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Trabajo sobre la dictadura militar en Argentina

Trabajo sobre la dictadura militar en Argentina

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INTRODUCCIÓN ¿De qué hablamos cuando hablamos de SUBVERSIÓN?

Etimológicamente, “subvertir” (sub- abajo / vertere –vueltas) significa “poner por debajo lo que debería ir arriba”, y en el diccionario esta palabra se presenta como una manera de “trastornar, perturbar, hacer que algo deje de estar o de marchar con normalidad”. Contextualizando esta palabra en los tiempos de la dictadura militar argentina de 1976 a 1979, pensaríamos que “subversivo” era aquella persona que no acataba el orden establecido por el gobierno de facto, que no compartía sus ideales, que intentaba proponerse y realizar un futuro propio y para otros en el que todas las leyes se cumplieran, en el que la libertad de expresión fuese “libre”, en donde la educación fuese el arma más potente con la que contaba el pueblo para “batallar”, en donde los medios de comunicación no tergiversarán noticias, en donde las personas pudieran desarrollarse y crecer junto a sus ideales, respetando los contrarios pero uniéndose para formar una sociedad libre, tolerante y combativa desde lo intelectual y no desde la irracionalidad. Estos “subversivos” que pensaban muy distinto a lo que quería la Junta Militar, fueron protagonistas de un accionar violento y completamente irracional por parte de un grupo que pretendía exterminarlos para que “el virus no se siguiera propagando”. Estos hombres que velaban por el “progreso” de la sociedad, hacían desaparecer toda mente que infringiera la “norma de la irracionalidad”. Pero entonces, ¿no eran esos hombres, ambiciosos de poder, los verdaderos subversivos? En este trabajo se presentará la época de la dictadura militar de 1976 a 1979, a través de testimonios concretos de familiares de desaparecidos y detenidos durante la época del proceso (Asociación H.I.J.O.S) y las vivencias de una persona que también transcurrió esa época. Estos testimonios se complementarán y estarán atravesados por los conceptos e ideas expuestos por Marcos Novaro en el capítulo 6 “1976-1979: la hybris procesista, el fin de una época” del libro “Historia de la Argentina, 19552010”. CHARLA H.I.J.O.S La charla que se realizó el día martes 28 de septiembre de 2012 en la EMAD y tuvo como objetivo poder conocer más de cerca la realidad que se vivió en la época de la dictadura militar, a través de testimonios de hijos de padres desaparecidos, en el caso de Marcelo y Edith, y de ex detenidos, en el caso de Laura. Fue una charla muy interesante y a la vez movilizadora, donde se conoció la historia y vivencias de cada uno de los padres en relación con el golpe. PRIMER TESTIMONIO Marcelo Roldán, hijo de Miguel Roldán, desaparecido en la dictadura militar. Su papá nació el 14 de octubre de 1950 en Miramar. En quinto grado deja el colegio porque la abuela se había quedado sola. En la casa vivían los primos y al lado la familia de la madre. A los trece años se va a trabajar a Mar del Plata con un conocido que trabajaba en la carne. A los 18 años se casa y comienza a trabajar en el pescado y en la construcción y pertenece a la JTP (Juventud de Trabajadores Peronistas). Se separan los padres y en 1977, Miguel vuelve a Miramar por temor a la persecución. El 26 de mayo de 1977, aparecen tres autos y aproximadamente 15 personas e irrumpen en la casa donde Miguel se había criado. Encuentran al primo de Miguel (de

aproximadamente 20 años) y le preguntan por su primo, a lo cual él responde diciendo no conocerlo, no saber quién es. Cuando se están por ir, dos militares dicen que la señora de la casa de al lado dice que fue la suegra de Miguel y que el muchacho, al que habían preguntado antes, era el primo. Entonces los militares dicen “a este, por vivo encapuchalo” y se lo llevan a Daniel, el primo de Miguel. El hermano de la madre de Marcelo, quien también estaba allí, lleva a los militares hasta la casa donde en ese entonces vivía Miguel y luego de eso, lo dejan ir. Daniel, desde la camioneta, escucha como entran a la casa y cuando lo suben a la camioneta, al lado de él, encapuchado. Viajan hasta un lugar, que luego cotejándolo con otros casos, llegan a la conclusión de que Miguel y Daniel fueron llevados al Centro Clandestino de la Base Naval. A Daniel lo liberan a los dos días por no encontrar una conexión significante y a Miguel lo terminan “desapareciendo”. Marcelo contaba que era muy difícil poder reconstruir la historia a falta de testimonios o de personas que pudieron haber llegado a estar con su padre en ese momento. SEGUNDO TESTIMONIO Edith – Hija de desaparecida Cuenta: “No fue fácil porque teníamos una mamá muy presente.” En esa época, ella era la más grande de seis hermanos. Ella tenía 13 años y había comenzado a trabajar cuando a su madre se la llevan de la casa. “Estaban mis hermanos. Mi hermano José, de 12 años, quiso hacer algo para que no se la lleven, y lo apuntaron con un revólver. Y de hecho salieron corriendo los chicos para que no se la lleven.” Cuenta que su madre trabajaba en casa de familia, por hora. Y también con maestras y con el doctorado, que en ese momento era Maggi, y que asistía en una unidad básica del barrio donde juntaban zapatillas. Pero Edith, al hablar del porqué de la desaparición de su madre: “Nosotros calculamos (…) que porque estaba trabajando con Maggi. Lo que pensamos siempre.” Ella pudo reconstruir la historia de su madre, a través de Marta Candeloro, quien compartió un año con su madre en La Cueva. Y cuenta que “…cuando estuvieron en cautiverio, Marta y mi mamá se juraron que cualquiera de las dos que salía iba a ver a sus hijos. A marta, años le costó vernos a nosotros porque siempre la persiguieron. La perseguían por teléfono, caminando…” Cuenta Edith que a su madre “el último día que le dijeron ‘vos te vas a ir’ y te vas a ir a ver a tus hijos, fue el del vuelo de la muerte. El vuelo de la muerte es que le ponen una inyección para dormirla y, en ese momento, los trasladaban en un avión y los tiraban al río. Acá se habla de Cobo y toda la zona de por ahí.” TERCER TESTIMONIO Laura De Valle – Hija de ex-detenidos Sus padres cursaban en la secundaria de Entre Ríos y Avellaneda, en el turno vespertino. “El día que se lo llevan a mi papá (20 años) en agosto, lo van a buscar a la escuela, con un listado de nombres. Él estaba en el centro de estudiantes y estaba en el PST, y dice que era un despliegue militar del GADA 601. Llegaron con un montón de camiones rodeando la esquina, y detrás de esos camiones había autos, cubrieron todos los pisos de la escuela. Ante el director dijeron que se iban a llevar a todos los que tenían en el listado. El director decía que no, que no se iban a llevar a nadie, dijo que dejaran una constancia de a quiénes se iban a llevar y por qué. Y se lo llevaron a él y a un compañero de curso. Y mi mamá también estaba en esa lista pero no se la llevaron porque ese día no fue porque estaba enferma.

Se los llevaron a los dos en un camión, los encapucharon, los esposaron y los subieron al camión, los pusieron boca abajo y los llevaron al GADA 601. En el GADA tienen una ‘entrevista’ y pasan a la comisaria 4°. En la comisaria estuvo entre 4 y 7 días, calculan (…) Las celdas eran muy chiquitas y había como si fuera un banco de ladrillos donde dormían y de largo podían caminar 8 pasos y de ancho 2…” “…a ellos les tenían como más consideración porque no eran presos políticos. Si bien militaban en un partido, no eran una cabecilla importante. A los otros presos los tenían todos juntos en un calabozo. Y él se da cuenta de eso una vez que va al baño y los ve. Después de ese período que estuvo lo sueltan, no en la puerta de la comisaría. Lo llevan lejos a la noche y lo sueltan y ahí vuelve a su casa.” A su madre se la llevan de su casa, tenía 16 años. “…a mi mamá la llevan a Bomberos. Estuvo entres dos y cuatro días. A mi mamá la largan a la madrugada y como tenía tanto miedo de que la mataran en ese momento, no caminaba. Y los tipos le decían ‘pero camina, te estamos dejando ir’ y no se podía mover del lugar en donde estaba. A ella se la llevan entre agosto y octubre.” Al padre de Laura se lo llevan de nuevo en el 76 y pudo darse cuenta de donde lo llevaron porque escuchaba el sonido del mar y la propaganda del Anamora (Base Naval). Allí lo tuvieron alrededor de 10 días. Luego cuando lo liberaron se fueron a vivir a Buenos Aires, presos del miedo de ser capturados nuevamente por los militares. ENTREVISTA PARTICULAR Actualmente Miguel tiene 60 años y vive en Mar del Plata. Sabe de lo que vamos a hablar pero se lo nota tranquilo. Prende un cigarrillo, toma aire y comienza a hablar. Él en esa época tenía 24 años. “Fue terrorífico. Mucha gente perseguida, no se podía andar más de tres en las esquinas, andabas por las calles y te perseguían. Había retenes (retenes eran como si fuera un patrullero pero del ejército, de la armada o de la fuerza aérea), hacían cortes de rutas y paraban los autos, y si no les gustaba tu cara o si vos ibas con tu novia, la palpaban a tu novia, le tocaban los pechos, los propios milicos, le tocaban todas las partes intimas a las mujeres. Era una época mala, no había trabajo. No podías andar tranquilo. Si no tenías documentos ibas adentro, si tenias el pelo largo te lo cortaban. Proscribieron a todos los partidos políticos. Estuvo lo de la desaparición de gente, los “vuelos de la muerte” que lo que hacían era que los agarraban y los tiraban al río, al mar. Y la operación Cóndor que en esa época en Sudamérica eran todos gobiernos militares y entonces si te ibas y te buscaban, los gobiernos del país en el que estabas te agarraban igual. Después si vos tenias una agenda y tenias anotado a “Juan Carlitos” te limpiaban porque eras amigo de “Juan Carlitos” e iban a buscar también a los que tenías anotados en esa agenda.” ¿Cómo sentías y veías que estaba el país antes del golpe? Estaba muy enquilombado… Pero, ¿pensabas que podía llegar a haber un golpe de estado y que pasara todo lo que pasó? Que podía haber un golpe de estado, sí. Siempre estaba latente, se veía porque el país económicamente venía mal, muy mal. Después de que se murió Perón fue un caos. Pero igual antes también había mucha violencia. Estaba López Rega que manejaba la TRIPLE A y mandaba a matar a los comunistas, a los que no iban con el partido peronista.

¿Vos que hacías en esa época, trabajabas? Trabajaba en la Tintorería de Buenos Aires y trabajaba de mozo. Y estaba en la Escuela de Hoteleria, en la Escuela del Casino, abajo del Hotel Provincial. Y el trabajo no te trajo problema, ¿no? No, porque los conocía. Pero yo militaba en la Juventud Peronista y me tenía que cuidar, y después me tuve que ir. Y después me tuve que ir en el año 81… no (piensa), me fui después del… bueno, después los militares para ante el mundo decir que acá había democracia organizan el campeonato mundial del 78 y con eso quieren tapar todo, pero atrás, los derechos humanos, los veedores que venían de afuera sabían que acá en la Argentina desaparecía gente… Los militares con el mundial quisieron tapar todo. ¿Vos sabías lo que estaba pasando en realidad cuando se hizo el mundial? Sí, sabía. ¿Y tenías amigos que… (Se adelanta a mi pregunta y responde) Desaparecieron. Yo tenía un amigo que desapareció. Estaba arreglando… en esa época en la Tintorería estaban cambiando todo el sistema de calderas y él era técnico electricista y se fue un viernes. Él tenía tres hijos, uno de ellos era discapacitado y por eso estaba metido con los políticos porque le iban a conseguir unas prótesis para las piernas para que su hijo pudiera caminar. Y bueno, se fue un viernes y al otro día venía porque la Tintorería cerraba pero abría para que el termine de arreglar todo, era la época de lo automático. Y no apareció nunca más. (Se queda pensativo, se prende otro cigarrillo y continúa la charla) “Y nada, terminó el mundial. Después todo fue peor. Porque en el mundial como los militares querían mostrar al mundo que estaba todo bien la gente aprovecho para hacer manifestaciones. Los militares te reprimían “pacíficamente” para demostrar al mundo que en la Argentina había un gobierno militar pero que no era tan militar.” Y, contame, ¿cómo era esto de militar? Y yo tenía muchos amigos que militaban y yo militaba, después del mundial me fui a Río Negro. Por temor a que me “chuparan”. Me fui con un camión del Mercado Abasto, en esa época también trabajaba ahí, me fui allá y me quedé en Zapala. Y cuando veía que estaban (porque ahí también había cuerpos de ejército) pegaba el salto para el lado de Chile. Pero también me tenía que cuidar porque en Chile también había gobierno militar. “Hay mucha gente que la hicieron desaparecer, gente que no tenía nada que ver. Muy mal. Porque vos podes matar a una persona, no digo que esté bien, pero no podes hacer desaparecer el cuerpo.” ¿Tenías idea de lo que eran los Centros Clandestinos? ¿Conocías? Sí, conocía muchos. La Cueva, la Base Naval… Conocía la Cueva, o sea no sabía que había gente pero después con el tiempo uno se iba dando cuenta. O sea, vos pasabas por ahí pero sin darte cuenta que era un centro clandestino. No, porque yo lo conocía cuando estaba en el ejército, cuando tuve que hacer la colimba, que en su momento era obligatoria. Después de salir de la colimba me entero. ¿Pero ellos como te lo presentaban eso?

Nosotros cuando estábamos en el ejército a veces íbamos a la Fuerza Aérea, y sabíamos lo que era la cueva, era un polvorín, un pozo donde se guarda el armamento bajo tierra pero eso estaba desocupado. Después con el tiempo, que entraron a investigar, decían lo que pasaba en la cueva y ahí uno se da cuenta de que estuvo ahí pero por otras cosas. Después me entere de lo que era la cueva. ¿Y te quedaste helado? Sí. Igual también que allá en el GADA. Lugares en los que yo estuve haciendo la colimba, nueve meses y después me entero que era donde llevaban a los que agarraban los militares. “Era una locura. Simulaban enfrentamientos, como si se estuviesen enfrentando con los guerrilleros y ahí ‘metían’ los cuerpos como para después decir que murieron en combate.” ¿Qué pasó cuando te enteraste lo del golpe de estado? Todo salía por la televisión, que era ATC, o por radio y decía “COMUNICADO X” y contaban lo que iba a pasar y que había Estado de Sitio, Toque de Queda, que después de las 10 de la noche no podías andar en la calle, te tenías que quedar en tu casa. Y todo esto me cayó muy mal, porque mientras transcurrían las cosas uno se iba dando cuenta de lo que estaba pasando, te costaba porque decían que todo estaba bien, que había seguridad pero por atrás, había muchas cosas de trasfondo, lo veías en la calle, mucha gente estaba con los militares, los apoyaban. ¿Y todo esto te daba miedo, te hizo “quedarte en el molde”? Y un poco sí, porque te daba miedo que vengan y te “chupen” y no existías más y fuiste. Era una sensación muy fea, una especie de querer hacer pero que la frenaba por miedo, por eso dejé de militar. Igual tampoco estaba tan metido pero me aparte por las dudas. “…querían matar a los que pensaban.” ¿Algo que quieras agregar acerca de esta época? (Piensa y después de unos minutos responde. En su cara, como en sus gestos y su hablar, se percibe tristeza, melancolía) Fue una época mala, nefasta. Nunca tendría que haber pasado. Perdí muchos amigos, que se fueron del país, otros que los mataron, como mi amigo que conté. Pero fue un momento muy feo… ANÀLISIS DEL TEXTO DE MARCOS NOVARO Novaro explica que no fue tan difícil para los militares llegar al mando del gobierno, ya que el país se encontraba sumergido en un caos, tanto económico como social. Al estar tan convulsionada la Argentina, por tantas “guerras internas” entre los diferentes partidos y avaladas y fomentadas por la guerrilla, la Junta Militar, integrada por Videla, Massera y Agosti, vio en eso un problema y por eso decidieron poner en marcha su plan de “aniquilamiento de la subversión”, justificando que la subversión era el gran problema del país y había que reeducar y reorganizar a los actores sociales y políticos. Como creían que las detenciones legales, los juicios y las penas convencionales eran insuficientes para terminar con el enemigo, incluyeron a su plan un “ejército clandestino”, el cual estaba integrado por miembros de las fuerzas armadas e integrantes paramilitares, que se encargaba de secuestrar a toda persona que estuviera vinculada a un partido político ajeno al gobierno, que militara, que formara parte de la guerrilla, de un sindicato, que no pensara igual que ellos.

En su lucha por el bienestar del país, los militares pusieron foco en la educación y en las bases sindicales. Ellos afirmaban que el problema comenzaba en la formación de la persona y que por eso debía haber recortes en los sectores educativos y toda aquella persona involucrada en esta rama poseía el “germen subversivo” y debía ser eliminado para que no fuera propagado a la sociedad. Aunque había diferencias entre los integrantes de la Junta Militar, el plan de “aniquilación a la subversión” seguía adelante cobrándose miles de vidas, y para no verse incomodados por ojos y críticas ajenas que los culparan de violaciones a los derechos humanos, militarizaron los medios de comunicación, los sindicatos, las empresas públicas. Comenzaban a propagarse para tratar de ocultar lo inocultable para las fuerzas extranjeras que pedían que terminasen con esa atrocidad porque sino iba a ser irreversible. Tratando de “echar las culpas” fuera del gobierno, simulaban enfrentamientos en los cuales después figuraban nombres de desaparecidos que supuestamente habían muerto en combate, o arrojaban los cuerpos al río para que no fuesen encontrados y no pudiese descubrirse la verdad. Para seguir ocultando las atrocidades y para que el pueblo y las potencias extranjeras pensaran que todo marchaba pacíficamente en la Argentina, en el año 78 se realiza el Mundial de Fútbol, el cual tuvo como campeón obviamente, a la mismisima Argentina. Este triunfo desató el furor en la gente que, sumergida en el festejo no podía pensar en lo que realmente sucedía en su país. En lo económico, redujeron gastos sociales y salarios, otorgaron subsidios a empresas para fomentar la idea desarrollista en el país. Pidieron préstamos al exterior para poder solventar los gastos del régimen y la obra pública. En algún punto, creció la importación y el consumo, lo que facilitó la idea de estabilidad en el país. Pero lo cierto era que el país se estaba endeudando y la inflación no paraba de subir. COMPARACIÓN ENTRE LOS TEXTOS “…para los militares la decadencia argentina demostraba a las claras que la sociedad estaba enferma. El factor patógeno eran unos actores que actuaban como virus y no sólo eran incorregiblemente malignos sino que habían perdido toda condición humana. Por esa razón debían ser extirpados, para que el mal no se propagara.” “…habría llegado el momento de una intervención militar mucho más intensa que todas las anteriores: una que no se limitaría a ‘poner orden’ ni a excluir a un sector ‘desviado’ del ejercicio del poder político (…) sino que curaría al cuerpo de la nación, enfermo de pies a cabeza, inyectándole por la fuerza el antídoto contra sus males.” Con estas citas, Novaro refleja el pensamiento irracional de un grupo que quería defender a toda costa sus ideales, haciendo desaparecer toda opinión que no coincidiera con el régimen. Creían que pensar diferente era una amenaza para el país, que formarse como individuo pensante tanto social como políticamente era algo que no correspondía con el mandato gobernante, y que ese desarrollo del potencial cognitivo comenzaba en la educación. Por lo cual decidieron recortar los gastos educativos, inhabilitar y secuestrar docentes de todos los niveles, detener y hasta desaparecer estudiantes, para que ese “virus subversivo” no pudiera difundirse. Lo mismo hicieron con las personas adheridas a un partido político o a los sindicatos, por lo que también desaparecieron obreros y empleados. “Trabajó en el pescado y en la construcción. Ahí evidentemente hubo mucha movida en el puerto en el año 75, reclamo de la gente que laburaba en el puerto. Sobre todo reclamaban, asegurarle un mínimo. Y seguramente la lucha contra el sindicalismo burócrata. Pertenecía a la JTP de izquierda (Juventud de Trabajadores Peronistas) contra lo burocracia sindical, que apunta a una dirigencia de base.”

(Testimonio de Marcelo, acerca de la actividad de su padre) Apoyados en los medios de comunicación, los militares intentaban tapar lo oscuro de su mandato, afirmando que la paz llegaría y que se le ganaría a ese “virus” que tanto tiempo había aquejado a la sociedad. Fue tal el despliegue que las personas comenzaban a creerse que el país ganaba una “guerra” o que todo marchaba tranquilamente, y comenzaron a separarse de los llamados “subversivos”, apartando la política de lo cotidiano. Y hasta algunos apelaban a frases como “algo habrán hecho” o “por algo será” haciendo alusión a las causas de los secuestros. Como cuenta Marcelo haciendo hincapié en esta creencia de que los militares tenían razón y su accionar era avalado por una sociedad que sabía lo que pasaba pero tenía miedo y por eso callaba, o simplemente su pensamiento correspondía con el de los militares: “…de parte de la familia de mi vieja, era un subversivo”. “…en el caso de mi familia me ‘choca re mal’. Por un lado digo, bueno está bien, hay que estar en esa situación. Yo comprendo a la persona que actúa por miedo pero que cuando pasa el tiempo y reivindica esa actuación diciendo ‘se lo merecía’ es diferente.” En palabras de Miguel, el entrevistado, se hará alusión a otro de los acontecimientos que la Junta utilizó para contrarrestar las críticas que se le hacían a su gobierno pero que no llegaron a taparle los ojos a esos países que bien sabían lo que sucedía: “…los militares para ante el mundo decir que acá había democracia organizan el campeonato mundial del 78 y con eso quieren tapar todo, pero atrás, los derechos humanos, los veedores que venían de afuera sabían que acá en la Argentina desaparecía gente… Los militares con el mundial quisieron tapar todo.” La euforia que se vivía en ese momento, al ser Argentina el campeón del mundo, fue la estrategia de los militares para sumergir a la sociedad en un sentimiento nacionalista que apartaba directamente sus pensamientos de la realidad y sucumbía en la irracionalidad de alentar una bandera sin pretexto alguno. “Lo deportivo usado a favor, usando el nacionalismo para tapar esta situación” (Marcelo Roldán) “Yo trabajo en la construcción y un día un obrero me dijo ‘la verdad que yo cuando veía en el mundial los carteles de Holanda, Suiza reclamando (…) él me decía ‘como nos engañaron’, yo pensaba que estaban en contra de nosotros porque éramos mejores. Pero cómo nos engañaron, en realidad era verdad lo de los desaparecidos, y cuando uno se da cuenta se siente muy mal.” (Cuenta Marcelo Roldán) Era inminente la frialdad con la cual tergiversaban la realidad, las noticias, haciendo creer que los desaparecidos habían “muerto en combate”, vanagloriándose de sus actos represivos contra los subversivos, justificándose en el ideal de progreso de una sociedad en la que el bienestar predominaría cuando el mal se extinguiera. Como los medios legales por los cuales debían regirse las detenciones y las penas convencionales les parecían insuficiente, los militares decidieron organizar un “ejército clandestino” destinado a secuestrar, torturar y hasta hacer desaparecer a los “subversivos” a cambio de información para seguir capturando a los demás, o por el simple hecho de no estar de acuerdo con el régimen. Lugares que a simple vista pasarían desapercibidos por las personas que nunca imaginarían (o callaban) que fuesen centros clandestinos y que dentro de ellos ocurriesen hechos tan inhumanos y violentos como la “cabeza que los presidía”. Es el caso de Miguel, quien por obligación tuvo que hacer la ‘colimba’ y recorrió algunos centros clandestinos, como el GADA y La Cueva, sin sospechar que, luego, allí se mantenían cautivos y se torturaba a los secuestrados.

“…sabíamos lo que era la cueva, era un polvorín, un pozo donde se guarda el armamento bajo tierra pero eso estaba desocupado. Después con el tiempo, que entraron a investigar, decían lo que pasaba en la cueva y ahí uno se da cuenta de que estuvo ahí pero por otras cosas (…) Igual también que allá en el GADA. Lugares en los que yo estuve haciendo la colimba, nueve meses y después me entero que era donde llevaban a los que agarraban los militares.” En Mar del Plata había muchos Centros clandestinos de detención por ser una ciudad universitaria. Por eso también fue difícil, como cuentan los chicos de la asociación H.I.J.O.S saber en dónde habían estado detenidos sus padres. Pudieron descubrirlo cuando constataron con otros testimonios de sobrevivientes que estuvieron detenidos en el mismo lugar que sus padres. En el caso de Edith, pudo saberlo gracias a Marta Candeloro, quien compartió un año con su madre en La Cueva. “Cuando yo reconstruí la historia, la llevaban a mi mama de ahí, de La Cueva (…) La llevaban con el auto para que nos viera de lejos. Yo eso ni lo sabía, lo reconstruí con Marta.” Y Marcelo pudo reconstruir la historia de su padre y saber dónde estuvo detenido, a través de Daniel, a quien también se llevaron cuando fueron a buscar a Miguel Roldán. Pero le llevó mucho tiempo contar la historia porque era y sigue siendo algo muy fuerte para él “Todo esto que contó, recién se atrevió a contarlo hace tres años. Porque cada vez que lo quería contar se ponía a llorar o se ponía mal. Estuvo muchos años sin venir a Mar del Plata (…) imaginate que el era un pibe de 20 años que nunca había laburado, era hijo único. Asi que los milicos lo bajaron, le pegaron un boleo y le dijeron ‘espero que nunca más te veamos por acá’. Porque dos días o un año, la experiencia es la misma, es terrible.” Por los testimonios de cada uno y acudiendo a la objetividad de Novaro, no podemos más que afirmar que fue una época violenta, donde desapareció una generación del país, donde nada podía ser cuestionado porque sino era signo de subversión. Pero donde había violentos también existían quienes presentaban resistencia. Una resistencia pacífica pero desgarradora por dentro: las rondas de los Jueves, lideradas por las Madres de Plaza de Mayo, se hacían para reclamar justicia y la aparición de sus hijos, que les dieran alguna explicación de lo que sucedía, que para ellas ya era sabido pero lo que necesitaban eran respuestas. Esta lucha sigue abierta, sigue viva, junto a demás asociaciones de los derechos humanos, también como las Abuelas de Plaza de Mayo y la agrupación H.I.J.O.S. Todos unidos siguen tras la verdad, sin bajar los brazos para atrapar la justicia y sentirla propia. CONCLUSIÓN Hacer este trabajo me hizo entender mucho más los hechos que ocurrieron en esta época. Y pude ver de las dos caras, desde la objetividad de los textos de Marcos Novaro hasta las experiencias tanto de los integrantes de la asociación de HIJOS como de la entrevista que yo misma tuve que realizar. Fue una experiencia muy movilizadora, porque hasta el momento yo sabía lo que había pasado en esos años pero nunca había profundizado en el tema. Tener enfrente testimonios y experiencias tan vivas, me dejó una sensación amarga y muchas preguntas, lo cual me movilizó a poner todo de mí para redactar el

trabajo y a la vez entender la historia. Y hasta me enojé un poco porque sentía la impotencia de no poder entender porqué ocurrieron estos hechos, no encontraba respuestas, y ese sentimiento de angustia, de bronca, de incomprensión que me fue atravesando a lo largo de este proceso quedó explayado en la introducción del trabajo. ¿Qué es lo que lleva a una persona a proclamarse mejor que otras? ¿Acaso es el ego que no puede discernir entre lo propio y lo ajeno? O simplemente es el poder que corrompe todo derecho y hace más fuerte al más débil, quien cree que así podrá saciar su sed y lo único que logra es destrozar su humanidad. Poder entender la historia para mirar el presente con otros ojos, reivindicar luchas y empaparme un poco más de cuestiones que hasta ahora reconocía como ajenas. Eso es lo que logró este trabajo en mí, poder ser parte de este acontecimiento que marcó a fuego a una sociedad que hasta hoy sigue luchando, y poder darle espacio a todo lo que desconocía para mirarlo, cuestionarlo, entenderlo, hacerlo propio y significativo para mí.

TRABAJO PRÁCTICO Nº 2 “La dictadura militar de 1976 a 1979”

CALABRESE, LUZ
2º AÑO - PROFESORADO Historia Sociopolítica Latinoamericana y Argentina EMAD 2012

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