Manuel Arduino, “Deseo y quebranto (selección)”

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Manuel Arduino, “Deseo y quebranto (selección)”

Ediciones Cordelería Ilustrada © de los textos: Manuel Arduino, 2012 © del diseño de la colección: Ernesto Jartillo, 2012 Editores: Víctor Manuel Guíu Aguilar, David Giménez Alonso, Sergio Grao Director Colección: Ernesto Jartillo CORDELERÍA ILUSTRADA Carretera de Samper S/N 44530 Híjar –Teruelhttp://cordeleriailustrada.blogspot.com Publicación nº 6 Impreso en: CopyCenter Utebo Nota de la Editorial: La propiedad de los textos, ilustraciones y “pensamientos” son de sus autores primero, y del mundo mundial después (aunque no sabemos muy bien si en ese orden estricto). El Cordelero cuesta menos comprado que fotocopiado. Así somos los Cordeleros Ilustrados… de la Ilustración

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"Heredarán las ballenas, las dagas curvas que traje de Egipto, los pergaminos con afectado rostro de momias aztecas. Heredarán todas las noctilucas y las anémonas. Heredarán el planeta ocioso, sépanlo bien, pero no vayan a entrarlo en una botella. Arrojen al mar todas las botellas y con ellas arrojen al mar sus buzones de quejas, aunque por sus negocios les encomien entrar en la bóveda preciosa de una ballena".

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te tengo en cuentas El cuello de los cisnes se pliega a lo largo del mantel y los faisanes rasgan la luz transversal de las cortinas y tú estás guardada en el libro de cuentas y en otro arrecife crepitante tu sangre dionisíaca nutre el manantial corsario de las almas de los forzosos leñadores del pantanal y tú estás guardada en el libro de cuentas, mustia, desgreñada, artemisa, lobezna mínima, en el espacio acotado entre el margen de vida a mi izquierda y a mi derecha y abajo el saldo final, al margen de cualquier comentario. planeta en una botella No entres en la boca de la ballena aunque te lo encomien tus negocios, aunque hayas perdido el tiempo del reloj de la oficina en la orilla sin alma de este mundo. Los viejos profetas sólo aceptaban una temporada prudente en la ballena si eso les restituía la visión, pero con el tiempo se conformaron con las caracolas que adolecen de ciencia, pero nos escuchan mientras escuchamos nuestro silencio y no como las acústicas ballenas. Ya ves, arrojé el testamento al mar en el interior de una botella

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y todo lo que conseguí fue volver el mar en contra de los astros que lo guían. No entró en la boca de la ballena, pero en su viaje de ondeante tempestad llegó ingrávidamente a la playa de mi muerte. la guerra o la rima Los tiempos son oscuros y hay quienes van al frente detrás de tres perjuros, robóticamente. Rodaron treinta siglos de entreveros indecentes, la entregan por capítulos, sinópticamente. Los buitres no vacilan, metrallan en el vientre y los gusanos desfilan ecológicamente. La guerra no es la vida, es algo diferente, se parece a la rima maléficamente. Los muertos al Parnaso y los vivos al poniente juntando los pedazos poéticamente.

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genética dos Emanó el hombre la materia de sus sueños y sopló sobre ellas aires de designio y dio la luz a las estrellas y la sombra ingrávida al abismo y vio Dios que era bueno. Modeló el hombre la espuma de los mares y con la esencia de la luz intervino en la madreperla y coronó el piélago con fiestas circulares de coral y con criaturas fertilizadas por los demonios y vio Dios que era bueno. Enredó el hombre las aves del cielo al cielo e hizo descender el cielo hasta las playas ardientes y situó en la jungla el laberinto de los héroes y multiplicó las bestias y las mentes de las bestias y estableció con ellas decretos y reglas de clausura y vio Dios que era bueno. Cementó el hombre toda la faz de la tierra y digitalizó el insomnio y la ansiedad y tramó las redes y ordenó pescadores de ideas y cubrió la atmósfera electrónica con palabras y contaminó la mies con la tinta más psíquica y dispersó la creación de un caos cósmico para que el orden desaprendiera lo aprendido y destronó los cánones y las medidas, las pesas y los sellos, la aurora y el cálice, y vio Dios que era bueno. Murió el hombre en su progenie y desertificó el palmar y la pastura y anegó el trigo y el limón y secó la vid

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y extraditó la vida lejos de la Tierra y vio Dios que era bueno. Y vio Dios también que ya era suficiente y vio Dios que era demasiado tarde y se marchó tras los pasos del hombre y no lo encontró en ningún refugio del espacio y vio Dios que era bueno continuar buscando al hombre y que era muy bueno conocer al mentor de las fases del tiempo y recién entonces miró sin escrúpulos en la luna del espejo. doscientos años de sueño Esperé doscientos años que el mundo fuera una fiesta y mientras esperaba y tejía, tejí las hamacas más amplias y auspiciosas con que unir los continentes, las torres de hierro, las de marfil y las de cemento, y hamaqué y adormecí por igual a héroes y villanos por doscientos años sin historia. Después, como tenía atado el tiempo a mis agujas, tejí las medias más largas, las medias enteras para andar a través de las ásperas leguas, medias que caminaron en los hielos, oscilaron entre las piedras y sortearon la efusiva lluvia de géiseres y las cascadas estridentes y portentosas. Ellas solas caminaron durante doscientos años sin descanso, casi sin considerar la faz de la tierra. Mientras tejía y esperaba mi hilo se fue alargando hacia el horizonte, se prolongó tanto que alcancé a atar las palmas a los fiordos y los Himalayas a los túmulos funerarios americanos y hasta enlacé el viento jocundo de la tundra con el humor gaseoso de las islas del sol y tejí una red para unir a los diferentes

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y llegué a componer una trama gloriosa de doscientos años de luz y corazón y de delicias. Transformé el planeta en un ovillo perfecto y terso porque até todas las esperanzas con mi hilo continuo, pero hoy mi hilo se cortó y se inclinaron mis agujas y vine a caer en la cuenta de que en cada continente, en cada montaña y llanura, hogar y cisterna, los hombres cortaron la red hace hoy doscientos años. Si no se me hubiera cortado el hilo yo no me hubiera sobresaltado, no hubiera regresado del sueño, porque no existe el perfecto ovillo planetario. Sólo me queda este camino y estoy dispuesta a caminarlo: recogeré cada trozo de hilo, recuperaré pedazo a pedazo mi tejido y cuando tenga toda la rota trama en mis manos rellenaré un colchón colosal y plácido para dormir los próximos doscientos años más cerca del cielo, allí donde jamás se corta el hilo, para dormir sin noches ni días, sin las agujas, los sueños que mi ingenuidad y mis propios sueños me hicieron creer eran una cosa demasiado real para ser tibia, cálida y hogareña, como el tibio y simple ovillo que es el hijo que esperamos tejiendo y madejando. canto al olvido de uno mismo Olvidé la fuga diagonal de aquel rompiente entrevero de mosqueteros y campesinos, de írritos y adocenados, y corrí hacia algún lugar, una plaza, olvidé incluso los ojos inolvidables del gorrión que centelleaban al fuego de las bombardas desde la rama desnuda de un árbol de favores mágicos. Olvidé las imputaciones execrables del edicto del rey

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y las invectivas desdeñosas que le lancé al heraldo. Olvidé los muchos gritos antorchados por los que luchamos y hasta la misma catedral tallada en la argamasa del silencio. Olvidé esconderme tras las barricas o en ellas y cómo las espadas me encontraron como quien taja la cera, olvidé la mutilación y el degüello, el dolor y su hiedra, olvidé que me murieron, lo olvidé todo y a todos y por eso sigo en pie en este renglón y en este espacio. Condoné mi error y el error de los reales, me perdoné para siempre en todas las barricas y los sables y por eso sigo en pie. Olvidar es perderlo todo y renunciar a perpetuarse en una leyenda sin honor, vivir es reintegrarse y perdonarse sin fin de uno mismo, y morir, morir es fáustica, precisa y contrariamente, lo mismo. las alubias maravillosas Un algodón con alubias maravillosas para cruzar ese alto e intransitado puente y pagar con alubias el cielo y la favorita de los gitanillos del edén. Quiero llegar a la base de la puerta y mirar por debajo la alcoba de mi condesa. Puedo alcanzar el pabellón de su oreja con sigilo y susurrarle que la espero en mi pequeño mundo y puede que la condesa despierte a mi lado, en mi mundo de enanos enamorados e indomables y me devuelva el sentido perdido de la vida. Desde que vi la alcoba inmensa de mi condesa cultivo alubias en mi algodón humedecido por si acaso condesciendan el cielo y mi gigantesca en el instante en que brote mi plantación ascensional, cuando el espíritu del algodón, seco y perfumado, idílico, sea tan grande para mí como para ella. Cultivo la esperanza inexplicable, la esperanza,

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de que por encima del cielo de mi condesa broten mis alubias maravillosas, las alubias de mi ciencia, las alubias íntimas de mi algodón enlagrimado que una vez seco y aromático la volverá una reina. Cultivo la esperanza, fuera de mi muelle algodón, de que encima del cielo gravite la tierra para siempre, para el corazón, para el pálido algodón, para mis alubias y para los enamorados enanos que sólo cultivan y esperan. El principio del día Cuando el bonzo se inmole Como la polilla en la llama de la lámpara Y comience a rodar el tren Y el gallo cuente sus ecos, Cuando dejen de celebrar el vino Como bueyes castrados junto al abrevadero Y el murciélago retorne a su percha Y faculten al pie a no atravesarse, A la hora luminosa de pájaros resucitados Que vuelven de la oscuridad como la vela tenaz Y cuando en el ahogo se exprese el viento Y silencie su corto duelo la metralla de la mente, Sólo entonces se estremecerá la serpiente Y acudirá a su puesto la conciencia desafiada. La noche termina cuando más se piensa, en la mañana.

paisaje invencible Sólo río, ni paquebotes, ni bañistas; río, ni galimpeiros ni desechos industriales,

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ni pirañas ni cadáveres flotantes. Sólo río, no orillas atestadas de lagartos elegantes ni arenas musgosas, ni juegos con aros y banderas. Río, no puentes que vienen del exilio ni pescadores ni arneses ni remolinos. Sólo río y la alegría me lleva al mar, que soy yo mismo. la generación despedida Hemos roto las amarras y nos hemos arrendado el yelmo del silencio, somos un puñado de tontos tenaces que creyeron en los primeros acordes de la canción, supusimos que el andamio estaba firme, que el desdén era un honesto catador del tiempo y hasta llegamos a encalar el paredón. Nuestros años de furia se fueron desdentando, hoy movemos el tiovivo y vivimos cambiándonos los pedazos, somos una generación despedida, no nos aceptan en el convento ni en la salsa, nos ignoran en el arte y nos apartan del Congreso. Nos juntamos para darnos fuerza, hablamos de huracanes con nombre de perras cosmonautas, esparcimos el arroz de color sobre los novios y nos divorciamos por razones usurarias, celebramos los partidos de tenis del pasado y la bajante del Río de la Plata y cuando nadie nos mira -casi siempre-, cuando estamos solos, incluso sin ninguno de nosotros, cavamos secretamente nuestras tumbas, unas fosas inmensas pero estrechas para escapar para siempre la última noche, como al descuido, del desfile obsceno de nuestros enemigos

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de los que nos volvimos ávidos parásitos, cuando el telón nos pese más que la culpa y se desplome justo encima de estos párpados

El principio del día Cuando el bonzo se inmole Como la polilla en la llama de la lámpara Y comience a rodar el tren Y el gallo cuente sus ecos, Cuando dejen de celebrar el vino Como bueyes castrados junto al abrevadero Y el murciélago retorne a su percha Y faculten al pie a no atravesarse, A la hora luminosa de pájaros resucitados Que vuelven de la oscuridad como la vela tenaz Y cuando en el ahogo se exprese el viento Y silencie su corto duelo la metralla de la mente, Sólo entonces se estremecerá la serpiente Y acudirá a su puesto la conciencia desafiada. La noche termina cuando más se piensa, en la mañana.

no me acuerdo Si he muerto de la vida la verdad no me acuerdo, un día fui a la jungla liberando bestias y cazando fieras, pero que hubiera muerto como una fiera las bestias no lo dijeron. Intrigué entre los hombres y retuve los dineros y los diezmos, pero no que muriera de usura: la abundancia no me dio ningún crédito.

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Si he vivido de la muerte la verdad no me acuerdo, trafiqué con metralla con la fascinación de lo explosivo, pero que me extinguiera de la tierra, que me apagara al abrir el fuego, que viviera de muerto en muerto, la verdad no me acuerdo porque estoy como quien está despierto y porque tampoco sé si los muertos alguna vida la pasaron durmiendo.

enfrentamiento Esta mañana me toqué la frente, no encontré los dados ni el reloj de arena, los campos floridos eran atacados por una de las siete veleidades de la melancolía, la luz de la vela ahora era un aljibe seco, el fondo de la olla atravesaba el infinito y volvía a sellarse exactamente en un arcón por debajo de la cuerda del ahorcado. Palpé mi frente ausente de rosas, el vértigo del huracán, la rutilante flor de lava del volcán y decidí dejar la cabeza a un lado, ponerla en lista de espera a la espera de la llegada de la voluntad de sus viajes por el infierno y dediqué el resto de la mañana a regar el jardín de piedras de harina de pan que siempre había abandonado a mis espaldas.

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