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VALORES SOCIALES

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Publicado porAlberto Celarie
Materia: Existencia y Valores. Univ La Salle, Cancun, México
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LOS VALORES SOCIALES

J. Dacal “… la crisis es algo permanente en el devenir histórico y no es otra cosa que el cambio o movimiento…” Introducción Las épocas de crisis son propicias para reflexionar y buscar reorientar el rumbo. La reordenación o reorientación en la dirección de la vida en todos sus niveles supone dos premisas. La primera, que la crisis es algo permanente en el devenir histórico y no es otra cosa que el cambio o movimiento; cuando este cambo es súbito y no podemos adaptarnos o comprenderlo hablamos de crisis, por no decir de inseguridad o pérdida del camino. Vinculada a la anterior la segunda es un rechazo, ocultamiento, olvido o sustitución de una escala de valores por otros que no acaban de ser establecidos para proseguirla marcha confiadamente. Aquí es pertinente examinar los valores que definen la vida social y que de alguna manera se proyectan en lo económico-político y por ende la historia como estructura que contiene en espacio y tiempo anteriores. La historia recoge en tonos dramáticos el fluir de lo social y personal, como expresión de una tabla axiológica no siempre explícita a todos. Las acciones gubernamentales como las privadas se enmarcan y se basan en lo social como su elemento primario y natural. Toda conducta, plan, programa,
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norma, obligación o derecho supone como materia prima lo social. Entonces es conveniente analizar qué es lo que caracteriza desde el punto de vista axiológico a la estructura social, ya que esto permitirá orientar mejor las acciones de todos los elementos concurrentes en el complejo todo que llamamos sociedad. Si tomamos como definición del valor que éste es una relación o vínculo que establecen las personas y las colectividades entre un ideal o marco de orientación reguladora; y por otro, entre el ser o naturaleza de las cosas, eso significa que los valores además de lo bueno o positivo y un decrecer o disminución de lo malo y negativo. El problema más grave en estos momentos en la vida social no es la crisis, ella es el efecto de algo más profundo y esto no es otra cosa que el desorden o desorganización moral y material. La economía y otros fenómenos lo reflejan elocuentemente, es decir, predomina el aspecto negativo, la carencia o desarticulación entre las partes (las personas) y el todo (la sociedad). El eje axiológico está torcido, falta la visión y perspectiva de las situaciones para dirigirlos a fines legítimos. Los valores sociales La organización

Se puede preguntar: ¿Cuál es el contenido del eje axiológico de la sociedad? El valor central o nuclear de la estructura social es la organización o el orden. En otras palabras la estructura social no se concibe sin el sentido de la organización, y esto implica que los elementos, órganos o partes de la sociedad se ordenen, integren y jerarquicen debidamente. Organizar es colocar elementos diversos conforme a su naturaleza basándose en reglas. Organizar es sujetar a leyes muy complejas, no sólo jurídicas y administrativas a todos los integrantes de la sociedad para generar por un lado interdependencia y por otro libertad. Por tanto organizar se nexa íntimamente a orden o conveniente disposición de las partes de un todo. Organizar conlleva la noción de meta o finalidad de un plan o destino de quehacer que forzosamente remite a valores y normas éticas. De aquí la interrelación moral entre la sociedad, política e historia, aunque no se quiera. La posibilidad de la guerra aniquiladora lo revela a conciencia menos ilustrada. Organizar es entonces el valor social por excelencia que recorre de abajo hacia arriba todos los componentes atómicos o celulares; persona, familia, barrio, municipio, escuela, fábrica, asociaciones intermedias (civiles, sindicales, campesinas, deportivas, culturales, comerciales, industriales, de servicios, profesionales, bancos, gremios), hasta llegar al Estado y organizaciones internacionales.

El campo de lo social comporta lo personal y lo socioestatal en debido equilibrio so pena de caer en el individualismo egoísta o en el colectivismo totalitario y opresor. Lo anterior significa que todos esos organismos que en su relación forma parte de una totalidad, que se ven forzados a deslindar conforme a su ser o naturaleza: obligaciones, derechos, funciones, tareas, metas, reglas de administración instructivos prácticos para alcanzar sus objetivos. Ante todo a ejercitar la crítica y la autocrítica serenas e ilustradas, a mantenerse y rectificar cuando sea necesario; pues de lo contrario se cae en la desorganización. Para corregir reorientar a la sociedad es indispensable que ésta haga examen de cómo actúa y ver que tan capaz es de ordenarse sin tendencias disolventes u opresoras. Organizar es estructurar conforme a principios éticos y la naturaleza de las cosas a personas, caso y servicios en orden al bien común. Habíamos dicho que la organización es el valor clave en la vida social o de relación. Existen otros vinculados y complementarios del anterior formando la red axiológica de la sociedad. La cooperación Cooperar es uno de estos valores. El verbo alude a obrar conjuntamente con otros para un mismo fin. El valor de la cooperación enlaza con otros similares
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como la coordinación o relación que se establece entre los diversos componentes de la sociedad para alcanzar un propósito. Lograr el valor de la cooperación social implica que las personas participen o coparticipen en la medida de lo posible en las tareas asignadas o proyectos de trabajo común. Es difícil desligar el interés propiamente individual del social. No obstante, se nexan y gracias a las actitudes de cooperación o participación es como los individuos superan tendencias disolventes o de exclusivo y a la postre injusto beneficio. La buena marcha de la sociedad, la observancia de las leyes, la administración pública, la producción y distribución de bienes, se apoyan en la aceptación y desarrollo del valor cooperación; de lo contrario, planes y programas por sencillos o elaborados en el orden personal, municipal, estatal, nacional o del ámbito laboral, cívico-político, resultarán limitados por falta del sentido de colaboración entre los miembros de la sociedad. La cooperación se relaciona entonces con otros dos valores indispensables, como la solidaridad y la disponibilidad o actitud de servicio. La solidaridad es la adhesión permanente o circunstancial, manifestada en obligaciones y derechos en la cusa de otros. Asume modalidades diversas tanto en lo relativo a suscribir opiniones, como a participar en empresas, proyectos, que exigen una vinculación más estrecha, atendiendo a las bondades del propósito o meta a obtener. La
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disponibilidad alude al estado de ánimo, a la voluntad e inteligencia que se predisponen al cumplimiento de cualquier tarea lícita, reconociendo la legitimidad y validez de actuar en consecuencia. Gracias a ella se combaten las actitudes perezosas, negativas, rutinarias, indiferencias, apáticas o desaprensivas, tan recuentes en la vida social y siempre perjudiciales. Las constantes excitativas dirigidas a los integrantes de una comunidad para desarrollar la solidaridad y disponibilidad no sólo tropiezan contra el egoísmo natural, sino con la falta de información y orientación que hagan ver las riquezas y posibilidades de convivencia y beneficio que encierran las conductas coordinadas. Las actitudes insolidarias o de indisponibilidad en la vida ordinaria obstaculizan no sólo la organización, sino que hacen descender la calidad y oportunidad de bienes o servicios, sean a nivel público o privado. En consecuencia, aparece el papeleo, el burocratismo, los malos modos y tratos para quienes legítimamente solicitan un bien o un servicio. Insolidaridad e indisponibilidad hacen que cada quien atienda a su particular y dudoso derecho o beneficio en detrimento de los demás. Por esta razón, la escuela, el hospital, la empresa, el taller, la oficina pública o privada marchan deficientemente. Se olvida o se relegan organización, cooperación, solidaridad y disponibilidad de servicio, valores que proyectan y enriquecen la sociabilidad espontánea de los hombres.

No siempre discurren por canales apropiados esos valores. No se busca plasmarlos realmente, se anuncian y no se viven. Las sociedades actuales se perciben como deshumanizadas en muchas facetas de su quehacer. Hoy, más que nunca, se habla de comunicación y solidaridad entre los hombres, pero también se corrobora lo contrario. La razón es que si bien la asociación y sociabilidad son connaturales al ser humano, estas tendencias necesitan ser estimuladas y desarrolladas por una constelación de valores que a final de cuentas generan realmente los bienes sociales. Si una sociedad se juzga por los diversos bienes que posee, éstos en gran medida derivan de la capacidad de una previa actitud para reconocer lo valioso y esto, a su vez, como condición para la acción cotidiana. La organización, valor nuclear de lo social, necesita complementarse con los de solidaridad, cooperación y actitud de servicio, por cuanto éstos, si bien poseen características propias, no son componentes aislados. En la medida en que no son aceptados, buscados y realizados, impiden el crecimiento humano y engendran las actitudes opuestas. La función En la vida social existe el valor de la función. Incluso en la ciencia sociológica existe una corriente de análisis llamada funcionalismo. La mayor objeción que
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se formula a esta posición radica en que los individuos pueden ser estimulados o desestimulados a realizar una tarea por mecanismos de publicidad o técnicas diversas cuyos fines no siempre responden a objetivos legítimos o válidos éticamente y la persona se subroga a funciones no valiosas. Con independencia de lo anterior, la función se extiende como el ejercicio de un órgano o aparato de un ser vivo. Por extensión se considera el desempeño de un trabajo o actividad en el contexto social. Por eso la función es un valor, en la medida que permite a todos y cada uno de los integrantes de una sociedad cumplir con la tarea asignada, sea un oficio, profesión, capacitación o lo designado genéricamente como trabajo. Incluso los estudiantes realizan la función de aprender un futuro trabajo. La función es un valor de medio o instrumental que permitirá lograr otros como el de organización y servicio a los demás en la vida social. Gracias a la función, las actividades humanas se articulan y estructuran con diversos objetivos facilitando la generación de toda clase de bienes, recursos o servicios al grupo social. Para alcanzar este valor intermediario entre otros más elevados, el sujeto individual tiene que entender y aceptar críticamente el papel o tarea que desempeñará ante y con la sociedad. Se dice críticamente porque la persona tendrá que entender la importancia de su quehacer a fin de no tomarlo como fatalidad ciega y

dolorosa, sino como un instrumento para el desarrollo socio-personal. La función podrá realizarse mejor y se orientará a la verdadera vocación, evitando al máximo los efectos de la manipulación y publicidad ideologizantes que tanto distorsionan la vida social. La ejecución de una función con eficacia, no significa que el individuo se vuelva conformista, rutinario o carente de reflexión crítica, por el contrario permitirá la praxis en lo posible para el cambio. La función es correlativa al trabajo, lo hace operativo, facilita programas, planes y controles, jerarquizados en un hacer eficaz de las partes del todo. La oportunidad Es un valor social y tiene por fundamento la aspiración a una relativa igualad entre los miembros de la sociedad. Es más enunciado que alcanzado. En principio significa que todos los integrantes se encontrarán en similares condiciones para ejercer derechos o cumplir obligaciones, o en circunstancias equilibradas de alcanzar metas conforme capacidades y vocación. Cuanto más justa es una sociedad más cultiva el valor instrumental de la oportunidad. En contrapartida se alzan los privilegios, marginaciones y desigualdades de todo tipo. La movilidad Es un valor de la estructura social. Implica capacidad de una comunidad para encauzar la la
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dinámica de los estratos, asociaciones y clases sociales hacia metas de constante superación en todos los ámbitos, en particular el económico, cultural y político, es decir, las personas no quedan inmovilizadas o petrificadas en un determinado “status”, casi siempre fijado por el nacimiento o la situación económica familiar. Este valor instrumental de la movilidad enlaza con su correlativo de la oportunidad; y a su vez se nexa con el de transformación de las condiciones de vida material y espiritual hacia metas más elevadas, esto es de cambio y adaptación a nuevas realidades. La transformación puede ser de manera evolutiva, más o menos lenta pero segura, mediante reformas; o por el contrario de manera brusca, imprevista o desordenada con ímpetu destructor de difícil reconstrucción como el proceso revolucionario. Es frecuente que en la vida social se pierdan de vista por gobernantes y gobernados los valores de oportunidad, movilidad, transformación, cambio y adaptabilidad para que las contradicciones y problemas se resuelvan por revoluciones cruentas. La misma naturaleza de la estructura social exige en su dinámica interna un estado de alerta o de razonable previsibilidad de los órganos políticos para orientar y dirigir sus componentes humanos a situaciones flexibles, justas y articuladas que canalicen las legítimas aspiraciones, de lo contrario se exponen a fracturas o rupturas dolorosas la vida social.

La sociedad es la unión real de varias personas que se proponen determinados fines bajo la dirección o conducción de una autoridad. En toda sociedad puede distinguirse el componente material (las personas) y el elemento formal (la unión o vínculo de fines) en integración de voluntades e inteligencias coordinadas a obtener satisfacción apropiada de necesidades. Las sociedades se dividen en naturales y convencionales, según se deriven de necesidades esenciales de la naturaleza humana o de otros intereses ordenados por la libre disposición de las personas. Así, surgen de manera fundamental dos estructuras generadoras de valores sociales: la familia y las asociaciones. La familia Es la organización primaria o celular y cause de la aparición de los primeros valores sociales. Es de carácter eminentemente ético, implica la unión de la mujer y el varón para diferentes fines: procreación de los hijos, la educación de ellos y ayuda en todos sentidos de la pareja. La familia, en su origen, no es solamente la unión moral y más tarde jurídica, sino en sí misma generadora inicial de valores en general. Conlleva, aparte de su naturalidad, constancia o permanencia de quienes la integran para el logro de fines. Es comunidad nacida de libre opción de quienes la fundan y se apoya en el amor, afecto, amistad y confianza mutua de sus miembros.
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Se discute bastante si la nación se determina por la raza, la historia, las tradiciones o el medio físico. De hecho es realidad social sustentada en un lazo ético expreso o táctico de vivir en común para lograr metas diversas y cuya base es una lengua y cultura en común. Muchos de los ideales de la nación se protegen jurídicamente en las constituciones políticas. El ser miembro de una nación permite a la persona desarrollar una serie de posibilidades que asumen la modalidad de creativas y restrictivas, según promuevan el crecimiento o bien obstaculicen el surgimiento de otros valores. La nación es sostén de la vida de un país e implica la asimilación de los rasgos plurales de todo contexto-humano. Vinculada a la nación se encuentra la patria, valor social, apoyado en la dimensión emotiva del hombre. Se entiende la patria como la tierra de los padres, de los que anteceden y preceden en el tiempo y espacio y donde todos se identifican en ideales, sufrimientos padecidos y alentadoras esperanzas. Conocer, respetar y amar a quienes han establecido y sostenido un lugar para vivir generando toda clase de bienes, es un sentimiento connatural a los hombres y pueblos de todas las épocas. El valor patria no sólo enraíza en el espacio, sino que lo trasciende a las dimensiones espirituales e intemporales. Es imagen y estímulo de identidad y acicate para la lucha. La patria se considera como el ámbito físico llamado tierra que nos entrega diversos dones para vivir; es

también el hogar que protege y donde descansan los muertos. La patria se compara a una fecunda madre que representa los mejores tesoros. Por eso habla al corazón más que a la razón. No se discute, se vive y siente en lo más íntimo del alma. Es la patria vehículo de impulsos profundos para la acción histórica, que mira tanto al pasado, al presente como al futuro, al hundir sus raíces en el instinto, los hábitos, fuerzas bilógicas y psico-espirituales. Implica gratitud y servicio. Las tendencias extremas de nuestros días tienden a disolver la idea de patria es un falso internacionalismo o por el contrario es una exaltación nacionalista. Ambas actitudes son equivocadas y provocan contravalores, entre ellos la desintegración social, al quedar los individuos probados de referencia a instancias más altas como la patria y la nación. Conceptos que se nutren de la vida diaria de millones de personas en un destino común, valor de identidad y esperanzas es un futuro mejor. Otro valor social es la autoridad y se comprende fácilmente que no puede existir grupo humano sin autoridad, entendiendo a ésta como la que da unidad al conglomerado social, dirigiéndolo a un fin, mediante normas diversas que establecen obligaciones y derechos. A lo largo de la historia sólo los anarquistas combaten a la autoridad, aun así, sería necesario profundizar para saber si todo tipo de autoridad, lo rechazan. El problema es averiguar de dónde deriva la legitimidad
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de la autoridad. No es fácil justificar la cadena legal de la legitimidad de la autoridad, en particular en política. En otros campos: familiar, laboral, social, etc., es más sencillo. Sin embargo, la aquiescencia mayoritaria puede convalidar estas irregularidades. La autoridad no es contraria a la libertad, en la medida que ésta no es un derecho absoluto y se somete a la ley. A su vez la ley moral y jurídica son el correlato del ejercicio de la autoridad legítima que buscará ordenar los intereses encontrados de los individuos hacia un equilibrio en la justicia, la autoridad es fuerza y ejercicio de poder dentro de la ley. Justicia, consejo, prudencia y equidad deben acompañar todo acto de autoridad, sea política, eclesial o social. Lo contrario es abuso y autoritarismo y a la postre engendra incumplimiento, desobediencia y hasta violencia. El trabajo El trabajo es un valor de la vida comunitaria de los hombres. Se puede entender como actividad expresada en una serie de movimientos físicos y otros más complejos de carácter interno, cuya naturaleza es volitiva, emotiva y racional, lo cual se proyecta hacia fuera e integran factores, internos y externos en una acción denominada genéricamente trabajo. Mediante el trabajo se producen modificaciones de orden material y espiritual, cuya finalidad es otorgar

cumplida satisfacción a las necesidades a través de la realización de un bien, la ejecución de un servicio o ambas cosas. El trabajo es social por naturaleza y la propia condición humana lo exige. La dicotomía, trabajo social frente a trabajo individual resulta falsa. La persona que trabaja no parte de cero, aprovecha y utiliza los aportes que históricamente se han alcanzado para un mejor desempeño del trabajo: ciencia, tecnología y cultura en general. El trabajo selló el estatuto existencial de la persona y el perfil de una sociedad, por cuanto es medio para el desarrollo. Por eso la urgencia de regularlo jurídicamente y de buscar los mecanismos para la mejor redistribución de los bienes que otorga a la colectividad. En la medida en que el trabajo se ha visto como medio de realización y no como fin último del hombre perderá buena parte de su carga enajenante. El capital Vinculado con el trabajo encontramos otro valor social: el capital. Se puede entender como un conjunto de bienes dirigidos más a la producción que al consumo. El capital es tan antiguo como el hombre, si bien al igual que éste cambia y en su origen es resultado de un sobresfuerzo físico y mental para allegarse recursos más eficaces en la satisfacción de necesidades. El no consumir todo lo que se produce es un ahorro generador de capital en beneficio de todos, en la medida en que se puedan crear fuentes de trabajo. Sin embargo, cuando el capital se hace más productivo o
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bien obtiene más intereses, gracias al trabajo de muchos individuos, la ganancia del empresario que los contrata acumula más y más capital y tiende a convertirse en instrumento de dominio y esto es propiamente el capitalismo, es decir la hipertrofia de uno de los factores de la producción a costa del bienestar de la colectividad. En ningún país puede prescindir del uso y la acumulación del capital, de allí la necesidad de que el Estado intervenga en su regulación para proteger a trabajadores, consumidores, usuarios y al propio inversionista, quien deberá cumplir con sus obligaciones sociales en su calidad de agente concurrente al proceso productivo. El peligro mayor en la acumulación del capital lo representan las empresas transnacionales con un poder de acción que supera al de muchos estados. La regulación del capital puede ser en términos generales entendida como, insuficiente, equilibrada y expropiatoria. A cada una de estas modalidades corresponde un tipo de sociedad políticoeconómica: liberal, solidaria y socialista, en ocasiones llamada comunismo, si bien en las tres caben matrices teórico-prácticos. El capital sufre depreciaciones físicas, económicas e incluso jurídicas, que buscan ser compensadas mediante el ahorro, el trabajo y en ocasiones las tasas de interés. En este último caso la aplicación origina problemas de contracción económica o estímulo, según que el capital tenga función de crecimiento o

monetarista. No se puede asimilar el capital a la riqueza. Esta última es un conjunto de bienes tanto naturales como creados por la sociedad y que abarca los aspectos materiales y espirituales, lo que se llama patrimonio nacional. No siempre la riqueza real o potencial es apta para resolver los problemas de una sociedad, se requiere conjuntar las voluntades, metas y recursos variados. La empresa La empresa es la acción de uno o varios individuos que conjuntan elementos de la naturaleza, el trabajo y el capital para producir un bien o prestar un servicio. En la actualidad se le llama organización que espera un beneficio, como el capital, un interés, el trabajo un salario, o la tierra (naturaleza) una renta. El estímulo a la iniciativa de los individuos que constituyen una empresa parece ser un valor indiscutible en nuestro tiempo. Sin embargo, con todo lo positivo de la empresa para el bienestar social requiere en nombre de ese mismo bienestar ser regulada para evitar excesos y abusos que redunden en perjuicio de todos y que predisponen a externos colectivistas expropiatorios, cuya contrapartida es el capitalismo acumulativo, explotador y enajenante. Llegamos al término de este artículo dedicado a reflexionar alrededor de algunos elementos de referencia y orientación para la acción humana que genéricamente se llaman valores sociales y a los
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cuales se alude constantemente en diversos tipos de discursos, principalmente políticos y económicos. Estos valores constituyen un amplio complemento a la conducta ética de las personas y al desarrollo de la vida. Lo anterior significa que la persona es unidad con derechos, obligaciones y vocación intransferibles, si bien, no podrá ejercer los primeros, cumplir las segundas y realizar la última como legítima aspiración si la comunidad no la auxilia y promueve. Será en el contexto social donde se encuentran las posibilidades positivas o negativas para el surgimiento de los diversos valores. La sociedad como realidad que en alguna medida precede y sobrevive a la unidad personal, contiene una serie de valores que le permiten integrar y relacionar conforme a fines a todos sus componentes. Para la sociedad son valores fundamentales: familia, trabajo, capital, organización, etc., medios para orientar a la persona. El peligro es caer en el conductismo o condicionamiento del grupo hacia el individuo. No obstante la existencia de valores sociales es patente para un mediano observador. La comunidad pone o suprime a nuestra consideración factores a fin de promover o desviar el surgimiento de valores. Por eso el otro peligro es el individualizar que desprecia las aportaciones del grupo social. Uno de los valores sociales de mayor alcance lo constituye la asociación profesional, en ocasiones

llamada sindicato. Consiste en el agrupamiento de varias personas para la defensa y desarrollo de intereses múltiples de carácter económico, previsión y protección ante riesgos de orden natural y social a fin de garantizar una satisfacción adecuada de las necesidades de la persona humana. Las asociaciones profesionales reciben diferentes denominaciones: cooperativas, mutualidades, agrupación de oficios y sindicatos. En el fondo se entiende la reunión de varias personas que conjugan esfuerzos para laborar en las condiciones más apropiadas, obteniendo prestaciones que les permiten resolver con cierta holgura las eventualidades que el simple acto de vivir depara: enfermedades, necesidad de vivienda, de alimentos, esparcimiento, pensiones por cesantía, viudez, senectud, muerte que lógicamente producen desorden en la vida social y a las cuales deberá hacerse frente con recursos apropiados. En la vida actual las asociaciones profesionales, en especial las formadas por obreros y empleados alcanzan mayor proyección e incluso tienden a convertirse en fuerza política. Su organización y funcionamiento esencialmente debe buscar dentro de una actitud solidaria la solución a problemas de los miembros que la integran. Las asociaciones profesionales son medios para grandes cambios socioeconómicos y su operatividad depende del avance científico, técnico, político y del
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esfuerzo por integrar cooperación social.

voluntades

al

logro

de

la

Por último cultura y educación son otro par de grandes valores sociales. La primera como la gran manifestación del quehacer del hombre a lo largo del tiempo y el espacio para resolver sus urgentes necesidades. Expresa en múltiples formas la concreta respuesta de la sociedad en el descubrimiento y realización de valores, buscando la unión e identidad de las personas dentro de un ámbito específico. Gracias a la capacidad de comunicación, el lenguaje desarrolla el mundo espiritual y material que constituye la cultura como logro de todos. La educación es a su vez el medio de todo grupo humano para conservar, transmitir y acrecentar los valores de la cultura mediante el proceso de enseñanza y aprendizaje de estos valores-fines o de valores-medios, unidos en el mismo propósito: obtener la mayor plenitud del hombre.

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