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En un día soleado y caluroso de la ciudad de Medellín, vivía un niño llamado Mateo.

Era un gran deportista, alto, cabello corto, delgado, ojos verdes, nariz fileña y manos grandes. Su sueño era ser un campeón de taekwondo, entrenaba muy fuerte. Su gran defecto era que no tenía confianza en si mismo. En el salón de clase temía participar por que sus compañeros se iban a burlar de él. Mateo vivía triste y deseaba poder enfrentarse y ser muy popular ante los demás. Un día en clase de taekwondo su maestro le dijo a él y sus amigos, que los había inscrito en un torneo de taekwondo y que viajarían a Cartagena. Pasaron dos semanas ya estaban en el torneo era la última batalla, él estaba muy nervioso, sudaba mucho, el maestro le dijo cree en ti mismo. Mateo le hizo caso y le ganó a su oponente.