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Caminaba un nio junto al mar; la playa estaba llena de miles y miles de estrellas marinas que, ancladas en la arena por

la marea baja, no podan regresar al agua y languidecan por los calcinantes rayos solares. Un pequeo, serena pero enrgicamente, recoga una por una las estrellas y las arrojaba ms all de las olas. Un seor contemplaba desde lejos esta accin con detenimiento y pensaba: Este chico debe estar loco. Se dirigi hacia el nio y le dijo: No tiene sentido tu afn, no ves que son miles las estrellas marinas?, desiste de tu empeo. El pequeo respondi: Ya s que son miles las estrellas y que no podr ayudar a todas, pero para aquellas que pude arrojar al mar, mi ayuda signific la diferencia entre su vida y su muerte. Y sigui juntando estrellas marinas, lanzndolas con fuerza ms all de las olas. Ya en su casa, por la noche, a este buen hombre el tema del nio le daba vueltas en su cabeza sin dejarlo dormir y sin comprender del todo el sentido de su accionar. Al otro da, bien temprano, durante la marea baja, el nio segua juntando estrellas, lanzndolas ms all de las olas una por una. Pero ya tena un compaero de equipo: era aquel hombre que haba descubierto un gran secreto de la vida.