R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . se transform an sin cesar. la m anera de un intérprete. sino tam bién la totalidad de las figuras. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. no sólo . m úsico o com ediante. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. designa. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas.la ac­ tividad especifica que nom bra. p o r o tra parte.propio. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. com pleta en un principio e inm utable.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. la palabra Juego. Esa idea de totalidad cerrada. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so. Asf. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. De la m ism a m anera.

especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. la carrera. en . de libertad y de invención^ En un registro vecino. jugar en grattde. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. la vida. al punto. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. Una vez m ás. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. un elem ento favorable o m iserable. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. La idea de riesgo viene. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. jugarse el resto. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. ung. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. com o m ostrar su juego o. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. o tras más. a la inversa.

Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. A la ve/. No pueden violarse con ningún pretexto. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. im perativas e inapelables. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. la voluntad de respe­ tarla. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir.. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. Ahora bien. E sta vez. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . esas convenciones son a rb itrarias. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. es decir. É stas de­ finen lo que es o no es juego. en fin. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. toda treta o respuesta prohibida.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. sin p oder haccr nada al res­ pecto. de com ún acuerdo. Todo juego es un sistem a d e reglas.

Por lo dem ás. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. esc . Así. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. Pero. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. enteram ente exacto. que le da vida. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. ese juego no debe s e r exagerado. pero ño excesiva.voluntarias y aceptadas de buen grado. que ins­ tauran un orden estable. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . in­ terviene un juego de o tra especie. Juego significa enton* ces libertad. Por o tra parte. de facilidad de movim iento. pues la m áquina parecería desbocada. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. no el juego m ism o. una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. en el in terio r de ese juego. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. una libertad útil.

E l juego propone y propaga estructuras ab stractas.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. com pleja c innom brable. to s senüdospim plican ideas de totalidad. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. Sin em bargo el juego^significa. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. esos distini. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. de re­ gla y de libertad.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. En genera!. Esas estructu. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal.

do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . tablero para dam as o tablero de ajedrez). que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. pista o arena. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. y en las m ism as condicio­ nes. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . El equipo gober­ nante. es de­ cir. lisa es. que juega correctam ente el juego. la pureza y la im parcialidad de un juego. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. p o r fin. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. reducida a lo esencial. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. la precisión. la argum enta­ ción de un Huizinga. a los partidos opuestos. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza.

En música. que a la vez guían y lim itan al creador. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. y cualquier o tra imposición. la coreografía o el teatro .form as legales. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . de encontrarlas extrañas o m olestas. las leyes de la arm onía. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. Engendran hábitos que. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. En pintura. Al hacerlo. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. Son com o las reglas del juego al que él juega. las hacen parecer naturales. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. unidad o canon en la escultu­ ra. cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. Sin em bargo. al final. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. igual que en el juego. A falta de lo cual. P or o tra parte. E n lo sucesivo. No ocurre o tra cosa en el terren o estético.

Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a.. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. a las ciudades abiertas. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. M ediante esos pocos ejem plos. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. pero regulado. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. tiránico. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. En épocas de guerra llam ada cortés. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. que se apoya 16 . hasta la es­ trategia es convencional. sino que suele serlo de la violencia regulada. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias.

C onstituye una isla de claridad y d e perfección. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor.en un sistem a coherente y equilibrado. res­ petada voluntariam ente p o r todos. de habilidad. el tacto m ás sutil. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. de cálculo. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. la vista más penetrante. la regla no favorece ni lesiona a nadie. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. H acen el cuerpo más vigoroso. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. en que. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. Por el cam ino del placer o de la obstinación. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. . Los juegos de fuerza. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. tienen al menos valor d e modelo. más flexible y más resistente. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. y siem pre revocable. que se b o rra p o r sí mism a. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante.. son ejercicio y entrenam iento.

nada está perdido y. antes que recri­ m inar o desalentarse. Quien se enoja o se queja se desacredita. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. la mala suerte o la fatalidad.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. El juego no prepara para ningún oficio definido. En efecto. de una m a­ nera general introduce en la vida. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario.C ontra Io que se afirm a con frecuencia.

que a su vez es juego y juego superior. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. nada com o el juego exige tanta atención. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. No obstante. una vez rebasada la cima. Por o tra parte. Sin duda. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. la suerte Im­ placable c im prescriptible. En cierto sentido. anuncio éste que pone fin a la 19 . consum ada la hazaña. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. tal dom inio es m ás fácil en el juego. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. que lo deja sin energía ni resorte. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. su m ejo r afán. al ech ar los dados o al voltear un naipe.

E xperim entar placer con el pá­ nico. que hacen retroceder la tacañería. como dice P latón hablando de o tra apuesta. más im por­ tante que lu que está en juego. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. El juego no es una escuela menos ruda. como si Dios no existiera. la codicia y el odio. Tal vez de m anera paradójica. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. es la ley del juego. es llevar a cabo o b ra de civilización. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. con ese desapego. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. tener a la vista la imagen de la perdida. un herm oso riesgo que rale la pena correr. C onsiderar la realidad como un juego. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. en cualquier caso.

el juego escoge sus di­ ficultades. Finalm ente. p o r el pundonor o p o r la casuística. p ero un obstáculo arb itrario . Quien tiene ham bre no juega. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. hecho a la m edida del ju g ad o r y. aceptado por él. Por o tra parte. las aísla de su contexto y. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. el juego queda a m erced del aburrim iento. De habi­ tuarse a ella. Además. las irrealiza. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. transfor­ m an el m undo. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. E n segundo lugar. 21 . el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. En cambio.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. En pocas palabras. la realidad no tiene esas de­ licadezas. a expensas del conteni­ do. casi fic­ ticio. p o r decirlo así. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. en m ayor o m enor m edida. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales.

Secundum Secundatum . Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y. sin ella. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad.En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego.

PRIMERA PARTE .

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rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. Johan H uizinga. En todo caso. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. p o r o tra. retom ó y desarrolló sus tesis. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. 27 . se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. En H om o ludens. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. esta obra. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. Por una parte. p o r su naturaleza. dándolas p o r sentadas. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933.I I. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia.

(¡Su obra no es un estudio de los juegos. según reglas absolutamente obligalonjA. peiO que. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. por tanto. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. puede absorber por completo al jugador. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. en su aspecto formal. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada. pp. \W . a pesar de todo. podemos decir. 31-32. trad. México. En la página 53 se encuentra otra definición. aunque libremente aceptadas. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente. que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados." 28 . menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. que el juego.1 1 Homo ludenx. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. del FCE.

se p restan a una actividad de juego. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. lo publica y. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. Sin duda el secreto. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. el disfraz. en fin. ocupan precisam ente un . la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. cuando el secreto. p o r ejem plo. En segundo lugar. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. el m isterio y. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. La ac­ tividad de juego lo expone. en cier­ to modo. lo gama. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. sino una insti­ tución. En cambio. es decir. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. -|T>ara bien o para m al. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. es decir. los casii nos. En pocas palabras. .yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar.E sta definición. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. las pistas de carreras y las loterías que. los garitos.

pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. aunque se considere desdichada. el único que no puede tom ar placer en el juego. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. Aunque casi siem pre es inferior. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. a causa de los gastos generales. En el m ejo r dc los casos. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. Además. En* algunas de sus manifestaciones. Ciertam ente re-. cierto que en form as infinitam ente variables. Sin em bargo. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo. incluso en su form a dc juego p o r dinero. Pero tam poco es inexplicable. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. Pues bien. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. es preciso distinguir. es decir. Hay .

Cuando juegan. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. O bligatorio o simplemente recom endado. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. Aún más. en el salario o en la rem uneración. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. en el hipó­ drom o o en las tablas. los boxeadores. como fuente dc alegría y de diversión. y deben pensar en la prim a. es a algún o tra juego. pero no produc­ ción dc bioics. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. de habilidad y con frecuencia dc dinero. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. ni objeto mamifacluracjp. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse.desplazam iento de propiedad. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . d e Inge­ nio. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. En cuan­ to a los profesionales. ninguna obra. la even­ tualidad dc esa transferencia. ni o b f t m aestra. sino hom bres dc oficio._c&_ca· racterfstico del juego no. los ciclis­ tas. en la pista. crear Tiinguna riqueza. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. está claro que en ello no son jugadores. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. Por o tra parte. Æn^cfccto.

” En efecto. la pista. el recogi­ miento. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. la rayuela. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. el cuadrilá­ tero. Parts. ora descalifica. la liza. p o r acci­ dente o por necesidad. el silcucio. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. 32 . etc. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. II. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . de buen grado y p o r su gusto. p. el estadio. 21. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. la arena. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. S alir del recinto p o r erro r. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. la escena. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. i Hay un espacio para el juego: según los casos. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. es decir. enviar la pelota más allá dul terreno. ora da lugar a un castigo.se entrega a él espontáneam ente. p ara apartarse d e la vida corriente. 1943.’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. P o r lo dem ás y sobre todo. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca.

su naturaleza puram ente conven­ cional. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. Sus argum entos son irre­ futables. arb itra ria s e irrecusables. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. Además. 33 . Si es posible. Quien no las acepta con ese carác­ ter.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. Desde ese punto de vista. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. se pro­ longa. su duración se fija de antem aao. p o r ejem plo. "tiem po". como en los juegos de niños). el terreno del Juego es asi un universo reservado. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. p o r reglas pre­ cisas. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido.cucncia. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. el tram poso cuando menos finge respetarlas.

se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. en una partid a de nai­ pes. El juego consiste en la necesidad de encontrar. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. igualm ente es la que da ra34 . tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. el resultado ya no es dudoso. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa.o c infalible­ mente. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita.^ ó l o se juega si se quiere. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. en la ruleta. Un desarrollo conocido de antem ano. En la lotería. En esc sentido. gana sin esfucr/. en el ajedrez. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. Es adem ás una actividad incierta. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. ya no divierte a quien. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. En una prueba deportiva. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. A decir verdad. E sa libertad del jugador. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. el juego es una actividad libre.

p ara jugar a las muñecas. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. De ese modo. al soldado. Por eso se juega en serio al ajedrez. al bacará. sim ple mímica. No se hace com o si. al avión y. Muchos juegos no im plican reglas. en general. P o r el contrario. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. debo decir aquí que la ficción. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. se ve separado de la vida corriente. al polo. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. al caballo. a policías y ladrones. al m arro. o cuando menos no fijas y rígidas. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. no las hay. Quien juega al ajedrez. Esa conciencia de la irreali­ 35 . ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. a las b arras. a la locom otora. al polo o al bacará. la regla crea una ficción. Por sí m ism a. p o r ejem plo una m áquina. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta.

p o r ejem ­ plo. un ver­ dadero caballo. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. a fin de im itar a las personas m a­ yores. el máximo com ún denom inador de todos los juegos.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. los juegos no son reglam entados y ficticios. Así. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. Podemos concebir fácil­ mente que. jugar a "ju g ar al ajedrez". Antes bien. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. un verdadero subm arino. a la chiquilla. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. o. que denunciaba lo absurdo de las reglas. si le parece p arte de la vida corriente.dad fundam ental del com portam iento adoptado . es decir. D estinada a p recisar la naturaleza. y encuentren divertido. o están reglam entados o son ficti­ cios. un verdadero p irata. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio.

3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. el cornc:a y el trom po. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. los solitarios y los cru­ cigram as. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. A ellos habrá que volver. los acertijos. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. En particular. p o r ejem plo. Por el m om ento. 5* Reglamentada. ni riqueza. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. som etida a convenciones que 37 . y el de la mímica y la interpretación. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. el tiovivo. No obstante. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. y.

38 . esta vez. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. se esforzará p o r tener en cuenta. Sin em bargo. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. que es la única que cuenta. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad.

e n otro. la cualidad principal que exige. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. en un tercero. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. Además. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. el lugar en que su disputa la prueba.II. al comienzo. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. finalm ente. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. en el último. En un m ism o lugar. En efecto. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . a decir verdad. Además. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida.

Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos.y el diábolo son diversiones al aire libre. No hace nada. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. Sobre todo. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. sea en la ruleta o el bacará. ora intelectuales. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. el corredor. En cam bio el boxeador. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. Por una vez. Así. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. sólo espera la decisión dc la suerte. Por lo general. P o r o tra p arle. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. S in em bargo. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. 40 . quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión.

del sim ulacro o del vértigo. d entro de esos sectores. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. del azar. Sin em bargo. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. Así. propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. Lo distribuyen en cuadrantes. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. Alea. Las llamo respectivam ente Agon. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. en los juegos considerados. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. En el extrem o opuesto. de acuerdo con una progresión com para­ ble. en lodo caso. de turbulencia. Pero. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. Casi p o r com pleto. opuesta p o r algunos conceptos. a las canicas o al ajedrez (agón). M im icry e llinx. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. pero no por todos. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. predom ine el papel de la com pe­ tencia.

de habilidad o de ingenio. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. Pero. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. Por lo dem ás. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. de paciencia. enteram ente desprovista de sen­ tido. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. im perativos y mo­ lestos a propósito. m e he esforzado por 42 . an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito.significativo y m ás am plio posible. Con la m ism a intención.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más .

)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. e tc . busque en el inundo anim al conductas homólogas. fútbol. ΛΙ hacerlo. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. es decir. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. En el in terio r de cada cla­ se. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. m em oria. resis­ tencia. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. cada vez que pude. box. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. tenis. habilidad. esgri· 43 . vigor. Por tanto. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. ingenio. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. a) Categorías fundamentales Agon. adem ás.

Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. Asimismo.ma. de a tle ­ tismo. En ocasiones. se p rep ara una des­ igualdad secundaria. en los juegos de nuja. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. como en las dam as o el ajedrez. E! juego de dam as. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes.). salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. son ejem plos per­ fectos. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. de un caballo o de una to rre). una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie.). Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. etc. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . el billar. etc. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. el ajedrez. es de­ cir. p o r ejem plo. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. en el croquet. de golf. com petencias de tiro.

en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. un entrenam ien­ to apropiado. En los encuentros de­ portivos. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada.los recursos del jugador. se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. Im plica disciplina y perseverancia. el torneo. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. Deja al com petidor solo con sus recursos. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. . o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. dado el caso. siendo iguales para todos. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. Fuera. constituyen. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. Para cada com petidor. la exposición. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. o en los lím ites del juego. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda.

los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. "un lugar un tanto 46 . puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. testuz contra testuz. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. Asimisnio. conside­ rando ciertos hechos. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. si bien está ausente la regla. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. Escogen un cam po de batalla. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. los ca­ chorros dc perro. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. No obstante. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. las focas jóvenes y los oseznos. com o es de esperar. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. con la cabeza pacha. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor.En principio.

francesa. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. P o r ello. 150-151. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. de­ ja rá de respirar. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. dice Karl Groos. de piquetes y de quem adu­ ras*. pp. Gixxtó. sino d em o strar su propia superioridad. ele. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. En ocasiones. lo que está en juego es m ás serio. 1902. resistirá las cosquillas. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". Pa­ rís.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. 47 . y golpean. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. en form a de azotes. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. inauguran pruebas severas. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. Entonces. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. Se lan­ zan uno contra otro . Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. en cuanto a los ejem plos anteriores. trad. de parpadear. esos juegos de ascetism o. Les jeitx des animaux. como se les h a dado en llam ar.elevado". d e pellizcos. con el pico al fíente. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. Sus plum as se erizan.

novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. Aquí. sin enfrentarse directam ente. crucigram as. En un instante aniquila los resultados acum ulados. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. Es desgracia total o favor absolu­ to. la paciencia. el cara o cruz. la lotería. A la inversa de! agón. el bacará. el entre­ nam iento. M ejor dicho. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. Lo tom o aquí para designar. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. Con ello se ap artan un poco del agón. sino que . sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. la regularidad. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. la habilidad. elimi­ na el valor profesional. p o r consiguiente. etc. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. el alca niega el trabajo. la calificación. etc. donde. Alca. problem as de ajedrez. que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido.). alpinism o. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. en oposición exacta al agon. la ruleta.

en un juego com o el póquer. En éste. cuanto m enor sea la defen­ . supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. en el alea. En un juego como el bridge. Parece una insolente y soberana burla al m érito. P o r p arte del jugador. el alea una renuncia dc la volun· tad. con el m ás ligero indicio. cuenta con todo. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. En general. dc disciplina y dc fatigas. salvo consigo mismo. con todo. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia.V p o r consiguiente. ab o lir las superioridades na* 49 . luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. muy por el contrario. con cada singularidad que capta. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . sa del jugador.

dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. es decir. los ani* Por ejemplo. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos. En cam bio. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. Incluso es lo contrario. Por considerables que se supongan. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. corredoics. nada tiene que ver con el favor de la suerte. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. de acuerdo con las peripecias del agon. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. Recompensan una victoria disputada con pasión. F. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. en las peleas de gallos. principalm ente. Groos. K. boxeadores. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. 50 . otorgada a) mérito. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia.sa recompensa. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca.

todo en clin es confuso en un principio. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. É stos no logran hacerle estrem ecerse. ju g a r es actuar. tanto las oportunidades com o los m éritos. precisam ente.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. Para ¿1. Sea tigon. pues nada en la vida es claro sirio que. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. P or o tra parte. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. sea alea. Sin em bargo.

si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). sobre todo de los insectos. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. en la o tra escala. casi orgánica. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. El sujeto olvida. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. Que es a lo que responde la m i­ micry. De uno u o tro modo. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. convencional y. del im pulso que las suscita. F. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. fic­ ticio. M im icry. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. disfra/a. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. pero no es me· 52 . cuando menos de un universo cerrado.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. en ciertos aspectos. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra.l juego puede consistir. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. F. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer.

193Ä. En efec­ to. París. en esta ocasión. corresponde en el anim al y. una m odificación orgánica. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se.1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". de m anera m ás p articu lar en el insecto. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. versátil. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. com plejo y sorprendente. Por desgracia.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. Wl143. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. pp. en ponerse una m áscara. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 . en vez de ser un accesorio fabricado. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. a rb itra ria e im perfecta. Por poco que se adm ita esa hipótesis. Así. Sólo que. Mythe ct VHomme. en disim ularse. en representar [jouer] a un personaje.nos elaborado. que sobre todo acaba en una obra exterior. a una conducta libre del hom bre.

Entre las aves. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado.de ellos en el "Expediente". sin reconocerla. F. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro.n efecto. Reproduz­ co algunos . casi irresistible. q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. y en cam bio. En cu an to a los cangrejos oxirincos. sigue el paso del hom bre. de la carrera. 291K 54 . en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. de la claudicación. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. sino como lo propongo aquí. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. Sin ruibarbo. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. ni final de este volumen (p. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. y huye de todo objeto que se acerca". según los casos. lo más caprichosa.E ntre los vertebrados. se­ m ejante al contagio del bostezo. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. esporádicam ente. H udson creyó p oder afirm ar que. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. del perro o del caballo que ve alejarse.

el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. el niño finge ser soldado. a la lavandera y a la planchadora.4 etc. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. En el niño. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. agente de policía. Finalm ente. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. com o se tra ta de un jue­ go. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. a la cocinera. En el carnaval. m osquetero. pirata. enm ascarados o disfrazados. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. m arciano. realistas y <*orné*tlcas.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. 55 . El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. los ap aratos. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. vaquero. Pero. La niña juega a la m am á.

Por sí sola. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . el espectador en el héroe de la película. todo agon es un espectáculo. Sólo que es un espectáculo en que. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. sino claram ente los asistentes. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. se excluye el sim u­ lacro. para que sea válido. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. Como actividad. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. ni tam poco un verdadero piel roja. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera.ro torero. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. imaginación c interpretación. Para quienes no participan en él. pero ellos no juegan. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry.

suspensión de la realidad. en el hipódrom o. es­ e 57 . son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. A dccir verdad. el encuentro de boxeo o de lucha. constituyen en sí espectáculos con trajes. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. p ara ayudarlos. adem ás del espectáculo. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. el p artido de fútbol. convención. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. la carrera ciclista. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales.m anera m ás explícita. el de los caballos de su elección. En esas condicio­ nes. En cam bio. pero aparecen con las características exteriores de una representación. de tenis o de polo. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. inauguración solem ne. Con excepción de una sola. triunfa' dores del agon. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. En una palara. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. Los cam peones.

En cualquier caso. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. La m i­ m icry es invención incesante. du­ rante un tiem po determ inado. F. la m áscara. Ilinx. el artificio al que se le invita a d a r crédito. para el espectador. como a una reali­ dad más real que la realidad. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. La regla del juego es única: para el actor. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. se trata de alcanzar una especie de espasm o. m ediante la técnica em pleada. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. Los escojo a propósito.pació y licm po delim itados. se vinculan a ciertos juegos infantiles. consiste en fascinar al espectador. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. pues los prim eros. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. Ko obstante.

Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. 188?. dan varias vueltas com­ pletas. La cerem o­ nia. G irando '· O. En el “Expediente'·. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. Antes de llegar al suelo. trece según Torquem ada.0 En México. Depont y X. 327334. II. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. al que acom pañan aves. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. pp. describiendo una espiral que va ensanchándose. 156*159. vol. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. Luego." Por lo demás.de vértigo. pp. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. julio dc 1937. 179-192. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. num. y en Guy Slrcsscr-Pean. p. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. 59 . Coppolani. pp. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. 1947. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. Paris. Les Confréries rclizicusts musulmanes. Ethnos. m uertos divinizados. 329-339. 4. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". 298. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. Ar^el.

la velocidad. precipitarse p o r una pen­ diente. frente a frente. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. la rotación rápida. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. en el juego haitiano del ntaiz de oro. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. procuran sensa­ ciones análogas. la caída o la proyección en el espacio.rápidam ente sobre sí m ism o. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. resbalar por el tobogán. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. Paralelam ente. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. los pies ju n to s y encontrados. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. En· 60 . existe uu vértigo de orden m oral. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. extendiendo los brazos. dos niños se tom an de las m anos. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. el sube y baja. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. G ritar a voz en cuello. si se eleva lo bastante. el tiovivo. el deslizam ien­ to. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. E ntre los niños. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. de­ prendas y del salto de rana. De una m anera análoga.

ya orgánico.1 tre los adultos. citv p. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. Por lo dem ás. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. O tras veces. por ejem plo. op. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. R 61 . hasta caer. nom bre griego del rem olino de agua. Los antílopes. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. en p articu lar de las ove­ jas. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. 2Q . las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. ni tam poco al m enor asomo de peligro. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. ya físico. Antes que nada. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas.1 Las ratas dc TKarl Groo*. propongo el tér­ m ino ilinx.

111. y de nuevo se dejan caer. 116. sobre todo. Según Karl Groos. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. El halcón nocturno de América. allí. 265266. descrito por Audubon. En la época de celo. suben a los nevados y. pp. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. El caso de las gam uzas es aún más notable. Pero las aves. el maíz de o ro . Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. como •Kart Groos. el tiovivo y el colum pio de là infancia. ihùf. proyectándolo p o r los aires. trepidantes ν convulsas.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. dando la im presión de que se estrellarán contra él. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia.1 1 Después de la perinola. la resbaladilla. la curva con su peso hasta que se afloja.. son am antes de los juegos de vértigo. Luego vuelven a subir. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. tom ando cada cual im pulso. 62 . m ientras que las dem ás la ven hacer. E l gibón escoge una ram a flexible.

ha habido que inventar m áquinas potentes. Devuelven a las personas dem acradas. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. A decir verdad. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. es im portante observar que la vio* 63 . Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. Sin em bargo. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . Acaban de d a r alaridos de terro r. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. F uer/a es decir goce. P or tanto. que se acerca más al espasm o que a la diversión. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. del que esperan un goce. Por o tra parte. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. en m otocicleta o en un au to convertible. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. Evidentem ente. de los que depende el senti­ do del equilibrio.

forman p arte de su naturaleza. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. A p artir de esc m om ento.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. En cam bio. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. separación del resto de la realidad. lím ites estrictos e invaria­ bles. en casos extrem os. Aquí. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. Son ellas las que lo trans­ 64 . É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional.

se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. Además. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. en tre otros. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. cier­ to peligro de confusión. es de­ cir. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad. una necesidad de relajam iento. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. a la que yo llamo paidia. Kredati designa el juego de los adultos. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. En efec­ to. de los niflos y de los anim ales. y en general de dis­ tracción y fantasía. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. 3 la que propongo llam ar ludus.

representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. una recrea­ ción espontánea y relajada. 66 . dc com petencia. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. de atrav esar una lila. De la voltereta al garabato. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. de hacer que se derrum be un m onta­ je . de colores o dc ruidos. de sim ulacro y de azar. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. dc asir. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. etc. En cam bio. La palabra wan es todavía más explícita. dc hacer trizas una tela. m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. si no es que la única razón de ser.do con cl viento. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. el lactante que ríe a su sonaja. es decir. el perro que se sacude. naturalm ente exce­ siva. de la pelotera a la batahola. de probar. los juegos de habili­ dad.

ν reproducida en el "Expediente" <p. convenida.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. que hace cesar a su antojo. Asi.e gusta ju g a r con su propio dolor. y dirigido. o juega a quién m irará el sol. pero solicitada p o r él. cerrando los ojos. De ese modo» K. de sentirse causa. Rom anes. T. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. com o ya hem os visto. Tam bién le gusta que lo asusten. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. hacia atrás. cuya causa es el. * Observación citada pur Kart Groos. pero lim itado. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. se tra ta de afirm arse. sacando la lengua. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. haciendo muecas. op. ora una angustia psíquica. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. separa­ da y gobernada. pp.. p o r ejem plo. J. cit. Para el niño. 299). cada vez que éste sim ulaba dorm ir. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. &■ $ $9. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. 67 . irritán d o se con la lengua una muela enferm a. busco ora un dolor físico. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C.

que es propiam ente el ludus. de la m im icry y del ilinx. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. la gallina ciega. la perinola. definida arb itrariam en te. E sta esfera. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. escondidillas. las técnicas. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. a la postre. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . a la cual disciplina y enrique­ ce.En general. del alea. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. la m uñeca. a voluntad. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. El ludus da ocasión a un entrenam iento. de tal modo. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. la resbaladllla. Pero en cuanto aparecen las convenciones. en la adquisición de una m aestría particular. los uten­ silios. La diferencia con el agon es que en el ludus. el com eta.

En el aspecto de la habilidad m anual. Paris. por ejem plo. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. Hirn. Asimismo. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. dentro de la m isina especie. sin instrum entos. del diábolo y del yoyo. trad. Les i'eta d'enfants. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. se pueden cita r los juegos del balero. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. En fin. 1026. los anagram as. 69 . Víase Y. Gracias a él. 63.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. los crucigram as. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. las diversiones m atem áticas. P. “■Kant había hecho ya esa observación. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo. francesa. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits.

véase el •'Expediente** (p. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. 70 . y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. Sin em bargo. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. En el caso más simple. en que el jug ad o r puede. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. así fuese en m ínim a parte. ya como ludus. Por lo dem ás. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. en esos dos ejem plos. Lo cual no im pide que. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. sea el azar el que decida en lo esencial. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea.1 1 Asimismo. en m ínim a proporción. 300). influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras .

la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. que es arreb ato puro. que es tum ulto y exuberancia. En cam bio. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. Lejos de com binarse con el ilinx. ofreciendo la conjunción esencial. y el alea.gos de ilusión. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. y el ilinx. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. Pero. estrem ecim iento inmóvil y mudo. de avión o de barco. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. Por m edio de esa feliz com plicidad. que es cálcu­ lo v com binación. com o en el alpinism o y el trapecio. así com o no podría haber alianza entre la paidia. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. Reducido a sí mismo. Es entonces escuela del dom inio d e sí. hasta 7! . p ro ­ cura. o de los modelos a escalo.

incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. m ediante un juego disputado. crucigram as. acertijos. dotado o no de prem io. En efecto. De esc modo. etc. llegado el caso. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. El yoyo. ese ilaccr sin eco. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. Em pero. t Por lo dem ás. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. no pierden opor­ tunidad de organizar. Pero siendo m ás cs72 . que los diarios. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. el balero. a mi m odo de ver. A decir verdad. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. hay una característica del ludas (explicable. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso.

descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. a rte por placer. Cuando le falta éste. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. lo baña una atm ós­ fera de concurso. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. el anagram a. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. En efecto. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. el hobby lomaba 73 . cons­ tituido de nuevo en artesano. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. activi­ dad secundaria. en una palabra.table. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. g ratu ita. para hacerlo. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. E stá com probado que. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. En realidad. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. en el obrero.

que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. el pánico o la embriaguez. el alca. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón. De una m anera general. la fatiga. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. la aplicación. sin el dom inio de sí. Por esc m otivo. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. 74 . disciplinando u la paidia. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. la m i­ m icry o el ilinx pero. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. es positivo y ί ο cundo.

Por lo demás. Según algunos. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. saca a la luz o lro destino de la paidia. el cálculo y di­ ficultad vencida. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. Tal vez a causa de ese origen. En efecto. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. sino hacia la calm a. para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. Pero debe com binarse con 75 . al m ism o tiem po. al p arecer deriva en esc caso. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. Ja pacien­ cia y el sueño vano. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. La reserva de agitación libre que la define en un principio. no hacia la proeza. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. literalm ente " a r­ diente-desorden". el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. En esas con­ diciones. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. orienta naturalm ente la turbulencia. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente.

. desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. sin duda im plícita. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. D ar preferencia al agon. Asimismo. al alea.

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estableciendo m arcas precarias de duración. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. Los propietarios de los 80 . balero o aro . diábolo. com eta. de precisión. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. sobre lodo juegos de destreza.III. sobrepujando en la dificultad. de cualquier realización difícil dc igualar. cuan­ do menos virtuales. trom po. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. realizando proezas sin preceden­ tes. dc rapidez. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. tal vez invisi­ bles o ausentes. Tal vez lo sea. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. en una palabra. aunque sea a sus propios ojos. incluso. dc altu ra. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. yoyo. Cierto es que existen algunos juegos. De m a­ nera general. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. obtenien­ do gloria.

m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. Luego. En O riente. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. E stá horadado con m últiples perforaciones. con el estilete en toda la m ano. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. Acaba por p recisar un reglam ento. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. Así. luego sujeto entre los dientes. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. adoptado de común acuerdo. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . en ello consiste lo esencial de su placer. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. Con frecuencia.

AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero. A cada nuevo hoyo. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. fases del desta­ cado de la presa. operación que es monopolio dc tas m ujeres. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . alguna cacería o un cóm bale. enum era las diferente«. Cuenta un viaje. el jugador mima una aventura o analiza una acción. etcétera. En ocasiones.m ar ventaja.

Los pedazos a los perros Los perros com en. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. Antes de volver a la lucha. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. Y no sólo los perros. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. en p rin ­ cipio. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. En efecto. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. . los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. provocación y conta83 . no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. los cuervos. como desafio y replica. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. Incluso cuando. . los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. sino tam bién los zorros. Por lo general. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. En ese estadio.

los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. P or o tra parte. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. la m im icry. el agon (por definición). las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. Sin em ­ bargo. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. incluso en el cine. el alea. efervescencia o tensión com partido. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. En fin. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. el ilinx su­ ponen.tfio. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. en algún salón discreto. las diferentes categorías dc juegos. si no es que en el barullo. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. Así. pre­ fieren estar allí. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. Una partid a no soporta sino 84 . Asimismo. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. Pero no. no la soledad sino la com pañía.

asociados o no. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. Sin em bargo. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. Para el agón. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. p o r su am plitud y su estabilidad. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados.un grupo lim itado de com pañeros. para el alea. En una palabra. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . son los casinos. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. los campos de carreras. Entonces. En determ inadas circunstancias. esa form a socializada es en esencia el deporte. privado y m arginal. a ve­ ces clandestino. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva.

desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. de una m anera m ás equivo­ ca. orientada ya hacia el vertipp. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. 86 Ψ . de francachela y de júbilo populares. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas.ciedadcs dc apuestas. para el ilinx. para la m im icry. el carnaval y el baile de disfraces. las artes del espectáculo. finalm ente.

los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. 2».IV. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . Cierta­ mente. . 41 im p ro d u ctiv a. incierta. 87 . libre. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. é s te ap areció com o una actividad: 1?. ?. 5= reg lam en tad a. estadio o escenario) que les está reserva­ do. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. 3?. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. ficticia. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. Desde ese m om ento. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . Por necesidad. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. Puram ente form ales. pista. sep arad a. 6o. liza. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as.

cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. en el ilinx. dc escapar . satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. en cl juego. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. se esfuerza y se em peña. la búsqueda del vértigo (ilinx). im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . Pero. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia.Además. en la m im icry. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. Tiránica y aprem iante. finalm ente. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. ideal. en el alta. En el agon.

De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. En el fondo. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. El caso no es excepcional en absoluto. no hay perversión del ju e ­ go. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. lo que era evasión en obligación. P o r su parte. Si bien infringe las reglas. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. el tram poso perm anece en el universo del juego. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. pero hipócrita. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. El principio del juego se ha corrom pido. T ra­ ta de engañar. en obsesión y en causa de angustia. lo que era diversión en pasión.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. Es deshonesto.

la. ac­ túa. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. los ciclistas o los actores profesionales. Hace gestos. Son su propio traba­ jo . quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto.prueba. lo echan. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . Asimismo. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. Para los boxeadores. la representación tea­ tral es un sim ulacro. llena de obstáculos y de problem as. La diferencia sólo los afecta a ellos. es devuelto a la realidad. Pero. Tam bién p ara el actor.obedezcan. recita. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. el público se precipita a la salida. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. so viste. necesarios para su subsistencia. En cuanto se 'term i­ nan. debe defender sus intereses. el ago»». de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. para el profesional del ciclismo. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. del tenis o del fútbol. o la »úm icry. Asimismo. una activi­ dad constante y absorbente. Si lo descubren. del boxeo.

Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. Como el com ediante fuera dc escena. estas im pregnan toda su vida. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. en cuanto abandona el estadio. com o las del ju e­ go. H ipócritas. la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. la m ás difundida dc todas. son lím ites y convenciones. luego que suena la cam pa­ na. em pieza la verdadera perversión del agon. vuelve asi a la situación de partida. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. P or lo demás. Fuera de la arena. incesantes c im­ placables. Por eso. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. En la sociedad encuentra su brutalidad original. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego. sociales o legales que.m ejor porvenir. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. en el caso particular. Ahora bien. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. el velódromo o el cuadrilátero.

sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. la decisión del árb itro se aprueba por principio. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte. que conoce en sueños. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. sin corazón ni m em oria. En fin. es decir. Con la superstición nacc la corrupción del alea. Por lo dem ás. En cuanto a los juegos de azar. Aun siendo in ju sta. para a p a rta r las influencias nefastas. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. En efecto.

fuerza es confesar que los supera.form a. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. Las m ás de las veces. la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. es decir. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. 310). 93 . É ste afecta tam bién las gestiones. Sin em bargo. cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. Al salir de la cam a. para Ja m ultitud de sus lectores. prácticam ente todos. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. Pero al fin y al cabo las lee. Más todavía. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. Insiste en leerlas. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p.1 Es significativo que.

En París. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. Tan sólo p ara la astrología. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. magos y o íro s "fakires". fecha de aparición dc la primera edición. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. . en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. veinte revistas espe­ cializadas. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. Al parecer. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. Con frecuencia.

que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. sólo se traía de lám inas com unes. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. La superstición aparece así como la perversión. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. Por todos conceptos. La corrup* 95 . Y aun así. Antes que obstinarse en una labor ingrata. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. En cuanto a la avidez. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. el atea. es dccir.

El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. Una vez m ás. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. 96 . Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad. La precisión de los lim ites im pide la enajenación. del disfraz y de la m áscara. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. cuando. Una vez abandonado el espacio mágico. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. aquí el juego protege del peli­ gro. lentam ente. Convencido de que es el otro. term inada la fantasm agoría. Asimismo. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo.

É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. En cam bio. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. Además. En los terrenos de ferias. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. El azar tam poco es contrario a la realidad. al alea o a la m im icry. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. ya no tie­ nen vigencia.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. allí donde las reglas del juego. sin conven­ ciones previas c im periosas. El sim ulacro desem peña un papel en ella. a la vez liberadoras y aislantes. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. E s sorprendente que. los espías y los fugitivos. Pero aun asi 97 i . como se ve con los estafadores. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. en cuanto al agon. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora.

P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. Además. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. pertenecen ya id universo del juego. Entonces se pide a las drogas o al 98 . es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir.llegan a producirse. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. de velocidad. interm itentes. perm anecen in­ dependientes del m undo real. P o r su atm ósfera. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. com plejas y estorbosas. Costosas. Por últim o. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. Su acción se limita a su propia duración. El vértigo físico. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana.

Aunque como el vértigo físico. esta vez. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. Ahora bien. li­ b erar del peso del recuerdo. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. IJna vez más. Así. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. con cierta necesidad perm anente. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. una ansiedad insoportable. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. Pero. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. la for- 99 . si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. una horm iga de las m ás com unes. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. Sue­ len crear. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita.

pp. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. m ata a la lochem usa. I-a form ica fusca que. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. O tra especie de horm iga. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. Sciemia. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. No obstante. El horm iguero decae y des­ aparece. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. t.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. 199*203. IX . en libertad. Cuando ha agotado una oruga. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. que no lo tolera. pasa a o tra. La desgracia * Henri Piéron. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. 1911. 100 . Mal aten ­ didas. I.m ica sanguínea.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. de lady Gomme. 1946. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. pp.vado a concluir el lector de H irn. siendo jxer* C seguido por su competidor. 107 . los hombres habrían "imi. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. De improviso. goza del favor público. del respeto a la regla. El juego es libertad e invención. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos.1 Sin em bargo. Son trib u tarias del espíritu de investigación. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. de Groos. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. do Carrington Bolton y de tantos otros. Scgdn é). Sort* Ponx'üiri. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha." Jean Giraudoux. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. caprichoso < n c! detalle. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. 112*113. en 1938 Hui/. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. con ayuda de la imaginación. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. y el deoorte. hace de ella un resumen gráfico. del desape1F. Así. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas.

del contrapunto y de la perspectiva. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens. a concebir una eco­ nomía. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. el determ inism o. las reglas del derecho. En un caso. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. las de la táctica mi­ litar. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. a establecer una equidad. Al mismo tiem po. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. Estim ula el ingenio. "¿H abrá salido todo del juego?". el refinam iento y la invención. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. habiendo perdido su seriedad. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. las de la puesta en escena y de la liturgia. sea para decidir en tre ellas. Sin em bargo. las <Ie la prosodia.go que crea y que m antiene. P o r el ca­ m ino del juego. En ciertos aspectos. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. Apren­ de a co n stru ir un orden. En el otro. sea para articu larlas una a o tra. El espíritu de juego es 108 . caen al nivel de distracciones anodi­ nas. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia.

E s tiem po d e d a r ejem plos. Entonces. juegos y juguetes son residuos de ella. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. privados de sentido en aquella en que se les introduce. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. tal como la define precisam ente Iluizinga. en el transcurso de la historia. ciertam ente no eran juegos en absoluto. pero. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. Su función social ha cam biado. laicas o sa­ gradas. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. aislándo­ lo. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . En ella ya sólo se les tolera. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización.esencial p ara la cultura. pero no su naturaleza. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena.

la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. fi­ nalm ente. En el Egipto dc los faraones. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. En el juego del pillapilla. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. a m anera de telégrafo rudi­ m entario. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. En Corea. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. En Nueva Guinea. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra. Osiris. que preside. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. El difunto se juega la suerte en 110 .correspondían. Por encima del jugador. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo.

Dedicados a una divinidad. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. dios del am or. En la India védica. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. y a K rishna. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. p atrón de los rebaños. se mece solem nem ente a K am a. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. En prim avera. De m anera general. la liturgia de una cerem onia piadosa. de la destreza o de la gracia. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. A decir verdad.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. En Ingla· 111 . El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente.

de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. Por ejem plo. parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. (Los caballeros al acecho). P o r lo cual. en Francia. de diversos tabúes. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. Lo m ism o. No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. La T our prends garde. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. en la G ran B retaña. Por su parte. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. Λ fin de cuentas. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. Sabem os que an tañ o al­ deas. (La to rre en g u ard ia). que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. . que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. Le Pont du Nord. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. Jefiny Jones u O ld Rogers. una p u ra y simple ilusión de óptica. una vez m As. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación.terra. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. para acab ar pron­ to.

a la confirm ación. Las kachinas son sem idivinidades. En cam bio. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. Del mismo modo. los niños fabrican de 113 . con rifles de aire com prim ido. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. Sus padres los dejan ha­ cer.E s muy cierto que cl arco. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. En el Africa negra. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. con subm arinos y con aviones en m iniatura. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. al m a­ trim onio y al entierro. Tam bién juegan con tanques. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. en los países católicos. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos. los niños juegan com únm ente a la misa. con hondas y con cerbatanas im provisados. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil.

gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. Asi. en aviador. ser una madre. presencia sim ultánea de dos registros distintos. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. en m arino. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. antes bien. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. sím bolos y rituales de la vida religiosa. ¿Cómo 114 . perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. perm iten al niño transform arse en oficial. en cobrador de autobús. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. Les gusta com portarse como adultos. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. por poco im presionante o solem ne que sea. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. en vaquero. en jockey.m anera análoga m áscaras y rombos. en agente de policía. en todas las latitudes. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. En una palabra. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial.

que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. la rufeta es un juego. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. cuando ella m ism a es caduca. Antes que nada. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. en un caso. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. Asimismo. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. Cierto es que se puede m orir en un torneo. en ella m ueren pocos o muchos. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. Según la5 épocas. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. Además. en el otro . pero no la especulación. como en una carrera autom ovi­ lística.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. se presenta como una actividad paralela o independiente. 115 . nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. pero sólo por accidente. el torneo es un juego. pero no la guerra. pues el torneo está más reglam en­ tado. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final.

pues se les siente como tales. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. En efec­ to.Asi. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. Sin em bargo. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. Pues bien. y sobre todo en los juegos infantiles. el juego perm anece separado. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. de un ins- . Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. de m anera constante y dondequiera. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. todos las distinguen al punió d e éstas. variados y en ocasiones peligrosos. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos.

En todo caso. son operaciones com plem entarias.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. com o de caram bola. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. cuando no pretenden ser exclusivas. se ejercen en terrenos incompatibles. el problem a de sab er quién precedió a quién. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. constituidas en estru c­ turas im periosas. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. En cam bio. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. la liturgia. prom ovidas. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. se presenta com o muy vano. Explicar los juegos a p artir de las leyes. en una palabra. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. explicar 5a ju rispruden­ cia. A fin de cuentas. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . aprem iantes e irrem plaçables. e igualm ente fecundas. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. por el contrario. Con frecuencia. No obstante. las reglas de la estrategia. el juego o la estru ctu ra seria. las costum bres y las litur­ gias o.

con el tiem po. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. gracias a un con­ curso o a un examen. Cierto es que. lo que era institución sin duda puede verse degradado. la suerte o la superiori­ 118 .una cultura. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. En o tras palabras. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. Desde ese punto de vista. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. Poco a poco. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. Los resortes coinciden. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo.

ni tam poco está limi­ tada de antem ano. la alegría do improvisar. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . por el contrario. El intento de elucidar un misterio o un enigma. posee una fecundidad natural. dtí resistencia. Bl de tener o infundir miedo.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. 119 . El gusto por el desafio. Para bien o para mal. de rapidez. La espera. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. Sin em bargo. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. de equi­ librio y ilc ingenio. la búsqueda de los favores del des­ tino. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. de destreza. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales.

no tienen relación con 120 . se obedece al legisla o se escucha al furioso. se estim a la violencia o la di­ plomacia. cl embotamiento y la embriague/. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. Así.Finalmente. Allí donde se favorece a algunos. se confia en el cálculo o en la inspiración. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores.. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. Estos. Pero en ellos no son dc igual necesidad. En gran p arte. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. Además. Asi. Según los casos. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí. se ex­ cluyen el uno al otro. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito.

las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. pero que no deja de seducir al adulto 121 . En efec­ to. por el contrario. en algunos E stados m odernos. es claro que. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. De todos modos. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. cuáles los con­ tradicen. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. en la Grecia clásica. en la sociedad considerada. en la m edida en que. los ridiculizan y representan de esc modo. en principio. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. en cam bio. y tal vez indispen­ sable. precisam ente. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. Para to m ar un ejem­ plo. cuáles los confirm an y los fortalecen y.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. com pensacio­ nes o válvulas de escape. Sobre todo. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas.

Λ1 m ism o tiem po. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. no sólo em prendo una sociología de los juegos. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. En otras. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. Asi. Con frecuencia le inte­ resa más. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. palabras. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. su posibilidad de éxito. he debido com probar que. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. el estilo y Jos valores de cada sociedad. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. se­ gún creo.con o tras form as. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. de destreza. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. . al abrigo de loda consecuencia fatal. Esa libertad. explican. de inteligencia o de aten­ ción. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia.

— SEGUNDA PARTE .

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Sin em bargo. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. suerte. To­ m ándolas sólo de dos en dos.VI. una carrera de caballos. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Suerte-vértigo (alea-ilinx) . sim ulacro. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. agón típico para los jockeys. es al m ism o tiem po un . pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. Competencia-simulacro (agon-mimicry) . Una a una. las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias.

no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. Por eso. mediante las cuales la com petencia es base del alea. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. luego dc un exam en. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. Algunas o tras com binaciones. Sin em bargo. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. No hay alianza. por lo dem ás. sino simplemente coin­ cidencia que. siguen siendo puram ente accidentales. En ciertos casos. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. dos más. No corres­ ponden a afinidades im periosas.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. . El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. sim ­ plem ente viables. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos.

etc.i . se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . F. el respeto a Ja regla. la recia y el vértigo son in­ com patibles. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. el deseo de m edirse con arm as iguales. ah o ra es destruido 127 . Por lo dem ás. sin desnaturalizarla al punto. Cos. Decididamente. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. En efecto. De otro modo. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. De ello no su b ­ siste nada. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. el dom inio de sí. a la fuerza y »I cálcu­ lo.n el m om ento en que lo solicita. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia.

lo fascina. Pa­ raliza al jugador. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. no hacc al alca im posible en absoluto. dc posesión o d c hipno­ sis. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. 2. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. que d estruía al afton. es dc sobra conocido que. lo enloquece. en los juegos de azar. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. En efecto. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry.

luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. A ese respecto. esforzándose al máximo por obtener la victoria. En fin. Reglas de una precisión adm irable. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. Se siente en uno represen· tación. 3. Una vez m ás. al menos. m edidas minucio129 .pectáculo. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. por el otro. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan.. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. es decir. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. p o r un lado con perfecta corrección y. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que.

a la des­ treza o «ti saber del jugador. ideal. p ero com o una imagen ficticia. Sin regla. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. ordenada. Pero. en el otro. Hace un mi> 130 . puesto que esas son las características inm utables del juego. el fútbol y la lotería. Dicho lo cual. Y no podría ser de o tro modo. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. En el o tro polo. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. en uno. con todo salvo consigo. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. En ese universo. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. reparada y lim itada. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. el dom inó. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r.

en cam bio. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. dc suyo.m entó. Dc suerte que. Fingir que se es o tro enajena y transporta. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. Provoca tales accesos. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. En o tras palabras. apa­ rece como lo contrario del juego. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. Ahora. m ientras que renunciaba a ella en el alca. en sus form as más claras. con el vértigo hay desconcierto y pánico. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. Mas p o r el hecho dc que.

Sin em bargo. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio.οη y del alea y que están. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. p o r su parle.im aginable. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. protegidas de an ­ tem ano. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. enteram ente orienta­ dos. Al final. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. y p o r un cam ino im previsto. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina.

Quiere triunfar. prestigiosas. F. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. la que rige el m undo de la regla. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. El agón. En cam bio. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. no o tra que el teatro.n cam bio. d a r prueba de su excelencia. Nada más fértil que esa am bición. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. ya estético. En efecto. De ellas surgen instituciones estables.y de la suerte. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. que in­ terrum pen o devastan. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . frecuentes y casi inevita­ bles. y efectivam ente crean. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. En la prim era coalición. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte.

En esas condiciones.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. Eligiendo a ujmj. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). m ientras que la magia y la superstición. La regla es que se abstenga de actuar. con su destreza o con su inteligencia). la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. 134 . no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na.de dados. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. Asf. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. Cierto.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. la o tra . son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto. Pero una es lucha de. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. una equi­ dad absoluta entre los com petidores. con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte.

ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. hay renuncia. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. dc astucia. expresión y m anifestación de una cultura. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. Mas lo cierto es lo contrario. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. sino tam bién renuncia dc la conciencia. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. Se la expone hasta que su­ cum be. sólo necesita abandonarse. y lo aniquilan 135 . En cam bio. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. No se la educa. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. Para lo­ grarlo. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. en el ilitix. De esos juegos negativos. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. sem ejante en ese aspecto al alea. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. dc cálculo. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado.

una especie de atracción horrible y funesta. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. p o r la o tra. desigualm ente feliz y rápido. A esc esfuerzo se le llam a progreso. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. inhum ana y sin remedio. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. 136 . a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. es dccir. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. tam bién existe un esfuerzo incesante. en la conjura de la m áscara y del vértigo. dentro de las dos grandes coaliciones. Las dem ás pronto son devastadoras. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry.Así. el agón. la su erte y el m érito ). cuya seducción se debe neutralizar. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis.

Es ése un p ri­ m er m isterio. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. Pues.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. pero. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación. Son in­ num erables y cam biantes. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. y la cometa quc\ al parecer. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. antes que nada. decididam ente occidental. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. pero los juegos persisten. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. infinitam ente m ás aclim atables. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. Los im perios y las instituciones desaparecen. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . como las especies vegetales. Y es.

la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. En la antigüedad. la Corona o la Gloria. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. Revelan las pre­ ferencias. HI juego pasó al Occidente medieval. de las reglas. Con el cristianism o. 138 . prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. el Paraíso. el diseño se alarga y se sim pli­ fica. de em pujar el guija­ rro. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. de los artefactos y de las proezas.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. En la India. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. hasta el Cielo. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. el alm a— hacia la salida.

los modos de razonar más com unes y. En efecto. si los juegos son factores e imágenes de cultura. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . En efecto. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. los gustos. Sin em bargo. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. y en el seno de una civilización una época. al m ism o tiempo. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez.

es decir. en que todo es ardid e incluso. en todo m om ento.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. a posteriori. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. para el dem onio que im aginó Maxwell. Para una inteligencia infinita. provocan reflejos. en cierto modo. Para considerar un ejem plo. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. como provocadoras o como desleales. Los juegos crean hábitos. en los mism os países. . Luego. tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. el de Atenas en las aponías de los sofistas. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. triquiñuela. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. pero puede. un juego en que cada cual. d a r una explicación contundente al respecto.

una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. Una serie de mohines.pero triquiñuela codificada. rápido y discreto. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. sin que se enteren sus adversarios. una vez más. m itad en brom a m itad en serio. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. 141 . d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. En cuanto a las com binaciones de cartas. En ese juego. Esos signos. que se deriva del poker y de la malilla. una tendencia al engaño. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. de muecas. dispone de los juegos de fisionomía. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. sin pronunciarlos efectivam ente. En cuanto a las cartas. que form an p a rte de la legislación del juego. El buen jugador. En lo cual. pero en espera del desquite. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. si no a los asun­ tos públicos. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. p o r lo demás adm itida y bien recibida. reglam entada y obli­ gatorio. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa.

los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. La agresividad se ve m en­ guada. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. Sin em bargo. fr a n c e s a . Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. 165 174. En co n traste con las m arionetas de hilos. P arfe. . la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. Sin duda alguna. in icl. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas.Con la música. hay en ello un rasgo de civilización. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. si no es que al sacrilegio. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. Con­ viene retocar severam ente. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. aquellos que parecen m ás evidentes. Por lo dem ás. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. * X* W lri!. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. naturalm ente m ágicas y graciosas. la caligrafía y la p in tu ra. jeux à'enfants. co 1926. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. a p artir d e o tro s ele­ m entos. pp. En fin.

El gusto p o r la com petencia. que aplaude tantas siniestras hazañas.nicle toda suerte dc crím enes. Desde ese m om ento. pues aqui se 143 . pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. No las aprueba en absoluto. m ata a la m uerte y al diablo y. pero Inevitable. la búsqueda de la suerte. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. Así como los juegos son universales. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. la vinculación precisa o difusa. La relación es lejana o estrecha. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. Con toda seguridad. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. para term inar. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades.

En cam bio. a riesgos lim itados. alea. fatalistas. el a¡eaf la m im icry y el itínx. de los pueblos. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. adem ás ya se sabe. sim ulado res y frenéticos. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. si no es que institucional. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 .juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades.

si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. la aplicación y el uso de las m atem áticas. Sin em bargo. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. la teoría. d e la jurisprudencia o de los archivos. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. a la mímica o al trance. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. por ejem plo. en éstos. Para designar a éstas. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales.a la com petencia. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. Todo hace c re e r que cn145 . las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. al azar. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. el papel de la adm inistración. de la técnica y de la industria.

aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. como secuela.A MASCARA Y El. es decir la m im icry y el ilinx. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. la cohesión dc la vida colectiva. el contrato social consiste en un com prom iso. que su­ pone com paración y com petencia. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. los asirios. en las prim eras. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . en aquellas del segundo tipo. con oficinas. sean am ericanas o afri­ canas.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. es decir. con carreras. m ientras que. en este caso. 1. en una cuenta im plícita en tre la herencia.0$ cosas ocurren com o si. que los n u tre y los explica. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. y la capacidad. es de­ c ir una especie de a¿ar. son sociedades de contabilidad. con códi­ gos y escalas. por el co n trario . el sim ulacro y el vértigo o. b) I. si se prefiere. que tal vez dé origen a todos los demás. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. Por oposición a las anteriores. donde el agon y el atea. Por mi p arte. esta vez fundam en­ tal. el m érito y el nacim iento. que los resum e. los incas. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados.

presa del delirio. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. en E spíritus. las im ita.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. p o r el rum bo. cuyo m anejo y cuya función 147 . Aparecen en la fiesta. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. cuyo aspecto. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. interregno de vértigo. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. inm ediatam ente enajenado. se identifica con ellas e. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. cuya existen­ cia. él es la potencia terrible c inhum ana. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. de efervescencia y de fluidez. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza.

como tam bién los propios oficiantes. sin él. Como lo advierte la Cébala. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. de esas convulsiones sagradas. Mas. el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. im aginan que és­ tos se transform an. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. no es sim ulada. el vértigo sustituye al sim ulacro. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . So pena de m uerte. pues la regla social consiste en prestarse. Además. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. la danza. p o r su parle. préstansc a ello. Sabe que es inofensivo. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. se prestan sinceram ente pues. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. En ocasión de la fiesta. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. Entonces.

los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . los trances. som bría y de poca envergadura. La fiesta. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. Con ese fin se valen dc mil artificios. estruendo. los intérpretes deben llam ar­ los. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. Las M áscaras son el verdadero nexo social. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. drogas. Refuerza una coherencia frágil que.su im perio brutal. clam ores y sacudim ientos conjugados. el desorden constituido en regla. suscitarlos. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. por consiguiente. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. em briagueces. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. m úsica m onótona o estri­ dente. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. hipnosis. Si bien la irrupción d e esos espectros. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita.

En los detalles. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. las creencias sin duda varían al infinito. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. Sin em bargo. de las leyendas y de las liturgias. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. la alucina­ ción. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. Por poco que se les vea con detenim iento. Con frecuencia. con la conducción del uno p o r el o tro . no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. Que no quepa la m enor duda. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. Los ini­ ciados sufren severas privaciones. de m a­ nera más general. soportan peno­ sos sufrim ientos. en el círculo polar ártico. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. De él reciben una unción indeleble. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO .

Ronhicr. véase I Lexvln. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. Por lo dem ás. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. México. 1927). entre los araucanos ν en Indonesia. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo.del Pacífico. 150-155. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade.e Peyotl.. 1928. /. de lus tcpehtianos. Les Paradis artificiels. por medio del tam bor. sea por * Para la descripción del cham anism o. del humo del incienso o del cáñam o. pp. siemi pre consiste en una crisis violenta. I960. en Mexico y Hi­ tados Unidos. trad. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. de los coras. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento. fra n ­ cesa.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. c incluso p o r hipnosis. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . del baño de vapor. FCE. Designado sea por herencia. Pari».1 Sean cuales fueren las diferencias locales. 1^1 .. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. gracias a un hongo alucinante (el agárico). Paris. Se­ gún los casos.

luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . M ientras sus despojos yacen inanim ados. Al punto. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. p o r de­ cirlo así. Reserva­ d a para las sesiones. E n tre los tungusos. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. casi a una orden.su tem peram ento o p o r algún prodigio. En el m om ento d c la iniciación. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. E ncuentra dioses y dem onios. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. es obligatoria en ellas. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. P o r lo que toca al ilinx. Cuando hay sesiones. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. renueva sus viajes. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre.

salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. Entonces. G. "E llo lo lleva''. B ajo tierra. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. es casi ne­ cesaria. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. en el reino de las Tinieblas. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. P o r lo demás. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. Pero no le es ex­ clusiva. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. El suelo parece hundirse a sus pies.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. G rita que ve una gran p arte de la tierra. el cham án siente náuseas y vértigo. y B rcnda Scligmann. observan C. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. de su inconciencia y de su furia. E ntre los vedas d e Ceilán. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales.

representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. d e J. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. Cam bridge. Y . Seligrnann. O csterreich. éxtasis. p. K. U s Possédés. Al final. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. Además. p. C itadu p o r T. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. en su orden consa­ grado. todo es vér­ tigo. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. trad." 4 yO Todo es representación. el asistente. francesa. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . lo trae consigo triunfalm en­ te. extraviada. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. G. M ariner sobre los tongas. E sta últim a ohm contient. de C odrington sobre los m clancsins. oculta o retenida p o r algún de­ monio. N arra. para el ofi­ ciante. 1927. Paris. 310. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. Los relatos de los observado γτλ que T. 154 . W arnek sobre los batakes de S u m atra. convulsiones y.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. The Váidas. dc V . trances. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. de W. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. K. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. 134. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. En Siberia. El cham án parte en pos del alm a de éste. y ti. Tam bién. A. 1911.

Hay casos en que. para fijar el veneno. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. a esc respecto. que el hechicero com parta esa creencia. París. 2Ö5-2M). conjugadas ex­ trañam ente. un gusano. una plum a. Pero lo aceptan.cl mal del cuerpo del pacicntc. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. que m aldice. extrae ésta. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. antes de la cu ra. sacando de pronto un guijarro. pp. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. aquí com o en o tras p artes. en estado de trance. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. El cham án se acerca y. com o re­ sultado de su vuelo mágico. Es posible. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. un insecto. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. si no probable. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. 1877. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. sin lo cual sus cuerpos serían. según dicen. credulidad y sim ulación ap are­ cen. 155 ■ . En todo caso. A poco. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que.

seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. M ircea Eliftde. pp. pp. Washing­ ton.. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . p a ra comple­ ta r con G. u n hom bre del oficio. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. op. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. cit. The Ce?itral Esquimo. Tchoubinov. 232.) 156 . 1914. p. 205-206. IM 8). así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña.” (Citado y comen­ tado por T. Halle. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas.* En el m ism o orden de ideas. ’ Cf. se acercan poco a poco. es decir. K. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. * F m m Boas. 598 C itado p o r M. jay!. ftliade. O esterreich. cit.% p. IS85.. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. a tos sabios cu y a credulidad. 380. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. cit. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . o bien proceder de muy lejos. op. op. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto .

Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. Asimismo. Una vez comido todo. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a .p u n t o . 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . S e la • F. Londres. 72. d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o .” 157 . los 1res avanzan de frente al público. AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. Sobre todo en Nigeria. e n tre los nebros de Africa. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto.ntnnces. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. 153). 1928. p. extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. P. Al prim ero se le da un poco del contenido. M. 1936. s in d u d a m u y v a r ia b le s . A. p. P o r lo demás. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. Life íií Southern Nigeria. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. Vergiat. p o r ejem plo. Amaury TaJbol. C o n s u m a F re c u e n c ia . dice el jeic Aba*\i de Ndiya. Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. París.

Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características.. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. este se desarrolla p o r entero. Por lo dem ás. la n d r e s . agita un rem o. I9I9. el sudor. ondula por tierra com o un reptil. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. en los fenóm enos de posesión. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. T. al que visita Dambalá. ΡΡ·. sea cual fuere la violencia del ata­ que. pp. otro. conocidos con el nom bre de vudú. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa.5·χ540· y The Ban o f the Bori. 1913. cit. tal otro. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. Londres. Sin em bargo.r encuentra. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. Una vez m ás. la pérdida del equilibrio. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. dios serpiente. un m orral y una pipa muy corta. Cf. Cambios en el rostro y en la voz. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. op. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. 321-323 158 . K. espasm os. com o la crisis del cham án. O esterreich. m itad negro. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. p o r ejem plo..

Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. achacoso y con los. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. baila una especie dc ronda. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. Aplau­ de. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. Vestido dc blanco asiste a las bodas. se rasca. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. 0 En Africa.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. llora si no 1c dan azúcar. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. se sienta en el sue­ lo. lo alienta. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. Analizando. com o sabe que debe hacerlo. ni menos p o r la práctica. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. si no por la mitología. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. se tom a la cabeza entre las manos. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. con la que parece gozarse. corre de un lado a o tro . según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. el actor está desnudo. uutado dc toda inm undicia. E stá encorvado. estornuda 1 y desaparece. 159 . m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. com o en las Antillas. el público ayuda al sujeto. Poseído por M akada.

de com u­ nión con los antepasados. los espíritus y los dioses. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. 160 . La pérdida de conciencia. . desde un principio. e incluso de la sim ulación. Dioxè/îe. cl progreso y la naturaleza del acceso. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. juüo de 1955." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. Il. es decir la irrupción del dios. El papel de la sugestión. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. y cumple una función social. no está en duda. núm. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. form a parte del universo religioso. 2649. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”.cuanto al vudú. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. p.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara.

el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. "E l individuo ya no se reconoce". Sin duda. favorece el desbordam iento de los instin­ tos. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. 161 C i: ¡ 4 L Æ . 11 G. escribe Georges B uraud. B uraud. p o r ejem plo en tre los dogones. la em anación pura d e la fuerza de com bate. desenfrenada y sin objeto. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. cuando. U s Masque*. pp. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. Con la conciencia fascinada. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega. de ener­ gías cósmicas. estertores y zum bidos do (os rombos. sus gigantescos pasos. subidos en zancos. 1948. acuden p o r encima de la h ierb a alta. "un grito m onstruoso sale de su garganta. una verdadera cultura de la m áscara. En todo caso. de la pasión genésica. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. el clam or sobrehum ano.fre alguna transform ación decisiva. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. el hipnótico sonido del tam-tam . 101-102. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. Sobre todo. es el grito del anim al o del dios. Paris. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. Se ha señalado.

Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. pp. Ex­ citados p o r el iniciador. Por o tra parte. agnóstica y negati­ va. asustan a los no iniciados. 162 . encam an los espíritus de los m uertos. Una de éstas los persigue a latigazos.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar. Lille. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. la inicia­ ción es una enseñanza atea. le desgarran la ropa. Como la prim era. En lo sucesivo. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. pertenecen al o tro cam ­ po. los principios aún fluidos del poder político. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. los rito*. lo some­ ten. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». Desde esc p unto dc vista. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. lo detienen. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. La iniciación. Cotífa» «!/ Couréies. lo desarm an. 172-223. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. 3939.1 Infunden miedo. Con frecuencia. ésta va acom pañada de m alos trau F.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. lin el ~Expediente" (p. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. H asta entonces. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva.

.74). S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. t. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. Carol. Wfft: H. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as.1 1 u Cf. 1898: H. Agrupa a una juventud turbulenta. (. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. 1939. De esa m anera. Berlin. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. Die Geheínbünde n. Hans Himmelbeber. pp. W ebster. núm. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. Leop. de pruebas dolorosas. 1902. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. 3. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . Halle. com o la prim era. Nueva York. por el nom bre de la choza de iniciación. k. T. Tam bién como la prim era.1* E n tre ios bctchuanas. Akad. Fu fin. Mosken Afri­ kas (Abhandl. N aturforscher. FrobcnJus. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección.10$. Primitive Secret So· detics.¿opoldville. d. Bmussc. d. 14Cf. 17-31. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu».

Critias 120 B. . Pero cuando la herm andad es poderosa.. o cuando menos sus derivados inm ediatos. cf. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". de los robos. en una danza o un m isterio. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. cóm o e n tre loa besos. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. de la magia negra y de los envenena­ m ientos.1 164 . Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. Repro­ duzco esa descripción en el "n. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. op. secieta e institucional. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. EJ m ism o a u to r (pp. pescadores y agricultores del Niger. 219. 1 HI puro d e los tem es. 207209). la sociedad de enm ascarados kumanp. op. 315). Jcanronire. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. p.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. cit. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. Jeanm aire. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. cit. E ntre los bam baras. claram ente im ertribales. el kom o.1 com puesta de secciones locales. según Fiubenius. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. at suroeste de T um huctú.. haoc rein a r un te rro r incesante. pp. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan.xpKdicnte" (p. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. 168-171) describe.

cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas.servir m ejor para explicar su mecanismo. se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. en los p^roxiv m os de esas sociedades. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. esta vez sin dem encia ni delirio. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. como se h a visto. causa o consecuencia. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. la com petencia y la suerte? Sea como fuero. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . 165 . reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. si no es que clan­ destinos y culpables. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción. constantem ente presentes y presentes ju n to s.nuevo. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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como en los centauros. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas.· D urante la criptia. es engullido por un lobo y renace com o lobo. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. Cuuroi et Couriies. 1939. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. hagan o no cacería de ilo­ tas. No deben s e r vistos ni sorprendidos. *H. En el m onte Liceo. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. Jcanmairc. Roba y m ata im punem ente. y en Ins pp. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. m itad bestias en los que. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. T. En esa obra. m itad dioses. Lille. m ientras sus victim as no logren atraparlo.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. con un salto d c fiera salvaje. 8 12 7 . ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso.

cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". instrum ento universal de los enm asca­ rados. De la m ism a m ane­ ra.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación.· No faltan razones para vincular . la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. dice Est rabón. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. e n tre los si­ glos vi y IV. Licurgo de Arcadia. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. un tnicno pesadam ente angustioso". persigue al joven Dionisos. fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios.

m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. profeta y curandero. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. Abaris.te la dem ocracia y el despotism o. cierto núm ero de poderes mágicos. Al m ism o tiem­ po. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. La m inoría de los conquistadores. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . al ritm o. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Sólo explica un caso particu lar. Por am plio m argen. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Perpe­ túan una antigüedad lejana. en la caverna divina del m onte Ida. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. La evolución es sorprendente y significativa.

todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. es de sum a im portancia. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella.n la obra de Platón. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. fértil en peripecias dra­ máticas. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. En las sociedades dc m áscaras. Hn una organización m ás com ple­ ja . ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. que no excluye 175 . Sin em bargo. según el grado de iniciación. La desaparición de la m áscara. F. Propongo la hipótesis siguiente. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. des­ igual y difícil.espasa m uerta que fue a buscar. sino sólo un hom bre dis­ frazado. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y.

el m ecanism o sigue siendo frágil. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. poco a poco. Sobre todo. diversos e incom patibles. única eficaz contra un secreto sorprendido. Así. De lo cual se sigue que. esta vez de lo más reales. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. exige la existencia de cam inos m últiples. De allí una fisura perm anente en el sistem a. Y es inevitable que. Ahora bien. la fabricación y el uso de la más­ 176 .sino. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. p o r cl contrario. en la práctica no es posible ignorarlo o. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. En resum en: m ediante la m uerte. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. en todo caso. co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas.

la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. en accesorios dc cerem onia. Pero. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. y los dem ás quedaron con­ vencidos. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. precisam ente. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. Él se lo m ostró. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. de danza o dc teatro. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. Pues bien. según algunos. en el siglo v m . el Profeta con Velo del Korusán quien.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. d u ran te varios años. E ste es el relato del episodio. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. Los cronistas —cierto es. m ediante transform aciones insensibles. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. de 160 a 163 dc la H égira. Entonces. tu erto y dc una fealdad repugnante. Algunos fueron quem ados en efecto.

m . Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. por efecto de aquella reflexión.tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. . 1958. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira). Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros." Así.. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. Le* mouvement i rr.Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. que conservaba con él en el castillo. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. los hombres se habían reunido. y si alguien me ve. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi.V186). diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. Pues bien. Cuando el sol se reflejó en los espejos. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. de Kesh y de Nakshab. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. Paris. Insistieron e imploraron. se prosternaron y pi­ dieron verlo. me.

decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. en efecto. Incluso en aspectos m uy precisos. de la m esura y. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. ΛΙ respecto. del núm ero. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. h onra­ das y dom inantes. otros cuadrados y otros m ás alargados. Envenenó a sus cien m ujeres. Algunos núm eros eran triangulares. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. Y sc prosternaron. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. por m ucho tiem po). Los concebían como si tuvieran form a y figura. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. de un universo ordenado y estable.ftxidü en luz los hombres se asustaron. Así. Como tendencias culturales reconocidas. de la nece­ sidad. En Grecia. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. Como Empedocles. el reino de la m im icry y del ilinx. Ya está vencido. es decir que 17l> . en una palabra. as­ falto o azúcar). Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. la revolución es perceptible. es de­ cir.

el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. a la justicia (el 4). constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. d e esa num era­ ción en parte cualitativa.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. el núm ero y la m edida. ' Π. P arí*. I. Í80 ..eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. estaban dolados dc virtudes distintas. Histoire tic la Philosophic. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. Además. \ 94&. En o tras palabras. lase 1. pp. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. 52-54. cua­ drados y rectángulos. 5’ cd. muy pronto surgió la serie abstracta. com o sori las cifras. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. Sin embargo. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. I. RrxjhtVr. m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . En fin.

F. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . difunde el hábito y el respeto del arb itraje. en un Jugar y en un tiem po determ inados. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. a las cuales asisten el soberano y su corte. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales.ístmicos. reglam entada y especializada. com binado con el. Al mismo tiem po. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. A decir verdad. cl agon y. En el Occidente cristiano. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. el alca. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. En China.

Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. De esta m ane­ ra.más. luego de la igualación relativa dc las condiciones. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. Pero. cursus honorum o chin. dc la igualdad de derechos. en lo posible. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. los grados más al­ tos del ejército . en teoría. Sin em bargo. universi­ taria o judicial. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes. . dc m anera sustancial. m ilitar. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. suele suceder que. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. que per­ m ite concretar en hechos. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. la entrada quede reglam entada p o r concurso. me­ diante jurisdicciones autónom as. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . Sin duda. Lo hace p enetrar en las instituciones. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta.

al parecer de un modo raro . Aristóteles sobre todo razona de esa manera. En cam bio. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. dado el caso difícilm ente sustituible. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. Asi. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. aunque de m anera que se a n to ja impecable. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. La razón es clara. Los miembros del Consejo se sortean. 183 . Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. luego d e un examen p ro ­ batorio. de inspiración aristocrática. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. Expresado p o r el haba blanca. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. F. En efecto. entre los candidatos presentados por los demos. casi todos los m agistrados se sortean. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". es decir. P or lo dem ás.Por lo demás. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. de los técnicos.n Atenas.

La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. De una m anera m ás general. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. ni tal vez la menos razonable. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. que no es la menos difundida. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. se im puso el espíritu de com ­ petencia. nos dam os cuenta de que. Λ decir verdad. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. cierta con­ cepción de la dem ocracia. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. sea an te la suerte.

Julio-dic. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. sus talentos. en todo caso. Dc estos. "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. es decir. no se reproduce. vol. El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. está más difundi­ da de lo que se piensa. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). su categoría social. la ocasión que. entre el m érito y la suerte. es decir.cl ágon y cl aleo. E n tre los indios de la América Central. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. su predestinación al éxito y al fracaso. es decir. 263-281 · 185 . • la I * » . su ap titu d a aprovechar la ocasión. p p . LX V ÏM .%. el m om ento favorable (kairos). la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. unos son innatos y los otros sociales. su profesión y finalm ente su suerte. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. y precisam ente porque form a p arte d e él. sus debilidades. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos.* funda­ m entos del nuevo orden. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia .

21. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. p. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta.ción ni concebible ninguna com petencia. en las sociedades más igua­ litarias. t e s hace elegir en tre la herencia. que es lotería. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. es decir. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. núni. 1H6 . le Traître el ki Cioíx*'.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son. Inversam ente. 6. En cam bio. Desde cierlo p unto de vist3. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. invierno Je 1938. de em pleos reservados. "Le Roi. y el m érito. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. la am bición y el valor. de cargos heredi­ tarios. que es com petencia.

l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. Las leyes. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. A 1*7 . la ley del azar. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. la instrucción. la si­ tuación fam iliar. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. com o una hipoteca imposible de pagar. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. F. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. En efecto. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. el poder y la esclavitud. la educación. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. la oscu­ ridad y la gloria. La riqueza. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio. de que pertenezco a él.

incluso bien do­ tado. si no es que paliativos. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. Desde luego. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. incluso en los países socialistas. Es preciso m irar de frente la realidad. Enton­ ces nos dam os cuenta de que.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. Pero. El régimen no tiene gran influencia. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. an tes que norm as y re­ glas generales. están los exám enes. pese a los ade­ lantos indiscutibles. son reconocim ientos. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. El hijo.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. en general. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. del m ism o origen y del m ism o medio. m uestras y coartadas. los concur­ sos. precisam ente. F.

Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. En efecto. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. ya en be­ lleza. incluso entonces subsis­ te la suerte. el don de los dioses 139 . salud o . la suerte.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. A decir verdad. De golpe. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos. En ellas. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. Por una parte. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada.

a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. 190 . Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. parecen lejanos e im probables. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. la obstinación y de la habilidad. Además. p ero solidarios. cl a k a y cl agon son contradictorios. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. De la m ism a m anera. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. por o tra. del m érito. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. incluso relativo. desde que llega a la edad de re­ flexión. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. del azar. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. Es prisionero de su condición. es decir. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. E n tre tanto. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. Los opone un conflicto perm a­ nent e. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. en el juego de baraja. y los une una alianza esencial.o de la coyuntura. Por sus principios. Así. es decir. pero no salir. la recom pensa del esfuerzo. de. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar.

Por eso. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. como el com plem ento n atu ral del agon. que son necesariam ente los m ás num erosos. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. m ás inte­ ligentes . im parcial y com o ci­ frada. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. en que el torpe y el perezoso. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor.Además. que son m is hábiles. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. m ás vigorosos. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. en que el imbécil y el lisiado. se dirigen a las loterías. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. En esas condiciones. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. Es necesaria una pruelva de repuesto. más trab a jad o res o m ás am biciosos. Así. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. Al m ism o tiem po. a cualquier so rteo en que el menos dotado. conscientes dc su inferioridad.

El propio Estado tiene algo que ver. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Esas pruebas. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. Esa posibilidad. casi ilusoria. le son concedidos con entusias­ mo. de riesgo y de suerte simple u com puesta. a la paciencia. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. pero tam bién num erosas prue­ bas. loterías oficiales. por excepción. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. al ahorro. juegos de azar disfrazados. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. Ahora bien. Creando. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. Cualquiera puede s e r el elegido. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. pese a las protestas de los mo­ ralistas. si no in 192 . Ju g ar es renunciar al trabajo.

Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. Para a tra e r m ejor. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. que sin duda no es el más convincente. los billetes deben co star lo menos posible. es decir. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. precisam ente. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. Por el contrario. deben ser conside­ rables.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. en p arte depende de la suerte. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. p o r dos nril francos. o al menos los m ayores. un poco m ás del salario m ensual. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . Vendido en dieciocho mil quinientos francos. los premios. En efecto.

Los pre­ mios principales.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. delendcr.v«! con tro la suerte. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. El mismo año. o sean m il francos p o r cada fran­ cés. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. 194 . los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. De ese total. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. se les puede m antener en el anonim ato. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. es decir en antiguos Troncos. en parte. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más.es em briagante. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. si así lo desean.

en Macao o en I. en Deauville. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. en M ontccarlo. en un lujo agresivo. p o r ejem plo. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. En las horas de apertura del casino. M L . Por lo dem ás. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. Todo lo contrario . Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. En las capitales m undiales del juego. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas.as Vegas. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia.

de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. Toda proporción guardada. al resultado 196 .Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. S in em bargo. si jio es que desproporcionadas a su salario. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. En las dem ás. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. Un pueblo nóm ada de curiosos. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable.

Ea Estado» Unido». sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 . Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. Pero. En efecto. Véanse también las cifras dadas en c! . al desainólo concomitante dc en . y sobre todo cuando juega todos los dws. 1. una vez más. como ya era de esperar. aboque consideradas dc origen dudoso. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. 183-185. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf.υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. para que ese caso se produzca. pp. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro. U travail en miettes. los casinos. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. p o r desm esurada que parezca. ihid. es decir. 1956. se opuesta sobre todo a los numbers.1 * Las loterías dc Estado. fcúnj. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social.dc los encuentros dc fútbol. p. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. París. pp. Où va le travail humain..xpedlente" (p. De ahí los rackets o las fortunas considerables. 1956. se m anifiesta un rasgo d e civilización. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". París. 9 en lo que. vinculadas. 147-151. 149. Georges Friedmann. 304).

En ocasiones. Sirenas. la erudición gratuita. innum erables e im previsibles Reinas. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. No hay lími­ tes. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. Todo grupo quiere tener la suya. al menos p o r unos años. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. el ingenio o algún o tro m erecim iento.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. etc. Damas de H onor. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. es preciso prepararse para la prueba. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. en el m ejor de los casos. se eligen a ejem plo suyo y. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. Un personal escogido y accesorios im presionante.recom pensar c! talento. d e una vida brillante pero sin base. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . en alguno de los palacios de una playa de moda. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. Mu· sas..

por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. En apariencia. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas. U n ipvcn p ro ­ fe s o r . por una escolar negra de impecable o r­ tografía. De condición m odesta.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. la respuesta fatídica. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. solos y an te todos. preparar. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. En realidad. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba.

I* opinión pública se apasiona. Lenny Ross.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. En E-stocolmu. sino que acum ula rencores. de 14 años. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. exploraciones. c) I-A OEl. de 11 años. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. ciencias naturales. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. y la historia de la revolución norteamericana. m onótona y cansadora. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. Los contradictores del nifko son vencidos.nerz. Así. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. No sólo no di­ vierte. Por delegación. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. en grandes caracteres. modicina. al fin y al cabo. Desgasta y desalienta. En todo caso. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. del m ism o nivel de vida o de instrucción. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. . gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. . en febrero de 1957.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. su ex­ plotación es redituable. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. Más o menos se identifican con los com petidores. puesto que parecen debidas al m érito. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. por U o tra. se em briagan con el triunfo del vencedor. fisiología y astronomía. todos aspiran a un desquite. Shakespeare. Por una p arte. matemáticas.sinfonías de las grandes músicos. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. que apa­ sione y que al mismo tiempo. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. La fiebre se mantiene adecuadamente. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. de golpe. la com petencia cotidiana es severa y. Todo soldado puede 201 A .

De allí el culto. al m ás oscuro y al m ás pohre. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. de hom bre sin apoyo social. La m ultitud queda fru strad a. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. Recom pensa una convergencia ex202 . con la ayu­ d a de la suerte. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. Y sin em bargo. 1. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. l*a consagración es rara y. aún más.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. voz o encanto. Como el m érito. Así. Con toda razón. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. p o r delegación. arm as naturales e inalienables. de la estrella o del cam peón. em inentem ente característico de la sociedad m oderna.

m ejor todavía. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente.iraordinaria y m isteriosa. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. La belleza se m ar­ chita. Λ pesar de todo. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. p o r el niecá203 . por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". Por o tra parte. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. la voz se quiebra. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. que sin em bargo parece cer­ cana. P o r o tra parte. casi todos prefieren triu n far por poder. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada.

constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. Entonces in­ terviene la m im icry. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. al parecer a cualquiera. 1957. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. para distraerse de una existencia descolorida. 69-145. tenaz y universal. m onótona y agota­ dora Esa delegación. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. pp. Esta ultima forma es la mis íre* .sc. la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. París. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades.

de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. la victoria. el cine. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. u Vca$c el "Expediente" (p. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. inevitable y seductor.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete. cit. Viven por ellos y en ellos. la prensa. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. adoptan sus m odales. del cam peón o de la estrella. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. 93). s\x régimen alim enticio. d e sus m anías. 317). la radio y la televisión favorecen la fascinación.enajenación. copian sil peinado. Los im itan. . p. La estrella representa el éxito personificado. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes.. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. P o r lo de­ m ás. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores.

ya. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. sus per las y sus esmeraldas. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. 206 . el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios).1 4 Por eso. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. se mofa de la je ra rq u ía establecida. un poco cl bien y. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. Para desacreditarla a ojos del pueblo. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. se presupone algo sucio. donde se apretaban millares de segui­ dores. que además mOAlraba. naturalm ente. El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón.dida inercia cotidiana. im puro o irregular en esa carrera. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. en todo caso. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. h o m b re o m ujer.

con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. Esa ley corona (al pie de la le tra). La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. Se considera que su m érito es nulo. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. lejos de contradecir la desigualdad social. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. Por definición. del im pudor o de la publicidad. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. destina 207 . para go­ zar de esa superioridad decisiva.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. no menos que por es­ trellas. al m érito y a la justicia. por el cerem onial de las cortes. pero. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. La identificación es entonces m ucho menor. Los reyes están exentos de esa sospecha. su peso y su coherencia. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. Se gusta rep etir que. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. Pues bien. La m ajestad hereditaria.

La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. Se quiere q u e sea senci­ llo. fatiga y servidumbre. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. que se debe a la co ­ rona. Para tener menos celos. en 1957. Desde ese momento. de fantasía y sobre todo de libertad. de sinceridad. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. aclam ándolos. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. aplasrante c inm utable que 208 . de soledad. se ve llam ado a reinar.n efecto. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. F.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. se le compadece. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico".

p o r falaces que sean. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. 209 . Para en­ tenderlas. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. Mas. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. y niegan las ventajas que ofrecen.ellas sólo aspiran a abandonar. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Como ya se ha visto. Aun siendo igualitaria. Esas actitudes (sin em bargo.

sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. Privada de la m áscara. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. en la im aginación. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. De ah í el su bterfugio de la delegación. Sin em ­ bargo. Les hace vivir.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . el vértigo. au n inás despo­ seído. infi­ nitam ente distribuida. sino en el m ás vano d e los sueños. ΛΙ m ism o tiempo. La m im icry es difusa y bastarda. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. la m im icry. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia.

el vértigo y el sim ulacro. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. 211 . Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. Y adem ás. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. en o tras palabras.ponde. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. Es tiem po de concluir. Sin duda. cuando ocupa al­ guno. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. circunscrita y separada de la vida real. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. una actividad reglam entada. por lo dem ás. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. Como la más­ cara y com o el disfraz. Por una parte. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. En cuanto a la suerte. De allí los resultados de un doble análisis. de la que.

pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. Ellos crean el derecho. es decir un código fijo. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. incluso aparecen allí sólo destituidos. por "el d esp ertar" del País de 212 . Sin em bargo. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. de convulsionarios y de flage­ lados. des­ afectados. si 110 es que dom esticados. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. En tiem pos norm a­ les. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. que im plican sin excepción cálculos precisos. ibi jus. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. ab s­ tracto y coherente.En cl extrem o opuesto.

No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar. com o la explosión esperada y reverenciada. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. l>c com ún acuerdo. y por tantos o tro s contagios inm ediatos.’· Aquellos excesos. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. no dc frenesí. en su obra: Foutes cn délire. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. pero M>rprrndcntc. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. característico aunque d e me­ n o r am plitud. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/.™ Un ejem plo reciente.ón. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. irresistibles. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. como la guerra. La ciudad Ph. 1947. 213 . que tam bién son accesos. .Gales en 1904-1905. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. . ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. Fxi ase* collectives. Paris.

que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . Eso es p u ra especulación. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. to tal y vano. repentino. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. ga­ n a r la apuesta más im probable. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. la que in tro d u ­ ce en la historia. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. para poder in ten tar la prueba.pudo naccr y crecer a ese costo. Cierto que seria irrazonable concluir que. que prueba ν que explora. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir. em presa lineal. el apon y el alca. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx.

y se considerará superfluo señalarlos. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes. 215 .que deba e n tra r en su descripción correcta.

del estupor y del frenesí.IX. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. En lo sucesivo ya sólo 216 . que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. Sin em bargo. del pánico. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po. que so enrarezca su em pleo. explosivas. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes.

aparecen desunidos. En gran parte. elegante y casi abstracta. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. En am bos casos. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. El antifaz. Preside los 217 . adquiere una nueva función. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. en efecto. em pobrecidos y aislados. m áscara reducida a lo esencial. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. En efecto. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. no im pone una presencia: protege una identidad. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. Por lo dem ás. tam bién ha cam biado de destino. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. Pues. es­ trictam ente utilitaria.

es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. es dccir. am orosa o política. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. aún m ás que el baile de más­ caras.juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. [T. P or sus orígenes. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. 322). abriga y li­ bera. En el baile. lo b o ]. Es sím bo­ lo de intriga. el carnaval es una explosión d e licencia que. Enorm es. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. asegurando el anonim ato.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. conform e a convenciones preesta­ blecidas. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano.? . Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. ' ‘E s p e d ie n te " (p . Al mismo tiem po.

Siguiendo el juego. Son brom as groseras. a la francachela. Y no se equivoca. queda descalificado: se niega a jug ar. presenta la m ayoría de sus características. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. a la violencia. atropcllam ientos. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. B uraud. m ím icas bufo­ nas. P or lo dem ás. el carnaval da una salida a la desm esura. al cinism o y a la avidez del instinto. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. incitación perm anente a la algarabía. Por 219 . En un tiem po y en un espacio definidos. quien sin em bargo no piensa en el juego. p ara retom ar la expresión exacta de G. risas provo­ cadoras. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. del desorden y de la gesticulación..sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. sim ula que no tiene miedo. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras. los invita a un juego de bufón. actitudes descuidadas. d e m id o y de movimiento. vacía y alegre. go de una . Si se enoja. al exceso d e palabras. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. en basoncursos d e disfraces. p o r el con­ trario . Más cerca de la paidia que del lu ­ dus.

m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. Tal vez nada indique m ejor o. interm itente y excesiva. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. Es casi exactam ente lo contrario. com o en Río de Janeiro. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. en todo caso. El uniform e tam bién es un disfraz. E n la sociedad policiaca. deja el ro stro al descubierto. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. allí donde el frenesí general solía. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . perm anente y reglam entario que. En todo caso. sobre todo. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar.o tra parte. Detrás dc la m áscara. pero oficial. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa.

estandartes. las tram pas y los atractivos del vértigo. ram pas y anuncios lum inosos. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. que nacen del uso de la m áscara. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. Las ferias y los parques de atracciones. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. una 221 . A decir verdad. de la m atraca y del tam boril. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. ciertam ente considerables.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. fuera de las rondas y de las farándulas. por lo dem ás m odesto. franquea­ dos los lím ites. más­ tiles . un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. guirnaldas. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa.

el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. a la jac­ tancia. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. de los artefactos de rotación. videntes. ventrudos y jactanciosos. a la desfachatez bonachona. Fakires. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. construidos para provocar un pánico visceral. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. un trajín que incita al abandono. Em plean los m étodos inéditos 222 . a la fam iliaridad. de caída. Además. Más allá.agitación continua y agotadora que em briaga. de suspensión. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. de oscilación. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. astrólogos. en el caso de Jas ferias.

Sin em bargo. caída. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". antes de enderezarse. sacudim ien­ tos. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. En o tra parte. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. M uestran el atractivo del sim ulacro. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. Antes que nada. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. el vértigo m arca la tónica. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. cuando se considera el volumen. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. En un tercer tipo dc artefactos. el "psicoanálisis existencia!". los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. Allá. la fuerza del disfraz. Un últim o invento utiliza la 223 . el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. dc suerte que. en dosis regulares de tres a seis m inutos.

al sa lir del artefacto infernal. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. la angustia. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. igualm ente estupefactos. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. H orror suplem entario: se invita a tocar. a la m anera en que poco antes.fuerza centrifuga. para extraviar. los esqueletos. propios p ara despistar. para su scitar la confusión. "p e­ gados com o m oscas”. con alas de m urciélago. m ujeres-pulpos. las apariciones. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . los roces con telas de araña. inm ovilizados en cualquier postura. las tram ­ pas. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. Juegos de espejos. niñosmonos. Allí perm anecen. las corrientes de aire. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. sirenas. Es el papel de los laberintos de espejos. Enfrente. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. donde abundan los corredores oscuros. la náusea. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla.

lim itado y convenido. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. Antes que nada el vértigo. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). el te rro r y el m isterio. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. A vcccs. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. Por lo dem ás.corriente. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. sepa­ rado. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. cerdos de pan 225 . Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. es decir perm anece libre. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. y tam bién la em briaguez. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. el m undo de las larvas y de los vam piros. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. la fauna com puesta.

que se deriva de la paidia. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. 226 . dc pegar­ les dc lado. dc caídas evitadas. dc la pelotera. de desasosiego aceptado. para aquellos que están en edad. de cho­ ques am ortiguados. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. esta vez. en toda barraca dc espanto. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. dc taparles el paso. Sin em bargo. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. Cuando menos. en todo artefacto de pánico. una sola diferencia. Además. en los cuales. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. o tra delicia que. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. de colisiones inofensivas. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. El placer es dc excitación y de ilusión.

En lo posi­ ble.E l. m alabaristas. está obligatoriam ente presente en él. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. la de la m uerte. Domadores. Contra su voluntad tenaz. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. dado el caso. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. el casino o el escenario p ara el cam peón. su orgullo y sus leyes. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. l. g arantizar su seguridad. En ella la gente se casa en tre sí.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. pero que falsea la integridad del reto. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. am azonas. La sanción decisiva. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. el juga227 . E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. sino un m odo de vida.

A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. el teatro contribuye con el oficio. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. P or eso. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio.d o r o cl a c to r profesionales. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. El. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. una gimnasia . el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. que corresponde al atea. o m ejo r dicho la negativa de oficio. que corresponde a la m im icry. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. una dificultad o un peligro. En efecto.

op. en Vez de ayudar. cit. pp. *Y. Cierto. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. Him. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. pp. m ortales c inútiles. La conciencia es m ortífe­ ra. 1890. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. 229 . M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. desinteresadas. Jeux du Cirque ci la vie foraine.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda.. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. Hugues le Roux. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. En todo caso. de la am bición y de la osadía hum anas. F. el acróbata debe calcular el Impulso. 213-216.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. 171)·173. Paraliza. Como disciplinas aberrantes. Paris. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. la trayectoria del trapecio. el tiem po y la distancia.ininterrum pida.

LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. En ella figura com o el héroe que mete la pata. los golpes y los cubetazos dc agua. En el circo. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. Su ropa parchada. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. quien. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. Ahora bien. m al aju stad a. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. es el papel del payaso llam ado “Augusto". una dc sus variedades. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. Infaliblom ente actúa a contrasentido. Sin em bargo. particularm ente tenaz. A trae las burlas. com o encuentro o ascendencia lejana. dem asiado grande o dem asiado chica. d u ra n te la creación del m undo.i la tribu . Los principales acto res son dan230 . Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. travieso o estú p id o según los casos. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc.

Se supone que K alutsi siem pre tie23! . Son espantosam ente feos." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. Sobre todo.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". Son los Koyemshis. son "com o ni­ ños": balbuceantes. Además. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. Pues bien. retardados. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. PiISschiwanni es el cobarde. ‘'son como niños. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . Es uno de los dioses principales de los navajos. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. E n tre los zuñís. el propio Yebichai. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. que viven en la mism a región. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. el Dios del Agua. a quien ridiculiza. dice la gente. sujeta al cinturón. sin vigor sexual. Saca el pecho y se hace el im­ portante. siem pre el mismo: así. no cesa de fingir que tiene miedo. E ste es el "Augusto" del grupo. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. el Dios-que-habla yr finalm ente. seis genios femeninos. hay catorce de ellos: . es im portante. Tonenili.seis genios m asculinos. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. una vieja piel de zorro. Pero es el dios que parodia.

Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. se b urlan de los dem ás dioses. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. dos chichones en vez de orejas. quienes los encar­ nan. tiene una enorm e verruga en el cráneo. com entando los infortunios conyugales de un segundo. Como magos y profetas. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es.sed. reprochando a uno su avaricia. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. su boca y sus ojos form an un balcón. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. juegan brom as groseras. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. En cam bio. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible.nc . se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. organizan juegos dc adivinanzas. hecho significativo. Tiene una boca oval. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. Naba*hi es triste. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. la m ás im portante d e todas. Du­ rante las cerem onias. Ilccho sorprendente. víveres. o tro chichón en la frente y dos cuernos. Así. la aldea en tera les hace num erosos regalos. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako.

Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. del éxtusis y de la mímica. del m isterio y del terro r. ni ellos se tom an a sí mism os. en ningún m om ento se Ies tom a. Decidida­ mente. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. aquí se encuentra disociada. la con­ juración del secreto. La teología lo confirm a. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. del entorpecim iento y de la angustia.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. De esc modo. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. En uno u o tro m om ento 233 . p o r los propios dioses. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. Así. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él.

Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. 119. los honores rendidos al poder suprem o. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura.* Con filiación o sin ella. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. pp. En el solsticio de verano. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados. 16S-173. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. con el epigram a y la canción. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. que sin em bargo inspira idéntico propósito. 234 . las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. 73-75. los hom enajes a los grandes. Cierto. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios.

» nuevo papel. en Laccdemonia. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K . m ás fecun­ da. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. al frenesí convertirse en institución. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. AI tér­ m ino dc la evolución. quizás vertiginoso. dc la libertad y de la invención. casi im perceptible. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. sino una precaución en contra suya. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. como fundam entos de la vida colectiva. orientada en todo caso hacia el equilibrio. Ya hem os visto. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. un buen día. el desapego y la ironía. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. a un porvenir) coinci­ de. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. Con toda seguridad. a su vez. Si el salto decisivo es difícil. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. Aquí. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos.

de atem p erar m ediante la risa lo que.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. sin ese antídoto. . desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras.

COMPLEMENTOS .

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cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. sin dificultad y en un instante". Son sospechosas de 239 . el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. basada en el valor del trabajo. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o.I. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. de los casinos. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo. por el milagro de una fortuna instantánea. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. la posibilidad repentina del ocio. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco. a ta n d o m enos en ciertos casos. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. "la fascinación de ad q u irir de golpe. de la riqueza y del lujo. R ibot. según la Fórmula de T.

en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. cl fatalism o y la supers­ tición. P a r ís . en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. que tam bién influye en el arte. a la topología. obligatoria e incesan­ te. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. Sin em bargo. en la ética.desarrollar la pereza. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a .1 Además. así sea a to n tas y a locas. 2 S Ja parábola Fictions. “ L a en n n b ilo n ia ". de la pantom im a y del éxtasis. quiero decir la necesidad. pp. Picxxoncs <1944). . 1951. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. tr a d . en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. 7-292. fr a n c e s a . en la econom ía e incluso en el saber. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. si se prefiere. 82-9. al infinito. y que M is J orge en lo te r ía to re s . l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada.1. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. 1975. pp. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades.

Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. por medio de la superstición. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. En particu lar. En esas condiciones. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. El sal­ to es brusco. En ese caso. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. Aún más. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. Vive al día. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía.

ya sea captados en una actitud hierática. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. en regla y en segunda naturaleza. sin. Unos representan personajes. se entrega al jue­ go. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. M im usops D jawe). Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. Conform an el estilo de vida de toda una población. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. Esos blasones son num erosos y variados. pues nadie parece resistir el contagio. Los dados sólo tienen dos caras. de consistencia ósea. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro.ticipa.

etc. un hom bre es atacado p o r un pitó n . el cielo nocturno con la luna y las estrellas. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. En general. éste no los guarda en su casa. aves. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. los 24. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. tam bores. es de lo m ás sencillo. Los anim ales — m am íferos. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. Es­ culpidos en o tro s dados. En cuanto al juc^o en si. los órganos genitales de la m ujer. rep­ tiles. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. algunos ideogram as figuran diversas plantas. espejos.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. tres m ujeres trab ajan la tierra. o tro carga su fusil. relojes o m ás­ caras para la danza. Dado el caso. rifles. sino que los deposita en el m onte. colgados dc un árbol en una bolsa.1 . (o al con­ trario ).

p. cum ple con una función análoga. Em pero. 3-52. A. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. donde la s ca u n s. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. núm. pp. Le M onde noir. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. sep. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. Cuando menos.s. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. Prost. 49-50. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . 244 . cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . de I95S. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. Sobre todo. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. Toda proporción guardada. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. 245. "J e u x cl Jouets”. A sim ism o .* Se tra ta de un juego rudim entario. las tierras y las esposas. S e juegan la rnrtuna.jefes se jugaban sus encom iendas. sin com­ binación ni saldo. Además. Ë ittdcs cam eroioiaiies.-dic. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. C f .

ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. la m ari­ posa." 245 . que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. Acto seguido.de a za r considerablem ente m ás com plejos que. según la expresión de Lydia Cabrera. etc. ade­ m ás del órgano sexual fem enino). la araña. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. A la hora seña­ lada. el m arino. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. el barco de vapor.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. la tortuga. la pipa. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. el mono. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. La 11. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. E n tretan to . cuyo principio es sem ejan te al del loto. Saca o hace sacar uiia al azar. en sociedades mixtos. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. seres hum anos. el caracol. Esa lo­ tería. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). la cabra (que tam bién es algo sucio. procede a la venta de los billetes.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero.a operación se llam a "colgar al anim al”. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. 1. la m onja. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). el m uerto.

la serie de los cu ras se com pone del pez grande. los borrachos. y luego de haber "coleado al anim al". los elegantes. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. pero no tiene ayudante. pero carece dc ayudante. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. de la m onja y del gato: la de los borrachos. el cam arón. En cam bio. La m ariposa no tiene com pañero. dc la anguila. del pavo real y del pez chico. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. la banca anuncia 246 . el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. etc.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. En efecto. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. de la pipa. de la m uerte. a su com pañero y a su ayudante. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. del gallo. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. dc la tortuga. Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. Al principio d e cada p artida. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. El venado tiene tres com pañeros. De nuevo. las mendigos. Además. N aturalm ente. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. Así. la cabra y la araña. del caracol. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. los caballeros y las m u­ jeres.

¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. El Venado es ayudante del brujo. E n ese caso.’ En China. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. Lleva el paquete maléfico. p p .a policio y sus misterios en Cuba. ju n to con San Francisco. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza. con el Venado. 287-293. 247 . El Tigre lo propone. En o tra ocasión. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. L a H abana. l. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. Después del sorteo. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. 1914. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. No es tonto." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. el Tigre contra el Elefante. El V enado sale con el paquete. 3 Sabido es que. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. El Elefante m ata al cerdo.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes.

existen al­ m as en pena. el "payaso que se pinta en secreto". lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. los bra­ zos y las piernas. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). E sta vez. d u ran te una cerem onia secreta. la explicación sólo es válida para los profanos. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. el 2. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. el pecho. el gallo que can ta al sa lir el sol. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. las m anos. el 8. La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. 248 .solución. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. es conveniente ju g a r al 8. "Pica y se va": es decir.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. Estos llegan hasta el 100. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. En Cuba. Sus com ­ binaciones son Infinitas. apoyándose en citas. ham brientas y rencorosas. el "rey que todo lo puede". a la m uerte. En realidad." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. Entonces.

pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. pero lo hacen sin cesar. TRafael Roche. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. como dice un au to r. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. m ás o menos desdeñado. m ás gato. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. En casa del tío de su m ujer. 293. cit. m ás m onja igual a vena­ do. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. honrados o no. p o r poco hábil que sea. más elefante. op." Asimismo. nada le im pide cam biar. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. 249 .correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". m ás m arino. más m uerte. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. en el m om ento de descu­ brirlo. p. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. P o r necesidad no juegan mucho. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber..’ En todo caso. En todo caso.

En cl siglo pasado. . ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. las carreras de caballos.. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. 6 de o ctu b re de 1957. la ruleta. las peleas de gallos.). se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. etc. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado.*' Con base en esas conclusiones. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. A rruina el ah o rro privado. o sea la mitad del presupuesto de la isla. %N c w Y o r k T i m e s . uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. el Planning Board h a calculado que. en 1957.* En la vecina isla de Puerto Rico. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil. 250 . En la actualidad.

el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería.enorm e organización. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. a la últim a. análoga a la quiniela dc los países vecinos. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. a las dos. ordenados más o menos alfabéticam ente. Además. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. (Desde que la lotería federal no es dia251 . "E n su form a actual. Por o tra parte. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. es decir. a la decena. a la centena o al millar. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. Desde entonces. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal.

la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. es decir. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. En ocasiones. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. Por ejem plo. etc. 273. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . En efecto. 723 y 732. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. Favorece aún m ás la superstición. Afana y Jo sé. 237. P or lo dem ás. si presencia un acci­ dente de trán sito . aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. Sin em bargo. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. los otros días se hace una fal sa lotería." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. Avestruz y Caim án'1 animales . alguna clave de los sueños es­ pecializada. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca.) Además. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. no es cosa fácil. enteram ente teórica.ría. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. juega al núm ero del vehículo accidentado. sus clásicos y sus interpretes calificados. quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). saben sacar de él oráculos infa­ libles. sin billetes ni prem ios. De ese modo. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. Según una anécdota significa­ tiva. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. Avestruz. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. ju e­ ga a su núm ero telefónico. y ju g a r cada com binación invertida. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. es decir. quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). sino sem anal.

según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. 254 . La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego.1 · Teóricam ente. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. Es m ás. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. parece sin em bargo considerarlo un pecado. se emplea todo tipo de adivinación. En realidad. en el in terio r dc un mismo Estado. Sea com o fuere. En general. pecado venial 10Además. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que.ejem plos al infinito. la conciencia popular. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . que no deja de preocuparse p o r él.

de él se valen o se benefician. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. que con frecuencia lo organizan. y un vicio perdonable. análogo por ejem plo al del tabaco. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. en alguna esquina. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. pero en fin. Los políticos. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. ve al bicho con malos ojos. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . la condena es general. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. todos. El ejército. al tiempo que se dedica a él. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. a veces considerable. D urante las macum bas.sin duda. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. de la apuesta. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño.

sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. En todo caso. No obstante. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. del com ercio o dc la in d u stria del país. Como se ha visto.0 11 Se aprecia así que. incluso. ca­ 256 . Pero. en ciertas condiciones. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. se sacrifica gratuitam ente. Por tanto.Γ dc sus habitantes. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. “ L'Usage des Richesses". M arcadas p o r la desconfianza. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. pp. 130-151. conservan sin em bargo un papel im portante. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. 1 pitulo V. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. Se vuelven a poner en juego salvo. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. dado el caso. en el plalJ R occr Caillons. Paris. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. Instincts et Société.

determ ina enorm es m anifestaciones. com o el agon. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. el atea. en ab­ soluto y por naturaleza. Aun­ que reprobada. en la m edida en que éste los domina. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. La razón es fácil de descubrir. in­ cluso le procuran sus principales recursos. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. en com petencia con el agon. En cam bio. y con frecuencia en com binaciones con él. construye casinos com o el deporte construye estadios. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. Más aún. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales.no de los juegos. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. exige el cálculo y la regla. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. a toda especie de códi­ go. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. A veces. hum illada y condenada. de m edida y de organización. suscita asociaciones y clubes. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. de ln m áscara y del éxta­ 259 . el alca. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado.

En efecto. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. es decir. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. en una palabra. En conjunto. E l agón.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. del ahorro. del favor gratuito e inm erecido. el edificio social se apoya en él. En esas condiciones. Sin em bargo. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. en elim inar cada vez más al alea. De los diversos p rin ­ cipios del juego. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. Deja problem as p o r resolver. sino' tam bién la burla del trabajo. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. de la tarea paciente y tenaz. es el único considerado com o valor. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. si no es que insustituible. en el fondo. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 .

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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el estudio de éstos se beneficia . en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. desde un principio em pieza la extraña distribución. p o r su gene­ ralidad engañosa. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. al dom inó o a la com eta. Para ser m ás exactos. Λ decir verdad. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. Quien juega al burro. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. Como hem os de ver. que no se p restan a las ecuaciones. com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que.

ocupado en sacar del juego la esencia del arte. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. trad . 16. 1 . tom o VIH. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. Onuvrcs. Pero no im porta. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas. las corridas de toros de M adrid. v. en el mismo rexto. francesa cn Fr. las rvgatas d e Venccia. los espectáculos del París de antaño.1 Pero. Poris. 20.> H. 26 y 27. Véanse tam bién las carta. Srhillcr. que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. 268 . "E sthétique". No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. 1862.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. Estim o que com parando M las carreras de Londres. si no es que el prim ero." Más aún.

F. Seducidos p o r ella. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. 1S86." Y W undt.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. sin pa­ sado ni porvenir. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. 1896).thik. Des­ ligado de la severa realidad. Jx> define en fin com o una em presa pura. La idea d e la libertad.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. erróneam ente. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales. El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo.) La receta corrió con suerte. p. m odelo que tam bién le es anterior. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso. 145." (F.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. aparece com o un 269 . d e la gratuidad del jue­ go. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital.

Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. lanzam iento simple. del gusto. En el fondo. c) dc la inteligencia. b) del ap arato m otor ((an­ teo. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. de la sorpresa. Paris. trad. 1889). sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. lan zar hacia un blanco. sin unidad inmediata y que. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. de los movimientos. V y 62-69. dan origen a juegos. Más todavía. francesa. etc. de los colores. der Tiere. a tra p a r objetos en m ovim iento). Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. las que se derivan del instinto de lucha. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. p o r ese hecho. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. de la tem peratura. del olfato. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. de la atención. etc. dc la im aginación. pp. del miedo. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. de la razón. cóm o todos los adem anes que puede hacer. del instinto sexual o del instinto de Imitación. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. 1902. antes bien. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. de las form as. bastante ad ap tad a a su objeto.). g ira r o resbalar. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. pertenece al terreno del . lanzam iento para golpear o em pujar. construcción y sín­ tesis. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar.). te s Jeux des Animaux. juegos de paciencia. Por una ex­ trao rd in aria paradoja. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. Jena. im pulso para hacer rodar.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. del oído. destrucción y análisis. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. de la m em o­ ria.

p o r la o tra. París. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. J. es conve­ niente citar los análisis de G. En cuanto al fútbol. W. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. no los ha encontrado entre los anim ales y. 1955. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. J. G. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. T.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. En particular. incluso si se dejan al m argen los dados. 1952. que Jean Château descarta como juegos de adultos. nueva edición niimonlndn. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano. que un juego con frecuencia im plica. ios juegos de azar se ven elim inados. Por una p arte. pero no sobre la naturaleza del propio juego. o poco faltaría para ello. R. tal vez necesariam ente. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. Hartgenbusch (1926). es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. que desde luego no son alentados por los educadores. no existe tarca seria para la cual preparen. 2e odklôn.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego.’ Cierto. se podría seguir ignorando.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. F. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. Buytendijk. 5-32). 1955. Pickford (1940) y •V. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño.íacques Rousseau de Ginebra. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. núm. Paris. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. Football :n America (traducido en Profils. Pp. el dom i­ nó y la baraja. Sin em bargo. De nuevo. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. M. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). Pues bien. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. Desde ese punto de vista. la perinola. Jx Jeu de J'Enfant. Introduction a la P/utano^e. . Las conclusiones se discuten en el estudio de F. 13. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. Le Football. Patrick (1903). Por o tra parte. otoño de 1955. 1 1942). Antes de él. W. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. Recordamos que el m érito de J. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement.

por re so rreras/ por silbatos. pp. por cortaplu· mas. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. Uno vez más. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. al final de su obra. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. y son niños que no se disfrazan. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. El niño no se entrena para una tarea definida. •£ e Jr. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. Por mi p arte. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado.u de l'enfant. el alea. En efecto. Asi. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. en los alredcdoies de las escuelas. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. de b arro . 275 . Los jugadores las ganan o las pierden. que el juego es una prueba más que un ejercicio. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. es dccir el riesgo. de! tipo de la morra que." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar.los juegos de canicas. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. por al­ gún favor dispensado. Por un preciu invariable. 274 guna. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. inicuo en sí. resuelve por om isión un im portante problem a. Se cam bian p o r golosinas. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. no le es difícil dem ostrar. a escala infantil. Desde esc punto de vista. que exigen espurio y accesorios. 18-22. com o resorte del juego en el niño. depiedra o de vidrio. Ja apuesta. Ahora bien. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. por una ayuda en las tareas. contra Karl Groos. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. p o r artículos escolares.

nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. el juego aparece como educación. inventivo y protegido. Desde esc p unto de vista. que adem ás es libre. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. ninguna ap titu d física o intelectual. sino desarro­ lla aptitudes. Y aun asi. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. del cuerpo. Ahora bien. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. Pues no enseña recetas. P or o tra parte. quien perm anece en esen­ cia pasivo. prueba o hazaña. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . Así. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. del carácter o d c la inteli­ gencia. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. Dc m anera general. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. intenso. La finalidad del juego es el juego mismo. placen­ tero. el niño.te a las dificultades. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados.

con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados.A. Poi4r en taire des hom m es. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. 1S-75. A decir verdad. No los repele me­ nos que el trab ajo . Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. me­ jo r aún.R. Para ellos. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. es el de su cu­ ración. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. P arís. B rauner. ni fija r su atención. a em pujar. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto.I.B. pp. En esta segunda clase. 'A . etc.). en una prim era aproxim a­ ción.jugar. pues entonces no sabe. 1956. 277 . Las observaciones de A. a p ertu rb ar. a estorbar. S. En cuanto a los juegos reglam en­ tados. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. ni so­ m eterse a una disciplina. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real. luego de Jean Piaget.. ni ad ap tarse a una nueva situación. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. el gusto de inventar.

p o r no hab lar del futbo!. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. uno panadera. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. a la tendera o al soldado. un aviador o un vaquero. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. es siem pre una im pro­ visación. Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. basados en la com petencia. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. implica una invención continua. de las dam as 0 del ajedrez. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í .La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. Jugar a las b arras o al pillapilla. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. Im aginar que se es una enferm a. Ju g ar a la lavandera. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte.

Pero é stas sólo com pli­ can. en el capítulo correspond iente (pp. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. De ese modo. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. de pasión o de Intensidad. 1*1*217). Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. 386-587). a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. Ππ cambio. al m ism o tiem po. ct análisis define . co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. g irar como trom po. J. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. que obliga a los jugadores a cooperar. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. en mi clasificación. basados en el sim ulacro. o por simple aceleración <!c ritmo. gri­ ta r a voz en cuello.

H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. Ciertam ente. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. de la com petencia leal. De la invención y del respeto a las reglas. m ejo r adaptados a su propio fin. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. Château hace alusión al sube y baja (p. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. si se quiere.esas conductas claram ente existen. el vértigo supo­ ne el m iedo o. m ejor dicho. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. m ejo r determ inados. A decir verdad. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. pero. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. un peligro que. un sentim iento de pánico. 298). en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. lo amenaza. De ese modo. que es el de provocar una per­ turbación ligera. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. esbo7x>s de juegos de vértigo. antes bien. 280 . pero éste atra e y fascina: es un placer. no les concede la m enor atención. Huizinga. en ciertos caso*. quien reflexiona en los juegos de adultos. o poco m ás o menos.

Se considera que destruyen las costum bres. estas ciertam ente son indispensables. Según consenso general. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. Como investigaciones de un nuevo género. E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. de los casinos o de los hipódrom os. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. Los estudios ma· 281 . Por o tra p arte. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. del tobogán. 2 . los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación.

El caballero de Márá había calculado que. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. Sobre todo. E nton­ ces se dirigió a Pascal. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. en el juego de dados. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. en efecto. Ahora bien. Por ejem ­ plo. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. para una serie de veinticuatro jugadas. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. En más de una ocasión. la experiencia le dem ostraba lo contrario. en que el azar no interviene en absoluto. A bordaron los cálculos de enum eración.

deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. Pan's. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. Re­ cientem ente. com binando el cálculo y la topo­ logía.de los cuatro colores. Algunos ju e­ gos tradicionales. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. más allá dc toda controversia. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. en cada situación sucesiva. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. IW4. Theory υ/ Games and Economic Behavior.” E sta vez. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. Princclun. comercial. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. Théorie de\ Jeua alternatifs. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. político o m ilitar. Von Neumann y O. es decir que. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. el dc los puentes de Kocnigsberg. 195? 283 . cuya teoría se deriva de la topología. Claude Bergt. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. Morgenstern.

es decir. quiero decir. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia.cortándolo). al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad".1 1 Sin em bargo. MatemA­ 11 C laude B erge. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. p o r la o tra. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. del capricho. en fin. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. póquer sim plificado al extrem o. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. 284 . en realidad. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. Ahora bien. el segundo. de I3 inspiración boba. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. la posibilidad de una inform ación total. p o r hipótesis. etc. ya. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. que agote los elem entos útiles. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. due­ los de aviones. fuera de las m atem áticas puras.

su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. su sangre fría. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. en la práctica. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. la visibilidad. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . Teóricam ente. la distancia. del 30% y el tercer dio del 50%. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. en época de baratas. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. Pero. el segundo día. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. Pero. Pue­ de ser distraído o neurasténico. hacerle trastab illar una raíz. puede tener deseos de m orir. En fin. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. Cuanto m ás espera el cliente. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. ya.resuelto. es claro que el cálculo resulta imposible. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. puede picarle una avispa. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. m ás ventajosa es la com pra.ticam ente.

Se conoce el desenlace de todas las variantes. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. según se le considere m ás o menos deseado. el juego al p unto se ve estropeado. En ajedrez. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . Sin em barga. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. En principio. E n la b araja. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. Pues no se juega para g an ar con seguridad.po y el artículo dc su agrado puede írsele. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. En los juegos que les apasionan. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. y cada jugador m uestra sil juego. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan.

Las com ­ binaciones posibles no son infinitas.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. “Jctix dan«. Monde n ú m s. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. Por el contrarío . e-s muy popular el juego del bolotudtí. le "com e" uno al adversario. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. En Sudán. pero que ellos no abordan de o tro modo. 287 . si la desconoce.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. pp. lejos de favo’’ A . Se juega con doce palitos y doce guijarro s. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. 241-24$. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. noir. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. P r o x i. Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. form ando parte de la herencia fam iliar. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. se tran s­ miten de padres a hijos. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. sem ejante al molino. te M o n d e n o ir". Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. Así. en todas las situaciones po­ sibles. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. 8-9 de Présence africaine.

que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. por ejem plo. esos análisis tam bién existen para otros juegos. ninguna respuesta resulte eficaz. abolien­ do su rozón de ser. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. Existiría incluso si los juegos no existieran. No es verosímil. No queda fuera de las hipótesis razonables que. El lobo. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. p ara los palillos y el juego de anillos. de la prim era a la últim a jugada. Su teoría es sencilla.recer cl espíritu de juego lo estropean. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. es decir. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. Por sí solo. 288 .· admite. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. que m encionaba yo antes. tal que. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. aunque no se demuestre. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles.

ellos. El juego es un fenómeno total. . Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. Así. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. En efecto. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. Sin em bargo. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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J. se dio por satisfecho. Sin embargo. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. En cuanto al jefe. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. "Junto a su necesidad dc destrucción. que varias veces ha 299 . Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. 67. De una observación de G. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. Romanes. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. luego lo dobla y k» rompe. se quita de debajo de él y espera la caída. con gran alegría. citada por K. Para romper un palo. tirando cuidadosamente dc los hilos. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. De ese modo tira dc una silla. a modo dc mantenerse cabeza abajo. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. también le gusta mucho volcar objetos. Hace lo mismo con objetos más pesados. con los brazos abiertos. hasta hacerle perder el equilibrio.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. Así. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla.

cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. Esc carácter oracular. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. Sin embargo. Alean. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. sin la treta. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. 300 . el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. PP. Intelligences des animaux.logrado volcar con grandes esfuerzos. Por otra parte. puesto que claramente se trata de uno acción "G . difícilmente sería entretenida. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. J. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. prácti­ camente universal. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. Antes de em­ pezar el juego. F. 240 y 241. II. . sin lastimarse nunca. Romanes. 70. es también materia de reflexión. al que es raro que se tenga fe. t. Su estéril monotonía.” " P. París.

refinadas o sal­ vajes. que en un principio parece del todo ausente. lo que equivale a lo mismo). de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. El placer de la com­ petencia es escaso. con ayuda de un número fijo de elementos. perfectamente im­ productiva. sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. En cuanto al simulacro. de manera más o menos severa y según los países. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. puesto que la ley prohíbe. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. de cosmonautas con escafandra y de 301 . que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. búsqueda del favor del destino.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. su papel sin embargo se deja sen tir. en fin. aunque de manera muy diluida. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. pero siempre con la misma solicitud.

pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. Para aum entar el ruido y el movimiento. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . éste casi siempre lanza varios balines a la vez. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. que no es urgente dominar.se puedan imaginar. En este caso. Por lo demás. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. como con el peso de una mirada cargada dc deseo. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. una pe­ queña esfera brillante. Aquí. Supon302 . lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. sin nin­ gún Intervalo entre si. En fin. por decirlo así. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas.cohetes Interplaneterios. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. posible al vértigo. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. Los aparatos se alinean en filas interminables. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. pero un vértigo inferior y vano.

un esfuerzo. una lucidez expuesta e imperturbable. éstos incluso exigen. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. previsión. lo contrario. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. obstinación y resistencia. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. P. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. del casi automatismo 303 . del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. Los recursos personales del jugador no intervienen. la prueba de una ha­ bilidad.go que poco faltaba para empobrecer. que exi­ gen espacio. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. y hasta resulta inoperante. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. El balero exige destreza. Por doquiera una tensión. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . el solitario o los palillos. en fin. paroxfsticos. para hacer mecánicos y endebles. de la inteligencia o del alma. el entrenamien­ to deportivo. por el lado que se le-s mire.n fin. reflexión y saber. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. Así. desde cierto punto de vista. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. incluso en sus aspectos más aberrantes y. en principio los más peligrosos de todos. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras.sin espesor los juegos de vértigo.

en los años de mayor éxito. norteamericanos de toda edad. capital del juego-sino también en Nueva York. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. con In vana esperanza de una partida gratuita. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. ''Playland*' . Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. En Estados Unidos. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. en pleno Times Square. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. el chaquete. el billar. . Pues bien. Provoca verdaderas obsesio­ nes. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. desde el escolar hasta el anciano. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. el 25 del mismo mes. En los cafés. Cada día y cada noche. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. en el corazón de Nueva York. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. Broadway 1485.

Morgaine). las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. Delante de cada máquina. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. como se les llama aquí. (D. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. permite al jugador quedarse horas. En efecto. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. si entró allí con dinero suficiente. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. En una inmensa sala sin puerta. por 5 centavos.

se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna. 215. pero le parece sublime. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. Rs una amenaza . Por una moneda (real). en abril de 1957. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. que podían utilizar en aparatos traga monedas. En fin. Como es fácil imaginar. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's.luminosos. num. (Vol. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. de octubre de 1957. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. a través de diferentes obstáculos. lue Ko de lo cual los tiraban a la basura. puede ganar millones (fieticos). 1289. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis. La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. pp. Sin embargo. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. Así. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. T. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. pues las anotaciones llevan varios ceros. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. 44-47).

el jugador se . honorable si* no es que higiénica. Julius Segal confiesa curiosamente que. Por lo general.ativo accionando el resorte del artefacto.ra que el mundo se conduzca dócilmente. Sale tranquilizado respecto de su talen." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. "Por lina moneda. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. en caso d e depresión. Y en efecto. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. Si hemos de creerle. Entonl ces juega. to y de sus oportunidades de triunfo. en particular. exterioriza su irritación y lop. I. No por ello dejaba do pensar en él. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. un riesgo suplementario.Γ deliciosa. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. una especie de segundo juego agregado a! primero. por decirlo así.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach.

se siente cngaflado. paciencia. el componente terapéutico. Li­ teralmente. en pocas palabras haberlo hecho perder. m . éstos matan el tiempo sin fecundarlo. Sospecho que. lo hacen fructificar a largo plazo. según exi­ jan m is cálculo. Por el con­ trario. destreza o vigor. el dominio dc sí. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. de la ciencia y de la moral. la lealtad. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. favorecen el feliz desarrollo del arte. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. al que presta gran atención. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. deberá tenerla en cuenta. en el caso del señor Segal. sino amargado c iracundo. En realidad. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. en la medida en que obligan más a respetar la regla. imaginación. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo.enerva en vez dc triunfar. Deja la máquina frus­ trado. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. En lo sucesivo. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. más que otros. el desinterés. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión.

lle­ nando las horas libres. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. Nombradas entonces n contrasentido. cobran aspecto de juegos. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. radica entonces en que. 309 . Bloquean la atención con una te miblc monotonía. y accesoriamente de los solitarios. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. posee una eficacia propia. sino intensidad desplegada libremente. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. lo que concordaría con otra forma de juego. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. Tal ve/. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. existen distracciones-trampa que.La enseñanza de los aparatos tragamonedas.

dada la variedad de esos procedimientos. Ko obstante. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour. reducido a la unidad da 6 . si es posible. Mis mejores deseos. 66 410. 93. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. tal número «Obre tal otro.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. A título dc ejemplo. podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8.... Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. 310 . no le digo "buena suerte". Juegos de azar. como es debido. serán tomados en cuenta por los interesados.. Por ejemplo. Y ahora. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que.f 4 -¿.f 6 . Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11. horóscopos y superstición. Pero. si (por casualidad) ganara. sin embar­ co y de todo corazón. Aunque no contenga ningún 8.1 = 17 = 1 4 7 = 8. la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir.

Con frecuencia. de hormigas comunes en la India. como si estuviera seguro de hacerla su presa. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). Ahora bien. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. Hypoctinea bl· tuherctdata. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. cit.En ese terreno. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. citadas por W. ρά· R in a 310). la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. 101. ?. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. Morion Wheeler (op. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. en cuanto se acerca. espera la llegada de una de ellas y. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son.. Como los demás. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos.

op. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. tanto cabezas de animales. Las máscaras (Koro. 162. 221-222. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. Jcanmaire. Extracto de H. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. plural. pp. a poncr312 . eso queda "probado por el hecho de que. plural. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. Simbo.. cit. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. Kora. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. El mecanismo tic la iniciación. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. un tanto más burdo.Jacobson. el derecho a conocer el misterio. éstas se apartan un poco del ptilócero.

su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. la revelación del secreto dc las máscaras. piden conocer las "cosas del Do". Cuando los 313 . desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. De las exposiciones un tanto confusas. lo cual se hace ritualmente. Al terminar el día. hucen oír . Ponen manos a la obra desde la mañana. esperando que caiga la noche. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. Naturalmente. En uno. es decir. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. los ancianos los rodean. Por la noche. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. dc cierta grandeza. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. los usos varían se­ gún las localidades. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. dentro dc su simplici­ dad. del mismo tamaño.

De modo simbólico. Al día siguiente. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. salta alrededor de los niños. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. no estd en \rida. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye.se han reunido. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. fisa es la costumbre. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa.niños . éste la sella golpeándola con la mano. Después de lo cual. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. Cuando se ha cerrado Ja fosa. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. Una máscara llega corrien­ do. ésta se pasca. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio.

a los niños c incluso a la gente joven. y el anuncio producía una efervescencia en el país. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. Labouret). t. com­ parado por H. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. instrumentos dc Jos Antiguos. hoy por hoy en decadencia. Cremer y publicados por H. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 .sudanesas]. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. Además de la cerveza. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. IV. éstos se celebraban cada siete años. El animal se inmolaba. P. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. el lugar ue reunión era un claro en la selva. se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). 164.

en cuanto el enmasca rado. el que se volvía se condenaba a muerte. cuyo tamaño no dejaba de crecer. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. de espaldas. El enmascarado se ponía a bailar. pequenUo en un principio.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. con el rostro vuelto hacia el interior. banquetes y palabrería. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . ΛΙ cabo de siete días. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. I-a dan/a continuaba tres días seguidos.f negro que cubría una piel humana. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. Luego de abandonar la fosa. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. T. em­ pezaba la parte importante del misterio. Por lo demás. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). iba creciendo poco a poco. Al pie del árbol se había hccho una fosa. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. El día señalado. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes.

en 1939. pp. 205. VII. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. Ä9 ss. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. durante aquellos días. carbonizado en un accidente de aviación. fuera entre la ma^a de la población. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI.cían. AZAR P. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. en caso negativo. En los suburbios de Buenos Aires.). t. fuera en el círculo de los ancianos. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. Atlantis. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. De todos modas. Para rendir homenaje en común a un cantante . en 1926. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. a fin de m orir como él. 1924. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. al cabo de aquel triduum. Frobcnius. numerosas víctimas pere­ cían. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. (Según K. Dämonen des Sü­ den. Un ejemplo: el culto de James Dean.

sé que no estás m u e rto . El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. "Algunos psicoanalistas".lames Dean. en la que trabajaba . recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . se ha conmovido ante el fenómeno.de su gusto. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres./'. un historiador enterado. Escribe. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café. Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. pretende que. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. desfigura­ do. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. la empresa cinematográfica Warner Brothers. el actor hubo de retirarse del mundo. dice. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. En uno de los cotidianos más importantes de París.. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy.

" Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. uno podía sentarse unos segundos al volante.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. 319 . y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. Tras la muerte del héroe. maltratando a los transeúntes. Terminada la gira. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". volcando 1 Pierre Gaxoto. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. Paris. 213. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. pp.. El episodio en sí os insignificante y N futuro. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. ts s Stars. Por cincuenta. 1957." Γ. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. 119-131: "Ix cas James Denn'*. U Figaro. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad.

varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. Sin embargo. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. De manera 320 . Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien.autos. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. Casi linchados. Por lo demás. rompiendo aparadores y. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. Los pedagogos. finalmente. los educadores. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. el hecho en sí no es nuevo.

se aglutinan corno pingüinos.. No . centenares y. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. "Para el extranjero. decenas. aparte de su edad. presas del terror de la soledad se reúnen. sin ninguna palabra com prensible.m divier­ í ten. nada tienen en común. ‘rebeldes sin causa'. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . se estaría tranquilo. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita.. esta trifulca y. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. Son.. François-Régis Bastide ya ha escrito: . cl lunes. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia.inexplicable. se abruman a golpes sin un grito. No sc conocen entre sí.e so s ociosos. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. miles de muchachos están alii. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas.. se amontonan. en toda la acepción trágica de la expresión. gruñen y se injurian apretando los dientes.

en su mayoría son. bajo otros cie­ los. (Le Monde.los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. .. Esc bienestar relativo y.vo en la vida*. 5 de enero de 1957. En ambos casos. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. el cxccso de dificultades por 'subir'. Como aprendices o dependientes de almacén. la certeza de un porvenir asegurado. como aquéllos. provoca la desesperación. En cambio./’ Uva Freden. en Suecia.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. hijos de obreros o empleados comunes.

teniente general. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. 1949. Pero sigue siendo Inquietante y. que se llevaban bajo otras máscaras. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. al natural. Bibliothè­ que de la Pléiade. pp. II. se quiso continuar con la diversión. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. El invierno siguiente. Mémoires de Saint-Simon. al desenmascararse. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. 414-415. la máscara es una diver­ sión dc la corte. grande fue la diversión con esa broma. dc manera más desconcertante. de suerte que. El invierno anterior. y estado sorprendida. hacia 1700. enteramente distinto. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. de pronto. da lugar. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. y Wartigny. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. en extremo y en reiteradas ocasiones. y la tensión no podía suprimirse. pero el colorete se bo­ rraba al punto.En Francia. Finalmente tiraron aquellas máscaras. fueron muertos frente a Verue. dc aquella ex­ traña singularidad. dos hombres de gran valía. XXIV (1704). Favorece agradables equívocos. pero enteramente sin­ gulares. t. 323 . cuando debajo estaba el verdadero. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. maris­ cal dc campo. cap. como yo.

1944. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. por razones de Estado. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. la conservaban o se la quitaban. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. empezando por cl dux. Cuan­ do. la ley prohibe a los nobles ponérselo. Λ continua­ ción.En el siglo χνπ ι. En los teatros. según Giovanni Comisso. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. El origen de esc nombre es el grito de: bau. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. En principio. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . una vez dentro de la sala. p. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. 37. Era obligatoria para los nobles. en los lugares pú­ blicos. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. a su antojo. bau con el cual se asusta a los niños. París. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. Todos la llevaban en Venecia. La mayoría de las veces es de color escarlata. hombres y mujeres. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado.

Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. de disfrazar­ se.). vestidos dc andrajos. 133. en una palabra. los tati. Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. p. 1900. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. Mémoires. nota 1. op.. estaban: los gnaghc. (Comisco. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. tomo V. hora« bres vestidos o no dc mujeres. Prefacio de Gustave Coquiot. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. de dejar de ser lo que son. dc escapar dc sí mismos. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. cil. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. 325 . dc cambiar dc identidad.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. los pitocchi. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. los berrwrdoni. capitulo XI. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. también sobre las máscaras. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado.

caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. bajo la pelambre de las falsas barbas. qué esperanzas.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. qué apetitos. que codicias. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. Como los fantasmas. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. a qué olvido de sí mismos. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina. no se ve su rostro. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. sardónica y macabra. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. como los fantasmas. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. llena con sus tropeles. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. La máscara es el rostro turbado y perturbador . mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices.

pues. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. quien sabe. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. con sus rostros solicitantes y terribles. es el lujo condimentado con el miedo. 3-6. Masques. es la sonrisa de la mentira. tal vez en la prefectura. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. pp. (Histoires de. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y.de! desconocido.) 327 .

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..... . Conjunciones prohibidas...27 II......... 3....... ...... .. Conjunciones fundam entales ... ... 106 . ......... S ik íl n im P arte VI. ...... La vocación social de los juegos . b) De la turbulencia a la regla .. 1. TV... . La teoría am pliada de los juegos .... Conjunciones contingentes .. . .. .. 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales .... La corrupción de los juegos .. Clasificación de los juegos.. ... III.... Definición del ju e g o ..... . ...... . .... 2..ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I.. 125 127 128 129 329 ...... V. P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s ..

.... ....... 185 c) La delegación. .........221 El c irc o ................... .. ..... . ........ ........ 266 1........ ..... ....... Análisis psicopedagógicos ......... 230 Co m plem entos I....... 138 1> La m áscara y el trance .. 268 2.......... ................ 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s ......... ........................ 216 La m áscara y el uniform e .... ..... La com petencia y el azar . 217 La feria a m b u la n te .....VII..........281 330 .... ......... ..... ..... ) 146 VIII........... Análisis m atem áticos.. . 166 a) T ransición.. La im portancia de los juegos de azar 239 II......... ...........227 El trapecio. El simulacro y el vértigo ... De la pedagogía a las m atem áticas ..... ............ ........................... 228 Los dioses que p aro d ia n .......................... ............................169 b) E l m érito y la su erte ....... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ... 201 IX...

Resurgim ientos en el m undo mo­ derno . ...E x p e d ie n t e II.. ....................... C la siíic a c ió n ... IX.322 331 ............... ... La com petencia y el azar ........ .. ...................... V III.... .. ... La corrupción de los juegos .. 310 312 317 VII........... El sim ulacro y el vértigo .... .. 293 IV.....

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S. F. En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. Av. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. . 9:10 y B:9 punta*. A-. D. 09070 México. Arto de Juárez 226-C.E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da.

E. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación .H. H ughes y D. B erendt: Et jazz J. M yrdal : El Estada del futuro G. C o re: Historia y enajenación R. L. L u a rd : La China popular y su economía E. E . Wright: Para comprender el teatro actual R. S.t desarrollo económico J. T. J. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T. C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D. A. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. Shaplcy: De estrellas y hombres F. F. Fanon : Los condenados de ta tierra F.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. B a rre : F.

van Doren : La profesión de Don Quijote G. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. D. L. Castellanos: ButúnCanán G.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. H. de BablnJ: ¡. Rostand: El hombre y la vida R. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. Shackle: Para comprender ta economía . Dobb: Introducción a la economía G. Cole : La organización política K. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. S. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M.

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