R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. Asf. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. Esa idea de totalidad cerrada. De la m ism a m anera. se transform an sin cesar. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. designa.la ac­ tividad especifica que nom bra. la palabra Juego. la m anera de un intérprete. com pleta en un principio e inm utable. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . no sólo . sino tam bién la totalidad de las figuras. de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. m úsico o com ediante. p o r o tra parte.propio.

de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. com o m ostrar su juego o. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. ung. Una vez m ás. jugarse el resto. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. al punto. en . de libertad y de invención^ En un registro vecino. la carrera. La idea de riesgo viene.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. la vida. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. o tras más. un elem ento favorable o m iserable. jugar en grattde. a la inversa. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo.

una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. la voluntad de respe­ tarla. toda treta o respuesta prohibida. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos.. es decir. Ahora bien. sin p oder haccr nada al res­ pecto. im perativas e inapelables. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. Todo juego es un sistem a d e reglas. en fin. No pueden violarse con ningún pretexto. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. É stas de­ finen lo que es o no es juego. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. A la ve/. E sta vez. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. de com ún acuerdo. esas convenciones son a rb itrarias. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir.

enteram ente exacto. Pero. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. Así. de facilidad de movim iento. que le da vida. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. pero ño excesiva. in­ terviene un juego de o tra especie. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. Por lo dem ás. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. que ins­ tauran un orden estable. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . ese juego no debe s e r exagerado. en el in terio r de ese juego. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla.voluntarias y aceptadas de buen grado. no el juego m ism o. una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. Por o tra parte. Juego significa enton* ces libertad. esc . pues la m áquina parecería desbocada. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. una libertad útil.

otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. esos distini.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. to s senüdospim plican ideas de totalidad. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. com pleja c innom brable. Sin em bargo el juego^significa. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. de re­ gla y de libertad. Esas estructu. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal. En genera!. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación.

lisa es. es de­ cir. El equipo gober­ nante. reducida a lo esencial. que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. p o r fin. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. que juega correctam ente el juego. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. la argum enta­ ción de un Huizinga. pista o arena. a los partidos opuestos. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 .do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. tablero para dam as o tablero de ajedrez). la precisión. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. la pureza y la im parcialidad de un juego. y en las m ism as condicio­ nes. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social.

No ocurre o tra cosa en el terren o estético. En música. Sin em bargo. las hacen parecer naturales. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. y cualquier o tra imposición. la coreografía o el teatro . cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. En pintura. las leyes de la arm onía. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. P or o tra parte. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. igual que en el juego. Engendran hábitos que. E n lo sucesivo. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín.form as legales. A falta de lo cual. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. al final. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. Son com o las reglas del juego al que él juega. que a la vez guían y lim itan al creador. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. Al hacerlo. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. unidad o canon en la escultu­ ra. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. de encontrarlas extrañas o m olestas.

La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. tiránico. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. a las ciudades abiertas. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. pero regulado. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. que se apoya 16 . dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega.. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. En épocas de guerra llam ada cortés. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. M ediante esos pocos ejem plos. hasta la es­ trategia es convencional. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. sino que suele serlo de la violencia regulada. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego.

la vista más penetrante. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. la regla no favorece ni lesiona a nadie. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión.. más flexible y más resistente. son ejercicio y entrenam iento. en que. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. Por el cam ino del placer o de la obstinación. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. de cálculo. que se b o rra p o r sí mism a. res­ petada voluntariam ente p o r todos. H acen el cuerpo más vigoroso. el tacto m ás sutil. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. Los juegos de fuerza. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. y siem pre revocable. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. . los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo.en un sistem a coherente y equilibrado. tienen al menos valor d e modelo. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. de habilidad.

ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. de una m a­ nera general introduce en la vida. Quien se enoja o se queja se desacredita. nada está perdido y. la mala suerte o la fatalidad. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. antes que recri­ m inar o desalentarse. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . En efecto.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. El juego no prepara para ningún oficio definido.

es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. tal dom inio es m ás fácil en el juego. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. Por o tra parte. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. una vez rebasada la cima. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. que lo deja sin energía ni resorte. anuncio éste que pone fin a la 19 . el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. nada com o el juego exige tanta atención. No obstante.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. la suerte Im­ placable c im prescriptible. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. Sin duda. que a su vez es juego y juego superior. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables. al ech ar los dados o al voltear un naipe. consum ada la hazaña. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. En cierto sentido. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. su m ejo r afán. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular.

Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . tener a la vista la imagen de la perdida. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. es la ley del juego. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. El juego no es una escuela menos ruda. la codicia y el odio. E xperim entar placer con el pá­ nico. en cualquier caso. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. que hacen retroceder la tacañería. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. como dice P latón hablando de o tra apuesta. como si Dios no existiera. un herm oso riesgo que rale la pena correr. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. más im por­ tante que lu que está en juego. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. C onsiderar la realidad como un juego. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. es llevar a cabo o b ra de civilización. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. con ese desapego. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. Tal vez de m anera paradójica.

De habi­ tuarse a ella. En cambio. En pocas palabras. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. E n segundo lugar. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. p o r decirlo así. el juego queda a m erced del aburrim iento.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. el juego escoge sus di­ ficultades. hecho a la m edida del ju g ad o r y. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. 21 . p ero un obstáculo arb itrario . transfor­ m an el m undo. en m ayor o m enor m edida. Por o tra parte. Finalm ente. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. a expensas del conteni­ do. aceptado por él. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. las aísla de su contexto y. la realidad no tiene esas de­ licadezas. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. las irrealiza. casi fic­ ticio. Quien tiene ham bre no juega. Además. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. p o r el pundonor o p o r la casuística.

Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y. Secundum Secundatum .En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad. sin ella.

PRIMERA PARTE .

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el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. dándolas p o r sentadas. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos.I I. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. p o r su naturaleza. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. Johan H uizinga. 27 . Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. esta obra. Por una parte. En H om o ludens. retom ó y desarrolló sus tesis. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. p o r o tra. En todo caso.

en su aspecto formal. que el juego. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. por tanto. puede absorber por completo al jugador. peiO que. 31-32. pp. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. podemos decir. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente. \W . que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada.1 1 Homo ludenx. del FCE. a pesar de todo. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. según reglas absolutamente obligalonjA. aunque libremente aceptadas. México. En la página 53 se encuentra otra definición. trad.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica." 28 .

es decir. La ac­ tividad de juego lo expone. p o r ejem plo. los casii nos. sino una insti­ tución. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. En cambio. lo publica y. se p restan a una actividad de juego. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. En segundo lugar. en cier­ to modo. Sin duda el secreto. las pistas de carreras y las loterías que. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. -|T>ara bien o para m al.E sta definición. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. . que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. es decir. lo gama. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. cuando el secreto. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. ocupan precisam ente un . la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. en fin. los garitos. En pocas palabras. el disfraz. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. el m isterio y.

Pero tam poco es inexplicable. Sin em bargo. a causa de los gastos generales. es preciso distinguir. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. Aunque casi siem pre es inferior. el único que no puede tom ar placer en el juego. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. es decir. incluso en su form a dc juego p o r dinero. Hay . pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. Además. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. En* algunas de sus manifestaciones. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. cierto que en form as infinitam ente variables. Ciertam ente re-. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. En el m ejo r dc los casos. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. aunque se considere desdichada. Pues bien. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que.

p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. Por o tra parte. O bligatorio o simplemente recom endado. en el salario o en la rem uneración. En cuan­ to a los profesionales. crear Tiinguna riqueza. los ciclis­ tas. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. Cuando juegan. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. en el hipó­ drom o o en las tablas. es a algún o tra juego. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. de habilidad y con frecuencia dc dinero. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. ni objeto mamifacluracjp._c&_ca· racterfstico del juego no. Æn^cfccto. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local.desplazam iento de propiedad. en la pista. Aún más. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. ni o b f t m aestra. está claro que en ello no son jugadores. sino hom bres dc oficio. como fuente dc alegría y de diversión. pero no produc­ ción dc bioics. y deben pensar en la prim a. d e Inge­ nio. la even­ tualidad dc esa transferencia. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. ninguna obra. los boxeadores.

la liza. la arena. la pista. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. II. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. 21. de buen grado y p o r su gusto. ora descalifica. p. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. 32 . el recogi­ miento. p ara apartarse d e la vida corriente. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada.se entrega a él espontáneam ente. el estadio. la escena. S alir del recinto p o r erro r. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. el silcucio. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. ora da lugar a un castigo. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. p o r acci­ dente o por necesidad. P o r lo dem ás y sobre todo.” En efecto. es decir. 1943. Parts. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. etc. el cuadrilá­ tero. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. la rayuela. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro .’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. enviar la pelota más allá dul terreno. i Hay un espacio para el juego: según los casos. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’.

y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. p o r reglas pre­ cisas. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. "tiem po". se pro­ longa. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. arb itra ria s e irrecusables. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. 33 . que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. Además. su duración se fija de antem aao. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. Quien no las acepta con ese carác­ ter.cucncia. el terreno del Juego es asi un universo reservado. Sus argum entos son irre­ futables. el tram poso cuando menos finge respetarlas. Desde ese punto de vista. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. Si es posible. como en los juegos de niños). su naturaleza puram ente conven­ cional. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. p o r ejem plo.

El juego consiste en la necesidad de encontrar. el juego es una actividad libre. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. En una prueba deportiva. en una partid a de nai­ pes. En la lotería. Un desarrollo conocido de antem ano. ya no divierte a quien. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. A decir verdad. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. en el ajedrez. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza.o c infalible­ mente. en la ruleta. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. gana sin esfucr/.^ ó l o se juega si se quiere. Es adem ás una actividad incierta. el resultado ya no es dudoso. En esc sentido. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. igualm ente es la que da ra34 . E sa libertad del jugador.

a las b arras. al polo o al bacará. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. al soldado. o cuando menos no fijas y rígidas. al bacará. No se hace com o si. Esa conciencia de la irreali­ 35 . cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. sim ple mímica. Quien juega al ajedrez. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. Muchos juegos no im plican reglas. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. no las hay. a policías y ladrones. P o r el contrario. la regla crea una ficción. al caballo. en general.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. se ve separado de la vida corriente. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. al avión y. al polo. p ara jugar a las muñecas. Por sí m ism a. a la locom otora. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. debo decir aquí que la ficción. De ese modo. al m arro. p o r ejem plo una m áquina. Por eso se juega en serio al ajedrez. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas.

un verdadero subm arino. que denunciaba lo absurdo de las reglas. Así. y encuentren divertido. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . a fin de im itar a las personas m a­ yores. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. si le parece p arte de la vida corriente. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. o están reglam entados o son ficti­ cios. p o r ejem ­ plo. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. D estinada a p recisar la naturaleza. es decir. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. a la chiquilla. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. el máximo com ún denom inador de todos los juegos. Antes bien. un ver­ dadero caballo. los juegos no son reglam entados y ficticios. Podemos concebir fácil­ mente que. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. un verdadero p irata. jugar a "ju g ar al ajedrez". o.dad fundam ental del com portam iento adoptado .

por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. 5* Reglamentada. som etida a convenciones que 37 . quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. el cornc:a y el trom po. y. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. No obstante. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. los solitarios y los cru­ cigram as. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. el tiovivo. ni riqueza. En particular. Por el m om ento. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. p o r ejem plo. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. y el de la mímica y la interpretación.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. los acertijos. A ellos habrá que volver.

no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. 38 . Sin em bargo. esta vez.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. que es la única que cuenta. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. se esforzará p o r tener en cuenta. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males.

El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. finalm ente. Además. En un m ism o lugar. el lugar en que su disputa la prueba. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. En efecto. al comienzo. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . Además. e n otro. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. en el último. en un tercero. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po.II. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. la cualidad principal que exige. a decir verdad.

En cam bio el boxeador. Por una vez. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. Así. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. Por lo general. P o r o tra p arle. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. 40 . es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. Sobre todo. el corredor. S in em bargo. sea en la ruleta o el bacará. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. No hace nada.y el diábolo son diversiones al aire libre. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. ora intelectuales. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. sólo espera la decisión dc la suerte. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. Sea al hacer una apuesta o en la lotería.

en los juegos considerados. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. del azar. del sim ulacro o del vértigo. d entro de esos sectores. opuesta p o r algunos conceptos. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. Las llamo respectivam ente Agon. de acuerdo con una progresión com para­ ble. Así. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. Alea. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. En el extrem o opuesto. Lo distribuyen en cuadrantes. Casi p o r com pleto. predom ine el papel de la com pe­ tencia. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. en lodo caso. Sin em bargo. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. M im icry e llinx. Pero. pero no por todos. de turbulencia. a las canicas o al ajedrez (agón). de su naturaleza anárquica y ca­ 41 .

prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos.significativo y m ás am plio posible. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. enteram ente desprovista de sen­ tido. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . de habilidad o de ingenio. cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. Con la m ism a intención. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. im perativos y mo­ lestos a propósito. m e he esforzado por 42 . de paciencia. Por lo dem ás. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. Pero. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante.

los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo. esgri· 43 . de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. e tc . tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. resis­ tencia. busque en el inundo anim al conductas homólogas. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. ΛΙ hacerlo. m em oria. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. adem ás. tenis. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. es decir. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. vigor. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. fútbol. ingenio. a) Categorías fundamentales Agon.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. box. habilidad. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. En el in terio r de cada cla­ se. Por tanto. cada vez que pude.

salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . En ocasiones. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez.). una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. son ejem plos per­ fectos.ma. en el croquet. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. de golf. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. es de­ cir. Asimismo. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. etc.). en los juegos de nuja. de un caballo o de una to rre). el billar. p o r ejem plo. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . com petencias de tiro. el ajedrez. E! juego de dam as. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. de a tle ­ tismo. etc. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. se p rep ara una des­ igualdad secundaria. como en las dam as o el ajedrez.

el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. Im plica disciplina y perseverancia. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. dado el caso. siendo iguales para todos. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada. un entrenam ien­ to apropiado. En los encuentros de­ portivos. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. la exposición. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. Deja al com petidor solo con sus recursos. el torneo. o en los lím ites del juego. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo.los recursos del jugador. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. Fuera. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. constituyen. Para cada com petidor. . en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda.

si bien está ausente la regla. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. los ca­ chorros dc perro. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. com o es de esperar. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. las focas jóvenes y los oseznos. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. conside­ rando ciertos hechos. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. No obstante. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. testuz contra testuz. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. Asimisnio. con la cabeza pacha. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución.En principio. "un lugar un tanto 46 . Escogen un cam po de batalla.

de parpadear. sino d em o strar su propia superioridad. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. y golpean. Les jeitx des animaux. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. 47 . Se lan­ zan uno contra otro . ele.elevado". 150-151. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. de­ ja rá de respirar. pp. Pa­ rís. Sus plum as se erizan. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. inauguran pruebas severas. 1902. resistirá las cosquillas. trad. de piquetes y de quem adu­ ras*. P o r ello. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. en form a de azotes.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. con el pico al fíente. Gixxtó. En ocasiones. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. lo que está en juego es m ás serio. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. en cuanto a los ejem plos anteriores. d e pellizcos. esos juegos de ascetism o. francesa. como se les h a dado en llam ar. dice Karl Groos. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. Entonces.

sin enfrentarse directam ente. Aquí. En un instante aniquila los resultados acum ulados. la paciencia. Con ello se ap artan un poco del agón. el entre­ nam iento. alpinism o. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. p o r consiguiente. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . A la inversa de! agón. la habilidad. la regularidad. donde. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. crucigram as. Es desgracia total o favor absolu­ to.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. el alca niega el trabajo. la lotería. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. la calificación. en oposición exacta al agon.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. el bacará. elimi­ na el valor profesional. Alca. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. Lo tom o aquí para designar. problem as de ajedrez. etc. M ejor dicho. el cara o cruz. etc. la ruleta. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. sino que .). el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que.

luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. en un juego com o el póquer. cuenta con todo. Parece una insolente y soberana burla al m érito. el alea una renuncia dc la volun· tad. dc disciplina y dc fatigas. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. En general.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. sa del jugador. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. En un juego como el bridge. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. con cada singularidad que capta. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . ab o lir las superioridades na* 49 . con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. con todo. cuanto m enor sea la defen­ . con el m ás ligero indicio. En éste. muy por el contrario. salvo consigo mismo. P o r p arte del jugador. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter.V p o r consiguiente. en el alea.

en tas Utas Baleares para et juego de petóla. F. 50 . Por considerables que se supongan. los ani* Por ejemplo. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. nada tiene que ver con el favor de la suerte. Groos. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. K. principalm ente.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. Incluso es lo contrario. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. corredoics. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. Los anim ales conocen los juegos de com petencia.sa recompensa. Recompensan una victoria disputada con pasión. boxeadores. En cam bio. en las peleas de gallos. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. otorgada a) mérito. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. es decir.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. de acuerdo con las peripecias del agon. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos.

tanto las oportunidades com o los m éritos. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. Sin em bargo. P or o tra parte. precisam ente. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. ju g a r es actuar. sea alea. Sea tigon. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. pues nada en la vida es claro sirio que.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. É stos no logran hacerle estrem ecerse. todo en clin es confuso en un principio. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. Para ¿1.

en ciertos aspectos. convencional y. El sujeto olvida. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. Que es a lo que responde la m i­ micry. en la o tra escala. F. De uno u o tro modo. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . sobre todo de los insectos. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. F. M im icry. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. fic­ ticio. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. casi orgánica. cuando menos de un universo cerrado.l juego puede consistir. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. disfra/a. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. pero no es me· 52 .se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. del im pulso que las suscita.

que sobre todo acaba en una obra exterior. com plejo y sorprendente. de m anera m ás p articu lar en el insecto. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . Por desgracia. en disim ularse. Así. una m odificación orgánica. corresponde en el anim al y. París. Mythe ct VHomme. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. 193Ä. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. Wl143. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 . a una conducta libre del hom bre.nos elaborado. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. en ponerse una m áscara. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. en vez de ser un accesorio fabricado.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. a rb itra ria e im perfecta. pp. En efec­ to. Por poco que se adm ita esa hipótesis. Sólo que. versátil. en esta ocasión.1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". en representar [jouer] a un personaje.

y huye de todo objeto que se acerca". sigue el paso del hom bre. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor.n efecto. Reproduz­ co algunos .E ntre los vertebrados. lo más caprichosa. y en cam bio. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. se­ m ejante al contagio del bostezo. ni final de este volumen (p. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. sin reconocerla. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. F. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. según los casos. sino como lo propongo aquí. de la claudicación. En cu an to a los cangrejos oxirincos. 291K 54 . el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. esporádicam ente. q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. del perro o del caballo que ve alejarse. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. Entre las aves. H udson creyó p oder afirm ar que. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado.de ellos en el "Expediente". casi irresistible. Sin ruibarbo. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. de la carrera.

antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. vaquero. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. La niña juega a la m am á. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. En el niño. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. En el carnaval. Pero. m arciano. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. los ap aratos. pirata. el niño finge ser soldado. com o se tra ta de un jue­ go. enm ascarados o disfrazados. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. Finalm ente. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. realistas y <*orné*tlcas. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. 55 .4 etc. a la cocinera. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. a la lavandera y a la planchadora. m osquetero. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. agente de policía. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón.

U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. Como actividad. el espectador en el héroe de la película. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. sino claram ente los asistentes. todo agon es un espectáculo. Sólo que es un espectáculo en que. Por sí sola. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. pero ellos no juegan. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. Para quienes no participan en él. ni tam poco un verdadero piel roja. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. imaginación c interpretación. se excluye el sim u­ lacro. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . para que sea válido. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente.ro torero.

Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. p ara ayudarlos. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. Con excepción de una sola. triunfa' dores del agon. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público.m anera m ás explícita. es­ e 57 . A dccir verdad. el encuentro de boxeo o de lucha. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. Los cam peones. En una palara. inauguración solem ne. en el hipódrom o. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. constituyen en sí espectáculos con trajes. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. suspensión de la realidad. la carrera ciclista. convención. En cam bio. pero aparecen con las características exteriores de una representación. el p artido de fútbol. En esas condicio­ nes. de tenis o de polo. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. el de los caballos de su elección. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. adem ás del espectáculo. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos.

consiste en fascinar al espectador. el artificio al que se le invita a d a r crédito. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana.pació y licm po delim itados. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. F. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . la m áscara. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. La regla del juego es única: para el actor. m ediante la técnica em pleada. se trata de alcanzar una especie de espasm o. se vinculan a ciertos juegos infantiles. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. Los escojo a propósito. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. para el espectador. Ilinx. du­ rante un tiem po determ inado. En cualquier caso. Ko obstante. pues los prim eros. La m i­ m icry es invención incesante. como a una reali­ dad más real que la realidad.

trece según Torquem ada. pp. p. dan varias vueltas com­ pletas. La cerem o­ nia. 327334. G irando '· O. y en Guy Slrcsscr-Pean.0 En México. pp. al que acom pañan aves. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. Antes de llegar al suelo. describiendo una espiral que va ensanchándose.de vértigo. 4. julio dc 1937. 329-339. num. Luego. 188?. Paris. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. m uertos divinizados. Ar^el. 59 . Depont y X. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. En el “Expediente'·. 298. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. Les Confréries rclizicusts musulmanes. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. 1947. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas." Por lo demás. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. vol. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. Ethnos. pp. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. Coppolani. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. II. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. 156*159. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. 179-192.

la caída o la proyección en el espacio. procuran sensa­ ciones análogas. la rotación rápida. la velocidad. E ntre los niños. el sube y baja. Paralelam ente. el deslizam ien­ to. En· 60 . un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. De una m anera análoga. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. el tiovivo. dos niños se tom an de las m anos. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. los pies ju n to s y encontrados. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. si se eleva lo bastante. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. extendiendo los brazos. frente a frente. existe uu vértigo de orden m oral. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. de­ prendas y del salto de rana. precipitarse p o r una pen­ diente. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. G ritar a voz en cuello. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad.rápidam ente sobre sí m ism o. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. en el juego haitiano del ntaiz de oro. resbalar por el tobogán.

ya orgánico. ni tam poco al m enor asomo de peligro. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. en p articu lar de las ove­ jas. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. hasta caer. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto.1 Las ratas dc TKarl Groo*. Los antílopes. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. op. por ejem plo.1 tre los adultos. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. Por lo dem ás. ya físico. R 61 . las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. propongo el tér­ m ino ilinx. nom bre griego del rem olino de agua. citv p. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. Antes que nada. 2Q . O tras veces. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él.

el maíz de o ro . es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. El halcón nocturno de América. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. tom ando cada cual im pulso. m ientras que las dem ás la ven hacer. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra.1 1 Después de la perinola. El caso de las gam uzas es aún más notable.. trepidantes ν convulsas. la curva con su peso hasta que se afloja. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. E l gibón escoge una ram a flexible. 62 . como •Kart Groos. Luego vuelven a subir. descrito por Audubon. En la época de celo. suben a los nevados y. son am antes de los juegos de vértigo. Según Karl Groos. y de nuevo se dejan caer. 111. pp. dando la im presión de que se estrellarán contra él. el tiovivo y el colum pio de là infancia. 265266. 116. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. la resbaladilla. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. sobre todo. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. Pero las aves.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. allí. ihùf. proyectándolo p o r los aires. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas.

del que esperan un goce. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. Por o tra parte. Evidentem ente. P or tanto. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. ha habido que inventar m áquinas potentes. Sin em bargo. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . Devuelven a las personas dem acradas. de los que depende el senti­ do del equilibrio. que se acerca más al espasm o que a la diversión. F uer/a es decir goce. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. A decir verdad. en m otocicleta o en un au to convertible. Acaban de d a r alaridos de terro r. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. es im portante observar que la vio* 63 .

É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. Aquí. lím ites estrictos e invaria­ bles. Son ellas las que lo trans­ 64 . En cam bio. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. A p artir de esc m om ento. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. forman p arte de su naturaleza.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. separación del resto de la realidad. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . en casos extrem os.

S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. y en general de dis­ tracción y fantasía. una necesidad de relajam iento. es de­ cir. de los niflos y de los anim ales. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. a la que yo llamo paidia. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. Kredati designa el juego de los adultos. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. En efec­ to. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. Además. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. en tre otros. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . cier­ to peligro de confusión. 3 la que propongo llam ar ludus. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores.

de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. dc com petencia. si no es que la única razón de ser. La palabra wan es todavía más explícita. de colores o dc ruidos. una recrea­ ción espontánea y relajada. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. En cam bio. es decir. naturalm ente exce­ siva. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. de la pelotera a la batahola. de probar. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. de hacer que se derrum be un m onta­ je . Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. los juegos de habili­ dad. 66 .do con cl viento. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. De la voltereta al garabato. de sim ulacro y de azar. dc hacer trizas una tela. el lactante que ríe a su sonaja. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. de atrav esar una lila. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. dc asir. etc. m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir. el perro que se sacude. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo.

299). cuya causa es el. sacando la lengua. T. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. cit. ν reproducida en el "Expediente" <p. p o r ejem plo. cerrando los ojos.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. op. hacia atrás. pero lim itado. convenida. Tam bién le gusta que lo asusten.e gusta ju g a r con su propio dolor. que hace cesar a su antojo.. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. ora una angustia psíquica. J. com o ya hem os visto. &■ $ $9. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. Rom anes. de sentirse causa. pero solicitada p o r él. haciendo muecas. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. pp. se tra ta de afirm arse. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. Para el niño. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. * Observación citada pur Kart Groos. o juega a quién m irará el sol. y dirigido. De ese modo» K. busco ora un dolor físico. Asi. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. separa­ da y gobernada. 67 .

Pero en cuanto aparecen las convenciones. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. E sta esfera. definida arb itrariam en te. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. los uten­ silios. que es propiam ente el ludus. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. a voluntad. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. la resbaladllla. a la postre. la m uñeca. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. de la m im icry y del ilinx. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. en la adquisición de una m aestría particular. a la cual disciplina y enrique­ ce. la gallina ciega. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. la perinola. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. del alea. de tal modo.En general. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. las técnicas. La diferencia con el agon es que en el ludus. el com eta. escondidillas. El ludus da ocasión a un entrenam iento. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 .

En el aspecto de la habilidad m anual. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. Víase Y.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. dentro de la m isina especie. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. Hirn. Asimismo. los crucigram as. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). P. se pueden cita r los juegos del balero. 1026. francesa. trad. por ejem plo. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. “■Kant había hecho ya esa observación. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. 69 . o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. las diversiones m atem áticas. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. Les i'eta d'enfants. En fin. Gracias a él. 63. del diábolo y del yoyo. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. Paris. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. sin instrum entos. los anagram as. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo.

Lo cual no im pide que. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. ya como ludus. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. en esos dos ejem plos. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. en m ínim a proporción. Por lo dem ás. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. 70 . Sin em bargo. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas.1 1 Asimismo. 300). en que el jug ad o r puede. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . sea el azar el que decida en lo esencial. así fuese en m ínim a parte. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. En el caso más simple. véase el •'Expediente** (p. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon.

estrem ecim iento inmóvil y mudo. p ro ­ cura. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. o de los modelos a escalo. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. com o en el alpinism o y el trapecio. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. que es tum ulto y exuberancia. ofreciendo la conjunción esencial. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. Es entonces escuela del dom inio d e sí. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano.gos de ilusión. hasta 7! . Por m edio de esa feliz com plicidad. de avión o de barco. que es arreb ato puro. Lejos de com binarse con el ilinx. En cam bio. Reducido a sí mismo. Pero. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. así com o no podría haber alianza entre la paidia. que es cálcu­ lo v com binación. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. y el alea. y el ilinx.

Em pero. el balero. no pierden opor­ tunidad de organizar. a mi m odo de ver. dotado o no de prem io. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. que los diarios. A decir verdad. El yoyo. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. acertijos. crucigram as. t Por lo dem ás. ese ilaccr sin eco.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. etc. Pero siendo m ás cs72 . llegado el caso. m ediante un juego disputado. hay una característica del ludas (explicable. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. De esc modo. En efecto.

Cuando le falta éste. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. a rte por placer. lo baña una atm ós­ fera de concurso. E stá com probado que. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. en una palabra. para hacerlo. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. en el obrero. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. cons­ tituido de nuevo en artesano. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. En efecto.table. En realidad. el hobby lomaba 73 . g ratu ita. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. activi­ dad secundaria. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. el anagram a. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que.

El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. la aplicación. Por esc m otivo. sin el dom inio de sí. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. el pánico o la embriaguez. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. el alca. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. es positivo y ί ο cundo. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. disciplinando u la paidia. la m i­ m icry o el ilinx pero. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. la fatiga. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. De una m anera general. 74 . No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón.

el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. el cálculo y di­ ficultad vencida. al p arecer deriva en esc caso. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. La reserva de agitación libre que la define en un principio. literalm ente " a r­ diente-desorden". Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. Ja pacien­ cia y el sueño vano. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. Pero debe com binarse con 75 . designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. no hacia la proeza. al m ism o tiem po. En efecto. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. saca a la luz o lro destino de la paidia. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. sino hacia la calm a. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. Tal vez a causa de ese origen. En esas con­ diciones.Por lo demás. orienta naturalm ente la turbulencia. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. Según algunos. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia.

al alea. . desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. Asimismo. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. sin duda im plícita. D ar preferencia al agon.

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LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. obtenien­ do gloria. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. dc rapidez. balero o aro . aunque sea a sus propios ojos. com eta. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo.III. tal vez invisi­ bles o ausentes. De m a­ nera general. sobre lodo juegos de destreza. Tal vez lo sea. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. en una palabra. estableciendo m arcas precarias de duración. diábolo. cuan­ do menos virtuales. dc altu ra. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. de cualquier realización difícil dc igualar. sobrepujando en la dificultad. realizando proezas sin preceden­ tes. incluso. yoyo. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. Cierto es que existen algunos juegos. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. Los propietarios de los 80 . de precisión. trom po.

O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. E stá horadado con m últiples perforaciones. Acaba por p recisar un reglam ento. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. adoptado de común acuerdo. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. En O riente. Con frecuencia. Luego. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. luego sujeto entre los dientes. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. con el estilete en toda la m ano. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. en ello consiste lo esencial de su placer. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. Así. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival.

A cada nuevo hoyo. operación que es monopolio dc tas m ujeres. el jugador mima una aventura o analiza una acción. alguna cacería o un cóm bale. fases del desta­ cado de la presa. En ocasiones. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. enum era las diferente«.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero. etcétera. Cuenta un viaje.m ar ventaja.

los cuervos. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. sino tam bién los zorros. Incluso cuando. En ese estadio. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. Por lo general. Antes de volver a la lucha. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. Y no sólo los perros. . Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. En efecto. no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. como desafio y replica. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. en p rin ­ cipio. que si­ guen con pasión los episodios del duelo.Los pedazos a los perros Los perros com en. . provocación y conta83 .

el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja.tfio. efervescencia o tensión com partido. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. las diferentes categorías dc juegos. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. Sin em ­ bargo. Pero no. Así. el alea. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. Una partid a no soporta sino 84 . en algún salón discreto. En fin. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. P or o tra parte. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. pre­ fieren estar allí. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. no la soledad sino la com pañía. el ilinx su­ ponen. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. el agon (por definición). incluso en el cine. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. Asimismo. si no es que en el barullo. la m im icry.

suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. Para el agón. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. Entonces. privado y m arginal. Sin em bargo. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. esa form a socializada es en esencia el deporte. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. En determ inadas circunstancias. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . los campos de carreras. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva.un grupo lim itado de com pañeros. son los casinos. a ve­ ces clandestino. En una palabra. para el alea. asociados o no. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. p o r su am plitud y su estabilidad.

las artes del espectáculo. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. orientada ya hacia el vertipp.ciedadcs dc apuestas. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. el carnaval y el baile de disfraces. para el ilinx. finalm ente. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. de francachela y de júbilo populares. 86 Ψ . Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. para la m im icry. de una m anera m ás equivo­ ca.

libre. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. 87 . Cierta­ mente. Puram ente form ales. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. ficticia.IV. Desde ese m om ento. pista. incierta. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . 3?. 6o. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. ?. Por necesidad. . 2». los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. é s te ap areció com o una actividad: 1?. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. 41 im p ro d u ctiv a. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. sep arad a. liza. 5= reg lam en tad a. estadio o escenario) que les está reserva­ do.

Tiránica y aprem iante. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca).dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. se esfuerza y se em peña. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. En el agon. en la m im icry. ideal. en cl juego. finalm ente. la búsqueda del vértigo (ilinx). Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon).Además. Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. en el ilinx. Pero. en el alta. dc escapar .

Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. lo que era evasión en obligación. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . El principio del juego se ha corrom pido. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. lo que era diversión en pasión. el tram poso perm anece en el universo del juego. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. pero hipócrita. P o r su parte. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. en obsesión y en causa de angustia. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. El caso no es excepcional en absoluto. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. Es deshonesto. En el fondo. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. Si bien infringe las reglas. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. T ra­ ta de engañar. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. no hay perversión del ju e ­ go.

cuando cae el telón y se apagan los reflectores. lo echan. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. En cuanto se 'term i­ nan. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. Pero. una activi­ dad constante y absorbente. es devuelto a la realidad.prueba. la representación tea­ tral es un sim ulacro. el ago»». el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. para el profesional del ciclismo. los ciclistas o los actores profesionales. o la »úm icry. Son su propio traba­ jo . necesarios para su subsistencia. Para los boxeadores. Si lo descubren. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. ac­ túa.obedezcan. recita. el público se precipita a la salida. la. del tenis o del fútbol. so viste. del boxeo. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . llena de obstáculos y de problem as. debe defender sus intereses. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. Asimismo. Hace gestos. Asimismo. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. Tam bién p ara el actor. La diferencia sólo los afecta a ellos.

se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. Por eso. en cuanto abandona el estadio. P or lo demás. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego.m ejor porvenir. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. luego que suena la cam pa­ na. estas im pregnan toda su vida. en el caso particular. son lím ites y convenciones. em pieza la verdadera perversión del agon. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. incesantes c im­ placables. la m ás difundida dc todas. En la sociedad encuentra su brutalidad original. Fuera de la arena. sociales o legales que. vuelve asi a la situación de partida. com o las del ju e­ go. Como el com ediante fuera dc escena. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. Ahora bien. el velódromo o el cuadrilátero. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. H ipócritas.

Por lo dem ás. la decisión del árb itro se aprueba por principio. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. En efecto. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. Aun siendo in ju sta. sin corazón ni m em oria. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . Con la superstición nacc la corrupción del alea. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. es decir. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. En fin. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. En cuanto a los juegos de azar. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. para a p a rta r las influencias nefastas. que conoce en sueños. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada.

cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. Las m ás de las veces.form a. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa.1 Es significativo que. Al salir de la cam a. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. Insiste en leerlas. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. Más todavía. É ste afecta tam bién las gestiones. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. 93 . la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. 310). Pero al fin y al cabo las lee. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. fuerza es confesar que los supera. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. prácticam ente todos. para Ja m ultitud de sus lectores. es decir. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. Sin em bargo.

las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. veinte revistas espe­ cializadas. magos y o íro s "fakires". una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. Tan sólo p ara la astrología. En París. Con frecuencia. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. Al parecer. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. . Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. fecha de aparición dc la primera edición. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística.

la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. La corrup* 95 . Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. el atea. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. es dccir. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. Por todos conceptos. En cuanto a la avidez. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. La superstición aparece así como la perversión. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. Antes que obstinarse en una labor ingrata. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. sólo se traía de lám inas com unes. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. Y aun así. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar.

Una vez abandonado el espacio mágico. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. Una vez m ás. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. 96 . quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. La precisión de los lim ites im pide la enajenación. Asimismo. del disfraz y de la m áscara. lentam ente. Convencido de que es el otro. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. aquí el juego protege del peli­ gro. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. cuando. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. term inada la fantasm agoría. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel.

E s sorprendente que. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. En cam bio. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. a la vez liberadoras y aislantes. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. En los terrenos de ferias. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. El sim ulacro desem peña un papel en ella. allí donde las reglas del juego. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. Además. Pero aun asi 97 i . los espías y los fugitivos.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. al alea o a la m im icry. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. sin conven­ ciones previas c im periosas. El azar tam poco es contrario a la realidad. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. ya no tie­ nen vigencia. como se ve con los estafadores. en cuanto al agon.

antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. Por últim o. Costosas. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. Su acción se limita a su propia duración. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. P o r su atm ósfera.llegan a producirse. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. de velocidad. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. pertenecen ya id universo del juego. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. Además. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. interm itentes. perm anecen in­ dependientes del m undo real. Entonces se pide a las drogas o al 98 . es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. com plejas y estorbosas. El vértigo físico.

esta vez. con cierta necesidad perm anente. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. una ansiedad insoportable.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. la for- 99 . Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. Pero. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. Ahora bien. Así. Sue­ len crear. IJna vez más. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. Aunque como el vértigo físico. una horm iga de las m ás com unes. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. li­ b erar del peso del recuerdo. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o.

Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. m ata a la lochem usa. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. I-a form ica fusca que.m ica sanguínea. 100 . I. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. O tra especie de horm iga. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. pp. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. t. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. No obstante. pasa a o tra. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. IX . que no lo tolera. La desgracia * Henri Piéron. Mal aten ­ didas. El horm iguero decae y des­ aparece. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. Cuando ha agotado una oruga.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. 1911. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. en libertad. 199*203. Sciemia. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

del respeto a la regla. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. 107 . con ayuda de la imaginación. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. El juego es libertad e invención.1 Sin em bargo. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas. goza del favor público.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. do Carrington Bolton y de tantos otros. Scgdn é). y el deoorte. 112*113.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. de Groos. hace de ella un resumen gráfico.vado a concluir el lector de H irn. caprichoso < n c! detalle. 1946. Son trib u tarias del espíritu de investigación. pp. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. del desape1F. siendo jxer* C seguido por su competidor." Jean Giraudoux. Así. Sort* Ponx'üiri. en 1938 Hui/. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. De improviso. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. de lady Gomme. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. los hombres habrían "imi.

caen al nivel de distracciones anodi­ nas. las <Ie la prosodia. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. del contrapunto y de la perspectiva. Sin em bargo. las de la puesta en escena y de la liturgia. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. En el otro. El espíritu de juego es 108 . P o r el ca­ m ino del juego. Al mismo tiem po. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. habiendo perdido su seriedad. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. a concebir una eco­ nomía. sea para decidir en tre ellas. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. Apren­ de a co n stru ir un orden. sea para articu larlas una a o tra. el determ inism o. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. En un caso. el refinam iento y la invención. Estim ula el ingenio. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. las reglas del derecho. "¿H abrá salido todo del juego?". En ciertos aspectos. las de la táctica mi­ litar. a establecer una equidad. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens.go que crea y que m antiene. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía.

La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. Entonces. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . laicas o sa­ gradas.esencial p ara la cultura. ciertam ente no eran juegos en absoluto. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. E s tiem po d e d a r ejem plos. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. pero no su naturaleza. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización. Su función social ha cam biado. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. tal como la define precisam ente Iluizinga. pero. en el transcurso de la historia. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. privados de sentido en aquella en que se les introduce. aislándo­ lo. juegos y juguetes son residuos de ella. En ella ya sólo se les tolera.

En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. En Corea. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. El difunto se juega la suerte en 110 . fi­ nalm ente. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra.correspondían. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. que preside. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. Por encima del jugador. Osiris. a m anera de telégrafo rudi­ m entario. En el Egipto dc los faraones. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. En el juego del pillapilla. En Nueva Guinea. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i.

En la India védica. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. la liturgia de una cerem onia piadosa. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. y a K rishna. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. dios del am or. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. En prim avera. se mece solem nem ente a K am a. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. En Ingla· 111 . Dedicados a una divinidad.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. p atrón de los rebaños. De m anera general. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. A decir verdad. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. de la destreza o de la gracia.

Λ fin de cuentas. una p u ra y simple ilusión de óptica. Le Pont du Nord. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. Sabem os que an tañ o al­ deas. La T our prends garde. (Los caballeros al acecho). No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. Por ejem plo. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. (La to rre en g u ard ia). en la G ran B retaña. en Francia. Lo m ism o. Por su parte. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. Jefiny Jones u O ld Rogers. parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. para acab ar pron­ to. que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. . de diversos tabúes. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. una vez m As. P o r lo cual.terra. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas.

Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. con rifles de aire com prim ido.E s muy cierto que cl arco. al m a­ trim onio y al entierro. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. los niños juegan com únm ente a la misa. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. Las kachinas son sem idivinidades. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. Sus padres los dejan ha­ cer. Tam bién juegan con tanques. Del mismo modo. En cam bio. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. a la confirm ación. los niños fabrican de 113 . en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. en los países católicos. En el Africa negra. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. con hondas y con cerbatanas im provisados. con subm arinos y con aviones en m iniatura. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas.

y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. ¿Cómo 114 . De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. ser una madre. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. Les gusta com portarse como adultos. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. perm iten al niño transform arse en oficial. en cobrador de autobús. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. en vaquero. en aviador. por poco im presionante o solem ne que sea. en m arino. en todas las latitudes. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. En una palabra. presencia sim ultánea de dos registros distintos. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. sím bolos y rituales de la vida religiosa. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. antes bien. en jockey. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. en agente de policía. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención.m anera análoga m áscaras y rombos. Asi.

en el otro . en ella m ueren pocos o muchos. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. Según la5 épocas. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. cuando ella m ism a es caduca. pero no la guerra. 115 . Cierto es que se puede m orir en un torneo. la rufeta es un juego. el torneo es un juego. como en una carrera autom ovi­ lística. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. se presenta como una actividad paralela o independiente. en un caso. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. pues el torneo está más reglam en­ tado. pero no la especulación. Antes que nada. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. Asimismo. Además. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. pero sólo por accidente. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que.

y sobre todo en los juegos infantiles. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. Sin em bargo. todos las distinguen al punió d e éstas. En efec­ to. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. el juego perm anece separado. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. Pues bien. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. de m anera constante y dondequiera. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. de un ins- . Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. pues se les siente como tales. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos.Asi. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. variados y en ocasiones peligrosos. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/.

a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. se ejercen en terrenos incompatibles. por el contrario. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 .t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. las costum bres y las litur­ gias o. constituidas en estru c­ turas im periosas. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. En todo caso. se presenta com o muy vano. la liturgia. en una palabra. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. son operaciones com plem entarias. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. No obstante. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. explicar 5a ju rispruden­ cia. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. e igualm ente fecundas. En cam bio. el problem a de sab er quién precedió a quién. com o de caram bola. aprem iantes e irrem plaçables. Con frecuencia. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. cuando no pretenden ser exclusivas. las reglas de la estrategia. A fin de cuentas. Explicar los juegos a p artir de las leyes. el juego o la estru ctu ra seria. prom ovidas.

Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. Desde ese punto de vista. gracias a un con­ curso o a un examen. En o tras palabras. Cierto es que. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. lo que era institución sin duda puede verse degradado. con el tiem po. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona.una cultura. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. Poco a poco. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. Los resortes coinciden. la suerte o la superiori­ 118 . de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. Ese juego inédito responde a o tras necesidades.

Para bien o para mal. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. de destreza. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. la búsqueda de los favores del des­ tino. la alegría do improvisar. La espera. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. El gusto por el desafio. El intento de elucidar un misterio o un enigma. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. posee una fecundidad natural. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . Bl de tener o infundir miedo.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. 119 . La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. por el contrario. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. de rapidez. de equi­ librio y ilc ingenio. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. dtí resistencia. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. Sin em bargo.

se obedece al legisla o se escucha al furioso. Estos. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses.. En gran p arte. Pero en ellos no son dc igual necesidad. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. Según los casos. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. no tienen relación con 120 . es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. Así. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. se estim a la violencia o la di­ plomacia. Además. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. Allí donde se favorece a algunos. cl embotamiento y la embriague/. se ex­ cluyen el uno al otro. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. se confia en el cálculo o en la inspiración.Finalmente. Asi. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí.

pero que no deja de seducir al adulto 121 . com pensacio­ nes o válvulas de escape. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. en algunos E stados m odernos.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. en cam bio. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. Para to m ar un ejem­ plo. precisam ente. y tal vez indispen­ sable. En efec­ to. en la Grecia clásica. cuáles los con­ tradicen. es claro que. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas. en la sociedad considerada. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. por el contrario. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. cuáles los confirm an y los fortalecen y. Sobre todo. en la m edida en que. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. los ridiculizan y representan de esc modo. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. De todos modos. en principio.

de destreza. se­ gún creo. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. palabras. Λ1 m ism o tiem po. . Asi. he debido com probar que. explican. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. Esa libertad. En otras. Con frecuencia le inte­ resa más. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. no sólo em prendo una sociología de los juegos. al abrigo de loda consecuencia fatal. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. el estilo y Jos valores de cada sociedad. de inteligencia o de aten­ ción. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. su posibilidad de éxito.con o tras form as. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos.

— SEGUNDA PARTE .

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LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . agón típico para los jockeys. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. suerte. Sin em bargo. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. una carrera de caballos. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente.VI. To­ m ándolas sólo de dos en dos. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. es al m ism o tiem po un . vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. Una a una. sim ulacro. Competencia-simulacro (agon-mimicry) . cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . Suerte-vértigo (alea-ilinx) .

B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. Sin em bargo. dos más. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. sino simplemente coin­ cidencia que. No corres­ ponden a afinidades im periosas. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. mediante las cuales la com petencia es base del alea. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. por lo dem ás. . En ciertos casos. Por eso. No hay alianza. luego dc un exam en. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. Algunas o tras com binaciones. siguen siendo puram ente accidentales. sim ­ plem ente viables. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas.

T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. la sumisión previa al veredicto de un árb itro .n el m om ento en que lo solicita. De otro modo. En efecto. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. F. a la fuerza y »I cálcu­ lo. Cos.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. Decididamente. el dom inio de sí. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado.i . Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. el respeto a Ja regla. sin desnaturalizarla al punto. Por lo dem ás. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia. ah o ra es destruido 127 . El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. el deseo de m edirse con arm as iguales. De ello no su b ­ siste nada. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. etc. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. la recia y el vértigo son in­ com patibles. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad.

lo fascina. En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. no hacc al alca im posible en absoluto. que d estruía al afton. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. lo enloquece. Pa­ raliza al jugador. dc posesión o d c hipno­ sis. es dc sobra conocido que. 2. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. en los juegos de azar. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. En efecto. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego.

p o r un lado con perfecta corrección y. Se siente en uno represen· tación. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. es decir. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. m edidas minucio129 . sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Reglas de una precisión adm irable.pectáculo. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. esforzándose al máximo por obtener la victoria. 3. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. En fin. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. A ese respecto.. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. Una vez m ás. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. por el otro. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. al menos. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace.

sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. ideal. ordenada. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. En el o tro polo. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. en uno. En ese universo. con todo salvo consigo. el dom inó. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. p ero com o una imagen ficticia. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. Pero. Y no podría ser de o tro modo. en el otro. puesto que esas son las características inm utables del juego. Sin regla. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. el fútbol y la lotería. a la des­ treza o «ti saber del jugador. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. Dicho lo cual. reparada y lim itada. Hace un mi> 130 . el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla.

Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. Fingir que se es o tro enajena y transporta. la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído.m entó. En o tras palabras. apa­ rece como lo contrario del juego. dc suyo. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. Ahora. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . si no es que eclipso absoluto de la conciencia. Dc suerte que. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. en sus form as más claras. Provoca tales accesos. en cam bio. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. con el vértigo hay desconcierto y pánico. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. m ientras que renunciaba a ella en el alca. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. Mas p o r el hecho dc que.

tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. Sin em bargo. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o.im aginable. enteram ente orienta­ dos. y p o r un cam ino im previsto. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 .se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. Al final. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. p o r su parle. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. protegidas de an ­ tem ano.οη y del alea y que están. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas.

frecuentes y casi inevita­ bles. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. que in­ terrum pen o devastan. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. En la prim era coalición. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. De ellas surgen instituciones estables. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. d a r prueba de su excelencia. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. El agón. no o tra que el teatro.y de la suerte. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. Nada más fértil que esa am bición.n cam bio. y efectivam ente crean. F. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. Quiere triunfar. prestigiosas. En efecto. la que rige el m undo de la regla. En cam bio. ya estético. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse.

134 . m ientras que la magia y la superstición. con su destreza o con su inteligencia). Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. Eligiendo a ujmj.de dados. con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. La regla es que se abstenga de actuar. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. En esas condiciones. Cierto. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. la o tra . Pero una es lucha de. Asf. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. una equi­ dad absoluta entre los com petidores.

En cam bio. hay renuncia. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. Se la expone hasta que su­ cum be. Mas lo cierto es lo contrario. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. No se la educa. sino tam bién renuncia dc la conciencia. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. De esos juegos negativos. expresión y m anifestación de una cultura. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. sólo necesita abandonarse. Para lo­ grarlo. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. y lo aniquilan 135 . Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. dc astucia. sem ejante en ese aspecto al alea. dc cálculo. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. en el ilitix. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre.

sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. desigualm ente feliz y rápido. p o r la o tra. en la conjura de la m áscara y del vértigo. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. dentro de las dos grandes coaliciones.Así. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. cuya seducción se debe neutralizar. la su erte y el m érito ). M anifiestan una solicitud des­ m esurada. el agón. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. una especie de atracción horrible y funesta. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. inhum ana y sin remedio. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. Las dem ás pronto son devastadoras. 136 . es dccir. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. tam bién existe un esfuerzo incesante. A esc esfuerzo se le llam a progreso.

y la cometa quc\ al parecer. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. Pues. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. infinitam ente m ás aclim atables. decididam ente occidental. Y es. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. como las especies vegetales. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . Los im perios y las instituciones desaparecen. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. antes que nada. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. pero. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. Son in­ num erables y cam biantes. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. pero los juegos persisten. Es ése un p ri­ m er m isterio. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación.

de em pujar el guija­ rro. Con el cristianism o. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. de los artefactos y de las proezas. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. HI juego pasó al Occidente medieval. el diseño se alarga y se sim pli­ fica. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. 138 .se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. el Paraíso. En la antigüedad. la Corona o la Gloria. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. hasta el Cielo. de las reglas. En la India. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. el alm a— hacia la salida. Revelan las pre­ ferencias. prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras.

educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. los gustos. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. En efecto. En efecto. y en el seno de una civilización una época. Sin em bargo. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. al m ism o tiempo. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. si los juegos son factores e imágenes de cultura. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. los modos de razonar más com unes y. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 .m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias.

El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. pero puede. triquiñuela. el de Atenas en las aponías de los sofistas. en los mism os países. provocan reflejos. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. . tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. en todo m om ento. Para considerar un ejem plo. un juego en que cada cual. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. es decir. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. a posteriori. d a r una explicación contundente al respecto. Los juegos crean hábitos.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. Para una inteligencia infinita. en cierto modo. para el dem onio que im aginó Maxwell. en que todo es ardid e incluso. Luego. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. como provocadoras o como desleales.

un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. En ese juego. Esos signos. m itad en brom a m itad en serio. rápido y discreto. En cuanto a las cartas. 141 . El buen jugador. una tendencia al engaño. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. que form an p a rte de la legislación del juego. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. reglam entada y obli­ gatorio. pero en espera del desquite.pero triquiñuela codificada. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. p o r lo demás adm itida y bien recibida. de muecas. si no a los asun­ tos públicos. sin que se enteren sus adversarios. una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. dispone de los juegos de fisionomía. una vez más. En lo cual. En cuanto a las com binaciones de cartas. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. que se deriva del poker y de la malilla. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. sin pronunciarlos efectivam ente. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. Una serie de mohines. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales.

suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. aquellos que parecen m ás evidentes. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. La agresividad se ve m en­ guada. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. hay en ello un rasgo de civilización. 165 174. Sin duda alguna. si no es que al sacrilegio. Sin em bargo. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. Por lo dem ás. En co n traste con las m arionetas de hilos. jeux à'enfants. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado.Con la música. En fin. pp. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. fr a n c e s a . Con­ viene retocar severam ente. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. la caligrafía y la p in tu ra. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. P arfe. naturalm ente m ágicas y graciosas. . proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. * X* W lri!. co 1926. a p artir d e o tro s ele­ m entos. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. in icl.

La relación es lejana o estrecha. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. Con toda seguridad. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos.nicle toda suerte dc crím enes. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. para term inar. la búsqueda de la suerte. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. que aplaude tantas siniestras hazañas. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. Así como los juegos son universales. El gusto p o r la com petencia. Desde ese m om ento. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. pero Inevitable. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. m ata a la m uerte y al diablo y. pues aqui se 143 . parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. No las aprueba en absoluto. la vinculación precisa o difusa. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo.

para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. si no es que institucional. el a¡eaf la m im icry y el itínx. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. a riesgos lim itados. sim ulado res y frenéticos. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. fatalistas. de los pueblos.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. alea. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. adem ás ya se sabe. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. En cam bio.

a la mímica o al trance. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. por ejem plo. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. Sin em bargo. la aplicación y el uso de las m atem áticas. la teoría. Todo hace c re e r que cn145 . no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. en éstos. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que.a la com petencia. d e la jurisprudencia o de los archivos. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. Para designar a éstas. al azar. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. de la técnica y de la industria. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. el papel de la adm inistración. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales.

es de­ c ir una especie de a¿ar. en las prim eras. por el co n trario . la cohesión dc la vida colectiva. b) I. que su­ pone com paración y com petencia. el sim ulacro y el vértigo o. es decir la m im icry y el ilinx. y la capacidad.A MASCARA Y El. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. que los resum e. con carreras. en aquellas del segundo tipo. es decir. si se prefiere. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. los asirios. con códi­ gos y escalas. el contrato social consiste en un com prom iso. los incas. en una cuenta im plícita en tre la herencia. m ientras que. Por oposición a las anteriores. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. con oficinas. Por mi p arte. son sociedades de contabilidad.0$ cosas ocurren com o si. donde el agon y el atea. el m érito y el nacim iento. como secuela. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . sean am ericanas o afri­ canas. 1.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. que los n u tre y los explica. en este caso. que tal vez dé origen a todos los demás. esta vez fundam en­ tal.

Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. presa del delirio. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. en E spíritus. cuya existen­ cia. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. inm ediatam ente enajenado. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. p o r el rum bo. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. Aparecen en la fiesta. él es la potencia terrible c inhum ana.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. interregno de vértigo. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. cuyo aspecto. cuyo m anejo y cuya función 147 . de efervescencia y de fluidez. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. las im ita. se identifica con ellas e.

no es sim ulada. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. la danza. p o r su parle. im aginan que és­ tos se transform an. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. Entonces. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. sin él. como tam bién los propios oficiantes. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. se prestan sinceram ente pues. pues la regla social consiste en prestarse. Como lo advierte la Cébala. So pena de m uerte. En ocasión de la fiesta. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. Sabe que es inofensivo. el vértigo sustituye al sim ulacro. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . de esas convulsiones sagradas. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. Mas. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. préstansc a ello. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. Además.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación.

drogas. el desorden constituido en regla. estruendo. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. Refuerza una coherencia frágil que. por consiguiente. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. suscitarlos. Las M áscaras son el verdadero nexo social. Si bien la irrupción d e esos espectros. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. clam ores y sacudim ientos conjugados. som bría y de poca envergadura.su im perio brutal. Con ese fin se valen dc mil artificios. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. hipnosis. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. los trances. m úsica m onótona o estri­ dente. La fiesta. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. em briagueces. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. los intérpretes deben llam ar­ los. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 .

Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. con la conducción del uno p o r el o tro . p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. las creencias sin duda varían al infinito. Por poco que se les vea con detenim iento. Que no quepa la m enor duda. Sin em bargo. Los ini­ ciados sufren severas privaciones. Con frecuencia. en el círculo polar ártico. De él reciben una unción indeleble. En los detalles. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. soportan peno­ sos sufrim ientos. de las leyendas y de las liturgias. de m a­ nera más general.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. la alucina­ ción. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora.

donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. de los coras. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. Pari». de lus tcpehtianos. Se­ gún los casos. FCE. México. por medio del tam bor. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. c incluso p o r hipnosis. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. 1927). Designado sea por herencia. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» .del Pacífico. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. 1^1 .. pp. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. trad. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento. Paris. I960. Les Paradis artificiels.e Peyotl. del baño de vapor. sea por * Para la descripción del cham anism o. Ronhicr. del humo del incienso o del cáñam o. fra n ­ cesa. entre los araucanos ν en Indonesia. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade. Por lo dem ás.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. gracias a un hongo alucinante (el agárico). /. 1928. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. véase I Lexvln. en Mexico y Hi­ tados Unidos.. siemi pre consiste en una crisis violenta. 150-155.1 Sean cuales fueren las diferencias locales.

el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes.su tem peram ento o p o r algún prodigio. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". Reserva­ d a para las sesiones. M ientras sus despojos yacen inanim ados. renueva sus viajes. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. Al punto. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. es obligatoria en ellas. En el m om ento d c la iniciación. E n tre los tungusos. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. E ncuentra dioses y dem onios. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. Cuando hay sesiones. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. p o r de­ cirlo así. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. casi a una orden. P o r lo que toca al ilinx. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real.

"E llo lo lleva''. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. el cham án siente náuseas y vértigo. y B rcnda Scligmann. G rita que ve una gran p arte de la tierra. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. es casi ne­ cesaria. Pero no le es ex­ clusiva. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. P o r lo demás. G. E ntre los vedas d e Ceilán. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. Entonces. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. B ajo tierra. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. de su inconciencia y de su furia. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. en el reino de las Tinieblas. observan C. El suelo parece hundirse a sus pies. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice.

En Siberia. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. The Váidas. trances. E sta últim a ohm contient. el asistente. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . de C odrington sobre los m clancsins. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. p. N arra. p. convulsiones y. 154 ." 4 yO Todo es representación. lo trae consigo triunfalm en­ te. U s Possédés. C itadu p o r T. Tam bién.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. trad. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. éxtasis. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. 134. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. M ariner sobre los tongas. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. Y . 310. K. O csterreich. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. Los relatos de los observado γτλ que T. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. A. en su orden consa­ grado. extraviada. G. de W. W arnek sobre los batakes de S u m atra. d e J. Seligrnann. dc V . para el ofi­ ciante. y ti. oculta o retenida p o r algún de­ monio. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. Además. K. Cam bridge. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. Paris. Al final. francesa. 1911. El cham án parte en pos del alm a de éste. todo es vér­ tigo. 1927.

antes de la cu ra. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. un gusano. com o re­ sultado de su vuelo mágico. un insecto. 2Ö5-2M). que m aldice. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. 155 ■ . un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. a esc respecto. extrae ésta.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. una plum a. sin lo cual sus cuerpos serían. conjugadas ex­ trañam ente. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. en estado de trance.cl mal del cuerpo del pacicntc. París. pp. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. para fijar el veneno. credulidad y sim ulación ap are­ cen. si no probable. según dicen. Pero lo aceptan. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. Es posible. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. En todo caso. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. 1877. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. El cham án se acerca y. aquí com o en o tras p artes. sacando de pronto un guijarro. que el hechicero com parta esa creencia. A poco. Hay casos en que.

p a ra comple­ ta r con G. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. O esterreich. 1914.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca..% p. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto ..” (Citado y comen­ tado por T. M ircea Eliftde. se acercan poco a poco. op. pp. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. IS85. u n hom bre del oficio. ftliade. cit. es decir. K. op. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . cit. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. cit. 232. 380.) 156 . pp. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. 205-206. IM 8). Washing­ ton. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . Halle. que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. The Ce?itral Esquimo. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . op. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. ’ Cf. o bien proceder de muy lejos. a tos sabios cu y a credulidad. Tchoubinov. p. jay!. * F m m Boas. 598 C itado p o r M. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación.* En el m ism o orden de ideas.

extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. Vergiat. A. p. Sobre todo en Nigeria. Al prim ero se le da un poco del contenido. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . Amaury TaJbol. S e la • F. d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. p. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. e n tre los nebros de Africa. P. P o r lo demás.” 157 . AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. 153). dice el jeic Aba*\i de Ndiya. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . Life íií Southern Nigeria. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. París.p u n t o .l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. 72. p o r ejem plo. Una vez comido todo. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. 1936. M. los 1res avanzan de frente al público. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. Asimismo.ntnnces. a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. C o n s u m a F re c u e n c ia . s in d u d a m u y v a r ia b le s . 1928. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. Londres. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”.

dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. ΡΡ·. com o la crisis del cham án. m itad negro. 1913. agita un rem o.. tal otro. ondula por tierra com o un reptil. 321-323 158 . La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. O esterreich. Cf. p o r ejem plo. un m orral y una pipa muy corta. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos. otro. Londres. sea cual fuere la violencia del ata­ que. la pérdida del equilibrio. el sudor. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. este se desarrolla p o r entero. al que visita Dambalá. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. op. conocidos con el nom bre de vudú.5·χ540· y The Ban o f the Bori. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características.r encuentra. Por lo dem ás. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. pp. dios serpiente. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. cit. T. Sin em bargo. en los fenóm enos de posesión. la n d r e s . Una vez m ás. K. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. I9I9. espasm os.. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. Cambios en el rostro y en la voz.

E stá encorvado. el actor está desnudo. Vestido dc blanco asiste a las bodas. ni menos p o r la práctica. Aplau­ de. lo alienta. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. estornuda 1 y desaparece. com o en las Antillas. m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. com o sabe que debe hacerlo. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. con la que parece gozarse. Analizando. llora si no 1c dan azúcar. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. 159 . uutado dc toda inm undicia. se tom a la cabeza entre las manos. Poseído por M akada. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. si no por la mitología. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. achacoso y con los. se rasca. corre de un lado a o tro . Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. baila una especie dc ronda. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. 0 En Africa. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. el público ayuda al sujeto. se sienta en el sue­ lo. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido.

" 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. núm. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. Il. form a parte del universo religioso. p. es decir la irrupción del dios. y cumple una función social. desde un principio. 2649. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. juüo de 1955. cl progreso y la naturaleza del acceso. La pérdida de conciencia. El papel de la sugestión.cuanto al vudú. . se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. 160 . no está en duda. de com u­ nión con los antepasados. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. Dioxè/îe. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. e incluso de la sim ulación. los espíritus y los dioses. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos.

1948. Se ha señalado. el hipnótico sonido del tam-tam . escribe Georges B uraud. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. En todo caso. Con la conciencia fascinada. p o r ejem plo en tre los dogones. desenfrenada y sin objeto. la em anación pura d e la fuerza de com bate. estertores y zum bidos do (os rombos. U s Masque*. el clam or sobrehum ano. B uraud. 161 C i: ¡ 4 L Æ . de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. una verdadera cultura de la m áscara. Sobre todo. favorece el desbordam iento de los instin­ tos. acuden p o r encima de la h ierb a alta. es el grito del anim al o del dios. Sin duda.fre alguna transform ación decisiva. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. cuando. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. pp. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. de ener­ gías cósmicas. subidos en zancos. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. 11 G. "E l individuo ya no se reconoce". 101-102. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. Paris. sus gigantescos pasos. de la pasión genésica. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. "un grito m onstruoso sale de su garganta.

Por o tra parte. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. Cotífa» «!/ Couréies. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar.1 Infunden miedo. 3939. Lille. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. Como la prim era. los principios aún fluidos del poder político. la inicia­ ción es una enseñanza atea. ésta va acom pañada de m alos trau F. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. La iniciación. En lo sucesivo. lin el ~Expediente" (p. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. 172-223. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». le desgarran la ropa. Una de éstas los persigue a latigazos. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. 162 . los rito*. Con frecuencia. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. H asta entonces. encam an los espíritus de los m uertos. agnóstica y negati­ va. lo some­ ten. pp. lo desarm an. Ex­ citados p o r el iniciador. pertenecen al o tro cam ­ po. Desde esc p unto dc vista. asustan a los no iniciados. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. lo detienen.

la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». Nueva York. Akad. Carol. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. Bmussc.1 1 u Cf. pp.10$. Hans Himmelbeber. Tam bién como la prim era. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. Die Geheínbünde n. 1939. N aturforscher. Halle.1* E n tre ios bctchuanas. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. 1898: H. com o la prim era. t.¿opoldville. Primitive Secret So· detics. 17-31. d. d. (. Mosken Afri­ kas (Abhandl. FrobcnJus. T. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. W ebster. 14Cf. Fu fin. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. Berlin. Agrupa a una juventud turbulenta. De esa m anera.. 3. Leop. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. de pruebas dolorosas. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. Wfft: H.74). ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. núm. 1902. k. por el nom bre de la choza de iniciación.

Pero cuando la herm andad es poderosa. op. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. op. 168-171) describe. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. cóm o e n tre loa besos. en una danza o un m isterio. p. at suroeste de T um huctú. cit. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. el kom o... Repro­ duzco esa descripción en el "n. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo".1 com puesta de secciones locales.xpKdicnte" (p. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. EJ m ism o a u to r (pp. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. pp. cf. la sociedad de enm ascarados kumanp. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar.1 164 . 207209). es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. haoc rein a r un te rro r incesante. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. secieta e institucional. pescadores y agricultores del Niger. . 219. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. 1 HI puro d e los tem es. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. de los robos. cit. Jeanm aire. de la magia negra y de los envenena­ m ientos. E ntre los bam baras. o cuando menos sus derivados inm ediatos. según Fiubenius. Critias 120 B. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. claram ente im ertribales. 315). Jcanronire. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas.

se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. causa o consecuencia. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. 165 . la com petencia y la suerte? Sea como fuero. constantem ente presentes y presentes ju n to s.servir m ejor para explicar su mecanismo. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . en los p^roxiv m os de esas sociedades. como se h a visto. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. esta vez sin dem encia ni delirio.nuevo. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción. cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. si no es que clan­ destinos y culpables.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. m itad bestias en los que. m ientras sus victim as no logren atraparlo. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. m itad dioses. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. con un salto d c fiera salvaje. Jcanmairc. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. Lille. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. 8 12 7 . No deben s e r vistos ni sorprendidos. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. En esa obra.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. como en los centauros. Roba y m ata im punem ente. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. En el m onte Liceo. y en Ins pp. Cuuroi et Couriies. *H. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. es engullido por un lobo y renace com o lobo.· D urante la criptia. 1939. T. hagan o no cacería de ilo­ tas. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos.

il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . instrum ento universal de los enm asca­ rados. persigue al joven Dionisos. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. un tnicno pesadam ente angustioso". encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo.· No faltan razones para vincular . o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. dice Est rabón. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. De la m ism a m ane­ ra. e n tre los si­ glos vi y IV. La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. Licurgo de Arcadia. fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad.

al ritm o. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. Sólo explica un caso particu lar. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. en la caverna divina del m onte Ida. m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. Al m ism o tiem­ po.te la dem ocracia y el despotism o. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Perpe­ túan una antigüedad lejana. La evolución es sorprendente y significativa. Abaris. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. La m inoría de los conquistadores. Por am plio m argen. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. cierto núm ero de poderes mágicos. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. profeta y curandero.

fértil en peripecias dra­ máticas. que no excluye 175 . consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. des­ igual y difícil. Propongo la hipótesis siguiente. es de sum a im portancia. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta.espasa m uerta que fue a buscar. sino sólo un hom bre dis­ frazado. La desaparición de la m áscara. Sin em bargo. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. F. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y. todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. Hn una organización m ás com ple­ ja . La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos.n la obra de Platón. En las sociedades dc m áscaras. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. según el grado de iniciación.

poco a poco. en todo caso. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. el m ecanism o sigue siendo frágil. Así. De lo cual se sigue que. diversos e incom patibles. De allí una fisura perm anente en el sistem a. En resum en: m ediante la m uerte. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. en la práctica no es posible ignorarlo o. exige la existencia de cam inos m últiples. Y es inevitable que. la fabricación y el uso de la más­ 176 . Ahora bien. única eficaz contra un secreto sorprendido.sino. p o r cl contrario. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. Sobre todo. esta vez de lo más reales. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios.

cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. en accesorios dc cerem onia. Pero. el Profeta con Velo del Korusán quien. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. Pues bien. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. d u ran te varios años. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. de danza o dc teatro. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. tu erto y dc una fealdad repugnante. de 160 a 163 dc la H égira. E ste es el relato del episodio. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. precisam ente. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. Entonces. Él se lo m ostró. y los dem ás quedaron con­ vencidos. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. Algunos fueron quem ados en efecto. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. según algunos. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. m ediante transform aciones insensibles. en el siglo v m . Los cronistas —cierto es.

En la tesis de Gholam Hussein Sadighi. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. Paris. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd. m .Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. Cuando el sol se reflejó en los espejos. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios.tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. me. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. y si alguien me ve. Le* mouvement i rr. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. se prosternaron y pi­ dieron verlo. que conservaba con él en el castillo. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. ." Así. de Kesh y de Nakshab. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5.V186). ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira). los hombres se habían reunido. Insistieron e imploraron.. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. por efecto de aquella reflexión. Pues bien. 1958. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16.

el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. Envenenó a sus cien m ujeres. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. de la nece­ sidad. ΛΙ respecto. de un universo ordenado y estable. es decir que 17l> . otros cuadrados y otros m ás alargados. h onra­ das y dom inantes. Como Empedocles. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella.ftxidü en luz los hombres se asustaron. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. el reino de la m im icry y del ilinx. por m ucho tiem po). de la m esura y. en una palabra. Incluso en aspectos m uy precisos. en efecto. Así. Los concebían como si tuvieran form a y figura. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. as­ falto o azúcar). Algunos núm eros eran triangulares. Y sc prosternaron. la revolución es perceptible. Ya está vencido. es de­ cir. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. En Grecia. del núm ero. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. Como tendencias culturales reconocidas.

Histoire tic la Philosophic. pp. ' Π. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. com o sori las cifras. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. estaban dolados dc virtudes distintas. Sin embargo. RrxjhtVr. P arí*. muy pronto surgió la serie abstracta.. el núm ero y la m edida. 52-54. I. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. 5’ cd. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos.eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. Í80 . En o tras palabras. En fin. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. \ 94&. I. cua­ drados y rectángulos. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. a la justicia (el 4). Además. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. lase 1. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas.

los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. cl agon y. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. En China. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. a las cuales asisten el soberano y su corte.ístmicos. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. en un Jugar y en un tiem po determ inados. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. A decir verdad. Al mismo tiem po. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. reglam entada y especializada. F. En el Occidente cristiano. com binado con el. difunde el hábito y el respeto del arb itraje.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . el alca. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles.

la entrada quede reglam entada p o r concurso. los grados más al­ tos del ejército . cursus honorum o chin. me­ diante jurisdicciones autónom as. m ilitar. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . Sin duda. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. dc m anera sustancial. dc la igualdad de derechos. Lo hace p enetrar en las instituciones. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. . el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. suele suceder que. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. que per­ m ite concretar en hechos. Pero. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. De esta m ane­ ra. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. universi­ taria o judicial. Sin em bargo. luego de la igualación relativa dc las condiciones. en teoría. en lo posible. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes.más.

al parecer de un modo raro . de inspiración aristocrática. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". 183 . el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. de los técnicos. La razón es clara. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. En cam bio. F. casi todos los m agistrados se sortean.n Atenas. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. luego d e un examen p ro ­ batorio. P or lo dem ás. Los miembros del Consejo se sortean. Expresado p o r el haba blanca. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. aunque de m anera que se a n to ja impecable. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. entre los candidatos presentados por los demos. es decir. dado el caso difícilm ente sustituible. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia.Por lo demás. Asi. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. En efecto. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. En él se ve al m ism o tiem po una precaución.

cierta con­ cepción de la dem ocracia. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. sea ante las condi­ ciones de la com petencia.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. ni tal vez la menos razonable. La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. Λ decir verdad. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. sea an te la suerte. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. nos dam os cuenta de que. De una m anera m ás general. se im puso el espíritu de com ­ petencia. que no es la menos difundida.

es decir. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios.* funda­ m entos del nuevo orden. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. el m om ento favorable (kairos). es decir. 263-281 · 185 . y precisam ente porque form a p arte d e él. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. en todo caso. E n tre los indios de la América Central. su predestinación al éxito y al fracaso. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos.%. la ocasión que. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). sus talentos. no se reproduce. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. está más difundi­ da de lo que se piensa. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. Julio-dic. Dc estos. El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria.cl ágon y cl aleo. sus debilidades. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. su profesión y finalm ente su suerte. entre el m érito y la suerte. es decir. p p . su categoría social. su ap titu d a aprovechar la ocasión. unos son innatos y los otros sociales. vol. • la I * » . LX V ÏM .

que es lotería. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. 21. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. que es com petencia. de cargos heredi­ tarios. de em pleos reservados. "Le Roi. Desde cierlo p unto de vist3. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. núni. 6. En cam bio. en las sociedades más igua­ litarias. t e s hace elegir en tre la herencia. invierno Je 1938. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. p. le Traître el ki Cioíx*'.ción ni concebible ninguna com petencia. 1H6 . y el m érito. es decir. la am bición y el valor. Inversam ente.

rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. la ley del azar. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. la educación. la si­ tuación fam iliar. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. la instrucción. de que pertenezco a él. la oscu­ ridad y la gloria.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. el poder y la esclavitud. F. La riqueza. com o una hipoteca imposible de pagar. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. Las leyes. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. En efecto. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio. A 1*7 . do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación.

Pero. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. Es preciso m irar de frente la realidad.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. son reconocim ientos. an tes que norm as y re­ glas generales. m uestras y coartadas. incluso en los países socialistas. en general. precisam ente. El hijo. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . El régimen no tiene gran influencia. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. si no es que paliativos. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. F. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. Desde luego. incluso bien do­ tado. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. Enton­ ces nos dam os cuenta de que. están los exám enes. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. pese a los ade­ lantos indiscutibles. del m ism o origen y del m ism o medio. los concur­ sos. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades.

Por una parte. el don de los dioses 139 .Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. incluso entonces subsis­ te la suerte. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. salud o . la suerte. ya en be­ lleza. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. De golpe. A decir verdad. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. En efecto. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. En ellas. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia.

Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. de. Por sus principios. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. es decir. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. en el juego de baraja. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. Así. del m érito. De la m ism a m anera. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. parecen lejanos e im probables. y los une una alianza esencial. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. cl a k a y cl agon son contradictorios. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. la obstinación y de la habilidad. p ero solidarios.o de la coyuntura. incluso relativo. Además. pero no salir. la recom pensa del esfuerzo. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. desde que llega a la edad de re­ flexión. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. 190 . Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. es decir. Los opone un conflicto perm a­ nent e. E n tre tanto. por o tra. Es prisionero de su condición. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. del azar.

que son necesariam ente los m ás num erosos. se dirigen a las loterías. conscientes dc su inferioridad. en que el torpe y el perezoso. más trab a jad o res o m ás am biciosos. a cualquier so rteo en que el menos dotado. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. En esas condiciones. Por eso. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . como el com plem ento n atu ral del agon. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. Es necesaria una pruelva de repuesto. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. m ás vigorosos. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. Al m ism o tiem po. im parcial y com o ci­ frada. que son m is hábiles. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos.Además. m ás inte­ ligentes . en que el imbécil y el lisiado. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. Así.

Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. si no in 192 . p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. El propio Estado tiene algo que ver. juegos de azar disfrazados. por excepción. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. pero tam bién num erosas prue­ bas. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. le son concedidos con entusias­ mo. casi ilusoria. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. Ahora bien. a la paciencia.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. loterías oficiales. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. Ju g ar es renunciar al trabajo. Cualquiera puede s e r el elegido. de riesgo y de suerte simple u com puesta. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. al ahorro. Esas pruebas. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. pese a las protestas de los mo­ ralistas. Esa posibilidad. Creando.

Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. Por el contrario. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. que sin duda no es el más convincente. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. precisam ente. Para a tra e r m ejor. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. deben ser conside­ rables. En efecto. es decir. los billetes deben co star lo menos posible. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. un poco m ás del salario m ensual. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . o al menos los m ayores. los premios. en p arte depende de la suerte. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. p o r dos nril francos. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes.

El mismo año. se les puede m antener en el anonim ato. o sean m il francos p o r cada fran­ cés.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. 194 . pues en realidad significa un cam bio radical de condición. delendcr. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. De ese total. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. en parte. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. si así lo desean. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. Los pre­ mios principales.es em briagante.v«! con tro la suerte. es decir en antiguos Troncos.

en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. M L . Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. Por lo dem ás.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. En las horas de apertura del casino. en Macao o en I. Todo lo contrario . pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. en Deauville.as Vegas. p o r ejem plo. en un lujo agresivo. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. En las capitales m undiales del juego. en M ontccarlo. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados.

al resultado 196 . pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. Toda proporción guardada. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. si jio es que desproporcionadas a su salario. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. Un pueblo nóm ada de curiosos. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. S in em bargo. En las dem ás.

Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. Pero. es decir. París. 183-185. 1956. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores.xpedlente" (p. ihid. U travail en miettes. Véanse también las cifras dadas en c! . 9 en lo que. 149. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social. 147-151.dc los encuentros dc fútbol. p. como ya era de esperar. para que ese caso se produzca.υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. 1. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro. fcúnj. p o r desm esurada que parezca. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". se m anifiesta un rasgo d e civilización. Georges Friedmann. una vez más. Ea Estado» Unido».. se opuesta sobre todo a los numbers. pp. Où va le travail humain. París. vinculadas. los casinos. De ahí los rackets o las fortunas considerables. Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. al desainólo concomitante dc en .1 * Las loterías dc Estado. En efecto. aboque consideradas dc origen dudoso. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. y sobre todo cuando juega todos los dws. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. 304). deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. 1956. pp. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 .

recom pensar c! talento. En ocasiones. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. etc. No hay lími­ tes. al menos p o r unos años. d e una vida brillante pero sin base. Damas de H onor. el ingenio o algún o tro m erecim iento. en alguno de los palacios de una playa de moda. es preciso prepararse para la prueba.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. se eligen a ejem plo suyo y. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. Mu· sas.. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . Sirenas. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. en el m ejor de los casos. la erudición gratuita. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. Un personal escogido y accesorios im presionante. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. Todo grupo quiere tener la suya. innum erables e im previsibles Reinas.

una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. De condición m odesta. En apariencia. preparar. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. En realidad. solos y an te todos. éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. por una escolar negra de impecable o r­ tografía. Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. la respuesta fatídica. U n ipvcn p ro ­ fe s o r .

de 11 años. En todo caso. Shakespeare. del m ism o nivel de vida o de instrucción. Desgasta y desalienta. al fin y al cabo. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. fisiología y astronomía. En E-stocolmu. Más o menos se identifican con los com petidores. La fiebre se mantiene adecuadamente. todos aspiran a un desquite.nerz. ciencias naturales. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. I* opinión pública se apasiona. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. Por una p arte. exploraciones. en febrero de 1957. puesto que parecen debidas al m érito. sino que acum ula rencores. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. m onótona y cansadora. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. . ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. en grandes caracteres. No sólo no di­ vierte. de 14 años. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. modicina. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. la com petencia cotidiana es severa y. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. Por delegación. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. . gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. y la historia de la revolución norteamericana. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. que apa­ sione y que al mismo tiempo. Lenny Ross.sinfonías de las grandes músicos. por U o tra. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. se em briagan con el triunfo del vencedor.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. Todo soldado puede 201 A . Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. Así. su ex­ plotación es redituable. de golpe. Los contradictores del nifko son vencidos. matemáticas. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. c) I-A OEl.

Con toda razón. Así. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. 1. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. al m ás oscuro y al m ás pohre.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. Y sin em bargo. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. l*a consagración es rara y. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. La m ultitud queda fru strad a. arm as naturales e inalienables. de hom bre sin apoyo social. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. aún más. Recom pensa una convergencia ex202 . Como el m érito. de la estrella o del cam peón. p o r delegación. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. con la ayu­ d a de la suerte. De allí el culto. voz o encanto. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho.

p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". Λ pesar de todo. Por o tra parte. que sin em bargo parece cer­ cana. La belleza se m ar­ chita. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción.iraordinaria y m isteriosa. p o r el niecá203 . la voz se quiebra. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. casi todos prefieren triu n far por poder. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. P o r o tra parte. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. m ejor todavía. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa.

Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. Entonces in­ terviene la m im icry. al parecer a cualquiera. la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. Esta ultima forma es la mis íre* . De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. París. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. 69-145. para distraerse de una existencia descolorida. pp. 1957. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. m onótona y agota­ dora Esa delegación.sc.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. tenaz y universal.

copian sil peinado.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete.. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. s\x régimen alim enticio. del cam peón o de la estrella. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. Viven por ellos y en ellos. adoptan sus m odales. Los im itan. 317). p. el cine. la victoria. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. la prensa. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. P o r lo de­ m ás. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. cit. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. 93). Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. . u Vca$c el "Expediente" (p. la radio y la televisión favorecen la fascinación. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. d e sus m anías. inevitable y seductor.enajenación. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. La estrella representa el éxito personificado. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella.

el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). se mofa de la je ra rq u ía establecida. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires.dida inercia cotidiana. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. ya. que además mOAlraba. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. en todo caso. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). se presupone algo sucio. 206 . Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. naturalm ente. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. sus per las y sus esmeraldas.1 4 Por eso. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. donde se apretaban millares de segui­ dores. h o m b re o m ujer. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. Para desacreditarla a ojos del pueblo. im puro o irregular en esa carrera. un poco cl bien y.

con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. al m érito y a la justicia. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. para go­ zar de esa superioridad decisiva. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. pero. La m ajestad hereditaria. Pues bien. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. Se gusta rep etir que. destina 207 . Se considera que su m érito es nulo. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. Por definición.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. por el cerem onial de las cortes. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. La identificación es entonces m ucho menor. su peso y su coherencia. Esa ley corona (al pie de la le tra). lejos de contradecir la desigualdad social. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. Los reyes están exentos de esa sospecha. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. del im pudor o de la publicidad. no menos que por es­ trellas. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos.

n efecto. se le compadece. se ve llam ado a reinar. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. aclam ándolos. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico". aplasrante c inm utable que 208 . de soledad. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. Para tener menos celos. fatiga y servidumbre. en 1957. F. que se debe a la co ­ rona. Desde ese momento. Se quiere q u e sea senci­ llo. de fantasía y sobre todo de libertad. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. de sinceridad. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris.

p o r falaces que sean. Mas. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada.ellas sólo aspiran a abandonar. Como ya se ha visto. Esas actitudes (sin em bargo. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. y niegan las ventajas que ofrecen. 209 . de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Para en­ tenderlas. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. Aun siendo igualitaria. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante.

la m im icry. La m im icry es difusa y bastarda. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. en la im aginación. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. au n inás despo­ seído. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. Les hace vivir. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. ΛΙ m ism o tiempo. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. el vértigo. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. Sin em ­ bargo. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. De ah í el su bterfugio de la delegación. infi­ nitam ente distribuida.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . Privada de la m áscara. sino en el m ás vano d e los sueños. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da.

De allí los resultados de un doble análisis. Es tiem po de concluir. Por una parte. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. el vértigo y el sim ulacro. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. cuando ocupa al­ guno. Y adem ás. por lo dem ás. 211 . circunscrita y separada de la vida real. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. una actividad reglam entada. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos.ponde. Sin duda. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. en o tras palabras. Como la más­ cara y com o el disfraz. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. de la que. En cuanto a la suerte. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses.

p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. si 110 es que dom esticados. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. de convulsionarios y de flage­ lados. ab s­ tracto y coherente. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. des­ afectados. es decir un código fijo. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. que im plican sin excepción cálculos precisos. Sin em bargo. Ellos crean el derecho. En tiem pos norm a­ les. ibi jus. incluso aparecen allí sólo destituidos.En cl extrem o opuesto. por "el d esp ertar" del País de 212 .

irresistibles. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. en su obra: Foutes cn délire.™ Un ejem plo reciente. . La ciudad Ph. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. 1947.ón. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. 213 . . pero M>rprrndcntc. no dc frenesí. Fxi ase* collectives. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. como la guerra. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar.Gales en 1904-1905. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. que tam bién son accesos. com o la explosión esperada y reverenciada. característico aunque d e me­ n o r am plitud. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva.’· Aquellos excesos. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. l>c com ún acuerdo. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. Paris.

Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. el apon y el alca. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos.pudo naccr y crecer a ese costo. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. para poder in ten tar la prueba. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. ga­ n a r la apuesta más im probable. Cierto que seria irrazonable concluir que. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. em presa lineal. que prueba ν que explora. la que in tro d u ­ ce en la historia. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. Eso es p u ra especulación. to tal y vano. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. repentino. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras.

que deba e n tra r en su descripción correcta. 215 . y se considerará superfluo señalarlos. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes.

explosivas. En lo sucesivo ya sólo 216 . p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. del estupor y del frenesí. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. que so enrarezca su em pleo. del pánico. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad.IX. Sin em bargo. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío.

tam bién ha cam biado de destino. em pobrecidos y aislados. Preside los 217 . Pues. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. En gran parte. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. Por lo dem ás. no im pone una presencia: protege una identidad. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. En am bos casos. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. El antifaz. es­ trictam ente utilitaria. en efecto. adquiere una nueva función. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. elegante y casi abstracta. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. En efecto. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. m áscara reducida a lo esencial.aparecen desunidos. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx.

Ahora no se tra ta de aventuras galantes. abriga y li­ bera. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. conform e a convenciones preesta­ blecidas. Enorm es. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. 322).juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. el carnaval es una explosión d e licencia que. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. [T. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. lo b o ]. Al mismo tiem po. es dccir. aún m ás que el baile de más­ caras. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. am orosa o política. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones.? . las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano. En el baile. P or sus orígenes. Es sím bo­ lo de intriga. asegurando el anonim ato. ' ‘E s p e d ie n te " (p .

En un tiem po y en un espacio definidos. P or lo dem ás. al exceso d e palabras. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. en basoncursos d e disfraces. actitudes descuidadas. incitación perm anente a la algarabía. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. al cinism o y a la avidez del instinto. m ím icas bufo­ nas. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. Y no se equivoca. B uraud. queda descalificado: se niega a jug ar. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. el carnaval da una salida a la desm esura. Siguiendo el juego. a la violencia.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. quien sin em bargo no piensa en el juego. vacía y alegre. Por 219 . p ara retom ar la expresión exacta de G. Son brom as groseras. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. atropcllam ientos. presenta la m ayoría de sus características. a la francachela. Si se enoja.. p o r el con­ trario . Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. los invita a un juego de bufón. d e m id o y de movimiento. risas provo­ cadoras. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras. go de una . del desorden y de la gesticulación. sim ula que no tiene miedo. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año.

las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. com o en Río de Janeiro. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. Detrás dc la m áscara. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. sobre todo. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. E n la sociedad policiaca. allí donde el frenesí general solía. pero oficial. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. perm anente y reglam entario que. deja el ro stro al descubierto. Tal vez nada indique m ejor o.o tra parte. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa. en todo caso. Es casi exactam ente lo contrario. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . En todo caso. El uniform e tam bién es un disfraz. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. interm itente y excesiva.

E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. más­ tiles . constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. ram pas y anuncios lum inosos. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. A decir verdad. estandartes.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. guirnaldas. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. una 221 . las tram pas y los atractivos del vértigo. por lo dem ás m odesto. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. franquea­ dos los lím ites. de la m atraca y del tam boril. Las ferias y los parques de atracciones. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. que nacen del uso de la m áscara. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. fuera de las rondas y de las farándulas. ciertam ente considerables. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado.

de los artefactos de rotación. Además. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. Fakires. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. a la fam iliaridad. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. Em plean los m étodos inéditos 222 . a la jac­ tancia. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. Más allá. videntes. construidos para provocar un pánico visceral. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. un trajín que incita al abandono. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. de suspensión. de caída. a la desfachatez bonachona.agitación continua y agotadora que em briaga. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. ventrudos y jactanciosos. de oscilación. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. astrólogos. en el caso de Jas ferias. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir.

cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. la fuerza del disfraz. el vértigo m arca la tónica. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. el "psicoanálisis existencia!". En o tra parte. dc suerte que. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. M uestran el atractivo del sim ulacro. Un últim o invento utiliza la 223 . antes de enderezarse. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. En un tercer tipo dc artefactos. sacudim ien­ tos. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. Antes que nada. cuando se considera el volumen. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. Sin em bargo.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". en dosis regulares de tres a seis m inutos. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. caída. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. Allá.

para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. los esqueletos. sirenas. las tram ­ pas. propios p ara despistar. niñosmonos. a la m anera en que poco antes. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. para extraviar. las apariciones. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. Juegos de espejos. la angustia. los roces con telas de araña. Es el papel de los laberintos de espejos. m ujeres-pulpos. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. con alas de m urciélago. inm ovilizados en cualquier postura. "p e­ gados com o m oscas”. donde abundan los corredores oscuros.fuerza centrifuga. H orror suplem entario: se invita a tocar. la náusea. igualm ente estupefactos. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. al sa lir del artefacto infernal. las corrientes de aire. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. Allí perm anecen. Enfrente. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . para su scitar la confusión.

Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). lim itado y convenido. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. Por lo dem ás. A vcccs. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. sepa­ rado. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. es decir perm anece libre. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón.corriente. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. Antes que nada el vértigo. cerdos de pan 225 . ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. la fauna com puesta. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. y tam bién la em briaguez. el te rro r y el m isterio. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. el m undo de las larvas y de los vam piros.

se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. que se deriva de la paidia. una sola diferencia. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. 226 . presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. dc taparles el paso.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. para aquellos que están en edad. Cuando menos. dc pegar­ les dc lado. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. en los cuales. Además. en toda barraca dc espanto. esta vez. Sin em bargo. de desasosiego aceptado. dc caídas evitadas. en todo artefacto de pánico. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. de cho­ ques am ortiguados. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. dc la pelotera. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. o tra delicia que. El placer es dc excitación y de ilusión. de colisiones inofensivas. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental.

dado el caso.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. Domadores. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. la de la m uerte. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. m alabaristas. La sanción decisiva. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. pero que falsea la integridad del reto. l. En ella la gente se casa en tre sí.E l. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. g arantizar su seguridad. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. está obligatoriam ente presente en él. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. En lo posi­ ble. el juga227 . am azonas. su orgullo y sus leyes. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. sino un m odo de vida. Contra su voluntad tenaz. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. el casino o el escenario p ara el cam peón. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio.

Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. el teatro contribuye con el oficio. que corresponde a la m im icry. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. P or eso.d o r o cl a c to r profesionales. El. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. una dificultad o un peligro. que corresponde al atea. o m ejo r dicho la negativa de oficio. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. En efecto. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. una gimnasia .

proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. la trayectoria del trapecio. m ortales c inútiles. Paraliza. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. Hugues le Roux. el acróbata debe calcular el Impulso. F. cit.ininterrum pida. La conciencia es m ortífe­ ra. Paris.. de la am bición y de la osadía hum anas. op. pp. Jeux du Cirque ci la vie foraine. 229 . 1890.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. Como disciplinas aberrantes. *Y. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. en Vez de ayudar. desinteresadas. En todo caso. pp. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. 171)·173. el tiem po y la distancia. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. Cierto. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. Him. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. 213-216. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria.

ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología. Los principales acto res son dan230 . Ahora bien. m al aju stad a. En el circo. los golpes y los cubetazos dc agua. Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. Infaliblom ente actúa a contrasentido. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. com o encuentro o ascendencia lejana. una dc sus variedades. quien. es el papel del payaso llam ado “Augusto". d u ra n te la creación del m undo. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. travieso o estú p id o según los casos. particularm ente tenaz. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos.i la tribu . dem asiado grande o dem asiado chica. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. A trae las burlas. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. Su ropa parchada. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. En ella figura com o el héroe que mete la pata. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. Sin em bargo.

y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. sujeta al cinturón. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. sin vigor sexual. el propio Yebichai. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . hay catorce de ellos: . una vieja piel de zorro. que viven en la mism a región.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. Son los Koyemshis. E n tre los zuñís. Además. seis genios femeninos. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". Tonenili. son "com o ni­ ños": balbuceantes. PiISschiwanni es el cobarde. Saca el pecho y se hace el im­ portante. Sobre todo. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . no cesa de fingir que tiene miedo. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. el Dios-que-habla yr finalm ente. dice la gente. Pero es el dios que parodia." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. ‘'son como niños. Son espantosam ente feos. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. a quien ridiculiza.seis genios m asculinos. retardados. Es uno de los dioses principales de los navajos. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. el Dios del Agua. siem pre el mismo: así. Pues bien. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. es im portante. E ste es el "Augusto" del grupo.

Así. se b urlan de los dem ás dioses.sed. Como magos y profetas. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . organizan juegos dc adivinanzas. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako. tiene una enorm e verruga en el cráneo. la aldea en tera les hace num erosos regalos. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. su boca y sus ojos form an un balcón. la m ás im portante d e todas. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. En cam bio. víveres. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. reprochando a uno su avaricia.nc . hecho significativo. juegan brom as groseras. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. dos chichones en vez de orejas. o tro chichón en la frente y dos cuernos. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. com entando los infortunios conyugales de un segundo. Ilccho sorprendente. quienes los encar­ nan. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. Tiene una boca oval. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. Naba*hi es triste. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. Du­ rante las cerem onias.

Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. Así. Decidida­ mente. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. En uno u o tro m om ento 233 . p o r los propios dioses. del entorpecim iento y de la angustia. la con­ juración del secreto. La teología lo confirm a.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. del éxtusis y de la mímica. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. aquí se encuentra disociada. del m isterio y del terro r. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. De esc modo. ni ellos se tom an a sí mism os. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. en ningún m om ento se Ies tom a. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él.

am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. pp. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. los hom enajes a los grandes. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. 73-75. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. que sin em bargo inspira idéntico propósito.* Con filiación o sin ella. los honores rendidos al poder suprem o. con el epigram a y la canción. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. 234 . y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. En el solsticio de verano. Cierto. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. 16S-173. 119. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis.

a un porvenir) coinci­ de. Ya hem os visto. quizás vertiginoso. el desapego y la ironía. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K . sino una precaución en contra suya. orientada en todo caso hacia el equilibrio. Aquí. dc la libertad y de la invención. en Laccdemonia. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. m ás fecun­ da. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo.» nuevo papel. casi im perceptible. como fundam entos de la vida colectiva. AI tér­ m ino dc la evolución. al frenesí convertirse en institución. un buen día. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. Si el salto decisivo es difícil. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. Con toda seguridad. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. a su vez. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo.

de atem p erar m ediante la risa lo que. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. .la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. sin ese antídoto. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras.

COMPLEMENTOS .

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esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. de los casinos. según la Fórmula de T.I. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. a ta n d o m enos en ciertos casos. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. "la fascinación de ad q u irir de golpe. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. la posibilidad repentina del ocio. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. basada en el valor del trabajo. de la riqueza y del lujo. por el milagro de una fortuna instantánea. R ibot. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. Son sospechosas de 239 . sin dificultad y en un instante". Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo.

en la ética. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. y que M is J orge en lo te r ía to re s . Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades.1 Además. pp. Sin em bargo. si se prefiere. 2 S Ja parábola Fictions. 7-292. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. . tr a d . así sea a to n tas y a locas. 1951. en la econom ía e incluso en el saber. cl fatalism o y la supers­ tición.1. “ L a en n n b ilo n ia ". u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. 82-9. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . de la pantom im a y del éxtasis. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. quiero decir la necesidad. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. al infinito. Picxxoncs <1944). 1975. a la topología. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. fr a n c e s a . obligatoria e incesan­ te. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos.desarrollar la pereza. pp. P a r ís . que tam bién influye en el arte.

d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. Aún más. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . El sal­ to es brusco. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. En particu lar.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. En ese caso. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. En esas condiciones. Vive al día. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. por medio de la superstición.

Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. ya sea captados en una actitud hierática. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. Conform an el estilo de vida de toda una población. Esos blasones son num erosos y variados. Unos representan personajes. pues nadie parece resistir el contagio. en regla y en segunda naturaleza. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. sin. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. Los dados sólo tienen dos caras. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes.ticipa. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. de consistencia ósea. se entrega al jue­ go. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. M im usops D jawe). En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa.

una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados. rifles. es de lo m ás sencillo. relojes o m ás­ caras para la danza. tres m ujeres trab ajan la tierra. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. éste no los guarda en su casa. aves. Es­ culpidos en o tro s dados. etc. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. sino que los deposita en el m onte. En cuanto al juc^o en si. colgados dc un árbol en una bolsa. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. tam bores. o tro carga su fusil. espejos. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. Los anim ales — m am íferos. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. (o al con­ trario ). un hom bre es atacado p o r un pitó n . Dado el caso. los 24.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. los órganos genitales de la m ujer.1 . Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. algunos ideogram as figuran diversas plantas. el cielo nocturno con la luna y las estrellas. rep­ tiles. En general.

Em pero. 245. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. núm. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. 49-50. pp. 3-52. A sim ism o . Le M onde noir. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". sep.-dic. de I95S. Prost. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. Además. p. S e juegan la rnrtuna. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor.jefes se jugaban sus encom iendas. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. donde la s ca u n s. Sobre todo. Cuando menos. cum ple con una función análoga. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. sin com­ binación ni saldo. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. 244 . C f . Toda proporción guardada. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. las tierras y las esposas. "J e u x cl Jouets”.* Se tra ta de un juego rudim entario. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . Ë ittdcs cam eroioiaiies. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. A.s.

la m onja. en sociedades mixtos. cuyo principio es sem ejan te al del loto. la tortuga. ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. ade­ m ás del órgano sexual fem enino). Saca o hace sacar uiia al azar. el mono. la pipa. procede a la venta de los billetes. Acto seguido. la araña. el m uerto. A la hora seña­ lada. La 11. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. el barco de vapor." 245 . según la expresión de Lydia Cabrera. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. Esa lo­ tería. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos.a operación se llam a "colgar al anim al”. el caracol.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera.de a za r considerablem ente m ás com plejos que.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). seres hum anos. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. etc. el m arino. la cabra (que tam bién es algo sucio. E n tretan to . que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. la m ari­ posa. 1.

los elegantes. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. dc la tortuga. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. En cam bio. En efecto. de la m onja y del gato: la de los borrachos. De nuevo. de la pipa. a su com pañero y a su ayudante.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. Así. del pavo real y del pez chico. dc la anguila. La m ariposa no tiene com pañero. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. pero carece dc ayudante. etc. pero no tiene ayudante. de la m uerte. la banca anuncia 246 . los caballeros y las m u­ jeres. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. Además. el cam arón. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. las mendigos. los borrachos. El venado tiene tres com pañeros. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. N aturalm ente. la cabra y la araña. y luego de haber "coleado al anim al". Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. del gallo. Al principio d e cada p artida. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. del caracol.

el Tigre contra el Elefante. Después del sorteo. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. E n ese caso. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. El V enado sale con el paquete. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. No es tonto.’ En China. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. 287-293. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. En o tra ocasión. 3 Sabido es que. ju n to con San Francisco. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. 1914. L a H abana. El Venado es ayudante del brujo.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. El Elefante m ata al cerdo. 247 ."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. con el Venado. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. El Tigre lo propone. p p . una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. l. Lleva el paquete maléfico.a policio y sus misterios en Cuba.

El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia.solución. el "payaso que se pinta en secreto". a la m uerte. las m anos. existen al­ m as en pena. "Pica y se va": es decir. el "rey que todo lo puede". lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. el 8. es conveniente ju g a r al 8. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. E sta vez. se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. d u ran te una cerem onia secreta. Entonces. 248 . La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. el pecho. los bra­ zos y las piernas. Sus com ­ binaciones son Infinitas. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. apoyándose en citas.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. En Cuba. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. En realidad. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. Estos llegan hasta el 100. el gallo que can ta al sa lir el sol. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . la explicación sólo es válida para los profanos. el 2. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. ham brientas y rencorosas.

aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. TRafael Roche. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños." Asimismo. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. m ás m onja igual a vena­ do. 249 . el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. más m uerte. cit. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. pero lo hacen sin cesar. m ás gato. nada le im pide cam biar. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31.’ En todo caso. como dice un au to r. más elefante. honrados o no.. En casa del tío de su m ujer. m ás o menos desdeñado. en el m om ento de descu­ brirlo." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber. En todo caso. 293. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. op. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. P o r necesidad no juegan mucho. m ás m arino. p. p o r poco hábil que sea.

250 . las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. la ruleta. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil.. en 1957. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. etc. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. 6 de o ctu b re de 1957. o sea la mitad del presupuesto de la isla. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios.En cl siglo pasado. En la actualidad. . En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l.*' Con base en esas conclusiones. %N c w Y o r k T i m e s . presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. las carreras de caballos. las peleas de gallos. el Planning Board h a calculado que. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos.).* En la vecina isla de Puerto Rico. A rruina el ah o rro privado. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones.

análoga a la quiniela dc los países vecinos. Además. es decir. (Desde que la lotería federal no es dia251 . a la decena. ordenados más o menos alfabéticam ente. Desde entonces. a las dos. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión.enorm e organización. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. "E n su form a actual. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. a la centena o al millar. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. Por o tra parte. a la últim a. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería.

Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. enteram ente teórica. Avestruz y Caim án'1 animales . 273. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. 723 y 732. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . En efecto. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. y ju g a r cada com binación invertida. ju e­ ga a su núm ero telefónico. sin billetes ni prem ios. P or lo dem ás. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. alguna clave de los sueños es­ pecializada. saben sacar de él oráculos infa­ libles. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. sus clásicos y sus interpretes calificados. juega al núm ero del vehículo accidentado. Afana y Jo sé. Por ejem plo. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. sino sem anal. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . En ocasiones. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. los otros días se hace una fal sa lotería. Favorece aún m ás la superstición. De ese modo. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Sin em bargo. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. si presencia un acci­ dente de trán sito . quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372.) Además. Según una anécdota significa­ tiva. es decir. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. no es cosa fácil. Avestruz. aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. etc. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes.ría. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. 237. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. es decir.

Sea com o fuere. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. En general. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. parece sin em bargo considerarlo un pecado. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. En realidad. pecado venial 10Además. la conciencia popular. en el in terio r dc un mismo Estado. se emplea todo tipo de adivinación. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. Es m ás.ejem plos al infinito. que no deja de preocuparse p o r él. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. 254 . Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos.1 · Teóricam ente. term inó p o r hacer su voluntad en la casa.

pero en fin. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. a veces considerable. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. Los políticos. análogo por ejem plo al del tabaco. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. D urante las macum bas. la condena es general. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . y un vicio perdonable. que con frecuencia lo organizan. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. al tiempo que se dedica a él. de la apuesta. ve al bicho con malos ojos. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. todos. El ejército. de él se valen o se benefician. en alguna esquina.sin duda. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente.

M arcadas p o r la desconfianza. Instincts et Société. En todo caso. Paris. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. Pero. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. “ L'Usage des Richesses". E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios.Γ dc sus habitantes. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. Como se ha visto. del com ercio o dc la in d u stria del país. No obstante. Por tanto. ca­ 256 . los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia.0 11 Se aprecia así que. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. 1 pitulo V. dado el caso. en el plalJ R occr Caillons. pp. en ciertas condiciones. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. 130-151. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. incluso. conservan sin em bargo un papel im portante. Se vuelven a poner en juego salvo. se sacrifica gratuitam ente.

exige el cálculo y la regla.no de los juegos. La razón es fácil de descubrir. in­ cluso le procuran sus principales recursos. determ ina enorm es m anifestaciones. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. suscita asociaciones y clubes. de m edida y de organización. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. en com petencia con el agon. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. el atea. A veces. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. y con frecuencia en com binaciones con él. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. hum illada y condenada. en ab­ soluto y por naturaleza. a toda especie de códi­ go. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. Más aún. En cam bio. Aun­ que reprobada. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. el alca. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. com o el agon. de ln m áscara y del éxta­ 259 . en la m edida en que éste los domina. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. construye casinos com o el deporte construye estadios. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado.

El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. E l agón. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. del ahorro. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. Deja problem as p o r resolver. En efecto. del favor gratuito e inm erecido. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. De los diversos p rin ­ cipios del juego. si no es que insustituible. Sin em bargo. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. sino' tam bién la burla del trabajo. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. en una palabra. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. el edificio social se apoya en él. en el fondo. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . En esas condiciones. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. en elim inar cada vez más al alea. de la tarea paciente y tenaz. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. En conjunto. es decir. es el único considerado com o valor.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. que no se p restan a las ecuaciones. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. desde un principio em pieza la extraña distribución. al dom inó o a la com eta. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. el estudio de éstos se beneficia . sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. Quien juega al burro. Para ser m ás exactos. Como hem os de ver. p o r su gene­ ralidad engañosa. com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). Λ decir verdad.

cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. tom o VIH. si no es que el prim ero. Estim o que com parando M las carreras de Londres. las rvgatas d e Venccia. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas.> H. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. Srhillcr. 268 . escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. 20. Pero no im porta. que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. francesa cn Fr. "E sthétique". el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. Onuvrcs.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes.1 Pero. 1862. los espectáculos del París de antaño. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. ocupado en sacar del juego la esencia del arte. 1 ." Más aún. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". 16. v. Poris. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. 26 y 27. en el mismo rexto. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". las corridas de toros de M adrid. trad . Véanse tam bién las carta.

Seducidos p o r ella. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital. p. 1S86.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. d e la gratuidad del jue­ go." Y W undt. F. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. 145.) La receta corrió con suerte. Jx> define en fin com o una em presa pura. sin pa­ sado ni porvenir.thik.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. La idea d e la libertad. 1896). El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. aparece com o un 269 . ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso. erróneam ente. Des­ ligado de la severa realidad. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales." (F. m odelo que tam bién le es anterior. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria.

Por una ex­ trao rd in aria paradoja. lanzam iento simple. del miedo. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. francesa. Paris. p o r ese hecho. V y 62-69. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. etc. 1889). de la m em o­ ria. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. del olfato. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. pertenece al terreno del . de la sorpresa. cóm o todos los adem anes que puede hacer. pp. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. der Tiere. Jena. de la tem peratura. del gusto.). etc. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. bastante ad ap tad a a su objeto. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. lan zar hacia un blanco. de los movimientos. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. de las form as. de los colores. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. las que se derivan del instinto de lucha. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. c) dc la inteligencia. dan origen a juegos. trad. 1902. En el fondo. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. te s Jeux des Animaux. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. antes bien. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. Más todavía. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez.). b) del ap arato m otor ((an­ teo. a tra p a r objetos en m ovim iento). cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. lanzam iento para golpear o em pujar. de la razón. de la atención. dc la im aginación. im pulso para hacer rodar. juegos de paciencia. construcción y sín­ tesis. del oído. destrucción y análisis. del instinto sexual o del instinto de Imitación. sin unidad inmediata y que. g ira r o resbalar.

que Jean Château descarta como juegos de adultos. otoño de 1955. R. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. 1952. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. Jx Jeu de J'Enfant. el dom i­ nó y la baraja.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. Antes de él. J. 1955. incluso si se dejan al m argen los dados. T. Pp. o poco faltaría para ello. p o r la o tra. W. Football :n America (traducido en Profils. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. J. .íacques Rousseau de Ginebra. se podría seguir ignorando. En cuanto al fútbol. Patrick (1903). Por una p arte. tal vez necesariam ente. Paris. 1 1942). 2e odklôn. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. núm. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. Introduction a la P/utano^e. Buytendijk.’ Cierto. Hartgenbusch (1926). 13. De nuevo. nueva edición niimonlndn. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. que desde luego no son alentados por los educadores. G. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. En particular. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. 5-32). pero no sobre la naturaleza del propio juego. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. París. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. es conve­ niente citar los análisis de G. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano. que un juego con frecuencia im plica. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. Las conclusiones se discuten en el estudio de F.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. Pickford (1940) y •V. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. ios juegos de azar se ven elim inados. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. Por o tra parte.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. Sin em bargo. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. Pues bien. Desde ese punto de vista. M. la perinola. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. 1955. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. Recordamos que el m érito de J. F. Le Football. no los ha encontrado entre los anim ales y. no existe tarca seria para la cual preparen. W.

no le es difícil dem ostrar. Ja apuesta. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. •£ e Jr. Los jugadores las ganan o las pierden. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. por una ayuda en las tareas. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. com o resorte del juego en el niño. en los alredcdoies de las escuelas. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. de b arro ." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. depiedra o de vidrio. p o r artículos escolares. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. Por un preciu invariable. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. 274 guna. Desde esc punto de vista. El niño no se entrena para una tarea definida. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. pp. el alea. resuelve por om isión un im portante problem a. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. de! tipo de la morra que. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. Asi. al final de su obra.los juegos de canicas. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. Ahora bien. 275 . Por mi p arte. 18-22. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. que el juego es una prueba más que un ejercicio. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. por al­ gún favor dispensado. inicuo en sí. En efecto. por re so rreras/ por silbatos. Uno vez más. que exigen espurio y accesorios. a escala infantil. por cortaplu· mas. Se cam bian p o r golosinas. y son niños que no se disfrazan. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a.u de l'enfant. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. es dccir el riesgo. contra Karl Groos.

sino desarro­ lla aptitudes. inventivo y protegido. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. del carácter o d c la inteli­ gencia. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. Dc m anera general. del cuerpo. el niño. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. P or o tra parte. intenso. Así. que adem ás es libre. el juego aparece como educación. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . Ahora bien. La finalidad del juego es el juego mismo. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. prueba o hazaña. quien perm anece en esen­ cia pasivo.te a las dificultades. Desde esc p unto de vista. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). placen­ tero. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. ninguna ap titu d física o intelectual. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. Pues no enseña recetas. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. Y aun asi.

pues entonces no sabe. a em pujar. es el de su cu­ ración. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. ni so­ m eterse a una disciplina. pp. luego de Jean Piaget. ni ad ap tarse a una nueva situación. a estorbar. me­ jo r aún. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales. ni fija r su atención. Para ellos.B. 277 . B rauner. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. 1S-75. Las observaciones de A. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados.R. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. 'A . No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. en una prim era aproxim a­ ción. A decir verdad. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan.I. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. etc. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real.A. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. el gusto de inventar.). En esta segunda clase. En cuanto a los juegos reglam en­ tados.. 1956. P arís. a p ertu rb ar. S. Poi4r en taire des hom m es.jugar. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . No los repele me­ nos que el trab ajo .

basados en la com petencia. Ju g ar a la lavandera. de las dam as 0 del ajedrez. Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. un aviador o un vaquero. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. Im aginar que se es una enferm a. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). implica una invención continua. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. p o r no hab lar del futbo!. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. uno panadera. es siem pre una im pro­ visación. Jugar a las b arras o al pillapilla. a la tendera o al soldado.

g irar como trom po. J. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. De ese modo. de pasión o de Intensidad. en mi clasificación. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. ct análisis define . que obliga a los jugadores a cooperar. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. Ππ cambio. basados en el sim ulacro. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. gri­ ta r a voz en cuello. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. 386-587). co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. o por simple aceleración <!c ritmo. 1*1*217). con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. en el capítulo correspond iente (pp. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. Pero é stas sólo com pli­ can. al m ism o tiem po. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo.

Huizinga. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. antes bien. un peligro que. A decir verdad. que es el de provocar una per­ turbación ligera. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. pero. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. De ese modo. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. un sentim iento de pánico. quien reflexiona en los juegos de adultos.esas conductas claram ente existen. el vértigo supo­ ne el m iedo o. esbo7x>s de juegos de vértigo. de la com petencia leal. 280 . Château hace alusión al sube y baja (p. o poco m ás o menos. m ejo r adaptados a su propio fin. De la invención y del respeto a las reglas. pero éste atra e y fascina: es un placer. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. si se quiere. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. m ejo r determ inados. no les concede la m enor atención. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. 298). pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. Ciertam ente. lo amenaza. en ciertos caso*. m ejor dicho.

E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. Por o tra p arte. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. del tobogán. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. 2 . como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. de los casinos o de los hipódrom os.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. Según consenso general. Se considera que destruyen las costum bres. estas ciertam ente son indispensables. Los estudios ma· 281 . Como investigaciones de un nuevo género. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías.

Ahora bien. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. A bordaron los cálculos de enum eración. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. E nton­ ces se dirigió a Pascal. En más de una ocasión. en efecto. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. Por ejem ­ plo. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. la experiencia le dem ostraba lo contrario. el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. El caballero de Márá había calculado que. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. en el juego de dados. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. Sobre todo. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . para una serie de veinticuatro jugadas. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. en que el azar no interviene en absoluto.

Morgenstern. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. el dc los puentes de Kocnigsberg. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. Princclun. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. en cada situación sucesiva. com binando el cálculo y la topo­ logía. político o m ilitar. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. 195? 283 . Von Neumann y O. comercial. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. Theory υ/ Games and Economic Behavior. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. es decir que. IW4. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. más allá dc toda controversia. Théorie de\ Jeua alternatifs. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. Algunos ju e­ gos tradicionales. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. Re­ cientem ente. Pan's. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano.” E sta vez.de los cuatro colores. Claude Bergt. cuya teoría se deriva de la topología. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX.

por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. MatemA­ 11 C laude B erge. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que.cortándolo). Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. en fin. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. 284 . el segundo. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. p o r la o tra. Ahora bien. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. p o r hipótesis. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso.1 1 Sin em bargo. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. del capricho. fuera de las m atem áticas puras. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". etc. la posibilidad de una inform ación total. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. en realidad. de I3 inspiración boba. ya. due­ los de aviones. póquer sim plificado al extrem o. es decir. quiero decir. que agote los elem entos útiles. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero.

es claro que el cálculo resulta imposible. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado.ticam ente. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. puede tener deseos de m orir. la distancia. en la práctica. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. Teóricam ente. hacerle trastab illar una raíz. el segundo día. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. del 30% y el tercer dio del 50%. ya. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. Pue­ de ser distraído o neurasténico. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. Cuanto m ás espera el cliente. en época de baratas. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a.resuelto. Pero. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. Pero. m ás ventajosa es la com pra. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . En fin. puede picarle una avispa. su sangre fría. la visibilidad.

En principio. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. el juego al p unto se ve estropeado. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. En los juegos que les apasionan. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. En ajedrez. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado.po y el artículo dc su agrado puede írsele. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. Se conoce el desenlace de todas las variantes. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. Pues no se juega para g an ar con seguridad. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . E n la b araja. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. según se le considere m ás o menos deseado. y cada jugador m uestra sil juego. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. Sin em barga.

pp. Por el contrarío . si la desconoce. se tran s­ miten de padres a hijos. En Sudán. Se juega con doce palitos y doce guijarro s. “Jctix dan«. e-s muy popular el juego del bolotudtí. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. lejos de favo’’ A . 8-9 de Présence africaine. 287 . sem ejante al molino. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. te M o n d e n o ir". Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. le "com e" uno al adversario. noir. form ando parte de la herencia fam iliar. Monde n ú m s. P r o x i. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. 241-24$. pero que ellos no abordan de o tro modo. en todas las situaciones po­ sibles. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. Así.

abolien­ do su rozón de ser. No queda fuera de las hipótesis razonables que. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «.· admite. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. p ara los palillos y el juego de anillos. Por sí solo. que m encionaba yo antes. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. 288 . es decir. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles. ninguna respuesta resulte eficaz. por ejem plo. No es verosímil. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. El lobo. tal que. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. Entonces no se ju g ará más al ajedrez.recer cl espíritu de juego lo estropean. aunque no se demuestre. Existiría incluso si los juegos no existieran. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. Su teoría es sencilla. de la prim era a la últim a jugada. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. esos análisis tam bién existen para otros juegos.

inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. El juego es un fenómeno total. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. .ellos. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. Así. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. En efecto. Sin em bargo. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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"Junto a su necesidad dc destrucción. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. luego lo dobla y k» rompe.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. se dio por satisfecho. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. De una observación de G. J. a modo dc mantenerse cabeza abajo. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. 67. Así. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. con gran alegría. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. hasta hacerle perder el equilibrio. citada por K. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. De ese modo tira dc una silla. que varias veces ha 299 . Romanes. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. En cuanto al jefe. se quita de debajo de él y espera la caída. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. Para romper un palo. también le gusta mucho volcar objetos. Hace lo mismo con objetos más pesados. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. tirando cuidadosamente dc los hilos. Sin embargo. con los brazos abiertos. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla.

de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. Alean. sin lastimarse nunca. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. Su estéril monotonía. 70. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. Antes de em­ pezar el juego. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. 300 . PP.” " P. París. sin la treta. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. prácti­ camente universal.logrado volcar con grandes esfuerzos. F. 240 y 241. al que es raro que se tenga fe. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. es también materia de reflexión. . su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. Intelligences des animaux. II. puesto que claramente se trata de uno acción "G . Esc carácter oracular. difícilmente sería entretenida. J. t. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. Por otra parte. Romanes. Sin embargo.

con ayuda de un número fijo de elementos. que en un principio parece del todo ausente. de manera más o menos severa y según los países. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). puesto que la ley prohíbe.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. pero siempre con la misma solicitud. lo que equivale a lo mismo). refinadas o sal­ vajes. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. El placer de la com­ petencia es escaso. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. en fin. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. aunque de manera muy diluida. su papel sin embargo se deja sen tir. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. de cosmonautas con escafandra y de 301 . búsqueda del favor del destino. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. perfectamente im­ productiva. En cuanto al simulacro. sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y.

El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. una pe­ queña esfera brillante. Los aparatos se alinean en filas interminables. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. que no es urgente dominar. éste casi siempre lanza varios balines a la vez.cohetes Interplaneterios. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. Supon302 . el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. En este caso. Para aum entar el ruido y el movimiento. por decirlo así. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. Por lo demás. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. como con el peso de una mirada cargada dc deseo. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. sin nin­ gún Intervalo entre si.se puedan imaginar. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . posible al vértigo. pero un vértigo inferior y vano. En fin. Aquí. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo.

lo contrario. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. Los recursos personales del jugador no intervienen. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. la prueba de una ha­ bilidad. de la inteligencia o del alma.sin espesor los juegos de vértigo. Por doquiera una tensión. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. que exi­ gen espacio.n fin.go que poco faltaba para empobrecer. reflexión y saber. en fin. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . en principio los más peligrosos de todos. un esfuerzo. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. para hacer mecánicos y endebles. incluso en sus aspectos más aberrantes y. el entrenamien­ to deportivo. El balero exige destreza. obstinación y resistencia. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. el solitario o los palillos. y hasta resulta inoperante. paroxfsticos. previsión. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. por el lado que se le-s mire. una lucidez expuesta e imperturbable. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. desde cierto punto de vista. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. Así. del casi automatismo 303 . éstos incluso exigen. P.

''Playland*' . En los cafés. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. Cada día y cada noche. desde el escolar hasta el anciano. . sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. en pleno Times Square. en el corazón de Nueva York. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. Broadway 1485. Pues bien.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. el 25 del mismo mes. el billar. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. en los años de mayor éxito. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. el chaquete. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. norteamericanos de toda edad. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. con In vana esperanza de una partida gratuita. capital del juego-sino también en Nueva York. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. En Estados Unidos. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. Provoca verdaderas obsesio­ nes.

si entró allí con dinero suficiente. En una inmensa sala sin puerta. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. Morgaine). comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. En efecto. (D. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. como se les llama aquí. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). Delante de cada máquina. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. por 5 centavos. permite al jugador quedarse horas. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos.

pp. 215. Así. de octubre de 1957. que podían utilizar en aparatos traga monedas. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. puede ganar millones (fieticos). Por una moneda (real). pero le parece sublime.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. Rs una amenaza . esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis. (Vol. Como es fácil imaginar. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces.luminosos. T. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. Sin embargo. 44-47). lue Ko de lo cual los tiraban a la basura.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. 1289. num. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos. en abril de 1957. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. a través de diferentes obstáculos. La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. En fin. pues las anotaciones llevan varios ceros.

Entonl ces juega. "Por lina moneda. un riesgo suplementario. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. exterioriza su irritación y lop. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". en caso d e depresión. Julius Segal confiesa curiosamente que. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach. el jugador se . Sale tranquilizado respecto de su talen." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. to y de sus oportunidades de triunfo. por decirlo así. Y en efecto. No por ello dejaba do pensar en él.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. en particular.ativo accionando el resorte del artefacto. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. honorable si* no es que higiénica. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. I. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. Si hemos de creerle. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. Por lo general.Γ deliciosa. una especie de segundo juego agregado a! primero.ra que el mundo se conduzca dócilmente.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable.

Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. Sospecho que. se siente cngaflado. el componente terapéutico.enerva en vez dc triunfar. más que otros. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. de la ciencia y de la moral. imaginación. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. en el caso del señor Segal. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. lo hacen fructificar a largo plazo. deberá tenerla en cuenta. en pocas palabras haberlo hecho perder. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. Por el con­ trario. favorecen el feliz desarrollo del arte. Li­ teralmente. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. Deja la máquina frus­ trado. el dominio dc sí. el desinterés. sino amargado c iracundo. paciencia. según exi­ jan m is cálculo. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. en la medida en que obligan más a respetar la regla. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. al que presta gran atención. la lealtad. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. En lo sucesivo. destreza o vigor. En realidad. m .

Nombradas entonces n contrasentido. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. lo que concordaría con otra forma de juego. 309 . que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. existen distracciones-trampa que. lle­ nando las horas libres. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. Tal ve/. cobran aspecto de juegos. y accesoriamente de los solitarios. radica entonces en que. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. sino intensidad desplegada libremente. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. posee una eficacia propia.

reducido a la unidad da 6 . En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. Ko obstante. Aunque no contenga ningún 8. 93. horóscopos y superstición.. la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números. como es debido. Pero. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour.f 6 . 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir.1 = 17 = 1 4 7 = 8. si (por casualidad) ganara. podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8. 310 . Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. tal número «Obre tal otro. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. Mis mejores deseos. Por ejemplo. no le digo "buena suerte".f 4 -¿. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. Juegos de azar. serán tomados en cuenta por los interesados. sin embar­ co y de todo corazón. si es posible. 66 410. A título dc ejemplo. Y ahora.. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11.. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente.. dada la variedad de esos procedimientos.

Como los demás. Hypoctinea bl· tuherctdata. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). como si estuviera seguro de hacerla su presa. Morion Wheeler (op. espera la llegada de una de ellas y. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. en cuanto se acerca.. Con frecuencia. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. Ahora bien. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga.En ese terreno. cit. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. ρά· R in a 310). 101. ?. Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. citadas por W. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. de hormigas comunes en la India. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos.

.Jacobson. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. pp. Jcanmaire. cit. eso queda "probado por el hecho de que. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. el derecho a conocer el misterio. éstas se apartan un poco del ptilócero. Las máscaras (Koro. Kora. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. 221-222. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. El mecanismo tic la iniciación. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. op. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. tanto cabezas de animales. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. Extracto de H. plural. un tanto más burdo. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. a poncr312 . Simbo. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. 162. plural. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado.

es decir. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. En uno. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. dentro dc su simplici­ dad. De las exposiciones un tanto confusas. esperando que caiga la noche. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. hucen oír . Naturalmente. del mismo tamaño. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. Cuando los 313 . Por la noche.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. Al terminar el día. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. piden conocer las "cosas del Do". el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. lo cual se hace ritualmente. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. Ponen manos a la obra desde la mañana. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. la revelación del secreto dc las máscaras. los ancianos los rodean. los usos varían se­ gún las localidades. dc cierta grandeza.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do.

Cuando se ha cerrado Ja fosa. Después de lo cual. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. fisa es la costumbre. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. De modo simbólico. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa.se han reunido. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza.niños . ésta se pasca. Una máscara llega corrien­ do. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. éste la sella golpeándola con la mano. Al día siguiente. no estd en \rida. salta alrededor de los niños. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa.

sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. Además de la cerveza. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware).sudanesas]. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. 164. y el anuncio producía una efervescencia en el país. hoy por hoy en decadencia. se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. IV. El animal se inmolaba. el lugar ue reunión era un claro en la selva. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. éstos se celebraban cada siete años. instrumentos dc Jos Antiguos. Cremer y publicados por H. t. com­ parado por H. Labouret). a los niños c incluso a la gente joven. P. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba.

cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. de espaldas. banquetes y palabrería. I-a dan/a continuaba tres días seguidos. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. con el rostro vuelto hacia el interior.f negro que cubría una piel humana. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . El día señalado. en cuanto el enmasca rado. pequenUo en un principio. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. El enmascarado se ponía a bailar. el que se volvía se condenaba a muerte. cuyo tamaño no dejaba de crecer. Luego de abandonar la fosa. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. em­ pezaba la parte importante del misterio. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. iba creciendo poco a poco. Por lo demás. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. ΛΙ cabo de siete días. T. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. Al pie del árbol se había hccho una fosa. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco.

el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. AZAR P. numerosas víctimas pere­ cían. (Según K. Dämonen des Sü­ den. pp. fuera en el círculo de los ancianos. en caso negativo. 205. en 1926. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. fuera entre la ma^a de la población. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. durante aquellos días. Ä9 ss. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. carbonizado en un accidente de aviación. Para rendir homenaje en común a un cantante . en 1939. Atlantis.). debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. Un ejemplo: el culto de James Dean.cían. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. VII. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. 1924. De todos modas. a fin de m orir como él. Frobcnius. al cabo de aquel triduum. t. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. En los suburbios de Buenos Aires.

recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas. se ha conmovido ante el fenómeno. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café. Escribe. dice. un historiador enterado.lames Dean. "Algunos psicoanalistas". que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres. pretende que. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. desfigura­ do. En uno de los cotidianos más importantes de París. en la que trabajaba . el actor hubo de retirarse del mundo. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean.. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. la empresa cinematográfica Warner Brothers. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto.de su gusto. sé que no estás m u e rto ./'.

y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. Por cincuenta. El episodio en sí os insignificante y N futuro. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. maltratando a los transeúntes. uno podía sentarse unos segundos al volante. 119-131: "Ix cas James Denn'*. 319 . El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. 1957. volcando 1 Pierre Gaxoto." Γ. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. ts s Stars. Tras la muerte del héroe. U Figaro. pp." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. Paris. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado".. 213. Terminada la gira. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto.

Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien.autos. rompiendo aparadores y. los educadores. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. Sin embargo. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. Casi linchados. Por lo demás. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. el hecho en sí no es nuevo. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. De manera 320 . Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. Los pedagogos. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. finalmente. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo.

nada tienen en común. No . No sc conocen entre sí..m divier­ í ten. decenas. se aglutinan corno pingüinos. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . ‘rebeldes sin causa'. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana.. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas. "Para el extranjero. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. gruñen y se injurian apretando los dientes. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. se amontonan. esta trifulca y.. cl lunes.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. Son. se estaría tranquilo.e so s ociosos. sin ninguna palabra com prensible. centenares y.inexplicable.. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. se abruman a golpes sin un grito. aparte de su edad. François-Régis Bastide ya ha escrito: . presas del terror de la soledad se reúnen. en toda la acepción trágica de la expresión. miles de muchachos están alii. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces.

la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . 5 de enero de 1957. el cxccso de dificultades por 'subir'.. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. en su mayoría son. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. bajo otros cie­ los.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. En ambos casos. hijos de obreros o empleados comunes. Esc bienestar relativo y. como aquéllos. la certeza de un porvenir asegurado. Como aprendices o dependientes de almacén.vo en la vida*. en Suecia. provoca la desesperación. (Le Monde.los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. . « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. En cambio./’ Uva Freden.

XXIV (1704). da lugar. 323 . fueron muertos frente a Verue. II. dc manera más desconcertante. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. teniente general. se quiso continuar con la diversión. cuando debajo estaba el verdadero. al desenmascararse. El invierno siguiente. Pero sigue siendo Inquietante y. hacia 1700. enteramente distinto. pero el colorete se bo­ rraba al punto. dos hombres de gran valía. Finalmente tiraron aquellas máscaras. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. Favorece agradables equívocos. como yo. cap. 414-415. que se llevaban bajo otras máscaras. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. de pronto. dc aquella ex­ traña singularidad. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. maris­ cal dc campo. y la tensión no podía suprimirse. Bibliothè­ que de la Pléiade. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. la máscara es una diver­ sión dc la corte. pp. 1949. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. pero enteramente sin­ gulares. Mémoires de Saint-Simon. El invierno anterior. t. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. grande fue la diversión con esa broma. en extremo y en reiteradas ocasiones. al natural. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. y estado sorprendida. y Wartigny. de suerte que.En Francia.

el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. Todos la llevaban en Venecia. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. p. El origen de esc nombre es el grito de: bau. 37. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. la ley prohibe a los nobles ponérselo. bau con el cual se asusta a los niños. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. Era obligatoria para los nobles. a su antojo.En el siglo χνπ ι. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. En principio. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. empezando por cl dux. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. Λ continua­ ción. París. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. en los lugares pú­ blicos. Cuan­ do. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. La mayoría de las veces es de color escarlata. hombres y mujeres. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. la conservaban o se la quitaban. En los teatros. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. por razones de Estado. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. 1944. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. una vez dentro de la sala. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. según Giovanni Comisso.

estaban: los gnaghc. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. 325 . Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. hora« bres vestidos o no dc mujeres. cil. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. capitulo XI. en una palabra. Mémoires. nota 1. tomo V. 1900. también sobre las máscaras. de dejar de ser lo que son. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. Prefacio de Gustave Coquiot. op. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. los pitocchi. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. los berrwrdoni. 133. dc cambiar dc identidad. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. (Comisco. p. dc escapar dc sí mismos. de disfrazar­ se. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos..). Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. los tati. vestidos dc andrajos. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara.

que codicias. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. llena con sus tropeles. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. Como los fantasmas. qué esperanzas. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. La máscara es el rostro turbado y perturbador . sardónica y macabra. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. qué apetitos. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. bajo la pelambre de las falsas barbas. no se ve su rostro. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. a qué olvido de sí mismos. como los fantasmas. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina.

con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. pp. 3-6. es el lujo condimentado con el miedo. de la mujer de la vida alegre y del aparecido.) 327 . quien sabe. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre.de! desconocido. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. tal vez en la prefectura. Masques. es la sonrisa de la mentira. pues. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. con sus rostros solicitantes y terribles. (Histoires de. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y.

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Clasificación de los juegos. Definición del ju e g o . .. . ..27 II...ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I....... 125 127 128 129 329 . ....... 1. .. ..... ........ . La teoría am pliada de los juegos ... 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales ..... ...... .. S ik íl n im P arte VI. ...... . 106 .. La corrupción de los juegos ..... Conjunciones prohibidas... P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s .... . Conjunciones fundam entales . V......... Conjunciones contingentes . . III. TV...... 3....... La vocación social de los juegos ... b) De la turbulencia a la regla .... 2.... ..

216 La m áscara y el uniform e ..... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .......... .................... ... ....... Análisis psicopedagógicos . ..... ........ ) 146 VIII........227 El trapecio. ........ ..... La com petencia y el azar ........................................281 330 ... ........... 138 1> La m áscara y el trance ........... 228 Los dioses que p aro d ia n ......... Análisis m atem áticos........ 185 c) La delegación.. ............ 230 Co m plem entos I. ........ ... 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s ..... De la pedagogía a las m atem áticas ..169 b) E l m érito y la su erte ............221 El c irc o .VII........ .............. 266 1.................. 166 a) T ransición......... 217 La feria a m b u la n te ................ ...... ................. .... .. ...... 201 IX............ 268 2....... ................. El simulacro y el vértigo .. .. La im portancia de los juegos de azar 239 II..... ......

.......... El sim ulacro y el vértigo ......... La com petencia y el azar ..... ............... . V III... IX.........322 331 .. La corrupción de los juegos .. 310 312 317 VII. .... 293 IV.... .. C la siíic a c ió n ........ .................. ...E x p e d ie n t e II......... ... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ........

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D. 09070 México. 9:10 y B:9 punta*. S. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. Av. En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. A-. F. Arto de Juárez 226-C. .E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da.

B a rre : F. L u a rd : La China popular y su economía E. E . B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. Shaplcy: De estrellas y hombres F. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . T. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G.t desarrollo económico J. S. F. L. H ughes y D. B erendt: Et jazz J. C o re: Historia y enajenación R. Fanon : Los condenados de ta tierra F. Wright: Para comprender el teatro actual R. M yrdal : El Estada del futuro G. C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D. E.H. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. J. A.

Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. Castellanos: ButúnCanán G. van Doren : La profesión de Don Quijote G. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. Dobb: Introducción a la economía G. D. H. L. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. S. Rostand: El hombre y la vida R. Cole : La organización política K. Shackle: Para comprender ta economía . Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. de BablnJ: ¡.

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