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~ LA PROFECÍA ~

Capítulo 5: "Sueños"

Aún no habíamos conseguido nada en la búsqueda de la cerradura de aquella


llave tras haber pasado varios días desde lo ocurrido en la càmara de Isis
. Eran las seis y cuarto de la tarde. Algunos de los chicos se fueron a pr
eparar la cena mientras el resto recogían los materiales del templo. En ca
mbio yo me había quedado sentada en aquella silla mirando fijamente los ob
jetos antiguos que habían encima de la mesa, totalmente pensativa tratando
de buscar una respuesta lógica para todo lo que me estaba ocurriendo. Ya
estaba completamente recuperada de mi herida en el hombro aunque Daniel in
sistía en que debía continuar descansando. Sin darme cuenta Daniel apareci
ó por detrás de mí, dándome un susto impresionante.

-Lo siento, no quería asustarte-me dijo mientras se reía.


-No tiene gracia-le dije poniéndome muy seria.

Daniel se apoyó encima de la mesa y mirándome fijamente me acarició la car


a sin decir nada más. Parecía que supiese que me preocupaba alguna cosa, s
in embargo no me decía nada, quizás pensaba que con sólo estar allí era su
ficiente.
Entonces Laura se acercó hacia nosotros para decirnos que la cena ya estaba
lista. Durante la cena los chicos hablaban de las cosas que harían al regr
esar a casa, mientras yo estaba completamente en silencio, absorta en mis p
ensamientos y ajena a la conversación d elos chicos. Tras terminar de cenar
todos se dirigieron a sus tiendas a dormir, mientras yo me quedé sentada c
on la mirada perdida pensando en qué hacer.

-¿Qué te ocurre Elizabeth?-me preguntó Daniel que aún seguía allí conmigo.

-Nada-dije sin más.

Daniel se sentó a mi lado y me cogió de la mano mirándome con aquellos du


lces ojos. Mi corazón comenzó a latir muy deprisa y sentí como me estaba
sonrojando por aquella situación.

-Deberías ir a dormir-me dijo él.


-Quiero quedarme un poco más. Vete tu a dormir si quieres-le dije acariciánd
ole la cara.

Daniel se levantó sin decir nada y se fue a su tienda. Me quedé un poco par
ada, pensaba que tal vez me daría un beso o algo así. Aquello me molestó, p
ero al poco tiempo después volvió a salir con unas mantas bien gruesas, me
puso una encima y la otra se la puso él y se acercó a mí para darme calor.
Me gustaba el contacto de su cuerpo me hacía sentir tan bien, entonces él m
e preguntó:

—¿Qué te preocupa?
—Si te lo digo pensarás que estoy loca.
—Más loca que arriesgar tu vida en dos ocasiones consecutivas. Tranquila
, dímelo—me dijo sonriendo.
—Tengo miedo. Desde que me he acercado a ese templo siento como si algo m
e persiguiese. Tengo sueños que se repiten todos los días, cuando me acer
co al templo siento escalofríos y dolores punzantes muy dolorosos en el c
orazón. Mi cabeza me dice que lo deje pero...
—¿Quieres dejarlo?—me preguntó Daniel.

No quería dejar la excavación, no podía hacerlo, sentía el impulso de segu


ir adelante aun sabiendo que era una locura hacerlo. Además, estando de aq
uella manera con él, rodeada por sus brazos, sentir su calor, no sé pero e
staba comenzando a sentir algo más que atracción hacia Daniel. Quizás me e
staba enamorando de él y ni siquiera me había dado cuenta.
Abracé muy fuerte a Daniel y le dije:

-No puedo dejarlo, necesito saber qué me está pasando.


-No te preocupes, yo siempre estaré contigo. Te ayudaré a averiguar lo que
ocurre-me dijo él al tiempo que me devolvía el abrazo.

Nos quedamos allí sentados abrazados. Se había hecho completamente de noch


e. El viento soplaba suavemente pero el frío calaba en los huesos. Aunque
todo aquello no me importaba en aquel momento, entre los brazos de Daniel,
sintiendo su calor, escuchando el latir de su corazón. Pasaron varias hor
as estando de aquella manera, comencé a tiritar de frío aunque llevaba la
manta y estaba abrazada a Daniel, entonces él me dijo:

-Deberíamos irnos a dormir antes de que cojamos un resfriado.


-Tienes razón-le respondí.

Nos levantamos. Tenía las piernas un poco entumecidas por el frío, entonc
es Daniel me rodeó con su brazo, tapándome también con su manta, intentan
do darme calor. Me acompañó hasta mi tienda. Dejé las mantas encima de la
cama y me acerqué hacia el calefactor que estaba encendido y puse mis ma
nos para calentarme.
-Bueno, me voy. Que pases buenas noches-me dijo daniel acercándose a la pu
erta de la tienda.

Me giré rápidamente y le cogí del brazo impidiendo que saliese. Él se giró


extrañado y me preguntó:

-¿Quieres algo?

Asentí dulcemente.

-¿Qué?-preguntó él desconcertado.
-Quiero que pases la noche conmigo-le dije antes de besarle.

Empezamos a besarnos apasionadamente caminando hacia la cama. Nos sentamo


s en ella. Sus labios no se separaban de los míos y la pasión entre los d
os se hacía cada vez más intensa. Daniel se separó de mí y empezó a quita
rse las botas mientras yo me acostaba mejor en la cama, se puso encima de
mí y continuamos besándonos con más pasión que antes. Empecé a quitarle
la camiseta que llevaba y él me quitó la mía, al poco tiempo comenzó a be
sarme el cuello, al instante nos quitamos mutuamente los pantalones quedá
ndonos en ropa interior y besándonos apasionadamente. Mi corazón no cesab
a de latir con rapidez y la excitación me consumía poco a poco. Luego Dan
iel empezó a quitarme el sujetador y a besarme por todo el cuerpo al tiem
po que me quitaba las bragas, a continuación le quité los calzoncillos y
empezamos a hacer el amor salvajemente. Nunca había sentido algo así al e
star con alguien, era una fusión completa.
Tras hacer el amor nos quedamos dormidos, me encontraba abrazada a Daniel
que me rodeaba con sus brazos, pero como si estuviese despierta veía clara
mente como aquel sueño tan extraño se repetía, en él aparecía de antigua e
gipcia corriendo huyendo de una masa de gente que tenía la intención de ro
bar el papiro que llevaba entre las manos y una voz que me decía:

-Debes guardarlo en la sala oscura en el cofre que se encuentra en el umbral


de la inmortalidad.

De repente me desperté, estaba sudando a mares y eso que hacía mucho frío
fuera de la tienda. Todo mi cuerpo tiritaba del miedo que sentí a causa de
aquel sueño, cosa que nunca me había pasado. Daniel se despertó también a
l notar que me había incorporado bruscamente y me vio que estaba tiritando
y me preguntó:
—¿Qué te ocurre Elizabeth? Estás temblando.

Daniel me abrazaba para tranquilizarme. Pero el miedo que sentía me hacía i


ncluso llorar.

-Otra vez ese maldito sueño. ¿Por qué no cesará?-decía llorando y tembland
o del miedo.
-Tranquila, sólo es un sueño-me decía Daniel para tranquilizarme.

Me senté en la cama y cogí una d elas mantas para cubrir mi cuerpo desnud
o. Estaba muy alterada, mis manos no cesaban de temblar.

-No es un simple sueño. Es el mismo, pero ahora se ha añadido algo nuevo.


Esa voz, conozco esa voz-decía mientras caminaba por la tienda.

No podía soportarlo más, necesitaba tomar aire fresco para despejarme y tr


anquilizarme, así que me comencé a vestir. Daniel se sentó en la cama tapá
ndose con las sábanas mientars miraba como me vestía. Cuando terminé de ve
stirme me hice una coleta con la goma del pelo y cogí una de las mantas pa
ra salir fuera.

-Elizabeth-me dijo Daniel.


-No tardaré, voy a tomar el aire. No te preocupes-le dije antes de darle un be
so en los labios.

Salí de la tienda. Ya había amanecido pero aún era demasiado temprano para
que los demás se despertaran. Entonces volví a oír aquella voz del sueño re
pitiendo una y otra vez que el cofre se encontraba tras el umbral de la inm
ortalidad, creí que me estaba volviendo loca, me tapaba los oídos para no e
scuchar aquella voz pero estaba metida en mi cabeza y de repente por mi men
te pasó la imagen del agujero de Ankh que había en medio de la sala princip
al del templo. Nadie se había percatado de aquel agujero medía exactamente
15 cm igual que las dos mitades del Ankh tallado de madera, por lo que ese
agujero tenía que ser la cerradura que estábamos buscando. Me dirigí hacia
la mesa en donde estaban los objetos antiguos buscando la llave y por fin l
a encontré entre dos vasijas, la cogí y sin pensarlo dos veces me dirigí ha
cia el templo. Sentía un impulso irrefrenable teniendo aquel Ankh entre mis
manos.
Cuando entré en el templo conecté los focos de batería solar que aún se enco
ntraban en la sala principal, cuando la sala estaba totalmente iluminada fui
hacia el agujero que se encontraba en el mismo centro de ésta. Me arrodillé
.
-Vamos Elizabeth-me dije a mí misma.

Entonces el mismo escalofrío que había sentido desde que entré en el templo s
entí al introducir la llave en el agujero y al girarla una puerta en la pared
de la derecha de la sala empezó a abrirse.

-El umbral de la inmortalidad que decía la voz-dije atónita por lo que estaba
n viendo mis ojos.

La cámara secreta que se había abierto estaba totalmente oscura, cogí uno d
e los focos de la sala principal y lo coloqué en la entrada de aquella cáma
ra, con el foco toda aquélla se llenó de luz y vi que las paredes estaban p
intadas de negro sin ningún jeroglífico, en el medio de la cámara había un
cofre también de color oscuro pero en el cual sí habían jeroglíficos. Sin l
ugar a duda era el cofre y la cámara que había visto en mi sueño. El escalo
frío que había sentido al introducir la llave en su cerradura había despare
cido pero en su lugar empezó a surgir una sensación extraña y difícil de ex
plicar, el miedo comenzó a apoderarse de mí y en mi mente sólo aparecían la
s imágenes de aquel maldito sueño que no dejaban de perseguirme. La cabeza
me estaba a punto de estallar por causa de aquellas imágenes y de la voz qu
e no dejaba de repetir una y otra vez lo mismo. No sé lo que me estaba pasa
ndo, salí corriendo del templo llorando desconsoladamente sin entender que
quería decir todo aquello. la manta que llevaba se me había caído dentro de
l templo, pero no me improtaba sólo quería acallar la voz y las imágenes de
mi cabeza.

-¡Cállate! ¡Dejadme en paz!-gritaba.

Las imágenes no cesaban y la voz se escuchaba aún más fuerte. Sólo quería q
ue parase pero no lo hacía. Caí al suelo mientras corría.

-¡Ahhhh!-grite llorando desesperada.

Al oírme llorar de aquella manera todos salieron corriendo de sus tiendas a


ún medio dormidos. Daniel se vistió todo lo deprisa que pudo y cuando salió
para ver lo que ocurría me vio arrodillada en el suelo llorando, entonces
me preguntó:

—¿Qué te pasa, por qué lloras así?

Entonces las imágenes desaparecieron de mi cabeza y la voz dejó de hablar d


e forma contundente. Me quité las manos de los oídos y pude dejar de llorar
durante unos instantes.

-Han parado-dije con los ojos enrogecidos de tanto llorar.

Los chicos se me quedaron mirando extrañados por mi comportamiento, entonc


es Javier miró hacia el templo y vio la luz que salía de él.

-Las luces del templo están encendida-dijo Javier a los demás.


-¿Has estado en el templo, Elizabeth?-me preguntó Daniel arrodillándose en
frente d emí.

Lo miré y tras oír su pregunta me di cuenta de que el sueño tenía razón, e


l sueño me había guiado hasta aquella cámara secreta. Aquello se complicab
a por momentos, no le encontraba la lógica, ear imposible, debía ser una c
oincidencia. Comencé de nuevo a llorar y abracé a Daniel mientras lloraba
sobre su hombro.

-¿Elizabeth que te ha pasado?-me preguntó Daniel.


-He encontrado la cámara secreta con la que se habría con la llave Ankh-le r
espondí entre sollozos.

Los chicos no podían creerse que había encontrado la cámara secreta porque
era casi imposible encontrar la cerradura para aquella llave sin tener ni
nguna pista que nos pudiese ayudar, pero la había encontrado y eso estaba
carcomiéndome por dentro. Todos los chicos menos Daniel se fueron corriend
o, aún vestidos en pijama, hacia el templo y vieron claramente que en la p
ared derecha de la sala principal se había abierto una puerta. Cuando sali
eron del templo se quedaron mirándome sorprendidos.

-¿Cómo la has encontrado?-me preguntó Jose.

Pero yo no respondía y seguía llorando sin que nadie pudiese consolarme, n


i siquiera Daniel que me estaba abrazando para intentar tranquilizarme. Se
había cumplido aquel sueño, aquello era lo que más miedo me daba porque n
o encontraba una respuesta lógica para lo que me estaba pasando.
Los chicos seguían sin entender por qué estaba llorando ya que creían que de
bería estar dando saltos de alegría por el descubrimiento que había hecho, p
ero entonces les dije:

—No lo veis. He sabido donde estaba porque lo he visto en ese maldito sue
ño—dije alterada.
—¿Qué sueño?— preguntaron.
—Oídme chicos porque no os cambiáis y preparáis el desayuno, luego ya h
ablamos, ¿de acuerdo?—dijo Daniel.

Daniel me levantó y me llevó a mi tienda para que me tranquilizase pero no


lo lograba. Sentía en mi corazón una presión como si tuviese el presentim
iento de que una gran responsabilidad había caído sobre mí. Daniel me sent
ó en la cama y me secó las lágrimas que seguían cayéndome sin cesar, me ab
razó muy fuerte y me dijo:

-No te preocupes, pase lo que pase yo estaré siempre contigo.

Me secó de nuevo las lágrimas, aquello me llegó muy adentro. Daniel nunca
me preguntaba nada, simplemente estaba allí conmigo, dándome su cariño,
su amor. Creía con sinceridad que siempre estaría conmigo. Dejé de llorar
.

-La respuesta de todo esto que te está pasando debe estar dentro de esa cám
ara secreta. El sueño que dices que se ha repetido ha llegado hasta ese pun
to, ¿no?, entonces debemos averiguar que hay allí dentro para resolver esto
-me dijo Daniel mientras se levantaba.
-Tienes razón-le dije tras secarme completamente las lágrimas.

Daniel me extendió su mano, la acepté y me levanté, quería decirle tantas


cosas pero las palabras no me salían, sin embargo Daniel sabía lo que sent
ía por él y me acarició la mejilla al mismo tiempo que me daba un dulce be
so en los labios. Luego nos dirigimos a desayunar para coger fuerzas, pero
ninguno de los chicos dijo nada porque Daniel se lo había pedido, después
de desayunar nos dirigimos hacia el templo para entrar en aquella cámara
secreta y averiguar por fin qué es lo que me estaba pasando. Tenía miedo y
mi corazón no dejaba de latir, pero con Daniel a mi lado sé que podía con
seguir averiguar qué me estaba pasando.