R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

la ac­ tividad especifica que nom bra. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. com pleta en un principio e inm utable. la palabra Juego. se transform an sin cesar. de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. la m anera de un intérprete. Asf. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. no sólo . p o r o tra parte. Esa idea de totalidad cerrada. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. m úsico o com ediante. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve.propio. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. designa. De la m ism a m anera. sino tam bién la totalidad de las figuras.

en . un elem ento favorable o m iserable. jugarse el resto. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. la vida. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. o tras más. jugar en grattde. ung. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. Una vez m ás. al punto. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. de libertad y de invención^ En un registro vecino. la carrera. a la inversa. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. com o m ostrar su juego o. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. La idea de riesgo viene.

Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. en fin.. É stas de­ finen lo que es o no es juego. la voluntad de respe­ tarla. de com ún acuerdo.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. toda treta o respuesta prohibida. No pueden violarse con ningún pretexto. es decir. sin p oder haccr nada al res­ pecto. Todo juego es un sistem a d e reglas. im perativas e inapelables. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. Ahora bien. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. E sta vez. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . esas convenciones son a rb itrarias. A la ve/. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho.

I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. de facilidad de movim iento. esc . in­ terviene un juego de o tra especie. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. no el juego m ism o. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. que le da vida. Por o tra parte. una libertad útil. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. pues la m áquina parecería desbocada. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. en el in terio r de ese juego. Juego significa enton* ces libertad. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. ese juego no debe s e r exagerado. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. que ins­ tauran un orden estable. Por lo dem ás. pero ño excesiva. enteram ente exacto. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ .voluntarias y aceptadas de buen grado. Pero. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. Así.

Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. en que pueden ejercitarse com petencias ideales.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. En genera!. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal. Esas estructu.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. de re­ gla y de libertad. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. to s senüdospim plican ideas de totalidad. esos distini. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. com pleja c innom brable. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. Sin em bargo el juego^significa.

la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. la precisión. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . p o r fin. que juega correctam ente el juego. y en las m ism as condicio­ nes. lisa es. la pureza y la im parcialidad de un juego. tablero para dam as o tablero de ajedrez). ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . reducida a lo esencial. a los partidos opuestos. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. pista o arena. El equipo gober­ nante. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. la argum enta­ ción de un Huizinga. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. es de­ cir.do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad.

ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. igual que en el juego. de encontrarlas extrañas o m olestas. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. Engendran hábitos que.form as legales. la coreografía o el teatro . No ocurre o tra cosa en el terren o estético. y cualquier o tra imposición. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. Son com o las reglas del juego al que él juega. A falta de lo cual. las hacen parecer naturales. cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. Al hacerlo. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. En pintura. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. unidad o canon en la escultu­ ra. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. que a la vez guían y lim itan al creador. En música. E n lo sucesivo. P or o tra parte. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . al final. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. Sin em bargo. las leyes de la arm onía.

dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. M ediante esos pocos ejem plos. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. pero regulado. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. En épocas de guerra llam ada cortés. sino que suele serlo de la violencia regulada. que se apoya 16 . en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. tiránico. a las ciudades abiertas.. hasta la es­ trategia es convencional. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra.

tienen al menos valor d e modelo. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. el tacto m ás sutil. Los juegos de fuerza. de habilidad. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes.. en que.en un sistem a coherente y equilibrado. la vista más penetrante. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. y siem pre revocable. son ejercicio y entrenam iento. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. la regla no favorece ni lesiona a nadie. . El juego inspira o confirm a ese equilibrio. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. de cálculo. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. H acen el cuerpo más vigoroso. más flexible y más resistente. que se b o rra p o r sí mism a. Por el cam ino del placer o de la obstinación. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. res­ petada voluntariam ente p o r todos.

el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. nada está perdido y. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. El juego no prepara para ningún oficio definido. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. antes que recri­ m inar o desalentarse. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 .anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. de una m a­ nera general introduce en la vida. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. la mala suerte o la fatalidad. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. En efecto. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. Quien se enoja o se queja se desacredita.

Sin duda. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. su m ejo r afán. consum ada la hazaña. que a su vez es juego y juego superior. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. En cierto sentido. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. una vez rebasada la cima. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. al ech ar los dados o al voltear un naipe. tal dom inio es m ás fácil en el juego. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. que lo deja sin energía ni resorte. Por o tra parte. No obstante. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. anuncio éste que pone fin a la 19 . la suerte Im­ placable c im prescriptible. nada com o el juego exige tanta atención.

Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . como si Dios no existiera. El juego no es una escuela menos ruda. la codicia y el odio. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. en cualquier caso. que hacen retroceder la tacañería. tener a la vista la imagen de la perdida. C onsiderar la realidad como un juego. como dice P latón hablando de o tra apuesta. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. más im por­ tante que lu que está en juego. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. Tal vez de m anera paradójica. es llevar a cabo o b ra de civilización. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. un herm oso riesgo que rale la pena correr. E xperim entar placer con el pá­ nico. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. es la ley del juego. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. con ese desapego.

las irrealiza. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. En pocas palabras. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. la realidad no tiene esas de­ licadezas. transfor­ m an el m undo. Además. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. De habi­ tuarse a ella. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. En cambio. Finalm ente. aceptado por él. Por o tra parte. a expensas del conteni­ do. el juego escoge sus di­ ficultades. el juego queda a m erced del aburrim iento. en m ayor o m enor m edida. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. p o r el pundonor o p o r la casuística. Quien tiene ham bre no juega. las aísla de su contexto y. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. hecho a la m edida del ju g ad o r y. p o r decirlo así.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. E n segundo lugar. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. 21 . p ero un obstáculo arb itrario . Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. casi fic­ ticio.

En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad. Secundum Secundatum . sin ella. Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y.

PRIMERA PARTE .

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En todo caso. En H om o ludens. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. 27 . dándolas p o r sentadas. p o r su naturaleza. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. esta obra. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. retom ó y desarrolló sus tesis. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura.I I. Por una parte. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. Johan H uizinga. p o r o tra.

según reglas absolutamente obligalonjA. a pesar de todo.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. pp. 31-32. en su aspecto formal. peiO que. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. que el juego. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente.1 1 Homo ludenx. México. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. del FCE. \W . puede absorber por completo al jugador. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. trad. En la página 53 se encuentra otra definición. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. por tanto." 28 . aunque libremente aceptadas. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada. que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. podemos decir.

E sta definición. La ac­ tividad de juego lo expone. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. en fin. ocupan precisam ente un .yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. cuando el secreto. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. En pocas palabras. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. en cier­ to modo. lo publica y. el disfraz. la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. En segundo lugar. los garitos. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. es decir. los casii nos. p o r ejem plo. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. -|T>ara bien o para m al. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. Sin duda el secreto. las pistas de carreras y las loterías que. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. se p restan a una actividad de juego. es decir. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. . lo gama. sino una insti­ tución. En cambio. el m isterio y. se puede e sta r seguro de que no hay un juego.

En* algunas de sus manifestaciones.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. es decir. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. En el m ejo r dc los casos. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. incluso en su form a dc juego p o r dinero. Sin em bargo. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. aunque se considere desdichada. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. cierto que en form as infinitam ente variables. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. es preciso distinguir. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo. el único que no puede tom ar placer en el juego. Ciertam ente re-. Además. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. Pues bien. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. a causa de los gastos generales. Hay . pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. Aunque casi siem pre es inferior. Pero tam poco es inexplicable.

perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. Æn^cfccto. y deben pensar en la prim a. en la pista. está claro que en ello no son jugadores. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. es a algún o tra juego. crear Tiinguna riqueza. como fuente dc alegría y de diversión. O bligatorio o simplemente recom endado. ni o b f t m aestra. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. Cuando juegan. ninguna obra. En cuan­ to a los profesionales. ni objeto mamifacluracjp. los ciclis­ tas. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. Por o tra parte. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. de habilidad y con frecuencia dc dinero. d e Inge­ nio. pero no produc­ ción dc bioics. la even­ tualidad dc esa transferencia. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía.desplazam iento de propiedad._c&_ca· racterfstico del juego no. sino hom bres dc oficio. los boxeadores. en el hipó­ drom o o en las tablas. Aún más. en el salario o en la rem uneración. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a.

’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. es decir. el recogi­ miento. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. la pista. el silcucio. p ara apartarse d e la vida corriente. ora da lugar a un castigo. 1943. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. 32 . Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. 21. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. el estadio.” En efecto. II. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. de buen grado y p o r su gusto. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. enviar la pelota más allá dul terreno. Parts. la arena. i Hay un espacio para el juego: según los casos. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’.se entrega a él espontáneam ente. el cuadrilá­ tero. P o r lo dem ás y sobre todo. S alir del recinto p o r erro r. etc. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. ora descalifica. la escena. p. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. la liza. la rayuela. p o r acci­ dente o por necesidad.

su duración se fija de antem aao. necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. 33 . c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. Si es posible. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. se pro­ longa. como en los juegos de niños). tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. el terreno del Juego es asi un universo reservado.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen.cucncia. p o r ejem plo. Sus argum entos son irre­ futables. arb itra ria s e irrecusables. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. Quien no las acepta con ese carác­ ter. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. el tram poso cuando menos finge respetarlas. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. "tiem po". Desde ese punto de vista. p o r reglas pre­ cisas. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. su naturaleza puram ente conven­ cional. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. Además. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando.

En esc sentido. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir.o c infalible­ mente. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. En la lotería. A decir verdad. igualm ente es la que da ra34 . E sa libertad del jugador. En una prueba deportiva. en el ajedrez. gana sin esfucr/. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. el juego es una actividad libre.^ ó l o se juega si se quiere. ya no divierte a quien. Un desarrollo conocido de antem ano. el resultado ya no es dudoso. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. El juego consiste en la necesidad de encontrar. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. en una partid a de nai­ pes. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. Es adem ás una actividad incierta. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. en la ruleta.

No se hace com o si. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. al polo o al bacará. a la locom otora. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. sim ple mímica. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. p o r ejem plo una m áquina. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. Por eso se juega en serio al ajedrez. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. Muchos juegos no im plican reglas. al caballo. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. De ese modo. al soldado. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. la regla crea una ficción. en general. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. a las b arras. al polo. debo decir aquí que la ficción. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. al m arro. no las hay. P o r el contrario. al bacará. o cuando menos no fijas y rígidas. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. Quien juega al ajedrez. Esa conciencia de la irreali­ 35 . Por sí m ism a. se ve separado de la vida corriente. al avión y. a policías y ladrones. p ara jugar a las muñecas.

el máximo com ún denom inador de todos los juegos. a la chiquilla. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. un verdadero subm arino. si le parece p arte de la vida corriente. y encuentren divertido. o. jugar a "ju g ar al ajedrez". algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. los juegos no son reglam entados y ficticios. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. Antes bien. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. un ver­ dadero caballo.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. D estinada a p recisar la naturaleza. Podemos concebir fácil­ mente que. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. un verdadero p irata. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. Así. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 .dad fundam ental del com portam iento adoptado . La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. es decir. a fin de im itar a las personas m a­ yores. p o r ejem ­ plo. o están reglam entados o son ficti­ cios. que denunciaba lo absurdo de las reglas.

los acertijos.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. el tiovivo. y el de la mímica y la interpretación. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. En particular. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. som etida a convenciones que 37 . 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. No obstante. ni riqueza. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. 5* Reglamentada. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. Por el m om ento. p o r ejem plo. los solitarios y los cru­ cigram as. A ellos habrá que volver. el cornc:a y el trom po. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. y. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores.

sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. Sin em bargo. 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. que es la única que cuenta.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. esta vez. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. se esforzará p o r tener en cuenta. 38 . no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad.

como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. a decir verdad. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po. e n otro. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . en el último. al comienzo. la cualidad principal que exige. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. en un tercero. En efecto.II. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. el lugar en que su disputa la prueba. Además. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. Además. En un m ism o lugar. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. finalm ente.

hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. En cam bio el boxeador. No hace nada. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. sólo espera la decisión dc la suerte. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. Por una vez. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad.y el diábolo son diversiones al aire libre. 40 . es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. P o r o tra p arle. Así. el corredor. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. S in em bargo. quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. sea en la ruleta o el bacará. Sobre todo. ora intelectuales. Por lo general.

Casi p o r com pleto. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. Así. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. en lodo caso. Alea. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. en los juegos considerados. opuesta p o r algunos conceptos. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. Sin em bargo. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. predom ine el papel de la com pe­ tencia. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. pero no por todos. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. del azar. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. de acuerdo con una progresión com para­ ble. Las llamo respectivam ente Agon. Pero. a las canicas o al ajedrez (agón). d entro de esos sectores. del sim ulacro o del vértigo. de turbulencia. Lo distribuyen en cuadrantes. En el extrem o opuesto. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . M im icry e llinx.

m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta.significativo y m ás am plio posible. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. m e he esforzado por 42 . de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. im perativos y mo­ lestos a propósito. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. Por lo dem ás. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. de habilidad o de ingenio. Con la m ism a intención. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. Pero. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. enteram ente desprovista de sen­ tido. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. de paciencia.

se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. ΛΙ hacerlo. e tc . Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. ingenio. resis­ tencia. habilidad. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. es decir. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. En el in terio r de cada cla­ se. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. Por tanto. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. vigor. busque en el inundo anim al conductas homólogas. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. tenis.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. box. m em oria. adem ás. cada vez que pude. a) Categorías fundamentales Agon. esgri· 43 . fútbol.

se p rep ara una des­ igualdad secundaria. E! juego de dam as.ma. en el croquet. Asimismo.).). etc. de golf. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. de un caballo o de una to rre). p o r ejem plo. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. son ejem plos per­ fectos. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. el ajedrez. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. en los juegos de nuja. de a tle ­ tismo. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. En ocasiones. el billar. una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . etc. es de­ cir. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. com petencias de tiro. como en las dam as o el ajedrez.

los recursos del jugador. o en los lím ites del juego. el torneo. Deja al com petidor solo con sus recursos. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. Im plica disciplina y perseverancia. . El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. Fuera. Para cada com petidor. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. constituyen. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. la exposición. un entrenam ien­ to apropiado. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. En los encuentros de­ portivos. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. dado el caso. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. siendo iguales para todos.

se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. conside­ rando ciertos hechos. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. Asimisnio. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. com o es de esperar. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. "un lugar un tanto 46 . de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. tratan de hacerse recu lar el uno al otro.En principio. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. con la cabeza pacha. No obstante. los ca­ chorros dc perro. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. Escogen un cam po de batalla. las focas jóvenes y los oseznos. si bien está ausente la regla. testuz contra testuz. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse.

de piquetes y de quem adu­ ras*.elevado". 150-151. y golpean. 47 . francesa. trad.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. ele. Sus plum as se erizan. P o r ello. en form a de azotes. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. pp. dice Karl Groos. 1902. Pa­ rís. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. de­ ja rá de respirar. Entonces. con el pico al fíente. Se lan­ zan uno contra otro . Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. Les jeitx des animaux. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. resistirá las cosquillas. de parpadear. En ocasiones. inauguran pruebas severas. sino d em o strar su propia superioridad. como se les h a dado en llam ar. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. en cuanto a los ejem plos anteriores. d e pellizcos. Gixxtó. lo que está en juego es m ás serio. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. esos juegos de ascetism o.

sin enfrentarse directam ente. etc. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . M ejor dicho. sino que . el cara o cruz. el bacará. la ruleta. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. En un instante aniquila los resultados acum ulados. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. A la inversa de! agón. el alca niega el trabajo. elimi­ na el valor profesional. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. Con ello se ap artan un poco del agón. etc. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. la lotería. la habilidad. p o r consiguiente. en oposición exacta al agon. Lo tom o aquí para designar.). que no tard a en en co n trar sus form as perfectas.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. la regularidad. Aquí. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. el entre­ nam iento. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. la calificación. Es desgracia total o favor absolu­ to. crucigram as. la paciencia. problem as de ajedrez. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. donde. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. alpinism o. Alca.

cuenta con todo. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. con el m ás ligero indicio. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. sa del jugador. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. En un juego como el bridge.V p o r consiguiente. ab o lir las superioridades na* 49 . muy por el contrario. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. Parece una insolente y soberana burla al m érito. P o r p arte del jugador. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. en el alea. cuanto m enor sea la defen­ . con cada singularidad que capta. dc disciplina y dc fatigas. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. el alea una renuncia dc la volun· tad. En general. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . salvo consigo mismo. En éste. en un juego com o el póquer. con todo. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon.

1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. Incluso es lo contrario. los ani* Por ejemplo.sa recompensa. es decir. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. otorgada a) mérito. En cam bio. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. K. 50 . Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. Recompensan una victoria disputada con pasión. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. nada tiene que ver con el favor de la suerte. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. corredoics. boxeadores. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. de acuerdo con las peripecias del agon. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. Groos. F. en las peleas de gallos. principalm ente. Por considerables que se supongan. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos.

todo en clin es confuso en un principio. Para ¿1. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. sea alea. ju g a r es actuar. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. P or o tra parte. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. tanto las oportunidades com o los m éritos. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. Sea tigon. É stos no logran hacerle estrem ecerse. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. Sin em bargo. precisam ente. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. pues nada en la vida es claro sirio que.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible.

sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. disfra/a. Que es a lo que responde la m i­ micry. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. F. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. casi orgánica. M im icry.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. sobre todo de los insectos. fic­ ticio. De uno u o tro modo. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. en ciertos aspectos. convencional y. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. en la o tra escala. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . pero no es me· 52 . Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o.l juego puede consistir. del im pulso que las suscita. cuando menos de un universo cerrado. El sujeto olvida. F.

pp.1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". en esta ocasión. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. que sobre todo acaba en una obra exterior. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . una m odificación orgánica. corresponde en el anim al y.nos elaborado. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. Por poco que se adm ita esa hipótesis. Wl143. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. en vez de ser un accesorio fabricado. Así. versátil. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. de m anera m ás p articu lar en el insecto. Mythe ct VHomme. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. 193Ä. Por desgracia. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 . en disim ularse. en ponerse una m áscara. a rb itra ria e im perfecta. En efec­ to. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. Sólo que. París. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. com plejo y sorprendente. en representar [jouer] a un personaje. a una conducta libre del hom bre.

sin reconocerla. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico.de ellos en el "Expediente". un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. Reproduz­ co algunos . Entre las aves. y huye de todo objeto que se acerca". El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro. se­ m ejante al contagio del bostezo.n efecto. casi irresistible. H udson creyó p oder afirm ar que.E ntre los vertebrados. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. sigue el paso del hom bre. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. sino como lo propongo aquí. del perro o del caballo que ve alejarse. F. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. esporádicam ente. y en cam bio. ni final de este volumen (p. según los casos. Sin ruibarbo. lo más caprichosa. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. de la claudicación. 291K 54 . q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. de la carrera. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. En cu an to a los cangrejos oxirincos. de la sonrisa y sobre todo del movim iento.

En el carnaval. pirata. m osquetero. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. enm ascarados o disfrazados. a la lavandera y a la planchadora.4 etc. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. La niña juega a la m am á. a la cocinera. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. com o se tra ta de un jue­ go. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. Finalm ente. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. m arciano. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. Pero. 55 . En el niño. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. realistas y <*orné*tlcas. agente de policía. el niño finge ser soldado. los ap aratos. vaquero.

la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . Sólo que es un espectáculo en que. el espectador en el héroe de la película. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. todo agon es un espectáculo. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. se excluye el sim u­ lacro. Como actividad. imaginación c interpretación. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. Para quienes no participan en él. ni tam poco un verdadero piel roja.ro torero. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. Por sí sola. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. para que sea válido. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. sino claram ente los asistentes. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. pero ellos no juegan.

a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. convención. En esas condicio­ nes. de tenis o de polo. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. en el hipódrom o. p ara ayudarlos. la carrera ciclista. inauguración solem ne. constituyen en sí espectáculos con trajes. el de los caballos de su elección. el encuentro de boxeo o de lucha. triunfa' dores del agon. En una palara. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. adem ás del espectáculo. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. el p artido de fútbol. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. Con excepción de una sola. pero aparecen con las características exteriores de una representación. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. suspensión de la realidad. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. En cam bio. A dccir verdad. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. Los cam peones.m anera m ás explícita. es­ e 57 . son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras.

s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. La m i­ m icry es invención incesante. la m áscara. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. se trata de alcanzar una especie de espasm o. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . el artificio al que se le invita a d a r crédito. m ediante la técnica em pleada. du­ rante un tiem po determ inado. Ko obstante. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. pues los prim eros. Los escojo a propósito. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. para el espectador. consiste en fascinar al espectador. F. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana.pació y licm po delim itados. La regla del juego es única: para el actor. En cualquier caso. como a una reali­ dad más real que la realidad. se vinculan a ciertos juegos infantiles. Ilinx.

dan varias vueltas com­ pletas.de vértigo. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. Antes de llegar al suelo. 59 . num. 329-339. Ar^el. pp. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. II. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. describiendo una espiral que va ensanchándose. Luego. 4. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. pp. pp. p. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. 298. • Descripción y fotografías en Helga Larsen.0 En México. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. Depont y X. al que acom pañan aves. 156*159. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. m uertos divinizados. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. G irando '· O. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. 188?. En el “Expediente'·. 1947. julio dc 1937. y en Guy Slrcsscr-Pean. La cerem o­ nia. trece según Torquem ada. vol. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. Les Confréries rclizicusts musulmanes." Por lo demás. Coppolani. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". Ethnos. Paris. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. 327334. 179-192.

la rotación rápida. la caída o la proyección en el espacio. G ritar a voz en cuello. procuran sensa­ ciones análogas. resbalar por el tobogán. si se eleva lo bastante. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. el tiovivo. extendiendo los brazos. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. Paralelam ente. En· 60 . en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. el sube y baja. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. De una m anera análoga. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. frente a frente. el deslizam ien­ to. la velocidad. existe uu vértigo de orden m oral.rápidam ente sobre sí m ism o. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. de­ prendas y del salto de rana. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. E ntre los niños. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. en el juego haitiano del ntaiz de oro. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. dos niños se tom an de las m anos. los pies ju n to s y encontrados. precipitarse p o r una pen­ diente.

R 61 . o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. ya físico. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. en p articu lar de las ove­ jas. Por lo dem ás.1 Las ratas dc TKarl Groo*. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. ni tam poco al m enor asomo de peligro. op. Los antílopes. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. 2Q . hasta caer. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. propongo el tér­ m ino ilinx. ya orgánico. nom bre griego del rem olino de agua. las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. citv p. Antes que nada. O tras veces. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). por ejem plo. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho.1 tre los adultos. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica.

111. la resbaladilla. descrito por Audubon. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. El halcón nocturno de América. pp.. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. proyectándolo p o r los aires. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. allí. tom ando cada cual im pulso. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. Según Karl Groos. Pero las aves. sobre todo. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. como •Kart Groos. 265266. Luego vuelven a subir. dando la im presión de que se estrellarán contra él. En la época de celo.1 1 Después de la perinola. son am antes de los juegos de vértigo. el maíz de o ro . ihùf. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. 116. 62 . Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. m ientras que las dem ás la ven hacer. E l gibón escoge una ram a flexible. y de nuevo se dejan caer. el tiovivo y el colum pio de là infancia. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. la curva con su peso hasta que se afloja. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. suben a los nevados y. trepidantes ν convulsas. El caso de las gam uzas es aún más notable.

A decir verdad. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . P or tanto. que se acerca más al espasm o que a la diversión. del que esperan un goce. Por o tra parte. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. de los que depende el senti­ do del equilibrio. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. es im portante observar que la vio* 63 . tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. Sin em bargo. en m otocicleta o en un au to convertible.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. Evidentem ente. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. Acaban de d a r alaridos de terro r. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. ha habido que inventar m áquinas potentes. Devuelven a las personas dem acradas. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. F uer/a es decir goce.

lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. forman p arte de su naturaleza. Aquí.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . lím ites estrictos e invaria­ bles.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. A p artir de esc m om ento. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. en casos extrem os. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. Son ellas las que lo trans­ 64 . separación del resto de la realidad. En cam bio. cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles.

En efec­ to. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. una necesidad de relajam iento. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. y en general de dis­ tracción y fantasía. cier­ to peligro de confusión. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. Además. en tre otros. Kredati designa el juego de los adultos. de los niflos y de los anim ales. 3 la que propongo llam ar ludus. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. a la que yo llamo paidia. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . es de­ cir.

Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. naturalm ente exce­ siva. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. de la pelotera a la batahola. dc hacer trizas una tela. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. etc. De la voltereta al garabato. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. de hacer que se derrum be un m onta­ je . cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. el perro que se sacude. de probar. de atrav esar una lila. En cam bio. dc asir. La palabra wan es todavía más explícita. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. de sim ulacro y de azar. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. si no es que la única razón de ser. una recrea­ ción espontánea y relajada. de colores o dc ruidos. dc com petencia. 66 . lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. los juegos de habili­ dad. es decir. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir.do con cl viento. el lactante que ríe a su sonaja. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte.

haciendo muecas. que hace cesar a su antojo. sacando la lengua. y dirigido. convenida. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. ν reproducida en el "Expediente" <p. cuya causa es el. Para el niño. 67 . Tam bién le gusta que lo asusten. De ese modo» K. hacia atrás. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. cit. op. ora una angustia psíquica. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. Rom anes. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. pp. T.e gusta ju g a r con su propio dolor. pero lim itado. 299). pero solicitada p o r él. busco ora un dolor físico. &■ $ $9. o juega a quién m irará el sol. se tra ta de afirm arse. p o r ejem plo. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. cerrando los ojos. J.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. Asi. de sentirse causa. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. * Observación citada pur Kart Groos. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. separa­ da y gobernada.. com o ya hem os visto.

la gallina ciega. la perinola. la m uñeca. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . El ludus da ocasión a un entrenam iento. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. escondidillas.En general. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. las técnicas. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. el com eta. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. la resbaladllla. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. La diferencia con el agon es que en el ludus. Pero en cuanto aparecen las convenciones. del alea. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. a la cual disciplina y enrique­ ce. de tal modo. E sta esfera. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. de la m im icry y del ilinx. a voluntad. definida arb itrariam en te. a la postre. los uten­ silios. en la adquisición de una m aestría particular. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. que es propiam ente el ludus.

Les i'eta d'enfants. por ejem plo. se pueden cita r los juegos del balero. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. Víase Y. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. los anagram as. dentro de la m isina especie. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. P. las diversiones m atem áticas. trad. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. “■Kant había hecho ya esa observación. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. 69 . En el aspecto de la habilidad m anual. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. En fin. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. 1026. sin instrum entos. los crucigram as. del diábolo y del yoyo. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. francesa. Gracias a él. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. Paris. Hirn. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. 63. Asimismo.

sea el azar el que decida en lo esencial. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. Lo cual no im pide que. en esos dos ejem plos. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. ya como ludus. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. así fuese en m ínim a parte. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. Sin em bargo. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. véase el •'Expediente** (p. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. Por lo dem ás. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . 300). É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. 70 . en m ínim a proporción.1 1 Asimismo. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. en que el jug ad o r puede. En el caso más simple.

Pero. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. Por m edio de esa feliz com plicidad. de avión o de barco. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. com o en el alpinism o y el trapecio.gos de ilusión. p ro ­ cura. y el alea. ofreciendo la conjunción esencial. En cam bio. hasta 7! . que es espera pasiva de la decisión de la suerte. y el ilinx. Es entonces escuela del dom inio d e sí. que es cálcu­ lo v com binación. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. estrem ecim iento inmóvil y mudo. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. Reducido a sí mismo. que es arreb ato puro. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. que es tum ulto y exuberancia. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. o de los modelos a escalo. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. así com o no podría haber alianza entre la paidia. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. Lejos de com binarse con el ilinx.

llegado el caso. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. crucigram as.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. El yoyo. dotado o no de prem io. m ediante un juego disputado.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. etc. no pierden opor­ tunidad de organizar. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. hay una característica del ludas (explicable. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. En efecto. Em pero. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. acertijos. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. el balero. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. que los diarios. t Por lo dem ás. A decir verdad. De esc modo. ese ilaccr sin eco. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. a mi m odo de ver. Pero siendo m ás cs72 . en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes.

que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. g ratu ita. cons­ tituido de nuevo en artesano. En realidad. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. para hacerlo. en una palabra. a rte por placer.table. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. En efecto. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. E stá com probado que. en el obrero. el anagram a. Cuando le falta éste. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. lo baña una atm ós­ fera de concurso. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. activi­ dad secundaria. el hobby lomaba 73 .

el pánico o la embriaguez. sin el dom inio de sí. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. la aplicación. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. disciplinando u la paidia. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. la m i­ m icry o el ilinx pero. Por esc m otivo.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. la fatiga. el alca. 74 . inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. De una m anera general. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. es positivo y ί ο cundo. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón.

En esas con­ diciones. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. no hacia la proeza. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. el cálculo y di­ ficultad vencida. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. Ja pacien­ cia y el sueño vano. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. al m ism o tiem po. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. La reserva de agitación libre que la define en un principio. literalm ente " a r­ diente-desorden". Según algunos. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. al p arecer deriva en esc caso. para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño.Por lo demás. En efecto. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. saca a la luz o lro destino de la paidia. Tal vez a causa de ese origen. orienta naturalm ente la turbulencia. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. sino hacia la calm a. Pero debe com binarse con 75 . el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre.

desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. . a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. sin duda im plícita. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. Asimismo. D ar preferencia al agon.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. al alea.

L > t% η V / ii Î^ d los juegos e sw i Ι |5 λ ··§2 3 § i|f s | Cuadro I.?! e.*.S g5 1 ¡^e JO y S-c ü o l§ | 3 | Í 3 £ *M 1 · -S n i· | l a P · . E 1 2 5 H S1 „ ñ § r S| s 3 a gΛ 2 rs ¿s 2 U "Y~ * g.c . i t i «111 iiv e u orden tal que el elemento paidia decrezca constantemente a n u U idíiS crece d manera tam bién contante e e tumo que el n .s s | i ñ i. — c 5 íl!8 •r. Distribución 1 5 3 3 si ? S <1 s ° ^2 £3 ¿1 Ü J g| i ! % *. •J a -1 —^ elemento i * -S^s 2.Λ >íl : sil U i i s> ~ c •c •* « ■ .

aunque sea a sus propios ojos. cuan­ do menos virtuales. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. diábolo. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. De m a­ nera general. Tal vez lo sea. yoyo. dc altu ra. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. com eta. de cualquier realización difícil dc igualar. dc rapidez.III. Los propietarios de los 80 . LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. Cierto es que existen algunos juegos. sobre lodo juegos de destreza. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. sobrepujando en la dificultad. de precisión. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. balero o aro . realizando proezas sin preceden­ tes. tal vez invisi­ bles o ausentes. estableciendo m arcas precarias de duración. en una palabra. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. incluso. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. obtenien­ do gloria. trom po.

En O riente. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. luego sujeto entre los dientes. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . Acaba por p recisar un reglam ento. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. Con frecuencia. con el estilete en toda la m ano. Así. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. adoptado de común acuerdo. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. Luego. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. E stá horadado con m últiples perforaciones. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. en ello consiste lo esencial de su placer. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia.

alguna cacería o un cóm bale. Cuenta un viaje. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. enum era las diferente«. operación que es monopolio dc tas m ujeres.m ar ventaja. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. A cada nuevo hoyo. En ocasiones. el jugador mima una aventura o analiza una acción. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . fases del desta­ cado de la presa. etcétera.

Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. Por lo general. . Antes de volver a la lucha. . sino tam bién los zorros. en p rin ­ cipio. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. provocación y conta83 . que si­ guen con pasión los episodios del duelo. En efecto. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. los cuervos. como desafio y replica. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. Incluso cuando. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. Y no sólo los perros. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica.Los pedazos a los perros Los perros com en. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. En ese estadio. no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución.

P or o tra parte. la m im icry. Así. efervescencia o tensión com partido. Una partid a no soporta sino 84 . el alea. incluso en el cine. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. En fin. si no es que en el barullo. pre­ fieren estar allí. el ilinx su­ ponen. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. el agon (por definición). Pero no. Sin em ­ bargo. las diferentes categorías dc juegos. en algún salón discreto. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. no la soledad sino la com pañía. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja.tfio. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. Asimismo. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino.

Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. a ve­ ces clandestino. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso.un grupo lim itado de com pañeros. p o r su am plitud y su estabilidad. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. Entonces. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. En determ inadas circunstancias. En una palabra. los campos de carreras. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. asociados o no. Sin em bargo. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. Para el agón. son los casinos. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . privado y m arginal. esa form a socializada es en esencia el deporte. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. para el alea.

las artes del espectáculo. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. finalm ente. de una m anera m ás equivo­ ca. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. el carnaval y el baile de disfraces.ciedadcs dc apuestas. 86 Ψ . Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. para la m im icry. para el ilinx. de francachela y de júbilo populares. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. orientada ya hacia el vertipp.

5= reg lam en tad a. 3?. libre. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . 87 . o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. Desde ese m om ento.IV. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. Por necesidad. Cierta­ mente. los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. estadio o escenario) que les está reserva­ do. incierta. 2». ?. ficticia. . y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. Puram ente form ales. pista. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. 6o. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. liza. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. sep arad a. é s te ap areció com o una actividad: 1?. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . 41 im p ro d u ctiv a. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad.

en cl juego.Además. finalm ente. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). en el ilinx. Pero. Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. en el alta. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. se esfuerza y se em peña. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. la búsqueda del vértigo (ilinx). im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. dc escapar . en la m im icry. Tiránica y aprem iante. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. ideal. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). En el agon.

Es deshonesto. en obsesión y en causa de angustia. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. Si bien infringe las reglas. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. el tram poso perm anece en el universo del juego. En el fondo. lo que era evasión en obligación. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. El caso no es excepcional en absoluto. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. no hay perversión del ju e ­ go. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. El principio del juego se ha corrom pido. T ra­ ta de engañar. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. lo que era diversión en pasión. P o r su parte. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. pero hipócrita.

Son su propio traba­ jo . una activi­ dad constante y absorbente. recita. del tenis o del fútbol.prueba. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. Tam bién p ara el actor. el ago»». el público se precipita a la salida.obedezcan. Asimismo. Hace gestos. debe defender sus intereses. ac­ túa. Pero. los ciclistas o los actores profesionales. En cuanto se 'term i­ nan. la. Asimismo. para el profesional del ciclismo. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. La diferencia sólo los afecta a ellos. Para los boxeadores. llena de obstáculos y de problem as. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. la representación tea­ tral es un sim ulacro. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. lo echan. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. del boxeo. o la »úm icry. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. Si lo descubren. so viste. necesarios para su subsistencia. es devuelto a la realidad.

vuelve asi a la situación de partida. H ipócritas. En la sociedad encuentra su brutalidad original. incesantes c im­ placables. Como el com ediante fuera dc escena. en cuanto abandona el estadio. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. en el caso particular.m ejor porvenir. em pieza la verdadera perversión del agon. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. Ahora bien. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. sociales o legales que. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. la m ás difundida dc todas. Fuera de la arena. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. el velódromo o el cuadrilátero. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego. son lím ites y convenciones. estas im pregnan toda su vida. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. P or lo demás. luego que suena la cam pa­ na. Por eso. com o las del ju e­ go. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos.

com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. es decir. que conoce en sueños. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. para a p a rta r las influencias nefastas. En efecto. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. la decisión del árb itro se aprueba por principio. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. sin corazón ni m em oria. En cuanto a los juegos de azar. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. Por lo dem ás. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. Con la superstición nacc la corrupción del alea. Aun siendo in ju sta. En fin.

prácticam ente todos. para Ja m ultitud de sus lectores. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. Insiste en leerlas. 93 . cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. Las m ás de las veces. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. Al salir de la cam a. Sin em bargo. la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar.1 Es significativo que. É ste afecta tam bién las gestiones. fuerza es confesar que los supera. 310). Pero al fin y al cabo las lee. es decir. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante.form a. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. Más todavía.

Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. fecha de aparición dc la primera edición. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. Con frecuencia. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. magos y o íro s "fakires".líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. veinte revistas espe­ cializadas. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. Al parecer. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. . una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. En París. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. Tan sólo p ara la astrología.

La corrup* 95 . ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. Por todos conceptos. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. es dccir. En cuanto a la avidez. Y aun así. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. Antes que obstinarse en una labor ingrata. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. sólo se traía de lám inas com unes. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. La superstición aparece así como la perversión. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. el atea.

Una vez abandonado el espacio mágico. aquí el juego protege del peli­ gro. Una vez m ás. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. lentam ente.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. del disfraz y de la m áscara. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. term inada la fantasm agoría. La precisión de los lim ites im pide la enajenación. cuando. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. Convencido de que es el otro. Asimismo. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. 96 .

ya no tie­ nen vigencia. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. En cam bio. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. En los terrenos de ferias. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. Además. sin conven­ ciones previas c im periosas. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. al alea o a la m im icry. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. E s sorprendente que. a la vez liberadoras y aislantes. como se ve con los estafadores. El azar tam poco es contrario a la realidad. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. El sim ulacro desem peña un papel en ella.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. allí donde las reglas del juego. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. los espías y los fugitivos. en cuanto al agon. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. Pero aun asi 97 i . en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente.

antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. El vértigo físico. com plejas y estorbosas. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. Además. pertenecen ya id universo del juego. Costosas. de velocidad. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. interm itentes. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. Su acción se limita a su propia duración. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. Por últim o.llegan a producirse. P o r su atm ósfera. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. perm anecen in­ dependientes del m undo real. Entonces se pide a las drogas o al 98 . es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa.

Sue­ len crear. Aunque como el vértigo físico. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. Pero. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. Ahora bien. la for- 99 . Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. esta vez. con cierta necesidad perm anente. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. IJna vez más. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. una horm iga de las m ás com unes. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. li­ b erar del peso del recuerdo. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. una ansiedad insoportable. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. Así.

El horm iguero decae y des­ aparece. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. I. 1911. 199*203. en libertad. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. Cuando ha agotado una oruga. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. 100 . "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". pp. Sciemia. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland. O tra especie de horm iga. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. que no lo tolera. La desgracia * Henri Piéron. No obstante. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. IX . Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. m ata a la lochem usa.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados.m ica sanguínea. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. Mal aten ­ didas. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. pasa a o tra. t. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. I-a form ica fusca que. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

1946. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. de lady Gomme. del respeto a la regla. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. goza del favor público. Son trib u tarias del espíritu de investigación. de Groos. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. con ayuda de la imaginación. 112*113. Así. Sort* Ponx'üiri.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. 107 . siendo jxer* C seguido por su competidor. caprichoso < n c! detalle. y el deoorte. Scgdn é). se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. del desape1F. do Carrington Bolton y de tantos otros.vado a concluir el lector de H irn. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego.1 Sin em bargo." Jean Giraudoux. hace de ella un resumen gráfico. pp.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. El juego es libertad e invención. los hombres habrían "imi. en 1938 Hui/. De improviso.

Estim ula el ingenio. Apren­ de a co n stru ir un orden. Sin em bargo. a concebir una eco­ nomía. el refinam iento y la invención. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. En ciertos aspectos. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens. habiendo perdido su seriedad. sea para articu larlas una a o tra. el determ inism o. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. las de la táctica mi­ litar. En el otro. Al mismo tiem po. Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. del contrapunto y de la perspectiva. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. P o r el ca­ m ino del juego. las <Ie la prosodia. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. El espíritu de juego es 108 . En un caso. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. sea para decidir en tre ellas. "¿H abrá salido todo del juego?". las reglas del derecho.go que crea y que m antiene. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. a establecer una equidad. las de la puesta en escena y de la liturgia. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar.

aislándo­ lo. laicas o sa­ gradas. Su función social ha cam biado. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización.esencial p ara la cultura. pero no su naturaleza. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. ciertam ente no eran juegos en absoluto. juegos y juguetes son residuos de ella. tal como la define precisam ente Iluizinga. Entonces. pero. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. en el transcurso de la historia. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. En ella ya sólo se les tolera. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. E s tiem po d e d a r ejem plos. privados de sentido en aquella en que se les introduce. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar.

correspondían. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. Osiris. En Nueva Guinea. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. que preside. El difunto se juega la suerte en 110 . a m anera de telégrafo rudi­ m entario. fi­ nalm ente. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. Por encima del jugador. En Corea. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. En el Egipto dc los faraones. En el juego del pillapilla. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias.

da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. dios del am or. A decir verdad. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. En prim avera. En la India védica. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. la liturgia de una cerem onia piadosa. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. p atrón de los rebaños. de la destreza o de la gracia. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. se mece solem nem ente a K am a. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. De m anera general. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. y a K rishna. Dedicados a una divinidad. En Ingla· 111 . Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente.

Sabem os que an tañ o al­ deas. en la G ran B retaña. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. (La to rre en g u ard ia). (Los caballeros al acecho). . Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. una p u ra y simple ilusión de óptica. La T our prends garde. Por ejem plo. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. una vez m As. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. Le Pont du Nord. No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. Jefiny Jones u O ld Rogers. en Francia. que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. Por su parte. de diversos tabúes. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. Λ fin de cuentas.terra. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. Lo m ism o. para acab ar pron­ to. P o r lo cual.

Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. los niños juegan com únm ente a la misa. a la confirm ación. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. con rifles de aire com prim ido. en los países católicos. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. Del mismo modo.E s muy cierto que cl arco. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. con hondas y con cerbatanas im provisados. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. los niños fabrican de 113 . Tam bién juegan con tanques. En el Africa negra. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. Las kachinas son sem idivinidades. Sus padres los dejan ha­ cer. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. En cam bio. con subm arinos y con aviones en m iniatura. al m a­ trim onio y al entierro.

Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. Les gusta com portarse como adultos. en vaquero. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. por poco im presionante o solem ne que sea. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. sím bolos y rituales de la vida religiosa. en cobrador de autobús.m anera análoga m áscaras y rombos. en jockey. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. Asi. antes bien. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. presencia sim ultánea de dos registros distintos. ser una madre. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. en agente de policía. En una palabra. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. ¿Cómo 114 . en aviador. en todas las latitudes. en m arino. perm iten al niño transform arse en oficial. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que.

im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. pues el torneo está más reglam en­ tado. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. cuando ella m ism a es caduca. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. Asimismo. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. como en una carrera autom ovi­ lística. en un caso. Antes que nada. la rufeta es un juego. pero no la guerra. pero no la especulación. Según la5 épocas. el torneo es un juego. Cierto es que se puede m orir en un torneo. en el otro . De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. Además. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. en ella m ueren pocos o muchos. se presenta como una actividad paralela o independiente. pero sólo por accidente. 115 .

Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. variados y en ocasiones peligrosos. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. de un ins- . no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos. Pues bien. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. todos las distinguen al punió d e éstas. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. de m anera constante y dondequiera.Asi. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. y sobre todo en los juegos infantiles. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. pues se les siente como tales. Sin em bargo. En efec­ to. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. el juego perm anece separado. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda.

En cam bio. cuando no pretenden ser exclusivas. No obstante. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. En todo caso. por el contrario. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. el problem a de sab er quién precedió a quién. e igualm ente fecundas. la liturgia. Con frecuencia. com o de caram bola. Explicar los juegos a p artir de las leyes. se ejercen en terrenos incompatibles. en una palabra. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. constituidas en estru c­ turas im periosas. las costum bres y las litur­ gias o. las reglas de la estrategia. se presenta com o muy vano. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. explicar 5a ju rispruden­ cia. A fin de cuentas. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. son operaciones com plem entarias. aprem iantes e irrem plaçables. el juego o la estru ctu ra seria. prom ovidas.

Poco a poco.una cultura. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. En o tras palabras. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. lo que era institución sin duda puede verse degradado. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. gracias a un con­ curso o a un examen. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. Cierto es que. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. con el tiem po. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. la suerte o la superiori­ 118 . Desde ese punto de vista. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. Los resortes coinciden. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. Ese juego inédito responde a o tras necesidades.

de equi­ librio y ilc ingenio. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. la alegría do improvisar. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. posee una fecundidad natural. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. la búsqueda de los favores del des­ tino. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. 119 . sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. La espera. El gusto por el desafio. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra .dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. Sin em bargo. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. dtí resistencia. Bl de tener o infundir miedo. de rapidez. Para bien o para mal. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. por el contrario. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. de destreza. El intento de elucidar un misterio o un enigma. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables.

la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. no tienen relación con 120 . los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. se estim a la violencia o la di­ plomacia. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. Según los casos. Estos. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí. se ex­ cluyen el uno al otro. En gran p arte. Asi.Finalmente. Pero en ellos no son dc igual necesidad. cl embotamiento y la embriague/. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. se confia en el cálculo o en la inspiración. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Además. se obedece al legisla o se escucha al furioso.. Así. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. Allí donde se favorece a algunos.

com pensacio­ nes o válvulas de escape. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. en la Grecia clásica. Para to m ar un ejem­ plo. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. cuáles los confirm an y los fortalecen y. precisam ente. por el contrario. pero que no deja de seducir al adulto 121 . y tal vez indispen­ sable. es claro que.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. los ridiculizan y representan de esc modo. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. De todos modos. En efec­ to. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. en la sociedad considerada. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. en algunos E stados m odernos. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. en la m edida en que. Sobre todo. en principio. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. en cam bio. cuáles los con­ tradicen. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas.

convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. explican. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. Λ1 m ism o tiem po. al abrigo de loda consecuencia fatal. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. Esa libertad. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. no sólo em prendo una sociología de los juegos. de destreza. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. se­ gún creo. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. su posibilidad de éxito. Con frecuencia le inte­ resa más. de inteligencia o de aten­ ción. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. . En otras. el estilo y Jos valores de cada sociedad. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. Asi.con o tras form as. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. he debido com probar que. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. palabras. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal.

— SEGUNDA PARTE .

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En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. Suerte-vértigo (alea-ilinx) . Sin em bargo. una carrera de caballos. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. suerte. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Competencia-simulacro (agon-mimicry) .VI. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . es al m ism o tiem po un . las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. Una a una. sim ulacro. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. To­ m ándolas sólo de dos en dos. agón típico para los jockeys.

luego dc un exam en. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. por lo dem ás. no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. Algunas o tras com binaciones. Sin em bargo. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. En ciertos casos.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. Por eso. siguen siendo puram ente accidentales. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. dos más. No corres­ ponden a afinidades im periosas. . mediante las cuales la com petencia es base del alea. sim ­ plem ente viables. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. No hay alianza. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. sino simplemente coin­ cidencia que.

se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. F. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. Por lo dem ás.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. Cos.n el m om ento en que lo solicita. sin desnaturalizarla al punto. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. Decididamente. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. ah o ra es destruido 127 . a la fuerza y »I cálcu­ lo. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. el deseo de m edirse con arm as iguales. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. el dom inio de sí. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. la recia y el vértigo son in­ com patibles. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado.i . De otro modo. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. el respeto a Ja regla. De ello no su b ­ siste nada. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. etc. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . En efecto.

En efecto. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. que d estruía al afton./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Pa­ raliza al jugador. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. dc posesión o d c hipno­ sis. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . lo fascina. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. 2. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. es dc sobra conocido que. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. no hacc al alca im posible en absoluto. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. lo enloquece. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. en los juegos de azar.

es decir. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. En fin. m edidas minucio129 . Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. por el otro. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon.pectáculo. 3. Una vez m ás. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. p o r un lado con perfecta corrección y. esforzándose al máximo por obtener la victoria. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta.. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. Se siente en uno represen· tación. Reglas de una precisión adm irable. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. A ese respecto. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. al menos.

el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. ordenada. el fútbol y la lotería. Sin regla. a la des­ treza o «ti saber del jugador. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. p ero com o una imagen ficticia. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. Hace un mi> 130 . reparada y lim itada. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. puesto que esas son las características inm utables del juego. Dicho lo cual. con todo salvo consigo. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. el dom inó. Pero. en uno. en el otro. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. En el o tro polo. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. ideal. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. En ese universo. Y no podría ser de o tro modo.

en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. dc suyo. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. Fingir que se es o tro enajena y transporta. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. en sus form as más claras. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. en cam bio. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. Provoca tales accesos. apa­ rece como lo contrario del juego. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. Dc suerte que. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. En o tras palabras.m entó. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . m ientras que renunciaba a ella en el alca. Mas p o r el hecho dc que. con el vértigo hay desconcierto y pánico. Ahora.

pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o.οη y del alea y que están. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad.im aginable. p o r su parle. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. y p o r un cam ino im previsto. protegidas de an ­ tem ano. enteram ente orienta­ dos. Al final. Sin em bargo.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes.

form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. El agón. que in­ terrum pen o devastan. prestigiosas. y efectivam ente crean. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. Quiere triunfar. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. En la prim era coalición. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . d a r prueba de su excelencia. no o tra que el teatro. La com petencia y el sim ulacro pueden crear.y de la suerte. En cam bio. la que rige el m undo de la regla. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. En efecto. Nada más fértil que esa am bición. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. frecuentes y casi inevita­ bles. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan.n cam bio. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. De ellas surgen instituciones estables. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. ya estético. F.

con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. con su destreza o con su inteligencia). Eligiendo a ujmj. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl.de dados. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. Pero una es lucha de. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. La regla es que se abstenga de actuar. la o tra . Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. Cierto. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. una equi­ dad absoluta entre los com petidores. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). m ientras que la magia y la superstición. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. 134 .es necesario decirlo?·— rara vez son puras. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. Asf. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. En esas condiciones. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida.

Mas lo cierto es lo contrario. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. Se la expone hasta que su­ cum be. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. sólo necesita abandonarse. sino tam bién renuncia dc la conciencia. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. No se la educa.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. expresión y m anifestación de una cultura. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. en el ilitix. hay renuncia. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. De esos juegos negativos. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. dc cálculo. y lo aniquilan 135 . Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. Para lo­ grarlo. sem ejante en ese aspecto al alea. En cam bio. dc astucia.

en la conjura de la m áscara y del vértigo. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. tam bién existe un esfuerzo incesante. el agón.Así. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. 136 . inhum ana y sin remedio. dentro de las dos grandes coaliciones. cuya seducción se debe neutralizar. es dccir. la su erte y el m érito ). En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. desigualm ente feliz y rápido. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. A esc esfuerzo se le llam a progreso. p o r la o tra. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. Las dem ás pronto son devastadoras. una especie de atracción horrible y funesta. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar.

infinitam ente m ás aclim atables.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. decididam ente occidental. Y es. y la cometa quc\ al parecer. pero los juegos persisten. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. antes que nada. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación. Los im perios y las instituciones desaparecen. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. pero. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. Es ése un p ri­ m er m isterio. Pues. como las especies vegetales. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. Son in­ num erables y cam biantes.

el alm a— hacia la salida. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. Con el cristianism o. de em pujar el guija­ rro. hasta el Cielo. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. de las reglas. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. de los artefactos y de las proezas. 138 . el diseño se alarga y se sim pli­ fica. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. Revelan las pre­ ferencias. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. HI juego pasó al Occidente medieval. En la India.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. la Corona o la Gloria. el Paraíso. En la antigüedad. la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana.

si los juegos son factores e imágenes de cultura. En efecto. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. los gustos. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. puede ser caracterizada m ediante sus juegos.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. los modos de razonar más com unes y. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. En efecto. No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. al m ism o tiempo. Sin em bargo. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. y en el seno de una civilización una época. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez.

en los mism os países. Para considerar un ejem plo. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. en que todo es ardid e incluso. es decir. en cierto modo. Luego. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. . Los juegos crean hábitos. triquiñuela. tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. para el dem onio que im aginó Maxwell. en todo m om ento. un juego en que cada cual.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. el de Atenas en las aponías de los sofistas. a posteriori. provocan reflejos. Para una inteligencia infinita. como provocadoras o como desleales. pero puede. d a r una explicación contundente al respecto.

En lo cual. En ese juego. pero en espera del desquite. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. sin pronunciarlos efectivam ente. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. m itad en brom a m itad en serio. dispone de los juegos de fisionomía. Una serie de mohines. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje.pero triquiñuela codificada. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. que se deriva del poker y de la malilla. rápido y discreto. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. p o r lo demás adm itida y bien recibida. En cuanto a las com binaciones de cartas. que form an p a rte de la legislación del juego. En cuanto a las cartas. una vez más. si no a los asun­ tos públicos. Esos signos. sin que se enteren sus adversarios. de muecas. reglam entada y obli­ gatorio. una tendencia al engaño. El buen jugador. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. 141 . una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales.

hay en ello un rasgo de civilización. Con­ viene retocar severam ente. in icl. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. fr a n c e s a . niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. a p artir d e o tro s ele­ m entos. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. La agresividad se ve m en­ guada. co 1926. En co n traste con las m arionetas de hilos. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. . aquellos que parecen m ás evidentes.Con la música. P arfe. jeux à'enfants. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. la caligrafía y la p in tu ra. si no es que al sacrilegio. pp. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. 165 174. Sin em bargo. * X* W lri!. naturalm ente m ágicas y graciosas. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. Por lo dem ás. En fin. Sin duda alguna.

reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. la búsqueda de la suerte. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. m ata a la m uerte y al diablo y. La relación es lejana o estrecha. pues aqui se 143 . pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. que aplaude tantas siniestras hazañas. No las aprueba en absoluto. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. pero Inevitable. Así como los juegos son universales. la vinculación precisa o difusa. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria.nicle toda suerte dc crím enes. para term inar. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. Con toda seguridad. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. El gusto p o r la com petencia. Desde ese m om ento.

a riesgos lim itados. En cam bio. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. fatalistas. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. si no es que institucional. el a¡eaf la m im icry y el itínx. alea. de los pueblos. adem ás ya se sabe. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. sim ulado res y frenéticos. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez.

Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. Para designar a éstas. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. al azar. en éstos. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. d e la jurisprudencia o de los archivos. de la técnica y de la industria. la aplicación y el uso de las m atem áticas. la teoría. el papel de la adm inistración. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. a la mímica o al trance. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. Todo hace c re e r que cn145 . por ejem plo. Sin em bargo.a la com petencia.

TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . es decir. que los n u tre y los explica. que los resum e. por el co n trario . esta vez fundam en­ tal. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. con códi­ gos y escalas. donde el agon y el atea. en aquellas del segundo tipo. si se prefiere. el sim ulacro y el vértigo o. en una cuenta im plícita en tre la herencia. m ientras que. son sociedades de contabilidad. y la capacidad. la cohesión dc la vida colectiva. 1. b) I. el m érito y el nacim iento. que tal vez dé origen a todos los demás. Por oposición a las anteriores. que su­ pone com paración y com petencia. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. en este caso. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. con oficinas. es de­ c ir una especie de a¿ar. los incas.0$ cosas ocurren com o si. en las prim eras. Por mi p arte. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. con carreras. sean am ericanas o afri­ canas. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. el contrato social consiste en un com prom iso. como secuela. los asirios. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas.A MASCARA Y El. es decir la m im icry y el ilinx. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden.

cuyo aspecto. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. de efervescencia y de fluidez. Aparecen en la fiesta. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. cuya existen­ cia. él es la potencia terrible c inhum ana. las im ita. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. presa del delirio. se identifica con ellas e. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. en E spíritus. p o r el rum bo. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. inm ediatam ente enajenado. cuyo m anejo y cuya función 147 .de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. interregno de vértigo.

el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. Entonces. se prestan sinceram ente pues. Mas. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. Como lo advierte la Cébala. pues la regla social consiste en prestarse. En ocasión de la fiesta. no es sim ulada. im aginan que és­ tos se transform an. Además. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. sin él. préstansc a ello. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. como tam bién los propios oficiantes. p o r su parle. el vértigo sustituye al sim ulacro. Sabe que es inofensivo. de esas convulsiones sagradas. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. So pena de m uerte. la danza. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . El grupo es cóm plice de esc elevado mal.

drogas. Las M áscaras son el verdadero nexo social. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. La fiesta. em briagueces. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. el desorden constituido en regla. los intérpretes deben llam ar­ los. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. som bría y de poca envergadura. suscitarlos. Refuerza una coherencia frágil que. los trances. por consiguiente. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. Si bien la irrupción d e esos espectros. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. estruendo. m úsica m onótona o estri­ dente. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno.su im perio brutal. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . Con ese fin se valen dc mil artificios. clam ores y sacudim ientos conjugados. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. hipnosis.

Sin em bargo. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. con la conducción del uno p o r el o tro . casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. Que no quepa la m enor duda. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. de las leyendas y de las liturgias. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. En los detalles. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. De él reciben una unción indeleble. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. Por poco que se les vea con detenim iento. soportan peno­ sos sufrim ientos. la alucina­ ción. de m a­ nera más general. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. Con frecuencia. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. en el círculo polar ártico. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . Los ini­ ciados sufren severas privaciones. las creencias sin duda varían al infinito.

Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. 1927). gracias a un hongo alucinante (el agárico). siemi pre consiste en una crisis violenta. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. sea por * Para la descripción del cham anism o. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. Pari». I960. entre los araucanos ν en Indonesia.1 Sean cuales fueren las diferencias locales. Designado sea por herencia. 1928.. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. c incluso p o r hipnosis. Ronhicr. Paris. 1^1 .e Peyotl.del Pacífico. /. en Mexico y Hi­ tados Unidos. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. véase I Lexvln. del humo del incienso o del cáñam o. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . de los coras. pp. fra n ­ cesa. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. 150-155. FCE. México. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. trad. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade. de lus tcpehtianos. Se­ gún los casos. por medio del tam bor. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. Por lo dem ás. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. del baño de vapor. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. Les Paradis artificiels. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos..

se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. p o r de­ cirlo así. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. casi a una orden. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. M ientras sus despojos yacen inanim ados. Cuando hay sesiones. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. E ncuentra dioses y dem onios. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente.su tem peram ento o p o r algún prodigio. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. Al punto. P o r lo que toca al ilinx. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . renueva sus viajes. E n tre los tungusos. es obligatoria en ellas. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. Reserva­ d a para las sesiones. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. En el m om ento d c la iniciación.

Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. P o r lo demás. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. "E llo lo lleva''. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. de su inconciencia y de su furia. Pero no le es ex­ clusiva. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. en el reino de las Tinieblas. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. E ntre los vedas d e Ceilán. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. G rita que ve una gran p arte de la tierra. el cham án siente náuseas y vértigo. observan C. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. y B rcnda Scligmann. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . B ajo tierra. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. es casi ne­ cesaria.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. G. El suelo parece hundirse a sus pies. Entonces. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice.

A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. El cham án parte en pos del alm a de éste. de W.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. francesa. Los relatos de los observado γτλ que T. C itadu p o r T. En Siberia. G. 310. y ti. trances. lo trae consigo triunfalm en­ te. K. 1911. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. U s Possédés. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n ." 4 yO Todo es representación. E sta últim a ohm contient. 1927. d e J. M ariner sobre los tongas. todo es vér­ tigo. en su orden consa­ grado. Al final. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. dc V . pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. trad. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. K. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. Seligrnann. A. Paris. oculta o retenida p o r algún de­ monio. el asistente. N arra. W arnek sobre los batakes de S u m atra. para el ofi­ ciante. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. Cam bridge. Tam bién. The Váidas. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. de C odrington sobre los m clancsins. Además. 154 . V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. 134. extraviada. éxtasis. O csterreich. p. convulsiones y. Y . p.

El cham án se acerca y. A poco. Es posible. una plum a. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. Hay casos en que. pp. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. extrae ésta. com o re­ sultado de su vuelo mágico. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. según dicen. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. que m aldice. en estado de trance. sin lo cual sus cuerpos serían. credulidad y sim ulación ap are­ cen. aquí com o en o tras p artes. sacando de pronto un guijarro. En todo caso. antes de la cu ra. 1877. para fijar el veneno. Pero lo aceptan. conjugadas ex­ trañam ente. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. si no probable. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. París. 2Ö5-2M). un insecto.cl mal del cuerpo del pacicntc. que el hechicero com parta esa creencia. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. un gusano. 155 ■ . a esc respecto. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras.

Tchoubinov. o bien proceder de muy lejos. p a ra comple­ ta r con G. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. 205-206. The Ce?itral Esquimo.. IM 8). p. pp. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. O esterreich. a tos sabios cu y a credulidad. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. pp. ’ Cf. op.. es decir. op. IS85. M ircea Eliftde. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas.* En el m ism o orden de ideas. ftliade. u n hom bre del oficio. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . Washing­ ton.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación. Halle. 380. cit. jay!. cit.) 156 . se acercan poco a poco. cit. K. op. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur.” (Citado y comen­ tado por T. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. 232. 598 C itado p o r M. * F m m Boas. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. 1914.% p.

p. P o r lo demás. Asimismo. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. P. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. 72. A. Amaury TaJbol. Vergiat. p. extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . p o r ejem plo. los 1res avanzan de frente al público.ntnnces.p u n t o . inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. 1936. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. 153). d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . Una vez comido todo. AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. S e la • F. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o .” 157 . s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. Sobre todo en Nigeria. a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . Al prim ero se le da un poco del contenido. C o n s u m a F re c u e n c ia . Londres.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. 1928. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. Life íií Southern Nigeria. e n tre los nebros de Africa. París. M. s in d u d a m u y v a r ia b le s .

Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. el sudor. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. K. ΡΡ·. Londres. Una vez m ás. este se desarrolla p o r entero. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos. op. 321-323 158 . T. tal otro. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. m itad negro..5·χ540· y The Ban o f the Bori. pp. dios serpiente. cit. otro. Por lo dem ás.r encuentra. agita un rem o. en los fenóm enos de posesión. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. Cf. un m orral y una pipa muy corta. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. sea cual fuere la violencia del ata­ que. ondula por tierra com o un reptil. espasm os. Sin em bargo.. O esterreich. al que visita Dambalá. I9I9. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. p o r ejem plo. la pérdida del equilibrio. conocidos con el nom bre de vudú. 1913. la n d r e s . Cambios en el rostro y en la voz. com o la crisis del cham án. al que "cabalga" el dios m arino Agüé.

achacoso y con los. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. si no por la mitología. llora si no 1c dan azúcar. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. con la que parece gozarse. com o sabe que debe hacerlo. estornuda 1 y desaparece. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. E stá encorvado. se sienta en el sue­ lo. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. Analizando. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. 0 En Africa. se tom a la cabeza entre las manos. com o en las Antillas. el actor está desnudo. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. Aplau­ de.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. baila una especie dc ronda. 159 . Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. Vestido dc blanco asiste a las bodas. ni menos p o r la práctica. el público ayuda al sujeto. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. uutado dc toda inm undicia. Poseído por M akada. lo alienta. se rasca. corre de un lado a o tro . m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela.

la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. núm. es decir la irrupción del dios.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. cl progreso y la naturaleza del acceso. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. de com u­ nión con los antepasados. La pérdida de conciencia. desde un principio. 160 . juüo de 1955. y cumple una función social. El papel de la sugestión. no está en duda. Dioxè/îe. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. . una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. 2649. Il. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. e incluso de la sim ulación. los espíritus y los dioses. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. form a parte del universo religioso. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. p.cuanto al vudú.

el clam or sobrehum ano. sus gigantescos pasos. Con la conciencia fascinada. p o r ejem plo en tre los dogones. En todo caso. escribe Georges B uraud. acuden p o r encima de la h ierb a alta. Se ha señalado. la em anación pura d e la fuerza de com bate. B uraud. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. estertores y zum bidos do (os rombos. Sin duda. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega.fre alguna transform ación decisiva. favorece el desbordam iento de los instin­ tos. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. una verdadera cultura de la m áscara. 1948. subidos en zancos. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. Sobre todo. pp. de la pasión genésica. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. de ener­ gías cósmicas. desenfrenada y sin objeto. 11 G. 161 C i: ¡ 4 L Æ . cuando. es el grito del anim al o del dios. "E l individuo ya no se reconoce". la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. Paris. el hipnótico sonido del tam-tam . "un grito m onstruoso sale de su garganta. U s Masque*. 101-102.

los principios aún fluidos del poder político. agnóstica y negati­ va. H asta entonces. Con frecuencia. 172-223. La iniciación. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar. lo detienen. Como la prim era. los rito*. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. Una de éstas los persigue a latigazos. Lille. la inicia­ ción es una enseñanza atea. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. lin el ~Expediente" (p. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. lo desarm an. Por o tra parte. pertenecen al o tro cam ­ po. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. le desgarran la ropa. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. Cotífa» «!/ Couréies. asustan a los no iniciados. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. 3939. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras.1 Infunden miedo. encam an los espíritus de los m uertos. pp. Ex­ citados p o r el iniciador. 162 . En lo sucesivo. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. ésta va acom pañada de m alos trau F. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. Desde esc p unto dc vista. lo some­ ten.

por el nom bre de la choza de iniciación. Halle.¿opoldville. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». Nueva York. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. Leop. Berlin. 1898: H. FrobcnJus. Bmussc. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. Agrupa a una juventud turbulenta. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. 14Cf. t. pp.. Carol. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. 1902. 3. W ebster. Die Geheínbünde n. (.74). Tam bién como la prim era. 1939. Fu fin. com o la prim era. núm. Wfft: H. k.1 1 u Cf. d. de pruebas dolorosas.1* E n tre ios bctchuanas. Mosken Afri­ kas (Abhandl. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. Primitive Secret So· detics. De esa m anera. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. 17-31. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. Hans Himmelbeber. N aturforscher.10$. Akad. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. d. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. T.

E ntre los bam baras. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. claram ente im ertribales. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso.1 com puesta de secciones locales. 315). es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. EJ m ism o a u to r (pp. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. cit. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. Pero cuando la herm andad es poderosa. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. op. Jcanronire. el kom o. op.. de los robos. cf. haoc rein a r un te rro r incesante.xpKdicnte" (p. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. at suroeste de T um huctú. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. 219. pescadores y agricultores del Niger. según Fiubenius. 1 HI puro d e los tem es. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". Jeanm aire. p.1 164 . en una danza o un m isterio. cóm o e n tre loa besos. cit. secieta e institucional. . la sociedad de enm ascarados kumanp. 168-171) describe. pp. de la magia negra y de los envenena­ m ientos. Critias 120 B. o cuando menos sus derivados inm ediatos. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. 207209).Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. Repro­ duzco esa descripción en el "n. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas..

se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. como se h a visto. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . causa o consecuencia. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción.nuevo.servir m ejor para explicar su mecanismo. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. la com petencia y la suerte? Sea como fuero. constantem ente presentes y presentes ju n to s. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. en los p^roxiv m os de esas sociedades. si no es que clan­ destinos y culpables. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. esta vez sin dem encia ni delirio. 165 . cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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como en los centauros. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. hagan o no cacería de ilo­ tas. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. m ientras sus victim as no logren atraparlo. En el m onte Liceo. es engullido por un lobo y renace com o lobo. Lille. 8 12 7 . m itad dioses. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. *H. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. No deben s e r vistos ni sorprendidos. T. 1939. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso.· D urante la criptia. Jcanmairc. y en Ins pp. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. Roba y m ata im punem ente. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. con un salto d c fiera salvaje. Cuuroi et Couriies. m itad bestias en los que. En esa obra.

La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". instrum ento universal de los enm asca­ rados. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega.· No faltan razones para vincular . dice Est rabón.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . De la m ism a m ane­ ra. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. e n tre los si­ glos vi y IV. persigue al joven Dionisos. Licurgo de Arcadia. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. un tnicno pesadam ente angustioso".

Perpe­ túan una antigüedad lejana. La evolución es sorprendente y significativa.te la dem ocracia y el despotism o. cierto núm ero de poderes mágicos. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Sólo explica un caso particu lar. La m inoría de los conquistadores. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. Al m ism o tiem­ po. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Abaris. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. en la caverna divina del m onte Ida. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. al ritm o. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . profeta y curandero. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. Por am plio m argen.

es de sum a im portancia. Hn una organización m ás com ple­ ja . según el grado de iniciación.espasa m uerta que fue a buscar. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. Sin em bargo. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. F. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y.n la obra de Platón. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. sino sólo un hom bre dis­ frazado. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. que no excluye 175 . todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. En las sociedades dc m áscaras. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. Propongo la hipótesis siguiente. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. des­ igual y difícil. La desaparición de la m áscara. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. fértil en peripecias dra­ máticas.

poco a poco. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. única eficaz contra un secreto sorprendido. Así. la fabricación y el uso de la más­ 176 . p o r cl contrario. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. esta vez de lo más reales. Sobre todo. en todo caso. exige la existencia de cam inos m últiples.sino. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. De lo cual se sigue que. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. Ahora bien. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. diversos e incom patibles. en la práctica no es posible ignorarlo o. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. el m ecanism o sigue siendo frágil. De allí una fisura perm anente en el sistem a. Y es inevitable que. En resum en: m ediante la m uerte. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos.

de 160 a 163 dc la H égira. m ediante transform aciones insensibles. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. de danza o dc teatro. en el siglo v m . term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. Los cronistas —cierto es. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. precisam ente. Pero. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. Él se lo m ostró. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. Entonces. en accesorios dc cerem onia. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. Algunos fueron quem ados en efecto. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. d u ran te varios años. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. según algunos. tu erto y dc una fealdad repugnante. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. el Profeta con Velo del Korusán quien. Pues bien. E ste es el relato del episodio. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. y los dem ás quedaron con­ vencidos.

los hombres se habían reunido. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. m . todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. me. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. de Kesh y de Nakshab. Insistieron e imploraron. y si alguien me ve. 1958.tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. Paris.V186). Le* mouvement i rr. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. se prosternaron y pi­ dieron verlo. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. por efecto de aquella reflexión. que conservaba con él en el castillo. Pues bien. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira).. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros." Así. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd. Cuando el sol se reflejó en los espejos.Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. . Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro.

Como Empedocles. otros cuadrados y otros m ás alargados. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. Ya está vencido. ΛΙ respecto. en una palabra. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. por m ucho tiem po). una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. Incluso en aspectos m uy precisos. En Grecia. la revolución es perceptible. del núm ero.ftxidü en luz los hombres se asustaron. en efecto. de un universo ordenado y estable. Como tendencias culturales reconocidas. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. de la nece­ sidad. Así. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. Algunos núm eros eran triangulares. Y sc prosternaron. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. h onra­ das y dom inantes. el reino de la m im icry y del ilinx. as­ falto o azúcar). es decir que 17l> . los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. Envenenó a sus cien m ujeres. Los concebían como si tuvieran form a y figura. es de­ cir. de la m esura y.

m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. com o sori las cifras. Sin embargo. ' Π. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. RrxjhtVr. \ 94&. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. I. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . P arí*. muy pronto surgió la serie abstracta.eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. 52-54. En fin.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz.. el núm ero y la m edida. En o tras palabras. I. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. Además. Histoire tic la Philosophic. lase 1. cua­ drados y rectángulos. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). a la justicia (el 4). pp. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. Í80 . 5’ cd. estaban dolados dc virtudes distintas. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia.

valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. Al mismo tiem po. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. En el Occidente cristiano. A decir verdad. el alca. En China. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. a las cuales asisten el soberano y su corte. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. en un Jugar y en un tiem po determ inados. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . com binado con el.ístmicos. cl agon y. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. reglam entada y especializada. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. F.

los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes. Pero. . Sin duda. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. cursus honorum o chin. De esta m ane­ ra. la entrada quede reglam entada p o r concurso. que per­ m ite concretar en hechos. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. Sin em bargo. luego de la igualación relativa dc las condiciones. en teoría. dc m anera sustancial. me­ diante jurisdicciones autónom as. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. dc la igualdad de derechos. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . universi­ taria o judicial. los grados más al­ tos del ejército . Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. Lo hace p enetrar en las instituciones.más. suele suceder que. en lo posible. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. m ilitar.

Asi. Expresado p o r el haba blanca. F. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. 183 . los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. En efecto. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. En cam bio. dado el caso difícilm ente sustituible. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. de inspiración aristocrática. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. es decir. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". casi todos los m agistrados se sortean. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. al parecer de un modo raro . con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. de los técnicos.Por lo demás. entre los candidatos presentados por los demos. La razón es clara.n Atenas. P or lo dem ás. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. luego d e un examen p ro ­ batorio. aunque de m anera que se a n to ja impecable. Los miembros del Consejo se sortean.

p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. ni tal vez la menos razonable. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. cierta con­ cepción de la dem ocracia. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. De una m anera m ás general. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. Λ decir verdad. que no es la menos difundida. se im puso el espíritu de com ­ petencia. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . nos dam os cuenta de que. sea an te la suerte. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. sea ante las condi­ ciones de la com petencia.

Julio-dic. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. su predestinación al éxito y al fracaso. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. es decir. su categoría social. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). LX V ÏM . sus talentos. p p . el m om ento favorable (kairos). • la I * » . E n tre los indios de la América Central. es decir. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. no se reproduce. está más difundi­ da de lo que se piensa. 263-281 · 185 . su profesión y finalm ente su suerte. vol.%. es decir. "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne.* funda­ m entos del nuevo orden. la ocasión que. y precisam ente porque form a p arte d e él. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. su ap titu d a aprovechar la ocasión. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute.cl ágon y cl aleo. Dc estos. en todo caso. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. entre el m érito y la suerte. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . sus debilidades. unos son innatos y los otros sociales. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita.

de cargos heredi­ tarios. de em pleos reservados. 6. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. 21. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. t e s hace elegir en tre la herencia. p. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. Desde cierlo p unto de vist3. 1H6 . siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. en las sociedades más igua­ litarias. que es com petencia. Inversam ente. invierno Je 1938. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. En cam bio. y el m érito. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites.ción ni concebible ninguna com petencia. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. que es lotería. es decir. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. "Le Roi.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. le Traître el ki Cioíx*'. núni. la am bición y el valor. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento.

de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. La riqueza. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. F. com o una hipoteca imposible de pagar. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. En efecto. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. la oscu­ ridad y la gloria. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. la ley del azar. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. la educación. de que pertenezco a él.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. A 1*7 . la si­ tuación fam iliar. la instrucción. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. Las leyes. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. el poder y la esclavitud. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque.

precisam ente. m uestras y coartadas. en general. incluso bien do­ tado. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . están los exám enes.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. Pero. F. si no es que paliativos. incluso en los países socialistas. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. El régimen no tiene gran influencia. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. El hijo. Desde luego.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. an tes que norm as y re­ glas generales. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. Enton­ ces nos dam os cuenta de que. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. del m ism o origen y del m ism o medio. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. Es preciso m irar de frente la realidad. son reconocim ientos. pese a los ade­ lantos indiscutibles. los concur­ sos.

la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. Por una parte. incluso entonces subsis­ te la suerte. De golpe. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. A decir verdad. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. ya en be­ lleza. En ellas. el don de los dioses 139 . En efecto. la suerte.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). salud o . pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor.

E n tre tanto. Así. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. por o tra. De la m ism a m anera. p ero solidarios. la obstinación y de la habilidad. del azar. la recom pensa del esfuerzo. en el juego de baraja. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. Además. Es prisionero de su condición. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. Los opone un conflicto perm a­ nent e. cl a k a y cl agon son contradictorios. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. 190 . del m érito. Por sus principios. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. pero no salir. desde que llega a la edad de re­ flexión. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada.o de la coyuntura. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. es decir. parecen lejanos e im probables. incluso relativo. y los une una alianza esencial. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. de. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. es decir.

vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . como el com plem ento n atu ral del agon. m ás vigorosos. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. que son necesariam ente los m ás num erosos.Además. más trab a jad o res o m ás am biciosos. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. conscientes dc su inferioridad. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. En esas condiciones. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. Al m ism o tiem po. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. en que el torpe y el perezoso. a cualquier so rteo en que el menos dotado. que son m is hábiles. im parcial y com o ci­ frada. Así. m ás inte­ ligentes . se dirigen a las loterías. en que el imbécil y el lisiado. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. Por eso. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. Es necesaria una pruelva de repuesto.

al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. Ju g ar es renunciar al trabajo. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. Esa posibilidad. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. El propio Estado tiene algo que ver. por excepción. al ahorro. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. si no in 192 . pese a las protestas de los mo­ ralistas. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. casi ilusoria. le son concedidos con entusias­ mo.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. Esas pruebas. de riesgo y de suerte simple u com puesta. juegos de azar disfrazados. Ahora bien. Creando. Cualquiera puede s e r el elegido. pero tam bién num erosas prue­ bas. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. a la paciencia. loterías oficiales.

Para a tra e r m ejor. o al menos los m ayores. los billetes deben co star lo menos posible. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. los premios.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. p o r dos nril francos. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. un poco m ás del salario m ensual. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. que sin duda no es el más convincente. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. es decir. precisam ente. en p arte depende de la suerte. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. En efecto. deben ser conside­ rables. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. Por el contrario. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo.

194 . los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más.es em briagante. se les puede m antener en el anonim ato. es decir en antiguos Troncos. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. De ese total. El mismo año. delendcr.v«! con tro la suerte. Los pre­ mios principales. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). en parte. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. si así lo desean. o sean m il francos p o r cada fran­ cés.

los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. Por lo dem ás. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. En las horas de apertura del casino. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. en Macao o en I.as Vegas.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. M L . En las capitales m undiales del juego. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. p o r ejem plo. en Deauville. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. en M ontccarlo. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. en un lujo agresivo. Todo lo contrario .

Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. Un pueblo nóm ada de curiosos. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. Toda proporción guardada. al resultado 196 . El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. S in em bargo. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. si jio es que desproporcionadas a su salario. En las dem ás. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte.

Pero. París.υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. fcúnj. París. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro.xpedlente" (p. una vez más.1 * Las loterías dc Estado. los casinos. 1. Ea Estado» Unido». 1956. pp. al desainólo concomitante dc en . Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. p. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social. vinculadas. es decir. se opuesta sobre todo a los numbers. De ahí los rackets o las fortunas considerables. ihid. para que ese caso se produzca.dc los encuentros dc fútbol. como ya era de esperar. Où va le travail humain. 304). 9 en lo que.. Georges Friedmann. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". p o r desm esurada que parezca. 149. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. y sobre todo cuando juega todos los dws. 147-151. pp. Véanse también las cifras dadas en c! . Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. 183-185. En efecto. se m anifiesta un rasgo d e civilización. U travail en miettes. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. aboque consideradas dc origen dudoso. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. 1956. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 .

al menos p o r unos años. etc. innum erables e im previsibles Reinas. Todo grupo quiere tener la suya. Sirenas.recom pensar c! talento. Un personal escogido y accesorios im presionante. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 .s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. la erudición gratuita. en el m ejor de los casos. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. se eligen a ejem plo suyo y. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. en alguno de los palacios de una playa de moda. En ocasiones. No hay lími­ tes. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. el ingenio o algún o tro m erecim iento. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. es preciso prepararse para la prueba.. Damas de H onor. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. d e una vida brillante pero sin base. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. Mu· sas.

por una escolar negra de impecable o r­ tografía. En realidad. En apariencia. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. preparar. De condición m odesta. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. solos y an te todos. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. U n ipvcn p ro ­ fe s o r .il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. la respuesta fatídica.

sino que acum ula rencores. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. Los contradictores del nifko son vencidos. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. que apa­ sione y que al mismo tiempo. Más o menos se identifican con los com petidores. c) I-A OEl. ciencias naturales. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. su ex­ plotación es redituable.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. en grandes caracteres. Shakespeare. al fin y al cabo. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras.sinfonías de las grandes músicos. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. La fiebre se mantiene adecuadamente. la com petencia cotidiana es severa y. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. matemáticas. No sólo no di­ vierte. Todo soldado puede 201 A . de 14 años. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. Lenny Ross. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. de golpe. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba.nerz. se em briagan con el triunfo del vencedor. en febrero de 1957. En todo caso. Desgasta y desalienta. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. m onótona y cansadora. del m ism o nivel de vida o de instrucción. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. modicina. I* opinión pública se apasiona. por U o tra. En E-stocolmu. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. fisiología y astronomía. de 11 años. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. Por delegación. y la historia de la revolución norteamericana. exploraciones. Así. . todos aspiran a un desquite. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. Por una p arte. . puesto que parecen debidas al m érito. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados.

Como el m érito. Con toda razón. aún más. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. con la ayu­ d a de la suerte.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. La m ultitud queda fru strad a. voz o encanto. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. Recom pensa una convergencia ex202 . se escoge ser vencedor j>or terceras personas. Así. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. arm as naturales e inalienables. 1. De allí el culto. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. Y sin em bargo. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. de hom bre sin apoyo social. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. al m ás oscuro y al m ás pohre. de la estrella o del cam peón.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. p o r delegación. l*a consagración es rara y.

m ejor todavía. P o r o tra parte. p o r el niecá203 . Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". la voz se quiebra. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. Λ pesar de todo. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. La belleza se m ar­ chita. Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento.iraordinaria y m isteriosa. Por o tra parte. casi todos prefieren triu n far por poder. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. que sin em bargo parece cer­ cana. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o.

la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad.sc. m onótona y agota­ dora Esa delegación. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. 1957. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. pp. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. París. tenaz y universal. para distraerse de una existencia descolorida. Entonces in­ terviene la m im icry. 69-145.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. al parecer a cualquiera. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. Esta ultima forma es la mis íre* . Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca.

enajenación. la prensa. . la radio y la televisión favorecen la fascinación. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. adoptan sus m odales. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. p. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. inevitable y seductor. el cine. la victoria. cit. d e sus m anías. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. La estrella representa el éxito personificado. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. copian sil peinado. 93). s\x régimen alim enticio. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete.. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. del cam peón o de la estrella. u Vca$c el "Expediente" (p. 317). Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. Viven por ellos y en ellos. P o r lo de­ m ás. Los im itan. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes.

El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. se presupone algo sucio. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden.1 4 Por eso. un poco cl bien y. h o m b re o m ujer. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. Para desacreditarla a ojos del pueblo. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. se mofa de la je ra rq u ía establecida. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. ya.dida inercia cotidiana. en todo caso. sus per las y sus esmeraldas. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. donde se apretaban millares de segui­ dores. 206 . el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). naturalm ente. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. que además mOAlraba. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. im puro o irregular en esa carrera.

no menos que por es­ trellas. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. Se considera que su m érito es nulo. Los reyes están exentos de esa sospecha. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. destina 207 . Esa ley corona (al pie de la le tra). Por definición. para go­ zar de esa superioridad decisiva. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. Se gusta rep etir que. su peso y su coherencia. Pues bien. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. del im pudor o de la publicidad. pero. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. La m ajestad hereditaria. al m érito y a la justicia. La identificación es entonces m ucho menor. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. lejos de contradecir la desigualdad social. con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. por el cerem onial de las cortes. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer.

que se debe a la co ­ rona. fatiga y servidumbre. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. de sinceridad. aplasrante c inm utable que 208 . la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. F. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. de fantasía y sobre todo de libertad. en 1957. se le compadece.n efecto. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. aclam ándolos. Desde ese momento. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. de soledad. Se quiere q u e sea senci­ llo. Para tener menos celos.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico". A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. se ve llam ado a reinar.

209 . Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Aun siendo igualitaria. Para en­ tenderlas. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. p o r falaces que sean. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. Mas. Como ya se ha visto. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. y niegan las ventajas que ofrecen. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad.ellas sólo aspiran a abandonar. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. Esas actitudes (sin em bargo.

ΛΙ m ism o tiempo. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. Privada de la m áscara. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. el vértigo. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. De ah í el su bterfugio de la delegación. Sin em ­ bargo. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. infi­ nitam ente distribuida.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. Les hace vivir. sino en el m ás vano d e los sueños. La m im icry es difusa y bastarda. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. en la im aginación. au n inás despo­ seído. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. la m im icry. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da.

Sin duda. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. de la que. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. cuando ocupa al­ guno. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. De allí los resultados de un doble análisis. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. 211 . Como la más­ cara y com o el disfraz. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas.ponde. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. En cuanto a la suerte. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. por lo dem ás. Y adem ás. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. circunscrita y separada de la vida real. el vértigo y el sim ulacro. en o tras palabras. una actividad reglam entada. Es tiem po de concluir. Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. Por una parte.

ab s­ tracto y coherente. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. de convulsionarios y de flage­ lados. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. si 110 es que dom esticados. por "el d esp ertar" del País de 212 . ibi jus. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. incluso aparecen allí sólo destituidos. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. que im plican sin excepción cálculos precisos. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. Sin em bargo. es decir un código fijo.En cl extrem o opuesto. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. Ellos crean el derecho. des­ afectados. En tiem pos norm a­ les. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a.

™ Un ejem plo reciente. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. como la guerra. com o la explosión esperada y reverenciada. 1947. 213 . pero M>rprrndcntc. irresistibles. . Paris. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud.ón. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. en su obra: Foutes cn délire. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. no dc frenesí. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. La ciudad Ph.’· Aquellos excesos. característico aunque d e me­ n o r am plitud. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. l>c com ún acuerdo. Fxi ase* collectives. que tam bién son accesos.Gales en 1904-1905. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. .

Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. to tal y vano. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. em presa lineal. Eso es p u ra especulación. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. que prueba ν que explora. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. el apon y el alca. Cierto que seria irrazonable concluir que. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. ga­ n a r la apuesta más im probable. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. repentino. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha.pudo naccr y crecer a ese costo. la que in tro d u ­ ce en la historia. para poder in ten tar la prueba. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir.

que deba e n tra r en su descripción correcta. 215 . y se considerará superfluo señalarlos. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes.

sin duda lim itadas e in­ ofensivas. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. que so enrarezca su em pleo.IX. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. explosivas. del pánico. En lo sucesivo ya sólo 216 . la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. del estupor y del frenesí. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes. Sin em bargo. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes.

m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. adquiere una nueva función. m áscara reducida a lo esencial. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. tam bién ha cam biado de destino. Pues. no im pone una presencia: protege una identidad. En am bos casos. En gran parte. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. en efecto.aparecen desunidos. Preside los 217 . In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. En efecto. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. Por lo dem ás. es­ trictam ente utilitaria. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. El antifaz. em pobrecidos y aislados. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. elegante y casi abstracta.

de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. el carnaval es una explosión d e licencia que. asegurando el anonim ato. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. ' ‘E s p e d ie n te " (p . En el baile. lo b o ]. Enorm es. Al mismo tiem po. P or sus orígenes. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella.? . Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. abriga y li­ bera. [T. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. am orosa o política. Es sím bo­ lo de intriga. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o .’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento.juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. conform e a convenciones preesta­ blecidas. 322). aún m ás que el baile de más­ caras. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. es dccir. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano.

El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. atropcllam ientos. Siguiendo el juego. Son brom as groseras. risas provo­ cadoras. el carnaval da una salida a la desm esura. m ím icas bufo­ nas. B uraud. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. En un tiem po y en un espacio definidos.. al exceso d e palabras. los invita a un juego de bufón. Por 219 . Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. d e m id o y de movimiento. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. a la violencia. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. actitudes descuidadas. P or lo dem ás. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. en basoncursos d e disfraces. del desorden y de la gesticulación. p o r el con­ trario . queda descalificado: se niega a jug ar. quien sin em bargo no piensa en el juego. p ara retom ar la expresión exacta de G. sim ula que no tiene miedo. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. Si se enoja. a la francachela. incitación perm anente a la algarabía. al cinism o y a la avidez del instinto. go de una . el transeúnte sim ula sen tir miedo o. Y no se equivoca. vacía y alegre. presenta la m ayoría de sus características. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go.

es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. deja el ro stro al descubierto. Tal vez nada indique m ejor o. perm anente y reglam entario que. pero oficial. en todo caso. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. allí donde el frenesí general solía. sobre todo. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. E n la sociedad policiaca. Es casi exactam ente lo contrario. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. Detrás dc la m áscara. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. interm itente y excesiva. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. El uniform e tam bién es un disfraz. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. En todo caso. com o en Río de Janeiro.o tra parte. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos.

las tram pas y los atractivos del vértigo. de la m atraca y del tam boril. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. estandartes. una 221 . E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. fuera de las rondas y de las farándulas.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. guirnaldas. Las ferias y los parques de atracciones. más­ tiles . ram pas y anuncios lum inosos. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. A decir verdad. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. por lo dem ás m odesto. ciertam ente considerables. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. que nacen del uso de la m áscara. franquea­ dos los lím ites. en que in­ versam ente no se usa la m áscara.

construidos para provocar un pánico visceral. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. Em plean los m étodos inéditos 222 . que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana.agitación continua y agotadora que em briaga. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. ventrudos y jactanciosos. a la jac­ tancia. de los artefactos de rotación. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. de oscilación. Además. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. de caída. en el caso de Jas ferias. videntes. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. Más allá. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. de suspensión. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. a la fam iliaridad. astrólogos. Fakires. a la desfachatez bonachona. un trajín que incita al abandono. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna.

bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. En o tra parte. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. sacudim ien­ tos. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. Allá. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. En un tercer tipo dc artefactos. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. Antes que nada. caída. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. Un últim o invento utiliza la 223 . cuando se considera el volumen. en dosis regulares de tres a seis m inutos. Sin em bargo. el vértigo m arca la tónica. el "psicoanálisis existencia!". la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. la fuerza del disfraz. antes de enderezarse. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. dc suerte que. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". M uestran el atractivo del sim ulacro.

Enfrente. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. los esqueletos. a la m anera en que poco antes. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. para extraviar. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. los roces con telas de araña. al sa lir del artefacto infernal. propios p ara despistar. H orror suplem entario: se invita a tocar. Allí perm anecen. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio.fuerza centrifuga. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. niñosmonos. igualm ente estupefactos. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. Juegos de espejos. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. las corrientes de aire. las tram ­ pas. Es el papel de los laberintos de espejos. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. inm ovilizados en cualquier postura. donde abundan los corredores oscuros. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. la náusea. sirenas. para su scitar la confusión. m ujeres-pulpos. las apariciones. con alas de m urciélago. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. la angustia. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . "p e­ gados com o m oscas”.

de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. el m undo de las larvas y de los vam piros. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). la fauna com puesta.corriente. A vcccs. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. el te rro r y el m isterio. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. y tam bién la em briaguez. es decir perm anece libre. Antes que nada el vértigo. Por lo dem ás. sepa­ rado. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. lim itado y convenido. cerdos de pan 225 .

de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. dc caídas evitadas. una sola diferencia. para aquellos que están en edad. Además. Sin em bargo. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. Cuando menos. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. 226 . que se deriva de la paidia. en todo artefacto de pánico. presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. o tra delicia que. dc pegar­ les dc lado. El placer es dc excitación y de ilusión. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. en los cuales. en toda barraca dc espanto. de desasosiego aceptado. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. dc la pelotera. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. dc taparles el paso. esta vez. de colisiones inofensivas. de cho­ ques am ortiguados. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia.

En lo posi­ ble. dado el caso. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. La sanción decisiva. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. Domadores. Contra su voluntad tenaz. la de la m uerte. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. g arantizar su seguridad. pero que falsea la integridad del reto. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente.E l. está obligatoriam ente presente en él. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. am azonas. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. sino un m odo de vida.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. l. En ella la gente se casa en tre sí. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. m alabaristas. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. su orgullo y sus leyes. el casino o el escenario p ara el cam peón. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. el juga227 .

A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. el teatro contribuye con el oficio. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego.d o r o cl a c to r profesionales. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. o m ejo r dicho la negativa de oficio. que corresponde a la m im icry. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. que corresponde al atea. En efecto. El. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. una gimnasia . una dificultad o un peligro. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. P or eso. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx.

. Him. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. 229 . en Vez de ayudar. pp. pp. 171)·173. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. m ortales c inútiles. Jeux du Cirque ci la vie foraine. F. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. En todo caso. Paraliza. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. de la am bición y de la osadía hum anas.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. desinteresadas. *Y. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. La conciencia es m ortífe­ ra. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. cit. 1890. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. op. Cierto. Como disciplinas aberrantes. la trayectoria del trapecio. el tiem po y la distancia.ininterrum pida. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. el acróbata debe calcular el Impulso. 213-216. Paris. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. Hugues le Roux.

ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología. Su ropa parchada. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. com o encuentro o ascendencia lejana. En el circo. Infaliblom ente actúa a contrasentido.i la tribu . con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. d u ra n te la creación del m undo. dem asiado grande o dem asiado chica. una dc sus variedades. travieso o estú p id o según los casos. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. Los principales acto res son dan230 . m al aju stad a. A trae las burlas. Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. es el papel del payaso llam ado “Augusto".LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. Sin em bargo. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. los golpes y los cubetazos dc agua. quien. particularm ente tenaz. Ahora bien. En ella figura com o el héroe que mete la pata. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc.

PiISschiwanni es el cobarde. siem pre el mismo: así. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. Además. ‘'son como niños." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . Saca el pecho y se hace el im­ portante. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. a quien ridiculiza. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. Sobre todo. el Dios-que-habla yr finalm ente. el Dios del Agua. no cesa de fingir que tiene miedo. que viven en la mism a región. retardados. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". una vieja piel de zorro. E ste es el "Augusto" del grupo. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. im ita los nobles adem anes de Yebicbai.seis genios m asculinos. Tonenili. seis genios femeninos. es im portante. Es uno de los dioses principales de los navajos. dice la gente. Son los Koyemshis.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. Son espantosam ente feos. el propio Yebichai. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . sin vigor sexual. hay catorce de ellos: . sujeta al cinturón. Pues bien. son "com o ni­ ños": balbuceantes. Pero es el dios que parodia. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. E n tre los zuñís.

La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. com entando los infortunios conyugales de un segundo. víveres. En cam bio. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. Como magos y profetas. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes.nc . se b urlan de los dem ás dioses. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. la m ás im portante d e todas. la aldea en tera les hace num erosos regalos. juegan brom as groseras. quienes los encar­ nan. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. Así. organizan juegos dc adivinanzas. tiene una enorm e verruga en el cráneo. Ilccho sorprendente. Naba*hi es triste. dos chichones en vez de orejas. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. o tro chichón en la frente y dos cuernos. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. Du­ rante las cerem onias. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. hecho significativo. su boca y sus ojos form an un balcón. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. reprochando a uno su avaricia. Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara.sed. Tiene una boca oval.

La teología lo confirm a. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. la con­ juración del secreto. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. De esc modo. En uno u o tro m om ento 233 . Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. en ningún m om ento se Ies tom a. p o r los propios dioses. del m isterio y del terro r. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. Así. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. del éxtusis y de la mímica. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. ni ellos se tom an a sí mism os. aquí se encuentra disociada. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. del entorpecim iento y de la angustia. Decidida­ mente.

am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. que sin em bargo inspira idéntico propósito. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. pp. los hom enajes a los grandes. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. los honores rendidos al poder suprem o. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. 16S-173. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. con el epigram a y la canción. 73-75. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio.* Con filiación o sin ella. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. Cierto. 234 . 119. En el solsticio de verano.

orientada en todo caso hacia el equilibrio. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. Si el salto decisivo es difícil. quizás vertiginoso. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. dc la libertad y de la invención. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. a su vez. en Laccdemonia. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. casi im perceptible. un buen día. Con toda seguridad. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. m ás fecun­ da. a un porvenir) coinci­ de.» nuevo papel. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. Ya hem os visto. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. el desapego y la ironía. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. como fundam entos de la vida colectiva. sino una precaución en contra suya. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. al frenesí convertirse en institución. AI tér­ m ino dc la evolución. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. Aquí. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K .

de atem p erar m ediante la risa lo que. sin ese antídoto. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras. .la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis.

COMPLEMENTOS .

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de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. de la riqueza y del lujo. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo. la posibilidad repentina del ocio. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. Son sospechosas de 239 . según la Fórmula de T. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. "la fascinación de ad q u irir de golpe. por el milagro de una fortuna instantánea.I. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco. sin dificultad y en un instante". De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. de los casinos. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. a ta n d o m enos en ciertos casos. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. basada en el valor del trabajo. cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. R ibot.

es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. a la topología. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. fr a n c e s a . que tam bién influye en el arte. 2 S Ja parábola Fictions. al infinito. de la pantom im a y del éxtasis. pp. 1951. Sin em bargo. tr a d .desarrollar la pereza. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . 7-292. “ L a en n n b ilo n ia ". en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. 82-9. quiero decir la necesidad. Picxxoncs <1944). así sea a to n tas y a locas. en la econom ía e incluso en el saber. en la ética. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. obligatoria e incesan­ te.1 Además. 1975. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. si se prefiere. pp. P a r ís . cl fatalism o y la supers­ tición. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades.1. . y que M is J orge en lo te r ía to re s .

m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. El sal­ to es brusco. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. En esas condiciones. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. En ese caso. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . Vive al día. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. por medio de la superstición. En particu lar. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. Aún más. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental.

se entrega al jue­ go. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. Los dados sólo tienen dos caras. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. de consistencia ósea. pues nadie parece resistir el contagio. M im usops D jawe). los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. Esos blasones son num erosos y variados. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. ya sea captados en una actitud hierática. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. sin.ticipa. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. Unos representan personajes. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. en regla y en segunda naturaleza. Conform an el estilo de vida de toda una población. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios.

sino que los deposita en el m onte. (o al con­ trario ).1 . etc. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. los órganos genitales de la m ujer. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. es de lo m ás sencillo.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. tres m ujeres trab ajan la tierra. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados. Dado el caso. el cielo nocturno con la luna y las estrellas. Los anim ales — m am íferos. aves. tam bores. En general. relojes o m ás­ caras para la danza. colgados dc un árbol en una bolsa. rifles. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. espejos. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. En cuanto al juc^o en si. un hom bre es atacado p o r un pitó n . H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. éste no los guarda en su casa. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. o tro carga su fusil. rep­ tiles. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. los 24. Es­ culpidos en o tro s dados. algunos ideogram as figuran diversas plantas.

fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. 49-50. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". pp. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. Ë ittdcs cam eroioiaiies.jefes se jugaban sus encom iendas. c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. núm.s. Prost. donde la s ca u n s. Em pero.* Se tra ta de un juego rudim entario. 3-52. p. Sobre todo. sin com­ binación ni saldo. S e juegan la rnrtuna.-dic. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. de I95S. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. 244 . que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. Cuando menos. cum ple con una función análoga. "J e u x cl Jouets”. A. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. Además. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. Toda proporción guardada. sep. 245. las tierras y las esposas. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. Le M onde noir. C f . A sim ism o .

Acto seguido. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes." 245 . la tortuga. el caracol. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". en sociedades mixtos. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. según la expresión de Lydia Cabrera. ade­ m ás del órgano sexual fem enino). etc. cuyo principio es sem ejan te al del loto. la m ari­ posa. ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. E n tretan to . se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. A la hora seña­ lada.de a za r considerablem ente m ás com plejos que. el mono. el barco de vapor. seres hum anos. la m onja. Saca o hace sacar uiia al azar. el m arino. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). procede a la venta de los billetes. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. 1.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. el m uerto. la cabra (que tam bién es algo sucio. la araña.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero.a operación se llam a "colgar al anim al”. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). La 11. la pipa. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. Esa lo­ tería.

los elegantes. el cam arón. En cam bio. y luego de haber "coleado al anim al". del caracol. dc la anguila. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. En efecto. la banca anuncia 246 . Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. Al principio d e cada p artida. del gallo. pero no tiene ayudante. De nuevo. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. los caballeros y las m u­ jeres. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. de la m uerte. a su com pañero y a su ayudante. de la pipa. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. las mendigos. del pavo real y del pez chico. La m ariposa no tiene com pañero. etc. la cabra y la araña. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. Además. El venado tiene tres com pañeros. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. dc la tortuga. de la m onja y del gato: la de los borrachos. pero carece dc ayudante. N aturalm ente. los borrachos. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. Así.

El Tigre lo propone. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. el Tigre contra el Elefante. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. En o tra ocasión."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. El V enado sale con el paquete. L a H abana.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. 287-293. l. p p . ju n to con San Francisco. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. El Venado es ayudante del brujo. Lleva el paquete maléfico.’ En China. 247 . 3 Sabido es que. El Elefante m ata al cerdo. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. Después del sorteo. con el Venado. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza.a policio y sus misterios en Cuba. No es tonto. E n ese caso. 1914. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo .

lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. E sta vez. el pecho. el "payaso que se pinta en secreto". Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. a la m uerte. apoyándose en citas. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. ham brientas y rencorosas. d u ran te una cerem onia secreta. En Cuba. el 2. la "luz que alum bra to d o " es el 1!.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. En realidad. "Pica y se va": es decir. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. existen al­ m as en pena. 248 . la explicación sólo es válida para los profanos. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba.solución. Sus com ­ binaciones son Infinitas. el gallo que can ta al sa lir el sol. Entonces. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. los bra­ zos y las piernas. el "rey que todo lo puede". se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. es conveniente ju g a r al 8. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . el 8. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. Estos llegan hasta el 100. las m anos.

249 . m ás o menos desdeñado. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . En todo caso." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber." Asimismo.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". en el m om ento de descu­ brirlo. m ás m arino.. p. p o r poco hábil que sea. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. op. cit. P o r necesidad no juegan mucho. 293. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. pero lo hacen sin cesar. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. m ás gato. TRafael Roche. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida.’ En todo caso. más elefante. En casa del tío de su m ujer. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. más m uerte. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. honrados o no. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. como dice un au to r. nada le im pide cam biar. m ás m onja igual a vena­ do.

setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado.).. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil. las peleas de gallos. %N c w Y o r k T i m e s . indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. las carreras de caballos. 250 . En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. . En la actualidad. el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. 6 de o ctu b re de 1957. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. el Planning Board h a calculado que.En cl siglo pasado.*' Con base en esas conclusiones. etc. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro.* En la vecina isla de Puerto Rico. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. A rruina el ah o rro privado. en 1957. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos. la ruleta. o sea la mitad del presupuesto de la isla. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios.

Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. análoga a la quiniela dc los países vecinos. Por o tra parte. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. a la últim a. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. a la centena o al millar. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. (Desde que la lotería federal no es dia251 . "E n su form a actual. a la decena. es decir. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. a las dos.enorm e organización. ordenados más o menos alfabéticam ente. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. Desde entonces. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). Además. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas.

quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. sin billetes ni prem ios. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. sus clásicos y sus interpretes calificados. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. enteram ente teórica. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. juega al núm ero del vehículo accidentado." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. es decir. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. saben sacar de él oráculos infa­ libles. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. si presencia un acci­ dente de trán sito . aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. De ese modo. ju e­ ga a su núm ero telefónico. Favorece aún m ás la superstición. no es cosa fácil. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. Afana y Jo sé. Por ejem plo. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. En ocasiones. Avestruz. quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). 723 y 732. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. En efecto. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. Según una anécdota significa­ tiva.) Además. y ju g a r cada com binación invertida. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra .ría. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. alguna clave de los sueños es­ pecializada. Avestruz y Caim án'1 animales . P or lo dem ás. 237. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. etc. Sin em bargo. es decir. los otros días se hace una fal sa lotería. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. 273. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. sino sem anal.

quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . que no deja de preocuparse p o r él. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. se emplea todo tipo de adivinación. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. parece sin em bargo considerarlo un pecado. 254 . Sea com o fuere. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. la conciencia popular. pecado venial 10Además. en el in terio r dc un mismo Estado. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. En realidad. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego.1 · Teóricam ente.ejem plos al infinito. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. Es m ás. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. En general.

desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. a veces considerable. en alguna esquina. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. al tiempo que se dedica a él. El ejército. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. Los políticos. pero en fin. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. D urante las macum bas. que con frecuencia lo organizan. de él se valen o se benefician. de la apuesta. ve al bicho con malos ojos. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. todos. análogo por ejem plo al del tabaco. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos.sin duda. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. y un vicio perdonable. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. la condena es general.

M arcadas p o r la desconfianza. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. conservan sin em bargo un papel im portante. En todo caso. “ L'Usage des Richesses". incluso. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela.Γ dc sus habitantes.0 11 Se aprecia así que. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. Se vuelven a poner en juego salvo. Paris. 130-151. Pero. Como se ha visto. Por tanto. Instincts et Société. en el plalJ R occr Caillons. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. pp. No obstante. del com ercio o dc la in d u stria del país. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. 1 pitulo V. dado el caso. se sacrifica gratuitam ente. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. ca­ 256 . ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. en ciertas condiciones. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado.

Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. en ab­ soluto y por naturaleza. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos.no de los juegos. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. com o el agon. Más aún. hum illada y condenada. determ ina enorm es m anifestaciones. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. exige el cálculo y la regla. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. La razón es fácil de descubrir. el alca. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. de m edida y de organización. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. construye casinos com o el deporte construye estadios. en la m edida en que éste los domina. de ln m áscara y del éxta­ 259 . En cam bio. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. a toda especie de códi­ go. el atea. y con frecuencia en com binaciones con él. in­ cluso le procuran sus principales recursos. Aun­ que reprobada. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. en com petencia con el agon. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. suscita asociaciones y clubes. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. A veces.

el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. en elim inar cada vez más al alea. sino' tam bién la burla del trabajo.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. el edificio social se apoya en él. En esas condiciones. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. de la tarea paciente y tenaz. en el fondo. en una palabra. E l agón. es el único considerado com o valor. si no es que insustituible. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. del favor gratuito e inm erecido. De los diversos p rin ­ cipios del juego. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. En efecto. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . En conjunto. Deja problem as p o r resolver. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. es decir. Sin em bargo. del ahorro.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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que no se p restan a las ecuaciones. p o r su gene­ ralidad engañosa. Para ser m ás exactos. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. al dom inó o a la com eta. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. Quien juega al burro. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). Como hem os de ver. el estudio de éstos se beneficia .Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. Λ decir verdad. desde un principio em pieza la extraña distribución. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido.

Véanse tam bién las carta. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. Poris. v. que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". trad . 26 y 27. el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. francesa cn Fr. las corridas de toros de M adrid.> H. en el mismo rexto. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". "E sthétique". cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. 1862.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. Onuvrcs. 1 . A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros.1 Pero. ocupado en sacar del juego la esencia del arte. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. 20." Más aún. Pero no im porta. los espectáculos del París de antaño. tom o VIH. si no es que el prim ero. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. las rvgatas d e Venccia. 16. Srhillcr. 268 . Estim o que com parando M las carreras de Londres.

" Y W undt. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. m odelo que tam bién le es anterior. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital." (F. F. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. d e la gratuidad del jue­ go. Jx> define en fin com o una em presa pura. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales. p. 1S86.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. sin pa­ sado ni porvenir. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. Des­ ligado de la severa realidad. Seducidos p o r ella. La idea d e la libertad.) La receta corrió con suerte. 1896). aparece com o un 269 . 145. El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso.thik. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. erróneam ente.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor.

im pulso para hacer rodar. p o r ese hecho. francesa. c) dc la inteligencia. de la sorpresa. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. juegos de paciencia. del miedo.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. construcción y sín­ tesis. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. etc. pertenece al terreno del . Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. lanzam iento simple. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. cóm o todos los adem anes que puede hacer. del gusto. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. lanzam iento para golpear o em pujar. de los movimientos. destrucción y análisis. 1889). Más todavía. de los colores. bastante ad ap tad a a su objeto. V y 62-69. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra.). de las form as. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. de la m em o­ ria. trad. de la tem peratura. 1902. etc. b) del ap arato m otor ((an­ teo. dc la im aginación. der Tiere. En el fondo. del olfato. las que se derivan del instinto de lucha. Por una ex­ trao rd in aria paradoja. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. de la atención. del oído. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. g ira r o resbalar. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. del instinto sexual o del instinto de Imitación. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. sin unidad inmediata y que. dan origen a juegos. pp. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. lan zar hacia un blanco. a tra p a r objetos en m ovim iento). de la razón. Paris. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. Jena. antes bien. te s Jeux des Animaux.).

nueva edición niimonlndn. En cuanto al fútbol. pero no sobre la naturaleza del propio juego. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r.’ Cierto. Recordamos que el m érito de J. 1955. no existe tarca seria para la cual preparen. Sin em bargo. se podría seguir ignorando. Football :n America (traducido en Profils. Patrick (1903). 1952. es conve­ niente citar los análisis de G. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. 1955. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. Hartgenbusch (1926). Las conclusiones se discuten en el estudio de F. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. ios juegos de azar se ven elim inados. Antes de él. T.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. W. R. De nuevo. Paris. tal vez necesariam ente. Pp. otoño de 1955. Desde ese punto de vista. que un juego con frecuencia im plica. 5-32). 1 1942). que Jean Château descarta como juegos de adultos. J. el dom i­ nó y la baraja. núm. o poco faltaría para ello. Le Football. J. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. que desde luego no son alentados por los educadores. . incluso si se dejan al m argen los dados. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. M. Introduction a la P/utano^e. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*.íacques Rousseau de Ginebra. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. no los ha encontrado entre los anim ales y. W. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. 13. F. París. Buytendijk. En particular. 2e odklôn. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. p o r la o tra. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. G. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. Pickford (1940) y •V. Por una p arte. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. Por o tra parte. Jx Jeu de J'Enfant. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. Pues bien. la perinola. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles.

274 guna. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. que exigen espurio y accesorios. Los jugadores las ganan o las pierden. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. el alea. por al­ gún favor dispensado. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. resuelve por om isión un im portante problem a. inicuo en sí. p o r artículos escolares. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas.los juegos de canicas. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. en los alredcdoies de las escuelas. Desde esc punto de vista. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. Por un preciu invariable. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. El niño no se entrena para una tarea definida. Uno vez más. a escala infantil. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. En efecto. pp. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. es dccir el riesgo. y son niños que no se disfrazan." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. com o resorte del juego en el niño. Asi. por una ayuda en las tareas. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. de b arro . •£ e Jr. por re so rreras/ por silbatos. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. que el juego es una prueba más que un ejercicio. Ahora bien. por cortaplu· mas. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. Se cam bian p o r golosinas. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. Ja apuesta. 275 . al final de su obra. 18-22. no le es difícil dem ostrar. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. contra Karl Groos. de! tipo de la morra que. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. Por mi p arte. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. depiedra o de vidrio.u de l'enfant.

que adem ás es libre.te a las dificultades. el juego aparece como educación. el niño. del carácter o d c la inteli­ gencia. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. Pues no enseña recetas. intenso. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). ninguna ap titu d física o intelectual. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. del cuerpo. Ahora bien. prueba o hazaña. placen­ tero. La finalidad del juego es el juego mismo. sino desarro­ lla aptitudes. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. Y aun asi. Dc m anera general. Así. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. P or o tra parte. Desde esc p unto de vista. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. inventivo y protegido. quien perm anece en esen­ cia pasivo. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 .

En cuanto a los juegos reglam en­ tados. el gusto de inventar. a estorbar. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados. S.I. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. ni so­ m eterse a una disciplina. A decir verdad. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real. 277 . El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales.). B rauner. en una prim era aproxim a­ ción.A.R. P arís. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. etc.. Poi4r en taire des hom m es. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. No los repele me­ nos que el trab ajo . Para ellos. 'A . estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . me­ jo r aún. luego de Jean Piaget.jugar. En esta segunda clase. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. a p ertu rb ar. Las observaciones de A. pp. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. es el de su cu­ ración. pues entonces no sabe. a em pujar. 1S-75. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. ni ad ap tarse a una nueva situación.B. 1956. ni fija r su atención.

Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. de las dam as 0 del ajedrez. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. Jugar a las b arras o al pillapilla. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. un aviador o un vaquero. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. basados en la com petencia. p o r no hab lar del futbo!. Im aginar que se es una enferm a. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. implica una invención continua. es siem pre una im pro­ visación. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. uno panadera. a la tendera o al soldado. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. Ju g ar a la lavandera. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia.

el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. J. gri­ ta r a voz en cuello. Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. 386-587). porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. Ππ cambio. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. al m ism o tiem po. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. basados en el sim ulacro. que obliga a los jugadores a cooperar. 1*1*217). o por simple aceleración <!c ritmo. en el capítulo correspond iente (pp. ct análisis define . Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. g irar como trom po. de pasión o de Intensidad. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. en mi clasificación. Pero é stas sólo com pli­ can. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. De ese modo. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon.

pero. que es el de provocar una per­ turbación ligera. Ciertam ente. antes bien.esas conductas claram ente existen. pero éste atra e y fascina: es un placer. 298). Château hace alusión al sube y baja (p. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. m ejor dicho. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. si se quiere. Huizinga. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. un peligro que. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. m ejo r determ inados. m ejo r adaptados a su propio fin. en ciertos caso*. lo amenaza. de la com petencia leal. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. o poco m ás o menos. el vértigo supo­ ne el m iedo o. esbo7x>s de juegos de vértigo. 280 . A decir verdad. De ese modo. un sentim iento de pánico. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. no les concede la m enor atención. De la invención y del respeto a las reglas. quien reflexiona en los juegos de adultos. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural.

Se considera que destruyen las costum bres. del tobogán. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. estas ciertam ente son indispensables. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. Como investigaciones de un nuevo género. 2 . E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. Por o tra p arte. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. de los casinos o de los hipódrom os. Los estudios ma· 281 . como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. Según consenso general.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión.

la experiencia le dem ostraba lo contrario. En más de una ocasión. El caballero de Márá había calculado que. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. A bordaron los cálculos de enum eración. en el juego de dados. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . Por ejem ­ plo.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. Ahora bien. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. Sobre todo. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. en efecto. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. en que el azar no interviene en absoluto. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles. E nton­ ces se dirigió a Pascal. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. para una serie de veinticuatro jugadas.

Théorie de\ Jeua alternatifs. Re­ cientem ente. Morgenstern. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. Princclun. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. el dc los puentes de Kocnigsberg. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. cuya teoría se deriva de la topología. en cada situación sucesiva. IW4. comercial. com binando el cálculo y la topo­ logía. es decir que. político o m ilitar. Algunos ju e­ gos tradicionales. Pan's. Claude Bergt. Von Neumann y O. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. más allá dc toda controversia. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. 195? 283 . Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos.de los cuatro colores. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. Theory υ/ Games and Economic Behavior.” E sta vez. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie.

que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder.1 1 Sin em bargo. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. MatemA­ 11 C laude B erge. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. 284 . p o r la o tra. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. ya. p o r hipótesis. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. la posibilidad de una inform ación total. que agote los elem entos útiles. en realidad. quiero decir. etc. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. en fin. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". fuera de las m atem áticas puras. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. de I3 inspiración boba. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. Ahora bien. del capricho. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. es decir. due­ los de aviones. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. póquer sim plificado al extrem o.cortándolo). el segundo. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que.

El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. Cuanto m ás espera el cliente. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro.resuelto. la distancia. Teóricam ente. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. Pero. en la práctica. En fin. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. su sangre fría. puede picarle una avispa. Pero. la visibilidad. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. Pue­ de ser distraído o neurasténico. hacerle trastab illar una raíz. es claro que el cálculo resulta imposible. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. en época de baratas. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. la h a­ bilidad relativa de los tiradores.ticam ente. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. puede tener deseos de m orir. m ás ventajosa es la com pra. ya. el segundo día. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. del 30% y el tercer dio del 50%.

y cada jugador m uestra sil juego. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . En ajedrez. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. según se le considere m ás o menos deseado. En los juegos que les apasionan. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. Sin em barga. En principio. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego.po y el artículo dc su agrado puede írsele. Pues no se juega para g an ar con seguridad. el juego al p unto se ve estropeado. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. Se conoce el desenlace de todas las variantes. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. E n la b araja. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder.

241-24$. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. en todas las situaciones po­ sibles. lejos de favo’’ A . Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. e-s muy popular el juego del bolotudtí. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. “Jctix dan«. 8-9 de Présence africaine. se tran s­ miten de padres a hijos. Monde n ú m s. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. sem ejante al molino. form ando parte de la herencia fam iliar. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. Por el contrarío . Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. pero que ellos no abordan de o tro modo. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. 287 . La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. Así. noir. te M o n d e n o ir". le "com e" uno al adversario.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. P r o x i. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. si la desconoce. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. Se juega con doce palitos y doce guijarro s.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. En Sudán. pp.

por ejem plo. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. No queda fuera de las hipótesis razonables que. aunque no se demuestre. p ara los palillos y el juego de anillos. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. No es verosímil. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. es decir. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles.· admite. de la prim era a la últim a jugada. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «. Por sí solo. ninguna respuesta resulte eficaz. tal que. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. Su teoría es sencilla.recer cl espíritu de juego lo estropean. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. Existiría incluso si los juegos no existieran. El lobo. esos análisis tam bién existen para otros juegos. abolien­ do su rozón de ser. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. que m encionaba yo antes. 288 .

Así. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. . En efecto. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. El juego es un fenómeno total. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. Sin em bargo. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e.ellos. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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que varias veces ha 299 . también le gusta mucho volcar objetos. Para romper un palo. se dio por satisfecho. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. "Junto a su necesidad dc destrucción.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. a modo dc mantenerse cabeza abajo. con los brazos abiertos. Sin embargo. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. Romanes. Así. De ese modo tira dc una silla. De una observación de G. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. hasta hacerle perder el equilibrio. luego lo dobla y k» rompe. se quita de debajo de él y espera la caída. 67. con gran alegría. tirando cuidadosamente dc los hilos. En cuanto al jefe. citada por K. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. Hace lo mismo con objetos más pesados. J.

prácti­ camente universal.logrado volcar con grandes esfuerzos. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. Esc carácter oracular. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. J. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. t. Su estéril monotonía. PP. puesto que claramente se trata de uno acción "G . es también materia de reflexión. sin lastimarse nunca. París. 70. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. 240 y 241. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. F. al que es raro que se tenga fe. sin la treta. . Sin embargo. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. Antes de em­ pezar el juego. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. II. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. difícilmente sería entretenida. Romanes. 300 . Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. Por otra parte. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. Alean. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”.” " P. Intelligences des animaux. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición.

aunque de manera muy diluida. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. que en un principio parece del todo ausente. En cuanto al simulacro. pero siempre con la misma solicitud. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). perfectamente im­ productiva.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. de manera más o menos severa y según los países. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. su papel sin embargo se deja sen tir. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. con ayuda de un número fijo de elementos. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. en fin. El placer de la com­ petencia es escaso. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. lo que equivale a lo mismo). y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. puesto que la ley prohíbe. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. de cosmonautas con escafandra y de 301 . pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. búsqueda del favor del destino. sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. refinadas o sal­ vajes.

Aquí. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. Para aum entar el ruido y el movimiento. pero un vértigo inferior y vano. En este caso. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. Supon302 . En fin. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. por decirlo así. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. una pe­ queña esfera brillante. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. Los aparatos se alinean en filas interminables. como con el peso de una mirada cargada dc deseo.se puedan imaginar. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. sin nin­ gún Intervalo entre si. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. posible al vértigo. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. Por lo demás.cohetes Interplaneterios. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. que no es urgente dominar. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos.

del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. incluso en sus aspectos más aberrantes y. éstos incluso exigen. lo contrario. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. de la inteligencia o del alma. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. Los recursos personales del jugador no intervienen. la prueba de una ha­ bilidad. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. Así.go que poco faltaba para empobrecer. el solitario o los palillos. en principio los más peligrosos de todos. un esfuerzo. previsión. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. P. y hasta resulta inoperante. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. obstinación y resistencia. paroxfsticos. desde cierto punto de vista. que exi­ gen espacio.sin espesor los juegos de vértigo. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. del casi automatismo 303 . una lucidez expuesta e imperturbable. el entrenamien­ to deportivo.n fin. por el lado que se le-s mire. en fin. Por doquiera una tensión. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. El balero exige destreza. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . para hacer mecánicos y endebles. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. reflexión y saber.

Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. el billar. . ''Playland*' . He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. En Estados Unidos. Cada día y cada noche. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. norteamericanos de toda edad. el chaquete. en pleno Times Square. capital del juego-sino también en Nueva York. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. Broadway 1485. con In vana esperanza de una partida gratuita. En los cafés. Provoca verdaderas obsesio­ nes.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. el 25 del mismo mes. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. Pues bien. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. en los años de mayor éxito. desde el escolar hasta el anciano. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. en el corazón de Nueva York.

en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. Morgaine). como se les llama aquí. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. Delante de cada máquina. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. En efecto. si entró allí con dinero suficiente. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. En una inmensa sala sin puerta. permite al jugador quedarse horas. por 5 centavos. (D. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos.

En fin. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis. Por una moneda (real). en abril de 1957. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?.luminosos. 215.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. (Vol. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. pp. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. Como es fácil imaginar. pero le parece sublime. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. puede ganar millones (fieticos). Re­ tomo aquí mi comentario de entonces. 1289. que podían utilizar en aparatos traga monedas. pues las anotaciones llevan varios ceros. num.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. T. 44-47). a través de diferentes obstáculos. Sin embargo. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. de octubre de 1957. Así. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. Rs una amenaza . lue Ko de lo cual los tiraban a la basura.

o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. un riesgo suplementario. Julius Segal confiesa curiosamente que. por decirlo así. Entonl ces juega. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar".ativo accionando el resorte del artefacto.Γ deliciosa. Por lo general. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. Sale tranquilizado respecto de su talen. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach. Y en efecto. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. en particular. to y de sus oportunidades de triunfo.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. "Por lina moneda. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma.ra que el mundo se conduzca dócilmente. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. Si hemos de creerle. una especie de segundo juego agregado a! primero. I. honorable si* no es que higiénica. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. No por ello dejaba do pensar en él. en caso d e depresión. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. el jugador se . exterioriza su irritación y lop. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo.

m . el dominio dc sí. Deja la máquina frus­ trado. según exi­ jan m is cálculo. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. de la ciencia y de la moral. imaginación. favorecen el feliz desarrollo del arte. paciencia. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. sino amargado c iracundo. lo hacen fructificar a largo plazo. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. deberá tenerla en cuenta. en el caso del señor Segal. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil.enerva en vez dc triunfar. al que presta gran atención. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. Por el con­ trario. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. la lealtad. en la medida en que obligan más a respetar la regla. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. En realidad. Sospecho que. el desinterés. en pocas palabras haberlo hecho perder. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. se siente cngaflado. el componente terapéutico. destreza o vigor. En lo sucesivo. más que otros. Li­ teralmente.

309 . lo que concordaría con otra forma de juego. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. sino intensidad desplegada libremente. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. existen distracciones-trampa que. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. Nombradas entonces n contrasentido. Tal ve/. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. cobran aspecto de juegos. lle­ nando las horas libres. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. y accesoriamente de los solitarios.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. posee una eficacia propia. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. radica entonces en que. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir.

la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números.. serán tomados en cuenta por los interesados. si (por casualidad) ganara.. A título dc ejemplo. Mis mejores deseos.. como es debido. no le digo "buena suerte". no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente. Juegos de azar. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir.f 6 . reducido a la unidad da 6 . tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que. podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8. Por ejemplo. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. sin embar­ co y de todo corazón. horóscopos y superstición. Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. Aunque no contenga ningún 8.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. 310 .1 = 17 = 1 4 7 = 8. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. si es posible. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11. dada la variedad de esos procedimientos. 66 410.f 4 -¿. Y ahora.. Ko obstante. tal número «Obre tal otro. Pero. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour. 93. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento.

En ese terreno. ρά· R in a 310). Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. 101. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. Como los demás. citadas por W. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). ni el horóscopo ni el número llevan fecha. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. ?. de hormigas comunes en la India. como si estuviera seguro de hacerla su presa. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. Morion Wheeler (op. Ahora bien. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga.. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. en cuanto se acerca. espera la llegada de una de ellas y. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. cit. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. Con frecuencia. Hypoctinea bl· tuherctdata.

plural. 162. tanto cabezas de animales. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. eso queda "probado por el hecho de que.Jacobson. op. cit. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. Las máscaras (Koro.. a poncr312 . un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. Extracto de H. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. Jcanmaire. un tanto más burdo. éstas se apartan un poco del ptilócero. pp. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. plural. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. Kora. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. El mecanismo tic la iniciación. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. 221-222. el derecho a conocer el misterio. Simbo.

dc cierta grandeza. De las exposiciones un tanto confusas. Por la noche. Cuando los 313 . la revelación del secreto dc las máscaras. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. esperando que caiga la noche. lo cual se hace ritualmente. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. En uno. dentro dc su simplici­ dad. del mismo tamaño. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. piden conocer las "cosas del Do".scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. Naturalmente. es decir. Ponen manos a la obra desde la mañana. los ancianos los rodean. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. los usos varían se­ gún las localidades. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. hucen oír . Al terminar el día.

Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. salta alrededor de los niños. fisa es la costumbre. ésta se pasca. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua.niños . está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. Cuando se ha cerrado Ja fosa. no estd en \rida. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". Al día siguiente. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye.se han reunido. Una máscara llega corrien­ do. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. Después de lo cual. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. éste la sella golpeándola con la mano. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. De modo simbólico.

El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. Labouret). Además de la cerveza. com­ parado por H.sudanesas]. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). El animal se inmolaba. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. 164. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. el lugar ue reunión era un claro en la selva. t. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. hoy por hoy en decadencia. a los niños c incluso a la gente joven. P. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. IV. Cremer y publicados por H. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. instrumentos dc Jos Antiguos. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. éstos se celebraban cada siete años. y el anuncio producía una efervescencia en el país. se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera.

Luego de abandonar la fosa. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. banquetes y palabrería. iba creciendo poco a poco. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. cuyo tamaño no dejaba de crecer. El enmascarado se ponía a bailar. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras).f negro que cubría una piel humana. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. Por lo demás. en cuanto el enmasca rado.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . I-a dan/a continuaba tres días seguidos. pequenUo en un principio. el que se volvía se condenaba a muerte. em­ pezaba la parte importante del misterio. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. de espaldas. Al pie del árbol se había hccho una fosa. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. T. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. con el rostro vuelto hacia el interior. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. ΛΙ cabo de siete días. El día señalado.

Para rendir homenaje en común a un cantante . numerosas víctimas pere­ cían. pp. fuera entre la ma^a de la población. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. Un ejemplo: el culto de James Dean. (Según K. 1924. Dämonen des Sü­ den. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. De todos modas. En los suburbios de Buenos Aires. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. AZAR P. carbonizado en un accidente de aviación. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas.cían.). en caso negativo. Frobcnius. en 1926. Atlantis. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. durante aquellos días. al cabo de aquel triduum. Ä9 ss. t. VII. 205. en 1939. a fin de m orir como él. fuera en el círculo de los ancianos.

recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. En uno de los cotidianos más importantes de París. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . en la que trabajaba . El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. Escribe. "Algunos psicoanalistas". desfigura­ do.. pretende que.lames Dean. la empresa cinematográfica Warner Brothers. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. el actor hubo de retirarse del mundo./'. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. un historiador enterado. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. se ha conmovido ante el fenómeno. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. dice. sé que no estás m u e rto . "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café.de su gusto.

uno podía sentarse unos segundos al volante. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. volcando 1 Pierre Gaxoto. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. 1957." Γ. 119-131: "Ix cas James Denn'*." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. El episodio en sí os insignificante y N futuro. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. Por cincuenta. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde.. Paris.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. Tras la muerte del héroe. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. maltratando a los transeúntes. ts s Stars. U Figaro. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. Terminada la gira. 213. 319 . pp.

Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. Sin embargo. finalmente. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. los educadores. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. rompiendo aparadores y. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. Por lo demás. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. Los pedagogos. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. De manera 320 . Casi linchados. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. el hecho en sí no es nuevo. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos.autos.

. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. se estaría tranquilo. Son. nada tienen en común. esta trifulca y. miles de muchachos están alii. aparte de su edad. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . ‘rebeldes sin causa'.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. se abruman a golpes sin un grito. No sc conocen entre sí. sin ninguna palabra com prensible. gruñen y se injurian apretando los dientes. en toda la acepción trágica de la expresión.m divier­ í ten. "Para el extranjero. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia. No . para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. presas del terror de la soledad se reúnen. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*...inexplicable.e so s ociosos. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. centenares y. cl lunes. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. se amontonan. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe.. se aglutinan corno pingüinos. decenas. François-Régis Bastide ya ha escrito: .

(Le Monde. como aquéllos.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. . disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. en su mayoría son. Esc bienestar relativo y. el cxccso de dificultades por 'subir'. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. 5 de enero de 1957.los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. la certeza de un porvenir asegurado. En cambio. bajo otros cie­ los. en Suecia./’ Uva Freden. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . En ambos casos. Como aprendices o dependientes de almacén. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters.vo en la vida*.. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. hijos de obreros o empleados comunes. provoca la desesperación.

Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. dos hombres de gran valía. II. 414-415. hacia 1700. de pronto. como yo. 323 . en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. da lugar. t. Favorece agradables equívocos. se quiso continuar con la diversión. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. grande fue la diversión con esa broma. dc manera más desconcertante. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. y Wartigny. de suerte que. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. y la tensión no podía suprimirse. y estado sorprendida. pero el colorete se bo­ rraba al punto. maris­ cal dc campo. pp. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte.En Francia. cuando debajo estaba el verdadero. pero enteramente sin­ gulares. la máscara es una diver­ sión dc la corte. Mémoires de Saint-Simon. al desenmascararse. fueron muertos frente a Verue. El invierno siguiente. que se llevaban bajo otras máscaras. enteramente distinto. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. Bibliothè­ que de la Pléiade. XXIV (1704). salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. El invierno anterior. en extremo y en reiteradas ocasiones. 1949. Pero sigue siendo Inquietante y. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. cap. teniente general. dc aquella ex­ traña singularidad. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. al natural. Finalmente tiraron aquellas máscaras.

Todos la llevaban en Venecia. París. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. bau con el cual se asusta a los niños. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. En principio. p. por razones de Estado. En los teatros. la ley prohibe a los nobles ponérselo. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. 37. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. una vez dentro de la sala. la conservaban o se la quitaban. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. La mayoría de las veces es de color escarlata. hombres y mujeres. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . tenían obliga­ ción de llevar la bautta. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso.En el siglo χνπ ι. a su antojo. El origen de esc nombre es el grito de: bau. Cuan­ do. según Giovanni Comisso. 1944. Era obligatoria para los nobles. en los lugares pú­ blicos. empezando por cl dux. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. Λ continua­ ción.

Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. vestidos dc andrajos. también sobre las máscaras. p. en una palabra. dc escapar dc sí mismos. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. nota 1. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. de disfrazar­ se. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. tomo V. 133. hora« bres vestidos o no dc mujeres. dc cambiar dc identidad.). de dejar de ser lo que son. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. los berrwrdoni. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. 1900. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. los tati. capitulo XI. op. Prefacio de Gustave Coquiot. (Comisco. cil. los pitocchi. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. estaban: los gnaghc. Mémoires. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible.. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. 325 .Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval.

a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. qué apetitos. a qué olvido de sí mismos. que codicias. como los fantasmas. no se ve su rostro. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. La máscara es el rostro turbado y perturbador . Como los fantasmas. qué esperanzas. bajo la pelambre de las falsas barbas. llena con sus tropeles. sardónica y macabra. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y.

pp. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. pues. Masques.de! desconocido. es el lujo condimentado con el miedo. con sus rostros solicitantes y terribles. 3-6. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. (Histoires de. es la sonrisa de la mentira. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y.) 327 . tal vez en la prefectura. quien sabe. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y.

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2...... P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s ... ... V.. La teoría am pliada de los juegos .. III.. b) De la turbulencia a la regla . Conjunciones prohibidas... ... .. Clasificación de los juegos..... Definición del ju e g o . Conjunciones contingentes ...... La corrupción de los juegos .. .... .......27 II..... 1.. .. 3.... 106 . . .... .. S ik íl n im P arte VI. ....... Conjunciones fundam entales ..... La vocación social de los juegos .. 125 127 128 129 329 ...... .... . .. 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales ... TV... .. .......ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I....

.. .......................VII. De la pedagogía a las m atem áticas ..221 El c irc o .......................... 185 c) La delegación.......... 266 1.. 217 La feria a m b u la n te ...... ............169 b) E l m érito y la su erte ............ ................................ .. Análisis psicopedagógicos .......... 216 La m áscara y el uniform e ..... . 201 IX............. 228 Los dioses que p aro d ia n ......... ......... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ... .. 166 a) T ransición........ .......... ... ..... 138 1> La m áscara y el trance ....227 El trapecio................. .......... 268 2......... ..... ........ . Análisis m atem áticos..... La im portancia de los juegos de azar 239 II.................... ) 146 VIII.. ........ ........ 230 Co m plem entos I. .. 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s ... La com petencia y el azar .......... ......... El simulacro y el vértigo .281 330 ......... ................... .

.... La com petencia y el azar . ............E x p e d ie n t e II............. IX.... V III.....322 331 ...... .... 310 312 317 VII...... .... C la siíic a c ió n ..... La corrupción de los juegos .. . El sim ulacro y el vértigo ..... 293 IV............. .. ......... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ............... . ....

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A-. F.E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. . En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. S. Arto de Juárez 226-C. Av. 09070 México. 9:10 y B:9 punta*. D.

C o re: Historia y enajenación R.H.t desarrollo económico J. F. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D. E. J. A. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. B erendt: Et jazz J. B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. B a rre : F. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T. E . L. L u a rd : La China popular y su economía E. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. S. Shaplcy: De estrellas y hombres F. H ughes y D. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. Fanon : Los condenados de ta tierra F. M yrdal : El Estada del futuro G. T. Wright: Para comprender el teatro actual R.

Shackle: Para comprender ta economía . L. Castellanos: ButúnCanán G. S. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. van Doren : La profesión de Don Quijote G. Cole : La organización política K. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J. H. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. Rostand: El hombre y la vida R.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. D.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. de BablnJ: ¡. Dobb: Introducción a la economía G. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M.

ociosa W. A. Veblcn : Teoría de la dase. L. Craig: Aventuras con ei eslabón perdido H. Dufourcq: Breve historia de la música R. Bcnítez: Im ruta de Hernán Cortés M Picón-Salas: Oc ta Conquista a la Independencia L L· Cardara y Aragón : Guatemala. R. Rivet: Los orígenes del hombre americano El libro de los libros de Chilam Balarn G. A. Frisch: ixt fitica atómica contemporánea M. Lytt Jeton y G. H. Bonnor. MclnStc: Las edades de oro dfX teatro E. J.MacGowan y W. Bondi.G r e .R. von Martin: Sociología del Renacimiento E. Silva Herzog: Breve historia de la Revolución Me­ xicana P. Freyrc: Interpretación del Brasil F. Mucllcr: Im psicología contemporánea O. Hcnríquez Urota: Historia de la cultura en la Amé­ rica hispánica Papol Vuh: Las antiguas fristorias del Quiché J. B. las lineas de su mano f . Cassirer: Antropología filosófica K. J. Bodcnhcimer: Teoría del derecho F. W. León-Portilla: Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares 022US HE IN ra É S AMEHCANO P. Rcdficld: Et mundo primitivo y sus transformaciones T. Whîtrow: El origen del universo A. Dart y D. Spmtt: Introducción a la sociología K. R.

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