RITUAL DEL MATRIMONIO

REFORMADO POR MANDATO DEL CONCILIO VATICANO 11, PROMULGADO POR SU SANTIDAD EL PAPA PABLO VI Y REVISADO POR SU SANTIDAD EL PAPA JUAN PABLO 11

APROBADO POR LA CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO Y CONFIRMADO POR LA CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS

EDICIÓN PREPARADA POR LA COMISIÓN EPISCOPAL DE PASTORAL LITÚRGICA DE MÉXICO

SEGUNDA EDICIÓN TÍPICA

CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM Prot. N. CD 1068189

Ritus celebrandi Matrimonium, qui olim in Ritual¡ Romano inveniebatur, ex decreto Concilii Vaticani 11 instauratus est anno 1969 per promulgationem a Sacra Rituum Congregatione factam Ordinis celebrandi Matrimonium. In hac editione typica altera idem Ordo exhibetur ditior in Prwnotandis, ritibus ac precibus, variationibus nonnullis introductis, ad normam Codicis luris Canonici anno 1983 promulgati. Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum, de speciali mandato Summi Pontificis IOANNIS PAULI lí, novain hane editionem eiusdem Ordinis publici iuris facit. Ordo Yero in editione typica altera et lingua latina exaratus, statim ac prodierit, vigere incipiet; linguis autem vemaculis, cum transiationes ab Apostolica Sede sint confirmatw, a die quem Conferentiw Episcoporum statuerint. Contrariis quibuslibet minime obstantilus. Ex sedibus Congregationis de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum, die 19 martii 1990, in sollemnitate S. loseph. DECRETUM EDUARDUS Card. MARTÍNFZ Preafectus + Ludovicus Kada Archiep. tit. Thibicensis a Secretis

PRESENTACIÓN

El matrimonio es sagrado porque viene de Dios. Él creó al hombre y a la mujer como seres complementarios en orden a que formaran una unidad misteriosa y fecunda: "serán los dos una sola carne...; crezcan y multiplíquense" (Gén 2, 24; 1, 28). Jesucristo elevó el matrimonio, instituido por Dios desde la creación del ser humano, a la dignidad de sacramento. El Concilio Vaticano II se expresa bellamente de él e inspira no sólo el modo como debe celebrarse, sino también su vivencia permanente dentro de la comunidad cristiana. En efecto, en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual dice: Así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella... La familia cristiana, cuyo origen está en el matrimonio, el cual es imagen y participación de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la presencia viva del Salvador en el mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad, la unidad y fidelidad de los esposos, ya por la cooperación amorosa de todos sus miembros (GS 48). El presente Ritual del matrimonio ha sido preparado con esmero por la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de México conforme a la segunda edición típica del Ritual latino, teniendo en cuenta lo propio de nuestras costumbres con el fin de facilitar su uso. Lo primero que debe esperarse de los pastores y de toda la comunidad eclesial es que sea profundamente conocido para que en su letra se descubra el espíritu que anima su celebración y su vivencia. Que siempre se tenga en cuenta la participación consciente y activa de la comunidad eclesial reunida, ya que el matrimonio es el sacramento que, precisamente, la representa como Iglesia-esposa de Cristo.

RITUAL DEL MATRIMONIO Por su parte, los contrayentes deben saber perfectamente que la gracia sacra- mental hace de su unión conyugal el signo de la unión amorosa entre Cristo y la Iglesia y el lugar de la santificación para los esposos. De hecho, el matrimonio cristiano, por ser sacramento, es un acto de Cristo, mediante una acción de la Iglesia realizada en el poder del Espíritu Santo. La entrega mutua de los contrayentes, manifestada con las palabras y el gesto de tomarse las manos, símbolo de su donación afectiva y corporal, son el signo visible del sacramento. Éste es, sin duda, el signo fundamental. Pero también hay otros signos que podemos llamar "explicativos", que ponen de relieve aspectos esenciales del matrimonio: la fidelidad, la unidad y lo que implica compartir toda la vida. Los anillos son el símbolo que quedará a lo largo de la vida matrimonial de los esposos como testimonio de su mutua fidelidad; les evocarán la alianza por la que han unido sus vidas y el compromiso permanente que han adquirido por su propia voluntad. El signo de las arras pone de manifiesto que la unión matrimonial exige compartir con alegría todo en la vida, "como prenda de la bendición de Dios". Con la imposición del "lazo", sobre todo si se hace en el momento de la bendición nupcial, el matrimonio se muestra como la realización más directa y profunda de la identidad de la criatura humana, hombre y mujer, unidos en un solo destino. Así se indica que el matrimonio no constituye una mera institución humana convencional, sino una realidad sagrada que el Señor mismo ha puesto como base de la humanidad para su edificación. Expresa visiblemente la unidad que ha comenzado a existir en la vida de los que ya son esposos. La bendición al final de la celebración no es un simple augurio sino el "envío" de los nuevos esposos para anunciar con su vida el "Evangelio del amor esponsal" y para dar cumplimiento al don de la vida, que brota del encuentro conyugal, como un don propio de Dios. Aunque en esta celebración litúrgica el ministro asistente no es quien confiere el sacramento, sí tiene un papel muy importante. Si es ordenado, su persona es también presencia de Cristo que confirma y bendice, junto con la Iglesia, la unión de los esposos, de la que son ministros los contrayentes. Esto aparece en la fórmula con la que el ministro que asiste recibe y ratifica oficialmente el compromiso matrimonial: El Señor confirme este consentimiento que han manifestado ante la Iglesia, y cumpla en ustedes su bendición. Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. El amén y la aclamación de la Iglesia presente lo corroboran. El Ritual ofrece tanto en sus prenotandos como en las oraciones y, sobre todo, en la Palabra de Dios, una forma digna, bella y sencilla, a la vez que profundamente humana, de celebrar este sacramento.

Además de ser un instrumento funcional para la celebración, el Ritual posee una dimensión pedagógica que ayuda a comprender a fondo el sentido y el valor de lo que se celebra y a vivir con plenitud lo que se ha celebrado. Es por lo que vivamente se recomienda a los pastores el conocerlo y seguirlo sin añadiduras que obscurezcan su verdadero significado. Su elaboración ha tenido en cuenta que la misión del matrimonio, y de la familia que de él se deriva, se basa en la solidez de la identidad cristiana de quienes han de formar la Iglesia doméstica, solidez que depende en muy alto grado de los matrimonios y familias bien fundamentadas por este sacramento. A fin de que el Ritual se aproveche mejor en todas sus dimensiones, la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de México ha añadido unas "orientaciones litúrgico-pastorales" que son de gran utilidad. Esperamos que su uso correcto sea fuente de bendiciones no sólo para los que unen sus vidas como esposos cristianos, sino para toda la Iglesia, y por su medio, para toda la humanidad, sobre todo en estos tiempos en que la realidad del matrimonio, querida por Dios para el ser humano, se encuentra tan devaluada. Que a esto nos anime lo que S.S. Juan Pablo II dijo en una ocasión: Se puede afirmar con legítimo orgullo que cuanto la Iglesia enseña hoy sobre el matrimonio y la familia ha sido una enseñanza constante en fidelidad a Cristo (Homilía en Cebú, Filipinas, 19-2-1981).

+ Jonás Guerrero Corona Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica

ORIENTACIONES LITÚRGICO-PASTORALES DE LA COMISION EPISCOPAL DE PASTORAL LITÚRGICA DE MÉXICO En la historia de la salvación, el Matrimonio cristiano es un misterio de fe. La familia es un misterio de amor, al cooperar directamente en la obra creadora de Dios' (Juan Pablo II).* INTRODUCCION [1] Los pastores de la Iglesia hemos sido puestos al frente del Pueblo de Dios para velar por su bien espiritual, y no podríamos dejar de intervenir cuando tantas fuerzas han dispersado y confundido al rebaño que se nos ha confiado, de modo particular en una materia tan importante como es el Matrimonio. Los medios de comunicación y el ambiente han importado costumbres e ideologías ajenas a nuestro medio. Se promueve, por ejemplo, el divorcio, la infidelidad, la unión consensual o solamente civil, las aventuras sexuales, sin responsabilidad ni amor, las parejas homosexuales, la promiscuidad y las comunas sexuales, etc. Eso ha provocado que las nuevas generaciones no valoren debidamente el amor oblativo, lo definitivo de un compromiso, la responsabilidad en la transmisión de la vida, la fidelidad, la castidad, la unidad de la familia integrada, entre otros valores con los que Dios ha enriquecido la vida humana. Y así, aumenta el número de cristianos que viven unidos maritalmente, pero sin el sacramento del Matrimonio, por considerarlo, quizás, una limitación a su libertad, una carga, o una mera Normalización social. Muchos acuden a celebrar el Matrimonio por la Iglesia sólo por un embarazo no deseado o presionados por el ambiente; aumenta el número de separaciones, divorcios, procesos de nulidad, con la consecuente desintegración familiar y los conflictos existenciales. [2] Ahora bien, el Matrimonio no puede considerarse simplemente como un contrato cualquiera, o como un intercambio o compraventa de cosas o de servicios medidos en valores económicos, pues va de por medio la realización de las personas, y una misión social y eclesial. El Matrimonio es más que nada una alianza de amor interpersonal. Por eso los pastores de la comunidad cristiana católica, al presentar este Ritual del Matrimonio, revisado conforme a las indicaciones del Concilio Vaticano II, ofrecemos estas Orientaciones litúrgico-pastorales. [3] El sacramento del Matrimonio tiene su realización y perfeccionamiento de modo permanente a lo largo de la vida conyugal, de tal manera que el crecimiento de los esposos como comunidad de amor debe ser progresivo.

El Matrimonio nace de una alianza indisoluble de amor entre los esposos, y está destinado a construir entre ellos la más alta comunidad de seres que se conozca. Este amor tiene un sentido creativo, entraña en sí mismo la exigencia de la fecundidad, está llamado a prolongarse y expandirse, a sus- citar nuevas vidas. No se agota en los esposos. El Matrimonio nunca ha sido un asunto meramente privado, sino que implica profundamente tanto el ámbito eclesial como el social. El desarrollo de la persona y de la sociedad depende y está íntimamente vinculado a la pequeña comunidad conyugal y familiar. El punto de partida hacia el momento sacramental, que supone la fe, es la realidad humana del amor como base y centro de la misma unión matrimonial y de la comunión de personas, como constitutivo de la familia. Los esposos cristianos deben ser conscientes, además, de que, en la vivencia del amor conyugal, Dios los llama a participar y manifestar el misterio de unión y amor fecundo de Cristo y de su Iglesia. El Matrimonio es, pues, imagen de la comunión de Dios con el hombre y, como sacramento, actualiza y manifiesta la unión, amor y entrega de Cristo a la Iglesia. El Matrimonio surge de la misma naturaleza humana y ha existido como institución divina desde los comienzos de la humanidad. Para los cristianos, además, es un sacramento, signo mediante el cual el amor y la fidelidad de Dios, que se revelaron en Jesucristo, se actualiza en la vida de los esposos cristianos. El Matrimonio cristiano es, pues, una realidad humana querida por Dios, pero asumida profundamente por Cristo, que lo convierte en presencia suya mediante un sacramento específico. De este modo, “la comunidad íntima de vida y amor conyugal es elevada y asumida en la caridad esponsal y es enriquecida por su fuerza salvadora” Este sacramento determina toda la vida de los cónyuges a partir de su ser en Cristo: "En virtud de la sacramentalidad de su Matrimonio, los esposos quedan vinculados uno a otro de una manera más profundamente indisoluble. Su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación de Cristo con la Iglesia” I. DIMENSIONES DEL MATRIMONIO a) Dimensión antropológica [4] La comprensión cabal del Matrimonio siempre deberá partir de la misma realidad humana. El sacramento asume totalmente la realidad humana: cuerpo y espíritu, amor y sexualidad, compromiso y fidelidad, persona y comunidad. El Matrimonio es, ante todo, la manifestación de un amor humano sin reservas; signo vivo de que, para el hombre, es esencial trascenderse mediante el amor. La dimensión antropológica subraya que el hombre está llamado a elegir su camino. Esta elección no encadena la libertad, sino que la realiza.

La elección responsable y fiel da unidad a la vida y conduce a la madurez del ser humano. El ser humano está llamado a opciones duraderas, definitivas, en la confianza mutua. La opción matrimonial determinará la vida entera y para siempre. Se ama a una persona para siempre y de forma total, sin condiciones ni intereses, sin límites. Así lo exige su dignidad. b) Dimensión histórico-salvífica [5] La Historia de la salvación es una historia de amor esponsal entre Dios y su pueblo, llena de acontecimientos salvíficos. La Sagrada Escritura se inicia, en el libro del Génesis, con la creación del hombre y la mujer en orden al Matrimonio, y termina, en el libro del Apocalipsis, con las Bodas del Cordero y su Iglesia (Cfr Catecismo de la Iglesia Católica CEC - 1602). 'Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó y los bendijo diciendo: crezcan, multiplíquense, llenen la tierra y domínenla' (Gén 1, 27-28). Los creó para la comunión con Él y como colaboradores e imágenes suyas en el mundo. Como paraninfo, le entregó a Adán como esposa a Eva, sacada de su misma naturaleza, como complemento de su vida, evitando así la soledad y el vacío existencial, y expresando al mismo tiempo la reciprocidad y la complementariedad de los sexos. Adán, al verla, exclamó: "Ésta sí es carne de mi carne y hueso de mis huesos" (Gén 2, 23). Pero el pecado destruyó este proyecto de amor y unidad. Se culparon el uno al otro: 'La mujer que me diste por compañera me engañó y comí" (Gén 3, 13). Y vino la dolorosa sentencia de Dios a la mujer: 'Con dolor parirás los hijos, vivirás sometida a tu marido y él te dominará'; y al hombre: "Comerás el pan con el sudor de tu frente" (Gén 3, 16-17). Y en el mundo, incluso en el mismo pueblo de Dios, se multiplicó el pecado: infidelidades matrimoniales, explotación de la mujer, abandono del hogar, poligamia, violencia familiar, paternidad irresponsable, adulterios, divorcios, degeneraciones... Era necesario redimir a la humanidad en aspectos tan importantes como la sexualidad, la generación, el amor y la familia. Los profetas anuncia- ron la nueva Alianza con la comparación del Matrimonio (Cfr Os 1-3; Is 54; 62; Jer 2-3; 31; Ez 16, 62; 23); su culminación la encontramos en el Cantar de los Cantares. Por su Encarnación, Cristo asumió todo lo humano para redimir al hombre, uniendo esponsalmente lo humano y lo divino en una sola Persona, la segunda de la Santísima Trinidad, el Hijo. Por su Misterio Pascual, Cristo redimió todos los pecados; y del costado abierto del nuevo Adán surgió la Iglesia, nueva Eva, purificada con la Sangre del Cordero y engalanada como una Esposa (Ef 5, 25-26).

Por su glorificación y el don del Espíritu Santo, Cristo ha santificado el Matrimonio, elevándolo a sacramento, signo e instrumento de su amor salvífico. Se cumplió así la abundancia mesiánica pascual anunciada en las bodas de Caná (Cfr Jn 2, 1-11) y que tendrá su cabal cumplimiento al final de los tiempos (Apoc 19, 7. 9; 21, 9). El Matrimonio es sacramento instituido por Cristo porque significa y con- densa esa historia de amor. De ahí arrancan sus exigencias de unidad e indisolubilidad: 'Ya no son dos sino una sola carne; lo que Dios ha unido no lo separe el hombre' (Mt 19, 6). c) Dimensión teológica [6] En su Misterio más íntimo, Dios no es un ser solitario, sino una comunión de Personas: Padre Hijo y Espíritu Santo. Dios crea al hombre a su imagen para reflejar su unidad trinitaria en la comunión de personas. Por eso estamos llamados a la comunión. La comunidad básica es la familia, cuya matriz y núcleo es el Matrimonio. Así que los esposos son un reflejo de la unidad y el amor fecundo del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo, puesto que hay un solo Dios, una sola vida divina, pero vivida en común por las tres Personas distintas. Al Padre atribuimos el poder creador, al cual asocia al hombre y a la mujer mediante su capacidad generativa y transformadora. Él es la fuente de todo ser, vida, amor y paternidad en el cielo y en la tierra (Cfr Ef 3, 14). Cristo es el modelo del hombre nuevo, el redentor de la humanidad, que eleva a sacramento la institución matrimonial, como participación de su Pascua. Se hace presente en la celebración del Matrimonio, y es camino para el amor oblativo, fiel y perpetuo. En él se han unido para siempre, esponsalmente, Dios y el hombre. El ha hecho extensiva esta unión a la Iglesia, su esposa. El Espíritu Santo, amor personal de Dios, santifica a los esposos y realiza en ellos la comunión divina y humana, actualizando la Historia de la salvación. Es invocado sobre los esposos, y es el sello de su alianza y la fuerza de su fidelidad. En vista de todo esto, con toda razón, san Pablo puede recomendar: “Cásense, pero en el Señor” (1 Cor 7, 39). d) Dimensión cristológica [7] El Matrimonio cristiano expresa la historia de un amor esponsal, que comienza en la creación y alcanza en Cristo su suprema realización. En Cristo se encuentra la cima del amor de Dios por el hombre y se actualiza en el amor matrimonial (Cfr CEC 1602). Este aspecto es el núcleo esencial, la razón fundamental, de la sacramentalidad del Matrimonio cristiano: 'Esto es un misterio grande, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia' (Ef 5, 32).

Jesucristo es la alianza personificada de Dios con los hombres. En Él, Dios ha asumido todo lo humano y, al hacerlo, ha confirmado al hombre en su dignidad humana. El amor y la fidelidad matrimonial de los que "están en Cristo' por la fe y el Bautismo, se ven asumidos, perfeccionados y sostenidos por el amor y la fidelidad de Dios: 'Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos' (Jn 15, 13). El amor matrimonial es asumido por el amor divino. Así, entonces, el amor y la fidelidad conyugal son señal eficaz, símbolo realizado, verdadera actualización del amor de Dios en Cristo: 'Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella para santificarla' (Ef 5, 2526). e) Dimensión eclesial [8] La Iglesia es el sacramento de Cristo, como Cristo es el sacramento del Padre. La Iglesia es, además, la esposa de Cristo, y su Cuerpo. Éste es el fundamento del sacramento del Matrimonio, con un elemento divino y uno humano. La íntima relación existente entre el Matrimonio y la Iglesia asume su expresión más patente en el momento mismo de la celebración del sacramento. Por su naturaleza, el Matrimonio no constituye un asunto privado, sino algo público y eclesial (Cfr CEC 1630-1631). En este sentido es importante celebrar el Matrimonio en presencia y con la participación activa de la comunidad. La celebración litúrgico es la manifestación principal de la Iglesia (Cfr SC 26)@ La comunidad reunida en asamblea litúrgico ha de ser consciente de que su presencia y participación en la celebración del Matrimonio es fundamental. Es testigo del compromiso de los esposos ante Dios y ante la comunidad cristiana. Su presencia es expresión de la Iglesia que los acompaña y acoge en el sacramento que la significa. Si el sujeto de la acción litúrgico es toda la asamblea (Cfr IGMR, 3a ed., 16), entonces no sólo los esposos sino toda la Iglesia celebran el amor de Dios. Del sacramento del Matrimonio surge la familia como 'Iglesia doméstica" (Cfr CEC 16551656), comunidad de amor a imagen de la unidad trinitaria de Dios.

II. EL RITO SACRAMENTAL DEL MATRIMONIO a) Sus principales momentos y sus signos [9] La liturgia está constituida por signos, que nos ponen en contacto con el misterio de la salvación (Cfr SC 7; IGMR, 31' ed., n. 20). Todo está ordenado entre sí para conducir a los contrayentes y a la comunidad cristiana reunida en asamblea a descubrir y celebrar el signo principal: la donación de Cristo a su Iglesia y de la Iglesia a Cristo; y para que, a través de los ritos, todos valoren la riqueza de este sacramento

b) Estructura de la celebración: 1) Recibimiento y acogida de los contrayentes [10] El Ritual ofrece dos posibilidades. Recibir y saludar a los novios a la puerta de la iglesia para entrar con ellos en procesión hacia el altar; o recibirlos en el lugar preparado para los novios o, también, desde la sede, al llegar los novios a su lugar. No está de más recordar que en la recepción de los novios es muy conveniente cuidar el canto de entrada, de modo que exprese la fe de la Iglesia y sea acorde con el rito del Matrimonio. 2) Liturgia de la Palabra [11] Debe de ser reconocida como elemento importante y esencial en la celebración. En cuanto a su proclamación, cabe advertir que los novios no deben hacer nunca las lecturas. Lo exige así el propio protagonismo que les corresponde en la celebración, atendiendo a la disposición de la reforma conciliar de que 'cada cual, ministro o simple fiel, haga todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción litúrgico" (SC 28). Los novios, ese día, no están allí para proclamar a los demás la Palabra de Dios, sino para escuchar lo que Dios les dice a ellos. Más que proclamarla, les corresponde acogerla. La homilía corresponde a quien preside: Obispo, presbítero o diácono, y no debe omitirse. Debe partir de los textos bíblicos proclamados. 3) Liturgia del Matrimonio a. Interrogatorio [12] La Iglesia exige que antes del consentimiento se haga constar públicamente, de parte de los novios y ante la comunidad eclesial, la libertad de los contrayentes, la determinación de que siempre van a ser fieles el uno al otro, y su apertura a la procreación y educación de los hijos en la fe. b. Consentimiento mutuo de los contrayentes [13] El amor conyugal se hace explícito a través del consentimiento libre que es un elemento esencial del Matrimonio. Va más allá de expresar un contrato o un mutuo acuerdo. Es el reconocimiento y aceptación total del otro; es la radicalización del amor oblativo a semejanza de Cristo. Este momento ha de ser especialmente significativo. Se trata de que los novios expresen, es decir, declaren libremente su mutuo amor y entrega para toda la vida ante la comunidad eclesial. El consentimiento tiene un valor sacramental. Éste ha sido puesto de relieve por el Catecismo de la Iglesia Católica, donde afirma que "en la Iglesia latina se considera

habitualmente que son los esposos quienes, como ministros de la gracia de Cristo, se confieren mutua- mente el sacramento del Matrimonio expresando ante la Iglesia su consentimiento' (n. 1623). Por eso los novios deben hacer su declaración, en voz alta, de tal manera que sea escuchada por la asamblea, y mirándose el uno al otro, tomados de las manos. Este momento concluye con la recepción del consentimiento por parte del sacerdote, en el nombre del Señor, y una aclamación de la asamblea. c. Entrega de los anillos [14] Este gesto expresa el signo del amor y la fidelidad conyugal. Los anillos, llamados también “'alianzas”, serán un recuerdo permanente de su amor en Cristo. d. Entrega de las arras [15] Este signo expresa que los nuevos esposos se comprometen a compartir lo que son y lo que tienen, a administrar responsablemente los bienes necesarios y a superar el egoísmo. 4) Eucaristía [16] “La celebración del Matrimonio entre dos fieles católicos tiene lugar ordinariamente dentro de la santa Misa, en virtud del vínculo que tienen todos los sacramentos con el Misterio Pascual de Cristo. En la Eucaristía se realiza el memorial de la nueva Alianza, en la que Cristo se unió para siempre a la Iglesia, su esposa amada, por la que se entregó. Es, pues, conveniente que los esposos sellen su consentimiento por el que se dan el uno al otro, mediante la ofrenda de sus propias vidas, uniéndose a la ofrenda de Cristo por su Iglesia, hecha presente en el sacrificio eucarístico, y recibiendo la Eucaristía, para que, comulgando en el mismo Cuerpo y en la misma Sangre de Cristo, formen un solo cuerpo en Cristo”(CEC 1621). [17] Cuando se celebra la Eucaristía, en el momento de las Intercesiones, dentro de la Plegaria eucarística, hay que incluir la que el Misal señala como propia para la Misa del Matrimonio, ya que, con ellas "se da a entender que la Eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia celeste y terrena, y que la oblación se hace por ella y por todos sus miembros vivos y difuntos, miembros que han sido todos llamados a la participación de la salvación y redención adquirida por el Cuerpo y la Sangre de Cristo” (IGMR, 31'ed., n. 79, g). En las Misas rituales se tienen presentes de modo particular a los que celebran un sacramento específico dentro de la Eucaristía. 5) Bendición nupcial [18] Aunque la fórmula del consentimiento sea esencial para el sacramento, la fórmula de bendición sobre los esposos es la más expresiva del rito. Por muchos siglos fue la única expresión litúrgica del Matrimonio entre los cristianos. Ya no está configurada sólo como bendición a la esposa y, aunque se mantiene la fisonomía original, da espacio a los deberes del esposo y al final es oración por los dos. La parte central es la invocación al Espíritu

Santo o epíclesis. "En la epíclesis de este sacramento los esposos reciben el Espíritu Santo como comunión de amor de Cristo y de la Iglesia... El Espíritu Santo es el sello de la alianza de los esposos, la fuente siempre generosa de su amor, la fuerza con que se renovará su fidelidad' (CEC 1624). 6) Comunión eucarística [19] La Comunión tiene para los nuevos esposos un sentido único y especial. En ella Cristo personalmente alienta su vida conyugal para vivir el misterio de la comunión de amor: con Dios, entre sí, y con la Iglesia. Los lleva a reconocer y compartir los dones que por Cristo reciben del Espíritu Santo. La Comunión eucarística expresa su participación en el Misterio Pascual de Cristo (Cfr CEC 1621). Es conveniente que los cónyuges reciban la Comunión bajo las dos especies. 7) Rito de conclusión [20] La bendición final significa el envío de los nuevos esposos al mundo, en donde deberán tener presente su responsabilidad de ser célula de la sociedad y de la Iglesia. Son enviados a ser testigos del "Evangelio" de la vida y del amor. III. PASTORAL DEL MATRIMONIO [21] 'En nuestros días es más necesaria que nunca la preparación de los jóvenes al Matrimonio y a la vida familiar' (FC 66). Ante la escasa formación religiosa y moral del pueblo, “se presenta en toda su urgencia la necesidad de una evangelización y catequesis prematrimonial y postmatrimonial puesta en práctica por toda la comunidad cristiana" (FC 68). La pastoral del Matrimonio debe ser plural, esforzándose por adaptarse a las diversas situaciones de los fieles en nuestro país: etnias, inmigrantes, marginados, etc. 1. Preparación al Matrimonio [22] Al hablar hoy de preparación al Matrimonio, la Iglesia distingue tres momentos: preparación remota, preparación próxima y preparación inmediata. a) Preparación remota: [23] Abarca una gran parte de la vida, y es la “formación para el amor por el amor”, desarrollada en la vida familiar, y que implica la "transmisión y enraizamiento de los valores cristianos", como también "una fe que implica la comunión de gracia y amor con Cristo Resucitado' (PSM 25). La importancia del Matrimonio en la vida de los esposos, la opción que toman y los compromisos que adquieren los invitan vivamente a prestar una especial atención en prepararse debidamente.

El noviazgo es un camino para madurar progresivamente el “Sí” de su misión matrimonial que comprometerá para siempre toda su vida y su persona. Constituye una etapa fundamental de la cual depende el proyecto de la vida conyugal. No se le puede reducir a algo provisional o a un hecho mera- mente sentimental. Es camino final de una vocación ya iniciada. La vocación al Matrimonio nace mucho antes del día del Matrimonio. Esta preparación se realiza en los grupos juveniles y en la pastoral vocacional. [24] Tiene lugar en el tiempo del noviazgo. En ella hay que verificar la madurez de los valores humanos y cristianos. Es una etapa para la evangelización y para percibir las posibles dificultades en orden a vivir una vida auténticamente cristiana (Cfr PSM 32). Deberá apoyarse en una catequesis alimentada por la Palabra de Dios y el magisterio de la Iglesia. Se da sobre todo en las catequesis prematrimoniales, en el examen de la doctrina cristiana y en otros momentos. "El resultado final de este período consistirá en el claro conocimiento de las notas esenciales del Matrimonio cristiano: unidad, fidelidad, indisolubilidad, fecundidad; la conciencia de fe sobre la prioridad de la Gracia sacra- mental, que asocia a los esposos como sujetos y ministros del sacramento al Amor de Cristo Esposo de la Iglesia; la disponibilidad para vivir la misión propia de las familias en el campo educativo, social y eclesial' (PSM 45). En esta etapa de preparación se lleva a cabo la "presentación matrimonial", en la que la Iglesia verifica sus motivaciones para contraer Matrimonio y su madurez humana y cristiana. Es un momento significativo para los novios; en él manifiestan su firme decisión de casarse. Esta es una buena oportunidad para celebrar la Bendición de los prometidos, que aparece en el Apéndice del Ritual (n. 288 y ss.). c) Preparación inmediata: [25] La finalidad de esta preparación es la siguiente: - Sintetizar el recorrido de la preparación próxima en orden a superar posibles carencias de la formación básica. - Efectuar experiencias de oración y retiros espirituales. - Preparación litúrgico adecuada, celebración del sacramento de la Reconciliación, y preparación de la celebración del Matrimonio. - Buscar recibir orientaciones con personas de mayor experiencia, que pueden ser sus papás o sus padrinos, otros matrimonios y también los presbíteros, en orden al cumplimiento de lo establecido por la Iglesia. 2. Celebración del Matrimonio [26] Se debe encontrar el momento y el tiempo necesarios para el adecuado conocimiento del rito matrimonial. 'La preparación litúrgica al sacramento del Matrimonio debe resaltar el valor de los elementos rituales actualmente disponibles. Normalmente la celebración del

Matrimonio se inserta en la celebración eucarística, a fin de establecer una relación más clara entre el sacramento nupcial y el Misterio Pascual' (PSM 53). Pastoralmente es muy recomendable el no multiplicar "objetos simbólicos" y bendiciones que, más que aclarar, oscurecen el principal signo litúrgico: 'Explíquese bien a los testigos que no sólo son garantes de un acto jurídico, sino también representantes de la comunidad cristiana, que por su medio, participa en un acto sacramental que le afecta, porque toda familia nueva es una célula de la Iglesia" (PSM 55). 3. Proyección del Matrimonio [27] Al principio de estas orientaciones afirmábamos que el sacramento del Matrimonio tiene su realización y perfeccionamiento de modo permanente a lo largo de la vida conyugal, de tal manera que su crecimiento como comunidad de amor debe ser progresivo. Por ello es necesario que en las parroquias, siempre que sea posible, exista un equipo de la pastoral familiar que ofrezca a los recién casados diversas oportunidades para continuar su preparación como cónyuges, e iniciarlos a la vida familiar. Este ayudará a que la gracia recibida por los esposos en el sacramento del Matrimonio, rinda mejores frutos de santidad para ellos mismos, para su familia y para la comunidad entera (Cfr CEC 1641). Ante la cultura de la muerte que invade nuestra sociedad, es importante que las familias cristianas sean un santuario de la vida; los esposos deben ser los principales protagonistas en la promoción y defensa de los valores de la vida y del verdadero amor; que la Iglesia doméstica sea casa y escuela de comunión y santidad. CONCLUSIÓN [28] Con el afán de ayudar al pueblo de Dios confiado a nuestro cuidado, hemos presentado estas orientaciones. Deseamos así que la celebración del Matrimonio sea un verdadero acontecimiento de salvación. Todos estos elementos de la celebración sacramental ayudan a comprender que se trata no sólo de una celebración, sino de un encuentro de fe y de fiesta en Jesucristo. Se celebra ciertamente la realidad humana del amor, pero en el sacramento se celebra el amor que se quiere vivir para siempre en el Señor. La celebración también tiene en cuenta que la Iglesia es signo e instrumento sacramental, anticipación simbólica de la reunión y reconciliación final y de la paz escatológico entre los pueblos. También el Matrimonio es signo de esperanza escatológico entre los pueblos. Signo del amor esponsal de Cristo y de la comunidad de los salvados, es también signo de los tiempos nuevos y de las realidades últimas. Es un signo del acontecimiento definitivo, del gozo final de la humanidad redimida. “Felices los invitados al banquete de bodas del Cordero!” (Apoc 19, 9).

Introducción general (Praenotanda) I
IMPORTANCIA Y DIGNIDAD DEL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO 1. La alianza matrimonial, por la que el hombre y la mujer se unen entre sí para toda la vida', recibe su fuerza primordial del acto creador de Dios, pero además, para los fieles cristianos, se eleva a una dignidad más alta, ya que se cuenta entre los Sacramentos de la nueva alianza. 2. El Matrimonio queda constituido por la alianza conyugal o consentimiento irrevocable de los cónyuges, con el que uno y otro se entregan y se reciben mutua y libremente. Tanto la misma unión singular del hombre y de la mujer como el bien de los hijos exigen y piden la plena fidelidad de los cónyuges y también la unidad indisoluble del vínculo. 3. Por su propia naturaleza, la misma institución del Matrimonio y el amor conyugal se ordenan a la procreación y educación de la prole, y con ellas se coronan logrando su cima, ya que los hijos son en realidad el don más excelente del Matrimonio y contribuyen sobremanera al bien de los mismos padres. 4. La íntima comunidad de vida y de amor, por la cual los cónyuges 'ya no son dos, sino una sola carne, ha sido fundada por Dios Creador, provista de leyes propias, y enriquecida con la única bendición que no fue abolida por la pena del pecado original". Por lo tanto, este sagrado vínculo no depende del arbitrio humano, sino del autor del Matrimonio, que lo quiso dotado de unos bienes y fines peculiares. 5. Cristo el Señor, al hacer una nueva creación y renovarlo todo', quiso restituir el Matrimonio a la forma y santidad originales, de tal manera que lo que Dios ha unido no lo separe el hombre", y, además, elevó esta indisoluble alianza conyugal a la dignidad de Sacramento, para que significara más claramente y remitiera con más facilidad al modelo de su alianza nupcial con la Iglesia. 6. Con su presencia trajo la bendición y la alegría a las bodas de Caná, convirtiendo el agua en vino, anunciando así por adelantado la hora de la alianza nueva y eterna: "Pues de la misma manera que Dios en otro tiempo salió al encuentro de su pueblo con una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres se ofrece a la Iglesia como esposo cumpliendo en su misterio pascual la alianza con ella. 7. Por el Bautismo, sacramento de la fe, el hombre y la mujer, de una vez para siempre, se insertan en la alianza de Cristo con la Iglesia, y así su comunidad conyugal es asumida en la caridad de Cristo y enriquecida con la fuerza de su sacrificio". Por esta nueva situación, el Matrimonio válido de los bautizados es siempre Sacramento

8. Por el sacramento del Matrimonio los cónyuges cristianos significan el misterio de unidad y de amor fecundo entre Cristo y la Iglesia y participan de él; debido a ello, tanto al abrazar la vida conyugal, como en la aceptación y educación de la prole, se ayudan mutuamente a santificarse y encuentran ellos también su lugar y su propio carisma en el pueblo de Dios 9. Por este Sacramento, el Espíritu Santo hace que, así como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella'-, también los cónyuges cristianos, iguales en dignidad, con la mutua entrega y el amor indiviso, que mana de la fuente divina de la caridad, se esfuercen por fortalecer y fomentar su unión matrimonial. De modo que, asociando a la vez lo divino y lo humano, en la prosperidad y en la adversidad, perseveren fieles en cuerpo y alma, permaneciendo absolutamente ajenos a todo adulterio y divorcio". 10. El verdadero cultivo del amor conyugal y todo el sentido de la vida familiar, sin subestimar los demás fines del Matrimonio, tienden a que los cónyuges cristianos estén animosamente dispuestos a cooperar con el amor del Creador y Salvador, quien por medio de ellos amplía y enriquece día a día a su familia"'. Y así, confiando en la divina Providencia y ejercitando el espíritu de sacrificios, glorifican al Creador y se esfuerzan por alcanzar la perfección en Cristo cuando cumplen la función de procrear con generosa responsabilidad humana y cristiana. 11. Dios que llamó a los esposos al Matrimonio, continúa llamándolos a perfeccionar su propio Matrimonio. Los que se casan en Cristo, pueden, por la fe en la palabra de Dios, celebrar con fruto el misterio de la unión entre Cristo y la Iglesia, vivirlo santamente y dar de él público testimonio delante de todos. El Matrimonio deseado, preparado, celebrado y vivido cotidianamente a la luz de la fe, es aquel 'que la Iglesia une, que la oblación confirma, que la bendición refrenda, que los ángeles proclaman, que el Padre tiene por válido... ¡Qué preciosa la unión entre dos fieles que tienen una misma esperanza, un mismo modo de vida y de servicio! Ambos son hijos de un mismo Padre, ambos servidores de un mismo Dueño, sin ninguna separación ni en la carne ni en el espíritu. Son ciertamente dos en una sola carne; donde hay una sola carne, hay un solo espíritu.

II
OFICIOS Y MINISTERIOS 12. La preparación y celebración del Matrimonio, que atañe en primer lugar a los mismos futuros cónyuges y a sus familias, compete, por razón de la cura pastoral y litúrgico, al Obispo, al párroco y a sus vicarios y también, según le es propio, a toda la comunidad eclesial'. 13. Teniendo en cuenta las normas o indicaciones pastorales que la Conferencia Episcopal haya podido establecer acerca de la preparación de los novios o la pastoral del Matrimonio, corresponde al Obispo regular en toda la diócesis la celebración y la pastoral del

Sacramento, disponiendo la atención a los fieles para que el estado matrimonial se mantenga en el espíritu cristiano y se vaya perfeccionando24. 14. Los pastores de almas deben procurar que en la propia comunidad esta atención se proporcione sobre todo: 1) con la predicación, con la catequesis apta para los niños, los jóvenes y los adultos, empleando incluso los medios de comunicación social, para que con ello se instruya a los fieles acerca del significado del Matrimonio y de los deberes de los cónyuges y padres cristianos; 2) con la preparación personal en orden a contraer Matrimonio, en la que los novios se dispongan para la santidad y obligaciones de su nuevo estado; 3) con la fructuosa celebración litúrgica del Matrimonio, por medio de la cual se ponga de manifiesto que los cónyuges significan el misterio de la unidad y del amor fecundo entre Cristo y la Iglesia y participan del mismo; 4) con la ayuda proporcionada a los casados, para que ellos, observando y protegiendo fielmente la alianza conyugal, alcancen una vida familiar cada día más santa y más plena. 15. Se requiere un tiempo suficiente para la debida preparación del Matrimonio., y se debe, advertir con antelación a los novios de esta necesidad. 16. Los pastores, movidos por el amor a Cristo, han de acoger a los novios y antes que nada fomentarán y robustecerán su fe: pues el sacramento del Matrimonio la supone y exige, 17. Después de recordar oportunamente a los novios los elementos fundamentales de la doctrina cristiana, de los que se ha hablado antes (Cfr nn. 1-11), se les dará una catequesis sobre la doctrina del Matrimonio y la familia, del Sacramento y sus ritos, preces y lecturas, para que así puedan celebrarlo de manera consciente y fructuosa. 18. Los católicos que no hayan recibido todavía el sacramento de la Confirmación, lo recibirán antes de ser admitidos al Matrimonio, con el fin de completar la Iniciación Cristiana, siempre que pueda hacerse sin dificultad grave. Se recomienda a los novios que en la preparación del sacramento del Matrimonio reciban, si es necesario, el sacramento de la Penitencia y se acerquen a la Sagrada Eucaristía, principalmente en la misma celebración del Matrimonio. 19. Antes de que se celebre el Matrimonio debe constar que nada se opone a su celebración válida y lícita. 20. Durante la preparación, teniendo en cuenta la manera de pensar del pueblo acerca del Matrimonio y la familia, los pastores se esforzarán por evangelizar a la luz de la fe el mutuo y auténtico amor entro los novios. Incluso aquellas cosas que son requeridas por el Derecho para contraer Matrimonio válido y lícito pueden servir para promover en los novios una fe viva y un amor fecundo, a fin de formar una familia cristiana.

21. Pero si, a pesar de todos los esfuerzos, los novios manifiestan de manera clara y expresa que rechazan lo que pretende la Iglesia cuando se celebra el Matrimonio entre bautizados, el pastor de almas no puede admitirlos a la celebración; por mucho que le pese, debe tener en cuenta la realidad y hacer ver a los interesados que no es la Iglesia, sino ellos mismos, quienes, en estas circunstancias, impiden la celebración, por más que la soliciten 22. En el Matrimonio, más de una vez se dan casos especiales: como es el Matrimonio con parte bautizada no católica, con un catecúmeno, con parte simplemente no bautizada, o también con parte que ha rechazado explícitamente la fe católica. Los pastores tendrán presentes las normas de la Iglesia para estos casos y, si es necesario, recurrirán a la autoridad competente. 23. Conviene que sea un mismo presbítero, quien prepare a los novios, haga la homilía en la celebración del Sacramento, reciba el consentimiento y celebre la Misa. 24. También el diácono puede, recibida la facultad del párroco o del Ordinario, presidir la celebración del Sacramento", sin excluir la Bendición nupcial. 25. Cuando no haya sacerdotes ni diáconos, el Obispo diocesano puede, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida la licencia de la Sede Apostólica, delegar a laicos para que asistan a los Matrimonios. Se elegirá a un laico idóneo, capaz de instruir a los novios y que sea apto para realizar debidamente la liturgia matrimonial. Éste pide el consentimiento de los esposos y lo recibe en nombre de la Iglesia. 26. Los demás laicos pueden tomar parte de varias maneras, tanto en la preparación espiritual de los novios como en la misma celebración del rito. Conviene que toda la comunidad cristiana coopere siendo testigo de la fe y manifestando el amor de Cristo al mundo. 27. El Matrimonio se celebrará en la parroquia de uno u otro de los novios, o en otro lugar con licencia del propio Ordinario o del párroco.

III
CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO Preparación 28. Puesto que el Matrimonio se ordena al crecimiento y santificación del pueblo de Dios, su celebración tiene un carácter comunitario, que aconseja también la participación de la comunidad parroquial, por lo menos a través de algunos de sus miembros. Teniendo en cuenta las costumbres de cada lugar, si no hay inconveniente, pueden celebrarse varios Matrimonios al mismo tiempo o realizarse la celebración del Sacramento en la asamblea dominical.

29. La misma celebración del Sacramento debe prepararse cuidadosamente, y, en cuanto sea posible, con los que van a casarse. El Matrimonio se celebrará normalmente dentro de la Misa. No obstante, el párroco, atendiendo tanto a las necesidades pastorales como al modo con que participan en la vida de la Iglesia los novios o los asistentes, juzgará si es mejor proponer la celebración del Matrimonio dentro o fuera de la Misa. De acuerdo con los mismos novios, si es oportuno, se escogerán las lecturas de la Sagrada Escritura que serán explicadas en la homilía; la fórmula con que expresarán el mutuo consentimiento; los formularios para la bendición de los anillos y arras, para la Bendición nupcial, para las intenciones de la plegaria universal y para los cantos. Conviene también utilizar correctamente las variantes previstas en el rito y las costumbres locales que puedan conservarse, si son oportunas. 30. Los cantos que se van a interpretar han de ser adecuados al rito del Matrimonio y deben expresar la fe de la Iglesia, sin olvidar la importancia del salmo responsorial en la liturgia de la, Palabra. Lo que se dice de los cantos vale también para la selección de las obras musicales. 31. Es necesario que se exprese de manera adecuada el carácter festivo de la celebración del Matrimonio, incluso en la ornamentación de la iglesia. Sin embargo, los Ordinarios cuidarán de que no se haga ninguna acepción de personas privadas o de clases sociales, excepto los honores debidos a las autoridades civiles, según las leyes litúrgicas. 32. Si el Matrimonio se celebra en un día de carácter Penitencial, sobre todo en tiempo de Cuaresma, el Párroco advertirá a los esposos que tengan en cuenta la naturaleza peculiar de aquel día. En ningún caso se celebrará el Matrimonio el Viernes Santo en la Pasión del Señor ni el Sábado Santo.

Rito que se ha de emplear
33. En la celebración del Matrimonio dentro de la Misa, se emplea uno de los formularios ofrecidos en el capítulo I. En la celebración sin Misa, el rito debe realizarse después de la liturgia de la Palabra, como se indica en el capítulo II. 34. Cuando el Matrimonio se celebra dentro de la Misa, se utiliza la Misa ritual 'Por los esposos' con ornamentos de color blanco o festivo, a no ser que la celebración tenga lugar alguno de los días reseñados en los números 1-4 de la tabla de los días litúrgicos, en cuyo caso se emplea la Misa del día con sus lecturas, conservando en ella la Bendición nupcial y, si se cree conveniente, la fórmula propia de la bendición final. No obstante, si durante el Tiempo de Navidad o el Tiempo ordinario la Misa en que se celebra un Matrimonio en domingo es participado por la comunidad parroquias, se toma el formulario de la Misa del domingo. Cuando no se dice la Misa "Por los esposos", una de las lecturas puede tomarse de los textos previstos para la celebración del Matrimonio, puesto que la liturgia de la Palabra,

acomodada a su celebración, tiene una gran fuerza para la catequesis sobre el Sacramento mismo y sobre las obligaciones de los cónyuges (n. 280). 35. Se destacarán los principales elementos de la celebración del Matrimonio, a saber: la liturgia de la Palabra, en la que se resalta la importancia del Matrimonio cristiano en la historia de la salvación y sus funciones y deberes de cara a la santificación de los cónyuges y de los hijos; el consentimiento de los contrayentes, que pide y recibe el que legítimamente asiste al Matrimonio; aquella venerable oración en la que se invoca la bendición de Dios sobre la esposa y el esposo; y, finalmente, la comunión eucarística de ambos esposos y de los demás presentes, con la cual se nutre sobre todo su caridad y se elevan a la comunión con el Señor y con el prójimo. 36. Si el Matrimonio se realiza entre parte católica y parte bautizada no católica, debe emplearse el rito de la celebración del Matrimonio sin Misa (cap. 11, nn. 170-208); pero, si el caso lo requiere, y con el consentimiento del Ordinario del lugar, se puede usar el rito de la celebración del Matrimonio dentro de la Misa (cap. 1, nn. 47-169); en cuanto a la admisión de la parte no católica a la comunión eucarística, se observarán las normas dictadas para los diversos casos". Si el Matrimonio se celebra entre parte católica y parte catecúmeno o no cristiana, se debe usar el rito que se halla más adelante (cap. IV, nn. 250277), empleando las variantes previstas para los diversos casos. 37. Este Ritual incluye el rito de la bendición y entrega de las arras, de gran tradición en México, que sirve para expresar la comunidad de vida y de bienes que se establece entre los esposos. 38. Como en muchas regiones de México se acostumbra la 'imposición del lazo', este ritual propone que ésta tenga lugar inmediatamente después de la Oración universal (o del Credo, cuando se dice), pero puede reservarse para la Bendición nupcial. La entrega de la Biblia, para aquellas regiones en las que existe esta costumbre, puede hacerse al terminar la entrega de las arras. 39. Porque los pastores son ministros del Evangelio de Cristo en favor de todos, tendrán un cuidado especial hacia aquellas personas, ya sean católicas o no católicas, que nunca o casi nunca participan en la celebración del Matrimonio o de la Eucaristía. Esta norma pastoral vale en primer lugar para los mismos esposos. 40. Si el Matrimonio se celebra dentro de la Misa, además de lo requerido para la celebración de la misma, estará preparado en el presbiterio el Ritual Romano y los anillos para los esposos. Si parece oportuno, se preparará también el acetre con agua bendita y el hisopo, y un cáliz con suficiente capacidad para la comunión bajo las dos especies.

IV
ADAPTACIONES QUE DEBEN PREPARAR LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES

41. Compete a las Conferencias Episcopales, en virtud de la Constitución sobre la sagrada liturgia, acomodar este Ritual Romano a las costumbres y necesidades de cada región, de modo que, una vez confirmados los textos por la Sede Apostólica, se aplique en las regiones de que se trata. 42. En esta materia, será competencia de las Conferencias Episcopales: 1) Determinar las adaptaciones de que se habla posteriormente (nn. 43.46). 2) Si el caso lo requiere, adaptar y completar la "Introducción general" que figura en el Ritual Romano a partir del número 36 y siguientes ("Rito que se ha de emplear"), para hacer que la participación de los fieles sea consciente y activa. 3) Preparar las traducciones de los textos, de manera que se acomoden realmente a la índole de las diversas lenguas y a la manera de ser de las diversas culturas, añadiendo, siempre que sea oportuno, melodías aptas para el canto. 4) Al preparar las ediciones, ordenar la materia en la forma que parezca más adecuada para el uso pastoral. 43. Al preparar las adaptaciones, se tendrá en cuenta lo siguiente: 1) Las fórmulas del Ritual Romano pueden ser adaptadas o, si el caso lo requiere, enriquecidas (incluso el interrogatorio antes del consentimiento y las mismas palabras del consentimiento). 2) Cuando el Ritual Romano presenta varias fórmulas ad libitum, se permite añadir otras fórmulas del mismo género. 3) Respetando la estructura del rito sacramental, se puede variar el orden de las partes. Si parece más oportuno, el interrogatorio antes del consentimiento puede omitirse, quedando a salvo la norma de que quien asiste pida y reciba el consentimiento de los contrayentes. 4) Si la necesidad pastoral lo exige, se permite que el consentimiento de los contrayentes se pida siempre con el interrogatorio. 5) Terminada la entrega de los anillos, teniendo en cuenta las costumbres del lugar, se puede proceder a la coronación de la esposa o a la velación de los esposos.

6) Si en algún lugar el darse la mano o la bendición y entrega de los anillos es incompatible con las costumbres del pueblo, se permite la supresión de estos ritos o que sean suplidos por otros. 7) Se considerará con atención y prudencia qué es lo que puede admitirse de las tradiciones y manera de ser de cada pueblo. 44. Además, cada Conferencia Episcopal tiene la facultad de elaborar un rito propio del Matrimonio, a tenor de la Constitución sobre la sagrada liturgia, conforme a los usos de los lugares y pueblos, y con la aprobación de la Sede Apostólica, quedando a salvo la norma de que el legítimo asistente pida y reciba el consentimiento de los contrayentes y que se imparta la Bendición nupcial. El rito propio ha de ir precedido también de la 'Introducción general" que contiene el Ritual Romano, exceptuando lo que se refiere al rito que se ha de emplear. 45. En cuanto a los usos y maneras de celebrar el Matrimonio que están en vigor en los pueblos recién evangelizados, se sopesará comprensivamente todo lo que sea honesto y no esté entremezclado de manera inseparable con supersticiones y errores, y, si es posible, se conservará completo y cabal, más aún, se admitirá también en la misma liturgia, a condición de que concuerde con la índole del verdadero y auténtico espíritu litúrgico. 46. En aquellos pueblos en que, por costumbre, tienen lugar en las casas ceremonias matrimoniales, incluso durante varios días, conviene adaptarlas al espíritu cristiano y a la liturgia. En este caso, la Conferencia Episcopal puede establecer, según las necesidades pastorales de los pueblos, que el mismo rito del Sacramento pueda celebrarse en las casas.

Capitulo I

CELEBRACION DEL MATRIMOIO DENTRO DE LA MISA

FORMULARIO A RITOS INICIALES

*Primer modo
47. A la hora convenida, el sacerdote, revestido de alba, estola y casulla del color litúrgico que corresponde a la Misa que se celebra, se dirige, junto con los ayudantes, a la puerta de la iglesia, recibe a los novios y los saluda amablemente, haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría. Puede usarse agua bendita (véase el rito que se propone a continuación).

*Cuando se hace la aspersión
Cuando se usa el agua bendita puede hacerse de la siguiente manera: Monición El sacerdote introduce la aspersión con las siguientes palabras u otras semejantes: Hermanos, bienvenidos a esta celebración que a todos nos llena de alegría. Recordando nuestro Bautismo, agradezcamos a Dios este don de su amor. (Un momento de silencio.) Agradecimiento a Dios por el don del Bautismo Después, todos agradecen a Dios el don del Bautismo. El sacerdote dice: Bendito seas Dios, Padre todopoderoso, que en tu amor inefable nos has hecho hijos tuyos por medio del Bautismo. R. Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas Dios, Hijo único, Jesucristo, que por el Bautismo nos has perdonado todos nuestros pecados y nos has hecho partícipes de tu vida divina. R. Bendito seas por siempre, Señor. Bendito seas Dios, Espíritu Santo Consolador, que por el Bautismo nos has hecho miembros de la Iglesia y templos vivos de la Santísima Trinidad. R. Bendito seas por siempre, Señor.

Aspersión A continuación el sacerdote se signa primero con el agua bendita y después rocía con ella a los presentes, diciendo: Rocíanos, Señor, con el agua de tu misericordia y purifícanos de todos nuestros pecados Invitación a iniciar la procesión Enseguida, el sacerdote invita a los presentes a iniciar la procesión hacia el altar, diciendo: Vayamos con alegría al encuentro del Señor. R. Amén.

*Cuando no se hace la aspersión
Terminada la recepción en la puerta de la iglesia, enseguida, el sacerdote invita a los presentes a iniciar la procesión hacia el altar, diciendo: Hermanos, vayamos con alegría al encuentro del Señor 48. Se hace la procesión hacia el altar. Preceden los ayudantes, si sacerdote, después los novios, a los que, según las costumbres locales, pueden acompañar honoríficamente, por lo menos, los papás y los testigos, hasta el lugar que se les tiene preparado. Mientras, se entona el de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento. El canto de entrada o la música deben expresar la fe de la Iglesia y ser adecuados al rito del Matrimonio. Todos deben cuidar que esta procesión tenga verdadero carácter litúrgico y se evite la apariencia de cualquier cosa. 49. Respecto al lugar preparado para los novios, conviene tener en cuenta, a ser posible, que queden situados de tal modo que no den la espalda asamblea. 50. Al llegar los novios al lugar que se les tiene preparado, si es oportuno, los papás pueden darles la bendición antes de irse a sus lugares. 51. El sacerdote se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.

*Segundo modo
52. A la hora convenida, el sacerdote, revestido de alba, estola y casulla del color litúrgico que corresponde a la Misa que se celebra, se dirige, junto con los ayudantes, al lugar preparado para los novios.

53. Cuando los novios han llegado a su lugar, el sacerdote los recibe y los saluda amablemente,.haciéndoles saber que la Iglesia comparte su alegría. 54. Luego, mientras se entona el canto de entrada o se toca festivamente el órgano u otro instrumento, se acerca al altar, lo saluda con una inclinación profunda y lo venera con un beso. Después va a la sede.

Signo de la cruz y saludo
55. Entonces hace la señal de la cruz y saluda a los presentes, utilizando una de las fórmulas que propone el Misal Romano. 56. Luego se dirige brevemente a los novios y a los presentes, para disponerlos a la celebración del Matrimonio, con estas palabras u otras semejantes: Queridos hermanos: Llenos de alegría, nos hemos reunido en el nombre del Señor, para esta celebración, acompañando a N. y N. en el día en el que se disponen a celebrar el sacramento del Matrimonio. Para ellos este momento es de singular importancia. Por eso, acompañémoslos con nuestro cariño, amistad y oración fraterna. Escucharemos atentamente con ellos la palabra que Dios nos va a dirigir hoy. Después, como Iglesia, invocaremos a Dios Padre, unidos a su Hijo Jesucristo, Señor nuestro, para que acoja complacido a estos hijos suyos, los bendiga y les conceda vivir siempre unidos.

*O bien:
N. y N., la Iglesia participa de su alegría y los recibe cordialmente, junto con sus familiares y amigos, en el día en que van a unir para siempre sus vidas delante de Dios, nuestro Padre. Que el Señor los escuche en este día de gozo, les otorgue su bendición celestial y los proteja. Que les conceda los deseos de su corazón y atienda todas sus peticiones. Otras moniciones alternativas, n. 278. Se omite el acto penitencial. Se dice el himno Gloria a Dios, excepto en Adviento y Cuaresma. 57. Los días en que se permiten las Misas rituales, se dice la Misa "Por los esposos', con las lecturas propias. Si concurre algún día de los reseñados en los nn. 1-4 de la tabla de los días litúrgicos (Misal Romano, p. 114*), se dice la Misa del día, pero sin omitir en ella la Bendición nupcial y, si se cree oportuno, la fórmula de bendición final propia.

Si la Misa en que se lleva a cabo el rito del Matrimonio se celebra en domingo y es participado por la comunidad parroquial, se dice la Misa del día, incluso en los domingos del Tiempo de Navidad y del Tiempo ordinario.

Oración colecta
58. El rito de entrada concluye con la Oración colecta. Si el día de la celebración coincide con alguno de los reseñados en los nn. 1-4 de la tabla de los días litúrgicos, se dice la Misa del día. En los demás casos, se dice una de estas colectas u otras de las propias de la Misa ritual -(n. 279). Igualmente se hará con la Oración sobre las ofrendas y la Oración después de la Comunión. Oremos. Escucha, Señor, nuestras súplicas y protege bondadosamente la institución del Matrimonio, a la que tú le asignaste la propagación del género humano, para que, lo que tú has unido, Con tu ayuda se conserve. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios Por los siglos de los siglos. R. Amén.

*0 bien:
Dios nuestro, que al crear el género humano quisiste establecer la unión entre el hombre y la mujer une en la fidelidad del amor a estos hijos tuyos {N. y N.], que van a contraer Matrimonio, para que siempre den testimonio con su vida del amor divino que hoy los trae a tu altar. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. R- Amén. Otras oraciones colectas, n. 279. LITURGIA DE LA PALABRA 59. Sigue la liturgia de la -Palabra en la forma acostumbrada. Pueden hacerse tres lecturas, la primera de las cuales será del Antiguo Testamento, o del libro de los Hechos de los Apóstoles o del Apocalipsis en Tiempo pascual (n.280). Se elegirá siempre por lo menos una lectura que hable explícitamente del Matrimonio.

60. Cuando no se dice la Misa ritual, la segunda lectura puede tomarse de las que propone el leccionario para esta Misa (capítulo V de este Ritual n. 280), a no ser que concurra uno de los días indicados en los nn. 1-4 dé la tabla de los días litúrgicos. En este formulario se Proponen aquellas lecturas que expresan de modo peculiar la importancia y dignidad del Matrimonio, en el misterio de la Salvación.

Fuera del Tiempo pascual
PRIMERA LECTURA Hombre y mujer los creó. Del libro del Génesis 1, 26-28. 31 Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: "Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo ser viviente que se mueve sobre la tierra". Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Palabra de Dios. SALMO RESPONSORIAL Del salmo 127 R. Dichoso el que pone su confianza en el Señor. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien. R. Tu mujer, como vid fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor: "Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida; que veas a los hijos de tus hijos". R.

En el Tiempo pascual
PRIMERA LECTURA Vivían en comunión fraterna y celebraban la fracción del pan. Del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 42-47 En los primeros días de la Iglesia, todos los que habían sido bautizados eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la comunión fraterna, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse. Palabra de Dios. SALMO RESPONSORIAL Del salmo 99 R. El Señor es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya. Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Señor con alegría y con júbilo entremos en su templo. R. Reconozcamos que el Señor es Dios, que él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño. R. Entremos por sus puertas dando gracias, crucemos por sus atrios entre himnos, alabando al Señor y bendiciéndolo. R.

Porque el Señor es bueno, bendigámoslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. R. SEGUNDA LECTURA Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. De la carta del apóstol san Pablo a los efesios 5, 2. 25-32 Hermanos: Vivan amando, como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros. Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a su Iglesia y se entregó por ella para santificarla, purificándola con el agua y la palabra, pues él quería presentársela a sí mismo toda resplandeciente, sin mancha ni arruga ni cosa semejante, sino santa e inmaculada. Así los maridos deben amar a sus esposas, como cuerpos suyos que son. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie jamás ha odiado a su propio cuerpo, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. Éste es un gran misterio, y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia. Palabra de Dios. ACLAMAClÓN ANTES DEL EVANGELIO Cfr Sal 133 R. Aleluya, aleluya. El Señor que hizo el cielo y la tierra los bendiga desde Sión. R. Aleluya. En Tiempo de Cuaresma: Cfr 1 Jn 4, 16. 12. 11 R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús. Dios es amor; amémonos unos a otros como Dios nos amó. R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.

EVANGELIO Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-6 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y, para ponerle una trampa, le preguntaron. “¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?” Jesús les respondió: “¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: 'Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola carne'? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre". Palabra del Señor. 61. Después de la lectura del Evangelio, el sacerdote, en la homilía, explica, partiendo del texto sagrado, el misterio del Matrimonio cristiano, la dignidad del amor conyugal, la gracia del sacramento y las obligaciones de los cónyuges, atendiendo, sin embargo, a las diversas circunstancias de las personas.

LITURGIA DEL MATRIMONIO 62. Cuando se celebran dos o más Matrimonios a la vez, el interrogatorio antes del consentimiento, el mismo consentimiento, como también la aceptación del consentimiento, se harán siempre en singular para cada Matrimonio; lo demás, sin excluir la misma Bendición nupcial, se dirá una sola vez en plural para todos. Monición 63. Terminada la homilía y después de un breve momento de silencio, puestos de pie los novios, y situados los testigos a uno y otro lado, el sacerdote se dirige a los contrayentes, con estas palabras u otras semejantes: Queridos hermanos: Estamos aquí, junto al altar de Dios, para que él confirme con su gracia la voluntad que ustedes tienen de contraer Matrimonio ante el ministro de la Iglesia y esta comunidad cristiana que la hace presente. Cristo bendice con abundancia el amor conyugal que ustedes se tienen, y él, que los consagró un día con el santo Bautismo, los enriquece hoy y les da fuerza con un Sacramento peculiar para que se guarden mutua y perpetua fidelidad y puedan cumplir todas las obligaciones del Matrimonio. Por lo tanto, ante esta asamblea, les pregunto sobre su intención:

Interrogatorio antes del consentimiento
64. Entonces el sacerdote los interroga acerca de la libertad, la fidelidad y la aceptación y educación de los hijos, y cada uno de ellos responde. - N. y N., ¿han venido aquí a contraer Matrimonio por su libre y plena voluntad y sin que nada ni nadie los presione? R. Sí, vengo libremente. ¿Están dispuestos a ser fieles el uno al otro en el Matrimonio, durante toda la vida? --R. Sí, estoy dispuesto(a).

La siguiente pregunta se puede omitir si las circunstancias lo aconsejan, por ejemplo, si los novios son de edad avanzada: --¿Están dispuestos a recibir de Dios, responsable y amorosamente, los hijos, y a educarlos según la ley de Cristo y de su Iglesia? R. Sí, estoy dispuesto(a).

*0 bien: N. y N., ¿vienen a contraer Matrimonio con entera libertad? R. Sí. ¿Se comprometen a amarse y guardarse mutua fidelidad durante toda la vida? R. Sí. ¿Están dispuestos a recibir responsablemente los hijos, fruto de su amor, y a educarlos en la fe de Cristo R. Sí.

Consentimiento
65. La comunidad se pone de pie. El sacerdote invita a los novios a expresar su consentimiento: Así, pues, ya que quieren establecer entre ustedes la alianza santa del Matrimonio, unan sus manos, y expresen su consentimiento delante de Dios y de su Iglesia.

Los novios, vueltos el uno hacia el otro, unen sus manos. El novio: Yo, N., te acepto a ti, N., como mi esposa y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida. La novia: Yo, N., te acepto a ti, N., como mi esposo y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte todos los días de mi vida. *0 bien: El novio: N., ¿quieres ser mi esposa? La novia: Sí, quiero. La novia: N., ¿quieres ser mi esposo? El novio: Sí, quiero. El novio: N., yo te acepto como esposa y prometo amarte fielmente durante toda mi vida. La novia: N., yo te acepto como esposo y prometo amarte fielmente durante toda mi vida. *0 bien: El novio: Yo, N., te acepto a ti, N., como esposa y me entrego a ti como tu legítimo esposo, según lo manda la santa Madre Iglesia católica. La novia: Yo, N., te acepto a ti, N., como esposo y me entrego a ti como tu legítima esposa, según lo manda la santa Madre Iglesia católica. 66. Si parece más oportuno, el sacerdote puede solicitar el consentimiento de los contrayentes por medio de un interrogatorio. En primer lugar interroga al novio: N., ¿aceptas a N. como esposa, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarla y respetarla todos los días de tu vida?

El novio responde: SI, la acepto. A continuación el sacerdote interroga a la novia: N., ¿aceptas a N. como esposo, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y amarlo y respetarlo todos los días de tu vida? La novia responde: Sí, lo acepto. _________________________________________________________________________

Confirmación del consentimiento
67. Luego el sacerdote que recibe el consentimiento, extendiendo la mano sobre las manos unidas de los esposos, dice: El Señor confirme con su bondad este consentimiento que han manifestado ante la Iglesia y cumpla en ustedes su bendición. Y lo que Dios acaba de unir, que nunca lo separe el hombre. *0 bien: El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios que unió a nuestros primeros padres en el paraíso confirme este consentimiento mutuo que ustedes han manifestado ante la Iglesia y, en Cristo, les otorgue su bendición, de manera que lo que Dios ha unido, nunca lo separe el hombre.

68. El sacerdote invita a los presentes a alabar a Dios: Bendigamos al Señor. Todos responden: Demos gracias a Dios.

0 bien: Sacerdote: Bendigamos al Señor. Todos: Amén.

Puede utilizarse otra aclamación. Terminada la aclamación la comunidad se sienta. 69. En este momento, según las costumbres del lugar, el esposo levanta el velo con el que la esposa cubre su rostro.

Bendición y entrega de anillos y arras
70. * Modo A: Bendición y entrega de anillos y arras, unidos. El sacerdote dice: Bendice , Señor, a estos hijos tuyos, N. y N., y santifícalos en tu amor, y que estos anillos y estas arras, símbolos de fidelidad y de ayuda mutua, les recuerden siempre el cariño que se tienen. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. Si es oportuno, rocía los anillos y las arras con agua bendita y entrega los anillos a los esposos. El esposo coloca en el dedo anular de la esposa el anillo a ella destinado, diciendo: El esposo: N., recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. De la misma manera, la esposa coloca en el dedo anular del esposo el anillo a él destinado, diciendo: La esposa: N., recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. El esposo toma las arras y, teniéndolas entre las manos juntas, las entrega a la esposa, que las recibe con las dos manos debajo de las de su esposo, y dicen: El esposo: N., recibe también estas arras como prenda de la bendición de Dios y del cuidado que tendré de que no falte lo necesario en nuestro hogar.

La esposa: N., yo las recibo como prenda de la bendición de Dios y en señal de los bienes que vamos a compartir. _____________________________ 71. * Modo B: Bendición y entrega de anillos y arras, por separado. 1. Anillos El sacerdote dice: El Señor bendiga estos anillos que van a entregarse el uno al otro en señal de amor y de fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R, Amén. *0 bien: Envía, Señor, tu bendición sobre estos anillos que bendecimos en tu nombre, para que quienes los van a llevar se guarden absoluta fidelidad, gocen de la paz que da el cumplir tu voluntad y vivan siempre amándose mutuamente. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén. Si es oportuno, rocía los anillos con agua bendita y los entrega a los esposos. El esposo coloca en el dedo anular de la esposa el anillo a ella destinado, diciendo: El esposo: N., recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. De la misma manera la esposa coloca en el dedo anular del esposo el anillo a él destinado, diciendo: La esposa: N., recibe este anillo como signo de mi amor y de que siempre te seré fiel. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

2. Arras El sacerdote dice: Bendice Señor, estas arras, que N. y N. se entregan, y derrama sobre ellos la abundancia de tus bienes. El esposo toma las arras y, teniéndolas entre las manos juntas, las entrega a la esposa, que las recibe con las dos manos debajo de las de su esposo, y dicen: El esposo: N., recibe también estas arras como prenda de la bendición de Dios y del cuidado que tendré de que no falte lo necesario en nuestro hogar. La esposa: N., yo las recibo como prenda de la bendición de Dios y en señal de los bienes que vamos a compartir.

* Entrega de la sagrada Biblia
Según la costumbre de algunos lugares, en este momento el que preside puede hacer la entrega de la Biblia a los esposos con estas o semejantes palabras: Reciban el libro de la Sagrada Escritura, que contiene la Palabra de Dios. Que esta Palabra sea fuente de luz y de vida en el camino que hoy emprenden como esposos cristianos. 72. Entonces toda la comunidad puede entonar un himno o un canto de alabanza:

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