P. 1
Racismo, Discriminación y Exclusión

Racismo, Discriminación y Exclusión

|Views: 122|Likes:
Publicado porMarcos Lukaña
Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco. Descarga en PDF el libro = http://www.guamanpoma.org/blog/?p=4606
Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco. Descarga en PDF el libro = http://www.guamanpoma.org/blog/?p=4606

More info:

Published by: Marcos Lukaña on Dec 19, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
See more
See less

02/03/2014

Sections

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco Tareas pendientes, retos urgentes

Centro Guaman Poma de Ayala Jirón Retiro 346 Tahuantinsuyo – Cusco www.guamanpoma.org

Investigación: Diseño: Fotografía de carátula: Corrección de estilo: Impresión:

Karina Pacheco Medrano Gonzalo Nieto Degregori Oswaldo Macedo Jorge Alejandro Vargas Prado Servicios gráficos JMD

Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional Nro. 2012 - 04702 Tiraje: 500 ejemplares Cusco, abril del 2012

Contenido

Introducción 1. 2. 3. 4. ¿Qué quiere decir discriminación, racismo, exclusión? ¿Cómo se expresan el racismo, la discriminación y la exclusión en el Perú? ¿Hay discriminación, racismo y exclusión en el Cusco? ¿Contra quiénes se ejerce mayor discriminación y racismo en el Cusco? 4.1. 4.2. 4.3. 4.4. 4.5. 4.6. 4.7. 4.8. 4.9 Los “indios”. Campesinos y poblaciones de origen indígena Runasimita rimanchischu? ¡¿Qué cosa estarás diciendo?! Los pobres El color de la piel Los “incultos” Las mujeres Extranjeros y cusqueños La cultura centralista Otros sectores segregados: la discriminación invisible

7 13 21 31 37 40 45 51 58 59 62 65 70 74

5. 6. 7. 8. 9.

¿En qué espacios se discrimina más? ¿Dónde aprendemos a discriminar? ¿Por qué discriminamos? ¿Cómo justificamos el racismo y la discriminación? ¿Cuáles son las consecuencias de estos fenómenos para la sociedad?

77 89 95 101 107 113 123 127 145 151

10. ¿Qué podemos hacer para superar esos problemas? Reflexiones finales Anexo. Encuesta sobre racismo en el Cusco Referencias bibliográficas Personas y grupos entrevistados

Introducción

I

Cuando los peruanos hablamos de nuestros problemas y expectativas como país, saltan tanto las propuestas para mejorar las condiciones económicas de la población, construir grandes obras de infraestructura y combatir la corrupción, como también los anhelos por convertirnos en un país número uno en algo: sea en turismo, gastronomía, fútbol, crecimiento económico… En periodos electorales, las ofertas de los diferentes candidatos al gobierno nacional, y a los gobiernos regionales y municipales también se centran en esos temas: crecimiento económico, mejora del empleo, construcción de carreteras, hospitales y escuelas. Algunos incluyen el combate a la corrupción, la protección del ambiente y la inclusión social. Más raro es escuchar propuestas a favor de los derechos humanos, los pueblos indígenas, la lucha contra el racismo o el fomento de la cultura y la interculturalidad. Pareciera que siempre visibilizamos y priorizamos los problemas económicos y materiales; lo demás se presenta como secundario, postergable, incluso prescindible. Aunque un gran número de peruanos pase por alto tales cuestiones, esas continúan siendo tareas pendientes, urgentes, que se mantienen como un gran vacío que el crecimiento económico e incluso algunas mejoras notables en infraestructura educativa y sanitaria no pueden llenar. ¿Es un vacío? ¿O un malestar? ¿Una herida tal vez? Una cosa no visible que hiere, daña, crea sentimientos de tristeza, indignación, rabia, inseguridad personal, temor y desconfianza, anhelos de ser otro, incluso deseos de morir… ¿qué es? A veces se manifiesta como algo que parece pesar en el aire y, sin embargo, no es invisible. Puede observarse en la frecuencia con que epítetos y frases como: “indio”, “cholo de mierda”, “maricón”, “serrano”, “mujer tenías que ser”, “cuatro-ojos”, “harapiento” y otros se

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

9

expresan con desprecio en las calles, escuelas y bancos, en las redes de internet e incluso en medios de prensa. Pese al tono ofensivo con el que estas frases son expresadas, pocas veces hallan una respuesta, una denuncia, menos aún una sanción social o penal. En el Perú, está normalizado utilizar frases que pueden describir la naturaleza intrínseca de ciertas personas como insulto (ser indio, mujer, discapacitado, homosexual, pobre). Pero esa “normalidad” no quiere decir que tal trato deje de generar heridas, sufrimiento, conflictos y traumas, todos los cuales obstaculizan la construcción de una sociedad democrática y tolerante. Racismo, discriminación y exclusión en el Perú son fenómenos muy arraigados y extendidos; históricamente tan antiguos y socialmente tan masivos que en general los asumimos con pasividad: discriminamos, excluimos y somos racistas sin vergüenza. Incluso podemos alardear expresando frases discriminatorias y racistas con sentido de orgullo y superioridad, no como algo ominoso. Por otro lado, podemos ser víctimas de la discriminación sintiendo miedo e incluso culpa, como si el insulto o la ofensa que hemos sufrido fueran responsabilidad nuestra y no del agresor. ¿El mundo al revés? Cuando fenómenos nocivos como estos se producen de manera extendida y cotidiana, aunque haya leyes que los condenen, se siguen asumiendo como cosa normal, nadie los sanciona; por el contrario, quien se queja de la arbitrariedad puede ser visto como resentido, agitador, radical, mala persona. Esto es algo recurrente, por ejemplo, cuando las poblaciones indígenas se rebelan contra las autoridades por las concesiones que hacen en sus territorios para grandes inversiones sin haber consultado antes con ellas; concesiones que muchas veces infligen graves daños al medioambiente que sustenta a esos pueblos, aunque reporten grandes ingresos al Estado. Si algo así se planteara contra el territorio habitado por poblaciones de clase media o alta en las grandes ciudades, sin duda estas también protestarían, quizás incluso con más ruido y furia; pero nadie consideraría que su protesta no es justa, mucho menos esas personas serían tachadas de salvajes, radicales o saboteadoras del desarrollo. Este trato y esta mirada tan diferenciados sobre unos y otros ciudadanos solo son posibles cuando una mentalidad racista, discriminatoria e históricamente excluyente predomina en gran parte de la sociedad. En cualquier caso, en los últimos años el Perú parece estar viviendo una etapa en la que así como prevalecen ese tipo de actitudes, también crecen las demandas por lograr más inclusión

10

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

y menos discriminación. Esas son tareas largamente pendientes en la historia del país, pero no por ello dejan de ser retos urgentes.

II El primer objetivo de este documento (y de la investigación en la cual se sustenta) ha sido identificar los principales mecanismos y espacios donde los cusqueños ejercemos, sufrimos y aprendemos la discriminación, la exclusión y el racismo; también apunta a identificar cuáles son los marcadores de identidad más discriminados en nuestra región y cuáles los discursos y el imaginario que nos llevan a justificar esos fenómenos. Con esta base, se pretendía conocer cuáles son los principales impactos que ellos generan en los individuos y la colectividad. A partir de este análisis, el segundo objetivo ha sido extraer propuestas de política y acción cívica que permitan a las instituciones públicas y a los propios ciudadanos combatir la exclusión, la discriminación y el racismo de cara a generar una sociedad más democrática e incluyente. Para alcanzar esos objetivos, la investigación se basó en la aplicación de entrevistas a informantes clave (maestros, comunicadores sociales, líderes de organizaciones y expertos en esas materias), en la realización de grupos focales con jóvenes y escolares, así como en una encuesta1 sobre racismo, discriminación y exclusión aplicada por el Centro Guaman Poma de Ayala entre marzo y abril de 20112. Todo ello se complementó con la revisión de bibliografía relevante. Los resultados de este estudio se presentan a través de preguntas, respuestas y ejemplos de la vida real, algunos de los cuales se han desarrollado en forma de historias ilustrativas. En estos casos, todos los nombres de personas, lugares y situaciones reales han sido modificados

1

Esta encuesta incluyó algunas preguntas abiertas sobre situaciones o frases discriminatorias observadas o vividas. Muchas de las respuestas recogidas han sido incluidas en este documento como testimonios muy reveladores. Por razones de confidencialidad, este documento omite los nombres de los entrevistados y encuestados.

2

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

11

y recreados a fin de salvaguardar la privacidad de los personajes y la confidencialidad de las personas que compartieron historias, a veces muy íntimas, sobre situaciones vividas u observadas de discriminación y racismo.

12

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Qué quiere decir discriminación, racismo, exclusión?

1

La discriminación, el racismo y la exclusión son tres grandes y viejas taras que nuestro país arrastra desde hace siglos. Y las arrastra como algo que fuera parte natural de su cuerpo social, económico, político, cultural; no como un bulto dañino del que podría y debería liberarse. Pero antes de analizar por qué o cómo es posible que un país entero lleve semejante carga con naturalidad, o con resignación, cabe aclarar qué significan esos términos, habida cuenta de que muchas veces se utilizan indistintamente, sin considerar las diferencias que hay entre ellos. ¿Qué es la discriminación? Según el diccionario de la lengua española de la Real Academia Española (RAE 2011), la palabra discriminación viene del verbo discriminar, que tiene dos significados: 1) seleccionar excluyendo; y 2) dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc. Es decir, la discriminación nos indica una situación de diferenciación negativa, por la cual hacemos distinciones en el trato que damos a unos individuos frente a otros y en la propia reflexión que hacemos sobre ellos, según sus características preponderantes o las de su cultura. Al violentar un principio ético y moral prevaleciente en prácticamente todas las culturas, religiones e ideologías que creen en la dignidad del ser humano, el principio de que todas las personas nacen y deben ser iguales ante la ley y/o ante Dios y que jamás deben ser perseguidas o maltratadas por sus diferencias particulares, la discriminación significa una actitud y una práctica que lesiona profundamente ese principio básico. Por ello, la discriminación muchas

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

15

veces ha sido vista como una forma de violencia pasiva; sin embargo, también muchas veces en la historia de la humanidad se ha traducido en violencia activa, física y masiva. Quienes discriminan dando un trato diferencial a unas personas respecto de otras según rasgos físicos (color de piel, cabellos, ojos, etc.), condición económica, características étnicas y culturales, sexo y opción sexual, discapacidad física, religión o ideología política, son personas que tienen una visión limitada e intolerante ante la diversidad de la condición humana; son personas que consideran que sus propias características y maneras de ver el mundo son las mejores y las colocan por encima de los demás. Si a esta actitud se suma poder político, social y/o económico que permite dictar normas, leyes o maneras de comportamiento, esa actitud se puede extender a toda la sociedad y perpetuarse en el tiempo. Por todo ello, siempre es válido recordar cuáles son algunos de los principales mandatos mundiales y nacionales que garantizan la igualdad y previenen contra los males de la discriminación. Así, el primer artículo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual ha sido firmada y ratificada por prácticamente todos los países del mundo, incluido el Perú, señala que:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (ONU 2011).

Asimismo, la Constitución del Perú, resalta este principio en sus primeros artículos, en particular, en el segundo punto de su artículo segundo:
Artículo 2°.- Toda persona tiene derecho: A la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y bienestar. El concebido es sujeto de derecho en todo cuanto le favorece. A la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole (Congreso de la República 1993).

De otro lado, ya que la discriminación, en diversas formas, es un fenómeno que existe o ha existido en gran parte del mundo, una de las estrategias para combatirla ha sido la aplicación de políticas de “discriminación positiva”, esto es, tomando nuevamente a la RAE: “Protección de carácter extraordinario que se da a un grupo históricamente discriminado, especialmente por razón de sexo, raza, lengua o religión, para lograr su plena integración social” (RAE 2011). Así

16

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

por ejemplo, para favorecer la participación de las mujeres en el mundo político, en el Perú y en la mayoría de países latinoamericanos existe una ley de cuotas para que los partidos políticos tengan un mínimo de participación de género entre sus candidatos al Congreso (en el Perú es de 30%). Por ello, cuando hablamos de discriminación, debemos considerar también la existencia de la discriminación positiva como uno de los mecanismos legales más comunes para combatir a esa (otra) discriminación. ¿Qué es el racismo? El racismo es una de las formas más extendidas y crueles de discriminación. Se sustenta en una visión de superioridad de unos grupos sobre otros y se expresa en el trato diferenciado y excluyente de los sujetos que se consideran superiores sobre los grupos que son considerados inferiores por cuestiones de tipología física, algo que se suele denominar raza y que es el término a partir del cual surge la palabra racismo. No obstante, hay que aclarar que el término raza es polémico, por cuanto el género humano en su totalidad pertenece a la categoría Homo Sapiens Sapiens y, por tanto, hablar de razas humanas sería negar esa igualdad de toda la especie y contribuiría, directa o indirectamente, a respaldar las ideologías racistas. Estas ideologías creen que hay diferentes razas humanas y proclaman la superioridad de unas sobre otras según las diferencias físicas entre los diversos grupos humanos (dadas por el color de piel, tipo de ojos, cabellos, contextura física, etc.). Sobre estas diferencias físicas, las ideologías racistas justifican la explotación y las injusticias cometidas contra los pueblos que consideran inferiores. Por ello, no es extraño que los procesos de colonización y “conquista” dados en diferentes lugares del mundo se hayan apoyado y justificado siempre en discursos racistas por los cuales se exaltan las virtudes del conquistador y se desprecian e incluso demonizan las características del conquistado, el cual, sobre esa base, puede ser esclavizado, sometido, incluso exterminado. Al considerar que son las características físicas las que determinan la superioridad o el grado de bienestar de unos pueblos en relación a otros, se pasa por alto que son los procesos históricos, sociales y económicos los que generan los diferentes estilos de vida o los diferentes estados de desarrollo económico. En este sentido, la Enciclopedia del holocausto señala:

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

17

La doctrina del racismo afirma que la sangre es la marca de la identidad nacional-étnica y sostiene que las características innatas determinan biológicamente el comportamiento humano. Juzga el valor de un ser humano no por su individualidad, pero exclusivamente por su pertenencia en una “nación colectiva de raza”. Muchos intelectuales, incluyendo científicos, han dado apoyo seudocientífico a las ideas racistas. (United States Memorial Museum 2011)

Y hay que agregar que muchos ciudadanos, guiados o alentados por esos intelectuales, asumen o afianzan sus perspectivas y actitudes racistas. Entre las expresiones más extremas y trágicas del racismo y la discriminación, resalta el nazismo, que hace menos de un siglo, bajo el gobierno de un grupo que enaltecía como valores esos fenómenos, arrastró a la sociedad alemana a aplicar de manera sistemática tales prácticas, por lo que se establecieron medidas para diferenciar y separar a judíos, gitanos, discapacitados, homosexuales y opositores políticos del resto de la sociedad. Y, cuando ellos empezaron a esconderse, se los persiguió y encarceló, hasta que finalmente se dictaron y aplicaron políticas para su exterminio. Millones de personas en toda Europa murieron por esta causa. Ello no hubiera sido posible si en las décadas previas al nazismo no se hubiera alimentado en la sociedad alemana sentimientos de superioridad y justificación del racismo y la discriminación. Por ello, es de suma importancia prevenir el surgimiento o la pervivencia de ese tipo de visiones segregacionistas e intolerantes. Más cerca en el tiempo, y aquí mismo en el Perú, durante los años de la violencia política (1980-2000) millares de ciudadanos fueron aniquilados en medio del conflicto entre el grupo terrorista Sendero Luminoso y las Fuerzas Armadas. Como resultado de éste, se tuvo que 79% de las víctimas habitaban las zonas rurales de las regiones más pobres del Perú y 75% tenía el quechua u otro idioma originario como lengua materna. Tanta violencia centrada en estos sectores no se hubiera aplicado ni por los grupos terroristas ni por los representantes del Estado si en todos ellos no hubiera prevalecido una mentalidad por la cual la vida de un indígena pobre vale poco, o nada; y tampoco hasta el día de hoy tantas muertes serían justificadas como “excesos” o “costos naturales de una guerra”. Cabe preguntarnos cuál sería la perspectiva si los cincuenta mil campesinos asesinados en esos años de violencia hubieran sido habitantes de Lima y otras grandes ciudades del Perú.

18

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Pero si es muy necesario mantener la memoria y la reflexión sobre las grandes tragedias que la discriminación produce, también es importante continuar alertas y conscientes respecto a las prácticas discriminatorias, menos aparatosas pero más frecuentes, que se producen cotidianamente y también generan graves perjuicios al desarrollo de las personas y la sociedad. Por ello, hay que recordar que las formas más comunes de discriminación y racismo se dan a través de miradas despectivas, chistes y frases burlescas sobre las diferencias socialmente discriminadas; preferencias físicas y no consideración de las capacidades profesionales a la hora de dar trabajo a una persona; tratos diferenciados en el momento de aplicar las leyes; o menosprecio a los ciudadanos más pobres e indígenas en los centros educativos, juzgados, hospitales… Todo ello afecta profundamente a las personas que se ven rechazadas, maltratadas o discriminadas e impide que todos los ciudadanos obtengan igualdad para el ejercicio de sus derechos. También nos imposibilita la construcción de una sociedad más unida, solidaria, capaz de mirarse en sus diferencias con respeto en lugar de desprecio, y, por tanto, de caminar hacia el bien común. ¿Qué es la exclusión? Muy vinculada a la idea de marginación social, la exclusión es la acción y el efecto de excluir, algo que, según el diccionario de la RAE, tiene tres significados, todos los cuales dan idea de la exclusión como el problema social que estamos abordando. Esos significados son: 1) quitar a alguien o algo del lugar que ocupaba; 2) descartar, rechazar o negar la posibilidad de algo; 3) dicho de dos cosas: ser incompatibles. En una sociedad como la peruana, la práctica generalizada de la exclusión impide o quita el derecho a la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos y niega la posibilidad de participación en la toma de decisiones a grandes grupos sociales, en especial a los que por factores culturales y por desventajas económicas (léase, las poblaciones indígenas y pobres) se encuentran más lejos del Estado y los centros de poder. Así también, la ideología excluyente prevaleciente en los decisores de políticas en nuestro país considera que las visiones de esos “otros” son incompatibles con las nociones de desarrollo, Estado o civilización que ellos enaltecen, con todo lo cual se retroalimenta el círculo vicioso de la exclusión y la negación de los derechos y la igualdad de esos “otros”.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

19

De otro lado, Karlos Pérez de Armiño y Marlen Eizaguirre (2000) definen la exclusión social de la siguiente manera:
Proceso mediante el cual los individuos o grupos son total o parcialmente excluidos de una participación plena en la sociedad en la que viven (…). Tal proceso, opuesto al de ‘integración social’, da lugar a una privación múltiple, que se manifiesta en los planos económico, social y político.

En el Perú, la práctica de la exclusión suele ir de la mano con la práctica “normalizada” de la discriminación y el racismo contra poblaciones indígenas y pobres. De allí que sea tan “normal” que el Estado no brinde servicios públicos en quechua y otros idiomas originarios en gran parte de sus organismos, incluso en regiones donde la proporción de población que habla estos idiomas es sumamente alta. Así también, debido a la práctica normalizada de la exclusión, parece una regla que las zonas rurales más pobres y alejadas de los centros urbanos, que son las que necesitan de servicios públicos en mayor cantidad y calidad, sean precisamente las que reciben menores y peores servicios; también que leyes nacionales e internacionales con las que el Estado peruano está comprometido, como la consulta a los pueblos indígenas sobre la explotación de recursos en los territorios que ocupan, sea continuamente pasada por alto y violentada. Todo ello nos está indicando que vivimos en una sociedad sumamente excluyente, donde gran parte de los peruanos asumimos esas injusticias sistemáticas y cotidianas como algo natural, inevitable en el mejor de los casos. Estaríamos, pues, bastante lejos de esa “sociedad decente” de la que habla Avishai Margalit (1996), es decir, aquella donde las instituciones del Estado no humillan a sus ciudadanos. Sin embargo, queda nuestra gran aspiración a vivir como una sociedad decente, con un Estado justo y eficiente, en un país más democrático, que viva en paz y permita un desarrollo pleno para todos.

20

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Cómo se expresan el racismo, la discriminación y la exclusión en el Perú?

2

Cuando abrimos un libro de historia escolar peruana y vemos que las imágenes que prevalecen son las de caudillos militares criollos que participaron en la Independencia nacional y en la guerra con Chile, casi nunca las de líderes mestizos, indígenas o mujeres célebres que participaron en esas mismas gestas; cuando vemos la televisión y encontramos que los conductores de la mayoría de programas, así como que los protagonistas de los spots publicitarios de marcas más caras consumidas por la población parecen salidos de un centro comercial de Estados Unidos y no de alguna calle peruana; cuando nos parece normal que la propaganda de lavadoras, detergentes, cocinas y otros utensilios domésticos esté siempre asociada a figuras femeninas que esperan al esposo y los hijos, mientras la de bebidas alcohólicas o autos lujosos muestra a hombres solteros rodeados de mujeres semidesnudas, reproduciendo un modelo de mujer que solo es buena en el ámbito de su casa o solo sirve como premio sexual del hombre “de éxito”; cuando observamos con naturalidad que los hospitales para pobres tienen siempre largas colas y ningún asiento para quienes aguardan durante horas ser atendidos; cuando en un partido de fútbol entre un equipo de la sierra y otro de la costa es frecuente escuchar insultos y mofas racistas contra los jugadores de la sierra por parte de la tribuna opositora y a veces incluso por parte de algunos comentaristas; cuando en el Congreso una congresista indígena juramenta y expresa sus parlamentos en quechua y eso genera el escarnio y la burla de muchos congresistas del sector urbano, así como el ataque de varios medios de comunicación que reciben amplio eco en grandes sectores de la población; cuando un personaje público (sea político, deportista o del espectáculo) es denostado o demolido públicamente no por actos delictivos sino por su

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

23

condición homosexual; cuando una mujer violada no puede acceder a la justicia porque el agresor, la policía, el juez o el mismo fiscal alegan que ella lo provocó por caminar con minifalda; cuando un turista extranjero es fácilmente víctima de robos, estafas o cobros extraordinarios porque la población local considera que el hecho de que sea gringo (y por consiguiente, supuestamente alguien con plata) lo justifica; cuando a la hora de postular a un trabajo que exige “buena presencia” el o la postulante con excelentes calificaciones y capacidades es desplazado por otro u otra que tiene características físicas más “blancas” o menos indígenas; cuando la inmensa mayoría de entidades públicas carece de entradas adecuadas que faciliten el ingreso de ciegos o personas con muletas o silla de ruedas y, atendiendo tras el mostrador, casi nunca encontramos a personal con discapacidades físicas; cuando las primeras preguntas que se hacen dos desconocidos que recién han sido presentados en una reunión social son: dónde vives, en qué colegio o universidad estudias, en qué trabajas o en qué trabajan tus padres, preguntas como para identificar rápidamente si la persona tiene poder económico y, por tanto, es “merecedora” de nuestro tiempo; cuando programas y spots publicitarios emitidos en Lima para el nivel nacional erróneamente hablan de “provincias” para referirse a las regiones distintas a Lima, conteniendo en sí toda una ideología por la que se las considera apéndices de la ciudad capital, no entidades con vida propia; cuando hacemos compras diarias utilizando billetes “nacionales” que no incluyen un solo personaje ilustre ni desconocido de rostro indígena, afroperuano o mestizo, sino que todos son blancos y criollos; cuando vamos a una discoteca “de moda” y nunca escuchamos música andina o amazónica, salvo que haya pasado por algún tipo de “fusión” con instrumentos y tonos occidentales; cuando nos cruzamos con un adulto campesino por la calle y lo tuteamos al hacerle una pregunta pero nos parece insolente que él o ella nos tutee sin conocernos; cuando una persona mayor de sesenta años busca trabajo en la ciudad y, por más experiencia que acredite, casi nunca obtenga un puesto, ni siquiera mal pagado; cuando alardeamos de nuestros parientes y antepasados ricos o de ascendencia extranjera, mientras omitimos hablar de los que son pobres y tienen o tuvieron apellidos quechuas, aymaras, machiguengas; cuando el Estado gasta 90% de su presupuesto del rubro para el control y seguridad de transportes en el sistema aéreo donde viaja la menor cantidad de gente (pero eso sí, la que más altos precios puede pagar) y solo dedica el 10% al transporte terrestre, el que utilizan las grandes mayorías

24

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

del país (las que menos precios pagan); cuando un niño quechuahablante de una comunidad de altura del Cusco debe caminar una hora para asistir a una escuela donde recibirá máximo cinco horas de clases por día a cargo de un solo profesor que le enseña en castellano, mientras otro de la ciudad puede pagar un colegio particular que le queda cerca y recibe siete horas de clase dictadas por diversos profesores en su idioma materno y, además, si el niño de la escuela rural tiene dificultades para aprender se le llama bruto… La lista de estas situaciones podría ocupar libros enteros porque las maneras cómo se ejercen la discriminación, el racismo y la exclusión en el Perú son muy variadas, están demasiado extendidas y son absolutamente cotidianas. Y sin embargo, hablar de estos temas incomoda y no se suelen discutir, en especial se evita mencionar la discriminación y el racismo. O se habla poco de ellos y no en términos personales: no se dice “me pasó a mí”. Se cuenta como si le hubiera ocurrido a un tercero, a un extraño. Admitir que uno ha sido discriminado u ofendido por criterios racistas es admitir una humillación que parece tocar las fibras más sensibles. Distinto es denunciar que uno ha sido víctima de un robo, una estafa, un cobro excesivo, incluso un insulto no-racista. Estas situaciones se comentan con los conocidos, se pueden denunciar a la policía o, en último caso, pueden generar incluso enfrentamientos frontales. Pero ante la acción u ofensa discriminatoria y racista prima la resignación, la cólera ahogada, el silenciamiento del hecho. Nunca o casi nunca la denuncia. Sería de gran utilidad investigar sobre los mecanismos que actúan en el individuo –y en la colectividad– para inhibir el reclamo ante este tipo de hechos. Algo similar les ocurre a las víctimas de agresiones sexuales que asumen la culpa del ataque y se intimidan frente al agresor (o agresora). Esto tal vez tenga que ver con el hecho de que la agresión discriminatoria y racista también violenta partes muy íntimas y delicadas de las víctimas. No obstante, es importante destacar que hoy en día el racismo es menos tolerado y está menos normalizado que hace algunas décadas. Numerosos cambios políticos, socioculturales, demográficos y económicos ocurridos en el último medio siglo han producido esta mejora. Asimismo, en la actualidad los temas de racismo y discriminación han tomado notoriedad y hay un número creciente de especialistas que los están abordando. Al mismo tiempo, algunas organizaciones del Estado y colectivos de la sociedad civil desarrollan crecientes (aunque

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

25

todavía insuficientes) campañas para combatir estos fenómenos. A ello ha contribuido de forma significativa la publicación del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación sobre los años de la violencia política, al señalar al racismo y a la histórica discriminación contra las poblaciones indígenas como una de las causas principales de la devastadora violencia que se desató sobre ellas en ese periodo. En el Perú, el racismo y la discriminación son fenómenos tan antiguos, arraigados y extendidos que muchos peruanos consideran que nunca se los podrá combatir a fondo o que siempre serán parte de la vida nacional. Sin embargo, el sufrimiento que generan en sus innumerables víctimas está latente, como también la fractura que causan en nuestra sociedad en conjunto, impidiendo que nos miremos como ciudadanos con iguales derechos y responsabilidades, como miembros de una misma familia, como seres capaces de pensar en un futuro más justo y en una sociedad más noble en sus principios y más decente en su vida diaria. Por ello, la necesidad de hablar, conocer y dejar atrás la discriminación y el racismo sigue siendo urgente. Sobre la exclusión sí se empieza a discutir abiertamente. En los últimos tiempos ha sido uno de los temas clave en la agenda de desarrollo internacional; mientras, a nivel nacional, la necesidad de inclusión social y económica de los sectores más pobres y discriminados es un tema que recién ha empezado a emerger en algunos discursos de las últimas campañas políticas; aunque su solución puede luego ser postergada y transcurran los meses… hasta un nuevo periodo electoral donde las demandas del gran numero de peruanos excluidos se vuelva a expresar en las urnas. ¿Por qué esas promesas electorales y por qué ese olvido postelectoral de la exclusión? Uno olvida las cosas a las que no da mayor interés, aquellas que observa como secundarias, cuya importancia social, política, económica o electoral es escasa o nula. En el Perú, “aquello” que los decisores políticos y económicos más olvidan, más relegan y más excluyen es los sectores de siempre: las poblaciones más pobres, sean urbano-marginales o campesinas e indígenas, en especial estas últimas; porque son las que cuentan con menores recursos y medios para reclamar por sus derechos, porque generalmente hablan idiomas distintos al castellano de los gobiernos y grandes medios de comunicación; también porque están más alejadas físicamente de los centros de decisión del poder. Son esas distancias las que permiten a muchos políticos y líderes de opinión esconder, ridiculizar o demonizar las exigencias y demandas de

26

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

los sectores excluidos ante el resto de la sociedad, presentando a aquellos como bárbaros, tontos o como que “no son ciudadanos de primera clase”, como manifestara explícitamente el ex Presidente de la República3. Por todo ello es que la exclusión en el Perú está entrelazada con la discriminación y el racismo. El complejo racismo peruano Una particularidad del racismo peruano es que aquí no se discrimina a “minorías”, como es el caso característico en Europa o Estados Unidos con respecto a inmigrantes asiáticos, africanos y latinoamericanos (a los que se pueden añadir los gitanos en Europa y las poblaciones afroamericanas y nativas norteamericanas en Estados Unidos). Aquí el racismo y la discriminación se ejercen contra las mayorías, contra las grandes mayorías, aun más, se podría decir que “todos discriminan”. Así, en un contexto donde se discrimina a la mayoría mestiza, negra, mulata e indígena que compone el Perú, gran parte de los peruanos ha pasado alguna vez por una experiencia de discriminación racista. Sin embargo, el hecho de haber sufrido esa experiencia no significa que los integrantes de esas mayorías no discriminen. Lo hacen (lo hacemos) y de maneras muy diversas. Puesto que históricamente (desde la Colonia) ha habido una exaltación de lo blanco y lo criollo como sinónimo de lo más bello, más apreciable, más “avanzado” y con más poder, frente a lo indígena, mestizo y afroperuano, tenemos que los rasgos físicos de los grupos minoritarios son los que prevalecen sobre los de las mayorías. Pero eso no quiere decir que las personas de rasgos más blancos sean las únicas que discriminan. En el Perú vivimos ese complejo que Rodrigo Montoya ha denominado “el espejo roto”, por el cual gran parte de los mestizos no se reconocen como tales, sino como blancos, y cada cual va buscando e identificando a otros más “cobrizos” a quienes “cholear” o sobre quienes sentirse superior, mejor4.
3. Alan García, en referencia a los nativos de la selva tras el conflicto de Bagua: “Ya está bueno. Estas personas no tienen corona, no son ciudadanos de primera clase” (frase expresada el 5 de junio de 2009 y publicada por el diario Perú 21 el 23 de julio de 2011. La escena fue filmada y está disponible en You Tube). En su libro Nos habíamos choleado tanto, Jorge Bruce (2007) ha profundizado en este fenómeno.

4.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

27

En este contexto, no resulta extraño que los indígenas andinos y amazónicos que migran a las ciudades en busca de mejores oportunidades económicas o educativas terminen diluyendo o escondiendo sus usos, costumbres, idiomas y formas de vestir originarias. Todo ello les genera menosprecio y rechazo, cuando no afrentas y burlas. El drama es que muchos de ellos, al regresar de visita a sus pueblos de origen, observan con menosprecio aquello a lo que antaño pertenecieron. El afroperuano, históricamente víctima de innumerables estereotipos despectivos (“choros”, “ociosos”, “simios”, “solo sirven para jugar fútbol”), también suele asumir una actitud racista sobre los indígenas de los Andes y la Amazonía. De otro lado, también suele haber discriminación de los mulatos de piel más clara hacia aquellos de rasgos negroides más acentuados. En el Perú, todos parecen luchar por parecer más blancos. Pero como la apariencia física no se puede trastocar fácilmente, se asumen símbolos y actitudes que “blanquean”. Y parte de ese proceso incluye la reproducción de gestos, miradas, palabras e imaginarios racistas y discriminatorios sobre quienes tienen rasgos más indígenas, más negros o menos blancos. Este fenómeno explica por qué en las farmacias y tiendas de cosméticos peruanas se expenden tantos tintes de pelo rubio, así como cremas cuyo principal atractivo es el lema: “blanquea la piel”; ello también dilucida la razón por la cual hay tantas mujeres afroperuanas que pagan caros servicios de peluquería para alisarse los cabellos o por qué en los quirófanos del Perú se realizan bizarras operaciones de cirugía plástica que buscan reducir los rasgos indígenas (como ampliar la frente). Pareciera que solo los grupos indígenas más aislados y claramente definidos como tales en la sierra y en la selva no sufren esos complejos. Pero no por ello dejan de ser los más discriminados por la sucesión de mestizos, afroperuanos y blancos que históricamente han asumido una posición de superioridad sobre ellos. No obstante, esto tampoco quiere decir que dichas poblaciones indígenas estén exentas del ejercicio de la discriminación y el racismo, ya que también suelen observar con desprecio a negros y mulatos o pueden establecer marcadas estratificaciones entre ellos. Asimismo, en los últimos tiempos ha crecido el discurso que exalta el racismo inverso, ese que señala que “el verdadero peruano es cobrizo” o el que clama la superioridad de los “cobrizos” sobre los “afeminados” blancos y costeños, propulsando la desconfianza, el desprecio

28

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

o la hostilidad contra cualquiera que sea extranjero o peruano de rasgos más blancos. Aunque este discurso y esas actitudes sean una respuesta al otro racismo más antiguo y más extendido, no dejan de ser racistas y también impiden que los peruanos logremos vernos como iguales y respetables unos a otros.

Viñeta 1 ¿Dónde están los pobres?
Juan Carlos y Celia, dos bachilleres de Antropología del Cusco, viajaron a Chumbivilcas para hacer su tesis sobre pobreza y etnicidad. Al llegar a Santo Tomás, la capital de la provincia, peguntaron a la gente dónde vivían los más pobres. La mayoría de mestizos del pueblo les indicó que los más pobres eran los indios que vivían en un cerro que se podía divisar a la distancia desde la plaza de Santo Tomás. Al día siguiente, de madrugada, como si fueran dos buenos chumbis, Juan Carlos y Celia enrumbaron sin ningún guía hasta la comunidad que les habían señalado. Después de tres horas de camino, arribaron a su destino y empezaron a desempacar sus enseres, pensando que ya estaban en el lugar propicio para realizar su estudio. Sin embargo, cuando preguntaron a los campesinos de aquella comunidad quiénes eran los más pobres, estos les dijeron que eran los indios de un caserío que estaba a la vuelta y que los podrían reconocer porque solo cultivaban papas y usaban bayetas ralas para sus ropas. Así pues, Juan Carlos y Celia solo pasaron esa noche en aquel lugar y a la madrugada siguiente, un poco decepcionados, pero aún bravíos, enrumbaron sin ningún guía al caserío que sin duda sería el lugar propicio para realizar su estudio. Después de seis horas de camino, por fin divisaron varias casitas esparcidas entre terrenos cultivados de papas, así que respiraron aliviados y hacia allí caminaron con más esperanza que prisa.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

29

La gente los recibió con cierta desconfianza, pero al escuchar que los dos hablaban muy bien el quechua cambiaron de actitud y pasaron a invitarles unas watias bien calentitas. Muy contentos, Juan Carlos y Celia compartieron uno de los paquetes de salchichas que portaban. Ya estaban pensando a quién le podrían pedir que los alojara por una semana, cuando el presidente de esa comunidad les preguntó qué motivo los traía. Ellos le explicaron que estaban haciendo un estudio sobre las formas de vida económica y cultural de los campesinos más pobres de Chumbivilcas. El presidente les dijo que ese no era el lugar: “Los más pobres de este distrito son los indios que viven al otro lado del cerro, en las alturas. Los van a distinguir porque lo único que hacen y de lo único que viven es de la crianza de llamas”. Los dos bachilleres de Antropología casi se desmayan. A la madrugada siguiente, esta vez sí con guía, empezaron su camino en dirección de aquella comunidad de pastores. Tres horas más tarde empezaron a sentir fuerte el frío de la puna y los efectos de la altura. Su joven guía, un chiquillo de doce años, les dijo que ya faltaba poco. Dos horas después, por fin divisaron entre las nubes algunas chocitas esparcidas entre un pajonal. No alcanzaban a ver si allí habría personas o alguna llama que les indicara que habían llegado a su destino. Así que, persignándose y cruzando hasta los dedos de los pies, continuaron su camino. ¡A ver si por fin allí podrían empezar su estudio!

30

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Hay discriminación, racismo y exclusión en el Cusco?

3

La sociedad cusqueña reproduce ampliamente las principales prácticas de discriminación, racismo y exclusión existentes en el Perú. Tal como indicaba una entrevistada para este estudio: “Es una forma de vida, todo un patrón para relacionarnos”. Hay algunas prácticas discriminatorias extendidas en el Perú que no se dan en el Cusco o que se dan de forma más reducida que en Lima y en otras regiones costeras; al mismo tiempo, hay otras prácticas de ese tipo que son muy particulares de esta región o que se dan de manera más extendida. En el primer caso, por el origen geográfico de sus habitantes –sean del medio urbano o del rural–, muy pocos cusqueños utilizan la palabra “serrano” como insulto, como ocurre con frecuencia en Lima (ciudad costera) respecto a las personas andinas a las que se intenta ofender. Lo mismo ocurre con la palabra “auquénido”, epíteto que en la costa suele ser utilizado como un insulto racista que asocia despectivamente a los animales más característicos de los Andes con la población de esta zona. Aquí, al igual que en el resto del Perú, las palabras “costeño”, “urbano”, “marino”, nunca se utilizan como insulto; mientras “chuncho” y “upicha”, con las que comúnmente se designa a las personas procedentes de la selva, por lo general tienen connotaciones despectivas. Esto implica que se comparte el imaginario discriminatorio que observa a lo “serrano” como sinónimo de retraso y miseria y a lo “selvático” como salvaje y primitivo, mientras lo costeño se limita a ser un término descriptivo. Al respecto, en el Cusco –de manera similar a lo que ocurre en las regiones costeras– no solo hay discriminación de las poblaciones amazónicas, a las que se observa como las más

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

33

“primitivas” y “atrasadas”, sino una profunda invisibilización de ellas. En el imaginario urbano y rural andino sobre qué es un indígena peruano predomina la imagen del campesino de la sierra que habita en el altiplano y las cumbres altoandinas. La figura del hombre o la mujer amazónica prácticamente no existe. Esta invisibilización quizás es más grave y dramática en regiones como Cusco, Ayacucho y Puno que en Lima, porque a diferencia de la capital del país –asentada en la costa y aislada de la selva por la inmensa cordillera de los Andes–, una gran extensión de estas regiones está compuesta por selva amazónica habitada por una diversidad de poblaciones nativas, aunque sus márgenes se ven cada vez más ocupados por poblaciones mestizas y campesinas andinas así como por pequeñas y grandes empresas de explotación de sus recursos naturales. En el caso del Cusco, más del 50% del territorio regional es selva y en ella existen importantes grupos amazónicos dispersos desde tiempos inmemoriales, como los machiguengas y los huachipaires. Sin embargo, y aunque algunas de las principales fuentes de ingresos de la región, como el gas de Camisea y la ciudadela de Machupicchu, se ubican en la Amazonía (selva adentro en el primer caso y en la ceja de selva en el segundo), el cusqueño de las ciudades y del campo andino la sigue observando como deshabitada, como carente de cualquier población originaria. En el caso de la homofobia, el sexismo y la discriminación por condición económica, tercera edad, malformaciones o discapacidades físicas, estos fenómenos están tan extendidos en el Cusco como en el resto del país. Sin embargo, el primer caso (el rechazo y la discriminación a homosexuales y transexuales) suele ser más intenso y generalizado que en Lima. Debido a la homofobia, por ejemplo, hay sectores que continuamente proponen cambiar la característica bandera del arco iris del Cusco: el argumento para ello consiste en que es muy similar a la bandera de los homosexuales y transexuales en el mundo. Un ejemplo de cuánto mayor es la discriminación y postergación de los discapacitados en el Cusco respecto a ciudades como Lima se evidencia cada vez que alguna autoridad municipal erige un puente peatonal con amplios carriles que faciliten el paso de ciudadanos en silla de ruedas, ya que como consecuencia es frecuente escuchar quejas de la población y de periodistas en medios de comunicación que increpan: “¿Para qué hacen algo tan grande?”; “¡Por gusto se gasta tanta plata en esas plataformas!”.

34

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

En lo que se refiere a la discriminación del quechua y de los quechuahablantes, en el Cusco éste también es un fenómeno fuerte y muy extendido, particularmente en los sectores urbanos, aunque no se ejerce de manera tan generalizada, intensa y despectiva como en Lima y otras ciudades costeras. No obstante, como veremos más adelante de manera más específica, el hecho de que el quechua sea menos discriminado aquí no significa que sus hablantes no sufran una marginación profunda y más dramática por el mismo hecho de que el Cusco es una de las regiones con mayor número y proporción de quechuahablantes de todo el Perú. Asimismo, pese a su fuerte filiación histórica con la cultura andina, en el Cusco, al igual que en el resto del país, la discriminación del hombre y la mujer andinos es un fenómeno bastante enraizado y extendido. Es muy frecuente la utilización de las palabras “indio”, “india”, “cholo” y “chola” como términos denigratorios5. Una paradoja muy llamativa es que en el Cusco, con mayor fuerza que en todo el Perú, el rasgo identitario más exaltado por su población es su herencia precolombina, cuyo principal atractivo está simbolizado en los restos arqueológicos incaicos, es decir, en los monumentos que fueron construidos por la población indígena andina entre los siglos XIV y XVI; sin embargo, se denigra a los pueblos que serían los más directos descendientes de ese pasado. Asimismo, a lo largo de todas las semanas de junio que toman las fiestas del Cusco cada año, el elemento más rescatado con el que la ciudadanía homenajea a su ciudad son las danzas andinas, los trajes “típicos” indígenas y las canciones en quechua. Sin embargo, en la vida cotidiana la discriminación del “cholo” es un ejercicio continuo y generalizado. De esta manera, el Cusco, más que cualquier otro lugar del Perú, expresa esa frase clásica de la peruanidad: “Incas sí, indios no” (Cecilia Méndez dixit [1996]). Frente a este panorama, en las dos últimas décadas ha surgido también una creciente toma de conciencia de la discriminación como problema, particularmente en cuanto a sexismo y discriminación de las mujeres y a racismo contra lo “cholo” y los pueblos andinos. En el primer caso, se han logrado algunos avances significativos, sobre todo en el terreno político (aunque quedan grandes problemas y retos pendientes en el ámbito doméstico, mediático y social).
5. Sin embargo, las palabras cholo, chola, cholito y cholita expresadas con dulzura muchas veces se utilizan para denotar cariño o confianza entre personas que se estiman.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

35

En el segundo caso, especialmente en la última década se ha desarrollado una sensibilización amplia sobre la existencia de este problema histórico, algo que se expresa, por ejemplo, en el creciente número de investigaciones y publicaciones sobre ello. Así también, entre las personas encuestadas y entrevistadas en relación con este estudio, el 100% reconoce la existencia de este problema y todas señalan a la discriminación contra las personas del campo y los “cholos” como una de las principales formas de discriminación en el Cusco.

36

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Contra quiénes se ejerce mayor discriminación y racismo en el Cusco?

4

Hemos señalado que en nuestra región hay muchas y profundas formas de discriminación y racismo. En la información recogida a través de entrevistas, encuestas y observación directa, hay coincidencia en la opinión acerca de que el factor étnico-racial es el más discriminado en nuestra región. Este tema suele estar seguido por la situación de pobreza, el quechua y los apellidos quechuas. Evidentemente, existen muchos otros marcadores de identidad que son también discriminados. El cuadro 1 muestra los resultados de las encuestas a este respecto.
Cuadro 1. Factores por los cuales se discrimina más en el Cusco
Factor Factor étnico Pobreza Apellido Idioma Ciudad, región o lugar de origen Prácticas culturales Creencias religiosas Preferencias políticas Total
Fuente: Centro Guaman Poma de Ayala (2011)

Frecuencia 246 239 198 112 61 37 21 11 925

Porcentaje 26,6 25,8 21,4 12,1 6,6 4,0 2,3 1,2 100,0

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

39

Para responder a la pregunta que da título a este apartado, abordaremos las formas de discriminación más extendidas en nuestra región y, por tanto, los tipos de personas que son sus principales víctimas. 4.1. Los “indios”. Campesinos y poblaciones de origen indígena La práctica discriminatoria más amplia y cotidiana en el Cusco se da contra las personas de ascendencia indígena (campesinos). Este dato no ha sido obtenido sólo a través de encuestas y entrevistas, sino de las prácticas generalizadas que cualquier ciudadano puede observar de manera recurrente en la vida diaria de familias, escuelas, mercados, calles. La fuerte discriminación contra el “indio” se ejemplifica en la recurrencia con la que se escuchan frases como “indio de mierda”, “cholo de porquería”, “indio apestoso”, “cholo bruto”. Entre las frases y situaciones racistas recopiladas en la encuesta aplicada para este estudio, casi la tercera parte señala términos de ese cariz dirigidos contra los campesinos que han migrado de manera temporal o definitiva a las ciudades. Se han recopilado incluso frases mucho más duras y explícitas, como: “chola serrana vete a tu pueblo” y también una variopinta cantidad de situaciones que demuestran cuán extendido está este fenómeno:
Cuando estaba viajando en un bus vi que el chofer discriminó a una persona que tenía una piel cobriza y procedía del campo. Este chofer la trató muy mal. Cuando camino por las calles del centro histórico veo campesinos sentados en las plazas públicas todos sucios, con apariencia muy pobre, o muchas veces los veo caminando por las calles de la ciudad ante la mirada indiferente y despectiva de las personas. Cuando camino en la calle he observado muchas veces que la policía no da un buen trato a personas que visten de forma sencilla y que son del campo; en los hospitales las enfermeras tratan mal a personas procedentes del campo, los ignoran y gritan. Cuando estaba en colegio tenía un compañero que era del campo; lo aislaban y apartaban porque lo veían como a alguien inferior y también porque no hablaba bien el castellano.

Para ilustrar de manera más precisa la discriminación contra población indígena (“del campo”) por parte de la gente del medio urbano, analizaremos a continuación tres casos extendidos e ilustrativos.

40

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

El “cholito” / La “cholita” Uno de los ejemplos más dramáticos y extendidos de la discriminación contra la población de origen indígena se da en la existencia de numerosos hogares urbanos que son atendidos por “cholitos” y “cholitas”, denominados también “chikuchas” en el caso de los varones y “empleaditas” en el caso de las mujeres. Se trata de menores edad de procedencia campesina cuyas familias, generalmente por sus precarias condiciones económicas o por la aspiración a que sus hijos reciban una mejor educación en la ciudad, los envían a vivir en las principales capitales de las provincias del Cusco en las viviendas de padrinos, parientes lejanos o cercanos y a veces incluso con desconocidos. A condición de que estos se encarguen de su manutención y los envíen a alguna escuela de la ciudad, esos niños y niñas pasan a trabajar bastantes horas al día en dichos hogares, por lo general con salarios miserables y muchas veces gratis. Tan barato se paga por esos servicios y tan amplia es la “oferta” de esta mano de obra infantil, que esta costumbre no solo está extendida en clases medias y altas, sino también en sectores populares. Por ello, en el Cusco es muy frecuente escuchar por las calles y entre conocidos comentarios sobre la búsqueda de algún “chiquito”, o “cholito”, de preferencia “chiquita” o “cholita”, para que “ayude” en las labores de la casa. Esos servicios son especialmente demandados para la crianza de bebés y niños pequeños, de tal manera que se normaliza un trato dramático y claramente discriminatorio por el que un niño o niña indígena realiza labores de las que solo debería encargarse un adulto. Más graves y dramáticos son los casos en los que esos niños, desde las horas de la madrugada hasta la noche, se encargan de atender a numerosos adultos y/o también a otros niños de su misma edad, que solo excepcionalmente los observan como iguales. El maltrato de los empleados domésticos suele ser una práctica habitual, particularmente cuando se trata de menores de edad que carecen de una familia próxima en la cual ampararse. Hoy en día, el maltrato más común es el psicológico y, dentro de este, lo más recurrente pero también lo más normalizado es el trato discriminatorio cotidiano expresado en prácticas como hacer comer a los empleados en una mesa aparte, generalmente lejos de donde come “la familia”; esto se acentúa en hogares donde se les sirve las peores presas y menor cantidad de comida o en familias que racionan la cantidad de agua que pueden utilizar para su higiene corporal y los sancionan (descontando del sueldo) cuando hay evidencias de un mayor uso del agua o electricidad.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

41

Otra forma muy normalizada de discriminación contra estos niños es que son matriculados en escuelas cuya calidad y horarios son radicalmente inferiores a los de los dueños de casa. En este sentido, el abandono de las escuelas públicas rurales por parte del Estado peruano contribuye a que millares de niños se vean obligados a dejar sus hogares para vivir con familias de la ciudad donde a diario serán explotados y duramente discriminados a cambio de la posibilidad de recibir una mejor educación. Asimismo, como las escuelas públicas urbanas donde terminan estudiando también están postergadas por el Estado, su aspiración para alcanzar mejores niveles educativos en la ciudad se cumple de manera muy limitada, pues esos niños nunca alcanzarán en tales escuelas la calidad educativa suficiente como para salir de una posición subordinada. Otro maltrato psicológico común (y también normalizado en muchas familias cusqueñas) es la facilidad con la que se ofende a los trabajadores domésticos con palabras insultantes o irónicas, muchas veces referidas a su origen campesino, así como con palabras que continuamente les recuerdan que son unos “mantenidos”. Es decir, la familia les inserta la idea de que se les está haciendo un favor al darles comida y alojamiento en su casa, sin reconocer que es esa “cholita” o “cholito” quien le está haciendo el favor al trabajar para ellos de forma gratuita o por un salario exiguo. Muchas veces, además, ese trato se acompaña de maltrato físico y todavía es frecuente incluso el acoso y la agresión sexual contra las empleadas domésticas6 por parte de los miembros varones de las familias. Lo que hace que esta discriminación y esos abusos sean más agudos es la normalidad con que se practican y la naturalidad con la que la sociedad los tolera. El sociólogo francés Michel Foucault (1979) señala que las prácticas de poder y abuso de poder más profundas son aquellas que la sociedad asimila como naturales, por tanto, la posibilidad de cuestionamiento y desaparición de las mismas enfrenta más dificultades y rechazos.

6.

Hasta hace pocas décadas era una práctica relativamente usual (y nunca sancionada) que las empleadas domésticas fueran utilizadas como presa para el inicio sexual de los hijos varones de las familias donde servían. De allí que frases como “tirarse a la chola” formaban parte del vocabulario común de los jóvenes urbanos. Al respecto, ver Vargas Llosa (2011).

42

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

El cargador Otra figura que en el Cusco ilustra claramente de qué manera el indígena es discriminado (y explotado) en las ciudades es la del cargador, ese personaje característico de los mercados, que casi siempre toma la forma de un hombre adulto, incluso viejo, con clara procedencia campesina y ojotas en los pies, a quien vemos transportando sobre sus espaldas pesados y prominentes bultos a lo largo de varias cuadras. Para mucha gente de nuestras ciudades resulta normal utilizar a estos hombres como bestias de carga y pagarles sumas ridículas por tal servicio, que incluso regatean a la baja con esos trabajadores. Muchos otros cusqueños observan esta situación como paisaje natural de los mercados y las calles aledañas; muy pocos se escandalizan ante esta situación y ninguna autoridad parece preocupada por las consecuencias que esas pesadas labores podrán tener en la salud de dichos trabajadores. Gran parte de los cargadores que operan en la ciudad del Cusco proceden de comunidades campesinas y llegan a la ciudad de manera temporal en épocas de menor trabajo agrícola en sus tierras, buscando una manera de incrementar sus ingresos familiares. No obstante, hay algunos cuya única fuente de ingreso es esa. En cualquier caso, podríamos decir que el oficio de cargador es uno de los más tradicionales en los mercados del Cusco7. En este caso, nuevamente, la discriminación y el racismo normalizados por los cuales las personas de origen indígena son observadas como ciudadanos de segunda clase –y cuya explotación se justifica con frases como “está acostumbrado a trabajar duro”– permiten la reproducción cotidiana de formas de trabajo y situaciones ominosas que violentan los principios de una sociedad democrática y decente. Los porteadores del Camino Inca Otro de los casos más ilustrativos de racismo y discriminación contra la población de ascendencia indígena es el de las condiciones de trabajo que sufren los porteadores de alimentos y equipos de campamento para los turistas que realizan el Camino Inca a Machupicchu. Como ocurre
7. La biografía de Gregorio Condori Mamani ofrece muchos detalles de la vida de un cargador cusqueño. Ver Valderrama y Escalante (1982).

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

43

con los cargadores, gran parte de ellos son hombres procedentes de comunidades campesinas de diferentes provincias del Cusco que acuden a la ciudad en temporadas de menor trabajo agrícola en sus tierras para procurarse un ingreso extra. Aprovechando la gran oferta de esa mano de obra y con la justificación de que muchos turistas les suelen dar propina, la mayoría de agencias de turismo que operan el tan publicitado Camino Inca pagan a los porteadores jornales exiguos (entre treinta y cuarenta soles por día) por una labor que supone un esfuerzo humano extraordinario: cargan sobre sus espaldas durante varios días grandes y pesados bultos que contienen todas las provisiones y equipos de los turistas que recorren ese trayecto. A ello se añaden otros tratos denigrantes, como el hecho de que algunas agencias de turismo les brindan una alimentación distinta (de menor calidad) a la ofrecida a los turistas o les pagan sus jornales con retraso o con severas reducciones, apelando a las propinas que eventualmente han recibido de algunos turistas. Esto ha dado lugar a denuncias en varios medios de comunicación cusqueños, pero ninguna parece generar sanciones. De esta manera, mientras los turistas tienen una placentera y relativamente ligera experiencia del Camino Inca a Machupicchu (en la que se les ofrece sillas para descansar en ese camino “de aventura”, botellas de vino y delicados platos y postres gourmet) y las agencias de turismo (tanto cusqueñas como foráneas) obtienen grandes ingresos por la venta de ese paquete turístico, los porteadores reciben jornales minúsculos a costa de un trabajo bárbaro que puede acarrear consecuencias serias sobre su salud en el futuro. La mayor paradoja de esta situación es que, mientras ese Camino Inca conduce al recinto inca más admirado por el mundo, quienes serían los descendientes más directos de aquella civilización son tratados como bestias de carga ante ese amplio mundo representado por el turismo internacional. Curiosamente, el Estado peruano, que suele preocuparse mucho por la “buena imagen” que se debe dar al turista en términos de orden en las calles y carreteras y buen trato por parte de la población peruana, pasa por alto la espantosa imagen que nuestro país está dando al dar carta de formalidad a maneras de trabajo tan abusivas y denigrantes. Lamentablemente, la mayoría de turistas tampoco parece escandalizarse por esta situación: hay muy pocas denuncias y reclamos sobre estos hechos. Pareciera que, con tal de asegurar el disfrute cotidiano de un viaje largamente anhelado, casi nadie quiere hurgar en las situaciones execrables que ocurren en ese camino de “aventura”.

44

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

4.2. Runasimita rimanchischu?8 ¡¿Qué cosa estarás diciendo?! El quechua Pese al gran número de quechuahablantes y apellidos quechuas que hay en nuestra región, el quechua ha sido y sigue siendo uno de los marcadores de identidad más discriminados, particularmente en la esfera pública. Esta discriminación está íntimamente ligada al racismo contra las poblaciones andinas. También representa una de las formas de discriminación más retorcidas e inquietantes, puesto que este idioma es uno de los elementos más característicos de la región cusqueña, tanto en términos simbólicos e históricos como tangibles en la vida diaria. Así, en la misma ciudad del Cusco la proporción de la población cuya lengua materna es el quechua (63%) es altamente superior a la que tiene el castellano u otros idiomas nacionales o extranjeros (Chirinos 2001: 41). En el resto de provincias, y especialmente en el sector rural, está proporción es mucho más elevada. Sin embargo, el quechua es cotidianamente discriminado y excluido en la vida “oficial”. Escuelas, colegios, hospitales, delegaciones policiales, sistema judicial, bancos y un largo etcétera de instituciones que brindan servicios públicos solo lo hacen en castellano. Que haya algunos funcionarios que atiendan en quechua no depende de una regla que lo exija, sino de la casualidad. Los programas y servicios públicos que favorecen la atención bilingüe siguen siendo excepcionales: iniciativas piloto que muy pocas veces se extienden como norma. Que el quechua es un idioma discriminado es algo muy evidente: pese a la gran proporción de quechuahablantes que hay en el Cusco, en las calles principales apenas se escucha. Asimismo, preguntada la gente sobre si sabe quechua o no, muchos dicen que no lo saben o que lo saben muy poco, expresando vergüenza o temor a ser discriminados por este motivo. “Es que si hablas quechua en público te dicen cholo”, señala un niño de once años de un colegio de Cusco. Esto ocurre incluso con las personas recién llegadas del campo a la ciudad: si se les pregunta si saben quechua o se les dirige alguna palabra en este idioma, pueden callar, negarlo o responder con el castellano limitado que manejan. El temor a sufrir la discriminación late detrás de esa negación. Otro ejemplo de dicha discriminación ocurre cuando el campesino quechuahablante que habla el castellano con acento es ridiculizado, menospreciado o, en el mejor de los casos,
8. Frase quechua que traducida al castellano significa: ‘¿Hablamos en quechua?’.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

45

observado con lástima. Es distinto cuando un extranjero habla un castellano limitado y con acento inglés, francés o de otro idioma del exterior: a todos parece natural que se exprese de ese modo, dado que el castellano no es su idioma nativo, nadie se burlaría de forma despectiva; más bien, lo que llamaría la atención sería que hablara el castellano con perfecto acento y corrección. Frente a este contexto agresivo contra el quechua, muchos quechuahablantes aplican estrategias evasivas para no ser discriminados por esta causa. Así, una de las personas encuestadas señala que cuando iba a pagar el servicio de luz y hablaba en quechua: “Me decían ‘habla bien porque no te entiendo’. Por eso en las oficinas no hablo el quechua”. Situaciones como esta son las que motivan el desinterés de los padres y madres de familia urbanos por enseñarles el quechua que conocen a sus hijos. Esto también empuja a muchos de ellos del sector rural a enviar a sus hijos pequeños a la ciudad para que aprendan el castellano, a costa de la separación, pero con la esperanza de que el manejo del idioma dominante de nuestro país les brinde mejores oportunidades y/o menor exclusión que la que ellos han sufrido. Asimismo, en un gran sector de quechuahablantes, la minusvaloración de su propio idioma ha calado tan hondo que no es extraño oír referencias que indican que el quechua “no sirve”. Una entrevistada de clase media de la ciudad relataba que, en un viaje que realizó a un alejado distrito rural, un padre de familia que estaba labrando su chacra con su hijo, sin conocerla, se le acercó para pedirle que se llevara consigo al niño de ocho años a la ciudad para que la ayude con las tareas de la casa. Cuando ella le señaló que era muy pequeño y que podría sufrir mucho alejado de su hogar, su padre insistió en su petición diciendo: “siquiera para que aprenda a hablar”. Aunque ese niño hablaba, en quechua, y habló fluido con ella, en quechua. Así pues, los siglos de exclusión y discriminación del idioma quechua han extendido el prejuicio de que es un idioma que vale poco o nada, incluso entre quienes lo tienen como lengua materna, los cuales llegan a asumir que es un no-idioma, inválido para comunicarse con el mundo dominante al que todos quisieran integrarse. A pesar de todo eso, en el Cusco el quechua sigue prevaleciendo de manera amplia y manifiesta: sigue siendo utilizado en la intimidad de muchos hogares y en lugares donde los quechuahablantes no se sienten tratados como una minoría, como pueden ser los mercados de las ciudades, los autobuses rurales y los pueblos andinos. Este hecho también da lugar a la

46

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

existencia de numerosas emisoras y programas radiales que transmiten en este idioma y cuya audiencia suele superar con creces a la de aquellos cuyo público tiene un perfil predominantemente urbano y castellanohablante9. De otro lado, incluso entre aquellos cusqueños que no son quechuahablantes, hay palabras, frases y cantos que forman parte de su vocabulario más festivo e intimista: el uso común de palabras como wawa, para hablar de los bebés; waykicha, dirigido a un amigo cercano al que se le refiere como a hermano; alalau, achachau, ananau, para denotar frío, preocupación o belleza. Estas, entre muchas otras expresiones, nos hablan de un idioma que permanece vivo e íntimo incluso entre quienes no lo hablan ni lo han tenido como lengua materna. El quechua también es utilizado en la mayoría de cantos, danzas y fiestas tradicionales de la región. A nadie se le ocurriría imaginar el Inti Raymi interpretado en otro idioma que no sea el quechua, ni una misa importante en la Catedral que prescindiera del “Apuyaya Jesucristo” íntegramente interpretado en quechua. Asimismo, los principales atractivos turísticos de la región, que tanto renombre le dan al Cusco y al Perú (empezando por Machupicchu), así como muchas calles y barrios característicos de la ciudad mantienen nombres quechuas y serían inimaginables sin ellos (Tullumayo, Atoqsaykuchi, Awaqpinta, Teqte…). El Cusco, o Qosqo, perdería una parte esencial de su identidad si careciera del quechua. Es por todo lo mencionado que la discriminación del quechua en nuestra región exhibe un complejo retorcido y dramático. Que muchos cusqueños utilicen el apellido “Huamán” como insulto racista significa que al interior de nuestra sociedad late un conflicto tortuoso. No solo es que el término huamán (waman) haya tenido una connotación sagrada en ese tiempo incaico del que los cusqueños nos enorgullecemos tanto, sino que hasta hoy es uno de los apellidos más extendidos en la ciudad y el campo. Una vista a la guía telefónica del Cusco lo evidencia. Pero este no es el único apellido quechua discriminado; todos lo son, particularmente en el mundo oficial y dominante de las ciudades. Bien es cierto que en el Cusco se observan cada vez más

9.

Tal es el caso de emisoras como radio Santa Mónica y radio Inti Raymi, cuyos programas emitidos en quechua llegan a una audiencia mucho mayor en la ciudad y el campo que varios de los programas radiales más conocidos del medio urbano que solo transmiten en castellano.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

47

funcionarios de apellidos quechuas atendiendo en bancos, hospitales, comisarías o juzgados. Pero todavía son muy pocos, son excepcionales, los que alcanzan las más altas posiciones en sus instituciones. Más raros son aquellos que tienen apellido quechua y procedencia campesina directa. En cualquier caso, alcanzar esas posiciones casi siempre les significa abandonar la cultura andina (idioma, vestido, costumbres ancestrales) para ser aceptados en ese mundo oficial. Pasar por ese desarraigo suele asumirse como algo inevitable, aunque implique renegar de los antepasados, avergonzarse de padres, hermanos o abuelos que no dieron ese paso “a la modernidad”. También puede implicar falsear datos de la propia vida u observar el pasado en que se fue más quechua, no con nostalgia, sino con tristeza y olvido. En los casos más dramáticos, pasa también por ese trámite radical, trágico y lacerante que es el cambio de apellido. En los avisos judiciales que a diario se publican en los diarios del Cusco no es extraño hallar casos de personas que tras haber pasado por un largo proceso judicial han conseguido cambiar sus apellidos quechuas por otros castellanos; algunos incluso dan un salto más radical y pasan directamente a apellidos anglosajones que en nuestra racista sociedad les pueden otorgar mayores credenciales para lograr la aceptación social y el éxito. Los peruanos que nunca han sido estigmatizados por ser quechuahablantes o por tener un apellido quechua suelen observar esos hechos con burlas y sonrisas y pocas veces perciben los dramas que laten tras esas historias. A la pregunta ¿qué sentimientos asocias con el quechua?, un gran número de los cusqueños (o residentes cusqueños) que fueron encuestados y entrevistados para este estudio hablaba de dulzura, alegría, incluso felicidad, recuerdos de familia, orgullo de los incas, identidad. Pero también de sentimientos de tristeza y profunda pena vinculados a las agresiones que ese idioma tipificado como dulce, alegre e íntimo sufre en el día a día. El motoseo Uno de los factores de mayor discriminación hacia los quechuahablantes de ascendencia campesina en el Cusco y otras ciudades peruanas es la burla y/o la mirada despectiva que se les dirige cuando se expresan en un castellano limitado e impregnado de acento y palabras quechuas. Incluso existe un adjetivo para designar a quien habla de esa manera: “motoso”.

48

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

A lo largo de la historia de la radio y la televisión peruanas, numerosos han sido los programas y personajes cómicos que han hecho escarnio de las poblaciones y culturas indígenas. El énfasis es particularmente alto contra lo andino y allí destaca siempre la burla por el motoseo. Personajes televisivos como “la paisana Jacinta”, que basan sus contenidos cómicos en la denigración de una mujer indígena, a la que se representa como torpe, desdentada, fea, vulgar y, por supuesto, motosa, ejemplifican este tipo de discriminación y racismo. Ello se ve reforzado por el hecho de que, pese a las campañas que desde redes sociales y organismos de derechos humanos se han realizado contra este tipo de programas, tales programas y personajes persisten; y, si lo hacen, es por la gran audiencia que obtienen entre la población. Incluso ellos viajan por el Perú ofreciendo su espectáculo en coliseos y grandes anfiteatros. Paradójicamente, su mayor audiencia está en sectores sociales urbano-marginales de ciudades como Lima, Cusco y Arequipa, precisamente aquellos que nacen de la migración andina hacia las grandes ciudades. Es decir, la mayoría de jóvenes y adultos que son asiduos de estos programas han tenido abuelos e incluso padres cuyo retrato es el denigrado por ese tipo de programas, con todo lo cual se refuerza la normalización de esa discriminación y el ocultamiento de esa identidad. La discriminación por el motoseo y por el idioma quechua fue una cuestión bastante resaltada por varios de los entrevistados para este estudio. Entre la información proporcionada por esos informantes, hay una historia, reciente y real que ilustra bastante bien cómo se ejerce esta discriminación y cuáles son sus consecuencias más directas.

Viñeta 2 Araceli aprende el castellano
Araceli tenía cinco años cuando llegó al Cusco con su madre desde su pueblo en las alturas de Canas. Su mamá tenía entonces dieciocho años. No tenía papá. Ninguna de las dos

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

49

hablaba castellano, solo quechua. En su pueblo nunca les había hecho falta hablar otro idioma, pero ya estaban en la ciudad del Cusco y lo que más escuchaban en las calles eran frases que no entendían. Sin embargo, Araceli y su mamá tuvieron bastante suerte cuando llegaron al Cusco. Los papás y los hijos de la familia donde empezó a trabajar su madre las trataban bien, les gustaba compartir con ellas el poco quechua que sabían, las sentaron a comer a la misma mesa, se encariñaron mucho con Araceli y, cuando iba a cumplir seis años, se preocuparon por buscarle una buena escuela. Allí empezaron los problemas. Al ver a Araceli, la directora del jardín que estaba más cerca de la casa les dijo que no había plazas aunque antes, por teléfono, había dicho que sí había. Ese era un jardín al que acudían niños de los barrios cercanos y ninguno parecía tan pobre como Araceli y su mamá. Buscaron otra escuela que no estuviera lejos y en la que hubiera niños con los que Araceli no se sintiera demasiado diferente. Allí, la directora miró a Araceli con desconfianza y, aunque admitió que sí tenían plazas, trató de desanimar a los patrones de la madre de Araceli para que no la matricularan. “Como solo habla quechua, no va a aprender nada”, les dijo. Ellos insistieron en matricularla y así es como Araceli empezó su vida escolar. Casi todos los días, sin embargo, regresaba afligida. Y llegó el día que ya no quiso volver a la escuela. Le preguntaron qué pasaba. Entonces les contó que sus compañeritos la llamaban “chusma”. Aunque en esa escuela había muchos otros niños cuyos padres provenían del campo y cuyas madres trabajaban también como empleadas domésticas, a ella la llamaban chusma. Entonces Araceli empezó a aprender canciones en castellano. Y, al mismo tiempo, en la casa dejó de hablar quechua. Ya no quería hablarlo, ni con su madre. Al terminar el primer año de primaria, Araceli sacó buenas notas, hablaba ya castellano, un castellano “motoso”, pero lo hablaba todo el tiempo. Su quechua perfecto, quién sabe dónde lo habrá dejado.

50

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

4.3. Los pobres Otro de los factores de discriminación más extendido está relacionado con la situación socioeconómica, tema muy destacado por encuestados y entrevistados. “El que tiene plata se siente superior”, es una frase señalada por diversas personas. Esto se complementa con el hecho de que quienes evidencian mayor pobreza son los peor tratados en todas las instancias públicas del Estado y también en las esferas privadas. Incluso en escuelas y colegios donde puede haber muchos niños de escasos recursos, “el que tiene más plata se siente superior” y trata con desprecio a los que tienen menos. Sin duda, este no es un fenómeno exclusivo del Cusco y el Perú; ocurre en gran parte del mundo. La diferencia radica que en sociedades tan estratificadas como la nuestra, que padecen altísimos niveles de desigualdad y pobreza, este fenómeno se agudiza y genera profundas fracturas y exclusiones. En la región del Cusco, los más pobres viven en las comunidades campesinas del sector rural, así como en las zonas urbano-marginales compuestas prioritariamente por campesinos migrantes quechuahablantes. Este factor refuerza el imaginario de que las personas con mayor origen indígena valen menos en términos humanos y también en términos económicos, situación que las hace fácilmente blanco de discriminación, explotación y escarnio. En este contexto, en la ciudad nadie quiere ser identificado como campesino, menos como campesino pobre, y todos compiten por demostrar quién está más “liberado” de los rasgos que lo retratan y más “impregnado” del mundo urbano occidental. Pero la discriminación por motivos económicos y condición de pobreza se extiende a todos los ámbitos: ocurre al interior de grupos privilegiados lo mismo que en clases medias, también al interior de grupos excluidos y en extrema pobreza al igual que en centros laborales del más diverso tipo; ocurre en la universidad pública y también en la privada… Este fenómeno se ve acentuado en un contexto global donde la valoración que se hace de las personas está dada menos por valores y cualidades humanas que por posesiones. Es decir, la dictadura del “cuanto tienes: cuanto vales”. Esto explica en parte por qué nuestro país es uno de los campeones mundiales en la compra de productos que imitan las grandes marcas. Ya que para una mayoría las marcas originales son demasiado onerosas o inaccesibles, las industrias de la piratería han

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

51

eclosionado para nutrir el anhelo de demostrar que no se es pobre, que se sabe estar a la moda y, por tanto, que se tiene la capacidad adquisitiva suficiente para no ser discriminado. Como ya hemos señalado, la discriminación contra los pobres no es un fenómeno exclusivo de clases medias y altas: atraviesa todo nuestro tejido social. Al interior de cada grupo socioeconómico se estratifica por niveles de pobreza: quienes están más abajo son los más despreciados, los peor tratados. Así, en los mercados populares, donde entre vendedores minoristas difícilmente se podría encontrar grandes fortunas, la discriminación de los más pobres también respira fuerte contra los vulnerables a la discriminación. Por ejemplo, entre los casos citados por los encuestados encontramos los siguientes:
En el mercado a las ancianas [que] van a comprar y no tienen dinero las maltratan. En el mercado Vinocanchón tratan mal a los niños que ayudan a cargar a las señoras. En el mercado a un campesino que quería vender no le dejaban sentarse a su costado y le botaban porque era campesino.

Más allá, al interior de una misma familia extensa la discriminación de los parientes que menos tienen es algo muy frecuente y se prefiere a los que tienen mejor posición socioeconómica: se les trata mejor, se les brinda las mejores atenciones, nunca se falta a sus invitaciones. Por el contrario, a los más humildes se les evita, se les niega o se les presta poca atención. En una época marcada por el culto a la competitividad y el elogio del exitoso (entendido como el que ha alcanzado grandes logros económicos) frente al “perdedor” (el pobre), esta situación se intensifica. Al respecto, una encuestada señalaba:
Mis tías y familia me aíslan porque creen que son de mejor posición (…).

“¿Te fijaste en su ropa?” De arriba hacia abajo, en los sectores más pudientes como en los más pobres, la ropa es uno de los marcadores económicos más fuertes y, por tanto, uno de los motivos de discriminación más extendidos. En las clases altas y medias llevar ropa que esté “de moda”, mejor aún si es de marca, es el indicativo clave de la capacidad adquisitiva para alcanzar o no un objeto que represente a cualquier persona como pudiente o como pobre diablo. Para los millares de familias

52

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

que viven condenadas por el rigor de las apariencias, si el caso es que sus recursos no son tan altos como los que muestran, la compra de ropa para los hijos puede ser una de las mayores fuentes de angustia y conflicto. Angustia al no saber cómo cubrir un gasto que sobrepasa el presupuesto familiar; conflicto ante la exigencia de los hijos que sacan a relucir el sufrimiento que padecerán por parte de sus amigos si siguen usando ropa gastada y/o que no sea de marca. Cuando algún padre o madre de familia apela a que no puede comprar algo caro, la respuesta puede ser “no te importo”, o, en casos más dramáticos, “me voy a morir si tengo que seguir usando esta misma ropa”. Este fenómeno también se reproduce en sectores populares, aunque en estos la preocupación por las marcas sea relativamente menor que en los sectores socioeconómicos altos. Pero al igual que en aquellos, no variar mucho de vestuario, llevar ropa pasada de moda o usar prendas evidentemente gastadas por el uso continuado, pueden ser severos motivos de discriminación, especialmente entre los jóvenes. Y en los sectores más pobres también se discrimina por la ropa: quienes evidencian las prendas más raídas y repetidas en el día a día casi siempre serán los más discriminados. Además, en la ciudad del Cusco, en aquellas escuelas urbano-marginales a las que asisten mayoritariamente niños de origen campesino, los que llevan ojotas en lugar de zapatos serán las mayores víctimas de escarnio: en este caso se mezcla la discriminación económica y la discriminación étnica, al ser la ojota uno de los elementos más distintivos de los “indios del campo”. La discriminación por la ropa se da en todos los ámbitos. Así, un encuestado señalaba:
En el seguro social no dan buena atención a personas que vienen del campo. Los ven y tratan como bichos raros y dan preferencia a personas bien vestidas, de buena presencia.

En referencia a la “buena presencia”, otro tipo común de discriminación por la ropa se da frente a quienes visten de modo informal y deportivo. Hay muchos lugares y centros de trabajo donde sencillamente será imposible o muy difícil ingresar o ser bien tratado si usualmente se viste con ropa sencilla e informal. Así, salvo que la persona tenga un prestigio socioeconómico muy reconocido, en ámbitos como el Poder Judicial, restaurantes exclusivos, clubes sociales del Cusco o entre los docentes universitarios, quienes visten “más sencillo” serán tratados de

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

53

peor manera que aquellos que visten con ropa “formal” o “elegante” o, sencillamente, serán impedidos de ingresar. Por ejemplo, entre los casos recopilados en la encuesta encontramos:
En los bancos atienden con preferencia a personas bien vestidas y de buena presencia que a personas que visten de forma sencilla y con apariencia humilde. Entré a un restaurante, vi un asiento vacío, [pero] como me vieron mal vestido me dijeron que el asiento estaba ocupado y no quisieron que me siente a su lado.

Desde diferentes ángulos, la ropa, en particular aquella simbolizada como signo de riqueza, es, pues, uno de los mayores criterios de discriminación en nuestra región. Entre las 421 personas de diferentes sectores socioeconómicos encuestadas para este estudio, el 51,8% opina que siempre se discrimina por la ropa de moda, un 32,8% considera que casi siempre y un 14,3% que algunas veces. Un 1,2% no supo qué contestar. No hubo una sola persona que indicara que la ropa de moda nunca es motivo de discriminación. Ahora bien, la discriminación por la ropa no es algo que solo se viva en primera persona. Puede sentirse y sufrirse también a través de la que reciben los seres queridos. Así, a la pregunta sobre cuál ha sido la situación discriminatoria más penosa que se ha vivido u observado, en una entrevista grupal un niño de once años señaló que tal situación le ocurre cuando la gente menosprecia a su mamá por la ropa “sencilla” que viste. “¿En qué trabajas?” “¿En qué trabajan tus papás?” Para clasificar si una persona es pudiente o no y, por tanto, para calificar el grado de respeto, atención o indiferencia que le podemos prestar, averiguar en qué trabaja es un dato que nos sirve de brújula. Esa suele ser una de las primeras preguntas que intercambian dos adultos peruanos (y cusqueños) que recién se conocen. En caso de menores de edad, la pregunta es: “¿En qué trabajan tus papás?”. Si el niño o niña carece de padres o no vive con ellos, la situación discriminatoria puede empeorar. En cualquier caso, la pregunta sirve también para medir. Aunque en las últimas décadas las ocupaciones de médico, juez, abogado, empresario, ingeniero o fiscal se han empezado a democratizar, estas personas siguen siendo las mejor consideradas y así también sus hijos. Mientras tanto, profesiones como la de maestro han perdido prestigio y se consideran

54

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

menores y otras como hotelero, guía o agente turístico, en un momento de auge del turismo en la región, se convierten en indicativos de capacidad económica. Las ocupaciones “marginales”, aquellas que ofrecen grandes servicios por muy bajos jornales, son las más discriminadas. Entre estas, los entrevistados destacan las miradas despectivas que se da a los campesinos por parte de la gente de la ciudad que va a sus pueblos. En la ciudad resalta el maltrato que se da a los boleteros de las combis, a taxistas de autos muy pequeños o viejos, a recicladores de basura, a carretilleros del mercado y, por supuesto, a empleadas domésticas. Si un hombre o mujer lleva mucho tiempo desempleado, a la discriminación se le suelen sumar otros prejuicios. Un encuestado manifestaba que lo tratan mal por “ser desempleado y [me] dicen ocioso”. Como el criterio del trabajo que uno realiza es una poderosa fuente de clasificación y discriminación, no es extraño que mucha gente falsee los datos de su ocupación o la de sus padres para evitar la discriminación y el escarnio. Circulan incluso chistes sobre cómo mejorar el currículum, de manera que un vendedor de gasolina pasa a denominarse “distribuidor de hidrocarburos” o un carretillero, “servicios exprés”. Y esto que es un chiste, muchas veces se da en la vida real. La discriminación impulsa al falseamiento de la verdad, como diría un vals: “Es mejor mentir que sufrir”. Sin embargo, hay personas que prefieren no hacerlo y se atreven a señalar públicamente cuál o cuáles han sido las situaciones de discriminación que sufren o han sufrido. Así, al preguntar si en el Cusco hay discriminación y racismo y cómo se expresa, un niño de once años de una escuela cusqueña indicaba que la gente discrimina a sus padres por ser estibadores del mercado. Por su parte, una niña de un colegio particular indicaba que sus compañeros la discriminaban fuertemente porque ella era becada, dado que sus padres prestaban servicios en ese colegio. Por ello, aunque tal colegio tuviera renombre por su calidad, ella deseaba que la cambiaran a cualquier otra institución educativa. ¿Dónde vives? El barrio y el tipo de casa en que uno habita es otro fuerte indicador de la situación socioeconómica de una persona y, por tanto, funciona también como uno de los criterios más importantes a la hora de clasificar y discriminar a la gente. Las fuertes desigualdades sociales y los múltiples criterios

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

55

de discriminación existentes en el Perú parecen generar en la población una continua ansiedad por no “quedarse abajo” y buscar maneras de diferenciarse de “los de abajo”. El tipo de casa y el lugar donde se ubica es una de las formas más ostensibles de marcar la diferencia. Quizás esto explique por qué el crecimiento económico que se viene dando en las grandes ciudades del Perú se expresa sobre todo en el boom inmobiliario por el cual se vienen construyendo miles y miles de nuevos edificios, especialmente en distritos y barrios que tradicionalmente han albergado a clases medias y altas, algo que sin duda en los próximos años redundará en cambios en la composición demográfica de esas zonas. La gente de escasos recursos que ha empezado a emerger de la pobreza está comprando casas o departamentos más cómodos y también se va mudando a barrios menos marginales; mientras tanto, la gente de esos barrios, si su situación económica mejora, pasa a buscar zonas tradicionales de clase media como un símbolo de su nuevo estatus. A su vez, las clases medias hacen esfuerzos extraordinarios para “alcanzar” barrios con mayor prestigio y “no quedar mezcladas” con los antiguos pobres que pasan a vivir junto a ellas. A medida que las zonas privilegiadas se van llenando de nuevos habitantes de extrarradios, los denominados “emergentes”, sus antiguos habitantes pasan a buscar lugares más alejados y exclusivos. Esto sin duda es más visible en Lima, pero también está ocurriendo en otras ciudades, como el Cusco. En este sentido, así como en esta ciudad hay barrios que simbolizan la riqueza y el éxito (como Santa Mónica y Magisterio) y otros que dan la idea de clases medias pudientes (como Santa Úrsula o Mariscal Gamarra), existen aquellos cuya población queda estigmatizada como pobre, “medio pelo” o un imaginario aun más negativo. Una entrevistada señalaba:
Cuando ves que es una persona sencilla y escuchas que es de Santiago o Viva el Perú, automáticamente piensas que puede ser un ladrón.

En efecto, los barrios y zonas urbano-marginales de toda la ciudad se suelen asociar a pobreza extrema y peligro y sus habitantes terminan siendo discriminados por esta causa. A la pregunta de cómo te gustaría verte en diez años, muchos encuestados señalaron la aspiración de verse en viviendas cómodas, amplias, en casas propias y barrios bonitos indicativos de reconocimiento social, no de discriminación.

56

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Mi colegio, tu colegio El colegio donde se estudia o donde los hijos estudian es otro fuerte marcador de enaltecimiento o de discriminación. En un contexto donde la educación pública ha sufrido el abandono de sucesivos gobiernos, particularmente en el caso del nivel primario y secundario, todo el que cuenta con algún ingreso económico extra envía a sus hijos a colegios particulares, de pago, con lo cual, las escuelas y colegios nacionales se convierten en sinónimo de pobreza. Pero a su vez, entre estos hay una estratificación: así como existen colegios nacionales cuya antigüedad o ubicación geográfica les da cierto prestigio, hay otros que son vistos con menosprecio. De todos los centros educativos nacionales, las escuelas10 son las más discriminadas. Pero aun entre estas hay discriminación: un niño que asiste a una escuela ubicada dentro de la ciudad puede observar –y tratar– como inferior a otro que asiste a una escuela urbano-marginal en la cual la mayoría de niños son migrantes del campo y quechuahablantes, cuyos padres recién empiezan a asentarse en el medio urbano y cuya situación socioeconómica en este nuevo ámbito suele ser la más precaria de la pirámide social urbana. Entre los colegios particulares también existe una compleja estratificación. Dado que hay colegios particulares “baratos”, su alumnado puede discriminar al de colegios nacionales, pero a su vez ser discriminado por los estudiantes que asisten a colegios más caros. En una entrevista grupal a niños de un colegio nacional, a la pregunta referida a la situación en la que se habían sentido más discriminados, varios de ellos señalaron que los chicos de colegios particulares los miran como si valieran menos, como si fueran inferiores, porque van a un colegio donde no se paga. Asimismo, un encuestado manifestó lo siguiente:
Cuando estaba en el colegio yo y mis compañeros discriminábamos a chicos de colegios nacionales; no hacíamos amistad con ellos.

Pero esta discriminación no solo se da entre los alumnos de diferentes colegios. La sociedad en conjunto asume esa discriminación que clasifica quiénes valen más o menos según el colegio al que asisten. Así por ejemplo, otro encuestado señalaba que:
10. Valga aclarar que, en el Perú, la palabra escuela refiere exclusivamente a escuelas públicas del sector urbano y rural que solo ofrecen servicios educativos de primaria.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

57

Cuando estaba en colegio fuimos a un congreso donde fueron los mejores alumnos entre particulares y nacionales, y a pesar que nosotros fuimos temprano nos mandaron atrás indicándonos que los sitios estaban ya destinados. Adelante ubicaron a los de colegios particulares.

4.4. El color de la piel En el Cusco, al igual que en el resto del país, nacer con la piel clara significa tener un privilegio innato. Mientras más clara la piel, mayores oportunidades de aceptación tendrá una persona. Y si esa piel clara se acompaña de ojos y/o cabellos claros, el privilegio de nacimiento y las oportunidades en la vida serán todavía mayores. Por el contrario, quien nace con la piel más oscura de plano tendrá más desventajas y menos aceptación social, salvo que su familia tenga mucho dinero. De ahí el dicho peruano “el dinero blanquea”. Este tipo de racismo está vinculado a la discriminación de los pueblos indígenas y afroperuanos y se funda en el trauma de la Conquista española y en el tráfico de esclavos africanos hacia América durante la Colonia. Sin embargo, en un país donde prima la mezcla de todos los pueblos que convergieron aquí de manera trágica, aventurada o natural, esta discriminación motiva tanto una continua negación de las raíces y la identidad, como segregaciones en prácticamente todos los sectores de la sociedad, además de severos problemas emocionales y mentales en las personas que luchan contra la imagen que les devuelve el espejo. Si la colonización política y económica en el Perú formalmente concluyó entre 1821 y 1824, la colonización ideológica iniciada durante la Conquista ha proseguido, de tal manera que la belleza se asocia a los rasgos físicos más claros y la fealdad a los colores “cobrizos” y “negros” y a los rasgos físicos más indígenas o afroperuanos. Para más inri, lo blanco está asociado a la idea de poder y, ciertamente, gran parte de las élites peruanas, sobre todo las asentadas en Lima, en su mayoría son más claras de piel y sus estilos de vida son los enunciados como símbolos de modernidad, desarrollo y éxito. Así pues, detrás del color de la piel habita un sinnúmero de símbolos y significados a partir de los cuales las personas se discriminan unas a otras, incluso al interior de las propias familias. De otro lado, por el sentido hiriente que suelen tener los adjetivos “negro”, “moreno” e “indio”, en el Perú hemos creado toda una serie de términos clasificatorios alternativos, que no

58

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

suenan “tan mal”, para describir nuestro color de piel o para evitar herir a otros con aquellos términos. Palabras como “trigueño”, “cobrizo”, “canela” y “morocho” marcan distintos grados de piel oscura y aluden a rasgos físicos indígenas o afroperuanos. Asimismo, en esa vorágine clasificatoria hay términos para estratificar diferentes matices de blancura en la piel; así, los términos “blancón” y “blanquiñoso” refieren a quienes tiene la piel clara, pero no tanto como para ser denominados blancos, un término que no genera rechazo ni discriminación. En algunas comunidades indígenas y sectores urbano-marginales de la ciudad (donde la proporción de gente con piel clara es muy reducida), la gente blanca puede ser tratada por los pobladores con desconfianza, lo cual deriva de la arrogancia o el menosprecio con el que suelen ser observados o tratados por las poblaciones más blancas de las ciudades. En este caso no se trataría de discriminación. No obstante, como ya se señalara en un apartado anterior, en la última década han surgido discursos de racismo inverso que específicamente invocan la superioridad de las razas indígenas sobre las blancas y mestizas. Las frases, chistes denigratorios, imaginarios e insultos derivados del color de piel son también muy numerosos y su carácter ofensivo es bastante elevado, como se evidencia en frases como “los negros huelen muy mal”, “la gente cobriza es resentida”, “los indios son acomplejados”, “es moreno, pero es bien inteligente”. A continuación presentamos algunas frases y situaciones recopiladas en las encuestas y entrevistas alusivas al color de la piel:
Solo piensas a las doce de la noche porque tu color es de esclavos. Cuando éramos niños nos ponían apodos y nos decían frases como “negra” o nos ponían apodos de nuestra nariz ancha. Eres una chola, mira nada más tu color. Tu familia debe estar maldecida para que tú hayas salido tan negra.

4.5. Los “incultos” La discriminación académica es otro fenómeno muy extendido en nuestro país y atraviesa también todos los sectores socioeconómicos. Hay una suerte de culto a los “títulos” y un desprecio muy grande a los analfabetos.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

59

La idea del saber escrito está muy asociada a la idea de poder y capacidades. En el Perú, el poder de la palabra escrita tiene raíces en la propia historia colonial: el régimen representado por España ostentaba ese atributo, mientras la población local sometida carecía de él. Asimismo, durante siglos la educación formal en escuelas y seminarios estuvo restringida a las élites, mientras los demás sectores sociales –fueran indígenas, blancos, negros o mestizos– se veían excluidos de ese privilegio. Solo en la última mitad del siglo XX el acceso a la educación se amplió, tras haberse convertido en una de las mayores demandas sociales, tanto en el sector urbano como en el rural. En todo este tiempo, e incluso hasta hoy, no se ha concedido validez social ni formal a los saberes tradicionales no escolarizados. En este contexto, se designa y se respeta más a la persona “culta”, significando con esto aquella que ha alcanzado más títulos y/o demuestra haber estudiado más, leído más o escrito más. Paralelamente, se designa como “inculto” y se discrimina al que no sabe leer ni escribir o tiene dificultades para hacerlo por no haber alcanzado una educación formal suficiente. No importan los amplios conocimientos técnicos, filosóficos o metodológicos que esa persona haya heredado a través de la historia oral y de las prácticas de su pueblo. En la medida en que ese conocimiento no está certificado oficialmente ni validado en el imaginario colectivo, no se reconoce la posesión de cultura. Es más, la idea de cultura suele asociarse exclusivamente a los cánones de la propia de occidente, en una visión que niega la diversidad cultural. Aunque en las últimas décadas en el Cusco y en todo el Perú se han dado algunos avances en el reconocimiento de esa diversidad, todavía predomina fuertemente la idea de que una persona solo es culta y respetable según los niveles académicos que haya alcanzado en escuelas, colegios, institutos técnicos y, especialmente, en universidades. En las ciudades, lo único que puede aliviar la carencia de estudios secundarios, universitarios o técnicos es haber obtenido algún notable prestigio social, el cual casi siempre va asociado al éxito económico. Si una persona no posee ni lo uno ni lo otro, suele ser considerada un sujeto inferior, alguien con quien “no vale la pena” establecer relaciones estrechas; no importa si lo que le ha impedido alcanzar esos estudios ha sido una situación imponderable, como haber debido trabajar desde niño o desde niña para ayudar a la economía familiar (un caso muy habitual en nuestro país).

60

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

En el sector rural, donde llegan menores y peores servicios educativos, el “mito de la educación” y el culto a quien consigue más títulos también está muy presente; además, se halla muy ligado a la idea de progreso11. De allí que, tanto en la ciudad como en el campo, los padres de familia están dispuestos a hacer cualquier sacrificio con tal de brindar a sus hijos la mejor educación posible. Costumbres como la de “doctorear” a personas que han obtenido un título profesional en letras, son indicativas de respeto e incluso sumisión a quien ha alcanzado un título superior al propio. Así, es común en las universidades cusqueñas llamar doctor a todos los docentes, independientemente de que en la realidad posean o no un título de doctorado. Muchas veces, no hacerlo así puede generar represalias o animadversión de parte de esos maestros, que asumen aquello como una falta de respeto. Pero esta discriminación académica va mucho más allá; se presenta en una diversidad de figuras. Por ejemplo, al interior de la misma universidad, en el sector no académico, el personal administrativo discrimina al personal de obras, compuesto en su mayoría por operarios que son analfabetos o que apenas han alcanzado estudios primarios. En realidad, en todos los sectores se reproduce la discriminación del que tiene más logros académicos sobre el que no los tiene. Un encuestado señalaba:
Cuando trabajaba en un periódico, las personas por ser profesionales me hacían menos y solo conversaban entre ellos, haciéndome a un lado.

Otra persona encuestada señalaba una de las frases discriminatorias que más recordaba haber sufrido:
Me dijeron que yo no soy nada por no tener preparación.

Esto también se reproduce en organizaciones populares y de interés social. Tal como señalaba una entrevistada, quienes tienen algún título suelen considerarse los dueños de la verdad y pasan por alto las opiniones de aquellos a quienes consideran ignorantes por no haber ido a la universidad, o por carecer de estudios secundarios o primarios.

11.

Al respecto, ver Ansión (1995).

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

61

Las familias tampoco son ajenas a aplicar este tipo de discriminación. Aquí también es notoria la predilección y el mejor trato hacia quienes han alcanzado mayores niveles académicos, así como la displicencia hacia quienes no los tienen. En una entrevista grupal, un niño señalaba que, a su madre, sus propios tíos la discriminaban porque ella no había podido ir a la escuela y no sabía leer:
Le dicen “tonta, tú no sabes nada”.

Otro caso frecuente es el que daba un encuestado al señalar:
Cuando estaba en colegio a veces sacaba malas notas y mi mamá me decía que yo era burra y que mi hermano era mejor que yo.

4.6. Las mujeres La discriminación contra las mujeres es uno de los fenómenos más antiguos y arraigados en nuestra sociedad. Curiosamente, quizás por los notables avances alcanzados en favor de la igualdad de género en las últimas décadas, pareciera que este es un tema que ya no merece tanta atención y muchos actos discriminatorios contra las mujeres se siguen reproduciendo como algo que sería natural. En la mayoría de hogares del Cusco, a las mujeres, sin importar que estudien y trabajen como los varones de la casa, se les siguen sumando todos o casi todos los trabajos domésticos. Asimismo, continúa siendo “normal” que a los miembros varones de la familia (hijos y padres) se les permita tener una vida social nocturna mucho más abierta que a las mujeres. Claro está que en el dictado y la reproducción de esas normas participan tanto padres como madres de familia. De otro lado, la sociedad en su conjunto sigue haciendo recaer la responsabilidad principal por la crianza de los hijos en las mujeres, un hecho que favorece innumerables situaciones de abandono de hijos por parte de varones que se sienten poco responsables por ellos. Esa misma sociedad hace que para una madre que está sola (sea soltera, separada o divorciada) sea difícil rehacer la vida con una nueva pareja, ya que queda estigmatizada como alguien con

62

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

una carga (sus hijos), cuando no es ella misma quien elige permanecer sola por haber asumido que la responsabilidad fundamental por sus hijos es suya. Muy rara vez esto ocurre con los padres de esos niños. Este hecho discriminatorio contra la mujer y claramente favorable para el varón es una de las causas de un problema muy importante que afecta a las familias del Perú: el abandono paterno, no solo material sino también emocional, de millares de niños, muchos de los cuales sufren luego otro tipo de discriminación en sus escuelas, colegios y barrios: la que se da por no tener padre, por ser abandonados, algo particularmente intenso en el caso de los hijos de madre soltera. Este mismo término es indicativo de discriminación: se habla de “madres solteras” con una connotación despectiva, pesarosa en el mejor de los casos. Mientras tanto, el término “padre soltero” es prácticamente inexistente. Esto redunda en el hecho de que en nuestro país la proporción de hogares monoparentales (30,1% del total) dirigidos fundamentalmente por mujeres sea bastante alta (93,3%; INEI 2002). Este hecho suele ir de la mano con el abandono material de los padres hacia esos niños, lo cual los hace más vulnerables a la pobreza y la extrema pobreza. Más allá están los prejuicios contra las madres solas: si una mujer es separada o divorciada se le atribuye a ella el fracaso de su matrimonio: frases como “debe tener mal genio” o “no habrá sabido comprender a su esposo” son sumamente frecuentes, tanto por parte de varones como de mujeres. La situación es más agresiva con la madre soltera: mientras a ella se la observa como una mujer “fácil” que tendrá muy complicada la vida en el futuro, sobre el padre de su(s) hijo(s) no suele recaer ninguna sanción social significativa. A lo sumo se dirá que ha sido irresponsable. Incluso, por el contrario, muchas veces él alardeará de ser un “macho”. Como una de las peores situaciones discriminatorias vividas, una mujer cusqueña señalaba:
Por tener un hijo y ser madre soltera me insultan con palabras groseras.

Lamentablemente, la discriminación de las mujeres persiste en muchos otros espacios: la violencia doméstica y la manera como este delito es observado por la sociedad y por las propias autoridades es un ejemplo de ello. “¡Qué habrá hecho, pues!”, suele ser una justificación para dicha violencia. Muchos ataques sexuales contra las mujeres son también justificados o

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

63

reducidos en su magnitud bajo argumentos como “ella lo provocó con la ropa que llevaba puesta”, “no debería haber andado sola a esa horas”, “estaba borracha”. Si a la condición de género se le suma la socioeconómica, la discriminación puede ser mucho más radical. Así, como ejemplo de una situación discriminatoria grave, un encuestado relataba:
En una comisaría de Sicuani atendieron primero a un regidor que había perdido su billetera en vez de atender primero a una señora que estaba bien golpeada. La verdad, no vi que la hayan atendido.

Los datos sobre analfabetismo y años de escolaridad de niños y niñas nos muestran una situación que sigue siendo muy desfavorable para las mujeres. Las familias que viven en condiciones de pobreza y extrema pobreza y que se ven obligadas a elegir a qué hijos favorecer para recibir educación formal suelen priorizar a los niños. Como se observa en el cuadro 2, aunque entre 1993 y 2002 hubo una reducción del analfabetismo, la proporción de mujeres analfabetas ha seguido siendo muy alta con respecto a la de varones analfabetos, particularmente en el sector rural.
Cuadro 2. Tasa de analfabetismo por sexo, según área de residencia, Perú (1993 y 2002)
Área de residencia Total Urbana Rural Total 12,8 6,7 29,8 1993 Hombres 7,1 3,4 17,0 Tasa de analfabetismo Mujeres 18,3 9,8 42,9 Total 11,9 5,9 25,0 2002 Hombres 6,1 2,9 12,7

Mujeres 17,5 8,7 37,4

Fuentes: UNFPA (2002); INEI y Promudeh (1999); INEI (2002).

Datos más recientes sobre analfabetismo por sexo muestran que esta tendencia se mantiene. Aunque el porcentaje global de analfabetismo se ha reducido ligeramente, el año 2008 la proporción de mujeres analfabetas en el Perú seguía siendo muy elevada (15,4%) y seguía triplicando a la de varones (5,2%).

64

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

4.7. Extranjeros y cusqueños El incremento vertiginoso del turismo en el Cusco en la última década, además de generar un notable crecimiento económico en la ciudad, también está produciendo cambios sociodemográficos y algunos patrones de discriminación y relaciones conflictivas en las zonas con mayor actividad turística, especialmente en la ciudad del Cusco y el Valle Sagrado de los Incas. Las amplias campañas para favorecer al turismo y la gran cantidad de recursos y personal policial que las autoridades locales y nacionales destinan para resguardar las zonas más transitadas por los turistas –con respecto a los exiguos presupuestos destinados para las zonas habitadas exclusivamente por población local– refuerzan la percepción de que para los gobernantes peruanos la vida de un nacional vale menos que la de un extranjero. A este se le estaría tratando mejor no solo por los recursos que deja en el país, sino también por una visión racista sobre la población local. Esta percepción no está alejada de la realidad: durante las severas inundaciones que sufrió la región del Cusco en enero de 2010, las mismas que colocaron en situación de aislamiento y peligro a numerosos pueblos, la atención del gobierno central y de los medios de comunicación nacionales se centró en atender a los turistas que se habían quedado aislados en Machupicchu. Asimismo, se prestó todo el apoyo material y logístico para reparar sobre la marcha los tramos de las líneas férreas que conducen a la ciudadela inca y mientras tanto se dejó en el abandono a los numerosos pueblos que habían sufrido daños catastróficos, pueblos solamente habitados por población local (como Huacarpay, Lucre y Zurite). Solo la acción solidaria de los pobladores del Cusco y las autoridades locales respondieron a esa tragedia. El boom del turismo también ha dado lugar a la llegada a la región de numerosas inversiones del exterior, tanto nacionales como extranjeras, motivo por el cual las zonas más turísticas han incrementado rápidamente su valor, llevando a muchas familias que vivían en ellas a alquilar o vender sus predios y trasladarse a otros sectores. Esto es particularmente visible en el centro histórico del Cusco y en el Valle Sagrado de los Incas. Ahora bien, por los altos precios de los nuevos locales comerciales, hoteles y restaurantes que ocupan estas zonas, la población local rara vez puede acceder a ellos, con todo lo cual se refuerza la percepción de estar siendo desplazados de sus lugares más característicos a favor del turismo.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

65

En medio de esta situación, muchos locales turísticos, especialmente discotecas y restaurantes exclusivos, aplican una política sistemática de discriminación por la cual los clientes cusqueños no reciben un buen trato o, en el peor de los casos, no se les permite el ingreso, en especial si tienen rasgos marcadamente andinos. Al factor racismo se suma el prejuicio de que el extranjero va a gastar más dinero que el poblador local. En los últimos años han crecido las denuncias formales ante Indecopi así como hacia medios de comunicación local sobre casos como estos, que fueron recopilados como testimonios en la encuesta:
En la discoteca Mama África, una vez no lo dejaron entrar a mi compañero, me imagino que fue por su piel cobriza, por su tamaño, y tuvimos que ir a otra discoteca. En las discotecas Muki y Caos no dejan entrar a personas que no estén bien vestidas, y en Mithology e Inka Team no cobran entrada a extranjeros. En el Bembos entró un grupo de personas que vestían con ropa sencilla; al parecer eran de otra provincia; por su condición humilde les hicieron esperar y les atendieron al final.

La gran paradoja de esta discriminación es que quienes la ejercen casi nunca son los turistas extranjeros, sino los propios peruanos y cusqueños que son dueños de estos locales, así como los porteros y camareros que atienden en ellos. Aquí la discriminación entre semejantes que no son capaces de ver sus rasgos comunes es palmaria. Otro caso se da con la actitud de la policía municipal y nacional en el centro de la ciudad, que suele ahuyentar de esa zona a los pequeños vendedores informales o a grupos grandes de jóvenes cusqueños que pueden estar ocupando alguna acera. Al mismo tiempo, ellos no ponen multas ni apresuran a los buses turísticos que pueden detenerse largamente en una calle estrecha, mientras los autos locales serían rápidamente amonestados o sancionados si hicieran lo mismo. Aunque esta discriminación sea fundamentalmente aplicada de peruanos a peruanos, muchos cusqueños dirigen sus sentimientos de rabia e indignación contra los turistas, hecho que lleva a soslayar la realidad de que tales situaciones de discriminación se nutren de la cultura del racismo predominante en el Perú y en los propios peruanos. De otro lado, el prejuicio de que el turista viene cargado de plata y siempre tiene una situación más privilegiada que la propia fomenta actitudes de aprovechamiento hacia él. Estafas,

66

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

robos y cobros sobredimensionados son cosa frecuente en muchas agencias de turismo y entre muchos vendedores de artículos para el consumo de turistas. Por otra parte, las situaciones de acoso sexual contra turistas mujeres son bastante frecuentes y los casos de violación sufridos por ellas casi nunca aparecen en los medios por la política de “no dañar la imagen del país”, todo lo cual fomenta la impunidad de esas actitudes abusivas y no permite la toma de conciencia sobre dicha suerte de racismo inverso o revancha delictiva que muchos cusqueños cometen contra los turistas extranjeros. Cuestión aparte merece el antichilenismo y la discriminación que nuestros vecinos del sur reciben por esa causa. En la última década ese sentimiento de rechazo por la guerra que el Perú perdiera contra Chile hace más de un siglo se ha vuelto a avivar y en la población cusqueña saltan una serie de prejuicios y reacciones adversas respecto a chilenos y turistas chilenos. Un tema frecuente, por ejemplo, es señalar que el Valle Sagrado está siendo invadido por personas de esta nacionalidad que estarían comprando casi todos los terrenos. No obstante, como ocurre con todos los prejuicios, gran parte de ellos se sustentan en situaciones imaginarias a las que se da carta de validez. En los registros públicos del Cusco se encuentra que solo hay dos chilenos que tienen inscritas propiedades en el Valle Sagrado, ya que el mayor número de propietarios foráneos en este valle son oriundos de Lima, grupo que es seguido muy por detrás por norteamericanos y europeos. Pero, para un imaginario que busca justificaciones para sus sentimientos discriminatorios y excluyentes, todos esos foráneos serían extranjeros y, casi todos ellos, chilenos.

Viñeta 3 Guía de la vida nocturna cusqueña
Emilio estaba feliz. Después de cinco años en la universidad, solo le faltaba un semestre para terminar la carrera de Turismo en la UNSAAC. Como había sido el mejor alumno de

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

67

su colegio en Haquira y había logrado ingresar a la primera a esa carrera tan requerida, sus papás habían hecho grandes esfuerzos para que pudiera estudiar en el Cusco. En todo ese tiempo había vivido en un cuarto compartido con Josué, un paisano que también estudiaba como loco en la Facultad de Ingeniería de Minas. Ahorraba todo lo que podía y, aun así, con las justas llegaba a fin de mes. Pero el día que recibió todas sus notas de penúltimo semestre, dijo que iba a festejar como nunca lo había hecho. Dos veintes había sacado y su menor nota había sido quince. Estaba feliz. Lo único que le preocupaba era no saber qué tipo de proyecto podría hacer para obtener su licenciatura una vez que concluyera sus estudios. Bueno, pensó, eso lo podría dejar a un lado por unas semanas más. Lo que más quería para celebrar sus excelentes notas era invitar a Sofía y Tania, dos compañeras de clase que siempre habían sido muy amigables, para salir a bailar con Josué y con él. Los dos se alistaron mucho para el viernes elegido. Josué se compró incluso una casaca nueva. Así pues, esa noche, después de tomar unos jugos en la Plaza San Francisco, los cuatro bajaron en dirección a la Plaza de Armas. Tenían planeado ir a un bar del que todo el mundo hablaba como lo máximo, “Los canes”. Al momento de entrar, el portero les dijo que el local estaba lleno. Tania le dijo que eso no era cierto pues desde la puerta se podía ver que el local estaba medio vacío. “Yo que tú me compraría lentes”, le contestó ese portero. Josué quiso enfrentarse, pero las chicas lo contuvieron y pidieron ir a otra parte. “Este no es lugar para ustedes, pelagatos”, les gritó el portero mientras se alejaban. Josué quiso regresar para pegarle, pero de nuevo las chicas lo calmaron. Emilio se moría de vergüenza. “No te preocupes”, le dijo Sofía, “mejor vayamos a otro lugar más normal, donde no haya perros rabiosos como ese”. Emilio estaba herido en su orgullo y no quiso llevarlas a dos lugares sencillos que ellas sugirieron, cerca de la universidad. “Vamos a Mama Asia”, señaló Emilio, “allí uno se la pasa muy bien”. Había mentido, él nunca había ido a esa discoteca, pero quería demostrar que no se sentía perdido ni humillado.

68

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Al llegar a ese local, había una cola de turistas entrando, algunos acompañados por chicas cusqueñas, Cuando les tocaba entrar a ellos, el portero dejó pasar a las chicas y a Josué, pero a él lo detuvo. “Ya no hay sitio para más gente”, indicó. Emilio se dio cuenta de cuál era la razón por la que no lo dejaban entrar: él no tenía buena estatura como Josué y su piel era mucho más oscura que la de él. Se quedó paralizado en ese sitio, mirando las losetas oscuras del suelo. De repente, escuchó que Tania levantaba la voz: “Si él no entra, nos vamos todos”, dijo. “Váyanse, váyanse pues, ustedes se lo pierden”, les respondió el portero y abrió la baranda de la puerta para que salgan. “El único perdido eres tú, desubicado”, le gritó Sofía. “Lárguense de una vez, este sitio no es para ustedes”, repuso el portero. No había terminado de decir eso cuando un grupo grande de turistas apareció y uno de ellos, con fuerte acento extranjero, preguntó qué estaba pasando. La cara del portero se transformó. Sofía les dijo que ese local era racista, que a los cusqueños no los dejaban entrar. Tania, por su parte, utilizando gestos y palabras, señaló al portero diciendo: “Nazi, nazi, su cabeza es nazi”. Uno de esos turistas escupió a los pies del portero y todos se marcharon de aquel local. Mientras salían, el único extranjero que hablaba bien el castellano les dijo: “Deberían poner en la puerta que se reservan el derecho de admisión. Mis amigos y yo nunca entramos a los locales que ponen esas advertencias. Sería como que nos dijeran que vamos a dejarle nuestro dinero a un maldito nazi”. Emilio no terminaba de salir de la humillación sufrida. Quería irse a su cuarto, volver a Haquira, nunca más pisar el centro del Cusco. ¡Al diablo su carrera! Pero de pronto habían llegado a la puerta de otra discoteca y allí los dejaron pasar sin la menor reticencia. Mientras esperaban sus cervezas, Sofía propuso: “Oye, hay que denunciar lo que ha pasado esta noche en Indecopi”. Josué opinó que eso no iba a servir para nada. Sofía insistió: “A mí me han dicho que sí les ponen multas. En cualquier caso, no hay que quedarnos callados, ¿no?”. A día siguiente, Emilio se levantó temprano, se alistó como si fuera a ir a una importante entrevista laboral y se fue alejando cada vez más del cuartito donde había vivido cerca de cinco años.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

69

A las nueve en punto de la mañana estaba en Indecopi. Allí se informó sobre los papeles que debería llenar para la denuncia y a través de un funcionario se enteró de que tenían registradas muchas como la suya: “Al menos tres al mes, pero aun así son pocas; la mayoría de las personas no denuncia estas cosas, por eso siguen ocurriendo”. Cuando Emilio salió de esa oficina, pausadamente, caminó en dirección a la Plaza de Armas. El cielo estaba nublado, podía caer un chaparrón en cualquier momento. De pronto, Emilio empezó a sentirse contento de nuevo. Ya sabía qué proyecto de investigación iba a desarrollar para su graduación. No iba a esperar a terminar el último semestre para iniciarlo. Lo iba a empezar ya. Una guía turística sobre los locales amables con la gente, con el medioambiente, con los derechos de clientes y trabajadores. En el apéndice colocaría la lista negra de los lugares racistas, con su récord de denuncias: “Lugares nazis”. Todavía no sabía qué nombre sería el más adecuado y llamativo para esa guía, pero estaba contento: ya tenía listo su proyecto. La horrible noche que había sufrido el día anterior no le iba a quitar el sueño: él era inteligente, él era fuerte; como José María Arguedas, era un demonio feliz que hablaba en castellano y en quechua. E iba a escribir una guía turística muy necesaria y divertida.

4.8 La cultura centralista El centralismo y la cultura centralista en la que se sustenta son factores de discriminación ampliamente extendidos contra los cusqueños. Aunque se aplican desde Lima y desde las instituciones del Estado, por su magnitud y por las percepciones de profunda discriminación que generan, también los abordaremos de forma específica. La discriminación centralista ejercida por muchos pobladores limeños contra los ciudadanos de otras regiones del país, especialmente contra las poblaciones de la sierra sur y la Amazonía, no solo tiene consecuencias individuales en quienes la sufren, sino que se refleja en forma nociva en el manejo político y económico que se hace del país. Las raíces de este fenómeno también se fundan en los periodos de Conquista y Colonia, cuando el centro de poder

70

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

y toma de decisiones dejó de ocupar un lugar geográficamente intermedio, como el Cusco, para trasladarse a Lima, en la costa, en una zona sumamente aislada de los vastos territorios de sierra y selva. Allí se instaló el gobierno colonial y desde allí se gobernó el Perú, mirando más hacia el extranjero que hacia la diversidad geográfica y cultural del territorio nacional. En ese lugar se asentó más fuertemente el pensamiento colonial, que enaltece lo occidental, como sinónimo de modernidad y civilización, y desdeña lo originario, como bárbaro y retrasado. Esa situación y esa mentalidad no cambiaron con la llegada de la Independencia; por el contrario, se agudizaron. Así, la promesa de la época republicana: una vida con más justicia para el conjunto de los peruanos, fue incumplida de manera dramática. La construcción de carreteras e infraestructura productiva, así como la implementación de servicios educativos y sanitarios se centralizaron aun más en la capital del país, mientras tanto, las ciudades del interior, que durante la Colonia habían mantenido mayor estatus político y mejores condiciones económicas, fueron relegadas a favor del crecimiento económico de la costa. En esta época se asume la costumbre limeña de denominar “provincias” al resto de regiones y ciudades del país, un término que concentra en sí toda esa mirada centralista y discriminatoria sobre el Perú del interior, menos occidental y más rural, entendidas tales características como sinónimos de atraso, salvajismo y baja calidad. A la pregunta sobre situaciones de discriminación frecuentes en el Perú, la mayoría de entrevistados (de forma individual o grupal) sacaron a relucir diversos tipos de discriminación sufridos en Lima por causa de su origen geográfico. Baste recordar que la palabra “serrano” es la más utilizada como insulto en la ciudad de Lima contra las personas de origen andino. Así, “vete a tu puna”, “¿dónde has dejado tus llamas?”, “¿para qué vendrá esta gente aquí?”, son frases despectivas de uso frecuente. El imaginario de muchos limeños percibe una situación de haber sido invadidos por “los serranos”, así como la idea de que Lima era un vergel hace un siglo, antes de que “los serranos” empezaran a llegar masivamente y “la malograran”. Es frecuente escuchar este tipo de comentarios en las conversaciones de limeños nostálgicos. Curiosamente, muchos cusqueños que han migrado a esa ciudad suelen asimilar esos estereotipos y aquel imaginario. Así también, para lograr una mayor integración en ella o para evitar la discriminación de origen cambian rápidamente sus acentos y costumbres características y terminan también asumiendo esa cultura centralista.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

71

Una joven líder de base indicaba que, la primera vez que fue a Lima, el chofer del autobús en el que viajaba continuamente lanzaba afrentas a los pasajeros, tales como: “Sabe Dios cuántos de estos se quedarán a vivir en Lima”. Una vez en la capital, la joven no sabía cómo llegar a la Plaza de Armas y al preguntarle a un policía al respecto, este le respondió: “¿Para qué vienen aquí, si no van a entender nada?”. En ese mismo viaje recibió otras numerosas frases y actitudes discriminatorias por su origen serrano. Desde entonces, nunca más ha querido volver a Lima. Quienes expresan esas frases y actitudes no solo son habitantes de Lima de larga ascendencia familiar limeña. A veces tales expresiones son dichas con más intensidad por hijos y nietos de migrantes andinos cuyos rasgos físicos poco o nada se diferencian de las personas de la sierra a las que tratan de “auquénidos”, “llamas”, “cholos”. Así, hace algunos años, en un concurso televisivo nacional que seleccionaba a nuevas estrellas de la canción12, un participante cusqueño relataba que, cuando pasó a una etapa final y tuvo que promover su candidatura entre los televidentes de Lima, acudió a un barrio fuertemente compuesto por migrantes cusqueños; sin embargo, en lugar de hallar apoyo, ese fue el lugar de Lima donde más afrentas y bromas despectivas recibió por su origen serrano. Casos como este ilustran por qué la cultura centralista, que está muy teñida por el racismo peruano, es una de las fuentes de discriminación que más perciben (percibimos) los cusqueños. Este fenómeno se reproduce incluso en espacios que serían más sensibles ante la discriminación. Así, un líder juvenil señalaba que, cuando viajó a Lima para participar en un congreso de Antropología, cada vez que un estudiante del interior del país iba a exponer algún trabajo de investigación, casi todos los estudiantes limeños vaciaban el salón, avivados seguramente por el prejuicio de que los jóvenes de universidades “de provincias” no tendrían nada importante ni de calidad para compartir. Más allá de las actitudes discriminatorias individuales y grupales, la cultura centralista está tan arraigada que el Estado –asentado en Lima– es la mayor fuente de discriminación fundada en el centralismo. Así, a pesar de que Lima es la región del país con menores niveles
12. El programa se llamaba Super star y era emitido por Panamericana Televisión.

72

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

de pobreza y desnutrición infantil, es también la que más presupuesto recibe para la atención de programas sociales. Otro ejemplo ilustrativo se dio cuando el mundo entró en alarma por la amenaza de la gripe asiática, ya que podría pasar de un país a otro a través de sus aeropuertos. El gobierno peruano realizó masivas campañas preventivas (mucho más dramáticas que las aplicadas en los países europeos, donde se sufría una amenaza mayor) y destinó ingentes fondos para evitar el ingreso del virus por el aeropuerto internacional de Lima. Al final, el número de víctimas mortales derivadas de esta gripe fue muy reducido. Sin embargo, al mismo tiempo, en Puno y en las alturas de Cusco y Huancavelica, como es habitual cada año, ese invierno se llevó por delante la vida de centenares de niños a causa de las gripes y neumonías comunes que en las ciudades no matarían a nadie. Frente a ese flagelo, el gobierno y los medios de comunicación nacionales no desplegaron ninguna alarma ni tampoco una campaña mínimamente significativa. Uno de los casos de discriminación centralista más evidentes y sentidos por la población del Cusco está referido al yacimiento de gas de Camisea. Ubicado en la selva cusqueña, la explotación de este recurso reporta ingentes cantidades de ingresos al Estado, parte de los cuales se distribuyen entre los municipios de la región; sin embargo, ni uno solo de los ductos de gas provee de este recurso a la población regional. Desde el inicio de su explotación en 2004, todo el gas de Camisea se dirige a Lima, donde sus costos se han abaratado para los usuarios y permiten mejorar la competitividad de muchas industrias limeñas. Mientras tanto, en el Cusco se vive la paradoja de que los balones de gas tienen que ser transportados desde Lima, por tanto, se tiene que pagar más por ellos; al mismo tiempo, en los distritos más próximos a las fuentes de gas (y más alejados de Lima), se debe pagar precios aun más caros. Los ejemplos sobre la discriminación centralista podrían ocupar libros enteros; también las consecuencias que ella tiene en la reproducción de la exclusión y de las graves desigualdades regionales que hay en nuestro país. Se trata también de una discriminación fuertemente teñida de racismo, algo que nos muestra que destejer la trama mental racista es en verdad una tarea urgente que no debería ser nunca más postergada.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

73

4.9. Otros sectores segregados: la discriminación invisible En los apartados anteriores hemos presentado los casos de discriminación más extendidos y sentidos por la población en nuestra región. Sin embargo, hay muchas otras formas de discriminación que están menos visibilizadas; algunas afectan a grandes segmentos de la población, otras a sectores relativamente reducidos. En cualquier caso, todas ellas producen igualmente heridas profundas en quienes son sus víctimas. Entre esos casos destaca el de los discapacitados físicos, así como el de los niños con síndrome de Down y otros tipos de disfunciones psicomotoras. En nuestra ciudad es muy extraño ver a niños especiales circulando por calles o parques: sus padres suelen mantenerlos apartados de ese mundo, sea por su propio prejuicio, sea por el temor a presenciar la discriminación de sus hijos por parte de adultos o niños. Otro caso de discriminación de la que apenas se habla, a pesar de estar muy extendida, es la que se dirige contra homosexuales y transexuales. Los ataques e insultos que suelen recibir se pasan por alto o llegan a considerarse justificados. Sobre ellos recaen innumerables prejuicios odiosos, además, mucha gente los considera enfermos y no se les reconoce una igualdad de derechos. Este es uno de los casos en los que la discriminación está más normalizada y por tanto invisibilizada por la sociedad. De otro lado, también es muy extendida la discriminación de los adultos mayores que buscan trabajo y, sin embargo, se habla muy poco de ella y de las graves consecuencias socioeconómicas que genera sobre ellos y sus familias. Lo mismo ocurre con la discriminación que reciben muchos ancianos cuando la sociedad, y a veces sus propias familias, no encuentran ya ningún valor apreciable en ellos, sino que los consideran solamente “una carga”. Otro caso frecuente en una sociedad como la nuestra, donde casi la tercera parte de las familias son monoparentales y gran parte de ellas se caracterizan por tener al padre ausente, es la frecuente discriminación de los niños abandonados o que carecen de una figura paterna, como también lo puede ser la de niños abandonados por su madre o la de los huérfanos que no viven con ninguno de sus padres. Así, una encuestada recordaba una de las frases discriminatorias que más había sufrido:

74

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Por ser huérfana me gritaban “hija de su madre”.

Semejante a estos casos, otro tipo de discriminación sumamente invisibilizado es el de los millares de niños que no viven con sus padres, sino en casas de padrinos, madrinas, tíos y conocidos, donde generalmente sirven como empleados domésticos en sus “horas libres”. Como la mayoría de ellos proceden de pueblos y comunidades andinas, a la discriminación que puedan sufrir por su condición étnica muchas veces se le suma la de su situación familiar y la de su situación laboral subordinada. También se da el caso, mencionado someramente en apartados anteriores, de la invisibilización de las poblaciones amazónicas. Tanto en las ciudades como en las zonas rurales andinas, los pobladores y pobladoras de la selva suelen ser vistos como salvajes, atrasados, peligrosos. Además, estos sectores casi nunca cuentan con una representación política en las instancias de gobierno local o regional, tampoco en la esfera nacional. Asimismo, a la hora de pensar nuestra región, a pesar de que el territorio amazónico ocupa una gran proporción de provincias, como La Convención, Paucartambo e incluso Quispicanchis, y de que tales poblaciones son las habitantes originarias de esa mitad del Cusco, pasamos por alto su existencia. Por otra parte, esta discriminación sucede aun con más fuerza cuando pobladores amazónicos toman presencia en nuestros barrios, escuelas o universidades, en estos casos la discriminación y la desconfianza es lo que marca nuestro patrón de comportamiento con ellos. Otro factor de discriminación llamativo, pero también extendido y muy normalizado, es la que se realiza por cuestiones políticas, cuestión señalada por un número significativo de informantes. Una vez que se toma conciencia de esta discriminación, podemos observar que es algo muy común. Así, es una pauta generalizada que, cuando una nueva autoridad política asume el gobierno (sea municipal, regional o nacional), de manera casi sistemática los trabajadores de partidos distintos al suyo suelen ser despedidos, relegados o subordinados frente a la gente del partido elegido. Esta es una práctica que no solo afecta a las personas discriminadas, sino que también genera graves consecuencias en el manejo de las instituciones públicas. Sin duda podríamos tratar sobre muchas otras formas muy extendidas de discriminación. Por ejemplo, contra gordos y gordas, contra personas procedentes de otras regiones a las que

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

75

el cusqueño ve con sentido de superioridad, entre personas de diferentes religiones, etc. Comoquiera que el objetivo de este documento es ofrecer un panorama general sobre el racismo, la discriminación y la exclusión en nuestra región, nos hemos restringido a resaltar los casos más relevantes de estos fenómenos así como aquellos que generan las fracturas sociales más severas.

76

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿En qué espacios se discrimina más?

5

La discriminación se produce en prácticamente todos los lugares públicos y privados de la vida peruana y cusqueña. Esto es algo que evidencian las respuestas de los encuestados y entrevistados para este estudio, que señalan una diversidad de espacios públicos donde se discrimina a las personas, especialmente por causas racistas y por condición de pobreza. Hospitales, instituciones educativas, el Poder Judicial, delegaciones policiales, municipalidades y bancos, es decir, lugares muy vinculados al servicio a la ciudadanía, son señalados como espacios donde se ejerce la mayor discriminación. A continuación, se presenta una lista de los que se ha destacado más como centros de discriminación, señalando en cada caso algunos ejemplos de la forma en que ésta y el racismo se ejercen en ellos. Hospitales Los resultados de las encuestas muestran a los hospitales como el espacio donde más se discrimina en el Cusco: el 70% señala que en ellos eso ocurre siempre (45,8%) o casi siempre (24,2%). Una variedad de ejemplos ilustran la discriminación, y el mismo maltrato, que pacientes pobres, de origen campesino y quechuahablantes suelen recibir cuando acuden a los centros hospitalarios:
En el hospital a las señoras del campo les dicen “india sucia o cochina”. En el hospital Lorena vi que las enfermeras le gritaban y trataban mal a una señora humilde que procedía del campo.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

79

En el hospital Regional los doctores y generalmente las enfermeras tratan con indiferencia, no les prestan atención a personas que no visten bien, que proceden del campo o que tienen una apariencia pobre y humilde. Siempre oigo que les gritan.

En estos espacios, la discriminación más generalizada se produce a través del idioma. Y, aunque más de la mitad de la población del Cusco sea quechuahablante, no se aplican políticas por las cuales al menos la mitad del personal, en cada área, pueda garantizar al paciente ser atendido en quechua. Esta situación es particularmente delicada si consideramos la importancia clave que tiene una intercomunicación precisa y detallada entre personal médico y paciente para poder diagnosticar y tratar cualquier dolencia o enfermedad. Otras formas comunes de discriminación y maltrato en centros hospitalarios se da con las mujeres campesinas al momento del parto, las cuales suelen estar referidas a su higiene corporal o al número de hijos que tienen, por lo cual reciben muchas críticas, burla e incluso maltrato. “¿Por qué te quejas de dolor?, si a cada rato estás teniendo hijos”. Este es un tipo de frase que algunas enfermeras lanzan a las pacientes del campo o de zonas urbano-marginales. Es poco probable que emitieran ese tipo de frases ante mujeres ricas de la ciudad que estuvieran pasando por la misma situación. Quizás la seguridad (sobre la impunidad) de que una persona pobre y/o campesina quechuahablante no tendrá a quién quejarse ni se atreverá a dar una réplica alimenta la reproducción de ese tipo de maltrato. Sin embargo, la discriminación más amplia y sistemática en centros de salud es la que viene del Estado y se da desde diferentes ángulos. Siendo el Perú un país radicalmente centralista que destina la mayor cantidad de recursos para los hospitales ubicados en la capital del país (como ocurre también con otros servicios sociales), un primer ángulo de discriminación es la generalmente precaria situación de los hospitales públicos del interior del país respecto a los que existen en Lima. Luego, al interior de las propias regiones, como el Cusco, se reproduce ese esquema de centralismo por el cual los hospitales y centros médicos de las provincias (si es que éstas cuentan con alguno) reciben un presupuesto por habitante bastante inferior al de la ciudad capital. Y al interior de la propia ciudad del Cusco, la dotación de personal médico y administrativo, así como de medicamentos e instrumental médico, que recibe el hospital del seguro social (que atiende exclusivamente a pacientes que cuentan con seguro médico) es

80

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

sustancialmente superior a aquella con la que cuentan el hospital Lorena y el hospital Regional, que atienden a los más pobres13. Y son los más pobres de los pobres quienes suelen recibir el peor trato y quienes, por tanto, están más propensos a morir o a quedar enfermos de manera crónica por la inadecuada atención que reciben. De otro lado, el temor a ser maltratado en esos centros o a verse presionado para adquirir medicamentos básicos o costosos que no se podrá cubrir, hace que mucha de la población más discriminada opte por no acudir a ellos, con lo cual se intensifica su vulnerabilidad ante la enfermedad y la muerte. El análisis de casos como éste nos muestra que la discriminación no es solo una palabra que trae a la mente sensaciones de injusticia, indignación o pena. En la vida diaria, la discriminación y el racismo generan perjuicios gravísimos para la vida y el desarrollo personal de las poblaciones que más los sufren, además de secuelas lacerantes en el conjunto de la sociedad, que normaliza la segregación y queda incapacitada para promover el bien común. Instituciones educativas Las instituciones educativas constituyen otro de los espacios donde la discriminación se expresa de forma más visible y continuada. En medio de la competitividad y la diferenciación que suele alentar el sistema educativo, la creación de grupos y la segregación de los que son vistos como diferentes o inferiores al propio grupo marca la pauta desde los primeros años escolares y se va acentuando con el transcurso del tiempo. Como señaláramos en un apartado anterior, tanto colegios nacionales como particulares, y también las escuelas públicas, institutos técnicos y universidades, son todos escenarios de fuerte discriminación. Así, un encuestado recordaba que:
En el colegio mis compañeras discriminaron a un niño que vino del campo porque no hablaba bien el español, olía mal. Muchas veces oí que le insultaban “cholo, báñate’” y no querían jugar con él.
13. Así, por ejemplo, el hospital Regional del Cusco, que atiende tanto a pacientes de la ciudad como a los transferidos desde las diversas postas y centros médicos de toda la región (una región de más de un millón de habitantes), solo cuenta con un oncólogo.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

81

Además del factor étnico y del color de piel, en los colegios particulares más ricos del Cusco la competencia y la diferenciación pueden estar dadas por el uso de ropa de las marcas más caras, por habitar en los barrios más exclusivos o por la posesión de los celulares y juegos informáticos más sofisticados. Igualmente, aunque con diferentes estilos y formas, el factor étnico, el color de piel y la condición socioeconómica están muy presentes en la discriminación practicada en los colegios y escuelas más pobres. Se expresa, por ejemplo, en la burla o la segregación que se hace de los niños que hablan castellano “motoso” frente al resto, del que va con ojotas o la ropa más desgastada y también de los niños que no viven con sus padres o que son identificados como empleados o empleadas de hogar. Las ocupaciones laborales de los padres son otra fuerte marca de separación y discriminación, una marca que suele ser muy dolorosa para los niños, muchos de los cuales se avergüenzan de sus padres y sufren no solo por la discriminación que reciben sino también por ese sentimiento de vergüenza. Algunos llegan a esconder o falsear la situación de su familia y otros pueden terminar peleando físicamente ante las burlas que reciben. Situaciones como la gordura, baja estatura, malformaciones y discapacidades físicas suelen ser otro elemento de discriminación y burla tanto en colegios particulares como públicos. Las mayores dificultades que algunos alumnos presentan frente al resto en los procesos de aprendizaje son otra fuente de escarnio y discriminación. En el estudiante todo ello suele ser fuente de dolor, impotencia, ganas de huir, abandono escolar o deseos de morir; mientras tanto, para el discriminador esas actitudes se convierten en los primeros ejercicios de segregación, exclusión y abuso de poder. Más adelante, incluso en una universidad nacional como la del Cusco, donde convergen estudiantes de los más diversos sectores socioeconómicos y procedencias étnicas, desde los primeros ciclos universitarios se forman grupos cuyo elemento de unidad gira más en torno a aspectos como la posición socioeconómica y los factores étnicos que a las capacidades académicas. Allí, por lo general, reproduciendo los patrones discriminatorios predominantes en la sociedad, quienes más dinero tienen (aunque no sean necesariamente ricos) y son menos cholos, se reunirán en grupos diferenciados de los más pobres y de aquellos que tienen rasgos más indígenas. Asimismo, al interior de la universidad otro tipo de discriminación frecuente se da

82

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

entre los estudiantes de facultades como Arquitectura, Ingeniería Civil o Economía (a las que suelen asistir los estudiantes más pudientes) frente a los de facultades de letras, asociadas a los pobres y más cholos. Si las instituciones educativas en general son un espacio de fuerte ejercicio de discriminación, las que más destacan por este tipo de práctica son los colegios particulares. Este hecho, fácilmente observable en la vida diaria, se vio verificado en el proceso de investigación. También resaltó en las encuestas. Así, el 64,9% de los encuestados señala que en los colegios particulares se discrimina siempre (42,3%) o casi siempre (22,6%); un dato que se ve corroborado por la información y los casos señalados en los grupos focales aplicados con niños de diferentes colegios de la ciudad del Cusco. Como ya se adelantara en apartados anteriores, en los colegios particulares la discriminación se da tanto a su interior como con respecto a colegios nacionales. Esta situación se ha agudizado en las últimas décadas, debido al abandono creciente de las instituciones educativas públicas por parte del Estado, que empuja a los padres de familia a procurar una mejor educación para sus hijos en colegios de pago. Además, ello ha reforzado la idea de que el colegio particular da más prestigio social que el público. En este contexto, prácticamente todo el que puede permitírselo envía a sus hijos a colegios de pago y existen para todos los presupuestos. Comoquiera que a algunos padres de familia les supone un esfuerzo económico extraordinario y a otros no, al interior de esos colegios las diferencias económicas de los padres se transmiten a los hijos y son, junto al racismo, una de las mayores fuentes de discriminación y competencia. Muchas veces son las propias autoridades del colegio las que alimentan esa discriminación, sea cuando tratan con mayor favoritismo a los alumnos cuyos padres son conocidos por su riqueza, sea debido a la costumbre de publicar las listas de padres de familia que no han pagado las mensualidades de sus hijos como medio de presión para que salden esas deudas. Este mecanismo, aplicado en muchos colegios religiosos de la ciudad del Cusco, se convierte en un medio de discriminación muy cruel: los hijos de los “morosos” son rápidamente identificados por alumnos y profesores y pueden recibir trato despectivo por esa causa. De otro lado, está la discriminación que se da desde alumnos de colegios particulares, especialmente desde los más prestigiosos, hacia los de colegios públicos e incluso hacia los de

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

83

otros colegios particulares de menor prestigio social. En este sentido, más allá del prestigio por la calidad de estudios que esos colegios puedan ofrecer a su alumnado, funcionan como una especie de marca de lujo, una marca ostensible a través de los uniformes que distinguen a sus estudiantes de los estudiantes de otros colegios. “Nos miran como si fuéramos menos”, indicaban varios niños de colegio nacional respecto a los de colegios particulares como La Salle, Salesianos o María Auxiliadora, también respecto al colegio Santa Rosa, el cual, pese a ser un colegio estatal, tiene un sistema de selección muy restringido que lo suele colocar en la categoría de particular. Curiosamente, este ángulo de discriminación interescolar también se reproduce entre maestros. Una entrevistada señalaba que al participar en una capacitación e indicar que era profesora de una escuela urbano-marginal, los profesores de colegios públicos grandes de la ciudad la miraron con menosprecio y la aislaron al momento de trabajar en grupos. Delegaciones judiciales y policiales El Poder Judicial y las fiscalías también resaltan como entidades donde más se discrimina: el 58% de los encuestados señaló que en esos espacios se discrimina siempre (35,2%) o casi siempre (22,8%). Esto parece ser muy visible en el menosprecio que los funcionarios de este sector dispensan a las personas más pobres y de ascendencia indígena; y, si son quechuahablantes, dependerá de la suerte que accedan a un funcionario que los atienda en su idioma. Todo ello redunda en que las denuncias y procesos judiciales en que se ven inmersas por lo general son relegados y postergados por jueces, fiscales y personal administrativo. Esta situación empeora gravemente por los costos que demanda un proceso judicial y no pocas veces por las “coimas” que muchos funcionarios exigen para facilitar, favorecer o agilizar un proceso, con todo lo cual, la institución que más debería velar por la aplicación de la justicia y la sanción de la discriminación es, en la vida real, una de las más identificadas como espacio de discriminación y por tanto de injusticia. Entre los ejemplos de situaciones y visiones sobre discriminación en el sector judicial, dos encuestados señalaron:
En el Poder Judicial vi que discriminan a las personas que provienen del campo, no les dan importancia, los ignoran, no atienden sus pedidos, [les] dicen frases como: “cholo”, “indio”, “campesino”, “serrano”.

84

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

En el poder judicial había gente inocente y por ser pobres y del campo les sentenciaron.

Situación similar ocurre con la policía y las delegaciones policiales: el 55,1% de los encuestados señala que allí se discrimina siempre (29,2%) o casi siempre (25,9%). Ello se incrementa con un elevado 23,3% que indica que tal cosa ocurre algunas veces. Un encuestado destacaba como una situación discriminatoria la siguiente:
Muchas veces vi que los oficiales tratan mal a personas que proceden del campo, sobre todo cuando son ambulantes.

Municipalidades y bancos También resulta llamativo que la percepción ciudadana identifique a las municipalidades como otro ámbito de fuerte ejercicio de la discriminación. Algunos entrevistados mencionaron el hecho de que esos son los espacios donde más se observa discriminación según partido político: el que gana la alcaldía retira o relega a quienes no son de su partido y asciende o contrata a sus partidarios. Allí también se percibe el peor trato dispensado a los más pobres y a la gente de pueblos y comunidades campesinas. Un 26,4% de los encuestados opina que allí se discrimina siempre y un 24,9% que ello se hace casi siempre, lo cual nos indica que más del 50% observa que las instituciones de gobierno más próximas a los ciudadanos son espacios de discriminación. Un porcentaje incluso mayor es el que se da en referencia a entidades privadas, como los bancos, los cuales para un 35,9% –poco más de la tercera parte– son espacios donde siempre (21,4%) o casi siempre (14,5%) se discrimina. Uno de los entrevistados señalaba que:
Una vez en la Caja Municipal Cusco vi que a una señora que no hablaba bien el castellano le gritaron y no le atendieron porque no le entendían.

Combis Las combis son el medio de transporte más característico y masivo de las ciudades peruanas. Como fundamentalmente ellas son utilizadas por jóvenes y personas que no tienen vehículo propio, son identificadas como el medio de transporte de los que menos tienen. Sin embargo,

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

85

entre “los que menos tienen” hay una diversidad de personas y clases sociales, de tal manera que las combis se convierten en el lugar de encuentro que supone más cercanía (muchas veces demasiada) obligada entre diversos sectores del Perú. En un solo trayecto de combi se pueden observar una sucesión de encuentros y desencuentros que reflejan en ese microcosmos la vida diaria de la sociedad peruana. Esto incluye, claro, situaciones de exclusión y pobreza, reflejos de racismo y discriminación, pero también expresiones de solidaridad. Como ejemplo, dos encuestados resaltaron las siguientes como fuertes situaciones de discriminación:
En la combi una señora le insultó a un jovencito; le dijo: “cholo, indio, por qué no viajas con cuidado”. Y él le pidió disculpas y se quedó callado. En las combis he visto que discriminan a personas que visten de forma sencilla y humilde. Los boleteros les gritan o hablan feo; los mismos pasajeros los miran mal, les dicen frases [como] “lorcha”, “chola”.

Viñeta 4 Mundo combi
Joselo tiene doce años y al salir de su colegio en el barrio de San Pedro ha tomado una combi en el paradero del mercado central. A pesar de que el carro no estaba lleno, tuvo problemas para subir por culpa de dos señoras campesinas que querían subir con sus atados y el boletero no las dejaba porque iban a ocupar mucho campo. Cuando una de ellas se puso a rogar para que las dejara entrar, el boletero le abrió paso a Joselo por un costado diciéndole que pasara rápido mientras que con la otra mano empujaba para atrás a esas dos mujeres. En ese momento, el chofer arrancó la combi y se rió cuando el boletero sentenció: “Encima que ocupan campo, apestan”. Un paradero más abajo, el boletero dejó entrar sin problemas a una señora bien vestida aunque era bastante gorda y llevaba una gran bolsa de mercado. A Joselo esa

86

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

mujer lo miró de pies a cabeza y se fue a sentar en el asiento de atrás, junto a una chica con lentes que estaba estudiando de un cuaderno. Al llegar al paradero de la calle Ayacucho, la combi se llenó rápido; con las justas logró entrar un señor flaco de bigotes que vestía un terno azul gastado, como el que usa el papá de Joselo cuando va a alguna reunión importante (porque es el único que tiene). Por eso Joselo pensó que ese señor estaría saliendo del Palacio de Justicia, pero no consideró probable que fuera abogado o juez, quizás era un secretario de secretario o tal vez un litigante. En eso iba pensando Joselo cuando el boletero le pidió a ese señor su pasaje y este reaccionó violentamente: “Oye, baboso, deja siquiera que me siente”. Cuando el boletero le reclamó diciendo: “¡Qué le pasa!”, el bigotón levantó la voz para insultarle: “Oye, cholito misio, ¿con quién crees que estás hablando?”. El boletero se quedó callado y se puso a cobrar a otros pasajeros. Joselo se quedó mirando de reojo al bigotón, mientras le escuchaba repetir: “Nos meten acá como a ganado y encima quieren que les paguemos con anticipación”. Todos los pasajeros se hicieron los locos, igual que cuando estaba insultando al boletero. Al poco rato entró un ancianito y Joselo volteó la mirada para no cederle el asiento. Se estaba sintiendo mal con su consciencia y después se sintió peor cuando un chiquillo más pequeño que él le tocó el brazo y le dijo: “Oye, levántate; estás sentado en un asiento reservado para mayores; no te hagas el distraído”. Así, muy avergonzado, Joselo, tuvo que ceder su asiento y rápidamente se bajó de la combi, aunque todavía le faltaban varias cuadras para llegar a su casa.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

87

¿Dónde aprendemos a discriminar?

6

Gran parte de las personas que fueron entrevistadas de manera individual o grupal resaltaron que la casa (familia) y la escuela (o el colegio) son los principales “centros de aprendizaje y entrenamiento de racismo y exclusión”. Como se puede observar en el cuadro 3, esta visión coincide con las opiniones recogidas en las encuestas, que también destacan que es en la familia (40,9%), la escuela (16,4%) y el colegio (10,9%) donde los cusqueños más aprendemos a discriminar (y a ser racistas); también los medios de comunicación, en especial la televisión (11,2%), que emerge como una suerte de “gran maestra de racismo y discriminación”. Nuestros barrios y centros de trabajo también son destacados. Familia Desde que nacemos, la familia que nos cría nos imbuye de sus opiniones, visiones y percepciones del mundo. También de sus valores y su idea de moral, del bien y del mal, de sus prejuicios y fobias. En este marco, las palabras, frases y gestos con las que primero aprendemos a comunicarnos en nuestros hogares incluyen aquellas que nos harán sentir y expresar como superiores frente a personas y grupos que nuestra familia (y nuestro grupo social más próximo) considera inferiores, explotables o desdeñables. Paralelamente, al interior de nuestras familias podemos también aprender a sentirnos inferiores, personas con menores derechos que otras. Nuestros padres, o en su caso los parientes más íntimos que se encargan de nuestra crianza, son quienes con palabras y actitudes nos transmitirán la cultura discriminatoria y racista. Si una madre de familia alienta a sus hijos a buscarse amigos prioritariamente entre

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

91

Cuadro 3. Dónde se aprende a ser racista
Primera prioridad Familia Escuela Televisión Escuela, colegio Barrio Trabajo Poder Judicial, fiscalías Bancos, cajas municipales Municipalidades Delegaciones policiales Radio Revistas y periódicos Otros Total
Fuente: Centro Guaman Poma de Ayala (2011).

Frecuencia 172 69 47 46 39 17 4 2 2 1 1 1 20 421

Porcentaje 40,9 16,4 11,2 10,9 9,3 4,0 1,0 0,5 0,5 0,2 0,2 0,2 4,8 100,0

los compañeros de clase que sean más blancos y ricos, ya está dando cátedra sobre a qué tipo de personas preferir sobre otras. Asimismo, si nuestro padre trata a los gritos a nuestra madre y observamos que ella calla, llora, disimula, podemos asimilar que ese es el patrón de relación normal entre hombres y mujeres. Si en nuestras casas hay una empleada doméstica de origen campesino que trabaja innumerables horas por un salario miserable y, sin embargo, es tratada de bruta, tonta, mantenida, además de hacerle comer en una mesa diferente a la nuestra, asumimos como algo muy normal la discriminación contra las personas pobres y de origen indígena. Por el contrario, si en nuestras familias aprendemos desde niños actitudes democráticas y solidarias y valores que ensalzan el trato respetuoso a todas las personas, sea cual fuera su

92

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

condición étnica, socioeconómica, religiosa, política o sexual, entonces será más difícil que asumamos la cultura discriminatoria y racista que late en nuestra sociedad. No obstante, las enseñanzas que absorbemos en nuestras familias no siempre son determinantes: siempre habrá individuos que escapen de esos patrones. Así, una de las profesoras entrevistadas señalaba que siempre oía a su madre escandalizarse cuando se encontraba con personas de apellidos quechuas ocupando cargos de prestigio (jueces, abogados, grandes empresarios) y entonces:
Decía cosas como: “A ver, tener que atenderme yo con un Sahuaraura”. Yo nomás la miraba, porque a mí me daba mucha alegría que hubiera esos cambios en nuestra sociedad.

Escuelas y colegios Como se viera en apartados anteriores, ya que escuelas y colegios se encuentran entre los espacios públicos donde más se ejerce la discriminación y el racismo, entonces son también importantes centros de aprendizaje de esas prácticas e imaginarios discriminatorios. Dada la mayor diversidad de personas que convergen en una escuela, allí es donde la clasificación de los seres humanos empieza a tomar mayores proporciones. En una escuela cusqueña de sector urbano-marginal, un niño bizco señalaba que él sufría muchas burlas y discriminación en razón de sus ojos, cuando de repente otro niño le espetó: “Pero tú lo discriminas a Fulano; le llamas negro, betún”. Este solo es un pequeño ejemplo de cómo las escuelas y colegios primarios y secundarios van reforzando la mirada clasificatoria sobre las personas, sobre todo a partir de los rasgos económicos, físicos y étnicos más alabados o reprobados por la sociedad. Medios de comunicación Los medios de comunicación, en especial la televisión, suelen ser el espejo de lo que la gente aspira o rechaza. Los redactores de noticias, los actores de publicidad de las marcas más caras, los personajes principales de series televisivas, concursos y películas suelen ser el modelo de lo que se aspira; los actores secundarios, los protagonistas de publicidad de marcas baratas y los personajes ridiculizados suelen ser el modelo de lo que hay que rechazar. Cuando observamos

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

93

que el patrón más común es que el primer grupo está compuesto por personajes de aspecto blanco-criollo-urbano, mientras el segundo lo está de gente de rasgos mestizos e indígenas, se consolidan los criterios más fuertes de la discriminación peruana. Los contenidos televisivos también suelen reproducir la cultura discriminatoria. Así, muchos documentales y reportajes televisivos se organizan y proyectan desde la óptica de la población urbano-occidental, de la que casi ningún reportero intenta apartarse, mientras el “otro” sujeto, especialmente si es pobre o no maneja con fluidez el castellano, pasa a ser reinterpretado o, en el peor de los casos, no se le da chance de expresarse. Vistas estas situaciones por millones de televidentes, se refuerzan los estereotipos y la discriminación. Las encuestas destacan a los medios de comunicación como entes que influyen fuertemente en el aprendizaje de la discriminación y el racismo, en especial los canales televisivos de señal nacional, que son observados por los cusqueños como poderosas fuentes de discriminación y de reproducción de la mentalidad discriminadora y racista. Un 32,5% señala que en esos medios se discrimina siempre y un 24,2% indica que casi siempre. De otro lado, tanto entrevistados como encuestados coinciden en que los canales locales de radio y televisión muestran contenidos más respetuosos con la diversidad cultural del país y dan un trato menos discriminatorio y racista a las poblaciones pobres e indígenas. Posiblemente, la proximidad física y cultural con estas poblaciones hace que nuestros medios expresen menos distancia y tergiversen menos estas realidades.

94

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Por qué discriminamos?

7

En nuestro país, la discriminación se asienta en tres factores principales: por un lado, una situación histórica; por otro lado, un factor económico; y, finalmente, los criterios psicoemocionales excluyentes. Sin duda, hay otros muchos factores que dan raíz a los principales tipos de discriminación existentes en el Perú, pero aquí nos detendremos en los más ostensibles. Como ya se señalara, la Conquista española de los pueblos precolombinos cambió radicalmente el orden y las visiones del mundo preexistente. Lo blanco y occidental (es decir, los rasgos físicos, étnicos y culturales característicos de los conquistadores) se convirtió en sinónimo de poder, belleza y civilización, y para ser salvaguardado y fortalecido se requirió de la represión brutal de toda rebeldía de los pueblos originarios y se construyó un aparato político e ideológico que favoreciera su absoluta sumisión. Con los años, esta visión del mundo se fue consolidando. Ni la Independencia ni la época republicana transformaron las visiones ni el orden excluyente del país. La historia republicana oficial se concentró en realzar las figuras de próceres y caudillos criollos, mientras se relegaba o simplemente se negaba cualquier tipo de representación política y simbólica de los pueblos originarios, mestizos y afroperuanos en la construcción del imaginario nacional. Peor aún, durante el primer siglo republicano, centenares de poblaciones indígenas que habían estado amparadas por algunas leyes proteccionistas coloniales fueron despojadas de sus tierras y ellas mismas pasaron a convertirse en servidumbre de los caudillos y advenedizos que se apropiaron de las glorias de la Independencia y obtuvieron para sí esas tierras y esos siervos como trofeo. La lógica del indio que solo sirve para obedecer y callar se consolidó, complementada siempre por todo un conjunto de políticas excluyentes y por la aplicación de la

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

97

represión brutal de los intentos de rebeldía. Los libros de historia más ricos y sólidos surgidos en la última mitad del siglo XX dan cuenta de esa situación14. La literatura indigenista, desde Clorinda Matto de Turner hasta José María Arguedas, ofrece trágicos retratos de esa situación y de esas épocas, como también lo hacen los archivos fotográficos de artistas como Martín Chambi y Juan Manuel Figueroa Aznar en el Cusco y Baldomero Alejos en Ayacucho. Solo las grandes transformaciones sociales y políticas del último siglo consiguieron revertir parcialmente esa situación y configurar algunos avances notables contra la discriminación, el racismo y la exclusión de las poblaciones históricamente relegadas. Entre estos cambios destacan las masivas migraciones del campo a la ciudad, la ampliación de los servicios educativos en las zonas rurales, la Reforma Agraria, la concesión del derecho a voto a las poblaciones analfabetas (compuestas fundamentalmente por indígenas) y la organización de grandes confederaciones de poblaciones nativas amazónicas y campesinas andinas, así como la firma de convenios internacionales que comprometen al Estado peruano a respetar los derechos humanos y territoriales de las poblaciones indígenas15. Sin embargo, los siglos de mentalidad racista y autoritaria tardan más en desaparecer y permanecen todavía fuertemente arraigados en mucha gente, incluidos numerosos líderes políticos y sociales. Como ejemplo de una situación de racismo o discriminación, una comunicadora social entrevistada para este estudio relataba:
Una de las dueñas de la constructora que hizo mi casa me dijo: “el indio de mierda que pone las mayólicas se ha rebelado ante su amo y no ha querido trabajar el fin de semana”. Justificaba así que no me entregaran la casa el día que me habían ofrecido.

La frase emitida por esa mujer es literal. A la entrevistada le había chocado tanto que la anotó en un cuaderno “para no olvidarlo nunca”. El racismo y la histórica exclusión de las poblaciones indígenas también explica por qué, en los años de la cruenta violencia política (1980-2000) que azotó a nuestro país y en medio del
14. 15. Ver, por ejemplo, Flores Galindo (1999). Destaca el Convenio 169 de la OIT (1989).

98

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

enfrentamiento entre los grupos terroristas y la represión del Estado, millares de campesinos andinos y ashaninkas en la selva central fueron masacrados. Cuando persiste una mentalidad que considera que la vida de estas poblaciones vale poco o nada, se llega a tales extremos: de las casi 70.000 personas que fueron asesinadas o desaparecidas en esa época, el 75% eran campesinos quechuahablantes. Muy ligadas al factor histórico están las motivaciones económicas que generan y reproducen el racismo, la discriminación y la exclusión de los sectores tradicionalmente vulnerables a estos fenómenos: poblaciones “cholas” (sean del campo o la ciudad), nativos amazónicos y pobres en general. A lo largo de la historia peruana, el crecimiento macroeconómico del país o de algunos sectores dentro de él se ha basado en la explotación de la mano de obra y/o de los recursos ubicados en los territorios ocupados por estas poblaciones. Casi nunca se les concede beneficios a cambio y, cuando estos se dan, son exiguos en relación a la vulnerabilidad a la que quedan expuestas. A principios del siglo XX, por ejemplo, la explotación del caucho en las regiones amazónicas supuso la reclusión forzada de millares de nativos de diferentes grupos étnicos que pasaron a trabajar en condiciones de esclavitud y represión tan colosales que se calcula que más de 30.000 murieron por esa causa. En la medida en que la explotación generada por la extracción del caucho brindaba importantes recursos para el país, el Estado peruano no actuó en defensa de la vida y la libertad de esas poblaciones y, solo cuando el escándalo por este genocidio saltó hasta al parlamento británico, el gobierno peruano empezó a hacer indagaciones sobre lo que venía ocurriendo en su propio territorio desde hacía dos décadas16. Otro ejemplo común hasta nuestros días es la manera como mucha gente de las ciudades y muchos políticos reniegan de la Reforma Agraria y la señalan como causa del fracaso del sector agropecuario en nuestro país. Aunque su promulgación e implementación se aplicó de manera vertical e ineficaz, significó un proceso de democratización del derecho a la tierra, derecho que durante siglos había sido postergado. A quienes critican sus negativas consecuencias económicas

16.

Para ahondar en este tema se pueden consultar libros como el de Chirif y Cornejo (2009) y El sueño del celta, la más reciente novela de Mario Vargas Llosa (2010).

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

99

para el Perú no parece interesarles las condiciones de servidumbre feudal en la que se asentaba gran parte del sistema de hacienda previo, sobre todo en la sierra y la ceja de selva, ni que muchas de las haciendas hubieran surgido como fruto del expolio de territorios campesinos en los dos siglos previos o de concesiones gratuitas o semigratuitas que los diferentes gobernantes peruanos hicieron a familiares y allegados. Nuevamente, la mirada que privilegia el beneficio macroeconómico pasa por encima las condiciones de indignidad que el sistema de hacienda representaba para millares de familias campesinas y mestizas. Más cerca en el tiempo, bajo el cierto argumento de la necesidad de promover inversiones en nuestro país, se permite que muchas empresas nacionales y extranjeras realicen actividades que ponen en riesgo la seguridad alimentaria y ambiental de las poblaciones campesinas e indígenas de las zonas donde operan. No resultaría imaginable que proyectos riesgosos para la calidad de vida se aplicaran en medio de una ciudad peruana, mucho menos en zonas de residencia de clases medias y altas; pero exponer a los indios o a los pobres a la vulnerabilidad no parece ser un problema moral ni una violación de los derechos humanos. Finalmente, están las causas de tipo psicoemocional que en el Perú y otras partes del mundo sustentan la cultura de la discriminación y el racismo. El temor al diferente; la aspiración atávica de imponerse al otro para alimentar la fuerza del propio grupo o la del yo individual; las dificultades para salir de los esquemas socioculturales que nos han formado para aventurarnos a conocer y entender otras formas de vida que pueden ser muy distintas a las nuestras; el anhelo por ser dueños de la verdad y la belleza, alentado muchas veces por problemas de autoestima; el deseo de sentirnos integrados en los patrones socioeconómicos imperantes para garantizar nuestra aceptación o la misma supervivencia… Así pues, entre las causas de la discriminación en el Perú también se encuentran factores de carácter más íntimo que son compartidos con muchos otros lugares del mundo donde late o ha latido ese flagelo.

100 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Cómo justificamos el racismo y la discriminación?

8

Demonizar al otro, destacar sus atributos que más rechazo nos producen, inventar historias que lo denigran, distorsionar sus características, aferrarnos al estereotipo que de él o de ella manejamos, negarnos a conocerlo o conocerla más allá de nuestras propias perspectivas, todas estas son maneras frecuentes de justificar el racismo y la discriminación, incluso el odio. También son maneras de alentarlos y reproducirlos. En 1550, a pocas décadas del inicio de la colonización de los pueblos americanos por parte de España, tuvo lugar en Valladolid un tortuoso y prolongado debate entre Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda para definir si los indios del nuevo continente tenían alma o no; y, por tanto, si la explotación de la que estaban siendo víctimas podía justificarse y mantenerse. El primero era un dominico que había observado en directo las atrocidades cometidas por sus compatriotas en medio de la colonización de los antiguos territorios mayas; el segundo, un erudito especializado en Aristóteles, favorito en la corte de Felipe II, que nunca pisó América, sin embargo, defendía la guerra y las prácticas esclavistas contra los pueblos amerindios. En su tratado De la justa causa de la guerra contra los indios, Ginés de Sepúlveda afirmaba:
Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas. ¿Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

103

que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo (…)?. Por muchas causas, pues y muy graves, están obligados estos bárbaros a recibir el imperio de los españoles (…), siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma. (Citado en Dussel 1992).

La controversia no se resolvió; ninguno de los contendientes fue declarado vencedor17. De alguna manera, esos dos discursos han pervivido. Es bien cierto que hoy nadie discutiría públicamente si los indios tienen alma o no, pero en el día a día se mantienen discursos y prácticas que afirman que indígenas y mestizos pobres que son “más cholos que criollos” no saben hacer las cosas bien y requieren necesariamente que alguien “que sabe” (el Estado, el patrón, la empresa privada, etc.) se encargue de la explotación de sus bienes, de sus recursos, de su mano de obra. En este sentido, son ilustrativas frases como las siguientes: “si a un cholo no lo tratas a látigo, no trabaja”; “amor serrano: más me pegas, más te quiero”; “si su cooperativa no tiene un buen administrador, se irá al desastre”; “no saben gestionar las cosas”; “si les das mucha confianza, ‘se igualan’”; “de nada les sirvió la Reforma Agraria; todo se lo chuparon”. En las agrias discusiones políticas producidas tras las elecciones presidenciales en las que ganó el candidato más votado en zonas rurales e indígenas frente a los candidatos más criollos, de inmediato, en los medios de comunicación y las redes sociales muchos partidarios de los candidatos perdedores volvieron a agitar la propuesta de que el voto sea voluntario y no obligatorio. Bajo el argumento de que “esto sí sería libertad democrática”, señalaban que tal fórmula “hará que solo los que están bien informados voten y así los peruanos elijamos a los mejores”. En esta expresión subyace el prejuicio de que los pobres y los “indios” no se informan ni saben votar bien, es decir, no saben elegir a los candidatos de los sectores excluyentes. Durante esas semanas también se retomó el discurso arcaico y antidemocrático de que los analfabetos no deberían votar. Tras este argumento respiraban los intentos por evitar que las poblaciones más excluidas ejerzan su derecho al voto y no tengan, pues, el chance de elegir a aquellos en
17. Sin embargo, como solución intermedia, para paliar las denuncias de Las Casas a favor de los amerindios y garantizar a los conquistadores una mano de obra esclava, se dio carta abierta para ampliar el tráfico de esclavos africanos en América.

104 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

quienes se perciben más representados. De esta manera, estamos ante justificaciones para retomar y reforzar la exclusión política. Esos discursos se suelen complementar con otros que demonizan a los discriminados y justifican incluso su extinción. En la época del caucho se generalizó la imagen del nativo caníbal, como para escudar las atrocidades que se estaban cometiendo con las poblaciones amazónicas. Sobre las poblaciones andinas, los estereotipos demonizadores y denigrantes son también muchos: “los cholos son unos resentidos”, “quieren más a su ganado que a sus hijos”, “siguen practicando sacrificios humanos cuando van a construir alguna obra grande”. También está el discurso que retroalimenta el arraigado temor y desconfianza de mestizos y criollos frente al poblador andino. Así, Enrique López Albújar, que en algunos de sus textos mostraba una sensibilidad particular hacia el mundo rural, en otros expresaba una percepción hasta hoy muy extendida en el Perú más criollo y urbano:
El indio es una esfinge de dos caras (…) la primera le sirve para vivir entre los suyos; la segunda, para tratar con los extraños (…). Bajo el primer aspecto es franco en el trato, solemne en el rito, intransigente en sus prerrogativas, orgulloso en la función de sus cargos, déspota en el mando, celoso en sus fueros, recto e incorruptible en la justicia (…). Bajo el segundo, hipócrita, taimado, receloso, falso, interesado, venal, negligente, sórdido. (Citado en Sánchez y otros 1976)

El discurso fatalista sobre las poblaciones discriminadas es otra carta para fomentar su exclusión perpetua, el cual se dibuja en frases como: “están condenados a extinguirse; ya no hay nada que hacer”; “al final, se impondrá la ley del más fuerte”; “si no aprenden a integrarse, no podrán defenderse”. Muchas veces el discurso fatalista se combina con la exaltación de los estereotipos más denigratorios. Uno de los entrevistados (especialista en interculturalidad) relataba que durante las discusiones para promover un convenio con la principal confederación de comunidades nativas amazónicas que permitiera el ingreso libre de jóvenes nativos a la universidad del Cusco (como una estrategia de inclusión), la decana de una facultad se opuso férreamente alegando que “indios no entran a la universidad”. Para respaldar su posición argumentó que “son cochinos y por más que se les enseñe no aprenden”. La justificación que alude al supuesto mal olor y a las escasas o inadecuadas prácticas higiénicas es otra consideración muy común a la hora de avalar el racismo. Tanto las poblaciones

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

105

andinas como las afroperuanas son sus principales víctimas. Es frecuente escuchar frases de tipo: “los negros, por más que se bañen, siempre sudan mucho y huelen mal”; “las campesinas nunca se bañan, tampoco usan ropa interior”; “¿para qué vas a llevar jabones a esa comunidad? No los van a usar, antes se los comen”. Pero estos estereotipos no se restringen a las poblaciones criollas de la sociedad, gente que quizá ha sido discriminada por sus rasgos andinos en una discoteca, puede luego expresar que no le gustan los negros “porque huelen feo”. Y viceversa, un afroperuano que probablemente es víctima de innumerables chistes racistas puede reproducir frase como: “serrano, vete con tus llamas”. “No son competitivos”, “están acostumbrados a que el Estado les regale todo, por eso no salen de la miseria”, “todo lo que ganan se lo gastan en trago”, son algunas de las expresiones con las que más se suele justificar o evitar el análisis de las causas estructurales de la pobreza y la extrema pobreza. Frases menos agresivas, como “las mujeres tienen más capacidad para organizar la casa”, esconden y al mismo tiempo alimentan la percepción de que las tareas del hogar les corresponden fundamentalmente a ellas. Por otra parte, al decir: “eso le ha pasado a ella por andar a esas horas en la calle”, la responsabilidad por un acoso o ataque sexual recae en la mujer que lo ha sufrido, no en el hombre que ha cometido el delito. Asimismo al afirmar: “ella es una chica muy buena, nunca la verías tomando en la calle como hacen tantas chiquillas hoy”, se alude a un imaginario que ensalza una figura de mujer que no practica costumbres sociales que sí les están plenamente consentidas a los varones. Las justificaciones que permiten el ejercicio del racismo y la discriminación son innumerables, pueden ser muy sutiles o fácilmente evidentes. En todo caso, constituyen un poderoso nutriente para la reproducción de esos fenómenos. Por todo ello, el desafío de combatir la discriminación y el racismo pasa necesariamente por identificar y destejer la diversidad de imaginarios, discursos, frases e incluso chistes que los justifican y nutren.

106 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Cuáles son las consecuencias de estos fenómenos para la sociedad?

9

En un país como el nuestro, donde la discriminación, el racismo y la exclusión son practicados de forma masiva y continuada, las consecuencias de ello tienen diversos reflejos nocivos, tanto en los individuos que los sufren de manera íntima, como en la sociedad en su conjunto. A continuación, abordaremos algunas de estas consecuencias a nivel de los individuos y de la sociedad como colectivo. Consecuencias individuales Una de las preguntas aplicada tanto en las entrevistas individuales y grupales como en las encuestas se centraba en conocer qué sentimientos genera sufrir situaciones de racismo o discriminación. En la gran mayoría de casos, las respuestas de los entrevistados y encuestados indicaban que tales agresiones los habían dejado paralizados, con sentimientos de indignación, tristeza, vergüenza, ira, rabia, ganas de llorar, ganas de ser otro, incluso ganas de morir18. Muy pocas veces estos hechos habían provocado –al menos de forma inmediata– actitudes afirmativas de la propia identidad o reacciones propositivas para enfrentar el racismo. Si bien es muy natural sentirse indignado ante situaciones claramente ofensivas, cuando la ocurrencia de estas es muy cotidiana y normalizada, pareciera que las reacciones se inhiben, quedan interiorizadas en forma de pena, cólera y vergüenza y pocas veces se busca y encuentra
18. Un 50,5% de los encuestados señaló que el sentimiento que más despierta sufrir una agresión racista o discriminatoria es la cólera o rabia, 17,7% señaló la tristeza y ganas de llorar y 7,1% la vergüenza.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

109

un canal donde denunciarlas. Pero también es cierto que tras un primer momento de confusión, parálisis o indignación, hay personas a quienes la agresión racista las llevó a tomar conciencia de la gravedad de este problema y a corto, medio o largo plazo las condujo a estudiar, trabajar o participar en actividades y organizaciones cuyos objetivos son precisamente fomentar los derechos humanos, la interculturalidad, la inclusión social. Este era el caso específico de tres de las personas entrevistadas. Lamentablemente, esto no le ocurre a la mayoría de afectados, a pesar de que las consecuencias y secuelas de tales casos pueden ser muy graves, particularmente en aquellos que continuamente se ven discriminados, excluidos o maltratados por su condición étnica. Gran parte de los entrevistados indicó que la vergüenza y la pérdida de confianza en uno mismo era una de las mayores y peores consecuencias que el racismo y la discriminación podían generar en las personas de manera individual. Esto se vio corroborado con las respuestas obtenidas respecto a las consecuencias que traen estos casos para los individuos: el 56,1% opinó que las personas discriminadas pierden su autoestima y un 16,6% indicó que ser discriminado genera sentimientos de rencor, frustración o injusticia. Como otra consecuencia resaltante, un 7,8% señaló que la gente se trata con desconfianza. Todas esas situaciones y sentimientos de vergüenza, cólera, tristeza, pérdida de autoestima, rabia, desconfianza, ganas de ser otro y deseos de morir, nos ayudan a explicarnos por qué pues mucha gente que ha pasado por experiencias de discriminación termina adoptando las actitudes, imaginarios y estilos de sus agresores, acaso en un intento por dejar atrás la identidad propia que se vio lacerada. Explicarnos esto, en parte, también nos ayuda a entender las consecuencias colectivas del racismo, la discriminación y la exclusión para la sociedad en conjunto. Consecuencias colectivas Un profesor de primaria indicaba que tras observar durante años cómo se ejercen prácticas de discriminación y racismo entre sus alumnos, se estaba dando cuenta de que ello impide trabajar en equipo. Los niños van formando grupos muy determinados por su condición socioeconómica y por criterios raciales. Así, aquellos que concentran a los chicos con mayor poder adquisitivo y con rasgos físicos más blancos, evitan juntarse con los grupos de chicos más pobres y de

110 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

rasgos más morenos o cholos. Y a su vez, los chicos de grupos más discriminados evitan a los primeros, sea para no sentirse incómodos porque no pueden competir económicamente con ellos, sea porque no quieren sentirse menospreciados al interior de esos grupos. Hay también algunos chiquillos que se esfuerzan mucho por ser aceptados por los grupos privilegiados, pero, si lo logran, casi siempre mantienen una posición subordinada en ellos. En esas circunstancias, no se puede realmente compartir ni trabajar en equipo. Lo expresado por ese profesor respecto al funcionamiento de un aula de clase se puede extrapolar a nuestra sociedad como colectivo. En nuestros discursos patrióticos y políticamente correctos exaltamos la diversidad cultural del Perú, recordamos que hay sectores pobres y excluidos que requieren inclusión y reconocemos que hay mucha discriminación contra numerosos colectivos; pero en la vida diaria, la mentalidad racista, excluyente y discriminatoria nos mantiene separados, desconfiando los unos de los otros, incapaces de respetarnos en nuestras diferencias, impedidos de trabajar como un equipo plural (pero como equipo en fin). Desde los sectores dominantes se puede permitir la integración del “otro”, aunque al costo de no lograr una integración horizontal, sino una asimilación a la cultura dominante, la cual exige el abandono de la propia identidad. Otra entrevistada señalaba: “En mi opinión, la discriminación en todas sus formas ha fracturado al país y por ende impide su desarrollo, genera disconformidad, odio”. En efecto, la fractura social se convierte en un elemento que nos impide observarnos como equipo que aspire a un desarrollo para todos. Cada grupo se enclaustra en pensar estrategias que le garanticen su exclusivo bienestar; no importa si eso significa aplastar o excluir a los demás. A la larga eso no solo tiene consecuencias económicas en los discriminados, también genera heridas morales que muchas veces se traducen en violencia, rabia y pérdida de confianza en la sociedad y sus instituciones. Todo ello, sin duda, contribuye a la fragilidad de nuestra democracia, así como a la ausencia de compromisos con el bien común. “Si los de ‘arriba’ solo piensan en ellos, ¿por qué yo (nosotros) tendría(mos) que sacrificarme(nos) por el beneficio de la patria?”, podría opinar alguien que se ve continuamente discriminado y excluido. “Si yo trabajo duro y pago mis impuestos, ¿por qué tengo que mantener a gente que no los paga y solo vive de levantar la

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

111

mano al Estado?”, suelen manifestar muchas personas que han podido alcanzar una vida más privilegiada. Y resulta cierto que el Estado y las instituciones públicas y privadas que favorecen políticas económicas de exclusión de las mayorías en beneficio de unas minorías no parecen tener mejor solución que el asistencialismo a las poblaciones más pobres, en lugar de llevar a cabo verdaderas políticas de inclusión, empleo y desarrollo social. Con ello, desde el Estado y las instituciones, los estereotipos de unos grupos contra otros se reproducen y refuerzan. En ese marco, la inestabilidad social es continua y la conflictividad late a flor de piel. Racismo, discriminación y exclusión también producen pérdidas gigantescas de capital humano que quizás nunca podremos contabilizar. En un país y en una región donde tenemos demasiado normalizado excluir a millares y millares de niños indígenas y pobres del derecho a una buena nutrición y a servicios educativos y de salud de calidad que sustenten su derecho al desarrollo pleno de sus capacidades, cada día, cada mes, cada año, millones de personas pierden la posibilidad de enriquecer y dar cauce a sus habilidades y capacidades particulares e innatas. En el limbo creado por la exclusión queda perdido el futuro de innumerables niños y jóvenes que pudieron haber sido brillantes agrónomos, historiadores, protectores del medioambiente, escritores, salvaguardas de las tradiciones inmemoriales, compositores de música, cocineros creativos, campeones olímpicos, genios de la informática… En razón de tanta discriminación, racismo y exclusión tampoco somos capaces de ver esas pérdidas gigantescas, pérdidas que no solo afectan a quienes se han visto excluidos de ese futuro promisorio, sino que son tales para nuestro país en conjunto.

112 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

¿Qué podemos hacer para superar esos problemas?

10

A lo largo de este documento, hemos visto cuán arraigados y extendidos están la discriminación, el racismo y la exclusión en nuestro país, en nuestra propia región. Sin embargo, en el último siglo y, en especial en las últimas décadas, también se han dado algunos pasos muy importantes a favor de los derechos humanos y la inclusión social de los sectores tradicionalmente discriminados. Pero, como discriminación, racismo y exclusión siguen siendo problemas muy grandes y al mismo tiempo muy sensibles, solemos pensar que la tarea principal recae en el Estado y en las instituciones públicas. Siendo esto cierto, también hay que recordar –como lo hicieron muchos encuestados y entrevistados– que los ciudadanos también tenemos responsabilidad en las transformación de esas situaciones. Por ello, en este punto abordaremos dos cuestiones: ¿cuáles son las tareas principales para el Estado? y ¿qué podríamos hacer nosotros como individuos, de manera personal? ¿Qué tareas puede cumplir el Estado? Como se puede observar en el cuadro 4, una mayoría de encuestados destacan que el primer ángulo para combatir la discriminación desde el Estado es a través de la educación. A esta estrategia le seguiría la implementación de campañas de sensibilización radiales y televisivas sobre estos temas y también la extensión de servicios públicos en quechua y otros idiomas originarios. Sin duda, la aplicación de estas propuestas permitiría lograr importantes cambios en favor de la inclusión. Educar y sensibilizar a la población y a las instituciones públicas y privadas en los valores de la inclusión social, los derechos humanos y el respeto de la diversidad son tareas

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

115

muy importantes. En realidad, son tareas urgentes. Entre los entrevistados muchos apuntaban al tema educativo, así como a la necesidad de crear reglamentos y normativas que favorezcan la inclusión y combatan y sancionen de forma contundente las prácticas discriminatorias. Todo ello también es importante y urgente. Pero desde el Estado hay más por hacer.
Cuadro 4. Cómo se podría combatir la discriminación desde el Estado
Formas de combatir la discriminación Actividades educativas Charlas de información y orientación al ciudadano en castellano, quechua y otros idiomas originarios Campañas de sensibilización televisiva y radial Señales amigables, audiovisuales y formularios en quechua y castellano Intervenciones urbanas sobre la importancia del quechua, tradiciones, gastronomía y música Sanciones a los discriminadores (cárcel) Ventanillas con personal bilingüe en las dependencias públicas Otras formas No sabe, no responde Total
Fuente: Centro Guaman Poma de Ayala (2011).

Frecuencia 254 45 59 8 4 8 11 25 7 421

Porcentaje 60,3 10,7 14,0 1,9 1,0 1,9 2,6 5,9 1,7 100,0

Más allá de las necesarias iniciativas públicas que fomenten el abandono de la mentalidad racista y excluyente, también requerimos de otro tipo de políticas que reduzcan y terminen con algunas de las expresiones más graves de racismo, discriminación y exclusión. Como señala Ardito (2011): “sería un grave error restringir el racismo a lo que algunas personas dicen o escriben: las peores expresiones del racismo son la pobreza, la desigualdad y la injusticia que enfrentan millones de peruanos”.

116 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Para llegar a ese punto, será necesario que ciudadanos y autoridades asumamos estos temas como un problema fundamental y prioritario del país, algo que lleve tanto al Estado central como a los gobiernos regionales y municipales a tomar una posición clara y acciones muy bien diseñadas para el corto, medio y largo plazo. Si no abordamos esos complejos problemas de manera más sistemática, como ocurre muchas veces, podemos terminar entrampados en una suma de pequeñas acciones e iniciativas impulsadas por buenas intenciones, que pueden ser muy nobles y muy diversas, pero que solo excepcionalmente tocan y curan los problemas de fondo. ¿Qué tareas podemos llevar a cabo nosotros como ciudadanos, de manera personal? Una respuesta muy frecuente entre entrevistados y encuestados fue la necesidad de tratar con respeto a todos, también defender a las víctimas de actos de discriminación en lugar de mirar a otro lado o pasarlas por alto. Estas dos respuestas nos hablan de acciones afirmativas, directas. Y ciertamente son acciones y reacciones necesarias. En un medio donde discriminar al diferente es una práctica muy común, avanzar hacia la práctica efectiva del “respetar a todos” puede significar un paso de gigantes. Asimismo, ponernos del lado y/o defender a las personas que sufren la discriminación (llegando incluso a denunciar el hecho) supone también un cambio significativo, porque recibir u observar la frase o el hecho discriminatorio con naturalidad o pasividad (ese “no quiero entrometerme en problemas de otros”) abona a favor de la impunidad de los racistas y discriminadores, no les permite tomar conciencia de sus actos y, por tanto, alienta la reproducción de esos hechos. Sin tener que llegar a la violencia, denunciar estos hechos o expresar el rechazo de esas actitudes desteje la normalidad con la que se aplican. De otro lado, en apartados anteriores hemos mencionado cómo el miedo al otro, la reticencia a conocerlo y aceptarlo en y con sus diferencias muchas veces es causa de diferentes tipos de discriminación. Darnos la posibilidad de conocer al otro sobrepasando nuestros prejuicios y expectativas, puede ser una manera de alejarnos de las prácticas racistas. Como señalaba una entrevistada:
No hay manera de valorar algo o a alguien, si no se le conoce. Para que los peruanos pasemos por el proceso de tolerar-aceptar-valorar al otro, diferente a mí, es necesario saber de él, conocerlo. Empezar por ahí, paralelamente con otras decisiones, me parece crucial.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

117

Varios entrevistados señalaron la importancia de favorecer actitudes democráticas y tolerantes a través de nuestras acciones diarias: en la familia, en nuestros trabajos, en nuestros barrios, en nuestras relaciones cotidianas con el mundo. Otros dos entrevistados destacaron la necesidad de esforzarnos por dar un trato especialmente atento a las personas y colectivos que sufren mayor discriminación. Esto, que para algunos podría resultar una actitud paternalista, ayuda a derribar las terribles barreras de miedo y desconfianza desde tales personas hacia poblaciones urbanas de las que sobre todo han recibido maltrato y discriminación, o indiferencia, en el mejor caso. Podríamos seguir ahondando en muchas otras prácticas individuales para combatir esos fenómenos, como ayudar a tomar conciencia de las trágicas consecuencias que tienen en las personas y en nuestra sociedad en conjunto. Pero hay algo muy profundo que empieza en nosotros mismos. Aunque muchos hemos tomado conciencia de la existencia del racismo (y quizás también de la discriminación y la exclusión) como un grave problema, pocas veces reconocemos las prácticas racistas que nos habitan. Así, aunque el total de los encuestados afirmó que en nuestro país existe racismo y discriminación, el 70,1% señaló no ser racista en absoluto, como se puede ver en el cuadro 5.
Cuadro 5. ¿Cree que usted tiene algún sentimiento racista?
Sentimiento racista No soy racista en absoluto Un poco, creo que sí Regular Sí, mucho No sabe, no responde Total
Fuente: Centro Guaman Poma de Ayala (2011).

Frecuencia 295 105 13 2 6 421

Porcentaje 70,1 24,9 3,1 0,5 1,4 100,0

Así pues, sin el reconocimiento de “el nazi que habita en nosotros” y las consecuentes acciones necesarias para reeducarnos a nosotros mismos en una cultura del respeto de la

118 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

diferencia y del reconocimiento de la igualdad en el nacimiento de todos los seres humanos, podremos apoyar campañas contra el racismo, podremos defender a los discriminados de las agresiones que hayan recibido, podremos incluso salir a denunciar todo esto en libros y grandes medios de comunicación; pero siempre habrá algún rasgo de vacío en aquello que decimos y mantendremos pendiente la parte más íntima e importante de nuestra tarea.

Viñeta 5 Los cuentos de Cecilia
Cecilia siempre le ha tenido mucho cariño al quechua. Cuando era pequeña, cada noche su abuelita entraba a la habitación donde dormía con sus hermanas mayores y les contaba cuentos e historias antiguas, todo en quechua. Cuando estaba en la primaria, le daba mucha pena cómo muchos niños y niñas de su clase se burlaban de los niños llegados del campo que no hablaban bien el castellano. Pero a ella misma le avergonzaba conversarles en quechua; temía que le dijeran chola y que también empezaran a molestarla. Al terminar la secundaria, quiso postular a Educación; soñaba con convertirse en una maestra que enseñara a los niños de la ciudad a amar el quechua y la cultura andina y que alentara a los niños quechuahablantes a sentirse orgullosos de su cultura. Todos sus familiares, hasta su abuelita, le recomendaban que estudiara otra carrera más rentable, pero ella insistió. Ella no era racista y a ella no le importaba mucho el dinero, se decía. Así, empezó sus estudios de Educación. A los pocos meses de estar trabajando en una escuelita rural, llegó a sus manos una invitación para realizar un curso sobre educación intercultural bilingüe que

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

119

se impartiría los fines de semanas en la ciudad del Cusco. La idea la emocionó. Un mes después, ya estaba empezando ese curso. El docente principal era un señor mayor de pelos totalmente blancos. Cecilia pensó que la clase iba a ser aburrida, pero salió entusiasmada por todo lo que el profesor había compartido con ellos. También les había dado una tarea práctica para la siguiente semana. A partir de los ejemplos que habían tratado sobre cómo funciona la discriminación, el racismo y la exclusión de las culturas y pueblos originarios, cada día, en un cuaderno, deberían escribir los gestos, palabras y prejuicios que descubrieran en sí mismos. No había transcurrido ni un día desde que le dieron esa tarea, cuando Cecilia se dio cuenta de que su cuaderno le iba a quedar chico. Para empezar, esa misma mañana, mientras estaba viajando en el bus rumbo a su escuelita, un campesino muy pobre y con la ropa sucia había subido a medio camino y se había sentado a su lado; automáticamente, ella se había alejado de su roce y había empezado a pensar en cambiarse de sitio. Al echar a caminar en dirección a su escuela, se encontró con una madre de familia que lloraba desconsoladamente porque un rayo había matado a tres de sus ovejas y ahora no sabía de qué iba a vivir su familia. Entonces Cecilia empezó a pensar: “Pobre gente, pura tragedia es su vida, nada las sacará nunca de esa miseria, para qué les vale vivir así, quisiera estar lejos de todo esto, no es para mí”. En ese momento, como si su abuelita hubiera acudido a su cabeza, empezó a recordar toda la alegría que había visto en las comunidades durante las diferentes fiestas del año, también recordó los innumerables cantos, cuentos, adivinanzas e historias que sus alumnitos le enseñaban. Entonces cambió de actitud. Se dijo: “Esto no puede ser, tengo que rescatar todo esto, mostrarle a la gente que es puro prejuicio que los campesinos sean solo unos pobres y tristes sujetos que están habituados a la miseria y a la muerte”. Se vio entonces dando conferencias en el Cusco, en Lima, en el extranjero, sobre todas esas cosas que ella conocía. Pero, ¡ay!, de repente, justo cuando estaba llegando a su escuela, se quedó paralizada. Aunque todas esas fueran muy buenas intenciones, en el fondo también eran discriminatorias y excluyentes: su sueño no era que los propios campesinos (o indios) estuvieran hablando sobre su cultura y sus derechos ante

120 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

esas grandes audiencias; ella no era capaz de verlos autónomos, con voz propia; solo se veía a sí misma y a gente citadina como ella en la capacidad de decir cosas bonitas y bien expresadas. Esa también era una forma de desplazar a los campesinos, de marginarlos, de usurparles la voz. Sus piernas empezaron a flaquear. Estaba sintiendo una vergüenza terrible. Se sentó sobre el pasto y empezó a llorar. En eso, varios de sus alumnitos que la estaban esperando en el aula se le acercaron. “Imata ruwashanki?1”, le preguntó uno de ellos. Cecilia trató de recomponerse. “Takisunchischu?”2, le preguntó una niña “Pukllasunchischu?”3, sugirió otro. “Tususunchischu?”4, añadió otro. “Allin, allin!”5, les contestó Cecilia. Se levantó y allí mismo se pusieron a bailar y cantar, dando saltos tan, tan altos y riendo tan, tan fuerte que hasta el mismo sol bajó del cielo y se puso a bailar con ellos.
1. 2. 3. 4. 5. ¿Qué estás haciendo? ¿Cantamos? ¿Jugamos? ¿Bailamos? Muy bien.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

121

Reflexiones finales

Si pudiéramos mirar un siglo hacia atrás, veríamos situaciones de discriminación, racismo y exclusión que hoy escandalizarían incluso a mucha gente que practica con frecuencia otras formas de discriminación, racismo y exclusión. Por ejemplo, ¿qué diríamos de grandes universidades donde no estudiaba prácticamente ningún negro ni mulato?; ¿qué opinaríamos de diarios y revistas que publicaban furibundos artículos contra las propuestas de dar el derecho al voto a la mujer?; ¿qué podríamos decir de la costumbre que tenían muchos hacendados de azotar públicamente a los siervos que no cumplían con entregarle la cantidad exigida de sus cosechas (por no hablar de aquellos que en pleno siglo XX todavía marcaban con hierro candente sus iniciales en la piel de sus siervos)?19. Realizar ese viaje en el tiempo nos muestra que, así como es cierto que se mantienen muchas prácticas y visiones arcaicas y excluyentes, también hemos dado pasos significativos para dejar muchas lacras atrás y alcanzar importantes mejoras y derechos. Esto ha costado el esfuerzo, la entrega y a veces la vida de miles de hombres y mujeres que creyeron que debían y podían contribuir a la generación de una sociedad más justa, decente y feliz. Pero como la discriminación, el racismo y la exclusión siguen siendo fenómenos muy extendidos y dolorosos, profundamente arraigados en la mentalidad colectiva, las tareas pendientes siguen siendo complejas y urgentes.

19.

En su visita al Perú, el célebre historiador inglés Eric Hobsbawm quedó escandalizado ante las prácticas feudales que mantenían muchas haciendas y, de manera específica, realizó un estudio sobre el caso de La Convención, en el Cusco (ver Hobsbawm 1967).

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

125

En este camino, en la últimas décadas se han producido algunos cambios motivadores; la misma toma de conciencia sobre la existencia de esos problemas se ha expandido mucho y también el incremento de proyectos, programas y políticas que combaten la discriminación y favorecen la inclusión y la interculturalidad, si bien muchos de ellos se han beneficiado más de la cooperación internacional que del apoyo del Estado. En el Cusco, por ejemplo, un avance significativo ha sido la promulgación y actual implementación de una currícula educativa regional que promueve la educación intercultural bilingüe en todos los centros educativos particulares y estatales de nuestra región. También es interesante ver cómo la celebración de las fiestas del Cusco, que cada año convoca la participación de más y más ciudadanos, aunque solo sea por algunas semanas, aviva nuestra identificación con la cultura andina, esa parte clave de la cultura regional que tradicionalmente fue bastante discriminada. El ingreso masivo de las mujeres en la universidad, las mayores libertades de las que ahora pueden gozar o el incremento de su participación en la vida política, también son importantes logros. Todos estos cambios significan avances que no se pueden desdeñar y que nos alientan a creer que podemos seguir avanzando en la construcción de esa sociedad que nos respete y reconozca a todos los ciudadanos como iguales en derechos y responsabilidades. Las diferentes formas de discriminación, racismo y exclusión que seguimos practicando en nuestra región y en nuestro país no son problemas secundarios, postergables. Son situaciones que hieren profundamente la dignidad de quienes las sufren y fracturan nuestra sociedad. Con ellas, todos perdemos, y se pierden también nuestros mejores valores humanos, nuestros mejores compromisos como sociedad. Enfrentar la discriminación, el racismo y la exclusión pasa por reconocer cómo estos fenómenos habitan en nosotros y también por no hacernos cómplices de esas situaciones a través del silencio o el disimulo; significa exigir al Estado y a nuestras autoridades regionales y locales que respeten a todos sus ciudadanos por igual y que desarrollen grandes y profundas políticas contra la pobreza y la exclusión; pasa por muchas otras tareas individuales y colectivas, entre ellas, por que aprendamos a conocer al otro, en especial a esos que vemos más diferentes, a esos que nos despiertan más sentimientos de rechazo y discriminación. Así es como se trabaja en equipo.

126 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Encuesta sobre racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

1. ¿De dónde es usted (dónde nació)?
% 59.6% 23.8% 16.4% 0.2% 100.0%

Cusco Provincia de Cusco Otro departamento Otro Total

Otro departamento:
% 32.4% 20.6% 17.6% 10.3% 19.1% 100.0%

Apurímac Lima Puno Arequipa Otros Total

2. ¿Cuál es el primer idioma que aprendió de niño(a)?
% 79.1% 19.2% 1.4% 0.2% 100.0%

Castellano Quechua Castellano/Quechua Mandarín Total

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

129

3. ¿Cree que haya acciones, actitudes o prácticas discriminatorias y de racismo en alguna de estas dependencias públicas?
a Siempre Casi siempre Algunas veces Casi nunca Nunca NS/NR Total 20.4% 24.0% 26.6% 17.3% 8.8% 2.9% b 42.3% 22.6% 23.5% 5.2% 3.6% 2.9% c 26.4% 24.9% 24.0% 7.6% 8.6% 8.6% d 35.2% 22.8% 18.3% 5.2% 5.0% 13.5% e 26.6% 20.0% 20.2% 5.5% 5.7% 22.1% f 45.8% 24.2% 13.5% 5.9% 7.8% 2.6% g 21.4% 14.5% 18.1% 13.1% 25.2% 7.8% h 13.1% 12.1% 16.6% 15.7% 28.5% 14.0% i 26.8% 19.0% 23.8% 9.3% 15.2% 5.9% j 29.2% 25.9% 23.3% 6.4% 8.8% 6.4%

100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0%

Leyenda: a=I.E. nacionales, b=I.E. particulares, c=municipalidades, d=Poder Judicial y fiscalías, e=Gobierno Regional, f=Hospitales, g=Bancos, cajas municipales, h=Electro Sur Este y Seda Cusco, i=Trabajo, j=Delegaciones policiales

4. ¿Cree que haya situaciones de discriminación y racismo en los medios de comunicación?
a Siempre Casi siempre Algunas veces Casi nunca Nunca NS/NR Total 32.5% 24.2% 27.6% 6.9% 6.4% 2.4% b 18.1% 16.9% 27.8% 17.8% 13.8% 5.7% c 23.0% 22.3% 27.1% 11.2% 10.5% 5.9% d 14.0% 15.0% 25.4% 19.5% 16.6% 9.5% e 16.4% 15.4% 27.3% 18.8% 15.4% 6.7% f 11.9% 13.1% 26.6% 22.1% 18.5% 7.8% g 20.7% 15.7% 20.9% 9.5% 9.5% 23.8% h 13.1% 10.5% 21.6% 15.2% 11.4% 28.3% i 13.5% 11.9% 13.5% 12.4% 22.6% 26.1%

100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0%

Leyenda: a=TV Nacional, b=TV Local, c=Periódicos Nacionales, d=Periódicos Locales, e=Radio Nacional, f=Radio Local, g=Revistas Nacionales, h=Revistas Locales, i=Internet

130 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

5. ¿Cree usted que haya discriminación en la música de moda, en la ropa de moda, en los concursos de belleza, en los estadios (futbol profesional), en los centros de trabajo?
a b c d e Siempre 43.5% 51.8% 72.7% 14.3% 38.2% Casi siempre 32.1% 32.8% 17.6% 31.4% 46.3% Algunas veces 22.3% 14.3% 5.7% 44.4% 12.4% NS/NR 2.1% 1.2% 4.0% 10.0% 3.1% Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Leyenda: a=Música de moda, b=Ropa de moda, c=Concursos de belleza, d=Estadios, e=Centros de Trabajo

6. Pensando en el último tiempo, ¿se ha sentido usted rechazado, molestado o mal mirado por alguna de estas razones?
a b c d e f g h i j k Siempre 5.2% 5.5% 1.4% 9.5% 9.5% 8.3% 4.5% 6.8% 1.4% 0.2% 3.1% Casi siempre 30.2% 35.9% 14.0% 35.4% 30.9% 27.1% 35.9% 35.6% 4.8% 1.7% 14.5% Algunas veces 64.6% 58.2% 84.1% 54.9% 57.7% 64.1% 58.9% 56.1% 77.9% 80.5% 80.8% NS/NR 0.0% 0.5% 0.5% 0.2% 1.9% 0.5% 0.7% 1.5% 15.9% 17.6% 1.7% Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% Leyenda: a=Color de piel, raza o etnia, b=Lugar de origen, c=Religión que profesa, d=Por ser pobre, e=Preferencias políticas, f=Edad, g=Apariencia física, h=Por ser mujer, i=Discapacidad física, j=Opción Sexual, k=Apellido origen quechua

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

131

7. Por sus antepasados y de acuerdo a sus costumbres, usted se considera:
% Mestizo Quechua Blanco De la amazonía Aimara Asiático Otro NS/NR Total 51.8% 40.4% 3.6% 0.7% 0.5% 0.2% 1.9% 1.0% 100.0%

8. ¿Cree usted que en nuestro país haya (actitudes / prácticas) racismo y discriminación?
MUJER 47.5% 53.0% 45.8% 33.3% 48.7% VARON 52.5% 47.0% 54.2% 66.7% 51.3% TOTAL 58.0% 27.3% 14.0% 0.7% 100.0%

Siempre Casi siempre Algunas veces Casi nunca Total

132 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

9. ¿Con qué frecuencia Ud. ha experimentado alguna de las siguientes situaciones?
a 9.0% 24.5% 50.1% 7.4% 9.0% 0.0% 100.0% b c d e 3.8% 2.9% 1.4% 1.4% 7.1% 6.4% 4.3% 4.0% 37.1% 34.7% 25.7% 20.2% 22.3% 18.1% 17.3% 21.9% 29.2% 36.8% 50.8% 51.8% 0.5% 1.2% 0.5% 0.7% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% f g h 0.7% 0.7% 1.2% 2.6% 1.7% 1.9% 19.5% 16.2% 15.4% 17.6% 19.0% 13.8% 58.2% 60.6% 67.0% 1.4% 1.9% 0.7% 100.0% 100.0% 100.0% i j 9.7% 45.1% 17.8% 37.3% 40.4% 13.8% 11.9% 2.4% 18.3% 0.5% 1.9% 1.0% 100.0% 100.0%

Siempre Casi siempre Algunas veces Casi nunca Nunca NS/NR Total

Leyenda: a=La gente se comporta como si ellos fueran mejor que usted, b=Usted es tratado con menos respeto que otras personas, c=La gente se comporta como si pensara que usted no es inteligente, d=Recibe un servicio inferior en tiendas o restaurantes, e=Usted es insultado o le ponen apodos despectivos, f=La gente se comporta como si tuviera miedo de usted, g=La gente se comporta como si usted fuera deshonesto, h=Usted es amenazado o acosado, i=La gente se comporta con usted con excesiva consideración, j=La gente se comporta con naturalidad o normalidad, sin hacer ninguna diferencia

10. Aparte del castellano, ¿habla usted alguna lengua originaria del Perú?
% 60.8% 36.6% 1.4% 0.7% 0.5% 100.0%

Quechua No habla ninguna lengua originaria NS/NR Aimara Lengua amazónica Total

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

133

11. ¿Dónde y con qué frecuencia utiliza su lengua originaria?
a 24.5% 20.7% 31.8% 13.0% 9.6% 0.4% 100.0% b 13.4% 16.5% 37.5% 14.9% 17.6% 0.0% 100.0% c 6.1% 3.8% 6.9% 18.8% 57.9% 6.5% 100.0% d 11.9% 15.7% 32.2% 12.3% 26.1% 1.9% 100.0% e 1.9% 4.6% 12.3% 19.5% 60.9% 0.8% 100.0%

Siempre Casi siempre Algunas veces Casi nunca Nunca NS/NR Total

Leyenda: a=En el entorno familiar, b=En el entorno social, c=En los medios de comunicación, d=En el trabajo, e=En las instituciones públicas y privadas

12. Y cuándo habla usted su lengua originaria en público, ¿cómo se siente, qué sentimientos le genera?
Prioridad 1 Alegría Recuerdos de mi familia Recuerdos de mi pueblo de origen Ternura Tristeza Vergüenza Otro NS/NR Total 54.0% 10.7% 6.9% 2.3% 0.4% 1.1% 22.6% 1.9% 100.0% Prioridad 2 16.0% 24.7% 22.2% 8.6% 3.7% 1.2% 23.5% 0.0% 100.0%

134 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

13. ¿Cree usted que en la región Cusco haya racismo o discriminación hacia alguno de estos grupos sociales?
% 42.1% 17.0% 16.3% 14.4% 4.5% 3.5% 2.1% 100.0%

Indígena andino Negro Mestizo Indígena amazónico Blanco (peruano) Blanco (extranjero) No hay racismo Total

14. Y usted, ¿se ha sentido alguna vez discriminado?
% 52.3% 47.0% 0.7% 100.0%

No Sí NS/NR Total

15. Si su respuesta anterior es afirmativa (SÍ), ¿qué sentimientos le ha despertado sufrir la discriminación?
Cólera/Rabia Tristeza/Ganas de llorar Vergüenza Ningún sentimiento Ganas de ser otra persona Desconfianza Otro NS/NR Total % 50.5% 17.7% 7.1% 5.6% 3.5% 1.5% 12.6% 1.5% 100.0%

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

135

16. ¿De qué manera podría afectar el racismo y la discriminación a las personas?
% 56.1% 16.6% 7.8% 6.7% 5.9% 3.6% 3.1% 0.2% 100.0%

Que la persona discriminada pierda su autoestima Que haya sentimientos de rencor, frustración o injusticia Que la gente se trate con desconfianza Que la gente se trate con desprecio Que haya gente que se crea mejor que otros Que unos ganen siempre las mejores posiciones y los discriminados las peores Otro NS/NR Total

17. Según usted, ¿cuáles son los rasgos personales por los que se suele discriminar más?
18-25 Factor étnico Por ser pobre Apellido Idioma Ciudad, región o lugar de origen Prácticas culturales Creencias religiosas Preferencias políticas Total 22.4% 20.5% 18.7% 23.2% 24.6% 10.8% 23.8% 18.2% 20.9% 26-40 46.3% 41.0% 38.9% 42.0% 44.3% 40.5% 52.4% 36.4% 42.5% 41-70 31.3% 38.5% 42.4% 34.8% 31.1% 48.6% 23.8% 45.5% 36.6% TOTAL 26.6% 25.8% 21.4% 12.1% 6.6% 4.0% 2.3% 1.2% 100.0%

136 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Factor étnico Por ser pobre Apellido Idioma Ciudad, región o lugar de origen Prácticas culturales Creencias religiosas Preferencias políticas Total

A/B 15.0% 14.2% 16.2% 16.1% 14.8% 24.3% 19.0% 36.4% 15.9%

C 35.0% 31.0% 33.8% 26.8% 27.9% 32.4% 19.0% 9.1% 31.5%

D/E 50.0% 54.8% 50.0% 57.1% 57.4% 43.2% 61.9% 54.5% 52.6%

TOTAL 26.6% 25.8% 21.4% 12.1% 6.6% 4.0% 2.3% 1.2% 100.0%

18. ¿Dónde cree que aprendemos a discriminar o a ser racistas?
Prioridad 1 Prioridad 2 0.5% 1.5% 9.3% 19.3% 0.2% 0.3% 27.3% 34.2% 40.9% 10.7% 0.5% 1.2% 1.0% 1.5% 0.2% 3.0% 0.2% 1.2% 0.0% 0.3% 11.2% 11.6% 4.0% 8.6% 4.8% 3.6% 100.0% 100.0%

Bancos, cajas municipales Barrio Delegaciones policiales Escuela, colegio Familia Municipalidades Poder judicial, fiscalías Radio Revistas y periódicos Telefónica, Seda Cusco, Electro Sur Este Televisión Trabajo Otro Total

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

137

19. ¿Cómo cree que se podría combatir la discriminación desde el Estado?
Prioridad 1 A través de la educación Charlas de información y orientación al ciudadano en castellano, quechua y otros idiomas originarios Implementación de señales amigables, audiovisuales y formularios en quechua y castellano Mediante campañas de sensibilización televisiva y radial Mediante intervenciones urbanas sobre la importancia del quechua, tradiciones, gastronomía y música Sancionando a los discriminadores (cárcel) Ventanillas con personal bilingüe en las dependencias publicas Otro NS/NR Total 60.3% 10.7% 1.9% 14.0% 1.0% 1.9% 2.6% 5.9% 1.7% 100.0% Prioridad 2 16.6% 27.5% 6.1% 26.2% 8.3% 3.5% 1.7% 10.0% 0.0% 100.0%

20. ¿Cómo cree que Ud. podría combatir la discriminación?
Prioridad 1 Haciendo respetar al discriminado Participando en campañas educativas en espacios públicos Desarrollando campañas en los medios de comunicación Hablando de la gran herencia de los pueblos indígenas Discriminando y despreciando a los extranjeros Otro NS/NR Total 21.9% 20.4% 13.8% 5.9% 0.5% 30.4% 7.1% 100.0% Prioridad 2 16.7% 23.6% 17.4% 14.6% 0.0% 27.8% 0.0% 100.0%

138 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

21. Y usted, ¿cree tener algún sentimiento racista?
% 70.1% 24.9% 3.1% 1.4% 0.5% 100.0%

No soy racista en absoluto Un poco, creo que sí Regular NS/NO Sí, mucho Total

22. Haciendo un poco de memoria… alguna vez, ¿usted ha discriminado a alguien?
% 62.7% 34.9% 2.4% 100.0%

NO SÍ NS/NR Total

23. Si su respuesta anterior es afirmativa, ¿cuál fue el motivo por el que discriminó a esa persona?
a 17.7% 16.3% 8.8% 4.8% 1.4% 1.4% 1.4% 46.9% 1.4% 100.0% b 28.0% 8.0% 24.0% 8.0% 4.0% 4.0% 4.0% 20.0% 0.0% 100.0% c 25.0% 25.0% 0.0% 0.0% 25.0% 0.0% 0.0% 25.0% 0.0% 100.0%

Forma de hablar el castellano (moteo) Orientación sexual Forma de vestir Pobre Hablaba quechua Discapacidad física Mujer Otro NS/NR Total

Leyenda: a=1er Motivo de discriminación, b=2do Motivo de discriminación, c=3er Motivo de discriminación

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

139

24. Pensando en cómo funcionan las cosas en el Perú, diría usted que en la práctica las siguientes personas logran hacer valer sus derechos:
a b c d e f g Siempre 22.6% 45.8% 85.5% 5.2% 5.0% 7.6% 25.7% Casi siempre 27.6% 32.5% 11.4% 6.2% 6.2% 14.7% 40.4% Algunas veces 39.4% 17.1% 1.9% 19.2% 25.9% 38.2% 26.8% Casi nunca 8.6% 3.6% 0.2% 48.5% 42.5% 27.6% 3.6% Nunca 1.7% 0.7% 0.5% 20.4% 19.7% 10.2% 1.2% NS/NR 0.2% 0.2% 0.5% 0.5% 0.7% 1.7% 2.4% Total 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% 100.0% h i j 7.8% 7.8% 7.8% 25.9% 16.2% 13.1% 50.6% 41.3% 21.9% 10.9% 20.2% 31.8% 2.9% 9.7% 17.1% 1.9% 4.8% 8.3% 100.0% 100.0% 100.0%

Leyenda: a=Una mujer, b=Un hombre, c=Un rico, d=Un pobre, e=Un indígena, f=Una persona con discapacidad fisica, g=Un blanco, h=Un mestizo, i=Una persona de raza negra, j=Un homosexual o una lesbiana

25. ¿Con qué personaje de la historia o de la vida pública peruana se identifica más?
% 41.6% 7.8% 4.5% 3.1% 2.6% 1.9% 1.9% 1.9% 1.7% 1.7% 1.4% 1.4% 1.2% 1.2% 1.0%

Ninguno Mario Vargas Llosa Túpac Amaru II Miguel Grau Micaela Bastidas César Vallejo José Carlos Mariátegui Ramón Castilla José María Arguedas Pedro Pablo Kuczynski Clorinda Matto De Turner Daniel Estrada Pérez Fernando Belaunde Terry Juan Velasco Alvarado Alan García

140 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

Andrés Avelino Cáceres Inca Garcilaso De La Vega Los Incas Don José De San Martin Keiko Fujimori Ollanta Humala Víctor Raúl Haya De La Torre Alicia Delgado Beatriz Merino Daniel Alcides Carrión Francisco Bolognesi José Olaya María Parado de Bellido Pachacutec Ricardo Palma Santa Rosa De Lima Uriel García Otros NS/NR Total

1.0% 1.0% 1.0% 0.7% 0.7% 0.7% 0.7% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 0.5% 7.4% 7.4% 100.0%

26. ¿Cómo le gustaría verse a sí mismo dentro de 10 años?
% 19.0% 15.7% 15.0% 10.5% 9.3% 9.0% 15.7% 5.9% 100.0%

Familia, hijos, nietos Mejores ingresos Profesional, maestrías, etc. Casa propia, vehículo, bienes Con empresa, negocio Crecimiento laboral Otros NS/NO Total

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

141

DE LA PERSONA ENCUESTADA: 27. ¿Cuál es el último año de estudios y nivel educativo que aprobó usted?
% 28.0% 20.2% 17.3% 13.3% 6.2% 5.2% 4.5% 2.6% 1.7% 1.0% 100.0%

Superior universitaria completa Secundaria completa Superior universitaria incompleta Superior técnica completa Secundaria incompleta Superior técnica incompleta Post grado Primaria completa Inicial o primaria incompleta NS/NR Total

28. Actualmente, ¿cuál es su situación ocupacional principal?
% 41.3% 15.4% 13.5% 13.3% 8.6% 3.6% 3.3% 0.7% 0.2% 100.0%

Independiente / trabaja por cuenta propia Asalariado en sector publico Estudiante Asalariado en sector privado Ama de casa / no trabaja fuera del hogar Retirado / jubilado Actualmente no trabaja Otro NS/NO Total

142 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

29. Teniendo en cuenta que uno (1) significa cercano a los pobres y diez (10) cercano a los ricos. ¿Dónde se ubicaría usted? Marcar con un círculo.
% 1.0% 2.2% 10.0% 18.9% 35.9% 22.3% 6.8% 2.7% 0.2% 100.0%

1 2 3 4 5 6 7 8 9 Total

Encuesta aplicada en la provincia de Cusco en el mes de abril del 2011
Se asignó una muestra estadística que se distribuye proporcionalmente al tamaño de la población electoral publicado por la RENIEC en marzo 2009 de los diferentes distritos. Procedimiento de muestreo: Polietápico, estratificado, con selección de las unidades primarias de muestreo (provincias) y de las unidades secundarias (distritos) de forma proporcional, y de las unidades últimas (individuos) por rutas aleatorias y cuotas de sexo y edad y nivel socioeconómico. Tamaño de la muestra: 421 encuestas. Margen de error: De +/- 4.8% para cada una de las muestras. Nivel de representatividad: El 92% de la población electoral de la región Cusco y una representatividad o cobertura del 98% de la población electoral de la provincia de Cusco. Procedimiento de selección de encuestados: Los encuestados son seleccionados mediante cuadros de distribución aleatoria de encuestas por urbanización, asentamiento humano, conjunto habitacional, asociación pro vivienda y calles, contando para ello con información cartográfica a nivel de provincia, distrito y manzana. Nivel de confianza: 95% de confianza.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

143

Referencias bibliográficas

ANSIÓN, Juan 1995 “Del mito de la educación al proyecto educativo”. En: PORTOCARRERO, Gonzalo y Marcel VALCÁRCEL (editores). El Perú frente al Siglo XXI. Lima: Fondo Editorial de la PUCP. ARDITO, Wilfredo 2011 “Racismo, tareas urgentes para el nuevo gobierno”. En: Reflexiones peruanas, RP 360, 16 de junio. <http://reflexionesperuanas.lamula.pe>. BRUCE, Jorge 2007 Nos habíamos choleado tanto. Psicoanálisis y racismo. Lima: Universidad San Martín de Porres. CENTRO GUAMAN POMA DE AYALA 2011 Encuesta de opinión: exclusión, discriminación y ciudadanía. Abril. Cusco: Centro Guaman Poma de Ayala. CHIRIF, Alberto y Manuel CORNEJO (editores) 2009 Imaginario e imágenes de la época del caucho: los sucesos del Putumayo. Lima: CAAP. CHIRINOS RIVERA, Andrés 2001 Atlas lingüístico del Perú. Lima, Cusco: Ministerio de Educación del Perú / Centro Bartolomé de las Casas. CONGRESO DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ 1993 Constitución Política del Perú. <http://www.congreso.gob.pe/ntley/Imagenes/Constitu/Cons1993.pdf>.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

147

CVR, COMISIÓN DE LA VERDAD Y LA RECONCILIACIÓN 2003 Informe final. Lima: CVR. <www.cverdad.org.pe>. DUSSEL, Enrique 1992 1942, el encubrimiento del otro. Hacia el origen del “mito de la modernidad”. La Paz: Plural Editores / Universidad Mayor de San Andrés. FLORES GALINDO, Alberto 1999 La tradición autoritaria: violencia y democracia en el Perú. Lima: Sur. Casa de Estudios del Socialismo / Aprodeh. FOUCAULT, Michel 1979 Microfísica del poder. Madrid: Las Ediciones de La Piqueta. HOBSBAWM, Eric 1967 “La Convención: un caso de neofeudalismo”. Documentos sobre el problema agrario y campesino. Lima: IIES. INEI, INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA E INFORMÁTICA 2008 Encuesta Nacional de Hogares, ENAHO. Lima: INEI. 2002 Encuesta Nacional de Hogares, ENAHO. Lima: INEI. INEI y PROMUDEH 1999 Género: equidad y disparidades. Lima: INEI / Promudeh. MARGALIT, Avishai 1996 La sociedad decente. Barcelona: Ed. Paidós. MÉNDEZ, Cecilia 1996 “Incas sí, indios no: apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú”. Documento de trabajo N° 56. Lima: Instituto de Estudios Peruanos. MONTOYA, Rodrigo 1992 “El espejo roto del Perú, sus identidades y sus máscaras”. En: Al borde del naufragio. Democracia, violencia y problema étnico en el Perú. Lima: Sur, Casa de Estudios del Socialismo.

148 Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

OIT, ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO 1989 Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales en países independientes. Ginebra: OIT. <http://www.ilo.org/indigenous/conventions/no169/lang--es/index.htm>. ONU, ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS 2011 Declaración universal de los derechos humanos. <http://www.un.org/es/documents/udhr/>. PÉREZ DE ARMIÑO, Karlos y Marlen EIZAGUIRRE 2000 Diccionario de acción humanitaria y cooperación al desarrollo. Barcelona: Icaria-Hegoa. PERÚ 21 2011 “Alan García: colosales frases de 5 años”. En: Perú 21. 23 de julio. RAE, REAL ACADEMIA ESPAÑOLA 2011 Diccionario de la lengua española. < http://www.rae.es/rae.html>. SÁNCHEZ, Luis Alberto; José C. MARIÁTEGUI y otros 1976 La polémica del indigenismo (1926-1928). Lima: Mosca Azul Editores. UNFPA, FONDO DE POBLACIÓN DE NACIONES UNIDAS 2002 Perú. Tasa de analfabetismo por sexo. UNFPA. <http://www.unfpa.org.pe/infosd/educacion/ educacion_05.htm>. UNITED STATES MEMORIAL MUSEUM 2011 Enciclopedia del holocausto. Washington DC. <http://www.ushmm.org/wlc/es/ >. VALDERRAMA, Ricardo y Carmen ESCALANTE (editores) 1982 Gregorio Condori Mamani. Autobiografía. Cusco: Centro Bartolomé de las Casas. VARGAS LLOSA, Mario 2011 “Derecho de pernada”. En: La República. 17 de julio, Lima. 2010 El sueño del celta. Madrid: Alfaguara.

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

149

Personas y grupos entrevistados

Tal como se mencionó en la Introducción, una base principal de este estudio fue la aplicación de grupos focales y entrevistas a una muestra de informantes clave; es decir, personas que por su especialidad o experiencia directa y relevante al tema investigado aportaron información sumamente rica desde diversos enfoques. Por ello, por medio de esta lista expresamos nuestro agradecimiento a las siguientes personas y grupos: Claudio Estrada – Director del Área de Gestión Pedagógica de la UGEL Cusco Ninoska Jordán – Especialista de Programas de Interculturalidad de la UGEL Cusco Lilya Flores Franco – Líder de base de la coordinadora de Mujeres de San Sebastián (CODEMUSA) Verónika Mendoza – Congresista de la República por el Cusco Juana Puente de la Vega - Profesora de la Escuela 51002 del Cusco Freddy Estrada – Profesor del Colegio “La Salle” del Cusco Tania Villavicencio – Profesora de la Escuela “Virgen del Carmen” de Pillao Matao Washington Román – Director del programa televisivo Propuesta Regional Milagros del Carpio – Comunicadora Social, Programa SIT Pueblos Indígenas y Globalización Paul Casafranca – Comisionado de la Defensoría del Pueblo en Cusco David Ugarte – Director Regional del Ministerio de Cultura Cecilia Eguiluz – Especialista en Educación Intercultural, Asociación Pukllasunchis

Racismo, discriminación y exclusión en el Cusco

153

Marco Villasante – Director del Programa Hatun Ñan, UNSAAC Grupo de 14 jóvenes de la Escuela de Líderes del Centro Guaman Poma de Ayala Estudiantes de 6to. Grado de la institución educativa 51002 de Cusco Estudiantes de 6to. Grado de la institución educativa “La Salle” Estudiantes de 6to. Grado de la institución educativa “Virgen del Carmen” de Pillao Matao Extendemos el agradecimiento a los directores y directoras de estos centros educativos por haber facilitado la aplicación de las entrevistas grupales entre sus alumnos.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->