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Roger Caillois, Los Juegos y Los Hombres.

Roger Caillois, Los Juegos y Los Hombres.

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R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
Im p * * * , cn M / v ic o

IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

la palabra Juego. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. la m anera de un intérprete. com pleta en un principio e inm utable.a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. p o r o tra parte. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. se transform an sin cesar. de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . De la m ism a m anera. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual.la ac­ tividad especifica que nom bra. Asf. Esa idea de totalidad cerrada. designa. no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. sino tam bién la totalidad de las figuras. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. no sólo . Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so.propio. m úsico o com ediante. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas.

o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. al punto. com o m ostrar su juego o. a la inversa. o tras más. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. la vida. un elem ento favorable o m iserable.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. en . que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. ung. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. Una vez m ás. de libertad y de invención^ En un registro vecino. La idea de riesgo viene. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. la carrera. jugar en grattde. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do. jugarse el resto.

esas convenciones son a rb itrarias. en fin.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. la voluntad de respe­ tarla.. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. Ahora bien. es decir. de com ún acuerdo. lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. toda treta o respuesta prohibida. sin p oder haccr nada al res­ pecto. É stas de­ finen lo que es o no es juego. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. E sta vez. im perativas e inapelables. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. No pueden violarse con ningún pretexto. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. Todo juego es un sistem a d e reglas. A la ve/.

en el in terio r de ese juego. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. que ins­ tauran un orden estable. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. pues la m áquina parecería desbocada. no el juego m ism o. enteram ente exacto. una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente. esc . cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. Juego significa enton* ces libertad. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. in­ terviene un juego de o tra especie. de facilidad de movim iento. el segundo es elasticidad y margen de movimiento.voluntarias y aceptadas de buen grado. pero ño excesiva. Por o tra parte. ese juego no debe s e r exagerado. el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. Pero. Así. una libertad útil. que le da vida. Por lo dem ás.

O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. Esas estructu. to s senüdospim plican ideas de totalidad. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación. Allí son moneda corriente la violencia y la traición. E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. com pleja c innom brable. esos distini. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* .arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. Sin em bargo el juego^significa. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. de re­ gla y de libertad.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. En genera!. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos.

es de­ cir. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. la argum enta­ ción de un Huizinga. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad.do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. y en las m ism as condicio­ nes. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. tablero para dam as o tablero de ajedrez). el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. pista o arena. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria. la precisión. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. reducida a lo esencial. lisa es. que juega correctam ente el juego. a los partidos opuestos. que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. El equipo gober­ nante. p o r fin. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . la pureza y la im parcialidad de un juego. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social.

escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. las hacen parecer naturales. E n lo sucesivo. P or o tra parte. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. No ocurre o tra cosa en el terren o estético. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. En pintura. A falta de lo cual. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. la coreografía o el teatro . igual que en el juego. Sin em bargo. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . de encontrarlas extrañas o m olestas. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. al final. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. y cualquier o tra imposición. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. Al hacerlo. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. las leyes de la arm onía. que a la vez guían y lim itan al creador. En música. unidad o canon en la escultu­ ra. Son com o las reglas del juego al que él juega. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. Engendran hábitos que. cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones.form as legales.

pero regulado. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. En épocas de guerra llam ada cortés. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. sino que suele serlo de la violencia regulada. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. a las ciudades abiertas. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra. dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. tiránico. hasta la es­ trategia es convencional.. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. que se apoya 16 . M ediante esos pocos ejem plos. Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización.

más flexible y más resistente. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso.en un sistem a coherente y equilibrado.. H acen el cuerpo más vigoroso. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. el tacto m ás sutil. res­ petada voluntariam ente p o r todos. de cálculo. en que. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. la regla no favorece ni lesiona a nadie. que se b o rra p o r sí mism a. y siem pre revocable. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. son ejercicio y entrenam iento. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. . Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. Los juegos de fuerza. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. tienen al menos valor d e modelo. la vista más penetrante. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades. Por el cam ino del placer o de la obstinación. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. de habilidad. El juego inspira o confirm a ese equilibrio.

Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. nada está perdido y. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. antes que recri­ m inar o desalentarse. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. El juego no prepara para ningún oficio definido. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. Quien se enoja o se queja se desacredita. En efecto. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. de una m a­ nera general introduce en la vida. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso. o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. la mala suerte o la fatalidad. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. El juego ciertam ente supone la voluntad de p.

su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. que a su vez es juego y juego superior. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. Por o tra parte. nada com o el juego exige tanta atención. No obstante. En cierto sentido. su m ejo r afán. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. que lo deja sin energía ni resorte. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. al ech ar los dados o al voltear un naipe. Sin duda. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. consum ada la hazaña. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. anuncio éste que pone fin a la 19 . tal dom inio es m ás fácil en el juego. la suerte Im­ placable c im prescriptible. una vez rebasada la cima. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables.

que hacen retroceder la tacañería. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. más im por­ tante que lu que está en juego. en cualquier caso. como dice P latón hablando de o tra apuesta.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. la codicia y el odio. como si Dios no existiera. un herm oso riesgo que rale la pena correr. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. Tal vez de m anera paradójica. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. con ese desapego. es llevar a cabo o b ra de civilización. E xperim entar placer con el pá­ nico. tener a la vista la imagen de la perdida. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. El juego no es una escuela menos ruda. C onsiderar la realidad como un juego. es la ley del juego. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o.

el juego escoge sus di­ ficultades. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. a expensas del conteni­ do. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. p o r el pundonor o p o r la casuística. p ero un obstáculo arb itrario . respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. aceptado por él. Quien tiene ham bre no juega. p o r decirlo así. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. hecho a la m edida del ju g ad o r y. Además. E n segundo lugar. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. 21 . En pocas palabras. Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. Por o tra parte. Finalm ente. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. las irrealiza. casi fic­ ticio. De habi­ tuarse a ella. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. las aísla de su contexto y. la realidad no tiene esas de­ licadezas. En cambio. transfor­ m an el m undo.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. el juego queda a m erced del aburrim iento. en m ayor o m enor m edida.

sin ella. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad. Secundum Secundatum .En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego. Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y.

PRIMERA PARTE .

.

Por una parte. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. dándolas p o r sentadas. retom ó y desarrolló sus tesis.I I. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. 27 . no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. En H om o ludens. p o r o tra. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. esta obra. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. En todo caso. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. p o r su naturaleza. Johan H uizinga. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero.

pp. en su aspecto formal. del FCE. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. que el juego. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente.1 1 Homo ludenx. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. a pesar de todo. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. México. trad. puede absorber por completo al jugador. por tanto. \W . podemos decir. según reglas absolutamente obligalonjA. peiO que. En la página 53 se encuentra otra definición. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. aunque libremente aceptadas. 31-32." 28 .

La ac­ tividad de juego lo expone. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. los casii nos. es decir. los garitos. En cambio. el disfraz. lo gama. Sin duda el secreto. cuando el secreto. se p restan a una actividad de juego. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. en cier­ to modo. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. lo publica y. es decir. en fin.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. -|T>ara bien o para m al. sino una insti­ tución.E sta definición. En pocas palabras. . p o r ejem plo. el m isterio y. ocupan precisam ente un . la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. En segundo lugar. las pistas de carreras y las loterías que.

En el m ejo r dc los casos. aunque se considere desdichada. pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. Sin em bargo. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo. es decir. Hay . Aunque casi siem pre es inferior. Pues bien. cierto que en form as infinitam ente variables. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. a causa de los gastos generales.lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. incluso en su form a dc juego p o r dinero. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. es preciso distinguir. Ciertam ente re-. Además. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. En* algunas de sus manifestaciones. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. Pero tam poco es inexplicable. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. el único que no puede tom ar placer en el juego.

ninguna obra. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. es a algún o tra juego. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. y deben pensar en la prim a. en la pista. los boxeadores. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local. En cuan­ to a los profesionales. de habilidad y con frecuencia dc dinero. como fuente dc alegría y de diversión. sino hom bres dc oficio.desplazam iento de propiedad. p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. Aún más. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. los ciclis­ tas. crear Tiinguna riqueza. ni objeto mamifacluracjp. ni o b f t m aestra. la even­ tualidad dc esa transferencia. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. pero no produc­ ción dc bioics. d e Inge­ nio. está claro que en ello no son jugadores. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. Cuando juegan. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . en el hipó­ drom o o en las tablas. en el salario o en la rem uneración. Por o tra parte. O bligatorio o simplemente recom endado. Æn^cfccto._c&_ca· racterfstico del juego no. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan.

cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. ora da lugar a un castigo. ora descalifica. i Hay un espacio para el juego: según los casos.’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. p o r acci­ dente o por necesidad.se entrega a él espontáneam ente. la arena. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. el cuadrilá­ tero. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro . enviar la pelota más allá dul terreno. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. es decir. la liza. la rayuela. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. etc. Parts. p ara apartarse d e la vida corriente. de buen grado y p o r su gusto. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. el estadio. el silcucio. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. P o r lo dem ás y sobre todo. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. 1943. el recogi­ miento. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. S alir del recinto p o r erro r. la escena. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. II.” En efecto. 21. p. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. la pista. 32 .

Si es posible. su duración se fija de antem aao. "tiem po". p o r ejem plo. 33 . Sus argum entos son irre­ futables. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo. el tram poso cuando menos finge respetarlas. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. se pro­ longa. el terreno del Juego es asi un universo reservado. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . arb itra ria s e irrecusables. Desde ese punto de vista. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. su naturaleza puram ente conven­ cional. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen.cucncia. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. Además. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. como en los juegos de niños). Quien no las acepta con ese carác­ ter. p o r reglas pre­ cisas.

dem asiado entrenado o dem asiado hábil. en una partid a de nai­ pes. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. A decir verdad. en el ajedrez.o c infalible­ mente. Es adem ás una actividad incierta. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. gana sin esfucr/. el resultado ya no es dudoso. E sa libertad del jugador. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. en la ruleta. En una prueba deportiva. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. el juego es una actividad libre. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas.^ ó l o se juega si se quiere. Un desarrollo conocido de antem ano. En esc sentido. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. El juego consiste en la necesidad de encontrar. igualm ente es la que da ra34 . en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. ya no divierte a quien. d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. En la lotería.

Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. p o r ejem plo una m áquina. se ve separado de la vida corriente. al polo o al bacará. al avión y. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. p ara jugar a las muñecas. P o r el contrario. Esa conciencia de la irreali­ 35 . a policías y ladrones. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. Por eso se juega en serio al ajedrez. en general. a las b arras. no las hay. al caballo. No se hace com o si. debo decir aquí que la ficción. al m arro. o cuando menos no fijas y rígidas. a la locom otora. la regla crea una ficción. al bacará. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. al soldado. De ese modo. al polo. Por sí m ism a. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. Quien juega al ajedrez. sim ple mímica. Muchos juegos no im plican reglas.

Antes bien. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. los juegos no son reglam entados y ficticios. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. si le parece p arte de la vida corriente. a fin de im itar a las personas m a­ yores. un ver­ dadero caballo. que denunciaba lo absurdo de las reglas. algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. D estinada a p recisar la naturaleza. jugar a "ju g ar al ajedrez". un verdadero p irata. Podemos concebir fácil­ mente que. p o r ejem ­ plo. Así. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. el máximo com ún denom inador de todos los juegos. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido.dad fundam ental del com portam iento adoptado . La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos. es decir. y encuentren divertido. un verdadero subm arino. o. o están reglam entados o son ficti­ cios. a la chiquilla.

el cornc:a y el trom po. los acertijos. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. 5* Reglamentada. el tiovivo. En particular. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. p o r ejem plo. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes.pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. ni riqueza. som etida a convenciones que 37 . los solitarios y los cru­ cigram as. A ellos habrá que volver. No obstante. Por el m om ento. y. y el de la mímica y la interpretación.

suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. Sin em bargo. que es la única que cuenta. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. 38 . Esas diversas cualidades son puram ente for­ males. no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. esta vez. se esforzará p o r tener en cuenta.

la cualidad principal que exige. en un tercero. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. en el último. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. a decir verdad. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. finalm ente. al comienzo.II. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida. En efecto. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. e n otro. Además. Además. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. En un m ism o lugar. el lugar en que su disputa la prueba. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po.

quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad.y el diábolo son diversiones al aire libre. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. En cam bio el boxeador. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. el corredor. sólo espera la decisión dc la suerte. ora intelectuales. Así. No hace nada. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. Sobre todo. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. 40 . el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. sea en la ruleta o el bacará. P o r o tra p arle. m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. Por lo general. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. S in em bargo. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. Por una vez.

en los juegos considerados. Sin em bargo. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. Pero. del azar. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. del sim ulacro o del vértigo. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den. Lo distribuyen en cuadrantes. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. de acuerdo con una progresión com para­ ble. d entro de esos sectores. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. Así. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. M im icry e llinx. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. Casi p o r com pleto. de turbulencia. pero no por todos. Alea. a las canicas o al ajedrez (agón). opuesta p o r algunos conceptos. En el extrem o opuesto. Las llamo respectivam ente Agon. predom ine el papel de la com pe­ tencia. en lodo caso.

Por lo dem ás. enteram ente desprovista de sen­ tido. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. m e he esforzado por 42 . Pero. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones.significativo y m ás am plio posible. cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. Con la m ism a intención. de habilidad o de ingenio. de paciencia. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . im perativos y mo­ lestos a propósito. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos.prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas.

siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. habilidad. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. ΛΙ hacerlo. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. busque en el inundo anim al conductas homólogas. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. e tc . es decir. resis­ tencia. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. vigor.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. Por tanto. Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. En el in terio r de cada cla­ se. adem ás. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. a) Categorías fundamentales Agon. ingenio. fútbol. esgri· 43 . tenis. cada vez que pude. m em oria. box.

). en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. en los juegos de nuja. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . como en las dam as o el ajedrez. com petencias de tiro. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. etc. de un caballo o de una to rre). En ocasiones. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios.ma. es de­ cir. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. Asimismo. el billar. etc. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. de a tle ­ tismo. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes. son ejem plos per­ fectos. en el croquet. E! juego de dam as. se p rep ara una des­ igualdad secundaria.). ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. el ajedrez. el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. de golf. p o r ejem plo. una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 .

o en los lím ites del juego. siendo iguales para todos. . el torneo. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. Deja al com petidor solo con sus recursos. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo. un entrenam ien­ to apropiado. Im plica disciplina y perseverancia. y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. Fuera. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. la exposición. En los encuentros de­ portivos. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. Para cada com petidor. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés.los recursos del jugador. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. constituyen. dado el caso.

los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. las focas jóvenes y los oseznos. com o es de esperar. "un lugar un tanto 46 . El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. testuz contra testuz. Asimisnio. conside­ rando ciertos hechos. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. con la cabeza pacha. si bien está ausente la regla. Escogen un cam po de batalla. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. los ca­ chorros dc perro. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario.En principio. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. No obstante.

de parpadear. 150-151. francesa. de piquetes y de quem adu­ ras*. d e pellizcos. resistirá las cosquillas. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. En ocasiones. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". P o r ello. en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. de­ ja rá de respirar. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. en form a de azotes. como se les h a dado en llam ar.elevado". Gixxtó. 47 . Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. ele. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. esos juegos de ascetism o. trad. sino d em o strar su propia superioridad. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. con el pico al fíente. Pa­ rís. 1902. Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. Entonces.' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. Les jeitx des animaux. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. Sus plum as se erizan. inauguran pruebas severas. lo que está en juego es m ás serio. dice Karl Groos. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. y golpean. en cuanto a los ejem plos anteriores. pp. Se lan­ zan uno contra otro .

sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. la calificación. la paciencia. en oposición exacta al agon. el bacará. Con ello se ap artan un poco del agón. elimi­ na el valor profesional. etc. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. el entre­ nam iento. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. Aquí. p o r consiguiente. etc. el cara o cruz. la habilidad. crucigram as. que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. M ejor dicho.). sin enfrentarse directam ente. Lo tom o aquí para designar. En un instante aniquila los resultados acum ulados. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. la ruleta. problem as de ajedrez.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . la regularidad. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. Es desgracia total o favor absolu­ to. A la inversa de! agón. el alca niega el trabajo. la lotería. alpinism o. donde. sino que . ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador. Es éste el nom bre del juego de dados en latín. Alca.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación.

con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. En éste. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. con el m ás ligero indicio. P o r p arte del jugador. cuanto m enor sea la defen­ . el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . muy por el contrario. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. ab o lir las superioridades na* 49 . sa del jugador. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. el alea una renuncia dc la volun· tad. con cada singularidad que capta. dc disciplina y dc fatigas. Parece una insolente y soberana burla al m érito.V p o r consiguiente. con todo. En general. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. cuenta con todo. salvo consigo mismo. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. en un juego com o el póquer. En un juego como el bridge. en el alea.

nada tiene que ver con el favor de la suerte. 50 . Por considerables que se supongan. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. principalm ente. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. de acuerdo con las peripecias del agon.1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. F. los ani* Por ejemplo. En cam bio. otorgada a) mérito. K. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. Incluso es lo contrario. Recompensan una victoria disputada con pasión. Groos. corredoics. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. es decir. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca.sa recompensa. boxeadores. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. en las peleas de gallos. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte.

E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. É stos no logran hacerle estrem ecerse. precisam ente. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. sea alea. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. ju g a r es actuar. todo en clin es confuso en un principio. Sea tigon. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. P or o tra parte. Sin em bargo. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. tanto las oportunidades com o los m éritos. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 .m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. pues nada en la vida es claro sirio que. Para ¿1.

disfra/a. M im icry. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). F. en la o tra escala. Que es a lo que responde la m i­ micry. sobre todo de los insectos. fic­ ticio. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro .l juego puede consistir. del im pulso que las suscita. El sujeto olvida. casi orgánica. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. F. sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. cuando menos de un universo cerrado. pero no es me· 52 . convencional y. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. en ciertos aspectos. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. De uno u o tro modo.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o.

versátil. de m anera m ás p articu lar en el insecto. en disim ularse. Sólo que. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 . las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. en ponerse una m áscara. me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. que sobre todo acaba en una obra exterior. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. corresponde en el anim al y.1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo. en representar [jouer] a un personaje.nos elaborado. Wl143. com plejo y sorprendente. 193Ä. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . Así. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. Mythe ct VHomme. París. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. Por poco que se adm ita esa hipótesis. a una conducta libre del hom bre. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. a rb itra ria e im perfecta. En efec­ to. pp. en esta ocasión.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. Por desgracia. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. en vez de ser un accesorio fabricado. una m odificación orgánica.

En cu an to a los cangrejos oxirincos. lo más caprichosa. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. Entre las aves. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro. 291K 54 . casi irresistible. de la carrera. Sin ruibarbo. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. se­ m ejante al contagio del bostezo. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. y huye de todo objeto que se acerca". sigue el paso del hom bre. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. del perro o del caballo que ve alejarse. Reproduz­ co algunos . sin reconocerla. q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger.E ntre los vertebrados. sino como lo propongo aquí. y en cam bio. H udson creyó p oder afirm ar que. de la claudicación. esporádicam ente.n efecto.de ellos en el "Expediente". F. según los casos. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. ni final de este volumen (p.

antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. Pero. La niña juega a la m am á. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. enm ascarados o disfrazados. realistas y <*orné*tlcas. agente de policía. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. m osquetero. el niño finge ser soldado. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. 55 . los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. Finalm ente. los ap aratos. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. En el carnaval. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. m arciano. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. vaquero. a la lavandera y a la planchadora. a la cocinera.4 etc. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. com o se tra ta de un jue­ go. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. En el niño. pirata.

Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry.ro torero. se excluye el sim u­ lacro. que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . Sólo que es un espectáculo en que. sino claram ente los asistentes. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. Como actividad. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. ni tam poco un verdadero piel roja. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. Por sí sola. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. Para quienes no participan en él. imaginación c interpretación. pero ellos no juegan. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. para que sea válido. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. todo agon es un espectáculo. el espectador en el héroe de la película. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea.

Los cam peones. triunfa' dores del agon. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. adem ás del espectáculo. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. convención. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. A dccir verdad. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. p ara ayudarlos. En esas condicio­ nes. En cam bio. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras.m anera m ás explícita. inauguración solem ne. la carrera ciclista. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. en el hipódrom o. el de los caballos de su elección. el p artido de fútbol. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. de tenis o de polo. suspensión de la realidad. En una palara. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista. pero aparecen con las características exteriores de una representación. es­ e 57 . la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. el encuentro de boxeo o de lucha. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. constituyen en sí espectáculos con trajes. Con excepción de una sola. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos.

se trata de alcanzar una especie de espasm o. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. el artificio al que se le invita a d a r crédito. Ko obstante. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. Ilinx. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. como a una reali­ dad más real que la realidad. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 . consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad.pació y licm po delim itados. la m áscara. consiste en fascinar al espectador. du­ rante un tiem po determ inado.s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. F. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. se vinculan a ciertos juegos infantiles. para el espectador. La m i­ m icry es invención incesante. m ediante la técnica em pleada. Los escojo a propósito. La regla del juego es única: para el actor. En cualquier caso. pues los prim eros. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella.

de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. Ethnos. Les Confréries rclizicusts musulmanes. vol. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". 59 . que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. Luego. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. 179-192. de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. describiendo una espiral que va ensanchándose. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. 327334. pp. julio dc 1937. II. y en Guy Slrcsscr-Pean. Ar^el. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. al que acom pañan aves. p. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. Antes de llegar al suelo. Depont y X. 188?. dan varias vueltas com­ pletas. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. En el “Expediente'·. num. 298. G irando '· O. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. La cerem o­ nia. 1947.0 En México." Por lo demás. pp. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. 156*159. Paris. m uertos divinizados.de vértigo. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente. 329-339. Coppolani. pp. trece según Torquem ada. 4.

la rotación rápida. se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. resbalar por el tobogán. si se eleva lo bastante. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. extendiendo los brazos. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. frente a frente. procuran sensa­ ciones análogas. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. dos niños se tom an de las m anos.rápidam ente sobre sí m ism o. E ntre los niños. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. el sube y baja. G ritar a voz en cuello. la caída o la proyección en el espacio. el tiovivo. el deslizam ien­ to. precipitarse p o r una pen­ diente. en el juego haitiano del ntaiz de oro. de­ prendas y del salto de rana. la velocidad. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. En· 60 . De una m anera análoga. los pies ju n to s y encontrados. Paralelam ente. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. existe uu vértigo de orden m oral. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s.

E se placer tam poco es privilegio del hom bre. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola.1 tre los adultos. hasta caer. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. op. Por lo dem ás. en p articu lar de las ove­ jas. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. Los antílopes. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica.1 Las ratas dc TKarl Groo*. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. Antes que nada. ni tam poco al m enor asomo de peligro. O tras veces. R 61 . de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos). nom bre griego del rem olino de agua. por ejem plo. las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real. ya físico. ya orgánico. propongo el tér­ m ino ilinx. citv p. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. 2Q .

el tiovivo y el colum pio de là infancia. la curva con su peso hasta que se afloja. trepidantes ν convulsas. El caso de las gam uzas es aún más notable. allí. En la época de celo. son am antes de los juegos de vértigo. Pero las aves. dando la im presión de que se estrellarán contra él. Luego vuelven a subir. suben a los nevados y. pp.agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. Según Karl Groos. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals. proyectándolo p o r los aires. m ientras que las dem ás la ven hacer. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. el maíz de o ro . 111. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. sobre todo. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a.. la resbaladilla.1 1 Después de la perinola. 62 . como •Kart Groos. E l gibón escoge una ram a flexible. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. 116. descrito por Audubon. El halcón nocturno de América. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. y de nuevo se dejan caer. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. 265266. ihùf. tom ando cada cual im pulso.

cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. ha habido que inventar m áquinas potentes. Evidentem ente. Devuelven a las personas dem acradas. de los que depende el senti­ do del equilibrio. A decir verdad. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. en m otocicleta o en un au to convertible. del que esperan un goce. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio. Acaban de d a r alaridos de terro r. vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo. P or tanto. es im portante observar que la vio* 63 . Sin em bargo. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. Por o tra parte. F uer/a es decir goce. que se acerca más al espasm o que a la diversión. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos.

ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . en casos extrem os. A p artir de esc m om ento. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. Son ellas las que lo trans­ 64 . de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. En cam bio. forman p arte de su naturaleza. lím ites estrictos e invaria­ bles. Aquí. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. separación del resto de la realidad. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo.

es de­ cir. Kredati designa el juego de los adultos. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. una necesidad de relajam iento. y en general de dis­ tracción y fantasía. en tre otros. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. Además. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. En efec­ to. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. cier­ to peligro de confusión. a la que yo llamo paidia. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. 3 la que propongo llam ar ludus. de los niflos y de los anim ales. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos.

m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. En cam bio. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. los juegos de habili­ dad. de hacer que se derrum be un m onta­ je . 66 . el perro que se sacude. de probar. dc hacer trizas una tela. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. dc asir. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. es decir. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. De la voltereta al garabato. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. La palabra wan es todavía más explícita. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. naturalm ente exce­ siva. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. de la pelotera a la batahola.do con cl viento. de colores o dc ruidos. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. el lactante que ríe a su sonaja. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. una recrea­ ción espontánea y relajada. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. de atrav esar una lila. de sim ulacro y de azar. etc. dc com petencia. si no es que la única razón de ser. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible.

irritán d o se con la lengua una muela enferm a. J. T. se tra ta de afirm arse. o juega a quién m irará el sol. haciendo muecas. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. op. pp.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. Tam bién le gusta que lo asusten. Rom anes. ν reproducida en el "Expediente" <p. Para el niño. cit. p o r ejem plo. com o ya hem os visto. 67 . hacia atrás. De ese modo» K. cerrando los ojos. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. &■ $ $9. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. * Observación citada pur Kart Groos. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. que hace cesar a su antojo. separa­ da y gobernada. de sentirse causa. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. sacando la lengua. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. Asi. cuya causa es el. pero solicitada p o r él. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. 299). busco ora un dolor físico. ora una angustia psíquica.e gusta ju g a r con su propio dolor. y dirigido.. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. convenida. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. pero lim itado. cada vez que éste sim ulaba dorm ir.

y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. los uten­ silios. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. El ludus da ocasión a un entrenam iento. a la cual disciplina y enrique­ ce. escondidillas. a voluntad. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. definida arb itrariam en te. en la adquisición de una m aestría particular. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. que es propiam ente el ludus. a la postre. las técnicas. E sta esfera. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. Pero en cuanto aparecen las convenciones. la gallina ciega. de la m im icry y del ilinx. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te.En general. la perinola. del alea. La diferencia con el agon es que en el ludus. la m uñeca. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana. la resbaladllla. de tal modo. el com eta. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos.

Gracias a él. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. los anagram as. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. 69 . se pueden cita r los juegos del balero.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. dentro de la m isina especie. Les i'eta d'enfants. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. “■Kant había hecho ya esa observación. Asimismo. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. P. 63. 1026. En el aspecto de la habilidad m anual. sin instrum entos. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. del diábolo y del yoyo. Víase Y. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo. los crucigram as. francesa. Paris. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. las diversiones m atem áticas. trad. En fin.fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. Hirn. por ejem plo. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo.

en que el jug ad o r puede. 70 . Por lo dem ás. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. ya como ludus. 300). en m ínim a proporción. véase el •'Expediente** (p. influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. puede c o n ta r con su habilidad o su talento. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. sea el azar el que decida en lo esencial. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. Sin em bargo. así fuese en m ínim a parte.1 1 Asimismo.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. Lo cual no im pide que. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball]. en esos dos ejem plos. É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido. En el caso más simple.

de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. y el ilinx. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. Pero. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. que es arreb ato puro. que es tum ulto y exuberancia. En cam bio. que es cálcu­ lo v com binación. de avión o de barco. así com o no podría haber alianza entre la paidia. hasta 7! . ofreciendo la conjunción esencial. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico. estrem ecim iento inmóvil y mudo. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. com o en el alpinism o y el trapecio. Lejos de com binarse con el ilinx. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. Reducido a sí mismo. o de los modelos a escalo. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. Es entonces escuela del dom inio d e sí. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. y el alea. p ro ­ cura. que es espera pasiva de la decisión de la suerte.gos de ilusión. Por m edio de esa feliz com plicidad. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus.

hay una característica del ludas (explicable. m ediante un juego disputado. A decir verdad. dotado o no de prem io. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. no pierden opor­ tunidad de organizar. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. De esc modo. llegado el caso. que los diarios. etc. a mi m odo de ver. ese ilaccr sin eco. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. Pero siendo m ás cs72 . se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. Em pero. En efecto. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. El yoyo. acertijos. t Por lo dem ás. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. el balero. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. crucigram as.

Cuando le falta éste. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. En efecto. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. En realidad. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. cons­ tituido de nuevo en artesano. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento. para hacerlo. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. en el obrero. a rte por placer. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. el anagram a. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o. el hobby lomaba 73 . la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. E stá com probado que. g ratu ita. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. lo baña una atm ós­ fera de concurso. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. en una palabra. activi­ dad secundaria.table. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes.

es positivo y ί ο cundo. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. la aplicación. De una m anera general. Por esc m otivo. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón. el alca. el pánico o la embriaguez. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. la m i­ m icry o el ilinx pero. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. 74 . disciplinando u la paidia. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. sin el dom inio de sí. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. la fatiga. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás.

la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Ja pacien­ cia y el sueño vano. La reserva de agitación libre que la define en un principio. sino hacia la calm a. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. Tal vez a causa de ese origen. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. el cálculo y di­ ficultad vencida. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. saca a la luz o lro destino de la paidia. al p arecer deriva en esc caso. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. al m ism o tiem po. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. En efecto. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. Pero debe com binarse con 75 . el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. literalm ente " a r­ diente-desorden". En esas con­ diciones.Por lo demás. Según algunos. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. no hacia la proeza. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. orienta naturalm ente la turbulencia. la m editación despreocupada y la contem plación perezosa.

El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. al alea. pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. Asimismo. desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección. a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. D ar preferencia al agon. . sin duda im plícita.

?! e.*. E 1 2 5 H S1 „ ñ § r S| s 3 a gΛ 2 rs ¿s 2 U "Y~ * g. •J a -1 —^ elemento i * -S^s 2.Λ >íl : sil U i i s> ~ c •c •* « ■ . Distribución 1 5 3 3 si ? S <1 s ° ^2 £3 ¿1 Ü J g| i ! % *. i t i «111 iiv e u orden tal que el elemento paidia decrezca constantemente a n u U idíiS crece d manera tam bién contante e e tumo que el n . — c 5 íl!8 •r.S g5 1 ¡^e JO y S-c ü o l§ | 3 | Í 3 £ *M 1 · -S n i· | l a P · .s s | i ñ i. L > t% η V / ii Î^ d los juegos e sw i Ι |5 λ ··§2 3 § i|f s | Cuadro I.c .

com eta. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. Tal vez lo sea. balero o aro . con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. sobre lodo juegos de destreza. dc rapidez. en una palabra. de precisión. incluso. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. de cualquier realización difícil dc igualar. realizando proezas sin preceden­ tes. aunque sea a sus propios ojos. estableciendo m arcas precarias de duración. tal vez invisi­ bles o ausentes. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. yoyo. De m a­ nera general. obtenien­ do gloria. Cierto es que existen algunos juegos. diábolo. dc altu ra. sobrepujando en la dificultad. trom po.III. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. cuan­ do menos virtuales. ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. Los propietarios de los 80 .

la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. en ello consiste lo esencial de su placer. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. luego sujeto entre los dientes. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. con el estilete en toda la m ano. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. Así. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. E stá horadado con m últiples perforaciones. Acaba por p recisar un reglam ento. E ste em prende la m ism a pro­ gresión. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. Con frecuencia. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. En O riente. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. adoptado de común acuerdo. Luego. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo.

En ocasiones. Cuenta un viaje. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. alguna cacería o un cóm bale.m ar ventaja. el jugador mima una aventura o analiza una acción. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. fases del desta­ cado de la presa. enum era las diferente«.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . operación que es monopolio dc tas m ujeres. etcétera. A cada nuevo hoyo. AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero.

el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. sino tam bién los zorros. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. Antes de volver a la lucha. no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. en p rin ­ cipio. .Los pedazos a los perros Los perros com en. Incluso cuando. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. los cangrejos y todo lo que se le ocurre. los cuervos. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. En ese estadio. Y no sólo los perros. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. Por lo general. . como desafio y replica. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. provocación y conta83 . los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. En efecto. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero.

tfio. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. En fin. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío. E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. si no es que en el barullo. Sin em ­ bargo. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. el ilinx su­ ponen. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. incluso en el cine. el alea. la m im icry. p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. Una partid a no soporta sino 84 . Así. no la soledad sino la com pañía. P or o tra parte. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. las diferentes categorías dc juegos. pre­ fieren estar allí. el agon (por definición). en algún salón discreto. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. Pero no. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. efervescencia o tensión com partido. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. Asimismo. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas.

a ve­ ces clandestino. En determ inadas circunstancias. Sin em bargo. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. Para el agón. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. para el alea. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. Entonces.un grupo lim itado de com pañeros. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. asociados o no. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. esa form a socializada es en esencia el deporte. son los casinos. En una palabra. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. p o r su am plitud y su estabilidad. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . los campos de carreras. privado y m arginal.

las artes del espectáculo. 86 Ψ .ciedadcs dc apuestas. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. orientada ya hacia el vertipp. finalm ente. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. de francachela y de júbilo populares. Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. para la m im icry. el carnaval y el baile de disfraces. para el ilinx. de una m anera m ás equivo­ ca. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas.

los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. pista. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. incierta. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. sep arad a. Cierta­ mente. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . Desde ese m om ento.IV. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. 6o. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. libre. Puram ente form ales. . 87 . no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as. 3?. 5= reg lam en tad a. ?. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. 2». q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra . Por necesidad. 41 im p ro d u ctiv a. liza. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. ficticia. é s te ap areció com o una actividad: 1?. estadio o escenario) que les está reserva­ do.

se esfuerza y se em peña. Pero. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. En el agon. en la m im icry. en el ilinx. im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro. finalm ente. dc escapar . satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir. la búsqueda del vértigo (ilinx). la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). ideal. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. en cl juego. en el alta. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente.Además. ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . Tiránica y aprem iante.

Al volverse en absoluto el dominio del instinto. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. lo que era diversión en pasión. El principio del juego se ha corrom pido. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. El caso no es excepcional en absoluto. En el fondo. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. el tram poso perm anece en el universo del juego. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. en obsesión y en causa de angustia. lo que era evasión en obligación. P o r su parte. no hay perversión del ju e ­ go. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las .ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. Es deshonesto. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. T ra­ ta de engañar. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. pero hipócrita. Si bien infringe las reglas. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada.

so viste. recita. lo echan. del boxeo. llena de obstáculos y de problem as. Pero. Para los boxeadores. la representación tea­ tral es un sim ulacro. Si lo descubren. para el profesional del ciclismo. ac­ túa. debe defender sus intereses. Tam bién p ara el actor. La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 .obedezcan.prueba. Son su propio traba­ jo . Asimismo. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. Asimismo. La diferencia sólo los afecta a ellos. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. la. necesarios para su subsistencia. En cuanto se 'term i­ nan. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. del tenis o del fútbol. Hace gestos. el público se precipita a la salida. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. o la »úm icry. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. es devuelto a la realidad. el ago»». los ciclistas o los actores profesionales. una activi­ dad constante y absorbente. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión.

P or lo demás. la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . com o las del ju e­ go. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. sociales o legales que.m ejor porvenir. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. estas im pregnan toda su vida. el velódromo o el cuadrilátero. incesantes c im­ placables. Fuera de la arena. Ahora bien. en cuanto abandona el estadio. H ipócritas. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. la m ás difundida dc todas. En la sociedad encuentra su brutalidad original. en el caso particular. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. Por eso. vuelve asi a la situación de partida. son lím ites y convenciones. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego. Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. Como el com ediante fuera dc escena. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. luego que suena la cam pa­ na. em pieza la verdadera perversión del agon.

El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. Aun siendo in ju sta. cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. En cuanto a los juegos de azar. procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. que conoce en sueños. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . es decir. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. En efecto. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. sin corazón ni m em oria.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. la decisión del árb itro se aprueba por principio. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. Con la superstición nacc la corrupción del alea. Por lo dem ás. En fin. para a p a rta r las influencias nefastas.

la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. Al salir de la cam a. fuerza es confesar que los supera. para Ja m ultitud de sus lectores. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. Las m ás de las veces. Sin em bargo.form a.1 Es significativo que. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. prácticam ente todos. es decir. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. É ste afecta tam bién las gestiones. Más todavía. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. 93 . aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa. Insiste en leerlas. 310). cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. Pero al fin y al cabo las lee.

Con frecuencia. veinte revistas espe­ cializadas. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. En París. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. . videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. Tan sólo p ara la astrología. Al parecer. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. fecha de aparición dc la primera edición. las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. magos y o íro s "fakires". Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos.

Por todos conceptos. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. Y aun así. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego. el atea. M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. sólo se traía de lám inas com unes. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. Antes que obstinarse en una labor ingrata. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. es dccir. En cuanto a la avidez. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. La superstición aparece así como la perversión. La corrup* 95 .

cuando. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. Una vez abandonado el espacio mágico.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. 96 . La precisión de los lim ites im pide la enajenación. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. term inada la fantasm agoría. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. Asimismo. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. lentam ente. Convencido de que es el otro. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. Una vez m ás. aquí el juego protege del peli­ gro. del disfraz y de la m áscara. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad.

casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. El sim ulacro desem peña un papel en ella. allí donde las reglas del juego. al alea o a la m im icry. en cuanto al agon. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. E s sorprendente que. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. ya no tie­ nen vigencia. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora. Pero aun asi 97 i . los espías y los fugitivos. Además. como se ve con los estafadores. En los terrenos de ferias. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. sin conven­ ciones previas c im periosas.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. En cam bio. a la vez liberadoras y aislantes. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. El azar tam poco es contrario a la realidad.

Su acción se limita a su propia duración. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. El vértigo físico. antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. Entonces se pide a las drogas o al 98 . interm itentes. Además. Costosas. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. de velocidad. Por últim o. es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. com plejas y estorbosas. P o r su atm ósfera. perm anecen in­ dependientes del m undo real. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego.llegan a producirse. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. pertenecen ya id universo del juego.

la for- 99 . con cierta necesidad perm anente. Aunque como el vértigo físico. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. esta vez. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado. Así. una horm iga de las m ás com unes. li­ b erar del peso del recuerdo. Sue­ len crear. el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. Pero. no p o r ello su influencia term ina con el acceso. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. Ahora bien. cuando menos la m anía girato ria de los girinos.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. una ansiedad insoportable. IJna vez más. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran.

IX . Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. Sciemia. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. La desgracia * Henri Piéron. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. 199*203. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. m ata a la lochem usa. 100 .* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. O tra especie de horm iga. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. Mal aten ­ didas. pasa a o tra. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". Cuando ha agotado una oruga. 1911. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. I-a form ica fusca que. t. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas.m ica sanguínea. I. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. No obstante. El horm iguero decae y des­ aparece. pp. que no lo tolera. en libertad. m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida.

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

Scgdn é). 1946. y el deoorte. do Carrington Bolton y de tantos otros. Así. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. De improviso.sta tesis es ia más difundida y la más poplar. El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. caprichoso < n c! detalle. de lady Gomme. pp. de Groos. 112*113. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. goza del favor público. 107 . Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo.vado a concluir el lector de H irn.1 Sin em bargo. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. con ayuda de la imaginación. hace de ella un resumen gráfico. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". en 1938 Hui/. los hombres habrían "imi. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. del desape1F. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. El juego es libertad e invención. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. siendo jxer* C seguido por su competidor. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. Sort* Ponx'üiri." Jean Giraudoux.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. del respeto a la regla. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. Son trib u tarias del espíritu de investigación.

Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. Estim ula el ingenio. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. El espíritu de juego es 108 . las de la puesta en escena y de la liturgia. habiendo perdido su seriedad. el determ inism o. En el otro. Al mismo tiem po. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. las reglas del derecho. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente. En un caso. a concebir una eco­ nomía. "¿H abrá salido todo del juego?". Sin em bargo. las <Ie la prosodia. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. sea para articu larlas una a o tra. del contrapunto y de la perspectiva. En ciertos aspectos. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. sea para decidir en tre ellas. el refinam iento y la invención. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas.go que crea y que m antiene. a establecer una equidad. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. P o r el ca­ m ino del juego. Apren­ de a co n stru ir un orden. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. las de la táctica mi­ litar. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens.

tal como la define precisam ente Iluizinga. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar.esencial p ara la cultura. aislándo­ lo. E s tiem po d e d a r ejem plos. pero. pero no su naturaleza. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. juegos y juguetes son residuos de ella. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. ciertam ente no eran juegos en absoluto. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. En ella ya sólo se les tolera. en el transcurso de la historia. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. Su función social ha cam biado. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . Entonces. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. laicas o sa­ gradas. privados de sentido en aquella en que se les introduce.

antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. El difunto se juega la suerte en 110 . En el Egipto dc los faraones. En el juego del pillapilla. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. En Nueva Guinea. fi­ nalm ente. que preside. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo.correspondían. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. En Corea. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos. Osiris. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. Por encima del jugador. a m anera de telégrafo rudi­ m entario.

de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. En prim avera. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. y a K rishna. A decir verdad. se mece solem nem ente a K am a. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. dios del am or. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. En Ingla· 111 . Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. p atrón de los rebaños. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. de la destreza o de la gracia. En la India védica. la liturgia de una cerem onia piadosa. De m anera general. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. Dedicados a una divinidad. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente.

No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. una p u ra y simple ilusión de óptica. una vez m As. Jefiny Jones u O ld Rogers. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. de diversos tabúes. Le Pont du Nord. Por ejem plo. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. (La to rre en g u ard ia). que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. Por su parte. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. La T our prends garde. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. P o r lo cual. . Λ fin de cuentas. para acab ar pron­ to. Lo m ism o. en la G ran B retaña. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. Sabem os que an tañ o al­ deas. en Francia. difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. (Los caballeros al acecho).terra.

Las kachinas son sem idivinidades. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. con rifles de aire com prim ido. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. con subm arinos y con aviones en m iniatura. con hondas y con cerbatanas im provisados. Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. Del mismo modo. en los países católicos. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. los niños juegan com únm ente a la misa. Sus padres los dejan ha­ cer. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. En cam bio. los niños fabrican de 113 . Tam bién juegan con tanques. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos.E s muy cierto que cl arco. a la confirm ación. En el Africa negra. al m a­ trim onio y al entierro. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes.

De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. en vaquero. antes bien. En una palabra. en cobrador de autobús. en agente de policía. en m arino. perm iten al niño transform arse en oficial. Les gusta com portarse como adultos. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. sím bolos y rituales de la vida religiosa. ¿Cómo 114 . Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario.m anera análoga m áscaras y rombos. por poco im presionante o solem ne que sea. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. en todas las latitudes. Asi. en aviador. presencia sim ultánea de dos registros distintos. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. ser una madre. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. en jockey.

Cierto es que se puede m orir en un torneo. pero sólo por accidente. como en una carrera autom ovi­ lística. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que. pero no la especulación. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. pues el torneo está más reglam en­ tado. Según la5 épocas. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. en ella m ueren pocos o muchos. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. se presenta como una actividad paralela o independiente. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. Antes que nada. Asimismo. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. en un caso. la rufeta es un juego.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. Además. 115 . más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. cuando ella m ism a es caduca. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. el torneo es un juego. en el otro . pero no la guerra.

En efec­ to. Pues bien. q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos.Asi. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. de un ins- . y sobre todo en los juegos infantiles. de m anera constante y dondequiera. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. variados y en ocasiones peligrosos. todos las distinguen al punió d e éstas. Sin em bargo. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. pues se les siente como tales. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos. el juego perm anece separado. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/.

las reglas de la estrategia. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. por el contrario. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . En todo caso. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. se presenta com o muy vano. en una palabra. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones. cuando no pretenden ser exclusivas. e igualm ente fecundas. el problem a de sab er quién precedió a quién. A fin de cuentas. las costum bres y las litur­ gias o. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. No obstante. En cam bio. el juego o la estru ctu ra seria. la liturgia. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura. com o de caram bola. Explicar los juegos a p artir de las leyes. explicar 5a ju rispruden­ cia. se ejercen en terrenos incompatibles. prom ovidas. aprem iantes e irrem plaçables. constituidas en estru c­ turas im periosas. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. son operaciones com plem entarias. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. Con frecuencia.

Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. la suerte o la superiori­ 118 . Cierto es que. lo que era institución sin duda puede verse degradado. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. En o tras palabras. con el tiem po. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada.una cultura. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. Los resortes coinciden. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. Poco a poco. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. Desde ese punto de vista. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. gracias a un con­ curso o a un examen.

Para bien o para mal. de equi­ librio y ilc ingenio. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. Bl de tener o infundir miedo. posee una fecundidad natural. El gusto por el desafio. su acción nun­ ca es aislada ni soberana. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . de destreza. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. dtí resistencia. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. la alegría do improvisar. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. la búsqueda de los favores del des­ tino. por el contrario. El intento de elucidar un misterio o un enigma. Sin em bargo. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. 119 .dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. de rapidez. La espera. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor.

se confia en el cálculo o en la inspiración.. Pero en ellos no son dc igual necesidad. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito.Finalmente. Asi. Según los casos. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. cl embotamiento y la embriague/. no tienen relación con 120 . a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. Allí donde se favorece a algunos. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. se ex­ cluyen el uno al otro. Así. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. En gran p arte. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí. Además. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. Estos. se estim a la violencia o la di­ plomacia. se obedece al legisla o se escucha al furioso. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras.

antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. En efec­ to. cuáles los confirm an y los fortalecen y. en cam bio. De todos modos. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. Para to m ar un ejem­ plo. en la sociedad considerada. pero que no deja de seducir al adulto 121 . com pensacio­ nes o válvulas de escape. en la Grecia clásica. en algunos E stados m odernos. en principio. es claro que. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. por el contrario. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. cuáles los con­ tradicen. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas. y tal vez indispen­ sable. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. en la m edida en que. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. Sobre todo. precisam ente. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. los ridiculizan y representan de esc modo.

Asi. En otras. explican. palabras. de destreza. Λ1 m ism o tiem po. Con frecuencia le inte­ resa más. no sólo em prendo una sociología de los juegos. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. . Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. el estilo y Jos valores de cada sociedad. he debido com probar que. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. al abrigo de loda consecuencia fatal. su posibilidad de éxito. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. se­ gún creo. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. Esa libertad.con o tras form as. de inteligencia o de aten­ ción.

— SEGUNDA PARTE .

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Competencia-simulacro (agon-mimicry) . LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Sin em bargo. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. sim ulacro. Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. una carrera de caballos.VI. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . Suerte-vértigo (alea-ilinx) . Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . To­ m ándolas sólo de dos en dos. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. es al m ism o tiem po un . agón típico para los jockeys. Una a una. suerte.

sino simplemente coin­ cidencia que. . no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. mediante las cuales la com petencia es base del alea.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas. No hay alianza. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. luego dc un exam en. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. por lo dem ás. Por eso. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. siguen siendo puram ente accidentales. Sin em bargo. sim ­ plem ente viables. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. En ciertos casos. dos más. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. Algunas o tras com binaciones. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. No corres­ ponden a afinidades im periosas. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad.

se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. ah o ra es destruido 127 . Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia.i . T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. F. el respeto a Ja regla. Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. el deseo de m edirse con arm as iguales. etc. Cos. a la fuerza y »I cálcu­ lo. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. la recia y el vértigo son in­ com patibles. Decididamente. De ello no su b ­ siste nada. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos.n el m om ento en que lo solicita. De otro modo. el dom inio de sí.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. Por lo dem ás. sin desnaturalizarla al punto. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . En efecto.

2. En efecto. lo enloquece. que d estruía al afton. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor. no hacc al alca im posible en absoluto. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. en los juegos de azar. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. es dc sobra conocido que. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. Pa­ raliza al jugador. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. lo fascina. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala. E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. dc posesión o d c hipno­ sis. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber.

Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. por el otro. 3. m edidas minucio129 . nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. Se siente en uno represen· tación. al menos. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. Una vez m ás. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a.pectáculo. En fin. es decir. está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. A ese respecto. luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. Reglas de una precisión adm irable. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. esforzándose al máximo por obtener la victoria.. p o r un lado con perfecta corrección y. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o.

puesto que esas son las características inm utables del juego. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. en el otro. ideal. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. p ero com o una imagen ficticia. el dom inó. con todo salvo consigo. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. Y no podría ser de o tro modo. en uno. a la des­ treza o «ti saber del jugador. ordenada. la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. reparada y lim itada. Pero. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. Sin regla. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. Dicho lo cual. el fútbol y la lotería. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. En el o tro polo.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. Hace un mi> 130 . En ese universo. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza.

m ientras que renunciaba a ella en el alca. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. Mas p o r el hecho dc que. Fingir que se es o tro enajena y transporta. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. Provoca tales accesos.m entó. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. en sus form as más claras. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. Ahora. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. apa­ rece como lo contrario del juego. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. en cam bio. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. Dc suerte que. dc suyo. En o tras palabras. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera. con el vértigo hay desconcierto y pánico. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 .

enteram ente orienta­ dos. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . Sin em bargo. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. y p o r un cam ino im previsto. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina.im aginable.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. protegidas de an ­ tem ano. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes.οη y del alea y que están. Al final. En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. p o r su parle. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro.

no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse. la que rige el m undo de la regla. En efecto. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . y efectivam ente crean. Nada más fértil que esa am bición.y de la suerte. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. El agón. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan.n cam bio. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. ya estético. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. Quiere triunfar. En la prim era coalición. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. En cam bio. frecuentes y casi inevita­ bles. F. no o tra que el teatro. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. prestigiosas. d a r prueba de su excelencia. De ellas surgen instituciones estables. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. que in­ terrum pen o devastan. en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos.

Cierto. m ientras que la magia y la superstición. 134 . La regla es que se abstenga de actuar.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. una equi­ dad absoluta entre los com petidores.de dados. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na.es necesario decirlo?·— rara vez son puras. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. la o tra . sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). Pero una es lucha de. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto. Eligiendo a ujmj. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. En esas condiciones. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. Asf. con su destreza o con su inteligencia). Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos.

al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. sem ejante en ese aspecto al alea. La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. hay renuncia. sino tam bién renuncia dc la conciencia. dc astucia. expresión y m anifestación de una cultura.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. sólo necesita abandonarse. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. en el ilitix. Se la expone hasta que su­ cum be. No se la educa. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. Mas lo cierto es lo contrario. lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. dc cálculo. Para lo­ grarlo. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. y lo aniquilan 135 . De esos juegos negativos. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. En cam bio.

a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. en la conjura de la m áscara y del vértigo. p o r la o tra. inhum ana y sin remedio. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. cuya seducción se debe neutralizar. es dccir. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry.Así. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. 136 . Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. una especie de atracción horrible y funesta. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. dentro de las dos grandes coaliciones. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. A esc esfuerzo se le llam a progreso. la su erte y el m érito ). Las dem ás pronto son devastadoras. desigualm ente feliz y rápido. tam bién existe un esfuerzo incesante. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. el agón.

em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. y la cometa quc\ al parecer. antes que nada. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. decididam ente occidental. pero los juegos persisten.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. Son in­ num erables y cam biantes. Es ése un p ri­ m er m isterio. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. como las especies vegetales. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . infinitam ente m ás aclim atables. Los im perios y las instituciones desaparecen. pero. Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. Y es. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. Pues. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación.

prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. HI juego pasó al Occidente medieval. En la antigüedad. de em pujar el guija­ rro. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. de los artefactos y de las proezas. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. el alm a— hacia la salida. el Paraíso. Revelan las pre­ ferencias. 138 . el diseño se alarga y se sim pli­ fica. En la India. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan. hasta el Cielo. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. Con el cristianism o. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. de las reglas.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. la Corona o la Gloria. la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes.

si los juegos son factores e imágenes de cultura. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . En efecto. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias. En efecto. los gustos. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez. Sin em bargo. y en el seno de una civilización una época. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. al m ism o tiempo. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. los modos de razonar más com unes y. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella.

tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. Para considerar un ejem plo. en que todo es ardid e incluso. el de Atenas en las aponías de los sofistas. en los mism os países. un juego en que cada cual. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. como provocadoras o como desleales. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. es decir. Para una inteligencia infinita. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. . en todo m om ento. Luego. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. pero puede.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. Los juegos crean hábitos. para el dem onio que im aginó Maxwell. triquiñuela. provocan reflejos. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. d a r una explicación contundente al respecto. en cierto modo. a posteriori. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf.

sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. En cuanto a las com binaciones de cartas. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. que se deriva del poker y de la malilla. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. En ese juego. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. de muecas. sin pronunciarlos efectivam ente. si no a los asun­ tos públicos. Una serie de mohines. p o r lo demás adm itida y bien recibida. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar. 141 . una vez más. pero en espera del desquite. rápido y discreto.pero triquiñuela codificada. m itad en brom a m itad en serio. que form an p a rte de la legislación del juego. reglam entada y obli­ gatorio. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. sin que se enteren sus adversarios. Esos signos. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. una tendencia al engaño. dispone de los juegos de fisionomía. El buen jugador. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. En lo cual. En cuanto a las cartas.

pp. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. Por lo dem ás. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. Sin em bargo. co 1926. P arfe.Con la música. jeux à'enfants. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. En fin. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. * X* W lri!. Con­ viene retocar severam ente. hay en ello un rasgo de civilización. En co n traste con las m arionetas de hilos. aquellos que parecen m ás evidentes. fr a n c e s a . Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. Sin duda alguna. 165 174. com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. a p artir d e o tro s ele­ m entos. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. La agresividad se ve m en­ guada. si no es que al sacrilegio. la caligrafía y la p in tu ra. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. in icl. . niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. naturalm ente m ágicas y graciosas. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad.

Así como los juegos son universales. para term inar. m ata a la m uerte y al diablo y. la vinculación precisa o difusa. pues aqui se 143 . El gusto p o r la com petencia. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado.nicle toda suerte dc crím enes. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. Desde ese m om ento. La relación es lejana o estrecha. pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. Con toda seguridad. No las aprueba en absoluto. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos. el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. que aplaude tantas siniestras hazañas. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. la búsqueda de la suerte. pero Inevitable.

no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades. de los pueblos. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. el a¡eaf la m im icry y el itínx. alea. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. En cam bio. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. fatalistas. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. a riesgos lim itados. si no es que institucional. sim ulado res y frenéticos. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. adem ás ya se sabe.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez.

a la com petencia. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. la aplicación y el uso de las m atem áticas. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das. Para designar a éstas. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. Sin em bargo. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. de la técnica y de la industria. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. Todo hace c re e r que cn145 . a la mímica o al trance. d e la jurisprudencia o de los archivos. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. por ejem plo. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. la teoría. el papel de la adm inistración. en éstos. al azar. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia.

que los n u tre y los explica. b) I. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. los incas. es decir. el m érito y el nacim iento. con oficinas. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . si se prefiere. en este caso. que su­ pone com paración y com petencia.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. que tal vez dé origen a todos los demás. la cohesión dc la vida colectiva. Por oposición a las anteriores. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. el contrato social consiste en un com prom iso. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. en una cuenta im plícita en tre la herencia. que los resum e. los asirios. esta vez fundam en­ tal. sean am ericanas o afri­ canas. es de­ c ir una especie de a¿ar.0$ cosas ocurren com o si. Por mi p arte. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas. son sociedades de contabilidad. son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. en las prim eras. donde el agon y el atea. m ientras que. por el co n trario . es decir la m im icry y el ilinx. aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. con carreras. 1. y la capacidad. en aquellas del segundo tipo.A MASCARA Y El. con códi­ gos y escalas. el sim ulacro y el vértigo o. como secuela.

él es la potencia terrible c inhum ana. se identifica con ellas e. cuyo aspecto. en E spíritus. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. cuyo m anejo y cuya función 147 . La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. interregno de vértigo. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. Aparecen en la fiesta. inm ediatam ente enajenado. de efervescencia y de fluidez. p o r el rum bo. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. las im ita. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. cuya existen­ cia. presa del delirio. La situación se ha invertido: es él quien da miedo.

sin él. como tam bién los propios oficiantes. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. el vértigo sustituye al sim ulacro. So pena de m uerte. Mas. el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. de esas convulsiones sagradas. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. im aginan que és­ tos se transform an. Sabe que es inofensivo. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. préstansc a ello. se prestan sinceram ente pues. la danza. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. no es sim ulada. Entonces. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. p o r su parle. Como lo advierte la Cébala. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. pues la regla social consiste en prestarse. En ocasión de la fiesta. Además.

los intérpretes deben llam ar­ los. Refuerza una coherencia frágil que. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. Las M áscaras son el verdadero nexo social. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. m úsica m onótona o estri­ dente. La fiesta. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. hipnosis. El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. por consiguiente. suscitarlos. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras.su im perio brutal. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado. el desorden constituido en regla. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . em briagueces. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. som bría y de poca envergadura. estruendo. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. Si bien la irrupción d e esos espectros. Con ese fin se valen dc mil artificios. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. drogas. los trances. clam ores y sacudim ientos conjugados.

las creencias sin duda varían al infinito.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo. con la conducción del uno p o r el o tro . Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. En los detalles. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. la alucina­ ción. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. Por poco que se les vea con detenim iento. en el círculo polar ártico. Los ini­ ciados sufren severas privaciones. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. Sin em bargo. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . Que no quepa la m enor duda. Se com prueba que son innum erables c inimaginables. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. De él reciben una unción indeleble. soportan peno­ sos sufrim ientos. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. de m a­ nera más general. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. de las leyendas y de las liturgias. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. Con frecuencia.

1^1 . Pari».’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. del baño de vapor. Ronhicr. 1927). en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . entre los araucanos ν en Indonesia. /. FCE. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas.del Pacífico. del humo del incienso o del cáñam o. c incluso p o r hipnosis. siemi pre consiste en una crisis violenta. véase I Lexvln. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis..1 Sean cuales fueren las diferencias locales. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ. sea por * Para la descripción del cham anism o. Se­ gún los casos. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. por medio del tam bor. de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. México. y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. I960. de lus tcpehtianos. gracias a un hongo alucinante (el agárico). sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. 1928.. trad. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. fra n ­ cesa. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade.e Peyotl. pp. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. Designado sea por herencia. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. de los coras. Les Paradis artificiels. Por lo dem ás. Paris. en Mexico y Hi­ tados Unidos. 150-155. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento.

ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. Al punto. E n tre los tungusos. renueva sus viajes. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. es obligatoria en ellas. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. M ientras sus despojos yacen inanim ados. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. P o r lo que toca al ilinx. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. casi a una orden. Cuando hay sesiones. Reserva­ d a para las sesiones.su tem peram ento o p o r algún prodigio. Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. E ncuentra dioses y dem onios. p o r de­ cirlo así. En el m om ento d c la iniciación. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional".

ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. Pero no le es ex­ clusiva. P o r lo demás.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. observan C. B ajo tierra. G rita que ve una gran p arte de la tierra. en el reino de las Tinieblas. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice. Entonces. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. E ntre los vedas d e Ceilán. es casi ne­ cesaria. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. el cham án siente náuseas y vértigo. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. y B rcnda Scligmann. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. "E llo lo lleva''. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. de su inconciencia y de su furia. El suelo parece hundirse a sus pies. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . G.

éxtasis. G. O csterreich. de C odrington sobre los m clancsins. E sta últim a ohm contient. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. 1911. W arnek sobre los batakes de S u m atra. Tam bién. dc V . 134. The Váidas. p. p. 1927. francesa. Además. oculta o retenida p o r algún de­ monio. Paris. extraviada. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. Al final. el asistente. En Siberia. Los relatos de los observado γτλ que T. todo es vér­ tigo. trad. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia. en su orden consa­ grado. A. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca." 4 yO Todo es representación. C itadu p o r T. El cham án parte en pos del alm a de éste. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. y ti. para el ofi­ ciante. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. U s Possédés. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. K.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. Cam bridge. N arra. K. lo trae consigo triunfalm en­ te. M ariner sobre los tongas. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . convulsiones y. Seligrnann. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. d e J. 310. 154 . Y . trances. de W.

de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. Pero lo aceptan. aquí com o en o tras p artes. para fijar el veneno. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. A poco. París. antes de la cu ra. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. un insecto.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. sacando de pronto un guijarro. conjugadas ex­ trañam ente. 2Ö5-2M). 155 ■ . Hay casos en que. pp. com o re­ sultado de su vuelo mágico. que m aldice. 1877. según dicen. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. que el hechicero com parta esa creencia. una plum a. Es posible. credulidad y sim ulación ap are­ cen. en estado de trance. si no probable. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. El cham án se acerca y. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. extrae ésta. sin lo cual sus cuerpos serían. En todo caso.cl mal del cuerpo del pacicntc. a esc respecto. un gusano. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu.

’ Cf. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. M ircea Eliftde. op.) 156 .% p.” (Citado y comen­ tado por T. jay!. u n hom bre del oficio. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. op. IS85. se acercan poco a poco. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . cit..* En el m ism o orden de ideas.. que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada . Washing­ ton. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación. p. Halle. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. K. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. 205-206. op. pp.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. Tchoubinov. a tos sabios cu y a credulidad. es decir. O esterreich. pp. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . cit. * F m m Boas. IM 8). The Ce?itral Esquimo. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas. 232. ftliade. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . 380. cit. o bien proceder de muy lejos. 598 C itado p o r M. p a ra comple­ ta r con G. cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas. 1914.

p. los 1res avanzan de frente al público.ntnnces. P o r lo demás. 1928. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. París. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. Asimismo. s in d u d a m u y v a r ia b le s . Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. A. 72. d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . e n tre los nebros de Africa. Londres. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. Amaury TaJbol. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . S e la • F. Al prim ero se le da un poco del contenido. Vergiat. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. P.” 157 . de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. Life íií Southern Nigeria. p.p u n t o . Una vez comido todo. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. C o n s u m a F re c u e n c ia . extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s . s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . 153). 1936. p o r ejem plo. inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. Sobre todo en Nigeria. Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. M.

ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos.r encuentra. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. dios serpiente. K. T. cit. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. ondula por tierra com o un reptil. Una vez m ás.. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. I9I9. ΡΡ·. Por lo dem ás. la pérdida del equilibrio. 321-323 158 . O esterreich. al que visita Dambalá. este se desarrolla p o r entero. agita un rem o. espasm os. p o r ejem plo. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. tal otro. 1913. Cambios en el rostro y en la voz.5·χ540· y The Ban o f the Bori. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. Sin em bargo. la n d r e s . Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a. otro. conocidos con el nom bre de vudú. pp. op.. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. un m orral y una pipa muy corta. sea cual fuere la violencia del ata­ que. com o la crisis del cham án. Londres. el sudor. Cf. m itad negro. en los fenóm enos de posesión.

El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. Vestido dc blanco asiste a las bodas. E stá encorvado. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. el actor está desnudo. baila una especie dc ronda. lo alienta. Poseído por M akada. achacoso y con los. si no por la mitología. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. llora si no 1c dan azúcar. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. con la que parece gozarse. se rasca. m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. ni menos p o r la práctica. com o sabe que debe hacerlo. 0 En Africa. uutado dc toda inm undicia. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. el público ayuda al sujeto. Aplau­ de. se sienta en el sue­ lo. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. 159 . Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. se tom a la cabeza entre las manos. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. estornuda 1 y desaparece. com o en las Antillas. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. corre de un lado a o tro . Analizando.

form a parte del universo religioso. e incluso de la sim ulación. 160 .cuanto al vudú. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. de com u­ nión con los antepasados. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. p. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. no está en duda. Il. La pérdida de conciencia. . se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. núm. Dioxè/îe. y cumple una función social. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión.i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. es decir la irrupción del dios. cl progreso y la naturaleza del acceso. El papel de la sugestión. 2649. los espíritus y los dioses. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. juüo de 1955. desde un principio. la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto.

con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. de la pasión genésica. estertores y zum bidos do (os rombos. pp. "E l individuo ya no se reconoce". Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia.fre alguna transform ación decisiva. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. B uraud. Con la conciencia fascinada. 101-102. 161 C i: ¡ 4 L Æ . acuden p o r encima de la h ierb a alta. 1948. luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. "un grito m onstruoso sale de su garganta. favorece el desbordam iento de los instin­ tos. 11 G. p o r ejem plo en tre los dogones. es el grito del anim al o del dios. de ener­ gías cósmicas. cuando. En todo caso. escribe Georges B uraud. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. una verdadera cultura de la m áscara. el clam or sobrehum ano. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. sus gigantescos pasos. la em anación pura d e la fuerza de com bate. Se ha señalado. Sin duda. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. Paris. subidos en zancos. el hipnótico sonido del tam-tam . desenfrenada y sin objeto. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. U s Masque*. Sobre todo.

Lille. Por o tra parte. de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. pertenecen al o tro cam ­ po. La iniciación. Cotífa» «!/ Couréies. agnóstica y negati­ va. encam an los espíritus de los m uertos. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». le desgarran la ropa. lin el ~Expediente" (p. Ex­ citados p o r el iniciador. los rito*. lo some­ ten. lo detienen. la inicia­ ción es una enseñanza atea. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. Desde esc p unto dc vista. En lo sucesivo. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. los principios aún fluidos del poder político. H asta entonces. 3939. lo desarm an. Una de éstas los persigue a latigazos. asustan a los no iniciados. los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. ésta va acom pañada de m alos trau F. 172-223.1 Infunden miedo. 162 . Como la prim era. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. Con frecuencia. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. pp. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas.

. (. d.74). dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección. Halle. 1902. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio. Fu fin.10$. pp. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. N aturforscher. Leop. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 .1* E n tre ios bctchuanas. Bmussc. Mosken Afri­ kas (Abhandl. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. W ebster. De esa m anera. com o la prim era. Primitive Secret So· detics. Agrupa a una juventud turbulenta. Tam bién como la prim era. Nueva York. Berlin.¿opoldville. Hans Himmelbeber.1 1 u Cf. 17-31. 1939. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. 1898: H. k. T. Akad. 3. 14Cf. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. Die Geheínbünde n. t. Carol. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. d. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. Wfft: H. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. FrobcnJus. de pruebas dolorosas. núm. por el nom bre de la choza de iniciación. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora.

H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. at suroeste de T um huctú.. o cuando menos sus derivados inm ediatos. cóm o e n tre loa besos. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. el kom o. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. . p.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes. Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. 1 HI puro d e los tem es. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. 207209). haoc rein a r un te rro r incesante. E ntre los bam baras. claram ente im ertribales. la sociedad de enm ascarados kumanp. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. op. 168-171) describe. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. Repro­ duzco esa descripción en el "n.1 164 . cf. op. pp. Jcanronire. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. de la magia negra y de los envenena­ m ientos. en una danza o un m isterio.1 com puesta de secciones locales.xpKdicnte" (p. Critias 120 B. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso. secieta e institucional. según Fiubenius. 219. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". cit. EJ m ism o a u to r (pp. Pero cuando la herm andad es poderosa. pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros.. Jeanm aire. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. 315). de los robos. pescadores y agricultores del Niger. cit. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar.

o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción. causa o consecuencia. si no es que clan­ destinos y culpables. desplazadas hacia la periferia de la vida pública. constantem ente presentes y presentes ju n to s. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. esta vez sin dem encia ni delirio. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. 165 . aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original. en los p^roxiv m os de esas sociedades. sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. como se h a visto. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro.servir m ejor para explicar su mecanismo. la com petencia y la suerte? Sea como fuero.nuevo. en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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es engullido por un lobo y renace com o lobo. como en los centauros. En el m onte Liceo. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial. No deben s e r vistos ni sorprendidos. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. 1939. y en Ins pp.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. 8 12 7 . co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres.· D urante la criptia. m itad bestias en los que. Jcanmairc. m itad dioses. T. Cuuroi et Couriies. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. Roba y m ata im punem ente. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. *H. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. m ientras sus victim as no logren atraparlo. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. hagan o no cacería de ilo­ tas. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. con un salto d c fiera salvaje. En esa obra.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. Lille.

instrum ento universal de los enm asca­ rados. De la m ism a m ane­ ra. persigue al joven Dionisos. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". un tnicno pesadam ente angustioso". e n tre los si­ glos vi y IV. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. dice Est rabón.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo.· No faltan razones para vincular . La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. Licurgo de Arcadia.

Sólo explica un caso particu lar. Por am plio m argen. Perpe­ túan una antigüedad lejana. profeta y curandero. surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. Abaris. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. La m inoría de los conquistadores. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros.te la dem ocracia y el despotism o. en la caverna divina del m onte Ida. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. cierto núm ero de poderes mágicos. al ritm o. El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. La evolución es sorprendente y significativa. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. Al m ism o tiem­ po.

consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros.espasa m uerta que fue a buscar. La desaparición de la m áscara. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino. En las sociedades dc m áscaras. que no excluye 175 . p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y. Sin em bargo. es de sum a im portancia.n la obra de Platón. según el grado de iniciación. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta. Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. Propongo la hipótesis siguiente. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. sino sólo un hom bre dis­ frazado. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. fértil en peripecias dra­ máticas. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. des­ igual y difícil. todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. Hn una organización m ás com ple­ ja . F. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad.

De allí una fisura perm anente en el sistem a. Y es inevitable que. Ahora bien. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. De lo cual se sigue que.sino. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. en la práctica no es posible ignorarlo o. co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente. exige la existencia de cam inos m últiples. esta vez de lo más reales. única eficaz contra un secreto sorprendido. En resum en: m ediante la m uerte. poco a poco. en todo caso. el m ecanism o sigue siendo frágil. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. Así. Sobre todo. diversos e incom patibles. p o r cl contrario. la fabricación y el uso de la más­ 176 . co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos.

y los dem ás quedaron con­ vencidos. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 . Los cronistas —cierto es. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o. precisam ente. según algunos.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. Entonces. en accesorios dc cerem onia. Él se lo m ostró. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. Algunos fueron quem ados en efecto. Pero. m ediante transform aciones insensibles. el Profeta con Velo del Korusán quien. tu erto y dc una fealdad repugnante. en el siglo v m . de danza o dc teatro. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. de 160 a 163 dc la H égira. E ste es el relato del episodio. d u ran te varios años. p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. Pues bien.

Cuando el sol se reflejó en los espejos. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na. todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. me. 1958. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro. a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd." Así. se prosternaron y pi­ dieron verlo. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. de Kesh y de Nakshab.V186). Insistieron e imploraron.Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo.tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. que conservaba con él en el castillo. Paris. . morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. y si alguien me ve. m . ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira).. los hombres se habían reunido. por efecto de aquella reflexión. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. Pues bien. Le* mouvement i rr. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi.

una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. otros cuadrados y otros m ás alargados. la revolución es perceptible. por m ucho tiem po). decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. Incluso en aspectos m uy precisos. es decir que 17l> . es de­ cir.ftxidü en luz los hombres se asustaron. en una palabra. Como tendencias culturales reconocidas. del núm ero. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. en efecto. Envenenó a sus cien m ujeres. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. el reino de la m im icry y del ilinx. En Grecia. h onra­ das y dom inantes. está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. Así. de la m esura y. Y sc prosternaron. de la nece­ sidad. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad. Los concebían como si tuvieran form a y figura. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. Algunos núm eros eran triangulares. Ya está vencido. ΛΙ respecto. de un universo ordenado y estable. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. Como Empedocles. as­ falto o azúcar). Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad.

corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). Además. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. Histoire tic la Philosophic. muy pronto surgió la serie abstracta. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. lase 1. a la justicia (el 4). 52-54. Í80 . En o tras palabras. 5’ cd. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético. pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo.eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. ' Π. P arí*. I. RrxjhtVr. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. \ 94&.. cua­ drados y rectángulos. com o sori las cifras. En fin. Sin embargo. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. el núm ero y la m edida. pp. sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad . d e esa num era­ ción en parte cualitativa. estaban dolados dc virtudes distintas. I.

1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . en un Jugar y en un tiem po determ inados. En el Occidente cristiano. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. a las cuales asisten el soberano y su corte. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. el alca. Al mismo tiem po. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano. En China.ístmicos. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales. cl agon y. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. F. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. A decir verdad. reglam entada y especializada. com binado con el.

De esta m ane­ ra. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa. . Sin duda. m ilitar. Pero. dc m anera sustancial. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes.más. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. que per­ m ite concretar en hechos. en lo posible. me­ diante jurisdicciones autónom as. dc la igualdad de derechos. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. Sin em bargo. cursus honorum o chin. universi­ taria o judicial. luego de la igualación relativa dc las condiciones. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. en teoría. pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. Lo hace p enetrar en las instituciones. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . la entrada quede reglam entada p o r concurso. suele suceder que. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. los grados más al­ tos del ejército .

Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. es decir.Por lo demás. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. al parecer de un modo raro . los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. En efecto. F. con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. Asi. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. En cam bio. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". entre los candidatos presentados por los demos. P or lo dem ás.n Atenas. de inspiración aristocrática. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. luego d e un examen p ro ­ batorio. Los miembros del Consejo se sortean. aunque de m anera que se a n to ja impecable. En él se ve al m ism o tiem po una precaución. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. La razón es clara. Expresado p o r el haba blanca. dado el caso difícilm ente sustituible. casi todos los m agistrados se sortean. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia. de los técnicos. 183 .

cierta con­ cepción de la dem ocracia. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. nos dam os cuenta de que. La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. sea an te la suerte. que no es la menos difundida. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. De una m anera m ás general. Λ decir verdad. ni tal vez la menos razonable. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. se im puso el espíritu de com ­ petencia. si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios.

Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. E n tre los indios de la América Central. el m om ento favorable (kairos). "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne.%. É sta determ ina el carácter d e cada individuo. es decir. es decir. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). y precisam ente porque form a p arte d e él. la ocasión que. sus talentos. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. vol. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . entre el m érito y la suerte. Julio-dic. está más difundi­ da de lo que se piensa. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. es decir. p p . cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. su categoría social. su profesión y finalm ente su suerte. se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. LX V ÏM . unos son innatos y los otros sociales. su predestinación al éxito y al fracaso. no se reproduce. en todo caso. sus debilidades.* funda­ m entos del nuevo orden. Dc estos.cl ágon y cl aleo. • la I * » . El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . 263-281 · 185 . su ap titu d a aprovechar la ocasión.

la am bición y el valor. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. le Traître el ki Cioíx*'. que es com petencia. 1H6 . Desde cierlo p unto de vist3. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son. de em pleos reservados. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. p. de cargos heredi­ tarios. "Le Roi. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. invierno Je 1938. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. t e s hace elegir en tre la herencia. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. y el m érito.ción ni concebible ninguna com petencia. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. Inversam ente. en las sociedades más igua­ litarias.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. En cam bio. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. es decir. núni. que es lotería. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. 21. 6.

La riqueza. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. la instrucción. En efecto. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. A 1*7 . U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. la educación. la si­ tuación fam iliar.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. F. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio. Las leyes. la oscu­ ridad y la gloria. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. la ley del azar. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente. todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. el poder y la esclavitud. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. de que pertenezco a él. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. com o una hipoteca imposible de pagar. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. sólo se tra ía de una igualdad jurídica.

m uestras y coartadas. en general. incluso bien do­ tado. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. El hijo. El régimen no tiene gran influencia.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. Pero. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. an tes que norm as y re­ glas generales. están los exám enes. precisam ente. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. F. incluso en los países socialistas. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. Desde luego. si no es que paliativos. Es preciso m irar de frente la realidad. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . Enton­ ces nos dam os cuenta de que. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. son reconocim ientos. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. los concur­ sos. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias. del m ism o origen y del m ism o medio. pese a los ade­ lantos indiscutibles.

la suerte. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. el don de los dioses 139 . De golpe. Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. Por una parte. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. A decir verdad.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. En efecto. cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. incluso entonces subsis­ te la suerte. ya en be­ lleza. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). En ellas. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. salud o . son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes.

es decir. Por sus principios. Además. del m érito. Así. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. Es prisionero de su condición. la recom pensa del esfuerzo. en el juego de baraja. Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. de. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. del azar. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. la obstinación y de la habilidad. pero no salir. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. 190 . a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. incluso relativo. De la m ism a m anera. p ero solidarios. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. es decir. y los une una alianza esencial. parecen lejanos e im probables. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. cl a k a y cl agon son contradictorios. desde que llega a la edad de re­ flexión. E n tre tanto. por o tra.o de la coyuntura. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. Los opone un conflicto perm a­ nent e.

m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. se dirigen a las loterías. En esas condiciones. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. D esesperando dc ganar en los torneos del agon. más trab a jad o res o m ás am biciosos. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. im parcial y com o ci­ frada. Así. m ás vigorosos. en que el torpe y el perezoso. que son necesariam ente los m ás num erosos. conscientes dc su inferioridad. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. como el com plem ento n atu ral del agon. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . en que el imbécil y el lisiado. m ás inte­ ligentes . Es necesaria una pruelva de repuesto. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. Al m ism o tiem po. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. a cualquier so rteo en que el menos dotado. que son m is hábiles. Por eso.Además. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria.

busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. al ahorro. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. Esas pruebas. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. por excepción. Cualquiera puede s e r el elegido. pese a las protestas de los mo­ ralistas. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. Ahora bien. Ju g ar es renunciar al trabajo. Esa posibilidad. a la paciencia. de riesgo y de suerte simple u com puesta. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. Creando. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. le son concedidos con entusias­ mo. juegos de azar disfrazados. loterías oficiales. El propio Estado tiene algo que ver. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. pero tam bién num erosas prue­ bas. casi ilusoria. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. si no in 192 .

Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. es decir. precisam ente. Para a tra e r m ejor. deben ser conside­ rables. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. En efecto. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. un poco m ás del salario m ensual. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. en p arte depende de la suerte. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones. o al menos los m ayores. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes. De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. p o r dos nril francos. que sin duda no es el más convincente. los premios. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . Por el contrario. los billetes deben co star lo menos posible. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad.

Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. es decir en antiguos Troncos. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición).1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas.es em briagante. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino.v«! con tro la suerte. Los pre­ mios principales. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. o sean m il francos p o r cada fran­ cés. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. El mismo año. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. 194 . Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. en parte. se les puede m antener en el anonim ato. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo. delendcr. De ese total. si así lo desean.

las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. Por lo dem ás. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. En las horas de apertura del casino. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. Todo lo contrario . En las capitales m undiales del juego. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. en M ontccarlo. en Deauville. M L . en un lujo agresivo. en Macao o en I. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional.as Vegas. p o r ejem plo. rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas.

La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. En las dem ás. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes. al resultado 196 . S in em bargo. si jio es que desproporcionadas a su salario. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. Toda proporción guardada. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. Un pueblo nóm ada de curiosos.

U travail en miettes. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. ihid. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro. 1.xpedlente" (p. 183-185. y sobre todo cuando juega todos los dws. p o r desm esurada que parezca. 149. 1956. De ahí los rackets o las fortunas considerables. como ya era de esperar. Véanse también las cifras dadas en c! . Où va le travail humain. 9 en lo que.dc los encuentros dc fútbol. París. se opuesta sobre todo a los numbers. para que ese caso se produzca. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. 1956. p. una vez más. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. es decir. al desainólo concomitante dc en . París. Georges Friedmann. Pero. aboque consideradas dc origen dudoso. fcúnj. se m anifiesta un rasgo d e civilización. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 . vinculadas. 147-151. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. Ea Estado» Unido».υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". 304). En efecto.. pp. los casinos. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. pp.1 * Las loterías dc Estado.

Un personal escogido y accesorios im presionante. innum erables e im previsibles Reinas. es preciso prepararse para la prueba. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. etc. se eligen a ejem plo suyo y. Sirenas. en el m ejor de los casos. al menos p o r unos años. Damas de H onor.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. Todo grupo quiere tener la suya. el ingenio o algún o tro m erecim iento. No hay lími­ tes.. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. En ocasiones. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. Mu· sas. en alguno de los palacios de una playa de moda. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. la erudición gratuita. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal.recom pensar c! talento. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. d e una vida brillante pero sin base.

la respuesta fatídica.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. De condición m odesta. En realidad. Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. por una escolar negra de impecable o r­ tografía. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. preparar. una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas.uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. En apariencia. la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. U n ipvcn p ro ­ fe s o r ." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s . éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. solos y an te todos. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón.

única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. Lenny Ross. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. su ex­ plotación es redituable. . Shakespeare. sino que acum ula rencores. y la historia de la revolución norteamericana. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. modicina. Por delegación. Los contradictores del nifko son vencidos. exploraciones. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. Todo soldado puede 201 A . de 11 años. de 14 años. se em briagan con el triunfo del vencedor. Por una p arte. la com petencia cotidiana es severa y. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos.nerz. matemáticas. Más o menos se identifican con los com petidores. ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. La fiebre se mantiene adecuadamente. fisiología y astronomía. No sólo no di­ vierte. del m ism o nivel de vida o de instrucción. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. c) I-A OEl. de golpe. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. todos aspiran a un desquite. puesto que parecen debidas al m érito. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. m onótona y cansadora. en grandes caracteres. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. que apa­ sione y que al mismo tiempo. en febrero de 1957. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. En todo caso. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. ciencias naturales.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. al fin y al cabo. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. I* opinión pública se apasiona. . En E-stocolmu. por U o tra. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad. Así. Desgasta y desalienta.sinfonías de las grandes músicos. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción.

l*a consagración es rara y. Y sin em bargo. que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. de hom bre sin apoyo social. Recom pensa una convergencia ex202 . voz o encanto. Así. La m ultitud queda fru strad a. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. De allí el culto. 1. aún más. Como el m érito. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos. p o r delegación. con la ayu­ d a de la suerte. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. arm as naturales e inalienables. al m ás oscuro y al m ás pohre. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. de la estrella o del cam peón. Con toda razón.llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar.

m ejor todavía. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. Λ pesar de todo. la voz se quiebra. casi todos prefieren triu n far por poder. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción. Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. p o r el niecá203 . confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. P o r o tra parte. a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer.iraordinaria y m isteriosa. Por o tra parte. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. que sin em bargo parece cer­ cana. el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. La belleza se m ar­ chita.

nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. el atcuncc y la intensidad de ln identificación.sc. Entonces in­ terviene la m im icry. De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. tenaz y universal. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. para distraerse de una existencia descolorida. Esta ultima forma es la mis íre* . pp. la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. 69-145. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. 1957. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. al parecer a cualquiera. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. París. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. m onótona y agota­ dora Esa delegación.

la radio y la televisión favorecen la fascinación. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. Viven por ellos y en ellos. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro.. u Vca$c el "Expediente" (p. del cam peón o de la estrella. La estrella representa el éxito personificado. s\x régimen alim enticio.** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. cit. P o r lo de­ m ás. d e sus m anías. la prensa. Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. 317). la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*. . el cine. la victoria. adoptan sus m odales. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. 93). Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. copian sil peinado. inevitable y seductor. Los im itan. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza.enajenación. p.

que además mOAlraba. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos.dida inercia cotidiana. naturalm ente. Para desacreditarla a ojos del pueblo. El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. h o m b re o m ujer. se mofa de la je ra rq u ía establecida. el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. donde se apretaban millares de segui­ dores. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. ya. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. sus per las y sus esmeraldas. se presupone algo sucio. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. im puro o irregular en esa carrera. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. 206 . Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. un poco cl bien y. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas.1 4 Por eso. en todo caso.

Por definición. La identificación es entonces m ucho menor. con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. destina 207 .de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. La m ajestad hereditaria. Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. Pues bien. su peso y su coherencia. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente. al m érito y a la justicia. con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. no menos que por es­ trellas. Los reyes están exentos de esa sospecha. lejos de contradecir la desigualdad social. Esa ley corona (al pie de la le tra). la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. por el cerem onial de las cortes. pero. Se considera que su m érito es nulo. del im pudor o de la publicidad. Se gusta rep etir que. para go­ zar de esa superioridad decisiva. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar.

en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. aclam ándolos. Desde ese momento. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. aplasrante c inm utable que 208 . fatiga y servidumbre. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. que se debe a la co ­ rona. de sinceridad. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. se le compadece. de soledad. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris.n efecto. F. en 1957. se ve llam ado a reinar. Se quiere q u e sea senci­ llo. Para tener menos celos. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. pero como estrellas prisioneras de un pape! único. de fantasía y sobre todo de libertad. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico".

una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. Aun siendo igualitaria. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. 209 . y niegan las ventajas que ofrecen. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. Mas. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes. Para en­ tenderlas. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica.ellas sólo aspiran a abandonar. Como ya se ha visto. p o r falaces que sean. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Esas actitudes (sin em bargo. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad.

sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad. De ah í el su bterfugio de la delegación. au n inás despo­ seído. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. ΛΙ m ism o tiempo. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . infi­ nitam ente distribuida. R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. sino en el m ás vano d e los sueños. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. la m im icry. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. La m im icry es difusa y bastarda. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da. Les hace vivir. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. en la im aginación. Privada de la m áscara. Sin em ­ bargo. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . el vértigo.

por lo dem ás. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. cuando ocupa al­ guno. 211 . en o tras palabras. Es tiem po de concluir. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. Sin duda. Y adem ás. Como la más­ cara y com o el disfraz. De allí los resultados de un doble análisis. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o.ponde. de la que. En cuanto a la suerte. ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. una actividad reglam entada. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. el vértigo y el sim ulacro. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. circunscrita y separada de la vida real. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. Por una parte.

En tiem pos norm a­ les. incluso aparecen allí sólo destituidos. Sin em bargo. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a.En cl extrem o opuesto. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. que im plican sin excepción cálculos precisos. si 110 es que dom esticados. ibi jus. es decir un código fijo. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. Ellos crean el derecho. des­ afectados. por "el d esp ertar" del País de 212 . ab s­ tracto y coherente. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. de convulsionarios y de flage­ lados.

no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. Fxi ase* collectives. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. com o la explosión esperada y reverenciada. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. en su obra: Foutes cn délire. Paris. que tam bién son accesos.ón. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar. como la guerra. pero M>rprrndcntc. no dc frenesí. irresistibles. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor. 213 . en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan.Gales en 1904-1905. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. . la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. característico aunque d e me­ n o r am plitud. lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. 1947. La ciudad Ph. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. l>c com ún acuerdo. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso.’· Aquellos excesos. .™ Un ejem plo reciente.

haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . ga­ n a r la apuesta más im probable. la que in tro d u ­ ce en la historia. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia. para poder in ten tar la prueba. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. to tal y vano. Cierto que seria irrazonable concluir que. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. el apon y el alca. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. Eso es p u ra especulación. em presa lineal.pudo naccr y crecer a ese costo. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. repentino. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir. que prueba ν que explora. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras.

215 .que deba e n tra r en su descripción correcta. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes. y se considerará superfluo señalarlos.

RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. Sin em bargo. que so enrarezca su em pleo. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud.IX. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. del estupor y del frenesí. explosivas. del pánico. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. En lo sucesivo ya sólo 216 . la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po.

Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. Pues. m áscara reducida a lo esencial. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. em pobrecidos y aislados. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. En efecto. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. en efecto. tam bién ha cam biado de destino. Preside los 217 . estam os lejos de la antigua función de la m áscara. elegante y casi abstracta. adquiere una nueva función. Por lo dem ás. es­ trictam ente utilitaria. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. En am bos casos. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis. no im pone una presencia: protege una identidad.aparecen desunidos. El antifaz. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. En gran parte. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc.

es dccir. exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. ' ‘E s p e d ie n te " (p . el carnaval es una explosión d e licencia que. conform e a convenciones preesta­ blecidas.? .’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. 322). cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. Es sím bo­ lo de intriga. aún m ás que el baile de más­ caras. En el baile. P or sus orígenes. [T. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano.juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . am orosa o política. asegurando el anonim ato. Al mismo tiem po. lo b o ]. abriga y li­ bera. Enorm es. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go.

En un tiem po y en un espacio definidos. p ara retom ar la expresión exacta de G. queda descalificado: se niega a jug ar. Y no se equivoca. Si se enoja. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. quien sin em bargo no piensa en el juego. a la francachela. Por 219 . el carnaval da una salida a la desm esura. del desorden y de la gesticulación. d e m id o y de movimiento. go de una . vacía y alegre. presenta la m ayoría de sus características. al cinism o y a la avidez del instinto. los invita a un juego de bufón. risas provo­ cadoras. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. actitudes descuidadas. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras. p o r el con­ trario . a la violencia. incitación perm anente a la algarabía. al exceso d e palabras. Siguiendo el juego. m ím icas bufo­ nas. sim ula que no tiene miedo. atropcllam ientos. P or lo dem ás. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada.. B uraud. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. en basoncursos d e disfraces. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. Son brom as groseras.

Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. com o en Río de Janeiro. El uniform e tam bién es un disfraz. perm anente y reglam entario que. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a. interm itente y excesiva. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. Detrás dc la m áscara. En todo caso. en todo caso. deja el ro stro al descubierto. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. E n la sociedad policiaca. Es casi exactam ente lo contrario. sobre todo. Tal vez nada indique m ejor o. pero oficial.o tra parte. allí donde el frenesí general solía. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa.

I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. de la m atraca y del tam boril. las tram pas y los atractivos del vértigo. fuera de las rondas y de las farándulas. ciertam ente considerables. ram pas y anuncios lum inosos. E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. una 221 . más­ tiles . decoraciones de todo tipo visibles de lejos. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. que nacen del uso de la m áscara. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. franquea­ dos los lím ites. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. Las ferias y los parques de atracciones. por lo dem ás m odesto. A decir verdad. estandartes. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. guirnaldas. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos.

de caída. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. en el caso de Jas ferias. Em plean los m étodos inéditos 222 . a la desfachatez bonachona. a la jac­ tancia. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. Fakires. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. un trajín que incita al abandono. construidos para provocar un pánico visceral. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. Más allá. a la fam iliaridad. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. Además. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular.agitación continua y agotadora que em briaga. de los artefactos de rotación. videntes. ventrudos y jactanciosos. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. astrólogos. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. de oscilación. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. de suspensión.

unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. Allá. en dosis regulares de tres a seis m inutos. dc suerte que. caída. el vértigo m arca la tónica. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. cuando se considera el volumen. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. el "psicoanálisis existencia!". antes de enderezarse. la fuerza del disfraz. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. Antes que nada. En o tra parte. Sin em bargo.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". M uestran el atractivo del sim ulacro. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez. sacudim ien­ tos. el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. En un tercer tipo dc artefactos. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. Un últim o invento utiliza la 223 .

Enfrente. donde abundan los corredores oscuros. a la m anera en que poco antes. con alas de m urciélago. H orror suplem entario: se invita a tocar. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. las apariciones. Allí perm anecen. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. niñosmonos. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa. la náusea. m ujeres-pulpos. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. la angustia. Es el papel de los laberintos de espejos. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. "p e­ gados com o m oscas”. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. para su scitar la confusión. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. las corrientes de aire. los esqueletos.fuerza centrifuga. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 . inm ovilizados en cualquier postura. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. sirenas. las tram ­ pas. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. Juegos de espejos. los roces con telas de araña. al sa lir del artefacto infernal. igualm ente estupefactos. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. propios p ara despistar. para extraviar.

las sensaciones son terri­ blem ente brutales. cerdos de pan 225 . com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). el te rro r y el m isterio. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. sepa­ rado. A vcccs. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. lim itado y convenido. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. y tam bién la em briaguez.corriente. Por lo dem ás. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. Antes que nada el vértigo. el m undo de las larvas y de los vam piros. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. es decir perm anece libre. la fauna com puesta. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano.

en los cuales. una sola diferencia. dc taparles el paso. 226 . en todo artefacto de pánico. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. que se deriva de la paidia. de desasosiego aceptado. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. para aquellos que están en edad. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. esta vez. de colisiones inofensivas. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. Cuando menos. en toda barraca dc espanto. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. Además. El placer es dc excitación y de ilusión. presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. Sin em bargo.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. dc pegar­ les dc lado. de cho­ ques am ortiguados. o tra delicia que. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. dc caídas evitadas. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. dc la pelotera. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual.

es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. el juga227 . Contra su voluntad tenaz. Domadores.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. g arantizar su seguridad. La sanción decisiva. sino un m odo de vida. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. En ella la gente se casa en tre sí. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. m alabaristas. dado el caso. el casino o el escenario p ara el cam peón. pero que falsea la integridad del reto. la de la m uerte. está obligatoriam ente presente en él. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. En lo posi­ ble. CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total. su orgullo y sus leyes.E l. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. l. am azonas.

En efecto. o m ejo r dicho la negativa de oficio. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. que corresponde a la m im icry. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo.d o r o cl a c to r profesionales. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o. P or eso. El. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. que corresponde al atea. una gimnasia . una dificultad o un peligro. el teatro contribuye con el oficio. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo.

la trayectoria del trapecio. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. En todo caso. la repetición regular de los mis­ m os movimientos.ininterrum pida. Como disciplinas aberrantes. 229 . F. op. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. de la am bición y de la osadía hum anas. pp. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. pp. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. cit. el acróbata debe calcular el Impulso. Hugues le Roux. Him. 213-216.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. desinteresadas. m ortales c inútiles.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. Paris. 1890. el tiem po y la distancia. 171)·173. en Vez de ayudar.. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales. *Y. Cierto. Paraliza. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. La conciencia es m ortífe­ ra. Jeux du Cirque ci la vie foraine.

Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. m al aju stad a. Infaliblom ente actúa a contrasentido. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. una dc sus variedades. particularm ente tenaz. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. Los principales acto res son dan230 . Su ropa parchada. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. Ahora bien. travieso o estú p id o según los casos. quien. es el papel del payaso llam ado “Augusto". estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. d u ra n te la creación del m undo. En ella figura com o el héroe que mete la pata. dem asiado grande o dem asiado chica. Sin em bargo. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. los golpes y los cubetazos dc agua. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología.i la tribu . En el circo. com o encuentro o ascendencia lejana. A trae las burlas.

que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. a quien ridiculiza. Son los Koyemshis. el propio Yebichai. ‘'son como niños. una vieja piel de zorro. sin vigor sexual. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. siem pre el mismo: así. Además. Es uno de los dioses principales de los navajos. son "com o ni­ ños": balbuceantes. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra .zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar. Sobre todo. que viven en la mism a región. dice la gente. Pero es el dios que parodia. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. Pues bien. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". el Dios del Agua. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. E n tre los zuñís. sujeta al cinturón. el Dios-que-habla yr finalm ente. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección. Son espantosam ente feos. Tonenili.seis genios m asculinos. hay catorce de ellos: . PiISschiwanni es el cobarde. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . es im portante. retardados. E ste es el "Augusto" del grupo. seis genios femeninos. no cesa de fingir que tiene miedo. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. Saca el pecho y se hace el im­ portante. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos.

juegan brom as groseras. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . dos chichones en vez de orejas. Naba*hi es triste. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. se b urlan de los dem ás dioses. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. organizan juegos dc adivinanzas. quienes los encar­ nan. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako.nc . su boca y sus ojos form an un balcón. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos. víveres. Du­ rante las cerem onias. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. la aldea en tera les hace num erosos regalos. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. com entando los infortunios conyugales de un segundo. reprochando a uno su avaricia. Así. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. Como magos y profetas. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. Tiene una boca oval. tiene una enorm e verruga en el cráneo. En cam bio. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias. hecho significativo. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. o tro chichón en la frente y dos cuernos. la m ás im portante d e todas. Ilccho sorprendente.sed.

del entorpecim iento y de la angustia. En uno u o tro m om ento 233 . la con­ juración del secreto. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. aquí se encuentra disociada. del éxtusis y de la mímica. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. Así. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. ni ellos se tom an a sí mism os. en ningún m om ento se Ies tom a. La teología lo confirm a. la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. p o r los propios dioses. del m isterio y del terro r. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. Decidida­ mente. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. De esc modo.

Cierto. 73-75. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. 119. los honores rendidos al poder suprem o. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. pp. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. 16S-173. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios.* Con filiación o sin ella. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. con el epigram a y la canción. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis. los hom enajes a los grandes. que sin em bargo inspira idéntico propósito. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. En el solsticio de verano. 234 .

un buen día. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. AI tér­ m ino dc la evolución. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. Si el salto decisivo es difícil. la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. al frenesí convertirse en institución. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. el desapego y la ironía. m ás fecun­ da. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. orientada en todo caso hacia el equilibrio. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. Con toda seguridad. a un porvenir) coinci­ de. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. en Laccdemonia. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. quizás vertiginoso. Ya hem os visto. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. dc la libertad y de la invención. sino una precaución en contra suya. como fundam entos de la vida colectiva. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo.» nuevo papel. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. Aquí. casi im perceptible. a su vez. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K .

desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras. . de atem p erar m ediante la risa lo que.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. sin ese antídoto.

COMPLEMENTOS .

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pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. de los casinos. sin dificultad y en un instante". R ibot. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. de la riqueza y del lujo. de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol. a ta n d o m enos en ciertos casos. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo. "la fascinación de ad q u irir de golpe. Son sospechosas de 239 . cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. la posibilidad repentina del ocio. El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. basada en el valor del trabajo. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. por el milagro de una fortuna instantánea. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco.I. según la Fórmula de T. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social.

“ L a en n n b ilo n ia ". obligatoria e incesan­ te.desarrollar la pereza. Sin em bargo. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. si se prefiere. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. 2 S Ja parábola Fictions. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. quiero decir la necesidad. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. y que M is J orge en lo te r ía to re s . el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. al infinito. 1951. 1975. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. 82-9.1. a la topología. de la pantom im a y del éxtasis. así sea a to n tas y a locas. 7-292. pp. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades.1 Además. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. . en la econom ía e incluso en el saber. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad. es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. cl fatalism o y la supers­ tición. que tam bién influye en el arte. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . tr a d . P a r ís . C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . pp. de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. en la ética. fr a n c e s a . Picxxoncs <1944).

con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. En particu lar. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. En ese caso. En esas condiciones. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. El sal­ to es brusco. por medio de la superstición. se han li­ brado dc la hipoteca infernal.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. Aún más. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. Vive al día. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres.

pues nadie parece resistir el contagio. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. Unos representan personajes. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. se entrega al jue­ go. M im usops D jawe). ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. Los dados sólo tienen dos caras. de consistencia ósea. en regla y en segunda naturaleza. Esos blasones son num erosos y variados. cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. ya sea captados en una actitud hierática. Conform an el estilo de vida de toda una población. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. sin. R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar.ticipa. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre.

Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. éste no los guarda en su casa. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. es de lo m ás sencillo. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. Es­ culpidos en o tro s dados. espejos. algunos ideogram as figuran diversas plantas. etc. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. sino que los deposita en el m onte. (o al con­ trario ). Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados. un hom bre es atacado p o r un pitó n . Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. rep­ tiles. los 24. relojes o m ás­ caras para la danza. tam bores. En cuanto al juc^o en si. el cielo nocturno con la luna y las estrellas. aves. Los anim ales — m am íferos. los órganos genitales de la m ujer. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. rifles. tres m ujeres trab ajan la tierra.1 . Dado el caso. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. colgados dc un árbol en una bolsa.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. En general. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. o tro carga su fusil.

η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine. Toda proporción guardada. donde la s ca u n s. de I95S. Prost. núm. C f . c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . A sim ism o .jefes se jugaban sus encom iendas. Em pero. 3-52. 244 . Cuando menos. A. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. Sobre todo. cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . p. 245. Le M onde noir. cum ple con una función análoga. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. 49-50. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". las tierras y las esposas. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc. Ë ittdcs cam eroioiaiies. sep. "J e u x cl Jouets”. c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda.s. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. S e juegan la rnrtuna. sin com­ binación ni saldo. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. pp. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica.* Se tra ta de un juego rudim entario.-dic. Además.

la m ari­ posa. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla." 245 . el barco de vapor. La 11. según la expresión de Lydia Cabrera.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. el caracol. ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. la cabra (que tam bién es algo sucio. cuyo principio es sem ejan te al del loto.s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. la tortuga. el m uerto. A la hora seña­ lada. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. Saca o hace sacar uiia al azar. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. el m arino. la m onja. etc. la pipa. Esa lo­ tería. E n tretan to . seres hum anos. 1. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. Acto seguido. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. en sociedades mixtos. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino). procede a la venta de los billetes. ade­ m ás del órgano sexual fem enino). la araña. el mono.de a za r considerablem ente m ás com plejos que.a operación se llam a "colgar al anim al”.

N aturalm ente. y luego de haber "coleado al anim al".banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. Además. del gallo. del caracol. la cabra y la araña. pero no tiene ayudante. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo. dc la anguila. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. Al principio d e cada p artida. los borrachos. La m ariposa no tiene com pañero. En efecto. el cam arón. de la pipa. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. los elegantes. De nuevo. En cam bio. del pavo real y del pez chico. El venado tiene tres com pañeros. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. de la m onja y del gato: la de los borrachos. la banca anuncia 246 . Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. dc la tortuga. Así. a su com pañero y a su ayudante. los caballeros y las m u­ jeres. etc. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. las mendigos. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. pero carece dc ayudante. de la m uerte.

No es tonto. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco. ju n to con San Francisco. Lleva el paquete maléfico. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo . El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31.a policio y sus misterios en Cuba. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. El Venado es ayudante del brujo. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. 287-293. 1914. En o tra ocasión. L a H abana. Después del sorteo. el Tigre contra el Elefante.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. p p . l. El Elefante m ata al cerdo. 247 . un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. E n ese caso. 3 Sabido es que. El Tigre lo propone. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada. El V enado sale con el paquete. con el Venado.’ En China.

es conveniente ju g a r al 8. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. el 8. la explicación sólo es válida para los profanos. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza. las m anos. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. el gallo que can ta al sa lir el sol. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). el pecho. El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros. 248 . apoyándose en citas." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan.solución. "Pica y se va": es decir. los bra­ zos y las piernas. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono.· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. E sta vez. En Cuba. el "rey que todo lo puede". Estos llegan hasta el 100. En realidad. el "payaso que se pinta en secreto". el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro . Sus com ­ binaciones son Infinitas. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. a la m uerte. Entonces. ham brientas y rencorosas. existen al­ m as en pena. d u ran te una cerem onia secreta. el 2. La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va.

se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. pierden en ella h asta el alim ento de los suyos. m ás o menos desdeñado. p o r poco hábil que sea. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga. nada le im pide cam biar." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. 249 . la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. m ás m onja igual a vena­ do. op. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. pero lo hacen sin cesar.’ En todo caso. P o r necesidad no juegan mucho. más m uerte.. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa. m ás gato. En todo caso. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. En casa del tío de su m ujer. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y." Asimismo. p. cit. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. honrados o no. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. como dice un au to r. en el m om ento de descu­ brirlo. m ás m arino.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida". más elefante. TRafael Roche. 293.

250 . las peleas de gallos. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. o sea la mitad del presupuesto de la isla.* En la vecina isla de Puerto Rico. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil. 6 de o ctu b re de 1957. %N c w Y o r k T i m e s . setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado. en 1957. el Planning Board h a calculado que. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. etc.En cl siglo pasado. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. las carreras de caballos. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples.). En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios.*' Con base en esas conclusiones. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo.. A rruina el ah o rro privado. . el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. la ruleta. En la actualidad. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro.

a la centena o al millar. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. análoga a la quiniela dc los países vecinos. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. Además. a la decena. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales. Desde entonces. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. es decir. (Desde que la lotería federal no es dia251 . a la últim a. ordenados más o menos alfabéticam ente.enorm e organización. Por o tra parte. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). "E n su form a actual. a las dos. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito.

enteram ente teórica. quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). De ese modo. P or lo dem ás. sino sem anal. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). 237. que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. Avestruz. alguna clave de los sueños es­ pecializada. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. si presencia un acci­ dente de trán sito . Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. los otros días se hace una fal sa lotería. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. Por ejem plo. no es cosa fácil. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . juega al núm ero del vehículo accidentado. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. Avestruz y Caim án'1 animales . es decir. etc. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. Favorece aún m ás la superstición. es decir. ju e­ ga a su núm ero telefónico. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. saben sacar de él oráculos infa­ libles. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. 723 y 732. En ocasiones." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. Según una anécdota significa­ tiva. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. En efecto. sus clásicos y sus interpretes calificados. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno.ría. y ju g a r cada com binación invertida. sin billetes ni prem ios. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. 273. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. Sin em bargo. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta.) Además. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. Afana y Jo sé.

1 · Teóricam ente. En realidad. en el in terio r dc un mismo Estado. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. term inó p o r hacer su voluntad en la casa. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. Es m ás. la conciencia popular. En general. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. Sea com o fuere. que no deja de preocuparse p o r él. se emplea todo tipo de adivinación. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. 254 . al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios.ejem plos al infinito. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. pecado venial 10Además. parece sin em bargo considerarlo un pecado. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil.

deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. pero en fin. sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. El ejército. Los políticos. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. al tiempo que se dedica a él. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. ve al bicho con malos ojos. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. D urante las macum bas. y un vicio perdonable. de la apuesta. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. en alguna esquina. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . de él se valen o se benefician. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. la condena es general. a veces considerable. todos. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o.sin duda. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. análogo por ejem plo al del tabaco. que con frecuencia lo organizan.

R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. Instincts et Société. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. se sacrifica gratuitam ente. Como se ha visto.0 11 Se aprecia así que. dado el caso. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. ca­ 256 . conservan sin em bargo un papel im portante. 130-151.Γ dc sus habitantes. 1 pitulo V. No obstante. Pero. M arcadas p o r la desconfianza. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. “ L'Usage des Richesses". del com ercio o dc la in d u stria del país. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. Paris. pp. Por tanto. en ciertas condiciones. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. incluso. en el plalJ R occr Caillons. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. Se vuelven a poner en juego salvo. se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. En todo caso. aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo.

no de los juegos. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. en com petencia con el agon. com o el agon. exige el cálculo y la regla. de m edida y de organización. el alca. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. en la m edida en que éste los domina. La razón es fácil de descubrir. construye casinos com o el deporte construye estadios. y con frecuencia en com binaciones con él. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. determ ina enorm es m anifestaciones. hum illada y condenada. el atea. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. Más aún. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. a toda especie de códi­ go. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. de ln m áscara y del éxta­ 259 . en ab­ soluto y por naturaleza. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. En cam bio. in­ cluso le procuran sus principales recursos. A veces. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. Aun­ que reprobada. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. suscita asociaciones y clubes.

del favor gratuito e inm erecido. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. el edificio social se apoya en él. de la tarea paciente y tenaz. es decir. Sin em bargo. en el fondo. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. E l agón. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . es el único considerado com o valor. en elim inar cada vez más al alea. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. En conjunto. De los diversos p rin ­ cipios del juego. en una palabra. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. Deja problem as p o r resolver. si no es que insustituible. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. En efecto. sino' tam bién la burla del trabajo. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. del ahorro. En esas condiciones.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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Como hem os de ver. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla. Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. al dom inó o a la com eta. el estudio de éstos se beneficia . sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer).Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. desde un principio em pieza la extraña distribución. Λ decir verdad. Para ser m ás exactos. p o r su gene­ ralidad engañosa. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). que no se p restan a las ecuaciones. Quien juega al burro. en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos.

268 . trad . 1862. 16. Pero no im porta. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. en el mismo rexto. Poris." Más aún. no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". las corridas de toros de M adrid. los espectáculos del París de antaño. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas. las rvgatas d e Venccia. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. Véanse tam bién las carta. 20. v. 26 y 27. francesa cn Fr. Onuvrcs. Srhillcr. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. tom o VIH. ocupado en sacar del juego la esencia del arte. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros.as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. si no es que el prim ero.> H. "E sthétique". que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma".1 Pero. Estim o que com parando M las carreras de Londres. 1 . En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una.

etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso. 145. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales." (F. erróneam ente. aparece com o un 269 . Seducidos p o r ella.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. p. Des­ ligado de la severa realidad. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena. El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital." Y W undt. m odelo que tam bién le es anterior.thik.) La receta corrió con suerte. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria. La idea d e la libertad.” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. sin pa­ sado ni porvenir. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza. d e la gratuidad del jue­ go. Jx> define en fin com o una em presa pura. 1896). F. 1S86. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo.

dc la im aginación. etc. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. lanzam iento simple. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. del oído. lanzam iento para golpear o em pujar. de la atención.). así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. del olfato. lan zar hacia un blanco. de la razón. a tra p a r objetos en m ovim iento). Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. antes bien. francesa. 1889). Jena.). de los movimientos. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. trad. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. Más todavía. V y 62-69. der Tiere. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia. las que se derivan del instinto de lucha. cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. c) dc la inteligencia. del gusto. cóm o todos los adem anes que puede hacer. de la sorpresa. dan origen a juegos. te s Jeux des Animaux. destrucción y análisis.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. de la m em o­ ria. im pulso para hacer rodar. juegos de paciencia. construcción y sín­ tesis. de la tem peratura. sin unidad inmediata y que. g ira r o resbalar. En el fondo. p o r ese hecho. se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. bastante ad ap tad a a su objeto. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. 1902. etc. a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. del instinto sexual o del instinto de Imitación. de las form as. b) del ap arato m otor ((an­ teo. del miedo. de los colores. pp. pertenece al terreno del . Paris. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. Por una ex­ trao rd in aria paradoja.

Pickford (1940) y •V. G. pero no sobre la naturaleza del propio juego.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. Le Football. Buytendijk. W. Por o tra parte. la perinola. . no existe tarca seria para la cual preparen. Las conclusiones se discuten en el estudio de F. Por una p arte. que un juego con frecuencia im plica. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. En cuanto al fútbol. J. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. R. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. el dom i­ nó y la baraja. 1955. M. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. J. Football :n America (traducido en Profils. Introduction a la P/utano^e. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. Tras la lectura de las obras de K arl Groos.’ Cierto. 2e odklôn. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. Sin em bargo. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. núm. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. Paris. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. o poco faltaría para ello. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar. nueva edición niimonlndn. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). 1952.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo.íacques Rousseau de Ginebra. otoño de 1955. W. 13. 1955. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. 5-32). F. Pp. 1 1942). 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. que Jean Château descarta como juegos de adultos. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*. tal vez necesariam ente. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. París. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. Hartgenbusch (1926). no los ha encontrado entre los anim ales y. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. Desde ese punto de vista. se podría seguir ignorando. que desde luego no son alentados por los educadores. De nuevo. Recordamos que el m érito de J. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano. Jx Jeu de J'Enfant. ios juegos de azar se ven elim inados.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. Patrick (1903). Pues bien. incluso si se dejan al m argen los dados. T. es conve­ niente citar los análisis de G. p o r la o tra. Antes de él. En particular.

y son niños que no se disfrazan. Se cam bian p o r golosinas. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. a escala infantil. el alea. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. es dccir el riesgo. Asi. com o resorte del juego en el niño. que el juego es una prueba más que un ejercicio. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. Los jugadores las ganan o las pierden. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. •£ e Jr. contra Karl Groos. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. al final de su obra. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa. pp. Ja apuesta. no le es difícil dem ostrar. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. Ahora bien. en los alredcdoies de las escuelas.u de l'enfant. por cortaplu· mas. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. por al­ gún favor dispensado. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. Por mi p arte. p o r artículos escolares. 18-22. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. 275 . resuelve por om isión un im portante problem a. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. Desde esc punto de vista. inicuo en sí. que exigen espurio y accesorios. de! tipo de la morra que. Uno vez más. 274 guna. Por un preciu invariable. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. depiedra o de vidrio. El niño no se entrena para una tarea definida. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada.los juegos de canicas. por una ayuda en las tareas. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. de b arro . suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. por re so rreras/ por silbatos. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. En efecto.

inventivo y protegido. sino desarro­ lla aptitudes. P or o tra parte. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. intenso. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. La finalidad del juego es el juego mismo. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio.te a las dificultades. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. ninguna ap titu d física o intelectual. pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. Y aun asi. prueba o hazaña. placen­ tero. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. el juego aparece como educación. Desde esc p unto de vista. del cuerpo. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. que adem ás es libre. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). quien perm anece en esen­ cia pasivo. Pues no enseña recetas. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. Así. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . Ahora bien. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. Dc m anera general. el niño. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. del carácter o d c la inteli­ gencia.

R.jugar. No los repele me­ nos que el trab ajo . S. pp. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . A decir verdad. B rauner. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento.). a p ertu rb ar. Poi4r en taire des hom m es. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. En esta segunda clase. luego de Jean Piaget. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real. 1956. 1S-75. Las observaciones de A. el gusto de inventar. En cuanto a los juegos reglam en­ tados. ni ad ap tarse a una nueva situación. 277 . ni so­ m eterse a una disciplina.B. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados. me­ jo r aún. en una prim era aproxim a­ ción. Para ellos. a estorbar. a em pujar. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto.I. pues entonces no sabe.A. 'A . con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. es el de su cu­ ración. etc. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales. P arís. ni fija r su atención..

Im aginar que se es una enferm a. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor. de las dam as 0 del ajedrez. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). un aviador o un vaquero. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. es siem pre una im pro­ visación. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte. Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. basados en la com petencia. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. p o r no hab lar del futbo!. a la tendera o al soldado. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. uno panadera. Ju g ar a la lavandera. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. implica una invención continua. Jugar a las b arras o al pillapilla.

Pero é stas sólo com pli­ can. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. ct análisis define . co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. o por simple aceleración <!c ritmo. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. De ese modo. estru ctu ras que perm a­ necen independientes. gri­ ta r a voz en cuello. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. al m ism o tiem po. en el capítulo correspond iente (pp. de pasión o de Intensidad. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. J. g irar como trom po. a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. basados en el sim ulacro. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. 386-587). que obliga a los jugadores a cooperar. Ππ cambio. en mi clasificación. 1*1*217).

m ejo r adaptados a su propio fin. A decir verdad. si se quiere. quien reflexiona en los juegos de adultos. lo amenaza. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. m ejor dicho. Château hace alusión al sube y baja (p. antes bien. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. pero. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. De ese modo. 298). que es el de provocar una per­ turbación ligera. o poco m ás o menos. un sentim iento de pánico. De la invención y del respeto a las reglas. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. pero éste atra e y fascina: es un placer. de la com petencia leal. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. el vértigo supo­ ne el m iedo o. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. esbo7x>s de juegos de vértigo.esas conductas claram ente existen. Ciertam ente. m ejo r determ inados. 280 . los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. un peligro que. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. no les concede la m enor atención. Huizinga. en ciertos caso*. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural.

la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. 2 . El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. del tobogán.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. Según consenso general. Se considera que destruyen las costum bres. estas ciertam ente son indispensables. Como investigaciones de un nuevo género. Por o tra p arte. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. Los estudios ma· 281 . de los casinos o de los hipódrom os. como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente.

uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. para una serie de veinticuatro jugadas. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles. en el juego de dados. E nton­ ces se dirigió a Pascal. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. en que el azar no interviene en absoluto. Ahora bien. A bordaron los cálculos de enum eración. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. la experiencia le dem ostraba lo contrario. Por ejem ­ plo. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. En más de una ocasión. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. El caballero de Márá había calculado que. Sobre todo. en efecto. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable.

” E sta vez.de los cuatro colores. Re­ cientem ente. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. Morgenstern. Theory υ/ Games and Economic Behavior. en cada situación sucesiva. IW4. com binando el cálculo y la topo­ logía. comercial. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. Théorie de\ Jeua alternatifs. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. cuya teoría se deriva de la topología. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. Pan's. el dc los puentes de Kocnigsberg. es decir que. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. Algunos ju e­ gos tradicionales. Claude Bergt. más allá dc toda controversia. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. Von Neumann y O. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. Princclun. político o m ilitar. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. 195? 283 .

póquer sim plificado al extrem o. É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. Ahora bien. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. la posibilidad de una inform ación total.cortándolo). ya. el segundo. p o r la o tra. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. es decir. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. p o r hipótesis. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. quiero decir. fuera de las m atem áticas puras. del capricho. en realidad. 284 . por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. etc. MatemA­ 11 C laude B erge. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución. due­ los de aviones. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. que agote los elem entos útiles. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. de I3 inspiración boba. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones.1 1 Sin em bargo. en fin.

en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. en la práctica. puede picarle una avispa. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. del 30% y el tercer dio del 50%. puede tener deseos de m orir. Pero. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. Cuanto m ás espera el cliente. en época de baratas. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles.ticam ente. el segundo día. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. su sangre fría. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. ya. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. Pue­ de ser distraído o neurasténico. Pero. m ás ventajosa es la com pra. En fin. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . Y aún así se trata de una especulación aleatoria. Teóricam ente. la visibilidad. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro.resuelto. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. la distancia. es claro que el cálculo resulta imposible. hacerle trastab illar una raíz.

ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. En principio. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. Sin em barga. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. Pues no se juega para g an ar con seguridad. el juego al p unto se ve estropeado.po y el artículo dc su agrado puede írsele. según se le considere m ás o menos deseado. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. En ajedrez. E n la b araja. y cada jugador m uestra sil juego. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder. los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. En los juegos que les apasionan. Se conoce el desenlace de todas las variantes. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias.

Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. se tran s­ miten de padres a hijos. Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. te M o n d e n o ir". e-s muy popular el juego del bolotudtí. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. form ando parte de la herencia fam iliar. sem ejante al molino. 287 . Así. Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. P r o x i. le "com e" uno al adversario. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. pp. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. En Sudán. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. en todas las situaciones po­ sibles. Por el contrarío . 8-9 de Présence africaine. “Jctix dan«. Monde n ú m s. pero que ellos no abordan de o tro modo.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. Se juega con doce palitos y doce guijarro s.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. noir. 241-24$. lejos de favo’’ A . si la desconoce.

que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. Existiría incluso si los juegos no existieran. 288 . es decir. abolien­ do su rozón de ser. Por sí solo. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. esos análisis tam bién existen para otros juegos. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles. aunque no se demuestre. No queda fuera de las hipótesis razonables que. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «.recer cl espíritu de juego lo estropean. ninguna respuesta resulte eficaz. Su teoría es sencilla. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. de la prim era a la últim a jugada. tal que. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. que m encionaba yo antes. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. No es verosímil.· admite. El lobo. por ejem plo. p ara los palillos y el juego de anillos. que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos.

Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. Así. Sin em bargo. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. En efecto. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas.ellos. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer. El juego es un fenómeno total. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. . esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. 67. "Junto a su necesidad dc destrucción. se dio por satisfecho. Romanes. que varias veces ha 299 . hasta hacerle perder el equilibrio. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. De una observación de G. en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. Así. Para romper un palo. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. J. también le gusta mucho volcar objetos. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. De ese modo tira dc una silla. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. se quita de debajo de él y espera la caída. Sin embargo. a modo dc mantenerse cabeza abajo. con gran alegría. con los brazos abiertos. tirando cuidadosamente dc los hilos. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. En cuanto al jefe. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. Hace lo mismo con objetos más pesados. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. citada por K. luego lo dobla y k» rompe. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos.

difícilmente sería entretenida. 300 . Desarrollo de las máquinas (ragamonedas. t.” " P. Intelligences des animaux. 70. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. . París. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. Su estéril monotonía. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. PP. al que es raro que se tenga fe. prácti­ camente universal. Romanes. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. sin la treta. Sin embargo. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. Esc carácter oracular. es también materia de reflexión. Por otra parte. J. puesto que claramente se trata de uno acción "G . luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. Antes de em­ pezar el juego. sin lastimarse nunca.logrado volcar con grandes esfuerzos. Alean. II. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. 240 y 241. F. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que.

de cosmonautas con escafandra y de 301 . sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. refinadas o sal­ vajes. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. pero siempre con la misma solicitud. que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas. y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. con ayuda de un número fijo de elementos. aunque de manera muy diluida. que en un principio parece del todo ausente. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. en fin. En cuanto al simulacro. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). búsqueda del favor del destino. El placer de la com­ petencia es escaso. puesto que la ley prohíbe. perfectamente im­ productiva. lo que equivale a lo mismo). ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. su papel sin embargo se deja sen tir. de manera más o menos severa y según los países.

hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. Para aum entar el ruido y el movimiento. Por lo demás. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que .cohetes Interplaneterios. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. Aquí. sin nin­ gún Intervalo entre si. por decirlo así. que no es urgente dominar. una pe­ queña esfera brillante. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. como con el peso de una mirada cargada dc deseo. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. pero un vértigo inferior y vano. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. Supon302 . lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. Los aparatos se alinean en filas interminables. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica.se puedan imaginar. En fin. Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. En este caso. posible al vértigo.

previsión. desde cierto punto de vista. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. El balero exige destreza. lo contrario. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. en principio los más peligrosos de todos. incluso en sus aspectos más aberrantes y.go que poco faltaba para empobrecer. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. Los recursos personales del jugador no intervienen. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos.sin espesor los juegos de vértigo. reflexión y saber. que exi­ gen espacio. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. éstos incluso exigen. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . del casi automatismo 303 . maquinaria compleja y gran desgaste de energía. la prueba de una ha­ bilidad. en fin. el entrenamien­ to deportivo. Así.n fin. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. el solitario o los palillos. Por doquiera una tensión. paroxfsticos. un esfuerzo. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. una lucidez expuesta e imperturbable. de la inteligencia o del alma. y hasta resulta inoperante. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. P. para hacer mecánicos y endebles. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. obstinación y resistencia. por el lado que se le-s mire.

Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. Pues bien. Broadway 1485. el billar. ''Playland*' . desde el escolar hasta el anciano. norteamericanos de toda edad. el chaquete. En los cafés. En Estados Unidos. capital del juego-sino también en Nueva York. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. . la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. en los años de mayor éxito. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. Provoca verdaderas obsesio­ nes. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. con In vana esperanza de una partida gratuita. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. Cada día y cada noche. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. en pleno Times Square. en el corazón de Nueva York.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. el 25 del mismo mes.

Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. por 5 centavos. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. En efecto. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. (D. comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos).en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. Morgaine). decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. En una inmensa sala sin puerta. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. si entró allí con dinero suficiente. permite al jugador quedarse horas. Delante de cada máquina. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . como se les llama aquí.

lue Ko de lo cual los tiraban a la basura. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. 215. Re­ tomo aquí mi comentario de entonces. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. Rs una amenaza . La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. puede ganar millones (fieticos). pp. Así. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. de octubre de 1957. Sin embargo. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. pues las anotaciones llevan varios ceros. Por una moneda (real). 1289. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. que podían utilizar en aparatos traga monedas.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. T. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. num. En fin. a través de diferentes obstáculos.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato. en abril de 1957. (Vol. Como es fácil imaginar. Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos. pero le parece sublime.luminosos. 44-47).

se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. un riesgo suplementario. No por ello dejaba do pensar en él. por decirlo así. en particular. Entonl ces juega. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Julius Segal confiesa curiosamente que. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". el jugador se . Si hemos de creerle. Sale tranquilizado respecto de su talen.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. Por lo general. Y en efecto. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. exterioriza su irritación y lop. to y de sus oportunidades de triunfo. I.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. en caso d e depresión. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y.ativo accionando el resorte del artefacto.ra que el mundo se conduzca dócilmente. una especie de segundo juego agregado a! primero. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. honorable si* no es que higiénica. "Por lina moneda.Γ deliciosa. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach.

que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. deberá tenerla en cuenta. el desinterés. destreza o vigor. de la ciencia y de la moral. m . más que otros. Deja la máquina frus­ trado. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. lo hacen fructificar a largo plazo. paciencia. el dominio dc sí. al que presta gran atención. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. en el caso del señor Segal. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego.enerva en vez dc triunfar. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. Por el con­ trario. en pocas palabras haberlo hecho perder. la lealtad. En lo sucesivo. Sospecho que. el componente terapéutico. sino amargado c iracundo. Li­ teralmente. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. imaginación. se siente cngaflado. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. según exi­ jan m is cálculo. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. favorecen el feliz desarrollo del arte. en la medida en que obligan más a respetar la regla. En realidad.

lle­ nando las horas libres. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. y accesoriamente de los solitarios. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. radica entonces en que. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. 309 . pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. existen distracciones-trampa que. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. cobran aspecto de juegos. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Nombradas entonces n contrasentido. sino intensidad desplegada libremente. lo que concordaría con otra forma de juego. Tal ve/. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. posee una eficacia propia. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación.

Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11.1 = 17 = 1 4 7 = 8. serán tomados en cuenta por los interesados. sin embar­ co y de todo corazón.. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. 310 . 93. Por ejemplo. reducido a la unidad da 6 . si es posible. Juegos de azar.. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que.f 6 . no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente. horóscopos y superstición. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour. Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica.. no le digo "buena suerte".Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir. Aunque no contenga ningún 8. la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números.. A título dc ejemplo. tal número «Obre tal otro. Mis mejores deseos. 66 410. Ko obstante. Pero. como es debido. Y ahora. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad. dada la variedad de esos procedimientos. si (por casualidad) ganara.f 4 -¿. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8.

/:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. ρά· R in a 310). Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. Hypoctinea bl· tuherctdata. Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. en cuanto se acerca. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga.En ese terreno. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. Con frecuencia. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. ?. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas. Bl ptilócero se abate lenta­ mente. Morion Wheeler (op.. 101. como si estuviera seguro de hacerla su presa. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. Ahora bien. citadas por W. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. cit. Como los demás. de hormigas comunes en la India. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. espera la llegada de una de ellas y.

un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. el derecho a conocer el misterio. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. Kora. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras.. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. Jcanmaire. Extracto de H. a poncr312 . Las máscaras (Koro. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan.Jacobson. plural. El mecanismo tic la iniciación. un tanto más burdo. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. éstas se apartan un poco del ptilócero. pp. 221-222. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. Simbo. tanto cabezas de animales. plural. op. cit. eso queda "probado por el hecho de que. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma. 162. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado.

hucen oír . El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. los ancianos los rodean. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. Naturalmente. los usos varían se­ gún las localidades. Por la noche. piden conocer las "cosas del Do". del mismo tamaño. lo cual se hace ritualmente. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. De las exposiciones un tanto confusas. Ponen manos a la obra desde la mañana. es decir. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. dentro dc su simplici­ dad. desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. esperando que caiga la noche. la revelación del secreto dc las máscaras. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. Al terminar el día. En uno. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores. Cuando los 313 . dc cierta grandeza.

niños . Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". Después de lo cual. c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. Al día siguiente. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. ésta se pasca. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. fisa es la costumbre. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. éste la sella golpeándola con la mano. Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . no estd en \rida. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles.se han reunido. salta alrededor de los niños. Cuando se ha cerrado Ja fosa. Una máscara llega corrien­ do. De modo simbólico. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado.

La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. t. IV. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas.sudanesas]. Cremer y publicados por H. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. a los niños c incluso a la gente joven. quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . el lugar ue reunión era un claro en la selva. Labouret). com­ parado por H. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas". los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). P. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. Además de la cerveza. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. hoy por hoy en decadencia. La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. y el anuncio producía una efervescencia en el país. 164. éstos se celebraban cada siete años. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. instrumentos dc Jos Antiguos. los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. El animal se inmolaba. 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo.

pequenUo en un principio.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. Luego de abandonar la fosa. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. con el rostro vuelto hacia el interior. iba creciendo poco a poco. de espaldas. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). El día señalado. Al pie del árbol se había hccho una fosa.f negro que cubría una piel humana. Por lo demás. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. el que se volvía se condenaba a muerte. El enmascarado se ponía a bailar. cuyo tamaño no dejaba de crecer. T. que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. ΛΙ cabo de siete días. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. I-a dan/a continuaba tres días seguidos. em­ pezaba la parte importante del misterio. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. banquetes y palabrería. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas. en cuanto el enmasca rado.

intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. 205. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. AZAR P. en 1926. fuera entre la ma^a de la población. t. Un ejemplo: el culto de James Dean. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. Frobcnius. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. fuera en el círculo de los ancianos.cían. Dämonen des Sü­ den. En los suburbios de Buenos Aires. carbonizado en un accidente de aviación. 1924. VII. De todos modas. durante aquellos días. a fin de m orir como él. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. Atlantis. en caso negativo.). pp. Para rendir homenaje en común a un cantante . C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. en 1939. numerosas víctimas pere­ cían. Ä9 ss. (Según K. al cabo de aquel triduum.

Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto.lames Dean. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. "Algunos psicoanalistas".. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas. desfigura­ do. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. En uno de los cotidianos más importantes de París. y que su padre está escribiendo su biografía oficial. en la que trabajaba . la empresa cinematográfica Warner Brothers. sé que no estás m u e rto . pretende que. muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto.de su gusto. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . un historiador enterado. Escribe./'. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean. el actor hubo de retirarse del mundo. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café. se ha conmovido ante el fenómeno. dice. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres.

1957.." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. U Figaro. El episodio en sí os insignificante y N futuro. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad." Γ. volcando 1 Pierre Gaxoto. y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. ts s Stars. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. Tras la muerte del héroe. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". 213. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. Terminada la gira. Paris. Por cincuenta. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo. pp. 119-131: "Ix cas James Denn'*. 319 . Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. maltratando a los transeúntes. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. uno podía sentarse unos segundos al volante.

Los pedagogos. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. los educadores. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. finalmente. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. Sin embargo. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea. rompiendo aparadores y. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. De manera 320 . Casi linchados. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. el hecho en sí no es nuevo. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. Por lo demás.autos.

Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas. No .inexplicable. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia. esta trifulca y. aparte de su edad. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . decenas. presas del terror de la soledad se reúnen. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe.. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda. gruñen y se injurian apretando los dientes. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde.e so s ociosos.. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. se estaría tranquilo. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. se aglutinan corno pingüinos. en toda la acepción trágica de la expresión.ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. se amontonan. miles de muchachos están alii.. No sc conocen entre sí. "Para el extranjero. ‘rebeldes sin causa'. centenares y.. Son. sin ninguna palabra com prensible.m divier­ í ten. cl lunes. nada tienen en común. François-Régis Bastide ya ha escrito: . se abruman a golpes sin un grito. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio.

en Suecia. Esc bienestar relativo y. En cambio. (Le Monde. 5 de enero de 1957. . el cxccso de dificultades por 'subir'.. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. la certeza de un porvenir asegurado.vo en la vida*. hijos de obreros o empleados comunes. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas. Como aprendices o dependientes de almacén. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. en su mayoría son. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters. bajo otros cie­ los./’ Uva Freden. como aquéllos. la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . En ambos casos.los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. provoca la desesperación.

Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. Bibliothè­ que de la Pléiade. Mémoires de Saint-Simon. se quiso continuar con la diversión. grande fue la diversión con esa broma. Finalmente tiraron aquellas máscaras. 1949. y Wartigny. pp. cap. de suerte que. Favorece agradables equívocos. al desenmascararse. hacia 1700. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. dc manera más desconcertante. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. de pronto. cuando debajo estaba el verdadero. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. al natural. enteramente distinto. El invierno siguiente. El invierno anterior. y estado sorprendida. dos hombres de gran valía. fueron muertos frente a Verue. 414-415. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. teniente general. en extremo y en reiteradas ocasiones. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. pero el colorete se bo­ rraba al punto. la máscara es una diver­ sión dc la corte. 323 . Pero sigue siendo Inquietante y. II. pero enteramente sin­ gulares. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. da lugar. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir.En Francia. que se llevaban bajo otras máscaras. y la tensión no podía suprimirse. maris­ cal dc campo. t. dc aquella ex­ traña singularidad. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. como yo. XXIV (1704).

a su antojo. según Giovanni Comisso. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. La mayoría de las veces es de color escarlata. En los teatros. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. la conservaban o se la quitaban. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. 37. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. por razones de Estado. 1944. Era obligatoria para los nobles. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. en los lugares pú­ blicos. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. una vez dentro de la sala. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ]. El origen de esc nombre es el grito de: bau. empezando por cl dux. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . En principio. París. Todos la llevaban en Venecia.En el siglo χνπ ι. p. bau con el cual se asusta a los niños. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. Λ continua­ ción. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. Cuan­ do. la ley prohibe a los nobles ponérselo. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. hombres y mujeres.

hora« bres vestidos o no dc mujeres. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. op. de dejar de ser lo que son. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. los pitocchi.. nota 1. Mémoires.). Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. de disfrazar­ se. estaban: los gnaghc. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. vestidos dc andrajos. 133. tomo V. los berrwrdoni. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos]. en una palabra. 1900. dc escapar dc sí mismos. dc cambiar dc identidad. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. los tati. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas. capitulo XI. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. (Comisco. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. también sobre las máscaras. 325 . ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. Prefacio de Gustave Coquiot. p. cil.

inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. llena con sus tropeles. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas. que codicias. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. sardónica y macabra. qué apetitos. el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina. como los fantasmas. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. qué esperanzas. bajo la pelambre de las falsas barbas. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. Como los fantasmas. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. a qué olvido de sí mismos. La máscara es el rostro turbado y perturbador .necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. no se ve su rostro.

pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y. 3-6. es el lujo condimentado con el miedo. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. pp. (Histoires de. pues. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. Masques.de! desconocido. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. quien sabe. tal vez en la prefectura. es la sonrisa de la mentira. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. con sus rostros solicitantes y terribles.) 327 .

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..... 3.ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I........... . Conjunciones contingentes .. 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales . .. . ..... ... . III...... TV...27 II.... S ik íl n im P arte VI.... Definición del ju e g o .. b) De la turbulencia a la regla .. .. .... Conjunciones prohibidas.. ... Conjunciones fundam entales ...... .. 106 .. V. .. La corrupción de los juegos ..... 125 127 128 129 329 .. 1... ... 2. ...... Clasificación de los juegos...... P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s .. . La teoría am pliada de los juegos . La vocación social de los juegos ......... ...

..... De la pedagogía a las m atem áticas ...... 166 a) T ransición................................ ........ 216 La m áscara y el uniform e . Resurgim ientos en el m undo mo­ derno ............... .... .......... 201 IX.. Análisis m atem áticos.... .....................227 El trapecio........ ... .................... ... 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s .. 228 Los dioses que p aro d ia n ........281 330 ....221 El c irc o ..... ..... .. . ............. 266 1. La im portancia de los juegos de azar 239 II............. 185 c) La delegación.................VII..... .... 138 1> La m áscara y el trance ................. Análisis psicopedagógicos ........169 b) E l m érito y la su erte ........... .. ) 146 VIII. . ................ ............. .. .......................... .... 217 La feria a m b u la n te ... 230 Co m plem entos I....... 268 2...... El simulacro y el vértigo .......... La com petencia y el azar .......... .

..... La com petencia y el azar .... Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .............. El sim ulacro y el vértigo ..... ........ ..... V III................E x p e d ie n t e II.................... ...... ....... IX. La corrupción de los juegos .322 331 .. C la siíic a c ió n . . ........... 310 312 317 VII. ..... 293 IV.. .

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En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. .E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da. A-. 09070 México. Av. S. D. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. 9:10 y B:9 punta*. F. Arto de Juárez 226-C.

Fanon : Los condenados de ta tierra F. A. L u a rd : La China popular y su economía E. J. F anon: Por ta rcwfución africana N i H arrin g to n : Ui cultura de ta pobreza en los Estados Unidos A. T. Wright: Para comprender el teatro actual R. J a h n : Muntu: Las culturas neoafricanas H. R k sin a u : Abundancia ¿para qué? G. B erendt: Et jazz J. F. Friedmann: ¿El fin del purhlo judío? U C r e a c ió n L it e s a r ia Junn R ulfo: El llano en llamas Juan R ulfo: Pedro Páramo Agustín Y áñez: ΪΔ creación . Myrdal: El reto a le sociedad opulenta T. B oyd: La investigación del espacio FC N k ru m a h : Un líder y un pueblo R. M yrdal : El Estada del futuro G. E. S. L.H. E .ALGUNOS TÍTULOS DE LA COLECCIÓN POPULAR T P m esln te ie m p o G. B a rre : F. C o re: Historia y enajenación R. Shaplcy: De estrellas y hombres F. H ughes y D.t desarrollo económico J. C ro sim an : Biografía del Estado moderno Pierre NaviUe: Hacia el automatismo social D.

H. Fernández Moreno: Introducción a ta poesía M. L. Rostand: El hombre y la vida R. Cole : La organización política K.Agustín Yáñez: La tierra pródiga Ricardo Pozas: Juan Pérez Jolote Femando Bcnítez: El Rey Viejo Fernando Benitez: El açua envenenada Edmundo Valadés: La muerte tiene permiso Carlos Fuente*: la s buenas conciencias Carlos Fuent«: La muerte de Artemio Cruz Sergio Colindo: El Burdo Mariano Azuela: Los de atojo Mariano Azuela: 3 novelas Francisco Rojas González: El diosero Alfonso Reyes: Antología Seymour Menton: El atento hispanoamericano Ezequicl Martínez Estrada: Antologa Carlos SokJrzano: Ei teatro hispanoamericano cottlem· pordneo Miguel de Unamuno: Antología Rodolfo Usigü: Corotu* de luz R. D. S. Dueñas: Tiene ta noche un árbol iNTBOOUCeiOKUB CULTURAL»* M. Shackle: Para comprender ta economía . de BablnJ: ¡. Dobb: Introducción a la economía G. van Doren : La profesión de Don Quijote G. Croec: Ixt historia como hazaña de la libertad J. Burckhardt : Reflexiones sobre la historia universal C.os siglos de la historia (tablas cronoló­ gicas) B. Castellanos: ButúnCanán G. Mannheim: Diagnóstico de nuestro tiempo J.

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