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Árboles en Peligro de Extinción

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Árboles en Peligro de Extinción 7

Última actualización: 12/05/2010 | Hora: 1:17 | Autor: James Nava 35 comentarios

A menudo, al tratar cuestiones medioambientales, se centra la atención únicamente en las especies animales o en los ecosistemas en peligro de extinción, pero dejamos al margen o prestamos menos interés a los árboles, que son la base de los ecosistemas y tienen un papel fundamental en la naturaleza. Algunos de los árboles más emblemáticos de la Tierra también son algunos de los que se encuentran en mayor riesgo de extinción. Merece la pena dar la voz de alarma y apoyar los esfuerzos para su conservación. Hagamos un recorrido por algunos de los árboles en peligro de extinción. En California nos encontramos con la Sequoia, que es el árbol más grande y antiguo del planeta. Tiene una altura de entre 50 y 80 metros, y la sequoia más vieja tiene 3.200 años. Se estima que hay 20.000 ejemplares dispersos en las arboledas que han subsistido. Además de en Estados Unidos, hay parques nacionales que las protegen en Inglaterra y Australia. En el continente americano también están los Pinos britlecone, entre cuyas características está la de ser el árbol más longevo del mundo. Muchos de sus ejemplares superan los 5.000 años. Tienen aspecto de árboles secos y muertos porque son retorcidos y con escasas hojas, producto de las condiciones extremas en las que viven, que es precisamente una de las razones por las que viven tanto, ya que no tienen enemigos naturales capaces de aguantar esas condiciones extremas.

En África e India podemos encontrar a la Moringa Oleifera, conocido como el árbol de los mil usos por los innumerables beneficios que tiene. Crece en zonas secas y evita la erosión del suelo, protege del viento, tiene frutos muy nutritivos, y distintas partes como las semillas, las raíces, o las hojas se utilizan para paliar dolores de articulaciones o problemas digestivos. En China crece el Ginkgo, que es un “fósil viviente”, único en su especie, su origen lo encontramos hace 270 millones de años y es un árbol vistoso, razón por la que utiliza a veces con fines ornamentales. Una de sus peculiaridades es que sus semillas no tienen cáscara protectora, por lo tanto no conviven ambos sexos en el mismo árbol sino que existen ginkgos masculinos y femeninos. Los machos se reconocen por sus numerosas flores amarillas y las hembras producen una fruta con olor nauseabundo. En las zonas semiáridas del Sáhara se encuentran los Baobabs, que destacan por lo ancho del perímetro de su tronco, que puede llegar a medir 40 metros, y porque pueden almacenar 120.000 litros de agua. Es un árbol majestuoso a la vez que útil, puesto que su fruto, parecido a un melón pequeño, muy rico en fibra, se consume como pasta y se utiliza para elaborar una bebida refrescante. Con sus hojas también se hace sopa y con la corteza se pueden hacer cuerdas.

En Egipto nos encontramos con el Eucalyptus regnans, que puede llegar a ser tan alto como la pirámide de Giza, que es la más grande del país. Son árboles naturales del sudeste de Australia, tienen flores y su fruto es una cápsula pequeña con una fragancia característica de los bosques de eucalitptos. En otras zonas del mundo hay sin sinfín de especies propias también amenazadas, por ejemplo, en Extremadura (España), están en riesgo el tejo, el abedul, el carballo, el mostajo y el loro. En particular el tejo sólo cuenta con 240 ejemplares al norte de

Cáceres y el abedul con 470 ejemplares. En Castilla y León (España) también se encuentran en peligro la encina y la sabina albar. Otra especie arbórea en peligro de extinción es el palorrosa (nombre científico Aniba rosaeodora). Sus ejemplares se están agotando rápidamente, ya que al día de hoy la producción de aceite de palorrosa se encuentra alrededor de las 50 toneladas, muy lejos de las 40 toneladas de la década de los 60. Su explotación masiva lo está llevando a la extinción.

La madera de este árbol se utiliza, principalmente, en dos industrias: la fabricación de guitarras de lujo, debido a su ductilidad y excelente sonoridad, que lo sitúan como la mejor opción para los diapasones; y en la perfumería, porque si se machaca y se hierve de una manera concreta, se extrae un aceite aromático utilizado en perfumes de lujo, por ejemplo, Chanel nº 5. Los caprichitos de algunas y la falta de escrúpulos de otros, ha colocado a este árbol en la lista de especies en extinción.

El nogal antillano o palo de nuez es otro árbol en peligro; natural de Puerto Rico, Cuba y República Dominicana. Es conocido como Juglans jamaicensis, aunque nunca se ha visto en Jamaica, y fue declarado como especie en peligro de extinción en enero de 1997. Su amenaza son la extensión de las plantaciones de café, que al no exigir sombra provocan que los talen, y el desmonte para tareas agrícolas. El nogal es un árbol grande que puede alcanzar hasta 25 metros de altura y su madera es de gran calidad. Su fruta es comestible pero, hasta donde se sabe, nunca fue explotada comercialmente. Otra árbol en peligro de extinción en Puerto Rico es el capá rosa (o péndula cimarrona) y cuyo nombre científico es Callicarpa ampla. Esta especie fue declarada en peligro de extinción en 1992. Sólo 14 árboles de capá rosa existían entonces en cinco lugares en la Isla. En Venezuela, país con enorme riqueza ecológica, tiene numerosas especies de árboles en peligro de extinción, por ejemplo: Caro-Caro, Canoruco, Lluvia de Oro, Cotoperiz, Tamarindo, Dividive, Acacia, Roble o Apamate y Flor Amarilla. En Brasil, donde las especies en vías de extinción ha dado un salto gigantesco y es alarmante, encontramos el pernanbuco (Pau Brasil, Caesalpinia echinata), un árbol del bosque húmedo brasileño, explotado durante 500 años y con cuya madera se fabrican los mejores arcos de violín e instrumentos musicales. En América Central y América del Sur están en peligro el cedro rojo (Cedrela odorata) y las especies de Cedrela. Son sólo algunos de los árboles en peligro de extinción, sobre los que tenemos una responsabilidad ineludible de conservación para generaciones futuras.

El tejo, el abedul, el carballo, el mostajo y el loro son las cinco especies de árboles amenazadas en Extremadura, según los trabajos de un grupo de expertos de la Junta y de la Universidad de Extremadura, quienes plasman el resultado de sus trabajos en el libro Los bosques de Extremadura. Evolución, ecología y conservación. Fernando Pulido, uno de los investigadores, y el consejero de Industria, Energía y Medio Ambiente, José Luis Navarro, presenta la obra, en la que se incluye las claves para la conservación de estas cinco especies. Así y según recoge la agencia Europa Press, la especie más amenazada es el tejo (Taxus baccata), catalogado como en peligro de extinción, con una población de 240 ejemplares, en seis poblaciones (grupos de árboles formados por más de 10 individuos) localizados en el norte de Cáceres. Según el grado de riesgo, le sigue el abedul (Betula spp), con unos 470 ejemplares, distribuidos en 17 poblaciones, y con la catalogación de vulnerable. En cuanto al carballo (Quercus robur), cuenta con una población de 1.013 ejemplares, en un total de 12 poblaciones. Pulido destaca que la presencia en Extremadura de este árbol, que es de origen centroeuropeo, es "muy interesante" porque se ubica el límite sur de Extremadura su área de distribución y ejemplares albergan variante genéticas que en su opinión deberían ser objeto de estudio. El siguiente árbol según el riesgo de supervivencia es el mostajo (Sorbus spp), que cuenta con una población de unos 500 ejemplares, confinados al macizo de las Villuercas e Ibores. En esta misma zona se encuentra el loro (Prunus lusitanica), que es la más abundante en el contexto extremeño, dado que hay unos 5.600 ejemplares, distribuidos en 27 poblaciones. Sin embargo, esta es la especie para la que Extremadura supone un porcentaje más importante de su población europea, cifrada en unos 30.000 ejemplares, de forma que la región extremeña tiene una gran responsabilidad en la conservación de este árbol. Para la elaboración de un plan de conservación, Pulido comenta que es necesario primero trabajar varios años en el conocimiento de la distribución y los factores que limitan a estas poblaciones. El consejero de Medio Ambiente recuerda que este libro es fruto de un acuerdo suscrito entre la Junta y la Universidad de Extremadura en el año 2002, y que tenía por objeto, además de realizar un estudio sobre las especies más amenazadas, otras iniciativas como establecer una cartografía de los bosques extremeños y una evaluación del estado de forestación. Navarro comenta que el 82 por ciento de los árboles evaluados por un estudio del Ministerio de Medio Ambiente en 2006 se encontraban sanos o ligeramente dañados, lo que sitúa a los bosques extremeños cuatro puntos por encima de esta categoría con respecto a la media nacional (78 %).

La Secoya del alba (Metasequoia glyptostroboides) se le puede considerar un fósil viviente. Este árbol de la familia de las coníferas fue descubierto a finales de la Segunda Guerra Mundial en China. Es la única especie del género de las Metasequoias que sigue viva, tan solo se conocen tres especies más en estado fósil. En la Secoya del Alba la corteza y el follaje son similares al género relacionado de las secoyas, pero las Metasequoias se diferencian en que su hoja es caduca. Es un árbol de crecimineto rápido alcanzando un diámetro de tronco de 2 m y 40-45 m de altos y pudiendo crecer más, ya que estos datos son de cultivos de hace 60 años. Las hojas se encuentran enfrentadas de 1 a 3 centímetros de un color verde fresco brillante, cambiando a un rojo marrón en la caída del otoño.

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