreo
para todos». El torero también hizo referencia a las polémicas antitaurinas:
«Quizá el mundo del toro se ha cerrado mucho en sí mismo. Lo que hay que
hacer es abrirse, porque el mundo cambia, la vida cambia, las cosas evolu-
cionan. Los que dirigen esto piensan que mientras la plaza se llene lo demás
no importa. Creo que tenemos que mirar al futuro porque está demostrado
que la festa tiene sus detractores pero también tiene argumentos más que
sufcientes para poder defenderla. Mientras un torero sea capaz de emocio-
nar a la gente con un toro, la gente seguirá yendo». También habló de su
concentración como torero: «La mente juega un papel vital. A pesar de las
emociones y el miedo que te genera el animal, tienes luego que hacer una
serie de cosas y que tu cuerpo te deje desarrollar cosas que si se te bloquea
la mente no pueden ocurrir. Por eso la mentalización juega un papel muy
importante». He aquí las razones por las que se retiró: «Eso nadie lo sabe.
Un año antes de que ocurriera no me lo podía ni imaginar porque para mí
era muy difícil entender la vida sin torear, pero llegó el momento y tomé esa
decisión de forma muy meditada». Y por las que ha vuelto: «Poco a poco
empiezas a echar en falta todas las cosas que tiene el toreo y mi cuerpo ya
no aguantaba más. En realidad, es un poco fuerte, pero me estaba muriendo.
No tenía alicientes en la vida y el volver a torear me los ha devuelto», con-
fesó. José Tomás sostuvo que «Ponce es un gran torero, pero él lo entiende
de una manera totalmente contraria a la mía, como que hay que arriesgar
lo menos posible. Digamos que no hay que pasar determinadas líneas y yo
no lo entiendo así. Partiendo de esa base, vemos el toreo de manera opuesta
completamente». Sobre El Juli opinaba que es «un gran torero. Ahora ade-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

227

más creo que está en un momento buenísimo, tiene una edad muy buena
y está muy maduro». También dijo que admiraba el valor de Castella y que
había muchos toreros con «gran interés».

Y Boadella, a la contra

«José Tomás habla poco, pero las pocas veces que habla mete la pata. Es una
pena, porque yo lo aprecio, pero es un comentario fuera de lugar e injusto,
sobre todo esta temporada. Enrique Ponce dice una cosa esencial: una cor-
nada es un error. Pero José Tomás debe haber dicho esto por la poca práctica
que tiene en hacer declaraciones, porque puede pensar lo que quiera, pero
también hay que tener el don de la oportunidad y cuidar las formas». Así
se tomó el dramaturgo catalán Albert Boadella -que acababa de publicar el
libro ‘Adiós a Cataluña’, con el que logró el premio Espasa de Ensayo- las
declaraciones realizadas por José Tomás en México, en las que acusaba a
Enrique Ponce de tener un concepto de mínimo riesgo en su forma de com-
prender el toreo. Boadella participó con Ponce en un singular mano a mano
en Sevilla en el que ambos compararon el toreo y las artes escénicas. Por su
parte, el matador de Chiva no quiso pronunciarse sobre las declaraciones
de José Tomás: «Prefero no entrar ahí, siempre lo he venido haciendo así y
prefero no hablar del tema».

Jerez, el cuello traspasado

Tras comenzar la temporada de 2008 con la primera de sus ausencias en
Sevilla, el 4 de mayo se vivió uno de los momentos más impresionantes

esteban pérez abión

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

228

del regreso de José Tomás. Fue en Jerez. El quinto de la tarde, de la divisa
de Núñez del Cuvillo, se mostró en todo momento como uno de esos toros
inciertos y complicados que ni humillan ni siguen con interés el engaño
del torero. Sin embargo, al diestro de Galapagar poco parecía importarle la
condición de cada res e imponía su tauromaquia a cada astado con el que
se cruzaba. Al dibujar un estatuario fue revolcado y una vez en el suelo,
corneado de forma pavorosa en el cuello.
Se levantó casi sin mirarse y por la herida empezó a manar sangre. Im-
pávido, tomó la espada, despenó al toro y se fue por su propio pie hasta la
enfermería. Allí conoció la decisión del presidente de la plaza de Jerez de
otorgarle la oreja, que sumada a las dos del primero de su lote le convertían
en el máximo triunfador de la feria. Sin embargo, el parte médico era deso-
lador: «Cornada de nueve centímetros en el cuello que rompe y dislafera el
músculo esternocleidomastoideo». Se le intervino en la misma plaza y se le
puso el cartelito de pronóstico grave. El público jerezano, que llenó el coso
hasta la bandera, vivió con locura la actuación de un torero que estaba rom-
piendo moldes en la tauromaquia y que genera una psicosis en los públicos
inaudita en la historia de la festa. José Tomás pasó su primera noche «tran-
quilo y sin febre», según palabras de Salvador Boix, después de que fuera
ingresado en la Clínica Los Álamos.
A decir verdad y a pesar del tiempo que ha pasado, todavía no me he re-
puesto de la honda impresión que me causó la imagen de José Tomás con el
cuello reventado, taladrado; con ese tremebundo boquete abierto como un
agujero negro repleto de perplejidad; brotando la sangre mansamente y em-
papando la entraña de la mismísima urdimbre de su camisa. Confeso que
no sé qué pensar ante esta imagen del torero, ante su asombrosa dignidad
y su ética frente al toro al que un momento antes le ha arrebatado la vida.
Confeso que mi mente no es capaz de asumir hasta dónde puede llegar el
compromiso de José Tomás consigo mismo y el toreo; supongo que habrá
momentos en los que le merodeen los miedos, en los que le asalten los in-
terrogantes y sus íntimos temores, pero también creo que son muy pocos los
que se están dando cuenta del acontecimiento que está protagonizando, de
su callada rebeldía, de la hondura imponente de su entrega. Yo veo su toreo
y no aguanto lo de la mercadotecnia de la que le acusan; contemplo el bo-
quete sangriento y me apenan los que sólo sacan a relucir lo que cobra, pide
o exige. «José Tomás tiene muchos defectos», dicen. «Seguro», pienso. Pero
no se dan cuenta de que su torería va mucho más allá de una absurda per-
fección formal o de una abstracción del riesgo de la que existen demasiados

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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exponentes en el escalafón. «No domina», dicen... Jamás he ido a una plaza
de toros con una escuadra o un cartabón; jamás he pisado un tendido con
una calculadora en la mano para realizar absurdos ejercicios de trigonome-
tría. Voy a los toros a emocionarme, a sentirme vivo, a disfrutar de una épica
alucinante que sólo los elegidos son capaces de protagonizar. Estoy aburrido
de leer presuntos tratados que niegan lo evidente: José Tomás conoce como
muy pocos el sentido del toreo, el riesgo de interpretarlo sin ninguna clase
de concesiones y posee tal valor que es capaz de llevarlo a la práctica y de
colocar por encima de todo sus sentimientos, y cuando digo de todo, me
refero a su vida. ¿Se le puede pedir más un artista?
Y es que aquella frase que pronunció explicando las razones de su regre-
so -«vivir sin torear no es vivir»- contrasta con los comentarios en los que
se le acusa, incluso, de cierto ánimo suicida en los planteamientos de sus
faenas. Salvador Boix tiene su propia visión: «José Tomás basa su entereza
en su honestidad. Asume su compromiso como torero cada tarde al cien por
cien y eso es sinónimo de aceptar un riesgo muy evidente y claro, jugarse
la vida».

Boix relata también la forma en la que vive su relación con el torero:
«Claro que me impresiona su forma de desenvolverse, su entrega, pero él
es así y no se le puede cambiar. Yo me limito a ayudarle, a acompañarle
y a darle ánimos». Otra cuestión es la forma en la que el propio matador
asume las cornadas: «Las ve como algo normal, como un tributo necesario
que hay que pagar por ser torero. Sin más. De verdad que no les da mayor
importancia». Y es que a Boix le duele que sólo se hable de José Tomás en
esos términos porque «él no ha inventado la herida por asta de toro; ni el no
mirarse cuando es volteado; todo eso son códigos que están inmersos en el
ADN de la propia festa y desde luego que es una falsedad que lo cojan en
todas las corridas». El apoderado catalán, sin embargo, subraya la evolución
de su tauromaquia: «En Jerez con el primer toro logró momentos bellísimos
y la faena destacó por su hondura. Le dieron las dos orejas y le pidieron el
rabo. Entonces, salió el segundo astado, que demostró sus complicaciones
desde el primer momento y José Tomás, que ya tenía el triunfo en la mano,
decidió apostar de nuevo. Ésa es la auténtica medida de su compromiso, de
su valor en el ruedo».
Tras unas tortuosas negociaciones con los empresarios de Las Ventas que
hicieron correr ríos de tinta, había llegado el día del regreso de José Tomás
a Las Ventas. Volvía a Madrid un año después de su triunfal reaparición bar-
celonesa y lo hizo con el morbo y la reventa por las nubes. Buena prueba

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

230

de ello es que Internet se plagó de mensajes en los que se ‘regalaba’ una
entrada para verle si alguien era capaz de desembolsar unos 2.000 euros
por dos cedés vírgenes, por una pareja de bolígrafos o por un donut. Las
entradas normales se multiplicaron por cincuenta en la reventa y las cotas de
expectación llegaron a unos niveles desconocidos. José Tomás conmueve a
los espectadores tanto por su tauromaquia como por la absoluta entrega de
la que hace gala en cada tarde, de su derroche de valor y, por qué no decirlo,
por el morbo instintivo que despierta por su hierático y aparente desprecio
hacia las cornadas y las volteretas.

Madrid, 5 de junio de 2008

Dos toros y cuatro orejas. Ése fue el balance de su regreso. Cuando acabé de
enviar desde un hotel de Madrid la crónica de la corrida a Diario La Rioja,
escribí esto:

He intentado estar a la altura de las circunstancias, cosa harto
difícil después de contemplar una tarde como la vivida en la
que José Tomás se ha proclamado rey de los toreros, en la que
ha dejado sobre el ruedo de la Monumental de Las Ventas una
actuación sencillamente memorable, irrepetible y de la que
podré decir con orgullo: yo he estado allí; yo lo he visto, no
hace falta que nadie me lo cuente, que nadie me diga cómo
es eso de torear. Miren, torear es, sencillamente, lo que ha
hecho José Tomás en Madrid: con una muleta, un capote y dos
toros; dos toros de verdad, dos toros que no admiten discusión
ninguna; dos toros serios, hondos, bravos, astifnos, con poder y
casta. Y con ambos José Tomás ha dado una lección de entrega,
de conocimiento, de técnica, de valor, de compromiso consigo
y con su profesión, con el toreo, con los 24.000 seres humanos
allí convocados y con todos los que sueñan con su arte y no
han tenido la suerte y el privilegio de poderlo haber vivido
in situ. José Tomás, magnífco, clásico, puro, genial... se ha
proclamado el rey de los toreros. (Se me olvidaba decir que ha
cortado cuatro orejas, cuatro, que aunque sean despojos hay
que tener muchos cojones -lo siento, pero no lo sé decir de
otra forma- para reaparecer en Madrid y cortarlas).

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

231

He aquí la crónica que había enviado unos minutos antes:

José Tomás revienta Madrid y corta cuatro orejas

Henchido de torería. Profundo, magnánimo, arrebatador.
Inmensamente valiente; cabal e inalcanzable. Así salió ayer José
Tomás al ruedo de Madrid, que es algo así como el hemiciclo
de todas las Españas, como el malecón donde rompen las
frustraciones y anhelos de un país que cuando no tira a sus
santos por el suelo se entretiene elevándolos a los altares; de un
pueblo que esperaba a su torero o con cuchillos cachicuernos
o con el corazón blando como la espuma. Cada espectador,
una facción; cada afcionado, un mundo, un sueño, un suspiro
y miles de anhelos entreverados. Todos se citaron ayer en Las
Ventas y todos, al fnal, aclamaron a José Tomás como rey
de la torería, como amo y señor de un arte inmemorial que
cuando surge como ayer en Las Ventas es, sencillamente,
único. El caso es que llegó Tomás a Madrid y reventó la plaza
con la invencible arma de su profundísima torería, de su
valor absolutamente brutal y de una disposición que le hace
arañar dentro de sí un misterioso resorte que sólo poseen los
elegidos: un mecanismo que le hizo tirarse de cabeza entre
los pitones de su primer toro para lograr las primeras de sus
cuatro orejas. Es difícil describir cómo se lanzo a matar porque
lo hizo zambulléndose literalmente en la anatomía del noble y
bravo Dákar, desafando la mismísima impenetrabilidad de los
cuerpos, la ley de la gravedad y el principio de Arquímedes.
Y claro, salió rebotado y la plaza toda hirviendo. Se estaba
viviendo la primera de las dos grandes conmociones. Pero
antes del momento supremo, el diestro de Galapagar -embutido
en el precioso terno purísima y oro con el que reapareció el
año pasado en Barcelona- se había entretenido en cuajar de
forma extraordinaria el primero de sus astados y la parte que
le correspondió del manejable toro con el que Javier Conde
había recreado esa tauromaquia ausente y vacía que brota de
su afamencado deje. En ese turno se apareció José Tomás con
un fajo de esas gaoneras suyas escalofriantes, en las que los
pitones le pasaron a milímetros de sus caderas sin mover ni un
hilillo de la comisura de sus labios, ni un músculo. La primera
de sus faenas tuvo una construcción canónica: en redondo al
principio para lograr después la apoteosis al natural. Comenzó
por bajo, llevando al toro al centro del platillo donde planteó
la faena sin darse ni una sola de las ventajas de la tauromaquia
moderna. La planta absolutamente frme, el compás abierto
para cargar la suerte y cada lance desde el principio hasta el
fnal llevando la embestida cosida a los vuelos de su precisa

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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muleta. Hubo algún parón en la mitad de la suerte. Ni se
inmutó. En el platillo tomó la pañosa al natural y apareció
alguno sencillamente inacabable, varios dictados como a
susurros en los que la plaza literalmente se vino abajo. Terminó
con ayudados por alto y por bajo, con el pase de la frma y
con un ki-ki-ri-kí majestuoso. Dos orejas. Parecía imposible
mejorar la obra consumada. Salió Conde, ante un gran
oponente, y tras su refriega aúlica, llegó de nuevo el maestro
de Galapagar. El quinto tuvo la virtud del recorrido y de una
embestida buena, noble y emocionante. Francisco de Borja lo
picó de bandera y José Chacón se lució con las banderillas. Si
antes había brindado al público; ahora Tomás cogió en silencio
su muleta y dio cinco estatuarios -pases del celeste imperio,
que decían los viejos cronistas- sin moverse ni un milímetro
y abrochados con un precioso remate. Ahora no estaba en
el platillo: eligió el tercio y empezó a manar el toreo con un
ritmo memorable. Se presentó el viento, pero dio igual, José
Tomás invitó al mismo Eolo y lo toreó a la vez que al magnífco
astado de Victoriano del Río, que era un bombón delicioso por
su encastada nobleza. Naturales, trincheras, trincherillas y un
trincherazo memorable. Redondos, pases de pecho de pitón a
rabo. Tremendo su toreo, su valor, la belleza y el estoconazo
con el que consumó una tarde histórica marcada por un mito
que se hizo carne ayer en Madrid y para que se sepa.

Por su interés me permito la licencia de reproducir el artículo publicado por
Carlos Abella en El País al calor de esta corrida.

Enmudecieron los intereses, callaron los mercaderes del falso
templo. Triunfó la verdad eterna del valor sereno, consciente
y cabal de un torero privilegiado, capaz de asustar al mismo
miedo y de imponer sin hablar la desnuda realidad. Su
clamor es el de los hombres de verdad, el de quienes además
de enfrentarse a un toro se enfrentan en los despachos al
miura del conservadurismo, al victorino de los mediocres, al
pablorromero de los que preferen vetar que retar, medrar en
vez de rivalizar y levantar falsos testimonios antes que aceptar
que el toreo ha sido y será siempre esto. Valor de verdad, arte
para dejarse ver en los cites, en los remates, y dejar en el cielo
azul de Madrid el imborrable recuerdo de una tarde histórica.
Desde el rincón serrano de Galapagar, un hombre sencillo, de
nombre Celestino, podrá morirse feliz por haber alentado en
su nieto la pasión por el toreo. Y hoy España y el toreo están

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

233

disfrutando del clamor y de que un artista comprometido con
su tiempo haya provocado el entusiasmo de una nación, la
felicidad de un pueblo y el éxtasis de un Rey y su hija. Abajo
la sufciencia teórica, el ridículo enfoque científco de una
pasión; esto es una dulce alegría de toreros de verdad, de tipos
con las ganas de hacer historia y no de hacer de comparsa de
este monumental negocio. Se acabó la falsa torpeza de quienes
le acusan para tapar las carencias de los demás y se acabaron
las revistas y los portales de Internet creados para servirse del
toreo y no para servir a la verdad. Silencio siempre a esas bocas
que han profanado la honradez de la palabra crítico, silencio
para quien insultaba la inteligencia de las afciones. ¡Y pensar
que han llegado a decir que no venía a Las Ventas porque no se
atrevía con el toro de Madrid! Viva también Victoriano del Río,
capaz de criar ese toro que emociona y que da importancia al
que se pone delante de él. Y viva José Tomás por devolver al
toreo la emoción y la trascendencia, y al torero, la dignidad
del creador.

Unos días después escribí este artículo y se lo dediqué al propio Carlos
Abella por su generosidad, por adelantarse y por ser capaz de comprender
y proclamar antes que nadie que «José Tomás es el último torero de leyenda
que ha dado el toreo».

José Tomás, la verdad del toreo

Llevaba tiempo con ganas de escribir este artículo. De hecho
lo tenía pendiente mucho antes de que José Tomás tocara el
cielo el jueves 5 de junio en Las Ventas, tarde de la que ya se
ha dicho casi todo pero que parece que todavía se tienen que
explicar muchas cosas. De hecho, me parece imposible relatar
las sensaciones que traspasaron mi piel y mis sentidos y hasta
el intelecto mismo porque precisamente ahí reside cualquier
emoción artística: la belleza no se puede explicar, hay que
soñarla, la belleza no es cuantifcable ni se puede pesar ni
tiene sentido destruirla con un ansia analítica. Y en el toreo
la belleza puede surgir -como cualquier afcionado sabe- en
el momento más inesperado. Es más, yo mismo me he visto
temblando sencillamente por la mirada de un toro, por esa
sensación indescriptible y subyugante que posee una embestida
profunda y entregada; por la brega de un banderillero como
aquel día que aluciné con Jesús Pérez El Madrileño en Arnedo.
Qué lección la suya y qué futuro más terrible le aguardaba. La

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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belleza en el toreo es inapelable, claro. Pero no una excusa:
para mí no hay belleza sin honestidad, sin vergüenza torera,
sin autenticidad. Y precisamente ahí radica el toreo de José
Tomás, su encanto. Qué digo su encanto: su fuerza, su pilar, su
tremendo potencial comunicativo. Pero más allá de todo esto,
que puede sonar puro lirismo o peor, partidismo, me gustaría
analizar y ser capaz de poner negro sobre blanco lo que creo
de José Tomás, de su tauromaquia y de lo que sucede a su
alrededor.
Empiezo por su tauromaquia porque creo que se trata de un
toreo de época, por lo menos de mi época. Tengo cuarenta años
y diestros como El Viti me cogieron siendo un niño. Pero desde
la generación de Capea, Julio Robles, Roberto Domínguez,
Ortega Cano y Espartaco -que eran los que estaban arriba
cuando empecé a darme cuenta de lo que eran los toros- hasta
los toreros actuales: El Juli, Ponce, Joselito o César Rincón, unos
años antes, no he visto un torero igual, con más capacidad,
valor, decisión, técnica, arte y profundidad -sobre todo
profundidad- que José Tomás. Su tauromaquia es apabullante
por su sencilla complejidad: echa la muleta hacia adelante y
se empeña en traerse a los toros enganchados en los vuelos del
engaño. El muletazo surge con un trazo impresionante que se
engrandece todavía más en los dos siguientes pasos. El primero
de ellos es que obliga a los toros en la trayectoria hacia adentro
y después, y esto es defnitivo, los lleva hasta el fnal y hasta
abajo. No deja la muleta muerta como otros -como si fuera
una pantalla donde se protege el torero- sino que deja al toro
puesto, colocado. Entonces gira y liga el siguiente muletazo.
¡Coño, el toreo! Pues eso. Otra de sus características es que
esto lo hace con casi todos lo toros: los buenos y los malos, los
que atienden a los cites y se vienen de largo como con los que
recorta distancias para someterlos a su jerarquía. Mucho se ha
hablado de los enganchones: al torear con tanta pureza y sin
dar toques es normal que te enganchen. Si se torea con el pico
o con la parte ecuatorial de la muleta te tocan menos, pero no
es lo mismo. Por eso es crucial entender que José Tomás torea
con los vuelos.
Otra de las virtudes de la tauromaquia de José Tomás es su
sentido de la lentitud. Es un torero de clase que mima cada lance:
su capote cada día es más impresionante: por verónicas torea
con una pureza exquisita y creo que en este momento sólo le
supera Morante de la Puebla, que con la capa es sencillamente
un portento por esa belleza suya que sale de su sentimiento tan
peculiar, tan arqueológico. Sin embargo, cuando José Tomás
torea por gaoneras, un lance muy complicado técnicamente y

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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para el que se requiere un gran valor, se recrea con el percal
como si torease con la propia muleta e imprime e impone al
toro una parsimonia sutil muy difícil de superar.
Y el valor. Para poner en pie su gran edifcio todo se tiene que
sustentar en el valor y en la honestidad. Sobre el valor de Tomás
se ha escrito mucho y se han dicho monumentales tonterías
(que se lo pregunten a Sánchez Dragó); pero José Tomás, tal y
como han reconocido compañeros suyos, entre ellos Joselito,
es un elegido en esta materia. Por eso, como le sobra arrojo es
capaz de pensar frente al toro y de ofrecer ese paso crucial que
lo diferencia de casi todos sus compañeros. Y ese paso radica
en que quiere imponer su toreo a todos los toros, sean de la
catadura que sean. Y claro ahí vienen las cornadas y sus gestos
y ese aparente desprecio suyo a la vida. Pero es su honestidad
la que le mueve a comportarse así. Y eso no es mesianismo, es
torería. A veces le cogen los toros buenos: como a todos los
grandes toreros; y a veces los malos: como a todos los toreros
honestos.
El signifcado de José Tomás. Nadie se puede apropiar de su
toreo, ni los afcionados ni los periodistas, ni los puristas,
nadie. De hecho, su toreo es universal porque el lenguaje de
su tauromaquia se capta por el sentimiento, por esa entrega
que emana de su compromiso y de su forma de hacer. Yo no
entiendo de escultura y alucino con el David de Miguel Ángel;
yo no sé de música clásica y amo a Bach, a Haendel o Malher
(ahora mismo escucho su novena sinfonía); tampoco entiendo
demasiado de cocina pero soy capaz de comprender la
importancia de Ferrán Adriá y lo decisivo de sus aportaciones,
de sus esferas. La torería de José Tomás trasciende el ruedo,
trasciende las normas y rompe con lo establecido y precisamente
por eso es un regenerador que está ofreciendo tardes de gloria
memorables.
Y su compromiso ético. José Tomás es un torero esencialmente
subversivo que se ha rebelado contra el sistema caciquil que
ordena, informa y deforma el mundo del toro. Se habla de su
dinero, de cuánto cobra. ¿Hay alguien que hable de cuánto se
lleva el empresario de Las Ventas tras un San Isidro repleto de
carteles mediocres y baratos en el que daría vergüenza saber lo
que se paga a muchos toreros, derechos de imagen incluidos?
¿Se pregunta alguien por las fortunas amasadas con la sangre
de muchos toreros? ¿Por qué para la empresa de Madrid era
más rentable que no viniera José Tomás a San Isidro? Pues bien,
José Tomás está dignifcando una profesión en la que muchos
profesionales pasan por el peor de los túneles: el de los
enjuagues, el de los silencios cómplices compartidos, el de ese

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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falso tremendismo en los ruedos y su vergonzante y mojigato
servilismo de los despachos para no molestar a los poderosos
de turno, sean empresarios o periodistas, locutores, apoderados
o ponedores, políticos o conseguidores. José Tomás ha podido
con todos ellos y desde su independencia ha borrado de un
plumazo tanta mediocridad y tanto duermevelas de callejón. Y
claro, como no le dominan, lo desprestigian; como no pueden
con él le insultan, dicen que no sabe torear, que cobra mucho
y que es muy raro.
Por último, lo que más desconsuelo me provoca es que muchos
buenos afcionados no se están dando cuenta de la hondura de
su compromiso, de lo crucial que resulta José Tomás para el
toreo y hasta dónde está calando en la sociedad su mensaje
de entrega apasionada, de autenticidad. Por eso quiero hacer
mías unas palabras de Carlos Abella en el prólogo a la preciosa
biografía de José Tomás que ha escrito y en la que traza con
agudeza el compromiso del torero y la honestidad del propio
autor: «Este es un libro favorable a José Tomás: porque lo
merece, porque creo que es un notable tipo humano, porque
es una relevante personalidad de la vida española de estos
años y porque es uno de los toreros más importantes de todos
los tiempos».

Pero si impresionante por su mensaje fue la corrida del día 5 de julio, diez
días después y en la misma plaza, José Tomás volvió a cuajar el toreo mismo
con otra actuación memorable y brutal.

15 de junio de 2008: José Tomás conmociona Madrid y empata
a tres orejas y tres cornadas

José Tomás es un torero sumido en un destino implacable,
en una entrega tan descomunal, tan inhumana, que parece
un ser despegado de la misma vida, un hombre que empeña
su alma cada tarde en dar rienda suelta a una tauromaquia
tan profunda y arriesgada en la que no se concibe ni por un
segundo la derrota, el paso atrás o el desconsuelo. José Tomás
no se da tregua en el ruedo. En cada plaza, con la muleta o
el capote asidos, no permite ni un resquicio a la duda o a las
pesadumbres. Se diría que este hombre tiene el corazón de puro
hielo; se diría más, que carece de corazón, o que en su alma no
hay lugar para los miedos inmisericordes que nos atormentan a
los demás cuando cerramos los ojos y llegan las atribulaciones.
Él mira al toro despojado de sí, con una claridad que no

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permite una bruma en el horizonte ni una brizna de nubes que
turbe su aliento. Tres orejas de estaño y tres cornadas se llevó
ayer en Madrid, tres taladros que hurgaron unos músculos
acostumbrados como pocos a ese olor seco e insípido de las
enfermerías, al lacerante quemazón del asta traspasando dermis
y epidermis, a los pitones aflados y traicioneros que dentro de
su anatomía evisceran, disecan y contusionan. Así, hasta tres
veces ayer, sin inmutarse, sin mirar otra cosa que no fuera al
toro, sin cerrar los ojos ni esquivar a ese destino implacable
que se ha marcado en un ritual de misterio y dolor, de triunfos,
de gloria, en el que todas las palabras parecen incapaces de
describir su entrega silenciosa y su callado ardor. Apenas una
leve cojera para ir por su propio pie a la enfermería, sin un
mal gesto, sin un ademán ni un aspaviento. Se diría que no
tienen corazón o que es de hielo. Pero no.
Sin duda, es el torero con más corazón del
universo, con más afán de gloria, con más
entrega. José Tomás volvía de nuevo a Las
Ventas tras haber frmado hace unos días
una tarde sencillamente apoteósica. De
hecho, repetir de nuevo en el mismo coso
constituía la apuesta más arriesgada que se
recuerde en muchos años por parte de un
torero. Le dio exactamente igual, al carajo
con las estrategias y las especulaciones:
en cuanto tuvo oportunidad se hizo
presente en quites, llevó el peso de la lidia
de sus dos oponentes y planteó sendas
faenas repletas de generosidad y entrega.
El primero de sus toros, manso y aquerenciado, nunca quiso
responder al fregado que le planteó el diestro de Galapagar.
Empezó muy torero, por abajo, y con una rodilla en tierra quiso
someter al burel, que pronto se precipitó buscando el calor y
los arrumacos de las tablas. En un natural el toro se le venció
y le propinó una tremebunda voltereta, de la que salió hecho
un ecce homo, pero impávido. Al fnal, en tablas, fue capaz de
someterle una y otra vez hasta lograr meter en la canasta un
toro infumable para descifrar con él una nueva teoría de los
terrenos imposibles. El quinto fue devuelto por inválido, pero
nunca debió haber salido a un ruedo como Las Ventas por su
absoluta falta de trapío. Salió el sobrero y empezó destemplado
con el capote, aunque José Chacón lo lidió de lujo y descubrió
su buen pitón derecho. Bien picado, José Tomás abrió la faena
dando sitio y logró tres excelentes tandas de derechazos en
los que muleteó con esa hondura suya tan armónica. Tomó la

efe

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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zurda y fue dramáticamente volteado durante varios segundos
que resultaron inacabables. El torero planteó el pase de pecho
citando con los vuelos tras varios naturales arriesgadísimos y el
astado no atendió a la orden y lo empitonó de lleno jugando
con él una macabra danza de pitón a pitón. Cuando se zafó
del toro lo primero que hizo fue buscar la muleta y con ella
en la mano derecha volvió a torear como si no hubiera pasado
nada. Llevaba tres cornadas y citó en un palmo para acabar por
manoletinas. Cuadró, se tiró a matar y volvió a ser volteado.
La plaza era un clamor, los pañuelos fameando de nuevo, el
torero herido pero sin mirarse. Un hombre con el corazón de
hielo; sin corazón acaso. Un torero, sencillamente un torero.
Se lo aseguro.

Vivir y soñar, vivir y soñar, sólo voy buscando mi libertad

El 17 de junio de 2008 se cumplían 365 días de la reaparición de José To-
más en Barcelona y el diestro de Galapagar fue galardonado por el diario El
Mundo con el Premio Paquiro. No pudo asistir a recoger el premio por estar
convaleciente de las tres cornadas de Madrid, pero dejó escrito esto: «Hoy
hace exactamente un año de mi vuelta a los ruedos en Barcelona. Para mí
torear es vivir. Y vivir para mí es torear. Durante este año me he sentido vivo
porque he toreado como yo siento, he vivido en torero y he sentido el toreo
poro a poro destilándose en mi cuerpo día a día. Y soy feliz por ello. Doy
gracias al destino por este año que ha pasado, por el regalo de la comunión
con el público y con la afción. Me he sentido arropado y comprendido. He
sentido el calor de los sentimientos de la gente en las plazas. He intentado
corresponder con entrega y con fdelidad a mi concepto torero. Doy las gra-
cias a todos, a tantos que me han seguido y han compartido la emoción del
toreo que yo siento, del toreo que yo vivo. Para mí ha sido un sueño cumpli-
do. Por eso quiero acabar con una letra de Camarón de la Isla: vivir y soñar,
vivir y soñar, sólo voy buscando mi libertad».
José Tomás apenas toreó unas 25 corridas de toros la temporada de 2008.
De hecho, su mediocre puesto en el escalafón ahondaba todavía más en la
inconsistencia que supone el afán por las estadísticas o tratar de batir récords
en la tauromaquia. Sin embargo, ese número tan reducido de festejos fue
más que sufciente para colocarse de forma indiscutible en la cúspide del

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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escalafón merced a varias tardes sencillamente impresionantes, tales como
el indulto del toro Idílico en Barcelona, el rabo de Granada, el faenón de
Málaga, la tarde de Jerez, y muy especialmente las corridas de Madrid, en
las que en sólo dos festejos se anotó siete orejas y tres cornadas, además de
concitar en torno a su fgura la atención de los principales medios de comu-
nicación del planeta y devolver a la festa de los toros una relevancia perio-
dística como no se recordaba en los últimos treinta años. Y encima, como
colofón a su segunda temporada, llegó un reconocimiento muy especial:
la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, uno de los máximos galar-
dones de carácter cultural que se conceden en España y que le entregaron
los Reyes de España en un acto celebrado en La Coruña. En el discurso de
entrega, el Rey Juan Carlos aseguró que los galardonados reciben esta dis-
tinción «como alto reconocimiento a sus valiosas obras y trayectorias, que
despiertan nuestra admiración, incentivan nuestra sensibilidad y estimulan
nuestra inteligencia».
En el acto también intervino el ministro de Cultura, César Antonio Molina,
que ensalzó especialmente la fgura de José Tomás: «Su vuelta a los ruedos
ha permitido el regreso de la mística al toreo. Las faenas de José Tomás, en
Madrid, en Barcelona o en México, son monumentos ya de la tauromaquia,
que lo sitúan en el trono de los más grandes de la historia del toreo, ese
juego de prestidigitación con seda y acero con el que José Tomás, desde la
quietud, busca de manera incansable la belleza».
La fama de José Tomás no se queda sólo enmarcada en el mundo taurino.
Buena prueba de ello es que uno de los rotativos de mayor prestigio mundial,
The New York Times, envió a España para realizar un especial de varias pá-
ginas en su suplemento dominical a su crítico de arte, Michael Kimmelman,
que realizó un enorme reportaje titulado ‘¡El toreo ha muerto; larga vida al
toreo!’, en el que analizaba la convulsión que había generado en la tauro-
maquia el regreso del diestro de Galapagar. Sin embargo, en el otro lado de
la balanza se situaban sus críticos, tanto de los sectores más inmovilistas de
la festa como los representantes de determinados ámbitos toristas que no le
consienten que «sólo toree frente a determinadas ganaderías» y que no dé la
cara en cosos como Bilbao, Pamplona o Sevilla. José Tomás, que ha donado
premios -incluso por importe de 50.000 euros, como el que le concedió el
periódico El Mundo- o que ha cedido sus honorarios en la reaparición en
México a los damnifcados por las inundaciones de Chiapas, seguía conci-
tando el máximo interés de los afcionados y se había convertido en sólo dos
años en la gran fgura actual del toreo.

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La medalla de Fran Rivera

El invierno de 2009 comenzó con la estrafalaria concesión a Francisco Rive-
ra Ordóñez de la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Morante no se lo creía
(tanto es así que dijo que era una vergüenza) y Paco Camino y José Tomás
envolvieron las suyas y se las devolvieron a César Antonio Molina, a la sazón
ministro de Cultura. Siempre he pensado que los políticos son capaces de
hacer cosas incomprensibles. Es buena parte de su esencia y al parecer está
en su código genético. Pero lo de César Antonio Molina había llegado al su-
rrealismo más pintoresco con esta concesión. Y digo surrealista porque Fran
es quizás (y sin quizás) uno de los diestros más vulgares de todos los que
pueblan el escalafón. Sin embargo, lo que más duele de todo este asunto es
que el mismo Gobierno que recluye al espectáculo taurino en las catacum-
bas del Ministerio del Interior y que mantiene con nuestros impuestos una te-
levisión defcitaria que tiene sumido al toreo en la quintaesencia del olvido,
se entretiene en dar medallas chuscas a un torero tan malo que si tiene fama
es por sus hazañas televisivas y que si actúa en las ferias de importancia es
porque abre los carteles a su hermano Cayetano, o porque encaja en ese ab-
surdo de los toreros mediáticos: jesulines, cordobeses y similares. Morante
de la Puebla, éste sí que es un artista, salió clamando ante el absurdo y pare-
cía que su grito iba a quedar sumido en el desierto hasta que Paco Camino y
José Tomás, en una decisión insólita, atrevida y coherente, le mandaron sus
medallas al ministro con acuse de recibo: «Tome, si éste es el concepto que
tiene usted del arte, a mí que me borren». Tres grandes fguras (Paco Camino,
Morante y José Tomás) habían colocado a un ministro en su sitio y pusieron
de relieve el nulo interés de la clase política por la festa de los toros demos-
trando que debajo de una montera, en esta España de la apariencia y de los
eslóganes electorales, habitan pensamientos subversivos, posturas auténti-
cas y reveladoras de que no existe el arte sin compromiso. Hasta Victorino
Martín, para nada amigo de José Tomás, se sumó al gesto que compartió con
Paco Camino: «Estos toreros han hecho muy bien, porque se la ganaron de
verdad. Callar no es tener más respeto; al contrario, esta concesión es una
falta de respeto a los que se la han ganado. Es como las orejas: las hay que
valen y otras regaladas. Me parece que no tienen motivo para concedérsela a
Rivera. Es un torero que está bien, pero ni es artista ni fgura. Está indignado
todo el mundo: esto debe ser por méritos y no por amiguismos. Esto es una
verbena de la Paloma. ¿Uno de los males de la Fiesta? La falta de rivalidad. Si
ahora llegan al patio de caballos, se dan dos besos y se preguntan por la mu-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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jer. Antes se decían: ‘Te voy a mondar’. Lo normal, la competencia, poderse
uno a otro, como ocurre en el fútbol. Cuando habló José Tomás de Enrique
Ponce en México, Ponce se calló. Yo hubiese dicho: ‘Te espero en Madrid
con una tía en puntas y con televisión’».
Y entonces, en marzo, volvió a saltar otra gran noticia: José Tomás volve-
ría a Barcelona, en solitario y de forma benéfca. «Barcelona es algo muy
especial para mí, pues en esta plaza he logrado los principales éxitos de mi
carrera, y resulta que aquí se quiere coartar la libertad de los afcionados. Por
eso, estoy aquí, en señal de gratitud. Voy a matar seis toros el 5 de julio en
la Monumental de Barcelona, esperando poder llenar de toreo ese día toda
la ciudad». Esta nueva apuesta del torero de Galapagar se hizo pública en
‘La Nit de Gala de la Tauromaquia Catalana’ e iba a ser la primera vez en su
carrera que actuaría en una corrida en solitario, y además, para llevar a cabo
el evento eligió la Monumental de Barcelona, tanto para agradecer el cariño
de la afción catalana como para apoyar la festa de los toros en una región
en la que buena parte de su clase política ha tomado la decisión de abolir
las corridas de toros en un horizonte no superior a los dos años. Por eso, y
como hizo hace tres temporadas cuando materializó su reaparición en otra
corrida histórica, volvió a elegir a Cataluña como sede de su última gesta tras
la corrida del 21 de septiembre de 2008, en la que indultó en este mismo
coso a un toro, de nombre Idílico, tras realizar una faena inolvidable.
Avanzaba el año y por primera vez en mi vida iba a poder estar cerca
de José Tomás sin un festejo taurino de por medio. Fue el 31 de marzo de
2009 en el Centro Riojano de Madrid, donde se le iba a entregar el vestido
Rioja y Oro como triunfador de la pasada feria de San Isidro. Absolutamente
puntual como un reloj de precisión (19 horas y 30 minutos de cuarzo) y se
hizo presente José Tomás, mientras una turbamulta del fashes fotográfcos
y focos de televisión depositaban sus brillantes relampagueos sobre el mito,
que se hizo carne en una sala con ribetes neoclásicos y rodeado de autori-
dades y admiradores. El matador se presentó sin corbata; terno gris oscuro,
camisa negra y un hilillo de voz quebradiza para recordar que torear en
Madrid el año pasado supuso «uno de los retos más importantes de mi vida.
Disfruté como nunca, sobre todo la primera tarde». Aquellas siete orejas y
tres cornadas -de espanto- tuvieron un especial reconocimiento, un alcance
que traspasó las fronteras de la tauromaquia (mediáticas incluidas) y fue-
ron premiadas con un bellísimo vestido de luces Rioja y Oro, bordado con
corazones belmontinos -como suele estilar el maestro-, del que dijo que lo
llevará «con emoción para hacer lo que siento delante de un toro, con entre-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

242

ga y disposición». Así de escueto se mostró el torero de Galapagar, que sólo
tuvo un momento para la sonrisa: «Como dijo Belmonte, todo se andará...»,
contestó a un emocionadísimo José Pedro Orío, que le contó en un vibrante
discurso que en Arnedo se estaba terminando la plaza más bonita del norte
de España y que en una encuesta a trescientas personas mayores (que él
personalmente había realizado), todos los ancianos en cuestión anhelaban,
sin fsuras, poder ver a José Tomás en su ciudad inaugurando el bello coso.
José Pedro Orío, patrocinador del trofeo desde su inauguración en el año
2000, admitió su fascinación por el toreo de José Tomás y reconoció que lo
sigue allí donde puede. «Además, el jurado de este trofeo otorgó el premio
con absoluto consenso y no hubo ninguna duda de que José Tomás era su
máximo merecedor».
Ese día lo guardaré para siempre en mi memoria. La verdad es que no me
considero un tipo mitómano, qué va. Lo que sucede es que como tantos
lectores de novelas necesito refugios pasionales, lugares donde habite la
memoria de la satisfacción, y también glorietas donde disimular los des-
encuentros para mitigar los farallones que asesta la vida en cada una de
sus avenidas. Por eso, no voy a olvidar aquel martes, que no fue un martes
cualquiera de Logroño, donde la bendita -a veces odiosa- rutina se apodera
de todo. Me explico, andaba en Madrid, en una feria de cocineros donde los
sabores te recorren las neuronas entre catas delicadas de nísperos japoneses,
un concurso de cortadores de jamón y la nunca bien ponderada alianza del
ron con el chocolate clavileño. Pero en mi mente latían dos citas inminentes:
por la tarde me esperaba Ferran Adrià y después, en el Centro Riojano, José
Tomás.

Es decir, dos piezas de cuidado, de caza mayor, para un periodista de pro-
vincias, nervioso, deshilachado y que subsiste en la perseverancia del caza-
dor de mitos pero sin autógrafos. Y miren, con el genio de El Bulli conversé
de lo humano y lo divino con el acongojo de sentirme al lado de alguien
como Pablo Picasso o como Dalí, aunque en realidad él se tomaba la con-
versación con grandes dosis de paciencia, con el placer de hablar de uno de
sus últimos descubrimientos: la cocina venezolana. Apenas dos horas más
tarde vi a José Tomás, primero tras una nube de cámaras y periodistas; des-
pués rodeado de admiradores, y al fnal, frente a frente. Le miré; me miró. Y
me quedé callado. Se rió, me reí y no supe qué decirle: le estreché la mano.
Demasiadas emociones para un martes, aunque fuera en Madrid.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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Una controversia sobre la vida y la muerte

«La segunda tarde de José Tomás en Las Ventas fue la apoteosis del toreo con-
cebido como sacrifcio, como ancestral lucha prehistórica por imponerse a la
bestia sin artifcios ni sutilezas. Dejó mal sabor de boca y mal sabor de todo
en los afcionados cabales». Así se expresa Javier Villán, crítico taurino de El
Mundo, en su tercer libro sobre José Tomás, ‘Liturgia del dolor y feria de la
política. José Tomás, una hipótesis republicana’, en el que además de analizar
la tauromaquia del torero de Galapagar especula sobre sus ideas políticas y
las de muchos de sus seguidores: «La única conclusión -resume Villán- que
pudiera sacarse de esta marejadilla republicana en torno a José Tomás es que
no es un torero cortesano, lo cual está muy bien». Pero la polémica no se ha-
bía suscitado por la ideología del diestro. La chispa se encendió porque Villán
sostiene que en su perfl habitan dos toreros, «el de la luz y el de la revelación»
y el que defne como el de la «teoría de la cornada como un ritual salvaje».
El propio José Tomás no estaba muy de acuerdo con el planteamiento de
Villán y en la entrega de un premio al torero en el que el escritor cumplía las
funciones de presentador, contestó al propio crítico en el estrado. «¿Qué José
Tomás cree que ha venido esta noche; el torero o el suicida?», preguntó entre
la incredulidad del los asistentes. Javier Villán salió con fortuna del trance y
desmintió que hubiera escrito nunca que haya un José Tomás suicida, agre-
gando que lo había aclarado en muchísimos escritos. «Creo que está el José
Tomás integral, el torero, el hombre, el arriesgado, el que no da un paso atrás
por deshonor y que prefere la cornada».
Y es curioso, porque la temporada de 2009, en la que no pisó los ruedos
de Madrid, Sevilla, Bilbao ni Pamplona, su tauromaquia se estaba mostrando
como la más perfecta de su carrera: apenas había enganchones, sus tandas
eran casi siempre de seis o siete muletazos por ambos pitones y no había
recibido ninguna cornada en todos los festejos en los que actuó, marcados
siempre por haber agotado en todas las plazas las localidades y por triunfos
tan memorables como los obtenidos en Nimes, Granada o Jerez, además de
Barcelona y muchos otros.
Alfonso Navalón escribió tras una corrida en Madrid en 1999 que José
Tomás «no sabe improvisar, no resuelve las situaciones difíciles y no tiene
recursos cuando el toro presenta alguna difcultad. Por eso vienen esas cogi-
das absurdas». Y la especie se extendió de inmediato y críticos tan alejados
de Navalón como José Antonio del Moral han llegado a escribir que «en lo
único que se parece José Tomás a Juan Belmonte es en las muchas cogidas

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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de ambos». Hasta Juan Manuel de Prada, que reconoce en un artículo que se
hizo taurino «el día en que los eurodiputados socialistas españoles votaron
en contra de la concesión de subvenciones a las ganaderías de toro bravo»,
asegura que su toreo es como «un estafermo que se planta delante del toro
y no se inmuta». Pero Prada va más allá y defne así a sus seguidores: «Estos
tomasistas sobrevenidos suelen ser progres que han hallado en José Tomás
un banderín de enganche para hacerse perdonar su afción taurina». Pero
qué ha dicho Tomás de todo esto. La verdad es que poco porque no se pro-
diga. En aquella entrevista que concedió a Televisa comentó: «Yo no salgo a
una plaza para morir, pero si sabes que te vas a morir, por supuesto prefero
morir en una plaza de toros que en un coche». Y precisamente ahí mismo se
montó una teoría de la conspiración suicida de José Tomás contra su propia
vida y poco a poco se fue generando una idea equívoca sobre José Tomás y
sus anhelos: un perfl rápido del maestro de Galapagar se sustanciaba con
sus ansias de morir y su desmedido afán económico.
Y llegó la Feria de Pentecôte, en Nimes, donde apareció un José Tomás
mediterráneo, luminoso, casi impoluto. Su toreo se destilaba con una ducti-
lidad impensada, pero que envolvía. ¿Es otro José Tomás el de este año? ¿Da
la sensación ahora de que se impone menos tercamente a los toros? ¿Es un
espejismo? O es que el toreo también es un estado de ánimo...
A veces, cuando paseo en invierno, me gusta entornar los ojos o mirar
simplemente hacia mis zapatos con el fn de entretenerme con el chasquido
de las pisadas por los parques y las avenidas. Tras la otoñada, la gente deam-
bula embozada y sólo enseña la piel de la cara; a veces cuando hablan por
el móvil se adivina algún dorso congelado que se irrita en el frenesí de las
conversaciones. Pero llegado el verano la luz se apodera de todos los espa-
cios; la luz dura del mediodía o la que amaina su fulgor en esos atardeceres
lánguidos que se acaban con muchos niños ya cenados y que no entienden
las razones por las que han de ir a la cama. El cielo todavía está perezosa-
mente añil y las persianas protegen sus alcobas de su brillo atenuado. Llega
el verano y forecen las personas apenas protegidas por camisolas abiertas,
niquis o camisetas con mensaje. Ellas, y eso es un placer, enseñan sus pier-
nas y las sonrisas tienen un aspecto cordial en las terrazas, que se pueblan
de gente que bebe granizados, cervezas y vino con el único afán de tomarse
un respiro y conversar.
El calor trae la plática y también el deseo; el afán de liberarse de corbatas o
buzos, del almidón de los despachos o del atribulado ritmo de las máquinas
de las industrias. Algunos privilegiados tienen una piscina en su casa. Y se

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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bañan sólo para refrescarse a pesar de esos michelines que tapaban el en-
grudo del frío. Es muy bello el otoño pero ahora el cielo azul no se compara
con nada y las ventanas de las casas se abren de par en par por las mañanas
para que penetre en nuestras guaridas el fresco de la amanecida. Es verano
en este hemisferio y da gusto callejear cuando cae la tarde, sentarse en un
banco, leer el periódico comenzando por la última página y que no haya
más preocupaciones que saber si se ha acertado el horóscopo. Es verano,
y cada vez queda menos para ver a José Tomás en Barcelona, un matador
perfecto al que le rodean las imperfecciones, un torero con tan sorprendente
caudal de técnica que la esconde como camufan las televisiones planas su
arsenal de botones.
Porque José Tomás iba a parar el mundo; sabía que la empresa para la que
estaba predestinado tenía como fn superar las constelaciones, detener el uni-
verso y sus esferas. Él era el ídolo, el maestro de esa alquimia poderosa que es
el toreo; el poder y la gloria, el dueño de los afanes y las perspectivas.

Barcelona, 5 de julio de 2009

José Tomás tenía previsto parar el mundo esa tarde. La cita era en Barcelona,
donde por vez primera en su carrera iba a enfrentarse en solitario a seis toros
de las divisas de Núñez del Cuvillo, El Pilar y Victoriano del Río. Lo hacía
de forma altruista con el fn de alimentar una fundación creada por él y que
tiene entre sus fnes ayudar a los colectivos más desfavorecidos. Tal y como
había sucedido cuando regresó a los ruedos en esta misma plaza, el mundo
taurino se había conmovido de tal manera que se agotaron las localidades el
mismo día que salieron a la venta, y las entradas en la reventa se cotizaban
con cifras que rozaban lo absurdo (hasta 6.000 euros decían las crónicas que
se llegaron a pagar).
Y es curioso, esa temporada podía ser una de las últimas que se celebrasen
corridas de toros en Barcelona si el Parlament se inclinaba fnalmente -como
así sucedió- por la abolición de los festejos, cuestión que promovió ERC con

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una energía inusitada. «Está en juego la libertad», señalaba Carlos Abella,
barcelonés de nacimiento. «Me provoca una desazón enorme lo que está
sucediendo en Cataluña y el gesto de José Tomás con esta ciudad y con el
toreo lo engrandece todavía más», aseguraba. Salvador Boix, apoderado del
diestro, comentaba que la tarde lo tenía todo para ser histórica: «La locura
que se está viviendo alrededor de la corrida en Barcelona es alucinante. José
Tomás está absolutamente concienciado para el evento y está deseando ver-
se en el patio de caballos». Y llegó el festejo... Y ésta fue mi crónica:

José Tomás, el torero del alma

José Tomás dejó sentado ayer en Barcelona, en una Monumental
absolutamente atestada, abarrotada y orgullosa de contener un
magno acontecimiento de carácter irrepetible, que el toreo
es básicamente un ejercicio espiritual, una vocación -a veces
hermética- que sobrepasa las barreras de cualquier idioma y
que trasciende la técnica y los manuales para adentrarse en
esos terrenos donde lo que manda es el alma, el corazón y los
sentimientos; donde el ser humano es capaz de abandonarse
a sí mismo para entregarse como en un ancestral rito en una
dialéctica donde el diafragma apenas es capaz de contener los
latidos, en la que cerrar los ojos y mirar a la vida con las pupilas
del alma se impone como una obligación. Pero una cosa es el
corazón y otra los asuntos; y para que se sepa, ayer José Tomás
en Barcelona cortó cinco orejas, pulverizó las estadísticas y
además de jugarse la vida como un perro y resultar por dos
veces dramáticamente volteado, toreó al natural como los
ángeles, dibujó gloriosas verónicas al ralentí, pases de pecho
de pitón a rabo inacabables y explosionó a la concurrencia
toda con un quite vertical y austero por gaoneras -esas suyas
de infarto tan inverosímiles y enhiestas como Santa María del
Mar- en las que rivalizó con la Sagrada Familia en altura y
belleza, en parsimonia y emoción. Y todo eso se cuenta siendo
consciente de que no salió ni un solo toro completo, ni un solo
animal con el que poder arrasarse por dentro como hizo hace
más o menos un año en Madrid. Sin embargo, fue capaz de
dar a cada toro lo que se merecía y ese punto más que atesora
este torero como ningún otro. De hecho, la faena más maciza
de la tarde la dibujó al segundo del envío, un astado de El Pilar
altón y descolgado que desde el primer momento dejó sentado
que por el pitón izquierdo no estaba dispuesto a tragarse ni un
muletazo. El toro se frenaba incierto, se venía inopinado a los
engaños y se las hizo pasar canutas a Gimeno Mora cuando le
perdió la cara y le encajonó con alevosía en el burladero de

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matadores. La plaza hervía y salió José Tomás doblándose por
bajo para, sin pensárselo dos veces, obligarle al natural. El toro
no quería pero José Tomás sí. Y eso, con este hombre no tiene
vuelta de hoja porque su tauromaquia es inapelable. Y lo metió
en la canasta primero para después torearlo a placer en tandas
inacabables en redondo en la que los lances surtían con una
ligazón que ya no se volvió a ver en toda la corrida, aunque
el delirio al que se fue entregando la plaza pudiera hacer
parecer lo contrario. Hubo, eso sí, momentos imprescindibles
al natural, ese toreo con la izquierda que con Tomás alcanza
perfles esenciales: la muleta arrastrada desde el inicio, el toro
embebido en los vuelos pasando por la faja del torero y los
remates atrás, siempre atrás, como si no existiera otro fnal
posible que la anatomía profundamente desencajada para
obtener el ole iniciático y brutal, el ole que se lanza desde
dentro como si fuera un exabrupto pero que en realidad es un
quejido, un aullido, un tremebundo aserto que brota de ese
ejercicio de libertad que es su tauromaquia. El toreo vivió ayer
en Barcelona una tarde honda, a pesar de los triunfalismos, del
la ola de las multitudes que aclamaban a José Tomás como si
no fuera de este mundo, como si hubiera venido a evangelizar
a tierras de los gentiles. Pero todo eso son metáforas, discursos
boreales. José Tomás torea para ejercer la libertad espiritual
de un creador, torea para crecerse como persona, como ser
humano, porque José Tomás es el torero del alma.

La cuestión de JT y los medios (El País)

El País, periódico de máxima difusión en España, publicó al día siguiente de
la corrida en su portada una fotografía gigantesca de José Tomás volteado;
en la página que dedicó a la crónica volvió a ilustrar la actuación del torero
de Galapagar con otra foto similar. Sin embargo, al día siguiente apareció
un artículo que todavía no he terminado de entender titulado ‘José Tomás,
un redentor inventado’, frmado por Antonio Lorca, cronista al que respeto
profundamente pero con el que no comparto prácticamente nada de lo que
escribe. Vayamos al meollo de la cuestión.
Decía Antonio Lorca que aunque José Tomás es un torero largo, profundo
y artista, su imagen repetida huele demasiado a voltereta y sabe a manchas
sangrientas en su vestido y en su piel. Pues bien, El País publicó dos foto-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

248

grafías (una de ellas en portada) prácticamente iguales. El torero volteado.
A la redacción de Diario La Rioja, que es el medio para el que escribo de
toros, llegaron casi cien fotos del evento. ¿Quién hace oler a cornada a
quién?, pregunto. Comentaba Lorca que a José Tomás le sigue una «legión
de forofos» que creen ver en él «a un dios revivido del toreo». Es obvio
que las generalizaciones son injustas por naturaleza pero tan desaforado
es exagerar lo que se vivió en la plaza como descalifcar de esa manera a
miles de afcionados que empeñaron mucho tiempo y mucho dinero para
ver una corrida de toros. ¿Es malo eso? ¿Es acaso una desmesura seguir a un
torero que se entrega como ninguno y del que se sabe que siempre da ese
paso más allá que tantas veces ha echado de menos Antonio Lorca en sus
crónicas?

Sin embargo, uno de los puntos en los que más en desacuerdo estaba con
el periodista sevillano es en el que hablaba de la relación de José Tomás con
la plaza de Barcelona: «Le da suerte en la particular versión supersticiosa de
los toreros, y porque se ha convertido en el lugar de peregrinación del toma-
sismo». Esto es de un simplismo atroz. Recuerdo que la relación del torero
con Barcelona se remonta a mucho antes de la reaparición de 2007, en esos
años se fraguó una constante de triunfos y de entrega impresionante. Y José
Tomás eligió esa plaza no sólo por eso, obviamente; la eligió para ayudarla,
para revitalizar la festa en Cataluña, para reivindicar la libertad taurina en
una parte de España en la que ser afcionado es algo así como ser un apes-
tado. Hablaba Lorca de la «obsesión de algunos por convertir a José Tomás
en un líder político enfundado en un traje de luces». Bien, me pregunto si es
posible encontrar un sitio más complicado para reaparecer y llenar la plaza
y dotar al toreo de una presencia simbólica unida a la libertad como nun-
ca había tenido. ¿Cuándo ha habido una portada taurina en los periódicos
catalanes? Además, José Tomás había dejado claro en una entrevista que no
toreaba en Barcelona en contra de nadie; sólo por los afcionados que iban
a verle.

Otro aspecto que trataba Lorca era el manido sobre que José Tomás deba
anunciarse o no en las plazas más importantes, en las ferias más exigentes
y sometiéndose al veredicto de las escasas afciones doctas que quedan en
este país. Parece que el señor Lorca había olvidado las tardes del 5 y 15 de
junio de 2008 en Las Ventas: cuatro toros, siete orejas, tres cornadas. Lo
de los cosos de escasa responsabilidad con los toros chicos y los billetes
grandes me parece pura demagogia: Valencia, Castellón, Jerez, Granada, Ni-
mes. Las mismas plazas que muchos de sus compañeros, los mismos toros.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

249

poyatos

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

250

¿Hubo las mismas faenas? ¿Se justifcaron como lo hizo José Tomás cuando
estuvo en Madrid en 2008? En el penúltimo párrafo el actual crítico taurino
de El País se deslizaba básicamente por las cuestiones del dinero y daba a
entender que si José Tomás torea en plazas de responsabilidad ante toros de
verdad «un fracaso podría notarlo su cuenta corriente». Y esto me parece un
atrevimiento y un dislate porque «aunque no parece posible pagarle más
que lo que ya cobra», este tipo de afrmaciones hay que respaldarlas con
datos. Por cierto, ¿por qué no fue a Sevilla José Tomás? ¿No tuvo nada que
ver la empresa de La Maestranza? Y por si fuera poco, José Tomás toreó gratis
en Barcelona para una fundación con su nombre que destinó la recaudación
a diferentes oenegés de Cataluña. ¿Puede existir alguna causa más noble,
más digna, más humana? Decía Lorca al fnal que José Tomás es sólo un gran
torero. Y no le falta razón, pero nunca han abundado en la festa los gran-
des toreros, como en el vino los grandes vinos o en la literatura los grandes
escritores. Lo de redentor se lo ha inventado él; como lo de mesías y cosas
similares otros. Yo, en mi vida he visto un torero igual. En mi caso escribiría
que es sólo el mejor torero que he visto nunca; una apreciación personal que
tiene el valor relativo de las apreciaciones.

La cuestión de JT y los medios (The New York Times)

«En un momento en el que Europa se está haciendo más grande y más
multicultural, Barcelona se está volviendo más pequeña y más catalana»,
explicaba Robert Elms, un escritor británico al que se citaba en un artículo
de The New York Times en el que se analizaba el fn de semana taurino que
se vivió en Barcelona en septiembre de 2009 y que fue coronado por dos
sensacionales faenas de José Tomás y otro prodigio con la muleta por parte
de José María Manzanares. Robert Elms lamentaba ver cómo «la vanidad»
ha convertido en una «oscura aunque mágica ciudad» un lugar que en otro
tiempo fue «brillante». «La posible prohibición es similar a una ley que
requiere que los estudiantes reciban la mayor parte de su educación en
catalán, no español». El artículo de The New York Times venía frmado por
Michael Kimmelman, uno de los críticos de arte de dicho rotativo, que ana-
lizaba cómo José Tomás logró que la Monumental de Barcelona se abarro-
tase para ver la corrida que ofreció en 2007. «José Tomás mueve multitudes

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

251

y para los afcionados es la mejor esperanza para el toreo». El periodista
también retrataba la actual situación de la festa en Cataluña e intentaba
ahondar en la controversia que supuso la recogida de frmas por parte de
una iniciativa popular para llevar al Parlament la prohibición de las corridas.
La información recogía los testimonios de algunos personajes vinculados a
la tauromaquia en la Ciudad Condal. El crítico taurino de La Vanguardia,
Paco March, atacaba a aquellos que se empeñan en acabar con los toros en
esta región ya que, en su opinión, «una minoría de personajes contrarios al
toreo quiere eliminar los derechos de otra minoría afcionada, que disfruta
con un espectáculo legal que expresa la profundidad de la vida y la muerte
llevada al extremo». El reportaje también recogía los argumentos de los an-
titaurinos para acabar con las corridas de toros, en su mayoría cargados de
tintes políticos porque «algunos nacionalistas catalanes consideran el toreo
como un símbolo patriota español», y también hablaba de que tan sólo una
docena de manifestantes protestaron frente al coso barcelonés el día de la
última corrida de José Tomás. Salvador Boix, apoderado del diestro, dijo en
el programa ‘Sol y Sombra’, de Punto Radio La Rioja, estar «convencido
de que los abolicionistas no van a lograr la desaparición de las corridas.
Yo, que soy catalán y afcionado, vivo todo esto con mucha indignación
porque se trata de coaccionar la libertad». Por su parte, el torero retirado
Joselito manifestó: «Me sorprende que una tierra supuestamente progresista
y defensora de las libertades como la catalana sea capaz de acabar con un
espectáculo como el de la festa, no nacional, algo que siempre se ha dicho
erróneamente, puesto que existe en muchos países, sino de los toros: se trata
de una festa universal».

Amarillo barquillo iba José Tomás

Y José Tomás remató su portentoso año 2009 en la Monumental de México...
Amarillo barquillo iba José Tomás, con el vestido más raro de la torería: bor-
dados de estrellas y alamares como fores de lis, con invisibles adornos de
bisutería verde y los cabos blancos de delicada seda.
Melena de león, ojos de lince, y esa sonrisa abierta y tímida, preclara y
subconsciente, en la que afora un niño a pesar de ese tibio mechón de canas
que cae en caracolillos por la frente despejada.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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Hay un rumor de lejanas batallas en sus ojos. En la melancolía de sus
muslos ajados, una intensidad de tantas guerras vividas, de un miedo que
se asienta en los hombros y baja como la gangrena por las nalgas hasta los
tobillos.

En José Tomás el arte no lo imponen los cánones, ni los exquisitos, ni los
tribunales de la pureza, ni los policías; José Tomás, de amarillo barquillo y
de oros mexicanamente geométricos, sigue teniendo el ritmo difuso de los
elegidos, la tragedia de su muleta tiernamente asida, el temblor natural de
quien se juega el porvenir en cada día de corrida. Y usted y yo ahí, en el
tendido, y él dispuesto a morir de amarillo barquillo, bordados de estrellas y
oros geométricamente mexicanos.

Es mi patria

José Tomás se desdibuja a veces en mi corazón por la profunda verdad de
su mensaje. Mi patria es José Tomás ante el toro y ante el mundo, como un
ser absolutamente prodigioso por el rigor con el que se impone a sí mismo
la matemática implacable de su entrega para aplicarla después con absoluta
desnudez en el ruedo. José Tomás ha sobrepasado todas las expectativas de
su regreso. De hecho, ningún torero a lo largo de la historia de la tauroma-
quia ha protagonizado una vuelta como la suya, un camino tan formidable
de entrega en el que se ha ido dejando la piel a jirones sin parecer importarle
nada, con un increíble desafecto aparente hacia el dolor, hacia la muerte
misma que parecía tener con él una cita ineludible, irreversible, una cita
que a veces parece una cuenta atrás dictada por determinados medios de
comunicación que han visto en Tomás la perfecta diana para alentar la in-
coherencia y resumir su mensaje en razón de dos de las mayores y burdas
mentiras que se han escrito sobre un artista en los últimos años.
La primera de ellas es que José Tomás había vuelto al toreo sólo para ga-
nar dinero; es decir, que lo habían convertido en una especie de fnanciero
sin escrúpulos, pero con montera, que toreaba para una especie de élite
social e intelectual que podía permitirse la desmesura de pagar una entrada
suya en la reventa. Y otra, contradictoria con la primera, pero que se ha
complementado mediante una terrorífca aliteración, que es una especie de
enfermo suicida que sale a la plaza a celebrar un rito cercano a la inmola-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

253

ción: José Tomás como sinónimo de la cogida, como ejemplo palmario del
primitivismo cainita del hombre que es un lobo para el hombre. Con él la
ración del morbo se incrementó en una marejada de artefactos y mentiras
que desgraciadamente han calado en muchos sectores de la sociedad y en
muchas personas a las que les ha llegado una imagen desorbitada del torero.
Por eso no extraño las preguntas que tengo que contestar los días en los que
José Tomás es noticia por algo: «Ese tío está loco ¿verdad?; ¿es cierto que se
quiere morir?»..., y otras sandeces por el estilo.
Pero hay que sumar más capítulos al terremoto que ha provocado el diestro
de Galapagar con la muleta en la mano: se han removido las catacumbas de
España y varios de los sectores más inmovilistas de la afción se han unido para
colocarse, casi desde el primer momento, frente a él y al mensaje de tan supre-
ma torería que ha lanzado embutido en su vestido. También algunos toreros
han comentado por lo bajini su amargura: «José Tomás está haciendo mucho
daño a esto», han llegado a asegurar en reducidos círculos profesionales.
Pero antes de analizar estas cuestiones, voy a exponer lo que no me gusta
de José Tomás; o mejor dicho, algunas de las constantes de su difuso entor-
no, de ese alrededor que tanto parece controlar su imagen y lo mantiene en
una especie de hornacina en la que es imposible penetrar. José Tomás ha co-
locado una barrera granítica entre él y el resto de la humanidad, una muralla
que lo engrandece por un lado pero que también lo deshumaniza hasta dejar
que se tenga una imagen del torero totalmente desdibujada, una sensación
de incorporeidad para nada dirigible porque se aleja diametralmente de la
verdad. Y me explico.
José Tomás no habla, de él no se conoce casi nada, apenas una entrevista
que concedió a Almudena Grandes para El País Semanal el 25 de mayo de
2007; otra con Joaquín Sabina un año antes y la de Televisa en su reaparición
en México D.F. Lo demás han sido pequeñas, escuetísimas intervenciones en
Tendido Cero tras el indulto del toro Idílico en Barcelona, o en el momento
de recoger algún premio, y las declaraciones que hizo al periódico mexicano
Esto a fnales de 2009.
José Tomás no sale en la tele, sus corridas no se emiten por ningún canal y
en las ferias que se ofrecen íntegras por Canal Plus no torea. ¿Por qué no apa-
rece José Tomás en la tele? La historia de sus desencuentros con la televisión
viene de largo y se fundamenta en dos pilares. El primero de ellos tiene que
ver con el esquema de las propias emisiones, ya que el torero de Galapagar
no acepta la tele por imposición; es decir, que si quiere torear en Madrid en
San Isidro tiene que aceptar que la feria va a ser televisada de forma íntegra,

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

254

lo estime oportuno o no. José Tomás reivindica que la negociación se lleve
directamente con él, no sólo con la empresa que organiza el evento. A fna-
les de 1998 diversos matadores, entre los que se encontraban José Tomás,
José Miguel Arroyo Joselito y Luis Francisco Esplá, reivindicaron el valor de
sus derechos de imagen y que fueran negociados por ellos directamente con
las plataformas y no por los empresarios de las plazas. Al fnal José Tomás se
quedó solo, y en soledad ha caminado desde su reaparición. A esto hay que
sumar que él, aunque creo que nunca lo ha afrmado con rotundidad, no se
ha mostrado nunca muy partidario de las emisiones televisivas por el propio
concepto que tiene de la naturaleza del espectáculo taurino. Esta postura se
ha interpretado como un ejemplo más de la presunta voracidad económica
de José Tomás, de que todo lo que subyace en su interior tiene que ver con el
vil metal. Sin embargo, si nos paramos a refexionar en sus pretensiones, la
verdad es que no son para nada descabelladas; es decir, el espectáculo bas-
cula en torno a dos protagonistas obvios: torero y toro, y en el caso de José
Tomás es tan brutal su jerarquía sobre todo lo demás, que las corridas en las
que se anuncia se articulan inexorablemente en torno a su presencia. Él es el
máximo protagonista, no el único, pero sí el crucial. A partir de ese momen-
to, de la expectación y la gran repercusión que tiene su sola presencia, sí
parece lógico plantear un cambio en la estructura de dichas contrataciones.
¿Estaría entonces dispuesto José Tomás a que televisaran alguna de sus corri-
das? Parece que en su reaparición en Madrid de 2008, su apoderado propuso
a TVE la posibilidad de emitir uno de aquellos memorables festejos. Pero
todo quedó en agua de borrajas por cuestiones políticas y por la decisión del
gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero de dar la espalda desde
el ente al hecho taurino.
Esta postura, digámoslo claro, también le ha generado multitud de in-
comprensiones, desafectos y malos entendidos. De hecho, una parte de los
medios taurinos ha obviado o ha intentado cercenar el valor intrínseco de
su reaparición y lo ha colocado como en otra esfera, por supuesto, desme-
reciendo cualquier cosa que tenga que ver con él y soslayando con una
rapidez inusitada cualquiera de los acontecimientos que ha ido generando
a lo largo de estos años, como los seis toros de Barcelona que pasaron casi
inadvertidos en el programa taurino de radio de mayor audiencia.
En primer lugar se le achacó que sólo toreaba en plazas de escaso relieve
y después, que exigía un determinado tipo de toro. Y ante tantas críticas
vertidas, José Tomás permaneció en silencio y su apoderado, a pesar de que
explica mucho las cosas cuando se lo piden y donde se lo reclamen (eso es

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

255

cierto), parece siempre estar medio en silencio, sin expresar lo que de ver-
dad sabe y siendo, ante todo, políticamente correcto. Esto ha sido así casi
siempre excepto con la última negociación, si es que se puede llamar así,
con Eduardo Canorea y Ramón Valencia, los autodefnidos como empresa-
rios izquierdosos de la Maestranza.
Estas declaraciones las realizó Salvador Boix al programa ‘El Albero’, de la
Cadena Cope: «Para que José Tomás toree en una plaza de toros, lo primero
que debe existir es una voluntad de querer contratarlo, y ha sido al contra-
rio. Creo que ya es sabido por todos que para la empresa de Sevilla lo que
es intocable es su margen de benefcio enorme, y en este sentido no están
dispuestos a asumir las condiciones de contratación de José Tomás. El torero
va a torear en el resto de plazas donde sí se tiene voluntad de contratarlo.
Esto no se trata de una mercadillo, sino que José Tomás tiene su caché para
cada plaza, como me imagino que tendrán el resto de toreros. Si quieren
tener a José Tomás en su plaza lo que tienen que hacer es contratarle. Aquí
no se trata de contraoferta ni nada de ese estilo; vamos a ser serios. Al igual
que el resto de artistas de otras facetas, José Tomás tiene unas condiciones,
y o se aceptan esas condiciones o no, dependiendo del interés que se tenga.
En el caso de Sevilla, por más que se haya ‘vendido’ otra historia, no tiene
nada que ver con lo que es la realidad, que consiste en que José Tomás no
va a estar en Sevilla y que sí va a estar en más de veinticinco tardes en otras
tantas plazas que sí han querido contratarle».
Como ejemplo de todo esto se pueden citar las declaraciones (recopiladas
por Raúl Delgado Márquez en su web www.lostorosenelsigloxxi.blogspot.com),
que han realizado los empresarios maestrantes sobre sus contactos con José
Tomás para contratarlo en Sevilla, que no hay que olvidar que es la plaza
más cara de España y la que más dinero carga en taquilla un día de corrida.
En noviembre de 2007, Eduardo Canorea llegó a decir: «José Tomás es un
torero del que no tengo referencias y no merece la publicidad que le estoy
dando». En la presentación de los carteles de 2008, el mismo empresario
soltó perlas de este estilo: «Sus pretensiones son exóticas porque es un dies-
tro sobrevalorado». Y fnalmente, al explicar las razones por las que no fue
contratado en 2009, se relamió así: «Hay empresarios de izquierdas y toreros
de derechas». Esta última temporada la empresa envió un comunicado ex-
plicando que «las elevadas pretensiones económicas» del torero han hecho
imposible su contratación y no quiso decir nada más, aunque después se
supo que el ofrecimiento de la empresa de La Maestranza había sido similar
a lo que cobra José Tomás en cosos como Linares, Córdoba o Badajoz.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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En los albores de la temporada 2008 sucedió algo que estuvo a punto de
ser catastrófco para el toreo mismo: algunas de las grandes empresas ur-
dieron una especie de estrategia para apartar a José Tomás de las ferias más
importantes de España, sencillamente porque pensaban que si transigían con
él en cuanto a los honorarios se iba a crear un precedente pernicioso para las
arcas empresariales. En Sevilla, José Tomás lamentablemente no ha toreado
desde su reaparición y faltó muy poco para que no entrara en Madrid. Tanto
es así que, si en un principio se había llegado a una especie de acuerdo
para hacerlo en Las Ventas con pago por visión (ppv) incluido, se destaparon
todos los avances obtenidos y la negociación cayó en punto muerto. De
hecho, la especie que se soltó entre los medios sólo tenía que ver con los ex-
cesivos honorarios del matador. La leyenda cuenta -fue así- que tuvo que ser
la propia Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, la que
al fnal impuso a José Antonio Martínez Uranga, empresario de Las Ventas, la
contratación del torero madrileño. Pues bien, se tuvo que retrasar una sema-
na la presentación ofcial de los carteles de San Isidro para que ambas partes
llegaran irremediablemente a un acuerdo. Y al fnal se llegó, como no podía
ser de otra forma, pero sobre la mesa quedaron de relieve las exigencias
económicas planteadas por José Tomás y aunque no voy a recoger aquí nin-
guna de las cifras que se dijeron, lo cierto es que resultaban asombrosas. Las
que no se dijeron, las que se anota la empresa, han de llegar a ser realmente
siderales. Pero es más curioso que nadie, absolutamente nadie, especulara lo
más mínimo con las ganancias de los empresarios tras más de treinta llena-
zos consecutivos, muchos de ellos con toreros que no tienen la opción ni de
preguntar cuánto van a cobrar por jugarse la vida en Las Ventas.
Y ahí es donde radica mi cierta desilusión con José Tomás y su entorno: en
que apenas denuncia estas paradojas o, al menos, en que soporta ser acusado
una y otra vez de un ansia desbocada de dinero y permanece en silencio. Él
tiene la fuerza para destapar el cotarro, el absurdo de una festa marcada por
grandes intereses en la que existe algo terrible y brutal: un clasismo empre-
sarial, y muchas veces periodístico, palmario, y una inacción de los toreros
demoledora para ellos mismos y para la categoría de su profesión. Ahí radica
gran parte de su desprestigio, de que se comporten como seres inalcanzables
en el ruedo y como personas absolutamente maleables fuera de él.
Un amigo mío de su entorno, cuyo nombre no voy a desvelar, me dijo un
día que tanto José Tomás como Salvador Boix eran demasiado ‘autistas’. Al
principio no le di mayor importancia a dicha aseveración, pero ahora, anda-
do el tiempo, me doy cuenta de la claridad de aquellas palabras.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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Vivimos en la época de Internet, de los grandes medios de comunicación
masivos y José Tomás parece un ermitaño que viva en la cueva de Platón a la
espera de la próxima corrida. Apenas sabemos nada de él; el hecho de con-
feccionar un simple calendario con sus próximas fechas suele ser un trabajo
de chinos... ¿Tan difícil sería comunicar las corridas con una página web?
Los periodistas especulamos con la importancia que tiene la comunicación,
pero la masa impresionante de afcionados que le sigue no elucubra con
ella, sencillamente la echa de menos.
Hace unos años en una conferencia que tuve el honor de dictar en el
Casino de Alfaro sobre Pablo Hermoso de Mendoza, y con Pablo al lado,
lo comparé con Joselito El Gallo por multitud de razones, pero una de ellas
-no la más importante pero muy llamativa- fue por su sentido de la comu-
nicación.

Desde hace muchas temporadas soy un fel lector de su página web
(www.pablohermoso.net) y además de conocer sus caballos, cómo son, su
historia y su genética, me sirve para saber dónde y cuándo torea, cómo han
sido los toros lidiados... Pero hay más, cuando lo hace en México es impre-
sionante lo que aporta su web para los afcionados, la lejanía de aquel país
se salva desde España con un ‘clic’, y exactamente a la inversa cuando el
seguidor mexicano de Pablo Hermoso desea conocer los pormenores de su
campaña europea. En cambio, con José Tomás todo parece estar rodeado
de un misterio inmarcesible, sus festejos, los miembros de su cuadrilla, las
ganaderías que va a torear y las razones por las que lo hace.
Sin embargo, respeto profundamente su decisión de no hablar con los pe-
riodistas, de no ofrecer ruedas de prensa ni nada por el estilo. Muchas veces
le he dado vueltas a este asunto y he acabado por entenderlo; lo comprendo
por el cariz que ha tomado el periodismo en los últimos años, y no me refe-
ro sólo al taurino, sino en general a la obsesión mórbida de nuestra profesión
y la propensión a banalizarlo todo, a buscar la sangre, lo inmediato y a rea-
lizar clichés para ajustar la realidad a la maqueta de nuestros periódicos y a
las cabeceras de los informativos, la realidad supera el papel prensa y a los
rayos catódicos los suele dejar a la altura del barro.
En la cuestión del periodismo especializado taurino, la verdad es que el
panorama resulta profundamente desalentador y desgraciadamente, está
marcado por demasiados intereses, entre ellos los empresariales taurinos y
confundir a las fuentes de la información con los destinatarios fnales. Por
eso, como apenas habla públicamente, creo que es imprescindible la web
como fórmula de comunicación, incluso para conocer las acciones de la

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

258

fundación que lleva su nombre, una iniciativa con un calado especial que
ha pasado prácticamente inadvertida para los afcionados.
No es que pida humanizar la fgura de José Tomás, sólo un pequeño rasgo
de cercanía. No me parece un tipo altivo, pero entiendo que con su ausencia
de estrategia comunicativa se produzcan demasiados malos entendidos y eso
a estas alturas es lamentable. Por cierto, José Tomás invirtió en publicidad en
su última corrida en la plaza de toros de México D.F., algo inaudito en Espa-
ña, donde los toros parecen sumidos en una especie de nicho mediático.

José Tomás y el toro

José Tomás ha establecido una singular relación con el toro, una relación
fascinante que se materializa en un diálogo a través del cual ha ido depuran-
do su peculiar tauromaquia, su forma de entender el toreo trufada por una
sutileza a veces imperceptible, por un valor que suele superar cualquier cota
conocida y un temple tantas veces cuestionado como real y necesario para
comprender la esclarecedora arquitectura de sus faenas, el íntimo engranaje
del mecanismo de su toreo, la razón de su entrega.
José Tomás es un torero esencialmente clásico, un lidiador que sigue la
estela de Lagartijo, Gallito, Juan Belmonte, Chicuelo, Manolete, Antonio
Ordóñez, Paco Camino, El Viti o Joselito, aunque depurando hasta matices
sorprendentes su concepto de tal suerte que es complicado evocar otros
matadores al reconocer su imagen, su singular perspectiva en el ruedo, su
huella de artista nuevo aunque consciente de que maneja un lenguaje anti-
quísimo pero constantemente renovado.
No es exactamente un heterodoxo en sus formas pero imprime su persona-
lidad al clasicismo que ha heredado de los grandes maestros, para dotar a su
estilo de un acento estético basado en la colocación, la rectitud de su fgura,
el dominio que imprime y un empaque que se encuentra en ese modelo de
duende con el que Federico García Lorca defnió a Rafael Molina Lagartijo:
el del duende romano, con una singular mezcla de maestría académica y de
ansia de nuevos conocimientos y conquistas. José Tomás, al que en México
llaman Príncipe, es una especie de emperador del toreo que ha impuesto
su Pax en estos años de su segundo reinado. José Tomás es el César, el que

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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etimológicamente tiene cabellera y la enseña por los ruedos con una pres-
tancia ignota.

Mariano de Cavia Sobaquillo, como recuerda Antonio Santainés, defnió a
Rafael Molina Lagartijo con «el hiperbólico apelativo de Califa, consideran-
do que Rafael era en el toreo lo que en la España árabe fue el primer califa
en Occidente, Abderrahmán I, al reinar en Córdoba en el siglo VIII». Y del
Lagartijo fue del primero que se dijo que se podía pagar con gusto el dinero
de la entrada sólo por verle hacer el paseíllo... Hasta él la lidia había sido
batalla y trinchera, con su llegada comenzó el arte, los primeros esbozos de
sutileza, de sentimiento.
Y si con Lagartijo empezó a tener importancia el temple, tal y como relatan
los historiadores el toreo, la evolución de ese temple fue el mecanismo que
hizo a Juan Belmonte revolucionar el toreo. Ahora, su depuración infnitesi-
mal es la que ha traído consigo José Tomas, a pesar de que algún tratadista
como Domingo Delgado de la Cámara niegue sistemáticamente su toreo:
«José Tomás tiene un defecto capital, carece de sentido del temple. Y éste no
es un defectillo sin importancia. Ya lo he dicho, es un defecto capital. Digo
más: es el peor de los defectos. Cuando José Tomás quiere torear despacio,
a no ser que se encuentre ante un toro de dulcísima embestida, sus faenas
se convierten en una interminable sucesión de enganchones. Cuando quiere
evitar los enganchones y torear con limpieza, su toreo es tan rápido que
carece de sabor».

Asegura vehementemente Delgado de la Cámara que José Tomás no es
capaz ni de acoplar la velocidad de su muleta a la embestida del toro ni de
atemperarla con el vuelo y la precisión rítmica de sus engaños. Obviamente,
no puedo estar en consonancia con esta apreciación porque la técnica de
José Tomás se basa en gran medida en el poder de su temple, en la capacidad
para imponer su concepto -toreo por abajo, mandón y arriesgado con el adi-
tamento de pasarse los astados más cerca que nadie- y su valor para torear
con la mayor profundidad posible; José Tomás arriesga hasta el último mo-
mento, su tauromaquia no es para nada aséptica y si con el toro bondadoso
y noble su lentitud es pasmosa, con el animal rebrincado, bronco y fero es
capaz de destilar la verdad del toreo como casi nadie.
Empecemos con el cornúpeta bueno y con la forma en la que el de Gala-
pagar consiente sus embestidas asentado en los talones para ofrecerse siem-
pre con una verdad profunda. Tomás no es un torero de arabescos: adelanta
la muleta, echa por delante los vuelos y su compromiso reside en tres pilares
fundamentales: la colocación, siempre perfecta (ofrece el medio pecho, con

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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el compás levemente abierto pero sin exageraciones y la muleta arrastrada
casi desde el primer momento); la quietud (que tiene un valor brutal porque
se pasa las embestidas por la faja) y el temple (que utiliza como arma para
hipnotizar al toro). Existen diferencias apreciables entre su forma de torear
con la mano derecha (en redondo) y al natural (con la izquierda) y la más
destacada es que suele adelantar mucho más la pañosa con la diestra, deján-
dola en la cara del toro para ligar los muletazos. Con la izquierda, a veces es
torero de muleta retrasada, sobre todo si hay que fjar las embestidas en las
tandas últimas de sus faenas. Sin embargo, en tardes como la inolvidable de
Barcelona que supuso el indulto del toro Idílico de Núñez del Cuvillo, llegó
a la perfección del toreo al natural ligando los muletazos con una suavidad
sencillamente maravillosa; o el 5 de julio de 2009 en esa misma plaza, en la
que destiló alguna serie perfecta girando sobre sí mismo como un compás,
logrando tal fuidez entre muletazo y muletazo que resultaba complicado
ver dónde terminaba uno para dar paso al siguiente. A veces abre el compás
y otras permanece con los pies juntos, y en ambas ocasiones carga la suerte
porque manda al toro donde quiere con el giro fnal de su muñeca, gracias al
temple que imprime su toreo y con el que rebosa cada una de sus suertes.
Pero si José Tomás es extraordinario con el toro bueno, con el toro de
carril, mención aparte merece con el toro rebrincado, con el que plantea
problemas en la lidia. Y creo que en este punto surge un torero colosal que
es capaz de sobreponerse a los oponentes más complejos e inciertos. Un
ejemplo palmario fue su segunda corrida en Madrid de 2008. Llegaba Tomás
a Las Ventas después de haber cortado cuatro orejas en su comparecencia
anterior; pues bien, no le importaron lo más mínimo las aviesas condiciones
de sus dos enemigos. Al primero, un manso de libro del Puerto de San Loren-
zo que se venía siempre al cuerpo, lo encerró en tablas y fue capaz de im-
ponerse sobre él en chiqueros con una torería armada de ciclópea voluntad,
aguantando tarascadas y parones sin descomponerse lo más mínimo. Muy
cerca del toro, fue labrando la faena sin una duda, sin precipitaciones y con
un valor realmente impactante. José Tomás arrinconó al toro con los engaños
en ambas manos y acabo persuadiéndole de que tenía que embestir. Algún
muletazo con la querencia a favor fue sencillamente épico y enormemente
inteligente, porque Tomás dio una lección de conocimiento de la psicología
del toro jugándosela en las tablas junto a los chiqueros.
El segundo de su lote fue un torancón de El Torero que no regalaba ni la
más miserable embestida por el izquierdo. Si el manso del Puerto prego-
naba su condición, éste aguardaba expectante para coger desprevenido al

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

261

matador que le cupo en suerte y por el que pasó a la historia. Entonces, José
Tomás lo toreó con primor por el pitón bueno y sin solución de continuidad
hizo lo mismo por el avieso. Y se encajó con él en varios muletazos impre-
sionantes, aunque fue prendido por el derecho al rematar la serie con el de
pecho y a pitón cambiado, cuando menos se lo esperaba, o quizás cuando
en él había cundido ya la relajación fnal por todo lo expuesto.
José Tomás había logrado el milagro de la embestida imposible y si existe
un matador que sea capaz de lancear al natural a aquel astado, su nombre
es José Tomás; no hay otro. Los críticos argumentaron que en aquella tarde
surgió el torero suicida; mentira, aquella tarde fue una explosión de técnica
y torería, de aguante, valor seco y verdad del toreo. Y en esa faena, en la
que el toro medía una barbaridad por ese pitón, José Tomás describió otro
tratado con la zurda a base de colocación y de templanza. Hubo engan-
chones, eso es natural, porque aplicó la técnica que atesora para torear, no
para defenderse ni para desplazar el viaje del morlaco hacia las afueras. Si
José Tomás hubiera querido estar impecable con el toro no le hubiera cos-
tado gran cosa pasar por ahí, no exponer ni un alamar y solventar la tarde.
Pero José Tomás no es de esos y ahí radica otro de sus grandes valores: el
no permitirse nunca defraudar a las personas que han ido a verlo a un coso
taurino. Ésa es la esencia misma de su personalidad como torero, el no dar
nunca un paso atrás a pesar de que tenga que pagar el peaje brutal de la
cornada.

Y no es inconsciencia. ¡Qué va...! Es compromiso auténtico y real de su
alma de torero y la razón por la que conmueve desde que se abre de capote
hasta el espadazo fnal.

Teoría de las gaoneras

Respecto al capote, conviene detenerse en el manejo que hace el de Galapa-
gar del percal porque pocos toreros son capaces de desplazarlo con mayor
lentitud, con mayor precisión. Obviamente, José Tomás no llega al compás
estético que tiene Morante, pero lo hace con mayor hondura en su toreo a la
verónica, que como sucede con Diego Urdiales, por ejemplo, las saltea en
muchas ocasiones con delantales de pies juntos en los que gira casi sobre los
talones para seguir los lances por el mismo pitón.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

262

José Tomás tiene una forma muy peculiar de torear a la verónica, con las
dos manos muy bajas, lo que le distinguía de la mayoría de los capoteros
casi desde que era novillero. Y es quizá en la verónica donde mejor expresa
su sentido de la delicadeza con el que imprime su toreo, contrastando con la
crudeza de sus gaoneras de infarto, con esos quites entre la vida y la muerte
que realiza con el capote en la espalda con un admirable sentido del tiempo
y del espacio. José Tomás, con el capote tras las costillas, se pasea por una
rara balconada entre el aquí y el más allá porque, además de parar los relojes
de la plaza, fja sus plantas al ruedo como un imán sin mover los tobillos ni
un milímetro. Con el engaño por detrás, el toreo de José Tomás ofrece, esta
vez sí, una sensación de orfandad, de torero desprotegido ante la naturaleza
como el escalador que se encarama a la cima más alejada e imposible sin
oxígeno, sin un arnés al que sujetar su esperanza existencial. José Tomás por
gaoneras es un reclamo para la muerte porque desde el tendido parece casi
un ser desasistido, un hombre solo ante el infnito, un loco genial que se
dispone a atravesar un lago helado sin apenas vestiduras.
Existe una fotografía de José Tomás en Sevilla, obra de Alberto Simón, en la
que se le ve recetando uno de estos lances en el que se demuestra lo increí-
ble del juego de contrapesos y fuerzas que se citan entre la planta del torero,
su espalda rota, el capote casi paralelo al suelo y el cuerpo por delante que
se presenta sutilmente vencido ante una embestida ensimismada y sin nada
de por medio, sólo su valor, su profunda torería, el derroche de la vida que
practica tieso como un poste, mayestático, indeleble al paso de las estacio-
nes. En este lance se recoge el toro a medida de que el capote se contrae
sobre la espalda y la mano que torea utiliza el engaño a uso de muleta. José
Tomás borda este capotazo y ha hecho de él santo y seña de su tauromaquia
y cuando no lo da a mí me parece que me falta algo.
Otro de los rasgos de su capote se defnen en el toreo por bajo, que a veces
lo prodiga con gran sabor en los lances de recibo, quizás como homenaje
a la tauromaquia de Antonio Ordóñez, que es uno de los pocos rasgos anti-
guos que me llegan al alma cuando veo a José Tomás en los ruedos. También
adivino esa generosidad estoica en las chicuelinas, que en sus manos se aro-
matizan con parecida emoción a las gaoneras por su quietud y señorío, por
el señuelo en el que se convierte su cuerpo cuando cita desde la distancia y
recoge casi en los tobillos la embestida del toro totalmente enfrontilado con
la bestia. Apenas hay recorte y el capote se abre y se cierra casi en abanico
pero sin recogerse, arropando el cuerpo del torero a medida que el animal
se enrosca tras de sí.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

263

Al fn, mi patria

El toro es para José Tomás una especie de enigma que va escrutando a lo
largo de la lidia con la mirada lenta de poeta, con sobriedad pero con
afán de superar los desengaños. Hay quien ha escrito lagos de tinta para
sostener la grandiosidad de su torpeza, yo escribo este pequeño caudal
para alimentar mi pobre espíritu con las bocanadas que me ofrece su to-
reo y declarar solemnemente que José Tomás es mi patria desde que me
levanto hasta el anochecer, en el sentido borgiano de que nadie es patria
porque todos lo somos; en el concepto descrito por Mario Onaindía de
que la patria no es el lugar donde se nace, sino donde se es libre; y yo
me siento libre cuando veo a José Tomás en ese paseíllo hacia ese infnito
que es cualquiera de sus corridas: aquella tarde de Barcelona donde es-
taba dispuesto a morirse, las de Madrid donde lo seco de su garganta me
secó la mía, o el día aterido del cuello taladrado de Jerez, o el rabo de
Granada, en el que esculpió un tetrástrofo monorrimo con la esclavina de
su capote.

Todos somos José Tomás en la plaza porque lo amamos y nos identifcamos
con un concepto que no podemos alcanzar, ni lo soñamos siquiera, pero
que nos enorgullece al recordar su mirada perdida rebozado en júbilo y
sangre con el vestido tabaco y oro destrozado de Las Ventas, hecho añicos
en Madrid, con tres cornadas en su sino salvaje de poeta vivo y redivivo... y
fue en Madrid.

Erasmo de Roterdam dijo que para el hombre dichoso todos los países han
de ser su patria, pero no le creo. No me tengo por dichoso aunque admiro y
disfruto la felicidad de cuando en vez, y quizás por eso no todos los toreros
son mi patria, ni todas las mujeres la mía, ni todos los vinos nacen en La
Pasada -ese viñedo recóndito del Monte Yerga-, ni todas las guitarras suenan
como la de Rafael Riqueni, aunque si tuviera que comparar a José Tomás con
un famenco lo haría con Camarón por esa convulsión sensorial que genera
su muñeca henchida cuando aparece el toro en sus retinas y le planta el
aliento en su costado, que diría el poeta.

m. p. a.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

264

José Tomás torea por siguiriya y su boca le sabe a sangre cuando arrastra
los pasajes de su toreo por las avenidas mexicanas, por las calles de Arnedo
atestadas, por los restaurantes de Barcelona o por las tasquitas madrileñas
que sirven callos, arroz con leche y anís del Mono.
Dicen que el torero de Galapagar se esconde tras una gorra de beisbol y
pasea antes de la corrida por las plazoletas, que sonríe con los niños y que
a veces fuma y cuenta chistes, que es humano en la lejanía del vestido de
luces, que es un caparazón con sabor a hiel, que es un escudo con el que
remontar los precipicios del alma, los temores, los desalientos.
No veo en su muleta nada más que a un hombre que anda por las azoteas
del corazón en un ritual paradójico en el que se avienen tras de sí todas las
esperanzas; José Tomás me colma y me consuela, me ofrece un sueño em-
briagador con un toreo que a veces es un verdadero ejercicio de metafísica
aplicada; es decir, de colocar todas las realidades de la vida a un envite:
«Cuando salgo al ruedo me entrego por completo y no pienso en la corrida
siguiente, ni en la próxima, pienso en ésta», dicen en ‘Cuadernos de Tauro-
maquia’ que dijo José Tomás en los prolegómenos de la corrida benéfca de
Barcelona. «Y eso me hace libre», remató el torero.
Anclado en el hoy, prescinde del mañana por la responsabilidad de colmar
lo que de él se espera en esa misma tarde. Y ¿qué esperamos de José Tomás
un día de corrida? Ni más ni menos, lo esperamos todo.
El afcionado, los partidarios suyos, acudimos a su busca empeñados en
palpar la utopía del toreo que es una moneda rara, ilusoria, huidiza en extre-
mo, una moneda que se escurre, que se intercambia de bolsillo en bolsillo
y que tiene valor no cuando se cobra o se pesa, sino cuando se comprende
en todos sus planos. El toreo es un concepto básicamente espiritual que
provoca una sensación furtiva en los sentidos pero que se rememora con las
neuronas en tiempos largos que con el discurrir de los años se engrandece
como una novela, como un poema que en cada relectura nos desvela nue-
vos y distintos signifcados, como el recuerdo de un vino que se renueva en
la memoria por la complejidad que ofrecieron sus taninos.
Cuando te atrapa y empiezas a investigar dónde radica la raíz tan conmo-
vedora de su profundidad, uno se da cuenta de que es como una cebolla
protegida en sí misma por innumerables capas. No sé cuantas existen en una
corrida, pero además de las que se palpan rápidamente y a la vista, las que
más me seducen son las que están en el tuétano mismo, las que se esconden
en ocasiones en la mirada microscópica del buen afcionado; el toreo se
cata para analizarlo como un vino, pero su intensidad dramática va mucho

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

265

más allá que el análisis sensorial, porque su esencia se deposita en ese lugar
indefnido que ocupan el alma y los sentimientos. Por eso conviene sentir el
toreo como una alegoría, como una representación carnal de la existencia
que se consume con la vida, que se confunde con ella misma en las tardes
en las que torea José Tomás. Por eso son un acontecimiento tan difícil de de-
fnir como de superar, un acontecimiento que mueve corazones más allá del
toreo: José Tomás es poesía y mecánica, rudimento de las palabras, sensacio-
nes que escapan de lo determinado para aguijonear los sentidos hasta llegar
al éxtasis físico de la perturbación: como espectador sufro y me emociono
contemplando su parsimonia pero también me pregunto por cuestiones de-
rivadas de la trascendencia de su entrega, del morbo que también habita en
mí, en mi piel y en mis instintos, porque muchas veces cuando lo veo sufro y
sudo, se me acelera el corazón y provoca cumbres de intensidad parecidas a
otras cumbres vitales de mi existencia,
salvando las distancias y admitiendo
sin reparos que nada es comparable
al fulgor de una embestida negra en
el agujero circular de un ruedo, el lu-
gar más solitario e ignoto de nuestro
universo cuando se queda un hombre
consigo mismo y frente al toro.
Otra paradoja, un hombre rodeado
de hombres en un círculo que no tie-
ne fnal ni escapatoria, un círculo que se encierra en sí mismo en una mul-
tiplicación inexacta de aros donde se coloca la platea para observar lo que
sucede dentro. El afcionado como observador necesario para cumplir el
rito: se torea en soledad pero se torea para que a uno lo vean y lo compartan,
como se comparte un poema o se bebe un vino. Todo tiene sentido para que
el espectador deguste la obra en un suspiro. Un muletazo es siempre un re-
cuerdo indeleble; se ve y ha pasado, se consuma pero ya no existe, igual que
un sorbo de vino que pasa por la boca e inunda el paladar para convertirse
apenas un segundo después en memoria a la que evocar para revivir una
parte de aquella intensidad evidente, dramática y sentida apenas segundos
antes de convertirse el sol en sombra, en infnita sombra, pero en sombra al
fn y al cabo.

Decía que mi patria es José Tomás y eso exige rebelarse siempre con uno
mismo, cuando escribe, cuando se levanta por las mañanas para vencer la
pereza e incluso cuando sueña, porque como me confesó un día en una

justo rodríguez

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

266

entrevista Vicente Amigo, José Tomás es el torero de los sueños. Y Vicente,
que es un guitarrista heterodoxo, comprometido y con múltiples ribetes de
genialidad, me reconoció la infuencia del toreo de José Tomás en su proceso
creativo: «Me ha aportado mucho dolor», me dijo; pero también me habló de
«sus formas». Ah, amigos, esto es maravilloso. ¿Qué puede aportar el toreo a
la música? ¿Qué formas? ¿Qué dolor es ese al que se refere Vicente Amigo?
No estoy muy seguro de ser capaz de describir cómo ese océano del toreo
puede evidenciarse después en un compás musical, aunque sí estoy plena-
mente convencido de que la creatividad se traslada de manera absolutamen-
te inmarcesible entre los diferentes artes y que existe un lenguaje -para nada
convencional- que fuye entre la música y los toros, un tiempo, un sentido
rítmico del desmayo y de la profundidad evidente y legítimo.
Desde siempre se ha visto cómo se intercambian jerarquías y modelos
entre el cante y el lance, pero me temo que no es sólo una asociación casual
de palabras y conceptos tales como temple, compás, hondura, quejío, man-
sedubre...; o una asociación de familias y de dinastías, de personajes y crea-
dores. No, va mucho más allá porque expresa una espiritualidad compleja,
un sentimiento artístico y humano raro, arqueológico y muy restringido que
subyace entre ambas expresiones.
Luego, los hombres han creado la etimología para descifrar esas corrientes
y nos han demostrado que han surgido las palabras no sólo por asociación
de conceptos y símbolos, han surgido para expresar esa íntima similitud que
existe entre el cante y la lidia, entre el misterioso compás de una rondeña y
un natural ronco de torero serrano, entre la precisión descriptiva del dolor
amargo de un silencio y la trágica soledad de un diestro en el desierto deso-
lado y fatal del ruedo.
El famenco expresa un dolor y el toreo profundo sale del alma, es impo-
sible la verónica pulida de Rafael de Paula sin comprender ese dramatismo
barroco e integral de su personalidad famenca, de su rima acentuada con el
diapasón de un compás gitano que tan claramente se adivinaba en sus rodi-
llas al aposentar su cuerpo para torear con el capote, meciendo la tela como
El Torta templa la garganta, como Manolo Caracol se iba por fandangos que
se rebelaban contra sí mismos, o el llanto de Camarón al elevar su deliciosa
voz evocando el arte y la majestad de Curro Romero.
Hasta la impotencia del torero tiene similitudes con el no llegar de un
cantaor cuando se le rompe la garganta al no alcanzar el tono perseguido.
Hay un discurso famenco misterioso y oscuro y un toreo hacia los adentros
que comparten el mismo mecanismo, un toreo dicho para uno mismo, un

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

267

toreo negro que se canta casi en silencio y que no pretende que se sepa de él
porque subyace donde casi nadie puede llegar, es el famenco absorto como
el toreo absorto. Pero también se puede torear por alegrías, con ese compás
gaditano que huele a azahar, que lleva la luz prendida en las zapatillas y
que se rezuma en esas tardes de poniente limadas por la brisa azul del At-
lántico andaluz, la misma brisa de las bodegas de Jerez, la que se recoge en
los alberos donde descansan las soleras y se adormecen moléculas de uvas
centenarias.

Se torea sonriendo y se canta también a un paso de la mueca, aunque me
interesa más ese dolor de dentro, ese llanto que no se puede borrar y que
gravita de la muleta de José Tomás al eco profundo de Vicente Amigo de una
manera relativa pero evidente: es un camino de doble sentido, un trayecto
que carece de eufemismos y que se escucha con la aorta embravecida. El
toreo lacera el espíritu y provoca una sensación misteriosa de duelo y José
Tomás es la mayor evidencia de ese misterio: tanto poder, ese sobrenatural
arrojo suyo que nos conmueve porque apenas lo entendemos nos deja des-
nudos del todo cuando lo vemos a merced del toro como un despojo derra-
mado por el suelo en los instantes de la cogida.
El héroe parece que se desvanece. El ser, al que casi hemos tratado de so-
brenatural por su capacidad increíble para recrecerse en los retos del toreo,
se nos aparece un segundo después como el individuo más frágil del univer-
so, como el más necesitado, tirado ahí, como una colilla, como un pañuelo
olvidado en una estación de tren. Es apenas un segundo lo que dura la ima-
gen postrada del mito, pero es un segundo con aroma a eternidad en el que
no se sabe si ha vencido la muerte a la vida, un segundo que encierra todas
las paradojas, un segundo, acaso menos, en el que asoman todos los temores
que alberga el alma. Y ése es el dolor que destroza a Vicente Amigo, que me
destroza a mí; la brutal realidad de que al más vivo de todos los toreros le
haya vencido la muerte misma a la que sólo él mira a los ojos.
Y es un dolor hondo, un dolor que parece un precipicio, que se encarama
por las paredes de los rascacielos con el rumor de una tormenta de viento
helado, de ese viento que lacera la piel, que arrebata de sensibilidad nuestra
epidermis. No hay dolor más grande que la revelación de su muerte, que
la posibilidad intacta de un mito caído por haberlo hecho para nosotros,
espectadores de la muerte silenciosa, pacientes del espanto, aduladores de
la desesperanza. Nosotros que bramamos con su toreo morimos un poco
con él cuando le hieren porque José Tomás, en el fondo, es el refejo de lo
que quisiéramos ser y no alcanzamos. José Tomás como meta, como refu-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

268

gio y como esperanza. Ése es el dolor que embarga a Vicente Amigo y con
ese malestar se regenera el artista creciendo y creando, imponiéndose un
catálogo de formas -las formas de José Tomás- que no son arabescos, que
tampoco son partituras y que él es capaz de refejar en visiones de sí mismo
tales como la increíble e iluminada rondeña llamada ‘Ventanas al alma’,
editada en 1996, precisamente el año de la alternativa mexicana del maes-
tro, o ‘Campo de la Verdad’, esa bulería inmensa que le dedicó y en la que
evocando el lugar de los duelos de su Córdoba, la vida y la muerte otra vez,
refejaba lo que sentía por José Tomás, por su dolor épico, por su conciencia
arrebatada y soñadora.
Y es cierto que José Tomás no ha sido el inventor de las cornadas, pero no
es menos verdad que la sucesión de momentos trágicos de las temporadas
de 2007 y 2008 asimiló su imagen a la del torero escarnecido, torero gore
lo llamaron los ilusos, los que habían olvidado que la lidia tiene vocación
de precipicio, que colocarse delante de un toro implica esencialmente el
riesgo de la aventura, de encaminarse en un trayecto que tiene un destino
indeterminado. Y ¿qué papel juega el miedo?, me pregunto, el miedo del to-
rero y el miedo que genera en los tendidos. El miedo que yo siento lo tengo
muy claro porque es una percepción mía, una percepción que recorre mis
neuronas como efecto solidario con el torero que arriesga su existencia; y
aunque es un miedo ajeno lo hago mío, lo comparto pero sin riesgo, y de
alguna manera, también lo busco.
Según Rush W. Dozier, autor del libro ‘Fear Itself’, existen tres sistemas
en el cerebro humano para reaccionar ante el miedo. El primero es el pri-
mitivo: todo animal cuando se siente frente a un peligro elige una de estas
dos opciones: huir o pelear. Ésta es una reacción que está en la base de to-
das nuestras singularidades ante el miedo, y se encuentra presente en todas
especies. Este sistema funciona fuera del control de la conciencia cuando
nuestro cuerpo detecta el peligro de manera automática. De hecho, mucho
antes de que nosotros nos demos cuenta de lo que puede suceder, este sis-
tema decide si lo que percibe del exterior es algo que representa peligro. Si
intuye que hay peligro, se dispara la respuesta de huir o pelear. El segundo
sistema es el miedo racional, mucho más lento y elaborado porque analiza
en profundidad toda la información que recibe. Evalúa metodológicamente
la naturaleza de un miedo específco, y analiza las diferentes posibilidades
y opciones, incluyendo otro tipo de respuestas más complejas que las res-
puestas básicas de huir o pelear. Por ejemplo, puede intentar engañar en
lugar de huir, o en lugar de pelear puede intentar negociar. El tercer sistema

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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esteban pérez abión

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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del miedo se asienta en la conciencia misma y actúa como mediador entre
los confictos que se generan, entre la emoción y la razón. Tiene, entre otras
cosas, capacidad para detener la respuesta primitiva y su estructura resulta
complejísima. Algunos autores sostienen que la mente propensa al miedo es
la mente que visita la emoción mucho más que la razón.
En una entrevista, José Tomás le confesó a Joaquín Sabina: «Tengo miedo,
soy un ser humano y he pasado mucho miedo». Obviamente, el mecanismo
interior que se genera en un torero está en relación con la conciencia y con
las múltiples estrategias que posee para disipar gran parte de los temores con
cualidades tan importantes como la técnica, que es una herramienta funda-
mental, la concentración y el convencimiento. Yo no he tenido la oportuni-
dad de conversar con José Tomás sobre este extremo, pero sí lo he podido
indagar en el caso de Diego Urdiales, que comparte muchas afnidades con
el concepto de José Tomás y que ha sido uno de los pocos matadores que
yo conozco que ha sobrepasado en varias ocasiones esa raya que delimita
la vida y la muerte, esa frontera que muy pocos elegidos pisan y atraviesan
a sabiendas de que al otro lado era casi inapelable la cornada, el coqueteo
sincero con la muerte. Quizás la tarde más alucinante en ese sentido en la
vida del riojano sucedió en la última corrida de la Aste Nagusia de 2009,
cuando se jugó la vida «como un perro» ante un gigantesco Victorino al que
fue capaz de arrancarle materialmente una oreja tras una faena de propor-
ciones míticas: «Claro que pasé miedo, pero estaba convencido de lo que
tenía que hacer y de que podía hacerlo. Superar el miedo es muy difícil, pero
yo lo logro a base de mentalización, de pensar mucho, de racionalizar todo
lo que sucede con el toro desde que aparece en el ruedo».
El mozo de espadas de Diego Urdiales me comentó unas jornadas des-
pués, en un hotel de Valladolid, que el torero aquel día no había probado ni
una gota de comida, apenas algo de agua y poco más. Sin duda era el miedo,
un miedo que se multiplica en dos vertientes: la responsabilidad de estar a la
altura que uno mismo se ha impuesto en una plaza de tan singular categoría,
y el miedo físico a la cornada, a jugarse la vida en defnitiva. El primero es
el que mejor se lleva porque se sintetiza a través de la concentración física y
psíquica, a veces con esas rutinas que imponen los toreros en su preparación
-dentro o fuera de la temporada- y que Salvador Boix un día me describió
de la siguiente manera a través de su percepción personal: «Cuando José To-
más se introduce defnitivamente en la liturgia de cada corrida todo cambia,
cambia la cara, cambia el gesto, cambia la tensión muscular y a medida que
se va vistiendo de torero cambia casi la persona, como si se agigantara».

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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La cornada de Aguascalientes

José Tomás ha puesto un punto y seguido a su carrera con la decisión que
anunció a principios de junio de cortar la temporada como consecuencia
de la cornada que recibió en la plaza de toros mexicana de Aguascalientes
el 24 de abril de 2010 y que estuvo a punto de costarle la vida. Llegaron
noticias terribles de México; desde Aguascalientes, donde a José Tomás un
toro le reventó la pierna izquierda. El primer esbozo de parte hablaba de la
femoral y la iliaca laceradas, de litros de sangre derramados por el ruedo,
por el callejón, por la enfermería... José Tomás se debatía en la madrugada
española entre la vida y la muerte; y cuando un torero, el que sea, sufre
algo así, todos nos debatimos con él en estos momentos terribles. La noticia
había desvelado una noche plácida de primavera en España, y José Tomás,
el más grande de cuantos matadores he visto, se peleaba en un quirófano
contra todas las pesadumbres. Me sentía herido como él, como José Tomás,
aunque acabara de desayunar un vaso de leche con galletas. Tenía dentro de
mí todas las angustias, todos los miedos, todos los precipicios que él y sólo él
había sabido sortear como nadie en tardes en las que había resuelto nuestros
corazones con la singular precisión que adorna su muleta. No tenía palabras
para expresar lo que sentía, lo que me dolía el alma, lo que me quemaban
las entrañas a pesar de que había más que un océano de por medio, a pesar
de que el rumor de su dolor salpicaba noticieros y periódicos. José Tomás se
deja el alma cada tarde, cada mañana, cada anochecida cuando torea y por
eso me plegaba una vez más a la ternura dramática de su mensaje.

Las primeras noticias

Así informaba de la cornada el portal Burladero.com. «El diestro José Tomás
ha salvado literalmente la vida esta pasada madrugada española tras recibir
en la plaza mexicana de Aguascalientes una gravísima cornada, una de las
más fuertes de toda su carrera si no la más importante, a cargo del segundo
toro de su lote de Santiago, de nombre Navegante, en un remate del diestro

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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de Galapagar con la mano izquierda. La cornada le partió el paquete vascu-
lar de la pierna, rompiendo la vena femoral y la arteria iliaca y contundiendo
la safena. Fue tal la gravedad de la cornada, que los doctores del equipo
médico del coso hirdocálido, encabezados por Carlos Hernández Sánchez
se vieron obligados a pedir donantes de sangre del tipo OHR Positivo por la
megafonía de la plaza mientras la angustia y las noticias contradictorias so-
bre el estado del torero tomaban el mando: ‘Se llevó todo el paquete femoral
la artería y la vena iliaca. Lograron controlar la hemorragia y colocaron un
by pass, pero está grave’, declaraba a los micrófonos de Formato 21 de Gru-
po Radio Centro, el doctor Uribe Camacho. ‘Todo el equipo de Aguascalien-
tes ha estado trabajando y hasta el momento le ha salvado la vida’, agregó
el médico, hecho que afortunadamente se ha confrmado tiempo después y,
según ha confrmado a este medio el entorno del torero, la vida de José To-
más defnitivamente ya no corre peligro después de que, tras una primera in-
tervención en la plaza, fuera trasladado a un centro hospitalario de la ciudad
mexicana. La cornada penetró unos diez centímetros en la pierna izquierda
y el torero recibió la transfusión de hasta 8 litros de sangre (cuando el cuer-
po humano tiene alrededor de 5) y la intevención quirúrgica ha durado tres
horas y media, según palabras de su apoderado, Salvador Boix».
En el festejo, segunda corrida de toros de la Feria de San Marcos, José
Tomás había paseado una oreja de su primer toro. Rafael Ortega estuvo muy
voluntarioso y se llevó palmas; Octavio García El Payo reapareció y mostró
su disposición con los dos toros de su lote, y la corrida de Santiago tuvo sus
complicaciones.

Los teletipos del susto

Las agencias siguieron enviando sus crónicas a España, aunque después se
confrmó en el parte que las heridas no eran exactamente las que se dijeron
en el primer momento: «el diestro español José Tomás, que resultó gravemen-
te corneado en la plaza de Aguascalientes, ha experimentado una ‘discreta
mejoría’ según el último parte médico. Aunque la circulación en sus piernas
es normal tras lograr construirle los doctores la vena y arteria femorales, sus
condiciones son ‘muy delicadas’, pero no se teme por su vida, han agregado
los sanitarios en rueda de prensa. El torero ‘dentro de la gravedad, está esta-

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

273

ble y está reaccionando bien’ tras la operación a que fue sometido la pasada
madrugada, ha declarado a la prensa su apoderado, Salvador Boix. El diestro
madrileño fue sometido a una operación de tres horas y media que realizó el
cirujano vascular Alfredo Ruiz, a quien apoyaron los médicos de plaza Car-
los Hernández y Enrique González Cariaga. La cogida de José Tomás ocurrió
durante la lidia del quinto toro, de la ganadería mexicana de Pepe Garfas. El
torero perdió mucha sangre por lo que se solicitó por megafonía en la plaza
que quienes tuviesen su mismo grupo sanguíneo donasen sangre. El diestro
está muy vinculado a la localidad de Aguascalientes, donde hace unos años
se compró un rancho y en donde ya ha toreado en varias ocasiones. José
Tomás, que tomó su alternativa en México, ya sufrió otra gravísima cogida
en 1996 en la plaza de Autlán de la Grana, en el estado de Jalisco, en la que
también perdió mucha sangre y necesitó varias transfusiones».

A las puertas de la muerte

El médico aseguró entonces que la decisión de intervenirlo en la propia
plaza, donde le aplicaron suero y le transfundieron la sangre, salvó la vida
de José Tomás, que llegó a la enfermería «muy tranquilo» y eso ayudó «mu-
cho» a todo el equipo médico. Tras la intervención quirúrgica, que concluyó
sobre las 00.15 horas (05.15 horas GMT) había que esperar la evolución
del paciente y para ello serían importantes las siguientes 72 horas ante el
riesgo de que surgiesen complicaciones. Otro de los doctores que operó al
diestro, Carlos Hernández, expplicó a los periodistas que era «la cornada
más grave» que había atendido el equipo médico de la plaza, incluida la
«impresionante» cogida que sufrió en el pecho el novillero Jairo Miguel unos
tres años antes. Los médicos se mostraron confados en la recuperación de
José Tomás, así como en su juventud y vitalidad, aunque aún podían surgir
complicaciones en su estado.
El morlaco le había avisado dos veces anteriormente con sendos extraños,
aunque el diestro, fel a su estilo, insistió en su faena hasta que a la tercera
fue prendido en el muslo izquierdo de forma seca. A pesar de la rapidez en
trasladarlo ante los médicos, en el lugar de la cogida dejó un gran charco
de sangre, así como en todo el recorrido hacia la enfermería, donde fue
estabilizado.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

274

Mejores noticias

Pocas horas después empezaron a llegar noticias más tranquilizadoras: José
Tomás había empezado a respirar por sí solo y a responder a los estímu-
los, sólo un día después de la grave cogida sufrida en la Plaza de Toros de
Aguascalientes, como dijo a Efe Juan Carlos Ramírez, uno de los médicos
que atendía al torero. «Entiende muy bien todo lo que se le dice, trabajamos
así desde el mediodía y también es capaz de respirar por sí solo aunque
se mantiene un protocolo mixto», dijo el médico a las 22.00 horas locales
(3.00 horas GMT del lunes 26 de abril). La evolución del estado de salud
del matador madrileño también fue confrmada por su apoderado, Salvador
Boix, quien, un poco más tranquilo tras la tensión de las últimas horas,
califcó de «excelente» esa «mejora sustancial». «Estamos muy, muy, muy
contentos», confesó Boix, quien justifcó dicha alegría en que habían sido
momentos «muy chungos» en los que el torero lo había pasado mal. Pero
miramos para adelante, no para atrás y las cosas están funcionando muy
bien, añadió.

Aunque no había podido entrar aún en la habitación del torero, los médi-
cos le habían dicho que se decidió retirar la sedación «muy lentamente» y
que se comunicaba ya «algo», aunque aún no hablaba porque permanecía
intubado. Boix añadió que el equipo médico que atendía a José Tomás ha-
bía defnido su evolución como «óptima» y «sorprendente», aunque expli-
có que, como se comprueba cada vez que hay una cogida, los toreros «son
así» y se recuperan a una gran velocidad. Respecto a la polémica por el
estado de la enfermería de la plaza de Aguascalientes, refrió que «no es el
momento de hablar de eso y tiempo habrá para analizarlo», aunque añadió
que las instalaciones eran «sustancialmente mejorables» y que se trata de
asuntos que hay que hablar «porque son temas muy serios que no afectan
sólo en este caso».
El caso es que José Tomás estaba vivo de milagro. Las informaciones tran-
quilizadoras que llegaban desde el Hospital Hidalgo de Aguascalientes
(México), donde permanecía ingresado en la UVI, desvelaron que el diestro
estaba totalmente fuera de peligro y que había sorprendido a los médicos
por una positiva evolución que le permitió departir e incluso bromear con
su seres más allegados. Sin embargo, sólo la pericia y la profesionalidad
del cirujano Alfredo Ruiz Romero impidieron que el torero de Galapagar
muriera desangrado en el interior de una enfermería que no disponía del mí-
nimo instrumental necesario para atajar semejante cornada. El torero perdió

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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más de la mitad de su sangre en pocos minutos y cuando lo extendieron en
la camilla su propio hermano le quitó el vestido con unas tijeras mientras
seguía brotando la sangre de la brutal herida como un surtidor. El diestro,
que había entrado en estado de shock en el callejón, se recuperó al llegar
a manos de los doctores. Pero allí no había ni oxígeno ni pinzas. De nuevo
perdió la consciencia y ante tal situación, el doctor Alfredo Ruiz decidió
estabilizarlo allí mismo (es decir, abrir en vivo la pierna izquierda y pinzar
sus vasos femorales, arteria y vena). Con dicha maniobra se logró parar la
hemorragia que estaba sufriendo el matador, que llegó a perder unos cinco
litros de sangre. El doctor Ruiz comentó a diversos medios que José Tomás
llegó a la enfermería tranquilo y que en varias ocasiones le preguntó: «¿Qué
es lo que tengo?, doctor». Una vez detenida la hemorragia, se le trasladó al
hospital más cercano en ambulancia, con los doctores sujetando la herida
para evitar nuevas pérdidas. Allí pasó de forma inmediata al quirófano en
una operación de casi cuatro horas en la que, entre plasma, suero y sangre,
se le trasfundieron once litros».
El coso de la ciudad Hidrocálida es una plaza monumental que afora más
de 16.000 espectadores y es propiedad de la inmensamente rica familia
Bailleres y sorprende que albergando una de las ferias más importantes de
México la enfermería se encontrara en tan lamentables condiciones. Fernan-
do Ochoa, torero mexicano y amigo de José Tomás, dijo que había hablado
con el presidente de la Asociación de Matadores para pedir responsabilida-
des. El torero hizo gala en la enfermería de una enorme sangre fría a pesar
de que se moría. «Nos ayudó mucho», reconoció el propio cirujano. Alberto
Elvira, amigo de José Tomás desde hace tiempo y apoderado de El Payo, uno
de los diestros que actuaban en el coso hidrocálido, saltó al ruedo al ver la
cornada y fue uno de los encargados de trasladar al herido a la enfermería.
En una entrevista relató que en el traslado «lo único que dijo, con sangre fría,
es que no pasaba nada, que estuviéramos tranquilos y que no corriéramos.
Luego ya perdió el conocimiento». En la enfermería la situación fue dantesca
y como reconoce otro torero y amigo de José Tomás, Fernando Ochoa, que
permaneció a su lado durante la milagrosa estabilización, el matador de Ga-
lapagar estaba muy calmado: «Me decía que le dolía la pierna, sólo eso». El
doctor, que abrió sin anestesia, también destacó la sangre fría de José Tomás:
«No cabe duda que su enorme tranquilidad nos ayudó mucho».
Los facultativos también señalaron la actuación del banderillero Diego
Martínez, ya que al levantar al diestro de la arena «metió la mano en la pier-
na de José Tomás y le taponó directamente la hemorragia». El padre de José

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Tomás permanecía fuera, junto al apoderado Salvador Boix, y manifestó su
incredulidad ante lo que estaba viviendo: «No tenían ni tijeras para quitarle
el vestido. Fue muy duro».
José Pedro Orío, el empresario riojano amigo de José Tomás y la persona
que lo trajo a Arnedo en marzo, estuvo a punto de ir a esa corrida: «Al f-
nal no pude, pero he estado en contacto con su gente en todo momento y
las sensaciones que tuvieron la noche del sábado al domingo es que José
Tomás se moría. Afortunadamente se está recuperando, pero parece increí-
ble que una plaza tan importante carezca de los medios necesarios en la
enfermería».

La cornada de Aguascalientes desde una perspectiva riojana

Nunca se podrá saber a ciencia cierta lo que hubiera sucedido si el toro
Navegante de la asaltillada ganadería de De Santiago le hubiera propinado
la cornada a José Tomás en un coso taurino de La Rioja, pero está claro que
las cosas hubieran sido muy diferentes, porque los protocolos de actuación
de los médicos españoles son muy distintos a los mexicanos y porque si el
percance hubiera sucedido en La Ribera, el diestro después de haber sido
estabilizado se le hubiera intervenido en el quirófano de la misma plaza,
tal y como sucedió con los tres matadores que han sido operados en el
nuevo coliseo desde que fue inagurado en 2001: Víctor Puerto, Domingo
López Chaves y Miguel Abellán. Miguel Fernández, cirujano de las plazas
de Logroño, Haro y Calahorra -entre muchas otras-, asegura sin ambages
que «materialmente en nuestra comunidad se puede afrmar que existen
todos los medios necesarios para atender a un torero en un percance de
estas características». En el caso de la cogida de José Tomás, la fuerte he-
morragia, su brutal relevancia mediática, la lejanía y las declaraciones de
personas de su entorno generaron una fortísima convulsión informativa a
la que se unió la posible precariedad de la enfermería -no confundir con
un quirófano-, los protocolos médicos, y las peticiones que se realizaron
por megafonía para pedir sangre para el matador herido. Un gran lío. Sí,
pero con el torero, afortunadamente, vivo y recuperándose para volver a
los ruedos.

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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Otra cosa que diferencia las prácticas españolas de lo que realizó el equi-
po médico que trataba a José Tomás en Aguascalientes es la emisión del
parte facultativo. En Logroño se ofrece al acabar la operación y en Madrid,
por ejemplo, se coloca en un anaquel en la puerta de la enfermería lo más
rápido que se puede. En el caso de la cornada al torero de Galapagar, tardó
la friolera de cinco días y estaba redactado en estos términos: «Herida en
la cara interior del tercio superior del muslo izquierdo, de unos veinte cen-
tímetros y varias trayectorias, que interesó piel, tejido celular subcutáneo,
masa muscular, seccionando la arteria femoral profunda, lacerando la arte-
ria femoral superfcial y la vena femoral. Fue estabilizado en la enfermería
de la Monumental de Aguascalientes y trasladado al Centro Hospitalario Mi-
guel Hidalgo para ser intervenido. Se realizó reparación de los vasos lesio-
nados, así como la reconstrucción de los tejidos blandos afectados. Ingresó
al área de terapia intensiva, donde permaneció 72 horas, y posteriormente
fue trasladado a planta. La evolución del paciente está siendo muy satis-
factoria. Su pronóstico es reservado, y salvo que surjan complicaciones, se
estima que tardará en sanar unos quince días». Al respecto, Miguel Fernán-
dez asegura: «Sin contar con un parte médico fdedigno, no se pueden sacar
conclusiones concretas, pero se me pusieron los pelos de punta al escuchar
informaciones en las que se decía que se pidió sangre por la megafonía».
Según el cirujano de la plaza de La Ribera, «la transfusión de sangre es un
acto clínico muy complicado que exige la realización de pruebas cruzadas
y la posibilidad, si se realiza directamente, de transmitir alguna enfermedad
de carácter infectocontagioso».
El doctor Fernández subraya que «incluso cuando necesitamos sangre en
nuestros propios quirófanos, pasa un tiempo prudencial en el que se realizan
este tipo de pruebas de compatibilidad». Además, sobre las transfusiones, el
doctor Fernández explica que «existen soluciones que reexpanden la vole-
mia -volumen total de sangre circulante en un ser humano- y que pueden
sustituir temporalmente la transfusión». El facultativo destaca que se trató de
una herida «muy sanguínea» y que la actuación de los médicos mexicanos
consistió en estabilizar al herido; cortar las hemorragias y después trasladar-
lo al hospital para realizar la intervención.

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Y en La Rioja qué...

Pero, ¿en qué condiciones se encuentran las enfermerías de las plazas de
toros de La Rioja? La verdad es que la respuesta es más que satisfactoria.
Desde abril de 1991 se considera infracción muy grave el incumplimiento
de las medidas sanitarias o de seguridad exigibles para la integridad de
cuantos intervienen o asisten a los espectáculos taurinos. De hecho, todas
las plazas deben disponer de un servicio médico-quirúrgico próximo al re-
dondel y con el acceso más directo e independiente que sea posible. Los
servicios permanentes (con locales fjos) incluyen: sala de reconocimiento
y curas, sala de esterilización y lavado, quirófano, sala de recuperación y
adaptación al medio y aseos. Los servicios móviles precisan de un local,
construido, prefabricado o portátil, y su equipamiento y características de-
penden del jefe del servicio. Dependiendo del tipo de festejo y de la edad
de las reses (mayores o menores de dos años), dicho facultativo será el res-
ponsable de determinar las necesidades del material, instrumental y medi-
camentos. El equipo de médicos que se desplaza a una plaza riojana consta
de un cirujano jefe, otro cirujano ayudante, un anestesista reanimador y un
médico. Aunque en el caso de novilladas sin picar se reduce a un cirujano
jefe y un ayudante.
La enfermería de la plaza de Logroño cuenta con quirófano, sala de recupe-
ración y de curas, lavabos quirúrgicos, además de sistema de gases centrali-
zado con aire acondicionado en todas las dependencias e incluso un cuadro
eléctrico con instalación generadora auxiliar. En Calahorra las dependencias
se encuentran adecuadas en gran parte a las necesidades, aunque se trans-
porta el material médico y anestésico. La enfermería de Haro tiene defectos
de localización por la proximidad con los corrales, se transporta el material
médico-quirúrgico y se complementa con una evacuación por medio de
una UVI-móvil con soporte vital avanzado. El Arnedo Arena, la plaza más
nueva de todas, está muy bien dotada con un quirófano rescatado del viejo
Hospital San Millán de Logroño.
La cornada más grave en La Rioja fue la sufrida por José Antonio Cam-
puzano en Calahorra en 1984. El cirujano fue Antonio Domínguez, que
relataba así en Abc la gravedad del caso: «El toro lo prendió por la ingle,
pero no nos dimos cuenta de la tremenda gravedad. Entró a la enfermería
en muy buen estado y quería volver al ruedo, pero al quitarle la ropa y
proceder a la exploración del abdomen vimos una hernia visceral que sin
duda demostraba que el pitón había penetrado en la cavidad abdominal.

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Como la operación iba a ser muy laboriosa, trasladamos al torero a la clí-
nica Los Rosales».

Domínguez hizo un gran trabajo y Campuzano reapareció en San Mateo.
Calahorra fue escenario de la primera gran cornada de El Juli, el 30 de agosto
de 1999. La cogida se produjo en el sexto toro de la tarde y afectó a la región
posterolateral del muslo derecho, con dos trayectorias, una de veinte cen-
tímetros y otra de diez. Fue atendido en la enfermería del coso por Miguel
Fernández, quien declaró que «en el sopor de la anestesia, El Juli no paraba
de decir que quería ser el número uno». Posteriormente, fue trasladado al
Hospital San Millán. En la nueva plaza de Logroño ha habido tres matadores
heridos por asta de toro y operados: Víctor Puerto, Domingo López Chaves
y Miguel Abellán. Sin embargo, Miguel Fernández recuerda cómo la cogida
más dura fue la que sufrió un monosabio en una corrida con toros de Alfonso
Navalón en Haro a principios de los años noventa.
Explica Miguel Fernández, cirujano de la plaza de toros de Logroño, Ca-
lahorra y Haro y que ha intervenido a diestros como El Juli, Miguel Abellán,
Víctor Puerto o Domingo López Chaves, que existe una curiosa paradoja:
«Las enfermerías mejor montadas son las que tienen un hospital de referen-
cia cerca. De hecho, todas las enfermerías que se montan en plazas fjas se
adaptan al festejo y a sus necesidades, e incluyen la existencia de un sistema
de evacuación con soporte vital avanzado». El doctor Fernández sostiene
que en ocasiones «existe cierta despreocupación, desde el punto de vista
empresarial en cuanto a la modifcación de espacios y mejoras en depen-
dencias y servicios, tanto por la temporalidad de las empresas taurinas como
por la poca receptividad de los ayuntamientos». Otra cuestión que destaca
el cirujano logroñés es que es costumbre en España -avalada con mejores
resultados- la asistencia en el quirófano. Por el contrario, «en Francia y en
muchos países hispanoamericanos predomina una reanimación del paciente
y un posterior traslado al centro hospitalario. Pero el tratamiento, tanto en las
permanentes como en las temporales o móviles (sobre todo en estas últimas),
se basa en una correcta estabilización del trauma inicial, con una posterior
evacuación al hospital de referencia». Eso sí, Fernández asegura que «por
muchos medios que existan, hay varios tipos de cornadas o traumatismos
que pueden desembocar en una muerte inmediata», tal y como le sucedió a
Manuel Montoliú en Sevilla o a El Yiyo en Colmenar, donde el cuerno llegó
al corazón y causó heridas irreversibles.

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José Tomás o el compromiso más revelador

Una cornada a un torero no supone ninguna novedad; es el tributo que se
paga al ponerse delante de un animal al que se le arrebata la vida. En esta
ocasión fue José Tomás en México, en Aguascalientes; donde estuvo a punto
de perder su vida como le pasó en Autlán de la Grana (Estado de Jalisco) en
1996, tarde en la que recibió la herida más fuerte de su incipiente carrera
y en la que sufrió varias paradas cardiorrespiratorias. José Tomás es el más
entregado de todos los matadores y cuando sale al ruedo es tal su compro-
miso que nunca sabe qué va a acontecer, qué le va a deparar su apabullante
entrega.

En Arnedo era impresionante su concentración absoluta antes de realizar
el paseíllo: su mirada cerrada, su fgura aparentemente inaccesible divisando
en el horizonte de la plaza todo ese manantial de sensaciones que han de
aforar cuando se es consciente del paso que se va a dar. José Tomás es el
toreo, su versión más depurada; por eso subyuga, por eso nadie es capaz de
descifrar hasta dónde es capaz de llevar su compromiso. Unos días antes de
su última corrida en México, el Príncipe de Galapagar, como le llaman en
aquel país, organizó un acto para presentar un convenio de su fundación por
el que ha entregado 500 becas para estudiantes mexicanos de Bachillerato.
En Barcelona toreó seis toros gratis para ayudar a diferentes organizaciones
benéfcas; además de promover concursos de redacción contra la violencia
de género. José Tomás es la expresión de un artista comprometido con su
tiempo, por eso su arte es espiritual.

«No me puedo sentir más mexicano»

José Tomás aseguró que no se podía sentir «más mexicano y más agradeci-
do» tras recibir el alta médica y abandonar el hospital de Aguascalientes en
el que estuvo ingresado tras sufrir la cornada. En un breve discurso leído en
presencia de familiares y amigos, el matador dio las gracias a los médicos
que le salvaron la vida, a la afción mexicana y española, que habían esta-
do pendientes de su salud, y a la Virgen de Guadalupe. «Gracias México»,
añadió José Tomás al dejar el Hospital Miguel Hidalgo: «Soy consciente de
que hoy estoy aquí gracias a esas manos tan oportunas que en el ruedo ta-

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poyatos

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ponaron mi herida, al equipo médico que me atendió (...), sin ellos no me
hubiera podido agarrar a la vida con la fuerza que me agarré, por supuesto
a la Virgen de Guadalupe», dijo el diestro. José Tomás abandonó el hospi-
tal en una silla de ruedas que llevaba su médico personal, Rogelio Pérez
Cano, en presencia de sus familiares más cercanos, amigos y algunos de
los doctores que lo atendieron, como el cirujano vascular Alfredo Ruiz y el
médico intensivista Juan Carlos Ramírez. «Hace unos días, aquí mismo en
Aguascalientes, con motivo de un acto de la fundación que presido, decía:
‘Aquí en esta tierra me hice torero, aquí recibí mi primera cornada grave,
desde entonces llevo sangre mexicana en mis venas, me siento mexicano de
adopción’, expresó el diestro. Ese discurso, agregó, «ha sido superado por
los últimos acontecimientos», puesto que tras la cornada del toro Navegante
el diestro mezcló su sangre con la tierra mexicana y después para salvar su
vida recibió sangre donada por mexicanos.
El diestro agradeció a «los cientos de hidrocálidos» (como se conoce a
la gente de Aguascalientes) que acudieron a donar su sangre para salvarle
la vida. Señaló que a partir de esta experiencia hacía un llamamiento a la
gente para que donase sangre, pues «es muy importante para la vida de las
personas». También tuvo palabras de agradecimiento para los afcionados
de España, México y de «todo el mundo» que habían estado pendientes de
su salud y habían rezado por su recuperación, así como para el personal
del hospital que con sus cuidados le hizo sentir como en casa. Además, re-
conoció el trabajo de los medios de comunicación por haber respetado su
intimidad y aprovechó para dar las gracias a sus amigos y familia. «Gracias
a todos, a todos los llevo en mi corazón», concluyó Tomás, quien recibió un
fuerte aplauso de los presentes, que lo despidieron con los gritos de «torero,
torero». José Tomás no había permanecido en el Hospital Hidalgo ni una
semana.

Según el parte médico defnitivo, el pitón le produjo una herida de unos
veinte centímetros de profundidad y el torero sufrió en la enfermería de la
plaza un choque hipovolémico «gravísimo» que puso en peligro su vida. El
equipo médico que lo había atendido repitió durante toda la semana que la
rápida recuperación del torero no dejó de sorprenderles y que nunca habían
visto nada similar.

Tras pasar dos noches en la Unidad de Vigilancia Intensiva (UVI) del Hos-
pital Hidalgo, José Tomás fue pasado a planta a última hora del lunes 26
de abril y el jueves empezó a caminar en su habitación con la ayuda de un
andador y sin sufrir excesivos dolores al apoyar su pierna izquierda.

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Julio Aparicio, el cuello atravesado; el alma, no

Las cornadas no son patrimonio de José Tomás, y si el torero de Galapa-
gar recibió una dantesca en México, en plena feria de San Isidro fue Julio
Aparicio quien sufrió otra brutal que conmocionó a todo el país. Yo no vi la
cornada en directo pero me quedé sin palabras para describir lo que sentí
cuando contemplé las impresionantes imágenes del percance. No tengo pa-
labras porque se me quedaron las manos sin dedos, el corazón sin sangre, el
cuello mismo detenido.
No tengo palabras, ni creo que nunca las vaya a tener para explicarme
lo que debe signifcar el ser torero, arriesgar la vida en cada lance, en cada
envite, casi en cada paso por el ruedo. No tengo palabras para describir lo
salvaje y cruel del toreo, su grandeza, su infnita miseria. Me sentí miserable,
me sentí roto en mi interior de afcionado por lo sublime de la entrega de
los toreros, por darse frente al toro en la máxima expresión de su ser, con
una dignidad para nada remota y mucho menos convencional. No tengo
palabras para expresar lo que admiro a los hombres que son capaces de en-
frentar la muerte cada tarde con tan hermosa majeza, con tan sutil dignidad.
«Suerte, Julio», me dije. «Y gracias por su entrega, que es toda nuestra dicha,
nuestro refugio y casi, casi, nuestra única esperanza».

Torero de vuelo mágico

«No sabía cómo explicarlo, lo que hago con los toros me sale de dentro.
Pero no soy capaz de decirte las razones. Así es porque así lo siento». De
esta manera relataba Julio Aparicio su peculiar forma de sentir el toreo
hace casi veinte años a este cronista en el patio de caballos de la plaza de
toros de Tafalla, en una temporada en la que el entonces matador revela-
ción aromatizaba los cosos del norte de España con una forma de sentir
el toreo tan especial como la magia de su encanto, como su personalidad
única. Julio, Julito, como se le conoce en el ambiente taurino, y que en
San Isidro vivió los momentos más horribles que puede padecer un diestro
en un redondel, llegaba a Las Ventas procedente Nimes, donde el jueves
había conmocionado a la afción francesa con una faena increíblemente
sentida y bella a un toro de Núñez de Cuvillo. Quizás repitió aquello que

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«me sale de dentro», aquello que no sabe explicar pero que «es así por-
que así lo siento». La gran cumbre de Julio Aparicio llegó en Madrid en
1994, merced a una actuación irrepetible a Cañero, un toro de Alcurrucén,
con la que destiló una de las faenas más bellas y desgarradas de cuantas
se recuerdan. Carlos Abella, en su ‘Historia del toreo de España y Méxi-
co’, escribió: «Personalmente creo que es la actuación más inspirada de un
torero que yo he visto en mi vida de afcionado. He visto faenas más per-
fectas, y también de más mérito, pero lo que hizo fue obra de un auténtico
privilegiado». Julio Aparicio cortó dos orejas y se colocó en la cúspide del
toreo.

Cambió de apoderados una y cien veces y, casi cuando nadie lo esperaba,
su estrella se fue apagando entre la noche de Madrid y las especulaciones.
Joaquín Vidal escribió de él en una crónica de la Feria de Abril que «para que
se estuviera quieto lo habrían tenido que atar». En 1995 toreó cincuenta co-
rridas, y sólo diez en 1998. Aparicio se perdió y estuvo durante más de una
década sin apenas torear, o con temporadas de una corrida en la que de vez
en cuando un teletipo vomitaba un fracaso o un faenón suyo en un pueblo
remoto de La Mancha o en una plaza desmontable de Jaén.
Torero guadianesco porque casi nadie sabía si estaba en activo o retirado.
Julio Aparicio no es igual a nadie y, quizás por eso, sea tan alocadamente
desigual, tan imprevisible y tan incapaz de entender conceptos tales como
la regularidad, el orden o la disciplina. Sin embargo, nadie podrá evitar que
tenga un sitio de privilegio en el toreo: su nombre habita en un olimpo don-
de muy pocos pueden estar, ése que acaparan los toreros artistas; seres a los
que no se les pide más que un suspiro, un detalle al flo de la marejada que
supone un recorte suyo, o un natural sembrado de perezosos escarceos con
el valor en una media verónica de pitiminí. El toreo de Julio Aparicio es pura
poesía sincrética, es un ejercicio de adivinaciones, de cábalas, de misterios
alumbrados por un alma, la suya, marcada por una creencia casi obsesiva en
la iluminación, en la llamada del duende antiempírico que le posee, que le
habita como buen hijo de torero y de una bailaora famenca llamada Malena
Loreto.

En una vieja entrevista aseguraba: «En el ruedo siento el miedo normal
que conlleva ponerse delante del toro y del público. No sabría decir a quién
temo más, porque el público me impone un gran respeto».

SANTÍSIMA TRINIDAD. Mi patria es José Tomás

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La recuperación

Julio Aparicio ya está en casa. Ha vencido a la muerte. Ha vencido a la peor
cornada imaginable, a la mala suerte, al derrote más seco que imaginarse
pueda. Por eso canto con estas palabras (las que el día de la corrida fui in-
capaz de pronunciar) toda la ternura de su toreo, de su propia vida. Y como
torero que es se ha sobrepuesto al peor de los destinos, burlando a la muerte
sin engañarla, mirándola a los ojos, sosteniendo un pulso infnito en el lugar
donde cualquiera de nosotros hubiéramos tirado la muleta al suelo. Él la
tomó para defenderse, pero resultó herido, no vencido, solamente herido, y
eso para un torero, para cualquier torero, es sólo un desafío más a las proba-
bilidades, a la comodidad burguesa donde nos arrellanamos los demás. Julio
Aparicio ya está en casa. Ha vencido a la muerte más espantosa. Nosotros ya
sospechábamos que los toreros tienen ese halo de inmortalidad que los hace
tan libres, tan rotundos en sus expresiones, tan poderosos de alma.

José Tomás cortó la temporada

De manera increíble, Julio Aparicio reapareció el 1 de agosto en Pontevedra;
pero José Tomás no. A través de un escueto comunicado, el diestro de Gala-
pagar anunció a principios de junio su decisión de cortar la temporada. La
razón la ofreció el doctor Rogelio Pérez Cano, que afrmaba en un parte que
el diestro «presenta un défcit neurológico y motor cuya recuperación en el
tiempo se estima que sea lo sufcientemente prolongada como para aconse-
jar la interrupción de la temporada taurina de 2010».
Antes de que sufriera la gravísima cogida de Aguascalientes, José Tomás
toreó cuatro corridas en España: en el coso de Olivenza, del que salió por
la puerta grande; en la plaza de Castellón, donde fue sacado a hombros; en
Arnedo, donde cortó la primera oreja del famante Arnedo Arena, y en Mála-
ga. En todos ellos se colgó, con antelación a los festejos, el cartel de ‘no hay
billetes’. Como siempre. Y ahora toca esperar.

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Le echo de menos maestro

Me impresiona la mirada silenciosa de unos ojos que lo han visto casi todo,
de unos ojos que no saben de tinieblas aunque hayan revoloteado con todas
las oscuridades a las que se pueda enfrentar un hombre, con todos los mie-
dos, con todas las responsabilidades absolutas.
Me seduce el rigor con el que se emplea a sí mismo, la contundencia
implacable de su entrega. Es José Tomás, el torero con el que nadie había
podido soñar porque sencillamente resulta inalcanzable su estela.
Ha cortado la temporada como consecuencia de los efectos de la brutal
cornada de Aguascalientes y la noticia ha caído como una losa de granito
entre los afcionados, entre los que le siguen por medio mundo y los que
admiramos su inmarcesible torería.
Confeso que no sé qué decir. El agujero de su ausencia es extenso, ina-
bordable, hay como un vacío en la temporada absolutamente insustituible.
Todos deseamos que se cure pronto, que su pierna izquierda se revitalice
cuanto antes, que pueda volver a torear para disfrutar de nuevo de lo magní-
fco de una tarde de toros a su lado, contemplando la forma en la que tiene
de sujetarnos cuando él se asoma a todos los precipicios.

Le echamos de menos
maestro (mucho).

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