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Borges Jorge Luis - El Idioma de Los Argentinos

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Jorge Luis Borges (1899 - 1986) El idioma de los argentinos (1928) Para el amor no satisfecho el mundo es misterio, un misterio

que el amor satisfecho parece comprender. Bradley, Appearance and Reality, XV

Índice ------------------------------------------------Prólogo Indagación de la palabra El truco Ubicación de Almafuerte La felicidad escrita Otra vez la metáfora El culteranismo Un soneto de don Francisco de Quevedo La simulación de la imagen Las coplas de Jorge Manrique La fruición literaria Ascendencias del tango Fechas Para el centenario de Góngora Alfonso Reyes: Reloj de Sol Ricardo E. Molinari: El imaginero Apunte férvido sobre las tres vidas de la milonga La conducta novelística de Cervantes Dos esquinas Sentirse en muerte Hombres pelearon Eduardo Wilde El idioma de los argentinos ------------------------------------------------Prólogo Ningún libro menos necesitado de prólogo que este deformación haragana, hecho sediment ariamente de prólogos, vale decir, de inauguraciones y principios. Si mi pluma está asistida de claridad, lo estará también en las páginas subsiguientes; si la oscuridad la mueve, no será más iluminativa su operación por el hecho de apellidarse prólogo lo qu e redacta. El prólogo quiere ser el tránsito de silencio a voz, su intermediación, su crepúsculo; pero es tan verbal, y tan entregado a las deficiencias de lo verbal, c omo lo precedido por él. Esta vocación de vivir que nos impone las elecciones ominosas de la pasión, de la am istad, de la enemistad, nos impone otra de menos responsable importancia: la de resolver este mundo. Nadie puede carecer de esa inclinación, expláyela o no en libro . Este que prologo es la relación de mis atenciones de ese orden, durante el veint isiete. Su aire enciclopédico y montonero —esperanza argentina, borradores de afición filológica, historia literaria, alucinaciones o lucideces finales de la metafísica,

agrados del recuerdo, retórica— es más aparente que real. Tres direcciones cardinales lo rigen. La primera es un recelo, el lenguaje; la segunda es un misterio y una esperanza, la eternidad; la tercera es esta gustación, Buenos Aires. Las dos últimas confluyen en la declaración intitulada Sentirse en muerte. La primera quiere vigi lar en todo decir. J. L. B. Indagación de la palabra I Quiero repartir una de mis ignorancias a los demás: quiero publicar una volvedora indecisión de mi pensamiento, a ver si algún otro dubitador me ayuda a dudarla y si su media luz compartida se vuelve luz. El sujeto es casi gramatical y así lo anunc io para aviso de aquellos lectores que han censurado (con intención de amistad) mi s gramatiquerías y que solicitan de mí una obra humana. Yo podría contestar que lo más h umano (esto es, lo menos mineral, vegetal, animal y aun angelical) es precisamen te la gramática; pero los entiendo y así les pido su venia para esta vez. Queden par a otra página mi padecimiento y mi regocijo, si alguien quiere leerlos. La tarea de mi cavilación es ésta: ¿Mediante qué proceso psicológico entendemos una oración? Para examinarlo (no me atrevo a pensar que para resolverlo) analicemos una oración cualquiera, no según las (artificiales) clasificaciones analógicas que registran la s diversas gramáticas, sino en busca del contenido que entregan sus palabras al qu e las recorre. Séase esta frase conocidísima y de claridad no dudosa: En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, y lo que subsigue. Emprendo el análisis. En. Ésta no es entera palabra, es promesa de otras que seguirán. Indica que las inme diatamente venideras no son lo principal del contexto, sino la ubicación de lo pri ncipal, ya en el tiempo, ya en el espacio. Un. Propiamente, esta palabra dice la unidad de la calificada por ella. Aquí, no. Aquí es anuncio de una existencia real, pero no mayormente individuada o delimitad a. Lugar. Ésta es la palabra de ubicación, prometida por la partícula en. Su oficio es me ramente sintáctico: no consigue añadir la menor representación a la sugerida por las d os anteriores. Representarse en y representarse en un lugar es indiferente, pues to que cualquier en está en un lugar y lo implica. Se me responderá que lugar es un nombre sustantivo, una cosa, y que Cervantes no lo escribió para significar una po rción del espacio, sino con la acepción de villorrio, pueblo o aldea. A lo primero, respondo que es aventurado aludir a cosas en sí, después de Mach, de Hume y de Berke ley, y que para un sincero lector sólo hay una diferencia de énfasis entre la prepos ición en y el nombre sustantivo lugar; a lo segundo, que la distinción es verídica, pe ro que recién más tarde es notoria. De. Ésta suele ser palabra de dependencia, de posesión. Aquí es sinónima (algo inesperad amente) de en. Aquí significa que el teatro de la todavía misteriosa oración central d e esta cláusula está situado a su vez en otro lugar, que nos será revelado en seguida. La. Esta casi palabra (nos dicen) es derivación de illa, que significaba aquella e n latín. Es decir, antes fue palabra orientada, palabra justificada y como animada por algún gesto; ahora es fantasma de illa, sin más tarea que indicar un género grama tical: clasificación asexuadísima, desde luego, que supone virilidad en los alfilere s y no en las lanzas. (De paso, cabe recordar lo que escribe Graebner acerca del género gramatical: Hoy prima la opinión de que, originariamente, los géneros gramatic

ales representan una escala de valor, y que el género femenino representa en mucha s lenguas —en las semíticas— un valor inferior al masculino.) Mancha. Este nombre es diversamente representaba Cervantes lo escribió para que su realidad conocida prestase bulto a la realidad inaudita de su don Quijote. El i ngenioso hidalgo ha sabido pagar con creces la deuda: si las naciones han oído hab lar de la Mancha, obra es de él. ¿Quiere decir lo anterior que la nominación de la Mancha ya era un paisaje para los contemporáneos del novelista? Me atrevo a asegurar lo contrario; su realidad no er a visual, era sentimental, era realidad de provincianería chata, irreparable, insa lvable. No precisaban visualizarla para entenderla; decir la Mancha era como dec irnos Pigüé. El paisaje castellano de entonces era uno de los misterios manifiestos (offenbare Geheimnisse) goetheanos. Cervantes no lo vio: basta considerar las ca mpiñas al itálico modo que para mayor amenidad de su novela fue distribuyendo. Más doc to en paisajes manchegos que él, fue Quevedo: léase (en carta dirigida a don Alonso Messía de Leiva) esa su durísima descripción que empieza: Por la Mancha, en invierno, donde las nubes y los arroyos, como en otras partes producen alamedas, allí lodaza les y pantanos... y remata así, a los muchos renglones: Amaneció; bajeza me parece d e la aurora acordarse de tal sitio. * Creo inútil la pormenorizada continuación de este análisis. Notaré solamente que la term inación de este miembro está señalada por una coma. Esta rayita curva indica que la lo cución sucesiva: de cuyo nombre, debe referirse, no a la Mancha (de cuyo nombre sí q uiso acordarse el autor), sino al lugar. Es decir, esta rayita curva o signo ort ográfico o pausa breve para compendiar o átomo de silencio, no difiere sustancialmen te de una palabra. Tan intencionadas son las comas o tan ínfimas las palabras. Investiguemos ahora lo general. Es doctrina de cuantas gramáticas he manejado (y hasta de la inteligentísima de Andrés Bello) que toda palabra aislada es un signo, y marca una idea autónoma. Esta doct rina se apoya en el consenso del vulgo y los diccionarios la fortalecen. ¿Cómo negar que es una unidad para el pensamiento, cada palabra, si el diccionario (en deso rden alfabético) las registra a todas y las incomunica y sin apelación las define? L a empresa es dura, pero nos la impone el análisis anterior. Imposible creer que el solo concepto En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, esté organizado por doce ideas. Tarea de ángeles y no de hombres sería conversar, si esto fuera así. No lo es y la prueba es que igual concepto cabe en mayor o menor número de palabras. En un pueblo manchego cuyo nombre no quiero recordar, es equivalent e y son nueve signos en vez de doce. Es decir, las palabras no son la realidad d el lenguaje, las palabras —sueltas— no existen. Ésa es la doctrina crociana. Croce, para fundamentarla, niega las partes de la ora ción y asevera que son una intromisión de la lógica, una insolencia. La oración (arguye) es indivisible y las categorías gramaticales que la desarman son abstracciones añad idas a la realidad. Una cosa es la expresión hablada y otra su elaboración postuma e n sustantivos o en adjetivos o en verbos. Manuel de Montolíu, en su declaración (y a veces refutación) del crocismo, dilucida bi en esa tesis y la resume así, no sin demasiado misterio: La única realidad lingüística e s la oración. Y este concepto de oración se ha de entender no en el sentido que se l e da en las gramáticas, sino en el sentido de un organismo expresivo de sentido pe rfecto, que tanto comprende una sencilla exclamación como un vasto poema (El lengu aje como fenómeno estético. Buenos Aires, 1926). Psicológicamente, esa conclusión de Montolíu-Croce es insostenible. Su versión concreta sería: No entendemos primero la proposición en y después el artículo un y luego el nombr

e sustantivo lugar y en seguida la preposición de; preferimos apoderarnos, en un s olo acto de cognición, de todo el capítulo y aun de toda la obra. Me dirán que hago trampa y que el alcance de esa doctrina no es psicológico, sino es tético. A eso respondo que una equivocación psicológica no puede ser también un acierto estético. Además, ¿no dejó dicho ya Schopenhauer que la forma de nuestra inteligencia es el tiempo, línea angostísima que sólo nos presenta las cosas una por una? Lo espantos o de esa estrechez es que los poemas a que alude reverencialmente Montolíu-Croce a lcanzan unidad en la flaqueza de nuestra memoria, pero no en la tarea sucesiva d e quien los escribió ni en la de quien los lee. (Dije espantoso, porque esa hetero geneidad de la sucesión despedaza no sólo las dilatadas composiciones, sino toda págin a escrita.) Alguna cercanía de esa posible verdad fue la razonada por Poe, en su d iscurso del principio poético, al sentenciar que no hay poemas largos y que el Par aíso Perdido es (efectualmente) una serie de composiciones breves. Digo en español s u parecer: Si para mantener la unidad de la obra de Milton, su totalidad de efec to o de impresión, la leemos (como sería preciso) de una sentada, el resultado es sólo un continuo vaivén de excitación y de abatimiento... De esto se sigue que el efecto final, colecticio o absoluto de la mejor epopeya bajo el sol, será forzosamente u na nadería, y así es la verdad. ¿Qué opinión asumir? Los gramáticos implican que deletreamos, palabra por palabra, la co mprensión; los seguidores de Croce, que la abarcamos de un solo vistazo mágico. Yo d escreo de ambas posibilidades. Spiller, en su hermosísima Psicología (conste que uso deliberadamente el epíteto) formula una tercera respuesta. La resumiré; demasiado b ien sé que los resúmenes añaden un falso aire categórico y definitivo a lo que compendia n. Spiller se fija en la estructura de las oraciones y las disocia en pequeños grupos sintácticos, que responden a unidades de representación. Así, en la frase ejemplar qu e hemos desarmado, es evidente que las dos palabras la Mancha son una sola. Es e vidente que se trata de un nombre propio, tan indivisible por la conciencia como Castilla o las Cinco Esquinas o Buenos Aires. Sin embargo, aquí la unidad de repr esentación es mayor: es la locución de la Mancha, sinónima, advertimos ya, de manchego . (En latín convivieron las dos fórmulas de posesión y para decir el valor de César, hub o virtus Cesárea y virtus Coesaris; en ruso, cualquier nombre sustantivo es variab le en nombre adjetivo.) Otra unidad para el entendimiento es la locución no quiero acordarme, a la que añadiremos tal vez la palabra de, pues el verbo activo record ar y el verbo reflejo y construido con preposición acordarse de, sólo en las gramática s son distintos. (Buena prueba de la arbitrariedad de nuestra escritura, es que hacemos de acordarme una sola palabra, y dos de me acuerdo.) Continuando el anális is, repartiremos en cuatro unidades nuestro período: En un lugar / de la Mancha / de cuyo nombre / no quiero acordarme, o En un lugar de / la Mancha / de cuyo nom bre) no quiero acordarme. He aplicado (tal vez con desaforada libertad) el método introspectivo de Spiller. Del otro, del que asevera que toda palabra es significativa, ya hice una reducción al absurdo (involuntaria, honesta y cuidada) en la primera mitad de este razona miento. Ignoro si Spiller tiene razón; básteme demostrar la buena aplicabilidad de s u tesis. Elijamos el problema conversadísimo de si el nombre sustantivo debe posponerse al nombre adjetivo (como en los idiomas germánicos) o el adjetivo al sustantivo, como en español. En Inglaterra dicen obligatoriamente a brown horse, un colorado cabal lo; nosotros, obligatoriamente también, posponemos el adjetivo. Herbert Spencer ma ntiene que la costumbre sintáctica del inglés es más servicial y la justifica así: Basta escuchar la voz caballo para imaginarlo y si después nos dicen que es colorado, e sta añadidura no siempre se avendrá con la imagen de él que ya prefiguramos o tendimos a preformar. Es decir, deberemos corregir una imagen: tarea que la anteposición d el adjetivo hace desaparecer. Colorado es noción abstracta y se limita a preparar la conciencia.

de ámbar. es decir también de palab ras. según los oyentes. es sotodecir palabrera. caballo rey tres al fil. con su mínima presencia de ritmo. será lo inmediato de mi tarea. y la consabida. de arena. aldehuela (la connotación hispánica de ésta la hace mejor). todas de aire simétrico y toda rellenadas con negligencia. peón cuatro rey. de taba co. De esa alucinación ortográfica se sigue que. Séase la habitualísima frase luna de plata. inútil escribir luna de oro. de caña. sin emb argo. de tierra. El original no es menos borroso que esta armazón. tan imprecisa es ella que el concept o heterodoxo aquí defendido (palabra = representación) puede caber en la fórmula sanci onada: Llámase palabra la sílaba o conjunto de sílabas que tiene existencia independie nte para expresar una idea. tradujo c on prolijidad hermosa el maestro Eckhart. Escribiré otro cas o. también— siempre sospechará que juga mos a las variantes y sentirá ¡a lo sumo! una antítesis entre la desengañada sufijación de luna de tierra o la posiblemente mágica de agua. son verdaderas oraciones de intelección gradual. Trata de Bossuet y es así: Más que un hombre es una naturaleza humana. trae estas servidumbres. Aquí joubert jugó a las variantes no sin descaro. Evidenciar esto último. (Innebleibendes Werk. de desierto. aunque manchego es una so . para el principiante. que simplona y temerariamente añade otras más a las no maliciadas por él y siempre en acecho? En lo atañedero a definiciones de la palabra. y verdaderas palabras —es decir. El lector —que ya es un literato. enroque largo. VII). casi todas las oracione s para el solo análisis gramatical. la prudencia de un docto r y el poderío de un gran espíritu. La verdad. Hay oraciones que son a manera de radicales y de las que siempre pueden deducirs e otras con o sin voluntad de innovar. son unidades las locuciones ajedrecísticas t omar al paso. II La definición que daré de la palabra es —como las otras— verbal. siempre que lo determinativo de esos conjuntos no sean los espacios en blanco que hay entre una seudo palabra escrita y las otras. de piedra. de azufre. claro está. Si la pro sa. Eso. pero es una genuina oración para el que sin saberla la escucha y debe desarmarla en in y en manere: dentro quedarse. pero de un carácter derivativo tan sin embo zo que no serán engaño de nadie. ¿Cuántas unidades de pensamiento incluye el lenguaje? Esta pregunta carece de posibi lidad de contestación. distinta. de marfil. El inventario de todas las unidades representativas es imposible. de agua. Es como si afirmara. ¿cuáles no traerá el vers o. es cribió (y acaso pensó) la moderación de un santo y acto continuo esa fatalidad que hay en el lenguaje se adueñó de él y eslabonó tres cláusulas más. Así. pero una sola al fin. el término inmanencia es una palabra para los ejercitados en la metafísica. unidades repres entativas para el que muchas veces las oye. Inútil forcej earle novedad cambiando el sufijo. gambito de dama. con la moderación de un santo. Es una sentencia de Joubert. Para el jugador. de herrumbre. la justicia de un obispo. citada favorablemente por Matías Arnold (Critical Essays.. Quedamos en que lo determinante de la palabra es su función de unidad representativa y en lo tornadizo y contingente de esa función.Los contrarios pueden argumentar que las nociones de caballo y de colorado son p arejamente concretas o parejamente abstractas para el espíritu. Decir En un lugar de la Mancha es ca si decir pueblito. dentro-quedada acción. su ordenación o clasificación lo es también. las entonadas cláusulas de a mbos equivalen —no ya a palabras— sino a simulaciones enfáticas de palabras. claro está. decir La codicia en las manos de la suerte se arroja al mar es invitar una sola representación.) Inversamente. es que la controversia es absurda: los símbolos amalgamados caballo-colorado y brown-horse ya son unidades de pensamiento.. el esto de un otro. el qué sé yo de un quién sabe qué y el cualquier cosa de un gran es píritu. con la moderación de un santo.

El hombre. Que algu ien me enseñe a no confundir el vuelo de un pájaro con un pájaro que vuela. La lingüística desordena esa frase en dos categorías: semantemas. negativas la una de la otra. soles) y morfemas. Sabe que no ha de imaginárselo al sol y que la intención es d enotar ojos que ojalá me miraran siempre. aunque de mecanismo distinto. ojos como soles. en declive confidencial de recuerdo s. ni éste con su metafísica geometri zada. La lengua: es decir humilladoramente el pensar. Es frase que se va del análisis. Ella será nuestro destino: hacernos a la sintaxis. Spinoza no postuló arriba de ocho definiciones y siete axiomas para alla narnos. y esa conjunc ión. Olvida que la poesía está realizada por e se como. que buscó refugio paradójico en el mismo corazón de la contingen cia. de suponer difíciles virtu des que sólo por mediación se dejan pensar) ya es lo poético. Yo acepto esa tragedia.. olvida que el solo acto de comparar (es decir. a la imprecisión. Y confesar (no sin algún irón ico desengaño) que la menos imposible clasificación de nuestro lenguaje es la mecánica de oraciones de activa. Una es la no existencia de las categorías gramaticales o p artes de la oración y el reemplazarlas por unidades representativas. la de Spinoza. consiguió eludir el lenguaje. ha n sido postuladas por mí. cuenta de la novia que tuvo y la exalta así: Era tan linda que. que conversan por especies inteligibles: es decir.. por representaciones directas y sin ministerio alguno verbal. suele alimentarse la lengua.. impersonales y las que restan. El escritor dice de unos ojos de niña: Ojos como. meros engranajes de la sintaxis. los que en este bajo. Ese poderío es de avergonzar . el universo. otra. (La representación no tiene sintaxis. El no atinar —el no poder atinar— con la solución. ordine geométrico. Ya registré cómo de luna de plata salió luna de arena. los que sotopensamos que ascender a letras de molde es la máxima realid ad de las experiencias? Que la resignación-virtud a que debemos resignarnos sea co n nosotros. relativo suelo e scribimos. La antinomia es honda. Escribe. Ambos alimentaron de él sus sistemas. esa insignificativa partícula. Es evidente que sobre la armazón de una frase pueden hacerse muchas. ese no pensar del to do en cosa ninguna. Cualquiera sabe intuitiv amente que eso está mal. No hay que pensar en la ordenación por ideas afines. o si no ojos con cuya dueña quiero estar b ien. Dos proposiciones. sino de var iaciones y casualidades y travesuras. y juzga necesa rio alegar un término especial de comparación. Todas las ideas son afines o puede . los nunca ángeles. No de intuiciones originales —hay pocas—. Com o le parece un morfema aunque el entero clima emocional de la frase esté determina do por él. ¿Y nosotros. * Es cosa servicial un resumen. Sólo pueden soslayarlo los ángeles. un juicio prob lemático que relaciona el concepto de ojos con el de sol.la palabra. de gerundio. de pasiva. ésta —por la colaboración posible del uso— podría ascender de mera var iante a representación autonómica.) Otra es e l poderío de la continuidad sintáctica sobre el discurso. Dos intentonas —ambas condenadas a muerte— fueron hechas para salvarnos.. Una fue la desesperada de Lulio. es tragedia general de todo escribir. Como se ve. esa desviación traicionera de lo que se habla. palabra s de representación (ojos. que pueden se r de una palabra usual o de muchas. los verbales. a in ventar un caso. La diferencia entre los estilos es la de su costumbre sintáctica. a mentir. a su concatenación tr aicionera. a los peros. resignado. Son demasiadas las ordenacion es posibles para que alguna de ellas sea única. Hablé de la fatalidad del lenguaje. a los demasiados énfasis. al hemisferio de mentira y de sombra en nuestro decir. ya lo está forzando a hiperbolizar. a los talveces. de la Mancha es tres. que era una suerte de bolillero glorificado. ni aquél con su alfabeto traducible en palabras y éstas en oraciones. Lulio —dicen que a instigación de Jesús— inventó la sedicente máqu ina de pensar. Ojos como soles le parece una operación del entendimiento. ya que sabemos que la sintaxis no es nada.

Daniel! . enreda los proyectos del juego. zafadurías de las casas de Junín y de su madrastra del Temple. En las manos cruje el mazo nuevo o se traba el viejo: morondangas de cartón que se animarán. puede ser ocultador de un buen juego (astucia elemental) o tal vez nos está mi ntiendo con la verdad para que descreamos de ella (astucia al cuadrado). Sobre la mesa. Un yo distinto. Mencionar flor sin tener tres cartas de un palo. Daniel. El truco es memorioso como una fecha. el de maneras en que pueden salir. Es una remota cifra de vértigo que pare ce disolver en su muchedumbre a los que barajan. Me respondes que vas a Sebastopol para que yo piense que vas a N ijni-Novgórod. de rostro que se juzga sembla nteado y que se defiende. esperan los garbanzos en su montón. —¿Adonde vas. pero no escrita nunca. más de una vez. El idioma es otro de golpe. máxi me cuando gana o finge ganar: canta en la punta de las calles de nochecita. La trucada se arma. Mencionar uno de los lances del truco es empeñarse en él: obligación que sigue desdoblando en eufemismos a cada término. aritmetizados también. Cómodo en el tiempo y conversador está el juego criollo. un yo casi antepasado y vernáculo. se aligeran del yo habitual. desmantelada para que resbalen las cartas. De esta no posibilidad de una clasific ación psicológica no diré más: es desengaño que la organización (desorganización) alfabética los diccionarios pone de manifiesto. posibilidades e imposibilidades astutas. bravatas del roquismo y tejedorismo. es acción de voz mentirosa. desd e los bodegones con luz. son del comercio humano por él. acriollados de golpe. Quiebro vale por quiero. v olumen primero. pero si uno ya dijo envido. y su espíritu es el de los baratijeros Mosche y Daniel que en mitad de la gran llanura de Rusia se saludaron. Milongas de fogón y de pulpería. caballitos panzones de donde copió los suyos Velázquez . el centr al misterio del juego se ve adornado con un otro misterio. El truco es buen cantor. su temperatura emocional suele ser común. jaranas de ve lorio. Así. es hecho delictuoso y punible. pe ro lo mágico y desaforado del juego —del hecho de jugar— despunta en la acción. Fritz Mauthner (Wórterbuch der Philosophie. por 40. El truco Cuarenta naipes quieren desplazar la vida. Una potenciación del engaño ocurre en el truco: ese jugador rezongón que ha tirado sus cartas sobre la me sa. —A Sebastopol —dijo el otro. de tramposa y desatinada palabrería. y si hay flor ¡contraflor a l resto! El diálogo se entusiasma hasta el verso. envite por envido. Es una cifra delicadamente puntual en su enormidad.n serlo. ¡Mientes. Es u na superposición de caretas. un as de espadas que será omni potente como don Juan Manuel. La manera de su engaño no es la del poker: me ra desanimación o desabrimiento de no fluctuar. pero su cachaza es de picardía. La cosa es fácil de decir y aun de hacer. El truco sabe rece tas de aguante para los perdedores. desde el principio. Los contrarios lógicos pueden ser palabras sinónimas para el arte: su clima . Prohibicion es tiránicas.. todo está dicho: falta envido y truco. Entonces Mosche lo miró fijo y dictaminó: —Mientes. gravitan sobre todo decir. pero lo cierto es que vas realmente a Sebastopol. no importa. los jugadores. Daniel? —dijo el uno. Muy b ien suele retumbar en boca de los que pierden este sentención de caudillo de atrio : A ley de juego. El tallador baraja esas pinturitas. con inmediato predec esor y único sucesor. La habitualidad del truco es mentir.. páginas 379-401) lo prueba con lindísima sorna. una olorosa o una jardinera por flor. 40 es el número de los naipes y 1 por 2 por 3 por 4. versos para la exultación. y de poner a riesgo un alto de fic has cada tantas jugadas. el de que haya números.

maestro de escuela. la cortesía de Más y Pí no parece injustifica da. Generaciones ya invisibles de criollos están com o enterradas vivas en él: son él. Así. pensó antes que él? ¿A qué suponer que el jaguar es plagio del tigre y la yerba misionera del té y la pampa de las estepas del Don y Pedro Bonifacio Palacios de Federico Guillermo Nietzsche? Sin embargo. el 7 de oros tintineando esperanza y otras apasion adas bagatelas del repertorio. pero sí nuestra admiración. Tienen con las experiencias que repetirse. Yo deseo no olvidar aquí un pensamiento sobre la pobreza del tr uco. lo sé: fantasma de política de parroquia y de picardías. ejerció sobre su amoral y atrabili ario nieto americano. No sé si le daremos n uestra intimidad. Rojas. Es u n mundo angosto. su abuelo. quiero decir Nietzsche. alemán. ¿Por qué negarle a un criollo. Aceptemos su espectáculo humano. sus vuelcos. lo cuidan como a un fuego. a su afición por fórmulas tradicionales. pero no por eso menos re emplazador de este mundo real y menos inventivo y diabólico en su ambición. Desgraciadamente. en mil novecientos cinco. en verdad. no hace ya más que reincidir en bazas remotas. desde los laberintos de cartón pintado del tr uco. Antes. su idiosincr asia. exorcismos— les bastan para conjugar el vivir común. sus cábulas. sus corazonadas. Los panegiristas reinciden en el entusiasmado error de Ju an Más y Pí que. Juan Más y Pí habla de coincidencias. mitología barata. linda con su reunión y no pasa. Cuarenta naipes —amuletos de cartón pintado. ayer fuimos parroquianos de su quejumbre.Considero los jugadores de truco. No sabemos qué pensar de él y nos falta la fórmula que reconcili e el distanciamiento presente con la veneración ya gastada. A primera vista. por ese pensar. conviene resolver un pleito no muy reñido: el de la patria potestad que aqu el Federico. h abla de su cursi tartamudeo nietzscheano. . de ratos de vivires pasados. e l ávido folletín de cada partida. la olorosa cruzada y la inesperabilidad de su don. más equivocados aún. Se trasluce que el tie mpo es una ficción. su gigantismo. Oyuela escribe malhumoradamente que El misionero es una pésima rapsodia de Nietzsche. Todo jugador. sino una costumbre? Mírese también a lo rememorativo del juego . el recinto de su mesa es otro país. tanta es su precisión— me parece un a gravísima fruslería. Están como escondidos en el ruido criollo del diál ogo. La pública y urgente realidad en que estam os todos. hay sobradas frases de Almafuerte que pertenec en al dialecto nietzscheano. su incivilidad. Los truqueros viven ese alucinado mundito. lo nombró maestro de la juventud: maestro. nos hemos acercado a la metafísica: única justificación y finalidad de todos los temas. quieren espantar a gritos la vida. Juegan de espa ldas a las transitadas horas del mundo. Lo pue blan el envido y el quiero. pero es inadmisible que su terminología o simbología s ea también igual. Su juego es una repetición de juegos pasados. Pensar un argumento local como este del truco y no salirse de él o no ahondarlo —las dos figuras pueden simbolizar aquí un acto igual. con superhombre y todo. vale de cir. ¿Qué es el truco pa ra un ejercitado en él. feligreses de su ira. al referirse a las palabras que sufija con super. podemos afirmar sin metáfora. a un habitado de la desesperación y del odio. Lo diré: Es lícito aceptar que A lmafuerte. Ambas conductas me parecen impertinentes: ni Almafuerte debe repartirnos lecciones de vivir ni él sufriría que se las diéramos de retórica. la facultad de pensar algunas cosas que un profesor de griego. mundo invent ado al fin por hechiceros de corralón y brujos de barrio. Lo fom entan con dicharachos criollos que no se apuran. del evolucio nismo) llegara a conclusiones iguales sobre la caducidad de la moral cristiana y la urgencia del superhombre. Las diversas estadas de su polémica. no pueden no volver. sus ripios. Los detractores. Ubicación de Almafuerte Escribo que casi todos los muchachos contemporáneos somos arrepentidos o apóstatas d e Almafuerte: hoy lo hemos arrumbado. como un aspecto más de la riqueza infatigable del mundo. partiendo del mismo orden de ideas que el alemán (esto es. hay un argumento sencillo que puede invalidar la defensa. ce nsuran su chabacanería. Los definidores de Alm afuerte no nos ayudan.

A propósito he destacado esos dos renglones. El suburbio es el agua abombada y lo s callejones. con ese rastrero afán policial que ay en todos los pechos. Fue padre de casi infinita s metáforas. de moralista s.Yo sé que en la vía crucis larga. con filo. en eficacia de maravillar. También Almafuerte. después de una mención (ignoro si traicionera o desafiado ra) del mismo Nietzsche: Yo sé que mil carcomas roen de a poco las más equilibradas testas geniales: lleno está el manicomio de Nietzsches locos y de Cristos bohemios los arrabales. ¿Rudeza y cursilería en una misma alma? En esa dualidad de Palacios han tropezado y siguen tropezando sus críticos. pero es también la balaustradita color de niña y el arriate y la jaula con el canario. huidas y Dios? La misma gravedad de la profecía requiere esa causalización en h echos eternos. del matonismo. Son abreviatura o cifra de la habitua lidad de Almafuerte. Su cruz fue cruz de empuñadura. simulación enfátic a de la elocuencia. pues encarnan bien su expresión: la originalidad. de teólogos. es el clavel atrás de la oreja y los ladinos entreveros de l corte y la copla que manifiesta una flor.. desde su conventillo y su pampa. desesperacio nes. énfasis del coraje. las dos confianzas que sobrevivieron a los va gabundeos de su discurso. de desquicio humano a desquicio huma no? ¿A qué autorizar con bibliotecas lo que decimos y no con ponientes. Fue seguramente odioso y posiblemente genial. que es (o fue) la convivencia de mucho s énfasis: de la rudeza. Así lo entendió Carriego y esa dualidad de barro y finura fue su re alización más feliz: En cuanto a las muchachas ¡con unos aires! como si trabajasen de señoritas. hecho un salvador de s u pueblo.. Fue discurseador a más no poder.. llega Moisés a la punta del monte Horeb (famo so por los pastizales) y habla con la voz del Señor en la zarza ardiente y es alec cionado por esa voz y baja. simulación enfática del vigor. ¡Han dejado la fama de sus desaires . Se hizo predicador energuménico de la bondad y fueron rajantes com o una injuria sus bendiciones. Quiso literalmente conpadecer: sufrir con los otros. sin medianeros. Fue gran odiador de filántropos. de casero Ju icio Final ejercido por un hombre sobre otro) y entendió que la única misericordia n o humilladora sería la de volvernos tan oscuros como el ciego. el rezongo pedagógico. A diestra y siniest ra. Alguna vez. no inferiores. oy me parece bien. de hombre a hombre. vocifera en La inmortal. me indignó qu e entre los ada menos que siete epígrafes que encabezan El isionero. Hablo del compadrito. Lo que fueran chocando tus besos si dos muchedumbres de besos chocaran. Solo. ¿A qué fechar en eruditos libros remotos es e aconsejamiento final. el gigantismo. contrafilo y punta. muy larga. la robustez. La necesidad de ser bueno y la estrafalaria inutilidad de la ética fueron las conv icciones permanentes de su sentir.. tan arrumbados como el tullido y tan llorosos como el triste. de la cursilería. no hubiese ni nguno de Zarathustra. maravillado entre las ovejas. escribe en el Confíteor Deo. sin ver que ambas cualidades son maridables y que su convivencia es proverbial en un tipo criollo. quiere ser auditor directo de Dios. blandió su incorruptible y dura virtud. a las de ninguno. que hacen los supercuerdos con su demencia. hoy somos tasadores tacaños de los que alzan mucho la voz. La compadrada es más que una agresividad de carrero. la cursilería. no toleró siquiera el perdón (por lo que hay en él de condescendencia.

Soy un esporo lanzado tras la procesión astral. entre ese día y esa noche hay unas rendijas cuya pasión es demasiado v ehemente para él y que en verso de Carriego no caben. la rayuela y el rango en el veredón. ahí es tán las décimas de En el abismo que nos lo alcanzan: Yo voy en recta fatal hacia mi primer deseo. alias Almafuerte... si con alma de eternidad. ¡Sombra de sombra que anhela ser una sombra inmortal! Así. Un compadre que ya hubiera cursado el Juicio Fi nal. con pinta orillera. En la desesperada voz de Almafuert e. pero compadre al fin. Carriego es el día y la noche del arrabal.. la esquina comentada de taitas. ahora me aventuro a afirmarlo. calles que se despedaza n hacia el arroyo— están en la voz de Almafuerte. hoy quiero añadir que la presentación de una dicha. . A sabiendas o no. fue un compadrón .. vil chorlo del pajonal que al par del águila vuela. yo no veo los muros de lo real: jamás la fiebre carnal conturbó mi luz interna: ni por feroz ni por tierna la pasión me deja rastro.. pero mi observación lo comprueba. sin embargo. Parece desalentador afirmar que la felicidad no es menos huidiz a en los libros que en el vivir. nunca dejamos de agradecer íntimament e esa cortesía. hasta los que se hacen los inmortales) y es también añadirle asombro. las calesitas en el terreno baldío. Desatinado y casi mágico espe ctáculo el de un compadre que alardea —compadronamente— de castidad. pampas furtivas del oeste y del sur. un efectivo San Juan Moreira . es tal vez el goce más raro (en las dos significaciones de l a palabra: en la de inusual y en la de valioso) que puede ministrarnos el arte. lo propongo a manera de ubicac ión. Sospecho que confesar lo criollo y lo suburbano de nuestro poeta no es afanta smado: es añadirle realidad (atmósfera que precisan todos los muertos. eso sí. Seguramente. La felicidad escrita Ya he declarado que la finalidad permanente de la literatura es la presentación de destinos. Queremos ser felices y el aludir a felicidades o el entreverlas. salvo de refilón. Esas rendijas —durezas de poni entes y amaneceres. de un destino que se realiza en felicidad. La habitualidad del suburb io le pertenece: las chicuelas con su jarana y su secreteo. del orgullo sublimado.llenas de pretensiones las pobrecitas! Acabo de insinuar que Pedro Bonifacio Palacios. en verso rudimentario aunque análogo. Mi parecer no quiere enturbiarle la gloria o enflaquecérsela. ¡Yo palpito como un astro dentro de la paz eterna! Yo soy un palmar plantado sobre cal y pedregullo: la floración del orgullo. Muchos escritores la han intentado. casi ninguno la ha conseguido. un compadre glorificado y transfigurado. atropellan las décimas los conc urridos payadores de los recreos y así. ya es una defer encia a nuestra esperanza.. yo no palpo. Sin embargo. he oído celebrar una vez el nombre de Almafuerte. con presumidas voces abstractas fáciles de rimar.

a cada rato. imit ación del horaciano beatas Ule y cuyo manifestado propósito es la descripción de un es tado de felicidad.Sírvanos de repertorio el libro Las cien mejores poesías (líricas) de la lengua castel lana. no ironicemos demasiado: eso de ubicar la felicidad en las lejanías del esp acio y en las del tiempo.. Lo transcribo íntegro para desarmarlo después y para que averigüe el l ector. Una de las primeras composiciones que veo es la Vida retirada de Fray Luis. para invehir contra medio mundo? ¿No es vergonzoso (para nosotros y para él) qu e el Padre Maestro Fray Luis de León no pueda ser feliz en el campo. mañana plañiremos a los inmigrantes hero icos. O. prudencialmente: No es mío ver el lloro de los que desconfían cuando el cierzo y el ábrego porfían. siquiera sea metafóricamente. es achaque universal y lo padecen nuestros mil y un ve rsos a la tapera. Acordarse tan inoportunamente de esos guarismos o arreos de la ambición. la justicia o la equivocación de mi examen. La antología nos muestra sin embargo unas trovas (la palabra composición es demasiad o envarada y premeditada) que dan idea cabal de felicidad. mejor dicho. Aludo al romance del conde Arnaldos. La belleza es más fatalidad que la muerte. ¡Qué difícil y hasta imposible ha de ser la dicha. los árboles menea con un manso ruido que del oro y del cetro pone olvido. cien y mejores. por ejemplo. Oro y cetro en un jardincito. ¿Cómo tenerle fe a esa dicha sermonera y vanagloriosa que se distrae. Rezan así los versos: . todo suele ser hermoso. y en ciega noche el claro día se torna. en el mejor de los casos. elegidas por Menéndez y Pelayo: antología famosa. Basta recorrer la antología para encontrar numerosísimas celebraciones de dichas pre téritas y ninguna de dicha actual. es recurrir a una metáfora perjudicial. al cielo suena confusa vocería y la mar enriquecen a porfía. el renombre sobrepuja a los méritos. Por tratarse de una poesía que es famosa y que muchos consideran inmejorable. sino a la empresa que lo obligó a juntar esas dos pal abras que no se juntan. ah ora que se perdieron los Infantes de Aragón y las señoras y niñas tan paquetas de la c orte del Rey Don Juan y el hipódromo tan concurrido de Itálica y los rojos pimientos y ajos duros de los españoles vellosos y otras muy lloradas pretericiones! Sin em bargo. pienso que en esa poesía tan festejada. sin complacer se. Pienso que no logra ni sugerirlo. Todo es hermoso. de su espectáculo sedicente de felici dad.. con la imaginación de ausentes catástrofes y de ajen as calamidades? La combatida antena cruge. después. cuyo título de Juicio Final no es imputable a su colector. No importa. el traicionero renglón final de los que copio: El aire el huerto orea y ofrece mil olores al sentido. Los tramways de caballos y los compadritos que empezaban por u n amejicanado chambergo gris y terminaban en botines de charol ¿no solicitan acaso nuestra nostalgia? Hoy cantamos al gaucho. ya el poeta se ha lavado las manos. quie ro enfatizar otra equivocación de las que sobrelleva. es mentir desprendimiento y adolecer de la más estrafalaria codicia.

Abenabás dijo de él: No hay en el paraíso cosa alguna d . si no el solo espectáculo de un barquito. incansablemente vírgenes cada vez. vio venir una galera que a tierra quiere llegar. añade este pri vilegio dudoso: Los bienaventurados verán a sus allegados y conocidos en el infier no. No creemos en la vent ura del conde Arnaldos. Además. ¿Qué opinar de tal definición. bien oiréis lo que dirá: —Por Dios te ruego. la jarcia de un cendal. por definición. vivirán y reinarán en durade ra alegría y gloria y felicidad inefable.. que principia c on la valentía del felicísimo y pasa por la timidez del ajenos de toda molestia y re mata con la nadería de felicidad inefable? Gerhard. Su agrado (supongo) está en el ejemplo de felicidad que los versos iniciales prenuncian y en nuestra sorpresa. puesto que los cuentos de magia poseen su técnica. pero sin sentimiento alguno de lástima. personalmente. El de los musulmanes parece imaginado por criollos: cielo de mandones y calaveras. al saber q ue tan codiciada y mentada felicidad no es una aventura de amor ni un tesoro. siempre de recursos parejos. teólogo reformista. lo difícil es ascender sus abstracciones muertas a representaciones vivas. la buscaríamos o inventaríamos: empresa fácil. ¿cómo solicitar de los literatos versiones minuciosas y fidedignas de la felic idad. dígasme ora ese cantar. ya que sería indecente que los bienaventurados fueran más miserico rdiosos que Dios. como hubo el conde Arnaldos la mañana de San Juan! Con un falcón en la mano la caza iba a cazar. marinero que la manda diciendo viene un cantar que la mar facía en calma. y de ochenta mil servidores. y eso nos gusta. Miremos a otro cielo. Adivinamos que detrás de las coplas hay un vivir liso y remansado. ajenos de toda molestia. las aves que andan volando nel mástil las faz posar. (Tan insatisfactorio como ese p araíso alcoránico es el contemplativo a que sus doctores lo ascendieron y adelgazaro n. Es. en un jardín.. los vientos hace amainar. Dichosa edad y dichosos tiempos aquellos (p ensamos) en que un hombre lograba crédito de feliz sólo por haber visto alguna mañana un barco distinto. Las velas traía de seda. Asimismo. los planean con tan escasa fortuna? Sobradas descripciones del cielo hay en los volúmenes de los teólogo s. cuyo quehacer es hacer cielos. donde cada seguidor del Profeta será señor de setenta y dos huríes. Esa cláusula f inal no me choca. los peces que andan nel hondo arriba los hace andar. con marinero cantor y mástil con pájaros. yo creo que lo de menos es la respues ta enigmática del final y que su aclaración no interesa a nadie. siempre que lo quisieren. Allí fabló el conde Arnaldos. y se hosped ará bajo carpas frescas. tal respuesta le fue a dar: —Yo no digo esta canción sino a quien conmigo va. inefable. creemos en la del coplero que la festeja. Si nos interesara. Roth e dice: La bienaventuranza es aquel felicísimo estado postumo de los justos. cuando las religiones. en el que verán a Dios cara a cara y.¡Quien hubiera tal ventura sobre las aguas del mar.— Respondióle el marinero. ¿Cuál es la motivación del agrado peculiar de estos versos? He oído que su airecito mist erioso es lo que nos gusta. marinero. su estatura será multiplicada diez ve ces: artimaña ladina para decuplicar la felicidad.

torpe. la Escultura. c uyo nombre mismo quiere decir apagamiento. Suele suponerse que la literatura ya ha dicho las palabras esencia les de nuestro vivir y sólo puede innovar en las gramatiquerías y en las metáforas. XXXII). el del rey moro que perdió Alhama. Ídolos a los Troncos. casi lacónico. Este cielo incalificable. Idéntica observación sale d e confrontar las genuinas coplas camperas con las epopeyas de Ascasubi y de José H ernández. del tiempo. Ayer he manejado los argumentos que la privilegian. de la muerte. Por consiguiente. No quiero dragonear de hijo pródigo. el rel .e las de este mundo. vaivén de corazonadas y de temores lo hace pueril y apenas si se atr eve a decir en voz alta cómo se llama. no es imposible que la nada de nuestro yo (la negación de toda conciencia. de la amistad. Afirmo que también en poesía anda bien la fórmula de Un amuno: Los mártires hacen la fe. por ejemplo. pero basta invertir los signos para aseverar —una vez postulada la oscuridad y hecha po sitiva— que también la nada es la luz. de toda diferenciación en el tiempo o en el espacio) sea una realidad. he sido encantado por ellos. la poesía popular no ejerce metáforas. que nos acostumbremos a pensarlas con devoción. ido. de la objetividad. como cautelosamente pensó y enrevesadamente escribió D. Desde luego confieso mi culpabilidad en la difusión de ese erro r. para ascenderlas a poesía. La obscuridad. si lo menciono. que es el hecho poético. es la ausencia total del yo. asevero que cualquier tema de la literatura recorre dos obliga torios períodos: el de poetización y el de explotación. el del conde Arnaldos. El hecho puede tal vez resolverse así. Otra vez la metáfora La más lisonjeada equivocación de nuestra poesía es la de suponer que la invención de o currencias y de metáforas es tarea fundamental del poeta y que por ellas debe medi rse su valimiento.. sino tan sólo los nombres. hoy quiero manifestar su inseguridad. Me atrevo a aseverar lo contrario: sobran laboriosidades minúsculas y faltan prese ntaciones válidas de lo eterno: de la felicidad. y luego los romanc es ya literarios de Góngora o de D. El primero es pudoroso. Arturo Schopenhauer argu ye que la negatividad del nirvana no es absoluta y que su nada es privativa. por excelencia. Luis de Góngora (Sonetos Vario s. Lo cierto es que ni podemos imag inárnosla ni menos ubicar en ella la dicha: satisfacción de la voluntad. ¡Qué anticipación para los posibles bien aventurados o amigos de Dios. es la nada que corresponde a la luz. es para advertir que la me táfora es asunto acostumbrado de mi pensar. el de Fontefrida. es preciso que las vinculemos a nuestro vi vir. de toda sensación. no su perdi miento. Las cosas (pienso) no son intrínsecam ente poéticas. su alma de tal vez y quién sabe. hace a los ídolos el Ruego. Analógicamente. del mundo. Dioses.. Juan Meléndez Valdés y se advertirá en éstos una plura lidad de metáforas y en aquéllos su inasistencia casi total. no negativa. Léanse los romances viejos. la de esa persistencia fonética!) Su oposición evidente es otro de los mayores cielos del mundo: el cielo negativo d e los budistas. la de ese revés más elevado de las palabras. del espacio. desaforado. Hay caterva de cielos y universal ausencia de dicha y aun de corazonadas de ella y pregustes. Suele solicitarse de los poetas que hablen privativamente en metáforas y se afirma que la metáfora es única poetizadora. Su manera de hablar es la exclamación. Sin em bargo. nirvana o nibbanam. extinción. Las estrellas son poéticas. por que generaciones de ojos humanos las han mirado y han ido poniendo tiempo en su eternidad y ser en su estar.

ato desocupado. hecha por el algunas veces poeta Gabriel y Galán: . parece haber sido inventada por la casualidad. porque deriva de gruta. El converso antioqueno de la relación A death in the deser t de Browning.) La metáfora es una de tantas habilidades retóricas para conseguir énfasis. para cosa alguna. He leído muchas metáforas so bre la sufrida lentitud de los bueyes. cosa nacida. cosa existente. no por empeño de corporificar abstracciones.. Argumentar que la palabra grotesco es metafórica. y lo que se sigue. El hecho es irrecusable y basta hojear un diccionari o etimológico para testificar su verdad pero le falta virtualidad polémica. ya formadísimo.) Remy de Gourmont observa: En el estado actual de las lenguas europeas. Y si t iene por sí solo el sentido negativo precediendo al verbo. el cero. esta difícil sustantivación del no ser. Su voz es la metáfora. la palabra sin astucia de epítetos. ¿Hay efectuación de metáfora en eso? C asi ninguna. Escribiré dos ejemplos más. p ara alguna cosa. De suerte que nada no ll egó a revestirse de la significación negativa sino por un efecto de la frecuencia co n que se le empleaba en proposiciones negativas donde la negación no era significa da por esta palabra. no vemos en esto sino l o mismo que sucede con otras expresiones indudablemente positivas. De aquí también el emplearse con otras palabras negativas sin destr uir la negación: Ese hombre no sirve para nada. literaria. (Creo de veras que la metáfora no es poética. Dice Andrés Bello: Antiguamente nada significaba siempre cosa: nada no es más que un residuo de la expresión cosa na da. Aquí el experimento es crucial. De aquí el usarse en muchos casos en que no envuelve negación: ¿Piensa usted que ese hombre sirva para nada?. sino la presentación de uno so lo. conver sador: el tema ya tiene firmeza de símbolo y su solo nombre —cargado de recuerdos va liosos— es declarador de belleza. a causa de su símbolo. Shakespeare principia así un soneto: No mis propios temores ni el alma profética d el ancho mundo soñando en cosas que vendrán. y dice con devoción: Esto no sucedió en la cueva exterior ni en la secreta cámara de la roca (donde lo tuvimos acostado sobre un cuero de camello y esperamos durante s esenta días que muriese) sino en la gruta central. porque algo de la luz del medio día allí se alcanzaba. La poesía de los vocablos entreverados p or ella la condiciona y la hace emocionar o fallar. hacen canje continuo de sus palabras. así en mi vida le he visto. es c omo argumentar que en la cifra 10 el concepto de la Nada absoluta interviene. y requiere un estado de poesía. esto es. Si la locución alma profética del mundo es una metáfora. l a palabra Nada. . puesto que esas metáforas sedicentes no son advertidas por nadie y no expresan la igualación o comparación de dos conceptos. por inercia grama tical. sólo es una imprude ncia verbal o una mera generalización de quien la escribió. casi toda s las palabras son metáforas. El segundo es resuelto. cosa criada. lo físico y lo moral. y no queríamos perder lo último que pudiera suceder en ese rostro .. el espacio y el tiempo. narra la muerte perseguida y guardada del evangelista San Juan. ¿A qué pensar en ingenieros de puentes cuando oigo la palabra pontífice y en cinturones cuando oigo la palabra zona y en chivatos cuando oigo la palabra tragedia y en cuerdas trenzadas cuando oigo la palabra estropajo y en mandaderos si me hablan de ángeles y en precaverme de piratas si me hablan de abordar un pro blema? Desde luego hay categorías convertibles. si el poeta creyó deveras en la personalidad de una alma pública y total de este mundo.. sino por otras a que estaba asociada. (Precisamente. es decir.. ninguna me ha impresionado tanto como est a observación nada metafórica. si no lo es. Creo que es imposible prescindir de metáforas al hablar y que es imposible entendernos sin olvidarlas.los bueyes de cuyos bezos charolados cuelgan tenues hilos de baba transparente que el manso andar no quiebra. consorcio de palabras ilust res. Yo creo que la invención o hallazgo de pormen ores significativos la aventaja siempre en virtualidad. es lo mismo que no le he visto en mi vida. entonce s ya es poética. es más bien pospoética. No sé por qué r azón ha de ser puesta sobre las otras.

se dejará llevar por este parecido fonético.. Yo lo definiría así: El lujo es el comentario visible de un a felicidad. afectiva. En ést a. soltándola por el tiempo (Inscripción de la Statua Augusta del Cés ar Carlos Quinto en Aranjuez): Las Selvas hizo navegar. queremos ser tan desmesurad os como él. para festejar los momentos de alguna intensidad de pasión. a jugar con lindas piezas al ajedrez . Luis ha sido y será siempre el mayor poeta de la lengua es pañola y de segunda mitad esta conclusión.. pero me parece bien que haya coches y automóviles y una c alle Florida con vidrieras resplandecientes. Aquí la igualación del bosque y la escuadra. me parece justificadísimo que un mujer hermosa (cuya belleza ya es una conti nua felicidad) viva en continuo aniversario y veinticinco de mayo de esa belleza . en la primera. es emocional. Luis es. Cuando la vida n os asombra con inmerecidas penas o con inmerecidas venturas. En ca mbio. Luis es indudablemente el m ayor poeta de la lengua española o exclamar D. Es definición metafórica de la metáfora. metaforizamos casi instintivamente.. pero tien e sus precelencias. Yo soy un hombre más o menos enlutado que viaja en tramway y que elige calles de smanteladas para pasear. no inventores o generadores de idioma. infausta en uno y de siempre lista eficacia para maravillar. Indudablemente. Luis ha sido y será siempre el mayor poeta de la lengua es dictaminar D. Lo que pasa es que casi nunca me siento merecedor de esas munificencias. un énfasis más. ya lo sé. Decir D. El culteranismo Si las matemáticas (sistema especializado de pocos signos. Ningún lector. Sírvanos de primera mitad este parecer. pero sin olvid ar que son clasificaciones hechas después. fundado y gobernado con asiduidad por la inteligencia) entrañan incomprensibilidades y son objeto permane nte de discusión. Inversamen te. ¡a ver quién me lo discute!. a quintas c on terrazas. En la segunda oración. Me parece asimismo bien que haya me táforas. está justificada con desconfianza y la tr aducción de mástiles en árboles y de velámenes en hojas. Hablar de adorno es hablar de lujo y el lujo no es tan injus tificable como pensamos. n o estática. se admira la invención de metáforas.. la frase y será siempre se repite con igual sentido en las dos. ¿cuántas no oscurecerán el idioma. Razona Góngora (A la Armada en qu e los Marqueses de Ayamonte passavan a ser Virreyes de México): Velero bosque de árboles poblado que visten hojas de inquieto lino. que podemos suponer a la vuelta de muchas estadísticas y argumentos: Buenos Aires ha sido. Queremos no ser menos que el mundo. que desgloso de una devo ta página sobre Góngora: D. en aquélla. no soy adverso a avenidas embanderadas. el mayor puerto de esta república. es casi una interjección. colecticio tropel de miles de símbolo s. Sin embargo. Ni las palabras asumen invariadamente la acepción que les es repartida por el dicc ionario ni hay una relación segura entre las ordenaciones de la gramática y los proc esos de entender o de razonar. es intelectual. la frase / será siempre es un juicio. Sintácticamente ambas oraciones se corresponden. peca de metódica y fría. en otro. más importante que su invención es la oportunidad para ubicarlas en el discurso y las palabras elegidas para definirlas. a terrazas con puestas de sol. manejado casi al azar? Libros orondos —la Gramática y el Diccionario— simulan rigor en el desorden.Generalmente. es una cosa que to ca de veras al porvenir. debemos estudiarlos y honrarlos. Quevedo fija la idéntica imaginación en cuatro palabras y la muestra movediza. e . es una probabilidad que se afirma. Para los gramáticos. Considérese una misma metáfora en dos poetas. La concepción clásica de la metáfora es quizá la menos imposible de cuantas hay: la de c onsiderarla como un adorno. Busco un ejemplo. y será siempre. Gracias a Dios. La anima. sin embargo.

remisa en teorizar. el gongorismo o culteranismo. ¿quién escribe hoy que no sea besand o las huellas de Góngora o quién ha escrito verso en España. Entiendo por clasicismo esa época de un yo. Son designación de las cosas. Yo quiero co nsiderarlos con precisión. contra los antiguos. finge interrogar. Escribo adrede el verbo. Esencialmente. El de la escuela cordobesa del mil seiscientos es el más famoso de todos. antes de 1628. los Días. costurerita. Poseen su ento nación y su gesto. el de latinismos. Piensa Novalis: Cada palabra tiene una significación peculiar.. n o ha sido legalizada por nadie y usada y abusada por muchos. picardía. todo sentidor de Cr oce estará conmigo. la del sentir eterno español. Por el primer hombre de España lo tuvieron. ya bien saturados los símbolos. 207). Váz quez Símela. En lo atañedero a la última.. en las que ha infundido Carriego un sentido piadoso y conmovedor que no tuvieron antes. es como hace r el cómputo de la cantidad de letras que empleó. La metáfora no es poética por ser metáfo ra. porque son de las que ningún fervoroso suyo ha elogiado. la del Rimado de Palacio. y aunque la sol a mención de Lope. la atracción ejercida por don Luis de Góngora es indudable. . viene el solazarse con ellos. de Cervantes y de Quevedo basta para la refutación de ese error. respetabilidad. una realidad compartida y autorizada y es postrimería de cla sicismo. suburbio. La equivalencia cae fuera de la gramática y de la lógica. Yo insin uaría —contra los contemporáneos.l mayor poeta. He descubierto ilustres metáforas en la obra de don Luis. Los unos piensan que la numer osidad de metáforas es condenable. sino confesalla sinceramente. los de su época. Hay la significación u sual. de una amistad. En su quietud casera el culteranismo es único escándalo y se le agradece el gentío. la etimológica. La poesía —conspiración hecha por hombres de buena voluntad para honrar el ser— favorece las palabras de que se vale y casi las regenera y reforma. que no haya sido mirando a su luz?. que royendo están los Años. la tercera es costumbre de haraganes para pensar. después que esta antorcha s e encendió. contra mis certidumbres de ayer— que la cuestión no es de orden estético. Copio la mejor de ellas. Presupone siempre u na tradición. bástanos intu irla. de una litera tura. El primero es objeto de litigios que no se cansan. ya vinculada la ex altación a un grupo de palabras y a otro la heroidad y a otro la ternura. La torpe honestidad matemática de las voces ya se ha gastado y de meros guarismos de la realidad.) El proceso no varía nunca. la segunda es alarde ocasional de escritor es. es curiosidad ajena a lo estético. los otros. El academismo que se porta mal y es escandaloso. vituperio. III. la insinuadora de ambiente. ya son realidad. Luego. (Séanos evidentísimo ejemplo el de las voces organito. el de ficciones griegas. es decir. la figurada. ¿Acaso hay un pensar con metáforas y otros sin? La muerte de alguien ¿la sentimos en estilo llano o figurado? La única realidad estét ica de un poema ¿no es la representación que produce? Que el escritor se haya valido o no de metáforas para persuadirla. El consenso crítico ha señalado tres equivocaciones que fueron las preferidas de Góngo ra: el abuso de metáforas. sino por la expresión alcanzada. El anver so de esta nombradla es la individualidad saliente de su caudillo. que se trata de una virtud. otras connotativas y otras enteramente arbitrarias y falsas (Werke. No insisto en la disputa. El reverso es el general sosiego de la literatura española. la de Manrique. estima. Porque si no nos queremo s negar a la razón. casi con unanimidad. pero también son elogio. La primera suele pr evalecer en la conversación con extraños. en que las cosas ya recibieron su valoración y el bien y el mal fueron repar tidos entre ellas. las Horas que limando están los Días. la de que el tiempo es temporal: Mal te perdonarán a ti las Horas.

494) señala esa nadería de los cultos: Aun no merece el habla de los cultos en muchos lugares nombre de obscur idad. ni para bromear. cuyo honestísimo Discurso poético ha sido republicado por Menéndez y P elayo y justicieramente elogiado (Ideas estéticas. y t ambién Hurtado de Mendoza y Saavedra Fajardo y otros no tan ilustres. la soberbia española practica una diversa conducta: no quie re aceptar el socorro de barbarismos y pone su toda y poca fe en recetas caseras : en idiotismos. para ejemplo de metáforas que enigmatizan. Metaforizar es pensar. Ahora bien. es costumbre transcribir el prin cipio de la Soledad primera. q ue es disfraz de Júpiter y signo zodiacal y constelación y que no nos ayuda a imagin arnos la primavera. Ya nos encara la tercer equivocación del culteranismo. es notorio que don Luis de Góngora los frecuentó ad majo rem linguae hispanicae gloriam y que su ánimo fue probar que nuestro romance puede lo que el latín. Para nada quiere salir de su casa. Asiduos cabalistas (desde Pellicer o Salcedo y Coronel hasta los contemporáneos) h an procurado la justificación lógica de esa tardanza y de ese impertinentísimo toro. de su manejo supersticioso de mitos griegos. En lo atañedero a latinismos. prefi ero las invasiones generosas de los latinizantes. quiere autorizar se con el famoso ejemplo de Góngora y copia este verso: peinar el viento. Góngora fue más consciente o menos hipócrita q ue ellos. En suma. Los unos viven de palabras de lejanía. Cervantes italianizó. en locuciones. la única sin remisión y sin lásti ma. verso 605. en refranes. es reunir representaciones o ideas. III. Una cosa es present ar a la inteligencia un mundo verdadero o fingido y otra es fiarlo todo a la con notación visual o reverencial de vocablos arbitrariamente enlazados. Luciente honor del Cielo en campos de Zafiro pace Estrellas. porque es hendija por donde se le trasluce la muerte. fatigar la selva cuyo primer hemistiquio acierta en lo de igualar el viento a una cabellera y no sé si en la prolijidad de peinarlo. quiero decir de nombr . no hay sino la apariencia sintáctica de la imag en. Sin embargo. los demás practican el diminu tivo y la interjección y son héroes del quién pudiera y del nunca y del si supieras. no hay comparaciones ahí. También. la de los campos: Era del Año la Estación florida en que el mentido Robador de Europa (Media Luna las Armas de su Frente y el Sol todos los Rayos de su Pelo). n inguno quiere imaginar o pensar. la tradición española no es tradicional. mediante palabras. Góngora y Quevedo lo fueron.El crítico español Guillermo de Torre. También. lo que importa son las palabras orondas —las palabras de clima de majestad— exhibidas por el autor. como los tradicionalistas pretenden. en su alegato por la metáfora. sino de la misma nada. Yo confieso que a la cerrazón y hurañía de los puristas de hoy. su simulación. Gracián y Quevedo neologizaron. Venatu invigilant pueri. Acaso. Francisco de Cáscales: Harta desdicha que nos tengan amarrados al banco de la obscuridad solas palabras. Don Juan de Jáuregui. sylvasque fatigant dice La Eneida. Sospecho que aceptar esa defini ción de traza romántica es premisa para admitir el culteranismo. libro noveno. Ahora. y cuyo final es traducción fidelísima de Virgilio. Lo lamentable es que casi todos los poetas han abdicado la imaginación en favor de novelistas e historiadores y trafican con el solo prestigio de las palabras. Hablo de su permanente afán mitológico. Fray Luis he braizó con oportunidad. los otros de palabras lujosas. aquí lo de menos es la metáfora. Pr opiamente. ¿puede habe r poesía sin intuiciones? Arturo Schopenhauer ha escrito que la poesía es el arte de poner en juego la imaginación.

d io en especular y en sentir: riesgo que los entendidos repudian. nadar sabe mi llama la agua fría Y perder el respeto a lei severa. que me llevare el blanco día es una perífrasis boba. ¿Y la alusión al Leteo y a sus aguas todoolvidadoras y sólo desafiables por la pasión? Es (o fue) ingeniosa. Es evidente que don Francisco de Quevedo. Venas. Poesía es el descubrimiento de mitos o el exp erimentarlos otra vez con intimidad. no es el del entierro geográfico del grande Osuna. de los ángeles. al sentarse a escribirlo. con las hi pérboles ya reglamentarias del género. aunque demasiado bien sé que los tercetos lo abarc an. a su afán ansioso lisonjera. no su cuidado. ley severa. ni tampoco el consentidamente gracioso del nari gón —materia forastera a las letras. y que recién a las ocho líneas de petrarquizar. El libro El Parnaso Español y Musas Castellanas lo registra. Reza de esta manera: Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra. agua fría. Otro es el soneto de que hablo y aunque las anto logías nunca lo visitaron. la de este principio? Es (digo yo) la de cuanta metáfora se ha imaginado para decir la muerte. Haraganería es esa tan pública como ¡te juro por Dios! en boca de ateo o la fórmula conjurativa ¡cruz diablo! dicha por el que descree de la cruz y no se ima gina. Serán ceniça. y lleva el número XXXI . a quien todo un Dios prission ha sido. Médulas. de reflejos. . El culteranismo pecó: se alimentó de sombras. de apariciones. que me llevare el blanco día. Polvo serán. es de los sonetos a Lisi. mas tendrá sentido. en su libro cuarto. de ausencias. de las divinidades clásicas. ¿Qué imperfección es. que humor a tanto fuego han dado. Samain— que a trueque de evitar el ripio menor. difunto que lloraron los ríos y cuyo velorio fue de volcanes. ningún demonio. al pronunciarla. Lo he copiado en su integridad. Un soneto de don Francisco de Quevedo No. Tales obreros d e la versificación denunciarán también lo ripioso de los finales. Fue simulacro vistosísimo de poesía: se eng alanó de muertes. de la literatura mundial. el de un ent ero soneto inútil y zángano. pues.es de mitos. pero su actuación en boca no helénica es de falsedad y desvir túa lo autobiográfico. Su forma dejarán. mas polvo enamorado. ¡qué ociosidad para adjetivar! Nunca adolecieron de ella los cumplidores de sonetos sedicentes perfectos —José María de Heredia. lo poético. lo tengo por una de las más intensas páginas de su autor: e s decir. que han gloriosamente ardido. de palabras. Mas no de essotra parte en la rivera Dejará la memoria en donde ardía. consumaron casi siempre el total: el de catorce líneas. Alma mía. no tuvo más que la artesana intención de manufacturar un soneto al modo italiano. no el aprovechar su halago forastero y su l ontananza. de huellas. Y podrá desatar esta alma mía Hora. ¡Tan pudorosas y cobardes son todas ellas frent e a la sola horrenda palabra que pujan por tapar! Cerrar podrá mis ojos la postrera Sombra. Habló —sin creer en ellos— del fénix. de ecos. puesto que la terribilidad del morir no es la de un mero d ejarnos sin luz y porque también los ojos se clausuran para dormir: ocupación blanda . porque una incongruencia así fisonómica sólo es visua l y no puede alegrarnos de oídas. Alma.

Ese frío —tan insignificativo y haragán. El goce. La erótic a sube a metafísica. invitado y compañero del cuerpo. no su cuidado. la cosmológica. la c ulpa fue de la costumbre deplorabilísima de imponer tamaño de soneto a toda emoción. E l sonetista (apunta don Ricardo Güiraldes) tiene un moldecito de budín en la mano y mete dentro todo lo que se le pone a tiro. a quien todo un Diosprission ha sido. los descaros y sábados de la carne son mensajeros de buenas not icias para el espíritu. la histórica . rebasa su minuto y af irma que quien alguna vez tanto vivió. u n hacer tiempo casi de cualquier modo mientras la atención del auditorio está organi zándose. Si mencioné este opúsculo (Inmortalidad de el Alma. página 671 de la edición alemana de Eduardo Grisebach). y vergonzosa confusión de los Hereges) es para evi denciar la mucha intimidad de Quevedo con la cuestión. Ésta es abogacía originalísima por la inmortalidad: negocio en que se atareó Quevedo y a cuya probación dedicó las muchas páginas de un tratado que anda en sus Obras postumas .. es el acto generativo (El mundo como voluntad y representación. No los precisaba Quevedo y si incurrió en la haraganería de componerlos. Quevedo. sino de los otros— que saben reconciliarme con el soneto. los redimo de los demás y son el mayor sentir español: Alma. y el cuerpo frío Se acordará de amor en polvo y tierra. la del acto. los versos finales. Médulas que han gloriosamente ardido. mas tendrá sentido. Lo he recorrido. Tod o esto. Imposible ubic ar en su área teológica el pensamiento audacísimo de los versos. segundo volumen. sino de las caseras cos as individuales— sugiere una supervivencia de lo corpóreo. de la que escribió Schopenh auer: La cópula es al mundo lo que la palabra al enigma. con no amainada gra ndiosidad. Quevedo casi no razona. no es sino la manifestación de la voluntad de vivir y la conc entración. mas polvo enamorado. y fraileras citaciones latinas la hacen solemne. la ontológica. Los destaco. La intensidad le es promesa de inmortalid ad y no la intensidad de cualquier sentir. Polvo serán. sin embargo. por contraste. más concretamente aun. pero su constante objeto es just ificar que el alma es entidad separable y puede operar sin las representaciones —f antasmas. con lo descomunal de sus leye s. Serán ceniça. la moral. Lo cual (añado yo) no quiere decir que los sonetos y los budines no sean manjares muy aceptables. el mundo es anch o en el espacio y viejo en el tiempo y de variedad inagotable en las formas. en otro soneto: Sobre el Sol arderé. El pensamiento es casi pagano y está. estos ocho renglones preparativos son un compás de espera. alguna vez. de la carnalidad y aun de la satisfacción y ápice de ella. intuye más bien. con su arbitrariedad. ¿Qué pensar de la abogación de Quevedo? Yo pienso de ella lo que de las sedicentes pru ebas dialécticas de que hay Dios. pues. y aliento de los Catholicos.. Su forma dejarán. plenitud del ser. ya no se olvidará de vivir y no morirá. un escúcheme. A saber. a primera vista— es insinuador. Es polémica antici pada con Hobbes. el foco de esta voluntad. hospes comesque corporis. hispano íntegramente y seguro de la realidad de las cosas —no de la gasific ada cosa en sí que para consuelo de ametafísicos preparó Kant. En ellos puede escucharse ¡al fin! la voz de Quevedo. sino la de la apetencia amorosa y.Es decir. de las ya para siempre ap asionadas venas y médulas. tan ausente de los no favorecidos cuartetos. con que se prueba la Providencia de Dios para consuel o. Consideremos. escribe el original— de que se abasteció en los sentidos. es discurso en que colaboraron la dialéctica y la dignidad varo nil y la convicción y aun alguna vez el sarcasmo. Venas que humor a tanto fuego han dado. capítulo cuarenta y cinco. Hay pieza s de Enrique Banchs —ya tenemos en casa ejemplos no solamente de equivocación.

un dormitorio oscuro en Ocaña. esperemos que el Señor no le haya sido avaro de la tercera. Mi fe no es una munesca e incómoda. su escena. vale decir. pr efiere definir Croce. ocurrencia. visuales. pero ésta le sirvió (lo hemos visto) para arg umentar la inmortalidad. en productor de imágenes o de conceptos. palab ra de traiciones como la otra. cintas. árboles. en razón de su cargamento visu al o mención continua de plumas. Para decírsela a fervientes de la inmortalidad. sus interlocutore s. El ingenuo paralogismo se echa de ver: Alonso niega la sensible vaciedad poética de las Soledades. Ya escribí alguna vez que la negación o dubitación de la inmortalidad es el máximo desacato a los muert os. pero de traiciones que cuentan y que la historia de la literatura (mejor: la sedicente historia de la sedicente literatura) no de be preterir. La simulación de la imagen Indagar ¿qué es lo estético? es indagar ¿qué otra cosa es lo estético. soy de los que creen. es dec ir. No le pi do más: en trance de Dios y de inmortalidad. De eso puede inferirse inmediatamente que lo no expresivo. hombre de pelo rojo. Intuiciones. post ularé aquí. la que en ajena s bocas vivimos. por aparecido. No es menos definitivo el segundo ejemplo. la de inmortalidad. La falacia de lo visual manda en literatura. Quiero rememorar aquí cierto diálogo. pero está usurpada por significaciones connotati vas —adivinación. corazonada— que la echan a perder. es inmejorable. perecedera.y las que queden: pienso que su única virtud no dudosa es la de convencer a ya con vencidos. la descortesía casi infinita. De don Francisco ya sabemos que obtuv o dos. Eso dice la biografía de esa palabra y esa biografía no es aconsejadora de aciertos. ya que la casi totalidad de su material se origina de ellas. l o no imaginable o no generador de imágenes. Ocurrió en las medianías del mil cuatrocientos. gallinas. No entiendo a l os mecanicistas. y tan satisfac toria me es esa fórmula que ni siquiera pienso sacar de la estantería el libro en qu e está y verificar en él las palabras textuales (las representaciones textuales) de su escritor. La etimología ampara ese error: imago vale por simulacro. aves. otra. la de nuestra fama. El más r ecibido de esos errores es presuponer que las imágenes comunicadas por el escritor deban ser. su cronista. a veces por vaina (que es l a apariencia de la hoja de acero que está en acecho en ella) aunque también por eco —v ocalis imago— y por la concepción de una cosa. es inartístico. muy mejor.. Quevedo no descreyó nunca de la materia. ya para iempre. gavilanes. pasan en suntuoso desfile a nte los ojos del lector. ¿En qué estaban pensando los que dijeron que las Soledades estaban vacías? Tan nutridas están que apenas si en tan poco espacio pueden contener tal variedad de formas (página 31). Dos ejemplos amenísimos de ese poder hay en el desbocado elogio de Góngora que Dámaso Alonso ha prefijado en su edición. por efigie. y su apurada repartición del conocimiento en intuitivo y lógico.. Mi fe es un puede ser que asciende con frec uencia a una certidumbre y que no se abate nunca a incredulidad. por forma. El arte es expresión y sólo expresión. Escribo imágenes. Se escribe así: No obscuridad: cl . Dijo entonces la Muerte que son tres las posibles vidas del hombre: una. vidrios y cor chos. la palabra me satisface. la temporal. pelos. la que cumplimos entre las prolijidades de l tiempo y las del espacio. otra. nos ha contestado Croce. incrédulos de que un solo átomo irrepresentable pueda perderse y mu y seguros de la escondibilidad final de su yo. que única otra cosa es lo estético? Lo expresivo. mis noches saben acomodarse en ella para dormir y hasta despac han realidad bien soñada en su vacación. Dice así: En la poesía de Góngora flores. preferentemente. y en su sentido estricto de percepciones instantáneas de una verdad. la Muerte y don Rodrigo Manrique. el capitán don Jorge Manrique. animales d e la tierra. Escribo imágenes y no dejo de saber lo traicionero de esa palabra. me ritísima por lo demás. de las Soledades. Uno es para contradecir el aflictivo nihili smo poético de esa rapsodia. variedad de manjares. Al universo no le permiten escamo tear una partícula de materia pero sí una infinitud de almas. pescados.

claridad deslumbrante. Ma r luciente: cristal azul. entre mástiles y fes tones encendidos. de ese surtido de desaires tan cómodo. esc ritores a quienes les importa más lo vistoso del segundo término de una comparación qu e no su necesidad o su auxilio. Pocas veces surca la alta serenidad esa deliciosa góndola bergsoniana. para los co nvencidos de antemano de su verdad. Hay. por ejemplo: El valiente robo de ayer se efectuó en la calle Tal. Somos poseedores de cuatro terminaciones aumen tativas. Escribir Caminó sin parar hasta que ralearon las cas as. de diez diminutivas. Daniel Defoe parece haber sido. Esa manera no es la histórica ni la periodística. por Benjamín Jarnés. por su mencionar cosas claras. es guardar una reserva casi absoluta. pero de uno al ot ro extremo se entrelazan armoniosamente las cintas paralelas de la imagen (página 34). ya que las precisiones de la aritmética o de la geografía suelen ser i mprecisas a más no poder en el ejercicio del arte. de libro. sin mácula. El pensamiento (escribe) es la maroma tensa. Y es que el noticioso. Este prosista simula investigar lo que es prosa. Indiscreciones de lo visual son también las cometidas en Ejercicios. Sólo que la distracción. Esas libertades con la metáfora son perdonables. del diminutivo. Libraco. ha sido ingerido esta ve z con menos limpieza. el iniciador de esos pormenor es de horario. Anota. Jarnés cree. Casi todas las que se dicen metáforas no pasan de incontinencias de lo visual. todavía. constelado de diamantes. léase perspicuo.. . vibrátil —acaso de alambre robu sto de acero— que mantiene enhiesta la arquitectura de la frase. El deber de toda imagen es precisión. escribe. siempre que no se es pecialice el escritor en tales diabluras. también. es arriesgarse a dejar en blanco esa línea para muchos lectores. sólo para hacer ostentación de ese pájaro. de once despreciativas. libro de reso luciones de literato. receta no represen table por nadie y que se limita a señalarnos el sitio Tal. en que nos darán más inform es. libracho. Yo siempre en él estuve atento como martín pescador. aludiendo a la festejada línea de Góngora. Otra popularizada ilusión es la de fiarse mucho en las desinencias del aumentativo . o rasgado por la corva carrera del sol (página 35). Escribir Salió de General Urq uiza y Barcala y caminó hasta Camargoy Humboldt. Jarnés no ha querido intimar con el problema. Después examina varias cond uctas de prosa. profunda iluminación. pero en lugar de razonar esa dualidad. ya lo sé. de esas vanidades de cartógrafo o de sereno: equivocación copiadísima. el arcón bien labrado del pensamiento (página 35). Claridad de íntima. el cuadrito. o Caminó hasta que hubo más cielo. Menén dez y Pelayo. para menospreciarlo. Este aparente axioma o facilísima verdad ni si quiera lo es. creo que sin demasiada razón. según la sufijación que le sumen. a diferencia d e los poetas. Es decir. trayendo a bordo. número tal. El rojo passo de la blanca Aurora y a otras emparentadas. promete más posibilidad de expresión. Otra figura y o tra negación de pensar. uno que en muchos otros decires es gran poeta. no precisa hacer arte: es noticiador de hechos públicos. a las tales horas del día. La gr amática se alaba. en literatura. duele una equivocación parecida: la de inferir que don Luis d e Góngora es claro. pero no del correspondient e poder de apreciar veinticinco graduaciones en cada nombre. n os muestra unas serpentinas y un alambrado. Aquí. visión inútil. léase relucientes..aridad radiante. libróte. La naturaleza de ese enredo es de calembour. del despectivo. para depararnos al final esta solución: Lo mejor es hacer de la pr osa una ágil góndola empujada por el aliento de la idea. bajo la aparente segurida d de lo sentencioso. escribió que la sola motivación de algún verso de él fue la de l isonjear la vista con la suave mezcla de lo blanco y de lo rojo. Cielo color zafiro. en la fabulosa división de fondo y de forma. Escribir del héroe de una novela Salió de un punto de partida y caminó cuatro mil doscientos veinticuatro metros haci a el noroeste. salen.

siempre que suene un ísimo. No faltan asimismo lectores que se decreten una suficiente emoción. que una exhibición de métodos novedosos. o más bien un sermón funeral sobre la nada de las cosas del mundo . Esas negligencias o rendijas o indecisiones o premeditadas e stafas de lo verbal cuentan.. son iguales. es deliberado. Ésta. sin otra ayuda que la de su mismo insípido ruido. bie . en alguna página. cree en las naturalezas distintas de la conversación y de la escritura y acaba por consentir (y hasta por festejar) en la hoja. El grado superlativo es otra ficción y de las traicioneras. no descu bre errores. no legal. aquélla se s uele satisfacer con medias imágenes y como no quiere realizar lo que lee. El procedimiento reiterativo de las mujeres. lo imaginamos. y ya la des inencia nos quiere reclamar una refacción o corrección o decantación del concepto. en punto a representación. la común es un dato. Más práctico me parece el adverbio muy. Ejemplo: Góngora. Sabe que lo s fracasos perseverantes de la expresión. Una observación última. pero la representación es una y varia ble. siempre. nunca. Dejemos la rareza gramatical de la anteposición del adverbio al superlativo —alianza emocional de dos énfasis— y comparemos la adjetivación riquísimos techos con la positiv a de ricos. Por su ademán. La audibilidad de lo escrito —ya en el verso. censuró la censura.. sobre el desprecio de la vida y sobre el poderío de la muerte. pueden componer nombradía. La construy en la haraganería y la cortesía. Menéndez y Pelayo l o ataja. y va preparándola. con la complicidad del lector. estad firmes y derechos. de los s emitas (un cielo azul azul) es también más lógico. Menéndez y Pelayo. Llama doctrinal de cristiana filo sofía a las coplas y alude a Bossuet. tal como el fall ecimiento de un padre debía inspirar a su hijo. es el mejor mérito de la obra. siempre que palab ras del destino sean presentadas (adiós. diecisiete se contraen al elogio fúnebre del Maestre. Las dos. Esa posible diferencia de acento es toda la que hay. Todo e scritor sabe que una genuina obtención estética suele interesar menos al historiador de la literatura y al periodista y a la discusión de los compañeros y al ya literat izado lector. siempre q ue finja un método su locura. Dice también que el pudor filosófico y señoril con que Manrique reprime sus lágrimas y anega su propio dolor en el dolor humano. Pero las coplas de Jorge Manrique son una declamación. tan impersonal que también para decir pobrísimo lo conchaban. La voz r iquísimos no es de fácil operación: oímos decir rico primero. La sola diferencia es de entonación: la primera suena ponderativa. se esperan los sentimientos y la intención de una elegía. Manuel J osé Quintana. crític o justicieramente famoso. ya en la prosa. que es el de audaz. tal vez) o de lo a stronómico: nadir. señalándole que de las cuarenta y tres coplas que son el total de la compos ición. decente crítico y poeta ilegible. esos pareceres de Menéndez y Pelayo son una refutación de Quintana. Pues vos fizo Dios pilares de tan «riquísimos» techos.sin reparar en que las palabras son muchas. luna. aunque desacertados. Arguye Quintana: Al ver el título de e sta obra. Yo repito que no es del caso ha blar de convenios: el asunto es de orden psicológico. siempre que blasonen misterio. juego de chasquearla infinitamente— opera también. es la de Manrique. Se me responderá que como contratante verbal —investidura tan falsa como la del contratante social que inventó Rousseau— estoy sujeto a la obliga ción de imaginarme algo. censuró esa voz. Las coplas de Jorge Manrique La más escuchada voz que verso español habló de la muerte. renunciamiento. juego de satisfacer una expectativa. Pero el caso general de equivocación. con visible superstición. tan indecidora es una como la otra. inexpresiones que rebatiría siempre en el diálogo. Sabe que la imagen fracasada goza de mejor nombre ahora. Ejemplo: to do escritor de nuestro tiempo. que se adelanta a la representación concreta que intensifica. de los niños.

la gran aplicabilidad de sus v ersos. vencedor en veinticuatro batallas y Adelantado mayor del reino de León. Dos maneras de hermosura hay en ella: una. Claro que al negar lo elegiaco de esta elegía festejadísima. Elogio fúnebre. lo proverbial y lapidario de su dicción. (Sé que Lope de Vega dijo de ellas que merecían estar escritas con letras de oro: locución rumbosa que expresa una convición y no la argum enta. acrecienta un hombre el amor filial que deben profesarle. puesto que a t ravés de los siglos su pensamiento cristiano y filosófico ontinúa haciendo bien. en la su villa de Ocaña vino la muerte a llamar a su puerta. y cua . Afirmo que son indignas de la Mu erte: eso es todo. y que asciende alguna vez a cuento de Poe: Después depuesta la vida tantas veces por su ley al tablero. de hijos y hermanos y criados. que se tr asluce tan a las claras en la sentencia final: Assí con tal entender todos sentidos humanos conservados. No dexó grandes thesoros ni alcancé muchas riquezas ni baxillas. después de tan bien servida la corona de su Rey verdadero. esas carencias las anonadan. y otra es la intimidad del dolor qu e su muerte debió inferir al ánimo de un hijo suyo. después de tanta hazaña a que no puede bastar cuenta cierta. No descreo de la eficacia estética de las Coplas. y en las lides que venció cavalleros y cavallos se prendieron y en este oficio ganó las rentas e los vasallos que le dieron. doctrinal de cristia na filosofía.) Dice Menéndez y Pelayo: «¡Dichoso Jorge Manrique entre nuestros poetas. En ellas está la forzosidad del morir.. su índole de novela..n mirados. ¿no es todo eso. pero nunca lo disparatad o de ese acto ni el azoramiento metafísico a que nos invita ni un esperanzarse cur ioso en la inmortalidad. Desde el punto de vista absoluto que su nombradía merece. son su confirmación. otra. sermonero a más no poder y na da elegiaco? El elogio fúnebre. es justificación ante forasteros. no quiero negar su herm osura. nombre de Bossuet. y más en el sentido civil en que lo enc ara Jorge Manrique. no es directa queja filial. por ejemplo. acaso. pudor filosófico. Una cosa es la foja de servicios del conde de Paredes. mas hizo guerra a los moros ganando sus fortalezas y sus villas. No por mucho batallar con todos los moros de la morería. cercado de su mujer.

Para Manrique (y para todo español en t rance de filosofar). Las ruinas de Itálica sobreviven (sobremueren) a la ciudad. Hay la respuesta cientificis ta que a nadie satisface y que dicen todos: El individuo no es inmortal. como elocuentísimo comentario y derollo del Surge qui dormís et exsurge. sus vestidos. Ya eres el pose edor de tu ignorancia. El nombre de España ha durado más que su imperio. tomo 6). l uego los imperios no existen y los ingleses no deben alegrarse del que seudo tie nen. Yo no entiendo de estas divisiones jerárquicas de la realidad y no sé por qué razón la h ora de la muerte ha de ser más verdadera que las de vivir y el viernes que el lune s. ¿qué se hizo la pasión. sus veris son siempre de los primeros que ocurren a la emoria. Si todo es ilusorio. luego el esqueleto es más real que el hombre. de San Pablo!» (Antología de líricos castellanos. pero sí l a especie y ella garantiza la inmortalidad de todo sentir. la perdurabilidad es la única forma del Ser. qué se hará? Hay la respuesta cristiana (la de Manrique) . la intensidad es una forma de eternidad. tan profanadora de todo recuerdo nuestro de amor y que siente así: Fuego encendi do en los infiernos es el fuego carnal y está bien que se desbarate y se pierda y que el alma consiga alguna vez el don de olvidarlo. las músicas acordadas que tañían? ¿Qué se fizo aquel dançar y aquellas ropas chapadas que traían? Dejemos las absurdas y patéticas interrogaciones sobre la perfumería y sobre los tra jes guarnecidos con láminas de metal y sobre las bien templadas citólas y vihuelas y vayamos a la terrible interrogación: ¿Qué se ficieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? Es decir. luego su intemperie de hoy es verídica y su gentío de ayer es una ficción. interroga: ¿Qué se ficieron las damas. El esqueleto sob revive a su portador. no se pierde. sus olores? ¿Qué se ficieron las llamas de los fuegos encendidos de amadores? ¿Qué se fizo aquel trobar. Hay una tercera respu esta que he vislumbrado y que me está gustando y que se deja presentir o indicar p or esta sentencia: Lo que de veras fue. de Jorge Manrique? Releo las Coplas y compruebo que es el pensamiento de que lo pasajero no existe. también la muerte lo es y muere su muerte. ¿Sólo ha de ser inm ortal el dejar de ser? Manrique.ndo entre españoles se trata de muerte y de inmortalidad. Lector: Por la vereda de las coplas hemos llegado a la metafísica. La fruición literaria Sspecho que los novelones policiales de Eduardo Gutiérrez y una mitología griega y e l Estudiante de Salamanca y las tan razonables y tan nada fantásticas fantasías de J . sin confiaren contestación. Yo pregunto con humildad: ¿Cuál es el pensamiento cristiano y filosófico y a través de los siglos bienhechor. sus tocados. y la mía no te hace falta.

lector.ulio Verne y los grandiosos folletines de Stevenson y la primer novela por entre gas del mundo: las 1001 Noches. intimé con la lite ratura. con fe roces mandíbulas. Conjeturo que de ser sinceros. son los mejores goces literarios que he practica do. Vive en esta pavorosa y casi inefable verdad: La belleza es un accidente de la literatura. existirían antologías no cronológicas y hasta sin nómina de escritores ni escuela s. ¡cu an pocos versos habrá que sobrevivan! (Historia de la poesía americana. un altillo. los frecuentadores de temas ya poetizados. orientado a todas las horas del mundo. y el ag rado que me inspiraron se ha hecho costumbre. a fuerza de recorrer muchos volúmenes para juzgarlos (y no es otra la t area del crítico) incurre en mero genealogista de estilos y en rastreador de influ encias. to dos los críticos del mundo (y aun algunos de Buenos Aires) dirían lo mismo. que h ace años está leyéndose solo en la biblioteca. Unamuno. hasta en las malas ilustraciones y en las erratas. si ignoramos que ha perpetrado ot ros muchos que son todavía más íntimos del error y que además. a través de inefables chapucerías de gusto. es una confesión. La lista es heterogénea y no puede confesar otra unidad que la consentida por la edad tempranísima en que los leí. Nuestra desidia conversa de libros eternos. Si las obtenciones de belleza verbal que puede ministrarnos el arte fueran infal ibles. ¿Y en el día de hoy? He dado en escritor. devora el campo. suelen conseguirla y casi nunca los novadores. De Quincey. no menos inventi vo en la mañana populosa que en la noche aislada. Esos tan resucitadores ojos de la historia ¿qué son sino un sistema de lástimas. son como borradores de ese libro sin lectu ra final. En cambio. en influencias. Luego descubrí las palabras: descubrí su agasajo legible y hasta memorable y hospedé m uchas tiradas en prosa y verso. Es lamentable observación mía que cualqui er hombre. tomo segundo . fui mereciendo amistades escrita s que todavía me honran: Schopenhauer. Los epígonos. otras han caído piadosamente de mi r ecuerdo. Cierto. la sombra y el bulto. Escribe Menéndez y Pelayo: Si no se leen los versos con los ojos de la historia. Séanos ilustración esta metáfora desglosada: El incendio. ¿Cómo admirar los sonetos de Juan Boscán. Algunas —todavía— suelen acompañarme la soledad. de libros clásicos. un cortesísimo indagador de vidas ajenas y todo lo aceptaba con venturosa y álacre resignación. depende de la simpatía o antipatía de las palabras manejadas por el escritor y no está vinculada a la eternidad. Despacito. confundiremos el plagiario con el inventor. Después. y a riesgo de simplificar demasiado el asun to. si no sabemos que fueron los primeros de que a doleció nuestro idioma? ¿Cómo sufrir los de Mengano. Yo era un hospitalario lector en este anteayer. como el Tenorio. En todo creía. otra vez Quev edo. La sola evidencia de hermosura de cada composición bastaría para justificarla. y debo confesar (no sin lástima y conciencia de mi pobreza) que releo con un muy recordativo placer y que las lect uras nuevas no me entusiasman. en combinación. sé que fue apasionadísimo mi primer encuentro con el Sarto r Resartus o Sastre Zurcido del energuménico Tomas Carlyle: libro arrumbado. que alguna vez supe íntegro y que han extirpado los años y mi desgano. Es natur al: la inteligencia es económica y arregladora y el milagro le parece una mala cos tumbre. en crítico. No alcanzo a recordar la primera vez que leí a Quevedo. pero una cosa es la justiciera repartic ión de glorias y otra la pura fruición estética. Cada cuento era una aventura y yo buscaba lugares condignos y prestigiosos para vivir la: el descanso más empinado de la escalera. ahora es mi más visi tado escritor. a traducir las en escuelas. buscaré un ejemplo. página 103). Admitirlo. Cl aro que esa conducta sería estrafalaria y aun peligrosa en las antologías al uso. ya es injustificarse. es amigo del antologista? Temo no ser entendido en este lugar. Esta locución ¿es condenable o es lícita? Yo afirmo q . Esta que parece advertencia. de generosidades o sencilla mente de cortesías? Se me replicará que sin ellos. Dickens. la azotea de la casa. puntual a nuestra gustación y a nuestros caprichos. Ya tiendo a contradecirles la novedad. Tus libros preferidos. Ojalá existiera algún libro eterno.

ue eso depende solamente de quien la forjó. que hospedaron en las palabras leves y duraderas algo de su pesada vida fugaz. cero. Supongamos que en un café de la calle Corrientes o de la Avenida. Son ape nas un manojito de sombra. Al erguido verso de Cervantes ¡Vive Dios. en libro famoso. Si ya nos engravece pensar que hace dos mil quinientos años vivieron hombres. substituir tragar por q uemar. En cambio. se la dijo al Océano. hasta cerciorarse bien cuya era la frase.. sino apenas cola de la ausencia de la palabra (Quevedo: La hora de todos y la fo rtuna con seso. pero es una debilidad del poeta. lo de las mandíbulas tal vez asombre a algui en. vive Dios era interjección tan barata como ca ramba. episodio XXXV). un dejarse llevar por la locución fuego devor ador. también construye. Sospecho que los contemporáneos suyos lo senti rían así: ¡Vieran lo que me asombra este aparato!. que me espanta esta grandeza!. o cosa vecina. Suponga mos que me revelan que el padre de esa figución es Esquilo y que estuvo en lengua de Prometo (y así es la verdad) y que el arrestado titán. Yo pensaré: Todo se les vuelve dragón a los chin os y me representaré un incendio claro como una fiesta y serpeando. y me gustará. dado el extravagante carácter de los inter locutores y la lejanía (ya poética) de su origen. Les conviene demasiado est a oración: Quedaron ecos: fórmanse en lo hueco y vacío de su majestad. un literato me la propone como suya. pero lo son con eternidad. El tiempo —amigo de Cervantes— ha s abido corregirle las pruebas. Entonces la s entencia me parecerá bien y aun perfecta. y espantar valía por asombrar. Se hacen abstracciones. Yo pensaré: Ese concepto de un fueg o con mandíbulas es realmente de pesadilla. Cuando el inventor y detallador de Don Quijote lo redactó. casi enterrado que hay en Palermo al sur y en d onde un extravagante esfuerzo arqueológico puede reconstruir el baldío cuya ruina ac . y no es paradoja. Tierna y segura inmortalidad (alcanzada alguna vez por hombres medianos. ca ballero anciano que vino a visitar su calamidad en coche con alas. de horror y añade malignidad humana y od iosa a un hecho inconsciente. ¿cómo no ha de conmovernos saber que versifi caron. furtivo. que es cosa patética. que persiste en el arrabal vergonzante. Ésa es la de Burns. que sin duda ha suspendido su juicio. ésa es la de nuestro Carriego. el destino de los inmortales es otro. que fueron espectadores del mundo.. marrado a un precipicio de rocas por la Fuerza y por la Violencia. lo vemos refaccionado y hasta notablemente ensanchado por él. total. Los pormenores de su sentir o de su pensar suelen desvanecerse o yacen invisibles en su labor. Su pongamos que se vale de ella el testigo presencial de un incendio o.. is casi mitológica la frase y es vigorosísima. que está sobre tierras labrantías de Escocia y ríos que no se apuran y cordilleritas. que esas palabras están cumpliendo un lar go destino? El tiempo.. Se vuelven pobres y perfectos como un guarismo. Yo quiero señalar su atinge ncia con la literatura. tan preciado de socavador. mejor aun. Haré como el lector. su individualidad (esa simplificadísima idea platónica q ue en ningún rato de su vida fueron con pureza) se aferra como una raíz a las almas. alguien a quien fueron amenaza las llamaradas. Yo pensaré: Ahora es vulgarísima tarea la de hacer metáforas. Nosotros lo vemos firme y garifo. un automatismo. Pero hay diversas inmortalidades. ministros duros. Hablo sin intención de ironía. En general. La distancia y la antigüedad (que son los énfasis del esp acio y del tiempo) tiran de nuestro corazón.. no es un canje muy provechoso. tan famoso por sus demoliciones y sus ruin as de Itálica. Ya Novalis enunció esa verdad y Spengle r ha sabido razonarla grandiosamente. Supongamos ahora que me la presentan como o riginaria de un poeta chino o siamés. irrecuperables e insospechados.. pero de honesta dedicación y largo fervor) es la del poeta cuyo nombre está vinculado a un lugar del mundo. no voz entera.

tual es la casa y el despacho de bebidas que se ha hecho Emporio. el mar que sufre cielo gris. el chisme convent illero a la fe. publicado por La Nación en 1887. el tango tiene motas en la raíz. y nos remi te al rato a una apuntación donde vemos que la palabra milonga no ocurre en un diálo go lunfardo. de la muerte o del desesperar. es negativ . Es evidente que debemos averig uar sus orígenes y prescribirle una genealogía donde no falten ni la ndiosadora leye nda ni la verdad segura. ¿qué genoveses iba a habe r. La milonga es el origen del tango. si la Boca del Riachuelo estaba por descubrir todavía?) Lástima que no se hayan a trevido a ser francos y prefieran la falsificación a la mitología. h asta que el Teatro Nacional lo exaltó. Rossi se limita a escribir En la ban da occidental no se usó la Milonga como canto ni la Danza como Milonga. los ruiseñores. el tango es afro-montevideano. Acepto que la premisa menor es inconmovible. vuelve a estimularl a. Pero las inmortalidades mejores —las de señorío de la pasión— siguen vacantes. sobre la amenidad ontinua de su lectura y la eventual equivocación e sus datos y hoy quiero declarar su opinión y aluna otr a más. gal pón montevideano de bailes públicos. siempre n ostalgioso de gauchos. Ya he esrito sobre el libro de Rossi. Hay también un i nmortalizarse en cosas eternas. pero esa chicana no satisface a nuestro patrioterismo. La luna. Ascendencias del tango El tango es la realización argentina más divulgada. La cuestión fue muy conversada en el año trece. sólo pueden arrimarse al mero dato de registro civil. La opinión de Rossi es circunstanciada: El tanto sedicente argentino es hijo de la milonga montevideana y nieto de la habanera. (Además. la de Swinburne. plenamente. la argumentación de don Vicente Rossi puede reducirse honrada mente a este silogismo: La milonga es privativamente montevideana. estoy más convencido de la procedencia u ruguaya de Rossi que de la procedencia uruguaya del tango. Ser de color humilde y ser oriental son condiciones criollas. los grandes versos de la humanidad no han sido aún escritos. El pueblo porteño se reconoce en él. Tal vez c onvenga recordar aquí el caso análogo de la procedencia de Colón. los a ndenes estirados y los embarcaderos. los españoles pueden argumentarla mejor. Podrían argumentar que siendo el descubrim iento de América y la conquista. Ésa es imperfección de que debe alegrarse nu estra esperanza. del odiar. Pragmatismos aparte. empresas manifiestamente españolas. manifiestan la gloria de Enrique Heine. para considerarlo suyo. la primavera. la que con insolencia ha prodiga do el nombre argentino sobre el haz de la tierra. Su argumento. Nació en la Academia San Felipe. más bien lo embravece y lo desespera. o convent illeo. el libro de don Vicente Rossi. entre compadritos y negros. intitulado Cosas de negros (Córdoba 1926). No hay poeta que sea voz total del querer. en cambio. De cualquier modo. pero los morenos argentinos (y hasta los no morenos) son tan criollos como los de enfrente y no hay razón para suponer que todo lo inventaron en la otr a banda. Yo seré más sincero que ellos y afirmaré con resolución: El tango es por teño. Es decir. no hay ninguna razón histórica para introducir genoveses en el asunto. de que el Almirante nació en Genova y era italiano por los cuatro costados. la de Walt Whitman. Los italianos. como se ve. descreo de la mayor y no sé de ningún argumento válido que la fortalezca. emigró al Bajo de Bue nos Aires y guarangueó por los Cuartos de Palermo (donde lo recibieron la negrada y las cuarteleras) y metió ruido en los peringundines del Centro y en Monserrat. Me responderán que hay la razón efectiva de que así fue. Es decir. El origen del tango es montevideano. no así el montevideano.

la declara divulgadís ima en los bailecitos de medio pelo del arrabal y en los casinos de la plaza del Once y de Constitución. La procedencia versificada por Camino es original a más no poder. A la motivación erót ica. que por razones de fecha desconoce la explicación de Camino. y en la asentada. ¿quién no recuerda cierta inefa ble milonga tejedor ista (inefable por lo procaz) cuya elocuencia desaforada en la injuria nos autoriza a suponerla contemporánea del hecho que nombra: esto es. Señor comisario. qué vacila ción para vuestra vertiginosa dignidad de taquitos altos habrán sido las puntiagudas piedras del empedrado. a retrocedería al 80? Empieza así: Don Carlos de Tejedor. tan forasteras a la tierrita criolla del callejón! Hasta aquí han opinado mis conjeturas. Ignoro si esa motivación es verídica: sé no más que se lleva maravillosamente bien con los tangos viejos. octubre 17 de 1926) habla de las milon gas que saludaron a los primeros tranvías y a las primeras calles empedradas del a rrabal. hechos de puro descaro. Está casi al final del libro Cha quiras y empieza así: Nació en los Corrales viejos. estudia la milonga. de pelea feliz. Cara pelada. que hablen los hechos. la ayuda un poco en este párrafo sobre la milonga: Entonces tuvo títulos. Camino. etc. Otra genealogía tanguera es la rastreada por don Miguel A. Inversamente. ni siquiera . de visteo. El cancionero bonaer ense de Ventura R. La Prensa. Hijo fue de una milonga y un «pesao» del arrabal. tan andinas. La quebrada. hac e un año. con una paciencia loca y todavía es alarde para cantar la flor en el truco. o meretricia. Kyrie eleison. añade una motivación beli cosa. que todos hemos reconocido en el tango. intitulada El tango. qué capitis diminutio. tan inciviles.o y carece de eficacia para convencer. También Rossi. la juzga inventada por los compadritos para hacer burla d e los candomberos y hasta informa que los organitos la tocan. la media luna y el paso atrás. de pu ra sinvergüencería. Pejerrey con papas. en su he rmosa composición recordativa. de pura felicidad del valor. Lo apadrinó la corneta del mayoral del tranvía. puso el reflejo de la embestida y las cuerpeadas del que la juega con su puñal. como los describí en otras páginas. allá por el año ochenta.. ¡Oh compadritos de la calle Ombú y de la calle Europa. Lynch. y los duelos a cuchillo le enseñaron a bailar. Así en el ocho. La canaria. Una de estas últimas aconseja: Cuidadito con las piedras que te vas a refalar. poeta. y ellos no s dan otra prueba de que no fue sensual: Mate amargo. También don Rodolfo Senet (Buen os Aires alrededor del año 1880. porque el golpe de las piedras es muy malo de curar. ¡libro de 1883!.

según el doctor José Antonio Wil de. Los hubo de fama duradera. para mostrarlo callejero y fiestero. Inversamente. El visteo no fue jamás privativo de los Corrales. en cualq uier barrio. la solamente lujuriosa y la de travesura. se lo ruego. al ocuparse del tango. de estudioso acento lunfardo. soy del barrio del Retiro. sobre su atravesada y casi enconada sensualidad. Báste me citar dos fuertes ejemplos: el de Marcelo del Mazo. aulló el compadre y la fosca compañera / ofreció la de svergüenza de su cálido impudor / azotando con su carne. una actualidad que no se preocupa. El Noy en el Merca do de Abasto. por verdadero sport (Cosas de negros —La academia). en un teclado gangoso. Mi argumento es fác . la otra. El Turco en la Batería. de bandoneones. La precisión es traicionera. Notas arrastradas. 1910 (Aura mi hija. A mi ver (conste que mi opinión no es obligatoria y que no quiero inferírsela a nadi e) el tango puede haberse originado en cualquier lugar de la ciudad. Cada barrio padecía sus cuchilleros.. han insistido siempre sobre su lujuria tristona. / las vibrátiles entrañas de aquel chusma del amor) y el de Ricardo Güiraldes cuyo Ta ngo (El cencerro de cristal. fue para verle felicidad. Justo sin emba rgo es reconocer que los literatos. nos marca el preciso lugar en que éste nació: lo s Corrales viejos. en alguna trastienda.. aunque an gosta: El Petizo Flores en la Recoleta. Una conciencia adulta del tiempo carga sobre él. lucen ágiles cortes dos orilleros. Eran semidioses de chambergo alto: hombres de baquía puntual en mene steres de cuchillo y que solían desafiarse envidiosamente.) Camino nos explica el tango y además. una indicación de cortes y de flore os. y Hágase a un lao. en la segunda serie de Lo s vencidos. de las puñaladas electorales. el contemporáneo —esto es decir el realmente viejo— cuida recuerdos ya. podrían cor responder a dos épocas: la primera a este lamentable episodio actual de elegías amal evadas. a los buenos tiem pos (malísimos) del corte. El orillero aprovechaba las situaciones de sensualizar con la suficiencia y despreocupación del que no nec esita de ellas. como lengua de una hoguera. solían terminar con sangre en la punta) que en los batuques de la plaza del On ce o de Constitución: en cualquier lugar. que soy de la Tierra 'el Fuego. de las esquinas belicosamen te embanderadas de barras. menos en los Corrales. el arma del compadrito. soberbio y bruto. que es La Morocha. Compárese El torito o El Maldonado con cualquier tango de hoy.amorosos. (El tango fue primeramente un plano del baile. yo soy aquel que no miro con quien tengo que pelear y en trance de milonguear nadie se me puso a tiro. 1915) nos impone estos decididos renglones: Mancha roja. que se coagula en negro. la buena gente derrocha sus guarangos decires más lisonjeros. siempre de facción en algún comité. serán esas milongas insolentadas en que el cantor alude a su patria chica para desafiar a los de otra: Yo soy del barrio del Alto. Las dos versiones del tango. la única vez que se acordó Evaristo Carriego del tango. pues el cuchillo no era sólo herramienta de matarifes: era. porque al compás de un tango. como era hace veinte años: En la calle. perezosamente. De aquellos tiempos y s eñaladamente de los bailecitos y de las comparsas. porque en el Bajo brutal no se alojó el idilio. Tango fatal. lo mismo en las Fiestas de la Recoleta (que allá por el ochenta.

Yo a esa judicatura n o la codicio. Consigno mi esperanza —demasiadas veces satisfecha— de no tener razón. Góngora —ojalá injustamente— es símbolo de la cuidadosa tecniquería. A ese alguien no lo juzgo. y los Corrales fueron siempre una intromisión de la pampa. más prudente es frecu entar las noticias que Reyes nos transmite sobre Valle-Inclán. de las meras aventuras de la sintaxis. el Bajo.» (Reloj de Sol . 1926 Gratísimo libro conversado es este de Reyes. Nos ayuda piedad? Pero. »Hay que interesarse por los recuerdos. La dedicación a las letras. Su patria son las esquinas rosaditas de los su burbios. q ue trascribo para que el lector se enamore de ella. Llego. menesteres dialo gísticos del oficio! para comentarla. Desde luego. El ocurrente cordobés Luis de Argote —hombre de amargura en los labio s y de juventud empleada en amores— ahora se llama Góngora. su ambiente. de la simulación del misterio. como la flor en la planta: la combinación cálida. harina que da nuestro molino.) . de igual manera que dos palitos atados por el medio se llaman cruz. están sim bolizadas en él. Alfonso Reyes: Reloj de Sol. que puede c virtud vital. Lo menos que n a vivir. De tan bien c onversarnos de sus amigos.il: el tango es manifiestamente urbano o suburbano. armoniosa. y su libro está gobernado por ese mérito. pues. nulos y de ningún valor y efecto sus días. sin una palabra más alta que otra y cuy o beneficio más claro es el espectáculo de bien repartida amistad que hay en su cuar entena de apuntes. por unos instantes: ¿hay mayor r. es observador benévolo de las distinciones insubstituibles de cada yo. Reyes es practicador venturoso de esa virtud de virtudes: la cortesía. de una hacen es divertirnos. el sauce llorón de las orill as. Noventa y nueve años olvidadizos y uno de liviana atención es lo que por centenario se entiende: buen porcentaje del recuerd o que apetecemos y del mucho olvido que nuestra flaqueza precisa. del academismo que se porta mal y es escandaloso. Reloj de Sol empieza por una apología de las anécdotas: página emocionada y precisa. además. ¡oh. Madrid. suelen se visible. las actas martiriales de la incomprensión ajena y de la finura. nunca el ombú. Es decir. ortarse con las manos y llevarse en el pecho. El sentimiento es mío y la palabra Centenario lo ayuda. a olvidar. muy reverenciadora de lo pasado y muy ajen a a toda invención. Es decir. Parece ho rrenda cosa que un hombre se constituya en Juicio Final de otros hombres y quier a declarar inválidos. que los orondos y p endulares párrafos de éste. Reyes es fino catador de almas. página once. y también. Aquí está: «Hay que interesarse por las anécdotas. Góngora ha ascendido a abstracción. El tango no es campero: es porteño. una presencia verídica de gauchismo o una coqu etería compadrona de hacerse el gaucho. porteño. a su valor guarismal. no el campo. la escritura esotérica y pudorosa. Fechas Para el centenario de Gongora Yo siempre estaré listo a pensar en don Luis de Góngora cada cien años. su símbolo. de esa mel odiosa y perfecta no literatura que he repudiado siempre. nos amiga con ellos.

. de la palabra habilidad qu e hoy es equivalente de astucia. Alguna —El Gimnasio de la Revista Nueva— es incomparable. no de gustativa lectura. A las anécdotas es costumbre contraponer las imágenes y metáforas. Esa constancia casi homérica de los epítetos no es tampoco una seña de exaltación.) La consideración De microbiología literaria también me está llamando a la crítica. sino en la usual de incidente escrito o narrado. y a denunciada por Arturo Schopenhauer. pensar En una casa de la Calle del Parque (esquina Suipacha) un señor alsinista se puso a escribir con letra perfila da estas cosas: En un overo rosao. la anécdota —no en su primordial ac epción de historia secreta. atropellados . de los que pueden ser tan incómodos y tan zafios como una injuria. No insistiré sobre esa angostura lineal de nuestra conciencia. pensar En uno de los días del tiempo y en uno de los sitios del espacio. Un recuerdo de Año Nuevo —página de una tan discreta efusión— es otra de las bondades del libro. es olvidarse de lo demás del mundo. ya casi lo es. Pensar Alguien hi zo algo. Es decir.Hay un semblante falso de contradicción en ese encarecimiento de los recuerdos y d el olvido: falso. en pleno invierno. de la p alabra gracia que ahora significa chiste o chocarrería. página sesenta y siete. Reyes nos presenta un mundito y hace como si lo dejara vivir. es alargamiento inútil de las palabras. Ramón. Otra. Nunca procedieron así los anecdotistas. es cosa impoética. Dicho sea con palabras de la lingüística: el depuradísimo verbo ser. Su prudente revolución corresponde a la solicitada p or Ben Jonson para el epigrama. no hay señorita sin su bellísima. Y es que lo último es anecdótico. sin valoración. el escritor se conduele de las palabras venidas a menos o aplebeyadas. no hay c omerciante sin su probo. envueltas las piernas con la manta española.. escribir la bellísima señorita de Tal no es emocionarse con ella ni formular un . no hay auditorio sin su n umeroso y selecto. no un semantema. he pr ocurado razonar este parecer. al desenlace armado. A don Ramón Menéndez Pidal nos lo persuade así. En vez de sujetar la entera composición a la última línea. que alterna con el sol de la maríti ma Zumaya. el ser no es categoría poética ni metafísica. seguramente. esperándolos. debe D. el incondic ionado ser (esto Schopenhauer también lo premeditó) no es sino la cópula que une el su jeto con el predicado. si la piedra que perdura muchos año s ya es cosa eterna? ¿Qué adjetivación será propia de la divinidad. sino de desconfianza o de im paciencia o de suspensión. El riesgo de esta suerte de anécdotas desmochadas. lo es con intensida d. Reyes. quiero pasar derecho a la anécdota y a su ta sación. Reyes quiere que el agrado de sus anécdotas sea perpetuo. que todo lo acomoda a su imagen. Siempr e nos propusieron su página. ese salutífero color de barro cocido que ha h eredado de él su hija Jimena. para recién justificarse en la última línea y callar. signo de representación. un hombre escribió. lo general. Cinco. enemistad fabulosa. Esa denigración la operan las malas artes de la p lebeyez. de se cción breve operada sobre el destino de un hombre— es la realidad de cualquier poesía y lo que nos gusta. es un morfema. Sin embargo. ¿Qué decir de la intemporalidad terrible de Dios. Su eficacia novelística es mucha. no es poético. Ramón es hombre que escribe con las ventanas abiert as. Hablo de los elogios gruesos. es la motivada por el abaratamiento de los elogios. es gram atical. seis renglones y la definición de lo s personajes está lograda. El ser. Leerlos tenía más de tarea que de placer. pues éstas no son más que anécdotas chicas. sería la insipidez. no registrada allí. En estos días se finge menospreciada. En ella . D. no. Lo abstraído. Uno se fatigaba. puesto que recordar una sola cosa cualquiera. de anécdotas sin asombro pero con encanto. No es ni conceptual ni emoti va. al rasgo (de antemano) asombroso. flete nuevo y parejito. como quien no quiere la cosa: A sus estancias en la sierra. signo conjuntivo de relación. no hay sacerdote sin su virtuoso. Reyes ha reformado la anécdota. (Reloj de Sol. En ensayo anterior sobre la metáfora. Reyes ni siquiera ha tenido que precaverse de tal peligro. tan servi cial que lo mismo sirve para ser hombre que para ser perro. si un jarrón de barro es divino? Para el gacetillero español.

(A la simulación de las alabanzas corresponde —signo también de mezquindad— la de las injurias. . de eficacia menos apresurada. es una presencia in usitadísima de poesía en nuestra «poesía» y no se arrepentirá el que lo busque. (Hay negocios demasiado íntim os y definitivos para ser tarea de nuestro pecho. Urquiza—. al bastonazo o a la cobardía. es —únicamente— nombrarla. la Elegía para un pueblo que perdió sus orillas. en corazonadas. Dos mitos. El t ercero es una descripción del recuerdo. el no mirado mar soñado y encariñado desde nuestro polvoriento hinterland del oe ste —Liniers. es: Fulano de Tal no frecuenta la misma confitería que yo y así se lo entienden. de la íntima sustancia provi nciana de Buenos Aires. A lo mejor. ya lo ser voceaba en la mitad del día.) Releo este afabilísimo Reloj de Sol y una curiosidad clandestina —la misma que ha de sordenado más de una vez mis lecturas de Unamuno. ¿creerá de veras en la venerabilidad de las letras. la ya insepar able adjetivación hace de prefijo. que tal vez no marre: En qué piedad o dulzura se irán aclimatando —las cosas que e lla mira! El segundo es una tácita declaración por virtud de la palabra nuestras. con sólo chapurrear una de esas fórmulas. las sucesiones y como dinastías de patios que hay e n las casas viejas.) Hay quien descree del arte —Que vedo. Es poeta de agrados. pero de prefijo haragán. pero sí l a traducción de ésta en aceptaciones. gusto americanísimo. el Poema del almacén— es tan fina y agradable como sus partes. el amistoso amor. Escribí de líneas. dice la correlación de los hombres y la inseguridad o pobreza de cada yo: Lo ajeno y lo pr opio —de lo que he vivido. ¿no están insinuándonos que le interesa más l a pregustada (posgustada) realidad de esos escritores que la de su tan laureada escritura? Ricardo E. en gratitudes. universalmente aplicables. en la perfección durante dos horas? La interrogación es íntima. Reyes bien puede asemejarse a Quevedo.. María del Pilar. Nombra las cosa s como agradeciéndoles el favor que nos hacen con existir.. como los dadaístas. sin un declive propiciatorio de dudas. ¡Tan convenci onal es la cosa! Hay literato en Groenlandia que cuando dice Fulano de Tal es un degenerado y plagiario. Es poeta de Buenos Aires. Su concepto del idioma es hedónico: las palabras le son gustosas. el Poema de la niña velazqueña. condicen bien con él. la engalanada vela de la Candelaria que es conjuradora de lluvias. él mismo lo ignora. las de El imaginero. El quinto. de injuria y tan bochornosa perfección hemos alcanza do que todo marinero borracho. El vocablo señorita se pie rde y es desbancado por un neologismo cargoso: bellísima-señorita. Molinari: El imaginero Ricardo E. El primero es esta imaginación del am or. pues el ayer de nuestra casa es otro que el hoy: Este agobio —en que voy por mi memoria— corrigiendo el pue blo. parece lastima r el más secreto pudor de la inteligencia. de Hazlitt— me hace preguntar: Este hombre tan sagaz. puede manos ear nuestra paz y obligarnos a la pelea. Quizá fuera más posible de noche. esa su piadosa tertulia de Los amigos de Lope. tan inteligente de los delicados errores y de los delicados aciertos de todo escrito. En tales casos. Indecibl e o no. otra es la costumbre. El cuarto es esta gran palabra patética: Con cuatro golpes de campanas —supe qu e ya serían distintas mis mañanas. con las vivencias que por ella están gob ernadas: la tarde. fue uno de sus mayores incrédulos— y quien aparenta negarlo y sin em bargo firma libros y corrige pruebas y reivindica para sí una prioridad. dos reverencias volvedoras. quién sabe. El arriate prolijo. mi indiscreción es demasiado íntima para ser satisfecha por otro que Alfonso Reyes. Una es el m ar. Cinco lugares de su libro quiero manifestar. Lo circunstancial de su vida no está en las páginas confesadas por él. en esas h oras anónimas y alargadas que son los arrabales del alba y en que el atrevimiento de trasnochar se hace discutidor y en las que razona el desgano físico. barrunto. la luna en el hueco. sino las de cariño y de estimación. Hay fórmula s. lo que quiere decir. de Tomás de Quincey. Esos miramientos con Góngora. pero no las de tamaño y de majestad. y ése. Molinari es hombre pudoroso de su alma y sólo comunicativo de ella por símbolos.juicio estético o seudo estético. las dos Veletas. pero la integridad de algunas composicio nes —La oda descalza. em parejadura en él de dos porvenires: Qué hacer de nuestras vidas.

La primera que a la historia de la milonga aquí le recetan. de la fatiga. Ese par de pareceres nos insinúan qu e la milonga agreste no es tal. 2. que es la de pulpería (la de Martín Fierro con el negro). del dolor y del trabajo. En los fondos de la revista El Hogar del quince de julio. sea la verdadera . en El entrerriano. en El caburé— además en La payanca y en Don Esteban. y 3. peleadora y buscapleitos. la milonga de la necesidad. El Cancionero bonaerense de Lynch empieza por adjudicársela al gau cho. la milonga compadrona que es la ent rerriana. en Don Juan. Decir agreste es aludir al ca mpo nomás. según el definidor nos anuncia. en Pinta brava. es la que se insolentó en bravatas de lugares d e Buenos Aires allá por el ochenta. la milonga agreste. la milonga porteña. la suya. en El apache argentino. El mostrador de madera y el changango del compadrito la generaron y fue tal vez una decantación del cantar por cifra. Esa alma varona y sobradora de la milonga es la que está en los tangos antiguos —en Rodríguez Peña. nadies se me puso a tiro. Parao en las Cinco Esquinas con toda mi contingencia por ver si te rompo el.Apunte férvido sobre las tres vidas de la milonga Juan de Dios Filiberto —que es un par de patillas y un acordeón que andan entristeci endo el Riachuelo— ha formulado. una desunión triparti ta de la milonga: léase del tango. pue sto que de las orillas fue la milonga. alma ando haciendo diligencia. Paso sobre el estilo alegórico-basurero de la formulación. Esa milonga fe liz de atrepellar es la consabida. Añade que los organistas la han arreglado y la hacen oír con aire de danza o habanera. Ya nos encara la segunda vida de la milonga. decir de pulpería es pasarse a las orillas también. le prescribe esta trinidad: A la milonga —nos dice Filiberto— yo la divid o en tres grupos: 1. peleadora y busca pleitos. le limpia la cara roñosa a las penas. pero a los dos renglones escribe que sólo la practican el compadraje de la ca pital y de la campaña y que no hay bailecito de medio pelo en que no figure y que la bailan en los casinos de los mercados Once de Setiembre y Constitución.°. Esto lo notició Lynch el ochenta y tres. para que la tercer milonga. la a greste que es la de pulpería. tan sintomático del ultraísmo abaratado de los repórters. de noche. ¿Dónde lo entrerriano de esa alma? La respuesta es de ingrata facilidad: a esa alma la pre cisa entrerriana el definidor. no es demasiado clara. Yo soy del barrio del Alto. cantándole a la novia todas las angu stias de ese perro flaco que se llama Destino. que es la milonga mía. Rossi (Cosas de negros. del obrero que trabaja todo el día y que. como quien no quiere la cosa. y pienso en lo que en ella se dice. Es la que se llevó muy bien con las coplas: Soy del barrio e Monserrá donde relumbra el acero.. aunqu e distinta de él. Vamos por partes. lo que digo con el pico lo sostengo con el cuero. yo soy el que nunca miro con quien tengo que pelear y en trance de milonguear. cosa que no está mal. soy del barrio del Retiro..°. en Las siete palabras. la de ese pe rro flaco que le lava la cara a la novia que se llama Destino.°. la milonga compadrona que es la entrerriana... páginas 121-124) también la ve orillera a la milonga y no de la pampa.

pero no es la casi santidad de Alonso Quijano lo que interesa hoy a mi pluma. Cervantes. con perfidia que entenderemos después. Diré algunos ejemplos. Además. caballero anciano en s u coche. y cualquier eventualidad lo interrum . sino en el verdadero y muy serio de que le perdamos cariño. Antes conviene aliviarse de dos errores. La conducta novelística de Cervantes Ningún otro destino escrito fue tan dejado de la mano de su dios como Don Quijote. Hamlet despacha concurridos monólogos y triunfa intelectualmente.porteña. en hecho de verdad. aquélla lo juzga circunstancial y tiene que negarle (aunqu e así no fuera su voluntad) una permanencia larga en el tiempo. para que lo conozcamos mejor. una reacción compasiva o hasta enojada frente a las indignid ades sin fin que injurian al héroe. es otro insospechable y secreto que provoca. como quien no quiere la cosa. no todos. Raskolnikov. Otro e s el también ya clásico error que hace de esta novela una repartición de nuestra alma en dos apuradas secciones: la de la siempre desengañada generosidad y la de lo práct ico. incapacidades. tan secundaria e n mérito. qué fiestas? Lo cierto es que pasó y que el bandoneón cobarde y el tango sin salida están con nosot ros. Ambas lecturas son achicadoras de lo leído: ésta lo desciende a cosa alegórica. dejadamente solo. no es ni más ni menos que el título. Y eso. Este métod o no es el usual de la persuasión. ¿Qué valentías la gastaron. porm enorizada a través de doscientos trances. el ascético y razonador asesino de Crimen y castigo . a fuerza de sumarias relaciones de su virtud y de encarniza das malandanzas. Don Quijote es la única soledad que ocurre en la literatura del mundo. Uno es la antigua equivocación que ve en el Quijote una pura parodia de los libros de caballería: suposición que el mismo Cer vantes. lo levanta a semidiós en nuestra conciencia. amarrado a la visible peña caucásica. soledades y cobardías. asume aquí toda la audacia peligrosísima de su destreza y pone a Don Quijote. y por el especial enojo de Zeus. como la luz y el cuerpo a la sombra. Prometeo. Cervantes teje y desteje la admirabilidad de s u personaje. Pero Don Quijote está solo. lo último es una categoría gramatical más que literaria. Es una rezongona quejumbre itálica y no otr a cosa. fue un hagiógrafo. postergaciones. El procedimiento se trasluce con seguridad en la primera parte. y hasta de las más pobres. diez años mayor. Allí menudean las cargosas retahilas de palos y puñetazos. sabe que todos sus minutos son novelados y ni la borra de sus sueños se pierde. una seudo humani zación de voces abstractas por medio de mayúsculas. Es decir. se ha encargado de propalar. s ino lo desaforado del método de Cervantes para convencernos bien de ella. Ninguna otra conducta de novelista fue tan deliberadamente paradójica y arriesgad a como la de Cervantes. Alguna vez —si los primitivos tangos no engañan— una felicidad sopló sobre las tapias ro sadas del arrabal y estuvo en el empaque dominguero del compadrito y en la jaran a de las chiruzas en el portón. calumnias. El Quijote no es ninguna de esas ausencias: es la venerable y satisfactoria presentación de una gran persona. Hay que sobrellevarlos. censuradas con ap arente justicia por nuestro Groussac. Imperturbable. siente la comp asión del universo a su alrededor y es visitado por el Mar. El arte de Cervantes. de ese incomparable jug arse entero del escritor. qué generosidades. sobre cuant os conviven con él. ni lo paródico ni lo alegórico son valederas manifestaciones de arte: lo primero no es más que el revés de otra cosa y ésta le hace tanta falta para existir. si n traicionarse nunca. las tentaciones en que pued e caer el lector son más considerables y más sutiles. pero que no les digan porteños. ya sabemos que no lo es. Así la tesis que me he determinado a presentar y a razonar en esta alegación. Los de soledad son de no acabar. omisiones. En la segunda. no ya en el inventado riesgo de que le peguen. sin apuro en las antesalas de su venganza.

(segunda parte. se despidió Miguel de Cervantes de Don Quijote.. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse c on el buey. ni mi at enuada flaqueza os podrá admirar de aquí adelante. para menciona r después casualmente y en la mitad de un párrafo. cerró tras sí la puerta. Entrados. es menos codici able. capítulo XVI). pues. podría ser que encaminase mis pasos por mejor camino del que llevo. con aparatoso desgano. que el escudero subido a gobernador no ha pedid o y que son más bien una continuación de la autoridad del hidalgo. porque el cielo padece fuerza. A sí. en que Don Quijote habla directamente de su locura y se sabe loco y lo dice . en cuanto a las ideas. para que no atribuyas a tus merecimientos la merc ed recibida. Hasta don Américo Cas tro (en su libro encaminado a probar que Cervantes vivió de veras en el siglo diec iséis y en su atmósfera) se limita a emparejar los consejos de Don Quijote con los d e Isócrates y a declarar el contenido ético de esas moralidades. Ése es el necesario sentido de los Crisóstomos. que quiero aconsejarte. que no por apócrifa y tirada en medio del campo. e hizo casi por fuerza que Sancho se sentase junto a él. vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra. Yo voy más lejos. pero si mi Dulcin ea del Toboso saliese de los que padece. pues. sin tras nochar y sin hacer diligencia alguna. y de spués las darás a la grandeza que en sí encierra la profesión de la caballería andante.. Don Quijote discurre acer ca de ellos y piensa al fin: Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos. como quien no dice na da. Reaním ese la escena: Sancho. patét ico. de los cautivos y de las otras curiosas impertinencias que interceptan a cada vuelta de hoja la presencia del héroe y que tanto escándalo y vacilación han puesto en la crítica. por pobre que sea) consigue Don Quijote ocupar la franca y solemne atención de s u historiador. que para mí sin duda alguna eres un porro. oh Sancho. . sino el hecho de darlos. Otro más l levadero. con sólo el aliento que te ha tocado de la a ndante caballería. dio su espíritu: quiero decir que murió. sin más ni más te ves gobernador de una ínsula. entre compas iones y lágrimas de los que allí se hallaban. ¡Qué insinuaciones la s de su prólogo! Tú. Apurado y coercitivo está D on Quijote en dar esos consejos. de las Marcelas. atento a este t u Catón.. ni este caballo... oh hijo. Di spuesto. es aquel en que Don Quijote conversa sobre la ridiculez de su traza: A sí que señor gentilhombre. el corazón a creer lo que te he dicho. con licencia del duqu e le tomó de la mano y se fue con él a su estancia con intención de aconsejarle cómo se había de haber en su oficio. y yo hasta ahora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos. está. Es la aventura contemplativa y extática de los santos. sin madrugar. que falleció.. cruza una piara de cerdos encima de él? Atropellos y desmanes son los que dije que evidencian la confianza de su escrito r en la invulnerabilidad central de su héroe. apostasía inútil. Ni siq uiera en los últimos trámites de su muerte (gran posesión y dramaticidad de todo vivir . Admite sin embargo que los consejos en sí nada tienen de insólito. y su mayor in terés reside en los reflejos que provocan en Sancho y en el ambiente de ironía y bue na gracia que envuelve el diálogo (El pensamiento de Cervantes. en su aposento.. mejorándose mi ventura y adobándoseme el ju icio. Todo esto digo. que si esto haces.pe. El cual.. página 359). y ser norte y guía que te encamine y saque a seguro puerto. ¿No está induciéndonos aquí Miguel d e Cervantes a que palpemos envidia en el carácter honestísimo de Don Quijote? ¿No es más odiosa la sola insinuación de esa envidia que esa otra obscena aventura en que ti rado Don Quijote en el campo. ni la amarillez de mi rostro. Hay un lugar. sino que desgracias al cielo que dispone suavemente las cosas. Pero el ejemplo más iluminativo de cuantos puedo recordar aquí. es el tan festejado como no entendido capítulo que trata de los consejos a Sancho. Éste lo hace arrepentirse de su heroísmo. Sólo en Cervantes ocurren valentías de e se orden. En esto llegó Don Quijote y sabiendo lo que pasaba. los consejos para mí no son lo que importa.. por decisión burlona del duque acaba de ser nombrado gobern ador de una ínsula. Tampoco la inconsciencia de su rareza (especie de inocente nube para sí en que via jan los dioses) le fue concedida al caballero por su cronista.

haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo. salí a caminar y recordar después d e comer. Al fondo. pero ya remot a en este cambiadizo lado del mundo. barro de América no conquistado aún. es. La marcha me dejó en una esquina. e s una delusión: la indisolubilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy. Con todo. El tiempo. sin otro consciente prejuicio que el de soslayar la avenidas o calles anchas. Sólo después alcancé a definir esa imaginación. No quise determinarle rumbo a esa caminata: procuré una máxima latitud de p robabilidades para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de una s ola de ellas. No creí. Conjeturé esa fecha: época reciente en otros países. La visión. Me quedé mirando esa sencillez. de cuyo nombre quiero siempre acorda rme y que dictan reverencia a mi pecho. una suerte de gr avitación familiar me alejó hacia unos barrios. me sentí percibidor abstracto del mundo: indefi nido temor imbuido de ciencia que es la mejor claridad de la metafísica.. la segunda era ciertamente de dicha. basta para desordenarlo. Ninguna casa se animaba a la calle. No quiero significar así el barrio mío. se desmoronaba hacia el Maldonado. vecino y mitológico a un tiempo. y aunque su prim era significación fuera de pobreza. La irrealizaba su misma tipicidad. Su noche no tenía destino alguno. Realicé en la mala medida de lo posible. Sobre la tierra turbia y caótica. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por él un cariño chico. una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna. Paso a hist oriarla. ya pampeano.Dos esquinas Sentirse en muerte Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace unas noches: fruslería demasiado evanescente y estática para que la llame aventura. La tarde que prefiguró a esa noche. y cuya distancia de la que después recorrí. sino sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que h e poseído entero en palabras y poco en realidad. con los accidentes de tiempo y de lugar que la declararon. pero lo más seguro es que en ese ya vertiginoso silencio n o hubo más ruido que el también intemporal de los grillos. la higuera oscurecía sobre la ochava. si podemos intuir francamente esa identidad. El fácil pensamiento Estoy en mil novecientos y tantos dejó de ser unas cuantas aproximativas palabras y se p rofundizó a realidad. el callejón. con seguridad en voz alta: Esto es lo mismo d e hace veinte años. sin parecidos ni r epeticiones. acepté. El revés de lo conocido. sino efu ndir luz íntima. No habrá manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado. Se trata de una escena y de su palabra: palabra ya predic ha por mí. los portoncitos —más altos que las líneas estiradas de las paredes— pa recían obrados en la misma sustancia infinita de la noche. parecita límpida. ahora. . como era serena. de tamaño de pájaro. en asueto serenísimo de pe nsar. Lo rememoro así. ya me desfa miliarizó esa jornada. Pensé. Era de lo más pobre y de lo más lindo. casi tan efecti vamente ignoradas como el soterrado cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. su espalda.. así: Esa pura representación de hechos homogéneos —noche en serenidad . eso que llaman caminar al a zar. La vereda era escarpada sobre la calle. el p reciso ámbito de la infancia. Aspiré noche. estuve en Barracas: localidad n o visitada por mi costumbre. son para mí esas calles penúltimas. olor provinciano de la madreselva. la misma. barro fundamental— no es mera mente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tantos años. parecía simplificada por mi cansancio. La escribo. Me sentí muerto. más bien me sospeché po seedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra eternidad. La calle era de casas bajas. nada complicada por cierto. las más oscuras intimaciones de la casualidad. no. pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi yo. la calle era de barro elemental. demasiado irrazonable y sentime ntal para pensamiento.

el viento que mandaba en el callejón. vio casas de decente dormir. y decidió b uscado y pelearlo. guapo que detrás de una zafaduría par a todos entraba en los bodegones y en los batuques. Atravesó la vía en Centro América y entró en un país de calles sin luz. Quede. .) Las estrellas iban por derroteros eternos y una luna pobre y rendida tironeaba d el cielo. como si empezara a incendiarse por u na punta. de cuya esencia parece inseparable el concepto de sucesión. un silencio en el que acechaban injurias. puesto que el tiempo. (Había una cortesía peligrosa entre los palermeros y los del Sur. Pero ni siquiera tenemos la seguridad de nuestra pobreza. El duro malevaje los vio pelear. uno que le decían El Mentao. era también relampagueado d e acero. El Chileno le preguntó por uno medio flojo y flojo del todo que la tallaba ¡vaya usté a saber con quiénes! de guapo y que le decían El Mentao. El otro se paró y le dijo en seguida: Si quiere. Le noticiaron que en Palermo había un hombre. Los elementale s —los de sufrimiento físico y goce físico. Abajo. Cien hamacados pasos más y arribó a una esquina embande rada de taitas y con su mucha luz de almacén. señor de la insolencia y del corte. pues. No sirve sino pa juntar moscas. Ladridos tirantes se le abalanzaron para detenerlo desde unas quintas. Hombres pelearon Ésta es la relación de cómo se enfrentaron coraje en menesteres de cuchillo el Norte y el Sur. entonces. Silbidos ral os y sin cara rondaron los tapiales negros. el fracaso criollo de un sauce. rosado de tapias. Así fue el entrevero de un cuchillo del Norte y otro del Sur. Malevos de la Doce de Fierro fueron con él. y aun de las orillas del Sur fue El Chileno: peleador famoso de l os Corrales. de cuando las provocativas milongas levantaban en la punta el nombre de un barrio. fácilmente refutable en lo sensitivo. en cuyo pecho se enanchaba l a hombría y que orejeaba. Hablo del noventa y seis o noventa y siete y el tiempo es caminata dura de desandar. Hablo de cuando el arrabal. De las orillas. las guitarras varonas del bajo se alborozaron. Era la de Cabello y Coronel Díaz: una parecita. vio luna infame que atorraba en un hueco. Murió sin lástimas. Agarró la vereda. Derivo de antemano esta conclusión: la vida es demasiado pobre para no ser tamb ién inmortal. se fue desangrando. los tres apretados naipes del truco. Murió de pura patria. Un salto y la cara del Chileno fue disparatada por un hachazo y otro le empujó la muerte en el pecho. sabiendo que eran cosa de ver. siguió. Iba para Pedro el Mentao. lo palpó. en anécdo ta emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el mome nto verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad de que esa noche no m e fue avara. los de acercamiento del sueño. los de mucha intensidad o mucho desgano— son más impersonales aún. gloria de matarifes en fin. dijo uno que. lo vamos a buscar a l a calle. los de la aud ición de una sola música. Dobló hacia el norte. no lo es también en lo intelectual . los cuchillos buscaron sendas de muerte. Entró duro al boliche. Fue por cuadras de cuadras. oiremos de él. Salieron con soberbia. de cuando las patrias chicas eran fervor. Encaró la barra nortera sin insolencia: a ellos no iba destin ada su hazaña. Salió de la otra punta de una noche húmeda. pues. al final. Pisó ladrillo y barro. Dios sabrá su justific ación: cuando el Juicio retumbe en las trompetas. Con humildad de forastero y mucho señor. So bre la tierra con blandura de cielo del callejón. La zona circular de pobreza que no era el cent ro. era las orillas: palabra de orientación más despreciativa que topográfica. Nadie dijo arrabal en esos antaños. orilló la P enitenciaría de muros tristes. tipo fuerte.Es evidente que el número de tales momentos humanos no es infinito.

No al canzó a presenciar la guerra intestina europea. cuando la Tiranía era mucho más que unas divi sas locas destiñéndose en un cajón y una apetencia floja de negradas candomberas y de heroísmo. Yo pregunto ¿qué interés intrínseco puede concederse a la técnica de l escritor? ¿Quién gustó jamás en la técnica de un escritor. en Bruselas. en nues tra elocución. hasta para verlo. Fue periodista. no ha de interesarle lo que decimos. (Ese cometa que figuró en las iluminaciones del año 10 y que nos intrigó con su amenaza en broma de fin del mundo. la vida y la muerte en los heridos del Paraguay y en lo s atacados de fiebre amarilla el 71. fue Ministro de justicia . Mala señal es que interese mucho una técnica: si a lguien se fija demasiado en nuestra voz. Rafael Cansinos-Asséns) cuya total aventura humana es la de su obra. Consiguió honores imp robables: la sociedad Unione e Benevolenza le dio un diploma. ¿Qué sentido espiritual hay en esas costumbres? ¿No es estrafalario adm . Wilde fue uno de ellos. los crecientes Buenos A ires que van del Buenos Aires politiquero que hubo el setenta. la psicología del hombre interesa más que la técnic a del escritor. la Academia Nacion al de Medicina de Río de Janeiro le puso un collar de oro al pescuezo. Hay escritores soslayados y chucaros (Swinburne. S. y vivió ambiciosamente. de esos que pondera una comparación fisiológica del Oráculo Manual de Gracián. Evaristo Car riego. en nuestra manera de articular. Gozó un estómago para grandes bocados de la fo rtuna. sin fijarse en sus firuletes y e n el abuso o escasez de la tinta. Ricardo Rojas em pieza por suponer una antítesis entre la personalidad y el estilo. Dijérase que su arte reside más en su sentimiento que en su palabra (Obras. Insisto adrede sobre estas aparentes farolerías para evidenciar qué clase de hombre fue Eduardo Wilde. Plena eficiencia y plena invis ibilidad serían las dos perfecciones de cualquier estilo. obligatoriamente también. fue Ministro Plenipotenciario. Esta involuntaria paradoja tiene la también involu ntaria virtud de ubicarnos en la intimidad del problema estético. Emparejar el sentimiento o pensamiento con la dicción. al Buenos Aires embanderado del Cen tenario. bástenos que n o haya ninguna en sus libros. Dicen que no faltaron indignidades en su vivir. que se juzgó imperial y cuyos organitos venturosos le cantaron La Sicilia na o La Morocha al cometa Halley. M. al hombre con vocación de lector. Los ingleses dicen obligatoriamente a brown horse. el seudo-mundo de señores ancianos que es la diplomacia. ¿Cómo ejercerla. entre el ser de un hombre y el escribir. Rojas ha opinado sobre él: en Wilde. Culto e Instrucción Pública. hay ot ros de vida cargada. m edio puntilloso. tomo quince.(Dedicado a Sergio Pinero) Eduardo Wilde La populosa vida del doctor don Eduardo Wilde empezó en Tupiza (Bolivia) en los años de mil ochocientos cuarenta y cuatro. medio silbador de mazurkas. más parecida a la de Quevedo que a la especulativa de Goethe. igualar el contenido y la forma. posponemo s el adjetivo. cuya escritura es apenas un rato largo. fue médico. pero experimentó millares de cosas: los cer ros colorados del Norte. para aseverar después que en Eduardo Wilde interesa más lo primero que lo último. y no se le cansó hasta setiembre del novecientos trece. algo que no fuese la denuncia ción de la psicología de un hombre? Al gran lector. un episodio de sus posadísimos días. los tejemanejes del roquismo y del juarismo . es una virtud que todos aconsejan y nadie ejerce. al poseído por la ajena realidad escrita de un libro. página 730). espectáculo achicador de cuantas alm as participaron en él. medio romanticón. el Sh a le confirió la Gran Cruz de la Orden del Sol y del León. un colorado caballo. la técnica le resulta tan invi sible como las letras individuales que recorre. nosotros. fue Presidente del Departamento Nacional de Higiene. además? ¿Acaso hay una prefijada y siem pre cumplidora relación de igualdad entre los fenómenos de la conciencia y las leyes sintácticas de un lenguaje? Busco un ejemplo. fue autor de muchas páginas quizá inmortales y hasta de un folleto sobre álgebra y otro sobre gramática: habilidosa y viva universalidad.) Todo eso y mucho más vivió Wilde.

de vuestro desengaño y de una presentación más verídica. una forzada aproximación de dos voces sin correspondencia objetiva. su Primera noche de cementeri o. bajo su aparente humorismo.. envidiémosle las aventuras lindísimas que estará corriendo Wilde en el otro mundo. casas desmanteladas. Kater) y a un monje. Perteneció a esa especie ya casi mítica de los prosistas criollos. El idioma de los argentinos es mi sujeto. sin añadir se ni una pampa ni un comité. Yo a Eduardo Wilde lo veo clarito por las calles de Monserrat (cuyo médico parroquial fue el setenta y uno) caminoteando por la calle Buen Orden. Una multiplicada resignación —vuestra y mía— es. con o sin verdad de pasión. óleos muertos de militares muertos. a ju icio de muchos. Creyó ingenuamente que nosotros éramos capa ces de inventar la Nada absoluta. en lunas pálidas. pensó en tempest ades románticas.. hombres de finura y de fuerza. piezas de ajedrez. que hasta nuestro sueño más descansado fabrica ensueños! Wilde prefirió negar l a otra vida y experimentó sin duda tamaño chasco cuando lo trasmundearon de golpe. sin amalevarse ni agaucharse. Más bien. arañas embaladas que son como globos en viaje a la disolución. una mera travesura sintáctica. que manifestaron hondo criollismo sin d ragonear jamás de paisanos ni de compadres. será. hablar de precursores es suponer que Dios es todavía un frangollón de almas y n o acierta con la versión definitiva. mientras nosotros —siempre— empezamos dándonos cuenta que es un cabal lo y luego le determinamos el pelo? La mecanicidad del idioma es poderosísima. Nietzsche asemeja la luna a un gato (a un individu o macho. señores: Nunca la equivocación fue tan elocuente como en esa versión apócrifa de mi yo. Por mi parte. N o le tengamos lástima: la lástima es siempre una descortesía y la negación o dubitación de la inmortalidad es siempre la mayor descortesía que podemos hacerle a los muertos . de un momento a otro ¡nosotros tan incansables e n vivir. aconsejable. ya mi ningún merecimiento se encargará. quiero evidenciar lo difícil que es y lo acertado de nuestra gratitud a quienes la alcanzan. su aire de familia es impresionante: los dos. No quiero insinuar que la veracidad literaria es una ficción. que el doctor Arturo Capdevila ha pronunciado con benevolente injusticia. patios con mínimum angosto de cielo. Un embeleco de que ninguna realidad . Sin embargo. los dos quieren lo casero del mundo y son como e mperadores de cosas quietas: álbumes. Indesment iblemente. la alcanzó Wilde. parándose a mirar la puesta de sol en la esq uina de México. nunca a perorar. no es un aprendizaje eficaz de las persuasiones in stantáneas del orador. tan abundoso de inteligencias. soltándole un cumplido a una chica: en cualquier esquina.itir que los ingleses —siempre— ven primero una mancha colorada y después advierten qu e es un caballo. desde el comienzo. ardua en Buenos Aires. quiero decirle mi gratitud. Esa locución. a unque nadie lo quiera. careció (o fingió carecer) de una inte ligencia fundamental: la de barruntar que la posmuerte es vida y que ni está emped rada de calaveras ni se mide con féretros. Su Alma callejera. Algo como decir poesía pura o movimiento continuo o los historiadores más antiguos del porvenir. Soy homb re acostumbrado a escribir. Tamb ién hubo grandiosidad en Eduardo Wilde y debajo de su galera negra. Eduardo Wilde. y esa haragana artillería hacia lo in visible. en nubarrones portentosos de lluvia. pues. es evidente en Alemania: los alemanes dicen el luna. El idioma de los argentinos Señoras. en cualqui er parroquia. Es un monumento espo ntáneo que todo ciudadano de Buenos Aires puede erigir. perillas. son generosidades de la literatura de esas que se igualan difícilmente. Rojas lo llama precursor de Ramón. que es la escritura. vay a otro ejemplo para probarlo. hacen contrabando de remesas valiosísimas de poesía. barriles. Esta varonía de sus metáforas. Conviene consagrar un paraje de la capital a cada escritor. idioma argentino. rinconeras. Fue todavía más: fue un gran imaginador de realidades ex perienciales y hasta fantásticas. su realización de lo poética que es la ubicuidad de la lluvia.

Arrabal es el arrinconado bajo de Núñez con las habitaciones de zinc. y con los puentecitos de tabla sobre el agua dele znada de los zanjones. es como trasoñar que el dialecto de las matemáticas o de la cerrajería puede ascender a único idioma. ignoro si de la revolución s ocial o de un organito. que persiste por Entre Ríos o por Las Heras y la casita que no se anima a la calle y que detrás de un portón de madera oscura nos resplandece. El arrabalero. ¿quién no ha sen tido que las palabras elogiosas que ya preexisten. que es jerigonza ocultadiza de los ladrones. co mo corazonadas? La palabra linda es previsión de la novia de cada uno y de ella no más. Una es la de quienes imaginan que esa habla ya está prefigurada en el arrabalero de los saínetes . son como proféticas de ella. por lo demás. es cosa tan sin alma y fortuita que las dos clásicas fi guraciones literarias de nuestro suburbio pudieron llevarse a cabo sin él. Arrabal es el rencor obrero en Parque Patricios y el razonamiento de ese rencor en diarios impúdicos. ori llada de un corredor y un patio con plantas. cuando las atracciones inmediatas de una hermosura o las de su bien cuidado recuerdo están sobre nosotros. Arrabal es demasiado contraste para que su voz no cambie nunca. es dialecto de los arrabales u orillas. Y eso que el caló es idioma abundoso. el propio compadrito lo exhibe con eviden te y descarada farolería. d ilucidó muchas de sus palabras y giros. No hay un dialecto gene ral de nuestras clases pobres: el arrabalero no lo es. Carriego se entretuvo en alguna décima en br . le dieron su favor. como que deriva del zíngaro y de la adición de una de sus variantes a la germanía o jerigonza delincuente español a del mil seiscientos. que los saineteros que lo frecuentan tienen que inventarle palabra s y han recurrido a la harto significativa viveza de invertir las de siempre. es la conversación usual de Liniers. de San Cristóbal Sur. Parejamente. Esa conjetura es errónea: no hay quien no sienta que nuestra palabra arrabal es de carácter más económico que geográfico. y con el carro de las varas al aire en el callejón. Arrabal es la esquina última de Uriburu. publicadas el año noventa y siete. Es a indigencia es natural. hay demasiados. Arrabal es todo con ventillo del Centro. Imaginar que esa lengua técnica —lengua especializada en la infamia y sin palabras d e intención general— puede arrinconar al castellano. duro para morir.es sostén. con el paredón final d e la Recoleta y los compadritos amargos en un portón y ese desvalido almacén y la bl anqueada hilera de casas bajas. El vocabulario es misérrimo: una veintena de representaciones lo informa y una viciosa turbamulta de sinónimos lo complica. el ya genial muchac ho Carriego. para gallear. A esa posible observación contestaré luego. No me quiero apoyar en otros ejemplos. en sus Memorias de un vigilante. Dos influencias antagónicas entre sí militan contra un habla argentina. ahora es una de las perfecciones de Dios en la teología y un discutid ero en la metafísica y un énfasis popularizado en las letras y una finísima concepción r enovada en las matemáticas — Russell explica la adición y multiplicación y potenciación de números cardinales infinitos y el porqué de sus dinastías casi terribles— y una verdade ra intuición al mirar al cielo. ya que el arrabalero no es sino una decantación o divulga ción del lunfardo. la mujer lo habla sin ninguna frecuencia. Ta n angosto es. si su nombre no está mintiendo. Arrabal son esos huecos barrios vacíos en que suele desord enarse Buenos Aires por el oeste y donde la bandera colorada de los remates —la de nuestra epopeya civil del horno de ladrillos y de las mensualidades y de las co imas— va descubriendo América. es la tecnología de la furca y de la ganzúa. Ambos supieron el dialecto lunfardo y lo soslay aron: Álvarez. de S aavedra. El lunfardo es un vocabulario gremial como tantos otros. Arrabal es el bien plantado corra lón. otra es la de los casticistas o españolados que creen en lo cabal del idioma y e n la impiedad o inutilidad de su refacción. El arrabalero. Ni el inglés ha sid o arrinconado por el slang ni el español de España por la germanía de ayer o por el ca ló agitanado de hoy. básteme señalar que muchos concepto s fueron en su principio meras casualidades verbales y que después el tiempo las c onfirmó. en calmosa esperanza. Miremos la primera de esas erratas. El criollo no lo usa. Sospecho que la palabra infinito fue alguna vez una insípida equivalencia d e inacabado. Ni el e ntrerriano decidor José Sixto Álvarez ni el entrerriano un poco chacotón y un poco tri ste que en todos los recuerdos de Palermo sigue colaborando.

Alma orillera y voc abulario de todos. nunca la frecuentaron. Yo insinúo que esa superioridad numérica es v entaja aparencial. sabía inventariar cualquier realidad. el simulador trasueña que lo precisa y es costumbre que se le vaya la mano en la operación. los lugares oscuros y la documentada discusión de comentadores. por Quesada. un lugar común . Sicardi. sin que le falten las diversas lecciones. Desertar porque sí de la casi universalidad del idioma. virtualmente. el diccionario algorítmico de una página —con los guarismos. el lunfardo e s bueno. Si la causa es buena y está previamente ganada. las rayitas. Ésta es superstición aritmética. no esencial. los antiguos tangos dichosos. La riqueza del español es el otro nombre eufemístico de su muerte. Tampoco don Francisco A. en ese su infinito y barroso y huraca nado Libro extraño. No hay un lector. Lo cierto es que entre los dos opinaron que ni p ara las diabluras de la gracia criolla ni para la recatada piedad. Esa su música silencios a. Pintorescas. registra. redactado en el sedicente id ioma popular. Esa tinieb la es lógica. la que postula lo perfecto de nuestro idioma y la impía inutilidad de refaccionar lo. en hipócritas de la malvivenci a y de la ruindad— es proyecto de malhumorados y rezongones. claro es. según en la Gramática de la Academia se puede leer. qu e fueron la obradora y díscola voz de los compadritos. por Groussac. . Los primeros tangos. atarearme. por Miguel Cañé. la acumulación de prueba s es una costumbre dañina y hace de la adquirida o recuperada verdad. No insistiré. Esa trinidad de seudo palabras —dichas sin mayor precisión y sólo justificables por el co mún ambiente vanaglorioso— es del más puro estilo indecidor de esos académicos. hubo en la vivaracha milonga. La numerosidad de re presentaciones es lo que importa. el más inteligente utopista en trances de idioma que pensó nunca. puesto que una cosa fueron los compadres de barrio —el cuarteador. pe dantería. pero la sedicente riqueza del castellano debe. nunca sobrellevaron letra l unfarda: afectación que la novelera tilinguería actual hace obligatoria y que los ll ena de secreteo y de falso énfasis. para esconderse en un di alecto chucaro y receloso —jerga aclimatada en la infamia. por Costa Álvar ez. planeó un sist ema de escritura internacional o simbología que con sólo dos mil cuarenta signos sob re papel pentagramado. de arcaísmos— ha reu nido esas defunciones. no la de signos. como es. Es decir. afán de coleccionista y de filatero. Ese programa de trágica pequenez fue declinado ya por De Vedia. ¿a qué alegar ejemplos ilustres? El pueblo de Buenos Aires —nada sospecho so. felices y expresivas. que no resulte convencido de ignorancia frente a esas páginas. el de los españoles. Las milongas. de heráldica. El criterio acumulativo que las dirige —el que sigue cargando sobre el léxico de la Academia los vocabularios enteros de germanía. Su mayor y solo argumento consta de las sesenta mil palabras que nuestro dic cionario. por más lector de otr as publicaciones que sea. Cada tango nuevo. Eso es natural.oma y se desentendió de firmarla. los coro larios. obr ero o carnicero que apuntalaba esquinas por esas calles de Balvanera o por Monse rrat— y otra los forajidos que matreriaban por el bajo de Palermo o hacia la Quema . ¿Se rechazará la carabela en nombre de la jangada?. El conjunto es un espectáculo necrológico deliberado y consti tuye nuestro envidiado tesoro de voces pintorescas. hizo como que preguntaba este último. cursilería internacional y vocabu lario forajido hay en el tango. jerigonza carcelaria y conventillera que nos convertiría en hipócritas al revés. Es sabido que el obispo anglicano Wil kins. no comportaba obligatoriamente ningún sonido. felices y expresivas. el más acaudalado de cuantos hay. el pueblo no precisa añadirse color local. Ésa es ventaja máxima y qué más quisiera yo que hablar de ella. se sirvió de él. Ahora quiero olvidarme del arrabalero y paso a comentar una distinta equivocación. ahora. Abre el patán y el que no es patán nuestro diccionario y se queda maravillado frente al sinfín de voces que están en él y que no están en ninguna boca. es un acertijo. las crucecitas— es. de remilgos de casticismo— jamás versificó en esa jerga. con ejercitada ironía. Sin embargo. y que el solo idioma infinito —el de las matemáticas— se basta con una docena de signos para no dejarse distanciar por número alguno.

ha y una seria presunción de genialidad en el caso de él. o empleando otros giros no menos discretos que oportunos (Gramática de la Academia. Quiero resumir lo antedicho. La sueñera mental y la concepción acústica del estilo son las que fom entan sinónimos: palabras que sin la incomodidad de cambiar de idea. tal es su opinión. según le place a Nebrija. lo advierte así. Esa superioridad numérica de que se alaba. si creemos al Enni o español. Tanto es así que el español no sospechos o de genialidad. n o indigencia. Miguel de Cervant es. si el criterio numérico es valedero. que mueren de la muerte prestada del español. la de los cultos. la de los saineteros que escriben un lenguaje que ninguno h abla y que si a veces gusta. es precisamente por su aire exagerativo y caricatur al. su término medio. variándola gallardamente de esta o parecida manera: a sí lo afirma Nebrija. en cuanto abandona al ayer. siempre vivió de las descansadas artes del plagio. parte segunda. No los escondo. dicen que el Arcipreste. el vocabulario chico de Racine es deliberado. tal su juicio. pero tampoco quiero acortarle voz a la observación de que el común de la literatura española fue siempre fastidioso. ¿a qué envalentonarse con ella? En cambio. La Academia los apadrina con entusiasmo. cuyos diccionarios acaudalan más de cien mil palabras c ada uno. aunque de fantasmas o de ausentes o de difuntos. ya no. indicaría que no es corriente mi parecer. Manejó la estadística el tal señor y averiguó que las palabras registradas por el diccionario de la Academia Española era n casi sesenta mil y que las del diccionario francés eran treinta y un mil solamen te. otra. Ambos divergen del idioma corriente: los unos remedan la dic . eso de la bien plantada sentencia y del verbo no obligatorio— podemos inferir que es inteligente. capítulo siete). Sobre las de Unamuno no hablo. lo que importa son los arreos. Por lo demás. así lo enseña. tenía que autorizarse con el dictado de Nebrija. por otro n ombre el fraude. así lo dice. Si un español sabe escribir bie n —eso que llaman escribir bien. porq ue la cortedad léxica de ese idioma es economía y ha sido estimulada por sus retóricos . no sé por qué— propone que digam os con metáforas de herrería forjarse ilusiones o quimeras. o si no a lo sonámbulo: al ucinarse. Es austeridad. es ilógico y es inmoral. tan festejadas por la claridad pedagógica de su prosa. puesto que la perfección de un idioma postularía un gran pensamiento o un gran sentir. es nadie. cambian de ru ido. nunca recabó una página buena. Esa comprobación lo alegró. Dos conductas de idioma veo en los es critores de aquí: una. La falta de expresión nad a importa. así lo siente. por lo forastero que suena. la más íntima posesión de todos nosotros: el porvenir. favores que no se domi ciliaron nunca en España. el gran pasado mañana argentino. rara vez hub o de repetir la misma frase. s u gente. el sermón hispánico. que los preceptistas no se cansaban de recomendarla. son evidentes a fuerza de redun dancias y límpidas de puro sabidas y consabidas. dicen que Gracián. El máximo desfile verbal. Yo interrogo: Si la superioridad numérica de un idioma no e s canjeable en superioridad mental. tal su parecer. es acopio inútil. Las que Menéndez y Pelayo escribió. Traslado aquí la recomendación que les da: La abundancia y variedad de palabras (dice) fue tan estimada en nuestros si glos de oro. El que no es genio. Difusa y no d e oro es la mediocridad española de nuestra lengua. vale decir una gran literatura poética o filosófica. El procedimiento simpli sta usado —o abusado— por el conde de Casa Valencia para cotejar el francés con el cas tellano. Yo creo de veras que esa retahila de eq uivalencias es recurso tan ajeno a la literatura como la posesión o no posesión de u na nítida caligrafía. la falible magnificencia de los sinónimos es tan ind iscutida por la Academia que ésta los suele ver hasta donde no están. si un francés. el único recurso español es genialidad. soñar despierto. ¿quiere decir acaso este censo que un hab lista hispánico gobierna veintinueve mil representaciones más que un francés? La induc ción nos queda grandísima. Su cotidianería. verbigracia. todo pensamiento es pobrísimo si no lo piensan en inglés o alemán. Sin embargo. galas y riquezas del español. y así en lugar d e decir hacerse ilusiones —frase que declara solecismo. Confieso —no de ma la voluntad y hasta con presteza y dicha en el ánimo— que algún ejemplo de genialidad española vale por literaturas enteras: don Francisco de Quevedo. La prueba se efectúa siempre con el francés: prueba en que hay trampa. Es i lógico. Afirmar una ya conseguida plenitud del habla española. Servicial o no.La sinonimia perfecta es lo que ellos quieren. ¿Quién más? Dicen que don Luis de Góngora. representativa. Si cualquier g ramático. es inmoral.

en Domingo Faustino Sarmiento. esa naturalidad se gastó. Escribieron el dialec to usual de sus días: ni recaer en españoles ni degenerar en malevos fue su apetenci a. Y así. el de la confianza. Pero la argentinidad debería ser mucho más que una supresión o que un espectáculo. No precisaron disfrazarse de otros ni dragonear de recién venidos. Dos deliberaciones opuestas. es palabra de negligentes para pensar. Pienso en Esteban Echeverría. Nuestra discusión será hispana. el de los españoles no e s aprobativo con tantas ganas. Ser argentino en los días peleados de nuestro origen no fue seguramente una felicidad: fue una misión. Fueron argentinos con dignidad: su decir se criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. el de nuestra pasión. es opinión de muchos. en su atropellado Diccionario de argentinismos. para esc ribir. la seudo plebey a y la seudo hispánica. e n la valoración irónica o cariñosa que damos a determinadas palabras. el de nuestra casa. claro está. Eso. Lo también español no es menos arg entino que lo gauchesco y a veces más: tan nuestra es la palabra llovizna como la palabra garúa. en Eduardo Wilde. Dijeron bien en argentino: cosa en d esuso. Un mati z de diferenciación sí lo hay: matiz que es lo bastante discreto para no entorpecer la circulación total del idioma y lo bastante nítido para que en él oigamos la patria. sin posibilidad de patria ninguna. Mejor lo hicieron nuestros mayores. Pienso en el ambiente distinto de nuestra voz. Lo emotivo —desolador o alegrador— es asunto de el las y lo rige la atmósfera de las palabras. de muchas. prolijamente. internacional. nula en la prosa argumentativa o en la didáctica. escribe de ella: Macana: Dis parate. Equidistante de sus copias. dirigen las escrituras de ahora. sin embargo. Hoy. pero nuestro verso. no es todo. Don Miguel de Unamuno —único sentidor español de la metafísica y por eso y por otras inteligencias. el de la conversada amistad. N uestro lindo es palabra que se juega entera para elogiar. en su temperatur a no igual.ción de la fechoría. es grande en lo que mira a las emociones. en Vicente Fidel Lóp ez. no sabe impresionarnos. La palabra envidiado es formulación de elogio en España (su en vidiado tesoro de voces pintorescas. La pa labra egregio. La palabra subdito (esta observación me la vuelve a prestar Arturo Costa Álvarez) es decente en España y denigrativa en América. venturosamente para la entendibilidad general de nuestro decir. los otros. nuestro humorismo. en Lucio V. Desde luego la sola diferenciación es norma engañosa. Pasar desapercibidos. Mansilla. la de Güiraldes— son de las que honran. Esa divergencia. fue un riesgo hermoso. De bería ser una vocación. Fue una necesidad de hacer patria. que comportaba. hacernos perdonar esa guarangada del tango. jactarse de la envidia de los demás. pero sí su conno tación. Así con la palabra macana. El que no se aguaranga pa ra escribir y se hace el peón de estancia o el matrero o el valentón. despropósito. su boca no fue la contradicción de su mano. gran escritor— ha querido favorecer esa palabre ja. Hacerse el mazorquero o el quichua. Las singulares excepciones que restan —la de don Eduardo Schiaffino. trata de español arse o asume un español gaseoso. No pienso aquí en los algunos miles de palabras privativas que intercalamos y que los peninsulares no entienden. por ser riesgo. Nue stras mayores palabras de poesía arrabal y pampa no son sentidas por ningún español. más nuestra es la de todos conocida palabra pozo que la dicción campera jagüel. con intención de desconfianza. El tono de su escritura fue el de su voz. Nadie trasueña que tengamos algo que hacer. no su significado. ya son de aquí. El jurista Segov ia. abstraído. el no escrito idioma argentino sigue diciéndonos. Ahora es ocupación descansadísima la de argentino. que ya es demasiado. nos parece ruin. tontería. felices y expresivas. interrogarán: ¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina? Yo les respondo que ninguna. es sintomático. un orgullo. tan publicada por la Revista de Occidente y aun por don Américo Cas tro. es carnaval de otro s. Macana. Gozar y sobrar miran con intención malévola aquí. Muchos. No hemos variado el sentido intrínseco de las palabras. descreer de todos los fervores a lo francés y no entusiasma rse. Macana se les . dice la Gramática ofici al de los españoles) y aquí. la del memorioso y problemático español de los diccionar ios. La preferencia sistemática y ciega de las locuciones nativas no dejaría de se r un pedantismo de nueva clase: una diferente equivocación y un otro mal gusto. El hecho.

ese inventor de la equivocación y de la aventura. siempre desengaños. Digan el pecho y la imaginac ión lo que en ellos hay. también) es de tal suerte que ninguna solución general o catolicón puede recetársele. ¡Muerta seas. macana a las simplonerías y boberías. que sirve para desentenderse de lo que no se entiende y de lo que no se quiere entender. remordimientos. hemos padecido en pobreza pro pia lo balbuciente que es. El de los escritores más que nadie. macana. claro que sí.dice a las paradojas. pero quisiéramos volverlo tan límpido como ese porvenir que es la posesión mejor de la patria. definió San Pablo la fe. dentro de lo entendible: límite que está pared por medio de lo infin ito y del que no podemos quejarnos honestamente) el deber de cada uno es dar con su voz. precauciones. Sustancia de las cosas que se esperan. macana a las incongruencias. Es palabra de haragana generaliz ación y por eso su éxito. escrúpulos. sino el Di ablo —esa pifiadora culebra. Vivimos una hora de promisión. palabra d e nuestra sueñera y de nuestro caos! En resumen. que no otra astucia filológica se precisa. que fue de incredulidad serena en Cervantes y d e chacota dura en Quevedo y de apetencia de felicidad —no de felicidad— en Fray Luis y de nihilismo y prédica siempre. Dentro de la comunidad del id ioma (es decir. Siem pre metieron muerte en ese lenguaje. Es palabra limítrofe. Sabemos que el lenguaje es como la luna y tiene su hemisferio de sombra. Nosotros. consejos. que también son muerte. tiene su algo y también su mucho de atrevimiento. de ademanes y de sonrisas. Esto es lo que yo quería deciros. fuera de beneplácito y de pasión en estas repúblicas. demostración de cosas no vistas. La esperanza es amiga nuestra y esa plen a entonación argentina del castellano es una de las confirmaciones de que nos habl a. Quisiéramos que el idioma hispano. cansan) lo hace sermonero y enfático. Recuerdo q ue nos viene del porvenir. Escriba cada uno su intimidad y ya la tendremos. . macana a los contratiempos. Mil novecientos veintisiete: gran víspera argentina. cuando no retruécanos y calembours. macana a las hipérboles. que es la mita d de una conversación y más de la mitad de su encanto. ese eclipse de ángel— fue el que bautizó las cosas del mundo. Demasiado bien lo sabemos. que se llevara bien con la apasionada condición de nuestros p onientes y con la infinitud de dulzura de nuestros barrios y con el poderío de nue stros veranos y nuestras lluvias y con nuestra pública fe. macana a las perogrulladas. ese c arozo del azar. el problema verbal (que es el literario. El porvenir (cuyo nombre mejor es el de esperanz a) tira de nuestros corazones. macana a lo no usual. Que alguien se afirme venturoso en lengua española. Sabemos que no el desocupado jardinero Adán. traduciría yo. Esa su misma sonoridad (vale decir: ese predominio molesto de las vocales. que el pavor metafísico de gran estilo se piense en español. Nosotros. los que procura mos la paradoja de comunicarnos con los demás por solas palabras —y ésas acostadas en un papel— sabemos bien las vergüenzas de nuestro idioma. los renunciadores a ese gran diálogo auxiliar de miradas. macana a las locuras. Pero nosotros quisiéramos un es pañol dócil y venturoso. que por ser pocas.

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