R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas. De la m ism a m anera. la palabra Juego. Asf. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. se transform an sin cesar. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so.propio. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. designa.la ac­ tividad especifica que nom bra.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. m úsico o com ediante. no sólo . de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. sino tam bién la totalidad de las figuras. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. p o r o tra parte. com pleta en un principio e inm utable. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. la m anera de un intérprete. Esa idea de totalidad cerrada.

el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. ung. la carrera. La idea de riesgo viene. Una vez m ás. al punto. o tras más. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. de libertad y de invención^ En un registro vecino. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. com o m ostrar su juego o. jugar en grattde. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. un elem ento favorable o m iserable. a la inversa. la vida. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. en . o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. jugarse el resto.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones.

que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . la voluntad de respe­ tarla. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. toda treta o respuesta prohibida. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. No pueden violarse con ningún pretexto. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. Ahora bien.. im perativas e inapelables. en fin. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. de com ún acuerdo. Todo juego es un sistem a d e reglas. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. É stas de­ finen lo que es o no es juego. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. sin p oder haccr nada al res­ pecto. A la ve/. es decir. esas convenciones son a rb itrarias. E sta vez.

una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. en el in terio r de ese juego. esc . cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. Juego significa enton* ces libertad. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia.voluntarias y aceptadas de buen grado. Así. que ins­ tauran un orden estable. no el juego m ism o. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. de facilidad de movim iento. in­ terviene un juego de o tra especie. enteram ente exacto. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. pero ño excesiva. una libertad útil. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. Por lo dem ás. Por o tra parte. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. pues la m áquina parecería desbocada. ese juego no debe s e r exagerado. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. Pero. que le da vida.

que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. to s senüdospim plican ideas de totalidad. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. Esas estructu.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. de re­ gla y de libertad.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . Sin em bargo el juego^significa. esos distini. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. com pleja c innom brable.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. En genera!. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal.

p o r fin. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . lisa es.do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. El equipo gober­ nante. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . la precisión. la argum enta­ ción de un Huizinga. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. es de­ cir. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. y en las m ism as condicio­ nes. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. reducida a lo esencial. pista o arena. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. la pureza y la im parcialidad de un juego. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. tablero para dam as o tablero de ajedrez). que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. que juega correctam ente el juego. a los partidos opuestos.

las leyes de la arm onía. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. unidad o canon en la escultu­ ra. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. Sin em bargo.form as legales. En música. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. de encontrarlas extrañas o m olestas. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. Al hacerlo. En pintura. que a la vez guían y lim itan al creador. Engendran hábitos que. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. al final. P or o tra parte. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. y cualquier o tra imposición. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. E n lo sucesivo. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. las hacen parecer naturales. Son com o las reglas del juego al que él juega. No ocurre o tra cosa en el terren o estético. la coreografía o el teatro . cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. A falta de lo cual. igual que en el juego. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos.

Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. En épocas de guerra llam ada cortés. a las ciudades abiertas. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. hasta la es­ trategia es convencional.. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. que se apoya 16 . La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. sino que suele serlo de la violencia regulada. M ediante esos pocos ejem plos. dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. pero regulado. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. tiránico. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias.

más flexible y más resistente.. Por el cam ino del placer o de la obstinación. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. el tacto m ás sutil. Los juegos de fuerza. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. de cálculo. de habilidad. . Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. y siem pre revocable. H acen el cuerpo más vigoroso. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. res­ petada voluntariam ente p o r todos. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo.en un sistem a coherente y equilibrado. tienen al menos valor d e modelo. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. son ejercicio y entrenam iento. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. la vista más penetrante. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. que se b o rra p o r sí mism a. la regla no favorece ni lesiona a nadie. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. en que.

El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. de una m a­ nera general introduce en la vida. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . En efecto.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. la mala suerte o la fatalidad. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. nada está perdido y.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. antes que recri­ m inar o desalentarse. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. El juego no prepara para ningún oficio definido. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. Quien se enoja o se queja se desacredita. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto.

la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. Por o tra parte. que a su vez es juego y juego superior. En cierto sentido. tal dom inio es m ás fácil en el juego. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables. No obstante. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. la suerte Im­ placable c im prescriptible. su m ejo r afán. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. consum ada la hazaña. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. anuncio éste que pone fin a la 19 . el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. que lo deja sin energía ni resorte. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. al ech ar los dados o al voltear un naipe. una vez rebasada la cima. Sin duda. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. nada com o el juego exige tanta atención.

que hacen retroceder la tacañería. es la ley del juego. la codicia y el odio. con ese desapego. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. tener a la vista la imagen de la perdida. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. C onsiderar la realidad como un juego. como si Dios no existiera. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. es llevar a cabo o b ra de civilización. más im por­ tante que lu que está en juego.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. E xperim entar placer con el pá­ nico. Tal vez de m anera paradójica. en cualquier caso. El juego no es una escuela menos ruda. un herm oso riesgo que rale la pena correr. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. como dice P latón hablando de o tra apuesta. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él.

el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. 21 . el juego escoge sus di­ ficultades. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. aceptado por él. Además. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. el juego queda a m erced del aburrim iento. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. las irrealiza. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. p ero un obstáculo arb itrario . Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. la realidad no tiene esas de­ licadezas. Por o tra parte.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. en m ayor o m enor m edida. De habi­ tuarse a ella. p o r el pundonor o p o r la casuística. Finalm ente. las aísla de su contexto y. En pocas palabras. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. Quien tiene ham bre no juega. p o r decirlo así. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. casi fic­ ticio. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. En cambio. E n segundo lugar. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. a expensas del conteni­ do. transfor­ m an el m undo. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. hecho a la m edida del ju g ad o r y.

Secundum Secundatum . Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y.En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad. sin ella.

PRIMERA PARTE .

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el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. esta obra. 27 .I I. retom ó y desarrolló sus tesis. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. dándolas p o r sentadas. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. Johan H uizinga. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. p o r su naturaleza. En H om o ludens. En todo caso. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. p o r o tra. Por una parte.

puede absorber por completo al jugador. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. del FCE. podemos decir. por tanto. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica.1 1 Homo ludenx. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. México. que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. En la página 53 se encuentra otra definición. aunque libremente aceptadas. a pesar de todo. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. \W ." 28 . trad. pp. que el juego. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente. 31-32. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada. según reglas absolutamente obligalonjA. peiO que. en su aspecto formal. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual.

E sta definición. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. lo gama. En segundo lugar. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. los garitos. lo publica y. -|T>ara bien o para m al. Sin duda el secreto. las pistas de carreras y las loterías que. en fin. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. es decir. En pocas palabras. p o r ejem plo. cuando el secreto. es decir. la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. el m isterio y. En cambio. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. sino una insti­ tución. se p restan a una actividad de juego. los casii nos. . el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. La ac­ tividad de juego lo expone.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. ocupan precisam ente un . en cier­ to modo. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. el disfraz. se puede e sta r seguro de que no hay un juego.

cierto que en form as infinitam ente variables. Sin em bargo. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. Pero tam poco es inexplicable. pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. Además. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. a causa de los gastos generales. Ciertam ente re-. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. es preciso distinguir. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. En el m ejo r dc los casos. Hay . Aunque casi siem pre es inferior.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. aunque se considere desdichada. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. es decir. En* algunas de sus manifestaciones. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. incluso en su form a dc juego p o r dinero. el único que no puede tom ar placer en el juego. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. Pues bien. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo.

está claro que en ello no son jugadores. y deben pensar en la prim a. d e Inge­ nio. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . en el hipó­ drom o o en las tablas. pero no produc­ ción dc bioics. En cuan­ to a los profesionales._c&_ca· racterfstico del juego no. los ciclis­ tas. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. sino hom bres dc oficio.desplazam iento de propiedad. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. Aún más. como fuente dc alegría y de diversión. Por o tra parte. ni objeto mamifacluracjp. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. O bligatorio o simplemente recom endado. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. Cuando juegan. ninguna obra. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. Æn^cfccto. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. es a algún o tra juego. en la pista. la even­ tualidad dc esa transferencia. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. en el salario o en la rem uneración. ni o b f t m aestra. crear Tiinguna riqueza. los boxeadores. de habilidad y con frecuencia dc dinero.

1943. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. II. el recogi­ miento. p. 21. el cuadrilá­ tero. etc. p ara apartarse d e la vida corriente. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. ora da lugar a un castigo. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. el silcucio.’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. Parts.se entrega a él espontáneam ente. la pista. de buen grado y p o r su gusto. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. la rayuela. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. S alir del recinto p o r erro r. P o r lo dem ás y sobre todo. la arena. p o r acci­ dente o por necesidad. enviar la pelota más allá dul terreno. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. i Hay un espacio para el juego: según los casos. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. es decir. 32 . el estadio. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. ora descalifica. la escena. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. la liza.” En efecto.

su naturaleza puram ente conven­ cional. Sus argum entos son irre­ futables. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. como en los juegos de niños). Además. p o r ejem plo. "tiem po". tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. el tram poso cuando menos finge respetarlas.cucncia. necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. p o r reglas pre­ cisas. su duración se fija de antem aao. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. Quien no las acepta con ese carác­ ter. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. Si es posible. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. Desde ese punto de vista. se pro­ longa. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. arb itra ria s e irrecusables. 33 . No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. el terreno del Juego es asi un universo reservado.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas.

gana sin esfucr/. Un desarrollo conocido de antem ano. en la ruleta. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. en el ajedrez. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada.o c infalible­ mente. El juego consiste en la necesidad de encontrar. En la lotería. En esc sentido.^ ó l o se juega si se quiere. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. En una prueba deportiva. en una partid a de nai­ pes. igualm ente es la que da ra34 . en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. Es adem ás una actividad incierta. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. el juego es una actividad libre. E sa libertad del jugador. ya no divierte a quien. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. el resultado ya no es dudoso. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. A decir verdad.

al caballo. No se hace com o si. Quien juega al ajedrez. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. se ve separado de la vida corriente. p ara jugar a las muñecas. en general. al m arro. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. al polo. debo decir aquí que la ficción. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. a policías y ladrones.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. De ese modo. sim ple mímica. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. p o r ejem plo una m áquina. la regla crea una ficción. Muchos juegos no im plican reglas. P o r el contrario. Por eso se juega en serio al ajedrez. al avión y. a la locom otora. a las b arras. al soldado. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. Esa conciencia de la irreali­ 35 . o cuando menos no fijas y rígidas. no las hay. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. Por sí m ism a. al polo o al bacará. al bacará.

Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. un verdadero p irata. es decir. Así. un ver­ dadero caballo. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido.dad fundam ental del com portam iento adoptado . Podemos concebir fácil­ mente que.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. p o r ejem ­ plo. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. D estinada a p recisar la naturaleza. los juegos no son reglam entados y ficticios. a la chiquilla. el máximo com ún denom inador de todos los juegos. Antes bien. un verdadero subm arino. o están reglam entados o son ficti­ cios. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. que denunciaba lo absurdo de las reglas. jugar a "ju g ar al ajedrez". si le parece p arte de la vida corriente. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. y encuentren divertido. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. a fin de im itar a las personas m a­ yores. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . o.

ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. No obstante. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. som etida a convenciones que 37 . En particular. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. los solitarios y los cru­ cigram as. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. y. ni riqueza. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. 5* Reglamentada. Por el m om ento. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. A ellos habrá que volver.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. el cornc:a y el trom po. los acertijos. y el de la mímica y la interpretación. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. el tiovivo. p o r ejem plo.

Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. se esforzará p o r tener en cuenta. esta vez.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. 38 . 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. que es la única que cuenta. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. Sin em bargo.

Además. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas.II. e n otro. la cualidad principal que exige. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. al comienzo. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po. En un m ism o lugar. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. Además. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. En efecto. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. el lugar en que su disputa la prueba. en el último. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. a decir verdad. finalm ente. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. en un tercero.

pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. Por una vez. Así. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. Por lo general. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. S in em bargo. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. el corredor. sólo espera la decisión dc la suerte. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. Sobre todo. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. P o r o tra p arle. sea en la ruleta o el bacará.y el diábolo son diversiones al aire libre. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. ora intelectuales. No hace nada. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. 40 . resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. En cam bio el boxeador.

m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. Pero. opuesta p o r algunos conceptos. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. pero no por todos. en lodo caso. Sin em bargo. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. M im icry e llinx. En el extrem o opuesto. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . d entro de esos sectores. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. a las canicas o al ajedrez (agón). en los juegos considerados. del sim ulacro o del vértigo. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. del azar. Lo distribuyen en cuadrantes. de turbulencia. Así. de acuerdo con una progresión com para­ ble. Las llamo respectivam ente Agon. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . predom ine el papel de la com pe­ tencia. Alea.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. Casi p o r com pleto. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego.

m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. Por lo dem ás. m e he esforzado por 42 . de habilidad o de ingenio.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. de paciencia. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. im perativos y mo­ lestos a propósito. enteram ente desprovista de sen­ tido. Pero. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. Con la m ism a intención. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas.significativo y m ás am plio posible.

En el in terio r de cada cla­ se. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. a) Categorías fundamentales Agon.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. ingenio. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. esgri· 43 . habilidad. tenis. box. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. busque en el inundo anim al conductas homólogas. resis­ tencia. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. adem ás.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. e tc . cada vez que pude. Por tanto. vigor. ΛΙ hacerlo. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. fútbol. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. m em oria. es decir.

como en las dam as o el ajedrez. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. com petencias de tiro. de a tle ­ tismo. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. En ocasiones.). es de­ cir. una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. en el croquet.ma. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. E! juego de dam as. el billar. p o r ejem plo. Asimismo.). son ejem plos per­ fectos. en los juegos de nuja. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. etc. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. de golf. de un caballo o de una to rre). Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. el ajedrez. se p rep ara una des­ igualdad secundaria. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. etc.

el torneo. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. Para cada com petidor. . se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. Fuera. Deja al com petidor solo con sus recursos. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. siendo iguales para todos.los recursos del jugador. En los encuentros de­ portivos. un entrenam ien­ to apropiado. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. Im plica disciplina y perseverancia. constituyen. la exposición. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. dado el caso. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. o en los lím ites del juego. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida.

con la cabeza pacha. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. Asimisnio. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. Escogen un cam po de batalla. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución. conside­ rando ciertos hechos. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. No obstante. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. "un lugar un tanto 46 . com o es de esperar. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. testuz contra testuz. los ca­ chorros dc perro. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow.En principio. las focas jóvenes y los oseznos. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. si bien está ausente la regla.

de parpadear. esos juegos de ascetism o. ele. 47 . como se les h a dado en llam ar. en form a de azotes.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. de­ ja rá de respirar. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. d e pellizcos. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. inauguran pruebas severas. trad. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo.elevado". Gixxtó. francesa. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. Se lan­ zan uno contra otro . Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. pp. en cuanto a los ejem plos anteriores. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. lo que está en juego es m ás serio. y golpean. Sus plum as se erizan. de piquetes y de quem adu­ ras*. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. P o r ello. sino d em o strar su propia superioridad. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. 1902. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". Pa­ rís. con el pico al fíente. 150-151. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. Les jeitx des animaux. dice Karl Groos. resistirá las cosquillas. Entonces. En ocasiones.

la calificación. problem as de ajedrez. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. la paciencia. el bacará. p o r consiguiente. donde. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. sino que . que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. el entre­ nam iento. el alca niega el trabajo. Con ello se ap artan un poco del agón.).cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. Alca. crucigram as. la ruleta. la lotería. En un instante aniquila los resultados acum ulados. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. sin enfrentarse directam ente. etc. Lo tom o aquí para designar. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. en oposición exacta al agon. Es desgracia total o favor absolu­ to. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. Aquí. la regularidad. M ejor dicho. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. alpinism o. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. el cara o cruz. la habilidad. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. elimi­ na el valor profesional.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. A la inversa de! agón. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. etc.

son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter. ab o lir las superioridades na* 49 . el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. En general. el alea una renuncia dc la volun· tad. salvo consigo mismo. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar .m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. cuanto m enor sea la defen­ . con todo. dc disciplina y dc fatigas. cuenta con todo. en un juego com o el póquer. P o r p arte del jugador. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. sa del jugador. muy por el contrario. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. en el alea. En éste. con cada singularidad que capta. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. Parece una insolente y soberana burla al m érito. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó.V p o r consiguiente. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. con el m ás ligero indicio. En un juego como el bridge.

En cam bio. K.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. Por considerables que se supongan. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. F. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. Recompensan una victoria disputada con pasión. 50 . en las peleas de gallos. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos. corredoics. de acuerdo con las peripecias del agon. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. es decir. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. Incluso es lo contrario. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. otorgada a) mérito.sa recompensa. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. principalm ente. los ani* Por ejemplo. nada tiene que ver con el favor de la suerte.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. Groos. boxeadores.

tanto las oportunidades com o los m éritos. É stos no logran hacerle estrem ecerse. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. Sin em bargo. precisam ente. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. Sea tigon. pues nada en la vida es claro sirio que. sea alea. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. ju g a r es actuar. todo en clin es confuso en un principio. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . Para ¿1. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. P or o tra parte. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción.

se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. cuando menos de un universo cerrado. fic­ ticio. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. Que es a lo que responde la m i­ micry. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. sobre todo de los insectos. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. pero no es me· 52 . convencional y.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). De uno u o tro modo. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . F. F. en ciertos aspectos.l juego puede consistir. del im pulso que las suscita. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. disfra/a. sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. casi orgánica. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. El sujeto olvida. en la o tra escala. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. M im icry.

Wl143. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . París. En efec­ to. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. a rb itra ria e im perfecta.nos elaborado. Mythe ct VHomme. en esta ocasión. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. com plejo y sorprendente. en vez de ser un accesorio fabricado. corresponde en el anim al y. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. Sólo que.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. en ponerse una m áscara. en representar [jouer] a un personaje. una m odificación orgánica. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. a una conducta libre del hom bre. versátil. en disim ularse. de m anera m ás p articu lar en el insecto. pp. 193Ä. Así. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. Por poco que se adm ita esa hipótesis. que sobre todo acaba en una obra exterior. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 .1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". Por desgracia.

de la sonrisa y sobre todo del movim iento. casi irresistible. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor.E ntre los vertebrados. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. 291K 54 . H udson creyó p oder afirm ar que. se­ m ejante al contagio del bostezo. de la claudicación. F. del perro o del caballo que ve alejarse. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. sino como lo propongo aquí. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. sin reconocerla. sigue el paso del hom bre.n efecto. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. Entre las aves. Sin ruibarbo. En cu an to a los cangrejos oxirincos. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. y en cam bio. y huye de todo objeto que se acerca". q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. Reproduz­ co algunos . según los casos. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. esporádicam ente.de ellos en el "Expediente". de la carrera. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. ni final de este volumen (p. lo más caprichosa. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro.

pirata. agente de policía. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. En el niño. m osquetero.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. los ap aratos. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. enm ascarados o disfrazados. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. La niña juega a la m am á. 55 . com o se tra ta de un jue­ go. En el carnaval. Pero.4 etc. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. a la lavandera y a la planchadora. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. el niño finge ser soldado. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. realistas y <*orné*tlcas. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. a la cocinera. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. Finalm ente. m arciano. vaquero.

Sólo que es un espectáculo en que.ro torero. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. se excluye el sim u­ lacro. todo agon es un espectáculo. ni tam poco un verdadero piel roja. Como actividad. imaginación c interpretación. Por sí sola. pero ellos no juegan. para que sea válido. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . Para quienes no participan en él. el espectador en el héroe de la película. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. sino claram ente los asistentes. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela.

en el hipódrom o. de tenis o de polo. el de los caballos de su elección. el p artido de fútbol. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. En una palara. inauguración solem ne. la carrera ciclista. En esas condicio­ nes. p ara ayudarlos. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. pero aparecen con las características exteriores de una representación. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. Con excepción de una sola. A dccir verdad. convención. adem ás del espectáculo. Los cam peones. es­ e 57 . el encuentro de boxeo o de lucha. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. triunfa' dores del agon. constituyen en sí espectáculos con trajes. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista.m anera m ás explícita. suspensión de la realidad. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. En cam bio. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales.

du­ rante un tiem po determ inado. como a una reali­ dad más real que la realidad. En cualquier caso. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. F. el artificio al que se le invita a d a r crédito. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. la m áscara. consiste en fascinar al espectador. se vinculan a ciertos juegos infantiles. pues los prim eros. La m i­ m icry es invención incesante. Ko obstante. La regla del juego es única: para el actor. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos.pació y licm po delim itados. m ediante la técnica em pleada. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. Los escojo a propósito. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. se trata de alcanzar una especie de espasm o. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. Ilinx. para el espectador.

Luego. 179-192.0 En México. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. 298." Por lo demás. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. p. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. pp. Ar^el. 4. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". II. G irando '· O. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. julio dc 1937. Ethnos. trece según Torquem ada. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. Coppolani. En el “Expediente'·. 329-339.de vértigo. vol. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. 156*159. num. Paris. La cerem o­ nia. 1947. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. Les Confréries rclizicusts musulmanes. dan varias vueltas com­ pletas. pp. y en Guy Slrcsscr-Pean. m uertos divinizados. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. 327334. al que acom pañan aves. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. Antes de llegar al suelo. 59 . que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. Depont y X. 188?. describiendo una espiral que va ensanchándose. pp.

En· 60 . frente a frente. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. la rotación rápida. precipitarse p o r una pen­ diente. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. G ritar a voz en cuello. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. dos niños se tom an de las m anos. si se eleva lo bastante. resbalar por el tobogán. de­ prendas y del salto de rana. E ntre los niños. Paralelam ente. la caída o la proyección en el espacio. el tiovivo. la velocidad. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. De una m anera análoga. extendiendo los brazos. el deslizam ien­ to. el sube y baja. en el juego haitiano del ntaiz de oro. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. procuran sensa­ ciones análogas. los pies ju n to s y encontrados. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. existe uu vértigo de orden m oral.rápidam ente sobre sí m ism o.

es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. R 61 .1 tre los adultos. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. ya orgánico. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. propongo el tér­ m ino ilinx.1 Las ratas dc TKarl Groo*. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. O tras veces. Por lo dem ás. ni tam poco al m enor asomo de peligro. en p articu lar de las ove­ jas. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. por ejem plo. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. nom bre griego del rem olino de agua. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. ya físico. op. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. citv p. hasta caer. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. 2Q . no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. Antes que nada. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. Los antílopes.

Según Karl Groos.. 116. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. y de nuevo se dejan caer. 265266. tom ando cada cual im pulso. Pero las aves. E l gibón escoge una ram a flexible. El caso de las gam uzas es aún más notable. 62 . allí. suben a los nevados y. pp. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. 111. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. el tiovivo y el colum pio de là infancia. trepidantes ν convulsas. como •Kart Groos. m ientras que las dem ás la ven hacer. dando la im presión de que se estrellarán contra él. la curva con su peso hasta que se afloja. Luego vuelven a subir. son am antes de los juegos de vértigo. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. el maíz de o ro . como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas.1 1 Después de la perinola. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. sobre todo.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. En la época de celo. proyectándolo p o r los aires. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. ihùf. la resbaladilla. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. descrito por Audubon. El halcón nocturno de América.

Por o tra parte. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. que se acerca más al espasm o que a la diversión. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. P or tanto. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. F uer/a es decir goce. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. Evidentem ente. Acaban de d a r alaridos de terro r. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. Sin em bargo. en m otocicleta o en un au to convertible. ha habido que inventar m áquinas potentes. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . del que esperan un goce. de los que depende el senti­ do del equilibrio. Devuelven a las personas dem acradas. es im portante observar que la vio* 63 . A decir verdad.

de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. forman p arte de su naturaleza. En cam bio. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. lím ites estrictos e invaria­ bles. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. Aquí. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . A p artir de esc m om ento. separación del resto de la realidad. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. en casos extrem os. Son ellas las que lo trans­ 64 .

es de­ cir. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. en tre otros. de los niflos y de los anim ales. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. Kredati designa el juego de los adultos. Además. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. una necesidad de relajam iento. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. cier­ to peligro de confusión. 3 la que propongo llam ar ludus. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. a la que yo llamo paidia. y en general de dis­ tracción y fantasía. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. En efec­ to. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial.

no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. el perro que se sacude. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. En cam bio. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. 66 . de sim ulacro y de azar. los juegos de habili­ dad. dc asir.do con cl viento. de probar. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. es decir. La palabra wan es todavía más explícita. de colores o dc ruidos. dc hacer trizas una tela. de la pelotera a la batahola. m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir. el lactante que ríe a su sonaja. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. de hacer que se derrum be un m onta­ je . naturalm ente exce­ siva. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. De la voltereta al garabato. si no es que la única razón de ser. etc. de atrav esar una lila. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. dc com petencia. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. una recrea­ ción espontánea y relajada.

haciendo muecas. pero solicitada p o r él. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. ora una angustia psíquica. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. Rom anes. pp.. Asi. separa­ da y gobernada. cuya causa es el. com o ya hem os visto. 67 .Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. que hace cesar a su antojo. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. de sentirse causa. cit. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. convenida. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. &■ $ $9. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. J. ν reproducida en el "Expediente" <p. pero lim itado. op.e gusta ju g a r con su propio dolor. 299). sacando la lengua. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. busco ora un dolor físico. se tra ta de afirm arse. y dirigido. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. T. hacia atrás. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. Tam bién le gusta que lo asusten. o juega a quién m irará el sol. De ese modo» K. Para el niño. cerrando los ojos. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. p o r ejem plo. * Observación citada pur Kart Groos.

la m uñeca. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. El ludus da ocasión a un entrenam iento. del alea. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. de la m im icry y del ilinx. la resbaladllla. la gallina ciega. a la cual disciplina y enrique­ ce. definida arb itrariam en te. las técnicas. E sta esfera. en la adquisición de una m aestría particular. a la postre.En general. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. La diferencia con el agon es que en el ludus. escondidillas. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. el com eta. Pero en cuanto aparecen las convenciones. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . que es propiam ente el ludus. la perinola. los uten­ silios. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. a voluntad. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. de tal modo.

del diábolo y del yoyo. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. los crucigram as. Hirn.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). trad. las diversiones m atem áticas. los anagram as. sin instrum entos. francesa. por ejem plo. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. dentro de la m isina especie. P. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. 69 . Paris. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. se pueden cita r los juegos del balero. Asimismo. Gracias a él. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. En el aspecto de la habilidad m anual. “■Kant había hecho ya esa observación. 1026. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. Víase Y. 63. Les i'eta d'enfants. En fin. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo.

sea el azar el que decida en lo esencial. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. véase el •'Expediente** (p.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. 300). en esos dos ejem plos. Por lo dem ás. Sin em bargo. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. en m ínim a proporción. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. 70 . En el caso más simple. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. en que el jug ad o r puede. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea.1 1 Asimismo. así fuese en m ínim a parte. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. Lo cual no im pide que. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. ya como ludus.

Es entonces escuela del dom inio d e sí. estrem ecim iento inmóvil y mudo. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. que es cálcu­ lo v com binación.gos de ilusión. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. Pero. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. ofreciendo la conjunción esencial. Por m edio de esa feliz com plicidad. com o en el alpinism o y el trapecio. y el alea. o de los modelos a escalo. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. hasta 7! . la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. que es tum ulto y exuberancia. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. p ro ­ cura. y el ilinx. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. Lejos de com binarse con el ilinx. así com o no podría haber alianza entre la paidia. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. que es arreb ato puro. de avión o de barco. Reducido a sí mismo. En cam bio. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos.

que los diarios. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. acertijos. A decir verdad.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. ese ilaccr sin eco. dotado o no de prem io. el balero. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. De esc modo. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. Pero siendo m ás cs72 . m ediante un juego disputado. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. crucigram as. Em pero. hay una característica del ludas (explicable. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. El yoyo. t Por lo dem ás. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. En efecto. llegado el caso. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. a mi m odo de ver. etc. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. no pierden opor­ tunidad de organizar.

En realidad. Cuando le falta éste. g ratu ita. lo baña una atm ós­ fera de concurso. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. En efecto. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. para hacerlo. en una palabra. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. el anagram a. en el obrero. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. a rte por placer. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. el hobby lomaba 73 . activi­ dad secundaria. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. cons­ tituido de nuevo en artesano. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. E stá com probado que. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie.table.

que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. el alca. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. 74 . De una m anera general. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. la fatiga. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. disciplinando u la paidia. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. la aplicación. el pánico o la embriaguez. Por esc m otivo. sin el dom inio de sí. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. la m i­ m icry o el ilinx pero. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. es positivo y ί ο cundo. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego.

para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. Ja pacien­ cia y el sueño vano. Pero debe com binarse con 75 . al m ism o tiem po. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. al p arecer deriva en esc caso. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. La reserva de agitación libre que la define en un principio.Por lo demás. no hacia la proeza. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. saca a la luz o lro destino de la paidia. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Según algunos. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. Tal vez a causa de ese origen. el cálculo y di­ ficultad vencida. orienta naturalm ente la turbulencia. En esas con­ diciones. En efecto. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. literalm ente " a r­ diente-desorden". ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. sino hacia la calm a. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente.

Asimismo.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. . desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. sin duda im plícita. D ar preferencia al agon. al alea. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización.

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en una palabra. de precisión.III. Tal vez lo sea. obtenien­ do gloria. dc altu ra. yoyo. cuan­ do menos virtuales. trom po. sobrepujando en la dificultad. diábolo. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. Cierto es que existen algunos juegos. balero o aro . en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. De m a­ nera general. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. incluso. de cualquier realización difícil dc igualar. realizando proezas sin preceden­ tes. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. sobre lodo juegos de destreza. estableciendo m arcas precarias de duración. Los propietarios de los 80 . Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. aunque sea a sus propios ojos. dc rapidez. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. com eta. tal vez invisi­ bles o ausentes.

luego sujeto entre los dientes. en ello consiste lo esencial de su placer. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. Luego. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. adoptado de común acuerdo.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. Así. Acaba por p recisar un reglam ento. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. E stá horadado con m últiples perforaciones. En O riente. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. Con frecuencia. con el estilete en toda la m ano. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero.

operación que es monopolio dc tas m ujeres.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . En ocasiones. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. el jugador mima una aventura o analiza una acción. Cuenta un viaje. enum era las diferente«.m ar ventaja. A cada nuevo hoyo. etcétera. alguna cacería o un cóm bale. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. fases del desta­ cado de la presa. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero.

Antes de volver a la lucha. provocación y conta83 . Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. En efecto. Y no sólo los perros. no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. como desafio y replica. En ese estadio. Por lo general. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. los cuervos. . Incluso cuando. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. sino tam bién los zorros. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. en p rin ­ cipio.Los pedazos a los perros Los perros com en. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. . la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso.

el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. efervescencia o tensión com partido. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. la m im icry. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. pre­ fieren estar allí.tfio. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. en algún salón discreto. Así. si no es que en el barullo. Una partid a no soporta sino 84 . ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. las diferentes categorías dc juegos. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. incluso en el cine. el ilinx su­ ponen. el alea. Sin em ­ bargo. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. el agon (por definición). P or o tra parte. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. Asimismo. En fin. no la soledad sino la com pañía. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. Pero no. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos.

incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. Sin em bargo. los campos de carreras. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. privado y m arginal. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . son los casinos. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. a ve­ ces clandestino. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso.un grupo lim itado de com pañeros. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. En determ inadas circunstancias. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. Para el agón. para el alea. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. Entonces. esa form a socializada es en esencia el deporte. p o r su am plitud y su estabilidad. En una palabra. asociados o no. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial.

orientada ya hacia el vertipp.ciedadcs dc apuestas. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. el carnaval y el baile de disfraces. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. para el ilinx. 86 Ψ . Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. para la m im icry. finalm ente. de una m anera m ás equivo­ ca. de francachela y de júbilo populares. las artes del espectáculo.

sep arad a. 5= reg lam en tad a. 6o. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. é s te ap areció com o una actividad: 1?. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. libre. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. liza. 87 . perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. ?. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. Desde ese m om ento. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra .IV. 2». esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. 3?. Cierta­ mente. . 41 im p ro d u ctiv a. estadio o escenario) que les está reserva­ do. Puram ente form ales. incierta. pista. ficticia. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. Por necesidad.

im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio.Además. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. ideal. En el agon. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. finalm ente. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. en el alta. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . dc escapar . en cl juego. Tiránica y aprem iante. se esfuerza y se em peña. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). en el ilinx. Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. la búsqueda del vértigo (ilinx). Pero. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. en la m im icry. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia.

ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. Es deshonesto. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. lo que era diversión en pasión. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. P o r su parte. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. pero hipócrita. el tram poso perm anece en el universo del juego. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. lo que era evasión en obligación. Si bien infringe las reglas. El principio del juego se ha corrom pido. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. en obsesión y en causa de angustia. T ra­ ta de engañar. En el fondo. no hay perversión del ju e ­ go. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. El caso no es excepcional en absoluto.

Son su propio traba­ jo . el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. recita. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. para el profesional del ciclismo. la. En cuanto se 'term i­ nan. o la »úm icry. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. Pero. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. el ago»». ac­ túa. so viste. del boxeo. del tenis o del fútbol. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión.prueba. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . es devuelto a la realidad. los ciclistas o los actores profesionales.obedezcan. Si lo descubren. el público se precipita a la salida. la representación tea­ tral es un sim ulacro. Hace gestos. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. Asimismo. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. llena de obstáculos y de problem as. Asimismo. lo echan. La diferencia sólo los afecta a ellos. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. debe defender sus intereses. Tam bién p ara el actor. una activi­ dad constante y absorbente. necesarios para su subsistencia. Para los boxeadores.

em pieza la verdadera perversión del agon. Ahora bien. H ipócritas. En la sociedad encuentra su brutalidad original. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. P or lo demás. vuelve asi a la situación de partida. el velódromo o el cuadrilátero. luego que suena la cam pa­ na. sociales o legales que. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. en cuanto abandona el estadio. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. la m ás difundida dc todas. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego.m ejor porvenir. com o las del ju e­ go. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. incesantes c im­ placables. estas im pregnan toda su vida. Como el com ediante fuera dc escena. Fuera de la arena. en el caso particular. son lím ites y convenciones. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. Por eso. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que.

tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. sin corazón ni m em oria. para a p a rta r las influencias nefastas. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. Por lo dem ás. Con la superstición nacc la corrupción del alea. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. que conoce en sueños. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. En cuanto a los juegos de azar. Aun siendo in ju sta. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. es decir. En efecto. En fin. la decisión del árb itro se aprueba por principio. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería.

Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él.1 Es significativo que. prácticam ente todos. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. es decir. cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. Más todavía. 93 . Insiste en leerlas. Las m ás de las veces. la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. Sin em bargo.form a. Pero al fin y al cabo las lee. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. É ste afecta tam bién las gestiones. para Ja m ultitud de sus lectores. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. 310). fuerza es confesar que los supera. Al salir de la cam a. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables.

magos y o íro s "fakires". Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. veinte revistas espe­ cializadas. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. Tan sólo p ara la astrología. Con frecuencia. Al parecer. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. . cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. En París. fecha de aparición dc la primera edición. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología.

La corrup* 95 . la aplicación a la realidad de aquel principio del juego.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. sólo se traía de lám inas com unes. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. Y aun así. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. En cuanto a la avidez. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. Por todos conceptos. el atea. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. Antes que obstinarse en una labor ingrata. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. es dccir. La superstición aparece así como la perversión.

La precisión de los lim ites im pide la enajenación. cuando. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. Asimismo. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. del disfraz y de la m áscara. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. Una vez m ás. Una vez abandonado el espacio mágico. Convencido de que es el otro. term inada la fantasm agoría. lentam ente. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. aquí el juego protege del peli­ gro. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. 96 . el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda.

al alea o a la m im icry. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. Pero aun asi 97 i . ya no tie­ nen vigencia. los espías y los fugitivos. allí donde las reglas del juego. El azar tam poco es contrario a la realidad. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. sin conven­ ciones previas c im periosas. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. a la vez liberadoras y aislantes. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. En los terrenos de ferias. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. como se ve con los estafadores. E s sorprendente que. Además. en cuanto al agon. El sim ulacro desem peña un papel en ella. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. En cam bio. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda.

Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. Entonces se pide a las drogas o al 98 . Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. El vértigo físico. Por últim o. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. perm anecen in­ dependientes del m undo real. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. com plejas y estorbosas. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. Su acción se limita a su propia duración. antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. P o r su atm ósfera. pertenecen ya id universo del juego. Además. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. Costosas.llegan a producirse. interm itentes. de velocidad.

li­ b erar del peso del recuerdo. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. la for- 99 . si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. una horm iga de las m ás com unes. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. Aunque como el vértigo físico. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. Así. IJna vez más. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. Ahora bien. con cierta necesidad perm anente. Pero. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. esta vez.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. Sue­ len crear. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. una ansiedad insoportable. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita.

Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. pasa a o tra. IX . lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. Mal aten ­ didas. 199*203. t. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. 1911. Cuando ha agotado una oruga. I-a form ica fusca que. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. m ata a la lochem usa. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. El horm iguero decae y des­ aparece. pp. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. que no lo tolera. I.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. en libertad. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. No obstante. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". La desgracia * Henri Piéron. O tra especie de horm iga. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. Sciemia.m ica sanguínea. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. 100 . P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

de lady Gomme. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. goza del favor público. El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. del respeto a la regla. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. Son trib u tarias del espíritu de investigación. 1946. hace de ella un resumen gráfico.vado a concluir el lector de H irn. y el deoorte. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". siendo jxer* C seguido por su competidor. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. de Groos. El juego es libertad e invención. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo." Jean Giraudoux.1 Sin em bargo.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. De improviso. Scgdn é). 107 . 112*113. en 1938 Hui/. del desape1F. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. pp. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. con ayuda de la imaginación. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. caprichoso < n c! detalle. Sort* Ponx'üiri. Así. do Carrington Bolton y de tantos otros. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. los hombres habrían "imi.

Al mismo tiem po. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. las de la táctica mi­ litar. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. las de la puesta en escena y de la liturgia. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. Sin em bargo. "¿H abrá salido todo del juego?". Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. las reglas del derecho. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. En ciertos aspectos. En un caso. del contrapunto y de la perspectiva. habiendo perdido su seriedad. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que.go que crea y que m antiene. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens. P o r el ca­ m ino del juego. las <Ie la prosodia. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. En el otro. a concebir una eco­ nomía. Estim ula el ingenio. el refinam iento y la invención. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. El espíritu de juego es 108 . a establecer una equidad. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. Apren­ de a co n stru ir un orden. sea para articu larlas una a o tra. sea para decidir en tre ellas. el determ inism o.

difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización. juegos y juguetes son residuos de ella. ciertam ente no eran juegos en absoluto. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. en el transcurso de la historia. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. pero. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. aislándo­ lo. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . privados de sentido en aquella en que se les introduce. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. laicas o sa­ gradas. Entonces. E s tiem po d e d a r ejem plos. pero no su naturaleza. tal como la define precisam ente Iluizinga.esencial p ara la cultura. Su función social ha cam biado. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. En ella ya sólo se les tolera. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena.

El difunto se juega la suerte en 110 . Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. En Nueva Guinea. Por encima del jugador. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra.correspondían. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. que preside. En el juego del pillapilla. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. fi­ nalm ente. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. En el Egipto dc los faraones. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. a m anera de telégrafo rudi­ m entario. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. En Corea. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. Osiris.

p atrón de los rebaños. dios del am or. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. de la destreza o de la gracia. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. se mece solem nem ente a K am a. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. En la India védica. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. En Ingla· 111 . El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. Dedicados a una divinidad. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. y a K rishna. De m anera general. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. la liturgia de una cerem onia piadosa. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. A decir verdad. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. En prim avera. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo.

que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. en Francia. Lo m ism o. Jefiny Jones u O ld Rogers. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. Λ fin de cuentas. P o r lo cual. una p u ra y simple ilusión de óptica. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. Por ejem plo. (La to rre en g u ard ia). de diversos tabúes. (Los caballeros al acecho). parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. Le Pont du Nord. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. La T our prends garde. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet.terra. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. Sabem os que an tañ o al­ deas. No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. para acab ar pron­ to. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. una vez m As. en la G ran B retaña. Por su parte. .

con rifles de aire com prim ido. Del mismo modo. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. con hondas y con cerbatanas im provisados. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. los niños fabrican de 113 . como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos. En cam bio.E s muy cierto que cl arco. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. Sus padres los dejan ha­ cer. a la confirm ación. Tam bién juegan con tanques. Las kachinas son sem idivinidades. en los países católicos. En el Africa negra. al m a­ trim onio y al entierro. con subm arinos y con aviones en m iniatura. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. los niños juegan com únm ente a la misa.

en vaquero. antes bien. en m arino. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. en jockey. en todas las latitudes. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. por poco im presionante o solem ne que sea. en aviador. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. Asi. ¿Cómo 114 . los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. en cobrador de autobús. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. perm iten al niño transform arse en oficial. sím bolos y rituales de la vida religiosa. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. Les gusta com portarse como adultos. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego.m anera análoga m áscaras y rombos. En una palabra. ser una madre. en agente de policía. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. presencia sim ultánea de dos registros distintos.

Cierto es que se puede m orir en un torneo. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. 115 . en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. la rufeta es un juego. Además. pero sólo por accidente. Asimismo. se presenta como una actividad paralela o independiente. pero no la guerra. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. Según la5 épocas. en ella m ueren pocos o muchos. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. pues el torneo está más reglam en­ tado. como en una carrera autom ovi­ lística. Antes que nada. en un caso. cuando ella m ism a es caduca.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. el torneo es un juego. pero no la especulación. en el otro .

pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. de un ins- . no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos.Asi. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. Sin em bargo. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. Pues bien. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. pues se les siente como tales. todos las distinguen al punió d e éstas. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. En efec­ to. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. y sobre todo en los juegos infantiles. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. el juego perm anece separado. de m anera constante y dondequiera. variados y en ocasiones peligrosos. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías.

No obstante. En cam bio. cuando no pretenden ser exclusivas. las reglas de la estrategia. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. se ejercen en terrenos incompatibles. constituidas en estru c­ turas im periosas. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. Con frecuencia. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . son operaciones com plem entarias. explicar 5a ju rispruden­ cia. en una palabra. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. prom ovidas. e igualm ente fecundas. se presenta com o muy vano. Explicar los juegos a p artir de las leyes. la liturgia. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. En todo caso. el problem a de sab er quién precedió a quién. A fin de cuentas. com o de caram bola. el juego o la estru ctu ra seria. aprem iantes e irrem plaçables. las costum bres y las litur­ gias o. por el contrario. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego.

los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go.una cultura. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Los resortes coinciden. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. lo que era institución sin duda puede verse degradado. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. con el tiem po. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. Cierto es que. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. la suerte o la superiori­ 118 . En o tras palabras. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. Poco a poco. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. Desde ese punto de vista. gracias a un con­ curso o a un examen.

119 . posee una fecundidad natural. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. Sin em bargo. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . La búsqueda de la repetición y de la simetría o. la búsqueda de los favores del des­ tino. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. la alegría do improvisar. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. La espera. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. de equi­ librio y ilc ingenio. El gusto por el desafio. Para bien o para mal.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. de rapidez. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. El intento de elucidar un misterio o un enigma. de destreza. Bl de tener o infundir miedo. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. dtí resistencia. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. por el contrario.

Finalmente. Estos. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. se estim a la violencia o la di­ plomacia. Pero en ellos no son dc igual necesidad. Así. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. Asi. Además. cl embotamiento y la embriague/. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. se confia en el cálculo o en la inspiración. En gran p arte. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. no tienen relación con 120 . que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. Según los casos. se obedece al legisla o se escucha al furioso. Allí donde se favorece a algunos. se ex­ cluyen el uno al otro. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia.. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto.

no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. en algunos E stados m odernos. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. y tal vez indispen­ sable. Sobre todo. En efec­ to. en principio. en la sociedad considerada. pero que no deja de seducir al adulto 121 . cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. com pensacio­ nes o válvulas de escape. en cam bio. cuáles los con­ tradicen. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. los ridiculizan y representan de esc modo.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. es claro que. en la m edida en que. Para to m ar un ejem­ plo. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. De todos modos. precisam ente. en la Grecia clásica. por el contrario. cuáles los confirm an y los fortalecen y.

palabras. no sólo em prendo una sociología de los juegos. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. Esa libertad. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. se­ gún creo. Asi. al abrigo de loda consecuencia fatal. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. el estilo y Jos valores de cada sociedad. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. su posibilidad de éxito. Λ1 m ism o tiem po.con o tras form as. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. Con frecuencia le inte­ resa más. . de destreza. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. explican. he debido com probar que. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. de inteligencia o de aten­ ción. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. En otras.

— SEGUNDA PARTE .

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To­ m ándolas sólo de dos en dos. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. Competencia-simulacro (agon-mimicry) . En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. Sin em bargo. agón típico para los jockeys. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) .VI. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. es al m ism o tiem po un . LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. una carrera de caballos. suerte. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . Competencia-vértigo (agort-iUnx) . sim ulacro. Suerte-vértigo (alea-ilinx) . Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Una a una.

dos más. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. Sin em bargo. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. siguen siendo puram ente accidentales. En ciertos casos. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. Por eso. mediante las cuales la com petencia es base del alea. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. luego dc un exam en. sim ­ plem ente viables. por lo dem ás. . Algunas o tras com binaciones. No corres­ ponden a afinidades im periosas. sino simplemente coin­ cidencia que. No hay alianza.

Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. F. el dom inio de sí. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. a la fuerza y »I cálcu­ lo. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. el respeto a Ja regla. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. sin desnaturalizarla al punto. la recia y el vértigo son in­ com patibles.n el m om ento en que lo solicita. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia.i . De ello no su b ­ siste nada. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. En efecto. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. etc. De otro modo. se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. el deseo de m edirse con arm as iguales. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. Decididamente.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. ah o ra es destruido 127 . Cos. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. Por lo dem ás.

En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. lo enloquece. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. que d estruía al afton. lo fascina. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. es dc sobra conocido que. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . dc posesión o d c hipno­ sis. en los juegos de azar. no hacc al alca im posible en absoluto. 2. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Pa­ raliza al jugador. En efecto. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto.

es decir. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. Se siente en uno represen· tación. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. En fin. A ese respecto. p o r un lado con perfecta corrección y. m edidas minucio129 . al menos.pectáculo. por el otro. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. Una vez m ás. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Reglas de una precisión adm irable. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. esforzándose al máximo por obtener la victoria. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella.. 3.

el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. En el o tro polo. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. en uno. Sin regla. Hace un mi> 130 . reparada y lim itada. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. ordenada. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. puesto que esas son las características inm utables del juego. el dom inó. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. En ese universo. ideal. a la des­ treza o «ti saber del jugador. Dicho lo cual. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. en el otro. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. p ero com o una imagen ficticia. Y no podría ser de o tro modo. el fútbol y la lotería.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. con todo salvo consigo. Pero. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla.

el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. dc suyo. Ahora. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. Dc suerte que. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. m ientras que renunciaba a ella en el alca. Mas p o r el hecho dc que. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. en sus form as más claras. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. Provoca tales accesos. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. con el vértigo hay desconcierto y pánico.m entó. En o tras palabras. Fingir que se es o tro enajena y transporta. en cam bio. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. apa­ rece como lo contrario del juego.

La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible.im aginable. protegidas de an ­ tem ano. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. y p o r un cam ino im previsto. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. enteram ente orienta­ dos. pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. Sin em bargo. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 .οη y del alea y que están. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. Al final. p o r su parle.

n cam bio. d a r prueba de su excelencia. ya estético. De ellas surgen instituciones estables. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad.y de la suerte. Nada más fértil que esa am bición. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. En efecto. prestigiosas. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. la que rige el m undo de la regla. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. Quiere triunfar. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . no o tra que el teatro. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. F. En la prim era coalición. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. y efectivam ente crean. El agón. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. que in­ terrum pen o devastan. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. En cam bio. frecuentes y casi inevita­ bles. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse.

La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. m ientras que la magia y la superstición. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. la o tra . son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. Asf. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. una equi­ dad absoluta entre los com petidores. En esas condiciones. con su destreza o con su inteligencia). La regla es que se abstenga de actuar. Pero una es lucha de. Eligiendo a ujmj. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. Cierto. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon.de dados. Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. 134 .1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas.

expresión y m anifestación de una cultura. sino tam bién renuncia dc la conciencia. En cam bio. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. Para lo­ grarlo.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. sem ejante en ese aspecto al alea. No se la educa. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. Se la expone hasta que su­ cum be. hay renuncia. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. dc cálculo. sólo necesita abandonarse. Mas lo cierto es lo contrario. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. De esos juegos negativos. en el ilitix. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. y lo aniquilan 135 . dc astucia. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular.

en la conjura de la m áscara y del vértigo. es dccir. la su erte y el m érito ). tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. inhum ana y sin remedio. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. 136 . una especie de atracción horrible y funesta. Las dem ás pronto son devastadoras. el agón. desigualm ente feliz y rápido. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y.Así. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. dentro de las dos grandes coaliciones. A esc esfuerzo se le llam a progreso. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. cuya seducción se debe neutralizar. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. p o r la o tra. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. tam bién existe un esfuerzo incesante.

del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. y la cometa quc\ al parecer. pero los juegos persisten. Son in­ num erables y cam biantes. pero. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación. como las especies vegetales.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. Y es. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. infinitam ente m ás aclim atables. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. Es ése un p ri­ m er m isterio. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. Pues. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. decididam ente occidental. Los im perios y las instituciones desaparecen. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. antes que nada.

la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. de em pujar el guija­ rro. En la India. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. En la antigüedad. HI juego pasó al Occidente medieval. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. Con el cristianism o. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. Revelan las pre­ ferencias. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. 138 . el Paraíso. el alm a— hacia la salida. la Corona o la Gloria. el diseño se alarga y se sim pli­ fica. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. hasta el Cielo. de las reglas. de los artefactos y de las proezas. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen.

m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. Sin em bargo. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. si los juegos son factores e imágenes de cultura. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. En efecto. los gustos. al m ism o tiempo. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. los modos de razonar más com unes y. y en el seno de una civilización una época. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. En efecto. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias.

d a r una explicación contundente al respecto. para el dem onio que im aginó Maxwell. Los juegos crean hábitos. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. en los mism os países. es decir. Luego. . pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. Para considerar un ejem plo. un juego en que cada cual. en cierto modo. tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. en todo m om ento. el de Atenas en las aponías de los sofistas. triquiñuela.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. pero puede. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. provocan reflejos. a posteriori. como provocadoras o como desleales. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. en que todo es ardid e incluso. Para una inteligencia infinita. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o.

Esos signos. una tendencia al engaño. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano.pero triquiñuela codificada. que se deriva del poker y de la malilla. una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. rápido y discreto. El buen jugador. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. que form an p a rte de la legislación del juego. una vez más. En ese juego. pero en espera del desquite. dispone de los juegos de fisionomía. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. En cuanto a las cartas. En cuanto a las com binaciones de cartas. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. m itad en brom a m itad en serio. de muecas. 141 . sin pronunciarlos efectivam ente. reglam entada y obli­ gatorio. En lo cual. si no a los asun­ tos públicos. sin que se enteren sus adversarios. p o r lo demás adm itida y bien recibida. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. Una serie de mohines.

Sin em bargo. jeux à'enfants. Con­ viene retocar severam ente. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. a p artir d e o tro s ele­ m entos. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. naturalm ente m ágicas y graciosas. fr a n c e s a . En co n traste con las m arionetas de hilos. la caligrafía y la p in tu ra. hay en ello un rasgo de civilización. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. pp. La agresividad se ve m en­ guada. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. co 1926. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. 165 174. En fin. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad.Con la música. in icl. Por lo dem ás. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. aquellos que parecen m ás evidentes. P arfe. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. * X* W lri!. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. si no es que al sacrilegio. . la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. Sin duda alguna.

Así como los juegos son universales.nicle toda suerte dc crím enes. la vinculación precisa o difusa. para term inar. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. No las aprueba en absoluto. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. El gusto p o r la com petencia. pues aqui se 143 . au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. la búsqueda de la suerte. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. Desde ese m om ento. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. La relación es lejana o estrecha. m ata a la m uerte y al diablo y. Con toda seguridad. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. que aplaude tantas siniestras hazañas. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. pero Inevitable. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos.

y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. alea. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. adem ás ya se sabe. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. el a¡eaf la m im icry y el itínx. de los pueblos.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. En cam bio. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. a riesgos lim itados. sim ulado res y frenéticos. fatalistas. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. si no es que institucional.

cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. Sin em bargo. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. de la técnica y de la industria. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. por ejem plo. a la mímica o al trance. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. en éstos. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. la teoría. el papel de la adm inistración. Para designar a éstas. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. al azar.a la com petencia. d e la jurisprudencia o de los archivos. Todo hace c re e r que cn145 . E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. la aplicación y el uso de las m atem áticas.

en las prim eras. los incas. que los resum e. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. que los n u tre y los explica. si se prefiere. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. y la capacidad. es decir la m im icry y el ilinx. por el co n trario . es de­ c ir una especie de a¿ar. es decir. los asirios. el contrato social consiste en un com prom iso. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. la cohesión dc la vida colectiva. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. el sim ulacro y el vértigo o. como secuela. en aquellas del segundo tipo.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . con carreras. 1. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. b) I. en este caso. que tal vez dé origen a todos los demás. Por oposición a las anteriores. esta vez fundam en­ tal.A MASCARA Y El. el m érito y el nacim iento. Por mi p arte. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social.0$ cosas ocurren com o si. m ientras que. con oficinas. que su­ pone com paración y com petencia. con códi­ gos y escalas. donde el agon y el atea. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. en una cuenta im plícita en tre la herencia. sean am ericanas o afri­ canas. son sociedades de contabilidad.

En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. inm ediatam ente enajenado. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. las im ita. cuyo aspecto. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. cuyo m anejo y cuya función 147 . donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. él es la potencia terrible c inhum ana. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. se identifica con ellas e. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. interregno de vértigo. p o r el rum bo. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. en E spíritus. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. presa del delirio. cuya existen­ cia. Aparecen en la fiesta. de efervescencia y de fluidez.

sin él. Además. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . de esas convulsiones sagradas. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. Como lo advierte la Cébala. Sabe que es inofensivo. pues la regla social consiste en prestarse. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. la danza. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. como tam bién los propios oficiantes. préstansc a ello. el vértigo sustituye al sim ulacro. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. im aginan que és­ tos se transform an. no es sim ulada. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. So pena de m uerte. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. En ocasión de la fiesta. el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. se prestan sinceram ente pues. Mas. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. p o r su parle. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. Entonces.

su im perio brutal. som bría y de poca envergadura. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. Si bien la irrupción d e esos espectros. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. clam ores y sacudim ientos conjugados. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. Con ese fin se valen dc mil artificios. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. suscitarlos. Refuerza una coherencia frágil que. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. La fiesta. estruendo. los intérpretes deben llam ar­ los. los trances. drogas. por consiguiente. el desorden constituido en regla. m úsica m onótona o estri­ dente. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . em briagueces. hipnosis. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. Las M áscaras son el verdadero nexo social. paroxism os dc ruido y de agi­ tación.

casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. soportan peno­ sos sufrim ientos. Que no quepa la m enor duda. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . de las leyendas y de las liturgias. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. en el círculo polar ártico. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. Por poco que se les vea con detenim iento. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. con la conducción del uno p o r el o tro .la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. De él reciben una unción indeleble. las creencias sin duda varían al infinito. Sin em bargo. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. Los ini­ ciados sufren severas privaciones. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. de m a­ nera más general. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. En los detalles. Con frecuencia. la alucina­ ción.

FCE. México. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento. fra n ­ cesa. en Mexico y Hi­ tados Unidos. 1927). Les Paradis artificiels. del baño de vapor. de los coras. Por lo dem ás. 1928. gracias a un hongo alucinante (el agárico). c incluso p o r hipnosis. trad. Paris.del Pacífico. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade.. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. I960.e Peyotl. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano.. Ronhicr. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. siemi pre consiste en una crisis violenta. pp. véase I Lexvln. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. Designado sea por herencia. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. del humo del incienso o del cáñam o. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. 150-155.1 Sean cuales fueren las diferencias locales. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. Pari». Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. /. sea por * Para la descripción del cham anism o.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. 1^1 . de lus tcpehtianos. Se­ gún los casos. entre los araucanos ν en Indonesia. por medio del tam bor.

sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. renueva sus viajes. M ientras sus despojos yacen inanim ados. E n tre los tungusos. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos.su tem peram ento o p o r algún prodigio. es obligatoria en ellas. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". Reserva­ d a para las sesiones. P o r lo que toca al ilinx. Cuando hay sesiones. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. p o r de­ cirlo así. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. En el m om ento d c la iniciación. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. Al punto. casi a una orden. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. E ncuentra dioses y dem onios. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 .

• Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. y B rcnda Scligmann. Entonces. Pero no le es ex­ clusiva. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. observan C. E ntre los vedas d e Ceilán. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. El suelo parece hundirse a sus pies. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. en el reino de las Tinieblas. G rita que ve una gran p arte de la tierra. el cham án siente náuseas y vértigo. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. "E llo lo lleva''. de su inconciencia y de su furia. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. es casi ne­ cesaria. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. B ajo tierra. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. G. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. P o r lo demás.

(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. 154 . 310. francesa. Paris. Al final. G. para el ofi­ ciante. en su orden consa­ grado. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. C itadu p o r T. convulsiones y. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. K. p. p. The Váidas. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. A. Además. O csterreich. extraviada. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . Seligrnann. trad. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. y ti. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. Cam bridge. K. M ariner sobre los tongas. 1927. de W. de C odrington sobre los m clancsins. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. En Siberia. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. Los relatos de los observado γτλ que T. El cham án parte en pos del alm a de éste. lo trae consigo triunfalm en­ te. todo es vér­ tigo. el asistente. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. E sta últim a ohm contient. oculta o retenida p o r algún de­ monio. Tam bién. Y ." 4 yO Todo es representación. 1911. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. W arnek sobre los batakes de S u m atra. N arra. d e J. éxtasis. U s Possédés. dc V . A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. 134. trances.

un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. antes de la cu ra. A poco. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. 155 ■ . El cham án se acerca y. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. un insecto.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. a esc respecto. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. conjugadas ex­ trañam ente. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. un gusano. Es posible. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. una plum a. extrae ésta. Hay casos en que. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. com o re­ sultado de su vuelo mágico. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. 2Ö5-2M). En todo caso. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. en estado de trance. pp. sin lo cual sus cuerpos serían.cl mal del cuerpo del pacicntc. sacando de pronto un guijarro. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. credulidad y sim ulación ap are­ cen. 1877. París. que el hechicero com parta esa creencia. si no probable. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. según dicen. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. aquí com o en o tras p artes. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. Pero lo aceptan. que m aldice. para fijar el veneno.

op. que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. 598 C itado p o r M.* En el m ism o orden de ideas. op. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. 205-206. a tos sabios cu y a credulidad. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. Washing­ ton. es decir. Halle. 232. * F m m Boas. pp.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. M ircea Eliftde. cit. u n hom bre del oficio. ftliade. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. jay!. p a ra comple­ ta r con G. ’ Cf. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. cit. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . The Ce?itral Esquimo. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . se acercan poco a poco. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. Tchoubinov.. pp.” (Citado y comen­ tado por T. cit. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra .. K. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. 1914. O esterreich. op. 380. p. IM 8). o bien proceder de muy lejos.% p. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas.) 156 . IS85.

AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . Amaury TaJbol. S e la • F. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. e n tre los nebros de Africa. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. Una vez comido todo. Life íií Southern Nigeria. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. P o r lo demás. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . 72.” 157 . P. C o n s u m a F re c u e n c ia . París. Vergiat. p o r ejem plo. extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. 1936. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . los 1res avanzan de frente al público. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. 153).l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. p. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. Al prim ero se le da un poco del contenido. Sobre todo en Nigeria. Londres. p. Asimismo. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. A.p u n t o . 1928. M. s in d u d a m u y v a r ia b le s .ntnnces. Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre.

op. ΡΡ·. Londres. p o r ejem plo. m itad negro. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. sea cual fuere la violencia del ata­ que. I9I9. ondula por tierra com o un reptil. 321-323 158 . espasm os. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. Cf. en los fenóm enos de posesión. este se desarrolla p o r entero. K. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. Cambios en el rostro y en la voz. T. cit. O esterreich. el sudor. tal otro. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. otro. la n d r e s . la pérdida del equilibrio. com o la crisis del cham án. Por lo dem ás. un m orral y una pipa muy corta. pp. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. Sin em bargo. 1913. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos.5·χ540· y The Ban o f the Bori. al que visita Dambalá.r encuentra. Una vez m ás. conocidos con el nom bre de vudú. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. dios serpiente... agita un rem o.

se tom a la cabeza entre las manos. lo alienta. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. con la que parece gozarse. el público ayuda al sujeto. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. Vestido dc blanco asiste a las bodas. llora si no 1c dan azúcar. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. com o sabe que debe hacerlo. se rasca. Analizando. corre de un lado a o tro . E stá encorvado. Aplau­ de. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. 159 . si no por la mitología. m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. com o en las Antillas. baila una especie dc ronda. el actor está desnudo. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. estornuda 1 y desaparece. ni menos p o r la práctica. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. achacoso y con los. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. 0 En Africa. se sienta en el sue­ lo. uutado dc toda inm undicia. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. Poseído por M akada. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja.

e incluso de la sim ulación. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. desde un principio. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. 160 . se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. Il.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. . de com u­ nión con los antepasados. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. La pérdida de conciencia. no está en duda. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. los espíritus y los dioses. es decir la irrupción del dios. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. El papel de la sugestión. núm.cuanto al vudú. 2649. juüo de 1955. cl progreso y la naturaleza del acceso. Dioxè/îe. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. p. form a parte del universo religioso. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. y cumple una función social.

Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. de la pasión genésica. el clam or sobrehum ano. acuden p o r encima de la h ierb a alta. Se ha señalado. 101-102. la em anación pura d e la fuerza de com bate. es el grito del anim al o del dios. pp. En todo caso. subidos en zancos. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. B uraud. de ener­ gías cósmicas. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. 11 G. p o r ejem plo en tre los dogones. U s Masque*. sus gigantescos pasos. "un grito m onstruoso sale de su garganta. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. cuando. Sin duda. el hipnótico sonido del tam-tam . Con la conciencia fascinada. Paris. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. Sobre todo. 1948.fre alguna transform ación decisiva. escribe Georges B uraud. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. "E l individuo ya no se reconoce". una verdadera cultura de la m áscara. desenfrenada y sin objeto. 161 C i: ¡ 4 L Æ . favorece el desbordam iento de los instin­ tos. estertores y zum bidos do (os rombos. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega.

agnóstica y negati­ va. Con frecuencia. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo.1 Infunden miedo. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. Ex­ citados p o r el iniciador. lo some­ ten. asustan a los no iniciados. Desde esc p unto dc vista. Cotífa» «!/ Couréies. 162 . Lille. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva. los rito*. 3939. Como la prim era. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt».l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. pp. En lo sucesivo. la inicia­ ción es una enseñanza atea. los principios aún fluidos del poder político. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar. lo desarm an. ésta va acom pañada de m alos trau F. Una de éstas los persigue a latigazos. 172-223. lo detienen. pertenecen al o tro cam ­ po. le desgarran la ropa. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. encam an los espíritus de los m uertos. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. lin el ~Expediente" (p. Por o tra parte. H asta entonces. La iniciación.

74). d. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos.. Tam bién como la prim era. de pruebas dolorosas. Halle. W ebster. por el nom bre de la choza de iniciación. Wfft: H. Akad. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. (. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. pp. d. Hans Himmelbeber. 1902. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. De esa m anera. 14Cf. N aturforscher.¿opoldville. Carol. k. Primitive Secret So· detics. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. 17-31. Bmussc. com o la prim era. Nueva York. Leop. Mosken Afri­ kas (Abhandl. Die Geheínbünde n. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción.1* E n tre ios bctchuanas.10$. Fu fin. t. 1939. FrobcnJus. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». T. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya.1 1 u Cf. Agrupa a una juventud turbulenta. núm. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. Berlin. 1898: H. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. 3.

Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan.. Jcanronire. op. cit. . cit. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro.1 com puesta de secciones locales. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. op. cóm o e n tre loa besos. secieta e institucional.. p. de la magia negra y de los envenena­ m ientos.1 164 . Pero cuando la herm andad es poderosa. pp. haoc rein a r un te rro r incesante. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. 315). pescadores y agricultores del Niger. Critias 120 B. la sociedad de enm ascarados kumanp. 1 HI puro d e los tem es. o cuando menos sus derivados inm ediatos. E ntre los bam baras. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. cf. el kom o. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. según Fiubenius. 207209). 219. 168-171) describe. en una danza o un m isterio.xpKdicnte" (p. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. claram ente im ertribales. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. de los robos. Jeanm aire. Repro­ duzco esa descripción en el "n. EJ m ism o a u to r (pp. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". at suroeste de T um huctú.

en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. causa o consecuencia. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. como se h a visto. se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. la com petencia y la suerte? Sea como fuero. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. en los p^roxiv m os de esas sociedades. constantem ente presentes y presentes ju n to s. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. si no es que clan­ destinos y culpables. esta vez sin dem encia ni delirio. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción.nuevo. cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. 165 . reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes.servir m ejor para explicar su mecanismo.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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como en los centauros. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. En esa obra. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. Roba y m ata im punem ente. En el m onte Liceo. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. m itad bestias en los que.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. es engullido por un lobo y renace com o lobo. y en Ins pp. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas.· D urante la criptia. con un salto d c fiera salvaje. m itad dioses. 8 12 7 . ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. m ientras sus victim as no logren atraparlo. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. 1939. *H. hagan o no cacería de ilo­ tas. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. No deben s e r vistos ni sorprendidos. Lille. T. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. Cuuroi et Couriies. Jcanmairc. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas.

il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos.· No faltan razones para vincular . fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. persigue al joven Dionisos. e n tre los si­ glos vi y IV. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. dice Est rabón.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. De la m ism a m ane­ ra. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. instrum ento universal de los enm asca­ rados. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. un tnicno pesadam ente angustioso". Lo am enaza con un artefacto m isterioso. Licurgo de Arcadia. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios.

m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Perpe­ túan una antigüedad lejana. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. La evolución es sorprendente y significativa. La m inoría de los conquistadores. cierto núm ero de poderes mágicos.te la dem ocracia y el despotism o. Abaris. Sólo explica un caso particu lar. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Al m ism o tiem­ po. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. profeta y curandero. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. al ritm o. Por am plio m argen. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. en la caverna divina del m onte Ida.

todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. que no excluye 175 . Hn una organización m ás com ple­ ja . Sin em bargo. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. des­ igual y difícil. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án.espasa m uerta que fue a buscar. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. fértil en peripecias dra­ máticas. La desaparición de la m áscara. sino sólo un hom bre dis­ frazado. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. es de sum a im portancia. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. según el grado de iniciación. En las sociedades dc m áscaras. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. Propongo la hipótesis siguiente. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y.n la obra de Platón. F.

pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. única eficaz contra un secreto sorprendido. diversos e incom patibles. la fabricación y el uso de la más­ 176 . co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. poco a poco. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. Ahora bien. exige la existencia de cam inos m últiples. esta vez de lo más reales. De allí una fisura perm anente en el sistem a. el m ecanism o sigue siendo frágil. En resum en: m ediante la m uerte. Así. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. De lo cual se sigue que.sino. p o r cl contrario. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. en todo caso. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. en la práctica no es posible ignorarlo o. Y es inevitable que. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. Sobre todo. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular.

en accesorios dc cerem onia.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. Los cronistas —cierto es. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. Pero. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . Entonces. de 160 a 163 dc la H égira. según algunos. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. tu erto y dc una fealdad repugnante. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. de danza o dc teatro. Algunos fueron quem ados en efecto. precisam ente. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. m ediante transform aciones insensibles. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. d u ran te varios años. E ste es el relato del episodio. el Profeta con Velo del Korusán quien. Pues bien. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. en el siglo v m . la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. y los dem ás quedaron con­ vencidos. Él se lo m ostró. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi.

todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad].. Insistieron e imploraron. se prosternaron y pi­ dieron verlo. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. . 1958. Le* mouvement i rr.V186). por efecto de aquella reflexión. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira)." Así. Cuando el sol se reflejó en los espejos.Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. y si alguien me ve. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. los hombres se habían reunido. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. m .tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. Paris. Pues bien. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. de Kesh y de Nakshab. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. que conservaba con él en el castillo. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. me. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro.

Ya está vencido. de la m esura y. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. es decir que 17l> . de la nece­ sidad. Envenenó a sus cien m ujeres. el reino de la m im icry y del ilinx. Los concebían como si tuvieran form a y figura. de un universo ordenado y estable. la revolución es perceptible. del núm ero. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. Como Empedocles. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. Incluso en aspectos m uy precisos. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. por m ucho tiem po). Como tendencias culturales reconocidas. En Grecia. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. en una palabra. as­ falto o azúcar). Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. en efecto. Algunos núm eros eran triangulares. Así. otros cuadrados y otros m ás alargados. es de­ cir. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. ΛΙ respecto. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. h onra­ das y dom inantes.ftxidü en luz los hombres se asustaron. Y sc prosternaron. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos.

m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. En o tras palabras. com o sori las cifras. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. muy pronto surgió la serie abstracta. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). estaban dolados dc virtudes distintas. lase 1. Í80 . P arí*. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. \ 94&. 52-54. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. I.. I.eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. Además. a la justicia (el 4). pp. RrxjhtVr. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . cua­ drados y rectángulos. 5’ cd. Sin embargo. Histoire tic la Philosophic. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. ' Π. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. el núm ero y la m edida. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. En fin.

reglam entada y especializada.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. Al mismo tiem po. com binado con el. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. F. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. A decir verdad. En China. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad.ístmicos. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. el alca. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. a las cuales asisten el soberano y su corte. En el Occidente cristiano. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. en un Jugar y en un tiem po determ inados. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. cl agon y.

los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . la entrada quede reglam entada p o r concurso. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na.más. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. . universi­ taria o judicial. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. Lo hace p enetrar en las instituciones. De esta m ane­ ra. suele suceder que. que per­ m ite concretar en hechos. dc m anera sustancial. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. cursus honorum o chin. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. Pero. luego de la igualación relativa dc las condiciones. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. me­ diante jurisdicciones autónom as. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. en teoría. Sin em bargo. dc la igualdad de derechos. en lo posible. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. m ilitar. los grados más al­ tos del ejército . Sin duda. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada.

n Atenas. En efecto. aunque de m anera que se a n to ja impecable. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. P or lo dem ás. es decir. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. La razón es clara. entre los candidatos presentados por los demos. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. En cam bio. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. al parecer de un modo raro . Asi. de los técnicos. luego d e un examen p ro ­ batorio. 183 . cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. de inspiración aristocrática. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. Los miembros del Consejo se sortean. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor.Por lo demás. dado el caso difícilm ente sustituible. F. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. casi todos los m agistrados se sortean. Expresado p o r el haba blanca. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia.

se im puso el espíritu de com ­ petencia. que no es la menos difundida. Λ decir verdad. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. sea an te la suerte. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. De una m anera m ás general. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. ni tal vez la menos razonable. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. nos dam os cuenta de que. cierta con­ cepción de la dem ocracia. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales.

es decir. y precisam ente porque form a p arte d e él. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne.* funda­ m entos del nuevo orden. Dc estos. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . en todo caso. p p . unos son innatos y los otros sociales. su categoría social. • la I * » . El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. su predestinación al éxito y al fracaso. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. sus talentos. su profesión y finalm ente su suerte. no se reproduce. la ocasión que.%. LX V ÏM . vol. el m om ento favorable (kairos). Julio-dic. entre el m érito y la suerte. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. su ap titu d a aprovechar la ocasión. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). É sta determ ina el carácter d e cada individuo.cl ágon y cl aleo. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . es decir. E n tre los indios de la América Central. está más difundi­ da de lo que se piensa. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. es decir. 263-281 · 185 . sus debilidades. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas.

la am bición y el valor. p. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. es decir. En cam bio. 6. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia.ción ni concebible ninguna com petencia. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. que es com petencia. t e s hace elegir en tre la herencia.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. 1H6 . 21. de em pleos reservados. núni. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. le Traître el ki Cioíx*'. y el m érito. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. invierno Je 1938. "Le Roi. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. Desde cierlo p unto de vist3. Inversam ente. en las sociedades más igua­ litarias. que es lotería. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son. de cargos heredi­ tarios.

La riqueza. com o una hipoteca imposible de pagar. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. En efecto. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. A 1*7 . todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. la oscu­ ridad y la gloria. Las leyes. la educación. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. la instrucción. la si­ tuación fam iliar.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. el poder y la esclavitud. la ley del azar. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. F. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. de que pertenezco a él. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación.

incluso bien do­ tado. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. en general. los concur­ sos. Desde luego. Es preciso m irar de frente la realidad. El régimen no tiene gran influencia. pese a los ade­ lantos indiscutibles. m uestras y coartadas. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. Pero. F. son reconocim ientos. El hijo. Enton­ ces nos dam os cuenta de que. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. están los exám enes. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . precisam ente. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. an tes que norm as y re­ glas generales.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. incluso en los países socialistas. del m ism o origen y del m ism o medio. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. si no es que paliativos.

Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. En ellas. A decir verdad. De golpe. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. ya en be­ lleza. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. el don de los dioses 139 . salud o . de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). En efecto.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. incluso entonces subsis­ te la suerte. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. Por una parte. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. la suerte.

No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. en el juego de baraja. Así. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. 190 . puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. y los une una alianza esencial. parecen lejanos e im probables. la obstinación y de la habilidad. Por sus principios. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. es decir. de. p ero solidarios. la recom pensa del esfuerzo. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. desde que llega a la edad de re­ flexión. incluso relativo. De la m ism a m anera.o de la coyuntura. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. Además. por o tra. Los opone un conflicto perm a­ nent e. es decir. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. del azar. E n tre tanto. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. del m érito. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. pero no salir. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. Es prisionero de su condición. cl a k a y cl agon son contradictorios.

El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. que son m is hábiles. como el com plem ento n atu ral del agon. Por eso. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. im parcial y com o ci­ frada. Así.Además. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. Al m ism o tiem po. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. en que el torpe y el perezoso. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. a cualquier so rteo en que el menos dotado. m ás inte­ ligentes . que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. Es necesaria una pruelva de repuesto. En esas condiciones. que son necesariam ente los m ás num erosos. conscientes dc su inferioridad. se dirigen a las loterías. en que el imbécil y el lisiado. más trab a jad o res o m ás am biciosos. m ás vigorosos. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos.

a la paciencia. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. si no in 192 . loterías oficiales. Esas pruebas. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. Cualquiera puede s e r el elegido. El propio Estado tiene algo que ver. de riesgo y de suerte simple u com puesta. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. casi ilusoria. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. pero tam bién num erosas prue­ bas. por excepción. juegos de azar disfrazados. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. Creando. le son concedidos con entusias­ mo. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Ahora bien. pese a las protestas de los mo­ ralistas.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. al ahorro. Ju g ar es renunciar al trabajo. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. Esa posibilidad. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás.

El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. deben ser conside­ rables.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. es decir. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. un poco m ás del salario m ensual. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. en p arte depende de la suerte. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. precisam ente. los billetes deben co star lo menos posible. Por el contrario. o al menos los m ayores. p o r dos nril francos. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. los premios. que sin duda no es el más convincente. En efecto. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. Para a tra e r m ejor. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio.

• Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. Los pre­ mios principales. en parte. si así lo desean. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. El mismo año. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. delendcr. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. es decir en antiguos Troncos. De ese total. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. o sean m il francos p o r cada fran­ cés. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. 194 . se les puede m antener en el anonim ato. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer.es em briagante.v«! con tro la suerte.

en M ontccarlo. M L . en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. p o r ejem plo. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional.as Vegas. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. Por lo dem ás. En las capitales m undiales del juego. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. en Macao o en I. En las horas de apertura del casino. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. en un lujo agresivo. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. en Deauville. Todo lo contrario .

si jio es que desproporcionadas a su salario. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. En las dem ás. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. S in em bargo. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. al resultado 196 . Toda proporción guardada. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. Un pueblo nóm ada de curiosos. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte.

1 * Las loterías dc Estado. 9 en lo que. París.dc los encuentros dc fútbol. se m anifiesta un rasgo d e civilización. y sobre todo cuando juega todos los dws. aboque consideradas dc origen dudoso. al desainólo concomitante dc en . U travail en miettes. 147-151. 183-185.. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. p o r desm esurada que parezca. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social. De ahí los rackets o las fortunas considerables. Où va le travail humain. Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. los casinos. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. 1956. para que ese caso se produzca. pp. p. En efecto. 304). fcúnj. Ea Estado» Unido». una vez más. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. 149. vinculadas. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro.xpedlente" (p. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 . como ya era de esperar. se opuesta sobre todo a los numbers. 1956. pp.υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. es decir. París. 1. Véanse también las cifras dadas en c! . ihid. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. Pero. Georges Friedmann.

innum erables e im previsibles Reinas. Un personal escogido y accesorios im presionante. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. Todo grupo quiere tener la suya. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. el ingenio o algún o tro m erecim iento. en el m ejor de los casos. etc. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. al menos p o r unos años. es preciso prepararse para la prueba. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . Mu· sas. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. la erudición gratuita.recom pensar c! talento. d e una vida brillante pero sin base. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. se eligen a ejem plo suyo y. Sirenas. Damas de H onor. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. No hay lími­ tes. en alguno de los palacios de una playa de moda. En ocasiones..

éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. U n ipvcn p ro ­ fe s o r . Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . En apariencia." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. En realidad. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. solos y an te todos. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. preparar. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. la respuesta fatídica. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. De condición m odesta. por una escolar negra de impecable o r­ tografía.

Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. Todo soldado puede 201 A . El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. exploraciones. modicina.nerz.sinfonías de las grandes músicos. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. puesto que parecen debidas al m érito.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. la com petencia cotidiana es severa y. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. En E-stocolmu. del m ism o nivel de vida o de instrucción. en febrero de 1957. Más o menos se identifican con los com petidores. ciencias naturales. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. . ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. sino que acum ula rencores. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. de 14 años. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. Por delegación. que apa­ sione y que al mismo tiempo. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. Por una p arte. Shakespeare. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. I* opinión pública se apasiona. Así. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. No sólo no di­ vierte. al fin y al cabo. en grandes caracteres. Desgasta y desalienta.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. se em briagan con el triunfo del vencedor. Los contradictores del nifko son vencidos. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. de 11 años. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. por U o tra. c) I-A OEl. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. y la historia de la revolución norteamericana. . ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. fisiología y astronomía. Lenny Ross. En todo caso. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. todos aspiran a un desquite. matemáticas. de golpe. su ex­ plotación es redituable. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. La fiebre se mantiene adecuadamente. m onótona y cansadora. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba.

que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. De allí el culto. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. aún más. La m ultitud queda fru strad a.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. de hom bre sin apoyo social. voz o encanto. al m ás oscuro y al m ás pohre. 1. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. em inentem ente característico de la sociedad m oderna.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. con la ayu­ d a de la suerte. Recom pensa una convergencia ex202 . Como el m érito. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. Con toda razón. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. Y sin em bargo. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. arm as naturales e inalienables. p o r delegación. l*a consagración es rara y. de la estrella o del cam peón. Así.

Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones.iraordinaria y m isteriosa. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. casi todos prefieren triu n far por poder. p o r el niecá203 . m ejor todavía. la voz se quiebra. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. Λ pesar de todo. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. La belleza se m ar­ chita. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. que sin em bargo parece cer­ cana. P o r o tra parte. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. Por o tra parte.

la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. 1957. pp. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. Esta ultima forma es la mis íre* . m onótona y agota­ dora Esa delegación. para distraerse de una existencia descolorida. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse.sc. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. al parecer a cualquiera.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. tenaz y universal. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. París. 69-145. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. Entonces in­ terviene la m im icry. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido.

.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete.enajenación. copian sil peinado. la radio y la televisión favorecen la fascinación. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. adoptan sus m odales. 317). inevitable y seductor. Viven por ellos y en ellos. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. La estrella representa el éxito personificado. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. d e sus m anías. la prensa. Los im itan. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. P o r lo de­ m ás. u Vca$c el "Expediente" (p. del cam peón o de la estrella. la victoria. . cit. p. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. s\x régimen alim enticio. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. 93). el cine.

sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. un poco cl bien y. Para desacreditarla a ojos del pueblo. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. sus per las y sus esmeraldas. 206 . que además mOAlraba. se presupone algo sucio. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. h o m b re o m ujer. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. en todo caso.dida inercia cotidiana. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). naturalm ente. im puro o irregular en esa carrera. ya.1 4 Por eso. el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. donde se apretaban millares de segui­ dores. se mofa de la je ra rq u ía establecida.

pero. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. al m érito y a la justicia. Se considera que su m érito es nulo. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. lejos de contradecir la desigualdad social. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. Esa ley corona (al pie de la le tra). su peso y su coherencia. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. La m ajestad hereditaria. destina 207 . no menos que por es­ trellas. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. La identificación es entonces m ucho menor. para go­ zar de esa superioridad decisiva. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. Los reyes están exentos de esa sospecha. por el cerem onial de las cortes. con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. Se gusta rep etir que. Pues bien. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. Por definición. del im pudor o de la publicidad.

de fantasía y sobre todo de libertad. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. se le compadece. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. aclam ándolos. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. Para tener menos celos. se ve llam ado a reinar. aplasrante c inm utable que 208 . F. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico". fatiga y servidumbre.n efecto. que se debe a la co ­ rona.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. Se quiere q u e sea senci­ llo. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. de soledad. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. Desde ese momento. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. de sinceridad. en 1957. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial.

cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. y niegan las ventajas que ofrecen. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Aun siendo igualitaria. p o r falaces que sean. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. Esas actitudes (sin em bargo. 209 . Como ya se ha visto. Para en­ tenderlas. Mas. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje.ellas sólo aspiran a abandonar.

la m im icry.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . en la im aginación. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. infi­ nitam ente distribuida. De ah í el su bterfugio de la delegación. Les hace vivir. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. el vértigo. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. ΛΙ m ism o tiempo. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. La m im icry es difusa y bastarda. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. au n inás despo­ seído. sino en el m ás vano d e los sueños. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. Sin em ­ bargo. Privada de la m áscara. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a.

ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. una actividad reglam entada. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. de la que. el vértigo y el sim ulacro. Sin duda. Como la más­ cara y com o el disfraz. cuando ocupa al­ guno. Por una parte. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. Y adem ás. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. circunscrita y separada de la vida real. por lo dem ás. En cuanto a la suerte.ponde. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. Es tiem po de concluir. De allí los resultados de un doble análisis. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. en o tras palabras. Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. 211 . ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho.

al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. de convulsionarios y de flage­ lados.En cl extrem o opuesto. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. si 110 es que dom esticados. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. ibi jus. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. des­ afectados. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. ab s­ tracto y coherente. Sin em bargo. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. es decir un código fijo. En tiem pos norm a­ les. incluso aparecen allí sólo destituidos. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. que im plican sin excepción cálculos precisos. Ellos crean el derecho. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. por "el d esp ertar" del País de 212 .

en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. en su obra: Foutes cn délire. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. Paris. 1947.™ Un ejem plo reciente. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. La ciudad Ph. no dc frenesí. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. característico aunque d e me­ n o r am plitud. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. l>c com ún acuerdo. com o la explosión esperada y reverenciada. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. 213 . pero M>rprrndcntc. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. irresistibles. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. como la guerra. .’· Aquellos excesos. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita.ón. . No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar.Gales en 1904-1905. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. que tam bién son accesos. Fxi ase* collectives. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz.

el apon y el alca. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. to tal y vano. que prueba ν que explora. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. para poder in ten tar la prueba. Cierto que seria irrazonable concluir que. la que in tro d u ­ ce en la historia. ga­ n a r la apuesta más im probable. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . repentino. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto.pudo naccr y crecer a ese costo. que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. em presa lineal. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. Eso es p u ra especulación. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir.

aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes. 215 .que deba e n tra r en su descripción correcta. y se considerará superfluo señalarlos.

explosivas. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes.IX. En lo sucesivo ya sólo 216 . que so enrarezca su em pleo. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. del estupor y del frenesí. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. del pánico. Sin em bargo. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po.

Por lo dem ás. elegante y casi abstracta. Preside los 217 . En efecto. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. adquiere una nueva función. en efecto. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. Pues. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. es­ trictam ente utilitaria. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. En am bos casos. m áscara reducida a lo esencial.aparecen desunidos. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. En gran parte. em pobrecidos y aislados. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. El antifaz. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. tam bién ha cam biado de destino. no im pone una presencia: protege una identidad.

Es sím bo­ lo de intriga. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. ' ‘E s p e d ie n te " (p . Al mismo tiem po. asegurando el anonim ato. 322). cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan.? . con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. conform e a convenciones preesta­ blecidas. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o .juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. En el baile. [T. es dccir. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. abriga y li­ bera. P or sus orígenes. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. lo b o ]. Enorm es. el carnaval es una explosión d e licencia que. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. aún m ás que el baile de más­ caras. am orosa o política. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano.

Son brom as groseras. al exceso d e palabras. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. En un tiem po y en un espacio definidos. m ím icas bufo­ nas. quien sin em bargo no piensa en el juego. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. del desorden y de la gesticulación. risas provo­ cadoras. Y no se equivoca. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. Siguiendo el juego. atropcllam ientos. B uraud. queda descalificado: se niega a jug ar. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. Por 219 . Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. incitación perm anente a la algarabía. P or lo dem ás. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos.. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. p ara retom ar la expresión exacta de G. go de una . el carnaval da una salida a la desm esura. al cinism o y a la avidez del instinto. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. a la francachela. presenta la m ayoría de sus características. actitudes descuidadas. en basoncursos d e disfraces. a la violencia. los invita a un juego de bufón. vacía y alegre. Si se enoja. sim ula que no tiene miedo. p o r el con­ trario . d e m id o y de movimiento. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica.

sobre todo. deja el ro stro al descubierto. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. En todo caso. allí donde el frenesí general solía. en todo caso. E n la sociedad policiaca. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. com o en Río de Janeiro. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. interm itente y excesiva. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. pero oficial. Es casi exactam ente lo contrario. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. Detrás dc la m áscara. El uniform e tam bién es un disfraz. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. Tal vez nada indique m ejor o. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. perm anente y reglam entario que.o tra parte. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa.

estandartes. ciertam ente considerables. E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. las tram pas y los atractivos del vértigo. una 221 . guirnaldas. más­ tiles . un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. A decir verdad. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. ram pas y anuncios lum inosos. franquea­ dos los lím ites. por lo dem ás m odesto. fuera de las rondas y de las farándulas. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. Las ferias y los parques de atracciones. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. que nacen del uso de la m áscara. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. de la m atraca y del tam boril.

astrólogos. Además. de suspensión. a la fam iliaridad. de oscilación. Más allá. a la desfachatez bonachona. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. de los artefactos de rotación. a la jac­ tancia. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. Em plean los m étodos inéditos 222 . que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. de caída. un trajín que incita al abandono. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. videntes. ventrudos y jactanciosos.agitación continua y agotadora que em briaga. construidos para provocar un pánico visceral. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. Fakires. en el caso de Jas ferias.

bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. M uestran el atractivo del sim ulacro. el vértigo m arca la tónica. la fuerza del disfraz. Sin em bargo. Antes que nada. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. sacudim ien­ tos.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". caída. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. En un tercer tipo dc artefactos. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. Allá. Un últim o invento utiliza la 223 . el "psicoanálisis existencia!". cuando se considera el volumen. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. en dosis regulares de tres a seis m inutos. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. antes de enderezarse. En o tra parte. dc suerte que. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él.

apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. al sa lir del artefacto infernal. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. propios p ara despistar. inm ovilizados en cualquier postura. m ujeres-pulpos. Juegos de espejos. con alas de m urciélago. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. H orror suplem entario: se invita a tocar. donde abundan los corredores oscuros. Es el papel de los laberintos de espejos. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados.fuerza centrifuga. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. las tram ­ pas. las corrientes de aire. Allí perm anecen. los esqueletos. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. igualm ente estupefactos. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. para su scitar la confusión. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. a la m anera en que poco antes. para extraviar. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. la angustia. Enfrente. "p e­ gados com o m oscas”. la náusea. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. sirenas. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. las apariciones. niñosmonos. los roces con telas de araña.

lim itado y convenido. A vcccs. es decir perm anece libre. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. el te rro r y el m isterio. el m undo de las larvas y de los vam piros. sepa­ rado. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. y tam bién la em briaguez. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. cerdos de pan 225 .corriente. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. Por lo dem ás. Antes que nada el vértigo. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). la fauna com puesta.

dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. Además. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. de colisiones inofensivas. dc taparles el paso. o tra delicia que. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. Sin em bargo. en todo artefacto de pánico. para aquellos que están en edad. una sola diferencia. 226 . dc caídas evitadas. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. Cuando menos. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. en toda barraca dc espanto. que se deriva de la paidia. dc pegar­ les dc lado. de cho­ ques am ortiguados. en los cuales. dc la pelotera.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. esta vez. de desasosiego aceptado. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. El placer es dc excitación y de ilusión. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos.

las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. m alabaristas. Contra su voluntad tenaz. En lo posi­ ble. dado el caso. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. g arantizar su seguridad. Domadores. el juga227 . En ella la gente se casa en tre sí. pero que falsea la integridad del reto. am azonas.E l. su orgullo y sus leyes. el casino o el escenario p ara el cam peón. está obligatoriam ente presente en él. l. sino un m odo de vida. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. La sanción decisiva. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. la de la m uerte. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio.

A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. o m ejo r dicho la negativa de oficio. que corresponde a la m im icry. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. El. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. una dificultad o un peligro. P or eso. el teatro contribuye con el oficio. que corresponde al atea. una gimnasia . com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. En efecto.d o r o cl a c to r profesionales. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo.

. 213-216.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. de la am bición y de la osadía hum anas. La conciencia es m ortífe­ ra. 1890. Paraliza. el tiem po y la distancia. Paris. m ortales c inútiles. *Y. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. el acróbata debe calcular el Impulso. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. la trayectoria del trapecio. 229 . en Vez de ayudar. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. Him. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. Jeux du Cirque ci la vie foraine.ininterrum pida. F. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. pp. desinteresadas. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. Cierto. En todo caso. Como disciplinas aberrantes. cit. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. Hugues le Roux. pp.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. 171)·173. op. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis.

Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. Su ropa parchada. com o encuentro o ascendencia lejana. En el circo. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a.i la tribu . quien. particularm ente tenaz. Ahora bien. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. En ella figura com o el héroe que mete la pata. una dc sus variedades. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. d u ra n te la creación del m undo. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. Sin em bargo. travieso o estú p id o según los casos. dem asiado grande o dem asiado chica. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. A trae las burlas. Infaliblom ente actúa a contrasentido. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología. los golpes y los cubetazos dc agua. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. es el papel del payaso llam ado “Augusto". El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. Los principales acto res son dan230 . m al aju stad a.

Tonenili. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. el Dios del Agua. el propio Yebichai. Sobre todo. son "com o ni­ ños": balbuceantes. Es uno de los dioses principales de los navajos. dice la gente. Son espantosam ente feos. Pues bien. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . que viven en la mism a región." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. es im portante. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. Saca el pecho y se hace el im­ portante. Son los Koyemshis. siem pre el mismo: así. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . a quien ridiculiza. sujeta al cinturón. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. PiISschiwanni es el cobarde. hay catorce de ellos: . y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". sin vigor sexual. E n tre los zuñís. seis genios femeninos. una vieja piel de zorro. no cesa de fingir que tiene miedo.seis genios m asculinos. el Dios-que-habla yr finalm ente. retardados. Además. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. ‘'son como niños. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. Pero es el dios que parodia. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. E ste es el "Augusto" del grupo. Se tra ta del h ijo de un sacerdote.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades.

entre los zu Ais y los navajos los perso­ . Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. quienes los encar­ nan. Como magos y profetas. Ilccho sorprendente. dos chichones en vez de orejas. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. organizan juegos dc adivinanzas. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. su boca y sus ojos form an un balcón. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. tiene una enorm e verruga en el cráneo. víveres. com entando los infortunios conyugales de un segundo. reprochando a uno su avaricia.nc . Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. juegan brom as groseras. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. hecho significativo. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. la aldea en tera les hace num erosos regalos.sed. se b urlan de los dem ás dioses. En cam bio. Du­ rante las cerem onias. o tro chichón en la frente y dos cuernos. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. la m ás im portante d e todas. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. Tiene una boca oval. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako. Naba*hi es triste. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. Así.

ni ellos se tom an a sí mism os. La teología lo confirm a. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. p o r los propios dioses. De esc modo. la con­ juración del secreto. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. aquí se encuentra disociada. en ningún m om ento se Ies tom a. del m isterio y del terro r. En uno u o tro m om ento 233 .najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. del éxtusis y de la mímica. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. Así. del entorpecim iento y de la angustia. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. Decidida­ mente. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des.

Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. Cierto.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. 119. los honores rendidos al poder suprem o. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. con el epigram a y la canción. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. que sin em bargo inspira idéntico propósito. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. 16S-173. pp. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. En el solsticio de verano. 73-75. 234 . los hom enajes a los grandes. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados.* Con filiación o sin ella. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. Pues la reveren­ cia o la piedad populares.

en Laccdemonia. m ás fecun­ da. Ya hem os visto. el desapego y la ironía. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. orientada en todo caso hacia el equilibrio. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. sino una precaución en contra suya. AI tér­ m ino dc la evolución. casi im perceptible. quizás vertiginoso. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. a un porvenir) coinci­ de. un buen día.» nuevo papel. dc la libertad y de la invención. Si el salto decisivo es difícil. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. Aquí. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. al frenesí convertirse en institución. a su vez. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. Con toda seguridad. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. como fundam entos de la vida colectiva. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K . la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos.

. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras. sin ese antídoto.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. de atem p erar m ediante la risa lo que.

COMPLEMENTOS .

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cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. R ibot.I. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. la posibilidad repentina del ocio. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco. "la fascinación de ad q u irir de golpe. Son sospechosas de 239 . pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. según la Fórmula de T. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. por el milagro de una fortuna instantánea. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. de los casinos. a ta n d o m enos en ciertos casos. sin dificultad y en un instante". basada en el valor del trabajo. de la riqueza y del lujo. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo.

al infinito. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . obligatoria e incesan­ te. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . en la ética. es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. 7-292. el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. Picxxoncs <1944). 1951. fr a n c e s a . pp. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. cl fatalism o y la supers­ tición. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. y que M is J orge en lo te r ía to re s .1 Además. P a r ís . de la pantom im a y del éxtasis. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. 2 S Ja parábola Fictions. que tam bién influye en el arte. Sin em bargo.desarrollar la pereza. en la econom ía e incluso en el saber. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. 82-9. tr a d . pp. si se prefiere. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades. a la topología. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. .1. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. “ L a en n n b ilo n ia ". así sea a to n tas y a locas. quiero decir la necesidad. 1975.

Aún más. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. En ese caso. Vive al día. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. por medio de la superstición. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. El sal­ to es brusco. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. En esas condiciones. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. En particu lar. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal.

Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. en regla y en segunda naturaleza. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. Los dados sólo tienen dos caras. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. M im usops D jawe). Unos representan personajes. Esos blasones son num erosos y variados. pues nadie parece resistir el contagio. ya sea captados en una actitud hierática. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. se entrega al jue­ go. sin.ticipa. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. Conform an el estilo de vida de toda una población. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . de consistencia ósea. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños.

sino que los deposita en el m onte. (o al con­ trario ). colgados dc un árbol en una bolsa. tam bores. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. un hom bre es atacado p o r un pitó n . el cielo nocturno con la luna y las estrellas. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. éste no los guarda en su casa. rifles. los 24. aves. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. En general. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. espejos. es de lo m ás sencillo. o tro carga su fusil. En cuanto al juc^o en si. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. Los anim ales — m am íferos. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. rep­ tiles. Dado el caso. etc.1 . una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. relojes o m ás­ caras para la danza. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. algunos ideogram as figuran diversas plantas. tres m ujeres trab ajan la tierra. los órganos genitales de la m ujer. Es­ culpidos en o tro s dados. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados.

Sobre todo. A.jefes se jugaban sus encom iendas. 244 .-dic. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. sep. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. Toda proporción guardada. 49-50. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . núm. donde la s ca u n s. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . sin com­ binación ni saldo. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. p. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. cum ple con una función análoga. pp. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. "J e u x cl Jouets”. C f . es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. Cuando menos. Em pero. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. de I95S. A sim ism o . Además. Ë ittdcs cam eroioiaiies.s. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. Prost. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. S e juegan la rnrtuna. las tierras y las esposas. 3-52. Le M onde noir.* Se tra ta de un juego rudim entario. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. 245.

ade­ m ás del órgano sexual fem enino). el m arino. la araña. Saca o hace sacar uiia al azar. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. según la expresión de Lydia Cabrera. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. el barco de vapor. el mono. etc. la cabra (que tam bién es algo sucio. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. cuyo principio es sem ejan te al del loto. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". Acto seguido.de a za r considerablem ente m ás com plejos que. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). procede a la venta de los billetes. ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. seres hum anos. Esa lo­ tería. en sociedades mixtos. que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. 1. la tortuga. la pipa. la m onja. E n tretan to . la m ari­ posa. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. La 11. el m uerto. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino).a operación se llam a "colgar al anim al”." 245 . el caracol. A la hora seña­ lada. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta.

banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. del caracol. En efecto. la banca anuncia 246 . el cam arón. los caballeros y las m u­ jeres. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. Además. Al principio d e cada p artida. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. etc. dc la anguila. de la m uerte. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. La m ariposa no tiene com pañero. El venado tiene tres com pañeros. pero no tiene ayudante. Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. De nuevo. de la pipa. pero carece dc ayudante. y luego de haber "coleado al anim al". la cabra y la araña. N aturalm ente. a su com pañero y a su ayudante. los borrachos. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. las mendigos. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. de la m onja y del gato: la de los borrachos. dc la tortuga. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. En cam bio. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. del gallo. los elegantes. del pavo real y del pez chico. Así. pero sí tiene a la tortuga de ayudante.

ju n to con San Francisco. l. 1914. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. El Tigre lo propone. Lleva el paquete maléfico. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. 3 Sabido es que." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . No es tonto.a policio y sus misterios en Cuba. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. 287-293.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. Después del sorteo."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. 247 . La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China.’ En China. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. En o tra ocasión. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. L a H abana. El Venado es ayudante del brujo. E n ese caso. con el Venado. El Elefante m ata al cerdo. el Tigre contra el Elefante. p p . El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. El V enado sale con el paquete. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31.

ham brientas y rencorosas. Sus com ­ binaciones son Infinitas. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. el 2. existen al­ m as en pena. d u ran te una cerem onia secreta. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va.solución. el "rey que todo lo puede". Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. el "payaso que se pinta en secreto". la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. Estos llegan hasta el 100. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . el gallo que can ta al sa lir el sol. Entonces. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. a la m uerte. es conveniente ju g a r al 8. E sta vez. la explicación sólo es válida para los profanos. lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. 248 . se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto).· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. En Cuba. el 8. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. el pecho. "Pica y se va": es decir. En realidad. las m anos." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. apoyándose en citas. los bra­ zos y las piernas.

El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. En todo caso. nada le im pide cam biar. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos.’ En todo caso. m ás o menos desdeñado. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. 249 . como dice un au to r. honrados o no. p o r poco hábil que sea. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. pero lo hacen sin cesar. más elefante. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. TRafael Roche. m ás m onja igual a vena­ do. op. más m uerte. p. m ás gato. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro ." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber." Asimismo. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna.. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". m ás m arino. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. en el m om ento de descu­ brirlo. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. P o r necesidad no juegan mucho. 293. En casa del tío de su m ujer. cit.

en 1957.* En la vecina isla de Puerto Rico. las peleas de gallos.*' Con base en esas conclusiones. En la actualidad. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. A rruina el ah o rro privado. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas.. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. el Planning Board h a calculado que.). %N c w Y o r k T i m e s . el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. o sea la mitad del presupuesto de la isla. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. la ruleta. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado. 250 .En cl siglo pasado. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. 6 de o ctu b re de 1957. . las carreras de caballos. En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos. etc.

El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. (Desde que la lotería federal no es dia251 . a la decena. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. a la últim a. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. es decir. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. a las dos. a la centena o al millar. Por o tra parte.enorm e organización. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. análoga a la quiniela dc los países vecinos. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. Además. Desde entonces. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. "E n su form a actual. ordenados más o menos alfabéticam ente.

saben sacar de él oráculos infa­ libles. sin billetes ni prem ios. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. es decir. De ese modo. Favorece aún m ás la superstición. Afana y Jo sé. 273. sus clásicos y sus interpretes calificados.ría. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. los otros días se hace una fal sa lotería. Avestruz. 723 y 732. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. y ju g a r cada com binación invertida. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. es decir. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. si presencia un acci­ dente de trán sito . quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). etc. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . enteram ente teórica. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. En ocasiones. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. ju e­ ga a su núm ero telefónico. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. Avestruz y Caim án'1 animales . Por ejem plo. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Según una anécdota significa­ tiva. aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. P or lo dem ás. 237. Sin em bargo. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. sino sem anal. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. juega al núm ero del vehículo accidentado. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. En efecto.) Además. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). no es cosa fácil. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. alguna clave de los sueños es­ pecializada.

Es m ás. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. En general. pecado venial 10Además. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. que no deja de preocuparse p o r él. En realidad. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. Sea com o fuere. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. parece sin em bargo considerarlo un pecado. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad.1 · Teóricam ente. quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios. la conciencia popular.ejem plos al infinito. 254 . se emplea todo tipo de adivinación. en el in terio r dc un mismo Estado.

que con frecuencia lo organizan. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. D urante las macum bas. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. de él se valen o se benefician. pero en fin. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. análogo por ejem plo al del tabaco. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. El ejército. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. y un vicio perdonable. al tiempo que se dedica a él. la condena es general. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión.sin duda. de la apuesta. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. Los políticos. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. todos. en alguna esquina. ve al bicho con malos ojos. a veces considerable.

pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. del com ercio o dc la in d u stria del país.Γ dc sus habitantes. conservan sin em bargo un papel im portante. pp. Pero. Por tanto. Se vuelven a poner en juego salvo. en ciertas condiciones. 1 pitulo V. en el plalJ R occr Caillons. incluso. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. En todo caso. Paris. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. Instincts et Société. M arcadas p o r la desconfianza. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. se sacrifica gratuitam ente. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. Como se ha visto.0 11 Se aprecia así que. 130-151. ca­ 256 . em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. dado el caso. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. No obstante. “ L'Usage des Richesses". una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión.

E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes.no de los juegos. en ab­ soluto y por naturaleza. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. in­ cluso le procuran sus principales recursos. hum illada y condenada. suscita asociaciones y clubes. de ln m áscara y del éxta­ 259 . A veces. el atea. de m edida y de organización. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. com o el agon. en com petencia con el agon. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. el alca. Aun­ que reprobada. en la m edida en que éste los domina. exige el cálculo y la regla. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. La razón es fácil de descubrir. En cam bio. determ ina enorm es m anifestaciones. Más aún. y con frecuencia en com binaciones con él. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. construye casinos com o el deporte construye estadios. a toda especie de códi­ go. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes.

en el fondo. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. de la tarea paciente y tenaz. del favor gratuito e inm erecido. Deja problem as p o r resolver. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. De los diversos p rin ­ cipios del juego. En efecto. En esas condiciones. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. si no es que insustituible. es decir. sino' tam bién la burla del trabajo. el edificio social se apoya en él. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. E l agón.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. del ahorro. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. es el único considerado com o valor. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. Sin em bargo. en una palabra. en elim inar cada vez más al alea. En conjunto.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. que no se p restan a las ecuaciones. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. Para ser m ás exactos. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. Como hem os de ver. Quien juega al burro. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. el estudio de éstos se beneficia . p o r su gene­ ralidad engañosa. Λ decir verdad.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. desde un principio em pieza la extraña distribución. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). al dom inó o a la com eta. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o.

los espectáculos del París de antaño.> H. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. 268 . 16. tom o VIH. Srhillcr. Poris. 1862. las rvgatas d e Venccia.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. Onuvrcs. v. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas. cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. "E sthétique". No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu.1 Pero. 26 y 27. francesa cn Fr. Véanse tam bién las carta. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. 20. el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. Estim o que com parando M las carreras de Londres. 1 . ocupado en sacar del juego la esencia del arte. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. trad . las corridas de toros de M adrid. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. en el mismo rexto. Pero no im porta." Más aún. si no es que el prim ero.

p. 1S86. 1896).l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. Seducidos p o r ella. d e la gratuidad del jue­ go. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. La idea d e la libertad.thik. 145. aparece com o un 269 . fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital. erróneam ente. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. Jx> define en fin com o una em presa pura. sin pa­ sado ni porvenir." Y W undt.) La receta corrió con suerte. El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. F. Des­ ligado de la severa realidad. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso." (F. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. m odelo que tam bién le es anterior.

c) dc la inteligencia. destrucción y análisis. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. dan origen a juegos. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. del miedo. de la m em o­ ria. del olfato. del oído. Paris. der Tiere. de los movimientos. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. Jena. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. antes bien. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. etc. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. g ira r o resbalar. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. del gusto. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento.). cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. te s Jeux des Animaux. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). de la sorpresa. las que se derivan del instinto de lucha. de la atención.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. de las form as. lanzam iento para golpear o em pujar. francesa. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. de la tem peratura. En el fondo. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. de la razón. a tra p a r objetos en m ovim iento). V y 62-69. etc. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. Más todavía. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. p o r ese hecho. im pulso para hacer rodar. bastante ad ap tad a a su objeto. pertenece al terreno del . pp. 1902. 1889). Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. lanzam iento simple. de los colores. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. construcción y sín­ tesis. juegos de paciencia. dc la im aginación. cóm o todos los adem anes que puede hacer. trad. lan zar hacia un blanco.). b) del ap arato m otor ((an­ teo. del instinto sexual o del instinto de Imitación. sin unidad inmediata y que. Por una ex­ trao rd in aria paradoja.

1955. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. pero no sobre la naturaleza del propio juego. 1 1942). De nuevo.’ Cierto. Por o tra parte. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano.íacques Rousseau de Ginebra. En cuanto al fútbol. p o r la o tra. París. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. 1952. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. Jx Jeu de J'Enfant. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. Las conclusiones se discuten en el estudio de F. Le Football. R. G. Introduction a la P/utano^e. Football :n America (traducido en Profils. F. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. En particular. Sin em bargo. Hartgenbusch (1926). tal vez necesariam ente. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. Recordamos que el m érito de J. . que desde luego no son alentados por los educadores. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. 1955. otoño de 1955. Pues bien. no los ha encontrado entre los anim ales y. J. 13. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. incluso si se dejan al m argen los dados. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. ios juegos de azar se ven elim inados. M. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. 2e odklôn. se podría seguir ignorando. el dom i­ nó y la baraja. no existe tarca seria para la cual preparen. 5-32). que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. Pp.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. Paris. Patrick (1903). se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. nueva edición niimonlndn. que Jean Château descarta como juegos de adultos. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). Pickford (1940) y •V. T. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. W. la perinola.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. Antes de él. W. J. que un juego con frecuencia im plica. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. Por una p arte. o poco faltaría para ello. es conve­ niente citar los análisis de G. Desde ese punto de vista. núm. Buytendijk. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar.

rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. por re so rreras/ por silbatos. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. Asi. com o resorte del juego en el niño. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. de! tipo de la morra que. contra Karl Groos. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. p o r artículos escolares. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. depiedra o de vidrio. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. que exigen espurio y accesorios. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. inicuo en sí. al final de su obra. Ahora bien. 18-22. y son niños que no se disfrazan. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. Uno vez más. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. por cortaplu· mas.u de l'enfant. es dccir el riesgo. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. a escala infantil. Desde esc punto de vista.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna.los juegos de canicas. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. Por un preciu invariable. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. por al­ gún favor dispensado. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. pp. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. que el juego es una prueba más que un ejercicio. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. el alea. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. de b arro . Se cam bian p o r golosinas. resuelve por om isión un im portante problem a. Por mi p arte. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. 274 guna. 275 . Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. en los alredcdoies de las escuelas. por una ayuda en las tareas. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. no le es difícil dem ostrar. •£ e Jr. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. Ja apuesta. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. El niño no se entrena para una tarea definida. Los jugadores las ganan o las pierden. En efecto.

Dc m anera general. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. el juego aparece como educación. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. Ahora bien. placen­ tero. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . La finalidad del juego es el juego mismo. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. ninguna ap titu d física o intelectual. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. intenso. quien perm anece en esen­ cia pasivo. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. Y aun asi. del cuerpo. prueba o hazaña.te a las dificultades. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. Así. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. Desde esc p unto de vista. P or o tra parte. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. del carácter o d c la inteli­ gencia. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. Pues no enseña recetas. que adem ás es libre. inventivo y protegido. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. sino desarro­ lla aptitudes. el niño.

el gusto de inventar. En esta segunda clase. B rauner. P arís. Poi4r en taire des hom m es. 1S-75. a p ertu rb ar. En cuanto a los juegos reglam en­ tados. luego de Jean Piaget. en una prim era aproxim a­ ción. 'A . Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. etc. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. A decir verdad. a estorbar. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real.R. No los repele me­ nos que el trab ajo .B. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí.I.. 1956. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. S. ni so­ m eterse a una disciplina. Las observaciones de A.jugar. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales. ni ad ap tarse a una nueva situación. a em pujar. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto.A. 277 . ni fija r su atención. Para ellos. me­ jo r aún. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados.). pues entonces no sabe. pp. es el de su cu­ ración. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s .

en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. de las dam as 0 del ajedrez. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. basados en la com petencia. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. un aviador o un vaquero. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. a la tendera o al soldado. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. p o r no hab lar del futbo!. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. Ju g ar a la lavandera. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. es siem pre una im pro­ visación. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . Im aginar que se es una enferm a. Jugar a las b arras o al pillapilla. uno panadera. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. implica una invención continua.

basados en el sim ulacro. de pasión o de Intensidad. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. 1*1*217). Ππ cambio. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). ct análisis define . al m ism o tiem po. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. en mi clasificación. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. 386-587). o por simple aceleración <!c ritmo. Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. gri­ ta r a voz en cuello. J. g irar como trom po. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. en el capítulo correspond iente (pp. que obliga a los jugadores a cooperar.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. Pero é stas sólo com pli­ can. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. De ese modo.

Château hace alusión al sube y baja (p. Huizinga. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. antes bien. no les concede la m enor atención. un peligro que. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. lo amenaza. A decir verdad. o poco m ás o menos. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. pero. si se quiere. un sentim iento de pánico. m ejor dicho. 298). m ejo r determ inados. m ejo r adaptados a su propio fin. pero éste atra e y fascina: es un placer. De la invención y del respeto a las reglas. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. el vértigo supo­ ne el m iedo o. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. de la com petencia leal. esbo7x>s de juegos de vértigo. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. que es el de provocar una per­ turbación ligera. quien reflexiona en los juegos de adultos. 280 . De ese modo.esas conductas claram ente existen. Ciertam ente. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. en ciertos caso*. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano.

tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. Los estudios ma· 281 . Como investigaciones de un nuevo género. de los casinos o de los hipódrom os. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. Según consenso general. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. estas ciertam ente son indispensables. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. Se considera que destruyen las costum bres. Por o tra p arte. del tobogán. 2 . como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición.

Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. la experiencia le dem ostraba lo contrario. en efecto. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. El caballero de Márá había calculado que. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. Sobre todo. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. E nton­ ces se dirigió a Pascal. en el juego de dados. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. para una serie de veinticuatro jugadas. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. Por ejem ­ plo. en que el azar no interviene en absoluto. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. Ahora bien. En más de una ocasión. A bordaron los cálculos de enum eración. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles.

Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. cuya teoría se deriva de la topología. Von Neumann y O. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. 195? 283 . deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. más allá dc toda controversia. Princclun.” E sta vez. com binando el cálculo y la topo­ logía. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. comercial.de los cuatro colores. Claude Bergt. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. Morgenstern. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. IW4. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. es decir que. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. político o m ilitar. Pan's. Theory υ/ Games and Economic Behavior. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. Théorie de\ Jeua alternatifs. Algunos ju e­ gos tradicionales. el dc los puentes de Kocnigsberg. en cada situación sucesiva. Re­ cientem ente.

284 .cortándolo). MatemA­ 11 C laude B erge. póquer sim plificado al extrem o. Ahora bien. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. p o r la o tra. quiero decir. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. de I3 inspiración boba. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. en fin. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. el segundo. en realidad. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. es decir. del capricho. que agote los elem entos útiles. due­ los de aviones. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. p o r hipótesis. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. ya. fuera de las m atem áticas puras. la posibilidad de una inform ación total. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. etc. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y.1 1 Sin em bargo. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero.

su sangre fría. el segundo día. es claro que el cálculo resulta imposible. Pero. puede tener deseos de m orir. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. Cuanto m ás espera el cliente. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. la distancia. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. en época de baratas.resuelto. puede picarle una avispa. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. la visibilidad. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. En fin. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables.ticam ente. del 30% y el tercer dio del 50%. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. en la práctica. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. Teóricam ente. m ás ventajosa es la com pra. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . la h a­ bilidad relativa de los tiradores. ya. Pue­ de ser distraído o neurasténico. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. Pero. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. hacerle trastab illar una raíz.

En ajedrez. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. E n la b araja. Se conoce el desenlace de todas las variantes. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. En los juegos que les apasionan. Pues no se juega para g an ar con seguridad. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. según se le considere m ás o menos deseado.po y el artículo dc su agrado puede írsele. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . el juego al p unto se ve estropeado. En principio. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. y cada jugador m uestra sil juego. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. Sin em barga. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego.

241-24$. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. Así. Se juega con doce palitos y doce guijarro s. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. noir. pp. “Jctix dan«. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. P r o x i. pero que ellos no abordan de o tro modo. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. 8-9 de Présence africaine. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. si la desconoce. lejos de favo’’ A . Monde n ú m s. le "com e" uno al adversario. sem ejante al molino. Por el contrarío . En Sudán. en todas las situaciones po­ sibles. form ando parte de la herencia fam iliar. te M o n d e n o ir".12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. e-s muy popular el juego del bolotudtí. Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. se tran s­ miten de padres a hijos. 287 .

recer cl espíritu de juego lo estropean. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. por ejem plo. p ara los palillos y el juego de anillos. abolien­ do su rozón de ser.· admite. esos análisis tam bién existen para otros juegos. tal que. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. ninguna respuesta resulte eficaz. Por sí solo. aunque no se demuestre. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. No queda fuera de las hipótesis razonables que. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. es decir. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. No es verosímil. El lobo. de la prim era a la últim a jugada. que m encionaba yo antes. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. Su teoría es sencilla. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. 288 . Existiría incluso si los juegos no existieran.

. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e.ellos. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. Así. El juego es un fenómeno total. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. En efecto. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. Sin em bargo. Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. 67. Para romper un palo. J. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. que varias veces ha 299 . Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. Romanes. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. con gran alegría. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. se quita de debajo de él y espera la caída. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. se dio por satisfecho. De ese modo tira dc una silla. hasta hacerle perder el equilibrio. "Junto a su necesidad dc destrucción. Sin embargo. Hace lo mismo con objetos más pesados. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. luego lo dobla y k» rompe. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. En cuanto al jefe. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. tirando cuidadosamente dc los hilos. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. con los brazos abiertos. Así. De una observación de G. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. a modo dc mantenerse cabeza abajo. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. también le gusta mucho volcar objetos. citada por K.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo.

es también materia de reflexión. Alean. PP. t. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. Sin embargo. al que es raro que se tenga fe. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. Antes de em­ pezar el juego.logrado volcar con grandes esfuerzos. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. II. Romanes. J. F. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. 300 . puesto que claramente se trata de uno acción "G . sin la treta. difícilmente sería entretenida. París. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. Esc carácter oracular. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. prácti­ camente universal. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. Intelligences des animaux. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez.” " P. Su estéril monotonía. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. 70. . 240 y 241. sin lastimarse nunca. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. Por otra parte.

de cosmonautas con escafandra y de 301 . sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y. con ayuda de un número fijo de elementos. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. de manera más o menos severa y según los países.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. puesto que la ley prohíbe. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. que en un principio parece del todo ausente. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). perfectamente im­ productiva. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. su papel sin embargo se deja sen tir. En cuanto al simulacro. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). El placer de la com­ petencia es escaso. refinadas o sal­ vajes. pero siempre con la misma solicitud. búsqueda del favor del destino. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. en fin. lo que equivale a lo mismo). que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. aunque de manera muy diluida.

y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes.se puedan imaginar. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. como con el peso de una mirada cargada dc deseo. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. posible al vértigo. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. Para aum entar el ruido y el movimiento. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. Supon302 . En este caso. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. una pe­ queña esfera brillante. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. sin nin­ gún Intervalo entre si. que no es urgente dominar. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. pero un vértigo inferior y vano. En fin. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. por decirlo así. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. Por lo demás. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. Aquí.cohetes Interplaneterios. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . Los aparatos se alinean en filas interminables.

incluso en sus aspectos más aberrantes y. P. en fin.sin espesor los juegos de vértigo. Por doquiera una tensión. para hacer mecánicos y endebles. paroxfsticos. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. lo contrario. en principio los más peligrosos de todos. el entrenamien­ to deportivo. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . un esfuerzo. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. la prueba de una ha­ bilidad. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. y hasta resulta inoperante. reflexión y saber. maquinaria compleja y gran desgaste de energía.go que poco faltaba para empobrecer. por el lado que se le-s mire. éstos incluso exigen. que exi­ gen espacio. del casi automatismo 303 . desde cierto punto de vista. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. el solitario o los palillos. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. Los recursos personales del jugador no intervienen.n fin. Así. una lucidez expuesta e imperturbable. previsión. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. obstinación y resistencia. El balero exige destreza. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. de la inteligencia o del alma. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo.

con In vana esperanza de una partida gratuita. en el corazón de Nueva York. en pleno Times Square. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. Broadway 1485. el billar. En Estados Unidos. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. . Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. el 25 del mismo mes. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. capital del juego-sino también en Nueva York. en los años de mayor éxito. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. el chaquete. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. En los cafés. Provoca verdaderas obsesio­ nes. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. Pues bien. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. ''Playland*' . norteamericanos de toda edad. desde el escolar hasta el anciano. Cada día y cada noche.

las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. si entró allí con dinero suficiente. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. Delante de cada máquina. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. (D. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. En efecto. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. permite al jugador quedarse horas. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). como se les llama aquí. En una inmensa sala sin puerta. por 5 centavos. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . Morgaine).

Así.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. 44-47). Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. Como es fácil imaginar. Por una moneda (real). En fin. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces. Sin embargo. pero le parece sublime. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. T. puede ganar millones (fieticos). (Vol. a través de diferentes obstáculos. pp. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. 215. lue Ko de lo cual los tiraban a la basura. que podían utilizar en aparatos traga monedas. de octubre de 1957.luminosos. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. Rs una amenaza . "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. num. 1289. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. en abril de 1957. pues las anotaciones llevan varios ceros.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis.

en particular. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. Julius Segal confiesa curiosamente que. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. to y de sus oportunidades de triunfo.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla.ativo accionando el resorte del artefacto. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". Sale tranquilizado respecto de su talen. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. Si hemos de creerle.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad.ra que el mundo se conduzca dócilmente. I." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach. No por ello dejaba do pensar en él. "Por lina moneda.Γ deliciosa. por decirlo así. en caso d e depresión. exterioriza su irritación y lop. una especie de segundo juego agregado a! primero. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. honorable si* no es que higiénica. un riesgo suplementario. el jugador se . Por lo general. Y en efecto. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. Entonl ces juega.

Li­ teralmente. el componente terapéutico. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. deberá tenerla en cuenta. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. al que presta gran atención. se siente cngaflado. según exi­ jan m is cálculo. en la medida en que obligan más a respetar la regla. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. favorecen el feliz desarrollo del arte. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. más que otros. la lealtad. m .enerva en vez dc triunfar. Deja la máquina frus­ trado. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. destreza o vigor. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. sino amargado c iracundo. imaginación. Por el con­ trario. En realidad. paciencia. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. el dominio dc sí. Sospecho que. en pocas palabras haberlo hecho perder. de la ciencia y de la moral. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. el desinterés. En lo sucesivo. en el caso del señor Segal. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. lo hacen fructificar a largo plazo. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos.

La enseñanza de los aparatos tragamonedas. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Tal ve/. 309 . existen distracciones-trampa que. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. y accesoriamente de los solitarios. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. radica entonces en que. cobran aspecto de juegos. sino intensidad desplegada libremente. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. posee una eficacia propia. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir. Nombradas entonces n contrasentido. lo que concordaría con otra forma de juego. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. lle­ nando las horas libres.

Mis mejores deseos.f 4 -¿. 310 . 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir.1 = 17 = 1 4 7 = 8. sin embar­ co y de todo corazón. si es posible.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. serán tomados en cuenta por los interesados.. como es debido. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. Por ejemplo. si (por casualidad) ganara. dada la variedad de esos procedimientos. 93. Pero. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que.. Aunque no contenga ningún 8. horóscopos y superstición... podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8. 66 410. Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. Y ahora. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. no le digo "buena suerte". A título dc ejemplo. la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente.f 6 . reducido a la unidad da 6 . tal número «Obre tal otro. Ko obstante. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11. Juegos de azar. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour.

ni el horóscopo ni el número llevan fecha.En ese terreno. ρά· R in a 310). espera la llegada de una de ellas y. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. como si estuviera seguro de hacerla su presa. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). ?. Ahora bien. cit. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . de hormigas comunes en la India. Hypoctinea bl· tuherctdata. Morion Wheeler (op. citadas por W. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. Como los demás. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. en cuanto se acerca. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos. Con frecuencia.. 101. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas.

en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. Las máscaras (Koro. Extracto de H. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. Simbo. 221-222. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. a poncr312 . De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. El mecanismo tic la iniciación. cit. pp. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. el derecho a conocer el misterio. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. tanto cabezas de animales. plural.. Kora. un tanto más burdo. eso queda "probado por el hecho de que. 162. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. plural. op. Jcanmaire. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis.Jacobson. éstas se apartan un poco del ptilócero. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad.

En uno. Al terminar el día. dc cierta grandeza. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. los usos varían se­ gún las localidades. hucen oír . Naturalmente. esperando que caiga la noche. Cuando los 313 . el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. Ponen manos a la obra desde la mañana. Por la noche. los ancianos los rodean. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. De las exposiciones un tanto confusas. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. del mismo tamaño. es decir. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. dentro dc su simplici­ dad. la revelación del secreto dc las máscaras. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. lo cual se hace ritualmente. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. piden conocer las "cosas del Do".

el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. De modo simbólico. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa. Después de lo cual. fisa es la costumbre. Una máscara llega corrien­ do. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. éste la sella golpeándola con la mano. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. salta alrededor de los niños. Al día siguiente. no estd en \rida. c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. ésta se pasca. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística .niños . se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota.se han reunido. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. Cuando se ha cerrado Ja fosa. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado.

120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". 164. Labouret). se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). IV.sudanesas]. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. éstos se celebraban cada siete años. a los niños c incluso a la gente joven. quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. instrumentos dc Jos Antiguos. y el anuncio producía una efervescencia en el país. t. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. Cremer y publicados por H. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). El animal se inmolaba. hoy por hoy en decadencia. com­ parado por H. P. el lugar ue reunión era un claro en la selva. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. Además de la cerveza.

El enmascarado se ponía a bailar. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. banquetes y palabrería. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. el que se volvía se condenaba a muerte. Luego de abandonar la fosa. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. en cuanto el enmasca rado. de espaldas.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. pequenUo en un principio. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . ΛΙ cabo de siete días. iba creciendo poco a poco. El día señalado. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. em­ pezaba la parte importante del misterio. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. Al pie del árbol se había hccho una fosa.f negro que cubría una piel humana. cuyo tamaño no dejaba de crecer. con el rostro vuelto hacia el interior. T. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. Por lo demás. I-a dan/a continuaba tres días seguidos. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras).

Para rendir homenaje en común a un cantante . en 1926. Ä9 ss. t.cían. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. En los suburbios de Buenos Aires. fuera entre la ma^a de la población. Atlantis.). AZAR P. numerosas víctimas pere­ cían. 205. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. pp. De todos modas. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. a fin de m orir como él. en 1939. Un ejemplo: el culto de James Dean. al cabo de aquel triduum. 1924. Frobcnius. durante aquellos días. en caso negativo. carbonizado en un accidente de aviación. (Según K. Dämonen des Sü­ den. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. fuera en el círculo de los ancianos. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. VII.

I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor.lames Dean. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres./'. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . dice. pretende que. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. se ha conmovido ante el fenómeno. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. En uno de los cotidianos más importantes de París. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café.. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. "Algunos psicoanalistas". Escribe. recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas.de su gusto. un historiador enterado. en la que trabajaba . Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. el actor hubo de retirarse del mundo. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. desfigura­ do. sé que no estás m u e rto . la empresa cinematográfica Warner Brothers.

volcando 1 Pierre Gaxoto. 213. ts s Stars. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". 119-131: "Ix cas James Denn'*." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones..que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. U Figaro. Por cincuenta. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. Tras la muerte del héroe. pp. Paris. El episodio en sí os insignificante y N futuro. 319 ." Γ. Terminada la gira. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. maltratando a los transeúntes. 1957. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. uno podía sentarse unos segundos al volante.

Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. Los pedagogos. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. Por lo demás. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. el hecho en sí no es nuevo. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. De manera 320 . Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. Sin embargo. Casi linchados. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. finalmente. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno.autos. los educadores. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. rompiendo aparadores y. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar.

miles de muchachos están alii. se abruman a golpes sin un grito. Son. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. presas del terror de la soledad se reúnen. en toda la acepción trágica de la expresión.m divier­ í ten. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. No sc conocen entre sí..inexplicable. nada tienen en común. centenares y. aparte de su edad. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. No . cl lunes. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces.e so s ociosos. "Para el extranjero. decenas. ‘rebeldes sin causa'. esta trifulca y. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. se aglutinan corno pingüinos.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible.. se amontonan. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia.. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas.. gruñen y se injurian apretando los dientes. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. se estaría tranquilo. sin ninguna palabra com prensible. François-Régis Bastide ya ha escrito: . la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 .

los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. (Le Monde. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. la certeza de un porvenir asegurado. . « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. en su mayoría son.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. como aquéllos./’ Uva Freden. En cambio.. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. en Suecia. Como aprendices o dependientes de almacén. provoca la desesperación. En ambos casos. 5 de enero de 1957. hijos de obreros o empleados comunes.vo en la vida*. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . bajo otros cie­ los. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. el cxccso de dificultades por 'subir'. Esc bienestar relativo y.

ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. t. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. que se llevaban bajo otras máscaras. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. pero enteramente sin­ gulares. la máscara es una diver­ sión dc la corte. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. enteramente distinto. 414-415. El invierno siguiente. El invierno anterior. cap. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. al natural. fueron muertos frente a Verue. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux.En Francia. Favorece agradables equívocos. II. se quiso continuar con la diversión. maris­ cal dc campo. de suerte que. da lugar. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. Finalmente tiraron aquellas máscaras. dc aquella ex­ traña singularidad. 323 . cuando debajo estaba el verdadero. dos hombres de gran valía. grande fue la diversión con esa broma. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. como yo. dc manera más desconcertante. hacia 1700. y Wartigny. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. pp. en extremo y en reiteradas ocasiones. de pronto. XXIV (1704). Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. 1949. Pero sigue siendo Inquietante y. Mémoires de Saint-Simon. al desenmascararse. Bibliothè­ que de la Pléiade. y estado sorprendida. y la tensión no podía suprimirse. teniente general. pero el colorete se bo­ rraba al punto.

Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. En los teatros. París. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. El origen de esc nombre es el grito de: bau. p. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. en los lugares pú­ blicos. la ley prohibe a los nobles ponérselo. Era obligatoria para los nobles. bau con el cual se asusta a los niños. Cuan­ do. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. Todos la llevaban en Venecia. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. hombres y mujeres. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. según Giovanni Comisso. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. En principio. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . La mayoría de las veces es de color escarlata. a su antojo. por razones de Estado.En el siglo χνπ ι. la conservaban o se la quitaban. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. 1944. 37. Λ continua­ ción. empezando por cl dux. una vez dentro de la sala.

ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. los tati. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. en una palabra.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. cil. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. dc cambiar dc identidad. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. de disfrazar­ se. 325 . también sobre las máscaras. op. Prefacio de Gustave Coquiot. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. (Comisco. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. los berrwrdoni. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. 133. los pitocchi. 1900. vestidos dc andrajos. de dejar de ser lo que son. estaban: los gnaghc. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. tomo V.). hora« bres vestidos o no dc mujeres. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. p. dc escapar dc sí mismos. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. capitulo XI. Mémoires. Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios.. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. nota 1.

qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. qué apetitos. que codicias. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. a qué olvido de sí mismos. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. qué esperanzas. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. La máscara es el rostro turbado y perturbador . sardónica y macabra. bajo la pelambre de las falsas barbas. llena con sus tropeles. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. como los fantasmas. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. Como los fantasmas. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. no se ve su rostro. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos.

es el lujo condimentado con el miedo. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. pp. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. con sus rostros solicitantes y terribles. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. 3-6. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y.de! desconocido. Masques. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. pues. quien sabe.) 327 . (Histoires de. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. es la sonrisa de la mentira. tal vez en la prefectura.

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... . .... V. ... Conjunciones contingentes . ....... . . 1.. La corrupción de los juegos ......... .. Conjunciones fundam entales . .. La vocación social de los juegos . TV...... P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s ... Conjunciones prohibidas.27 II.. . . 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales ........ Clasificación de los juegos.... ..... . 3.. 106 ............. 125 127 128 129 329 . . La teoría am pliada de los juegos .. III......... b) De la turbulencia a la regla .. . Definición del ju e g o .. ... 2....ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I... S ik íl n im P arte VI......

...... 228 Los dioses que p aro d ia n .... 217 La feria a m b u la n te .... .VII.............. La im portancia de los juegos de azar 239 II.. . 166 a) T ransición.......281 330 ................ El simulacro y el vértigo ................... 216 La m áscara y el uniform e ......... 138 1> La m áscara y el trance ...... 201 IX........... ......... ................ Análisis m atem áticos....169 b) E l m érito y la su erte .......... .....221 El c irc o ............. 230 Co m plem entos I.... 268 2...... ........... 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s .... La com petencia y el azar .... ............... ........... .. ) 146 VIII....... ...... ............ ....... . ..... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ..... ........... ...... ......................................... 266 1..227 El trapecio......... De la pedagogía a las m atem áticas ............. 185 c) La delegación.. Análisis psicopedagógicos . .... ..... .........

E x p e d ie n t e II.... 293 IV.... ............ . Resurgim ientos en el m undo mo­ derno . 310 312 317 VII......322 331 ........... ... La com petencia y el azar .. C la siíic a c ió n ..... V III................... .... ......... IX.... El sim ulacro y el vértigo ............ .... La corrupción de los juegos .... ....... ....

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09070 México. En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. D. F. A-. . Arto de Juárez 226-C. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*.E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da. 9:10 y B:9 punta*. Av. S.

E. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. F. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. A. L u a rd : La China popular y su economía E. M yrdal : El Estada del futuro G. T. B erendt: Et jazz J. C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D. C o re: Historia y enajenación R. L. H ughes y D. B a rre : F. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . Fanon : Los condenados de ta tierra F. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. S. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. Wright: Para comprender el teatro actual R.H. Shaplcy: De estrellas y hombres F. E .t desarrollo económico J. J.

Shackle: Para comprender ta economía . van Doren : La profesión de Don Quijote G.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. S. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. Castellanos: ButúnCanán G. H. Cole : La organización política K. Rostand: El hombre y la vida R. D. Dobb: Introducción a la economía G.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. de BablnJ: ¡. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. L. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J.

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