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Comentario de texto sobre La Celestina

El texto que vamos a analizar a continuación


pertenece a La Celestina, atribuida casi en su totalidad al
bachiller Fernando de Rojas, una de las obras más famosas
de la literatura española, cuya primera edición data de
1.499, obra de transición entre la literatura medieval y la
literatura renacentista. Constituye una de las bases, junto al
Lazarillo y el Quijote, sobre las que se cimentó el
nacimiento de la novela y el teatro modernos.
El fragmento que en concreto nos ocupa es parte de la
escena IV, perteneciente al primer auto, auto en el que se
presentan los diferentes personajes de la obra. En estas
líneas, Calisto, después de haber conocido a Melibea, de la
que se enamora perdidamente, discute con su criado,
Sempronio, desde puntos de vista totalmente opuestos,
sobre la mujer, sus cualidades y defectos; asimismo
Sempronio acusa a su amo de herejía, por comparar a la
mujer de la que está enamorado, Melibea, con Dios.
Como ya hemos dicho, el tema más importante que
aparece en estas páginas es el de la mujer.
Sobre ella mantienen, en un diálogo muy vivo,
opiniones totalmente enfrentadas, Sempronio, que ensalza
la figura de Melibea y Calisto, que describe, según él, la
maldad y todas aquellas imperfecciones que hacen de la
mujer, en palabras de este personaje, un ser inferior al
hombre. En estas líneas, además, Sempronio critica el
comportamiento totalmente inadecuado de su amo, porque,
según su criado, Calisto pretende cometer el peor de los
pecados: “abusar de Dios”. Para criticar a las mujeres
Calisto se vale de la opinión de personajes célebres como
Aristóteles, Salomón y Séneca.
En cuanto a la estructura de este fragmento, aparecen
dos partes claramente diferenciadas, la intervención de
Sempronio y su crítica despiadada a las mujeres y la
intervención de Calisto, en la que éste describe a Melibea y
da una visión totalmente positiva de la mujer, en este caso,
de una mujer concreta.
Hemos de recordar que el fragmento pertenece a La
Celestina, una obra escrita entre finales del siglo XV y
principios del siglo XVI, y alguna de las ideas que aquí
aparecen reflejadas, son propias de esta época, como la
descripción de Melibea por parte de Calisto, que no es más
que el ideal de belleza femenino del Renacimiento, en
cuanto a la belleza exterior: el cabello, “madejas de oro
delgado, que hilan en Arabia”; “ojos verdes, rasgados...” En
la descripción abundan los epítetos, la doble adjetivación,
“las cejas delgadas y alzadas”, “los dientes menudos y
blancos”, “los labrios colorados y grosezuelos”, “las uñas
largas y coloradas”. Aparecen bellas expresiones
metafóricas, tópicas del Renacimiento, “el cuero escurece la
nieve”, la blancura como ideal de belleza en este momento
histórico; “las uñas... parecen rubíes entre perlas”...
También la descripción de Calisto por parte de Sempronio
obedece a los tópicos renacentistas. Aparece el ideal de
belleza masculina que se repetirá en el Renacimiento:
caracteres humanísticos. Señalar algunos. La “natura dotó
de los mejores bienes: hermosura, gracia, grandeza de
miembros, fuerza, ligereza”. Hay una clara alusión a la
“proporción” entre “bienes de dentro con los de fuera”. Es
un rasgo típico del Renacimiento, ya alejado del ideal de
belleza de la Edad Media, que se basaba en la “virtud
interior”. Es preciso señalar también la presencia del
“destino” y su influencia; es un tema fundamental de la
nueva literatura renacentista, que vuelve al tema del
“destino” clásico, el “fatum” latino. Lo constatamos en la
expresión “Y por influjo de los astros, todos te aman”.
En referencia a los personajes que forman parte de
esta escena, hay que decir que son dos de los más
importantes de la obra, Sempronio, el criado, en el que se
dan tantas características diferentes, como el de ser un
predicador misógino, sobre todo en esta intervención, el de
ser un fino enamorado, un violento asesino, etc., y actúa
siempre movido por su propio provecho. En cuanto a su
amo, Calisto, el otro personaje que interviene en esta
escena, es uno de los, junto a La celestina y Melibea,
indiscutibles protagonistas, el ejemplo más claro de “loco
amador”. La reprobación del amor que ” que encierra La
Celestina se basa sobre todo en el comportamiento y los
excesos del joven. Con frecuencia, en el libro nos
tropezamos con las hipérboles blasfemas en que cae, que
son otro rasgo más de su desmesuraincontrolada:
 el
herético “Melibea es mi Dios”, es el caso de estas páginas,
está con demasiada asiduidad en los labios de Calisto. No
es, desde luego, caballero ejemplar, y su triste fin es un
claro aviso para esta clase de enamorados, tan abundante
al filo del siglo XVI.
Si hemos de referirnos al estilo que se da en estas
páginas, está claro que es el reflejo perfecto del estilo que
aparece en toda la obra, síntesis perfecta de una lengua
culta y erudita y una lengua tan viva como vulgar. Es fácil
identificar estos aspectos de la lengua, por ejemplo, en las
intervenciones del criado, que acude a un lenguaje elevado,
e ilustres filósofos, como Aristóteles, Salomón, Séneca,
pero, a la par, se expresa en términos tan vulgares como
éstos, un claro vulgarismo, “¡Qué hijo de puta!”, así que
son estas intervenciones una oportunidad perfecta para
conocer en profundidad los diferentes estilos que aparecen
en esta obra, en la que confluyen las dos corrientes, culta y
popular, que se dan en la literatura española a finales del
siglo XV.

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