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El Conserje Harold Pinter

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  • Personajes
  • ACTO PRIMERO
  • ACTO SEGUNDO
  • ACTO TERCERO
  • El ala británica del teatro del absurdo

Harold Pinter

Premio Nobel De Literatura 2005

El conserje
(The Caretaker) 1960

*

El título de esta obra también se ha traducido como "El portero", "El cuidador", etc. En esta versión se ha respetado el título decidido por sus traductores.

A Vivien

Harold Pinter

El conserje

Índice
(cada epígrafe es un hipervínculo. Clicando sobre él se va a la sección correspondiente)

El Conserje

Personajes Acto Primero Acto Segundo Acto Tercero

Textos complementarios

El ala británica del teatro del absurdo Harold Pinter, la comedia de la alusión

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Harold Pinter

El conserje

Personajes

MICK, un hombre de cerca de treinta años. ASTON, un hombre que acaba de cumplir los treinta años. DAVIES, un viejo.

La acción se desarrolla en una casa del oeste de Londres.

ACTO I: Una noche de invierno. ACTO II: Unos segundos más tarde. ACTO III: Dos semanas más tarde.

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Harold Pinter

El conserje

ACTO PRIMERO

Una habitación. Una ventana en la pared del fondo; la mitad inferior está cubierta por un saco. Una cama de hierro a lo largo de la pared izquierda. Encima, en un pequeño armario, botes de pintura, cajas que contienen tuercas, tornillos, etc. Al lado de la cama, más cajas y algunos jarrones. Puerta en el fondo derecha. A la derecha de la ventana, una alcobilla; en ella, un fregadero, una escalera de mano, un cubo para el carbón, una máquina de cortar hierba, una cesta con ruedecillas para la compra, cajas, cajones de armario y una cama de hierro. Delante de ella una cocina de gas. Sobre la cocina, una estatuilla de Buda. Primer término lateral derecha, un hogar. A su alrededor un par de maletas, una alfombra enrollada, un farol, una silla de madera caída, cajas, una serie de adornos, una percha, unas cuantas tablas de madera, una pequeña estufa eléctrica y una vieja tostadora también eléctrica. En el suelo, un montón de periódicos viejos. Bajo la cama de Aston, adosada a la pared izquierda, hay un aspirador eléctrico, invisible hasta que se usa. Un balde pende del techo. MICK está solo en la habitación, sentado en la cama. Lleva una chaqueta de cuero. Silencio. Lentamente pasea la mirada a su alrededor, fijándola en un objeto tras otro. La dirige al techo y se queda mirando fijamente el balde. Aparta los ojos de allí, y permanece sentado, inmóvil, sin ninguna expresión, la vista fija en el vacío. Silencio durante treinta segundos. Suena una puerta. Se oyen voces apagadas. MICK vuelve la cabeza. Se levanta, se dirige silenciosamente hacia la puerta, sale y cierra la puerta sin hacer ruido. Silencio. De nuevo se oyen voces. Van aproximándose y luego cesan. Se abre la puerta. Entran ASTON y DAVIES, primero ASTON, luego DAVIES; éste avanza con paso vacilante y respira con fatiga. ASTON lleva un viejo abrigo de «tweed» y debajo un delgado y ya lustroso traje de un azul oscuro con una fina rayita blanca, americana abierta, «pullover», una camisa muy usada y corbata. DAVIES lleva un viejo y harapiento abrigo de color castaño, pantalones deformados, chaleco, camiseta, ninguna camisa y sandalias. ASTON se pone la llave en el bolsillo y cierra la puerta. DAVIES mira a su alrededor.

ASTON.—Siéntese. DAVIES.—Gracias. (Sigue mirando a su alrededor.) ¿Eh?... ASTON.—Un momento. (ASTON busca una silla; ve una caída al lado de la alfombra enrollada, cerca del hogar, y empieza a sacarla de allí) DAVIES.—¿Siéntese? Ja... No me he sentado desde... Aquello que se dice sentarse, desde..., bueno; ya ni me acuerdo. ASTON.—(Depositando la silla.) Aquí tiene usted DAVIES.—Allí, donde trabajaba, tenía diez minutos, a media noche, para tomar el té, y no podía encontrar ninguna silla, ni una. Ellos, los griegos, los polacos, esos sí las tenían...; los griegos, los negros, todos ellos, todos los extranjeros, las tenían acaparadas. Y a mí me tenían para trabajar..., para trabajar a mí... (ASTON se sienta en la cama, saca una cajita de metal que contiene tabaco y papel de fumar y empieza a liarse un cigarrillo. DAVIES le
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Harold Pinter

El conserje

mira.) Ellos, los negros, las tenían; negros, griegos, polacos, todos ellos; eso es lo que pasaba; me robaban el sitio, me trataban como si fuera un montón de basura. Cuando se me ha acercado esta noche, se lo he dicho. (Pausa.) ASTON.—Tome asiento. DAVIES.—Sí, pero antes lo que debo hacer, ¿sabe?, lo que debo hacer es calmarme un poco..., ¿comprende? Hubiesen acabado conmigo allá abajo. (DAVIES se expresa con voz fuerte, da un puñetazo en el vacío, vuelve la espalda a ASTON y se queda mirando la pared. Pausa. ASTON enciende el cigarrillo.) ASTON.—¿Quiere usted liarse uno de estos? DAVIES.—(Volviéndose.) ¿Qué? No, no, nunca fumo cigarrillos. (Pausa. Se adelanta.) Pero, mire, de todas formas, tomaré un poco de ese tabaco para mi pipa, si a usted no le importa. ASTON.—(Pasándole la cajita.) No, hágalo. Cójalo usted mismo de ahí. DAVIES.—Es usted muy amable, señor. Solo un poco para llenar mi pipa y basta. (Se saca una pipa del bolsillo y la llena.) Yo también tuve una cajita de esas, hace..., no hace mucho. Pero me la aplastaron. Me la aplastaron en la Gran Carretera del Oeste. (Alarga la cajita.) ¿Dónde quiere que la deje? ASTON.—Yo la guardo. DAVIES.—(Dándole la cajita.) Cuando se acercó a mí, esta noche, se lo dije, ¿verdad? Usted ha oído cómo se lo decía, ¿no? ASTON.—He visto que la emprendía con usted. DAVIES.—¿Emprenderla conmigo? Más que eso. Puerco asqueroso, un viejo como yo, que se ha codeado con lo mejorcito. (Pausa.) ASTON.—Sí, he visto que la emprendía con usted. DAVIES.—Todos ellos son una pandilla de harapientos, compadre, con modales de pocilga. He andado muchos años por esos caminos de Dios, pero yo le aseguro que soy un hombre limpio. Me cuido. Por eso abandoné a mi mujer. Quince días después de casados, no, ni siquiera los hacía; a la semana de casados, levanté la tapa de una olla, ¿y sabe usted lo que había dentro? Un montón de su ropa interior, sin lavar. Era la olla de las verduras. La olla de la verdura. Por eso la dejé y no he vuelto a verla desde entonces. (DAVIES se da la vuelta, pasea por la habitación y se encuentra de manos a boca con la estatua de Buda que está sobre la cocina de gas; la mira unos instantes y le vuelve la espalda.) He comido los mejores platos. Pero ya no soy joven. Recuerdo los tiempos en que era tan mañoso como ellos. Nadie se permitía libertades conmigo. Pero últimamente no me he sentido muy bien. He tenido unos cuantos ataques. (Pausa. Acercándose más.) ¿Vio usted lo que pasó con aquel? ASTON.—Solo vi el final. DAVIES.—Se me acerca, me pone delante un cubo de basura y me dice que lo eche fuera, en la parte de atrás. ¡Yo no estoy para sacar basura! Tienen un chico para eso. No me contrataron para sacar la basura. Lo mío es limpiar los suelos, quitar las mesas, fregar alguna que otra vez los cacharros de la cocina... y no sacar la basura. ¡A mí qué me cuentan! ASTON.—¡Ah!... (Se acerca a lateral derecha para coger la tostadora eléctrica.) DAVIES.—(Siguiéndole.) Sí, ¡y aun suponiendo que tuviera que hacerlo! ¡Aunque así fuera! Aunque fuese yo el encargado de sacar los cubos de la basura. ¿Quién es él para darme órdenes? Estamos en el mismo nivel. No es él mi jefe. No es mi superior. ASTON.—¿Qué era? ¿Griego? DAVIES.—No, no, escocés. Un escocés. (ASTON vuelve a la cama con la tostadora y empieza a destornillar el enchufe. DAVIES le sigue.) Usted lo ha visto, ¿verdad? ASTON.—Sí. DAVIES.—Le he dicho dónde debía meterse el cubo. ¿No? Usted lo ha oído. «Mira—le he

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—¿De veras? DAVIES. soy un viejo —he dicho—.—Sí. bulla! «Mire usted—le dije—.. DAVIES. (Pausa. de haberle dejado..—Hay una buena cantidad de cosas.. Todo.. no hace mucho viento. ASTON. en el rellano ese.—Sí...—¡Ah! DAVIES. ASTON.—Hay que hacer muchas cosas en ellos. todo junto.) Para dar y vender. Otra cosa es cuando hay que dormir al relente.—Están inservibles..—Quiero decir ahí. unos minutos.—No..) Tiene usted más cuartos. A estas horas aquel cabrito de escocés ya habría dado cuenta de mí. Hay que mirarlo. en el rellano.—Sí.—Yo soy muy sensible a las corrientes...) ASTON.—¿Dónde? ¿Ahí? ASTON. (Ligera pausa.) Si usted no llega a pararle los pies al escocés ese. ASTON.—¡Hummmm!. ¿eh? ASTON. ASTON.. Página 6 de 53 .) No me importaría gran cosa. ASTON. todo lo que tengo. Algún día me las pagará.. (Pausa. (ASTON vuelve a su cama y empieza a acoplar el enchufe a la tostadora. ya lo creo.) DAVIES. Hasta el más repuñetero cachito de todos mis repuñeteros bártulos se ha quedado allí.—Sí. DAVIES.. DAVIES. (Pausa. ¿sabe? En una bolsa. «Metes demasiada bulla».—Eso está condenado.—Y abajo.—Sí.) Ya ve usted qué clase de gente. me ha dicho que me diera el piro.. ASTON. Apuesto a que en estos momentos está metiendo sus narices dentro... (ASTON se acerca a la caja de los enchufes y toma otro.—¿Dónde? DAVIES.. cuando el viento se levanta. le he dicho. nadie tiene más derechos que yo.Harold Pinter El conserje dicho—. (Pausa. con respeto. Cuando vaya por allí.—¿Duerme usted aquí? ASTON. Aunque haya sido un vagabundo. DAVIES. Más de una vez se me ha dejado por muerto. ASTON.. Los suelos.) DAVIES. (Pausa.—Estará usted bien resguardado de las corrientes aquí. (Se sienta en la silla.—De todas maneras.) DAVIES. en aquella habitación de atrás.—Nada más que viento en el relente. si no me hubiese dejado allí todo lo que tengo. (Pausa... pero no ha habido tu tía. Me hubiera roto la cabeza contra el suelo. me dijo. nos educaron como es debido. «Vamos a jugar limpio». si tuviera unos cuantos años menos te.—Sí. señor. eso es.. por haberme dejado descansar un poquito. (Mira a su alrededor.» Fue cuando el dueño me dijo que me diera el piro.. cuando era joven teníamos alguna idea de cómo tratar a los viejos.) DAVIES. (Pausa. DAVIES. yo tengo mis derechos. Una noche le echaré mano.» Se lo he dicho. DAVIES.—Debe de valer sus buenos chelines esto..—Debe de estar bien resguardado.—Corrientes por todas partes.—No me diga. te partiría la cara...) ¿Es este su cuarto? ASTON. DAVIES. Con las prisas. a estas horas estaría en el hospital. ¿qué? ASTON.—Tuve suerte que entrara usted en aquel café.) DAVIES. sí. ASTON..—Claro. ASTON.—Lo he sido siempre. le estoy agradecido por haberme dejado. ¡Yo. DAVIES. ¿no? ASTON.—Tiene usted una buena cantidad de cosas.—Me dejaré caer por allí algún día y lo recogeré todo..

Pensé que allí debía de vivir alguien. pues..) Que al venir noté..—Ya irán cediendo. compadre. Era un buen compadre. ¿No tendría usted por un casual un par de zapatos que le sobren? ASTON. oiga—le dije—. Yo nunca estaba sin una pastilla de jabón cuando daba la casualidad de que me estaba pateando la zona de Shepherd's Bush.—Esos cabritos del convento me han dejado en la estacada otra vez.—Son los vecinos. ¿no? (Se lleva la pipa a la boca y chupa de ella sin encenderla.) LOS mejores. (ASTON se reúne con DAVIES en el centro de la escena. al venir noté que las pesadas cortinas de la casa de al lado estaban corridas. ASTON. DAVIES. Noté que unas grandes y pesadas cortinas cerraban la ventana. DAVIES. Tienen que tener el mejor jabón. DAVIES.) Pues sí.) ¿Dónde? DAVIES.—(Gesticulando.—Sí.—¿Qué pasó. ASTON.—Tengo un compadre en Shepherd's Bush. ASTON. ASTON.—En Acton conocí una vez a un zapatero. ASTON.—¿Tiene usted más negros por los alrededores? ASTON. Esto. (Observa a ASTON.. ¿no? (Pausa.) Me parece que tengo un par.) DAVIES. DAVIES. Estaba encargado de los mejores urinarios del distrito. Había oído decir que daban zapatos.) DAVIES.) Un par marrones.—¿Negros? ASTON. ¿eh? (Se levanta y se mueve por la escena. cuando llegó allí? (Pausa. Fue el que me llevó al convento.) ASTON. cada vez que entraba allí. oiga usted.—¿Usted cree? DAVIES.—¿Qué? DAVIES.—Allá abajo. ASTON.—¿Zapatos. A mí no me gustan los cuartos desnudos.Harold Pinter El conserje (Pausa..) Sí.—No puedo soportar los zapatos que no me sientan bien.—Conque negros. No hay nada peor. Bueno. El convento de Luton.—(Mostrándole los zapatos.—Entonces esta casa es de usted. ASTON. (Pausa. DAVIES. Tuve que ir todo el camino hasta Luton con estos que llevo. DAVIES.) DAVIES. le digo a usted que sí. DAVIES. estaba en los urinarios. Le dije a aquel fraile: «¡Eh!. tiene usted aquí unos cuantos chismes. (Pausa.) Bueno. ASTON.. En toda la calle vive gente.) Voy a decirle algo.—Sí.—¿Qué? DAVIES.. sabe usted. ASTON. Al venir noté que las cortinas de la casa de al lado estaban corridas.. DAVIES. dice? Cuestión de vida o muerte para mí.—Tiene usted que tener un buen par de zapatos.—No. DAVIES.—Ahora ya no está. entonces.—Apenas los veo.) ¿Sabe usted lo que me dijo el cabrito del fraile? (Pausa.—(Saliendo de debajo de la cama con los zapatos. Siempre me deslizaba un poco de jabón..) Vea si sirven estos.) Me parece que son un poco pequeños.—(Mirando debajo de la cama. ASTON. en Luton.) Al venir noté que en la casa de al lado vive alguien. Tengo un compadre en Shepherd's Bush. señor—abrió la puerta.—¿Zapatos? (ASTON se dirige hacia el fondo derecha. sector anterior. no parece que sean de mi medida. En los urinarios. Exactamente al otro lado de Luton.—¿Sabe lo que me dijo aquel cabrito de fraile? (Mira los zapatos.—Ahí vive una familia de indios. ¿cuántos más negros tiene usted por los alrededores? ASTON. Un jabón muy bueno.—Es usted el propietario.—La tengo a mi cargo. Se marchó. una puerta Página 7 de 53 .—(Yendo hacia su cama. ASTON.

tengo pensadas dos o tres cosas. no sé por qué ha de tomarse libertades conmigo.—Estos son demasiado puntiagudos. DAVIES..) ¿Le gustaría.—Pruébese estos. ¿sabe usted?. Página 8 de 53 . se saca las sandalias y se los pone. Y yo he de estar siempre en movimiento.—¡Ah! DAVIES. los que llevo no son buenos.—(Sigue reparando la tostadora eléctrica. se ensucia. (Pausa. No están nada mal. Atajé hacia Watford y allí pesqué un par. no tiene derecho a hablarme así. No puedo ir de un sitio a otro. Así no puedo seguir. ASTON.—¡Oh!. todo lo bueno que tenían. El ante se desgasta. No son de buen ver. Menos mal que me había llevado envueltos los viejos. pero al menos son confortables. ya le hemos dado su comida. apenas pasado Hendon. oiga.—¿Aquí? ASTON.—¿No? DAVIES.. No hay nada como el cuero para el calzado. he venido todo el camino hasta aquí. ¿no?. Buenos zapatos estos. señor.—Hasta que. no tiene usted un par de zapatos. «¡Eh!.» Uno de ellos. Espero que aclare el tiempo. Ni hablar. conque largo de aquí. ya no me sirven para nada. a hacer puñetas. ¿Quién cree que soy? ¿Un perro? ¿Nada más que un perro? ¿Quién cree que soy? ¿Una alimaña? Y qué hay de los zapatos que he venido a buscar desde tan lejos... pero lo que quiero decir es que no me hacen daño. El otro día un fulano quiso endosarme unos de ante. Me di el bote. ¿eh? Lo que voy a hacer es denunciarles a la madre superiora. que soy un viejo.—Me dejarían tullido en una semana. en cinco minutos queda hecho una porquería para toda la vida.» «¿Comida?—dije—.—No. vino derecho hacia mí. «Hala—me dijeron—. Yo tengo un pie muy ancho. que si no. oiga usted. tres días sin probar bocado. ya nada..» «Váyase a hacer puñetas».—No están mal este par de zapatos.—¿Aquí? ¡Oh!. ¿no?» «A la vuelta de la esquina están las cocinas—me dijo—. la abrió y.—Voy a ver si puedo encontrar algo para usted.. un gamberro irlandés.—(Sentándose.Harold Pinter El conserje grande. ahí a la vuelta.) ASTON. ASTON. largo de aquí.» Fui a la cocina.—¿Adónde va a ir? DAVIES. No hay nada como el cuero. DAVIES. ASTON. Mire estos.—¡Hummmm!. (DAVIES toma los zapatos. oiga—le dije—. sí. están casi liquidados—le dije —. le gustaría dormir aquí? DAVIES. señor. pero están acabados. muchacho.. a ver si encuentro algo. oiga. ¿eh? Muy resistente.» «¡Eh!.—Santa palabra.—Estupendo.) DAVIES. ASTON. no me importa quien sea usted. no sirven para nada. (Se los saca y los devuelve. DAVIES.. le voy a dar de patadas hasta la puerta. Quiero decir. bueno.—. sólo para poder seguir andando. allí termino. un par de zapatos—dije—. que me han dicho que ustedes daban. He oído decir que ustedes tienen aquí una partida de zapatos.) ¡Ah!. eso. En la North Circular.. ¿sabe usted? ASTON. oiga—le dije—.—Puede usted dormir aquí. si quiere. ¿sabe usted? ¡Menuda comida me dieron! Un pájaro. se me cayeron las suelas mientras iba andando. y me parece que tengo derecho a comer algo.. encuentre algo definitivo. mire—le dije. puede usted creerme.) Son fuertes. Sí. todo lo que le pido es un par de zapatos.) ¿Para cuánto tiempo? ASTON. me dijo. señor—le dije—. (Camina con ellos puestos por el aposento. DAVIES. ASTON. y le enseñé estos. pues no sé qué decirle. Este cuero es resistente.. le dije—. un momento.—Pero no me sientan bien. Así es que he tenido que seguir con estos. DAVIES. ¿sabe usted?. un pajarillo chiquitín podía habérselo comido en menos de dos minutos. ASTON. me ha costado tres días venir hasta aquí—le dije—.» «Si no se va usted a hacer puñetas—me dijo—.) Gracias de todas maneras. y cuando le hayan dado la comida. (Pausa.

.—(Permaneciendo en pie. muchacho.) ¿Tiene césped? ASTON.—Aquí.—Sí. DAVIES.—Sí.—¿Qué es eso? ¿Un estanque? ASTON...—Esta cocina de gas funciona. de perilla. La compré en.) ¿Dónde? ASTON. (Pausa. Solo están aquí de momento. DAVIES.—Hombre.. Ahí. Miran hacia el exterior.—Yo creo que también cabrá ahí debajo. hay un wáter. ¿Sabe qué? Podría quedarme.—¿Qué es esto? ASTON. Voy a ver si me la quito de encima. están.. (DAVIES toma la estatuilla de Buda. DAVIES. Vaya.—(Volviéndose. (Pausa.—Sí. Me gusta mucho. (Aproximándose a la cama.—Ahí debajo. A mí me alegró poder conseguir este.. DAVIES..—Ya me las arreglaré.. Señalando fondo derecha. detrás de todo eso.—¡Oh!.. DAVIES.) La escalera cabrá debajo de la cama. No sé por qué.) DAVIES. (DAVIES se vuelve y fisgonea debajo de la fregadera. ¿eh? (Se vuelve hacia la máquina cortadora de hierba.—Conque carpintero. DAVIES. Y un lavabo. pues ya ve.) Pesa una tonelada. en el rellano de abajo.) DAVIES.—Sí.—Es esta la cama. ahora. ¿eh? ASTON.) DAVIES. DAVIES. en una tienda.—Le echo una mano. unos cuantos.—Nada..—¡Oh!. Pensé que podrían venir bien.—No. ya veo.) Y esto. DAVIES.) ¿Dónde dormiría? ASTON.) ¿Construye algo? ASTON. ASTON. inmóvil.) Ahí hay una cama.—Conque carpintería.—¡Oh!..—¿Qué tiene usted ahí? ¿Peces? ASTON. DAVIES. Tiene usted aquí muebles de sobra.—¿Qué hace usted para una taza de té? ASTON.—Todo esto lo sacaremos de aquí.. (La colocan debajo de la cama. sólo hasta que salga de apuros.—Necesitará un tractor. ¿qué? ASTON. Y bien pronto. (Observa las tablas.—(Indicando la fregadera.Harold Pinter El conserje ASTON.—Demasiado crecido.) DAVIES..—Un poco espeso.. DAVIES.) Primero tengo que desbrozar el jardín.—No. DAVIES. (Entre los dos levantan la fregadera..—No. ¿no le parece? ASTON. ¿eh? ASTON..—¿No la utiliza nunca entonces? ASTON. DAVIES... Mira a uno y otro lado.—(Se levanta. Está muy bien hecho. ¿no? ASTON.—¿Dónde va a poner el cobertizo? ASTON. (Ponen la escalera debajo de la cama.) Ahí.—Eche una mirada.. (ASTON levanta el saco que cubre la ventana. trabajar con las manos.) DAVIES.—Quizá un cobertizo en la parte de atrás.) Es Buda. ahí no hay nada. que puede servir de fregadera. (Se levanta. Vaya.—Hasta que salga de apuros. Me pareció bonita. ¿no? ASTON. están muy bien. ASTON.—No me diga. Los otros cuartos no.—(Tomándola y examinándola. estarían bien para usted. ASTON. ya me las compondré. ¿no? ASTON.. Página 9 de 53 . etcétera. ¿Qué opina usted de estos budas? DAVIES.) Me gusta. DAVIES. DAVIES.

no me dieron nada por todo ese trabajo que hice la semana pasada.—¿Maleta azul? Ahí debajo. Libras he pagado. (Empieza a trasladar el cubo de carbón.. no. ¿No se da cuenta? ¡Prueban quién soy yo! No puedo dar un paso sin ellos. (Pausa. ¿Ve usted? Bernard Jenkins. Pero no me sirve de nada seguir utilizando ese nombre. mire usted.) ASTON. la máquina de cortar hierba y los cajones a la pared derecha.—El otro día fui a una cervecería. (Pausa.) Gracias. (ASTON permanece erguido. Cuatro. DAVIES.—Hace un tiempo tan asqueroso. la abre.) DAVIES. ¿verdad? ASTON.) ASTON.—Mis papeles están allí..—Viven ahí al lado. he pagado libras. saca de ella una sábana y una almohada y las pone en la cama. Pero con esto no puedo hacer nada. No es mi nombre verdadero..) ASTON. Ese es mi nombre.. Cuatro sellos. buena suerte.. ¿eh? (ASTON coloca un cajón contra la pared. saca su tabaco y se pone a liar un cigarrillo. (Se la saca del bolsillo.) ASTON.. (Pausa. ¿Se da cuenta? Estoy pegado sin ellos. si quiere que le diga la verdad. ASTON. Daba la casualidad de que andaba algo escaso. ¿Sabe usted?.—Quiero decir que no comparte usted el wáter con esos negros.—Mis papeles están allí. Junto a la alfombra.—(Tomando las monedas.—¿Qué hacen sus papeles en Sidcup? DAVIES. Solo me gusta en un vaso delgado.—(Deteniéndose. (ASTON se aproxima a la cama. (ASTON se dirige a la maleta.—¡Ah!.—¿Cuál es su nombre supuesto? DAVIES. ¡He estado andando por ahí con un nombre supuesto! Este no es mi nombre verdadero. Pedí una Guinness.) ASTON.—¡Si al menos aclarara el tiempo! ¡Podría ir a Sidcup! ASTON.) ASTON.—¿Ve usted una maleta azul? DAVIES. No puedo beber la Guinness en un «bok» grueso. gracias. ASTON. sopla sobre ella para quitar el polvo y sacude una manta. se darían cuenta. ¿O sí? ASTON. Le dicen quién soy yo. Esta es la situación.—Ahí tiene unas leandras. Se los dejé a él. No he pagado peniques.) Con el nombre de Jenkins.. Las cosas claras. pero no pude terminarla.. (ASTON toma destornillador y enchufe de encima de la cama y se pone a hurgar en el enchufe. Quiero decir.—¿Cómo está usted de dinero? DAVIES.—No vienen aquí.—Pues verá usted. pues. ASTON.) No compartirá usted. bueno.—¿Qué? DAVIES. ¿Cómo voy a ir a Sidcup con estos zapatos? ASTON.—No se preocupe por eso. el cesto de ruedecitas para la compra. Aquí tengo una cédula de seguros. No tengo derechos..—¿Por qué? DAVIES. Un poco escaso. Me la dieron en un «bok» grueso.—¿Por qué quiere ir a Sidcup? DAVIES. verá usted: ¡cambio de nombre! Hace años.—¿Sidcup? DAVIES. DAVIES. (ASTON saca unas monedas de su bolsillo. Mire. ¿sabe usted?. pero no pude bebería.—Sus ¿qué? DAVIES.—Jenkins.. Tomé unos sorbos. Pues. al menos..) Porque.) Bonita sábana. escoge algunas y entrega a DAVIES cinco chelines. no Página 10 de 53 . Es el nombre por el que se me conoce. Se dirige a su cama y se sienta en ella. DAVIES. Me senté. así es.—La manta tiene un poco de polvo.. Mire. Bernard Jenkins. me echarían mano.Harold Pinter El conserje Todos estos trastos podemos ponerlos ahí.) DAVIES. Hay cuatro sellos.—Un compadre los tiene.

—Puede haberse mudado.) ASTON.. Aunque no recuerdo el número. ¿eh? ASTON. Eso era antes que cambiara mi nombre. DAVIES.—Ha de tenerlos. ¿No se acuesta usted? ASTON.—(Quitándose el gabán.—Tiene suerte. (DAVIES cuelga gabán y pantalones en la percha. ASTON. Tiene todos mis papeles ese compadre a quien se los dejé. ¿Para qué? Si este no es mi nombre verdadero. nunca he tenido tiempo de arreglar este asunto.—¡Si al menos pudiera ir a Sidcup! He estado esperando que aclarara el tiempo. (Se da la vuelta y se echa encima el cobertor. Va y se acuesta. Oscuridad. llegaré en un santiamén. ASTON.—Barrunto que sí.—No se preocupe por eso. Tengo buena memoria. Podría probarlo todo. era antes de la guerra. ASTON. Estoy un poco.—¿Cómo quiere que vaya con estos zapatos? Es el tiempo. (Pausa.—No funciona.—¿Qué? ASTON. DAVIES. podría ir allí con los ojos vendados.—Sí. Ha habido más sellos. Creo que voy a dormir aquí. los granujas. DAVIES. (Pausa..) ASTON. (Se quita los pantalones y los mantiene en la mano.—¿Cuánto tiempo los ha tenido? DAVIES. Se ilumina la escena.. Una vez en Sidcup. (DAVIES mira el balde. (Pausa. La luz es un poco deslumbrante.—Veo que ahí arriba tiene un balde.) No está mal.) ¿Eh? Bueno. ASTON se sienta y sigue hurgando en el enchufe.. puede acostarse.—¿Cuánto tiempo los ha tenido? DAVIES. (Se da cuenta de pronto de la presencia del balde colgado del techo y mira hacia allí rápidamente. Tengo buena memoria para. ASTON. DAVIES.—Debería hacer todo lo posible para ir allí. ASTON se abrocha los Página 11 de 53 .) ASTON. DAVIES..) DAVIES.—Sí. puede usted creerme. todos los tiene allí. pues debe de hacer. (DAVIES se mete en la cama. yo creo que voy a acostarme.. ¿cuál es su nombre verdadero? DAVIES. debe de hacer... No se preocupe por mí. Si les llevo la cédula me echan mano.—Conozco la casa donde vive. un poco trabajado. Una buena cama. ¿sabe usted? Si al menos aclarase el tiempo. ASTON.) ¿Los pongo ahí? ASTON. pero no los han pegado.Harold Pinter El conserje peniques. muchos.—Parece como si quisiera usted arreglar todo esto.) DAVIES.—¡Oh!. DAVIES.. ASTON. DAVIES...) DAVIES.. (Se dirige hacia su cama y se detiene junto a la cocina de gas.—Goteras.—Está llegando hasta la raíz del mal.—Un poco pesado. no se preocupe por eso.. (Pausa.—Estaré al tanto del boletín meteorológico... no está mal. pues cerca de quince años.—Bueno. ASTON... DAVIES.—Davies.. señor.—Una vez en la calle.) ASTON.—Estoy reparando este enchufe. Prueba la resistencia y longitud de la misma. Mac Davies. DAVIES.—Tendré que ponerle una pantalla a esa bombilla.—Cuando usted quiera.—¿Qué le pasa? ASTON.—Debían haberle puesto los sellos.. no puede usted sacar esto de aquí? ASTON. pues voy a probar su cama.) ¿No puede usted.—Entonces..—No habría servido de nada.. Estamos en la mañana siguiente.. sí. DAVIES.—¿Los tendrá todavía? DAVIES. Las luces se apagan.

... (Pausa. toma la tostadora y la examina. ASTON. ASTON. DAVIES.) ASTON. va hacia DAVIES y le mira.) Me toma usted por otro.—Quienes han hecho el ruido. se pone la chaqueta. en pie. Tose. (DAVIES mira a su alrededor. (Pausa.—¿Ha estado usted soñando o algo así? DAVIES.—Quiero decir. (ASTON deja el enchufe y va hacia la puerta. hombre! Nadie me ha dicho nunca nada de eso.—¿Eh? ASTON.—¿Qué negros? DAVIES. Regresa al sitio de antes.—Estoy acostumbrado a toda clase de camas. Duermo en camas. DAVIES.—Pues no soñaba.—No sé. DAVIES.) Entonces espere un minuto. He dormido en muchas camas.—Gruñidos. ¿eh?. amigo. a lo mejor.) Nadie me ha dicho nunca nada de eso. (DAVIES salta de la cama.—Sí. DAVIES.—(Yendo hacia la cama con la tostadora. DAVIES se incorpora bruscamente.? ¿Yo? ASTON. Se vuelve.—Sí. Alisa la cama. DAVIES. DAVIES. vamos a ver.—Nada..—Usted. ASTON. (Pausa. sí. ASTON.—¿Soñando? ASTON.—¿Quién? ASTON. (Pausa.—¿Qué? DAVIES. ASTON. Me ha despertado. (ASTON va hacia el sector anterior derecha.—¿Que yo.—Yo no sueño.—Quizá fuera la cama.—Usted. DAVIES.—Sí. No he tenido ni un solo sueño en mi vida.—Los que tiene usted ahí al lado.—Esa es mi opinión. va al centro de la habitación y mira a DAVIES.) ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ASTON...) Entonces.—¿Ha dormido bien? DAVIES.—No.) ¿Adonde va usted? ¿Sale? ASTON. DAVIES.—Hacía ruidos.. Página 12 de 53 .) DAVIES.) A lo mejor han sido los negros. Lleva calzoncillos largos. yo tampoco. ¿Qué quiere usted decir? ¿Qué clase de ruidos? ASTON.—Yo no.—Nada. En mi vida he soñado.Harold Pinter El conserje pantalones.—¡Ah!.) ¿Por qué había de farfullar? ASTON. Debía de estar como muerto. DAVIES.—Espere.) DAVIES. DAVIES. ASTON. He creído que estaba usted soñando.—Sí. ¿por qué me lo pregunta? ASTON. subiéndose por las paredes. espere. solo un minuto.) No. Farfullaba algo.—¡Yo qué voy a farfullar.—(Cogiendo las sandalias.) ASTON.—¿Qué pasa? ASTON. (Pausa. (ASTON va hacia su cama. ¿a qué viene eso? (Pausa. Yo no hago ruidos por el solo hecho de dormir en una cama.—¡Hummmm! DAVIES. DAVIES. Quizá han sido los negros los que han hecho el ruido. cerca de su cama. DAVIES.—La falta de costumbre. toma el enchufe y lo sacude.) ASTON. da la vuelta de nuevo. Estaba como muerto.—Esta cama no tiene nada de malo.

A lo mejor era usted quien estaba soñando..—¿Una sierra de vaivén. una especie de tienda.. Mucha gente. Son muy útiles. mire. (Se las entrega a DAVIES. ASTON. DAVIES. ¿comprende? Una vez unida a. a lo mejor estaba usted soñando que oía ruidos..—¿Para qué? DAVIES.. ASTON. ¿Comprende lo que quiero decir? Oye toda clase de ruidos.) Será mejor que vaya con usted.—Bueno. ASTON.) ¿No? ¿Por qué? DAVIES. Quiero decir que. creo.. no hay vuelta de hoja. Sin saberlo. la verdad es que ya tengo una.. oiga..—¿Qué piensa usted hacer? DAVIES. Podría serme muy útil.—¿Qué? DAVIES..—Quiero decir.—Tengo un par de llaves.) Página 13 de 53 .—Quiero decir que será mejor que salga con usted..Harold Pinter El conserje ASTON. estaba pensando.) ASTON.) Eh.—Sí. Pero es un accesorio. ¿sabe?.—Lo son.—Gracias. ese taladro portátil se pueden hacer muchas cosas con ella. DAVIES. (Pequeña pausa. Con una sierra de vaivén pueden hacerse muchas cosas.—(Poniéndose las sandalias. DAVIES.—Ya lo sé que son útiles.—¿Eh? DAVIES. ¿verdad? ASTON.... ASTON..—Bueno.—(Volviéndose hacia él. DAVIES. si usted sale. eso. A lo mejor era usted quien hacía todos esos ruidos de que me ha estado hablando. ¿es que no quiere que salga? ASTON.—¿Por qué? DAVIES. Mientras se sepan manejar.. ASTON se queda en pie.—Haga lo que quiera.—Sí. Y aprisa. ASTON. (Va hacia una caja que está cerca de su cama y las busca. ASTON.—¿Una sierra de vaivén? Pues procede de la misma familia que la sierra de calados. que tenga suerte. sí.) La de esta puerta y la de la calle. DAVIES. DAVIES.—¿Por qué? DAVIES.) Por otra parte. lo digo solo por. (Pequeña pausa.—¿Y qué me dice usted de una sierra para metales? ASTON.—Yo no sueño.. No tiene por qué salir sólo porque yo lo hago. (Pausa.—No tiene usted por qué salir. DAVIES. ¿sabe usted? (Pequeña pausa. compadre? ASTON. DAVIES. lo que trato de decirle! ¡Yo tampoco sueño! Por eso pensaba que a lo mejor había sido usted. pues? (ASTON va hacia la ventana y mira al exterior.—Son útiles. escuche. no son tan útiles como una sierra para metales.) Sí. ASTON.—Pero limitadas.—Quiero decir.—Sí.) ASTON.—Sí.—¿Quiere usted decir que. muchas gracias. (Pausa.—¡Ah!.—Son útiles.—Sí. que puedo quedarme aquí? ASTON. ASTON. El dueño tenía una sierra de vaivén el otro día. (Pausa.) ¿Qué es eso exactamente. quiero decir.—Creo que voy a darme un paseo calle abajo.) También lo es la sierra de punto.) ASTON.—Sí. sueña. por la experiencia que tengo de ellas. que son muy útiles.. ¿comprende? Tiene que unirse a un taladro portátil.—Pero ¡si es eso lo que quiero decir. (Pausa. ¿No quiere usted que me vaya. DAVIES. que sí..) DAVIES... Una pequeña.. si usted sale? ASTON.. (Pausa.) DAVIES. eso es. no son...—¡Ah! (Pausa.—¿No le importa que me quede aquí? ASTON. DAVIES. Me gustó su aspecto..

yo me encargo de esto.) Oiga... señor.....—Jenkins. su nombre.... ¿no?.. ¿Qué cree usted? ASTON. eso es...—Nací. señor..—¿Cómo ha dicho que se llamaba? DAVIES.. ASTON.—Pero si no cuesta nada.. y de pronto puso su mano sobre la mía. ASTON.—Bueno.—Sólo tiene que enchufarlo.—¿Es galés? (Pausa. eso es todo.—Tiene que funcionar.. sin más ni más..) ASTON.) ¿Qué debo hacer? ASTON.. ASTON. DAVIES. charlando un poquito.—A mí me han dicho lo mismo.. así.... ¿ve? Tengo que tener cuidado en no darle codazos. En fin. en el Sur. La estufa se irá calentando. podría tocar una de estas llaves con el codo al levantarme. ¡uh!.—No está conectada. Dio la casualidad de que me senté en la misma mesa en que había una mujer. si quiere.—¿Mujeres? Muchas veces se me han acercado y me han hecho poco más o menos la misma pregunta. así.. Quiero decir. Salirme con esa. (Pausa..—Solo con enchufarlo aquí... ¿me entiende? (Da la vuelta alrededor de la estufa y la examina.) ¿Ve este enchufe? Puede usted enchufarlo aquí. en mitad de aquella conversación. Lo que voy a hacer es echar de cuando en cuando un vistazo a estas llaves.—De acuerdo. DAVIES. DAVIES.—¿Sabe? El otro día estaba sentado en un café. Me pareció bastante raro..—(Oscuramente. Ansiosamente. usted ya sabe. es difícil recordar una cosa de hace tantos años. ¡oh!. y me dijo: «¿Le gustaría que le echara un vistazo a su cuerpo?» DAVIES. señor..) DAVIES. Bernard Jenkins es mi nombre supuesto.. Bueno. esta clase de chismes no me gustan mucho.. (Pequeña pausa.Harold Pinter El conserje ASTON.—No se preocupe usted. ¿No podría prestarme un par Página 14 de 53 . DAVIES.. ASTON.. ¿sabe?.. DAVIES.—(Dando la vuelta. si la cocina puede tener algún escape. ASTON. la memoria falla.—Sí. DAVIES. bueno. lo que me preocupa es que está precisamente en la cabecera de mi cama..—Verá usted.) ASTON.. Esta pequeña estufa. estábamos allí sentados.. (Volviéndose.) ASTON.. ¿cuál es? DAVIES.—(Yendo hacia el hogar y agachándose.. ¿dónde nació usted? DAVIES.) ¿Qué quiere decir? ASTON..) Bueno.—¡Eh! Iba a preguntarle si la cocina. Pero no recuerdo el nombre. Las había pasado en la costa.—¿Dónde nació? DAVIES...—Pero. (Pausa. he corrido mucho mundo.. Este es mi nombre de verdad.. ASTON.—¿Eh? ASTON.—De acuerdo.—No. su nombre verdadero. (ASTON va hacia la puerta. mire: usted no se preocupe por esto. DAVIES. Mac Davies. ahora están cerradas. Descuide... comprende. tanto tiempo.—Pues sí..... ¿eh?. DAVIES. ¿ve? Eso. ASTON.—No me diga.) ASTON. DAVIES. otra cosa. empezamos a.—No creo que.. ASTON. he dado muchas vueltas..—No.—¿Es usted galés? DAVIES. a cambiar unas frases. Hace tiempo. sobre sus vacaciones..—¿También? DAVIES. No sé de qué hablamos...—¿Sabe qué le digo? Que no lo toco y ya está. donde había estado. basta.—Davies.

Se lo aseguro. ¡Puñetera caja! (Sus ojos se detienen en el montón de periódicos.—Sí. Eso es.) ¡Quietos! ¡Quietos! (Sostiene el montón y recoge y arregla los pocos que se han caído. Da unos pasos y se da un golpe en el dedo gordo del pie con una caja. luego coge una caja y la sacude. necesitan gente para cuidar del terreno. Pero. Gracias.) ¡Uf! Me lo ha hecho polvo.. ¿no? ¡Oh!. quiero decir. Es cosa que salta a la vista. lo tengo todo planeado. (ASTON sale y cierra la puerta. DAVIES. Tiene razón.—¡Hummmm! DAVIES. va hacia el centro de la habitación.—¿Cuándo fue eso? DAVIES. suavemente. se pone la llave en el bolsillo y cierra la puerta silenciosamente.) Bueno.) ¿Qué hará con todos esos periódicos? Vaya pila de papeles. de esto hará. entonces se acerca rápidamente a la cama de Aston.) ¡Tornillos! (Ve los botes de pintura colocados en la cabecera de la cama. la abre. es de sentido común.. Se oye girar una llave en la cerradura de la puerta. ¿sabe? ASTON. bueno..—No. Un poco puntiagudos.. Mira por la habitación. Se me había ido completamente de la memoria. Se queda en la puerta y mira a DAVIES. ASTON. pues. busca las llaves por el bolsillo. Para todos los grandes partidos.—¡Hummmm! DAVIES. ¿Qué querrá pintar? (Deja los botes de pintura. DAVIES se queda quieto... ¿sabe? Quizá me den algún trabajillo. prueba la otra. Escuche. se vuelve rápidamente. coge un jarrón y mira en su interior.. entra otra vez. por allí. sacudiendo los pies y balanceando las piernas.—¿Sabe?. Todos esos grandes campos de deportes. mira al exterior. necesitan gente para cuidarse del terreno. Lo sostiene. (Se acerca a ellos y los toca.) Está lleno. Deja escapar un grito. hasta luego. yo no soy de esa clase de tipos que se toman ciertas libertades. (Toma el Buda y lo mira. una vez allí. ¿comprende?. Espera unos segundos. eso es lo que voy a hacer.. (Pausa. cierra. cierra la puerta. eso es.. ASTON.—Algo más tarde quizá me llegue a Wembley... claro. La puerta también se cierra. (Se queda en pie mirando.. no están nada mal. muy suavemente la puerta se abre. se inclina y saca un par de zapatos. quizá eche un vistazo al estadio. ASTON. mira hacia el balde del techo y hace una mueca.) ¿Para qué querrá todos estos papeles? (DAVIES se sube sobre la alfombra enrollada y se acerca a la maleta Página 15 de 53 .—Anoche le di unos cuantos. Quizá necesiten personal. eso fue. la abre. eso es. Lo había olvidado.—¡Hummmm! (ASTON va hacia la puerta. Pone el Buda dentro de uno de los cajones y se frota el dedo.) No están mal estos zapatos. puede usted quedarse.Harold Pinter El conserje de chelines? Para una taza de té. ¿eh? DAVIES..) Pintura. Estuve allí. ASTON.. DAVIES.) Tendré que mirar eso.... Se saca las sandalias y se calza los zapatos.. se queda en pie de espaldas a la puerta. Entra MICK. El montón amenaza derrumbarse. los hoteleros y cafeteros. También podría hacer otra cosa. ¿Está seguro.. claro. lo difícil en estos lugares es que encuentren la gente fetén. lo que piden a gritos. eso es lo que buscan. Oprime el cuero contra los dedos de sus pies. Lo que hacen es salirse del paso con esos extranjeros. No hay más que ver. pero no del todo..—¿Eh? Sí.) Si al menos pudiera ir allí. estaba pensando que. está usted completamente seguro de que no le importa que me quede a vivir aquí? Verá. al estadio de Wembley. ¡uh!. La puerta se abre. Es verdad. va hacia ellos y los examina.—¿Eh? ¡Oh!. de esto hará ya algún tiempo. (Se saca los zapatos y los pone debajo de la cama. se agarra el dedo y da media vuelta. ASTON.. ¿sabe?. señor.—Por allí hay un cafetín. (Cruza hacia la derecha y coge el farol. eso es lo que quieren. Examina el área en que se encuentra la cama de Aston.) Aquí tiene un montón de cosas. luego anda de arriba abajo. ¿sabe usted? Sé que les falta gente. luego va hacia la puerta. prueba una. la cierra. se asoma al exterior. podría llegarme hasta Kennington Oval.

(Mira a la ventana. MICK le deja libre. le hace un gesto para que se calle y luego con la otra mano le tapa la boca. se sienta y mira a DAVIES sin ninguna expresión en su rostro. DAVIES sigue en el suelo. (Cierra la maleta. Examina los pantalones y los echa hacia atrás. DAVIES da media vuelta. le quita el pie de encima.) ¡Uhhhhhh! ¡Uhhhhhhhhh! ¡Qué! ¡Qué! ¡Qué! ¡Uhhhhhhhh! (MICK. Le mira y luego se pone en pie y le mira desde lo alto. después lo deposita en el suelo.) Cerrada. MICK se dirige al fondo silenciosamente. (Abre la maleta.) Aquí tiene una sábana y una funda de almohada a punto. encogido. va hacia el perchero y coge los pantalones de Davies. registra el contenido. DAVIES se calma. DAVIES retrocede. (La deja en el suelo y va hacia el sector anterior del escenario. DAVIES grita. va hacia la silla.) MICK.) Nada. lentamente. Ese saco no va bien. DAVIES empieza a levantarse.) A pesar de todo. Da la vuelta. MICK se desliza a través de la habitación. MICK le hace sentarse de nuevo en el suelo con el pie y se queda mirándole. MICK con un dedo le hace un signo de advertencia.—Vamos a ver: ¿qué te traes entre manos? TELÓN Página 16 de 53 . haciendo visajes. vigilando a MICK. Luego se agacha para mirar a DAVIES. Finalmente. MICK se vuelve para mirar la habitación. mientras DAVIES lucha por librarse.) Podría cerrar esa ventana. DAVIES se frota el brazo. MICK. MICK le sujeta el brazo. quejándose y con los ojos desorbitados. ágilmente. Se lo diré.) Debe de haber algo dentro. he dormido bien. MICK le coge el brazo y se lo retuerce hacia atrás.Harold Pinter El conserje azul. ¿Qué es eso? (Coge otra maleta e intenta abrirla. (Coge uno de los cajones del armario. Yo no hago ruidos. Silencio. le hace caer en el suelo. Va hacia la cama de Davies y aparta la ropa.

Nada. MICK. Los dos miran hacia arriba.—Nada..—¿Eh? Página 17 de 53 . (Pausa. Lo afanó en Hong Kong.—Sí.. Le gustaban las chicas.) ¿Cómo has dicho que te llamabas? DAVIES.) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES.—¿Eh? DAVIES. Siempre andaba por ahí. encogido.—¿Dormiste bien? DAVIES. A menudo he pensado si no sería al revés. vamos a ver. MICK. (Pausa. DAVIES.—Oiga.—¿Jenkins? DAVIES. Especialista en saltos de longitud. Siempre le he llamado Sid.—Jen. Tenía la graciosa costumbre de llevar su violín a la espalda.—¡Oiga! ¿Quién es usted? MICK. Se casó con un chino y se fue a Jamaica. Esto era antes que le dieran la medalla de oro. Tenía una debilidad por los cacahuetes. ¿Quién es usted? (Pausa. Pero nunca le he llamado tío.—Sí.) MICK. Creo que tenía algo de piel roja. DAVIES está en el suelo.—¡Jenkins! (Pausa. Silencio.—¿Cómo te llamas? DAVIES.Harold Pinter El conserje ACTO SEGUNDO Unos segundos más tarde.. MICK.. si mi tío no sería su hermano y él mi tío. (Pausa. pero nunca comía tarta de frutas.) Me recuerdas al hermano de mi tío.. DAVIES levanta los ojos y lo mira.—No le conozco.—Bueno..—Sí. Encantado de conocerte. MICK está sentado. MICK vuelve a mirar a DAVIES. (Cae una gota en el balde. nueces del Brasil. Solía hacernos exhibiciones en el cuarto de estar cuando se acercaba la Navidad. Cacahuetes. Un poco atlético.—¿En qué cama has dormido? DAVIES. Eso es lo que le pasaba. Nunca sin su pasaporte. nada.) MICK.) Espero que hayas dormido bien esta noche. MICK.. tú dirás. Mi madre también le llamaba Sid.—Jenkins. medio sentado..—Jenkins.—¿Cómo? DAVIES. Quiero decir. Era el número cuatro en las reservas de Beckenham. nunca he averiguado cómo llegó a ser hermano de mi tío. ni tocarlas. Un asunto curioso.) MICK. Era su debilidad. MICK. Era un tipo parecido a ti. nueces. Tenía un cronómetro estupendo.—Me alegro. kins. Se parecía a ti como una gota de agua a otra. DAVIES. MICK. A decir verdad.—Jen. Como un papúa. En tratándose de cascajo nunca decía basta. (Cae una gota en el balde. kins. Al día siguiente le expulsaron del Ejército de Salvación. MICK.

) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES. MICK. Todos los autobuses pasaban por delante de su puerta.—Esta no es su habitación.! MICK... la llevaban por la carretera de Essex hasta Dalston Junction en un momento. en Fulham. el treinta o el treinta A.—No. supe que se había criado en Putney. pero ¿sabes que tienes un parecido muy chocante con un tipo que conocí en Shoredich? En realidad.—¿No has estado incómodo? DAVIES. MICK..—¿Dormiste bien? DAVIES.—¿Nacido y criado en las Islas Británicas? Página 18 de 53 . MICK.—¿Qué? DAVIES.—¿Bien? DAVIES. (Pausa. MICK. pero cosa de nada. fue un asunto curioso. también podía tomar un treinta y la llevaba.—(Continuando a gran velocidad. sino que allí sólo se había criado.) ¡Bien! MICK.—No. kins.—Sí. MICK.) MICK.) MICK. casi levantándose. No sé quién es usted. vivía todavía en Angel. ya vieja. MICK.—¿Eres extranjero? DAVIES. un poco antes de llegar a Nag's Head. Conozco mucha gente que ha nacido en Putney. y bajaba luego hasta la catedral de San Pablo. vivía en Aldgate.—En esa.. a Highbury Corner.—¡Jenkins! MICK. Algo más grande la nariz. cuando iba a trabajar.) ¿Te gusta mi cuarto? DAVIES. Yo estaba pasando unos días con un primo en Camden Town. pero al final siempre la dejaba en Dalston Junction..—¡No! (Pausa.—¿No en la otra? DAVIES. DAVIES. A voz en grito. vía Upper Street.) ¿Cómo has dormido? DAVIES.—Sí.—¡Sí! MICK. (Pausa. Después me enteré que había nacido en Caledonian Road. Lo malo era que no había nacido en Putney.) ¿Has dormido aquí esta noche? DAVIES. tocando a la estación de los autobuses. (Pausa.—¡Bueno. Nunca le había visto..—Caprichoso.. MICK. (Pausa. Era tu misma imagen. Su madre. Yo. Podía tomar el treinta y ocho.—(Golpeando el suelo.Harold Pinter El conserje DAVIES.) ¡Bien! (MICK se pone en pie y se le acerca. Cuando trabamos amistad..—¿Has tenido que levantarte por la noche? DAVIES.—Jen. Amable de nuevo. oiga. el quinientos ochenta y uno. Ese tipo tenía un cuartucho en Finsbury Park. Esto no afectó en nada nuestras relaciones.—Caprichoso.) ¿Qué tal has dormido en esa cama? DAVIES... Quedamente.—Eres muy dueño de creerlo o no.—Esa.—¿En qué cama? DAVIES.—Sí.—¿No en la otra? DAVIES. Y si no en Putney. MICK.) Caprichoso.—¿Su cuarto? MICK. oiga! MICK.—(Gruñendo. solía dejar la bicicleta en su jardín.—He dormido.) ¡Bueno. Claro. Un violento empujón de MICK le hace caer de nuevo.—¡No! MICK. Sí. (DAVIES hace un rápido movimiento para levantarse.—¿Cómo te llamas? DAVIES.—(Cambiando de posición.

—Lo estás apestando todo.—Que no. (Pausa. él lo sabe que yo. DAVIES.—Embustero.) Me parece que estoy llegando a la conclusión de que eres un viejo bribón.. MICK. y nada más.. Pausa. ¿a que sí? Estás hablando con el dueño. ¿no? (Pausa. que es del otro.) Esa es mi cama..—¡Pues anoche no estaba aquí! MICK.—Y la otra...—(Señalando la cama de Davies. DAVIES. Este es mi cuarto. Eres un viejo ladrón.) MICK. oiga. DAVIES. oiga.—Supongo que tampoco has visto nunca a mi madre.) ¿Intentas quedarte aquí? DAVIES. MICK. Un viejo pícaro..—Ya tengo respeto.—¿Que te han traído aquí? ¿Quién? DAVIES.—Oiga.. Mañana mismo Página 19 de 53 .. DAVIES.) ¿Te ha gustado mi cama? (Pausa. no tienes nada que hacer en un piso sin muebles.. Eres un viejo bárbaro... a ver si tenemos más respeto. Estás en mi casa..—¿Por qué? ¿Adonde quieres ir? DAVIES. DAVIES.—¡Déme mis puñeteros pantalones! MICK. no seas bellaco..—¿Vas a quedarte aquí mucho tiempo? DAVIES..—¡Me han traído aquí! ¡Me han traído aquí! MICK. Eso es lo que tú eres...—Esta es la cama de mi madre. (DAVIES mira con cautela a MICK. él.. si no es por él.. yo no he.. yo trabajaba.) MICK. me voy a Sidcup! (MICK le azota la cara con los pantalones varias veces.. DAVIES se echa atrás... ni empieces a tomarte libertades con mi vieja.Harold Pinter El conserje DAVIES.—Me trajo aquí anoche.—(Aproximándosele. arriba ese culo. no encontrará a nadie que tenga más respeto que yo.—No tiene usted derecho a. DAVIES.—No... nene. DAVIES. que le da la espalda. no lo cuento. MICK.. No te metas con mi madre. que yo a usted no le he visto en mi vida. MICK se vuelve rápidamente y se apodera de ellos. De esto. no hay quien me saque de ahí.. podría sacar siete de los grandes por semana. ¿eh? No me seas bellaco.. MICK.—Un hombre que vive aquí..—¿Decías? DAVIES..—Escucha.—¡Déme y me voy. (Pausa.—No te pases de la raya. Apestas.—No sé por qué me parece que eres un embustero nato. DAVIES.—¿Sabes? Me recuerdas a un fulano que me encontré un día al otro lado del viaducto de Guilford.—Pues a ver si dejas de decir embustes. yo trabajaba allí.—¡Me han traído aquí! (Pausa.. MICK. si me diera la gana. DAVIES.. MICK. amigo. DAVIES corre hacia la percha y coge sus pantalones..—Yo no.) MICK. hijo. ¿qué? MICK. lo encontré en un café.) MICK. Hay que guardarse de las corrientes de aire. me trajo aquí... Te lo digo en serio.—Bueno. me despidieron. DAVIES forcejea para recuperarlos.... DAVIES.) Mira.. MICK extiende una mano amenazadora. DAVIES.. me trajo aquí directamente..—¡Sí! MICK.. MICK. un granuja. Eres muy poca cosa para estar en un lugar tan decente como este.—¿Qué te enseñaron? (Pausa. el. Escucha.—Déme mis pantalones.... y ahora.—¿En la cama? MICK.) Esa es mi cama..

participación en los beneficios. después de echar una mirada a MICK y DAVIES.—Las grietas. seis meses de arriendo. por el momento. por mangante. historial impecable. subsidio familiar. Total.) ¿Qué hace usted. Si te lo quedas diré a mi agente que te extienda un contrato. venta de acciones. Acepto cuatrocientas o la oferta que más se aproxime a esa cantidad. MICK. MICK. remisión de plazo por buen comportamiento. Muebles y todo lo demás.) ASTON. todo sujeto a revisión y unificación diarias. examen anual de los archivos. si tanto te gusta. (Pausa. Agua. Claro. que está ahí fuera. ASTON. ASTON. calefacción y luz vendrá a costarte alrededor de las cincuenta.. Aquí tienes. Y si quieres tener más espacio. (Pausa. amplia indemnización contra desórdenes públicos. cincuenta por ciento de depósito.) Viene del tejado. ¿eh? ASTON. Trescientas cincuenta libras al año. no tengas miedo. empezará de un día a otro. En caso contrario.) Todavía tienes esa gotera. No hay problema.) MICK. curva ascendente. (Pausa. Silencio. ¿eh? ¿Qué me dices? A no ser que lo quieras comprar. claro. MICK. disturbios sociales. conmociones políticas.—¿Crees que servirá de algo? ASTON..—Del tejado. conozco una compañía de seguros en West Ham que estará encantada de prestarte el dinero. Tengo un hermano que es decorador de primera categoría. que si crees que esa cantidad está al alcance de tu bolsillo.—Sí. —(Bruscamente. sistema de primas. cuando ese balde está lleno? (Pausa.—¿Vas a embrearlas? ASTON.—Le estaba diciendo aquí.. necesitaremos una declaración firmada por tu médico particular que nos asegure que tu estado de salud es lo suficiente satisfactorio para llevar a cabo estos planes.) ¿Cuál es tu Banco? (Se abre la puerta y entra ASTON.—Sí.) Voy a tener que embrearlas. al amigo.) ¿Qué hace usted. Los tres levantan la vista. puedo llevarte en cinco minutos al cuartelillo más cercano con mi camioneta. MICK se sienta en la silla. DAVIES los recoge y se los pone.—¿El qué? ASTON.—Vaciarlo. DAVIES se retira a su rincón.Harold Pinter El conserje tendría un inquilino. Cae una gota en el balde. por robo a plena luz del día. y ponerte en chirona por allanamiento de morada. O sea que ¿qué piensas hacer? Unas ochocientas por esta habitación o tres mil por todo el piso. se sienta y empieza de nuevo a arreglar la tostadora. MICK.) DAVIES. por saqueo premeditado. Él te lo pintará todo. compensación al cesar los pagos. se sirve té a los clientes. dilo. dormitorio y cuarto para los niños. si prefieres hacerlo a base de préstamo hipotecario. No hay trampa ni cartón.—Sí. Diría a mi hermano que lo pintara todo. veinte por ciento de interés. por ladrón y por apestar la casa. Cuarto de baño. hay otras cuatro habitaciones en este mismo rellano que también están en venta. cuarto de estar. ochocientas noventa. (Pausa. Por otra parte. Página 20 de 53 . contra robos y saqueos. Silencio.? (Los otros dos lo miran. MICK.) MICK.. finanzas saneadas. sin gastos.—¡Hummmm! (Pausa. Quiero decir. Este lo puedes utilizar como gabinete de trabajo. truenos y tempestades. reintegros. amortización.—Sí. ¿comprendes? ¿Cuál es tu Banco? (Pausa. que de un momento a otro ibas a ponerte a decorar las otras habitaciones. va hacia su cama y deposita en ella una bolsa que lleva en la mano.—Servirá. rayos. Sí. Este hermano de que te he hablado está a punto de empezar a decorar las otras habitaciones. MICK se vuelve y deja caer los pantalones.—¿Vas a embrear las grietas del tejado? ASTON. Valor imponible noventa libras al año.

(MICK va hacia la puerta y sale.—¿Es su bolsa? DAVIES.. Pausa.. mi puñetera. hijo. (Pausa.—Sí. (ASTON le alarga la bolsa a DAVIES.. MICK. DAVIES la aprieta contra sí.—Mía. el muchacho.—¿Su hermano? Un poco guasón.—(Amenazándolo para que no se acerque. lo que se dice tener sentido del humor. gracias.—Sí. señor. ya me he dado cuenta.) ASTON. un guasón de verdad. tiende.) ¿Qué bolsa? (A DAVIES.—¡Démela! ASTON. DAVIES recoge la bolsa. DAVIES. ASTON. eso es lo que es.—¿De quién? DAVIES. DAVIES.) DAVIES. Se la dieron.—Tome.) ¡Oiga. ¿no? Página 21 de 53 .) Aquí tengo su bolsa. se sienta y empieza a liarse un cigarrillo. No vayas demasiado lejos. ASTON.—Sí.. nene! Te equivocas de puerta. Pausa.Harold Pinter El conserje ASTON.—(Acercándose. gracias. Cuando he llegado allí. ASTON se la da a DAVIES. (Pausa. (ASTON coge la bolsa. (Pausa.—He tenido mala suerte con aquella sierra de vaivén.—¡Cuidado con lo que haces. (Pausa.—Tiene sentido del humor..—(Esquivándole..—Sí. es mi bolsa! MICK. DAVIES.. MICK. Se le cae. La coge ASTON y se la da a MICK..—Es usted un ladrón. ASTON se la quita.—Dásela. DAVIES. déme la. ¿verdad? (DAVIES vuelve a su rincón con la bolsa. Pausa. tiende a ver el lado cómico de las cosas. un ladrón. (Pausa. MICK se la quita a ASTON. La coge ASTON.) Un guasón de verdad..—Voy a coger.) ASTON.) Me es muy familiar.—¿De dónde la has sacado? ASTON.—Pues todavía no he ido. MICK se la da a DAVIES.) ¿Adónde vas? DAVIES... Los otros dos lo miran. Va hacia su cama y se sienta. salta a la vista.) No. A DAVIES.. DAVIES se aleja con la bolsa.. ¿Qué tal en Wembley? DAVIES. acabad de una vez. MICK se queda en pie inmóvil.—¡Devuélvamela. No te pases de la raya. Una gota cae en el balde. MICK..) ¡Oh!.—(Ocultándola detrás de la cocina de gas. Intenta cogerla DAVIES.) ¿Qué bolsa? DAVIES.—¡Hummm!.—¿Qué? ¿Qué tengo que darle? DAVIES.. La coge MICK.—¿Qué quiere usted decir? MICK.—¡Es mía! MICK.—(Encarándosele. oiga! MICK. DAVIES intenta cogerla.. DAVIES. no he podido.) Esta bolsa la tengo vista. Entras en un domicilio privado y te pones a fanfarronear y a meter mano a todo lo que puedes meter mano.) Vamos.) DAVIES. DAVIES. DAVIES. ¿verdad? ASTON. Pausa. La coge DAVIES.—¡Esa puñetera bolsa! MICK.—¿Quién era ese tipo? ASTON. MICK intenta arrebatársela. MICK se la arrebata. DAVIES.—Sí.—(Levantándose. Todos levantan los ojos.) MICK..—Mi hermano. Pausa. MICK se la quita. MICK mira a ASTON. ya la habían vendido. La coge ASTON. ASTON va hacia su cama.—¡Oh! (Se acerca a él y la coge. ¡Dígale que es mía! MICK.—¿Qué es esto? DAVIES.—Es mía. MICK se levanta y se la quita.

levantándolas.—No. (Va hacia la ventana.—Sí. ¿verdad? ASTON. .—De todas maneras.) DAVIES. a la derecha.. ser el conserje de aquí. oiga. (Pausa.. DAVIES.—(Levantándose. quiere decir.—Muy bien.. Pero ahora puedo hacer toda clase de cosas con mis manos.—Pero no vive aquí. (ASTON se pone en pie. creo que me he decidido por el tabique. una de un rojo vivo y otra verde. si tuviera un taller.—Una vez haya construido el cobertizo allá fuera..—¿Qué? ASTON.—(Abriendo la bolsa. DAVIES. Me lo han dado todo muy barato. a esto no digo que no.) Claro. DAVIES. Tiene camioneta propia. coge la estatuilla de Buda y la pone sobre la cocina de gas..... ¿sabe? Ya sé lo que han hecho.) ¡Ya decía yo! ASTON. con todo.. estaré en condiciones de pensar en el piso. con rayas hacia abajo. ya. ¿comprende? Tal vez podría ir haciendo algo para salir del paso.. La mía era completamente distinta...—Sí.—Estoy encargado de arreglarle la parte superior de la casa. me parece que. esto sí que lo acepto. Creo que le irá bien.. ¿Qué tal estoy? ASTON. sacar el brillo a las campanillas.—¡Oh!. lo que necesito es esa clase de camisas a rayas.. buena madera. Trabajos sencillos al principio.—Un batín.) De todas formas. Antes no me había dado cuenta. (ASTON coge el enchufe y lo examina. ya sabe: las escaleras y el rellano. DAVIES. No. (Pausa.—Es del ramo de la construcción.) No está nada mal esta tela. Dentro hay unas cuantas. ya se nota. Estoy pensando.) ¿Qué es esto? ASTON.. DAVIES. si quisiera..—Bueno.—No. DAVIES.. no. DAVIES. vigilarlo todo. Pero.Harold Pinter El conserje ASTON. Con uno de ellos la habitación queda dividida... Eso es lo que quisiera..) Cuadros... Las examina. hay mucho que hacer en esta casa.—No..—¿Un batín? (Palpa el tejido.) Yo sé trabajar con mis manos. las escaleras de la puerta de la calle. Voy a ver qué tal me sienta. ¿sabe? Podría. Cuando construya el cobertizo allá fuera. lo que ha pasado ha sido que alguien se ha largado con la suya. Lo sé por experiencia. ¿sabe? Camisas así no duran mucho en invierno. estoy pensando en un tabique. DAVIES.) No. DAVIES.—Bien.—Podría usted. ASTON.—Sí..) ¿No tiene usted un espejo por aquí? ASTON. si quisiera. DAVIES. ¿sabe?. una camisa buena y fuerte.. (Pausa. (Pausa... cuidar de la casa.? ¿Quiere decir con eso que esta casa es suya? ASTON..—¿Qué. Podría hacer eso o podría hacer un tabique. me he dado cuenta de que tenía una manera muy suya de ver las cosas.. (Pausa. orientales. bueno. no creo. ¿comprende?.. Convertir todo esto en un piso. trabajos manuales. Lo que han hecho es quedarse con mi bolsa y darle otra que no es la mía. ¿sabe? Es una de las cosas que yo sé hacer. hay esos biombos. podría trabajar la madera. no es mi bolsa.) ¿Hay zapatos? (DAVIES saca dos camisas a cuadros. me he hecho con esta en otro sitio. DAVIES. ASTON.. no me está mal del todo.—Podría usted.—Sí. Queda dividida en dos. ya sé lo que pasa con esta clase de camisas. piezas de ropa. ASTON.) ASTON.—¿Y él qué hace entonces? ASTON.—¡Eh!.. en una de las habitaciones del rellano. Debo pintarle todo este rellano. también muy vivo.. (Saca de la bolsa un batín de pana color granate.. Ya sabe.. DAVIES.. va hacia el cajón del armario..) Tan pronto le he puesto los ojos encima.... Podría hacer muchas cosas.. que esta no es mi bolsa. Página 22 de 53 .. ya ve.—Sí. montaré un taller.) ASTON.. (Se lo prueba.

ASTON. el escocés. lo que quiero decir es que.. ¿no? ¿Y qué hago yo? Oigo la campanilla..) ASTON. ¿Comprende lo que quiero decir? ASTON. me voy abajo.. ASTON.... con un letrerito que dijera «Conserje».. es bonito.. me gustaría saber. por la parte de fuera... unos cuantos instrumentos de calidad.. ¿eh? ASTON. verá. DAVIES.... lo que yo quiero decir...—Sí. ¿no? Tengo que estar al tanto. eso sería. nunca he sido conserje antes. DAVIES. al lado de la puerta.. esto me guardaría del polvo muy bien.—Eso es.. viene a por mí. que tengo que. ASTON. es... ASTON.—¿Por qué? ¿Le sigue alguien los pasos? DAVIES. ya.—Bueno. pero ¿cree usted que podría arreglármelas sin una. campanillas.... ¿no se da cuenta? O cualquiera que estuviera detrás de mi cartilla.—¡Oh!. DAVIES.... lo que quiero decir es que nunca se sabe quién va a llamar a la puerta. yo. (Pausa. yo calculo.... usted ya sabe.—Bueno..—Bueno... ¿comprende?... y.Harold Pinter El conserje DAVIES. si le gustara. De metal..... Muchas gracias..—(Poniéndoselo..... ¿no? ASTON...... señor. Podrían desvalijarme en un abrir y cerrar de ojos. mire.. qué clase de.. ASTON.—¿Los pasos? Bueno. a lo mejor ese tío.—Conserje.) ASTON.. DAVIES.. (Pausa. DAVIES..—Podría enseñarle cómo funciona el aspirador.. ¿eh? ASTON... en fin. DAVIES. De perilla.. (ASTON toma un guardapolvo blanco colgado de un clavo..—Verá...—Cuando llegue el momento. claro. DAVIES.—Sí.. ya sabe... (Pausa.. también necesitaría unos cuantos cepillos. también.—Más o menos exactamente que… DAVIES..—Eso. no sé. no tiene inconveniente.) ASTON. abro la puerta. podríamos.... ASTON.. ¿ve?..—Bueno.. Bueno. si usted.. lo que quiero decir es. tendrá que limpiar las escaleras..—¡Ah!. no sé.) Sí. DAVIES.....—¿Campanillas? ASTON. ¿sabe?..—Bueno.—Bueno.—Lo que yo quiero decir es que tengo que..—Qué clase de.. en cuanto a eso.—Verá. sin una escoba?.—Creo que podré hacerme con una sin ninguna dificultad.. encima de su cama.—Quiero decir. ¿Y quién está allí? ¡Cualquiera sabe! A lo mejor..—Tendría que tener una escoba..—Le guardaría del polvo.... aquí estoy solo con cuatro Página 23 de 53 ... ASTON. podría poner una campanilla abajo.... DAVIES. eso es..) ASTON. a eso iba.... yo podría decírselo. ASTON. a lo que iba es a.. DAVIES. quiero decir. ¿qué clase de trabajos?. lo que podríamos hacer...—Pero sería cuestión de. Sería cuestión de tener una escoba.—Podría ponerse esto....... eso es exactamente lo que estaba pensando.. ASTON... DAVIES... y las. DAVIES.. ya sé...—Bueno..—¿Por qué no? DAVIES.—¿Qué le parece a usted la idea? DAVIES.—Bueno. ¿No cree?..... DAVIES. — Necesitaría instrumentos... quiero decir. Y usted podría contestar a cualquier llamada.. nunca.. y lo muestra a DAVIES.—Podría facilitarle un paño para quitar el polvo..—Voy a poner unas cuantas en la puerta de la calle. DAVIES. yo nunca he sido conserje.

) ¿Eh? No estarás pensando en atacarme. estoy preparado! ¡Estoy. y no voy a ser yo quien se lo diga. cuchillo en mano. ven. Un cuerpo se mueve juntamente con el aparato. ah.) ¡Muy bien! (Se pone en pie. guiándolo de un lado a otro. Se oye un portazo. después de todo. Las luces se van apagando hasta oscurecerse la escena completamente. yo soy el responsable de la conservación de esta finca urbana. (Se acerca a DAVIES señalando el cuchillo. ¿Quién eres? (Se mueve.) En fin. La boca del aspirador se arrastra ahora por el suelo.) ¡Ah!. (Guarda el aspirador debajo de la cama de Aston. (Pausa. Pero he pensado que sería mejor ponerme manos a la obra. ¿cuánto tiempo piensas quedarte aquí? La verdad es que iba a proponer que pagaras una renta más baja. ah.—Estaba haciendo una limpieza a fondo.. cuatro sellos. tengo muchas otras cartillas por ahí. Vivo en otro sitio. ¿sabes? Quiero decir. Tú no eres un tipo violento. (Salta de la cama. mi hermano y yo.Harold Pinter El conserje sellos en la cartilla.—Siento haberte dado un susto. saca una caja y enciende una..) ¡Anda. DAVIES se aplasta contra la pared de la derecha. Dios. le vigila. persiguiendo a DAVIES. sin escapatoria posible. ni uno más.) Vamos. Entra DAVIES. Espera un momento (Busca en sus bolsillos las cerillas. tropieza. aquí está. No veo ni gota. ah! ¡Vete. Le cae la caja. MICK.) MICK.) ¿Dónde está mi caja? Estaba aquí en el suelo.. una vez cada quince días. Murmurando. hasta que encuentres trabajo. eso es lo que harían.) ¿Qué haces con esto en la mano? DAVIES. ¿verdad? Página 24 de 53 . MICK. cae y da un grito. abre el interruptor de la luz. es todo lo que tengo. Lo hacemos por turno. eso no quiere decir que yo viva aquí. si te pones intransigente.. (DAVIES se dirige lentamente hacia su cama.) ¡Aaaah! No me digas que esa condenada bombilla se ha fundido ahora. ¿comprende? Es otro. sujetando todavía el enchufe. todos los que tengo. eso es todo. ah.) ¡Ah. MICK está en pie sobre la cama.) ¿Dónde debe de estar esa puñetera caja? (Alguien da una patada a la caja. Silencio. ¿comprende? El nombre al que respondo ahora no es mi nombre verdadero. puesto que es mi turno. tendré que revisar de nuevo todo el asunto. ¿no te parece? No queremos que el polvo se te meta en las narices. Pero también estaba pensando en ti. (Pausa. DAVIES avanza. De pronto el aspirador empieza a zumbar. respirando ruidosamente. acabo de llegar hace un momento. DAVIES se sienta. A propósito. quiero decir. solo una cantidad nominal. ¿no es cierto? No puedo evitar sentirme orgulloso de ser el dueño. tropieza. cierra la puerta. ven. ah.. de espaldas. ¿qué es esto? Necesito una luz. Es falso.) ¿Qué le parece cómo ha quedado? Le he dado un buen repaso.) ¿Qué hago? Ahora se ha fundido la condenada bombilla. (Pausa. Hay que tener en cuenta tu comodidad. pero no lo saben. huye y cae presa del terror. He trabajado hasta tarde esta noche.. ¿no le parece? Porque entonces caerían en la cuenta de que ando por ahí con un nombre falso. mire. en el invitado de mi hermano. Alguien mete la llave en la cerradura de la habitación. No. (Silencio. ¿Quién es? ¿Quién ha cogido mi caja de cerillas? (Pausa. el cual salta. (Pausa. Al no encenderse esta. Le damos a todo esto un buen repaso. ¿Quién es? ¿Quién la ha hecho correr? (Silencio.. La escena se ilumina. Pero.) ¿Qué es eso? ¿Qué? ¿Quién es? ¿Qué es eso? (Pausa. He tenido que enchufarlo en el casquillo de la bombilla. pues.) En realidad.) Tengo un cuchillo.) ¿Qué pasa? (Abre y cierra. con el cuchillo en la mano. abre y cierra el interruptor varias veces. La cerilla se apaga. Claro. Entonces una tenue luz se filtra por la ventana.. DAVIES lanza una leve queja. hacen sonar la campanilla del «Conserje» y me echan mano.) ¿Qué hacer? (Avanza. estoy. Solo nominal.) ¡Aaah! ¿Dónde está? (Agachándose.—No se acerque. ¿eh? Estoy preparado. Pero ahora no funciona. Se levanta. estoy aquí! (La sombra desenchufa el aspirador del casquillo que pende del techo y vuelve a colocar la bombilla. La sombra salta sobre la cama de Aston.) Antes había un enchufe en la pared para este aspirador.) ¿Quién está aquí? (Pausa. Anda.) ¿Qué le ocurre a esta maldita luz? (Abre y cierra. desde luego. veteeee! (El aspirador cesa de funcionar.

.. (Muerde el bocadillo.) He olvidado la pimienta. lo que pasa es que.) Sí.. MICK.—Toma. gracias. (Pausa.—(Buscando por el bolsillo.) ¿Qué hace? MICK.... estoy...—Entonces sabe de qué estoy hablando.. La habré perdido. verás.. DAVIES.. Porque tú eres amigo de mi hermano.—(Sacando un salero del bolsillo. me gustaría creer que así es.) Que estoy impresionado.) Yo no me meto con nadie. lo sé. lo que se dice un amigo mío. Nunca he dicho que no lo fuera... sólo quería decirle que.—Sí. ¿Puedo pedirte un consejo sobre algo? DAVIES. de veras..—Queso..—Siento que me digas que mi hermano no es amable contigo. MICK.—¿No se comporta él como un amigo o qué? DAVIES.—(Vehemente. por desgracia. vaya..—Lo es..—No.—Adelante. DAVIES mastica el bocadillo. DAVIES. la aguanto. (MICK se sienta en la cabecera de la cama de Davies...—Gracias. DAVIES. MICK. MICK. ya comprendo lo que quiere decir. MICK.. DAVIES.—¿Qué? MICK. lo es. compadre..—Me alegro.) Toma uno de estos. MICK.—Sí. DAVIES.—¡Uh! Bueno.—¿Quieres un bocadillo? DAVIES. Creo que nos comprendemos. ha sido muy impresionante. ¿no? MICK.. pero yo no diría que es. ¿sabe? No sé por qué..Harold Pinter El conserje DAVIES.—Lo creo. Pero si alguien se mete conmigo. MICK. No puedo dejar de interesarme por los amigos de mi hermano. eso es lo que pasa.. DAVIES. yo. pero cualquiera podría decirle que. estoy un poco preocupado con mi hermano. ¿eh? MICK. ¿sabe? ¿Comprende lo que quiero decir? Un poquito de broma de cuando en cuando. Me.. Escucha. DAVIES. lo creo.—Bueno..—Hasta aquí podíamos llegar.) ¿Sal? DAVIES.—No.) Solo que no acabo. no acabo de entenderle.—¿Qué trama ahora? MICK.. De qué es ese bocadillo. empezamos mal. MICK. Página 25 de 53 . a mí no me ha hecho ninguna trastada. (Pausa. vale. Yo nunca le he hecho ningún daño.—Bueno. se trata. Usted ha estado jugando conmigo.—Que estoy muy impresionado por lo que acaba de decir.—¿Eh? MICK.—Nada..... MICK. DAVIES.—Eso es.. MICK..—Sí. pero. (Pausa. ya verás....—¿Su hermano? MICK. Después se levanta y se pasea por la parte anterior de la escena. ¿no? DAVIES.. tú eres un hombre de mundo... DAVIES. ¿Sabe lo que ha pasado? Que empezamos con mal pie. quien se mete conmigo. qué quiere que le diga... señor.—No más allá.—Sí.—Bueno.. ¿Puedo pedirte un consejo? Quiero decir.. Ahí está. MICK. ya sabe lo que le espera. Quiero decir.—Por algún lado tenía un poco de remolacha en vinagre.) ¡Humm!. DAVIES. yo no diría que somos lo que se dice amigos. DAVIES.. DAVIES. no vaya a creer.—No le veo el quid.. todavía no me comprendes.—(Sacando un bocadillo del bolsillo. MICK le mira comer. DAVIES. me ha impresionado mucho lo que acaba de decirme. He corrido mucho mundo.—Bueno. yo no diría tanto. MICK.—No.

es chusco. MICK.—Sí.—Pues.—Decía que. es un tío chusco su hermano. DAVIES. DAVIES.—¿De veras? MICK.. DAVIES. Me he topado con tipos así. lo que yo quería decir era. sí. lo que yo quería decir. (Pausa.—Me he topado con ellos.. yo soy un trabajador. va hacia la parte anterior.) MICK. no le gusta trabajar. siga.—A eso no lo llamo yo chusco. no. un comerciante. MICK. no era esa mi intención.—¿De veras? MICK..—Si uno tiene un hermano mayor.. DAVIES.. he llegado a la conclusión de que es un trabajador muy lento.—¿Qué tiene eso de chusco? DAVIES.) DAVIES. MICK. Es lo que yo digo. Estoy pensando que lo Página 26 de 53 . (MICK lo mira fijamente.—No.—No le gusta trabajar.—Bueno...—No. (Pausa.—¿Conoces el tipo? DAVIES.. ¡ea! MICK. MICK.. DAVIES.—Conoces el tipo... DAVIES. eso es lo que le pasa.—¡Ah!.—Esto me tiene trastornado.—¿Qué es lo que tiene de chusco? (Pausa. MICK.) ¿Qué me aconsejas? DAVIES.—Nada.—¡Continúe! MICK.. pero.—Mire.—Es terrible tener que decir esto de un hermano.. eso no hace más que perjudicarle. que es un poco chusco su hermano.. terrible.Harold Pinter El conserje DAVIES.. DAVIES.—Es natural.. lo que uno quiere es ver que se abre camino.—Sí. (Pausa. de ninguna manera.—Anda. muy avergonzado...) Vamos. MICK.—No vayas a meterte a criticar ahora. Tengo camioneta propia. DAVIES. Ves. MICK. ¿no? DAVIES. yo solo quería. No puedo tenerle mano sobre mano.) MICK..—¿Yo? Ya lo creo.—Conozco esa clase de gente.—Tiene que hacerme un trabajito. conozco tipos así.—Él se siente avergonzado de ello. pero.—Quiero decir.) ¡Mira! Voy a hacerte una proposición. MICK. MICK.—Así parece. lo que uno quiere es empujarle hacia adelante. MICK.—¿Qué? DAVIES.—Conozco esa clase de tipos.. DAVIES.—¿Chusco? ¿Por qué? DAVIES.—Le avergüenza trabajar. cállate ya..) DAVIES. claro.. MICK. (MICK le mira.) MICK. no sé...—Pero él no se dobla al trabajo..—¿Qué? MICK. Lo tengo aquí para que me haga un trabajito. DAVIES. MICK. MICK.—(Levantándose. lo que yo quiero es que las cosas le vayan bien. DAVIES.—Bueno. no está bien que diga esto.. dígalo.—Yo tampoco..—¡Basta! (Vivamente.—No le gusta trabajar.—El que no le guste trabajar. DAVIES... ¿eh? No jorobes. MICK.. DAVIES.

si he pasado allí la mitad de mi vida. soldado.—En las colonias.—O sea que cuando queramos podremos hacernos con esas referencias.—¡Ah! DAVIES. de lo contrario. sino también todos mis papeles. ¿comprende? Tengo que ir o. ¿comprendes? Creo que se le podría sacar un partido mucho mayor.. MICK. DAVIES.—¿Para qué? MICK..—¿El qué? MICK. mire. DAVIES.. Yo.. Conozco aquello como la palma de mi mano.. muchos planes. tendré que llegarme. ¿eh? DAVIES.. DAVIES..—Quiero decir.—Para conserje.—¿Eh? MICK. voy a serte franco. DAVIES.—Tengo una gran cantidad de referencias. sí.... MICK. en mis buenos tiempos me habían hecho muchas ofertas. qué va. Ultramar. sino también con todos mis papeles.) Bueno. No solo tienen allí todas mis referencias.. estoy esperando que cambie el tiempo.. DAVIES. DAVIES. no solo me haría con mis referencias. Allí tengo todas las referencias que usted quiera. DAVIES.. (Mira a DAVIES intensamente. arréglelo como quiera.. De todas maneras. Yo estaría mucho más descansado sabiendo que un hombre como tú estaba por aquí vigilándolo todo.—Eso es...—Bueno. ¿sabe? De eso puede estar seguro. como.—Me llegaré allí cualquier día..—A mí no me toma el pelo nadie... Yo nunca he sido conserje antes.) ¿Te gustaría quedarte a vivir aquí como conserje? DAVIES. Si te lo pido es porque me parece que eres la persona adecuada para esta clase de trabajo. verá..—Oiga. MICK. El dueño soy yo. DAVIES. MICK.—¡Oh!. espere un momento.. Se ve a la legua. Tengo documentos para probarlo. No puedo ir a ninguna parte sin un buen par de Página 27 de 53 .—Sí. tú has hecho el servicio.—Allí estuve.. bueno. que no eres de los que se dejan tomar el pelo fácilmente.. cuando has sacado ese cuchillo..—Solo para que mi agente legal no tuerza el gesto. MICK. Pero. usted o él? MICK.—¡Ah!.Harold Pinter El conserje mejor será que me ponga al frente de esta casa. Quería ir hoy. DAVIES.—Claro que lo soy. Exactamente el hombre que necesito.—Eso lo dejo en sus manos. MICK.. hombre. MICK. DAVIES. ¿verdad? DAVIES. Quiero decir. tendremos que llegar a un pequeño acuerdo financiero que redunde en beneficio de ambos.—¿Qué cosa? MICK. eso es. MICK. MICK..—¿Puede darme referencias? DAVIES. pero estoy.—Yo. Tengo muchas ideas. ¿No podría usted encontrarme un buen par de zapatos? Necesito un buen par de zapatos como el pan que me como.—Sidcup.. mire: en realidad.—Naturalmente. oiga. DAVIES. estoy copado..—Que has hecho el servicio. Solo una cosa.. ya le digo. ¿quién es el dueño aquí. MICK. no me disgusta ser conserje y vigilarle la casa...—¿Dónde está eso? DAVIES...—Sí. Lo único que he de hacer es llegarme a Sidcup mañana. (Con resolución. Si me llegara allí. Uno de los primeros.—No importa.—¿Qué? MICK. ya me he dado cuenta antes.—Gracias..—Mira. ¿sabe?.

) Además. ASTON. ASTON se sube los pantalones sobre sus calzoncillos largos... ¿pues qué le parece entonces? La lluvia entra y me cae sobre la cabeza. Me encontré allí con un hombre y hablamos. (Va hacia su cama. pero. DAVIES. Ve.—Podría cerrarse. ya se ve.—Se vicia mucho la atmósfera si la ventana no está abierta.) DAVIES.—¿Por qué no duerme usted al revés? DAVIES. cae directamente sobre mi cabeza. ¿no? ASTON. Esa maldita lluvia. Es de día.—La lluvia no le caería sobre la cabeza. (Pausa. eso no puedo hacerlo.—¿Para qué? ASTON. yo he vuelto a dormir bastante mal esta noche. (Pausa. (DAVIES salta de la cama. Es todo lo que digo. no entiende lo que quiero decirle. Hace una ligera mueca. Lo que yo decía era que. (ASTON se dirige de nuevo hacia su cama con el madero. qué me dice usted de mi situación? ASTON. DAVIES. DAVIES.—Dijo que pensaba ir a Sidcup. ASTON.—Es lo que pensaba.—Sí. DAVIES. eso es todo.) Quiero decir. (Pausa. ASTON. entonces eso echa por tierra mis planes. oiga. eso no..) ASTON. DAVIES.—¿Qué diferencia habría? ASTON. bueno.. Por eso el viento entra acanalado. el techo está en malas condiciones.—Bueno.—El tiempo no está muy seguro. Entra por ahí. Mire el tejado. (Pausa. ¿qué? ¿Qué. ¿se da cuenta?. Todo lo que me diga sobre el aire lo sé de sobra.—¡Ay!. ahora llueve. Mire.—Sólo un poco. me he acostumbrado a dormir de esta manera.—No. DAVIES.—Decía usted. ASTON. Caía sobre mi cabeza.) DAVIES. ¿verdad? ASTON. toma un trozo de madera y empieza a frotarla con papel de lija. quiero decir.—Me dijo usted que le despertara.Harold Pinter El conserje zapatos. DAVIES. sería estupendo que pudiera llegarme allí.—Sí.—No. sí.—No podría dormir aquí sin esa ventana abierta..) ASTON. entra por esa ventana una corriente de aire demasiado fuerte. Tenía un banco de carpintero.—Duerma con los pies cerca de la ventana. me da en la cabeza una corriente de aire. Cierre esa ventana y nadie va a pescar ningún resfriado.) Oiga. cuando estoy durmiendo.—Necesito un poco de aire. ¿no podría usted cerrar la ventana? ASTON. ¿comprende? ¿Tiene usted probabilidades de encontrarme un buen par? (Las luces se van apagando hasta oscurecerse totalmente la escena.—¿Qué quiere usted decir? ASTON.) DAVIES. lleva los pantalones puestos. DAVIES.—¡Ay!.—Pésimamente. Busca en la cabecera de su cama. No soy yo quien debe cambiar. muchacho.) A pesar del saco.—Sí.—(Poniéndose las sandalias. Me pareció que estaba en muy buenas Página 28 de 53 . ya. Me estropea la noche. El techo está en malas condiciones.) ASTON. apoya la madera en ella y continúa frotándola. La coloca de nuevo en su sitio. (Pausa. Esta se ilumina nuevamente. mire. Toda mi vida he vivido al aire libre. (ASTON va hacia la silla. DAVIES... el chaleco y la camiseta... se acerca a DAVIES y le despierta.—Creo que voy a darme una vuelta hasta Goldhawk Road. (Pausa corta.) DAVIES. Ahora entra.—Yo he dormido pésimamente. Ha llovido un poco esta noche. Puedo pescar un resfriado y diñarla con esa corriente que pasa.) ASTON.—Yo. toma una toalla del toallero y la agita. es la ventana. ¿lo ve? Mire ese tejado por donde entra el aire. DAVIES se incorpora sobresaltado. pero y yo..

—Debería usted dormir al revés.. ASTON. No eran alucinaciones. Dijo. distinguido.—Para construir el cobertizo.. Y me mostró un Página 29 de 53 .. ASTON... yo lo dije.—Ya... Y esa mentira fue pasando de boca en boca. no era fácil. DAVIES. quieto.) Creo que me voy a ir andando hasta allí. era. me dijo que yo tenía algo. de eso hace ya muchos años. ¡Hummmm! Entonces. Lo malo era que yo tenía una especie de alucinaciones. Tal como estoy ahora. DAVIES y todos los objetos de la habitación quedan sumidos en la oscuridad... (Durante el monólogo de ASTON la habitación va oscureciéndose. Veré si hoy le puedo encontrar un par. salíamos a rondar juntos algunas veces. aquel sitio tuvo mucho que ver con todo lo que me pasó después... Esto lo hacía antes de irme. DAVIES. era un hombre muy. Quiero decir.. Fue lo que dijo.. Empecé a creer que la gente se portaba de un modo extraño.—¿Para qué? ASTON.Harold Pinter El conserje condiciones.. DAVIES. o en las horas de descanso... En ese café.. yo les acompañaba algunas noches... se ponían en corro a mi alrededor.... Pero solían escucharme siempre. alguien debió de decir algo. ¿no? Me subiría por todo el cuerpo. cuando se me preguntaba...) DAVIES.—¿Qué quiere usted decir? ASTON.) Pero me mojaría los pies...... todo se quedaba silencioso. Lo mismo en la fábrica...—Todavía no ha dado usted con ese par de zapatos que me dijo que buscaría. Y ellos me escuchaban siempre que.—Tal vez. solamente ASTON es visible con claridad. Me gustaba aquel lugar. todo esto... todo. doctor.. Bien.. era tan claro. estará empapada como una esponja. Yo no quería ir. (DAVIES cierra la ventana y mira al exterior. yo les hablaba.......—La lluvia no le mojaría la cabeza. en pie. Quiero decir. un día... con algunos de estos hombres.—¿Qué es aquello que hay allí fuera. Dijo que habían terminado su reconocimiento.. todo se. Todo iba bien... No podía comprenderlo. me daba la sensación de que podía ver las cosas. ¿eh? ASTON..) DAVIES...—No. comprendían lo que les decía. algo mayores que yo.. ¿Eh? ¿Qué le parece si ahora cerrara la ventana? Aún está entrando. aquel hombre.—Madera. sobre muchas cosas..... Hacia el final de dicho monólogo.. Allí. los que iban al café.. Entonces.. ¿comprende? Lo que yo quiero decir acerca de esta ventana es que no solo me cae la lluvia sobre la cabeza. tal vez. Allí me hicieron muchas preguntas. Todos eran.. ya. En fin. ¿ve? Mañana por la mañana esa almohada estará. (Pausa. el jefe. antes. Sí..—Solía ir allí muchas veces.... solo me moja la cabeza.. ¡Oh!. ASTON.. era.. Me metieron dentro y empezaron a hacerme toda clase de preguntas.—Ciérrela por el momento... Yo no sabía nada. DAVIES. Creo que. DAVIES.. ¿no? Todavía sería peor. Ese fue mi error. ASTON. ¿no le parece? Ni siquiera para tomar una taza de té.) ASTON. Creía que. que yo tenía algo que decir. un día me llevaron allí. y… esa claridad con que veía.. sino que pronto caerá sobre la almohada... A él no creo que le sea de mucha utilidad.. Hablaba demasiado. (DAVIES da vueltas por la habitación. Pero.—Con los pies cerca de la ventana..... lo que yo pensaba. a pesar de que no estaba seguro de eso entonces. supongo.. debajo de ese toldo? ASTON. quieto.—No puedo salir con estos.. una especie de mentira debió de circular......—¡Oh! No. Intenté escaparme varias veces..—Hay un café unas puertas más allá. Pero todo parecía marchar bien. El viento le da de lleno. Me llamó a su despacho. pero quizá estaba equivocado. todo muy quieto.. (DAVIES se sienta en su cama. DAVIES. yo lo dije. Pasaba mucho tiempo allí. cuando quisieron saberlo. Pero ya no voy.) ¿Oye cómo llueve? Me ha aguado el viaje a Sidcup. (Pausa. DAVIES. Y. en la fábrica.. con mucha claridad. En fin..—No le veo la diferencia.. yo solía hablarles..

.. Y tenía unos dolores de cabeza. Bueno. Entonces fui a consultar a mucha gente. mis pensamientos. Esa enfermedad. antes que me metieran allí dentro. y por eso yo... eché a uno por el suelo y al otro le tenía cogido por el cuello.. del todo... Lo tenía todo sincronizado.... solo dijo eso. y el doctor jefe sólo apretaba esas mordazas en la cabeza del hombre y las mantenía así. y hacía. Y pude ver con toda claridad lo que hacían a los demás..» «Qué le quieren hacer a mi cerebro»... era cuestión solo de abrir la corriente.. y ese jefe.» Dijo. pero yo no quería ingresar en.. Me pasé cinco horas limando uno de los barrotes de la ventana de mi sala.. lo que pensaba. No. y entonces. Había un hombre que sostenía la máquina.. O sea que no podía trabajar. Fui uno de los últimos. a pesar de todo. aquella noche... ¿comprende? «Tiene usted. Era más joven que yo...» Dijo. Y me pescaron.. de todas formas. un hombre tuvo. y yo sabía que no podía hacerme eso mientras estuviese en pie. eso. No podía mirar ni a derecha ni a izquierda. pero si lo hacemos. Todo estaba oscuro. porque no.. y no lo tocaban hasta más tarde. se habían vuelto muy lentos... ¿comprende?. O sea que le escribí y le dije lo que intentaban hacer conmigo... bueno. Y nunca más he hablado con nadie.. Sujetaban al hombre. en mi habitación. Y mi hermano.. Tapaban al hombre.. ordenar. mis pensamientos. los alambres los conectaban a una pequeña máquina. Algunos de ellos se resistían. Lo más curioso es que no recuerdo muy bien. no sé lo que eran.. porque si hacían eso mientras estaba en pie podrían romperme el espinazo.. no podía. Venían y lo iban haciendo a uno tras otro. de repente. hacía algo. cómo lo dijo. Y hemos decidido—dijo—que solo hay una cosa que podemos hacer para curarle.... yo no era tonto. Después las sacaba. Sabía que tenía que pedir permiso a mi madre.. bien ordenadas. Eso fue cuando vivía con mi madre. pero la mayoría no.. He intentado recordarlo.. ¿Comprende? Si por lo menos me acordara de lo que se trataba. tenía que mirar siempre hacia delante. Dijo. después me tocó a mí.. Lo peor era que no podía oír lo que la gente decía. Pero ella había firmado ya. parecían unas tenazas muy grandes... tendrá que quedarse aquí toda su vida..... No podía. no podía. Me dijeron que me metiera en la cama. lo que decía..... Lo malo era que.. cuando casi estaba terminando. el doctor jefe.. Esto lo sé porque él me mostró su firma... una especie de auriculares. ¿sabe? No podía escribir ni siquiera mi nombre.Harold Pinter El conserje montón de papeles y dijo que yo tenía algo. No creo que le pasara nada al espinazo... Pero él sólo repitió lo que ya había dicho antes.. ¿comprende?.. y la noche que se acercaron me levanté y me quedé en pie contra la pared. y yo sabía que tenían que meterme en la cama. Venían con estos. era muy fuerte... Sabía que no podían hacerme nada sin antes pedir permiso. Se quedaban allí tendidos. El espinazo estaba perfectamente. ordenarlos.. el médico jefe me colocó las tenazas en la cabeza. Uno cada noche.... Nunca más he tenido esas alucinaciones. Acostumbraban encarar una pila de mano sobre las camas cada media hora.. me caía.. Y entonces.. No podía pensar.. tiene usted probabilidades. Una semana más tarde o algo así.. las ajustaba a ambos lados de la cabeza del hombre. justamente a mi lado.. Y entonces. Tenían que hacérnoslo a todos en aquella sala.: «Si no lo hacemos..... Pero no podía andar muy bien. no podía escribir. después de algún tiempo. ahora no recuerdo si apretaba un interruptor o daba la vuelta a algo. ningún sitio. cuando yo la saqué a relucir. quiero decir. No podía. Pero ellos querían hacerme ingresar. Podrá usted salir y vivir como todo el mundo. porque si volvía la cabeza. Bueno. era mucho más fuerte de lo que soy ahora. empezaron a venir y me hicieron aquello en el cerebro... alguna enfermedad. tuvo un ataque. en fin.. y pendían de ellas unos alambres. pero no puedo recordar exactamente. Era eléctrica. dijo: «Vamos a hacer algo en su cerebro. Pues bien: aquella noche intenté escaparme.. dije yo... Y coloqué todas las cosas que sabía que me pertenecían.. Supongo que era eso. ajustaba las tenazas. dándoles permiso... me puse mejor. y empecé a hacer cosas con mis Página 30 de 53 .. pero no me morí. lo hizo. O sea que yo me quedé en pie y entonces uno o dos de ellos se me acercaron. yo era joven entonces. Sabía que era menor de edad... ¡uhhh!. Me sentaba en mi habitación. O sea que pude salir..

porque mi hermano compró esta casa. empecé a recoger madera para mi cobertizo y todos estos cacharros que creía podrían ser de utilidad para el piso o para algún rincón de la casa. de esto hace ya casi dos años. No hablo con nadie. Pero no hablo con nadie ahora. TELÓN Página 31 de 53 . Nunca entro en ellos ahora. en el jardín. y entonces. y por eso quería probar a pintársela. así.Harold Pinter El conserje manos. vine aquí. tal vez.. Quiero levantar ese cobertizo allá fuera.. Pero primero quiero hacer algo. Me mantengo alejado de sitios como ese café. Muchas veces pienso en volver allí e intentar descubrir al hombre que me hizo eso. Ahora me encuentro mucho mejor. o sea que me vine a esta habitación.

yo sería el conserje.. acostado en mi cama.) No me contesta cuando le hablo. la acerca a su pipa y enciende.) MICK. usted y yo. sin poder apartar la vista de él. a él le importa todo un pepino. Silencio. nosotros. le hablé de los negros. Cualquier día podía caerme en la cabeza.. me despierto a medianoche. con la pipa en las manos. todo el retrete estaba negro. ¿qué? El dice que no está conectada. (Pausa. (Pausa. MICK está echado en el suelo. a él tanto se le da si marcha o no. DAVIES se levanta y se acerca a la cocina de gas. ¿no? DAVIES. Hace un par de semanas. no hablaba conmigo. en cualquier momento..—Que ya tienes un cuchillo.. ¿no es cierto? Podríamos poner en marcha todo esto.) Pero parece como si no hiciera ningún caso de lo que le digo.—Tengo la sensación de que ha hecho algo con las goteras. Quiero decir. El otro día. Quiero decir. No. Me toca casi a la cara. Vaya usted a saber dónde había estado.) Vea: la semana pasada llovió mucho. Lleva puesto el batín. DAVIES. vamos a ver. en el sector anterior izquierda. lo del tejado.. (Pausa. a él..) No me da ni un cuchillo para cortar el pan.) ¡No me da ni un cuchillo! (Pausa.. No sé lo que le pasaba. usted viene y me pide consejo. todo marcharía como sobre ruedas. MICK. durmiendo casi encima de ella. (Pausa..—Ya sé lo que tú quieres..) DAVIES. ¡Se hablaba a sí mismo! Es lo único que le preocupaba. (Enciende una cerilla.. DAVIES está sentado en la silla. (Pausa. Pero ¿qué hizo? Se supone que él es el encargado aquí.. empezó a hablar y no paró en una hora. Y no sé si lo ha vaciado aún. pero en todo este tiempo ni una sola gota ha caído en el balde. Lo encontré no sé dónde...) La otra noche alguien estuvo andando por el tejado. yo no contaba para nada..—Tengo un cuchillo. su cabeza apoyada en la alfombra enrollada. DAVIES. y qué sé yo. (Pausa.—¿Qué? MICK. Página 32 de 53 ...) ¿Cómo quiere que me corte una rebanada de pan sin cuchillo? (Pausa. (Pausa. A mí no me ha dicho ni media palabra del asunto.) Quiero decir.. no hay manera de conversar entre nosotros. ¿Y cómo sé yo si está conectada o no? Ahí estoy. a lo mejor estoy ahí. no creo. Raja que te raja. (Pausa. ni una sola palabra. sentado ahí. no me miraba. ¿no? Pues no dijo nada. Primeras horas de la tarde. ¿sabe?. Pero estando ahí sentado le dio sin parar. Se lo dije.. negras.. Pero él.) Quiero decir. claro que tengo un cuchillo. y allí está el horno.—Tú ya tienes un cuchillo. explota y me hace daño. delante de mis narices.) A lo mejor ha puesto ya la brea ahí arriba. (Pausa. que entran y usan el retrete. lo que yo quiero. (Pausa. todas las barandillas están sucias. de los negros que viven al lado...Harold Pinter El conserje ACTO TERCERO Dos semanas más tarde.—Y esta cocina de gas. hace un par de semanas. mirando al techo.) Pero tengo la impresión de que ha embreado todo esto de ahí arriba. tenemos planes con respecto a esta casa. Pero ¿cómo quiere usted que me corte una buena rebanada de pan con ese cuchillo? No es un cuchillo para cortar pan.) Es imposible. Desde entonces apenas ha dicho media docena de palabras. No tiene nada que ver con el pan. él no haría nunca nada de eso. ese balde era peligroso. en el momento en que yo estuviera debajo. No me habla. Debía de ser él. (Pausa.

MICK. pero eso nos pasa a todos. El suelo de corcho.—Vives con él en la misma habitación. Se le podría sacar mucho partido a esta casa.. ¿comprende? Quiero decir.. DAVIES.—¡Hummmm! DAVIES.—Pero ¡con él la mayoría de las veces no sabe uno lo que está pensando! MICK. no digo que no la tenga. MICK. cualquiera se da cuenta de eso. una mesita para el café con la superficie blanca y a prueba de calor. un aparador con cajones negro mate. Quiero decir. El rellano podríamos convertirlo en comedor. no le darían ni dos peniques por todo. MICK. DAVIES. (Pausa.. Mi hermano y yo. y otro en el rincón con estantes giratorios.) Quiero decir. Estos mismos colores los pondría en las paredes de forma que entonaran. sillas almohadilladas de formas curvadas. (Se yergue en su silla. (Pausa.—(Pensativamente. Y una tupida alfombra de lino de un blanco desvaído.. No hay manera. Alfombra de azul celeste intenso.) Todos estos cachivaches que hay aquí no sirven para nada.. lamparita de mesa de rafia blanca. DAVIES.. persianas venecianas en la ventana.—(Con voz queda. A las instalaciones de cocina les daría un acabado de color gris plomo. Tú eres su amigo. para que pueda saber Página 33 de 53 . ¿no? DAVIES.—¿Yo? MICK. una bonita ventana por donde entra el sol. MICK. Persianas venecianas..—Sí. (Pausa. ese es el problema.) La verdad es que no acabo de entenderle. DAVIES. una colcha estampada con pequeñas flores azules sobre un fondo blanco.—Pero él no lo es mío. Por tanto. (MICK lo mira.—Sí. (Pausa. No nos faltarían armarios. Iluminación funcional. nunca podrá venderlo. No son más que chatarra. pura chatarra.—Eso es. Uno no sabe nunca a qué tenerse con él. ya lo creo que sería un palacio. esta habitación. Por ejemplo….—No es mi amigo. de caoba y palo rosa. usted tiene su manera de ser. de teca muy veteada. ¿Por qué no hablas con él y procuras que se interese? DAVIES. sería un palacio. sillones con tapicería color avena.) Podría convertir todo esto en un ático. A veces tiene usted sus salidas. una mesa de.Harold Pinter El conserje ¿comprende? No se puede vivir en la misma habitación con alguien con quien. (Pausa.—Yo. Basura. Pondría... después otro grande. ¿Qué es un dormitorio? Un refugio.) DAVIES. (Pausa. cuadrados de corcho. Con esto no hay quien amueble una casa. tienes toda la razón.—Un palacio.—Pero..) Usted y yo podríamos poner en marcha todo esto. sofá de madera de haya con tapicería verde-mar. ¿y si pusiera usted un reloj en esta habitación... Es un lugar para gozar de descanso y de paz. Dimensiones adecuadas. a base de mosaico blanco. Esta habitación podría ser la cocina.. Hay mucho espacio para armarios donde poner la vajilla. la coqueta con una tapa que al levantarse deja al descubierto una bandeja de plástico para cosméticos. Sí. Luego el dormitorio. pondría en el suelo cuadrados de linóleo de color azul plomo y cobre. hombre. Trastos viejos. DAVIES..) Mire: ¡lo que yo necesito es un reloj! ¡Necesito un reloj que me diga la hora! ¿Cómo voy a saber la hora que es sin reloj? ¡No puedo! Yo le dije.) Sí. lo que tiene usted es que es.. Los muebles. con un tipo como usted. Además. usted es sincero. uno sabe siempre el terreno que pisa.—Sincero. Podríamos poner un pequeño armario de pared.) Pero a él no parece interesarle lo que yo tengo en la cabeza. ¿qué? MICK.) Esto no sería un piso. MICK. por lo menos con usted. mas él es distinto. se necesita un decorado suave. cortinas azul y blanco mate.—¡No tiene sentimientos! (Pausa.—¿Quién viviría aquí? MICK. ¿no? Sí. se lo dije: «Oiga.—Y yo.) Cachivaches. con quien no hay manera de conversar.

es esencial. Página 34 de 53 .. a los cinco minutos de estar aquí ya se me ha olvidado. ¡y en su cara hay una sonrisa! ¿A quién diablos está sonriendo? Lo que él no sabe es que yo le estoy vigilando desde detrás de esa manta. mirándome y sonriendo! Yo le veo. Todo instalado. y entonces sabré a qué atenerme. y lo único que sabe hacer entonces es darme achuchones. ¡Me levanto por la mañana y estoy muerto de fatiga! Tengo que atender a mis negocios.. ¿comprende? Lo tengo. tal vez lo haga.) ¡Escuche! ¡Me despierto por la mañana. Ven a verme un día. lo que necesito es un reloj.—Zapatos.. ¡cuando no tengo ni la menor idea de la hora que es! (Pausa. tengo un pequeño piso. Pero no me sirve de nada. se cree que estoy durmiendo. Aquí. tengo que estar al tanto a ver si veo un reloj y atornillarme en la cabeza la hora que es. cualquier día voy a soltarle cuatro frescas.. A uno le dejan dormir en todo el mundo. tengo que encontrar un empleo.. (Pausa. y no sé adónde va. mira hacia mi cama. podría ayudarle a pintarla. no tengo reloj.—(Levantándose y moviéndose. DAVIES. Entra ASTON. Usted debe decirle. lo tengo todo planeado.. No está mal. pero yo no le pierdo de vista ni un momento desde detrás de mi manta.. en el momento de entrar sé la hora que es..) ¡Y me despierta! ¡Me despierta en plena noche! ¡Me dice que hago ruidos! Se lo digo de veras. DAVIES se pone en pie. Se quita el abrigo. ¿comprende? Pero ¡él no lo sabe! ¡El sólo me mira y sonríe. MICK. podríamos levantarla. en esta habitación. tengo que situarme. DAVIES. va hacia la puerta y sale.. ¡Se me ha olvidado la hora que era! (DAVIES se pasea por la habitación. ahora no. cuando me despierto. MICK. ¿Comprende lo que quiero decir? ¿Sabe lo que tengo que hacer ahora? Cuando me estoy dando un garbeo por ahí. mientras estoy durmiendo. abre la bolsa y saca un par de zapatos.—Ya. está perdido. va hacia la ventana y mira al exterior. Tengo que moverme. MICK se levanta. quiero decir. Lleva una bolsa de papel. (DAVIES se sienta en la silla. MICK. le veo desde detrás de la manta. (Pausa.) Sale. Y para colmo. mire: usted es la persona indicada para hablar con él. Pero cuando me despierto por la mañana no tengo fuerzas para nada. porque puedo ver el reloj de la esquina. ¿y dónde vive usted ahora? MICK. me despierto por la mañana y me sonríe! ¡Se queda en pie ahí.—No.—Dormir es esencial.—Eso es terrible... lo que debe usted hacer.) ASTON.. la cosa no es tan grave cuando regreso a casa.—Tiene usted razón. (Se oye un portazo. entre los dos. Inclinándose cerca de MICK. se da la vuelta.—¿Yo? ¡Oh!. sale y no vuelve hasta muy tarde. usted es su hermano. yo podría pintársela. ¡No lo sabe! No sabe que yo puedo verle. (Pausa. Pero él no quiere darme ninguno. Nunca le veo. DAVIES. tomaremos unas copas y escucharemos un poco de música.—¿No le deja dormir? DAVIES. cuando regreso a casa. entonces. vea usted: si no me encuentro bien y me tumbo un rato. para recordarla después. aquí. podríamos ponerla en marcha. DAVIES.. quiero decir. Siempre me han dejado dormir.) O si no. en mitad de la noche.—¡No me deja dormir! ¡Me despierta! MICK. Siempre lo he dicho.. Mire..Harold Pinter El conserje la hora que es? Quiero decir.—Sí.) DAVIES.) No.—¿Adónde va usted? ¡Ese es él! (Silencio. ¿comprende?. ¡no sé si es la hora de ir a tomar el té! ¿Comprende?. Pero ¿y cuando me quedo en casa? Es cuando me quedo en casa. adónde va no me lo dice nunca. que tenemos grandes planes referentes a esta casa.) Bueno. pero no sabe que yo estoy viendo lo que hace! (Pausa. si uno no sabe la hora en que vive.) MICK.) NO. Se pone la chaqueta.—He estado en muchos sitios. no. lo que debe hacer es hablar con él. Antes charlábamos un poquito.

. buscar al hombre ese. ASTON... tuve suerte de no dejar el pellejo en esa carretera.. se quita las sandalias y se prueba los zapatos. Pruébeselos. DAVIES.—Soy un hombre viejo.—Es lo único que tengo. DAVIES.—Estos zapatos son negros..) Bueno.) ASTON. bueno. Si puedo llegarme hasta allí. DAVIES. DAVIES. Pero quiere ver mis papeles.—Sólo he podido comprar los zapatos.) DAVIES. lo que debo hacer es volver allí. hasta que me encuentre usted otros. La última vez que estuve allí fue. ¿comprende? Pues.—Aquí están. El tiempo me está haciendo la puñeta. DAVIES. ¿no? ¿Qué quiere que haga? ¿Que deje de respirar? ASTON. no puedo llevar los zapatos sin estar sujetos con los cordones. Con unos zapatos bien sujetos hay menos probabilidades de que tenga un derrame.—No hay cordones. DAVIES ronca y gruñe. silenciosamente.) DAVIES.. hasta que me haga con otros.. hace ya mucho tiempo. salta de la cama.) Me han ofrecido un buen empleo.. cállese.. he ido tirando.—Puede que tenga unos en un sitio u otro. estoy salvado.. ASTON. pues usted mismo comprenderá.) ¿Dónde están los cordones? ASTON.—No.—No puedo llevarlos sin cordones.Harold Pinter El conserje DAVIES. Lo difícil es llegar hasta allí.. He estado allí antes. ASTON se incorpora. esto es más bien malo para los pies. señor. he ido tirando. sí. ASTON. anda un poco. sale de la habitación..) ASTON. (DAVIES se sienta en la silla y empieza a colocar los cordones en los zapatos. no me están bien.. sí. (Pausa. ASTON.) DAVIES. Buen porvenir.. se inclina y aprieta el cuero. la carretera era mala. Tengo que ir a Sidcup.—Estaba haciendo ruidos. DAVIES. ¿no? Esto no es ninguna solución.—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué pasa? ASTON. hacerme con ellas.—Bueno.) ASTON. (Se vuelve y mira por la habitación..—Son de color castaño. llovía a mares. (Se los da a DAVIES.—Bueno.. Allí están. valen..—¿Qué quiere que haga? ¿Que deje de respirar? (ASTON se acerca a su cama y se Página 35 de 53 . (Pausa. (ASTON se acerca a la cabecera de su cama y busca en el estante que hay sobre ella. qué le vamos a hacer. mire: a lo mejor me apaño con ellos. Hice el camino a la inversa. enciende la luz. se acerca a DAVIES y le mueve.. Es de noche. Una tenue claridad entra por la ventana.) No sé si estos zapatos me servirán de mucho.—A lo mejor le sirven. (ASTON no le contesta.—¿Zapatos? ¿De qué clase? ASTON.—¡Eh!..—¿No le están bien? DAVIES. Me lo ha ofrecido un tipo que tiene. (ASTON.—Me he hecho con este par.. (DAVIES se acerca a la parte anterior del escenario.—Está usted haciendo ruido. DAVIES.. no puedo seguir así. es apretando el pie. Ese es mi problema. pero no. Quiero decir. La única manera de que no se caigan los zapatos. no es mi número. ¿comprende? Andar con los pies encogidos. Puedo tener un derrame. DAVIES. quiere ver mis referencias. De todas formas. llegué hasta aquí. ¿quiere? No me deja dormir. he ido tirando por ahora. Es una carretera muy mala.—¿Comprende lo que quiero decir? (Pausa. moviendo los pies. la última vez. si no tienen cordones.) Quizá me lleven a Sidcup mañana.—¡Hummm! (Pausa.) ¿Qué? ASTON. ASTON y DAVIES están en la cama.. tiene muchas ideas.—(Dando la vuelta.—No. ¿sabe?.) ¡Dios! Ese bellaco ni siquiera me escucha! (Oscuridad completa.

nadie sabe lo que se trae entre manos! Pues mire usted: a mí no hay quien me haga la barba por mucho tiempo. si me está dando achuchones todo el tiempo? ¿Qué quiere usted que haga? ¿Que deje de respirar? (Aparta la ropa y se levanta de la cama.—¿Que me busque otro sitio? ASTON. compadre? Pues no me extraña que le metieran allí dentro. La mitad del tiempo no sabe usted lo que se hace. vaya. DAVIES.) ¡Ojo al cristo. escaleras arriba y abajo. No para usted. no! ¡Usted! Usted es el que tiene que buscarse otro sitio. quiere ponerla decente. Creo que no nos entendemos. sale. un amigo de verdad.) ¡Cuidado con lo que hace!. No es cosa de juego. entra. que he de meterme en la cama con los pantalones puestos. En mi vida había hecho cosa semejante. no vaya a creer. Su hermano está hasta la coronilla. hombre! ¡Está como una regadera! ¡Si con la jeta paga! Quién ha visto nunca que me diera usted unas cuantas perras.) No se me acerque. Todo irá como una seda mientras sepa usted guardar las distancias.) ASTON. ASTON. Y a ver si le entra en los cascos una cosa: y es que tengo tantos derechos como usted. yo no haría ruido! ¿Cómo quiere que duerma tranquilo. DAVIES. En él sí que tengo un amigo. ¡Usted está medio tarumba. total para poder dormir en este asqueroso agujero todas las noches? Ni hablar. ¡Nadie sabe lo que se trae usted entre manos. ahora sale. ¿eh? Siempre se escurre usted como una anguila. No se acerque.Harold Pinter El conserje pone los pantalones. Pero aquí tengo que hacerlo. ¿Quién tiene la culpa de que tenga pesadillas? ¡Si no me estuviera usted dando achuchones.—¿Yo? ¿Está usted hablando conmigo? ¡No. hombre. compadre. Cualquier día.. Quiere hacer algo con esta casa. No debían haberle soltado nunca.—Voy a tomar el aire. ¿eh? (Pausa. Se miran fijamente. muchacho. DAVIES saca el cuchillo de su bolsillo.—Creo. De usted lo sabe todo. ahora entra. ¿Qué se figura? ¿Que voy a ser yo quien le haga los trabajos más sucios? ¡Jaaaaaa! ¡A otro perro con este hueso! ¿Que sea yo quien haga los trabajos más sucios. chaleco y pantalones. si iba usted a tratarme de esta manera? Si cree que es usted mejor que yo. ¡Sólo con que cambie el tiempo. Porque. ¡Con que alguien dé el soplo! Y se lo llevarán. se equivoca de medio a medio. ¡Su hermano está hasta la coronilla de usted! ¡No vayan a ponerle otra vez en la cabeza esas tenazas de que hablaba! No me extrañaría que se las pusieran otra vez.. al pelo.—¿Qué? Página 36 de 53 . vigile que no le metan otra vez.. compadre. Solo con que guarde las distancias.) Y paso tanto frío.—Sí. ¿eh? No es cosa de juego. Lleva camiseta. creo que ya es hora de que se busque usted otro sitio. A mí no me ha pasado nunca lo que a usted. ¿por qué me invitó a venir aquí. podré hacerme con más referencias que las que ha visto usted en su vida! ¡Tratarme como si fuera una bestia! ¡Yo aún no he estado nunca en una jaula! (ASTON hace un leve movimiento hacia él. voy a decirle una cosa: su hermano. (Una pausa. ¡Tratarme como si fuera un montón de basura! En primer lugar. DAVIES. que es de plata! (Pausa. ¡Yo estoy en mis cabales! O sea que no me achuche más. ¡Y todo porque a usted no le da la gana de poner una puñetera estufa! Estoy ya harto de que ande dándome achuchones. ¡digo! ¡Vendrán a buscarle y se lo llevarán y le meterán otra vez allí! ¡No habrá tu tía! ¡Le pondrán las tenazas en la cabeza y no habrá tu tía! Echarán un vistazo a toda esta porquería con la que tengo que dormir y se darán cuenta en seguida de que está usted como una cabra. su hermano está hasta la coronilla de usted. No crea que me chupo el dedo. A mí no me han encerrado nunca en un lugar de esos. muchacho. ahí está.) ASTON. Si ya le metieron antes en un sitio de esos. descuide.—¿Qué quiere usted que haga? ¿Quiere que le diga la verdad. Aquí tengo esto. ¡Despertar así a un pobre viejo en medio de la noche! ¡Usted debe de estar majareta perdido! Tengo pesadillas.

—¡Usted! ¡Usted es el que va a tener que buscarse otro sitio! ASTON. DAVIES.—¿Mi hermano? DAVIES. ¡Deje eso.—¡Ya veremos hasta cuándo! Sé lo que me digo. me ha dicho que el empleo es para mí.—Ha estado apestando todo esto. Esa es una de las razones por las que no puedo dormir..) Es limpio.Harold Pinter El conserje DAVIES. Se ilumina nuevamente la escena. DAVIES.. la cosa no termina aquí. ASTON va hacia la cama de Davies. (Pausa. DAVIES. ¿eh? Bueno. aquí se me ha ofrecido un trabajo. bueno.—¡Qué! ASTON. (DAVIES sale...—Será mejor..) Muy bien.. llamarme eso a mí..—¡Cristo! ¡Y se atreve usted.....) DAVIES.. (Entre resuellos. DAVIES. ¿se entera?.—No sirvo.. no tiene usted derecho.—¡Ese cobertizo no es apestoso! (Silencio. y yo me quedo con él.. unos cuantos chelines. Todo madera buena.. No creo que le guste quedarse aquí.. No nos entendemos.. él es quien me lo ha dicho.....—¡No se acerque demasiado! ASTON.—Desde hace días.) Se arrepentirá de haberme llamado eso.) ASTON.. DAVIES. Se me ha ofrecido un empleo aquí. DAVIES se mueve de un lado a otro. El brazo de DAVIES se paraliza. va a poner en marcha todo esto. pero no creo que sirva usted..) Se arrepentirá de haberme llamado eso. Oscuro. que se vaya. o sea que.—Él es quien va a quedarse aquí.—No tiene usted ningún motivo para llamar apestoso a ese cobertizo.—Recoja sus cosas. para que se entere. MICK está sentado en la silla. Conque quería. Si le doy.) El que apesta es usted. DAVIES.... (DAVIES apunta con el cuchillo.. Conque quería echarme a la calle. Voy a ser su conserje. podría ir a Sidcup.. Y ya se lo he dicho: yo me quedo.—¡Me gusta. ¡no va a haber ninguna habitación para usted! ASTON. ASTON se queda en pie. Lo levantaré. ASTON le mira. llamarme eso. nadie se ha atrevido a llamarme eso. DAVIES.—¡A ti sí que te voy a hacer apestar yo! (Levanta un brazo tembloroso. apuntando con el cuchillo al estómago de ASTON.! ASTON. pues yo vivo aquí..—Y se atreve usted.. ¿no es Página 37 de 53 ... muchacho! ASTON. ya lo creo que me gusta! ¡Lo que no me gusta es que me esté usted haciendo la barba durante todo el tiempo! ASTON. va a cambiarlo todo. que es mío! (DAVIES le arrebata la bolsa y aprieta todo lo que el otro había metido en ella.) Ahora ya sé en quién he de confiar.. DAVIES.. Silencio....) ASTON. (Se pone el batín. ¿eh? ¡Me larga un par de zapatos hechos una mierda y a la calle! ¡Usted no sabe por dónde se anda..—No puede.—Será mejor que se vaya.. Se quedan los dos inmóviles. le pondrá las peras a cuarto....—Mire. su hermano.—¡Ande ya! ¡Construya primero su cobertizo! ¡Unos cuantos chelines! ¡Cuando puedo ganarme aquí un sueldo fijo! ¡Primero constrúyase su apestoso cobertizo! ¡No faltaba más! (ASTON le mira fijamente. No hay cuidado.. coge la bolsa y empieza a poner dentro de ella algunas cosas pertenecientes a Davies.. ¡Me quedo como conserje! ¿Estamos? Su hermano. ASTON. (Coge la bolsa y se dirige hacia la puerta...—Sí.—¿Que yo no? Bueno. Usted no. DAVIES.... (Abre la puerta.—Yo vivo aquí. espere y verá. Este no se mueve. DAVIES esconde el cuchillo en el pecho. Al anochecer. ¿Y se atreve usted a decirme que soy un apestoso? ASTON. (Se pone el abrigo.—Yo vivo aquí. espere y verá. ¡Mío! O sea que aquí estoy. en pie. DAVIES.) ¡A ti sí que te voy a hacer apestar!.) DAVIES.. ASTON...).—¡Apestoso! ¡Ha oído bien! ¡A mí! Le he contado todo lo que me dijo. pues voy a decirle una cosa: hay alguien aquí que cree que sirvo..

.—A veces te pasas de la raya....—Se lo dije. en eso ha dado en el clavo.. de todas formas....—Eso es lo que me dijo. ¿no te parece? (Pausa.—Todos estos muebles. eso es.. DAVIES.—¡Así se habla! MICK. MICK.—¿Y dónde estaba? DAVIES. quiero decir.. es mi casa.. Decorador de interiores. Quiero decir. ha dicho algo como..» MICK.. DAVIES. excepto las camas. todos estos muebles son suyos.) DAVIES. él.—Ha dicho. O sea que se trata de una delicada cuestión legal. La compré barata. No sabe en qué lío se ha metido haciendo eso.—¿Estás diciendo que mi hermano no sabe dónde tiene la mano derecha? DAVIES. no tengo inconveniente.. le dije: «Vendrá su hermano...—Sí. Levantándose bruscamente. ¿Comprendes lo que quiero decir? DAVIES. él no tiene ningún derecho a mandarme. supongo que podría decirle que se fuera. ¿no? ¡Usted le deja vivir aquí! MICK. él sí que sabe dónde tiene la mano derecha.—¡Más valdría que se fuera otra vez donde estaba! MICK.. (Se vuelve para mirar a DAVIES.—Sí. Yo soy su conserje. MICK... Quiero decir.—Si apestaras.) Pero más valdrá que seas lo bueno que andas diciendo. MICK..—¿Un qué? MICK.—(Volviéndose para mirarle. DAVIES. Le dije: «¡La cosa no termina aquí. no lo entiendo. usted no me trata como si fuera un montón de basura. DAVIES.. (Pausa. ha dicho..—Bueno...—Sí.. MICK. tse. Depende de cómo se considere esta habitación.. Yo recibo las órdenes de usted. Haciéndome eso a mí. tse. ¿ves?. vas a acordarte de mí!» Le dije: «Y no se olvide de su hermano. DAVIES. vendrá.—Bueno. depende de si se considera amueblada o sin amueblar. MICK.. MICK.. se lo dije. Página 38 de 53 .. Se lo dije..—¿Qué? Lo que yo estoy diciendo es que usted tiene ideas respecto a esta casa.—¿En el clavo? Pero esta casa es de usted.. y le dejo vivir aquí...—¿Eh? MICK.—¿Qué quieres decir? DAVIES. no tengo inconveniente en empezar a arreglar todo esto.. ahí está...—Es lo que estoy diciendo. ¿comprende? Quiero decir. todo eso... (Pausa.. Por otra parte.» Le dije que usted vendría a ponerle las peras a cuarto. DAVIES.—¿Qué quieres decir con «un qué»? Decorador.. tal como están las cosas. todo eso de pintar y decorar. ¿no? DAVIES.Harold Pinter El conserje verdad? ¡Apestoso! ¡Ha oído bien! ¡Eso es lo que me dijo! MICK. no como usted. que él vive aquí. él es el inquilino.. DAVIES. ¿qué ha dicho cuando le has contado que yo te había ofrecido el empleo de conserje? DAVIES.—¡No..) ¿Donde estaba? DAVIES. Tengo que avisarle con anticipación... él. los dos sabemos perfectamente cómo es.—Tse..—No.) MICK... los dos. Más valdrá que lo hagas como nadie.—¿Qué quiere usted decir? MICK. claro.—Sí.) Bueno. tú dices que eres un decorador de interiores.. ¿comprendes lo que es eso? Se trata de una cuestión técnica.. el dueño soy yo. usted tiene consideraciones conmigo..—No..—Tú no apestas.—Entonces. yo sería el primero en decírtelo. señor! MICK.

. (MICK avanza lentamente hacia él. Lo que yo quiero es un decorador de interiores de primera categoría y con mucha experiencia..—No..—No..—¿Nunca has sido qué? DAVIES. eres muy extraño... Eso ha sido.. MICK. déme usted un poco de tiempo y me pondré al corriente. está chalado.. DAVIES.—Bueno.—No. Y lo demás.—¿Que es qué? DAVIES.) Fue él quien se lo dijo.. yo no. Él sería quien se lo dijo... amiguito. no da una..—¡Jenkins! MICK. MICK. no empiece otra vez con eso. ¿Cuál es tu verdadero nombre? DAVIES.—¿O sea que no sabes colocar cuadrados de linóleo de color azul plomo y cobre..—¿Chalado? ¿Quién está chalado? (Pausa. mirándole..—¿Qué le has llamado a mi hermano? DAVIES....—¿Yo? Vamos a ver...? MICK.—Tienes dos nombres. y te he hecho partícipe porque creía que eras un decorador de interiores y exteriores de primera categoría.) Qué hombre más extraño eres.—Yo.—¡Yo nunca he dicho eso! MICK.. MICK.—(Da una vuelta lentamente alrededor de DAVIES. un pequeño salario. MICK.—¿Ni serías capaz de decorarlo con una mesa de teca muy veteada. pero yo nunca he sido eso.. MICK. mire.) MICK.—No debería usted decirme eso.—Nada de ponerte al corriente. ¡Como que es un lila! Le diría cualquier cosa por celos.—¿Y te haces pasar por. mis deseos más íntimos. DAVIES.—¡Yo no he dicho nada de eso! ¿Es que no oye lo que estoy diciendo? (Pausa. eso ha sido un poquito impertinente por tu parte.. En serio. Ha debido de ser su hermano quien se lo ha dicho.Harold Pinter El conserje DAVIES.) ¿Has dicho que mi hermano es un chalado? Mi hermano. Creía que tú lo eras.—Bueno..—¿Cuándo? MICK. Desde que entraste en esta casa todo han sido trifulcas. Cada palabra que pronuncias se presta a un sinfín de interpretaciones Página 39 de 53 .—¿Cómo te llamas? DAVIES. nunca dije nada de que fuera decorador.. oiga. Repite lo mismo. He tenido muchas cosas que hacer.—¿Yo? ¿Qué quiere usted decir? Alguna chapuza todo lo más.—Eres un repuñetero impostor. MICK..—Pero ¡si él mismo lo dice! MICK. confiesa: ¿por qué me has engañado diciéndome que eras un decorador de interiores? DAVIES.. pero he tenido siempre mucha maña para todo.. Eres el único a quien he confiado mis sueños.? DAVIES. MICK.. ¿qué? ¿Eh? Vamos..—¡Atiza! ¡Entonces di que tenía de ti un concepto totalmente equivocado! DAVIES.. tú eres el único a quien he hecho partícipe de todo eso. ¿A que sí? Francamente. ¿no crees? DAVIES. vamos a ver.—¡Yo nunca he dicho eso! MICK. He estado demasiado ocupado. Yo no soy un decorador de interiores. bueno. déme usted.—¿Cómo quieres que te tome por otro? Tú eres el único con quien he hablado. hombre... vamos a poner las cosas en claro. un sillón con tapicería color avena y un sofá de madera de haya con tapicería verde-mar? DAVIES. Nada de lo que dices tiene el más insignificante valor.—Mi verdadero nombre es Davies. ni aplicar esos mismos colores en las paredes para que entonen? DAVIES.. DAVIES.. Yo iba a echarle una mano y nada más a cambio de un pequeño. y empieza a llamarme cosas. MICK. ¿de dónde ha sacado. usted me toma por otro. Me contrató como conserje... ¿sabe? Pero....

MICK no le mira. Se oye un portazo. ¿no? O sea que usted toma la mía y yo la suya y Página 40 de 53 . (Pausa.) Oiga.. siempre..) ¿Verdad? Usted ha sido un buen amigo para mí. (Pausa.) He vuelto para recoger mi pipa. se quita el abrigo. Escuche. si no. va hacia la puerta y sale. se sienta. ¿sí? DAVIES.. si yo tuviera la suya..—Me he ido y. no quería decírmelo. pues. son de la misma clase... hágalo.Harold Pinter El conserje distintas. Voy a pagarte por el tiempo que has hecho de conserje. MICK se acerca a la cocina de gas y toma la estatuilla de Buda.? ¿Verdad?.. Tengo otros muchos intereses. ASTON deja la puerta abierta. Me acogió. A mí me tiene sin cuidado. Toma. Es cosa de mi hermano. Tengo que levantar mi propio negocio. Y para colmo. (Se busca por el bolsillo. ¿sabe?.. Que la arregle.) DAVIES. ¿qué? (Silencio.) DAVIES. que haga lo que le dé la gana. Es lo que intento averiguar.—Todavía no ha hecho carrera con él. Por eso he vuelto..—¡Ah!. eres completamente imprevisible. Tengo otras muchas cosas que me preocupan.—Sí. Que las tenga. Muchas. ¿no? Tengo que pensar en extenderlo. Bien mirado. me veo obligado a despedirte. medio dólar... yo te admito inmediatamente ¿y qué pasa? Me espetas un discurso larguísimo diciéndome que tienes todas tus referencias en Sidcup.—Bueno.) DAVIES.. a mitad camino me. He estado pensando que. écheme. DAVIES se queda inmóvil.) Cualquiera diría que esta casa es lo único que me preocupa. Siempre me estoy moviendo. ASTON. Ambos sonríen levemente.—¡Eso es lo que quiero! (Arroja contra la cocina de gas la estatuilla de Buda. ASTON. la cual se hace añicos..—Creo que ya sé poco más o menos lo que le pasa.. si. no me preguntó nada.. (Pausa. Entonces va hacia su cama... me he dado cuenta.. No me interesa. Silencio.. (Pausa. Cierra la puerta.. Tengo que pensar en el futuro. Eres un bárbaro. No se mueven. Se miran. saca el destornillador y el enchufe y empieza a hurgar en él. en realidad. Me muevo. si he estado haciendo todos esos ruidos.—Y yo. en todas las direcciones. me dio una cama.. se para... usted duerme... que la pinte.—Sí. Hablando para sí. la corriente me daba de lleno cuando dormía. A ver si te das cuenta: llegas aquí y dices que eres un decorador de interiores. saca media corona y la echa a los pies de DAVIES. persevera. o sea que he pensado.. Él tiene sus propias ideas.? ASTON. me hacía hacer ruidos sin que yo lo supiera. si es lo que usted quiere. ve el Buda roto y mira los trozos por un momento.) ¿Ese no es el mismo enchufe que. Entra ASTON. ¿sabe?..) Muy bien. (DAVIES se le acerca un poco más.. yo creo que se saldrá con la suya. Esta casa no me preocupa. de pronto... Casi todo lo que dices son mentiras. ASTON. DAVIES. sí. ¿y qué pasa? Yo no he visto que dieras un solo paso para ir a Sidcup a buscarlas.. (DAVIES avanza hasta el centro de la habitación. Todo esto es muy lamentable. he pensado que podría entrar y cogerla. lenta. cruza por detrás de DAVIES. ¿eh? ASTON.. Me acogió. Por eso. Creía que le hacía un favor dejándole vivir aquí. Eres violento. Yo no me quedo quieto.) Usted. ¿Ese que..—Hay algo que no marcha. ¿verdad?.—Yo no entiendo mucho de enchufes.. podría darle una orientación.. De todas formas.. no hay vuelta de hoja. MICK. MICK empieza a hablar. apestas a mierda y a sobaco que no hay más que pedir.—¿La ha encontrado? DAVIES. errático. eso de que apesto. ha sido un compañero para mí.—(Lentamente.. pero. quiero decir que.. (Pausa.. ¿comprende?.. cavilosamente. entra en la habitación y se queda frente a frente con MICK.. usted duerme en cualquier cama. Yo me lavo las manos.. ha sido por culpa de esa corriente de aire. ya la tengo... no eres más que un animal salvaje. espero que llegue a solucionarlo... no hay mucha diferencia entre ellas.) DAVIES. si usted me diera su cama y usted durmiera en la mía. que me había olvidado la pipa.

¿qué le parece? ¿Seguimos como antes? (Pausa.. Página 41 de 53 ..—¿Por qué no? ASTON. me dejaría usted. cambiamos de camas y entonces podríamos poner manos a la obra y hacer lo que teníamos pensado.. DAVIES. y me hiciera con mis. (Pausa. quizá poniendo un trozo de saco más fuerte en la ventana.. siempre hace demasiado calor allí dentro.) ASTON. Tal vez podría. delante de la ventana... (Pausa. me quedaré en la misma cama.. Hasta que no esté construido. demasiado calor. la otra es la cama de mi hermano. ¿comprende?. Podríamos construir su cobertizo.. puedo hacerlo yo solo...—Pero escuche.. le ayudaré. y cuidaré de la casa.—Pero.. estaría a su servicio.. No tiene más que decírmelo. Si no lo hago ahora no podré hacerlo nunca. Escuche.—No. no para.. escuche un momento.) ¿Qué voy a hacer? (Pausa.. quedaré a resguardo de la corriente. escuche. los zapatos esos que me dio..) Oiga.—Pero ¡su hermano se ha ido! ¡Se ha ido! (Pausa. dando la espalda a DAVIES. quiero decir. si me llegara allá abajo... para el otro no.) ASTON... querría..) ¿Es que no comprende a lo que voy? ¡Le echaré una mano! ¡Construiremos ese cobertizo los dos! ¿Comprende? ¿Comprende lo que le estoy diciendo? (Pausa. me llegara allá abajo.) ¿Qué le parece lo que le estoy diciendo? (Pausa. Yo estoy con usted.. o sea que yo supongo que esto sería la mejor solución.. y.. (ASTON se vuelve de nuevo de cara a la ventana. DAVIES. si. Es la única donde puedo dormir. para usted. (Pausa.—Pero ¡puñeta! ¿No le he dicho que cambiemos de camas? ¡Cristo! ¡Cambiemos de camas y ya está! ¿Es que no ve el sentido de lo que le estoy diciendo? (ASTON permanece en la ventana. todo cerrado. ¿comprende?.. para él no.—Además. DAVIES.. seré su conserje.. al mismo tiempo. se la limpiaría... DAVIES.—No.. ya sé cómo son esos sitios. además.. llegarme a. con todo lo que le hicieron. una sola palabra.—¿Por qué. me quedaré.) ¿Dónde voy a ir? (Pausa. dándole la espalda.. (Un silencio prolongado.. mire: si no quiere cambiar de cama seguiremos como antes.) Podría quedarme aquí. no me importa. pero. ¿sabe?..: los zapatos esos. no le molesta.. hombre. DAVIES. no puedo hacer nada.. (Pausa. me gusta dormir en esa cama. ¡Eso es lo que haré! (Pausa. hombre. escuche: no me importa. (ASTON sigue inmóvil. me van estupendamente. si pudiera. verá. todo.) ASTON. usted necesita un poco de aire.. le ayudaré a construir su cobertizo..) ASTON.. me van muy bien.—Siempre que se queda aquí... DAVIES.. y se la vigilaré. Escuche.) ASTON.) Si quiere usted que me vaya. no me importa. ¿comprende? A usted.—(Levantándose y yendo hacia la ventana.. me dejaría. haremos eso.—No. Tengo que construir ese cobertizo. me iré. lo haremos juntos.—Pero ¡usted no comprende lo que quiero decir! ASTON..) ASTON. su hermano.. por poco me asfixio....—Hace usted demasiado ruido..Harold Pinter El conserje estamos al cabo de la calle.. no tiene más que decir una palabra. una vez pude echar un vistazo a un sitio de esos.) ¿Qué haré? (Pausa...... lo haría por usted....—No.) ¿Quiere usted decir que me echa? No puede hacerme eso. Esta es mi cama.. hacerme con mis papeles.—No.—Pero ¡usted no comprende lo que quiero decir! ASTON... con todos los doctores esos... habiendo estado allí dentro todo aquel tiempo.—Le echaré una mano.. DAVIES. mire. DAVIES. en cambio..—No duermo bien por las noches. lo comprendo. DAVIES.. no? (ASTON se vuelve y le mira. DAVIES.) Además.. estaré aquí.. voy a estar muy ocupado.—¿Su hermano? ASTON. Yo no estaría expuesto a la corriente de aire.. No puedo cambiar de cama... Yo le vigilaría la casa....) Voy a decirle una cosa..

) FIN DE «EL CONSERJE» Página 42 de 53 .Harold Pinter El conserje Telón.

Si nos ponemos a alambicar. al tipo de teatro cuyo germen se halle acaso en Joyce y Kafka y que fragua como tal en Beckett y Eugenio Ionesco. No es cuestión de estimativa. porque. Lo que pasa es que ciertos aspectos de la realidad nos son más familiares.Harold Pinter El conserje Rido quia absurdum est El ala británica del teatro del absurdo Harold Pinter Ann Jellicoe N. más normalizantes. más fijos y constantes. que otros. La Página 43 de 53 . es lo que pretende expresar el realismo exasperado. ni siquiera ha sido este país su cuna. la más descabellada fantasía de un niño o la más absurda ocurrencia de un demente o un beodo. la super-realidad. la palabra realismo. Lo cual es ya la carabina de Ambrosio. en este caso. sino. de amplitud. Tan realidad es un protón como el universo entero. Nos referimos. cuando no pavorosos. El intento frenético de moverse en esa zona de penumbra en la que los atisbos resultan desconcertantes. Por otra parte. ¿Qué tipo de realidad designa? Pero ¿por qué damos por sentado que hay varios tipos de realidad? Será porque hemos oído hablar de ellos: realidad perceptible. por supuesto. El aspecto de la realidad que nos es más familiar y normal es el que percibimos con los sentidos y experimentamos en la vida cotidiana. Aunque las obras respectivas de estos jóvenes ingleses difieren notablemente entre sí y ostentan unas marcadas características propias. No es cuestión de grados. realidad objetiva y subjetiva. F. tan realidad es la superficie de la mesa donde trabajo como el sueño más dislocado. el que penetramos y deducimos con el intelecto. realidad poética.. no significa nada. la tautológica realidad ontológica. ergo son reales. A partir de ahí empezamos a andar a tientas. fenomenológica. con mayor ceñimiento mediante la designación de realismo exasperado. Se nos habla incluso de surrealismo. Hasta aquí nos movemos como Pedro por su casa. tienen algo de común que les confiere singularidad entre la producción dramatúrgica británica actual.. Lorda Alaiz Del libro "La joven dramaturgia británica (desde 1956)" (Artículo publicado en 1962 en la revista PRIMER ACTO) De entre la veintena de dramaturgos ingleses que se han dado a conocer en el curso de los últimos cinco años hay algunos que forman no sólo un grupo aparte. a pesar de que uno de sus precursores —Joyce— y uno de sus exponentes máximos —Samuel Beckett— sean anglófonos. Tal vez lo que tienen de común se exprese. que no es privativo. Simpson Por F. Son cosas que existen. de la que nos habla Novalis. si bien se mira. Luego. a mi juicio. sino de existencia. de puro omnímoda. sino un fenómeno dramatúrgico nuevo. de la Gran Bretaña. M. realidad de creencia. realidad física y metafísica. sensorial. la realidad es algo irreductible a grados. en efecto.

al crearse. al menos en apariencia. a fin de cuentas. sino incluso ordinaria. Esa concomitancia estriba en la inmanencia del objeto artístico. En cuanto al público. a mi modo de ver. Simpson y Jellicoe es. del absurdo. «comedia de amenaza» o «teatro non sequitur». anda metido en un laberinto inextricable. Una especie de prodigio. frustraciones. En puridad. la dramaturgia de Pinter. atentatorias contra la Gramática y elípticas. ensueños. se quedan perplejos. cuando no tosco. Y se obtiene. Y a Kafka. que es receloso. En rigor. quienes la califican de «realismo trascendental» y advierten en la obra de estos jóvenes un esfuerzo por ahondar en el entresijo de la condición humana en una época como la nuestra. debatiéndose contra su mundo interior —dolores. «no hay verdadera contradicción entre una reproducción meticulosa de la realidad y la literatura del absurdo. por tanto. si fuera capaz de advertir que lo que le pasa no es que no entiende. Dicho en un nombre: Samuel Beckett. se ve amenazado por todas partes y. El resultado es una realidad que puede ser no sólo familiar. Es el diálogo estrictamente lógico del drama racionalmente construido lo que es irreal y altamente estilizado. que es lo único que cabe hacer ante los hechos. Naturalmente. por lo tanto. como escribe Martin Esslin en "The Theatre of Absurd". locución latina ésta que viene a querer decir. antes lo contrario: la mayor parte de las conversaciones reales son. lo único que debería hacer sería levantar acta. directa. la ilusión teatral de una realidad única. el de las realidades alucinantes y obsesivas. por ejemplo. ha ido creando sus propias leyes —aunque en modo alguno es gratuito. que opera a base de puntos de referencia.Harold Pinter El conserje exasperación ante la impenetrabilidad de un mundo que solamente se intuye o presiente y que. que estos jóvenes dramaturgos ingleses que adscribimos al realismo exasperado —Harold Pinter y Ann Jellicoe son los más significativos e importantes. todo lo desconocido entraña una amenaza. aunque de un modo distinto y merece una atención especial— deben mucho a Samuel Beckett. pues —si prescindimos de su denominación más amplia y. al mismo tiempo. Una presencia per se. si bien se mira. Simpson. aparte de N. En Pinter. en tanto que colectividad. como se verá. ilógicas. sino de un modo fragmentario. sino que no ve. una paradoja sólo a sobre haz. incoherentes. es un fenómeno dislocado. el dramaturgo llega al desintegrado lenguaje del absurdo. Transcribiendo la realidad con una precisión despiadada. hace un esfuerzo y aventura interpretaciones e inventa nuevas etiquetas. permanecen luego en nuestro Página 44 de 53 . El crítico. en su presencia escueta. En un mundo caído en el absurdo es suficiente transcribir la realidad con minuciosa solicitud para crear la impresión de una extravagante irrealidad». Más acertados están. produce una especie de paroxismo en el que rigen leyes propias apenas comunicables. avasallante e insustituible. y todo lo que no se ve en su estructuración global. casi literalmente. como individuo. túrgida de misterio. que también se mueve en esta zona. y el crítico. sino los personajes. al borde. al pronto. F. Hay una clara concomitancia entre esta manera de concebir un drama y el mal llamado arte abstracto. si es que no montan en cólera. Huelga decir. Para los críticos. inmanente. apenas existente. en que el hombre. clara y distinta. porque. el público. Claro. Simpson y Jellicoe no interesa la trama. claro. sino más lógico y hondo y revelador que el aparentemente lógico y racional—. no puede reconstruirse más que de una manera problemática e inarticulada. Y son éstos los que. tras su estupefacción inicial. algo habría entendido ya. Mal llamado porque nada hay más concreto ni de más nítidos contornos objetivos que un cuadro de Mondrian. más superficial y casi frívola de «teatro del absurdo»—. en la que no puede permanecer porque profesionalmente le está vedado. consiguientemente. ante un mundo artístico que no ofrece sino lo que se ve y al paso que se ve y que. pero. anhelos—. «el disloque». casi sórdida.

se oprime con furia la amenaza. más que puentes. dos personas. un viejo ya decrépito y titubeante. cuyo marido. son barreras que se levantan mutuamente—. Es la morada de Rosa.. Rosa no está segura del lugar que ocupa la habitación en la estructura de las cosas. el invierno y la noche. anterior a toda literatura: una escena. abre en el inmenso océano de la nada. un mundo aterrador. pero que acaso no sea más que un apoderado. del que emergemos gradualmente después de nuestro nacimiento y en el que nos hundimos de nuevo al morir. que en un mundo absurdo produce la impresión de una extravagante irracionalidad. silenciosamente ávida. Rosa ve el cuarto como su único refugio. el que ha causado más amplio y hondo impacto en el público y la crítica ha sido Harold Pinter. elíptico. Pinter se dio a conocer con la obra en un acto The room. No en su interrelación con los demás. estrenada en la Universidad de Bristol en mayo de 1957. replegados en su soledad. Una puerta. tanto en lo que se refiere a la temática —el hombre solitario y a la defensiva. aislados. Aquel es conductor de camión y realiza un servicio nocturno. Y por nada del mundo se trasladaría al sótano. Kidd se marchan. una anciana sencilla y maternal. Dice que sentiría mucho tener que mudarse. Tras ella. a pesar de que aquélla le trata con abrumadora solicitud. Se levanta el telón y yo veo la escena como formulándome una pregunta sumamente imperiosa: ¿Qué va a sucederles a estas dos personas que están en la habitación? ¿Va a abrirse la puerta y va a entrar alguien?» El punto de partida de este teatro es. Lo pregunta a Mr. Al preguntarle un crítico qué era lo que temían esas dos personas. no menos que a mí. a su angustia. Bert. la expectación creada por los ingredientes elementales de un teatro puro. El marido de Rosa y Mr. En el exterior de la habitación hay un mundo que les acecha. El título de la obra —The room («El cuarto» o «La habitación»)— es ya toda una declaración de principios.. El aposento pertenece a una casa muy grande. La habitación. al que toma por el propietario. que es oscuro y húmedo. abandonados a su soledad. asediado por el terror. el hecho de existir. o al menos ensimismado (el hombre de la mirada hostil sartriano)— como en lo que atañe a la exposición—: un estilo e idioma peculiares. rutinario. La habitación se convierte. por consiguiente. Kidd. no le dirige nunca la palabra. sino solos. pero basados en ese parloteo más que coloquial vulgar. pues. no pueden ser más imprecisas. Pinter explicó: «Evidentemente. cuál es su engarce en el plano del edificio. el único lugar seguro en un mundo hostil. Esta pieza es ya como el embrión de todo el teatro de este autor. o.» El telón se levanta. una imagen poética que suscita en nuestro ánimo un temor y un «suspense» indefinidos. en su angustia. se dice a sí misma. una puerta. Estoy seguro que a usted también le aterra. incongruente. un retorno a los elementos verdaderamente básicos del drama. Rosa se queda sola. Un recinto cerrado. en una imagen de la reducida área de luz y calidez que nuestra consciencia. mejor aún. en potencia. En el exterior. es exactamente lo que desea. contiene. Este cuarto. Las tinieblas del exterior están erizadas de amenazas. monologante. casi todo el programa que ha de desarrollar en los años sucesivos. pues apenas son capaces de comunicarse —sus palabras. Y cuando Rosa la Página 45 de 53 . Las contestaciones de éste. «Dos personas en una habitación —ha dicho el propio Pinter—. sienten miedo por lo que haya en el exterior de la habitación. La puerta.Harold Pinter El conserje recuerdo. Habla del aposento con una mezcla de afecto y ansiedad. La mayor parte del tiempo no hago sino darle vueltas a esta imagen de dos personas en una habitación. HAROLD PINTER De entre estos jóvenes dramaturgos británicos.

como sea. Experimentamos un sobresalto. que viene a conducir a la anciana a la casa de su padre? ¿Representa el marido silencioso la imposibilidad de comunicación incluso con los seres más queridos y próximos? Todas estas preguntas y otras muchas brotan constantemente. despavoridos ante la posibilidad de que se les descubra. la matan y se van. un espeluzno de terror nos recorre el cuerpo. ¿Es el oscuro sótano la muerte? ¿Es el aposento. De pronto. Mr. La primera no se estrenó hasta el 21 de enero de 1960. en el portal. Los dos hombres descubren un megáfono junto al torno. De lo que pasa luego no tienen la más ligera idea. Tarde o temprano llega la víctima. una habitación con dos personas dentro. las instrucciones definitivas. El marido regresa y ataca brutalmente al negro. De nuevo se convierte la puerta en la frágil barrera que retiene precariamente la constante e insaciable amenaza del exterior. ante una atmósfera y. los dos pistoleros. Al fin se abre y entra un negro de gran corpulencia. Página 46 de 53 . la pieza debió ser un día la cocina de un restaurante. Harold Pinter escribió otras dos piezas: The Dumb Waiter y The birthday party. ciego. Esto es todo lo que cabe decir acerca de la trama de esta pieza. para sacar la basura. Y la puerta. una torta. Buscan febrilmente en todos sus bolsillos y al fin envían arriba un paquete de té. Sin embargo. La habitación. esperando que se fuera el marido de Rosa. Cierto. se trata simplemente de una joven pareja que busca aposento y se les ha dicho que hay uno vacante en la casa. Se les da unas señas. los tipos y las acotaciones de tiempo y espacio son acendradamente reales. especialidades chinas y griegas. desde el punto de vista realista. están muy nerviosos. Dos tés sin azúcar». Ben y Gus se aproximan. ante unos hechos que de un modo extraño nos afectan profundamente. Kidd sale. una llave. Ben establece contacto con los poderes de arriba. En la pared posterior de la estancia se abre una especie de torno con un pequeño ascensor que comunica con el piso superior —«el camarero mudo»—. Despojado de la chaqueta. Ben recibe. Kidd. Dos pudins de sagú. quienes le echan una severa reprimenda. recortándose sus siluetas sobre el fondo oscuro del exterior. hay allí dos personas en pie. pero no se nos da ninguna contestación. el chaleco. Entra Mr. el ascensor empieza a moverse. todo esto no significa gran cosa de una manera inmediata. explica Rosa. Dice que trae un mensaje a la anciana del padre de ésta. Nuevamente. Desciende.. una barrita de chocolate. La pareja se marcha. en último término. platos más y más complicados. pero no tienen la moneda para introducir en el fogón automático de gas. Pero el «camarero mudo» desciende de nuevo. Tras ésta. aunque el diálogo. y las dos personas que la ocupan son dos asesinos a sueldo que se hallan al servicio de una organización misteriosa. Es Gus. Pero desde un principio se adivina repleto de contenido y suscita un cúmulo de preguntas. Rosa se queda ciega. en el Hampstead Theatre Club. En su ausencia. Tienen que matar a la primera persona que entre en la estancia. Abajo. un símbolo de nuestra breve e incierta permanencia en este mundo? ¿Es el negro ciego el mensajero de un mundo distinto.Harold Pinter El conserje abre. ¿Qué habitación? La número siete. está situada en los bajos de una casa. En el mismo año —1957—. el misterioso encargo procedente de arriba. Como a Rosa. Gus se convierte en la nueva víctima. se entregan afanosamente a la tarea de cumplir. Quieren hacerse té. Los dos pistoleros. «Pero si el número siete es nuestra habitación y no queremos mudarnos». un cucurucho de patatas fritas. lo desconocido. Gus sale del aposento para ir a buscar un vaso de agua.. Ben y Gus. pidiendo más cosas. a lo que parece. la corbata y la pistola. lo toman y leen: «Dos bistecs con patatas fritas. Ha estado allí días enteros. destartalada y sucia. como hemos apuntado anteriormente. a través del megáfono. que se llama Riley. Nos hallamos ante una mera situación. ven que hay allí un papelito escrito. pues. hay un hombre que desea ver a Rosa. de Londres. y se les dice que esperen nuevas instrucciones. por fin.

el marido de Meg. éste viste ahora chaqué negro. por muy irritantes que le resulten a veces. dejando una estela de sorpresa y aplauso entre los públicos minoritarios. Acaso haya algo de eso. atrabiliario e indolente. mujer de edad avanzada. de Hammersmith. Meg sigue soñando en la espléndida fiesta de la noche anterior y ni por asomo cae en la cuenta de lo que ha sucedido. presa de una crisis de histeria. lo que realmente desea es seguir guarecido en la pensión y acogido a los cuidados. aparte de que en cierta ocasión —según él mismo cuenta. Aunque Stanley sueña en hacer una gira mundial. La dueña. maternal.Harold Pinter El conserje The birthday party se estrenó. como preso. está pálido y se mantiene silencioso y se deja hacer como si fuera un guiñapo. Es evidente que se guarda de un mundo hostil. el mismo año en que fue compuesta la obra. quien al fin. coquetea grotescamente. pero muy pronto se echa de ver que van en busca de Stanley. Obtuvo un gran éxito. seduce a la muchacha rubia y medio tonta que vive en la casa vecina. ni siquiera lo principal. además de éste. no naufragó. Dos siniestros visitantes. fue víctima de una conspiración anónima que le hundió en el descrédito. este de Londres. a Stanley. intenta estrangular a Meg. Los dos hombres se lo llevan en un automóvil grande y negro. la lucha entre la sociedad —el mundo exterior— y el individuo. Goldberg y McCann se apoderan de él y lo conducen al piso superior. preguntan si hay habitaciones libres. pero a buen seguro no es todo. Petey. llevando en medio. es casi tan silencioso como el marido de Rosa. Todo esto va produciendo un vértigo creciente en Stanley. Goldberg. Goldberg y McCann. en el Lyric. Al iniciarse el tercer acto vemos que Goldberg y McCann descienden por las mismas escaleras. McCann bebe y vigila a Stanley. Pero el protagonista del drama es Stanley. En todo Página 47 de 53 . En el curso de la misma. Meg. bastante bien acorazada de respetable prestigio. Meg siente por él una debilidad. haciéndola saltar la crítica de la cartelera como un dinamitero hace saltar un puente. en la primavera de 1959. Pero luego. una multitud de nombres. quien insiste en que él no cumple años aquel día. pantalón a rayas. Los dos pistoleros de The dumb waiter reaparecen bajo la forma de dos siniestros visitantes: un irlandés taciturno y brutal y un judío lleno de falsa campechanía y de sospechoso savoir faire mundano. se adaptó a la televisión y acabó por obtener la atención de un amplio sector del público y la beligerancia y grave consideración de la crítica. hombre de unos treinta y pico de años. La puerta se abre. La interpretación más superficial que se ha querido dar al simbolismo de esta pieza es que subraya. que le prodiga Meg. cubre su cabeza con sombrero hongo y en una de sus manos sostiene las gafas rotas. Luego se hizo de nuevo a la mar abierta. tal fue la carga de indignación que generó en el ánimo de los críticos londinenses. lo cual le permite a Stanley prolongar abusivamente su estancia en la pensión. cuyas gafas le ha arrancado de la cara y ha hecho añicos y el jolgorio culmina en un alucinante juego a la gallina ciega. recuerda a la Rosa de The room. Meg. pero sin la brutalidad de éste. y todo induce a creer que no es verdad— dio un recital de piano en Lower Edmond. Poco se sabe del pasado de éste. aunque zozobrante de momento por efecto de los torpedos que habían lanzado contra ella las firmas pontificantes de la crítica teatral. ¿Por qué? ¿Para qué? Organizan una fiesta de cumpleaños en honor de Stanley. La acción se desarrolla en una pensión familiar de una población marítima. ajena a lo que está ocurriendo. una vez más. Bert. sino que reemprendió su curso por derroteros menos expuestos al tiro de los grandes «destructores». hecha de sentimiento maternal y sexualidad. en ocasión de su segundo concierto. lleva un cuello limpio con la correspondiente corbata. No obstante. que por lo visto tiene. Es inútil: los preparativos se prosiguen y la fiesta se celebra. Personalmente presencié la excelente interpretación que dieron a esta obra los «Tavistock Players» en el Tower Theatre.

A los veinte años inició una carrera de actor. Con este nombre recorrió Irlanda. lo cual le obligó a debatirse una temporada con los tribunales. The Birthday Party no es todavía Harold Pinter en su mejor forma. realzado con frecuencia su relieve expresivo mediante silencios henchidos del discurrir interior de los personajes. Como en sus piezas anteriores. Y es que. El tercero. apostado junto a la entrada de la verja posterior de su casa. se sienten desazonados ante la misteriosa presencia de un vendedor de cerillas callejero. De los tres personajes que tiene la pieza sólo dos hablan. Un matrimonio ya viejo. Allí está desde hace días. A Slight Ache —«Un dolorcillo»—. sosteniendo su bandeja de madera. al ras del suelo. aduciendo que su conciencia no le permitía prestarlo —conscientious objector—. Siente una verdadera pasión por Samuel Beckett. mas sembrando siempre en nosotros el germen de la cavilación de hondura. Algo muy recóndito se remueve en nosotros. El simbolismo. contingente. a pesar del fondo trágico del drama. por lo tanto. surge la réplica o una alusión a lo que ha dicho hace ya rato el interlocutor. de todas maneras. aunque en ésta en una medida ya mucho menor. lleva escribiendo desde su adolescencia —empezó publicando poemas sueltos en diversas revistas literarias y sigue siendo fundamentalmente un poeta trasplantado al teatro—. está investido. registra distraídamente su rumor y luego vuelve a soterrarse. por supuesto. al que no se oye en absoluto. Ocurren cosas. arrastrados mecánicamente por el hábito y la rutina. una de ellas. otras. En efecto. aunque de una manera imprecisa.Harold Pinter El conserje caso. el simbolismo crudo y el misterio fácil nos hacen torcer el gesto. rigurosamente reconstruidos y hábilmente quintaesenciados en el crisol de la poesía dramática. en uno de los cuales conoció a la que hoy es su mujer: la actriz Viven Merchant. se trata de un soliloquio que alguna que otra vez halla un eco fugaz. A Pinter le gustan los «papeles tenebrosos». pero decididamente inquietante. A slight ache lo transmitió por primera vez el Tercer Programa de la BBC el 29 de julio de 1959. El viejo Página 48 de 53 . cala mucho más hondo en la condición del hombre actual. en el momento más inesperado. son tipos y actos de nuestro mundo. judíos que viven en el East End de Londres. en definitiva. Tras «La fiesta de cumpleaños». sin vender nunca nada. pero nos hallamos ya. a destiempo. por lo menos. Estudió en la Escuela Central de Drama y Declamación. lleno de sorpresas clamorosamente hilarantes. si es que realmente de simbolismo se trata. Ha actuado también en teatros de provincias. No acaba de ser un diálogo entre sordos. En todo ello halló Pinter un gran apoyo en sus padres. Pinter. porque en ocasiones. con el terror de lo desconocido. como una corriente subterránea que muy de cuando en cuando aflora a la superficie y. Edward y Flora. algo que ocurre en aquellos instantes y que en lo que dice la escena y dicen los personajes se halla toda explicación y todo significado». Como actor se ha presentado siempre ante el público bajo el seudónimo de «David Baron». establece un ligero contacto con ella y. Eludió el servicio militar. de una manera aparentemente arbitraria. los personajes se agitan. quebrado. En realidad. donde tienen una sastrería. todo ello se nos sirve con un admirable sentido del teatro y a través de un diálogo nada literario. ante «ese momento vivo. que nació en Londres en 1931. muy celebrada cuando la transmitió la BBC. En realidad. de Ionesco. algunos pasajes en que se roza el melodrama. incorporado a una compañía dedicada al teatro de Shakespeare. si se da la causalidad de que la otra corriente ha abandonado también por un momento su cauce interior. en el soliloquio del otro. Harold Pinter escribió la letra de algunos fragmentos de revista musical y dos piezas de radio-teatro. está en los antípodas de la alegoría obvia y casi tosca del «Rinoceronte». entran y salen: algunas veces.

Nuevamente aborda a Bernabé. al regresar de la cárcel. según ella. Al ir a buscar algunas de sus cosas a la habitación. aunque algo maltrecha. en versión televisada. Una prostituta le lleva a su cuarto. y que sale mucho de noche porque sigue un curso de idiomas extranjeros en una escuela nocturna. A night out —«Una noche de francachela»—. al fin. donde su rival en la oficina le pone en situaciones embarazosas. el negociante. Walter pide a un negociante de dudosa moral. La primera narra las aventuras de un empleado. espantoso individuo. regresa a casa. Insiste en que no está asustado. Pero todo lo que hacen y dicen para que hable resulta inútil. revela que ha sido Walter quien le ha enviado a espiarla. pierde los estribos. El drama termina instalando Flora en la casa a Bernabé y despachando a Edward: «¡Edward! ¡Aquí tienes la bandeja!» El vagabundo sustituye al marido. seduciéndola o incluso tomándola en matrimonio. Walter. se marcha. ¿Ha logrado Albert Stokes escapar de sí mismo? La pieza para la televisión Night School. pero en realidad lo está. Pero Sally. Se desprende de su madre y va a la fiesta. y en la escrita especialmente para la televisión. se precipita a la calle. al que su madre ha retenido pegado a sus faldas con un afán de posesión semejante al de Meg para con Stanley y al de Flora para con el enigmático vendedor de cerillas. Harold Pinter hace alarde de su maestría en el uso del idioma de la vida real para poner de relieve lo absurdo y fútil de la condición humana. Albert ha sido invitado a una fiesta organizada por sus compañeros de oficina. sintiéndose evidentemente atraída y. De esta manera. Solto. arroja contra ésta un objeto y. Ahora le toca la vez a Flora. haciendo que las muchachas le ataquen los puntos flacos de sus represiones. deciden hacerle entrar en casa. se encuentra con que sus dos ancianas tías han alquilado a otro su habitación. te voy a retener. Se le acusa de haber abusado de una de las chicas. transmitida por primera vez el 1 de marzo de 1960 por el Tercer Programa de la BBC y en abril del mismo año. repelida por el viejo vagabundo. Edward empieza a contar al extraño vendedor de cerillas la historia de su vida. de considerar la habitación como símbolo del lugar que ocupamos en el mundo. creyendo que la ha matado. concibe la esperanza de seducirla y.» Edward se siente terriblemente celoso. al mismo tiempo. al poner por encima de Página 49 de 53 . transmitida por primera vez el 21 de julio de 1960 por la Associated Rediffusion TV. sin darse cuenta. un refoulé. aborda el problema de la verificación y de la identidad. maestra. Sally. desaparece.Harold Pinter El conserje vendedor ejerce sobre ellos tal fascinación que. Al regresar a su casa por la mañana se encuentra a su madre viva. pero como tampoco consigue suscitar en éste la más mínima reacción. «Te voy a retener —le dice en un momento determinado—. Aunque existen muchas probabilidades de que logre trabar amistad con ella y. que sabe ahora que Walter quería desenmascararla. donde ha cumplido condena por falsificar unos cheques. pueda recobrar su cama. pero le regaña también porque ha dejado caer un poco de ceniza de su cigarrillo en la alfombra. En su segunda pieza de radio-teatro. Albert experimenta un nuevo estallido de cólera y se va. Walter. la cual inunda al silencioso visitante de recuerdos y confesiones. Night School — «Escuela nocturna»—. Le habla incluso de cuestiones sexuales. encuentra a la muchacha. por la Televisión ABC. Albert Stokes. y sale al jardín para respirar un poco de aire fresco. Walter echa de ver en seguida que en realidad la chica trabaja en un club nocturno. experimenta un desplome de su personalidad. al paso que retorna al tema típico de Pinter. su madre le regaña. le gusta. Siente un verdadero terror al enterarse de que quien ocupa ahora la habitación es una muchacha. y te voy a llamar Bernabé. Como si esta obstinada ausencia de toda reacción fuera una especie de desafío. que averigüe cuál es el establecimiento donde trabaja Sally. amigo de sus tías.

pero la intensidad de tales síntomas es mucho menor. estrenado el 27 de abril de 1960 en el Arts Theatre y trasladado el 30 de mayo del mismo año al Duchess Theatre.Harold Pinter El conserje todo su deseo de recobrar su habitáculo. conserje o encargado». el melodrama no asoma por ninguna parte. Como en sus anteriores. aún se advierten en esta pieza síntomas de paranoia—uno de los personajes es un tipo medio tarumba. a un fondo más recóndito. Lo que queda es un drama que versa sobre personas de carne y hueso. que podía haberle proporcionado un verdadero lugar en el mundo. por lo demás. Página 50 de 53 . cuya individualidad ha sido difuminada mediante una operación de cerebro—. The Caretaker —«El portero. que cualquiera de las tres cosas puede significar la palabra inglesa— representa un gran paso hacia adelante en la evolución artística de Pinter. ni tampoco la truculencia. El drama que ha consagrado a Harold Pinter como una de las más grandes y fundadas promesas de la dramaturgia británica actual es The Caretaker. Los símbolos se han retirado. pierde la oportunidad de ganar a la muchacha.

Pinter utiliza el diálogo humano como un combate de entrenamiento en que ambos boxeadores se limitan a fintar y parar. En todos sus dramas. Ionesco y Genet. Pinter sabe siempre dónde debe parar: precisamente en el punto en que se detiene el lenguaje ordinario. Pinter quiso observar qué podía suceder con dos personas en una habitación. Es una especie de matriz en que uno puede considerarse seguro. por muy estáticos e incomprensibles que parezcan. pero si Ionesco prolonga el efecto hasta convertirlo en caricatura. THE BIRTHDAY PARTY (La fiesta de cumpleaños). precisamente porque el público lo reconoce: ya ha oído antes este tipo de conversación. en Inglaterra. una percepción notable de lo que "quedará bien" en escena. Es como si hubiera leído todas las fuentes secundarias —Beckett. evitando trabar la lucha. El propio Pinter ha indicado que su objetivo es observar lo que le ocurre a la gente. Wellwarth (1964) Nada podría demostrar con más claridad el hecho de que el movimiento de vanguardia en teatro es esencialmente un movimiento francés que un estudio de la obra de Harold Pinter. Para conseguirlo suele elegir como imagen central una habitación —una habitación ordinaria— y la hace servir de microcosmos representativo del mundo. así como de una gran habilidad para la creación de "suspense" mediante una serie de conflictos sostenidos sólo momentáneamente. THE ROOM (La habitación) surgió después de entrar en una habitación donde había una persona de pie y una sentada. de George E. de la técnica vanguardista en la producción dramática. en el interior todo es calor y luz. El diálogo de Pinter fascina por su misma monotonía y reiteración. Las obras de Pinter dan siempre la impresión de una ciencia ecléctica. THE CARETAKER (El portero). Página 51 de 53 . El conflicto sobreviene cuando alguna fuerza exterior irrumpe en la habitación y pulveriza la artificial seguridad de sus ocupantes. más que la de un impulso creativo. Pinter hace gala de un oído realmente extraordinario para captar las pautas de lenguaje de la gente ordinaria. Él mismo ha explicado que tres de sus dramas más importantes nacieron como un simple experimento. pero temen dar en el blanco. Dentro de la habitación los personajes se sienten a salvo. Sus personajes no están encerrados en cáscaras cerradas y separadas. Pinter posee un sentido particularmente agudo de las situaciones escénicas. Pinter es el único exponente importante. especialmente— pero no la fuente primaria y principal: Antonin Artaud. El papel de Pinter es el de un observador desapasionado. Ionesco hace lo mismo con un lenguaje corriente en LA CANTANTE CALVA. después de entrar en una habitación donde había dos personas sentadas.Harold Pinter El conserje HAROLD PINTER La comedia de la alusión De "Teatro de protesta y paradoja". como los de Ionesco y Adamov: viven convencidos —igual que la gente corriente— de que pueden alcanzarse mutuamente con sus golpes verbales. después de mirar al interior de una habitación donde había dos personas de pie. y gran parte de la aparente dificultad de sus obras deriva del hecho de que escribe como si estuviera auscultando mentalmente a sus personajes y transcribiendo hasta sus pensamientos más incoherentes. Fuera están las fuerzas extrañas.

Nick pesca para apartar de su mente las ideas desagradables. 1960). trata de reintegrarse a la estima de Aston. y en cuanto la obra es una tragedia. Al final. Para Aston la habitación es un refugio. El sueño de Davies es volver a Sidcup y recuperar los documentos que prueban su identidad. Una vez más los personajes se encuentran en una habitación que representa la seguridad. ocupado tan sólo en las necesidades de la casa. establecerse. Para Mick. Nada de eso se llevará a cabo. Aston continúa tratándole benévolamente y le ofrece el cargo de celador por una temporada. la historia de la habitación donde se desarrollan los acontecimientos. que vive en la habitación.Harold Pinter El conserje (…) En (…) THE CARETAKER (El portero. viene a ser un lugar donde puede. se encuentra a salvo del sanatorio mental y de los tratamientos de electro-shock. un viejo vagabundo a quien ha salvado de una paliza. Superficialmente es la historia de dos hermanos que han enfriado sus relaciones y que se unen de nuevo gracias a la intervención de un vagabundo que ha conocido uno de ellos. por lo demás deshabitado. y luego. Incluso le confiesa que una vez recibió tratamiento de electro-shock en una institución mental. al fin. Su existencia es un intento deliberado y meticuloso de olvidar todo lo que no sea el cumplimiento preciso de las acciones rutinarias. No vive en ella. es la tragedia de su incapacidad para ganarse un sitio en este paraíso a causa de su invencible maldad innata. Davies no puede resistir la tentación de enemistar a los dos hermanos. Tiene goteras. Como los dos protagonistas de ESPERANDO A GODOT. Para tranquilizarse juega con una clavija de la instalación eléctrica que está reparando: algo parecido al hábito de Nick en "Big Two-Hearted River". Y Mick piensa convertir la vieja mansión en una suntuosa residencia. Aston trae consigo a Davies. Mick y Davies— están esperando algo que el espectador comprende que no ocurrirá nunca. primero intenta convencer a Mick de que Aston es aún un desequilibrado y de que debiera ser internado de nuevo. la habitación es un refugio de emergencia. Pinter abandona el humor macabro y brutal que caracterizara sus anteriores dramas y nos ofrece una obra casi beckettiana en la que tres hombres esperan algo que nunca llega. el vagabundo sin hogar. Los tres hombres —Aston. su hermano mayor. ya que no ha sido capaz de abrirse camino en el mundo exterior. el hermano menor. pero ellos Página 52 de 53 . La obsesión de Aston es llegar a construir el cobertizo en el jardín: el símbolo de su cordura recobrada. pero quiere conservarla para un caso de necesidad. A pesar de la insolencia de Davies. Davies empieza a comportarse como si fuera el dueño. La casa pertenece a Mick. Davies suplica en vano a Aston "otra oportunidad". el gas no funciona y las condiciones sanitarias son mínimas. EL PORTERO admite diversas interpretaciones. Mientras permanezca en la habitación. como todos los dramas vistos hasta ahora. Pero es también. Apenas Aston le ha ofrecido su habitación para que se quede en ella durante algún tiempo —el que necesite para resolver su apurada situación—. pero para los tres hombres representa un asilo donde se ocultan del mundo. La cama donde duerme Davies es la suya. su vida es un compás de espera. La habitación es grande y desordenada y está en el último piso de un edificio. que está decorando. desordenada e inhospitalaria. cuando Mick le descubre. y se encarga de ella Aston. Como todos los dramas de vanguardia. Lo único que consigue con sus intrigas es acercar aún más el uno al otro a los dos hermanos. Para Davies. y su antagonismo hacia el vagabundo —en una ocasión lo persigue blandiendo el aspirador— se debe a su temor de verse desposeído. Poco a poco parece convencerse de que está haciéndole un favor a Aston. La habitación es sucia. de Hemingway. su primer gran éxito. y de que la insistencia de Aston en conservar la habitación tal como está es una afrenta personal. se sostienen con la esperanza de un ideal imposible de realizar. Davies resulta ser una de esas personas dominantes y agresivas que creen tener derecho a todo.

Bernard Dukore ve a Aston como el ex-rebelde social reducido a la impotencia por la simbólica operación de cerebro.com. THE CARETAKER ha sido interpretado de muchas maneras. J.Harold Pinter El conserje seguirán soñando. y esto les proporcionará la ilusión de que sus vidas tienen una finalidad y un significado. Taylor ve toda la acción como un plan deliberado de Mick. con el consentimiento tácito de Aston. R.ar Página 53 de 53 . la expulsión de Davies toma proporciones similares a las cósmicas de "la expulsión de Adán del Paraíso Terrenal". Libros Tauro http://www. Ruby Cohn sugiere que Mick y Aston representan al Sistema que aplasta a Davies.LibrosTauro. para librarse de Davies y poder seguir así rehabilitando a su hermano. aunque todas adolecen de un defecto: son demasiado específicas. Le brindan una débil esperanza para poder aniquilarlo más completamente al final.

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