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INFORME

Las agencias de calificación
Autora: Lara Fernández Gutiérrez

1

Índice
1. Introducción.....................................................................................................pág. 3

2. Agencias de calificación, ¿quién está detrás?...............................................pág. 4

3. La ‘Triple-A’: cómo funciona una agencia de rating...................................pág. 6

4. El poder de estas entidades privadas en los asuntos públicos.....................pág. 8

5. ¿Qué determina la calidad de las calificaciones de los bancos?................pág. 10

6. ¿Una valoración errónea de la deuda pública?...........................................pág. 11

7. Un buen funcionamiento de las agencias de calificación...........................pág. 13

8. Bibliografía.....................................................................................................pág. 16

2

1. Introducción
La profunda crisis financiera que se inició en Estados Unidos en 2007 ha tenido graves consecuencias sobre la economía norteamericana y sobre la mundial, registrándose fuertes retrocesos en la actividad, incrementos en las tasas de desempleo, desplomes en los precios de la vivienda, pérdidas de ahorro y un acusado deterioro de las cuentas públicas, como consecuencia de las políticas de apoyo al sector financiero y de la respuesta al deterioro macroeconómico. Tras el comienzo de la recesión, gran parte de la indignación popular comenzó a centrarse en las calificaciones crediticias asignadas a los bancos, pues la mayoría de los que quebraron gozaban, poco antes, de un buen estatus de inversión. Así, las valoraciones comenzaron a ser objeto de duras críticas, pues no se evalúo correctamente el riesgo de impago. Por tanto, esta acumulación de errores dio la impresión de que todo el sistema estaba defectuoso, ya que las engañosas calificaciones crediticias no permitieron una regulación prudencial de los bancos a tiempo. Los nombres de Fitch, Moody's y Standard & Poor's, las agencias más conocidas, figuran entre los organismos con más influencia económica a nivel mundial. Su función es aparentemente simple: valorar (con “notas” o calificaciones) las emisiones de deuda, la solvencia financiera y la vulnerabilidad ante diversos riesgos externos que puedan afectar a los ingresos o activos. Estas "notas" siembran hoy el pánico en el mundo financiero. En España, la última prueba de ello está en el impacto que han tenido en el mercado las últimas evaluaciones de Moody's el pasado octubre, cuando la agencia rebajó entre uno y dos escalones la valoración de cinco comunidades autónomas. Así, la agencia ha añadido a Andalucía y Extremadura dentro de la categoría de bono basura, junto a Castilla-La Mancha, Cataluña y Murcia, que ya se encontraban dentro de esta calificación. Moody's justificó su decisión por el deterioro de la liquidez de las comunidades afectadas y, además, la perspectiva negativa coincidió con la de la deuda soberana española, situada en Baa3. ¿Por qué las agencias de calificación ostentan tanto poder? Para comprenderlo es fundamental conocer los entresijos y el vocabulario particular de estas entidades, cómo funcionan y para qué sirven. Este informe expone, asimismo, las decisiones históricas de los gobiernos, que explican el dominio que se les ha ido otorgando, así como los errores en su actuación, que han salido a la luz a raíz de la crisis económica.

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2. Agencias de calificación, ¿quién está detrás?
Las agencias de calificación de riesgos, agencias de calificación de créditos o agencias de rating son empresas que, por cuenta de un cliente, califican unos determinados productos financieros o activos, ya sean de empresas, estados o gobiernos regionales (comunidades autónomas). Aunque hay más de 74 en el mundo, el mercado está controlado por tres grandes compañías neoyorquinas, que dominan alrededor del 90% del mercado mundial de calificación: Standard & Poor’s (S&P), Moody’s y Fitch. Por tanto, su funcionamiento es, prácticamente, un oligopolio. Pero, ¿quién está detrás?

Standard & Poor’s es una compañía privada cuya sede central se ubica en el número 55 de la calle Water, en Manhattan, a escasos metros de Wall Street. Es 100% propiedad de la editora estadounidense McGraw Hill, cuyo negocio se centra en gran medida en aspectos relacionados con la educación. Los accionistas de McGraw Hill son “las financieras Capital Group (12,3%) y Slate Street (4,3%), la empresa para inversores de fuera de Estados Unidos Vanguard Group (3,8%), la multinacional financiera BlackRock (3,8%), el banco de inversión Oppenheimer Funds (3,4%), la firma de inversiones T. Rowe Price (3,3%), el 'fund' Dodge Cox (2,4%), Fiduciary Management (2,05%), Independent Franchise Partners (1,37%) y el fondo de pensiones de los profesores de Ontario, en Canadá (1.94%)”.1

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Fort M., ‘¿Quién está detrás de las agencias de calificación?’ [en línea], http://www.lavanguardia.com/ economia/20120117/54245015487/quien-esta-detras-agencias-calificacion.html, 17-01-2012. 4

Moody’s y S&P comparten accionistas: Capital Group (12.38%); State Street (3.36%); Vanguard Group (3.36%); BlackRock (3.28%) y T Rowe Price (5.95%). En el caso de Moody's, cuya sede central se encuentra en uno de los complejos del World Trade Center, en Manhattan, los principales accionistas, además de los ya citados, son: “Berkshire Hathaway Inc (12,47%), Capital Research Global Investors (que forma parte de Capital Group) (3,66%), Value Act Capital Managment (3,63%), Neuberguer Berman (2,86%) e Invesco Advisers (2,55%). Berkshire Hathaway Inc es el conglomerado empresarial de la 'celebrity' de los inversores, del ‘Oráculo de Omaha’, el señor Warren Buffet”.2 Con una fortuna personal estimada en 46 billones de dólares, Buffet ocupa la tercera posición entre las personas más ricas del mundo, según la última clasificación de la revista Forbes de marzo de 2012.3

Por último, Fitch, con sede en Nueva York y en Londres, cuenta con un accionariado menos complejo. “El 60% es de la francesa Fimalac, cuya sede se ubica en París, y The Hearst Corporation (editora de numerosos diarios y revistas, entre otros productos, como Cosmopolitan, Elle o Marie Claire), posee el 40% de la compañía”.4 Sin embargo, la historia de estas agencias no es tan reciente, pues no se crearon con la actual crisis. Su nacimiento se remonta a principios del siglo XX, con el objetivo de evaluar las emisiones de obligaciones de las compañías de ferrocarriles de Estados Unidos. Después, extendieron sus servicios a entidades financieras, de seguros y estados.

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Fort M., ‘¿Quién está detrás de las agencias de calificación?’ [en línea], http://www.lavanguardia.com/ economia/20120117/54245015487/quien-esta-detras-agencias-calificacion.html, 17-01-2012.
3

Forbes., ‘The World’s Billionaires’ [en línea], http://www.forbes.com/billionaires/list/, Net worth calculated march 2012.
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Fort M., ‘¿Quién está detrás de las agencias de calificación?’ [en línea], http://www.lavanguardia.com/ economia/20120117/54245015487/quien-esta-detras-agencias-calificacion.html, 17-01-2012. 5

3. La ‘Triple-A’: cómo funciona una agencia de rating
‘La enfermedad se ha extendido’, decía Frank Partnoy en 2009, ex-banquero de inversiones y abogado corporativo5 , en una declaración a la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés). Él se refería a la ‘enfermedad’ de los mercados financieros, denunciando que el Gobierno dejase en manos de unas pocas empresas el juicio del riesgo de crédito y criticando la utilización de expertos elegidos a dedo, procedentes de Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. Partnoy está seguro de que la crisis financiera podría haberse evitado si estos organismos no hubieran encajado su sello de la triple-A tan fácilmente. Las agencias de rating cuentan con una jerga muy particular. Sus calificaciones van de la triple A, que es el equivalente a matrícula de honor, a la D (de default, impago, en inglés). Entre estas letras, hay una escala intermedia, que indica la degradación del riesgo. En concreto, las calificaciones se dividen en dos grupos: el de grado de inversión, que indica que la empresa o país en cuestión es una buena inversión, (que se puede invertir en él tanto en Bolsa como en deuda porque es de calidad) y el de bono basura, que muestra que se trata de una inversión de alto riesgo. Este término, muy repetido en los últimos tiempos, “indica que una empresa o estado no cuenta con la calidad suficiente como para afrontar en un futuro sus obligaciones de pago con estabilidad. Dentro del rango de bono basura hay, no obstante, posiciones intermedias”6 , aunque toda su escala indica que la entidad evaluada posee un alto peligro. La peor calificación es la D, que significa la total imposibilidad para hacer frente a las deudas. En el caso de “Moody's, por ejemplo, utiliza una escala de rating que parte de Aaa y termina en D. El rango se subdivide en dos partes. La zona de calidad agrupa a las notas Aaa, Aa2, A2 y Baa2. El segmento de alto riesgo comienza en Ba2 y termina en C”7. Muy a menudo, los ciudadanos oyen hablar de ‘los mercados financieros’ en los medios de comunicación, sobre todo a raíz de la crisis económica. Sin embargo, el análisis de su funcionamiento es algo que pasa muy desapercibido desde un punto de vista mediático. Explicado de un modo esquemático, su modo de proceder es el siguiente: si un inversor privado pretende invertir en deuda de un banco español, por ejemplo, primero ha de saber si esa acción es o no segura. Para ello, acude a los analistas de las agencias de calificación quienes, se supone, dominan
5

Frank Partnoy es el autor del libro F.I.A.S.C.O.: Blood in the Water on Wall Street (Profile Books, 2010) y profesor de Finanzas y Leyes en la Universidad de San Diego.
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Terrón, G.: ‘Guía para entender las agencias de calificación’, Eroski Consumer, 03-07-2012 Ibid. 6

perfectamente los resortes de los países y de sus contextos financieros. Éstos “analizan las cuentas y balances económicos de los estados soberanos, de bancos, compañías de seguros y todo tipo de productos financieros, e investigan aspectos como el nivel de deuda, los historiales de pago, los activos, el patrimonio, recursos propios 8 ...” Tras hacer todos los exámenes pertinentes, ponen nota a la empresa o estado evaluado. Sus calificaciones, por tanto, permiten al inversor tener más información y mitigar así el riesgo que supone invertir en deuda pública. Aunque en ocasiones las calificaciones son negativas, es mejor estar dentro del rango de actuación de las agencias que no estarlo, pues “los inversores no confían en las inversiones que no están calificadas por estos organismos”9 . No tener un análisis de este tipo puede ser interpretado como una forma de ocultación de datos. Sus clientes son, precisamente, las empresas y estados a los que evalúa, que les pagan ingentes cantidades de dinero por ese codiciado juicio convertido en calificación. La publicación de sus análisis se realiza de manera periódica y, “cada vez que atisban un impacto significativo, pueden cambiar su nota crediticia, y así lo hacen saber al público”. 10 Pero la cosa se complica, pues existen distintas instituciones (como fondos de pensiones de los países) que “sólo invierten en productos calificados con la máxima puntuación otorgada por estas agencias” 11 . Es decir, las decisiones de la “Santísima Trinidad” condicionan el uso del dinero público y la decisión de arriesgarse o no de los inversores. El asunto se convierte en un bucle peligroso pues, si las agencias dicen que un país (como España, por ejemplo) cuenta con una deuda comprometida, ese país tendrá que pagar mayores intereses a aquellos que arriesguen para comprar sus bonos de deuda (a fin de hacerlos más atractivos para las instituciones financieras), aumentando, así, esa deuda de nuevo. Por estas razones, los políticos hablan constantemente de ‘recuperar la confianza de los mercados financieros’, cuando defienden sus propuestas de austeridad.

8 9

Terrón, G.: ‘Guía para entender las agencias de calificación’, Eroski Consumer, 03-07-2012 Ibid. Ibid.

10 11

Fort M., ‘¿Quién está detrás de las agencias de calificación?’ [en línea], http://www.lavanguardia.com/ economia/20120117/54245015487/quien-esta-detras-agencias-calificacion.html, 17-01-2012. 7

4. El poder de estas entidades privadas en los asuntos públicos
La confianza de los inversores en las calificaciones de crédito ha aumentado en los últimos 30 años, pues “las transacciones financieras han crecido en volumen y complejidad y las finanzas se han desplazado de los bancos a los mercados de capitales, sobre todo en EEUU”12 . Asimismo, el sector bancario se ha hecho más grande, complejo y concentrado, por lo que a los inversores les es difícil obtener información, y por ello acuden a las agencias de calificación. Pero las calificaciones crediticias dentro del sistema financiero cumplen también una función política. ¿Qué sucede cuando el gobierno licencia a unas pocas empresas para prestar un servicio, y exige a los inversores que compren tal servicio? “Desde 1936, las autoridades reguladoras de EEUU han ido delegando, en muchas ocasiones, la supervisión de la calidad crediticia de las carteras de los bancos a las agencias de calificación”13 . Por ejemplo, a cambio de liquidez, los bancos centrales requieren un mínimo de calidad de su garantía, que viene definida, en muchas ocasiones, en función de las calificaciones crediticias. Ya en 1975, la SEC formó una “Organización de Calificación de Estadísticas Reconocidas Nacionalmente” (NRSROs, por sus siglas en inglés) y, desde ahí, los fondos del mercado monetario y las instituciones de bolsa no tienen más remedio que mantener los valores que las agencias de esa organización marcan. No se permitía ni un nuevo competidor en el mercado. Así, en un artículo de 2009 del Wall Street Journal14, se destacaba que la Reserva Federal “sólo acepta bienes garantizados si son portadores de altas calificaciones de S&P, Moody’s y Fitch”. Por ejemplo, en 2007 Thomson, la empresa de productos electrónicos, informaba de que “Moody’s calificaba el 95% de sus bonos corporativos, y S&P el 93%”15 (los bonos corporativos llevan, por lo general, al menos dos calificaciones, por lo que a menudo cuentan con ofertas de calificación de ambas agencias). La empresa Asset-Backed Alert denunciaba algo similar en asuntos hipotecarios relacionados con préstamos de automóviles: “S&P calificaba el 96% de esos títulos y Moody’s el 86%”16 .
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Boot A., Thakor A., ‘Managerial autonomy, allocation of control rights and optimal capital structure’, working paper, 2010.
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White, L. J., ‘Markets: The Credit Rating Agencies’. Journal of Economic Perspectives, 24(2), 2010.

‘A Triple-A idea’, The Wall Street Journal [en línea] http://online.wsj.com/article/ SB123976320479019717.html, 15-04-2009
15

‘AAA Oligopoly’, The Wall Street Journal [en línea], http://online.wsj.com/article/ SB120398754592392261.html, 26-02-2008
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Ibid. 8

El profesor de la Universidad de Nueva York, Lawrence White, recomendó en una audiencia del senado estadounidense, al inicio de la crisis, la eliminación del oligopolio de la NRSROs: Así, “los participantes de los mercados financieros podrán decidir libremente qué agencias de calificación (si es que deciden alguna) son dignas de su confianza y, así, los reguladores financieros podrían crear formas más directas para determinar la idoneidad de los bonos”17 . Pero la regulación de los bancos se incrementó, de hecho, a partir del acuerdo de Basilea II (2004), que aumentó su dependencia de las agencias de rating. Así, en un informe del Parlamento Europeo de marzo de 201118 , se considera que este acuerdo otorga una “dependencia excesiva de las calificaciones externas y esto ha provocado que, en algunos casos, los bancos se hayan pronunciado en contra de evaluaciones independientes de su exposición al riesgo”. Así, el Parlamento, en esta propuesta de resolución sobre las agencias de calificación, señala las limitaciones de Basilea, que permite fijar los requisitos de capital para las instituciones financieras sobre la base de calificaciones crediticias externas. Considera importante “establecer una evaluación interna sólida del riesgo, una mejor supervisión de dicha evaluación del riesgo y un mejor acceso a la información crediticia pertinente” y apoya “que se utilice en mayor medida el método basado en calificaciones internas (método IRB), siempre que sea fiable y seguro”. Sin embargo, aunque los bancos grandes a veces utilizan modelos internos para medir sus riesgos, éstos tienden “a depender, a menudo, de las calificaciones externas”. Desde el inicio de la crisis financiera en 2007, el trabajo de las agencias de rating está sometido a un mayor escrutinio, y ha sido “fuertemente criticado” ,19 , pues sus errores y previsiones sesgadas han sido acusadas de “causar o exacerbar” la crisis, haciendo que el sistema financiero sea más vulnerable a los efectos de esta tensa situación. Sin embargo, a día de hoy, sus calificaciones siguen estando en el punto de mira, y “algunos políticos aún están dispuestos a reestructurar la industria de los bonos garantizados para que puedan mantener una calificación favorable por parte de estos organismos”20 , a pesar de sus errores comprobados.

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The Wall Street Journal, ‘AAA Oligopoly’ [en línea], http://online.wsj.com/article/ SB120398754592392261.html, 26-02-2008
18

Klinz, W. (ponente), ‘Informe sobre las agencias de calificación crediticia: perspectivas futuras (2010/2302(INI))’, Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, 23-03-2011
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White, L. J., ‘Markets: The Credit Rating Agencies’. Journal of Economic Perspectives, 24(2), 2010.

‘AAA Oligopoly’ , The Wall Street Journal, [en línea], http://online.wsj.com/article/ SB120398754592392261.html, 26-02-2008 9

5. ¿Qué determina la calidad de las calificaciones de los bancos?
Un estudio publicado por el Banco Central Europeo21 muestra que las agencias de calificación dan mejores notas a sus buenos clientes, es decir, favorecen “sistemáticamente” a las entidades que las contratan para otros negocios. Uno de los tres autores de este análisis es español y trabaja en el BCE, otro es miembro de la Junta Europea de Riesgo Sistémico y una autoridad en los servicios financieros de Reino Unido, y el tercero forma parte del Centro para la Investigación Política y Económica (CEPR, por sus siglas en inglés). Además, han contado con la ayuda de una veintena de economistas y colaboradores para su trabajo. Aún así, aunque el documento ha sido divulgado por el BCE, los autores destacan que es íntegra responsabilidad de ellos mismos, y no del organismo. Los tres expertos aseguran que, en los últimos veinte años, los inversores han aumentado mucho su confianza en las calificaciones sobre los créditos, pero ha sido la gran crisis financiera la que ha situado a las agencias de calificación y a sus opiniones “en el centro del debate político”. En comparación con otras corporaciones, los bancos constituyen un reto especial para las agencias de calificación externa, pues son instituciones muy opacas y expuestas a múltiples riesgos. El negocio bancario se caracteriza por “la información asimétrica y por constantes intervenciones reguladoras”. Así, este reciente estudio establece un orden de riesgo de impago por parte de los bancos, con los datos sobre Frecuencias de Incumplimiento Previstos (FED, por sus siglas en inglés), y los compara con una gran base de datos (una muestra de 38.753 calificaciones de bancos de Estados Unidos y Europa recogidas de forma trimestral desde 1990 hasta 2011) creada por las calificaciones bancarias emitidas por las tres principales agencias de calificación: Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch. Por tanto, el estudio trata de ver la relación entre las calificaciones concedidas por las agencias y su situación real de riesgo dos años después de recibir esas notas. Es decir, trata de ver si aquellos bancos que tienen mejores calificaciones siguen siendo luego los que tienen una mejor posición. A la diferencia entre estos dos rangos la llaman “Déficit de Calidad de la Calificación Ordinal” (ORQS: Ordinal Rating Quality Shortfall). Las conclusiones son demoledoras: infieren que se asignan calificaciones más positivas a las instituciones financieras (tales como los bancos, las compañías de seguros y los fondos de alto riesgo) más propensas a colaborar con la agencia en cuestión para otros negocios adicionales, y que, por tanto, “existen conflictos de intereses entre los bancos y las agencias que parecen alterar el proceso de calificación”. Estas deformaciones competitivas son cruciales en este contexto

21

Hau H., Langfield S., Marques-Ibáñez D.: ‘Bank ratings. What determines their quality?’, en European Central Bank Working Paper Series, nº 1484 (08-2012) 10

económico, pues ayudan a perpetuar la existencia de bancos “demasiado grandes para fracasar” (too-big-to-fail, en palabras de los autores). Además, las características de cada banco influyen significativamente en su calificación: los bancos más grandes cuentan con calificaciones “sesgadas al alza”, es decir, más favorables. El informe señala que ese sesgo es económicamente significativo y que equivale a un abaratamiento del coste de financiación de unos 40 puntos básicos. Los autores afirman que “cuanto más utiliza un banco una agencia de calificación concreta para la calificación de sus emisiones de bonos de titulación, mayor es la recompensa de esta agencia al banco en forma de una mejor calificación crediticia”. Por tanto, consideran “que esto representa una clara prueba de que los conflictos de interés en el negocio de la titulación de activos ponen en peligro la calidad de las calificaciones crediticias de los bancos”. El informe se hace eco de algunos de los errores que han tenido las agencias, entre los más sonados está el caso de Lehman Brothers o el de las titulaciones de hipotecas basura en Estados Unidos. Por tanto, las calificaciones crediticias desempeñan un papel crucial en el sistema financiero, pero poco se dice sobre qué determina su calidad. “Hay escasa literatura empírica sobre las calificaciones de crédito de los bancos y su calidad”, lo que resulta, como mínimo, sorprendente, ya que las calificaciones crediticias contienen información importante sobre el nivel de riesgo de los bancos. Existen varias investigaciones al respecto, pero ninguna que parta de las agencias con el objetivo de clarificar algo. Todas son externas y están centradas en resaltar los problemas que conciernen a las agencias (como este informe, por ejemplo): por un lado, en analizar cómo, cuantas más posibilidades haya de negocio futuro entre la agencia y sus clientes bancarios, la agencia tiene un importante incentivo que la lleva “a inflar las calificaciones”; por otro lado, sobre el enorme poder que ostentan las agencias, mayor que el de sus clientes. Éstas, incluso pueden emitir calificaciones sesgadas a la baja para bancos que no las han pedido, “amenazándolos para que las soliciten”.

6. ¿Una valoración errónea de la deuda pública?
Observando la evidencia, se puede afirmar que el trabajo de las agencias no ha sido independiente ni objetivo. El funcionamiento de los mercados financieros es un bucle, en el que las agencias mantienen a los bancos, y viceversa. Incluso Kathleen Casey, Comisaria de la SEC, ha dicho que estas agencias de calificación de riesgos han actuado como Fannie Mae, Freddie Mac y otras empresas que dominan un mercado como consecuencia de acciones del gobierno. Afirmó que
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cuando se "dieron calificaciones catastróficamente engañosas, las grandes agencias tuvieron sus años de mayores beneficios durante la pasada década.”22 De hecho, el mismo vicepresidente de Moody’s, Mark Froeba, tras dejar la compañía, también declaró a la Comisión Federal de EEUU encargada de analizar las causas de la crisis financiera, que “lo más importante para la agencia no era la objetividad en sus estudios del valor de los productos financieros, sino la satisfacción de los clientes que financiaban tales estudios”23. Así, el sociólogo y politólogo español Vicenç Navarro afirma que, en EEUU, “ha habido una campaña promovida por Wall Street, su centro financiero, para desacreditar la deuda pública del gobierno como manera de forzar recortes en la Seguridad Social y privatizar las pensiones y los programas sanitarios de la tercera edad”. Esa “campaña” fue promovida a través de la agencias de valoración, que calificaron “a la baja” los bonos públicos federales, los que “colapsaron el día después de que les dieran matrícula de honor”. Sin embargo, Navarro asegura que tales bonos no tienen ningún problema pues “tienen los intereses más bajos de la OCDE (el club de países más ricos del mundo)”24 . Asimismo, Navarro analiza el problema de la deuda pública griega que se inició cuando el Presidente socialista, George Papandreou anunció que era mayor que la anunciada por el gobierno conservador anterior. Tal declaración del Sr. Papandreu parecería “haber descubierto” que las cuentas del Estado no eran correctas. Sin embargo, el catedrático de Economía Aplicada asegura que “la falta de credibilidad de las cuentas griegas era bien conocida antes de que el Presidente Papandreou lo indicara”. De hecho, ya en 2004, la Oficina de Estadísticas de la UE –Eurostat- había indicado que las cuentas del Estado griego no eran creíbles, lo cual no fue obstáculo para que las agencias de valoración mantuvieran la evaluación positiva de la deuda pública griega. “Fue al anunciarlo el Presidente socialista cuando se cambió la evaluación, pasando a ser negativa, iniciándose la cascada de valoraciones negativas, primero Grecia, después Portugal, y más tarde España e Italia”. ¿Cómo es que las agencias habían valorado positivamente la deuda publica de todos estos países y sólo hasta aquel momento se cambió de valoración positiva a negativa? La respuesta de Navarro es contundente: “Fue el intento del capital financiero de crear la crisis de la deuda pública, de cuya especulación ganó pingües beneficios”.

22

‘A Triple-A idea’, The Wall Street Journal, [en línea] http://online.wsj.com/article/ SB123976320479019717.html, 15-04-2009
23

Ryan J., ‘Do we need Credit Rating Agencies?’ , Social European Journal, [en línea] http://www.socialeurope.eu/2012/03/do-we-need-credit-rating-agencies/, 16-03-2012
24

Navarro, V. ‘¿Quién define la confianza de los mercados financieros?’, Diario Público, 05-05-2012 12

7. Un buen funcionamiento de las agencias de calificación
En vista de los resultados, que muestran una enorme opacidad bancaria, una correcta opción política y económica sería buscar una mayor transparencia de los bancos y de las agencias de calificación. Los bancos deberían hacer divulgaciones precisas y una institución externa debería examinar las calificaciones. Además, si sumamos la opacidad al hecho de que las prácticas bancarias son muy diferentes en cada país, el reconocimiento de los problemas bancarios se ve envuelto en costosos retrasos. Por ello, el Parlamento Europeo ya ha planteado la creación de una agencia más objetiva y creíble, de naturaleza pública y orientada a disminuir el poder de las tres grandes agencias privadas estadounidenses, algo que ya hizo China. “Se trata de una medida correcta siempre y cuando elimine los conflictos de interés que existen en el sector y se encuadre en una reforma mucho más amplia del sistema financiero”25 . El informe sobre la creación de la agencia ha sido redactado por el liberal alemán Wolf Klinz y exige “el establecimiento de una Fundación Europea de Calificación de Riesgos plenamente independiente”26 que acabe con el oligopolio de tres empresas que dominan el mercado: Moody's, Standard & Poor's y Fitch. En la nota de prensa, se afirma que el objetivo es “incrementar, así, la competencia” lo que en realidad supone un peligro, pues si las agencias no satisfacen a sus clientes (empresas o estados), tal cliente podrá contratar a una agencia rival. En definitiva, la competencia no favorece al funcionamiento de estas instituciones, hasta ahora escasamente independientes. Sobre este asunto, el político y economista español Alberto Garzón utiliza una metáfora bastante gráfica para explicar la parte ilógica de esta propuesta: “Nadie en su sano juicio consideraría adecuado que los miembros del sistema judicial tuvieran que competir entre ellos a la hora de evaluar si un presunto delincuente es culpable o inocente, y menos aún que éste último pudiera elegir al juez que más le parezca adecuado y pagarle asimismo su sueldo”. Así pues, parece que el negocio conformado por las agencias de calificación privadas no es favorable al sistema público, y la idea de un mecanismo público e independiente de valoración crediticia (sin el ánimo de más competencia) se torna la más idónea. Sin embargo, a pesar de la propuesta de la Eurocámara, “el Banco Central Europeo parece oponerse a una nueva agencia pública europea”27 .
25

Garzón, A. ‘Una agencia de calificación europea’ [en línea] http://www.attac.es/2011/06/10/una-agenciade-calificacion-europea/, Attac España, 10-06-2011
26

Basteiro, D. ‘La Eurocámara propone acabar con el oligopolio de las firmas de rating’, Diario Público, 07-06-2011
27

Navarro, V. ‘¿Quién define la confianza de los mercados financieros?’, Diario Público, 05-05-2012 13

En la UE, muchas instituciones siguen considerando la evaluación de las agencias como criterio de valoración de la deuda pública. Mientras tanto, en EEUU ya se ha puesto en marcha una nueva ley- The Dodd Frank Act- ,que elimina la regla que instruía el deber de las pensiones publicas, así como de los bonos públicos, de vender sus activos valorados negativamente por las agencias. Forma parte de un grupo de reformas firmadas por Barack Obama el 21 de julio de 2010 con el fin de transformar el sistema financiero estadounidense, en respuesta a los fallos regulatorios que se pusieron de manifiesto en la crisis. En un informe publicado por el Banco de España en la Revista de Estabilidad Financiera28 sobre la reforma americana, también se coincide en que una de las principales causas de esta crisis económica —la mayor desde la Gran Depresión— han sido “las numerosas deficiencias en la regulación financiera, que permitieron un comportamiento irresponsable por parte de instituciones clave en el sistema financiero, que frecuentemente actuaban fuera del perímetro de regulación”. En este sentido, una vez que se pusieron en funcionamiento cuantiosas medidas de apoyo público para mitigar los efectos de la crisis, comenzó a reflexionarse sobre los cambios que era necesario abordar en la regulación del sector financiero. Así, esta nueva legislación incluía, además, algunas iniciativas aisladas (fuera del contexto de las cámaras legislativas) como “la separación de actividades en la industria bancaria (conocida como Volcker Rule) o las limitaciones al tamaño de las entidades”. Por el contrario, no se incorporaron otros aspectos, como la propuesta relativa a “la creación de un impuesto especial a las entidades sistémicas (responsibility fee) para recuperar los costes que los apoyos al sector financiero ocasionaron a los contribuyentes o la reforma de las agencias de titulización hipotecarias, muy activas en el mercado de la vivienda”. En cuanto a las agencias de rating en concreto, que fueron una de las instituciones con mayores críticas durante la crisis debido a su “deficiente valoración del riesgo”, se establecieron medidas para solucionar su falta de controles internos, la existencia de conflictos de intereses y su escasez de auditoría externa y transparencia en su actuación. Así, el estudio del Banco de España concluye que, a partir de ese momento, la SEC “supervisa el funcionamiento de las agencias para velar por los requisitos de control interno y separación de funciones, y emite normas para que los ratings realmente reflejen la metodología y los procedimientos que han comunicado”. También se introdujeron importantes medidas para mejorar la competencia en la calificación crediticia, como la

28

González Mota E., Marqués Sevillano J.M.: ‘Dodd-Frank Wall Street Reform: Un cambio profundo en el sistema financiero de Estados Unidos’, en Revista Estabilidad Financiera, nº 19 14

publicación -comparable entre agencias- del grado de acierto en los ratings asignados o la eliminación de las referencias explícitas a los ratings en las normas regulatorias. Sin duda, esta legislación constituye un proyecto ambicioso que ayuda a despejar el escenario en el que operan las entidades financieras y sienta las bases para que estas acometan una reestructuración profunda de sus actividades de acuerdo con el nuevo marco. Sin embargo, “no debe olvidarse que la implementación de una legislación de semejante calado no está exenta de dificultades”29 y el desarrollo de muchas de las iniciativas propuestas supone per se una fuente de incertidumbre que “tardará años en ser resuelta”30.

29

González Mota E., Marqués Sevillano J.M.: ‘Dodd-Frank Wall Street Reform: Un cambio profundo en el sistema financiero de Estados Unidos’, en Revista Estabilidad Financiera, nº 19
30

Ibíd. 15

8. Bibliografía
ARTÍCULOS

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INFORMES

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