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El amor, ese extraño sentimiento

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El amor, ese extraño sentimiento. Enrique Caballero Peraza.

“Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso”. Honoré de Balzac. Independientemente que la concepción que se tenga sobre el amor sea biológica, romántica o espiritual, estamos de acuerdo en que el amor es un término polisémico que ha llamado la atención desde tiempos inmemoriales a los escritores, gobernantes, religiosos y la población general. El amor es cuando te entregas a alguien porque sabes que la otra persona te ama también, el considera que el amor es una constante independientemente del objeto amado, por lo que él amor que puede ser filial, fraternal, espiritual, hacia la divinidad o entre amigos, tiene como base la entrega y reciprocidad. Desde mi particular punto de vista, yo considero que el amor verdadero existe cuando tienes la capacidad de sacrificarte por la otra parte, el sacrificio que es el indicador sociológico de madurez es la manifestación sublime del amor. ¿Cuál y cómo es el primer amor? Probablemente el que uno siente hacia su madre, el bebé desde el vientre materno es totalmente dependiente de los cuidados y atenciones de su madre que dicho sea de paso en un 99 % de las veces lo ama incondicionalmente, este es un amor correspondido y que se mantiene constante a lo largo de nuestras vidas. ¿Amor y sexo es lo mismo? La obvia respuesta es no, el amor puede vivirse sin sexo y el sexo puede vivirse sin amor, aún cuando el sexo sin amor puede llegar a ser vacío y desprovisto de sentido es una parte fundamental en el desarrollo del ser humano y una de las tres bases en la que descansa una relación de tipo romántico, a saber: amor, sexo, comprensión. No confundamos el amor romántico, el amor de pareja, con el enamoramiento, el verdadero amor romántico es el que se da con la convivencia diaria, aquél que tiene mucho de costumbre y donde se termina el tu y el yo para convertirse en un nosotros, no escuchas fondo musical cuando besas a la persona amada, no corres en cámara lenta cuando no se han visto en un tiempo, simple y sencillamente te sientes pleno en compañía del otro y puedes perfectamente compartir la conversación y también los silencios, sonríes y te sientes satisfecho cuando ves que tu pareja se ríe a carcajadas en un programa de televisión y no importa que para ti la serie que exhiben y que desencadena la risa del ser amado sea un monumento a la estupidez. El verdadero amor es compartir, es una mirada, un guiño, un roce y tal vez como dijera el uruguayo Benedetti, “Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor”.

El enamoramiento es un estado emocional caracterizado por la alegría y la satisfacción de encontrar a otra persona que es capaz de comprender y compartir tantas cosas como trae consigo la vida. Desde el punto de vista bioquímico, se trata de un proceso que se inicia en la corteza cerebral, pasa por el sistema endocrino y se transforma en respuestas fisiológicas y cambios químicos ocasionados en el hipotálamo mediante la segregación de dopamina. Los etólogos apuntan a que el amor, por lo menos en sus primeras fases, se abastece fundamentalmente de química. Una sustancia en nuestro cerebro denominada feniletilamina obliga la secreción de la dopamina o la norepinefrina, que por sus efectos se parecen a las anfetaminas, las cuales producen un estado de euforia natural cuando estamos con nuestra pareja. Los adictos al enamoramiento son los que buscan continuamente volver a vivir esta experiencia de descarga de endorfinas y no desembocan estos sentimientos en un verdadero y firme amor. El amor debe de pasar por el amor a uno mismo, si tú no te amas a ti, el amor que ofreces hacia los demás no tiene ninguna validez, no es un amor digno. Oscar Wilde nos decía que “Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida”. Una de las características del amor tiende a ser la reciprocidad, ya citamos a Benedetti, ahora citemos a un filósofo griego que vivió en el año (460 – 370 a.C.) Demócrito de Abdera, él nos decía desde entonces: “¿Puede ser por ventura amado el que a nadie ama?” Por último terminemos con una cita del escritor inglés romántico por excelencia: William Shakespeare, él escribió: “El tiempo es muy lento para los que esperan, muy rápido para los que temen, muy largo para los que sufren, muy corto para los que gozan; pero para quienes aman, el tiempo es eternidad”

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