UNA HISTORIA EN TRES ACTOS

PRIMER ACTO: Extraña pareja
Es un día de agosto, temprano aún y la luz entra de forma oblicua, lamiendo los colores. La ciudad remolonea para ponerse en funcionamiento. Allí están ellos, desayunando en una terraza de una cafetería del barrio, pueden ser madre e hijo, aunque para serlo, o ella se conserva muy bien o él está más estropeado de la cuenta. Ella va arregladita de ropa y peinado, más de lo que parece que pueda dar de sí su voluntad y contrasta con él, que va vestido de turista o adolescente, con pantalón corto, camiseta y sandalias de senderista, pero dentro de esa indumentaria se descubre un cuerpo gastado antes de tiempo, con alguna mella en su boca, que intenta disimular haciendo un muro con su mano, de la espalda se le ve salir una coleta rala de pelo gris y de las sandalias asoman sus dedos amontonados. Entre los restos de la mesa uno puede observar que mientras ella se lo ha tomado todo y su parte está recogida, en la de él hay restos de bollería que no piensa seguir comiendo, por lo visto prefiere darle aspiraciones rítmicas y profundas a su cigarro, como si se tratara de una mascarilla de oxígeno de la que dependiera su propia vida. Ella no dice nada y más que quieta en su silla, se podría decir que está rígida o ausente. En cambio él se mueve bastante dentro de una ropa que le queda bastante holgada y se echa para delante y para atrás a la vez que fuma y habla todo el tiempo sin parar, como si de un monólogo se tratara, con un tono de voz gritón y aflautado se le oye decir frases enlazadas del estilo……: ¡Es que no hay vergüenza!, ¡lo que habría que hacer a esos tipos es matarlos a todos!, cogerlos de uno en uno y quitarlos de en medio, gasearlos.

SEGUNDO ACTO: La víctima
El hombre de la coleta está ahora solo, comprando una revista en el Kiosco. Es el mismo, pero al oírlo hablar parece otro, su tono es diferente, más aniñado. Le habla a la señora de forma que deben conocerse de hace tiempo.  Carmen, no te puedes imaginar lo que es esto.  Eres una buena persona Rafael, ¡que sería de ella sin ti! y lo bien que la llevas siempre, tan arregladita.  Es tan duro cuidar de alguien que no te reconoce…. a veces creo que me voy a volver loco.

TERCER ACTO: El verdugo
Ahora van andando por la calle, ella va haciendo unos movimientos extraños que más bien parecen respingos a modo de protesta, se ve que está frenando el paso y quiere parar. El tira de ella como para seguir andando, tira fuerte y levanta la voz: Hija, estás alelá, ¿Se puede saber a dónde te quieres meter?, ¿A dónde vas? ¿Es que no sabes dónde vives? Ella se zafa del brazo de él, le da un manotazo y dice con voz ronca y de ultratumba: Es aquí, ¿no lo ves? El le da una calada al cigarro y grita: ¡La polla! Ella se vuelve, lo mira con desprecio y sin dudar se agarra de su brazo y continúan andando en silencio. 4 de noviembre de 2012 SIGRAN BLUES

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