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Nueva Historia Argentina - Tomo 3 - Noemi Goldman (1806-1826)

Nueva Historia Argentina - Tomo 3 - Noemi Goldman (1806-1826)

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Tercer volumen de la colección Nueva Historia Argentina, de ed. Sudamericana, bajo la dirección de Noemi Goldman: Revolución, República, Confederación (1806-1826)
Tercer volumen de la colección Nueva Historia Argentina, de ed. Sudamericana, bajo la dirección de Noemi Goldman: Revolución, República, Confederación (1806-1826)

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La ciudad crecía debido al empuje de la actividad mercantil,
de importación y de introducción de mercaderías hacia el interior,
capacidad siempre sujeta al crecimiento de las exportaciones.

De Gran Bretaña llegaban periódicamente embarcaciones alis-
tadas en Liverpool o en Londres: en 1821 llegaron 128 naves, en
1822 fueron 133, un año más tarde, 113 y en 1824 disminuyeron
a 110. Bajo los pabellones de Estados Unidos, Francia, Suecia,
Dinamarca, Holanda, arribó por esos años otra importante canti-
dad de embarcaciones. No faltaron patrones, generalmente nor-
teamericanos, que vendían sus barcos con tripulación incluida a
emprendedores y ricos criollos que, a su vez, los ocupaban en el
tráfico marítimo con el Brasil y con el litoral.
Las mercaderías arribadas a puerto eran reembarcadas hacia
Entre Ríos, Santa Fe y Corrientes, o bien partían en carretas ha-

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cia Constitución cuando se dirigían hacia el sur bonaerense.
Cuando llevaban cargas con destino al oeste, Luján, Areco, Cór-
doba, Cuyo o Chile, iban hacia Miserere.
Desde el sur, a su vez, llegaban el ganado y los cueros para el
consumo porteño y para la exportación, así como plumeros, pie-
les, botas y tejidos desde los toldos. Las carretas que arribaban a
Miserere cargaban aguardiente cuy ano, vinos, tejidos y cueros de
Córdoba y de Santa Fe. Por el norte, sobre el trazado de la vieja
ruta nueve, transitaban los transportes con destino al litoral. Un
activo comercio animaba la dinámica urbe portuaria: tiendas, bo-
ticas, cigarrerías, confiterías, sastrerías, panaderías y peluquerías
se diseminaban por la calle de la Piedad.
Muchos extranjeros (franceses, norteamericanos, portugueses
e ingleses) se dedicaban a las actividades mercantiles. Los nor-
teamericanos importaban harinas, ron y otros productos caribe-
ños y se llevaban carnes saladas para alimento de los esclavos. El
comercio de los ingleses operó con mayores giros: casas impor-
tantes tenían sucursales en Río de Janeiro, Santiago, Montevideo,
Lima, España y el Norte de África. De acuerdo con un releva-
miento de 1822, había 3.500 ingleses en Buenos Aires. Un grupo
muy caracterizado, en general de origen escocés, se abocó a la
importación de manufacturas y a triangular la mercadería con los
puertos arriba citados. Pero también al comercio de sal y a la ex-
portación pecuaria. Fueron empresarios inquietos, propietarios
de tierra y ganados; manejaron buena parte del crédito mercantil
e integraron el directorio del Banco Provincial. En 1810 habían

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creado una sociedad comercial que en 1822 tenía 56 miembros,
conocida con el nombre de Santa Alianza por su carácter cerrado,
pues admitía solamente a comerciantes ingleses. En los grandes
establecimientos también daban prioridad de empleo a los com-
patriotas. De los restantes miembros de la comunidad, algunos
abrieron tiendas, otros fueron vendedores ambulantes, artesanos
o peones en explotaciones rurales.
Los criollos también se lanzaron con éxito al gran comercio de
ultramar y al de los ríos interiores, integrando sociedades con los
extranjeros o poniendo tiendas y pulperías por su cuenta. Los em-
prendimientos industriales no fueron muchos ni variados durante
la primera parte del siglo XIX. Con escaso desarrollo tecnológi-
co, las producciones más complejas se efectuaron en la ciudad.
Unos pocos establecimientos manufactureros, que empleaban
rudimentarias maquinarias, estaban dedicados a la fabricación de
carros, coches, cigarros, bombas, braseros, cerveza, aceites, mo-
linos, cuerdas, fideos, recipientes de madera, chocolates, para-
guas, persianas, peines y peinetas, sombreros, sebo, jabones, vi-

ÜARRATEUR FRANJAIS.

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argestiÑe iwbws.

Periódicos publicados en inglés y francés para las comunidades de comerciantes radicados en Buenos
Aires.
Le Narrateur Franjáis, 1831, y The British Packet, 1828.

261-

nagres, ollas de barro. Se trataba generalmente de talleres dirigi-
dos por sus dueños, con un reducido número de dependientes.
Asimismo, había una importante cantidad de artesanos que traba-
jaban en sus domicilios. Unos 80 herreros, 48 zapateros, 23 pla-
teros, 31 sastres, 5 tapiceros y 24 hojalateros abastecían a un mer-
cado en constante crecimiento. Los avances tecnológicos más
importantes estuvieron ligados al uso de máquinas a vapor intro-
ducidas durante 1840. Estas máquinas eran utilizadas en la lim-
pieza de cueros, en la molienda, en las calderas para derretir se-
bo y en instalaciones de agua a través de bombas. Como puede
suponerse, las calderas a vapor fueron empleadas tanto en explo-
taciones rurales como en establecimientos manufactureros de la
ciudad, donde se molía trigo, había fábricas de jabones y de ve-
las, se trabajaba el cuero y se reemplazaban los aljibes por siste-
mas de bombeos.

Los avances técnicos en el agro fueron muy pocos: los arados
eran primitivos, confeccionados en madera dura, con una punta
de hierro llamada reja y tirados por bueyes. Alrededor del año
1825 fue incorporado en los pozos el uso del balde volcador, evi-
dentemente utilizado para el riego y para la "bebida" de los ani-
males. No caben ser mencionadas otras innovaciones hasta la uti-
lización del alambrado.

Mejor suerte tuvieron los acopiadores de cueros con la intro-
ducción de la prensa mecánica. Esta innovación les permitió au-
mentar la cantidad de unidades por envío, en el reducido espacio
de los barcos, todavía de pequeño porte.

Hacia 1830, los porteños podían comer en alguna de las 14
fondas habilitadas o en los alrededor de treinta bodegones, indu-
dablemente menos selectos que aquéllas. Muchos solían reunirse
en el casi medio millar de pulperías y en los 28 billares; también
había otra clientela, reducida y más selecta, que lo hacía en los
exclusivos cafés.

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