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El concepto de la mujer como un ser inferior -si bien no es universal- sí ha prevalecido en muchas culturas a lo largo de los

siglos. En 1891 la encíclica Rerum novarum del Papa católico León XIII señalaba que, “por naturaleza, la mujer está hecha
para el trabajo del hogar, y es el que se adapta mejor para preservar su modestia y para promover la buena educación de
los hijos y el bienestar de la familia”. En muchos países del mundo, incluyendo uno tan supuestamente avanzado como
Inglaterra, la mujer no tenía derecho a la propiedad a fines del siglo XIX y principios del XX. Aun cuando heredara bienes de
su padre, en el momento del matrimonio todos pasaban a ser de su marido. Si por alguna razón se registraba un divorcio, la
propiedad quedaba de forma permanente en manos del esposo.

En la Grecia clásica y en la Roma republicana, sociedades que en la antigüedad se distinguían por tener sistemas
democráticos, las mujeres no tenían derecho a votar o a participar en los asuntos de la comunidad. Con el restablecimiento
de los sistemas democráticos en Estados Unidos y Europa occidental a fines del XVIII y principios del XIX, se mantuvo el
criterio de que el sufragio era un privilegio masculino. En contra del voto de la mujer siempre se esgrimían los mismos
argumentos: Dios había hecho a las mujeres distintas de los hombres; ellas no tenían la inteligencia, la preparación o la
vocación para votar; el voto tendría un efecto negativo en su función como madres y esposas.

El primer país que le dio el voto a la mujer en elecciones nacionales fue Nueva Zelanda en 1893. Le siguieron Australia en
1902, Finlandia en 1906 y Noruega en 1913. El Reino Unido lo hizo (aunque en un principio sólo a las mayores de 30 años)
en 1918 y los Estados Unidos en 1920. Francia no le concedió el voto a la mujer sino hasta después de la Segunda Guerra
Mundial. México lo hizo en 1953 y Suiza en 1971. En muchos países, particularmente los árabes, se sigue negando a las
mujeres el derecho al sufragio.

A simple vista parecería que en México ha quedado atrás el debate sobre el voto femenino. Las mujeres no sólo ejercen el
derecho al sufragio de manera masiva sino que con frecuencia se convierten en dirigentes políticas.

En muchas comunidades indígenas, sin embargo, se le sigue negando a la mujer el derecho a participar en los procesos de
elección de sus gobernantes locales. Algunos grupos supuestamente progresistas argumentan que estas prácticas deben
aceptarse porque son parte de unos usos y costumbres que se han preservado desde hace siglos. No se percatan de que
este razonamiento es fundamentalmente el mismo que durante siglos mantuvieron los conservadores que se negaban a
darle el voto a las mujeres.

El voto no es un derecho secundario o incidental por el que no valga la pena preocuparse. La libre y secreta elección de los
gobernantes es un derecho fundamental para darle legitimidad a un Gobierno de cualquier nivel. Negárselo a una persona
por ser mujer, o por ser mujer indígena, es una de las peores violaciones a que se pueden realizar contra los derechos
individuales.

Qué bueno que toda la clase política mexicana está festejando hoy el cincuentenario de un logro político que, aunque
valioso, llegó tardíamente a nuestro país. No permitamos que se ensucie la celebración aceptando que se despoje de ese
derecho a las mujeres más desfavorecidas, más olvidadas, de nuestra sociedad.

“¡Que lo repita! ¡Que lo repita!”, era el grito estruendoso de más de 20 mil mujeres congregadas en el Parque 18 de Marzo
de la Ciudad de México el 6 de abril de 1952, para demandar y comprometer al candidato presidencial Adolfo Ruiz Cortines
a que cumpliera con su promesa de plasmar en la Constitución el derecho de las mexicanas a votar y ser electas.

Ruiz Cortines repitió su compromiso y la algarabía femenina se apoderó del lugar, recuerda 51 años después doña Carlota
Garrido, una de las mujeres sufragistas del entonces joven Partido Revolucionario Institucional (PRI), que se movilizaron por
concretar una añeja demanda feminista que databa de finales del siglo XIX.

Un año después de ese histórico mitin, el 17 de octubre de 1953, Ruiz Cortines --ya como presidente-- cumplió su palabra y
promulgó las reformas constitucionales que otorgaron el voto a las mujeres en el ámbito federal. Se cumplía así un sueño,
se consumaba una lucha y comenzaba otra que aún no ve final: la pelea por la ciudadanía plena de las mexicanas.

CAMBIO GRADUAL

A 50 años de haber conquistado el derecho al voto femenino, las sufragistas consideran que en la actualidad se ha ido
cerrando la brecha de las diferencias entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, advierten que aún prevalece el
machismo y que la plena equidad entre los sexos se dará “poco a poco”.

“Los señores todavía nos tienen un poco atadas. Los varones aún no se familiarizan” con la mayor presencia de las mujeres
en política, advierte Livia Fernández, de 86 años de edad, y quien para caminar requiere ahora de una andadera.

De cabello rizado y completamente blanco, doña Livia rememora los años de lucha como participante en la sección femenil
del PRI a fines de los años 40 y principios de la década de los 50.
A pesar de la conquista del voto para las mexicanas y de que actualmente hay cuotas de representación femenina en el
Poder Legislativo --lo que ha permitido mayor presencia de mujeres en cargos de elección--, Livia Fernández dice no estar
satisfecha con los derechos alcanzados por la población femenina.

“Falta fuerza para que las mujeres nos pongamos contra los señores que son los que nos tapan el paso. Las mujeres
somos más capaces y estamos más preparadas que los varones, eso les da miedo. Hay diputados que no sirven para
nada”, afirma con toda lucidez esta licenciada en Economía nacida en el puerto de Veracruz el 14 de junio de 1917.

DEMOCRACIA EN LA CASA Y EL TRABAJO

Para Margarita García Flores --quien a sus mozos 18 años fue directora de la Sección Femenil del PRI en los momentos de
la conquista del derecho a votar y ser electas-- el ejercicio del sufragio femenino “ha ayudado a que haya más democracia
en la familia y el trabajo”.

Sostiene que hoy el trabajo doméstico de las mujeres es más valorado y que en el ámbito laboral “ahora somos jefas”.
“Antes no pasábamos de ser la ‘sub’. En las universidades somos el 50 por ciento de estudiantes. ¡Qué no hubiera dado Sor
Juana Inés de la Cruz por vivir esa realidad!”, exclama Margarita García, con 68 años a cuestas y quien ha sido diputada
federal por Nuevo León en dos ocasiones.

Nacida en el seno de una familia “muy revolucionaria” en la que su madre y su abuela participaron en los clubes liberales
que prepararon el camino para el movimiento armado de 1910, Margarita --de lento caminar y cabello entintado de negro--
advierte que así como los hombres “se entronizaron en el poder”, las mujeres “también lo vamos a hacer pero poco a poco”.

Al igual que doña Livia Fernández, la ex dirigente femenil del PRI considera que “falta mucho” para que hombres y mujeres
vivan en plena equidad de condiciones y oportunidades, aunque confía en que esa conquista será gradual.

Más optimista, Carlota Garrido, periodista de 89 años y quien desde el antiguo Partido Nacional Revolucionario (el abuelo
del PRI) escribió artículos en defensa de los derechos femeninos, exclama: “Si nosotras gobernamos nuestras casas, ¿qué
acaso no podemos gobernar el país?”.

EDUCACION, LA CLAVE

De cara al porvenir y con el orgullo por recibir este jueves en el Senado una medalla por su participación en la lucha
sufragista, Livia Fernández “azuza” a las mujeres jóvenes: “Que no se dejen mandar por los hombres, que luchen por sus
derechos y que demuestren sus capacidades”.

En tanto, doña Carlota Garrido, originaria de Tabasco y licenciada en periodismo por la Universidad Obrera, lo tiene claro:
sin una educación que fomente desde las escuelas la cooperación entre los sexos, difícilmente se erradicará el machismo.

La también maestra normalista y cuyo mayor sueño fue llegar a ser ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
en donde desempeñó diversas funciones durante 31 años, está segura de que sólo la educación desde las instituciones y el
hogar a las y los niños, y el impulso a las jóvenes permitirán eliminar prejuicios que impiden a hombres y mujeres trabajar
en equipo.

¿MUJER PRESIDENTA?

Impensable a mediados del siglo pasado la idea de que una mujer pudiera ocupar la silla presidencial, hoy, 50 años
después, la puerta para que México tenga por vez primera una mandataria empieza a abrirse... aunque muy despacito.

Las viejas luchadoras sufragistas coinciden en que no hay prisa para que una mujer llegue a Los Pinos. Y no por que no
haya candidatas con la capacidad suficiente, sino que advierten que primero deben haber cambios en el inconsciente
colectivo.

Incluso doña Margarita García Flores afirma que “lo menos importante” es que México tenga una presidenta. “Eso es
protagonismo; hombre o mujer, lo que importa es que sea el mejor candidato o candidata”, advierte.

Para Carlota Garrido --quien entre sus experiencias narra cómo por culpa de actitudes machistas perdió una candidatura a
diputada federal frente a un varón-- que haya una mujer presidenta “no está a discusión”.

Pero --aclara con la sabiduría que da la vejez-- primero debemos acostumbrarnos hombres y mujeres a estar juntos en el
Congreso. Da a entender que no hay prisa, y sin afán triunfalista concluye: “Vamos avante”.
la colimense Griselda Alvarez Ponce de León, resumió lo que considera el balance de la participación femenina. “Por
ejemplo aquí hay 45 hombres y cuatro mujeres en el Muro de Honor ¿uested que dice?”

Desde su silla de ruedas señaló al Muro de Honor. En 1954 --el primer año—el Senado lo otorgó a la educadora Rosaura
Zapata; en 1969 a María Cámara Vélez viuda de Pino Suárez; en 1985 a la jurista María Lavalle Urbina y en 1996 a la
misma Griselda Alvarez.

Salud Carlota Garrido Garrido, de cabello blanco e independencia persistente a sus 89 años de edad, expresó una gran
satisfacción por el reconocimiento al añorar la presencia de otra sufragista.

“Me hubiera gustado que estuviera aquí la maestra Marta Andrade, inagotable y divina”, dijo la normalista y fundadora de la
revista Mujer de Tabasco, en 1934.

HISTORIAS DE LA LUCHA

Ningún momento fue mejor que otro“nuestra lucha fue eterna, todos fueron momentos (importantes), de un trabajo diario.” Y
la también cuentista se ufanó por “lograr cosas para mi partido Partido Revolucionario Institucional (PRI)”, al que ingresó
desde 1935 cuando aún era Partido Nacional Revolucionario (PNR).

Flory Núñez Ramírez, quien entre 1965 y 1968 fue responsable de preparar los informes presidenciales, considera un gran
orgullo recibir la medalla en agradecimiento a su labor.

La ex funcionaria de 81 años de edad llamó a las mujeres jóvenes a seguir la lucha “porque la política es muy hermosa pero
nunca ha sido fácil.”

Allí estuvo también Margarita García Flores que en su calidad de directora del Sector Femenil del Partido Revolucionario
Institucional llevó la propuesta, promulgada el 17 de octubre de 1953, al presidente.

De cabellos muy negros y traje sastre bermellón dijo muy segura que ya sabía ese día en la Cámara de Diputados que la
iniciativa se iba a aprobar.

Y sobre la notoriamente escasa participación juvenil señaló la ex diputada “Me preocupa que las jóvenes sepan hacer
política” porque hacer política es más difícil que creer que se trata de tender la mano y ver que se toma.

En tanto Aurora Rayalles con una sonrisa satisfecha y 87 años en su edad, dijo estar contenta pero consciente que falta
mucho camino “mientras no se respete a la mujer mexicana a las mujeres violadas, a las asesinadas y a las más
golpeadas.”

Para ella, líder magisterial y diputada federal en la XLIV legislatura “luchar por el sufragio no fue un sacrificio sino una
responsabilidad con el futuro.”

DERROCAR EL ABSTENCIONISMO

Mientras que Gloria Elena Alcalá Sotomora, la más joven del grupo nacida en 1934, maestra en ciencias de la educación
apostó por las “actividades que llamen a derrocar el abstencionismo sin ser afiliados a los partidos”, convencida de que
éstos deben renovarse y ganar mayor credibilidad.

Y ya casi a la salida del edificio principal en Xicontecatl, sostenida por una andadera, la economista veracruzana Livia
Fernández Lagos dijo: “Estoy muy emocionada, imagínate todo lo que hemos luchado por el progreso.”

Con 85 años está lejos de jubilarse de la política porque aunque cree que puede ser que ella no llegue, desde ahora dice
trabajar para apoyar a una candidata “no para el 2006 sino para el siguiente”. Pero todavía no sabe quien sería, dijo.

También acudieron a recibir el homenaje la ex dirigente de mujeres ferrocarrileras Alicia Sánchez Jara, la maestra y ex
delegada de Iztapalapa Lilia Berthely y la actual presidenta de la Alianza de Mujeres de México, María Guadalupe Aguirre
Soria. En representación de la ex senadora Ifigenia Martínez acudió su hija Andrea Navarrete.

En la sesión solemne además de la mayoría de los 128 senadores estaban otras mexicanas que participan activamente en
la política del país, desde el gobierno o la sociedad civil.
En México, aun en el constituyente de 1917 -con el fragor de la lucha revolucionaria- se discutió el derecho al voto de la
mujer: el artículo que hacía referencia a la ciudadanía permaneció igual al existente en la Constitución de 1857. Éste
señalaba que son "ciudadanos de la República todos los que teniendo la calidad de mexicanos reúnan además los
siguientes requisitos: I. Haber cumplido 18 años siendo casados y 21 si no lo son, y II. Tener un modo honesto de vivir". En
el artículo siguiente se estipulaba que una de las prerrogativas del ciudadano era "votar en las elecciones populares".

Como se puede ver, la Carta Magna de 1917 no negaba específicamente el derecho a voto a las mujeres o lo volvía
exclusivo de los hombres. Pero como durante todo el siglo XIX se identificó el "sufragio universal" con el sufragio masculino,
los constituyentes del 17 no creyeron necesario especificar quién debería arrogarse el título de ciudadano al cumplir
determinada edad. 1

Sin embargo, un año antes de la promulgación de la Constitución, en las leyes locales de tres estados se estipuló la
igualdad jurídica de la mujer para votar y ocupar puestos públicos de elección popular. Estas tres entidades fueron Yucatán,
Chiapas y Tabasco, curiosamente en una zona donde la Revolución Mexicana llegó desde afuera.

Las legislaciones de estos estados, al no contravenir a la Ley Superior, demostraron que, efectivamente, la exclusividad
masculina del voto sólo provenía de una interpretación "varonil" de la ley.

Los políticos mexicanos concibieron el crecimiento político de la mujer de manera gradual. Pensaron que primero deberían
"votar en chiquito" para tener el derecho de participar en las elecciones federales. Fue así que se dieron las primeras
reformas a la Constitución. Durante el sexenio de Miguel Alemán, en 1946, se reformó el artículo 115 para que las mujeres
pudieran votar y ser votadas en las elecciones municipales.

No sería sino hasta 1953, durante la administración de Adolfo Ruiz Cortines, que llegó la reforma; y, al decir de algunos
autores de textos sobre el período, sin que organizaciones de mujeres hayan presionado de manera intensa sobre dichos
cambios. El artículo 34 quedó de la siguiente manera: "Son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que,
teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: I. Haber cumplido los 18 siendo casados o 21
si no lo son y, II. Tener un modo honesto de vivir."

El derecho a voto de la mujer en América Latina llegó de manera dispareja. En Argentina se consiguió, tras largas luchas,
en 1947. En Brasil, se obtuvo la facultad de votar a las mujeres en 1932, mismo año en que Costa Rica la implementó. En
Guatemala sólo se otorgó este derecho en 1945 a las mujeres que sabían leer y escribir. No fue sino hasta 1965 que el voto
femenino se extendió también a las analfabetas.

EN ZACATECAS, LOS PRIMEROS ANTECEDENTES

Las primeras peticiones para la obtención del voto se remontan a los inicios de la etapa republicana. En 1821, un grupo de
mujeres de Zacatecas, pidió al gobierno, que se les considere ciudadanas por su contribución a la causa de la
independencia. Posteriormente, en 1856, alrededor de 81 mujeres se dirigen al Congreso Constituyente, reclamando
derechos políticos. Otro lugar donde la demanda del sufragio estuvo presente, fue en la prensa feminista decimonónica.

En mayo de 1911, en pleno conflicto armado, más de mil mujeres firman una petición pidiendo el voto. La organización que
encabezaba esta petición era Amigas del Pueblo, simpatizante de Francisco Madero, uno de los opositores al gobierno de
Porfirio Díaz y posterior Presidente de la República.

Esta petición fue dirigida al Presidente interino, Francisco León de la Barra bajo el argumento que la Constitución liberal de
1857, no impedía que las mujeres pudieran votar, ya que no las exceptuaba de manera explícita. En los años sucesivos, las
sufragistas utilizaran este argumento en sus campañas para lograr el voto.

El movimiento sufragista como tal, aparece recién dentro del escenario del conflicto armado que conmocionó a ese país
durante varios años. En una sociedad convulsionada, sin estructuras, ni normas determinadas y donde el diario vivir era una
aventura, las mujeres se vieron impelidas a tomar partido convirtiéndose voluntaria e involuntariamente en una fuerza de
apoyo fundamental, ya sea empuñando las armas, suministrando asistencia médica y alimentaria a los ejércitos de los
distintos bandos en guerra, y/o supliendo la ausencia de los hombres en las fábricas y en los servicios públicos.

Pese a ello, su presencia y actuación fue oscurecida por la historia oficial, no obstante el grado de participación e influencia
que muchas ejercieron en los líderes. Francisco Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, recibieron correspondencia
de mujeres donde ellas expresaban sus puntos de vista y inquietudes políticas acerca del transcurso de la guerra. Algunas
actuaron de asesoras

GENERACIÓN ILUSTRADA

La existencia de una generación de mujeres ilustradas que nació y creció durante los años del porfiriato (el gobierno de
Porfirio Díaz que gobernó al país de 1887 a 1910), ayuda a entender el desarrollo y el discurso del sufragismo en México,
un movimiento que desde el comienzo aspiró al poder, es decir a ser parte de la dinámica de cambios sociales que la
Revolución ofrecía. De ahí el empeño por competir en los distintos procesos electorales llevando un discurso propio. Aquí
destacamos algunos momentos de este proceso.

Muy tempranamente, sectores de mujeres vinculadas al anarquismo y al socialismo se involucraron abiertamente con los
grupos que lucharon por derrocar al régimen de Porfirio Díaz. En los llamados clubes reeleccionistas del movimiento de los
hermanos Flores Magón y Francisco Madero, las mujeres realizaron una intensa actividad de propaganda exigiendo la
renuncia del Presidente Díaz, y paralelamente el derecho a sufragio.

Por su credo liberal eran anticlericales y partidarias de una educación racionalista. Con el mismo valor con que empuñaron
el fusil, participaron en complots, y afrontaron la cárcel, pusieron toda su energía en la causa del sufragio. Fueron maestras,
periodistas, escritoras y militantes de organizaciones políticas y gremiales, al estilo de Hermila Galindo, Elvia Carrillo Puerto
y Refugio García, tal vez las figuras más emblemáticas de la primera hora del sufragismo mexicano.

Con una visión clara sobre la importancia política del sufragio para las mujeres, consideraron que el voto que era el punto
de partida para ejercer la ciudadanía. "Expresaron un deseo de poder, y se afirmaron como personas y sujetos políticos",
advierte la historiadora mexicana, Gabriela Cano.

LA PRIMERA

Hermila Galindo (1886-1954), maestra y periodista, afirmaba que la igualdad política debía extenderse a la educación, al
trabajo y a las relaciones personales. Desde las páginas de su revista La Mujer moderna, (1914-1919) defendió la
educación laica, reclamó educación sexual y el derecho de las mujeres a ejercer libremente su sexualidad, sosteniendo que
las mujeres a igual que los hombres, tienen los mismos deseos sexuales, tesis que le acarreó fuertes críticas de sectores
feministas conservadores, y el rechazo social.

En 1914, Galindo se incorpora al movimiento constitucionalista convirtiéndose en la.secretaria particular de Venustiano


Carranza, el primer gobernante de la revolución triunfante. Carranza la nombró su representante en Cuba y Colombia,
donde fue con la misión de dar a conocer la doctrina internacional del gobierno. Su acceso al poder le permitió presentar al
Congreso Constituyente de 1916-1917, una propuesta para que en la nueva carta constitucional se incluyeran los derechos
políticos de las mujeres.

Pero el voto femenino nunca estuvo en la agenda del día de los constituyentes. Fue el primer desengaño que sufrió Hermila
confiada en que la Revolución daría el voto a las mujeres. El compromiso de Venustiano Carranza. a "restablecer la
igualdad de los mexicanos entre sí", y asegurar "a todos los habitantes del país, la efectividad y el pleno goce de sus
derechos y las igualdad ante la ley", no incluyó a las mujeres.

Aunque decepcionada, decide presentarse como candidata a diputada por el 5º distrito electoral de la ciudad de México.
Gabriela Cano, asegura que "fue la primera vez que, en México, una mujer contendió por un cargo de elección electoral".
Según parece, Hermila obtuvo mayoría de votos que le hubiera permitido llevar a la Cámara de Diputados, pero el Colegio
Electoral rechazó este resultado, ateniéndose a la ley.

Queda claro que lo que persiguió Hermila Galindo fue llamar la atención para mostrar públicamente que las mujeres podían
y debían ser elegidas para ocupar cargos políticos. Pero fundamentalmente, quiso "dejar sentado un precedente para las
generaciones posteriores".

YUCATÁN, UN EMBLEMA

Un momento clave para el sufragismo mexicano, fue la realización del Primer Congreso Feminista de Yucatán convocado
por el gobernador de ese Estado, el General Salvador Alvarado, en 1916. Alvarado, uno de los lugartenientes de Carranza
en el conflicto armado, gobernó Tabasco de 1915 a 1918. De ideas socialistas vio en las mujeres una fuerza para el cambio.
Consideraba que "era un error social educar a la mujer para una sociedad que ya no existe". Durante su gobierno estableció
la educación laica, fundó la Casa del Obrero Mundial, la Escuela Normal de Profesores, escuelas nocturnas para artesanos
y organizó el Primer Congreso Pedagógico.

Hermila Galindo y otras connotadas sufragistas fueron invitadas a participar. Entre las 700 asistentes, en su mayoría,
maestras y periodistas, primó fundamentalmente el deseo de impulsar acciones a favor de la educación femenina,
especialmente la educación laica, tal vez porque la concurrencia de maestras fue mayoritaria. Si bien, no hubo consenso a
favor del sufragio amplio y general, pidieron que éste fuera efectivo a nivel de los municipios.

El Congreso de Yucatán que tuvo una segunda fase en diciembre de ese mismo año, puede considerarse un hito en el
proceso de articulación de un movimiento que más tarde tomará cuerpo con la creación en 1935, del Frente Unico Pro
Derechos de las Mujer (FUPDUM), considerado por varias historiadoras mexicanas, como la organización más importante
del sufragismo en su momento de auge.

Más allá de la importancia de este Congreso, Yucatán representa un lugar símbolo para el sufragismo y el feminismo
mexicano. Fue en ese Estado donde germinaron las ideas de avanzada, en torno al Partido Socialista Radical Tabasqueño,
cuyas bases eran las Ligas de Resistencia, espacios donde las mujeres participaron activamente, así como en la Liga de
Maestros Ateos, y en el Partido Feminista Revolucionario Tabasqueño que surgió en 1931.

Este Partido fue el germen de la lucha a favor del sufragio, conquista lograda a nivel estatal en 1932, cuando las mujeres de
ese Estado, votaron por primera vez en las elecciones legislativas locales. Con anterioridad, en 1870, un grupo de maestras
encabezadas por Rita Cetina Gutiérrez, fundó La Siempreviva, una sociedad feminista que propugnó el acceso a la
educación para las mujeres. Llegó a editar un periódico y fundar una escuela secundaria bajo el nombre de Escuela
Literaria de Niñas".
En la década de los años 20, en Tabasco se produjo el primer intento de gobierno socialista con el nombramiento en 1922,
de Felipe Carrillo Puerto para el cargo de gobernador. Carrillo Puerto emprendió una serie de acciones de corte liberal,
como la implantación de un programa de anticoncepción basado en el método de Margaret Sanger, la médica feminista
norteamericana, pionera de la anticoncepción.

Decretó "el divorcio rápido" y defendió el amor libre. Decidido partidario del sufragio femenino, consideraba que las mujeres
debían ocupar los mismos cargos políticos que los hombres. Bajo esta premisa expide un decreto para otorgar el voto
femenino, permitiendo de esta manera que en 1923, su propia hermana Elvia, fuera electa diputada al Congreso de
Yucatán. Junto a ella también fueron electas, las maestras Raquel Dzib y Beatriz Peniche de Ponce, convirtiéndose en las
primeras legisladoras de México.

Eufrosina Cruz Mendoza, de 27 años, se ha convertido en el referente de la lucha de las mujeres indígenas del Estado
mexicano de Oaxaca que reclaman el derecho a participar en la vida política. Desde el 4 de noviembre, esta joven de la
etnia zapoteca libra una batalla desigual que ha puesto sobre la mesa los abusos de la tradición ancestral de usos y
costumbres en las comunidades indígenas.

Domingo 10 febrero 2008

Eufrosina se postuló para alcaldesa. Sus papeletas acabaron en la basura

Las mujeres tienen prohibida la entrada en la asamblea del pueblo

De los 570 municipios de Oaxaca, 418 se rigen por esas prácticas milenarias, y en un centenar la palabra mujer no existe
en las leyes comunitarias, lo que le impide votar y participar como candidata en las elecciones municipales. Contra viento y
marea, Eufrosina quiso ser alcalde de Santa María Quiegolani, un municipio donde el poder político está exclusivamente en
manos de los hombres. Lo intentó, inscribió su candidatura al margen de la asamblea del pueblo, y sus papeletas acabaron
en la basura. La mujer no tira la toalla y ha puesto en pie el Movimiento Quiegolani por la Equidad de Género, que crece
como una mancha de aceite en tierras indígenas de Oaxaca y amenaza con extenderse a otros Estados.

En México existen 62 pueblos y comunidades indígenas, aunque en el país se hablan más de 85 lenguas y sus respectivas
variantes. La población indígena asciende a 13 millones de personas, que representan el 12% de todos los mexicanos. La
mayoría se concentran en Oaxaca, Guerrero y Chiapas, los Estados más pobres y con los índices de desarrollo humano y
social más bajos de toda la república. En Oaxaca hay más de 15 grupos étnicos, como los zapotecos, chontales, mixtecos y
triquis, y se hablan 16 lenguas indígenas.

Un municipio de 1.300 habitantes, oculto en el mapa, que está a seis horas de la capital del Estado a través de una pista de
tierra que se encarama por la Sierra Sur, es hoy noticia en México. La atención de los medios de comunicación aumentó
cuando el pasado 18 de enero el gobernador oaxaqueño, Ulises Ruiz, realizó una visita histórica a Quiegolani. Era la
primera vez que la máxima autoridad del Estado se dejaba ver por aquellas tierras olvidadas. Eufrosina Cruz no
desaprovechó la oportunidad. Ni corta ni perezosa se plantó ante el señor gobernador, y en tono firme le anunció que no
reconocería jamás la autoridad del alcalde que ganó la dudosa elección de noviembre. "No respeto al alcalde, porque sería
darle la razón a los abusos y costumbres. Le dije al gobernador que vigilaré la actuación de las nuevas autoridades y estaré
atenta a que no se violen los derechos de mi gente".

El jefe del Gobierno estatal exhortó al alcalde a impulsar la participación activa de las mujeres en las elecciones
municipales, y de regreso a Oaxaca promovió una iniciativa de ley en este sentido, que la diputada Sofía Castro, del Partido
Revolucionario Institucional (PRI), presentó el jueves pasado en el Congreso del Estado. Las autoridades se empiezan a
dar cuenta de que algo se mueve en las comunidades indígenas oaxaqueñas, y ya hay quien habla de la revolución de los
alcatraces (denominación local de las flores calas), símbolo de las mujeres indígenas de Quiegolani. Las puertas de los
despachos oficiales ya se abren para Eufrosina, que empieza a recibir promesas e invitaciones a participar en foros
internacionales.

"No me convertiré en uno de ellos, no traicionaré a mi gente", dice con voz firme junto al fuego, mientras su madre prepara
tortillas de maíz. "Tengo a mis padres que viven allí, veo la tristeza, la injusticia en las caras de las mujeres, veo sus manos
endurecidas... Las tengo grabadas en mi mente". El origen de la historia de Eufrosina Cruz tiene que ver con la vida que le
espera a toda mujer en esta aldea zapoteca: levantarse a las tres de la madrugada, ir al campo a buscar leña, moler maíz,
preparar las tortillas, atender a los hijos y limpiar la casa. Y así, día tras día. "Yo no quería vivir eso, por eso salí del pueblo".
Tenía 11 años. "Vi por primera vez un autobús, llegué a una comunidad desconocida, y luego a una ciudad gigantesca.
Escuché por primera vez hablar español".

Obtuvo una beca a base de dar clases en una comunidad muy pobre y pudo terminar una carrera universitaria. Cuando
volvía a su pueblo de vacaciones veía la misma situación. El reloj seguía parado en Quiegolani. "Mi hermana no paraba de
tener hijos. Tuvo nueve, aunque murieron tres. Mi mamá seguía levantándose a las tres de la madrugada, y mi papá
caminaba dos horas para ir al ranchito". Quiso ser alcaldesa con la esperanza de que las cosas podían cambiar. Pero aquel
4 de noviembre tropezó con la dura realidad. "Ahí me di cuenta de que las mujeres somos como una pared blanca. Nadie se
arriesga por nosotras, empezando por los maridos, los políticos y mucho menos las organizaciones. Somos una pared
blanca en la que nadie se atreve a escribir. Yo me arriesgué y me estoy enfrentando a una cantidad inmensa de obstáculos
que no sé cómo derribaré".
Sus enemigos en el pueblo difunden toda clase de chismes, dicen que la china está loca, que sus padres no le hablan, que
anda como perra rabiosa y que hay que pararla como sea, con un balazo si es preciso. Y doña Guadalupe Mendoza, 67
años, madre de Eufrosina, no logra conciliar el sueño, porque el miedo se apodera del cuerpo. Sabe bien cómo las gasta la
gente mala. Al caer la noche, unas 50 mujeres se reúnen en una casa de una vecina. Es la guarida. Asisten también
algunos hombres que apoyan el movimiento. "Queremos hacer ruido para que nos hagan caso como mujeres", dice Eva
Olivera, maestra chontal. "Sí se acuerdan de nosotras cuando hay elecciones presidenciales, cuando los partidos necesitan
votos, pero no para elegir a nuestras autoridades".

"Este movimiento empezó en noviembre", recuerda Eufrosina, a quien todos los asistentes escuchan con devoción. "Quizá
no hemos logrado muchas cosas, pero ahí vamos. Los usos y costumbres no pueden estar por encima de la Constitución".
Una de las mujeres cuenta las amenazas de muerte que ha recibido, y Eufrosina recuerda que ha presentado denuncia ante
la fiscalía de la nación.

En la sede del Ayuntamiento, Eloy Mendoza, el nuevo alcalde que asumió el 1 de enero, habla de una costumbre milenaria
en el municipio. "Para la señora Eufrosina, todo mi respeto", dice con un tono que suena a sarcasmo. "Lamentablemente,
sólo pudieron votar los hombres. En esta ocasión, ella quiso competir y fue aceptada por un grupo de ciudadanos, pero el
detalle es que no vive en la comunidad. Uno de los puntos de los usos y costumbres es que todo candidato debe vivir en la
comunidad". "Yo comparto mucho la idea de una participación activa de las mujeres en las cuestiones políticas", añade.
¿No es hora de que los usos y costumbres empiecen a cambiar? "Bien, muy bien, estoy de acuerdo", responde el alcalde.
"El cambio es un proceso gradual que tiene que desembocar en la máxima autoridad, que es la asamblea del pueblo, que
determinará qué hacer". Las mujeres tienen prohibida la entrada en dicha asamblea.

La peruana Katya Salazar es la directora de programas de la Fundación para el Debido Proceso Legal (DPLF, por sus siglas
en inglés), con sede en Washington. Desde hace tres años desarrolla una intensa actividad en México, particularmente en el
Estado de Oaxaca. "Es el único lugar del mundo en que la ley reconoce la elección por usos y costumbres", dice. "El código
electoral de Oaxaca no prohíbe la participación de las mujeres, son las propias reglas de algunas comunidades las que lo
prohíben". Salazar subraya que los usos y costumbres son Derecho indígena. "Hay costumbres que tienen que cambiar, de
igual modo que hay leyes que tienen que cambiar", dice al recordar que "en América Latina, la justicia formal, los poderes
judiciales no llegan a todos los rincones. Ni llegarán. No por mala fe, sino porque el poder judicial no tiene capacidad
suficiente. ¿Qué ocurre cuando se comete un delito? Aparecen mecanismos espontáneos en el interior de las comunidades
para resolver conflictos. Lo que diga una autoridad comunal tiene más peso que lo que diga Juan Pérez, que viene de la
capital, que está a ocho horas". La antropóloga Margarita Dalton, con un doctorado por la Universidad de Barcelona, tiene
documentados más de 30 casos de obstáculos y amenazas a mujeres alcaldes o candidatas al cargo en municipios regidos
por los usos y costumbres, y en aquéllos gobernados por los partidos políticos tradicionales. Tomasa de León, alcaldesa de
Yolomecatl, en la Mixteca, se vio obligada a renunciar ante la presión de los hombres. En la costa oaxaqueña, Lupita Ávila
Salina, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), prometió durante la campaña hacer transparentar el uso de los
recursos por parte del alcalde saliente, del PRI. Después de ganar las elecciones, Ávila fue asesinada por su antecesor, que
sigue en libertad.

Eufrosina Cruz tiene ahora otro sueño: ser abogada "para poder interpretar la ley como la interpretaron los diputados, y
defenderme de nuestros adversarios con sus mismas herramientas".

La difícil armonía entre ley y tradición

Desde 1988 empezaron reformas en Oaxaca para reconocer su carácter multicultural, multiétnico y multilingüístico. Había
un movimiento indigenista muy fuerte que pedía el reconocimiento de la realidad de estos pueblos. Aquel año, el Congreso
de Oaxaca aprobó la Ley de Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas, que reconoce la existencia de 15 pueblos
indígenas. La nueva normativa no era ajena a la rebelión zapatista que comenzó cuatro años antes en el Estado de
Chiapas.

La ley contempla “la existencia de sistemas normativos internos de los pueblos y comunidades indígenas con
características propias y específicas en cada pueblo, comunidad y municipio del Estado, basados en sus tradiciones
ancestrales y que se han transmitido oralmente por generaciones, enriqueciéndose y adaptándose con el paso del tiempo a
diversas circunstancias”. El artículo 29 reconoce la validez de las normas internas de los pueblos y comunidades indígenas,
“siempre y cuando no contravengan la Constitución Política del Estado, las leyes estatales vigentes ni vulneren derechos
humanos ni de terceros”.

El artículo 46 va más allá y señala que “el Estado promoverá, en el marco de las prácticas tradicionales de las comunidades
y pueblos indígenas, la participación plena de las mujeres en tareas y actividades que éstos no contemplan y que tiendan a
lograr su realización, su superación, así como el reconocimiento y el respeto a su dignidad”.

Como colofón, en el artículo 49, “el Estado asume la obligación de propiciar la información, la capacitación, la difusión y el
diálogo, para que los pueblos y comunidades indígenas tomen medidas tendientes a lograr la participación plena de las
mujeres en la vida política, económica, social y cultural de los mismos, a fin de cumplir cabalmente con el mandato del
artículo 12 de la Constitución Estatal”. La realidad es, en palabras de la antropóloga Margarita Dalton, que en la sociedad
oaxaqueña “las mujeres no participan mucho, sean o no de comunidades indígenas”.
Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer
Ratificada por México el 23 de marzo de 1981
Entrada en vigor: 7 de julio de 1954
Las partes contratantes
Reconociendo que toda persona tiene derecho a participar en el Gobierno de su país directamente o por conducto de repre-
sentantes libremente escogidos, y a iguales oportunidades de ingreso en el servicio público de su país; y deseando igualar
la condición del hombre y de la mujer en el disfrute y ejercicio de los derechos políticos, conforme a las disposiciones de la
Carta de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de Derechos Humanos,
Habiendo resuelto concertar una convención con tal objeto,
Convienen por la presente en las disposiciones siguientes:
Artículo I
Las mujeres tendrán derecho a votar en todas las elecciones en igualdad de condiciones con los hombres, sin discrimina-
ción alguna.
Artículo II
Las mujeres serán elegibles para todos los organismos públicos electivos establecidos por la legislación nacional, en con-
diciones de igualdad con los hombres, sin discriminación alguna.
Artículo III
Las mujeres tendrán derecho a ocupar cargos públicos y a ejercer todas las funciones públicas establecidas por la legisla-
ción nacional, en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna.
Artículo IV
1. La presente Convención quedará abierta a la firma de todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas, y de cual-
quier otro Estado al cual la Asamblea General haya dirigido una invitación al efecto.
2. La presente Convención será ratificada y los instrumentos de ratificación serán depositados en la Secretaría General de
las Naciones Unidas.
Artículo V
1. La presente Convención quedará abierta a la adhesión de todos los Estados a que se refiere el párrafo 1 del artículo IV.
2. La adhesión se efectuará mediante el depósito de un instrumento de adhesión en la Secretaría General de las Naciones
Unidas.
Artículo VI
1. La presente Convención entrará en vigor noventa días después de la fecha en que se haya depositado el sexto instru-
mento de ratificación o adhesión.
2. Respecto de cada uno de los Estados que ratifiquen la Convención o que se adhieran a ella después del depósito del
sexto instrumento de ratificación o de adhesión, la Convención entrará en vigor noventa días después de la fecha del de-
pósito del respectivo instrumento de ratificación o de adhesión.
Artículo VII
En el caso de que un Estado formule una reserva a cualquiera de los artículos de la presente Convención en el momento de
la firma, la ratificación o la adhesión, el Secretario General comunicará el texto de la reserva a todos los Estados que sean
partes en la presente Convención o que puedan llegar a serlo. Cualquier Estado que oponga objeciones a la reserva podrá,
dentro de un plazo de noventa días contado a partir de la fecha de dicha comunicación (o en la fecha en que llegue a ser
parte en la presente Convención), poner en conocimiento del Secretario General que no acepta la reserva. En tal caso, la
Convención no entrará en vigor entre tal Estado y el Estado que haya formulado la reserva.
Artículo VIII
1. Todo Estado podrá denunciar la presente Convención mediante notificación por escrito dirigida al Secretario General de
las Naciones Unidas. La denuncia surtirá efecto un alo después de la fecha en que el Secretario General haya recibido la
notificación.
2. La vigencia de la presente Convención cesará a partir de la fecha en que se haga efectiva la denuncia que reduzca a
menos de seis el número de los Estados partes.
Artículo IX
Toda controversia entre dos o más Estados Contratantes, respecto a la interpretación o a la aplicación de la presente
Convención, que no sea resuelta por negociaciones, será sometida a la decisión de la Corte Internacional de Justicia a
petición de cualquiera de las partes en la controversia, a menos que los Estados Contratantes convengan en otro modo de
solucionarla.
Artículo X
El Secretario General de las Naciones Unidas notificará a todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas y a los
Estados no miembros a que se refiere el párrafo 1 del artículo IV de la presente Convención:
a) Las firmas y los instrumentos de ratificación recibidos en virtud del artículo IV;
b) Los instrumentos de adhesión recibidos en virtud del artículo V;
c) La fecha en que entre en vigor la presente Convención en virtud del artículo VI;
d) Las comunicaciones y notificaciones recibidas en virtud del artículo VII;
e) Las notificaciones de denuncia recibidas en virtud del párrafo 1 del artículo VIII,
f) La abrogación resultante de lo previsto en el párrafo 2 del artículo VIII.
Artículo XI
1. La presente Convención, cuyos textos chino, español, francés, inglés y ruso serán igualmente auténticos, quedará de-
positada en los archivos de las Naciones Unidas.
2. El Secretario General de las Naciones Unidas enviará copia certificada de la presente Convención a todos los Estados
Miembros de las Naciones Unidas y a los Estados no miembros a que se refiere el párrafo 1 del artículo IV.