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Personajes típicos de la Colonia en Chile

Personajes típicos de la Colonia en Chile

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Trabajo sobre la Colonia en Chile

Integrantes: Eladio Barría Hernández
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Introducción
En este informe vamos a conocer cómo era la vida colonial, cómo vivían las personas, cómo obtenían la alimentación, higiene, música, entre otras necesidades, entretenciones y demás. Vamos a retroceder en el tiempo y averiguaremos y conoceremos quiénes eran los personajes típicos chilenos durante la época colonial, que tenían una función indispensable y muy importante en la vida de las personas de la Colonia. Luego, indagaremos en lo más artístico de la Colonia, cómo eran las casas, las edificaciones, catedrales y construcciones de ese tiempo y cómo influyó la naturaleza geológica de Chile en la arquitectura colonial. Finalmente conoceremos las características pictóricas de la Colonia en Chile. Qué influencias extranjeras ayudaron a desarrollar la pintura colonial chilena. Sabremos qué técnicas se utilizaron y cómo influyó el arte pictórico en la relación españolaindígena de esos tiempos.

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Personajes típicos de la Colonia
Antes, en las ciudades desde temprano en la mañana, múltiples vendedores ambulantes recorrían las calles de Santiago, ofreciendo sus productos. Los transportaban a lomo de mula en grandes cajas de cuero o canastos e iban de casa en casa a venderlos. Allí les compraban carnes, hielo traído de la cordillera, brevas y sandías, pasto para los animales, dulces y leches, velas e incluso agua. Motero El motero o motera llevaba, en un canasto colgando del brazo, el mote de maíz, castañas, camotes cocidos, piñones, etc. Este personaje, para iluminar su camino llevaba un farol de confección casera con una vela en su interior.

Chinchinero A veces el organillero aparecía acompañado por un socio: el hombre orquesta o chinchinero. El chinchinero no sólo se dedicaba a tocar el bombo y los platillos, sino que bailaba y hacía verdaderas proezas con su "orquesta" a cuestas, saltando incansablemente sobre la improvisada pista.

Velero El velero vendía velas para iluminar las casas, ya que en esa época todavía no había luz eléctrica. Este personaje las llevaba colgando de un palo al hombro amarradas por la mecha y cuando las vendía, cortaba la mecha.

Lechero El lechero vendía la leche en dos tarros llenos que transportaba sobre una mula o caballo. Pasaba por la calles ofreciéndola y de las casas salían las mujeres con los jarros para que se los llenara con leche recién ordeñada. Llevaba la leche en dos tarros llenos, cargados en una mula o caballo.

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Sandillero El sandillero vendía pedazos o sandías enteras en la plaza o en las ferias.

Aguatero El aguatero se desplazaba a caballo llevando agua en un barril, la que vendía entre los vecinos.

Panadero El panadero iba en una mula o a caballo con dos grandes canastos a los lados donde llevaba pan fresco. La gente salía de las casas a comprarlo.

Dulcero El dulcero paseaba por la calles vendiendo dulces y pasteles llevándolos en un canasto de mimbre.

Organillero El organillero llevaba la pesada caja del organillo cargada en la espalda, bien agarrada de la ancha correa que le cruzaba el pecho. En una mano llevaba la jaula con el lorito amaestrado, y en la otra, el manojo de elásticos desde donde colgaban pelotas de aserrín forradas con papeles de vivos colores. Descargaba su instrumento, colocaba la jaula sobre él, y al poco rato comenzaba a tocar sus típicas melodías. Las coquetonas muchachas aprovechaban de saber qué les deparaba el destino; entonces la lorita asomaba su cabeza por entre los barrotes y con su pico pescaba uno de los papelitos del pequeño cajón que se habría bajo su jaula. Cuando el negocio comenzó a decaer, los organilleros introdujeron un mono tití, al cual vestían con diminutas ropas humanas, y que reemplazaba al lorito con sus gracias y piruetas.

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Heladero El heladero vendía helado, que era hielo picado al que se le agregaba azúcar y jugo de frutas. Lo llevaba en un balde acondicionado para que no se derritiera y los iba sirviendo con una gran cuchara a los niños que le compraban.

Lavandera La lavandera cobraba por lavar la ropa. Iba con un gran canasto a lavar a las fuentes de agua.

Sereno El sereno en las noches, recorría las calles de la ciudad encendiendo los faroles y dando a conocer la hora y el tiempo.

Pollero
Los polleros andaba a pie con las gallinas vivas y cacareando al hombro. Las autoridades los obligaron a llevar a las aves en canastos o cajones, y más tarde, se les exigió vender sólo en los mercados.

Catanero
Los cataneros eran policías civiles que cuidaban las calles durante la noche, un servicio de seguridad compuesto por los vecinos, que se organizaban para detener a los delincuentes. También se les llamaba celadores, y llevaban un sable.

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Suplementero
Los suplementeros eran los vendedores de diarios, muchas veces niños que pregonaban a voz en cuello las últimas informaciones.

Carnicero callejero
Los carniceros callejeros eran carniceros ambulantes, también llamados 'muleros de la carne', que llevaban pedazos de carne sobre alforjas a los costados de la mula. Caminaban detrás del animal con un gran cuchillo para trozar, gritando: 'carne de vaca' o 'carne de cordero' según el caso.

Vendedor de pasto
El vendedor de pasto vendía pasto verde y recién cortado. El pasto iba sobre el caballo y el vendedor se sentaba sobre su carga.

Hojalatero
El hojalatero vendía bacinicas de hojalata. Además arreglaba utensilios de metal, ollas y tiestos a domicilio.

Petaquero
Los petaqueros eran panaderos ambulantes, contratados por las panaderías para vender el pan en la calle. Lo trasladaban en recipientes de cuero tapados y envueltos en un paño blanco.

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Arquitectura colonial chilena
La primera fase corresponde a un campamento provisorio de quincha y barro. Santiago del Nuevo Extremo se fundó el 12 de febrero de 1541, con un trazado cuadrículado planeado por el alarife Pedro de Gamboa; la Plaza de Armas es el núcleo central y centro cívico- religioso de la ciudad. En torno a ella se distribuyeron manzanas, cada una de las cuales se dividió en cuatro partes llamadas “solares”. Estas eran para el culto y la jerarquía eclesiástica, la catedral, la casa de gobierno, la de justicia, el cabildo, el comercio y las casas de vecinos con altos cargos administrativos. En las calles convergentes se ubicaron las órdenes religiosas y el resto de los vecinos españoles. En 1552 se funda la iglesia y convento de Santo Domingo, estableciéndose definitivamente donde hoy se encuentra hacia 1569 o 1570. Hacia 1566 los mercedarios también construyeron un templo y un convento. Por su parte, en 1593 arribaron a Santiago los primeros jesuitas y en 1597 edificaron su iglesia. Con anterioridad, en 1553, habían llegado a Santiago los primeros religiosos franciscanos, ubicándose en 1554 en el actual asentamiento (Alameda con calle Londres), donde iniciaron los trabajos de construcción de la iglesia y el claustro del convento en 1572. Los muros están formados por bloques de granito. El plano original era de cruz latina, formada por la nave central y dos capillas laterales. El artesonado del techo es sobrio y de inspiración clasicista, con influencia peninsular de la época. Siglo XVI A la fundación de Santiago le seguirán durante el siglo XVI las de otros núcleos urbanos, que fueron acrecentando la metropolización del territorio. A las ciudades recién fundadas pronto llegaron las órdenes religiosas con su estilo arquitectónico, a través de la construcción de capillas, colegios, iglesias y conventos. La arquitectura religiosa, al igual que las casas municipales, los palacios de los gobernadores, los hospitales y otros edificios públicos, son los elementos arquitectónicos que van a embellecer y aristocratizar la ciudad, otorgándole su característico perfil colonial. El único testimonio arquitectónico del S. XVI con que contamos hoy en día es el Convento de San Francisco, debido a un feroz terremoto, el año 1647, que destruyó todas las construcciones de Santiago, incluida la Catedral. El Convento de San Francisco por su resistencia a los continuos embates naturales se debe al artesonado del techo, de una sola pieza de madera policromada, lo que sumado a los gruesos muros y los bajos arcos de medio punto, impide el desplome de la construcción. El peligro sísmico ha particularizado la arquitectura en muchas zonas de Hispanoamérica. Así, se producen las soluciones góticas, el desarrollo horizontal de los edificios, la presencia de contrafuertes y la escasa altura de las torres, son algunas de las características que singularizan la arquitectura latinoamericana frente a los estilos europeos. La condición sísmica de Chile obliga a un replanteo del diseño de las construcciones, incluidas las viviendas; éstas son macizas volumetrías, bajas y extensas, realizadas generalmente en adobe, con portones y zaguanes de grandes dimensiones. También, en muchas fachadas, se incorpora otro elemento, una columna angular o de esquina, hecha de piedra, ladrillo o madera. De esta forma, el desarrollo de una arquitectura horizontal, con una cimentación calculada, hace que la arquitectura chilena sea una particularidad, dentro del sistema colonial. 7

Siglo XVII Se levantan templos y viviendas, tanto en el Norte Grande como en la Zona Central y Chiloé. La arquitectura empieza a mostrar signos regionales en el uso de materiales, en la adecuación al medio geográfico, en el manejo de la luz, en las proporciones y en los símbolos. De este proceso destacan sobremanera las iglesias de la Isla Grande de Chiloé, que en años recientes fueron declaradas por la Unesco Patrimonio Cultural de la Humanidad. Los muebles son producto de la carpintería, al igual que puertas, ventanas, postigos, rejas de madera, pilares (que son soportantes y decorativos a la vez). No hay vidrios y el hierro sólo se utiliza en clavos, goznes y cerraduras. Así nace una primera arquitectura que atiende a los usos, costumbres y organización hispánica, pero adoptando exigencias locales, lo que genera espacios y formas originales. El terremoto de 1647 marca el fin de este período inicial. El período que sigue es más formal y establecido. En efecto, la influencia del arte y la arquitectura francesa se hace sentir. Además, el aporte jesuita es importante en el plano espiritual y material, reflejándose principalmente en los centros urbanos, en sus grandes haciendas rurales y misiones en Chiloé. Ahora la construcción es más segura y con sentido de permanencia. Sin embargo, las estructuras continúan siendo simples, angulares y rectilíneas. En Chile, durante toda la Colonia predomina la arquitectura de adobe aparejado y la carpintería en madera, tanto en la casa urbana como en la arquitectura rural, con la excepción de Chiloé donde se utiliza sólo la madera. Siglos XVII y XVIII A lo largo de los siglos XVII y XVIII la vivienda urbana conserva su exterior austero, con la portada, el pilar de esquina y los aleros. En las ventanas, puertas y rejas se incorporan algunas expresiones barrocas. Los materiales constructivos son el barro y la paja, el adobe, las maderas, las tejas para los techos y la arcilla cocida para pisos y cubiertas. La piedra y el ladrillo se utilizan sólo en ocasiones especiales; un ejemplo de ello es la Casa Colorada (Santiago) que todavía se conserva. Urbanísticamente, se mantiene la cuadrícula, incorporando plazas y la Alameda, la que en provincias sigue el modelo de Santiago. Aparecen las chacras en las afueras de las ciudades. Fines del Siglo XVIII Hasta fines del siglo XVIII la arquitectura continuará sin grandes cambios en lo espacial y en lo estructural. Las influencias estilísticas del renacimiento y del barroco se localizan en la carpintería, el trabajo del hierro y la elaboración de portadas. 8

Es posible hablar de una arquitectura popular, práctica y austera. Ello se observa en la composición de las fachadas, la escala, el espesor de los muros, el ritmo y dimensiones de los vanos, el uso del adobe y la teja, entre otras características. En nuestro país, en comparación con el resto de Latinoamérica, los cambios son mucho más lentos. Sólo a finales del siglo XVII, la corona dotará a esta colonia con buenos edificios oficiales. 1780 A partir de 1780 asistiremos a una renovación con la llegada del arquitecto italiano Joaquín Toesca y Ricci. Él es el autor o coautor de la Catedral de Santiago, las iglesias de Santo Domingo y la Merced, el Cabildo, el Hospital San Juan de Dios y los Tajamares, siendo su obra mayor la Casa Real de Moneda, después Palacio de Gobierno. Estos edificios se inscriben dentro del Neoclasicismo imperante en Europa. Este estilo tiene buena acogida en el medio nacional, principalmente porque las formas barrocas no tuvieron aquí el mismo desarrollo que en otros países de América, debido por una parte a que en el territorio no existió la influencia de las grandes culturas precolombinas y por otra a la austeridad obligada por guerras y terremotos.

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Pintura colonial chilena
La pintura colonial se sustenta en el dibujo y el color, las cuales sirven para representar, es decir, describir, explicar y enseñar principalmente los dogmas católicos. Para lograr este objetivo, se refuerza la proposición plástica de la línea y el color, mediante un orden donde tienen relevancia la simetría, el color tonal y tímbrico y la concepción espacial no sometida por completo a las reglas de perspectiva tradicional. En efecto, el artista dispone los seres y objetos a ambos costados de un eje central que, aparentemente, divide el cuadro en dos áreas iguales. Artísticamente el periodo comienza aproximadamente a mediados del siglo XVII y es comandada en principio por los jesuitas españoles y ciertos artesanos de poca monta con falta de instrucción especializada en el tema. El arte colonial es esencialmente en sus inicios influencia directa de los corrientes artísticas de Europa tales como el Manierismo y el barroco, sin embargo, al igual que todas las demás artes que se desarrollaron durante este periodo, la pintura chilena sufrió las influencias del arte indígena desgastando académicamente la calidad de la obra, pero al mismo tiempo, creando un estilo nuevo y autóctono de vital importancia para la educación y evangelización de los pueblos originarios. Chile no representó interés mayor para el gobierno español y se limitó a importar arte de escuelas extranjeras. La pintura en Chile se ve marcada por la técnica española, que enseña el estudio anatómico de las figuras, el dominio del claro oscuro, la indumentaria aristocrática de los personajes y los objetos decorativos que aparecen en los lienzos. Existe en Chile, según el historiador de arte Álvarez Uriqueta, una influencia asiática proveniente de los contactos comerciales españoles del que se hereda las tonalidades del color, la ausencia de expresión de las figuras y la profusión de colores dorados. El mismo autor destaca de la influencia regional, el factor indígena, del que se hereda la simplicidad de la composición, la reproducción de cuadros religiosos y principalmente las costumbres que las personas nos permiten ver en sus retratos. Entre los factores de combinación se generó una "fusión de elementos" que lleva a la pintura americana en general un descuido de la destreza técnica en favor del motivo de la representación en si. Tanto la pintura chilena como la colonial denotan una falta de estudio de las luces y sombras, se observa una perspectiva mal lograda y proporciones dispares como elementos negativos. Como positivos destaca la viveza, colorido y el intrínseco factor social que representaba la unión social de los pueblos español y americano. Los historiadores de arte Galaz e Ivalic explican el porqué de la aparente falta de rigurosidad de la pintura colonial. Según los autores la pintura colonial nace como una mezcla estilística entre dos grandes grupos. El primer grupo pasarían a ser los pintores europeos: portugueses, españoles, italianos y franceses. El segundo grupo serían los artistas foráneos de América discípulos de estos pintores. Los autores concuerdan en que la pintura en América pierde el antiguo rigor académico que la caracterizaba en el viejo continente y empieza a mezclar también elementos característicos de los nuevos pueblos conquistados dejando de lado la antigua rigurosidad académica europea. En sus propias palabras: “Estas transformaciones no significaron un deterioro artístico, sino que fueron el sustrato, el cimiento, la base de una nueva construcción plástica, válida en sí misma por la originalidad con que utilizaría el lenguaje del color, del volumen o de las formas arquitectónicas. Por eso es que el arte tampoco fue mero 10

trasplante europeo; al contrario, se produjo una simbiosis que permitió el encuentro entre América nativa y Europa hispana”. En la pintura chilena predomina ampliamente la pintura de carácter religioso que a su vez eran los cuadros más demandados, y por tanto lucrativos. En un primer momento la pintura religiosa prefirió las representaciones de cristo y los santos usando la técnica realista. La siguiente generación de artistas ocuparon las mismas técnicas de sus profesores de una manera más depurada, sin embargo con notable desconocimiento del uso de la expresión facial. Este nuevo arte se presentó principalmente en claustros conventuales y templos religiosos ya que, en su mayoría, eran pedidos por los mismos. Su función primaria era la representación de personajes cristianos, la divina trinidad, imagen de Cristo y su madre, personaje que identificó a muchos pueblos indígenas a través de este periodo. Se puede encontrar como periodo final en la adaptación de la pintura colonial chilena la escuela quiteña que culmina el proceso de fusión del arte nativo con su máximo exponente, en el ecuatoriano Miguel de Santiago.

Agentes de influencia en la pintura colonial chilena
Influencia Jesuita
La influencia de los grupos religiosos en el arte de América es notable, fueron los primeros en iniciar el proceso de adaptación pictórico, se preocupaban de enseñar las técnicas europeas a los nativos y mantener el legado artístico simbólico de la religión cristiana. Más tarde serían los que mantendrían las condiciones necesarias para su mejor desarrollo y conservación. En Chile la pintura colonial chilena comienza influenciada principalmente por la Compañía de Jesús quienes, aparte de su labor evangelizadora y educacional monástica, cumplían con su concepción religiosa de expandir las bellas artes a toda Latinoamérica. Luis Uriqueta afirma que casi toda obra de importancia pictórica creada en Chile fue hecha por jesuitas. Entre los cuadros que la orden jesuita puede ofrecer están las que se encuentran en sus templos. Tal es del caso del altar mayor de la capilla de San Francisco de Asís donde se encuentra la Virgen Dolorosa (1576) una de las primeras pinturas creadas en Chile y que se dice fue traída a Chile por el conquistador don Pedro de Valdivia para ser ofrecida como ofrenda en la ermita de “nuestra Señora del Socorro”. La iglesia San Francisco de Santiago de Chile posee uno de los cuadros más destacados de esta época, se trata de la “Genealogía de los franciscanos”, óleo de más de cuatro metros de largo y cuatro de ancho. El lienzo posee 644 mini retratos y está coronado por la Virgen María y la lectura siguiente: “para la honra y gloria de nuestro señor y de la santa madre iglesia, dedicamos a los padres del convento este árbol de religión”, el autor de esta obra es anónimo tal como lo estimaba el código de humildad de los monjes jesuitas quienes obviaban su firma a propósito limitándose sólo a la colocación de la fecha de término de la obra. Otra de las pinturas destacables de los jesuitas es la “mesa de la cena”, fechada en 1652 con una altura de 5 metros de alto y tres de ancho. Antiguamente ocupaba la Sacristía de la catedral de Santiago. Importante aporte para esta compañía la realizó el padre Carlos Haymhausen de nacionalidad bárbara, quien llegó a Chile a mediados del siglo XVIII. El monje fue gran amante de las artes y junto con sus discípulos Fermín Morales y Ambrosio Santelices, es uno de los primeros pintores profesionales del que se tiene 11

data dentro de la gobernación de Chile. Uriqueta lo considera un ejemplo para futuras generaciones pictóricas ya que, además de gran artista, Haymhausen también se dio el trabajo de traer consigo otros artistas de extranjeros que sentaron las bases el futuro arte nacional.

Escuela quiteña
La relación artística es de manera asimétrica, Chile se limitó a recibir la influencia de la escuela quiteña intentando aprender y replicar los métodos para la realización en territorio nacional. Esta escuela se caracterizó por la profunda raíz religiosa a la hora de pintar, elemento en que destaca el pintor Miguel de Santiago. En Chile la pintura de esta famosa escuela de arte de la época sólo alcanzaba a apreciar los resabios de la misma puesto que los grandes mecenas y aristócratas del Perú y Ecuador elegían las mejores dejando en el país únicamente las que no eran requeridas por ellos. Las pinturas que llegaban tenían por tanto poco o muy poco mérito artístico según el historiador de arte Álvarez Uriqueta, por lo que aclara que, aunque es innegable la influencia a nivel latinoamericano de esta escuela, Chile recibe muy poca de esta misma, en gran parte debido a los empobrecidos españoles que tenían que estar periódicamente enfrentando revueltas indígenas lideradas por el pueblo Araucano.

Influencia europea
Las primeras pinturas llegadas a Chile fueron representaciones religiosas importadas, que eran realizadas por artistas y artesanos españoles, italianos y flamencos. Comenzaron inmediatamente a reproducirse las primeras pinturas sudamericanas al estilo occidental, bajo la creación de talleres locales que desempeñaron el importante papel de implantar y popularizar las corrientes artísticas europeas, imponiéndose los estilos italianos. Desde 1650 hasta 1750 se implantó en Chile el gusto español, en especial el de la escuela sevillana. A partir de mediados del siglo XVIII se produjo un cambio y comenzó a dejarse sentir la influencia francesa. Influencia italiana y flamenca Los pintores flamencos también destacan por su aporte en Chile, enseñaron el delineo de la figura y el uso de la luz oscura. Entre sus exponentes encontramos a pintores italianos como Angelino Medoro, Bernardo Bitti y Mateo Pérez de Alessio quienes traen a Chile los primeros grabados y estampas religiosas. El estilo que estos pintores establecieron en Lima tenía como referente el manierismo italiano. Desde 1620 comenzó a notarse en el Virreinato del Perú la influencia flamenca, la cual tuvo presencia gracias a una técnica que se mostró esencial para expresar las imágenes: el grabado. De este modo, las imágenes en tinta fueron importantes en la culturización de América Latina, continente falto de modelos plásticos a imitar. El grabado adquirió aún más importancia, y las estampas se convirtieron en la principal fuente de inspiración. La principal figura de la escuela de pintura flamenca fue Pablo Rubens (1577-1640); difusor de las glorias de la monarquía de los Habsburgo y de la fe católica. Sus pinturas llegaron al Virreinato del Perú y sirvieron de inspiración a los pintores locales que imitaron su estilo compositivo, su interpretación de la figura humana y los paisajes. La escuela española

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El europeísmo de la cultura barroca, y la aceptación en la ciudad de las corrientes artísticas italianas y flamencas facilitó la proyección de éstas en América y concretamente en Chile. Coincidió con el gran momento de la escuela de pintura española, Al respecto destacan Zurbarán y Murillo. En lo relativo al ingreso del modelo sevillano en Chile, este se realizó a través de los grandes centros urbanos del Virreinato del Perú. Fue en la escuela de Cuzco donde en principio se hizo evidente la presencia del gusto español. Es aquí donde Francisco de Zurbarán va a lograr gran influencia en los pintores criollos. Zurbarán alcanzó el éxito por la producción de series monásticas, que posteriormente fueron realizadas para la exportación a América. En tanto, Bartolomé Murillo se destaca por su estilo colorista y costumbrista, y que también terminó pintando parte de su producción para el mercado americano.

El Virreinato del Perú y su influencia
El Virreinato del Perú contaba con escuelas de considerable interés, como Quito, Cuzco o el Alto Perú, los cuales exportaron lienzos y esculturas, que sirvieron a diversos talleres chilenos para iniciar su propia producción. De Quito destacó sobre todo la obra de imaginería. Esta técnica quiteña se inspiró en artesanos españoles, de los que destacan Martínez Montañés, Alonso Cano y Pedro de Mena. La pintura de Quito fue trascendental para los adherentes chilenos al óleo, quienes la imitaron. Los talleres limeños contaron con numerosos escultores y talladores sevillanos que durante el siglo XVII se establecieron en Lima. La pintura limeña, en tanto, se vio influida por artistas italianos y por la abundante exportación de lienzos zurbaranescos.

Legado
Una de las características y aporte del arte colonial fue la integración de la sociedad, donde criollos, peninsulares, mestizos e indígenas forman un solo público común a pesar de sus diferencias; cualquier clase social chilena podía identificarse con el mismo. El arte colonial y la imaginería facilitaron en gran medida la evangelización de los pueblos analfabetos y siendo bastante práctica al momento de enseñar la doctrina religiosa, sus dogmas y métodos. Esto explica las múltiples representaciones de la sagrada trinidad, María y Cristo. La pintura prehistórica chilena sobrevive debido al proceso de amalgama sufrido durante este periodo mezclándose con el estilo europeo a través de su simbología y costumbres. La pintura colonial entonces no sólo se convirtió en una mezcla de métodos y técnicas pictóricas, sino que también fue un punto de inflexión para la religiosidad y armonía de ambos pueblos.

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Conclusión
A lo largo de este trabajo sobre de la Colonia, nos dimos cuentas que los personajes típicos chilenos coloniales, que eran vendedores ambulantes, desempeñaron un rol muy importante en la vida de las personas durante la Colonia en Chile, puesto que vendían productos indispensables que satisfacían las necesidades de la gente colonial. Además entregaban seguridad y entretención a la vida de la Colonia. También supimos cómo eran arquitectura durante la Colonia y que las ciudades tuvieron que ser reconstruidas por los terremotos, ya que Chile es un país sísmico. Entonces entendimos también que por ese motivo los arquitectos tuvieron que construir casas, catedrales y demás edificaciones de baja altura y con materiales más resistentes. Respecto a la pintura colonial, conocimos que tuvo influencia europea y asiática, por lo que nuestro arte pictórico recibió técnicas nuevas de movimientos artísticos extranjeros, como el barroco. Supimos que el tema principal de la pintura colonial era predominantemente religioso. Nos dimos cuentas que la pintura durante la Colonia fue muy importante, porque ayudó a apaciguar los conflictos entre los españoles e indígenas, punto de inflexión para la religiosidad y armonía de ambos pueblos.

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Bibliografía
Nosotros indagamos en las siguientes páginas:

Personajes típicos de la Colonia en Chile
    http://www.icarito.cl/herramientas/despliegue/galerias/2010/03/375-61-7-personajes-tipicos-dela-colonia-en-chile.shtml http://www.icarito.cl/enciclopedia/articulo/primer-ciclo-basico/historia-geografia-y-cienciassociales/identidad-y-diversidad-cultural/2009/12/45-6354-9-personajes-tipicos-de-chile.shtml http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?ID=106468 http://www.aulacreativa.cl/Aula/pdf/creativa/personajes-tipicos-de-la-colonia.pdf

Pintura Colonial Chilena
  http://www.portaldearte.cl/educacion/basica/6to/colonia/pintura.htm http://es.wikipedia.org/wiki/Pintura_colonial_de_Chile

Arquitectura Colonial Chilena
   http://www.profesorenlinea.cl/artes/Arte_colonial_en_Chile.htm http://www.profesorenlinea.cl/chilehistoria/ColoniaArquitectura.htm http://www.portaldearte.cl/educacion/basica/6to/colonia/arquitectura.htm

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