R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

com pleta en un principio e inm utable.propio. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. se transform an sin cesar.la ac­ tividad especifica que nom bra. designa. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . sino tam bién la totalidad de las figuras. Esa idea de totalidad cerrada. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. la m anera de un intérprete. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . Asf. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. no sólo .a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. De la m ism a m anera. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas. la palabra Juego. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. m úsico o com ediante. p o r o tra parte. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo.

especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. al punto. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. La idea de riesgo viene. de libertad y de invención^ En un registro vecino. en .nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. Una vez m ás. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. jugarse el resto. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. la vida. o tras más. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. com o m ostrar su juego o. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. ung. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. la carrera. jugar en grattde. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. a la inversa. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. un elem ento favorable o m iserable.

É stas de­ finen lo que es o no es juego. No pueden violarse con ningún pretexto. esas convenciones son a rb itrarias. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. E sta vez. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. sin p oder haccr nada al res­ pecto. en fin.. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. toda treta o respuesta prohibida. de com ún acuerdo. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. Ahora bien. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . A la ve/. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. la voluntad de respe­ tarla. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. es decir.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. Todo juego es un sistem a d e reglas. im perativas e inapelables.

I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. esc . una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. enteram ente exacto. que ins­ tauran un orden estable. Por lo dem ás. in­ terviene un juego de o tra especie. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. Juego significa enton* ces libertad. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. Por o tra parte. ese juego no debe s e r exagerado. a veces una legislación tácita en un universo sin ley.voluntarias y aceptadas de buen grado. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. Pero. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. pero ño excesiva. de facilidad de movim iento. Así. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. que le da vida. no el juego m ism o. en el in terio r de ese juego. pues la m áquina parecería desbocada. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. una libertad útil.

que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal. de re­ gla y de libertad. esos distini.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . Esas estructu. Sin em bargo el juego^significa. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. En genera!. to s senüdospim plican ideas de totalidad. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. com pleja c innom brable. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer.

En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . a los partidos opuestos. es de­ cir. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. lisa es. que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. tablero para dam as o tablero de ajedrez). cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. y en las m ism as condicio­ nes. El equipo gober­ nante. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. pista o arena. la argum enta­ ción de un Huizinga. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. que juega correctam ente el juego. reducida a lo esencial. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. la precisión.do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. la pureza y la im parcialidad de un juego. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. p o r fin.

igual que en el juego. Sin em bargo. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. Al hacerlo. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. la coreografía o el teatro . y cualquier o tra imposición. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. al final.form as legales. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. Engendran hábitos que. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. Son com o las reglas del juego al que él juega. de encontrarlas extrañas o m olestas. las hacen parecer naturales. que a la vez guían y lim itan al creador. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. En música. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. A falta de lo cual. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. P or o tra parte. las leyes de la arm onía. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. E n lo sucesivo. No ocurre o tra cosa en el terren o estético. En pintura. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. unidad o canon en la escultu­ ra. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones.

no m enos estricto y no menos gra­ tuito. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. En épocas de guerra llam ada cortés. tiránico. que se apoya 16 . en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. M ediante esos pocos ejem plos. hasta la es­ trategia es convencional.. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. sino que suele serlo de la violencia regulada. a las ciudades abiertas. pero regulado. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles.

el tacto m ás sutil. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso.. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. H acen el cuerpo más vigoroso. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. la regla no favorece ni lesiona a nadie. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. res­ petada voluntariam ente p o r todos. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. . son ejercicio y entrenam iento. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. tienen al menos valor d e modelo. más flexible y más resistente. Por el cam ino del placer o de la obstinación. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. Los juegos de fuerza. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. la vista más penetrante.en un sistem a coherente y equilibrado. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. que se b o rra p o r sí mism a. de habilidad. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. de cálculo. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. y siem pre revocable. en que.

El juego no prepara para ningún oficio definido. la mala suerte o la fatalidad. Quien se enoja o se queja se desacredita. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. de una m a­ nera general introduce en la vida. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. antes que recri­ m inar o desalentarse.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . En efecto.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. nada está perdido y. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso.

nada com o el juego exige tanta atención. al ech ar los dados o al voltear un naipe. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. su m ejo r afán. En cierto sentido. una vez rebasada la cima. No obstante. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. consum ada la hazaña. anuncio éste que pone fin a la 19 . esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. que lo deja sin energía ni resorte. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. tal dom inio es m ás fácil en el juego. la suerte Im­ placable c im prescriptible. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. Sin duda. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. Por o tra parte. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. que a su vez es juego y juego superior.

discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. en cualquier caso. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. como dice P latón hablando de o tra apuesta. como si Dios no existiera. tener a la vista la imagen de la perdida. un herm oso riesgo que rale la pena correr. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. es la ley del juego. con ese desapego. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. que hacen retroceder la tacañería. Tal vez de m anera paradójica. más im por­ tante que lu que está en juego. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. C onsiderar la realidad como un juego. la codicia y el odio. E xperim entar placer con el pá­ nico. El juego no es una escuela menos ruda. es llevar a cabo o b ra de civilización.

Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. p o r decirlo así. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. p ero un obstáculo arb itrario . 21 . el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. En cambio. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. Finalm ente. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. el juego escoge sus di­ ficultades. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. las irrealiza.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. Quien tiene ham bre no juega. Por o tra parte. Además. casi fic­ ticio. el juego queda a m erced del aburrim iento. la realidad no tiene esas de­ licadezas. a expensas del conteni­ do. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. E n segundo lugar. hecho a la m edida del ju g ad o r y. transfor­ m an el m undo. p o r el pundonor o p o r la casuística. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. las aísla de su contexto y. De habi­ tuarse a ella. en m ayor o m enor m edida. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. En pocas palabras. aceptado por él.

Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y. sin ella. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad.En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. Secundum Secundatum .

PRIMERA PARTE .

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p o r o tra. retom ó y desarrolló sus tesis. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. p o r su naturaleza. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. En H om o ludens. 27 . Por una parte. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. esta obra. En todo caso. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938.I I. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. dándolas p o r sentadas. Johan H uizinga.

en su aspecto formal. podemos decir. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. por tanto. 31-32. trad. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. peiO que. a pesar de todo. México. \W . pp." 28 . según reglas absolutamente obligalonjA. que el juego. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. aunque libremente aceptadas. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada. puede absorber por completo al jugador. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. del FCE.1 1 Homo ludenx. En la página 53 se encuentra otra definición.

sino una insti­ tución.E sta definición. Sin duda el secreto. se p restan a una actividad de juego. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. los garitos. En cambio. es decir. La ac­ tividad de juego lo expone. en fin. ocupan precisam ente un . a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. -|T>ara bien o para m al.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. p o r ejem plo. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. los casii nos. En pocas palabras. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. en cier­ to modo. el disfraz. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. es decir. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. las pistas de carreras y las loterías que. la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. En segundo lugar. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. lo publica y. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. . Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. cuando el secreto. lo gama. el m isterio y.

único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. a causa de los gastos generales. Sin em bargo. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. Pues bien. es preciso distinguir. Aunque casi siem pre es inferior. aunque se considere desdichada. En el m ejo r dc los casos. Hay . cierto que en form as infinitam ente variables. Pero tam poco es inexplicable. En* algunas de sus manifestaciones. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. el único que no puede tom ar placer en el juego. Además. es decir. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. incluso en su form a dc juego p o r dinero. Ciertam ente re-. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo.

en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. crear Tiinguna riqueza. los ciclis­ tas. d e Inge­ nio. En cuan­ to a los profesionales. como fuente dc alegría y de diversión. de habilidad y con frecuencia dc dinero. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. Aún más. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. en el hipó­ drom o o en las tablas._c&_ca· racterfstico del juego no. Cuando juegan. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan.desplazam iento de propiedad. Por o tra parte. los boxeadores. Æn^cfccto. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. ni objeto mamifacluracjp. ninguna obra. y deben pensar en la prim a. en el salario o en la rem uneración. en la pista. ni o b f t m aestra. sino hom bres dc oficio. O bligatorio o simplemente recom endado. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. está claro que en ello no son jugadores. es a algún o tra juego. la even­ tualidad dc esa transferencia. pero no produc­ ción dc bioics. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 .

P o r lo dem ás y sobre todo. ora da lugar a un castigo. la arena. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel.se entrega a él espontáneam ente. el recogi­ miento. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. p. p o r acci­ dente o por necesidad. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. de buen grado y p o r su gusto.’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. enviar la pelota más allá dul terreno. S alir del recinto p o r erro r. la escena. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. i Hay un espacio para el juego: según los casos. II. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . el tablero de ajedrez o el tablero de domas. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. Parts. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. la liza. etc. el silcucio. 1943. p ara apartarse d e la vida corriente. la rayuela. ora descalifica. la pista. el cuadrilá­ tero. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás.” En efecto. es decir. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. 32 . el estadio. 21. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da.

Desde ese punto de vista. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. Sus argum entos son irre­ futables. "tiem po". No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro .) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. 33 . como en los juegos de niños). su naturaleza puram ente conven­ cional. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. p o r reglas pre­ cisas. su duración se fija de antem aao. arb itra ria s e irrecusables. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. Si es posible. p o r ejem plo. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. Quien no las acepta con ese carác­ ter. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. Además. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido.cucncia. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. el terreno del Juego es asi un universo reservado. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. se pro­ longa. el tram poso cuando menos finge respetarlas.

el resultado ya no es dudoso. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. en el ajedrez. Es adem ás una actividad incierta. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. En una prueba deportiva. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. Un desarrollo conocido de antem ano. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. ya no divierte a quien. igualm ente es la que da ra34 . En esc sentido.^ ó l o se juega si se quiere.o c infalible­ mente. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. El juego consiste en la necesidad de encontrar. En la lotería. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. en una partid a de nai­ pes. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. en la ruleta. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. A decir verdad. el juego es una actividad libre. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. E sa libertad del jugador. gana sin esfucr/.

al polo o al bacará. Muchos juegos no im plican reglas. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. en general. a policías y ladrones. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. De ese modo. al caballo.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. al avión y. No se hace com o si. p o r ejem plo una m áquina. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. al m arro. Por sí m ism a. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. Esa conciencia de la irreali­ 35 . Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. sim ple mímica. al bacará. a las b arras. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. la regla crea una ficción. a la locom otora. al soldado. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. P o r el contrario. no las hay. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. o cuando menos no fijas y rígidas. p ara jugar a las muñecas. debo decir aquí que la ficción. al polo. Por eso se juega en serio al ajedrez. se ve separado de la vida corriente. Quien juega al ajedrez. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente.

a la chiquilla. o están reglam entados o son ficti­ cios. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. a fin de im itar a las personas m a­ yores. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. si le parece p arte de la vida corriente.dad fundam ental del com portam iento adoptado . se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. un verdadero subm arino. Así. es decir. o. un verdadero p irata. el máximo com ún denom inador de todos los juegos.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. Podemos concebir fácil­ mente que. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . p o r ejem ­ plo. un ver­ dadero caballo. que denunciaba lo absurdo de las reglas. los juegos no son reglam entados y ficticios. Antes bien. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. y encuentren divertido. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. jugar a "ju g ar al ajedrez". D estinada a p recisar la naturaleza.

ni riqueza. No obstante. Por el m om ento. el cornc:a y el trom po. p o r ejem plo. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. el tiovivo. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. 5* Reglamentada. A ellos habrá que volver. los acertijos. los solitarios y los cru­ cigram as. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. y el de la mímica y la interpretación. som etida a convenciones que 37 . 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. y. En particular. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida.

Sin em bargo.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. que es la única que cuenta. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. se esforzará p o r tener en cuenta. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. esta vez. 38 . 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos.

finalm ente. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. en el último. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. al comienzo.II. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. En efecto. e n otro. en un tercero. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. Además. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. En un m ism o lugar. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. Además. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . el lugar en que su disputa la prueba. la cualidad principal que exige. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. a decir verdad. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po.

quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. Por lo general. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. sólo espera la decisión dc la suerte. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. S in em bargo. En cam bio el boxeador. No hace nada. ora intelectuales. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él.y el diábolo son diversiones al aire libre. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. sea en la ruleta o el bacará. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. 40 . Por una vez. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. P o r o tra p arle. Así. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. Sobre todo. el corredor.

los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. en lodo caso.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. Así. M im icry e llinx. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. Casi p o r com pleto. opuesta p o r algunos conceptos. Alea. pero no por todos. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. a las canicas o al ajedrez (agón). en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). predom ine el papel de la com pe­ tencia. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . Sin em bargo. Pero. Lo distribuyen en cuadrantes. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. En el extrem o opuesto. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. Las llamo respectivam ente Agon. en los juegos considerados. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. d entro de esos sectores. propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. de turbulencia. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. de acuerdo con una progresión com para­ ble. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. del sim ulacro o del vértigo. del azar.

con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. de habilidad o de ingenio. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . Pero.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. Por lo dem ás. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. m e he esforzado por 42 . cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. de paciencia. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. im perativos y mo­ lestos a propósito. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. Con la m ism a intención.significativo y m ás am plio posible. enteram ente desprovista de sen­ tido.

con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. cada vez que pude. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. resis­ tencia. Por tanto. busque en el inundo anim al conductas homólogas. a) Categorías fundamentales Agon. ingenio. En el in terio r de cada cla­ se. vigor. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. es decir. box. habilidad. tenis. m em oria. e tc . siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. adem ás. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo. fútbol. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. esgri· 43 . ΛΙ hacerlo.

ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. de a tle ­ tismo. como en las dam as o el ajedrez. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. se p rep ara una des­ igualdad secundaria. en el croquet.). son ejem plos per­ fectos. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. de un caballo o de una to rre). el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja.ma. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. En ocasiones. en los juegos de nuja. etc. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . Asimismo. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. es de­ cir. p o r ejem plo. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. com petencias de tiro. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. etc. el ajedrez. E! juego de dam as. el billar.). una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. de golf.

Para cada com petidor. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. dado el caso. el torneo. . se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. o en los lím ites del juego. Deja al com petidor solo con sus recursos. En los encuentros de­ portivos. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. siendo iguales para todos. un entrenam ien­ to apropiado. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. Fuera. la exposición. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada.los recursos del jugador. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. Im plica disciplina y perseverancia. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. constituyen.

los ca­ chorros dc perro. testuz contra testuz. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. si bien está ausente la regla. con la cabeza pacha. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. Escogen un cam po de batalla. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal.En principio. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. "un lugar un tanto 46 . parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. las focas jóvenes y los oseznos. com o es de esperar. No obstante. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución. conside­ rando ciertos hechos. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. Asimisnio. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario.

En ocasiones. Les jeitx des animaux. lo que está en juego es m ás serio. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. 1902. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. trad. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos.elevado". como se les h a dado en llam ar. 47 . ele. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. pp. d e pellizcos. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". inauguran pruebas severas. Pa­ rís. dice Karl Groos. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. francesa. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. y golpean. de parpadear. Se lan­ zan uno contra otro . de­ ja rá de respirar. de piquetes y de quem adu­ ras*. resistirá las cosquillas. 150-151. Gixxtó. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. esos juegos de ascetism o. Sus plum as se erizan. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. Entonces. en cuanto a los ejem plos anteriores. sino d em o strar su propia superioridad. en form a de azotes. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. P o r ello. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. con el pico al fíente.

que no tard a en en co n trar sus form as perfectas.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. crucigram as. Alca. la lotería. el cara o cruz. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. M ejor dicho.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. donde. el entre­ nam iento. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. la ruleta. alpinism o. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos.). sino que . lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. la paciencia. la regularidad. Es desgracia total o favor absolu­ to. Aquí. en oposición exacta al agon. elimi­ na el valor profesional. Lo tom o aquí para designar. A la inversa de! agón. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. la habilidad. En un instante aniquila los resultados acum ulados. problem as de ajedrez. sin enfrentarse directam ente. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. p o r consiguiente. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. el alca niega el trabajo. etc. el bacará. etc. Con ello se ap artan un poco del agón. la calificación.

el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . Parece una insolente y soberana burla al m érito.V p o r consiguiente. sa del jugador. con el m ás ligero indicio. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. con todo. P o r p arte del jugador. el alea una renuncia dc la volun· tad. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. en un juego com o el póquer. ab o lir las superioridades na* 49 . cuanto m enor sea la defen­ . con cada singularidad que capta.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. salvo consigo mismo. En un juego como el bridge. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. en el alea. En general. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. muy por el contrario. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. dc disciplina y dc fatigas. En éste. cuenta con todo.

corredoics.sa recompensa. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. Groos. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. los ani* Por ejemplo. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. boxeadores. Incluso es lo contrario. de acuerdo con las peripecias del agon. F. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. nada tiene que ver con el favor de la suerte. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos. otorgada a) mérito. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. principalm ente. K. Por considerables que se supongan. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. Recompensan una victoria disputada con pasión.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. En cam bio. 50 . es decir. en las peleas de gallos. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro.

arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. precisam ente. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. ju g a r es actuar. todo en clin es confuso en un principio. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. É stos no logran hacerle estrem ecerse. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. P or o tra parte. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. Para ¿1.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. tanto las oportunidades com o los m éritos. Sea tigon. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . Sin em bargo. pues nada en la vida es claro sirio que. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. sea alea. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto.

disfra/a. cuando menos de un universo cerrado. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. casi orgánica. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). M im icry. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. Que es a lo que responde la m i­ micry. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. en la o tra escala. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. sobre todo de los insectos. convencional y. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. del im pulso que las suscita. pero no es me· 52 .im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. en ciertos aspectos.l juego puede consistir. fic­ ticio. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. De uno u o tro modo. F. F. El sujeto olvida.

1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". En efec­ to. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 . Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. Así. a rb itra ria e im perfecta. versátil. 193Ä. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. Por desgracia. en vez de ser un accesorio fabricado. a una conducta libre del hom bre. corresponde en el anim al y. en esta ocasión.nos elaborado. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. com plejo y sorprendente. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. en disim ularse. París. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . una m odificación orgánica.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. de m anera m ás p articu lar en el insecto. Mythe ct VHomme. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. Wl143. pp. que sobre todo acaba en una obra exterior. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. Por poco que se adm ita esa hipótesis. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. Sólo que. en ponerse una m áscara. en representar [jouer] a un personaje.

esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. se­ m ejante al contagio del bostezo. sin reconocerla. Reproduz­ co algunos . H udson creyó p oder afirm ar que. casi irresistible. del perro o del caballo que ve alejarse.de ellos en el "Expediente". de la carrera. En cu an to a los cangrejos oxirincos. Entre las aves. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. sino como lo propongo aquí. y en cam bio. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. ni final de este volumen (p. lo más caprichosa. Sin ruibarbo. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. de la claudicación. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él.E ntre los vertebrados. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro. esporádicam ente. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. 291K 54 . un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. según los casos. F.n efecto. y huye de todo objeto que se acerca". en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. sigue el paso del hom bre. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer.

Finalm ente. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. el niño finge ser soldado. En el niño. vaquero.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. com o se tra ta de un jue­ go. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos.4 etc. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. La niña juega a la m am á. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. pirata. m osquetero. m arciano. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. enm ascarados o disfrazados. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. los ap aratos. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. 55 . el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. a la cocinera. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. Pero. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. realistas y <*orné*tlcas. En el carnaval. a la lavandera y a la planchadora. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. agente de policía.

ni tam poco un verdadero piel roja. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. se excluye el sim u­ lacro. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. el espectador en el héroe de la película. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. sino claram ente los asistentes. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. Como actividad. Por sí sola. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. Para quienes no participan en él. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . Sólo que es un espectáculo en que. pero ellos no juegan. todo agon es un espectáculo.ro torero. para que sea válido. imaginación c interpretación. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea.

Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. el p artido de fútbol. triunfa' dores del agon. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. p ara ayudarlos. es­ e 57 . En cam bio. En una palara. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. en el hipódrom o. Con excepción de una sola. Los cam peones. constituyen en sí espectáculos con trajes. el de los caballos de su elección. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. pero aparecen con las características exteriores de una representación. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. convención. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. suspensión de la realidad. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. adem ás del espectáculo. de tenis o de polo. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. la carrera ciclista. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. En esas condicio­ nes. el encuentro de boxeo o de lucha.m anera m ás explícita. A dccir verdad. inauguración solem ne.

se trata de alcanzar una especie de espasm o. pues los prim eros. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. para el espectador. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . la m áscara.pació y licm po delim itados. F. m ediante la técnica em pleada. el artificio al que se le invita a d a r crédito. se vinculan a ciertos juegos infantiles. Ilinx. consiste en fascinar al espectador. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. La m i­ m icry es invención incesante. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. La regla del juego es única: para el actor. En cualquier caso. Ko obstante.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. como a una reali­ dad más real que la realidad. Los escojo a propósito. du­ rante un tiem po determ inado.

"Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". julio dc 1937. p. Depont y X. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. Ethnos. pp. Ar^el. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. m uertos divinizados. al que acom pañan aves. y en Guy Slrcsscr-Pean. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. Les Confréries rclizicusts musulmanes. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. 59 . trece según Torquem ada. pp. 4. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. 298." Por lo demás. describiendo una espiral que va ensanchándose. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. En el “Expediente'·. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados.de vértigo. num. 329-339. G irando '· O. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. dan varias vueltas com­ pletas. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. 1947. Coppolani. 188?. La cerem o­ nia. vol. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. 156*159. II. 327334. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. Antes de llegar al suelo. Luego. pp. Paris. 179-192.0 En México.

si se eleva lo bastante. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. De una m anera análoga. el sube y baja. el tiovivo.rápidam ente sobre sí m ism o. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. resbalar por el tobogán. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. precipitarse p o r una pen­ diente. G ritar a voz en cuello. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. el deslizam ien­ to. la caída o la proyección en el espacio. de­ prendas y del salto de rana. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. la rotación rápida. en el juego haitiano del ntaiz de oro. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. En· 60 . Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. frente a frente. extendiendo los brazos. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. Paralelam ente. la velocidad. dos niños se tom an de las m anos. E ntre los niños. procuran sensa­ ciones análogas. existe uu vértigo de orden m oral. los pies ju n to s y encontrados.

1 Las ratas dc TKarl Groo*. 2Q . de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). op. ya orgánico. Los antílopes. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla.1 tre los adultos. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. ni tam poco al m enor asomo de peligro. en p articu lar de las ove­ jas. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. Antes que nada. las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. nom bre griego del rem olino de agua. R 61 . propongo el tér­ m ino ilinx. Por lo dem ás. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. O tras veces. citv p. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. por ejem plo. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. hasta caer. ya físico.

Pero las aves. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. Según Karl Groos. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. la resbaladilla. como •Kart Groos. suben a los nevados y.. 116. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. El caso de las gam uzas es aún más notable. descrito por Audubon. m ientras que las dem ás la ven hacer. 62 . la curva con su peso hasta que se afloja. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. pp. dando la im presión de que se estrellarán contra él. sobre todo. el maíz de o ro . ihùf. son am antes de los juegos de vértigo. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. y de nuevo se dejan caer.1 1 Después de la perinola. tom ando cada cual im pulso. 111. En la época de celo. trepidantes ν convulsas. allí. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. 265266. E l gibón escoge una ram a flexible. El halcón nocturno de América. el tiovivo y el colum pio de là infancia.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. proyectándolo p o r los aires. Luego vuelven a subir.

se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. del que esperan un goce.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . F uer/a es decir goce. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. Acaban de d a r alaridos de terro r. Evidentem ente. ha habido que inventar m áquinas potentes. Sin em bargo. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. que se acerca más al espasm o que a la diversión. en m otocicleta o en un au to convertible. P or tanto. es im portante observar que la vio* 63 . Por o tra parte. Devuelven a las personas dem acradas. A decir verdad. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. de los que depende el senti­ do del equilibrio.

b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. En cam bio.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. forman p arte de su naturaleza. separación del resto de la realidad. Aquí. lím ites estrictos e invaria­ bles. A p artir de esc m om ento. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. en casos extrem os. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. Son ellas las que lo trans­ 64 . Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego.

p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. En efec­ to. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. cier­ to peligro de confusión. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. Además. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. en tre otros. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. Kredati designa el juego de los adultos. de los niflos y de los anim ales. a la que yo llamo paidia. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. es de­ cir. 3 la que propongo llam ar ludus. una necesidad de relajam iento. y en general de dis­ tracción y fantasía.

interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. una recrea­ ción espontánea y relajada. La palabra wan es todavía más explícita. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. el lactante que ríe a su sonaja. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. de probar. dc hacer trizas una tela. es decir. En cam bio. m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir.do con cl viento. los juegos de habili­ dad. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. de hacer que se derrum be un m onta­ je . si no es que la única razón de ser. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. el perro que se sacude. De la voltereta al garabato. de atrav esar una lila. dc com petencia. de sim ulacro y de azar. naturalm ente exce­ siva. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. dc asir. de colores o dc ruidos. de la pelotera a la batahola. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. 66 . de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. etc.

&■ $ $9. J. Para el niño.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. o juega a quién m irará el sol. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. 299). convenida. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. ora una angustia psíquica. cuya causa es el. * Observación citada pur Kart Groos. cerrando los ojos. cit. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. haciendo muecas.e gusta ju g a r con su propio dolor. pero solicitada p o r él. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. sacando la lengua. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. 67 . con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso.. Asi. T. com o ya hem os visto. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. De ese modo» K. Tam bién le gusta que lo asusten. op. hacia atrás. y dirigido. pero lim itado. ν reproducida en el "Expediente" <p. de sentirse causa. pp. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. separa­ da y gobernada. se tra ta de afirm arse. busco ora un dolor físico. p o r ejem plo. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. que hace cesar a su antojo. Rom anes.

la m uñeca. de la m im icry y del ilinx. los uten­ silios. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. en la adquisición de una m aestría particular. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. la resbaladllla. a la cual disciplina y enrique­ ce. del alea. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. El ludus da ocasión a un entrenam iento. la perinola. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. escondidillas. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. las técnicas. a voluntad. a la postre. La diferencia con el agon es que en el ludus. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. E sta esfera. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. el com eta. la gallina ciega. definida arb itrariam en te. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo.En general. que es propiam ente el ludus. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. Pero en cuanto aparecen las convenciones. de tal modo.

Gracias a él. dentro de la m isina especie.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. Víase Y.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. 69 . En fin. En el aspecto de la habilidad m anual. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. “■Kant había hecho ya esa observación. del diábolo y del yoyo. Les i'eta d'enfants. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. por ejem plo. trad. los anagram as. Paris. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo. sin instrum entos. Asimismo. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. las diversiones m atem áticas. francesa. 63. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. P. los crucigram as. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. Hirn. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. se pueden cita r los juegos del balero. 1026.

así fuese en m ínim a parte. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. En el caso más simple.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente.1 1 Asimismo. Lo cual no im pide que. en que el jug ad o r puede. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. véase el •'Expediente** (p. 300). bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. ya como ludus. Sin em bargo. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. en esos dos ejem plos. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. sea el azar el que decida en lo esencial. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. 70 . y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. Por lo dem ás. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. en m ínim a proporción.

trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. Por m edio de esa feliz com plicidad. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. que es tum ulto y exuberancia. de avión o de barco. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. Pero. que es arreb ato puro. p ro ­ cura. ofreciendo la conjunción esencial. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. y el alea. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. estrem ecim iento inmóvil y mudo. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. Reducido a sí mismo. En cam bio. así com o no podría haber alianza entre la paidia. hasta 7! . que es cálcu­ lo v com binación. o de los modelos a escalo. com o en el alpinism o y el trapecio.gos de ilusión. Lejos de com binarse con el ilinx. Es entonces escuela del dom inio d e sí. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. y el ilinx.

ese ilaccr sin eco. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. En efecto. etc. a mi m odo de ver. A decir verdad. El yoyo. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. dotado o no de prem io. De esc modo. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. llegado el caso. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. m ediante un juego disputado. el balero. Em pero. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. Pero siendo m ás cs72 . en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. que los diarios. acertijos. t Por lo dem ás. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. hay una característica del ludas (explicable. crucigram as.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. no pierden opor­ tunidad de organizar.

Cuando le falta éste. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. En realidad. E stá com probado que. En efecto. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. activi­ dad secundaria.table. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. g ratu ita. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. el hobby lomaba 73 . toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. el anagram a. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. para hacerlo. lo baña una atm ós­ fera de concurso. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. cons­ tituido de nuevo en artesano. en el obrero. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. a rte por placer. en una palabra.

el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. disciplinando u la paidia. la aplicación.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. Por esc m otivo. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. el pánico o la embriaguez. es positivo y ί ο cundo. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. sin el dom inio de sí. la fatiga. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. De una m anera general. el alca. 74 . inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. la m i­ m icry o el ilinx pero. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te.

para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. La reserva de agitación libre que la define en un principio. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. no hacia la proeza. Ja pacien­ cia y el sueño vano. sino hacia la calm a. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. Pero debe com binarse con 75 . literalm ente " a r­ diente-desorden". ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. Según algunos. orienta naturalm ente la turbulencia. En esas con­ diciones. el cálculo y di­ ficultad vencida. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Tal vez a causa de ese origen. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. saca a la luz o lro destino de la paidia. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. al m ism o tiem po. En efecto. al p arecer deriva en esc caso.Por lo demás.

desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. al alea. D ar preferencia al agon. sin duda im plícita. Asimismo.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. .

c .S g5 1 ¡^e JO y S-c ü o l§ | 3 | Í 3 £ *M 1 · -S n i· | l a P · . E 1 2 5 H S1 „ ñ § r S| s 3 a gΛ 2 rs ¿s 2 U "Y~ * g.s s | i ñ i. — c 5 íl!8 •r.?! e. •J a -1 —^ elemento i * -S^s 2.*. i t i «111 iiv e u orden tal que el elemento paidia decrezca constantemente a n u U idíiS crece d manera tam bién contante e e tumo que el n . Distribución 1 5 3 3 si ? S <1 s ° ^2 £3 ¿1 Ü J g| i ! % *. L > t% η V / ii Î^ d los juegos e sw i Ι |5 λ ··§2 3 § i|f s | Cuadro I.Λ >íl : sil U i i s> ~ c •c •* « ■ .

en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. Los propietarios de los 80 . ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. trom po. obtenien­ do gloria. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. cuan­ do menos virtuales. estableciendo m arcas precarias de duración. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. diábolo. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. dc altu ra. de cualquier realización difícil dc igualar. en una palabra. incluso.III. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. aunque sea a sus propios ojos. sobrepujando en la dificultad. Cierto es que existen algunos juegos. com eta. sobre lodo juegos de destreza. balero o aro . De m a­ nera general. de precisión. yoyo. Tal vez lo sea. dc rapidez. realizando proezas sin preceden­ tes. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. tal vez invisi­ bles o ausentes.

la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. con el estilete en toda la m ano. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. en ello consiste lo esencial de su placer. Acaba por p recisar un reglam ento. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. Luego. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. luego sujeto entre los dientes. Con frecuencia. Así. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . E stá horadado con m últiples perforaciones. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. adoptado de común acuerdo. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. En O riente. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio.

fases del desta­ cado de la presa. etcétera. En ocasiones. Cuenta un viaje. alguna cacería o un cóm bale. A cada nuevo hoyo. enum era las diferente«. operación que es monopolio dc tas m ujeres.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. el jugador mima una aventura o analiza una acción. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero.m ar ventaja. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/.

los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado.Los pedazos a los perros Los perros com en. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. Antes de volver a la lucha. Por lo general. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. En ese estadio. . aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. en p rin ­ cipio. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. los cuervos. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. Incluso cuando. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. provocación y conta83 . Y no sólo los perros. . En efecto. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. como desafio y replica. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. sino tam bién los zorros.

pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. Una partid a no soporta sino 84 . Sin em ­ bargo. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. el alea. el ilinx su­ ponen. Pero no. la m im icry. En fin. pre­ fieren estar allí. Asimismo. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. las diferentes categorías dc juegos. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. efervescencia o tensión com partido. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. P or o tra parte. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. incluso en el cine. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. Así. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley.tfio. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. en algún salón discreto. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. no la soledad sino la com pañía. si no es que en el barullo. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. el agon (por definición).

a ve­ ces clandestino. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que.un grupo lim itado de com pañeros. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. Sin em bargo. En determ inadas circunstancias. Entonces. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. para el alea. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. privado y m arginal. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. asociados o no. los campos de carreras. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. Para el agón. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. esa form a socializada es en esencia el deporte. En una palabra. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. p o r su am plitud y su estabilidad. son los casinos.

desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. el carnaval y el baile de disfraces. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. para la m im icry. finalm ente. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. las artes del espectáculo. orientada ya hacia el vertipp.ciedadcs dc apuestas. 86 Ψ . de francachela y de júbilo populares. de una m anera m ás equivo­ ca. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. para el ilinx.

?. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . libre. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. 87 . Desde ese m om ento. 6o. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. sep arad a. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . Por necesidad. Cierta­ mente. 41 im p ro d u ctiv a. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. pista. Puram ente form ales. 5= reg lam en tad a. estadio o escenario) que les está reserva­ do.IV. liza. é s te ap areció com o una actividad: 1?. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. ficticia. 2». incierta. 3?. . los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas.

Pero. en la m im icry. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). finalm ente. en el ilinx. En el agon. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. la búsqueda del vértigo (ilinx). ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. Tiránica y aprem iante. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. en cl juego.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. ideal. im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. se esfuerza y se em peña. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. en el alta. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. dc escapar . el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo.Además. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego .

el tram poso perm anece en el universo del juego. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. Es deshonesto. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. en obsesión y en causa de angustia.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. Si bien infringe las reglas. lo que era diversión en pasión. P o r su parte. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. T ra­ ta de engañar. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. lo que era evasión en obligación. pero hipócrita. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. El caso no es excepcional en absoluto. El principio del juego se ha corrom pido. no hay perversión del ju e ­ go. En el fondo.

o la »úm icry. una activi­ dad constante y absorbente. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas.obedezcan. el ago»». concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . para el profesional del ciclismo. ac­ túa. la. llena de obstáculos y de problem as. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. debe defender sus intereses. Tam bién p ara el actor. el público se precipita a la salida.prueba. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. los ciclistas o los actores profesionales. es devuelto a la realidad. Si lo descubren. En cuanto se 'term i­ nan. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. la representación tea­ tral es un sim ulacro. so viste. recita. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. Asimismo. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. del tenis o del fútbol. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. lo echan. Hace gestos. Asimismo. La diferencia sólo los afecta a ellos. del boxeo. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. Pero. Para los boxeadores. necesarios para su subsistencia. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. Son su propio traba­ jo .

H ipócritas. En la sociedad encuentra su brutalidad original. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. Ahora bien. luego que suena la cam pa­ na. la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. Como el com ediante fuera dc escena. la m ás difundida dc todas. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego. vuelve asi a la situación de partida. com o las del ju e­ go. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . son lím ites y convenciones. sociales o legales que. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. P or lo demás.m ejor porvenir. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. en cuanto abandona el estadio. Fuera de la arena. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. em pieza la verdadera perversión del agon. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. Por eso. en el caso particular. el velódromo o el cuadrilátero. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. incesantes c im­ placables. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. estas im pregnan toda su vida.

Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. Por lo dem ás. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . que conoce en sueños. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. la decisión del árb itro se aprueba por principio. para a p a rta r las influencias nefastas. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. En fin. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. Con la superstición nacc la corrupción del alea. sin corazón ni m em oria. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. En cuanto a los juegos de azar. En efecto. es decir.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. Aun siendo in ju sta. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte.

prácticam ente todos. Pero al fin y al cabo las lee. para Ja m ultitud de sus lectores. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. Más todavía.form a. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. Sin em bargo. 93 . aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. es decir. 310). la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. Las m ás de las veces. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. Al salir de la cam a.1 Es significativo que. fuerza es confesar que los supera. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. Insiste en leerlas. É ste afecta tam bién las gestiones. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso.

fecha de aparición dc la primera edición. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. Con frecuencia. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. Al parecer. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. En París. veinte revistas espe­ cializadas. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. magos y o íro s "fakires". Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. Tan sólo p ara la astrología. .

gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. el atea. es dccir. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. La superstición aparece así como la perversión. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. Por todos conceptos. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. La corrup* 95 . Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. sólo se traía de lám inas com unes. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. Antes que obstinarse en una labor ingrata. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. En cuanto a la avidez. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. Y aun así.

quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. cuando. Una vez m ás. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. Asimismo. Convencido de que es el otro. 96 . La precisión de los lim ites im pide la enajenación. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. Una vez abandonado el espacio mágico. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad. aquí el juego protege del peli­ gro. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. term inada la fantasm agoría. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. del disfraz y de la m áscara. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. lentam ente.

E s sorprendente que. Pero aun asi 97 i . el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. En cam bio. los espías y los fugitivos. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. allí donde las reglas del juego. sin conven­ ciones previas c im periosas. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. en cuanto al agon. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. El azar tam poco es contrario a la realidad. En los terrenos de ferias. Además. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. ya no tie­ nen vigencia. a la vez liberadoras y aislantes. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. como se ve con los estafadores. El sim ulacro desem peña un papel en ella. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. al alea o a la m im icry. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar.

antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana.llegan a producirse. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. Además. Su acción se limita a su propia duración. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. de velocidad. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. perm anecen in­ dependientes del m undo real. pertenecen ya id universo del juego. Por últim o. Costosas. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. com plejas y estorbosas. Entonces se pide a las drogas o al 98 . P o r su atm ósfera. El vértigo físico. interm itentes. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan.

la for- 99 . Ahora bien. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. una ansiedad insoportable. con cierta necesidad perm anente. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. li­ b erar del peso del recuerdo. cuando menos la m anía girato ria de los girinos.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. Aunque como el vértigo físico. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. Pero. esta vez. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. Sue­ len crear. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. IJna vez más. una horm iga de las m ás com unes. Así. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. no p o r ello su influencia term ina con el acceso.

sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. pasa a o tra. La desgracia * Henri Piéron. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. O tra especie de horm iga. 100 . 1911.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. El horm iguero decae y des­ aparece. Cuando ha agotado una oruga. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. pp. t. Sciemia. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. que no lo tolera. 199*203. m ata a la lochem usa. Mal aten ­ didas. I. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". la iridom yrm ex sanguineus de Queensland. en libertad. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. No obstante. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. IX . I-a form ica fusca que. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él.m ica sanguínea.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

vado a concluir el lector de H irn. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. con ayuda de la imaginación. caprichoso < n c! detalle. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. hace de ella un resumen gráfico.1 Sin em bargo. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas. do Carrington Bolton y de tantos otros. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. del respeto a la regla. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. goza del favor público. De improviso. 1946. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego." Jean Giraudoux. de Groos. pp. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. del desape1F. Scgdn é). El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. Son trib u tarias del espíritu de investigación. de lady Gomme. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". 112*113. El juego es libertad e invención. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. siendo jxer* C seguido por su competidor. Sort* Ponx'üiri. 107 . pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. y el deoorte. Así. en 1938 Hui/. los hombres habrían "imi.

las de la puesta en escena y de la liturgia. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. a establecer una equidad. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens. las reglas del derecho. sea para articu larlas una a o tra. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. "¿H abrá salido todo del juego?". Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. sea para decidir en tre ellas. Estim ula el ingenio. habiendo perdido su seriedad. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro.go que crea y que m antiene. El espíritu de juego es 108 . Apren­ de a co n stru ir un orden. P o r el ca­ m ino del juego. del contrapunto y de la perspectiva. En un caso. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. Al mismo tiem po. las <Ie la prosodia. el determ inism o. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. el refinam iento y la invención. En ciertos aspectos. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. Sin em bargo. En el otro. a concebir una eco­ nomía. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. las de la táctica mi­ litar. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos.

pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. en el transcurso de la historia. En ella ya sólo se les tolera. aislándo­ lo. juegos y juguetes son residuos de ella. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. tal como la define precisam ente Iluizinga.esencial p ara la cultura. ciertam ente no eran juegos en absoluto. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. pero no su naturaleza. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . Su función social ha cam biado. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. privados de sentido en aquella en que se les introduce. E s tiem po d e d a r ejem plos. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. Entonces. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. pero. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. laicas o sa­ gradas.

Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i.correspondían. Por encima del jugador. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. En el juego del pillapilla. Osiris. El difunto se juega la suerte en 110 . p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. En el Egipto dc los faraones. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. que preside. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. En Nueva Guinea. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. En Corea. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. fi­ nalm ente. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. a m anera de telégrafo rudi­ m entario.

En la India védica. p atrón de los rebaños. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. Dedicados a una divinidad. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. En prim avera.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. A decir verdad. de la destreza o de la gracia. En Ingla· 111 . se mece solem nem ente a K am a. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. dios del am or. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. y a K rishna. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. De m anera general. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. la liturgia de una cerem onia piadosa.

subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. P o r lo cual. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. de diversos tabúes. Jefiny Jones u O ld Rogers. una vez m As.terra. Lo m ism o. que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. Le Pont du Nord. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. Por ejem plo. una p u ra y simple ilusión de óptica. para acab ar pron­ to. La T our prends garde. . (La to rre en g u ard ia). parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. Por su parte. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. en Francia. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. en la G ran B retaña. Sabem os que an tañ o al­ deas. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. Λ fin de cuentas. (Los caballeros al acecho). No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto.

En cam bio. con rifles de aire com prim ido.E s muy cierto que cl arco. a la confirm ación. en los países católicos. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. con hondas y con cerbatanas im provisados. Tam bién juegan con tanques. Las kachinas son sem idivinidades. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. al m a­ trim onio y al entierro. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. los niños juegan com únm ente a la misa. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. Sus padres los dejan ha­ cer. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. En el Africa negra. los niños fabrican de 113 . Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. Del mismo modo. con subm arinos y con aviones en m iniatura. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor.

fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. antes bien. en vaquero.m anera análoga m áscaras y rombos. en m arino. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. en jockey. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. ¿Cómo 114 . Asi. sím bolos y rituales de la vida religiosa. Les gusta com portarse como adultos. perm iten al niño transform arse en oficial. en cobrador de autobús. presencia sim ultánea de dos registros distintos. por poco im presionante o solem ne que sea. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. en aviador. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. En una palabra. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. en agente de policía. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. ser una madre. en todas las latitudes. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino.

como en una carrera autom ovi­ lística. la rufeta es un juego. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. el torneo es un juego. en ella m ueren pocos o muchos. 115 . en un caso. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. pero no la guerra. Antes que nada. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. en el otro . se presenta como una actividad paralela o independiente.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. Cierto es que se puede m orir en un torneo. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. Según la5 épocas. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. cuando ella m ism a es caduca. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. pues el torneo está más reglam en­ tado. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. pero sólo por accidente. Asimismo. Además. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. pero no la especulación. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que.

los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. todos las distinguen al punió d e éstas. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. variados y en ocasiones peligrosos. Pues bien. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional.Asi. pues se les siente como tales. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. En efec­ to. el juego perm anece separado. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. Sin em bargo. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. de m anera constante y dondequiera. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. de un ins- . no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. y sobre todo en los juegos infantiles.

las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. el problem a de sab er quién precedió a quién. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. son operaciones com plem entarias. e igualm ente fecundas. Con frecuencia. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. las costum bres y las litur­ gias o. A fin de cuentas.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. se ejercen en terrenos incompatibles. Explicar los juegos a p artir de las leyes. aprem iantes e irrem plaçables. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. explicar 5a ju rispruden­ cia. En todo caso. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . se presenta com o muy vano. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. com o de caram bola. prom ovidas. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. cuando no pretenden ser exclusivas. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. el juego o la estru ctu ra seria. la liturgia. constituidas en estru c­ turas im periosas. en una palabra. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. por el contrario. No obstante. En cam bio. las reglas de la estrategia.

En o tras palabras. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. la suerte o la superiori­ 118 . da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. con el tiem po. lo que era institución sin duda puede verse degradado. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. Cierto es que. Los resortes coinciden. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Desde ese punto de vista. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona.una cultura. gracias a un con­ curso o a un examen. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. Poco a poco.

su acción nun­ ca es aislada ni soberana. El gusto por el desafio. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. Para bien o para mal. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . posee una fecundidad natural. Sin em bargo. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. por el contrario. El intento de elucidar un misterio o un enigma. la búsqueda de los favores del des­ tino. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. Bl de tener o infundir miedo. de equi­ librio y ilc ingenio. de destreza. 119 . La espera. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. la alegría do improvisar. de rapidez. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. dtí resistencia. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio.

en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. se estim a la violencia o la di­ plomacia. cl embotamiento y la embriague/. Además. Allí donde se favorece a algunos. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. Pero en ellos no son dc igual necesidad. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. se obedece al legisla o se escucha al furioso. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante.. se ex­ cluyen el uno al otro. se confia en el cálculo o en la inspiración. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. Según los casos. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. Así. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Asi. Estos. En gran p arte. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. no tienen relación con 120 .Finalmente. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores.

ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. los ridiculizan y representan de esc modo. precisam ente. Sobre todo. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. por el contrario. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. cuáles los con­ tradicen. De todos modos. pero que no deja de seducir al adulto 121 . es claro que. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. y tal vez indispen­ sable. en cam bio. En efec­ to. com pensacio­ nes o válvulas de escape. Para to m ar un ejem­ plo. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. en la m edida en que. en la Grecia clásica. en la sociedad considerada. en algunos E stados m odernos. en principio. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. cuáles los confirm an y los fortalecen y.

su posibilidad de éxito. explican. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. he debido com probar que. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. Con frecuencia le inte­ resa más. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. no sólo em prendo una sociología de los juegos. Λ1 m ism o tiem po. . se­ gún creo. palabras.con o tras form as. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. Asi. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. al abrigo de loda consecuencia fatal. de inteligencia o de aten­ ción. de destreza. En otras. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. Esa libertad. el estilo y Jos valores de cada sociedad. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos.

— SEGUNDA PARTE .

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LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. Suerte-vértigo (alea-ilinx) . To­ m ándolas sólo de dos en dos. Competencia-simulacro (agon-mimicry) . las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis.VI. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . es al m ism o tiem po un . Sin em bargo. suerte. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Una a una. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. una carrera de caballos. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . agón típico para los jockeys. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. sim ulacro.

no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. sim ­ plem ente viables. Sin em bargo. Por eso. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. . no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. por lo dem ás. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. sino simplemente coin­ cidencia que. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. En ciertos casos. No hay alianza. mediante las cuales la com petencia es base del alea. No corres­ ponden a afinidades im periosas. dos más. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. luego dc un exam en. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. Algunas o tras com binaciones. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. siguen siendo puram ente accidentales.

toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza.n el m om ento en que lo solicita. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. Cos. ah o ra es destruido 127 .i . ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. De ello no su b ­ siste nada. sin desnaturalizarla al punto. a la fuerza y »I cálcu­ lo. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. etc. se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. De otro modo. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. el dom inio de sí. Por lo dem ás. la recia y el vértigo son in­ com patibles. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . el respeto a Ja regla. En efecto. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. F.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. el deseo de m edirse con arm as iguales. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. Decididamente.

Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. Pa­ raliza al jugador. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. dc posesión o d c hipno­ sis. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. que d estruía al afton. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. en los juegos de azar. lo fascina. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. no hacc al alca im posible en absoluto. lo enloquece. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. En efecto. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. 2. es dc sobra conocido que.

Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. Se siente en uno represen· tación. es decir. por el otro. A ese respecto. esforzándose al máximo por obtener la victoria. m edidas minucio129 . 3. p o r un lado con perfecta corrección y. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable.. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. al menos. En fin. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. Una vez m ás. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. Reglas de una precisión adm irable. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o.pectáculo. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta.

Dicho lo cual. p ero com o una imagen ficticia. con todo salvo consigo. el dom inó.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. en el otro. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. Y no podría ser de o tro modo. reparada y lim itada. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. En el o tro polo. Sin regla. En ese universo. en uno. ideal. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. Hace un mi> 130 . Pero. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. a la des­ treza o «ti saber del jugador. ordenada. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. puesto que esas son las características inm utables del juego. el fútbol y la lotería.

con el vértigo hay desconcierto y pánico. apa­ rece como lo contrario del juego. Fingir que se es o tro enajena y transporta. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . dc suyo. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia.m entó. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. m ientras que renunciaba a ella en el alca. Ahora. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. Mas p o r el hecho dc que. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. Provoca tales accesos. en cam bio. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. Dc suerte que. la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. en sus form as más claras. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. En o tras palabras.

protegidas de an ­ tem ano. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. enteram ente orienta­ dos.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas.οη y del alea y que están. p o r su parle. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. y p o r un cam ino im previsto. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o. Sin em bargo.im aginable. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. Al final. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro.

Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. ya estético. El agón. En cam bio. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . En efecto. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. d a r prueba de su excelencia. En la prim era coalición. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. no o tra que el teatro. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. De ellas surgen instituciones estables. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla.y de la suerte. Quiere triunfar. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. prestigiosas. la que rige el m undo de la regla. frecuentes y casi inevita­ bles. que in­ terrum pen o devastan. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo.n cam bio. Nada más fértil que esa am bición. y efectivam ente crean. F.

con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. La regla es que se abstenga de actuar. una equi­ dad absoluta entre los com petidores. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. m ientras que la magia y la superstición. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). la o tra . La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. Cierto. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. Eligiendo a ujmj. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. Pero una es lucha de.de dados. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. con su destreza o con su inteligencia). En esas condiciones. Asf. 134 . la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten.

dc astucia. Mas lo cierto es lo contrario. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. expresión y m anifestación de una cultura. sino tam bién renuncia dc la conciencia. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. hay renuncia. sem ejante en ese aspecto al alea. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. En cam bio. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. Se la expone hasta que su­ cum be. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. y lo aniquilan 135 . Para lo­ grarlo. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. De esos juegos negativos. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. en el ilitix. No se la educa. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. sólo necesita abandonarse. dc cálculo.

desigualm ente feliz y rápido. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. cuya seducción se debe neutralizar. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. el agón. una especie de atracción horrible y funesta. A esc esfuerzo se le llam a progreso. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. inhum ana y sin remedio. dentro de las dos grandes coaliciones. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. tam bién existe un esfuerzo incesante. la su erte y el m érito ). en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. 136 .Así. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. es dccir. Las dem ás pronto son devastadoras. p o r la o tra. en la conjura de la m áscara y del vértigo.

del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. Los im perios y las instituciones desaparecen. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. como las especies vegetales. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. decididam ente occidental. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación. pero los juegos persisten.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. Pues. Son in­ num erables y cam biantes. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. pero. Es ése un p ri­ m er m isterio. Y es. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. antes que nada. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . infinitam ente m ás aclim atables. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. y la cometa quc\ al parecer.

hasta el Cielo. HI juego pasó al Occidente medieval. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. Revelan las pre­ ferencias. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. el diseño se alarga y se sim pli­ fica. de los artefactos y de las proezas. Con el cristianism o. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. el alm a— hacia la salida. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. de em pujar el guija­ rro. 138 . Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. el Paraíso.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. la Corona o la Gloria. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. En la India. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. En la antigüedad. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. de las reglas.

En efecto. si los juegos son factores e imágenes de cultura. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. los modos de razonar más com unes y. los gustos. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. y en el seno de una civilización una época. Sin em bargo. al m ism o tiempo. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. En efecto.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos.

el de Atenas en las aponías de los sofistas. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. d a r una explicación contundente al respecto. en cierto modo. provocan reflejos. para el dem onio que im aginó Maxwell. pero puede. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. a posteriori. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. en todo m om ento. triquiñuela. un juego en que cada cual. es decir. en los mism os países. . tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. en que todo es ardid e incluso. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. Luego. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. Para una inteligencia infinita.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. como provocadoras o como desleales. Los juegos crean hábitos. Para considerar un ejem plo.

sin que se enteren sus adversarios. En cuanto a las com binaciones de cartas. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. de muecas. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. Una serie de mohines. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. En cuanto a las cartas. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. dispone de los juegos de fisionomía. El buen jugador. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. sin pronunciarlos efectivam ente. m itad en brom a m itad en serio. rápido y discreto. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. En lo cual. una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. p o r lo demás adm itida y bien recibida. Esos signos. reglam entada y obli­ gatorio. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. que se deriva del poker y de la malilla. una tendencia al engaño. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido.pero triquiñuela codificada. En ese juego. si no a los asun­ tos públicos. 141 . que form an p a rte de la legislación del juego. una vez más. pero en espera del desquite. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo.

Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. Sin duda alguna. naturalm ente m ágicas y graciosas. la caligrafía y la p in tu ra. Por lo dem ás. En fin. in icl. La agresividad se ve m en­ guada.Con la música. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. 165 174. . fr a n c e s a . proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. jeux à'enfants. P arfe. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. si no es que al sacrilegio. pp. Sin em bargo. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. Con­ viene retocar severam ente. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. hay en ello un rasgo de civilización. co 1926. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. En co n traste con las m arionetas de hilos. aquellos que parecen m ás evidentes. a p artir d e o tro s ele­ m entos. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. * X* W lri!.

pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. Así como los juegos son universales. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. la vinculación precisa o difusa. La relación es lejana o estrecha. Desde ese m om ento. la búsqueda de la suerte. pero Inevitable. Con toda seguridad. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones.nicle toda suerte dc crím enes. m ata a la m uerte y al diablo y. pues aqui se 143 . seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. para term inar. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. que aplaude tantas siniestras hazañas. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. No las aprueba en absoluto. El gusto p o r la com petencia.

Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. alea. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. En cam bio. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. de los pueblos. sim ulado res y frenéticos. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. fatalistas. adem ás ya se sabe. el a¡eaf la m im icry y el itínx. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. a riesgos lim itados. si no es que institucional.

Sin em bargo. por ejem plo. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. la teoría. de la técnica y de la industria. la aplicación y el uso de las m atem áticas. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. d e la jurisprudencia o de los archivos. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. al azar. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. Para designar a éstas. en éstos. Todo hace c re e r que cn145 . sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos.a la com petencia. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. a la mímica o al trance. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. el papel de la adm inistración. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia.

por el co n trario . es de­ c ir una especie de a¿ar. donde el agon y el atea.A MASCARA Y El.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. que su­ pone com paración y com petencia. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. el sim ulacro y el vértigo o. los incas. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. con códi­ gos y escalas. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. que tal vez dé origen a todos los demás. m ientras que. esta vez fundam en­ tal. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . y la capacidad. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. en una cuenta im plícita en tre la herencia. como secuela. en este caso. es decir. Por oposición a las anteriores. la cohesión dc la vida colectiva. en aquellas del segundo tipo. el contrato social consiste en un com prom iso. con oficinas. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. b) I. sean am ericanas o afri­ canas. Por mi p arte. 1. que los resum e.0$ cosas ocurren com o si. son sociedades de contabilidad. en las prim eras. es decir la m im icry y el ilinx. que los n u tre y los explica. si se prefiere. el m érito y el nacim iento. con carreras. los asirios. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas.

las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. las im ita. p o r el rum bo. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. inm ediatam ente enajenado. cuya existen­ cia.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. él es la potencia terrible c inhum ana. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. en E spíritus. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. Aparecen en la fiesta. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. cuyo aspecto. se identifica con ellas e. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. interregno de vértigo. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. cuyo m anejo y cuya función 147 . con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. presa del delirio. de efervescencia y de fluidez.

el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. Como lo advierte la Cébala. como tam bién los propios oficiantes. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. En ocasión de la fiesta.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. no es sim ulada. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. pues la regla social consiste en prestarse. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. So pena de m uerte. de esas convulsiones sagradas. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. sin él. la danza. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. Mas. el vértigo sustituye al sim ulacro. p o r su parle. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. Sabe que es inofensivo. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. préstansc a ello. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. im aginan que és­ tos se transform an. se prestan sinceram ente pues. Entonces. Además. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 .

drogas. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. Las M áscaras son el verdadero nexo social. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. m úsica m onótona o estri­ dente. los trances. por consiguiente. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva.su im perio brutal. el desorden constituido en regla. som bría y de poca envergadura. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . paroxism os dc ruido y de agi­ tación. Refuerza una coherencia frágil que. estruendo. suscitarlos. Con ese fin se valen dc mil artificios. hipnosis. clam ores y sacudim ientos conjugados. Si bien la irrupción d e esos espectros. los intérpretes deben llam ar­ los. La fiesta. em briagueces.

Con frecuencia. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. En los detalles. la alucina­ ción. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. en el círculo polar ártico. las creencias sin duda varían al infinito. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. de las leyendas y de las liturgias. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. De él reciben una unción indeleble. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. de m a­ nera más general. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . Los ini­ ciados sufren severas privaciones. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. Sin em bargo. con la conducción del uno p o r el o tro . cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. Por poco que se les vea con detenim iento. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. Que no quepa la m enor duda. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. soportan peno­ sos sufrim ientos.

FCE. I960. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. de lus tcpehtianos. Paris.. Les Paradis artificiels. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. /. por medio del tam bor. de los coras. pp. sea por * Para la descripción del cham anism o. véase I Lexvln. 150-155. Ronhicr. 1928.. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. c incluso p o r hipnosis. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a.1 Sean cuales fueren las diferencias locales.e Peyotl. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. del baño de vapor. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. 1927). fra n ­ cesa. entre los araucanos ν en Indonesia. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade. Por lo dem ás. trad. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. gracias a un hongo alucinante (el agárico).del Pacífico. 1^1 . siemi pre consiste en una crisis violenta. en Mexico y Hi­ tados Unidos. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. del humo del incienso o del cáñam o. Pari». México. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . Designado sea por herencia. Se­ gún los casos. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'.

lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. E ncuentra dioses y dem onios. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído.su tem peram ento o p o r algún prodigio. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". renueva sus viajes. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. M ientras sus despojos yacen inanim ados. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . casi a una orden. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. P o r lo que toca al ilinx. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. es obligatoria en ellas. Cuando hay sesiones. En el m om ento d c la iniciación. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. p o r de­ cirlo así. Al punto. Reserva­ d a para las sesiones. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. E n tre los tungusos. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real.

El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . Pero no le es ex­ clusiva. G. El suelo parece hundirse a sus pies. G rita que ve una gran p arte de la tierra. en el reino de las Tinieblas. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. "E llo lo lleva''. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. B ajo tierra.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. Entonces. el cham án siente náuseas y vértigo. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. P o r lo demás. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice. E ntre los vedas d e Ceilán. observan C. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. y B rcnda Scligmann. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. de su inconciencia y de su furia. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. es casi ne­ cesaria.

Paris. Y . para el ofi­ ciante." 4 yO Todo es representación. N arra. trad. oculta o retenida p o r algún de­ monio. d e J. 1911. 134. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. de W. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. todo es vér­ tigo. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . A. En Siberia. 154 . O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. p. Cam bridge. lo trae consigo triunfalm en­ te. francesa. Además. El cham án parte en pos del alm a de éste. G. The Váidas. 1927. K. Al final. O csterreich. Los relatos de los observado γτλ que T. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. el asistente. 310. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. convulsiones y. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. de C odrington sobre los m clancsins. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. E sta últim a ohm contient. C itadu p o r T. K. en su orden consa­ grado. y ti. trances. p. extraviada. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. W arnek sobre los batakes de S u m atra.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. Seligrnann. dc V . éxtasis. Tam bién. M ariner sobre los tongas. U s Possédés. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o.

extrae ésta. credulidad y sim ulación ap are­ cen. conjugadas ex­ trañam ente. A poco. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. aquí com o en o tras p artes. que el hechicero com parta esa creencia. si no probable. antes de la cu ra. com o re­ sultado de su vuelo mágico. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. que m aldice. para fijar el veneno. a esc respecto. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. un gusano. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. según dicen. Pero lo aceptan. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. un insecto.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. Hay casos en que. Es posible. una plum a. en estado de trance. sin lo cual sus cuerpos serían.cl mal del cuerpo del pacicntc. París. pp. 1877. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. El cham án se acerca y. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. 155 ■ . en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. 2Ö5-2M). la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. En todo caso. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. sacando de pronto un guijarro. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor.

% p. op. cit. u n hom bre del oficio. p a ra comple­ ta r con G. O esterreich. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . The Ce?itral Esquimo. Washing­ ton. 232. IS85. 598 C itado p o r M. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. ftliade. se acercan poco a poco. IM 8). p.. K. * F m m Boas. Halle. 205-206. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada .) 156 .” (Citado y comen­ tado por T. op. ’ Cf. o bien proceder de muy lejos.. jay!. pp. M ircea Eliftde. pp.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación. Tchoubinov. cit. 380.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. op.* En el m ism o orden de ideas. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. a tos sabios cu y a credulidad. 1914. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. cit. es decir. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas.

extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. A. 72. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. e n tre los nebros de Africa.ntnnces. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . Life íií Southern Nigeria. Londres. Amaury TaJbol. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. p. a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto.” 157 . 153). de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. 1928. C o n s u m a F re c u e n c ia . p o r ejem plo. Una vez comido todo. P. Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. 1936. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. Asimismo. S e la • F.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. Vergiat. AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . Al prim ero se le da un poco del contenido.p u n t o . s in d u d a m u y v a r ia b le s . inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. Sobre todo en Nigeria. P o r lo demás. París. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. p. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. los 1res avanzan de frente al público. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. M.

T. conocidos con el nom bre de vudú. ΡΡ·. Cf. K. agita un rem o. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. ondula por tierra com o un reptil. Una vez m ás. en los fenóm enos de posesión. al que visita Dambalá.. O esterreich. I9I9. otro.r encuentra. la pérdida del equilibrio. Londres. dios serpiente. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. 321-323 158 . com o la crisis del cham án. sea cual fuere la violencia del ata­ que.. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. la n d r e s . 1913. este se desarrolla p o r entero. m itad negro. espasm os. pp. el sudor. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos.5·χ540· y The Ban o f the Bori. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. cit. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. op. un m orral y una pipa muy corta. Sin em bargo. tal otro. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. Cambios en el rostro y en la voz. Por lo dem ás. p o r ejem plo. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas.

Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. el público ayuda al sujeto. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. se tom a la cabeza entre las manos. llora si no 1c dan azúcar. achacoso y con los. Vestido dc blanco asiste a las bodas.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. se sienta en el sue­ lo. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. Analizando. Aplau­ de. Poseído por M akada. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. estornuda 1 y desaparece. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. lo alienta. 159 . El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. ni menos p o r la práctica. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. 0 En Africa. con la que parece gozarse. baila una especie dc ronda. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. com o en las Antillas. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. se rasca. si no por la mitología. com o sabe que debe hacerlo. uutado dc toda inm undicia. el actor está desnudo. corre de un lado a o tro . E stá encorvado.

" 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. La pérdida de conciencia. cl progreso y la naturaleza del acceso. no está en duda. de com u­ nión con los antepasados. El papel de la sugestión.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. 2649. núm. juüo de 1955. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. form a parte del universo religioso. p. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. los espíritus y los dioses. desde un principio.cuanto al vudú. . Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. Dioxè/îe. y cumple una función social. e incluso de la sim ulación. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. es decir la irrupción del dios. Il. 160 .

"un grito m onstruoso sale de su garganta. "E l individuo ya no se reconoce". acuden p o r encima de la h ierb a alta. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. B uraud. pp. cuando. En todo caso. p o r ejem plo en tre los dogones. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. 161 C i: ¡ 4 L Æ . favorece el desbordam iento de los instin­ tos. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. de ener­ gías cósmicas. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. 101-102. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. es el grito del anim al o del dios. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. Con la conciencia fascinada. desenfrenada y sin objeto. escribe Georges B uraud. Se ha señalado. subidos en zancos. 11 G. de la pasión genésica. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. una verdadera cultura de la m áscara. U s Masque*. el hipnótico sonido del tam-tam . la em anación pura d e la fuerza de com bate.fre alguna transform ación decisiva. sus gigantescos pasos. estertores y zum bidos do (os rombos. Sobre todo. el clam or sobrehum ano. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. Sin duda. 1948. Paris. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega.

Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. 172-223. lin el ~Expediente" (p. Desde esc p unto dc vista. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. En lo sucesivo. pp. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles.1 Infunden miedo. los principios aún fluidos del poder político. 162 . perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. lo desarm an. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. Como la prim era.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. le desgarran la ropa. Una de éstas los persigue a latigazos. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar. La iniciación. la inicia­ ción es una enseñanza atea. lo some­ ten. 3939. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. los rito*. Lille. pertenecen al o tro cam ­ po. Por o tra parte. encam an los espíritus de los m uertos. Con frecuencia. agnóstica y negati­ va. Cotífa» «!/ Couréies. lo detienen. H asta entonces. ésta va acom pañada de m alos trau F. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. Ex­ citados p o r el iniciador. asustan a los no iniciados.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras.

10$. 1939. k. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. 3. pp. por el nom bre de la choza de iniciación. N aturforscher. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. De esa m anera. Berlin. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. Die Geheínbünde n. 14Cf. W ebster. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. Bmussc. t. Nueva York. Primitive Secret So· detics. Hans Himmelbeber. T. d. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. Akad. d. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana.1 1 u Cf. Leop. 17-31. Tam bién como la prim era. Carol. Halle. de pruebas dolorosas. núm.. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio.74).¿opoldville. (. 1898: H. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico.1* E n tre ios bctchuanas. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. Agrupa a una juventud turbulenta. com o la prim era. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. Wfft: H. FrobcnJus. Fu fin. 1902. Mosken Afri­ kas (Abhandl. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu».

cóm o e n tre loa besos. Jeanm aire. EJ m ism o a u to r (pp. según Fiubenius. at suroeste de T um huctú. la sociedad de enm ascarados kumanp. el kom o. op. secieta e institucional.xpKdicnte" (p. op. cf. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. Jcanronire. 1 HI puro d e los tem es.. cit. o cuando menos sus derivados inm ediatos. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. de la magia negra y de los envenena­ m ientos. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. claram ente im ertribales.1 164 . "q u e lo sabe todo y lo castiga todo".1 com puesta de secciones locales. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. E ntre los bam baras. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. p. pp. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón.. 219. pescadores y agricultores del Niger. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. cit. 207209). 315). Critias 120 B. de los robos. Pero cuando la herm andad es poderosa. haoc rein a r un te rro r incesante. Repro­ duzco esa descripción en el "n. 168-171) describe. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. en una danza o un m isterio. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. .

se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. esta vez sin dem encia ni delirio. como se h a visto. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva.servir m ejor para explicar su mecanismo. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . causa o consecuencia. la com petencia y la suerte? Sea como fuero. 165 . o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción.nuevo. si no es que clan­ destinos y culpables. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. constantem ente presentes y presentes ju n to s. en los p^roxiv m os de esas sociedades.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

# α

No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. Lille. 8 12 7 . m itad bestias en los que.· D urante la criptia. *H. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. hagan o no cacería de ilo­ tas. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. Roba y m ata im punem ente. Cuuroi et Couriies. Jcanmairc. No deben s e r vistos ni sorprendidos. y en Ins pp. como en los centauros.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. con un salto d c fiera salvaje. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. es engullido por un lobo y renace com o lobo. En el m onte Liceo. T. En esa obra. 1939. m itad dioses. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. m ientras sus victim as no logren atraparlo.

fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad.· No faltan razones para vincular . Licurgo de Arcadia. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". instrum ento universal de los enm asca­ rados. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. dice Est rabón.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios. e n tre los si­ glos vi y IV. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. persigue al joven Dionisos. De la m ism a m ane­ ra. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. un tnicno pesadam ente angustioso".

profeta y curandero. Abaris. La evolución es sorprendente y significativa. en la caverna divina del m onte Ida. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. cierto núm ero de poderes mágicos. Perpe­ túan una antigüedad lejana. m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. La m inoría de los conquistadores. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. al ritm o. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Sólo explica un caso particu lar. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. Por am plio m argen. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. Al m ism o tiem­ po. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios.te la dem ocracia y el despotism o. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida.

Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella.espasa m uerta que fue a buscar. fértil en peripecias dra­ máticas. La desaparición de la m áscara. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino.n la obra de Platón. Propongo la hipótesis siguiente. que no excluye 175 . Sin em bargo. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. sino sólo un hom bre dis­ frazado. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. En las sociedades dc m áscaras. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. según el grado de iniciación. des­ igual y difícil. Hn una organización m ás com ple­ ja . es de sum a im portancia. F. todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo.

co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. esta vez de lo más reales. Sobre todo. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. En resum en: m ediante la m uerte. Así. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. p o r cl contrario. poco a poco. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. Y es inevitable que. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. exige la existencia de cam inos m últiples. Ahora bien. diversos e incom patibles.sino. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. única eficaz contra un secreto sorprendido. la fabricación y el uso de la más­ 176 . el m ecanism o sigue siendo frágil. en todo caso. De lo cual se sigue que. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. De allí una fisura perm anente en el sistem a. en la práctica no es posible ignorarlo o. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo.

se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. tu erto y dc una fealdad repugnante. m ediante transform aciones insensibles. Algunos fueron quem ados en efecto. Los cronistas —cierto es. según algunos. en el siglo v m . Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. Él se lo m ostró. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. E ste es el relato del episodio.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. de 160 a 163 dc la H égira. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. de danza o dc teatro. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. d u ran te varios años. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. precisam ente. y los dem ás quedaron con­ vencidos. en accesorios dc cerem onia. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. Entonces. el Profeta con Velo del Korusán quien. Pero. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. Pues bien. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo.

figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. Insistieron e imploraron. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. Paris. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira). y si alguien me ve. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi. que conservaba con él en el castillo. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. me. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. se prosternaron y pi­ dieron verlo. Le* mouvement i rr. los hombres se habían reunido. Cuando el sol se reflejó en los espejos. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. Pues bien. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios." Así.V186). de Kesh y de Nakshab.tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. por efecto de aquella reflexión. .. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. m .Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. 1958. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5.

h onra­ das y dom inantes. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. de un universo ordenado y estable. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. el reino de la m im icry y del ilinx. de la nece­ sidad. de la m esura y. del núm ero. Como Empedocles. as­ falto o azúcar). Ya está vencido. En Grecia. la revolución es perceptible. Y sc prosternaron. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. Envenenó a sus cien m ujeres. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. en efecto.ftxidü en luz los hombres se asustaron. ΛΙ respecto. otros cuadrados y otros m ás alargados. es decir que 17l> . el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. por m ucho tiem po). una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. Incluso en aspectos m uy precisos. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. es de­ cir. en una palabra. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. Algunos núm eros eran triangulares. Los concebían como si tuvieran form a y figura. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. Así. Como tendencias culturales reconocidas.

tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. I.. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. P arí*. ' Π. muy pronto surgió la serie abstracta. lase 1. estaban dolados dc virtudes distintas. Además. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. En fin. com o sori las cifras. I. a la justicia (el 4). corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). 52-54. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. cua­ drados y rectángulos. \ 94&. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. En o tras palabras. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. Histoire tic la Philosophic. Í80 . Sin embargo. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . 5’ cd. pp. RrxjhtVr. el núm ero y la m edida.eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas.

En el Occidente cristiano. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . cl agon y. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. el alca. reglam entada y especializada. F.ístmicos. com binado con el. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. En China. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. en un Jugar y en un tiem po determ inados. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. A decir verdad. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. a las cuales asisten el soberano y su corte. Al mismo tiem po. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx.

me­ diante jurisdicciones autónom as. en teoría. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. luego de la igualación relativa dc las condiciones. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. . cursus honorum o chin. De esta m ane­ ra. Lo hace p enetrar en las instituciones. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. Pero. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. Sin em bargo. Sin duda. la entrada quede reglam entada p o r concurso. universi­ taria o judicial. los grados más al­ tos del ejército . que per­ m ite concretar en hechos. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. dc la igualdad de derechos. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. en lo posible. dc m anera sustancial. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta .más. m ilitar. suele suceder que. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes.

La razón es clara. 183 . P or lo dem ás. F. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor.Por lo demás. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. Asi. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". al parecer de un modo raro . aunque de m anera que se a n to ja impecable. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. luego d e un examen p ro ­ batorio. es decir. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. Los miembros del Consejo se sortean. de los técnicos. En cam bio. casi todos los m agistrados se sortean. de inspiración aristocrática. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia.n Atenas. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. En efecto. entre los candidatos presentados por los demos. Expresado p o r el haba blanca. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. dado el caso difícilm ente sustituible.

La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. De una m anera m ás general. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . Λ decir verdad. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. ni tal vez la menos razonable.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. sea an te la suerte. cierta con­ cepción de la dem ocracia. nos dam os cuenta de que. se im puso el espíritu de com ­ petencia. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. que no es la menos difundida. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto.

vol. Julio-dic. sus talentos. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. Dc estos. El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. 263-281 · 185 . que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. p p . se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. no se reproduce. sus debilidades. es decir. su predestinación al éxito y al fracaso.cl ágon y cl aleo. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus.%. su categoría social.* funda­ m entos del nuevo orden. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. su profesión y finalm ente su suerte. está más difundi­ da de lo que se piensa. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. y precisam ente porque form a p arte d e él. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . su ap titu d a aprovechar la ocasión. LX V ÏM . Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne. en todo caso. el m om ento favorable (kairos). es decir. entre el m érito y la suerte. es decir. unos son innatos y los otros sociales. E n tre los indios de la América Central. la ocasión que. • la I * » .

Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. le Traître el ki Cioíx*'. que es com petencia. 1H6 . es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son. en las sociedades más igua­ litarias. p. En cam bio.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. es decir. t e s hace elegir en tre la herencia. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. la am bición y el valor. y el m érito.ción ni concebible ninguna com petencia. núni. 6. 21. Inversam ente. invierno Je 1938. "Le Roi. de em pleos reservados. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. de cargos heredi­ tarios. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. Desde cierlo p unto de vist3. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. que es lotería. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso.

anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. En efecto. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. Las leyes. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. la educación. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. la si­ tuación fam iliar. la instrucción. de que pertenezco a él. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. A 1*7 .rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. com o una hipoteca imposible de pagar.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. F. la oscu­ ridad y la gloria. La riqueza. la ley del azar. el poder y la esclavitud. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio.

Enton­ ces nos dam os cuenta de que. precisam ente. F. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. Desde luego. si no es que paliativos.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. Pero. están los exám enes. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. an tes que norm as y re­ glas generales. incluso bien do­ tado. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. Es preciso m irar de frente la realidad. en general. El régimen no tiene gran influencia. los concur­ sos. El hijo. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. m uestras y coartadas. del m ism o origen y del m ism o medio. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. pese a los ade­ lantos indiscutibles.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. son reconocim ientos. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. incluso en los países socialistas. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas.

que distribuye desigualm ente los dones y las taras. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. ya en be­ lleza. En ellas. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. Por una parte. A decir verdad. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). De golpe.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. incluso entonces subsis­ te la suerte. salud o . el don de los dioses 139 . En efecto. Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. la suerte. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia.

es decir. Además. desde que llega a la edad de re­ flexión. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. E n tre tanto. y los une una alianza esencial. de. pero no salir. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. es decir. por o tra. Así. la obstinación y de la habilidad. la recom pensa del esfuerzo. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. Es prisionero de su condición. 190 . No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. en el juego de baraja. Por sus principios. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. parecen lejanos e im probables. del azar. cl a k a y cl agon son contradictorios. De la m ism a m anera.o de la coyuntura. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. del m érito. p ero solidarios. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. incluso relativo. Los opone un conflicto perm a­ nent e.

m ás vigorosos. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. que son m is hábiles. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. m ás inte­ ligentes . más trab a jad o res o m ás am biciosos. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . Es necesaria una pruelva de repuesto. Por eso. en que el torpe y el perezoso. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. se dirigen a las loterías. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. como el com plem ento n atu ral del agon. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. im parcial y com o ci­ frada. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. que son necesariam ente los m ás num erosos. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. Así. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia.Además. En esas condiciones. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. conscientes dc su inferioridad. a cualquier so rteo en que el menos dotado. en que el imbécil y el lisiado. Al m ism o tiem po.

Ju g ar es renunciar al trabajo. juegos de azar disfrazados. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. pero tam bién num erosas prue­ bas. loterías oficiales. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. casi ilusoria. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. pese a las protestas de los mo­ ralistas. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. Esa posibilidad. Cualquiera puede s e r el elegido. de riesgo y de suerte simple u com puesta. si no in 192 . El propio Estado tiene algo que ver. a la paciencia. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Creando. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. por excepción. al ahorro. Esas pruebas. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. Ahora bien. le son concedidos con entusias­ mo.

El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . los billetes deben co star lo menos posible. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. Para a tra e r m ejor. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. que sin duda no es el más convincente. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. o al menos los m ayores. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. los premios. Por el contrario. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. p o r dos nril francos. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. es decir. en p arte depende de la suerte. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. precisam ente. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. En efecto. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. deben ser conside­ rables. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. un poco m ás del salario m ensual.

De ese total. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. Los pre­ mios principales. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. El mismo año.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. 194 . en parte. se les puede m antener en el anonim ato.es em briagante. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo. es decir en antiguos Troncos. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). o sean m il francos p o r cada fran­ cés. pues en realidad significa un cam bio radical de condición.v«! con tro la suerte. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. delendcr. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. si así lo desean. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino.

las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. Por lo dem ás. en M ontccarlo. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. p o r ejem plo.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. en Deauville. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. en un lujo agresivo. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. en Macao o en I. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. Todo lo contrario . Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. En las capitales m undiales del juego.as Vegas. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. M L . En las horas de apertura del casino. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud.

de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. Toda proporción guardada. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. si jio es que desproporcionadas a su salario. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. En las dem ás. Un pueblo nóm ada de curiosos. S in em bargo. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. al resultado 196 . las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o.

1. De ahí los rackets o las fortunas considerables. En efecto. 149. Pero. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. París. p o r desm esurada que parezca. Véanse también las cifras dadas en c! . 1956. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. se m anifiesta un rasgo d e civilización.. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. una vez más.xpedlente" (p. los casinos. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. 183-185. 1956. Georges Friedmann. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social. 147-151. al desainólo concomitante dc en .1 * Las loterías dc Estado. p. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". como ya era de esperar. ihid. pp.dc los encuentros dc fútbol. para que ese caso se produzca. y sobre todo cuando juega todos los dws. 304). aboque consideradas dc origen dudoso. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 .υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. es decir. vinculadas. París. pp. se opuesta sobre todo a los numbers. Où va le travail humain. fcúnj. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. U travail en miettes. Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. Ea Estado» Unido». 9 en lo que. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro.

Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. d e una vida brillante pero sin base.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. Mu· sas. innum erables e im previsibles Reinas. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. En ocasiones. Damas de H onor. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. Todo grupo quiere tener la suya. es preciso prepararse para la prueba. Un personal escogido y accesorios im presionante.. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. en el m ejor de los casos.recom pensar c! talento. el ingenio o algún o tro m erecim iento. al menos p o r unos años. etc. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . No hay lími­ tes. se eligen a ejem plo suyo y. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. la erudición gratuita. en alguno de los palacios de una playa de moda. Sirenas.

Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. En realidad." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . por una escolar negra de impecable o r­ tografía. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. En apariencia. U n ipvcn p ro ­ fe s o r . la respuesta fatídica.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. preparar. Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas. solos y an te todos. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. De condición m odesta.

.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. Los contradictores del nifko son vencidos. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. . de 14 años. en febrero de 1957. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. m onótona y cansadora. ciencias naturales.nerz. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. se em briagan con el triunfo del vencedor. modicina.sinfonías de las grandes músicos. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. de 11 años. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. Más o menos se identifican con los com petidores. puesto que parecen debidas al m érito. fisiología y astronomía. No sólo no di­ vierte. Por delegación. de golpe. y la historia de la revolución norteamericana. c) I-A OEl. que apa­ sione y que al mismo tiempo. Así. por U o tra. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. Shakespeare. en grandes caracteres. del m ism o nivel de vida o de instrucción. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. Por una p arte. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. al fin y al cabo. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. exploraciones. todos aspiran a un desquite. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. la com petencia cotidiana es severa y. Desgasta y desalienta. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. Lenny Ross. matemáticas. En todo caso. Todo soldado puede 201 A . La fiebre se mantiene adecuadamente. En E-stocolmu. su ex­ plotación es redituable. I* opinión pública se apasiona. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. sino que acum ula rencores.

1. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. La m ultitud queda fru strad a. con la ayu­ d a de la suerte. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. arm as naturales e inalienables.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. se escoge ser vencedor j>or terceras personas.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. Como el m érito. de hom bre sin apoyo social. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. p o r delegación. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. voz o encanto. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. al m ás oscuro y al m ás pohre. de la estrella o del cam peón. aún más. Y sin em bargo. De allí el culto. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. Recom pensa una convergencia ex202 . que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. Así. Con toda razón. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. l*a consagración es rara y.

¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. p o r el niecá203 . Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. P o r o tra parte.iraordinaria y m isteriosa. Por o tra parte. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. La belleza se m ar­ chita. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". m ejor todavía. que sin em bargo parece cer­ cana. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. Λ pesar de todo. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. la voz se quiebra. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. casi todos prefieren triu n far por poder.

sc. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. pp. Esta ultima forma es la mis íre* . la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. 69-145. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. tenaz y universal.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. m onótona y agota­ dora Esa delegación. Entonces in­ terviene la m im icry. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. al parecer a cualquiera. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. 1957. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. París. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. para distraerse de una existencia descolorida.

p.. la prensa. la radio y la televisión favorecen la fascinación. 317). su m anera de vestir y de maqui­ llarse. u Vca$c el "Expediente" (p. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. cit. copian sil peinado.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. La estrella representa el éxito personificado. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. 93). del cam peón o de la estrella. inevitable y seductor. P o r lo de­ m ás. Los im itan. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. s\x régimen alim enticio. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. d e sus m anías. Viven por ellos y en ellos. . <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. la victoria. el cine. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. adoptan sus m odales.enajenación. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza.

en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. 206 . El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. un poco cl bien y. Para desacreditarla a ojos del pueblo. naturalm ente. que además mOAlraba. se mofa de la je ra rq u ía establecida. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. se presupone algo sucio. sus per las y sus esmeraldas. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. im puro o irregular en esa carrera. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). en todo caso. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. donde se apretaban millares de segui­ dores. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. h o m b re o m ujer. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. ya.dida inercia cotidiana.1 4 Por eso.

por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. su peso y su coherencia. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. para go­ zar de esa superioridad decisiva. destina 207 . con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. Se considera que su m érito es nulo. La identificación es entonces m ucho menor. Pues bien. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. La m ajestad hereditaria. pero. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. Por definición. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. al m érito y a la justicia. Se gusta rep etir que. no menos que por es­ trellas. Esa ley corona (al pie de la le tra). por el cerem onial de las cortes. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. Los reyes están exentos de esa sospecha. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. del im pudor o de la publicidad. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. lejos de contradecir la desigualdad social.

se le compadece. F. se ve llam ado a reinar. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. fatiga y servidumbre. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. Para tener menos celos. de soledad. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico".ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. aplasrante c inm utable que 208 . aclam ándolos. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que.n efecto. de sinceridad. Se quiere q u e sea senci­ llo. en 1957. que se debe a la co ­ rona. de fantasía y sobre todo de libertad. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. Desde ese momento.

Para en­ tenderlas. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. p o r falaces que sean.ellas sólo aspiran a abandonar. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Aun siendo igualitaria. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. 209 . Mas. Como ya se ha visto. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. Esas actitudes (sin em bargo. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. y niegan las ventajas que ofrecen. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias.

el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . Les hace vivir. La m im icry es difusa y bastarda. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. el vértigo. la m im icry. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. De ah í el su bterfugio de la delegación. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. ΛΙ m ism o tiempo. sino en el m ás vano d e los sueños. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. infi­ nitam ente distribuida. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. Privada de la m áscara. Sin em ­ bargo. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. en la im aginación. au n inás despo­ seído. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados.

en o tras palabras. circunscrita y separada de la vida real. Sin duda. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. De allí los resultados de un doble análisis. Y adem ás. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. por lo dem ás. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. una actividad reglam entada. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. cuando ocupa al­ guno. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. En cuanto a la suerte. de la que. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. Es tiem po de concluir.ponde. 211 . Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. el vértigo y el sim ulacro. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. Como la más­ cara y com o el disfraz. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. Por una parte. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas.

como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. que im plican sin excepción cálculos precisos. es decir un código fijo. Ellos crean el derecho. ibi jus. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. por "el d esp ertar" del País de 212 . si 110 es que dom esticados. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción.En cl extrem o opuesto. En tiem pos norm a­ les. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. des­ afectados. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. de convulsionarios y de flage­ lados. incluso aparecen allí sólo destituidos. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. Sin em bargo. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. ab s­ tracto y coherente. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho.

Paris. en su obra: Foutes cn délire. com o la explosión esperada y reverenciada. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. . . no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. como la guerra. característico aunque d e me­ n o r am plitud.ón. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. La ciudad Ph. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. Fxi ase* collectives. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar.Gales en 1904-1905. 213 . a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. irresistibles. 1947.™ Un ejem plo reciente. no dc frenesí.’· Aquellos excesos. que tam bién son accesos. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. pero M>rprrndcntc. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. l>c com ún acuerdo. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso.

Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . el apon y el alca. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. repentino. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha.pudo naccr y crecer a ese costo. que prueba ν que explora. Cierto que seria irrazonable concluir que. que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. la que in tro d u ­ ce en la historia. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. ga­ n a r la apuesta más im probable. para poder in ten tar la prueba. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. em presa lineal. to tal y vano. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. Eso es p u ra especulación. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte.

aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes. y se considerará superfluo señalarlos. 215 .que deba e n tra r en su descripción correcta.

P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. explosivas. En lo sucesivo ya sólo 216 . Sin em bargo. del pánico. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo.IX. del estupor y del frenesí. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. que so enrarezca su em pleo.

em pobrecidos y aislados. Pues. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. El antifaz. m áscara reducida a lo esencial. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. En am bos casos. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. Preside los 217 . tam bién ha cam biado de destino. en efecto. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. adquiere una nueva función. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. elegante y casi abstracta. Por lo dem ás. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. En gran parte. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. no im pone una presencia: protege una identidad.aparecen desunidos. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. En efecto. es­ trictam ente utilitaria. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no.

juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. el carnaval es una explosión d e licencia que. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. Enorm es. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. asegurando el anonim ato. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. aún m ás que el baile de más­ caras. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. P or sus orígenes. 322). Es sím bo­ lo de intriga. [T. lo b o ]. abriga y li­ bera. am orosa o política. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. En el baile. conform e a convenciones preesta­ blecidas. Al mismo tiem po.? . * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . ' ‘E s p e d ie n te " (p . es dccir. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas.

en basoncursos d e disfraces. presenta la m ayoría de sus características. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras.. risas provo­ cadoras. incitación perm anente a la algarabía. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. Por 219 . Y no se equivoca. sim ula que no tiene miedo. P or lo dem ás. queda descalificado: se niega a jug ar. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. Si se enoja. al exceso d e palabras. el carnaval da una salida a la desm esura. m ím icas bufo­ nas. a la francachela. p o r el con­ trario . Siguiendo el juego. B uraud. atropcllam ientos. Son brom as groseras. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. d e m id o y de movimiento. quien sin em bargo no piensa en el juego. p ara retom ar la expresión exacta de G. actitudes descuidadas. del desorden y de la gesticulación. En un tiem po y en un espacio definidos. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. al cinism o y a la avidez del instinto. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. a la violencia. vacía y alegre. go de una . del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. los invita a un juego de bufón.

allí donde el frenesí general solía. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. deja el ro stro al descubierto. com o en Río de Janeiro. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. Tal vez nada indique m ejor o. Es casi exactam ente lo contrario. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa. sobre todo. El uniform e tam bién es un disfraz. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. perm anente y reglam entario que. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. interm itente y excesiva. Detrás dc la m áscara. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. E n la sociedad policiaca. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . pero oficial. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. en todo caso. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa.o tra parte. En todo caso.

S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. ciertam ente considerables.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. Las ferias y los parques de atracciones. de la m atraca y del tam boril. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. ram pas y anuncios lum inosos. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. las tram pas y los atractivos del vértigo. guirnaldas. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. que nacen del uso de la m áscara. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. A decir verdad. más­ tiles . franquea­ dos los lím ites. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. una 221 . E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. estandartes. fuera de las rondas y de las farándulas. por lo dem ás m odesto. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos.

construidos para provocar un pánico visceral. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. astrólogos. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. un trajín que incita al abandono. Además. en el caso de Jas ferias. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. de los artefactos de rotación. ventrudos y jactanciosos. videntes. Em plean los m étodos inéditos 222 . m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. de caída. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. a la desfachatez bonachona.agitación continua y agotadora que em briaga. a la fam iliaridad. de suspensión. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. a la jac­ tancia. Más allá. Fakires. de oscilación.

los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. antes de enderezarse. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. caída. Antes que nada. En un tercer tipo dc artefactos. sacudim ien­ tos. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. dc suerte que. la fuerza del disfraz. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. Un últim o invento utiliza la 223 . el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". el vértigo m arca la tónica. Sin em bargo. Allá. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. el "psicoanálisis existencia!". En o tra parte. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. cuando se considera el volumen. en dosis regulares de tres a seis m inutos. M uestran el atractivo del sim ulacro. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo.

hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. "p e­ gados com o m oscas”. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. sirenas. a la m anera en que poco antes. para extraviar. con alas de m urciélago. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. para su scitar la confusión. la angustia. propios p ara despistar. las apariciones. donde abundan los corredores oscuros. las tram ­ pas. igualm ente estupefactos. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. los roces con telas de araña. Juegos de espejos. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. al sa lir del artefacto infernal. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. la náusea. los esqueletos. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. inm ovilizados en cualquier postura. H orror suplem entario: se invita a tocar. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos.fuerza centrifuga. m ujeres-pulpos. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. Es el papel de los laberintos de espejos. las corrientes de aire. niñosmonos. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. Allí perm anecen. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. Enfrente. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros.

cerdos de pan 225 . los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. y tam bién la em briaguez. el te rro r y el m isterio. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). sepa­ rado. Por lo dem ás. A vcccs. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. la fauna com puesta. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. es decir perm anece libre. Antes que nada el vértigo. lim itado y convenido. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios.corriente. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. el m undo de las larvas y de los vam piros. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo.

presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. en toda barraca dc espanto. dc pegar­ les dc lado. dc caídas evitadas. 226 . aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. Cuando menos. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. de colisiones inofensivas. de desasosiego aceptado. que se deriva de la paidia. una sola diferencia. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. Además. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. dc la pelotera. El placer es dc excitación y de ilusión. dc taparles el paso. de cho­ ques am ortiguados. en todo artefacto de pánico. en los cuales. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. para aquellos que están en edad. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. Sin em bargo. esta vez. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. o tra delicia que. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia.

m alabaristas. sino un m odo de vida. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte.E l. la de la m uerte. g arantizar su seguridad. am azonas. dado el caso. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. su orgullo y sus leyes. está obligatoriam ente presente en él. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. Domadores. Contra su voluntad tenaz. pero que falsea la integridad del reto. La sanción decisiva. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. el juga227 . En lo posi­ ble. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. l. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. En ella la gente se casa en tre sí. el casino o el escenario p ara el cam peón. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante.

la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. una dificultad o un peligro. una gimnasia . El. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. En efecto.d o r o cl a c to r profesionales. que corresponde al atea. que corresponde a la m im icry. o m ejo r dicho la negativa de oficio. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. P or eso. el teatro contribuye con el oficio. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón.

la repetición regular de los mis­ m os movimientos. desinteresadas. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. de la am bición y de la osadía hum anas. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. el tiem po y la distancia.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. m ortales c inútiles. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. *Y. en Vez de ayudar. el acróbata debe calcular el Impulso.. Hugues le Roux. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. Paris.ininterrum pida. Cierto. 213-216. En todo caso. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. La conciencia es m ortífe­ ra. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. pp. pp. 229 . Paraliza. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. op. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. F. Jeux du Cirque ci la vie foraine. cit. Him. 171)·173. Como disciplinas aberrantes. 1890. la trayectoria del trapecio.

m al aju stad a. es el papel del payaso llam ado “Augusto". Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. Su ropa parchada. com o encuentro o ascendencia lejana. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología.i la tribu . Ahora bien. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. En el circo. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. Los principales acto res son dan230 . d u ra n te la creación del m undo. una dc sus variedades. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. quien. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. particularm ente tenaz. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. A trae las burlas. Sin em bargo. travieso o estú p id o según los casos. dem asiado grande o dem asiado chica. En ella figura com o el héroe que mete la pata. los golpes y los cubetazos dc agua. Infaliblom ente actúa a contrasentido.

Pero es el dios que parodia. im ita los nobles adem anes de Yebicbai.seis genios m asculinos. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. Son espantosam ente feos. sin vigor sexual. dice la gente. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . Es uno de los dioses principales de los navajos. el Dios del Agua.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. el propio Yebichai. seis genios femeninos. Saca el pecho y se hace el im­ portante. sujeta al cinturón. PiISschiwanni es el cobarde. retardados. Además." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. son "com o ni­ ños": balbuceantes. una vieja piel de zorro. siem pre el mismo: así. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. E ste es el "Augusto" del grupo. es im portante. hay catorce de ellos: . Tonenili. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. el Dios-que-habla yr finalm ente. ‘'son como niños. E n tre los zuñís. a quien ridiculiza. que viven en la mism a región. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. Son los Koyemshis. Pues bien. no cesa de fingir que tiene miedo. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . Sobre todo. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia".

Tiene una boca oval. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. se b urlan de los dem ás dioses. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. tiene una enorm e verruga en el cráneo. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. Naba*hi es triste. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako.sed. Ilccho sorprendente. En cam bio. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. Como magos y profetas. víveres. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. o tro chichón en la frente y dos cuernos. Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. organizan juegos dc adivinanzas. dos chichones en vez de orejas. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables.nc . juegan brom as groseras. la aldea en tera les hace num erosos regalos. com entando los infortunios conyugales de un segundo. Así. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. reprochando a uno su avaricia. la m ás im portante d e todas. quienes los encar­ nan. Du­ rante las cerem onias. hecho significativo. su boca y sus ojos form an un balcón. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común.

Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. Decidida­ mente.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. De esc modo. del m isterio y del terro r. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. aquí se encuentra disociada. en ningún m om ento se Ies tom a. Así. ni ellos se tom an a sí mism os. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. p o r los propios dioses. La teología lo confirm a. del entorpecim iento y de la angustia. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. del éxtusis y de la mímica. En uno u o tro m om ento 233 . Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. la con­ juración del secreto.

con el epigram a y la canción. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. 73-75. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. 234 . luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. pp. los honores rendidos al poder suprem o. 119. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. 16S-173. los hom enajes a los grandes. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957.* Con filiación o sin ella. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. En el solsticio de verano. que sin em bargo inspira idéntico propósito. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. Cierto. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc.

sino una precaución en contra suya. dc la libertad y de la invención. Con toda seguridad. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. a su vez. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. AI tér­ m ino dc la evolución. casi im perceptible. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. Aquí. como fundam entos de la vida colectiva. a un porvenir) coinci­ de. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. m ás fecun­ da. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. Si el salto decisivo es difícil. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. Ya hem os visto. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. al frenesí convertirse en institución. un buen día. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K .» nuevo papel. el desapego y la ironía. orientada en todo caso hacia el equilibrio. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. en Laccdemonia. quizás vertiginoso.

. sin ese antídoto.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. de atem p erar m ediante la risa lo que. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras.

COMPLEMENTOS .

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de la riqueza y del lujo. basada en el valor del trabajo. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. la posibilidad repentina del ocio. R ibot. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. por el milagro de una fortuna instantánea. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. Son sospechosas de 239 . sin dificultad y en un instante". Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. "la fascinación de ad q u irir de golpe.I. de los casinos. a ta n d o m enos en ciertos casos. cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. según la Fórmula de T. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco.

es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. obligatoria e incesan­ te. y que M is J orge en lo te r ía to re s . de la pantom im a y del éxtasis. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. en la econom ía e incluso en el saber. “ L a en n n b ilo n ia ". de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades. 7-292. . 82-9. que tam bién influye en el arte. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario.desarrollar la pereza. al infinito.1.1 Además. Sin em bargo. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. cl fatalism o y la supers­ tición. Picxxoncs <1944). el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. P a r ís . en la ética. 1975. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. así sea a to n tas y a locas. 1951. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. fr a n c e s a . pp. pp. quiero decir la necesidad. a la topología. 2 S Ja parábola Fictions. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . si se prefiere. tr a d . en poblaciones rela­ tivam ente ociosas.

los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. En esas condiciones. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . En particu lar. El sal­ to es brusco. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. por medio de la superstición. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. En ese caso. Vive al día. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. Aún más. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal.

pues nadie parece resistir el contagio. Unos representan personajes. ya sea captados en una actitud hierática. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. de consistencia ósea. M im usops D jawe). se entrega al jue­ go. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. Esos blasones son num erosos y variados. Los dados sólo tienen dos caras. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. en regla y en segunda naturaleza. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. sin.ticipa. Conform an el estilo de vida de toda una población. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón.

Los anim ales — m am íferos.1 . relojes o m ás­ caras para la danza. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. éste no los guarda en su casa. (o al con­ trario ). En general. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. o tro carga su fusil. los 24. tres m ujeres trab ajan la tierra. sino que los deposita en el m onte. colgados dc un árbol en una bolsa. Es­ culpidos en o tro s dados. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. rep­ tiles. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados. aves. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. Dado el caso. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. es de lo m ás sencillo. tam bores. etc. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. los órganos genitales de la m ujer. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. rifles. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. espejos. En cuanto al juc^o en si. un hom bre es atacado p o r un pitó n . algunos ideogram as figuran diversas plantas. el cielo nocturno con la luna y las estrellas.

de I95S. Toda proporción guardada. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. Sobre todo. "J e u x cl Jouets”.s. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. C f . c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. donde la s ca u n s. 245. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc.-dic. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . pp. S e juegan la rnrtuna. Em pero. sep. 244 . A sim ism o . 49-50. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. Prost. Le M onde noir. cum ple con una función análoga. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ".* Se tra ta de un juego rudim entario. p.jefes se jugaban sus encom iendas. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . Ë ittdcs cam eroioiaiies. núm. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. A. Además. las tierras y las esposas. 3-52. sin com­ binación ni saldo. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. Cuando menos.

según la expresión de Lydia Cabrera. la tortuga. Esa lo­ tería. ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. Saca o hace sacar uiia al azar. el m arino. E n tretan to . ade­ m ás del órgano sexual fem enino)." 245 . cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. el barco de vapor. 1. Acto seguido. la m onja. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. la araña.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). el caracol. seres hum anos. La 11.a operación se llam a "colgar al anim al”. el mono.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. en sociedades mixtos. etc. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". la m ari­ posa. la pipa. A la hora seña­ lada. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. el m uerto. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes.de a za r considerablem ente m ás com plejos que. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). la cabra (que tam bién es algo sucio. cuyo principio es sem ejan te al del loto. que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. procede a la venta de los billetes.

de la pipa. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. dc la anguila. En cam bio. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. pero no tiene ayudante. a su com pañero y a su ayudante. De nuevo. del pavo real y del pez chico. la banca anuncia 246 . el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. los borrachos. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. del gallo. el cam arón. Además. En efecto.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. los elegantes. del caracol. Al principio d e cada p artida. de la m uerte. La m ariposa no tiene com pañero. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. etc. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. El venado tiene tres com pañeros. los caballeros y las m u­ jeres. pero carece dc ayudante. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. dc la tortuga. de la m onja y del gato: la de los borrachos. N aturalm ente. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. las mendigos. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. y luego de haber "coleado al anim al". Así. la cabra y la araña.

una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. E n ese caso. El Tigre lo propone." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . Lleva el paquete maléfico.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes.’ En China. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. El Venado es ayudante del brujo. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. Después del sorteo. el Tigre contra el Elefante. p p . Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza.a policio y sus misterios en Cuba. ju n to con San Francisco. 1914. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. 287-293. No es tonto. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. El V enado sale con el paquete. 247 . La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. En o tra ocasión. 3 Sabido es que. L a H abana. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. con el Venado. El Elefante m ata al cerdo. l.

La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. el "rey que todo lo puede". En realidad. las m anos. es conveniente ju g a r al 8. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . E sta vez. d u ran te una cerem onia secreta. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. el gallo que can ta al sa lir el sol. el pecho. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. existen al­ m as en pena. apoyándose en citas." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). el "payaso que se pinta en secreto". Sus com ­ binaciones son Infinitas. los bra­ zos y las piernas. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. Entonces. En Cuba. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. 248 . la explicación sólo es válida para los profanos. a la m uerte. "Pica y se va": es decir. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono.solución. ham brientas y rencorosas. Estos llegan hasta el 100. lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. el 2. el 8.

la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. nada le im pide cam biar. m ás m onja igual a vena­ do. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. en el m om ento de descu­ brirlo. como dice un au to r. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. m ás o menos desdeñado. p. op. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. m ás gato. TRafael Roche. pero lo hacen sin cesar. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. m ás m arino." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . más m uerte. p o r poco hábil que sea. P o r necesidad no juegan mucho. honrados o no.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". más elefante. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. 249 .’ En todo caso. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. En todo caso. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida." Asimismo. 293. cit. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. En casa del tío de su m ujer.. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna.

las peleas de gallos. En la actualidad.En cl siglo pasado. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. %N c w Y o r k T i m e s .. 6 de o ctu b re de 1957. el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. la ruleta. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. A rruina el ah o rro privado. el Planning Board h a calculado que. En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos.*' Con base en esas conclusiones. etc. las carreras de caballos. 250 . con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. en 1957. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado.* En la vecina isla de Puerto Rico. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. o sea la mitad del presupuesto de la isla.). .

Además. Por o tra parte. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. a la decena. análoga a la quiniela dc los países vecinos. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al.enorm e organización. (Desde que la lotería federal no es dia251 . es decir. ordenados más o menos alfabéticam ente. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. a la últim a. a la centena o al millar. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. "E n su form a actual. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. Desde entonces. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. a las dos. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas.

está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. es decir. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. sino sem anal. ju e­ ga a su núm ero telefónico. Según una anécdota significa­ tiva. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. Afana y Jo sé. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. si presencia un acci­ dente de trán sito . Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. sin billetes ni prem ios. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. De ese modo. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. enteram ente teórica. 273. En ocasiones. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. Avestruz. quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). no es cosa fácil. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. saben sacar de él oráculos infa­ libles. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. En efecto. y ju g a r cada com binación invertida. 723 y 732. Avestruz y Caim án'1 animales . aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. P or lo dem ás. Favorece aún m ás la superstición. etc. juega al núm ero del vehículo accidentado. es decir.ría. los otros días se hace una fal sa lotería. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. alguna clave de los sueños es­ pecializada. Sin em bargo. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado.) Además. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). sus clásicos y sus interpretes calificados. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. 237. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Por ejem plo. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 .

se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. Es m ás. la conciencia popular. que no deja de preocuparse p o r él. Sea com o fuere. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. pecado venial 10Además. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios.1 · Teóricam ente. en el in terio r dc un mismo Estado. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. se emplea todo tipo de adivinación. 254 .ejem plos al infinito. parece sin em bargo considerarlo un pecado. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. En general. En realidad. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s .

Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes.sin duda. de él se valen o se benefician. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. y un vicio perdonable. que con frecuencia lo organizan. todos. pero en fin. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. ve al bicho con malos ojos. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. a veces considerable. en alguna esquina. D urante las macum bas. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. la condena es general. Los políticos. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. de la apuesta. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. El ejército. al tiempo que se dedica a él. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. análogo por ejem plo al del tabaco. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas.

En todo caso. Como se ha visto. se sacrifica gratuitam ente. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. pp. Por tanto. Paris. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. Pero. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. 130-151. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. “ L'Usage des Richesses". ca­ 256 . los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. del com ercio o dc la in d u stria del país. Se vuelven a poner en juego salvo. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela.Γ dc sus habitantes. Instincts et Société. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. M arcadas p o r la desconfianza. en el plalJ R occr Caillons. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. 1 pitulo V. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. en ciertas condiciones.0 11 Se aprecia así que. conservan sin em bargo un papel im portante. No obstante. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. dado el caso. incluso.

hum illada y condenada. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. La razón es fácil de descubrir. A veces. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. Más aún. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. determ ina enorm es m anifestaciones. de m edida y de organización. el alca. el atea. en ab­ soluto y por naturaleza. en com petencia con el agon. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. Aun­ que reprobada. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. in­ cluso le procuran sus principales recursos. y con frecuencia en com binaciones con él. de ln m áscara y del éxta­ 259 . en la m edida en que éste los domina. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales.no de los juegos. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. En cam bio. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. exige el cálculo y la regla. construye casinos com o el deporte construye estadios. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. suscita asociaciones y clubes. a toda especie de códi­ go. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. com o el agon.

la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. en el fondo. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. si no es que insustituible.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. De los diversos p rin ­ cipios del juego. sino' tam bién la burla del trabajo. Deja problem as p o r resolver. del favor gratuito e inm erecido. E l agón. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. En esas condiciones. en una palabra. del ahorro. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. Sin em bargo. de la tarea paciente y tenaz. en elim inar cada vez más al alea. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. En efecto. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. el edificio social se apoya en él. es el único considerado com o valor. es decir. En conjunto. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 .

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. Λ decir verdad. p o r su gene­ ralidad engañosa. al dom inó o a la com eta. com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. que no se p restan a las ecuaciones. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. desde un principio em pieza la extraña distribución. el estudio de éstos se beneficia . salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. Para ser m ás exactos. Como hem os de ver. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. Quien juega al burro. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o.

el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. las rvgatas d e Venccia. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase." Más aún. 1 . En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. 16. ocupado en sacar del juego la esencia del arte. Véanse tam bién las carta. Poris. trad . 268 . en el mismo rexto. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. las corridas de toros de M adrid.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. Onuvrcs.> H. 20. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". Srhillcr. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. Pero no im porta. 1862. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. francesa cn Fr. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. los espectáculos del París de antaño. tom o VIH. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas. 26 y 27.1 Pero. Estim o que com parando M las carreras de Londres. si no es que el prim ero. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. v. cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. "E sthétique".

Jx> define en fin com o una em presa pura. sin pa­ sado ni porvenir. La idea d e la libertad. Seducidos p o r ella.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. p. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital. Des­ ligado de la severa realidad. F.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor." Y W undt. erróneam ente. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso.thik. 1896). aparece com o un 269 ." (F. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo.) La receta corrió con suerte. d e la gratuidad del jue­ go. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. m odelo que tam bién le es anterior. 145. 1S86. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales.

de la atención. del instinto sexual o del instinto de Imitación. im pulso para hacer rodar. de los movimientos. del miedo.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. Jena.). pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. Por una ex­ trao rd in aria paradoja. En el fondo. las que se derivan del instinto de lucha. dc la im aginación. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. pp. trad. te s Jeux des Animaux. antes bien. del olfato. destrucción y análisis. cóm o todos los adem anes que puede hacer. lanzam iento para golpear o em pujar. bastante ad ap tad a a su objeto. V y 62-69. Más todavía. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. de la sorpresa. dan origen a juegos. de la razón. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. lan zar hacia un blanco. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. der Tiere. g ira r o resbalar. c) dc la inteligencia. b) del ap arato m otor ((an­ teo. de la tem peratura. del oído. pertenece al terreno del . tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. a tra p a r objetos en m ovim iento). se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. francesa. 1902. cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. sin unidad inmediata y que. 1889). juegos de paciencia. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). construcción y sín­ tesis. de los colores. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. de la m em o­ ria. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. etc. del gusto. Paris. de las form as. lanzam iento simple. p o r ese hecho. etc.). se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado.

el dom i­ nó y la baraja. Football :n America (traducido en Profils. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. 13. G. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. que desde luego no son alentados por los educadores. Hartgenbusch (1926). Por una p arte. se podría seguir ignorando. J. es conve­ niente citar los análisis de G. ios juegos de azar se ven elim inados. Jx Jeu de J'Enfant.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. W. En cuanto al fútbol.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. París. o poco faltaría para ello. T. que Jean Château descarta como juegos de adultos. que un juego con frecuencia im plica. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. tal vez necesariam ente. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. W. otoño de 1955. Antes de él. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano. Introduction a la P/utano^e. Pues bien. Desde ese punto de vista. F. la perinola. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. Recordamos que el m érito de J. Le Football. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. Buytendijk. no existe tarca seria para la cual preparen. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. no los ha encontrado entre los anim ales y. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. pero no sobre la naturaleza del propio juego. 1952. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. Patrick (1903). Tras la lectura de las obras de K arl Groos. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. En particular. 1955. .’ Cierto. incluso si se dejan al m argen los dados. R. 1 1942). p o r la o tra. J. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez.íacques Rousseau de Ginebra. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. núm. Sin em bargo. Paris. Pickford (1940) y •V. Por o tra parte. Pp. 2e odklôn. 5-32). nueva edición niimonlndn. 1955. De nuevo. M. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. Las conclusiones se discuten en el estudio de F.

por cortaplu· mas. Por mi p arte.u de l'enfant. es dccir el riesgo. de b arro . a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. resuelve por om isión un im portante problem a. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. En efecto. 18-22. Ja apuesta. pp. contra Karl Groos. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. al final de su obra. a escala infantil. Por un preciu invariable. Desde esc punto de vista. p o r artículos escolares. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. depiedra o de vidrio. Ahora bien. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. por al­ gún favor dispensado. por re so rreras/ por silbatos. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. en los alredcdoies de las escuelas. Uno vez más. 274 guna. no le es difícil dem ostrar. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. 275 . Asi. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. Se cam bian p o r golosinas. •£ e Jr.los juegos de canicas. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. inicuo en sí. y son niños que no se disfrazan. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. com o resorte del juego en el niño. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. El niño no se entrena para una tarea definida. de! tipo de la morra que. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. que el juego es una prueba más que un ejercicio. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. el alea. por una ayuda en las tareas. Los jugadores las ganan o las pierden. que exigen espurio y accesorios. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar.

pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. Pues no enseña recetas. Y aun asi. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. Desde esc p unto de vista. el juego aparece como educación. inventivo y protegido. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. placen­ tero. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. ninguna ap titu d física o intelectual. P or o tra parte. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas.te a las dificultades. prueba o hazaña. intenso. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. del carácter o d c la inteli­ gencia. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. La finalidad del juego es el juego mismo. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. el niño. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. sino desarro­ lla aptitudes. Dc m anera general. del cuerpo. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . Así. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. Ahora bien. que adem ás es libre. quien perm anece en esen­ cia pasivo.

En esta segunda clase. luego de Jean Piaget. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. pues entonces no sabe.R. P arís. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto. Poi4r en taire des hom m es. etc. pp. 277 . S. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. ni so­ m eterse a una disciplina.B. ni ad ap tarse a una nueva situación. a estorbar. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. A decir verdad.). distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. a p ertu rb ar. ni fija r su atención. B rauner. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí.I. me­ jo r aún. 1956. el gusto de inventar.jugar. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. 1S-75. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales.A. Para ellos.. en una prim era aproxim a­ ción. 'A . No los repele me­ nos que el trab ajo . es el de su cu­ ración. Las observaciones de A. En cuanto a los juegos reglam en­ tados. a em pujar.

p o r no hab lar del futbo!. Im aginar que se es una enferm a. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. es siem pre una im pro­ visación. basados en la com petencia. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. implica una invención continua. Ju g ar a la lavandera. a la tendera o al soldado. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. de las dam as 0 del ajedrez. uno panadera. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. Jugar a las b arras o al pillapilla. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. un aviador o un vaquero. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í .

Ππ cambio. g irar como trom po. basados en el sim ulacro. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). Pero é stas sólo com pli­ can. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. gri­ ta r a voz en cuello. 386-587).com plicación sim étrica de los juegos figurativos. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. de pasión o de Intensidad. al m ism o tiem po. Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. J. 1*1*217). Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. en el capítulo correspond iente (pp. ct análisis define . co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. en mi clasificación. o por simple aceleración <!c ritmo. que obliga a los jugadores a cooperar. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. De ese modo.

no les concede la m enor atención. antes bien. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. 280 . pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. m ejor dicho. Château hace alusión al sube y baja (p. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. un peligro que. Ciertam ente. lo amenaza. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. pero. Huizinga. de la com petencia leal. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. quien reflexiona en los juegos de adultos. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. o poco m ás o menos. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. pero éste atra e y fascina: es un placer.esas conductas claram ente existen. 298). el vértigo supo­ ne el m iedo o. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. que es el de provocar una per­ turbación ligera. si se quiere. un sentim iento de pánico. esbo7x>s de juegos de vértigo. m ejo r adaptados a su propio fin. m ejo r determ inados. A decir verdad. De ese modo. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. en ciertos caso*. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. De la invención y del respeto a las reglas.

sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. Como investigaciones de un nuevo género. estas ciertam ente son indispensables. E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. de los casinos o de los hipódrom os. 2 . Se considera que destruyen las costum bres. del tobogán. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. Por o tra p arte. Según consenso general. como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. Los estudios ma· 281 .

no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. la experiencia le dem ostraba lo contrario. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. Por ejem ­ plo. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. A bordaron los cálculos de enum eración. Ahora bien. en que el azar no interviene en absoluto. En más de una ocasión.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. en el juego de dados. para una serie de veinticuatro jugadas. el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. Sobre todo. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. en efecto. E nton­ ces se dirigió a Pascal. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. El caballero de Márá había calculado que. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas.

Claude Bergt. comercial. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. Théorie de\ Jeua alternatifs. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. Algunos ju e­ gos tradicionales. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. en cada situación sucesiva. el dc los puentes de Kocnigsberg. Re­ cientem ente. político o m ilitar. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J.” E sta vez. 195? 283 . a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. más allá dc toda controversia. com binando el cálculo y la topo­ logía. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. cuya teoría se deriva de la topología. IW4. Pan's. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. es decir que. Princclun. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. Von Neumann y O. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. Theory υ/ Games and Economic Behavior. Morgenstern.de los cuatro colores. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas.

cortándolo). es decir. ya. del capricho. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. Ahora bien. en realidad. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". MatemA­ 11 C laude B erge. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. etc. p o r la o tra. fuera de las m atem áticas puras. quiero decir. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. due­ los de aviones. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. el segundo. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. que agote los elem entos útiles. póquer sim plificado al extrem o. 284 . en fin. p o r hipótesis. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. la posibilidad de una inform ación total. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. de I3 inspiración boba.1 1 Sin em bargo.

resuelto. Cuanto m ás espera el cliente.ticam ente. del 30% y el tercer dio del 50%. en época de baratas. ya. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. Pero. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. puede picarle una avispa. Pue­ de ser distraído o neurasténico. su sangre fría. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. en la práctica. Teóricam ente. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. el segundo día. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. m ás ventajosa es la com pra. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. hacerle trastab illar una raíz. la visibilidad. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. Pero. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. puede tener deseos de m orir. En fin. la distancia. es claro que el cálculo resulta imposible.

po y el artículo dc su agrado puede írsele. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. y cada jugador m uestra sil juego. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . Sin em barga. Se conoce el desenlace de todas las variantes. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. Pues no se juega para g an ar con seguridad. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. En los juegos que les apasionan. En ajedrez. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. E n la b araja. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. el juego al p unto se ve estropeado. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. En principio. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. según se le considere m ás o menos deseado.

Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. 8-9 de Présence africaine. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. “Jctix dan«. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. 241-24$. lejos de favo’’ A . En Sudán.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. sem ejante al molino. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. Así. Se juega con doce palitos y doce guijarro s. P r o x i. Monde n ú m s. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. pp. se tran s­ miten de padres a hijos. en todas las situaciones po­ sibles. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. si la desconoce. le "com e" uno al adversario. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. Por el contrarío . noir. te M o n d e n o ir". form ando parte de la herencia fam iliar. e-s muy popular el juego del bolotudtí. 287 . pero que ellos no abordan de o tro modo.

que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. que m encionaba yo antes. 288 . esos análisis tam bién existen para otros juegos. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. Existiría incluso si los juegos no existieran. Por sí solo. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «. por ejem plo. ninguna respuesta resulte eficaz.· admite. No queda fuera de las hipótesis razonables que. de la prim era a la últim a jugada. es decir. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. Su teoría es sencilla. abolien­ do su rozón de ser.recer cl espíritu de juego lo estropean. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. El lobo. p ara los palillos y el juego de anillos. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. No es verosímil. aunque no se demuestre. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. tal que. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos.

inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas.ellos. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. Sin em bargo. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. El juego es un fenómeno total. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. En efecto. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. Así. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. . de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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se dio por satisfecho. con gran alegría. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla. Así. también le gusta mucho volcar objetos. a modo dc mantenerse cabeza abajo. hasta hacerle perder el equilibrio. De una observación de G. Hace lo mismo con objetos más pesados. citada por K. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. Romanes. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. En cuanto al jefe. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. Para romper un palo. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. se quita de debajo de él y espera la caída. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. 67. De ese modo tira dc una silla. J. "Junto a su necesidad dc destrucción. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. que varias veces ha 299 . luego lo dobla y k» rompe. tirando cuidadosamente dc los hilos. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. Sin embargo. con los brazos abiertos.

Romanes. difícilmente sería entretenida. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. 70. PP. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. . es también materia de reflexión. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. 300 . prácti­ camente universal. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. sin la treta. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. Sin embargo. Esc carácter oracular. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. Su estéril monotonía. puesto que claramente se trata de uno acción "G . F. 240 y 241. al que es raro que se tenga fe. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito.” " P. sin lastimarse nunca. Antes de em­ pezar el juego. Por otra parte. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. II. Intelligences des animaux. Alean. París. J. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que.logrado volcar con grandes esfuerzos. t. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo.

su papel sin embargo se deja sen tir. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. aunque de manera muy diluida. El placer de la com­ petencia es escaso. puesto que la ley prohíbe. búsqueda del favor del destino. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. de cosmonautas con escafandra y de 301 . de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. que en un principio parece del todo ausente.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. con ayuda de un número fijo de elementos. En cuanto al simulacro. lo que equivale a lo mismo). pero siempre con la misma solicitud. en fin. refinadas o sal­ vajes. de manera más o menos severa y según los países. perfectamente im­ productiva. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y.

hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. Para aum entar el ruido y el movimiento. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. Por lo demás. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. Los aparatos se alinean en filas interminables. En fin. Aquí. sin nin­ gún Intervalo entre si. posible al vértigo. por decirlo así.se puedan imaginar. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. una pe­ queña esfera brillante. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . que no es urgente dominar. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. En este caso. como con el peso de una mirada cargada dc deseo.cohetes Interplaneterios. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. pero un vértigo inferior y vano. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. Supon302 . dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés.

y hasta resulta inoperante. paroxfsticos. lo contrario. incluso en sus aspectos más aberrantes y. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. el solitario o los palillos. un esfuerzo. desde cierto punto de vista. Así. la prueba de una ha­ bilidad. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. en fin. éstos incluso exigen. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. el entrenamien­ to deportivo. reflexión y saber.n fin. obstinación y resistencia.go que poco faltaba para empobrecer.sin espesor los juegos de vértigo. para hacer mecánicos y endebles. que exi­ gen espacio. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. El balero exige destreza. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. por el lado que se le-s mire. en principio los más peligrosos de todos. previsión. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. del casi automatismo 303 . y para reducir a la dimen­ sión de una caja . los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. Los recursos personales del jugador no intervienen. P. Por doquiera una tensión. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. una lucidez expuesta e imperturbable. de la inteligencia o del alma.

Cada día y cada noche. capital del juego-sino también en Nueva York. . sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. con In vana esperanza de una partida gratuita. En Estados Unidos. desde el escolar hasta el anciano. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. Broadway 1485. el billar. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. norteamericanos de toda edad.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. en los años de mayor éxito. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. en pleno Times Square. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. en el corazón de Nueva York. el chaquete. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. En los cafés. ''Playland*' . el 25 del mismo mes. Pues bien. Provoca verdaderas obsesio­ nes.

permite al jugador quedarse horas. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. por 5 centavos. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. (D. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. Delante de cada máquina. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. si entró allí con dinero suficiente. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. En una inmensa sala sin puerta. Morgaine). Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. En efecto. como se les llama aquí. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo.

a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. en abril de 1957. num.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. (Vol. 44-47). Rs una amenaza . En fin. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. Sin embargo. pp. 215. Como es fácil imaginar. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis. Por una moneda (real). pues las anotaciones llevan varios ceros. T. de octubre de 1957. a través de diferentes obstáculos. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. lue Ko de lo cual los tiraban a la basura. Así. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces.luminosos. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. que podían utilizar en aparatos traga monedas. puede ganar millones (fieticos). 1289. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. pero le parece sublime. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna.

ativo accionando el resorte del artefacto. I. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. to y de sus oportunidades de triunfo. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. Sale tranquilizado respecto de su talen. el jugador se . Julius Segal confiesa curiosamente que. Si hemos de creerle.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. por decirlo así. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. en caso d e depresión. una especie de segundo juego agregado a! primero. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. No por ello dejaba do pensar en él.Γ deliciosa. Entonl ces juega. Por lo general.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Y en efecto.ra que el mundo se conduzca dócilmente. exterioriza su irritación y lop. honorable si* no es que higiénica. un riesgo suplementario. "Por lina moneda. en particular." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo.

la lealtad. en la medida en que obligan más a respetar la regla. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. el componente terapéutico. más que otros. Deja la máquina frus­ trado. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. de la ciencia y de la moral. Por el con­ trario. En realidad. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. Sospecho que. En lo sucesivo. al que presta gran atención. destreza o vigor. el dominio dc sí. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. se siente cngaflado.enerva en vez dc triunfar. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. paciencia. sino amargado c iracundo. el desinterés. lo hacen fructificar a largo plazo. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. favorecen el feliz desarrollo del arte. deberá tenerla en cuenta. en el caso del señor Segal. imaginación. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. Li­ teralmente. según exi­ jan m is cálculo. en pocas palabras haberlo hecho perder. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. m . sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos.

diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. radica entonces en que. Nombradas entonces n contrasentido. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. y accesoriamente de los solitarios. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. posee una eficacia propia. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. 309 . lle­ nando las horas libres. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. Tal ve/. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. existen distracciones-trampa que. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. sino intensidad desplegada libremente. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. cobran aspecto de juegos. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. lo que concordaría con otra forma de juego.

66 410. tal número «Obre tal otro. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11. Ko obstante. Y ahora.1 = 17 = 1 4 7 = 8. Juegos de azar. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8.f 6 . que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números. 93. reducido a la unidad da 6 . Mis mejores deseos.. serán tomados en cuenta por los interesados. A título dc ejemplo.. si (por casualidad) ganara. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad.f 4 -¿. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour. 310 . Aunque no contenga ningún 8. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que. sin embar­ co y de todo corazón. Por ejemplo.. no le digo "buena suerte". Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica.. dada la variedad de esos procedimientos. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir. Pero. si es posible. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. horóscopos y superstición. como es debido.

Como los demás. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. Morion Wheeler (op. en cuanto se acerca. ρά· R in a 310). Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. 101.. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. espera la llegada de una de ellas y. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. citadas por W. ?. Hypoctinea bl· tuherctdata. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. Con frecuencia. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas.En ese terreno. Ahora bien. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. de hormigas comunes en la India. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. cit. como si estuviera seguro de hacerla su presa. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas.

Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. Extracto de H.Jacobson. el derecho a conocer el misterio. eso queda "probado por el hecho de que. a poncr312 . de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. cit. Kora. Simbo. Las máscaras (Koro. plural. un tanto más burdo. Jcanmaire. plural. 221-222. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma.. El mecanismo tic la iniciación. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. op. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. 162. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. pp. tanto cabezas de animales. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. éstas se apartan un poco del ptilócero. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado.

dc cierta grandeza. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. los ancianos los rodean. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. es decir.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. Ponen manos a la obra desde la mañana. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. la revelación del secreto dc las máscaras.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. Cuando los 313 . los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. De las exposiciones un tanto confusas. hucen oír . que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. esperando que caiga la noche. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. piden conocer las "cosas del Do". Al terminar el día. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. lo cual se hace ritualmente. del mismo tamaño. Por la noche. los usos varían se­ gún las localidades. dentro dc su simplici­ dad. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. Naturalmente. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. En uno. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos.

lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras.niños . ésta se pasca. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. Cuando se ha cerrado Ja fosa. Al día siguiente. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". éste la sella golpeándola con la mano. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa.se han reunido. c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. fisa es la costumbre. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. salta alrededor de los niños. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. De modo simbólico. Una máscara llega corrien­ do. Después de lo cual. no estd en \rida. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio.

quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. IV. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. el lugar ue reunión era un claro en la selva. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). El animal se inmolaba. y el anuncio producía una efervescencia en el país. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. instrumentos dc Jos Antiguos. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). t. com­ parado por H. Además de la cerveza. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". a los niños c incluso a la gente joven. 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. P.sudanesas]. Labouret). constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. 164. hoy por hoy en decadencia. Cremer y publicados por H. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. éstos se celebraban cada siete años. los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio.

pequenUo en un principio. Luego de abandonar la fosa. banquetes y palabrería. El enmascarado se ponía a bailar. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. I-a dan/a continuaba tres días seguidos. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. en cuanto el enmasca rado. el que se volvía se condenaba a muerte. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. El día señalado. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado.f negro que cubría una piel humana. em­ pezaba la parte importante del misterio. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). Por lo demás. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. T. ΛΙ cabo de siete días. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. con el rostro vuelto hacia el interior. cuyo tamaño no dejaba de crecer. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. iba creciendo poco a poco. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. al fondo de la cual se agazapaba la máscara.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. de espaldas. Al pie del árbol se había hccho una fosa.

Frobcnius. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. pp.cían. durante aquellos días. De todos modas. t. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. numerosas víctimas pere­ cían. a fin de m orir como él.). Ä9 ss. carbonizado en un accidente de aviación. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. Para rendir homenaje en común a un cantante . varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. 205. al cabo de aquel triduum. fuera entre la ma^a de la población. AZAR P. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. en 1939. VII. en 1926. Atlantis. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. en caso negativo. Dämonen des Sü­ den. 1924. Un ejemplo: el culto de James Dean. En los suburbios de Buenos Aires. fuera en el círculo de los ancianos. (Según K.

Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. dice. recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas.de su gusto. la empresa cinematográfica Warner Brothers. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres.lames Dean. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. en la que trabajaba . Escribe. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. el actor hubo de retirarse del mundo. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. sé que no estás m u e rto . se ha conmovido ante el fenómeno. En uno de los cotidianos más importantes de París./'. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. un historiador enterado. "Algunos psicoanalistas".. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. pretende que. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. desfigura­ do. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. y que su padre está escribiendo su biografía oficial.

la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. 319 . el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. 1957. U Figaro. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. pp. Paris. 213." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. El episodio en sí os insignificante y N futuro. Por cincuenta." Γ. ts s Stars. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde.. volcando 1 Pierre Gaxoto. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. Tras la muerte del héroe. maltratando a los transeúntes. 119-131: "Ix cas James Denn'*. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. uno podía sentarse unos segundos al volante. y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. Terminada la gira.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias.

varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital.autos. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. Casi linchados. los educadores. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. De manera 320 . Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. rompiendo aparadores y. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. Los pedagogos. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. finalmente. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. el hecho en sí no es nuevo. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. Por lo demás. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. Sin embargo.

no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. centenares y. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. se amontonan.. presas del terror de la soledad se reúnen. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. François-Régis Bastide ya ha escrito: .. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 .inexplicable. sin ninguna palabra com prensible. miles de muchachos están alii. Son.. aparte de su edad. "Para el extranjero. No .. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas. gruñen y se injurian apretando los dientes. esta trifulca y.m divier­ í ten. cl lunes. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. en toda la acepción trágica de la expresión. No sc conocen entre sí. se estaría tranquilo. se abruman a golpes sin un grito. ‘rebeldes sin causa'. nada tienen en común.e so s ociosos. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. decenas. se aglutinan corno pingüinos. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia.

en su mayoría son. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o .los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. Esc bienestar relativo y. bajo otros cie­ los.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. provoca la desesperación. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. (Le Monde.vo en la vida*. 5 de enero de 1957. hijos de obreros o empleados comunes. En cambio. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. en Suecia. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. Como aprendices o dependientes de almacén. el cxccso de dificultades por 'subir'. la certeza de un porvenir asegurado. como aquéllos. En ambos casos./’ Uva Freden. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas.. .

t. que se llevaban bajo otras máscaras. pero enteramente sin­ gulares. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. Finalmente tiraron aquellas máscaras. fueron muertos frente a Verue. de pronto. cap. Mémoires de Saint-Simon. cuando debajo estaba el verdadero. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. 1949. y estado sorprendida. como yo. II. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. la máscara es una diver­ sión dc la corte. maris­ cal dc campo. y la tensión no podía suprimirse. en extremo y en reiteradas ocasiones. hacia 1700. se quiso continuar con la diversión. El invierno anterior. Pero sigue siendo Inquietante y. 414-415. enteramente distinto. dos hombres de gran valía. pp. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. dc manera más desconcertante. y Wartigny. al natural. dc aquella ex­ traña singularidad. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. grande fue la diversión con esa broma.En Francia. XXIV (1704). pero el colorete se bo­ rraba al punto. da lugar. teniente general. Favorece agradables equívocos. Bibliothè­ que de la Pléiade. de suerte que. 323 . al desenmascararse. El invierno siguiente.

Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . En principio. una vez dentro de la sala. La mayoría de las veces es de color escarlata. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. 37. El origen de esc nombre es el grito de: bau. según Giovanni Comisso. a su antojo. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. empezando por cl dux. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. en los lugares pú­ blicos. En los teatros. 1944.En el siglo χνπ ι. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. por razones de Estado. París. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. Cuan­ do. bau con el cual se asusta a los niños. Era obligatoria para los nobles. p. la ley prohibe a los nobles ponérselo. Todos la llevaban en Venecia. Λ continua­ ción. hombres y mujeres. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. la conservaban o se la quitaban.

hora« bres vestidos o no dc mujeres. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. los berrwrdoni. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. vestidos dc andrajos. estaban: los gnaghc. tomo V. op. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos.). 325 . de disfrazar­ se. Prefacio de Gustave Coquiot. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos].. (Comisco. también sobre las máscaras. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. dc cambiar dc identidad. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. 133. 1900. Mémoires. los pitocchi. capitulo XI. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. dc escapar dc sí mismos. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. nota 1. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. de dejar de ser lo que son. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. p. Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. los tati. en una palabra. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. cil.

hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. La máscara es el rostro turbado y perturbador . como los fantasmas. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. no se ve su rostro. bajo la pelambre de las falsas barbas. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. Como los fantasmas. sardónica y macabra. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. que codicias. qué apetitos. a qué olvido de sí mismos. llena con sus tropeles. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. qué esperanzas. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina.

los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. pp. con sus rostros solicitantes y terribles. 3-6. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. Masques. (Histoires de. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre.de! desconocido. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y. es la sonrisa de la mentira. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. pues. es el lujo condimentado con el miedo. tal vez en la prefectura. quien sabe.) 327 .

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... ..... .. III...... ..... 2...... .. .27 II. ..........ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I.... 106 .. TV. S ik íl n im P arte VI. Clasificación de los juegos.. La corrupción de los juegos . . ....... .. P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s . 3... b) De la turbulencia a la regla . Conjunciones prohibidas. 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales . Conjunciones fundam entales ... ... ... V. 1..... 125 127 128 129 329 .... ......... ..... Definición del ju e g o ... La teoría am pliada de los juegos ...... Conjunciones contingentes . La vocación social de los juegos . .. .....

.... .. . 228 Los dioses que p aro d ia n ........ ........... .... ....................... .................. .....................VII.. 216 La m áscara y el uniform e ..... De la pedagogía a las m atem áticas ..... La com petencia y el azar ... 201 IX.... 166 a) T ransición....... Análisis psicopedagógicos .. La im portancia de los juegos de azar 239 II.......................... El simulacro y el vértigo . . Análisis m atem áticos... 138 1> La m áscara y el trance ... .... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .................... 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s . 266 1........... ...........281 330 . ..........169 b) E l m érito y la su erte ............ 268 2. ....... ...... ................. .... ........221 El c irc o ... ) 146 VIII................... 217 La feria a m b u la n te .. ..........227 El trapecio.... .......................... 185 c) La delegación....... 230 Co m plem entos I........ ........... ...

.E x p e d ie n t e II. . 293 IV....... ..... 310 312 317 VII...... La com petencia y el azar .. La corrupción de los juegos ............. ..... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno . ......322 331 ........ V III.... ................ El sim ulacro y el vértigo ...... C la siíic a c ió n ........ ...... ...... IX... ...........

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A-. 9:10 y B:9 punta*. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. Av. . F. 09070 México. D.E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da. En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. Arto de Juárez 226-C. S.

B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. H ughes y D. Fanon : Los condenados de ta tierra F. E . E. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. Wright: Para comprender el teatro actual R. F. B a rre : F. S. L u a rd : La China popular y su economía E. M yrdal : El Estada del futuro G. A. J.t desarrollo económico J. B erendt: Et jazz J. Shaplcy: De estrellas y hombres F. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. C o re: Historia y enajenación R.H. T. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. L. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D.

Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. Rostand: El hombre y la vida R. de BablnJ: ¡. Castellanos: ButúnCanán G. Dobb: Introducción a la economía G. Shackle: Para comprender ta economía .os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. S. D. L. van Doren : La profesión de Don Quijote G. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. Cole : La organización política K. H.

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