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FERGUSON - Diglosia (Retipiado)

FERGUSON - Diglosia (Retipiado)

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Diglosia

Charles Ferguson
Publicado originalmente con el título de “Diglossia” en Word, 15, 1959, pp. 325-340. Tomado de P Garvin y Y. . Lastra, Antología de estudios etnolingüísticos y sociolingüísticos, (trad. Joaquín Herrero), UNAM, 1974, pp. 247-265.

En muchas comunidades lingüísticas se presenta el fenómeno de que algunos hablantes usen dos o más variedades de la misma lengua de acuerdo a diferentes circunstancias. Tal vez el ejemplo más corriente es el caso de una lengua estándar y un dialecto regional, tal como sucede por ejemplo en el italiano o en el persa, en que muchas personas usan el dialecto en familia o con amigos de la misma área dialectal, pero usan la lengua estándar para comunicar­ se con hablantes de otros dialectos o en actuaciones públicas. Existen, sin embargo, ejemplos muy dispares del uso de dos variantes de una lengua en una misma comunidad lingüística. En Bagdad, los árabes cristianos hablan el dialecto “árabe cristiano” cuando hablan entre sí, pero emplean el dialecto general de Bagdad o “árabe musulmán” cuando se dirigen a un grupo mixto. En el transcurso de los últimos años se ha notado un renovado interés por el estudio del desarrollo y característica de las lenguas estándares (ver especialmente Kloss 1952, con su valiosa introducción sobre estandarización en general). El presente trabajo, precisamente para seguir esta línea de interés, intenta examinar cuidadosamente un modo particular de estandarización en el que dos variedades de una lengua coexisten en todo el ámbito de la comunidad, teniendo que cumplir cada una de ellas una función definida. Introducimos aquí el término “diglosia”, tomado del francés diglossie, que se ha venido aplicando a este caso, puesto que no existe en inglés una palabra propia para designarlo: otras lenguas europeas usan generalmente el término “bilingüismo” también en este sentido. (Los términos lenguaje, dialecto y variedad se emplean aquí sin una definición precisa. Se supone que aparecen lo suficientemente en concordancia con el uso establecido, de modo que su empleo para nuestro propósito no resulte ambiguo. Empleamos también el término “variedad superpuesta” sin definición: significa la variedad que sin ser primaria, “nativa” para los hablantes de que se trata, puede ser aprendida juntamente con aquella. Finalmente, en este trabajo no se pretende examinar una situación análoga, como podría ser la de dos lenguas diferentes —relacionadas o no— que se usan paralelamente en la misma comunidad lingüística, cada una con funciones claramente definidas. Es muy probable que esta situación especial esté bastante extendida en comunidades lingüísticas, aunque rara vez sea mencionada y aún más rara vez sea descrita satisfactoriamen ­ te. Una explicación completa de este fenómeno puede aportar considerable ayuda al tratar los problemas que lleva consigo la descripción lingüística en lingüística histórica y en tipología del lenguaje. El presente estudio debe ser considerado como preliminar ya que se requiere mucho mayor cúmulo de datos históricos y descriptivos; nos proponemos caracterizar la diglosia seleccionando cuatro comunidades lingüísticas con sus lenguas (llamadas de aquí en adelante lenguas definidoras), que pertenezcan claramente a esta categoría, y describiendo los rasgos comunes que parezcan dignos de clasificación. Las lenguas definidoras seleccionadas son el árabe, el griego moderno, el germano suizo y el criollo haitiano. Antes de iniciar la descripción, conviene hacer una aclaración. No se presupone que la diglosia sea un estadio que aparece siempre y solamente en un punto determinado de cierta línea evolutiva, por ejemplo en un proceso de estandarización. La diglosia puede desarrollarse a partir de orígenes diversos y terminar en diferentes situaciones lingüísticas. De las cuatro lenguas definidoras, la diglosia árabe parece tan antigua como el conocimiento que tenemos del árabe, y la lengua “clásica” superpuesta ha permanecido relativamente estable; mientras que la diglosia griega, aunque entierra sus raíces muchos siglos atrás, sólo alcanzó su pleno
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desarrollo a principios del siglo XIX, con el renacimiento de la literatura griega y la creación de un lenguaje literario basado en gran parte en formas previas del griego literario. La diglosia germano suiza se desarrolló como resultado de un prolongado aislamiento político y religioso de los centros de estandarización lingüística alemana; en tanto que el criollo haitiano surge de la criollización de un francés pidgin, y de la presencia de un francés estándar llegado más tarde para desempeñar el oficio de la variedad superpuesta. Al final de este trabajo haremos alguna especulación sabre sus posibilidades de desarrollo. Por comodidad en las referencias, la variedad superpuesta en la diglosia será designada como variedad A (alta), o simplemente A, y los dialectos regionales serán designados como variedades B (bajas) o colectiva y simplemente B. Todas las lenguas definidoras tienen nombres propios para las variedades A y B, como se puede ver en el cuadro siguiente.
A es llamado ÁRABE GERMANO SUIZO Clásico (A) Egipcio (B) Alemán estándar (A) Suizo (B) CRIOLLO HAITIANO GRIEGO Francés (A) AyB ‘al-fuṣha ‘il-faṣih, ‘in-nahawi Schriftsprache Hoochtüütsch français katharévusa B es llamado ‘al-’āmmiyyah, ‘ad-dārij il-’āmmiyya [Scweizer] Dialekt, Schwizerdeutsch Schwyzertüütsch créole dhimotikí

El citar palabras de esas lenguas, de un modo consistente y exacto, presenta problemas aleccionadores. En primer lugar, ¿debemos clasificar las palabras en su forma A. en su forma B. o en ambas? En segundo lugar, si las palabras son citadas en su forma B, ¿qué clase de B debe escogerse? En griego y criollo haitiano parece claro que debe escogerse el lenguaje conversacional ordinario de Atenas y Puerto Príncipe respectivamente. En el caso del árabe y del germano suizo, la elección tiene que ser arbitraria, y recurriremos aquí al lenguaje conversacional ordinario de la gente culta de El Cairo y Zürich. En tercer lugar, ¿qué escritura debe emplearse para representar B? Ya que en ningún caso se da una escritura de B aceptada por todos, parece apropiado adoptar algún tipo de transcripción fonémica o cuasi-fonémica. Se ha hecho la siguiente selección. Para el criollo haitiano se ha escogido la ortografía de McConell-L.aubach, ya que es aproximadamente fonémica y tipográficamente simple. Para el griego se ha adoptado la transcripción del manual Spoken Greek puesto que trata de ser fonémico: una transliteración de la escritura griega parece menos satisfactoria no sólo por ser variable, sino también por resultar muy etimologizante por naturaleza y muy poco fonémica. Para el germano suizo se ha adoptado la escritura defendida par Dieth (1938) que es de una consistencia digna de confianza; aunque no indica todos los contrastes fonémicos y quizás en algunos casos indica alófonos, parece una buena sistematización que no modifica apreciable­ mente las convenciones de escritura más usadas para escribir material del dialecto germano suizo. El árabe, como el griego, usa un alfabeto no romano, pero la transliteración es aún menos posible que en el griego, en parte otra vez por la variabilidad de la escritura, pero más aún a causa de que en el árabe egipcio conversacional no se indican muchas vocales, y todas las demás a menudo se indican ambiguamente; la transcripción aquí escogida se apoya firmemente en los sistemas tradicionales de los semitistas, y es una modificación aplicada al egipcio del esquema empleado por Al-Toma (1957). El cuarto problema es el de cómo representar A. Para el germano suizo y el criollo haitiano debe emplearse la escritura del alemán y francés estándar respectivamente, aunque en ambos casos oculte ciertas semejanzas entre los sonidos de A y B. Para el griego podría
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emplearse la escritura ordinaria en caracteres griegos o una transliteración. Pero como los conocimientos de pronunciación de griego moderno no son tan amplios como los de pronun­ ciación francesa o alemana, el efecto engañador de la ortografía es más serio en el caso del griego, y por eso empleamos la transcripción fonémica. El problema más arduo lo constituye el árabe. Las dos alternativas más claras son 1) una transliteración de la ortografía árabe (debiendo suplir el que transcribe las vocales no escritas) o 2) una transcripción fonémica del árabe tal como puede ser leído por un hablante del árabe de El Cairo. Hemos optado por la solución 1), de acuerdo otra vez con el procedimiento de Al-Toma.

1. Función
Uno de los rasgos más importantes de la diglosia es la función especializada de A y B. En un grupo de situaciones sólo A resulta apropiada, y en otro sólo B, y es muy leve la superposi­ ción de estos dos grupos. Como ejemplo damos una muestra de posibles situaciones, indicando la variedad usada normalmente:
A Sermón en la iglesia o mezquita Órdenes a sirvientes, camareros. Trabajadores, oficinistas Carta personal Discurso en el Parlamento, discurso político Conferencia en la Universidad Conversación con la familia, amigos, colegas Noticias par radio Comedias radiofónicas Editorial de un diario, narración de noticias, subtitulo de una ilustración Subtitulo de una caricatura política Poesía Literatura folclórica x x x x x x x x x x x x B

La importancia del uso de la variedad correcta en la situación apropiada difícilmente puede sobreestimarse. Un extraño que aprenda a hablar con fluidez y exactitud B. y la emplea luego en un discurso formal, hace el ridículo. Un miembro de la comunidad lingüística que use A en una situación puramente conversacional o en una actividad ordinaria e informal, hace igualmente el ridículo. En todas las lenguas definidoras es normal que alguien lea en voz alta un diario escrito en A y luego pase a discutir el contenido del diario en B. Es igualmente típico escuchar un discurso formal en A y luego discutirlo, frecuentemente con el mismo orador, en B. (Por lo que se refiere a la educación formal, la situación es frecuentemente más complica­ da. En el mundo árabe, por ejemplo, la parte formal de clases en la Universidad se da en A, pero gran parte de las explicaciones y reuniones de grupo pueden tenerse en B. especialmente en ciencias naturales en conntraposición a las humanidades. Aunque por prohibición legal el profesor no puede usar B en las escuelas secundarias de algunos países árabes, sin embargo, con frecuencia debe emplear una parte considerable de su tiempo para explicar en B el sentido del material presentado en A en libros y clases.) Las dos últimas situaciones de la lista anterior merecen comentarios. En todas las lenguas definidoras se escribe algo de poesía en B, y un grupo reducido de poetas compone en B y A, pero el estatus de las dos clases de poesía es muy diferente y en el conjunto de la comunidad
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lingüística sólo la poesía en A es considerada coma “verdadera” poesía. (Esto no so aplica al griego moderno. La poesía en B abarca la mayor parte de la producción poética, y la poesía en A es más bien considerada artificial.) Por otra parte, en cada una de las lenguas definidoras, ciertos proverbios, frases de cortesía, etcétera, están en A incluso cuando personas iletradas los traen a la conversación ordinaria. Se calcula que una quinta parte de los proverbios en el repertorio vivo de los aldeanos árabes están en A (JAOS, 1955, 75: 124 ss).

2. Prestigio
Todos los que hablan las lenguas definidoras consideran que A es superior a B en una serie de aspectos. Este sentimiento es a veces tan fuerte que solamente A es considerada verdadera, y B tenida por “inexistente”. Los que hablan árabe, por ejemplo, pueden decir (en B) que fulano no sabe árabe. Normalmente esto significa que no sabe A. aunque hable B eficientemente y con fluidez. Si una persona que no sabe árabe pide a un árabe culto que le enseñe a hablar su lengua, este normalmente tratará de enseñarle las formas A, insistiendo en que son las únicas en uso. Frecuentemente, los árabes educados sostendrán que nunca y de ninguna manera usan B, a pesar de que una observación directa muestre que la emplean constantemente en toda conversación ordinaria. De modo similar, los hablantes cultos de criollo haitiano niegan frecuentemente su existencia, insistiendo en que sólo hablan francés. No se puede decir que tal actitud constituya un intento deliberado de engañar al que pregunta; más bien parece un engaño de sí mismo. Cuando la persona en cuestión contesta de buena fe, es posible a veces romper estas actitudes preguntando, por ejemplo, qué clase de lenguaje emplean para hablar a sus hijos. a sirvientes o a su madre. La respuesta, realmente reveladora, es generalmente la que sigue: “Oh, pero ellos no podrían entender [la forma A, como quiera que se llame]. Incluso cuando no es tan fuerte el sentimiento de la realidad y superioridad de A, existe corrientemente la opinión de que, de algún modo,. A es más hermosa, más lógica, más apta para la expresión de pensamientos importantes, etcétera. Y esta opinión la defienden incluso aquellos cuyo dominio de A es muy limitado. Para aquellos norteamericanos que quisieran evaluar el lenguaje en términos de efectividad en la comunicación, resulta sorprendente el descubrir que muchos hablantes de una lengua en que existe diglosia prefieran, de modo característico. escuchar un discurso político, una conferencia o una declaración en A, aunque pueda serles menos inteligible que si la escucharan en B. En algunos casos la superioridad de A está relacionada con la religión. Se considera que el griego del Nuevo Testamento es esencialmente el mismo que el khatarévusa, y la aparición de una traducción en dhimotikí fue la ocasión de serios disturbios en Grecia en 1903. Los hablantes de criollo haitiano están, por lo general, acostumbrados a la versión francesa de la Biblia, y aunque la Iglesia emplea el criollo en el catecismo y otras actividades parecidas, no lo hace sin recurrir a una escritura sumamente afrancesada. El árabe A es la lengua del Corán, y, por esto, muchos creen que es el de las mismas palabras de Dios; más aún, se piensa que existe incluso fuera de los límites espacio-temporales, es decir, que ha existido “antes” del comienzo del tiempo en la creación del mundo.

3. Herencia literaria
En cada una de las lenguas definidoras existe un cuerpo considerable de literatura escrita en A, tenido en gran estima por la comunidad lingüística, y la producción literaria contempo ­ ránea en A de los miembros de la comunidad se considera como parte de aquella otra literatura más antigua. El cuerpo de literatura puede datar de mucho tiempo atrás en la historia de la comunidad, o puede estar en continua producción en otra comunidad lingüística donde A sirve de variedad estándar del lenguaje. Cuando el cuerpo de literatura representa un largo
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período (como en árabe y griego) , los escritores contemporáneos —y los lectores— tienden a considerar práctica legítima el empleo de palabras, frases y construcciones que pueden haber sido corrientes sólo en un período de la historia literaria y que no gozan de amplio uso en el presente. Así, puede ser signo de altura periodística en editoriales, o señal de buen gusto en una composición poética el empleo de una complicada construcción de participio de griego clásico, o de una rara expresión árabe del siglo XII, a pesar de que presumiblemente el tipo medio de lector no las entenderá sin recurrir a la investigación. Un efecto de tal práctica es la apreciación de algunos lectores: “Fulano sí que sabe griego [o árabe]”.

4. Adquisición
Entre hablantes de las cuatro lenguas definidoras, los adultos usan B para hablar a los niños, y estos usan también B para hablar entre sí. En consecuencia, los niños aprenden B como si fuera el modo “normal” de aprender la lengua materna. Los niños pueden oír A de vez en cuando, pero el verdadero aprendizaje de A se lleva a cabo principalmente a través de la educación formal, sea en las tradicionales escuelas coránicas, en las modernas escuelas del gobierno, o con profesores privados. Esta diferencia en el método de adquisición es muy importante. La persona se siente dueña de B en un grado que jamás alcanzará en A. La estructura gramatical de B se aprende sin discusión explicita de los conceptos gramaticales: la gramática de A se aprende en términos de “reglas” y normas que deben ser imitadas. Parece improbable que cualquier cambio hacia un empleo pleno de A pueda tener lugar sin un cambio radical en esta estructura de adquisición. Por ejemplo, los árabes que desean ardientemente que A reemplace a B en toda función, difícilmente pueden esperar que esto suceda si continúan rehusando hablar A a sus hijos. (Se ha sugerido, muy plausiblemente, que de esta dualidad lingüística se siguen implicaciones psicológicas. Ciertamente esto merece una cuidadosa investigación experimental. Sabre este punto véase el controvertido articulo de Shouby [1951], que a mi parecer contiene algunos núcleos importantes de verdad junto a otros que no se pueden sostener.)

5. Estandarización
En todas las lenguas definidoras existe una fuerte tradición de estudio gramatical de la forma A del lenguaje. Existen gramáticas, diccionarios, tratados de pronunciación, estilo, etcétera. Hay una norma establecida para la pronunciación, gramática y vocabulario que sólo permite variación dentro de ciertos límites. La ortografía está bien establecida y tiene poca variación. Por el contrario, los estudios descriptivos y normativos de la forma B o no existen o son relativamente recientes y escasos. A menudo los han realizado por primera vez o principalmente investigadores ajenos a la comunidad lingüística, y han sido escritos en otras lenguas. No existe una ortografía establecida y la variación en pronunciación, gramática y vocabulario es amplia. En el caso de comunidades lingüísticas relativamente pequeñas con un solo centro importante de comunicación (por ejemplo Grecia, Haití), puede surgir una especie de B estándar, imitada por hablantes de otros dialectos y que tiende a dilatarse coma cualquier variedad estándar, aunque permanezca limitada a las funciones para las que B resulta apropiada. En las comunidades lingüísticas que no tienen un solo centro importante de comunica ­ ción, puede aparecer un cierto número de formas regionales B. Por ejemplo, en la comunidad lingüística árabe no existe una B estándar correspondiente a la educada dhimotikí ateniense, pero los estándares regionales existen en diversas áreas. El árabe de El Cairo, por ejemplo, hace las veces de B estándar en Egipto, de modo que, con miras a la conversación, la gente
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culta del alto Egipto no sólo debe aprender A, sino también una aproximación de la variedad B de El Cairo. En la comunidad lingüística germano suiza no hay un estándar único, y aun el término estándar regional parece inapropiado, pero en varios casos la B de una ciudad o de una villa ejerce fuerte influencia sobre la B rural de los alrededores.

6. Estabilidad
Se podría suponer que la diglosia es sumamente inestable, y que tiende a cambiar hacia una situación lingüística más estable. No es así. La diglosia persiste por lo menos varios siglos, y hay datos para creer que en algunos casos puede durar bastante más de un milenio. Las tensiones en la comunicación que surgen en situaciones diglósicas pueden ser resueltas apelando a formas de lenguaje relativamente no codificadas, inestables e intermedias ( mikli griego; al-lugah, al-wustā árabes; créole de salon haitiano), y por repetido préstamo de vocabu­ lario de A a B. En el árabe, por ejemplo, cierto tipo de árabe hablado, que se emplea mucho en situacio­ nes semi-formales e inter-dialectales, tiene un vocabulario sumamente clásico, con pocas o ninguna terminación infleccional; conserva ciertos rasgos de la sintaxis clásica pero, morfoló­ gica y sintácticamente, sobre una base fundamentalmente coloquial; por último, dispone de una copiosa mezcla de vocabulario coloquial. En griego, cierto tipo de lenguaje mixto resultó apropiado para gran parte de la prensa. Los préstamos de léxico de A a B son claramente análogos (o idénticos, en los períodos en que se daba en esas lenguas verdadera diglosia) a los conocidos préstamos del latín a las lenguas romance, o de los tatsamas sánscritos al indo-ario medio y nuevo. (La naturaleza exacta de estos procesos de préstamos merece cuidadosa investigación, especialmente a causa del importante “efecto de filtro” de la pronunciación y gramática de A, presente en formas de lenguaje medio que frecuentemente hacen de eslabón gracias al cual los préstamos se introducen en el B “puro”.)

7. Gramática
Una de las diferencias más llamativas entre A y B en las lenguas definidoras se encuentra en la estructura gramatical: A posee unas categorías gramaticales ausentes en B y tiene un sistema infleccional de nombres y verbos que o se reduce o desaparece completamente en B. Por ejemplo, el árabe clásico tiene tres casos para el nombre, indicados por las terminaciones; los dialectos conversacionales no tienen ni uno. El alemán estándar tiene cuatro casos para el nombre y dos tiempos indicativos no perifrásticos en el verbo; el germano suizo tiene tres casos en el nombre y sólo uno en tiempo indicativo simple. El katharévusa tiene cuatro casos, el dhimotikí, tres. El francés tiene género y número en el nombre, el criollo no los tiene. Del mismo modo, en cada una de las lenguas definidoras parece haber varias diferencias notables en el orden de las palabras, u toda una gama de diferencias en el empleo de partículas introductorias y concesivas. Es, ciertamente, segura la afirmación de que en la diglosia siempre hay amplias diferencias entre las estructuras gramaticales de A y B. Esto es verdad no sólo para las cuatro lenguas definidoras, sino también para todos los casos de diglosia examinados por el autor. Sería posible añadir ulteriores puntualizaciones acerca de las diferencias gramaticales de las lenguas definidoras. Siempre es peligroso aventurar generalizaciones sobre la complejidad gramatical; sin embargo, puede ser útil intentar una formulación aplicable a las cuatro lenguas definidoras aun en el caso de que no resultara válida para otros casos de diglosia. (Cf. Greenberg, 1954a)

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Probablemente hay un consenso bastante amplio entre lingüistas acerca de que la estructura gramatical del idioma X es “más sencilla” que la del idioma Z si permanecen idénticos los demás aspectos. 1. La morfofonémica de X es más sencilla, es decir, los morfemas tienen menos alternan ­ tes, la alternancia es más regular, automática (por ejemplo, la alternancia turca -lar V -ler es más sencilla que la de los plurales ingleses). 2. Hay menos categorías obligatorias indicadas por medio de morfemas o por concor­ dancia (por ejemplo, el persa, al no tener diferencias de género en los pronombres, es más sencillo que el árabe egipcio, que distingue masculino y femenino en la segunda y tercera personas del singular). 3. Los paradigmas son más simétricos (por ejemplo una lengua en que todas las declinaciones distinguen el mismo número de casos es más sencilla que otra en la que haya variación). 4. La concordancia y el régimen son más estrictos (por ejemplo, todas las proposiciones rigen el mismo caso más bien que diferentes casos). Si se acepta este modo de entender la sencillez gramatical, podemos notar que al menos en tres de las lenguas definidoras, la estructura gramatical de cualquier variedad dada B es más sencilla que su correspondiente A. Esto parece una verdad incontrovertible para el árabe. griego y criollo haitiano; un análisis del alemán estándar y del germano suizo podría mostrar­ nos que en tal situación diglósica esto no es verdad dada la abundancia morfofonémica del suizo.

8. El diccionario
Hablando en general, Ay B comparten el grueso del vocabulario, por supuesto con variaciones en la forma y con diferencias en cuanto al uso y el significado. Sin embargo, no es ninguna sorpresa el que A deba incluir en su diccionario general términos técnicos y expresio­ nes cultas que no tienen los mismos equivalentes B, porque rara vez o nunca se habla de ellos en B “puro”. Tampoco es sorprendente que las variedades B deban incluir en sus diccionarios completos expresiones populares y nombres de objetos muy caseros, o de distribución muy localizada, que no tienen los mismos equivalentes A, porque rara vez o nunca se habla de ellos en A “puro”. Pero un hecho sorprendente de la diglosia es la existencia de muchos pares de

vocablos, uno A y otro B, referidos a conceptos claramente comunes en A y B, donde el rango de significado de los dos vocablos es aproximadamente el mismo, y el uso de uno u otro marca inmediatamente la expresión oral o escrita como A o B. Por ejemplo, en el árabe la palabra A
para “ver es ra’ā, la palabra B es šāf. La palabra ra’ā nunca aparece en la conversación ordina­ ria, y šāf no se usa en la escritura normal arábiga. Si por alguna razón se cita en la prensa una noticia en la que se usa šāf, es reemplazada por ra’ā en la cita escrita. En griego, la palabra A para “vino” es ínos, la palabra B es krasí. En el menú estará escrito ínos, pero el cliente pedirá krasí al camarero. Los paralelos más cercanos en el inglés americano son casos como illumina­ tion - light, purchase - buy, o children - kids, pero aquí ambas palabras pueden escribirse o usarse en la conversación ordinaria: la distancia entre ellas no es tan grande como la de los correspondientes pares en la diglosia. También la dimensión formal no formal en idiomas como el inglés es un continuo en el cual el límite entre los vocablos de los diferentes pares no está en el mismo punto, por ejemplo, illumination, purchase y children no son totalmente para­ lelos en cuanto a su uso formal / no formal. Se dan a continuación unos cuantos ejemplos de pares de vocablos en tres de las lenguas consideradas. Para cada lengua se dan dos nombres, un verbo y dos partículas.
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A ikos GRIEGO idhor éteke alá hiδa'un 'anfun ÁRABE δahaba mā 'alñna homme, gens âne CRIOLLO donner beaucoup maintenant

B

casa agua dar a luz pero zapato nariz vino que ahora persona, gente asno dar mucho ahora

spiti neró eyénise má gazma manaxīr rāh 'ēh dilwa'ti moun (sin relación con monde) bourik bay apil kou-n-yé-a

Sería posible presentar una lista de pares de vocablos en el germano suizo (por ejemplo nachdem  no, “después”, jemand  öpper “alguno”), pero esto podría dar una falsa imagen. En germano suizo las diferencias fonológicas entre A y B son muy grandes y los pares léxicos se forman normalmente por su parentesco regular (klein  chly “pequeño, etcétera).

9. Fonología
En vista de la diversidad de datos, podría parecer difícil ofrecer alguna generalización en cuanto a las relaciones entre la fonología de A y B en diglosia. Las fonologías A y B pueden ser muy cercanas como en griego, moderadamente diferentes como en árabe o criollo haitiano, o totalmente divergentes como en germano suizo. Una investigación más detenida, sin embargo, muestra dos afirmaciones que deben justificarse. (Tal vez estas se vuelvan innecesarias cuando los hechos procedentes se determinen con tal precisión que las afirmaciones acerca de la fonología puedan ser deducidas directamente de ellos.) 1. Los sistemas de sonidos de A y B constituyen una estructura fonológica simple cuyo

sistema básico es la fonología B y los hechos divergentes de la fonología A son o un subsistema o un parasistema. Dadas las formas mixtas mencionadas arriba, y la correspondiente dificultad
de identificar como definidamente A o definidamente B una palabra dada en una expresión dada, parece necesario concluir que el hablante tiene un inventario particular de oposiciones distintivas para todo el complejo A-B. y que hay interferencias extensivas en ambas direccio­ nes, en términos de distribución de los fonemas de acuerdo a las palabras especificas del diccionario. (Para ver los detalles en algunos aspectos de esta interferencia fonológica en árabe, cfr. Ferguson ,1957.) 2. Si las formas de A “puro” tienen fonemas que no se encuentran en las formas de B

“puro”, los fonemas B sustituyen frecuentemente a estos en el uso oral de A y los reemplazan normalmente en los tatsamas. Par ejemplo, el francés tiene un fonema vocálico cerrado ante­
rior redondeado /ü/; el criollo haitiano “puro” no tiene este fonema. Los hablantes cultos de criollo usan esta vocal en tatsamas tales coma Luk (/lük/ para el Evangelio de San Lucas),

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mientras que al igual que los no cultos, muchas veces pueden usar /i/ cuando hablan francés. Por otra parte /i/ es la vocal normal en criollo en tatsamas tales como linet, “gafas”. En los casos en que A representa en gran parte un estadio primitivo de B, es posible que aparezca una correspondencia de triple fase. Por ejemplo, el sirio y el árabe egipcio usan frecuentemente /s/ en vez de /q/ en el uso oral del árabe clásico, y tieien /s/ en tatsamas, pero tienen /i/ en palabras que provienen normalmente del árabe primitivo, no prestadas del clásico (ver Ferguson, 1957). Ahora que los elementos característicos de la diglosia han sido delineados, es factible intentar una definición más completa. La diglosia es una situación lingüística relativamente

estable en la cual, además de los dialectos primarios de la lengua (que puede incluir una lengua estándar o estándares regionales), hay una variedad superpuesta, muy divergente, altamente codificada (a menudo gramaticalmente más compleja), vehículo de una considerable parte de la literatura escrita, ya sea de un período anterior o perteneciente a otra comunidad lingüística, que se aprende en su mayor parte a través de una enseñanza formal y se usa en forma oral o escrita para muchos fines formales, pero que no es empleada por ningún sector de la comunidad para la conversación ordinaria.
Terminada la caracterización de la diglosia, podemos volver a la consideración breve de más preguntas adicionales: ¿Cómo difiere la diglosia de la ya conocida situación de una lengua estándar con dialectos regionales? ¿Cuán extenso es el fenómeno de la diglosia en cuanto al espacio, tiempo y familias lingüísticas? ¿Bajo qué circunstancias se origina la diglosia y cuáles son las situaciones lingüísticas favorables a su desarrollo? El papel preciso de la variedad estándar (o variedades estándares) de un lenguaje en relación con los dialectos regionales o sociales difiere de una comunidad lingüística a otra, y muchos casos de esta relación pueden estar cerca de la diglosia o, quizás mejor, ser considera­ dos como diglosia. Como queda establecido aquí, la diferencia entre la diglosia y fenómeno más extendido de estándar con dialectos es que, en diglosia, ningún sector de la comunidad lingüística usa A como medio de conversación ordinaria, y se considera pedante o artificial cualquier intento de hacer esto (árabe, griego) o, también en algún sentido, desleal a la comunidad (germano suizo, criollo haitiano). En la situación más usual estándar con dialectos, el estándar es con frecuencia similar a la variedad de cierta región o grupo social (por ejemplo el persa de Teherán y el bengalí de Calcuta), usado en conversación ordinaria más o menos naturalmente por algunos miembros del grupo, y como variedad superpuesta por otros. Aparentemente la diglosia no esté limitada por ninguna región geográfica o familia lingüística. (Todos los casos claramente documentados, conocidos por mi, se hallan en comunidades con literatura escrita, pero parece en definitiva posible que al menos una situación similar pueda existir en una comunidad sin literatura escrita, donde un cuerpo de literatura oral desempeñe el mismo papel que el cuerpo de literatura escrita en los ejemplos citados.) Se pueden citar tres ejemplos de diglosia de otros tiempos y lugares, como ilustración de la utilidad del concepto. Primero consideremos el tamil. Lo usan actualmente en la India los millones de miembros que constituyen la comunidad lingüística tamil y, por tanto, se acomoda exactamente a la definición. Existe un tamil literario A, usado para escribir y para ciertas clases de locución culta, y un estándar conversacional B (así coma dialectos locales B) usado en conversación ordinaria. Hay un cuerpo de literatura en A, con muchos siglos de existencia, altamente apreciado por los hablantes actuales de tamil. A tiene prestigio, B no lo tiene; A se encuentra siempre superpuesto, B se aprende naturalmente ya sea como lenguaje primario o como un estándar conversacional superpuesto. Existen notables diferencias gramaticales y algunas diferencias fonológicas entre las dos variedades. (Parece que no existe ninguna buena
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descripción de las relaciones precisas entre las dos variedades de tamil; en Pillay [1960] se da un resumen de algunas de las diferencias estructurales. De paso, cabe recalcar que la diglosia tamil parece remontarse a muchos siglos atrás, puesto que el lenguaje de la literatura primitiva contrasta notoriamente con el lenguaje de las inscripciones primitivas que probable ­ mente reflejan el lenguaje hablado de la época.) La situación se complica sólo ligeramente por la presencia del sánscrito y del inglés en ciertas funciones de A; la misma clase de complicación existe en algunas partes del mundo árabe donde el francés, inglés o una lengua litúrgica como el siríaco o el copto desempeñan funciones parecidas a las de A. En segundo lugar podemos mencionar el latín y las lenguas romances emergentes durante el período de algunas centurias en varias partes de Europa. La lengua vernácula se usaba en la conversación ordinaria, pero se empleaba el latín para escribir o para ciertas clases de expresión culta. El latín fue la lengua de la Iglesia y de su literatura; el latín tuvo prestigio; había notables diferencias gramaticales entre las dos variedades en cada región, etcétera. En tercer lugar debería citarse el chino, porque probablemente represente el caso comprobado de diglosia en mayor escala. (Existe una excelente y breve descripción de la compleja situación china en la introducción de Chao [1947, pp. 4-17]. El wen-li corresponde a A mientras que el mandarín coloquial es un estándar B; hay también variedades regionales B tan diferentes como para merecer el título de “lenguas separadas”, incluso más que los dialectos árabes y al menos tanto como las lenguas romances emergentes en el ejemplo del latín. El chino, sin embargo, como el griego moderno, parece que se va apartando de la diglosia hacia una situación de estándar con dialectos, porque el estándar B o una variedad mixta va siendo usada en la escritura para más y más fines, i.e., está llegando a ser un verdadero estándar. Es muy posible que se origine la diglosia cuando se cumplen, en una determinada comunidad lingüística, las siguientes condiciones: 1) existe un apreciable cuerpo de literatura en una lengua relacionada íntimamente (o incluso idéntica) con la lengua natural de la comunidad, y esta literatura engloba, sea como fuente (por ejemplo, la divina revelación) o como refuerzo, algunos de los valores fundamentales de la comunidad; 2) la capacidad de leer y escribir se encuentra limitada en la comunidad a una pequeña elite. Transcurre un conside­ rable período, varios siglos, entre la aparición de 1 y 2. Probablemente puede comprobarse que esta combinación de circunstancias ha ocurrido cientos de veces en el pasado y se ha resuelto generalmente en diglosia. Existen actualmente docenas de ejemplos y es probable que sucedan en el futuro. La diglosia parece ser aceptada y no considerada como problema en la comunidad en la que está en vigor, mientras no aparezcan ciertas tendencias. Esto incluye hacia 1) una más extendida capacidad de leer y escribir (sea por razones económicas, ideológicas, etcétera); 2) una comunicación más vasta entre los diferentes sectores regionales y sociales de la comunidad (e.g. Por razones económicas, administrativas, militares o ideológicas); 3) el deseo de un estándar “nacional” completamente desarrollado, como atributo de autonomía o soberanía. Cuando estas tendencias aparecen, los lideres de la comunidad hacen un llamado a la unificación del lenguaje. y de hecho comienzan a aparecer tendencias hacia la unificación. Estos individuos tienden a apoyar la adopción de A o de una forma de B como estándar; es menos frecuente la adopción de una variedad modificada A o B: cierto tipo de variedad mixta o algo parecido. Los argumentos dados explícitamente parecen ser, notablemente. los mismos para las varios casos de diglosia. Los defensores de A arguyen que debe adoptarse A porque conecta a la comunidad con su glorioso pasado o con la comunidad mundial, y porque es un factor natural de unificación, opuesto a la naturaleza disociadora de los dialectos B. Además de estos dos argumentos básicos existen frecuentemente, con respecto a la superioridad de A, alegatos basados en las
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creencias de la comunidad; que es más hermoso, más expresivo, más lógico, que goza de la aprobación divina, o cualquier otro en consonancia con sus creencias específicas. Cuando se examinan objetivamente los últimos argumentos con frecuencia su validez es bastante limitada aunque su importancia sea todavía muy grande puesto que reflejan actitudes muy extendidas dentro de la comunidad. Los defensores de B arguyen que debe adoptarse una variedad B porque está más cerca del pensamiento y sentimiento verdaderos del pueblo; hace más fácil el problema educativo puesto que el pueblo ha adquirido ya un conocimiento básico del mismo en su temprana niñez; y es un instrumento más efectivo de comunicación en todos los niveles. Además de estos argumentos fundamentalmente buenos, a menudo se da gran énfasis a puntos de tan poca importancia como la vivacidad de la metáfora en el lenguaje conversacional, el que otras “naciones modernas” por lo general escriben de un modo muy parecido al que hablan, etcétera. Los defensores de ambas tendencias, o incluso del lenguaje mixto, parecen mostrar la convicción —aunque esto puede no ser explícito— de que simplemente por legislación puede imponerse a una comunidad una lengua estándar. A menudo las tendencias que serán decisivas en el desarrollo de una lengua estándar están ya en vías de desarrollo y tienen poco que ver con la argumentación de los portavoces de los varios puntos de vista. Una mirada breve y superficial a la evolución de la diglosia en el pasado y una considera­ ción de las tendencias presentes sugiere que sólo unas pocas formas de desarrollo son capaces de realizarse. Primero. debemos recordar que la situación puede permanecer estable durante largos períodos. Pero si las tendencias mencionadas arriba aparecen y llegan a ser fuertes, puede darse un cambio. Segundo. A puede tener éxito en establecerse como estándar solamente si ya esté sirviendo como tal en alguna otra comunidad, y si la comunidad en la que hay diglosia, por razones lingüísticas y no lingüísticas, tiende a unirse con ella. De otro modo, A desaparece y se convierte en una lengua erudita o litúrgica, estudiada solamente por científicos o especialistas y no usada activamente en la comunidad. Alguna forma de B o una variedad mixta llega a ser estándar. En tercer lugar, si existe un solo centro de comunicación en toda la comunidad lingüística o si hay varios centros semejantes en la misma área dialectal, la variedad B del centro o centros será la base del nuevo estándar, sea relativamente pura o considerablemente mezclada con A. Si en diferentes áreas dialectales existen varios de estos centros sin ninguno descollan ­ te, entonces es probable que algunas variedades B lleguen a ser estándares a modo de lenguas separadas. Puede arriesgarse un atrevido pronóstico para los dos siglos siguientes sabre las cuatro lenguas definidoras (i.e. para cerca del 2150 de nuestra era): GERMANO SUIZO: Estabilidad relativa. ÁRABE: Lento desarrollo hacia varias lenguas estándares, cada una basada en una variedad B con gran mezcla de vocabulario A. Parecen ser tres: el maghrebí (¿basado en la variedad de Rabat o Túnez?), el egipcio (basado en la variedad de El Cairo), el oriental (¿basado en la variedad de Bagdad?); imprevisibles desarrollos político-económicos podrían añadir el sirio (¿basado en la variedad de Damasco?); el sudanés (basado en la variedad de Omdurman-Khar ­ toum), u otros. CRIOLLO HAITIANO: Lento desarrollo hacia un estándar unificado basado en la variedad B de Puerto Príncipe. GRIEGO: Completo desarrollo hacia un estándar unificado basado en la variedad B de Atenas, con una gran mezcla de vocabulario A.
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Este trabajo concluye con un llamado a estudios más avanzados de este fenómeno y de otros afines. Los lingüistas descriptivos, en su comprensible celo por describir la estructura interna de la lengua que están estudiando, frecuentemente dejan de darnos los datos más elementales acerca de la situación socio-cultural en que la lengua funciona. Igualmente, los descriptivistas prefieren descripciones detalladas de dialectos “puros” o de lenguas estándares. en lugar del estudio cuidadoso de lenguas mixtas, formas intermedias frecuentemente en uso más amplio. El estudio de temas tales como la diglosia es de gran valor en el proceso de comprensión del cambio lingüístico y presenta interesantes confrontaciones a algunas de las suposiciones de la lingüística sincrónica. Fuera del campo formal de la lingüística, promete material de gran interés a los estudiosos de la sociedad en general, especialmente si puede obtenerse un marco general de referencia por el análisis del uso que se hace de una o más variedades de lenguaje dentro de una comunidad lingüística. Tal vez la recolección de datos y el estudio más profundo modifiquen drásticamente las impresiones vertidas en este trabajo, pero de suceder así habrá tenido el mérito de estimular la investigación y el pensamiento.

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