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CUENTO DE UN AUTOMVIL. Fui sacado de un taller de mecnica por un viejo de noble corazn. Yo estaba muy viejo y gastado.

Haba recorrido muchos kilmetros; l me revis y vio que con unos cambios en mi maquinaria poda vivir un tiempo ms. Yo, por el amor a la gasolina, puse algo de mi parte; y as fue como volv a recorrer las hermosas carreteras de nuestro pas. Mi amo me cuidaba a tal grado, que todos los das me baaba, cambiaba aceite, calzado, tuercas, tornillos y hasta me pintaron de un rojo vivo para que luciera mejor. Yo no le exiga demasiado, lo que peda un poco ms era gasolina, por lo viejo que yo estaba. Nos llevbamos maravillosamente, transportbamos gentes, animales y toda clase de cosas: Verduras, piedras, etctera. Nunca le fall en las carreteras, ni en las ciudades: Me aceleraba, yo corra; me apretaba el freno, paraba; y en ningn alto le fui infiel. Cierto da, lleg un su amigo a pedirme prestado, diciendo que me necesitaba, que luego regresara y que me iba a llenar la barriga de gasolina. Yo, como presintiendo, rogaba que no me prestara y me deca a m mismo: Este no te va a cuidar como tu amo lo ha hecho. Ni ms ni menos, el bruto se emborracha y me acelera como si yo fuera de esos jvenes que compiten en las pistas a grandes velocidades; claro, era de esperarse: En una esquina no dobl a la perfeccin y se me zaf una de las llantas delanteras, dndome en la trompa con el primer poste que encontr. A consecuencia de la borrachera de aqul individuo y de mi vejez, fui a parar de nuevo a un taller de reparacin. Para sacarme del taller, mi amo, pag una considerable suma de dinero, que no s cmo consigui, porque lo que ganbamos, ajustaba para mi

mantenimiento y el de su familia. Desde aqul accidente no volvi a prestarme y me Danilo Vsquez | Edicin 1983

trataba con ms cuidado, no sobrecargando mis espaldas. En varias ocasiones me salv de ser quemado, por unos jvenes armados que suelen salir en las carreteras, suplicndoles que no lo hicieran, les lloraba dicindoles que yo era el nico medio de sobre vivencia. Seguimos trabajando algunos meses ms, hasta que un da de nada sirvieron los ruegos ni los llantos de mi amo, fui quemado y llevado de nuevo a un taller; pero a un taller de chatarra. Bueno, aqu estoy, quemado, inservible, quisiera poder ayudar a mi amo, pero no puedo, pienso y me pregunto: El pobre, de qu vivir hoy?.

Danilo Vsquez | Edicin 1983