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CRISIS CONTEMPORÁNEA DE LA FAMLIA

<P>No sé si sería un error pensar que la institución familiar está


verdaderamente en crisis por una relajación de la educación en valores,
pero no sería descabellado hacerlo si se argumenta que desde que el
hombre deja de priorizar en la formación continuada, como cosa elemental,
en valores, la familia decae como unidad y según algunos autores, se
precipita hacia la desintegración. Se tambalea su estructura y el tipo de
relaciones humanas que en ella se dan están altamente deterioradas. Todos
conocemos familias que menos FAMILIA puede llamarse cualquier cosa.
Ya está bien que cojamos el toro por los cuernos y afrontemos el problema
conociéndolo desde la base para poder actuar con seriedad y desde el
aspecto más positivo para elevar a la altura que se merece esta institución
tan antigua como el hombre y descubrirla como el valor en alza que debe
ser. Obviamente influyen diversos factores en esta crisis, que, aun siendo
positiva, es totalmente real.</P>

<p>En esta sociedad progresivamente laica, el matrimonio no es más


que, en general, un simple contrato, por lo que la unión entre hombre y
mujer no puede garantizar su amor “de por vida”, así que cuando éste acaba
la mejor solución, parece, es la de separarse y en la mayor parte de los
casos los hijos son los mayores perjudicados. Por otro lado está la
progresiva liberación de la mujer, que de estar supeditada al marido, ha ido
incorporándose poco a poco al mundo laboral, permitiéndole una
independencia económica, en casos, con lo que enriquece sus relaciones
humanas, pero no favorece la unión conyugal. Al mismo tiempo que se
incorpora a este mundo laboral, la liberación femenina hace que acceda a
titulaciones superiores, poniendo estos hechos a la mujer cada vez más en
un plano de igualdad respecto al varón y en muchas ocasiones, de
superioridad. Ahora exige más y su psicología femenina ha evolucionado
hacia niveles de mayor altura racional, lo que quizás haga que esta tensión
entre la vieja estructura patriarcal y la, cada vez, mayor liberación (ya era
hora), sea una de las raíces fundamentales del problema de la crisis de la
pareja, del matrimonio y de la familia. Es difícil para el hombre aceptar
esta situación relativamente nueva en la que la mujer adopta tareas,
funciones y trabajos tradicionalmente masculinos. Es posible que vista
mucho socialmente decir que se cree en la igualdad, que la aceptamos
como algo natural, pero creo que solo se hace “de boquilla”, verbalmente.
La realidad es otra muy distinta; los prejuicios salen en última instancia
creando situaciones de peligro para el equilibrio familiar y su subsistencia,
sobre todo a niveles emotivos, puesto que racionalmente se suele pensar de
diferente forma.</p>

<p>Honestamente creo que hay otro problema mayor que supone


una ayuda para la no relación de la familia y que fomenta su crisis. La
familia es plural, da y se da, es social, sin embargo en los últimos tiempos
ha adquirido un carácter cerrado que limita sus relaciones. Tal vez sea esa
limitación de la familia (padre, madre y uno o dos hijos) la que le hace
perder los lazos de relación y la amplitud de sensaciones que existían en las
familias en las que convivían varias generaciones.</p>

<p>Esta familia actual que suele vivir en espacios reducidos, conoce


más las tensiones que la unión de sus miembros. Hay demasiada privacidad
en las relaciones, e insisto, en la carencia de la coeducación en valores
humanos, lo que hace que la pareja se base casi exclusivamente en una
unión erótica sin cimientos de auténtica comunicación. En ocasiones se
establecen verdaderos vínculos demasiado perecederos por una simple, o
no tan simple, equivocación de sentimientos, llevados por la escasez de
conocimiento previo y un inexistente proyecto anterior de vida en
común.</p>

<p>Aún así y a pesar de que estos problemas serían suficientes para


desintegrar una sociedad normal o una institución o grupo organizado, la
familia soporta todo y pervive, y hasta creo que se adapta a los tiempos
creando nuevos métodos y nuevas gentes que puedan ir solucionando sus
problemas. Al final, prefiero pensar, que la crisis de la familia es un tópico
siempre que la identifiquemos con desintegración o falta de futuro. Los
tiempos cambian y ante todos los cambios extremadamente rápidos,
vertiginosos, que acontecen, las instituciones se van adecuando, o tienen
que hacerlo, a esos tiempos, necesitando cada una su “tempo y cadencia”
para regularse o adaptarse a ellos. La familia, por tanto, reacciona ante esos
cambios y en su aprendizaje y adaptación hay titubeos que algunos, como
digo, ven como crisis. No es posible que la célula primigenia, la base desde
la que el individuo arranca que en la historia representa el equilibrio para
preparar al ser humano dentro de la sociedad, se desintegre.</p>

<p>Conviene añadir que hasta es posible que la crisis en la familia


sea buena si este convencimiento nos lleva a intentar solucionar las causas
por las que a través de los tiempos, se ha deteriorado la institución familiar.
Matrimonio y familia, familia y matrimonio, no pueden ir separados ni
estudiarse indistintamente como algo diferente y ajeno en su estructura,
como tampoco podemos pretender que los problemas de crisis de uno no lo
sean de la otra. Preparémonos, pues, para cambiar o adecuar el
comportamiento que lleva a la creación de estos problemas críticos y a
tener la suficiente capacidad para poseer la actitud necesaria objetiva según
las circunstancias de cada momento.</p>
<p>Así, desde aquí, apoyamos entonces, sobre todo, los valores en
los que se sustentaba la familia de ayer y que se acomodan
progresivamente a las exigencias de las realidades socioeconómicas de hoy.
Y de la misma forma que la sociedad industrial rompió con la familia
tradicional, la sociedad actual provoca la emergencia de una nueva familia,
hoy todavía indeterminada, pero en un acelerado proceso de adaptación a
las necesidades que se van creando.</p>

<p>La familia, entonces, no va perdiendo, bajo mi punto de vista,


ese grado de institución, siempre que sea entendida esta como dotación de
sentido y significado social, que consolidan sus definiciones y sus
representaciones como categoría social específica. Por fin entramos en un
proceso que va delimitando los modelos de familia más adecuados y
congruentes con la sociedad actual.</p>

<p>GLORIA CONESA ALBALADEJO. Orientadora Familiar</p>