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Dejamos los tablones de madera puestos en la boca de la ballena.

De esta manera,
aunque entrara algún barco, podría salir sin demasiados problemas.

Nosotros ya navegamos hacia la libertad. Sin embargo, nos sorprendimos al ver que
el mar donde estábamos no era uno de los siete mares. Era un mar cerrado que no
comunicaba con ningún otro. ¿Cómo era posible?

La única persona que intentó explicar el enigma de cómo habíamos llegado hasta
allí fue un científico de tres piernas que venía del lugar de donde se hace el
queso holandés. He aquí la explicación que nos dio: la ballena dentro de la cual
estuvimos llegó al mar que no formaba parte de los siete mares a través de un
túnel acuático y subterráneo que los hombres tardarán todavía muchos años en
descubrir y del que ni siquiera yo recuerdo cómo salimos nosotros.