R O G E R CAILLOIS

LO S JUEGOS Y LOS HOMBRES
La máscara y el vértigo

CL C N O tC IO

fW UlAR

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA M ÉXICO

I

Primera edtfráo αι Γ*μ*Λοί. 19βό

H n n irra edición m francés,

1967

T liiilo oaiginal.

Lei Jeux ft lei //·/»nmo. Lc nunqiM n Ir vmixe ■£ 1^57, Édition» C a llin u rd , Parii

Amn<l;i d r la lin iw n k b d , 97!> US100 .

n. R. © 1906. FoNno ο». CtnniRA ECONOMIC. S. Λ. de C V.
D. F.

ISBN 96Κ·Ιβ4Μ81·5
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IN TRO D U CCIÓ N
Los juegos son innum erables y de m últiples es­ pecies: juegos de sociedad, de habilidad, de azar, juegos al aire libre, juegos de paciencia, de cons­ trucción, etc. Pese a esa diversidad casi infinita y con una constancia sorprendente, la palabra juego evoca las m ism as ideas de holgura, de rie s -. go o de habilidad. S obre todo, infaliblem ente trac consigo una atm ósfera de solaz o de diversión. Descansa y divierte. Evoca una actividad sin aprem ios, pero tam bién sin consecuencias para la vida real. Se opone a la seriedad de ésta y de esc m odo se ve tachada de frivola. P o r o tra par­ to, se Öponc al trab ajo como el tiem po perdido ^ al tiem po bien em pleado. Én efecto, el juego no produce nada: ni bienes ni o b ra s./E s escncialm ente estéril. ΛΑ cada nueva p artida, y aunque jugaran toda su vida, los jugadores- vuelven a encontrarse en ce ro y en las m ism as.condiciones que en el propio principio; Los juegos de~cTinero, de apuesta o de loterías no son la excepción: no crean riquezas, sino que sólo las desplazan. Esa gratuidad fundam ental del juego es cla­ ram ente la característica que más lo desacredi­ ta. Es tam bién la que perm ite entregarse a él despreocupadam ente y lo m antiene aislado de las actividades fecundas. Desde un principio, cada cual se convence así de que el juego no es 7

más que fantasía agradable y distracción vana, sean cuales fueren el cuidado que se le ponga, las facultades que movilice y el rig o r que se exija, lo cual se siente claram ente en esta frase de C hateaubriand: "Lo geom etría especulativa tiene sus juegos y sus inutilidades, com o las o tras ciencias.” En esas condiciones, parece tanto más signifi­ cativo que .historiadores em inentes luego de es· nidios profundos, y psicólogos escrupulosos lue­ go de observaciones repetidas y sistem áticas, se hayan creído obligados a Hacer del espíritu de juego uno de Jos resortes principales, para las sociedades, del desarrollo de la s m anifestacio­ nes m ás elevadas de su cultura, y p ara el indiñor, considerada insignificante, y los resultados esenciales que de pronto se inscriben en b en e­ ficio suyo, se opone lo suficiente a la verosim i­ litud para que nos preguntem os si no se trata de alguna p arad o ja m ás ingeniosa que bien fun­ dada. Antes de exam inar las tesis o las conjeturas d e los panegiristas del juego, m e parece conve­ niente analizar las ideas im plícitas que se repi­ ten en la idea d e juego, tal com o aparecen en los diferentes em pleos de la palabra fuera de su sentido propio, cuando se utiliza com o me­ táfora. Si verdaderam ente el juego es un resorte principal de la civilización, no puede ser que sus significados secundarios no resulten instructivos. En prim er lugar, en una de sus acepciones más corrientes y tam bién m ás cercanas al sentido 8

no p o r ello es menos libre (den­ tro de ciertos lím ites) de m anifestar su perso­ 9 . de los sím bolos o de los instrum entos necesarios a esa actividad o . Conjun­ tos com pletos y enum erables: un elem ento de m ás o de m enos y el juego es im posible o fal­ so. es decir las ca­ racterísticas originales que distinguen de los dem ás su m anera de tocar un instrum ento o de in terp reta r un papel.propio. o de un juego de velas: conjunto com pleto de las dife­ rentes velas de un navio. designa. se transform an sin cesar. ciertam en­ te constituye una innovación preciosa en un m undo esencialm ente en movimiento. la palabra Juego. Asf. com pleta en un principio e inm utable. m úsico o com ediante. p o r o tra parte. no sólo .a liu n cionam iento de un conjunto com plejo. sino tam bién la totalidad de las figuras. cuyos ele­ m entos son prácticam ente infinitos y. Vinculado p o r el texto o p o r la p artitu ra. Esa idea de totalidad cerrada. se habla de un juego de naipes: conjunto de car­ tas. concebida para funcionar sin o tra intervención exterior que la energía que lo mueve. a m enos que el retiro o el aum ento de uno o de varios elem entos se anuncie de antem ano y responda a una intención precisa: así ocurre con el joker en la b araja o con la v en taja de una pieza en el ajedrez p ara establecer u n equilibrio en tre dos jugadores de fuerza desigual.la ac­ tividad especifica que nom bra. De la m ism a m anera. se h ab lará de un juego de ó r­ gano: conjunto de tubos y de teclas. de un juego de ajedrez: co n ju n to de piezas indispensables para ju g a r a ese juego. La p alab ra jeu [juego] designa adem ás el estilo. la m anera de un intérprete.

especie de apuesta que supone una com paración en tre el riesgo aceptado y el resultado esperado. expresa una mezcla notable en que se leen conjuntam ente las ideas com plem en­ tarias de suerte y de habilidad. de libertad y de invención^ En un registro vecino. ung. un elem ento favorable o m iserable. La palabra juego com bina entonces las ideas de lím ites. el juego aparece com o una idea singularm ente com pleja que asocia un estado de hecho. o incluso la com probación de que ¿ ¡Ju eg a no vale la cande· la ^ c s decir. la vida. La idea de riesgo viene. com o m ostrar su juego o. Una expresión com o a voir beau jeu [ser fácil algo a alguien] corresponde al p rim er senti­ do.nalidad m ediante inim itables m atices o varia­ ciones. en . a la inversa. el cálculo-de las even­ tualidades previsibles se acom pañan rápidam en­ te de o tra especulación. ocultar su juego se refieren inextricablem ente a am bos: ventajas al princi­ pio y despliegue hábil de una estrategia m aestra. que el m ayor provecho que puede sacarse de la p artid a es inferior al co sto de la luz que lo alum bra. al punto. la carrera. o tras más. y otras com o jouer serré [ju g a r con cautela] y jouer au plus fin [dárselas de listo ] rem iten al segundo. jugar en grattde. Una vez m ás. De allí las lo­ cuciones com o poner cti juego. a com plicar elem entas de suyo enredados: la evaluación de los recursos disponibles. jugarse el resto. de recursos re­ cibidos del azar o de la fortuna y de la inteli­ gencia más o menos rápida que los pone en acción y tra ta de obtener de ellos el m ayor p ro ­ vecho.

lo que llam am os ju e­ go aparece como un conjunto de restricciones II . E sta vez. en fin.. es decir lo perm i­ tido y lo prohibido. É stas de­ finen lo que es o no es juego. so pena de que el juego acabe al p unto y se estropee por_£ este hecho. esas convenciones son a rb itrarias. A la ve/. en las diversas ac­ ciones o los diversos intercam bios a los áta le s se tra ta de hacer extensivas algunas convenciones im plícitas sem ejantes a las de los juegos. la voluntad de respe­ tarla. que las convencio­ nes precisam ente tenían p o r objeto suprim ir. una ap titu d para sacar el m ejo r partido de esos recursos desiguales. una elección en tre la prudencia y la auda­ cia que aporta una últim a coordenada: la me­ dida en que el jugad o r está dispuesto a apostar p o r aquello que se le escapa más que p o r aque­ llo que domina. toda treta o respuesta prohibida. de com ún acuerdo. éste ha vuelto a a b rir el estado natural y ha perm itido nuevam ente toda jucacctón. T an­ to m ás conveniente es som eterse a ellas cuanto que ninguna sanción oficial castiga al com pa­ ñero desleal. No pueden violarse con ningún pretexto. Ahora bien. es decir. Todo juego es un sistem a d e reglas. Es preciso jugar al j u e z o o no ju g a r en absoluto. que un cálculo sagaz hace fructificar y que la negligencia dilapida y. sin p oder haccr nada al res­ pecto. “ju g ar al ju eg o '4 sc dice para actividades alejadas del juego e incluso fundam entalm ente fuera de ¿I. Dejando sim plem ente de ju g a r al j juego. Pues nada m antiene la regla salvo*” el deseo de ju g a r. im perativas e inapelables.que cl azar es rey y que cl ju g ad o r hereda para bien o para m a1.

esc . el m ecanism o en ­ tero se puede considerar como una especie de juego en o tro sentido de la palabra que un dic­ cionario precisa de la m anera siguiente: "Ac­ ción regular y com binada de las diversas p artes de una m áq u in a/' En efecto. Por lo dem ás. E l juego que subsiste entre los diversos elem entos per­ m ite el funcionam iento de un mecanismo. que le da vida. cuando se habla del jue­ go ¿ c un engranaje o cuando se dice que un navio juega sobre su ancla. Pero. una libertad útil. espacio cuidadosam ente calculado im pide que se atasque o se desajuste. Juego significa enton* ces libertad. Así. en el in terio r de ese juego. Por o tra parte. que debe m antenerse en el seno del rigor m ism o para que éste adquiera o conser­ ve su eficacia. ese juego no debe s e r exagerado. el segundo es elasticidad y margen de movimiento. Esa am plitud hace posible una indispensable m ovilidad. CLa p alab ra ju ego ev o ca^n fin una idea de am ­ plitud.voluntarias y aceptadas de buen grado. E l prim ero es ensam ble estricto y perfecta relo­ jería. a veces una legislación tácita en un universo sin ley. de facilidad de movim iento. pero ño excesiva. I-os anteriores son significados variados y ricos que m uestran cóm o. que ins­ tauran un orden estable. pues la m áquina parecería desbocada. in­ terviene un juego de o tra especie. enteram ente exacto. sino las disposiciones psicológicas que m anifiesta y des­ . no el juego m ism o. una m áquina es un puzzle de piezas concebidas para ad ap tarse unas a otras y funcionar concertadam ente.

En genera!. imágenes de am ­ bientes cerrados y protegidos. de re­ gla y de libertad. O tro más invita a concebir leyes a la vez im periosas y sin o tra sanción que no sea su propia destrucción o Indica que es conveniente co n tar con cierto va­ cío o cierta disponibilidad en el cen tro de la más -rcxacta economía. Pero los m o­ delos que los juegos ofrecen constituyen o tras ta ñ ías anticipaciones del universo reglamenta* . E l juego propone y propaga estructuras ab stractas. que am bos pojosTsuSsisten y que e n tré upo ν otn> se m antiene c ie ñ a relación.arrolla pueden en efecto co n stitu ir im portantes factores de civilización. en que pueden ejercitarse com petencias ideales. esos distini. to s senüdospim plican ideas de totalidad. com pleja c innom brable. Un tercero opone el cálculo y el riesgo. Hay ciertos casos en que los lim ites se borran y la regla se disuelve. Esas estructu. otros en cam bio en que la libertad y la invención están a punto de des­ aparecer. Intereses y pasiones no se dejan dom inar fácilm ente en ellas. Uno de ellos asocia la presencia de lím ites con la facultad de inventar d entro de esos límites. Sin em bargo el juego^significa. que no dependen sino de la apli­ cación del celo y de la obstinación personal.ras y esas com petencias son otros tantos m ode­ los de instituciones y de conductas.) O iro separa erítre los recursos he­ r e d a d o s de fa suerte y el arte de lograr la victo­ ria con el solo concurso de recursos íntim os e inalienables. Con toda se­ guridad no son aplicables de m anera directa a la realidad siem pre confusa y equívoca. Allí son moneda corriente la violencia y la traición.

do por cl que es conveniente su stitu ir la an ar­ quía natural. la precisión. p o r fin. es de­ cir. la jurisprudencia lo ex­ tiende a los casos de litigio y el procedim iento define la sucesión y la regularidad d e las juga­ das. que juega correctam ente el juego. el carácter inflexible y original­ m ente form al de las reglas en vigor. la separación absoluta que debe aislarlo del resto del espacio m ientras dure la partida o la au d i­ ción y. de acuerdo con las disposiciones establecidas V sin ab u sar de las ventajas que le da el usu­ fructo m om entáneo de la fuerza. El equipo gober­ nante. lisa es. Se tom an precauciones p ara que todo ocu­ rra con la claridad. pista o arena. tam bién existe en la política una regla de alternancia que Ucva un o a uno al poder. de acuerdo con un cerem onial invaria­ ble. a los partidos opuestos. la argum enta­ ción de un Huizinga. que evocan respectivam ente el aspecto de­ dicado al juego (cam po cerrado. ejerce ésta sin aprovecharla para aniquilar al adversario o p ri­ varlo tic toda oportunidad de succderlo en las 14 . tablero para dam as o tablero de ajedrez). En el intervalo de los actos de fuerza (en tos que d juego ya no se juega) . la pureza y la im parcialidad de un juego. El derecho en tra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social. y en las m ism as condicio­ nes. reducida a lo esencial. Los debates se reali­ zan y el fallo se pronuncia en un recinto de justicia. cuando deriva del espíritu de juego Í3 m ayoría de las instituciones que or­ denan a las sociedades o las disciplinas que contribuyen a su gloria.

de o tro juego cuyo código aún vago será a su vez 1S . En música. En pintura. No ocurre o tra cosa en el terren o estético. la prueba de la dificultad técnica y los caprichos del ge­ nio. negarlas es al mismo tiem po esbozar las norm as fu tu ras de una nueva excelencia. Engendran hábitos que. todo se resum iría en un b ru ta l enfrentam iento de fuerzas que ya no serían atem peradas p o r frágiles convenciones: aquellas que tenían como consecuencia hacer extensivas a la lucha políti­ ca las leyes claras. A falta de lo cual.form as legales. P or o tra parte. E n lo sucesivo. igual que en el juego. las hacen parecer naturales. y cualquier o tra imposición. Sin em bargo. unidad o canon en la escultu­ ra. Esas reglas tienen algo de arb itrario y. m ás o m enos ex­ plícitas y detalladas. engendran un es­ tilo com ún y reconocible en que se concillan y se com pensan la disparidad de gusto. al final. com ponen igual­ m ente diversas legislaciones. las leyes de la perspectiva son en gran p a rte convenciones. d istan tes e indiscutibles de las rivalidades contenidas. escribir sin riina ni cadencia o com po­ ner fuera de los acordes perm itidos. se abre la puer­ ta a la conspiración o al m otín. las leyes de la arm onía. cualquiera está autorizado para rechazarlas y p in tar sin pers­ pectiva. osas reglas sólo existen p o r el respeto que se les tiene. en el a rte de los ver­ sos las de la prosodia y de la m étrica. que a la vez guían y lim itan al creador. Al hacerlo. ya no juega al juego sino que contribuye a destruirlo pues. Son com o las reglas del juego al que él juega. la coreografía o el teatro . de encontrarlas extrañas o m olestas.

Term ina m ediante la firm a de un arm isticio o de un acta de rendición que precisa igualm ente su fin. La propia guerra no es terreno de la violen­ cia pu ra.. no m enos estricto y no menos gra­ tuito. tiránico. M ediante esos pocos ejem plos. Las m archas y co n tra­ m archas se deducen y se articu lan com o com­ binaciones de ajedrez y llega a suceder que los teóricos estim en que el com bate no es necesario para la victoria. hasta la es­ trategia es convencional. a las ciudades abiertas. Las guerras de ese tipo se em ­ parientan claram ente con una especie de juego: m ortífero y d estru cto r. o cuando menos una convergencia con sus am biciones propias. En épocas de guerra llam ada cortés. que se apoya 16 . dom esticará la audacia y prohibirá nue­ vam ente la fantasía sacrilega. pero regulado. Con ella se puede seguir el progreso m ism o de la civilización. O tras restricciones excluyen de las operaciones a las poblaciones ci­ viles. sino que suele serlo de la violencia regulada. se aprecia una especie de huella o de influencia del principio del juego. se esfuerzan por p ro h ib ir el em pleo de ciertas arm as y garantizan el trato a los heridos y a los prisioneros. en la me­ dida en que ésta consiste en p asar de un universo tosco a un universo adm inistrado. Las convenciones lim itan las hostili­ dades en el tiem po y en el espacio. Toda ru p tu ra que quiebre una prolübición acreditada esbozará ya o tro sistem a. Empiezan p o r una declaración que precisa solem nem ente el día y la hora en que entra en vigor el nuevo estado de cosas.

en que. C ontinuam ente procura la Ima­ gen de un m edio p u ro y autónom o. E s claro: el panoram a de la fecundidad cultural de los juegos no deja de ser im presio­ nante. tienen al menos valor d e modelo. son ejercicio y entrenam iento. des­ de el cálculo de probabilidades h asta la topo­ logía. de cálculo. Los juegos de azar y de com binación han dado origen à num erosos desarrollos de las m atem áticas. C onstituye una isla de claridad y d e perfección. Los psicólogos les reconocen un papel capital en la historia de la afirm ación de sf en el niño y en la form ación de su carácter. Pero esa duración fugitiva y esa rara extensión. res­ petada voluntariam ente p o r todos. Por el cam ino del placer o de la obstinación. y siem pre revocable. Su contribución en el nivel del individuo no es m enor. los juegos de im itación y de ilusión prefiguran los actos del espectáculo. Los juegos de fuerza. que se b o rra p o r sí mism a.. . más flexible y más resistente. la regla no favorece ni lesiona a nadie. Cada juego refuerza y agudiza determ inada capacidad física o intelectual. Los Juegos de com petencia desem bocan en los deportes. que dejan fuera de sí las cosas im portantes. H acen el cuerpo más vigoroso. el tacto m ás sutil.en un sistem a coherente y equilibrado. de habilidad. hace fácil lo que en un principio fue difícil o agotador. cierto que siem pre infinitesim al y precaria. El juego inspira o confirm a ese equilibrio. el espí­ ritu más m elódico o m ás ingenioso. la vista más penetrante. tanto de derechos y d e deberes com o de privilegios y de responsabilidades.

En efecto. antes que recri­ m inar o desalentarse.C ontra Io que se afirm a con frecuencia. acrecentando toda capacidad de salvar obstáculos o de hacer frente a las dificultades. Es absurdo y no sirve en absoluto p ara salir adelante en la realidad lanzar lo m ás lejos posible un m artillo o un disco m etálico. la mala suerte o la fatalidad. Además es necesario aceptar de antem ano el posible fracaso.anar utilizando al máxim o esos recursos y pro­ hibiéndose las jugadas no perm itidas. El juego ciertam ente supone la voluntad de p. de una m a­ nera general introduce en la vida. co nsentir en la derro ta sin cólera ni desesperación. El juego no prepara para ningún oficio definido. tenerle confianza p o r principio y com ­ batirlo sin anim osidad. el ju e ­ go no es aprendizaje de trahajo. El juego invita y acostum bra a escuchar esa lección del dom inio de sí y a hacer extensiva 18 . o bien a tra p a r y lanzar interm i­ nablem ente una pelota con una raqueta. allí donde toda nueva partid a aparece com o un principio absoluto. Pero exige aún m ás: es preciso su p erar en cortesía al ad­ versario. el ju g ad o r tiene la posibi­ lidad do red o b lar su esfuerzo. ni para ser cocinera la chiquilla que en platos supuestos p rep ara alim entos ficticios con­ dim entados con especias ilusorias. Pero es ventajoso tener m úsculos fuertes y reflejos rá­ pidos. Sólo en a p a ­ riencia anticipa las actividades del adulto. Quien se enoja o se queja se desacredita. El chico que juega al caballo o a la locom otora no se p rep ara en absoluto p ara ser jin ete o mecá­ nico. nada está perdido y.

donde en cierto m odo es de rigor y don­ d e parecería que el am o r propio se h ubiera com ­ prom etido de antem ano a cum plir con las obli­ gaciones. que a su vez es juego y juego superior. la suerte Im­ placable c im prescriptible. esa frialdad en el m om ento de los resultados de la acción no es poca vir­ tud. una vez rebasada la cima. No obstante. Por o tra parte. el juego moviliza las diversas ventajas que cada cual puede haber recibido del destino. Aun siendo evidente y estan d o toda­ vía p o r garantizar.su práctica al conjunto de las relaciones y de las vicisitudes hum anas en que la com petencia ya no es desinteresada ni está circunscrito la fatalidad. tanta inteligencia y resistencia nerviosa. una vez alcanzado el extrem o com o de m ilagro en la proeza o la resistencia. es preciso considerar los ju e­ gos de vértigo y el voluptuoso estrem ecim iento que se apodera del ju g ad o r al cantarse el fatál rien-nc-va-plus. la capacidad de conjugar esas diferentes clases de juego. Sin duda. que lo deja sin energía ni resorte. E stá dem ostrado que el juego pone al ser en un estado p o r decirlo así d e incandescen­ cia. su m ejo r afán. anuncio éste que pone fin a la 19 . En cierto sentido. la audacia de arries­ g a r y la prudencia de calcular. nada com o el juego exige tanta atención. Como lo es aceptar perderlo todo sonriendo. al ech ar los dados o al voltear un naipe. de m ayor com ­ plejidad en el sentido de que es el arte de aso­ ciar útilm ente fuerzas difícilm ente conciliables. tal dom inio es m ás fácil en el juego. En lo cual tam bién es m eritorio el desapego. consum ada la hazaña.

algunas personas atribuyen un valor de form a­ ción m oral a ese desasosiego profundo aceptado deliberadam ente. saberla inevitable y no p rep arar o tra salida que la posibilidad de afec­ ta r indiferencia es. Este alegato en favor del espíritu d e juego 20 . E xperim entar placer con el pá­ nico. un herm oso riesgo que rale la pena correr. El juego no es una escuela menos ruda. Ordena al jugado r no descuidar nada para el triunfo y al m ism o tiem po g u ard ar distancias respecto a él. la codicia y el odio. La m anera de vencer e-s m ás im portante que la pro­ pia victoria y. A ceptar el fracaso com o sim ple contratiem po. como si Dios no existiera. aceptar la victoria sin em briaguez ni vanidad. con esa últim a reserva respecto de la propia ac­ ción. que hacen retroceder la tacañería. es llevar a cabo o b ra de civilización. ganar más terreno con esos bo­ llos modales. como dice P latón hablando de o tra apuesta.discreción de su libre a rb itrio y hace inapelable un veredicto que sólo de él dependía evitar de­ ja n d o de jug ar. en cualquier caso. Ignacio d e Loyola profesaba que era necesa­ rio a ctu ar contando sólo consigo m ism o. Tal vez de m anera paradójica. Lo que ya se ha ganado puede perderse e in­ cluso se encuentra destinado a ser perdido. exponerse a él p o r voluntad propia para tra ta r de no sucum bir an te él. pero recordando constan­ tem ente que todo dependía de Su voluntad. es la ley del juego. tener a la vista la imagen de la perdida. con ese desapego. más im por­ tante que lu que está en juego. C onsiderar la realidad como un juego.

Por o tra parte. aceptado por él. en m ayor o m enor m edida. Quien tiene ham bre no juega. el juego desarrolla un respeto supersticioso a la form a. 21 . Que sean o no resueltas no tiene m ás consecuencia que cierta satisfacción o cierta decepción igualm ente ideales. El juego constituye una actividad de lujo y presupone tiem po para el ocio. la realidad no tiene esas de­ licadezas. a diferencia del trab ajo y la ciencia que capitalizan los suyos y. las irrealiza. el juego está con­ denado a no fu ndar ni a pro d u cir nada. esa benignidad engaña respecto a la rudeza de las pruebas verdaderas. las aísla de su contexto y. casi fic­ ticio. En cambio. De habi­ tuarse a ella. el juego queda a m erced del aburrim iento. a expensas del conteni­ do. Acostum­ b ra considerar sólo elem entos exam inados y resueltos. p ero un obstáculo arb itrario . p o r decirlo así. com o no se está obli­ gado a él y como sólo se m antiene m ediante el placer de jugar. en tre los cuales la elección es nece­ sariam ente abstracta. En pocas palabras. de la saciedad o de un sim ple cam ­ bio de hum or. transfor­ m an el m undo. E n segundo lugar.trae a la m ente una palinodia que señala b re ­ vemente sus debilidades y sus peligros. respeto que puede volverse m aniaco si sim plem ente se mezcla con el gusto p o r la eti­ queta. por los refinam ientos de la burocracia o de los pro­ cedim ientos. hecho a la m edida del ju g ad o r y. p o r el pundonor o p o r la casuística. el ju e­ go descansa sin duda en el placer de vencer el obstáculo. pues en su propia esencia está an u lar sus resultados. el juego escoge sus di­ ficultades. Finalm ente. Además.

Secundum Secundatum . Pero esa debilidad obedece en últim a instancia a su p ropia naturaleza y. el juego estaría igualm ente desprovisto de su fecundidad. sin ella.En este últim o p unto reside la debilidad p rin ­ cipal del juego.

PRIMERA PARTE .

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Johan H uizinga. esta obra. Huizinga cum plió brillantem ente con esa de­ m ostración pero. dándolas p o r sentadas. au n q u e descubre el juego allí donde antes que iíl nadie se había atrevido a reconocer su presencia o su influencia. se esforzaba p o r a rro ja r luz sobre esa parte del juego que obsesiona o vivifica las m anifestaciones esencia­ les de toda cu ltu ra: las artes y la filosofía. p o r su naturaleza. eligió com o tem a de su discurso inicial Los lím ites del juego y d e la seriedad en la cultura. Por una parte. no deja de a b rir cam inos sum am ente fecundos a la in­ vestigación y a la reflexión. rc c to r de la Universi­ dad dc Leiden. En todo caso.I I. Discutible en la m ayoría dc sus afir­ maciones. En H om o ludens. inten­ taba p ro cu rar una definición exacta de la natu­ raleza esencial del juego. tra b a jo original y vi­ goroso publicado en 1938. p o r o tra. el m érito de Huizinga consiste en h ab er analiza­ do m agistralm entc varias de las características fundam entales del juego y en h ab er dem ostrado la im portancia de su función en el desarrollo m ism o dc la civilización. 27 . descuida deliberadam ente la descripción y la clasificación de los propios juegos. la poesía y las instituciones ju ríd icas e incluso cier­ tos aspectos dc la guerra cortés. D E FIN IC IÓ N D E L JU EG O E n 1933. retom ó y desarrolló sus tesis.

31-32. acción que tiene su fin rn sí misma y va acompañada de un sentimien­ to de tensión y alegría y de la conciencia de 'ser de otro modo* que cu la vida comente. México. por tanto. sino una investigación sobre la fecundidad del espíritu de juego en el terren o d e la cu ltu ra> y m ás precisam ente del esp íritu que preside cierta esp ed e de juegos: los juegos de com petencia reglam entada. sin que haya en ella ningún interés material ni se oblonga en ella provocho alguno/que se eje­ cuta dentro de un determinado ticnipo y de un determinado espacio. que el juego. podemos decir. es una acción libre ejecutada "como si*' y sentido como situada fue­ ra de la vida corriente.1 1 Homo ludenx. según reglas absolutamente obligalonjA.com o si todos los juegos respondieran a las mis­ m as necesidades y m anifestaran indiferentem en­ te la mism a actitu d psicológica. del FCE. que se desarrolla en un or­ den sometido a reglas y que origina asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfra­ zarse para destacarse del mundo habitual. peiO que. \W ." 28 . que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espa­ cial^ determinados. (¡Su obra no es un estudio de los juegos. aunque libremente aceptadas. Huizinga define el juego asi: Resumiendo. En la página 53 se encuentra otra definición. puede absorber por completo al jugador. a pesar de todo. menos rica pero también menos limitativa: ~B1 juego es una acción u ocupación libre. trad. en su aspecto formal. pp. El exa­ men de las fórm ulas iniciales de que se vale Huizinga para circunscribir el cam po de sus análisis ayuda a com prender extrañas lagunas de un estudio p o r lo dem ás notable en todos aspectos.

p o r ejem plo. que el m isterio no sea reverenciado y que el sim ulacro no sea ni prin­ cipio ni signo de m etam orfosis y de posesión. los casii nos. el cual casi siem pre resulta espectacular si no es que ostentoso. aunque al p unto es conve­ niente agregar que esa actividad necesariam ente se ejerce en detrim ento de todo secreto. En pocas palabras. Es m eritorio y fecundo h ab er captado la afinidad que existe en tre el juego y el secreto o el m isterio. es decir. las pistas de carreras y las loterías que. el m isterio y. En cambio. Sin duda el secreto.E sta definición. se p restan a una actividad de juego. lo publica y. en cier­ to modo. ocupan precisam ente un . cuando el secreto. Todo lo que es m isterio o sim ulacro p o r na­ turaleza está próxim o al juego: y au n es ne­ cesario que se im ponga la parte de la ficción y de la diversión. sino una insti­ tución. La ac­ tividad de juego lo expone. el disfraz. lo gama. En segundo lugar. en que sin em bargo todas las palabras tienen gran valor y están llenas de sen­ tido. tiende a desviarlo de su naturaleza m ism a. a pesar de lo cual esa connivencia no podría intervenir en una definición del jue­ go. es a la vez dem asiado am plia y dem asiado lim itada. se puede e sta r seguro de que no hay un juego. los garitos. la m áscara y el traje desem ­ peñan una función sacram ental. -|T>ara bien o para m al.yc sim plem ente fñs opuestas y los juegos de azar. la parte de la definición de Huizinga que considera al_iuego_como una acjjción desprovista de todo interés m a te ria l cxclu. en fin. es decir. .

lugar im po rtan te en la econom ía y en la vida cotidiana dc los diferentes pueblos. no tom arlos en consideración conduce a d a r del juego una definición que afirm a o sobreentien­ de que el juego no lleva consigo ningún inte­ rés de orden económico. la influen­ cia dc los juegos de azar no es m enos apreciable. Aunque casi siem pre es inferior. dc los im puestos o de los bencficios del em presario. sulta m ucho más difícil establecer la fecundi­ dad cultural dc los juegos de azar que la de los juegos dc com petencia. único que no juega o cuyo juego está protegido co n tra el azar p o r la ley de los grandes núm eros. En el m ejo r dc los casos. lo cual no im pide que esa característica se avenga con el hccho de que. pero en las cuales la constancia de la relación entre azar y ganancia es aún m ás im presionante. Sin em bargo. la sum a de ganancias no podría sino igualar la sum a d e las p érdidas de los dem ás jugadores. es decir. En* algunas de sus manifestaciones. Hay . el único que no puede tom ar placer en el juego. cierto que en form as infinitam ente variables. aunque se considere desdichada. Pues bien. prác­ ticam ente no tienen cabida e n la o b ra d e H ui­ zinga. el juego siga siendo rigurosa­ m ente im productivo. Y ése es un prejuicio que no carece de consecuencias. es preciso distinguir. Además. Pero tam poco es inexplicable. Los juegos de azar» que son tam bién juegos dc dinero. a causa de los gastos generales. el juego es p o r el co n trario lucrativo o ruinoso a un grado extrem o y está destinado a serlo. Ciertam ente re-. incluso en su form a dc juego p o r dinero.

sino hom bres dc oficio. la even­ tualidad dc esa transferencia. en una carga de la que habría prisa p o r desem barazarse. y deben pensar en la prim a. ni objeto mamifacluracjp. En cuan­ to a los profesionales. de habilidad y con frecuencia dc dinero. sin que n ad a HU£M0 baya surgido: ni cosechas. en la pista. los jockeys o los actores que se ganan la vida en el cuadrilátero. Cuando juegan. perdería una de sus característi­ cas fundam entales: el hecho de que el jugador 31 . p o r efecto de una libre decisión renovada en cada o artid a. en lo cual so distingue del trabajo o dc H n tg r Al final dc la partida^ todo puede ¿ d e b e volver a em pezar en el m ism o punto. Æn^cfccto. pero no produc­ ción dc bioics. O bligatorio o simplemente recom endado. ninguna obra. como fuente dc alegría y de diversión. en el hipó­ drom o o en las tablas. Un juego en que se estuviera obligado a participar dejaría al punto dc ser un juego: se constituiría en coerción. los boxeadores. para la com pra de los accesorios del juego o posible­ m ente para pagar el alquiler del local.desplazam iento de propiedad. está claro que en ello no son jugadores._c&_ca· racterfstico del juego no. no cabc duda de que el juego se debe definir com o una actividad libre y volun­ taria. crear Tiinguna riqueza. ni o b f t m aestra. es a algún o tra juego. Aún más. d e Inge­ nio. los ciclis­ tas. ese desplazam iento no afecta sino a los jugadores y sólo lo hacc en la m edida en que ellos aceptan. Por o tra parte. en el salario o en la rem uneración. fu 'ta m ­ poco am pliación dc capita!rE l juego es ocasión de gasto puru: de tiem po 'de energía.

el juego es esencialm ente una ocu­ pación separada. 1943. p.se entrega a él espontáneam ente. diciendo: "Ya no ju e­ go m ás. enviar la pelota más allá dul terreno. de buen grado y p o r su gusto. el cuadrilá­ tero. la escena. el tablero de ajedrez o el tablero de domas. teniendo cada vez la to tal liber­ tad de p referir el retiro .’ El jue­ go sólo existe cuando los jugadores tienen ganas de ju g a r y juegan. Hay que reto m ar el juego en la fro n tera con­ venida. Parts. el recogi­ miento. así fuera el juego más absor­ bente y m ás agotador. 21. ora da lugar a un castigo. 32 . cuidadosam ente aislada del res­ to de la existencia y realizada p o r lo general dentro de lím ites precisos de tiem po y de lugar. Lo mismo ocurre con el tiem po: la par­ tida empieza y term ina a una seflal. Con fre1Paul Vnlt'rv: Tel quel. la pista. etc. el silcucio. el estadio. II. S alir del recinto p o r erro r. con intención de divertir­ se y de escapar de sus preocupaciones. la rayuela. i Hay un espacio para el juego: según los casos. es preciso que estén en libertad de irse cuando les plazca. p o r acci­ dente o por necesidad. p ara apartarse d e la vida corriente. la soledad ociosa o u n a actividad fecun­ da. De allí la definición que Valéry propone del juego: es aquello donde "el hastío puede desli­ gar lo que había ligado el entusiasm o’’. la liza. P o r lo dem ás y sobre todo.” En efecto. la arena. es decir. Nada de lo que ocurre en el exterior de la frontera ideal se tom a en cuenta. ora descalifica.

necesariam ente debe considerarlas extrava­ gancia manifiesta. Además. Quien no las acepta con ese carác­ ter. Si es posible. Desde ese punto de vista. el terreno del Juego es asi un universo reservado. ésta es la razón de que sus reglas sean im periosas y absolutas: se en­ cuentran p o r encim a de toda discusión. su duración se fija de antem aao. que es preciso aceptar com o tales y que presiden el desarrollo correcto de la partidaN Si las viola. p o r ejem plo. No hay ninguna razón para que sean com o son y no de o tra m anera. El que lo es­ tropea es el negador que denuncia lo absurdo de las reglas. No Jas discu­ te: abusa de la lealtad de los dem ás jugadores. c e n a d o y protegido: un espacio p u ro . "tiem po". como en los juegos de niños).cucncia. arb itra ria s e irrecusables. Es deshonroso abandonarla o in terrum pirla sin causa m ayor (gritando. se pro­ longa. su naturaleza puram ente conven­ cional. p o r reglas pre­ cisas. en ese espacio definido y durante ese tiem po determ inado. tras acuerdo de los adversarios o decisión de un á rb itrq ^ E n cualquier caso. y se niega a ju g a r porque el juego no tiene ningún sentido. 33 . se debe apoyar a los autores según los cuales la deshonestidad del tram poso no destruye el juego. el tram poso cuando menos finge respetarlas. Sus argum entos son irre­ futables.) UkS leyes confusas y com plicadas de la vida o r­ dinaria se sustituyen. El juego no tiene m ás sentido que el juego mismo.

en la ruleta. en cada ocasión que uno de los adversarios mueve una pieza. a fin de que cada cual pueda defender su suerte hasta el fin. Es adem ás una actividad incierta. las fuerzas de los cam peones deben estar equilibradas. dem asiado entrenado o dem asiado hábil. Un desarrollo conocido de antem ano. A decir verdad. se deja de ju g a r y lodos m uestran su juego. en el ajedrez.^ ó l o se juega si se quiere. en cada cam bio de pelota en el tenis o incluso. La duda sobre el resultado debe prolon­ garse h asta el fiift Cuando. E sa libertad del jugador. Todo ju eg o de habilidad implica p o r definición y para el ju g ad o r el riesgo de fallar la jugada. ese margen concedido a su acción es esencial para el ju eg o y explica en p arte el placer que suscita. En una prueba deportiva. se apuesta a un núm ero que puede salir o no. El juego consiste en la necesidad de encontrar. que conduzca claram ente a un resultado ineluctable. es incom• patiblc con la naturaleza del juego. gana sin esfucr/. sin po­ sibilidad de e rro r ni de sorpresa. en una partid a de nai­ pes. el resultado ya no es dudoso. En la lotería. el juego es una actividad libre. una am enaza de fracaso sin la cual el juego dejaría de divertir. tal com o la que se produce a cada ataque o a cada respuesta en esgrim a o en fú t­ bol. igualm ente es la que da ra34 . d e inven­ ta r inm ediatam ente una respuesta que es libre dentro de los lim ites de las realas. En esc sentido. cuando se quiere y cl tiem po que se quiere. Se necesita una renovación constante c im previsible de la situación. ya no divierte a quien.o c infalible­ mente.

al soldado. a la locom otora. el juego se acom paña de la con­ ciencia de que la conducta seguida es fingim ien­ to. al polo. al caballo. ήuc no conoce ninguna actividad que esos juegos pudieran tra ­ tar de reproducir fielmente. p o r ejem plo una m áquina. Por eso se juega en serio al ajedrez.ió n de em pleos tan sorprendentes y significati­ vos» de la palabra "juego" como los que se apre­ cian en las expresiones juego escénico de un artista o juego de un engranaje. por el propio he­ cho de plegarse a sus reglas respectivas. al polo o al bacará. No se hace com o si. cada vez que el juego consiste en im itar a la vida. al avión y. a policías y ladrones. a las b arras. p o r una parte el jugador evidentem ente no sab rá inven­ ta r y seguir reglas que no existen en la realidad y» p o r la otra. no las hay. sim ple mímica. en general. Por sí m ism a. Esa conciencia de la irreali­ 35 . de com por­ tarse com o si se fuera alguien distinto o incluso una cosa d istin ta. debo decir aquí que la ficción. p ara designar en un caso el estilo personal de un intérprete y en el o tro la falta de aju ste de un mecanismo. Muchos juegos no im plican reglas. al bacará. Pese al cará cter paradójico de la afirm ación. P o r el contrario. p ara jugar a las muñecas. la regla crea una ficción. se ve separado de la vida corriente. o cuando menos no fijas y rígidas. De ese modo. a los juegos que suponen una libre im provisación y cuyo principal atractiv o se deri­ va del placer de represen tar un papel. al m arro. Quien juega al ajedrez. el sentim iento del coyno si sustituye a la regla y cum ple exac­ tam ente la m ism a función.

un verdadero subm arino. D estinada a p recisar la naturaleza. la ex­ posición an terio r posee al m ism o tiem po la ven­ taja de poner en relieve su diversidad y de ara36 . algunos niños m uevan a tontas y a locas piezas reales o supuestas sobre un tablero de ajedrez ficticio. La equivalencia es tan precisa que el sabo­ teador de juegos. o. p o r ejem ­ plo. Antes bien. Al grado de que si un juego reglam entado aparece en ciertas circunstancias com o una ac­ tividad seria y fuera de alcance a quien ignora las reglas. en aquel que recuerda al m uchacho que no es un verdadero detective. el máximo com ún denom inador de todos los juegos. que no arru lla a un niño verdadero o que no sirve una verdadera com ida a verdaderas dam as en su vajilla en m iniatura. los juegos no son reglam entados y ficticios. un ver­ dadero caballo. Podemos concebir fácil­ mente que.dad fundam ental del com portam iento adoptado . si le parece p arte de la vida corriente. o están reglam entados o son ficti­ cios. en aquel que se niega b ru ­ talm ente a acceder a la ilusión propuesta. es decir. a la chiquilla. ese juego al p unto puede serv ir al profano desconcertado y curioso de cañam azo para un sim ulacro divertido. a fin de im itar a las personas m a­ yores. un verdadero p irata. jugar a "ju g ar al ajedrez". Así. y encuentren divertido. se constituye ahora en aquel que rom ­ pe el encantam iento. que denunciaba lo absurdo de las reglas.separa de la vida corriente y ocupa el lugar de la legislación a rb itra ria que define otros ju e­ gos.

pliar m uy considerablem ente el universo que por lo com ún se explora cuando se los estudia. y el de la mímica y la interpretación. los solitarios y los cru­ cigram as. som etida a convenciones que 37 . y. En particular. por­ que se llega a una situación iddntica a la del principio de la partida. salvo desplazam iento de propie­ dad en el seno del círculo de los jugadores. p o r ejem plo. ni riqueza. p o r dejarse obligatoriam ente a la iniciativa del jugador cierta libertad en la necesidad de inventar: 4° Im productiva: p o r no crear ni bienes. 3? incierta: cuyo desarrollo no podría estar predeterm inado ni el resultado dado de an tem a­ no. el tiovivo. A ellos habrá que volver. 5* Reglamentada. quedan num e­ rosos juegos y diversiones a los que todavía dejan de lado o a los cuales se ad aptan im per­ fectam ente: ellos son. el cornc:a y el trom po. Por el m om ento. ni tam poco elemento nuevo de ningu­ na especie. el colum pio y algunas atrac­ ciones de las ferias am bulantes. los análisis ante­ riores perm iten ya definir esencialm ente el ju e ­ go como una actividad: 1· U bre: a la cual el ju g ad o r no podría estar obligado sin que el juego perdiera al p unto su naturaleza de diversión atractiva y alegre. 2° Sejxiradu: circunscrita en lim ites de espa­ cio y de tiem po precisos y determ inados p o r an· ticipado. No obstante. los acertijos. estas observaciones intentan anexar a ese universo dos nuevos cam pos: el de las apuestas y los juegos de azar.

que es la única que cuenta. 6* Ficticia: acom pañada dc una conciencia es­ pecífica de realidad secundaria o de franca irrea­ lidad en com paración con la vida corriente. el hecho de que las dos últim as —la regla y la ficción— hayan parecido casi exclusivas la una con respecto a la o tra de­ m uestra que la naturaleza intim a de los elemen­ tos que am bas tra ta n de definir im plica y tal vez exige que estos sean a su vez ob jeto de una repartición que. no características que los oponen en su conjunto al resto de la realidad. No prejuzgan so b re el contenido de los juegos. se esforzará p o r tener en cuenta. 38 .suspenden las leyes ordinarias c instauran mo­ m entáneam ente una nueva legislación. Sin em bargo. esta vez. sino las que los distribuyen en grupos dc una originalidad decididam ente Irréductible. Esas diversas cualidades son puram ente for­ males.

Un juego determ inado puede m ovilizar di­ versas cualidades a la vez o bien no necesitar ninguna. No tiene sentido en fren tar los jue­ g o s de naipes a los juegos de habilidad. los juegos presentan tantos aspectos diferentes que hay la posibilidad de m últiples pu n to s de vista. El vocabulario com ún m uestra a las claras hasta qué punto perm anece vacilante e incierta la m en­ te. el núm ero de jugadores y el am ­ biente de la partida.II. Además. Además. se puede ju g a r a juegos m arcadam ente distintos: los caballos de m adera 39 . a decir verdad. la esperanza de descubrir un principio de clasificación que per­ m ita distribuirlos a todos en un núm ero redu­ cido de categorías bien definidas. em plea diversas clasificacio­ nes opuestas. CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS La m u l t i t u d y la variedad infinitas de los ju e­ g o s hacen perder. como tam poco oponer los juegos de sociedad a los ju e­ g o s de estadio. En efecto. e n otro. finalm ente. En un m ism o lugar. en el último. el lugar en que su disputa la prueba. al comienzo. la cualidad principal que exige. en un caso se escoge como criterio de distribución el instrum ento de juego. en un tercero. lo que viene a com plicarlo todo es el hecho de que se puede ju g a r a un mismo juego solo o en g ru ­ po.

En cam bio el boxeador. el corredor. que posiblem ente o frecerían los títulos dc una clasificación razonada de los juegos. hace alusión al ca­ rá c te r fundam ental de una especie bien deter­ m inada dc juegos. Sea al hacer una apuesta o en la lotería. 40 . m uchos juegos se jue­ gan sin in stru m en to s ni accesorios. Poco im porta que esos juegos sean ora atléticos. p ero uno de los jugadores puede tra ta r dc adivinar si el núm ero que su adversario tiene en la m ano cerrada es p a r o im par: y entonces las canicas son instrum ento en un juego de azar. Sobre todo. Por una vez. el jugador d e ajedrez o de rayucla ponen lodo en prác­ tica parn ganar. es claro que el ju g ad o r adopta la m ism a actitud. A lo cual se agrega que un m ism o accesorio puede tener fun· clones diversas según el juego considerado. resu lta ten tad o r ver si es posible d escubrir o tras actitudes no menos fundam en­ tales. pero cl niño que juega pasivam ente p o r el placer dc verse arrastrad o p o r la rotación del tiovivo no lo hace con el m ism o espíritu que quien realiza su inejor esfuerzo p ara a tra p a r correctam ente su diábolo. Por lo general. al parecer está justificado oponer los juegos dc azar y los juegos de com petencia. quiero detenerm e en esta últi­ m a expresión. Así. No hace nada. S in em bargo. I-a actitud del jugador es la mism a: el esfuerzo p o r vencer a un rival colocado en las mismas condiciones que él. sólo espera la decisión dc la suerte. los canicas son el instrum ento en un juego de habilidad. P o r o tra p arle.y el diábolo son diversiones al aire libre. sea en la ruleta o el bacará. ora intelectuales.

en los juegos considerados. de acuerdo con una progresión com para­ ble. esas desig­ naciones aún no cubren enteram ente el universo del juego. de su naturaleza anárquica y ca­ 41 . m ediante un movim iento rápido de rotación o de caída. se juega a la ruleta o a la lotería (alea). en ano de los extrem os reina un principio común de diversión. predom ine el papel de la com pe­ tencia. se juega al p irata como se interpreta [francés: on joue] a Nerón o a H am ­ let (m im icry) y. d entro de esos sectores. cada uno de los cuales se rige p o r un principio origi­ nal. propongo con ese fin una división en cu atro secciones principales según que. esa exuberancia traviesa y espontánea casi es absorbida o. Sin em bargo. disciplinada por una tendencia com ­ plem entaria. Delimitan sectores que reúnen juegos de la m ism a especie. Pero. Las cuatro pertenecen claram ente al te­ rreno de los juegos: se jue^a a) fútbol. Las llamo respectivam ente Agon. pero no por todos. En el extrem o opuesto. al m ism o tiem po se les puede situ ar entre dos polos opuestos. Así. se juega a provocar en sf m ism o un estado orgánico de confusión y de desconcierto (ilinx) . a las canicas o al ajedrez (agón). Lo distribuyen en cuadrantes. de libre im provi­ sación y de despreocupada plenitud. del sim ulacro o del vértigo. M im icry e llinx. los distintos juegos se escalonan en el m ism o o r­ den.Luego del examen de las diferentes posibilida­ des. m ediante la cual se m anifiesta cierta fantasía desbocada que podem os designar m ediante el nom bre de paidia. de turbulencia. en lodo caso. opuesta p o r algunos conceptos. Casi p o r com pleto. del azar. Alea.

cada cual tendrá la ocasión de darse cuenta por si m ism o de la necesidad en que m e vi de utilizar una nom enclatura que no rem ita dem asiado directam ente a la expe­ riencia concreta. m e ha parecido que el medio m ás económico de lograr­ lo consistía en tom ar de tal o cual o tra lengua el vocablo a la vez más . an te la obligación de reu n ir b ajo una mism a etiqueta m anifestaciones diversas. de habilidad o de ingenio.significativo y m ás am plio posible. aunque exija una suma cada vez m ayor de esfuerzos. A este segundo com po­ nente lo llam o ¡udus* Recurriendo a estas ex trañ as denom inaciones. de paciencia. m e he esforzado por 42 .prichosa: una necesidad creciente de plegarla a convencionalismos arb itrario s. con el fin de evitar que cada conjunto que exam inem os se vea m arcado de m anera uni­ form e p o r la cualidad p articu lar de uno de los elem entos que reúne. no es mi intención constituir quién sabe que mi­ tología pedante. con el fin de hacerle más difícil llegar al resultado deseado É ste sigue siendo perfectam ente inútil. a m edida que tra ­ te yo de establecer la clasificación en la que m e he em peñado. enteram ente desprovista de sen­ tido. im perativos y mo­ lestos a propósito. lo que no d ejaría de ocur rir si el nom bre de éste sirviera para designar a todo el grupo. Con la m ism a intención. a la que en parte está desti­ nada a d istrib u ir de acuerdo con un principio inédito. de contrariarla cada vez más usando an te ella (retas indefinidam ente cada vez m ás estorbosas. Pero. Por lo dem ás.

cada vez que pude. esgri· 43 . Todo un grupo de juegos aparece como com petencia. adem ás. a) Categorías fundamentales Agon. siem pre se tra ta de una rivalidad en to m o de una sola cualidad (rapidez. vigor. a fin dc hacer resaltar m ejor su parentesco fundam ental. ingenio.)r que se ejerce dentro dc lím ites definidos y sin ninguna ayuda exterior. Mezclé los juegos corporales y los juegos intelectuales. se trataba de subrayar el principio m ism o de la clasificación propues­ ta: ésta tendría menos alcance si no nos diéra­ m os cuenta de que las divisiones que establece corresponden a im pulsos esenciales c irreduc­ tibles. con posibilidad de d a r un valor preciso c indiscutible al triunfo del vencedor. es decir. Por tanto. busque en el inundo anim al conductas homólogas. m em oria. En el in terio r de cada cla­ se. e tc . tam poco distinguí en tre los juegos infantiles y los juegos para adultos. ΛΙ hacerlo. habilidad. fútbol. Esa es la recia de las com peten­ cias deportivas y la razón dc ser de sus m últiples subdivisiones.llenar cada sección con los juegos al parecer m ás diferentes. ya opongan a dos individuos o a dos equipos (polo. box. de tal suerte que el ga­ nador aparezca com o el m ejor en cierta catego­ ría de proezas. resis­ tencia. como una lucha en que la igualdad dc oportunidades se crea artificial­ m ente para que los antagonistas se enfrenten en condiciones ideales. tenis. los que se apoyan en la fuerza y los que recurren a la ha­ bilidad o al cálculo.

una igualdad absoluta no parece sin em ­ bargo de! todo alcanzable. p o r ejem plo. Por cuidadosam ente que se tra te de conser­ varla. com petencias de tiro. Λ la m ism a clase pertenecen ade­ m ás los juegos en que los adversarios disponen al principio de elem entos exactam ente del m is­ m o valor y en el m ism o núm ero. Asimismo. etc. etc.ma. salir en últim o térm ino m ultiplica 4-1 . el hecho de ju g ar prim ero da cierta ventaja. proporcional a la fuerza relativa supuesta en los participantes.). en los juegos de nuja. en el croquet. el billar. en las que se da a) jugador más débil la ventaja de un peón. ya se disputen en tre un núm ero in­ determ inado de concursantes (carreras de toda especie. La búsqueda de la igualdad de o p o rtu ­ nidades a) principiar constituye de m anera tan m anifiesta el principio esencial de la rivalidad que se la restablece p o r medio de una ventaja en tre dos jugadores de fuerzas diferentes. es de­ cir. pues esa prioridad perm ite al ju g ad o r favorecido ocupar posicio­ nes clave o im poner su estrategia« P o r el con­ trario . como en las dam as o el ajedrez. el ajedrez. quien ofrece al últim o aprovecha las indicaciones que le dan los anuncios de sus adversarios. de un caballo o de una to rre). de golf. E s signi­ ficativo que ese uso exista tan to p ara el agón de cará cter m uscular (1os encuentros deportivos) Como para el agon de tipo más cerebral (las p a r­ tidas de ajedrez. En ocasiones. son ejem plos per­ fectos. se p rep ara una des­ igualdad secundaria.). de a tle ­ tismo. E! juego de dam as. que d en tro de la igualdad de oportunidades establecida en un principio.

Para cada com petidor. ciertos aspectos constantes y sorpren­ dentes de la llamada guerra cortés. Deja al com petidor solo con sus recursos. el viento que ayuda o que estorba a uno de los dos cam pos. el hecho de tener el sol d e frente o a la espalda. Fuera. lo in­ vita a sacar de ellos el m ejo r p artid o posible. el hecho de encontrarse en el in terio r o en el exte­ rio r de la curva. se encuentra el espíritu del agon en otros fenóm enos cultu­ rales que obedecen al m ism o código: el duelo.los recursos del jugador. La práctica del agon supone p o r ello una atención sostenida. Im plica disciplina y perseverancia. el resorte del juego es el deseo de ver reconocida su excelencia en un te­ rreno determ inado. o tras tantas ventajas o inconvenientes cuya influencia no necesariam ente es ínfima. o en los lím ites del juego. constituyen. siendo iguales para todos. esfuerzos asiduos y la voluntad de vencer. lo obliga en fin a usarlos Icalmcntc y d entro de los lím ites determ inados que. el torneo. la exposición. En los encuentros de­ portivos. un entrenam ien­ to apropiado. conducen sin em bargo a hacer indiscuti­ ble la superioridad del vencedor. Esos inevitables desequilibrios se anulan o se m oderan m ediante el sorteo de la situación inicial. dado el caso. en las carreras disputadas sobre una pista cerrada. El agutí se pre­ senta como la form a p u ra del m érito personal y sirve p ara m anifestarlo. . y luego m edian­ te una estricta alternancia de la situación privi­ legiada.

En principio. las focas jóvenes y los oseznos. a fin dc hacer perder el equilibrio al adversario. con la cabeza pacha. si bien está ausente la regla. se yerguen sobre las patas traseras y se dejan caer uno sobre otro con un vigoroso im pulso oblicuo y con todo su peso. Es claro que no podrían invocarse ni las carreras de caba­ llos ni las peleas de gallos: unas y o tras son luchas en que los hom bres hacen enfrentarse a anim ales adiestrados. Asimisnio. tratan de hacerse recu lar el uno al otro. los anim ales al parecer tienen ya el gusto de oponerse en encuentros en que. No obstante. El caso más elocuente es sin duda el dc los pequeños pavos reales silvestres llam ados “com batientes”. que gustan dc d erribarse guardándose bien de herirse. los ca­ chorros dc perro. Más convincente aún es la costum bre d e los bóvidos que. al menos hay un lím ite im plícitam ente convenido y respetado espontáneam ente. que tienen lugar m edian­ te desafío o invitación. Escogen un cam po de batalla. de acuerdo con norm as que sólo ellos han fijado. "un lugar un tanto 46 . El anim al alcanzado no tiene nada que tem er de su vencedor. conside­ rando ciertos hechos. parecería que los anim ales tuvieran que desconocer el otfow. testuz contra testuz. puesto que no conciben lím ites ni reglas y buscan sólo en una lucha im placable una victoria brutal. Así ocu­ rre sobre todo con los gatos pequeños. Los caballos practican el m ism o tipo de duelo am istoso y adem ás conocen otro: p ara m edir sus fuerzas. com o es de esperar. los observadores han señalado numerosos fuegos de persecución.

sino d em o strar su propia superioridad. m e parece legítimo pronunciar aquí la palabra agem: hasta ese grado es claro que la finalidad de los en ­ cuentros no es para los antagonistas infligir un daño grave a su rival. Entonces. lo que está en juego es m ás serio. en que los adversarios se esfuer­ zan p o r dem ostrar su m ayor resistencia. 47 . en tre los niños se aprecia la frecuencia de ex­ traños desafíos. de parpadear. como se les h a dado en llam ar. resistirá las cosquillas. con el pico al fíente. de­ ja rá de respirar. El que llega prim e­ ro espera a un adversario y empieza la lucha. Pa­ rís. Les jeitx des animaux. Los hom bres sólo agregan los re­ finam ientos y la precisión de la regla. de piquetes y de quem adu­ ras*. pues se tra ta de resistir el ham bre o el dolor. en cuanto a los ejem plos anteriores. En ocasiones. Los cam peones tiem blan c inclinan la cabeza en rei­ teradas ocasiones. ele. d e pellizcos.elevado".' "siem pre húm edo y cubierto de pasto raso. P o r ello. En cuanto se afirm a su personalidad y antes de la aparición de las com petencias reglam entadas. Se lan­ zan uno contra otro . en form a de azotes. pp. Gixxtó. francesa. trad. dice Karl Groos. esos juegos de ascetism o. de un diám etro de me­ tro y m edio a dos m etros". Nunca hay persecución ni lucha fuera del espacio delim itado para el torneo. Allí se reúnen coti­ dianam ente algunos machos. y golpean. 1902. Sus plum as se erizan. Son anticipo de los m alos trato s y las ' K. Se les ve com petir p o r quién m irará fijam ente el sol d u ran te más tiem po. inauguran pruebas severas. 150-151.

el alca niega el trabajo. donde. sin enfrentarse directam ente. sobre la cual no p odría éste ten er la m enor influencia V en que. que no tard a en en co n trar sus form as perfectas. Lo tom o aquí para designar. lodos los juegos basados en una decisión que no depende del jugador.novatadas que los adolescentes deben soportar en la iniciación. la lotería. Aquí.cs lo a rb itrario m ism o de éste lo que constituye el resorte único del juego. problem as de ajedrez. sea con los juegos y deportes d e pn>e/a (caza. etc. sea con los juegos y los deportes de com petencia propiam ente dichos. el destino es el único artífice de la victoria yr cuando existe rivalidad. el entre­ nam iento. Con ello se ap artan un poco del agón. Ofrece al jugador afortunado infinitam ente 48 . Es desgracia total o favor absolu­ to. En un instante aniquila los resultados acum ulados. Ejem plos puros de esa categoría de juegos son los que dan los dados. elimi­ na el valor profesional. la habilidad. etc. la paciencia. crucigram as. M ejor dicho. el bacará. la calificación.). sino que . Es éste el nom bre del juego de dados en latín. la regularidad. en oposición exacta al agon. la ruleta. no sólo no se tra ta de elim in ar la injusticia del azar. se tra ta mucho m e­ nos de vencer al adversario que de im ponerse al destino. el cara o cruz. ésta significa exclusivam ente que el vencedor se ha visto m ás favorecido p o r la su erte que el vencido. Alca. los com petidores no dejan de p articip ar en un inm enso concurso difuso e incesante. p o r consiguiente. A la inversa de! agón. alpinism o.

el saber y el razonam iento constitu­ yen la defensa propia del ju g ad o r y le perm iten sacar el m ejor p artid o dc las cartas que ha re­ cibido. en un juego com o el póquer. En un juego como el bridge. en el alea. El agon es una reivindicación dc la responsabi­ lidad personal. muy por el contrario. En general. supone una actitud exactam ente opuesta a aquella dc que hace gala en cl agon. sa del jugador. dc disciplina y dc fatigas. con la m enor p articularidad exterior que al punto tom a p o r seflal o advertencia. Parece una insolente y soberana burla al m érito. son más bien cualidades de penetración psicológica y de ca­ rácter.V p o r consiguiente. con el m ás ligero indicio. el ju g ad o r sólo cu en ta consigo mismo. P o r p arte del jugador. cuanto m enor sea la defen­ . con cada singularidad que capta. el chaquete y la m ayor p a rte dc los juegos dc naipes com binan cl agon y el alea: el azar rige la com posición de las ''m an o s" de cada jugador. el alea una renuncia dc la volun· tad. con todo.m ás de lo que podría procurarle u n a vida dc trabajo. ab o lir las superioridades na* 49 . un abandono al destino Ciertos juegos como el dom inó. luego de lo cual éste explota lo m ejor posible y de acuerdo con su fuerza la p arte que una suerte ciega le atribuyó. salvo consigo mismo. La razón de todo ello aparece claram ente: el alea no tiene com o función hacer ganar dinero a los m ás inteligentes sino. En éste. el papel del dinero es tanto más considerable cuanto m ayor sea la p arte del azar . cuenta con todo.

1 Los juegos dc azar parecen los juegas hum a­ nos por excelencia. de acuerdo con las peripecias del agon. en Colombia y la* Antillas para las peleas dc galUxs. principalm ente. Incluso es lo contrario. corredoics. esos precios no entran en la catego­ ría det ulca. otorgada a) mérito. dc sim ulacro o dc vér­ tigo. Los anim ales conocen los juegos de com petencia. ofrece ejem plos sorprendentes para cada una de esas categorías. boxeadores. Groos. F. dc allí se sigue que lodo encuentro que posea las características de una com petencia reglam entada ideal puede ser ob­ je to dc apuestas. Huelga decir que no es conveniente tener en dienta los montos en especie que pueden cobrar joc· key* o propietario*. 50 . Por considerables que se supongan. nada tiene que ver con el favor de la suerte. En cam bio. Incluso sucede que la tasa dc apuestas varíe sin cesar d urante la p artida. en las peleas de gallos. en tas Utas Baleares para et juego de petóla. los ani* Por ejemplo. Como el resultado del agon es incierto p o r necesidad. resultado dc la for­ tuna que sigue siendo monopolio incierto de los apun­ tadores. y paradójicam ente debe parecerse al efecto del azar puro. jugadores de fútbol o el tipo dc atletas que sea. dado que las oportunida· des de los com petidores en principio son lo más equilibradas posible. dem asiado m etidos en lo inm ediato y dem asiado esclavos dc sus im pulsos.tu n d e s o adquiridas dc los individuos a fin de poner a cada cual en igualdad absoluta dc con­ diciones an te el ciego veredicto dc la suerte. en los encuentros de fútbol o dc pelota vasca. dc aleas: así ocurre en las carreras dc caballos o de lebreles. es decir. Recompensan una victoria disputada con pasión. K.sa recompensa.

pues nada en la vida es claro sirio que. Para ¿1. C ierto es que las canicas son para él una m oneda. precisam ente. pero am bos obe­ decen a una m ism a ley: la creación artificial en­ tre los jugadores de las condiciones de igualdad p u ra que la realidad niega a los hom bres. los juegos de azar no tienen p ara él la im portancia que cobran para el adulto. É stos no logran hacerle estrem ecerse. privado de independencia econó­ mica y sin dinero que le pertenezca. sea alea. El agon y el alea m anifiestan actitudes opuestas y en cierto modo sim étricas. el juego es entonces una tentativa de su stitu ir la confusión no rm al de la existencia com ún p o r situaciones perfectas. Sin em bargo. E sp erar pa­ siva y deliberadam ente la decisión de una fata­ lidad.m ales nu podrían im aginar una fuerza abstracta c insensible. no encuen­ tra en los juegos de azar aquello que constituye su atractivo principal. para ganarlas cuen­ ta m ás con su habilidad que con la suerte. tanto las oportunidades com o los m éritos. ju g a r es actuar. todo en clin es confuso en un principio. Sea tigon. de representación y de especula­ ción de la que sólo es capwz una reflexión obje­ tiva y calculadora Tal vez en la m edida en que el niño aún está próxim o al anim al. E stas son tales que el papel del m érito o del azar se m uestra en ellas de m anera clara e in d iscutible También 51 . arriesgar en ella un bien para m ultipli­ carlo en proporción a las probabilidades de perderlo es una actitud que exige una posibilidad de previsión. a cuyo veredicto se som etieran de antem ano por juego y sin reacción. P or o tra parte.

sino en ser uno m ism o un per­ sonaje ilusorio y conducirse en consecuencia. convencional y.l juego puede consistir. el ju g a d o r escapa del m undo haciéndo/o otro. casi orgánica.im plican que todos deben gozar exactam ente de las m ism as posibilidades de d em o strar su valer o. no en desplegar una actividad υ en so p o rtar un destino en un m edio im aginario. Pero tam bidn es posible evadirse de el ha­ ciénden* o tro . He decidido designar esas m anifestaciones m ediante el tér­ m ino m im icryt que da nom bre en inglés al mi­ metism o. El sujeto olvida. exactam ente d e las mismas oportunidades de recibir un favor. U1 mundo de los insectos aparece frente al m undo hum ano com o la solución m ás divergen­ te que ofrece la naturaleza. en la o tra escala. fic­ ticio. a hacerse creer o a hacer creer a los dem ás que es distinto de sf mismo. De uno u o tro modo. N os encontram os entonces frente a una serie variada de m anifestaciones que tienen com o ca­ racterística com ún apoyarse en el hecho de que el sujeto juega a creer. pero no es me· 52 . sobre todo de los insectos. F. a fin de su b ray ar la naturaleza fundam ental y elemental. si no de una ilusión (aunque esta últim a palabra no signifique o tra cosa que en trad a en juego: in ju s to ). en ciertos aspectos. cuando menos de un universo cerrado. disfra/a. Todo juego supone la aceptación tem ­ poral. Que es a lo que responde la m i­ micry. despoja pasajeram en­ te su personalidad para fingir otra. F.se m undo se opone punto por p u n to al del hom bre. del im pulso que las suscita. M im icry.

versátil. fija y absoluta que carac­ teriza a la especie y se ve reproducida infinita y exactam ente de generación en generación en­ tre miles de millones de individuos: p o r ejem ­ plo.1 ras en mí estudio titulado: ''Mimétisme el psychasténlc légendaire". me parece legítimo to m ar aquí en consideración los fenóm enos de m im etism o cuyos ejem plos más p ertu rb ad o res presentan los insectos. Pero en am bos casos sirve exacta­ m ente a los mismos fines: cam b iar la apariencia del p o rtad o r y d a r m iedo a los dem ás. Por poco que se adm ita esa hipótesis. acerca de cuya tem eridad no abrigo ninguna ilusión. la m áscara y el disfraz form an p a rte del cuerpo. en representar [jouer] a un personaje. ese estudio aborda el problema de*· de una perspectiva que en la actualidad me parece de 53 .nos elaborado. que sobre todo acaba en una obra exterior. Wl143. de m anera m ás p articu lar en el insecto. en esta ocasión. 193Ä. Por desgracia. a rb itra ria e im perfecta. el inexplicable m im etism o de los insec­ tos ofrece de p ro n to una réplica extraordinaria al gusto que el hom bre encuentra en disfrazar­ se. una m odificación orgánica. en ponerse una m áscara. pp. los dibujos de las alas de las m ariposas frente a la historia de la pintura. com plejo y sorprendente. Sólo que. las casias de las horm igas y de los lerm es frente a la lucha de clases. trance de 1 Smcrinihtts ucetlaia) o de morfologías disimulado­ . corresponde en el anim al y. En efec­ to. Así. en disim ularse.1 *Sc encontrarán ejemplos de mímicas aterradoras de los insectos (actitud espectral de la mantis. París. en vez de ser un accesorio fabricado. a una conducta libre del hom bre. Mythe ct VHomme.

q u e plantan sobre su ca­ rapacho toda alga o todo pólipo que pueden coger. El contagio y la sim ulación todavía no son sim ulacro.n efecto. esa tendencia culm ina en los pavoneos nupciales. de la claudicación. Entre las aves. H udson creyó p oder afirm ar que. y huye de todo objeto que se acerca". sin reconocerla. Al grado de que un cordero se sobresalta y escapa si su m adre se vuelve y se di­ rige hacia él. en las cerem onias y las exhibiciones vanidosas a las cuales. de la sonrisa y sobre todo del movim iento. un anim al joven “sigue a todo objeto que se aleja. ya no haré del mime­ tismo un desarreglo de la percepción del espacio y una tendencia a represar a lo inanimado. se en­ tregan m achos y hem bras con una rara apli­ cación y un evidente placer. esporádicam ente. ni final de este volumen (p. 291K 54 . se­ m ejante al contagio del bostezo. Reproduz­ co algunos . del perro o del caballo que ve alejarse. lo más caprichosa. pero lo hacen posible y dan lugar a la »dea y al gusto p o r la mímica. según los casos. su ap titu d para el disfraz no ofrece lu­ g a r a duda.E ntre los vertebrados. de la carrera.de ellos en el "Expediente". y en cam bio. F. Jos ejemplos utilizados conservan todo su valor. sigue el paso del hom bre. En cu an to a los cangrejos oxirincos. sea cual fuere la explicación que pueda dársele. Sin ruibarbo. casi irresistible. el equivalente en el insecto de los jue­ gos de simulacro en el hombre. la tendencia a im itar sc m anifiesta en p rim er lugar p o r m edio de un contagio enteram ente físico. sino como lo propongo aquí.

La niña juega a la m am á. 55 . Pero las conductas de la m im icry pasan am pliam ente de la infancia a la vida adul­ ta. m arciano. las arm as y las m áquinas que utili­ zan los mayores. los jußiuMCS de las ninas están destinados a imitar conductas cer­ canas. pirata. y que consiste tanto en el propio hecho de e sta r el ju g ad o r enm ascarado o disfrazado com o en sus consecuencias. Tam bién cubren toda diversión a la que nos entreguem os. En el carnaval. agente de policía. antes que nada se tra ta de im itar a los adultos. m osquetero.4 etc. a la lavandera y a la planchadora. los ap aratos. el niño finge ser soldado. ni un verdade4Como se ha observado con tuda razón. el enm ascarado no trata de hacer crccr que es un verdadero m arqués. vaquero. y los dc los nifto* evocan actividades lejanas. En el niño. enm ascarados o disfrazados. es claro que la re­ presentación teatral y In interpretación dram á­ tica entran con todo dei^cho en ese grupo. Juega al avión abriendo los brazos y haciendo el ruido del m otor. Finalm ente. realistas y <*orné*tlcas. El niño que juega al tren bien puede ne­ garse al beso de su padre diciéndole que no se besa a las locom otoras. El placer consiste en ser o tro o en hacerse pasar por otro. Pero. Dc allí el éxito de las colecciones y de los juguetes en m iniatura que reproducen los utensilios.I La mímica y cl disfraz son asi los resortes com­ plem entarios de esa clase de juegos. pero no tra ta de hacerle creer que es una verdadera locomotora. a la cocinera. en esencia 110 es cosa de engañar al espec­ tador. novelescas < inarcesHili» o incluso · francamente irreales. com o se tra ta de un jue­ go.

Para convencerse de ello no hay m ás que considerar la función per­ fectam ente sim étrica del cam peón y de la estre­ lla. para que sea válido. sobre la cual tendré ocasión de in sistir de 56 . que im pone al ju g ad o r la inm ovilidad y el estrem ecim iento de la espera. ni tam poco un verdadero piel roja. Para quienes no participan en él.ro torero. imaginación c interpretación. se excluye el sim u­ lacro. a su vez resultado del hecho de que la m áscara disim ula al personaje social y libera la personalidad verdadera. Como actividad. i ó te n la infu n d ir miedo y sacar provecho de la licencia ambience. la m im icry no podría ten er relación alguna con el atea. el espectador en el héroe de la película. todo agon es un espectáculo. Sólo que es un espectáculo en que. la identificación con el cam peón constituye ya una m im icry próxim a a la que hace que el lector se reconozca en el héroe de novela. Sólo el espía y el fugitivo se disfrazan para engañar realm ente. U na com pli­ cidad m ás íntim a se deja descubrir con facili· dad. Las grandes m anifestaciones deportivas no p o r ello dejan de ser ocasiones privilegiadas p ara la m im icry. sino claram ente los asistentes. Tam poco el acto r tra ta de h acer crccr que es "d e veras" el Rey Lear o Carlos Quinto. pero no queda excluido que se acom ode con el OgofL No estoy pensando en los concursos de disfraces donde la alianza es enteram ente exterior. pero ellos no juegan. con sólo que se recuerde que el sim ulacro se transfiere aquí de los actores a los espectadores: los que im itan no son los ac­ tores. Por sí sola.

triunfa' dores del agon. Unos y o tro s reciben correspondencia abundante. Un contagio físico los lle­ va a csbo7ar la actitud de los hom bres o de los anim ales. liturgia a p r o iada y desarrollo regjam entado. que dupli­ ca el verdadero agon del cam po o de la pista.m anera m ás explícita. En esas condicio­ nes. constituyen en sí espectáculos con trajes. el p artido de fútbol. Los cam peones. convención. pero aparecen con las características exteriores de una representación. son las estrellas de los encuen­ tro s deportivos. Los asistentes no se contentan con alen tar con la voz y los ade­ m anes el esfuerzo de los atletas de su prefe­ rencia sino tam bién. En una palara. de tenis o de polo. entre el público se suscita una com petencia con m im icry. suspensión de la realidad. las estrellas son las vencedoras de una com petencia difusa donde se juega el favor del público. inauguración solem ne. es­ e 57 . el de los caballos de su elección. conceden entrevis­ tas a una prensa ávida y fin n an autógrafos. p ara ayudarlos. A dccir verdad. son dram as cuyas diferentes peripecias h a­ cen al público contener el aliento y llegan a un desenlace que exalta a unos y decepciona a otras. La naturaleza de esos espectáculos sigue siendo la del agon. Con excepción de una sola. adem ás del espectáculo. la m im icry pre­ senta todas las características del juego: liber­ tad. la carrera ciclista. a la m anera en que se sabe que un ju g ad o r de bolos inclina el cuerpo de m anera im perceptible en la direc­ ción que quisiera ver to m ar a la pesada bola al térm ino de su recorrido. En cam bio. en el hipódrom o. el encuentro de boxeo o de lucha.

La m i­ m icry es invención incesante.pació y licm po delim itados. consiste en prestarse a la ilusión sin recusar desde un principio la escenografía. En cualquier caso. Ko obstante. Los escojo a propósito. evitando que un e rro r conduzca a este a rech azar la ilusión. Ya lo hem os vis­ to: ocupan su lugar la disim ulación d c la realidad y la sim ulación de una segunda realidad. y consisten en un intento de d e s u n ir por un instante la estabilidad de la percepción y de infligir a la conciencia lúcida una especie de pánico voluptuoso. el artificio al que se le invita a d a r crédito. F. se trata de alcanzar una especie de espasm o. de trance o de aturdim iento que provoca la aniquilación de la realidad con una brusquedad soberana. la m áscara. consiste en fascinar al espectador. La regla del juego es única: para el actor. pues los prim eros. la continua sum isión a reglas im perativas y preci­ sas no se deja apreciar en ella. du­ rante un tiem po determ inado. Un últim o tipo de juegos reúne a los que se basan en buscar el vértigo. m ediante la técnica em pleada. m ientras que los segundos evocan m ás bien los recursos refi­ nados de la acrobacia y de la cuerda floja: de ese modo alcanzan los dos polos de los juegos 58 .s sum am ente com ún que la perturbación provocada por el vértigo se busque p o r sí mis­ m a: no citaré más ejem plo que el dc los ejer­ cicios de los derviches bailadores y de los vo­ ladores mexicanos. se vinculan a ciertos juegos infantiles. como a una reali­ dad más real que la realidad. Ilinx. para el espectador.

vol. El pánico y la hipnosis de la conciencia se alcanzan m ediante el paroxismo de una rotación frenética contagiosa y com par­ tida. Coppolani. al que acom pañan aves. 298. Falsas alas suspendidas de sus m uñecas los disfrazan de águilas. p. num. La frecuencia de los acci­ dentes ha llevado a las autoridades mexicanas a prohibir esc peligroso ejercicio. 327334. pp.de vértigo. Ethnos.0 En México. de acuerdo con un m o­ vim iento que aceleran toques de tam bor cada vez m ás precipitados. que incluye varios vuelos y empieza al m ediodía. ésta pasa en tre los dedos de sus pies. Los derviches buscan cl éxtasis gi­ rando sobre sí mism os. 156*159. La cerem o­ nia. II. 179-192. trece según Torquem ada. En el “Expediente'·. Les Confréries rclizicusts musulmanes. Actes du XXV¡II* Con^rte International ties Américaniftes. casi no resulta necesario invo­ c a r esos ejem plos m ros y prestigiosos. describiendo una espiral que va ensanchándose. Depont y X. 59 . de m anera que puedan efectu ar el descenso en tero cabeza ab ajo y con los brazos abiertos. 4. dan varias vueltas com­ pletas. 1947. Se atan de la cin tu ra al extrem o de una cuerda. Antes de llegar al suelo. "Notes on the volador and its associated ceremonies and su­ perstitions". m uertos divinizados. • Descripción y fotografías en Helga Larsen. julio dc 1937. 188?. Paris. reproduzco una parte de la descripción hecha en este último trabajo. y en Guy Slrcsscr-Pean. pp. Ar^el. se in terp reta con gusto com o una dan­ za del sol poniente." Por lo demás. “I ts orißim\s du vo lador et du comclagAtoazic”. Luego. pp. los voladores —huastecos υ totoriacas— se izan basta lo alto de un poste de veinte a treinta m etros de altu ra. G irando '· O. 329-339.

se aprecia sobre todo en ocasión d e los juegos de m ano caliente. en el juego haitiano del ntaiz de oro. En· 60 . la rotación rápida. Paralelam ente. Así ocurre en el juego d e la perinola en que gira sobre un talón lo más rápido que puede. el tiovivo. Ese vértigo se com para de buen grado con el gusto norm alm ente reprim ido p o r el desorden y la destrucción. existe uu vértigo de orden m oral. dos niños se tom an de las m anos. frente a frente.rápidam ente sobre sí m ism o. si se eleva lo bastante. giran hasta perder el aliento por el solo placer de vacilar después de detenerse. G ritar a voz en cuello. de­ prendas y del salto de rana. No cabe duda de que el niño lo hace p o r juego y se com place en ello. el deslizam ien­ to. los pies ju n to s y encontrados. De una m anera análoga. procuran sensa­ ciones análogas. la velocidad. siem ­ pre que gire lo suficientem ente rápido. en que el cuerpo tiene dificultad en reco b rar su equilibrio y la percepción su claridad. precipitarse p o r una pen­ diente. extendiendo los brazos. la caída o la proyección en el espacio. que de p ro n to se precipitan y degeneran en sim ple barahúnda. Man if icsttf for­ m as toscas y b rutales de la afirm ación de la per­ sonalidad. la aceleración de un movim iento rectilíneo o su com binación con un movimicn· fo giratorio. resbalar por el tobogán. E ntre los niños. un arreb ato que de pronto hace presa del individuo. Con el cuerpo rígido e inclinado hacia atrá s. el sube y baja. todo niño conoce tam bién el m odo de llegar a un estado cen trí­ fugo de huida y de escape. Tam bién las provocan tratam ientos físicos di­ versos: la pirueta.

op. destrozando ruidosam ente m ontones de vajilla de desecho. E se placer tam poco es privilegio del hom bre. Por lo dem ás. es conveniente evocar el marco de ciertos m am íferos. Aun cuando en ese caso se ira te dc una m anifestación patológica. Antes que nada. 2Q . o incluso la em briaguez que llegan a conocer en las carpas de feria. pánico que refleja más bien el efec­ to de un contagio im perioso y dc una com pla­ cencia inm ediata a entregarse a él. propongo el tér­ m ino ilinx. por ejem plo. hasta caer. ni tam poco al m enor asomo de peligro. no fal­ tan los ejem plos cuyo c a rá c te r de juego no deja lugar a dudas. citv p. ya orgánico. nada m ás revelador en ese te­ rreno que la extraña excitación que continúan experim entando al segar con una vara las flores altas de una pradera o hacer caer en avalancha la nieve de un techo. R 61 . es dem asiado significa­ tiva para no m encionarla.1 tre los adultos. Para cubrir las diversas variedades de esos arrebatos que al mismo tiem po son un descon­ cierto. en p articu lar de las ove­ jas. O tras veces. nom bre griego del rem olino de agua. las ga­ celas y los caballos salvajes son víctim as con frecuencia de un pánico que no corresponde a ningún peligro real.1 Las ratas dc TKarl Groo*. Los perros giran sobre si mismos para atraparse la cola. son presas de una fiebre dc co rrer que sólo los abandona cuando se agotan. Los antílopes. ya físico. de donde se deriva precisam ente en la mism a lengua el nom bre del vértigo (¡tingos).

agua s e divierten nudando sobre sf m ism as. como si fueran arrastrad a s por los movimientos de la corriente. y de nuevo se dejan caer. Ios hom bres disponen an tes que nada de los efectos de la em briaguez ν de num erosas danzas. allí. m ientras que las dem ás la ven hacer. descrito por Audubon. ihùf. la curva con su peso hasta que se afloja.1 1 Después de la perinola. Pero las aves. Según Karl Groos. En la época de celo. Se recupera como puede y vuelve a em pezar interm inablem ente ese ejercicio inú­ til c inexplicable si no es p o r su seducción ín­ tim a. pp. el tiovivo y el colum pio de là infancia. proyectándolo p o r los aires. 62 . 111. el maíz de o ro . tom ando cada cual im pulso. El halcón nocturno de América. 265266. es un virtuoso aficionado a esa im presionante acrobacia. 116. dando la im presión de que se estrellarán contra él. suben a los nevados y. trepidantes ν convulsas. utilizan ese vuelo de proeza para seducir a la hem bra. la resbaladilla. E l gibón escoge una ram a flexible. sobre todo. Los mayores experim en­ tan uii placer del m ism o tipo con el aturdim ien­ to provocado por una velocidad extrem a. El caso de las gam uzas es aún más notable. Se dejan caer com o una piedra desde Rí an altu ra y no ab ren las alas sino a unos cuantos m etros del suelo. se desliza a su vez a lo largo de una ab ru p ta pendiente. Luego vuelven a subir. como •Kart Groos.. son am antes de los juegos de vértigo. hasta diverjas gesticulaciones obsesivas. desde el torbellino m undano pero insidioso de) vals.

de los que depende el senti­ do del equilibrio. tam baleantes y ni borde dc la náu­ sea. P or tanto. no es sorprendente que con frecuencia se haya tenido que llegar a la era industrial para ver al vértigo constituirse en verdadera catego­ ría de juego. Evidentem ente. ha habido que inventar m áquinas potentes. del que esperan un goce. es im portante observar que la vio* 63 . Por o tra parte. han tenido la respiración entreco rtad a y sentido la horrible im presión de que d entro de sí m ism as hasta sus órganos tenían miedo y se encogían para esca­ p a r dc un terrible asalto. A decir verdad. en su m ayoría c incluso antes de tranquilizarse. F uer/a es decir goce. Para dar a ese tipo dc sensaciones la intensidad y la bru­ talidad capaces de a tu rd ir los organism os adul­ tos. Pero el cuerpo entero es some­ tido a tratos que todos tem erían. esos ap arato s rebasarían su fin si sólo se tra ta ra de p ertu rb a r los órganos del oído intento. que se acerca más al espasm o que a la diversión. Devuelven a las personas dem acradas. Desde entonces se ofrece a una ávida m ultitud por m edio dc mil ap arato s im­ placables instalados en las ferias y en los par­ ques dc atracciones. en m otocicleta o en un au to convertible. Sin em bargo. si no vieran a los dem ás atropellarse para sufrirlos. se precipitan ya a la taquilla p ara co m p rar el de­ recho de experim entar una vez m ás el mismo suplicio.cl que sc siente p o r ejem plo sobre esquíes. Acaban de d a r alaridos de terro r. pues vacilam os en lla­ m a r distracción a sem ejante arreb ato . vale la pena observar la salida dc esas m áquinas de vértigo.

b) D e la t u r b u l e n c ia a l a η η . cuando en realidad así o cu rre sis­ tem áticam ente. É sta no es característica de una sola clase de juegos: se encuentra en el bo­ xeo. En cam bio. Que la prueba dé adem ás m ateria de espectáculo no disminuye sino que refuerza su naturaleza de juego. Son ellas las que lo trans­ 64 . Aquí. Sería tem erario sacar conclusiones dem asiado precisas respecto de esa curiosa y cruel distri­ bución de papeles. se hace p ag ar a los espectadores su privilegio de co n sid erar tran ­ quilam ente desde lo alto de una galería las an­ gustias de las víctim as voluntarias o sorprendi­ das. en la lucha libre y en las peleas de gla­ diadores. A p artir de esc m om ento. lo esencial reside en la búsqueda de ese desconcierto específico. en casos extrem os. separación del resto de la realidad. hacen esfuerzos p o r seducir a tos ingenuos me­ diante el carácter g ratu ito de la atracció n . de ese pánico m om entáneo definido p o r el térm ino del vérti­ go y de las indudables características de juego que van asociadas a él: libertad de acep tar o de rechazar la prueba. lím ites estrictos e invaria­ bles. Fa­ lazm ente anuncian que "todavía esta vez" no cuesta nada.ιλ luis reglas son inseparables del juego en cuanto éste adquiere lo que yo llam aré una existencia institucional. expuestas a fu er/as temibles o a extraños caprichos.lcncia de la im presión sentida es tal q u e los propietarios de los ap aratos. forman p arte de su naturaleza.

p o r la variedad y la naturaleza de sus significados anexos. Se aplica de m anera m ás exclusiva al brinco. Esa libertad es su m otor Indispensable y perm anece en el origen de sus form as m ás com plejas ν más estrictam ente or­ ganizadas. de los niflos y de los anim ales.form an en instrum en to de cultura fecundo y de* cisivo. una necesidad de relajam iento. H e escogido la p alab ra paidia p o r ten er como raíz el nom bre del niño y en segundo lu g ar por la preocupación de no desconcertar inútilm en­ te al lector recurriendo a un térm ino tom ado de tina lengua de las antípodas. Pero sigue siendo cierto que en el origen del juego reside una libertad prim ordial. Además. se conjuga con el gusto p o r la dificultad g ratu ita. para el vaivén dc las olas y p ara cualquier o tra cosa que ondule de acuer65 . es de­ cir. Se em plea tam bién para las rela­ ciones eróticas ilícitas. a los movimientos bruscos y caprichosos provocados p o r una superabundancia de alegría o de vitalidad. contri­ buyen a precisarlos y a desarrollarlos. en tre otros. 3 la que propongo llam ar ludus. a la que yo llamo paidia. Pero el sáns­ crito kredati y el chino watt parecen a la vez más ricos y m ás reveladores. p ara llegar a los diferentes juegos a los que sin exagerar se puede a trib u ir una virtud civilizadora. Cierto es que también presentan los inconvenientes de una riqueza dem asiado grande. esos juegos ejem plifican los valores m orales e intelectuales de una cultura. y en general de dis­ tracción y fantasía. En efec­ to. Kredati designa el juego de los adultos. cier­ to peligro de confusión. S u capacidad prim aria de im provi­ sación y de alegría.

de probar. lauto por lo que nom bra com o por lo que descarta. Fácilm ente se constituye en gusto de d e stru ir o de rom per. de hacer que se derrum be un m onta­ je . es decir. Esa necesidad elemental dc agitación y de es­ truendo aparece antes que nada com o un im pul­ so dc tocarlo todo. 66 . m anifiesta num erosos desarrollos dc sentido en los cuales tendré ocasión dc insistir. el perro que se sacude. si no es que la única razón de ser. cuyo carácter im provisado y descom puesto sigue siendo la esencia. En cam bio.do con cl viento. De la voltereta al garabato. naturalm ente exce­ siva. interviene en toda exuberancia dichosa que m anifiesta una agitación inm ediata y desordenada. de atrav esar una lila. el lactante que ríe a su sonaja. una recrea­ ción espontánea y relajada. etc. La palabra wan es todavía más explícita. de olfatear y luego de olvidarse de lodo objeto accesible. ¿cuáles pueden ser la exten­ sión y la significación del térm ino p a id ia i Por mi parte. representan los prim eros ejem plos identifícables de esa clase de acLividad. A la luz de esas com paraciones y dc esas ex­ clusivas sem ánticas. los juegos de habili­ dad. de sim ulacro y de azar. de la pelotera a la batahola. dc com petencia. de llevar el desorden a un juego o a la ocupación de los dem ás. dc hacer trizas una tela. dc asir. no faltan ejem plos per­ fectam ente claros de sem ejantes p ruritos de mo­ vim ientos. Explica el placer de c o rta r interm i­ nablem ente papel con tijeras. lo definiré corno el vocablo que incluye las m anifestaciones espontáneas del instinto de Juego: el g alo enredado en una pelota de lana. de colores o dc ruidos.

Rom anes. haciendo muecas. las form as elem enta­ les del agón: cam ina a la pata coja. * Observación citada pur Kart Groos. p o r ejem plo. ν reproducida en el "Expediente" <p. 67 . convenida. busco ora un dolor físico. y dirigido. de sentirse causa. ora una angustia psíquica.. T. op. cit. de obli­ g a r a los dem ás a prestarle atención. pero solicitada p o r él. Para el niño. Pronto nace el gusto de inventar reglas y de plegarse a ellas con obstinación. cada vez que éste sim ulaba dorm ir. cuya causa es el. separa­ da y gobernada. La alegría prim itiva de d estru ir y de tira r fue observada en un m ono capuchino p o r la herm a­ na d e C. que hace cesar a su antojo. Asi. 299). pero lim itado. irritán d o se con la lengua una muela enferm a. J. &■ $ $9.Pronto viene el deseo de engañar o de desafiar. com o ya hem os visto. soportará un dolor o perm anecerá en una posición molesta el m ayor tiem po posible. cueste lo que cueste: el niño hace entonces consigo m ism o o con sus com pañeros todo tipo de apuestas que son. pp. o juega a quién m irará el sol. sacando la lengua. hacia atrás. Tanto aquí com o allá son reconocibles los aspectos fundam entales del juego: actividad voluntaria. Groos inform a del caso de un sim io al que le gustaba tira r de la cola a un perro que vivía con él. Tam bién le gusta que lo asusten. De ese modo» K. cerrando los ojos. con una precisión de de­ talles de lo m ás significativa* E l niño no se lim ita a eso. fingiendo tocar o tira r el objeto prohibido. se tra ta de afirm arse.e gusta ju g a r con su propio dolor.

precisam ente porque perm anecen aquende toda estabilidad. Pero en cuanto aparecen las convenciones. las técnicas. E sta esfera. Aparece com o com plem ento y com o educa­ ción de la paidia. a voluntad. que el hecho de salvarla no da ninguna o tra v entaja que la satisfacción íntim a de h ab erla resuelto. La diferencia con el agon es que en el ludus. todo signo distintivo y toda exis­ tencia claram ente diferenciada. en la adquisición de una m aestría particular. del alea. la gallina ciega. Aquí em piezan a b ifurcarse las vías contradictorias del agon. de tal modo. el com eta. en el m anejo de tal o cual ap arato o en la ap titu d de d escu b rir una respuesta satisfactoria a problem as de orden estrictam ente convencional. Aquí interviene tam bién el placer que se siente al resolver una dificultad creada. salvo en aquellos que s e basan íntegram ente en una p u ra decisión de la suer­ te. tam ­ bién se puede descubrir en las diferentes cate­ gorías de juegos. escondidillas. que es propiam ente el ludus. definida arb itrariam en te. la tensión y cl iBlento del ju g ad o r se ejercen 68 . la m uñeca. a la cual disciplina y enrique­ ce. aparecen con ellos los prim eros juegos caracterizados: salto de rana.En general. El ludus da ocasión a un entrenam iento. las prim eras m anifestaciones de la paidia no tienen nom bre y no podrían tenerlo. la perinola. los uten­ silios. de la m im icry y del ilinx. y norm alm ente desemboca en la conquista de una habilidad determ inada. que perm itiría al vocabulario consagrar su autonom ía m edian­ te una denom inación específica. a la postre. la resbaladllla.

Asimismo.1 Fácilm ente se aprecia ® que las posibilidades del íudtts son casi infinitas. por ejem plo. 1026. dentro de la m isina especie. los crucigram as. el ju g ad o r efectúa a distancia u n a especie de auscultación del cielo. Juegos com o el solitario y el rompecabezas pertenecen ya. las diversiones m atem áticas. En el aspecto de la habilidad m anual. Les i'eta d'enfants. “■Kant había hecho ya esa observación. La com eta se basa en cam bio en la explotación de una situación atm osférica concreta. o tras tan tas va­ riedades de la form a más difundida y m ás pura del ¡ttdits. francesa. Hirn. 69 .fuera de todo sentim iento explícito de em ula­ ción o de rivalidad: se lucha contra el obstáculo y no contra uno o varios com petidores. Paris. el juego de la gallina ciega ofrece la ocasión de poner a prueba los recursos de la percepción sin re c u rrir a la vista. a o tro grupo de juegos: constantem ente apelan al esp íritu de cálculo y de com binación. Proyecta su presencia m ás allá de los lim ites de su cuerpo. P. 63. los problem as de ajedrez o de bridge constituyen. los palíndrom as y los logogrifos de diversos tipos. los anagram as. sin instrum entos. en que se tra ta de tran sfo rm ar un m ovim iento rectilí­ neo alternativo en movim iento circular continuo. Víase Y. la gra­ vedad y la rotación en el caso del yoyo. se pueden cita r los juegos del balero. la lectura activa de noveles po­ liciacas (as decir tratan d o de identificar al cul­ pable). trad. Gracias a él. Esos sim ples instrum entos utilizan de buena gana las leyes naturales básicas. del diábolo y del yoyo. En fin.

É stas suscitan así en el ju ­ gador una em ulación dc sí m ism o y le perm iten ap reciar las etapas de un avance del cual se enorgullece ante aquellos que com parten su gus­ to. en esos dos ejem plos. así fuese en m ínim a parte. ya como ludus. 70 . influye aunque en m enor grado en el resulta­ do. el lu d u s se com bina gustosam ente con la m im icry. Lo cual no im pide que. el hecho de que el jug ad o r no esté com pletam ente desar­ m ado y sepa que. Sin em bargo. sea el azar el que decida en lo esencial. La relación del lu d a s con el ugon es m ani­ fiesta. da los juegos de construcciones que siem pre son jue1 Sohn: c! sorprendente desarrollo cobrado por las 1 máquinas tragainonedas en el mundo moderna y sobre la* conducía* fascinadas u obsesivas que provocan. 300). en que el jug ad o r puede. véase el •'Expediente** (p. En el caso más simple. bas­ ta aquí p ara com binar la naturaleza del ludus con la naturaleza del alea. en m ínim a proporción. Por lo dem ás.1 1 Asimismo. La com binación de ludus y dc ale-a no es me­ nos frecuente: se 1c reconoce sobre todo en los "so litario s'1 en que el ingenio de las m aniobras . puede c o n ta r con su habilidad o su talento. bien puede suceder que el mismo juego aparezca ya como agon. calcular el im pulso dado a la canica que m arca los puntos y dirigir su recorrido.Siem pre se aprecia una situación inicial que puede repetirse indefinidam ente. pero con base en la cual se pueden producir com binaciones siem pre nuevas. com o en el caso dc los problem as de ajedrez o de bridge. y en las m áquinas iragam onedas [pin-ball].

Reducido a sí mismo. tam ­ poco podría haberla en tre el ludus. el juego dem uestra plenamen­ te su fecundidad cultural. que es espera pasiva de la decisión de la suerte. trátese de los anim ales fabrica­ dos con tallos de m ijo por los niños de la tribu dogona. una especie de mal m enor destinado a com batir el hastío. la represen­ tación de teatro es la que disciplina la m im icry basta hacer de ella un arte rico en mil conven­ cionalism os distintos. en técnicas refinadas y en recursos sutiles y com plejos. Por m edio de esa feliz com plicidad. Pero. de las grúas o de los autom óviles cons­ tru idos articulando lám inas d e acero p erfora­ das y poleas de algún meccano. que es cálcu­ lo v com binación. que los adultos no desdeñan co n stru ir m inuciosam ente. de avión o de barco. p ro ­ cura. Es entonces escuela del dom inio d e sí. M uchos no se resignan a él sino en espera de algo m ejor. com o en el alpinism o y el trapecio. El gusto por la dificultad vencida no pue­ de intervenir aquí sino para com batir el vértigo e im pedirle constituirse en desconcierto o pá­ nico.gos de ilusión. o de los modelos a escalo. y el ilinx. la dis­ ciplina propia para neutralizar sus peligrosos efectos. ofreciendo la conjunción esencial. Lejos de com binarse con el ilinx. que es arreb ato puro. En cam bio. que es tum ulto y exuberancia. así com o no podría haber alianza entre la paidia. el ludas al parecer sigue siendo incom pleto. hasta 7! . y el alea. es­ fuerzo difícil p o r conservar la sangre fría o el equilibrio. estrem ecim iento inmóvil y mudo.

que los diarios. o de obte­ ner un núm ero de pu n to s más elevado que el que acaba de alcanzar. m ediante un juego disputado. a mi m odo de ver. En efecto. crucigram as. se m ani­ fiesta de nuevo la influencia del agón. el ludas no deja de alen tar en el ju ­ gador la espcran7íi de acertar en el siguiente intento allí donde acaba de fracasar. Se han beneficiado de un entusiasm o que no ha dejado huella y que fue sustituido inm ediatam ente por olro. el balero. A decir verdad. ese ilaccr sin eco. t Por lo dem ás. el diábolo y el rom pecabezas de anillos han aparecido y desaparecido com o p o r arte de magia. en cualquier m om ento es fácil hacer un concurso. incluso en el caso de os juegos de habilidad o de com binación (so­ litarios. Pero siendo m ás cs72 . da color a la atm ósfera general del placer ohtenido al vencer una dificultad arb i­ traria. si un hom bre solitario prac­ tica cada uno de esos juegos y no d a lugar a ninguna com petencia. etc.la llegada de com parteros que les p erm itan in­ tercam biar. Em pero. p o r la obsesión del αχοη) que no deja de pesar sobre él: y es que depende em inentem ente de la m oda. no pierden opor­ tunidad de organizar. De esc modo.) que exclu­ yen la intervención de o tra persona o la hacen indeseable. llegado el caso. dotado o no de prem io. hay una característica del ludas (explicable. en los lugares donde el usuario puede agru p ar en to rn o suyo un público en ciernes. Tampoco p o r casualidad los ap arato s tragam onedas se encuentran en los caféi: es decir. acertijos. El yoyo.

Es probable que los crucigram as y la novela poli­ ciaca correrán la m ism a suerte. em prendida y conti­ nuada p o r gusto: colección. Cuando le falta éste. En efecto. lo baña una atm ós­ fera de concurso. el anagram a. la boga de las diversiones de naturaleza intelectual no deja de e sta r delim itada p o r el tiem po: el rebus. que a pesar de todo no le es esencial: y no es m ateria de ningún espectáculo capaz de atraer m ultitudes. queda sostenido d e m anera insufi­ ciente p o r el espíritu de com petencia organiza­ da. para hacerlo. En realidad. el acróstico y la charada han tenido cada cual su m om ento.table. a rte por placer. en una palabra. E stá com probado que. de naturaleza autom ática y fragmen­ taria. Sólo se m antiene en la m edi­ da en que el fervor de algunos apasionados lo transform a en un agon virtual. es im potente para su b sistir p o r s í mismo. el hobby lomaba 73 . en el obrero. La civilización industrial ha hecho nacer una form a p articu lar de ludus: es el hobby. ale­ grías del bricolage o del pequeño invento. g ratu ita. Permanece flotante y difuso o corrc el riesgo de constituirse en idea fija para el m a­ niaco aislado que se consagra a ¿1 p o r entero y que. cons­ tituido de nuevo en artesano. toda ocupación que aparece en p ri­ m er lugar com o com pensadora de la m utilación de la personalidad que trac consigo el trab ajo en serie. activi­ dad secundaria. Un fenómeno de ese tipo seguiría siendo enigm ático si el lu ­ dus constituyera una distracción tan individual como parece. descuida cada vez más sus relaciones con el prójim o.

el pánico o la embriaguez. el alca. Por esc m otivo. El h o b b y es la imagen de las raras cualidades que hacen posible el des­ arrollo. es positivo y ί ο cundo. sin la capacidad dc resistir el su­ frim iento. sin el dom inio de sí. la aplicación. de las m áquinas en la construc­ ción dc las coules está condenado a no cooperar sino m ediante un m ism o adem án que se repite siem pre. que no exige d e su p a rte ni habilidad ni inteligencia. incluso a título de contrapeso de sus as­ pectos más» ingratos. el lu d u s propone al deseo prim itivo dc retozar y divertirse unos obstáculos arb itrario s renovados perpetuam en­ te. lo que yo llamo ludus rep re­ senta en el juego el elem ento cuyo alcance y cuya fecundidad culturales aparecen com o los m ás sorprendentes. trab aja indistintam ente para d a r a las categorías fundam entales del juego su pureza y su exce­ lencia. la fatiga. No revela una actitud psi­ cológica tan clara como el agón.la form a dc construcción de modelos a cscala pero com pletos. El desquite contra la realidad es aquí evidente: p o r lo dem ás. Responde a una de las funciones más altas del espíritu de juego. disciplinando u la paidia. la h a­ bilidad y la inteligencia de que dispone. el deseo dc relajam iento v la necesidad de que el hom bre no parece potier librarse: la dc utilizar como puro desperdicio el saber. No es sorprendente que la civilización técnica contribuya a d esarro ­ llarlo. inventa mil ocasiones y mil estru ctu ras don­ de encuentran satisfacción a la ve/. la m i­ m icry o el ilinx pero. 74 . De una m anera general.

la m editación despreocupada y la contem plación perezosa. En efecto. literalm ente " a r­ diente-desorden". el cálculo y di­ ficultad vencida. sino hacia la calm a.Por lo demás. En esas con­ diciones. orienta naturalm ente la turbulencia. el carácter wan designa en esencia toda clase de ocupaciones sem im aquinales que dejan al espíritu distraído y vagabundo. para sen tir su sua­ vidad o p ara acom pañar un ensueño. La necesidad de progreso y el espíritu em prendedor le parecen fácilm ente una especie de comezón sin fertilidad decisiva. Ja pacien­ cia y el sueño vano. Según algunos. ciertos juegos com plejos que lo em parentan con el luduS y. Y éste es el m om ento de volver sobre el term ino xyán. al m ism o tiem po. no hacia la proeza. La reserva de agitación libre que la define en un principio. el carácter w au evoca toda conducta exuberante y alegre. el exceso de energía de la paidia en una dirección m ás acorde con sus valores suprem os. designaría etim ológicam ente la acción de acariciar de m anera indefinida un trozo de jade para pulirlo. Hecha toda de sabiduría y de circunspección. Una civilización com o la de la China clásica inventó p ara ella un destino diferente. Pero debe com binarse con 75 . El tum ulto y el estruendo se designan me­ diante la expresión jeou-ηαυ. Compuesto con esc m isuio tér­ m ino nao. saca a la luz o lro destino de la paidia. la cu ltu ra china se orienta m enos liacia la innovación como idea precon­ cebida. al p arecer deriva en esc caso. el Itidus no es la única m etam or­ fosis concebible de la paidia. Tal vez a causa de ese origen.

a la m im icry o al ilinx contribuye a decidir el por­ venir de una civilización. D ar preferencia al agon.El ejem plo de la palabra wan dem uestra ya que cl destino de las culturas se lee tam bién en ios juegos. al alea. . pero funda­ m ental y de alcance indiscutible. sin duda im plícita. Asimismo. desviar la reserva de energía que representa la paidia ha­ cia la invención o hacia el ensueño m anifiesta una elección.

c . i t i «111 iiv e u orden tal que el elemento paidia decrezca constantemente a n u U idíiS crece d manera tam bién contante e e tumo que el n . •J a -1 —^ elemento i * -S^s 2.?! e.Λ >íl : sil U i i s> ~ c •c •* « ■ .S g5 1 ¡^e JO y S-c ü o l§ | 3 | Í 3 £ *M 1 · -S n i· | l a P · .s s | i ñ i.*. E 1 2 5 H S1 „ ñ § r S| s 3 a gΛ 2 rs ¿s 2 U "Y~ * g. — c 5 íl!8 •r. Distribución 1 5 3 3 si ? S <1 s ° ^2 £3 ¿1 Ü J g| i ! % *. L > t% η V / ii Î^ d los juegos e sw i Ι |5 λ ··§2 3 § i|f s | Cuadro I.

Tal vez lo sea. P o r indivi­ dual que imaginem os el artefacto con el cual se juega. sobre lodo juegos de destreza. de cualquier realización difícil dc igualar. obtenien­ do gloria. Cierto es que existen algunos juegos. cuan­ do menos virtuales. yoyo. realizando proezas sin preceden­ tes. incluso. Los propietarios de los 80 . ni el aficionado n la com eta en tre un g ru p o ocu­ pado en Jugar al aro. dc rapidez. com eta. con m ucho m enor frecuencia de lo que se cree. sobrepujando en la dificultad. en que se m anifiesta una habilidad enteram ente personal y donde no sería sorprendente que se jugara solo. De m a­ nera general. trom po. en una palabra. p ronto nos cansaríam os de ju g arlo si no hubiera ni com petidores ni espectadores. dc altu ra. diábolo. el poseedor de un trom po ya no se divierte en m edio de apasionados del balero.III. LA VOCACIÓN SOCIAL DE LOS JUEGOS E l ju rg o no sólo es distracción individual. balero o aro . de precisión. tal vez invisi­ bles o ausentes. Pero los juegos de destreza p ro n to ap are­ cen com o juegos de com petencia en la destreza y de ello hay una prueba evidente. estableciendo m arcas precarias de duración. Un elem ento dc rivalidad aparece en esos diversos ejercicios y cada quien tra ta de deslu m b rar a los rivales. aunque sea a sus propios ojos.

la cuerda del ap arato se unta con pez al que se pegan pedazos de vidrio de aristas cor­ tantes. la lu­ cha adopta el aspecto de un torneo caracteriza­ do: d u ran te cierta distancia a p a rtir del vela­ men. Cada jugada fallida obliga al jugador torpe a p asar el a rte ­ facto a un rival. en Suiza se conocen concursos de com etas en toda recia. Acaba por p recisar un reglam ento. E ste em prende la m ism a pro­ gresión.m ism os Juguetes se reúnen en un lugar consa­ grado p o r la costum bre o sim plem ente cóm o­ do: allí m iden su habilidad. luego sujeto entre los dientes. El jugador debe en­ sartarlas todas en un orden determ inado. después» con eJ estilete saliendo del pliegue del codo. E stá horadado con m últiples perforaciones. O tro ejem plo sorprendente del paso de una diversión solitaria a un placer de com petencia e Incluso de espectáculo es el balero. La proclividad a la com petencia no perm anece m ucho tiem po im plícito y espontánea. la cuerda de los dem ás planeadores: enco­ nada com petencia ésta» surgida de una recreación que no parece prestarse a ella en principio. El de los es­ quim ales representa de m anera muy esquem áti­ ca un anim al: un oso o un pez. adoptado de común acuerdo. Luego. Con frecuencia. m ientras el cuerpo del instrum ento describe I i yuras cada vez más com plicadas. Así. En O riente. con el estilete en toda la m ano. tra ta de com pensar su retraso o de to81 . Se trata de cortar» cruzándola con virtuo­ sism o. Se proclam a vencedor al artefacto que vuele m ás alto. vuelve a em ­ pezar la serie con el estilete sostenido en el indice cerrado. en ello consiste lo esencial de su placer.

AJ tiem po que lanza y a tra p a el balero. fases del desta­ cado de la presa. el jugador la em prende con su rival y en la im aginación em prende la tarca de co rtarlo en peda/. el jugador mima una aventura o analiza una acción. enum era las diferente«. etcétera.m ar ventaja. Cuenta un viaje. anuncia triu n ­ fante: Ella toma su cuchillo C orta Ια foca Le q u ita la piel Saca los intestinos Abre el pecho Saca las entrañas Saca las costillas Saca la colum na vertebral Q uita la pelvis Q uita los m iem bros posteriores Ou i ta la cabeza Q uita la grasa Dobla la piel en dos La em papa en la orina I-a pone a secar al sol. alguna cacería o un cóm bale. En ocasiones.os: Te asesto un golpe Te m ato Te corto la cabeza Te corlo un brazo Y luego el otro Te corto una pierna Luego la o irá 82 . operación que es monopolio dc tas m ujeres. A cada nuevo hoyo.

Y no sólo los perros. . en p rin ­ cipio. Esa persecución ideal va subra­ yada por los clam ores de los asistentes. Incluso cuando. los juegos pronto se constitu­ yen en pretextos de concurso o de espectáculos. la m ayor parte de ellos aparecen como pregunta y respuesta. Se diría que algo le falta a la actividad del juego cuando queda reducida a un simple ejercicio solitario. En efecto. que si­ guen con pasión los episodios del duelo. Y ese caso extrem o no es ninguna excepción. los juegos no alcanzan su ple­ n itud sino en el m om ento en que suscitan una resonancia cómplice. aunque ofre­ ce la ventaja de sugerir hasta qué p unto el juego m ás individual por su naturaleza o su destino se presta fácilm ente a toda clase d e desarrollos y de enriquecim ientos que» dado el caso. Antes de volver a la lucha. los jugadores podrían sin ningún incon­ veniente entregarse a ellos aisladam ente y cada cual por su lado. . no se hallan lejos de hacer de el una especie de insti­ tución. el juego de destreza evidente­ m ente es fenómeno de cu ltu ra: apoyo de la co­ municación y de alegría colectiva en el frío y la larga oscuridad de la noche ártica. los cuervos. Por lo general. como desafio y replica. com o acabam os de com probarlo en el caso de la com eta y del balero. provocación y conta83 .Los pedazos a los perros Los perros com en. el o tro p re ­ viamente tendrá que reco n stru ir su cuerpo en el orden inverso. sino tam bién los zorros. En ese estadio. los cangrejos y todo lo que se le ocurre.

llevar su juego a la vez según su entender y com o lo ordenan las re­ glas. pre­ fieren estar allí. Incluso los juegos de azar parecen ser m ás atractivos en la m ul­ titud. el alea. Pero no. Una partid a no soporta sino 84 . E s posible que ninguna dc las categorías dc ju eg as se libre de esa ley. la m im icry. incluso en el cine. el tiovivo y el tobogán exigen por su p arte una efervescencia y una fiebre colectivas que sostienen y alientan el atu rd i­ m iento que provocan. pese a la ausencia dc actores que sufran p o r esc vacío.tfio. es penoso encontrarse solo en una sala dc espectáculos. Así. ap retu jad o s p o r la afluencia que atesta el hipódrom o o el casino. Tienen necesidad de presencias aten tas y sim patizantes. el ilinx su­ ponen. el núm ero de jugadores no podría m ulti­ plicarse al infinito. es claro que nos disfrazam os y nos enm ascaram os para los dem ás. los juegos dc vértigo caben b ajo el m ism o a p arta­ do: el sube y baja. Nada im pide a los jugadores com unicar sus apuestas por telófono o arriesgarlas cóm odam ente en casa dc uno de ellos. las m ás de las veces se tra ta dc un círcu­ lo necesariam ente restringido. las diferentes categorías dc juegos. efervescencia o tensión com partido. no la soledad sino la com pañía. si no es que en el barullo. Como cada cual debe ju g a r cuando le toca. ya que su placer y su excitación aum entan con el estre­ m ecim iento fraterno de una m ultitud de desco­ nocidos. Asimismo. Sin em ­ bargo. el agon (por definición). p o r poco que todos inter­ vengan activam ente. en algún salón discreto. P or o tra parte. En fin.

un grupo lim itado de com pañeros. asociados o no. el juego aparece gustosam ente como una ocupación de pequeños grupos de ini­ ciados o de aficionados. un ap arato com plejo y un personal especializado y jerarquizado. com o los juegos radiofónicos y los concursos que dependen de la publicidad co­ mercial. p o r su am plitud y su estabilidad. no dejan de reclam ar de él una or­ ganización desarrollada. han adquirido carta de naturalización en la vida colectiva. incluso los juegos cuya naturaleza parecía destinarlos a ser jugados en tre pocos jugadores rebasan esc lími­ te y se m anifiestan en form as que. los campos de carreras. al cual se agregan pruebas im puras que mezclan insidiosam ente el m érito y la suerte. las loterías de E stado y la varie­ dad de juegos adm inistrados por grandes so85 . son los casinos. Cada una de esas categorías fundam entales del juego presenta de ese modo aspectos socia­ lizados que. suscitan estru ctu ras perm anentes y delicadas. a pesar de seguir perteneciendo sin duda alguna al terreno del juego. a ve­ ces clandestino. para el alea. pero cuyo status aparece notai blem ente seguro y durable. En determ inadas circunstancias. Entonces. Sin em bargo. Para el agón. una m ultitud de espectadores favore­ ce la m im icry. exactam ente com o una turbulen­ cia colectiva estim ula el ilinx y a su vez se ali­ m enta de él. esa form a socializada es en esencia el deporte. En una palabra. que hacen del juego una institución de cará cter oficioso. que se entregan ap arte y p o r unos instantes a su diversión favorita. privado y m arginal.

Todo un capítulo del estudio de los juegos debe exam inar esas m anifestaciones m ediante las cuales los juegos encajan directam ente en las cos­ tum bres cotidianas. las artes del espectáculo. para el ilinx.ciedadcs dc apuestas. para la m im icry. el carnaval y el baile de disfraces. de francachela y de júbilo populares. Esas m anifestaciones con­ tribuyen en efecto a d a r a las diferentes culturas algunos dc sus usos y dc sus instituciones más fácilm ente identificadles. orientada ya hacia el vertipp. finalm ente. la feria am bulante y las ocasiones anuales cíclicas. desde la ópera hasta las m ario­ netas y el guiñol y. de una m anera m ás equivo­ ca. 86 Ψ .

Cierta­ mente. esas seis cualidades re­ velan b astan te poco sobre las diferentes actitu ­ des psicológicas que rigen los juegos. é s te ap areció com o una actividad: 1?. liza. libre. o del tiem po que se les lia concedido y cuyo fin significa de m anera inexorable el cierre de un paréntesis. pista. sep arad a. los juegos ad o p ta­ rán form as b astan te distin tas y sin duda a veces inesperadas. puede ser in teresante pre­ guntarse qué ocurre con los juegos cuando la división rigurosa que separa sus reglas ideales de las leyes difusas e Insidiosas de la existencia cotidiana pierde su claridad necesaria. O ponien­ do fuertem ente el m undo del juego al m undo de la realidad. y subrayando que el juego es en esencia una actividad aparte. 41 im p ro d u ctiv a. Por necesidad. 2». Puram ente form ales. . ?. LA CO RRU PC IÓ N DR LOS JUEGOS C uando se ira tó d e e n u m e ra r las c a ra c te rístic a s q u e definen el ju eg o . Desde ese m om ento. perm iten prever que loda contam inación con la vida corriente am enaza con corrom per y a rru in a r su propia naturaleza. 3?. incierta. 5= reg lam en tad a. 87 . ficticia. 6o. no podrían extenderse tal cual más allá del terreno (tablero de ajedrez o de dam as.IV. estadio o escenario) que les está reserva­ do. q u e d a n d o en ten d id o q u e las dos ú ltim a s c a ra c ­ te rístic a s suelen ex cluirse u n a a o tra .

Tiránica y aprem iante. se esfuerza y se em peña. ¿y si de pronto la convención ya no se acepta o no se siente com o tal? ¿Y si el aislam iento ya no se res­ peta? Con toda seguridad. la renuncia de la voluntad en beneficio de una espera ansiosa y pasiva del fallo del destino (alca). Si el juego consiste en ofrcccr a esos pode­ rosos instintos una satisfacción form al. Se recordará que esas actitudes distintivas son cua­ tro: la am bición dc triu n far gracias al solo m é­ rito en una com petencia reglam entada (agon). en el ilinx. el jugador sólo cuen­ ta consigo mismo. el gusto por ad o p tar una personalidad ajena (m bnicry) y. un código estricto y ab ­ soluto gobierna p o r sí solo a aficionados cuya aceptación previa aparece como la condición m ism a de su participación en una actividad ais­ lada y enteram ente convencional. cuenta con todo salvo consigo m ism o y se abandona a fu er/as que se le escapan. ni las form as ni la libertad del juego pueden subsistir.dc la tiranía de su percepción y de provocar la derrota de su conciencia. ideal.Además. En el agon. im agina que es o tro d istin to de sí c inventa un universo ficticio. la búsqueda del vértigo (ilinx). ¿qué ocurre con él cuando se recusa toda convención? ¿Cuando el universo del juego . finalm ente. dc escapar . en la m im icry. en cl juego. en el alta. satisface el deseo de ver estropeados pasajeram ente la es­ tabilidad y d equilibrio de su cuerpo. lim itada y m antenida al m argen dc la vida co­ rriente. Pero. sólo queda la actitu d psicológica que im pulsaba a ad o p tar tal juego o tal especie dc juego de preferencia sobre algún otro.

En el fondo. P o r su parte. en obsesión y en causa de angustia. en donde cada movimiento trac consigo consecuencias ineluctables? A cada una de las rúbricas fundam entales responde en­ tonces una perversión específica que es resul­ tado de la ausencia a la vez de freno y de pro­ tección. la tendencia que lograba engañar a la actividad aislada. o cada vez que se niega a contentarse con ese engaño. protegida y en cierto modo neutralizada del juego se extiende a la vida co­ rriente y es proclive a subordinarla hasta donde puede a sus exigencias propias. lo que era diversión en pasión.ya no es estanco? ¿Cuando hay contam inación con el m undo real. Es preciso saber aquí que no lo está p o r la exis­ tencia de tram posos o de jugadores profesio­ nales. El principio del juego se ha corrom pido. T ra­ ta de engañar. hay extravío y desviación de uno d e los cua­ tro im pulsos prim arios que rigen los juegos. Lo que era pla­ cer se constituye en idea fija. cuando menos lo hace fingiendo respetarlas. pero hipócrita. De suerte que cuida y proclam a m ediante su acti­ tud la validez de las convenciones que viola. Al volverse en absoluto el dominio del instinto. pues al menos tiene necesidad de que los dem ás las . Es deshonesto. el tram poso perm anece en el universo del juego. El caso no es excepcional en absoluto. Se produce • cada vez que el instinto considerado no encuen­ tra en la categoría de juegos que le corresponde ’ la disciplina y el refugio que lo fija. lo que era evasión en obligación. Si bien infringe las reglas. sino únicam ente p o r el contagio con la realidad. no hay perversión del ju e ­ go.

Son su propio traba­ jo . es devuelto a la realidad. Para los boxeadores. Tam bién p ara el actor. El cam ­ peón es devuelto a sus preocupaciones cotidia­ nas. el partido o la carrera siguen siendo com petencias reglam entadas y formales. para el profesional del ciclismo. cuando cae el telón y se apagan los reflectores. La naturaleza de la com petencia o la del espectáculo difícilm ente se modifica si los atletas o los com ediantes son profesiona­ les que actúan p o r un salario y no aficionados que sólo pretenden d arse gusto. del tenis o del fútbol.obedezcan. necesarios para su subsistencia. el público se precipita a la salida. La diferencia sólo los afecta a ellos. Hace gestos. Si lo descubren. Asimismo. de la que se distraen precisa­ mente jugando a un juego que no los puede com­ prom eter. Pero. ha dejado de ser una distracción destinada a descansar de sus fatigas o a cam biar la m onotonía de un tra­ b ajo que pesa y desgasta. los ciclistas o los actores profesionales. la. lo echan. En cuanto se 'term i­ nan.prueba. C ierto es que el m ism o no juega: ejerce una profesión. Y el uni­ verso del juego se conserva intacto. quien de una actividad de juego hace su oficio no cam bia en modo alguno la naturaleza de aquella. concebir y poner en m archa la política que le asegure el 90 . La se­ paración de los dos universos perm anece abso­ luta. llena de obstáculos y de problem as. o la »úm icry. del boxeo. recita. ac­ túa. so viste. Asimismo. una activi­ dad constante y absorbente. la representación tea­ tral es un sim ulacro. debe defender sus intereses. el ago»».

Las rivalidades perfectas y pre­ cisas en las que acaba de m edir su valor en las condiciones m ás artificiales que existan dan paso a com petencias tem ibles p o r otros concep­ tos. Como el com ediante fuera dc escena. la m ás difundida dc todas. el velódromo o el cuadrilátero. Ahora bien. estas im pregnan toda su vida. Fuera de la arena. com o las del ju e­ go. la com petencia ab ­ soluta nunca es* sólo ley de la naturaleza. se encuentra en ­ tonces devuelto al destino com ún. incesantes c im­ placables. Se da por sentado que el buen ju g ad o r es aquel que sabe considerar con cierto alejam iento. vuelve asi a la situación de partida. em pieza la verdadera perversión del agon. en cual­ quier terreno que se ejerza y siem pre que sea sin respetar las reglas del juego y del juego franco. con des­ apego y cuando menos con cierta apariencia dc 9 1 . H ipócritas. la am bición desbocada y obsesiva debe denunciarse com o desviación decisiva que. En la sociedad encuentra su brutalidad original.m ejor porvenir. nada m uestra m ejor el papel civilizador del juego que los frenos que acostum bra oponer a la avidez natural. son lím ites y convenciones. luego que suena la cam pa­ na. Por eso. sociales o legales que. P or lo demás. en el caso particular. en cuanto ve una vía libre en la red de presiones morales. fuera del es­ pacio cerrado y del tiem po privilegiado en que reinan las leyes estrictas. en cuanto abandona el estadio. g ratu itas e indiscuti­ bles del juego. Aparece en cada a n ta­ gonism o que ya no atem pera el rig o r del espí­ ritu de juego.

cuando deja de considerarlo un resorte im personal y neutro. encuen­ tros y prodigios que en su im aginación prefigu­ ran su buena o su m ala fortuna. Se halla lejos de afectar únicam ente a quienes frecuentan los casinos y las pistas de carreras o a quienes com pran bi­ lletes de lotería. esa actitud no hace sino exas­ perarse con la práctica de los juegos de azar: se le encuentra sum am ente difundida en estado de trasfondo psicológico. para a p a rta r las influencias nefastas. sin corazón ni m em oria. La publicación regular de horós­ copos en los diarios y los hebdom adarios trans- . procede o hace proceder a los conju­ ros necesarios.sangre fría los resultados adversos del esfuerzo m ás sostenido o la pérdida de una apuesta des­ m esurada. Aun siendo in ju sta. En fin. La corrupción del agon em pieza alli donde no se reconoce nin­ gún á rb itro ni ningún arbitraje. la decisión del árb itro se aprueba por principio. El ju g ad o r concede valor de señal a todo tipo de fenómenos. En efecto. para quien se pone en m a­ nos del destino resu lta tentador tra ta r de prever su fallo u o b ten er su favor. que conoce en sueños. Con la superstición nacc la corrupción del alea. Busca los ta­ lism anes que lo protegen con m ayor eficacia. es decir. com o un efecto p uro de las leyes que rigen la distribución de las proba­ bilidades. En cuanto a los juegos de azar. m edíante presagios o p o r pre­ sentim iento. tam bién hay co­ rrupción del principio en cuanto el ju g ad o r deja de respetar el azar. Por lo dem ás. Sé abstiene a la m enor advertencia de la suerte.

É ste afecta tam bién las gestiones. Cierto es que la m a­ yor parte del publico se entera de esas predic­ ciones pueriles con una sonrisa. 93 . Más todavía. de su e n e que la profecía sim plista no podría resu ltar enteram ente falsa.1 Es significativo que. es decir. Sin em bargo. Pero al fin y al cabo las lee. la superstición se m uestre tan directam ente vinculada a los juegos de azar. fuerza es confesar que los supera. esos horóscopos indican sobre todo el núm ero favorable del día para los lectores naci­ dos b ajo los diferentes signos del zodíaco. Y ello al grado de que m uchos que se dicen csccp1Véase el “Expediente" (p. Cada cual puede hacer entonces la com pra de billetes correspondientes: de lotería aquellos term ina­ dos en esc núm ero. se supone que cada cual gana o pierde en una gigantesca lotería ince­ sante. prácticam ente todos. Al salir de la cam a. las nuevas em presas y las cuestiones sentim entales. para Ja m ultitud de sus lectores.form a. en esa form a m ás po p u lar y m ás cándida. Insiste en leerlas. Las m ás de las veces. aquellos que lo contienen una o varias vcccs o aquellos cuyo num ero re­ ducido a la unidad p o r adiciones sucesivas coin­ cide con él. g ratu ita c inevitable que d u ran te veinti­ cu atro horas determ ina su coeficiente general de éxito o de fracaso. El cronista tiene la precaución de ad v ertir que la influencia de los astro s se ejerce dentro de lím ites sum am ente variables. 310). cada día y cada sem ana en una especie de prom esa o de amenaza que el ciclo y el oscuro poder de los astros m antienen en suspenso.

magos y o íro s "fakires". No seria difícil descubrir num erosos indicios de la connivencia de los juegos dc azar y de »Todas las cantidades que figuran en la obro corres­ ponden a! tipo de cambio del año de lí>58. En la m is­ m a encuesta se ha evaluado en doscientos mi­ llones de dólares las sum as gastadas anualm ente tan sólo para interro g ar a los astros.líeos em piezan la lectura del diario p o r la sec­ ción de astrología. . las publicaciones dc gran tiraje no se arriesgan con guslo a p ri­ v a r a su clientela de esa satisfacción. fecha de aparición dc la primera edición. Con frecuencia. adem ás dc dos mil periódicos que publican una sección de horóscopos. una de ellas lira m ás dc cien m il ejem plares. sin pre­ juicio de los dem ás m étodos de adivinación. una encuesta hecha en 1953 h a encontrado en los E stados Unidos trein ia mil profesionales establecidos. En París. Ellos recurren a las publicaciones espe­ cializadas. Los m ás crédulos no se contonean con las in­ dicaciones sum arias dc las gacelas y de las re­ vistas. videntes o cartom ánti­ cas: según el In stitu to Nacional de E stadística. en Francia se gastan anualm ente treinta y cua­ tro mil millones de francos [antiguos] 1 en astrólogos. Tan sólo p ara la astrología. una de las cuales tira quinientos mil ejem plares. veinte revistas espe­ cializadas. el adepto visita dc m anera más o menos regular a un exegeta patentado. cuya im­ portancia y cuya difusión no es conveniente subestim ar. Al parecer. Algunas cifras son aqui reve­ ladoras: cien mil parisienses consultan día tras d ía a seis rnil adivinos.

M ediante el conocim iento y la utilización de las ocasiones que le prepara el cielo. Ouicn desespera de sus propios recursos se ve llevado a c o n ta r con el destino. al parecer com pensa la tensión continua exigida p o r la com petencia en la vida m oderna. Éstas sólo utilizan juegos especializados p ara m ayor prestigio. ilu stra­ ciones parlantes o alegorías tradicionales. existe cierto des­ lizam iento com o n atu ral entre el riesgo y la su­ perstición. Los propios (arocs fueron y son em pleados con am ­ bos fines. Antes que obstinarse en una labor ingrata. La superstición aparece así como la perversión. Un rigor excesivo de la com petencia desalienta al pusilánim e y lo invita a ponerse en m anos de las potencias exteriores. la aplicación a la realidad de aquel principio del juego.la adivinación: uno de los m ás visibles y de los m ás inm ediatos tal vez sea que las m ism as ba­ ra ja s sirven tanto a los jugadores para probar suerte com o a las videntes para predecir el por­ venir. pide a las cartas o a las estrellas señalarle el m om ento propicio para el éxito de su em presa. que hace no esperar nada de si y esperarlo todo del azar. tra ta de obte­ ner la recom pensa que duda conquistar p o r sus cualidades. el atea. En cuanto a la avidez. com plem entadas tardía­ m ente p o r medio de leyendas ingenuas. en la búsqueda del fa­ vor de la suerte que se aprecia en la actualidad. La corrup* 95 . gracias a un esfuerzo em peñoso y una aplicación paciente. sólo se traía de lám inas com unes. Por todos conceptos. es dccir. Y aun así.

lentam ente. Convencido de que es el otro. el su jeto ha podido ad o p tar a sus propios ojos una perso­ nalidad segunda. quim érica y aprem iante que reivindica derechos exorbitantes respecto de una realidad necesariam ente incom patible con ella.ción de la m im icry sigue un cam ino paralelo: se produce cuando el sim ulacro ya no se considera tal y cuando el que se disfraza cree en la rea­ lidad del papel. É sta sobreviene al térm ino de un trabajo subterráneo y continuo. El papel del acto r está delim itado tajan te­ m ente p o r el espacio escénico y por la duración del espectáculo. Los aplausos no sólo son una aprobación y una recom pensa. cuando. Ya no interpreta [joue] a esc otro que representa. aquí el juego protege del peli­ gro. Cada cual reencuentra al hom bre de antes. Una vez abandonado el espacio mágico. Una vez m ás. Se produce cuan­ do no ha habido división franca entre la magia y la realidad. term inada la fantasm agoría. del disfraz y de la m áscara. La precisión de los lim ites im pide la enajenación. La pérdida de su identidad profunda representa el castigo de quien no sabe lim itar al juego el gusto que tiene p o r ad o p tar una personalidad ajena. El tra je vuelve al alm acén o al arm ario. Asimismo. el histrión m ás vanidoso y el intérprete m ás ferviente son obligados brutalm ente p o r las propias condi­ ciones del teatro a p asar p o r el vestld o r para recobrar en él su personalidad. Mar­ can cl fin de la ilusión y del juego. el baile de m áscaras term ina al alba y el carnaval tiene una fecha. se conduce en con­ secuencia y olvida el ser que es. Sería co­ rrecto h ab lar de cnaje>wción. 96 .

el vértigo está prácticam ente elim i­ nado dc ella. en ios ap aratos que sirven para provocarlo artificial­ m ente. como se ve con los estafadores. se tom an severas precauciones p ara eli­ m inar todo riesgo de accidente. en cuanto al agon. Se produce cuando el instinto que rige el juego se despliega fuera de los limi­ tes estrictos dc tiem po y dc lugar. En los terrenos de ferias. pero es preciso poder detenerse al tér­ m ino fijado de antem ano y poder regresar a la condición ordinaria. desgastarse en ello al extrem o y arriesg ar toda la fortuna y la vida mism a. Además. ya no tie­ nen vigencia. En cam bio. al alea o a la m im icry. los espías y los fugitivos. en som eter o en d estru ir csa decora· ción dem asiado resistente y para él inconcebible y provocadora.Llega cl m om ento en que cl enajenado —cl cons­ titu ido en o tro — se em peña desesperadam ente en negar. Es lícito ju g a r tan seriam ente com o se pueda. E s sorprendente que. El sim ulacro desem peña un papel en ella. a menos que se tra te dc algunas raras profesiones. É sta surge siem pre dc una contam inación con la vida ordinaria. allí donde las reglas del juego. Pero aun asi 97 i . en que todo el valor del hom­ b re de este oficio consiste p o r lo dem ás en do­ m inarlo. El azar tam poco es contrario a la realidad. casi al punto im plica un pe­ ligro de m uerte. La com petencia es una ley de la vida corrien­ te. sin conven­ ciones previas c im periosas. en ningún caso la intensidad del juego sea causa de la desviación funesta. a la vez liberadoras y aislantes.

esas insta­ laciones no existen sino en los parques de di­ versiones de las capitales o sólo se m ontan pe­ riódicam ente en ocasión de las ferias. Para aclim atar el vértigo a la vida cotidiana. antes de restituirlo a su equilibrio acostum brado. El vértigo físico. com plejas y estorbosas.llegan a producirse. m áquinas que tam ­ bién son som etidas a minuciosas revisiones periódicas. la naturaleza de los sacudim ientos que procuran corresponde p unto p o r p unto a la definición de este: son breves. perm anecen in­ dependientes del m undo real. P o r su atm ósfera. pertenecen ya id universo del juego. es tan difícil de obtener com o peligroso de sentir. calculadas y discontinuas com o p artidas o en­ cuentros sucesivos. interm itentes. Costosas. incluso en m áquinas conce­ bidas y construidas para b rin d ar seguridad per­ fecta a quienes las alquilan. P or eso la búsqueda del extravio de la concien­ cia o de la desorientación de la percepción para esparcirse en la vida cotidiana debe a d o p ta r for­ m as muy distintas de aquellas que se le ven ad o p tar en los ap arato s giratorios. Entonces se pide a las drogas o al 98 . es necesario p asar de los prontos efectos de la lísica a los poderes sospechosos y confusos de la química. Su acción se limita a su propia duración. de velocidad. de caída y de propulsión inventados para provo­ car el vértigo en el universo cerrado y protegido del juego. Por últim o. Cesa en cuanto la m áqui­ na se detiene y no dejan en el aficionado más huella que cierto atu rdim iento fugaz. estado extrem o que priva al paciente de todo m edio de defensa. Además.

esas em briagueces y esas euforias tam bién pueden d estru ir d u ran te algún tiem po la estabilidad de la visión y la coordinación de los m ovim ientos. una horm iga de las m ás com unes. esta vez. que transform an la superficie de la más ínfim a charca en un carrusel plateado. de las angustias de la responsabilidad y de la presión del m undo. la for- 99 . el to r­ bellino ya no está fuera de la realidad ni tam po­ co separado de ella: está instalado allí y allí se desarrolla. si no las m ariposas que danzan alrededor de la llama. Pero. Aunque como el vértigo físico. Ahora bien. Hay algunos que gustan de los juegos de vértigo com o lo dem uestran. M ediante Ja em bria­ guez y la intoxicación. Así. el caso de los insectos resulta instructivo al respecto. cuando menos la m anía girato ria de los girinos. li­ b erar del peso del recuerdo. Len­ ta pero duraderam ente alteran el organism o. la búsqueda de un vértigo hace irrupción creciente en la realidad. Entonces nos encontra­ m os en las antípodas del juego. una ansiedad insoportable. con cierta necesidad perm anente. IJna vez más. y es tan­ to m ás extensa y perniciosa cuanto que suscita un hábito que constantem ente aleja el um bral a p a rtir del cual se experim enta el desconcierto buscado.* alcohol la excitación deseada o el pánico volup­ tuoso que dispensan de m anera brutal y brusca los artefactos de la feria. Sue­ len crear. los insectos sociales tam bién conocen la "corrupción del vértigo'' en form a de una em ­ briaguez de consecuencias desastrosas. actividad siem ­ pre contingente y g ratu ita. no p o r ello su influencia term ina con el acceso.

que no lo tolera. en libertad. Presiona con sus m an­ díbulas la carne jugosa de esas larvas para ha­ cerle so lta r el líquido que contiene. "Les instincts nuisibles n l'espèce devant les théories irnnformi-suts". m antiene con ella al áte­ m eles e m arginatus que tam bién la a rra s tra a su pérdida. Los am os im ponen sus costum bres a sus prisioneros. m ata a la lochem usa. Mal aten ­ didas. No se tra ta entonces dc ninguna influencia irresistible. Cuando ha agotado una oruga. O tra especie de horm iga. la deja vivir cuando es esclava de la form ica sanguínea. destruye a este p ará­ sito cuando es esclava de la fórm ica rufa. I. El horm iguero decae y des­ aparece. t. pasa a o tra. las reinas de estas ya no engendran sino seudóginos estériles. 199*203. IX . lame con avidez los exudados odorantes form ados dc éteres grasos que segre­ gan las glándulas abdom inales dc un pequeño co­ leóptero llam ado lochem usa strum osa. busca las orugas de una pequeña f a lena gris p ara beber el líquido em briagador que em iten. I-a form ica fusca que.as hor­ m igas introducen en sus nidos las larvas d c éste y las alim entan con tan to cuidado que descui­ dan las suyas. La desgracia * Henri Piéron.m ica sanguínea. sino de una especie dc vicio que puede desaparecer en determ inadas circunstancias: en particular. Pronto las larvas de la lochem usa devoran a las crías dc las horm igas. No obstante. pp.* Esos casos dc intoxicación voluntaria no son aislados. la servidum bre ta n to lo suscita com o perm ite resistir a él. Sciemia. 1911. la iridom yrm ex sanguineus de Queensland. P o r esc m ism o gusto de una grasa perfum ada. 100 .

es que las orugas de In falcna devoran los hue­ vee! Ilos de la iridom yrm ex. En ocasiones, cl in­ secto que produce cl exudado odorante "conoce” su poder c incita a la hormiga al vicio. La oruga del lycaena arion, estudiado p o r Chapm an y p o r Frohaw k, está provista de una bolsa de miel. Cuando encuentra una obrera de la cspccic w*yrm ica laevinodis, levanta los segm entos anteriores de su cuerpo, invitando a la hormiga a tran s­ portarla a su nido. Pues bien, el lycaena se ali­ m enta de las larvas de la m yrmica. E sta ú ltim a no se interesa p o r la oruga d urante los periodos en que no produce miel. Finalm ente, un hemíptero d e Java, el ptilocerus oettraecus, descrito p o r K írkaldy y Jacobson, llera en medio de su cara ventral una glándula con un líquido tóxico que ofrece a las horm igas, a las cuales les gusta mucho. De inm ediato acuden a lam erlo. El liqui­ do las paraliza y entonces son presa fácil del ptilóccro.4 Los com portam ientos ab erran tes de las hor­ m igas tal vez no dem uestren, com o se ha dicho, la existencia de instintos nocivos a la especie. Antes bien, prueban que la atracción irresistible por un producto paralizante logra neutralizar ios instintos m ás fuertes, en p articu lar el instin­ to de conservación que impele al individuo a ve­ lar p o r su propia seguridad y le ordena proteger y alim en tar a su descendencia. Podría decirse que las horm igas lo "olvidan1 lodo p o r la dio' ga. Adoptan las conductas m ás funestas, ellas
• W . Morlon-Wcclcr. L e s S a c i é t e s d ' h i s c c t c s , trad, frnn cesa, 1926. pi>. 312-317. En el *Expediente- (p. 311) cito · el proceder enroe tcris !ico del pcátócero.

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m ism as se entregan al enem igo o le abandonan sus huevecillos y sus larvas. De m anera extrañam ente análoga, el em bota­ m iento, la ebriedad y la intoxicación provoca­ dos p o r el alcohol llevan al hom bre p o r un ca­ m ino en que se destruye a sí m ism o de una m anera solapada e irrem ediable. Al final, p ri­ vado de la libertad de q u erer o tra cosa que su veneno, se ve presa de una perturbación orgá­ nica continua, singularm ente más peligrosa que el vértigo físico, pues éste al m enos no com­ prom ete sino m om entáneam ente en él la capa­ cidad de resistir la fascinación del vacío. En cuanto al lu d u s y a la paidia, que no son ca­ tegorías del juego sino m aneras de ju g a r, pasan a la existencia ord in aria con su co n traste in­ m utable: el que opone el barullo a una sinfo­ nía, el garabato a la sabia aplicación de las leyes de la perspectiva. E sta oposición sigue exis­ tiendo p o r el hecho de que una em presa conoeriada, en la que los diversos recursos dispo­ nibles reciben su m ejor empleo, no liene nada en com ún con una agitación p u ra y desorde- nada, que sólo busca su propio paroxism o. Lo que se tratab a de exam inar era la co rru p ­ ción de los principios de los juegos o, si se pre­ fiere, su libre expansión sin lím ite ni conven­ ción Se ha visto que se produce de modo idéntico. T rae consigo consecuencias que tal vez sólo en apariencia sean de desigual gravedad. La locura o la intoxicación parecen sanciones desproporcionadas al sim ple desahogo de uno de los instintos del juego fuera del terren o en

que podría alcanzar su plenitud sin desgracia irreparable. En cam bio, la superstición ocasio­ nada p o r Ια desviación del alca parece benigna. Aún m ás, la am bición sin fren o en que acaba el espíritu de com petencia libre de las reglas d e equilibrio y de lealtad con frecuencia parece su p erar al audaz que se abandona a ella. Sin em bargo, la tentación de som eterse para la con­ ducta de la vida a las potencias inaccesibles y al prestigio de los signos, aplicando mecánica­ m ente un sistem a de correspondencias ficticias, no alienta al hom bre a obtener el m ejo r p a r­ tido de sus privilegios esenciales. Lo em puja al fatalism o. Lo hace incapaz de una apreciación perspicaz de las relaciones en tre los fenómenos. Lo desalienta de perseverar y de esforzarse para el triunfo pese a las circunstancias adversas. T raspuesto a la realidad, el agon ya no tiene más finalidad que el éxito. Se olvidan ν se des­ precian las regías de una rivalidad cortés. Apa­ recen com o sim ples convenciones m olestas e hipócritas. Se establece una com petencia im pla­ cable. El triunfo justifica los golpes bajos. Si e! individuo aún se contiene a causa de los tri­ bunales o de la opinión, para las naciones p a re ­ cería perm itido, si no m eritorio, hacer la guerra de m anera ilim itada c implacable. Las diversas restricciones im puestas a la violencia caen en desuso. Las operaciones ya no se lim itan a las provincias lim ítrofes, a las plazas fuertes y a los m ilitares. Ya no se conducen de acuerdo con una estrategia que en ocasiones ha hecho que la propia guerra parezca un juego. É sta se ale­ ja entonces del torneo y del duelo, en pocas 103

palabras, de la lucha reglam entada en campo cerrado, p ara en co n trar su form a total en las destrucciones masivas y las m atanzas de las po­ blaciones. Toda corrupción de los principias del juego se m anifiesta en un abandono de esas convencio­ nes precarias y dudosas que siem pre seguirá siendo posible, si no es que provechoso, negar, pero cuya difícil adopción ha dejado sin em bar­ go m arcas en el desarrollo de Ja civilización. Si los principios de los juegos corresponden en efecto a instintos poderosos (competencias, b ú s­ queda de la suerte, sim ulacro, vértigo), fácil­ m ente se com prende que no pueden recibir una satisfacción positiva y creadora sino en condi­ ciones ideales y circunscritas, las que proponen en cada caso las reglas de los juegos. Abando­ nados a si mism os, frenéticos y ruinosos como todos los instintos, es os im pulsos elementales difícilm ente podrían tener sino funestas conse­ cuencias. Los juegos disciplinan los instintos y les im ponen una existencia institucional. En el m om ento en que les conceden una satisfacción form al y lim itada, los educan, los fertilizan y vacunan el alm a co n tra su virulencia. Al mismo tiem po, los hacen apropiados para contribuir útilm ente al enriquecim iento y a la fijación de los estilos de las culturas.

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V. POR UNA SOCIOLOGÍA A PA RTIR DE LOS JUEGOS
D urante m ucho tiem po, el estudio de los jue­ gos sólo lia sid o la h isto ria de los juguetes. Se ha puesto m ucho m ás atención en los instru­ m entos o en los accesorios de los juegos que en su naturaleza, en sus características, en sus leyes, en los instintos que suponen y en el gé­ nero de satisfacción que procuran. En general, se les consideraba sim ples e insignificantes di­ versiones infantiles. P o r tanto, no se soñaba en atribuirles el m enor valor cultural. Las inves­ tigaciones em prendidas sobre eJ origen de los juegos o de los juguetes no han hecho sino con­ firm ar esa prim era im presión de que los jugue­ tes son utensilios y los juegos com portam ientos divertidos y sin envergadura, abandonados a los niños cuando los adultos han encontrado algo m ejor. Asíf las arm as caídas en desuso se cons­ tituyen en juguetes: el arco, el escudo, la cer­ batana. la honda. El balero y el trom po fueron en un principio artefactos mágicos. Diversos juegos se basan tam bién en creencias perdidas o reproducen en el vacío ritos desprovistos de significado. Las rondas y las canciones infanti­ les aparecen igualm ente com o antiguos encan­ tam ientos fuera de uso. "Todo viene a menos en el juego", se ve lie-

de lady Gomme.vado a concluir el lector de H irn. se escoge entonces especial­ mente para que el cuerpo conserve su flexibilidad y su fuerza primitivas. siendo jxer* C seguido por su competidor. El esgrimista se bate con el duque de Guisa o con Cymno y el lan­ zador de Jabalina con los medas y con los persas.1 Sin em bargo. fantasia y disci· plina a un mismo tiempo.inga sostiene exac­ tam ente la tesis opuesta. de Groos. Así. persigue una pieza cíe caza o a un enemigo imaginarlo. Sort* Ponx'üiri. en 1938 Hui/. y el deoorte. Scgdn é). del respeto a la regla. Codo -5 explica fácilmente: 'Έ1 corredor. 112*113. del desape1F. 107 . caprichoso < n c! detalle. pp. do Carrington Bolton y de tantos otros. Todas las m anifes­ taciones im portantes de la cultura están cal­ cadas de cl. tado mediante el juego las ocupaciones corporales —y a vcccs también las roundes— a que la vida Ios obli­ gaba a renunciar". El hombre de los apare­ jos trepa a cortar frutos prehistóricos. pero en ge­ * neral si&nlí¿cativo. hace de ella un resumen gráfico." Jean Giraudoux. Son trib u tarias del espíritu de investigación. De cada una de nuestras ocupa­ ciones do muerte ha quedado un testimonio que es eí juego: es la historia imitada de los primeros tiempos del inundo. De ese modu es la que viene a Ja mente de un escritor tan poco avezado en ese terreno como Jean Giraudoux. los hombres habrían "imi. goza del favor público. en su obra capital H om o ¡«dens: la cu ltu ra proviene del juego. 1946. con ayuda de la imaginación. ΠΙ jugador de hockey evita piedras bizantinas v el jugador de póquer se vale de la última reserva de bru­ jería dada a los ciudadanos en traje de calle para hipnotizar y sugerir. El juego es libertad e invención. que es la pantomima de las épocas difícifcs de lucha. En el pillapilta el niño trepa íuera del alcance del saurio. De improviso.sta tesis es ia más difundida y la más poplar.

En ciertos aspectos. En el otro. a concebir una eco­ nomía. nos pregun­ tam os al c e rra r Homo ludens. Sus redes sutiles fundan nada menos que la civilización. el refinam iento y la invención. En un caso. las <Ie la prosodia. El espíritu de juego es 108 . Sin em bargo. Fuerza es aceptar que parecen lejos de concordar fácilmente. Las dos tesis se contradicen casi absoluta­ mente.go que crea y que m antiene. las de la puesta en escena y de la liturgia. el espíritu de juego está en el origen de las convenciones fecundas que perm i­ ten el desarrollo de las culturas. P o r el ca­ m ino del juego. Constituyen convencio­ nes que es preciso resp etar. habiendo perdido su seriedad. el determ inism o. las de la táctica mi­ litar. Apren­ de a co n stru ir un orden. Estim ula el ingenio. las de la controversia filosófica son otras ta n ta s reglas de juegos. las reglas del derecho. la ceguera y la brutalidad de la naturaleza. del contrapunto y de la perspectiva. sea para articu larlas una a o tra. sea para decidir en tre ellas. "¿H abrá salido todo del juego?". a establecer una equidad. enseña la lealtad respecto del adversa­ rio y da un ejem plo de com petencias en que la rivalidad no sobrevive al encuentro. p o r mi p arte no creo imposible resolver la antinom ia. caen al nivel de distracciones anodi­ nas. el hom bre está en posibilidad de d e rro ta r la m onotonía. los juegos se presentan de m anera siste­ m ática com o degradaciones de aquellas activi­ dades de los adultos que. No creo que nunca se las haya confron­ tado todavía. Al mismo tiem po.

m ientras que en una fase an terio r o en la socie­ dad de que han surgido eran p arte integrante de sus instituciones fundam entales. Como supervivencias incom prendidas de un estado caduco o préstam os tom ados de una cul­ tu ra ajena. tal como la define precisam ente Iluizinga. Pero hay o tro s casos bien com pro­ bados de ese tipo de desplazam iento. ciertam ente no eran juegos en absoluto. Su función social ha cam biado. pero no p o r ello ddjaban de p a r­ ticipar ya de la esencia del juego. juegos y juguetes son residuos de ella. privados de sentido en aquella en que se les introduce. La m áscara ofre­ ce cl principal y sin duda el m ás notable de ellos: un objeto sagrado. los juegos siem pre aparecen fuera del funcionam iento de la sociedad en que se les encuentra. pero no su naturaleza. pero. en el transcurso de la historia. Pero esa decadencia no ha recho sino revelar. aquello que contenían en sí y que no era o tra cosa que estru ctu ra d e juego. laicas o sa­ gradas. Entonces. La tran s­ ferencia y la degradación sufrida los despojaron de su significación política o religiosa. En ella ya sólo se les tolera. La cucafia se vincula a los m itos de la conquista del ciclo y el fútbol a la disputa del globo so lar en tre dos fratrías antagónicas. en el sentido en que se habla de juegos de niftos. difundido universalm ente y cuyo paso al estado de juguete tal vez seftale una m utación capital en la historia de la civilización.esencial p ara la cultura. E s tiem po d e d a r ejem plos. Algunos juegos de cuer­ das sirvieron para au g u rar la preem inencia de las estaciones y de los grupos sociales que Ies 109 . aislándo­ lo.

antes dc serlo por las sílabas sonoras y vacias dc la ronda infantil. p o r me­ dio de la cuerda con la cual se retiene el arte­ facto) a la frágil arm adura de papel abandonada a los rem olinos de las corrientes de aire. p ara tran sm itir m ensajes sim ples y. En el juego del pillapilla. que preside. fi­ nalm ente. Osiris. El difunto se juega la suerte en 110 .correspondían. se em ­ pleaba para rem olcar em barcaciones. Por encima del jugador. la víctima podía (o cuando menos eso se supone) desha­ cerse de su mancha pasándola por contacto a quien alcanzaba corriendo. la com eta hacía función de chivo expia­ torio para lib rar de los males a una com unidad de pecadores. En el Egipto dc los faraones. para lanzar una cuerda p o r encim a de una co rrien te de agua y perm itir tender así un puente de barcos. tras la inocencia y la agi­ tación se ha reconocido !a temible elección de una víctim a propiciatoria: designada p o r un fa­ llo del destino. En Nueva Guinea. a m anera de telégrafo rudi­ m entario. En China fue utilizada p ara me­ d ir las distancias. En Corea. aunque vinculado mágicam ente (y en realidad. la com eta figuraba en el Extrem o Oriento el sim a exterior de su propietario que perm anecía en tierra. Antes de ser un juguete en E uro­ pa hacia fines del siglo x v n i. algunas inscripciones se refieren a las sentencias del juicio de los m uertos. con frecuencia se representa un tablero en las tum bas. La rayuela probablem ente representaba el laberinto en que se extraviaba en un principio el iniciado. Las cin­ co casillas de la parte inferior derecha están adornadas de jeroglifos benéficos.

la liturgia de una cerem onia piadosa. o los torneos de enigmas tenían valor pro­ batorio en los rituales de entronización en algún cargo o m inisterio im portante. de la destreza o de la gracia. Los esquim ales sólo juegan ba­ lero en el equinoccio de prim avera. Y aun enton­ ces sólo lo hacen a condición de no tener que ir de caza al día siguiente.el o tro m undo y gana o pierde la eternidad bien­ aventurada. constituían por sí mism os una ofrenda: la del esfuerzo. El columpio cósmico lleva consigo al universo en un vaivén eterno en que son arrastrad o s los se­ res y los m undos. En la India védica. De m anera general. Dedicados a una divinidad. Se supone que el trayecto del co­ lum pio vincula al ciclo y a la tierra. En prim avera. p atrón de los rebaños. da lugar a toda clase de recitaciones mnem olécnicas. dios del am or. los juegos de azar se han vinculado constantem ente u Ja adivinación. y a K rishna. se mece solem nem ente a K am a. El columpio se asocia com únm ente a las ideas de lluvia. Los juegos periódicos celebrados en Grecia iban acom pañados de sacrificios y de procesio­ nes. Ese periodo de pu­ rificación no se explicaría si el balero no hubiese sido en un principio algo más que una simple distracción. En Ingla· 111 . A decir verdad. Aquellas com petencias deportivas eran antes que nada una especie de culto. el sacrificante se mccc en un colum pio para ayudar al sol a su b ir al ciclo. El juego actual con frecuencia perm anece mal desligado d e su origen sagrado. de fecundidad y de renovación de Ja naturaleza. del mismo modo que los juegos de fuerza o de des treza.

en Francia. Λ fin de cuentas. que no resuelve de ninguna m anera el problem a. (La to rre en g u ard ia). difícilm ente hay juego que no haya parecido a los historiadores especializa­ dos com o el últim o estadio de la decadencia p ro ­ gresiva de una actividad solem ne y decisiva que com prom etía la prosperidad o el destino de los individuos o de las com unidades. Sin em bargo me pregunto si esa doctrina. P o r lo cual. (El puente del norte) o Les Chevaliers du Guet. que las cofradías hacen g ira r ritualm ente en ocasión de ciertas fiestas. Por su parte. La T our prends garde. de ritos funerarios y de m últiples costum bres olvi· dadas. una vez m As.terra. Jefiny Jones u O ld Rogers. Le Pont du Nord. subsiste una fecha fija para ju g a r trom po y es legítimo apoderarse de aquel que es bailado fuera de tem porada. que consiste en considerar cada juego com o m etam orfosis ú lti­ m a y hum illada de tina actividad seria no es errónea en lo fundam ental y. una p u ra y simple ilusión de óptica. para acab ar pron­ to. . de diversos tabúes. No se ha necesitado más p ara en co n trar en el guión de esas diversiones rem iniscencias del m atrim onio por rapto. Sabem os que an tañ o al­ deas. (Los caballeros al acecho). parroquias y ciudades poseían trom pos gigantescos. las rondas y las pantom im as parecen prolongar o reproducir liturgias olvi­ dadas. Por ejem plo. en la G ran B retaña. el juego infantil parece surgido de una prehistoria cargada de significación. Lo m ism o.

Sus padres los dejan ha­ cer. con rifles de aire com prim ido. los niños juegan com únm ente a la misa. en los países católicos. Del mismo modo. habiendo sido sustituidos p u r arm as m ás poderosas. Es dudoso que se haya esperado la invención del autom óvil p ara Jugar a la diligencia. Ño hay ningún arm a nueva que al punió no sea producida com o juguete. cuan­ do ni la pistola ni el fusil han dejado dc usarse entre los adultos. en el m om ento en que sus p a­ dres los utilizaban “en serio” o “de veritas'*. no es del todo seguro que los niños prehistóricos no ju ­ garan ya con arcos. Pero los niños tam bién juegan con pistolas dc agua o de fulm inantes.E s muy cierto que cl arco. Tam bién juegan con tanques. al m a­ trim onio y al entierro. con hondas y con cerbatanas im provisados. como reza de una m anera sum am ente revelado* ra en el lenguaje infantil. Las kachinas son sem idivinidades. los niños fabrican de 113 . con subm arinos y con aviones en m iniatura. En el Africa negra. En cam bio. El juego del m onopoli reproduce el funcionam iento del capitalism o: pero no es su sucesor. al menos m ientras la im itación sea respe­ tuosa. a la confirm ación. que dejan caer sim ulacros d e bom bas atóm icas. la honda y la cerba­ tana subsisten como juguetes. La observación rio es menos válida para lo sa­ grado que p ara lo profano. objeto principal de la piedad de los indios pueblos de Nuevo México: lo cual no im pide que los mism os adultos que las vene­ ran y las en cam an en el transcurso de danzas enm ascaradas fabriquen m uñecas a sem ejanza suya p ara diversión dc sus hijos.

en agente de policía. Los niños de hoy juegan a los soldados sin que los ejércitos havan desaparecido. antes bien. Y lo m ism o ocurre con la muñeca que. perm ite a la chiquilla im itar a su m adre. en m arino. com portam ientos y adem anes de la vida m ilitar. El niño indio se divertía ya con el colum pio en el m o­ m ento en q u e el oficiante mecía piadosam ente a K am a o a K rishna en el colum pio litúrgico suntuosam ente adornado de pedrerías y de guir­ naldas. gracias a algu­ nos accesorios característicos y a los elementos de un disfraz rudim entario. ser una madre. por poco im presionante o solem ne que sea. o en cualquier o tro perso­ naje notable que le haya llam ado la atención. en jockey. \ T vemos llevados a sospechar que no hay os ninguna degradación de una actividad seria en la diversión infantil sino. pero por o tra parle se les castiga p o r las m ism as razones si la im ilación rebasa los lím ites y cobra un ca­ rácter dem asiado paródico o sacrilego. De allf el éxito de las arm as juguete y de las panoplias que. en vaquero. sím bolos y rituales de la vida religiosa.m anera análoga m áscaras y rombos. en todas las latitudes. en aviador. En una palabra. fingir p o r un m om ento que son adul­ tos. Les gusta com portarse como adultos. toda cerem onia nor­ m alm ente sirve de base a un juego que la re­ produce en falso. los niños im itan corriente­ m ente instrum entos. perm iten al niño transform arse en oficial. en cobrador de autobús. presencia sim ultánea de dos registros distintos. y sobre todo m el oficiante viste p ara rea­ lizarla algún tra je especial. ¿Cómo 114 . Asi.

como en una carrera autom ovi­ lística. pues el torneo está más reglam en­ tado. en que sin em bargo el riesgo no es m enor: la diferencia radica en que. sin más lím ite que el miedo al escándalo o a la prisión. Según la5 épocas. más separado de la vida real y m ejo r cir­ cunscrito que la guerra. en el otro . nos dedicam os en cam bio a influir en la decisión final. pero no la especulación. Asimismo. pero sólo por accidente. que se opone a los actos ν a las decisiones de la vida ordinaria m ediante características especificas que le son propias y que hacen que sea un juego. Cierto es que se puede m orir en un torneo. De ese modo se ve que el juego no es en absoluto residuo anodino de una ocupación de adulto abandonada. a la m anera en que una nueva m arca b o rra la actuación an te­ rior. en ella m ueren pocos o muchos. en un caso. la rufeta es un juego. cuando ella m ism a es caduca. pero no la guerra. p o r su naturaleza carece de consecuencias fuera de la liza: es una pura ocasión de proezas prestigiosas que hace olvidar la hazaña siguiente. 115 . Antes que nada. se presenta como una actividad paralela o independiente. en una pelea de boxeo o en un encuentro de esgrim a. aunque posiblem ente pueda perpetuar un sim ulacro. el torneo es un juego. Son ca­ racterísticas especificas que tra té de definir y de analiza» antes que nada. nos guardam os de influir en la su erte m ien­ tra s que.im aginar que algún día desaparecerá el Juego de la muñeca? Para p asar a las ocupaciones de los adultos. Además.

Pues bien. y en la continuidad dc la vida colectiva e institucional. de m anera constante y dondequiera. todos las distinguen al punió d e éstas. cam pos an ­ tagónicos y sim ultáneos. de la m ism a m anera que su educación tiene como finalidad la dc prep ararlo s p a ra sor a su vez adultos encargados de responsabilidades efectivas. degradaciones placenteras e insignifi­ cantes de actividades antiguam ente llenas de sen­ tido y consideradas decisivas. Demuestra con seguridad que la historia vertical de los juegos. pero que no p o r ello dejan de s e r juegos. Aunque la fortuna y la vida pueden com ­ prom eterse en ellos tanto com o en las activi­ dades llam adas serias o más que en ellas. no han apreciado lo suficiente que el juego y la vida co rrien te son. los juegos dc niños pur una p arle (y cómo algo muy natural) consisten en im itar a los adul­ tos. de un ins- . q u iero decir su transfor­ mación en el transcurso del tiem po —el destino dií una liturgia que acaba en ronda. Sin em bargo. tal e rro r dc perspectiva no está exento de valiosas ense­ ñanzas. y sobre todo en los juegos infantiles. no im aginarias ni tales que baste der cir “ya no juego" para abolirías. variados y en ocasiones peligrosos.Asi. En efec­ to. aun cuando parezcan al jugador m ucho menos im portantes para él que el juego que lo apasiona. Los num erosos au to res que se han em peñado en ver en los juegos. el juego perm anece separado. pues se les siente como tales. cerrado y en principio sin repercusión im portante en la soli­ de/. no debe olvidarse que p o r su parle los adulios no dejan dc ju g a r a juegos com plejos.

se ejercen en terrenos incompatibles. si no es que como estru ctu ras de juegos tom adas en serio. constituidas en estru c­ turas im periosas. com o de caram bola. aquello que se expresa en los juegos no es distinto de lo que se expresa en 117 . Con frecuencia. las reglas de la estrategia. el problem a de sab er quién precedió a quién. En cam bio. En todo caso. el juego o la estru ctu ra seria. a reglas del juego social y a norm as de un juego que es m ás que un juego. cuando no pretenden ser exclusivas. cuyas m anifestaciones m ás sorprendentes ν m ás com ­ plejas aparecen ligadas estrecham ente a estru c­ turas de juegos. aprem iantes e irrem plaçables. las estru ctu ras del juego y las estru ctu ras útiles son idénticas. prom ovidas. No obstante. la liturgia. en una palabra. por el contrario. las costum bres y las litur­ gias o. se presenta com o muy vano. Explicar los juegos a p artir de las leyes. explicar 5a ju rispruden­ cia. del silogismo o de la estética m ediante el espíritu de juego. e igualm ente fecundas. éstas establecen que el juego es consustancial a la cultura.t r t J m c n t o mágico o de un objeto de culto que se constituye en juguete— se halla lejos de in­ form ar sobre la naiuraleasa del juego al grado que han im aginado los eruditos que descubrie­ ron esas pacientes ν arriesgadas filiaciones. A fin de cuentas. pero las actividades respectivas que ordenan son irre­ ductibles una a o tra en un m om ento y en un lugar determ inados. son operaciones com plem entarias. erigidas en in stitu ­ ciones y en legislaciones.

la suerte o la superiori­ 118 . de suerte que cambien se presenta com o un juego que h a sido preciso in stau rar. Desde ese punto de vista. Un contrato o tro ra esencial es convencionalism o de p u ra form a. Los resortes coinciden. una revolución aparece como un cam bio de las re­ glas del juego: por ejem plo. porque so­ m eterse a él es en adelante preocupación sun­ tu aria y lujosa. da prioridad sobre o tras nor­ m as y a o tras legislaciones y exige o tra s virtudes y o tras aptitudes. aquella re­ verencia caduca decae al nivel de una simple regla de juego. que cada cual respeta o m enosprecia a voluntad. lo que era institución sin duda puede verse degradado.una cultura. cuando una cu ltu ra evolu­ ciona. Poco a poco. En o tras palabras. Cierto es que. Toda institución funciona en p arte com o un ju e­ go. gracias a un con­ curso o a un examen. que se apo­ ya en nuevos principios y ha debido desplazar a u n juego antiguo. los principios que rigen los distintos tipos de juego —el azar o la destreza. supervivencia prestigiosa y sin repercusión en el funcionam iento actual de la sociedad considerada. Ese juego inédito responde a o tras necesidades. Pero el solo hecho de que en un juego so pueda reconocer un antiguo elemen­ to im portante del m ecanism o social revela una extraordinaria connivencia y algunas sorpren­ dentes posibilidades de intercam bio en tre dos campos. las ventajas o las responsabilidades poco antes reservadas a cada cual p o r azares de su nacim iento en lo sucesivo se deben o b ten er por m éritos. con el tiem po.

su acción nun­ ca es aislada ni soberana. la alegría do improvisar. de inventar y de variar al infinito las posibles so­ luciones. por el contrario.dad demostrada·— tam bién se m anifiestan fuera del universo cerrado del juego. por la marca o simple­ mente por la dificultad vencida. La espera. pues trae consigo consecuen­ cias inevitables. La puesta a punto de reglas y de jurispruden­ cias. El intento de elucidar un misterio o un enigma. en am bos casos es posible iden­ tificar los mism os resortes: La necesidad de afirmarse y la ambición de de­ m ostrar ser el mejor. sin resistencia y p o r decirlo así como un m undo ficticio sin m ateria ni gravedad. mien­ tras que en el universo confuso c inextricable de las relaciones hum anas reales. el deber de respetaría* y la tentación de violarlas. posee una fecundidad natural. de destreza. dtí resistencia. Las satisfacciones que procura todo arte com­ binatorio. Et placer de lo secreto del fingimiento y del disfraz. Para bien o para mal. 119 . El deseo de medirse en una prueba de fu e ra . de equi­ librio y ilc ingenio. la búsqueda de los favores del des­ tino. ni tam poco está limi­ tada de antem ano. de rapidez. Sin em bargo. La búsqueda de la repetición y de la simetría o. Pero es absolu­ tam ente necesario reco rd ar que gobiernan a éste p o r entero. Bl de tener o infundir miedo. El gusto por el desafio.

se confia en el cálculo o en la inspiración. no tienen relación con 120 . Según los casos. se ex­ cluyen el uno al otro. En gran p arte. se da preferencia al m érito o a la ex­ periencia. alcanzan entonces su plenitud en los te­ rrenos secundarios que les son abandonados y en que el juego ocupa un lugar im portante. cl embotamiento y la embriague/. cabe preguntarse si la diversidad de las cultu­ ras. los rasgos particulares que dan a cada cual su fisionom ía particular. Estos. la nostalgia del éxtasis y el deseo de un pánico voluptuoso.Finalmente.. en cada cultura se efectúa un rep arto im plícito. se estim a la violencia o la di­ plomacia. a la sabiduría o a cierto sab er no verificablc (y p o r tanto indiscutible) que su­ puestam ente procede dc los dioses. Allí donde se favorece a algunos. es imposible m antener en tre ellos el equilibrio de la balanza. inexacto e incom pleto entre aquellos valores a los que se reconoce una eficacia social y los dem ás va­ lores. en que los actos p o r lo general tienen su pleno efecto. Asi. Difícilm ente habrá alguna dc osas actitudes o alguno de esos im pulsos. se descalifica obligatoriam ente a los dem ás. Pero en ellos no son dc igual necesidad. no desem peñan el m ism o papel ni go/an del m ism o crédito. que no se en­ cuentre tan to en el m undo m arginal y abstracto del juego com o en el m undo no protegido de la existencia social. Además. Así. se obedece al legisla o se escucha al furioso. por lo dem ás con frecuencia incom patibles entre sí.

en algunos E stados m odernos. en la sociedad considerada. en la m edida en que. los juegos de estadio ejem plifican el ideal de la ciudad y contribuyen a realizarlo. sólo debe­ rían b rin d a r el trab ajo y el m érito. com pensacio­ nes o válvulas de escape. cuáles los con­ tradicen. puesto que el juego ocupa un terreno propio cuyo contenido es variable y a veces incluso intercam biable con el de la vida corriente. Sobre todo. las loterías nacionales o las quinielas en las carreras de caballos se oponen al ideal proclam ado: pero no por ello dejan de tener un papel significativo. pero que no deja de seducir al adulto 121 . En efec­ to. por el contrario. ofre­ cen una contrapartida de naturaleza aleatoria a las recom pensas que. los ridiculizan y representan de esc modo. no es posible determ inar sin un análisis previo cuáles concuerdan con los valores institucionales. es claro que. Para to m ar un ejem­ plo. en cam bio. en principio.la naturaleza de algunos de los juegos que sc ven prosperar en ellas ν que no gozan en o tras partes de la mism a popularidad. en la Grecia clásica. Es evidente que preten d er definir una cultura únicam ente a p a rtir de sus juegos sería una ope­ ración tem eraria y probablem ente falaz. y tal vez indispen­ sable. precisam ente. cada cultura conoce y practica simultánea» m ente un gran núm ero de juegos de espedes distintas. cuáles los confirm an y los fortalecen y. antes que nada era im portante deter­ m inar lo m ejor posible las características espe­ cificas de esa ocupación que se considera propia del niño. De todos modos.

convencido de que necesariam ente existen entre los juegos. Tengo la idea de establecer las bases de u n a sociología a p a n ir de los juegos. de inteligencia o de aten­ ción. las costum bres y las in stitu ­ ciones estrechas relaciones de com pensación o de connivencia. al abrigo de loda consecuencia fatal. Lo cual constituye mi preocu­ pación primordio!. no m e parece p o r encim a de toda conjetura razonable averiguar si el destino m ism o de las culturas. no sólo em prendo una sociología de los juegos. en el m om ento en que el adulto se entrega a él. . su peligro de estancam iento no se encuentran inscritos tam bién en la preferencia que conceden a una u o tra de las categorías elem entales entre las cuales crei poder rep artir los juegos y que no tienen por igual la m ism a fecundidad. he debido com probar que.con o tras form as. esa intensidad y el hecho de que la conducta se vea exalfada por ellas y se desarrolle en un m undo separado c ideal. Λ1 m ism o tiem po. Esa libertad. el estilo y Jos valores de cada sociedad. Λ veces exige de él m ayor gasto de energía. Asi. palabras. En otras. de destreza. la fertilidad cultural de los juegos y perm iten com prender cómo la elección de que dan testim onio revela p o r su parte el rostro. su posibilidad de éxito. explican. se­ gún creo. ese supuesto solaz no es menos absorbente que su actividad profesional. Con frecuencia le inte­ resa más.

— SEGUNDA PARTE .

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agón típico para los jockeys. suerte. cada cual se conjuga con una de las o irás 1res: Competencia-suerte (agon-alea) . sim ulacro. Sim ulacro-vértigo (m im icry-ilinx) . Suerte-sim ulacro (alea-mimicry) . Cierto es que se podrían prever com binacio­ nes ternarias. Competencia-vértigo (agort-iUnx) . En repetidas ocasiones se ha podido com probar que eran ap­ tas para conjugar sus seducciones. aún falta que principios tan m arcados concuerden indistintam ente. Competencia-simulacro (agon-mimicry) . LA TEORÍA AMPLIADA DE LOS JUEGOS L as a c titu d e s elem entales que rigen los juegos —com petencia. Suerte-vértigo (alea-ilinx) . una carrera de caballos. Sin em bargo. es al m ism o tiem po un . Una a una.VI. vértigo— 110 siem pre se encuentran aisladas. To­ m ándolas sólo de dos en dos. las cu atro actitu ­ des fundam entales perm iten en teoría seis con­ junciones posibles y sólo seis. pero es visible que casi siem pre constituyen sólo yuxtaposiciones ocasionales que no influyen en el c a rá c te r de los juegos en que se les observa: asi. Numerosos juegos se basan incluso en su capacidad de aso­ ciación.

por lo dem ás. Su contenido da a las seis conjunciones teóricam ente posibles un nivel de probabilidad y de eficacia muy distinto. En ciertos casos. B rus­ cam ente sale a la luz una com plicidad decisiva. No hay alianza. sim ­ plem ente viables. de las seis con­ junciones previsibles untre los principios de los juegos dos parecen antinaturales. mediante las cuales la com petencia es base del alea. Estos no pueden conjugarse siquiera de dos en dos con igual facilidad. Puede suceder finalm ente que en tre las grandes tendencias se m anifiesten solidaridades const it ucionales que oponen las diversas especies de juegos. Por eso. m ientras aue las dos últim as reflejan connivencias esenciales E s im portante ap reciar con m ayor detenim ien­ to cómo se articula esa sintaxis. la naturaleza de esos conteni­ d as o bien hace su alianza inconcebible desde un principio o bien la suprim e del universo del juepo. Sin em bargo. dos más. no p o r ello los tres cam pos dejan dc ser relativam ente autónom os. . luego dc un exam en. El principio de la carrera no se modifica porque se apueste a los caballos. No corres­ ponden a afinidades im periosas. no obedece en abso­ luto al azar sino que se explica por la naturaleza m ism a de los principios de los juegos. que no es­ tán prohibidas p o r la naturaleza de las cosas. Algunas o tras com binaciones. sino simplemente coin­ cidencia que. siguen siendo puram ente accidentales.espectáculo que como tal sc vincula a la m im i­ cry y un pretexto para las apuestas.

sin desnaturalizarla al punto. el respeto a Ja regla. el deseo de m edirse con arm as iguales. la obligación reconocida de antem ano de circunscribir !a lu­ cha a los límites convenidos. El alca supone un abandono pleno ν entero al capricho d e la suer­ te. el dom inio de sí. Por lo dem ás. renuncia ésta que se opone al disfraz o al subterfugio. El jugador pide un Tallo que le asegure el favor incondicional del des lino. Como hace un m om ento lo fue el prin­ cipio del agon p o r el vértigo. Tampoco el sim ulacro y la suerte parecen adecuados ni para la m enor conniven­ cia. a la fuerza y »I cálcu­ lo. es claro que el vértigo no po­ dría llegar a asociarse con la rivalidad reglamen­ tada.n el m om ento en que lo solicita. ningún sim ulacro puede p o r defi­ nición engañar a la fatalidad. De ello no su b ­ siste nada. T ra ta r de engañar al azar no tiene sentido. Tanto la parálisis que provoca com o la furia ciega que desarrolla en otros casos constituyen la negación estricta de un esfuerzo controlado. toda astucia deja sin ob jeto la consulta de la suerte. De otro modo. la recia y el vértigo son in­ com patibles. no podría imitai a un personaje extraño ni tam poco creer o ha­ cer creer que es alguien d istin to de si mismo.IUNCIONES PROHIBIDAS En prim er lugar. la sumisión previa al veredicto de un árb itro . Decididamente. F. etc. se en tra en el terreno de la magia: de lo que se trata es de fo rzar al destino. ah o ra es destruido 127 .i . Ambas des­ truyen Jas condiciones que definen cl agon: cl recurso eficaz a la destreza. Cos. En efecto.

no hacc al alca im posible en absoluto. Pierden la san g re fría V en ocasiones arriesgan por encim a d e su h a­ ber. En ese aspecto hay una verdadera com bi­ nación de las dos tendencias. lo enloquece. que d estruía al afton. El alea supone una renuncia a la voluntad y es com prensible que esla produzca o desarro­ lle un estado de trance. Pero es im­ p o rtan te señalar que el ilinx. el alca so asocia sin m enoscabo con el vértigo y la com petencia con la m im icry. Pa­ raliza al jugador. El folclor de los casinos abunda en anéc­ dotas significativas a ese respecto. lo fascina. Co n ju n c io n e s c o n t i n g e n t e s En cam bio. Ya no sienten la fatiga y apenas tienen conciencia dc lo que ocurre a su alrededor./ cl principio del alca y deja de haber juego p ro ­ piam ente dicho. 2. dc posesión o d c hipno­ sis. Una com binación análoga existe en tre el agón y la m im icry. es dc sobra conocido que. Ya an tes he tenido la ocasión dc subrayarlo: toda com petencia es en s í un es­ 128 . E stán como aluci­ nados p o r la bola que va a detenerse o por la carta que van a descubrir. Incluso se puede afirm ar que lo somete m ás a las decisiones dc la su erte y lo convence dc abandonarse a ella dc una m anera m ás com ­ pleta. pero de ningún modo lo hace violar las reglas del juego. en los juegos de azar. En efecto. un vértigo p articu lar hace presa tanto del jugador favorecido p o r la buena suerte como d e aquel que es perseguido p o r la mala.

está obligado a ju g a r lo m e jo r posible. p o r un lado con perfecta corrección y. Los antagonistas son aplaudidos a cada tanto que se apuntan. esforzándose al máximo por obtener la victoria. sino que lo refuerza p o r la necesidad en que está cada com petidor de no d efrau d ar a un público que lo aclama y lo dom ina a la ve/. Se siente en uno represen· tación.. una igualdad de opor tuiiidadcs m atem ática que. éste es el m om en­ to de recordar h asta qué grado son personajes intercam biables el cam peón y la estrella. Co n ju n c io n e s fu n d a m ó n ta l es Quedan p o r exam inar los casos en que se com ­ prueba una connivencia esencial en tre los prin­ cipios de los juegos. es decir. Reglas de una precisión adm irable. Su lucha tiene peripecia«» que corresponden a los distintos actos o a los epi­ sodios de un dram a. nada más sorprendente que la exacta sim etría que aparece en tre la naturaleza del agon y la del alea: éstas son paralelas y com plem entarias. Se desarrolla según rég lai idénticas y en la m ism a espera del desenlace. por el otro. A ese respecto. m edidas minucio129 . luiy aquí una com binación de dos ten­ dencias. 3.pectáculo. pues la ntbnicry no sólo no es nociva para el principio del agon. Pide la pre­ sencia de un público que se precipita a las ta­ quillas del estadio o del velódrom o. se acer­ que en lo posible a un rigor impecable. Una y o tra exi­ gen una equidad absoluta. Una vez m ás. En fin. com o lo hacc a las del teatro o del cinc. al menos.

la m im icry y el ilittx tam bién suponen un mundo desordenado en que el jugador im provisa cons­ tantem ente. En ese universo. Hace un mi> 130 . ideal. Una aplicación de todos los recursos personales co n trasta con la deliberada negativa a em plearlos. Dicho lo cual. El juego aparece com o la im agen m ism a d e la vida. con todo salvo consigo. el golf y tantos o tro s en que el placer para el ju ­ gador nace de tener que sacar el m ejo r partido posible de una situación que ól no ha creado o de peripecias que sólo puede dirig ir parcialm en­ te. En el o tro polo. a la des­ treza o «ti saber del jugador. se despliega la gam a de una m ultitud de juegos que com binan en proporción variable am bas actitudes: los ju e­ gos de cartas que no son p u ro a /a r. p ero com o una imagen ficticia. el jugador sólo cuerna consigo m ism o y. ordenada. fiándose en una lantasía desbor­ dante o en u n a inspiración soberana v ni una ni otra reconocen ningún código. La suerte representa la resistencia opuesta p o r la naturaleza. el fútbol y la lotería. el dom inó.sas y sapientes cálculos p o r dondequiera. Pero. Sin regla. puesto que esas son las características inm utables del juego. reparada y lim itada. entre am bos extre­ m os que representan por ejem plo el ajedrez ν los dados. en el otro. por* el m undo exterior o por la voluntad de los dioses a la fu er/a. no hay ni com ­ petencias ni juegos de a /a r. el m odo de designación del vencedor es estrictam ente opuesto en los dos tipos de ju e­ gos: ya hem os visto que. Y no podría ser de o tro modo. el α μ ιrr y el alca ocupan el terreno de la regla. en uno.

la m im icry supone p o r p arte dc quien se entrega a ella la conciencia del fingimiento y del sim ulacro. Las com binaciones del alca y del q?o \\ son un % libre juego de la voluntad a p a rtir d e la satis­ facción que se siente al vencer una dificultad concebida de m anera arb itraria y aceptada por voluntad propia. el sim ulacro sea generador dc vér­ tigo y el desdoblam iento fuente de pánico se crea una situación fatal. alcan­ za tales paroxism os que el m undo real resulta aniquilado pasajeram ente en la conciencia alu­ cinada del poseído. Dc suerte que. apa­ rece como lo contrario del juego. el jugador recurría en cl agon a su vo­ luntad. si no es que eclipso absoluto de la conciencia. En o tras palabras. con la sim ulación se ob­ serva una especie dc desdoblam iento dc la con­ ciencia del acto r en tre su propia persona y el papel que representa. quiero decir corno una m etam orfosis indecible de Jas condi­ ciones d e la vida: por carecer dc orientación 131 . dc suyo. Fingir que se es o tro enajena y transporta. en esc terreno peligroso donde la percepción se trasto rn a. con el vértigo hay desconcierto y pánico. Ahora. La alianza de la tnim icry y del ilinx da lugar a un desencadenam iento irrem i­ sible y total que. m ientras que lo propio del vér­ tigo y del éxtasis es ab o lir toda conciencia. en cam bio. en sus form as más claras.m entó. m ientras que renunciaba a ella en el alca. Mas p o r el hecho dc que. la conjunción de la m áscara y del trance resulta de lo más temible. Provoca tales accesos. Llevar una m ascara em ­ briaga y libera.

En esta segunda p arte tra ta ré de co n jetu rar las grandes lincas de esa revolución decisiva. La virtud de ese sortilegio me parece inven­ cible. antes de em pezar el exam en de la sustitución capital que remplaza el mundo de la m áscara y del éxtasis por el del m érito 132 . Al final.im aginable. pero que no p o r ello dejó de hacerse en condiciones siem pre distintas. p o r su parle.se impone o las acti­ vidades form ales y jurídicas. la fisura que condenó en secreto la co n ju ra del vértigo y del simula­ cro. tra ta ré de determ inar cómo se p ro d u jo el divorcio. al grado de que no me asom bra que el hom bre haya necesitado milenios para librarse del espejism o. Sin em bargo. la epilepsia provocada de esc modo parece im ponerse p o r tan am plio margen en autoridad. Considero al advenim iento de ésta com o la consecuencia de una apuesta m ás o menos análoga en todas par­ tes. en valor y en intensidad al mundo real como el mundo real . que constituyen los juegos som etidos a las reglas com plem entarias del αρ.οη y del alea y que están. y p o r un cam ino im previsto. Algo se gana alcanzando lo que com únm ente se llam a civilización. La alianza del sim ulacro y del vértigo es tan fuerte y tan irrem ediable que pertenece na· turalm cnte a la esfera de lo sagrado y tal vez constituya uno de los resortes principales de la mezcla de h o rro r y de fascinación que lo de­ term ina. protegidas de an ­ tem ano. que casi todo hacía im aginar de una per­ m anencia inquebrantable. enteram ente orienta­ dos.

Nada más fértil que esa am bición. el alea apa­ rece com o una aceptación previa O incondicional del veredicto del destino. La com petencia y el sim ulacro pueden crear. no crean nada capaz d e desarrollarse o de establecerse.n cam bio. De ellas surgen instituciones estables. frecuentes y casi inevita­ bles. es sorprendente que uno de los com ponentes re­ presente siem pre un facto r activo y fecundo y el o tro un elem ento pasivo y ruinoso. Acaba­ m os de ver que el alca se combina em inentem en­ te con cl a%on y la m im icry con el Minx. Pero al m ism o tiem po y en el in terio r de la alianza. Quiere triunfar. no o tra que el teatro.y de la suerte. La raíz de sem ejante desigualdad no parece difícil de descubrir. Est· desistim iento sig­ nifica que el jugador se abandona a una jugada 133 . en estas páginas prelim inares me falta indicar brevem ente una sim etría. deseo de victoria y esfuerzo para obtenerla. la com petencia reglam entada no es o tra cosa que el deporte. la que rige el m undo de la regla. d a r prueba de su excelencia. el alca y el af>on expresan actitudes diam etralm cntc opuestas res­ pecto de la voluntad. El agón. form as de cu ltu ra a las que de buen grado se reconoce un valor ya edu­ cativo. y el sim ulacro con­ cebido com o juego. En la prim era coalición. que in­ terrum pen o devastan. En efecto. y efectivam ente crean. Con m ayor frecuencia ocurre que engendren pasiones que paralizan. F. im plica que el com ­ petidor cuente con sus propios recursos. prestigiosas. En cam bio. salvo raras excepciones la búsqueda de la suerte y la persecución del vértigo no condu­ cen a nada. ya estético.

la voluntad contra los obstáculos exteriores y la o tra es la renuncia de la voluntad ante una señal supuesta. m ientras que el fatalism o es pereza fundam ental. Pero una es lucha de.1 En el universo caótico del sim ulacro y del vér­ tigo. Cierto. En esas condiciones. CI al punto consiente al oin» una especie de vergonzosa contrapartida. La prim era actitud ordena d esarro llar toda superioridad per­ sonal. que el azar no cieñe conwtfn ni memoria). ΠΙ hombre no pudría estar por entero ni O lado del agon ni del lado del atea. se puede com probar una polaridad idénti· 1 Esas acritudes opuestas -v. que no hará o tra cosa que arro jarlo s y leer el resultado. una equi­ dad absoluta entre los com petidores. Eligiendo a ujmj. no es sorprendente que el saber y la técnica asistan y recom pensen al agon. m ientras que la magia y la superstición. son dos m aneras claram ente sim étri­ cas de aseg u rar un equilibrio perfecto. la em ulación es ejer­ cicio perpetuo y entrenam iento eficaz para las facultades y las virtudes hum anas.de dados. Los campeones se proveen de fe­ tiches (aunque no por ello dejan de contar con sus músculos. La regla es que se abstenga de actuar. eJ estudio de las prodigios y de las coincidencias acom pañen infaliblem ente a las ineertidum bres del alca. 134 .es necesario decirlo?·— rara vez son puras. la o tra . con su destreza o con su inteligencia). con el fin de no falsear o fo rzar la decisión de la suerte. Asf. sin haber leído ni a PuncaJré ni a Borcl. aguardar inmóvil y m udo una consagración o una condena enteram ente exter­ na. Jos Jugadores se entregan antes de apostar a sapientes cálculos casi vanos (pero presienten.

lo que con facilidad se constituye en o b ra de arte. Para lo­ grarlo. y lo aniquilan 135 . La búsqueda del trance y del pánico intim o subyuga en el hom bre el discer­ nim iento y la voluntad. El acto r debe acom odarse a su papel y c re a r la ilusión dram ática. Se ve forzado a e sta r utento y obligado a una agilidad mental continua: igual que quien disputa una com pe­ tencia. No se la educa. en el ilitix. Se la expone hasta que su­ cum be. de suerte que constantem ente se pone en duda y está com o destinada p o r naturaleza a la derro ta. aquí radica en no poder term in ar con el desconcierto acep­ tado. Mas lo cierto es lo contrario.ca La m im icry consiste en rep resen tar delibe­ radam ente a un personaje. dc cálculo. El paciente la deja ir a la de­ riva y se em briaga con sentirla dirigida. y ya no sólo re­ nuncia de la voluntad. al parecer debe surgir cuando menos una capacidad creciente dc resistir a una fascinación determ inada. Como el peligro en los juegos dc azar con­ siste en no poder lim itar la apuesta. En cam bio. hay renuncia. Hace dc el un prisionero de éxtasis equívocos y exaltantes en los que se cree dios y que lo dispensan de ser hom bre. dom i­ nada y poseída por fuereas extrañas. sino tam bién renuncia dc la conciencia. lo que no exige ni ejercita ninguna ap titu d particular. Pues esa ap titu d sólo tiene sentido respecto de la tentación obsesiva. dc astucia. sólo necesita abandonarse. expresión y m anifestación de una cultura. sem ejante en ese aspecto al alea. Los juegos dc sim ulacro conducen a las artes del espectáculo. De esos juegos negativos.

a lo largo de las presuntas peripecias de ln aven· tura hum ana. en la conjura de la m áscara y del vértigo. inhum ana y sin remedio. M anifiestan una solicitud des­ m esurada. p o r la o tra. la su erte y el m érito ). tam bién existe un esfuerzo incesante. 136 . una especie de atracción horrible y funesta.Así. cuya seducción se debe neutralizar. cuando ln m áscara de hechicero se constituye en m ás­ cara de teatro. A esc esfuerzo se le llam a progreso. en aquella de la rivalidad reglam entada y d e la suerte. es dccir. sólo una categoría de juegos es verdaderam ente crea­ dora: la m im icry. En las sociedades donde reinan el sim ulacro ν la hipnosis. tal como la m uestran cu la actua­ lidad la etnografía y la historia. el agón. dentro de las dos grandes coaliciones. p o r au m en tar la participación de la justicia en detrim ento del azar. a veces se encuentra la solución en el m om ento en que el espectáculo se im pone al trance. Las dem ás pronto son devastadoras. Ahora es tiem po de exam inar el juego de la doble relación (por una p a rte el sim ulacro y el vertido y. desigualm ente feliz y rápido. En las sociedades basadas en la com binación del m érito y de la suerte.

Existen pocos juegos que hayan sido d urante m ucho tiem po propiedad exclusiva de un área d e difusión de­ term inada. como las especies vegetales. para gozar de esa especie dc continuidad a la vez fluida y obstinada. Los juegos no gozan de esa identidad hereditaria. decididam ente occidental. es preciso que se asem ejen a la perennidad del pelaje de los anim ales. Los im perios y las instituciones desaparecen. Adoptan mil form as distribuidas desigualm ente. antes que nada. que se transm iten im pertur­ bables de generación en generación.VIL EL SIM ULACRO Y EL VÉRTIGO La estabilidad dc los juegos es sorprendente. Es ése un p ri­ m er m isterio. Y es. del d ibujo dc las alas de las m ariposas y de la curva de las espirales de las conchas m arinas. y la cometa quc\ al parecer. ¿Qué queda cuando se ha citado eJ trom po. es preciso que se parezcan a las hojas dc los á r­ boles que m ueren de una estación a o tra y sin em bargo se perpetúan idénticas a sí mism as. seguía siendo desconocido en Europa hasta el siglo x v n t? Los dem ás juegos 137 . em igran y se ad aptan con una rapidez y una facilidad tam bién desconcertantes. con las m ism as reglas y a voces con los mism os accesorios. Son in­ num erables y cam biantes. porque no son im portantes y poseen la perm anencia de lo insignificante. Pues. pero. infinitam ente m ás aclim atables. pero los juegos persisten.

el diseño se alarga y se sim pli­ fica. de las reglas. Con el cristianism o. la Corona o la Gloria. Son prueba de la identidad de la naturaleza hum ana. Revelan las pre­ ferencias. la rayuela era un laberinto en que se em pujaba una piedra —es dccir. 138 . prolongan los usos y reflejan las creen­ cias de esas cu ltu ras. Bajo la doble influencia del culto a la Virgen y del am or cortés. Reproduce el plano de una basílica: se tra­ ta de hacer llegar el alm a. uno de los reyes se tran sfo rm ó en reina o en dam a. representado esquem áticam ente en el suelo m ediante una sucesión de rectángulos. de los artefactos y de las proezas.se extendieron en focha rem ota y en una u otra form a por el m undo entero. Si en oca­ siones se pudo localizar su origen. hasta el Cielo. Aparecen tanto más significativas cuanto que los juegos dependen en gran p arle de las culturas en que s a le s practica. se ha tenido que desistir de lim itar su expansión. el alm a— hacia la salida. En la India. HI juego pasó al Occidente medieval. de em pujar el guija­ rro. Cada cual seduce p o r doquier: nos vemos obligados a con­ venir en una singular universalidad de los prin­ cipios. se jugaba al ajedrez con cu atro reyes. que coinciden con el alta r m ayor al de la iglesia. el Paraíso. que llegó a ser la pieza m ás fuerte. En la antigüedad. a) I n t e r d e p e n d e n c ia Y db lo s ju eg o s DE L A S C U L T U R A S La estabilidad y la universalidad se com plem en­ tan.

al m ism o tiempo. si los juegos son factores e imágenes de cultura. de ello se sigue que en cierta m edida una civilización. lo im portante es que esas vicisitudes no han afectado la continuidad esencial del ju e­ go de la rayuela o del juego de ajedrez. existe una afinidad que no puede sino au m en tar en tre sus reglas y las cualidades o defectos ordinarios de los miem­ bros de la colectividad. los gustos. los modos de razonar más com unes y. dor prueba de la exactitud de la > descripción y contrib u ir a hacerla m ás cierta \ al acen tu ar esas características en tre quienes se dedican a él. De suerte que un juego goza del favor de un \ pueblo al m ism o tiem po que puede servir para i definir algunas de sus características m orales o intelectuales. Ellos m uestran necesariam ente su fisonom ía general y ofrecen indicaciones útiles sobre las preferen139 . No es absurdo in te n ta r el diagnóstico de una civilización a p a rtir de los juegos que en espe­ cial prosperan en ella.m ientras que cl rey se veía confinado al papel de pieza ideal pero casi pasiva de la p artida. y los confirm an insi­ diosam ente en sus hábitos o en sus preferencias. En efecto. puede ser caracterizada m ediante sus juegos. Sin em bargo. Se puede ir m ás lejos y denunciar p o r o tra /p a rte una verdadera solidaridad en tre toda s o / ciedad y los juegos que en ella se practican con predilección. y en el seno de una civilización una época. En efecto. educan y entre­ nan a los jugadores en esas m ism as virtudes o en esos mism os defectos. Esos juegos preferidos y m as difundidos m anifiestan p o r una parte las I tendencias.

en todo m om ento.ciasr las debilidades y las f u e r a s dc una socie­ dad dada en algún m om ento de su evolución. Para considerar un ejem plo. tiene tiem po de hacer tram p a a pla­ cer y como m ejor lo entiende. pero en que el jue­ go pierde estrictam ente todo interés a p a rtir del m om ento en que se hace la tram pa. pero puede. en los mism os países. Para una inteligencia infinita. d a r una explicación contundente al respecto. El contraste dc los juegos preferidos en tre pueblos vecinos ciertam ente no ofrecc la m anera m ás segura d e determ inar los orígenes dc una desavenencia psicológica. en que todo es ardid e incluso. Los juegos crean hábitos. la calda dc Roma en los com bates de los gladiadores y la decadencia dc Bizanclo en las disputas del hipódrom o. Hacen esp erar cierto tipo de reacciones y p o r consiguiente invitan a considerar las reacciones opuestas com o b ru ta­ les o hipócritas. Un ejem plo no menos instructivo lo d a el ju e­ go dc b araja argentino del truco. para el dem onio que im aginó Maxwell. Luego. el destino dc E sparta tal vez era legible en el rig o r m ilitar de los juegos dc la palestra. es decir. es posible no sorprenderse de una correlación con la conducta del contri­ buyente respecto al fisco o del ciudadano res­ pecto al Estado. triquiñuela. el de Atenas en las aponías de los sofistas. provocan reflejos. un juego en que cada cual. en cierto modo. a posteriori. como provocadoras o como desleales. no es indiferente que el deporte anglosajón por excelencia sea el golf. .

dispone de los juegos de fisionomía. de muecas. que co n tri­ buyen a d a r a la vida ord in aria. reglam entada y obli­ gatorio. En cuanto a las cartas.pero triquiñuela codificada. que se deriva del poker y de la malilla. En cuanto a las com binaciones de cartas. Una serie de mohines. 141 . En lo cual. d e guiños apropiados y siem pre los mism os corresponden cada cual a una carta m aestra diferente. lo esencial para cada jugador es hacer saber a su com pañero qué cartas y qué com binaciones de cartas tiene en mano. m itad en brom a m itad en serio. deben inform ar al aliado sin d a r luces al enemigo. En ese juego. un agudo sentido de solida­ ridad entre asociados. sin pronunciarlos efectivam ente. p o r lo demás adm itida y bien recibida. Esos signos. su carácter original: el recurso a la alusión ingeniosa. sin que se enteren sus adversarios. sugiriéndolos de m anera bastante vaga para que sólo éste com prenda el m ensaje. d e m antener o de m anifestar ciertos hábitos m entales. rápido y discreto. una tendencia al engaño. que form an p a rte de la legislación del juego. una vez más. El buen jugador. si no a los asun­ tos públicos. que lleve consigo una ap titu d correspondiente para descubrirla. llevan nom bres com o flo r : la habilidad consiste en evocar esos nom bres en el espíritu del com pañero. una facundia en fin en la que es difícil encontrar la palabra clave. pero en espera del desquite. sabe aprovechar el m enor descuido del adver­ sario: una mímica im perceptible y el com pañero está advertido. com ponentes tan raros en un juego en extrem o difundido y p o r decirlo así nacional no pueden d e ja r de suscitar.

Por lo dem ás. Sin em bargo. la mayoría de las vcccs la m ultitud y la variedad de los juegos favorecidos en una mism a cultu ra los privan de antem ano de toda significación. los tí­ teres de m ano p o r lo general encarnan (como ya H irn lo había observado ) 1 personajes pesa­ dos y cínicos. si no es que al sacrilegio. Consideran que esos juegos tam bién habitúan ul espíritu a aficionar* se a las m últiples respuestas. naturalm ente m ágicas y graciosas. Sin duda alguna. En fin. La agresividad se ve m en­ guada. una salida agradable y ficticia a las tendencias de­ lictuosas que la ley o la opinión reprueban y condenan. la caligrafía y la p in tu ra. 165 174. co 1926. Así ocurre con la historia tradicional de Punch y de Judy. en tanto que el alm a aprende la sereni­ dad. in icl. a p artir d e o tro s ele­ m entos. niega li­ mosna a un mendigo al que da una paliza. hay en ello un rasgo de civilización. es claro que diagnósticos de esa especie resultan infinitam ente delicados. aquellos que parecen m ás evidentes. proclives a lo grotesco y a la in­ m oralidad. Con­ viene retocar severam ente. * X* W lri!. . jeux à'enfants.Con la música. los chinos ponen el juego de peones y el juego de ajedrez a la altu ra de las cu atro prácticas en que debe ejercitarse un letrado. En co n traste con las m arionetas de hilos. P arfe. suele suceder que el jue­ go ofrezca una com pensación sin alcance. fr a n c e s a . com binaciones y sorpresas que nacen a cada instante de situa­ ciones siem pre nuevas. Punch asesina n su m ujer y a su hijo. la arm onía y la alegría de contem plar las posibilidades. pp.

pero su alegría bullan­ guera e inofensiva lo relaja: aclam ar al muñeco escandaloso y triunfante lo venga a poco costo de mil presiones y prohibiciones que la moral le im pone en la realidad. No las aprueba en absoluto. m ata a la m uerte y al diablo y. El gusto p o r la com petencia. seria erróneo distinguir en esa carga sistem ática una imagen del ideal del público b ri­ tánico. cuelga en su propia horca al verdugo que viene a castigarlo. La relación es lejana o estrecha. aunque tal vez menos alea­ toria que la sim ple búsqueda de correlaciones episódicas. reglam entado y ficticio que se asigna a éstos y gracias al cual siguen siendo juegos. los juegos necesariam ente aparecen vincu­ lados al estilo y a la vocación de las diferentes culturas. parece ab ierto el cam ino para concebir una em presa m ás am plia y al pa­ recer más tem eraria. para term inar. pero Inevitable. que aplaude tantas siniestras hazañas. au n ­ que nu dondequiera se juega a los mismos jue­ gos en las m ism as proporciones. Así como los juegos son universales. Con toda seguridad. la vinculación precisa o difusa. la búsqueda de la suerte. pues aqui se 143 . el placer del sim ulacro y la atracción del vértigo ciertam ente aparecen com o resortes principales dc los juegos. Expresión o derivativo dc los valores colecti­ vos.nicle toda suerte dc crím enes. Desde ese m om ento. pero su acción penetra infaliblem ente en la vida entera d e las socie­ dades. Es posible presum ir que los p rin ­ cipios que rigen los juegos ν perm iten clasifi­ carlos deben hacer sen tir su influencia fuera del cam po por definición separado.

es con­ veniente preguntarse si los principios de los ju e­ gos (agon. tan tenaces y tan difundidos que parecen constantes y universales. sim ulado res y frenéticos. Poro tam bién sospecho que los principios de los juegos. de los pueblos. m im icry e Uinx) tom ados afue­ ra de esos mism os juegos. a riesgos lim itados. el a¡eaf la m im icry y el itínx. ¿E s preciso agre­ garlo? No se tra ta de descubrir que en toda so­ ciedad existen am biciosos. En cam bio. a fintas sin con­ secuencias y a pánicos anodinos. deben m arcar en lo profundo los tipos de sociedad. p o r poco que las norm as sociales lleguen a fa­ vorecer de m anera casi exclusiva a uno de ellos en detrim ento de los dem ás. para que las acusadas di­ ferencias en la proporción de causas tan gene­ rales no traígan consigo contrastes im portantes en la vida colectiva. Se trata de determ inar la im portancia que dan las diversas sociedades 144 . fatalistas. no están distribuidos tam bién de m anera bastante desigual entre las diversas sociedades.juega m ás béisbol y allá m ás ajedrez. sostengo que el terreno del juego no constituye al fin y al cabo sino una su erte de islote red u ­ cido. si no es que institucional. y que cada sociedad les ofrece oportunidades desiguales de éxito o de satisfac­ ción. alea. Incluso sospe­ cho que pueden servir p ara clasificarlos a su vez. resor­ tes tenaces y difundidas de la actividad hum a­ na. No pretendo en absoluto in sin u ar que la vida colectiva de los pueblos y sus diversas institu­ ciones sean tipos de juegos regidos tam bién por el agon. dedicado artificialm ente a com petencias calculados. adem ás ya se sabe.

la aplicación y el uso de las m atem áticas. p o r ese pro­ pio hecho suele in stitu ir en la clasificación de las sociedades una dicotom ía tan radical como aquella que. el papel de la adm inistración. Sin em bargo. Para designar a éstas. sus postulados im plícitos más difusos y más indistintos. si bien se reconoce que la nom enclatura adoptada corresponde a oposiciones capitales. d e la jurisprudencia o de los archivos. al azar. cuando m ucho se puede proponer un nuevo su rtid o de etiquetas y de denom inaciones genéricas. separa a criptógam as y fanerógam as en tre las p lantas y a vertebrados e invertebrados entre los animales. y tantas o tras diferencias cuyos efectos no son menos pesados ni menos inextricables. las m últiples consecuencias de la vida u rb an a y de la constitución de vastos im perios. a la mímica o al trance. no ago­ tan el desarrollo de la ciencia. Esos resortes fundam entales forzo­ sam ente son de una naturaleza y de un alcance tan estacionarios que denunciar su influencia casi no podría agregar nada a una descripción fina de la estru ctu ra de las sociedades estudia­ das.a la com petencia. de la técnica y de la industria. por ejem plo. en éstos. Todo hace c re e r que cn145 . la teoría. Se aprecia entonces lo extrem o de un proyec­ to que no busca nada m enos que tra ta r de defi­ n ir los m ecanism os últim os de las sociedades. E n tre las sociedades que se acostum bra lla­ m a r prim itivas y las que se presentan b ajo el aspecto de E stados com plejos y evolucionados hay contrastes evidentes que.

los incas. son sociedades de contabilidad. m ientras que. el sim ulacro y el vértigo o. b) I. como secuela. es decir. donde el agon y el atea. si se prefiere.0$ cosas ocurren com o si. TRANCE Uno de los m isterios principales de la etnogra­ fía reside m anifiestam ente en el em pleo general 146 . aparecen com o elem entos prim ordiales y por dem ás com­ plem entarios del juego social. con carreras. esta vez fundam en­ tal. Por oposición a las anteriores. en una cuenta im plícita en tre la herencia. en este caso.tre esos dos tipus d c vida colectiva existe un antagonism o dc o tro orden. sean am ericanas o afri­ canas. 1. los asirios. los chinos o los rom anos presentan sociedades ordenadas. que los resum e. que su­ pone com paración y com petencia. en las prim eras. en aquellas del segundo tipo. el contrato social consiste en un com prom iso. con códi­ gos y escalas. es de­ c ir una especie de a¿ar. la cohesión dc la vida colectiva. es decir la m im icry y el ilinx. con privilegios lim itados y Jerar­ quizados. la p an ­ tom im a y el éxtasis aseguraran la intensidad y. por el co n trario . son sociedades donde reinan tam bién la m áscara y la posesión. con oficinas. Por mi p arte. que yo llam aré m ás bien sociedades dc conju· sión%sean australianas. y la capacidad. describiré esc antagonism o de la m anera siguiente: las sociedades prim itivas.A MASCARA Y El. que los n u tre y los explica. el m érito y el nacim iento. que tal vez dé origen a todos los demás.

interregno de vértigo. las m áscaras transform an a los oficiantes en Dioses. La situación se ha invertido: es él quien da miedo. reju ­ venece y resucita a la vez a la naturaleza y a la sociedad. se cree verdaderam ente el dios cuya apariencia se aplicó a tom ar p o r medio de un disfraz culto o pueril. con vestir el traje que ha cosido a sem ejanza supuesta del s e r de su reverencia y de su tem or. en E spíritus. donde todo el orden que liay en el m undo es abolido pasajeram ente p ara resurgir rcvitalizado. En­ tonces encam a tem poralm ente a las potencias aterradoras. en Ani­ males-Antepasados y en toda clase de fuerzas sobrenaturales aterrad o ras y fecundantes.de las m áscaras en las sociedades prim iti­ vas. Fabri­ cadas siem pre en secreto y luego de usadas des­ truidas o escondidas. En todas p a n e s sc concede a esos instru­ m entos de m etam orfosis una im portancia extre­ ma y religiosa. inm ediatam ente enajenado. cuyo aspecto. él es la potencia terrible c inhum ana. que se nutren de sí mism os y obtienen su valor de su desm esura. cuyo m anejo y cuya función 147 . p o r el rum bo. Aparecen en la fiesta. cuya existen­ cia. La irrupción de esos fantasm as es la irrupción de las potencias que el hom bre teme y sobre las cuales se siente sin influencia. con produ­ c ir el inconcebible zum bido auxiliado p o r el ins­ trum ento secreto. En ocasión de un estrépito y de una algara­ bía sin lím ites. las im ita. se supone que la acción de las m áscaras revigoriza. se identifica con ellas e. Le ha bastado con cubrirse el ro stro con la m áscara que él m ism o ha fabricado. de efervescencia y de fluidez. presa del delirio.

pues la regla social consiste en prestarse. el acto r surge de nuevo a la conciencia en un estado de cansancio y de agotam iento que no le deja sino un recuerdo confuso y des­ lum brado de lo que ocurrió en él. Además. sin él. fam iliar y enteram ente hum ano sólo desde que lo tiene en las manos y a su vez se vale de él para atem orizar. los niños y las m ujeres no deben asis­ tir a la confección de las m áscaras. im aginan que és­ tos se transform an. p o r su parle. que están poseídos y son presa de las potencias que los habitan. no es sim ulada. Para poder ab an d o n arle a espíritus que sólo existen en sus creencias y p ara experim entar de pronto 148 . Mas. T ras el delirio y el frenesí que pro­ voca. la cerem onia y la mímica son tan sólo una entrada en m ateria. se prestan sinceram ente pues. So pena de m uerte. El grupo es cóm plice de esc elevado mal. p o r ju ­ g a r al fantasm a se es un fantasm a. El preludio inaugura una excitación que luego no puede sino aum entar. de esas convulsiones sagradas.ha aprendido tan sólo después d e la iniciación. ¿cómo no habrían de saber ellos que no es sino m as­ carada y fantasm agoría en lo que se disim ulan sus propios padres? Sin em bargo. préstansc a ello. En ocasión de la fiesta. la danza. Entonces. como tam bién los propios oficiantes. Sabe que es inofensivo. de los dis­ fraces rituales y de los diversos artefactos u ti­ lizados en seguida para aterro rizar. Es la victoria del fingimiento: la simulación desem ­ boca en una posesión que. Como lo advierte la Cébala. el vértigo sustituye al sim ulacro.

suscitarlos. todas las norm as inverti­ das p o r la presencia contagiosa de las máscaras. el desorden constituido en regla. estruendo.su im perio brutal. hipnosis. los frenesíes que propagan y la em bria­ guez de se n tir e infundir miedo encuentran en 149 . El vértigo aparece com o fundam ento últim o de una socie­ dad p o r lo dem ás poco consistente. drogas. Con ese fin se valen dc mil artificios. paroxism os dc ruido y de agi­ tación. hacen del vértigo com partido el punto culm inan­ te y el nexo de la existencia colectiva. Refuerza una coherencia frágil que. Las M áscaras son el verdadero nexo social. em pujarse a si m ism os al hun­ dim iento final que perm ite la intrusión insólita. som bría y de poca envergadura. los trances. em briagueces. ninguno de los cuales les parece sospechoso: ayuno. m úsica m onótona o estri­ dente. cada familia está acostum bra­ da a velar p o r su subsistencia con una autonom ía casi absoluta. clam ores y sacudim ientos conjugados. Si bien la irrupción d e esos espectros. los intérpretes deben llam ar­ los. la dilapidación de los bienes acum u­ lados d u ran te un largo interm edio. Esas preocupaciones cotidia­ nas casi no tienen repercusión inm ediata en una asociación rudim entaria en que la división del trabajo es m ás o menos desconocida y en que. difícilm ente se m antendría si no hubiera esa explosión periódica que acerca. La fiesta. por consiguiente. reú­ ne y hace com ulgar a individuos absortos el resto del tiem po en sus preocupaciones domés­ ticas y en inquietudes de carácter casi exclusi­ vam ente privado.

Que no quepa la m enor duda. Están seguros de poder co n tar en lo fu tu ro con una protección que consideran y que es considerada a su alrededor com o infalible. las instituciones políticas o religio­ sas descansan en el prestigio engendrado por una fantasm agoría tan pertu rb ad ora. Por poco que se les vea con detenim iento. p o r sobrenatural y porque trae consigo una p a­ rálisis incurable para el sacrilego. Con frecuencia. una connivencia mo­ nótona asom a incansablem ente. pero bien articulado y fácilmente id e n tifiab le. También se les encuentra a lo largo de las costas ISO . Los ini­ ciados sufren severas privaciones. un resorte idéntico actú a bajo la diversidad de los m itos y de los rituales. las creencias sin duda varían al infinito. la alucina­ ción. con la conducción del uno p o r el o tro . Sin em bargo. Se com prueba que son innum erables c inimaginables.la fiesta Ja época en que triunfan de Heno. De él reciben una unción indeleble. de las leyendas y de las liturgias. el espasm o en que tendrán la revelación de su espíritu tutelar. no p o r ello están ausentes de la vida ordinaria. Sabido es que con él se designa un fenóme­ no com plejo. en el círculo polar ártico. de m a­ nera más general. soportan peno­ sos sufrim ientos. cuyas m anifestaciones m ás signi­ ficativas fueron encontradas en Siberia y. 7 Un ejem plo sorprendente lo constituyen los hechos reunidos bajo el nom bre de cham anis­ mo. se ofrecen para pruebas muy crueles a fin de obtener el sueño. En los detalles. casi todas pre­ sentan en diversos grados la mism a com plicidad sorprendente del sim ulacro y del vértigo.

de lus tarah u m aras v de Ins kiûw as. fra n ­ cesa. sea por * Para la descripción del cham anism o. 1927). Se­ gún los casos. trad. he utilizado la o b ra de Mu oca Eliade.e Peyotl. de lus tcpehtianos. Por lo dem ás. siemi pre consiste en una crisis violenta.1 Sean cuales fueren las diferencias locales. Subre los efectos paralelos del pcyótl y su utilización d u ra n te las fiestas y e u cl cutio de los hinchóles. Ronhicr. c incluso p o r hipnosis. México. el su* jeto ve lodos los o bjetos q ue se le p resentan mons truosam ente g ra n d i» . 150-155. m irando fijam ente las lla­ mas de la chim enea hasta el aturdim iento.. Paris. 1928. del humo del incienso o del cáñam o. Entonces realiza en el o tro m undo un viaje mágico que cuenta y m im a. 1^1 . Un hoyo pequeño le pareve un nhism o aterrad o r. 1 S obre las v irtudes del Aßaricits Mascar iu$ y en par­ ticular la m acropsia: "Con las pupilas dilatadas. por medio del tam bor. en Mexico y Hi­ tados Unidos. El chamanUtno y las técnicas arcaicos del éxtasis. donde se en· cornraxú una exposición notablem ente cúm plela de los hechos en las diversas p a rle s del m undo. Pari». FCE. gracias a un hongo alucinante (el agárico). y linn crocitara llena de a£\ia un lago*'. será util «em itirse o las descripciones chi sicas de Carl Lum boltz (bibliografía e n Λ.’ p o r acción del canto y de la agitación convulsiva. la m ayoría de las veces se esco­ ge al cham án a causa de sus disposiciones psi­ copáticas. entre los araucanos ν en Indonesia. véase I Lexvln. /. en una pér­ dida provisional de la conciencia en el transcur­ so de la cual el cham án es receptáculo de uno o varios espíritus. el éxtasis se obtiene m ediante narcóticos. de los coras. I960. sobre todo en el noroeste norte­ am ericano. pp.del Pacífico.. Designado sea por herencia. Les Paradis artificiels. del baño de vapor.

El cham án im ita el g rito y el com portam iento de los ani­ m ales sobrenaturales que encam an en él: repta p o r tierra como la serpiente. ruge y corre en i cuatro patas com o el tigre. se recuerda que debía alim entarse de animales» que cap tu rab a con los dientes. los trances de los que es presa con frecuencia llegan hasta la catalepsia real. É stas se presentan com o dem ostraciones provocadas en que. los E spíritus despedazan el cuerpo del cham án. Reserva­ d a para las sesiones. Y en cuanto a la m im icrya ésta aparece en la pan­ tom im a a que se entrega el poseído. La re­ velación que lo hace cham án sobreviene después dc una especie de crisis epiléptica que. Dc su frecuentación trae consigo sus poderes y su clarividencia mágicos. E ncuentra dioses y dem onios. él visita el m un­ do celeste y el m undo subterráneo. P o r lo que toca al ilinx. luego lo re­ constituyen introduciendo en ¿I nuevos huesos y nuevas visceras. casi a una orden. renueva sus viajes. Cuando hay sesiones. el personaje queda habilitado para reco rrer el m ás allá. se desata lo que precisam ente se ha llam ado una "h isteria profesional". Su traje indica su transform ación: m uy rara vez utiliza m áscaras de anim ales.su tem peram ento o p o r algún prodigio. es obligatoria en ellas. lo autoriza a su frir o tras y garantiza su carácter sobrenatural. sim ula la inm ersión del pato o agita los brazos com o el ave las alas. En el m om ento d c la iniciación. el cha­ m án lleva una vida solitaria y salvaje. pero las plu­ m as y la cabeza dc águila o dc búho con que 152 . Al punto. E n tre los tungusos. p o r de­ cirlo así. M ientras sus despojos yacen inanim ados.

G rita que ve una gran p arte de la tierra. Pero no le es ex­ clusiva. Se le encuentra en el vudú y en casi toda sesión extática. P o r lo demás. G. pese a una vestimenta que pesa hasta quince kilos a causa de los ad o r­ nos de hierro cosidos a ella. • Esa cooperación del oficiante y del asistente es constante en el cham anism o. el cham án siente náuseas y vértigo. de su inconciencia y de su furia. existe una especie de cham anism o muy significativo a ese respecto. "E llo lo lleva''. Entonces. Pide un abrigo al E spíritu de su m adre: un asistente le arro ja uno. "a ejecu tar casi autom ática y sc153 . es casi ne­ cesaria. Ellas producen y sort los relám pagos que guían al via­ je ro mágico en la oscuridad de las regiones in­ fernales. siente tanto frió que tiembla y se estrem ece. ayu­ d arlo en fin a rep resen tar correctam ente su papel. O tros espec­ tadores sacan chispas entrechocando sílice. El oficiante se m an­ tiene en un estado de receptividad exacerba­ da. Hace los adem anes de la lucha que sostiene con­ tra los m alos espíritus. protegerlo a él m ism o co n tra los efectos de su torpeza. salta p o r el aire para dem ostrar que vuela muy alto. y B rcnda Scligmann. Siem pre a p unto de perder la concien­ cia . B ajo tierra. El suelo parece hundirse a sus pies. observan C. Cuenta y representa las aventuras que le ocurren en el otro mundo. E ntre los vedas d e Ceilán.se viste le perm iten el vuelo mágico que lo lleva al firm am ento. Pues es preciso pro teg er a los especta­ dores contra las posibles violencias del poseído. en el reino de las Tinieblas.

Seligrnann. u na notable colección de descripciones originales sobre m anifestaciones com binadas de mimiery-illnx. Cam bridge. 134. Λ conti­ nuación m e re fe riré a las de T rem cam c sobre cl culto b o n . convulsiones y. el destino ordinario de una sesión de cham anism o es la curación dc un en­ ferm o. U s Possédés.(Μ guram ente sin deliberación cuidada las partes tradicionales de la danza. 310. Y . 1911. de W. m e­ diante una sugestión consciente c inconsciente. lo trae consigo triunfalm en­ te. y ti. p. O esterreich tuvo la felfa inspiración dc c ita r in extenso p resentan las analogía* m ás convin­ centes. a la ejecución correcta de las com plicadas fi­ guras. E sta últim a ohm contient. trances. todo es vér­ tigo. C itadu p o r T. francesa. Jacobsen sobre ios kw akiiilres de! noroeste norteam cricanu. el asistente. en su orden consa­ grado. pérdida dc la conciencia y am nesia fi­ nal. Los relatos de los observado γτλ que T. de C odrington sobre los m clancsins. O tra técnica consiste en ex traer p o r succión ♦C. En Siberia. para el ofi­ ciante. K. quien sigue cada movim iento del danzante y está p ro n to a sos­ tenerlo si c a t\ puede co n trib u ir en esencia." 4 yO Todo es representación. trad. dc V . d e J. W arnek sobre los batakes de S u m atra. M ariner sobre los tongas. A ella es conveniente ag reg ar cu ando m enos las de J. Paris. G. éxtasis. N arra. A. El cham án parte en pos del alm a de éste. Tam bién. 154 . Además. extraviada. K. pues es conveniente que ignore lo que le ocurrió o lo que gritó en el transcurso del ac­ ceso. oculta o retenida p o r algún de­ monio. 1927. representa las peripecias dc la reconquista del principio vital arreb atad o a su poseedor. The Váidas. Al final. V V Skcat sobre los malayos do la península d e Malaca. O csterreich. p.

A poco. el cham án tiene la precaución de disim ular en su boca el objeto que exhibe a continuación. extrae ésta. 1877. pp. si no probable. Hay casos en que. un pedazo de hilo blanco o negro que m uestra a su alrededor. Suele suceder que los asistentes se den perfecta cuenta de que. ¿Tx> creen ellos mismos o se trata de una ingeniosa puesta en escena para hacerlo creer? El caso es que. Es posible. un gusano. credulidad y sim ulación ap are­ cen. aplica sus labios al lugar que los espíritus señalaron com o asiento de la infección. El cham án se acerca y. en Robert Huudin (Magte et Physique amusante. una plum a. según dicen. Pero lo aceptan. que el hechicero com parta esa creencia. 2Ö5-2M). sacando de pronto un guijarro. conjugadas ex­ trañam ente. arrastrad o s tam bién p o r los aires y des­ aparecerían sin remedio. 155 ■ . un insecto. fingiendo que lo saca del organism o del enferm o. En todo caso. en estado de trance. d i­ ciendo que esos objetos sólo sirven para captar. se liberan instantá­ neam ente de sus nexos y sin ninguna ayuda de sus ligaduras.* Da fe * Es una gran IcccicVn leer. com o re­ sultado de su vuelo mágico. que arroja a puntapiés o que entienra en algún agujero. de m anera tan m isteriosa como los herm anos Davenport en su armario. París. antes de la cu ra. aquí com o en o tras p artes. la explicación del milagro y las reacciones Je los espectadores y de la prensa.cl mal del cuerpo del pacicntc. Algunos cham anes esquim ales se haccn a ta r con cuerdas a fin de v iajar sólo en espíritu. para fijar el veneno. que m aldice. a esc respecto. sin lo cual sus cuerpos serían.

e s Infinita y adem ás biiercsada y embelesada .. 598 C itado p o r M.) 156 .” (Citado y comen­ tado por T. ’ Cf. op.del hecho un etnógrafo tan calificado com o Franz Boas.T Esas m anifestaciones de ventriloquia y d e ilusionism o no son raros en un cam po en que al mismo tiem po se m anifiesta una m arcada ten ­ dencia a la m etapsiquia y al faquírísm o: resis­ tencia al fuego (brasas ardientes conservadas en la boca. pági­ nas 59-60: "Los sonidos sc producen e n algún lugar muy alto . cuchilladas productoras de heridas que no sangran o que se cierran al p a ra m isiones etnográficas. IS85. ΛΙ m ism o tiempo se producen diversos fenóm enos de levitación. pp. se acercan poco a poco. 380. o bien proceder de muy lejos. Washing­ ton. ascenso con los pies descalzos p o r una escalera de cuchillas. Halle. K. p a ra comple­ ta r con G. IM 8). 1914.. cit.% p. jay!. cit. (VTth Annual R eport o f th e B ureau o f Ethnology. cit. parcccii p asar com o un nuracún atravesando las paredes y al lin se desvanecen en las profundidades de la tie rra . op. hierros al rojo vivo tom ados con las m anos) . M ircea Eliftde. 205-206. Tchoubinov. u n hom bre del oficio. ftliade. seria im p o rtan te agregar un prestidigitadur. que parecen salir de todos los rincones de la tienda o su rg ir de las en trañ as de la tierra. * F m m Boas. Beiträge zton psychologischen Verständniss des siberischcu Zaubers. O esterreich. es decir. pp. así como lluvia de piedras o de pedazos de lcña.* En el m ism o orden de ideas. 232. a tos sabios cu y a credulidad. p. op. Bogoras ha grabado en su fonógrafo las "voces separadas" de los cham anes chukches que de p ro n to se ca­ llan. The Ce?itral Esquimo. en tan to que se dejan o ír voces inhum a­ nas.

Jc a n m a i re: "H ay tales m agos en nues Ira ciudad”. C o n s u m a F re c u e n c ia . d e l é x ta s is y d e l s im u la c r o . A.ntnnces. Sólo se aleja a la m adre p ara que sus grito s no p er­ tu rb en la cerem onia. M. extiende la pierna dérocha y la golpea con violencia. dice el jeic Aba*\i de Ndiya. S e la • F. se le a rro ja en un m o rtero donde se le tritu ra h asta hacerlo papilla a o jo s de todo el m u id o . Vergiat. 72. 1928. los 1res avanzan de frente al público. Asimismo. Entonces se designa n tres hom ­ bres y se les ordena acercarse al m ortero. Una vez comido todo. Amaury TaJbol.” 157 . 1936. con el que máv ha com ido e n tre los otro s dos. P o r lo demás. Life íií Southern Nigeria. "y los fctlchcro s so n tan versados en las ciencias ocultas. p. de su cadera saca al nifio resucitado a l q ue se pasea para q ue lo vea la concurrencia. 153). Sobre todo en Nigeria. Londres. inform a de uu curioso acto de m agia cuya sem ejanza con el m ito de ZagrcoDionisio lia subrayado H. a l segundo un poco m ás y el te rc e ro dehe tragarse el resto. p o r ejem plo.p u n t o . AI cabo d e un m om ento em pieza u na danza d u ra n te la cual el dan­ zante del c e n tro se detiene bruscam ente. París. grupos de es pee iaJ is ta s se enfrentan en u n tip o de torneos de virtuosism o d u ran te las cerem o­ nias de iniciación: se c o rta y se vuelve a poner la cabeza de u n com pinche (cf. Al prim ero se le da un poco del contenido. s in d u d a m u y v a r ia b le s . s in o c o m p r o b a r la e s t r e c h a y c o m o in e v ita b le c o n n i­ v e n c ia d e l v é r tig o y d e la m ím ic a . e n tre los nebros de Africa.l ilusiunism o consciente y organizado puede enconco n trarsc h asta en Jos pueblos donde m enos sería de esperar. que son capaces del siguiente acto de m agia: se quita un hijo a la m adre. e s a c o n n iv e n c ia n o e s e n a b s o l u t o e x c lu s iv a d e l c h a m a n is m o . Les Rites secrets d a prim itifs de VOubatiRui. p. P. d e l f in ­ g im ie n to p r e m e d it a d o y d e l a c c e s o r e a l. 110 e s ta r n o s le jo s d e la s im p le p r c s tid ig ita c ió n * ¡Q u é i m p o r t a ! L o e s e n c ia l n o e s m e d ir la s p r o p o r c io n e s .

un m orral y una pipa muy corta. ondula por tierra com o un reptil. dios serpiente.r encuentra. Cambios en el rostro y en la voz. en él las técnicas de éx­ tasis utilizan los ritm os del tam b o r y la agita­ ción contagiosa. agita un rem o. La sesión aparece com o una representación dram ática y los poseídos están disfrazados. conocidos con el nom bre de vudú. Sin em bargo.. I9I9. Cf. 1913. m itad negro. desmayos y rigidez cadavérica pre­ ceden a una am nesia verdadera o fingida. ésta es una regla general de la que dan m ejor testim onio otros pueblos. K.5·χ540· y The Ban o f the Bori. T. Sobresaltos y sacudim ientos in ­ dican la partid a del alm a.. op. difundido desde Tripolitania has· »a Nigeria. originarios del Africa y difundidos a Brasil y a las Antillas. p o r ejem plo. Londres. cit. el sudor. Llevan los a tri­ butos de los dioses que los habitan e im itan sus conductas características. Los mejo­ res docum entos sobre esc aspecto dc !a cuestión siguen siendo los com entarios y las fotografías d e Tronica m e “ en cuanto id culto bori del Afri­ ca m usulm ana. la pérdida del equilibrio. 321-323 158 . tal otro. la n d r e s . Por lo dem ás. O esterreich. al que "cabalga" el dios m arino Agüé. m itad islámico y en 0 ffattsa Superstitions and Customs. ΡΡ·. espasm os. Aquel en quien se en­ carna el dios cam pesino Zaka enarbola un som ­ brero dc paja. al que visita Dambalá. sea cual fuere la violencia del ata­ que. com o la crisis del cham án. en los fenóm enos de posesión. dc acuerdo con una liturgia precisa y conform e a una m itología previa. Una vez m ás. pp. este se desarrolla p o r entero. otro.

El espíritu M alam al H adgi es un sabio peregrina. ni menos p o r la práctica. achacoso y con los. si no por la mitología. estornuda 1 y desaparece. Analizando. 0 En Africa. se sienta en el sue­ lo. Poseído por M akada. Salía a la p ata coja y sim ula el acoplam iento.casi todos los aspectos muy próxim o al vudú. según los recuerdos que con­ serva de las sesiones a las que ha asistido. Su delirio casi no le perm ite la fantasía e inicia­ tiva: se conduce com o se espera que se conduz­ ca. uutado dc toda inm undicia. E stá encorvado. m ientras que el a c to r hace su papel según el co­ nocim iento que tiene del carácter y de la vida d e su personaje. en 11 E s el procedim iento ritu al p a ra ahu y en tar a l espí­ ritu poseedor. el público ayuda al sujeto. Para li­ b rarlo del dom inio del dios. 159 . apenas cu­ bierto p o r una piel dc mono. le pasa accesorios tradicionales dc la divinidad que personifica. Mueve los dedos com o si siguiera con la m ano derecha las cuentas dc un rosario. baila una especie dc ronda. corre de un lado a o tro . com o sabe que debe hacerlo. Tiene dos pañuelos anudados ju n to s en la cabeza. con la que parece gozarse. se rasca. Aplau­ de. se tom a la cabeza entre las manos. se le m ete en la boca una cebolla o un tom ate. Nana Ayes ha Karama es causa del mal de o jo y dc la viruela. Vestido dc blanco asiste a las bodas. El poseído en el que habita finge ser viejo y tem bloroso. Quien la representa lleva ropa blanca y ro ja. Lee un libro im aginario que sostiene con la mano izquierda. lo alienta. llora si no 1c dan azúcar. com o en las Antillas. el actor está desnudo.

la exaltación y el a tu r­ dim iento que traen consigo favorecen el trance verdadero. desde un principio. cl progreso y la naturaleza del acceso. El papel de la sugestión. los espíritus y los dioses. Ellas aum entan la ap titu d p ara su frirla y la atraen. pero la m ayoría de las veces éstas ap a­ recen com o surgidas a su vez de la impaciencia del fu tu ro poseído y como un m edio de su parte para ap resu rar la llegada de la posesión. e incluso de la sim ulación. se está tenta­ do a com pararlos con un niño que p o r ejem plo imagina ser un indio o un anim al y ayuda al vuelo de su fantasía p o r medio de una prenda de ropa o de algún o bjeto. La pérdida de conciencia. núm. hay la voluntad consciente de sufrirlo por parte del sujeto. 2649. Il. p. Tam bién este uso va acom ­ pañado de experiencias de posesión. Dioxè/îe. una técnica apropiada p ara suscitarlo y una estili· zación litúrgica en su desarrollo. y cumple una función social. La sem ejanza con la m im icry infantil es tan m ani­ fiesta que el au to r no vacila en concluir: 'O b ­ servando ciertos procedim ientos. La m áscara provoca en quien la porta una exaltación pasajera y 1c hace crcer que su” Alfred Mciraux. Alfred Métr&ux ha dem ostrado clara­ mente que. 160 .i Volvemos así al problem a general que plantea el uso de la m áscara. "La Comódlc rituelle dans lu Pos­ session”. . es decir la irrupción del dios. no está en duda." 1 La diferencia está 1 en que aquí la m im icry no es un juego: desem­ boca en el vértigo. de com u­ nión con los antepasados.cuanto al vudú. form a parte del universo religioso. juüo de 1955.

luego el furioso tropel d e los fan­ tasm as. cuando. Paris. 101-102. "E l individuo ya no se reconoce". es el grito del anim al o del dios. Tam bién hay la sim ple em briaguez de difundir el te rro r y la angustia. 11 G. estertores y zum bidos do (os rombos. p o r ejem plo en tre los dogones. de los poderes mágicos sin lí­ m ite de los que se cree y de los que está im­ buido en ese in s ta n te /'** E inm ediatam ente evo­ ca la espera ardiente de los enm ascarados en el breve crepúsculo africano. esas apariciones del más allá actúan como un prim er mecanismo de gobierno: la m áscara es in stitu ­ cional. sus gigantescos pasos. pp. "un grito m onstruoso sale de su garganta.fre alguna transform ación decisiva. el p o rtad o r no se engaña en un p rin ­ cipio. de la pasión genésica. con un ru m o r espantoso de ruidos insólitos: sil­ bidos. No sólo hay un vértigo nacido de una p artid · pución ciega. una epifanía fulgurante de divi­ nidades bestiales que al punto regresan a sus tinieblas. Con la conciencia fascinada. desenfrenada y sin objeto. subidos en zancos. una verdadera cultura de la m áscara. pero rápidam ente cede a la em briaguez que lo transporta. escribe Georges B uraud. 1948. B uraud. Se ha señalado. En todo caso. la em anación pura d e la fuerza de com bate. Sobre todo. U s Masque*. la invasión de fuerzas tem idas e invencibles. se abandona p o r com pleto al desasosiego que suscita en él su propia mímica. el hipnótico sonido del tam-tam . el clam or sobrehum ano. acuden p o r encima de la h ierb a alta. Sin duda. de ener­ gías cósmicas. 161 C i: ¡ 4 L Æ . favorece el desbordam iento de los instin­ tos.

los adolescentes estaban aterrorizados por las apariciones de las m ás­ caras. le desgarran la ropa. los principios aún fluidos del poder político. le quitan la m áscara: en él reconocen a un anciano de la tribu. Desde esc p unto dc vista. Una de éstas los persigue a latigazos. Con frecuencia. en las sociedades hu­ m anas de iniciación y dc m áscaras es donde conviene buscar.1 Infunden miedo. lo detienen. 3939. Cotífa» «!/ Couréies. 312) repro­ duzco su descripción dc los bobos del Alto Volt». 172-223. La iniciación. Descubre una superchería y hace cómplice de ella. Untados de blanco y en­ 1 m ascarados a su vez. los rito*. asustan a los no iniciados. 162 . de paso de la pubertad con frecuencia consisten en revelar a los novi­ cios la naturaleza puram ente hum ana de las M áscaras. Sirve para in sp irar te rro r a los profanos. Lille. pp. En lo sucesivo. agnóstica y negati­ va. encam an los espíritus de los m uertos. violentan y atracan a quienes atra p an o consideran cul­ pables. al mismo tiem po que para disim ular la identidad dc los fieles. H asta entonces. lo some­ ten. perm anecen constituidos en herm andades scm isecretas o pasan p o r una segunda iniciación que los afilia a ellas. Como la prim era. la inicia­ ción es una enseñanza atea.l m ecanism o dc la Inversión es descrito a s o m b ro ­ sa m e n te p o r H enri Jcanm aixe. Ex­ citados p o r el iniciador.que im pregna la generalidad de la vida pública del grupo. La m áscara es el instrum ento de las cofradías secretas. a ese nivel elem ental dc la exis­ tencia colectiva. ésta va acom pañada de m alos trau F. lo desarm an. pertenecen al o tro cam ­ po. lin el ~Expediente" (p. Por o tra parte.

pp. mezcla per­ fectam ente consciente de encaño y de intim ida­ ción. Berlin. Nueva York. Desde luego es cunvcníerUe distinguir en principiu la iniciación trib al de los jóve- 163 . Mosken Afri­ kas (Abhandl. 1902. Tam bién como la prim era. t. una banda de ese tipo se llam a m opato o m isterio.1* E n tre ios bctchuanas.74). Die Geheínbünde n. N aturforscher. 3. De esa m anera. dt* un sim ulacro d e m uerte o dt· resurrección.¿opoldville. liberada de las creen­ cias vulgares y de los tem ores com únm ente com partidos: los actos conm inatorios y b ru ta­ les de los afiliados intentan reforzar el te rro r supersticioso de sus víctim as. 1898: H. k. por el nom bre de la choza de iniciación..1 1 u Cf. Cada m iem bro de una cofradía inferior cree que la m áscara guardian«* de la so­ ciedad su p erio r es un ser sobrenatural. (. 1939. Primitive Secret So· detics. Toda socie­ dad secreta posee su fetiche distintivo ν su más­ cara protectora. S c h w a rte AUercUtssan und M&tncrbibtde. FrobcnJus. Agrupa a una juventud turbulenta. de pruebas dolorosas. T. 17-31. Akad. núm. m ien­ tras que conoce dem asiado bien la naturaleza del que protege la suya. ¿sta enseña que los supuestos espíritus no son sino hom bres disfrazados y que sus voces ca­ vernosas salen de rom bos particularm ente pode­ rosos. Halle. 14Cf.10$. la alianza vertiginosa del sim ulacro y del trance en ocasiones se orienta hacia mu». Leop. Hans Himmelbeber. com o la prim era. En ese m om ento em ana de ello un tipo p articular de poder poli!ico. Bmussc. W ebster. Fu fin. d. d. a veces de una cata­ lepsie real o fingida. Wfft: H. Carol. esa segunda iniciación da el privilegio de im poner toda clase de novatadas a la m ultitud profana.

pero tam bién se Ies ve encargadas de la represión de los adúlteros. H erm andades de enm ascarados m antienen as( la disciplina so­ cial. claram ente im ertribales. E ntre los bam baras.xpKdicnte" (p. 315). cóm o e n tre loa besos. de los robos. en una danza o un m isterio. logra incluir a casi todos Jos ad u lto s de una com unidad. la mímica ate­ rradora y el te rro r supersticioso.1 com puesta de secciones locales. de la magia negra y de los envenena­ m ientos. Pero cuando la herm andad es poderosa. es­ pecie de prefiguración africana del Ku-klux-klan. . la sociedad de enm ascarados kumanp.. 4 que pronuncia los fallos y los hace ejecutar. op. 219. 168-171) describe. el kom o. 207209).1 164 . p. cf. pescadores y agricultores del Niger.Cierto es que esas asociaciones conocen des­ tinos diversos. pp. ejerce el pod er suprem o de m a­ n era n ln vez im placable. secieta e institucional.. op. cit. Repro­ duzco esa descripción en el "n. haoc rein a r un te rro r incesante. EJ m ism o a u to r (pp. cit. Interviene para m antener la paz c im pedir las venganzas. 1 HI puro d e los tem es. de su erte que se puede a firm ar sin exage­ ración que el vértigo y el sim ulacro. En S ierra Leona se conoce una sociedad de guerreros. at suroeste de T um huctú. Critias 120 B. según Fiubenius. aparecen de nes y ios rito s de afrrc&ación a las sociedades secretas. Jeanm aire. después d e la c a p tu ra y del sacri· Ocio de un to ro alado a un p ilar de oricalco. o cuando menos sus derivados inm ediatos. de su erte que los dos rituales de iniciación acaban p o r confundirse (H. Suele suceder que se especialicen en la celebración de un rito mágico. "q u e lo sabe todo y lo castiga todo". Jean* m aire cam p ara la cerem onia principal del kuroang con el juicio muflid de los diez reyes de la A tlántida en Pintón. Jcanronire. Or­ ganiza expediciones de venganza co n tra las ciu­ dades rebeldes.

sino en verdad com o resortes fundam entales que pueden . cada vez que una cultura elevada logra su rg ir del caos original.nuevo. no como elem entos adventicios de la cul­ tu ra prim itiva. 165 . en sus prácticas mágicoreligiosas o en las form as aún indecisas dc su aparato político. causa o consecuencia. ¿Cómo com prender sin eso que la m áscara y el pánico estén. En­ tonces se ven desposeídas dc su antigua pre­ ponderancia. desplazadas hacia la periferia de la vida pública.servir m ejor para explicar su mecanismo. se aprecia una considerable regresión dc las potencias del vértigo y del sim ulacro. si no es que clan­ destinos y culpables. como se h a visto. aunque yuguladas y ya sólo buenas para distraerlos de su hastío o para reposarlos d e su trabajo. o incluso confinados en el terren o lim itado y reglam entado de los juegos y de la ficción. aparcados inextricablem ente y ocupando un lugar central en las fiestas. donde ellas ofrecen a los hom ­ bres las m ism as satisfacciones eternas. en los p^roxiv m os de esas sociedades. cuando no desem peñan una función capital en esos tres cam pos a la vez? ¿E s eso suficiente p ara pretender que el paso a la civilización propiam ente dicha implica la eliminación progresiva de esa prim acía del ilinx y dc la m im icry conjugadas y su sustitución por la preem inencia en las relaciones sociales de la p areja agon-alca. la com petencia y la suerte? Sea como fuero. constantem ente presentes y presentes ju n to s. reducidas a papeles cada vez más m odestos e interm itentes. esta vez sin dem encia ni delirio.

VTÏT. LA CO M PETEN CIA Y EL AZAR
Ei. uso de la m áscara perm ite, en las sociedades de confusión, en cam ar (y sen tir que encarnan) las fuerzas y los espíritus, las energías y los dio­ ses. Caracteriza a uti tipo original de cultura, basado, según so lia visto, en la poderosa alianza d e la pantom im a y del éxtasis. Difundido sobre toda la superficie del planeta, el uso de la m ás­ cara aparece com o una falsa solución, obliga­ toria y fascinante, an terio r al lento, penoso y paciente desarrollo decisivo. 1.a salida de esa tram pa no es ni más ni menos que el nacimien­ to mismo de la civilización. Lo sospecham os: una revolución de sem ejante envergadura no se realiza en un día. Además, com o siem pre se sitúa necesariam ente en los si­ glos interm edios que abren a una cu ltu ra paso a la historia, sólo sus últim as fases son accesi­ bles. Los docum entos m ás antiguos que dan tes­ tim onio de ella difícilm ente pueden d a r cuenta de las prim eras opciones que, oscuras, tal vez fortuitas y sin envergadura inm ediata, rio dejan de ser aquellas que han com prom etido a pocos pueblos en una aventura decisiva. No obstante, la diferencia entre su estado inicial, que es alv ¿¡pintamente necesario im aginar según c! modo de vid;» general del hom bre prim itivo, y el pun166

to d c llegada, que sus m onum entos perm iten re­ constituir, no es el único argum ento apropiado para convencer dc que su promoción sólo fue posible m ediante una larga lucha contra los pres­ tigios asociados del sim ulacro y del vertigo. Dc la virulencia an terio r de éstos no son hue­ llas lo que falta. A veces, del propio com bate subsisten indicios reveladores. Los vapores em ­ briagantes del cáñam o eran utilizados por los escitas y los iraníes para provocar el éxtasis: asf, no es indiferente que el Y osht 19-20 afirm e que Ahura Mazda existe "sin trance ni cáñam o". Del mismo modo, la creencia en el vuelo mágico se com prueba rail veces en la India, pero lo im­ p o rtan te es que haya un pasaje del Mahabha· raía (V. 160, 55 y ss.) en que se afirm a: "Tam ­ bién nosotros podem os volar a los cielos y m anifestarnos en diversas form as, pero por ilu­ sión." De ese modo, la verdadera ascensión mís­ tica se distingue claram ente de las cam inatas celestes y de las supuestas m etam orfosis de los magos. Sabido es todo lo que la asccsis y sobre todo las fórm ulas y las m etáforas del Yoga deben a las técnicas y a la mitología de los cha­ m anes: la analogía es tan cercana y tan conti­ nua que con frecuencia ha hecho creer en una filiación directa. Sin em bargo, aun así, el Yoga es, com o todos lo subrayan, una interiorización, una transposición en el plano espiritual, de los poderes del éxtasis. Aun así tam bién, ya no se trata de la conquista ilusoria de los espacios del m undo, sino de librarse de la ilusión que constituye el mundo. Sobre todo, hay una in­ 167

versión total del sentido del esfuerzo. En lo su­ cesivo, la finalidad no es forzar el pánico de la conciencia para ser presa com placiente de toda descarga nerviosa; p o r el contrario, es un ejer­ cicio m etódico, una escuela del dom inio de si. En cl Tibet y en China, las experiencias de los cham anes han dejado num erosas huellas. Los lam as rigen la atm ósfera, se elevan al cié* lo, ejecutan danzas mágicas, vestidos de "siete adornos de hueso"· usan un lenguaje ininteligible, Heno de onom atopeyas. Taoístas y alquim istas vuelan p o r los aires, com o Uu-An ν Li Chao Kun. O tros alcanzan las puertas del cielo, des­ vian los com etas o suben por el arco iris. Pero esa tem ible herencia 110 puede im pedir el des­ arrollo de la reflexión crítica. W ang Ch ung de­ nuncia el carácter falaz de las palabras que em iten los m uertos p o r boca de aquellos seres vivos que hacen e n tra r en trance o p o r la de los hechiceros que los evocan “pellizcando sus cuerdas negras'*. Ya en la antigüedad, el Kwoh Yu cuenta que el rey Chao (515-488 a. de c.) interroga a sus m inistros en los siguientes tér­ m inos; "Las escrituras de la dinastía Tchcu afin n an que Chung-IJ fue enviado com o men­ sajero a las regiones inaccesibles del Cielo y de la Tierra. ¿Cómo fue posible cosa igual? ¿Tie­ nen los hom bres posibilidades de subir al Cic­ lo?” Entonces el m inistro le inform a sobre el significado espiritual del fenómeno. El justo, aquel que sabe concentrarse, alcanza un modo superior d e conocimiento. Tiene acceso a las altas esferas y desciende a las esferas inferiores 168

p a r a distinguir en ellas "la conducta p o r obser­

var y las cosas por cum plir". Como funcionario, d ícc el texto, se encarga entonces de velar por e l orden de precedencia de los dioses, por las víctimas, p o r los accesorios, p o r los trajes li­ túrgicos que son convenientes de acuerdo con la s estaciones.1 El cham án, el hom bre de posesión, de vérti­ go y de éxtasis transform ado en funcionario, en m andarín, en m aestro de cerem onias, apepado al protocolo y a la correcta distribución de ho­ nores y de privilegios: ¡qué ejem plo casi exce­ sivo y caricaturesco d e la revolución cumplida!
a ) T ran sició n

Si bien sólo existen puntos de referencia ais­ lados para indicar cómo en la Tndia. en Irán y en China las técnicas del vértigo evolucionaron hacia el dom inio y el m étodo, docum entos más num erosos y m ás explícitos perm iten en o tras partes seguir con m ayor detenim iento las di­ ferentes etapas de la m etam orfosis capital. Así. en el m undo indoeuropeo, el co n traste de los dos sistem as se sigue sintiendo d u ran te largo tiem po en la oposición d e dos form as de sobe­ ranía. reveladas p o r los trab ajo s de G. Dumézil. Por una parte, el Legista, dios soberano que rlp.c
1 T e x to s en

nicas a r c a i c a s

M ir c c a ß lin d c , C i c h a m a n i s m o y l a s t é c d c J é x t a s i s , p p . 327-347 y 367-374. d o n d e se

u t iliz a n e n s e n t i d o o p u e s t o p a r a a s e g u r a r e l v a l o r d e la e e x p e r ie n c ia s c h a m a n ís tic a s .

c im pone cl co n trato , exacto, ponderado, mi­ nucioso, conservador, g aran te severo y mecá­ nico de la norm a, del derecho, d e la regulari­ dad. cuya acción está vinculada a las form as necesariam ente leales y convencionales del agon, sea en la liza» en singular com bate con arm as iguales, sea en el pretorio, m ediante la aplica­ ción im parcial de la ley; por la o tra, el Frené­ tico, tam bién dios soberano, pero inspirado y terrible, im previsible y paralizante, extático, po­ deroso hechicero, m aestro en prestigios y en m e­ tam orfosis. con frecuencia p atrón y responsable de un grupo d e m áscaras desencadenadas. Entro esos dos aspectos del poder, lo admim inistrativo y lo fulgurante, la com petencia al parecer se ha prolongado, sin p asar siem pre por las m ism as vicisitudes. Por ejem plo, en el mun­ do germánico, el dios del vértigo conserva largo tiem po la preferencia. Odín, cuyo nom bre, para Adán de Brem en, es equivalente dc "fu ro r", por lo esencial de su mitología perm anece com o un perfecto cham án. Tiene un caballo de ocho pa­ tas, considerado h asta Siberia precisam ente como m ontura de cham án. Se transform a en toda cla­ se de anim ales, se tran sp o rta al p unto a cual­ quier lugar, es inform ado p o r dos cuervos so­ brenaturales. Huqui y Munin. Pemxanecc nueve días y nueve noches suspendido de un árbol p ara obtener de él un lenguaje secreto y apre­ m iante: las runas. Funda la necrom ancia. in­ terroga a la cabeza mom ificada dc Mimir. Aún más. practica (y p o r lo dem ás se le reprocha) la setdhr. que es sesión cham ánica pura, con 170

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m úsica alucinante, ropaje ritual (abrigo azul, gorro de cordero negro, pieles de galos blancos, bastón, cojín de plum as de gallina), viajes al o trp m undo, coro de auxiliares p ara previsión, trances, éxtasis y profecía. Asimismo, loa ber­ serkers que se transform an en fieras están vinculados directam ente a las sociedades de máscaras.* En cambio, en la Grccia antigua, aunque el punto de partida sea el mismo, la rapidez y la claridad de la evolución, asom brosam ente legi­ bles gracias a la abundancia relativa de los docum entos, subrayan un éxito de una am plitud y de una prontitud que lo han hecho calificar de m ilagro. Sin em bargo, es preciso recordar que esa palabra no adquiere una significación aceptable síjio cuando se tiene presente que los resultados obtenidos, es decir las cerem onias y los templos, el gusto por el orden, por la a r­ m onía. p o r la m esura, por la idea lógica y por la ciencia, destacan contra un rrasfondo legen­ dario pictórico de herm andades mágicas de d an ­ zantes y de herreros, d e cíclopes y de curetés, de c a tiro s , de dáctilos o de coribantes. de ban· *C. Dumézil. Mitra-Varuna ("Ensayo sobre dos reprc^ntactone.N indueuropeás de la Soberanía”), yeguada edición, Paris, 1948. sobie iodo rap. n. pp. 3& una -54; lección paralela se obtiene de Aspects de io Fond ion guerrière chez lev Indo-Européens, París». 1956; Sîis V/i kander. Der arischc Männerbund. Lund. 1938; M Kíiadc. °P· c(t.. pp. 294 321; sobre un rcsiirgimienlu en el sip.lo xt\ del poder de tipo carismático {Adolfo liitlcr), cf. R. Caillois, f timiners' et Société, Paris. 1964, cap. vu. pp. 152-180, 171

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con un salto d c fiera salvaje. Los efebos espartanos se entregan a la licantropía. como en los centauros. *H. No se tra ía en ninguna medida de una especie de preparación m ilitar: esc en­ trenam iento no concuerda en absoluto con el modo dc com batir de los hoplitas. Roba y m ata im punem ente. 569-S& en cuanto a Licurgo y los cultos arcadianos. T. 540 568 con respecto a la licantropía en Esparta. igual que los hombrespanteras y que los hom bres-tigres del Africa ecuatorial.a prueba im ­ plica los peligros y las ventajas de una inicia­ ción El neófito conquista el poder y el dere­ cho de com portarse com o lobo. m ientras sus victim as no logren atraparlo. ΡΛ hom bre joven vive como lobo y ataca como lobo: soli­ ta rio y d c im proviso. 1939. hace m ucho tiem po se ha reconocido el equivalente d c las sociedades iniciáticas africanas. Cuuroi et Couriies. es engullido por un lobo y renace com o lobo. es seguro que llevan una vida de aislam ien­ to y d e em boscadas. Jcanmairc.das turbulentas dc enm ascaradas aterradores. No deben s e r vistos ni sorprendidos. m itad dioses. y en Ins pp. Lille. En esa obra.· D urante la criptia. 8 12 7 . del que he tatuado lo* hechos citados a continuación. En el m onte Liceo. los datos esenciales se encontrarán en Jas pp. en la Arcadia en que Zeus es el palrón de una herm andad dc licántropos. co rre el riesgo de ser destrozado por los lobos y se prepara para destro zar a los hom bres. m itad bestias en los que. ha nru nido al respecto un expediente impresionan te. hagan o no cacería de ilo­ tas.

La m etam orfosis y el trance ya no son sino recuer­ dos. No es difícil reconocer el sonido aterrad o r del rombo. No hay duda de que la criptia perm anece oculta: m as no por ello deja de ser uno de los mecanismos regulares de una república m ilitar cuyas instituciones rígidas com binan sabiamen173 . fieras que llevan una vida feroz e inhum ana en la época de su pubertad. Deja o ír rugidos espanto­ sos y el m ido de un "ta m b o r subterráneo. persigue al joven Dionisos. La antigua crisis extática se utiliza fríam ente con fines de represión y de intim idación. Licurgo de Arcadia. En lo sucesivo consituyen una espe­ cie de policía política.il Licurgo de E sparta y al Licurgo de Arcadia. e n tre los si­ glos vi y IV.cl que comc la carne de un niño mezclada a Otras viandas se convierte en lobo. cuyo nom bre significa "E l que hace de lobo". los hombres-lobos de Lacedemonia ya no son fieras poseídas por el dios. encargada de expedicio­ nes punitivas para m antener en el tem or y en la obediencia a los pueblos sometidos. o bien cl iniciado atraviesa a nado un estanque y queda transform ado en lobo p o r nueve artos en el lu­ gar desértico al que llega. dice Est rabón.· No faltan razones para vincular . un tnicno pesadam ente angustioso". De la m ism a m ane­ ra. instrum ento universal de los enm asca­ rados. Lo am enaza con un artefacto m isterioso. la aparición so brenatural q u e p ro ­ vocaba el pánico se consituye en el legislador p o r excelencia: el hechicero que presidía la ini­ ciación es ahora pedagogo.

surcaba los aires m ontando una fle­ cha de oro. Al m ism o tiem­ po. casi en toda Grecia los cultos orgiásticos todavía recu rren a la danza. en el transcurso de los cuales iba a hacer provisión de conocim iento sobre el porvenir. cierto núm ero de poderes mágicos. Pero esos vértigos y esos sim ulacros son vencidos. El ayuno y el éxtasis habían conferido a Hpimenides de Cre­ ta. Orfeo no trac consigo del m undo subterráneo a la 174 . El alm a de Aristca d e Proconeso fue "asid a'' p o r el dios y ella acom pañó a Apolo en form a de cuervo. sigue valiéndose de las viejas recetas por lo que toca a la m ultitud so­ m etida. Abaris. La evolución es sorprendente y significativa. a la em ­ briaguez para provocar en sus adeptos el éxta­ sis. lian dejado de ser los valores centrales d e la ciudad.te la dem ocracia y el despotism o. en la caverna divina del m onte Ida. Perpe­ túan una antigüedad lejana. Pero los más tenaces y los más desarrollados de esos relatos m anifiestan va una orientación opuesta a su sentido prim itivo. al ritm o. Ya sólo se recuer­ dan descensos a los infiernos y expediciones celestes efectuadas en espíritu. la insensibilidad y la posesión por p arte del dios. Por am plio m argen. m ientras que el cuerpo del viajero yace inanim ado en su lecho. que ya adoptó p ara sf leyes de o tro orden. Sólo explica un caso particu lar. profeta y curandero. La m inoría de los conquistadores. Flermótimo de Clazomcne podía aban­ donar su cuerpo d u ran te años enteros.

sino sólo un hom bre dis­ frazado. ¿Cómo y por qué han llegado los hom hres a renunciar a ella? 1£1 p ro ­ blema no parece haber preocupado a los etnó­ grafos. p o r una parte como medio de la m etam orfosis que conduce al éxtasis y. Sin em bargo. sino la alegoría a la cual recurre el fi­ lósofo p ara exponer las leyes del Cosmos y del Destino.n la obra de Platón. consiste en deber tem er a unos y en poder asu star a otros. Hn una organización m ás com ple­ ja . es de sum a im portancia. En las sociedades dc m áscaras. des­ igual y difícil. todo el problem a reside en estar en­ m ascarado c infundir miedo o en no estarlo y tener miedo. F. La m áscara era el signo por exce­ lencia de la superioridad.espasa m uerta que fue a buscar. com o alguien se disfraza p ara aterro ­ rizar a los profanos o a los iniciados de niveJ inferior. Propongo la hipótesis siguiente. el viaje de E r el panfiliano y a no es una odisea de cham án. Se em pieza a saber que la m uerte no perdona y que no hay magia que pueda triu n far sobre ella. fértil en peripecias dra­ máticas. La desaparición de la m áscara. Seguram ente existe tin problem a de la deca­ dencia de Ια m áscara. p o r la o tra como instrum ento de poder político tam bién se m uestra lenta. según el grado de iniciación. que no excluye 175 . Es aprender que la aterrad o ra aparición sobrena­ tural no lo es tanto. P asar a un prado superior es e sta r instruido en el m isterio de una m áscara m ás secreta.

Sobre todo. Y es inevitable que. p o r cl contrario. Ahora bien. esta vez de lo más reales. no se puede su frir la influencia o cuando menos no sufrirla en el m ism o registro ν con la m ism a emoción de pánico secreto cuando se sabe que se tra ta de un simple disfraz. Sólo quien conoce la verdadera naturaleza de la m áscara y de! enm ascarado puede ad o p tar la apariencia form idable. aunque propone para ellas un re­ sorte com ún: el sistem a de la iniciación y de la m áscara sólo funciona si hay coincidencia pre­ cisa y constante en tre la revelación del secreto de la m áscara y el secreto de usarla a su vez para lograr el trance divinizante y para aterro ­ rizar a los novicios. la fabricación y el uso de la más­ 176 . única eficaz contra un secreto sorprendido. diversos e incom patibles. tam bién el conocimien­ to y el em pleo están vinculados estrecham ente.sino. De allí una fisura perm anente en el sistem a. al que debe defenderse co n tra la curiosidad de los pro­ fanos m ediante toda una serie de prohibiciones y de castigos. poco a poco. De lo cual se sigue que. en la práctica no es posible ignorarlo o. En resum en: m ediante la m uerte. pese a la prueba íntim a que ofrecen el éxtasis y la posesión. exige la existencia de cam inos m últiples. co ntra las pre­ guntas indiscretas y co n tra las hipótesis o las explicaciones sacrilegas. el m ecanism o sigue siendo frágil. co ­ rrespondientes a cada cultura y a cada situación particular. no se puede ignorarlo d u ran te m ucho tiempo. en todo caso. Es preciso protegerlo en todo m om ento contra los descubrim ientos fortuitos. Así.

p o r Abú-Bak Mohamed ibn D ía' far Narshakhi. m antuvo a raya a los ejércitos del Califa. se había m andado hacer una m áscara de oro que nunca se quitaba. Pues bien. en el siglo v m . m ediante transform aciones insensibles. el Profeta con Velo del Korusán quien. his­ toriadores todos ellos de los Califas— escriben que actuaba así por ser calvo. Pretendía ser Dios y afirm uba que se cubría el rostro porque nincún m ortal podría verlo sin quedar ciego. precisam ente. Él se lo m ostró. d u ran te varios años. de danza o dc teatro. E ste es el relato del episodio. sin que p o r ello pierdan su carácter sagrado. se convierten en ornam entos litúr­ gicos. y los dem ás quedaron con­ vencidos. Pero. según algunos. Entonces. tu erto y dc una fealdad repugnante. El últim o intento de dom inación política m e­ diante la m áscara tal vez sea el de Hakim alM oqanná. Sus discípulos lo conm ina­ ron a dem ostrar que decía la verdad y exigieron ver su rostro. Se cubría el ro stro con un velo dc color verde o.cara no queden ya protegidas p o r prohibiciones capitales. Algunos fueron quem ados en efecto. la historia oficial explica el m ilagro y descubre (o inventa) la estratage­ ma. sus pretensiones fueron discutidas acerbam ente por sus adversarios. de 160 a 163 dc la H égira. en accesorios dc cerem onia. la Descripción topográfica e histórica dc Ruca­ ra. tal como se encuentra en una de las fuentes m ás anticuas. Los cronistas —cierto es. term inada en 332: ' •R e p ro d u z c o la creducción literal q»»c Achena ha 177 .

Entonces Mo­ qannâ les dijo: “Venid tal día y os mostraré ini rostro.. los hombres se habían reunido. me. ¡Miradle! (Miradle!" Viendo el lugar baaccedido a hacer para mí de una redacción persa abre­ viada di! la obra de Narshakhi (escrita cji 574 de la Hégira). a las mujeres que estaban allí (eran cien y en su mayoría hijas de campesinos de Soghd.V186). todos los alrededores del lugar quedaron bañados de luz. de Kesh y de Nakshab. Insistieron e imploraron. . Cuando el sol se reflejó en los espejos. por efecto de aquella reflexión. Pero no obtuvieron respuesta algu­ na.Cincuenta mil soldados de Moqannâ se reunie­ ron o la puerta del castillo. Y Moqannâ dijo a su criado: "Di a mis cria· turas: éste es vuestro Dios que se presenta ante vosotros. que conservaba con él en el castillo. morirá en el acto /’ Pero los soldados siguieron implorando. Y 1c dijo: "Ve a docir a mis criaturas: Moisés me pidió dejarle ver mi rostro." Así. pero no acepté presentarme a < 1 pues no habría soportado ver­ 5. Pues bien. se prosternaron y pi­ dieron verlo. Moqannâ tenia un criado llamado Had jeb. y si alguien me ve. todo lo cual en el momento en que los rayos del sol queman [con mayor intensidad]. 1958. donde no había a su lado sino cien mujeres y el criado personal llamado Hadjeb) Ies ordenó tomar cada cual un espejo y subir al tccho del castillo. Paris. diciendo que no se moverían de allí mientras no vieran el rostro de su Dios. figura el lisiado exhaustivo v tam­ bién la critica de las fuentes meantes a Hakim (náidnas 16. m .tÎRÎeux iraniens au ! t· et l l b siècles de rHéfiirc. [Les enseñó] a sostener el es­ pejo a modo de quedar unas frente a otras con los espejos unos frente a otros. Le* mouvement i rr. En la tesis de Gholam Hussein Sadighi.

Ya está vencido. En Grecia. no creyeron en su m uerte y el Korasán no encontró la paz. Como Empedocles. por m ucho tiem po). ΛΙ respecto. del núm ero. es de­ cir. Y sc prosternaron. Ese universo aparece como el terreno de la regularidad.ftxidü en luz los hombres se asustaron. una vez m ás los cronistas denuncian la artim aña. de la nece­ sidad. Aunque siem ­ pre eficaz (los seguidores cíe H akim creyeron en su divinidad. en una palabra. Incluso en aspectos m uy precisos. decapitó a su s e n a d o r y se arrojó desnudo en un foso lleno de cal viva (o en una caldera de m ercurio. una cuba de vitriolo o un horno donde se fundía cobre. otros cuadrados y otros m ás alargados. Así. Los concebían como si tuvieran form a y figura. Envenenó a sus cien m ujeres. sin m i­ lagros ni m etam orfosis. el reino de la m im icry y del ilinx. en efecto. es decir que 17l> . está condenado en cuanto el espíritu logra la concepción del Cosmos. Como tendencias culturales reconocidas. al ser Ilakim vencido qui­ so desaparecer sin d ejar huella. as­ falto o azúcar). de la m esura y. h onra­ das y dom inantes. los p ri­ nteros pitagóricos aún se valían de núm eros con­ cretos. con el fin de hacer creer que había subido al cielo. la revolución es perceptible. el reino de la m áscara aparece en lo sucesivo como el de la im postura y del malabarismO. de un universo ordenado y estable. Algunos núm eros eran triangulares.

cua­ drados y rectángulos. a la justicia (el 4). pero que llama la atención hacia las sorprendentes propiedades de ciertas progresiones privilegiadas. P arí*. I. m ediante la fundación dc los grandes juegos (olímpicos. corres­ pondientes al m atrim onio (el 3 ). sustituye el fre­ nesí de las antiguas fiestas por la serenidad dc las procesiones. Histoire tic la Philosophic. fija en Delfos un protocolo in­ cluso para el delirio profético.. el núm ero y la m edida. muy pronto surgió la serie abstracta. RrxjhtVr. 5’ cd. Sin duda se parecían a los grupos dc puntos de los dados y del dom inó m ás que a los signos sin o tro significado que el de sí mismos. En o tras palabras. \ 94&. estaban dolados dc virtudes distintas. Í80 . 52-54. ' Π. I. Sin embargo. que excluyó la a ritn io sofía y obliga al cálculo puro y puede servir así de herram ienta a la ciencia. el espíritu de precisión que éstos difunden perm iren en cam bio el auge del agon y del alca com o reglas del juego social. En fin. d e esa num era­ ción en parte cualitativa. a la ocasión (el 7) o a algún o tro con­ cepto o apoyo que les atributa la tradición o la arb itraried ad .eran rcpresem ablcs medíanle triángulos. lase 1. tam bién da valor de institución a la com petencia reglam entada e incluso al sorteo.5 Aun siendo incompatibles con los espasmos y los paroxism os del éxtasis y del disfraz. En el m ism o m om ento en que Grecia se aleja de las sociedades de m áscaras. Además. pp. constituían secuencias regidas por las relacioucs de los tres acordes musicales básicos. com o sori las cifras.

En el Occidente cristiano. cl agon y. aunque me­ nos p o r los resultados que por la m anera co­ rrecta de d isp arar la flecha o de reconfortar al adversarlo sin suerte. tom an en la vida pública el lugar privilegiado que en las sociedades de desorden ocupa la pareja mimiery-ilinx. Los juegos de pelota de los aztecas constituyen fiestas ri­ tuales. En China. reglam entada y especializada. Los juegos de estadio inventan y ofrecen com o ejem plo una rivalidad lim itada. com binado con el. Su papel civilizador se ha señalado repetidas vcccs. Despojada de todo sentim iento de odio y de rencor personales.ístmicos. A decir verdad. esa nueva espe­ cie de em ulación inaugura una escuela de leal­ tad y de generosidad. los torneos cum plen la mism a función: enseñan que el ideal no es la victoria co n tra quienquie­ ra que sea por el medio que sea. Al mismo tiem po. a las cuales asisten el soberano y su corte. píticos y nem eanos) y con frecuencia m ediante la m anera en que se cscogcn los m a­ gistrados de las ciudades. en un Jugar y en un tiem po determ inados.1 desarrollo de la vida adm inistrativa no favorece menos la difusión del Cada vez 181 . F. el alca. los juegos solem nes aparecen en casi todas las grandes civilizaciones. sino la proeza ganada en igualdad de oportunidades co n tra un concursante a quien se estim a y se ayuda de ser necesario. difunde el hábito y el respeto del arb itraje. los concursos de tiro al arco habilitan y preparan a los nobles. valiéndose sólo de medios perm i­ tidos p o r haberse fijado de antem ano.

más. dc la igualdad de derechos. una igualdad jurídica que en ocasiones sigue siendo más ab strac ta que eficaz. Lo hace p enetrar en las instituciones. en que la prom oción queda som etida a ciertas norm as fijas y es regulada. suele suceder que. los grados más al­ tos del ejército . pero cuyo espíritu d c cuerpo se con­ serva celoso com o su solidaridad se mantiene atenta. Las dem ás perm anecen m ucho tiempo dependientes de la arb itraried ad del principe o de los privilegios del nacim iento o de la fo rtu ­ na. Sin em bargo. Pero. me­ diante jurisdicciones autónom as. tím ida­ mente en un principio y sólo para funciones m enores. . m ilitar. que per­ m ite concretar en hechos. cursus honorum o chin. Sin duda. en teoría. en lo posible. con el fin de introducirlos en alguna jerarq u ía o m andarinato. Se trata dc re u n ir a los m ás aptos y a los m ás com pe­ tentes. De esta m ane­ ra. gracias a la naturaleza de las pruebas o a la com posición de los ju rad o s. los puestos im portantes dc la diplom acia o dc la adm inistración con frecuen­ cia siguen siendo m onopolio d e una casta mal definida. el reclutam iento dc Funcionarios se efec­ túa m ediante concursos y exámenes. dc m anera sustancial. luego de la igualación relativa dc las condiciones. los progresos de la dem o­ cracia son precisam ente los dc la competencia ju sta . la entrada quede reglam entada p o r concurso. universi­ taria o judicial. la burocracia es facto r dc una especie dc com petencia que pone al agón en el principio de toda carrera adm inistrativa.

La razón es clara. Los miembros del Consejo se sortean. Aristóteles sobre todo razona de esa manera. el veredicto de la suerte no deja de considerarse como sistem a igualitario por excelencia. En cam bio. Se prefie­ ren las elecciones desde el m om ento en que la extensión de territorio interesado o la m ultitud de los participantes hacen necesario un régimen representativo. En efecto. dado el caso difícilm ente sustituible. entre los candidatos presentados por los demos.n Atenas. P or lo dem ás. los griegos considera­ ban el sorteo de los m agistrados com o procedi­ m iento igualitario absoluto. F. luego d e un examen p ro ­ batorio. al principio la de­ m ocracia vacila de m anera sum am ente instruc­ tiva entre el dgmt ν el atoi: dos form as opuestas de la justicia. cuando hace­ mos el esfuerzo de representarnos el problem a en su novedad. Expresado p o r el haba blanca.Por lo demás. se eligen los delegados a la Liga b eo d a. contra las in tri­ gas y contra las m aniobras de los oligarcas o de las "conjuraciones". con excepción de los generates y de los funcionarios de ha­ cienda. casi todos los m agistrados se sortean. al parecer de un modo raro . En él se ve al m ism o tiem po una precaución. en la Grecia antigua los pr imeros teóricos de la dem ocracia resolvieron la difi­ cultad. sus tesis están conform es a la práctica com únm ente adm itida. 183 . de inspiración aristocrática. de los técnicos. Tenían a las elec­ ciones por una especie de subterfugio o de mal m enor. es decir. Asi. aunque de m anera que se a n to ja impecable.

a p artir del m om ento en que la m im icry y el ilinx fueron perseguidos. si renuncian a hacer el m enor uso de sus capacidades naturales y si consienten en una ac­ titud rigurosam ente pasiva. Ampliando aún más el m arco de la descrip­ ción.Esa com petencia inesperada revela la relación profunda que existe entre am bos principios. ni tal vez la menos razonable. Λ decir verdad. De una m anera m ás general. nos dam os cuenta de que. suele considerar la lucha entera de los partidos como una especie de rivalidad deportiva. que no es la menos difundida. que debería presentar la m ayor p arte de las características d e los enfrentam ientos de estadio. p ara d a r una prueba inobjetable de su excelencia. se im puso el espíritu de com ­ petencia. La buena regja política consiste en asegurar a cada candidato posibilidades legales idénticas de solicitar los sufragios de los elec­ tores. sea ante las condi­ ciones de la com petencia. sea an te la suerte. la totalidad de la vida colectiva y no sólo su aspecto institucional se apoya en un equilibrio precario c infinitam ente variable entre 184 . si p o r el co n trario se les pide movilizar sus recursos de m anera ex­ trem a. D em uestra que ofrecen soluciones inversas pero com plem entarias a un problem a único: el de la igualdad de todos en un principio. cierta con­ cepción de la dem ocracia. lealtad y colaboración sincera de los rivales una vez pronunciado el veredicto. respeto al ad­ versario y a las decisiones arbitrales. d e liza o de Cuadrilátero: ganancia lim itada.

E n tre los indios de la América Central. que todavía no tienen palabras para designar a la persona y la conciencia . es decir. que asigna a cada quien una sum a de dones y de privilegios. sus talentos. su ap titu d a aprovechar la ocasión. 263-281 · 185 . no se reproduce. sus debilidades. Julio-dic. el m om ento favorable (kairos).* funda­ m entos del nuevo orden. Dc estos. su predestinación al éxito y al fracaso. vol. está más difundi­ da de lo que se piensa. p p . • la I * » . se adm ite que cada cual nace con una suerte personal. es decir. celle de mot"* en Jm/niat o{ the RoyvJ Anthropological Institute. estando inscrita en el orden inm utable e irreversible dc las cosas. la p arte des­ tinada a cada cual p o r el destino (m oira) . "U ne c a té g o rie dt* l'esprit h u m a in : notion d e personne. Sem ejóm e concepción a veces es m ás explícita. É sta determ ina el carácter d e cada individuo.cl ágon y cl aleo. LX V ÏM . su categoría social. en todo caso. y precisam ente porque form a p arte d e él. b ) E l MÑUTO Y LA SUKRTB Las griegos. El naci­ m iento constituye entonces algo así com o el bi­ llete dc una lotería universal y obligatoria. siguen disponiendo en cam bio dc un conjunto de conceptos precisos para designar la fortuna (tych é). cristianizados sin em bargo des­ d e hace varios siglos. es decir. su profesión y finalm ente su suerte. la ocasión que. unos son innatos y los otros sociales.%. Entonces no es posihlc ninguna iunbiM arcel Maus. entre el m érito y la suerte.

1H6 . En cam bio. la am bición y el valor. siem pre su b siste una oportunidad aunque sea infinitesim al paru la audacia. 21. Cada cual nace y es lo que la su erte ha prescrito. núni. invierno Je 1938. Algunos se esfuerzan p o r p erp etu ar h asta donde sea posible las desigualdades de partid a por m edio de un sistem a de castas o de clases cerra· das. en que la herencia m ism a no se adm i­ tiría en ninguna form a. 6. que es lotería. en reducir el alcance del alea original para au m en tar proporcionalm cntc la im portancia concedida a un modo de rivalidad codificado de m anera cad a vez más estricta. y el m érito. Inversam ente. Ni uno ni o tro de esos regím enes extrem os podría ser abî>olulo: p o r ap lastan tes que sean los privilegios vinculados al nom bre. es difícil im aginar que el azar del nacim iento tenga tan poco efecto que la posición del p ad re no influya en la ca' Michael Meneje!son.ción ni concebible ninguna com petencia. p.7 El agon —deseo de triunfo— norm alm ente sirve de contrap eso a ese exceso de fatalism o. es decir. Desde cierlo p unto de vist3. "Le Roi. de em pleos reservados. t e s hace elegir en tre la herencia. en las sociedades más igua­ litarias. o tro s se em peñan en acelerar la circulación de las élites. de cargos heredi­ tarios. la diversidad in­ finita de los regím enes políticos obedece a la preferencia que conceden a uno u o tro de los dos órdenes de superioridad que actúan en sen­ tido inverso. a la ri­ queza o a alguna o tra ventaja de nacim iento. le Traître el ki Cioíx*'. que es com petencia.

todas ellas circunstancias exter­ nas y con frecuencia decisivas. que m anifiesta la continuidad de la naturaleza y la inercia de la sociedad. en diversos grados y una vez que han cobrado cierta extensión. la educación. la ley del azar. do que por anticipado tenca allí relaciones y apoyos. de que pertenezco a él. el poder y la esclavitud. la instrucción. de que conozca sus costum bres y sus prejuicios. las constituciones tratan entonces de establecer entre las capacidades o las calificaciones una ju sta com petencia destinada a haccr fracasar las ventajas de clase y o en tro n izar superiorida­ des indiscutibles. La riqueza. anulan en la práctica îa igualdad inscrita en In legislación. Pero es dem asiado evidente que los com petidores no están colocados en igualdad d e condiciones p ara ten er un feliz arranque. sólo se tra ía de una igualdad jurídica. Las leyes. A 1*7 . U ega a suceder que las legislaciones se es­ fuerzan p o r com pensar los efectos. la oscu­ ridad y la gloria. Si se proclam a la igualdad de los ciudadanos. En efecto. dem ostrando an te jurado ca­ lificado ν homologadas a la m anera do las haza­ ñas deportivas. com o una hipoteca imposible de pagar. de que haya podido recibir de su podre algunos consejos y una preciosa iniciación. la si­ tuación fam iliar.l nacimien­ to sigue haciendo p esar sobre todos. en todas las socieda­ des se oponen la opulencia y la m iseria. F. Será difícil elim inar la ventaja que constituye cl solo hecho de que un joven haya crecido en cierto medio.rrc ra <lcl hijo y no la facilite autom áticam ente.

son reconocim ientos. El régimen no tiene gran influencia. sólo hay com petencia efectiva entre personas del mis­ mo nivel. están los exám enes. Las reglas prom etidas para cl agón leal son burladas visiblemente. m uestras y coartadas.l proble­ m a sigue siendo severo en una sociedad de­ m ocrática (o socialista. El hijo. Un hijo de dignatario siem pre es favorecido. Desde luego. sea cual fuere lo que perm ite alcanzar dignidades. los concur­ sos. Es preciso m irar de frente la realidad.veces se necesitan varias generaciones para acorCar la distancia entre el m iserable y el privile­ giado. que siguen siendo las m ás de las ve­ ces de una insuficiencia lam entable: remedios. incluso en los países socialistas. en general. dc un trab ajad o r agrícola en una provin­ cia pobre y rem ota no en tra de pronto en com ­ petencia con el hijo m ediocrem ente inteligen­ te de un alto funcionario dc la capital. F. pese a los ade­ lantos indiscutibles. del m ism o origen y del m ism o medio. Pero. Enton­ ces nos dam os cuenta de que. incluso bien do­ tado. incluso la situación dc las sociedades que pretenden ser las únicas equitativas. o com unista): ¿cómo equilibrar eficazm ente en ella el azar del naci­ m iento? . S orpren­ de com probar hasta qué punto ésta es escasa. precisam ente. si no es que paliativos. an tes que norm as y re­ glas generales. consideradas el m ejor m edio de m edir la fluide¿ social. El origen 1 dc los jóvenes que llegan a estudios universi­ tarios es objeto de estadísticas. las becas y toda clase de reconocim iento a las capacidades o a las com petencias.

cuando com prom ete el éxito del desdichado al que se interroga preci­ sam ente sobre el p unto que ha descuidado. De golpe. En efecto. no es posible que la suerte no favorezca a un can­ didato al que toca la única pregunta que ha estudiado a conciencia. incluso entonces subsis­ te la suerte. Subsiste antes que nada en el alea mism a de la herencia. el don de los dioses 139 . salud o . Por una parte. la suerte. In ­ cluso cuando se adm iten m ecanism os de com ­ pensaciones m últiples y rigurosos.Cierto es que los principios de una sociedad igualitaria no sancionan en absoluto los dere­ chos y las ventajas que esc azar lleva consigo. A decir verdad. son com plejas e innum erables las interferencias entre las ventajas surgidas del na­ cim iento tanto físico com o social (y que pueden consistir ya en honores o en bienes. que distribuye desigualm ente los dones y las taras. destinados a poner a cada cual en una categoría ideal ú ni­ ca y a favorecer sólo el m érito verdadero y la eficiencia com probada. pero éstos muy bien pueden re su lta r en ella tan pesados com o en los regímenes de castas. de la com petencia y del trab ajo (que sor» patrim onio del m érito). Luego interviene infalible­ m ente en las pruebas organizadas para asegu­ ra r el triunfo del m ás m erecedor. En ellas. ya en be­ lleza.en raras disposiciones) y las con quistas de la voluntad y de la paciencia. la ocasión y la ap­ titu d para aprovecharla desem peñan un papel constante y considerable en las sociedades rea­ les. he aq u í la introducción de un elem ento aleatorio en el corazón mismo del agón.

Su m érito tal vez le perm ita m ejorar. es decir.o de la coyuntura. y los une una alianza esencial. las sociedades m odernas suelen am ­ p liar el cam po de la com petencia reglam entada. en el juego de baraja. Además. Ja vic­ to ria sanciona una superioridad mixta en que se com binan la "m ano" y la ciencia del juga­ dor. del azar. Los opone un conflicto perm a­ nent e. cada cual com prende fácilm ente que para él ya es tarde y que la suerte está echada. Es prisionero de su condición. E n tre tanto. desde que llega a la edad de re­ flexión. la razón y la necesidad de em plear al má­ ximo los talentos. Así. Fs preciso pe­ dirlo a la suerte. es decir. No le hace cam biar radicalm ente de nivel de vida. Sem ejante evolución satisface a la vez la justi­ cia. a expensas del cam po del nacim iento o de la herencia. parecen lejanos e im probables. de. Pero los resultados de su acción siguen siendo pohres y decepcionan­ tes. cl a k a y cl agon son contradictorios. 190 . puesto que el trab ajo y la preparación son en verdad im potentes para con­ seguirlo. P o r eso los reform adores políticos hacen esfuerzos incesantes p o r conce­ b ir una com petencia más equitativa y p o r apre­ su ra r su advenim iento. la obstinación y de la habilidad. De allí nace el afán de c o rta r cam ino. incluso relativo. de las soluciones inm ediatas que ofrecen la perspectiva de un ¿xito repentino. De la m ism a m anera. pero no salir. y cad a vez más p o r sus ins­ tituciones. Por sus principios. por o tra. la recom pensa del esfuerzo. del m érito. p ero solidarios.

Es necesaria una pruelva de repuesto. m uchos se dan cuenta de que no pueden esp erar g ran cosa dc su propio mérito. en que el imbécil y el lisiado. El recurso a la su erte ayuda a sopor­ ta r la injusticia de la com petencia falseada o dem asiado ruda. el alea aparece dc nue­ vo como la com pensación necesaria. más trab a jad o res o m ás am biciosos. Por eso. Tam bién se vuelven hacia la su erte y buscan un principio de discrim inación que Ies sea más clem ente. no ponen sus esperanzas en una com paración exacta. que tienen m ejor salud o m e jo r m em oria. como el com plem ento n atu ral del agon. m ás inte­ ligentes . Al m ism o tiem po.Además. Ven claram ente que o tro s tienen más que ellos. m ás vigorosos. en que el torpe y el perezoso. im parcial y com o ci­ frada. Así. a m edida que el alea del nacim iento pierde su antigua suprem acía y que la com petencia regla­ m entada pierde su influencia. ante la m aravillosa ceguera d e una nueva especie d e justicia. conscientes dc su inferioridad. vemos desarro­ llarse y proliferar ju n to a ella mil m ecanismos secundarios destinados a o to rg ar de pronto a 191 . d eja una es­ peranza a los desheredados a quienes un con­ curso franco m antendría en m alos puestos. que son necesariam ente los m ás num erosos. En esas condiciones. a cualquier so rteo en que el menos dotado. que son m is hábiles. al fin son iguales a los hom bres dc recursos y dc perspicacia. que gus­ tan m ás o que convencen m ejor. se dirigen a las loterías. Una clasifica­ ción única y definitiva cerraría todo porvenir a quienes condena. D esesperando dc ganar en los torneos del agon.

pero tam bién num erosas prue­ bas. Ju g ar es renunciar al trabajo. A esa finalidad responden antes que nada los juegos de azar. juegos de azar disfrazados. al menos grava con fuertes im puestos las diversas operaciones que presentan el carácter de una apuesta a la suerte. Si renuncia a ese expediente y si deja a la iniciativa privada el beneficio de su explota­ ción. Ahora bien. aunque en ellas desem peñe un papel esen­ cial el elem ento de ap u esta.un ra ro vencedor estupefacto y encantado una prom oción fuera de serie. de riesgo y de suerte simple u com puesta. le son concedidos con entusias­ mo. Se necesitaría una stierte extraordinaria: urt milagro. ln función del alca con­ siste en proponer ese m ilagro perm anente. pese a las protestas de los mo­ ralistas. El propio Estado tiene algo que ver. a la paciencia. no alienta menos a los hum ildes a so p o rtar m ejor la m ediocridad de una condición de la que p rácti­ cam ente no tienen ningún o tro medio de escapar jam ás. A esto se debe la prosperidad continua de los juegos de azar. por excepción. Esas pruebas. casi ilusoria. Esa posibilidad. Cualquiera puede s e r el elegido. p o r el golpe de su erte que en un secundo procura lo que una vida agotadora de tra b a jo y de privaciones no concede. al ahorro. esas lote­ rías perm iten al ju g ad o r feliz una fortuna más m odesta en la que no cree. busca beneficiarse generosam ente con una fuente de ingresos que. cuyo carácter com ún consiste en presentarse com o com peten­ cias. Creando. pero cuya perspec­ tiva basta para deslum brar. loterías oficiales. si no in 192 .

De lo cual se sigue que los grandes ga­ nadores son raros. el mon­ to del prem io m ayor es de cien m illones de francos. es decir. Éstos se contentan entonces con adqu irir "décim os" que. adem ás de ser conveniente que se puedan dividir con facilidad. Para a tra e r m ejor. equivalente in stantá­ neo y total de un cu arto de siglo de trabajo. o al menos los m ayores. Pero no im porta: la suma que recom pensa al m ás favorecido sólo es por ello m ás prestigiosa. en p arte depende de la suerte. Para tom ar el p rim er ejem plo a la mano. Por el contrario. que difícil­ m ente ganan algunas decenas de m iles de [a n ­ tiguos] francos al mes. que sin duda no es el más convincente. a fin de ponerlos al alcance de la m u ltitud de aficionados impa­ cientes.tervicne la suerte y si no se recu rre a la es­ peculación que. en el Sw eepstakes del Gran Prem io de París. el billete está p o r dem ás fuera del alcance de la m ayoría de los asalariados. p o r dos nril francos. Vendido en dieciocho mil quinientos francos. un poco m ás del salario m ensual. consiste en una sum a que sim ­ plemente deben considerar fabulosa la enorm e m ayoría de com pradores de billetes. los premios. precisam ente. si se calcula en cuatrocientos mil francos el salario anual del obrero medio. En efecto. los billetes deben co star lo menos posible. esa sum a representa aproxim a­ dam ente el valor de doscientos cincuenta años de trabajo. El atractivo de esa súbita opulencia inevitablem ente 193 . deben ser conside­ rables. les hacen relucir la perspectiva de un prem io de diez millones.

o sean m il francos p o r cada fran­ cés. Se diría que se tra ta de invitar a la m u ltitud de lectores a pro­ b a r suerte una vez más. cuya im portancia relativa res­ pecto del total de prim as no deja dc crecer. delendcr. Pero la costum bre quiere que los periódicos in­ form en en detalle a la opinión sobre su vida co­ tidiana y sobre sus proyectos. es decir en antiguos Troncos.1 La magia creada resu lta eficaz: según las úl­ tim as estadísticas publicadas. Como prueba de ello sólo tom o la publicidad oficiosa m ás o menos im puesta a los beneficia­ rios dc esas fortunas sú b itas aunque. En Ja aclunlidad lian sido superadas considerablemente por las sumas jugadas al úcrcé. prácticam ente in­ concebible p o r los cam inos norm ales: un puro favor del destino. pues en realidad significa un cam bio radical de condición. 194 . si así lo desean.es em briagante. De ese total. se distribuyeron alrededor de veinticinco mil millones en prem ios. los ingresos b ru to s de la Lotería Nacional ascienden a cu aren ta y seis mil millones. lotería que da al a p e a ­ dor la ilusión de que puede. El mismo año. en parte. los franceses gas taron en 1955 ciento quince mil millones tan sólo en los juegos de azar adm inistrados p o r el Estado. • Cifras dadas al tipo dc cambio dc 1956 (fecha de la prim era edición).v«! con tro la suerte. Los pre­ mios principales. se les puede m antener en el anonim ato. con toda evidencia están calculados para su scitar la esperanza de un enriquecim iento que la clien­ tela m anifiestam ente es alentada a rep resen tar­ se como valor de ejem plo.

rápidam ente ven dism i­ nuir su am plitud. en M ontccarlo. Por lo dem ás. El ritm o de los sorteos suple generosa­ m ente el volum en de los prem ios. las sum as en circulación continua pueden no alcanzar las cifras fantás­ ticas que imaginamos con com placencia. en varias decenas de mesas y de acuerdo con un ritm o determ inado por la dirección. pero la ley de los grandes núm eros garantiza un be­ neficio casi invariable en operaciones rápidas e ininterrum pidas. en el relaja miento de las costum bres y en lodas las seduc­ ciones que tienen un aspecto publicitario y que. los croupiers no dejan de lan­ zar la bolita de la ruk?ta ni de an u n ciar los re­ sultados. Ya no hay desproporción casi infinita en tre la sum a arriesgada y la suma codiciada. en un lujo agresivo. Pero del volumen m ás m odesto de apuestas no resulta que el total de apuestas finalm ente sea menos considerable. en Macao o en I.No en lodos los países se organizan los juegos de azar com o gigantescos sorteos que funcionan en escala nacional. p o r ejem plo. El valor absoluto de los pro mios dism inuye con el num ero d e jugadores.as Vegas. En las horas de apertura del casino. Con eso basta par*t que la ciu· dad o el E stado logre una prosperidad evidente > escandalosa que se m anifiesta en el esplendor 1 de las fiestas. abiertam ente están destinadas a enganchar clientes para la práctica. en Deauville. En las capitales m undiales del juego. Privados de cará cter oficial y del apoyo del Estado. Todo lo contrario . pues el sorteo ya no es entonces una operación solem ne y relativam en­ te rara. M L .

El estilo de la civilización no resulta afectado en proporción verdaderam en­ te considerable. Un pueblo nóm ada de curiosos. Toda proporción guardada. no es en esas ciudades anorm ales donde esc instinto se m uestra más temible. si jio es que desproporcionadas a su salario. pero que p ro n to regresa a un modo de existencia más laborioso y m ás austero. al resultado 196 . La existencia de grandes ciudades cuya razón de ser y cuyo recurso casi exclusivo son los juegos de azar m anifiesta sin duda la fuerza del instinto que se expresa en la búsqueda de la suerte. las quinielas u rbanas per­ miten a todos ju g a r a las carreras sin siquiera asistir al hipódrom o. Siete millones de tu rista s dejan cada arto en Las Vegas sesenta m illones de dó­ lares que representan alred ed o r del 40% del presupuesto de Nevada. las ciudades que procuran a la pasión p o r el juego un refugio y un paraíso sem ejan inm ensas casas de tolerancia o fum aderos de opio desm esura­ dos. S in em bargo.Cierto es que esas m etrópolis especializadas atraen sobre todo a una clientela de paso que llega a disiparse unos días en un am biente ex­ citante de placer y de facilidad. El tiem po que pasan en aquel lugar los num erosos visitantes no deja de ser com o un paréntesis en el tran scu rso o rd i­ nario de sus vidas. Son ob jeto de una tolerancia regulada y redituable. de ociosos o de maniacos las atraviesa sin estable­ cerse en ellas. En las dem ás. Algunos sociólogos han señalado la proclividad de los obreros de fábri­ ca a co n stitu ir especies de clubes donde apues­ ta n sum as relativam ente im portantes.

pp.xpedlente" (p. 147-151. p. pp. U travail en miettes. 304).υ «*1 describo algunos ejemplos n el complemento titulado: "La importancia de los " p Í S lm * azar”. 183-185. una vez más. Où va le travail humain. Entonces se modifica la economía general yaparccCn formas particulares dc cultura. y sobre todo cuando juega todos los dws.dc los encuentros dc fútbol.. En efecto. p o r desm esurada que parezca. 10La influencia dc los juegos dc azar daña en extremo cuando la gran mayoría dc una población trabaja poco y juega mucho. aboque consideradas dc origen dudoso. 1956. Véanse también las cifras dadas en c! . al desainólo concomitante dc en . Pero. vinculadas. 9 en lo que. Ea Estado» Unido». se m anifiesta un rasgo d e civilización. deducidos los gastos generales y la retención efectuada p o r la adm inistración. 149. a los “tres últimos dígitos del total dc títulos negociados cada día en Wall Street". París.1 * Las loterías dc Estado. cuyas leyes de justicia m atem ática observan estricta­ mente. Georges Friedmann. sobre cantidades gastadas en en japäj^nns tragatnonedas en los Estados Unidos y 197 . como ya era de esperar. 1. ihid. la ganancia se m antiene rigurosam ente proporcional a la apues­ ta y a lo que arriesga cada uno de los jugadores. es decir. para que ese caso se produzca. fcúnj. 1956. De ahí los rackets o las fortunas considerables. los casinos. Una innovación más sorprendente del m undo m o­ derno consiste en lo que yo con gusto llam aría loterías disfrazadas: aquellas que no exigen n in­ guna apuesta y que optan p o r la apariencia de *Cf. se opuesta sobre todo a los numbers. París. los hipó­ drom os y las quinielas de todo tipo se encuen­ tran dentro dc los lím ites del alca puro. es preciso una coincidencia bastante excepcional dc clima y régi­ men social.

en el m ejor de los casos. En ocasiones. que por su naturaleza escapa de la apreciación objetiva o a la sanción legal. etc. Sirenas. es preciso prepararse para la prueba. No hay lími­ tes. Luego de enfrentarse victoriosam ente a ri­ vales cada vez más tem ibles. el ingenio o algún o tro m erecim iento. se eligen a ejem plo suyo y. Fn televisión vem os ofrecer una peque­ ña fortuna a quien logra responder preguntas cada vez m ás difíciles en un terreno determ inado. una m uchacha es declarada al fin Miss Universo: se hace estrella de cinc o casa con un millonario. de die­ ciocho años) que con rayos X reveló poseer la m ás linda estru ctu ra ósea. Algunos grandes prem ios litera· n o s verdaderam ente ofrecen a un escritor la for­ tuna y la gloria. Mu· sas. Damas de H onor.recom pensar c! talento. en alguno de los palacios de una playa de moda. Un personal escogido y accesorios im presionante.s dan cierta solem nidad a esa representación hebdom adaria: un o rad o r experto entretiene al público. H asta los radiólogos han hecho tina M iss Esqueleto de la señorita (Lois Conway. Todo grupo quiere tener la suya. al menos p o r unos años. innum erables e im previsibles Reinas. lisos prem ios han suscitado miles m ás que no ofrecen gran cosa pero que se turnan y en cierto modo com ercializan el prestigio de los más im portan­ tes. una joven fotogénica a m ás no po­ d e r hace las veces d e secretaria: guardias d r 198 . la erudición gratuita. d e una vida brillante pero sin base.. disfrutan d u ran te una tem porada de una notoriedad em briagante pero discutida.

una m áquina electrónica garan­ tiza una selección indiscutible de las preguntas. se propone una serie de apuestas en que la oportunidad de g an ar dis miniiye a m edida que crece el valor de la re­ com pensa ofrecida. En apariencia. por una escolar negra de impecable o r­ tografía. la respuesta fatídica." Í " N o e s tá d e m á s J a r a lg u n a s c ifra s .uniform e fingen vigilar cl chcquc expuesto a la codicia pública. solos y an te todos. se tra ta d e un exam en en que las preguntas están graduadas a voluntad paro evaluar la am plitud de los conocim ientos del su­ jeto: un agón. Cada sem ana trae consigo ejem plos frescos. Menos d e diez p ro iuntas bastan para hacer extrem o el riesgo y a so n a n te la recom pensa. El nom bre de tocio o nada que con frecuencia se da a ese juego no deja la m enor duda at respecto.il q u e k o c a lific a <k* tím id o p an a 51 m í liona* nc . la prensa v la opinión se apasionaron sucesi­ vam ente por un zapatero especialista en ópera italiana. éstos com pare­ cen tem blando an te un tribunal insensible. Cien· los de miles de espectadores lejanos participan en su angustia y al m ism o tiem po se sienten ha­ lagados de regular esa prueba. por un agente de policía apasionado p o r Shakespeare. En realidad. por una anciana lectora aten­ ta de la Biblia y por un m ilitar gastrónom o. Tam bién denuncia la rapidez de la progresión. U n ipvcn p ro ­ fe s o r . Quienes llegan al final de la carrera son considerados d u ran te algún tiem|>o héroes nacionales: en E stados Unidos. De condición m odesta. preparar. una cabina perm ite en fin a los candidatos reco­ gerse.

Shakespeare. pero com o la publicidad m ultiplica su re­ sonancia. La delegación es una form a degradada y diluida de la m im icry. En E-stocolmu. El Museo de Stuttgart envía at punto por avión dos especímenes vivos y el Instituto Británico de Cien cías Naturales una película rodada en las profundida­ des.EGACrÓN Aparece aquí un hecho nuevo. cuyo significado ν cuyo alcance es im portante com prender cla­ ram ente. Por una p arte. No sólo no di­ vierte. com o la de los concursos de belleza y sin duda por las m ism as razo­ nes. I* opinión pública se apasiona. con lo* números de la fabulosa cantidad ganada según ellos cu un abrir y cerrar de ojus. de 11 años. gana 6* mil dólares (o sea unos 30 milíones de Trancos) duramc un interrogatorio sobre clcctrónira. todos aspiran a un desquite. en grandes caracteres. . m onótona y cansadora. del m ism o nivel de vida o de instrucción. de 14 años. Esas fortunas rápidas y sin em bargo puras. O no tienen en­ trad a o no tienen éxito. Más o menos se identifican con los com petidores. El Joven htfroe cobra 700 mil francos y la televisión norteame­ ricana lo hace ir a Nueva York. y la historia de la revolución norteamericana. La m ayo­ ría fracasa en los concursos o no está en posi­ bilidad de presentarse a ellos. la televisión sueca pone en duda la respuesta del joven Ulf Har. Cierto es que quien reflexiona no puede engañarse: el consuelo que ofrecen esos concursos es irriso­ rio. por U o tra. Así. de golpe. En todo caso. ofrezca oportunidad de una verdadera promoción.nerz. su ex­ plotación es redituable. que apa­ sione y que al mismo tiempo. quien de­ signa a la Umbra Krameri como al pez que tiene pár­ pados. "Trein­ ta segundas para hacer fortuna" anuncian los diarios. Todo soldado puede 201 A . ΠΙ teórico más ingenioso y más aplicado difícilmente ha brfa imaginado una combinación tan sorprendente de los recursos de la preparación v de la fascinación del reto. Sueñan con una actividad d o tad a de poderes opuestos. Los niik>s ocupan un luçar importante en 1c» premios. 200 ejerce en tre personas de la m ism a clase. La fiebre se mantiene adecuadamente. Los contradictores del nifko son vencidos. fisiología y astronomía. modicina. en febrero de 1957. c) I-A OEl. la com petencia cotidiana es severa y. única que puede pros­ p erar en un m undo regido p o r los principios acoplados del m érito y de la suerte. exploraciones. sino que acum ula rencores. Por delegación. se em briagan con el triunfo del vencedor. al fin y al cabo. ofrecen una com pensación a la falta de am plitud de la rivalidad social que. Desgasta y desalienta. sólo se francos (129 mil dólares) respondiendo durante catorce semanas preguntas sobre béisbol» modas de la antigüe­ dad.sinfonías de las grandes músicos. matemáticas. puesto que parecen debidas al m érito. . Lenny Ross.El entusiasm o que suscitan esas apuestas su­ cesivas y el éxito de la em isión indican claram en­ te que la fórm ula corresponde a una necesidad experim entada en general. que dedican una columna casi permanente a esos con­ cursas y publican la fotografía de los ganadores. el minúsculo núm ero de ganadores cuenta menos que la enorm e m asa de aficio­ nados que siguen desde casa las peripecias de la prueba. Pues en la práctica casi no deja nin­ guna esperanza de salir de una condición m e­ diante el solo salario que procura el oficio. ciencias naturales.

llevar en su cartuchera el bastón de mariscal y ganarlo el más digno. arm as naturales e inalienables. Recom pensa una convergencia ex202 . voz o encanto. Con toda razón. de la estrella o del cam peón. lo que no im pide que nunca haya m ás que un solo m ariscal p ara m an­ d a r varios» batallones de soldados rasos. l*a consagración es rara y. aún más. De allí el culto. Una devoción sin igual saluda la apoteosis ful­ gurante de quien sólo renía para triu n far sus recursos personales: m úsculos. em inentem ente característico de la sociedad m oderna. Y sin em bargo. Pero cada quien sabe o sos­ pecha que muy bien p udiera no serlo. se escoge ser vencedor j>or terceras personas. al m ás oscuro y al m ás pohre. esc culto puede con­ siderarse inevitable en un inundo en que el de­ p o rte y el cine ocupan un lugar tan im portante. Todos desean ser los prim eros: la justicia y el código dan ese derecho. La m ultitud queda fru strad a. invaria­ blemente im plica una p arte im previsible. por la sencilla razón de que sólo hay un prim ero. con la ayu­ d a de la suerte. No interviene al final de una carrera de peldaños inm utables. Así. 1. de hom bre sin apoyo social. para esc hom enaje unánim e ν espontáneo hay un m otivo menos aparente pero no menos persuasivo. Como el m érito. p o r delegación.a estrella y el cam peón proponen im ágenes fascinantes de los únicos éxitos grandiosos que pueden tocar. que es la única m anera de que todos triunfen al m ism o tiem po y que triunfen sin esfuerzo ni riesgo de fracaso. la su erte sólo favorece a rarísim os elegidos.

Por o tra parte. una perseverancia que no h a desalentado ningún obstáculo y la p raeb a últim a que cons­ tituye la ocasión peligrosa pero decisiva. confusa y tanto m ás im­ placable cuanto que es preciso que el éxito se produzca rápidam ente. ¿cuántos entre esa m ultitud de soñadores no se desalientan desde las prim e­ ras dificultades? ¿Cuántos las abordan efectiva­ m ente? ¿Cuántos sueñan realm ente con hacerles fronte algún día? P or eso. P o r o tra parte. La belleza se m ar­ chita. casi todos prefieren triu n far por poder. p o r m edio de los héroes dc película o dc novela o. ¿quién no sueña vagam ente en d isfru tar de la posibilidad mágica. por el hijo del tendero que ha ganado la "Vuelta de Francia". el ídolo h a triunfado visiblemente en una com petencia solapada. los m úsculos se oxidan y la flexibilidad se anquilosa. que sin em bargo parece cer­ cana. la voz se quiebra. Pues esos recursos que el m ás hum ilde puede h ab er recibido como he­ rencia y constituyen la su erte precaria del po­ bre sólo tienen su m om ento.iraordinaria y m isteriosa. encon­ trad a y aprovechada sin vacilación. de alcanzar el im probable em píreo del lujo y dc la gloria? ¿Ouién no desea ser estrella o cam peón? Mas. p o r interm ediación de los personajes reales y fraternales que son las estrellas y los cam peones. Se sienten representados p o r la m anienrista ele­ gida Reina de la B ellc/a. Λ pesar de todo. p o r el niecá203 . a la que se agregan y se com binan los presentes de las hadas al na­ cer. m ejor todavía. por la vendedora a quien se ha confiado un p rim er papel en una Superproducción.

el atcuncc y la intensidad de ln identificación. Sin duda no existe com binación m ás inex­ tricable entre el agon y el alca. Entonces in­ terviene la m im icry.nico que viste cl tra je de luces y se convierte en torero de m ucha cla. pp. tenaz y universal. Un m érito al que cada quien crcc p oder asp irar se combina con la suerte inaudita del prem io m ayor para asegurar. constituye una de las reservas d e com pensación esenciales de la sociedad dem ocrática. si en verdad quisiera p ro b a r suerre y tra ta r de ser ese elegido. 69-145. La m ayoría no tiene sino esa ilusión para engañarse. 1957. y principalmente Jas respuestas a los cuestionarios espe­ cializados y a las encuesta* realizadas en la Gran Bn> tafía y Estados Unidos sobre el fetichismo de que son ob|cto las estrellas. un éxito tan cxccpcional que parece milagroso. al parecer a cualquiera.sc. véa!* un excelente capítulo de Edgar Morin en Les Stars. para distraerse de una existencia descolorida. Cada quien participa por m edio de o tra persona en un triunfo desm esu­ rado que en apariencia puede locarle pero a propósito del cual nadie ignora en el fondo que sólo surge un elegido en tre millones. m onótona y agota­ dora Esa delegación. El fenómeno do delegación tiene dos posibilidades: la idolatría por un· estrella del otro sexo. tal vez debería yo decir esa ” Sobre las modalidades. Esta ultima forma es la mis íre* . De suerte que cada cual se siente al m ism o tiem po au to ­ rizado a la ilusión y exento de los esfuerzos que tendría que desplegar. la identificación con una evtrelia del mismo sexo y de la misma edad. Esa identificación superficial y vaga pero per­ m anente. París.

cit. sino antes bien una especie de necesi­ dad general de identificación con el cam peón o con la estrella. Una costum bre de ese tipo se cons­ tituye rápidam ente en una segunda naturaleza. . Hay una osm osis continua entre esas divinidades d e estación y la m ultitud de sus adm iradores. u Vca$c el "Expediente" (p. a tal grado que algunos no se con­ suelan de su m uerte y se niegan a sobrevivirIes. el cine. d e sus m anías. copian sil peinado. La estrella representa el éxito personificado. inevitable y seductor. Pues esas devociones apasionadas no exclu­ yen ni el frenesí colectivo ni las epidem ias de suicidios. <*gún las estadísticas de la Motion Pic­ ture Research Bureau {op. la radio y la televisión favorecen la fascinación. la victoria. El cartel y el semana­ rio ilustrado hacen presente por todas p artes el rostro. su m anera de vestir y de maqui­ llarse. la prensa. la venganza co n tra la aplastante y sor· cuente: el 65*.. 317). 93).** Es evidente que no dan la clave de esos fa­ natism os la proeza del atleta ni el a rte del In­ térprete. va tnn lejos que com únm ente re­ su lta en actos individuales dram áticos o en una suerte d e histeria contagiosa que de pronto se apodera d e toda u n a juventud.enajenación. adoptan sus m odales. Se m antiene a éstos al corriente de sus gustos. del cam peón o de la estrella. de sus supersti­ ciones y de los detalles m ás insignificantes de su vida. p. P o r lo de­ m ás. Los im itan. s\x régimen alim enticio. Viven por ellos y en ellos.

im puro o irregular en esa carrera. un poco cl bien y. Yo le oi responder a esa acusa­ ción durante un inmenso mitin en el Teatro Colón de Buenos Aires. se mofa de la je ra rq u ía establecida. en todo caso. naturalm ente.dida inercia cotidiana. h o m b re o m ujer. que además mOAlraba. el k*l del poder (como esposa e inspiradora del presidente de la República) y el de una especie de providencia encar­ nada dc los humildes y los sacrificado* (papel que o ella le gustaba representar y a cuyo éxito dedicaba una parle dc los fondos públicos en forma dc caridad indi­ vidual). El resid u o de envidia que subsiste en la adoración no d eja 1 Nada más significativo al respecto que el entusias­ 4 mo suscitado no hace mucho en Argentina por Eva Perón. Ella no negó ni las pieles ni los diamantes. Dijo lo siguiente: "¿Acaso nosotros los pohrcs no tenemos el mismo derecho que los ricos de llevar abrigos de pieles y collares de perlas?" La multitud estalló en largos y ardientes aplausos. en la persona de aquella que tenia ante los ojos y que la M rcpn'senniba” en aquL'l instante. donde se apretaban millares de segui­ dores. quirn en xu personalidad reunía por lu demás tres prestigios Fundamentales. sus enemigos le reprochaban sus abrigos dc pieles. Cadn insignificante empleada se sentía cubierta también de las pieles mris ricas y de las joyas más preciosas. Esa elevación que al parecer consagra a cualquiera. La desm esura d c la gloria del ídolo m uestra la posibilidad p e rm a ­ nente de un triunfo que es. se presupone algo sucio. su ­ prim e de m anera visible y radical la fatalid ad que su condición hace p esar sobre cada c u a l. 206 .1 4 Por eso. co n tra los obstáculos que la sociedad opone al valor. un poco o b ra de todos y de cada uno de quienes lo aplauden. ya. el dc la estrella (había surgido del mundo < nuaic hc*ll y dc los estudios). Para desacreditarla a ojos del pueblo. sus per las y sus esmeraldas.

no menos que por es­ trellas. con los que ellos nada tienen que ver y ni siquiera tu­ vieron que desear o escoger: fue un veredicto puro de un alta absoluto. La identificación es entonces m ucho menor. su condición procura por el co n trario el ejem plo m ás patente.de percibir un turbio éxito de la am bición y de­ là intriga. La legi­ tim idad de los principes aparece com o encar nación suprem a casi escandalosa de la ley natu­ ral. para go­ zar de esa superioridad decisiva. su peso y su coherencia. se ve a la prensa y al público apasio­ narse por la persona d e los m onarcas. los reyes pertenecen a un m un­ do prohibido en el que sólo el nacim iento per­ mite en trar. destina 207 . Se adm ite que cargan con cl peso de privilegios excepcionales. lejos de contradecir la desigualdad social. los m onarcas Sólo se tom an la m olestia de nacer. por el cerem onial de las cortes. Pues bien. La m ajestad hereditaria. Se considera que su m érito es nulo. del im pudor o de la publicidad. al m érito y a la justicia. Se gusta rep etir que. la legitim idad garan­ tizada por generaciones de p o d er absoluto pro­ curan la imagen de una grandeza sim étrica que tom a del pasado y de la historia un prestigio inás estable que el que confiere un éxito repen­ tino y pasajero. Esa ley corona (al pie de la le tra). con los límires y los obstáculos que am bos oponen a la ve?. por los am ores de las princesas y la abdicación de los soberanos. Los reyes están exentos de esa sospecha. No representan la m ovilidad de la sociedad ni las oportunidades que ésta ofrece sino todo lo contrario. pero. Por definición.

fatiga y servidumbre. Para tener menos celos. aclam ándolos. Desde ese momento. Una extraña mezcla de envidia y de com ­ pasión rodea así a la dignidad suprem a y atrae a l paso de los reyes y de las reinas a un pueblo que. habría dicho la reina de Inglaterra en ocasión d e su visita a Paris. se ve llam ado a reinar. sensible y sobre todo abrum ado p o r la pom ­ pa y los honores a los que está condenado. de soledad. Se quiere q u e sea senci­ llo. se le compadece. Se d a por sentado que le están prohibidas las alegrías más sim ples y se repite con insistencia que no cono­ ce la libertad de am ar. F. M siquiera soy libre de com ­ Ni p ra r un periódico". en 1957. aplasrante c inm utable que 208 . de fantasía y sobre todo de libertad.ul trono a un ser que nada salvo la suerte dis­ tingue de la m ultitud de aquellos sobre los que. la imaginación popular siente la necesidad de acercar en lo posible a la condición com ún a aquel de quien una distancia infranqueable lo separa. de sinceridad. a la etiqueta y a sus obligaciones de Estado. La prensa trata com o estrellas a las reinas y a las princesas. que se debe a la co ­ rona.n efecto. en v irtu d d e un fallo ciego de la fortuna. A reyes y reinas se les pinta ávidos de afecto. tra ta de convencerse de que no están hechos de o tro modo que él y de que el cetro da menos felicidad y poder que hastío y tristeza. es exactamente el tipo d e decla­ raciones que la opinión pública atribuye a los soberanos y tiene necesidad de creer correspon­ dientes a una realidad esencial. pero como estrellas prisioneras de un pape! único.

de suerte que no es de tanto provecho ha­ ber recibido de la su erte la investidura más desm esurada. Para engañar una am bición que la escuela les enseña que tienen derecho de tener y que la vida pronto les de­ m uestra como quim érica. 209 . p o r falaces que sean. y niegan las ventajas que ofrecen. Esas creencias son extrañam ente contradicto­ rias. los arru lla con imá­ genes radiantes: m ientras que el cam peón y la estrella les hacen b rillar el ascenso deslum bran­ te perm itido al m ás desheredado. de las m ás difun­ didas) no dejan de parecer extrañas. Para en­ tenderlas. el protocolo despótico de las cortes les recuerda que la vida de los m onarcas no es feliz sino en fa medida en que conserva algo en com ún con la p ro ­ pia. Como estrellas involuntarias cogidas en la tram p a de su per­ sonaje. Casi a lodos los con­ dena a perm anecer de p o r vida d en tro del m ar­ co estrecho que los vio nacer. Esas actitudes (sin em bargo. m anifiestan una especie de engaño indispensable: proclam an una confianza en los dones de la su erte cuando favorecen a los hum ildes.ellas sólo aspiran a abandonar. se necesita una explicación a la me­ dida d e su am plitud y de su estabilidad. Aun siendo igualitaria. una sociedad difícil­ mente da esperanzas a los hum ildes de salir de su existencia decepcionante. cuando garantizan desde la cuna un destino soberbio a los hijos de los poderosos. Mas. Ocupan un lugar entre los m ecanismos perm anentes de una sociedad determ inada. Como ya se ha visto.

Identifica d e lejos a m iles de presas paralizadas con sus ídolos fa­ voritos. Sin em ­ bargo. sin esperanza ni firm e propósito de alcanzar el universo de lujo y de gloria q u e deslum bra. sólo un redu­ cidísim o núm ero nace para los p rim eros luga­ res o los alcanza. m ientras que la sociedad se apoya en la igualdad de todos y la proclam a.el nuevo juego social está definido p o r el dé­ bale entre el nacim iento y el m érito . Les hace vivir. la m im icry. Un m im etism o larvario y benigno ofrece una inofensiva com pensación a una m u ltitu d resigna­ da. Éste nace en el entorpecim iento d e la sala os­ cura o en el estadio soleado. Privada de la m áscara. p ues es obvio q u e no todos podrían ocuparlos sin alguna inconcebible al­ ternancia. la vida suntuosa y plena cuyo m arco y cuyos dra­ m as se les describen día tras día. entre la victoria lograda por el m ejor y el golpe de suer­ te que exalta a los m á s afortunados. Aunque la m áscara ya no se lleve sino en contadas oca­ siones y casi esté fuera de uso. ΛΙ m ism o tiempo. sino en el m ás vano d e los sueños. sólo ejerce su perm anente y poderosa atracción m ediante la corrupción que le corres* 210 . R epercute sin fin en la publicidad en la prensa y en la radio. ya no Termina en la posesión ni en la hipnosis. en la im aginación. La m im icry es difusa y bastarda. el vértigo. De ah í el su bterfugio de la delegación. cuando todas las m iradas se fijan en los m ovim ientos de un lum i­ noso héroe. infi­ nitam ente distribuida. au n inás despo­ seído. sirve de apoyo o de con­ trapeso a las norm as nuevas que rigen a la sociedad.

tienen preponderancia en cierto tipo dc socie­ dad. Por una parte. y aun así las más dc las veces en form a de sim ple prueba de fuerza o sobrepuja dc pres­ tigio. ese propio prestigio con la m ayor frecuencia sigue siendo de origen mági­ co y de naturaleza fascinante: obtenido me­ diante el trance y el espasm o. Pero la em ulación no está codificada en ella y sólo ocupa un lugar lim itado en las instituciones. cuando ocupa al­ guno.ponde. no se excluyen ni la em ulación ni la suerte. de la que. Como la más­ cara y com o el disfraz. por lo dem ás. que tienden concerta­ dam ente a la enajenación de la personalidad. De allí los resultados de un doble análisis. es dccir m ediante la em briaguez que procuran el alcohol o las drogas. Y adem ás. no es la expresión ab stracta de un coefi­ ciente estadístico. en o tras palabras. Λ1 fin y al cabo sólo se tratab a dc dem ostrar cóm o se ap arejan los re­ sortes fundam entales de los juegos. sin o tam bién la m arca sagra­ da del favor de los dioses. garantizado por la m áscara y p o r la mímica. circunscrita y separada de la vida real. Sin duda. 211 . ¿1 m ism o ya no es sino juego propiam ente dicho. Es tiem po de concluir. el vértigo y el sim ulacro. P or eso resurgen bajo form as hipócritas y pervertidas en el corazón de un m undo que las m antiene al margen y norm alm ente no les concede casi ningún derecho. esos papeles episó­ dicos se hallan lejos d e ag o tar la virulencia dc las form as al fin sum isas del sim ulacro y del trance. una actividad reglam entada. En cuanto a la suerte.

p o r los an ab ap tistas de M unster en el si­ glo XVI. la com petencia regla­ m entada y el veredicto del azar. es decir un código fijo. ibi jus. si 110 es que dom esticados. por "el d esp ertar" del País de 212 .En cl extrem o opuesto. pero se encuentran p o r decirlo así desclasados. En esc universo no son desconocidos ni el éxtasis ni la pantom im a. p o r el movim iento conocido con el nom­ bre de Ghost-Dance Religión entre los sioux de fines del siglo x ix r aún mal adaptados al nuevo estilo de vida. incluso aparecen allí sólo destituidos. constituyen los principios com plem entarios de o tro tipo de sociedad. desde las Cruzadas de niños de la Edad Media hasta el vértigo orquestado d e los Congresos de N urem berg en el Tercer Reich. des­ afectados. especulaciones destinadas a rep artir equitativam ente los ries­ gos y los prem ios. pa­ sando p o r num erosas epidem ias de saltarines y de bailarines. Ellos crean el derecho. con lo cual m odifican tan profundam ente las norm as de la vida en com ún que el adagio rom ano Ubi societas. como lo dem uestran diversos fenómenos abundantes pero a pesar de todo subalternos e inofensivos. que im plican sin excepción cálculos precisos. de convulsionarios y de flage­ lados. al tiem po que presupone una correlación absoluta entre la sociedad y el derecho. En tiem pos norm a­ les. parece ad m itir que la sociedad m ism a empieza con esa revolu­ ción. Sin em bargo. La historia nos da suficientes ejem plos singula­ res y terribles. su virtud de arrastre sigue siendo lo bastante grande para p recipitar en todo mom en­ to a una m u ltitud en algún m onstruoso frenesí. ab s­ tracto y coherente.

Fue preciso absorber también la dem encia y la fiesta: todo barullo Ptrstigioso. dc Felice reunió a ese respecto una documenta­ ción incompleta. no podrían en lo sucesivo co n stitu ir la regla. Esa* manifestaciones probablemente eban vincularse enn el éxito de algunas películas norte­ americanas romo Ángeles nefrros y Rebelde sin causa. que tam bién son accesos. el artículu (reproducido en el "Expediento” IP· ->19j) dc Eva Freden. . nacido del delirio d e un espíritu ° de la efervescencia dc una m ultitud.Gales en 1904-1905. incom prensible explosión de una locura de des­ trucción m uda y tenaz. La ciudad Ph. a la que precisam ente me tocó pre­ sentar com o equivalente de la francachela p ri­ mitiva. como la guerra. la au to rid ad es cosa de calm a y de ra/. Al loco ya no so le considera interprete perdido dc un dios que lo habita. ni ap a­ recer com o tiem po y signo de favor.’· Aquellos excesos. característico aunque d e me­ n o r am plitud. La posesión y la mímica ya no llevan sino a un extravío in­ com prensible y pasajero que da horror.ón. en ocasiones devastado­ res y contradictorios con las norm as fundam en­ tales de las civilizaciones que los soportan. en su obra: Foutes cn délire. 1947. pero M>rprrndcntc. . com o la explosión esperada y reverenciada. publicado en Le Monde del 5 dvT*™ ^ 1957. Paris. Fxi ase* collectives. y por tantos o tro s contagios inm ediatos. irresistibles. l>c com ún acuerdo. 213 . lo ofrecen las m anifestaciones de violencia a las que se entregaron los adolescen­ tes dc Estocolmo hacia el Año Nuevo de 1957. No se ima­ gina que profetice y tenga la facultad dc curar.™ Un ejem plo reciente. no dc frenesí.

Se sigue desconociendo la serie feliz de opcio­ nes decisivas que perm itieron a algunas raras culturas franquear la puerta m ás estrecha. a la lenta pero efectiva dom esticación técnica de las energías naturales. to tal y vano. la que in tro d u ­ ce en la historia. que no vuelve periódicam ente al m ism o um bral. para poder in ten tar la prueba. repentino. que a la vez autoriza una am bición indefinida y gracias a la cual la auto­ ridad del pasado deja de ser pura parálisis para transform arse en poder de innovación y condi­ ción indispensable de progreso: patrim onio en vez de obsesión. haya bastado alguna vez re c lw a r la influencia de la pareja mimicryiiinx.pudo naccr y crecer a ese costo. los hom bres p asar del ilusorio dominio mágico del universo. el apon y el alca. em presa lineal. Eso es p u ra especulación. ga­ n a r la apuesta más im probable. El problem a se halla lejos de e sta r resuelto. donde sólo esperaba el retorno cíclico y pasm oso de las M áscaras Creadoras. que prueba ν que explora. El grupo que puede cum plir esc reto escapa del tiem po sin m em oria ni porvenir. pora sustituirla por un universo cuyo go­ bierno habrían com partido el m érito y la suerte. que no tiene fin y que es la aventura m ism a de la civilización. Pero difícilm ente veo cómo se puede negar que tal ru p tu ra acom pañe a la revolución decisiva y 214 . Se com prom ete en una em ­ presa audaz y fecunda p o r o tro s conceptos. Cierto que seria irrazonable concluir que. que él m ism o im itaba a in­ tervalos fijos en una total y despavorida re­ nuncia de conciencia.

que deba e n tra r en su descripción correcta. aun cuando esa repulsa sólo produzca en un principio cfcctos im perceptibles que tal vez pa­ recerán dem asiado evidentes. y se considerará superfluo señalarlos. 215 .

explosivas. la m áscara y la posesión correspon den a pesar de todo a in stin to s lo b astan te am e­ nazadores para que sea necesario concederles algunas satisfacciones. sin duda lim itadas e in­ ofensivas. que so enrarezca su em pleo. p ro n tas a llegar m uy repentina­ m ente a un peligroso paroxism o. pero que son estru en d o sas y cuando menos en treab ren la p u erta a los placeres am ­ biguos del m isterio y del escalofrío. del pánico.IX. que se dom estiquen o se neutralicen sus efectos. nada m ejo r que dividir sus poderes ν p ro h ib ir su complicidadEl sim ulacro y el vértigo. En lo sucesivo ya sólo 216 . su fu er/a principal proviene de su alianza: para dom inarlas con m ayor facilidad. RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO Si l a m im icry y cl ilinx verdaderam ente son para el hom bre tentaciones perm anentes. P o r m inuciosam ente que se desacredite la virtud. no debe ser fácil elim inarlos de la vida colectiva al grado de que en ella ya no su bsistan sino en el estado d e diversiones infantiles o de com por­ tam ientos ab erran tes. la másc*ara γ el éxta­ sis se asociaban co n stantem ente en el universo visceral y alucinado que su co lusión m antuvo d u ran te tan to tiem po. Sin em bargo. De ese m odo se desencadenan energías salva­ jes. del estupor y del frenesí.

El antifaz. Aquellos a los que asu sta tam poco se dejan engañar p o r la aparición ¡rreconociblc. tam bién ha cam biado de destino. Preside los 217 . Pues. En am bos casos. la sociedad m oderna no conoce sino dos supervivencias de la m áscara de los hechiceros: el antifaz y la m áscara grotesca del carnaval. en un m undo que los rechaza y que p o r lo de­ m ás sólo prospera en la m edida en que logra contener o engañar su violencia disponible. en una sociedad libre del em brujo de la parejo mímiery-ilinx. m ucho tiem po fue atrib u to de la fiesta erótica ν de la conspiración. In strum ento de disim ulo en el caso del m alhechor que trata de esconder sus rasgos. adquiere una nueva función. ¿para q u é sirve una m áscara? B asta un pañuelo. La p ro ­ pia m áscara ha cam biado de apariencia. elegante y casi abstracta. m áscara reducida a lo esencial. en efecto. em pobrecidos y aislados. Ouien la llera ya no siente encarnar los poderes m ons­ truosos con que h a investido el ro stro inhuma· no. En gran parte. estam os lejos de la antigua función de la m áscara. La m ásca ra y el u n if o r m e Como ha señalado correctam ente Georges Buraud. M áscara es m ás bien el objeto que aísla las vías respiratorias en un m edio deletéreo o que asegura a los pulm ones el oxígeno indispensable. En efecto. no im pone una presencia: protege una identidad. Por lo dem ás. es­ trictam ente utilitaria. la m áscara necesaria­ m ente pierde su virtud d e m etam orfosis.aparecen desunidos.

exige el disfraz y se basa en la libertad que implica. am orosa o política. en una atm ósfera y d entro de lím ites de tiem po que la separan de la vida corriente y que en principio la hacen sin consecuencia p ara ella. con nom bre de anim al ra p to r e instintivo— * figure tradicionalm cnte el m edio y casi la decisión ostentosa de hacer caso omiso de ellas. cóm icas y exageradam en­ te coloreadas. Son dos seres que enarbolan el signo del m isterio y que ya están vinculados p o r una prom esa tácita de secreto. de intrigas tejidas y resueltas a lo lar» C f. las m áscaras de cartón son en el plano popular el equivalente del antifaz en el plano m undano. [T. Toda la aventura se lleva en un plano de ju e ­ go. La m áscara los libera ostensiblem ente de las presiones que la sociedad hace p esar sobre ellos. no son sólo dos desconocidos los que se abordan y bailan. abriga y li­ bera. Ahora no se tra ta de aventuras galantes. En un m undo en que las relaciones sexuales son objeto de m últiples prohibiciones. Enorm es. * l-ottp: la p a la b r a d e s ig n a a l a n ti la * v a l m is m o tie m ­ p o e l lo b o . En el baile. Al mismo tiem po. es sorpren­ dente que la m áscara —[antifaz. ' ‘E s p e d ie n te " (p . el carnaval es una explosión d e licencia que. asegurando el anonim ato.’ Inquieta y produce un liyero estrem ecim iento. lo b o ]. aún m ás que el baile de más­ caras. conform e a convenciones preesta­ blecidas. es dccir. Es sím bo­ lo de intriga.juegos equívocos de la sensualidad y el m isterio de las conjuraciones co n tra el poder.? . P or sus orígenes. 322).

del p uro gasto de energía Lo que sin duda es dem asiado aún. del desorden y de la gesticulación. a la francachela.sapiente esgrim a verbal en que las parejas sucesivam ente atacan y esquivan. Si se enoja. el transeúnte sim ula sen tir miedo o. Siguiendo el juego.. m ím icas bufo­ nas. d e m id o y de movimiento. Esa decadencia últim a de la m im icry sagrada es o tra cosa que un ju e­ go. el carnaval da una salida a la desm esura. sim ula que no tiene miedo. Por 219 . a la violencia. En un tiem po y en un espacio definidos. presenta la m ayoría de sus características. Y no se equivoca. p o r el con­ trario . en basoncursos d e disfraces. Las m áscaras tom an un breve desquite contra el decoro y la m oderación que deben observar el resto del año. Más cerca de la paidia que del lu ­ dus. actitudes descuidadas. queda descalificado: se niega a jug ar. Son brom as groseras. p ara retom ar la expresión exacta de G. go de una . al cinism o y a la avidez del instinto. atropcllam ientos. al exceso d e palabras. sim plem ente perm anece p o r en tero del lado de la im provisación anárquica. incitación perm anente a la algarabía. quien sin em bargo no piensa en el juego. los invita a un juego de bufón. B uraud. vacía y alegre. Se acercan fin ­ giendo infundir miedo. P or lo dem ás. Pero al mis­ m o tiem po los aguijonea hacia la agitación des­ interesada. El orden y la m esura p ro n to se im ponen a la efervescen­ cia m ism a v todo term in a en cortejos. risas provo­ cadoras. no com ­ prende que las convenciones sociales han sido sustituidas de m om ento p o r otras« destinadas precisam ente a b u rlarse de las prim eras.

deja el ro stro al descubierto. La m áscara estaba destinada a disim ular y a aterro rizar. Detrás dc la m áscara. m ientras que el funcionario debe cuidarse de que en su ro stro descubierto no se pueda leer que es o tra cosa que un ser dc ra­ zón y sangre fría. to m ar d u ran te diez días consecutivos proporcio­ nes incom patibles con el simple funcionam ien­ to dc los servicios públicos. encargado únicam ente dc apli­ c a r la ley. perm anente y reglam entario que. En todo caso. Hace del individuo el representante y el servidor de una regla im parcial c inm utable. El uniform e tam bién es un disfraz. com o en Río de Janeiro. que surge para in sp irar un piadoso espanto a la m ultitud pro­ fana y para castigar sus im prudencias y sus faltas. el uniform e sustituye a la m áscara dc las sociedades de vértigo. interm itente y excesiva. no la presa deli­ ran te de una vehemencia contagiosa. es indicio d c una au to rid ad basada en princi­ pios rigurosam ente opuestos. Tal vez nada indique m ejor o. Signi­ fica la irrupción dc una potencia tem ible y ca­ prichosa. Es casi exactam ente lo contrario. E n la sociedad policiaca. sobre todo. allí donde el frenesí general solía. no indique dc m anera m ás sorpren­ dente la oposición dc los dos tipos de socieda­ des que esc contraste elocuente entre ambas 220 . las autoridades distinguen tan bien en la m áscara la viva fuente de! desenfreno que se contentan con p ro h ib ir su uso.o tra parte. en todo caso. pero oficial. el rostro descom puesto del poseído tom a im punem ente toda expresión despavorida y to rtu rad a.

una 221 . Las ferias y los parques de atracciones. un desbor­ dam iento de colores y de ilum inaciones. estandartes. fuera de las rondas y de las farándulas. guirnaldas. franquea­ dos los lím ites. El terreno p ro ­ pio del vértigo está en o tra p arte. Están se­ parados del resto del esp a d o m ediante pórticos. constituyen en cam bio los lugares d e elección en que se en ­ cuentran reunidas las sem illas. Esos recintos presentan las características esenciales de los terrenos de juegos. el carnaval está extrañam ente desprovisto de instrum entos y de ocasiones de vértigo. ciertam ente considerables. com o si una cordura interesada hubiera disociado prudente­ m ente los poderes del itinx y de la m im icry. ram pas y anuncios lum inosos. A decir verdad. las tram pas y los atractivos del vértigo. que nacen del uso de la m áscara. se está en un m undo singularm ente m ás denso que el de la vida corriente: una fluencia excitada y bulliciosa. en que in­ versam ente no se usa la m áscara. que m arcan los lím ites de tin universo consagrado. más­ tiles . de la m atraca y del tam boril. S La fdu a a m b u la n te L Fuera del uso. E stá como desarm ado y reducido tan sólo a los recursos. decoraciones de todo tipo visibles de lejos. por lo dem ás m odesto.I apariencias distintivas —la una que disfraza y la otra que proclam a— que asum en aquellos a uienes está asignado el m antenim iento de ó r­ enos tan antagónicos.

de suspensión. de caída. Loterías p o r dondequiera: ruedas que giran y se detienen para indicar la decisión de la suerte. un trajín que incita al abandono. de los artefactos de rotación. el aficionado lanza por una pendiente arteram ente elevada en un extrem o una carre­ tilla cargada de lastres cad a vez m ás num erosos y pesados. Todo lo cual confiere a la anim ación general un clim a sin­ gular. en el caso de Jas ferias. Las b arracas de luchadores invitan a todos a m edir su vigor con el de cam ­ peones consagrados. a la fam iliaridad.agitación continua y agotadora que em briaga. Más allá. de oscilación. El tiro al blanco con fusil o con arco representan los juegos de com petencia y de destreza en su form a m ás clásica. su ca­ rácter cíclico agrega a la ru p tu ra en el espacio cierto come en el tiem po. que opone un m om en­ to de paroxism o al desarrollo m onótono de la existencia cotidiana. Fakires. astrólogos. a la jac­ tancia. en que cada quien interpela a alguien o tra ta de llam ar la atención hacia sí. construidos para provocar un pánico visceral. Ya hem os visto que la feria y el parque de atracciones aparecen com o el terreno propio de los aparatos de vértigo. Em plean los m étodos inéditos 222 . Además. m uestran sin em bargo el ascendiente de las estrellas y el ro s­ tro del porvenir. Aunque allí todas las categorías del juego entran en com petencia y acum ulan sus seducciones. Hacen a lte rn a r con la tensión del agón la espe­ ra ansiosa de un veredicto favorable d e la for­ tuna. ventrudos y jactanciosos. a la desfachatez bonachona. videntes.

la im portancia y la com plejidad dc ios artefactos que dispensan la em briaguez. Sin em bargo. la m ultitud no tiene licencia para disfra­ zarse. unos vagones se deslizan sobre rieles con perfil de arcos casi perfectos. la liberación súbita de resor­ tes gigantes lanza como catapulta a los extrem os de una pista navecillas que regresan lentam en­ te a tom ar su lugar en el m ecanism o que las proyectará de nuevo. antes de enderezarse. Un últim o invento utiliza la 223 . En un tercer tipo dc artefactos. el "psicoanálisis existencia!". el veliícuio parece caer al vacío y los pasajeros sujetos a los asientos tienen la im presión de caer con él. He aquí satisfecho el gusto por el oleo y por su alm a condenada: la superstición. en dosis regulares de tres a seis m inutos. M uestran el atractivo del sim ulacro. sacudim ien­ tos. caída.que garantiza la ciencia m ás rccicntc: la "radiestesia nuclear". la fuerza del disfraz. bailarinas y bufones desfilan y recorren el estrado p ara pescar al publico. La m im icry no falta a la tif a : cóm icos y pa­ yasos. Todo está calculado para provocar sensaciones viscerales. cuando se considera el volumen. En o tra parte. Antes que nada. el vértigo m arca la tónica. cuyo m onopolio por cierto ellos tienen: esta vez. giro acelerado com binado con subidas y ba­ jadas alternativas. Allá. los aficionados son encerrados en especies d e jaulas que los colum ­ pian y los m antienen cabeza abajo a cierta al­ tu ra p o r encim a dc la m ultitud. dc suerte que. un susto y un pánico fisiológicos: rapidez.

según lo expresa la publi­ cidad del establecim iento. las apariciones. sirenas. las corrientes de aire. H orror suplem entario: se invita a tocar. al sa lir del artefacto infernal. igualm ente estupefactos. las tram ­ pas. Esos asaltos orgánicos so n sustituidos p o r di­ versos sortilegios anexos. se proponen las seducciones no menos am biguas de los trenes fantasm as y de los castillos em bru­ jados. Allí perm anecen. Enfrente. arsenal ingenuo de sustos de pacotilla. propios p ara despistar. para extraviar. con alas de m urciélago. fenóm enos y espectros con­ curren ni m isino resultado: la presencia de un m undo ficticio en co n traste buscado con la vida 224 .fuerza centrifuga. a la m anera en que poco antes. el desasosiego físico se transform aba de pronto en inefable alivio. la angustia. donde abundan los corredores oscuros. niñosmonos. para su scitar la confusión. la náusea. M ientras que el piso se hunde y baja algunos m etros. de las exhibiciones de m onstruos y de seres híbridos: gigantes y enanos. m ujeres-pulpos. Es el papel de los laberintos de espejos. "p e­ gados com o m oscas”. apenas buenos para exacerbar una nerviosidad com pla­ ciente. los alaridos inhum a­ nos y tantos otros recursos no menos pueriles. hom bres con m anchas oscuras en la piel com o los leopardos. los esqueletos. dicha fuerza aplica a la pared de un gigantesco cilindro unos cuerpos sin apoyo. inm ovilizados en cualquier postura. los roces con telas de araña. Juegos de espejos. para d a r lugar a una horripilación bas­ tante pasajera. cierto te rro r m om entáneo que pronto term ina en risa.

la fauna com puesta. Antes que nada el vértigo. el m undo de las larvas y de los vam piros. los injertos de una cirugía m aldita y el h o rro r blando de toques em brionarios. Los reflejos desconcertantes que m ulti­ plican y dispersan la imagen del cuerpo. y tam bién la em briaguez. azúcar de manzana o pastelillos de especias en estuche de papel glaseado con m edallones ilus­ trad o s y larcas franjas brillantes. los seres m ixtos de la fábula y las contrahechuras de pesadilla. Tncluso las golosinas que proponen los tende­ rete«. cerdos de pan 225 . com pletan m e­ diante una perturbación de o tra especie el sa­ cudim iento enteram ente físico con que las m á­ quinas de vértigo destruyen por un instante la estabilidad de la percepción.corriente. nadie ignora que la fantasm agoría fingida está destinada a diver­ tir m ás que a engañar verdaderam ente. Por lo dem ás. lim itado y convenido. pero tan to la duración como la intensidad del atu rdim iento se han m edido de antem ano. de los confiteros tienen algo de inm utable en su naturaleza y en su presentación: turrón. el te rro r y el m isterio. Todo está arreglado hasta en el m ás pequeño detalle y conform e a una tradición de las m ás conser­ vadoras. sepa­ rado. en la que reina la fijación de las es­ pecies y de la que están suprim idos los dem o­ nios. A vcccs. las sensaciones son terri­ blem ente brutales. es decir perm anece libre. el de los autóm atas y el de los m ar­ cianos (pues no hay nada extraño o inquietante que aquí no encuentre em pleo). ¿H abrá necesidad de recordarlo? Todo sigue siendo juego.

Sin em bargo. La imagen perfecta de la diversión en la feria la dan así los autos que chocan. El placer es dc excitación y de ilusión. Además. de cho­ ques am ortiguados. dc taparles el paso. en todo artefacto de pánico. esta vez. dc pegar­ les dc lado. que se deriva de la paidia. o tra delicia que. aunque h arto significativa: el vértigo en ella sustituye a la máscara. dc la pelotera. para aquellos que están en edad. dc caídas evitadas. la feria se acercó al baile dc disfraces y al carnaval. de colisiones inofensivas. proviene dc la búsqueda del com ­ pañero sexual. se cierne de m anera difusa c insidiosa o tra angustia. en toda barraca dc espanto. una sola diferencia.dc especias adornados allí m ism o con cl nom ­ bre del com prador. del pla­ cer de perseguir a los o tro s vehículos. de desasosiego aceptado. tan ­ to en el irriso rio autódrom o com o en todo el recinto de la feria. dc provocar interm inablem ente seudoaccidentcs sin daños ni víctimas. Aquí salim os del juego propia­ mente dicho. Cuando menos. donde el efecto de la rotación y el estrem ecim iento del miedo ha­ cen a los cuerpos acercarse. de h acer exactam ente y h asta el can­ sancio lo que en la realidad está totalm ente prohibido p o r los reglamentos. 226 . presentando la m ism a atm ósfera para la aventura deseada. en los cuales. al sim ulacro dc sostener un volante (hay que ver las cara s serias y casi solemnes dc algunos conductores) se agrega un placer elem ental.

CIRCO El circo se asocia n atu ralm en te a la feria am ­ bulante. Domadores. Esc m undo cerrad o y riguroso constituye el lado austero de la feria. sino un m odo de vida. es preciso que los poderes públicos les im pongan la solución que protege su vida. el juga227 . payasos y acróbatas se som eten desde la infancia a una disciplina rigurosa. g arantizar su seguridad.E l. La sanción decisiva. Se tra ta de una sociedad ap arte que posee sus costum bres. Cada cual sueña con perfec­ cionar los núm eros cuya exacta m inucia debe asegurar su éxito y. la de la m uerte. E n tra en las reglas de un juego que prevé un riesgo total.os secretos de cada profe­ sión so transm iten de padres a hijos. La unanim idad de la gente de circo a desechar la red o el cable que la protegería de una caída trágica es bastante elocuente. am azonas. a decir verdad sin proporción com ún con el deporte. el casino o el escenario p ara el cam peón. Form a parte de la convención tácita que vincula a los actores y a los espectadores. En ella la gente se casa en tre sí. I-a carpa representa p ara la gente de circo no un oficio. Contra su voluntad tenaz. m alabaristas. tan to p ara el dom ador com o para el acró­ bata. En lo posi­ ble. está obligatoriam ente presente en él. su orgullo y sus leyes. Reúne a un pueblo celoso de su singularidad y orgulloso de su aislam iento. pero que falsea la integridad del reto. dado el caso. l. las diferencias se arreglan sin acudir a la justicia del m undo exterior.

una dificultad o un peligro. el vértigo no aparece en el tan sólo com o un obstáculo. El. A tal grado que m e cui­ daría de hab lar del asu n to si dos de sus acti­ vidades tradicionales no estuvieran estrecha y significativam ente vinculadas al ilinx y a la m i­ micry: m e refiero al trapecio y al program a per inanentc de ciertas payasadas. o m ejo r dicho la negativa de oficio. p o r lo cual el juego de los trapecios se a p arta del alpinism o.d o r o cl a c to r profesionales. Una existencia ascética perm ite a sp ira r a esa destreza soberana: un régim en de severas priva­ ciones y de estricta continencia. P or eso. A él s e agrega una cspccie de fatalidad h ereditaria y una ru p tu ra m ucho m ás acentuada con el universo profano. Un juego consiste expresam ente en moverse en el espa­ cio. que corresponde al atea. T R A P E C IO El deporte ofrece el oficio que corresponde al agón. una gimnasia . En efecto. el teatro contribuye con el oficio. El vértigo cons­ tituye en el trapecio el propio resorte de proezas que no tienen m ás fin que dom inarlo. El trapecio representa el oficio que corresponde al ilinx. que corresponde a la m im icry. del recurso obligado al paracaídas o de las profesiones que obligan al obrero a tra b a ja r en las alturas. la vida de circo no se puede considerar en absoluto un juego. com o si el vacío no fascinara y como si no representara ningún peligro. cierta m anera de ser taim ado con el azar da el oficio.

F. Paraliza. no dejan de m erecer que se reconozca en ellas un adm irable testim onio de la perseverancia. op. la adquisición de reflejos im­ pecables y de un autom atism o infalible. l o s saltos se efectúan en un estado próxim o a la hipnosis. en Vez de ayudar.ininterrum pida. En todo caso. el acró b ata si está lo bastante seguro de sí p a ra atreverse a confiarse al vértigo en vez d e tra ta r de resis­ tirlo. La conciencia es m ortífe­ ra. la repetición regular de los mis­ m os movimientos. el acróbata debe calcular el Impulso. esos juegos que coinci­ den con las h a/añ as de los voladores mexicanos afirm an y ejem plifican la fecundidad natu ral del ilinx dom inado. La atención casi siem pre tiene consecuencias fatales.I funám bulo sólo triu n ­ fa si está hipnotizado p o r la cuerda. Como disciplinas aberrantes. *Y. Jeux du Cirque ci la vie foraine. 213-216. Hugues le Roux. Paris.5 El vértigo es p arte integrante de la n atu ­ raleza: tam bién a él se le domino sólo si se le obedece. m ortales c inútiles. pp. el tiem po y la distancia. desinteresadas. Him. cit. 1890.. M úsculos flexibles y fuertes y un im ­ perturbable dom inio de sí ofrecen la condición necesaria. Cierto. proezas realizadas g ratu itam en te y sin provecho alguno. Pero vive con el te rro r de pensar en ello en el m om ento decisivo. 171)·173. 229 . de la am bición y de la osadía hum anas. en un m om ento en que la m enor vacilación es funesta. pp. P ertu rb a la infalibilidad sonam búlica y com ­ prom ete el funcionam iento de un mecanismo cuva precisión extrem a no soporta ni sus dudas ni sus arrepentim ientos. la trayectoria del trapecio.

En el circo.LOS DIOSES QUB PARODIAN Los chistes dc los payasos son innum erables. com o encuentro o ascendencia lejana. El desdichado es incorregible: a la vez presuntuoso y lurpc. estropea su obra y a veces introduce en ella un germen de m uerte. una dc sus variedades. parece ser testim onio dc una antiquísim a y muy saludable preocupación del ser hum ano: la dc acom pañar toda mímica solem ne p o r una co n tra p arte grotesca ejecutada p o r un personaje ridículo. particularm ente tenaz. Sin em bargo. dem asiado grande o dem asiado chica. Dependen del capricho y de la inspiración de cada cual. Los indios navajos de Nuevo México cele­ b ran una fiesta designada con el nom bre del dios Yebichai. ese bufón pertenece corrientem ente a la mitología. A trae las burlas. quien. m edíante sus im itaciones fallidas dc los adem anes de los dem iurgos. Ahora bien. m al aju stad a. Infaliblom ente actúa a contrasentido. se em peña en im itar a sus com pañeros y lo único que logra es provocar catástro fes de las que él es víctim a. su peluca h irsu ta y pelirroja co n trasta con las brillantes lentejuelas dc los otros payasos y el cucurucho blanco que es su tocado. En ella figura com o el héroe que mete la pata. Los principales acto res son dan230 . con el fin dc lograr la curación de los enferm os y la bendición de los espíritus par. es el papel del payaso llam ado “Augusto". Su ropa parchada. los golpes y los cubetazos dc agua. d u ra n te la creación del m undo.i la tribu . travieso o estú p id o según los casos.

PiISschiwanni es el cobarde. el Dios-que-habla yr finalm ente. que cometió incesto con su herm ana en los prim eros tiem pos del mundo. siem pre el mismo: así. p ero está vestido de andra­ jos y a rra stra .seis genios m asculinos. el propio Yebichai. Es uno de los dioses principales de los navajos. E ste es el "Augusto" del grupo. Se supone que K alutsi siem pre tie23! . retardados. son "com o ni­ ños": balbuceantes. Se tra ta del h ijo de un sacerdote. a quien ridiculiza. una vieja piel de zorro. Finge creer que su piel de zorro está viva y simula d isp arar flechas en su dirección." Cada uno de ellos tiene una personali­ dad d istinta de la cual deriva un com portam ien­ to cómico particu lar.zantes enm ascarados que personifican a las di· vinidades. Pues bien. E n tre los zuñís. Pueden entregarse a exhibiciones obscenas: ' ‘No tiene im portancia". Son los Koyemshis. Pero es el dios que parodia. Son espantosam ente feos. hay catorce de ellos: . Saca el pecho y se hace el im­ portante. im ita los nobles adem anes de Yebicbai. Sobre todo. dice la gente. sujeta al cinturón. sin vigor sexual. Incluso lleva la m ism a m áscara que los genios masculinos. A propósito baila a destiem po para enredar a los dem ás y acum ula las tonterías. Además. el Dios del Agua. y de nueve dé los hijos nacidos de la unión prohibida. es im portante. que viven en la mism a región. de una fealdad no menos cómica que repulsiva. no cesa de fingir que tiene miedo. seis genios femeninos. Tonenili. diez de los seres sobrenaturales a los que Ha* man K atchinas figuran aparte de los dem ás. ‘'son como niños.

Posuki ríe continuam ente: tiene una boca vertical y varios chichones en la cara. Naba*hi es triste. Al té r­ m ino de la fiesta Shalako. reprochando a uno su avaricia. trá te ­ se dc los Dioscs-quc-parodian o de los dem ás dioses. ropa y billetes d e banco que luego ellos exponen con toda solem nidad. quienes los encar­ nan. su boca y sus ojos form an un balcón.nc . M uyapona se esconde d etrás de todo obje­ to minúsculo. la aldea en tera les hace num erosos regalos. y a los que disim ulan m áscaras horribles y deform es. Son tem idos d urante el tiem po que llevan m áscara. Tiene una boca oval. Esc com portam iento es estrictam ente litúrgico. Ilccho sorprendente. juegan brom as groseras. La pandilla so presen ta asi com o un grupo de payasos ident if ¡cables. En cam bio. se considera que quienes aceptan ser Koyemshis se consagran al bien común. hacen mil bufonadas y lanzan pullas a los asistentes. son som etidos a rigurosos ayunas y a num erosas penitencias.sed. com entando los infortunios conyugales de un segundo. Así. o tro chichón en la frente y dos cuernos. se b urlan de los dem ás dioses. Du­ rante las cerem onias. la m ás im portante d e todas. tiene una enorm e verruga en el cráneo. organizan juegos dc adivinanzas. Fingiendo e s ta r convencido dc ser invi­ sible. hecho significativo. entre los zu Ais y los navajos los perso­ . Como magos y profetas. Quien les niega un don o un servicio se expone a grandes desgracias. víveres. dos chichones en vez de orejas. ridiculizando a un tercero que se precia dc vivir a la m anera de los blancos.

la m im icry se im pone al ilm x en vez de tener com o misión subalterna la de introdu­ cirse en él. la con­ juración del secreto. del entorpecim iento y de la angustia. del m isterio y del terro r. aquí se encuentra disociada. sin o hacerse pre­ sentes en tre éstos sólo en espíritu. pero siem pre se llevaban consigo a algunos de ellos —m ara­ villados u obligados-— al País de la M uelle. los Dioses Enm ascarados prefirieron no venir más en persona entre los vivos. H ay m asca­ rada sin posesión y el ritual mágico evoluciona hacia la cerem onia y el espectáculo. En uno u o tro m om ento 233 . Se sabe que se tra ta de parientes y am igos disfrazados. Cuenta que antiguam ente los Katchinas venían en persona entre los hom bres con el fin de asegurarles prosperidad. del éxtusis y de la mímica. Un detalle preciso se agrega aún a la sem ejanza entre el "Augusto" o los payasos de circo y los Dioses-que-parodian. p o r los propios dioses. pidieron a los zuñis fabricar m áscaras sem ejantes a las suyas y prom etieron ir a hab itar los sim ulacros que se hicieran de ellos. La teología lo confirm a. ni ellos se tom an a sí mism os. Viendo las consecuencias funestas de visitas que sin em bargo hubieran deseado benéficas.najes enm ascarados no están sujetos a crisis de posesión y su identidad no se oculta en ab­ soluto. Si bien se respeta y se teme en ellos el espíritu que representan. en ningún m om ento se Ies tom a. De esc modo. Así. p o r poderosa según se ha vis­ to y por difundida que esté en o tras socieda­ des. Decidida­ mente.

Sin duda es conveniente ver en ese conjunto de instituciones tan diver­ sas y tan difundidas. En el solsticio de verano. Pues la reveren­ cia o la piedad populares. la mitología y el circo coinciden p ara a rro ja r luz sobre un aspecto par­ ticular de la m im icry. con los bufones que acom pañaban lanzando pullas a los vence­ dores y a los monarcas. la expresión de una mism a necesidad de equilibrio. En ese 9 Para la descripción de los ritos navajos y zuñís me ajusté a la descripción de Jean Cnzcnavc. 234 . los hom enajes a los grandes.alguien los em papa y el público ríe a carcaja­ d as al verlos asi escurriendo de agua y asus­ tados ante el diluvio im previsto. cuya función social se halla fuera de discusión: la sátira. am enazan peligrosam ente con m arear a quien asum e el cargo o reviste la m áscara de un Dios. las m ujeres zuñís a rro ja n agua a los Koyernshis.* Con filiación o sin ella. ni consideran exento de pe­ ligro el frenesí que puede apoderarse del ídolo deslum brado con su p ropia grandeza. la sátira com parte ese aspecto con la caricatura. los honores rendidos al poder suprem o. y los navajos explican los andrajos de Tonenili diciendo que son m ás que suficientes para vestir a alguien que se hará bañar. 119. que sin em bargo inspira idéntico propósito. pp. 16S-173. Uri exceso de m ajestad exige una co n trap arte grotesca. con el epigram a y la canción. 73-75. Los fieles no consienten ni en e sta r entera­ m ente fascinados. Cierto. luego de h ab er visitado éstos todos las casas de la aldea. Les Dieux Í£ ? £ ? r ù 1957.

la m im icry no es ningún tram p o ­ lín del vértigo. al frenesí convertirse en institución. con la sustitución de los prestigios dc la m im icry y del Uinx p o r las norm as del alea y del agon. sino una precaución en contra suya. si la angosta puerta que da entrad a a la civilización y a la historia (a un progreso. AI tér­ m ino dc la evolución. pero no hacia la búsqueda dc un dom inio im­ placable y. m ás de un cam ino pone a los hom bres al abrigo de la tem ible fascina­ ción. quizás vertiginoso. Aquí. a su vez. a un porvenir) coinci­ de. Si el salto decisivo es difícil. Ya hem os visto. como fundam entos de la vida colectiva. m ás propicia al desarrollo d e la gracia. al hechi­ cero constituirse en legislador y en pedagogo. dc la libertad y de la invención. orientada en todo caso hacia el equilibrio. a la banda enm ascarada dc los hombres-lobos evolucionar a policía política y. Con toda seguridad. lo que se ve despuntar es o tra posibilidad. m ás fecun­ da. desde luego es conveniente investigar con el fa­ vor de qué fortuna m isteriosa y sum am ente im­ probable algunas sociedades lograron rom per el círculo infernal que cerraba a su alrededor la alianza del sim ulacro y del vértigo. en Laccdemonia. absurda en apa­ riencia y sin duda sacrilega: la introducción en 235 ■ K .» nuevo papel. casi im perceptible. no es im posible que nos dem os cuenta de que en ciertos casos. que ve­ rosím ilm ente fueron casos privilegiados. la p ri­ m era fisura destinada luego dc mil vicisitudes a d estru ir la alianza todopoderosa del sim ula­ cro y del vértigo no fue o tra que esa extraña innovación. el desapego y la ironía. un buen día.

. sin ese antídoto.la banda de m áscaras divinas de personajes de igual je ra rq u ía y de la m ism a au toridad. encar­ gados de paro d iar sus m ím icas em brujadoras. desem bocaba fatalm ente en el trance y la hipnosis. de atem p erar m ediante la risa lo que.

COMPLEMENTOS .

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El juego se burla del trab ajo y representa o tra so­ licitación que. ía oportunidad del prem io m ayor aparece como la tínica m anera de salir alguna Vez' de una condición hum illada o m iserable. basada en el valor del trabajo. LA IMPORTANCIA DE LOS JUEGOS DE AZAR I ncluso en una civilización d e tipo industrial. "la fascinación de ad q u irir de golpe. de los casinos. a ta n d o m enos en ciertos casos. pues éstos proponen el medio exactam ente inverso de gan ar dinero o. cobra suficiente im portancia para d eterm in ar en Parte el estilo de vida de toda una sociedad. la posibilidad repentina del ocio. según la Fórmula de T. de la riqueza y del lujo. por el milagro de una fortuna instantánea. Esa seducción sustituye la paciencia y el esfuerzo que red itú a poco. Son sospechosas de 239 . De allí la seduc­ ción perm anente de las loterías. sin dificultad y en un instante". de las quinielas en las carreras de caballos o en los partidos de fútbol.I. el gusto p o r los juegos de azar sigue siendo en extrem o m arca­ do. R ibot. esas consideraciones no dem uestran sin em bar80 Su fecundidad cultural. Si bien conducen a veces a a trib u ir a los jucfcos d e azar una función económ ica o social. Para la m ultitud que trab a ja penosa­ mente sin m ejo rar m ucho un bienestar de lo más relativo.

1 Además. en la m edida en que niegan el libre a rb itrio y la responsabi­ lidad. es frecuente que los juegos de azar adquieran una im portancia cultural ines­ perada. en que cada prem io —inevitable— no aporta sino la posibilidad.1. a la topología. quiero decir la necesidad.desarrollar la pereza. de la pantom im a y del éxtasis. Se adm ite que el estudio de sus leyes ha contribuido al desarrollo del cálculo de p roba­ bilidades. Me pregunto incluso si ese fenómeno no es característico de las sociedades interm edias que ya no están gobernadas p o r Jas fuerzas com bi­ nadas de la m áscara y de la posesión o. y que M is J orge en lo te r ía to re s . 2 S Ja parábola Fictions. si se prefiere. obligatoria e incesan­ te. Picxxoncs <1944). “ L a en n n b ilo n ia ". cl fatalism o y la supers­ tición. Poro no p o r ello se crcc que sean capaces de ofrecer el modelo de una repre­ sentación del m undo o de ordenar. 82-9. así sea a to n tas y a locas. fr a n c e s a . de p articip ar én el sorteo siguiente y así sucesiva­ mente. pp. en poblaciones rela­ tivam ente ociosas. en la econom ía e incluso en el saber. en que el trab ajo se halla lejos en cualquier caso de ubsorber la energía disponible y donde no rige a la totalidad de la existencia cotidiana. a la teoría de los Jue­ gos estratégicos. 7-292. Sin em bargo. 1975. C ír c u lo d e L e e B a r r e lo n a . en la ética. tr a d . 1951. u n a especie de sab er enciclo­ pédico em brionario. el fatalism o y el determ inism o estricto se representan el universo entero com o una gigan­ tesca lotería generalizada. l o q u e r e s a lt o c o n e v i d e n c i a d e de L u is B u r g e s U l u l a d a “ L a L o t e r i e d e B a b y t o n c " . P a r ís . que tam bién influye en el arte. pp. al infinito. .

Som eterse a la decisión de la suerte atra e la indolencia y la impaciencia dc esos seres. por medio de la superstición. En ese caso. esa norm a indiscutible y sim ple los vincula a sus tradiciones y los restituye a su m undo o ri­ ginal. se han li­ brado dc la hipoteca infernal. El sal­ to es brusco. Aún más. Las poblaciones que éstos someten a sus leyes inéditas no están preparadas en absoluto para ad o p tarlas. Se halla bajo la Hítela dc una adm inistración en la que no par2 1 4 . no el aRon sino el alea es el que im pone su estilo a la sociedad que se transform a. En particu lar. d c vestirse y de abrigarse no obligue corno en o tras p artes al **¡4$ desposeído a una actividad regular.aún no han alcanzado una vida colectiva basada en instituciones en que la com petencia regla­ m entada y la com petición organizada desempe­ ñen un papel fundam ental. y de las m agias que aseguran la suerte y el favor de las potencias. m ucho tiem po antes y gra­ cias a una evolución lenta y difícil. suele suceder que algunas poblaciones se vean a rra n ­ cadas d c pronto del im perio del sim ulacro o del trance m ediante el co n tacto o m ediante el dom i­ nio dc pueblos que. M uestran una tendencia a su stitu ir el trabajo. Vive al día. con sólo que el clim a se preste a ello y que la Preocupación de alim entarse. los juegos dc azar adquie­ ren con frecuencia una im portancia inesperada. cuyos valores fundam entales ya no tienen derecho d c ciudadanía. En esas condiciones. Una jnuuitud flotante no tiene necesidades dem asia­ do aprem iantes.

R ápidam ente daré algunos ejem plos de esa sin­ gular prosperidad de los juegos de azar. los hábitos y las am biciones de esos seres perezosos pero apasionados. M im usops D jawe). Los dados sólo tienen dos caras.ticipa. Unos representan personajes. En vez de plegarse a la disciplina de una labor m onótona y engorrosa. sin. de un árbol que da cierto aceite m ás apreciado que el aceite de palma {BaiüoneUa Toxisperm a Pierre. pues nadie parece resistir el contagio. ya en pleno dram a o entregados a las m últiples ocupaciones de la 242 . cuando éstos se co n stituyen así en costum bre. Se juega con unos dados tallados a navaja en el grano exccpcionalm cntc duro. É ste acaba p o r o rd en ar las creencias y el saber. Cons­ tituyen una especie de enciclopedia en imágenes. En una de ellas se talla un sím bolo cuya fuerza debe vencer a la de los em blem as contrarios. Hay cierto juego de dados su­ m am ente difundido al su r de Cam erún y al nor­ te de Gabón. de consistencia ósea. Em pezaré p o r un caso en que no hay mezcla de poblaciones y en que la cultura considerada perm anece im buida de los antiguos valores. se entrega al jue­ go. que ya no tienen la obligación d e gobernarse y a los que sin em ­ bargo les es sum am ente difícil integrarse a esa sociedad de o tro tipo. Conform an el estilo de vida de toda una población. Esos blasones son num erosos y variados. en regla y en segunda naturaleza. al margen de la cual se les deja vegetar como a eternos niños. ya sea captados en una actitud hierática.

un hom bre es atacado p o r un pitó n . rifles. peces e insectos— se reproducen abun­ dantem ente. rep­ tiles. (o al con­ trario ). colgados dc un árbol en una bolsa. Una últim a serie dc relieves hace alusión a objetos codiciados p o r el jugador: hachas. relojes o m ás­ caras para la danza. los 24.vida cotidiana: un niño enseña a hab lar a un loro. algunos ideogram as figuran diversas plantas. espejos. sino que los deposita en el m onte. Dado el caso. tam bores. En cuanto al juc^o en si. Cada jugador arriesga una apuesta igual: la suerte decide por medio de siete pedazos de calabaza que se arro jan con los dados.1 . Es­ culpidos en o tro s dados. éste no los guarda en su casa. tres m ujeres trab ajan la tierra. Si los fragm entos de calabaza menos num erosos cayeron del lado cru?. ganan la apuesta los jugadores cuyos da­ dos tam bién cayeron del lado cru/. son m aterial de m ensaje y bases de un lenguaje convenido. aves. En general. los órganos genitales de la m ujer. etc. Los anim ales — m am íferos. H abía sido causa de los m ás graves desórdenes: los m aridos daban a sus m ujeres en prenda. Esos dados blasonados tam bién son am uletos con poder dc ayudar a su p ropietario a rea­ lizar sus pequeños deseos. Ese juego ha despertado tal entusiasm o que las autoridades han tenido que prohibirlo. Su principio es análogo al dc cara" o c a í z. el cielo nocturno con la luna y las estrellas. es de lo m ás sencillo. una m ujer a tra p a a un ave p ara la cena. o tro carga su fusil.

C f . p. Tam ­ poco carece de im portancia el que se asocie a los dados una virtud mágica. Toda proporción guardada. se les encuentra en el caso de juegos * S í r n o n c Delnroztère y G ertru d e Luc.-dic. las tierras y las esposas. Em pero. Sobre todo. pp. Además. de I95S. las riñ as eran frecuentes e incluso estallaban g u erras de cla­ nes luego de p artid as disputadas con dem asiado ardor. c n n c h illa v sirve n a la vez de: d a d o s y de m oneda. c il ¿a regió n x'o nra i de S u d á n . Ë ittdcs cam eroioiaiies. Prost.* Se tra ta de un juego rudim entario. a rte del relieve éste que se puede conside­ ra r com o principal expresión d e las tribus de la com arca en el terreno de la plástica. 3-52. la riqueza sim bólica y enciclopédica de los em ble­ m as es com parable con la de los capiteles ro ­ manos. que en ocasiones parecen ha­ b e r cobrado proporciones de desastre. sin com­ binación ni saldo. 245. "J e u x cl Jouets”. núm. fácilm ente se aprecia hasta que grado sus repercusiones son im por­ tantes en ja cu ltu ra y la vida colectiva don­ de está en boga. es conve­ niente insistir en los daños provocados p o r la pasión del juego. η ιία ιν S ·9 d e Présence africaine.jefes se jugaban sus encom iendas. Cuando menos. Esas características no son episódicas en ab ­ soluto. A sim ism o . cada juga d or lira rú a tío de ellas y si caen d rl m ism o lado ga n a 2 S M . 49-50. Le M onde noir. sep. MU n c fo rm e peu con nue de l'E x p re ssio n a rtistiq u e alrica lnc: l’A h b ia ". que los vincula estrecham ente a las creencias y a Jas preocupa­ ciones de su s poseedores. cum ple con una función análoga. nació de la necesidad de es­ culpir de m anera d istin ta una cara d e cada dado. A. donde la s ca u n s.s. 244 . S e juegan la rnrtuna.

de a za r considerablem ente m ás com plejos que. el barco de vapor. Acto seguido. E n tretan to . el mono. se descubre el em blem a envuelto y se entre­ ga a los ganadores trein ta veces su apuesta. el cam arón (que es tam bién el sexo m ascu­ lino).s La banca dispone de una serie correspondiente de viñetas de cartón o de m adera. la araña. la cabra (que tam bién es algo sucio. algunos com parsas van por las calles tom ando las apuestas. según la expresión de Lydia Cabrera. en sociedades mixtos. el caracol. la m onja. cuyo principio es sem ejan te al del loto.OS m ism os sím bolos se en cuentran e n un juc^o de cartas utilizado en México p ara los juegos de dinero. 1. "cáncer incurable de la econom ía popu­ lar". Saca o hace sacar uiia al azar.a operación se llam a "colgar al anim al”. que envuelve en un pedazo de tela y expone a las m iradas de los jugadores. la m ari­ posa. A la hora seña­ lada. el m uerto. la pipa. Esa lo­ tería." 245 . seres hum anos. procede a la venta de los billetes. la tortuga. Un asom broso ejem plo lo ofrece el éxito de la "C harada china" (Rifa Chiffá) en Cuba. cada uno de los cuales lleva el carácter chino que designa tal o cual figurilla. la p ied ra preciosa (que se puede in terp reta r como una m u jer bo­ n ita). ani­ m ales o alegorías diversas: el caballo. ejercen un atractivo an á­ logo y traen consigo consecuencias igualm ente temibles. se juega p o r medio de una figura de chino dividida en treinta y seis partes. La 11. a las cuales se asigna igual núm ero de sím bolos. ade­ m ás del órgano sexual fem enino). etc. el m arino.

El venado tiene tres com pañeros. pero carece dc ayudante. Además. Al principio d e cada p artida. los símbolos dc ia Rifa Chifíá se reúnen según afinidades m isteriosas. el pez grande como com pañero al elefante y como ayudante a la araña. los principios que determ i­ naron la distribución se an to jan dc lo más os­ curos: p o r ejem plo.banca conccdc cl diez por ciento dc sus ganan­ cias o sus agentes. del gallo. de la m onja y del gato: la de los borrachos. Pero si en la ruleta son posibles todas las com binaciones entre los diferentes núm eros. cada cual posee o no uno o varios com pañeros y ayudantes. En cam bio. El uni­ verso del juego está regido p o r esa extraña cla­ sificación. el caballo tiene com o com pañera a la piedra preciosa y como ayudante al pavo real. a su com pañero y a su ayudante. del caracol. las mendigos. la cabra y la araña. y luego de haber "coleado al anim al". del pavo real y del pez chico. la banca anuncia 246 . lo indicado es ju ­ gar a la vez al sím bolo escogido. los treinta y seis em blem as de la lo­ tería se agrupan en siete series (o cuadrillas) desiguales: los com erciantes. de la pipa. la serie de los cu ras se com pone del pez grande. De nuevo. el cam a­ rón tiene por com pañero al venado. el cam arón. dc la anguila. El juego se p resenta así com o una variante más gráfica dc la ruleta. dc la tortuga. los caballeros y las m u­ jeres. N aturalm ente. de la m uerte. pero sí tiene a la tortuga de ayudante. La m ariposa no tiene com pañero. Así. etc. los elegantes. En efecto. pero no tiene ayudante. los borrachos.

287-293. Después del sorteo. L a H abana. En o tra ocasión. 3 Sabido es que. una alusión enigmática a los textos tradicionales ha­ cía las veces de charada." Un viejo jugador explica que basta con reflexionar: "E l Sapo es b ru jo .’ En China. Pero sin duda es alguna palabra señalada con m enor claridad la que da la clave de la adivinanza. El Elefante m ata al cerdo. porque el Veñudo sale c o rrie n d o /' El juego es de origen chino. 247 . Lleva el paquete maléfico. con el Venado. ju n to con San Francisco. Éste contiene la brujería que un enemigo ha hecho a alguien. Se tra ta de alguna frase de significado equívoco."* El jugador hace entonces conjeturas sobre si debe ju g a r a la serle de los borrachos o a la de los caballe­ ros. Tam bién puede ap o star al anim al que enca­ beza a la una o a la o tra. la banca declara: "Quiero h a­ cerles un favor. El Tigre lo propone.a policio y sus misterios en Cuba. p p . l. el Tigre contra el Elefante. pero está borracho y con su com pañera gana mucha plata. ¿Acaso no c s rt claro? ¡Buena jugada! Se gana con el 31. 1914. Va a depositarlo donde le d ijo el brujo. No es tonto. El V enado sale con el paquete. El Venado es ayudante del brujo.una adivinanza (charada) destinada a guiar (o a confundir) a los participantes. La H a b a n a tiene una de lus aglom eraciones « hiñas m ás im portan­ te s fuera tic China. un letrado se encargaba de ju stificar la verdadera * Rafael Roche. como la si­ guiente: “Un hom bre a caballo cam ina m uy len­ tam ente. E n ese caso. El Venado va a venderlo y el Venado se lleva el paquete.

ham brientas y rencorosas. el "payaso que se pinta en secreto".· Tam bién una com pleja clave de los sueños ayuda a presen tir el núm ero ganador. es conveniente ju g a r al 8. la "luz que alum bra to d o " es el 1!. causa la m uerte inesperada dc un ser vivo que no lo sospechaba. Ese repertorio dc 4 De u na com unicación de Lydia C abrera. existen al­ m as en pena. Entonces. la m ariposa que tam ­ bién es el dinero. E sta vez. el 8. que es el m uerto al que se cubre con una m ortaja blanca. Los d atos de la expe­ riencia se distribuyen en tre los núm eros fatídi­ cos. d u ran te una cerem onia secreta. En Cuba. el alm a dc un m uerto es com parable a un ave porque puede introducirse donde quiere en form a de lechuza." Nada m ás transparente: los m uertos vuelan. el sacerdote le traza en cfccto signos rituales con una tiza blan­ ca sobre el ro stro .solución. 248 . Estos llegan hasta el 100. Sus com ­ binaciones son Infinitas. gracias a un libro que se deposita en la banca dc la Charada y se puede co n su ltar p o r teléfono. "Pica y se va": es decir. a la m uerte. la explicación sólo es válida para los profanos. el gallo que can ta al sa lir el sol. el 2. apoyándose en citas. las m anos. el "rey que todo lo puede". se tra ta del iniciado (ñam pe o ñañigo m uerto). El "perro que m uerde todo" es la lengua que ataca y calum nia. La banca anuncia: "Un pájaro pica y se va. los bra­ zos y las piernas. En realidad. el pecho. lo que se necesita p ara la interpretación co rrecta dc las charadas es el conocim iento general dc las creencias d e los negros.

En casa del tío de su m ujer. op. pues se "cuelga al anim al" cuatro o seis veces al día. el sím bolo en que las apuestas se acum u­ laron peligrosam ente p o r o tro . pierden en ella h asta el alim ento de los suyos.correspondencias ortodoxas da lugar a un len­ guaje sim bólico considerado "m uy útil de cono­ cer para p en etrar en los m isterios de la vida".. Los obreros sobre todo arriesgan el poco dinero que poseen y. en el m om ento de descu­ brirlo. m ás m arino. aunque prohibida p o r el artícu lo 355 del Código Penal de Cuba. Se Irata de un juego en que el fraude es relativam ente fácil: com o la banca conoce la lista de apuestas. pero lo hacen sin cesar. honrados o no. 249 . Alejo C arpentier ve a un m uchacho negro hacer una sum a: 2 + 9 + 4 + 8 + 3 + 5 = 31. 293. m ás o menos desdeñado. La Charada china se halla sum am ente difun­ dida. más elefante. P o r necesidad no juegan mucho. En todo caso. nada le im pide cam biar." Los signos y las concordancias del juego se proyectan a la generalidad del saber. la imagen con frecuencia term ina sustituyendo al núm ero. El m uchacho no anuncia los núm eros sino que dicc: "M ariposa." Asimismo. para significar que 12 en tre 2 igual a 6. m ás m onja igual a vena­ do. como dice un au to r. p o r poco hábil que sea. se considera que los banqueros rápidam ente hacen fortuna. TRafael Roche. p. cit.’ En todo caso. m ás gato. más m uerte. Desde 1879 se han ele­ vado num erosas protestas contra sus daños. dice: “ P uta por m ariposa igual a to r­ tuga.

el lo g o do Bicho o juego de los ani­ males.). las peleas de gallos. uno de ellas volvió a su país con un capital de doscientos rail pesos de oro. %N c w Y o r k T i m e s .*' Con base en esas conclusiones. el gobernador Luis Muñoz M arín decidió reforzar la legislación sobre los juegos. 6 de o ctu b re de 1957. las sum as in­ vertidas en los diferentes juegos ascendieron a cien millones de dólares anuales. A rruina el ah o rro privado. o sea la mitad del presupuesto de la isla. la ruleta. paraliza los negocios y alienta a la población a poner su confianza en las ganancias aleatorias más que en el tra b a jo productivo. etc.En cl siglo pasado. presenta las m ism as características que la charada china en Cuba: lotería scmtclandestina de sím bolos y com binaciones m últiples. en 1957.* En la vecina isla de Puerto Rico. el Planning Board h a calculado que. El Inform e declara explícitam en­ te: "Cuando el juego alcanza tales proporciones.. En la actualidad. ■Dr u na com unicación de Alelo C arp cnitcr y de acuerdo con d nrum entos su in tn isu ad u s p o r ¿I mismo. se dice que ganaban hasta cuarenta m il pesos diarios. setenta y cinco de ellos en los juegos legales (la lotería del Estado. indudablem ente constituye un serio problem a s o c ia l. 250 . . En ellas se juegan más de doscientos mil dólares diarios. las carreras de caballos. se calcula que exís· ten en l a H abana cinco grandes organizaciones de Charada y m ás de doce pequeñas. con el fin de reducirlos en los diez años siguien­ tes a proporciones menos desastrosas para la econom ía nacio n al/ En Brasil.

a las dos. el juego brasileño tiene la ventaja de poner perfectam ente a luz las rela­ ciones del alca y dc la superstición.enorm e organización. tres o cu atro úl­ tim as cifras del núm ero que gana esc día a la lotería. Además. Por o tra parte. tiene consecuencias tan im portantes en el orden económico que creo deber reto m ar aquí la descripción que ya he hecho en o tra ocasión y con o tro propósito. análoga a la quiniela dc los países vecinos. Desde entonces. (Desde que la lotería federal no es dia251 . a la decena. Así nació un sistem a de apuestas que sobrevivió a su causa y asoció perdurable­ m ente a la serie de núm eros las figuras de los anim ales exhibidas. el juego ya no sufrió modifica­ ciones apreciables. El juego p ro n to fue absor­ bido en las apuestos a los núm eros ganadores de la lotería federal. apuestas cotidianas que absorben una parte im portante del poco dinero de que disponen los estrato s inferiores de la po­ blación. "E n su form a actual. a la centena o al millar. El publico estaba invitado a adivinar cuál se escogería en cada ocasión. Las com binaciones son infinitas: se juega a la unidad. es decir. Su origen se atribuye a la costum bre del barón de D rum m ond de ex­ hibir cada sem ana a la en trad a del parque zoo­ lógico la imagen dc algún anim al. ordenados más o menos alfabéticam ente. desde el águila (núm e­ ros 01 a 04) hasta la vuca (núm eros 97 a 00). a la últim a. ese juego se rem onta a los alrededores de 1880. Los cien prim eros núm eros se repartieron en grupos dc cu atro y se atrib u ­ yeron a veinticinco anim ales.

que sólo sirve p a ra clasificar a los ju ­ gadores del Bicho. Es de im a­ ginar sin dificultad que el cálculo de las ganan­ cias. al del agente de policía que inter• vino o a alguna com binación de am bos. Es frecuente desentenderse d e los anim ales: el sueño da directam ente el núm ero deseado. En efecto. estos del bicho cuya secuencia en portugués \A{¡u¡a. alguna clave de los sueños es­ pecializada. Los sueños inform an al jugador so­ bre el anim al que debe escoger. a va­ rios grupos de cu atro núm eros. sin billetes ni prem ios. En ocasiones. Llega a suce­ der que la relación esté tom ada del folclor sa­ tírico: quien ha sonado con un portugués debe ju g ar al asno. por lo general titulada Interftretticño dos souhos para o J oro do Bicho. En él se aprenden las correspondencias acreditadas: quien 252 sueña con una vaca voladora debe ju g a r al Aguila y no a la Vaca. 723 y 732. Si un hom bre sueña con uno de sus amigos. apostando no sólo al propio núm ero sino a cualquier otro com puesto p o r las m ism as cifras. Sin em bargo. los otros días se hace una fal sa lotería. quien en sueños ve a un perro rabioso jugará al León (que es bravo com o aq u él). es decir.) Además. Es p ru d en te hojear antes algón m anual adecuado. está vinculado a un sistem a de onirom ancia que posee su código. De ese modo. se puede ju g a r si­ m ultáneam ente a o tro s anim ales. La rim a y el ritm o no son menos im portantes que los signos del azar. el conocim iento profundo de las leyes de la aritm ética se ha difundido en tre el pueblo: alguien que apenas sabe leer y escribir resuelve con una seguridad y una rapidez desconcertan­ tes problem as que exigirían ya a un m atem ático poco entrenado en esa clase de operaciones una atención sostenida. enteram ente teórica. Avestruz y Caim án'1 animales . si presencia un acci­ dente de trán sito . y ju g a r cada com binación invertida.ría. 273. etc. juega al núm ero del vehículo accidentado. jugar al 327 invertido significa que tam bién se gana con 372. Sin dificultad se podrían m ultiplicar los 253 . sus clásicos y sus interpretes calificados. el J oro do Bicho no sólo fa­ vorece la práctica de la aritm ética habitual. saben sacar de él oráculos infa­ libles. no siem pre es indicado ju g a r al anim al con que se ha soñado. ju e­ ga a su núm ero telefónico." El m oribundo se yergue y R elam a: "Aguila. Según una anécdota significa­ tiva. no es cosa fácil. Jacaré) im ita vagam ente a la ° tra . P or lo dem ás. que siem pre son rigurosam ente proporcio­ nales a los riesgos. Afana y Jo sé. quien sueña con un gato que cae del techo debe ju g a r a la Mariposa (pues un gato de verdad no so cae de ningún techo). quien sueña con un bastón jugará a la Cobra (que se yergue com o un b astó n ). un sacerdote al d a r la absolución a un nioríbundo pronuncia las palabras rituales: "Je­ sús. Avestruz. Los más escrupulosas no se conten­ tan con una correspondencia m ecánica: con­ sultan adivinos o pitonisas quienes. Favorece aún m ás la superstición. Por ejem plo. 237. aplicando sus dones y su sab er al caso particular que se les presenta. sino sem anal. es decir. la relación sigue siendo oscura: quien sueña con un m uerto juega al Elefante.

quien se habfa hecho indispensable p ara sus p atrones p o r su habilidad p ara las com binaciones del bicho o gracias a su ciencia de los presagios.ejem plos al infinito. pecado venial 10Además. que no deja de preocuparse p o r él. según el hum or o el in terés del gobernador del E stado y. se emplea todo tipo de adivinación. Es m ás. parece sin em bargo considerarlo un pecado. Sea com o fuere. La habilidad para descubrir las relaciones útiles se considera un don preciado. en el in terio r dc un mismo Estado. Más dc un brasileño cita entre sus amigos el caso en que un criado. in­ cluso cuando esa discreción no se justifica en absoluto a causa de la actitud d e las autorida­ des com petentes. 254 . la conciencia popular. se niegan p o r respeto hum ano a e n tra r en relación con ellos. term inó p o r hacer su voluntad en la casa.1 · Teóricam ente. al tiem po q ue croen en 1n eficacia dc sus p re s tid o s . ¿íendo casi exclusivam ente negro* o m ula­ tos. el juego de los anim ales está prohibido en todos los estados d e Brasil. Una sirvienta vuelca un vaso y el agua se extiende p o r el suelo: ella in­ terp reta la form a del charco con la semejanza de uno de los anim ales del juego. los crindns son Interm ediarios n atu rales enere los hechiceros y los sacerd o tes de Ins cu lto s africanas y aquellos que. perseguido con m ano blanda o protegido con disim ulo. en ellos se le tolera en m ayor o m e­ nor m edida. según el capricho o la política de los dirigentes locales y principalm ente del jefe dc policía. En realidad. el juego conserva el sabor del fru to prohibido y su o r­ ganización se m antiene en la clandestinidad. En general.

sigue considerándolo oscu­ ram ente com o una actividad reprensible. de él se valen o se benefician. muy apreciadas p o r la población ne­ gra. deslizan en la m ano del cobrador un papel plegado que contiene el »ttonto. Los políticos. El cobrador pasa el papel a un com padre y 255 . la condena es general. ve al bicho con malos ojos. al tiempo que se dedica a él. en alguna esquina. no dejan de vitupe­ rarlo en sus discursos. pero en fin. La situación constantem ente precaria del ju e­ go de los anim ales. Se ase­ gura que nunca uno de ellos defraudó un solo céntim o a sus clientes. de la apuesta. sesiones de posesión p o r p arte de los espíritus. Con excepción de los ju ­ gadores ricos que dan sus órdenes p o r telefono. a veces considerable. De uno a o tro polo del univer­ so espiritual brasileño. análogo por ejem plo al del tabaco. desembocan en una consecuencia que rara vez d eja de so r­ prender a su propia clientela: la escrupulosa honradez de los corredores de apuestas. y en las círculos espiritistas no menos d i­ fundidos y poderosos. El ejército. todos. y sobre todo el hecho de que no pueda reconocerse oficialm ente. se expulsa a los que piden a los convulsionarios o en las sesiones pronós­ ticos p ara ci bicho. y un vicio perdonable. que con frecuencia lo organizan. D urante las macum bas. la reprobación difusa de que sigue siendo ob jeto p o r parte de quienes se apasionan p o r él. que es fácil­ m ente m oralizador y en el cual sigue viva la influencia de Augusto Comte y del positivism o. la Indicación de la com binación que se desea ju ­ gar y un nom bre falso escogido para la ocasión.sin duda.

130-151. ca­ 256 . aunque ciertam ente más es­ pectacular que decisivo. en el plalJ R occr Caillons. dado el caso. Pero. R etirado de la circulación general para una circulación constante y ráp id a en circuito cerrado. incluso. se sacrifica gratuitam ente. pues las ga­ nancias· ra ra vez se retiran del circulo infernal. En todo caso. No obstante. en ciertas condiciones. E l d inero dedicado a l juego no sirve p ara co m p rar un m ueble ni tam poco alim entos suplem entarios. 1 pitulo V. Paris.0 11 Se aprecia así que. Se vuelven a poner en juego salvo.Γ dc sus habitantes. “ L'Usage des Richesses". se puede pensar que ello no ocu­ rre de la m anera m ás productiva p ara ésta. M arcadas p o r la desconfianza. los juegos de a ra r presentan la im portancia cultu­ ral cuyo m onopolio detentan en general los jue­ gos dc com petencia. la p arte tom ada para gastos de alguna inocente francachela. Como se ha visto. pp. una afluencia continua de dinero fres­ co m antiene o increm enta el total dc las sum as arriesgadas y reduce en la m ism a m edida las posibilidades de ah o rro o de inversión. ni siquie­ ra en las sociedades en que se supone que el m érito reina sin com petencia se hacen sentir menos las seducciones de la suerte. conservan sin em bargo un papel im portante. em pleos éstos que ten­ d rían p o r consecuencia acelerar el auge de la agricultura. sólo las ganancias dc las bancas y de los organizadores del bicho pue­ den regresar al ciclo dc la econom ía general. Instincts et Société. Por tanto. del com ercio o dc la in d u stria del país.

Más aún. Pero su solidaridad esencial no im pide en lo más mínim o su com petencia. la suer­ te conserva así todo derecho tie ciudadanía en las sociedades m ás racionales y adm inistrativas. franc­ m asonerías de iniciados y de devotos. corno el favor injusto de la fortuna con las reivindicaciones legítimas del esfucr/o v del m érito. E l vértigo y el sim ulacro son rebeldes. en com petencia con el agon. el alca. construye casinos com o el deporte construye estadios. F1 abandono del si­ m ulacro v deí vértigo. equilibra la "V uelta de Francia” con la Lotería Nacional. La razón es fácil de descubrir. en ab­ soluto y por naturaleza. hum illada y condenada. los juegos de azar contribuyen a alim entar la caja del Estado. sostiene una prensa especializada y provoca inversiones no m enos im portantes. com o el agon. en aquellas que se hallan lo más alejadas de los prestigios com binados del sim ulacro y del vér­ tigo. A veces. y con frecuencia en com binaciones con él. El trab ajo es con toda evidencia incom patible con la es­ pera pasiva de la suerte. en la m edida en que éste los domina.no de los juegos. Los principios que representan son dem asiado opuestos para no ser proclives a excluirse el uno al otro. in­ cluso le procuran sus principales recursos. de m edida y de organización. En cam bio. exige el cálculo y la regla. se revela una extraña sim etría: mien­ tras que el deporte es ob jeto frecuente de su b ­ venciones gubernam entales. Aun­ que reprobada. de ln m áscara y del éxta­ 259 . a toda especie de códi­ go. suscita asociaciones y clubes. determ ina enorm es m anifestaciones. el atea.

En efecto. es decir. el agon y el alea repre­ sentan sin duda los principios contradictorios y com plem entarios del nuevo tipo de sociedad. En esas condiciones. sino' tam bién la burla del trabajo. del favor gratuito e inm erecido. el edificio social se apoya en él. el principio de la com peten­ cia ju sta y de la em ulación fecunda. reconocida com o indispensable y excelente tanto en uno como en o tro caso. la com petencia reglam entada es el único que se puede trasp o n er tal cual en el terreno d e la acción y m ostrarse eficaz en el. Sin em bargo. Aún m ás: la su erte no sólo es la form a res plandeciente de la injusticia. de todas las virtudes necesa­ rias en un m undo d estinado al acrecentam iento de los bienes. De tal su erte que el esfuerzo del legislador se orienta n atu ralm en te a restringir su cam po y su influencia. aún falta m ucho para que desem ­ peñen una función paralela. d e las privaciones aceptadas con vistas al porvenir. en una palabra. si no es que insustituible. Deja problem as p o r resolver. De los diversos p rin ­ cipios del juego. en el fondo. el alca aparece com o la resis­ tencia opuesta p o r la naturaleza a la perfecta equidad de las instituciones hum anas deseables. en elim inar cada vez más al alea. del ahorro. de la tarea paciente y tenaz.sis nunca ha significado o tra cosa que la salida de un universo encantatorio y la en trad a en el m undo racional de la justicia distributi%ra. E l agón. El progreso consiste en desarrollarlo y en m ejo rar las condiciones. Los dem ás son tem i­ bles: se les lim ita o en el m ejor de los casos 260 . En conjunto. es el único considerado com o valor.

se les tolera si se m antienen d en tro de los If· m ites perm itidos; se les tiene por pasiones fu­ nestas, por vicios o p o r enajenaciones, cuando dejan de som eterse al aislam iento y a las reglas que los neutralizan. Desde ese punto de vista, el alea no es nin­ guna excepción. M ientras sólo represente la pasividad de las condiciones naturales, es abso­ lutam ente necesario adm itirlo, aunque sea a regañadientes. Nadie ignora que el nacim iento es una lotería, poro sobre todo p ara lam entar las escandalosas consecuencias. Salvo casos su­ m am ente raros, com o el sorteo de los m agistra­ dos en la Grecia antigua o, en nuestros días, el de los jueces de lo penal, no p odría ser cosa de atrib u ir al azar la m enor función institucio­ nal. En asuntos serios, parece inadm isible so­ m eterse a su decisión. La opinión unánim e ad ­ m ite como evidencia, que no so p o rta siquiera la discusión, que el trabajo, çl m érito, la com ­ petencia y no el capricho del juego de dados son los fundam entos tan to de la justicia necesa­ ria corno del feliz desarrollo de la vida colectiva. En consecuencia, el tra b a jo suele considerarse como única fuente honorable de ingresos. La herencia, surgida a su vez del aleo fundam en­ tal del nacim iento, es discutida, a vcccs abo­ lida y la m ayoría de las veces som etida a im ­ portantes retenciones, cuyo p roducto aprove­ cha la sociedad entera. En cuanto al dinero ga­ nado en el juego o en la lotería, en principio no debe co n stitu ir sino un com plem ento o un lujo, que se agrega al salario o a los honorarios re­ cibidos regularm ente p o r el ju g ad o r como retri261

burión a su actividad profesional. O btener entera o principalm ente la subsistencia de la suerte, del azar, es considerado casi por lodo el m un­ do com o sospechoso e inm oral, si no es que com o deshonroso y, en todo caso, com o asocial. E l ideal com unista d e la adm inistración de las sociedades lleva esc principio al extrem o. Se puede d iscu tir si en la repartición del ingreso del E stado es conveniente d a r a cada cual se­ gún sus m éritos o sus necesidades, pero es segu­ ro que no p odría concedérsele n ad a según su nacim iento o según su suerte. Y es que no debem os bu rlarn o s ni de la igualdad ni del esfuerzo. FJ trab ajo desarrollado es la medida de la justicia. Dc lo cual se sigue que un regim en dc inspi­ ración socialista o com unista es proclive por su naturaleza a apoyarse enteram ente en el avpn: al hacerlo, satisface sus principios de equidad ab strac ta y, al m ism o tiem po, m ediante la m e­ jo r utilización posible de las capacidades y de las com petencias, piensa estim u lar dc m anera racional, y por tanto eficaz, esa producción ace­ lerada de los bienes, en la que ve su vocación principal, si no es que exclusiva. Todo el pro­ blem a consiste en saber entonces si la cabal elim inación de la esperanza dc una suerte gran­ diosa. fuera dc serie, irreg u lar y mágica es pro­ ductiva en lo económ ico o si, reprim iendo ese instinto, el E stado no se priva de una fuente generosa e insustituible de ingresos transfor­ m ables en energía. En Brasil, donde el fuego es rey, el ah o rro es
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muy exiguo. Es el país do la especulación y de Ja suerte. En la URSS, los juegos de azar son prohibidos y perseguidos, m ientras que se alien­ ta vivamente el ahorro, a fin de p erm itir la am ­ pliación del m ercado interno. Se tra ta de im ­ pulsar a los obreros a econom izar lo suficiente para poder com prar automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión y todo aquello que p e r­ m ite el desarrollo d e la industria. En cuales­ quiera de sus form as, la lotería se considera inm oral. Y es tanto más significativo com probar que, prohibiéndola en lo privado, el E stado pre­ cisam ente la ha agregado al propio ahorro. En la Rusia soviética existen alrededor de cincuenta mil cajas de ahorros, donde la suma de los depósitos alcanza los cincuenta mil m i­ llones de rublos. Esos depósitos producen el tres p o r ciento, cuando no son retirados de la cuenta al menos d u ran te seis meses, y el dos p o r ciento en caso contrario. Pero, si el depo­ sitante lo desea, puede renunciar al interés pre­ visto y p articip ar en un sorteo en que, dos ve­ ces al año. prem ios que varían según el m onto de las sum as consignadas ofrecen una recom ­ pensa inicua a veinticinco ganadores sin mérito p o r cada mil participantes en esc extraño ν m o­ desto resurgim iento del atea en una econom ía concebida para excluirlo. Aún más, los p résta­ l o s de Estado, que d u ran te m ucho tiem po todo asalariado prácticam ente fue obligado a suscri­ bir. incluían prim as cuya totalidad representaba el dos por ciento del capital disponible que se recuperaba d e ese modo. Para el préstam o de 1954. esas prim as consistían en prem ios de cua263

trecientos a cincuenta mil rublos distribuidos en cien mil series de cincuenta obligaciones cada una. E n tre esas series, cuarenta y dos se sor­ teaban y ludas las obligaciones que las com­ ponían ganaban un prem io m ínim o de cuatro­ cientos rublos. Luego se procedía al sorteo de los prem ios m ás im portantes, veinticuatro de los cuales eran de diez mil rublos, cinco de veinti­ cinco mil y dos de cincuenta mil,** que equiva­ lían respectivam ente al cam bio oficial, p o r lo dem ás sobrevaluado, a prem ios d e uno. de dos y medio y d e cinco m illones de francos. Sin duda es ta n ta la tenaz seducción de la suer­ te, que los sistem as económ icos que p o r su na­ turaleza m ás la detestan deben, a p esar de todo, perm itirle un lugar, cierto es que re strin ­ gido, disfrazado y com o vergonzoso. En efecto, lo a rb itrario de la su erte sigue siendo la con­ trap a rtid a necesaria de la com petencia regla­ m entada. É sta establece sin discusión posible el triunfo decisivo de toda superioridad conm en­ surable. La perspectiva de un favor inm erecido reconforta al vencido y le deja una ú ltim a espe­ ranza. Ha sido deshecho en una lucha leal. Para explicar su fracaso no podría ad u cir ninguna injusticia. Las condiciones de partida eran las m ism as para todos. No puede echarle la culpa sino a su sola incapacidad. No le quedaría ya nada p o r esp erar si, p ara eq u ilib rar su humi, J Cf. Gunnar Franzé», "fx-s Banques ct Vfiparznc en U.R.S5/'. en Eyarznr. du Monde, A m sterdam . 1956, n u n i. 5, p p . I9M 97. to m a d o de Svcrwfc S p u r b a t i k s t ids k tift . Estocolmo. 1956, nüra. 6.

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Ilación, no contara con la com pensación, p o r lo dem ás infinitam ente im probable, dc una sonrisa gratuita de las potencias fantásticas de la sucrte, inaccesibles, ciegas c im placables, pero que, p o r fortuna, desconocen la justicia.

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II. I)K LA PEDAGOGIA A LAS M ATEMATICAS
E). m u n d o dc los juegos es can variado y tan com plejo que existen m uchas m aneras de abor­ d a r su estudio. La psicología, la .sociología, la historia anecdótica, la pedagogía y las m atem á­ ticas com parten un cam po cuya unidad acaba por no ser ya perceptible. O bras com o Homo Indens de Huizinga, el J a i d c l'cnfant [Juego del niñoj de Jean Château y Theory o f Ga?ne$ and Econom ic Behavior [Teoría de los juegos y del com portam iento económ ico] dc Neumann y M orgenstern no sólo no se dirigen a los mis­ m os lectores sino que parecen no tra ta r de un mismo tema. Finalm ente, cabe preguntarse en qué m edida se aprovechan las facilidades o las contingencias del vocabulario al co n tin u ar ima­ ginando que investigaciones diferentes y casi incom patibles conciernen en el fondo a una mis­ ma actividad específica. Se llega a d u d ar que algunas características com unes perm itan defi­ n ir el juego y que, en consecuencia, éste puedi» ser legítim am ente o b je to de un trab ajo general. Si en la experiencia corriente el terreno del juego conserva a p esar d e todo su autonom ía, a todas luccs la ha perdido para la investigación especializada. No sólo se tra ta de enfoques dis­ tintos, debidos a la diversidad dc las disciplinas.
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Como hem os de ver. al dom inó o a la com eta. desde un principio em pieza la extraña distribución. salve que juega en los tres casos: pero sólo los psicólogos infantiles se interesan por el b u rro (o p o r las barras o las canicas). Si se deja al margen Ir» historia anecdótica. Me parece norm al que estos últim os no se interesen p o r Ja gallina ciega o p o r el pillapilla.Son (an heterogéneos los elem entos que cada vez se estudian con el nom bre de juegos que se ve un o llevado a su p o n er que la palabra juego tal vez sea un sim ple señuelo que. en gran p arte obedecen a los prejuicios —biológicos o pedagógicos— de los -sabios que se interesan p o r el estudio de los juegOs. el estudio de éstos se beneficia . com prendo ya m enos que Jean Chíiteau desco­ nozca el dom inó y la com eta. Quien juega al burro. No está exento de interés m o stra r qué p ro ­ cedim ientos y a veces qué azares desem bocaron en un fraccionam iento tan paradójico. que p o r lo dem ás tra ta de los juguetes m ás que d e los juegos. aun­ que en este últim o caso 110 veo bien la razón que justifica esc ostracism o. pero en vano me pregunto por qué los historiadores y los so­ ciólogos se niegan verdaderam ente al estudio de los juegos de azar. sólo los sociólogos p o r la corneta y sólo los m a­ tem áticos p o r el dom inó (p o r la ruleta o p o r el póquer). que no se p restan a las ecuaciones. m antiene ilusiones tenaces so­ b re el parentesco supuesto de conductas dis­ pares. Λ decir verdad. en cam bio sospecho fácilm ente los m otivos que lo han producido. p o r su gene­ ralidad engañosa. Para ser m ás exactos.

francesa cn Fr. No por 1 Briefen Uber ästheilchc Erziehung des Menschcu. las corridas de toros de M adrid. Poris. En la décim a qu in ta de sus Carias sobre la education estética del hom bre. "E sthétique".as( como los trab ajo s de disciplinas indepen­ dientes. Onuvrcs. escri­ be: ''D e una vez p o r todas y para concluir. pasa adelante y se contenta asi con presentir la sociología de los juegos que deja entrever su frase. Schiller im a­ gina ya que de los juegos sea posible obtener una especie de diagnóstico que caracterice las diferentes culturas. ocupado en sacar del juego la esencia del arte. Srhillcr. tom o VIH. Pero no im porta. en el mismo rexto. A n á l i s i s p s i c o p e d a o ó g io o s Schiller seguram ente fue uno de los prim eros. Véanse tam bién las carta. cuyas contribuciones principales es conveniente exam inar una a una.> H. que subrayó la im ­ portancia excepcional del juego para la historia de la cultura. 1862. Estim o que com parando M las carreras de Londres. los espectáculos del París de antaño. si no es que el prim ero.1 Pero. sobre todo de la psicología y de las ma­ tem áticas." Más aún. 20. 1 . v. trad . 268 . el hom bre sólo juega cuando es hom bre en sen* rido cabal y sólo es hom bre cabal cuando jue ga. 16. las peleas de anim ales de Vicna y la vida alegre del Corso en Roma". no debe ser difícil determ inar "los m atices en el gusto de esos distintos pueblos". las rvgatas d e Venccia. 26 y 27.

El a u to r distin­ gue esencialm ente en el juego la alegría de ser y de seguir siendo causa. No hay form a de juego que no tenga un modelo en alguna ocupación seria. La idea d e la libertad. m ás decidido y más tajante: "E l juego es el niño del trabajo. El juego y el a rte nacen de un exceso de energía vital. Jx> define en fin com o una em presa pura. m odelo que tam bién le es anterior. ab straíd a de la presión y de las coerciones del mundo. Seducidos p o r ella. 145. sin pa­ sado ni porvenir.l juego e s una crea­ ción de la que el ju g ad o r es am or y señor. fue retornada p o r Karl Groos en su obra Die Spiele der Tiere (Jena." (F. Des­ ligado de la severa realidad.thik. aparece com o un 269 ." Y W undt. Schiller insiste en la alegre exuberancia del ju g ad o r y en la libertad que constantem ente se deja a su elección. ''Los saltos desordenados de alegría se constituyen en danza.ello se ha dejado de p lan tear el problem a ni de tom ar al juego en serio. 1S86. del que el hom bre o el niño no precisan p ara la satisfacción de sus necesidades inm e­ diatas y que entonces hacen servir p ara la im i­ tación gratuita y placentera de com portam ientos reales.) La receta corrió con suerte. Lo explica mediante el poder de in terru m p ir en cualquier m om ento y con tuda libertad la actividad em pezada. etnógrafos e historiadores se aplicaron con desigual éxito a m o strar en los juegos d e niños las superviven­ cias de alguna práctica religiosa o mágica caída en desuso. erróneam ente. F. p. 1896).” De uhi Spencer: "E l jue­ go es una dram atizactón de la actividad de los adultos. d e la gratuidad del jue­ go.

dc la im aginación. Jena. de la atención. te s Jeux des Animaux. im pulso para hacer rodar. Paris. cuando después pasó varios años estudiando los juegos hum a­ nos (Die Spiele der M enschen. Más todavía. francesa. se vio llevado a in sistir en sus aspectos in stin ti­ vos y espontáneos y a descuidar las com bina­ ciones puram ente intelectuales de las que con­ sisten en muchos casos. pero que por desgracia tuvo com o prim era consecuencia des­ viar hacia una distribución paralela el estudio de los juegos hum anos que em prendió en se­ guida. cóm o todos los adem anes que puede hacer. del oído. En el fondo. Por una ex­ trao rd in aria paradoja. sino que son jóvenes porque deben j u g a r / '1 En con­ secuencia.universo que se tiene a sí m ism o p o r fin y que sólo existe m ientras y en la m edida en que se le acepta voluntariam ente. 1902. se contenta con rep artirlo s según el índice de los tratados dc psicología acreditados en su época o. Luego pasa a las tendencias que él llam a de segundo grado. Sólo quef com o Groos estudia en p rim er térm ino los aním ales (aun­ que pensando ya en el h o m b re). del gusto. etc. antes bien.). así como los acos­ tu m b ra a luchar entre sí en previsión del m o­ m ento en que la rivalidad p o r la posesión de la hem bra los opondrá en verdad. bastante ad ap tad a a su objeto. no inform a ni sobre su natura· leza ni sobre su estru ctu ra. de la tem peratura. de la sorpresa.). 1889). a) del ap arato sensorial (experim entación del tacto. p o r ese hecho. de los colores. tra ró de d em o strar cómo la actividad del juego asegura a los anim ales jóvenes una m ayor destreza para perseguir a sus presas o para escapar dc sus enemigos. del sentim iento y dc la vo­ luntad (juegos de reconocim iento. de la razón. g ira r o resbalar. del instinto sexual o del instinto de Imitación. pero no arro ja ninguna luz sobre éstos. der Tiere. pertenece al terreno del . las que se derivan del instinto de lucha. lan zar hacia un blanco. cóm o todas las operaciones m entales que es capaz dc efectuar. trad. lanzam iento simple. de los movimientos. V y 62-69. tam bién él concibió los juegos del anima) joven com o una especie de alegre entrenam iento para su vida adulta. Distingue entonces la actividad del juego: * pin Spiele. a tra p a r objetos en m ovim iento). se lim ita a m o strar cóm o los sentidos ν las fa­ cultades del hom bre im plican tam bién un modo de acción desinteresado. Groos no se preocu­ pa p o r agruparlos segón sus afinidades propias y no parece darse cuenta de que en su mayoría participan en varios sentidos o en varias fun­ ciones a la vez. destrucción y análisis. b) del ap arato m otor ((an­ teo. lanzam iento para golpear o em pujar. Dc lo cual ob­ tuvo una ingeniosa clasificación de los juegos. c) dc la inteligencia. sin unidad inmediata y que. del olfato. construcción y sín­ tesis. dan origen a juegos. Esc variado rep erto rio m uestra m aravillosa­ m ente cóm o todas las sensaciones o las em o­ ciones que el hom bre puede tener. juegos de paciencia. Groos pasó de allí a vel­ en el juego la razón de ser de la juventud: "Los anim ales no juegan porque sean jóvenes. de la m em o­ ria. pp. del miedo. de las form as. etc.

el dom i­ nó y la baraja. 13. la perinola. Patrick (1903). Merleau-Ponty (en La Structure du Comportement. Como aque­ llos dedicados a la psicología de los jugadores de aje­ drez (que explican por ejemplo que éstos perciben en el alfil y la torre no figuras determinadas. que tam bién son excluidos de las adm irables inves­ tigaciones de Jean Château. sino una futría oblicua u una fuerza rectilínea). . G. París. es considerablemente más instructivo el sustancial ar­ ticulo de Rcnel Denney y David Ríesman. se recuerda la im­ portancia que con toda razón atribuye Piapet al respeto de la regla del juego p o r p arte efe! niño para la form ación m oral de éste. Por o tra parte. que un juego con frecuencia im plica. p o r la o tra. ios juegos de azar se ven elim inados. Jean Piapct había insistido m ucho en la oposición de los juegos de ficción y de los juegos con reglas para el niño. 1955. Desde ese punto de vista. reglas e incluso reglas de una naturaleza muy p a rtic u la r arb itrarias. T. en d o s conferencias dictadas en 1930 en e! Instituto Jean-. núm. J.íacques Rousseau de Ginebra. o poco faltaría para ello. una vez más ni Piaget ni Huizinga dan ninguna cabida a los juegos de azar.4 y aún h ab ría que p recisar que de los juegos de ciertos niños del oeste de Europa en la prim era mitad del siglo xx y sobre todo de los juegos que esos niños juegan en la escuela d u ran te el recreo. Por una p arte. 5-32). W. sin que el au to r sospeche siquiera que los deja a un lado. Recordamos que el m érito de J. im ­ periosas y válidas en un tiem po y d entro de un espacio determ inados de antem ano. que desde luego no son alentados por los educadores. Paris. no existe tarca seria para la cual preparen. De nuevo. W. 272 Chateau sólo tra ta n de los juegos infantiles. Hartgenbusch (1926). se podría seguir ignorando. tal vez necesariam ente. otoño de 1955. Sin em bargo. En cuanto al fútbol. En particular. Pp. es conve­ niente citar los análisis de G. no los ha encontrado entre los anim ales y. Antes de él. en que los niños sólo se ve­ rían arrastrad o s a ju g a r p o r su fam ilia. pero no sobre la naturaleza del propio juego. existen numerosos estudios sobre la psicología de los campixmex de ajedrez. quedan 4 También los juegos complejos de los adultos han llamado la atención de los psicólogo*.juego y sirve únicam ente para p rep arar al in­ dividuo en su s larcas futuras. nueva edición niimonlndn. M. Introduction a la P/utano^e.’ Cierto. Pickford (1940) y •V. incluso si se dejan al m argen los dados. que Jean Château descarta como juegos de adultos. Las conclusiones se discuten en el estudio de F. Buytendijk. Piagct y 1 lx R M et i'Imaginaire dans le Jeu de VEnfant» Paris. los trabajos an­ teriores Informan sobre el comportamiento de un Ju­ gador tal como lo determina el Juego. Se com prende entonces que una especie de fatalidad sigue haciendo a un lado a los ju e ­ gos de a ra r. Huizinga consiste en haber insistido en esta últim a característica y en ha b c r dem ostrado su excepcional fertilidad para el desarrollo d e la cultura. Pues bien. R. Tras la lectura de las obras de K arl Groos. 1 1942). F. 1952. J. Football :n America (traducido en Profils. 2e odklôn. 1955. Le Football.se trabajo demuestra sobre todo cómo de una falta adaptada a nuevas necesidades o a un nuevo medio puede surgir (c incluso necesariamente termina Por surgir) una nueva regla y por consiguiente un nuevo Juego. Jx Jeu de J'Enfant.

•£ e Jr. Ιλ% niños c* tudíados por Château también desconocen el criquet y la cometa.u de l'enfant. por cortaplu· mas. la respuesta no deja lugar a dudas: el niño muy pronto es sen­ sible a la suerte. p o r artículos escolares. por al­ gún favor dispensado. 18-22. Los jugadores las ganan o las pierden. de! tipo de la morra que. p o r Coda clase de p resta­ ciones tarifadas. las canicas tienen como particula­ ridad ser a la vez instrum ento y objeto de apuesta. Inútil decir que el comerciante relrasn todo lo posible et momento en que mc/clo a los demás el billete correspondiente al dulce incitante que constituye el premio mayor. que no siem pre son jue­ gos d e habilidad. a sab er si el niño es o no sensible a la atracción d e la suerte o si juega poco a los juegos de azar en la escuela sim ple y sencilla­ m ente porque en realidad esos juegos no se to­ leran en ella. resuelve por om isión un im portante problem a. al final de su obra. T rata de d em ostrar en qué m edida contribuyen a form ar la perso­ nalidad del fu tu ro adulto. Por un preciu invariable. y son niños que no se disfrazan. com o resorte del juego en el niño. La aspiración d e Jean Château es a la vez genética y pedagógica: antes que nada se in te­ resa p o r las épocas de surgim iento y de desarro­ llo de cada tipo de juego. contra Karl Groos. Pasando por alto deliberadam ente los ju e­ gos de a /a r. Al m ism o tiem po in­ tenta d eterm in ar la aportación pasiva de las diferentes clases de juegos. Desde esc punto de vista. una clasificación de los ju e­ gos que de esc modo adolece de una grave la tiragomas están ausentes de los trabajos de Château. a escala infantil. inicuo en sí. es que sólo fueron observados dentro de los Incale* escolares. por re so rreras/ por silbatos. Asi. Uno vez más. 274 guna.1 Queda p o r d eterm in a r a p a r­ tir de que edad y cóm o se adapta al veredicto de la fortuna. con el vivísimo y quisquilloso sentim iento de justicia que no es o tro sino el suyo. es dccir el riesgo. por una ayuda en las tareas. dan ocasión a verdaderos des plazam ientos de fo rtu n a. quien tal vez los confiscaba en vez de obser­ var la psicología de su funcionamiento. Gracias al juego adquiere una m ayor capacidad para salv ar obstáculos o hacer frenr No citaré sino un ejemplo: el éxito de las Injerías en miniatura que." lo que no le im pide elim inar casi com pletam ente el azar. a fin de insistir m ejor en el cará cter esencialm ente activo del placer que éste siente al jugar. Ese prejuicio no tendría consecuencias negati­ vas si Jean Château no hubiera intentado. en los alredcdoies de las escuelas. pp. 275 . depiedra o de vidrio. El au to r cita cuando menos un o d e esos juegos. Por mi p arte. no le es difícil dem ostrar. Se cam bian p o r golosinas.los juegos de canicas. Ahora bien. El niño no se entrena para una tarea definida. suele suceder que los niños las apuesten en d istin to s juegos de pares o nones. se ve a las confiterías proponer a los alumnos a la salida de clases. rápidam ente se constituyen en verdadera m oneda. Las canicas incluso tienen un valor diferente según sean de acero. que exigen espurio y accesorios. el alea. de b arro . En efecto. Ja apuesta. que el juego es una prueba más que un ejercicio. lo* niíSos ¿acan ol azar un billete donde figura el númem de la golosina ganada.

Dc m anera general. Pero el juego nunca tiene como función propia d esarrollar una capa­ cidad. Ahora bien. Las facultades que desarrolla desde lue­ go se benefician con esc entrenam iento suple­ m entario. Pues no enseña recetas. el niño.te a las dificultades. Desde esc p unto de vista. La finalidad del juego es el juego mismo. El jue­ go sólo p o r añadidura es ejercicio. del carácter o d c la inteli­ gencia. las aptitudes que ejercita son las mismas que tam bién sirven p ara el estudio y para Ins actividades serias del adulto. cu an to m ás se aleja el juego de la realidad m ayor es su valor educativo. inventivo y protegido. el juego aparece como educación. quien perm anece en esen­ cia pasivo. prueba o hazaña. ninguna ap titu d física o intelectual. placen­ tero. p ero es provechoso poseer reflejos a la vez rápidos y controlados. Así. Y aun asi. haciendo b rillar la esperanza dc una ganan­ cia súbita y considerable. los juegos de puro azar no des­ arrollan en el jugador. sino desarro­ lla aptitudes. Ésa es —si se quie­ re— una razón p ara suprim irlos de las escuelas (pero no para una clasificación). pues ap artan del trab ajo y del esfuer­ zo. Si es as capacidades están adorm ecidas o son insuficien­ tes. Y fácilm ente se temen sus consecuencias para la m oral. nada cu la vida re­ cuerda cl juego dc prendas. sin ningún fin determ inado de ante­ m ano. P or o tra parte. a la vez no sabe estu d iar ni sabe 276 . intenso. me pregunto si no hay m otivo para llevar el razonam iento al extrem o. del cuerpo. que adem ás es libre.

ni ad ap tarse a una nueva situación. me­ jo r aún. Esos niños o esos adoles­ centes desam parados se m uestran incapaces de dedicarse con cierta continuidad o aplicación ta n to a una actividad de juego com o a un ap ren ­ dizaje real. el juego se reduce a una simple prolongación ocasiona) del movimiento. S.R. 1956. No hay duda de que el gusto p o r respetar voluntariam ente una regla convenida es esen­ cial aquí. Château reconoce a tal p unto la im portancia dc esc elem ento que. a un p u ro im pulso sin co n tro l n i m edida ni inteligencia (a em p u jar la canica o el balón con los que o tro s juegan. A decir verdad. El m om ento en que el educador logra inculcarles el respeto a la regla o. Château resulta ser guia m ucho m ás ins­ tructivo. B ra u n e r0 son dc lo m ás convincente al res­ pecto. ni so­ m eterse a una disciplina. 277 . Las observaciones de A. pues entonces no sabe. el gusto de inventar. Poi4r en taire des hom m es. No los repele me­ nos que el trab ajo . Para ellos. luego de Jean Piaget. B rauner. El juego no es en absoluto un refugio p ara deficientes o anorm ales.A.). ni fija r su atención. distribuye los juegos en reglam entados y no reglam entados. es el de su cu­ ración.jugar. 'A . 1S-75. en una prim era aproxim a­ ción. etc. pp. estudios *obrts cl juego y el lenguaje en los niños inadaptados *°ck lc s . En esta segunda clase. a p ertu rb ar.. con­ densa la investigación de Groos sin agregarle nada inédito. P arís. En cuanto a los juegos reglam en­ tados. a estorbar.B.I. a em pujar.

las dan­ zas y las cerem onias fingidas en que deben coor­ dinarse los movimientos dc los participantes. Ju g ar a la lavandera. A grupar en un mismo rubro juegos de representación y juegos de com petencia. ya de unfl 278 *i i * · ‘ tr i ( m í . Château com pleta su clasificación con una categoría que reúne los juegos dc com petencia en que se necesita cierta cooperación. por­ que unos y orros exigen cierta cooperación en­ tre los jugadores de un mismo cam po. uno panadera. supone en cam bio el respeto a las reglas precisas que perm iten determ inar al ven­ cedor.La distinción que hacc en tre juegos figura­ tivos (im itación c ilusión). Ese grupo no parece homogéneo y contradice precisam ente el principio establecido con an te­ rioridad. implica una invención continua. a la tendera o al soldado. Im aginar que se es una enferm a. que los juegos objetivos anticipan el trab ajo y que los juegos de com petencia prefiguran el deporte. de las dam as 0 del ajedrez. un aviador o un vaquero. Jugar a las b arras o al pillapilla. juegos objetivos (construcción y trabajo) y juegos abstractos (de regla a rb itraria. es siem pre una im pro­ visación. dc proeza y sobre todo de com ­ petencia) corresponde sin duda a la realidad. que opone los juegos de ilusión a Jos juegos reglam entados. en el fondo sólo tiene com o causa la preocupación de! autor p o r distinguir niveles lúdicros y es­ pecies de grupos de edad: en efecto. se tra ta ya de una com plicación de los juegos dc simple ri­ validad. p o r no hab lar del futbo!. basados en la com petencia. Tam bién pueda adm itirse con Château que los juegos figurativos desem bocan en el arte.

De ese modo. 386-587). Su p ro ­ funda sem ejanza no es menos m anifiestam ente vertical. el autor juega con tos dos mentidos de * palabra arrebato (conducta apasionada y cólera). a para estudiar sobre todo los desórdenes que se produ­ cen en el transcurso de un juego por exceso de en­ tusiasmo. o por simple aceleración <!c ritmo. Pero é stas sólo com pli­ can. Château va cada vez de lo sencillo a lo com plejo. en el capítulo correspond iente (pp. porque antes que nada tra ta de establecer estratificaciones que concuerdcn con la edad de los niños. Ya he dicho por qué en el cuadro de Jean Château no se m encionaban los ju e ­ gos de azar. de pasión o de Intensidad. al m ism o tiem po. basados en el sim ulacro. Ππ cambio. 1*1*217). en mi clasificación. con los ejem plos siguientes: precipitarse p o r una pendiente. estru ctu ras que perm a­ necen independientes.com plicación sim étrica de los juegos figurativos. a com binar sus m ovim ientos y a desem peñar una función en una m aniobra de conjunto. que obliga a los jugadores a cooperar. co rrer (hasta q u ed ar sin a l i e n t o ) C i e r t o es que. gri­ ta r a voz en cuello. Los juegos figurativos y los juegos de com­ petencia corresponden de m anera b astan te exac­ ta a aquellos que yo he agrupado respectiva­ mente b ajo los térm inos m im icry y agon. Pero en él cuando menos se pueden descubrir rastro s de juegos de vértigo b ajo el nom bre de juegos de im pulso. J. g irar como trom po. Ambos’ tipos de com plicaciones tienen como consecuencia la intervención del esp íritu de equi­ po. en •Ooy los ejemplos citados cu el cuadro récapitulât ivu <PP. ct análisis define .

pasajera y p o r tanto agradable de la percepción y del equilibrio: asi ocurre en el tobogán. para m ere­ c e r en verdad el nom bre de juegos. De la invención y del respeto a las reglas. quien reflexiona en los juegos de adultos. pero no busca de­ terminar a i absoluto una categoría especifica de juegos.esas conductas claram ente existen. Château hace alusión al sube y baja (p. A decir verdad. que es el de provocar una per­ turbación ligera. en el sube y baja o incluso en el m aiz d e oro haitiano. lo amenaza. H uizinga saca la civiliza­ ción enterr. m ejo r determ inados. 298). los juegos de vértigo no reciben m ejor tra to de los psicólogos que los juegos de azar. De ese modo. un esca­ lofrío y un estu p o r que de m om ento haceu per­ der el dom inio de sí. y Jean Châ­ teau lo esencial de las virtudes necesarias al hom bre para form ar su personalidad. pero. antes bien. Sin duda los desdeña porque no parece posible atribuirles ningún valor jjcdagógico ni cultural. m ejo r adaptados a su propio fin. Nadie pone en duda la fecundidad ética de la lucha limiuna modalidad del juego o. un sentim iento de pánico. de la com petencia leal. Ciertam ente. si se quiere. esbo7x>s de juegos de vértigo. o poco m ás o menos. en ciertos caso*. no les concede la m enor atención. pero éste atra e y fascina: es un placer. Se trid a m enos de triu n far contra el miedo que de sen tir voluptuosam ente un miedo. ios juegos de vértigo deben presentarse bajo aspectos más precisos. el vértigo supo­ ne el m iedo o. 280 . un peligro que. pero in­ terpretándolo com o un ejercicio de la voluntad contra el miedo. Huizinga. m ejor dicho.

la cultura consiste más en defenderse co n tra su seducción que eu aprovechar sus discutibles aportaciones. 2 . El estudio del funciona­ m iento de los canales sem icirculares explica de m anera im perfecta la boga del sube ν baja. Los estudios ma· 281 . Por o tra p arte. los juegos de vértigo y los ju e­ gos de azar son puestos en cuarentena p o r los sociólogos y los educadores. estas ciertam ente son indispensables. el desarrollo del cálculo de probabilidades no sustituye en a b ­ soluto a una sociología de las loterías. como la danza de los derviches del Medio O riente o el descenso en espiral de los volado­ res mexicanos. An á l i s i s m a t h m At ic o s Im plícitam ente. sin co n tar los ejercicios de o tro orden pero que suponen el m ism o juego con las m ism as fuerzas del páni­ co. Pero la búsqueda del vértigo y de la su erte tiene m ala reputación. Según consenso general. pero ta n ­ to unas com o o tras desvian la atención de la naturaleza del juego. del tobogán. del esquí y de los ap arato s de vértigo en los parques de atracciones. El estudio del vér­ tigo se abandona a los médicos y el cálculo de las probabilidades a los m atem áticos. Se considera que destruyen las costum bres. Como investigaciones de un nuevo género. E sos juegos parecen estériles si no es que fu ­ nestos y m aculados p o r alguna oscura y conta­ giosa maldición.tada y reglam entada y la fecundidad cultural d e los juegos de ilusión. de los casinos o de los hipódrom os.

El caballero de Márá había calculado que. E nton­ ces se dirigió a Pascal. la experiencia le dem ostraba lo contrario. en el juego de dados. o ra p ara indicar al ju g ad o r la m ejo r m an era de ju g a r o para precisar a éste los riesgos que co rre en cada caso. no habiendo sino veintiuna com bina­ ciones posibles. De allí la larga corres­ pondencia d e éste con Ferm at. su estudio ha puesto a los sabios en ca­ m ino a descubrim ientos im portantes. en efecto. quien ab riría un nuevo cam ino u las m atem áticas y perm itió adem ás d em o strar a Mérc que. cien­ tíficam ente había ventajas en ap o star co n tra la aparición del doble seis en una serie de veinti­ cu atro jugadas. A bordaron los cálculos de enum eración. los m atem áticos hace ya largo tiem po em prendieron investigaciones de un tipo muy distinto. uno d e ellos es el problem a (no resuelto) 2S2 . para una serie de veinticuatro jugadas. pues deben exam inar todas las res­ puestas posibles a una situación dada. El cálculo sirve ora para d eterm in ar el m ar­ gen de seguridad de la banca. Por ejem ­ plo. En más de una ocasión. el doble seis tenía m ás posi­ bilidades de salir que de no salir. en que el azar no interviene en absoluto. pero que pueden ser objeto de una teoría com pleta ν generalizable. Paralelam ente a sus trab ajo s sobre los juegos de azar. Se recordará que un problem a de ese tipo había dado origen al cálculo de probabilidades. se tra ta d e los m úl­ tiples rom pecabezas conocidos con el nom bre de recreaciones m atem áticas. Ahora bien. Sobre todo.tem áticos tam poco inform an sobre la psicología del jugador.

comercial. más allá dc toda controversia. algunos m atem áticos han fundado una nueva ciencia. el dc los puentes de Kocnigsberg. a di­ ficultades concretas pero cuantificables al me­ n os de m anera aproxim ativa. De allí ha nacido la am bición dc p ro cu rar una solución necesaria y científica. com o los palillos y el rom pe­ cabezas de anillos se basan adem ás en dificul­ tades y com binaciones de la mism a especie. Von Neumann y O. Princclun. el de las tres casas y las tres fuentes (insoluble sobre un plano. Theory υ/ Games and Economic Behavior. cuya teoría se deriva de la topología.de los cuatro colores. juego de papel piedra-tijcras (el papel derro ta a la pie­ d ra envolviéndola. la piedra d erro ta a las tije­ ras rom piéndolas y las tijeras derro tan al papel J. cuyas aplicaciones parveen d c lo m ás variadas: la teoría de los juegos estraté­ gicos. 195? 283 . Algunos ju e­ gos tradicionales. Pan's. IW4. pero soluble en una superficie cerrada com o la de un circulo) y el del paseo de las quince señoritas. Se empegó por las situaciones m ás sencillas: c a ta o cruz. político o m ilitar. es decir que. en cada situación sucesiva. Re­ cientem ente. Ese tipo dc juegos es adecuado para serv ir de modelo a los problem as que se plan­ tean con frecuencia en los cam pos económico. según fue cons­ tituida p o r Janircw ski a fines del siglo XIX. s t trata dc juegos en que los ju ­ gadores son adversarios llam ados a defenderse. Théorie de\ Jeua alternatifs.” E sta vez. Claude Bergt. deben h accr una elección razonada y tom ar decisiones apropiadas. com binando el cálculo y la topo­ logía. Morgenstern.

ya al de enga­ ñarlo respecto de (nuestras) intenciones. ya. no podría elim inarse en el adversario el papel del error. due­ los de aviones. que agote los elem entos útiles. por una parte los elem entos útiles no se pueden enum erar a priori y. En el cálculo se hicieron e n tra r elem entos como la astucia y el b luff. p o r hipótesis. del capricho. quiero decir. que no hay m otivo absoluto para excluir del absurdo universo hum ano. el segundo. Se llamaba astucia M la perspicacia de un juga­ a d o r para prever el com portam iento de sus ad ­ versarios" y b lu ff a Ja respuesta a esa astucia. es decir. en fin. en realidad. "ya al a rte de disim ular a (un) adver­ sario (nuestras) inform aciones. póquer sim plificado al extrem o. de cualquier decisión a r ­ b itraria e inexplicable. la posibilidad de una inform ación total. nunca coinciden en el univer­ so continuo e infinito de la realidad: el p ri­ m ero. MatemA­ 11 C laude B erge. Ahora bien. d e una superstición des­ cabellada c incluso de la voluntad deliberada de perder. sobre lo bien fundado de sem ejantes es­ peculaciones. la com petencia de adversarios cuyas iniciativas se tom an siem pre con conocim iento de causa y que supuestam ente escogen la m ejor solución.1 1 Sin em bargo.cortándolo). É stas se apoyan en dos postula­ dos indispensables p ara la deducción rigurosa que. al de hacerlo su b estim ar (nuestra) habi­ lidad". p o r la o tra. subsiste una duda sobre el alcan­ ce práctico c incluso. 284 . etc. fuera de las m atem áticas puras. de I3 inspiración boba.

hacerle trastab illar una raíz. su sangre fría. en un duelo con pistola en que los dos adversarios m archan u n o al encuentro del otro. Uno de los adversarios puede ser miope o padecer astigm atism o. En fin. del 30% y el tercer dio del 50%. puede picarle una avispa. la visibilidad. ya. Pero.ticam ente. esas anom alías no engendran ningu­ na nueva dificultad: rem iten a un caso anterior. el segundo día.resuelto. es claro que el cálculo resulta imposible. Cuanto m ás espera el cliente. Pero su Posibilidad de elección dism inuye al m ism o tiem- . en la práctica. m ás ventajosa es la com pra. el razonam iento es falso en cuanto éste recobra su com plejidad original. En algunas grandes tiendas norteam ericanos. en e! aspecto hum ano y para el jugador concreto no ocurre lo mismo. Y aún así se trata de una especulación aleatoria. pues exige el análisis com pleto de una situación inagotable. la h a­ bilidad relativa de los tiradores. se venden artículos sacri­ ficados el prim er día con una rebaja del 20% sobre precio m arcado. Pero. la distancia. en que los ele­ m entos se extralim itan p o r convención. en época de baratas. El análisis nunca tra ta sino de una especie de esqueleto de p ro ­ blem a. se podrá calcular en que m om ento es preferible que cada un o de ellos apriete el gatillo. Teóricam ente. si se conocen el alcance y la precisión de las arm as. puede tener deseos de m orir. pues todo el interés del juego reside precisam ente en esa coincidencia inextricable de posibles. su nerviosism o y siem pre que esos diferentes elem entos se supongan cuantificables. Pue­ de ser distraído o neurasténico.

los negros dc Africa calculan el desarrollo dc m anera tan exacta com o Neum ann y Morgen2β6 . ni últim o m om ento si tra ta dc g astar lo menos posible. Ningún jugador ignora adonde conducen las consecuencias de cada una d e las jugadas conce­ bibles ni las consecuencias de sus consecuencias.po y el artículo dc su agrado puede írsele. es posible que cad a cliente haga sus com pras de acuerdo con su carácter: sin esperar. En principio. Cada vez que la reflexión com binatorio (en que consiste la ciencia de los juegos) logra la teoría de una situación. pues nunca son m ás que álgebra sobre el juego. y cada jugador m uestra sil juego. E n la b araja. Se conoce el desenlace de todas las variantes. Sin em barga. si quiere antes que nada aseg u rar el objeto deseado. el interés p o r ju g ar desaparece con la incertidum brc del resultado. si se logran lim itar los elem entos que entran en juego. Allí reside y persiste el irreductible elemento dc juego que las m atem áticas no captan. En los juegos que les apasionan. Pues no se juega para g an ar con seguridad. Cuan­ do por im posibilidad se constituyen en álgebra del juego. se puede calcular qué día es m ejor co m p rar tal o cual articulo. El placer del juego es inseparable del riesgo dc perder. según se le considere m ás o menos deseado. el juego al p unto se ve estropeado. el ju g ad o r consciente abandona la p a r­ tida en cuanto se da cuenta de que la situación o la relación de fuerzas lo condena a una derro ­ ta ineluctable. En ajedrez. la partid a term ina cuando ya no hay incertidum brc sobre las cartas por ganar o p o r perder.

287 . lejos de favo’’ A . Se juega con doce palitos y doce guijarro s.12 Sabe que su adversario debe derro tarlo y el modo en que procederá para lograrlo. Cada vez que uno de los ju­ gadores logra colocar tres de sus peones en linea recta. si la desconoce. Los cam ­ peones conocen jugadas que les pertenecen y que. “Jctix dan«. la pieza que es conveniente m over o la carta que es ventajoso destapar. te M o n d e n o ir". Monde n ú m s. sem ejante al molino. Las teorías m atem áticas que buscan determ i­ n a r con seguridad. Así. 241-24$. Nadie siente un gran placer aprove­ chándose d e la inexperiencia de un jugador me­ diocre. que cada ju g ad o r pone sucesivam ente en trein ta casillas dispuestas en cinco filas de seis. en todas las situaciones po­ sibles. La disposición inicial de los peones tiene gran im portancia. pp. le "com e" uno al adversario. P r o x i. form ando parte de la herencia fam iliar. 8-9 de Présence africaine. un ju ­ gador experim entado con frecuencia detiene la partida reconociéndose virtualm ente derrotado m ucho antes de que su derro ta sea evidente para el profano. Las com ­ binaciones posibles no son infinitas. se a rd e en deseos de enseñarle la m aniobra invencible. En Sudán. pero que ellos no abordan de o tro modo. noir. Por el contrarío . Pues el juego es an tes que nada dem ostración de superioridad y el placer nace de m edir fuerzas. se tran s­ miten de padres a hijos. e-s muy popular el juego del bolotudtí.stern p ara estructu ras que sin duda exigen un aparato m atem ático singularm ente m ás comple­ jo.

es decir. Su teoría es sencilla. ¿Qué placer puede seguir experim entando al ju g a r al toho el ju g ad o r que conoce esa teoría? D estructivos desde el m om ento en que son perfectos. Por sí solo. Existiría incluso si los juegos no existieran. de la prim era a la últim a jugada. aunque no se demuestre. No es verosímil. ninguna respuesta resulte eficaz. El lobo. una m áquina electrónica determ ine esa partid a ideal. El análisis m atem ático de los juegos aparece así como una parte de las m atem áticas. Las ovejas (los cu atro peones blan­ cos) necesariam ente deben ganar. que la ventaja de la salida constituye una ventaja re a l. 288 . que con los juegos tiene tan sólo una relación cir­ cunstancial. ago­ tando todas las bifurcaciones concebibles.recer cl espíritu de juego lo estropean. p ara los palillos y el juego de anillos. que exista una p arti­ d a de ajedrez absoluta. Puede y debe desarrollarse fuera de **Por lo general «.· admite. el hecho de m over prim ero traerá consigo el triunfo o quizás la p erdida 11 de la partida. por ejem plo. esos análisis tam bién existen para otros juegos. que se juega en el tablero ordinario de sesenta y cu atro casillas con un peón negro y cu atro peones blancos. pero sí posible y tal vez sea teóricam ente obligatorio. abolien­ do su rozón de ser. Entonces no se ju g ará más al ajedrez. p o r verse siem pre la m ejo r de ellas neutralizada d e m anera autom ática. tal que. No queda fuera de las hipótesis razonables que. es un juego simple cuyas com binaciones posi­ bles se pueden enum erar fácilmente. que m encionaba yo antes.

En efecto. Así. o bien el análisis desem ­ boca en una certidum bre y el juego pierde su interés. sea cual fuere el valor histórico o p ráctico de los resultados obtenidos en cada perspectiva particular. Sin em bargo. Se interesa por el co njunto de las actividades y de las ambicio­ nes hum anas. de acuerdo con su naturaleza pruden te o tem eraria. inventando a placer situaciones y reglas cada vez m ás com plejas. muy pocas disciplinas hay —d e la pedagogía a las m atem áticas. o bien determ ina un coeficiente de p ro ­ babilidad y tan sólo conduce a p ro cu rar una apreciación m ás racional de un riesgo que el ju ­ gador asum e o no asum e. esos resultados queda­ rían privados de su significación y de su verda­ dero alcance si no se leyeran p o r referencia al problem a central que plantea el universo indi­ visible de los juegos. de donde tom an antes que nada el interés que pudieran ofrecer.ellos. pasando p o r la historia y la sociología— que no puedan estudiarlo fructíferam ente en algún aspecto. . Pero no podría tener la m enor repercusión en lo naturaleza misma del juego. El juego es un fenómeno total.

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Capítulo II CLASIFICACION P. 54. Mimicry entre los insectos. Reproduzco aquí algunos de los ejemplos citados en mi obra te Mythe et VHomnte [El mito y cl hombre] (pági­ nas 10ÍM16). "Para protegerse, un animal inofensivo adopta Ja apariencia de un animal temible, por ejemplo la mariposa apiforme Trochiüum y la avispa yespa Crabro: mismus alas ahumadas, mismas patas y antenas pardas, mismos abdómenes y tórax con ra­ yas amarillas y negras, mismo vuelo seguro y rui­ doso a pleno sol. En ocasiones, el anima! mimético va más lejos; así ocurre con la oruga del Choerocampa Elpenor que, en los segmentos cuarto y quinto, presenta dos manchas aculiformes rodeadas de negro; al inquietársele, contrae sus anillos an­ teriores; el cuarto se hincha marcadamente; el efec­ to obtenido sería el de una cabeza de serpiente capaz de engañar a lagartijas y pájaros pequeños, asustados por esa súbita aparición.1 Seaiín Wcismann,1 cunntlo está en peligro, la Smerinthus occ* Mata, que en reposo oculta sus alas inferiores como todas las Esfinges, las muestra bruscamente con sus dos grandes 'ojos' azules sobre fondo rojo que asustan de pronto al agresor* Ese acto se 1 L Citénot, t/x y.cntec des espèces animales, Parts, 1911: pp. 470 y 473. * Vorträge iibtr üeicendenztheorie. t. I. pp. 78*79. *Esa aterradora transformación es automática. Se la
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acompaña de una espede de i ranee. En reposo, el animal semeja dos hojas deshiladas y secas. Cuan­ do se te perturba, se aforra a su soporte, despliega sus antenas, hincha el tórax, mete la cabeza y exa­ gera la combadura de su abdomen, mientras que todo su cuerpo vibra y se estremecí:. Pasado el acceso, el animal lentamente vuelve a la inmovililidad. Algunas experiencias de Standfuss han de mostrado Ja eficacia de ese comportamiento; se asustan el paro, el petirrojo y eJ ruiseñor común, aunque no así el ruiseñor gris.' En efecto, con las alas desplegadas, la mariposa semeja la cabeza de una enorme ave de presa. El ejemplo más claro en ese p.éncro es el de la mariposa Caligo de las selvas brasileñas, que Vignon describe de esta ma ncra: 'Hay una mancha brillante rodeada de un círculo palpebral, luego filos circulares e imbri­ cadas de plumitas radiales de aspecto adamasca­ do, que imitan a la perfección el plumaje de una lechuza, mientras que el cuerpo de la mariposa co­ rresponde al pico do la misma ave. La semejanza es tan sorprendente que los indígenas del Brasil la puede comparar con los reflejos cutáneos, que no siem pre tienden a un cambio de color destinado a disimular a! animal, sino que a veccs llegan û darle un aspecto aterrador. IJn cato ante un perro eriza sus pelos, de suerte que. por estar aterrorizado se hace aterrador. Le Dantec, quien hace esa observación (Lamarckicns rt Darwiniens. París. 1908, p. 139), explica así en et honv bre el fenómeno conocido con cl nombre de carne de gallina, que se produce vobre todo en caso de un gran terror. Hecho inoperante por la atrofia «leí sistema pi­ loso. no por ello ha dejado de subsistir 4 Cf. Standiuxx. "Beispiel von Schutz und Trut/far bung", Λ f/n. Schweifz. Entorna!. C a.. 21. 1906. p. 15* 157; Vifcnon. Introduction a la biologie expérimentale. Paris, 1930 (Encycl. BloL. t. VÏ11), p. 356.
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clavan a la puerta de su granja en vez y en lugor del animal que imita. Asustadas normalmente por los occlus de la Calibo, algunas aves la devoran sin vacilación cuando se le cortan las alas'. "Es dc sobra evidente que, en los casos anterio­ res, el antropomorfismo desempeña un papel de­ cisivo: la semejanza sólo radica en la vista del que pcrcibc. El hecho objetivo es la fascinación, como lo demuestra sobre todo la Snurinthus occltata que, en el fondo, no se asemeja a nada temible. Sólo las manchas oculiformcs desempeñan cierta función: el comportamiento de los indígenas brasileños no hacc sino confirmar ese planteamiento; los 'ojos' de la mariposa Caligo sin duda deben compararse con el oculus mvidiostts apotropaico, cl mat de ojo capaz de proteger y dc dañar si se le vuelve contra las fuerzas malignas a las que, como órgano fascinador por excelencia, pertenece naturalmente. Aquí, el argumento antropomórfico carccc dc valor pues, en todo el reino animal, el ojo es el vehículo dc la fascinación. En cambio, la objeción es con­ vincente contra la afirmación tendenciosa dc la se­ mejanza: por lo demás, dc ese grupo de hechos ninguna es absolutamente concluyente, ni siquiera desde el punto de vista humano. "No ocurre así en lo que habría que llamar homomorfia. es decir, en el caso en que la propia mor­ fología, y no sólo el color, es semejante al medio inerte y no sólo a oirá especie animal. Entonces se está en presencia de un fenómeno mucho más per turbador y propiamente irreductible, del que ya no se puede concebir ninguna explicación inme­ diatamente mecánica como en el caso de la homocromia y en el cual, como habrá dc jti/garse, la identidad es objetivamente «an perfecta y se pre­ senta en condiciones tari agravantes que resulta ra295

dicalmentc imposible atribuirla a una proyección exclusivamente humana de las semejanzas. •Ύ no faltan ejemplos: las calapas semejan gui­ jarros redondos; los chlamys, semillas; los moenas, grava; los palemones, fucos; el pez Phylopteryx del Mar de los Sargazos no es sino 'un alga despedazada en forma de tirillas de cuero flotantes1 como el An,1 fetmaríus y el Purophryné* El pulpo contra«: sus tentáculos, incurva la espalda, acomoda su color y de esa manera parece un guijarro. Las alas in­ feriores blancas y verdes de la Piéride-Aurora simu­ lan a las ombclíferas: las gibas, las nudosidades y las estrías de la lichnée mariée la hnccn idéntica a la corteza de los álamos sobre los cuales vive. Es imposible distinguir de los liqúenes al ¡Jthintis ni· grocrisiinus de Madagascar y a los flatoides.r Sa­ bido es hasta que grado llega el mimetismo de los mániidos. cuyas patas simulan pétalos o se curvan como corolas y parecen flores, que imitan median­ te un ligero balanceo maquinal la acción del viento sobre ellas.· La Cilix compresa semeja un excre­ mento de ave y. con sus excrecencias foliáceas verde oliva claro, el Cerodeylus lacerai us de Bor­ neo, a un palo cubierto de musgo. Este último per­ tenece a la familia de los fásmidos que, en general, e cuelgan de arbustos de lo selva y tienen la rara sc costumbre de dejar pender sus patas irrcgularmentc, lo cual hacc aún más fácil el error*.® A la
• L M u r a t . Les Merveilles du monde animal, 1914, PP- 37-38. "L. Cuénot. op. cit., p. 453. ? Ibid., fig. 114. •A. Lcfcbvre, Ann. de la Soc. Hntom. de France, t. IV: Léon Binet, Im Vie de la mante religieuse, Paris. 1931; P. Vignun, op. cit., pp. 374 y sig. " Wallace, La Sélection naturelle, trad, francesa, p. 62.

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misma familia pertenecen también ios bacilos qoe semejan ramitas. El Ccroys y el Heterontcryx simu­ lan ramas espinosas secas y los membrnccos, ho mfptcros de los trópicos, brotes o espinas, como el Jnsecto-cspina. enteramente en altura, el Vmbonia orozimbo. Las orugas agrimensores, erguidas y rí­ gidas, difícilmente se distinguen dc los brotes dc arbustos, para lo cual se ayudan con rugosidades tegument arias apropiadas. Todo el inundo conoce a las filias, de gran semejanza con las hojas. Con ellas, nos encaminamos hacia la homomorfia per­ fecta. que es la dc las mariposas: en prim er lugar, la Oxydia. que se coloca en la punta de la rama, pcrpcndicularmente a su dirección, con las alas superiores replegadas como techo, de suerte que presenta el aspecto dc una hoja terminal, apariencin acentuada por una estela delgada y oscura que con­ tinúa transversalmcntc sobre las cuatxo alas, a modo dc simular la nervadura principal dc la hoja.10 'O tras especies son aún más perfeccionadas, pues sus alas Inferiores están provistas de un apéndice delgado que ellas utilizan como peciolo, ganando por ese medio 'una especie dc inserción en el mundo vegetal'.1 F.l conjunto de las dos alas de cada lado 1 figura el óvalo lanceolado característico dc la hoja: hay aquí, una vez más. una mancha, pero esta vez longitudinal, que se continúa dc una a otra ala y sustituye a la nervadura mediana, dc suerte que *la fuerza organomotnz ...h a tenido que recortar y or­ ganizar sabiamente cada una de las alas, puesto que realiza así una forma determinada, no en ella misma. Sino mediante su unión con la otra ala'.11 Así son ,ftCf. Rahaud. Cléments de biologie générale, 29 edi­ ción. Paris. 1928. p. 412. fig. 54. 11Vifcnon, art. cit. 1βIbid. 297

principalmente la Coenophlebtß Archidona de Amé­ rica Central u y las diferentes especies de KaUima de la India y de M alasia...'· [Otros ejemplos: Le Myth et VHomme (F.l mito y el hombre), pp. 133-136.] P. 59. Vértigo en el volador mexicano. Extracto de la descripción hecha por Guy Stresser-Péan (pá­ gina 328). ''Vestido con una túnica roja y azul, el jefe de dan/a o k'ohal sube a su vez y se sienta sobre el bloque termina!. Vuelto hacia el este, invoca prime­ ro a las divinidades benévolas, extendiendo sus alas en su dirección y valiéndose de un silbato que ¡mita la voz de las águilas. Luego se yergue de pie en lo alto del palo. Volviéndose sucesivamente hacia los cuatro puntos cardinales, les presenta una copa de calabaza cubierta con una tela blanca y una botella de aguardiente del que. con la boca, proyecta ante Si algunos tragos más o menos vaporizados. Una vez hecha esa ofrenda simbólica, se pone el penacho de plumas rojas y baila nntc los cuatro puntos car­ dinales. batiendo sus alas. "Esas ceremonias ejecutadas en lo alto del palo marcan la fase que los indios consideran como la más emotiva de la ceremonia, porque implica un riesgo mortal. Pero la fase del 'vuelo' que viene en seguida sigue siendo muy espectacular. Los cuatro danzantes sujetos por la cintura pasan por debajo del marco y se dejan caer hacia atrás. Colgados de ese modo, bajan lentamente hasta el suelo, descri­ biendo una tfran espiro) a medida que sus cuerdas si; desenrollan. Pora esos danzantes, la dificultad ·* Delagc y Goldsmith. Les Théories de l'éwtution. París. 1909. fiß. I, p. 74.
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se dio por satisfecho.estriba en asir la cuerda entre los dedos de los pies. antes de ponerse a tirar dc ellos con los dientes de la manera más violenta posible. Una vez que la hucvcia íue pulverizada en­ teramente. lo introduce entre un objeto pesado y la pa­ red. luego lo dobla y k» rompe. luego mira atentamente lu alto del respaldo y cuando ve que va a alcanzarlo. con gran alegría. hasta hacerle perder el equilibrio. La pata de una cama de cobre le pareció buena para esc uso: levantó la huevera en lo alto por encima dc su cabeza y le dio varios golpes vio­ lentos. a modo dc mantenerse cabeza abajo. Groos: 'Observo que le gusta portarse mal. que varias veces ha 299 . en la posición de aves que descien­ den planeando y describiendo grandes círculos en el ciclo. Alegría de destruir en u)i moni) capuchino. con los brazos abiertos. 67. habiéndose dado cuenta de que no podría romper la huevera tirándola al sucio. En cuanto al jefe. Con frecuencia des­ truye algún objeto dc asco. Para romper un palo. citada por K. Arrojó el vaso con toda sus tuerzas y naturalmente lo hizo añicos. se quita de debajo de él y espera la caída. tenemos un lavabo con pesada cubierta de mármol. "Junto a su necesidad dc destrucción. Así. primero aguarda unos instantes y luego se desliza a lo largo dc la cuerda dc uno dc las cuatro danzantes/' P. J. Hoy se apo­ deró’de un vaso para vino y de una huevera. pero tiene mucho cui­ dado de que no le caigan encima. De ese modo tira dc una silla. también le gusta mucho volcar objetos. tirando cuidadosamente dc los hilos. Hace lo mismo con objetos más pesados. De una observación de G. Sin embargo. Romanes. buscó a su alrededor algo duro contra lo cual gol­ pearla.

Alean. Intelligences des animaux. París. Por otra parte. sino porque atribuye a cada partido el valor de una consulta de la suerte. t. 240 y 241. su evidence falto de interés no dejan de impresio­ nar al observador. Desarrollo de las máquinas (ragamonedas.” " P. sin lastimarse nunca. La clientela extraordinariamente numerosa de esos Juegos hace al fenómeno aún más extraño. y en las máquinas tragamonedas cuyo éxito. difícilmente sería entretenida. al que es raro que se tenga fe. Pienso sobre todo en los "solitarios” que vemos a los desocupados empezar una y otra vez. PP. Hn los "solitarios” o "paciencias” todavía se pue­ de distinguir una apariencia de interés. Esc carácter oracular. el solitario sigue siendo un juego au­ téntico. El entusiasmo que suscitan» Hoy un tipo de juegos que parecen basados esen­ cialmente en la repetición. 70. sin la treta.logrado volcar con grandes esfuerzos. 300 . cuando menos sirve para justificar una activi­ dad que. F. J. de él depende volver a empezar hasta obtener la respuesta favorable. I-i ganancia o la pérdida del solitario le ofrece una es­ pecie de respuesta del destino. Su estéril monotonía. Sin embargo. es también materia de reflexión. Antes de em­ pezar el juego. luego de haber barajado los cartas y en el momento de "cortar”. Romanes. prácti­ camente universal. no tanto a causa de las pocas combinaciones entre las cuales a vcccs puede vacilar c! jugador y que por lo de­ más no lo llevan en absoluto a cálculos difíciles y absorbentes. II. el jugador se plantea a si mismo una pregunta o formula un deseo. . puesto que claramente se trata de uno acción "G .

búsqueda del favor del destino. con ayuda de un número fijo de elementos. De los cuatro resortes entre los cuales creí poder distribuir la multitud de juegos (demostración de una superioridad per­ sonal. puesto que la ley prohíbe. su papel sin embargo se deja sen tir. Las mismas características se aplican a los apa­ ratos tragamonedas. que el atrac­ tivo de la ganancia pueda combinarse con la seduc­ ción propia de las máquinas.Ubre que se ejerce dentro de un espacio determi­ nado (aquí. en primer lugar mediante la enormidad de cifras enteramente ficti­ cias que se encienden en las pantallas multicolores (los intentos por introducir cifras más realistas por desgracia han fracasado en grado muy signifi­ cativo). que en un principio parece del todo ausente. en fin. de manera más o menos severa y según los países. de autos de carreras y lanchas fuera de bor­ da. En cuanto al simulacro. papel desem­ peñado en un universo ficticio y voluptuosidad del vértigo provocado deliberadamente). y por otra parte a causa de la decoración con muchachas en ropas ligeras. pero siempre con la misma solicitud. perfectamente im­ productiva. lo que equivale a lo mismo). sometida a reglas arbitrarias c imperiosas y. que sólo resul­ ta eficaz si es completo y con un abandono total del menor medio de orientarla o de corregirla. pues los recursos del jugador se encuentran allí demasiado limitados para que el juego no sea un juego de puro azar. de cosmonautas con escafandra y de 301 . de corsarios y de barcos antiguos con baterías de cañones. ninguno es aplicable a los aparatos traga monedas sino en un grado de orden infinitesimal. El placer de la com­ petencia es escaso. Y así se eli­ mina al mismo tiempo el segundo rubro de los juegos: el sometimiento a la suerte. refinadas o sal­ vajes. aunque de manera muy diluida.

Aquí. Supon302 . Pienso en el espantoso ¿xcto del pochcnco japonés.cohetes Interplaneterios. Trátese dc una fascinación dc ruidos y dc reflejos. Por lo demás. hay sin embargo cierta hipnosis proveniente de la obliga­ ción dc m irar fija y continuamente unas luces in­ termitentes. una pe­ queña esfera brillante. Para aum entar el ruido y el movimiento. nackt de contactos eléctricos ni de obstáculos. En fin. aunque el ambiente dc los cafés sea lo menos propicio. pero que cuan­ do menos procura una atmósfera de sueño sufi­ ciente para aparcar al jugador dc la monotonía cotidiana. sino canicas dc acero enviadas con fuer­ za y estruendo por una espiral que está ante el jugador. En este caso. El estrépito es en­ sordecedor y el brillo dc las canicas verdadera­ mente hipnótico. en una palabra dc una solicitación pueril que sin duda ni siquiera invita a una identificación incluso fugaz. éste casi siempre lanza varios balines a la vez. y la dis­ tracción paralizada aparezca sin duda como una dc las menos difíciles que .se puedan imaginar. y de In obsesión dc em pujar como por arte dc magia entre los obstáculos. posible al vértigo. en un juego que por lo demás no consiste abso­ lutamente en dominar. lo que se obtiene es claramente el vértigo y sólo el vértigo. suele suceder que el vértigo ocupe por amplio margen el prim er lugar en cl placet buscado. Los aparatos se alinean en filas interminables. que aumenta con sus pro­ pios efectos y domestica. el vértigo y lo reduce a la contemplación fija y alelada del trayecto dc una canica detrás de un vidrio. sin nin­ gún Intervalo entre si. pero un vértigo inferior y vano. dc suerte que los jugadores están codo con codo y que sus cabezas paralelas forman a su vez largas filas. que no es urgente dominar. por decirlo así. como con el peso de una mirada cargada dc deseo.

un esfuerzo. en fin. la prueba de una ha­ bilidad. el solitario o los palillos.sin espesor los juegos de vértigo. Así. Incluso hacen un llamado abierto a cierta calidad del cuerpo. lo contrario. de romper con una actividad maquinal que no tiene en su favor más que su monotonía o mejor dicho la parálisis de la voluntad que trae consigo. éstos incluso exigen. una lucidez expuesta e imperturbable. Los recursos personales del jugador no intervienen. por el lado que se le-s mire. los crucigramas y las recreacio­ nes matemáticas. en plena embriaguez aumentada a placer como velocidad de trompo al que se fustiga. tfste tampoco espera de la suerte Ja ruina o la fortuna: paga cada partida de acuerdo con una tarifa uniforme. que exi­ gen espacio. paroxfsticos. del vér­ tigo no queda sino la dificultad de detenerse. P. previsión. para hacer mecánicos y endebles.n fin. las máquinas tragamonedas cons­ tituyen una especie de grado limitado del juego. El balero exige destreza. y para reducir a la dimen­ sión de una caja . en principio los más peligrosos de todos. el entrenamien­ to deportivo. de la inteligencia o del alma. · Los demás pasatiempos no necesariamente pa­ recen tan pobres. una victoria continua contra el pánico de los sentidos y de las visceras. maquinaria compleja y gran desgaste de energía. reflexión y saber. Aparte de la forma corrompida que los aparatos de feria están destinados a procurar. incluso en sus aspectos más aberrantes y. un excepcio­ nal dominio de los nervios y de los músculos. y hasta resulta inoperante. Necesita mucha complacencia para imagi­ narse introducido en los mundos novelescos evoca­ das por la decoración de la máquina: la enajenación es poca. desde cierto punto de vista.go que poco faltaba para empobrecer. del casi automatismo 303 . obstinación y resistencia. Por doquiera una tensión.

el chaquete. el billar. sin duda porque la presencia de los espectadores que comentan y esperan su tum o ofrece un útil complemento de excitación a una actividad en sí misma bastante triste. En ocasión de una encuesta realizada por una comisión del Senado norteamericano en marzo de 1957. en pleno Times Square. en el corazón de Nueva York. He mencionado al Japón: se ha calculado que el 12% del ingreso nacional. norteamericanos de toda edad. la mayoría de ellas instaladas en los alrededores de Chicago. desde el escolar hasta el anciano. los aparatos Ira· ggmoned&s ciertamente son una característica de determinado estilo de vida en picúa realización. la multiplica­ ción de esas máquinas sustituye casi por completo a los juegos que en ellos florecían hace cincuenta años y atraían a una clientela asidua: la baraja. con In vana esperanza de una partida gratuita. Pues bien. derrochan en una hora el dinero de sus gastos menudos o su pensión de la semana. ''Playland*' . En Estados Unidos. en los años de mayor éxito. Provoca verdaderas obsesio­ nes.con que parcccn satisfacerse los usuarios de los aparatos tnigamonedas. la prensa informó lo siguiente: En 1956 se vendieron 300 mil máquinas tragamonedas fabricadas por 15 mil empleados en 50 fábricas. Kansas City o Detroit —sin hablar de Las Vegas. la boga de las máquinas traeamonedas cobra propor­ ciones insospechadas. el 25 del mismo mes. se gastaban en fichas deslizadas por las ra­ nuras de los pachcncos. capital del juego-sino también en Nueva York. Se les encuentra dondequiera en los lugares públicos. Broadway 1485. Esas máquinas no sólo son populares en Chicago. Cada día y cada noche. . En los cafés.

Delante de cada máquina. En efecto.en gigantescas letras dc neón que eclipsan el anuncio dc un restorán chino. También están allí el marino o el aviador que tiran con pistola sin gran convicción. las damas posan la mano sobre cl love meter que les revela si aún pueden enamorarse mientras sus hijos. en el Estado dc Nueva York no están autorizadas las ganan­ cias en efectivo. si entró allí con dinero suficiente. permite al jugador quedarse horas. se dejan sacudir hasta el mareo sobre un asno que más bien parece un cebú. Incluso tiene ante sí un cenicero y un espacio reservado para cl hot dog y la coca-cola. (D. Se calcula que los norteamericanos gastan así cua­ trocientos millones dc dólares anuales con el único fin de proyectar canicas niqueladas contra contactos . comida tradicional dc los económicamente débi­ les de Estadas Unidos. un cómodo taburete dc cuero que recuerda los asientos dc los bares más elegantes dc los Campos Elíseos. Muchachos de blue jeans y chaqueta de cue­ ro se codean con ancianas de sombrero de flores. que el jugador puede or­ denar sin moverse dc su sitio. Morgaine). Los muchachos escogen las máquinas del bom­ bardero atómico o del cohete teledirigido. En una inmensa sala sin puerta. Con una moneda de 10 centavos de dólar (40 francos antiguos) o de 25 centavos (100 francos). como se les llama aquí. trata de totalizar el número dc puntos que le permiten ganar diez paquetes de cigarrillos. por 5 centavos. quie­ nes acompañan en el gramófono los esfuerzos dc los ''deportistas dc moneda''. decenas dc máquinas tragamoncdas multicolores se alinean en un orden perfecto. Un estruendo infernal cubrc la voz de Louis Armstrong o de Elvis Presley.

1289. pues las anotaciones llevan varios ceros. que podían utilizar en aparatos traga monedas. Como es fácil imaginar. 215. lue Ko de lo cual los tiraban a la basura.a más sutil (y más significativa) es sin duda la que Julius Segal ha propuesto con el título de 'T he Lure of Pinball" en Harper's. (Vol. El ílU sólo indica un límite que no hay que rebasar. pero le parece sublime. hay algunas que tal ve* sean más ingeniosas que persuasivas. en abril de 1957. T. de octubre de 1957. el autor distingue sobre todo un sentimiento de victoria contra la técnica moderna. Por una moneda (real). Sólo se interesaban por las monedas de 10 y 5 centavos.ador antes de proyectar la canica no le sirve para gran cosa. num. pp. "Se figura que |uepa sólo con su saber contra los recursos combinados de toda la industria norteamericana/' El fuego sería así una especie de competencia entre la dcsrrc?. Tras las inevitables referencias a cierto simbolismo sexual en el placer dispensado por los aparatos tragamonedas. Rs una amenaza . La aparien­ cia de cálculo a que se entrega el jup. Así. puede ganar millones (fieticos). En fin. los diarios norteamericanos señalaban el arresto en Brooklyn de una banda de niños capitaneada por un chico de diez años y una muchachllia de doce. se necesita tener la posibilidad de hacer trampa sacudiendo el aparato.luminosos. Ese estudio sc presenta a la vez como una confesión y como un análisis.a de un individuo y una inmensa maquinarla anónima. a través de diferentes obstáculos. 44-47). Re­ tomo aquí mi comentario de entonces. esa pasión no deja de influir en la delincuencia juvenil. Sin embargo. Los billetes sólo les servían para envolver el botín. No es fácil encontrar una explicación a ese engolosinamicnto. Saqueaban a los comerciantes del barrio y de esc modo habían robado mil dólares.

Sale tranquilizado respecto de su talen. vo hubiera empeñado en descubrirle dimensiones psicológicas propias para hacerla interesante y. un riesgo suplementario. Entonl ces juega. suele dar un rodeo de una media hora para encontrar su máquina preferida. el jugador se .ativo accionando el resorte del artefacto." Yo habla resumido el estudio de Segal sin dis­ cutirlo. Tal vex haya en sus confi­ dencias más imaginación que observación: ocurre como si el narrador. Imagina dominar la mecá­ nica y amasar una enorme fortuna en cifras lumi­ nosas inscritas en la pantalla. por decirlo así. to y de sus oportunidades de triunfo. Por lo general. Si hemos de creerle. Julius Segal confiesa curiosamente que. "Por lina moneda. I. novelando una costumbre de la que sin duda sentía cierta vergüenza. No por ello dejaba do pensar en él. en particular.Γ deliciosa. Segal considera el comportamiento de un juga­ dor ante el aparato tragamonedas tan revelador de la personalidad como la prueba de Rorschach. honorable si* no es que higiénica.o logra solo y puede renovar su hazaña a voluntad. se hallan lejos de experi­ mentar el mismo fervor venp. Su desesperación desaparece y su agresividad se calma.La máquina Iragamoned:is difícilmente puede parecer una imagen del universo mecánico vencido v obediente: no es en absoluto dócil y tranquilizadora sino antes bien Irritante e intratable. confiando en la "posibilidad terapéutica i de pinar". una especie de segundo juego agregado a! primero.ra que el mundo se conduzca dócilmente. en caso d e depresión. cada quien buscaría demostrar­ se a sí mismo que puede derrotar a las máquinas en su propio terreno. me parece que la mayoría de los usuarios de paratos tragamonedas se asemejan poco ni señor Segal y. Y en efecto. exterioriza su irritación y lop.

en la medida en que obligan más a respetar la regla. no fue jugar sino razonar so­ bre el juego. al que presta gran atención. según exi­ jan m is cálculo. el desinterés. Pero no deja la máquina reconciliado consigo mis­ mo. m . destreza o vigor. en pocas palabras haberlo hecho perder. sPcro he aquí que se encuentran juegos va­ cíos. Ya se había estimado que los juegas no son igualmente fértiles y que algunos. En realidad. favorecen el feliz desarrollo del arte. la lealtad. En lo sucesivo. lo hacen fructificar a largo plazo. Li­ teralmente. al grado dc ver en ellos uno dc los factores principales de la civilización.enerva en vez dc triunfar. Para quien está convencido dc la fecundidad cul· tural dc los juegos. los scudojuegos —que no ponen nada en juego— no sirven N i ñ o para sustituir el hastío por una rutina disfrazada de diversión. sino amargado c iracundo. se siente cngaflado. enojado contra el aparato que nada tiene pero al cual reprocha puerilmente estar des­ nivelado o funcionar mal. la existencia y el éxito de los aparatos tragamonedas no pueden sino revelar una falla en el sistema. el componente terapéutico. imaginación. más que otros. éstos matan el tiempo sin fecundarlo. Deja la máquina frus­ trado. deberá tenerla en cuenta. que no exigen nada del jugador y que son simple y estéril consumo dc entretenimientos. Sospecho que. en cambio los verdaderos juegos lo hacen fértil. Por el con­ trario. casi al azar o en todo caso sin finalidad determinada dc antemano y como un premio agregado al placer. furioso por haber gastado su dinero sin nin­ gún resultado. de la ciencia y de la moral. paciencia. en el caso del señor Segal. Los millones lumi­ nosos se han apagado y él sabe que es un poco más pobre que antes. el dominio dc sí.

posee una eficacia propia. que en las lenguas orien­ tales con frecuencia tiene un nombre específico y que. esas mismas distraccio­ nes en cambio congelan y por decirlo así paralizan la imaginación. y accesoriamente de los solitarios. radica entonces en que. cierto es que de momento improductiva y sin embargo tan fructífera a largo plazo y en otros planos como los del trabajo y las obligaciones. que ya no permite al individuo la iniciativa y la exuberancia necesarias para que el relajamiento que se concede no sea embotamiento y coma de las facultades. Nombradas entonces n contrasentido. sea ese el precio de un esfuerzo desmesurado. Bloquean la atención con una te miblc monotonía. existen distracciones-trampa que. diversificada tan sólo lo suficien­ te para no aburrir.La enseñanza de los aparatos tragamonedas. Pero no por ello invitan ni espíritu n una fértil deriva. en el orden del ensueño y del pensamiento vagabundo. sino intensidad desplegada libremente. 309 . Ni el moralista ni el sociólogo pueden percibir ningún síntoma feliz en la prosperidad excesiva de semejante clase de engaño. Tal ve/. pero bastnntc insistente para adormecer y fascinar. lo que concordaría con otra forma de juego. Esas distracciones lefuerzan la inclinación a la pa­ sividad y a la renuncia. cobran aspecto de juegos. junto a los juegos que siempre son acti­ vidad y movilización de algún recurso o prueba de sangre fría. lle­ nando las horas libres.

podrán escoger este número aquellas a quienes yo indi­ que los favores del 8. no le digo "buena suerte".Capítulo IV LA CORRUPCIÓN DE LOS JUEGOS P.f 6 . Pero. Debe usted reducir a la unidad salvo el 10 y el 11.. reducido a la unidad da 6 . como es debido. tiene seguro un sustancial coeficiente de aciertos necesarios y úni­ cos que. sin embar­ co y de todo corazón. A título dc ejemplo. tal número «Obre tal otro. Mis mejores deseos.f 4 -¿.1 = 17 = 1 4 7 = 8.. que deberán tomarse tal cual por lo que toca a nuestro procedimiento. 93. si es posible. si (por casualidad) ganara. Por ejemplo. Y ahora. Se apreciarán las precauciones tomadas por quien firma la crónica. no hablo sólo del número final como se hace habitualm ente. dada la variedad de esos procedimientos. sea tan amable de comuni­ carme la buena nueva indicándome su fecha de nacimiento. horóscopos y superstición. Aunque no contenga ningún 8.. Juegos de azar. serán tomados en cuenta por los interesados. 66 410. En­ tiendo también la cifru dada por el número re­ ducido a In unidad.. Ko obstante. éstas son las recomendaciones de M¡ (Juina en un número ton indo al azar de un se­ manario femenino cualquiera (Im Mode du Jour. 5 dc enero dc 1956): Cuando yo Ic aconsejo (con toda la reserva que implica la simple lógica) preferir. 310 . la multitud dc esos clien­ tes y lo reducido de los números.

de hormigas comunes en la India. en cuanto se acerca. como si estuviera seguro de hacerla su presa. La paráli­ sis obedece claramente a una sustancia de la glándula ubsorbida por la hormiga y no a la he­ rida hecha por la trompa del ptilócero: según 311 . como ese periódico eslá destinado al campo y el correo o el vendedor ambulante pueden llegar con demora. Poro la secreción de la glándula tiene un efecto tóxico que paraliza a la hormiga. Observaciones de iGrkaldy y Jacob­ son. la hormiga muerde con tanta avidez los tricomas con sus mandíbulas que agita al ptilócero de arri­ ba abajo. me parece que llega al colmo el horóscopo regular del semanario Intim ité (du fo­ yer). Con frecuencia. levanta la parte anterior de su cuerpo a manera de descubrir sus tricomas.En ese terreno. da consejos a los nacidos en onda docena para la semana en curso. cit. el ptilócero lo toma con sus paUUt anteriores. Bl ptilócero se abate lenta­ mente.. /:/ gusto por los "estupefacientes" entre la* hormigas. ρά· R in a 310). citadas por W. hunde su trom­ pa a través de una de las suturas torácicas o de preferencia en el punto de inserción de una an­ tena y aspira el contenido del cuerpo. Como los demás. Hypoctinea bl· tuherctdata. ?. Cuando cl insecto se coloca a la orilla de una fila de hormigas que van en busca de alimento. ni el horóscopo ni el número llevan fecha. espera la llegada de una de ellas y. Cuan­ do el pobre insecto retira sus patas. 101. replegando tan sólo sus patas anteriores sobre la cabeza de la hormiga. Ahora bien. Morion Wheeler (op. Su olor atrae a la hormiga y la incita a lamerlos y a mordisquearlos.

eso queda "probado por el hecho de que. a poncr312 . tanto cabezas de animales. cuando un gran número de hormiga* ha lamido cierto tiempo la secreción del tricoma.Jacobson.. De esc modo se destruye un número mucho mayor de hormigas del que se utiliza para la alimentación de los ptilóceros y fuerza es maravillarse de la fecundidad de las hormigas. Extracto de H. Do es el nombre genérico que designa en esa región a las sociedades religiosas en que la gente se disfraza con un ornamento de hojas. op. el derecho a conocer el misterio. Simboa) son confecciona­ das y llevadas por muchachos de cierto grupo de edad. plural. El mecanismo tic la iniciación. un árbol cercano a un pozo que también le ha sido consagrado. Pero muy pronto son atacadas por la parálisis. 162. Kora. Simbo. en las diversas aldeas o en los barrios de aldea. Los lobos (del Allo Volta) ofrecen. de fibras vegetales y de máscaras de madera que representan. un sistema de instituciones religiosas muy semejantes al de los bambaras. plural. C apítulo VII EL SIMULACRO Y EL VERTIGO P. como a ln divinidad que pre­ side esas ceremonias y a la cual está dedicado. pp. un tanto más burdo. 221-222. incluso cuando no fueron locadas en absoluto pur la trompa del ptilóccro. Las máscaras (Koro. Jcanmaire. cit. que permite al ptilóccro cobrar tan pe­ sado tríbulo a la población de una comunidad''. éstas se apartan un poco del ptilócero.

del mismo tamaño. ya grandes y cansados de verse perseguidos y mole«« lados por las máscaras. De las exposiciones un tanto confusas. no ten­ dremos en cuenta sino dos esquemas ceremo­ niales. hucen oír . desempeña así el papel que en otras partes desempeñan las ceremonias de la pubertad. Cuando los 313 . En uno. la revelación del secreto dc las máscaras. lo cual se hace ritualmente. que se deduce fácilmente de los tes­ timonios concordantes dc dos informadores.scias y a cjerccr en contra dc los no iniciados diversos privilegios lo adquieren en cierto mo­ mento los muchachos del grupo siguiente que. es decir. los usos varían se­ gún las localidades. Aconsejados por los ancianos de 1a aldea y luego de sostener conversaciones con los jefes dc los grupos mayores. piden conocer las "cosas del Do". Por la noche. Ponen manos a la obra desde la mañana. la ceremonia de la revelación de las máscaras se reduce a un simbolismo cuyo carácter extrema­ damente tosco no carece. el sacerdote del Do llama a los padres y a los neó­ fitos. las máscaras se ponen en marcha y van a sen­ tarse cerca de la aldea. los viejos dicen que ha llegado el mo­ mento de sacar las máscaras. dc cierta grandeza. Naturalmente. Si en determinado barrio hay muchos niños dc la misma edad. pero pintorescas y extremadamente vi­ vas dc los informantes del doctor Crémor. que se han provisto dc ofrendas tradiciona­ les y de los pollos para el sacrificio. dentro dc su simplici­ dad. Al terminar el día. esperando que caiga la noche.su demanda a condición dc agasajar previamente a sus mayores La adquisición del Do. El jefe del Do ad­ vierte a la gente joven iniciada con anterioridad que debe confeccionar y ponerse las ropas de fo­ llaje. los ancianos los rodean.

niños . Cuando se luí mostrado el secreto a una persona. Es la que se abriría ante ellos si faltaran a su promesa.se han reunido. Una máscara llega corrien­ do. Se acuesta a los niños y sc lesetibre la cabeza. cl sacerdote sale con un hacha con la cual da varios golpes en tierra pan» llamar a las máscaras. los mu­ chachos llevan a los nuevos iniciadas al monte y les enseñan a tejer y a ponerse el traje. con los que concluye la ceremonia des­ pués del sacrificio. no estd en \rida. Al día siguiente. c! viejo dice a los niños que se levanten y atrapen a la máscara que huye. Cuando se ha cerrado Ja fosa. y pro­ bablemente sea también aquella en que entierran la personalidad infantil que van a dejar. lx>s niños Ja persiguen y aca­ ban por capturarla. lil viejo les pregunta: ¿saben qué criatura se cubre así de hojas? Para res pon* derles. está en ['¡cía: otra persona que lo ignota. los asusta con los sonidos que obtiene de la especie de silbato llamado "mascarUa". Pero al mismo tiempo se Ies advierte que revelar el secreto a aquellos que lo desconocen equi­ valdría a atraer la muerte sobre sí mismos. Después de lo cual. En los ritos de salida del lugar de iniciación y de regreso a la aldea. fisa es la costumbre. se descubre el rostro del personaje en­ mascarado a quien los niños reconocen al punto. éste la sella golpeándola con la mano. Matériaux ^Ethnographie et de Linguistique sou­ danaises [Materiales de etnografía y de lingüística . cada niño debe depositar en el hoyo varias hojas arrancadas de las ropas del perso­ naje enmascarado. ésta se pasca. Pre­ cisamente» se ha cavado una fosa. salta alrededor de los niños. el baño ritual se reduce a1 mínimo: cada niño hunde la mano al pasar en un recipiente con agua. De modo simbólico.

La del Kuman# (que sería análoga a la del Koino bambara). com­ parado por H. 1927 (según documentos reuni­ dos por el doctor J. quien por su parle se sentaba sobre una piel dc camero 315 . La convocatoria se hacia por encargo del presidente de la herman­ dad. constaba de un pantalón y una camisa de color amarillo. se alzaba y se col­ gaba del tronco dc una palmera. Cremer y publicados por H. éstos se celebraban cada siete años. 120 B) para el juicio mu­ tuo de los diez reyes de la Atlántlda: Aquí la autoridad social estaba menos en ma­ nos dc los jefes hereditarios de las aldeas que en las de lost dirigentes de las "sociedades secre­ tas".sudanesas]. P. los an­ cianos admitidos para participar en la ceremonia debían aportar un toro negro destinado al sacri­ ficio. y el anuncio producía una efervescencia en el país. instrumentos dc Jos Antiguos. ha dejado el recuerdo curiosamente legendario dc los ritos sanguinarios que perpetraba. El ejercicio del poder político ¡x>r parte de tas máscaras. Jcanmairc con la ceremonia que describo Platón (Cridas. t. Los celebrantes también debían llevar un ropaje ceremonial que» junto con un tocado. hoy por hoy en decadencia. Caso de la sociedad Knmang de Nigeria. sólo se admitía a los Antiguos que habían alcanzado el grado más alto en la so­ ciedad y el sitio en que la fiesta tenía lugar esta­ ba prohibido a las mujeres. el lugar ue reunión era un claro en la selva. a los niños c incluso a la gente joven. 164. Labouret). los hermanos sesionaban sentados en re­ dondo alrededor del presidente (ware). IV. El animal se inmolaba. Además de la cerveza.

T. El enmascarado se ponía a bailar. ΛΙ cabo de siete días. Cada miem­ bro de la hermandad había cuidado de llevar sus venenos y sus drogas mágicas (Korti entre los bamba ras). en el transcurso de los cuales la máscai-a respondía en forma oracular a las preguntas que se le ha­ 316 . que se supo­ nía ser ln "Madre del Kumang'* y cuya madera efectivamente servía para la fabricación de las máscaras del Kumang. iba creciendo poco a poco. Es probable que las reuniones que se celebraban en aquel momento tuvieron como objeto principal llegar a un acuerdo respecto de las personas que se haría desaparecer. la muer­ te comenzaba a cobrar víctimas entre la pobla­ ción. de espaldas. acompañaban con palmadas la danza del ser demoniaco. cuya manifestación era también la del dios de la sociedad y llevaba un atavío de plu­ mas.os prim eras siete días se dedi­ caban a sacrificios. I-a dan/a continuaba tres días seguidos. Luego de abandonar la fosa. el que se volvía se condenaba a muerte.f negro que cubría una piel humana. banquetes y palabrería. en cuanto el enmasca rado. bai­ laba alrededor del círculo de hermanos quienes. con el rostro vuelto hacia el interior. el enmascarado empezaba a surgir al declinar la tarde. al fondo de la cual se agazapaba la máscara. em pezáis la danza que se prolongaba por la noche. y al que daban respuesta los miembros de la hermandad. El día señalado. El hechi­ cero de la concurrencia subrayaba aquella apa­ rición mediante un canto que retomaba el enmas­ carado. cuando los miembros de la hermandad se habían sentado en círculo. pequenUo en un principio. So ce­ lebraba al pie de un árbol sagrado. em­ pezaba la parte importante del misterio. Al pie del árbol se había hccho una fosa. cuyo tamaño no dejaba de crecer. Por lo demás.

Dämonen des Sü­ den. De todos modas. Un ejemplo: el culto de James Dean. (Según K. 1924. Atlantis.). Ä9 ss. VII. Para rendir homenaje en común a un cantante . pp. durante aquellos días. fuera en el círculo de los ancianos. el en­ mascarado so pronunciaba también sobre la suer­ te del presidente de la hermandad y anunciaba si debía asistir o no a la festividad siguiente. al cabo de aquel triduum. numerosas víctimas pere­ cían. fuera entre la ma^a de la población. en 1926. AZAR P. En los suburbios de Buenos Aires. carbonizado en un accidente de aviación. intensidad de la identificación con ¡a es­ trella cinematográfica. varios años después de la m uerte del cantante de tangos Carlos Gardel. C apítulo V III LA COMPETENCIA Y EI. en caso negativo.cían. debía m orir más o menos pronto en el transcurso del nuevo septenato e inmedia­ tamente se tomaban provisiones para su sustitu­ ción. Volksmärchen und Volksdichtungen Afrikas. aquellas respuestas eran válidas durante los siete años que debían transcurirr hasta la cere­ monia siguiente. t. a fin de m orir como él. 205. dos her­ manas se envolvieron en sábanas empapadas de petróleo y se prendieron fuego. Numerosos suicidios siguieron a la muerte del actor Rodolfo Valentino. en 1939. Frobcnius.

muerto prematuramente en 1956 al principio del culto de que era objeto. unas adolescentes norteamericanas sc agrupaban en clubes alborotadores que se llama­ ban por ejemplo: "Las que se desmayan viendo aparecer a Frank S inatra/' En la actualidad. el actor hubo de retirarse del mundo. sensible a los sín­ tomas reveladores de la evolución de las costum­ bres. se ha conmovido ante el fenómeno. recibe alrededor de mil cartas diarias de admira­ doras desconsoladas. Uno de ellos se llama: Vuelve Jomes Dean. desfigura­ do.. Numero­ sas sesiones espiritistas evocan al desaparecido: éste ha dictado a una vendedora de supermercado llamada Joan Collins un» larga biografía en la que afirma no estar muerto. En uno de los cotidianos más importantes de París. que quienes dicen que no ha muerto tienen razón. sobre todo: "La gente llora en procestón sobre la tumba de James Dean./'.lames Dean. Escribe. "Algunos psicoanalistas". como Venus lloraba sobre la tumba de Adonis/* El historiador recuerda opor­ tunamente que ya se han impreso ocho álbumes de quinientos o seiscientos mil ejemplares cada cual dedicados a él. Se han vendido qui­ nientos mil ejemplares de la obra. El rumor hace creer que no se publicó nin­ guna foto de su entierro. dice. I-a mayoría de ellas empieza así: ''Querido Jimmy. Un servicio especial se encarga de mantener la ex­ travagante correspondencia postuma. No hay ciudad de Estados Unidos 318 . Cuatro perió­ dicos se consagran exclusivamente a la memoria del actor. "ex­ ploran su subconsciente a partir de sus conversa­ ciones de café.de su gusto. en la que trabajaba . y que su padre está escribiendo su biografía oficial. pretende que. un historiador enterado. la empresa cinematográfica Warner Brothers. sé que no estás m u e rto .

Paris. maltratando a los transeúntes. uno podía sentarse unos segundos al volante. El auto en que se mató accidentalmente a ciento se­ senta kilómetros por hora "fue restaurado y pascado de ciudad en ciudad. 119-131: "Ix cas James Denn'*. el auto fue cortado cocí soplete y vendido en subasta. 213. pp. 319 . Reproduzco el perspicaz «análi­ sis dc la corresponsal dc Le Monde en la capital de Suecia: "Como lo ha señalado Le Monde. Resurgimientos del vértigo en tas civili­ zaciones urdemidas: los incidentes del 31 de di­ ciembre de 1956 en Estocolmo. Véase también el análisis del fenómeno en la obra citada de Edgar Morin. 1957." Γ. Por cincuenta. volcando 1 Pierre Gaxoto.. la noche del 31 de diciembre cinco mil muchachos invadieron la Kunivsgatan —la arteria principal dc Estocol* mo— y durante cerca de tres horas 'se adueñaron de la calle'. ts s Stars." Se calculan en tres millones ochocientos mil los miembros dc esas asociaciones. El episodio en sí os insignificante y N futuro.que no tenga su club James Dean donde los fieles comulgan en su recuerdo y veneran sus reliquias. Terminada la gira. Tras la muerte del héroe. Pero muestra hasln qué jn grado el orden establecido sigoe siendo frágil. pre­ cisamente en la proporción en que es estricto. "su ropa cortada en pedacitos fue vendida a razón dc un dólar por centímetro cuadrado". y cómo las fuerzas del vértigo siempre están listas a tomar la ventaja. Por veinticinco centavos se permitía entrar n contemplarlo. El artículo se titula: 1 D'Hercule à James Dean. U Figaro. Sobra decir que los sema­ narios femeninos publican lardos reportajes fotográficos sobre el )>éroe y sobre la devoción delirante dc que goza a título póstumo.

finalmente. los educadores. Casi linchados. ‘Es la manifestación más grave que se haya desarrollado en la capital'. rompiendo aparadores y. Sin embargo. Unos cuarenta manifestantes quedaron detenidos. el hecho en sí no es nuevo. Otros grupos de jóvenes vándalos derribaban las viejas lápidas que rodean la iglesia vecina y arro­ jaban de lo alto del puente que atraviesa Kungsgatan bolsas de papel llenas de gasolina en llamas. la manifestación no tiene lugar ni 'en pro' de algo ni 'contra* alguien. Los pedagogos. Todos los sábados por la noche se producen las mismas escenas de trifulca en el centro de Hstocolmo y de las principales ciudades de pro­ vincia. la Iglesia y las innumerables organizaciones sociales que en Suecia enmarcan estrechamente a la comunidad se Interrogan con ansia sobre las causas de esa extrarta explosión. tratan· do de levantar barricadas con rejas y montantes arrancados de In plaza del mercado más próximo. Por lo demás.autos. varios de ellos hubieron de ser llevados al hospital. Sólo después de varias cargas a sable limpio y luchas cuerpo a cuerpo de diez contra uno pu­ dieron 10$ policías quedar dueftos del terreno. De manera 320 . "Presentan un carácter de angustia casi ‘kafkiano\ Pues esos movimientos no son ni concertados ni premeditados. Todas las fuerzas de policía disponibles acudieron a toda prisa al lugar. Su edad variaba entre quince y dieci­ nueve aftos. declaró el pre­ fecto de policía de Eitocolmo. 'Έ$ ο5 hechos han suscitado en la prensa y en los medios responsables del país una oleada de indignación y de inquietud que se halla lejos de cal­ marse. es la primera ocasión que esos incidentes alcanzan tan grandes proporciones. Pero su irrisorio número —apenas un centenar de hombres— hacía difícil su tarea.

se amontonan. gruñen y se injurian apretando los dientes. presas del terror de la soledad se reúnen. decenas..ra· mita parece tan Increíble como incomprensible. se abruman a golpes sin un grito. sin ninguna palabra com prensible. ¿dónde buscar la explicación de un fe­ nómeno cuyo eco se encuentra con otras formas en todas las 'semillas de violencia* de Europa y Amé­ rica? Porque en Suecia los hechos se destacan con mayor claridad que en otras parces. De pronto hacen explosión en una locura des­ tructiva y muda.e so s ociosos. en toda la acepción trágica de la expresión. que bajo otros ciclos ha vis­ to niños dejarse matar por algo. Si se tratara incluso de una alegre broma de mal gusto para 'asustar un poco a los burgueses*. nada tienen en común. No sc conocen entre sí. ‘rebeldes sin causa'.. para disiparse en una vaga grisalla a los dic2 de la mañana. François-Régis Bastide ya ha escrito: . se estaría tranquilo. Pues lo más impresionante de su turba tal vez sea su silencio. centenares y. Pero las expresiones de esos ado­ lescentes son Impasibles y malignas. No . Son. que provoca esta larga noche de invierno que empieza a las dos de la tarde.inexplicable. "Para el extranjero. no obe­ decen ni a una consigna ni a un jefe. aparte de su edad. "Fuera de la famosa soledad sueca y ln angustia animal tantas veces descrita.m divier­ í ten. En su excelente y bre­ ve obra sobre Suecia.. esta trifulca y. miles de muchachos están alii.. la explicación que aquí pueda encontrarse sin duda vale también para los 'vándalos del rock'n roll* tanto como para 321 . se aglutinan corno pingüinos. cl lunes.

5 de enero de 1957. En ambos casos. la certeza de un porvenir asegurado. en Suecia. En cambio. bajo otros cie­ los.vo en la vida*. disipa en ellos la angustia del mañana y al mismo tiempo deja vacante la combatividad antaño necesaria para 'abrirse pa. Esc bienestar relativo y. en un mundo en que el trabajo cotidiano está devaluado en beneficio de los actores de cine y de los gangs­ ters./’ Uva Freden..los 'salvajes en motocicleta' de los Estados Unidos. hijos de obreros o empleados comunes. (Le Monde. "¿A qué grupo social pertenecen -antes que nada los jóvenes rebeldes? Vestidos como sus colegas norteamericanos con chaquetas de cuero sobre las cuales destacan calaveras e inscripciones cabalís­ ticas.) Capítulo IX RESURGIMIENTOS EN EL MUNDO MODERNO P 218. . la combatividad sin un campo de acción válida de pronto hace explosión en un desencadenamiento cie­ go y desprovisto de s e n tid o . Como aprendices o dependientes de almacén. máscara: atribulo de la intriga untorosa y de la conspiración política: símbolo de mis­ terio y de angustia: su carácter sospechoso. « su edad ganan sala­ rios que habrían hecho softar a las generaciones precedentes. como aquéllos. provoca la desesperación. sin olvidar a los ‘teddv boy»' londinenses. el cxccso de dificultades por 'subir'. en su mayoría son.

da lugar. XXIV (1704). cuando debajo estaba el verdadero. ol tiempo que conservaban su perfecto parecido. pero el colorete se bo­ rraba al punto. de suerte que.En Francia. t. y Wartigny. dc manera más desconcertante. dc aquella ex­ traña singularidad. cap. pero también me habría cuidado de hacerlo si toda la corte no hubiera sido testigo. El invierno anterior. 323 . El invierno siguiente. pp. hacia 1700. se habían hecho varias máscaras dc cera de personas dc la corte. y estado sorprendida. Finalmente tiraron aquellas máscaras. al natural. en extremo y en reiteradas ocasiones. Dc esa suerte aparecieron en un baile y causaron lanío horror que se trató de arreglarlas con colorete. salvo las dc Bouligneux y dc Wartigny que. como yo. 414-415. de pronto. Lo cual me pareció tan extraordinario que lo creí digno dc consignarse. 1949. uno se enga­ ñaba comando la segunda máscara por el rostro. dos hombres de gran valía. pero enteramente sin­ gulares. Pero sigue siendo Inquietante y. maris­ cal dc campo. y la tensión no podía suprimirse. se quiso continuar con la diversión. Bibliothè­ que de la Pléiade. fueron muertos frente a Verue. Mémoires de Saint-Simon. la máscara es una diver­ sión dc la corte. a una fan­ tasia digna de Hoffmann o de Edgar Alian Poc: Boulinneux. Cuál no seria la sorpresa al encontrar todas aquellas máscaras naturales frescas y tal como se las había guardado después del carnaval. enteramente distinto. Favorece agradables equívocos. al desenmascararse. te­ nían la palidez y la tensión dc personas que acaban dc morir. II. grande fue la diversión con esa broma. que se llevaban bajo otras máscaras. en la obra de alguien tan realista como Saint-Simon. teniente general.

a su antojo. Todos la llevaban en Venecia. bau con el cual se asusta a los niños. Se usa para conspirar y para ir a los malos luga­ res. p. París. empezando por cl dux. el tabarro es un abrigo ligero que se lleva por encima de las otras prendas. el de la bautta (Les agentes secrets de Venise ait XVIII* siècle [Los agentes secretas de Venecia en el siglo x v m ].En el siglo χνπ ι. Venecia es en parte una civili­ zación de la máscara. 1944. la conservaban o se la quitaban. Λ continua­ ción. En los teatros. que en tales ocasiones el ceremonial también prescribía a los embajadores. La mayoría de las veces es de color escarlata. Era obligatoria para los nobles. cuando quería ir y venir libremente por la ciudad. los patricios debían entrevistarse con los embajadores. nota 1): La bautta consistía en una cspccic de mantele­ te con capucha negra y máscara. la ley prohibe a los nobles ponérselo. los porteros debían vigilar que los nobles se cubrieran bien el rostro con la bautta pero. Finalmente vienen los disfrace* de carnaval acerca de los cuales G. según Giovanni Comisso. En principio. para poner Freno al lujo y también para impedir que la clase de los patricios fuera ata­ cada en su dignidad cuando entrara en contacto con el pueblo. docu­ mentos escogidos y publicados por Giovanni Coraisso. por razones de Estado. en los lugares pú­ blicos. El origen de esc nombre es el grito de: bau. hombres y mujeres. tenían obliga­ ción de llevar la bautta. Cuan­ do. Sirve para toda dase de pro­ pósitos y su empleo está reglamentado. una vez dentro de la sala. Comisso da las precisiones si­ guientes: 324 . 37. El antifaz es el volto: el zendale es un velo negro que envuelve la cabeza.

vestidos dc andrajos. que imitaban el timbre agudo dc ciertas voces femeninas.Entre los diferentes tipos de disfraces asados durante el carnaval. de dejar de ser lo que son. 325 . (Comisco. hora« bres vestidos o no dc mujeres. Bnlre los autores modernos que han analizado con mayor éxito la perturbación que emana del uso de la máscara. en su co­ lección de cuentos Histoires dc Manques [Historias de Máscaras] (París. de disfrazar­ se.). Se manifestaba aún hacia 1940 en el carnaval de Rio de Janeiro. nota 1. El lado ritual y estereotipado dc la mascarada es sumamente sensible. Fue Giacoino Casanova quien durante un carnaval en Milán tuvo Ja idea dc uno mascarada original de piíocchL Sus compañeros y el se pusieron ropa­ jes hermosos y caros que cortaron con tijera en diferentes sitios. los tati. camuflados como mendigos afligidos por deformidades o padeci­ mientos. cil. Las reflexiones que sirven de introducción al re­ lato titulado L'un d'cux [Uno dc ellos].. los berrwrdoni. p. en una palabra. capitulo XI. Mémoires. dc cambiar dc identidad. reparando las roturas con ayuda de pedazos dc telas también preciosas y dc co­ lores distintos. dc escapar dc sí mismos. 133. tomo V. Jean Lorrain puede reivindicar un lugar destacado. también sobre las máscaras. Prefacio de Gustave Coquiot. op. pero insignifi­ cance} merecen ser reproducidas aquí: ¿Quién podrá algún día dar la técnica del mis­ terio atrayente y repulsivo de la máscara. ex­ plicar sus motivos y demostrar lógicamente la imperiosa necesidad de maquillarse. que supuestamente representaban a niños gran­ des y estúpidos. los pitocchi. 1900. estaban: los gnaghc.

hace estremecerse deliciosamente a las mujeres. sus bromas y sus gritos el estupor vacilante de las calles. ¿Por qué no habría de haber vampiros bajo esas largas mucetas.necesidad ésta a la que ccdcn determinados días ciertos jQué instintos. inquietos de repente ante el sexo ambiguo de los disfraces. como los fantasmas. no se ve su rostro. La máscara es el rostro turbado y perturbador . el raso brilJante de los anti­ faces o la tela blanca de fas capuchas! ¿A qué embriaguez de haschisch o de morfina. y sin embargo su alegría es triste: son más espectros que seres vivos. a qué aventura equívoca y mala se precipitan los días de bailes de máscaras esos lamentables y grotescos desfiles de dominós y de penitentes? Esos enmascarados son bulliciosos. desbordan­ tes de movimientos y ademanes. sardónica y macabra. que enmarcan caras rígidas de terciopelo y de seda? ¿Por qué no el vacío y la nada bajo esas amplias blusas de Pierrot puestas como su­ darios sobre ángulos agudos de tibias y de hú­ meros? ¿No está ya fuera de la naturaleza y fue­ ra de la ley esa humanidad que se oculta para mezclarse a la multitud? Evidentemente es ma­ ligna puesto que quiere ocultar su identidad. qué esperanzas. qué enfermedades del alma bajo el cartón coloreado burdamente de las falsas barbi­ llas y de las falsas narices. caer en convulsiones a los ni nos y soñar feamente a Ion hombres. que codicias. bajo la pelambre de las falsas barbas. qué apetitos. mal intencionada y culpable puesto que intenta en­ gañar a la hipótesis y al instinto. caminan en su mayo­ ría envueltos en telas de largos pliegues y. llena con sus tropeles. Como los fantasmas. a qué olvido de sí mismos.

pues los ladrones tam­ bién se esconden para dar sus golpes y. es el lujo condimentado con el miedo.) 327 . (Histoires de. ¿dónde acabará la aventura? En un apartamiento amue­ blado o en el palacio de una gran semimundana. cs cl alma misma de la perversidad que sabe co­ rromper aterrorizando. pues. con sus rostros solicitantes y terribles.de! desconocido. con el angustioso y delicioso azar de ese desafío lanzado o la curiosidad de los sentidos: "¿Es fea? ¿Es guapo? ¿Es joven? ¿Es vieja?" Es la galantería sazonada con lo macabro y. pp. es la sonrisa de la mentira. tal vez en la prefectura. 3-6. Masques. los enmascarados son tanto de sitios peligrosos como de cemen­ terio: hay en ellos algo del ladrón de capa. de la mujer de la vida alegre y del aparecido. realzada con una pizca de lo in­ noble y del gusto por la sangre. quien sabe.

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S ik íl n im P arte VI....... .. TV. .. .. Conjunciones prohibidas... ..... La vocación social de los juegos . ..... .. P or una sociología a p a rtir de los ju e g o s .27 II.. ... . 39 43 64 80 87 a) Categorías fundam entales . 2... .. Definición del ju e g o .........ÍNDICE introducción 7 P rim e ra P a rto I... 106 ............... . .. 1....... Conjunciones contingentes ... La teoría am pliada de los juegos ....... 3.. Conjunciones fundam entales . b) De la turbulencia a la regla ..... Clasificación de los juegos.... .. .... V. .. III.. 125 127 128 129 329 .. La corrupción de los juegos . ....

......... .... ) 146 VIII. . 230 Co m plem entos I............ . 166 a) T ransición.......... . ..........281 330 ....... 216 La m áscara y el uniform e ..... . 228 Los dioses que p aro d ia n .................... 266 1...VII.. ... Análisis m atem áticos. .... ........................ 217 La feria a m b u la n te .........169 b) E l m érito y la su erte .......... .................. La com petencia y el azar ...... ............ 185 c) La delegación.. .. ..... ............... .............................. Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .... 201 IX......... La im portancia de los juegos de azar 239 II....... ....221 El c irc o ....... 137 a) Interdependencia de los juegos y de las c u l t u r a s ............ ... 138 1> La m áscara y el trance .......................... ... De la pedagogía a las m atem áticas ................ 268 2.............. ..... Análisis psicopedagógicos ..227 El trapecio.......... El simulacro y el vértigo ..... .....

.. El sim ulacro y el vértigo .. ...... C la siíic a c ió n .................E x p e d ie n t e II........... 310 312 317 VII..... La corrupción de los juegos .. .. ... ... . V III. La com petencia y el azar .......... ..... IX...... ................ Resurgim ientos en el m undo mo­ derno .. .. 293 IV...................322 331 .

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Arto de Juárez 226-C. 09070 México. El tiro fu e d e 5000 ejemplares*. A-. Av. 9:10 y B:9 punta*. . En la com posición se utilizó tipo Aster d e 10:11. D. S. F.E ste libro se term inó de im prim ir el 1$ de diciem bre de 1986 en los talleres d e E ditorial Andróm e­ da.

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Whîtrow: El origen del universo A. Silva Herzog: Breve historia de la Revolución Me­ xicana P. A. Veblcn : Teoría de la dase. Bondi. J. León-Portilla: Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares 022US HE IN ra É S AMEHCANO P. Hcnríquez Urota: Historia de la cultura en la Amé­ rica hispánica Papol Vuh: Las antiguas fristorias del Quiché J. Spmtt: Introducción a la sociología K. Rcdficld: Et mundo primitivo y sus transformaciones T. Mucllcr: Im psicología contemporánea O. L.R.G r e . Bonnor. Freyrc: Interpretación del Brasil F. Dart y D. Frisch: ixt fitica atómica contemporánea M. Cassirer: Antropología filosófica K. Craig: Aventuras con ei eslabón perdido H. von Martin: Sociología del Renacimiento E. Bodcnhcimer: Teoría del derecho F. J.MacGowan y W. ociosa W. Dufourcq: Breve historia de la música R. W. Lytt Jeton y G. A. R. Rivet: Los orígenes del hombre americano El libro de los libros de Chilam Balarn G. Bcnítez: Im ruta de Hernán Cortés M Picón-Salas: Oc ta Conquista a la Independencia L L· Cardara y Aragón : Guatemala. las lineas de su mano f . R. H. B. MclnStc: Las edades de oro dfX teatro E.

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