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La familia ante la enfermedad y la muerte, una visión global.

La familia ante la enfermedad y la muerte, una visión global.

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Tesina de Diplomado en Tanatología, de acuerdo a la vision interna de la autora.
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“Algunas veces, los padres tienen que presenciar la enfermedad o sufrimiento y la consecuente muerte de los hijos a
quienes dieron la vida. Y esos padres tienen que seguir viviendo”.

Nancy O’connor. Escritora. 1929

LA MUERTE DE UN HIJO es considerada como el dolor más devastador en la vida de un ser
humano, el más catastrófico que se pueda experimentar. Es un sufrimiento intenso, inmenso. La
noticia recibida de la muerte de un hijo se puede considerar como una acometida mental y
emocional compara con una explosión dentro del cuerpo, con descargas incontrolables de
hormonas que circulan por la corriente sanguínea e ideas encontradas y confusas que laceran la
mente conduciéndola a un desgaste físico y psíquico extremado.

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Quienes han pasado por tan dolorosa pérdida, más allá de la causa que la produjo - enfermedad,
accidente, homicidio suicidio - suele decirse que la muerte de un hijo pone punto final y que con
ella mueren los proyectos, los sueños que se tenían con él, que es un contrasentido de la vida.
A veces la sociedad condena a las madres a no sanarse, al creer que la pérdida de un hijo es una
herida que no curará nunca. Y es un tremendo error. Es un estigma social que estanca a los padres,
que no les permiten cumplir las tareas del duelo y, por ende, le dificulta superarlo. Si bien es uno
de los dolores más profundos del alma humana, tampoco debe ser una pena eterna. Así también la
muerte es parte del ciclo vital de la familia, ni siquiera un niño que comienza a vivir está a salvo
de fallecer. La sociedad nos dice que es antinatura, pero en rigor es una posibilidad que en algún
momento se puede experimentar. En esta etapa se incluyen las experiencias más fuertes, como los
rituales de la despedida del funeral.

Ante la experiencia de muerte de un hijo sólo hay dos opciones: quedar para siempre anclado
en el dolor o decidirse a atravesarlo con la esperanza de renacer, buscando que esa muerte no sea
inútil, hallándole un sentido.

La tarea de Tanatólogo es ayudar a los padres y la familia para su comprensión de este proceso.
No obstante que el shock y el aturdimiento eventualmente pasarán, los sentimientos de ira,
culpabilidad y tristeza continuarán presentándose en episodios durante los meses posteriores al
fallecimiento; no existe un plazo definido para llorar la pérdida de un hijo y en general, el dolor
dura más tiempo que lo que nuestra cultura podría esperar.

En ocasiones los padres dolientes pueden intentar apaciguar su ira mediante el uso de fármacos
o alcohol. Además del peligro potencial de convertirse en fármaco-dependientes, los
medicamentos y el alcohol retardan la recuperación por el duelo y además pueden causar un
aumento en los estados depresivos.

Nuestra cultura restringe manifestaciones de dolor y especialmente las de padres dolientes; no
se debe reprimir el deseo de llorar, incluso en los momentos y sitios más inesperados.
Experimentar el sufrimiento y la tristeza por la pérdida del hijo es tarea a cumplir en el duelo. Es
legítimo sentir rabia, pena e impotencia. No es masoquista experimentar esos sentimientos. Son

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emociones muy fuertes y, por períodos, parecen que nos superan, pero aún así es necesario
experimentarlas. Y así cada una de las fases del duelo puede ser superada con la ayuda de otros.
En un momento llega el anhelo de cambio, no de un cambio material sino de una transformación
interior, un afán de crecimiento íntimo y profundo.

Es de suma importancia posponer la toma de decisiones hasta que se esté capacitado para
manejarla cuando menos dos meses posteriores a la muerte, como por ejemplo: saber que hacer
con las pertenencias del hijo, mudarse de casa, etcétera.
En esta situación de pérdida, incluso se puede llegar a cuestionar la fe y su sanidad misma, estas
reacciones son normales. El duelo de perder un hijo en algún momento culmina y es entonces
cuando los padres dejan de sufrir, encuentra un nuevo sentido de vida y hasta pueden lograr una
conexión espiritual con el hijo perdido que trasciende a lo físico.

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