R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

com pleta en un principio e inm utable. designa. de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o .la ac­ tividad especifica que nom bra. Asf. p o r o tra parte.propio. Esa idea de totalidad cerrada. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so. m úsico o com ediante. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . De la m ism a m anera. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual. no sólo . la palabra Juego. sino tam bién la totalidad de las figuras. se transform an sin cesar. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. la m anera de un intérprete. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo.

jugarse el resto. La idea de riesgo viene. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. jugar en grattde.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. Una vez m ás. a la inversa. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. en . Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. de libertad y de invención^ En un registro vecino. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. al punto. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. o tras más. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. la carrera. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. la vida. un elem ento favorable o m iserable. ung. especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. com o m ostrar su juego o.

No pueden violarse con ningún pretexto. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. la voluntad de respe­ tarla.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. de com ún acuerdo. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. im perativas e inapelables. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. en fin. É stas de­ finen lo que es o no es juego. E sta vez. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. sin p oder haccr nada al res­ pecto.. Ahora bien. esas convenciones son a rb itrarias. es decir. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. A la ve/. toda treta o respuesta prohibida. Todo juego es un sistem a d e reglas. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto.

una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . Por lo dem ás. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. esc . pues la m áquina parecería desbocada. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. Pero. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. enteram ente exacto. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. de facilidad de movim iento. pero ño excesiva. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. ese juego no debe s e r exagerado. que ins­ tauran un orden estable. Juego significa enton* ces libertad. una libertad útil. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad.voluntarias y aceptadas de buen grado. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. Por o tra parte. que le da vida. no el juego m ism o. Así. en el in terio r de ese juego. in­ terviene un juego de o tra especie. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia.

otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. to s senüdospim plican ideas de totalidad. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. En genera!. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación. de re­ gla y de libertad. Esas estructu. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. com pleja c innom brable.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. esos distini. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. Sin em bargo el juego^significa. Allí son moneda corriente la violencia y la traición.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización.

de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. lisa es. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. p o r fin. pista o arena. la pureza y la im parcialidad de un juego. El equipo gober­ nante. y en las m ism as condicio­ nes. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. reducida a lo esencial. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. que juega correctam ente el juego. tablero para dam as o tablero de ajedrez). la precisión. a los partidos opuestos. la argum enta­ ción de un Huizinga. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado.do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. es de­ cir. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder.

de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . Sin em bargo. En pintura. al final.form as legales. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. Engendran hábitos que. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. y cualquier o tra imposición. P or o tra parte. cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. Son com o las reglas del juego al que él juega. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. Al hacerlo. igual que en el juego. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. las leyes de la arm onía. No ocurre o tra cosa en el terren o estético. que a la vez guían y lim itan al creador. En música. A falta de lo cual. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. de encontrarlas extrañas o m olestas. unidad o canon en la escultu­ ra. la coreografía o el teatro . E n lo sucesivo. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. las hacen parecer naturales.

no m enos estricto y no menos gra­ tuito. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. M ediante esos pocos ejem plos. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. pero regulado. dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. que se apoya 16 . a las ciudades abiertas. En épocas de guerra llam ada cortés. sino que suele serlo de la violencia regulada. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. tiránico. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. hasta la es­ trategia es convencional. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles.. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización.

Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. H acen el cuerpo más vigoroso. la vista más penetrante. el tacto m ás sutil. en que. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. tienen al menos valor d e modelo. la regla no favorece ni lesiona a nadie. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía.. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. . Los juegos de fuerza. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. son ejercicio y entrenam iento. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. que se b o rra p o r sí mism a. más flexible y más resistente. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. de habilidad. y siem pre revocable. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. Por el cam ino del placer o de la obstinación. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. de cálculo. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. res­ petada voluntariam ente p o r todos.en un sistem a coherente y equilibrado. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades.

El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. nada está perdido y. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. antes que recri­ m inar o desalentarse. de una m a­ nera general introduce en la vida. En efecto. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. Quien se enoja o se queja se desacredita. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. El juego no prepara para ningún oficio definido.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. la mala suerte o la fatalidad. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias.

anuncio éste que pone fin a la 19 . Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. que lo deja sin energía ni resorte. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. Sin duda. En cierto sentido. que a su vez es juego y juego superior. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. la suerte Im­ placable c im prescriptible. consum ada la hazaña. No obstante. tal dom inio es m ás fácil en el juego. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. su m ejo r afán. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. al ech ar los dados o al voltear un naipe. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. una vez rebasada la cima. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. nada com o el juego exige tanta atención. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. Por o tra parte.

aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. es la ley del juego. como dice P latón hablando de o tra apuesta. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. un herm oso riesgo que rale la pena correr. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. más im por­ tante que lu que está en juego. que hacen retroceder la tacañería. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. C onsiderar la realidad como un juego.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. Tal vez de m anera paradójica. tener a la vista la imagen de la perdida. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. la codicia y el odio. E xperim entar placer con el pá­ nico. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. con ese desapego. es llevar a cabo o b ra de civilización. en cualquier caso. como si Dios no existiera. El juego no es una escuela menos ruda.

Por o tra parte. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. la realidad no tiene esas de­ licadezas. el juego escoge sus di­ ficultades. p o r el pundonor o p o r la casuística. p o r decirlo así. aceptado por él. casi fic­ ticio. el juego queda a m erced del aburrim iento. Quien tiene ham bre no juega. transfor­ m an el m undo. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. hecho a la m edida del ju g ad o r y. las irrealiza. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. En pocas palabras. Además. En cambio. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. las aísla de su contexto y. a expensas del conteni­ do. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. Finalm ente. De habi­ tuarse a ella. E n segundo lugar.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. p ero un obstáculo arb itrario . el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. en m ayor o m enor m edida. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. 21 . en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta.

Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y. sin ella.En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. Secundum Secundatum . el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad.

PRIMERA PARTE .

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inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego.I I. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. p o r su naturaleza. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. retom ó y desarrolló sus tesis. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. Por una parte. p o r o tra. En H om o ludens. dándolas p o r sentadas. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. 27 . En todo caso. esta obra. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. Johan H uizinga.

por tanto. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. \W . que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. En la página 53 se encuentra otra definición. del FCE. aunque libremente aceptadas. trad. México.1 1 Homo ludenx. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. que el juego. a pesar de todo. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. peiO que. puede absorber por completo al jugador. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. según reglas absolutamente obligalonjA." 28 . en su aspecto formal. pp. 31-32. podemos decir.

aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. en cier­ to modo. se p restan a una actividad de juego. sino una insti­ tución. las pistas de carreras y las loterías que. En pocas palabras. el disfraz. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. Sin duda el secreto. los casii nos. p o r ejem plo. es decir. los garitos. lo publica y. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. en fin. En cambio. . Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. ocupan precisam ente un . La ac­ tividad de juego lo expone. el m isterio y. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. En segundo lugar. es decir.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. lo gama. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. -|T>ara bien o para m al. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. cuando el secreto.E sta definición.

cierto que en form as infinitam ente variables. En el m ejo r dc los casos. el único que no puede tom ar placer en el juego.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. Ciertam ente re-. En* algunas de sus manifestaciones. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. Pues bien. pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. Además. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. Pero tam poco es inexplicable. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. incluso en su form a dc juego p o r dinero. Aunque casi siem pre es inferior. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. es decir. Hay . Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo. a causa de los gastos generales. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. es preciso distinguir. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. Sin em bargo. aunque se considere desdichada. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico.

la even­ tualidad dc esa transferencia. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. los ciclis­ tas. en el hipó­ drom o o en las tablas. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. Cuando juegan._c&_ca· racterfstico del juego no. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. ni objeto mamifacluracjp. Aún más. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. pero no produc­ ción dc bioics. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. los boxeadores. como fuente dc alegría y de diversión. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. d e Inge­ nio. de habilidad y con frecuencia dc dinero. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. ninguna obra. está claro que en ello no son jugadores. en la pista. en el salario o en la rem uneración. En cuan­ to a los profesionales. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. Æn^cfccto. O bligatorio o simplemente recom endado. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. es a algún o tra juego. sino hom bres dc oficio.desplazam iento de propiedad. y deben pensar en la prim a. crear Tiinguna riqueza. ni o b f t m aestra. Por o tra parte.

se entrega a él espontáneam ente. S alir del recinto p o r erro r. la escena. Parts. p. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. p o r acci­ dente o por necesidad. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. i Hay un espacio para el juego: según los casos. ora descalifica. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada.’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. ora da lugar a un castigo.” En efecto. es decir. II. 32 . el silcucio. 1943. la rayuela. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. p ara apartarse d e la vida corriente. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. el recogi­ miento. enviar la pelota más allá dul terreno. 21. el estadio. el cuadrilá­ tero. la pista. P o r lo dem ás y sobre todo. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. de buen grado y p o r su gusto. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. la arena. etc. la liza. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal.

El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. Sus argum entos son irre­ futables. p o r reglas pre­ cisas.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. Desde ese punto de vista. Además. 33 . "tiem po". arb itra ria s e irrecusables. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. como en los juegos de niños). en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. el tram poso cuando menos finge respetarlas. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. se pro­ longa. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. Si es posible. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . su duración se fija de antem aao.cucncia. el terreno del Juego es asi un universo reservado. su naturaleza puram ente conven­ cional. p o r ejem plo. Quien no las acepta con ese carác­ ter. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego.

sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere.o c infalible­ mente. el resultado ya no es dudoso. Es adem ás una actividad incierta. en una partid a de nai­ pes. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. el juego es una actividad libre. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza.^ ó l o se juega si se quiere. En una prueba deportiva. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. Un desarrollo conocido de antem ano. E sa libertad del jugador. En la lotería. El juego consiste en la necesidad de encontrar. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. gana sin esfucr/. En esc sentido. A decir verdad. igualm ente es la que da ra34 . que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. en el ajedrez. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. ya no divierte a quien. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. en la ruleta. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego.

ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. Muchos juegos no im plican reglas. Por sí m ism a. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. se ve separado de la vida corriente. la regla crea una ficción. al polo. no las hay. a policías y ladrones. p o r ejem plo una m áquina. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. Por eso se juega en serio al ajedrez. al soldado. p ara jugar a las muñecas. Esa conciencia de la irreali­ 35 . a la locom otora.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. a las b arras. No se hace com o si. al m arro. sim ple mímica. Quien juega al ajedrez. al polo o al bacará. P o r el contrario. al bacará. en general. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. o cuando menos no fijas y rígidas. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. al avión y. De ese modo. debo decir aquí que la ficción. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. al caballo. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra.

dad fundam ental del com portam iento adoptado . Así. o están reglam entados o son ficti­ cios. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. y encuentren divertido. Podemos concebir fácil­ mente que. D estinada a p recisar la naturaleza. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. si le parece p arte de la vida corriente. a fin de im itar a las personas m a­ yores. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. o. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. los juegos no son reglam entados y ficticios. es decir. un ver­ dadero caballo. un verdadero p irata.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. Antes bien. a la chiquilla. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. el máximo com ún denom inador de todos los juegos. p o r ejem ­ plo. un verdadero subm arino. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. jugar a "ju g ar al ajedrez". que denunciaba lo absurdo de las reglas.

los solitarios y los cru­ cigram as. el tiovivo. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. som etida a convenciones que 37 . ni riqueza. y el de la mímica y la interpretación. y. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. En particular. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. Por el m om ento. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. 5* Reglamentada. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. A ellos habrá que volver. los acertijos. No obstante. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. el cornc:a y el trom po. p o r ejem plo.

no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. esta vez. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. que es la única que cuenta. 38 . 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. se esforzará p o r tener en cuenta.suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. Sin em bargo. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que.

e n otro. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po. el lugar en que su disputa la prueba. Además. En efecto. Además. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. En un m ism o lugar. la cualidad principal que exige. en un tercero. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. a decir verdad. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . en el último. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. al comienzo.II. finalm ente. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego.

Sea al hacer una apuesta o en la lotería. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. ora intelectuales. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. sólo espera la decisión dc la suerte. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos.y el diábolo son diversiones al aire libre. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. Por una vez. No hace nada. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. Así. P o r o tra p arle. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. S in em bargo. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. el corredor. sea en la ruleta o el bacará. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. Sobre todo. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. En cam bio el boxeador. 40 . Por lo general.

d entro de esos sectores. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . de acuerdo con una progresión com para­ ble. opuesta p o r algunos conceptos. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). Sin em bargo. propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. M im icry e llinx. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. del azar. Así. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. predom ine el papel de la com pe­ tencia. En el extrem o opuesto. Las llamo respectivam ente Agon. Pero. Casi p o r com pleto. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. Alea. de turbulencia. del sim ulacro o del vértigo. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. pero no por todos. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. Lo distribuyen en cuadrantes. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. en lodo caso. en los juegos considerados. a las canicas o al ajedrez (agón).

im perativos y mo­ lestos a propósito. Por lo dem ás. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. de paciencia.significativo y m ás am plio posible. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. m e he esforzado por 42 . con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. Pero. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. de habilidad o de ingenio.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. enteram ente desprovista de sen­ tido. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. Con la m ism a intención. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo.

cada vez que pude.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. Por tanto. es decir. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. tenis. ingenio. vigor. a) Categorías fundamentales Agon. box. adem ás. m em oria. e tc . ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. En el in terio r de cada cla­ se.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. ΛΙ hacerlo. busque en el inundo anim al conductas homólogas. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. fútbol. esgri· 43 . Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. habilidad. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo. resis­ tencia.

com petencias de tiro. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. el ajedrez.). En ocasiones. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. de un caballo o de una to rre). La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio.ma. se p rep ara una des­ igualdad secundaria. etc. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . en los juegos de nuja. etc. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. de a tle ­ tismo. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla.). p o r ejem plo. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . E! juego de dam as. en el croquet. como en las dam as o el ajedrez. es de­ cir. de golf. Asimismo. una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. el billar. son ejem plos per­ fectos. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero.

constituyen. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. Fuera. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada. En los encuentros de­ portivos. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. o en los lím ites del juego. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. un entrenam ien­ to apropiado. Im plica disciplina y perseverancia. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. . se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. Para cada com petidor. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. siendo iguales para todos. el torneo. dado el caso. Deja al com petidor solo con sus recursos.los recursos del jugador. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. la exposición.

puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. com o es de esperar. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. testuz contra testuz. las focas jóvenes y los oseznos. "un lugar un tanto 46 . si bien está ausente la regla.En principio. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. conside­ rando ciertos hechos. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. con la cabeza pacha. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. Escogen un cam po de batalla. Asimisnio. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. los ca­ chorros dc perro. No obstante. El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución.

lo que está en juego es m ás serio. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. de­ ja rá de respirar. Les jeitx des animaux. Se lan­ zan uno contra otro .elevado". sino d em o strar su propia superioridad. como se les h a dado en llam ar. P o r ello. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. con el pico al fíente. trad. Entonces. de piquetes y de quem adu­ ras*. en cuanto a los ejem plos anteriores. esos juegos de ascetism o. dice Karl Groos. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. Pa­ rís. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. En ocasiones. y golpean. inauguran pruebas severas. 150-151. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. d e pellizcos. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". francesa. 47 . Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. ele. en form a de azotes.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. Sus plum as se erizan. resistirá las cosquillas. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. de parpadear. Gixxtó. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. 1902. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. pp. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla.

ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. la lotería.). no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. problem as de ajedrez. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. la paciencia. Lo tom o aquí para designar. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. la habilidad. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. A la inversa de! agón. Alca. el alca niega el trabajo. en oposición exacta al agon. sino que . la ruleta. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. Es desgracia total o favor absolu­ to. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. donde. alpinism o. elimi­ na el valor profesional. el entre­ nam iento. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. Aquí. que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . el cara o cruz. crucigram as. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. la regularidad. la calificación. sin enfrentarse directam ente.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. etc. el bacará. etc. M ejor dicho. En un instante aniquila los resultados acum ulados. Con ello se ap artan un poco del agón. p o r consiguiente. Es éste el nom bre del juego de dados en latín.

En un juego como el bridge.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. P o r p arte del jugador. muy por el contrario. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. en el alea. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. cuenta con todo. cuanto m enor sea la defen­ . con todo. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. en un juego com o el póquer. sa del jugador. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. el alea una renuncia dc la volun· tad. salvo consigo mismo. En general. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. dc disciplina y dc fatigas. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. con cada singularidad que capta. Parece una insolente y soberana burla al m érito.V p o r consiguiente. ab o lir las superioridades na* 49 . En éste. con el m ás ligero indicio.

en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. K.sa recompensa. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. principalm ente. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. Incluso es lo contrario. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos. Por considerables que se supongan. es decir. en las peleas de gallos. F. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. En cam bio. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. boxeadores. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. Recompensan una victoria disputada con pasión. nada tiene que ver con el favor de la suerte. los ani* Por ejemplo. Groos. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. 50 . dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. de acuerdo con las peripecias del agon. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. otorgada a) mérito. corredoics.

tanto las oportunidades com o los m éritos. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. Sea tigon. É stos no logran hacerle estrem ecerse.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. pues nada en la vida es claro sirio que. ju g a r es actuar. precisam ente. Para ¿1. P or o tra parte. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . todo en clin es confuso en un principio. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. Sin em bargo. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. sea alea.

N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. sobre todo de los insectos. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. F. sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. del im pulso que las suscita. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro .im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. en la o tra escala. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). casi orgánica. en ciertos aspectos. M im icry. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. convencional y. cuando menos de un universo cerrado. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. De uno u o tro modo. pero no es me· 52 . disfra/a. F. Que es a lo que responde la m i­ micry. El sujeto olvida.l juego puede consistir. fic­ ticio.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre.

En efec­ to. Así. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 .1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". pp.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. en vez de ser un accesorio fabricado. en disim ularse. a una conducta libre del hom bre. que sobre todo acaba en una obra exterior. una m odificación orgánica. Por poco que se adm ita esa hipótesis. Mythe ct VHomme. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. París. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. a rb itra ria e im perfecta. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. com plejo y sorprendente. Sólo que. Por desgracia. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se.nos elaborado. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. en representar [jouer] a un personaje. en esta ocasión. Wl143. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. 193Ä. en ponerse una m áscara. versátil. corresponde en el anim al y. de m anera m ás p articu lar en el insecto.

sino como lo propongo aquí. esporádicam ente. Entre las aves. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. H udson creyó p oder afirm ar que. Sin ruibarbo.E ntre los vertebrados. del perro o del caballo que ve alejarse. 291K 54 .n efecto. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales.de ellos en el "Expediente". F. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro. de la claudicación. Reproduz­ co algunos . se­ m ejante al contagio del bostezo. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. sin reconocerla. ni final de este volumen (p. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. casi irresistible. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. según los casos. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. En cu an to a los cangrejos oxirincos. de la carrera. y en cam bio. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. lo más caprichosa. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. y huye de todo objeto que se acerca". q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. sigue el paso del hom bre.

El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias.4 etc. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. 55 . m arciano. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. En el carnaval. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. agente de policía. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. vaquero. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. La niña juega a la m am á.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. com o se tra ta de un jue­ go. a la cocinera. m osquetero. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. Pero. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. los ap aratos. a la lavandera y a la planchadora. realistas y <*orné*tlcas. pirata. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. En el niño. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. el niño finge ser soldado. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. Finalm ente. enm ascarados o disfrazados.

se excluye el sim u­ lacro. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 .ro torero. Como actividad. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. el espectador en el héroe de la película. pero ellos no juegan. sino claram ente los asistentes. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. Sólo que es un espectáculo en que. imaginación c interpretación. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. para que sea válido. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. Por sí sola. ni tam poco un verdadero piel roja. Para quienes no participan en él. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. todo agon es un espectáculo. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela.

liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. de tenis o de polo. suspensión de la realidad. p ara ayudarlos. es­ e 57 . son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. En esas condicio­ nes. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. el de los caballos de su elección. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. en el hipódrom o. En cam bio. convención. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. el p artido de fútbol.m anera m ás explícita. A dccir verdad. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. pero aparecen con las características exteriores de una representación. adem ás del espectáculo. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. inauguración solem ne. constituyen en sí espectáculos con trajes. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. Los cam peones. En una palara. Con excepción de una sola. la carrera ciclista. triunfa' dores del agon. el encuentro de boxeo o de lucha. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido.

de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. el artificio al que se le invita a d a r crédito. F. pues los prim eros. La m i­ m icry es invención incesante. m ediante la técnica em pleada. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. la m áscara. como a una reali­ dad más real que la realidad. du­ rante un tiem po determ inado. consiste en fascinar al espectador. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. Los escojo a propósito. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. Ilinx. En cualquier caso.pació y licm po delim itados. Ko obstante. La regla del juego es única: para el actor.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. se vinculan a ciertos juegos infantiles. se trata de alcanzar una especie de espasm o. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. para el espectador. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía.

vol. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. Ethnos. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. julio dc 1937. 329-339. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. Depont y X. y en Guy Slrcsscr-Pean. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. Antes de llegar al suelo. La cerem o­ nia. pp. 59 . 1947. Les Confréries rclizicusts musulmanes. trece según Torquem ada. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. pp. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. al que acom pañan aves. describiendo una espiral que va ensanchándose. En el “Expediente'·. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions".de vértigo. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. G irando '· O. p." Por lo demás. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. 4. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. 327334. II. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. num. 179-192. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. 156*159. Ar^el. 188?. Coppolani. 298. Luego.0 En México. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. pp. dan varias vueltas com­ pletas. m uertos divinizados. Paris. • Descripción y fotografías en Helga Larsen.

si se eleva lo bastante. frente a frente.rápidam ente sobre sí m ism o. En· 60 . se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. la rotación rápida. el deslizam ien­ to. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. existe uu vértigo de orden m oral. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. de­ prendas y del salto de rana. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. dos niños se tom an de las m anos. Paralelam ente. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. en el juego haitiano del ntaiz de oro. el sube y baja. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. la caída o la proyección en el espacio. el tiovivo. extendiendo los brazos. los pies ju n to s y encontrados. precipitarse p o r una pen­ diente. G ritar a voz en cuello. E ntre los niños. procuran sensa­ ciones análogas. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. resbalar por el tobogán. De una m anera análoga. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. la velocidad. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta.

es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. nom bre griego del rem olino de agua. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. O tras veces. las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. propongo el tér­ m ino ilinx. op. R 61 . Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. por ejem plo. Antes que nada. citv p. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria.1 tre los adultos. ni tam poco al m enor asomo de peligro. 2Q . Por lo dem ás. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. Los antílopes. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. ya físico. ya orgánico. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. hasta caer. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos).1 Las ratas dc TKarl Groo*. en p articu lar de las ove­ jas. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él.

Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. 111. El halcón nocturno de América. pp. En la época de celo. El caso de las gam uzas es aún más notable. el maíz de o ro . sobre todo. 62 . Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. 116. la resbaladilla. proyectándolo p o r los aires. trepidantes ν convulsas.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. ihùf. la curva con su peso hasta que se afloja. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. suben a los nevados y.. dando la im presión de que se estrellarán contra él. y de nuevo se dejan caer. el tiovivo y el colum pio de là infancia. Luego vuelven a subir. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. descrito por Audubon. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. Pero las aves. como •Kart Groos. allí. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. tom ando cada cual im pulso. 265266. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. E l gibón escoge una ram a flexible. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. Según Karl Groos. m ientras que las dem ás la ven hacer. son am antes de los juegos de vértigo. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra.1 1 Después de la perinola.

Sin em bargo. P or tanto. que se acerca más al espasm o que a la diversión. F uer/a es decir goce. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. Evidentem ente. ha habido que inventar m áquinas potentes. en m otocicleta o en un au to convertible. Acaban de d a r alaridos de terro r. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. A decir verdad. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. del que esperan un goce. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. Por o tra parte. de los que depende el senti­ do del equilibrio. Devuelven a las personas dem acradas. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. es im portante observar que la vio* 63 . Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes.

de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. en casos extrem os. lím ites estrictos e invaria­ bles. separación del resto de la realidad. En cam bio. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n .lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. forman p arte de su naturaleza. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . A p artir de esc m om ento. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. Son ellas las que lo trans­ 64 . en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. Aquí.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles.

se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. de los niflos y de los anim ales. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. Kredati designa el juego de los adultos. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. una necesidad de relajam iento. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. es de­ cir. En efec­ to. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. 3 la que propongo llam ar ludus. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. cier­ to peligro de confusión. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. a la que yo llamo paidia. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. y en general de dis­ tracción y fantasía. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. Además. en tre otros.

Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada.do con cl viento. es decir. los juegos de habili­ dad. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. dc hacer trizas una tela. La palabra wan es todavía más explícita. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. una recrea­ ción espontánea y relajada. 66 . lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. de colores o dc ruidos. de probar. el lactante que ríe a su sonaja. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. si no es que la única razón de ser. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. de sim ulacro y de azar. dc com petencia. el perro que se sacude. dc asir. etc. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. de atrav esar una lila. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. De la voltereta al garabato. En cam bio. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. naturalm ente exce­ siva. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. de la pelotera a la batahola. de hacer que se derrum be un m onta­ je . m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir.

e gusta ju g a r con su propio dolor. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. p o r ejem plo. 67 . con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. &■ $ $9. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. busco ora un dolor físico. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. de sentirse causa. o juega a quién m irará el sol. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. * Observación citada pur Kart Groos. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. Tam bién le gusta que lo asusten.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. que hace cesar a su antojo. convenida. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. Asi. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. Para el niño. cit. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. se tra ta de afirm arse. op. ora una angustia psíquica. pero lim itado. ν reproducida en el "Expediente" <p. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. cuya causa es el. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. 299). J. haciendo muecas. com o ya hem os visto. y dirigido. cerrando los ojos. separa­ da y gobernada. pp. De ese modo» K. hacia atrás. Rom anes.. pero solicitada p o r él. T. sacando la lengua.

que es propiam ente el ludus. a la postre. en la adquisición de una m aestría particular. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. de tal modo. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. escondidillas. a la cual disciplina y enrique­ ce.En general. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. el com eta. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. La diferencia con el agon es que en el ludus. los uten­ silios. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. la resbaladllla. Pero en cuanto aparecen las convenciones. la m uñeca. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. E sta esfera. del alea. de la m im icry y del ilinx. definida arb itrariam en te. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . las técnicas. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. la gallina ciega. la perinola. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. El ludus da ocasión a un entrenam iento. a voluntad. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional.

los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. 69 . en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. del diábolo y del yoyo. 63. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. En fin. se pueden cita r los juegos del balero. Hirn. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. los anagram as. Víase Y. las diversiones m atem áticas. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. P. Les i'eta d'enfants. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. Gracias a él. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. sin instrum entos. los crucigram as. por ejem plo. trad. francesa. dentro de la m isina especie. Paris. En el aspecto de la habilidad m anual. Asimismo. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. 1026. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). “■Kant había hecho ya esa observación. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya.

Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . ya como ludus. véase el •'Expediente** (p. Sin em bargo. en que el jug ad o r puede. 300). así fuese en m ínim a parte. en esos dos ejem plos. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta.1 1 Asimismo. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. 70 . En el caso más simple. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. en m ínim a proporción. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. Por lo dem ás. Lo cual no im pide que. sea el azar el que decida en lo esencial. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que.

gos de ilusión. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. de avión o de barco. ofreciendo la conjunción esencial. Por m edio de esa feliz com plicidad. Pero. así com o no podría haber alianza entre la paidia. com o en el alpinism o y el trapecio. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. estrem ecim iento inmóvil y mudo. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. En cam bio. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. Lejos de com binarse con el ilinx. que es cálcu­ lo v com binación. p ro ­ cura. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. Reducido a sí mismo. y el ilinx. que es tum ulto y exuberancia. hasta 7! . es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. y el alea. o de los modelos a escalo. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. que es arreb ato puro. Es entonces escuela del dom inio d e sí.

etc. no pierden opor­ tunidad de organizar. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. A decir verdad. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. a mi m odo de ver. El yoyo. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. De esc modo. acertijos. hay una característica del ludas (explicable. Pero siendo m ás cs72 . m ediante un juego disputado. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. el balero. ese ilaccr sin eco. dotado o no de prem io. Em pero. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. llegado el caso. t Por lo dem ás. que los diarios. crucigram as. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. En efecto.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable.

cons­ tituido de nuevo en artesano. para hacerlo. Cuando le falta éste. en una palabra. el hobby lomaba 73 . descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. En efecto. activi­ dad secundaria. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. en el obrero. En realidad. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby.table. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. g ratu ita. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. el anagram a. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. a rte por placer. E stá com probado que. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. lo baña una atm ós­ fera de concurso. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria.

trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón. 74 . que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. De una m anera general. disciplinando u la paidia. el alca. la aplicación. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. el pánico o la embriaguez. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. es positivo y ί ο cundo. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. la fatiga. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. la m i­ m icry o el ilinx pero. sin el dom inio de sí. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. Por esc m otivo.

Hecha toda de sabiduría y de circunspección. sino hacia la calm a. al p arecer deriva en esc caso.Por lo demás. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. La reserva de agitación libre que la define en un principio. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. En efecto. al m ism o tiem po. Tal vez a causa de ese origen. En esas con­ diciones. el cálculo y di­ ficultad vencida. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. saca a la luz o lro destino de la paidia. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. literalm ente " a r­ diente-desorden". Ja pacien­ cia y el sueño vano. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. orienta naturalm ente la turbulencia. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. Pero debe com binarse con 75 . para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. no hacia la proeza. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Según algunos. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao.

. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. Asimismo. sin duda im plícita. al alea. D ar preferencia al agon. desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección.

*.?! e.c . i t i «111 iiv e u orden tal que el elemento paidia decrezca constantemente a n u U idíiS crece d manera tam bién contante e e tumo que el n . •J a -1 —^ elemento i * -S^s 2. Distribución 1 5 3 3 si ? S <1 s ° ^2 £3 ¿1 Ü J g| i ! % *. E 1 2 5 H S1 „ ñ § r S| s 3 a gΛ 2 rs ¿s 2 U "Y~ * g. — c 5 íl!8 •r. L > t% η V / ii Î^ d los juegos e sw i Ι |5 λ ··§2 3 § i|f s | Cuadro I.Λ >íl : sil U i i s> ~ c •c •* « ■ .S g5 1 ¡^e JO y S-c ü o l§ | 3 | Í 3 £ *M 1 · -S n i· | l a P · .s s | i ñ i.

sobrepujando en la dificultad. Los propietarios de los 80 . con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. com eta. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. realizando proezas sin preceden­ tes. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. de precisión. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. en una palabra. diábolo. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. aunque sea a sus propios ojos. tal vez invisi­ bles o ausentes. De m a­ nera general. cuan­ do menos virtuales. balero o aro . dc altu ra. trom po. Tal vez lo sea. incluso. sobre lodo juegos de destreza. yoyo. estableciendo m arcas precarias de duración. obtenien­ do gloria. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. dc rapidez. Cierto es que existen algunos juegos.III. de cualquier realización difícil dc igualar.

Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. Con frecuencia. En O riente. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. Luego. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. Así. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. adoptado de común acuerdo. E stá horadado con m últiples perforaciones. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. con el estilete en toda la m ano. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. en ello consiste lo esencial de su placer. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. Acaba por p recisar un reglam ento. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. luego sujeto entre los dientes.

En ocasiones. fases del desta­ cado de la presa.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . A cada nuevo hoyo. etcétera. enum era las diferente«. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero.m ar ventaja. alguna cacería o un cóm bale. Cuenta un viaje. el jugador mima una aventura o analiza una acción. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. operación que es monopolio dc tas m ujeres.

los cangrejos y todo lo que se le ocurre.Los pedazos a los perros Los perros com en. Y no sólo los perros. . Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. sino tam bién los zorros. En ese estadio. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. como desafio y replica. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. los cuervos. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. Incluso cuando. en p rin ­ cipio. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. provocación y conta83 . En efecto. Antes de volver a la lucha. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. Por lo general. . no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario.

pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. la m im icry. Sin em ­ bargo. si no es que en el barullo. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. en algún salón discreto. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. efervescencia o tensión com partido. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. P or o tra parte. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. incluso en el cine.tfio. Pero no. Asimismo. Una partid a no soporta sino 84 . es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. las diferentes categorías dc juegos. el ilinx su­ ponen. Así. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. pre­ fieren estar allí. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. el agon (por definición). no la soledad sino la com pañía. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. el alea. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. En fin. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes.

exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. Sin em bargo. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. asociados o no. Entonces. privado y m arginal. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. los campos de carreras.un grupo lim itado de com pañeros. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. Para el agón. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. p o r su am plitud y su estabilidad. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. esa form a socializada es en esencia el deporte. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. para el alea. a ve­ ces clandestino. En una palabra. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . son los casinos. En determ inadas circunstancias.

ciedadcs dc apuestas. para la m im icry. orientada ya hacia el vertipp. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. 86 Ψ . el carnaval y el baile de disfraces. las artes del espectáculo. finalm ente. para el ilinx. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. de francachela y de júbilo populares. de una m anera m ás equivo­ ca. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas.

2». esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. liza. estadio o escenario) que les está reserva­ do. 87 . los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. pista. ?. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o .IV. Cierta­ mente. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. Por necesidad. incierta. ficticia. 6o. Puram ente form ales. 3?. sep arad a. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. 41 im p ro d u ctiv a. libre. é s te ap areció com o una actividad: 1?. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. Desde ese m om ento. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. . q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . 5= reg lam en tad a. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad.

en el alta. dc escapar . en el ilinx. en cl juego. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. la búsqueda del vértigo (ilinx). un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. Tiránica y aprem iante. se esfuerza y se em peña. En el agon. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). ideal. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. finalm ente. Pero.Además. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . en la m im icry. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio.

sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. en obsesión y en causa de angustia. El principio del juego se ha corrom pido. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. Es deshonesto. El caso no es excepcional en absoluto. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. Si bien infringe las reglas. lo que era diversión en pasión. T ra­ ta de engañar. P o r su parte. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. el tram poso perm anece en el universo del juego. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . no hay perversión del ju e ­ go. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. lo que era evasión en obligación. Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. pero hipócrita. En el fondo.

La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. la. debe defender sus intereses. la representación tea­ tral es un sim ulacro. es devuelto a la realidad. La diferencia sólo los afecta a ellos. Para los boxeadores. los ciclistas o los actores profesionales. so viste. del tenis o del fútbol. para el profesional del ciclismo. Tam bién p ara el actor. Son su propio traba­ jo . una activi­ dad constante y absorbente. ac­ túa. el público se precipita a la salida. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. del boxeo. Asimismo. el ago»».obedezcan. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. necesarios para su subsistencia. llena de obstáculos y de problem as. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. lo echan. En cuanto se 'term i­ nan. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . Pero. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. recita. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. Hace gestos. o la »úm icry. Asimismo.prueba. Si lo descubren.

m ejor porvenir. Por eso. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . com o las del ju e­ go. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. Como el com ediante fuera dc escena. em pieza la verdadera perversión del agon. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. En la sociedad encuentra su brutalidad original. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. vuelve asi a la situación de partida. luego que suena la cam pa­ na. son lím ites y convenciones. la m ás difundida dc todas. estas im pregnan toda su vida. la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. incesantes c im­ placables. P or lo demás. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. en el caso particular. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. H ipócritas. Ahora bien. el velódromo o el cuadrilátero. sociales o legales que. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. Fuera de la arena. en cuanto abandona el estadio.

Aun siendo in ju sta. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. que conoce en sueños. En fin. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. para a p a rta r las influencias nefastas.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. En efecto. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte. es decir. En cuanto a los juegos de azar. sin corazón ni m em oria. la decisión del árb itro se aprueba por principio. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. Por lo dem ás. Con la superstición nacc la corrupción del alea. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor.

Insiste en leerlas. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. 93 . es decir. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. fuerza es confesar que los supera. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. prácticam ente todos. la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero.form a.1 Es significativo que. Pero al fin y al cabo las lee. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. Al salir de la cam a. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. Más todavía. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. 310). en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. Las m ás de las veces. cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. Sin em bargo. para Ja m ultitud de sus lectores. É ste afecta tam bién las gestiones.

Tan sólo p ara la astrología. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. fecha de aparición dc la primera edición. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. Con frecuencia. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. veinte revistas espe­ cializadas. . Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos. magos y o íro s "fakires". sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. Al parecer. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. En París. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado.

Antes que obstinarse en una labor ingrata. La superstición aparece así como la perversión. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. Por todos conceptos. sólo se traía de lám inas com unes. En cuanto a la avidez. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. el atea. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. Y aun así. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. La corrup* 95 . com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. es dccir. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio.

cuando. del disfraz y de la m áscara. Asimismo. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. Convencido de que es el otro. La precisión de los lim ites im pide la enajenación. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. Una vez abandonado el espacio mágico. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. lentam ente. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. aquí el juego protege del peli­ gro. 96 . Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. term inada la fantasm agoría. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. Una vez m ás.

pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. al alea o a la m im icry. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. como se ve con los estafadores. sin conven­ ciones previas c im periosas. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. en cuanto al agon. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. los espías y los fugitivos. ya no tie­ nen vigencia. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. Pero aun asi 97 i . E s sorprendente que. Además. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. a la vez liberadoras y aislantes. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. En los terrenos de ferias. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. El azar tam poco es contrario a la realidad. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. allí donde las reglas del juego. En cam bio. El sim ulacro desem peña un papel en ella.

esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. El vértigo físico. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. Por últim o. P o r su atm ósfera. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. Su acción se limita a su propia duración. Costosas. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. com plejas y estorbosas.llegan a producirse. de velocidad. pertenecen ya id universo del juego. Entonces se pide a las drogas o al 98 . interm itentes. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. Además. perm anecen in­ dependientes del m undo real. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz.

li­ b erar del peso del recuerdo. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. con cierta necesidad perm anente. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. esta vez. Sue­ len crear. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. Ahora bien. una ansiedad insoportable.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. Así. Aunque como el vértigo físico. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. una horm iga de las m ás com unes. IJna vez más. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. Pero. la for- 99 . Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego.

Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. 1911. I. 199*203. O tra especie de horm iga. Mal aten ­ didas. pasa a o tra. pp. I-a form ica fusca que. Sciemia. 100 . la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. No obstante. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. Cuando ha agotado una oruga.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. IX . t. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. La desgracia * Henri Piéron. en libertad. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". m ata a la lochem usa. que no lo tolera. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. El horm iguero decae y des­ aparece. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland.m ica sanguínea. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

del respeto a la regla. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. El juego es libertad e invención.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. do Carrington Bolton y de tantos otros. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. Así.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. de lady Gomme. El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. caprichoso < n c! detalle. Son trib u tarias del espíritu de investigación.vado a concluir el lector de H irn. pp. hace de ella un resumen gráfico. De improviso. 112*113. goza del favor público. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas.1 Sin em bargo. con ayuda de la imaginación. los hombres habrían "imi. siendo jxer* C seguido por su competidor. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. Scgdn é). tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". y el deoorte. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl." Jean Giraudoux. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. 1946. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. en 1938 Hui/. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. de Groos. Sort* Ponx'üiri. 107 . del desape1F.

a concebir una eco­ nomía. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. del contrapunto y de la perspectiva. las <Ie la prosodia. Estim ula el ingenio. Apren­ de a co n stru ir un orden. En un caso. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. sea para articu larlas una a o tra. las de la táctica mi­ litar. Sin em bargo. el determ inism o. En el otro. las reglas del derecho. P o r el ca­ m ino del juego. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. "¿H abrá salido todo del juego?". p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. En ciertos aspectos. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens.go que crea y que m antiene. Al mismo tiem po. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. sea para decidir en tre ellas. el refinam iento y la invención. las de la puesta en escena y de la liturgia. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. a establecer una equidad. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. habiendo perdido su seriedad. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. El espíritu de juego es 108 .

ciertam ente no eran juegos en absoluto. laicas o sa­ gradas. juegos y juguetes son residuos de ella. privados de sentido en aquella en que se les introduce. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. E s tiem po d e d a r ejem plos. pero. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado.esencial p ara la cultura. aislándo­ lo. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. Entonces. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. en el transcurso de la historia. tal como la define precisam ente Iluizinga. En ella ya sólo se les tolera. Su función social ha cam biado. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. pero no su naturaleza. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego.

En Nueva Guinea. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. a m anera de telégrafo rudi­ m entario. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. Osiris. El difunto se juega la suerte en 110 . tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. que preside. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. En el juego del pillapilla. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. Por encima del jugador. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra.correspondían. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. fi­ nalm ente. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. En el Egipto dc los faraones. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. En Corea. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad.

El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. En prim avera. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. En Ingla· 111 . Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. p atrón de los rebaños.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. A decir verdad. de la destreza o de la gracia. Dedicados a una divinidad. y a K rishna. la liturgia de una cerem onia piadosa. se mece solem nem ente a K am a. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. En la India védica. dios del am or. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. De m anera general.

Jefiny Jones u O ld Rogers. en la G ran B retaña. Lo m ism o. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. Sabem os que an tañ o al­ deas. Por ejem plo. No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. de diversos tabúes. . (La to rre en g u ard ia). parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. Λ fin de cuentas. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. La T our prends garde. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. una p u ra y simple ilusión de óptica. en Francia. Por su parte. P o r lo cual. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. para acab ar pron­ to. Le Pont du Nord.terra. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. una vez m As. (Los caballeros al acecho).

Las kachinas son sem idivinidades. los niños juegan com únm ente a la misa. en los países católicos. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. En el Africa negra. Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. con rifles de aire com prim ido. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. a la confirm ación. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos.E s muy cierto que cl arco. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. los niños fabrican de 113 . la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. con hondas y con cerbatanas im provisados. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. Tam bién juegan con tanques. al m a­ trim onio y al entierro. En cam bio. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. Del mismo modo. con subm arinos y con aviones en m iniatura. Sus padres los dejan ha­ cer. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete.

Asi. por poco im presionante o solem ne que sea. en m arino. presencia sim ultánea de dos registros distintos. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. En una palabra. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. antes bien. en todas las latitudes. en jockey. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. ¿Cómo 114 . sím bolos y rituales de la vida religiosa. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. en agente de policía. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. en cobrador de autobús. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. en vaquero.m anera análoga m áscaras y rombos. perm iten al niño transform arse en oficial. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. en aviador. Les gusta com portarse como adultos. ser una madre.

la rufeta es un juego. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. Antes que nada. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. Cierto es que se puede m orir en un torneo. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. Además. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. Asimismo. pero no la especulación. pero no la guerra. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. pues el torneo está más reglam en­ tado. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. en un caso.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. pero sólo por accidente. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. Según la5 épocas. 115 . que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. como en una carrera autom ovi­ lística. en ella m ueren pocos o muchos. se presenta como una actividad paralela o independiente. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. en el otro . cuando ella m ism a es caduca. el torneo es un juego.

de un ins- . todos las distinguen al punió d e éstas. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos.Asi. y sobre todo en los juegos infantiles. Sin em bargo. de m anera constante y dondequiera. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. En efec­ to. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. Pues bien. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos. el juego perm anece separado. pues se les siente como tales. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. variados y en ocasiones peligrosos. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas.

las reglas de la estrategia. explicar 5a ju rispruden­ cia. En todo caso. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. el juego o la estru ctu ra seria. son operaciones com plem entarias. el problem a de sab er quién precedió a quién. No obstante. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. la liturgia. las costum bres y las litur­ gias o. por el contrario. En cam bio. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. constituidas en estru c­ turas im periosas. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . com o de caram bola. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. A fin de cuentas. se presenta com o muy vano. Con frecuencia.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. cuando no pretenden ser exclusivas. aprem iantes e irrem plaçables. se ejercen en terrenos incompatibles. Explicar los juegos a p artir de las leyes. en una palabra. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. prom ovidas. e igualm ente fecundas. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego.

los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. con el tiem po. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Cierto es que. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad.una cultura. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. Desde ese punto de vista. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. gracias a un con­ curso o a un examen. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. la suerte o la superiori­ 118 . Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. Los resortes coinciden. En o tras palabras. lo que era institución sin duda puede verse degradado. Poco a poco. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa.

mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. Para bien o para mal. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. 119 . dtí resistencia. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. la alegría do improvisar.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. de rapidez. La espera. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. posee una fecundidad natural. Sin em bargo. la búsqueda de los favores del des­ tino. por el contrario. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. de destreza. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. de equi­ librio y ilc ingenio. El gusto por el desafio. Bl de tener o infundir miedo. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. El intento de elucidar un misterio o un enigma. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida.

inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. En gran p arte. se confia en el cálculo o en la inspiración. cl embotamiento y la embriague/. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia.. se ex­ cluyen el uno al otro. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. Además. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. se estim a la violencia o la di­ plomacia.Finalmente. Pero en ellos no son dc igual necesidad. Estos. Así. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. Allí donde se favorece a algunos. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. no tienen relación con 120 . a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. Asi. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. Según los casos. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. se obedece al legisla o se escucha al furioso. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí.

y tal vez indispen­ sable. precisam ente. Para to m ar un ejem­ plo. En efec­ to. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. De todos modos. en la sociedad considerada. en principio. com pensacio­ nes o válvulas de escape. en cam bio. pero que no deja de seducir al adulto 121 . antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. en la Grecia clásica. en la m edida en que. cuáles los con­ tradicen. cuáles los confirm an y los fortalecen y. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. por el contrario. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. los ridiculizan y representan de esc modo. en algunos E stados m odernos. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas. es claro que. Sobre todo.

Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. de destreza. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. Con frecuencia le inte­ resa más. Asi. . el estilo y Jos valores de cada sociedad. su posibilidad de éxito. al abrigo de loda consecuencia fatal. he debido com probar que. En otras. se­ gún creo. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. no sólo em prendo una sociología de los juegos. de inteligencia o de aten­ ción. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. Λ1 m ism o tiem po. explican. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. palabras. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal.con o tras form as. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. Esa libertad.

— SEGUNDA PARTE .

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Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Competencia-vértigo (agort-iUnx) . es al m ism o tiem po un . To­ m ándolas sólo de dos en dos. Una a una. Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . agón típico para los jockeys. sim ulacro. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. Competencia-simulacro (agon-mimicry) .VI. LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. una carrera de caballos. En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. Suerte-vértigo (alea-ilinx) . Sin em bargo. suerte.

Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. luego dc un exam en. dos más. Algunas o tras com binaciones. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. sim ­ plem ente viables. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. No corres­ ponden a afinidades im periosas. siguen siendo puram ente accidentales. En ciertos casos. no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. No hay alianza. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. Por eso. sino simplemente coin­ cidencia que. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. . la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. por lo dem ás. Sin em bargo. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. mediante las cuales la com petencia es base del alea.

a la fuerza y »I cálcu­ lo. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. En efecto. el dom inio de sí. el deseo de m edirse con arm as iguales. Cos. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . ah o ra es destruido 127 . F. De ello no su b ­ siste nada.i . toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. sin desnaturalizarla al punto. se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. el respeto a Ja regla. De otro modo. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada.n el m om ento en que lo solicita. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia. Por lo dem ás. Decididamente. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. etc. la recia y el vértigo son in­ com patibles.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te.

E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. dc posesión o d c hipno­ sis. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. En efecto. Pa­ raliza al jugador. lo fascina. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. no hacc al alca im posible en absoluto. es dc sobra conocido que. 2. lo enloquece. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. en los juegos de azar. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. que d estruía al afton. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance.

éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible.pectáculo. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. A ese respecto. 3. Se siente en uno represen· tación. m edidas minucio129 . Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. Una vez m ás. com o lo hacc a las del teatro o del cinc.. En fin. p o r un lado con perfecta corrección y. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. esforzándose al máximo por obtener la victoria. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. al menos. es decir. Reglas de una precisión adm irable. por el otro. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a.

Dicho lo cual. el fútbol y la lotería. En el o tro polo. ordenada. Y no podría ser de o tro modo. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. con todo salvo consigo. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. reparada y lim itada. el dom inó. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. en el otro. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. Sin regla. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. Hace un mi> 130 . p ero com o una imagen ficticia. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. ideal. a la des­ treza o «ti saber del jugador. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. en uno. puesto que esas son las características inm utables del juego. En ese universo. Pero. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados.

Ahora. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. con el vértigo hay desconcierto y pánico. en cam bio. m ientras que renunciaba a ella en el alca. Fingir que se es o tro enajena y transporta. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. apa­ rece como lo contrario del juego. dc suyo. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. Dc suerte que. En o tras palabras. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. Provoca tales accesos.m entó. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. Mas p o r el hecho dc que. en sus form as más claras. la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 .

se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. protegidas de an ­ tem ano. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. Al final.im aginable. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. enteram ente orienta­ dos. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. p o r su parle. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. y p o r un cam ino im previsto. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o.οη y del alea y que están. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. Sin em bargo. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real .

el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . no o tra que el teatro. En cam bio. En efecto. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. frecuentes y casi inevita­ bles. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo.y de la suerte. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. De ellas surgen instituciones estables. la que rige el m undo de la regla. En la prim era coalición. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. prestigiosas. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. El agón.n cam bio. que in­ terrum pen o devastan. F. ya estético. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse. y efectivam ente crean. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. Nada más fértil que esa am bición. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. Quiere triunfar. d a r prueba de su excelencia.

1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. la o tra . una equi­ dad absoluta entre los com petidores. con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. 134 . m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. La regla es que se abstenga de actuar.de dados. con su destreza o con su inteligencia). no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. Eligiendo a ujmj. m ientras que la magia y la superstición. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. Cierto. En esas condiciones. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. Asf. Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. Pero una es lucha de.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto.

El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. en el ilitix. No se la educa. Mas lo cierto es lo contrario. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. dc cálculo. Para lo­ grarlo. De esos juegos negativos. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. En cam bio. sino tam bién renuncia dc la conciencia. sem ejante en ese aspecto al alea. y lo aniquilan 135 . de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. expresión y m anifestación de una cultura.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. sólo necesita abandonarse. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. Se la expone hasta que su­ cum be. hay renuncia. dc astucia.

sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. cuya seducción se debe neutralizar.Así. el agón. tam bién existe un esfuerzo incesante. p o r la o tra. A esc esfuerzo se le llam a progreso. inhum ana y sin remedio. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. una especie de atracción horrible y funesta. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. desigualm ente feliz y rápido. es dccir. a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. en la conjura de la m áscara y del vértigo. 136 . Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. la su erte y el m érito ). dentro de las dos grandes coaliciones. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. Las dem ás pronto son devastadoras.

decididam ente occidental. Es ése un p ri­ m er m isterio. pero los juegos persisten. y la cometa quc\ al parecer. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. como las especies vegetales. em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. pero.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación. Son in­ num erables y cam biantes. antes que nada. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. Pues. infinitam ente m ás aclim atables. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. Los im perios y las instituciones desaparecen. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . Y es. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as.

la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. HI juego pasó al Occidente medieval. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. de los artefactos y de las proezas. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. de las reglas. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. hasta el Cielo. Revelan las pre­ ferencias.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. el diseño se alarga y se sim pli­ fica. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. de em pujar el guija­ rro. prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. En la antigüedad. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. el Paraíso. Con el cristianism o. el alm a— hacia la salida. En la India. la Corona o la Gloria. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. 138 . Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana.

dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. Sin em bargo. si los juegos son factores e imágenes de cultura. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. al m ism o tiempo. los gustos. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. En efecto. No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . de ello se sigue que en cierta m edida una civilización.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. En efecto. los modos de razonar más com unes y. y en el seno de una civilización una época. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez.

Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. Los juegos crean hábitos. para el dem onio que im aginó Maxwell. es decir. d a r una explicación contundente al respecto. . en los mism os países. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. pero puede. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. Para considerar un ejem plo. tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. como provocadoras o como desleales. en cierto modo. en que todo es ardid e incluso. triquiñuela.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. Luego. Para una inteligencia infinita. el de Atenas en las aponías de los sofistas. en todo m om ento. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. provocan reflejos. un juego en que cada cual. a posteriori.

El buen jugador. que form an p a rte de la legislación del juego.pero triquiñuela codificada. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. una tendencia al engaño. una vez más. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. En cuanto a las cartas. m itad en brom a m itad en serio. p o r lo demás adm itida y bien recibida. En ese juego. sin que se enteren sus adversarios. dispone de los juegos de fisionomía. sin pronunciarlos efectivam ente. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. de muecas. pero en espera del desquite. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. Una serie de mohines. si no a los asun­ tos públicos. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. Esos signos. que se deriva del poker y de la malilla. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. En cuanto a las com binaciones de cartas. En lo cual. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. rápido y discreto. reglam entada y obli­ gatorio. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. 141 . una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente.

es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. hay en ello un rasgo de civilización. aquellos que parecen m ás evidentes. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. La agresividad se ve m en­ guada. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. Sin duda alguna. Sin em bargo. P arfe. En co n traste con las m arionetas de hilos. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos.Con la música. naturalm ente m ágicas y graciosas. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. a p artir d e o tro s ele­ m entos. co 1926. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. Con­ viene retocar severam ente. la caligrafía y la p in tu ra. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. . jeux à'enfants. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. 165 174. * X* W lri!. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. pp. fr a n c e s a . suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. si no es que al sacrilegio. En fin. Por lo dem ás. in icl.

los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. que aplaude tantas siniestras hazañas. El gusto p o r la com petencia. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. m ata a la m uerte y al diablo y. pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. Con toda seguridad. pues aqui se 143 . Así como los juegos son universales. la búsqueda de la suerte. Desde ese m om ento. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. No las aprueba en absoluto. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. para term inar. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. la vinculación precisa o difusa. pero Inevitable. La relación es lejana o estrecha. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos.nicle toda suerte dc crím enes.

Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . a riesgos lim itados. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. de los pueblos. si no es que institucional. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. En cam bio. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. el a¡eaf la m im icry y el itínx. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. fatalistas. sim ulado res y frenéticos.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. adem ás ya se sabe. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. alea.

la aplicación y el uso de las m atem áticas. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. la teoría.a la com petencia. por ejem plo. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. d e la jurisprudencia o de los archivos. Para designar a éstas. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. el papel de la adm inistración. Todo hace c re e r que cn145 . separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. a la mímica o al trance. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. en éstos. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. al azar. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. Sin em bargo. de la técnica y de la industria.

con oficinas. sean am ericanas o afri­ canas. Por mi p arte. 1. con carreras. es decir. esta vez fundam en­ tal. los asirios. y la capacidad. los incas. como secuela. b) I. en las prim eras. que los n u tre y los explica. el m érito y el nacim iento. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . Por oposición a las anteriores. en este caso. que los resum e. donde el agon y el atea. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. m ientras que. el sim ulacro y el vértigo o. que tal vez dé origen a todos los demás.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. por el co n trario . en una cuenta im plícita en tre la herencia. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. que su­ pone com paración y com petencia. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. el contrato social consiste en un com prom iso. son sociedades de contabilidad. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. en aquellas del segundo tipo.A MASCARA Y El. es decir la m im icry y el ilinx. es de­ c ir una especie de a¿ar. con códi­ gos y escalas. la cohesión dc la vida colectiva.0$ cosas ocurren com o si. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. si se prefiere.

La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. se identifica con ellas e. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. cuyo aspecto. inm ediatam ente enajenado. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. cuya existen­ cia. las im ita. de efervescencia y de fluidez. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. presa del delirio. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. p o r el rum bo. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. interregno de vértigo. Aparecen en la fiesta. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. cuyo m anejo y cuya función 147 . se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. él es la potencia terrible c inhum ana. en E spíritus.

el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. se prestan sinceram ente pues. Sabe que es inofensivo. Como lo advierte la Cébala. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. la danza. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. Entonces. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. de esas convulsiones sagradas. como tam bién los propios oficiantes. En ocasión de la fiesta. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. im aginan que és­ tos se transform an. préstansc a ello. p o r su parle. sin él. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. el vértigo sustituye al sim ulacro. Mas. pues la regla social consiste en prestarse. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. Además. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. So pena de m uerte. no es sim ulada.

todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. hipnosis. estruendo. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. suscitarlos. Las M áscaras son el verdadero nexo social. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. m úsica m onótona o estri­ dente. Refuerza una coherencia frágil que. drogas. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. clam ores y sacudim ientos conjugados. som bría y de poca envergadura. el desorden constituido en regla. Si bien la irrupción d e esos espectros. por consiguiente. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita.su im perio brutal. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . los intérpretes deben llam ar­ los. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. em briagueces. los trances. La fiesta. Con ese fin se valen dc mil artificios. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta.

Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. Que no quepa la m enor duda. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. con la conducción del uno p o r el o tro . una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. la alucina­ ción. En los detalles. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. de m a­ nera más general. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. Sin em bargo. de las leyendas y de las liturgias. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. soportan peno­ sos sufrim ientos. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. Por poco que se les vea con detenim iento. Con frecuencia. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. las creencias sin duda varían al infinito. De él reciben una unción indeleble. en el círculo polar ártico. Los ini­ ciados sufren severas privaciones. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora.

Pari». en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. I960. en Mexico y Hi­ tados Unidos.1 Sean cuales fueren las diferencias locales. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. Paris. sea por * Para la descripción del cham anism o.. de lus tcpehtianos. Ronhicr. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas.. Por lo dem ás. Se­ gún los casos.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. gracias a un hongo alucinante (el agárico). 150-155. 1^1 . del baño de vapor. siemi pre consiste en una crisis violenta. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. entre los araucanos ν en Indonesia. por medio del tam bor. fra n ­ cesa. Les Paradis artificiels. México. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento.del Pacífico. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. /. Designado sea por herencia. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. véase I Lexvln. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. c incluso p o r hipnosis. 1928. del humo del incienso o del cáñam o.e Peyotl. trad. pp. 1927). FCE. de los coras. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a.

el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. Al punto. casi a una orden. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. E n tre los tungusos. es obligatoria en ellas. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. Reserva­ d a para las sesiones. E ncuentra dioses y dem onios. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. P o r lo que toca al ilinx. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo.su tem peram ento o p o r algún prodigio. renueva sus viajes. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. p o r de­ cirlo así. M ientras sus despojos yacen inanim ados. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . Cuando hay sesiones. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. En el m om ento d c la iniciación.

se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. El suelo parece hundirse a sus pies. observan C. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. de su inconciencia y de su furia. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. es casi ne­ cesaria. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. G rita que ve una gran p arte de la tierra. P o r lo demás. en el reino de las Tinieblas. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. Entonces. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. B ajo tierra. el cham án siente náuseas y vértigo. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. E ntre los vedas d e Ceilán. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. "E llo lo lleva''. Pero no le es ex­ clusiva. G. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . y B rcnda Scligmann. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice.

pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. trances. Y . de W. oculta o retenida p o r algún de­ monio. d e J. U s Possédés.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. Además. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. francesa. Paris. 1927. dc V . O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. G. 154 . m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. En Siberia. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . N arra. Los relatos de los observado γτλ que T. todo es vér­ tigo. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. lo trae consigo triunfalm en­ te. extraviada. 134. 1911. K. Seligrnann. p. el asistente. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. de C odrington sobre los m clancsins. C itadu p o r T. p." 4 yO Todo es representación. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. W arnek sobre los batakes de S u m atra. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. El cham án parte en pos del alm a de éste. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. en su orden consa­ grado. para el ofi­ ciante. O csterreich. convulsiones y. trad. The Váidas. éxtasis. 310. K. E sta últim a ohm contient. Tam bién. A. Cam bridge. Al final. M ariner sobre los tongas. y ti.

un gusano.cl mal del cuerpo del pacicntc. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. antes de la cu ra. sin lo cual sus cuerpos serían. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. un insecto. El cham án se acerca y. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. com o re­ sultado de su vuelo mágico. 2Ö5-2M). conjugadas ex­ trañam ente. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. Pero lo aceptan. pp. En todo caso. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. una plum a. A poco. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. para fijar el veneno. 1877. según dicen. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. sacando de pronto un guijarro. a esc respecto. extrae ésta. París. aquí com o en o tras p artes. que m aldice. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. que el hechicero com parta esa creencia. Es posible. en estado de trance. si no probable. 155 ■ . Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. Hay casos en que. credulidad y sim ulación ap are­ cen.

232. cit.* En el m ism o orden de ideas.” (Citado y comen­ tado por T. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. op. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. se acercan poco a poco.% p. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . O esterreich. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. p a ra comple­ ta r con G. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . op. pp. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. jay!. es decir. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. Washing­ ton. Halle. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas. IM 8). 205-206. a tos sabios cu y a credulidad. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . o bien proceder de muy lejos. pp. op. 598 C itado p o r M. Tchoubinov. 380. u n hom bre del oficio. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. K.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. ’ Cf.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca..) 156 . 1914. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . cit. que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. * F m m Boas. M ircea Eliftde. ftliade. cit.. p. The Ce?itral Esquimo. IS85. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación.

a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . 153). extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. s in d u d a m u y v a r ia b le s . Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. S e la • F. 72. 1936. e n tre los nebros de Africa. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. P. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o .” 157 . AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. P o r lo demás. Al prim ero se le da un poco del contenido. Sobre todo en Nigeria. Vergiat. p. inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. Londres. los 1res avanzan de frente al público.ntnnces.p u n t o . M. A. 1928. París. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . p o r ejem plo. Life íií Southern Nigeria. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . Amaury TaJbol. p. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. Una vez comido todo. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. C o n s u m a F re c u e n c ia . grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. Asimismo. s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a .

la pérdida del equilibrio. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. ondula por tierra com o un reptil. el sudor. 1913. Cf. Londres. sea cual fuere la violencia del ata­ que. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. op.. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. K. 321-323 158 . Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. dios serpiente.5·χ540· y The Ban o f the Bori. conocidos con el nom bre de vudú. agita un rem o. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. al que visita Dambalá. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. Cambios en el rostro y en la voz. T. la n d r e s . otro. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. com o la crisis del cham án. O esterreich. ΡΡ·. m itad negro. Sin em bargo. este se desarrolla p o r entero. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. pp. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos. cit. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa.r encuentra. I9I9. Por lo dem ás.. un m orral y una pipa muy corta. Una vez m ás. tal otro. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. p o r ejem plo. espasm os. en los fenóm enos de posesión.

si no por la mitología. con la que parece gozarse. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. com o en las Antillas. uutado dc toda inm undicia. Vestido dc blanco asiste a las bodas. com o sabe que debe hacerlo. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. 159 . m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. lo alienta. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. se sienta en el sue­ lo.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. baila una especie dc ronda. ni menos p o r la práctica. se rasca. estornuda 1 y desaparece. Analizando. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. se tom a la cabeza entre las manos. el actor está desnudo. E stá encorvado. 0 En Africa. Poseído por M akada. llora si no 1c dan azúcar. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. el público ayuda al sujeto. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. achacoso y con los. corre de un lado a o tro . Aplau­ de.

i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. y cumple una función social. los espíritus y los dioses. form a parte del universo religioso. se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. 160 . desde un principio. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. . Il. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. La pérdida de conciencia. no está en duda. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. es decir la irrupción del dios. juüo de 1955. e incluso de la sim ulación. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. de com u­ nión con los antepasados." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. Dioxè/îe. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. El papel de la sugestión.cuanto al vudú. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. p. 2649. cl progreso y la naturaleza del acceso. núm.

Paris. 1948. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. En todo caso. subidos en zancos. de ener­ gías cósmicas. desenfrenada y sin objeto. pp. Se ha señalado. p o r ejem plo en tre los dogones. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. favorece el desbordam iento de los instin­ tos. Sobre todo. cuando. el clam or sobrehum ano. el hipnótico sonido del tam-tam . luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. una verdadera cultura de la m áscara.fre alguna transform ación decisiva. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. sus gigantescos pasos. B uraud. de la pasión genésica. estertores y zum bidos do (os rombos. "E l individuo ya no se reconoce". el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. es el grito del anim al o del dios. 11 G. 101-102. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega. Con la conciencia fascinada. Sin duda. escribe Georges B uraud. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. 161 C i: ¡ 4 L Æ . la em anación pura d e la fuerza de com bate. U s Masque*. "un grito m onstruoso sale de su garganta. acuden p o r encima de la h ierb a alta.

172-223. Por o tra parte. encam an los espíritus de los m uertos.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. Desde esc p unto dc vista. Una de éstas los persigue a latigazos. ésta va acom pañada de m alos trau F. le desgarran la ropa. lo desarm an. pertenecen al o tro cam ­ po. H asta entonces. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. Como la prim era. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt».1 Infunden miedo. Con frecuencia. En lo sucesivo. agnóstica y negati­ va. los rito*. lo some­ ten. los principios aún fluidos del poder político. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. lin el ~Expediente" (p. La iniciación. asustan a los no iniciados. 3939. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. Lille. 162 . violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. Ex­ citados p o r el iniciador. pp. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. la inicia­ ción es una enseñanza atea. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva. Descubre una superchería y hace cómplice de ella.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. lo detienen. Cotífa» «!/ Couréies.

com o la prim era. N aturforscher. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. de pruebas dolorosas. t. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. Carol.. núm. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. k. Berlin. De esa m anera. 14Cf.10$. Mosken Afri­ kas (Abhandl. W ebster. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. Nueva York.1 1 u Cf. Fu fin. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. pp. Hans Himmelbeber. por el nom bre de la choza de iniciación. (. 17-31. T. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. d. Tam bién como la prim era. Die Geheínbünde n. Bmussc. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. 1898: H. Agrupa a una juventud turbulenta.¿opoldville. Leop. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. d. Akad. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. FrobcnJus. Primitive Secret So· detics. Wfft: H.1* E n tre ios bctchuanas.74). Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . Halle. 3. 1902. 1939.

H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H.1 164 . En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. pp. pescadores y agricultores del Niger. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. . logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. 1 HI puro d e los tem es. de la magia negra y de los envenena­ m ientos.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. cit. E ntre los bam baras. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. Jcanronire. o cuando menos sus derivados inm ediatos. p. cóm o e n tre loa besos. Jeanm aire. la sociedad de enm ascarados kumanp. 315). Critias 120 B.xpKdicnte" (p. en una danza o un m isterio. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. 207209). el kom o. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. op. op. secieta e institucional. 168-171) describe. 219. Repro­ duzco esa descripción en el "n. EJ m ism o a u to r (pp. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas.1 com puesta de secciones locales. de los robos. según Fiubenius. cit. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. at suroeste de T um huctú.. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. Pero cuando la herm andad es poderosa. claram ente im ertribales. cf.. haoc rein a r un te rro r incesante.

donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas.servir m ejor para explicar su mecanismo. en los p^roxiv m os de esas sociedades. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. como se h a visto. causa o consecuencia. si no es que clan­ destinos y culpables. esta vez sin dem encia ni delirio. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . la com petencia y la suerte? Sea como fuero. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. constantem ente presentes y presentes ju n to s. se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia.nuevo. 165 . reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. con un salto d c fiera salvaje. m itad bestias en los que. hagan o no cacería de ilo­ tas. 8 12 7 . Jcanmairc. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. como en los centauros. En esa obra. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. T. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. Lille. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. En el m onte Liceo. m itad dioses. m ientras sus victim as no logren atraparlo. 1939. *H. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. es engullido por un lobo y renace com o lobo. Cuuroi et Couriies. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te.· D urante la criptia. No deben s e r vistos ni sorprendidos. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. y en Ins pp. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. Roba y m ata im punem ente.

· No faltan razones para vincular . No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. Licurgo de Arcadia. fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. instrum ento universal de los enm asca­ rados. persigue al joven Dionisos. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". Lo am enaza con un artefacto m isterioso. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. e n tre los si­ glos vi y IV. De la m ism a m ane­ ra. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . dice Est rabón. un tnicno pesadam ente angustioso".

a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. profeta y curandero.te la dem ocracia y el despotism o. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. Sólo explica un caso particu lar. Perpe­ túan una antigüedad lejana. m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. cierto núm ero de poderes mágicos. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. Al m ism o tiem­ po. La evolución es sorprendente y significativa. La m inoría de los conquistadores. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . Abaris. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. Por am plio m argen. al ritm o. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. en la caverna divina del m onte Ida.

el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. Sin em bargo. es de sum a im portancia. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. Hn una organización m ás com ple­ ja . que no excluye 175 .espasa m uerta que fue a buscar. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto.n la obra de Platón. F. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. fértil en peripecias dra­ máticas. Propongo la hipótesis siguiente. des­ igual y difícil. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. según el grado de iniciación. En las sociedades dc m áscaras. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. sino sólo un hom bre dis­ frazado. La desaparición de la m áscara. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad. todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y.

co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas.sino. en todo caso. poco a poco. diversos e incom patibles. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. De lo cual se sigue que. Ahora bien. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. la fabricación y el uso de la más­ 176 . exige la existencia de cam inos m últiples. en la práctica no es posible ignorarlo o. Y es inevitable que. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. esta vez de lo más reales. En resum en: m ediante la m uerte. el m ecanism o sigue siendo frágil. Así. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. p o r cl contrario. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. De allí una fisura perm anente en el sistem a. Sobre todo. única eficaz contra un secreto sorprendido.

El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. m ediante transform aciones insensibles. el Profeta con Velo del Korusán quien. en accesorios dc cerem onia. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. según algunos. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. d u ran te varios años. Pues bien. de 160 a 163 dc la H égira. precisam ente. de danza o dc teatro. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. Entonces. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. Él se lo m ostró. tu erto y dc una fealdad repugnante. en el siglo v m . E ste es el relato del episodio. Los cronistas —cierto es. Pero. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. Algunos fueron quem ados en efecto. y los dem ás quedaron con­ vencidos.

todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad].Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. Pues bien. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. m ." Así. Le* mouvement i rr. Insistieron e imploraron. y si alguien me ve. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb.V186). Paris. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd.. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. que conservaba con él en el castillo. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. de Kesh y de Nakshab. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. 1958. los hombres se habían reunido. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. Cuando el sol se reflejó en los espejos. .tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. se prosternaron y pi­ dieron verlo. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. por efecto de aquella reflexión. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. me. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira).

de un universo ordenado y estable. as­ falto o azúcar). en efecto. otros cuadrados y otros m ás alargados. Y sc prosternaron. en una palabra. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. Ya está vencido. es de­ cir. Así. En Grecia. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. ΛΙ respecto. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. de la nece­ sidad. por m ucho tiem po). h onra­ das y dom inantes. del núm ero. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. es decir que 17l> . Como Empedocles. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. sin m i­ lagros ni m etam orfosis.ftxidü en luz los hombres se asustaron. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. Algunos núm eros eran triangulares. Los concebían como si tuvieran form a y figura. el reino de la m im icry y del ilinx. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. Incluso en aspectos m uy precisos. de la m esura y. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. Envenenó a sus cien m ujeres. Como tendencias culturales reconocidas. la revolución es perceptible. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña.

pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. I. 5’ cd. ' Π. pp. el núm ero y la m edida. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). Además. En fin. Sin embargo. muy pronto surgió la serie abstracta. Histoire tic la Philosophic. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad .5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. Í80 .eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. 52-54. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. I. \ 94&.. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. a la justicia (el 4). En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. En o tras palabras. com o sori las cifras. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo. RrxjhtVr. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. P arí*. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. lase 1. cua­ drados y rectángulos. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. estaban dolados dc virtudes distintas. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos.

los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. F. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. Al mismo tiem po. cl agon y. En el Occidente cristiano.ístmicos. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. en un Jugar y en un tiem po determ inados. A decir verdad. com binado con el. En China. a las cuales asisten el soberano y su corte. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. el alca.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. reglam entada y especializada.

que per­ m ite concretar en hechos. De esta m ane­ ra. Lo hace p enetrar en las instituciones. dc m anera sustancial. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. . pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. universi­ taria o judicial. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes. la entrada quede reglam entada p o r concurso. dc la igualdad de derechos. Sin em bargo. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. m ilitar. Sin duda. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. los grados más al­ tos del ejército . los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . me­ diante jurisdicciones autónom as. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. en teoría.más. Pero. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. luego de la igualación relativa dc las condiciones. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. en lo posible. cursus honorum o chin. suele suceder que.

Asi. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. casi todos los m agistrados se sortean.Por lo demás. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. entre los candidatos presentados por los demos. dado el caso difícilm ente sustituible. aunque de m anera que se a n to ja impecable. F. al parecer de un modo raro . 183 . P or lo dem ás. de los técnicos. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia. La razón es clara. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. En cam bio. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. de inspiración aristocrática. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. En efecto. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. luego d e un examen p ro ­ batorio. Expresado p o r el haba blanca. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. es decir. Los miembros del Consejo se sortean.n Atenas.

Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. nos dam os cuenta de que. cierta con­ cepción de la dem ocracia.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. se im puso el espíritu de com ­ petencia. sea an te la suerte. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. Λ decir verdad. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. que no es la menos difundida. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. ni tal vez la menos razonable. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. De una m anera m ás general.

es decir. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. es decir. es decir. en todo caso.cl ágon y cl aleo. sus debilidades. unos son innatos y los otros sociales.%. su ap titu d a aprovechar la ocasión. sus talentos. LX V ÏM . Julio-dic. no se reproduce. 263-281 · 185 . su profesión y finalm ente su suerte. la ocasión que. "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne. entre el m érito y la suerte. su predestinación al éxito y al fracaso. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . y precisam ente porque form a p arte d e él. E n tre los indios de la América Central. • la I * » . Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é).* funda­ m entos del nuevo orden. su categoría social. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . vol. Dc estos. p p . El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. el m om ento favorable (kairos). está más difundi­ da de lo que se piensa.

y el m érito. que es lotería. invierno Je 1938. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son.ción ni concebible ninguna com petencia. En cam bio. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. p. Desde cierlo p unto de vist3. de cargos heredi­ tarios. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. t e s hace elegir en tre la herencia. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. en las sociedades más igua­ litarias. "Le Roi. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. de em pleos reservados. que es com petencia. Inversam ente.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. es decir. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. le Traître el ki Cioíx*'. 21. 1H6 . a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. 6. núni. la am bición y el valor.

que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. la si­ tuación fam iliar.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. A 1*7 . Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. Las leyes. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. com o una hipoteca imposible de pagar. la ley del azar. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. En efecto. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. el poder y la esclavitud. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. la oscu­ ridad y la gloria. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. la instrucción. la educación. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. de que pertenezco a él. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. F. La riqueza.

Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. F. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. del m ism o origen y del m ism o medio. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. m uestras y coartadas. an tes que norm as y re­ glas generales.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. El hijo. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. si no es que paliativos. precisam ente. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. incluso bien do­ tado. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. Pero. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. están los exám enes. Desde luego. El régimen no tiene gran influencia. pese a los ade­ lantos indiscutibles. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. Enton­ ces nos dam os cuenta de que. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . son reconocim ientos. Es preciso m irar de frente la realidad. incluso en los países socialistas. en general. los concur­ sos.

de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). ya en be­ lleza. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. incluso entonces subsis­ te la suerte. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. A decir verdad. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. el don de los dioses 139 . la suerte. En ellas. Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. salud o . En efecto. De golpe. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos. Por una parte.

en el juego de baraja. desde que llega a la edad de re­ flexión. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. Los opone un conflicto perm a­ nent e. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. y los une una alianza esencial. es decir. parecen lejanos e im probables. del m érito. Es prisionero de su condición. incluso relativo. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. la obstinación y de la habilidad. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. E n tre tanto. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. pero no salir. Así. es decir. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. 190 . de. del azar. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. la recom pensa del esfuerzo. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. Además. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. cl a k a y cl agon son contradictorios. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. p ero solidarios. Por sus principios. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones.o de la coyuntura. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. por o tra. De la m ism a m anera.

se dirigen a las loterías. Es necesaria una pruelva de repuesto. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. Así. m ás inte­ ligentes . d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. En esas condiciones.Además. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. conscientes dc su inferioridad. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. im parcial y com o ci­ frada. Por eso. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. Al m ism o tiem po. en que el imbécil y el lisiado. que son necesariam ente los m ás num erosos. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. que son m is hábiles. más trab a jad o res o m ás am biciosos. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. a cualquier so rteo en que el menos dotado. en que el torpe y el perezoso. como el com plem ento n atu ral del agon. m ás vigorosos. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia.

pese a las protestas de los mo­ ralistas. le son concedidos con entusias­ mo. Ahora bien. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Ju g ar es renunciar al trabajo. a la paciencia. Cualquiera puede s e r el elegido. Creando.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. si no in 192 . p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. El propio Estado tiene algo que ver. Esas pruebas. de riesgo y de suerte simple u com puesta. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. por excepción. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. Esa posibilidad. loterías oficiales. pero tam bién num erosas prue­ bas. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta. casi ilusoria. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. al ahorro. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. juegos de azar disfrazados. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar.

p o r dos nril francos. en p arte depende de la suerte. que sin duda no es el más convincente. es decir. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. Para a tra e r m ejor. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. precisam ente. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. los premios. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. deben ser conside­ rables. un poco m ás del salario m ensual. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. En efecto. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. los billetes deben co star lo menos posible. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. o al menos los m ayores. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. Por el contrario. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados.

194 . De ese total. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. es decir en antiguos Troncos.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. Los pre­ mios principales. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. se les puede m antener en el anonim ato. delendcr.es em briagante. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. en parte. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo.v«! con tro la suerte. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. o sean m il francos p o r cada fran­ cés. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición). cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. El mismo año. si así lo desean.

M L . pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores. En las capitales m undiales del juego. p o r ejem plo. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. en un lujo agresivo. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. en Macao o en I. En las horas de apertura del casino. Todo lo contrario .No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. en Deauville. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. en M ontccarlo. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que.as Vegas. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. Por lo dem ás.

S in em bargo. La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. al resultado 196 . El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. si jio es que desproporcionadas a su salario.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. En las dem ás. Un pueblo nóm ada de curiosos. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. Toda proporción guardada. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o.

una vez más. para que ese caso se produzca. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social.xpedlente" (p. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro. los casinos. pp. pp. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. Pero. se m anifiesta un rasgo d e civilización. En efecto. 1956. al desainólo concomitante dc en . Véanse también las cifras dadas en c! . y sobre todo cuando juega todos los dws.υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. De ahí los rackets o las fortunas considerables. 183-185. ihid. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores.dc los encuentros dc fútbol. p o r desm esurada que parezca. 304). a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". París. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 . 1956. 147-151. Georges Friedmann. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. París. vinculadas. aboque consideradas dc origen dudoso. 9 en lo que. Où va le travail humain. 149. se opuesta sobre todo a los numbers.. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. 1. Ea Estado» Unido». Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. p. U travail en miettes.1 * Las loterías dc Estado. es decir. como ya era de esperar. fcúnj.

En ocasiones. No hay lími­ tes. etc. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. es preciso prepararse para la prueba. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. la erudición gratuita. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. Mu· sas. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. d e una vida brillante pero sin base.recom pensar c! talento. al menos p o r unos años. Un personal escogido y accesorios im presionante. Sirenas. Todo grupo quiere tener la suya. innum erables e im previsibles Reinas. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. se eligen a ejem plo suyo y. el ingenio o algún o tro m erecim iento. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. en alguno de los palacios de una playa de moda. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria.. en el m ejor de los casos. Damas de H onor. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes.

se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. solos y an te todos.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. preparar.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. De condición m odesta. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. En apariencia. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. por una escolar negra de impecable o r­ tografía. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas. En realidad. la respuesta fatídica. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. U n ipvcn p ro ­ fe s o r .

del m ism o nivel de vida o de instrucción. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. Los contradictores del nifko son vencidos. la com petencia cotidiana es severa y. y la historia de la revolución norteamericana. Desgasta y desalienta. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira.sinfonías de las grandes músicos. Más o menos se identifican con los com petidores. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. Shakespeare. m onótona y cansadora. modicina.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. al fin y al cabo. por U o tra. Por una p arte. Por delegación. todos aspiran a un desquite. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. En E-stocolmu. . de 14 años. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. Todo soldado puede 201 A .EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. de 11 años. ciencias naturales.nerz. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. . que apa­ sione y que al mismo tiempo. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. matemáticas. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. En todo caso. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. exploraciones. sino que acum ula rencores. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. Lenny Ross. Así. c) I-A OEl. fisiología y astronomía. La fiebre se mantiene adecuadamente. su ex­ plotación es redituable. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. se em briagan con el triunfo del vencedor. en febrero de 1957. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción. de golpe. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. I* opinión pública se apasiona. No sólo no di­ vierte. en grandes caracteres. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. puesto que parecen debidas al m érito.

que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. p o r delegación. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. La m ultitud queda fru strad a. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. Recom pensa una convergencia ex202 . l*a consagración es rara y. de hom bre sin apoyo social. de la estrella o del cam peón. De allí el culto. aún más. Y sin em bargo. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. Como el m érito. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. arm as naturales e inalienables.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. con la ayu­ d a de la suerte. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. voz o encanto. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. Con toda razón. Así.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. 1. al m ás oscuro y al m ás pohre. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero.

p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. La belleza se m ar­ chita. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. p o r el niecá203 . Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". P o r o tra parte. Λ pesar de todo. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso.iraordinaria y m isteriosa. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. m ejor todavía. Por o tra parte. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. que sin em bargo parece cer­ cana. casi todos prefieren triu n far por poder. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. la voz se quiebra. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica.

m onótona y agota­ dora Esa delegación. la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. 69-145. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. 1957. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. Esta ultima forma es la mis íre* . pp. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. Entonces in­ terviene la m im icry.sc. para distraerse de una existencia descolorida. tenaz y universal. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. París. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. al parecer a cualquiera. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. el atcuncc y la intensidad de ln identificación. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca.

El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. P o r lo de­ m ás. . 317). copian sil peinado. adoptan sus m odales. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. s\x régimen alim enticio. la prensa. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. p. La estrella representa el éxito personificado. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. u Vca$c el "Expediente" (p. la radio y la televisión favorecen la fascinación. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. el cine. 93).enajenación. la victoria. cit. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. d e sus m anías.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete. Los im itan. del cam peón o de la estrella. inevitable y seductor. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida.. Viven por ellos y en ellos.

donde se apretaban millares de segui­ dores. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. sus per las y sus esmeraldas. el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). Para desacreditarla a ojos del pueblo.dida inercia cotidiana. im puro o irregular en esa carrera. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. 206 . h o m b re o m ujer. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. se mofa de la je ra rq u ía establecida. ya. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. se presupone algo sucio. un poco cl bien y. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. en todo caso. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. que además mOAlraba. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. naturalm ente.1 4 Por eso.

Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. lejos de contradecir la desigualdad social. Se considera que su m érito es nulo. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. al m érito y a la justicia. Los reyes están exentos de esa sospecha. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. Se gusta rep etir que. Por definición. su peso y su coherencia. no menos que por es­ trellas. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. Esa ley corona (al pie de la le tra). La m ajestad hereditaria. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. para go­ zar de esa superioridad decisiva. por el cerem onial de las cortes. del im pudor o de la publicidad. La identificación es entonces m ucho menor. pero. destina 207 . los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. Pues bien.

de soledad. F. aclam ándolos. de sinceridad. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. Desde ese momento. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. fatiga y servidumbre. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. aplasrante c inm utable que 208 .ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. Para tener menos celos. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. Se quiere q u e sea senci­ llo. de fantasía y sobre todo de libertad. se le compadece. se ve llam ado a reinar. que se debe a la co ­ rona. en 1957. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa.n efecto. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico".

se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. Mas. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante.ellas sólo aspiran a abandonar. p o r falaces que sean. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Esas actitudes (sin em bargo. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. Como ya se ha visto. Aun siendo igualitaria. y niegan las ventajas que ofrecen. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Para en­ tenderlas. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. 209 . Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica.

infi­ nitam ente distribuida. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. De ah í el su bterfugio de la delegación. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. La m im icry es difusa y bastarda. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . Sin em ­ bargo. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. Les hace vivir. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. au n inás despo­ seído. Privada de la m áscara. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. en la im aginación. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. ΛΙ m ism o tiempo. sino en el m ás vano d e los sueños. el vértigo. la m im icry.

garantizado por la m áscara y p o r la mímica. el vértigo y el sim ulacro. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones.ponde. 211 . Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. Sin duda. Es tiem po de concluir. en o tras palabras. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. una actividad reglam entada. por lo dem ás. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. Como la más­ cara y com o el disfraz. cuando ocupa al­ guno. Por una parte. En cuanto a la suerte. circunscrita y separada de la vida real. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. de la que. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. De allí los resultados de un doble análisis. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. Y adem ás. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad.

como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. incluso aparecen allí sólo destituidos. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. que im plican sin excepción cálculos precisos. des­ afectados. Ellos crean el derecho. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. de convulsionarios y de flage­ lados. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar.En cl extrem o opuesto. En tiem pos norm a­ les. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. por "el d esp ertar" del País de 212 . ibi jus. si 110 es que dom esticados. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. Sin em bargo. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. ab s­ tracto y coherente. es decir un código fijo.

La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar.Gales en 1904-1905. como la guerra.’· Aquellos excesos. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. com o la explosión esperada y reverenciada. 1947.™ Un ejem plo reciente. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. en su obra: Foutes cn délire. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. pero M>rprrndcntc. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. Paris. no dc frenesí. . . La ciudad Ph. l>c com ún acuerdo.ón. característico aunque d e me­ n o r am plitud. Fxi ase* collectives. que tam bién son accesos. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. irresistibles. 213 .

ga­ n a r la apuesta más im probable. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. Cierto que seria irrazonable concluir que. el apon y el alca. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. la que in tro d u ­ ce en la historia. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. para poder in ten tar la prueba. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. repentino. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. to tal y vano. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir.pudo naccr y crecer a ese costo. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. que prueba ν que explora. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. Eso es p u ra especulación. em presa lineal.

y se considerará superfluo señalarlos. 215 .que deba e n tra r en su descripción correcta. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes.

De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes.IX. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. del estupor y del frenesí. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. del pánico. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. que so enrarezca su em pleo. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. Sin em bargo. explosivas. En lo sucesivo ya sólo 216 . la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po.

no im pone una presencia: protege una identidad. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. elegante y casi abstracta. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. em pobrecidos y aislados. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. En gran parte. Por lo dem ás. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. tam bién ha cam biado de destino. El antifaz. es­ trictam ente utilitaria. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. Pues. adquiere una nueva función. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. En am bos casos. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo.aparecen desunidos. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. Preside los 217 . en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. m áscara reducida a lo esencial. en efecto. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. En efecto. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos.

' ‘E s p e d ie n te " (p . En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. Al mismo tiem po. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. am orosa o política.juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. el carnaval es una explosión d e licencia que. aún m ás que el baile de más­ caras. es dccir.? . conform e a convenciones preesta­ blecidas. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. Es sím bo­ lo de intriga. Enorm es. 322). Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. lo b o ]. En el baile. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . asegurando el anonim ato. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. [T. abriga y li­ bera. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. P or sus orígenes. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento.

Por 219 . queda descalificado: se niega a jug ar. a la francachela. Son brom as groseras. quien sin em bargo no piensa en el juego. a la violencia. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. P or lo dem ás. atropcllam ientos. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. los invita a un juego de bufón. Y no se equivoca. go de una . presenta la m ayoría de sus características. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan.. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. p o r el con­ trario . al cinism o y a la avidez del instinto. actitudes descuidadas. En un tiem po y en un espacio definidos. p ara retom ar la expresión exacta de G. en basoncursos d e disfraces. el carnaval da una salida a la desm esura. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. Si se enoja. risas provo­ cadoras. Siguiendo el juego. del desorden y de la gesticulación. vacía y alegre. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras. sim ula que no tiene miedo. B uraud. d e m id o y de movimiento. m ím icas bufo­ nas. incitación perm anente a la algarabía. al exceso d e palabras.

E n la sociedad policiaca. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 .o tra parte. com o en Río de Janeiro. El uniform e tam bién es un disfraz. deja el ro stro al descubierto. perm anente y reglam entario que. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. Tal vez nada indique m ejor o. pero oficial. En todo caso. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. allí donde el frenesí general solía. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. sobre todo. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. interm itente y excesiva. Es casi exactam ente lo contrario. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. en todo caso. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. Detrás dc la m áscara.

de la m atraca y del tam boril. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. guirnaldas. ciertam ente considerables. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. ram pas y anuncios lum inosos. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. estandartes. E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. las tram pas y los atractivos del vértigo. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. Las ferias y los parques de atracciones. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. franquea­ dos los lím ites.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. por lo dem ás m odesto. que nacen del uso de la m áscara. fuera de las rondas y de las farándulas. más­ tiles . constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. A decir verdad. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. una 221 .

Además. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. astrólogos. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. de caída. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. de los artefactos de rotación.agitación continua y agotadora que em briaga. a la fam iliaridad. de oscilación. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. Más allá. de suspensión. a la desfachatez bonachona. Fakires. a la jac­ tancia. en el caso de Jas ferias. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. videntes. construidos para provocar un pánico visceral. Em plean los m étodos inéditos 222 . Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. un trajín que incita al abandono. ventrudos y jactanciosos.

Allá. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. la fuerza del disfraz. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. caída. En un tercer tipo dc artefactos. antes de enderezarse. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. dc suerte que. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. Antes que nada. el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. el "psicoanálisis existencia!". He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. cuando se considera el volumen. En o tra parte. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. Sin em bargo. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. sacudim ien­ tos. el vértigo m arca la tónica.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. en dosis regulares de tres a seis m inutos. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. Un últim o invento utiliza la 223 . M uestran el atractivo del sim ulacro.

los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. las apariciones. niñosmonos.fuerza centrifuga. Es el papel de los laberintos de espejos. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. donde abundan los corredores oscuros. los esqueletos. H orror suplem entario: se invita a tocar. los roces con telas de araña. inm ovilizados en cualquier postura. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. la angustia. Allí perm anecen. Juegos de espejos. igualm ente estupefactos. propios p ara despistar. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. las tram ­ pas. a la m anera en que poco antes. sirenas. "p e­ gados com o m oscas”. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. m ujeres-pulpos. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. al sa lir del artefacto infernal. las corrientes de aire. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. la náusea. para extraviar. para su scitar la confusión. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. Enfrente. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. con alas de m urciélago. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos.

azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. cerdos de pan 225 . los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. Antes que nada el vértigo. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«.corriente. A vcccs. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. sepa­ rado. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. Por lo dem ás. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. lim itado y convenido. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. el m undo de las larvas y de los vam piros. la fauna com puesta. el te rro r y el m isterio. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. es decir perm anece libre. y tam bién la em briaguez.

proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. que se deriva de la paidia. Cuando menos. una sola diferencia. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. o tra delicia que. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. de cho­ ques am ortiguados. Además. presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. Sin em bargo. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. dc taparles el paso. El placer es dc excitación y de ilusión. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. en los cuales. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. para aquellos que están en edad. en toda barraca dc espanto. de colisiones inofensivas. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. dc pegar­ les dc lado. esta vez. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. 226 . de desasosiego aceptado. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. dc caídas evitadas. en todo artefacto de pánico. dc la pelotera.

el casino o el escenario p ara el cam peón. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. La sanción decisiva. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. sino un m odo de vida. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. Contra su voluntad tenaz. está obligatoriam ente presente en él. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida.E l. En lo posi­ ble. Domadores. pero que falsea la integridad del reto.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. m alabaristas. su orgullo y sus leyes. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. g arantizar su seguridad. En ella la gente se casa en tre sí. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. el juga227 . l. am azonas. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. la de la m uerte. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. dado el caso.

Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. P or eso. una gimnasia . el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. el teatro contribuye con el oficio. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. En efecto. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. que corresponde a la m im icry. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. que corresponde al atea. o m ejo r dicho la negativa de oficio. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. una dificultad o un peligro.d o r o cl a c to r profesionales. El. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego.

esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. Paraliza. La conciencia es m ortífe­ ra. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. Como disciplinas aberrantes. En todo caso. de la am bición y de la osadía hum anas. 171)·173. 229 . 1890. op. la trayectoria del trapecio. Him. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. Jeux du Cirque ci la vie foraine. pp. desinteresadas. Cierto. F. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. en Vez de ayudar. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. 213-216. m ortales c inútiles.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. Hugues le Roux. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. Paris. el tiem po y la distancia. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. pp.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. cit. el acróbata debe calcular el Impulso. *Y.ininterrum pida. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis..

estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. es el papel del payaso llam ado “Augusto". se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. Los principales acto res son dan230 .i la tribu . particularm ente tenaz. Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. travieso o estú p id o según los casos. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. En ella figura com o el héroe que mete la pata. Su ropa parchada. com o encuentro o ascendencia lejana. d u ra n te la creación del m undo. Sin em bargo. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. Infaliblom ente actúa a contrasentido. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. En el circo. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. una dc sus variedades. m al aju stad a. dem asiado grande o dem asiado chica. Ahora bien. los golpes y los cubetazos dc agua. quien. A trae las burlas.

E ste es el "Augusto" del grupo. Pues bien. Además.seis genios m asculinos. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra . ‘'son como niños. Sobre todo. E n tre los zuñís. el propio Yebichai." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. Saca el pecho y se hace el im­ portante. dice la gente. seis genios femeninos. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. una vieja piel de zorro. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". el Dios del Agua. retardados. el Dios-que-habla yr finalm ente. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. son "com o ni­ ños": balbuceantes. Tonenili. hay catorce de ellos: . a quien ridiculiza. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. Pero es el dios que parodia. sujeta al cinturón.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . Son los Koyemshis. que viven en la mism a región. Son espantosam ente feos. sin vigor sexual. siem pre el mismo: así. Es uno de los dioses principales de los navajos. no cesa de fingir que tiene miedo. PiISschiwanni es el cobarde. es im portante.

reprochando a uno su avaricia. Así. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. tiene una enorm e verruga en el cráneo. com entando los infortunios conyugales de un segundo. Ilccho sorprendente. En cam bio. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. o tro chichón en la frente y dos cuernos. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako. Tiene una boca oval. se b urlan de los dem ás dioses. Naba*hi es triste. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. víveres. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. la m ás im portante d e todas.sed. su boca y sus ojos form an un balcón. la aldea en tera les hace num erosos regalos. Como magos y profetas. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. juegan brom as groseras. Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. Du­ rante las cerem onias. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. dos chichones en vez de orejas. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. hecho significativo. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. quienes los encar­ nan.nc . organizan juegos dc adivinanzas. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común.

la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. ni ellos se tom an a sí mism os. la con­ juración del secreto. p o r los propios dioses. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. en ningún m om ento se Ies tom a.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. del entorpecim iento y de la angustia. De esc modo. aquí se encuentra disociada. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. Decidida­ mente. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. En uno u o tro m om ento 233 . La teología lo confirm a. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. Así. del éxtusis y de la mímica. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. del m isterio y del terro r.

las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. los honores rendidos al poder suprem o. los hom enajes a los grandes. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. 16S-173. En el solsticio de verano. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. Cierto. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. 119. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. 234 . cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. con el epigram a y la canción.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. pp.* Con filiación o sin ella. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. que sin em bargo inspira idéntico propósito. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados. 73-75.

que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. sino una precaución en contra suya. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. dc la libertad y de la invención. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. Si el salto decisivo es difícil. el desapego y la ironía. en Laccdemonia. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. Con toda seguridad. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. como fundam entos de la vida colectiva. quizás vertiginoso. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. Ya hem os visto. a su vez. orientada en todo caso hacia el equilibrio.» nuevo papel. m ás fecun­ da. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. un buen día. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K . pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. al frenesí convertirse en institución. a un porvenir) coinci­ de. Aquí. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. casi im perceptible. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. AI tér­ m ino dc la evolución.

. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras. de atem p erar m ediante la risa lo que.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. sin ese antídoto.

COMPLEMENTOS .

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por el milagro de una fortuna instantánea. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. basada en el valor del trabajo. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco.I. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. "la fascinación de ad q u irir de golpe. sin dificultad y en un instante". Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. la posibilidad repentina del ocio. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. de la riqueza y del lujo. según la Fórmula de T. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. a ta n d o m enos en ciertos casos. de los casinos. R ibot. cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. Son sospechosas de 239 .

es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. quiero decir la necesidad. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. si se prefiere. “ L a en n n b ilo n ia ". Picxxoncs <1944). pp. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad.1. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. pp. el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. a la topología. en la ética. 1951. en la econom ía e incluso en el saber. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. 82-9. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. de la pantom im a y del éxtasis. así sea a to n tas y a locas. fr a n c e s a . 2 S Ja parábola Fictions. tr a d . al infinito. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad.desarrollar la pereza. Sin em bargo. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. 1975.1 Además. que tam bién influye en el arte. . Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades. y que M is J orge en lo te r ía to re s . cl fatalism o y la supers­ tición. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . 7-292. obligatoria e incesan­ te. P a r ís .

con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. En esas condiciones. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. En particu lar. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. por medio de la superstición.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. Vive al día. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. Aún más. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. El sal­ to es brusco. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. En ese caso. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 .

de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. de consistencia ósea.ticipa. M im usops D jawe). ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . sin. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. se entrega al jue­ go. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. Los dados sólo tienen dos caras. pues nadie parece resistir el contagio. en regla y en segunda naturaleza. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. Unos representan personajes. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. Conform an el estilo de vida de toda una población. ya sea captados en una actitud hierática. Esos blasones son num erosos y variados. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes.

H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. En cuanto al juc^o en si. un hom bre es atacado p o r un pitó n . aves.1 . tam bores. los órganos genitales de la m ujer. algunos ideogram as figuran diversas plantas. o tro carga su fusil. En general. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. etc. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. relojes o m ás­ caras para la danza. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. el cielo nocturno con la luna y las estrellas. tres m ujeres trab ajan la tierra. rep­ tiles. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. los 24. colgados dc un árbol en una bolsa. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. Es­ culpidos en o tro s dados. espejos. rifles. Los anim ales — m am íferos. sino que los deposita en el m onte. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. es de lo m ás sencillo. éste no los guarda en su casa. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. (o al con­ trario ). Dado el caso. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente.

-dic. 49-50. 244 .* Se tra ta de un juego rudim entario. Toda proporción guardada. "J e u x cl Jouets”. núm. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. Además. donde la s ca u n s. Ë ittdcs cam eroioiaiies. A. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . C f . c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. 3-52. Em pero.jefes se jugaban sus encom iendas. las tierras y las esposas. sep. S e juegan la rnrtuna. A sim ism o . que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. cum ple con una función análoga. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. de I95S. Sobre todo.s. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. 245. p. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. sin com­ binación ni saldo. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. pp. Prost. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. Cuando menos. Le M onde noir.

Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. el mono. Acto seguido. La 11.a operación se llam a "colgar al anim al”. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. 1. que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. el caracol. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles.de a za r considerablem ente m ás com plejos que. según la expresión de Lydia Cabrera. la m onja. Saca o hace sacar uiia al azar.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. la cabra (que tam bién es algo sucio. etc.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. A la hora seña­ lada. el barco de vapor. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". la araña. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. el m arino. en sociedades mixtos. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. seres hum anos. la tortuga. el m uerto. E n tretan to . cuyo principio es sem ejan te al del loto. la pipa. Esa lo­ tería. procede a la venta de los billetes. ade­ m ás del órgano sexual fem enino)." 245 . la m ari­ posa.

La m ariposa no tiene com pañero. la banca anuncia 246 . los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. pero no tiene ayudante. de la m uerte. Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. a su com pañero y a su ayudante. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. N aturalm ente. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. del pavo real y del pez chico. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. del caracol. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. Así. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. El venado tiene tres com pañeros. de la pipa. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. dc la anguila. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. etc. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. del gallo. En cam bio. En efecto. Además.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. las mendigos. y luego de haber "coleado al anim al". los borrachos. la cabra y la araña. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. los elegantes. el cam arón. pero carece dc ayudante. de la m onja y del gato: la de los borrachos. los caballeros y las m u­ jeres. De nuevo. Al principio d e cada p artida. dc la tortuga. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta.

el Tigre contra el Elefante. En o tra ocasión.’ En China.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. con el Venado. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. 1914. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. Después del sorteo. p p . l."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . 247 . El Elefante m ata al cerdo. ju n to con San Francisco. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. L a H abana. E n ese caso. 3 Sabido es que. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. No es tonto. Lleva el paquete maléfico. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra.a policio y sus misterios en Cuba. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. El Venado es ayudante del brujo. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. El V enado sale con el paquete. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza. 287-293. El Tigre lo propone. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata.

la explicación sólo es válida para los profanos. los bra­ zos y las piernas.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. Sus com ­ binaciones son Infinitas. el "rey que todo lo puede". el pecho. Entonces. En Cuba. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. existen al­ m as en pena. Estos llegan hasta el 100. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. a la m uerte. es conveniente ju g a r al 8. d u ran te una cerem onia secreta. "Pica y se va": es decir. el gallo que can ta al sa lir el sol. En realidad. La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. el "payaso que se pinta en secreto". lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. 248 . el 8. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. el 2." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. E sta vez. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . apoyándose en citas. las m anos. se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos.solución. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. ham brientas y rencorosas.

Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. TRafael Roche. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. P o r necesidad no juegan mucho. 293. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. como dice un au to r. En casa del tío de su m ujer. cit. nada le im pide cam biar. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". op." Asimismo. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. 249 ." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. más m uerte. p o r poco hábil que sea. m ás m arino.’ En todo caso. pero lo hacen sin cesar. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. En todo caso. más elefante. p. m ás gato. m ás o menos desdeñado. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. honrados o no. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. en el m om ento de descu­ brirlo. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa.. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. m ás m onja igual a vena­ do.

En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples.* En la vecina isla de Puerto Rico. las peleas de gallos. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado. el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males.. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. A rruina el ah o rro privado. . indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. etc. %N c w Y o r k T i m e s . 250 .En cl siglo pasado. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. la ruleta. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. el Planning Board h a calculado que.*' Con base en esas conclusiones. 6 de o ctu b re de 1957. en 1957. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos.). o sea la mitad del presupuesto de la isla. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. las carreras de caballos. En la actualidad. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil.

Por o tra parte. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. a la centena o al millar. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. ordenados más o menos alfabéticam ente.enorm e organización. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. a la decena. a la últim a. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. a las dos. Además. (Desde que la lotería federal no es dia251 . el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. es decir. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. Desde entonces. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). análoga a la quiniela dc los países vecinos. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. "E n su form a actual. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad.

La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. 273. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos.) Además. En ocasiones. quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. Avestruz y Caim án'1 animales . los otros días se hace una fal sa lotería. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. sin billetes ni prem ios. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante.ría. Por ejem plo. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). etc. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. es decir. Favorece aún m ás la superstición. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. Afana y Jo sé. enteram ente teórica. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. 237. juega al núm ero del vehículo accidentado. Según una anécdota significa­ tiva. 723 y 732. saben sacar de él oráculos infa­ libles. ju e­ ga a su núm ero telefónico. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. Avestruz. De ese modo. es decir. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. Sin em bargo. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. sus clásicos y sus interpretes calificados. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . alguna clave de los sueños es­ pecializada. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. En efecto. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. y ju g a r cada com binación invertida. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. P or lo dem ás. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. si presencia un acci­ dente de trán sito ." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. sino sem anal. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. no es cosa fácil.

la conciencia popular. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. En general. pecado venial 10Además. que no deja de preocuparse p o r él.1 · Teóricam ente. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. Sea com o fuere. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios. se emplea todo tipo de adivinación.ejem plos al infinito. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. en el in terio r dc un mismo Estado. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. Es m ás. 254 . se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. En realidad. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. parece sin em bargo considerarlo un pecado.

se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. todos. ve al bicho con malos ojos. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. de la apuesta. pero en fin. en alguna esquina. de él se valen o se benefician. y un vicio perdonable. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. El ejército. al tiempo que se dedica a él. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. análogo por ejem plo al del tabaco. Los políticos. D urante las macum bas.sin duda. a veces considerable. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. que con frecuencia lo organizan. la condena es general.

una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. Como se ha visto. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. Instincts et Société. en ciertas condiciones. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. del com ercio o dc la in d u stria del país. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. en el plalJ R occr Caillons. En todo caso. “ L'Usage des Richesses". la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. conservan sin em bargo un papel im portante. ca­ 256 . pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. 1 pitulo V. No obstante. incluso. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. Se vuelven a poner en juego salvo. se sacrifica gratuitam ente.Γ dc sus habitantes. pp. 130-151. Paris. Por tanto. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura.0 11 Se aprecia así que. Pero. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. M arcadas p o r la desconfianza. dado el caso.

construye casinos com o el deporte construye estadios. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. Aun­ que reprobada. el alca. a toda especie de códi­ go. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. y con frecuencia en com binaciones con él. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. Más aún. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes.no de los juegos. En cam bio. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. La razón es fácil de descubrir. determ ina enorm es m anifestaciones. en com petencia con el agon. de ln m áscara y del éxta­ 259 . E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. A veces. de m edida y de organización. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. in­ cluso le procuran sus principales recursos. suscita asociaciones y clubes. hum illada y condenada. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. en ab­ soluto y por naturaleza. com o el agon. exige el cálculo y la regla. el atea. en la m edida en que éste los domina. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito.

d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. Sin em bargo. es decir.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. Deja problem as p o r resolver. en elim inar cada vez más al alea. el edificio social se apoya en él. del ahorro. del favor gratuito e inm erecido. En esas condiciones. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . En efecto. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. En conjunto. E l agón. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. en el fondo. es el único considerado com o valor. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. sino' tam bién la burla del trabajo. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. si no es que insustituible. de la tarea paciente y tenaz. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. en una palabra. De los diversos p rin ­ cipios del juego.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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desde un principio em pieza la extraña distribución. com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. que no se p restan a las ecuaciones. Quien juega al burro. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. Para ser m ás exactos. en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. al dom inó o a la com eta.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. el estudio de éstos se beneficia . salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). Como hem os de ver. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. p o r su gene­ ralidad engañosa. Λ decir verdad.

Poris. 268 . no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos".as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes.1 Pero. los espectáculos del París de antaño. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. Onuvrcs. tom o VIH. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. 16. trad . Pero no im porta." Más aún. Estim o que com parando M las carreras de Londres. las rvgatas d e Venccia. cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una. las corridas de toros de M adrid. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. v. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. 1 . ocupado en sacar del juego la esencia del arte. en el mismo rexto. si no es que el prim ero. 20. 26 y 27. 1862. Véanse tam bién las carta. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma".> H. francesa cn Fr. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. "E sthétique". que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. Srhillcr. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas.

Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. Des­ ligado de la severa realidad. 145. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales.thik. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. F. m odelo que tam bién le es anterior. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria." Y W undt." (F. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso.) La receta corrió con suerte. p.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. sin pa­ sado ni porvenir. Jx> define en fin com o una em presa pura. d e la gratuidad del jue­ go. 1896). 1S86. La idea d e la libertad. aparece com o un 269 . El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. Seducidos p o r ella. erróneam ente.

Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. francesa. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. c) dc la inteligencia. de los movimientos. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. lan zar hacia un blanco. así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. destrucción y análisis. 1889). trad. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. cóm o todos los adem anes que puede hacer. del olfato. sin unidad inmediata y que. etc. construcción y sín­ tesis. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. bastante ad ap tad a a su objeto. lanzam iento simple. las que se derivan del instinto de lucha. del instinto sexual o del instinto de Imitación. de la tem peratura. de los colores.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). b) del ap arato m otor ((an­ teo. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. de las form as. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. Paris. antes bien.). der Tiere.). de la sorpresa. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. lanzam iento para golpear o em pujar. del miedo. etc. del gusto. juegos de paciencia. dan origen a juegos. Más todavía. pp. 1902. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. Jena. te s Jeux des Animaux. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. de la atención. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. V y 62-69. de la razón. p o r ese hecho. Por una ex­ trao rd in aria paradoja. g ira r o resbalar. pertenece al terreno del . cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. a tra p a r objetos en m ovim iento). En el fondo. dc la im aginación. cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. del oído. im pulso para hacer rodar. de la m em o­ ria.

De nuevo. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). Buytendijk. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. 5-32). 1952. París. Introduction a la P/utano^e. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. Patrick (1903). Desde ese punto de vista. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. Hartgenbusch (1926). im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. Pickford (1940) y •V. no existe tarca seria para la cual preparen. 1 1942). Las conclusiones se discuten en el estudio de F. En particular. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. 1955.’ Cierto. no los ha encontrado entre los anim ales y. Por una p arte. la perinola. otoño de 1955.íacques Rousseau de Ginebra. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. p o r la o tra. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. Por o tra parte. 13. F. J. En cuanto al fútbol. Antes de él. Paris. 2e odklôn. M. Pp. núm. . una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. Recordamos que el m érito de J. o poco faltaría para ello. que desde luego no son alentados por los educadores. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. Football :n America (traducido en Profils. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. R. Le Football. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. Sin em bargo. pero no sobre la naturaleza del propio juego. que un juego con frecuencia im plica. Pues bien. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. el dom i­ nó y la baraja. se podría seguir ignorando. ios juegos de azar se ven elim inados. es conve­ niente citar los análisis de G. G. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. J. que Jean Château descarta como juegos de adultos. nueva edición niimonlndn. W. Jx Jeu de J'Enfant. incluso si se dejan al m argen los dados. T.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. W. tal vez necesariam ente. 1955.

que exigen espurio y accesorios. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. es dccir el riesgo. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. Uno vez más. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. el alea. El niño no se entrena para una tarea definida. que el juego es una prueba más que un ejercicio. por al­ gún favor dispensado. por re so rreras/ por silbatos. resuelve por om isión un im portante problem a. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. no le es difícil dem ostrar. Se cam bian p o r golosinas. inicuo en sí. a escala infantil. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. En efecto. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. en los alredcdoies de las escuelas. com o resorte del juego en el niño. Ahora bien. pp. Ja apuesta. por una ayuda en las tareas. contra Karl Groos. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada. Por un preciu invariable. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. de b arro . Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. 274 guna. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. p o r artículos escolares. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. depiedra o de vidrio.u de l'enfant. Asi. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte.los juegos de canicas. Desde esc punto de vista." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. 18-22.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. y son niños que no se disfrazan. 275 . al final de su obra. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. de! tipo de la morra que. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. Los jugadores las ganan o las pierden. Por mi p arte. •£ e Jr. por cortaplu· mas. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas.

del cuerpo. Ahora bien. intenso. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. Desde esc p unto de vista. del carácter o d c la inteli­ gencia. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. Así.te a las dificultades. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. quien perm anece en esen­ cia pasivo. placen­ tero. sino desarro­ lla aptitudes. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. Y aun asi. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. prueba o hazaña. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. inventivo y protegido. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. el juego aparece como educación. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). el niño. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. Pues no enseña recetas. Dc m anera general. ninguna ap titu d física o intelectual. que adem ás es libre. La finalidad del juego es el juego mismo. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. P or o tra parte.

Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. pues entonces no sabe. No los repele me­ nos que el trab ajo . En cuanto a los juegos reglam en­ tados. pp. es el de su cu­ ración. Las observaciones de A.).I. ni fija r su atención. B rauner. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s .A. Para ellos. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados. En esta segunda clase. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales. en una prim era aproxim a­ ción. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. me­ jo r aún.B. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. ni so­ m eterse a una disciplina. 1956. a em pujar. luego de Jean Piaget. P arís. S. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. el gusto de inventar.R. a p ertu rb ar. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. etc. a estorbar. 1S-75. Poi4r en taire des hom m es. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto. ni ad ap tarse a una nueva situación. A decir verdad. 277 . Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real..jugar. 'A . el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento.

por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. Jugar a las b arras o al pillapilla. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. un aviador o un vaquero. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. es siem pre una im pro­ visación.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. de las dam as 0 del ajedrez. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. uno panadera. Im aginar que se es una enferm a. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. p o r no hab lar del futbo!. basados en la com petencia. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . implica una invención continua. a la tendera o al soldado. Ju g ar a la lavandera. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad.

com plicación sim étrica de los juegos figurativos. Pero é stas sólo com pli­ can. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. en el capítulo correspond iente (pp. o por simple aceleración <!c ritmo. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. de pasión o de Intensidad. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. J. en mi clasificación. 1*1*217). g irar como trom po. que obliga a los jugadores a cooperar. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. ct análisis define . Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. gri­ ta r a voz en cuello. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. al m ism o tiem po. Ππ cambio. basados en el sim ulacro. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. 386-587). De ese modo.

Huizinga. si se quiere. lo amenaza. esbo7x>s de juegos de vértigo. Château hace alusión al sube y baja (p. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. de la com petencia leal. un peligro que. pero éste atra e y fascina: es un placer. antes bien. en ciertos caso*. 280 . Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. A decir verdad. un sentim iento de pánico. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. m ejo r adaptados a su propio fin. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. De ese modo. m ejor dicho. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. De la invención y del respeto a las reglas. no les concede la m enor atención. o poco m ás o menos. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. Ciertam ente. pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. pero. que es el de provocar una per­ turbación ligera. 298).esas conductas claram ente existen. el vértigo supo­ ne el m iedo o. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. m ejo r determ inados. quien reflexiona en los juegos de adultos. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos.

E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. Se considera que destruyen las costum bres. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. 2 . Los estudios ma· 281 .tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. Como investigaciones de un nuevo género. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. del tobogán. Por o tra p arte. estas ciertam ente son indispensables. la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. Según consenso general. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. de los casinos o de los hipódrom os.

el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. En más de una ocasión. Ahora bien. El caballero de Márá había calculado que. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. E nton­ ces se dirigió a Pascal. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. A bordaron los cálculos de enum eración. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. para una serie de veinticuatro jugadas. en el juego de dados. la experiencia le dem ostraba lo contrario. en efecto. en que el azar no interviene en absoluto. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. Sobre todo. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. Por ejem ­ plo. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada.

pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. es decir que. el dc los puentes de Kocnigsberg. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. IW4. político o m ilitar. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. en cada situación sucesiva. Princclun. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. Claude Bergt. Theory υ/ Games and Economic Behavior. Von Neumann y O. 195? 283 . comercial. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. Algunos ju e­ gos tradicionales.de los cuatro colores. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. más allá dc toda controversia. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. com binando el cálculo y la topo­ logía. Théorie de\ Jeua alternatifs. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. Morgenstern. Re­ cientem ente. Pan's. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. cuya teoría se deriva de la topología.” E sta vez. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos.

etc. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. que agote los elem entos útiles.cortándolo). en realidad. MatemA­ 11 C laude B erge. del capricho. el segundo. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. ya. Ahora bien. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. due­ los de aviones. de I3 inspiración boba. quiero decir. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. 284 . En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable.1 1 Sin em bargo. p o r la o tra. es decir. p o r hipótesis. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. la posibilidad de una inform ación total. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. póquer sim plificado al extrem o. fuera de las m atem áticas puras. en fin. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso.

el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. Cuanto m ás espera el cliente. la visibilidad. puede tener deseos de m orir. su sangre fría. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. en la práctica. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. En fin. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. Teóricam ente. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. Pero. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles.resuelto. el segundo día. en época de baratas. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. Pue­ de ser distraído o neurasténico. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. Pero. del 30% y el tercer dio del 50%. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. puede picarle una avispa. m ás ventajosa es la com pra. la distancia. ya.ticam ente. es claro que el cálculo resulta imposible. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. hacerle trastab illar una raíz.

E n la b araja. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. el juego al p unto se ve estropeado. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. Pues no se juega para g an ar con seguridad. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. Sin em barga. En ajedrez. y cada jugador m uestra sil juego. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. Se conoce el desenlace de todas las variantes. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego.po y el artículo dc su agrado puede írsele. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. En los juegos que les apasionan. ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. según se le considere m ás o menos deseado. En principio.

Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. P r o x i. Así. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. pp. le "com e" uno al adversario. 241-24$. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. lejos de favo’’ A . En Sudán. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. form ando parte de la herencia fam iliar. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. 287 . La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. 8-9 de Présence africaine.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. noir. pero que ellos no abordan de o tro modo. Se juega con doce palitos y doce guijarro s. sem ejante al molino. e-s muy popular el juego del bolotudtí. “Jctix dan«. Monde n ú m s. si la desconoce. Por el contrarío . en todas las situaciones po­ sibles. te M o n d e n o ir". se tran s­ miten de padres a hijos. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas.

el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. es decir. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial.· admite. El lobo. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles. de la prim era a la últim a jugada. abolien­ do su rozón de ser. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l.recer cl espíritu de juego lo estropean. por ejem plo. Por sí solo. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. Existiría incluso si los juegos no existieran. aunque no se demuestre. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. 288 . p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. No queda fuera de las hipótesis razonables que. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. p ara los palillos y el juego de anillos. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. esos análisis tam bién existen para otros juegos. que m encionaba yo antes. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. tal que. ninguna respuesta resulte eficaz. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. Su teoría es sencilla. No es verosímil. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente.

esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. En efecto.ellos. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. Sin em bargo. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. El juego es un fenómeno total. Así. . o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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De una observación de G. tirando cuidadosamente dc los hilos. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. De ese modo tira dc una silla. se quita de debajo de él y espera la caída. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. J. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. luego lo dobla y k» rompe. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. hasta hacerle perder el equilibrio. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. Para romper un palo. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. a modo dc mantenerse cabeza abajo. "Junto a su necesidad dc destrucción. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. Sin embargo. se dio por satisfecho. también le gusta mucho volcar objetos. En cuanto al jefe. 67. con gran alegría. Hace lo mismo con objetos más pesados. con los brazos abiertos. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. citada por K. Así. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. Romanes. que varias veces ha 299 . antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino.

al que es raro que se tenga fe. es también materia de reflexión. Sin embargo. Esc carácter oracular. Su estéril monotonía. difícilmente sería entretenida. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. sin la treta. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. PP. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. J.” " P. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. F. II. 70. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. prácti­ camente universal. Alean. sin lastimarse nunca. t. París. Romanes. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. Por otra parte. 240 y 241.logrado volcar con grandes esfuerzos. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. 300 . no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. Antes de em­ pezar el juego. puesto que claramente se trata de uno acción "G . . Intelligences des animaux.

pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. aunque de manera muy diluida. refinadas o sal­ vajes. perfectamente im­ productiva. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. en fin.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. pero siempre con la misma solicitud. búsqueda del favor del destino. su papel sin embargo se deja sen tir. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. con ayuda de un número fijo de elementos. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. de cosmonautas con escafandra y de 301 . En cuanto al simulacro. lo que equivale a lo mismo). puesto que la ley prohíbe. que en un principio parece del todo ausente. El placer de la com­ petencia es escaso. de manera más o menos severa y según los países. sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y.

Aquí. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. por decirlo así. Para aum entar el ruido y el movimiento. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que . que no es urgente dominar. como con el peso de una mirada cargada dc deseo. posible al vértigo. Los aparatos se alinean en filas interminables. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. En fin. pero un vértigo inferior y vano. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. sin nin­ gún Intervalo entre si. una pe­ queña esfera brillante.cohetes Interplaneterios. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. En este caso. Por lo demás. Supon302 .se puedan imaginar.

n fin. de la inteligencia o del alma. P. previsión. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. un esfuerzo. incluso en sus aspectos más aberrantes y. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. éstos incluso exigen. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. del casi automatismo 303 . y hasta resulta inoperante. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos.sin espesor los juegos de vértigo. desde cierto punto de vista. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . por el lado que se le-s mire. en principio los más peligrosos de todos. lo contrario. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse.go que poco faltaba para empobrecer. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. el solitario o los palillos. Los recursos personales del jugador no intervienen. Por doquiera una tensión. el entrenamien­ to deportivo. una lucidez expuesta e imperturbable. obstinación y resistencia. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. en fin. para hacer mecánicos y endebles. Así. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. reflexión y saber. paroxfsticos. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. que exi­ gen espacio. la prueba de una ha­ bilidad. El balero exige destreza.

He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. el chaquete. en el corazón de Nueva York. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. En Estados Unidos. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. norteamericanos de toda edad. ''Playland*' . en los años de mayor éxito. En los cafés. Pues bien. el billar. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. el 25 del mismo mes. desde el escolar hasta el anciano. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. con In vana esperanza de una partida gratuita. en pleno Times Square. capital del juego-sino también en Nueva York. Broadway 1485. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. Cada día y cada noche. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. . la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. Provoca verdaderas obsesio­ nes.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste.

(D. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. Morgaine). Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). por 5 centavos. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. En efecto. si entró allí con dinero suficiente. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. Delante de cada máquina. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. En una inmensa sala sin puerta. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. permite al jugador quedarse horas. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. como se les llama aquí. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley.

Por una moneda (real). La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. de octubre de 1957. 215. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. 44-47). esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. Rs una amenaza . los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. Sin embargo. Así. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. Como es fácil imaginar. en abril de 1957. lue Ko de lo cual los tiraban a la basura. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis. (Vol. T. pues las anotaciones llevan varios ceros. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. 1289. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces. pero le parece sublime. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. En fin. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. que podían utilizar en aparatos traga monedas. a través de diferentes obstáculos. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. Los billetes sólo les servían para envolver el botín.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's.luminosos. puede ganar millones (fieticos). pp. num. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna.

ra que el mundo se conduzca dócilmente. Sale tranquilizado respecto de su talen. Y en efecto. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. No por ello dejaba do pensar en él. el jugador se . Julius Segal confiesa curiosamente que. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". en particular. Por lo general. por decirlo así. un riesgo suplementario. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Si hemos de creerle. "Por lina moneda. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. una especie de segundo juego agregado a! primero. honorable si* no es que higiénica. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. Entonl ces juega. to y de sus oportunidades de triunfo.Γ deliciosa. en caso d e depresión. I." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. exterioriza su irritación y lop. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y.ativo accionando el resorte del artefacto.

enerva en vez dc triunfar. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. paciencia. de la ciencia y de la moral. en el caso del señor Segal. el componente terapéutico. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. En lo sucesivo. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. la lealtad. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. se siente cngaflado. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. en pocas palabras haberlo hecho perder. Deja la máquina frus­ trado. en la medida en que obligan más a respetar la regla. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. Sospecho que. m . Li­ teralmente. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. el desinterés. deberá tenerla en cuenta. favorecen el feliz desarrollo del arte. al que presta gran atención. sino amargado c iracundo. destreza o vigor. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. según exi­ jan m is cálculo. En realidad. imaginación. lo hacen fructificar a largo plazo. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. Por el con­ trario. el dominio dc sí. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. más que otros.

lle­ nando las horas libres. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. existen distracciones-trampa que. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. lo que concordaría con otra forma de juego. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. radica entonces en que. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir. cobran aspecto de juegos. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. Tal ve/. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. y accesoriamente de los solitarios. 309 . cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. sino intensidad desplegada libremente. posee una eficacia propia. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. Nombradas entonces n contrasentido.

horóscopos y superstición. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir.f 6 . reducido a la unidad da 6 . serán tomados en cuenta por los interesados. Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento.f 4 -¿. 66 410. como es debido.. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour.1 = 17 = 1 4 7 = 8. Mis mejores deseos. sin embar­ co y de todo corazón. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que. Ko obstante. dada la variedad de esos procedimientos.. Juegos de azar. tal número «Obre tal otro. Pero.Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. si es posible. Por ejemplo. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. Y ahora. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. 93. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente. Aunque no contenga ningún 8. si (por casualidad) ganara. 310 . podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8... la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números. A título dc ejemplo. no le digo "buena suerte".

de hormigas comunes en la India. 101. cit. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. Ahora bien. en cuanto se acerca.En ese terreno.. Morion Wheeler (op. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. ρά· R in a 310). da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. Con frecuencia. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. citadas por W. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. ?. Como los demás. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. como si estuviera seguro de hacerla su presa. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. espera la llegada de una de ellas y. Hypoctinea bl· tuherctdata.

op. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. Las máscaras (Koro. El mecanismo tic la iniciación. Extracto de H. plural. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. 221-222. Jcanmaire.. tanto cabezas de animales. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. el derecho a conocer el misterio. a poncr312 . Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. pp. éstas se apartan un poco del ptilócero. Kora. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. Simbo. cit. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. eso queda "probado por el hecho de que.Jacobson. plural. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. 162. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. un tanto más burdo. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P.

los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. piden conocer las "cosas del Do". En uno. dentro dc su simplici­ dad. Naturalmente. del mismo tamaño. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. dc cierta grandeza.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. los ancianos los rodean. De las exposiciones un tanto confusas. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. Al terminar el día. hucen oír . los usos varían se­ gún las localidades. es decir. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. esperando que caiga la noche.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. lo cual se hace ritualmente. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. Ponen manos a la obra desde la mañana. la revelación del secreto dc las máscaras. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. Por la noche. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. Cuando los 313 .

los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. Cuando se ha cerrado Ja fosa. Al día siguiente. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. salta alrededor de los niños. ésta se pasca. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. no estd en \rida.se han reunido. Después de lo cual. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. De modo simbólico. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . éste la sella golpeándola con la mano. Una máscara llega corrien­ do. fisa es la costumbre. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar.niños . c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua.

P. los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . 164. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. El animal se inmolaba. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria.sudanesas]. com­ parado por H. el lugar ue reunión era un claro en la selva. a los niños c incluso a la gente joven. hoy por hoy en decadencia. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. instrumentos dc Jos Antiguos. Además de la cerveza. éstos se celebraban cada siete años. IV. Labouret). los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. Cremer y publicados por H. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. y el anuncio producía una efervescencia en el país. La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. t. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba.

al fondo de la cual se agazapaba la máscara. I-a dan/a continuaba tres días seguidos.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. banquetes y palabrería. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. T. Al pie del árbol se había hccho una fosa. El día señalado. Luego de abandonar la fosa. El enmascarado se ponía a bailar. cuyo tamaño no dejaba de crecer. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). iba creciendo poco a poco. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. de espaldas. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco.f negro que cubría una piel humana. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. en cuanto el enmasca rado. con el rostro vuelto hacia el interior. Por lo demás. ΛΙ cabo de siete días. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. em­ pezaba la parte importante del misterio. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. pequenUo en un principio. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . el que se volvía se condenaba a muerte. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer.

Frobcnius. Para rendir homenaje en común a un cantante . En los suburbios de Buenos Aires. carbonizado en un accidente de aviación. AZAR P. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino.cían. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. en 1926. Un ejemplo: el culto de James Dean. fuera en el círculo de los ancianos. en caso negativo. Atlantis. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. 205. pp. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. en 1939. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. numerosas víctimas pere­ cían. t. al cabo de aquel triduum. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. VII. (Según K. Dämonen des Sü­ den. durante aquellos días. Ä9 ss. De todos modas.). fuera entre la ma^a de la población. a fin de m orir como él. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. 1924.

pretende que. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. desfigura­ do.lames Dean. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres. Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. en la que trabajaba . se ha conmovido ante el fenómeno. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. sé que no estás m u e rto . la empresa cinematográfica Warner Brothers. Escribe. dice. En uno de los cotidianos más importantes de París. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. el actor hubo de retirarse del mundo. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. No hay ciudad de Estados Unidos 318 .. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean.de su gusto. "Algunos psicoanalistas". recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas./'. un historiador enterado. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón.

la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. 319 . Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. Por cincuenta. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. ts s Stars. 119-131: "Ix cas James Denn'*. pp. y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. 1957. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto." Γ. Tras la muerte del héroe. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. 213. volcando 1 Pierre Gaxoto. Terminada la gira. El episodio en sí os insignificante y N futuro.. maltratando a los transeúntes. U Figaro. Paris." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. uno podía sentarse unos segundos al volante.

Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. finalmente. De manera 320 .autos. el hecho en sí no es nuevo. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. los educadores. Por lo demás. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. Casi linchados. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. Los pedagogos. Sin embargo. rompiendo aparadores y. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno.

sin ninguna palabra com prensible.. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. se abruman a golpes sin un grito. centenares y.e so s ociosos. François-Régis Bastide ya ha escrito: . gruñen y se injurian apretando los dientes.. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. se amontonan. se estaría tranquilo. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo.m divier­ í ten. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas.. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. se aglutinan corno pingüinos. No . presas del terror de la soledad se reúnen. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . Son. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia. en toda la acepción trágica de la expresión. decenas.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible.inexplicable. No sc conocen entre sí. ‘rebeldes sin causa'. esta trifulca y. "Para el extranjero. miles de muchachos están alii. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. nada tienen en común. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. cl lunes.. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. aparte de su edad.

. . en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. hijos de obreros o empleados comunes.vo en la vida*. el cxccso de dificultades por 'subir'.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. en su mayoría son. En ambos casos. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. Como aprendices o dependientes de almacén. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. la certeza de un porvenir asegurado./’ Uva Freden. bajo otros cie­ los. En cambio. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. (Le Monde. provoca la desesperación.los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. en Suecia. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . Esc bienestar relativo y. 5 de enero de 1957. como aquéllos.

cap. al desenmascararse. Bibliothè­ que de la Pléiade. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. Finalmente tiraron aquellas máscaras. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. Mémoires de Saint-Simon. da lugar. de pronto. enteramente distinto. cuando debajo estaba el verdadero. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. de suerte que. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. teniente general. y Wartigny. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. que se llevaban bajo otras máscaras. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. pp. grande fue la diversión con esa broma. como yo. 323 . El invierno anterior. Favorece agradables equívocos. la máscara es una diver­ sión dc la corte. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. dos hombres de gran valía. se quiso continuar con la diversión. 414-415. Pero sigue siendo Inquietante y. al natural.En Francia. y la tensión no podía suprimirse. pero el colorete se bo­ rraba al punto. fueron muertos frente a Verue. en extremo y en reiteradas ocasiones. El invierno siguiente. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. 1949. t. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. maris­ cal dc campo. dc aquella ex­ traña singularidad. dc manera más desconcertante. XXIV (1704). II. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. pero enteramente sin­ gulares. y estado sorprendida. hacia 1700.

París. a su antojo. hombres y mujeres. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. Era obligatoria para los nobles. La mayoría de las veces es de color escarlata. en los lugares pú­ blicos. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. Todos la llevaban en Venecia. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. p. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. una vez dentro de la sala. empezando por cl dux. la conservaban o se la quitaban. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. la ley prohibe a los nobles ponérselo. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. El origen de esc nombre es el grito de: bau. Cuan­ do. según Giovanni Comisso. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. 37. 1944. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . En principio. En los teatros. Λ continua­ ción. por razones de Estado. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad.En el siglo χνπ ι. bau con el cual se asusta a los niños.

Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. 133. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. estaban: los gnaghc. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. los tati. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. p. capitulo XI. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. dc cambiar dc identidad. 1900. Mémoires. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. (Comisco. vestidos dc andrajos. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos.). tomo V. op. dc escapar dc sí mismos. de disfrazar­ se. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. los berrwrdoni. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. en una palabra. hora« bres vestidos o no dc mujeres. Prefacio de Gustave Coquiot. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. nota 1. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara.. los pitocchi. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. de dejar de ser lo que son. cil. 325 . también sobre las máscaras.

y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. sardónica y macabra. a qué olvido de sí mismos. como los fantasmas. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. bajo la pelambre de las falsas barbas. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. no se ve su rostro. La máscara es el rostro turbado y perturbador . qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. qué esperanzas. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. que codicias. llena con sus tropeles. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina. Como los fantasmas. qué apetitos. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles.

quien sabe. 3-6. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. es la sonrisa de la mentira. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. pp. pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y. es el lujo condimentado con el miedo.) 327 . con sus rostros solicitantes y terribles. Masques. tal vez en la prefectura. pues. (Histoires de. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. de la mujer de la vida alegre y del aparecido.de! desconocido. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando.

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.......... .... b) De la turbulencia a la regla . . . ...... .. La teoría am pliada de los juegos ... ... 3... 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales .. Conjunciones fundam entales . 2....ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I. ...... Definición del ju e g o .. .... .. ... Conjunciones contingentes . 125 127 128 129 329 .... . ......... La corrupción de los juegos ....27 II.. III... 106 . Conjunciones prohibidas..... V... TV. S ik íl n im P arte VI.. . La vocación social de los juegos ...... .. .... P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s ....... 1... Clasificación de los juegos..

...... 185 c) La delegación. Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .......... La im portancia de los juegos de azar 239 II... 266 1.... .... ........ 228 Los dioses que p aro d ia n .................. 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s ................. ................... ...............221 El c irc o ...... ... 230 Co m plem entos I... 138 1> La m áscara y el trance ..... . .... . 216 La m áscara y el uniform e ..... .. .................... ....169 b) E l m érito y la su erte ..... ..281 330 .........VII......... ...... . Análisis m atem áticos.................................. ...... Análisis psicopedagógicos ........... ............... 201 IX.. .................. ) 146 VIII....... La com petencia y el azar . El simulacro y el vértigo ........... 166 a) T ransición........ De la pedagogía a las m atem áticas . .... 217 La feria a m b u la n te ........................... ............ 268 2.....227 El trapecio.. .....

.... .. La com petencia y el azar ......................... V III....... . 293 IV..........322 331 ..... .... ..... ........... 310 312 317 VII..... El sim ulacro y el vértigo ....... C la siíic a c ió n ...... La corrupción de los juegos .... IX.. ....... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno . .... ..E x p e d ie n t e II....

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F. 09070 México. .E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da. A-. Av. En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. D. 9:10 y B:9 punta*. S. Arto de Juárez 226-C.

C o re: Historia y enajenación R. F. C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. A. B erendt: Et jazz J. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T.H. T. J. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . S. Fanon : Los condenados de ta tierra F. Wright: Para comprender el teatro actual R. B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. E. H ughes y D. M yrdal : El Estada del futuro G.ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. B a rre : F. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. Shaplcy: De estrellas y hombres F. E . L u a rd : La China popular y su economía E.t desarrollo económico J. L.

Dobb: Introducción a la economía G. H.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. Castellanos: ButúnCanán G. Shackle: Para comprender ta economía . Rostand: El hombre y la vida R. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. de BablnJ: ¡. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J. L. van Doren : La profesión de Don Quijote G. S. D. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. Cole : La organización política K.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R.

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