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desarrollo sabados

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SE SUELE CONFUNDIR LA PUBERTAD CON LA
ADOLESCENCIA; a veces se las trata como si
fueran una misma etapa, o se asocian los
cambios físicos con la primera y la adecuación
a éstos con la segunda. Aunque hay algo de
cierto en ello, existen otras diferencias
importantes entre ambas, como se verá a
continuación.

La pubertad

El periodo de la pubertad transcurre entre los
nueve y los trece años de edad y es la etapa
en la que el individuo alcanza la madurez
sexual, es decir, cuando sus órganos genitales
empiezan a funcionar. La palabra viene del
latín pubertas, que significa “edad de la
virilidad”; en ella el individu9o se transforma
en hombre o en mujer. El vocablo pubesceré
también está relacionado, y significa “cubrirse
de pelo”. Así, la pubertad se inicia con los
primeros cambios en el cuerpo y termina
cuando éste ya tiene la estructura y
apariencia adultas. Digamos que es una etapa
intermedia que comparte tramos con la niñez
y con la adolescencia.
Aunque los significados e interpretaciones de
estos periodos de la vida –la pubertad y la
adolescencia- dependan mucho de la cultura
en la que esté, los cambios físicos se
presentan de manera general e invariable y
acompañados de alteraciones psicológicas,
emocionales y temperamentales. Es tan así
que en la época de Aristóteles existía la
preocupación de saber qué era lo que hacía
que se desencadenaran los cambios, sin falta,
en esa etapa particular de la vida, y se
observaba, ya entonces, que éstos venían
acompañados de cambios en la conducta y el
carácter [Hurlock 1994].
La pubertad se refiere específicamente a los
cambios físicos y fisiológicos relacionados con
la madurez sexual, y la adolescencia abarca
más bien los cambios emocionales, de
conducta, de carácter y de posición dentro de
la sociedad. Ahora bien, eso no implica que
mientras se están dando los cambios físicos
no haya alteraciones conductuales, ni que
durante la adaptación y los cambios
psicológicos, el desarrollo físico ya haya
terminado por completo. La pubertad es el
periodo en el que con mayo velocidad e

intensidad se presentan cambios en todas las
áreas.

LOS CAMBIOS FÍSICOS

¿A qué se deben estos cambios? A una
determinada edad –que varía dependiendo del
individuo, de su salud general y de las
características genéticas y raciales-, la
hipófisis o glándula pituitaria empieza a
producir principalmente dos hormonas
relacionadas con el desarrollo: La hormona del
crecimiento y la hormona gonadotropina.
La hormona del crecimiento está asociada con
el aumento de talla en general, hecho muy
característico en este periodo. Tanto los niños
como las niñas crecen mucho en poco tiempo.
Este fenómeno se suele presentar primero en
las mujeres, lo que hace que entre los once y
los más varonil y madura. En general, tanto el
desarrollo físico como el emocional se dan
primero en las mujeres que en los hombres;
no obstante, existen excepciones pues hay
algunos hombres que a los doce años ya han
crecido mucho, y sobresalen o se ven distintos
del resto de sus compañeros. Esta situación
los hace sentir incómodos porque piensan que
no los aceptan de la misma manera o porque
creen que ya no comparten tantas cosas con
ellos. Se dan situaciones así, por ejemplo,
cuando el muchacho más desarrollado ya no
es aceptado tan fácilmente como antes en un
juego de fútbol, o cuando sus compañeros se
niegan a competir contra él en atletismo o en
alguna otra disciplina, porque piensan que la
competencia no es justa y que les lleva
ventaja; la consecuencia será que aquel joven
se sentirá desplazado. Es recomendable tener
presente casos como éste cuando se está
frente al grupo, pues la forma en que se
maneje la información al detectar este tipo de
conflictos puede ser muy provechosa tanto
para el individuo como para el grupo. Se
puede hablar de esto de una manera
impersonal, como algo que llega a suceder
con frecuencia, y comentar cómo podría
sentirse la persona. Habrá que mencionar los
diferentes ritmos en el desarrollo y subrayar
que el valor de la persona no estriba en su
físico. Los jóvenes pueden identificarse con las
diferentes situaciones descritas y tratar de
encontrar opciones o pedir abiertamente que
se les aclare alguna duda.
La segunda hormona, la gonadotropina,
estimula el funcionamiento de las gónadas, las
cuales producen otras hormonas que
estimulan la maduración de los genitales y la

27

aparición de los caracteres sexuales
secundarios.
El proceso de maduración sexual dura entre
uno o dos años, aproximadamente.

EL DESARROLLO FEMENINO

En la mujer, lo primero que ocurre es el
aumento de tamaño de la estructura ósea.
Posteriormente se inicia el desarrollo de los
pechos, que a veces puede ser doloroso. Esto
es a menudo motivo de preocupación entre las
jóvenes, que no saben si lo que les está
sucediendo es normal o si es algo que deba
inquietarlas.
Dependiendo mucho de la formación y la
información que tengan, tomarán los cambios
con naturalidad o les causarán gran
incomodidad y vergüenza, lo que provoca que
las niñas se cubran constantemente y hasta se
joroben para evitar que se les noten los
cambios. Existe gran ambivalencia al
respecto: por un lado, se desea crecer, pero,
al mismo tiempo, se sabe que esto implica
perder la condición infantil de la que se
gozaba.
Como siguiente paso en el proceso de
transformación, empieza a aparecer el vello
púbico, primero de manera discreta, al mismo
tiempo que el cuerpo sigue creciendo y el
pecho se sigue desarrollando. Entonces
aparece la primera menstruación o menarca,
generalmente unos dos años después de que
los senos empezaron a crecer y un año
después del surgimiento del vello púbico.
Posteriormente aparece el vello axilar.

LA MENARCA

La menarca es un acontecimiento al que se le
ha conferido gran importancia. Se toma como
parámetro que marca la conversión de la niña
en mujer, pues le anuncia la posibilidad de ser
madre, y para muchos esto define el sentido
de su existencia; la maternidad determina su
futuro desarrollo y el curso de su vida.
Ciertamente es un acontecimiento importante,
pero conviene tener presente que son otros
aspectos los que dan valor tanto a la niña
como a la joven que ya menstrúa. La
maternidad puede ser una parte muy
importante de su vida, pero existen muchas
otras; es simplemente una capacidad, que
podrá concretarse o no.
La manera suele ser vista de una manera
ambivalente; por un lado, se festeja como un
acontecimiento, y al mismo tiempo se

depositan en ella una serie de cargas
negativas y de sufrimiento. Algunas personas
la consideran algo sucio y vergonzoso. La
menstruación es parte del cuerpo femenino y
de la condición de ser mujer; lejos de ser
sucia o vergonzosa, es un proceso
completamente natural.
La menstruación, y la posibilidad de procrear
que representa, se valora en todas las
culturas de manera distinta. Por ejemplo, en
algunas sociedades, a las jóvenes que ya han
empezado a menstruar, por ser madres en
potencia, se les brinda un trato y cuidados
distintos. Asimismo, cuando las mujeres
llegan a la menopausia, además de
experimentar las alteraciones hormonales y
los efectos psicológicos que ésta conlleva,
pueden sentir cuestionada su identidad
femenina y quizá esto sea causa de conflictos.
¿En qué estriba el valor femenino? Es una
pregunta que valdría la pena plantearse e
incluso discutir con los jóvenes, intentar
definir lo que hace valioso a un hombre podría
ser también tema de análisis.

EL DESARROLLO MASCULINO

En los hombres, al igual que en las mujeres,
lo primero que ocurre es el crecimiento del
esqueleto. Ellos alcanzan su estatura final
cerca de los dieciocho años o aun después, lo
que en las mujeres se presenta alrededor de
los dieciséis años.
Gradualmente, los testículos y el pene
aumentan de tamaño y empieza a aparecer
vello en la zona del pubis. En los primeros
momentos de la pubertad, incluso antes de
que se presenten las primeras eyaculaciones,
los

varones

experimentan

erecciones

espontáneas

provocadas

por

diversos
estímulos, no siempre sexuales. La voz
cambia por los efectos de la testosterona y,
comúnmente, entre los trece y los catorce
años (esto puede variar) se presentan las
primeras eyaculaciones. Casi al mismo tiempo
comienza a salir bigote (muy delgado) y vello
en as axilas; más tarde aparece la barba y por
último vello en el pecho.
Para los púberes, el pene y los testículos
adquieren una importancia muy grande, pues
con su tamaño y su funcionamiento pretenden
medir su grado de madurez, su virilidad y su
seguridad como hombres. Es común que se
midan el pene en estado flácido y en erección,
para determinar “quién es más hombre”, o
concursan para ver quién eyacula más, o más
lejos o más rápidamente. Esto puede dejar
una grave sensación de desventaja,

28

inferioridad e inadecuación a quien pierde en
los concursos, y posiblemente intente
compensarlo de alguna otra manera, lo que
repercutirá en sus aproximaciones a los
demás jóvenes o al otro sexo, así como en la
imagen y el concepto que se forme de sí
mismo.
La pubertad y la adolescencia son etapas en
las que es esencial la información y la
posibilidad de hablar abiertamente y en
confianza con alguien con quien los jóvenes se
sientan aceptados, para poder resolver estos
conflictos adecuadamente y continuar con su
desarrollo de manera satisfactoria y positiva.
Habrá que reafirmarlos, contenerlos o
apoyarlos cuando sea necesario.

OTROS CAMBIOS

Los cambios hormonales también provocan
alteraciones en la piel, la cual se engruesa
tanto en los hombres como en las mujeres; a
veces sale acné en la cara. También cambia el
olor del cuerpo y algunas de sus secreciones;
todo esto debe tratarse con los púberes. La
necesidad de usar desodorante, de lavarse la
cara con mayor frecuencia, o los cuidados y
medidas que hay que tomar durante la
menstruación rara vez se abordan en grupo.
Sin embargo, ya que son muy frecuentes las
dudas al respecto, es conveniente aclararlas
sin divagaciones. Por ejemplo, cuando se
habla de menstruación, de qué es y por qué
ocurre, también es importante mencionar el
uso de las toallas sanitarias y de los
tampones, así como algunas cuestiones
prácticas acerca de cómo se colocan, cómo se
desechan y con qué frecuencia deben
cambiarse. También es necesario hablar
claramente del flujo que secreta la vagina los
días en que no se está menstruando y que
aparece meses antes de la menarca, ya que
sobre esto se da poca información y suele ser
motivo de duda y ansiedad; en general las
adolescentes no saben si es normal o si
padecen alguna infección o anomalía.
Hablar de las consecuencias de rasurarse las
piernas y las axilas no es muy común. No se
trata de decir si deben o no depilarse, lo
importante es informar de las consecuencias
de hacerlo, para que sean conscientes de la
acción y no se arrepientan ni sufran un
accidente. Muchas niñas y adolescentes se
rasuran por imitación, pensando que nunca
más les van a crecer vellos, o, lo que es peor,
algunas han llegado a quemarse o a sufrir
otros accidentes con cera caliente. Estas
prácticas dependen mucho de las culturas y

los contextos sociales; sin embargo, de una
manera u otra, cuando se crea necesario, es
pertinente hablar de ellas.

LAS DUDAS SOBRE EL DESARROLLO Y LA
IMAGEN CORPORAL: ¿SOY NORMAL?

Todos los cambios que tienen lugar en este
periodo son objeto de dudas, producen
sensación de rareza y la necesidad de
compararse con el resto del grupo para saber
si el desarrollo propio es adecuado o no. Si a
las compañeras les ha empezado a crecer el
busto y a una de las jóvenes no, esto puede
causarle angustia o sentimientos de
inadecuación cuando no tiene la información
pertinente. El desarrollo personal más lento o,
por el contrario, más precoz, puede ocasionar
angustia, lo que repercute de manera
negativa en la socialización, la seguridad, el
autoconcepto y la imagen corporal. Hurlock [
1994, p 64] menciona que los individuos que
están en esta etapa se hacen las siguientes
tres preguntas, casi sin excepción: ¿soy
normal?, ¿estoy adecuado a mi sexo?, ¿qué
puedo hacer para que mi cuerpo alcance la
figura de mi ideal?
Cuando el adolescente no tiene claro esto y se
aferra a conseguir el cuerpo de la revista de
moda o el ideal que rige en su entorno, siente
gran inconformidad y frustración. Puede
someterse a dietas estrictas, intenta esconder
o modificar las partes de su cuerpo que no le
gustan, se obsesiona por el ejercicio, o utiliza
fajas, maquillajes u otros medios que lo
ayuden a aproximarse a esa imagen; con
todo, en el fondo el sentimiento de
inadecuación persiste.

Es necesario aclarar que cada individuo tiene un
ritmo de crecimiento específico y que, tarde o
temprano, los cambios se van a presentar.
También hay que ser conscientes de que habrá
quienes sean más altos, más fornidos, con
formas más redondeadas o más delgadas; eso
depende de la carga genética de cada quien. El
cuerpo que se adquiere una vez vivida la
transformación no siempre coincide con el ideal
que de él se había imaginado ni con los
estereotipos sociales; no obstante, es el cuerpo
propio y es conveniente aceptarlo como es:
distinto del de todos los demás, con partes que
nos gustan y otras que no.

Además de comparar su crecimiento con el de
sus coetáneos, hay otras preocupaciones en
torno a su desarrollo y si éste es el adecuado
para una persona de su sexo. En algunos
momentos pueden surgir, de manera
pasajera, características que en apariencia son

29

del otro sexo, y si no se tiene información al
respecto9, esto puede crear gran angustia. En
algún caso, en los varones llega a sobresalir el
pezón, que en lugar de ser plano, se levanta
un poco, tal como les sucede a las niñas
cuando empiezan a desarrollarse. Frente a
esto, es común que los otros muchachos
hagan bromas, y digan que el sujeto está
teniendo un desarrollo femenino. Hasta cierto
momento esto parece una broma, y quizá el
joven se ría, pero si no tiene claro que lo que
le sucede es normal, el hecho puede crearle
serias dudas y aumentar sus preocupaciones.
Así como cada individuo tiene un proceso de
crecimiento y un desarrollo propios, los
caracteres secundarios y las transformaciones
que se viven también siguen su propio ritmo.
Es importante explicar a los adolescentes que
cada parte del cuerpo se desarrolla a un ritmo
distinto y también que alcanzan su madurez
en momentos diferentes.

ALGUNOS EFECTOS DEL DESARROLLO

Con todos estos cambios, es evidente que el
cuerpo es muy distinto del que se tenía en la
infancia; la imagen corporal del púber está
completamente alterada. Su esquema corporal
se encuentra en constante cambio, y su
inestabilidad se refleja también en otras áreas
de la vida.
Como el crecimiento corporal es muy rápido,
sobre todos en los varones, el control de los
movimientos se hace más difícil y se vuelven
más torpes y toscos. Cuanto más rápido sea el
crecimiento, más acentuada será esta
característica. Es como si de pronto le
pusieran una extensión a sus piernas y brazos
y le pidieran que los moviera con igual
destreza que antes. Esta falta de habilidad
corporal hace que los jóvenes tiendan a
sentirse incómodos y en ocasiones eviten el
contacto con la gente, que se aíslen y eludan
las situaciones que hacen este malestar más
evidente. Asimismo, el crecimiento acelerado
puede provocar cansancio e hiperactividad
alternadamente, en virtud del constante
movimiento interno, tanto físico como
emocional.
Quienes

ya

han

pasado

por

eso
aparentemente olvidan las sensaciones que
esos cambios producían, las ganas de que los
demás no los notaran, de pasar inadvertido, o
de no ser molestado en algunos momentos y,
casi como un reflejo, repiten las mismas
conductas y hacen los mismos comentarios
que les molestaban: “¡Pero si ya le está
saliendo bigote! Ya es todo un muchacho” o

“¡Mira qué grandota y desarrollada estás!”
Aunque en su momento no sabían adónde
meterse, ahora hacen lo mismo. Se les olvida
lo que sentían y en general no lo hacen con
mala intención; sin embargo, todos podríamos
recordar esto con mala intención; sin
embargo, todos podríamos recordar esto y
tratar de ser un poco más sensibles.
Los cambios mismos, la sensación de rareza y
el cansancio hacen que el púber tienda a
volverse más introvertido, a querer estar más
tiempo solo y a fantasear continuamente; el
aspecto sexual se vuelve entonces uno de sus
intereses principales. Por ejemplo, la
maduración de los órganos sexuales y los
cambios

hormonales

se

relacionan
estrechamente con la toma de conciencia de
uno mismo como ser sexuado y con el
aumento en el interés y el deseo sexuales
característicos de la edad. Sin embargo, los
aspectos culturales y sociales influyen mucho
en la manera de percibir la nueva situación.
Repercuten en la actitud que se toma y en las
formas de expresión de dicho interés y deseo.
El ambiente social puede fomentar la
represión, permitir que se exprese con
naturalidad, o que se exalte, y esto influye en
la forma en que el joven ve y vive su propia
sexualidad [Muss 1993].
Los cambios que se experimentan en esta
etapa generan diversas emociones; es extraño
descubrirse con un cuerpo distinto del que se
tenía y que provoca sensaciones diferentes.
Hay que habituarse al nuevo aspecto, y
reconocer el nuevo cuerpo. El autoerotismo (o
masturbación) se vuelve una actividad típica
de esta edad; quizá sea éste el momento de la
vida en que se practica con mayor frecuencia,
lo que no implica que sólo se presente en esta
etapa. El autoerotismo es causado por la
necesidad de conocer y sentir el cuerpo en su
nueva forma, así como por las sensaciones y
emociones placenteras que provoca; por eso
en esta etapa se da con mayor frecuencia y de
manera más universal.

En el proceso del desarrollo intervienen una
parte física y una social. Es en la social en la que
los maestros podemos influir de manera positiva.

La adolescencia

El término “adolescencia” proviene de la
palabra latina adoleceré que significa “crecer”
y “desarrollarse hacia la madurez”. Es el
período de transición entre la niñez y la edad
adulta, y por eso mismo, como describe
Hurlock [1994], es como estar en medio de un
viaje en el cual ya se ha dejado el punto de

30

partida, pero todavía no se llega al destino. En
alguna ocasión, un hombre muy sabio dijo:
“Lo que sucede es que se ha cerrado una
puerta sin todavía haberse abierto la otra, por
lo que uno se encuentra en medio de la
oscuridad sin saber lo que encontrará al otro
lado.”
En realidad, la adolescencia ha variado y varía
según la época, las circunstancias y la cultura.
Hace algunos años, eswte período del
desarrollo

era

muy

corto

y

las
responsabilidades de la vida adulta se
asumían antes. Se empezaba a trabajar más
joven, se contraía matrimonio a menor edad,
y se tenían hijos antes que lo que es la media
actual. Hoy día, la adolescencia se ha
prolongado, a veces hasta cerca de los 25
años.
No obstante, en ciertos medios, en las zonas
rurales o en algunas culturas no occidentales,
la adolescencia sigue siendo muy corta o casi
inexistente. Por ejemplo, los niños de la calle
se ven obligados a vivir este momento de una
manera muy distinta de cómo la vive un
estudiante joven. E3n algunas culturas
africanas, el paso de la niñez a la edad adulta
se marca con un rito de iniciación, a partir del
cual cambian el papel y las funciones del
joven o la joven en la comunidad.

El hecho de que la adolescencia se viva de
maneras distintas no hace que una persona
tenga un desarrollo más completo o, por el
contrario, truncado; simplemente se vive de un
modo diferente. De hecho, todos hemos vivido
situaciones distintas y de una manera u otra,
más lenta o más rápidamente, hemos vivido una
etapa de preparación y transición a la edad
adulta.

La adolescencia es un período durante4 el cual
el individuo busca la adaptación sexual, social,
ideológica y vocacional, así como la
independencia de los padres. El final de la
etapa tiene que ver con el grado de
adaptación y madurez alcanzado. Con
adaptación no me refiero a vivir según los
parámetros socialmente esperados, sino a un
sentimiento de adecuación, responsabilidad y
seguridad que permita la independencia no
sólo económica, sino también emocional, que
no siempre es muy fácil de alcanzar.
El inicio de la adolescencia se relaciona con el
momento en que se ha alcanzado la madurez
sexual; esto no significa que el crecimiento
haya llegado a su fin. Sin embargo no es algo
que tenga un inicio ni un término tan
definidos. Aun desde antes de que los órganos
sexuales alcancen su madurez total, empiezan
a manifestarse los cambios emocionales y de

intereses; una vez culminada la maduración,
el crecimiento y los cambios continúan y
siguen siendo un tema de interés. El
surgimiento del bigote y la barba, por
ejemplo, puede seguir siendo motivo de
preocupación hasta después de los 18 años; o
saber con certeza si los senos ya han dejado
de crecer o no. No obstante, es cierto que
después de cierta edad (esto depende de cada
individuo) los intereses varían y se orientan
más a la relación con los padres, a la
reafirmación de los propios valores e
intereses, a las relaciones interpersonales
entre gente de la misma edad a las relaciones
amorosas.
En la preadolescencia, las inquietudes se
centran más en el desarrollo físico, en el
cambio de la imagen corporal y social; se
quiere saber “qué me está pasando y qué me
va a pasar, así como qué le está sucediendo a
los demás, por qué me siento de esta manera
y qué nuevos cuidados debo tener con mi
cuerpo”. También existe mucha curiosidad
acerca de la concepción, del embarazo y de
las relaciones sexuales; esta última es una
inquietud funcional –es decir, cómo se hace,
cómo puede la gente saber cómo tener
relaciones sexuales y los efectos de éstas en
diferentes momentos de la vida-, más que una
curiosidad que los afecte personalmente,
aunque se podría dar el caso de que así fuera.
Se llegan a presentar casos en los que los
niños de diez u once año pregunta qué pasaría
si ellos tuvieran relaciones sexuales, a lo cual
yo recomendaría dar una respuesta amplia,
que abarque aspectos físicos y emocionales.
Sería importante investigar qué es lo que
suscitó la pregunta.
Es común que en los primero momentos de la
pubertad los chistes con connotaciones
sexuales, de doble sentido y escatológicos
aparezcan recurrentemente [Gesell, Ilg. y
Ames

1987].Las

primeras

poluciones
nocturnas (emisiones de semen durante el
sueño) suelen despertar culpa, y ansiedad por
falta de información, y aunque no haya
preguntas abiertas sobre esto, sería
recomendable abordar el tema. ¿Qué son los
tampones? ¿Cómo es la menstruación? ¿Si
estás embarazada y tienes relaciones
sexuales, te puedes volver a embarazar?
Todas éstas son preguntas frecuentes a esta
edad.
Una vez pasada la pubertad, la atención suele
centrarse más en el grupo de compañeros y
en las relaciones que se establecen con ellos o
a través del grupo, sin hacer a un lado, por
supuesto, los aspectos del desarrollo físico y la
imagen corporal, que siguen en proceso. Se

31

podría hablar de los primeros ensayos de
relación amorosa (en los que entran en juego
much9os factores) y de un interés por los
aspectos sociales y morales de la sexualidad:
¿Cómo me puedo acercar a la chica que me
gusta? ¿Hasta dónde debo permitir que llegue
el juego sexual? ¿Qué les interesa a las
mujeres y a los hombres? Las inquietudes y
las dudas se modifican conforme se va
creciendo y según se va integrando la
identidad.

La pubertad difiere de la adolescencia en que
es el periodo en el que se alcanza la madurez
sexual; mientras que la segunda abarca todos
los aspectos del crecimiento y la maduración.

A lo largo de esta especie de viaje, el
adolescente debe prepararse para enfrentar el
mundo adulto, que es su destino aparente.
Para ello debe abandonar el mundo infantil, en
el cual tenía una posición de dependencia y la
necesidad de protección, con un papel,
comodidades y responsabilidades distintos.
De la misma manera, el adolescente se
despoja de un cuerpo infantil en constante
cambio sin que él tenga ningún control sobre
ello. Así también deja atrás a sus padres de la
infancia; la relación con ellos cambia y se
modifican los lazos para establecer nuevas
maneras de relación y comunicación.
Todo cambio y todo proceso emotivo se
acompañan de tensión emocional; en este
caso es importante dejar atrás viejos hábitos,
parámetros de acción y pensamientos ya
conocidos, para establecer otros nuevos.

Hay ambivalencia tanto en el adolescente como
en sus padres, pues por un lado se desea crecer
y por el otro se teme perder lo conocido.

LAS READAPTACIONES, ADAPTACIONES Y
REACCIONES PROPIAS DE ESTE PERIODO

Existen ajustes emocionales cuyo objetivo es
asumir el cambio de apariencia y de
estructura,

lo

provocado

interna

y
externamente por el desarrollo, la diferencia
de status, las expectativas del medio y las
propias y el cambio en las relaciones
interpersonales. El individuo constantemente
tiene que poner a prueba sus habilidades y
capacidades de adaptación en una situación
desconocida y ante la necesidad de ser
aprobado por el medio.
En la búsqueda de aceptación y
reconocimiento socia, el adolescente tiende a
guardarse emociones que socialmente no son
bien vistas; por ejemplo, reprime la ira, el
temor y los celos, que se manifiestan

entonces en una fachada de extrema
seguridad y reto constantes; se pueden
traducir también en aislamiento y depresión o
en falta de interés por lo que lo rodea.
Algunas actitudes pueden servir de máscara
para ocultar otros sentimientos.
En ocasiones, el adolescente puede ser muy
impulsivo y activo, y poco tiempo después
aislarse y perder el interés por completo. A
veces tiene arranques de furia y
desaprobación frente a algo que momentos
después le parece lo mejor que ha visto.
También tiene con frecuencia grandes
dificultades para tomar decisiones; decidir
siempre implica perder algo y, cuando no se
sabe realmente lo que se quiere, renunciar a
una opción por otra cuyos resultados se
desconocen parece complicado.
El temor se relaciona con el miedo a no ser
capaz, con la angustia de equivocarse o de
estar actuando inadecuadamente. Es posible
que el muchacho sienta que al cometer un
error perdería la aceptación y el cariño de
quienes lo rodean. Es conveniente por ello que
los padres y los docentes permitan a los
jóvenes experimentar y probar sus propias
habilidades; es menester hacerles sentir que
confiamos en ellos y que ellos pueden estar
seguros de que estamos ahí para lo que sea
necesario; se recomienda permitir al
adolescente tener su espacio, con ciertos
límites que lo contengan, sin alejarse
demasiado pero dando confianza y seguridad.

El adolescente necesita experimentar y ensayar
en un ambiente de seguridad, cariño, aceptación
y confianza.

Los nuevos logros y poner a prueba con éxito
las habilidades tanto sociales como físicas e
intelectuales son fuente de grandes
satisfacciones, así como los momentos que se
comparten con el grupo de amigos cercanos.
Los logros de los primeros ensayos realizados
en conjunto brindan mayor confianza y
seguridad en uno mismo.
No todo tiene que ser temores y
preocupaciones; de hecho, a esta edad se
pueden tener muchas satisfacciones, se puede
desarrollar la creatividad y explotar la energía
en actividades constructivas e innovadoras. La
capacidad de idear y fantasear puede ser muy
vasta, lo cual, bien encausado, será de gran
provecho al individuo. En ocasiones, por la
impulsividad propia de la edad, se presentan
algunas dificultades de control. A menudo se
observa

también

cierta

desubicación
temporal; es decir, en un momento
determinado al joven le puede parecer que es

32

inminente resolver una situación que va a
presentarse dentro de varios meses, y,
paralelamente, un problema del momento
puede no recibir mucha atención de su parte.
No hay una definición real del pasado, el
presente y el futuro, y algo que ya sucedió o
lo que va a ocurrir dentro de mucho tiempo
puede ser motivo de angustia.

Un conocimiento profundo de la adolescencia
ayudará a comprender el comportamiento de los
jóvenes y a responder a sus intereses. Será más
fácil tener una actitud empática y así, muy
probablemente, el programa tendrá mejores
resultados.

LA IDENTIDAD Y LA SEPARACIÓN DE LOS
PADRES

En esta etapa, el adolescente intentará
reafirmar su identidad, su autoconcepto, su
sentido de responsabilidad, sus capacidades
de comunicación y relación, su autonomía y su
habilidad para resolver problemas [Monroy
1994]. Esto hace que el joven –sobre todo en
los primeros momentos de la adolescencia-
entre en un periodo de crítica y reto constante
a la autoridad, en el que rechaza los principios
y los valores aprendidos. En este proceso
pone a prueba su bagaje, para seleccionar e
internalizar lo que, en su opinión, lo definirá
en su vida futura. El interés por los padres
disminuye y el adolescente opta por los
momentos de soledad y por la compañía de
sus coetáneos. Busca una imagen que le sirva
de guía, que puede ser una persona cercana,
como un profesor a algún pariente mayor que
él, una figura famosa o algún líder, con la que
se identifica y a la que toma como punto de
referencia.
El adolescente trata de separarse de sus
padres para edificar su propia identidad, y por
ello rechaza de entrada muchas de las
imposiciones o reglas establecidas por sus
padres. Es el momento de separarse, para
poder volver a acercarse, después, desde otra
perspectiva.

El adolescente intenta alejarse de los padres
para verlos como individuos independientes de él
mismo, y crear entonces una identidad propia y
autónoma, sin que esto implique rechazar a los
progenitores.

Esto no quiere decir que el adolescente
propiamente dicho o el niño no tengan una
identidad; sí la tienen, pero en este periodo se
reafirma, se redefine y reestructura. En el
proceso, el joven adopta identidades
transitorias, ocasionales y circunstanciales
[Aberasturi y Knobel 1996]; esto significa que

a ratos ejerce una postura muy adulta, o muy
infantil, segura o seductora, y después la
cambia por otra quizá totalmente distinta,
dependiendo de las circunstancias. Esto forma
parte,

justamente,

de

la

identidad
adolescente. El objetivo final, según Erikson
[citado en Aberasturi y Knobel 1996], es
conseguir una estructura estable y continua,
que permita los cambios y el dinamismo, y
que así se conserve.
Conforme se alcanza la madurez, el
distanciamiento de la familia se va haciendo
menos marcado, y la convivencia con los
padres se restablece, aunque distinta de la
que se tenía en la niñez. Por supuesto, esto
depende del tipo de relación existente entre
padres e hijos. También hay que tener claro
que cada individuo vive este proceso de
manera distinta y que en algunos la rebeldía y
el reto se manifiestan mucho más que en
otros; en cuanto a las diferencias entre los
padres e hijos o entre docentes y alumnos no
hay regla; pueden ser bastante llevaderas, o,
por el contrario, motivo de distanciamiento,
pleitos y discusiones constantes.
Cuando ya ha logrado integrar su propia
identidad, el joven adquiere mayor capacidad
para fijarse metas reales, establecer
relaciones íntimas, aceptar su propia imagen
corporal y diferenciarse de su grupo de
compañeros. Mientras lo logra, el adolescente
tiende a fantasear y a intelectualizar, tal vez
como una manera de controlar y dar sentido a
lo que le sucede; asimismo, como parte del
proceso en curso, el grupo de amigos
adquiere para él vital importancia y se
convierte en el centro de su atención.

EL GRUPO

La socialización es un proceso de aprendizaje
y adaptación a las normas y expectativas
sociales, y su importancia en esta etapa es
decisiva. Una buena socialización y los
sentimientos de adecuación que se logren en
este periodo repercutirán directamente en la
vida futura del individuo.
El adolescente y las personas que lo rodean
son conscientes de la necesidad de cambiar
las conductas y las actitudes. El joven se da
cuenta de qué reacciones y conductas son las
que le generan mayor éxito social y una
sensación de adecuación y conformidad
consigo mismo, y cuáles son las que alejan a
sus semejantes. No siempre es sencillo
manejar esto pues, en ocasiones, aunque se
tenga una idea de lo socialmente esperado, no
se cuenta con las herramientas necesarias

33

para cumplir las expectativas. Otras veces los
caminos que llevan al reconocimiento de los
demás no son congruentes con la persona y le
causan conflicto. Si bien uno puede advertir,
por ejemplo, que se consigue popularidad
siendo extrovertido, no siempre se logra
vencer la timidez; quizá también se sepa que
está bien visto salir con muchas personas del
otro sexo, sin embargo, tal vez a uno no le
entusiasme la idea.
Como ya se ha dicho, la nueva condición que
ofrece el aspecto del cuerpo casi adulto, entre
otros factores, despierta el interés por el sexo
complementario y la preocupación por parecer
atractivo para éste. El adolescente se esmera
en resaltar las características que podrían
llamar la atención y se dan las primeras
aproximaciones a personas del otro sexo, con
la ayuda y la contención del grupo. El grupo
se transforma en una identidad sumamente
importante en la cual el adolescente encuentra
seguridad y estimación personal. En el grupo
se observa un fenómeno de identificación muy
fuerte en el que parecería que todos son
iguales, que no toleran la diferencia y que se
trata de una entidad indivisible. El adolescente
se vuelve dependiente del grupo de amigos y
transfiere el bienestar que antes sentía en su
familia a esta nueva entidad tan importante
para él. Sentirse aceptado por un grupo
externo a su núcleo familiar lo motiva a
independizarse y le da mayor seguridad. El
grupo se transforma en su continente, pues,
desde un punto de vista social, el adolescente
necesita imperiosamente pertenecer a un
clan. Los adolescentes comparten situaciones
y tienen preocupaciones comunes; y hacen
ensayos de relación, independencia e
individuación, en un marco que les da la
seguridad de pertenencia, ya que todos ellos
están pasando más o menos por la misma
situación. Dentro del clan de amigos, el
adolescente puede expresar muy libremente
sus ambivalencias, temores y antagonismos.
Esto se observa muy claramente cuando se
dan los primeros galanteos; veamos un
ejemplo. Mariana y Pedro se gustan, pero no
se lo dicen directamente el uno al otro. Lo
comentan con sus amigos o amigas, quienes
se encargan de que el otro se entere. Se
supone que ella no debe saber que él lo sabe,
y viceversa. Los amigos insisten en que
Mariana es una chica atractiva y que haría
bien en salir con ella, y a Mariana le dirán
cosas similares que la alienten. Todo está
preparado y lo más seguro es que ambos
acepten. Quizá planeen una salida en grupo,
durante la cual los camaradas buscarán el
momento de dejarlos solos, incitándolos a que
hablen del tema y establezcan una relación.

La presencia cercana del grupo, sus consejos
y comentarios tienen una función importante.
A los jóvenes les resulta mucho más sencillo
acercarse a la otra persona de esta manera
que por iniciativa propia.
La socialización con el grupo puede ser un
aspecto muy positivo, pues permite que se
hagan los primeros ensayos de nuevas
situaciones; sin embargo, en ese afán
imperioso de sentirse parte de algo, el joven
puede restringir su expresión personal, actuar
de manera estereotipada y emprender
conductas con las cuales no necesariamente
está de acuerdo. Utilizando el mismo ejemplo,
sería posible que a Mariana no le gustara
Pedro y, sin embargo, por la insistencia de sus
amigas y por la presión que siente, acceda a
salir con él sin que realmente lo desee; esto le
dejaría sensaciones desagradables, de
incomodidad e impotencia. A veces es tanta la
presión que se ejerce sobre el individuo que
busca seguridad y pertenencia, que éste
prefiere renunciar a sus propias convicciones
con tal de no estar solo.
Los grupos están tan herméticamente
cerrados que es casi imposible que un nuevo
miembro se pueda integrar; por ello limitan
las oportunidades de aprender cosas nuevas y
expresarse en la diversidad. Finalmente, los
grupos hacen que quienes no logran
pertenecer a ellos se sientan solos y
menospreciados. Es importante entonces
valorar con los jóvenes su individualidad, aun
cuando pertenezcan a un grupo.

Para ejemplificar con ellos la dinámica del grupo,
se pueden simular situaciones en las que un
muchacho intente pertenecer al grupo y los
demás le nieguen o condicionen la entrada.
También se puede hacer un ejercicio que
consiste en formar un círculo y establecer una
clave de entrada; la clave es el requisito que el
joven que desea ingresar debe satisfacer: bailar,
cantar algo en especial, hace algo, en fin, lo que
ellos decidan. Entonces, un joven que desconoce
la clave intenta entrar. Tiene que averiguar qué
hacer para no quedarse fuera. En ambos casos,
el ejercicio sirve para analizar cómo se sienten al
estar fuera, cómo al estar dentro, cuáles son las
diferencia, qué similitudes tiene esto con lo que
viven a diario y qué otras opciones hay.
Asimismo, éste es un buen momento para
reflexionar sobre lo que hace valiosa a una
persona y cómo ser diferentes nos enriquece y
no enseña nuevas cosas. Esto se relaciona
mucho con la autoestima y la seguridad en uno
mismo.

Los clanes de adolescentes crean sus propias
reglas, explícitas o implícitas, y todos los

34

integrantes deben cumplirlas para seguir
siendo aceptados.
En la primera etapa de la adolescencia, este
fenómeno se presenta de manera más abierta
y está claro que para pertenecer al grupo hay
que cumplir con ciertos requisitos y
condiciones, como pasar por un ritual o una
iniciación, y después mantenerse leal a lo
pactado. Existen restricciones, como no tratar
con cierto tipo de gente, manejar un lenguaje
específico y realizar algunas actividades.
Sobre todo en este momento, compartir con
un semejante los cambios corporales y
sociales que se experimentan cobra vital
importancia. Más adelante, esto ya no resulta
tan claro ni se acepta del mismo modo, pero
el joven sabe que tiene que cumplir con
ciertas características para poder convivir con
el grupo y acceder por este medio a un status,
a la práctica de algunas actividades y al éxito
con el sexo complementario. Si la necesidad
de aceptación del adolescente es muy grande
y su grupo exige, por ejemplo, conseguir
drogas para ser alguien importante, se puede
sentir presionado a hacerlo aunque en el
fondo no esté de acuerdo. Y lo mismo sucede
si se siente incómodo porque el resto de sus
amigos ya tuvieron experiencias sexuales y él
no.
Hurlock [1994] menciona que para el
adolescente

la

experiencia

de

ser
menospreciado o rechazado por sus coetáneos
puede ser muy deprimente, y ser aceptado o
elegido como líder puede ser una de las que
más lo enorgullezcan. La posición que ocupa
en el grupo está determinada por el grado de
aceptación que le conceden sus semejantes;
esto, a su vez, es el parámetro que utiliza
para medirse él mismo. Mantener la identidad
personal, aun dentro de esta fusión, es
indispensable.
Para que el individuo pueda negarse a cumplir
todas las reglas del grupo, que en ocasiones
llegan a ser humillantes, debe sentirse seguro
y confiado, tener claro que su valor como
persona va más allá de que satisfaga o no los
requisitos grupales y que tiene mucho más
que ofrecer.
La socialización con los camaradas es una de
las

principales

preocupaciones

del
adolescente; a menudo no se siente
preparado para ella. Los padres prefieren no
interferir mucho porque suponen que como el
muchacho está acostumbrado a convivir con
otros jóvenes y tiene amigos y actividades, no
necesita mayor ayuda al respecto ni es algo
que lo agobie. Los docentes pueden creer que
es algo íntimo de los jóvenes y que no se

relaciona con su asignatura, por lo que no les
corresponde intervenir. Es un hecho que lo
que el adolescente siente sobre este asunto es
algo íntimo y personal, pero le hace bien ser
escuchado, comprendido y alentado por
personas importantes para él, como lo son sus
padres y sus profesores. Una cosa es orientar
y apoyar y otra decirle al joven lo que debe
hacer.
Existen algunos aspectos que ayudan a tener
una socialización adecuada en la adolescencia
[Hurlock 1994]:
- Tener bases adecuadas desde la infancia que
permitan forjar un modelo de conducta
funcional. Haber tenido la oportunidad de
socializar adecuadamente en la infancia,
haber aprendido a respetar los límites de los
demás y expresar los propios límites y
necesidades.
- Tener un modelo positivo, un guía a una
imagen a seguir.
- Tener oportunidades de socializar, de
conocer gente y nuevos grupos de amigos.
Para que el joven pueda aprender a
socializar, es necesario que los padres se lo
permitan, que lo dejen salir con amigos de
ambos sexos y tener actividades con ellos.
- Saber que existen diferentes expectativas,
valores y visiones del mundo.
Esto facilita el respeto, el pensamiento
flexible, la tolerancia y la valoración de los
seres humanos más allá de los estereotipos.
La sexualidad y las actitudes hacia ella
también son algo que se moldea en la
socialización, y la pubertad y la adolescencia
son momentos decisivos para ello.
Las actitudes hacia la sexualidad son
particularmente vulnerables a los mensajes
que se envían en los medios masivos de
comunicación, y tienden a cumplir con
estereotipos que, a juicio de los adolescentes,
les darán mayor status dentro del grupo de
amigos y en el mundo adulto [McCary 1996].
Los adolescentes suelen atribuir mucho valor
a la atracción sexual, que les funciona como
un buen medio para ganar el reconocimiento
de los demás y sentirse así más seguros.
Según los mensajes que reciben, el hombre
alcanza el éxito y la aceptación por su
capacidad de seducción: cuanto mayor sea el
número de mujeres que logre conquistar,
mayor será su valor como hombre entre sus
semejantes, y también para algunas de las
personas mayores que lo rodean. Esta idea
puede convertirse en un valor social, y de
hecho existe como valor arraigado en algunos

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adultos, quienes siguen repitiendo estos
patrones en sus relaciones.
Por otro lado, siguiendo la misma pauta, la
mujer cree que adquiere más valor si es
sexualmente atractiva y si sus compañeras –a
veces también su propia madre- la admiran
por su capacidad de seducción. Al mismo
tiempo se espera que sepa detener la
conquista en el momento oportuno y que no
tenga conductas sexuales que puedan dañar
su reputación, haciéndola quedar como una
chica “fácil”.
Desde la infancia se aprende que la apariencia
física es un medio eficaz para que las mujeres
sean reconocidas, mientras que los hombres
destacan más por las actividades que realizan
y por sus habilidades corporales. Esta idea se
acentúa en la adolescencia, y a veces perdura
toda la vida. La adopción de estas ideas está
estrechamente relacionada con la socialización
de la sexualidad y con los resultados que se
obtienen al presentar ciertas conductas.
Si ya de por sí en este periodo del desarrollo
se le da gran importancia al aspecto físico, a
partir de estas premisas sobre el
reconocimiento y el éxito, este factor se
vuelve primordial. Frecuentemente las jóvenes
se obsesionan por estar esbeltas y a la moda
y por lucir atractivas, muchas veces no sólo
para los hombres sino para sus mismas
compañeras, entre quienes la competencia por
la aceptación se hace evidente.
Asimismo, la necesidad de demostrar a los
demás que se es capaz se centra muchas
veces en la capacidad de seducción, ya sea
por la apariencia o por las habilidades físicas,
como la fuerza o la destreza. Aunque todos
estos aspectos pueden formar parte de un
desarrollo normal, también pueden generar
sentimientos de inadecuación e inseguridad en
quienes no cumplen por completo con los
parámetros exigidos para ser aceptados en el
grupo de amigos.

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