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Alfredo Delgado

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Ensayo de análisis del poemario inédito "La raíz eterna" del poeta lambayecano Alfredo José Delgado Bravo.
Ensayo de análisis del poemario inédito "La raíz eterna" del poeta lambayecano Alfredo José Delgado Bravo.

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11/10/2013

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Romy Palacios Díaz Lengua y Literatura

REMEMBRANZAS INFANTILES EN “LA RAÍZ ETERNA” DE ALFREDO JOSÉ DELGADO BRAVO

Chiclayo, diciembre de 2006

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Lic. Romy Palacios Díaz Lengua y Literatura

Acercamiento a la vida de Alfredo Delgado Alfredo José Delgado Bravo nació en Monsefú en el año 1924. Su infancia transcurrió entre este lugar y la Caleta Santa Rosa, donde su madre laboraba como docente. Su preparación secundaria la cursó en el Colegio San José de la ciudad de Chiclayo. San Marcos recibe a Alfredo Delgado para formarlo como docente y literato. En el Patio de Letras se reúne Alfredo con Alberto Escobar, Washington Delgado, Carlos Eduardo Zavaleta, Pablo Bendezú, Edgar Pérez Luna y otros más. Por ello, es vinculado con la generación de poetas y narradores del 50. La revista Letras Peruanas, cuyo director y mentor era Jorge Puccinelli, se funda en 1952. La revista, vocero literario del grupo, muestra los primeros poemarios: Los ríos de la noche de Leopoldo Chariarse, Cartones del cielo y de la tierra de Alberto Escobar, Formas de la ausencia de Washington Delgado. Alfredo Delgado vuelve a Chiclayo y contrae nupcias con Alicia Elías. Se dedica a la docencia y participa, por el año 1955, en la revista Yunga. Luis Rivas Rivas (2003:139), señala que “... la revista Yunga (...) es la primera que nos informa de los nuevos valores literarios que aparecieron entonces”. De este modo, a la generación que aparece con esta revista, Rivas Rivas la bautiza con el nombre de su vocero. Al respecto afirma: “usamos su nombre en calidad de apelativo generacional” (2003:139). En Yunga coincidían novecentistas, amautas (Nixa, Juan José Lora, Mario Puga, Jorge Jiménez Monsalve) y yungas (Alejandro Lora Risco, Alfredo Delgado Bravo, Mario Castro Arenas). Considera, Rivas Rivas, la existencia de la generación Yunga, posterior a las generaciones novecentista y amauta. Indica, además, que yunga se distingue de la generación antecedente por rasgos muy marcados. Heredan el nativismo, nota siempre presente en nuestra literatura, y en sus obras poéticas conviven el versolibrismo y el verso rimado. Tres son sus rasgos primordiales, a decir de Rivas Rivas (2003): la búsqueda del trasfondo humano,

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la

emoción

social

y

el

esteticismo,

entendido

como

exploración

de

la

potencialidad expresiva de la palabra. A esta generación pertenece Alfredo Delgado. La obra de Delgado Bravo permanece inédita en su mayoría, aunque es de “extraordinaria calidad creativa” (Rivas Rivas, 2003:144). Entre sus poemarios inéditos tenemos La Casa Ruana (1953), Las Horas Naturales (1958), Historia íntima de la tierra y el mar (1959, cuyo título posterior fue Canto labriego junto al mar), País llamado esperanza (1959), La Raíz Eterna (1960), Dunadal (1961), Aldea junto al cosmos (1961, posteriormente titulado Cosmonsefú). En 1982, escribe Para todos los mundos, poemario galardonado como todos los anteriores. Además de su fecunda obra poética, Delgado ha incursionado en la crítica literaria y el arte dramático. Algunos de sus estudios publicados son Los móviles existenciales de Trilce (1986), La poesía de Jelil (1995), Biocronía y ucronía en Valdelomar (1966, aparecido en Cuadernos chiclayanos con el título El tiempo en Valdelomar) y un trabajo inédito sobre José María Eguren (1972, sustentado en un evento organizado por la UNPRG). Inéditos al igual que sus trabajos poéticos (de los que únicamente ha publicado la quinta estancia de su poemario País llamado esperanza y el poemario Las Horas Naturales), ubicamos sus piezas dramáticas como: Amar es juego de azar, El hombre de circunstancias, El espejo, Los sueños vienen del mar.

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Remembranzas infantiles en “La Raíz Eterna” Fernando Savater (1999:31) dice que la conciencia de la muerte nos hace madurar personalmente y, además, sabernos mortales nos convierte en verdaderos humanos. En el caso de Alfredo Delgado, el fallecimiento de su madre lo sacude vivamente, pero ocurre en él un efecto interesante: esa pérdida lo transporta al pasado. Como lo cantaba Jorge Manrique en sus Coplas: “cualquiera tiempo pasado fue mejor” (en Menéndez, 1978). La remembranza, el recuerdo, mantiene vivo por siempre lo que se ha perdido. Este sentir se vive en La Raíz Eterna. Veamos algunos ejemplos:
“Oye- hermanita- el coral silabeo de la escuela: Ese revuelo de trinos Tras gorjear de diamelas. Con él- atando recuerdosiremos a la Glorieta en cuyo contorno aún pasan juegos y parejas.” Poema 2, Bando ---------------------------“Ah- Calle de la Estaciónventanilla de las garzas. Mamá enfriando el café. Yo todavía en la cama.” Poema 3, Gran Vía ---------------------------“Por desdentadas callejas niños de ‘mira quien viene’, a contrapelo del frío conjuran ‘pasopa’ y ‘quenque’” Poema 8, Los juegos ---------------------------“Hoy ha vuelto mi recuerdo hasta el corral de la casa donde una higuera solía recibir la madrugada.” Poema 9, Retorno

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El recuerdo de la madre del poeta lo impulsa a decir, a hablar de ella. Los versos más doloridos y taciturnos se los dedica. Recuerda a la mujer, a la profesora, a la madre que fue:
“Mi vestido marinero ¿Dónde-, Madre, hoy estará, ese que tú me tejiste con las espumas del mar? (...) Mi vestido marinero contigo, Madre, ha de estar para ti pescando estrellas en el mar del Más Allá.” Poema 6, Símbolo ---------------------------“Lágrimas de mi dolor: Pesares de mi agonía: Quebrantos de mi penar: Traedme a mi madre viva. Devolvédmela, dolores, aunque me dejéis sin vida. Tal y como siempre fuera: Maestra, madre y amiga.” Poema 12, Plegaria

En su dolor desgarrado, como lo hiciera Job respecto a sí mismo, le reclama a Dios, le pregunta por qué, le pide que retroceda, que no se ensañe... si a alguien debe castigar, es a él, no a su madre:
“Señor, con mi honda, yo he perseguido tus aves tenazmente, con mi cruel honda de jebe y de sauce. (...) Señor, pero tú también. Tú también, con tu honda grande, ah, como un ave has batido al corazón de mi madre.” Poema 26, Venganza?

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Al inicio de estas reflexiones sobre La Raíz Eterna, comenté que la muerte, según Savater (1999:31), nos lleva a meditar sobre la vida, nuestra vida, y aferrarnos a ella; inclusive, puede movernos a no temerle:
“Hermanos míos, la tarde que al polvo me reincorporen: Nada de lutos ni llanto. Nada de palmas ni flores. (...) Hermanos míos, la tarde que del vivir me evapore, entre mi madre y el mar déjenme que al fin repose” Poema 36, Réquiem

Delgado, en su poemario, no sólo se sujeta a la muerte, sino que la siente tan cercana como una madre:
“Tenías- Madre- razón: que muerte- por ser tu muerte, y tierra- por guarecertemadres mías también son.” Poema 34, Elegía

Todos estos sentimientos son universales. El dolor y la tristeza por la pérdida de un ser querido, en especial cuando es parte de nuestra familia, y mucho más si es nuestra propia madre; nos produce una sensación de soledad infinita. Tanta que solo podría ser velada por nuestra propia muerte. Esos momentos desesperantes, desoladores, provocan que tejamos un sinfín de ideas trastornadas: cambiar nuestra vida por la de la otra persona, pensar que la muerte es un castigo inmerecido por ella, recriminar a Dios por la decisión de llevarse a la madre... Ideas trastornadas, pero justificables. Lo característico de Delgado en este poemario es su condición religiosa cristiana. Esos reproches recogidos en el poema 26 (Venganza?), son plegarias más que

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reclamos; súplicas al Hacedor para que sane las heridas y perdone las faltas. Palabras como esas se justifican con una frase de Job:
“Si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo de hablar, no se aparta de mí” Libro de Job 16, 6

El universalismo del tema abordado por Delgado conmueve a todo el que se acerca a La Raíz Eterna. El nativismo de sus versos no ahoga el sentimiento: lo ensalza, lo explica, lo define. El lector, no rescata tanto el ambiente en el que se mueve el poemario, sino el sentimiento que lo conmueve. No importa dónde se viva ni qué se recuerde, sino cómo se vive y cómo se recuerda, qué se siente al rememorar el terruño, los amigos, los juegos, la familia, etc. Ese nativismo al que me refiero se observa claramente en las imágenes que contiene La Raíz Eterna, en sus metáforas y símiles:
“Yo soy- Aldea- tu voz. Tu aliento de golondrina. Tu barro de sol con lluvia. Tu poncho de yerbaluisa. Yo soy lo que tú sin tregua hasta dormido cultivas con alma y pala en los surcos de tu pesquera campiña. Yo me voy todas las noches y vuelvo todos los días como siguiendo el vaivén de tus mareas vecinas.” Poema 1, Portal Metáfora

Imágenes

Símil

-------------------------“Según mi recuerdo, el mar es una inmensa cartilla con vocales de totora y consonantes de brisa” Poema 4, Memoria

-------------------------“Mañana de tren azul,

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fresca de luna y rocío: Polleras de garza en alto. Trenzas de junco y pabilo” Poema 5, Albazo

Los encabalgamientos en los poemas imitan el llanto, el sollozo de quien se contiene para contarnos sus recuerdos, las añoranzas de un tiempo pasado que fue mejor. El poema 26, Venganza?, es uno de los que mayor quebranto muestra en su ritmo (encabalgamientos en negrita); lo mismo ocurre con Elegía (poema 34). Algunos fragmentos de ellos servirán de ejemplo:
VENGANZA? Señor, con mi honda, yo he perseguido tus aves tenazmente, con mi cruel honda de jebe y de sauce. (...) Por puro impulso infantil. Tal vez por hacerme el grande. Qué sé yo, Señor, lo hacía alegremente salvaje. ELEGÍA Tenías- Madre- razón Ah, cuánta razón tenías: Hoy, en verdad, madres mías también tierra y muerte son. (...) Tierra de yunga sazón bajo la que estás ahora. Muerte dulce y bienhechora como fue tu corazón.

Añoranzas infantiles conviven en La Raíz Eterna, junto con recuerdos doloridos. El recuerdo de la madre no solo llega lacerante, también hay memorias tiernas de alegría:
“De su corazón fluía cierta dulce luz alegre que le inspiraba lecciones de imponderables quehaceres: Botines de amor pañal. Canto y cuento para fiebres. Cartillas con alma en flor de luceritos pesebres. (...) Con su corazón vivía tan activa y tiernamente que encantaba al vivir con mágicos entremeses.”

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Poema 13, Óleo ------------------------“Cuando mamá te encendía la oscuridad se apagaba. Dulce calor amarillo Se oía en toda la casa. (...) Cuando mamá te encendía las sombras se humanizaban y yo no sentía frío ni temor a los fantasmas.” Poema 32, Lámpara

Los recuerdos de la infancia son también de la abuela, de los amigos y del jardín de niños. Recuerdos inundados de nostalgia y de una sensación oscura, producida por el estado anímico del que recuerda. Es como si se tratara de revivir a quienes, en medio de la tristeza que provoca la partida de la madre, pueden brindar el consuelo desde su lejanía. Una lejanía sabia, por cierto, elige Delgado para consolarse: amigos, familiares y situaciones idas con el viento de los años. Recuerdos muertos, también. Un cortejo de seres fúnebres y de lugares en el blanco y negro de la memoria.
“La abuela con su crochet y su ovillón de recuerdos -cabeceando memoriastejía y contaba el tiempo.” Poema 33, Labores ------------------------“David Llúncor es Gaspar. Pepe La Rosa, Melchor. Y Loida, el ángel; los tres ‘se han ido’. Solo estoy yo.” Poema 35, Retablo ------------------------“Hoy ha vuelto mi recuerdo hasta el corral de la casa, donde en un tallo de higuera está mi niñez grabada.” Poema 9, Retorno

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Alfredo José Delgado Bravo, en este poemario, nos recuerda a Vallejo. Delgado, al igual que Vallejo, se vale de materiales autobiográficos para darle un matiz personal a su obra. Es así, volcando el sentimiento puro, el recuerdo puro, que logra conmover a quien se acerca a su poesía. Toma situaciones personales como el recuerdo del terruño, de su aldea Monsefú, de su abuela, del mar... elementos todos que le confieren sentimientos universales: todos rememoramos nuestra niñez, todos recordamos con afecto a nuestros amigos de todos los tiempos, todos nos sentimos muy pegados a la mujer que nos dio el ser, todos nos identificamos con esos momentos que La Raíz Eterna va marcando como un transitar por el álbum familiar.

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

    

SAVATER, Fernando (1999). Las preguntas de la vida. 2° edición. Editorial Ariel: Barcelona – España. RIVAS RIVAS, Luis (2003). La Literatura Lambayecana. Editora Cinto: Chiclayo – Perú. DELGADO BRAVO, Alfredo José (1960). La Raíz Eterna. Poemario inédito: Chiclayo. SANTA BIBLIA. Versión Reina – Valera Revisada (1960). Sociedades Bíblicas Unidas: España. MENÉNDEZ Y PELAYO, Marcelino (1978). Las cien mejores poesías líricas de la lengua castellana: COPLAS A LA MUERTE DEL MAESTRE DE SANTIAGO DON RODRIGO MANRIQUE, SU PADRE - JORGE MANRIQUE. 1° edición. Editores Mexicanos Unidos: México.

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