Nupcias a contraluz Toro y acero

I Toro y acero, nupcias a contraluz.

Pero no, no cita el acero, cita la luz severa, lisa derivación en el metal.

Cita a la simple desnudez de la vida, la rosa turbia que deshoja el dolor.

Estoque, acero, pica, la luz se clava purificando en la carne su ley.

Al alba así se quiebra el frágil despertar de las criaturas que niega el hombre.

Acero y toro, beso y sangre, nupcias a contraluz.

II “Negra quiero la espada que ha de darme la muerte. Mía quiero mi muerte como negra es mi piel.

Luz y ausencia de luz no dividen mi patria: allí fulge la noche porque fulge la estrella, y el alba luminosa es noche desollada, estrella a estrella, de su leve blancura.

Pero el hombre separa, infunde vanas discordias al puro acontecer. Me impone aquí su muerte. Soy lo que niega el hombre, lo que su luz condena.

Negra quiero la espada que ha de darme la muerte. Mía quiero mi muerte como negra es mi piel.”

III Hijo de las tinieblas, noche encarnada, ¿qué estrella te predijo esta informe pasión ? ¿qué ley impone el sufrimiento cuando mana tu sangre ?

Exigimos tu muerte, su inclemente belleza para el fruto de luz.

Y ahora sólo eres sombra, sombra apretándose en dolor y carne. ¿Qué turbia redención de la materia, de su sueño más térreo, mana desde tu sangre?

Arrebatas tu muerte para el fruto de noche.

IV “Hierro y sangre te besaré.

Torva sed de mi luz es tu deseo, gozo la medialuna inquieta de tu tosco apetito.

Mira, mírame las caderas, resbalando entre pétalos, intangibles al baile, insinuadas.

¿Qué desnudez te llama tras este velo rojo ? Senos, muslos crueles por la luz.

Infligirá mi espada la belleza más aguda, mi más cruel desnudez. Y como dos amantes en el gozo, olvidarás.

Te hablo de amor, me oirás de muerte. Sangre, hierro, te besaré.”

V

Palabras en la agonía – Me gozarás si pasas por la muerte.

Hierro yo pasaré hasta abrirte un pozo, sangre y flor, flor donde jamás despierte tu sed de mi último, mi frío gozo. – Sé que voy a morir hasta quererte. Mi noche en ti de medialuna rozo pero ya me atraviesas y un inerte beso al vacío con mi belfo esbozo. – Luz soy, soy hierro. Intacta luz, más frío hierro soy si te inflijo mi belleza, si mi noche, lavada en sangre, expío. – Tus galas son mi muerte, esquivo amor. Mi muerte arrebolada te adereza mientras tu luz se afila en mi dolor.

VI Muerte y música

Dime, espada, en qué cárdeno poniente te han bañado la luz y mi dolor para que aquí y ahora en mi sudor se deshoje esta música inclemente.

Dime en qué amanecer, o luz hiriente, te has empapado, en qué violenta flor para aquí deshojarte del color y el hierro en mi pasión negra y ardiente.

Triste baile es mi álgida bravura. Pétalos, muerte bailo en la agonía pagando la belleza más oscura

con mi vida. Lamer la melodía, fundir en ella mi último estertor quisiera, mi silencio turbador.

VII Muerte y querencia

Mi última querencia: este trozo de arenas. ! Suspéndete en la tarde, muerte de luz, y déjame que aguarde la flor aquí enterrada por la que hozo !

No sé qué espera ahora este alborozo en niebla de colores, este alarde de la belleza que en mis sombras arde mientras yo muero entre el ajeno gozo.

¿Tal vez que riegue con mi fuerza herida esa flor esplendente de mi muerte que yo supe al salir aquí escondida?

Ellos verán sus pétalos lucir mi sangre, mi sudor, mi cuerpo inerte que quiso un sitio aquí para morir.

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