UN AÑO CHECO 3ª temporada

SÚCUBO

Estamos reunidos. Ahora tenemos una carísima oficina alquilada en el piso más alto del más alto edificio de oficinas de Murcia. Desde aquí tenemosunas vistas privilegiadas (es difícil decir este sintagma sin reírse) sobre la ciudad. He preparado un texto para la portada de la página web: Desde una encrucijada especialmente pavorosa del siglo XX europeo, Franz Kafka nos enseñó para siempre que la vida es un juego cuyas reglas no pueden ser conocidas, pero tampoco desobedecidas. Por eso se le nombra en todos los manuales como uno de los antecedentes mayores del existencialismo occidental, por eso su oscuro retrato ilustra todas las crónicas del derrumbe del proyecto ilustrado y el descubrimiento de fuerzas ignotas (psicoanálisis, teoría de la relatividad) que gobiernan desde la parte no evidente, desde fuera de nuestra vista. Nosotros, el Club de la Tenia, no ponemos en duda esta interpretación, pero preferimos concentrarnos en el otro término: en la vida como juego. El espíritu lúdico, si bien neurótico, que anima al diseñador de la máquina de ajusticiar de En la colonia penitenciaria. El juego obsesivo, perfeccionista, del maestro de pueblo con su puzzle del topo gigante. La terquedad infantil de los protagonistas de Un artista del hambre o Ante la ley. El humor kafkiano se basa en esto, en describir con una seriedad germanófona las actitudes, de seriedad también teutónica, de unos personajes adultos pero poseídos por unos juegos que no comprenden ni pueden racionar. Al lado de la obra de Kafka, ¿qué es Matrix? La metáfora de una renuncia: la de quienes se desvinculan de una vida entendida como juego con normas ocultas y se entregan a cualquier tipo de ficción evasora, con tal de que esta ficción tenga unas normas definidas. Ésas son las auténticas píldoras de Morfeo: vida (azul) o código (roja). Neo escoge el código, una ficción bien ordenada con buenos y malos, heroicidades y cobardías, bellas Trinity y malvados agentes Smith, raza humana en peligro y ubicuos robots invasores. Se le dice todo esto es real, lo falso es lo que has dejado atrás. Y ya empieza con el kung-fu y no pregunta nada más. En ese sentido, Neo es un lotófago homérico: lo que come es código, es Tablas de la Ley reveladas o, si queréis,

superestructura en el sentido marxiano. Matrix es el sueño húmedo de todo hikikomori: genera hikikomoris a su paso y se alimenta de ellos. Los Kafka Weekends tratan de recuperar ese espíritu de entrega lúdica a un escenario adictivo y hostil, a la gramática oculta de una normativa inflexible. No se sale de Matrix sino entrando en Matrix hasta la fosa séptica, cosa que ya sabía el viejo Franz un siglo antes del estreno de la película. En esta página en que lees este texto hay un resorte, una píldora desde luego muy azul que puede llevarte a Praga uno de estos fines de semana, o no. Los motivos para emprender este viaje son desconocidos, y tampoco es fácil entrar a formar parte del pasaje. Bienvenido entonces, visitante. O no. Paulo: es una mierda, tío. A quién pijo le importa todo ese discurso filológico. Y eso de Matrix me juego el rabo a que lo has copiado de Žižek. Y todas esas metáforas y términos raros. Ya lo que nos faltaba: poner enlaces a la Wikipedia en nuestra página. Y no se habla ni de sexo ni de drogas ni de nada. Yo sinceramente, leo esto y me da la risa. No sé cómo lo veis los demás. Jesús: yo no voy a entrar en si vende o no. Bueno, sí: no vende. Pero lo de Matrix sí que me ha gustado, por la parte de hikikomori que me toca, claro. Ángela M.: es bonito Patricia M.: es bonito Olgaga: Paulo lo que pasa es que yo no quiero perder más tiempo con esto. Hay que hablar también de lo de la enfermedad y son las once y media de la noche, tío. Se aprueba mi texto. XXX El asunto de la enfermedad. Nos hemos encontrado, observando los muchos foros que hablan de los KW, con algunas oscuras menciones a una extraña enfermedad que supuestamente contrajo la chica que (supuestamente otra vez) sufrió abusos sexuales en el primer viaje que organizamos. Hay un usuario, llamado Qwertyo, que parece manejar "información privilegiada" y narra a veces con atributos propios en masculino y a veces en femenino. Según Q., la chica se encuentra en estos

momentos en una clínica de Houston, Texas, en tratamiento y estudio. Aporta como prueba una foto de la chica, que sin maquillaje no es fácil de reconocer, en una cama de hospital, con gotero y ayuda respiratoria pero sonriendo y haciendo la V con los dedos. Contrastamos la foto con las que aparecieron en la crónica-blog de ese primer KW, y bien podría ser la misma. Una vez aceptamos laposibilidad de que sea la misma chica, se abre la puerta a lo puramente conjetural, a las hipótesis que adelanta Qwertyo, todo o toda lanzado -a. Nos gusta esa palabra, "conjetural", porque se la inventó Borges o la rescató de lo más profundo del siglo diecinueve y todos los aprendices de escritor de menos de treinta la usan todo el rato, pero sin que medie ironía, y a nosotros nos da mucha risa y ternura todo esto. Pero a lo que iba, a la enfermedad. Una enfermedad de transmisión sexual. Infecciosa. Una enfermedad endocrinológica capaz de alterar el funcionamiento de las glándulas del cerebro, tanto el hipotálamo como la pineal. Y tal vez otras, eso aún no se sabe. Síntomas descritos: picos de libido, hipersensibilidad sensorial, sensación de ralentización y ampliación de la percepción, pérdida de peso, desafección emocional, fases de pánico, ciclotimia, sensación de falsa seguridad en uno mismo, destrucción de tejido renal y nefrótico, picos de testosterona y adrenalina, dificultad para diferir las pulsiones, palidez, sensación de concentración, sinestesia, hiperestesia, etcétera. Otros usuarios, todos con el apodo Anonymous, aportan testimonios de encuentros sexuales con la chica (Morrigan Aensland según su sobrenombre gótico) tras su paso por el KW. El acuerdo es total: el mejor polvo de mi vida. Hay momentos bastante gráficos: no me podía creer el volumen a que gritaba Morrigan, hasta que empecé a gritar yo. Y en esa línea. Sin embargo, ninguno de estos amantes declara haberse infectado. Saltan de foro a foro con el asunto, abren hilos de conversación que luego no continúan, aparecen de improviso en un hilo de asesinos potenciales de Tokyo Hotel para añadir algún detalle escabroso sobre Morrigan. Describen la extrema contracción de las pupilas de la chica, incluso en la penumbra. Comparan el sexo con ella con los efectos de las setas, del éxtasis, del peyote, del MDMA. Hablan delwitch house para ilustrar la sensación de tiempo ralentizado que incluye la sintomatología de la enfermedad. Sugieren que el foco de la enfermedad es algún artista vampírico de Žižkov, el desconocido amante (no sabemos si consentido) de Morrigan, en su aventura praguense. Alguno da sutiles pistas que pueden hacer pensar que también está infectado. Hay cientos y cientos de hilos abiertos con la misma pregunta: ¿Quién sabe algo más de la enfermedad de Morrigan?, sin respuesta. Como mucho, alguien que se ha molestado en recopilar las aportaciones de Quertyo y de los amantes (pero nadie las ha encontrado todas) crea un documento y lo comparte en ellos. Luego, gente elucubrando sobre el asunto. Algunos, desgraciadamente, parecen

chalados, pero en general la cosa funciona. A aproximadamente la una de la mañana, las Miralles sacan la marihuana. Yo me abstengo. Es la hora de las conclusiones finales sobre el tema de la enfermedad. Hay cierta lógica euforia. Paulo, que ya tiene la risa floja, me dirige entre dientes un a ver si aprendes a vender, mamón que provoca: una ola de agitación en las Miralles y una sonrisa de orgullo en Olga. A mí estas cosas ya me dan igual. Tenemos una nevera en la oficina, y dos botellas de absenta checa en el congelador. Me sirvo una copita del verde licor a través de un terrón de azúcar y digo sonriendo eres buena, Olgaga, eres muy buena. Nadie reacciona.

DANUBIO

Desde que se comió y trató sin éxito de digerir y finalmente vomitó el bigote del lector, Paulo parece haber caído en desgracia. La culpa no la tiene el asunto del bigote, claro está, sino su cada vez más acusada tendencia a chuzarse vivo y emprenderla a soliloquihólicos deprimentes, infinitos e incoherentes. Todo el mundo prefiere a Paulo drogado y entregado a sus complejos rituales de seducción, cuando estamos en los bares, pero por algún motivo esto ocurre cada vez menos, ni siquiera en sus sitios favoritos, como el Ocio, o el Sur. Además, y en esto coincide con el resto de nosotros, parece haber renunciado al resto de su vida social. Sus muchos amigos de antaño han desaparecido. Ya no es invitado a pasar fines de semana en la playa, en casa de unos y otros. No pisa los festivales de música electrónica que tanto le gustaban. Ahora todo es beber vino blanco y cerveza y amargarnos a los demás. Se ha dado cuenta de que las Miralles lo ignoran en cuanto empieza a inflamársele la lengua, y pasa el resto de las noches tratando de llamar su atención a base de discursos. Lo peor es cuando está la música alta, porque se ve obligado a gritar mucho y suele expulsar saliva, profusamente. Con frecuencia yo soy su último recurso, cuando todos los demás ya se lo han quitado de encima. Estas perlas son de anoche, en la 12 y Medio, mientras yo trataba de acercarme a una chica a quien habíamos entrevistado hacía poco para un puesto de atención al cliente. Una muchacha muy sexy, popi e ingenua en apariencia acompañada por dos parejas de amigos, un poquito borracha, tratando de bailar una canción de los Smiths a las siete menos cuarto de la mañana en medio de la pista: lo que yo llamo La Tierra Prometida. Que no pisé, claro, porque se interpuso Paulo: Mira, tío, mucha gente me pregunta cuál es nuestro target. ¿Nuestro target?, respondo. Nuestro target eres tú. Y tú. Y tú. Y tú. Si eres un miembro activo de esta sociedad, es decir, si consumes, eres nuestro. Si compras objetos y llevas años haciéndolo, ya has aprendido todo lo que necesitas saber para lanzarte de cabeza a contratar un Kafka Weekend. Un sinónimo de dinero es "líquido". Pues bien, ese flujo incesante de dinero te ha ido mojando a lo largo de toda tu vida. Llamemos a ese proceso "licuefacción", como si tú hubieses sido alguna vez un bloque de hielo. Tal vez tenías una forma, unas aristas. Ahora, ya no. Es el problema de la liquidez: ahora necesitas un molde en que encajar, si quieres tener forma. A cambio, fluyes. Cambias de manos, cambias de país. Puedes ser un producto concreto, u otro completamente diferente, o

ningún producto en absoluto, solo un apunte contable. Hace dos años vestías de roquipanqui y te chiflaba el snowboard: ahora que tienes novia te has dejado la barbita de rigor y te has comprado un Hyundai. Sin embargo, el cambio de molde no te ha dejado satisfecho por entero, y cuando sales por ahí y ves a la gente de la sala de fumar de la Revólver, por ejemplo, el cuerpo te pide un look más radical, una vida más salvaje y más auténtica. O tal vez no, tal vez lo que te pide el cuerpo es apuntarte a una vida más, digamos, de golfista, como la de ese jefe nuevo que te han colocado que aunque tiene tu edad lleva un BMW más grande que tu calle. El caso es que puedes tener las dos cosas a la vez, porque para eso eres líquido y tienes una visa. Tu identidad se basa en la liquidez, como todo el mundo sabe, pero también es cierto que hace mucho tiempo que no encajas con placidez y exactitud en un molde aparentemente pensado para ti. Vayas a donde vayas, siempre parece haber demasiada gente allí. La nostalgia de esa sensación de remanso te roba la tranquilidad, te hace saltar y fluir, buscar otros espacios no transitados. En esa carrera, sin embargo, vas perdiendo volumen. No eres un río, eres más bien un charco: cada desplazamiento te cuesta algo de líquido. Cuanto mayor es tu zozobra, más fluyes y más volumen pierdes, y a menor liquidez, menor exclusividad, menor sensación de plenitud identitaria, menos hielo. A todo esto lo llaman "reinventarse" en las revistas. Una vez, la Cosmopolitan regalaba con el número unos calientapiernas ochenteros de mala calidad: el eslógan eraReinvéntate ahora y mis amigos y yo estuvimos unos días diciendo reviéntate ahora. También podríamos haber dicho: evapórate ahora. Después de un tiempo sumido en esa espiral neurótico-líquida, lo más corriente es desarrollar el deseo de hacerse estilita: alguien con una identidad de mármol, subido para más inri a una columna, que ni consume ni fluye ni se derrite jamás. Podría ser Kafka, o podría ser Gregor Samsa: alguien que ha alcanzado el fin de la liquidez, el Nirvana, la identidad definitiva. Pero para pagar esto, alguien tiene que comprar, lo que es lo mismo que decir que para cambiar de nombre, alguien te tiene que llamar. No otra cosa es el dinero: un mensaje con emisor, código, canal y receptor. Tal vez podríamos ser Simón del Desierto, pero tendría que ser en plena calle, o en un centro comercial. Nuestros conocidos tendrían que vernos al pasar, lanzar algún comentario de reconocimiento, ponderar nuestro nuevo Equipo de Contemplación Mística con un poquito de envidia, etcétera. Ése es nuestro target, ¿entiendes? Todo el mundo lo es. ¿Esa gente que se hacía budista y se compraba un Citröen por el anuncio de Richard Gere? Todo el mundo es como esa gente. El ritmo de ventas que tenemos ahora no

durará, le darán la espalda a Kafka, pero montaremos otra cosa, tengo ideas: unos gimnasios donde la gente competirá entre sí con unos videojuegos conectados a los aparatos, y valorará con megustas la evolución del cuerpo de los demás... unos clubes de psicoanálisis donde uno podrá confesarse ante desconocidos, y valorar lo que le cuenten y recibir consejos sobre sus traumas y complejos... una residencia muy barata en medio de ninguna parte, para parados... con wifi, eso sí, pero nada más. Ni cobertura de móvil... Lo que tienen en común estos tres proyectos es que nuestros clientes se van a hartar a follar entre sí, ése es nuestro producto bla bla blá... Por el rabillo del ojo veo a la bella popi abandonar el 12 y Medio con sus amigos. Adiós a mi mejor oportunidad de ligar en los últimos tres meses. Pero no estoy enfadado. De hecho, estoy contento de tener un aliado en la marginación. Miro a mi alrededor: las Miralles están bailando extáticas y risueñas una de sus canciones favoritas, que es Love will tear us apart . Me pregunto por Jesús y Olgaga, pero en seguida los veo regresar del baño, también con pinta de marginados y de haberse metido algo. ¿Marginados por qué? ¿Exactamente de qué hemos sido apartados? La única respuesta posible es: de la canción. Exacto. Desterrados, expulsados del interior de esa canción.

$IM

Esta noche debemos votar sobre un montón de propuestas rutinarias que nos hace el lector desbigotado. Como no le hemos otorgado capacidad de decisión alguna, pero nosotros no estamos en Praga, el pibe debe documentar cualquier sugerencia que quiera hacernos con abundante material gráfico y esperar la resolución del Consejo, es decir, de nosotros, el Club de la Tenia. Dado que es él quien se encarga de todo el desarrollo de los Kafka Weekends, que por el cariz que están tomando ya tienen más de obra teatral de vanguardia o de novelita de Elige tu propia aventura que de paquete turístico, a veces la ristra de propuestas es tan larga que nos retiene en la oficina hasta la madrugada. Ejemplo: para la subtrama Aventura en la línea amarilla del metro, que solo se activa si el turista decide seguir unas confusas indicaciones que le entrega un camarero-gancho, el hirsuto lector propone un actor:

Y a continuación la trama que se le ha ocurrido: Si los turistas deciden seguir la pista, llegan a la estación término de la línea amarilla del metro (Černý Most) y este señor, bastante nervioso, los aborda. Les dice en un inglés más bien macarrónico que su país es una mierda, que unos mafiosos del gobierno lo persiguen para robarle el dinero (y en ese punto les enseña un bolso lleno de billetes) y que les ofrece 3.000€ por quedarse con el bolso y llevarlo a una dirección cercana. En ese momento, el tipo recibe una llamada al móvil y se aparta unos minutos de los turistas, que previsiblemente deliberarán sobre si aceptan o no la oferta. En un

momento dado, de un pequeño altavoz situado tras los turistas emerge una voz que, en un español correcto, les dice queridos amigos, soy yo, el hombre del bolso lleno de dinero (desde el otro lado de la estación, el hombre les saluda con una mano, mientras sujeta el móvil con la otra). Ha sido divertido escucharos hablando sobre mí. Ahora os voy a poner vuestra charla, y la vais a oír hasta el final sin moveros, u os romperé las piernas con esta herramienta (el hombre saca un palo de cricket). Comentario final del lector: esta trama está pensada para provocar una catarsis en el turista, al ser confrontado con su propia argumentación ética. Ahora todos nos reímos mucho. Pues no que nos ha salido filósofo, el bigotudo sin bigote éste. Rechazamos la propuesta por unanimidad. La siguiente en el orden del día es ésta: Si los turistas pasan por delante de este escaparate, en Žižkov:

y deciden entrar a la tienda, dentro encuentran a esta dependienta-gancho:

que les dice que estaba a punto de echar la persiana para fumarse un porro, pero que ya que están allí, pueden fumar con ella. A continuación saca una botella de Becherovka y unos vasitos. Ya borrachos y animados, la improvisada pandilla saldrá a continuar la parranda por Praga. La noche acabará en el club más hip de Žižkov, donde la dependienta (a su libre albedrío) puede proponer sexo en grupo a los turistas, tanto si son chicos como si son chicas, o una mezcla de ambos sexos. Si la oferta se materializa y es aceptada, subirán a un piso franco de la organización, cercano a la discoteca, preparado para parecer el de la dependienta, que a cambio de su colaboración se quedará con el dinero en metálico y las tarjetas de crédito de los turistas (pero no con sus pasaportes). ¡Ahora ya empezamos a entendernos, lector de mis cojones! grita Jesús, con un purito en la boca y una botella de absenta en la mano. Nos hace mucha gracia esta pantomima últimamente. Aprobamos por unanimidad, y le mandamos un mensaje laudatorio a nuestro hombre en el terreno que nos hace revolcarnos de la risa: ¡Más, más, queremos más! Y en efecto, mañana tendremos más, más fotos, más tramas, más presupuestos, más resultados de explotación, más actores. Como esto siga así, el lector diligente convertirá Praga entera en un inmenso set lleno de turistas, trampas, subtramas, gente-gancho, sexo y robos, y todo (todo) habrá sido aprobado por nosotros a lo largo de alguna junta como ésta, mientras hacemos chistes malos capitalistas y nos reímos sin parar.

PROMETEA

Sospecho que por amor, pero no lo sé, Jesús le ha fabricado a Olgaga un sofisticado programa para gestionar sus cientos de cuentas falsas de redes sociales. El engendro le ha costado semanas de trabajo y es capaz de manejar las direcciones IP como una ametralladora maneja las balas, hasta tal punto que nos hemos visto obligados a contratar una conexión a Internet nueva solo para el ordenador de nuestra experta. Ahora, Olgaga puede poner a 500 marionetas a tuitear nuestros hashtags con un solo clic de su blanco índice. Puede crear personalidades para sus identidades de Facebook y Tuenti, y ponerlas a interactuar. Promocionar con sus múltiples cuentas cualquier cosa en Menéame, introducir cualquier tema de conversación en cualquier foro, llenar con el meme que ella desee las conversaciones de whatsapp de la chavalada, etc. Visiblemente encantada, Olga lleva ya una semana durmiendo en el sofá de la oficina una media de cuatro horas al día y dedicándole las demás a la manipulación internáutica. La interfaz del programilla usa una paleta basada en violetas y naranjas, tipografías webdoscerianas y dibujos de burbujas, fenómenos todos que refuerzan la tesis del enamoramiento que sostenemos con fruición Paulo y yo. Tiene un nombre, el software: False-O-Matic. @torque77: Meterse un #KafkaWeekends es mejor que meterse una seta XDD @nomenome: Vengo d #KafkaWeekends no m pidáis que os lo cuente en 1 tuit pq necesitaría mejor 1 novela ;) @fastforwar: Prague is the new Amsterdam #KafkaWeekends En la página oficial de Facebook hay un concurso en marcha que está resultando muy popular. Se trata de relatar en el muro la mejor anécdota ocurrida en un Kafka Weekend. Todas las semanas se contabilizan los megustas que recibe cada una, y el ganador recibe un lote de merchandising. Ni que decir tiene que no tenemos merchandising ni falta que nos hace, porque siempre las gana Olgaga con alguna de sus identidades. Ésta recibió más de trescientos megustas. La contaba un tal Huan Solo, de espaldas y vestido de negro en su foto de perfil: Acabo de llegar a la pensión y me estoy fumando un cigarro asomado a la ventana. No llevo así ni diez minutos cuando oigo que llaman a la puerta: dos

turistas yanquis, una pelirroja y la otra rubia, con pinta de atontaditas. Me preguntan si hablo inglés y me enseñan una tarjeta que han encontrado en su habitación: Llamad a la puerta de al lado y pedid un cigarrillo. Llevad esto a cambio. La ofrenda no es otra cosa que la consabida botella de Becherovka, que yo ya sabía por los foros que aparece por todas partes en los KW. Nos reímos. Todo esto, más que una incursión en los abismos del subconsciente, parece una gymkana, les digo, y están de acuerdo, así que abren la botella y se sientan. Parecen aliviadas de que el viaje no sea para tanto. En un momento dado, me preguntan la hora, porque aún no han adelantado los relojes. Se la digo y se quedan pensando, con los vasitos de aguardiente congelados en sus manos. Se miran confusas. La pelirroja hace cuentas con los dedos, mirando al techo y susurrando. Pregunto qué pasa, pero me ignoran. Me sirvo un cuarto vasito de Becherovka, deseando que solucionen el asunto cuanto antes para seguir la celebración. Entonces la rubia recuerda algo: - Tengo una idea. ¿Te acuerdas de que has grabado un vídeo con el móvil en la puerta del hostal, al llegar? Mira a qué hora fue tomado. Su amiga saca el teléfono, trastea un poco, dice what the fuck is this, y a continuación grita. Un grito que me produce una náusea persistente y algo de dolor de cabeza. La rubia corre junto a ella, mira la pantalla del móvil, y se pone a gritar, a su vez. Un momento después, también están llorando. My god. What the fuck is this. Oh my god. Y así todo el rato. Me cuesta bastante trabajo, pero me levanto y llego junto a ellas. Calm down. It's alright, be cool. Me enseñan un vídeo, que aseguran no haber tomado ellas. Aparecen tumbadas en la cama de, supongo, su cuarto, durmiendo. Los pies colgando, la postura incómoda. La rubia ni siquiera se ha quitado el abrigo. En primer plano dos tazas de té aún humeando sobre una mesa baja. Llega alguien. Es un hombre desnudo, hirsuto y con el cuerpo tatuado, que se mueve encorvado. Lleva unos aretes de un metal de color oscuro en las cejas, la nariz, los pezones y el ombligo, y se ha pintado los labios de negro. Se comporta como si estuviera drogado. Toma de algún lugar fuera de plano una pequeña botellita y un pincel, y se repinta de negro el glande y los labios. Luego chupa el pincel, se sube a horcajadas sobre las chicas y las besa una a una. Las miro en ese momento y me doy cuenta de que aún llevan restos del extraño pintalabios en la boca. El vídeo continúa: el hombre vacía ahora el resto del líquido negro en la botella de Becherovka, y la deja junto con la

tarjetita encima de la mesa de café. Para terminar, se incorpora y se dirige lentamente hacia el lugar donde ha colocado el móvil-cámara para detener la grabación, exhibiendo una erección descomunal. Miro a las chicas, que lloran abrazadas, sentadas en el suelo, y miro a continuación la botella, a la que le falta la mitad de licor. Noto golpes de calor, flojedad en las rodillas y la cadera, fragmentación del discurso interior, ataques de pánico y taquicardia, hipersensibilidad y euforia. Me tumbo junto a las turistas y las abrazo. Me excito. Ellas lo notan y se ríen. Empezamos a reírnos los tres a carcajadas. Medio por hacer el chiste, me levanto y cojo la botella, lo que provoca una ola de risa nerviosa. Bebo de la botella. Le doy de beber a las chicas. Seguimos riéndonos y abrazándonos hasta que la pelirroja empieza a quitarse la ropa, descubriendo, para sorpresa de nadie, los mismos tatuajes, los mismos aretes oscuros, el sexo pintado de negro. Todo esto nos hace mucha gracia otra vez. La rubia saca del bolso una botellita y un pincel iguales que las del extraño visitante. Nos pintamos. Una sensación fría y estimulante en la boca y en la polla. La pelirroja empieza a grabar con el móvil. ¡Estoy en una peli gonzo! Se abre la puerta, y aparece el flaco. En fin, la Olgaga que conocemos, pero multiplicada por miles de identidades fraudulentas. Reloaded, digamos. Ubicua. Desbordada, inundando el ciberespacio con su incontinencia ficcional. Le decimos cosas y nos contesta sin necesidad de apartar la mirada de la pantalla ni dejar de teclear. Le regalamos el oído, le vaticinamos fama y riqueza literarias, y ella se ríe. Lo mío no es la literatura, chicos. Qué vulgaridad. Lo mío es la ficción a secas. ¿Y qué diferencia hay, según tú? Sois catetos, amigos míos. La ficción literaria requiere que el lector suspenda voluntariamente sus mecanismos de incredulidad. Como decía Coleridge, ¿me seguís? Para ello, ese lector necesita un aviso previo, algo que le diga: eh, esto es ficción, apaga el antivirus. En la librería o en las listas de ventas, la etiqueta es explícita: ficción / no ficción. Y además están los géneros, para clarificarlo todo aún más. Lo que hago yo, en cambio, es joder a los lectores. Romperles la palanquita de la incredulidad. Engañarlos o hacer que sean ellos quienes se engañen a sí mismos. Borrar las fronteras, si esto de borrar las fronteras no me provocara un poco de risa. Internet. Internet es el océano, de ahí lo de "navegar", ¿verdad? Intoxico Internet, llevo años haciéndolo. Falseo, prevarico. Los de mi equipo vamos ganando, por otra parte. Estamos consiguiendo que la gente apague voluntariamente ese filtro nada más abrir el navegador. Que trate todo lo que sale por la pantalla como si fuera ficción. De ahí a tratarlotodo como si fuera ficción solo hay un paso, y entonces habremos ganado. Nosotros, los solipsistas del mundo,

entendido éste como la suma de dos ojos y una pantalla de cine que proyecta ficción 24/7. Habremos ganado. Los idiomas perderán el plural y el verbo creer, y la gente perderá los pezones y el ombligo. No serán necesarias las drogas, y el pasado podrá alterarse simplemente rodando una precuela. Follaremos siempre con nosotros mismos, con avatares diferentes de nosotros mismos, jamás con un otro. Y dormiremos bien, ocho horas al día. Y los vasos de leche siempre estarán templaditos, putos gilipollas de mierda. Dejadme en paz, ahora. Miramos a Olgaga con grados diferentes de admiración, e incluso en un caso con amor, mucho amor. Obviamente, ha mezclado lo que nos estaba contando a nosotros con la historia psicótica que estaba redactando. Esto le pasa mucho ahora. Miramos a Jesús, que trata de disimular, y a continuación nos miramos entre nosotros. Sonriendo y llenos de fé y esperanza en el futuro de la raza humana.

MIRALL

Me gusta la frase "miro a las Miralles" porque incluye algún tipo de puesta en abismo, en algún espejo ("Mirall") semántico de ésos. Me gusta mirar a las Miralles, sus presencias rubias y marcianas, su punto popi e ingenuo, su seriedad de mantis. Las veo sentarse una frente a la otra y escribir cosas en papelitos, calladas, y luego mirarse entre ellas y a los papelitos, frenéticamente, durante horas. Me encanta recoger luego una de esas notitas del suelo y comprobar que están quemadas por el centro y no se puede leer nada en ninguna de ellas. Me regocija que sea una de ellas la que ponga una canción y la otra la que la cante. Cómo se cepillan el pelo para ir a trabajar (porque aún trabajan en el mismo asadero de pollos ecológicos, sin que nadie sepa muy bien por qué), cómo alisan sus rebecas con la mano, cómo cosen, cómo se hacen confidencias en un idioma que solo muy superficialmente es igual que el castellano. Cómo recogen minúsculos residuos de los muebles y el suelo y los guardan en unos pequeños pastilleros antiguos, de los que nunca se separan. Cómo sonríen sin venir a cuento. Cómo se encierran a cal y canto para mear. Cómo se maquillan, con qué minuciosidad decimonónica, qué espectáculo perdido solo para mis ojos, y los suyos, claro. Cómo escupen, en absoluto silencio, en sus vasos de agua, y cómo a continuación su saliva se diluye con una perfección absoluta. Cómo leen, con toda la concentración del mundo, folletos de propaganda de supermercados baratos que cogen del buzón de la oficina, y en especial las páginas de las carnes. Cómo ríen con los dibujos animados. Cómo mueven sus pequeños culos. Me inquieta la posibilidad de que todos esos pequeños enigmas no puedan resolverse nunca. Tal vez no estoy enamorado y todo es solo un brote de trastorno obsesivo compulsivo. Pero entonces por qué añado más enigmas: el color de sus pezones, por ejemplo. La temperatura y humedad del interior de sus vaginas, el olor, la textura. La imagen al abrir los ojos mientras alguna se sube a horcajadas sobre mí y me besa, con el pelo cayendo sobre los dos. El aroma de su nuca al hacer la cucharita. ¿Gritarán al hacer el amor, serán tiernas, o parecerá que están muertas? ¿Qué se sentirá al reír con ellas, en la cama? ¿Una sensación de comunión con el universo, o el horror vacui del Cabo de Finisterre? ¿Se podrá hacer planes para encargar comida china, alquilar unas pelis y pasar todo el domingo en el sofá? ¿Y qué hará la otra? A veces me despierto con la diáfana respuesta a alguno de estos misterios en la mente, pero son respuestas imposibles que la paulatina entrada en la vigilia y la lógica de la madrugada van deshaciendo. La

certeza de que sus vaginas son secas y frías por dentro, pero también resbaladizas, como una piel de serpiente, por ejemplo. Hacen cada vez menos en la empresa. Parecen haberse dado cuenta de que su mejor papel consiste en estar ahí para que les dirijamos solicitudes más o menos explícitas de aprobación, y no contestarlas. Si hay que tomar alguna decisión, se pronuncian las últimas, con monosílabos si les es posible. Si se van, solemos discutir. Si vuelven, sonreímos. Si se duermen en el sofá, trabajamos en silencio, a toda máquina, felices. Mirándolas.

FUCKING MELENDI

¿Quién puede narrar un sueño a base de tuits? Jesús, obviamente. El proceso es tan engorroso y es tan fácil perderse, que uno casi utilizaría el adjetivo "onírico" para describirlo. Y esas digresiones. En los sueños, el contexto no es estable. El marco de referencia físico y simbólico resulta elástico. Una cascada de tuits puede reproducir la liquidez de las pesadillas o la aritmética alienante de un extracto bancario, todo depende. Jesús administra la web de los Kafka Weekends y se encarga de tratar con la empresa de hosting e ISP. Siempre le sobra tiempo. Pertenece a una estirpe rica en tiempo pero alérgica a él. Parece flotar en un océano de tiempo tóxico. Está enamorado y pasa horas mirando a su amada, que no es otra que Olgaga. Ella se va deshaciendo, gracias al False-O-Matic que Jesús le regaló, en miles de identidades fraudulentas. Cualquier análisis objetivo de los sucesos que tienen lugar en la cabeza de la chica arrojaría el siguiente resultado: esta persona se odia y trata de taparse con ficción. También: no va a aguantar otra semana, a no ser que hagáis algo. Ninguno de nosotros sabemos qué hacer ni en qué consiste ese algo. Olga ya lleva un mes viviendo aquí: duerme en un sofá, genera kilos de residuos, trabaja dieciocho horas al día y realiza furtivas incursiones al chino de enfrente con dinero que nos sisa. Compra allí sobre todo dulces industriales, tabaco y bebidas gaseosas, pero también compresas malas, dentífrico, gel y champú de marca Amalfi, detergente a mano, ibuprofeno y otros fármacos de la trastienda. Suele dormirse ya de día y a Jesús le gusta quedarse un rato a verla dormir fumando en el sillón, entrando ya el sol de plano por los inmensos ventanales contra su cuerpo desarbolado, mientras la limpiadora uniformada pasa la aspiradora por la moqueta llena de colillas. Ha ganado mucho peso, Olga. Su pelo acusa los estragos del champú Amalfi y las incómodas y poco frecuentes duchas en el cuarto de baño del trabajo. Su cutis, la falta de cuidados, el encierro, el tabaco y el escaso sueño. No tiene ropa para cambiarse. La lava muy de vez en cuando, la seca en los radiadores y se la vuelve a poner. Huele un poco. Solo come cosas dulces y de malísima calidad. Tal vez los somníferos inidentificables que le encarga al chino le estén afectando, porque sus gestos se están volviendo muy lentos. Es raro verla llevarse el cigarro a la boca con esa exquisita lentitud y ese silencio, ella que era tan vivaracha y tan habladora. No estamos seguros, pero Paulo y yo creemos que el sábado pasado se orinó encima y

no se dio cuenta hasta pasado un buen rato. Vagamente discutimos sobre qué deberíamos hacer con ella, pero no se nos ocurre nada, y por otra parte su trabajo es de una brillantez que roza la genialidad, y nos resistimos a creer que alguien que puede rendir a ese nivel tenga algún problema grave en el fondo. Jesús aboga por dejarla en este estado el máximo tiempo posible. Las Miralles le cantan canciones, desde el otro extremo de la central. Mientras tanto, Jesús la mira. ¿Y qué ve, cuando la mira? ¿La degradación del objeto de su amor, el primero de su vida, o el desamor, la insondable indiferencia que Olgaga muestra hacia él? Hay motivos para pensar que lo que mira es a sí mismo, protagonista de una pequeña sitcom romántica, por una vez. El sueño es así: Olga está en casa, planchando (?), y llega su marido, alguien inidentificable. El tipo es venal, está borracho, alza la voz, su actitud es agresiva y dominante. Le pega. Le da una paliza. La escena es muy mala, propia de ese mal cine español que hace gala de un truculento concepto del realismo, como si el país se hubiese detenido nada más terminar Camilo José Cela Pascual Duarte. Sale sangre, un diente. Un hueso se parte. Cardenales everywhere. Olgaga logra encerrarse en su habitación, a salvo del marido. Entonces, enciende la tele. Es una Olgaga distópica, algo poligonera, con flequillo. Busca la telebasura y se queda viéndola. No pasa nada más. De vez en cuando se ríe o hace algún comentario indignado. Pasa el tiempo.

NUMISMÁTICA

Y

COLOMBOFILIA

Si bien el de Olgaga es el caso más extremo de polilla-y-bombilla de entre los miembros del Club de la Tenia, los demás también estamos abandonando los restos de vida laboral, social y familiar en beneficio de la empresa. El otro día, Jesús y yo empezamos una nueva competición workahólica consistente en contabilizar llamadas perdidas de nuestras respectivas madres. El ganador semanal recibe del perdedor una botella de licor de flores del chino de enfrente. El mensual, un cuadro de un Cristo adornado con LEDs que venden en el mismo establecimiento. Huelga decir que la primera estrategia para aumentar las llamadas de nuestras madres consiste en no responderlas. En estos momentos, Jesús lleva seis, y yo dos. Le hemos propuesto a Olgaga que participe también, pero no estamos seguros de si nos ha entendido, y además su móvil lleva apagado un mes. A Paulo, un poco por respeto, un poco por tratar de sabotearlo emocionalmente, no le hemos dicho nada. Sabemos que hace años que no habla con su familia. Por eso, cuando hablamos del asunto y él está presente, lo hacemos medio tono más alto de lo habitual. En la nota de la farsa. En esa misma nota se ha ofendido él esta mañana y nos ha dedicado esta perla: Seis a dos, muy bien. Está muy bien que lo contabilicéis todo. Como cuando os pasabais la vida en el Facebook y competíais por sacar más megustas que el otro con fotos más anodinas y ganó Jesús con una de un potito de pescado y veintiocho. Me recordáis al drácula de los números que salía en Barrio Sésamo: la neurosis de la contabilidad, el número por el número, que abre entre las cifras y su correlato una falla insalvable. Contáis los pelos del bigote de Hitler, el número de entradas de un Tumblr que hay por ahí que recopila fotos de gatos que se parecen a Hitler. Coleccionáis versiones raras de Lili Marleen (195, según la recopilación del sello Bear Family), e incluso podríais montar un programica en Radio 3 con el tema. Sacaríais la de Marta Sánchez, eso fijo fijísimo, que os conozco, mentecatos. Sacaríais la original, de Lale Andersen, y la canónica, de Marlene Dietrich. Olvidaríais mencionar que la Dietrich grabó la suya gracias a un programa del alto mando estadounidense para desmoralizar al enemigo. Olvidaríais mencionar que los soldados del ejército rojo escuchaban esta canción todas las noches, sintonizando emisoras alemanas mientras avanzaban hacia Belgrado descuartizando divisiones de pánzer por el camino, y que seguramente en la canción buscaban una puerta hacia cualquier cosa que no fuese la muerte, y que esa puerta no se abría

nunca, porque la voz de Lale solo hacía aparecer una rendija, y que, si se abría, se abría a algo negro: centroeuropa, o sea, la muerte. ¿Y por qué olvidaríais mencionar todo esto? Porque vuestro lenguaje de números no tiene significado, ni gramática. Es posible emitir. Es realmente fácil emitir, pero no recibir. Ni desencriptar. Vuestro balbuceo no interpreta el mundo, sino que lo deslee y difumina, lo disuelve. Como la sal en el agua, o el aburrimiento en la nada. Sois llamadas perdidas de vuestras madres, sois megustas en vuestras fotos, sois retweets. Pero sois algo más. Algo de lo que no hablan Crystal Castles. Sois euros en la cartera, número de impactos publicitarios recibidos, porcentajes de hábitos de consumo. Cifras de desafiliación. Calificaciones de imagen de marca. Precios de primeras, segundas y terceras matrículas. Asistencia a festivales. Cursos de formación: entidad que imparte, número de alumnos, subvención per cápita. Sois aunque no lo queráis índices bursátiles, votos, focus groups, ayudantes interinos del asistente del adjunto al subordinado. Sois residuos sólidos urbanos (RSU) al año: exactamente quinientos doce kilos y setecientos ochenta gramos. Ya con la risilla puesta, Jesús le espeta a bocajarro un castizo entre tú y yo, Paulo, exactamente cuánto tiempo hace que no follas. ¿Lo ves? Contabilidad. Cuánto tiempo hace que no follas. Cuántos polvos, cuánto tiempo entre uno y otro. Recuento. Ganadores y perdedores, dependiendo del resultado. Un resultado numérico. Qué tiene eso que ver con nada remotamente parecido a algo que se pueda denominar amor. ¿Es que no habéis leído al puto Žižek? No, estabais muy ocupados follándoos todo lo que se movía, ¿no? Pues resulta, queridos amigos, que el amor es el mal, el reverso oscuro del imperativo categórico, la dominación. Hale, contabilizad eso, si tenéis huevos. Computad el nivel de dominación que ejercen sobre vosotros vuestras pulsiones sexuales, el peso de la montaña de mierda con que tenéis que lidiar todos los días para satisfacerlas, la cantidad de objetos absurdos que compráis gracias al hábil uso que algún creativo de márketing hace de ellas. Contad, contad, que os vais a quedar ciegos - enanos - se os va a secar la médula, de tanto meneárosla, digo, de tanto contar. Y lo que más gracia me hace es que tenéis la salida delante de vuestros ojos todo el tiempo, pero no la veis. Podríais liberaros de esa rueda de borrico. ¿Cómo? Aprendiendo. Aprendiendo de ellas, de las Miralles. Pero no. Vosotros no. Las miráis y lo único que pensáis es por qué orificio os gustaría metérselas. Os

advierto: vais a ser expulsados. Recibís muchas oportunidades, pero algún día se os acabarán. Quien no quiere aprender, no merece aprender, y viceversa. Jesús y yo nos miramos con expresión de madre mía qué bueno, vamos a estar riéndonos de esto un mes. Al mismo tiempo, yo pienso en una cosa que encontré el otro día, aquí en la oficina: una bolsa de plástico dentro del cubo de la basura, y dentro de la bolsa una monda de manzana como solo las Miralles pueden hacer, fina como una uña, y un ticket de la librería, y en ese ticket el siguiente (único) ítem: - ARTE DE LA CURACIÓN ESPIRITUAL, EL Joel S. Goldsmith, RCR----------------------------------------14€ Huelga decir que jamás he visto a las gemelas con ningún libro de ese tipo entre las manos, y también que el hecho de que los compren y los oculten ha cambiado totalmente (y a peor) la imagen que tenía de ellas. Pienso en decírselo todo a Paulo, pero no lo hago. Hemos tomado partido. Por la ficción. Cuando vas a ver a un mago, está feo ponerse a gritar he visto el truco he visto el truco. Tal vez ese silencio cómplice de todo el mundo sea el mayor truco de todo el espectáculo.

MIRA, SORVINO

Tal vez hayamos cargado un poco las tintas con el asunto del sexo fácil en los Kafka Weekends, porque desde hace un tiempo solo aparecen hombres en la lista de espera. En forocoches hay un hilo abierto en el que la gente cuenta cómo completar los acertijos que proponemos en la web, y al mismo tiempo recomienda nuestro tour en términos que lo describen como turismo sexual. Imposible follar más y mejor y más barato, dicen. Hemos implantado una moratoria de fornicación, pero como todo el mundo sabe los KW no son lo que ocurre en Praga, sino lo que se cuenta que ocurre en Praga, tanto los que han estado como los que quieren estar, los que nos odian, los internautas y los trolls en general. Para eso tenemos a Fille Gaga y sus heterónimos, pero también aparecen otras voces que cada vez más vinculan nuestro producto con la prostitución, y para muestra el hashtag #kikiweekends, que engloba las aportaciones de los cachondos y de los indignados con la cosa. Convocamos una reunión para tratar el asunto, pero a nadie se le ocurre nada y es un desastre. Nos llama un tipo que dice estar escribiendo un artículo sobre el tema para la web del Eroski, y no sabemos qué contestar. De repente nos hemos quedado sin certezas. Las chicas que hacen papeles para nosotros sobre el terreno, en Praga, pueden ser prostitutas profesionales, no lo sabemos. También hay chicos, alegamos tímidamente, pero nos arrepentimos en el momento. Son actores y actrices, balbuceamos sin convicción. ¿Acabaremos en la cárcel? Ahora diseñamos aventuras metaliterarias por Praga, con el rastro del gólem de Michael Chabon, cosas así. Tratamos de frustrar al turista sexual, para que lo cuente en forocoches, para que altere nuestro producto con su narración. Además, tenemos a Olgaga. Ésta es su última aportación al asunto, en el foro citado, con la identidad Robe83: A ver si me explico... voy a poner aquí una parábola, ¿vale? Imaginad Sitges, el Festival de Cine Fantástico. La ciudad a rebosar, buen rollito, estrellas, etcétera. Viene Quentin Tarantino a presentar su peli. Su peli, por supuesto, lo peta. Los críticos lloran, se empalman, se quedan ciegos durante el pase, lo que se os ocurra. Cunde la euforia entre el equipo. Esa noche, salen a darlo todo por Sitges. Se duchan, se comen una langosta, se ponen guapos, se drogan un poco. Quentin está pletórico al empujar la puerta giratoria del hotel y poner un pie en la cálida noche del lugar.

¿Os cuento un secreto? Tarantino va a follar esa noche. Y no va a pagar por ello. ¿Y a quién se va a follar? Pues a la tía más buena de toda la discoteca. ¿Y por qué? ¿Porque es muy guapo y muy simpático y tiene un corazón de oro? No. Por una cuestión económica. Por un desequilibrio económico y social, por una asimetría de poder. Porque acostarse con Quentin Tarantino es un billete de lotería y hay muchas aspirantes a actriz con cuerpos demencialmente atractivos dispuestas a comprarlo. ¿Os cuento otro secreto? Él lo sabe. Lo sabe desde el estreno de Reservoir Dogs, fijaos lo que os estoy diciendo. ¿Cuál es la palabra para esto? ¿Prostitución? Vale, pero entonces "prostitución" no es solo lo que sale en Documentos TV en el Día Internacional contra la Prostitución. Es mucho más. Es un intercambio de sexo por un número muy amplio de posibles contraprestaciones, que los antropólogos han descrito en todas las sociedades humanas. ¿Queréis hablar de prostitución? Bien. Hablemos de Flavio Briatore. Hablemos de Cela y Marina Castaño. Hablemos de esas secretarias tan jóvenes que siempre luce el diputado. ¿Queréis luchar contra la prostitución? Bien. Cercad al proxeneta, por supuesto. Ahora, emprendedla con el cliente. Con redadas, con detenciones, claro que sí. Ahora, a por las prostitutas, obviamente el eslabón más débil de la cadena. Protegedlas, ayudadlas a declarar, a denunciar. Buscadles salidas dignas a la calle, formadlas, dadles un trabajo. Me parece estupendo. Pero no os detengáis ahí. No os lavéis las manos tras acabar con los Kafka Weekends. La prostitución, en un sentido amplio, es la oferta de favores sexuales a cambio de algo. Precisamente el motivo por el que en nuestra especie las hembras no tienen temporada de celo. Acabad con toda asimetría, con toda coerción, con todo deseo material. Con la propiedad, con la lascivia. Con las columnas maestras de vuestra sociedad y con vuestro código genético, y entonces, entonces, convocad a una asamblea en la Plaza de la Revolución del Quince de Mayo para debatir el tema. Ah, y me falta una cosa: hipócritas de mierda. Jesús y yo leemos todo esto y nos quedamos callados. Paulo se nos une. El intento de Olgaga de diluir nuestras responsabilidades en las imperfecciones de la especie no va a funcionar. Hasta donde yo sé, Jesús ha tenido alguna temporada de pasarse mucho por los masajes chinos con final feliz, de dónde si no sacó tanto detalle de primera mano cuando le dio por hacer bromas con el tema en tuiter. Paulo, por su parte, ha ejercido formas limítrofes de la prostitución en épocas de

escasez, con novios mayores que él. Son cosas que suele contar, o mejor dicho, que es difícil que no te cuente después de la octava cerveza. Te dice el por qué, el cómo, el cuántas veces, el a cambio de qué, el cómo me sentí, el cuándo empecé y el cuándo lo dejé. Lo demás no te lo cuenta. Lo demás no existía hasta hace un par de semanas. Acabamos de caernos todos en lo demás, acabamos de darnos cuenta de que la piscinita en que chapoteábamos no tiene fondo. En ese agua oscura estamos ahora suspendidos, solo que la ropa de las Miralles no parece mojada.

EL MAR DE NUBES

Ha salido el artículo en Consumer, la revista digital del Eroski. El tipo que nos llamó ha entendido a la perfección que los sucesos reales de los Kafka Weekends son secundarios y que lo que importa es la representación, el relato. Por ello, ha recurrido a aportaciones publicadas en forocoches y a algunas de las mejores historias (todas apócrifas y todas redactadas por Olgaga) del concurso de anécdotas de nuestra cuenta de Facebook para trazar una semblanza de nuestro producto basada en los la sintagmas intervención turismo de sexual barato y prostitución dos posmoderna. Comenta Jesús en Cuarto milenio (en

momentos dados se le escapan un hortera y un dandy de pueblo), la coartada intelectualoide de nuestra web y las formas de hacer trampa con los acertijos, que para nuestra sorpresa son muchas y han aparecido en un montón de páginas aparte de forocoches, algunas extranjeras (lo cual explica la gran afluencia de kafkaturistas alemanes, últimamente). También menciona una llamada de teléfono con un fiscal que declara que es perfectamente posible una actuación de oficio por parte de su ministerio. Para terminar, una panorámica de la industria checa del sexo, al parecer una de las más voluminosas del continente, y del bollante turismo sexual en la capital. La limpiadora ha encontrado tres bolsas de plástico grandes llenas de vómito debajo del sofá donde suele dormir Olgaga. Estábamos Paulo y yo tomando café cuando se ha acercado a nosotros y nos lo ha dicho. Yo no he podido reaccionar, pero Paulo se ha apresurado en enviar a la mujer a hablar con ellas, o sea, con las Miralles. Dado que hace muchas semanas que las Miralles no pronuncian una sola palabra, la idea ha sonado más bien absurda, pero no he podido argumentar nada de eso, por el bloqueo y el shock, y la mujer se ha marchado, acatando. No sé si la conversación con las gemelas se ha producido, ni en qué términos, pero ahora hay una enorme bolsa de plástico bajo el sofá, y tanto la limpiadora como los demás la ignoran olímpicamente. Huele un poco. A las Miralles se les cae la ropa, en sentido no figurado. Por algún motivo, exhiben una delgadez mórbida de un tiempo a esta parte. Sigo la línea de sus mentones, de sus omóplatos, de sus clavículas. Son bellísimos, sus huesos, y su piel apenas un velo diáfano. Su ropa es una delicada cáscara, de la que se desprenden todo el rato. El miércoles por la mañana Patricia entonó unos versos de una bonita canción búlgara o moldava. Es lo último que les hemos oído.

Jesús ya ni se molesta en cerrar la puerta del cuarto de baño para masturbarse. Yo soy el único a quien aún le funciona el móvil. Bueno, esto no es totalmente cierto. Me funcionaba hasta ayer. He perdido el cargador y me da pereza buscarlo. Es el cumpleaños de Paulo. Ha decidido alquilar la azotea del edificio para celebrar una fiesta. Ha creado un evento en Facebook pero ha olvidado bloquear la posibilidad de que los invitados inviten a su vez a terceras personas. Han confirmado su asistencia cerca de 500 personas. Se han presentado doscientas cincuenta. Paulo baja de la fiesta diciendo que no conoce a nadie, que se queda con nosotros. Pero es inútil: solo hay un tramo de escaleras entre los canapés al aire libre y la oficina cerrada con olor a vómito. Los invitados empiezan a bajar casi detrás de Paulo. Cuando están todos abajo, los camareros contratados deciden pasar con las bandejas, también. Empiezo a darme cuenta de que toda esta gente no ha venido ni por amor a Paulo, ni por comer y beber gratis, sino para espiarnos. Y me apena. Una Olgaga ya francamente obesa que no ha dejado de trabajar ni siquiera en estas circunstancias, y fuma un cigarrillo tras otro con la mirada fija en su False-O-Matic, sin dejar de teclear. Un grupo la mira como si fuese atrezzo. Otro toca con la punta del pie las bolsas que ya empiezan a sobresalir de debajo del sofá. Las Miralles no parecen afectadas, pero hay un buen número de personas que no quita la vista de su semidesnudez, de las cacerolas desinfladas de sus sostenes descubiertos. Contra la pared del fondo se proyecta el inmenso jeto pálido del lector, pues ha llegado la hora de la vídeoconferencia, pero quién sabe por qué el sonido no funciona. Lo vemos mover los labios, pero no lo oímos. Suenan clásicos de los Rolling, los Kinks, la Velvet y Jefferson Airplane. La música muy bien, la verdad. Los canapés también. El sushi parece del bueno. Los camareros, muy profesionales y a la vez cercanos. Recomiendo. Hay chicas. Jesús y yo tratamos de abordarlas pero notamos (y con mirarnos ya sabemos que estamos pensando lo mismo) que tras la amplia simpatía inicial hay algo raro, como un grupo de estudiantes de trabajo social de visita en una cárcel o algo así. Nos ríen las gracias, pero sin mirarnos a los ojos. No nos devuelven los comentarios, y en cuanto pueden se alejan en grupito. Bebemos y las criticamos: la indie de pueblo, la moderna snob, la pija camuflada, la frígida retrasada, la puta de mierda. Paulo se ha dejado el ordenador (y sus tres pantallas) encendidas. Las ventas van de lujo: rompiendo el techo a pesar de la reciente subida de precios.

Los invitados se hacen fotos para sus Tuentis y Facebooks y Tumblrs y (si aún queda alguien) Fotologs. Algunos graban vídeos. ¿Se tratará todo esto de una excursión a la caverna de los Kafka Weekends o algo así? ¿Una visita guiada de la Escuela de Negocios, con hoja de firmas a la salida? Alguien ha subido una foto muy poco favorecedora de Olgaga a nuestra página de FB con el subtítulo Hay una gorda en España que lo escribe todo. Una foto tomada hace pocos minutos. Olgaga entra con una de sus identidades False-O-Matic y trata de poner en cuestión la imagen, pero no cuela: Pero de qué vas, foca, si te tenemos calada. Sabemos que eres tú. Te estamos viendo escribir. Te estamos viendo. Hay cientos de personas presentes, y aproximadamente la mitad andan

trasteando con el móvil en este momento. Además qué pereza. Jesús y yo ya estamos borrachos, las Miralles desnudas, Olgaga llorando, Paulo desaparecido. El lector innominado sigue parloteando desde la inmensa pantalla de la pared del fondo. Entonces se apaga la luz.

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