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OBSERVATORIO DE DERECHO CIVIL. VOLUMEN I "EL CONTRATO" - CAP. 1 CONCEPTO Y FORMACIÓN DEL CONTRATO - MARIO CASTILLO FREYRE

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09/15/2015

De conformidad a lo establecido por el artículo 1351 del Código Civil Peruano de
1984, a través del contrato se crean, regulan, modifican o extinguen obligaciones.

Ahora nos corresponde analizar cuáles son los alcances de estas cuatro
funciones que cumplen los contratos.

En primer término, cuando se habla de la creación de obligaciones, la ley se
está refiriendo al nacimiento de las mismas. Se sabe que los contratos son fuentes
generadoras por excelencia de obligaciones, constituyendo —junto con la ley— la
fuente más numerosa de las mismas.

Cuando hablamos de un contrato creador de obligaciones, estamos haciendo
alusión a aquellos actos que generan obligaciones que antes no existían; vale decir,
que no versan sobre relaciones jurídicas que preexistan a la celebración de dicho
acto.

Es evidente que la inmensa mayoría de los contratos típicos son creadores de
obligaciones, como es el caso de la compraventa, la permuta, el suministro, la
donación, el mutuo, el arrendamiento, el hospedaje, el comodato, la locación de
servicios, el contrato de obra, el mandato, el depósito, el secuestro, la fianza, la renta
vitalicia, el juego y la apuesta, sólo por citar los contratos típicos más
representativos que se encuentran regulados en el Código Civil de nuestro país.

Por otra parte, cuando hablamos de contratos regulatorios, lo estamos
haciendo respecto de aquellos cuyas disposiciones tiendan a llenar un vacío respecto
de algún contrato preexistente, vale decir de contratos en los que se especifique o
detalle algunos aspectos no contemplados en contratos anteriores.

Sin embargo, cabría formularse la interrogante en el sentido de si un contrato
regulatorio también es aquél que especifica aquello que previamente no fue regulado
por las partes, pero que sí fue materia de aplicación supletoria de normas de carácter
dispositivo, de conformidad a lo dispuesto por el artículo 1356 del Código Civil,
precepto que establece que «Las disposiciones de la ley sobre contratos son
supletorias de la voluntad de las partes, salvo que sean imperativas».

Con respecto a esta interrogante, caben dos interpretaciones.

Una primera, en el sentido de que mientras las partes no se hayan
pronunciado sobre un punto, y este punto luego sea materia de tratamiento
específico en un contrato posterior que ellas mismas celebren, de todas maneras
estarán regulando un contrato, en la medida de que no alteran nada sobre lo que
hayan manifestado su voluntad, a pesar de que esa materia hubiese sido cubierta en
el primer contrato por una norma de carácter dispositivo.

Un segundo criterio interpretativo del problema, sería aquél por el cual se
considerara que si una norma dispositiva suplió la voluntad de las partes contratantes
en un aspecto determinado, y las partes contratantes, a través de un nuevo contrato,
se pronuncian de una manera distinta al precepto de carácter dispositivo,
definitivamente no estarían regulando la materia, sino que la estarían modificando,
pues dentro de este orden de ideas, sólo cabría regulación ahí donde no existe
disposición contractual alguna, ya sea que ésta haya emanado de la voluntad de las
partes o de la aplicación de una norma de carácter dispositivo.

En lo personal, nos inclinamos por este segundo criterio interpretativo.

Para ilustrar lo antes mencionado vamos a citar un ejemplo.

Dos partes celebran un contrato de compraventa sobre un automóvil,

estableciendo todos los elementos esenciales-especiales, para la celebración y
validez de dicho acto.

Sin embargo, las partes no señalan cuál será el lugar donde deberá ser
entregado el bien. En tal caso, en ausencia de estipulación específica de las partes,
sería de aplicación lo dispuesto por el artículo 1553 del Código Civil, en el sentido
de que «a falta de estipulación, el bien debe ser entregado en el lugar en que se
encuentre en el momento de celebrarse el contrato».

Así, se entendería que si al momento de la celebración del contrato el
automóvil se encontraba ubicado en la ciudad de Lima, el bien debería ser entregado
en dicha ciudad. Ello significa que a pesar de que las partes no hubieran manifestado
nada con respecto al lugar de la entrega del bien, la norma aplicable sería aquélla
que establece su entrega en la capital de la República.

Si al día siguiente de la celebración del contrato, las partes se percatan de su
omisión y acuerdan expresamente que el automóvil deberá ser entregado en la
ciudad de Piura, no podría entenderse que están regulando el contrato anterior, sino
que lo están modificando, pues ya no hay lugar a precisar algo nuevo ahí donde la
ley dispuso la aplicación supletoria de una norma.

En conclusión, pensamos que sólo se podría considerar a un contrato como
regulatorio en la medida de que la omisión en que incurrieron las partes no hubiera
sido suplida por norma legal de carácter dispositivo. De haber sido así, el contrato
sería modificatorio y no regulatorio.

Al respecto cabe recordar las palabras de De la Puente, cuando afirma que
«los contratos pueden precisar los alcances de la relación jurídica creada por una
fuente de las obligaciones, especialmente por un contrato previo, bien sea
interpretando la fuente de la relación jurídica (pienso que se interpretan los actos
generadores y no sus consecuencias) o bien estableciendo reglas de detalle
(procedimientos de ejecución, modalidades del ejercicio de los derechos, plazos para
el cumplimiento, etc.), que sin constituir una modificación no estaban precisados en
la relación jurídica original».

En tercer lugar, tenemos a los contratos modificatorios.

Éstos son aquéllos cuya función es la de modificar obligaciones convenidas
por las propias partes con anterioridad, comprendiéndose, tanto los casos en que las
partes convinieron expresamente algo y aquellos otros casos en los cuales la
ausencia de pacto expreso fue cubierto por la aplicación supletoria de una norma de
carácter dispositivo.

Larenz,11

al estudiar este tema, precisa que «significaría trocar dicha relación
parcialmente, esto es, dejando subsistentes determinadas disposiciones
contractuales. En otras palabras, la relación obligatoria, a pesar de las
modificaciones de su contenido, permanece la misma».

Finalmente, tenemos a los contratos de carácter extintivo, cuya finalidad es
poner término a obligaciones preexistentes y cuyo cumplimiento se encontraba
pendiente.

De esta forma, con relación a los contratos extintivos se debe anotar que se
produce la extinción de la relación jurídica —como indica De la Puente—12

«cuando

las partes deciden ponerle fin, bien sea para desvincularse totalmente o para
vincularse nuevamente de manera distinta».

Agrega el jurista peruano, que la extinción es conocida técnicamente con el
nombre de distracto, que es el contrato cuyo objeto es resolver una relación jurídica
patrimonial existente entre las partes, cualquiera que sea la fuente de ella.

Señala el profesor citado que emplea la expresión resolver, ya que considera
que el distracto tiene por finalidad dejar sin efecto la relación jurídica por una causal
sobreviniente al nacimiento de dicha relación. «Esta causal —dice— es la voluntad
de las partes de extinguir la relación. Si bien tal relación puede no tener origen
contractual, pienso que es aplicable al distracto, por analogía, la regla sobre la
resolución de las obligaciones contractuales contenida en el artículo 1371° del
Código Civil».

11

LARENZ, Karl. Derecho de Obligaciones. Madrid: Editorial Revista de Derecho Privado, 1958, tomo I, p.

131.

12

DE LA PUENTE Y LAVALLE, Manuel. El Contrato en General. Op. ccit., pp. 89 y 90.

Pensamos que el caso más representativo de estos contratos sería el mutuo
disenso o resolución convencional, por el cual las partes que han celebrado un acto
jurídico, acuerdan dejarlo sin efecto (argumento del artículo 1313 del Código Civil
Peruano).

Es evidente que la transacción también podría constituir un contrato extintivo,
si a través de ella las partes se limitaran a dar por extinguidas las obligaciones
contraídas y que constituyan materia dudosa o litigiosa (argumento del primer
párrafo del artículo 1302 del Código Civil).

Sin embargo, la transacción también podría ser un contrato creador, regulador
o extintivo de obligaciones, en la medida de que a través de estas vías se busque la
finalización del asunto dudoso o litigioso (argumento del segundo párrafo del
artículo 1302 del Código Civil Peruano).

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