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Richard Martel - Los Tejidos de lo Performático

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LOS TEJIDOS DE LO PERFORMÁTICO “Fueron los idiotas de éste mundo quienes fundaron la religión, las ceremonias, la ley, la fe y las

reglas de la vida”. Giordano BRUNO

Una triada es dinámica porque pide insistentemente desplazamiento, oscilando sin necesariamente optar por una dirección unificadora, desechando incluso el estricto punto de vista de la localización estática. El artista, y en particular el artista del performance, o el ser viviente de la acción, coloca a la tríada en una situación de interdependencia e interactividad. Una interpenetración de sustancias agita el discurso y declaraciones a través de diversas categorizaciones y niveles de desarrollo. De esta forma, la huella artística se convierte en un arreglo que está más o menos determinado por criterios, legitimación y orientaciones. Es en este sentido que la tríada es dinámica. Ello implica una combinación y aboga por la hibridación, una síntesis de opuestos en una relación de influencia recíproca dentro de una simbiosis que rompe los niveles de comprensión y aceptación. A menudo, las manifestaciones que son liberadas por el artista del performance son incursiones en el tejido de lenguajes y hábitos. Esta tríada, con acción y contenido afirmativo o negativo, presenta posibilidades que van desde reprogramar el rumbo hasta descargar, y también aboga por un mensaje. Ella activa relaciones que usualmente son conflictivas, al menos en relación con tendencias para estandarizar actitudes, manifestaciones y condicionamientos, bien reales o imaginadas. Lo íntimo, lo privado y lo público: éstas son las tres caras de esta tríada que hace a las manifestaciones oscilar en diversos contextos y situaciones. Esta situación de oscilación se torna aún más problemática cuando es una cuestión de estar allí, en acción, frente a un cierto número de testigos, de presencias. La tríada es dinámica porque propone grados de interpretación que también toman en consideración diferentes criterios, incluyendo aquellos de la propia legitimidad de manifestaciones en el proceso de socialización. La intimidad es solicitada insistentemente porque el cuerpo que está presente utiliza los elementos básicos, dados, del cuerpo mismo: aquellos hallados en secreciones, delirio o en la actitud nihilista, por ejemplo. Lo íntimo es aquella zona de tabúes en la que el público halla su oposición potencial. La inclusión de manifestaciones de acciones íntimas en un contexto público es un fenómeno que rompe con hábitos y normas. Por lo tanto es cuestionada la naturaleza del valor y el condicionamiento. Además, sabemos que actualmente las relaciones íntimas también están sujetas a criterios de juicio e invocan estratos de limitación cultural. La intimidad del acto a menudo es un rechazo o una repulsión. La misma también analiza criterios y por lo tanto la objetividad. El fenómeno de presentar, durante un evento público, acciones que normalmente tienen lugar en la mayor intimidad, conlleva un grado de interrogación del sistema cultural y ciertamente social. Al propio tiempo, el mismo también establece un grado de tolerancia de ambas partes, bien sea que es una cuestión del lugar y su organización o del protagonista y sus gesticulaciones. Por ejemplo, en el Accionismo Vienes hay una incursión a las manifestaciones más íntimas conjuntamente con lo profano en el contexto de presentaciones públicas. De la misma forma, lo íntimo es una zona perturbada de principios en la cual cualquier cosa es posible, porque el cuerpo es a la vez un material extensible y el sitio del grado de aceptación estática del individuo.

Aquí, una vez más, encontramos un tipo de relación entre grados dinámicos y estáticos, porque el cuerpo es un todo divisible, hecho de membranas y una simbiosis de especializaciones. La oscilación entre lo íntimo, lo privado y lo publico es parte del discurso y entrega de la declaración, y esto es lo que quiero decir con "los tejidos de lo performático". La misma engendra otros sistemas y establece estratos y jerarquías. Lo íntimo penetra en el terreno público por lo tanto, al interferir con él, y agitando el condicionamiento en distinta medida. Al propio tiempo, las manifestaciones públicas y las preocupaciones con el público toleran e implican diversos niveles de práctica a través de los cuales el cuerpo efectivamente localiza su presencia activa. Lo político puede o no interactuar con el cuerpo mediante secreción, ya que la acción humana segrega sus substancias de diversas formas y según diversas orientaciones. Por consiguiente, el cuerpo público a menudo hace incursiones al cuerpo íntimo. Cuando se trata de hacer una acción política o ecológica, son las preocupaciones del cuerpo público las que interfieren en el cuerpo íntimo. Muchas acciones de protesta se justifican a sí mismas de esta forma. Cuando un problema social es denunciado de esta forma por la proposición de un cuerpo, entonces hay un modelado de las relaciones oscilatorias entre el público y lo intimo por la vía, a veces, de lo privado. La responsabilidad del protagonista -si es que existe alguna- es situada a este nivel, un espado-tiempo de arte y presencia en el cual las actitudes pueden tornarse reversibles y donde el tejido performático es también una interrogación del aspecto posesivo del enjuiciamiento. Cuando se trata de exponer un hecho social, político o ecológico, u otro, por ejemplo, es el cuerpo en su intimidad el que atomiza los elementos que van a constituir la dirección, tramando diferentes arreglos para revelar la oscilación que existe en el balance de estructuras y por lo tanto del poder en sí mismo. En Action Art o en el performance, el gesto interroga en la medida en que incurre en estas trayectorias e interpretaciones. El mismo cuestiona, en la medida en que aporta una idea que engendra problemas de recepción, precisamente por el aspecto arbitrario de juicio, el cual en sí mismo está también sometido al con¬dicionamiento de la tríada dinámica. Por lo tanto, cuando un cuerpo se hace público, hay una oscilación incesante entre rechazo y aceptación de acciones íntimas que segrega sustancias materiales y corporales. Hay a la vez cuestionamiento y ambivalencia; éste es obviamente a menudo el caso durante la presentación de acciones artísticas en público. En ambas actitudes se confirma una dificultad con respecto a la tolerancia, y es en estos términos que la acción artística toca un aspecto del conocimiento y anula la alienación, o des-aliena, iun "des-alie-nante" pudiéramos decir! Cuando la gesticulación se hace oscilar mediante el uso de tabúes utilizados de diversas formas y por medio de diversas profanidades, entonces se subvierte el poder y la razón de acciones socialmente normalizadas. En esto yace otro acto de cuestionamiento. Cuando llevamos a cabo una actividad íntima en un contexto público también articulamos diversas actitudes, atractivas o no, que informan en el sentido de que dan contenido a una forma. Aquí estamos en el corazón de la estética, ya que estamos hablando de la composición corporal de un numero mínimo de proposiciones lingüísticas, en presencia de determinados criterios de tolerancia, los cuales están sujetos aquí al condicionamiento cultural. Hoy en día evidentemente se está tornando cada vez más difícil elaborar una gramática universal de manifestaciones y acciones; se han establecido diferencias culturales conjuntamente con diferencias en el tejido social organizado. La tríada es dinámica porque invita a la interrogación; ya no se trata estrictamente de agitar lo espectacular, sino más bien de usar de los elementos de lo espectacular a fin de interferir con tolerancias o intolerancias. Action Art y performance constituyen un gigantesco instrumento de análisis, y en ello también estriba la responsabilidad del protagonista -aquí la del

artista- de someterse a y de actuar en el espacio y tiempo performáticos. El hecho de que hay una presencia pública indudablemente añade a la sustancia segregada de contenidos y formas. El acto performático actualmente consiste en examinar las posibilidades de dar expresión concreta a la materia corpórea y sus sustancias. Esto se hace a fin de producir una secreción arbitraria tanto en el emisor como en el receptor. El arte performático o Action Art sigue siendo una incursión al universo de valores y enjuiciamientos, como una articulación oscilante de niveles y condicionamiento arbitrarios. La cuestión de la responsabilidad también se refiere al establecimiento de ejes de comunicación, medios, instancias y situaciones que se producen de acuerdo a diferentes contextos, a través de la compresión e impresión, y la creación de manifestaciones que constituyen huellas. Esto se hace a fin de que esas huellas puedan, a su vez, convertirse en manifestaciones, al igual que el rio de Heráclito, al cual fluía incesantemente agua fresca, renovaba el nivel estatico de la situación. Es aquí donde se sitúa un comentario, así como una incursión en el condicionamiento y límites de nuestra transgresión de lo cognoscible. La responsabilidad del cuerpo individual es un tiempo compartido, es decir, la manifestación performática es también una solicitud para realizar esta manifestarción en otro estrato. Esto es lo que quiero decir con los tejidos de lo performático, y además lo digo en el sentido de una responsabilidad acumulada y dinámica en términos del tejido social como un todo. El contexto es el de una situación de cuestionamiento, y aquí el esfuerzo de responsabilidad es también una parte compulsiva de la actividad performática. No es por accidente que la mayoría de las acciones, eventos e instancias performáticas sean hechas por artistas o grupos artísticos. A partir de los futuristas (me refiero al futurismo porque es el primer ejemplo coherente de la afirmación del tejido performático), el evento performático ha venido siendo realizado por artistas y no por instituciones artísticas. Si fuéramos a compilar una lista exhaustiva de acciones, manifestaciones y presencias performáticas, nos daríamos cuenta de que estas actividades son generadas por artistas en diversas situaciones o contextos, quienes integran, de diversas maneras, un número relativo de participantes. Está claro que una gran mayoría de acciones, encuentros, festivales, etc., se hacen posibles porque son los propios artistas los que los han producido. Aquí producir se convierte en hacer, en tanto que las instituciones se interesan en que hacer se convierta en un producto. La responsabilidad del cuerpo humano del artista -el cual ensaya, transforma, profanase amplía cuando se trata de permitir la realización de este tipo de acción. Por lo tanto, no habría Action Art si no hubiera artistas y, a la inversa, como se expresaría en una buena dialéctica situacionista, no habría artistas si no hubiera acción artística. Además, lo que se entiende bajo el nombre de tejido performático es también parte del trabajo artístico. Es un hecho establecido en nuestros días que las manifestaciones artísticas son solicitadas por los propios artistas, encargados de la responsabilidad de realizar y producir instancias de arte contextual en una diversidad de situaciones. En cualquier caso, es muy raro que sean instituciones las que propongan y produzcan eventos en los cuales el arte esté involucrado en una situación de cuestionamiento. Ellos probablemente estén intranquilos con la idea de considerar su realidad estática en un universo de proposiciones dinámicas. Por lo tanto, la mayor parte del tiempo, las manifestaciones y acciones performáticas están constituidas por la presencia de los propios artistas. Esta auto-administración artística es evidente a lo largo del siglo pasado. Sólo hay que buscar algunas referencias a partir del futurismo hasta el constructivismo, del surrealismo al situacionismo, del Fluxus al arte auto-administrado para demostrar que la mayor parte del tiempo los artistas no necesitan museos; ellos más bien necesitan lugares y espacios donde puedan darle una expresión concreta a una dinámica de actividades cargadas de una responsabilidad ética y estética que se mueve hacia y contra su medio institucional en el estilo de campo de concentración. De la misma manera, la mayor parte del tiempo son los artistas quienes reincorporan a otros artistas menos conocidos e incluso

olvidados. Esto es prueba de que la auto-administración artística es un principio organizativo dinámico. Por lo general, el trabajo artístico trae aparejada una especie de necesidad de explorar, transgredir y, al igual que la filosofía de Adorno, consistía en "un pensamiento que era imposible de frenar", de manera que la actividad artística continúa siendo algo que también es difícil de frenar. Es más, ésta es la razón del por qué hay una voluntad de transgredir, positiva o negativamente. Esta incursión en una masa enredada de lenguajes y condicionamiento es parte del medio exploratorio y transformativo de la actividad artística. La cuestión es crear una especie de laboratorio para diferentes prácticas, de acuerdo con diversas metodologías y formas. Aquí, una vez más, la responsabilidad referida a lo anterior cubre el tejido performático como un todo. Posteriormente, las instituciones recuperan el producto segregado del artista. La naturaleza expansiva del tejido performático implica una activa participación que tiene muchas direcciones. El fenómeno del Action Art en el tejido performático continúa siendo una extensión de la voluntad artística para intervenir que aspira a ser global. Es en este sentido que el trabajo del situacionista encuentra su legitimidad histórica, estética y ética. Ya no se trata más de crear un universo de producción simbólica, sino más bien de dar expresión concreta a un proyecto -en sentido filosófico- que puede presentar un riesgo al orden concupiscente de posicionamiento institucional. Estas situaciones se convierten en secreción expansiva que ya no está más limitada al producto material o sustancia del cuerpo; la misma consiste más bien en una sustancia cognitiva que se desarrolla, en la agonía de la acción, desde diversos contextos y situaciones y en diversos grados, en la cual la amplitud es relativa a la percepción de cada persona. Es como un universo nada claro de gesticulaciones en medio de los diversos estratos de condicionamiento. El universo performático es una dinámica de lo cognoscible, como una responsabilidad compartida, es activada por una intervención en el tejido performático general. La oscilación entre lo íntimo, privado y público es relativa a los grados variables de lo "segregable". Ello implica la responsabilidad de los artistas de situar las diversas gesticulaciones y proposiciones de lenguaje en un universo más o menos formalizado, con la voluntad de arriesgar la aventura artística que es emancipadora y delirante, y que nos libera de, o se diluye en el condicionamiento de diversas naturalezas. Action Art es performático, y debe situarse a sí mismo a través del mecanismo de los sistemas artísticos y sociales, ya que el arte institucional también tiene sus arterias, sus medios de hacer historia y sus métodos de censura. Veremos ahora si hay huellas de lo que es "susceptible de ser secreto" en los dominios íntimos y públicos que constituyen gesticulaciones en el tejido performático general.

Richard MARTEL

Texto publicado en el catálogo de la 8va Bienal de La Habana “El Arte con la Vida”, Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, La Habana, Cuba, 2003. Transcrito digitalmente por Ignacio Pérez para La Piratoteca (www.lapiratoteca.blogspot.com).

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