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Rafael Caldera 2do Mandato

Rafael Caldera 2do Mandato

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Rafael Caldera (segundo período, 1994-1999) Rafael Caldera llegó al poder por segunda vez en 1994.

Aunque éste prometió durante su campaña no acudir jamás ante el Fondo Monetario Internacional, debió hacerlo ante la crisis económica. En 1996 anunció el programa llamado Agenda Venezuela que prometía restablecer el equilibrio macroeconómico y apalear la inflación. La Agenda Venezuela previó el incremento de los impuestos, suspensión de los controles de cambio, liberación de las tasas de interés y disciplina en el gasto público, entre otros aspectos. El año 1994 estuvo caracterizado por la crisis financiera. Se inició con la intervención del Banco Latino, siguió con el derrumbe e intervención de una docena de instituciones bancarias más y culminó con la fuga de capital por concepto de auxilios financieros otorgados por el Estado a la banca, miles de ahorristas afectados y un grave desequilibrio en la economía de Venezuela, así como la merma en la confianza y credibilidad de venezolanos y extranjeros en las instituciones. Rafael Caldera, brillante miembro de la clase intelectual de Venezuela y experto en el área del Derecho Laboral y seguridad social de los trabajadores, aprovechó esta condición para lograr que en 1997, una comisión tripartita, conformada por el sector empresarial, laboral y Gobierno, asumieran la reforma del régimen de prestaciones sociales, tras la revisión profunda de la Ley Orgánica del Trabajo. La labor de la comisión tripartita quedó plasmada en un sistema de prestaciones sociales que preveía, entre otras cosas, su pago anual y no al cese del desempeño laboral como se hacía anteriormente; al mismo tiempo, se establecieron cinco subsistemas de seguridad social con la finalidad de mejorar la actividad del Ejecutivo en la resolución de los problemas básicos de los trabajadores venezolanos. También en el Gobierno de Caldera se inició un proceso de apertura petrolera que muchos catalogaron como el preludio a la privatización del sector; sin embargo se llevó a cabo aglutinando esfuerzos del sector privado, nacional e internacional, para la explotación, exploración y refinamiento del oro negro y del gas natural. La crisis mundial en los mercados del crudo influyeron negativamente en este proceso. En 1983 se había formado un movimiento en las fuerzas armadas llamado MBR200, responsable en 1992, de las dos intentonas golpistas en contra de Carlos Andrés Pérez. Luego de sus dos fracasos, fueron encarcelados sus principales líderes, entre ellos, Hernán Grüber Odremán, Francisco Arias Cárdenas y Hugo Chávez Frías. Durante el gobierno de Caldera fueron sobreseídos y salen en libertad conformando el partido político Movimiento Quinta República (MVR), comandado por Hugo Chávez.

Segundo periodo presidencial [editar]

Retrato Oficial de Rafael Caldera, 1994

En su gabinete integra a políticos de las formaciones que le apoyaron como los representantes del partido MAS, Teodoro Petkoff en la cartera de finanzas, y Pompeyo Márquez en el ministerio de fronteras; así como algunos independientes en los otros ministerios. En cualquier caso el apoyo del MAS y de otros partidos fue fundamental para poder aprobar las leyes en el Congreso Nacional en sus primeros años de gobierno, debido a los pocos escaños en el parlamento conseguido por su partido Convergencia. El 18 de diciembre de 1994 inaugura el tramo Plaza Venezuela – El Valle de la Línea 3 del Metro de Caracas, iniciado en gobiernos anteriores. En el año 1996 recibió la segunda visita del papa Juan Pablo II, que decidió bendecir a los presos del Reten de Catia en el oeste de la ciudad de Caracas (poco después dicha prisión fue demolida).

Crisis económica [editar]
En el primer año de gobierno tiene que manejar una fuerte crisis financiera que se inicia con la intervención del Banco Latino que había quebrado en el gobierno interino de su predecesor en la presidencia Ramón José Velásquez, después de la destitución de Pérez, continuó con el derrumbe e intervención de una decena de instituciones bancarias y culminó con la fuga de capital por concepto de auxilios financieros otorgados por el Estado a la banca, miles de ahorristas afectados y un grave desequilibrio en la economía de Venezuela. La confianza y credibilidad de venezolanos y extranjeros en las instituciones bancarias fue afectada gravemente. Más de setenta mil medianas y pequeñas empresas quebraron, fundamentalmente por el control de cambios impuesto por el gobierno, que dificulta la obtención de divisas para adquirir insumos. Los alimentos, la ropa, el calzado, la vivienda, el transporte, en fin, todo la que afecta al ciudadano común subieron de forma desproporcionada, sin control, empobreciendo cada vez a mayor número de venezolanos.

Caldera en el poder nuevamente hubo de manejar una vertiginosa espiral inflacionaria y un paralelo descenso de las reservas de divisas, empleadas generosamente para el sostenimiento del bolívar frente al dólar. El 27 de junio anunció la suspensión con carácter temporal de algunas garantías constitucionales, fundamentalmente las relacionadas con la propiedad privada y la libre actividad económica, que supuso el control estatal sobre el mercado de cambios, el sistema bancario y los precios. Las entidades financieras en bancarrota por la fuga de capitales y las afectadas por prácticas especulativas iban a ser intervenidas y saneadas por el Estado, y de hecho el Banco Central de Venezuela (BCV) anunció la suspensión inmediata de todas sus operaciones de compra-venta de dólares. Dado lo extraordinario de la situación, las medidas fueron toleradas por los medios de comunicación y la comunidad internacional, pero no por el pueblo venezolano.

Luis Herrera Campins junto a Rafael Caldera en 1993

Aunque Caldera prometió durante su campaña no acudir jamás ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), debió hacerlo ante la crisis económica. El nulo efecto de la práctica intervencionista en la economía del país, hace que Caldera anuncie el programa llamado Agenda Venezuela que prometía restablecer el equilibrio macroeconómico y apalear la inflación. Aplicando medidas tildadas por sus detractores como "de corte neoliberal" de acuerdo con las recomendaciones del FMI, que hasta entonces se había resistido a adoptar. Así, se devaluó el bolívar en un 70%, el control de cambios fue levantado, los combustibles se encarecieron en un 800%, se liberalizaron los tipos de interés (el IVA subió a 16,5%), Se continuó el proceso de privatización de los activos del Estado y se avocó a la disciplina en el gasto público, que no surtieron efectos debido a la crisis económica mundial en ese momento. Está medidas fueron bien acogida en el exterior, pero no en el país. En donde fueron frecuentes las manifestaciones y disturbios de la población venezolana que se sentía afectada negativamente.

En 1997, una comisión tripartita, conformada por el sector empresarial, laboral y Gobierno, asumieron la reforma del régimen de prestaciones sociales, tras la revisión profunda de la Ley Orgánica del Trabajo. La labor de la comisión tripartita quedó plasmada en un sistema de prestaciones sociales que preveía, entre otras cosas, su pago anual y no al cese del desempeño laboral como se hacía anteriormente; al mismo tiempo, se establecieron cinco subsistemas de seguridad social con la finalidad de mejorar la actividad del Ejecutivo en la resolución de los problemas básicos de los trabajadores venezolanos. También en el Gobierno de Caldera se inició un proceso de apertura petrolera que muchos catalogaron como el preludio a la privatización del sector; sin embargo se llevó a cabo aglutinando esfuerzos del sector privado, nacional e internacional, para la explotación, exploración y refinamiento del oro negro y del gas natural. La crisis mundial en los mercados del crudo influyó negativamente en este proceso. Debido a diferencias con partidos de la coalición gubernamental como el MAS, Caldera buscó el apoyo de la principal fuerza legislativa el partido AD, donde algunos de sus miembros entraron en su gabinete.

Amnistía a los militares de la rebelión de 1992 [editar]

Bill Clinton, Rafael Caldera y Hillary Clinton en Caracas, 1997

Durante el gobierno de Caldera fueron sobreseídos y salen en libertad los militares involucrados en el intento golpistas de 1992, que se agruparon en el partido político Movimiento V República (MVR), dirigido por Hugo Chávez, para lograr el apoyo de los grupos de izquierdas a su precario gobierno de minoría parlamentaria. De alguna forma se podría manifestar que el período de gobierno de Caldera sentó las bases del ascenso de Hugo Chávez a la magistratura nacional. Caldera ganó las elecciones presidenciales tras haberse separado de su partido y haber creado un movimiento político denominado Convergencia con

apoyo de grupos de izquierdas antes citados, que finalmente derrotó a los partidos socialdemócrata Acción Democrática y democristiano COPEI, que se habían alternado en el gobierno durante 35 años (desde 1959 hasta 1994) y habían perdido para entonces la mayor parte de su influencia en el panorama político de Venezuela. La caída de los partidos tradicionales y el movimiento populista iniciado por Caldera, dieron pie a Chávez para iniciar su propio movimiento, el cual se cristalizó al legalizar el partido MVR proveniente del MBR-200, que logró una clara victoria en las elecciones presidenciales de 1998.

Trayectoria posterior [editar]
El 2 de febrero de 1999 Caldera concluyó su mandato con la toma de posesión de Chávez. A pesar de que había permitido su excarcelación en marzo de 1994 al sobreseer su caso a cambio de su baja en el Ejército, el flamante mandatario no excluyó a Caldera de sus críticas en su discurso inaugural. Tras las nuevas parlamentarias del 30 de julio de 2000 Convergencia, el último partido creado por Caldera, se quedó con un solo representante en la nueva Asamblea Nacional unicameral, que en 2005 ante las nuevas elecciones parlamentarias decidieron retirarse de los comicios, convirtiéndose tanto Convergencia como el COPEI definitivamente en residuales. En los primeros años del siglo XXI Caldera ha sufrido diversos decaimientos y enfermedades, debido a su avanzada edad y se ha retirado definitivamente de la vida política de su país
Segundo Gobierno de Rafael Caldera 1994 - 1999
1992 y 1993: el escenario recesivo y la inestabilidad política 1994: el enrumbamiento 1995: los problemas se multiplican; las soluciones se aplican 1996: La Agenda Venezuela 1997: la persistencia en el rumbo 1998: una reforma dentro de la reforma: el futuro deseable

Tendencias en el Desarrollo Humano Venezuela Expectativa de vida (años) 1960 1994 59.5 72.1 Fundabarrios

Mortalidad Infantil 1960 1994 (por mil niños nacidos) 81 22 Población con acceso 1975-80 1988-93 al agua potable (%) 79 89 Niños menores de 5 años 1975 1994 con peso inferior al normal (%) 14 6 Taza de alfabetización adulta (%) 1970 1990-96 75 91 Matriculación escolar 1980 1994 Todos los niveles (%) 58 68 PIB real per cápita (US$) 1960 1994 3.899 8.120 FUENTE: REPORTE DE DESARROLLO HUMANO, NACIONES UNIDAS, 1995 Y 1997 El camino hacia la productividad solidaria Introducción . Venezuela ha vivido cuarenta años en un régimen democrático de libertades que ha incrementado vertiginosamente la calidad de vida en el país. El gran protagonista de este proceso fue el Estado; éste se encargó de producir y dirigir los cambios estructurales que crearon un sistema inédito de oportunidades, a través de la inversión directa y de la protección de la economía. Pero aproximadamente desde 1983 el Estado perdió su capacidad para generar todos los beneficios que se esperaban de él. Se comenzó entonces la difícil transición hacia una moderna economía de mercado, manteniendo los logros de paz y libertades democráticas alcanzados previamente. El nuevo rumbo tuvo el respaldo de amplios sectores de la economía y de la sociedad. Se llegó a la convicción de que el Estado, por sí solo, no podía ni debía pretender asegurar el bienestar general de la Nación. De allí ha surgido una nueva concepción de nuestro desarrollo. Para lograr llevarla a cabo era preciso modernizar la economía, creando las condiciones para atraer inversiones privadas nacionales e internacionales. Fue así como cambió el Estado, que ahora se concibe económica y socialmente ajustado a la realización de sus actividades fundamentales, estimulando la iniciativa privada que complementa su acción. No sólo dejó de funcionar el sistema económico nacional. También el sistema político, paulatinamente, dejaba de garantizar, en la forma debida, las libertades necesarias para el desarrollo y el bienestar que se adelantaba. Por ello, Venezuela también emprendió una reforma profunda del sistema político, al La recuperación del país

adoptar la descentralización del Estado, acortando la distancia entre el pueblo y sus representantes para que el sistema político expresase más directamente los anhelos de la sociedad civil. Aunque las reformas económicas y políticas todavía no han culminado, algunos éxitos se hicieron visibles: la actividad económica venezolana ha crecido y funciona a partir de criterios acordados democráticamente por los sectores productivos, todo ello en correspondencia con libertades económicas y sin que el Estado abandone su agenda social. Los problemas que aún afectan la marcha de los cambios iniciados son tan sólo aquellos relacionados con el ritmo de su profundización. En su alocución sobre la Agenda Venezuela (15 de abril de 1996), el Presidente Rafael Caldera destacó el carácter nacional del proyecto: "La Agenda Venezuela no es una agenda del gobierno, sino la agenda de todos los venezolanos, la agenda de toda Venezuela". Con esto quedaba claro que la agenda en cuestión estaba por encima de cualquier interés particular: se trataba de un plan que debía expresar las necesidades de todos los venezolanos, creando las bases para una Venezuela más productiva, más democrática y más justa. De la continuación de tal esfuerzo plural depende el futuro de la Nación. Presentamos aquí un balance de las iniciativas de la segunda Presidencia Caldera a través de la evaluación de sus reformas más influyentes y de los programas más destacados, así como de los problemas y dificultades que afectaron la vida ciudadana en el quinquenio 1994 - 1999. Sin haber abandonado las conquistas primordiales de la democracia venezolana, la Presidencia Caldera logró insertar a nuestro país en el marco de la economía mundial, adoptando para ello una idea matriz que define el sentido institucional de su esfuerzo: la productividad solidaria. Se trata de un compromiso institucional con las reformas de nuestra economía, de nuestra sociedad y de las relaciones entre el capital y el trabajo. Pero sobretodo es un compromiso de paz y concordia democráticas. Los frutos del cambio son visibles, a pesar de las circunstancias negativas que empañaron el último año de gobierno: la crisis asiática y el excedente petrolero almacenado por los compradores. El compromiso vio su cometido completado cuando, en un proceso sin precedentes en la historia democrática del país, se logró garantizar la trasparencia y fluidez de las elecciones presidenciales que dieron paso al período 1999 - 2004, en un marco de paz, gobernabilidad y estabilidad que la Presidencia Caldera se empeñó en asegurar. Más allá de cualquiera de los éxitos y dificultades que haya tenido la Presidencia Caldera, a los venezolanos nos queda el testimonio del legado más valioso de esta gestión: la constante disposición democrática como condición necesaria para la preservación de la paz y el desarrollo económico. El proceso en cinco años Hacia la productividad solidaria América Latina, desde la década de los ochenta, sufre una tensa y penosa transición económica y política hacia su modernización. Venezuela parecía rezagada con respecto a algunas repúblicas del hemisferio; México y Chile, por ejemplo, adelantaban reformas institucionales de fondo. La percepción acerca de las fallas del estatismo tradicional en Venezuela no alcanzaba las dimensiones que hacían urgente su transformación, y todavía no conocíamos niveles inflacionarios como los que una vez tuvieran Brasil y Argentina, que obligaron a estas naciones a realizar reformas mucho más drásticas y traumáticas que las

acometidas en nuestro país. En Venezuela logramos percibir las limitaciones de nuestro sistema económico antes de tropezarnos con sus más graves consecuencias; por esto no provocamos ajustes de corte totalitario y preservamos nuestras libertades. Las reformas que abrieron nuestro país al mercado internacional son el difícil producto de largas discusiones, de complejos procesos de diálogo y de delicados consensos realizados en un ambiente democrático que, aunque ocasionalmente amenazado, ha salido fortalecido. Esto nos diferencia de otros países y marca la orientación de nuestro futuro: debemos abrir aún más nuestra economía, manteniendo y profundizando nuestra cultura democrática y solidaria, haciéndole ver al continente las ventajas de esa tradición. La Presidencia Caldera desarrolló su gestión asumiendo las complejidades del problema que significa este proceso de cambio profundo. En primer lugar, fue necesario normalizar un país sacudido por la falta de legitimación de sus instituciones políticas y aquejado por fallas gubernamentales que las pusieron en peligro. Luego se le hizo frente a una de las mayores crisis financieras que haya conocido economía nacional alguna, tomando para ello medidas de control y emergencia inevitables. Una vez restituidos los principios políticos y económicos básicos, que estabilizaron la institucionalidad en nuestro país, se inició el proceso de reforma económica conocido como la Agenda Venezuela. Los cinco años que preceden estas reformas fueron tal vez los más difíciles de nuestra historia democrática, pero quizá también fueron los más ricos en cuanto a discusiones, propuestas, definiciones y programas. Es preciso resaltar, por ejemplo, que el Congreso elegido para acompañar al Presidente Caldera fue constituido por cinco fuerzas políticas, sin que ninguna de ellas llegara a dominar por sí sola el curso de las deliberaciones. Pues bien, sin contar con una mayoría parlamentaria, la gestión de Rafael Caldera llevó a cabo su misión. 1992 y 1993: el escenario recesivo y la inestabilidad política En 1992 se interrumpe un proceso de crecimiento económico incipiente. Una nueva recesión señalaba las dimensiones del cambio estructural que comenzaba a experimentar nuestra economía y ponía de manifiesto la urgente necesidad de no abandonar las políticas sociales de la democracia venezolana que, a la postre, demostrarían su eficacia estabilizadora cuando se les acompañó de una comunicación apropiada. En aquel momento la ausencia de una oportuna política de comunicación sobre las medidas adoptadas, los desacuerdos entre sectores que se resistían al cambio y, posteriormente, las serias amenazas al sistema democrático, agravaron la situación. El único sector de la economía que presentaba un sano crecimiento en medio de las dificultades descritas era el petróleo: el plan de inversiones de PDVSA comenzaba a mostrar sus frutos, aun cuando los mejores estarían por verse. Culminó el año 1993 cuando ocurrió el colapso financiero y la inflación alcanzó un récord histórico de 46%. 1994: el enrumbamiento En medio de un contexto desolador, que suponía más recesión, déficit fiscal, caída de reservas internacionales, probable quiebra de muchos bancos, inestabilidad política y mayor inflación, la Presidencia Caldera se encarga del gobierno con la misión de gestar un acuerdo nacional y un plan económico que respondiera ante las urgencias de la Nación, y que pudiese resolver racionalmente la indecisa y delicada inserción de Venezuela en los mercados

internacionales. El panorama de la estrategia comprendía sortear dos escenarios negativos: crecimiento económico con malestar social o paz social sin crecimiento económico. Le correspondería a este gobierno encontrar una fórmula adecuada que garantizase crecimiento económico con paz social, una ecuación casi imposible y sobre todo extremadamente difícil de hacer consensual. Con estos fines en mente, la Presidencia Caldera tomó en 1994 algunas decisiones difíciles que lograrían afianzar el deseo general de paz social. Comenzó por normalizar las relaciones entre las Fuerzas Armadas y el Ejecutivo, estableció un control de cambio para evitar la fuga de reservas, aplicó políticas sociales amplias, mantuvo el precio de la gasolina y aumentó los salarios por decreto. Paralelamente, se atendieron otras exigencias de orden internacional: el gobierno cumplía con los compromisos de pago de deuda externa, mejorando sustancialmente las oportunidades de financiamiento que ofrecía la banca internacional. Pero los problemas continuaban; la pobreza, el déficit fiscal, la recesión, el desempleo y la violencia parecían incontenibles. El notable crecimiento de la actividad económica petrolera (5.7% mayor al año anterior), resultado de las políticas de inversión petrolera, no lograba compensar la caída sufrida en otros sectores de la economía. Por otro lado, los aportes que se vio forzado a hacer el Estado para enfrentar la crisis bancaria dispararon la inflación a niveles sin precedente histórico: 70%. Si este desastre, de insólita magnitud, no hubiera ocurrido, el sector público consolidado apenas habría incurrido en un insignificante déficit de 0.1%. La creación del impuesto al Consumo Suntuario y del Impuesto al Débito Bancario contribuyeron a ponerle freno al deterioro de una grave situación; ambos aportaron el 4% del PIB. Pero el rumbo económico aún estaba por definirse. 1995: los problemas se multiplican; las soluciones se aplican En 1995 los efectos nefastos de la crisis bancaria se manifestaron con fuerza: 1,2 billones de bolívares le costó al país resolverla, el equivalente al 16% del PIB y a dos tercios del gasto público. Las consecuencias se hicieron sentir: más inflación, exceso de liquidez, sobrevaluación del bolívar, caída de las reservas internacionales, etc. Sin embargo, tanto las importaciones como las exportaciones crecieron en volúmenes significativos y favorables: las exportaciones petroleras tuvieron una expansión de un 16% por el aumento de volúmenes y las no petroleras crecieron en un 17%. Diversos sectores de la economía registraron crecimientos notables, pero todavía era necesario poner en orden las cuentas del Estado. 1996: La Agenda Venezuela Si bien es cierto que todavía durante el año 1995 la Presidencia Caldera tuvo que enfrentar la situación de la crisis bancaria descrita, haciendo aportes extraordinarios que le impondrían consecuencias negativas al ajuste de sus propias cuentas, en 1996 se enfrentó a una crisis mayor. El año comenzaba con profunda inestabilidad. Las reservas internacionales se hallaban en un peligroso mínimo y la política de control de cambio mostraba el agotamiento de su efectividad, sobre todo en lo que se refiere al modo de contrarrestar la emergencia precedente. Sin embargo, la paz social y política se preservaban, condiciones indispensables para acometer medidas económicas que entrañaban riesgos mayores. Ante este panorama, la Presidencia Caldera toma la decisión histórica de proponer la Agenda Venezuela: un programa comprehensivo para racionalizar estratégicamente todas las estructuras económicas del país. Los primeros resultados positivos fueron alcanzados prontamente. A finales del año 1996, las cuentas externas mejoran; renace el optimismo; se ordenan las

cuentas fiscales; crece la inversión extranjera; la cuenta corriente (importaciones vs exportaciones) cierra en superávit; por primera vez en años crecen las reservas internacionales; ocurre un franco avance de las privatizaciones; la balanza de pagos es positiva; se estabiliza el tipo de cambio; el sector financiero es saneado y se cumplen con creces las metas pautadas con el Fondo Monetario Internacional. Reconquistadas las bases para la confianza por la seriedad del compromiso de la Presidencia Caldera de llevar adelante la Agenda Venezuela, el país se vio favorecido por el incremento de su producción petrolera y de los precios del crudo. Es importante señalar, a este respecto, que a pesar del balance positivo que en forma casi inmediata tuvo la Agenda Venezuela, el Estado manejó con deliberada cautela y disciplina los fondos entonces percibidos: sus gastos decrecieron y se hizo una gestión fiscal austera. Parecía haberse hallado la solución al dilema planteado por la estrategia de crecimiento con paz social. La evidencia más importante de ello lo demostraban ciertos hechos: algunas medidas anunciadas en abril, como el aumento de la gasolina, no resultaron, como muchos temían, en descalabros sociales. Para finales de año la Presidencia Caldera lograba cambiar las raíces estructurales de la economía venezolana: el país se enrumbó. 1997: la persistencia en el rumbo Pese a los éxitos alcanzados en 1996 aún persistían serias desigualdades sociales. Los saldos positivos de la política macroeconómica adoptada aún no alcanzaban a las mayorías. Solo cuando esto suceda podremos entonces hablar de la culminación de la Agenda Venezuela. Con respecto a los años anteriores, sin embargo, es preciso registrar ciertos logros: el nivel de la inflación bajó notablemente; la economía creció (incluyendo sectores que no habían logrado crecimiento en años anteriores); el nivel de desempleo bajó; la privatización alcanzó cierto número de éxitos; la inversión aumentó; el crédito bancario se expandió en un 120%; el consumo en hogares creció; el área petrolera prosiguió su plan de inversiones nacionales y extranjeras; se redujo el sector informal; ocurrió un superávit en la balanza de pagos y crecieron las reservas internacionales. Durante este segundo año de crecimiento, la Presidencia Caldera toma la decisión de mejorar los devaluados sueldos de la administración pública e invertir en gastos de infraestructura que no podían postergarse. Este año pasará a la historia: la reforma laboral resolvió un problema económico y social de naturaleza estructural que llevaba décadas estancado, obstaculizando las relaciones entre el capital y el trabajo. 1998: una reforma dentro de la reforma: el futuro deseable Durante 1998, la Presidencia Caldera reajustó la Agenda Venezuela de acuerdo con el nuevo panorama que ofrecía la economía mundial. Una férrea disciplina fiscal buscaba adecuar los gastos a los ingresos reales, que se vieron mermados por la crisis de los precios del petróleo. Previsiva y responsable, la administración asume tomar medidas inaplazables, que podían haber esperado hasta 1999, pero cuyo retraso generaría graves problemas al próximo gobierno y perjuicios para los proyectos de la paz en Venezuela. De mantenerse el conjunto de medidas tomadas en 1998, y de asegurarse el rumbo de las orientaciones macroeconómicas asumidas, afinando los procesos de reforma que exige el nuevo Estado -en proceso de lograr su disciplina y profundizar su redimensionamiento-, el giro estructural realizado habrá completado su fase traumática y podremos contar con las líneas maestras del diseño de país que deseamos. La labor gubernamental del porvenir deberá entonces profundizar y detallar la

orientación económica de la Presidencia Caldera, para lograr que los beneficios obtenidos puedan ser compartidos de una manera equitativa, a través de políticas sociales novedosas y eficientes. El mayor problema del proceso de ajustes que incluye la Agenda Venezuela consiste en hacerle frente a un hecho social: en estos últimos nueve años el desempleo se ha duplicado. En un intento por resolver este gigantesco reto se procedió a la reorganización del Ministerio del Trabajo y de la Seguridad Social. Ambos procesos de reforma respondían directamente a la gravedad de la situación. Pero todavía es necesario contar con una administración social más eficiente, que logre resolver la severidad del desempleo. Por otra parte, no debemos olvidar la significación que posee el proceso de reforma del Poder Judicial. En el futuro será imprescindible profundizarlo, pues ello sentará las bases para asegurar el cambio del rumbo gestado. Pero este fin primordial sólo será posible y deseable si se logra mediante el ejercicio pleno de la discusión libre, esencia misma del sistema democrático. Venezuela debe seguir siendo ejemploen materia de diálogo y consenso político: se lograron en armonía profundos cambios institucionales y económicos por vía de la discusión y el consenso. Es cierto que estos cambios han tomado más tiempo en Venezuela que en otros países, pero precisamente por haber entendido su valor no se tuvo que recurrir a soluciones autoritarias de ninguna clase para alcanzar las metas: tal es el significado que tiene la armonía y las libertades públicas de Venezuela para la Presidencia Caldera. La Agenda Venezuela Crecimiento económico con estabilidad política y social Recuento somero de los principios programáticos diseñados para ese cambio de rumbo: - Estabilidad y viabilidad del sistema democrático - Cambio en clima de paz social - Explicación detallada a la población - El ajuste debe recargarse sobre quienes tienen más posibilidades - Políticas consistentes y permanentes - Nuevo rol del Estado - La actividad privada generará la dinámica del crecimiento - Viabilidad política - Eficiencia y responsabilidad social La Agenda Venezuela es un conjunto de políticas públicas implantadas por el gobierno del Presidente Rafael Caldera con el objetivo de reducir significativamente la inflación, restaurar la confianza interna y externa en nuestra economía, echar las bases para un crecimiento económico sostenido y reducir la

pobreza, todo ello basado en principios de solidaridad y justicia social. La búsqueda de ese fin implicó conjugar la urgente atención prestada a los asuntos económicos con el debido cuidado a los aspectos sociales y políticos, percibidos éstos como condición de viabilidad de los primeros. El Gobierno Nacional se ciñó a la creencia de que el éxito de cualquier iniciativa de carácter económico descansa en el resguardo de las necesidades de la población y en el estímulo, por vía del consenso, de la participación y del compromiso de todas las fuerzas políticas y económicas cuyos intereses congregan el interés general de la Nación. Luego de una consulta nacional y una cuidada atención prestada a sus detalles, en abril de 1996 se anunciaron las medidas que constituyen la Agenda Venezuela. Estas comprendían tanto un proceso de estabilización económica a corto plazo como un cuerpo de reformas estructurales y programas sociales de largo plazo. Las medidas buscaban vincular la visión de futuro, basada en el consenso, con acciones concretas centradas en el crecimiento sostenido de nuestra economía y en la transformación estructural del Estado y su rol. Los resultados no tardaron en notarse: inflación sustancialmente reducida; entrada de capitales extranjeros e inversión nacional gracias a un proceso de restauración de la confianza, paz política y social. Venezuela afianzaba su inserción exitosa en la economía global y enrumbaba, así, su propia economía. Objetivos Macroeconómicos El crecimiento sostenido . "La economía venezolana está creciendo luego de sacrificios, la fuerza que se encuentra en la diversidad de Venezuela sirve de inspiración para cada país de nuestro hemisferio. Estados Unidos se siente orgulloso de su asociación con Venezuela". Bill Clinton, Presidente de los Estados Unidos Caracas, octubre de 1997 Objetivos logrados con la Agenda Venezuela - Reducir progresiva y sustancialmente la inflación - Propiciar el crecimiento económico sostenido a la vez que se refuerza el sistema de protección social - Fortalecer las reservas internacionales Los indicadores macroeconómicos básicos mejoraron sorprendentemente a lo largo del período 1994-1998. A partir de un esfuerzo coordinado entre los organismos económicos de gobierno, se mantuvieron índices inflacionarios entre 2% y 3% mensual para los dos últimos años del período, luego de experimentar índices mensuales de alrededor del 6% durante los primeros años de gestión. Tomando en cuenta sólo el año 1997, y superando expectativas inicialmente planteadas, el Producto Interno Bruto creció 5,1%. Igualmente, para ese mismo

año, el Gobierno Central obtuvo un superávit estimado de 2.5% como proporción del PIB y se logró un aumento significativo en la actividad económica no petrolera. Esta creció 1,7% entre 1994 y 1997, mientras la actividad petrolera creció en 7,1% durante el mismo período. Los sectores específicos que crecieron fueron, entre otros, los de minería, manufactura, construcción, comercio, comunicaciones, transporte, almacenamiento y finanzas. El significado concreto que ello representa es que la mejora de estos indicadores refleja mayores oportunidades de empleo e inversión para todos, pues implica un crecimiento de la economía real. Por otra parte, en el sector externo, es preciso registrar que la balanza de pagos experimentó un significativo superávit. Estos resultados se vinculan a la importante entrada de inversiones extranjeras directas, las cuales propiciaron un incremento sustantivo de las reservas internacionales. Estas se sitúan en un promedio de 13.5 millardos de dólares a lo largo del período, luego de haber experimentado su punto más bajo de 9.7 millardos de dólares en 1995. De esta forma la Presidencia Caldera da continuidad al proceso de estabilización macroeconómica iniciado en 1996, creando las bases para alcanzar un crecimiento estable y sostenible de la economía, que fue uno de sus principales objetivos en esta materia. Política Fiscal Disciplina para luchar contra la inflación "Las reformas emprendidas por la Agenda Venezuela en lo económico y social, han permitido que nuestro país esté mejor preparado para enfrentar y manejar los duros efectos de la situación petrolera mundial". Fernando Egaña, Ministro de Estado, Jefe de la OCI, Agosto 1998 La pieza central del esfuerzo de estabilización fue la búsqueda del equilibrio fiscal: ésta es la base de la lucha antinflacionaria. La Agenda Venezuela planteó alcanzar el equilibrio de las finanzas públicas en tres años. Para 1994 y 1995, la gestión fiscal mostró serios déficit: 6,8% y 4,8% respectivamente. Para 1996, a sólo ocho meses de haberse anunciado el programa de recuperación y crecimiento, las cuentas fiscales del país cerraron con un superávit del 0,9%, lo cual se consolidó en 1997 en una cifra de 1,8%. Los esfuerzos por mantener una gestión fiscal sana no cesaron. Ingresos Este equilibrio se centra en el aumento de la tributación interna. El pago de impuestos, como el de Consumo Suntuario y el ya desaparecido para esa época Impuesto al Débito Bancario, lograron, por primera vez en varias décadas, que los ingresos fiscales internos se equipararan a los ingresos fiscales petroleros. Asimismo, el aumento del ICSVM de 12,5% a 16,5% y el ajuste de los precios de la gasolina, ayudaron a mejorar de manera estructural el escenario fiscal.

Gastos Sin embargo, el cambio más significativo ocurrió en materia de gasto. Aun cuando todavía era preciso hacer esfuerzos notables en la reducción de los gastos corrientes, los gastos totales no sólo se incrementaron en 1996, sino que disminuyeron en casi un punto del Producto Interno Bruto. Y si bien es cierto, que por fuerza de justicia, y a causa de la necesaria búsqueda de un consenso alrededor del problema laboral, el gasto aumentó en 1997, debido, esencialmente, al incremento general de salarios, no es menos cierto que se hicieron serios esfuerzos para mantener la disciplina en esta materia. A ello debemos añadir un factor adicional y distorsionante: la caída de los precios del petróleo desde finales de 1997. Precisamente, como prueba de su seriedad en la materia y en forma inédita en la historia reciente, el gobierno central realizó nuevos recortes del gasto corriente. Además de los ajustes, el Ejecutivo, como respuesta ante la caída del ingreso fiscal provocada por la baja de los precios del petróleo, estimuló la aprobación de un conjunto de leyes que buscaba darle un piso fiscal más firme al próximo gobierno: Ley Marco de Seguridad Fiscal, Ley de Mercado de Capitales, Ley de Aduanas, Ley del Fondo de Estabilización Macroeconómica y Ley General de Impuesto a las Ventas. Política monetaria y Cambiaria La consolidación de la estabilidad . La crisis financiera de 1994 produjo, por una parte, una caída importante de reservas internacionales y, por la otra, una pérdida de credibilidad en las instituciones financieras. Ello se debió a que la crisis en cuestión generó la necesidad de implantar medidas restrictivas de corto plazo, como por ejemplo el control de cambio. Era entonces previsible que la estrategia derivada de los lineamientos de la Agenda Venezuela implicase la recuperación de la confianza y la credibilidad por parte del sistema financiero, diseñando con ese fin una política monetaria y cambiaria centrada en el abatimiento de la inflación y en la creación de las bases estructurales necesarias para enrumbar el crecimiento sostenido. La Política Cambiaria Desde la eliminación del control de cambio en abril de 1996 la política cambiaria se ejecutó en el contexto del sistema de bandas. Estas bandas tienen una amplitud de 7,5% por encima y de 7,5% por debajo de la paridad central de referencia y garantizan al público que no haya movimientos bruscos en la tasa de cambio. En este contexto, los parámetros que rigen para ese entonces el funcionamiento del sistema de cambio son los siguientes: a.- Paridad Central de Referencia al inicio: US$/Bs 508,50 b.- Tasa de ajuste de la Paridad Central: 1,28% intermensual c.- Amplitud de la banda: +/-7,5% alrededor de la Paridad Central d.- Vigencia de los nuevos parámetros a partir del 14/01/98

La Política monetaria Esta política se orientó a propiciar la estabilidad del sistema financiero y procuró un crecimiento de la liquidez acorde con la demanda de dinero asociada a las metas de inflación, crecimiento y equilibrio. Actuando sobre las bases de este objetivo antinflacionario, la política fue contractiva, fundamentada en la emisión y colocación de Títulos de Estabilización Monetaria (TEM). Estos títulos se sustituyeron gradualmente por Títulos de Deuda Pública Nacional en el mercado abierto y su fin fue regular el nivel de endeudamiento del Banco Central de Venezuela y estimular mayor disciplina fiscal. En resumen, luego de una etapa marcada por la debacle financiera de 1994, se logró preservar la estabilidad del tipo de cambio, disminuir el ritmo de crecimiento de los precios y con ello se fortalecieron notablemente las reservas internacionales. Política Social El apoyo a los más necesitados "Os animo a que acojáis la invitación al cambio de vida, que el evangelio, buena noticia, propone a cada persona, y a que no os dejéis vencer por el pesimismo, ni por el desaliento". Juan Pablo II, Caracas, febrero, 1996 Uno de los pilares fundamentales del proceso de reformas de la Presidencia Caldera es el conjunto de las políticas sociales que se pusieron en marcha para garantizar la viabilidad de la Agenda Venezuela. La apertura de la economía, la descentralización del Estado y la reestructuración de organismos públicos, tienen repercusiones de carácter positivo en el plano de la macroeconomía de las actividades nacionales. Pero en algunos casos específicos, y en el corto plazo, esas medidas repercuten negativamente sobre los sectores más débiles de nuestra sociedad. Consciente del efecto perverso de este proceso, la Presidencia Caldera diseñó, dio continuidad y puso en práctica, con el apoyo de diversos organismos estatales y civiles, 14 programas que tienen como objetivo concreto la asistencia directa por parte del Estado a los sectores más necesitados. De la aplicación de tales programas dependió, en buena medida, el éxito general alcanzado por la Agenda Venezuela.
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