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El Orden Del Discurso - Ensayo

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Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V.

González” Departamento de Historia Prehistoria y Arqueología (especialmente Argentina y Americana)

Conferencia Nº 1: El orden del discurso. Dialéctica Ciencia / Didáctica en el aula

El orden del discurso

Profesora: Adscriptos:

Ana María Rocchietti Marcelo Vecino Dri César Borzone Ariel Ponce

Alumno: Curso:

Iván Andrés Fain Bulba 1º “C” 1º/06/11

Fecha de entrega:

1 El orden del discurso
Introducción El trabajo que aquí se presenta busca indagar sobre el discurso, el complejo entramado que constituye el mensaje y no sólo en su calidad comunicativa sino también adentrándose en su entorno como cuerpo manipulador de la información y del conocimiento, que en última instancia, se superará así misma y logrará constituirse como herramienta y como objeto de lucha. Este análisis busca ingresar en las normas de textualidad y del signo de una forma práctica y sencilla con el fin de lograr una descripción abarcadora de teorías que analizada por separado no lograrían el efecto esclarecedor que logrará en su conjunto. Así, el ensayo busca extraer una gran variedad de conceptos de algunas de las teorías más sofisticadas para lograr una lectura que supere lo expresado literalmente en la superficie y deje visibles las influencias de las ideologías y las relaciones simbólicas en un marco de control y disciplina que buscará reproducirse bajo la forma contemporánea de la globalización del capital. El orden del discurso es una cuestión que ha suscitado la atención de una gran cantidad de disciplinas a las cuales ha aportado interesantes aspectos de análisis mediante un eje vertebrador que organiza el cúmulo de temas que le es de interés. Así, autores como Michael Foucault, historiador de la psiquiatría; Edward Said e István Mèszaros, filósofos; Wolfgang Dressler, Ferdinand de Saussure y Charles Peirce, lingüistas; y Jacques Ranciere buscarán a través del él entender la realidad que los rodea y cuáles son las “herramientas” que ésta utiliza en las relaciones sociales. Para penetrar en el discurso, primero hay que estar de acuerdo con el planteo de Said, cuando señala “lo que comparten todas las palabras no es tanto un significado común, sino una estructura común”1. Esto permitiría entonces hacer un análisis literal de los mensajes, en el cual se puede observar si tiene coherencia y cohesión, qué clase de informatividad tiene, cuál será nuestro grado de aceptabilidad o hasta qué punto esa información es transferible a otros aspectos de la vida. Bajo este marco, se presupone un cierto consenso sobre estos aspectos básicos fundamentales que se han citado, y es en concordancia con ellos que se realiza un estudio del signo con cuyo resultado se sostiene que a cada significante le corresponde un significado y viceversa según la teoría de Saussure. Esta concepción de un signo compuesto únicamente por la forma

2 lingüística y la representación mental unidos por una relación arbitraria, es decir, que es inmotivado y que se enmarcaba dentro del paradigma dual transmitido culturalmente. La lógica de la explicación se enmarca en este paradigma que separa al maestro iluminado de su alumno ignorante, y le permite al maestro explicador constituir al incapaz como tal. La “teoría cerrada” como se la denomina, en un primer momento parece abarcarlo todo y generar una retroalimentación constante, pero de ser así, cuando pasamos de la concepción del signo a la del discurso solo podría dar una interpretación superficial y muchas preguntas que corresponden a varios elementos comunicativos quedarían sin contestar: ¿Quién ha enunciado y quién debe comprender? ¿Por qué lo ha hecho y a partir de qué situación histórica? ¿La situación histórica y la cultural no modifican la concepción del mundo que nos rodea? Es en este momento que surge la concepción abierta del signo propuesta por Peirce. En ella no solo se añade un nuevo componente al esquema: el Interpretante, sino que involucra en estas relaciones significativas las cuestiones del poder y la legitimidad. Un primer análisis nos permite afirmar que los significados son ilimitados, pues responden a las concepciones que cada individuo tienen del mundo que los rodea, dando así un valor excepcionalmente alto al Interpretante, pero sin conformarse con reconocer su entidad, le agrega la operación interpretativa. Reconoce de esta manera que el discurso no es único ni homogéneo, sino policémico y en él habitan varios mensajes que pueden diferir entre sí y a los que hay que descifrar poniéndolos en un contexto. A partir de aquí es que resulta más sencillo entender la lucha por el sentido, por cuanto los varios mensajes se verán afectados por las “inferencias” producto de las circunstancias y por las “competencias” del Interpretante para funcionar como elementos efectivo de producción material de saber y poder según la concepción de Foucault. Por eso al hablarse del Interpretante hay que entenderlo como un actor comunitario, social y que tiene estrecha relación con su contexto histórico determinado. Uniendo conceptos como que el Interpretante es producto de una sociedad y que el discurso posee varios mensajes, es momento de redefinir los intereses particulares a los que todo discurso sirve, que en general aunque no se limitan a un solo objetivo, pueden resumirse en que el discurso busca mantenerse a sí mismo y a la lógica socio-económica imperante. En la actualidad, la globalización del capital encierra en sí misma idéntica lógica que la del orden del discurso, que mediante la educación formal institucionalizada permite a través de las generaciones, la trasmisión de una ideología reducida en su capacidad de cambio de la realidad en que vive, pues como señala Peirce en uno se sus trabajos “ no puede existir

3 ninguna causa razonable para el hecho de que la mente humana, habiéndose desarrollado bajo la influencia de las leyes de la naturaleza, piense algo que esté fuera de las normas de la naturaleza” 2, que en otras palabras expresa la dificultad de la mente humana para pensar por
fuera del entorno propio de su desarrollo. Los procesos mediante los que nos formamos ideas sobre el mundo dependen, según la concepción de Peirce, de los juicios de la percepción. Éstos si bien parecen personales, están sometidos a un complejo procedimiento de control y selección por medio del tabú, del ritual, las doctrinas y la adecuación social. Tal es la influencia de los postulados que sin importar la

cantidad de tiempo que transcurra ni la variabilidad de sucesos que se produzcan en su acontecer la idea de aplicar reformas positivas a los pequeños defectos sobresaldrán sobre los cambios radicales e impedirán que la estructura funcional se vea afectada, permitiendo continuar con la regulación social a favor del mercado, el aumento de la competitividad en la producción y la creación dentro de la sociedad de necesidades totalmente artificiales. Así se entiende que la educación posee un papel preponderante en la reproducción social y en la internalización de un marco que legitime los intereses hegemónicos. Dentro de esta educación, es a través del discurso que “las culturas designan y aíslan a sus opositores, y su contrapartida, el proceso mediante el cual las culturas designan y valoran su propia autoridad integradora” 3 que desde ese momento en adelante se convertirá en su medida con respecto del contexto en que ésta se ve inserta. Said entiende que “cada discurso, cada lenguaje – el de la psiquiatría, la criminología, la crítica o la historia – es en cierta medida una jerga, pero también es un lenguaje del control y un conjunto de instituciones en el seno de la cultura sobre lo que constituye su dominio particular” 4. Por eso, luego del surgimiento de la concepción abierta, en la cual “Algo” se presenta ante “Alguien” dentro de un contexto determinado, el discurso se vio interpelado como nunca antes y por consiguiente, comenzó una fase lenta pero paulatina en que el discurso se fue inscribiendo complicadamente desde la superficie hacia la profundidad del mensaje ¿Cómo pudo “invisibilizarse” sin cambiar su estructura constituyente? El lenguaje de la verdad hizo posible con toda su naturalidad y autoridad el ocultamiento sistemático de la formación del discurso y su estrecha relación con el poder, brindándole en apariencia una legitimidad que en esencia nunca tuvo. Así es que los sectores dominantes se apropiaron y resignificaron el consenso cultural que toda comunidad de hablante posee en sus ideales de verdad y lograron con ella transmitir que

4 la subordinación del trabajo al capital y su acumulación lucrativa fueron siempre pertenecientes a un “orden natural” inalterable. ¿Cómo se puede cambiar algo que siempre fue así? En estos términos Said sostiene que “podemos entender mejor el lenguaje haciendo visible el discurso no como una tarea histórica, sino como una tarea política. El modelo debería ser por tanto estratégico y no en última instancia lingüístico”5. La negación del sistema como mediación necesaria en la vida y el análisis crítico de los discursos, desconociendo la legitimidad ciega que se le suele atribuir permitirá liberar a las personas del círculo vicioso del sistema. Si bien la función del maestro explicador es transmitir su sabiduría, Rancière entiende que “éste encontrará tan evidente la distancia entre su saber y la ignorancia” 6, que partiendo en dos el mundo de la inteligencia, someterá la inteligencia de quién quiere aprender a la propia, y con eso impedirá el pensamiento crítico necesario para acabar con la lógica del discurso y que podrá constituir “un progreso en el embrutecimiento”7. Es en contrapartida, que la emancipación o verdadera libertad no es un acto individual sino como señala Mészáros, “la más conciente de las acciones colectivas”8 que busquen un cambio esencial y abarcador y no un cambio formal y parcial.
1 Said, E. 2004. Teoría ambulante. En El mundo, el texto y el crítico, Pág. 278 2 Peirce C. Guessing, Hound and Horn, 1929 pág. 269. 3 Said, E. op. cit., Pág. 290 4 Said, E, op. cit. Pág. 294 5 Ibid 6 Rancière, J El Maestro Ignorante: Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual, 2007 Pág. 22 7 Rancière, J op. cit., Pág. 23 8 Mészáros I, La Educación más allá del capital; 2008 Pág. 41

Palabras Claves Lógica del discurso Interpretante Reproducción social Conclusión En este ensayo, el discurso muestra su imposibilidad de mantenerse objetivo, ya que su origen parte precisamente de su subjetividad y de una relación de poder, que visible o invisible, siempre esta presente desde su estructura hasta las capas más superficiales. De este modo, el discurso es capaz de generarse un marco por el cual sus reglas sean reproducidas y generen un orden en que todos queden insertos para de esta manera asegurarse

5 su continuidad. Es este orden del discurso la raíz que genera la globalización y el capitalismo, que en definitiva no es más que la globalización del capital, ya que con la exaltación del individuo le es más fácil esconderse y procurar una asimilación que en apariencia es voluntaria, pero que en realidad responde a la conclusión lógica por la progresiva falta de herramientas para la concreción de una alternativa viable. Considerando el inmenso campo en que el discurso se desarrolla se suele coincidir que al igual que con el lenguaje, los individuos no lo utilizan, sino que es el lenguaje quien los utiliza.

Resumen El trabajo contempla la importancia de considerar al Interpretante como un actor comunitario, social y con estrecha relación con su contexto histórico determinado para poder superar las interpretaciones literales del discurso. Así, con los conceptos de varios teóricos podremos entender que los intereses a los cuales el discurso está sometido y que en definitiva son los mismos que hacen posible su supervivencia, como modelo ideológico, influyen en la percepción de los individuos y de su realidad. Al entender esta influencia como una tarea política es que podremos analizarla críticamente y estaremos realmente frente a la posibilidad de cambiar los paradigmas causantes del embrutecimiento y emanciparnos. Cita bibliográfica Dressler W. – Beaugrande R. 1997. Introducción a la lingüística del texto. Editorial Ariel. Barcelona. Foucault, M. 1999 . El orden del discurso. Tusquets Editores. Francia Mészaros, I.2008 La educación más allá del capital. Siglo XXI. Buenos Aires. Peirce, C. 1988. El hombre, un signo. Antología de textos. Edición de José Vericat, Crítica, Barcelona Rancière, J. 2007. El maestro ignorante. Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Ediciones del Zorzal. Buenos Aires. Said, E. 2004. Teoría ambulante. En El mundo, el texto y el crítico. Debate. Barcelona. Saussure, F. 1983. Curso de lingüística general. Alianza Editorial. Madrid.

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