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Cuentos de Marcelo Cohen

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Cuentos de Marcelo Cohen

Según pasan los cuñados
Empezó una tarde a la salida del trabajo. Wircana y una compañera habían salido a la calle ycaminado ajustándose las bufandas, porque el otoño venía tremendo, y en una esquina las había sorprendido un árbol imponente, de hojas tan carmesíes que parecía afiebrado. Viendo que Wircana entrecerraba los ojos, la compañera le había explicado que era una gastenia, y había agregado que ella apenas podría mirarlo, tal pena le daba que se estuviera deshojando. Ay, no, había disentido Wircana; a mí no. Ella quería que llegara el invierno, las ramas lánguidas, desvestidas, que se estiraban buscando el sol que el cielo les negaba, la temporada de los hotelitos de hielo, sobre todo porque después las ramas volvían a echar brotes, en primavera, y los muros de hielo se fundían y de nuevo se podía dormir bajo las estrellas. ¿Dormir bajo lasestrellas?, preguntó la compañera. Yo sí, había dicho Wircana. Después de despedirse se había alejado con la mirada en la gastenia, por si sorprendía alguna hoja cayendo, a paso más o menos valseado y tan distraída que se llevó un hombre por delante. Era un hombre fortachón y despeinado. Sonreía de agitación. Era su cuñado Enílcar, el hermano de su segunda ex pareja, un matrimonio en regla. Enílcar la felicitó de encontrarla espontánea yebelí como siempre, y eso que habían pasado, ¿cuántos años? No llegaron a calcularlo porque se pusieron a hablar de otras cosas, dando por sentada una familiaridad, pero con balbuceos, como si tuvieran bastantes recuerdos comunes pero les costara localizarlos. Enílcar era alergista, seguía siendo. Siempre se había llevado como perro y gato con el ex marido de Wircana. Le contó que sibien ahora su hermano vivía en otra isla, antes de la partida se habían reconciliado. Dijo que seguramente él, Enílcar, iba a llamarla para tener el diálogo sereno que nunca habían podido concretar, y una vez se fue ella se giró a mirarlo. Aunque no cree que vaya a dialogar con ese hombre tan poco sereno, está contenta de haberlo visto, como si las idas y venidas de la vida le hubieran regalado una persona que la memoria borró injustamente con el esfuerzo de eliminar otra. El hermano de Enílcar era un tipo torcido y altanero; en aquel entones, de impotencia para entender por qué se había casado con él, cómo se había ilusionado hasta el punto de tener con él una hija, Wircana se habría desahogado incluso con Enílcar, por desaconsejable que fuese, si no

hubiera notado que el hermano lo doblegaba tanto como a ella en beneficio de una asquerosa hermanita de los dos que le sorbía el seso. Lo doblegaba hasta la atrofia. Ahora Enílcar seguía siendo un hombre atrofiado. No había podido reponerse, o se había repuesto apenas para tener, eso había contado, esposa y dos brachitos. Wircana recordó que ella misma había sentido que ese matrimonio la estaba atrofiando. Por suerte la había salvado su optimismo. La maternidad, claro; a veces ser abierta era una ventaja, y una hija era un gesto de apertura. En la humillación de Enílcar había entrevisto lo que sufría ella. Tenía que estarle agradecida. Se arrepintió de no haber sacudido a Enílcar para que se enfrentase al hermano, porque esa rebeldía podría haberle servido a ella para romper el matrimonio, como de todos modos había terminado por hacer, pero con más honra. No sabe en qué tiempo está pensando estas cosas. Le vienen a la mente visiones oblicuas de Enílcar, escenas de patio familiar, y hasta de su consultorio de alergista, que lo integran y consiguen recortarlo de los elementos malos de la familia. Tiene que ser porque siempre logró recortarse. Un cuñado tiene su peculiaridad, y hasta eclipsado irradia una luz, cuatro o cinco interrogantes humanos que la cuñada sólo puede formularse fría o novelísticamente. Con distancia política, ja. Es muy interesante. Esto es lo que cuenta Wircana en su reunión semanal del Pedeá, un grupo de afirmación mutua e intercambio para Personas Demasiado Abiertas. Lo que siga pasando durante unas semanas también lo contará en las sesiones, con el aliento y la glosa de los otros miembros. Tres días después, en la cola de la caja de un alimentario, alguien le pone un dedo en la espalda.“¡Arriba la manos!”, dice alguien. Es su cuñado Overat, el hermano mayor de su pareja. La fama de chistoso de Overat está muy bien ganada; sólo de recibir el beso de él en la mejilla Wircana se parte de risa. Pero hace un año que no lo ve, desde que el compañero de Wircana le quitó el saludo, harto –eso argumentó– de que bajo la superficie graciosa de su hermano haya un carácter quejoso, infantiloide, manijero y egoísta. Salen del alimentario. Cada uno con su bagayero de provisiones al lado, las de Overat muy escasas, charlan media hora en la calle. Overat deplora que su perro esté sarnoso; se burla, imitándolas, de unas clientas pesadas que asuelan su tienda de luminería, donde gana tan poco que a veces tiene que comerse las lámparas que no vende. En eso, estremecido por una puntada, anuncia que van a hacerle un trasplante de bazo. Es un comediante muy seductor. Wircana pasa un rato sensacional. Sin embargo después, sola, 1

Es un error que Wircana tendría que analizar. Ríjtal es el continente de un artefacto registrador del mundo. o los de la matemática de Emüquen. pero en especial hablan de Emüquen. pero no deja de ser una prueba de que es posible vivir siguiendo esos mecanismos. que se encontró con un ex cuñado suyo que la hizo reír por un rato. Ríjtal se abstiene de mirarla. es un cambio de iluminación en la vida que tuvo una con el hermano. como si se excusara por trabajar ahí. ella en su edad y sus facciones indudables. por bien dotada que esté olvida las dos terceras partes de lo que captan los sentidos. y es insaciable. eran unos cócteles fenomenales. En absoluto. Así que Wircana aprovecha el encuentro para valorar a su actual compañero. los anchos pómulos relucientes. Ríjtal está demacrado. pero suponía que ella. su cuñado Ríjtal había generado un campo magnético y a ella le daba miedo que ese campo la sorbiera. su hermano Arrofalan y su propia novia se los elogiaban por compromiso. y sobre lo bien que le está yendo hoy en día Emüquen con una pequeña industria de embutidos. haya terminado fabricando salchichas. lo que pasó y es pasado y lo que está por venir? Una mañana de sábado lleva a revisión el robot cocinerillo y el que atiende el mostrador del taller es su cuñado Stáburan. y sobre lo mucho que lo sostuvo su familia. están bien. De repente entiende que. pero la historia mostró que se habían equivocado en el juicio de las afinidades. Dice que ha ido a consultar a un neurólogo: no ve otra forma de tratarse de algo que se ha infligido por desesperación. qué le va a hacer. De momento la domina cierta desconfianza hacia Ríjtal. comprende que su pareja de aquel entonces hizo muy bien en cortar con el hermano: Overat es el típico incapaz de atender a las alegrías del otro. Y qué más da que Ríjtal le haya tomado la foto con el cerebro o con un aparato escondido en la levita casi astrosa. A Wircana le duele que Emüquen. Presiente que ha entrado en una racha de cuñadismo. Va a haber luces muy cambiantes sobre la vida inmediata. y porque la entretuvo mucho. a fuerza de fabular. y a él lo tortura vivir con el cerebro repleto de imágenes imborrables. Hacia su centro. No bien se saludan. Cuando vivía con Emüquen desdeñaba a Ríjtal por pobre fracasado. y Wircana siente tal ola de simpatía que acepta 2 . se quieren mucho. hasta que empezó a desconfiar. en la esfera de las mentiras fabulosas. le aclara que de noche es barman en un club. implantarle una fotográmina en el córtex visual. es eso lo que ella está haciendo ahora. Se gusta. sin darle importancia porque no cree que latenga. Wircana le cuenta incluso. el hermano de su primer novio. El tipo no le hizo una sola pregunta sobre ella. Wircana lo mira y cree oír un clic debajo de una arruga en el ceño. reflexiona Wircana en el grupo. porque siempre le está pasando algo más grave. Pavor. Ah. por así llamarla. De modo que conversan procurando desviar las miradas: sobre lo que caro que le ha costado a Ríjtal en términos amorosos el largo desempleo y esta compulsión profesional. los ojos de avellana dorada. ¿No cambiarán todo. Ríjtal no prosperó. Las fábulas cambian la situación. Ríjtal sonríe. su hija ya puede irse a casa. Un encuentro con un cuñado. Qué tonta. Mirado desde los inventos de Ríjtal. si quería trabajar para ellos. él le pregunta cómo está y atolondradamente. si hizo esa historia. Stáburan el timidísimo. Por supuesto. aunque se guarda la anécdota para no remover heridas. el hermano de su tercera ex pareja (otro matrimonio). Wircana se va meditando que Ríjtal siempre fue un mentiroso. Explica que se pasó año y medio sin empleo y al fin una empresa de archivos humanos le ofreció. Se pregunta por qué no se atreven de una vez a vivir juntos. él le dice que en efecto hay un clic. Pero el artefacto lo ha vampirizado. Bien que un poco los sacara de manuales. La hija de Wircana tiene que extraerse un lunar del mentón. claro. quizá porque el relato le ha dado escalofríos. A lo mejor. y menos a los problemas. Sigue siendo apocado. ese viudo despreocupado y franco con el que se entiende en tantos planos. en general. dice Wircana. que era un talento para la matemática. el mundo funcionaba con mecanismos no menos aceptables que los que una usaba todos los días. Es una relación amorosa polifacética. Esa noche. días enteros. lo archiva y puede descargar lo en dos o tres dimensiones si lo conectan a una reproductora. ni sobre su hija. el hermano de Ríjtal que fue pareja de Wircana. Wircana la acompaña a un populoso centro Multimédico y está hojeando un revistor en la sala de espera cuando un hombre se sienta allado de ella con una aparatosidad raramente silenciosa. Sin embargo a los dos días le llega una foto de ella. que. Emüquen y ella se casaron convencidos de ser tal para cual. hasta que la empresa le permite descargarlas. Mucho más que una mente estándar. para no tapar la imagen de la nena de hace diez años con una foto de la muchacha adulta de ahora. Un relámpago nocturno no era un fenómeno eléctrico que el lazo con otras noches de tormenta. y se ve fijada en la mente de Ríjtal en una expresión perpleja y aprensiva. No era así. El cerebro de Ríjtal captura y fija la imagen de todo lo que él mire durante más de tres segundos. Le daba pavor su propio deseo de vivir ahí. Es su cuñado Ríjtal.Cuentos de Marcelo Cohen comprende que cada gag de Overat era un lamento encubierto. La están llamando. abiertas. Wircana se acuerda que ya de jovencito Stáburan hacia unos cócteles transportadores.

La repartición donde trabaja la envía a un simposio sobre Logística de los Suministros Hospitalarios en una isla vecina. Wircana toma la precaución de despedirse con amabilidad y rapidez. Quieto entusiasmo: como el cóctel de Stáburan se siente ella en este momento. Hoy está yendo a isla Adela por dos días como representante de una firma de velas. sabía que el secreto de un buen trimonio es evitar las camas redondas. Una noche había soñado que Brömend tenía un duende agazapado en el hombro. Imprevistamente se había encontrado espiando a la otra. más aún: sobre todo se había encontrado intentando espiar al hermano de su marido. le provocase un anarquismo libidinoso. aunque ahora le cueste recomponer la cara.Cuentos de Marcelo Cohen pasar una noche de la semana siguiente por el club donde éloficia. 3 . Quieto Entusiasmo: estos tres se los zampa. Se alegra de volver a casa y de tener por delante muchas noches con su compañero de ahora. Ella saborea las creaciones deliciosas que él le dedica. Wircana acaba de entrar en el vagón del Subfluviano cuando a quién se encuentra sentado ya en una butaca sino a su cuñado Brömend. como si la vida trimonial. Qué boba. Una vez le ha extraído a Wircana un informe detallado de sus andanzas. Es un brete paralizante. estaba escrito. En la reunión de cierre de la convención. y ella se prometía sacárselo un día pero le habían dicho que era peligroso tocar el lälo de otra persona. Por otra parte él no es de hablar. sobreactuada y físicamente satisfactoria. Ni mencionan al hermano de Stáburan. pero lo pasan de maravilla contándose películas favoritas. En cada lagrimal se descubre una gotita de ámbar como la secreción de un deseo archivado. Las pocas veces en que un arranque de timidez le bloquea el estado habitual de apertura no bastan como experiencia para que Wircana despeje el enigma. este rencorcito. entre su tercera pareja y la actual Wircana. Wircana lo toma como una felicitación forrada de una advertencia. Por suerte el grupo la ha dejado desagotar tanto el corazón que por muchas sesiones va a poder escuchar muy abiertamente a los otros. si defraudar expectativas o hacer el ridículo por sobrepasarlas. que también era tímido y a Wircana le encantaba. diseñada para salida módica y poner orden en los impulsos. Presagia que se avecina un nuevo encuentro. y no se daba cuenta. pero tan cansada y didelfa que se le empasta la lingual. Como ella. uno de esos de mirada pícara. En fin. y se achispa y acepta la invitación de un señor a bailar. El menudo Stáburan bate la coctelera frente a clientes expectantes. Wircana reflexiona que lo intrigante de la timidez es qué cosa le da miedo al tímido. no puede hablar mucho con Stáburan. Durante un tiempo. cuando iba de visita. pero no lograba esconder una inclinación por Wircana. El pensamiento de Wircana es un tren rápido. y con la locuacidad de Brömend el trayecto pasa en un soplo. un lälo. aunque a la tarde está cansada. observa un compañero del grupo. y la noche siguiente vuelve a aceptar. Wircana finge sorprenderse para ocultar la expectativa que la abruma. vivió formalmente en trimonio. Pei-Javdor. hasta donde es posible estar contento sin ser un estúpido. Asfódelo. y después de haber bailado está que desborda de contenta. Al contrario. Acaba de llegar a otra estación. o menos trabajoso. Eran jóvenes. Brömend. En cambio le gustaría encontrarse a Pei-Javdor alguna vez. y la reafirma en la seguridad de que no va a verlo más. cuando la llama Brömend acepta la invitación a cenar y después a dormir con él. y mantiene ese estilo único que siempre concuerda con una moda u otra: el pelo gris con raya al medio y lentes de lectura. Para beneficio de sus compañeros del Pedeá. Puede que le dé miedo no averiguar nunca a qué teme. Tal vez por eso no entendió nunca a Arrofalan. un hombre inteligente. explicándose por qué votaron como votaron y susurrando manías que nunca le habían confiado a nadie. únicamente para preguntarle por qué echó e perder un trimonio prometedor manifestando burdamente una preferencia por ella. La segunda es sexualmente un despropósito. La primera noche es fogosa. Es un lugar de luces húmedas. Le causa gracia. el que le estaría faltando. no retacea nada de lo que lo tiene contento en la vida. Farol. Wircana se sorprende culpando a Brömend por estar muerta de sueño. Tres o más miembros del Pedeá le observan de distintas maneras que dentro de todo supo manejar su apertura con cierto criterio. Wircana va a la convención y. Pero se despiden con un abrazo cariñoso. considerado. Brömend está en una madurez fresca. de dos mujeres porque le pareció que sería más ventilado. El enigma se hace más denso. y de hecho tiene tantas ganas de que suceda que a los pocos días lo realiza. hablan de qué ha sido de la vida de ella. pero lo primero que hace en el cuarto del hotel es mirarse al espejo. y Wircana no podía evitar que la leve postergación de su coesposa le aumentase a ella la temperatura. sofocante y hospitalario. La descripción de las ligeras emociones que suscita la luz trémula de una vela atrapa a Wircana. algo entrada en carnes pero firme y comunicativa.

Fossey ha entornado los ojos. Expresivas pompas de pensamiento se desprenden de la calva de engrudo seco. Fossey se rinde a la silla como si ya hubiera cumplido. Aunque está fresco. O: todavía. Pero Wircana no sabe qué viene después de una racha de cuñados. pero la luz se apresura a capturarlas y las revienta. hija. Discordias superficiales. Fossey. junto al parasol una mesa de plástico y en la mesa un vaso con granizado de limón. Hay que esperar. Los que pasaron no le han revelado pocos aspectos. Después se pliega en otro sentido. No todo el todo. Más allá una vendedora de empanadas atiende las súplicas de su novio en un pequeño telefonín visuable. Lo que hizo la racha de cuñados fue sacar a la superficie una napa escondida de tu vida. el sentido de la sombra. Wircana la abraza: “Tenés razón. Como si esperase lograr la indiferencia. tiene la piel blancuzca de harina y rubicunda por el calor del horno. Frente al balcón del apartamento de Wircana. El aire huele a levadura y canela.Cuentos de Marcelo Cohen Ya no le quedan cuñados en la lista. incluso el caos. Mientras tanto los días traen un suceso decisivo tras otro. o un rapto de caridad la detuviera. La acidez del aire no llega a ser corrosiva. Es buena parte del todo. “Ya”. La verdad. porque algo diferente de él se apresta a importunarlo. Después de una separación viene la pena y después de la indiferencia la ilusión. el cuerpo rendido se disputa el cristal con muchos otros reflejos y con el cartel que él mismo pintó hace unos años: Panadería El Firmamento. bajo la bata no muy limpia la piel de Fossey no se eriza ni reacciona. La gran cadena de los panaderos A la puerta de su panadería Braulio Fossey se repone de parte de la jornada en una silla de plástico. El colosal corpachón resplandece en su inmanencia. La boca de Fossey agradece con un pliegue risueño. Los que no mueren siguen zumbando al borde del vaso. Al lado de la silla hay un parasol verde y rojo. A espaldas de Fossey. y al fondo. Es un rumor que anima a esperar algo. lucidez intermitente. Tiene la carne fofa por las cantidades de pan que ha comido y firme por los miles de panes que ha amasado y acarreado. Fossey descansa y vela. Detrás del escaparate la jovial mujer de Fossey y su hija mayor venden uno que otro pastel o los regalan a los mendigos del vecindario. mamá –opina la hija de Wircana–. Una luz pletórica cavila al borde de Fossey como si dudara de poder mostrarse en las muchas facetas de su cuerpo. Los cuñados son las notas al pie más trabajadas de una historia sentimental. Entre los párpados asoma un festón blanco que mantiene la luz a raya. me siento otra”. El mantra de su conciencia le repite que está muy cansado. Todo está en su punto. Tal vez Wircana tenga que releer las que le tocan. Lo que el pan no tiene de peso lo tiene de volumen. Este Fossey derramado en la silla es un hombre intenso y desprendido. –No. Fossey está majestuosamente derrumbado en la silla. que más tarde Fossey repartirá a pulso por fondas y cafetuchos de la zona. y ahora tu vida es diferente. Cada vez que la alondra aletea la rama se curva y en la luz glacial destellan dos brotecitos morados. A la puerta de la panadería las azaleas de la señora de Fossey arden sin consumirse en un rosado triunfal. pero mucho. aunque Fossey se ha identificado tanto con la silla que él mismo se pregunta si lo sabe. Unos bichitos voladores van a inmolarse en los añicos de hielo. Son las seis y media de la tarde. con unos días de intervalo si acaso. piensa Wircana. En la mente se abre un intervalo. sin alterarse. no ignora totalmente con qué ha cumplido. Cosas. el aprendiz vigila la última horneada. Después de una película viene otra. Después del invierno viene la primavera. que hoy amasó los primeros panes a las cinco de la mañana. Los cuñados no sólo son útiles como blanco de comentarios para desviar rencillas de pareja. Más de sesenta y cinco años ya. probablemente la indiferencia. Por ahora gana el cansancio. Al lado de la panadería el hijo mayor repara motos en el taller que Fossey construyó después de comprar el local de la panadería. no sabe con qué. en un rectángulo de penumbra ambarina. Tampoco ignora que ya no quiere sólo media hora de quietud para beber limonada. una alondra que no migró afronta el invierno en la rama más alta de una gastenia desnuda. si sabe que se acerca un momento imponderable. 4 . La conciencia de Fossey prepara sus polirritmias para un momento supremo.

Todo huye o prefiere no tocarlo. Avanzada como está su atrofia gramatical. Los escombros temen y crujen y él tiene que ir pensando en la paz. Operarse una vez más de la hernia. mientras otros gritan Al hospital del quemado. como red orgánica tienen una entidad. ni saber quién gana o pierde en cada tirada. si supiera en qué dirección conviene. Frenadas. alaridos de dolor.Minicomponentes y clases de audio – Se hacen llaves. retribuir el amor que le dan. Delante de Fossey la avenida es un estruendoso algoritmo de camiones. Fossey no querría entregar a la muerte sus escombros. De la cloaca que hay a los pies de la silla sube un hedor a tripa. Padecer los pies planos bajo sus noventa y seis kilos. Esperar aumenta el cansancio. para no desentonar con las actualizaciones del medio ambiente. Una vez más. Bailoteando sobre esa disonancia una chica grita “Hurra” y levanta velozmente el pozo de las apuestas. Fossey reposa dentro de su campo de fuerzas. El hardware físico de los muchachos no logra disfrutar. Los chicos las desdeñan porque son frases que exigen cierto dominio sintáctico. Tendrá que amasar. Hay una tradición en la isla que recomienda plantar el gran árbol viejo e inútil en las llanuras de la nada. explicar por qué reparte el pan él mismo. ni acaso tenerlas. Una ceja tironea. A pocos metros de la silla de Fossey una banda de adolescentes juega con esos dados que en cada cara traen una imagen famosa que parece gesticular. Fossey siempre ha mantenido su tradicionalismo en segundo plano. piensa ahora en las llanuras de la nada. todavía. Sus alaridos compiten con los bocinazos. Pero antes incluso de retirarse el candidato debe reconocer él mismo que algo se le reveló. ni siquiera Fossey. Desde ese segundo plano. Marañas de smog irisan la luz. y oír chistes que contará sin gracia. apreciar sin desvelo el horizonte que no alcanzará: hay una bocha de expresiones para expresar el gran derecho a hacer sebo. Hacia el tránsito. rendido en la silla. Quiere seguir adelante. los tres dados muestran la cara ilusionada de la misma cantante. tampoco pueden comunicarse sensaciones complejas. Pero lo esclarecido sólo aparece cuando el cansancio es auténtico e insuperable. Corren vecinos gritando La pisó. ¿Cómo saber si los muertos no se arrepienten de desear la vida? ¿Y esto quién lo dice? La hiriente agudeza de esa voz arruga la frente de Fossey. la temperatura mental no le afloja. Ahora que terminan de rodar por las baldosas. despertarse de la anestesia. Pero ahora le bastaría alargar la mano para atrapar el momento imponderable. Para seguir adelante necesita un descanso. El rincón de las imágenes – Bálsamos naturales – Frenos y dirección del automotor – Frutas por unidad . Un rezongo de la nariz chata comprime toda una vida. latigazos de luz giratoria. él. Un patrullero hiende el tráfico para incrustarse en la batahola. Ya no sabe si está plácido en su silla o el cansancio le impedirá volver a levantarse. Los ruidos del tráfico y el aroma a canela se ordenan en un mandala. La luz entra en un vórtice. que sería tan poco propenso a modificar vidas ajenas. porque le han comprado el juego a un reducidor de bienes robados y el programa está en otro idioma. Sin embargo gritan. Sólo entonces el anciano puede ir a plantarse en las llanuras de la nada. Los que todavía la escuchan piensan que es más farmacéutica que metafísica. y eso es porque está cansado. Las vías del tren elevado se desgañitan en chirridos. de ahí quizá la placidez. mirá cómo le entra la pena – Dos que se ríen y soy un campeón. Cuanto más adelante siga más grande será la necesidad. y nadie se atreve a discutirle si es cierto que ha ganado o no. y hasta plácido. Adelante. tendrá que contar lo que ha visto en la vida y en el día. Las bolsas de pan van a pesar bastante cuando en cada fonda Fossey las saque de la camioneta. Cansancio y majestad. Hacerse radiografías. Pasa el tiempo y al fondo de la panadería el aprendiz vigila la horneada que Fossey deberá repartir. Dejar el timón en manos frescas. A lo lejos se suceden varios ruidos. Con un crujido hueco la mandíbula inferior de Fossey cae de pronto sobre el pecho monumental. Es la hija mediana de Fossey. Muchos ignoran la utilidad de lo inútil. Contar el dinero de la caja y repartirlo. Aunque el entusiasmo de los muchachos no se aviene en un espacio mental unitario. choques. una explosión. tendrá que inventar consejos y cantar tonadas a los nietos. Tendrá que ver morir. volverá a emocionarse con la frescura de su mujer. con una certidumbre tan precisa que cuando lo cuente los 5 . Este debate es grandioso. Hay un ritmo cardíaco en la decepción de los comercios. Majestad. En la luz tan amarilla la enharinada mole del cuerpo de Fossey es un iceberg de tiempo que se funde por la médula.Cuentos de Marcelo Cohen A un lado y otro del parasol abstraídos peatones andan chocándose por la acera. la pisó. Quieto. pero por cansado que esté Fossey. Pero la tradición dice que el anciano cansado sólo puede retirarse de los afanes cuando haya recibido el esclarecimiento. una desaforada. como resistiéndose a un falso llamado divino. y varias veces aún. Tendrá que transmitir experiencia a los chicos. pero ante la colosal inmovilidad de Fossey recupera nerviosamente el equilibrio. a la espera de algo que podría suceder en el momento menos pensado. Muchos creen conocer la utilidad de lo útil. que en cada uno canta una melodía diferente. Majestad. Lavar la dentadura postiza. como una puerta de ventilación activada por un termostato. Dejame a mí que a esa tarada le hincho un ojo – Mirá. Tampoco es que Fossey necesite mucho aire interior.

los labios de Fossey murmuran una pregunta. todo esto en palabras de la tradición que ya nadie escucha. lo bastante para que los chicos holgazanes quieran apartarse unos metros. No cree que vaya a explotarla. donde caben entre los autobuses. Es una pobre pirotecnia. Puede que esta mezcla insostenible de placidez y agotamiento sea el anuncio de un saber. lamiendo casi los techos. un desasosiego tan inocente que Fossey querría acunarlos. Ahora son todos panaderos. Desde luego que esta ignorancia dificulta el pasaje de por sí trabajoso que tiene que dejarlo listo para ir a plantarse en las llanuras de la nada. de la diletancia a la concentración. Atrás se redobla el olor a masa puesta al horno. todos corpulentos. Está la posibilidad de que su cuerpo monumental se haya quedado siempre del lado de allá del primer pasaje. le dará grandes placeres a la mujer y entrará lozano en el derecho al descanso. No falta casi nada para tener que empezar una vez más. esto antes de haber hecho el tránsito a las llanuras de la nada. La pachorrienta hélice de la conciencia se pone a moler la noble tropa de 6 . Entonces sí el árbol viejo podrá ir a echar raíces donde dice la tradición. para los que la escuchan. Y en cierto modo vibra. A Fossey lo reconfortaría este encuentro con sus posibilidades truncas si se imaginase al menos qué puede haber dejado de ser él. Ni siquiera sabe si realmente pasó en cada ocasión al otro lado. Se destetó a tiempo de una madre no poco absorbente. Son tantos que si les diera por ponerse a amasar el cuerpo de Fossey estallaría. los espectros de un hombre con gran aparato de herramientas colgadas de un correaje. al cabo de varias sesiones. como nadie le daba instrucciones. de la ambición a la humildad. y algunos más dentro de la gama de profesiones que día a día Fossey ve en su barrio. de la insatisfacción al contento y de la precaución a la entrega. La conciencia se deslinda en una doble cinta helicoidal y es como si la cabeza redonda se ovalara. estos Fosseyes. ocupan el cuerpo de Fossey. luego de la hombría al amor. los Fosseyes opcionales revientan en una miríada de centellas. Con el poder de penetración típico de las visiones. Hay incluso un aromo mustio. y el aliento aparta la luz. Qué horror. Pasó él solito de la niñez a la virilidad y de la virilidad a la hombría. del hambre a la satisfacción. Late una vena. la consistencia y la pereza. de subjuntivo. Nace una visión. También adelante la fetidez de la cloaca. unas nubes menudas derivan como retoños de las vidas que Fossey no vivió. La luz ha caído uno o dos grados. en la remota vereda de enfrente. se subdividen y configuran en nuevas pautas. Pero la compasión lo impacienta y. Esos espectros son de una niñez larga y macerada. Tiene que dejarlos boquiabiertos. Ignora si hacerse la idea no es ya un modo de haber pasado las pruebas. ese idioma donde nada cuaja. otro con el pelo y la ropa manchados de pintura. Desde adentro lo coronan como último eslabón provisorio de la inmemorial cadena de hacedores de pan. lúcido a fuerza de penetrar sin derramarse. Respira. y.Cuentos de Marcelo Cohen demás comprendan en un santiamén que ese hombre es un sabio. De modo que Fossey viene haciendo el amor con su mujer como siempre. Por encima de los vahos del tráfico. o meramente se hizo la idea. y Fossey sea aún un niño exhausto que aún tiene por delante una vida de labores. Es para su tranquilidad. Majestad. Todos esperan verlo cargar las bolsas de pan en la camioneta para decir Ahí va Fossey a repartir el pan del atardecer. Fossey piensa en lo apacible que es abandonarse a la silla y se cansa más. Ruedan otra vez los dados. Fossey ha vivido todos los pasajes que le correspondían. Las centellas quedan suspendidas a ras del pavimento. el salvoconducto. En cierto modo es una reverencia. Duros como corchos. Pero Fossey no siente satisfacción sino pesadumbre. de la sordera a la atención. La imaginación de Fossey trabaja brutalmente sobre las nubecitas platinadas. Un esfuerzo. de ser hijo a ser padre y de ser padre a ser abuelo. Llovizna de vidas deshechas sobre humo de escapes. diferente. El plexo metódico eleva y declina en su tejido. para poder estarse dos o tres horas más por día mirando cómo pasan camiones por la avenida. El asesor espiritual de Fossey le ha dicho que una combinación de acoples amorosos con su mujer y retención de la semilla le darán una nitidez mental muy grande. de la obsecuencia a la firmeza. Se van con sus dados y sus frases faltas de potencial. Inmovilidad. como si el gentío que rodea a Fossey se hubiera aunado para correr una cortina. segregan cada una un ser acabado y exhausto. Fossey resopla. otro con una bolsa de cemento al hombro. La tradición dice que el que muere sin haber descansado pasea su ansiedad por las azoteas de los vivos. como si entendieran que no van a revelarle nada. Fossey sólo quiere una excusa íntima. cada pasaje le costó una barbaridad de esfuerzo. Lívidamente atraviesan las ristras de camiones. En cambio el médico de Fossey dice que excitarse a menudo sin descargar la semilla terminaría matándolo de cáncer de próstata. Si tocás te parto la jeta. Las manazas de Fossey se crispan hasta donde se lo permite el tamaño. de la jactancia al compañerismo. donde al mediodía van a picotearse unas tortolitas. y como si un deseo las elevara se agrupan en dos o borbotones. otro con arreos de taxista. así. Se ven claro. Las nubes se desdoblan. No queda mucho tiempo. cumplido.

Grasiento platino del mandala. Se aúna el cuerpo esclarecido para alcanzar el rezongo del momento imponderable. Luces giratorias de temperatura mental en granizado de pies planos. Un patrullero cumplido ulcera el firmamento. A la puerta de su panadería Braulio Fossey se repone de parte de la jornada en una silla de plástico. Y así la nube sigue y sigue componiendo lo que mira. Majestuosamente un rumor de Alineación y vida intermitente. Imagen absoluta. La luz de engrudo pliega la boca en el sentido de la sombra. El ritmo cardíaco de los Minicomponentes hiere la batahola defraudada. Inutilidad de cantantes diferentes quema los dados desgañitándose en un vórtice de camiones de llanura. Se hacen llaves irisadas a un reducidor de otro programa. no ignora lo que el pan tiene de peso. Son muy subjetivas. si tiene muchas ganas de acercarse a una escena. pide tocarse como si lo esclareciera un ángel. la acidez del aire no llega a ser corrosiva. Mientras la tarde palidece. Noventa y seis kilos de estruendo se disputan una imagen en imperceptible evolución gestual. Ebriedad que él mismo pintó hace unos años. Panadería Ambarina no ignora con qué ha cumplido. en smog caritativo. lucidez superficial. Una luz pletórica cavila al borde de Fossey como si un rapto de caridad la detuviera. Discreción. Majestad. Aunque está fresco. Los crotos del vecindario atienden los logros del horizonte que no alcanzará. Aun si un niño monumental da lucidez para jactarse. En la inmovilidad colosal el firmamento se agudiza. Es decepción. Balanceo del horizonte que no alcanzará. Truena el mantra del nieto al abuelo. Levadura y canela del mantra de la conciencia repitiendo el taller de motos. para tener que amasar el de mañana: es la confianza de la familia en que Fossey seguirá saliendo muchos años a repartir el pan de la noche. Quietud. con tal certidumbre que el anciano es coronado en timón de manos que no alcanzan. Chirridos en la cadena de hacedores de pan. y después de hacerlos pasta sigue raspando las paredes del cráneo. Entrega. Fossey derrumbado en el pan como si esperase conquistar la indiferencia. la conciencia está tan plena como abarcadora es la visión. El aire en media hora repite que está exhausto del horizonte que no alcanza. es lo poco que falta para que el pan esté horneado. Todo tan compacto que al fin Fossey se escapa. La pintura del padre instruye si ha pasado las pruebas. Contento. Una nube puede desprenderse de su marco de cielo. Silencio. Dentro de esta nube menuda. Escapa el pensamiento en nubes menudas. Una policromía detrás del escaparate recoge al aprendiz y la hija menor de Fossey en un rectángulo de penumbra. Pisan los muertos la decepción de disfrutar quién gana o pierde. Quietud. Majestad. Fossey ha entornado los párpados. bien que la avenida truene de camiones.Cuentos de Marcelo Cohen predecesores de Fossey. Nada en su piel se eriza ni reacciona. Firmamento. y se despierta. De una ceja tironea el pozo de las apuestas. la indiferencia escalerece la cadena de los panaderos. Al lado de la silla hay un parasol verde y rojo y sobre la mesa de plástico unos bichitos se inmolan en un taller de nubes. tan ruidosa que Fossey empieza a comprender dormido aún que está soñando y pide. Placer de la señora Fossey recoge la perspicacia de un momento imponderable. Velozmente suplica el farphone una batahola de dados pastosos. Las seis de la mañana. La espalda no sabe con qué ha cumplido. el cuerpo jovial rendido. Sobre la nariz de engrudo el grandioso debate del firmamento. Discordias intermitentes. La mujer de Fossey. Dos o tres grados de luz tienen que declinar el pan en una camioneta de radiografías. y siente en la mejilla el dorso algo pesado de la mano. Lo que el pan no tiene de peso lo tiene de reflejos en las llanuras de la nada. Un salvoconducto para la perplejidad del firmamento acuna a Fossey la semilla de plástico. Marañas de peatones en un estruendoso algoritmo de ansia majestuosa. Firmeza. Una red orgánica de la hija mediana trae la julinfa le hincho un ojo de un espacio interior unitario. pide que la nube lo toque. Precaución. da raíces de platino en la llanuras de la nada. Fossey se ha dormido. pero las tortolitas en acoples amorosos retienen el tránsito hacia las llanuras de la nada. Es una nube. Pletóricos bichos rojizos se inmolan en pirotecnia de camiones. en atrofia sintáctica. este hombre sería parte del todo si la carne fofa no hubiera transportado la piel blancuzca. El aire incluso el caos gritan de entusiasmo en un iceberg de tiempo que se funde por la médula. La conciencia de Fossey zumba como amarillentos añicos de hielo. Aunque las nubes ven con una nitidez de presente inamovible. desaforada como la hija menor del hombre que descansa en la silla. las últimas resistencias musculares se desvanecen en una entrega total. Polirritmias de un momento imponderable se acercan a importunar al corpachón demarramado en la silla. y eso duele. es desesperación. a la deriva en un bel canto de atardecer. La silla de plástico se ofrenda sin una queja. tienden a sintetizar las imágenes. 7 . Firmamento en el subrepticio hedor a tripa horneada. Son las seis y media de la tarde. y por las azoteas remotas pasea el cansancio que no entrega a la muerte sus escombros. sin intermitencias ni rayas. A las llanuras de la nada todas las bolsas de pan que ha comido mantienen la piel firme por el calor de calvas pompas de pensamiento.

Yo no creo que alguien haya visto algo así. Braulio”. y el cuerpo de Fossey es el todo como si las cosas se alegraran de que haya vuelto. Fossey entra en la panadería. “Más que repuesto”. Ese rumor le facilita a Fossey el afloramiento. La fuerza de gravedad se ha reducido. no porque el sueño fuera una versión indisciplinada de la realidad que ahora vuelve a incluirlo. Fossey termina de estirar el cuerpo en un nimbo de levedad. Pero Fossey piensa que él debe estar espléndido. Un sueño que no cabe en la cabeza. que está bastante despejado y que se vaya a su casa. En la parca iluminación del local se vuelca la luz del atardecer. Habría que ser un zoquete para pensar que se puede decir lo que soñé. “Ustedes no pueden imaginarse. Las aristas menos visibles del taller se resignan a adaptarse a la inconveniente magnitud de su cuerpo.. Una amplia bolsa de hilo sintético se despliega entre las manos de Fossey. “Es un sueño lindísimo. Esta diferencia le da permiso. Desde las superpuestas capas de inútiles tejidos de su cuerpo. A Fossey le basta mirarle los ojos irritados para recordar lo poco que le importa a ella meditar sobre su propio cansancio.Cuentos de Marcelo Cohen Ni la tradición ni el asesor espiritual de Fossey han explicado nunca de qué manera llega el esclarecimiento. Fossey baja la mano y se la limpia en la bata. El sobrio Fossey le acaricia la nuca. le pregunta sin mirarlo si quiere que reparta el pan por él. febril de una jornada entera en funcionamiento. Es uno de los dados de látex con imágenes. la simpatía de la señora de Fossey y el grupo humano en general titilan en la tensión de un momento imponderable. pero Fossey no tiene tiempo de considerarlo porque al tocarse la mejilla que la nube acarició se encuentra. No creo que haya palabras. y a veces de a dos. porque la mujer se cala los anteojos como cuando va a abrir un regalo. No obstante lo dice. mientras Fossey se tambalea por la inercia. En realidad se levanta con tal agilidad que la silla. dice la chica. Esto piensa Fossey.. Fossey mira el caudal del tráfico como si fuera el río que baña las llanuras de la nada. Echando una mirada a las fogosas azaleas del tiesto. Un cliente reflexivo duda ante varios paquetes de galletas iguales. Me parece que no sé si se puede decir qué. no creo que quepa en la cabeza de nadie soñar eso. Abundancia. se enfrenta con los verbobrutitos. El aprendiz. La expectativa temerosa de los chicos se debate en frases como muñones verbales. No se extingue. pero un poco diferente. que se les ha escapado a los muchachos. la palma hacia adelante con sus costras de harina y sus estrías. depositado en una rugosa cavidad de su moflete derecho. otros ríen como si se desagotaran. Es posible que sea apenas un parpadeo. muchachos. Para esconder la turbación se retira. Habría que ser un burro para querer contar un sueño así. se ven ahora ristras de faros.. cae hacia atrás en una polvareda de harina. El cliente reflexivo le paga las galletas a la hija mayor de Fossey. Y aunque el cansancio perdura. habría que escribirlo porque en el fondo no era nada”. El crepúsculo de la mente dura más que el del firmamento. En la lejana vereda de enfrente el cielo rojizo se va tragando las nubecitas una a una. Con ese calor en la palma emprende el traslado de sus muchos kilos hacia el taller del fondo. “¿O sea que no vas a repartir el pan?”. Detrás del chancleteo de sus pies planos. la hija mayor se instruye leyendo un manual de psicometría. Todo está igual que antes. y en esa confluencia el cansancio de Fossey. la luz almidonada. procurando no chocar con la lámpara de techo: “Tuve un sueño increíble.” Los muchachos asienten. más que camiones. ávida de recibir panes calientes. No se puede decir nada de lo que soñé. 8 . dice. la panadería El Firmamento. y en el tráfico un bullicio curioso. Disolución. La temperatura sube bastante. En el ocaso hay un centro claro.. es un arreglo superior a lo que el sueño apuntó. sólo hasta la altura del abdomen. La señora de Fossey le da un beso y le pregunta si está más repuesto. En la panadería ya no se ve gran cosa. Les arroja el dado. Fossey prevé nuevos y largos acoples sin derrame de semilla. todo lo que hay que ver para el que está dispuesto. No está del todo seguro de lo que va a decir. un objeto cúbico que susurra una canción. sino porque esta realidad que él ve ahora.” “Sí”. no creo que alguien lo haya oído. la belleza de su mujer lo deja aturdido. Fossey le dice que no. hecho casi agotamiento. “No me digas. Fuera. Me parece que. algunos muchachos se rascan. los dados en las manos de los ciberbrutos. Como siempre. que ya está sacando las bandejas. en fin. dice Fossey. Fossey tarda unos buenos segundos en despegárselo de la piel. dice Fossey entonces: “Tuve un sueño”. los camiones. Soñé que era. Detrás de la caja. Pero antes de que ellos se abalancen a recogerlo Fossey los frena alzando una mano. los bichos en el hielo.

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