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Erase un pequeño que vivía algo nuevo todos los días, saliendo de la rutina, con alas de libertad ansiando

volar y aquello que veía, lo aceptaba con asombro, temor o felicidad. Y todo eso se hacía parte de su vida, durante el día o durante mucho tiempo. Las flores hacían parte de su mundo, y la hierba, las plantas de colores y el canto de los pájaros y los polluelos nacidos en verano y los chanchitos con sus rosadas caras y el potrillo que corre en la pradera y el ternero buscando a su madre y los peces bajo el agua y las plantas acuáticas que parecían asomarse a respirar el aire puro y los retoños incipientes hacían parte suya, al igual que las plantas que dan fruto y los floridos arboles y la maleza que sale al borde de los caminos. También observaba a la profe que iba camino a la escuela y los traviesos muchachos que pasaban ,al igual que las niñas de mejillas rosadas... y el joven y la chica negros con pies desnudos. Y todo lo nuevo de la ciudad y del campo a donde quiera que iba. sus amorosos padres de carácter fuerte que le dieron a este pequeño disciplina y amor, se hicieron parte de el, haciendo que recordara a su progenitora cuando alistaba la mesa para la cena y sus palabras dulces y su olor a flores de primavera que expiden agradable olor y a su padre cual figura esculpida en bronce pero con manos que transmiten cariño y afecto. En la ciudad, gente recorriendo las calles con sus angustias y dilemas cual si fueran barcos a la deriva en alta mar. Los embarcaderos con sus grandes ferris; el pueblo avistado a lo lejos, el rio que pasa, sombras, vapores y luces cayendo en los tejados y pájaros de colores vistos a la distancia revoloteando sobre las olas. Todas estas cosas hicieron parte de aquel pequeño que se lanzaba a la imaginación cada día y todas estas cosas cobran vida en aquellos que leemos estas líneas.

Código Yolanda: 083002002008