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Acequias, Aljibes y Fuentes

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J.

Anguita Castillo

Acequias, Aljibes y Fuentes De Granada

Acueducto del Carmen de los Mártires

Manuel Jesús Anguita Castillo

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Título: Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada Autor: Manuel Jesús Anguita Castillo
Depósito Legal: GR- 1502-2008 Fotos: Archivo, MJAC. Impresión y Encuadernación: La Gioconda
Reservados todos los derechos según Ley Portada: Fuente de Aynadamar. Alfacar.

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Aguas de Granada
Al ponerme a escribir sobre el agua en Granada, lo he tenido muy claro desde el principio, que yo no me podía meter en la parte técnica, ni principios legales sobre el agua que abastecía Granada, yo solamente me propuse, escribir a partir de mis recuerdos como granadino nacido hace ya muchos años, y que conservo en mi memoria muchas vivencias, que forman parte de la cultura popular del agua en Granada. Al referirme a los aljibes albaicineros, yo no hago nada más que reflejar, parte de mi juventud en la postguerra, que tanto nos marcó a los españoles de mi tiempo. En el tema del agua potable hubo años como por ejemplo en 1945, en que las lluvias no se dejaron ver en nuestra tierra, y sufrimos los cortes del agua en la acequia de Aynadamar, ya que dicha acequia apenas si podía atender las necesidades de la fábrica de pólvoras del Fargue, industria que gozaba de la máxima atención por parte de las autoridades, así que en los barrios de la calle Real , San Juan de Dios, San Lázaro y otras muchas, no se llenaban las tinajas, y únicamente se salvó la situación con los pilares públicos, simples postes con un caño de hierro, que la diligencia del alcalde D. Antonio Gallego y Burín, hizo colocar hacia 1938, para abastecer la ciudad con agua del río Genil, tomada por encima de Pinos Genil, y que 3

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llegaban a Granada aún sin potabilizar, ya que fue hacia 1951, cuando se inició la construcción de la planta de la Lancha de Cenes. Hasta mediados del siglo XX Granada se surtía de agua potable, a través de las antiguas acequias, que tenían su nacimiento a varios kilómetros de la capital, en su gran mayoría, provenientes de la Sierra de la Alfaguara, bien por el lado de Alfacar, o bien por el nacimiento del río Darro, cercano a Huétor Santillán, también en la otra falda de dicha sierra. De Sierra Nevada y través del cauce del río Genil, se extraían, dos acequias principales, que posteriormente se subdividirían en varios ramales, que algunos llegarían a alcanzar muchos kilómetros en el interior de la Vega Pero la más importante sin duda alguna era, la Acequia de Aynadamar, o de Alfacar, construida por los árabes en el siglo XI, ya que surtía de agua potable a todo el barrio del Albaycín, Barrio de Cartuja, (El anterior, no el actual) San Juan de Dios y parte del Boquerón. En el Albaycín, existían hasta su clausura en 1954, veintitrés aljibes en uso. La verdad, es que es un disparate, el decir que estaban en uso, ya que por parte de gamberros, que siempre los ha habido, se echaban muchos desperdicios en su interior, incluso gatos muertos. Las bombas que el Ayuntamiento presidido por el Marqués de Casablanca, había instalado para sacar el agua, sin necesidad de echar calderos en su interior, también fueros destrozadas, en un alarde de incivismo. Con esto termino de hacer la introducción y paso a describir la Acequia Aynadamar y Aljibes en Albaicín

La acequia de Aynadamar
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Dos vistas de la Fuente Grande o Aynadamar en 2.008.

Aunque nace en el término municipal de Alfacar, dicho pueblo es el que menos derechos de agua tiene. 5

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La propiedad de las aguas de la Fuente Grande, es del municipio de Granada, con un determinado cupo que se queda Víznar. También en los últimos años, en que Granada ya contaba con las aguas potables, procedentes del Pantano de Quéntar y del pantano de Canales, el ayuntamiento de Granada ha reconocido el derecho del municipio de Alfacar, a compartir parte del caudal, por cierto muy mermado, por captaciones clandestinas, por debajo del nivel de tan hermosa fuente. la ciudad ha prescindido de las aguas de la Acequia de Aynadamar o de Alfacar, muriendo dicha acequia en la barriada granadina del Fargue. El recorrido de la Acequia de Aynadamar, es de lo más pintoresco, ya que serpentea por las faldas de las sierras de Alfacar y de Víznar, en un trazado de más de 10 kilómetros. La Fuente Grande, está situada al noroeste de Alfacar, a la distancia de unos dos kilómetros. Desde aquí emprende su camino, por la tristemente célebre ruta de los fusilamientos en la guerra incivil. Allí murió fusilado Federico García Lorca, en la madrugada del 20 de Agosto de 1936. Con tal motivo se levanta un parque destinado a su memoria y a la de los otros muchos que allí perdieron la vida, al ser asesinados. Poetas del mundo entero, han repetido el nombre de la dicha acequia en poemas inmortales, para honrar la memoria de su amigo Lorca., casos de Juan Ramón Jiménez, o Alberti entre otros

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Sanatorio antituberculoso en la Alfaguara hasta 1960

El autor en el parque funerario García Lorca, (Fuente Grande)

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Salida de la acequia de Fuente Grande

La acequia de Aynadamar, camino de Víznar

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Acompañando a la acequia por su discurrir, pasamos bajo las ruinas de la “Colonia”, antiguo molino harinero, aprovechado durante la República, como colonia veraniega de los niños pobres de Granada, y última parada, para los miles de infortunados que morirían fusilados al amanecer, por todos aquellos contornos, allí permaneció F. García Lorca en su última noche de vida. En los años 80 se quiso borrar su huella, y fue demolido, construyendo un chalet, por parte de no se quién. ¡Hay que tener mal gusto.!

Foto de la”Colonia” también conocida por las “Pasaeras” 1948

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A continuación la acequia llega a Víznar

Acequia sobre las ruinas del molino de abajo y posterior ingenio para producir electricidad, que movían los telares.

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Vista lateral de la Iglesia de Víznar

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Hasta mediados del siglo XX, en Víznar había varios molinos harineros, a saber el Molino Alto, Molina de Álvaro, Molino Nuevo y Molino de Abajo, este último se había transformado en fábrica de tejidos de algodón, haciendo sacos para envasado de azúcar, allá por los años del auge de dicho producto en la Vega de Granada, siendo aprovechada la fuerza motriz del agua, en su caída desde una altura de 11 metros, para mover los telares. Tras haber pasado por dicha fábrica, la acequia entraba en un túnel de más de 150 metros, para recorrer mansamente el paraje cortado a pico, que queda debajo del pueblo. Hasta el año 1990, la acequia seguía discurriendo, tal como lo venía haciendo desde su construcción, allá por el siglo XI, pero dicho año cambió por completo su curso, ya que la construcción de la “autovía del 92,” hizo que para salvar el bajo nivel de la misma, se hiciese un sifón, y se entubó por todo su recorrido hasta llegar al Fargue. En este punto de las cercanías de Víznar, tengo que pararme, ya que, yo fui uno de los afectados por la construcción de dicha autovía. Durante 15 años, yo había disfrutado de una finquita que adquirí y con la casita que me construí bajo el nivel de la acequia, de la cual me surtía, para llenar el estanque piscina, y regar la finquita. Pero dio la casualidad, que la carretera pasó justamente en donde yo tenía la vivienda. Es más que sobre los planos de la autovía, la chimenea de mi casita quedaba en el mismo centro, pero donde hubo que rebajar la friolera de 12 metros, con movimiento de miles de metros cúbicos de tierra. 12

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Tras el pago de la expropiación y terminarse la carretera me quedó nada más que las tierras de labor, cosa de lo que yo no tengo los menores conocimientos, por lo tanto, tuve que malvender lo restante y decirle adiós a las tierras de Víznar. Igual que yo quedaron otros pocos propietarios, que aunque se nos construyó un puente sobre la carretera, la verdad es, que ya quedamos un tanto aislados del pueblo, y aquello, que fue un pequeño paraíso, en donde crecían toda clase de frutales, quedó casi como un erial.

Mi casita de Víznar

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Vista de mi casita de Víznar, mi pequeño paraíso

Pasado el lugar en donde tuve mi descanso, la acequia da una curva de cuarenta y cinco grados, al objeto de salvar el pequeño barranquillo, en donde tiene su nacimiento el río Béiro, que no es ni arroyo, solamente se trata de pequeñas correntías de las laderas circundantes En esos mil metros aproximadamente, se encuentra el cortijo de las Locuras, El antiguo molino de los Anetos, y el más antiguo aún molino del Pino, a partir de ahí, el cauce se remansa de forma considerable, lo que ayuda a que en sus orillas se cree una vegetación de rivera, refugio de toda clase de aves. De hecho antiguamente, esto se daba a todo el largo de la acequia, siendo en este lugar en donde más se extiende debido a que en la ladera por donde discurre, no es apta, para la agricultura.

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Muy mermada por las muchas sangrías, pasa la última curva, por debajo del cortijo de Florencio, y ya toma resto hacia el Fargue, pasando por otro molino y dos cortijos. Todo el tramo comprendido entre la salida del casco urbano de Víznar y el Fargue, solamente disfrutábamos del agua con derecho reconocido, en las horas que transcurren desde que apunta el Alba, sobre las cuatro de la madrugada, hasta la salida del sol, hora que estábamos obligados a tapar los caños, para las distintas fincas, esto desde el 1 de Abril hasta el 1 de Octubre. La verdad, es que yo he pasado más de una noche regando y llenando el estanque, a partir de las dos de la madrugada, sin más luz que la de las estrellas, y un horizonte de perros lejanos

Fabrica de Pólvoras del Fargue

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El Fargue

Iglesia y calle Real del Fargue

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Plano de la distribución desde la fuente al final

En la actualidad, el agua de la Acequia de Alfacar, ya no pasa de la fábrica de pólvoras, yendo el sobrante al río Béiro. Hasta mediados del siglo XX, en la calle Real del Fargue, tenía un tomadero para surtir al Sacro Monte, teniendo que atravesar varios cerros, en una extensión de más de dos kilómetros, en algunos sitios mediante tubos de hierro aéreos. Después la acequia tomaba el camino a Granada, casi paralela con la carretera construida a finales de la segunda década del pasado siglo XX. Al llegar al Cerro Sombrero, tenía que salvar una altitud de más de doce metros, para lo que se contaba, con una pequeña catarata, conocida popularmente como “El Caidero”, Al pie del cual había un viejo molino harinero.

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Vista del Caidero de la Golilla de Cartuja, o Cerro Sombrero

Vista actual del antiguo Caídero, con (X) antiguo salto de agua

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A la salida del molino, la acequia tenía dos tomaderos, uno tomaba ladera abajo del río Béiro, y mediante un tubo de hierro, cruzaba el citado río, a una altura de unos ocho metros, siendo lugar escogido por los niños como yo, para pasarlo haciendo equilibrio, con el consiguiente riesgo de caer y lesionarnos, pero lo hacíamos. Tras cruzar el cauce, el agua corría a media altura por la margen derecha del río, allí hacía una minúscula poza, donde algunas tardes de Mayo me bañé siendo niño. Después la acequia asomaba por la carretera de Víznar y se volvía a dividir; un ramal cruzaba el camino y entraba por la Casería de la Campana, continuando hasta lo que hoy es el Polígono de Almanjáyar, antes pago del mismo nombre, y el otro ramal entraba por la Casería del Fiscal, (Hoy. un mini barrio conocido por “Casería de Montijo” y desde allí, cruzando la carretera de Alfacar, pasaba a través de la finca llamada de Campo Verde,(Hoy Jefatura de Tráfico) y atravesaba el camino de los Yeseros, entrando por un estrecho callejón, paralelo al río Béiro conocido por Callejón de los Ladrones, lugar en donde hoy se asienta el grupo de casas del Padre Manjón, hasta desembocar en la carretera de Pulianas, para regar las distintas caserías que orilleaban la dicha carretera , “La Noria”, “Las Bolas” “ La Bailarina ,etc., etc.,. En algunas ocasiones llegaba a la carretera de Jaén, pero esto era harto difícil, puesto que un antiguo privilegio que tenía la Cartuja, hacía que esta finca se quedara con todo el agua, desde el mes de Junio hasta el quince de Septiembre, por lo cual estos pagos les era imposible sembrar hortalizas de verano.

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Antes hemos tomado la derivación de la salida del molino del Caidero, hacia la derecha, pero el grueso del agua de la acequia, seguía hacia abajo, bordeando la nueva carretera, tras derivar otra toma, para la finca de Cartuja, en donde iba a parar al gran estanque que aún perdura, aunque algo recortado

Finca de Cartuja y estanque, (Hoy Cámpus Universitario)

Siguiendo bajo el lateral derecho de la carretera del Fargue la acequia encuentra el tomadero de Tallacarnes, atravesando la finca de Cartuja en el extremo sur, con salida al callejón de Lebrija, por el que sigue hasta la esquina de la calle del Agua, en la calle Real de Cartuja, en donde existía un gran estanque, para proceder al reparto de dicho barrio, Hay una noticia de prensa de 1886, en la que el propietario de la plaza de toros del Triunfo, D. Pedro Álvarez, solicita del Ayuntamiento de Granada, que se le permita tomar el agua sobrante del Hospital Real, para utilización en dicha plaza.. También bajaba una tubería de poco caudal, directamente desde Fajaláuza, hasta el Hospital de San Juan de Dios. 20

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Casi en el cruce del camino de San Antonio, la acequia pasaba al lado izquierdo de la carretera mediante un sifón, para entrar a la finca conocida por Manflor, situada entre lo que hoy es el barrio de Haza Grande y la carretera de Murcia, allí se ordenaba su distribución por los distintos aljibes del Albaycín. A la altura de lo que hoy es la calle del Consuelo en Haza Grande, el agua se dirigía hacia el Arco de Fajaláuza, penetrando bajo él, para situarse ya en el interior del Albaycín. Desde el momento en que se encontraba en la placeta de la Cruz de Piedra, la acequia se dividía en dos ramales. Uno entraba directamente en el aljibe de dicha placeta a la izquierda de la misma, con derivaciones a otros aljibes, y otro ramal, que se abría hacia la derecha, entrando en la calle de San Gregorio Alto, y sus derivados.

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Aljibes albaicineros
Siempre que se habla del Albaycín, surge inevitablemente la palabra aljibe. Esto es la realidad del carácter que le han impuestos estos viejos almacenamientos de agua, a la singular topografía urbana del barrio. En la mayoría de los nombres de sus calles, nos encontramos que ha sido el aljibe el que le impuso el suyo propio. En la esquina más insospechada nos encontraremos el viejo aljibe, hoy restaurado, pero cerrado y mudo. Hasta hace unos cincuenta años, el lugar era el punto de reunión de las mujeres del barrio, Ya que siempre que se acudía a por agua, se trataba de relacionarse con las vecinas, siendo este el más modesto entretenimiento del que podían disfrutar. Allí se comentaban las últimas noticias sobre los sucesos o simples chismes, con el consiguiente gesto de santiguarse cuando la noticia las escandalizaba Hasta allí, era la inocente escapada, de la muchacha en edad de merecer, cuando era pretendida por algún muchacho, y al conjuro del eco que producían los acetres dentro de la oscura cavidad, se forjaron muchos noviajos, que en la mayoría de los casos duraron toda una vida. También hubo que lamentar tragedias de personas, que en un momento de desesperación, buscaron la forma de evadirse, buscando la muerte en la oscura serenidad del agua mansa, acrecentando con ello las leyendas del barrio. Fruto de mis muchos paseos por las calles albaycineras, surgen estas cuartillas, cuya única virtud está en el mucho amor que puse en ellas.

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Placeta de la Cruz de Piedra, a la derecha el aljibe

Cien años separan la anterior fotografía y esta

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Arco o Puerta de Fajaláuza, entrada del agua al Albaycín

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Plano del Albaycín, con la señalización de los aljibes

A partir del la entrada de la Acequia por el Albaycín, vamos a procurar situar al lector, en el lugar que ocupa cada uno de estos antiguos depósitos de agua., sin atenernos a la numeración , sino por el orden de llegada del caudal a cada uno de estos aljibes, pero informando del numero en el plano. Contrastando de fotos antiguas y las de 2005 25

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La ahogada del aljibe de la Cruz de Piedra
Este hecho sucedió en Marzo de 1951, una joven señora, vecina del lugar, cuando estaba sacando agua con el acetre, este se escapó y quedó en el fondo, la señora buscó unos ganchos, que le prestó otra vecina, que tenía para estas ocasiones, y los echó en el agua con ánimo de enganchar el acetre, Pero lo que se enganchó, fueron unas bragas de señora, y algo pesado que las retenía. Pronto se formó un nutrido grupo de mujeres, que en esos momentos se estaban ocupando de guisar, y al ir comentando unas a otras, todas abandonaban la comida y salían a ver que es lo que pasaba. Pero con tanto corrillo de mujeres, nadie quería mirar al interior del oscuro aljibe. Alguien avisó a la Guardia Civil, instalada en esas fechas en la calle Pagés, junto a la casa de los Mascarones. Provistos de linternas, se examinó el interior del aljibe y pronto se descubrió que un cuerpo flotaba entre dos aguas. La Guardia Civil volvió a rastrear la superficie y logró acercar un cuerpo de mujer hasta la cercana boca. Avisado el Juez de guardia y los bomberos, estos extrajeron el cuerpo sin vida de una joven muchacha. De las numerosas vecinas que allí se habían congregado, a muchas se les quemó la comida, por haberla dejado en la hornilla de carbón, y otras muchas prefirieron tirar la comida medio guisada, pensando en que el agua era procedente del citado aljibe, por lo que a grandes y chicos se les revolvía el estómago, nada más pensarlo. Doña Concha, aún recuerda el susto que recibió, repercutiendo en su hijito de pocos meses, que quedó sin el alimento materno. 26

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Investigado el asunto, se supo que la muchacha tenía algo más de dieciocho años, era de un pueblecito cercano y trabajaba como sirvienta en una popular fonda de la calle Alhóndiga. La muchacha fregaba, hacía camas y además servía las mesas a los clientes. Víctima de un engaño amoroso, la muchacha quedó embarazada (Pecado de extrema gravedad en aquellos tiempos) El estudiante en cuestión autor de aquel desaguisado, desapareció tan pronto ella se lo comunico. Desolada y sin saber a quien acudir, se lo dijo a su patrona, esperando que esta la amparara, por lo menos con la palabra, pero la acción de esta fue expulsarla a la calle de forma fulminante. Durante dos días la joven estuvo vagando por las calles de Granada, sin comer y acurrucada en un portal para dormir, pero sin atreverse a ir a su pueblo a contarlo a sus padres, y fue entonces cuando tomó la peor resolución. Durante los años en que aún permaneció en servicio el aljibe, se conocía por el (Aljibe de la Ahogada). Por supuesto nadie sacaba agua de allí para uso doméstico, solamente para los animales o regar las plantas. Para el consumo humano, iban hasta la Plaza de San Nicolás, en donde ya se había instalado un pilarillo de agua potable de la red general, pero que aún no podía subir a lo más alto del Albaycín. Para lavar la ropa acudían al Aljibe de San Gregorio. En los años en que estuvo de alcalde D. Felipe de la Chica, en una tumultuosa Sesión del Pleno, acusaron al alcalde de no cuidar los aljibes, añadiendo que hacía unos días se había ahogado “El Palizas” en el aljibe de las Tomasas, y que la gente seguía bebiendo el agua, contestando D. Felipe ¡Pues más sustancia tendrá! 27

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Aljibe de San Luis, en la calle de su nombre

Este es el segundo aljibe que se surte del ramal de la izquierda, que tras abandonar la placeta de la Cruz de Piedra, entra por la calle de San Luis. La capacidad de estos dos aljibes es relativamente pequeña, algo menor este de San Luis.

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Santa Isabel de los Abades año 2005

Santa Isabel de los Abades años 20

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Cruz de la Rauda, por encima del Aljibe de Santa Isabel

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Placeta y Cruz de la Ráuda en 2008

Hasta hace muy pocos años, este lugar era uno de los mejores miradores del Albaycín contando con las mejores vistas panorámicas del viejo barrio islámico y de la Alhambra. Hoy, una edificación indebida delante de dicho sitió ha cortado por completo la magnifica panorámica, y pese a las muchas reclamaciones que se han hecho de distintas entidades culturales, no ha habido solución. Llegando a suprimir el rótulo indicador que el ayuntamiento hizo colocar con el título de Mirador Panorámico

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Aljibe de Santa Isabel de los Abades, en calle de San Luis

Descendiendo por la calle de San Luis, a continuación del aljibe de ese nombre, encontramos el Aljibe de Santa Isabel de los Abades. Situado bajo el paredón de la cuesta que lleva a la Cruz de la Rauda. 32

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Este aljibe, según un estudio del arquitecto D. Antonio Orihuela, tenía una capacidad de más de treinta metros cúbicos, siendo el que surtía a toda la calle; aparte desde la guerra civil, se surtían de sus aguas, todas las cuevas del Cerro de San Miguel, que se abrieron por esas fechas, para dar cobijo, a los muchos desplazados, que llegaron desde el norte de la provincia y tierras de Almería, huyendo del hambre, que imperó en España en ese tiempo. Frente por frente a este aljibe, se sitúa la calle del Aljibe de la Vieja, por donde entra este ramal de la acequia, para abastecer dicho aljibe de la Vieja, escondido en la melancólica placetilla del mismo nombre. Pocos lugares del Albaycín inspiran tanta sensación de tranquilidad y sosiego, allí el tiempo parece haberse detenido, gracias al conjuro de la vieja, que guardaba la higuera del huerto que había encima, todo según se decía, mediante un pacto con el diablo.

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El Aljibe de la Vieja, a finales del siglo XIX

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Aljibe de la Vieja en 2005 el más melancólico

Enclavado en la minúscula placetilla de su nombre, tiene una capacidad de alrededor de 30 metro cúbicos. Antiguamente tenía un huerto encima, del cual sobresalía una higuera y en dicha higuera se forjó toda una interesante leyenda, por supuesto solo leyenda.

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Esta era, que teniendo la dicha higuera, fama de dar los mejores higos, de todos los encantadores carmenes del Albaycín, a los muchachos de dicho barrio, les dio por robar los higos a la vieja dueña de dicho carmen siéndole imposible a ésta el impedirlo. Entonces hizo un pacto con el diablo, para poder conservar el fruto de la higuera. El diablo le dijo que todo el que se asomara al aljibe con un higo, se hundiría en sus aguas. En efecto, a la noche siguiente un muchacho que cogió un higo se hundió en el aljibe, en su pedir socorro, la vieja se asomó para reírse de él, el muchacho la cogió de un brazo y los dos bajaron al fondo, sin que hasta el presente nadie los haya encontrado. Cuando todavía estaba en servicio, algunas personas decían que oían las voces de la vieja pidiendo socorro.

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo Encantada y melancólica placeta del Aljibe de la Vieja

Tras la reforma de los aljibes albaicineros, como bienes históricos culturales efectuada entre el 2003 y 2004, esta pequeña placeta se convirtió en un remanso de tranquilidad y belleza, que es difícil de encontrar en ninguna otra parte del Albaycín,

Patio Almohade del Salvador, en el centro la cisterna

Caso singular el de esta cisterna, que según estudios recientes, el agua que recibía era de lluvia, recogida de los tejados del hermosísimo patio almohade, en donde está enclavado, mediante unas escaleritas se sacaba el agua para las abluciones rituales antes de la oración. En contra de lo que se suponía., que era creer que tuvo una gran profundidad, se ha comprobado, que no era así., ya que últimamente se han realizado sondeos científicos, que han certificado que nunca sobrepasó la profundidad actual 37

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Por la calle Aljibe de la Vieja, sigue otro ramal que se dirigía hacia la placeta del Abad, y un atanor bajaba hasta la entrada de la Cuesta del Chapiz, Placeta del Salvador, en donde se encuentra este aljibe que fue restaurada en 1940, y posteriormente en 2003, tiene una cabida aproximada de unos dieciocho metros cúbicos de agua. Su forma es un tanto extraña, ya que sobresale muy poco del rasante de la plaza y solamente la boca es la que tiene cierta altura.

Aljibe de la plaza del Salvador

A esta plaza cantó el universal poeta, D. Manuel Benítez Carrasco, nacido en dicha placeta. Entresaco unos versos dedicados a su madre, que dieron varias vueltas al mundo. Y que dicen así. / Placeta del Salvador/ Tres acacias en el aire/ y mi madre en el balcón/ Placeta de todo el mundo/Placeta del

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Salvador/ Tres acacias en el aire/ y mi madre en el balcón.

Aljibe del Salvador en el año 1985

Por delante de este aljibe había un cauchil de donde partía el agua para éste y de un atanor que bajaba a surtir de agua al aljibe del Peso de la Harina, en la cuesta del Chapiz, frente al camino del Monte, así como varios cármenes de la citada cuesta.

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Aspecto actual del Aljibe del Peso de la Harina

A la entrada de la Cuesta de San Agustín, situada frente a la entrada del Camino del Monte, (Así les gusta a los gitanos que se le llame) Este aljibe ha tenido instalado hasta hace muy poco, un poste con un caño de agua potable, situado junto a su doble arco, que durante muchos años ha saciado la sed de los peatones que subían la empinada cuesta del Chapiz. En los años 70, fechas de máximo apogeo de las zambras Sacromontanas, siempre solía haber algún integrante de las zambras, hombre o mujer, vestido

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con traje de faena, esperando que aparecieran los turistas, por la cuesta del Chapiz En la misma entrada del aljibe había un cauchil, del que salían varios atanores, uno para el internado de maestros Ave Mariano, y otro para suministrar agua al depósito de la Placeta de la Victoria, construido en 1902, para hacer llegar el agua mediante tubería de hierro colado, a los primeros edificios de la Gran Vía, principalmente al edificio del actual Cortefiel. Por este lado, ya termina el recorrido del agua derivada de la acequia de Aynadamar, puesto que las tuberías de hierro colado, me han parecido poco holgadas para penetrar por ellas.

.Derivaciones del ramal de la derecha de la

placeta de la Cruz de Piedra.
Cuando el agua toma el camino de la calle de San Gregorio Alto, el primer aljibe que encuentra a su paso, es el Aljibe de San Gregorio Alto, también llamado Aljibe del Paso, ya que su interior es una acequia, con un pequeño depósito, por donde transitaba la mayor parte del agua, que surtían al Albaycín. Al llegar este caudal a la calle Pagés, un gran cauchil o tomadero, repartía el agua en diferentes

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atanores, Siendo el más importante, el que había junto a la Casa de los Mascarones.

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Dos fotos del Aljibe de San Gregorio Alto o del Paso

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Foto del Aljibe del Paso, tomada desde arriba la calle

Como queda dicho anteriormente, este aljibe por ser de paso dejaba poco agua estancada, así que sin pasar la acequia podía guardar alrededor de unos 15 ó 16 metros cúbicos

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Desde el cauchil o tomadero de la esquina de la calle Pagés, Casa de los Mascarones, el caudal volvía a repartirse en varios atanores. A la derecha cruzaba por debajo de la Carretera del Fargue, mediante una mina y surtía al aljibe de San Cristóbal, situada a espaldas de la Iglesia del mismo nombre.

Aljibe de San Cristóbal

Este aljibe está situado a varios metros bajo el nivel de la calle, en un profundo pozo, al cual se accede bajando por una escalera de caracol, Debido a la poca diferencia de altura con el tomadero, su capacidad es pequeña, solamente unos 12 metros cúbicos. El lugar es un tanto tétrico, pues nunca goza de sol y en su pared ha nacido una higuera

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En la foto de los años 40 se ve lo poco agradable del lugar

Este aljibe, también cuenta con muchas leyendas, a las que eran muy dados a escuchar los vecinos, en las largas noches de calor, que se reunían en su entorno, hasta que la campana de la torre de la Vela daba el toque de la media noche. Según contaban los viejos del lugar, por la mina que llega el agua, se salvaron durante la guerra civil, muchos vecinos, que seguramente hubiesen muerto fusilados, al igual que otros muchos albaicineros,

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También de la Casa de los Mascarones, salen dos atanores, uno entra por la calle Carniceros, y va a parar al aljibe de San Bartolomé, situado bajo los mismos muros de la Iglesia, en la esquina de la placeta que lleva este nombre, para bajar hasta su boca, es necesario descender dos escalones. Bajo mi punto de vista, es el aljibe más escondido de todo el Albaycín, desde luego se adivina fácilmente que el asentamiento de esta Iglesia, fue el de alguna derruida Mezquita, por cuanto el aljibe quedó en el lugar como testigo. Junto con el anterior aljibe de San Cristóbal, puede que sean los dos más antiguos de todo el barrio, posiblemente de principios del siglo XII, fechas en que estaban llegando las primeras aguas por la Acequia de Aynadamar. La cabida de este aljibe está en derredor de los 30 metros cúbicos..

Aljibe de San Bartolomé
El lugar es tranquilo, por no ser placeta de paso, sino plaza de vivir, la vieja Cruz en medio de la placeta parece que fue hecha ayer mismo, a pesar de sus trescientos años de antigüedad. Desde un cauchil situado en la calle del Agua, salía un atanor que entrando por la calle Mataderillo llegaba a la calle Larga de San Cristóbal, para surtir al aljibe de la Xarea o Colorada, situada en la misma esquina del callejón del Matadero, este aljibe es de construcción árabe, se edificó en el siglo XIV, su capacidad de almacenaje se calculaba en unos 38 metros cúbicos.

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Iglesia y aljibe de San Bartolomé

Detalle del aljibe de San Bartolomé

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Aljibe de la Xarea o Colorada, foto de 1960

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Aljibe de la Xarea o Colorada 2005

Por delante de este aljibe pasa un atanor, que iba a surtir el aljibe de la Alhacaba De este aljibe solo he podido retratar la fachada y una ventana en el lugar que antes estaba la boca. Hoy es trastero en una vivienda particular y no se puede pasar.

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Fachada de la casa nº 110 de la cuesta Alhacaba. Aljibe

En la Placeta Almona, había otro cauchil del mismo atanor, que bajaba desde la calle del Agua, para regar varios cármenes situados a la derecha de la Cuesta de la Alhacaba, finalizando en el Aljibe de San Idelfonso.

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Aljibe de San Idelfonso o de la Merced

El mismo atanor surtía al antiguo Convento y después cuartel de Infantería de La Merced, que también tenía su aljibe privado. Por la calle Baja de San Idelfonso, era un verdadero espectáculo, el ver los domingos por la mañana a todas las mujeres de la calle, sacando agua del aljibe para lavar, antes que solo quedara la que más fango tenía, puesto que esta era la única madrugada en que entraba agua al citado aljibe

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Calle Pagés en 1975

En la calle Pagés, recogida en la foto anterior, y al fonda a la izquierda, se encuentra la Casa de los Mascarones, casa notable, en donde vivió el poeta granadino del siglo XVII, Pedro Soto de Rojas. Delante de la puerta, estaba el más importante tomadero de la acequia de Alfacar, era bastante profundo y de él partían varios atanores. Mediante los tapones correspondientes, se permitía que el agua subiera al más cercano a la superficie, de esta forma y mediante un sifón, el agua alcanzaba el nivel necesario, para entrar en el aljibe de San Nicolás, por el sistema de los vasos comunicantes, ya que el dicho atanor, se nivelaba con la entrada del citado aljibe de San Nicolás. La mencionada cañería, se derivaba por la calle del Agua, llegaba a Plaza Larga, luego se entraba por el Arco de las Pesas, a la Placeta de las Minas, callejón de San Cecilio, hasta la entrada al aljibe por la parte trasera del aljibe de San Nicolás. 53

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Este atanor no tenía más servicio que era el de surtir a este aljibe, ya que cualquier salida intermedia, que sufriera o alguna avería, haría saltar el agua a una altura considerable. Pero con un poco menos altura, otro sifón llevaba el agua hasta la Placeta de las Minas. De este cauchil se beneficiaban varios aljibes mediante los dos ramales que salían de él, como más adelante, trataremos de explicar.

Aljibe de San Nicolás en 1965

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Con el cierre de los aljibes, hacia mediados del siglo XX, concretamente en 1954, se instalaron varios pilares públicos con agua potable, para el consumo de los vecinos del Albaycín, situándolos en la boca de dichos aljibes, en unos casos, fueron antiguos pilares, como el de la presente foto, y en otros casos, fueron simples postes con un caño de hierro.

Vista por la parte trasera del aljibe de San Nicolás

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Este aljibe es de construcción cristiana, ya que fue excavado en el siglo XVI su capacidad es de más de 70 metros cúbicos, fue restaurado en los años 40, fecha en que se urbanizó la placeta.

Aljibe de San Nicolás, casi recientemente restaurado, 20

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Ocurrió en San Nicolás
Una noche de primavera noche de luna llena entre nubes y claros, junto con otros jóvenes amigos, recalamos en dicha placeta, y a uno de mis amigos, ya fallecido, le dio por asomar la cabeza por la oscura boca del aljibe, en aquel tiempo simple hueca, y con su potente voz de barítono, lanzó un grito enorme, que dentro del recinto se multiplicó, y se produjo una conjunción mágica. En ese momento, un gato enorme, que dormitaba encima del aljibe, saltó como un rayo al par que la luna aparecía tras una nube. Los tres adolescentes, llenos de un terror inexplicable, salimos corriendo por el callejón de San Cecilio y no paramos hasta llegar a la puerta de la confitería del “Pasteles”, en plena Plaza Larga. Para entender esto hay que situarse en el año 1946, cuando aún no se había descubierto el invento del turismo. La Plaza de San Nicolás, hoy admiración del mundo entero, no tenía apenas luz, tampoco nadie se ocupaba de acudir allí a extasiarse con sus panorámicas. Aquello era simplemente lugar de juego para los niños de la vecindad durante el día, pero de noche era raro encontrarse con nadie por aquellos contornos. Corría el mes de Abril de 1946, que muy al contrario del año anterior, fue muy lluvioso. Después de una tarde que había caído agua en cantidad los tres amigos mozalbetes y yo, en la edad del celo, pensamos subir al albaycín, en donde conocíamos a algunas mozuelillas amigas de bailes y cachondeo, y con aquellos zapatos de racionamiento, con más cartón en las suelas, que el de la caja donde venían metidos 57

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subimos por la Calderería, después por el Aljibetrillo, y por la cuesta de las Cabras, llegamos al lugar de nuestra anterior aventura. ¡Quién volviera a vivir de nuevo la aventura. ¡Mas volvamos a nuestros admirados aljibes. Otro de los atanores, que salían del cauchil de la Casa de los Mascarones, discurría por debajo de la Calle del Agua, al llegar a la Plaza Larga, giraba a la izquierda y tomaba por la calle Panaderos, allí surtía al aljibe de Polo, situada mediada la calle, sobre una minúscula placeta, cosa de un metro de altura, sobre la rasante de la calle.

Aljibe de Polo 1960

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Aljibe de Polo en 2005

El cauchil que servía el agua a este aljibe, estaba elevado sobre la calle Panaderos, y una vez lleno se tapaba el caño y se elevaba a otro superior, que entrando por el callejón de la Charca, bajaba por la calle del mismo nombre, pasando a espaldas de la Iglesia del Salvador y surtiendo al Aljibe de la Placeta del Abad, o de San Agustín. Este pequeño Aljibe, también contaba con un pilar en la puerta colocado en 1960, aún subsiste, y sin lugar a dudas, es uno de los más originales aljibes del Albaycín, pues la impresión que se saca a primera vista, es que es una pequeña caseta en medio de la plaza. Es uno de los aljibes más antiguos del barrio, ya que se cree, que pertenece a las construcciones civiles del siglo XIII, tiene una capacidad de almacenaje poco considerable, unos 20 metros cúbicos. 59

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Por ser paso obligado en la ruta turística, Salvador, San Nicolás, son una gran mayoría de visitantes que se retratan junto a él, al par que se refrescan bebiendo del fresco caño del pilar.

Aljibe de la placeta del Abad, de San Agustín, o Bibalbonud En la presente fotografía, el autor y su hija política, en un safari fotográfico efectuado el 5 de Enero de 2006, recorriendo el Albaycín, pero centrando nuestra atención en los aljibes. Lo mismo que puede hacer otro turista de cualquier parte.

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Aljibe de las Tomasas, bajo la cuesta de las Cabras

Por la parte traser4a del aljibe de la placeta del Abad, había un atanor, que al subir el nivel del agua dentro de dicho aljibe, derivaba el líquido elemento hacia el cercano aljibe de las Tomasas.

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Aljibe de las Tomasas en 2006

Este aljibe es uno de los más antiguos, por no decir el de más antigüedad del barrio, siendo también de los de mayor capacidad, con más de 180 metros cúbicos. No es aventurado decir, que su imagen está repartida por medio mundo, en las fotografías de los turistas 62

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Al pie de la cuesta de las Cabras, se encuentra la arqueta de donde sale otro atanor, que llena del líquido elemento el Aljibe de los Negros, conocido también por Aljibe circular y Aljibe de la cuesta de las Tomasas. Su asentamiento está debajo de la cuesta de las Tomasas, delante del número 16 de dicha cuesta, cerca de la entrada al carmen de Aben-Humeya. De todos los aljibes granadinos, es el único que es cilíndrico, con más apariencia de tinaja que de aljibe, apenas si destaca entre el empedrado de dicha cuesta, puesto que esta casi a ras del suelo. Su capacidad de almacenaje es muy pequeña, apenas 8 metros cúbicos.

Un redondel oscuro señala el lugar del Aljibe de los Negros

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Otra foto del Aljibe de la cuesta de las Tomasas

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Aljibe de los Negros antes de su reforma en 2003

Junto al círculo del aljibe, sale otro atanor, que va a rendir aguas al más famoso de los aljibes albaicineros, el Aljibetrillo. Modesto en su exterior disfruta de la inmensa panorámica del recinto exterior de la Alhambra.

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Hacia el Aljibe de Trillo

Aljibe de Trillo hacia 1930

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Aljibe de Trillo en 1895

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Aljibe de Trillo 2005

Este famoso aljibe del siglo XIV, es paso obligado para los visitantes que acuden a pie hasta San Nicolás, su almacenaje de agua era de unos 55 metros cúbicos, y desde allí, salía la azacayuela que servía el agua al Bañuelo de la Carrera del Darro. 68

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En páginas anteriores, hemos dejado el repartidor de la placeta de las Minas, el cual se dividía en dos atanores, el de la derecha bajaba por el callejón del aljibe de la Gitana, pero no se detenía en el citado aljibe, ya que posiblemente este hubiese desaparecido en el siglo XIX, y sus restos se encontrarán entre las ruinas de las murallas. En el lugar que se cree que debió estar, existe un centro de día para jubilados. En el mes de Marzo de 1007, unas obras que se están efectuando en el lugar, han dejado a la vista los cimientos de dicho aljibe Continuando por el callejón, se llega a la placeta del Cristo de las Azucenas, y allí se encuentra el más grande de los aljibes albaicineros, Aljibe del Rey. Debido a su gran capacidad de almacenaje, era el único aljibe, que en época de escasez, se les permitía a los aguadores que recorrían la ciudad, con carros y bestias el sacar agua gratis, de este enorme depósito para abastecer a sus clientes. Se calcula que la cabida sería de algo más de 300 metros cúbicos. En la actualidad, este aljibe ha sido habilitado como Centro de interpretación del agua en el Albaycín El atanor que servía el agua a este aljibe, discurría por la calle del Ladrón del Agua, entrando al convento de Santa Isabel la Real, a través del Arco de las Monjas, para seguir hasta el aljibe de San Miguel.

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Aljibe del Rey en 1998

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Exterior del Aljibe del Rey, remodelado en 2003

A través de este acueducto, conocido por Arco de las Monjas y situado en el callejón del Ladrón del Agua, pasaba el agua que luego se rendiría en el aljibe de San Miguel. Sin duda alguna es el más bello rincón del Albaycín, pero también el más tétrico..

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Interior del aljibe del Rey 2007

En la primavera de 2008, tuve la oportunidad de visitar en su interior , el enorme aljibe, bajando por una escalera casi vertical, con el riesgo de poder caer, ante lo posible de una caída, me hicieron firmar un impreso, en el cual por parte de EMASAGRA se eludía toda clase de responsabilidad, con lo que yo la asumía en su totalidad.

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Arco de las Monjas en 2008

Este bellísimo rincón albaycinero, tiene la particularidad de estar siempre solitario, y sus paredes son campo abonado, para el mal arte del graffiti, los altos muros del Palacio de Dala horra y alguna f otra finca particular, le hace parecer a algunos rincones de los viejos barrios toledanos. Nada hace presagiar, que tras pasar por la espalda de lo que fue la Casa de la Lona, nos demos de cara con el inmenso panorama de la ciudad a nuestros pies, desde encima del Carril de la Lona.

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El Arco de las Monjas o Ladrón del Agua en 1926

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Aljibe de San Miguel el Bajo

Este aljibe es uno de los más antiguos de este barrio, su construcción se remonta al siglo XIII, y su cabida era de unos 80 metros cúbicos, El arco de su boca es unos de los más interesantes, ya que tiene dos columnas de época romana. Desde la entrada al mismo sale otro atanor, que rinde el agua en el cercano aljibe de San José, después de pasar por el Aljibe de la calle Oidores situado en el interior de la placeta Oidores Nº 6, pero que no se ha podido ver, ni obtener ninguna foto, solo sabemos que le cabían unos 30 metros cúbico 75

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Exterior del aljibe de San Miguel en la actualidad 2005

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A la izquierda de la foto, el aljibe de la Placeta de San Miguel

Desde aquí pasamos ya al Aljibe de San José que se encuentra situada en el calle San José Alta, junto a la fachada de la Iglesia del mismo nombre.

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Aljibe de San José,

Junto a la Iglesia del mismo nombre y al lado de la torre, antiguo minarete árabe, se encuentra este aljibe, que si no muy grande, si es muy bello, tenía un almacenaje de unos 65 metros cúbicos

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Aljibe y antiguo minarete árabe, en la calle San José Alta.

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Aljibe de San José en los años 70

Volviendo de nuevo hacia la placeta de San Miguel el Bajo, otro cauchil recoge las aguas procedentes del tomadero del Arco de las Monjas y las deriva por el Carril de la Lona, para surtir el cercano aljibe del Zenete, situado debajo del paredón que llega desde carril de la Lona al Zenete, a media altura del talud, entre pitas y chumberas se encuentra situado este viejo aljibe , hace poco restaurado, pero que ya presenta un aspecto descuidado, y por lo visto recibe durante la noche, la incómoda visita de drogadictos. Debido a su situación en alto y sin nada que le impida la visión, desde él se puede contemplar una hermosa panorámica de Granada, teniendo a muy poca distancia la bellísima torre mudéjar de San Andrés.

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Aljibe del Zenete.

Recorriendo el lugar en donde está situado este pequeño aljibe, de unos 35 metros de capacidad de almacenaje, tenemos que rendirle un homenaje a tantas generaciones de mujeres, que poblaron aquella zona, y que tendrían que bajar con cántaros y cubos por la difícil cuesta, sobre la que se eleva. Uno no llega a comprender el por qué no se haría al nivel de la dicha calle del Zenete, ofreciendo de esta forma, mucha más facilidad para el abastecimiento diario, y para todos los usos domésticos.

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Aljibe del Zenete en los años 80

Hermosa panorámica de Granada, desde el aljibe del Zenete

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Exterior del carmen en donde se encuentra el Aljibe del Gato

Alfeizar del Aljibe del Gato

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Este aljibe conocido por Aljibe del Gato y también por Aljibe de la cuesta de María la Miel, por estar situado a la entrada de la citada calle, recibía el agua desde la placeta de San Miguel, bajando por la calle del Pilar Seco. Desde hace muchos años, los propietarios del carmen Nuestra Señora de las Angustias, en donde está enclavado, se adueñaron de él y entro a formar parte de la vivienda, como una estancia más. Podía almacenar unos 25 metros cúbicos Desde la misma puerta del carmen, salía otra cañería, para llenar el aljibe de la Cruz Verde, situado en la placeta de la que toma el nombre.

Casa en donde está situado el aljibe

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Casa nº 6 de la placeta de la Cruz Verde

Este aljibe de la placeta de la Cruz Verde, tiene la particularidad de que, durante muchos años ha servido de taberna, ya que se rellenó el suelo con cascajo, y lo que antes fuera boca se convirtió en puerta, para la dicha taberna. Yo tengo que decir, que en más de una ocasión entre allí con algún amigo, a tomar una copa con un sabroso plato de tomate aliñado, que esta era la especialidad de la casa. Cuando en los años 60-70, el Albaycín empezó a quedarse vacío, por la mudanza de muchísimos vecinos , hacia los barrios de la Chana y del Zaidín, buscando las comodidades que en el barrio no tenían, este negocio cerró y se vendió el carmen, tomando el aljibe como una pieza más del inmueble. Bien por negligencia del Ayuntamiento o bien por alguna otra 85

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causa, el aljibe no ha vuelto a ser propiedad del Ayuntamiento como bien de interés local, cuyo único propietario es la ciudad de Granada. Con este aljibe, quedan descritos todos los del Albaycín teniendo en cuenta, que en estas páginas solo se han tenido en cuenta los aljibes y sus conducciones de agua. No así los diferentes ramales, que se utilizaban para regar los deliciosos huertos albaicineros, y las muchas tinajas particulares, situadas en todas las calles del bajo Albaycín.

Tomadero de Tallacarnes
Como a un ciento de metros de Tallacarnes, se tomaba el agua del principal de San Juan de Dios. Este caudal bajaba por el callejón de Lebrija y casi a la llegada de la actual carretera del Fargue, dividía sus aguas en dos atanores, uno que bordeaba la carretera y daba agua a las tinajas de las calles, situadas en la acera izquierda de la calle Real de Cartuja, incluyendo el camino de San Antonio y entrada al Barrichuelo. El otro pasaba por delante de la antigua ermita del Cristo de la Yedra, para entrar en el estanque de decantación y repartidor de la esquina de la calle del Agua, con la calle Real, que abastecía todas las tinajas de dicha calle, el agua bajaba por razón de su inclinación de forma natural, sin sifones ni complicaciones en los cauchiles, todo lo más que podía ocurrir, es que alguien destapara el caño, cuando no le correspondía, pero para eso estaba Miguelico el cañero, siempre con su brazo derecho arremangado, y reclinado junto a los cauchiles, para comprobar si el agua iba a donde debiera llegar. 86

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El reparto de este agua abarcaba desde La Ermita del Cristo de la Yedra, en el cruce de la calle Real, con la carretera del Fargue, hasta el mismo Hospital de San Juan de Dios, llenando tinajas y aljibes particulares por Acera del Triunfo, calle de San Juan de Dios, calle Ventanilla, en la huerta que hoy es Instituto Ganivet, calle lavadero de la Cruz, frailes de San Rafael, calle Arriola, Monasterio de San Jerónimo(Cuartel da Caballería) y San Juan de Dios.

Calle Real de Cartuja, al fondo la Ermita del Cristo de la Yedra.

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Mediante otra cañería se surtían los Capuchinos, y las tinajas no incluidas en el principal de San Juan de Dios, de este reparto de aguas también participaban .las calles Hornillo de Cartuja, Parra de Cartuja, Agua de Cartuja, placeta de la Cruz, y calle Nueva, que recibían el agua desde los cauchiles dispuesto a la entrada de cada calle. En la calle Real. Al atardecer, la madre de Miguelico se dedicaba a ir por las casas a cobrar 0,75 céntimos mensuales por el servicio.

Antiguo Convento de Capuchinos en el Triunfo

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Antigua plaza de toros del Triunfo (Hoy jardines)

La plaza de toros 1911 y el anterior emplazamiento de la Virgen

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Hospital Real en 1885

Hospital Real en 1925

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Hospital Real 2006

El Hospital Real tenía su propio tomadero directo desde Tallacarnes, pasando por la finca de Cartuja y bajando por el Barranco de San Isidro (Hoy Cristo de la Yedra). Este caudal era aprovechado en exclusiva por dicha institución, en donde se alojaba la Maternidad, La Inclusa, Asilo de Ancianos, Asilo de niños y el Manicomio

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Acera del Triunfo (Hoy Hacienda)

En este lugar comenzaba el reparto de agua del tomadero de Tallacarnes, para las antes citadas calles adyacentes de la calle de San Juan de Dios, que remataban en el Monasterio de San Jerónimo.

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Hospital de San Juan de Dios, foto de 1907

Hasta aquí llegaba el agua del tomadero Principal de San Juan de Dios, este hospital tenía dos tinajas para el gasto diario. Aparte tenía un aljibe, para emergencias, en donde entraba el agua directamente desde una cañería que bajaba desde el cerro de San Cristóbal, que tenía allí su nacimiento y se llamaba Mina del Monzón, del cual también se abastecía el Pilarillo de Ansoti. 93

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Pilarillo de Ansoti o de San Juan de Dios

Se conoce este pilar, como “Pilarillo de Ansoti” por que dicha Casa de los Ansoti, Hoy Colegio Notarial, tenía propiedad del agua de la Mina del Monzón, la cual fluía constantemente, y mediado el siglo XIX, cedió el caudal necesario para el pilar público, ese es el motivo, por el cual nunca faltaba el agua en el citado pilarillo, siendo sustituida por agua de la red potable, en los años 70

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Fuente en el patio principal del Hospital de San Juan de Dios, se surtía directamente del tomadero de Tallacarnes

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Aguas procedentes del río Genil

Plano del río Genil y sus dos acequias, año 1880

En 1880, el ingeniero Santiago Baglietto, levantó este plano, por encargo del Ayuntamiento de Granada, para aportar ideas, sobre la distribución del agua potable en Granada. En el se contemplan las dos acequias principales que se derivan del río Genil, antes de su paso por la ciudad. La primera en derivarse es la del Cadí o Candil, pues de las dos formas es llamada. Esta tenía su presa poco más abajo del río Aguas Blancas, pasando por Cenes de la Vega, faldeando el Cerro del Sol, seguía por encima del Barranco del Abogado y terminaba a la altura de la Iglesia de San Cecilio, facilitando el agua a lo que hoy son los Hotelitos de Belén, antiguo penal, aparte al 96

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pilar, de la cuesta de San Cecilio, esquina a calle Plegadera Bajo, Hospital Militar, y fuente del Campo del Príncipe, en donde el agua sobrante iba a los darros. En la actualidad, dicha acequia ya no está en servicio, pues en muchos lugares, se ha edificado encima de la misma.

Presa de la Acequia del Candil, 2007

Aunque las instalaciones de la presa de esta acequia están en perfecto estado de conservación, el cauce de la misma ha sido abandonado por completo, y concretamente en Cenes de la Vega, se ha construido encima de dicho cauce.

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Instalaciones de la acequia del Candil en los nuevos accesos de la Alhambra fuera de servicio, 2006

Cuando este pueblo era agrícola, y no ciudad dormitorio de Granada, las pequeñas huertas de él, se regaban con este agua, ya que dichas huertas estaban por encima del cauce del río Genil. Lo mismo sucedía con las huertas de las Vistillas, del Cordero, Penal de Belén, Ave María de las Vistillas, Antequeruela Baja y Hospital Militar, y allí pasaba a los colectores de darros. Desde su entrada en Granada, este cauce seguía en paralelo al de la Acequia Gorda, solamente separado por algunos cientos de metros por encima, aproximándose más hacia el Cementerio. Pero quedaba más abajo del Camino Nuevo del Cementerio, y no le podía dar agua al pilar que hay en este lugar, encima del Barranco del Abogado, que era procedente del Carmen de los Mártires. 98

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Pilar a la entrada del Plegadera Bajo, desde 1891, acequia Candil

Antiguo Hospital Militar, aquí finalizaba la acequia del Candil

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Fachada del antiguo convento de los frailes mercedarios, y luego penal de Belén, hoy colegio de EGB José Hurtado, y parte de los hotelitos del mismo nombre. Estas instalaciones se servían del agua de la acequia del Candil

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Fuente del Campo del Príncipe, en el mismo lugar que ocupó la anterior, esta recibía el último caudal del agua de la acequia del Candil

La acequia Gorda
Acequia Gorda del Genil, así se llamaba y ha sido llamada desde el siglo XI en que fue construida, sin duda alguna ha sido la más importante de la provincia de Granada, ya que mediante sus derivaciones, llega hasta las inmediaciones de Atarfe, aparte de servir de fuerza motriz a más de cien instalaciones, como molinos, batanes de escardar lana y hasta para generar electricidad.

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Presa Real de la Acequia Gorda del Genil, 2006

Salida de la acequia en la Presa Real

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Primeros pasos de la acequia Gorda, junto a su presa

A unos ciento cincuenta metros de la margen izquierda del Genil y como a un kilómetro aguas abajo de la Presa Real, está la famosa fuente de la Bicha, o como es citada por Gómez Moreno, fuente de la Culebra

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El tomadero o presa de la acequia Gorda, es conocido por Presa Real, estando situado en la margen derecha del río, a la altura de Cenes de la Vega. Existe otra pequeña acequia de no más de kilómetro y medio, que se abastece del Genil, teniendo el tomadero en una pequeña presa formada con piedras y ramas, casi a la entrada de la senda que lleva a la fuente de la Bicha. Esta discurre al pie del cerro llamado de D. Luis, y tras regar las pocas huertas que quedan en la citada margen izquierda, pasa a los pies del Serrallo y da fin a su recorrido en el callejón del Pretorio, teniendo la salida del sobrante, en el mismo río, delante de dicho callejón. Pero esto sucede pocas veces, ya que desde la construcción del pantano de Canales, el poco caudal que deja pasar, es recogido por la acequia Gorda. A unos cientos de metros de la presa, la acequia cruza la carretera de la Sierra, por una conducción subterránea, y vuelve a aflorar, junto a la entrada de los nuevos accesos a la Alhambra, llegando descubierta hasta las cercanías de la cuesta de los Molinos, tras ir paralela al Paseo de las Palmas, y dando acceso a los cármenes situados a la derecha mediante pequeños puentes. Cuando estoy haciendo este modesto trabajo, el Ayuntamiento de Granada ha tomado el acuerdo de entubar ese tramo de acequia, con lo cual va a desaparecer por completo, lo que aún podía verse de este cauce en su tramo urbano. En este lugar se encuentra el llamado reparto de los “Quintos”, ya que allí se divide la acequia en cinco ramales, que forman dos acequias principales y varias azacayuelas, para servir el agua a los distintitos barrios de la capital. 104

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En el primer tomadero situado casi encima de lo que fue cuartel de la guardia civil, se deriva un quinto del caudal total, y baja junto al Colegio de Sordomudos, para cruzar la carretera de la Sierra, debidamente entubada, después cruza a la margen izquierda del río Genil, mediante un sifón, yendo a parar a la construcción de ladrillo visto que hay a la entrada del conocido Paseo de Colesterol. El nombre de esta acequia es Arabuleila, este cauce es el que riega la Vega de Armilla, antes también regaba, lo que hoy es el Zaidín, conocido por Pago del Zaidín y que tocaba el riego los martes, por lo cual también era conocido por ”Pago de los Martes”. Cuando el barrio del Zaidín estaba en construcción, era frecuente que la acequia se atascase, en los días de riego, entonces se inundaban muchas calles recién construidas y con las calles sin urbanizar. El cauce principal de esta acequia corre bajo la Avenida de Cádiz, habiendo conservado la calle, todo lo sinuoso del recorrido de dicha acequia A la altura del callejón del Pretorio, esta acequia se divide, y se forma la Acequia de Tarramonta, que yendo casi junto a la carretera de Armilla riega tierras de Armilla, Churriana, Gabia, y algunos pagos de Santa Fe. Por supuesto en todo el tramo urbano actual, ha sido entubada, por lo que es muy difícil el seguir su actual trayecto. Hasta los años 70, yo la he conocido a su paso por la confluencia de la carretera de Armilla con la Redonda, lateral de la derecha.

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Acequia Gorda en el trayecto del Paseo de las Palmas año 2006

La Acequia Gorda en su trayecto del Paseo de las Palmas.2006

Con el anuncio de que va a ser cubierta, estas fotografías, que en su momento serán, añejas fotos de las últimas reliquias de la Acequia Gorda a su paso por la ciudad, con más aspecto de darro sucio, que de limpia acequia.

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Desde el anterior citado tomadero de los Quintos, salía el ramal principal, también llamado Acequia Gorda, esta acequia tomaba dos quintos y medio, bajando por la Cuesta de los Molinos, en donde desde un principio comenzaba a prestar fuerza motriz a más de cincuenta ingenios hidráulicos, repartidos desde lo alto de la cuesta, hasta llegar a la Torrecilla en el camino de Purchi En la citada cuesta daba comienzo el empleo de esta fuerza motriz, con la fábrica de harinas, que existió en el lugar que desde 1915 estuvo la Comandancia de la Guardia Civil, hasta los años 80. Esta fábrica, fue del político y catedrático Ramón Maurell, muy implicado en el movimiento cantonalista de la primera República española de 1873. El siguiente ingenio, era el molino harinero de los Rivas o del Marqués. A este le sucedía el Molino de Ángel Ganivet, cuesta bajo llegaba a la actual plaza del Duque de San Pedro y allí movía la fábrica de harinas y después fábrica de azúcar San José, que ocupaba hasta el año 1928 todo el solar que luego fue Cruz de los Caidos y finalmente la plaza actual. Después la acequia enfilaba por la única acera construida de la Bomba y del Salón, anteriormente Huerta de la Estefanía, para allí darle su fuerza al Molino de Alvarillo, Molino del Ratón, recientemente desaparecido y a la central eléctrica de la familia Wilheimi, central que suministró electricidad para los primeros tranvías de Granada. Por la plaza del Humilladero, el agua cruza la Carrera y mediante un sifón cruza el cauce del río Darro, para entrar por el callejón de la Acequia Gorda, en la acera derecha de la Acera del Darro. Este callejón 107

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fue simplemente el cauce al descubierto de la acequia, hasta los años setenta, flanqueado por los edificios colindantes, a los cuales servía la acequia de basurero... Reaparece la acequia en la bifurcación de la calle San Antón, con la calle Agustina de Aragón. Allí pasa bajo el edificio de la fábrica de Harinas El Capitán, hoy convertida en Colegio Público Tierno Galván., antes de entrar bajo el edificio de la fábrica, mediante una compuerta situada en el lado de la derecha, se tomaba en determinada horas un quinto del caudal, para formar la Acequia del Jaque del Marqués. Para mover la maquinaria de la citada fábrica, la acequia tenía una caída de unos cuatro metros, marcando el trazado actual de la calle Agustina de Aragón, por un estrecho callejón, en medio de huertas de labor, al final cruzaba la Redonda, entubado, para salir a las huertas de la Vega junto a la Cruz de los Carniceros, hoy nudo de Neptuno, en donde sigue cubierta hasta reaparecer por debajo de dicho nudo, en lo que era la Cruz de los Carniceros. En este lugar vuelve a dar agua a la Acequia del Jaque, ya que el tramo desde la fábrica del Capitán lugar de su compuerta, hasta pasar por debajo de la Circunvalación ha desaparecido. Desde ese lugar la acequia vuelve a ser acequia y penetra por el callejón del Viernes, donde múltiples compuertas, hacen que el agua se distribuya y se desparrame por la Vega, después de pasar por el último ingenio hidráulico en la carretera de Purchil, la fábrica de harinas de la Torrecilla, hoy en estado de ruina, según se aprecia por la fotografía que ilustra el texto. Ya en plena vega llega a varias fincas del municipio de Atarfe. 108

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En cuanto a la acequia del Jaque, cruzaba la Redonda por el callejón del Jaque, junto al desaparecido ventorrillo de la Higuerilla, para regar diferentes huertas, entre ellas la Huerta de San Vicente, después volvía a cruzar por donde está la Redonda se ceñía a las huertas de por debajo de la actual calle Pedro Antonio de Alarcón y dando una curva, al llegar a la entrada de la calle Puente del Cristiano, cruzaba la Redonda y se perdía por la vega, por detrás de Hipercor, para regar diferentes pagos por el callejón de las Vacas rindiendo el caudal sobrante al río Béiro, antes de que este se junte con el Genil. En la siguiente foto de finales del siglo XIX, del fotógrafo José Ayola, podemos contemplar el río Darro, casi junto al puente del Genil. Al fondo se ve el antiguo puente de la Virgen, situado en el lado izquierdo de la Basílica, y un poquito más abajo, el sifón por donde pasaba y aún sigue pasando la acequia Gorda del Genil, ya en la orilla derecha la acequia entra directamente por el callejón de la Acequia Gorda, antes solo paso del agua y hoy calle, con circulación automovilista, desembocando en calle de San Antón.

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Puentes de la Virgen y Genil y con (X) sifón de la Acequia Gorda

Este sifón se construyó hacia 1896, y su objeto era terminar con la pequeña presa de palos y tierra, que se situaba en medio del río, para desde allí recoger el agua de la acequia Gorda, que llegaba hasta el lugar marcando la línea de casas del Paseo del Salón, cruzando el Humilladero bajo tierra. El problema llegaba, cuando había alguna avenida por el río Darro, entonces desaparecía la presa y había que volver a construirla.

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La acequia Gorda pasando bajo la antigua fábrica del Capitán.

Este edificio esta situado al final de la calle de San Antón, y en la actualidad, es Colegio de EGB. Por motivo de afluencia de niños y niñas, y suponer un peligro, a primeros de 2007, se cubrió el tramo situado justo en la calle San Antón. Debajo del tramo cubierto se encontraba la compuerta para tomar el agua de la acequia del Jaque, puesta fuera de servicio con la construcción de la Circunvalación.

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Vista general del edificio de la fábrica de harinas “El Capitán”

Hoy , este viejo edificio que está catalogado, se ha aprovechado para instalar el Colegio de EGB, Profesor “Tierno Galván”.Con esta vista la acequia ya dice adiós a la ciudad y no la volvemos a encontrar, hasta la calle de la Virgen Blanca, pasada la Circunvalación, lugar en que se ha situado el tomadero de la acequia del Jaque.

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Instalaciones de la acequia Gorda al final de calle San Antón

Último tramo urbano de la acequia Gorda en 1998

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La acequia Gorda en plena vega

Callejón de la Torrecilla en la Vega junto a calle Virgen Blanca

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Dos aspectos de la “Torrecilla “, último ingenio de la acequia Gorda

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La Torrecilla, este edificio en ruinas está situado en el Camino de Purchil, cosa de un kilómetro de la Huerta del Rasillo (Cuartel de la Policía Local) Hasta los años cuarenta fue molino harinero movido por el pequeño salto de la acequia Gorda, después se transformó en fábrica de harina, ya con motores eléctricos y funcionó hasta los primeros años setenta. Después fue abandonado, y en los años noventa fue nido de okupas y marginados, en la actualidad tiene tapiados los huecos y los tejados hundidos. De los cien ingenios industriales que movía el caudal de la acequia hacia 1800, esta era el que ocupaba el último lugar, antes de ser dedicado exclusivamente a riegos. Por otra parte, la acequia del Jaque, una vez que se le instaló el nuevo tomadero, por debajo de la Circunvalación, tiene determinados días y horas, para que con un quinto del caudal, riegue las fincas paralelas a dicha carretera, y finalmente rinde el sobrante del agua en el río Béiro, poco antes de su confluencia con el Genil. Aunque es verdad, que poco riega, ya que en su gran mayoría, las fincas se han convertido en solares construidos, casos de Hipercor, Colegio Ramón y Cajal y otros.

Acequia de la Ciudad
De nuevo en el Paseo de las Palmas, en los “Quintos” sale el otro ramal restante destinado a abastecimiento de la ciudad, con un quinto y medio de todo el caudal. Este ramal que ya ha dejado de prestar servicio, penetraba por la calle Santiago, y a la entrada de la calle del Señor, se dividía en distintos 116

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ramales, uno de ellos recorría la calle Solares, en donde era aprovechada para diferentes usos industriales, fábrica de hilar lana, fábrica de sombreros, tintes etc.etc.En el cruce de la cuesta del Pescado con la cuesta de Aixa, salía un atanor para abastecer los edificios que quedan entre dicha cuesta y el Salón, y sobre todo, este era el que suministraba agua, a la fábrica de tejidos bastos de D. Francisco Garrido y a los míticos baños de Don Simeón, que ya en 1870 estaban prestando servicio, con el pomposo título que figuraba sobre la verja de entrada por el Paseo del Salón y que decía. Baños de Don Simeón Duchas e Hidroterapia

Trampolín de los Baños de Don Simeón

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Llegados a este punto, no hay más remedio que hacer un alto en el recorrido de las aguas y hacer una pequeña narración sobre estos populares baños, en donde aprendimos muchas generaciones de granadinos, a mantenernos sobre el agua. Los baños tenían entrada por el Salón y por la placeta del Lavadero. La puerta estaba situada a la mitad del trayecto del callejón particular, que comunicaba la placeta del Lavadero, con el Salón. El recinto era rectangular, con el cabezal de la izquierda que hacía y ángulo resto, y en el otro extremo era angulado, estando en ese lado los pocos cuartos de alquiler y un retrete que vertía todos los desechos humanos, directamente a la acequia Gorda, que pasaba a pocos metros de distancia. Arrimados a las paredes longitudinales corrían unos poyos de hormigón, en los cuales nos sentábamos, en las horas de la mañana, y en la pared de enfrente cuando el sol ya había pasado el cenit del medio día. Allí hacíamos un pequeño lío. Con la poca ropa que llevábamos y había que estar, lo que se llama nadando y guardando la ropa. La alberca propiamente dicha, tenía unas dimensiones aproximadas de unos 25 X 10 metros, la profundidad debajo del trampolín era de 180 centímetros y en el lado opuesto 110, sujeto por poste de hierro, estaba la ducha, que solamente funcionaba, cuando tocaba el surtido de agua por aquella zona, esto era sin ningún tipo de filtro, ni nada que pudiera parecerlo. Medianería con la alberca, en la pared frontal a la entrada, se levantaba la fábrica de tejidos bastos de D. Francisco Garrido, cuyas ventanas daban directamente a la “piscina”, quedando por encima del 118

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nivel de esta unos seis metros, ya que la fábrica estaba construida, aprovechando el desnivel que hay entre la cuesta de Aixa y el Salón. La entrada del agua de la acequia en estado “puro” se producía con la caída libre de un tubo como de diez centímetros de circunferencia, y des una altura de más de diez metros, esto solamente duraba durante los domingos de madrugada, hasta las primeras horas de la mañana. Durante las citadas mañanas era cuando el agua estaba medianamente clara. Yo puedo jurar que jamás vi el fondo desde la superficie, Solamente lo veía cuando bajaba buceando y era un suelo susísimo, construido de hormigón, pero que jamás había sido fregado. En mis primeros años de “nadador” me costaba bañarme 0,50 céntimos, aparte el alquiler del bañador 0,15 céntimos. Estos bañadores, eran unos simples “taparrabos” al estilo de Tarzán, confeccionados con las orillas de las telas que se fabricaban en la vecina fábrica de telas bastas, y que parece ser que, cuando se comienza a fabricar una pieza de tela, hay que sujetar estas a una especie de orilla, que se le quita al terminarse la pieza. Ni que decir hay, que aquel bañador te hacía llagas, como lo tuvieras puesto mucho rato. Pero todavía había más, esto es las medidas higiénicas, con que contaban los populares y antiguos baños, que una vez que lo devolvías el “taparrabos” en el mostrador de chapa de la entrada, este era introducido en un viejo bidón de los del alquitrán, lleno de agua, sin ninguna clase de desinfectante, y para volverlo a alquilar, el portero no tenía más que meter la mano y sacarlo del agua nuevamente, sin tener en cuenta la cantidad de 119

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parásitos que había en aquella época, así que no era de extrañar que al día siguiente sintieras unos picores sospechosos por toda la zona púbica. En la instalación deportiva, solo había dos raquíticos árboles, y tras pasar el portal había situada una mampara con celosía de color verde, que pretendía ocultar el interior, al par de evitar que nadie se colara sin pagar. En la pared frontera, un letrero en el que se advertía, Por razones de higiene. Prohibido el baño sin antes ducharse.

La alberquilla del Señor hacia 1940

También desde finales del siglo XIX, los niños más pequeños tenían su refrescón en la “Alberquilla del Señor”.Como puede apreciarse en la foto que acompaña, esta era de muy reducidas dimensiones, concretamente pertenecía a la huerta de la familia Seco de Lucena, situada en el callejón del Señor, y que llegaba desde la calle de Santiago, hasta la calle Paco 120

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Seco de Lucena, a lo largo del citado callejón. Allí por la módica cantidad de un real (0,25 céntimos), daba derecho a poder hacer la colada, por parte de las mujeres, en un pequeño lavadero cubierto en el lateral de la derecha, al mismo tiempo que vigilaban a sus niños, mientras estos se refrescaban en la pequeña alberca, que no llegaba al metro de profundidad. Esta agua tomada del tomadero de la calle de Santiago, después tenía como destino regar las diferentes pequeñas huertas de los contornos, como el Huerto de las monjas de Santiago, del cual se surtían dichas monjas de las verduras para la comunidad, y la huerta contigua a los jardines del Cuarto Real de Santo Domingo, en donde hasta los años 80 del pasado siglo se cultivaban una gran cantidad de flores, muy especialmente, con destino al cementerio para el día de los Santos. El agua procedente del repartidor de la calle Santiago, era el que llenaba las tinajas de todos los barrios situados bajo su nivel, desde la Cuesta del Pescado hasta la Manigua, incluida la Acera del Casino y Teatro Cervantes, así como la fuente del Campillo, no así las de los Gigantones, la de la Bomba, la de los Leones, la de las Ninfas, ni la de las Batallas, estas situada hasta 1940, en la división de los jardines de la bomba y del Salón, que recibían directamente el agua, de una cañería que había por encima del cuartel de las Palmas,.exclusiva para dotarlas de agua de forma continua, y con fuerza, para que pudiera salir por los altos saltadores, muy en particular de la de los Gigantones, situada en lo que hoy es Plaza del Duque de San Pedro de Galatino, 121

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desde la primavera de 1892, hasta 1940. También alcanzaba una gran altura el saltador de la de la Bomba, descrita en el Diccionario de Madoz, donde la describe como una especie de globo con menudos surtidores, entre los que sobresale un tubo que eleva el agua a una altura mayor que la de los árboles más corpulentos.

Fuente de los Gigantones al final de la Bomba (Hoy en Bibrrambla)

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Fuente de los leones, final del Salón, (Hoy en la isleta)

Fuente de la Bomba, en el mismo lugar que hoy ocupa

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Fuente de la Ninfa 2006

Fuente de las Batallas, delante de las Titas, (Desde 1941 Puerta Real)

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Fuente del Campillo, lugar actual desde 1854, se surtía del partidor de la calle de Santiago

Un lugar para tres fuentes

Fuente de los Gigantones a la entrada del Salón 1892

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Fuente en mármol ubicada en el lugar de la anterior 1993 a 2001

Fuente de las Granadas en el lugar de las dos anteriores desde 2005

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Fuente de las Batallas Puerta Real desde 1941

Fuente las Batallas en 2008

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Fuente de Bibataubín desde 1936

Fuente de los Leones, en la isleta desde 1946

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La fuente de los Gigantones, instalada en Plaza de Bibrrambla desde 1940, costó a la ciudad 22,000 reales de Vellón, ya que en 1819, con la vuelta del Fernando VII, este ordenó la devolución de los bienes incautados cuando la dominación francesa. Entonces el Convento de San Agustín, se avino con la citada cantidad, para dejar la fuente en el Paseo del Salón, donde habían sido instaladas por los franceses. En cuanto a la fuente de Bibataubín, fue regalo del convento del Ángel Custodio, cuando estaba en Gran Vía

Fuente de los Gigantones en plaza Bibrrambla 129

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Acequias del Río Darro

Cauce del río Darro desde el nacimiento

Mi esposa en el nacimiento de Huétor Santillán en 1961

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Cuando se habla de esa joya, considerada por todo el mundo , como uno de los tesoros de la humanidad, me estoy refiriendo naturalmente a la Alhambra, casi siempre se olvida el nombre de la nodriza, que cuida de ella con verdadero amor materno, a fin de que siempre se encuentre engalanada con su manto de verde esmeraldino y que por sus venas, siempre corra un caudal de perlas líquidas, que embrujadas se transformen en la más grata sinfonía, que el ser humano es capaz de escuchar. Nos estamos refiriendo al portento musical del agua, corriendo por canalillos y fuentes, que transcurren perezosos por entre las alamedas y resbalan por las tazas de sus fuentes. Todo este prodigio se produce por la aportación desinteresada del modesto río Darro, y a las acequias que de el se derivan. Yo tengo que disentir un poco, sobre donde verdaderamente nace el río Darro. En mis años mozos, recorrí bastantes veces los parajes en donde se sitúa, y tengo que decir a mi modesto entender, que el verdadero nacimiento, no es el que figura en las fotografías oficiales. Como a razón de dos kilómetros aguas arriba, está el paraje de las “Veguillas”, vivero forestal que recibe un pequeño caudal de agua, derivada de la Fuente de la Teja. Después de cumplir sus obligaciones de regar el citado vivero, se forma un pequeño arroyo, que baja en dirección a Huétor, pero un poco más abajo nos encontramos con que el lecho del barranco por donde discurre, se convierte en un blanco y seco arenal, en donde el agua es absorbida y se pierde todo vestigio de humedad. Siguiendo por el barranco abajo, de 131

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pronto sale el manantial, en medio de una verde pradera y con algunas mimbres retorcidas. A mi entender este es el mismo arroyo perdido bajo las arenas y que vuelve a fluir tras su paso subterráneo, y entonces es cuando ya se conoce como el Nacimiento de Huétor. Aquí dejo esta cuestión para que sean los especialistas en la materia, los que tengan la última palabra sobre el tema, yo solamente quería reflejar mi modesto parecer, sobre esa sierra a la que tanto admiro y que se llama la Sierra de Huétor.

Al fondo ruinas de Jesús del Valle

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Interior de la Hacienda Jesús del Valle , antiguo convento

Aguas abajo y pasado el pueblo de Huétor Santillán, el río ensancha sus orillas en el paraje conocido por Jesús del Valle, ya que este lugar estuvo el convento del mismo nombre, hoy destruido y en espera de que se reparen los elementos dañados, ya que es Bien de Interés Cultural, y está protegido por la Junta de Andalucía, muy en contra de los intereses del actual dueño, que pretendía convertir el lugar en una urbanización moderna, arruinando el paraje. Tomando siempre el mismo recorrido del agua, y como a unos ochocientos metros antes de llegar al antiguo convento, encontramos, lo que es nuestro objetivo primordial, esto es la presa de la Acequia Real de la Alhambra. Esta presa construida posiblemente, cuando la construcción de los palacios nazaritas, fue reconstruida hacia 1961, allí comienza la Acequia Real de la Alhambra, título que puede ostentar por derecho propio,

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Presa de la Acequia Real de la Alhambra

Acueducto del molino del Arquillo

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Al fondo Jesús del Valle, junto a la acequia Real

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Vista del hermoso edificio del ex convento Jesús del Valle

Antigua conducción de agua frente a Jesús del Valle

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El agua de la acequia Real llega al Patio de los Leones

Patio de los Arrayanes en 1933

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Romántica fuente de Lindaraja, alimentada por la Acequia Real

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Aljibe del Patio de la Alhambra el agua más fresca de Graná

Alhambra, Patio de los Aljibes 2007. Al centro el aljibe

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1928, García Lorca y Manuel Ángeles Ortiz en el aljibe del patio de la Alhambra

Este aljibe es de la época cristiana, y fue mandado a construir por el Conde de Tendilla, tras la entrega de la ciudad, para almacenar agua y tener un gran espacio para los ejercicios militares. Actualmente se conserva una pequeña cantidad de agua, a fin de que se mantenga, la humedad necesaria para proteger la instalación.

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Pilar de Carlos V. en la Alhambra

Pilar del Artillero en la Alhambra

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Canalillo del agua de la Acequia de la Alhambra

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Monumento a Ganivet con agua de la acequia de la Alhambra

Acequia del Generalife

1915,Generalife nevado, la acequia muda y sin saltadores.

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Acueducto por donde entra el agua de la acequia del Generalife en los Mártires

Lago en el Carmen de los Mártires, acequia del Generalife

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Fuente en el Carmen de los Mártires

Pilar en el carmen de los Mártires

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Entrada al carmen de los Mártires

Carmen de Peñapartida en la Alhambra

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Repartidor de la acequia del Generalife frente a Torres Bermejas

Por esta finca de Peña Partida, penetra el agua de la acequia del Generalife, llenando sus estanques y saliendo por los cauchiles, que están situados bajo sus muros en la placeta de las Torres Bermejas. Antes de entrar sale un ramal hacia la izquierda, que bajando por la cuesta de la Antequeruela Alta, surtía al pilar situado frente al Hotel Alhambra Palace, derivando después hacia el carril de San Cecilio, para surtir al pilar de la puerta de la Iglesia de dicho nombre, así como a los distintos cármenes de las calles Plegadero Alto y Plegadero Bajo.

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Pilar de la Constitución en Cuesta Infantes desde 1855, agua de la acequia del Generalife, desde el repartidor de Torres Bermejas.

Pilar de la Antequeruela Alta, frente hotel Palace

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Antiguo pilar de San Cecilio, agua de acequia del Generalife

Pilar del Barranco del Abogado, desde 1920, este pilar como el anterior se surtía de la acequia del Generalife.

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Aunque al tomar la acequia del río, esta se sitúa en la margen derecha, pronto cruza a la margen izquierda, en el mismo paraje de Jesús del Valle. Mientras el cauce del río se va profundizando más y más, la acequia mantiene el nivel suficiente, para que sus aguas discurran lentamente por la falda de la Dehesa del Generalife, a una distancia, como de un cuarto de hora andando normal, la acequia Real se dividía en dos, una tomaba el nombre de acequia del Generalife, e iba por la parte superior, la otra la de la Alhambra iba descendiendo lentamente, hasta entrar en la Alhambra por el acueducto de la Torre del Agua que une Generalife y Alhambra. Antiguamente y digo lo de antiguo, (Cuando solamente llevan entubadas unos cuarenta años) el paso del agua dejaba su huella a lo largo del bello camino que conduce a Jesús del Valle, ya que el cauce estaba cubierto de flores silvestres, avellanos y zarzales y los paseos domingueros, que infinidad de granadinos hacíamos en las floridas mañanas del mes de Mayo, eran de un sabor inigualable. Generalmente, las muchachas volvían con sus grandes manojos de gayombas, y algunas matas de mejorana, entrando por el Avellano, llenas del sano olor de la mañana campera. Abajo, junto al cauce del río, los primorosos cultivos de la auténtica fresa, era como un regalo pictórico para la vista, ya que formaban figuras geométricas perfectas Con la canalización efectuada en los años setenta, las dos acequias van unificadas, llegando de esta forma hasta la Silla del Moro, desde se reparten para regar el Generalife, la Alhambra, los Mártires y el barrio del Mauror, llegando sus últimos coletazos hasta el aljibe 150

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de la Cuesta Rodrigo del Campo. En este lugar se construyó un sifón, para que una parte del agua de dichas acequias fuera a engrosar el caudal de la acequia de Aynadamar, pasando por dicho sifón hasta las faldas del Cerro de San Miguel, por detrás de la muralla árabe, y casi junto por debajo de la ermita de San Miguel. Una vez construida la estación depuradora de la Lancha, el agua llegó al Albaycín, cerrándose los aljibes y colocando postes en la puerta de los mismos para el servicio publico, ya que todavía no llegaba la red a los domicilios particulares, esto llegó en 1954, en que el citado depósito fue conectado a la red En los años cuarenta y cincuenta, los muchachos que habitualmente subíamos a Jesús del Valle, o al Parque de Invierno, cuando bajábamos sudorosos, nos metíamos debajo de un derrame que tenía la acequia del Generalife, a la altura de un barranquillo que queda bajo la Silla del Moro, allí había un pequeño acueducto que dejaba escapar un chorro considerable de agua, y allí nos metíamos incluso en los meses de Enero y Febrero. Mediando los años cincuenta, le dio por acudir al lugar a, algunos elementos que querían practicar nudismo, y enterado el famoso guardia civil, conocido por el “Cabo Colomera”, a la sazón comandante de puesto del cuartelillo del Albaycín, mandó a una pareja y los nudistas fueron a parar al Albaycín, y este guardia civil, que siempre se creyó ser juez y verdugo, les aplicó un severo castigo, que no me acuerdo muy bien en que consistía, pero se de buena tinta, de que estuvieron cerca de un año, presentándose cada domingo en el citado cuartel.

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

En cualquiera de las fotos de los distintos aljibe, se pueden apreciar los dichos postes, que en algunos de los casos, como en San Nicolás o el aljibe de la placeta del Abad, eran pilarillos salvados de los derribos en casas antiguas.

Depósito de agua en la falda de San Miguel

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Otra foto del depósito de San Miguel, al fondo la ermita.

Lavaderos de la Puerta del Sol surtido por acequia del Generalife.

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Aljibe de cuesta Rodrigo del Campo 1895, agua del Generalife

Pilar Cuesta Escoriaza, agua del Generalife 1883

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Aljibe cuesta Rodrigo del Campo 2006

Acequias de San Juan y Santa Ana
Vuelve el Darro a ser generoso con Granada y frente al barranco de Teatinos, sale la acequia de la Ciudad, que discurre por la ladera derecha del Darro, y

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al llegar debajo de la Puente Quebrada, cercano al Pozo de la Samaritana y Ermita del Santo Sepulcro, se bifurca para crear la acequia de Santa Ana, pasando esta a la ladera izquierda mediante un modesto acueducto, para entrar en la ciudad por el Carmen de los Cipreses, cruza el Barranco del Rey Chico, pasa por el Carmen del Aljibillo, recorre el bosque de la Alhambra , y cruza el Tajo de San Pedro por el sencillo acueducto, que hay al pie de dicho tajo, después recorre la calle de Santa Ana, el barrio de la Churra, al llegar a la cuesta de Gomérez, tenía un ramal que bajaba hacia Plaza Nueva, y tras dar agua a la fuente que hay en dicha plaza, bajaba por el Zacatín, calle Recogidas y calle de San Antón, yendo a parar el sobrante a la acequia Gorda, en el tomadero del Jaque, bajo la fábrica de harinas el Capitán, final de San Antón.

Ermita del Santo Sepulcro y Pozo de la Samaritana

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Puente del Aljibillo 2007

Zona del Aljibillo, por donde entraba la acequia de Santa Ana

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Plaza Nueva en 1868, con los restos del derribo de San Gil

Fuente de Plaza Nueva en 1965, con agua de la acequia de Santa Ana

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Pilar del Toro en Plaza de Santa Ana desde 1941

El palacio de los Córdova en placeta de las Descalzas en 1916

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Plaza Mariana Pineda, servida por las aguas de acequia Santa Ana

Camino del Sacromonte, bajo el camino pasan las acequias, cruzando la de Santa Ana a la margen izquierda del río Darro.

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Corral del Carbón a finales del siglo XIX, como los lugares anteriores, recibía el agua de un ramal de la acequia de Santa Ana

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Fuente de los Trinitarios en Plaza del Carmen, desde 1880 a 1901.

El origen de esta fuente estaba en el convento de los Trinitarios, actual Plaza de la Trinidad. Al ser demolido este, la fuente quedó en medio de lo que había sido el patio de dicho convento, convirtiéndose en poco tiempo en lugar poco recomendable, por la existencia de ladrones y lugar en donde hacían sus necesidades los viandantes. Entonces el Ayuntamiento la hizo instalar en la Plaza del Carmen en 1880 devolviéndola a su lugar de origen, una vez urbanizada la zona en 1901.

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Acequia de San Juan

Camino del Sacromonte y cuenca del Darro, con una (X), el paso de la acequia de Santa Ana, a la margen izquierda del río.

Visita de la reina María Victoria a las Escuelas del Ave María del Monte, Casa Madre. A la derecha el fundador D. Andrés Manjón

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La acequia de San Juan besaba los pies del Sacro Monte, pasando por las Escuelas del Ave María Casa Madre, después cruzaba la cuesta del Chapiz, y tras decantarse en el depósito de la placeta de la Victoria, se juntaba con las aguas procedentes de la acequia de Aynadamar, y desde allí aparte, las viejas cañerías de barro, que surtían tinajas y alberquillas en los barrios situados, bajo la calle de San Juan de los Reyes, llegaban a los dos pilares de la calle de Elvira, el del Toro, a la entrada de la Calderería y el del Arco de Elvira, a la entrada de la cuesta de Abarqueros. También desde el depósito de la placeta de la Victoria construido en 1902, con el objetivo fundamental de proporcionar agua a la casa de Cortefiel en la Gran Vía, mediante tubería de hierro colado, construido a expensas de D. Andrés Montes, y aprovechando la reciente expropiación de la acequia de Aynadamar, para mejor abastecimiento de la ciudad. Daba comienzo este abastecimiento, en el “Juego de Bolos”, situado bajo el Monasterio de la Concepción, lugar en donde llenaban sus carros y garrafas los muchos aguadores que surtían las viviendas de Granada. En su itinerario surtía de agua a los pilares de la calle Elvira, del Toro y de Abarqueros, el de la calle Cárcel, al aljibe de la placeta de la Capilla Real, a la antigua fuente que había en Plaza Bibrrambla, a la fuente de la Plaza de la Trinidad, a la Cárcel antigua y a la fuente del desaparecido convento de San Agustín, amén de las muchas tinajas de estos barrios.

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Grupo de aguadores en la calle San Juan de los Reyes, tras recoger el agua del “Juego de Bolos”

Pilar del Toro en calle Elvira, esquina a Calderería hasta 1941

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Pilar de la calle de Elvira, junto a la cuesta de Abarqueros.

Pilar de la calle de la Cárcel en el muro de la Catedral

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

1900, entrada a la Capilla Real, en el rincón, interior de la caseta, está situada la boca del aljibe en forma de tinaja, el aljibe ocupa todo el área de la placeta

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Solar de la cárcel frente a la Catedral, Hoy Caja General

Fachada de la Cárcel antigua, la portada se encuentra instalada en la actualidad, en la Plaza del Padre Suárez (De los Tiros)

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Edificio de la cárcel antigua frente a la Puerta del Perdón (Catedral)

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Plaza Bibrrambla en el Corpus de 1901, su modesta fuente se surtía de la acequia de San Juan

Plaza Bibarrambla con la Fuente de los Gigantones desde 1940

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Plaza de la Trinidad en 1901

Plaza de la Trinidad en 1910

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Plaza de la Trinidad en 2007

Antiguo patio del convento de San Agustín, derribado en 1840, para la construcción del mercado del mismo nombra, sobre el número cero anterior, se ve el pináculo de la fuente que fue instalada en la plaza resultante, en sustitución de la fuente de los Gigantones, sustraída para llevarla al Paseo del Salón, siendo surtida de agua por la acequia de San Juan.

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La Fuente Nueva, en la calle Santa Bárbara hasta 1944

Otra vista de la Fuente Nueva en la calle Santa Bárbara

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Las anteriores fotografías, corresponden a la Fuente Nueva, ubicada en la actual calle de Santa Bárbara hasta 1944, en que fue trasladada a la cuesta del Realejo. Ya en la Plataforma de Ambrosio de Vico reeditada en 1613, se ve el nacimiento de esta fuente, situado en lo que hoy son los jardines del Triunfo. Como consecuencia de haber bajado el caudal, la fuente fue trasladada a este lugar, en que existe un desnivel de unos cuarenta metros en relación con el anterior nacimiento. Después, en 1944, el Ayuntamiento de Granada, permutó el terreno, para hacer viviendas de suboficiales del ejército, trasladando el pilar a la entrada de la cuesta del Realejo, reduciendo el largo de su taza.

Fuente Nueva en la cuesta del Realejo desde 1944

El mismo venero de esta fuente, también daba agua al antiguo pilar del Puente Cristiano, en la hoy Plaza Albert Einstein. Tanto el pilar del Puente 174

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Cristiano, como el pilar de la Fuente Nueva, fueron durante siglos el alivio de los caminantes que iban o venían de la Vega, así como de las piaras de cabras y vacas que regresaban a sus establos dentro de la capital. Así mismo los caserío de la Vega, se surtían de las citadas aguas para el consumo humano, ya que para las labores domésticas se empleaban las aguas del Jaque y Acequia Gorda. En una entrevistas que hizo la escritora, e investigadora granadina Antonina Rodrigo a Isabel García Lorca, antes de su muerte, esta contó que diariamente iba un trabajador de la Huerta de San Vicente, propiedad de la familia, a por el agua de beber al Puente Cristiano con botijas en un carro.

Comedor familiar de la Casa Huerta de San Vicente

La Huerta de San Vicente se me antoja con aquella divina luz y aquella suave tranquilidad un paraíso. Federico García Lorca

Con lo anteriormente tratado, creo haber cumplido el propósito que me hice al comenzar este modesto trabajo, sobre lo que fue el abastecimiento del 175

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

agua en Granada, hasta mediados del siglo XX. Ahora trataré de hacer un breve resumen, sobre el agua que hoy bebemos los granadinos, y con la cual también nos duchamos, tarea poco menos de imposible para el 99% de las poblaciones que nos precedieron.

Fuente en mármol de Máchale, instalada en la actualidad en la avenida de los Rebites y anteriormente en la entrada al Paseo del Salón. Hoy ocupada por la fuente de las Granadas

El agua que bebemos hoy

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Ya en el siglo XIX, poco después de la restauración Borbónica, en Granada se pensó solucionar el antiguo problema de las aguas potables, ya que se daban las tristes circunstancias, de que siendo Granada una ciudad con bastante agua, todos los años se producían brotes de tifus y cólera, debido al poco cuido de las acequias, que a pesar de las muchas ordenanzas municipales, para mantener el agua en buenas condiciones higiénicas, estas no eran respetadas, por lo tanto en los lugares habitados por donde pasaban las acequias, estas eran convertidas en vaciadero de todas las inmundicias, tan pronto se habían servido del caudal. Entre proyectos y proyectos, pasaron los años y nadie llevaba a cabo ninguna medida tendente a terminar con el problema. Entre los mucho conservadores granadinos , que pretendían que todo siguiera igual en lo referente al agua, estaba el escritor y pensador granadino Ángel Ganivet, el cual se oponía a que el agua fuera conducida en tubos de hierro, proponiendo como remedio el que se creara en Granada un verdadero ejército de aguadores, con carros y garrafas, para distribuir el agua de las distintas acequias y fuentes, no considerando en ningún momento que dichas acequias ya entraban contaminadas en la ciudad. Un intento se produce en 1912, cuando el Ayuntamiento compró el Canal de los Franceses, con su terminal de Lancha de Cenes, con el sano propósito de traer a Granada las aguas, captadas en lo que hoy es la presa de Pantano de Quéntar, el canal tiene dieciséis kilómetros de longitud, de los cuales seis son 177

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

de túnel. Pero la cosa se quedó solamente en el primer intento, ya que como propiedad municipal, se quedó entre los legajos de papel y nadie se volvió a acordar, para que se hubiera comprado. Tuvo que ser cuando la dictadura de Primo de Rivera, cuando se volviera a retomar el intento de traer agua pura para Granada. A tal efecto, siendo alcalde de Granada, el marqués de Casablanca, en Septiembre de 1929, el Ayuntamiento de Granada adquiere por expropiación forzosa, las aguas de las dehesas del Calvario y de San Juan, para su aprovechamiento de abastecer la ciudad. El agua se tomaba directamente de una pequeña presa ubicada al pie de la central eléctrica del Castillo y mediante un canal pasaba por encima de Pinillos Genil, a unos trescientos metros, por encima de la carretera de la Sierra hasta su entrada en la ciudad. Tal obra solamente permitía la llegada del agua “potable” a los postes instalados en las diferentes calles. Esto tuvo lugar en 1938, siendo alcalde D. Antonio Gallego y Burín, hombre verdaderamente preocupado por Granada y sus habitantes .Como resultas de sus desvelos para con Granada, se acometió la obra de dotar a Granada de una red para el agua potable, que culminó con la terminación de la planta potabilizadora de la Lancha de Cenes a finales de 1950. Desde ese momento se comenzó la instalación en los domicilios particulares, del casco de la ciudad, no llegando al Albaycín hasta el año 1954, año en que se cerraron los viejos aljibes y se le instalaron caños para el agua potable, en sustitución del agua de la acequia de Aynadamar. 178

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

En fechas posteriores se fue ampliando la planta de la Lancha de Cenes, y tras la construcción de los pantanos de Canales y Quéntar, el aprovisionamiento para la planta llega de ambas presas, ya que hoy en día Granada cuenta con nuevos barrios. Más aparte, la empresa Emasagra, concesionaria del servicio (Ciclo Integral del Agua) surte también a varios municipios cercanos, aparte de gestionar la depuración de las aguas residuales, en dos plantas depuradoras, una situada en el camino de Purchil y la otra junto al Puente de los Vados, en la carretera de Málaga. Para poder surtir los diferentes barrios, algunos con edificios muy altos, ha habido que construir en los alrededores de la ciudad diferentes depósitos para su almacenamiento y regulación

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Dos vistas del Canal de los Franceses, a su paso por el Cerro del Sol

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Lavaderos del oro de Cenes, Canal de los Franceses

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo Captaciones de agua directamente en el río Genil

Acueducto del primer canal directo desde el Genil

Al fondo el paso del antiguo canal desde el Genil

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Antiguos registros al paso de agua del Genil

Embalse de Canales

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Embalse de Quéntar

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Vistas de las instalaciones planta potabilizadora de L. de Cenes

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Pequeña cascada que sale de la potabilizadora

Tubos conductores del agua hasta los diferentes depósitos urbanos

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Mediante potentes tuberías, el agua que ha sido potabilizada, es enviada a los distintos depósitos que existen en las afueras de la ciudad. Uno de estos depósitos está situado en el camino de los Rebites, un poco más arriba de la urbanización el Serrallo .Para salvar el río Genil y subir por la ladera del cerro de Don Luis por encima de la fuente de la Bicha, existe un gran sifón, con la tubería ligeramente enterrada en la anterior dicha ladera.. En la actualidad sobre la tubería ha crecido la hierba, aunque se ve perfectamente el trazado de por donde va.

Depósito de los Rebites, vista de frente

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Depósito de los Rebites, vista lateral

Este depósito presta el servicio al barrio del Zaidín y zonas de carretera de la Zubia. La parte propiamente de depósito, que es la situada detrás del edificio en la foto lateral, está excavada en el terreno en la mayoría de su profundidad, y otra parte, queda en la superficie, cubierta con cerramiento de hormigón, y una gran capa de tierra encima, a fin de aislarla de las inclemencias atmosféricas, su depósito mide más de cien metros de longitud y un ancho aproximado de treinta. Otro gran depósito esta situado en la finca de Cartuja, muy cerca del observatorio del mismo nombre.

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Este depósito enclavado en la antigua finca de los Jesuitas, conocida por la Cartuja, es el que se encarga del abastecimiento de agua potable a toda la zona norte de la capital, barrios de Polígono de Cartuja, Almanjáyar, Chana, etc.etc.

Exterior del gran depósito que abastece todo el Polígono de Cartuja

Junto a las murallas de San Miguel, podemos observar la silueta del otro depósito existente en la ciudad, es el más pequeño y también el más antiguo, 189

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

pues se construyó, en el año 1951, a fin de abastecer de agua al Albaycín. En principio el agua le llegaba desde la acequia del Generalife, mediante un sifón situado cerca de la Silla del Moro, siendo conectado a la red del agua potable en 1954, momento en que comenzó a prestar servicio, para los pilares públicos que se instalaron a la puerta de los aljibes cerrados en esa época.

Depósito instalado en la falda de San Miguel, junto a la muralla árabe.

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Aljibe de las Lluvias, en la Dehesa del Gen eralife

Pese a no estar integrado en ningún barrio de la ciudad, no podía por menos de mencionarlo, ya que es difícil que haya granadino , que por lo menos una vez en su vida no hayan subido al Parque de Invierno, encontrándose esta cisterna, justamente a mitad del camino entre el Cementerio y el Llano de la Perdiz. Más que aljibe propiamente se debe de nombrar como “cisterna”, que el mismo nombre del depósito así lo confirma, ya que según recoge el diccionario de la lengua española, “cisterna” es el depósito o almacenamiento de agua subterráneo, recogida de las lluvias. Este lugar es el pulmón verde de Granada, por eso yo les recomendaría que se dieran una vuelta por el en invierno.

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Cerrando el Ciclo
Una buena red de alcantarillado recorre toda la ciudad, con la llegada de D. Antonio Gallego y Burín a la alcaldía en 1941, se acometió en Granada, la renovación del antiguo alcantarillado, en la mayoría de los casos solo eran unos modestos tubos de barro, a escasa profundidad del suelo, que casi siempre estaban reventados del paso de los carros, mezclándose en muchos casos con las tuberías del agua de beber, con lo cual eran infinitas las veces, que Granada se veía afectada por epidemias de tifus y fiebres maltas. En el caso concreto del Albaycín, es que no existía ninguna red de alcantarillado, sirviéndose de pequeño arroyuelos que recorrían los cármenes, a veces mezclados con el agua de los aljibes. Desde que la empresa EMASAGRA, se hizo cargo de la gestión del Ciclo Integral del Agua en Granada, toda la red de alcantarillado ha sido renovada con tuberías de PVC, de una duración prevista de muchos años. Estas tuberías van a parar a enormes colectores, que conducen el agua sucia a las dos plantas de depuración, establecidas a pocos metros de la margen derecha del río Genil, una al final del camino de Purchil, término municipal de Churriana de la Vega, capaz para una población de 185,000 almas. La otra se encuentra en el paraje conocido como puente de los Vados, y está calculada para una población de 300,000 almas 192

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Estación depuradora del camino de Purchil

Vista general de la depuradora de camino Purchil

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Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Otra vista de la depuradora del camino Purchil

Nota del autor.
Con este modesto trabajo creo haber puesto a disposición de los granadinos, un ligero esquema desprovisto por completo de tecnicismos y tal vez con muchas fechas equivocadas, de aquello que fue el servicio de aguas en la Granada de Ayer y un poquito lo que es hoy, en las expertas manos de la empresa EMASAGRA Granada Mayo de 2008 Manuel Jesús Anguita Castillo. 194

Acequias, Aljibes y Fuentes de Granada. Manuel J. Anguita Castillo

Agradecimientos.
Agradezco a mi amigo Fernando García Noguerol, el más importante coleccionista de fotos antiguas de Granada, la cesión de algunas fotos antiguas.. A mi hijo José Carmelo y a mi nieta Teresa su colaboración en las fotos correspondientes a los aljibes del Albaycín,

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Portada del libro

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