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judicialmente a la ceguedad debido a su rechazo deliberado de la luz (Ver Romanos 9:17; Hebreos 6: 4-6; Hebreos 10: 26, 27;

2a. Tesalonicenses 2: 11, 12; 1a. Pedro 2:8). Todos los que perecen tendrn que culparse solamente a ellos mismos. Todos los que lleguen al cielo tendrn que agradecer a Dios.