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Yolanda Colom MUJERES EN LA ALBORADA

Ediciones del Pensativo Colección Nuestra Palabra

Revolucionaria y educadora guatemalteca con exp erien cia de varios lu stros en docencia no oficial ni institucional entre sectores sociales marginados, oprimidos y explotados. Durante once años militó en el Ejército G uerrillero de los Pobres (EGP) y por nueve años en Octubre Revolucionario. P o ste rio rm e n te d ed ica d a al tra b a jo editorial y divulgativo de la obra literaria y política de M ario Payeras, dirigente revolucionario, filósofo y escritor, fallecido en 1995. C ofundadora y m iem bro del equipo de formación de la Fundación para la Democracia Manuel Colom Argueta. A d em ás del p re se n te lib ro , ha elaborado artículos, conferencias y docu­ m entos, m uchos de los cuales se han p u b lica d o en p e rió d ic o s y re v ista s culturales y políticas dentro y fuera del país. Entre ellos: "A paratos ideológicos d el e s ta d o " (1 9 7 1 ), " C r it e r io s y m eto d o lo g ía de a lfa b e tiz a c ió n para capacitar a dirigentes y activistas sociales como alfabetizadores" (1974), "Insurgencia y contrainsurgencia en Guatemala" (1984). T a m b ié n ha e la b o r a d o n u m e ro sa s ponencias y artículos sobre la obra política y literaria de M ario Payeras, así com o so b re la ex p e rie n c ia rev o lu c io n a ria guatemalteca.

MUJERES EN LA ALBORADA

Yolanda Colom MUJERES EN LA ALBORADA Guerrilla y participación femenina en Guatemala 1973-1978 Testimonio E d icion es del P ensativo Colección Nuestra Palabra .

Godoy Cóbar Cuidado de edición: Gabriela Grijalva . 29 Antigua Guatemala Guatemala. Tercera edición 2007 5a. Puerto Rico Segunda edición: 2000 © Yolanda Colom 2000 © Ediciones del Pensativo. Centroamérica Teléfono: (502)7832-0729 Fax: 7832-1477 Correo electrónico: delpensativo@gmail. Avenida Norte No.com Página web: www.com © Yolanda Colom 2007 Diseño de portada: Hanna C.delpensativo. noviembre 26 de 2006 ISBN: 99922-65-31-0 Diagramación: Nancí Franco Luin Correcciones: Hanna C.© Ediciones Artemis Edinter Primera edición 1998 © Yolanda Colom 1998 © Ediciones Puerto. Godoy Cóbar Portada: Arnoldo Ramírez Amaya.

quien me introdujo en mundos de amor. por sus sueños y sus ejecutorias. sabiduría. A la memoria de Mario Payeras revolucionario universal. belleza. . A la memoria de Benedicto.A la memoria de los revolucionarios caídos en silencio por la vida y la justicia en Guatemala.

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Para ellas mi profundo agradecimiento por hacerme ver el valor humano. La autora . social y político de dar a conocer algo de mi experiencia como ciudadana y revolucionaria guatemalteca. en Long Beach —y de Bobbye Ortiz (+1990) —Editora asociada de Monthly Review y destacada activista de Women 's Intemational Resource Exchange.AGRADECIMIENTO Este libro no se habría escrito sin la iniciativa y el estímulo de Norma Stoltz Chinchilla —Profesora y directora del programa sobre estudios de la mujer en la Universidad Estatal de California. Partes completas de este trabajo son respuesta a sus inquietudes e interrogantes. WIRE. de Nueva York —.

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Y ha sido firmado por Yolanda. Con ráfagas vigorosas y bruscas se volvió preocupación temprana. Fue escrito por Isabel y Carmen. a mí cuando vivía esa tragedia personal. sin desearla. De ahí que lo narrado en este libro fue vivido por Haydeé. está por escribirse. Y sólo comencé a retomarla en enero de 1995.NOTA DE LA AUTORA* Metamorfosis Así como los caracoles guardan el eco del mar. La mayor parte. Con la elaboración de este libro cerré un ciclo de más de veinte años de militancia vertiginosa e ininte­ rrumpida. En el libro Mujeres en la alborada consigno un fragmento de esas memorias. una fracción de la gesta revolucionaria armada en el inicio de su segundo ciclo. En 1973 inicié el abandono de mi identidad para sumergirme en el anonimato y la clandestinidad. palos y machetes. una ínfima partícula de lo acontecido en las mon­ tañas y selvas del noroeste. sueños y muertos. Ese hecho nos sacó abrupta e inesperadamente de un anonimato de lustros: a él muerto. la epopeya de la población civil de aquella región. Aspiraba a * Palabras de la autora en la presentación de la primera edición de este libro. que resistió a los embates del ejército con piedras. así mi corazón ha retenido sus memorias. aunque no tenía vocación para ella. sueños y muertos. Revisadas en enero de 2006. Lucía. a raíz de la muerte sorpresiva de mi compañero. 9 . Manuela y Violeta. Irrupción de la política en mi vida y opción por la mi­ litancia revolucionaria armada La política irrumpió en mi vida sin buscarla.

tortura y asesinato de centenares de dirigentes. la verdad y la dignidad son acosados a muerte. Pertenezco a una de tantas generaciones guatemaltecas que hemos atestiguado cómo los corazo­ nes que laten por la justicia. Los revolucionarios de mi generación nos rebela­ mos ante regímenes autoritarios. nos rebelamos ante el asesinato de miles de guatemaltecos que se ganaban la vida honrada y dignamente. más feliz. corruptos y violentos. la ignorancia y la violencia. y la alternativa para participar en su transformación de ma­ nera organizada. nos rebelamos ante un sistema económico que reproduce la miseria. Pertenezco a una generación de revolucionarios latinoamericanos forjada en un período de terrorismo de Estado. trabajadores.una Guatemala digna y justa. la corrupción y la intolerancia de los poderosos han hecho escuela dentro de nuestra sociedad. Y con la fijación de tal ideal fui uniendo mi destino al de quienes más necesitan ese cambio y al de quienes comparten las mismas aspiracio­ nes. nos rebelamos ante una sociedad cuyas capas medias y altas permanecían indiferentes —cuando no justificaban — el despiadado e indiscriminado atropello de los más elementales derechos 10 . estudiantes e intelectuales demócratas que actuaban dentro del marco de la ley. nos rebela­ mos ante la persecución. más avanzada. De ahí que mi compromiso con la gesta revolucio­ naria lo determinó el drama social de nuestro país. de crisis del sistema político y de luchas por la defensa de los más elementales derechos humanos. muerte y exilio. a una sociedad más huma­ na. Y cómo el terror. En mi experiencia fueron la teoría y la práctica revolucionarias las que me proporcionaron el conoci­ miento para comprender nuestra realidad social. laborales y ciudadanos que fueron anegadas en sangre.

renunciar a todo: a nuestros seres más queridos. capacidad de trabajo con vocación de servicio. a nuestra identidad y preparación profesional. a nuestro descanso y tran­ quilidad. ideales y sentido del deber. Tomar las armas y optar por la vía armada nos violentó en lo más profundo de nuestra calidad humana y voca­ ción de paz. para empuñarlas contra los cuerpos represivos y aquellos poderosos que recurrían o propugnaban por la violencia contra quienes disentían de sus posiciones. para defender la propia vida. de la clandestinidad y de la guerra de guerrillas las tomamos. arriesgarlo todo. en primer lugar. y un corazón que sigue latiendo por un mundo mejor. Nuestra fuerza reside en las convicciones que nos mueven. memoria de nuestros muertos. trabajar al límite de la resistencia humana prolongadamente. Ninguno de nosotros estábamos locos ni perver­ tidos para seguir tal camino habiendo otras alternativas. Las armas de fuego. a nuestros recursos y bienestar material. Lo dimos todo a cambio de nada en beneficio propio porque creíamos en la posibilidad de construir una sociedad mejor para todos. En tercer lugar. En segundo lugar. amor por la vida y la libertad. Poseemos experiencia. Nos sometió a nosotros y nuestros seres queridos a rigores materiales y psíqui11 .humanos y ciudadanos contra sus compatriotas. Nos rebelamos por dignidad. intereses y privilegios ilimitados. Nuestro aliento libertario no se nutre de triunfos o derrotas. Y hacerlo implicó para nosotros entregar mucho más que la vida y vivir mucho más que la muerte. Nos violentó en nuestras relaciones afectivas y aspiraciones personales. para defen­ der los ideales y darlos a conocer. en la transparencia con que actuamos y en el empe­ ño que ponemos por transformar los sueños en realidad.

la miseria y el horror un palmo" (Mario Payeras). Pero tales calificativos no corresponden sino a quie­ nes. Pero no dudamos en dar el paso. dignidad y convicciones "aunque sólo fuera para ganarle al magno océano de la ignorancia. atrevernos a renunciar a nuestro bienestar y tranquilidad. latrocinio. cobardes. fraudes electorales y financieros. Mucho menos un hecho inmoral. Para nosotros era un derecho y un deber. manipuladores de los pueblos indígenas y de los jóvenes. injusto o inútil. atrevernos a desafiar al sistema imperante con la sola fuerza de nuestros sueños. provocadores. 12 . incluidos académicos extranjeros. fanáticos de ideologías "extra­ ñas". lo violan para imponer privilegios de minorías. De manera que sistemáticamente han sido divulgadas y asimiladas las versiones de lo que ellos quisieran que fuéramos los revolucionarios: delincuentes.cos indescriptibles y duraderos. significado e interpretación de las rebeliones sociales En Guatemala han circulado durante décadas la versión oficial y los análisis de quienes denostan a los movi­ mientos popular y revolucionario con la lucidez de la ideología dominante. dadas las motivaciones. Rebelarse en armas cuando los detentadores del po­ der violan persistente e impunemente las leyes y nuestros derechos más elementales no es un error ni un crimen. atrevernos a arriesgar su vida y la nuestra. ni nos arrepentimos. resentidos sociales. Nuestro único delito ha sido atrevernos a abandonar a quienes más queríamos. Causas. las circunstancias y el momento en que lo hicimos. cuyas consecuencias seguimos experimentando todavía. ni fue tiempo perdido. detentando el poder y estando obligados a defender el Estado de Derecho. irresponsables.

La simplificación que de los hechos conlleva es pragmática y fácil. y. Es más. Sin embargo. de la opresión hacia los indígenas.crímenes de Estado. pero no contribuye a comprender lo sucedido ni a extraer las enseñanzas indispensables. Tales enfoques ven la violencia de la acción revolucio­ naria y popular. así como de la situación actual del país. Aducir neutralidad o equilibrio para juzgar como igualmente responsables al ejército —respaldado por el aparato del Estado y las clases poderosas— y a las fuerzas rebeldes —expresión organizada de los débiles y agredidos por aquellos — es condescender y defender al Estado y a las minorías acaudaladas que representa. no cabe duda. sino peor aún: lo son de la violencia de los salarios de hambre y de las humi­ llaciones a la dignidad de los trabajadores. en quienes han detentado y siguen detentando el poder. De ahí que la responsabilidad mayor por las consecuencias de la rebelión social. Todas ellas formas de violencia cotidianas. del latrocinio y de la intolerancia polí­ tica y cultural. recae. Pues los levantamientos sociales son reaccio­ nes históricas de los débiles cuando los gobernantes no atienden equilibradamente las necesidades de los diversos sectores sociales. 13 . cierran las vías legales y pací­ ficas para demandar el cumplimiento de la ley. además. política y socialmente los hechos. Y no considera las proporcio­ nes del desigual enfrentamiento. silenciosas y letales que crean el caldo de cultivo para las rebeliones. los generadores históricos y estructurales de la violencia social y política han sido las clases poderosas y el Estado que ellas han conformado. ni los móviles de uno y otro contendiente. económica. Y no sólo lo han sido de la violencia armada —con su fuerza bruta. Pretender tal enfoque es falsear la historia. Tal posición descontextualiza histórica. les adjudican la causa de la violen­ cia en general. tecnológica y de inteligencia contrainsurgente—. de los males sociales y del atraso del país.

una y otra vez. No significa renegar ni avergonzarnos de lo actuado. pues ser crítico. voluntades y análisis teóricos. No significa aliarnos ni servir al adversario. no pueden valorarse ni comprenderse desde el punto de vista de su utilidad. al dinero y a la acumulación privada de bienes como su razón de ser. No significa creer en el sistema imperante. que no puede haber paz y desarrollo sin trabajo. Significa volver a exponer la existencia por la justicia y la dignidad. la clandestinidad. De ahí que las rebeliones. no son producto de manipulaciones o engaños. Son la expresión política más aguda de una situación social explosiva. Y que confirman. provocada por un sistema económico que tiene a la mercancía. como las descritas en Mujeres en la alborada. no surgen de la noche a la mañana. 14 . justicia y dignidad para todos.Las rebeliones sociales son hechos colectivos que trascienden individuos. moralidad. sustentar principios y servir causas justas es difícil en toda circunstancia y lugar. Nuestra posición ante la derrota revolucionaria y nuestra integración a la vida legal Para quienes vivimos consciente y consecuentemen­ te nuestro compromiso. legalidad. Significa reconocer que una de las causas del fracaso radicó en nuestros propios errores y limitaciones. ahora sin las armas del anonimato. Significa reflexionar sobre lo actuado y extraer lecciones para el presente y el fu­ turo. la organización. aceptar la derrota de la gesta revolucionaria no significa renunciar a nuestros ideales y principios. Significa hacerlo en circunstancias también adversas. no se explican por el influjo de alguna ideología particular. éxito o fracaso. Las guerrillas eminentemente campesinas e indí­ genas. y no al bienestar y a la dignidad humanas. tragedias sociales no deseables. educación.

a los usurpadores. cuidados y sustento en aras del ideal de ayer. Nos presen­ tamos con amor y amistad ante el hijo. acosada y traicionada por no pocos. De ahí que nos presentamos con las alas del ideal desplegadas al viento y con la dignidad firme ante la aurora detenida. de hoy y de siempre. Han cambiado las circunstancias y las formas de lucha. a quien privamos de nuestro cariño. Pero también lo escribí en oposición a los partidarios del "borrón y cuenta nueva". trabajar por la democracia en las condiciones actuales lo requiere de la misma manera. las convicciones. Y como aporte al rescate de la memoria perseguida. Nos incorporamos al esfuerzo democratizador con la misma vocación de servicio y dis­ posición para trabajar por toda causa que apunte hacia una sociedad mejor. Para aquellos que saben que los hechos sociales son fenómenos complejos y contradictorios que trascienden a individuos y dirigentes. detractores y represores de la palabra rebelde. En el libro me concentro en los años que van de 1973 a 1978. montañas de los Cuchumatanes y selvas de El Ixcán y El Petén. Razones para compartir estas vivencias Escribí Mujeres en la alborada movida por el sentido del deber hacia aquellos que aspiran a un mundo mejor y creen en las enseñanzas de la experiencia social acumu­ lada. Y me refiero a la experiencia vivida en el altiplano occidental. no los ideales.Si aceptar la derrota revolucionaria requiere entereza y dignidad. ni las necesidades sociales. 15 . pero que años después perdió el rumbo y fracasó por causas múltiples en sus objetivos medulares. De ahí que los relatos son reflejo de la primera época de una gesta que quiso abrir camino hacia algo mejor para Guatemala.

semanas. Definitivamente. Vivirlos entonces fue maravilloso porque nos desbordaban los sueños. sino también es el camino. ante el desencanto de oportu­ nismos y traiciones de excompañeros. la experiencia no es sólo producto de lo logrado. odio y amor aflora­ ron en mí con fuerza tan desbordante que. las certezas. rabia y ternura. miedo y valor. debí suspender su escritura por horas. el proceso y los es­ fuerzos que conllevó llegar a donde se está. con frecuencia. Además. vivíamos el ascenso de la lucha e ignorábamos la envergadura del precio social y personal que pagaríamos por nuestros ideales y osadía. ante el auge del neoliberalismo y viviendo el exilio y la soledad política. Vivir los hechos en aquellos años no implicó el desgaste de escribirlos. Guatemala. 1998 16 . Dolor y alegría. el entusiasmo. la juventud. el amor. Revivirlo lustros después fue durísimo porque estábamos ante la derrota del sueño. días.La experiencia de escribir el libro Escribir este libro significó volver a vivir los hechos con una intensidad psíquica y emocional extenuante. de lo aprendido y de lo vivido al cabo de una vida.

sus habitantes y secretos. del paisaje de la selva. 17 . con las carencias y los riesgos que ello planteaba. En este sentido. Nos lleva a ver muy de cerca la mentalidad que muchas jóvenes de entonces compartían a través de ideales. Es la narración de hechos y momentos cruciales del país. y de sus mujeres en particular. y en eso radica su importancia. es expuesta aquí por una de sus protagonistas. Es un material imprescindible para investigar la historia de las guatemaltecas. une la descripción subjetiva y el análisis sociológico. porque es un capítulo fundamental en las vidas de muchas de esa generación. valores y sueños. encontramos descripciones sobre las condiciones de vida de las mujeres. las discusiones. tanto del campo como de los cen­ tros urbanos. como forma de vida y opción política fue un horizonte moral para quienes la convir­ tieron en eje de sus vidas. y aunque la lente sea personal. sin pretenderlo quizá. nacida a mitad del siglo XX. para darnos un panorama muy detallado de la comuni­ dad guerrillera y su entorno. las acciones armadas. Sus apreciaciones y juicios coinciden con corrientes de pensamiento comunes en la Latinoamérica de entonces. A manera de etnografía. El papel que ella y sus más cercanos compañeros tuvieron dentro de su organización. es una obra de su tiempo. Entre líneas y a las claras. Lo que Yolanda Colom relata es ya parte del pasado. quien la desmenuza y la rearma como mosaico.PRESENTACIÓN Mujeres en la alborada es uno de los libros que podemos leer para conocer Guatemala y entender su presente. La Revolución. La militancia en condiciones de clandestinidad. no faltan los exámenes objetivos de la realidad.

Sin embargo el espíritu militante. Parecen increíbles las formas en que se trataba y consideraba a las mujeres. nombres y lugares. sindicalistas. sobre todo en los medios más conservadores. que hoy es preciso analizar y cono­ cer. Si bien para entonces ya muchas mujeres en el mundo luchaban por liberarse de la opresión patriarcal. dan cuenta de un intento colectivo de construir otra Guatemala.las políticas propuestas. el balance que podemos hacer hoy tiene esos referentes. en las organizaciones y en los movimientos que sobrevivieron a 18 . rebelde y contestatario. su lenguaje. ponen al descubierto un mundo desconocido u oculto. La crítica y la autocrítica dejan abierta la puerta a una evaluación siempre necesaria. La marcha hacia la victoria añora­ da fue dura. dichos. Semejantes empresas no estuvieron exentas de obstáculos ni de yerros. campesinas u obreras en los años setenta y ochenta. Muchas muertes y pérdidas acompañaron los pequeños triunfos y avances. aquí todavía predominaba un sistema semifeudal. no faltan las ventas de muchachas. En el cuadro que Yolanda pinta con maestría. Lo bueno es que éstas se contrastan con las luchas y actitudes que asumen otras contra la discriminación y por la justicia. Las anécdotas. trajo consigo transformaciones individua­ les y sociales que hoy encontramos en las familias. dolorosos. El abordaje de la autora. sea como estudiantes. comparten rasgos y escenarios que nos muestran una parte de la historia de Guatemala que no estaba docu­ mentada. En estas páginas hay reflexiones y dudas que están sin resolver. nos ubica en una época en la que hubo movilizaciones y cambios sociales que le abrieron la puer­ ta a prácticas culturales distintas. los abusos. como en la ideología y sus formas de expresión. Los testimonios de quienes se involucraron en distintas organizaciones políticas. el desenlace y la derrota. las golpizas. la alusión a costumbres. los robos de novias. así como las vivencias que relata. tanto en la estructura económica.

La conciencia de tener derechos y la capacidad de luchar por ellos sigue iluminando el futuro. La injusticia contra la que se combatía. el deterioro ambiental. los cambios saltan a la vista: caminos asfaltados. con una carga acumulada de saberes y experiencias. Muchas revolucionarias que empuñaron las armas antes. cientos de cementerios y tumbas queda­ ron desperdigados por aquellos parajes naturales. Ana María Cofiño Antigua. marzo 2008 19 . con sus mariposas y aves. la miseria siguen afectando a la mayoría de la población. dispuestas a todo. construcciones modernas y contaminación de los ríos están sustituyendo la belleza de los bosques milenarios. Si vamos ahora a las áreas geográficas que apa­ recen en el libro. hoy tienen en sus manos otras herramientas. Jóvenes que entonces estaban apenas en la alborada de sus vidas. Poblaciones que una vez abrigaron a familias indígenas fueron arrasadas.la confrontación con los poderes materiales y simbólicos. la violencia. cuestionándolos y retándolos. teléfonos celulares. hoy son adultas maduras.

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corruptos y cómplices por su silencio. Habían nacido de la intervención yanqui de 1954 y del fanatismo anticomunista de la guerra fría. Pues. No conocía a militantes de entonces y el movimiento revolucionario se encontraba en su primer reflujo. tomé la decisión de renunciar a mi status social. frecuentemente. de la represión contra el pueblo. En mis circunstancias personales esa era la única manera de ser consecuente en la práctica con lo que ya pensaba y creía. No veía otra alternativa. construían en mi país el camino hacia la emancipación.MARIPOSAS DEL SUEÑO Luego de un proceso de varios años. La adhesión de sus miembros era. Eran politiqueros y elec­ toreros. todos eran conservadores. a los títulos universitarios y a mi aspiración de obtener riqueza material. Los dirigentes de unos y otros se podían intercam­ biar sin que nada de fondo los modificara. oportunista o coyun­ tural. Los partidos políticos me decepcionaban. ajenos a los intereses populares y nacionales. Sin embargo. Ninguno representaba los intereses de obreros. cuando no directamente responsables. Escogí a cambio aprender fuera de los marcos conven­ cionales y unir mis esfuerzos con aquéllos que. El comandante guerrille­ ro Luis Turcios Lima había sido asesinado en octubre de 1966. junto al pueblo trabajador. Marco Antonio Yon Sosa lo había sido a manos del ejército mexi­ 21 . no sabía cómo ni con quiénes lo podía lograr. Y los intentos por crear partidos democráticos y con simpatía popular eran blo­ queados. Por eso aspiraba a incorporarme al movimiento revolucionario. campesinos y capas medias trabajadoras. unos más otros menos. en un provocado accidente automovilístico.

Opté por incorporarme al EGP. Las dos organizaciones se preparaban para reivindicar los intereses de sectores sociales que ningún partido legal representaba desde 1954: campesinado pobre. Llevábamos poco tiempo de existir cuando nos abordaron la Organización del Pueblo en Armas —ORPA— y el Ejército Guerrillero de los Pobres —EGP —. confiaba en que habían sobrevivido a la ofensiva contrainsurgente y que resurgirían en cual­ quier momento. población indígena. representante de los civiles y militares más represivos y reaccionarios del país. Y el terror contrainsurgente logró desarticular bases y guerrillas en el oriente del país. Entonces no tenía bases objetivas para suponer que seguía existiendo el movimiento revolucionario. y por otra nuestra precariedad económica. Ninguna era conocida y aún faltaba tiempo para que iniciaran su actividad pública. Pero el tiempo pasaba y la oportunidad de participar no se presentaba. Por un lado la particularidad de nuestras inquietudes laborales y políticas. Ambas agrupaciones se encontraban en la etapa de trabajo silencioso. obreros. gobernaba Guatemala el coronel Carlos Arana Osorio. Pocos años antes me había casado y por decisión común con mi pareja no tuvimos familia de inmediato. Nos dedicamos a estudiar teoría política. No habría podido estudiar. especialmente para la mujer. no conocía acciones ni pronunciamientos de organización alguna. cuando volví de una estancia en Europa. A comienzos de la década de los setentas. Sin embargo. viajar y trabajar como lo hice en esos años cruciales para mi formación si 22 . hacían imposible conciliar las primeras con la responsabilidad que entrañan los hijos. así que algunos amigos que compartíamos las mismas inquietudes integramos un pequeño grupo. semiproletarios y sectores de capas medias.cano en mayo de 1970. el acontecer nacional y experiencias revolucio­ narias de otros países.

sino para sus seres queridos. obligándonos a reiterar una y otra vez la decisión. 23 . De manera que cuatro años después de casada di a luz un varón.hubiera tenido hijos de inmediato. Además. antes del primer mes se me había derrumbado la imagen idealizada de la maternidad que inconscientemente había interiorizado. Pero no fue fácil pos­ poner varios años la maternidad. Por otra parte. A la fecha han sido asesinados u obligados al exilio familiares y amigos que eran contrarios a su militancia o que nada sabían al respecto. Los niños me gustan y tenía ilusión de tener una familia numerosa. De ahí que también decidiéramos tenerlos sólo cuando estuviéramos ideológicamente sólidos. pues consideraba que para él sería menos dura la vida en caso me viera forzada a dejarlo. tenía concien­ cia de los riesgos que en Guatemala conlleva la militancia revolucionaria. pero que son conse­ cuentes e íntegros en su lucha reivindicativa. Y yo tendría más valor para renunciar a él y confiarlo a terceros si esa situación se daba. No sólo para quien la ejerce. Y en aquel entonces dudaba de mí misma en cuanto a si tendría el valor de seguir activa una vez tuviera hijos. pasara lo que pasara. y la mayoría de mujeres tenemos hijos en al­ gún período de nuestra vida. no renunciaríamos a nuestras convicciones ni al compromiso militante adquirido. aun cuando ellos no tengan nada que ver con las decisiones y actividades del militante. de manera que. Principalmente si tales personas eran democráticas o mostraban simpatía hacia el luchador social. Y esto sucede también con familiares y amigos de activistas y dirigentes del movimiento popular que nada tienen qué ver con la revolución. me decía a mí misma que debía tenerlos porque la participación revolucionaria no se puede condicionar a que seamos o no madres. Si bien estaba feliz con mi hijo. La contradicción nos afloraba periódicamente. Me alegró mucho que fuera hombre.

Sin embargo. Con cariño y solicitud. ni con las tareas domésticas. Por ese entonces nosotros vivíamos en el altiplano central. en algunas de sus movili­ zaciones y reuniones de trabajo. No permití que lo acostumbraran al chineo ni que al primer chillido lo cargaran. Le platicaba y jugaba mucho con él. a no aferrarse a una sola persona. Si nuestro hijo se acostumbraba a ser mimado. hubiera o no gente a su alrededor. Pues nos habíamos trasladado a casa de mis padres y allí había personal de servicio. Fue con la maternidad que me di cuenta cuán acostumbrada estaba a una actividad independiente e intensa fuera del hogar. Pronto partiríamos al altiplano. lo enseñé desde pequeño a ser sociable y alegre. cambiar pañales a cada poco. incluso cuando familiares o amigos nos acom­ pañaban. esa situación duró poco. aunque entonces no tenía idea de cuáles eran sus funciones ni sus años de militancia. a permanecer en la cuna o en el corral la mayor parte del tiempo. En el curso del primer año de militancia desempeñé diversas tareas: apoyo logístico y de comunicaciones en función del frente guerrillero en el norte de El Quiché. 24 . porque al mes de nacido ya llevaba a mi hijo conmigo a todas partes. pero también con firmeza. lo dejaba al cuidado de alguna familiar o amiga. En un lapso pequeño logré que se entretuviera contento en su espacio. lejos de familiares y amigos. apoyo en servicios y seguridad a miembros de la Dirección Nacional y veteranos fichados. trabajábamos y no tendríamos quién nos ayudara con él. a pesar de que mi madre y mi abuela estaban al lado y que yo no lavaba los pañales ni realizaba tareas domésticas esos días. Sentía que era la de nunca acabar.Me parecía agotador dar de mamar frecuentemente de día y de noche. sacar el aire al bebé luego de que comía. incluida yo. pero sin sacarlo del encierro. y no dejaba de sentirme maniatada. Y si por fuerza mayor no podía hacerlo. sufriría mucho cuando no lo pudiéramos consentir.

La Dirección Nacional. obtenía los recursos y resolvía por sus propios medios cuanto problema enfrentara en el cumplimiento de sus funciones. de los peligros y las renuncias.Mucho menos cuáles eran sus identidades y dónde vivían. sin trabas. También realizaba activida­ des de formación política y cultural con compañeros de extracción obrera y campesina provenientes de distintas partes del país. me encomendó la elaboración de un método de alfabetización que pudiera ser implementado en la montaña. Así se levantó 25 . Y ello frecuentemente no coincidía con los deseos personales. A nadie se nos ocurría pedirle recursos o dinero a la organización. Siempre los recogí y dejé en diversos puntos de la ciudad o del país. conociendo las necesi­ dades y nuestras capacidades. Éramos nosotros quienes la sosteníamos e impulsábamos en cuanto podíamos. Varios de ellos habían sido combatientes o colaboradores en los años sesenta. solitaria. Nos poníamos al servicio del proyecto revolucionario sin reservas. aceptar la militancia significaba aceptar ser corresponsable de los aciertos y errores. Y le poníamos empeño a la tarea que fuera: gris. decía a cada quien lo que debía hacer. Y los apoyaba en locales y con vehículos que yo misma obtenía para el efecto. De lo contrario lo hacía por separado con cada uno y en diferentes sitios. y no a la inversa. En aquel entonces. A menudo debíamos subordinar los intereses familiares o laborales a los de la organización. peligrosa. de los éxitos y fracasos. El analfabetismo campeaba de la mano con la miseria. En aquellos tiempos. conociendo la dirección mi experiencia docente. Trabajaba con dos o tres en grupo si se conocían entre sí y laboraban juntos. Firme y cons­ cientemente nos asumíamos parte protagónica de él. cada quien sufragaba los gastos. pero el deseo de superación era generalizado y urgente la necesidad de elevar el nivel cultural de nuestros miembros y bases. Por otra parte. sin condiciones.

En especial. A través del trabajo y de las actividades militantes conocí diversas regiones del país. El trabajo remunerado daba margen para ello. dónde ni con quiénes. pero otras eran diferentes para cada uno. culturales y políticas. Algunas tareas las realizábamos en común con mi compañero. Por eso lo habíamos escogido entre otras posibilidades mejor pagadas y más cómodas. que no se equivoca.el proyecto del EGP en su fase anónima y en sus primeros años de accionar público. afectando negativamente el trabajo del conjunto. Y desde entonces aprendí a valorar la diversidad militante y su recíproca complementación. De lo contrario. tareas y circunstancias requieren características y capacidades diferentes. disciplina de trabajo y preocupación por la seguridad. com­ prendí que el trabajo de la organización. requería de todos: sentido de responsabilidad. Pero ambos cumplíamos actividades en la ca­ pital y en diversos puntos del país. El empeño por su­ 26 . Ninguno entrábamos formados como militantes. De una u otra forma fui aprendiendo qué quería decir "ser de carne y hueso" y "estar determinado por la extracción social y el entorno". Ade­ más. el esfuerzo y la sencillez de que fuéramos capaces. el chisme y los prejuicios son nefastos. para ser eficaz. se desarticulaba. pues diversas funciones. Asimismo. En estos casos no conocíamos lo que el otro hacía. así como también respeto mutuo y discreción. pero que nos aprisionaban en rutinas y horarios que chocaban con las tareas que teníamos. También me relacioné con personas de muy diversas procedencias sociales. y la indispensable buena relación entre los militantes se dete­ rioraba. que carece de debilidades. que le simpatiza a todos. sino que nos forjábamos en un proceso con altibajos y contradicciones y en el que necesitábamos invertir toda la conciencia. se duplicaba. no existe el militante ideal que todo lo puede. el trabajo se atrancaba.

elaboré el método de alfabetización que me solici­ taron. sin infraestructura adecuada— de reunir y educar para la vida y para el trabajo a niños y adolescen­ tes huérfanos. Para realizar dicha labor me apoyé en los postulados de Antón Makárenko. jóvenes guerrilleros — y la parte propiamente metodológica y de contenido adecuado para el ámbito de las montañas del noroeste. ladronzuelos. Recién instaurado el poder de los soviets en la Rusia Zarista. quien dio origen a una nueva pedagogía. abandonados. Su primer libro. envanecerse. Elaborar ese método fue un reto y una carrera contra reloj. debía ser constante. artesanos pobres. En el curso de medio año. Muchachos que abundaban como producto del régimen zarista. pedagogo soviético de principios de siglo. lo leí recién editado y seguí desde entonces la evolución y la polémica alrededor de sus planteamientos. Pedagogía del oprimido. Lo logré una semana antes. dirigentes comunales.perarse. sin especialización ni asesoría. sin dinero. apareció en 1969. También recurrí a Paulo Freire. porque esperaba a mi hijo y quería concluirlo antes de su nacimiento. educador brasileño comprometido con la emancipación de los sectores populares. Algunos me­ 27 . el nuevo gobierno le asignó a este maestro de escuela el gigantesco trabajo —sin recursos. comerciantes ambulantes. se entregó de lleno y de por vida a su nueva responsabilidad. El trabajo abarcaba dos dimensiones: la parte motivadora e instructiva para aquellos que lo utilizarían —casi todos campesinos. sin abandonar las otras tareas. quien dio nacimiento al método universalmente conocido que lleva su nombre. Su gesta pedagógica está plasmada en varios libros. como constante es el riesgo de acomodarse. además. ser rebasado por los acontecimientos. dos de ellos no­ velados: Poema pedagógico y Banderas en las torres. Este maestro bolchevique. de la guerra civil y de la primera guerra mundial.

La relación con padres y hermanos era a menudo con­ tradictoria y difícil debido a que desde chica no seguí los patrones de comportamiento comunes a mi género y medio social. a mediados de 1974. Pero el hecho de haber sido buena estu­ diante y responsable en todo cuanto hacía amortiguaba los choques. pero juntos lo resolvimos y comencé los preparativos. iba a someterse a la prueba de la práctica mi trabajo educativo. En ese entonces. la dirección me propuso visitar el frente guerrillero para impartir un cursillo sobre el método que les había presentado. sin levantar sospecha alguna sobre la razón que me movía a hacerlo. En esta etapa no fue fácil la convivencia familiar. Para realizar la visita al frente necesitaba varias sema­ nas. 28 . inmediatamente acepté. El trabajo no le permitía al papá asumir él solo su cuidado. Sin embargo. Por un lado conocería algo de la vida revolucionaria en aquellas latitudes y.ses después. muy pocos vimos colmado nuestro sueño porque también había necesidades de trabajo en la ciudad y en otras partes del país. Mi hijo estaba pequeñito y debía dejarlo con alguna familiar o amiga. por el otro. No me lo dijeron dos veces. Y ellos veían que estaba contenta con mi vida y segura de lo que hacía. numerosos revolucionarios procedentes de las capas medias urbanas considerábamos —tal vez por romanticismo y por simplificar la gesta revolucionaria cubana— que la militancia en la montaña era la máxima e insustituible expresión de la realización revolucionaria. Me parecía una oportuni­ dad maravillosa.

Pero absorbida por los preparativos olvidé preguntar a qué se debía su transformación. pero la odiaba tanto como al sistema contra el que luchaba. ahora. De todas maneras la llevé a la montaña. En la semana previa al viaje observé que la cápsula cambió color. hasta ahora sólo uno lo ha hecho y por error". "Tira esa mierda lejos. Era vieja historia. El secuestro. ni consignados a los tribunales por acusaciones de rebelión contra el régi­ men. desde que la recibí. luchador popular o militante revolucionario consecuente y firme. y prosiguió: "Habría que tragarla para saber si sirve o no. llevaba un año con la compañía inseparable de una cápsula de cianuro. y siempre tuve el cuidado de llevarla a mano y en lugar seguro. Y en la primera oportunidad que tuve se la mostré a uno de los responsables del destacamento para ver si me despejaba la duda. Por eso me parecía natural y necesaria tal com­ pañía. Sin embargo. aunque no tan absoluta como llegó a ser muy pronto. porque amaba la vida y quería servir al pueblo de la única manera en que es posible: viva. Me preocupaba que no fuera ya efectiva. la tortura y una muerte atroz eran la respuesta inequívoca del régimen para todo demócrata. sana y libre. Se nos daba a los militantes de entonces con la orientación de ingerirla en caso de caer en manos de los cuerpos represivos. que en Guatemala no hay presos políticos. tornándose de blanca en amarillenta.DESPERTAR EN LA ZONA REINA Cuando realicé mi primera visita al destacamento gue­ rrillero. No dudaba que me la tragaría si me veía obligada a hacerlo. Resulta que cierto compañero 29 . me inva­ dió una sensación de fatalismo respecto a que mi muerte era inminente. y olvídate de ella" me dijo enojado.

Con dificultad y asumiéndose en agonía se paró. Vivió y nunca más tuvo problema alguno por haber ingerido el cianuro. que­ ría dejarles recursos para que cada uno dispusiera de lo básico en su respectivo lugar de trabajo. a partir de entonces. pero la misma no fue necesaria porque los retortijones habían cesado y fuera del susto no tenía nada. podría cargar el compañero 30 . Me era inconce­ bible. Pero sabiendo que debíamos caminar y que no tenía capacidad para llevar a cuestas todo lo que necesitaba. no concebía el éxito del cursillo sin contar con material didáctico. especialmente si el curso iba a ser breve y los participantes eran inexpertos. Así que llegando a las instalaciones policiales se tragó la cápsula y se sentó en un rincón a esperar la muerte.cayó en una redada policial. en la que sin excepción se llevaban detenidos a todos los hombres que en un momento dado estaban en el área que se había decidido "limpiar". temió ser descubierto. dejé de sentir el inmenso peso de la muerte. El compañero tenía sus documentos en orden y no era conocido. supuestamente de delincuentes. Lo cierto es que tiré mi cápsula en el momento en que el compañero me dijo que lo hiciera. según el dirigente de la ciudad que me lo dijo. La respuesta fue que podía llevar hasta setenta libras de material didáctico. pero inexperto y sabiéndose conspirador. Sin embargo. Estaba sufriendo retor­ tijones de estómago cuando por altavoz anunciaron que quedaba libre. Ese era el peso que. por ejemplo. las opiniones sobre lo procedente o no de utilizarla se divi­ dieron. recibió sus papeles que habían sido requisados en la detención y salió a la calle. pregunté si podían resolverlo. salvo en momentos de peligro. Dada la forma en que fui preparada para ejercer el magisterio. carecer de pizarrón. Además. ilustraciones y de luz para trabajar de noche. Y desde entonces. práctica común en la capital del país. Desesperado buscó ayuda con compañeros.

papel sanitario.que me conduciría hacia el campamento guerrillero. Me reco­ gieron puntualmente. Dos de ellos volvían a la ciu­ dad. de uso colectivo cuando la había. de la oscuridad y del aguacero surgieron tres compañeros. cómo era el vehículo ni hacia dónde nos dirigiríamos. Al aproximarnos al punto se nos orientó descender rá­ pido y arreglar las cargas sin hablar y sin encender luz. Por experiencia no dejaban en manos del novato decidir qué era lo indispensable. quien me autorizó llevar los recursos no tomó en cuenta que este compañero llegaba a encontramos cansado y sin haber comido. dos hombres y dos mujeres. en una 31 . una tercera mudada. el papel sanitario por hojas y musgo. Algunos de estos artículos eran sustituidos así: la toalla por un pañuelo paliacate que se retorcía cada vez que se saturaba de agua y que tenía múltiples usos. desodorante. in­ cluido un mecapal. la pasta dental. El equipo personal. pues todo principiante de origen urbano consideraba necesarios objetos que ni él ni nadie aguantaban a cargar. Éramos cuatro. pues durante dos días y sus noches acompañó a los que salían. baterías de repuesto. Mientras eso hacíamos. jabón. pasta dental. Desde el anochecer cayó una lluvia torrencial que no cesó sino al amanecer. Sin embargo. luego de una temporada en el destacamento. Llegado el día de partida me dirigí al sitio acordado. Eran medidas elementales de seguridad que todos acatábamos con discreción y disciplina. por ceniza. El viaje fue largo y culminó a media noche en una localidad en el norte de El Quiché. Mucho menos en qué lugar y a qué hora emprenderíamos la caminata. zapatos o botas de repuesto. y un tercero sería nuestro guía y quien transportaría el mate­ rial educativo. Así que preparé abundante material. me sería entregado en el momento de viajar. Tres íbamos al destacamento y uno regresaría a la capital. No sabía entonces quién o quiénes llegarían a recogerme. Entre ellos estaban toallas.

32 . Por iniciativa propia sumé el resto a mi carga. La seguridad descan­ saba en múltiples factores y no tenía caso que. sólo tomó parte de las cosas. a paso rápido.marcha especialmente lenta. no. portáramos armas en tales circunstancias. Partimos en silencio. Entre dos teníamos dificultad para sacarlo. de manera que al intentar dar el siguiente paso el pie se salía del calzado que quedaba atascado. en ese entonces única representante de los cuerpos represivos en dicho poblado. Debía ser así pues atravesábamos sembradíos de maíz. Caminamos dos noches continuas. debido a que uno de ellos se había fracturado un tobillo. para luego deslizamos de regreso sin poder sujetarnos a nada. El compañero que llegó a nuestro encuentro y el que venía desde la capital eran veteranos del destacamento e iban armados. Habíamos hecho contacto frente a un puesto de la Guardia de Hacienda. Debimos repetir uno de los trayectos con más lodazales para corregir la dirección. Y aunque se había iniciado el trabajo organizativo entre algunos de ellos. aunque los dos primeros asegura­ ban la secretividad de nuestra presencia. deteniéndonos antes de la alborada. sin mayor experiencia y en aquellos tiempos de anonimato de la organización. haciendo ventosa. Y para completar el cuadro nos extraviamos dos horas. la compañera y yo. La lluvia. al cabo de las cuales nos encontramos en un punto recorrido con anterioridad. Todo era lodo. a los que llegaban a laborar los campesinos. pasábamos entre casas cuyos perros nos ladraban agresivos. Había trechos en los que a cada paso las botas se hundían completamente en el fango. En otros tramos dábamos dos pasos hacia delante. la oscuridad y el terreno tortuoso nos dificultaban el avance. para escondernos entre la maleza las horas de luz y reanudar la marcha al oscurecer. El compañero. agua y oscu­ ridad. sin luz. por lo tanto. Caminando por callejas y veredas siempre en ascenso y empantanadas.

veterano de las bases de Rabinal de los años sesenta y fundador del destacamento del EGP. proseguimos nuestro camino. No comimos y estuvimos en tensión debido a los perros —cada campe­ sino tiene. quien había ido a nuestro encuentro se adelantó. estábamos en territorio conocido por nuestros compañeros. siempre sin probar bocado. Este silencioso compañero era campesino pobre. uno que lo acompaña a todas partes— que varias veces llegaron a merodear nuestro escondite. oriundo de Baja Verapaz. al paso rápido propio de los veteranos. A partir de entonces avanzamos a rumbo. Los recién llegados tomaron nuestras cargas y nos dieron a beber chocolate frío. dos compañeros acudieron a encontrarnos.por seguridad no debíamos evidenciar la ubicación ni los movimientos del destacamento. Un poco antes del segundo amanecer alcanzamos la orilla de la montaña. Una vez dentro del bosque. el dueño atendería sus ladridos. indígena achí. cuando menos. Cayendo la noche llegamos a nuestro desti­ 33 . Padecía tuberculosis pulmonar y sus hijos vivían de lustrar zapatos en la capital. Poco después salió tem­ poralmente de la montaña para curarse de ese mal. El cansancio y el peso de la carga se multiplicaban al avanzar despacio. sin seguir trazo alguno. De ahí que permanecimos quietos y silenciosos más de doce horas. pero todo novato sólo puede hacerlo así las primeras veces. Al oscurecer. donde podíamos caminar de día y sin riesgo de encontrar gente. reanudamos la marcha en dirección inversa a la suya. Al dar aviso en el campamento nuestro guía. después de que los lugareños volvieron a sus casas. Afortunadamente logramos pasar inadvertidos. Si un animal insistía. Nos hallaron en una húmeda vereda de mimbreros donde el musgo cubría el tronco de los árboles y alfombraba el suelo. Descansa­ mos unas horas dentro de un cobertizo abandonado y al despuntar el día. seguro de que había encontrado algo que me­ recía investigación.

Al ver al grupo. Pero inconscientemente trocaba realidad por deseos. parte a su vez del sistema orográfico de Los Cuchumatanes. era lo que contaba. había leído sobre diversas gestas revolucionarias en la historia de la humanidad y todas eran similares en cuanto a la precariedad de las organiza­ ciones rebeldes. Pensaba que era extensa y estructurada.no. Por aquel tiempo. Nadie me había dado motivos para considerarlo así y en el tiempo que llevaba militando más bien había visto indicios de lo contrario. Mi estado anímico era insuperable: me sentía feliz. Sólo tiempo des­ pués. tenía idealizada a la agrupación a la que me había incorporado después de años de búsqueda. Se trataba de un campamento en el corazón de un bosque tropical húmedo y muy frío. Habíamos hecho el recorrido en el triple de tiempo que utilizaban los veteranos. con dolor de cabeza por la presión del mecapal y con varias mataduras en la espalda. Y que habrían en esas inacabables montañas. y a pesar de estar en guardia al res­ pecto. producidas por el pizarrón que por falta de experiencia para cargar me coloqué directamente a cuestas. supuse que era uno entre los muchos que integrarían la orga­ nización. Mi estado físico era calamitoso: dos noches sin dormir. gracias a dicha idealización. más de 48 horas sin comer. donde la niebla lo envolvía todo.000 m SNM. y que tenía claridad sobre los problemas fundamentales de nuestra sociedad. instalado en una pendiente pronunciada de exuberante vegetación. Haber llegado. no importaba cómo. empapada de agua helada. Estábamos aproximadamente a 3. con una uña en cada pie arrancada de raíz. ya incorporada a la guerrilla conocería la realidad: era parte importante del único destacamento que tenía la 34 . Además. sudada y enlodada de pies a cabeza. unos veinte como ese. en las estribaciones del macizo montañoso de la Zona Reina. cuando menos.

Verlos en tan lamen­ table estado fue impactante. Sólo haciendo esfuerzos de abstracción lograba persuadirme de que eran mis compa­ ñeros de lucha y uno de los baluartes de la revolución en mi país. O cuando otro de ellos. Conocí a estos compañeros cuando todavía andaban muy remendados. flacos. a escuchar con deleite aquellos conciertos de Bach.organización. cuando el compañero indígena que nos había conducido. algunos eran miembros de la Dirección Nacional y veteranos de los años sesenta otros. con guerrilleros palúdicos y con bosques cente­ narios de niebla y frío perennes. el más pálido y ojeroso. interpretada con esos mismos instrumentos de cuerda. llevado por alguien de la ciudad. Pero más desconcertantes fueron los hechos que presencié durante mi estancia. dirigiéndose a la colectividad preguntó: "¿Dónde están los Conciertos de Brandenburgo?" Y luego de que alguien le extendiera un casete. más de ochenta horas—. pálidos. Y quien gustaba de Dvorak era amante y conocedor de la música clásica. Lamentablemente. Con el tiempo supe que el gusto por Bach se debía a dos razones: durante meses sólo habían tenido ese casete de música. me pidió con la mayor sencillez imaginable que al volver a la civilización le hiciera los siguientes favores: llevar flo­ res a la tumba de su abuela. quien lo crió y había muerto cinco años atrás. Por ejemplo. que obtuviera para él la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak y que le mandara una barra de chocolate. mi cabeza no tenía alcance para vincular aquellas necesidades humanas con la rebelión armada. mientras él se encontraba ausente. 35 . y los violines que se escuchaban en dichos conciertos les hacían recordar a los compañeros indígenas su propia música. Varios de sus integrantes eran fundadores de ella y del destacamento. sin comer y casi sin dormir. se tiró en el suelo cuan largo era. todavía con la misma mudada y visiblemente agotado —había caminado y cargado.

Los rayos y el calor del sol no penetraban a ningu­ na hora. la enferme­ dad o la muerte en cualquiera de sus expresiones eran simples accidentes de trabajo para estos compañeros. Esas en las que se dejan la salud y la juventud para siempre.Me bastó convivir unas semanas con ellos para darme cuenta que el sentido del humor era generalizado —aunque no faltaban el enojado y el gruñón del grupo — y que poseían destacadas cualidades humanas y militantes. al sol. Los compañeros que allí habitaban 36 . aunque el cielo estuviera despejado. Realidad que no me desanimó. Y a las horas de comer teníamos el cuidado de sentamos en círculo y de espaldas hacia el centro para no vernos la cara mientras comíamos. Y la pobreza material un resultado normal del oficio que a ninguno preocupaba. sino a los seres más queridos. Fue ante esa realidad que comencé a comprender los alcances del compromiso revolucionario en un país como el nuestro. Esas en las que es preciso renunciar no sólo a la propiedad. a la identidad personal. Muchas de las cuales sólo se forjan en la defensa prolon­ gada de ideales bajo circunstancias adversas. El peligro. sino que me motivó para dar todavía más de mí. A varios se nos orientó usar gorra pasamontañas para ocultar nuestros rasgos faciales. Era regla elemental de seguridad que frecuente­ mente se violó en tiempos posteriores. Realizábamos trabajos diferentes y no había razón para que por un breve cursillo nos identificáramos entre sí. en el empeño por hacer valer los derechos de los más pobres y de los más oprimidos. y a respetar pro­ fundamente a todos aquellos que se entregan de manera generosa a la causa de los explotados. pues las copas de los árboles se superponían unas a otras. De ahí que siempre estuviéramos en penumbra y con la ropa húmeda por el contacto inevitable con la vegetación y la presencia de lluvia.

pues esa gramí­ nea era lo que cultivaba la población en mayor cantidad. A la mañana siguiente de nuestro arribo. Para entonces un compañero de los que observaba desenvainó su machete. pero no encontré un metro cuadrado plano y claro. se formaba un pequeño remanso de agua helada y cristalina que caía en cascada desde muy alto. contando con el apoyo de la gente. Así abundaba el maíz y su preparación era más rápida que la de las tortillas o los tamales. habían sido aplanadas a fuerza de arrancarle bocados a la ladera. Tiempo después supe que también era achí. Quién sabe qué pensaban. para hacer una terraza de dos por tres metros. sin decir palabra avanzó hacia donde me encontraba y silencioso me ayudó a concluir el trabajo. Algunos de los compañeros me observaban a distancia. luego del desayuno. a todas partes y caminé por diversos rumbos del campa­ mento. Cuando terminé con el desmonte procedí a sacarle tierra a la vertiente. Preparaban un puré con harina gruesa de ese grano. Prepara el lugar y avísanos cuando estés lista" fue su respuesta. pregunté a uno de los responsables en dónde iba a trabajar.llevaban años alimentándose de maíz. campesino pobre. troncos y raíces. En la caminata de entrada había usado machete por primera vez en mi vida. veterano de las bases rabina37 . la obtención de un quintal implicaba la movilización de varios com­ pañeros durante días. Todo era en declive y la vegetación tupida. donde quieras. entre abundantes helechos. donde dormían varios juntos para conjurar el frío. Así que tomé el ma­ chete y empecé a descombrar un pedazo. Debí arrancar con las manos piedras. y el área de la cocina. No había más que hacer otro tanto para el "salón" de trabajo. Era indígena. Para acceder al agua se descendía una ladera empinada y lodosa de doce a quince metros de profundidad. El suelo de las champas. Sin embargo. Al fon­ do. callados y serios. "Bueno. Volví la vista.

Quienes me lo demandaron subestimaban el trabajo que conllevaba su elaboración en esas condiciones. Otras tareas militantes absorbían mi tiempo y no lo hice. había que construir todo desde el principio y vincular el trabajo manual con el intelectual. Dos de los hombres eran dirigentes comunales de los poblados más grandes de la zona ixil. Luego volvería a sus tareas organizativas en las planicies cálidas del sur guatemalteco. era campesina de la costa sur y veterana del grupo de Yon Sosa. Pero varios años después la experiencia pedagógica sintetizada en él. pero no se me aportó la experiencia de su aplicación ni conté con el material original.leras y fundador del destacamento guerrillero. Ese año se me orientó que hiciera de nuevo el trabajo. En la actividad participaron cuatro compañeros y dos compañeras. Con la realización de este trabajo comprendí que. Una compañera. hablaban español tan bien como su idioma materno. En los ratos libres realicé ejercicios de tiro real por segunda vez en mi vida. y se distri­ buyó entre la organización. En 1983 estaba extraviado o abandonado más por negligencia que por fatalidad. el material para alfabetizar se reprodujo en nuestra imprenta clandestina. pequeña y frágil. había llegado sólo para recibir el cursillo. En lugar de enriquecerlo y mejorarlo gracias a la práctica. se le empobreció. fue subestimada y distorsionada por compañeros sin criterio docente. que trabajaban en áreas rurales. Con un piso y un techo de plástico. además de las capacidades específicas. La primera lo había hecho meses 38 . Posteriormente. el "salón" estu­ vo listo. La otra compañera se había incorporado hacía un par de meses al destacamento y era veterana de la resistencia urbana. como en otros aspectos de la lucha. Y que en aquellas condiciones realizar cada tarea conllevaba trabajo físico. Los otros dos eran fundadores del destacamento y trabajaban en organización entre los ixiles.

y los perros no sintieron nuestro paso. Finalmente. Antes del amanecer reanudamos la marcha pasando cerca de casas de madera y tejamanil. dormimos en el portal de una cárcel de aldea. Este hábito mostraba su vali­ dez en los momentos de emergencia y oscuridad. colocando las piezas en el orden que se quitaban. Entre la una y las cuatro de la madrugada.atrás en los alrededores de la capital. pero desde el inicio el segundo fue tan vital como la reflexión sobre nuestra práctica. Entre aroma de flores llegamos a la vera de un camino donde nos mudamos de ropa. La caminata fue más rápida que cuando entré porque más que nada descendimos y no llovía. sólo que por más tiempo. a pesar de mis esfuerzos no logré entender esa vez. y me hicieron ver que siempre debía hacerse sobre un pedazo de tela o de plástico. salvo lo referente a operaciones de contrainsurgencia. Entonces no sabía de teoría militar. luego de nueve horas de marcha. ro­ deadas de hermosas hortensias. con la filosofía. tampoco llevábamos carga y había luna llena. El compañero guía retornó al campamento y nosotras aban­ donamos la región. 39 . quien estaba cumpliendo cinco meses de edad. Durante varios meses. y cuando el arma se utilizaba entre la vegetación. Abandonamos el campamento una tarde de junio. donde nos protegieron la niebla y el frío. me dieron a leer un material sobre táctica militar guerrillera que. Y lo mismo me sucedió. Luego. Todos dormían a nuestro alrededor. las mujeres abordamos el vehículo que llegó a recogernos a la hora convenida. Yo buscaba acción y no es­ tudio. También me ense­ ñaron a desarmar y armar una carabina M-1 con los ojos vendados. Tenía ilusión de ver a mi hijo. leer y escuchar sobre teoría militar me produjo el efecto de un somnífero.

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unidos unos a otros por veredas. Salvo en Cotzal. La mayoría de la población vivía dispersa en decenas de aldeas. tejamanil y palizadas. Nos interesaban los municipios norteños de tales departamentos. donde llueve más de ocho meses al año. localizada en las montañas de Los Cuchumatanes. Y a nosotros nos correspondía proporcionar a nues­ tros dirigentes —quienes se encontraban en la montaña o clandestinos en las ciudades — un panorama económico.EN SILENCIO Y SECRETO En aquellos primeros años. Son lugares siempre verdes. húmedos y sumamente quebrados. Logramos establecernos en la zona ixil. directamente y por diversos medios se adquiría información sobre la realidad concreta de los lugares donde buscábamos echar raíces. al norte de El Quiché. pinabete. Todas las localidades estaban bordeadas por bosques centenarios de pino. Sus cabeceras municipales eran pequeños pobla­ dos. Difícilmente llegaban a tener tres mil habitantes cada una. al unirse en su ruta hacia la vertiente del golfo. De ahí que. compuestos de casas de adobe y teja o de ranchos de paja. pues era donde se irradiaba el trabajo político y organizativo del destacamento guerrillero del EGP. al norte de esas cabeceras. caseríos y parajes. político y cultural de esas zonas. no había caminos interiores para el tránsito de vehículos. cuando en la conducción de la organización dominaban los criterios políticos y los acon­ tecimientos no nos habían desbordado. El Quiché o Alta Verapaz. luego de trabajar en Quetzaltenango y Totonicapán. forman los grandes ríos selváticos: el 41 . hay un sinfín de quebradas y ríos que. encino y ciprés. con mi compañero buscáramos un empleo que nos permitiera instalarnos en Huehuetenango. En las partes más altas de Los Cuchumatanes.

los días de mercado. Y también nos vinculaba con empleados públicos en las áreas de salud. el ciclo agrícola y migratorio. Observamos acuciosamente la cotidianidad. salvo por razones de vecindad y cortesía. río limítrofe entre El Quiché y Alta Verapaz. consultamos estadísticas. No pocas veces. De manera que tuvimos acceso a lugares y recursos de interés. la dignidad y la vida ajenas. las festividades y su calendarización. callarnos la boca. afluentes del Chixoy. hasta increíble. Es más.Ixcán y el Xaclbal. nos resultaba golpeante. La regla de oro fue no mostrar interés por el quehacer político ni por la problemática social. Recorrimos cabeceras municipales. no nos conocíamos entre sí. El empleo nos daba posibilidades de entablar relacio­ nes con autoridades y con exponentes del poder local. Poco a poco desentrañamos cuál era la estructura del poder local y cuáles eran sus vínculos con el poder fuera de la región. el movimiento comercial. fotografías y mapas que tuvimos al alcance sin llamar a sospecha sobre nuestro tra­ bajo militante. Estos vínculos los cultivaban compañeros indígenas. miembros del destacamento. Y su trabajo no tenía relación directa con el nuestro. aparentar valores propios de dominadores. la gente nos tomó por gringos o pastores evangélicos y nos pidieron "moni" (money) y "píchur" (picture). A pesar de tener conocimiento sobre la rapacidad y la violencia de quienes se enriquecen a costa del trabajo. Había terratenientes y contratistas que seguían usando el cepo y el látigo para castigar a los indígenas que come­ 42 . ver los niveles que alcanzaba en esas regiones. afluentes del Lacantún que corre en tierra mexicana. Evitamos y declinamos relaciones con luchadores sociales y población pobre. el Copón y el Tzejá. educación y servicios. Por otra parte. Pero para lograrlo tuvimos que vivir situaciones desagradables. aldeas y caseríos.

Desde años atrás desarrollaron el colonato. habían despojado de sus tierras a numerosos campesinos. Había usureros que como garantía de pago de cantidades pequeñas con intereses leoninos —del 5 al 20 por ciento mensual.tían alguna falta o que no pagaban pequeñas deudas. La usurera res­ pondió que estaba bien. Habitaba un caserón de esquina. o demandaban la servidumbre de es­ posa e hijos mientras se saldaba la cuenta. también se habían apropiado de tierras comunales. Los hermanos Brol Galicia. propietarios de la finca San Francisco en San Juan Cotzal. Tenía entonces más de sesenta años. productos agrícolas. pagaba la renta de nuestra casa a la propietaria. incluso semanal—. Sus hijos eran profesionales. pero pasadas varias décadas decidieron despedir a los mozos colonos sin darles in­ demnización. Muchas deudas eran imposibles de pagar y el indígena no sólo perdía pertenencias. cierto día. exigían joyas ancestrales. engaños y compra de autoridades. acom­ pañada de fieles servidores indios. prestamista. sino que permanecía trabajando de por vida para el acreedor. era blanca nacida en la región y viuda de un terrateniente y contratista. Ella era comerciante. frente a la plaza. siempre que le dejara a la esposa y sus niños sirviéndole en la casa. El hombre se fue solo. Había llegado acompañado de su mujer e hijos pequeños. Los trabajadores suplicaron sin lograr nada. Ella no quiso salir del poblado donde nació. Algunas deudas eran hereditarias. Personalmente presencié un caso de estos cuando. escrituras o documentos de casas y terrenos. Los patrones 43 . valiéndose de trampas. En esa oportunidad vi y escuché cuando un campesino misérrimo le pedía más días de plazo para pagarle un préstamo. Y lo hacían con la mayor naturalidad y certeza de estar en su derecho. propietaria de varias fincas y casas. terreno o familia. casa. compensación alguna o alternativa. vivían en la capital y habían viajado por el mundo.

¿si el salario devengado no les alcanzó sino para medio comer?. A comienzos de los setentas. la finca San Francisco ocupaba la mayor parte del municipio de Cotzal. violaban mujeres indias y vivían cómodamente en cabeceras municipales aledañas o en la capital del país. En el medio burgués pasaban por personas honorables y distinguidas. desesperada. Los campesinos no se movieron. El sistema de con­ 44 . verdaderos esbirros.. Las mayores fuentes de enriquecimiento y mo­ vilidad social en la zona eran la contratación de fuerza de trabajo migratoria y el comercio. silenciosa. ¿en dónde más podían laborar si no había fuentes de trabajo en la zona y la finca usurpaba tierras comunales? En respuesta.749.insistieron en que abandonaran los ranchos que habitaban en terrenos de la finca. Pero en la zona ixil. al igual que otros terratenientes de la región. Sus propie­ tarios compraban autoridades. La finca producía alrededor de 30 mil quintales de café y era una de las mayores productoras de ese grano a escala nacional. sino que hacía encarcelar a quienes se resis­ tieran a abandonar sus tierras y buscaran formas legales de hacer valer su derecho.69 Has. Los indígenas rescataron lo que pudieron de entre los escombros. Tenía una extensión aproximada de 111 caballerías (4. y construyeron improvisadas champas donde habían estado sus viviendas y huertos. capitalistas como ellos producían heridas profundas que abonaban el terreno para la lucha de todos aquellos que no se resignaban a tan injusto destino. Para ello se valieron de empleados de confianza. No sólo des­ pojaba impunemente.) y pretendía expandirse todavía más. ¿A dónde podían ir si nacieron y trabajaron allí toda la vida?.. Así continuaron su resistencia pacífica. los finqueros derrumbaron las viviendas con todo lo que tenían dentro. La represión se ensañó entonces en ellos y numerosos dirigentes indios de la región fueron perseguidos y asesinados.

tintes textiles. no estaban organizados y fácilmente eran engañados y maltratados. Visitando las tiendas principales constatamos que los productos que consumían los habitantes de esas montañas se reducían a: hilos. Tal suma de dinero era. los comercian­ tes sacaban productos agrícolas locales obtenidos a bajo precio para venderlos al doble o triple en mercados ma­ yores. Y consistía en que estas personas. panela. chile. Cada agente ganaba una comisión proporcional al número de jornaleros que le aportaba a las fincas. El sistema de contratación vinculó esas regiones con el resto del país. Por su parte. En aquel tiempo no detectamos que se vendieran localmente radios de 45 . entre otros. mexicano. paludismo. en realidad. clavos. una parte del salario de los trabajadores. herra­ mientas agrícolas elementales. sentó las bases del empobrecimiento acelerado de la población en esas montañas. linternas. refrescos. que estaban vinculadas a una o más plantaciones de la costa y bocacosta. calzado y artículos plásticos. generó el acaparamiento de tierras indígenas en manos de ladinas. entre otras cosas. abonos químicos. frazadas. analfabetos. colonato a distancia. baterías. en camiones propios. azúcar. sal. e introducían productos industriales y agrícolas procedentes de las ciudades y otras regiones. recorriendo 150 y más kilómetros por cuenta propia. Durante décadas. láminas para techar. cuando no había caminos hacia la re­ gión. ropa de partida. fósforos. licor. italiano. sombreros. candelas. se desplazaron a pie desde sus lugares de origen hasta las plantaciones.tratación fue introducido a través de agentes ladinos de origen español. tabaco. se establecían en regiones apartadas para contratar fuerza de trabajo barata en los periodos de cosecha. Estos eran monolingües en su idioma mayense. telas. El cultivo del café a escala de exportación sig­ nificó para los indígenas de esa región peonaje por deuda.

ni pago por horas extras. o a la capital del país. No había séptimo día. Había ricos que antes de dar trabajo a un indígena. si mucho a los bisabuelos. presenciamos cómo los trabajadores eran hacinados de pie.transistores. O enviaban a sus hijos a realizar estudios o a emprender negocios a esos lugares. le exigían disponer de la esposa o de las hijas para tener relaciones sexuales con ellas. televisores o bicicletas. El mestizaje por esas y parecidas razones era numeroso. inequívoco y se remontaba a finales del siglo pasado. aunque algunos llegaban a ganar hasta cincuenta centavos por jornal. Tampoco vimos farmacias. por ejemplo. En una o dos generaciones. cuando los ladinos empezaron a llegar. las que no alcanzaban sino para alimentarse una parte del año. eran resentidos con agudeza por la población paupérrima. En esas condi­ ciones el costo de la vida y los impuestos. los abuelos. que de ello dependía para sobrevivir. La masa indígena poseía o arrendaba tierras cansa­ das. En las épocas de migración a la costa y bocacosta. Los ingresos monetarios de la población mayoritaria nunca llegaban a veinte quetzales mensuales por familia. Las fuentes de trabajo escaseaban y en las pocas que existían eran comunes los salarios de ocho. Y cuando ya no podían multiplicar su riqueza en la zona se trasladaban a la cabe­ cera departamental. Trabajaba con su propia fuerza para lograr cosechas magras. Basta remontarse a . contratistas y comercian­ tes prosperaban vertiginosamente. quebradas o en laderas pronunciadas. para comprobar esa verdad. No pocas familias —de renombre nacional por su riqueza — acumularon así su capital. diez y quince centa­ vos por jornada de ocho y más horas. especialmente el boleto de ornato. tratados con grosería y tapados con lonas sucias o 46 . mucho menos aguinaldos o prestaciones laborales.

sal y ropa principalmente. Aunque el poder estaba en manos de ladinos.impregnadas de insecticida. salvo excepciones. por no haber pagado alguna deuda. Muchos viajaban con su esposa y sus hijos porque todos contribuían al trabajo. En las cárceles de las cabeceras departamentales se encontraban prisioneros numerosos indígenas. agrícola en su totalidad. Frecuentemente. Eran altas las tasas de mortalidad y de enfermedad entre los trabajadores migratorios. Mientras tanto. estos prisioneros no hablaban español. habían algunos indígenas poderosos aliados a ellos. dejó de ser autosuficiente en maíz desde las primeras décadas de este siglo. El capitalista y su contratista. no velaban sino por su ganancia. no conocían su delito. la estratificación económica de la población india era escasa. Los ingresos que percibían los empleaban para adquirir maíz. No pocos estaban detenidos por haber denunciado la usurpación de tierras propias o comunales. o porque no quedaba alimento alguno en la vivienda. Sin embargo. Ni la enfermedad ni la debilidad a causa de las condiciones del transporte liberaban al indio de su deuda. Y podían pasar años encerrados. no tenían defensor ni traductor. Así hacían un trayecto de ocho o más horas entre su localidad de origen y la finca de destino. no conocían las leyes. La región ixil. los usurpa­ dores de tierras gozaban de libertad y usufructuaban sus nuevos dominios. y los 47 . los traficantes de madera sacaban de áreas restringidas o sin autorización. Y. por haber sido sorpren­ didos cortando leña —único combustible al que tienen acceso — en áreas restringidas o de propiedad ajena. camiones con trozas de árboles centenarios ante la vista de las autoridades. quienes produjeron para ven­ der fuera de la región. algunas veces indígena y numerosas veces ladino. en las fincas los alojaban y alimentaban infrahumanamente. cuando comenzó el acaparamiento de tierras en manos de los ladinos.

niños y ancianos que llegaban caminando y sin comer des­ de aldeas remotas. El Quiché y Alta Verapaz no había hospitales ni centros de salud. En la región había pocas escuelas primarias y la mayoría se localizaba en la cabecera municipal y aldeas vecinas. no podían hacer nada. es­ peranzados en alguna cura para su mal de miseria. Varias veces fui a consulta a estas clínicas a causa de malestares propios o de mi hijo. Pero me indignaba su actitud pasiva y conformista y el trato que daban a las personas. Al ser recibida me decían cosas como: "Hubiera pasado antes. En las zonas norteñas de los departamentos de Huehuetenango. Invariablemente él y yo éramos los únicos ladinos entre numerosos pacientes indígenas. no pocas veces. que no se auxiliaban de traductor y que proporcionaban una atención rutinaria. Se veían cansados y tristes. y dentro de un sistema explotador y discriminador. que no hiciera la cola que hacían todos.usureros expoliaban sin cortapisas a sus deudores. de todas maneras. no se preocupe". Yo comprendía lo limitado de sus recursos y el hecho de que eran la última ramificación de un aparato estatal ineficaz. Casi siempre guardaban silencio y con paciencia de siglos hacían fila para ser atendidos. La mayoría eran mujeres. pero que no aceptara y esperara mi turno. En algunas cabeceras municipales había una clíni­ ca pública pobremente equipada. Cuando comentaba algún caso grave al médico o a la enfermera. A unos y a otros les parecía extraño que agradeciera. ellos están acostum­ brados a esperar". material 48 . discriminadora y. me respondían que no había prisa porque. deshumanizada. o "son indios. A veces ellos mismos o el personal médico me decían que pasara adelante. No pocas veces un solo maestro atendía dos y tres grados simultáneamente. No había textos. atendida por personal ladino —un médico y una enfermera — que no hablaban el idioma local. que eso era de todos los días. Sus ropas lucían raídas y sucias.

patrones. incluso sumisos ante ellas. deudores. Sin embargo. eran discriminadores y terriblemente machistas. duran­ te dos o tres horas diarias contábamos con el apoyo de una joven ixil. Los ladinos eran tratados con deferencia y respeto en oficinas y estable­ cimientos de todo tipo. desprecio. Para todo observador atento era perceptible la pro­ funda división entre indios y ladinos. sólo hablaban español y la educación se impartía en castellano. Nuestra actividad era intensa. de pagana. La espiritualidad indígena era ca­ lificada de idólatra. al indio. haciendo alguna entrevista u observando un hecho. Donde casi la totalidad de la población era india. grandes y media­ nos propietarios. Los ladinos eran casi siempre autoridades. sirvientes. Y nuestra jornada laboral se multiplicaba porque debíamos atender el trabajo remunerado. Fue imposible prescindir de sus servicios. los indígenas con autoritarismo. Los profesores solían ser ladinos que no hablaban el idioma local y que. No existían escuelas secundarias ni técnicas. la mayoría de las autoridades eran ladinas. quien lavaba nuestra ropa y cuidaba por ratos al niño. Los indígenas eran mayoritariamente trabajadores manuales. hablaba un idioma mayense y era analfabeta. casi siempre. 49 . las tareas domésticas y a nuestro hijo. desgano. Los ladinos se comportaban igualados y confianzudos con las autoridades. sus guías espirituales eran llamados brujos. La fiesta local principal era celebrada por separado y las autoridades sólo daban apoyo económico a los eventos ladinos. de vos. los indígenas eran respetuosos. Cuando no estába­ mos explorando la región. La opresión de los segundos sobre los primeros era evidente. estábamos sistematizando la información. maestros o profesionales emigraban en busca de mejores oportunidades. Los pocos indígenas que lograban formarse como técnicos.didáctico ni bibliotecas. Al ladino se le trataba de usted.

Adolescente aún. Pero luego de varias carreras me acostumbré y para alegría de todos no hubo accidente alguno. desde entonces manejé con frecuencia en poblados y carreteras del país. Pero los vehículos patinaban en el lodo y con frecuencia la neblina o la lluvia no permitían 50 . Tenía experiencia e inde­ pendencia para hacerlo. sujetado con su perraje. Igualmente felices fueron mis experiencias de recomendar a mi niño. aprendí a hacerlo con pericia y en muy diferentes circunstancias. lodoso y flanqueado de precipicios. cuando menos. Visitamos a su familia algunas veces invitados por sus padres. hasta localizar un punto donde justamente. con lluvia o con niebla. o acompañada de mi hijo. Lo cuidaban con amor y preferencia. Había tramos en los que. También era gordito. los automotores cupieran uno al lado del otro para continuar su ruta. eso le gustaba a la gente. por uno o más días. gasolineras.puesto que todo hogar ladino tenía. Al niño le gustaba el juego. Y la misma dueña de la casa la llevó sin que se lo demandáramos. A ella le gustaba llevar a nuestro hijo a la espalda. Era una ruta solitaria que carecía de pobla­ ción. Y. a mí me daba temor que rodaran los dos por el suelo. Cuando nos instalamos en la región ixil yo tenía más de diez años de conducir vehículos. mucho menos de noche. pues él era "regalado": se iba con todas las personas y reía con facilidad. y así corretear por callejas y veredas. Tuve miedo de recorrer sola. una empleada. al conocer el tramo entre Sacapulas y los poblados ixiles consideré que no me atrevería a manejar allí. servicios mecánicos. a vecinas ladinas e indígenas. debía maniobrar en retroceso decenas de metros. activo y cometón. ese camino estrecho. al encontrarse con otro vehículo — generalmente camiones y c a m i o n e t a s uno de los dos . Sin embargo. entre barranco y paredón. Cata era una muchacha vivaz. no pasaba de los quince años y vivía en las afueras del poblado. señalizaciones.

Me encabroné y firme. que yo estaba cumpliendo la tarea de llevarlo a un punto y nada más. En poco más de un año transporté a varios miem­ bros del destacamento. la discreción y la precisión eran fundamen­ tales. El tráfico era escaso. fundador del destacamento y veterano de los sesenta. pero se corrió. Los contactos que realicé para llevar a cabo estas tareas fueron puntuales. Salían a reuniones de trabajo o a curarse. Eran tareas eminentemente operativas en las que la disciplina. Sin embargo. sin saludos ni pláticas de por medio. le pedí que lo retirara y volviera a su puesto. Se me quedó mirando con cara de incrédulo. pues en el caso de tener problemas —de la índole que fueran — serían más las implicaciones y dificultades. Mi expresión de indignación no se prestaba a dudas. Una de ellas fue con un compañero indígena. Llevábamos dos horas de camino cuando él se aproximó a mí y acto seguido me rodeó los hombros con su brazo. Durante el trayecto conversábamos poco y sobre cuestiones generales.la visibilidad más allá de dos o tres metros. Él se sonrió y no se movió. pero calmadamente. Tiempo después nos volvimos a encontrar en algunos contactos y 51 . rápidos. pues no debíamos dar evidencias ni preguntar sobre el trabajo. Sólo dos veces tuve dificultades con los compañe­ ros que transporté. vida y funciones respectivas. no del pasajero de turno. más tardé en sentir esos temores que en recorrer ése y peores caminos. el trasiego de recursos y el trans­ porte de comunicaciones se procuraban realizar en viajes diferentes. Entonces orillé el vehículo. paré el motor y mascando las palabras le dije que o se corría o allí mismo se bajaba. Las instrucciones las recibía de mi responsable. El traslado de compañeros. pero suficiente para requerir ese tipo de maniobra dos o tres veces. Era una regla de oro no juntar dos o más mi­ siones. Debíamos hacer el trayecto desde la capital hasta un punto localizado entre Sacapulas y Nebaj.

durante el auge revolucionario. En otra oportunidad. Años después. La consecuencia fue una cauda de graves errores políticos y militares. que debía reportarme a determinada hora en la capital y que ir a donde él proponía introducía problemas de seguridad no contemplados. Le expliqué que llevaba otras instrucciones. luego. Hasta entonces todo había sido hecho en silencio y secreto. Este quedaba bastante retirado y fuera de la ruta programada. Informé sobre el incidente y me respondieron que había hecho lo correcto. molesto conmigo. Se quedó contrariado y. los criterios y procedimientos de reclutamiento se relajaron y las compuertas de la organización se liberalizaron. Pero él insistió. En un momento dado se nos orientó abandonar la región. 52 . sino expresión de la membresía de entonces. reclutada y probada con cuidado.tareas y. Eran tiempos de militancia intensa. Debimos garantizar una retirada normal desde el punto de vista laboral y de sta­ tus. la organización había echado raíces entre la población y se aprestaba a realizar las primeras acciones públicas. Nosotros no éramos excepción. quizás. Para entonces. Le dije entonces que lo lamentaba y lo dejé donde me habían orientado. ya estando próximos al punto de descenso. pero sin considerar aspectos de seguridad míos. un compañero ladino me pidió que lo condujera a otro lugar. Este compañero también era veterano de la lucha. de entrega total a la construcción de la organización y al impulso de la lucha por una Guatemala nueva. y el aparecimiento de traidores e infiltrados en nuestras filas. gracias al trabajo de otros compañeros. coincidimos en el destacamento. Fuimos buenos compañeros de trabajo. pues el compañero tomó la iniciativa sólo pensando en acortar significativamente su marcha. habíamos cumplido nuestra misión y no era conveniente que continuáramos allí.

fraternal. Uno de los trabajadores polígamos se llamaba Diego Pu y anualmente llegaba con sus cuatro esposas y toda su prole. y movida por la curiosidad le pregunté a Diego Pu por qué tenía tantas esposas e hijos. Y conocíamos por su nombre a los trabajadores que llegaban año tras año. A mí me llamaron la aten­ ción dos costumbres de ellos que entonces no comprendía: que en la calurosa costa sur usaran sus trajes. A la finca llegaban todosanteros. ella organizaba y mandaba a las demás. La primera mujer era la de mayor edad y autoridad. En ella pasábamos los meses de vacaciones escolares año con año. Fueron aproximaciones sucesivas en las que mi capacidad de captación y reflexión se dio en correspondencia con la experiencia que acu­ mulaba sobre la vida y mi país. propios para tierras muy frías. Éramos niños cuando mi padre intentó levantar una algodonera en Retalhuleu. Él se instalaba en un rancho próximo a las galeras de los trabajadores que migraban solos. Así conocimos de los trabajadores migratorios que levantaban las cosechas de exportación. Me respondió que las mujeres sembraban y cosechaban el maíz que cultivaban en tierras de la finca para su pro­ 53 . El ambiente doméstico era tranquilo y el modo de dirigirse unas a otras. y que varios fueran polígamos.MUJER NUEVA COMO GALLINA NUEVA Mi conocimiento sobre la situación de la mujer en el alti­ plano se fue dando por oleadas. Sus edades estaban entre los 15 y los 35 años aproximadamente. de la etnia mam. El traje lo usaban por identidad étnica. Con mis hermanos visitábamos la ranchería porque era el único lugar habitado a nuestro alcance y allí había otros niños. pero también porque su pobreza no les permitía obtener ropa apropiada para el calor. Yo veía que todos eran muy pobres.

A pesar de ello. y que siendo varias nunca se sentían solas. Además era ladina y extraña para sus habitantes. se burlan. Pero fue viviendo en esa región que a mi acendrado gusto por usar perrajes. cuando él fuera viejo y no pudiera valerse por sí mismo. Años más tarde tuve oportunidad de vivir en di­ versos lugares poblados principalmente por indígenas. Anteriormente lo había visitado. empujan. son serviles. atraída por el colo­ 54 . no encontró cómo expresarse de inmediato. hacinan y no pocas veces engañan a los indígenas que pagan por ese servicio. para recorrer el mercado de dicha cabecera departamen­ tal. gritan. Los domingos me gustaba viajar a Totonicapán. sin embargo. autoridades o personas adineradas. Ordenan. con los ladinos. Sin temor a equivocarme afirmaría que los choferes y ayudantes del servicio de transporte extraurbano están entre las personas más discriminadoras y verdaderamente insolentes hacia los indígenas. huípiles y listones de colores se fue sumando un sentimiento de identidad y solidaridad con las mujeres indígenas que. Ni ellas ni yo estábamos organizadas alrededor de preocupaciones comunes de ningún tipo. maltratan. Cuando llegué a cada uno de los pueblos donde residí no tenía amigos ni conocidos. En cuanto a los hijos me respondió que desde pequeños servían para trabajar y más tarde para mantenerlo. mientras desarrollé mi labor cultivé relaciones con personas y familias indígenas de distinto nivel social. Mientras tanto. Con frecuencia me movilizaba en transporte públi­ co para ir de un pueblo a otro.pia manutención. ni el trabajo respectivo nos colo­ caba en condiciones de acercamiento igualitario. Y no vi diferencia en el comportamiento de los ladinos o los indígenas ladinizados que ejercen dichos oficios. especialmente si son mujeres. que ellas se ayudaban unas a otras en el oficio de la casa y en el cuidado de los niños.

Había nacido y crecido en el ladino. y porque rechazaba la política de los Estados Unidos hacia el Tercer Mundo y censuraba la tolerancia o indiferencia de sus ciudadanos para con ella. El hecho de que estas mujeres me buscaran era un signo de confianza y una oportunidad para cultivar mi acercamiento humano y social con ellas. De ahí que el recelo mutuo fuera acentuado y raras las relaciones interétnicas en términos de igualdad y amistad. Volví a alfabetizar después de varios años de no hacerlo. Eramos 55 . La segregación era tal que incluso había cementerios separados para unos y otros. Estaba a gusto en su me­ dio y experimentaba orgullo por compartir con ellos un mismo suelo. Y comprendí que para estos compatriotas era yo tan extraña en su mundo como cualquier extranjero.rido y la belleza de las artesanías que se exhibían. pero simpatizaba y me sentía fuertemente atraída por el mundo indígena. La vista se me perdía en todas direcciones y por largos ratos no lograba ver ladinos. Este calificativo me ofendía doblemente porque era guatemalteca y me sentía orgullosa de serlo. No obstante. Pero el hecho de que me sucediera varias veces me dejó pensando sobre la realidad guatemalteca. Me identificaba con ambos mundos. pero también extasiada por los trajes de la multitud indígena que se vestía de pájaros. fue hasta que viví en esa región que cobré conciencia de la envergadura de la dualidad cultural de mi país. cuyo mundo específico me era desconocido. Por momentos me dedicaba a observar y escuchar a las personas que en él estaban. flores y arcoiris. Vivía en un pueblo indígena con pocos ladinos. Esta vez a dos señoras quichés que me lo pidieron. Y no faltaba quien se dirigiera a mí llamándome gringa con la mayor naturalidad. donde cada grupo étnico realizaba su vida social por aparte. Todos a mi alrededor hablaban quiché. Pero en ese mercado y entonces me sentí extranjera en mi tierra.

Me visitaban con frecuencia por su propia iniciativa. Sus padres no les enseñaban quiché. María y Chencha vivían de preparar comida y de confeccionar coloridos adornos de papel de china para vender. Cada vez que les abría la puerta el varoncito me decía en perfecto español: "Venimos a platicar". La madre de ellas vivía preocupada por la salud del esposo. Tanto en la región de Quetzaltenango y Totonicapán como en la zona ixil. y en algunos sectores medios encontré personas con una actitud firme por hacer valer sus costumbres y su origen étnico. mientras que los mayores sí lo hacían. Tenían cinco y tres años respectivamente. a donde me trasladé a vivir 56 . pero pronto las trascendió. Incluso hubo ocasiones en que alguien les avisó que lo fueran a recoger a alguna parte. intelectuales entre ellos— razonaban que si los hijos hablaban español y se vestían como ladinos. Chencha esperaba a su primer hijo. quien ya viejo seguía migrando a las plantaciones de la costa sur. maestros. aunque era el idioma que usaban los adultos de la casa para comunicarse entre sí. Sólo entre la burguesía indígena. mientras conversaba con la familia. Tampoco los vestían con sus trajes. especialmente la quetzalteca.vecinas. tendrían mejores posibilidades de estudio y de trabajo cuando fueran mayores. Varias veces compartí con ellas tamalitos y atol de elote en su cocina. María tenía dos patojitos que se llamaban Rafael y Judith. Nos visitábamos y apoyábamos mutuamente en aspectos domésticos y de salud. Nuestra relación había comenzado alrededor de dichas actividades. éstos eran vivaces y desenvueltos. Me di cuenta que numerosos indígenas que vivían en los poblados —comerciantes. Y cada vez que lo hacía volvía enfermo de paludismo o intoxicado por las fumigaciones y los abonos químicos. Y sufrirían menos la discriminación social. porque no podía caminar de la debilidad. A diferencia de numerosos niños en situación de pobreza que había conocido.

marido o hijo. También debía estar bajo su tutela o autoridad. bien dada. de capacidad para dar hijos fuertes y de resistencia para el trabajo. Y junto a estos aspectos físicos debía tener las siguientes cualidades: ser virgen. el ideal de mujer que prevalecía entre los indígenas era que fuera "galana". al tiempo que debía evitar el trato con personas desconocidas. les gustaba que fuera alta y llevara el cabello largo. y si tenía numerosos hijos —especialmente varones— y sus hijas eran trabajadoras. La mujer debía concentrarse en atender los oficios domésticos y la familia. De la mujer casada se decía que se le admiraba si era un poco gorda. hermosa. la mujer campesina sólo se vinculaba a otras per­ sonas a través o acompañada de ellos. hacer leña en el monte e ir al molino de nixtamal cuando lo había. robusta. O sea que po­ día ir a donde estuviera sola o a donde sólo frecuentaran las mujeres y los niños. Asimismo. Múltiples veces visité el mercado de San Francisco el Alto en el departamento de Totonicapán.al año siguiente. a la pila o a la toma de agua para lavar la ropa o acarrear el líquido. También debía ser obediente. Es decir. que no platicara con diversos muchachos. Era importante que perteneciera a una "buena familia". que no hubiera tenido novio. de fertilidad. sino sólo con quien iba a ser su marido). que fuera laboriosa y buena cocinera. hermano. especial­ mente si eran hombres. Lo único que podía hacer sola era ir al río. ser "honrada" (recatada y no coqueta. sea éste su padre. Por ejemplo. Se asumía que toda mujer debe obediencia y ser­ vicios al hombre. sin manchas en la cara. Pues ello se consideraba signo de salud. paciente y humilde. cuya actividad económica de los viernes era la mayor de cuanta plaza había en la zona y donde el mercado de animales era el 57 . Es decir a una que sustentara costumbres acordes a los valores del gru­ po étnico y que fuera de reconocida honorabilidad. que no fuera ni gorda ni delgada.

Incrédula y desconcertada le pregunté por qué lo hacía. Me aproximé a él y luego de saludarlo le comenté algo sobre la intensa actividad comercial. En cierta oportunidad. Al ver que el señor no se encerraba en sí mismo. Me dijo que daba a su nietecita. Ante mis ojos estaba a la venta —realmente en trueque — un ser humano. En el mejor de los casos se trataba de paliativos desbordados por la envergadura de las necesidades sociales.único en la región. haciendo trabajos humildes a cambio de comida. Este cuadro rural me trajo a la mente los miles de niños y ancianos de ambos sexos que sobrevivían en la capital mendigando. a cambio de un quintal de maíz. que a él ya nadie lo empleaba por estar viejo y enfermo. merecía el único destino de ser entregada a quien fuera a cambio de ser alimentada? ¿Qué debía y podía hacer yo? Me retiré llena de contradicciones y sintiendo un odio terrible hacia quienes tenían en sus 58 . una niña. recogiendo desperdicios en los basureros. Mientras tanto. Entonces me asaltaron numerosas interrogantes sobre un sistema económico que producía miles de casos similares y los dejaba a la deriva. continué la plática y le pregunté qué lo traía al mercado. Hacía días que no comían y él consideraba que ella estaría mejor con cualquier otra per­ sona. la niña como de cinco años que estaba a su lado. cuando recorría este último vi a un anciano indígena acompañado por una niña. El hombre me respondió casi llorando que estaban solos. él podría alimentarse algunas semanas con el maíz que le dieran a cambio. ¿Cuántos más vivían dramas similares a lo largo y ancho del país? Conocía el mundo de la beneficencia estatal y burguesa. ¿Quién tenía derecho a juzgar a este anciano acorralado por el hambre y la desesperanza? ¿Una niña. pues por lo menos tendría sustento. por el hecho de na­ cer en un hogar misérrimo. ¿En pleno siglo XX y en mi país? No podía creerlo. Me llamó la atención porque no tenía animal alguno para vender y no parecía estar comprando.

Su energía y preocupaciones se agotaban en el trabajo por la subsistencia. permanecía deshabitada la mayor parte del tiempo. de prosperidad y vitalidad. Por ejemplo. El Quiché y la ca­ pital. Tina. vendiendo su fuerza de trabajo en las plantaciones de agroexportación. Ella pasó por la casa ofreciendo sus servicios. Tenían propiedades y negocios en Totonicapán. Las mujeres de todas las generaciones usaban sus trajes permanentemente. Hablaba poco español y no la desvelaban los problemas de la identidad ni de la discriminación. y todos hablaban con fluidez quiché y español. Bastaba con ver a mi alrededor para captar la complejidad del problema. Aunque era joven aparentaba más edad de la que tenía. año tras año. pues lavaba ropa ajena. Otra pieza la rentaban a un matrimonio ladino de la localidad y la parte principal de la casa. Pues cada mes los propietarios viajaban desde Santa Cruz de El Quiché para pasar un fin de semana en la casa. Al lado de ese cuadro de miseria aparecían ante mis ojos otros. la casa que ocupábamos pertenecía a una familia de la burguesía indíge­ na. sin que sus 59 . Y la discriminación ladina afectaba a unos y otros. Pero ambos casos eran expresión de un mismo grupo étnico. Sólo nos quisieron alquilar dos piezas con acceso al baño y a la pila. se absorbía en la lucha por el dia­ rio vivir. y tardaría en volver varios meses. Los hijos habían asistido a colegios católicos privados. El esposo se encontraba en la costa sur. en cambio. Era la rutina laboral de ambos. Un abismo económico entre esta familia y el anciano que cambiaba a su nieta por maíz. los menos. la especulación y la apropiación de los recursos nacionales.manos la conducción del país y vivían en la opulencia a costa del trabajo ajeno. hechos que mostraban la diversidad del mundo indígena y de las formas en que se percibían a sí mismos y a su cultura quienes pertenecían a él. y quienes habían terminado la secundaria estudiaban en la universidad nacional. incluyendo la cocina. Y en gene­ ral.

y al fondo una casa de adobe y teja con piso de tierra. vivía en las afueras del pueblo y su trabajo la llevaba de una a otra casa durante cada jornada. mediana y grande. Con el tiempo Tina me invitó a su hogar. de manera que alcanzara una jarrilla de atol. Carecía de familiares. Lo primero que la madre hizo fue desatarlos y abrazarlos amorosa­ mente.condiciones de vida mejorasen un ápice. Recorrimos varias calles hasta llegar a un callejón que ascendiendo una ladera se perdía en los milperos. El fogón lo dejaba apa­ gado. Le expresé mi inquietud por lo peligroso de su medida. Su vivienda era la última. 5 y 10 centavos por pieza chica. No poseían tie­ rra y eran analfabetas. un alto porcentaje ingresaba por accidentes domésticos. mientras les hablaba en su idioma. Luego vio si habían tomado el atol. Tina respondió que para evitarles accidentes los dejaba amarrados de la cintura a un pilar del corredor. que la longitud del lazo les permitía moverse sólo donde no había peligro y que la soga del grandecito era un poco más larga. estaban sucios y sentados en el suelo. pues mientras visité las salas de medicina y cirugía de niños del Hospital General de la capital. Lo dijo con sencillez y naturalidad. Con Tina acordamos que lavaría nuestra ropa una vez por semana. desde las siete de la mañana hasta la una o dos de la tarde. respectivamente. Los precios que daba eran: 2 . Los niños tenían año y medio y cinco años. Sus ingresos daban para malvivir. Vi a los niños amarrados en el corredor. Resultó que se quedaban solos de lunes a sábado. Al entrar había un patio en declive sin planta alguna. Los patojitos tenían mirada triste 60 . Pasó a buscarme al terminar de lavar en otra casa. explicándome estoicamente que no tenía otra alternativa. aislada de las demás. cuando ella volvía. Y las quemaduras provocadas por los fogones donde se cocina en las viviendas pobres eran frecuentes. Tina tenía dos hijos y cierto día le pregunté por ellos pues nun­ ca los llevaba.

Cuando llegué Chepa me introdujo con sus padres. Pero después de numerosos encuentros. por cuyos productos yo había mostrado admiración. pero no encontró trabajo en su profesión. defendían su cultura y eran críticos del régimen opresor. Era bilingüe y usaba su traje con orgullo. Años atrás. encerrarme en mi vida personal y hacer crecer a mi hijo en el pequeño mundo de los privilegiados. su propia infancia no había sido muy diferente. No pude sino pensar en la mía y aquélla que esperaba poder ofrecer a mi hijo. Esta amiga pertenecía a un reducido grupo de indígenas conscientes de su situación de discriminados. Pero Tina estaba resigna­ da. discreta. Sólo el azar nos hacía nacer en uno u otro mundo. unos por trabajo y otros por iniciativa mía. Chepa se había recibido de maestra de educación primaria. la comunicación se estableció entre nosotras y Chepa me invitó a su casa. dando la espalda a la realidad que nos rodeaba. inteligente. Fue su papá quien me llevó a conocer el taller que estaba en el mismo predio de la 61 . No me era posible ignorar esto. Se trataba de una muchacha responsable. Su familia se había dedicado por generaciones a la alfarería vidriada y su especialidad eran las piezas en miniatura. viajaba diariamente a su lugar de trabajo.y eran poco expresivos. Las nuestras eran las de la minoría. La mayoría de sus integrantes eran maestros y denota­ ban desconfianza hacia el ladino. Cuando la conocí laboraba en la tienda de una cooperativa textil en Quetzaltenango. La pobreza y la soledad los había permeado quizás para siempre. Quería presen­ tarme con sus papás y mostrarme el taller de alfarería. Originaria de otro poblado. las deseables para todos. Chepa provenía de las capas medias. pero que no conocían los miles de niños que crecían silenciosos en los cuatro puntos cardi­ nales del país. pero pronto se retiró con su madre a la cocina. A diferencia de Tina. No fue fácil ganar su confianza y su amistad.

y el propietario se dedicaba a supervisar y comercializar la producción. El señor había trabajado desde niño en ese oficio y conocía en teoría y práctica cada una de sus fases.casa. Al medio día me pasaron al comedor donde me sorprendió ver sólo dos puestos. tenía verdaderas obras de arte. el nacimiento de un varón era motivo de alegría. Mi amiga y su madre nos sirvie­ ron en silencio. En la bodega. Conocía por lecturas y narraciones sobre la costum­ bre existente en numerosos lugares del campo guatemal­ teco de vender a las niñas y jovencitas en matrimonio. pero la razón de fondo era la misma: el nacimiento de una mujer no era bienvenido y a las hi­ jas se las consideraba una carga en la economía familiar. Con entusiasmo me explicó lo referente a la materia prima y al proceso de elaboración de las vasijas de barro. Pero estaba equivocada. Allí comieron al mismo tiempo que nosotros. Aunque era costumbre en extensos sectores del campo que sólo el jefe de familia comiera y conversara con una visita. Las particularidades que revestía esta práctica variaban de un lugar a otro. yo pensaba que en casa de Chepa ya no era así porque pertenecían a un sector urbano medio en el que esa práctica se estaba abando­ nando. de ceremonias especiales y de mejores atenciones 62 . Ni siquiera me volvió a ver cuando le hablé. Mientras tanto. Además conocía el pensamiento de Chepa con relación a ciertas costumbres. En ningún momento de la visita pude conversar con ellas. uno para el señor y el otro para la visitante. retirándose a la cocina. listas para entregar. Por el tiempo que los visité contaban con varios operarios. No me contestó. pues el predominio masculino en esa casa estaba intacto. Me sentí mal y experimenté incomodidad al ser atendida por Chepa y su mamá en esas condiciones. Me di cuenta de ello desde el principio y sugerente le dije al anfitrión por qué no comíamos todos juntos.

00. El matrimonio concertado por los padres es una costumbre indígena y campesina. La duda se me despejó cuando me narró que la noche anterior escuchó que sus padres tomaron la decisión de venderla a un hombre que había mostrado interés por ella. Cierto día se presentó en mi casa una niña. Entre 1974 y 1977. E inmediatamente agregó que la escondiera de sus papás. el hombre maduro interesado. Su padre decía que ya les había costado mucho dinero 63 . Yo te ayudo en la casa y sólo me das comida". Algunas veces se da libertad a la muchacha para decidir si quiere o no casarse con el solicitante. Pensé que había cometido alguna falta o perdido algo de valor. El pago puede ser simbólico o real y hacerse en forma. hija de un matrimonio conocido. Las ceremonias y ritos que la caracterizan en cada lugar o grupo étnico guardan la misma esencia: los padres del muchacho. También puede consistir en una cantidad de dinero. visitan varias veces a los padres de la muchacha para pedirla. Si el pago era en trabajo. o alguna persona respetada de la comunidad en nombre de ellos. El periodo de estancia oscilaba entre seis meses y dos años. por ejem­ plo. una muchacha casadera podía obtenerse en la zona ixil o en el Ixcán por Q60. el muchacho se trasladaba a vivir a la casa de los padres de la novia para realizar labores agrícolas y domésticas para ellos. especialmente en su alimentación.a la parturienta. de chocolate. pero generalmente se le induce o presiona para que lo acepte. Seria me dijo: "dejame con vos. En el mismo periodo una vaca costaba Q90. Pero leer y escuchar al respecto no me había revelado el drama humano que frecuentemente protago­ nizaba la niña o jovencita involucrada. para establecer los plazos de la entrega y para determinar lo que deberán pagar por ella. Sorprendida por la inusual vi­ sita le pregunté qué la motivaba.00 en esa región. heredada por generaciones y tole­ rada por el conjunto social. aguardiente o trabajo.

se le debe hablar con buena volun­ tad. Pero hablé con los padres de la niña y ella también lo hizo con ellos. Mi valoración personal al respecto no podía ni debía ser impuesta. pero se toleraba el del hombre. se deben evitar los pleitos y los gritos. En el contexto de las ceremonias de pedida y de casa­ miento. familiares y personas destacadas de la comunidad. Tam­ poco podía asumir una responsabilidad que me traería problemas con sus padres. De hecho se sancionaba el adulterio de la mujer. la comunidad y las autorida­ des. No sé qué criterios utilizaban para determinar que la esterilidad era femenina y no masculina. todos nos conocíamos y ella no podía pasársela eludiendo a quienes me visitaran. que deseaba seguir en la escuela y que si la iban a vender prefería irse de su casa y trabajar para sostenerse. Si la mujer resultaba estéril se le podía devolver y recuperar el dinero pagado por ella. pero no los volví a ver ni conocí el desenlace del caso. ni encerrada entre cuatro paredes. Son reveladoras algunas de las recomenda­ ciones dirigidas al novio: a la mujer no se le debe pegar aunque cometa faltas. se les dan consejos a los contrayentes. si hay problemas entre los dos deben separarse en paz y cada uno buscar otra pareja. con verdad. no se le debe atormentar. Definitivamente se censuraba el casamiento sin el consentimiento de los 64 .criarla y que era hora de que algún hombre la mantuviera. el hombre no debe tener querida ni debe emborracharse. donde participan padres. Al terminar de explicar su situación rompió a llorar desconsoladamente. y entre sollozos repitió que no quería irse con ningún hombre. La localidad era pequeña. Me era imposible ocultarla. Pero sobre todo porque la situación de esta niña no era excepcional sino común. tampoco sería aceptada por el simple hecho de exponerla. porque no es bueno hacerlo. Creo que pensaron un poco más al respecto. La niña tenía doce o trece años.

ni movilizaban a las principales afectadas. Sin embargo. era campesino pobre y artesano de la palma y los sombreros.padres. La mayoría sufrió esa situación toda su vida. algunas optaron por separarse después de años de soportarla. prácticas culturales. El padre de Candelaria. Y no puede quedar en el silencio porque siguen dándose problemáticas similares. religiones. especialmente en capas medias y altas. eran numerosos los testimonios sobre maltratos del hombre hacia la mujer. Pero cualquiera fuera el caso. de hecho. La mayoría de mujeres y hombres tenían a lo largo de su vida varias uniones matrimoniales. la angus­ tia y las penalidades derivadas de ello. se habían casado con la oposición de la familia de ella y. aunque a 65 . aves de corral. La niña que había buscado refugio conmigo y miles más. Y tenía numerosos mozos a su servicio. cada vez con más frecuencia se daban este tipo de matrimo­ nios. mise­ ria. entre los parientes políticos persistió el rechazo hacia él. La madre de Candelaria provenía del sector quiché más adinerado. estaban desahuciadas por el sistema de opresión heredado de múltiples fuentes —sistemas económicos. A otras les costó la vida y el sufrimiento ilimitado de los hijos. En ese estado acostumbraba a golpear a su esposa. Además era exigen­ te en el hogar sin aportar para el gasto. comercio. Aunque se cumplieron todas las costumbres y ceremonias. por el contrario. El caso de Candelaria y su madre llora sangre. Es más. ganado. y el miedo. recuas de mulas y vehículos. ignorancia —. La señora había heredado buena cantidad de tierra cultivable. A mi juicio no se trataba de intervenir en soluciones casuísticas y aisladas que no tocaban el fondo del problema. y su familia poseía grandes extensiones de tierra. regímenes políticos. Conocí numerosas mujeres que llevaron una vida marcada por el maltrato del hombre. quien bebía en exceso y se violentaba. sin la decisión de ellos.

quien le decía que ya estaba en edad de buscar alguien que la mantuviera. De ahí que Candelaria se hiciera novia de un maestro de educación primaria de 23 años que era quiché y trabajaba. aunque éstos eran trabajadores y respetuo­ sos de sus otras hijas. Él gastó la he­ rencia de ella. La señora pensaba que el candidato de Candelaria era mejor porque tenía estudio. Además. quienes querían casarla con otro hombre. Pero reiteradamente la sorprendieron las disposiciones que el marido tomó para acabar con los bienes.sus hermanos varones les dieron bastante más que a ella. 66 . De manera que los hijos crecieron en un ambiente de em­ pobrecimiento ascendente y conflictos familiares. Candelaria y sus hermanas obedecieron a la mamá con el razonamiento de que no querían contrariarla. Luego de separarse temporalmente del marido varias veces y ya empobrecida. En el medio urbano donde vivían ya se daba alguna rebeldía por parte de las jóvenes indígenas ante los padres y las costumbres matrimoniales. Se casó a los quince años fundamentalmente por presiones de la madre. Estando en cuarto año de primaria. se es­ meró en atenderlo y le concedió facilidades para ver a su hija. la madre lo abandonó definitivamente. Sin embargo. le dio un trato superior del que le daba a los otros yernos. y sus propios ingresos. Candelaria fue retirada de la escuela por la madre para que le ayudara en los oficios domésticos y en el cuidado de sus hermanos. principalmente en licor. en una amante y en artículos para su uso personal. Esta señora les dijo a sus hijas que su error había sido desobedecer a sus padres. También recibió capital en el momento de casarse. Pero también por escapar de un hogar conflictivo en un medio donde el matrimonio era el único camino accesible para la mayoría de mujeres. quedándose con los ocho hijos que procrearon. Cuando la madre de Candelaria supo que su pretendiente era profesor.

Candelaria decidió trabajar. También la celaba con ellos. Las palizas se volvieron frecuentes y ella se dejaba pegar. ocultaba los hechos ante la familia y la comunidad. Pero cada vez que ella le decía que no tenía comida para darles él se enojaba y la golpeaba. Nadie acusó al agresor ante las autoridades.El primer año de vida en común la pareja marchó bien. Así las cosas. Él se negó a dar los recursos. no descuidó a los hijos y trabajó sin descanso para procurarles su alimentación. Entonces la trasladaron a la capital del país. Pero Candelaria comenzó a beber. Familiares la llevaron al hospital departamental. Su agresividad aumentó cuando ella le demandó el dinero para pagar las rentas atrasadas de la casa y comprar alimentos para los hijos. el marido llegó borracho y discutieron. a 170 kilómetros de distancia. Sin embargo. a comprarse buena ropa y dejó de aportar dinero al hogar. Pero siguió sin aportar el sustento fami­ liar. Se dedicó a preparar y vender arroz con leche en el mer­ cado local. También comenzó a reunirse con los amigos para beber. "ya que podía conocer a otro hombre". Pero pasado ese tiempo él cambió su comportamien­ to y empezó a maltratar a Candelaria. Cuando Candelaria tenía seis meses de embarazo de su quinto hijo y 25 años de edad. Ante esa situación. Pero Candelaria murió a las pocas horas de haber sufrido la criminal golpiza. pero no la recibieron aduciendo que estaba grave. Sin embargo. Él la emprendió a golpes con tal violencia que hizo abortar a su esposa allí mismo. Los parientes de la víctima razonaron que luego de lo que había hecho seguramente 67 . aunque se cuidó de aparentar que era un hombre responsable. Además llevó a sus amigos a la casa para que Candelaria les proporcionara alimentos. aunque tenía salario regular. sin­ tiendo al mismo tiempo remordimiento por hacerlo. el marido la hostilizó porque no quería que saliera de la casa. llegaron a tener cuatro hijos. Y siempre que podía.

En esa región. Pero no se cuestionaba el hecho violento contra ella. Pero lo primero estaba socialmente permitido. denunciar al marido o abandonarlo. si los niños lloraban o se enfermaban.asumiría sus responsabilidades familiares. como en muchas otras partes. estableciendo una relación de respeto. Y había quienes no lo hacían. mientras que si era encarcelado. si no lo atendía como y cuando él quería. Pues se consideraba que sólo ejerciendo la fuerza el hombre hace valer su autoridad y que toda mujer quiere por las malas. ni se le aconsejaba defenderse. Por ejem­ plo. el hom­ bre tenía derecho a decidir por la mujer. a la edad de setenta años y traumada por la tragedia. a mandarla. quien los tomó bajo su cuidado. a la víctima se le asistiera para aliviar su dolor. La ma­ yoría de ellas le tenía miedo a los hombres y raramente se defendía cuando era agredida. en estado de embriaguez la agresividad del hombre aumentaba. si le alzaba la voz o disentía con lo que él afirmaba. si cometía algún error o se atrasaba en sus tareas. Hacerlo o no dependía de cada hombre. instrumentos de labranza. Las agresiones podían darse por las más variadas "razones". el descuido de la familia o la existencia de una amante. Era común que una vez con­ sumada la agresión. El hombre no pagó su crimen ni ante la ley ni ante la co­ munidad. No pocas veces también padres y her­ manos procedían en forma similar con hijas y hermanas respectivamente. comprensión y cooperación. Ya no digamos si la mujer le reclamaba las borracheras. Naturalmente. que "algo" habría hecho la mujer para despertar su ira. Fue la abuela materna. siguió ejerciendo la docencia y no asumió la responsabilidad de los hijos. Por eso las mujeres solían esconder machetes. los hijos no tendrían de qué vivir. Temían que les fuera peor 68 . Más bien se suponía que algún motivo tendría éste para agredirla. a re­ gañarla y golpearla a discreción. cuchillos y palos en tales circunstancias.

Entre estas personas había hombres y mujeres. dentro de una dinámica de dominio y sometimiento que se retroalimenta y que no se cuestiona. las relaciones maritales también se dan en un marco de valores dual y de prejuicios. que llevaba corte en lugar de pantalón. Le decían que no era hombre. De hecho se considera que debe tener paciencia. no habla el castellano. no cuenta con respaldo legal ni con prestaciones sociales. mantenerse fiel a cualquier precio. cuando busca refugio en casa de sus padres. En las alcaldías municipales se presentan querellas matrimoniales con frecuencia. Reclamarle una paliza al hombre era ganarse otra. para la mujer de los sectores pobres: casi siempre está embarazada o criando. no lee ni escribe. cuando se hace de amante o abandona al mari­ do. no tiene fuentes de capacitación ni de trabajo al alcance. no conoce más oficio que el doméstico. cuando se defiende físicamente y dice sus verdades al hombre. Cuando una mujer se cansa de tanto maltrato. no faltaba quienes lo censuraran. Pero. no dispone de recursos ni ingresos suficientes para sostenerse a sí misma y sacar adelante a los hijos. diciéndole que así debía hacer "para tener autoridad ante ella". La mayoría por maltratos hacia 69 . En parte estas consideraciones descansan en una realidad aplastante para la mujer indígena campesina y. Si un hombre no acostumbraba agredir a su esposa. con las excepciones del caso. rodeada de hijos menores de edad.y que de todas maneras el hombre impusiera su voluntad. "para que fuera él quien mandara en la casa". Y hubo casos en que suegras o madres instigaban al hombre para que le pegara a la hija o a la nuera. en general. pensar en que los hijos "necesitan un padre". no suele encontrar comprensión ni apoyo a su proceder. se comportaba de manera respetuosa con ella y la consul­ taba.

atendidos generalmente por personal ladino y masculino. quienes contribuían con con­ sejos y medidas concretas a su tratamiento o solución. que les son desagradables las relaciones sexuales con los maridos que las maltratan. Pero con el empobrecimiento acelerado de las últimas décadas y la penetración industrial. sobre cuyo manejo y riesgos no se tiene el conocimiento ni el control necesarios. pues es causa de pleitos y agresiones. Por sus alcances. sólo cuando ésta se presentaba con quebraduras y verdade­ ramente desfigurada por la paliza. el alcoholismo cons­ tituye un flagelo social. Esto ha sido dañino para la salud colectiva porque se abusa en el uso de dichos recursos. de merma del sustento familiar y de recargo de trabajo en ella. que quisieran practicar algún método anticonceptivo aunque el hombre se opone. Otro de los problemas que afecta a la mujer es el alcoholismo de los hombres. Por otra parte. En aquel entonces estas denuncias eran escuchadas por las autoridades indígenas locales. Pero en los juzgados de familia de las cabeceras departamentales. en ollas de barro. licor de fabricación casera. cebada u otro cereal. prestaban atención a las denuncias por maltratos a la mujer. Originalmente. pero que se ven obligadas a satisfacer al hombre.la mujer o porque el hombre no aporta el sustento familiar. Con el agravante de que debido a la inmensa pobreza se consume principalmente cuxa. la cuxa se comenzó a fabricar en toneles de metal oxidable. Entre otras cosas manifiestan que no les gusta llenarse de hijos. que viven con el temor de quedar embarazadas de nuevo. el consumo de 70 . esta bebida la hacían de panela con maíz. fermentándola con substancias químicas que acortan el tiempo de preparación. Sólo hasta que media mucha confianza las muje­ res expresan su sentir sobre su situación matrimonial y sexual.

pero no pocas debieron hacerlo a sus espaldas y algunas participaron en desafío abierto a la oposición de su pare­ ja. pues quienes se lanzaron por su consecución debieron sufrir chismes —sobre todo de mujeres mayores — mal­ .licor se multiplicó a partir de los años ochenta. inmensas a la luz de sus puntos de partida. destellos de lucha de mujeres indias por abrir cauce a cambios en su vida. Pequeñas a la luz de nuestras aspiraciones. Entre esos primeros logros estuvieron los siguientes: poder llevar el nixtamal al molino eléctrico y liberarse de su molida manual. Supe de numerosas personas que fallecieron por consumir en exceso la cuxa fermentada con químicos. A finales de los años cincuenta. tratos y palizas. Entonces ya no sólo los hombres sino también las mu­ jeres y los jóvenes se alcoholizaron. Entre 1964 y 1968 numerosas mujeres de Santa Cruz y sus alrededores empezaron a participar en los clubes de amas de casa impulsados por Desarrollo de la Comu­ nidad. lograron sus primeras conquistas en el área de Santa Cruz del Quiché. poder arreglarse y peinarse todos los días y no sólo cuando iban a misa o al mercado. Pero también conocí. por ejemplo. por narraciones de sus protago­ nistas. Pero la gente decía que había que beber para olvidar las matanzas y los sufrimientos y que había que gozar las fiestas porque a lo mejor iban a morir pronto en manos del ejército. así como realizar esfuerzos económicos. usar espejos para verse y arreglarse. Los hombres que se oponían decían que sus mujeres no entendían e iban a descuidar sus responsabilidades familiares. Pero en realidad era porque las celaban y no querían que salieran de la casa y participaran en activi­ 71 . cuando las desapariciones. las masacres y los traumas derivados de ellas afectaron a cientos de comunidades indígenas. Muchos esposos las apoyaron en este proyecto.

enfermedades de la 72 . siempre ladina y monolingüe. querían dar su opinión y declarar a favor del detenido. Destacaban por no mostrar miedo ante las autoridades civiles ladinas. Apoyadas por la iglesia impulsaron un programa de radio que logró salir al aire durante un año aproximadamente. independientemente de las actividades de Acción Católica. Pero no hablaban español y alegando esa razón la autoridad. Los temas abordados fueron: aseo personal. Aunque la mayoría eran tareas tradicionalmente hechas por ellas y en función de eventos religiosos. la Acción Católica incorporó a las mujeres a tareas fuera del hogar y de sus comunidades. por ejemplo. no les permitía intervenir. les dieron la oportunidad de salir de la casa. Mostraban mucha disposición a realizar todo tipo de tareas y eran portadoras de mayor combatividad que los hombres para reclamar. la participación más significativa de las mujeres se dio alrededor de los años setenta. la libertad de algún dirigente encarcelado. Al principio numerosas mujeres no aceptaron. conocer a otras personas y proyectar su trabajo hacia la comunidad.dades. Supe asimismo que a comienzos de la década del setenta. mayormente si ellos no estaban presentes y sí lo estaban otros hombres. en las reuniones mixtas que realizaban los sindi­ catos campesinos de trabajadores migratorios. Ellas parti­ cipaban con entusiasmo. visitar otras localidades. llevaron a que las más audaces y lúcidas plantearan la necesidad de organizarse por sí mismas. argumentando que no tenían permiso del esposo y no sabían si lo iban a obtener. Se llamaba Voz de la mujer en el hogar y era dirigido y transmitido por mujeres indígenas en lengua quiché. Esta limitante y las quejas que algunas se atrevieron a exponer respecto al maltrato que recibían de sus maridos. Sin embargo. opinando sobre soluciones a los problemas que enfrentaban los trabajadores migratorios y sus familias.

Pero algunas mujeres. una escuela para miles de campesinas disper­ sas en las montañas. al­ gunos hombres opinaban que para casarse preferían a mujeres de las aldeas. importancia de combatir el miedo a los hombres. El programa era un estímulo. una ventana al mundo. valoración de sí misma. Aunque 73 .mujer. me­ nos exigentes y más sumisas que las del pueblo. También afirmaban que no era honesto que mujeres hablaran por la radio y ante grupos de personas. incluso de aldeas lejanas. las mujeres podían hablar en activi­ dades y temas religiosos. que estaban dando mal ejemplo a las mujeres y que sus maridos no tenían los pantalones puestos. Numerosas mujeres. así como solici­ tudes y preguntas sobre diversos temas. porque eran más trabajadoras. No pocos hombres dijeron que el programa era responsable de que tuvieran que golpear a sus mujeres para que de­ jaran de escucharlo. cuando más. Unos hombres expresaron su desacuerdo con el tema de los derechos de la mujer ante el hombre y la sociedad. fueron beligerantes en expresar su desacuerdo con el programa. El impacto del programa trascendió las expectativas de las organizadoras. Se generaron tantos problemas que se vieron obligadas a suspender la emisión. contra las obligaciones de la mujer y la autoridad del hombre. Consideraban que estaba divulgando ideas "malas" porque iban contra las costum­ bres. los derechos de la mujer y recetas de cocina. propagando que quienes impulsaban el programa eran prostitutas. Decían que. En las cabeceras municipales de la región ixil. que esas actividades correspondían a los hombres." Y hubo opositoras y opositores que fueron más lejos. escuchaban el programa y se las arreglaban para mandar cartas de felicitación y de agradecimiento. una esperanza. una compañía. especialmente de edad avanzada. "porque el hombre es la cabe­ za de la familia como Cristo es la cabeza de la iglesia.

se daban más de lo que se aceptaba abier­ tamente. el engaño y la miseria de la gente. sino con complacencia. Y entre los indíge­ nas ricos había algunos que tenían amantes ladinas o se casaban con ellas. Las ladinas porque recelaban de las indígenas y veían en ellas una competencia desleal. famosos por la cantidad de hijos que engendraron con mujeres indígenas. El concubinato interétnico. La violación de mujeres indias a manos de hombres ladinos era frecuente en la zona ixil. Se valían de la fuerza. el chantaje. También conocí casos de poligamia de hombres ladinos e indígenas. Pero no se denunciaba por razones obvias: los violadores eran los poderosos de la zona y la denuncia sólo acarrearía mayores problemas a la víctima y sus familiares. rabia y odio entre los afectados. En estos casos. Las indígenas porque las consideraban expresión del abuso y utilización de los ladinos hacia ellas. No así el matrimonio interétnico. los hombres impedían que sus hijos hablaran el idioma indígena y que usaran el traje correspondiente a su grupo étnico. especialmente entre hombre ladino y mujer indígena. Y generaba amargura. Pero se aceptaban socialmente si el hombre reconocía la relación. era frecuente. asumien­ do las responsabilidades económicas para con la mujer y los hijos que tuvieran. Y hacerlo era factor de prestigio social. éstos existían. Y como en tantas partes. quienes mantenían a cada una de sus esposas y proles en el mismo pueblo. Los hombres ladinos veían tales relaciones no sólo con tolerancia.formalmente se censuraban las relaciones sexuales extramatrimoniales y el concubinato. Numerosas mujeres desaproba­ ban estas relaciones. Incluso las consideraban muestra de hombría. Había ladinos ricos. La poligamia en la zona ixil era tolerada si el hombre asumía la responsabi­ lidad económica de mantener a cada núcleo familiar. como Enrique Brol en Nebaj. Cuando se establecieron destacamentos militares en la 74 .

se hizo informante del ejército. Pero en realidad las conducían a burdeles donde los propietarios les pagaban por llevarlas. de cuando en cuando. cuando se instaló un destacamento militar en el poblado. en cuyo exterior se paraba largos ratos. asimismo. al poco tiempo fue torturada y asesinada por los militares. la información era vaga. Alguna vez supe también que. Originaria de otra parte se había instalado allí con su madre y con su pequeño hijo a comienzos de esa década. llegaban hombres o mujeres desconocidos buscando jovencitas para llevarlas a trabajar a la capital. Conversé con ella varias veces. pues pasaba frente a su cuarto. ladina y prostituta era segregada y carecía de relación social alguna. Se sentía sola y mal. Y en Nebaj conocí a una joven ladina que ejercía la prostitución abiertamente. Sólo la frecuentaban ladinos empleados temporalmente en la región y guardias de Hacienda. Vivía miserablemente y era una mu­ jer triste. hasta donde pude observar y averiguar. que a finales de los años sesenta había 75 . Se alegraba cuando me detenía a platicar con ella y me demostró su gratitud por hacerlo. Pa­ radójicamente.zona las violaciones se multiplicaron. especialmente contra mujeres cuyos familiares hombres migraban para trabajar o eran perseguidos. en el primer lustro de los setentas no existía prostitución en la región. Supe que años después. Me enteré. Ofrecían colocarlas como sirvientas en casas capitalinas. pero veía con fatalidad su vida. Por ese tiempo no había destacamento militar todavía. Sin embargo. Como fenómeno social. Por fuerana. Alguna vez supe de una mujer chajuleña que discretamente ofrecía a una hija jovencita y a una mujer adulta a hombres que no eran del lugar a cambio de unos centavos. No se maquillaba y vestía como cualquier otra mujer pobre del pueblo. Los hom­ bres interesados la visitaban en su pequeño cuarto que daba directamente a la calle.

que su acción punitiva conllevó violaciones masivas durante años. posteriormente. Pero no había bares. fueron objeto de abusos sexuales por parte de la tropa y de hombres de la zona organizados en Patrullas de Autodefensa Civil. buena ropa y pasaba de treinta y cinco años. unos comerciantes ixiles que hacían también el viaje se aproximaron al guerrillero. tendría alrede­ dor de 35 años. miembro del destacamento. el compañero tenía dientes de oro. separadas o viudas que vivían con sus hijos y llevaban una vida normal en el pueblo. Salvo ella. Veterana de los años sesenta. en la camioneta todos los viajeros eran indígenas. Pero discretamente introducían hombres en sus casas a cambio de dinero. Y el compañero conocía la zona y sabía las condiciones para moverse con relativa seguridad en ella. Eran señoras abandonadas. Y que al poco tiempo de haber comenzado las masacres y la tierra arrasada en el altiplano surgió la pros­ titución callejera de mujeres. viudas o huérfanas a causa de la represión. quien se integraría a la guerrilla. Era rubia. volvía de la capital a dicha zona. que numerosas mujeres. cuando llegaron al final de la ruta. de ojos azules y robusta. Sin embargo. burdeles ni prostitución callejera o profesional. Llevaban buena cobertura en caso de topar con un control militar u otro problema de seguridad. Por los días en que nos instalamos en la zona ixil un militante indígena. Creyéndolo 76 . reloj de pulsera. Se trasladaba en autobús público en compañía de una militante ladina. Entre ellos se sabía quiénes eran o ellas contaban con mujeres que les conseguían clientes.varias mujeres indígenas que en Santa Cruz del Quiché ejercían el comercio carnal. con la presencia militar y la acción contrainsurgente del ejército la vida de la región se trastrocó. Al igual que ellos. jovencitas y niñas indígenas en la ciudad de Guatemala y en otras partes del país. que de esas relaciones resultaron cientos de embarazos e hijos no deseados. Sé que.

"¡Si están a sesenta. Y sus pará­ metros para valorarnos habían cambiado hacía muchos años. dirigiéndose al compañero el señor le preguntó si nosotras éramos sus esposas. Por nuestra parte recorrimos diversas aldeas de la zona ixil. hombre. Pedimos aguas gaseosas y procedimos a beberías. "¿Cuánto te costó?" le preguntaron entonces los curiosos. él se despidió de ellos. para no denotar una forma de pensar distinta en momento tan delicado. nos detuvimos en la tienda de un paraje. El comienzo en la zona no fue alentador para la militante. se aventuró a decir que le había costado doscientos quetzales. Disimulando su incomodidad. Caía la noche y les aguardaban largas horas de marcha nocturna. Sin embargo. ambos acomodaron sus pertenencias y a paso rápido se perdieron por las callejuelas del lugar. El tendero era un anciano indígena. le dijeron. hombre avezado en situaciones imprevistas y sabedor de que ninguna mujer se movía por ahí con un hombre que no fuera su marido. Debimos hacerlo a pie. Pero el veterano de la lucha y fundador del destacamento no estaba al día en el precio de las mujeres. pues era la única manera de desplazarse en esas montañas. Luego. Pero no tardó en escuchar un comentario inesperado: "Te jodieron. mano". Él respondió que una era su esposa y la otra una amiga de los dos. Luego de otra negativa con la consabida 77 . Mientras nos refrescábamos. Cuando había­ mos caminado un buen trecho. mi compañero y yo hacia la aldea Cocop. de lo contrario —observó—. al este de Nebaj. Pero el señor se rió denotando incredulidad y repitiendo que ambas debíamos ser sus esposas pues. pondió seguro nuestro compañero. En cierta oportunidad íbamos una compañera de la organización. no andaríamos con él por esos lugares. y puras patojas!".uno de su oficio le preguntaron en tono confidencial: "¿Tu mujer?" —refiriéndose a la compañera — "Sí" res­ .

Sin embargo. Entonces el compañero. porque seguro se te va y sólo vas a perder tu gallo". no se va. le insistió persuasivo: "vendeme una". sanas y todavía en los veinte no aumentaba nuestro valor ante ese viejo ixil. que para chamarra del hombre servimos. pues no éramos vírgenes ni menores de veinte años. vendeme la otra". cómo las mujeres somos buenas frazadas para el frío. le dijo que estaba bien. señalando a nuestra compañera.explicación. Mujer nueva como gallina nueva: la amarrás bien a un palo y así le das de comer por varios días hasta que se acostumbre. Si mucho algunas vivirían parte de la lucha por la libe­ ración de futuras generaciones. Mi marido. mi compañero le respondió: "Te engañaría si te doy la que querés. pero que quería saber qué le ofrecía a cambio. "Ese gallo que anda allí" respondió. el compañero desistió de persuadirlo y se dedicó a saciar la sed. siempre dirigiéndose al compañero. La gesta revolucionaria 78 . le respondió que no. replicó de inmediato: "No. humanización. Dolorosamente comprobaba que varias generaciones de mujeres compatriotas estaban condenadas a seguir su­ friendo. al tiempo que me volteó a ver. El trabajo revolucionario me parecía progresivamen­ te más complejo y urgente por cualquier lado que lo viera y el sistema imperante irremediablemente putrefacto. Pero al mismo tiempo veía lo difícil y prolongado de todo cambio que significara justicia. Y continuó diciendo. felicidad. como si nada. algo molesto. señalando un hermoso gallo colorado. el anciano continuó la plática: "vendeme una" le dijo serio. le dijo al hombre que se la daba. Ese era nuestro valor de cambio. Con el tiempo la soltás y seguro que se queda".. ya en plan de bromear. Pero el anciano. Pero el anciano se rió a carcajadas y le dijo taimado y seguro: "No.. Su interlocutor. Y el hecho de ser ladinas. Por ver hasta donde llegaba el campesino. El señor. porque no alcanzarían a vivir su emancipación. porque las mujeres no se venden ni se compran.

estaba llena de contradicciones y altibajos. Y las mujeres éramos muchas veces portadoras de ideas y prácticas opresivas hacia nosotras mismas. 79 . pues éramos hombres y mujeres formados en el sistema a transformar quienes impulsábamos la lucha.

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la mayoría mujeres con hijos. Estuvo entre los quince compañeros que integraron el destacamento que se asentó en el norte del Quiché en 1972. Diferentes circunstancias de índole familiar. las habían llevado a vivir lejos de Guatemala. Y también colaborar en la formación política de compatrio­ tas. En aquel enton­ ces también dirigió el periódico Vocero Estudiantil En la década de los sesenta participó en la resistencia urbana y luego fue fundador del Ejército Guerrillero de los Po­ bres. Me despedí de algunos familiares. derivadas de la persecución o asesinato de sus padres o esposos. Era el compañero Antonio Fernández Izaguirre. Había sido destinado a México para desarrollar el 81 . arreglé maletas con lo indispensable y partí llevando conmigo a mi peque­ ño hijo. que se integrarían en breve al trabajo en el interior. en donde me buscarían los próximos días. querían volver al terruño y eran receptivas al mensaje revolucionario de nuestra organización. No llevaba ninguna referencia más. la organización me orientó viajar a la ciudad de México y permanecer en ella varios meses. ni conocía a persona alguna en el país vecino. En esta nueva etapa trabajé bajo la dirección de un veterano de la lucha revolucionaria. Debía contribuir en la captación de relaciones políticas y solidarias cuando nuestra organización todavía estaba en el anonimato. activista político y escritor en los años del gobierno democrático de Jacobo Arbenz. quien había sido dirigente estudiantil. Llevaba instrucciones de hospedarme en un hotel determinado.PRUEBAS DE FUEGO PARA EL CORAZÓN En abril de 1975. Pero estaban al tanto de la realidad del país. meses antes de incorporarme al desta­ camento guerrillero de las montañas del noroeste.

trabajo de solidaridad. Se trataba de un compañero con amplia cultura, de pensamiento político y revolucionario profundo, respetuoso de todos nosotros. Su modo de ser era sencillo, discreto, austero; le gustaba la poesía y la música clásica. Su lugar de origen era Cuilco, remoto muni­ cipio del departamento de Huehuetenango. Lo conocí acompañado de su esposa y de sus pequeñas hijas. El 4 de junio de 1981 fue detenido y desaparecido en un operativo de inteligencia en la costa sur. Se pretendió hacer creer que había caído por errores operativos elementales en un retén militar. Pero obviamente se debió a otras razones: trabajo de infiltración en nuestras filas o traición de algún miembro de la organización. Meses antes de partir, aunque habíamos seguido trabajando como equipo para la organización, mi com­ pañero y yo habíamos roto nuestra relación de pareja. Con esa ruptura terminaban cinco años de matrimonio entre nosotros. Nos habíamos conocido meses antes de mi graduación como maestra, participando en activida­ des de formación y proyección social en "El Cráter", una agrupación de jóvenes dirigida por religiosos que, a partir de la doctrina socialcristiana, estudiaba la realidad social del país. Él tenía las mismas inquietudes sociales que yo, estaba próximo a concluir sus estudios universitarios y trabajaba. También me apoyaba en las diversas activida­ des que yo desarrollaba. Así que compartiendo aspiracio­ nes sociales y manteniendo cada uno espacios propios, la relación se estableció y avanzó. Nuestro casamiento fue un dolor de cabeza para mi familia. Aunque tenía amistades y me relacionaba socialmente con numerosas personas, no anuncié mi ca­ samiento ni invité a mis amistades. Quise algo diferente de lo que es la costumbre, evitar gastos a nuestras fami­ lias y ahorrar dinero para viajar de inmediato a Europa, donde mi compañero estaba becado. Así que realizamos
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nuestro matrimonio en una capilla modesta sin decorados, sin música y sin trajes de boda. Sólo nos acompañaron familiares muy próximos. Cumplimos con lo esencial de las leyes religiosa y civil, sin las convenciones sociales. Respeto y comprendo a quienes recurren a ellas, pero a mí me son ajenas. A lo largo de nuestra relación compartimos experiencias felices, pero también tuvimos dificultades que finalmente condujeron a la ruptura definitiva. Así que el viaje a México no sólo era una tarea más que asumía con responsabilidad, sino que lo consideraba oportuno en el aspecto personal. Necesitaba estar lejos de mi excom­ pañero y de la familia, especialmente porque los meses siguientes al rompimiento fueron conflictivos, dolorosos, desagradables. Las tareas en México eran de carácter temporal para mí, porque me habían asignado a la montaña, modalidad de militancia a la que siempre había aspirado. De ahí que emprendiera el viaje con entusiasmo y tranquilidad. En México mis jornadas de trabajo pronto fueron agotadoras. Cumplía tareas que implicaban visitar diver­ sas personas, estudiar y preparar reuniones; realizaba ejer­ cicios físicos para estar en condiciones de incorporarme a la guerrilla; compartía tareas domésticas en la casa donde vivía y atendía a mi hijo. A él lo llevaba conmigo a todas partes. Pesaba entonces más de 25 libras y yo tenía una mochila especial para llevarlo a la espalda y acomodar su ropa y alimentos del día. Pero cargarlo de siete de la ma­ ñana a siete de la noche diariamente resultó agotador para ambos. Nos movíamos en una ciudad grande y siempre en autobuses y metro repletos de gente. Por las noches, luego de bañarlo, darle de comer y acostarlo, lavaba los pañales y preparaba el trabajo del día siguiente. Vivíamos siete personas —cuatro adultos y tres niños— en un apartamento de dos dormitorios en la co­
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lonia Roma. Sobrevivíamos todos con el salario de una compañera, quien trabajaba de secretaria en una oficina. Ella era viuda de un revolucionario de los años sesenta, secuestrado por el ejército frente a ella y sus pequeños hijos, una noche lejana en la ciudad de Guatemala. Tortu­ rado y asesinado apareció días después en el oriente del país. Traumada por el acontecimiento y temiendo por sus hijos, viajó al exterior. Había sido bailarina y en giras de su grupo conoció diversos países; también era maestra de educación primaria. Pero las vicisitudes del exilio la lleva­ ron a emplearse varios años como obrera en una fábrica. Cuando la conocí, sus hijos salían de la adolescencia y me llamó la atención la forma como se relacionaba con ellos. Había amor inmenso unido a respeto, confianza y amistad. Entre ellos no habían tabúes ni secretos. Eran relaciones de estable suavidad y sencillez que se mantuvieron en los años posteriores, aun en el marco de una situación familiar y económica muy difícil, dramática no pocas veces. Pero nunca les escuché quejas ni reclamos a la vida militante a la que los tres se entregaron por años. Ejemplarmente los supo encauzar por el camino revolucionario y el amor a Guatemala. Ha sido una mujer eficaz y valerosa en sinfín de tareas operativas de alto riesgo. Con firmeza y modestia ha pasado las pruebas del fuego, la prisión y la tortura; así como aquellas de las inacabables tareas grises que conlleva una militancia prolongada. En los días de México nuestra colectividad consistía en cinco adultos, dos adolescentes y cinco niños meno­ res de seis años. Nos vestíamos fundamentalmente con ropa usada que nos proporcionaban algunas relaciones. Nuestra alimentación era frugal, debido a la estrechez económica, aunque tomábamos leche en abundancia, la cual nos era donada por una colaboradora. Llevábamos una vida sencilla y laboriosa con paseos dominicales en los parques de la ciudad.
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Ante mi cúmulo de trabajo, una de las compañe­ ras y los dos jóvenes —un hombre y una mujer— me ayudaron una temporada con el cuidado del niño. Pero ellos también necesitaban tiempo para estudiar y realizar otras actividades. Así que al cabo de algunas semanas, el responsable del grupo me comentó que había una familia obrera que estaba en disposición de cuidar a mi hijo. La propuesta era que él viviera con ella de lunes a viernes y yo lo tuviera el fin de semana. Le manifesté mi acuerdo y al día siguiente me acompañó a la casa de dichas personas. Fue así que conocí a una familia y a un barrio obrero de la ciudad de México, pues las relaciones que yo atendía eran intelectuales que vivían en zonas residenciales al sur de la ciudad. Se trataba de una familia extensa y muy pobre. Vivían juntos abuelos, hijos e hijas casados y nietos. En un espacio pequeño habían construido, poco a poco y con materiales diversos, varios cuartos que daban a un patio común. En éste corrían aguas negras a flor de tierra y se criaban juntos niños y animales domésticos. Cuando vi aquel cuadro de pobreza sentí algo terrible de sólo pensar en dejar a mi hijo allí. Temía que enfermara entre aquella promiscuidad y falta de higiene. Había diez niños entre hermanos y primos; el mayor no pasaba de ocho años. Mi hijo sería el más pequeño, el número once. Durante el día permanecían al cuidado de la abuela Sara y de Carmen, su hija menor, quien tenía dieciséis años y asistía a la escuela por las tardes. La familia sabía que éramos revolucionarios guatemaltecos y por eso se solidarizaba con nosotros. Se mostraron felices cuando llegamos y nos invitaron a comer con ellos. Pasamos el día juntos. No sólo no esperaban ni aceptaron ayuda económica alguna por los gastos que mi hijo les ocasionaría, sino que deseaban saber exactamente qué quería que le dieran de comer, cuáles eran sus horarios y mis costumbres para cuidarlo. Yo estaba sufriendo un
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choque interno con la realidad material que veía; pues fue hasta ese momento que me di cuenta que una cosa era mi disposición personal a enfrentar esas y peores condiciones de vida en aras de la revolución, y otra estar dispuesta a someter a mi hijo de año y medio a ellas, sobre todo sin estar a su lado. Sentí que el mundo se me caía encima, pero hice esfuerzos enormes —los suficientes para tran­ quilizarme y no denotar temores—, y traté de razonar con sensatez. Les manifesté lo mucho que valoraba su solidaridad, que agradecía su apoyo y que atendieran a mi hijo exactamente igual que a los demás niños. Y por dentro me decía persuasivamente: "Si estos diez pequeños chorreados y vivaces están bien, ¿por qué no lo habría de estar el mío?". Sin embargo, al caer la tarde me despedí y alejé de la vivienda con un nudo en la garganta. Era la prueba más dura a la que me sometía hasta ese momento de mi vida. Podía haberla rechazado, pues no era una obligación sino una propuesta. Las otras compa­ ñeras vivían con sus hijos pequeños al lado y si mis tareas eran más, o yo asumía mayores compromisos, era porque tenía capacidad y disposición para hacerlo. Y de ninguna manera porque me las exigieran o me presionaran. Ha habido diversas formas de participar en el movi­ miento revolucionario. Se podía colaborar periféricamen­ te, asumiendo tareas que permiten llevar una vida familiar y laboral normal, por ejemplo. Aunque las contingencias de la lucha podían dar al traste con tal estabilidad en cualquier momento. Pero la necesidad de que hubiera militantes profesionales —dedicados constantemente a la organización, que acumularan experiencia en diversos campos del trabajo, que asumieran tareas y funciones que requieren disponibilidad permanente, que antepusieran las necesidades de la lucha a las propias— caía por su peso. Si los proyectos políticos que se desarrollan den­ tro del sistema y que disponen de recursos abundantes,
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necesitan un contingente de partidarios profesionales, la causa revolucionaria los necesita en mayor número, tiempo y dedicación. Cada quien decidía la modalidad que quería según su disposición y posibilidades. Sin embargo, era una tradi­ ción que las mujeres fuéramos casi siempre colaboradoras. Una especie de retaguardia de los padres, los hermanos, los novios, los maridos, los hijos y hasta los amigos. Y las formas de colaborar se reducían, salvo excepciones, a rea­ lizar tareas domésticas, mandados y compras para núcleos de militantes; a criar y educar a los hijos propios y ajenos; a escribir a máquina, reproducir y trasladar materiales escritos; a cuidar enfermos y heridos; a trasladar mensajes y encubrir actividades que otros realizaban. No desprecio esas tareas. Al contrario, sé que son necesarias y las valoro profundamente. Y es estimulante que numerosas mujeres y hombres las hagan en función de la causa popular y revolucionaria. Pero yo no aspiraba a esa perspectiva. Y la posibilidad de militar manteniendo a los hijos consigo no sólo lleva riesgos calculados de caer en manos de los cuerpos represivos junto con nuestros seres más queridos, sino que me parecía una decisión injusta, incluso egoísta para con mi hijo. Pues la militancia revolucionaria en las condiciones de clandestinidad y confrontación que se Kan impuesto en Guatemala es muy dura. Más tempra­ no que tarde se convierte en inestabilidad habitacional y laboral, en desplazamientos geográficos, en actividades que chocan con la dinámica familiar y social habitual. Además somete a los niños a una disciplina estricta por razones de seguridad; y a desatenciones de nuestra parte, forzadas por las prioridades del trabajo organizado. Si tal régimen de vida es difícil para quienes lo asumimos conscientemente, ¿cómo no lo va a ser para nuestros ni­ ños? No quería ese régimen de vida para mi hijo, preferí buscarle otras alternativas y correr otro tipo de riesgos.
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Para mí era una cuestión de consecuencia militante desde cualquier ángulo que la enfocara. lloraba mucho por las noches y se bajaba de la cama que compar­ tía con varios niños. Pensé que sólo si mi hijo lo rebasaba tomaría la decisión de regresarlo conmigo y plantearía una reducción de actividades. Todavía me estremezco cuando me recuerdo de esos momentos. pero no dudé en tomarla. Al concluir mi estancia en México lo recogí definitivamente. Si bien me causó mucho pesar. Entonces se refugiaba debajo. Durante esa temporada se desarrolló mucho: aprendió . La familia me lo dijo preocupada el primer fin de semana que llegué por él.Sin embargo. en la medida que estaban dispuestos a probar otro tiempo. aunque comió bien. le armaba teatro. la forma en que los militantes resolvemos la situación y perspectiva de nuestros hijos es una deci­ sión personal. Pero no fue necesario. Y respecto a ello existen tantos puntos de vista como padres. Por mis estudios sabía que todo cambio implica un período de adaptación y conocía el límite normal para un niño. Me dolió y me costó mucho esa decisión. En el curso de la segunda semana dejó de entristecerse. Cada quien procede como puede y mejor le parece. mantuve la decisión de que siguiera con ellos. con mayor razón si en breve yo me iría para la montaña. circunstancias y etapas de la lucha hay. Se habían encariñado con él y me pedían que se los dejara. En circunstancias similares lo volvería a hacer. durmió en la cama colectiva y se integró al grupo familiar sin reservas. Se llenaba de felicidad e impaciencia cuando me veía llegar a recogerlo. Él también era afectuoso con ellos y había adquirido la maña de que si no era el primero a quien la abuela besaba al volver del mandado. No lo lamento ni me arrepiento. La primera semana. en un rincón donde dormían unos perritos. Allí lo encontraban por las mañanas. A mi niño también le costó adap­ tarse. pero se quedaba tranquilo y jugando cuando lo regresaba.

Ellos sabían que el papá estaría cerca y que lo atendería con cariño y responsabilidad. Si bien 89 . Por eso necesitábamos de su apoyo. Y yo me sentiría más tranquila si se quedaba con ellos. alimentos que no figuraban en su dieta anterior. Posteriormente averigüé que la familia se había dispersado hacía años y que ninguno de sus miembros vivía más en esa dirección. a subir y bajar pequeñas gradas. empezó a tomar café y a comer poquitos de chile con tortilla. comprobé la constante de generosidad y solidaridad de las familias trabajadoras. Rasgos sólo comparables en su magnitud con la pobreza en que viven. pero tenía las limitaciones propias del trabajo remunerado y de la militancia. Años después la militancia me llevó de nuevo a México y acompañada de mi hijo quise visitar a esta inolvidable familia obrera. El plazo de dos años lo establecí a partir de mi idealismo de entonces. Varias veces me dirigí al área y recorrí las calles conocidas sin éxito. dio por pedir dinero para comprar dulces en la tienda del barrio. E imitando a los mayorcitos. pedí a mis padres que viajaran a encontrarse conmigo en México. No se enfermó para nada y lo recogí tan gordito y risueño como lo había llevado. mi memoria no fue capaz de localizar la vivienda. a correr. Entonces les expliqué mi compromiso revolu­ cionario. sin distingo de fronteras ni grupos étnicos. Pero en la transformada ciudad de doce años después. Ellos atendieron mi llamado con prontitud. Bastó una dosis de antiparasitario para que sacara las lombrices de la panza. Cuando el viaje de regreso a Guatemala fue in­ minente.a jugar en grupo. En esta experiencia. pero les dije que trabajaría en el exterior para que se preocuparan menos. cerca de su papá y en nuestro país. como en muchas otras antes y después. a defenderse cuando lo agredían. Y les pedí que se hicieran cargo de mi hijo por dos años.

Sin embargo. Personas por las cuales mis sentimientos de afecto siguen intactos a la vuelta de los años. Nos separamos con alegría. a las amistades y a numerosas personas apreciadas sin despedidas ni explicaciones. esa y muchas veces más en los años posteriores permanecí serena y segura de lo que hacía. más o menos. Al contrario. como lo haríamos en adelante después de cada encuentro. Una semana después de despedirme de ellos en México. Mis padres se volvieron al país terriblemente tristes por esa nueva separación que yo determinaba.me parecía una eternidad en el plano de la relación con el niño. también me parecía una pequeñez en comparación con las necesidades de la lucha y del pueblo trabajador de mi país. Al progresivo alejamiento de mi medio social años atrás. Estando allí. se sumó mi ruptura con todos los lazos familiares. Les daba terror que algo me sucediera. Ingenuamente creía entonces que en ese tiempo. habrían tantos militantes que yo podría conciliar la militancia con la familia. Pero para entonces mi identificación y compromiso con los sectores populares 90 . el padre del niño me lo llevó para que lo tuviera conmigo los dos últimos días de estancia en la ciudad. De manera que retomaría el cuidado de mi hijo para no separarme más de él. mi papá me dijo que se sentía orgulloso y que saludara los compañe­ ros de su parte. volví discretamente al país y me alojé en una casa clandestina. Renunciaba a mis seres más queridos. quien lo quería y extrañaba mucho. dejaba un mundo donde había sido feliz y privilegiada. la revolución habría cobrado fuerza y estaría en las puertas del triunfo. Aunque preocupada por el dolor de mis papás. por lo menos. y por la perspectiva de vida por la que me veían optar. Confiaba en que se repondrían con el tiempo y me alegraba que mi hijo estuviera cerca de su papá. Hacia ninguna de esas separaciones me animaron senti­ mientos de rechazo o desapego. O que.

incluido mi hijo. Por eso opté por romper de tajo. Estuvo hospitalizado de gravedad varios días. podría haberlo hecho. y mucho menos que estaba en la montaña.y la organización pesaban más en mi conciencia. eventualmente me sorprendo pensando en lo feliz que sería encontrarme de nuevo con familiares y amigos. Sin em­ bargo. me parecía una impruden­ cia que podría acarrearles problemas. Pero me gustaría verlas. a sabiendas del dolor. Pero esas rupturas fueron y siguen siendo dolorosas. la incomprensión o el desconcierto que ello significó para no pocos. Además 91 . para mi mamá implicó hacerse cargo temporalmente de cuatro nietos me­ nores de tres años. quién sabe si todavía piensen en mí. una de mis cuñadas murió en un accidente automovilístico. pero temía exponerlas o generarles inquietudes a las que no podía responder. Y tam­ bién asumí con plena conciencia las implicaciones que representaba dejar un hijo pequeñito. En todos estos años no me comuniqué con ellas. especialmente cuando estas personas no lo sabían. a la edad de cincuenta y ocho años. Además del dolor que esta nueva pérdida representó para. Si las realicé y las mantengo es porque las características de mi experiencia militante y las circunstancias políticas de mi país así lo aconsejan. Murió nueve meses después de nuestra despedida. Los dos años iniciales se han multiplicado por muchos. la familia. y no lo supe porque la familia no podía localizarme. Al poco tiempo de su deceso. Estando activa en el movimiento revolucionario. Mi padre no supo que había vuelto al país. A la fecha han pasado die­ ciocho años de separación. Nuestro drama y nuestros problemas no eran mayores ni más importantes que los del pueblo al cual me debo. Quién sabe cuáles sean sus recuerdos de nuestra relación. Esto le hizo más difícil asimilar mi distanciamiento y militancia política. aunque vivía la incertidumbre de mi ubicación.

Hasta donde me ha sido posible he estado al tanto de su vida. ha sido cariñoso y respetuoso conmigo. aunque con las contradicciones y altibajos propios de nuestras 92 . Tanto ha sido así por su desenvolvimiento positivo en todos los aspectos básicos. al mismo tiempo. se han reservado ante él sus propias opiniones. que ha sabido darse a querer y adaptarse a muy diversas y difíciles si­ tuaciones. A dieciocho años de haberme separado de él creo que ambos hemos sido afortunados.debió enfrentar esa responsabilidad por varios años sin tener el pensamiento ni la compañía de mi padre. pero me siento orgullosa de él. escuela. aunque no ha po­ dido ser con la frecuencia deseada. Creo que ella también albergó la esperanza de que yo volviera a ver al niño. idioma y calendarios escolares. No ha heredado ningún recurso material ni financiero de sus pa­ dres ni de familiar alguno. país. salud y vicisitudes. Pero los años pasaron y no pude hacerlo. a quedarme con él. a pesar de los cambios de familia. alegrías y bienestar material. o cuando menos. revolucionarias o no. Mi hijo ha crecido lejos de mí ininterrumpidamente. le han infundido respeto y cariño por mi persona. pues además de darle lo que yo no he podido. Creo que tengo un hijo que ha sabido ser fuerte ante la adversidad que le ha tocado vivir. que ha estudiado lo suficiente para cursar sus estudios sin retrasos. cuidados. del estudio y de sus propias aspiraciones. siento un profundo agradecimiento hacia todas ellas. Y. compatriotas y extranjeras — que le han brindado cariño. Actualmente es un hombre y forja su destino a través del trabajo. Los acontecimientos se desenvolvieron con tal complejidad y vertiginosidad que mi compromiso militante se profundizó de igual forma. como por el sinnúmero de personas —conocidas y desconocidas. Depende de su propio esfuerzo para salir adelante. Es más. Sé que le está costando.

Nuestros breves y ocasionales encuentros han sido felices y las despedidas naturales. 93 . como si nos fuéramos a encontrar de nuevo en pocas horas.circunstancias.

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el partido anticomunista más caracterizado. Instalado definitivamente en la urbe. Cuando llegamos al retén nos detuvieron como era usual con todo vehículo que pasara. Esa vez llevábamos un lote de armas largas que tenían el mismo destino que yo: el destacamento. Él provenía de una familia oriental.UNA MAÑANA DE OCTUBRE En el viaje que emprendí hacia el altiplano noroccidental días después no fui de piloto como en otras ocasiones. Conducía un viejo amigo. No lograban adaptarse a los rigores de la lucha en esas latitudes. y sería yo quien descendería del vehículo en algún punto. sino de acompañante. Eran muy pocos los que. allegada al MLN. Debíamos pasar un puesto de control militar y para esa fecha ya habían tenido lugar las primeras acciones político-militares públicas en El Ixcán y Los Cuchumatanes. íbamos tranquilos pero silencio­ sos. o meses a lo sumo. de raigambre campesina y comerciante. Pero en la montaña había múltiples tareas y actividades que era necesario desplegar y en las cuales podía colaborar. y tampoco soportaban la lejanía de sus seres queridos y de la vida citadina. Nos habíamos incorporado al EGP en la misma época. Preguntaron a dónde íbamos y. proviniendo de las ciu­ dades. Pero emigró a la capital para realizar estudios universitarios y se había graduado hacía poco tiempo. De ahí que estuviera determinada a pasar las pruebas que fueran necesarias como militante y como mujer. se incorporaban y persistían en la montaña. especialmente en horas de oscuridad. compañero de inquietudes sociales y peripecias contestatarias desde los años estudiantiles. él y su compañera optaron por el camino de la lucha revolucionaria. Los pocos que lo hacían generalmente permanecían algunas semanas. sin pedir que 95 .

Inmediatamente acomodé mi equipo. sino compañeros de la po­ 96 . No reconocí a ninguno de los compañeros con quienes me quedé y pronto me di cuenta que no eran miembros del destacamento. ocasionalmente se encontraban por los cami­ nos comerciantes ambulantes. observamos las señales que significaban proceder. trabajadores migratorios u otras personas. a la vez tenía demanda entre la población de la región porque eran resistentes y baratas. alumbraron y observaron su interior por las ventanillas. Cuando estuvimos próximos al lugar de contacto me quité los zapatos. Nos dieron paso y continuamos nuestro camino. me puse dos pares de calcetines y luego botas de hule. Terminado el descenso de la carga. apagando motor y luces. Por eso debía vestirme como lo hacían los campesinos indígenas de la zona y cargar a la usanza local. dentro de una sábana maletera y le coloqué a ésta un mecapal de cuero. si bien era hora en que todos duermen. La llevaba cargada y con seguro. tomé el equi­ po y me alejé unos metros hacia donde no fuera visible desde el camino. una escuadra 45. Descendimos rápidamente. pero ese día estuvo despejado y la noche se presentó sin amenazas de agua. Estas eran el calzado que mejor resultado daba en las andanzas del destacamento. Simultáneamente el compañero sacó el armamento. mientras varios compañeros que estaban tendidos entre el monte se incorporaron silenciosamente.descendiéramos o abriéramos el vehículo. incluida una mochila. En el cinturón de cuero colgué un machete envainado. escondida bajo la camisa. Allí el compañero detuvo el vehículo. La primera parte de la mar­ cha sería en área poblada y. y la coloqué en mi cintura. Poco antes de llegar al punto de desembar­ co. Era época de lluvias. Revisé mi arma. quien me condujo al punto subió al vehículo y se retiró. Respondimos a las mismas y continuamos hasta el lugar exacto.

Todos se repartieron la carga equitativamente. un suéter y una chumpa livianos. Sobre el mecapal llevaba. al igual que todos. Taltuza dio órdenes en ixil. Esa noche fue la primera de numerosas marchas en las que iría sola como mujer. Taltuza me ubicó al centro de la columna. una gorra pasamontañas. Pues hablaban quedamente en ixil y. La organización en esas montañas era y sería eminentemente campesina e indígena. una hamaca y una mochila de popelina nailon. tres metros de plástico 97 . Animadamente. Pregunté dónde estaba este compañero y dirigiéndome a él. pregunté al que estaba más cerca quién era el responsable del grupo. la protegieron del sereno y de las miradas extrañas y se la colocaron a mecapal sobre la espalda. En esa oportunidad llevé como carga lo que serían mis bienes terrenales: un toldo. como ladina y como capitalina. Tan próxima a ellos me encontraba que alcanzaba a distinguir que las contemplaban con admiración y emoción. un pequeño poncho de Momostenango. Y que más adelante. próxima a él. nos detuviéramos a comer. Éramos alre­ dedor de doce. Al ver que ninguno organizaba la retirada de punto tan peligroso. una boina verde olivo y toallas sanitarias lavables. Luego se formaron uno tras otro. le dije que distribuyera el cargamento y emprendiéramos la retirada con prontitud. Mi pelo largo iba recogido bajo la copa. las tomaban de una en una y se las intercam­ biaban unos a otros en la misma orilla de la carretera. en lugar de trasegar las armas monte adentro y preparar con presteza las cargas. que también estaba embebido con el armamento. som­ brero de petate de ala recta y cinta negra. Casi siempre sobresaliendo del grupo por mi estatura. un paliacate. dos mudadas de ropa.blación. En castellano me respondió: Taltu­ za. y dio orden de emprender la marcha. donde estuviera despoblado. Estaban tranquilos y platicando quién sabe qué en su idioma.

Esta parte de la marcha. También llevaba un reloj que mi padre me regaló la última vez que nos vimos y una navaja suiza. dos cartucheras con sus respectivos depósitos cargados. equipo de limpieza de armas y la pistola que llevaba al cinto. que en los mapas aparecía como una de las cumbres más altas de la región. una brújula. el clima 98 . Por trechos. dos agujas y un cono de hilo nailon. pero sostenido y sin parada alguna. una funda para pistola. dos cuadernos y un lapicero. Debíamos avanzar en columna cerrada. el suelo estaba hundido entre los altos bordes que indicaban el nivel original del piso. compañera inseparable desde mis años adolescentes de Muchacha Guía. Fue un tramo agota­ dor que iniciamos a 1. Al otro lado de la hoya alcanzamos la base de una gigantesca montaña. una linterna. Después de unos minutos la reanudamos por una senda que se veía transitada de siglos. una cuchara de acero inoxidable. una lima para afilar. de este a oeste. el responsable ordenó detener la marcha. de tanto uso. Ya estando en la montaña elaboraría mi propio arnés y recibiría una granada de mano y un fusil. un cepillo de dientes. un peine y un encendedor recargable. Los perros de las viviendas próximas a la vereda ladraban hostiles a nuestro paso. un plato y un pocilio de peltre. Habiendo quedado atrás el área habitada. toda en área despoblada. Recorrimos una hondonada poblada de casas dispersas y dividida. Debíamos llegar a nuestro destino antes del amanecer y el tiempo apremiaba. Y mi equipo militar: un cinturón. Y aunque descansar normaliza la respiración agitada por el esfuerzo.y dos bolsas grandes del mismo material. en un perfecto zigzag que comenzó al pie de la montaña y concluyó cuando alcanzamos la cima. sin encen­ der luz y sin hablar. Fueron alrededor de tres horas de marcha a paso lento. por un río pequeño.500 m SNM y que alcanzó su punto más alto pasados los 2. fue un ascenso constante y sin tregua.700 m SNM.

debido al cuida­ do de afianzar cada paso en graderíos irregulares y sin visibilidad. duelen crecientemente. En las pendientes la respiración recobra el ritmo normal. pero la tensión de las piernas. pero el ladrido de perros era señal de la proximi­ dad de viviendas. Además. No distinguía sino algunas cercas. amaneció en las afueras. Una de ellas era indígena y dueña de la casa. y la espalda a la carga. Con la compañera pasamos el día escondidas y alertas en un lugar discreto de la vivienda. para no per­ turbar la vida de la misma ni dar motivo a problemas de seguridad para sus moradores. se despidieron ceremoniosamente y se dispersaron por múltiples veredas buscando sus hogares. En el preciso momento en que la compañera indígena me extendía una escudilla con caldo de gallina y tortillas calientes. Al poco tiempo de haber caído la noche. Sólo entonces me percaté que todos eran hombres maduros. la otra era mulata y militante organizadora. hacen que el esfuerzo físico sea tan grande como en los ascensos. haciendo indeseable el descanso. Adentro había un fogón en el suelo y dos mujeres estaban a su alrededor. Mis compañeros de viaje depositaron sus cargas en el suelo. En la cumbre sentimos un frío intenso. las piernas tiemblan por el cansancio acumulado y las sienes deshabituadas al mecapal. así que envueltos en la niebla emprendi­ mos el descenso por la vertiente norte de la montaña. Ahora trabajaba como organizador en la zona ixil y tenía la responsabilidad de conducirme 99 . Minutos antes del amanecer traspasa­ mos una barda y penetramos en una casa de adobe y teja. curtidos por el trabajo y los sufrimientos.de esas latitudes enfría en cuestión de segundos el sudor. Una hora después de haber iniciado el descenso llegamos a un área poblada. en la casa se presentó el compañero in­ dígena que me había conducido en la primera visita a la guerrilla un año atrás.

donde dormimos unas horas sobre tablas de pino. La oscuridad y la tempestad mantuvieron en secreto nuestra presencia. A paso rápido. Y que quien me condujo hasta allí se retirara de inmediato a otra parte. salvo las de uso nuestro. el compañero nos guió a la troje. Era la una de la madrugada y hacía frío intenso.a otro lugar esa misma noche. Al detectar la aproximación de alguien debíamos escondemos entre el monte de los costados. Esa noche los tomamos calientes y sin azúcar. Una vez que nuestra ropa estuvo seca. el dueño de la vivienda. Se trataba de unos polvos industriales con sabor artificial que se vendían en sobres de papel. Nos ofreció refresco caliente que tenía en una jarrilla sobre el fuego. El plan contemplaba que allí estuviera aguar­ dándonos otro compañero. quedaron atrás. Estábamos empapados y enlodados a pesar del plás­ tico con que nos cubrimos. Había multitud de pul­ gas. sin encender luz y calladamente. pero el cansancio logró que conciliáramos el sueño a su pesar. Las armas. Él tomó parte de mi carga. acuclillado junto a una fogata. nos despedimos de la gente de la casa y bajo una lluvia torrencial emprendimos camino. Su esposa y sus hijos dormían en la única habitación que había. bordeamos el poblado de Cotzal. y allí esperar a que el desconocido se alejara. En el corredor del frente nos esperaba. miembro del destacamento y originario de la zona. Pero ese compañero. En la ciudad se tomaban fríos y azucarados al medio día o en horas de calor. nos condujo junto al fuego para secarnos y para que nuestros cuerpos recobraran su calor. 100 . Luego de cinco horas de camino. llegamos a otra casa. Serían transportadas en viaje separado por com­ pañeros de la población distintos a los que las habían llevado al punto anterior. En el nuevo lugar las recibirían miembros del destacamento. Luego de saludarnos solícitamente.

Preocupado. pues la regla de oro seguía siendo no encender focos. se resistía a caminar e insisten­ temente se atrancaba y trataba de volver hacia atrás. Luego mi acompañante habló con él. aunque levemente. cargada a la vez con mis bártulos. jalaba al animal. Había costado Q60. Era el primero y único medio de transporte propiedad del destacamento.00 —lo mismo que 101 . Se acostó a dormir donde pudo y así pasó el día. no llegó. y debíamos hacernos acompañar por un macho cargado con provi­ siones. Los compañeros de la casa realizaron sus actividades habi­ tuales y al atardecer le dieron caldo al compañero indis­ puesto. Así que el guerrillero. detrás de ambos. Atravesamos un plan sembrado de milpa y tomamos un extravío extraordinariamente empinado y lodoso. Temprano por la mañana apareció quien no había llegado a la cita. era enemigo de nuestro esfuerzo emancipador. Se había emborrachado y llegaba en lamentable estado. Lo hacíamos a tientas. y yo. El alcoholismo. Resba­ lábamos una y otra vez mientras tratábamos de asirnos a matas y raíces. Limpiamos las armas y mantuvimos el oído atento a cualquier sonido extraño o señal de alarma. Durante varios años fue la causa número uno —durante más de cinco años la única — de caídas en manos enemigas. arriaba a la bestia como podía. Pero el macho.nuevo recluta. Nosotros permanecimos quietos y silenciosos en la troje. el cuadro organi­ zador no quiso retirarse y dejarme sin saber qué había sucedido con él. Llovía de nuevo. de fallas en el trabajo y de problemas de seguridad en la montaña. Así que reacomodé mi carga y me despedí de quienes se quedaban. cargando a mecapal por delante. mal profundamente arraigado en nuestra sociedad. Se trataba de un joven fornido que dijo estar listo para emprender camino en cuanto cayera la noche. que nos desconocía a ambos.

Con su cuidador al lado avanzó obediente y rápido. guiándonos por el sentido de orientación del compañero. que conducía al noroeste del municipio. Era la ruta más corta. quien volvió a su casa seguido por el expreso.una mujer joven— y estaba al cuidado del campesino cuya vivienda acabábamos de abandonar. tratando de no dejar huella. hasta donde lo permitía la pendiente que escalábamos. Final­ mente alcanzamos una cumbre. ancho y trajinado. mientras él se volvía en busca de ayuda. sin presenta­ ciones ni saludos. Nos adentramos en la montaña a paso rápido. sal y azúcar. A las ocho de la mañana arribamos a un campamento y. Avanzamos entonces por un camino de herradura. y ya bastante al norte de este poblado caminamos por planes y filos cubiertos de llano y sin fango. Había amanecido. el compañero me propuso que retuviera al peculiar transporte conmigo. Contenían maíz. Al cabo de un rato aparecie­ ron mi acompañante y el responsable del macho. Sentí la espera eterna porque sabía que la marcha requería varias horas de oscuridad para atravesar una zona densamente poblada. varios compañeros fueron enviados a 102 . de manera que ni la lluvia ni la humedad del suelo y la vegetación los dañaran. Rompi­ mos monte con el cuerpo. Era prime­ ra vez que se le encomendaba transportar carga sin ir acompañado de su cuidador. que bordeando Cotzal por el norte llegaba a un punto periférico de Chajul. Amaneciendo llegamos a un punto donde el com­ batiente detuvo la marcha. Descargamos al mulo y nos despedimos de nuestro acompañante. pero la más escabrosa. Nosotros nos apartamos del camino penetrando en un bosque denso. Los protegimos cuidadosamente con plásticos. y acarreamos hacia lugar seguro los bultos. Así que después de batallar infructuosamente con él y estando todavía próximos a la casa.

Ese primer día de campamento me bañé y cambié ropa. También me dio a conocer los criterios de organi­ zación de la colectividad y el horario de actividades. Y ese mismo día. Dos de ellos habían recibido su bautismo de fuego participando en el ajusticiamiento de Luis Arenas —El Tigre de Ixcán —. de Alejo Carpentier y Cien años de Soledad. Sólo entonces se nos ofreció bebida caliente y se me indicó donde colocar mis cosas. Más tarde convocaron a una reunión en la que se me presentó al grupo. terrateniente feroz y explotador de ixiles. veteranos del destacamento había dos o tres. luego de tres días sin poder hacerlo. salvo el caso de una compañera también proveniente de la ciudad. Al segundo día me incorporaron a la rutina militar y doméstica. comencé la labor de alfabetización. funciones o sexo. no sabían leer ni escribir. de García Márquez. el responsable del día me explicó la situación operativa y las medidas de seguridad que debíamos ob­ servar. Los demás se encontraban en rumbos y tareas distintas.recoger lo que acabábamos de esconder. antigüedad. no faltaba quien aprovechara la ocasión para tirarle piedras a los pájaros. por orientación del responsable. No teníamos entonces 103 . Sólo la enfermedad que botaba al suelo era razón de exonera­ ción. Pero algunos todavía portaban honda y. nuevos reclutas. tareas en las que participábamos todos sin distingo de edad. a excepción de uno. La mayoría de los presentes eran. Entre estos estaban el Recurso del Método. eran jóvenes ixiles. Enseguida. Los novatos. Provenían de las capas campesinas más pobres. como yo. cada quien saludamos y dimos nuestro nombre clandestino. cuando les correspondía su turno de guardia. La mayoría hablaba poco castellano y. en lugar de ejercer la vigilancia del caso. Acomodé mis pertenencias donde me indicaron y entregué algunos en­ cargos.

pero no conocía de la existencia de tales monos. aunque propios del bosque tropical húmedo donde me encontra­ ba. los confunde fácilmente con luz de linterna. viendo luces por aquí y por allá o escuchando ruidos extraños. Aprovechando el desconocimiento que 104 . pero no escuchaba sino sonidos de la naturaleza. Es la prác­ tica la que lleva a saberlo. Observando cuidadosa­ mente el sector que me habían indicado comencé a verlos a lo lejos.cuadernos ni materiales de lectura. En esos primeros días. Sabía que no había jaguares en esas cumbres. como muchísimas cosas más. Y el conocimiento de las luciérnagas no basta para explicarse este fenómeno luminoso tan potente y grande. no se lo explican a una. Sólo la experiencia lleva a distin­ guir un rugido del otro. Entonces razonaba en el sentido de que ningún soldado o desconocido avanzaría a esas horas de la noche con luz hacia nosotros. también me desconcertó el rugido del mono aullador. Así pasé la hora de turno. estando de guardia diurna. coleópteros que emiten luz intensa en la oscuridad. de restos de periódicos. Me sentí feliz cuando llegó el relevo. Era época de cocuyos. Y mientras lo averigüé no dejé de sentir escozor esa primera vez. Pero confunde porque su sonido parece el de un enorme felino. lista para disparar. Quien no sabe de su existencia o no los ha observado en circunstancias de vida silvestre. atenta y silenciosa en mi puesto. Su poderosa voz —después lo supe — se escucha a kilómetros de distancia. algunos dirigiéndose hacia donde me encontraba. Afi­ naba mis oídos para detectar si algún ruido acompañaba la luz. dando la impresión de estar muy próxima a quien la oye. así que echamos mano de cualquier papel: de cajetillas de cigarros. Pero esto. Entre la vegetación aparecían y desaparecían. Pero no dejaba de tener miedo y mantenía el arma sin seguro. Así que la primera noche que hice guardia no tenía idea sobre ellos. de etiquetas de latas.

huellas y ruidos propios de la vegetación y los animales. sin lastimar las armas. acomodar hamaca y toldo recurriendo a la ingeniosidad y la habilidad de apoyarse en una naturaleza que debíamos dañar lo menos posible. En ese agrupamiento comenzó mi aprendizaje de sobrevivencia en la montaña. Quizás fue la privación que resentí más entonces. La razón caía por su peso. los veteranos no perdían oportunidad para jugar bromas a los nuevos. Reía mucho y no pocas veces me llamaron la atención. al cielo azul y al firmamento. al abandonar el lugar. moler maíz seco. las lluvias torrenciales o el ruidoso caudal de un río que nos permitieron reír y cantar a todo pulmón. incluidos los jóvenes campesinos. ocote ni combustible alguno. edificar construcciones rústicas. aque­ llas carcajadas espontáneas que nacen libres y felices del corazón. no faltaron las tormentas eléctricas. quienes no se habían adentrado en la montaña más allá de sus milperíos. De manera que. Aprender a orientarse en el terreno. y la primera que me reveló en toda su dureza la realidad de la lucha en las montañas. afilar machete. De la realidad allende las copas de 105 . del arte guerrillero y de la vida colectiva del destacamento. Entre otras cosas apren­ der a juntar fuego con leña siempre húmeda sin papel. nuestra huella fuera imperceptible o posible de borrar. Desde el momento que conocí a la guerrilla me per­ caté de que debíamos renunciar también al sol. Pero lo que más se me dificultó fue reprimir la risa. una vez disciplinada esa mani­ festación de alegría. sin permitir que la carga se trabe en el montarral.sobre la naturaleza teníamos. sin caer. Y es que esa expresión humana podía delatar nuestra presencia y ocasionar problemas de seguridad. a distinguir diversidad de mo­ vimientos. pero la rebelde costumbre del espíritu le jugaba la vuelta una y otra vez. Sin embargo. a desplazarse silenciosamente. de aquéllos producidos por los seres humanos.

Gané puntos ante la juvenil y observadora concurrencia.. ladina y capitalina para ellos—. los truenos y los diluvios. "Hazañas" como ésta no se podían descartar en un colec­ tivo tan heterogéneo y joven. No dudé en aceptarlo y lo engullí tranquila haciéndome a la idea de que se trataba de pollo. pero no el arcoiris ni las estrellas. Pero no ante los veteranos. y asados a las brasas se los comían. quienes reprobaban por exa­ gerado. Fue allí donde por primera vez comí ratón de montaña. cazar y comer ratones.los árboles nos llegaban los relámpagos. Así complementaban su nueva dieta de harina de maíz que sustentaba bastante menos que las tortillas. Abundaban en el lugar y varios de los jóvenes reclutas los cazaban. Uno de ellos. De ahí que la ocasional filtración de un rayo de sol fuera motivo de júbi­ lo colectivo y de organización de turnos para usufructuar su calor y su luz. especialmente cuando una provenía del sector acomodado y opresor de la sociedad. 106 . solícito pero también midiéndome —al fin y al cabo era mujer. me ofreció uno que acababa de asar. Tenía entonces 28 años y permanecería tres más en el destacamento guerrillero sin salidas ni descanso alguno. Una mañana de octubre de 1975 comenzaron para mí nuevos caminos de lucha social y aprendizaje sobre la vida y mi país. decían.

cuya condición física no permitió desplazarnos más lejos de las áreas trajinadas por mimbreros. fuer­ tes dolores de cabeza y extrema debilidad. Emprendimos la marcha. Pronto iniciaríamos una etapa de entrenamiento y reorganización del destacamento y nos correspondía crear condiciones para recibir a los compañeros que ascenderían a la sierra provenientes de la selva del Ixcán. Nos habíamos estacionado en un sitio poco seguro porque entre nosotros iba un compañero enfermo. así como en la construcción de un tapexco grande para almacenar provisiones. Mientras tanto. nos movíamos en una zona de silencio. Nos detuvimos algún tiempo en una hondonada. Era fundador del desta­ camento y miembro de la Dirección Nacional. para luego alcanzamos a paso rápido. Allí continué alfabeti­ zando y participé por primera vez en un operativo de se­ guridad llamado descubierta. continuamos la marcha. mientras la retaguardia se quedó borrando las huellas de nuestra estancia. Muchos años después supimos que se trató de una bruce107 . cuando reunió fuerzas. Unos días después. tuve tiempo para habituarme a la vida del destaca­ mento. Ahora llevaba varios días con temperatura de 40°.EN LOS MONTES DE JUIL A partir de mi llegada a la montaña contamos con cuatro meses de relativa tranquilidad. precisamente mientras dirigía el operativo contra el terrateniente más odiado y temido de la región. Pues comenzando febrero el ejército desencadenó una ofensiva en la sierra. penumbra y humedad. Apenas cuatro meses antes había estado postrado con pulmonía. Así estuvo varias semanas sin que supiéramos qué mal le aquejaba. Aunque a pocas horas de lugares densamente poblados. El frío y la niebla eran permanentes en ese bosque centenario.

pero debía mantenerme alerta porque igualmente podrían no ser ellos quienes aparecieran. yo cubría la guardia sobre el área de acceso de cualquiera que siguiera nuestro trillo. Estaba sabida de lo que de­ bía hacer a partir de detectar la aproximación de cualquier persona. desde la posición de observación se divisaba. las numerosas personas que súbita y velozmente pasaron sobre el tronco desaparecieron entre la maleza y no se aproximaron a mi posición. Pero en aquel entonces todo lo que pudimos hacer fue bajarle la fiebre a ratos con alcohol y antipiréticos. un palo largo tendido sobre un río encallejonado. cuando lo teníamos. Me habían instruido sobre la probabilidad de su arribo en el curso de mi turno. a lo lejos. Allí esperamos la llegada de quienes en las planicies selváticas habían realizado operaciones. se reservaba para los enfermos y convalecientes. Era un paso obligado para todo aquel que en nuestra dirección quisiera cruzar tal obstáculo. Estos compañeros permanecerían en sus escondites trabajando con la población organizada. No podíamos introducirla en grandes cantidades porque su preservación no se lograba en nuestras condiciones ambientales. Varios eran fundadores del destacamento y la mayoría eran indígenas provenientes de la misma re­ gión. Al momento de la llegada del contingente de la selva. Debía observarlo atentamente y esperar a que quien lo atrave­ sara se aproximara al área de vigilancia para pedir seña y proceder en consecuencia. Sin embargo. Tampoco percibí movimiento alguno ni escuché ruido de vegetación agitada por su avance en todo mi 108 . y darle de beber un pocilio de incaparina diariamente. Los últimos días de octubre nos instalamos en un tercer lugar. Ubicada en alto. Este alimento.losis. Sólo estarían ausentes los cuadros organizadores. A su arribo nos reuniríamos los alzados en armas en las mon­ tañas del noroeste.

Había orden estricta de no abandonar la guardia por ningún motivo. por su propia seguridad. pero las señales previstas para comunicarme con el cam­ pamento no correspondían a tal circunstancia. Luego bromeó que si de mí dependía la seguridad an­ daríamos mal. En los días próximos a la Navidad me llegó carta del padre de mi hijo. uno de ellos me dijo con sorna que gracias por avisar. pasado el tiempo prudencial durante el cual debieron acercarse. prefirieron evadir la entrada lógica para penetrar al campamento por el lado contrario. Me respondió que. me entró duda sobre qué hacer. y después de dos días de descanso para los recién llegados. Al estar narrando lo sucedido me percaté que desde un costado me observaban dos desconocidos barbados con sendos pocilios de bebida humeante en las manos. pero que eran ellos quienes se aproximaron. Una vez terminé. no tenía certeza de ello. No me hizo gracia y seria le pregunté por qué no ascendieron por el frente. Me contaba en detalle sobre él. tranquili­ zándome al respecto. Luego del feliz reencuentro de unos y la presenta­ ción de otros. nos desplazamos a otra parte.sector de observación. Y si bien la velocidad del paso y tas enormes cargas a mecapal me hicieron suponer que se trataba de los compañeros. me participaba el nuevo rumbo que había tomado su corazón y me enviaba un poemario cuya dedicatoria decía: "Para la guerrillera de corazón proletario/' Me alegraron la carta y el libro porque signi­ ficaban que la etapa conflictiva de nuestra ruptura había 109 . De ahí que. Así que corrí ladera arriba para reportar el hecho a la dirección. En el nuevo punto permanecimos tres meses en intensa actividad y con algunos sobresaltos por señales de peligro. Y agregó que era medida precautoria por aquello de que fuera el ejército y no nosotros quienes los estuviéramos esperando.

Y tanto entre los alzados en armas como entre la población orga­ nizada había de todas las filiaciones políticas y religiosas. Era una compañera muy vital y animosa. Quienes proveníamos de las ciudades y de las capas medias no llegábamos al diez por ciento. o participa en diversos credos religiosos. Nos habían precedido dos compañeras de origen urbano. ve­ teranas de las guerrillas anteriores. artesanos. En cuanto a las festividades de fin de año. y la otra. No faltaba quien expresara serio y convencido frases como ésta: "Soy del MLN. sabíamos que ni una ni otra filiación afectaba la prioridad y secretividad de su relación con nosotros. Casi todos los integrantes del destacamento eran trabajadores pobres —campesinos desposeídos o minifundistas. bebimos leche en la cena. del oriente y de múltiples lugares de las sierras y selvas del noroeste. inclu­ yendo a los fundadores que todavía se encontraban en la montaña. Desde miembros del MLN hasta viejos simpatizantes del régimen arbencista y de las guerrillas de los sesenta. Pero una permaneció sólo seis meses y estaba de vuelta en la ciudad. y trabajando constantemente a su lado. sólo permanecería un par de meses más en el frente. Ella cayó en un operativo de inteligencia contrainsurgente en la ca­ pital a finales de 1981 o comienzos de 1982. Co­ nociendo los procedimientos y las circunstancias en que la población trabajadora se afilia a los partidos electoreros.sido superada. pero mi vanguardia es el EGP". con ascendencia negra. Y las mujeres éramos cinco: dos campesinas y tres provenientes de las capas medias de la capital. indios y ladinos provenientes de la costa sur. quien por entonces estaba de organizadora en Cotzal. Al igual que 110 . pequeños comerciantes y obreros agrícolas—. lo único que las distinguió de los demás días fue que en lugar de café o atol. cuyo seudónimo de entonces era Sandra. Pocos habían asistido a la escuela primaria y todos se iniciaron en el trabajo desde la infancia.

El trabajo político abarcaba or­ ganización interna. propaganda y relaciones internacionales. El trabajo militar incluía organización de unidades militares permanentes y de fuerzas irregulares locales. En el periodo de mayor 111 . se impulsaron entrenamientos y se implemento un intenso abastecimiento y almacenamiento de recursos. Habían quedado atrás los tiempos en que quince revo­ lucionarios eran todo su caudal. la orga­ nización desplegaba trabajo organizativo en tres planos es­ tratégicos: la montaña. el llano y la ciudad. Varios días dedicó la dirección de la montaña a la estructuración del crecido destacamento. según llegué a saber más tarde. al mismo tiempo que nos organizábamos internamente. Tenía entonces un hijo y una hija. Y preveíamos como reacción a ellas operativos contra nosotros.muchos otros casos. El plano estratégico de la montaña estaba entonces formado por un solo frente — del norte y centro del Quiché —. Entonces se crearon organismos nuevos. se reglamentó la vida cotidiana en sus múltiples aspectos. Había movimiento y actividad febril porque. el integrado por zonas de bases populares organizadas en la selva y en la tierra fría. conceptos que significaban regiones de desarrollo político y militar. Las estructuras recién establecidas iniciaron de inmediato su trabajo y a partir de la práctica se fueron afinando sus funciones. que se había multiplicado varias veces en el curso del último año. nos preparábamos para emprender acciones en áreas densamente pobladas de la zona ixil. organización de la población. está desaparecida sin que sepamos si fue muerta o permanece en alguna de las cárceles clan­ destinas. adiestramiento de ambas y operativos diversos. Y habían pasado cuatro años desde su fundación. Finalmente. Para entonces. desplegábamos actividades relativas a la logística y a las comunicaciones. educa­ ción básica y formación política.

a pesar de los dolores y las molestias que padecían. la experiencia había demostrado que tales dolencias provenían de sentarse continuamente en lugares húmedos y de aproximarse demasiado al fuego. no podíamos disponer de ropa gruesa ni nu­ merosa. una chumpa y un poncho livianos. Todo lo que cada uno poseíamos para protegernos era un suéter. Luego de fracasar varias veces para persuadirlos. Lo primero se cumplía sin problemas. Pero de la lumbre no había manera que se alejaran varios compañeros. Pero al poco tiempo varios de ellos comenzaron a tener dolores reumáticos y moretones en las piernas. sabiendo que los tales no eran ciertos. Por eso el frío inducía a algunos. a buscar la proximidad del fuego cada vez que tuvieran oportunidad. aunque fuera por unos segundos. En reunión colectiva y guardando la seriedad del caso les explicamos que el 112 . Estábamos ubicados por encima de los 2. Vivíamos con la ropa generalmente húmeda. en los meses más fríos del año cuando también llueve. Así que quienes integrábamos los equipos de Educación y Servicios Médicos —todas mujeres— decidimos darles argumentos a su medida. De ahí que fuera obligatorio el uso de pequeños plásticos para colocarlos donde nos sentáramos. Pues por las constantes movilizaciones. especialmente a los originarios de tierras cálidas.500 m SNM. En nuestras circunstancias. Y las recomendaciones de Servicios Médicos no eran atendidas por los afectados. Y a más de alguno se le había derretido la punta de las botas y se había que­ mado un dedo del pie por acercarse excesivamente a las llamas. nos percatamos que los reticentes eran jóvenes con rasgos machistas acentuados. llevando siempre nuestras pertenencias a cuestas. y se había orientado mantenerse a distancia del fogón.desarrollo —1978-1981 — la organización llegó a tener en actividad cinco frentes y dos zonas guerrilleras. todos portábamos a mano un pedazo de nailon donde sentarnos.

Santo reme­ dio. caídas de agua cristalina y helechos exuberantes. provocaba esterilidad e impotencia sexual. Todos siguieron cumpliendo la orientación. ni mermó la autoridad de nuestros equipos de trabajo. a la distancia en que ellos se colocaban.calor del fuego. Sin embargo. La dirección conocía el problema de salud y el reitera­ do fracaso en convencer a quienes lo padecían. Sólo el seguimiento de un acimut determinado nos llevaría al punto deseado. pero el uso del costal se instituyó por largo tiempo. por aparte —aunque sin dejar de reírse por el éxito rotundo y por lo divertido de las esce­ nas y los comentarios de la colectividad al respecto — nos llamó la atención por recurrir a argumentos que no eran verdad. todos los aludidos —y también otros que no estaban implicados — no sólo dejaron de aproximarse al fuego. sino que para cocinar se colocaron sobre el pantalón un grueso costal de fibra de henequén. pero bello: tenía tramos p l tó r ic os de e begonias blancas y rosadas. Nuestra picara y eficaz ocurrencia le causó gracia y no nos desdijo de inmediato. La ruta que emprendimos no se basaba en trazo alguno. aquel trayecto era difícil como pocos. entonces debíamos tener el cuidado de no resbalar ni desprender piedras que pudieran golpear a quienes ascendían debajo 113 . orquídeas. pasar sobre palos resbalosos. Efectivamente. sin embargo. La aclaración. no predispuso a los afectados. ni era conocida para la mayoría de nosotros. arrastrarse. Desplazarse por ella significaba descolgarse. Y al colectivo se le explicó lo correspondiente. Es más. pues un grupo fue enviado a un día de camino para recibir abastos. Debido a los obstáculos que presentaba fue bautizada Ruta de Mambises por sus exploradores. En ciertos lugares escalamos verticalmente en tierra suelta y pedregosa sin donde asirse. "No vaya a ser" decían precavidos los compañeros. Por ese tiempo participé en mi primera misión de abastecimiento.

Por toda carga llevábamos poncho. la respiración era agitada y nuestros rostros estaban encendidos por el esfuerzo. y protegernos de la tempestad que se desencadenó esa noche y que cesó varios días después. Pero donde quiera que escarbábamos brotaba agua como la que corría en la superficie. toldo y plástico para tendemos en el suelo por la noche. Ibamos em­ papados de sudor y humedad. Después de varias horas de avance ininterrumpido hicimos un alto. Algunos compañeros fueron destacados para explorar el lugar donde nos dejarían las vituallas y otros los relevarían en la guardia. el desplazamiento no era menos duro por eso. Estábamos hambrientos. haciéndonos temblar. Además la leña estaba saturada de humedad y los más hábiles para encender fuego fracasaban una y otra vez. El resto nos arremolinábamos en la cocina. De manera que pudiéramos transportar recursos al máximo de nuestra capacidad. caminábamos en terreno siempre quebrado. pero de buen ánimo. también maíz para alimentarnos. Hasta la media noche logramos comer e irnos a dormir. cuan­ do menos. Culminando la tarde llegamos al punto de espera y de inmediato nos dedicamos a recoger leña. 114 . Nos orientaron hacer un agujero en el suelo y juntar fuego dentro de él. Sin embargo. techar la cocina. construir una champa común para dormir. El esfuerzo era tal que escuchábamos nuestros latidos. cansados y con frío.de uno. sintiendo que el aire nos faltaba y que el corazón estaba a punto de estallar. Sudábamos abundantemente. También avanzamos por laderas tortuosas. Pero bastó un momento de inmovilidad para que el sudor se nos helara sobre la piel. De tal suerte que preferimos reanudar la marcha. Pues no hacían contacto con la población sino uno o dos de nosotros. al retirarnos bastaría con enterrarlo para quitar su rastro. único lugar cubierto donde podíamos permanecer de pie.

oficinas y salones de clase. cuando solicité la incorporación al destacamento. lo hice en la quebrada que corría en nues­ tro asentamiento. Desde años atrás. No sólo no aspiraba a asumir responsabilidades. el mando envió a un combatiente en dirección inversa a la que debían recorrer los compañeros. de cultivar el sentido de orientación. Este mensajero indagaría sobre las causas del atraso y las perspectivas de la transportación de ios recursos.El siguiente día fue de espera infructuosa. Tampoco lo hicieron a la reserva prevista vein­ ticuatro horas después. sino que deseaba no tener ninguna más allá de las correspondientes al combatiente de base. abundante práctica sobre el terreno. convencida de que el tiempo de ellos había pasado para mí y que no tendrían nada qué ver con mi actividad en la montaña. de aprender a desplazarse con sigilo. Pues era la única manera de conocerlo y recorrerlo con independencia y agilidad. Pensaba así 115 . reuniones prolongadas. Aspiraba a participar en la base y ello me parecía un reto suficiente. Es decir. En la ciudad y en México me había despedido con alegría de papeles. pues al­ gún contratiempo impidió a nuestros compañeros llegar a la cita. Dada mi procedencia urbana esta capacitación requería. adiestrarme militar y operativamente de acuerdo a los requerimientos que exigía el arte guerrillero en la montaña. aspiraba a formarme como combatiente. libros. Para entonces la niebla y la oscuridad cerraban la visibilidad y el frío calaba los huesos. Arribamos al campamento anocheciendo. A otros dos nos envió de vuelta al campamento para informar del retraso que la tarea experimentaba. máquina de escribir. Entonces. Enlodada y empapada de pies a cabeza. de desa­ rrollar todos los sentidos para detectar a tiempo al ejército o a extraños. entre otras cosas. y de la decisión suya de permanecer en el punto el tiempo que fuera necesario. y luego de varios días sin bañarme.

mi condición de alfabeta. alfabetizando y apoyando a mis compañeros en la ejercitación de la lectura y la escritura. hombres o mujeres. Para comenzar. Sin embargo. fueran indios o ladinos. Por otro lado. estos propósitos personales chocaron de entrada con la realidad social de las montañas y las necesidades de la organización allí. Las cuales de todas maneras me fueron dadas muy pronto. No idea­ lizaba mi nuevo medio de trabajo al respecto y no quería funciones que complicaran mi proceso de adiestramiento e integración. desarrollábamos y explicábamos vinculando 116 . así como de mis límites políticos y militares. y respondiendo a las necesidades que surgían. Tenía claro lo que en él significaba proceder de capas medias. mis características físicas no me permitían la movilidad que a la luz del día por caminos.porque estaba consciente de mi calidad de novata en el frente. que los mismos compañeros deman­ daban y que nosotras considerábamos procedentes según cada caso. la dirección elaboraba materiales de formación que nosotras reproducíamos a máquina. Al mes ya compartía con otra compañera la responsabilidad de la formación política e ideológica de los miembros del destacamento y de los cuadros organizadores surgidos de la población. Paralelamente a este trabajo. campesino. maestra. Comencé castellanizando. veredas y poblados podían tener mis compañeros oriundos del campo sin hacerse notar. a la cual informaban y consultaban. tuviera o no funciones asignadas. Por otra parte. quería ganar a partir de la práctica y el esfuer­ zo propio mi lugar en ese medio guerrillero. Pero con nosotras estudiaban temas que la dirección orientaba. organizadora espontánea y militante con cierto nivel político me coloca­ ba en una situación de obligada responsabilidad. ser mujer y capitalina. indígena y masculino. Estos últimos llegaban periódicamente al destacamento para reunirse con la dirección.

entre otras. Los primeros materiales que se escribieron trataban los temas de quiénes éramos. que éramos luchadores por una causa justa pero que seríamos vencidos por ser pobres y pocos. Entre los primeros. Esta última era la modalidad de acción que pensábamos desplegar ampliamente. qué era y cómo debíamos impulsar la autodefensa de la población y qué era la propaganda armada. 117 . Decía. que éramos ladrones. Fue un vano afán por descalificarnos porque todas sus variantes eran torpes y denotaban desprecio por la inteligencia y el sentido común de la población. cómo caracterizábamos a nuestro país. cómo debíamos organizamos y qué prin­ cipios debían regirnos. que éramos extranjeros que invadíamos el país y traíamos ideas ajenas a los intereses de los guatemaltecos. por ejemplo. propagó ideas tendentes a desprestigiarnos. que las esposas e hijas de cada quien fueran de todos los hombres. arrancar a los niños del seno familiar para educarlos en contra de los padres. cuyas inten­ ciones eran. por qué y para qué luchábamos.su contenido a la realidad concreta donde trabajaban nuestros compañeros. O comunistas dirigidos y financiados desde el exterior. El ejército. que éramos fuertes y altos. que teníamos capacidad para convertirnos en troncos. cuáles eran nuestros criterios de reclutamiento. Eran en su mayoría producto de la imaginación de la misma gente o fruto de la desinformación del ejército. en una primera fase de actividad pública en las zonas densamente pobladas. que éramos gente honrada que no hacía daño a los trabajadores y que castigaba a los poderosos. por su parte. delincuentes. y que ingería­ mos pastillas que quitaban el hambre. En aquellos años ya circulaban entre la población comentarios sobre nuestra presencia. se decía que éramos perseguidos por la ley. por ejem­ plo. prófugos que nos resistíamos a ser sometidos por la autoridad de los ricos. animales o plantas para no ser descubiertos. asesinos.

Al mes de incorporarme a la guerrilla. Estaba especialmente interesada en sistematizar los conocimientos militares guerrilleros y antiguerrilleros acumulados por los veteranos. Por otro lado. para que los mandos y los cuadros organizadores dispusieran de un manual básico que facilitara y mejorara el aprendizaje de todos. sino que cuando todos se retiraban a dormir —y mientras me duraron las energías de reserva—. ejercicios. En la sierra. simulacros de planes de emergencia. sino que también cumplía con mis obligaciones colectivas de subsistencia. acabar con la religión. Sentada en el suelo. ponía muestras. exploraciones. En la selva esa forma de lucha se había desplegado con éxito. Pues entonces todavía regía el empirismo. su ropa y sus herramientas de trabajo. que en el terreno militar iba observando y aprendiendo. el ajusticiamiento del Tigre de Ixcán. entre otras. la improvisación y la casuística en el adiestramiento. todavía trabajaba un par de horas alumbrándome con candela. con su mitin explicatorio en idioma ixil. corregía ejercicios. y al respecto se contaba con experiencia. participaba en las actividades militares rutinarias como eran los entrenamientos. 118 . reproducía materiales a máquina —único recurso de impresión a nuestro alcance y que sólo dos o tres sabíamos usar con destreza y calidad ortográfica — también consignaba lo . quitar a los pobres su casa. no sólo me encontraba absorbida en actividades de educación básica y formación política. De manera que no sólo tenía el día ocupado desde el amanecer hasta entrada la noche. Con la p ro p ag an d a arm ad a p reten d íam o s presentamos a la población y decirle directamente quiénes éramos y por qué luchábamos con las armas en la mano.obligar a todos a vestirse igual y comer lo mismo. usando la mochila por respaldo y mis piernas por mesa. era su principal antecedente. guardias diurnas y nocturnas.

al ver que mi techo se había desbaratado. Molesto me respondió que cómo podía creer que él bota­ ría tal árbol sin estar seguro de que no me caería encima. pautas de convivencia que rompían con los patrones prevalecientes en nuestra sociedad. no alcancé a reaccionar. Como escuchaba el ruido muy cerca salí a indagar. Asimismo con relación a la contraposición 119 . Atenida a su experiencia campesina. Ante el ensordecedor crujido. Uno incluso agregó: "Ni siquiera dejó de escribir a máquina". algunos hicieron comentarios sobre mi supuesto valor y sangre fría. entonces le pregunté al talador si no era prudente que me pusiera a buen resguardo y retirara mi toldo y mochila del lugar. La impresión que tuve fue de que el árbol me alcanzaría al caer. al tiempo que la ramazón extrema caía encima de mí. desde el inicio.Cierta mañana mientras trabajaba oí que machetea­ ban un árbol ladera arriba de donde me encontraba. Sin embargo. opté por reacomodarme entre las ramas y continuar mi trabajo. Pasado un rato el árbol se cimbró y. Un compañero del mando había solicitado permiso para tumbar un gigantes­ co encino y proveernos de buena leña. La rapidez del hecho y el estupor que me produjo lo imposibilitaron. súbitamente. pertenen­ cia étnica o sexo. Pasado el susto general y viendo que yo estaba bien. volví bajo mi toldo y con la máquina sobre las piernas continué escribiendo. En el destacamento de ese entonces se conformaron. Mientras tanto. en lo referente a la división del trabajo según procedencia clasista. y vieron cómo el árbol alcanzaba mi puesto. Sin embargo. pues la caída natural era en dirección a mi lugar. pero que yo no había sufrido daño alguno. cayó con toda la fuerza de su peso. Pero yo estaba asustadísima y pensando en lo absurdo de morir en un accidente así. los compañeros que metros abajo estaban en la cocina salieron de ella alarmados por el retumbo. mantuve la inquietud sobre el alcance de la frondosa copa.

Como también en lo relativo a la sobrevivencia en la sierra y en la selva con un mínimo de recursos. En general. en un proceso contradictorio de logros 120 . En cambio. maritales y familiares. y a la incursión en actividades tradicionalmente masculinas en nuestro medio.entre trabajo intelectual y trabajo manual. el mito de la virginidad. Por lo tanto. entre otros. esta situación nos ofrecía una perspectiva de vida y de trabajo radicalmente nueva. Pero esta lucha en nuestra organización apenas comenzaba a someterse a la prueba de la práctica. En la dirección había claridad e interés por impulsar cambios en estos aspectos. la doble moral. la opresión de la mujer. A las mujeres nos planteaba el reto de desarrollar funciones. como son la caza y la pesca. allí no había segunda jornada de trabajo para noso­ tras. y también en lo concerniente a las condiciones de vida de quienes dirigen o cumplen funciones de responsabilidad a determinado nivel y los miembros de la base. formamos y participar en todas las actividades propias del oficio revolucionario en la montaña. ni relego a nuestras funciones tradicionales. social y laboral donde nos habíamos desenvuelto hasta el momento de integramos al destacamento. lo militar. Y ello en el marco de una organiza­ ción revolucionaria en la que algunos de sus dirigentes y militantes cuestionábamos valores como el machismo. derechos y obligaciones que los hombres para adiestramos. estábamos libres de com­ promisos y presiones de tales medios. lo agrícola y lo organizativo. Las mujeres. habilidades y conocimientos nuevos en los campos de la política. de por sí absorbentes y cotidianas. Y todos nos encontrá­ bamos fuera del marco familiar. éramos pocos los que teníamos pareja e hijos. y entre las mujeres yo era la única con descendencia. el tabú sexual. por ejemplo. Es decir. con el hecho de incorporamos al destacamento nos liberábamos de las tareas domésticas. Desde el punto de vista de género disponíamos del mismo tiempo.

Las mujeres teníamos el derecho de reclamar nuevos valores y comportamientos. De nuestro esfuer­ zo. Así como acompañar­ se de una fuerza política y militar dirigente que tampoco nosotros habíamos alcanzado en aquel entonces. superarse culturalmente y cambiar numerosas costumbres e ideas que heredamos de la sociedad actual y que son trabas para nuestro proceso emancipador. transformación y lucha nuestra dependía en buena medida que ese proceso avanzara. Pero de la conciencia. irreversibles las convicciones y la cultura revolucionaria deben surgir sobre un sustrato de cultura universal. subestimábamos entonces la profundidad de los efectos de la opresión. Pero también dependía del proceso de transformación de los hombres dentro de la organización. quienes eran mayoría. Había que asumir los riesgos y las contradicciones de la naciente gesta revolucionaria. Sin embargo. 121 . No comprendíamos —y hacerlo habría significado el desánimo o la parálisis probablemente — que para ser . Entre ellos estudiar. sino también una responsabilidad que entraña deberes. disciplina y sacrificios.parciales y reversibles. y el carácter autoritario y represivo del régimen no daban base para procesos lentos y evolutivos. Pero la situación de apremio material y espiritual en ese sector social. capacidad de aprendizaje y desempeño se derivarían las responsabilidades que nos asignaran. y so­ bre una experiencia colectiva de lucha que las masas con las que trabajábamos no tenían aún. Un elemento básico de nuestra labor formativa era hacer ver que la lucha por una vida digna no es sólo un de­ recho y una necesidad. de la miseria y del aislamiento de la región.

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En esta ocasión el campamento estaba localizado en rumbo diferente. Por temporadas éstas se sucedían unas a otras.MUJERES DE OBSIDIANA Como parte de la labor formativa entre la población simpatizante.000 m SNM y rodeados de población. Participé por primera vez en estos eventos algunos meses después del cursillo sobre alfabetización. Imposible lavar ropa o bañarse. Sin embargo. la presencia de tropas. hojas y recipientes que durante la noche eran depositarios de este líquido vital. bajo toldos plásticos. El agua sólo se presentaba en forma de llovizna. escarcha y rocío. se llegaba a tierras cultivadas y viviendas campesinas. en una cumbre. pajonales y bosques de pinabetes de nostálgico aroma conformaban el paisaje. Por cualquier lado que se descendiera. Noche a noche nos dormíamos escuchando los lúgubres y lastimeros aullidos de los coyotes que mero­ deaban el campamento. y colocar comales con brasas al rojo vivo junto a los pies. la organización realizaba diversas activi­ dades. Y muy cerca de nuestra posición se localizaban varias cabeceras muni­ cipales. luego de horas de caminata. autoridades o 123 . Era noviembre y aunque el sol alumbraba varias horas. A campamentos específicos llegaban los más decididos y discretos para construir la organización y difundir las ideas revolucionarias en sus localidades. en 1974. Estábamos a una altura aproximada de 3. debiéndose acopiar de musgos. Por eso los movimientos del grupo se hacían con sigilo. el frío calaba nuestros huesos día y noche. Llanos. Con paciencia colectiva lográbamos reunir diariamente la cantidad indispensable para preparar la comida y la bebida. Para conciliar el sueño era necesario acomodarse unos junto a otros.

la mayoría eran indígenas. Habíamos cuatro mujeres: dos ladinas de capa media urbana. a quien diariamente había que frotarle el cuerpo con alcohol y colocarle mucho fuego cerca para evitar que se helara. Casi todos vestían su única mudada. sal o pinol para el sustento de la colectividad.extraños en los alrededores la conoceríamos con el tiempo suficiente para tomar las medidas del caso. una campesina ladina y una campe­ sina indígena. No estaba dispuesto a perder la primera oportunidad que la vida le brindaba para comprender el por qué de su miseria y cómo hacer para romper las cadenas que por generaciones los sujetaban. quisimos persuadirlo de volver a su casa. A uno de ellos. Esta pareja era entonces una excepción. quien se quedó al frente del hogar para que ella abriera el sendero que años después recorrerían centenares de mujeres de la región. La población organizada velaba por nuestra seguridad. Para llegar al campamento se había quitado por primera vez su traje y se había puesto pantalones y botas. Esta compañera era madre de dos niños y esposa de un dirigente local. la mayoría eran descalzos o se habían calzado por primera vez con botas de hule 124 . Y nunca faltó quien nos preguntara por qué habíamos llegado hasta entonces. Miembros del destacamento había cuatro o cinco. única manera de poder alimentar a tanto participante. pues temíamos que muriera de frío. Y entre los presentes había varios ancianos. Imposible. raída y remendada múltiples veces. cuyo entusiasmo y esperanza los hacía soportar las penalidades de las condi­ ciones en que trabajábamos. Participantes éramos alrededor de setenta. padre y abuelo. Todos llegaban con un modesto aporte de maíz. También hubo casos en que participaron conjuntamente hijo. Invariablemente lamentaban no tener la energía de la juventud para luchar por su dignidad y emancipación social.

tenés razón. No los había para la militancia. mucho menos para la población que se organizaba en 125 . Y afirmaban que la guerra es cosa de hombres. Las primeras las impartíamos diversos compañe­ ros. Y les contábamos que algunas teníamos marido e hijos. Se trataba de un indígena veterano de los sesenta. que eran débiles y no aguantaban a caminar entre la montaña. Las charlas y el entrenamiento se daban en castella­ no e ixil. entrenado en guerrilla y contraguerrilla. Pero alguno replicaba: "Sí. En la organización existía el planteamiento de que las mujeres debíamos participar en la sociedad y en la lucha revolucionaria en términos de equidad con el hombre. Insistíamos con el ejemplo de las compañeras campesinas. En ese tiempo. era originario de Baja Verapaz. Sin embargo. el entrenamiento lo dirigió uno solo. Les preguntábamos cómo se explicaban que estuviéramos varias mujeres allí. pero aquí es otra cosa". que el primero nos apoyaba en las tareas del hogar para poder asistir. Pero no había manera. Fue uno de los compañeros clave para levantar el trabajo en la región ixil. También decían que la mujer es chismosa y no guarda el secreto. Las ideas y las costumbres de siglos pesaban como su pobreza.para asistir al cursillo. Como todos los indígenas fundadores del destacamento. la organización no tenía materiales de formación política. ni soportarían el frío de las cumbres. pero vos sos ladina y estás estudiada. Cuando les preguntábamos por qué no participaban más mujeres. Eso es aparte. quienes se estaban alfabetizando con la organización. nos respondían que ellas no podían porque estaban criando a sus hijos. que debían cuidar la casa y los animalitos que poseían. en aquellos años de trabajo inicial era difícil persuadir a las primeras bases populares sobre ello. Se protegían del frío con sacos y suéteres tan viejos y agujereados como sus trajes.

que para lograrlo era necesario que las mujeres hablaran por sí mismas lo que pensaban de su situación. Me sentí incómoda 126 . y con quién y cuándo casarnos. Todos estaban serios. También les decíamos que era necesario que las mujeres se alfabetizaran y participaran en las charlas y cursillos. se produjeron en la montaña. Fue la que me asignaron.función de la guerra de guerrillas. que teníamos corazón e inteligencia como ellos. Les hacíamos ver cómo el trato que numerosos hombres daban a las mujeres no era ni digno ni justo y que la costumbre de maltratarnos y despreciarnos debía abandonarse. Cuando comenzamos teníamos ideas generales y básicas sobre diversos temas. sino que teníamos derecho a decidir nuestras vidas. pasaba el tiempo y nadie pedía la palabra. invitábamos a los participantes a co­ mentar lo expuesto. incluyendo los aportes de niñas y ancianas. en cada localidad. que las mujeres constituíamos la mitad de la población y era necesario que participáramos también en la lucha de los pobres. que era necesario comenzar los cambios en cada casa. Pero al concluir esta exposición se hizo un silencio prolongado. pero también las había nebulosas y encontradas. les decíamos que las mujeres valía­ mos igual que los hombres porque ambos éramos huma­ nos y trabajadores. En ese cursillo una de las charlas se refería a la opresión y emancipación de la mujer. Y les enumerábamos las múltiples tareas y fun­ ciones que podíamos desempeñar. Entre otras cosas. a partir del año siguiente. que no éramos mercancía para que nos vendieran y compraran. Finalmente. que para triunfar necesitába­ mos apoyarnos y superarnos unos y otras. y que ellas decidieran cómo participar de acuerdo a su conciencia y a su situación particular. Esos primeros cursi­ llos y largas conversaciones con la población fueron el punto de partida para elaborar la serie de materiales que.

Así que sólo los 127 . les damos filazos y las herimos. Su intervención me quedó grabada como marca de hierro candente. De ahora en adelante. ya no les vamos a pegar a nuestras mujeres con machete. pues no era fácil que estos compañeros hablaran ante quienes no fuésemos de su comunidad. Con su intervención tendría una referencia objetiva para evaluar el resultado inicial de nuestra exposición. sólo les vamos a pegar con varejón de guayaba". mi felicidad duró un suspiro. regaño. Vi el cielo abierto.pero permanecí callada y expectante. presión. pues serio y tranquilo prosiguió: "De ahora en adelante. Este compa­ ñero comenzó diciendo: "La compañera tiene razón". pues los plantea­ mientos se habían entendido y un dirigente me daba la razón. era dirigente de los presentes. en vez de darles planazos. ni indígenas. Si no teníamos tacto. podían retirarnos su confianza. Era el primer encuentro de varios de nosotros con la población receptiva al mensaje revolucionario y deseosa de participar bajo la conducción de la organi­ zación. Estábamos conscientes de la explotación y de la opresión que todos ellos sufrían. porque a veces bolos. Sin embargo. Y también las primeras que reivindicábamos nuestro derecho a la rebelión contra toda forma de opresión y explotación. luego enumeró con sorprendente fidelidad las razones que habíamos dado para fundamentar la igualdad y la participación de la mujer. Y esto era clave para determinar la actitud de los demás. cuando nos enojemos con ellas. lo cual los hacía sensi­ bles a todo proceder que pudiera parecerles insistencia. Un compañero pidió la palabra y se puso de pie. Menos aún si sus interlocutores éramos muje­ res hablando sobre su opresión contra nosotras. Además éramos las primeras mujeres que en esa vasta región iniciábamos. Me sentía feliz. Nadie más pidió intervenir y la charla terminó. la lucha por nuestra equiparación. pues. de palabra y de acción.

in clu so trágico. ¿E s q u e d eb ía m o s co n fo rm arn o s con q u e la reiv in d ica ció n fem en in a in icial en esta reg ión fuera q u e "s ó lo le p eg u en a u na con v arejó n de g u ay ab a"? N ecesitáb am o s h ablar d irectam en te con las m u jeres. que con esos exp lotad os y op rim id os de nuestro país ten íam os q u e im p u lsa r la rev o lu ció n o no h abría rev o lu ció n . p u es si lo forzáb am os a h acer lo q u e tod av ía no co m p re n d ía . que se g u ra m en te. Por otra p arte. E sp e cia lm en te lo había h ech o so bre la ex p erien cia v iet­ n am ita. co b rar con cien cia so b re su p ap el de op reso res y ca m b ia r su m en talid ad . Y n os d áb am o s cu en ta cu án d ifícil era para los com p añ eros. in clu so con añ os de m ilitan cia.exh orté a seg u ir p en san d o so bre el tem a. el a v an ce sería ap aren te y se d erru m b aría m ás tem p ran o que tard e. q u e era d ram ático . Y m ás aún. d esa n im a d a m e d irig í a in fo r­ m ar a uno d e los resp o n sa b les so bre la activ id ad recién con clu id a. Sin extra ñ a rse m e d ijo q u e d esg raciad am en te ése era el p u n to de p artid a de n u estro trabajo . d o n d e el p artid o d irig en te lo g ró co n stitu ir un v erd a d ero ejé rcito p olítico in teg ra d o p or m u jeres. en u no u otro m om en to. pues sabíam os q u e ni h om b res ni m ujeres en trá b a m o s tra n sfo rm a d o s a la lu ch a rev o lu cio n aria. p ero q u e era la realid ad . N o p o d íam o s pedirle qu e co m en z a ra de m ás ad elan te. D e una u otra m anera. pero ¿cóm o y d ón d e pod íam os hacerlo si no llegaban a nuestros ca m p a m en to s y tod av ía no h abía co n d icio n es p ara que n o so tra s v isitá ra m o s sus casas? P ara en to n ces h abía leíd o algo so b re la o p resió n de la m u jer y su p a rticip a ció n en las lu ch a s de liberación. algu n as m ilitan tes d e en ton ces m an ten íam os la g u ard ia en alto. m ás de a lg u n o se g u iría p en sa n d o en el a su n to y que. cam b ia r su s p rá ctica s al resp ecto. co m o h ab ía su ced id o en o tro s asp ecto s. que nuestro pu eblo estaba su m id o en el atraso que p ro d u cen la exp lotación y la o p resió n de siglos. 128 . P ero p or dentro estab a d esco n so lad a . S in em b a rg o . aflo raba la su b estim ació n hacia n o so tra s.

criaba animales domésticos. vivía con su tercer marido y acababan de adoptar a una niñita. político y organizativo entre nuestras bases.poco a poco. pues no sólo debíamos luchar contra un adversario poderoso. sembraba 129 . Luego de encontrarnos varias veces. nunca estaba sin oficio. Era la menor de nueve hermanos huérfanos de padre des­ de su tierna edad. había diferencias y particularidades entre ellas. Lo escuché en silencio y me retiré pensando en cuán difícil y lento sería el proceso de transformación social al que estábamos abocados. Cuando la conocimos era abuela. era una kanjobal de cin­ cuenta años. eran lentos y contradictorios. por ejemplo. En los recorridos que tiempo después realizamos. viuda. conocí a mujeres de muy diversa experiencia. forma de verse a sí mismas y actitud ante la vida. La mamá de Malín era extraor­ dinariamente laboriosa y emprendedora. El marido les había dejado tierras y la casa de madera y tejamanil donde vivían. La madre. El entusiasmo y el deseo de derrocar al régimen nos hacían aprender los conocimientos operativos propios del combatiente en tiempo récord. Aunque todas eran campesinas. Fabricaba ollas de barro. así como la formación de la conciencia revolucionaria. sin recursos y perseguidos. mecapales y lazos de chech —una especie de maguey cuya fibra ella misma procesaba —. confeccionaba redes. Y esto requería desplegar un titánico trabajo cultural. Pero el vital aprendi­ zaje de las complejidades de la política y de la realidad guatemalteca. sino contra prácticas inhumanas y erradas en el seno del pueblo. decidió permanecer sola y dedicarse a sacar adelante a los hijos. accedió a narrarme su vida. Estas propiedades estaban a cuatro horas a pie de San Mateo Ixtatán. liaba cigarros. irían reaccionando positivamente. ganando corazones y mentes para la revolución social. gracias al conjunto de nuestro trabajo. tejía parte de la ropa familiar. Malín.

A ño co n año b otaron m o n tañ a. a d iferen cia de las otras m u ch a ch a s de los alred ed o res. lav ab an su 130 . el h acha. los p erros so los p asto reab an el h ato. Y a partir de ella lo graron u na rep ro d u cció n san a y ab u n d an te. H acían d e tres a cin co v iajes segu id o s ca rg a d o s con ella. llev an d o una tin aja carg ad a a m ecap al. p rep a raro n la tierra. Fue así que M alín y sus h erm an as. v olv er a la casa a lred ed o r de las on ce de la m añ an a p ara d esay u n ar y en el tray ecto co rtar leña. sem b raron . al trabajo agrícola. C ad a h erm an o h acía tres v iajes al m ed io día y tres al a tard ecer.00 cad a uno. C om en zaron com p ran d o una pareja cu an d o estos an i­ m ales co stab an Q 5. cuy o estiércol u tilizab an com o ab o ­ no. P ero en n in gú n m o m en to los exon eró del trabajo. a p ren d iero n ag ricu ltu ra y lleg aron a m an ejar con d estreza el m ach ete. h o m b res y m u jeres. La ru tin a de M alín y su s h erm a n o s fue lev an tarse de m ad ru g ad a a realizar las lab o res ag rícolas. lo co n d u cían al cam p o por las m añ an as y lo reg resa b a n al corral cu a n d o atardecía. de siete a d oce del día. Só lo el acarreo del agua les co n su m ía a lred ed o r d e tres h oras diarias. no h abía p elig ro de q u e las ov ejas d añ aran siem b ras ajen as.una h o rtaliza y co cin a b a los a lim en to s p ara su n u m erosa prole. D esd e que el esp oso m u rió orientó a tod os los hijos. U na v ez p or sem an a. T am b ién acarreab an agu a d esd e un pozo retirad o. h asta reu n ir de d iez a q u in ce tercio s d iarios. Por lo g en eral. en ese ir y venir por terren o quebrad o. el azad ón . La fam ilia tam b ién tenía un reb añ o con cien to cin cu en ta ov ejas que pastaba en sus tierras. La m ad re les p eg aba cad a v ez qu e ro m p ían una vasija. d esh ierb aro n y co sech aro n . el g arab ato y la p ied ra de afilar. P or tem p o rad as la m ad re con tra ta b a m o z o s p o rq u e los h ijos n o se daban abasto. C om o las tierras eran p ro p ias y ex ten sas. Al rep ri­ m irlos les d ecía: "P a ra que n o se a costu m b ren a q u e b ra r". P u es la m ad re con su m ía el co m b u stib le de pino p ara la com id a fa m ilia r y p ara la fa b rica ció n de trastes de barro.

A ella le pareció buena la idea. la madre y la hermana mayor caminaban todos los miér­ coles al mercado de San Mateo y permanecían allí hasta el medio día del jueves. Dijo enfática que si la hubiesen enviado a estudiar no se queda en esas montañas: "Busco mi vida lejos. Todos iban cargados porque llevaban a vender verduras. así que a los quince años se huyó con un hombre que le doblaba la edad. nunca asistió a la escuela porque su madre decía que era más importante trabajar. redes.ropa en el río más próximo y allí se bañaban. en la costa sur. manojos de fibra de chech. Afirmó que para ella fue triste sólo trabajar. Con él se fue a vivir a Suchitepéquez. mecapales. realizando labores agrícolas en una 131 . Ganaban entre 25 y 30 centavos diarios. pues así dejaba de trabajar y un hombre la mantenía. El regreso lo emprendían a la una de la tarde para arribar a su casa entre las cuatro y las cinco. donde fueron mozos colonos durante doce años. En ambos casos salían entre cinco y seis de la mañana. Y los domingos toda la familia iba al pueblo. el centro educativo quedaba retirado y el camino hacia él era con­ siderado peligroso para las jóvenes. para llegar a la plaza a las diez u once. Malín me confió que. también lazos. De ahí que los consejos de una vecina surtieran efecto en los oídos de Malín. al igual que sus her­ manos. fósforos. cigarros y lana. ollas. Desde pequeña quería aprender castilla y alfabetizarse. Por su parte. Pero además. Del mercado regresaban con panela. la cual compraban a los solomeros. aunque siempre comieron bien y variado. trabajaron sin descanso toda su niñez y adolescencia. Vendían en pequeña escala y no siempre llevaban de todo. sal. Esa mujer le recomendó que se casara. huevos. me voy a conocer otras partes y otras gentes". aunque vivieron en una casa buena y tuvieron tierras en abundancia. carne de res y parte de su ropa. Y que. no asistir a la escuela y únicamente hablar su idioma.

bebía mucho y era "mujelero". Pero a los cinco años de vivir juntos. el padre de la niña se la robó al poco tiempo y no la volvieron a ver. Con el segundo esposo vivió en Momonlac. Allí tuvieron cuatro hijos. Como la mayoría de los rancheros vecinos eran quichés. Con sus dos hijos y un atado de ropa tomó una camioneta que hacía la ruta a Huehuetenango. También llegó a expresarse en castellano y a relacionarse por igual con trabajadores indios y ladinos.finca. el cual le gustaba mucho. sin embargo. para la fiesta de Santa Cruz Barillas. La comadrona que la atendió cobraba Q30. Aunque la pretendieron 132 . Malín se lo reclamó y le exigió que se decidiera por una de las dos. cuando ella tenía 27 años. municipio vecino a San Mateo de donde era originario su marido. Malín se cansó de esa vida porque el esposo le pegaba.00 por atender el alumbramiento y cuidar al niño y a la parturienta durante veinte días. Así que un buen día. quien seguía viviendo donde mismo. Enton­ ces a ella le dieron muchos deseos de matarlo y para no cometer ese delito decidió abandonarlo. El hombre se fue. Buscó a su madre. Malín aprendió bastante de ese idioma. pero la visitó periódicamente para ver a sus hijos y llevarle el dinero de su manutención. Acompañada de sus hijos volvió a la casa materna. el marido se hizo de amante. Una vez al año Malín viajaba a su tierra de origen. al norte de San Mateo. pero ella se negó. Pero pasados cinco meses se volvió a huir con otro hombre. Entonces la madre le quitó a la hija mayor. de los cuales sobrevivie­ ron dos. Esta vez se quedó con la madre tres años. Esta vez con un viudo que le llevaba quince años y tenía tres hijos. donde él tenía sus tierras. pero él persistió en la doble relación. El marido la buscó varias veces para pedirle que regresara. Sin embargo. sin decirle nada lo abandonó. Malín tuvo dos hijos más. le daban buen trato y todo lo necesario para los gastos familiares.

Pero este pretendiente persistió con gran paciencia. Cierto día su actual esposo. Era un hombre lúcido. El compañero de Malín era hijo de un principal y. Así que mejor siguió sola. quien era viudo y tenía un hijo. Y si eso sucedía Malín no dudaría en matarlo. Malín era excepcional dentro de su comunidad. Y algo insólito dentro de la costumbre indígena: la pidió nueve veces —generalmente se desiste a la tercera— a pesar de las reiteradas negativas. emprendedor. Pero como estaba dedicado al servicio de la comunidad. a su vez. discreto. no bebía y se llevaba bien con todos los hijos. dirigente comunal nato. no sabían trabajar el campo y eran dependientes del esposo. Finalmente lo aceptó. promotor de salud y depositario de tradiciones y conocimientos ancestrales de su grupo étnico. Malín estaba muy contenta porque era una experiencia distinta a las anteriores: el esposo era fiel. donde todas las mujeres eran monolingües. sencillamente se fue con su hombre. lo cual no le reportaba ingresos y sí le absorbía su tiempo. De joven lograba hacer tres cuerdas —de 20x20— diarias con azadón. a quienes atendía y res­ petaba por igual. Además decía: "Tengo manos para trabajar y las manos de la mujer pueden tanto como las del hombre". Malín volvió a trabajar la tierra al lado de sus hijos. la fue a pedir acompañado de su padre. ni casarse de catorce o quince años como ella lo 133 . Con este ma­ rido llevaba catorce años de casada cuando la conocimos.otros hombres no quiso casarse de nuevo. cuando la conocimos hacía una y media con machete y coa. En ninguno de sus matrimonios se realizaron las costumbres de su etnia. Cuando la conocí pensaba que no era conveniente huirse con un hombre. porque pen­ saba: "Sólo cacho más hijos. Ella se negó porque tenía hijas adolescentes y temía que él "se enchamarrara" con ellas. saber si los que me buscan mataron a su mujer".

necesitaban instruirse y aprender a trabajar para ganar su propio dinero. Xib sólo se identificaba con los indígenas de su comunidad y de las aldeas vecinas. Decía que una mujer debía saber valerse por sí misma. Pase lo que pase. Consideraba que las mujeres. sirven a la comunidad sin ganar dinero. No tenía conciencia de pertenecer a un grupo étnico deter­ minado. porque se puede morir o. pues seguía predominando la costumbre de hacerlo a esa edad. agregó. Entonces llevaba hierbas y algunos huevos para vender y regresaba con candelas y sal. Era. Decían que seguramente tenían mañas o eran putas. Otra mujer cuya vida me impresionó fue la abuela Xib. Como muchos campesinos pobres. ni conocía el nombre del mismo. Tampoco sabía que había otros grupos y que todos pertenecían a un país llamado Guatemala. Malín lamentaba que sus hijas se hubieran casado de quince y dieciséis años.hizo. Las visitas al pueblo siempre fueron en compañía del padre y luego del esposo. desoyendo sus consejos. Y la gente hablaba mal de las mujeres que no se unían jovencitas a un hombre. aun­ que durante la juventud frecuentó el mercado municipal. pero no supo explicar por qué. se podía ir sin temor de que los hijos pasaran hambre. a diferencia de Malín. como su marido. afirmaba. de manera que si el hombre le pegaba o la dejaba por otra. 134 . Xib no sabía la fecha de su nacimiento. También me contó que a la mens­ truación se le llama "alegramiento" en su idioma. Hasta si sale bueno el hombre hay que saber trabajar. una mujer ixil de más de setenta años y viuda desde tiempo atrás. y toda su vida transcurrió en los límites de la aldea. además de saber el ofi­ cio doméstico. Y varias veces repitió que lo que una gana con sus manos no se lo quita nadie. la mujer que habla castilla y sabe trabajar sale adelante. a veces también con panela.

Primero fueron casos aislados. A su lado siguió haciendo los mismos oficios que hacía en la casa paterna y procreó numerosos hijos. lavar trastos y ropa. eran sus hijas y nietas. a su vez acompañadas de algún hombre de la familia. Pero a todas las motivó el respeto que la guerrilla les expresó. por lo que pasaba su vida en la casa. Y a partir de la edad. desgranar maíz. luego se fueron multiplicando. Xib "pasó a ser mujer" con un hombre al cual conoció cuando la entregaron a él. No tuvo más matrimonio que ése. que fueran parte y tuvieran 135 . Su niñez y su adolescencia transcurrieron como las de la mayoría de mujeres campesinas de la comarca: cuidar hermanos menores.Cuando conocimos a Xib. la virginidad y la laboriosidad de la muchacha. cuidando animales domésticos. El precio se estableció basándose en los gastos que la manutención de Xib había ocasionado. acarrear agua. Mujeres campesinas tan diferentes entre sí como Malín y Xib se sumaron al esfuerzo revolucionario en las montañas del noroeste. alimentando el fogón. aun­ que éstas siguieron siendo en buena medida las propias de su condición de mujer campesina. Por escuela tuvo la casa y por actividad única los oficios domésticos. Allí se ocupaba recogiendo leña. Ado­ lescente la casaron con el hombre que pagó a su padre la suma que éste consideraba que valía su hija. Por aquel entonces era lo que podíamos lograr. tejer y recolectar hierbas silvestres. Movidas por resortes internos muy diversos. aportaron lo que pudieron al esfuerzo colectivo. Ellas encontraron en la lucha revolucionaria y en la organización una perspectiva que le dio sentido a sus vidas y a sus tareas cotidianas. Hacía varios años que ya no podía recorrer esa distancia. quienes recorrían los quebrados senderos que de la aldea serpenteaban hacia el pueblo. la confianza que depositamos en ellas y el respaldo que dimos a sus inquietudes y reclamo de dignidad y superación.

no puedo irme a otro lado. llamó la atención a los agresores e incluso los sancionó cuando eran miembros de la organización de base. porque ellos no veían con respeto ni seriedad a las mujeres divorcia­ das o viudas. Sin la castilla no puedo buscar trabajo. porque acentuaba la violencia de los hombres. para valerse por sí mismas cuando salen de su zona. ¿cómo los voy a mantener? ¿quién me va a dar trabajo con hijos si ni castilla sé? Ni de sirvienta puedo trabajar". Y razonaban que ante esa problemática necesitaban estar en capacidad de irse para otra parte. para entender el uso de los remedios. de cuyo desarrollo dependía que las siguientes generaciones de mujeres conquistaran nuevas y superiores demandas. decían: "Si el marido es bolo y me pega no lo puedo dejar porque no hablo castilla. de todas.un lugar en la lucha. La castellanización y el aprendizaje de la lectura y la escritura fue. Tiempo después empezó a surgir entre las mujeres más conscientes la reivindicación de que hombres y mujeres fuéramos valorados y juzgados social y moral­ mente a partir de una misma escala de valores. la lucha contra el maltrato de los hombres y contra el alcoholismo. En muchos casos fue nuestra organización la que primero intercedió en favor de estas demandas. las mujeres fueron expresando lo que pensaban y querían para ellas. Poco a poco y por propia voz. Sólo buscaban aprovecharse de ellas. Y la lucha contra el alcoholismo estaba relacionada con la anterior reivindicación. Ellas nos explicaron que "la castilla" sirve para encontrar trabajo. Y agregaban que si se separaban del marido. Las tres demandas que primero levantaron fueron la alfabetiza­ ción. También pidieron leyes que prohibieran el maltrato de los hombres hacia ellas y que se castigara a aquellos que no las respetaran. los demás hombres de la aldea ya no las tratarían honradamente. la primera. Lo mismo 136 . Los hijos me quedan a mí. Por ejemplo.

Malín y Xib formaron parte de esos grupos en sus respectivas zonas. Los responsables locales seleccionaban un sitio adecuado don­ de ellas recibían charlas y adiestramiento.hizo en relación con el alcoholismo y con los matrimonios forzados cuando la mujer afectada pedía apoyo. Entonces las mujeres también debieron prepararse para defender la familia. pues el ejército aumentó las acciones represivas contra el campesinado de las regiones donde operábamos. A finales de la década del setenta se hizo necesario que la población organizada elevara la calidad de la auto­ defensa. el transporte de heridos y la construc­ ción de refugios y escondites. ni los primeros auxilios. Ninguna de ellas participaba en el adiestramiento. que muchos no alcanzaríamos a vivir la emancipación. Los ni­ ños las acompañaban. tendían y rodaban. en una oportunidad la abuela Xib lloró amargamente. Pero 137 . llegaban hasta el secreto lugar. la vivienda y la economía doméstica. viudas y divorciadas. La causa de su llanto era que lamentaba ya no ser joven. el entrenamiento y las tareas de defensa se incorporaron a la cotidianidad de más y más mujeres. Las mujeres con sus trajes multicolores se arrastraban. quisiera combatir contra el ejército de los ricos. ¿Por qué no vinieron hace años? Un hombre o una mujer que nos trajera estas ideas de libertad. Ella dijo: "Soy vieja y no sirvo para nada. mientras los hombres realizaban la vigilancia periférica del lugar. Poco a poco. Sin embargo. este ejemplo de lucha". pero sí en las charlas y en la observación de la preparación de las demás mujeres. Ella sabía que el esfuerzo sería prolongado. solteras y casadas. pero mi cuerpo está cansado. Asistían jóvenes y viejas. La alegría y el esfuerzo eran características de estas actividades. No faltaba la defensa personal con machetes. palos y piedras. Haciendo esfuerzos que sólo se explican por la fuerza moral y la esperanza de un futuro mejor para ellas y su gente.

le era más duro carecer de la energía cuando por más de setenta años había vivido en la pobreza extrema y some­ tida sin esperanza alguna. 138 .

Las mujeres usaban sus trajes. maestros o profesionales.LENGUAS. SANGRES. especialmente las disfrazadas de paternalismo. recibíamos desde un moderado llamado de atención hasta una reprimenda enérgica. Pero hasta que viví 139 . Había tenido trato personal con ellos a lo largo de mi vida. Igual comportamiento debíamos observar con todo trabajador subalterno. algunos amigos quichés y cakchiqueles que eran artesanos. recolección de basura. respe­ tarlos y obedecerlos. Además no estaban en contradicción con la mentalidad que los veía como personas menos inteligentes o necesitadas de protección y conducción. Los trabajos que realizaban eran los más duros y peor remunerados. Y si se retiraban volvían periódicamente de visita. estos criterios educativos eran la excepción y no la regla en mi medio social. pero en circunstancias en que ellos laboraban para mi familia o para personas allegadas. y en todo caso conllevaban la enmienda de la falta o la solicitud de disculpa a la persona ofendida. Según faltáramos a ese proceder. trabajando para la misma familia. En el seno de mi familia se nos enseñó a saludarlos. ya fuera en casa propia o ajena. ORÍGENES Desde niña conocí la discriminación al indígena. como oficios domésticos. Sin embargo. Dilataban años. pero pocos hombres lo hacían. Antes de incorporarme a la guerrilla había tenido poca relación en términos de igualdad o amistad con compatriotas indígenas: clientes de mi papá. y de ahí que estuviera familiarizada con algunas de sus manifesta­ ciones. cargadores. a quienes él invitaba a nuestra mesa cuando llegaban a verlo a la capital. La mayoría de familiares y amigas tenían más de algún empleado o empleada indígena. a veces la vida entera.

En todos los casos que vi. Sin embargo. todos eran y se comportaban como discriminados de una u otra manera.en el altiplano me fue evidente que. a pesar de la estra­ tificación económica del sector indígena. me daba vergüenza que eso sucediera en mi país. población ladina en general e in­ dios ladinizados ejercían una opresión cotidiana. grosera e insultante. que no se dejaran. Y no es que en esa región la discriminación fuera mayor que en otras partes del país. Y más debíamos esforzarnos por tener tacto y paciencia quienes contábamos con mayor cultura política y procedíamos de capas y sectores de clase si no 140 . Hasta que me integré al destacamento en las montañas del noroeste tuve oportunidad de convivir y trabajar en términos equitativos con ellos. Y es que autoridades. ayudarnos y transformarnos no era fá­ cil para ninguno. la cual consideraban normal e inmutable. Comprendernos. Pero nunca vi un caso de éstos. Y fue en el contexto revolucionario donde los vi comportarse de una manera activa ante la opresión. en el seno del destacamento experimentábamos el choque clasista y las barreras culturales. sino que en mi experiencia particular fue allí donde la capté con toda su crudeza. que se levantaran contra quien los denigraba. contra ellos. me sentía humilla­ da en su persona. Pero yo deseaba que se defendieran. quién sabe qué hablaban entre ellos. Quién sabe qué sentía y pensaba. donde me hirió sistemáticamente el alma. La sangre me hervía de indignación. el agredido soportó silencioso y sumiso el abuso a su más elemental dignidad humana y ciudadana. De manera que requeríamos de esfuerzos colectivos e individuales para superarlos. Durante mi estancia no pocas veces intervine cuando un indígena era despreciado o maltratado en mi presencia. Y al mismo tiempo me invadía la angustia y la impotencia al contemplar la tolerancia ilimitada de la víctima y la indiferencia de los demás testigos.

además. Pues eran también rasgos destacados la generosidad. la subestimación de la mujer. Sin embar­ go. la laboriosidad. la paciencia y la entusiasta entrega a la lucha revolucionaria. Estos rasgos. el machismo. sí privilegiados y tradicionalmente opre­ sores. Rasgos. Entre los principales rasgos de nuestros compañeros estaban el pensamiento mágico. el ejemplo de estos compañeros nos enseñó mucho sobre el potencial humano y social que encierra el pueblo trabajador. la modestia. la hostilidad defensiva del indio hacia el ladino.explotadores. bas­ tante comunes en personas provenientes de la pequeña burguesía. Entre los combatientes de origen campesino era raro el afán de figuración o las pretensiones personales de poder. en cambio. fueron una re­ ferencia para nuestro propio esfuerzo de superación. el empirismo. Y que puestos al servicio de la lucha revolucionaria y de una sociedad de nuevo tipo representan una garantía de la capacidad popular para salir adelante en la construcción del futuro propio y del país. el valor. llevaban a flor de piel la sensibilidad y la desconfianza clasista y étnica. y que tanto daño producen en el medio revolucionario. la generosidad y la modestia fueron las que más me conmovieron e hicieron reflexionar. la visión localista. Nuestra colectividad también estaba penetrada por el atraso político y el analfabetismo propios de la región. constatábamos los cambios positivos que se registra­ ban y valorábamos el proceder de nuestros compañeros en otros aspectos. Pues quienes por generaciones recibieron órdenes de patrones y autoridades hostiles. especialmente la intelectual. a la vez que sufrieron de ellos múltiples atropellos. Procediendo de un medio social donde las cuali­ dades enunciadas no predominan. la voluntad de superación. De todos ellos. Con el tiempo fuimos percibiendo diferencias entre los miembros del destacamento procedentes del 141 .

De ahí q u e fu eran m ás su scep tib les en el trato con q u ien es lo éram os. L es costaba tratarn o s de igu al a igu al. u n m alestar. Y m ás allá de su localid ad n o ten ían id entid ad étnica con el gru p o al qu e p erten ecían . Y por lo m ism o p oseían m ás criterio para cap tar y exp licar las ideas de la revolución. ráp id am en te se exp resab an con soltu ra y se relacion ab an de igual a igual con los d em ás. u n d esacu erd o. su com u n id ad . Pero con ocían p oco de su cu ltu ra. d ecir lad ino era lo 142 . P or ejem p lo. pero sí la dem and aban y aprobaban. C asi todos eran solteros y su n ostalg ia por la fam ilia era poca u ocasion al. A l m ism o tiem po ten ían m ás interiorizada la cultura propia y los valores que ella postula. Pero para el indígena au to co n su m idor. co m p re n d ía n fá cilm en te la d iferen cia en tre ser rico y ser lad ino. Sin em bargo. o que realizaba todas sus activi­ dad es en las m on tañ as del n oroeste. los jó v en es nos voseaban o tu teab an sin rep aro algu n o a los pocos días de co n ocern os. p lan tearn os clara y d irectam en te u n a crítica. los in d ígen as de m ayor ed ad h ab ían ten id o n u m erosas exp erien cias lab orales y sociales con lad inos. o h abían com erciad o m ás allá de su zona de orig en . C asi siem p re tenían un p rofu n d o sentim iento religioso y reservas para ejercer la violen cia en com bate. con ocien d o m ejor sus p ro blem as co m u n ales y a su gente. Es decir. la vida. m uch o m en os con otros g ru p os étnicos. para o rgan izar y persuadir sobre la n ecesid ad d e luchar. h acerles ver que d eb ían aband onar su com portam ien to discrim inador. G en eralm en te no tenían arraigo religioso alguno o lo aband onaban espontáneam ente. y atisbos de la d iferen ciación clasista para p ercibir q u e tam bién había in d ios ricos. fu eran ad u ltos o jóv en es. si h abían lab orad o a salariad am en te en las p lan tacio n es de la costa sur. Sab ían que n u m erosos lad in o s eran trabajad o res y pobres com o ellos m ism os. qu e p or lo tanto d ebían u n irse en tre sí en la lucha em an cip ad o ra y.cam p esin ad o pobre. ten ían co n cien cia de lo que era la exp lotación . en ese m arco. A diferencia de ellos.

Nomás que se me ponga un chajuleño enfrente y le doy". los cotzaleños le tenían ojeriza a los de Chajul por viejos pro­ blemas de posesión de tierras y se burlaban de la forma en que los de Nebaj hablaban su mismo idioma. Al principio ninguno se asumía como chuj. luego de realizar su ejercicio durante una práctica de tiro. Más costó todavía cultivar la conciencia de pertenencia a un país concreto y de sus derechos ciu­ dadanos. Numerosos compañeros ixiles. quiché. sino como mateano. Y esta visión la generalizaban a todo el país/ siéndoles complicado. se guardaban lealtad mutua por encima de los demás compañeros y or­ ganismos superiores. También percibimos que los compañeros indígenas provenientes de una misma localidad —no así los ladinos—. todosantero. He aquí un incidente ilustrativo del grado de fragmentación de la identidad étnica y clasista que encontramos cuando iniciamos el trabajo. mam. por ejemplo. según fuera el nombre de su pueblo de origen. zacualpeño. Y mientras esto se lograba debíamos estar al pendiente de roces y actitudes negativas dentro de la colectividad. deslindar la calidad de explotador de la de discriminador. Por ejemplo. retuvo el arma y giró sobre sus talones sin dejar de apuntar. más aún. algunos que provenían de la costa sur o de cabeceras municipales. Y sólo cuando su conciencia política 143 . Un compañero cotzaleño. cuando no imposible. a nivel del conjunto de grupos étnicos indígenas y del pueblo trabajador. discriminaban a quienes eran oriundos de aldeas y parajes.mismo que decir explotador y discriminador. Sólo gracias a un intenso trabajo político fue factible transformar la conciencia étnica localista en conciencia de todo el grupo cultural al que pertenecían y. Buscó un objetivo imaginario y sonriendo dijo: "Ora sí. Los nebajeños se consideraban superiores a los de Cotzal y Chajul. desconocían el término de ixil para designar al grupo étnico al que pertenecen.

"puede que sí. más que por coincidir. eran parcos y modestos al expresarse. ambivalencia o no tomaban la iniciativa para proponer algo. "tal vez". aun cuando hubieran tenido una actuación valiente o destacada. cuando no tenían suficiente confianza. que dieran su punto de vista con más seguridad. O repetían lo que un responsable decía. Al inicio. No afirmaban ni negaban nada categórica ni claramente. Con frecuencia no se trataba de una forma correcta y otra incorrecta. mucho menos con el cuerpo. los campesinos evitaban ver a los ojos. Pero dado el trasfondo social de las vivencias de cada quien. adornaban los acontecimientos. Tampoco gesticulaban con el rostro ni con las manos. ese comportamiento cambiaba a favor de la lealtad a la organización en primer lugar. estas formas de hablar tenían efectos condicionados clasis­ ta y culturalmente. Lo hacían incluso en asuntos en que eran ellos los únicos que podían opinar o que tenían más elementos para de­ cidir. numerosos compañeros ladinos dramatizaban cuando informaban o se expresaban verbalmente. por ejemplo. eran repetitivos o exageraban los hechos para resaltar peligros. A ellos había que pedirles que fueran concisos. Permanecían quietos y tranquilos mientras hablaban o discutían. dificultades y desempeños propios. y entre aquellos que procedíamos de la ciudad y del campo.se desarrollaba. haciéndolo al suelo 144 . No resaltaban su individualidad. objetivos y calmados. Había asimismo una enorme diferencia en el modo de hablar entre indígenas y ladinos. "saber". Y sus manifestaciones afloraban entre nosotros. que se manifestaran si estaban en desacuerdo con algo. temiendo contrariar o equivocarse. Decían. Los compañeros indígenas hablaban suave y quedo. Todas tenían rasgos positivos y deseables de generalizar y otros que debíamos desechar o sencillamente comprender. A ellos había que pedirles que fueran más amplios para informar. En cam­ bio. puede que no". más bien dejaban sentir duda.

rotativamente. ágiles. Pero según se fuera indígena o ladino. a pesar de que hacíamos esfuerzos constantes por hablar clara y sencillamente. Y. reconocerles su lugar y méritos. se tendía a una sola de las dimensiones. seguras. sin pena de herir o enojar. exigíamos que las voces de mando fueran enérgicas. se nos colaban vocablos y construcciones gramaticales incomprensibles o difíciles de entender para nuestros compañeros. les costaba obedecer a mandos más jóvenes. Sin embargo. lo que más nos afectaba eran el machismo y el patriarcado campesino que manifestaba la mayoría de compañeros. reiterarles por qué debían dar tales voces con fuerza. Pues aprender a mandar era tan importante como aprender a obedecer. los indígenas adultos no lo hacían así por arraigo en valores de su cultura.o hacia un punto distante. sin pedir favor. Había que estimularlos. Además. en general. indígenas o femeninos. al hacer esfuerzos por modificar mi modo de hablar no dejaba de resentir la autorrepresión que ello significaba a mi espontaneidad y particular manera de ser. Pero en el destacamento hasta eso era necesario modificar en aras de la cohesión y comuni­ cación del grupo. Unos y otros debíamos hacer esfuerzos de distinto tipo y tener éxito no era fácil. En entrenamientos y en numerosas actividades. Personalmente. Pero todos los la­ dinos teníamos identidad como guatemaltecos. de responsables y de base. En teoría era posible comprender esos rasgos dadas las características de nuestra sociedad. incluyendo fundadores. Quienes procedíamos de la ciu­ dad generalmente hablábamos con energía o enfatizando una u otra idea. unos y otros hacíamos de mandos y de combatientes. 145 . Por otra parte. rápido. hombre o mujer. Las cuales en otros contextos sociales no requerían de cambios. buscando los ojos del interlocutor. A no pocos compañeros ladinos. Como mujeres.

A ju icio suyo. El p ro blem a rea lm en te era que n o so tra s n os rela cio n á ­ bam o s con tod os con in iciativ a y d esen v oltu ra. P ero resu ltab a q u e en su m u n d o ca m p esin o n in g u n a m u jer. sino p orqu e los asu m íam o s co m p a ñ ero s d e trabajo. Es m ás. M ien tras otros m ás eran de lu g ares 146 . incluso a v arios a la vez. el recon o cim ien to del fen ó m en o y los cam bios de m en talid ad iban a la zaga de la n ueva práctica. Y si bien la d irecció n de la m on tañ a p ro m o vía n uestra p articipación y d esarrollo. En la relación en tre h o m b res y m u jeres ocu rriero n p ro b lem as co m o éste.Pero en la práctica cotid iana no era fácil tenerles paciencia. qu e n uestras certezas recién ad q u irid as y que n u estros com u n es id eales por una socied ad nueva. v arios com p añ ero s p roced en tes de la selva co n sid era ro n q u e d os co m p a ñ era s cita d in a s ten íam o s u n p roced er in correcto y d escarad o hacia ellos. ten ía m o s co m p a ñ ero s q u e en sus co m u n id a d es ejercía n la p o lig a m ia . A u nqu e estos p roblem as solían abor­ d arse en colectivo. u nos p ro ced ía n de co m u n id a ­ des d on d e la p o lig am ia era acep ta d a . Las co stu m b res del p en sam ien to sed im en tad as por añ os y gen eracion es m ostrab an ser m ás tenaces que n u estras ejecu ciones. in clu so m otiv o de p restig io so cial. Para q u e la situ ación se aclarara y n u estras relacion es tom aran su ju sto n iv el. les in sin uábam os relaciones am orosas. m en os recién con ocid a. entre los que había algu nos v eteran os. A los p oco s días de reu n ificad o el d estacam en to. se les p id ió a tales co m b atien tes qu e ex p u sieran las razon es q u e los llev ab an a p en sar así. d iscretos. en treg a d o s a la lu cha. E ran h o m b res resp etad o s por su gente. n os su bestim ab an y recelaban de n u estro d esem peño. estos com p añ eros. En el d esta ca m en to . O tro s eran o rig in ario s de zon as d on d e a las m u jeres se les v en d ía y co m p ra b a p ara el m a trim o n io sin con tar con su p u n to de v ista. p ro ced ía de tal m an era con ellos. y de h acerlo h u b iera p erd id o su p restig io social. N o sólo por nuestra fo rm ació n y exp erien cia vital.

al espíritu combativo 147 . los sentimientos y las costumbres generacionales—. en algún punto del frente o su periferia. Y en general. desigual y no pocas veces caótico. Pero había otros para quienes ver a una mujer así era motivo de desasosiego. pero a partir de que la mujer y el hombre estaban enamorados. entran en juego los instintos.donde se hacía el ritual de pedida y compra-venta. las mujeres del campo amamantan a los hijos en público y en cualquier circunstancia. otros tantos. la convivencia incipiente y el proceso de transformación ideológica lento. Había compañeros para quienes ver a una mujer desnuda de la cintura para arriba era natural y no representaba motivo de excitación. Había compañeros —los capitalinos y costeños. murmuración o morbosidad. a la pornografía y a los clubes nocturnos. Para ellos era factor de prestigio varonil ser versado en dichos temas. ni siquiera conocían el significado de esos conceptos. O pasan así todo el día debido al calor. otros combatientes pertenecían a regiones donde por generaciones no se conocía la prostitución ni la por­ nografía. ¿Correspondía darle a la transformación en esta dimensión —donde más que la razón. pragmática. el mismo énfasis que a lo referente a la conciencia de clase. para otros era algo más complejo. Y las concepciones y expectativas sobre el amor y el sexo variaban mucho. Y algunos los habían frecuentado. Unos pocos tenían pareja dentro del destacamento. Para unos era una cuestión primaria. Mientras tanto. mostrando sus senos con la mayor naturalidad imaginable. Es más. Pues en sus lugares de origen las mujeres suelen bañarse y lavar ropa en los ríos de esa manera. posesiva. La mayoría no la tenía. Nuestra situación era complicada en este aspecto. Y en todo caso estaban permeadas por las variantes culturales y la experiencia. y planteaban su voluntad de unión. por ejemplo — que venían de medios donde abundaba y se recurría a la prostitución femenina.

alguien descu­ brió que un compañero guardaba imágenes de una mujer desnuda. en 1974. ciones no era el ejemplo que se esperaba de un luchador revolucionario. por ejemplo. años atrás. en un principio preocupado por su incómoda situación. Los ritmos de la conciencia no dan para tanto. En cierta oportunidad. cultural y políticamente estaba fuera de nuestro alcance. Lo que se lograba al pretenderlo era abrumar y confundir. De hecho era ponernos una camisa de fuerza.frente al adversario. no resistían la curiosidad por conocer el "cuerpo del delito". Y no el que lo había lle­ vado al banquillo de los acusados. El criticado. Humana. desnuda o vestida. Por inexperiencia y conservadurismo lo intentamos al principio. a una mujer como las que aparecen en revistas de ese tipo. El portador de los recortes era un joven ladino. Indudablemente más por razones terrestres que por ser necesario para opinar. a la actitud de servicio hacia el pueblo. tranquilo y de juvenil curiosidad. asumiendo como cultura y moral deseables las de unos pocos. captó al vuelo que en la reunión prevalecía un ambiente liberal. a la entrega ilimitada que la pertenencia al destacamento exigía? Sencillamente era imposible. La primera reacción de la colectividad fue pedir que se mostraran las imágenes en la reunión. Así que cuando le tocó responder a la crítica dijo con picardía: "¿No ven que es pobre como nosotros? Ni siquiera tiene ropa para ponerse 148 . Así que lo informó y planteó su punto de vista en una reunión. como argumentaban algunos. obrero agrícola de la costa sur y uno de los primeros en sumarse. A quien involuntariamente se dio cuenta — hombre — le pareció que atesorar dichas ilustra­ un . un visitante citadino llevó por iniciativa propia a la montaña. al grupo fundador del destacamento. Provenían de una revista Play Boy que. Y humanos al fin. Numerosos compañeros nunca habían visto.

D e m an d áb am o s asim ism o q u e los im p lica d o s su b o rd in a ra n sus in tereses com o p areja a los del d estacam en to y la o rg an ización . P u es m ás tem p ra n o q u e tard e. q u e m a n tu v iera n el in terés p or su p erarse. E x ig íam o s q u e q u ien en a m o ra ra a a lg u ien le ex p re sa ra con h o n ra d ez cu ál era su situ a ció n en ese asp ecto . d e las n ecesid ad es de con v iv en cia a rm o n io sa y d iscip lin a d a d el d estacam en to y de su rela ció n co n la p ob lación . P o r eso la an d o lle v a n d o ." C a rca ja d a g en eral. L os criterio s n o rm a tiv o s q u e fu e ro n p revalecien d o p artieron . A m í m e dio risa el d esen lace in form al y festiv o d el asu n to. p o rq u e aq u ello era u n h ech o a islad o y sin im p licacio n es. Y así no nos ex p o n ía m o s fa ta lm en te al em b a ra z o y la p areja p od ía d isfru ta r su rela ció n sin ese tem or. la sincerid ad y la libertad m utu as. P ero le d im o s la ra z ó n a q u ien criticab a. el m isterio d el am or. N o se valía el en g a ñ o n i las m ed ias v erd ad es. P or in iciativ a fem en in a in corp oram os la ed u ca ció n al resp ecto en las activ id ad es cu ltu rales. M o tiv áb am o s 149 . m ás b ien .encim a. Y a las co m p a ñ era s q u e se fu e ro n in teg ran d o las in stru im o s en el u so de a n tico n cep tiv o s y las d o tam o s de los m ism o s. P ero en aquel en ton ces d áb am os b an d azo s. P o r lo m enos n o an tes de ser a p reciad as p o r su s ojos. C reo q u e e n el fondo la m ay oría n o d eseab a q u e tales figu ras fu e ran a ser co n su m id a s p o r el fu eg o com o a lg u ien su gería. L o q u e sí im p u lsa m o s fu e la lu ch a con tra el m a l­ trato y el d esp recio h a cia la m u jer. y ten íam os n u m ero sas co n fu sio n es so b re có m o a b o rd a r y en ca u z a r esa b ella d i­ m ensión d el ser h u m a n o q u e e n g lo b a la atra cció n sexu al. tod as e sta ­ blecíam os rela ció n am o ro sa con a lg ú n co m p añ ero . q u e resp eta ra n en tod o m o m en to las m ed id a s d e se g u rid ad y que la rela ció n no sig n ificara su a isla m ien to del co lectiv o . T a m b ién a b o ­ gáb am os p o rq u e to d a rela ció n am o ro sa se esta b leciera b asán d ose en el respeto. co n tra la ig n o ran cia y la v u lg a riz a ció n de lo sexu al.

especialmente a las mujeres para que pusieran empeño en su formación y capacitación. como pueden ser la seguridad. mucho menos de la íntima. según fuera el caso. y los organismos superiores lo tomaran en cuenta. por ejemplo. las inclemencias del tiempo. era requerimiento no resultar embaraza­ das. Pues de ser así debíamos salir del grupo y del frente para tener al hijo y criarlo. la precariedad material. con el pasar de los años varias parejas quisieron tener des­ cendencia. Por las circunstancias más variadas. Entonces lo plantearon a la dirección de la montaña. Y no pocas veces. En cuanto a las mujeres que nos integrábamos al destacamento. momentos. De manera que no diera lugar a chismes o equívocos. de manera que ésta previera las implicaciones en los planes. Quienes habíamos vivido con esos valores y posibilidades debimos adaptamos. Y los momen­ tos de soledad eran eso. durante días y semanas. dormíamos en champas colectivas muy juntos unos a otros porque era la única manera de soportar el frío. Las parejas. Para los enamorados no había ningún trato preferencial en cuanto a su ubicación geográfica. Pues el hecho de que fuéramos compañeros de lucha no traía por añadidura que una se sintiera cómoda ni en confianza en una serie de aspectos de la vida. la topografía. orgánica u operativa. Sin embargo. Todos aquellos que establecieran o terminaran relaciones amorosas debían informar del hecho a la co­ lectividad o al organismo correspondiente. o éste tenía tan próximos a los demás que resultaba simbólica nuestra privacidad. no existía en el destacamento la vida privada ni los espacios exclusivos. Los criterios rectores eran las necesidades de la organización y las aptitudes de cada quien. y no precisamente cuando una los necesitaba. raramente podíamos aco­ modarnos solas en algún lugar. o porque el terreno 150 . causando complicaciones a nuestra precaria situación operativa.

pues la atracción. estados de ánimo. el amor y la camaradería son más fuertes que la adversidad y el dolor. carecen de infraestructura de servicios y son ajenos a los valores de privacidad. Por otra parte. La mi­ litancia revolucionaria en las condiciones de la montaña o de la vida clandestina urbana somete a las personas a continuas pruebas y tensiones. No obstante. en general. Pero nuevas relaciones surgían cons­ tantemente. Pero también porque el campesinado indígena es discreto y reservado. se resultaban haciendo y percibiendo con naturalidad y discreción. Este fue mi propio caso. Estas situaciones eran frecuentes y. de salud o a causa de un parto. en esto tenía que ver de manera determi­ nante el hecho de que la mayoría de los presentes eran indígenas y. Otras se desintegraban al acumularse el tiempo de lejanía. eran presenciados por la colectividad. O los enamorados perdían a su pareja en el fragor del combate o en los operativos de inteligencia contrainsurgente. y nuestra colectividad estaba absorbida por otras preocupaciones. A mi juicio. Generalmente las más maduras y consolidadas en el momento de la separación. 151 .nos obligaba a ello. imprevistas. podían durar meses o años. espacios propios y exclusividad a escala individual o de pareja. campesinos pobres. Unas parejas sobrevivían. Por ello. desconocían los prejuicios y tabúes de las convenciones sociales burguesas y de la moral cristiana. discusiones personales. De manera que amores. Las separaciones de una pareja por razones de trabajo. tanto en ese frente como en otros donde trabajé antes y después. cuyas familias viven en un solo cuarto. más allá de los sentimientos e intenciones no pocas relaciones amorosas sucumbían. por lo general.

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confrontando y complementando las respuestas. Luego trabajé individualmente con cada uno. además de provo­ carme inseguridad me preocupaba. me aboqué a la elaboración de un cuestionario a partir de la práctica y mis observaciones de casi tres meses en el des­ tacamento. según fuera el compañero que nos instruyera. Su principal empeño por aquellos días estaba concentrado en la elaboración estratégico-política que permitiera construir los frentes guerrilleros asentados en organización popular. Para lograrlo recurrí a los conocimientos que sobre el tema tenían los fundadores y miembros de la Dirección Nacional que estaban con nosotros. criterios de seguridad en diversas situaciones y operativos. pero no la habían sistematizado. aunque quienes las impartieran fueran hábiles guerrilleros. insuficientes para comprender a cabalidad y desempeñar con eficiencia las tareas y operaciones militares. infraestructura de guerra 153 . Después de varias rondas de trabajo bilateral logré estructurar y ordenar varios temas: armamento. Por lo general se trataba de órdenes o enseñanzas parciales o con énfasis distintos. Este hecho.LA OFENSIVA DE LA SIERRA Me correspondió sistematizar los primeros instructivos militares para mandos y cuadros organizadores en la montaña. debido al em­ pirismo había incluso incoherencias y contradicciones en algunas orientaciones. De ahí que quienes nos incorpo­ rábamos recibiéramos explicaciones distintas —en lo rela­ tivo a cuestiones operativas—. Cada uno de ellos tenía capacidad y experiencia. Es más. Así que hice la propuesta a la dirección y. una vez aprobada. pues con el número que ya éramos urgían adiestramientos sistemáticos e instrucciones militares completas e inequívocas. métodos guerrilleros y antiguerrilleros de lucha.

Desde entonces no habían vuelto a saber uno del otro y ella no tenía relación alguna con nuestra organización. En la selva. El azar quiso que en una propaganda armada en ese parcelamiento. lo saludó y conversó con él unos minutos. durante un viaje de esta maestra a la capital. Los compañeros coincidieron en su utilidad y me orientaron dotar al Mando Militar del destacamento del primer ejemplar. de manera que el material se enriqueció más allá de las interrogantes iniciales. sus acciones punitivas habían comenzado meses atrás.y de autodefensa civil. Lo cierto es que agradada por el encuentro con un conocido en aquella selva. Eran origina­ rios del mismo pueblo y realizaron juntos sus estudios primarios y secundarios. las informaciones sobre la presencia y los preparativos del ejército en la región ixil se multipli­ caban y llegaban constantemente a nosotros. sin embargo. Allí no había destacamento militar. ella reconociera a uno de nuestros dirigentes. su cuerpo apareció apuñalado cerca del puente de El Incienso. Los 154 . luego de nuestras primeras acciones de pro­ paganda armada y golpes al poder local enemigo. Poco después. Una vez terminado. Entre las brutalidades de los militares contra la población civil de El Ixcán estuvo el asesinato a finales de 1975 de Raisa Girón. sometí el trabajo a la revisión de la dirección. estructura y armas del ejército guatemalteco. los cuales la denunciaron como guerrillera en el puesto más próximo. Buscando empleo supo de una plaza disponible en ese parcelamiento. entre otros. fue asesinada con saña. Allí un sacerdote im­ pulsaba el cooperativismo entre los campesinos y éstos demandaban educación para sus hijos. pero sí orejas fanatizados y embrutecidos por el ejército. Luego los plasmé a mano e ilustré con gráficas y dibujos en un cuaderno. joven maestra de la costa sur que trabajaba en Santa María Tzejá. Mientras tanto. Entonces nuevas ideas les vinieron a la mente.

hija anónima del pueblo. Era una de las zonas más altas de Los Cuchumatanes en el departamento de El Quiché. Supimos de la captura de Fonseca inmediatamen­ te. ninguno quería correr la suerte de su antecesora. Cotzal y Nebaj. mujer. ciudadana guatemalteca. solo superada por la cumbre de Clavellinas entre Cunén. al igual que otras aldeas de Chajul. En aquellos meses nos movíamos al norte de Chajul. principales y población en general. Desde la nueva posición. entre las pequeñas localidades de Juil. cayó víctima temprana del ejér­ cito contrainsurgente. Que no quede en el olvido. gran cantidad de las de Cotzal y todas las de Nebaj. Raisa Girón: joven. Juil. Esta provocó cambios en nuestros planes. Incluso era visitado por gente procedente de lejos y perteneciente a otros grupos étnicos. dos compañeros de la dirección con dos acompañantes se desplazaron hacia Cotzal. Posteriormente. aceleró la ofensiva contrainsurgente en la sierra. nos puso a la defensiva y desencadenó golpes contra la población organizada de Chajul. entre los años de 1981 y 1983 —principalmente bajo el régimen de Ríos Mont—. tomar las medidas necesarias para preservar 155 . la captura y traición de Fonseca. donde pocos días antes había estado traba­ jando y estudiando con nosotros. salvo su cabecera municipal que como las otras fue duramente castigada. para reunirse con los orga­ nizadores. porque allí estaba su lugar sagrado principal. compañero organizador.niños del parcelamiento no volvieron a tener maestro. Juil era la más importante para la población ixil. Pal y Xaxboc. De aquellas aldeas. El punto religioso más importante se ubicaba sobre un sitio arqueológico y en él se adoraba a una deidad relacionada con el origen del maíz y el calendario ritual. A él pere­ grinaban guías espirituales. maestra. Pal y Xaxboc fueron arrasadas por el ejército. Desde ese momento levantamos preventivamente el campamento. En los primeros días de febrero de 1976.

por lo tanto. Luego guió al ejército hacia el campamento que ocupábamos al momento de su caída. quienes ante él fueron fusilados.a la población que nos apoyaba y ver las posibilidades de rescatar a nuestro compañero. Algunos combatientes se mostraron magnánimos con el traidor y no faltó quien lo justificara por el hecho de mediar la tortura. Fonseca sucumbió al cuarto día de torturas. Fonseca estaba resguardado por numerosos soldados y era imposible rescatarlo. pues tanto él como los compañeros procedentes de su localidad nos lo habían ocultado. ni habíamos hecho un compromiso individual y explícito sobre su base. Hasta que fue capturado supimos de su debilidad por el licor. pero no se les había dado cuerpo. Entre ellos estaba el secreto que debíamos guardar sobre nuestra organi156 . Por su dedicación al trabajo. reforzar la labor política en esos aspectos y revisar el compromiso de cada quien. Entregó a varios compañeros chajuleños. De hecho los manejábamos. Su captura y traición fueron los primeros golpes que recibimos directamente contra el destacamento. pero cuando llegaron camiones del ejército descargaban tropa y los oficiales se afanaban dando órdenes para iniciar operaciones de inmediato. que eran las reglas a cumplir por todo aquel que se integrara a la organización en la montaña. así como a los depósitos que había conocido. Caminaron a paso de avance las horas de oscuridad. modalidad de combate en la que muy pocos piensan cuando se incorporan y que en nuestro país es frecuente. Este hecho sacudió nuestras conciencias en relación con la envergadura del compromiso asumido y al riesgo real de la tortura y la muerte solitaria en manos del ejército. su entrega a la lucha y sus esfuerzos de supera­ ción era especialmente querido por nosotros. De ahí que la dirección sistematizara lo que entonces llamábamos Diez Puntos. Era necesario.

P or los ra d io p erió d ico s de la m a ñ a ­ na co n o cim o s q u e el sism o h a b ía afectad o trág icam en te a n u m ero so s p o b la d o s y que a n o so tro s sólo n o s h ab ían llegad o las v ib ra cio n es telú ricas p eriféricas. P a sa d o s u n o s in stan tes. El fe n ó m e n o natu ral h ab ía rev elad o de m a n era d escarn ad a las e n o r­ m es d esig u a ld ad es so ciales. h a b itá b a m o s u n b o sq u e d e á rb o le s c e n te n a rio s de cu y as ra m a s co lg a b a n m ech o n es d e m u sgo. tra icio n a ra o a b a n d o n a ra el p u esto de co m b ate p o n ien d o en grav e p elig ro a su s com p añ ero s. o retirarnos d e la o rg a n iz a ció n lib rem en te y en paz. La d ire cció n h a b ló in d iv id u a lm e n te co n ca d a u no y n os a nuncio tiem pos difíciles. así co m o de los a co n tecim ie n to s g en erad o s p o r el v io le n to sa cu d im ie n to . T o d os los p resen tes reite ra m o s n u e stra p erm a n en cia . y la p en a d e m u erte para q u ien d esertara. P ero tam b ién n os d im o s cu en ta de q u e la d esg racia m u ltip licó la o rg a n iz a ció n p op u lar. p u es su s efecto s se h a b ía n co n cen tra d o so b re la p o b la ció n p ob re. Y a lo s p oco s días. con la aflu en cia de la ayu d a in tern acion al. Y por esos m ism o s d ías g rab am o s p ara ello s el H im n o al S o ld a d o G u errillero . in d u d a ­ blem en te con u n g rad o m a y o r d e co n cien cia. D eb íam os reflexion ar y ratificar nuestro co m p ro m iso sobre la b a se de esos d iez p u n to s. C u an d o o cu rrió el terrem o to d el 4 d e feb rero de 1976. A l p o c o tie m p o d el h e c h o re c ib im o s n o tic ia s y a p recia cio n es p o rm e n o riz a d a s d e n u estro s co m p a ñ ero s de la ciu d ad . E scu ch a m o s con especial aten ción las tran sm ision es rad iales que d aban cu enta de lo s resu ltad o s. la tierra se m eció h o riz o n ta lm en te y v olvió a la q u ietu d . in clu so si salíam o s d e ella. Q u ien es d orm íam os en el su elo sen tim o s su s fu ertes o scilacio n es v erticales e im a g in a m o s en la oscu rid ad a lo s g ig an tes in clin arse so bre n o so tro s. 157 . q u e sen tim o s etern o s. se ev id en ciaron m ás la in eficien cia y la co rru p ció n g u b ern am en tales.zación.

impedían la penetración del machete hasta su base. haciendo la mayor parte del trayecto a rumbo. Estaba al noreste de nuestra posición. entre los matorrales. los alrededores y el área de un campamento de retaguardia para evaluar la conveniencia o no de trasladamos a él. tupidos y enmarañados entre sí. contaba con un ranchón de palma y con buzones abundantemente abastecidos. pues se dificultaba mantener el equilibrio y evitar tropezones. como muchas. Por otra parte.Días después. quien fungía como responsable militar del destacamento. Caminar sobre esa superfi­ cie no era fácil. rompiendo monte con el cuerpo. Se llamaba Augusto César Sandino. También supusimos que. Cami­ nando a paso rápido pronto nos desviamos para tomar un trillo que descendía ladera abajo. integré una patrulla cuya misión era explorar la ruta. Resistentes matas y arbustos. eran numerosas las ramas caídas que. De ahí que sólo en la parte superior de ellas fue posible labrar el paso. Al desplazamos daba la impresión de estar haciéndolo sobre un colchón mullido y elástico. Luego de avanzar varias horas. sino suspendido a uno o dos metros por encima del suelo. bastante alejado de los puntos poblados. salimos a una vereda de mimbreros que corría sobre el lomo de una montaña y que se perdía. Para entonces habían transcurrido dos semanas desde la traición de Fonseca. de haberlo delatado. al mando de un compañero indígena. Su accesibilidad era dificultosa para el ejército y su zona era conocida operativamente por nu­ merosos compañeros. Era un sendero peculiar porque no corría sobre tierra firme. el ejército ya lo habría visitado y eso lo sabríamos con la exploración. y aunque él conoció el lugar cuando se fundó. se pensó que lo dejaría de lado porque raramente usábamos un campamento más de una vez. al no poder pasar la espesura vegetal. se constituían en obstáculos formidables que obligaban a 158 . Desde donde estábamos se llegaba en un día de camino.

De manera que a las cinco comenzaban los turnos diurnos. Por precaución especial. porque se había instaurado la prima­ vera. inte­ gradas por varios compañeros. Sin embargo. Recibido el informe. Siguieron de largo sin percatarse de nuestra presencia. escuché ruido de hojarasca. Esa madrugada había niebla espesa. divididos por mitad hacia ambos lados del camino. Supusimos que se trataba de mimbreros que retornaban a sus localidades. éstas consistían en guardias-emboscadas. a los pocos días Fonseca condujo al ejército hacia allí. Dos jornadas después volvimos al campamento base. recorriendo ladera arriba el difícil trecho. Agazapados y conteniendo la respiración esperamos que pasaran las personas. En veinte minutos desandamos una distancia que habíamos recorrido en el doble de tiempo. aunque el frío no tenía la intensidad de los meses anteriores. La madrugada del 3 de marzo de 1976 me corres­ pondió la penúltima guardia nocturna que era de tres a cuatro. Inevitablemente debimos volver sobre nuestros pasos. Luego de unos minutos reanudamos la marcha y un par de horas más tarde llegamos a nuestro destino. dada la ofensiva militar. Final­ mente alcanzamos un punto donde. rodamos sobre el follaje. como si 159 . Las características del terreno y de la vegetación nos impedían salir de la senda para escon­ dernos. Pura adrenalina. reptar o inclinarse constantemente.escalar. a las cuales no pudimos ver por estar nosotros debajo de su nivel. luego de constatar que no había presencia militar y que tampoco la hubo con anterioridad. En esa época del año amanecía alrededor de las cinco y cuarto. Estando por terminar este tramo escuchamos voces humanas y ladri­ dos de perros que se aproximaban en dirección contraria sobre el mismo trillo. la dirección y el mando decidieron el traslado al lugar recién explorado. Llevaba media hora en el puesto cuando enfrente y relativamente cerca.

sobre el trillo de la cumbre. Como no era un lugar propicio para ataques. Resulta que detectaron tropa del ejército que había dormido cerca de nosotros. el tiempo indispensable para evacuar el campamento. Silencio. Siempre apuntando hacia el objetivo pedí la seña con voz enérgica. El deber de nuestros compañeros era contenerlos por unos minutos. En el mo­ mento de las primeras detonaciones nos aprestábamos 160 . Hubiera provocado una emergencia no sólo innecesaria. sino peligrosa en nuestras circunstancias. El corazón me latía fuertemente. Estando a punto de disparar razoné que ningún humano avanzaría haciendo tanta bulla luego de haberle pedido la señal. de abajo hacia arriba en lugar desprotegido. Los militares no se dieron cuenta que habían sido descubiertos y más tarde avanzaron en nuestra dirección. Informé al relevo sobre el incidente y regresé al campamento. Alertada por la unidad que se replegó. al mando de un miembro de la dirección. Nuestros compañeros vieron a los soldados cuando se levantaban. que por ese rumbo saldría en misión. Entonces. Antes de media hora y al tiempo que esta unidad entraba veloz al campamen­ to. Poco después los siguió una patrulla. esta vez avanzando hacia mí a unos diez metros de distancia. La posición de nuestra emboscada era operativamente desventajosa. Efectivamente. Fuerte tensión. Apuntando al lugar esperé atenta para cerciorarme y precisar su ubicación. donde sólo contaban con camuflaje y el factor sorpresa. casi a mis pies vi un armadillo enor­ me que buscaba el alimento diario. el grupo de guardia los esperaba. el crujir de hojas secas se repitió. pero me felicité por no haber disparado. pero no logré conciliar el sueño. escuchamos varios disparos. Faltando varios minutos para las cinco pasaron al lado los compañeros de la primera guardia-emboscada del día. Nuevamente el ruido. la tropa se aproximó desaprensiva.alguien se arrastrara en mi dirección.

Estando casi todos en el punto de reunión apareció un compañero con la olla rebosante de frijoles en la mano. y con el preciado condimento en la mano se reincorporó al grupo. nadie nos atrevimos a botar la comida. la de algún combatiente de la contención. En su retirada atravesaron el campamento recién abandonado y uno de los combatientes vio la olla de salsa picante recién preparada.a desayunar. La orden fue suspender la comida. Sin pensarlo dos veces rescató el recipiente al vuelo. Divertido nos dijo que a esos cabrones no les íbamos a dejar el desayuno servido y que tampoco lo íbamos a desperdiciar. A poca altura nos sobrevolaba un helicóptero. además de su mochi­ la. Y acto seguido repartió el alimento en raciones iguales. Sólo su habilidad para desplazarse en terreno tan que­ brado y el espíritu de triunfo explicaban esta ocurrencia. diestro guerrillero y gran cantor. Acostumbrados a utilizar hasta el último grano y viviendo permanentemente con hambre. Nuestra defensa le causó varias bajas a la tropa. Pocos meses después se fugó del ejército y buscó contacto con 161 . apagar el fuego y levantar el campamento de acuerdo al plan establecido. en previsión de que hubiese tropa apostada en otras direcciones. Llevábamos arma en porte y tiro en recámara. Era uno de los mejores del grupo. pero la vegetación nos brindaba resguardo y la orden era no evidenciar nuestra posición. pero su velocidad para tenderse salvó a Fonseca. sofocados por la carrera que como venados hicieron desde el otro lado de la hon­ donada. Lo hicimos ágilmente pero con cautela y orden. Aun cuando existía la posibilidad de que le quedara al adversario. Nos retiramos muy cargados y algunos llevando. quien celebró el gesto. quien desarmado y descalzo encabezaba la columna. Pronto aparecieron los de la contención. Este joven ixil había causado con su primer disparo un muerto al ejército.

según dijo. Llovió toda la noche y cada quien se protegió del agua con trozos de plástico. descubiertas sucesivamente por el ejército. Nuestras posiciones. daban la impresión de que nos retirábamos hacia el noreste. de manera que su ejemplo no fuera seguido por otros. Caminábamos a rumbo y borrando huellas. creimos que el ejército entraría al mismo. dos meses después una unidad nuestra realizó un reconocimiento y encontró todo como lo dejamos. especialmente en las proximidades de un camino transitado que debimos cruzar. Nos retiramos haciendo frecuentes paradas con el fin de explorar la ruta que seguíamos. pero nuestro corazón sufrió igualmente con su muerte. Para lograrlo sin ser vistos debimos 162 . El proceder de Fonseca y su castigo ejemplar nos revelaron en toda su crudeza el lado trágico y las contradicciones propias del proceso emancipador. aprovechando que había niebla y llovía. Quería proporcionar. nos detuvimos a cocinar.el destacamento. adentrándonos en territorios de la Zona Reina. Sin embargo. Más adelante. Pero en realidad maniobrábamos en el terreno buscando el sureste. tal como íbamos en la marcha. Las bajas infligidas por la contención habían sido suficientes para disuadir al ejército de avanzar y no volver más a dicho lugar. Pero colocamos vigilancia en varias direcciones y guardamos silencio absoluto. fue ejecutado por una escuadra de combatientes ixiles. sino en fila. Luego de grabar su declaración. No alcanzaba los veinte años de edad. la in­ formación que acumuló mientras estuvo cautivo y recibir de nuestras manos el castigo que merecía por su traición. Como el combate fue a pocos pasos del campa­ mento. Nos golpeó profundamente su traición. Por la noche no acampamos. dormitamos sentados unos junto a otros con mochila y equipos puestos. No cenamos y despuntando el día reanudamos la marcha sin probar bocado.

y nuestros ejercicios de tiro eran en seco. al igual que las armas largas. varias con defectos significativos. Las armas eran asignadas según funciones y desempeño durante un tiempo más o menos largo. tiro que pega en el blanco. Pero. el compañero que llevaba una guitarra descubierta en la mano izquierda. Esa vez nos alimentamos de hierbamora. Por ciertos lugares logramos ascender usando hasta los dientes para aferramos a raíces y ramas. nuestro armamento era sólo de infantería. mal soldado sacami. por la destreza y el espíritu que suponía en esas circunstancias. Por eso se les cuidaba como a la propia vida. Uno de ellos trató sobre la Revolución Cubana: su gesta. para determinadas misiones permutábamos o cedíamos nuestro fusil por días o semanas. un arma corta y una granada de fragmentación. Y las dotaciones de municiones eran reducidas. planta silvestre que abundaba en las orillas del río donde nos detuvimos. generalmente no había más de las que llevábamos encima. Varios de no­ sotros portábamos. evitando los caminos y sus proximidades. un verdadero muestrario de armas largas y cortas. Durante esos días me impresionó. Sin embargo.realizar marchas nocturnas en caminos trajinados de día por la población y la tropa. Dormíamos una noche en cada lugar y en esas breves paradas impartíamos charlas sobre temas de interés general. con triangulación. y a la cual no le dio golpe ni rasguño alguno. Los ixiles decían: Mal bac chich. De día avanzábamos por terrenos escarpados y tupidos de vegetación. El uso del parque estaba a tal punto racionado que la regla era: tiro que se dispara. además. En la oscuridad nos guiábamos unos a otros con luciérnagas o pedacitos de esparadrapo blanco colocado en la parte posterior de las mochilas. En ese entonces. sus logros y sus dificultades. cuando algún compañero requería de ellas las cedíamos 163 .

Era lo que nos correspondía hacer. utilizaban armamento de madera que ellos mismos fabricaban. la humedad y la intemperie las dañaban constantemente. Por otra parte. arme y desarme. de ahí que cada vez que era posible evitábamos al ejército. Pero no era fácil proceder así. Decían que era el tiempo de combatir y no de hacer política. Querían la acción militar por sí misma. más adelante. que era fácil ganarle. al atardecer y por grupos las limpiábamos. Diariamente. operaciones y táctica eran eminentemente defensivos. En aquel entonces no tuvimos ningún accidente serio y tiros escapados los hubo muy pocos. Nuestro entrenamiento. sus comunicaciones. Consideraban que era una cobardía evadir al ejército. los visitantes o refugiados temporales.bajo orientación del mando. Numerosos combatientes y algunos fundadores eran partidarios de buscar el combate frontal cuanta vez se nos pusiera al alcance. Los combatientes nuevos y. Mucho menos amenazar. De ahí que no contemplaran las consecuencias que ello pudiera tener hacia la población de las proximidades y para el destacamento mismo: su trabajo organizador y politizador. Inclu­ 164 . sus vías logísticas. que después del triunfo habría tiempo para ésta. Eran los mismos compañeros que subestimaban la formación política y el trabajo organizativo entre la población. hacer malabarismos o bromear con ellas. que debíamos castigarlo de inmediato por las atrocidades que cometía contra el pueblo. Y por ningún motivo se permitía jugar. dado el incipiente desarrollo político de la organi­ zación y la muy desigual correlación de fuerzas militares. descontextualizada de los planes globales de la organización y de nuestra realidad en el frente. el cual debían portar y cuidar como si fuera verdadero. porque la tierra o el lodo. Raramente se daban casos de descuido o irresponsabilidad al respecto. éramos estrictos en las medidas de seguridad para su uso.

de manera que si dormidos cambiaban de posición los palos los detenían para no despeñarse. Estas últimas las realizamos en pequeña escala porque a la mayor parte nos absorbían las medidas de seguridad o las misiones fuera del campamento. Era como estar incrustados en una pared. luego de avanzar por ella durante un tiempo. Estando allí llegó la primera compañera 165 . ni siquiera inclinado. Nos detuvimos poco antes de alcanzar la cima. así como re­ anudar nuestras actividades habituales. iniciamos el ascenso por el lado opuesto. Habiendo ascendido muy alto. teniendo siempre un preci­ picio detrás. abandonamos la catarata y continuamos la marcha por tierra firme. casi en posición vertical. Mate­ rialmente no había metro cuadrado plano. Nos urgía reactivar las comunicaciones con los centros poblados de la región y la capital. combati­ vidad y heroísmo pretendían suplir los complejos factores de la correlación de fuerzas política y militar. Con voluntad. con ra­ zón. Este tenía buenas condiciones para la defensa y era de difícil acceso. en el cauce de una quebrada que caía en pendiente pronunciada. Con nuestros machetes arrancamos tierra a la vertiente para instalar la cocina y los puestos de dormir. Varios. Pero de esa manera evitamos dejar huella. nos establecimos por varias semanas en un nuevo sitio. Constantemente debíamos apoyarnos para elevarnos de un nivel a otro o para saltar de roca en roca. Alguien dijo entonces: "Si el ejército logra llegar acá le ponemos marimba". realizada por un miembro de la dirección y un combatiente experimen­ tado. Temeraria­ mente escalamos entre sus aguas y sobre enormes piedras lisas sin vegetación de donde asirnos.so desestimaban la teoría militar. Una veintena de metros arriba nos introdujimos. Luego de una cuidadosa exploración. sembraron sólidas estacas a la orilla de sus lugares. Para trasladarnos a este lugar descendi­ mos a una garganta y. siempre en fila india.

Era hermana de un combatiente y compañera de otro. encendíamos el fogón rodeado de toldos verde olivo. De manera que antes del amanecer desayunábamos y recogíamos la ración del medio día. Menuda. Nos quedamos sólo con sal y un poco de harina de trigo. escuchábamos infinidad de trinos de pájaros. Además. hierba comestible de altura que abundaba un centenar de metros abajo del campamento. cazaban con honda ejemplares de estos pequeños seres que nos alegraban la vida. Ni antes ni después volvimos a escuchar el canto de tal variedad y cantidad de aves. así que diariamente recolectábamos tzitzil. Era un verdadero deleite. El maíz se nos terminó pronto y el que consumimos los últimos días era prácticamente polvo con gorgojos que así mismo cocinábamos. para que su luminosidad no fuera visible desde ninguna parte. El agua la tomábamos de un pequeño nacedero en el área de nuestro asentamiento. Y a medio día ingeríamos una pequeña tortilla de harina acompañada de agua. varios compañeros. Su sabor era amargo pero el hambre lo era más. Daba la sensación de estar dentro de una jaula de aves canoras. Bajo operaciones los cocineros se levantaban a las dos de la madrugada. que sólo cesaban cuando el manto de la noche nos cubría. El clima era agradable y durante varios días. de tez clara. No macheteábamos para nada y recogíamos leña de ramas caídas que partíamos con las manos.ixil que se incorporó a la organización. discre­ ta. Permaneció dos o tres meses entre nosotros y luego volvió a trabajar como organizadora a su pueblo. Sin embargo. Desde que me incorporé fue ese el primer período de hambruna 166 . Además. apremiados por el hambre. despierta y esforzada en el estudio. temprano por la mañana nos sobrevoló un hermoso quetzal. Con ella nos alimentamos mañana y noche durante más de dos semanas. Era originaria de Nebaj y madre de familia.

Y explorando el filo arriba de nuestra posi­ ción. incluso enfermándolos físicamente. Cierta mañana se desprendió de la cima una roca enorme que se precipitó sobre el campamento. Poco antes de abandonar ese peculiar resguardo. Pero no tuvimos problemas serios de seguridad. quien gracias a su reacción rápida y agresiva frustró la intención de los asesinos. y en esas fechas dirigía el único partido cívico de oposición al régimen. Incrédulos la vimos rebotar pocos metros abajo y rodar hasta el fondo de la barranca. Sin embargo uno o dos metros antes de alcanzarnos.propiamente. La posibilidad de la muerte se nos presentaba en moda­ lidades nunca imaginadas por nosotros. la peña dio un salto sobre nuestras cabezas. del miedo y de amores imposibles. Sin embar­ go. el entusiasmo y la fortaleza que prevalecían entre la mayoría. En la experiencia de la montaña. Pero con mi compañero sólo tu­ vimos tiempo de agazaparnos en el pequeño corte de nuestro puesto. lograban que los afectados superaran sus crisis. acompañada de un retumbo. Pocos años antes había sido alcalde de la capital del país. que sólo lograron herirlo. y a varios compañeros les afectó el alma. un noticiero radial dio cuenta del atentado contra mi tío Manuel Colom Argueta. Con un grito alguien nos alertó. ni escuchamos vuelos de aviones o helicópteros como otras veces. El descubrimiento de este fenómeno nos enseñó que pueden darse enfer­ medades y malestares físicos producidos por nuestra mente. los militares persistieron en su objetivo y tres años 167 . Sin embargo. pues la piedra caía velozmente en nuestra dirección. compañeros nuestros oyeron detonaciones a unos dos kilómetros de distancia. estos males se dieron fundamentalmente a causa del hambre. Varias veces escuchamos gritos o machetazos de mimbreros que se llamaban entre sí en las montañas aledañas.

Sin embargo. miles la apoyaron y muchos más la comprendieron. Decenas de miles de ciudadanos manifestaron su repudio al crimen durante el sepelio. Nosotros nos reafirmamos en el camino elegido. Nadie quiso atestiguar. Se habían atrevido a responsabilizar al gobierno y al Alto Mando del ejército por el asesinato. Por la envergadura. persiguieran al político demócrata. cientos de guatemaltecos optaron por la vía armada. Sólo la impunidad con que actúan los cuerpos represivos del Estado y el objetivo de aterrorizar a la ciudadanía explican que. hombre de diálogo y res­ petuoso de la ley. 168 . y señalaron como responsables a los cuerpos represivos del Estado y a las fuerzas reaccionarias del país. el 22 de marzo de 1979. de las decenas de balazos que le acertaron y del tiro de gracia que uno de los esbirros se aproximó a darle. y frente a éste y similares hechos de sangre de carácter político. le dieron muerte. a lo largo de tres cuadras transitadas y a plena luz del día. Decenas de personas fueron testigos estupefactos de la cacería humana. quien en desesperada huida hizo el supremo esfuerzo por salvar la vida. Miembros connotados de la burguesía y de los partidos de derecha festejaron el hecho en círculos íntimos. se trataba de un plan de la inteligencia militar contra un ciudadano y opositor político. el operativo parecía montado contra un delincuente o narcotraficante peligroso. y dos hermanos y una hermana de la víctima debieron salir al exilio por amenazas de muerte.después.

y adquirirlos 169 . quienes nos narraron que con frecuencia su gente recurre a ella para no morir de hambre. desembocaba en una corriente de agua mayor. el clima era benigno y había más presencia de flores. Más bien eran complemento o sustituto providencial de nuestra precaria dieta.BAJO EL CERCO ENEMIGO A varias semanas del combate de marzo nos encontrá­ bamos al noreste de Chajul. pues no se formaban los lodazales malolientes de la temporada de lluvias. De ahí su nombre. por el rumbo de Pal y Xaxboc. En los alrededores cazamos pavas y monos araña. la estación más prolongada del año. En ésta solíamos lavar ropa y bañarnos. Acampábamos entonces en una hondonada de vegetación exuberante y bella. Abunda en regiones del altiplano donde es sustituto del maíz cuando éste escasea. Esta última es raíz profunda y tuberosa que. al lado de una quebrada cristalina que. Aunque siempre en bosques nublados. el jaboncillo y la madre maíz. pelada y cocida. Numerosas veces a partir de entonces. Sin embargo. pues es voluminosa y anudada como pocas. Nos la enseñaron a comer los compañeros chujes procedentes de San Mateo Ixtatán. nosotros también desenterramos la madre maíz para subsistir. se parece a la papa. y recolectamos vegetales como la pacaya. a metros de distancia. Algunos de nosotros volvimos a ver quetzales en las inmediaciones y ocasionalmente escuchamos el rugido de los monos saraguates. pues reinaba la primavera. Extraerla y prepararla es trabajo laborioso. los alimentos que nos daba la montaña no eran suficientes para la cantidad de bocas que éramos. frutos y animales. Era la breve época en que nuestros campamentos eran placenteros en sus condiciones materiales.

Por eso. huesos y chingaste de café que. y que desde esos puestos incursionaban a su interior. Estallaban al contacto con las copas de los árboles. puesto que las granadas y bombas que lanzaba no llegaban al suelo. Una semana después. Así que además de procurarnos alimentos silvestres. más que de los bombardeos. Y los víveres existentes debíamos racionarlos a tal grado que permanentemente teníamos hambre. y sólo la harina de maíz nos hacía sentir llenos un rato. las márgenes de las corrientes de agua visibles desde el aire de la zona donde estábamos. Su accionar. se repartía por partes iguales. Resentíamos la falta de los primeros porque nos proporcionaban más energía. era más de efecto psicológico que real. Por la ruta que siguió y los indicios que conocimos posteriormente. aunque quedaba sal. nos cuidábamos de la infantería y los paracaidistas. Sorpresivamente. frijol y café. se acercó a nuestra posición un helicóptero cuyo sonido se mezclaba con estallidos recurrentes. llegamos a la conclusión de que el ejército había bombardeado. Por lo general sólo se aventuraban a recorrer los caminos de herradura. indiscriminadamente. sin embargo. Apresuradamente recogimos la ropa que secábamos al sol.suponía que diariamente varios compañeros dedicaran la jornada completa a la recolección y a la caza. Por esos días se habían agotado el maíz y el azúcar. donde nos tendían emboscadas infructuosas. siempre por la mañana. cierta mañana escuchamos un lejano ruido de aviones y estruendo periódico de bom­ bas. Nosotros no solíamos movernos por ellos. Segundos después la nave sobrevoló el lugar y a pocos metros de nosotros dejó caer la carga agresora. chile. aceite. El retumbo se oía en el oeste y no se aproximó. Teníamos la información de que habían ocupado los pequeños poblados y casas aisladas que bordeaban la montaña donde nos movíamos. echábamos mano de cáscaras. como todo. salvo algunos 170 .

algunas veces sí se produjeron tiroteos entre ellos y nosotros en esas circunstancias. siembras y trojes aisladas eran vieja y universal táctica antiguerrillera. se topó cuerpo a cuerpo con una columna de soldados que. Nuestro compañero. papel. especialmente los días de mercado. patrullaba el camino. y bajo un tiroteo a ciegas de la tropa se escabulló y continuó su ruta entre la maleza. E independientemente del resultado de su investigación. Entonces el ejército detenía. Entonces hombres de civil desconocidos tomaban fotografías de grupo e individualizadas a la gente en la plaza. Así que tomando las medi­ das del caso era posible descubrirlos. Las emboscadas en casas. Sin embargo. a riesgo de dispersar y fijar inútilmente sus fuerzas. En las cabeceras municipales establecieron puestos fijos. controles en las vías de acceso y vigilancia a la población. registraba e interrogaba a todo aquel que encontrara transitando. medicamentos. 171 . Reacciones ingeniosas y audaces como ésta fueron frecuentes y determinantes para salir de aprietos no pocas veces. Fue el tiempo que necesitó para lan­ zarse veloz por un costado del camino. Pero manteníamos la guardia en alto. y observaban qué y cuánto adquiría. evadirlos o jugarles la vuelta. solía capturar a las personas y casi nunca se volvía a saber de ellas. Cualquier compra de víveres que sobrepasara unas pocas libras era motivo de captura e interrogatorio. de manera instantánea y con voz enérgica les gritó una orden que los desconcertó por unos segundos. en dirección contra­ ria. Mutuamente se sorprendieron en una curva. Con mayor razón la adquisición o trans­ portación de recursos como botas de hule. Pero no las podían ocupar todas ni siempre.compañeros oriundos de la zona cuando cumplían tareas solitarias de civil. Cierta vez un correo nuestro que avanzaba a paso rápido por un camino vecinal. sal.

ideologizaba en el anticomunismo más fanático que se pueda imaginar y en el desprecio a la vida y la dig­ 172 . Teníamos genuino interés por conocer su realidad y su pensamiento. A diferencia del ejército. abusaban de la población en muchas formas: destruyendo sus siembras. confianza. la justicia y la felicidad del pueblo. laboriosidad. aunque nos hubiera quitado la iniciativa táctica militar. sus recursos. Deseábamos la vida. nuestra práctica era servirla. haciendo alarde de fuerza y poder. sus creencias. muchas veces indígena y trabajadora. Su interés era controlarla y agredirla. trabajo y riesgos. Por un lado. o por su sabiduría ante la vida. gratuitamente acusaban a la población de encubrirnos. Es más.En general conservábamos la ventaja operativa y política sobre el ejército. torturaban y asesinaban a personas respetadas y queridas de las comunidades por su honradez. El ejército. violaban mujeres. nuestra dirección y mandos esta­ ban con nosotros. obligándola a prestarles servicios y venderles o regalarles alimentos — sabiendas de que ello significaba dejarla sin a qué comer—. respetábamos sus costumbres. nuestro proceso de enraizamiento entre la población y de aprendizaje operativo lo aventajaban. Nosotros nos incorporábamos voluntaria y cons­ cientemente a la lucha. Despre­ ciaban a la población afectando su dignidad humana y sus derechos ciudadanos. reclutaba por la fuerza y discriminadamente. en cambio. nos trataban con respeto. como compatriotas y como trabajadores. servicio desinteresado en pro del bien común. Los militares llegaban como superiores. ignoraban o se burlaban de sus creencias y penalidades. porque nuestra presencia en la región era anterior a la suya. compañerismo. no­ sotros veíamos a la población como seres humanos. desconfiaban de ella y la amenazaban constantemente. compartiendo vida. robando sus pertenencias. No se identificaban con ella precisamente porque era pobre.

Por nuestra parte. logística. siendo sus cómplices en los atropellos contra la población. salvo las horas de co­ mida. Los mandos procedían como capataces o patrones frente a la tropa. Aunque 173 . Sentada en el suelo. Nosotros dependíamos mucho menos que él del apoyo logístico desde fuera de la región. Ellos utilizaban equipos pesados. excesivos y fabricados con material inadecuado. que ya sumaba varios meses. teníamos presente su entre­ namiento antiguerrillero de escuela. y no despre­ ciábamos su disposición combativa. Debía tenerlos listos con la mayor brevedad posible. por lo que lográbamos acumular experiencia en lo político y en lo militar. Por otro lado. recostada en un bordo y con mis piernas por mesa pasé varias semanas. para reprimir y matar a su propio pueblo. Durante la ofensiva. escribía en mi puesto desde que aclaraba hasta que anochecía. Cumplir la tarea en esos términos suponía trabajar exclusivamente en ello. nuestras capacidades políticas y operativas. preparé tres cuadernos militares.nidad humanas. rotaba mandos y tropa. financiera. El ejército se confiaba en que representaba a una institución poderosa e impune. nosotros éramos los mismos siempre. destinada por eso mismo a vencer y a tener razón. Tropa y oficiales de baja graduación iban a la acción enviados por altos oficiales que no se movían de sus escritorios en la capital o en las zonas militares. adecuados a las circunstancias en que trabajábamos. La tropa era adiestrada para obedecer sin pensar. Para el efecto me eximieron por primera y única vez de toda otra tarea y actividad. por el contrario. los oficiales subestimaban nuestras motivaciones patriotas y sociales. reconocíamos su superioridad técnica. El ejército. nuestra moral. Mientras tanto. Habíamos logrado sistematizar una alimentación frugal y un equipo práctico. porque no aguantaban más de dos o tres meses las condiciones de lucha en la montaña. De ahí que.

Años después supe que estuvo consciente hasta el último momento y que entonces hablaba de mí con mi madre. ya que numerosos temas y criterios eran válidos para cualquier parte donde trabajáramos. Los primeros días de mayo mi alegría se ensombreció. las guardias nocturnas. cuyo horario coincidía con nuestras comidas. Y por mi madre supe entonces que. y a varios de nosotros nos había partido sistemáticamen­ te las horas de sueño. desde que me alejé de 174 . Era la mayor de todos sus hijos y la única de la enorme y gregaria familia que no se hizo presente. Era costumbre del destacamento escuchar diariamente las noticias.dicho trabajo me dio la posibilidad de mejorar el folleto. Pero desde entonces fue enviado a otros frentes. Hasta ese momento habíamos realizado tal medida sin interrupción. pero intuí que se trataba de él. Me estaba llevando la primera cucharada a la boca cuando escuché los nombres de hermanos y tíos. Esa vez transmitía el radioperiódico El Independiente y desayu­ nábamos. aunque temporalmente. La repetición de la noticia me lo confirmó. Entonces no había quien me ayudara o relevara de esa tarea. Posteriormente ya fueron otros compañeros quienes lo multiplicaron. en general fue una labor repetitiva. No sé qué pensó a causa de mi ausencia y mi silencio. En ese momento no sabía que mi padre había estado enfermo de gravedad. Las demás prácticas de seguridad se mantuvieron inalterables. Había sido enterrado la víspera y mi familia agradecía las muestras de condolencia a centenares de personas de las capas medias y populares que habían asistido espontáneamente al sepelio. Pasados dieciséis años conocí numerosos artículos que a raíz de su deceso aparecieron en la prensa nacional. Felizmente pudimos suspender por primera vez. porque nos las habían asignado invariablemente entre las doce de la noche y las cuatro de la madrugada.

solía afirmar que el dinero y los recursos eran para satisfacer las necesidades básicas con decoro y para compartirlos. Durante los gobier­ nos de Ydígoras Fuentes y Peralta Azurdia fue opositor. Por no soltar el llanto en medio 175 . efectivamente. incorruptible. Siendo estudiante participó en la gesta de 1944 y en la década democrática fue dirigente de la Asociación de Estudiantes Universitarios y diputado. Heredamos. un luchador valiente por la justicia social y un patriota. Enemigo de las apariencias y de la opulencia. cooperó con el gobierno de Castillo Armas como subsecretario de Agricultura. Salimos adelante en base al esfuerzo propio. De inmediato se me hizo un nudo en la garganta y se me quitó el hambre. Nuestra casa fue cateada por el ejército y mi padre estuvo bajo vigilancia de la Policía Judicial en repetidas ocasiones. Sus hijos. Y nos aconsejó que viviéramos dignamente de nuestro propio esfuerzo y nunca a costa del trabajo o las necesidades ajenas. Momentos antes de que él llegara a nuestra casa me dijo que era un guerrillero. y acusado de conspirar contra ellos lo apresaron varias veces. mi pa­ dre fue conocido por su desempeño profesional y político honesto.ellos. la gratitud y la simpatía que al morir él. mi padre. dejó de escucharla para siempre. Adversario de los colaboradores comunistas del régimen arbencista. amante de la música en marimba. Egresado del Instituto Central para Varones. no para acumularlos u ostentarlos. numerosas personas proyectaron en nosotros. no heredamos de él dinero ni bienes. Mientras crecimos nos explicó que su única herencia sería la educación primaria y secundaria que con sacrificio nos había dado en colegios católicos de prestigio. Por él conocí a Luis Turcios Lima cuando éste era el máximo dirigente de las Fuerzas Armadas Rebeldes. sin embargo. El acontecimiento de su muerte me causó un dolor terrible.

me retiré apresurada. Otra unidad fue enviada al campamento que abandonamos a raíz de la llegada del ejército. dirigente del pueblo vietnamita al que ad­ mirábamos profundamente. y mi razonamiento fue que no debía dejar de alimentarme estando en tales aprietos. Una de ellas se dirigió a la vivienda solitaria de un colaborador para obtener maíz. evitando el choque y la persecución. Mientras tanto. Pues necesitábamos acumular energía para responder a las exigencias de la situación. ni dejarme vencer por la tristeza. después de 176 . pues sólo dos o tres compañeros conocían mi identidad —. los mismos que poco antes le ha­ bía sido muy trabajoso transitar. pues no topó con fuerzas adversarias.del grupo —que no tenía idea de lo que pasaba. a mi puesto. Al rato llegó Benedicto. Diversas patrullas salieron en misión. encontró nuestros buzones como los habíamos dejado y retornó con abundante maíz y otros recursos vitales. El ejército nos tenía bien jodidos. Escribiendo me encontraron los compañeros que llegaron a solidarizarse conmigo. quien me encontró comiendo y tra­ tando de controlarme. Había sido escrito por uno de nuestros dirigentes de la montaña para la formación de los combatientes. contaron divertidos lo que la adrenalina había hecho por ellos. pero con el plato de comida. Su misión era averiguar si éste había descubierto nuestros depósitos. Pero regresó sin lograrlo porque el ejército tenía emboscada la casa. Una vez pasada la tensión. dos compañeros de otra unidad se extraviaron por varios días. El material contenía un esbozo biográfico de Ho Chi Minh. Este grupo tuvo éxito. Entonces le pedí a mi compañero que me dictara lo que estaba transcribiendo esos días. De la compañera ixil que pasaba experiencia con nosotros dijeron que volaba como pájara sobre palos y obstáculos. Los compañeros detectaron el operativo y de las narices de los militares se escabulleron velozmente. Era lo mejor que se me ocurría para conjurar el dolor.

porque no tenían molino ni olla para preparar harina. Para lograrlo bur­ laron los controles militares y cruzaron el cerco estratégico que el ejército nos tenía montado. Contemplamos con qué ternura aleccionó a su heredero de esperanzas sobre las verdades de la vida del que nace pobre. Sanos y salvos. esperanzas y algunas libras de sal y maíz para contribuir a su propio sustento. tanto para los miembros del destacamento como para nuestras bases so­ ciales. aunque enflaquecidos. muy pobres. Durante su peripecia sobrevivieron co­ miendo maíz tostado con agua. llegó al campamento un grupo de compañeros de la población. El lugar del campamento de los visitantes se había establecido contiguo al nuestro. aparecieron varias jornadas después. De ahí que una vez reabastecidos y habiendo toma­ do control operativo de la zona. Nadie logró disuadirlo de esta decisión. Y en sus circunstancias no correspondía cazar. Quería que el niño conociera a los combatientes de los trabajadores y comenzara a familiarizarse con las ideas de la revolución. Uno de los objetivos en ese período fue reanudar los entrenamientos y cursillos de formación. de manera que sólo conocieran y fueran conocidos por aquellos compañeros que trabajaran directamente con ellos. Algunos de ellos eran dirigentes comunales o habían ejercido funciones públicas. Uno de estos compañeros llevó a su hijo de doce años. antes de que fuera dañado por la explotación y la opresión. Llegaban cargados de entusiasmo. Los apelativos de animales y de flores estaban entre los preferidos de nuestros com­ pañeros en esas montañas. hombres maduros y jefes de familia curtidos por el sol y el trabajo. y sobre la necesidad de luchar por la dignidad y la felicidad. Nuestros visitantes eran campesinos ixiles.un tiroteo que sostuvieron con el ejército en un milperío. Este compañero seleccionó el nombre de Jazmín como seudónimo de lucha. Durante su estancia conversaron largamente con 177 .

Temprano por la mañana emprendimos la marcha. que el destacamento entonó para ellos desde el otro lado de la quebrada que separaba nuestros asentamientos. Pero súbitamente. el compañero fue mordido por una bejuquilla verde a la que no vio cuando macheteó muy cerca de ella. Días antes. sólo eficaz para matar animales chicos. El día que volvieron a sus localidades. y entre las dos le presionamos la piel de los alrededores para que expulsara la sangre envenenada. llevando sólo nuestras armas y una ración de harina envuelta en hojas. y minutos después cedieron hasta permanecer solamente en el lugar de la dentellada.la dirección. recibieron un cursillo de formación políti­ ca y participaron en un entrenamiento de autodefensa civil. Este ponía énfasis en los métodos represivos y de inteligencia que el ejército utilizaba contra la población. Y a lo largo de esos años nunca tuvimos antiofídicos. así como en las medidas preventivas y defensivas para contrarrestarlas. dos mujeres y un hombre. Está­ bamos preocupados porque entonces no sabíamos que la potencia del veneno de esta culebra era pequeña. Pero nos tranquilizamos cuando el calambre y el dolor no pasaron del hombro. Recorrimos el área y sus alrededores para determinar la disposición que allí podía tener nuestro asentamiento e hicimos dis­ cretas señas para reconocerlo cuando volviéramos con la columna. exploramos un nuevo lugar para trasladarnos cuando se fueran los visitantes. los despedimos con canciones revolucionarias. Con prontitud la otra compañera le sajó en cruz las heridas provocadas por los colmillos de la serpiente. se le acalambraron aceleradamente. tres de nosotros. Luego de avanzar varias horas a paso rápido localizamos un sitio apropiado. Era medida elemental de seguridad. Esta bejuquilla alcanza los 178 . Pero la mano donde había sido mordido y el brazo co­ rrespondiente.

El trabajo implicaba acopiar abundante leña para mantener encendidos varios fogones a lo largo del día y parte de la noche. instruida por el compañero. comencé a identificar los cortes de machete en la vege­ tación: el tiempo aproximado que tienen de existir. Dispuesto el campamento y orientadas las explo­ raciones del caso. cocer numerosas ollas de maíz con cal. Varios de nosotros debimos dedicar tres días y parte de las noches a dicha tarea. ni para adquirirla en otra parte. recolectar hojas y bejucos para el empaque. el posible motivo por el cual fueron realizados. agregarle a ésta sal y aceite en cantidades abundantes y 179 . la dirección y el mando se abocaron a organizar el ataque al cuartel militar instalado en la al­ dea Xaxboc como parte del cerco estratégico. Mientras tanto. Durante esa tarea. alimento duradero y sustentador. Una de éstas era la elaboración de la comida para el tiempo que duraría la operación. alrededores y características del objetivo. pero en otras debíamos participar todos. Retornamos anocheciendo al campamento y el día que partieron los compañeros de la población. pasarlo por molinos manuales para convertirlo en masa. la dirección del desplazamiento de quien los ha hecho. pues la unidad no tendría condiciones para co­ cinarla. emprendimos camino hacia el sitio reconocido. Así que al día siguiente un miembro de dirección. los demás construimos la infraestructura básica y nos dedicamos a las tareas preparatorias de la acción. aunque ocasionalmente desciende al suelo.tres metros de largo y vive principalmente en el ramaje de los árboles. Era necesario ela­ borar tamales de viaje. Varias de ellas incumbían sólo a quienes participarían. enfriado. La idea era ejecutar el plan de inmediato. soasar las hojas una por una y por ambas caras. pero laborioso de preparar. lavar el maíz cocido y. un cuadro local y dos combatientes emprendieron camino hacia dicha aldea para explorar ruta.

Posteriormente se les ponía a enfriar y a secar al aire libre. Teníamos con nosotros los equipos 180 . el único menor de edad. Protestamos por la exclusión de las mujeres. Cada tamal era de una libra aproximadamente y equivalía a un tiempo de comida por combatiente. Nos quedamos cinco mujeres. se quedara solo en el pueblo. Uno tenía doce años y estaba de paso. Y no querían que este joven de 16 años. acompañando al padre. de bijagüe. quien volvería por él días después. Por otra parte. Y a cierta distancia nos estacionamos quienes no participaríamos en el ata­ que ni cumpliríamos otra misión fuera del campamento. Quedaron a nuestro resguardo dos menores. aunque era real nuestra inexperiencia. cuando menos. y requería una cantidad de aceite y sal que para la harina nos duraba semanas. al lado de sus familiares. el cuádruple de maíz que una ración equivalente de harina. Al otro recién lo habían incorporado.mezclarlos con las manos amasando pacientemente. de sal. protegidos de la lluvia. Pasados varios días de febril actividad abandonamos el campamento en dirección a la aldea. luego de concluir una tarea. Pero cada pieza consumía. especialmente en el paso de obstáculos. de lengua de vaca. sobre plásticos. de cuero. a raíz de que dos generaciones de su familia se integraron a las guerrillas locales y organismos clandestinos. Luego se amarraban con bejuco y se colocaban en las ollas para cocinarse. Los tamales se envolvían en hojas de maxán. no conocíamos la zona para movernos con independencia y aún nos faltaba capaci­ dad para desplazamos con velocidad. Luego de unas semanas volvería a su región. Eran casos excepcionales las familias como ésta y se suponía que el muchacho pasaría experiencia con nosotros. De ahí que alguien bautizara dicho lugar como "campamento de las mujeres". de por sí iban más combatientes de los necesarios. de ojo de venado o de otra que hubiera en los alrededores y fuera apropiada para el caso.

Estábamos indignadas porque podía haber esperado un día más y plantear su regreso sin conflicto ni complicaciones. una de todas localizó el arma larga que tenía asignada. Construir un escondite en el área no era procedente ni había tiempo para hacerlo. Nos dimos cuenta con rapidez porque supervisábamos periódicamente el turno de estos jovencitos. Pero de él sólo estaba la huella que se dirigía al filo de la montaña. Alrededor de una hora después. dinero. co­ municativo y colaborador. el joven enviado temporalmente desertó. Su comportamiento no había dado evidencia de tristeza ni descontento. pero estábamos en un brete. Permanecer como si nada hu­ biera pasado tampoco nos convencía. Nos reunimos para determinar las medidas a tomar. Era de suponer que se dirigiría a su localidad en busca de familiares o conocidos. incluso nos quedábamos por ratos con ellos. documentos. comunicaciones. pues no sabía desplazarse a rumbo. Instaladas en lo alto de una quebrada que corría a gran profundidad. Así que decidimos trasladar los recursos comprometedores o insustituibles a un escondite natural lejos del campamento. Dividiéndonos el terreno a la redonda.de numerosos compañeros. las cinco mujeres fuimos en su busca. Para comenzar no nos podíamos mover del sitio porque era el único punto de contacto con nuestros compañeros. debimos hacer dos turnos de vigilancia diurna cada una e incluir a los menores también. parque y recursos varios de primera necesidad. Y censuramos acremente a quienes autorizaban este tipo de incorporaciones. Nosotras 181 . Al segundo día. mientras hacía guardia. y que lo haría por caminos. Al principio creimos que estaría en los alrededores siguiendo a algún animal o que habría sufrido algún accidente. más bien se veía animado. La deserción era evidente y el hecho nos tomó por sorpresa. Había riesgo de que caye­ ra en manos del ejército. Estaba recostada en un árbol dentro de un pajonal.

por turnos. Nuestros compañeros habían descendido hasta el fondo. Por casualidad habíamos coincidido en un momento preciso y en un lugar exacto en aquellas montañas interminables. Les informamos lo ocurrido. trasladamos el cargamento. A partir de entonces. Los compañeros volvieron sin contratiempos. escuchamos ruido como de pasos humanos acercándose. a pocos pasos de nosotras y sin detectarnos. Luego. Durante horas fuimos y venimos de un punto a otro. podíamos dormir tranquilos en el mismo lugar y abandonarlo al amanecer según los planes. dada la distancia a la que estaban los puestos más próximos del ejército. Suspendimos todo movimiento y deteniendo la respi­ ración permanecimos alertas. no se explicaban qué hacíamos allí. los compañeros que volvían del combate por otra ruta. mientras aprestábamos las armas. donde unos se podían aproximar o retirar de un área sin coincidir jamás con otros. vadearon uno de los afluentes del río Copón y desde allí ascendie182 . gastando parque sin recupe­ rarlo. Tan sorprendidos como nosotras. El rumor se acrecentó y pronto comenzaron a pasar entre el monte. algunos compañeros nos llamaron las quintaleras. Y no sabían los resultados de su acción. Fue la primera vez que una compañera campesina y yo nos pusimos a la espalda un quintal en cada viaje. Cuando colocábamos la última carga en el escondite. Estaban agotados por el esfuerzo físico que implicó el desplaza­ miento de ida y vuelta por montaña —aproximadamente 40 kilómetros— en el término de treinta y seis horas. El "campamento de las mujeres" estaba a media cuesta de una pequeña cordillera vecina a la de Xaxboc. Entonces les hablamos. pero sólo hostigaron el cuartel.mismas nos encargamos de buscarlo y acondicionarlo. bromeando. Parte del re­ corrido lo realizamos dentro de la quebrada para no dejar huella. pero consideraron que.

se contemplaban los milperíos y las casas de Xaxboc. por el lado contrario al nuestro. 183 .ron hasta alcanzar otra cumbre a cuyo pie.

ADIÓS A LOS CUCHUMATANES Desde el principio procedimos a adiestrar a otros com­ pañeros para delegar en ellos lo referente a la castellanización, alfabetización, ejercitación de la lectura y la escritura, aritmética y geografía. Esto era necesario no sólo para descargarnos del exceso de trabajo, sino para garantizar una atención regular y sistemática a todos. Especialmente cuando se ausentaban por alguna misión que los tenía días o semanas lejos. Pero también lo hacíamos para colecti­ vizar la conciencia y la práctica de aprender y enseñar; así como para realizarlas en cualquier circunstancia por difícil y cansada que fuera. De lo contrario no habría progreso porque el ir y venir, separarnos y reunimos, eran permanentes. Sin embargo, estos logros no dismi­ nuyeron la intensidad de nuestra labor; pues conforme la colectividad se desarrollaba y su proyección se extendía, los temas políticos y militares debían retomarse a mayor complejidad con unos y de manera elemental con otros. Por otra parte, los tópicos que necesitábamos abordar trascendían en mucho tales temas. Periódicamente se incorporaban nuevos compañe­ ros, mientras quienes iban destacando por su experiencia y desarrollo político eran trasladados a diferentes lugares del frente para asumir responsabilidades. O se ausentaban frecuentemente para cumplir misiones delicadas y tareas de apoyo al funcionamiento de la dirección, especialmente en comunicaciones pedestres y acompañamiento cuando sus miembros se desplazaban independientemente del destacamento. La escucha de noticias, que al principio era ininteligi­ ble para la mayoría, poco a poco se realizó con interés y progresiva comprensión. Y ello introdujo nuevos temas
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de estudio: estructura del Estado, organismos internacio­ nales; expresiones organizativas de los diversos sectores sociales; acontecimientos en otras partes del país y del mundo, entre otros. El uso del diccionario para buscar significados, en lugar de preguntar por ellos, se extendía paso a paso. Pero debía ser apoyado porque frecuente­ mente la explicación escrita les resultaba también incom­ prensible. También impulsábamos la lectura en voz alta. Entre los primeros libros leídos colectivamente estuvieron Pasajes de la Guerra Revolucionaria del Che Guevara, Relatos Vietnamitas sobre su lucha antiimperialista y una biografía de Ho Chi Minh. Simultáneamente al desarrollo de estas actividades se multiplicaron las interrogantes. Los compa­ ñeros preguntaban el significado de infinidad de vocablos y conceptos a cualquier hora y en toda circunstancia. En mi vida no he visto más sed de conocimientos y alegría por aprender que en aquel destacamento guerrillero. Ciertamente nuestra vida era animada e intensa. De ahí que, aunque lo extrañara mucho y pensara diariamen­ te en mi pequeño hijo, no me quedaba tiempo ni energía para tristezas por su lejanía; tampoco para preocupaciones familiares o nostalgias de ningún tipo. Más bien sentía optimismo respecto a su bienestar y su capacidad de salir adelante sin mi presencia. Estaba segura del cariño de mi familia y consciente de su preocupación; pero a la vez asumía el riesgo de perderlos afectivamente. Sin embargo, confiaba en que algún día comprenderían las razones que me movieron a dejarlos y optar por una vida de militancia revolucionaria. Por otra parte, la conciencia del valor humano y político del trabajo que realizábamos, más allá de que se alcanzara o que yo viviera el triunfo, era determinante en mi estado de ánimo. Todos los que allí estábamos habíamos renunciado a seres queridos y a una vida "normal"; la mayoría lo había hecho dejando en extrema pobreza y soledad a su familia. Aunque todos
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convencidos de que esa miserable situación no la podían remediar solos ni a corto plazo; sino que les era indispen­ sable organizarse para luchar unidos por todos los medios a su alcance, con los sacrificios que ello conllevara. Mi situación, desde ese punto de vista era, entonces, menos dura que la de numerosos compañeros. Además vivía un intenso amor con Benedicto; de manera que, también por ese feliz y duradero acontecimiento de mi vida, contaba con reservas internas para largo. No obstante todo ello, en repetidas ocasiones pro­ testé por mi exclusión de diversas actividades a causa del recargo de mis responsabilidades. Finalmente, en una oportunidad, los compañeros de la dirección me replicaron molestos que la alternativa no era hacer cada quien lo que quisiera, mucho menos cuando no se le necesitaba a uno en ello. Sino que debíamos hacer lo que la organización requería de cada quien y para lo cual te­ níamos mejores capacidades, en el marco de la realidad concreta donde nos desempeñábamos. Me reiteraron que combatientes y colaboradores que cumplieran deter­ minadas tareas los había en cantidad y cada día eran más; pero los cuadros políticos revolucionarios no se reprodu­ cían al ritmo requerido. Pues de los pocos cuadros que surgían, muchos eran asesinados, obligados al exilio o neutralizados mediante el terror, incluso cuando apenas despuntaban. Sabía que tenían razón, así que después de varios meses de manifestar periódicamente mis reclamos no volví a insistir. Y procuré, como hasta entonces, realizar mis funciones con entusiasmo y dedicación. En todo el tiempo que permanecí en el destacamento no se incorporaron compañeros con preparación cultural y política que pudieran apuntalar o sustituirnos en nuestra labor. Sé que había compañeros políticamente capaces que deseaban sumarse al trabajo en las montañas. Pero en ese entonces, la Dirección Nacional prefirió asignarlos
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a otros frentes. Me quedó claro entonces que, si bien la decisión de militar en una organización era personal y voluntaria —media vez se llenaran los requisitos exigi­ dos —, las funciones y las tareas que cada quien cumpliera las decidía la organización a través de los organismos y mecanismos correspondientes. Pues efectivamente no hay organización que funcione sin cabeza que dirija, sin especialización y su correspondiente división del trabajo; y sin disciplina y entrega de todos sus miembros. A finales de mayo emprendimos la marcha hacia la selva. Atrás dejamos el altiplano ixil, donde permane­ cieron los activistas y cuadros organizadores, así como las incipientes guerrillas locales. Nos encontrábamos próximos a Chajul y debíamos desplazarnos hacia las estribaciones de la cordillera de Los Cuchumatanes, al norte de Xejuyeu y Amacchel para iniciar el descenso a la selva. Nos aprestamos entonces a cruzar el macizo mon­ tañoso de sur a norte, lo cual significó recorrer decenas de kilómetros desde el amanecer hasta el anochecer durante quince días. Escalamos cumbres, descendimos abismos y salvamos acantilados interminables. Nos descolgamos en paredones, nos deslizamos por gigantescos derrumbes; vadeamos ríos turbulentos y atravesamos zanjones pro­ fundos sobre palos inseguros. Hubo días que nos pareció subir al cielo y bajar al centro de la tierra sin avanzar un ápice en la dirección deseada. En cada cima que conquis­ tábamos oteábamos el horizonte en busca de la selva; pero sólo divisábamos más montañas, cuya prolongación en lontananza ofrecía bellas tonalidades de verde, azul y vio­ leta. Debimos remontarlas todas en jornadas extenuantes para contemplar al fin el océano vegetal. En el agotamiento de cada ascenso sin tregua, sobre terrenos que no concedían un metro plano, para darnos ánimo nos proponíamos avanzar diez pasos más. Al lo­ grarlo establecíamos otra meta similar hasta que sumados
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los esfuerzos caminábamos miles de metros. El secreto era no alzar la vista para ver lo que faltaba ascender; pues con sólo mirar aquellas alturas se le escapaba la energía a cualquiera. La vanguardia rompía monte con el cuerpo y todos juntos hacíamos camino al andar, pues la mayor parte del trayecto la realizamos a rumbo. Sólo en peque­ ños tramos, donde era inevitable hacerlo, avanzábamos por caminos. Entonces lo hacíamos de noche o tomando especiales medidas de seguridad. Pero avanzar por ellos no era mucho mejor, pues nos trabábamos en los raiceros y nos atascábamos en los lodazales que caracterizan las veredas de herradura la mayor parte del tiempo. Sintiendo el cansancio físico del mundo encima, mientras el mecapal nos ceñía fuertemente la frente, ca­ minábamos silenciosos a paso uniforme y sostenido, como autómatas. En los pocos y breves descansos muchos nos dormíamos en el mismo instante en que nos sentábamos. Queriéndonos dar energía, en cierta oportunidad nos repartieron una cucharada de miel silvestre a cada uno. Pero estábamos tan débiles que en lugar de reanimarnos, sufrimos mareo e incluso embriaguez momentánea. Sin embargo, ese día y los demás, caminamos de sol a sol. Ser miembro del destacamento guerrillero, núcleo ge­ nerador de diversos frentes del noroccidente, significó en esos años vivir en nomadismo constante, a la intemperie y padeciendo hambre. E invariablemente implicó llevar a cuestas nuestras pertenencias y alimentación. Entonces raramente alguna mochila pesaba menos de cuarenta li­ bras y frecuentemente la mayoría sobrepasaba el medio quintal. En aquel tiempo los miembros del destacamento nos desplazamos a lo largo y ancho de un territorio aproxi­ mado de 3,000 Kms2que abarcaban sierras y selvas de los departamentos de Huehuetenango, El Quiché, El Petén y Alta Verapaz. Salvo en su periferia, no había caminos aptos para automotores y en su totalidad estaba alejado
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par­ cialmente expuestos. En el sitio donde dormimos había un echadero reciente de venado. aunque no pudiéramos llevar con nosotros lo que descubriéramos. donde abundaba el pajón. y muy pronto controlada. Cuando la noche estaba por llegar acampábamos en cualquier parte. A pesar del cansancio daba tenta­ ción escarbar la tierra. Estábamos en un filo de baja y escasa vegetación. Volvieron entrada la noche con el agua suficien­ te para preparar la cena y el desayuno. cuadernos. No pocos campesinos pobres se procuraban ingresos para 190 . el teléfono. Unas veces para buscar paso. otras para evadir población descono­ cida y no pocas para detectar si la tropa merodeaba el lugar. hubiese o no agua cerca. Mucho menos otras manifestaciones de la tecnología moderna. baterías. un hospital. Pero a partir de cierto momento ya sólo emanábamos agua insípida e incolora. A menudo realizamos exploraciones. de manera que varios compañeros debieron vaciar sus mochilas y llevando consigo bolsas plásticas grandes. Y en los alrededores se encontraban numerosas excavaciones con fragmentos de cerámica cromada. No pudimos ni lavarnos las manos para comer. fueron en su busca al fondo de una garganta aledaña. una farmacia. En la zona ixil llamaban camagüiles a estos tiestos antiguos.de cabeceras departamentales o pueblos de importancia. Sudábamos abundantemente y los primeros días eliminábamos sal al punto que la piel se nos cubría del mineral blanco. circulación de mercancías. Allí no se conocía la luz eléctrica. el telégrafo. Había poca. el líquido vital nos quedó a dos horas de camino. Tampoco se tenía noción de lo que podía ser un médico. botas de hule. algunas de ellas preciosas para nosotros: sal. y camagüileros a quienes se dedican a desenterrarlos y venderlos. En cierta oportunidad. Pero nos conformamos con observar y hacer conjeturas sobre ellos. ropa.

Hacía días que no teníamos oportunidad de hacerlo. Hubo compañeros que desesperados por la sed bebieron el líquido tal cual estaba en el agujero. Tenía agua hasta el borde. donde los troncos de los árboles estaban cubiertos de musgo saturado de agua. Esa vez debimos guardar la ropa sucia dentro de envoltorios de hojas asegurados con bejucos. cuyo diámetro no pasaba de medio metro. con Benedicto colocamos en forma de colchoneta una 191 . Localizamos un agujero. Jornadas después nos sorprendió la noche en el lecho de un amplio río. verde y naranja. Era agua hedionda y llena de bichos.adquirir maíz con esa actividad. de manera que los animalejos y la ligosidad fueran retenidos por ellos. afluente del Copón. Entonces buscamos aguadas o charcos de lluvia que pudieran proveernos la necesaria para coci­ nar. Nadie tenía ánimo de escalar la ladera a oscuras para llegar a un punto incierto. Participé en su acopio porque estaba de cocinera ese día. pero estaba llena de limo y la cubría una capa densa. sin em­ bargo. Aunque no llovía. La colamos en ollas auxiliándonos con pañuelos paliacates. Varios de nosotros nos valimos del musgo empapado para beber unas gotas de agua y asearnos. que por esos días llevaba poco caudal. Entonces lamenté conocer sobre la existencia de microorganismos y recordé los análisis de agua sin purificar que realizábamos en microscopios cuando asistíamos a la secundaria. sus compradores eran ladinos locales o extranjeros. Por lo que acampamos sobre la húmeda arena confiados en que no era temporada de crecientes. Más adelante debimos detenernos en el corazón de un bosque centenario. no encontramos corrientes ni nacederos de agua a nuestro alrededor. siempre intempestivas e imprevisibles en su envergadura. aparentemente natural. Para aislarnos del sue­ lo. Con el agua "filtrada" preparamos los alimentos. resbalosa al tacto. el ambiente era de niebla y humedad.

Con ellas formé un haz de luz que por unos días sumé a mi carga. casi bebiéndola. De día no era más que un puñado de desecho vegetal ingrávido. Luego me entre­ tuve conversando con algunos compañeros. Pero no logramos ver a ninguno. sin quitarse el mecapal ni la carga. También encontramos aves de mediano tamaño y en determinados tramos se autorizó su caza. entre ellos de danta. al poco do­ minio que del castellano tenían numerosos compañeros y a la baja comprensión sobre la importancia operativa 192 . Fue entonces que conocí ese fenómeno. cuya particularidad era emitir luz violeta en la oscuridad. El pase de voces durante las marchas era dificultoso debido a la diversidad de lenguas maternas. y tuve tanta suerte que presencié el espectá­ culo fugaz de una lluvia de meteoritos. quienes eran diestros para localizarlas y. los cocineros la incorporaban al menú de la cena. siempre que se hiciera desde la columna en marcha y sin detenernos. Raras veces volví a presenciar ese fenómeno. El ave era recogida por algún voluntario que la desplu­ maba sin dejar de caminar. Esa noche pudimos contemplar la bóveda celeste estrellada y libre de nubes.hoja de quequexque que medía alrededor de dos metros de largo y uno y medio en su parte más ancha. pero de noche proporcionaba placer contemplar su brillo. aprovechando que el cuerpo del animal aún estaba caliente. Caminando por un filo detectamos huellas frescas de mamíferos silvestres.. En esas condiciones destacaron los vetera­ nos. ¡Tan pocas veces te­ níamos acceso a ella! Pasé buen rato escrutándola. Hacerlo nos descansó y proporcionó indescriptible placer. al observar diseminadas luminosi­ dades desconocidas. disparaban un solo y certero tiro.. En la próxima estación. Nunca volví a ver hojas así de grandes. y mientras tanto acopié material orgánico fósil. Cuando nos aproximamos a la mata para cortarla nos sentimos verdaderamente diminutos.

Y los de adelante se enojaron porque aseguraban que eso estaban haciendo. entre ellos un puerco y un pavo. El dirigente replicó al mando de la vanguardia que se sujetara a la orden de sólo pasar aquellas voces que tuvieran que ver con la seguridad y la operatividad de la marcha. eno­ jo o risa. Así dispusimos de varias horas de oscuridad para salir del área habitada. Después de varias jornadas atravesamos el camino de herradura que de Chel conduce a Cabá. cuando llegó a un miembro de la dirección. Reanudamos la marcha pasadas las doce de la noche. Pero a medio camino. La actividad era una diversión en la que constantemente debíamos sofocar la risa para garantizar el obligado silencio. Como la zona estaba poblada y cultivada. Allí varios compañeros lograron comprar víveres. según las circunstancias y el contenido que resultaba. Pero nos ayudó a mejorar la comunicación durante las marchas. la frase era: "Hay un esqueleto de ganado junto al río". De todas formas no faltaron los mensajes que sufrieron metamorfosis al pasar de boca en boca y que. sino que dormitamos unas horas sentados y sin quitarnos el equipo sobre la vereda que obligadamente debíamos seguir. provocaban preocupación. Durante una temporada lo practicamos dia­ riamente. la punta de vanguardia pasó la voz: "Hay una espoleta de granada junto al río". Esta persistente deficiencia nos llevó a incluir dentro de las actividades de formación un juego de salón llamado "teléfono". En las marchas nocturnas no utilizábamos luz alguna y cami­ 193 . Pero la gente que los vendió se mostró reservada. A todo lo cual se sumaba el cansancio físico. clara y audible. no establecimos campamento. Y luego de dos días llegamos a los alrededores de Amacchel.de la información y las órdenes durante los desplaza­ mientos. Durante cierta marcha. cuando todo en el alrededor era sueño y silencio. para ejercitarnos en pasar mensajes verbales de manera fiel.

Pero encontrar el paso preciso era un verdadero arte. Sorpresivam ente.nábamos muy juntos unos a otros. El rumbo a seguir se determinaba basándose en mapas. Auxiliados por nuestro tacto. realizamos el trabajo en completa oscuridad. machetes y navajas. pero general­ mente avanzábamos a tientas. Si había luna llena y el cielo estaba despejado veíamos un poco. que nuestra alimentación mejoraría porque se daban tres cosechas al año y contábamos con numerosa población organizada. pues afirmaban que allí las marchas eran menos extenuantes por lo plano del terreno. guiados por compañeros diestros. Además. Sin embargo. Todavía debimos atravesar numerosas elevaciones menores y el esfuerzo físico debió mantenerse al máximo. Adelante cruzamos el camino de Chel hacia Amacchel y continuamos rumbo noroeste. Los compañeros que ya co­ nocían nuestro destino estaban jubilosos. que el agua se encontraba en abundancia por doquier. El último campamento de montaña lo establecimos a una altitud entre 300 y 600 m SNM y allí mismo caza­ mos cuatro monos saraguates. Pues había 194 . A nuestros pies nacía el universo verde que buscábamos y se perdía en lontananza como un océano. A un número equivalente de compañeros nos asignaron su destace. contemplamos maravillados la selva inconmensurable. pero evitando aproximarnos también a los que dan nacimiento al Xaclbal. decían que había caza y pesca generosa. no exento de sabiduría y suerte. brújula y experiencia de quienes habían hecho ese trayecto varias veces. del frío y de los bosques de niebla y silencio. desde la cima donde nos encontrábamos faltaban dos días de camino para pisar suelo selvático. Entonces nos despedimos de Los Cuchumatanes. Para el efecto nos dividimos en parejas y cada una tomamos dos ani­ males. al conquistar una cum bre. buscando evadir los ríos grandes que dan nacimiento al Tzejá.

Trabajamos de pie dentro de un riachuelo para tener agua a la mano y apoyar la carne en las piedras para cortarla. el rumor de la corriente y los suaves sonidos del bosque.anochecido y no podíamos darnos el lujo de utilizar lin­ ternas para esos menesteres. operativas y de salud. de pelaje largo y sedoso. Por aquellos días no nos imaginábamos que varios años después. Sus extremidades son cortas y gruesas. Los machos tienen barba y llegan a medir hasta 70 u 80 centímetros de estatura. Las baterías se obtenían con dificultad y debíamos reservarlas para cuestiones políticas. Remojarme al final de la jornada me compensaba el trajín del día. pero suele pasar desapercibido por lo tranquilo que es. Se trata de monos grandes y robustos entre los cuales unos son negros y otros pardos. Después de entregar la carne a los cocineros. su cabeza es grande y tienen una especie de caja de resonan­ cia en la garganta. A diferencia del mico araña. pero los contemplé hasta ese día. procedi­ mos a enterrar las pieles y a lavarnos con arena y lodo. Fue la primera vez que destacé un mamífero y no fue agradable hacerlo con uno tan pa­ recido a nosotros. sino también porque solía ser el único momento solitario en el contexto de una vida permanentemente colectiva. el saraguate es de movimientos lentos y se desplaza a una velocidad menor que aquél. Por eso es más fácil cazarlo una vez localizado. Al terminar instalé mi puesto de dormir y me alejé del campamento quebrada abajo. No sólo por el contacto con el agua. A este semejante se le llama también mono aullador o rugidor. Viven en grupos hasta de veinte ejemplares en las copas de los árboles más altos y sólo es posible localizarlos por sus fuertes rugidos cuando se está próximo a ellos. Los había escuchado numerosas veces. Decenas de metros adelante tomé un baño mientras preparaban la cena. el ejército masacraría y arrasaría todas 195 . la cual se ensancha cuando rugen.

En unas localidades teníamos compañeros organi­ zados. Xejuyeu. entre otras experiencias. caseríos y parajes que bordeaban el macizo montañoso que entonces cruzábamos llenos de esperan­ za y confianza en una vida digna y feliz para nuestro pueblo. Xolchichén. Xemal.las aldeas. muchísimas mujeres fueron violadas. laborales y étnicos. Xaxboc. Juá. Pero todas fueron castigadas. centenares de seres humanos fueron quemados vivos. Amacchel. ni el horror ni sus traumas han logrado silenciar a estos compatriotas que hoy. son para nosotros seres humanos y conciudadanos a los cuales nos debemos para siempre. sobrestimábamos entonces la capacidad de la población y de la organización para enfrentarlos. 196 . A pesar de que conocíamos los métodos con­ trainsurgentes de la década de los sesenta en el oriente del país y a lo largo de la guerra de Vietnam. en múltiples organizaciones. reclaman digna y firmemente sus derechos humanos. formas de lucha y lugares. decenas de niños fueron destrozados contra los árboles y las rocas. Pero se acabaron los tiempos en que estos guatemaltecos soportaban callada y pasivamente lo que gobernantes. Sin embargo. en otras no. centenares de personas fueron torturadas y ametralladas. Ello ha sido parte del precio que cobra el sistema capitalista por el despertar de la conciencia de un pueblo explotado y oprimido por él como los más del mundo. Xeputul. Bisich. Las aldeas de Chacalté. explotadores y opresores hacen con ellos desde tiempos inmemoriales. Juil. En ellas. Chel. Cabá. Joncab. No logramos llevar al pueblo a la conquista del poder político que era nuestro objetivo fundamental. ciudadanos. y crímenes de lesa humanidad que no deben olvidarse jamás. como todas las que han sido víctimas de la brutalidad del ejército. obligadas a abortar y asesinadas con saña. Tziajá. Pal.

También nos alimentamos con pacayas y cogollos de palmito. Fue impactante porque asociaba los gusanos en la carne humana sólo con la muerte.LA FURIA AMOROSA DE LA SELVA En las jornadas de descenso recogimos jocotes jobos y zapotes que encontramos a nuestro paso. Si en las ciudades es una delicadeza de la mesa. que cuando menos duraba de junio a enero. En el momento no producían molestia alguna. Durante la agonía produ­ cía mordiscos más fuertes y continuos. invisibles a simple vista. Al principio causaban come­ zón. igual a la del piquete de los mosquitos y por eso no los distinguíamos. pues de la plaga de colmoyotes. rasurando la piel del área afectada y sellando el orificio de entrada con hoja y leche de cojón. Para librarse de este gusano era necesario asfixiarlo. Las larvas de este pertinaz parásito. el cual denominaban ternera los compañeros de la selva. Algunos llegamos a tener quince y más simultáneamente. nadie escapaba. De esa forma se le impedía respirar. en la monta­ ña es alimento del pobre. parecida a un pellizco. o con esparadrapo. tardaba horas o días en morir. Numerosas veces a partir de entonces lo comimos asado o cocido en sustitución de la harina de maíz. Según el tamaño que hubiera alcanzado para entonces. logré adaptarme. Al cesar éstos se 197 . se dedicaban a consumir nuestra persona. señal cierta de su presencia. El primer día de marcha en terreno selvático me engusané. se introducen en poros. cabeza adentro y cola hacia la superficie. Pero con el pasar de los días sentíamos una mordida periódica. Sin embargo. Era milagroso pasar varios días sin sufrirlos. pero alojados en la dermis. piquetes o infecciones de la piel. pero de la temporada nadie salía indemne.

Parecen puntas de pequeñas lanzas. y le nacían cerdas negras. palmáceas que crecen en colonias a la sombra de árboles frondosos. también está cubier­ to de espinas. 198 . Mientras tanto. Destacaban por dañinas las púas de lancetillo y güiscoyol. Sólo a fuerza de pinchazos desterramos esa mezcla de instinto y hábito. Los días iniciales en la jungla fueron suficientes para percatamos de la cantidad y variedad de espinas que allí existen. testículos y cuero cabelludo. Invariablemente se alojan en quien choca con ellas. Las del lancetillo no se alojan porque están firmemente asidas a la palma que las produce. Pero causan un dolor intenso y duradero como si tuvieran alguna ponzoña. anchas y planas. en lugares casi siempre empantanados o encharcados. Pero cuando el colmoyote se infectaba o se introducía en abscesos se nos dificultaba detectarlo. salía. siendo difíci­ les de extraer en lagrimales. un coquito con almendra blanca que comíamos cuando teníamos hambre. El fruto del lancetillo. el infeliz crecía a nuestras costillas. midiendo cinco y más centímetros de largo. Se albergaba en cualquier parte de nuestra humanidad. llegando a medir dos y más centímetros. procurando observar y reflexionar antes de actuar. Las del güiscoyol son agujas cilindricas y finas. Otras provo­ caban heridas sin adherirse. crecen abigarradas en troncos y hojas. son muy resistentes. y para cobrar conciencia de que en la sierra no las sufríamos.quitaba el sello y presionando fuertemente la piel. Algunas se enterraban tan profundamente o en puntos tales que era imposible extraerlas. Al igual que las primeras. La presencia de güiscoyolares es indicio de la proximidad de río grande. pechos. Aunque en nuestras circunstancias ello era difícil. Llegamos a las planicies selváticas acos­ tumbrados a asirnos o reclinarnos en cualquier planta o lugar.

Cuando visitá­ bamos su casa nos preguntaba a cada uno si las teníamos. En la primera reunión general evaluamos la marcha recién concluida. Desapareció el hambre entre nosotros. Procurando no dejar huella cami­ namos en el cauce de un río pedregoso y sombreado. Esta mujercita no pasaba de los siete años de edad. entonces guardábamos parte para la media mañana o la tarde. de un agujero próximo al fogón salió una serpiente coral. para que no la inundaran las lluvias torrenciales de la temporada. las cuales nosotros mismos le arrancamos a la tierra. La disposición de sus anillos rojos. asumió por ocurren­ cia propia la tarea de extraernos espinas.nombre que en ixil significa lavadero—. Ante las respuestas afirmativas exclamaba suspirando: "¡pobrecito!". amarillos y negros era inconfundible. Aunque no pasan de medir un metro de longitud. hija de colaboradores que vivían en la profundidad de la selva. Tierra adentro acampamos y previsoramente instalamos la cocina en un promontorio. y procedía a sacarlas con inusual pericia. Cierto día. Las raciones eran tan copiosas que ninguno alcanzaba a terminarlas. pues la pobla­ ción nos brindó abundante yuca y malanga. son culebras ágiles y nerviosas que poseen un veneno de acción neurotóxica mortal en cualquier dosis. cada organismo trabajó en lo suyo y de nuevo nuestro campamento se convirtió en epicentro de actividad. Resuelto el apremiante problema de la alimentación y tomado el control de la situación operativa. Más tardó el animal en arrastrarse fuera de la tierra que un machete en cortarle la cabeza.Una niñita rubia y dulce. En el aspecto político sobresalió un planteamiento: la colectividad 199 . mientras comíamos alrededor de la construcción. La cacería se instauró y en los días siguientes comenzaron a llegar otros productos agrícolas. Al tercer día de marcha llegamos a un área poblada en las proximidades del río Xaclbal .

Era una contradicción. El haber cruzado una zona inmensa y poco habitada. pero moderada. Luego de caminar a rumbo algunas horas nos detuvimos a cientos de metros de una vivienda. de manera que la caminata fuera menos extenuante y la colectividad se sintiera estimulada por la perspectiva de su superación intelectual. Los demás nos dedicamos a cavar una fosa de dos metros cúbicos. pues las nacientes conciencias eran frágiles. Realizar las labores de formación habría requerido detenernos a media tarde aumentando los días de camino. toldo y plásticos. Efectivamente. Luego. al mismo tiempo que se acentuó la exigencia en el esfuerzo físico se afectó la moral colectiva. donde no teníamos base de apoyo.resintió que durante el desplazamiento se suspendiera la formación política y cultural. Sin embargo. la seguridad del contingente guerrillero y la solución del problema alimentario. y reduciendo la despensa vital con la incertidumbre de si obtendríamos o no los víveres necesarios. determinó esta carencia. auxiliándonos de manos. al suspender la vida política y cultural. llevando sólo mochila. Tres mujeres íbamos en el grupo. que allí mismo fabricamos con árboles jóvenes de madera dura. La cual. Salimos por la tarde bajo lluvia pertinaz. con los toldos 200 . Entre otras tareas formé parte de una patrulla envia­ da por abastecimiento. cercada además militarmente. pero debíamos encontrarle salida en el futuro. se dijo. El reclamo evidenció que no podíamos dejar de alimentar la con­ ciencia política ni en esas circunstancias. Se debían destinar entonces de dos a tres horas diarias para ella. y dos compañeros se dirigieron hacia ella para establecer contacto. era es­ pecialmente necesaria cuando la intensidad del esfuerzo físico y el rigor material se prolongaban por varias jor­ nadas. machetes y barretas. durante el tiempo que nos tomó la marcha —dieciocho días— la dirección y el mando concentraron su atención en el avance.

Habíamos pasado más de veinticuatro horas de pie. Luego trasegamos cen­ tenares de mazorcas hasta nuestra posición. y alertas esperamos a que avanzara la noche. pero descansaríamos hasta la noche. dirigente comunal. Habíamos acopiado alrededor de seis quintales. Entonces nos aproximamos a la casa en silencio. Su padre. y estando próximo el amanecer recogimos el albergue provisional. colocamos debajo un piso de lienzos de plástico. la cual nos brindó una bebida que fue toda nuestra cena. Ya dentro saludamos a la familia. había 201 . Un correo que llegó por esos días portaba entre la correspondencia una carta dirigida a quienes estábamos de responsables en el "campamento de las mujeres". Nos saludaba fraternal y respetuosamente. También informaba que había sido reprendido por su proceder de parte de los compañeros a donde llegó y por sus familiares. patentizaba su preocupación por lo que había hecho y pedía disculpas. pro­ tegiendo cuidadosamente el maíz para que el agua no lo dañara. mientras un volcán de grano crecía en medio del grupo. Después nos retiramos silenciosos y a paso rápido hacia el campamento. Afanados en esta tarea se nos fue la noche. Tuzas y olotes volaban al agujero. Era del puño y letra del muchacho ixil que se había fugado de él. Al arribar acomodamos el producto a buen resguardo. Conversamos animadamente y cuando concluimos cada quien llenó su mochila. en las horas de luz debíamos estar todos movilizados. quien lo había criado.instalamos un techo amplio. A varios se nos formaron ampollas en los dedos a causa de la cantidad desgranada. Tapamos y apisonamos el agujero hecho y resembramos sobre éste y el lugar que ocupamos diversas plantas. Al terminar nos dedicamos a deshojar y desgranar los frutos. desayunamos y nos incor­ poramos a las actividades cotidianas. Y explicaba que el motivo de su fuga había sido la tristeza que sentía por la lejanía de su abuelita.

Des­ perté a mi compañero. Permaneció una temporada estu­ diando las ideas de la revolución y pasando experiencia. cayéndoles un rayo a corta distancia. Pronto tuve alta temperatura. Pero entonces yacía en tierra con mi primer problema de salud en la montaña. El fenómeno les produjo 202 . pues la desparasitación intestinal era una necesi­ dad periódica para nosotros. Finalmente narraba que estaba contento e integrado a las guerrillas locales. Meses después de esta misiva. Débil. por la espalda. fue enviado en una misión al destacamento. pues se distrajo observando un tapir y perdió el sentido de la orientación. permanecí acostada más de una semana. pues pude morir. sin tener idea de ese riesgo.sido asesinado por los terratenientes del lugar cuando él era pequeño. ya que las reacciones alérgicas de esa envergadura pueden cerrar las vías respiratorias y matar por asfixia. Había resultado alérgica al remedio. Cierto atardecer tomamos un medicamento antihel­ míntico. asueñada y sin poder usar las botas por la hinchazón. Años después me explicó un médico que tuve suerte. pero tuve la impresión de que me afiebraba y que la piel y los músculos se estiraban causando un dolor particular y desconocido. Y a dos compañeros que salieron a explorar los sorprendió una tormenta eléctrica cuando se aprestaban a cruzar un río. quien alumbrando con la linterna dijo que no se me distinguían nariz. cuello ni orejas y que los ojos estaban hinchados. Por esos mismos días un compañero achí se extra­ vió cuando volvía de la guardia al campamento. ya probado y más consciente. Posteriormente volvió a donde estaban sus raíces. mientras la pulsera del reloj y la ropa me apretaban. Cuarenta y ocho horas de hambre e in­ temperie le valió su curiosidad. Inmediatamente me fue inyectado un antihistamínico. mientras na­ die más tuvo problema alguno. Al caer la noche me retiré a descansar. repitiéndose la medida durante varios días.

Inofensi­ va. mientras otro se la cercenó de un tajo. El fenómeno era fre­ cuente porque vivíamos entre densa vegetación. impidiendo respirar a la víctima con la presión de sus anillos. pero el susto que llevaron fue grande. más rápido de lo que había desaparecido resurgía del lugar con cara de susto. retumbando en nuestros oídos su ruido atronador. esta boa puede aprender a convivir con los humanos. Nuestra marcha debía durar jornada y media. Sin embar­ go. Algunos la vimos saltar dentro de un zanjón. pero resultó de tres porque nos extraviamos. Los rayos solían penetrar hasta el suelo y su relámpago iluminaba cegadoramente a ras del piso. Tu­ vieron suerte. El cuerpo del animal se contorsionaba mientras la vida se le iba. Su piel se asemeja a hojarasca seca y las mayores llegan a medir alrededor de cinco metros de longitud. No tiene veneno alguno y es pacífica. Tres mujeres formábamos parte del grupo. donde llovía nueve meses del año. cuando nos detuvimos a esperar el resultado de una exploración.quemaduras leves en las nalgas y sordera temporal. lenta y dormilona. De una sola vez tiene veinte o más hijos de treinta centímetros cada uno. Hábilmente un compañero le inmovilizó la cabeza a la mazacuata. Había caído junto a una boa constrictor que asustada por su intempestiva presencia se puso en alerta. cumpliendo la función de eliminar ratones y otras pla­ 203 . Esta manifestación meteorológica nos hacía sentir indefensos. Esta culebra es la mayor de todas en las selvas mesoamericanas por su longitud y grosor. y mata por constricción. El primer día. una compañera se alejó varios metros. los que nacen aptos para valerse por sí mismos. Iba en ella un miembro del mando y yo como responsable de formación. Mientras el destacamento continuó estacionado formé parte de una unidad de avanzada a otra zona de la selva. Luego arrastraron al ofidio de más de tres metros a donde estábamos congregados.

Representaba doce libras o más. Salir de él implicaba cru­ 204 . Medio en broma y medio en serio. lo localizó. mientras los cocineros preparaban la fastuosa cena.gas domésticas. quienes le seguían en la marcha lo alarmaron anunciándole que el animal rompía el amarre. Pero esta vez se confundió porque aparecieron una brecha y maquinaria que pocas semanas antes no estaban. Ya instalados nos dedicamos a limpiar las armas. provocando la risa colectiva. los compañeros se propusieron unos a otros para llevarla. llegó a la conclusión de que la ruta original era la correcta. El atardecer de la segunda jornada nos sorprendió avanzando en terreno cenagoso. Sentido nato de orientación y práctica sobre el terreno eran la base de su extraordinaria cualidad. y en algún momento llegó a tirar la mochila con todo y la carne apetecida. pero ninguno quería sumarla a su pesada carga. Aceptó hacerlo un costeño. Inmediatamente alguien sugirió que la incorporá­ ramos al menú de la cena. Topar con ellas en medio de la selva virgen fue desconcertante y pensó que había errado el rumbo. no sin antes amarrarla fuertemente con beju­ cos. No pocas veces. Y no faltaba quien temiera que aun sin cabeza se enrollara en su cuello. al cual además raramente veíamos. Luego de intentar encontrarlo por otras partes. para reconstruirla a paso soste­ nido sin ayuda de brújula. Le bastaba pasar una vez. Pero su tamaño y los mitos a partir de su capacidad devoradora —puede tragar enteros hasta un mono araña o un venado cabrito joven— inducen irreflexivamente a eliminarla sin razón. Efectivamente. Para cerciorarse buscó un buzón que teníamos por el área. la carretera pasaba a pocos metros de él. El combatiente que hacía de guía destacaba entre los que mejor se orientaban. de día o de noche por una ruta. Para entonces avanzaba la oscuri­ dad y debimos acampar. cortes de machete o la posición del sol.

o pasábamos sujetándonos 205 . En otros casos los cruzábamos nadando asidos a nuestras mochilas. inundan extensas áreas. arrastran árboles de toda talla y cuanto encuentran a su paso. y la vida se reorganiza a su alrededor. buscando equilibrio sobre raíces aéreas de árboles similares a los mangles de agua salada. nuestro trabajo requería que los cruzáramos tanto en época de seca como de crecientes. Pero al ceder el in­ vierno vuelven a su cauce normal. Cuando los ríos de la selva se embravecen. algunas veces nos arrancaron compañeros para siempre y otras nos hicieron pasar momentos de suspenso y miedo. A veces usábamos cayucos que nosotros mismos fabricábamos y que escondíamos en las proximidades. Los árboles de la ribera abandonada la víspera parecían arañas gigantes. Otras ocasiones utilizábamos las canoas y la pericia de compañeros de la población. tomábamos precauciones especiales. Igual pudo haber subido más y anegar la ribera donde estábamos o seguir estable durante días en su turbulencia. Para lograrlo nos valíamos de diversos medios y de la sabiduría sobre su estructura y comportamiento. Salvar el obstáculo llevó casi dos horas. Nos aproximamos a la correntada. pues su caudal impetuoso estaba transformado en un hilo de agua que no llegaba a los tobillos. con las raíces al aire y afianzadas en suelo fangoso. Sin embargo. El comporta­ miento de las crecientes era imprevisible. luego de las cuales y a oscuras acampamos en la margen opuesta.zar un zanjón peligrosamente crecido. entrada la época de lluvias. Son impo­ nentes y peligrosos por su desenfreno. las cuales sabíamos hacer flotar con todo su cargamento dentro. Con facilidad resbalábamos y se nos enredaban los pies en el raicero. Cuando el cruce debía hacerse en vados conocidos por el ejército o donde podíamos ser vistos por orejas o población no ganada. Temprano al otro día el zanjón era irreconocible.

a lazos o bejucos. Quienes sabíamos nadar apoyábamos a los que no sabían o pasábamos el equipo de los demás. colocar la mochila entre las piernas y equilibrar cuidadosamente peso y movimientos. Nos correspondía asi­ mismo recabar información operativa y crear condiciones materiales para la futura llegada del destacamento. Debíamos impulsar entre unos y otros la formación política y el adiestramiento militar. En aquella oportunidad reanudamos la marcha a la mañana siguiente. Y otras veces sencillamente debimos esperar horas o días a que la creciente bajara. También estaba previsto que visi­ táramos algunos hogares. dueños desde temprana edad de la pericia de la navegación en los ríos selváticos. debiendo abrir o cerrar el ángulo según la fuerza y la anchura del río. Al medio día nos encontramos con los organizadores de la zona y con los combatientes re­ clutados durante la ausencia del destacamento. En esos casos los mejores hachadores se turnaban en el oficio. En ocasiones había posibilidad de tumbar un árbol y pasar sobre su tronco y ramaje. Varias veces atravesamos los grandes ríos crecidos en ellas. La distancia entre el punto en que entrábamos al agua y el lugar donde salíamos podía ser de decenas o centenas de metros. la travesía debía hacerse diagonal­ mente a favor de la corriente. En los cayucos era preciso sentarse en el fondo mojado. no pocas veces anegado en lodo con sanguijuelas. conducidos incluso por niños o adolescentes. De cualquier manera. 206 . ni en otros rumbos del país. nos informáramos de primera mano sobre la situación del área y sobre las vivencias de quienes habían terminado por lanzarse a esas selvas en busca del porvenir que no encontraron en sus lugares de origen. Cualquier inclinación hacia un costado podía provocar el vuelco de las estrechas e inestables embarcaciones. Sólo los canaleteros o remeros per­ manecían de pie.

los esfuerzos físicos extraordinarios. El ruido de estos insectos me era familiar debido a las temporadas que durante mi niñez y adolescencia pasé en el cam po. Pronto me percaté de que su chirrido me desesperaba. Pero estos animalitos inofensivos estaban logrando derrotarme. porque emiten un sonido similar al del ganado vacuno. tampoco los problemas ideológicos. ¿Cómo explicarme y explicar que su chirriar me hacía dudar de mi capacidad 207 . de encontrarnos próximos a un potrero o corral. Cuando llevaba alrededor de diez días. Pero siem pre estuve en casas rodeadas de terrenos descombrados o de jardines que se anteponían al monte virgen. El primer día me desconcertaron respecto a nuestra posición. las incomodidades sin fin. Eran millares de ejemplares que de manera persistente y sucesiva producían un fuerte sonido. sabía que estábamos alejados de asentamientos humanos. las hambrunas. la carga a mecapal. En el nuevo hogar nos recibió un coro de ranas-toro que todas las tardes. a la misma hora. Fue inútil que me afanara en localizar un ejemplar. el sonido hería mis oídos y yo sentía enloquecer. mientras parecía no afectar a mis compañeros. por lo tanto. Este hecho me hizo reflexionar sobre lo inimaginable que resultaban ser las pruebas y las circunstancias de lucha a las que nos veíamos expuestos. experimentando lo que era escucharlos ininterrumpidamente porque era su temporada. Sin embargo. dando la impresión de ser tales y. mucho menos el peligro. siendo posible sustraerse a su bullicio. Al canto de los batracios se superponía la sinfonía monótona y estridente de las chicharras macho. políticos y organizativos que enfrentábamos. No habían afectado mi estabilidad psíquica la lejanía e incomunicación con mi hijo y mis seres queridos. Pero esta vez me encontraba en la mansión del chiquirín. escuchamos durante el tiempo que permanecimos allí.La selva seguía revelando sus secretos.

Cierta vez. una alfombra de flores en primavera. Pasadas unas semanas nos abatió el paludismo. sino también nuestras fuentes de alegría eran inacabables: vivir la fraternidad colectiva. pero la malaria fue un verdadero azote. vulnerable ante cualquier emergencia. Contemplar una estrella fugaz. la travesura de algún compañero. un compañero quiché cayó enfermo y en varios días no probó bocado. una escuadrilla de guacamayas 208 . Le ordenaron volver a su puesto y acostarse. Éramos literalmente un hospital a cielo abierto. Luego agregó con voz trémula que pedía autorización para salir de cacería porque tenía hambre y quería comer carne. era obvio que no estaba en condiciones ni de levantarse de la hamaca. algo se operó en mi cerebro. aun cuando estuviéramos en climas templados y hubiesen pasado años. Estábamos reunidos cuando este combatiente apareció tambaleante y pálido. No sólo nuestras dificultades. debido a la náusea y los vómitos que le provocó. Todos lo observamos atónitos. Sujetándose a un palo susurró: "¿Permiso para interrumpir?". el amor de nuestra pareja. al colectivo se le solicitaron dos voluntarios para ir de cacería al terminar la reunión. nos repitió periódicamente. de manera que el agudo ruido dejó de molestarme para siempre. Quie­ nes quedaron en pie apenas tuvieron alcance para moler. por ejemplo. Para la cena nuestro compañero tomó caldo y comió carne de pava.para trabajar en la selva? Pero en los días precisos en que calladamente enfrentaba este dilema. Y desde entonces. Dos terceras partes de quienes nos encontrábamos concentra­ dos caímos enfermos con diferencia de horas o días. Quizás todos la padecimos varias veces. fórmula de cortesía que acostumbrábamos. Afor­ tunadamente las epidemias fueron raras. cocinar y atendernos. Y no pocas veces dio lugar a escenas conmo­ vedoras.

pensamientos. O se le respeta con humildad y paciencia. Es un universo de mariposas y verdor feraz que nos compenetra por completo: senti­ dos.en alto vuelo. En tanto que nuestro crecimiento en combatientes. Aunque nuestra estancia en ella no tuvo nada de paradisíaca. Y así lo exponíamos en nuestra labor de formación. era imposible porque carecíamos de los cuadros correspon­ dientes. o se sucumbe devorado por ella. progresivamente nos dábamos cuenta que gestar un parti­ do político. Sueño con volver a ella. bella. sentimientos. a las plagas y al estado de alerta permanente. un pasado. La selva atrae irresis­ tiblemente a quien ha vivido en ella etapas cruciales de su existencia y se integra para siempre a su ser. por lo menos en el frente que construíamos. Sin embargo. me alucinó. pero la miseria del campesinado y la acción depredadora del capitalismo y de la contrainsurgencia están acabando aceleradamente con esas formas vegetales primigenias. Y el medio social donde nos desempeñábamos era atrasado políticamente. Escuchar el trino de pájaros cantores. Nuestro eje conceptual entonces era crear una organización político-militar que fuera a la vez el germen de un partido político y el de un ejército popular. la visita bullanguera de los monos araña. una leyenda. alternativamente me exasperó. Hoy probablemente aquellos lugares recorridos por nosotros sean una ilusión. de vez en cuando la belleza y la tranquilidad de la naturaleza se imponían al trabajo. Desde entonces la selva se me reveló imponente. me cautivó. activistas y bases de apoyo era acelerado. La selva retiene para sí la mayor parte de sus misterios y dicta leyes y costumbres a quien la habita. los cuadros políticos seguían siendo los mismos y eran cada vez menos en relación a la expansión de nuestro 209 . apasionante. la al­ garabía de las bandadas de pericos.

finalmente. organizar y politizar a un número mayor de población. De ahí que. La subestimación de la política era generalizada dentro de la organización. Más bien decían que debíamos armarlas para que arrebatáramos el poder y que luego habría tiempo para prepararnos y formar el partido. dirigir y actuar políticamente — era perder el tiempo. También carecíamos de cuadros militares propiamente.radio de acción. la influencia foquista cubana. Nosotros sólo teníamos compañeros conocedores del arte guerrillero y poseedores de entrega. Entre ellos la práctica conservadora. Pero muy pocos teníamos conciencia de este problema. A nuestro juicio. Numerosos compañeros consideraban que hacer política —y por lo tanto. pensar. era mandarlas al matadero. las armas y lo militar tenían enton­ ces un límite porque nos era prioritario ganar. En la configuración de este pensamiento influían varios factores. voluntad y arrojo extraordinarios. así como formar y adiestrar a los integrantes del destacamento 210 . politiquera y oportunista de los partidos políticos existentes. veía­ mos la imposibilidad de lograrlo con el recurso humano que éramos y podíamos ser en las montañas del noroeste. al mismo tiempo que era clara la urgencia de contar con una columna vertebral política que fuera el alma de nuestra organización. complejidad y relación con la política. la im­ punidad y la intolerancia del régimen que provocaban el exilio o el asesinato de aquellos intelectuales. Es decir. la herencia militarista y cortoplacista de las guerrillas de la década anterior. Y orientar a las masas a que impulsaran luchas amplias. y. incluso en la capital donde al principio cifrábamos nuestras esperanzas. amparadas en una ley que sólo existía en el papel. de compañeros que conocieran la teoría militar en su esencia. políticos y luchadores sociales que levantaran banderas de democra­ cia y justicia social.

Así establecimos bases en un amplio territorio que permitió mayor movilidad a la guerrilla. de aislamiento nacional de las comunidades donde incidíamos y con la precariedad de armamento y parque que seguíamos teniendo. logramos priorizar la expansión del trabajo político-orga­ nizativo hacia el sur de El Quiché. A ve­ ces las contradicciones se agudizaban críticamente entre algunos de nosotros. Los menos consideraban que con la sola acción armada en aquel contexto de atraso político. 211 . Asimismo. Los buscábamos personalmente y tratábamos de persua­ dirlos con razonamientos que daban resultado positivo la mayoría de las veces. pero en aquel entonces logramos preferenciar la preparación de la autodefensa de la población organizada. conformamos con raciones de hambre y cuidarnos de no comprometer la seguridad de los pobladores que crecientemente nos apoyaban. Y en cam­ bio provocaríamos una reacción del sistema superior a nuestras fuerzas políticas y militares que no podríamos enfrentar en términos globales. templamos para soportar por años los rigores de la vida a la intemperie. y posibilitó la difusión de nuestras ideas entre un número mayor de población. no llegaríamos muy lejos en el frente nuestro. También se trabajó en función de la neutralización de orejas y comisionados militares que delataban y entre­ gaban gente —organizada o no— al ejército. El tercero y último aviso se les hacía delante de su esposa.guerrillero. La lucha interna era ardua. el suroeste del Petén y los departamentos de Alta Verapaz y Huehuetenango. cómo ni con qué resultados como algunos proponían. hijos y familiares. de localismo étnico-cultural. A ellos les dábamos tres oportunidades para rectificar su proceder. Consideraban que la cuestión no era simplemente combatir contra el ejército no importaba dónde. y los planes y criterios para la realización de la propaganda armada.

sistematizando hasta donde le era posible la labor de alfabetización. experimenté la laboriosidad que implica levantar una cosecha de frijol y conocí por observa­ ción el arte y paciencia de la cacería del jaguar. Y nuestra unidad había desplegado para entonces toda su capacidad laboral y organizativa. así como exploraciones de nuevos lugares de campamento. manteniendo el 212 . A dos meses de trabajar en esta zona la había­ mos recorrido parcialmente. Una tarde lluviosa apareció la columna guerrillera que habíamos precedido y en ella llegó Benedicto. En esos trajines conocí el proceso de producción del achiote y del cardamomo. medicamentos y recursos básicos para estar en condiciones de pasar a nuevas fases de desarrollo y actividad militar. Algunos veteranos con influencia entre los com­ batientes mantenían la presión y no dudaban en tomar iniciativas militares de hecho. Trabajamos en la introducción de armamento. así como también impulsar el conocimiento de la ciencia militar —y no simplemente del arte guerrillero— y las implicaciones de uno y otro nivel en la lucha por el poder. Era costumbre que al arribo o partida de un grupo todos acu­ diéramos a recibirlo o despedirlo.Nos abocamos además a multiplicar las vías logísticas y de comunicación. capaz de comprender las com­ plejidades y precedencia de la política. Quienes llegaron esa vez saludaron como era usual. Tanto dentro como fuera de la organización necesitábamos una cultura política superior. Sin embargo. Y en ambos aspectos estábamos poco menos que en pañales. el equilibrio era precario entre no­ sotros. Por otra parte. la misma población nos demandaba armas y acción bélica. politización y adiestramiento militar. También habíamos realizado tareas productivas y de abastecimiento. con apretones de manos y efusivos abrazos a quienes los recibíamos.

pero tenían la certeza de que quienes estaban "en casa" les esperaban con solicitud. mientras me encontraba de guardia huyó de la prisión para volver a donde pertenecía. Nos abrazamos y besamos como suelen hacerlo quienes amándose han pasado separados una temporada. ni en qué condiciones. observé que manipulaba el depósito de su granada. cuando mi compañero se aproximaba en fila hacia donde yo estaba. A la pregunta de "¿cómo les fue?" solían responder: "llegamos". mientras tanto. leña. logró sacar del interior una diminuta tortuga verde y amarilla que. sobre todo. Mi sorpresa fue mayor cuando. había ido a dar al fondo de la mochila.orden de la columna y cargando aún sus mochilas. las dificultades y los esfuerzos eran siempre tales que llegar. Los cami­ nantes generalmente estaban hambrientos y extenuados. no importaba a través de qué vicisitudes. de expectativas sobre los avances del trabajo respectivo. era lo importante. La granada. al confort: instalaciones básicas. de alegría general. 213 . Ese día era mi cumpleaños. de intercambio de noticias. cocina. Pero teniendo la jungla por morada era previsible que no le pareciera atractivo vivir dentro de un viejo bote de hojalata. Por una breve semana la tortuguita formó parte de la colectividad. Así que un buen día. Extrañada por el hecho en las circunstancias en que nos encontrábamos. única manera de no perderla de vista y de protegerla de las pisadas de aquella muchedumbre. Estos reencuentros eran motivo de preparativos de recepción. fijé la vista en sus manos más que en el alegre rostro que me dirigía. víveres y. me extendió como regalo. Y era que los peli­ gros. asida de una patita. techo. a la civilización. com­ pañeros de ideales y lucha. Lamen­ té perder mi regalo pero me alegró su libertad. En esa oportuni­ dad. Entrar a un campamento era hacerlo al hogar. luego de varios intentos.

De ahí que sólo se me ocurra compararte a una estrella de papel plateado. a un aeroplano amarillo de dos alas. y porque cualquiera sabe que es triste inmensamente existir sin amor. 214 . en un bosque de nubliselva del corazón de Los Cuchumatanes. Porque mi condición de elefante que ha vivido sin amor y que no olvida hace que me avergüence un poco de mi propia ternura. A raíz de ese primer encuentro él escribió estos poemas: Motivos del elefante Me he preguntado muchas veces dónde reside la necesidad de tu vida en mis actos y la razón de que estando tú lejos arda bajo la lluvia la pólvora de mi alma. por azares de la lucha nos cono­ cimos con Benedicto. ni porque tengas el tiempo lleno de mariposas. El hombre le dice barrilete a su amor No te quiero nada más por tu semblante de barrilete volado en primavera. a una flor.Años atrás. ni por tu condición de muchacha con el alma bulliciosa de pájaros. porque era tu alegría la que durante la niñez buscaba los domingos en los circos llovidos. Yo te quiero más bien por viejas razones de hombre: porque era a ti a la que sin saberlo había querido hallar siempre en las gaviotas.

Pero iniciamos nuestra vida como pareja cuando me integré al destacamento.Habíamos recorrido caminos y procesos diferentes para llegar a ese punto de militancia y geografía. El amor irrumpió inesperadamente. dispuesto a la renuncia pronta en aras de la lucha en que estábamos empeñados. ajeno a las leyes y convenciones sociales. Surgió sin promesas ni condiciones. Nació en libertad y espontaneidad. en medio del trabajo y las vicisitudes de la vida guerrillera y clan­ destina. Y para entonces ambos habíamos decidido dedicar nuestras vi­ das a la revolución guatemalteca y al internacionalismo proletario. 215 .

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Estos tenían vida propia y margen para desplegar iniciativas dentro de su campo. de hecho. como los anteriores. se decidió transformar el carácter del mando de sólo militar a po­ lítico-militar. alfabetización. para implementar múltiples funciones y actividades de la colectividad. para organizar y dirigir su vida interna. Para darle ese carácter se fusionaron el mando existente y el equipo de formación que. tales como servicios y seguridad. A partir de su recomposición. ellos también lo hacían. debía valerse de una organización y medios militares para llevar a cabo su labor y defenderse del adversario. servicios médicos. El mando fue el instrumento ejecutor y garante de la realización de los planes y decisiones superiores. Estos organismos y todos los integrantes del destacamento con­ formaban una estructura propiamente militar. llevaba la conducción política del destacamento. la cual siguió desempeñando sus funciones desde el seno de nuestra colectividad. Al mismo tiempo.EN LA CASA DEL JAGUAR Al poco tiempo de haberse multiplicado el destacamento. Sin embargo. este órgano continuó apoyándose en los demás equipos. abas­ tos. el nuevo organismo centralizó la labor de formación política. bajo la orientación y supervisión de la dirección. La práctica había revelado esa necesidad. El nuevo organismo trabajó. Su funcionamiento era colectivo. y para proyectarse a la población de las zonas donde se movilizaba. Y su trabajo era en función de objetivos políticos. pues éramos una colectividad que se regía por criterios y métodos políticos para reclutar a sus miembros. y cuando la dirección de la montaña debió dirigir diver­ sas estructuras y cuadros del naciente frente. pero cuando el destacamento se dividía. consistente 217 .

Luego llevábamos platos a la cocina. Nos regíamos por reglas. Su cumplimiento era de obligación general. marchas. horarios y cos­ tumbres conocidas por todos y cuya razón de ser había sido fundamentada a la colectividad y demostrada por la práctica. las cuales manteníamos listas para cualquier eventualidad. siempre antes del amane­ cer. operativos y misiones políticas. recogíamos leña y nos presentábamos a formación. Pues al despuntar el día ya debía haber vigilancia en determinados puntos y estar listo el desayuno. revisábamos el estado de las armas y anunciábamos las actividades y asignación de las tareas del día. pero siempre existía y todos sabíamos cuál era nuestro lugar y responsabilidades en diversas circunstan­ cias.en escuadras integradas a unidades mayores. pero colectivo y supervisado por la dirección. recogía los equipos de dormir y los guardaba en las mochilas. Esta estructura también se readecuaba según estuviéramos concentrados o dispersos. Las sanciones eran excepcionales y en general no éramos partidarios de ellas. el ejemplo de los responsables y la fuerza moral de la colectividad hacia cada uno de sus integrantes. Con el alba se levantaba la colectividad. eran las guardias diurnas. De manera que las estructuras funcionaban en toda situación bajo un mando centralizado. los moledores y los cocine­ ros. prefiriendo la labor de persuasión. sino de nuestro desempeño político y en todos los órdenes de la vida cotidiana. Teníamos horario para toda actividad y cual­ quier iniciativa personal requería autorización. siendo raras las ocasiones y los casos en que se requerían llamados de atención o recordatorios. El grado de disciplina existente entre nosotros era alto. No sólo desde el punto de vista militar. La disciplina se asumía como necesaria. con sus res­ pectivos mandos y funciones militares en campamentos. Los primeros en levantarse. En ésta pasábamos lista. Luego desayunábamos escuchando 218 .

Entre la base se rotaba la decisión sobre cuál estación sintonizar. tropical y romántica entre otras.noticias y a las ocho de la mañana iniciábamos el trabajo. pues los gustos eran tan diversos que iban de los sones indígenas al rock. aparecía una manada de micos araña que armaba gran bullicio. Esa era también la hora del baño y del lavado de ropa. Pero en uno que frecuentamos resultó que cuando llegábamos al lugar. o controlando el volumen de la voz. Pero tuvimos lugares verdaderamente bellos: agua abundante. Disfru­ tábamos los bañaderos agradables. en el radio colectivo. Cuando las condiciones de segu­ ridad y las características del terreno lo permitían. corrientes mansas o pozas cristalinas. observándonos con insistencia. sino cuando nos vestíamos y retornábamos al campamento. Salvo situaciones de excepcional seguridad. Y la verdad es que la manera de vernos y su parentesco con los humanos nos hacía sentir incómodas. No se callaban ni se retiraban. 219 . Salvo tareas o situaciones extraordinarias que lo impo­ sibilitaran. lo hicimos con sigilo y nada. bromeando y comentando sus miradas y piruetas. Era una demanda femenina que pocas veces fue posible satisfacer. nos bañábamos con rapidez y silenciosamente. pasando por música ranchera. Al finalizar la tarde estaba autorizado escuchar música durante una hora. vegetación exuberante y fondos de arena blanca o roca. Aunque nos reíamos mucho. se establecían bañaderos separados para hombres y mujeres. Y a ellos nos dirigíamos reclamándoles su indiscreción y escándalo. eran de agua y cauce fangosos. Por la tarde desplegábamos activida­ des por tres o cuatro horas. Otros. Cambiamos la hora del baño. de acceso difícil y rodeados de vegetación hostil. según fuera la duración de la luz solar. se suspendían las labores al medio día para comer y descansar. Invariablemente comenzaba el jolgorio de los primates cuando nos desnudábamos. sin embargo.

aún así. a su vez. quienes tenían sólo responsabilidades de base solían disponer de algún tiempo libre en el día. sedoso y café claro. Quedaban de pie las guardias y algún cazador nocturno cuando la seguridad lo permitía. Al aproximarse la noche cenábamos y más tarde realizábamos la última actividad del día. Ellos. Un compañero de dirección que gustaba de esta cacería. Para localizarlos era preciso que en el campamento reinaran la oscuridad y el silencio. casi dorado. Con 220 . Su pelaje era denso. No conocíamos días de descanso ni vacaciones. Seguramente los árboles próxi­ mos les proporcionaban el alimento cotidiano y nuestra presencia en su territorio los incomodaba. generalmente a las nueve o diez de la noche. de cola larga y prensil. ojos grandes y orejas pequeñas. Vivían en los árboles y los llamábamos micoleones.mientras les tirábamos agua. cara redonda. Entre ellos destacaban por su abundancia unos mamíferos pequeños. Pues en ciertos lugares y épocas merodeaban animales noctámbulos. Por tem poradas volví a trabajar con cuadros organizadores salidos de la población regional. de algún tema cultural o comentario de noticias. nos lanzaban hojas y pequeñas ramas. de críticas y autocríticas de la colecti­ vidad. Podía tratarse de la evaluación de algún operativo militar o tarea política entre la población. por ejemplo. conversar. Pero quienes teníamos responsabilidades mayores sólo reposábamos las horas de sueño. leer. Esta reunión la concluíamos entonando canciones revolucionarias. Los fines de semana o los días festivos pasaban desapercibidos. porque las demandas de la lucha eran superiores a nuestra capacidad. el tiempo de trabajo nos parecía poco. Y lo utilizaban para descansar. Sin embargo. Solíamos cazarlos encandilándolos con linterna. hora a la que nos retirábamos a dormir. solía abastecernos de carne cuan­ do algún animal trasnochador velaba nuestro sueño. Y.

ellos constaté. era indicio de deformaciones ideológicas graves. dentro de la Franja Transversal del Norte. Sólo porque las vías legales para demandar justicia no funcionaban o nos eran vedadas mediante el terror y la impunidad del régimen es que la ejercíamos. más difícil ejercerla. Tal dificultad no se debía al miedo por perder la vida que. de falsos valores. Entre nosotros se reconocía el desempeño firme y valiente en la confrontación con el adversario. donde altos 221 . o por el sufrimiento de sus seres queridos. Entre los planes de entonces estaba extender nuestro trabajo hacia el departamento de Alta Verapaz. de infiltración. A la acción armada o a cualquier tarea riesgosa íbamos con entusiasmo y determinación de cumplirla costara lo que costara. de reclutamientos mal hechos. Pero ninguno nos recreábamos de recurrir a ella. pero que es superado gracias a las convicciones y al sentido del deber. de una u otra manera se siente. pero se hacía con modestia y parquedad. Sino por el hecho de segar la vida de otros. que lo más difícil para la mayoría de nosotros era utilizar la fuerza contra otros seres humanos. La violencia no nacía espontáneamente en nosotros. Y en aquel tiempo éramos cuidadosos en la elección de los objetivos a golpear. Procurábamos no dañar a terceros y cuando había riesgo de hacerlo suspendíamos el operativo. De la misma manera procedíamos en la recuperación de recursos. Por razones operativas debíamos comenzar por la zona noroccidental. poblado principalmente por campesinado keqchí. A mayor calidad humana y política. ni era motivo de orgullo o satisfacción. Percibir en alguno de nosotros gozo o morbo por la muerte de adversarios. y el hecho de salir airosos de un combate o de una difícil situación operativa era motivo de alegría. como lo había hecho dentro del des­ tacamento —y años después lo haría con los combatientes urbanos—.

Estábamos acampados en un terreno cenagoso que. hacer las primeras exploraciones del terreno y localizar las áreas pobladas más próximas a las márgenes del río Chixoy. por la putrefacción de la vegetación pisoteada de tanto ir y venir. Como primer paso fue enviada una patrulla. No retenía alimento alguno. A diferencia de los demás grupos. Benedicto enfermó gravemente. mientras las demás columnas emprendieron su camino. Esta unidad debía abrir una ruta propia a través de la selva virgen. Cuando tuvimos todo listo. no hubo médico ni enfermera con nosotros.oficiales poseían enormes extensiones de tierra y la transnacional petrolera Shenandoah tenía un enclave. vómi­ tos incontenibles. y hasta comienzos de 1979 por lo menos. sin vías de abasteci­ miento directo y sin comunicación con la capital. se había convertido en un lodazal maloliente. Con frecuencia comparé nuestros campamentos con chiqueros o corrales. Quienes integraban nuestro equipo de servicios médicos eran en aquel entonces una compañera graduada de la facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos. mientras pensaba hasta dónde éramos capaces adaptarnos a vivir movidos sólo por ideales. Se debilitó al punto de quedar postrado en pellejo y hue­ sos. diarrea y náusea lo atacaron por varios días. ni siquiera agua hervida. al nuestro le to­ caría trabajar en condiciones muy adversas: sin bases de apoyo. Irían en esta columna un miembro de dirección y dos del mando. entre cuyos integrantes iba una mujer. A la vuelta de unas semanas los compañeros retornaron con la información que permitió enviar por varios meses a una columna del destacamento. Alta temperatura. justo la noche antes de partir. Desde que los quince fundadores del destacamento entraron al Ixcán en enero de 1972. lejos de población organizada. A ella fui asignada. ni en todo el frente que se conformaba. Este contratiempo nos obligó a posponer la partida. sin expe­ 222 .

Es­ tuvimos en lugares sin indicios de haber sido habitados ni recorridos por brecheros. reumatismo. caucheros o cazadores. Esto sucedió poco después de mi salida del frente. especialmente entre los veteranos. alergias. Sin embargo. A causa de ello. el reposo y la voluntad sanaran al enfermo. enfilamos hacia nues­ tro destino. varios de ellos difíciles 223 . manadas de coches de monte y de jagüillas. y detec­ tamos huellas de distintas especies. suturar. por ejemplo. Durante días avanzamos por selva virgen. acampando a media tarde para estudiar unas horas. extraer muelas. estas alternativas no solían estar a nuestro alcance. heridas menores. de David Werner. Con frecuencia veíamos familias de monos araña y saragua­ tes. De manera que nuestras referencias médicas fundamentales fueron el libro Donde no hay doctor. Cuando nos aquejaba alguna enfermedad desconocida o para la cual no teníamos medicamentos. golpes. había algunos que sabían inyectar. Y en la colectividad. infecciones de la piel. mosca chiclera —leishmaniasis—. y dos jóvenes campesinas atraídas por el oficio.riencia. que se alfabetizaron y aprendieron sobre la marcha el ABC de la higiene y los primeros auxilios. principalmente pajuiles y pavas. Este equipo conocía del cuidado y medicamentos apropiados para las enfermedades y malestares frecuentes entre nosotros: gripe. Recorrimos diversos tipos de terreno y vegetación. hongos. paludismo. Muchas veces funcionó. nos encomendábamos a la buena suerte y esperábamos a que la resistencia del organismo. y un vademécum. murió uno de nuestros dirigentes en la selva. Pero no estaba en capacidad de reconocer y atender otras. parasitismo intestinal. cazamos numerosas aves. Cuando Benedicto pudo sostenerse en pie y caminar llevando solamente su arma corta. otras fue necesario sacar del frente al afectado o llevar desde la ciudad a un médico experimentado.

Al retornar solíamos encontrar huellas de jaguar. En jimbales que se erigían como densas murallas de tres y más metros de altura. En zonas pantanosas. Al cabo de una semana ubicamos el lugar apropia­ do para establecer nuestro campamento de retaguardia y primer centro de operaciones hacia la Alta Verapaz. Los navajuelares. por ejemplo. acondicionamos esta base bajo aguas torrenciales. La cubierta completa de un ranchón fue realizada por cinco mujeres. Entonces nos ausentábamos del hogar durante la jornada o por varios días. construcción de embarcaciones. Concluida el área de campamento.por su hostilidad. Como era época de lluvias. pues el felino no dejaba lugar sin visitar. Descombramos pequeños y dispersos espacios para que no fueran detectados por la aviación. frijol. construcción y abastecimiento de buzones. evitando sus púas curvas que desgarraban ropa y equipo. aunque varias veces 224 . todas novatas en ese arte. En unos sembraríamos maíz. yuca. Las cebollas de sus patas esta­ ban impresas por doquier. De ellos salíamos con la cara y las manos cubiertas de finas y ardorosas cortadas. Pero otros tramos eran fáciles y en ellos cami­ nábamos con rapidez. Debimos abrir brechas en múltiples direcciones desde las construcciones hasta los manacos que nos proveyeron las hojas para techar. Nunca logramos verlo. nos dedicamos a las tareas en su periferia: siembras. exploraciones. cortantes en sus bordes y cubiertas con una pelusa que se adhiere persistentemente a ropa y piel. Estábamos a una jornada de las primeras viviendas. Invade áreas donde predomina la vegetación baja. nos espinamos ferozmente. plátano y té de limón. pobladas de güiscoyoles. en otros edificamos de inmediato infraestructura rústica para diversos usos. esta­ ban cubiertos por una enredadera de hojas lanceoladas. debimos abrir túneles a ras del suelo y avanzar a rastras. cubriéndolo todo.

no pocos elevaron sus hamacas a un par de metros del suelo. De manera que dispusiéramos de tiempo y energía para alimentar nuestras mentes y forta­ lecer las conciencias. En aquellos meses de febril e ininterrumpida activi­ dad. y luego en franco enojo de aquellos que demandaban al combatien­ te "dejar de rugir". un compañero que sabía imitar la voz del jaguar respondió al llamado de un ejemplar en celo que al anochecer merodeaba el campamento. En cierta ocasión. está herido o tiene crías en las proximidades. sentado a la orilla del fogón. enero y febrero. Pues una cosa es conocer el comportamiento del animal en teoría y observarlo entre rejas. A las actividades formativas en tales circunstancias las llamábamos cursillos en movimiento. durante las exploraciones prolongadas suspendíamos el avance a las dos o tres de la tarde. y otra estar en su casa grande y a oscuras. sin frutos ni compensaciones palpables. y su poderosa voz se escucha a distintas horas. perros. Entonces el regocijo se fue transformando en risitas nerviosas. Pero puede llegar a hacerlo si es atacado. Es activo de día y de noche. Prudente e ingenuamente. como sí lo hacen especies de otros continentes. El jaguar es el felino más grande de América y pesa entre 150 y 250 libras. persistió en el juego deseoso de ver hasta dónde se aproximaba su interlocutor. especialmente en los meses de diciembre. El juego duró buen rato. primero.sentimos su olor o encontramos deyecciones recientes. Al escasear el alimento en su hábitat incursiona en áreas pobladas para cazar reses. No suele agredir al ser huma­ no. El travieso compañero. hasta que los rugidos verdaderos se aproximaron tanto a nuestras hamacas que aquéllos que estaban ubicados en la periferia empezaron a temer por su integridad. puercos de castilla. Y muchas veces lo escuchamos rugir en los alrededores. 225 . Para regocijo de todos se estableció un verdadero "diálogo" entre la bestia y el guerrillero.

llevábamos a cuestas los víveres indispensables para toda la misión. expliqué al colectivo por qué no trabajaría esa tarde. Sólo recogí leña y solicité que se me excusara de dirigir la actividad de formación. sentí desfallecer. cargados al máximo. Pero no habían pasado quince minutos cuando diversos compañeros empezaron a visitarme. otro que le revisara la tarea concluida. Necesitaba recostarme porque ya no daba más.". Y no faltó quien se aproximara sólo a platicar. hasta que todos con sonrisa traviesa repetían la demanda en coro. que-re-mos for-ma-ción. Entonces no había quien me sustituyera. A lo largo de la travesía nos atosigaron nubes de dos especies de mosquitos. Derro­ tada por el sentido del deber me senté. alguien comenzó a susurrar desde su puesto: "que-re-mos for-ma-ción. plagas que estaban en su apogeo.En una ocasión. sacando energía de los rostros que me observaban alegres y expectantes.. aquél pedía un nuevo material de lectura. Así que tendida hice lo que pude por resolver sus demandas. cuando detuvimos la marcha. Sabíamos que al cabo de varias jornadas llegaríamos a un área habitada. 226 . éste la explicación de algún concepto. Uno pedía muestra. y apenas comenzaba a superar la crisis de agotamiento. haciendo un reconocimiento a través de selva cerrada y hostil. Cuando llevaba alrededor de una hora intentando descansar. Enseguida se sumaron otras voces. Un día de tantos. y desde su lozanía y hambre de conocimientos consideraban que una hora era suficiente para la recuperación de mi organismo. Pero cada compañero lleva­ ba consigo tareas y materiales de estudio acordes a sus particulares necesidades. pero no era conveniente todavía que la población se percatara de nuestra presencia. Me retiré a instalar mi puesto y me tumbé en la hamaca. De ahí que les orientara realizar trabajo individual.. La mayoría eran muy jóvenes. Habiendo obtenido el permiso.

otros aplaudieron y en un suspiro se apiñaron sentándose en troncos. tomaba nota sobre mis piernas. después de cenar. Durante esa misma exploración. Los moscos me dejaban la cara y las manos rojas y acalenturadas de tanto piquete. las hambrunas. el esfuerzo físico sostenido —los miembros de dirección y los veteranos caminaban y cargaban como todos—. pues abundaban tanto que prácticamente me cubrían la piel. sentada como podía en el suelo o en algún tronco. Era la única que en la colectividad podía escribir con la velocidad en que las ideas fluían de su mente. habían mer­ mado drásticamente su salud. Por esa razón y porque necesitábamos apremiantemente ela­ boraciones sobre tal materia. A la luz del fogón o sosteniendo una linterna con la mano izquierda. De ahí que culminara cada jornada 227 . En este caso el tema era la tierra. Benedicto iba concibiendo un mate­ rial político. llegaba tan extenuado a cada punto que no le quedaban energías para escribir lo que durante la caminata había sistematizado en la cabeza. Tenía sólo 36 años pero las enfermedades. como sucedía en numerosas marchas. Unos chiflaron. no pude negarme.Me puse Las botas y el equipo militar y me levanté. consignara a mano lo que él me dictara. Sabía que la producción intelectual suele perderse o mutilarse si no se anota conforme surge. En esa oportunidad no llevábamos máquina de escribir. Pero siendo veterano del destacamento. Fue la primera y última vez que por extremo cansancio intenté excusarme de cumplir con mi trabajo. Así que lo apoyé varias noches. ramas y suelo. Para entonces llevaba seis años viviendo en la montaña. Y por mantener el ritmo del dictado no tenía tregua para espantarlos. y las preocupaciones propias de su función. Se trataba de una especie que se adhiere persistentemente y succiona la sangre hasta hincharse de ella y perder la capacidad de vuelo. Entonces me pidió que por las noches.

De una u otra forma. La clave para una co­ existencia pacífica con estos ofidios radica en no tocarlos. pisarlos o atacarlos. algunas contingencias me hacían sentir que eran el colmo de la desgracia. que su redistribución debía acompañarse de otras medidas económicas. que cada ocupación debía ir precedida de un estudio del caso y de la organización de los campesinos. que mientras lográbamos cambiar el régimen social era una necesidad ocupar tierras ociosas aptas para la agricultura. El estado de ánimo que prevalecía era de jovialidad y compañerismo. Por ejemplo. El material se concluyó durante esa exploración y fue titulado: Ocupaciones Revo­ lucionarias de tierras . pero su ribera estaba cubierta de jimba. Pero a veces algún accidente o contratiempo al final de la jornada bastaba para contra­ riarnos. que al anochecer la mosca verde llenara de larvas mi chamarra teniéndola que usar así por no poder limpiarla sin visibilidad. Pero sólo así se evitó que el esfuerzo conceptual que tanto necesitábamos se perdiera. que pertenecieran al Estado o a particulares. Pero no siempre logré actuar así. o no pudiera reconstruirse con toda su riqueza días después. Ese material constituyó la primera aproximación política a la temática agraria que se hizo en nuestra organización. A mí.ORT. Estando en otro campamento busqué acceso al arroyo próximo. espinarme en la oscuridad y tener que esperar la claridad del día siguiente para poder extraer las púas. O buscar con apremio un lugar para aliviar la vejiga y coincidir en el punto exacto con una serpiente. Cuando 228 . Y evitar hacer movimientos bruscos o ruido cerca de ellos..con una hora de trabajo desesperante y extenuante. Entre otras cosas planteaba la necesidad social de que la tierra perteneciera a quien la trabaja. sacando energía fundamental­ mente de las convicciones y la voluntad de transformar nuestra sociedad. todos trabajábamos al máximo de nuestras capacidades. laborales y técnicas para ser efectiva.

huellas. al tiempo que le reclamé su intrusión en mi camino como si me fuera a entender. midiéndonos por unos instantes. olor y sonidos característicos de los animales. inaugurando la ruta que me había costado tanto abrir. La noche comenzaba a caer y contrariada por su inoportuna presen­ cia le hice un gesto agresivo. Naturalmente debí ser yo quien retrocediera y la dejara pasar cortésmente. La regla era "animal por tiro disparado." Generalmente utilizábamos rifles 22 y escopetas calibre 12. gustos alimenticios. Nos quedamos mirando una a la otra.logré despejar el paso hacia el agua. levantando la parte anterior del cuerpo y sacando la len­ gua bífida amenazante. conocer las costumbres. No había espacio para las dos. vista y oídos agudos. 16 y 20. Se autorizaban dos tiros por cazador. a medio sendero me encontré con una bejuquilla verde que avanzaba en dirección con­ traria. Sin embargo. Y faltaba tiempo para que los compa­ ñeros que ganaríamos en el futuro próximo comenzaran a abastecernos. tener. La bejuquilla espantada por mi proceder se puso en guardia. Un buen cazador en nuestras circunstancias debía saber orientarse. y si nos dedicábamos a utilizarlas no haríamos otra cosa que trabajar para comer. la caza. Durante la penetración a la Alta Verapaz. Y una 229 . produce daño y dolor local que no me hacía ninguna falta. pesca y recolección fueron actividades cotidianas en las que por turnos participábamos en parejas. Si bien su veneno no es mortal. por lo tanto. no pocas veces bajo el acoso de plagas y sin estar el objetivo quieto ni visible. olfato. fui por ropa limpia y volví al río. saber desplazarse con sigilo y tener buena puntería. O ella o yo. manteniendo la atención en la búsqueda de la presa. Y natural­ mente. Debíamos recurrir sistemáticamente a ellas porque nuestras vías de aprovisionamiento eran excesivamente largas.

jomada completa solía ocuparse para obtener la carne. jaguares. "no gastés bala. micoleones. Pero había días de suerte en los que rápidamente lográbamos resultados. Aunque nuestra sobrevivencia dependía frecuentemente de cazar lo que tuviéramos al alcance. Y alguna vez probamos el rey zope. a o los capturábamos en gran número con atarraya. tamborcillos o coches de monte. Y en determinadas oportunidades emboscábamos machacas o macabiles. "¡hacete a un lado cocinero porque en la olla va a caer el pajuil!". el loro. soportando estoicamente la plaga de turno. "¿quieren comer pava o mono?". tepezcuintles. Es más. pajuiles. Pero ocasionalmente también nos alimentamos con dantas. este recuento me hace cobrar conciencia de que también nosotros contribuimos a la depredación. Entonces abundaban las bro­ mas del colectivo y los alardes de los mejores tiradores: "Dispará con los ojos cerrados". los peces mordían fácilmente — veces sin necesidad de camada—. así como la época en que algunas especies descienden los ríos me­ nores. viejos de monte. tres y más piezas. Un buen pescador sabía identificar los puntos de las corrientes donde suelen agruparse los peces. éste o aquél?". brazo fuerte —también llamado oso hormiguero—. pizotes. monos araña. "¿cuál puerco quieren. pavas. tortugas entre otros. guancololas y diversas serpientes. Asimismo debía tener paciencia para permanecer horas quieto y silencioso en un mismo lugar. iguanas. a la misma cocina y no uno sino varios ejemplares. Y acto seguido caían dos. cuando éstos descendían las corrientes. la garza. 230 . pasando por puntos donde casi no hay agua y sí numerosas piedras. Los animales que más comimos fueron venados cola blanca y huitzitzil —cabrito—. jagüillas. También hubo ocasiones en que los animales llegaron al campamento. armadillos. monos rugidores. Como solía­ mos pescar en áreas donde nadie más lo hacía. mejor lazalo".

frutos. Sin embargo. no abundaba la pesca. cangrejos. semillas. Pero en verano aportábamos ensartas que proporcionaban raciones sus­ tanciosas para uno o más tiempos de comida. cuando los cruzábamos por las noches o en las madrugadas del verano. Unas para seguir con el tacto la cuerda hasta localizar el arponcillo. según la temporada. el vector del colmoyote y un mosco minúsculo que llamábamos jején. bagres. otras directas al punto donde se encontraba éste para destrabarlo. raíces y hongos comestibles. Pescábamos en ríos pequeños y medianos. Los pescadores disponían de dos de estos instrumentos. luego del descenso de alguna creciente.En tales casos nos ubicábamos machete en mano en las partes bajas y pedregosas. Un buen recolector era aquél conocedor de plantas. Esta ingrata tarea implicaba exponer el cuerpo a las plagas y sumergirse múltiples ve­ ces. además. los anzuelos se enredaban va­ rias veces en una jomada. aquél que 231 . pues obtenerlos era tan difícil como cualquier otro producto industrial. De ahí que debiéramos garantizar su preservación. Por eso era necesario que uno de los pescadores supiera nadar. espineros y matas que las crecientes arrastraban. los cuales nos obsequiaban generosamente. En tiempo de lluvias. pues los grandes los evitábamos por razones de seguridad. La regla era "anzuelo trabado. langostinos y camarones. A cada salida del agua debíamos vestirnos con la velocidad del rayo para reducir los pi­ quetes que. anzuelo rescatado". Entre éstas destacaban el mosquito transmisor del paludismo. Como varios meses del año el agua estaba turbia y llena de palazones. podían ser de tábano o de alguna especie de mosquito. el transmisor de la leishmaniasis —mosca chiclera—. pezcoches y pezlagartos. Pero la pesca más frecuen­ te era con anzuelo. quienes nos transportaban se valían de tridentes para capturar con gran destreza peces. Preferíamos pescar mojarras y machacas. pero no despreciábamos los juilines.

Algunas veces los buscadores del alimento silves­ tre no volvieron porque se extraviaron. Y esto le sucedió incluso a quienes mejor se orientaban. coquito de corozo. que normalmente despreciábamos. Pero la mayoría lográbamos cazar. También debía tener sentido de orienta­ ción. Mientras tanto.tenía habilidad para reconocer sus hábitats y temporadas de producción. piñuela y cogollo de manaco. pues al concentrar la atención en el objetivo solían hacerse movimientos y cambios de dirección que la memoria no registraba. Afortunadamente todos los extraviados aparecieron días después. otros avanzaban en las exploraciones de áreas más pobladas. reconocimiento del terreno. apertura de rutas secretas hacia las áreas po­ bladas y realización de los primeros contactos—. a la suerte y al empeño que poníamos. recabando 232 . Entonces pequeñas patrullas nos establecíamos en lugares secretos próximos a las vivien­ das y los trabajaderos para abordar a los campesinos en el momento oportuno. Esta consistía en una labor de reclutamiento selectivo. La costumbre era que quienes realizaban esas tareas entregaban el producto listo para ser cocinado. organización y politización de la población pobre. Esta labor la realizábamos con rapidez porque enjambres de moscas verdes aparecían donde había animales sacrifica­ dos y depositaban en ellos cientos de larvas que en pocos minutos se convertían en gusanos blancos que infestaban la carne. Superada la fase in icial —estab lecim ien to . que recurrimos a la recolección de guapinol. Nuestras limitaciones alimenticias fueron tales en esa temporada. pasamos a una segunda fase de trabajo. luego de pasar peripecias cuya narración era el deleite de la colectividad. pescar y recolec­ tar nuestro sustento gracias a la abundancia. Cuando las piezas eran numerosas se sumaban voluntarios. al destace o limpia. que nunca faltaban. abastecimiento para una larga temporada.

Nosotros estábamos lejos de poder satisfacer esas deman­ das. nos pedían enviar a uno de nosotros a sus localidades con el compromiso. con abusos y crímenes de los comisionados militares. La mayoría de los problemas tenían que ver con usurpaciones de tierras por parte de terratenientes y autoridades. Alcanzado cierto grado de arraigo entre la pobla­ ción. 233 . por parte de ellos. Con grandes dificultades avanzábamos paso a paso en los lugares aledaños a nuestra ubicación. de "alimentarlo. alojarlo y protegerlo". Entonces partíamos hacia otras zonas a repetir el mismo ciclo. con trámites y gestiones que no prosperaban. La noticia de nuestra presencia se irradiaba entre la población pobre.información de todo tipo y abriendo nuevas rutas hacia las urbes. Y desde lugares lejanos recibíamos cartas conmovedoras que llegaban de mano en mano. dejábamos a varios miembros del destacamento como organizadores. Con el tiempo y el trabajo sostenido llegábamos a crear estructuras clandestinas locales y redes de colaboradores. para que les enseñáramos las ideas de la revolución y cómo organizarse para la defensa de sus derechos. Luego de contarnos las penas e injusticias que sufrían. Entonces nos embargaba un sentimiento de impotencia.

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Fue nuestra columna la que. los miembros del destacamento nos reunimos de nuevo. desgaste extremo de ropa y calzado. de la orden de Maryknoll. 235 . largos desplazamientos y difíciles exploraciones del terreno. Y para eliminar ese mal se necesita sequedad. De allí que fuera un testigo inconveniente de las atrocidades que el ejército comenzaba a ejecutar en la región. Habíamos laborado en condiciones especial­ mente precarias: raciones magras. enrojecidos y con el roce de las botas me ardían como si estuvieran quemados. esta vez. Dejábamos atrás una etapa de enormes esfuerzos y trabajo cuyos frutos tardarían en evidenciarse. de donde era originario. nos enteramos del supuesto accidente aéreo del padre Guillermo Woods. porque el agua les penetraba constantemente a causa de las lluvias torrenciales. donde residía. Trabajaba con parcelarios de origen huehueteco asentados en El Ixcán. pero estaba identificado con los campesinos y tenía vínculos en la capital y en Estados Unidos. debió desplazarse más días para llegar al punto de reunión. No tenía relación alguna con nosotros. A fines de noviembre de 1976. Él estaba encargado de apoyar en sus necesida­ des básicas a un enfermo de su misma etnia. No pocos teníamos los pies infestados de hongos. los numerosos aguaño­ nes y el deterioro del calzado. Además. semanas antes de reunificarnos. Pero esa vez. los antimicóticos se nos agotaron.MÁS ALLÁ DE LOS CAMINOS Varios meses después de trabajar separados. ventilación y sol que durante esa tem­ porada no pudimos satisfacer. Así que al iniciar la marcha de retorno mis pies estaban llagados. Cierto día tuve un altercado con un compañero indígena. intenso trabajo físico y trasiego de pesadas cargas.

Me conmovió su gesto porque era un compañero altivo. se dedicó a comer la propia y colocó descuidadamente el plato del compañero donde le saltaba fango de las pisadas de quienes nos movilizá­ bamos por ahí. y de mal modo llevó la comida al enfermo. evitándome adrede. La llaman mariposa. y en efecto parece un ramillete de esos bellos lepidópteros. Con la mochila aún a cuestas avanzaba sudoroso y a paso rápido hacia mí. La tarde en que la unidad retornó al campamento me encon­ traba copiando a máquina unos materiales de formación. cerca de fuentes de agua. Él se molestó por el llamado de atención. "Tomá. no me levanté a recibirla como era costumbre. por la urgencia de terminarlos antes del anochecer. Además. Y en aquel mundo de privaciones y peligro. Lo hacía en mi puesto y. De manera que le llevaría la comida fría y pringada de lodo. no era usual en el destacamento llevar flores a alguien. murmurando quién sabe qué cosas. te la traje a vos" fue todo lo que me dijo. Al día siguiente partió con una patrulla por varios días y no se despidió de mí. Los enamorados o amigos solían obsequiarse frutos silvestres o caramelos atesorados después de alguna repartición. como acostumbrábamos. El incidente de días atrás me había dejado sabor amargo. el compañerismo y el respeto entre nosotros jugaban un papel destacado para mantener la unión y la moral en alto.en lugar de llevarle la comida en cuanto estuvo servida. con voz imperativa y rostro adusto. La produce una mata que crece en lugares sombreados y húmedos. La presencia de 236 . Su actitud me indignó tanto que muy enojada le hice ver su desconsi­ deración. con una flor blanca en la mano. El compañero no era novato. Pero pronto vi aparecer a este compañero en el trillo que unía mi lugar con la cocina. y él mismo había sido atendido con solicitud cuando lo necesitó. tanto por su proceder ante el enfermo como por la forma en que me dirigí a él delante de todos. y se retiró por donde había llegado.

con mejores condiciones de abastecimiento. Y. ubicado en el altiplano central. Estaba bajo la conducción de un miembro de la Dirección Nacional. y también observar su evolución de combatiente y futuro mando. extrovertido. comunicación y seguridad. inquieto. murió en el Frente Augusto César Sandino. El panorama que ofrecía esta colectividad era decepcionante. Recién integrado mostraba un acendrado localismo. Lo recuerdo deletreando y llevando el dedo índice debajo de las palabras que descifraba. Por lo tanto. se escuchaba música simultáneamente en varios 237 . impulsar el trabajo de formación dentro del contingente guerrillero. Es de los compañeros que más retengo en la memoria por su viva­ cidad. o avanzando con aquellas mariposas blancas en la mano. extender el trabajo a las áreas aledañas y fortalecer los corredores logísticos. En 1981. Paco era un joven ixil moreno y fornido. Fuimos la primera columna en llegar al campamento anfitrión. de un veterano del destacamento y del responsable de organización en esa zona. En él se encontraba el grupo que había queda­ do en la zona de más antiguo y sedimentado trabajo de organización. La desmovilización era completa: sin medidas de seguridad. antes de alcanzar los 23 años de edad. naturalmente. Pero un vistazo al campamento y pocas horas de convivencia fue­ ron suficientes para darnos cuenta que el trabajo no había sido realizado. de mirada directa y traviesa. Nadie del mando había sido asignado a ese grupo por considerarse que los compa­ ñeros mencionados suplirían su función y. Me había corres­ pondido enseñarle a leer y escribir. la presencia de sus integrantes era más necesaria en los otros grupos.la flor me decía que la concordia había vuelto a nuestra relación. Inteligente. La responsabilidad de este agrupamiento era consolidar política y organizativamente la zona. las armas no siempre se llevaban consigo. pronto destacó por aguerrido y audaz. en cambio.

Pero la nave fue desmantelada de lo que podía ser de nuestra utilidad y curiosidad. se hicieron numerosos arneses y mecapales que llamamos de helicóptero. le habían dedicado buen tiempo al descanso y a la cacería mayor. De los cin­ turones de seguridad. Este grupo tenía a su favor. No había horario para levantarse y cada quien hacía lo que quería durante el día. Casualmente se les había puesto a tiro durante una propaganda armada y lo atacaron. el derribamiento de un helicóptero del ejército pocas semanas atrás. ni siquiera de alfabetización. no se levantaban los puestos de dormir y las pertenencias de cada quien estaban de cualquier manera. La comida abundaba y algunos productos se consumían al gusto. estaban en el punto con mejores posibilidades de abastecimiento.radios y a cualquier hora. Y el régimen de vida que habíamos llevado era contrastante con el del anfitrión. Quienes recién llegamos todavía alcanzamos a comer carne de jaguar y de danta por la que ningún residente mostraba interés. por ejemplo. comprobando con admiración y beneplácito que el filo de los mismos penetraba el metal en varios puntos. Los responsables se habían dedicado fundamentalmente a abastecer en grande al grupo. Cuando el aparato cayó a tierra varios compañeros desenfundaron sus machetes y le asestaron golpes. no se desplegaban actividades de formación de ningún tipo. a impulsar vida social con la población. Aunque contaba con el respaldo de la 238 . y lo hacía sentir. La integridad de la tripulación —dos oficiales— había sido respetada y se le liberó luego de conversar con ella. Los otros grupos habíamos realizado trabajo en zo­ nas débiles o nuevas. tampoco habían realizado adiestramiento militar. cuyos frutos tardarían en palparse. especialmente visitando muchachas y organizando fiestas. pero también habían invertido bastante tiempo y esfuer­ zos en ello. Efectivamente. en detrimento del trabajo que tenían asignado.

especialmente novatos o conflictivos de uno y otro grupo. incluyendo al responsable de ese grupo. No pocos com­ batientes. que habían estado disgregados. No eran nuevas las diferencias. la disciplina de trabajo. a través del equipo de abastos. pero sí primera vez que cristalizaban en toda su crudeza. Y esto agudizó las contradicciones en el seno del destacamento. estábamos indignados y preocupados ante este choque de concepciones y estilo de trabajo. Los que habíamos cumplido con nuestro trabajo. las actividades de formación y. Varios que desaprobaban su proceder se abstuvieron de expresarlo para evitar su malquerencia. Y sólo los miembros de dirección y una parte del mando los criticamos. la racionalización en la ad­ ministración de los recursos. sobreponiéndonos a las difíciles circunstancias y exigiendo a nuestras colectividades esfuerzos enormes. Y numerosos miembros de la base simpatizaban con los compañeros cuestionados.dirección. sin embargo. Los hechos nos daban la razón en numerosos aspectos. para el mando fue incómodo retomar el control del conjunto reunificado y hacer valer de nuevo la disciplina política y militar reglamentaria e igual para todos. las actividades que implementamos esti­ mularon y generaron entusiasmo. Y algunos lamentaron no haber sido asignados al grupo relajado. restableció el régimen de seguridad. pero pocos com­ pañeros tenían conciencia de los problemas de fondo. El mando. el abastecimiento básico 239 . especialmente entre el compañero de la dirección y el veterano que habían quedado allí y los otros dirigentes y el conjunto del mando. comentaban entre sí los hechos y compara­ ban. La reunificación y el funcionamiento colectivo de los organismos de conducción y de los equipos. En pocos días nuestra vida colectiva retomó su cauce habitual. dicharacheros y temerarios en las acciones militares. porque eran obsequiosos. introdujeron nueva fuerza política y moral a todos.

se estabilizó para todos. Los Hombres y las Abejas (sobre 240 . Contaba con una hermosa y sombreada poza. donde impulsamos clases de natación y sometimos a prueba pequeñas balsas. La mayoría nos columpiamos. Reorganiza­ do el destacamento nos trasladamos a otro lugar. aunque fuera una vez. Normalmente quienes procedían de la costa y la selva sabían nadar. El nuevo campamento estaba ubicado en un área con numerosos vestigios de construcciones antiguas. Entre los documen­ tos nuevos estaban: Nuestra Concepción Militar. Lo primero que ubicaron los combatientes jóve­ nes en el nuevo punto fue un bejuco fuerte que sirviera de columpio para la diversión colectiva. pero quienes provenían del altiplano no. Y estrenamos botas quienes las teníamos rotas. También reiniciamos los cursillos de combatientes y cuadros organizadores. so pena de perder créditos y ser llamado viejo por la mucha­ chada. Las clases y la lucha de clases. El Poder Local. Algunos de nosotros desechamos pantalones irreconocibles de tanto parche que tenían superpuesto. También construimos infraestructura para implementar diversas actividades. la vestimenta y el calzado de quienes habíamos vivido meses de pre­ cariedad. Nuestra Revolución. Reanudamos los cursillos de forma­ ción para dirigentes comunales. comenzó el retozo. elaborados a partir de las necesidades que enfrentábamos en la práctica y de los objetivos que como organización nos proponíamos. y todavía acalorados por la marcha. Diez Ideas Principales del EGP. Antes de haber concluido las disposiciones de instalación. mejorando la dieta. En los cursillos utilizamos antiguos y nuevos materia­ les de formación. Casualmente lo encontraron junto al puesto de cocina y su línea de oscilación pasaba sobre el torrente que corría a su lado. Prevalecía la idea de que ser viejo era sinónimo de aburrido y triste. quienes llegaron a pasar una temporada con nosotros.

de Antoine de Saint-Exupéry. Puente en la Selva.nuestro estilo de trabajo). Forma de lucha a la que le dábamos prioridad. Sin embargo. La Rebelión de los Colgados. Sin embargo. La Táctica Guerrillera. El Águila y la Serpiente. de Howard Fast. El Mundo del Mis­ terio Verde y La Mansión del Pájaro Serpiente. La Reforma Agraria. 241 . Querían la lucha armada. de Virgilio Rodríguez Macal. el mando decidió preferenciar a aquellos compañeros de reciente incorporación o que habían pasado el último período sin preparación política ni fun­ cionamiento orgánico. hacíamos nuestro trabajo en función de desarrollar y sustentar la guerra de guerrillas. de John Reed. pues cada vez que habían impulsado luchas reivindica­ tivas y políticas. de Hans Ruesch. de Bruno Traven. Cómo es nuestra sociedad y qué debemos hacer para cambiarla. País de las Sombras Largas. Estructura del Estado Guate­ malteco. de Antón Makárenko. Entre los libros que circulaban por esos días recuer­ do: El Poema Pedagógico. no sólo habían fracasado sino los habían reprimido. De manera que las tareas prácticas y operativas recayeran durante las primeras semanas en los compañeros más conscientes y sólidos. Espartaco y Mis Gloriosos Hermanos. sino también porque tal era la demanda de la población. También re­ produjimos extractos de textos como El Hombre y el Arma. respaldándose en la ley y la justicia. El Viejo y el Mar. de Ernest Hemingway. El Principito. sin embargo. El General y Gobierno. mientras que fue menor la labor de impulsar formas de lucha reivindicativa y propiamente política. México Insurgente. de Vo Nguyen Giap y documentos sobre la formación de los cuadros del Presidente Ho Chi Minh. de Martín Luis Guzmán. Este hecho. Las Ocupaciones Revolucionarias de Tierras. no estaba determinado sólo por nuestra mentalidad. Las Tres Abuelas que se fueron a la Montaña (basado en una leyenda chuj). En relación con el trabajo de formación entre los combatientes.

Efectivamente. Pero eso no era suficiente para responder a los retos que enfrentábamos como luchadores y políticos revolucionarios. Por otra parte. quienes así opinaban eran compañeros firmes. formáramos parte del mando del destacamento. política y organizativa que también entrañaba esa función en todo orden de la vida colectiva. Querían hacer de las deficiencias y errores pasados. Decían resentidos: "A nosotros nadie nos dio formación cuando comenzamos y nos llevó la gran puta". estos compañeros estaban inconformes con que dos mujeres. Y todos necesitábamos elevar nuestra calidad política. esos veteranos demandaban para los trabajos que dirigían a quienes mayor desarrollo político iban alcanzando. Tampoco apreciaban 242 . no sus rivales. Contradictoriamente. Mientras que priorizar su for­ mación política era para estos compañeros algo así como otorgarles un derecho o un privilegio que no se habían ganado en la práctica. valientes. y no veteranos. "quien más se ha chingado tiene más de­ rechos y autoridad" y cosas por el estilo. nos enviaban a los nuevos reclutas para que les diéramos formación y pasaran experiencia organizativa con nosotros. Al mismo tiempo. Olvidaban qué necesitaba más nuestra organización. los nuevos éramos sus compañeros. No contemplaban las dimensiones ideológica. entregados. Ellos opinaban que lo primero que debíamos hacer con los nuevos era incorporarlos a las tareas prácticas fuera del campamento "para que se chingaran". éramos refuerzo al trabajo que los desbordaba. Y cuando el destacamento se encontraba lejos de sus puestos de trabajo. evidenciaban celos y temor de ser superados por la nueva generación de guerrilleros.alrededor de este criterio se suscitó una confrontación entre miembros del mando y unos veteranos con respon­ sabilidades organizativas en la región. Consideraban que el mismo debía ser exclusivamente militar y que a ellos les correspondía esa función. virtudes.

sólo me envió una o dos fotografías suyas. Su oposición oblicua y su periódica hostilidad nos llegó a encabronar varias veces a las mujeres del mando. pieles o algún juguete rústico. que 243 . me vestía de madre con su recuerdo.las funciones organizativas. Pero por los riesgos que entrañaban los correos clandestinos. A las pocas semanas de habemos reunificado. recuerdos del hábitat donde me encontraba: plumas coloridas. contento. confiaba en que crecía sano. Sin embargo. colmillos. Y quizás aprendiendo a quererme de alguna manera. porque no teníamos lugares seguros ni de retorno. Tampoco conocía su voz. cartas. Por ese tiempo mi hijo cumplió tres años de edad. En ellas me contaba extensamente sobre el niño y me exhortaba a no preocu­ parme por su situación y desarrollo. Y mientras llegaba el día de reen­ contrarnos. actitudes y estilos de trabajo. Cuando trataba de imaginarlo en sus cambios físicos y evolución de su personalidad. un grupo de combatientes pidió autorización para realizar un baile. netamente políticas. Llevaba casi dos sin verlo y por las dificultades en la comunicación sólo sabía esporádicamente de él. ni su modo de ser. También me adjun­ taba hojas garabateadas por él. cada vez que tenía oportu­ nidad le mandaba dibujos. Y a veces también en interferencia de funciones. sólo lograba recordarlo como era cuando lo dejé. que ellos tenían asignadas. rodeado de cariño. Yo las contemplaba por unos días y luego las enterraba en alguna parte. Este descontento afloraba una y otra vez en situaciones informales. Y no pocas fotos habían caído en manos del adversario. a través de cartas que su padre me enviaba. Quienes opinaban en contrario del permiso consideraban que tal práctica no debía ser admitida en una unidad guerrillera porque relajaba la disciplina. No sabía cómo corría y reía. Era una demanda nueva y había opiniones encontradas en los organismos responsables sobre cómo proceder. Por mi parte.

Pero. Podíamos ser flexibles en este asunto sin afectar el curso y los parámetros esenciales de nuestro trabajo. finalmente estuve de acuerdo por las razones que se dieron durante la discusión. Pero también se consideró la precariedad de la correlación de fuerzas internas. El evento consistía en que al final del día en lugar de la acostumbra­ da reunión política o cultural. lo cual hacía más necesaria la recreación. También se consideró que la juventud guerrillera. necesitaba actividades de esparcimiento. como entre la población. Personalmente no era partidaria de los bailes en nuestras circunstancias. Y la fiesta que demandaban era una forma de lograrlo. contraponiéndola hábilmente a la disciplina. aunque inicialmente me manifesté en contra. El baile se aprobó esa y otras veces.autorizarlo era ceder ante quienes en el pasado reciente se habían desmovilizado e incumplido con sus responsa­ bilidades. como cualquier otra. que vivíamos en circunstancias de permanente rigor. que en el destacamento prevalecía un ambiente de disciplina. aunque varios responsables no lo hicieron y criticaron nuestro proceder. Con mi compañero estuvimos presentes en ese primer baile. que permitirlo podría acarrearnos problemas políticos tanto dentro de la organización. que la colectividad había estado trabajando duro y sostenidamente y tenía derecho a darse un gusto. se autorizaban una o dos horas de música y quienes lo desearan participaban en el convivio. Quienes opinaban a favor consideraban el hecho de que habíamos logrado reencauzar satisfactoria­ mente a la colectividad y retomar la conducción general. Por lo que autorizar el baile podía contribuir a neutralizar ciertas posiciones que nos acusaban de negar la alegría. que la actitud positi­ va en el nuevo contexto de quienes solicitaban el permiso era un hecho. El ambiente era de alegría 244 . laboriosidad y camaradería general. según nuestros lineamientos y acuerdos orgánicos.

Ojalá no tuviera que ser así.y entusiasmo. incluso de los niños. alguien de la población nos encargó un mono 245 . en lo que me tocó conocer..". ni relajamiento de la disciplina. abandono de tareas.. Otras veces. siempre fueron eventos espo­ rádicos que. Otra decía así: "Oye.. La danza no era nuestro fuerte pero nos incorporamos a ella. fragmentos de la letra de algunas canciones que esa vez se bailaron con más entusiasmo. Recuerdo. Por otra parte. como ésta.. Y no hay lucha posible por un futuro me­ jor sin la participación masiva y decidida de los jóvenes. no exen­ tas por ello de sentido del humor. somos un país con población mayoritariamente joven —por debajo de los 20 años—. Esa vivencia me ayudó a flexibilizar el pensamiento ante ciertas situaciones humanas y sociales que vivíamos. Además. por ejemplo. accesible para nosotros. Cobré conciencia de que el baile era una forma. debíamos experimentar y sopesar dentro del oficio. Esa noche se bailaron desde sones hasta rock. Una decía: "¿Qué pasa en el mundo y en la humanidad que el joven de ahora no puede vivir en paz?. por lo que me hicieron reflexionar. hasta lo aparentemente más inverosímil se convertía en motivo de acaloradas discusiones. pero esa es nuestra realidad. en medio de la risa y la picardía más desbordantes de las que tengo memoria." y la interpretaba un conjunto lla­ mado Los Guaraguao. Y fue evidente que tal actividad mitigaba las fuertes dosis de tensión y privaciones de nuestra vida cotidiana. abre tus ojos. de satisfacer entre la juventud del destacamento necesidades del espíritu y del cuerpo. no implicaron violación de medidas de seguridad. En realidad nos atañía todo lo que se refería al ser humano y su vida en colectividad. mira hacia arriba. disfruta las cosas buenas que tiene la vida. En cierta oportunidad. Al retirarnos a dormir comentamos con mi compañero lo inimaginable de numerosas situaciones que.

Sin embargo. matando a una mona unos compañeros capturaron un monito araña que todavía mamaba y era incapaz de valerse por sí mismo. Pues la perspectiva de complementar nuestra dieta con carne. y se armaba 246 . poco tiempo después. un miembro de dirección trazó la política de no seguir matando animales. Si bien a algunos nos desagradó el hecho por cruel. Debimos andar con el simio varios meses. sumada a nuestra inconsciencia ecológica. para criar y educar al huésped. Sin embargo. sino por extrema necesidad alimentaria. Pero había otras implicaciones: sólo teníamos harina de maíz y no había modo de que el monito la quisiera probar. porque invariablemente se orinaba y zurraba sobre su tutor. El mando intervenía para poner orden. más tem­ prano que tarde el mono concentraba la atención de los presentes con sus travesuras y actitudes. solíamos atender estas ocasionales solicitudes cuando la situación lo permitía. Y de ninguna manera para obtener mascotas o simplemente porque estaban a tiro como sucedía algunas veces. reuniones y entrenamientos. Un buen día. Entonces hasta la dirección se involucraba. En este último caso fue nece­ sario ponerle un trapo grueso a modo de pañal.araña para mascota. y en las formaciones. Como nuestra conciencia ecológica era nula. ya lejos de la vivienda del solicitante. todos varones. Decían que era la edad ideal para domesticarlo. Tales actividades se volvían risas y comentarios traviesos en los que hasta los más serios y disciplinados terminaban envueltos. antes de que alguna patrulla nuestra pasara por la casa del campesino. neutralizaba la reflexión al res­ pecto. no fue sino un senti­ miento pasajero y contradictorio. sobraron voluntarios. Este chillaba como bebé y sólo se tranquilizaba si estaba prendido a la melena de alguno durante el día. y si dormía en el regazo de otro durante la noche. pero no pasaba mu­ cho tiempo sin que el jolgorio se hiciera presente de nuevo.

Vean que el compañero que nos lo encargó es muy bueno. replicó alguien del colectivo. intervenía con preocupación alguien. así como lo hemos hecho nosotros. como si entendiera que en aquel mereque­ tén se jugaba su futuro. cómo vamos a comparar la vida y la salud de dos revolucionarios con la de un mono. decía convencido alguno. replicaba alguien. Entre los que no participaban en la batahola y sólo observaban pacientemente a la espera de que se reanudara la actividad interrumpida. Su esposa estaba privada del habla y vivía con 247 . porque está muy pequeño para valerse por sí mismo y moriría. no hay otra cosa qué darles y ambos están muy débiles. A todo esto. mientras otros se divertían a lo grande poniéndole leña a la discusión. estaba el compañero mam que había adoptado al mono. miraba hacia uno y otro lado con sus ojos muy abiertos. él no tiene la culpa de que lo hayamos traído con nosotros. No seás desgraciado. No. Y el monito. Eso no puede ser porque sólo tenemos un bote de a libra.la discusión alrededor de la presencia de este congénere en un destacamento guerrillero: ¡Suéltenlo y que se vaya a la chingada! dijo un dirigente. afirmábamos unos. Entonces amárrenlo a un palo en la orilla del campamento. Ya van varios días y no quiere comer harina de maíz. toldito y hamaquita. unos ya estaban enojados por la disper­ sión en el asunto del mono. agregó otro. quien para entonces ya tenía su propia mochilita. respondía una voz. Claro. No porque chilla y hasta se puede ahorcar. donde no sabotee nuestro trabajo. contestaba indignado otro. excla­ maba otro más. Yo creo que debiéramos darle una cuota de leche diaria como se hace con el compañero herido y con el convaleciente. Cuando le apriete el hambre lo va a hacer. Era el combatiente de más pequeña estatura y más callado entre nosotros. ¡Que se ahorque! gritaba alguno. Pues tiene tanto derecho como ellos porque su madre ha sido víctima nuestra.

obviamente. aprendió a comer harina y otros alimentos humanos mientras le llegó la edad de comer frutos. Al caer la noche se le trasladaba al puesto de dormir de su padre adoptivo. quien a veces lo acostaba en su hamaquita y lo mecía desde lejos por medio de una liana. siempre que no percibiera la proximidad de alguien. co­ gollos y hojas como los adultos de su especie. Pues. Fue él quien pacientemente le confeccionó su equipo mi­ litar y estuvo siempre pendiente de con quién andaba el huésped durante el día o en las noches. Lo cierto es que el primate era el chinchín de varios combatientes y se llenó de mañas como un niño consen­ tido. Sobrevivió al trauma de su prematura separación de la madre. Bastaba que escuchara una voz o que sintiera pasos para empezar a chillar como condenado. 248 . Para que no siguiera perturbando nuestra actividad diaria se le amarró a un árbol en la periferia del campamento durante el día. se prohibió su presencia en toda actividad. hasta que lo abrazaban o ins­ talaban en alguna cabellera. No faltó quien exclamara contrariado ante vivencias como éstas: "¡Sólo a nosotros nos pasan estas cosas!" o "¿Qué desgracia o problema no nos toca vivir?".sus hijos y familiares en un rancho próximo al río Ixcán. ya que nues­ tras actividades continuaban hasta entrada la noche. salvo las comidas y horas de descanso. El mono se quedaba tranquilo en ambos lugares.

ni estábamos en capaci­ dad de lograrlas. En los primeros años era bastante torpe para operar. Nunca verificaba la información. económicos y de poder. ni calcular con objetivi­ dad nuestra rapidez. el movimiento de vegetación que producía a su paso. 249 . nosotros no contábamos con zonas liberadas. Así como a través de los múltiples indicios que dejaba donde acampaba. Los parcelamientos de Xaclbal y Santa María Tzejá fueron de los primeros afectados. En virtud de esta política contrainsurgente comenzaron los secuestros. el ruido. instalarse y operar en cualquier lugar en cuestión de horas. Sin embargo. Este último con el bullicio aéreo. Nuestra preservación dependía asimismo de la sigilosidad. torturas y asesinatos. del estado de alerta permanente y de la disciplina que observábamos. no pocas veces movidos por intereses personales. el ejército lanzó crecientes ataques contra la población civil de la selva. Nuestra seguridad descansaba en la información que la población organizada y el ejército nos proporcionaban. la conducción operativa estaba en manos de oficiales fanáticos y brutales que veían a la población civil como enemiga suya. Mientras tanto. capacidad de carga y resistencia. Esta nunca logró igualamos. Y su presencia aumentó con el desarrollo de nuestras acciones y de la lucha política de la población contra la represión. La pala­ bra de estos individuos determinaba la condena a muerte de cualquier persona.LAS NIÑAS DE LA BANDERA A partir de 1975. Reprimía basándose en listas elaboradas por comisionados militares y orejas locales. Y con frecuencia anotaban nombres por las más variadas razones. También de la mayor velocidad con que nos desplazábamos en relación a la tropa. descansaba o se emboscaba. las huellas. El ejército podía movilizarse.

Pero pocas veces se logró que estas luchas repercutieran y lograran sus objetivos —salvo el de foguear a los participantes — debido a lo lejano y aislado de la región y a que sus protagonistas eran campesinos e indígenas pobres de las zonas periféricas del país. la población decidió sobreponerse al miedo y exigir la liberación del campesino. amparándose en la oscuridad y en la fuerza. Pero la firmeza de los manifestantes y el valor de la mujer lograron rescatar al parcelario. Entre las movilizaciones locales que en aquellos años se impulsaron hubo una motivada por el secuestro de un parcelario. No era la primera vez que el ejército. Y. Al amanecer se había congregado una multitud que enfiló decidida hacia el cuartel. desde entonces. A la cabeza iba la esposa de la víctima. De manera que la misma noche del hecho varios vecinos se desplazaron a los parcelamientos aledaños para informar y solicitar apoyo. Los militares rastrillaron sus armas y apuntaron amenazadoramente hacia la gente. como siempre. A la ciudadanía. Casi nadie ponía atención a sus denuncias y problemática social. al día siguiente. negaron una y otra vez ser los respon­ sables. llegara un helicóptero a recoger a la víctima que luego desaparecía. Esta vez. Defender el derecho a la vida y a la tierra de esos compatriotas era. secuestraba en la selva. Y que.En 1976 la población de la selva inició las denuncias a nivel nacional. quien efectiva­ mente estaba cautivo allí. a la prensa y a los políticos no les preocuparon entonces los crímenes cometidos contra esos guatemaltecos marginales y misérrimos. Y es que cuando los soldados 250 . No vieron en ellos el germen del terror de Estado que pronto no los respetaría a ellos tampoco. cuestión de principios ciudadanos. temprano. Participaron varias mujeres que habían perdi­ do a sus seres queridos. Al llegar al puesto militar formaron una muralla humana a su alrededor y demandaron la liberación del secuestrado.

apuntaron contra la multitud, la esposa de la víctima dio varios pasos al frente, quedando muy cerca de la boca de los fusiles, se descubrió el pecho y retadoramente le dijo al oficial que dispararan; que todos sabían que el ejército asesinaba al pueblo; y los llamó cobardes, repitiendo una y otra vez con el pecho desnudo: "¡Disparen!". El valor de esta mujer analfabeta y descalza elevó el enardecimiento de los manifestantes, quienes arremolinados en torno al puesto militar insistían en la devolución del campesino. El oficial debió hacer cálculos de que si desencadenaban una masacre ellos mismos no saldrían vivos de allí, pues la multitud superaba en número y en valor a los soldados. De manera que optó por liberar al secuestrado. Entre los perseguidos había algunos vinculados a nosotros, los menos. Pero el ejército hostigaba y provocaba indiscriminadamente. Varios hombres debieron abando­ nar su hogar para salvar la vida y en esas viviendas la mujer hizo de cabeza de familia. Entre ellas hubo quienes, con el apoyo de la comunidad, aumentaron la producción de la parcela. También algunas familias abandonaron la región atemorizadas, pero la mayoría se resistió a dejarla porque allí estaba su última esperanza de poseer tierra. Entonces, fueran o no bases de la guerrilla, comenzaron a esconderse cada vez que el ejército los agredía. Pero como no tenían conocimiento del terreno selvático, ni víveres para sobrevivir en él, el destacamento se constituyó va­ rias veces en refugio temporal para algunos pobladores. Llegaban aterrorizados y hambrientos; la mayoría descon­ certados ante las acusaciones y desmanes de la tropa. La esposa de un compañero no quiso abandonar la región. Deseaba permanecer en ella para no perder contacto con su marido y sus hijos mayores —una mujer y un hombre — que se habían integrado al destacamento. La que más pronto se sumó a la lucha fue la muchacha. Estuvo entre las primeras mujeres incorporadas y de las que más
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tiempo ininterrumpido permaneció en la montaña. Allí aprendió a leer y escribir, se adiestró en primeros auxilios y participó en el Equipo de Servicios Médicos. Luego se incorporó el padre, quien llegó a desempeñar funciones de cuadro medio, siendo durante un tiempo miembro del mando. Al año se sumó el muchacho, quien se formó como combatiente y posteriormente como mando de una unidad militar. Eran ladinos originarios del oriente del país. Antes de instalarse en la selva habían peregrinado en busca de tierra donde vivir y cultivar. Sólo lo lograron en El Ixcán. Habían llegado en la década del sesenta con un hijo y una hija; en la selva les nacieron cuatro niñas. Fueron de los primeros en tenderle la mano al destacamento original. Sabían lo que era pasar penalidades y pusieron a disposición de los revolucionarios su parcela, su pobreza y su vida. Se empeñaron en producir más de lo que necesitaban para compartir el fruto con quienes luchaban. Tal nivel de producción sólo lo lograron con la fuerza de trabajo de niños y adultos. La seguridad de la madre y las cuatro niñas llegó a ser insostenible con el tiempo. La dirección analizó el problema con el padre y los hijos mayores. Se les presentaron varias opciones. Ellos pidieron que la esposa y las hijas se adentraran en lo profundo de la selva y se instalaran en un lugar remoto con nuestra ayuda. La salida del rancho fue difícil, pues el ejército lo tenía emboscado. Esperaba que el esposo o alguno de los hijos llegaran de visita. O que la señora se desplazara para contactarlos en algún punto. Se debió montar un operativo para rescatarlas; hubo balazos y persecución del ejército. En la retirada la unidad guerrillera se dividió sin pretenderlo. La madre, las hijas y algunos combatientes se extraviaron. El resto de la unidad no logró recontactarlos y oscureciendo volvió al destacamento sin ellos. Pasamos horas de angustia e incertidumbre. La búsqueda se reanu­
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dó al amanecer. Felizmente, al filo de la noche siguiente aparecieron sanas y salvas junto a nuestros compañeros. Habían pasado la noche acurrucados y en silencio entre el monte, mientras el ejército merodeaba su escondite. Eran cinco mujercitas, pues la madre era bajita y delgada. Y las niñas tenían 2 , 5 , 7 y 10 años aproximadamente. Salvo una, eran flaquitas y pequeñas en relación con su edad. Tenían ojos de asombro y habían salido con lo que tenían puesto. Estaban descalzas. Nos retiramos inmediatamente, pues el ejército rastreaba el área y debíamos evitar un choque con él. La marcha se emprendió bajo lluvia torrencial, y salvo la niña de dos años, quien fue transportada por su padre encima de la mochila, las demás caminaron igual que nosotros. Nos partía el alma verlas, empapadas y enlodadas, abriéndose paso con sus pies desnudos y salvando obstáculos inacabables. Sólo al tercer o cuarto día de marcha, cuando nos detuvimos en lugar seguro, pudimos improvisarles ropa y caites. Mi compañero hizo las sandalias de la más pequeña, utilizando, como los demás, el hule de la parte superior de sus botas. A la madre y a las grandecitas se las inició en la alfabetización. Les dimos cuadernos y lápices, y traba­ jamos diariamente con ellas. A la compañera se le había asignado un arma desde que llegó y a la mayor alguien le fabricó un fusil de madera. Las pequeñas improvisaron muñecas de palo, que sólo la imaginación y su ternura permitían reconocer. Finalmente ubicamos un lugar apropiado para instalarlas. Quedaba a un día y medio de camino de nues­ tro último campamento. Múltiples exploraciones y el co­ nocimiento que teníamos de la selva daban garantía para su seguridad. Cualquier incursión del ejército la sabríamos con antelación y la población civil no se aventuraba en esas soledades. Sin embargo, las instruimos en hábitos guerri­ lleros y les enseñamos los secretos de la sobrevivencia en
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el mundo verde. Construimos para ellas un rancho, donde acondicionamos un fogón y varios tapexcos para dormir. Descombramos un espacio pequeño a manera de patio. A cierta distancia de la vivienda construimos un depósito y lo abastecimos con las provisiones que teníamos: aceite, sal, maíz y azúcar. Les proporcionamos un rifle 22 y un anzuelo; un machete, una lima para afilar, un molino, dos ollas, trastes y cobijas. A la madre y a la niña mayor se las inició en el arte de la caza, la pesca y la orientación. Mientras tanto, seguimos avanzando en la lectura y la escritura. De manera que pudieran estudiar por su cuenta durante una temporada. También aprendieron algunas canciones y juegos infantiles. Por iniciativa de la madre, o quizás de los hijos mayores, programaron sus actividades cotidianas, influenciados sin duda por la vida del desta­ camento, pero dándole su sesgo particular. Cada mañana al levantarse, se formaban en el patio, izaban una bandera de Guatemala hecha de pedazos de ropa usada, hacían ejercicios y practicaban el plan de emergencia. Luego asignaban a cada quien las tareas del día y, por último, cantaban una canción. Lo hacían con un entusiasmo e inocencia que conmovía. Las dejamos en el corazón de la selva y retomamos a nuestras ocupaciones. Para entonces habían transcurrido dos meses desde que abandonaron la parcela. Durante ese tiempo nos dimos cuenta que el tamaño de la madre era inversamente proporcional a su valentía, determinación y laboriosidad. Nunca la vimos decaída ni insegura. La mayor de las niñas, una morenita delgada y agraciada, se convirtió pronto en una hábil cazadora. En poco tiempo cobró varios coches de monte, un armadillo y numerosas aves. Quería integrarse al destacamento, pero le hicimos ver que le faltaba edad. Y le prometimos que cuando creciera lo consideraríamos de nuevo si todavía persistía en la idea.
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Cuando meses después las visitó una patrulla nuestra, pudimos comprobar que estas cinco mujeres se las habían arreglado para vivir en la jungla. Entre las innovaciones que encontramos estaba una hortaliza. Para hacerla habían aprovechado las semillas que al poco tiem­ po de establecidas les llevó el padre. El las visitó con un compañero más. En una canoa con víveres y otros recur­ sos remontaron un río, tratando de abrir una ruta hacia la vivienda. Luego caminaron dos o tres días, llevando cada quien más de un quintal a la espalda. Nosotros lle­ gamos después guiados por la hija guerrillera, quien hizo de punta de vanguardia durante las jornadas de marcha que nos aproximaron al refugio. No había trillo ni señal alguna en la mayor parte del trayecto, pero nos condujo al punto sin errar el rumbo. Tenía entonces dieciocho años de edad. Seis meses después se les sacó de la región, pues proveerlas era dificultoso. Y no era prudente descombrar para sembrar, porque estarían vulnerables al control aéreo. Entonces se despidieron de sus familiares y de quienes compartíamos con ellos las vicisitudes de la lucha para volver a su lugar de origen. La madre se integró a la organización en otro frente de trabajo. Y años después la niña cazadora, convertida en una joven, se incorporó al destacamento.

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Por otra parte. no se veía claro entre nosotros la supeditación de lo militar a lo político. asimismo. pues no acumulábamos recursos humanos calificados. Pues unas y otras necesitaban dedicación completa y especializada. crear unidades militares y preparar mandos que se dedicaran exclusivamente a combatir y a disputarle el control del terreno al adversario. Y aunque introdujimos varios lotes de armas. El frente estaba constituido por el conjunto de organismos locales y regionales que dirigían a los colaboradores y simpatizantes. En efecto. Nos urgía.EL HURACÁN INTERIOR Los acontecimientos evidenciaban que se aproximaba la confrontación armada y una escalada represiva contra la población. y de los cuales la guerrilla obtenía reclutas. la práctica demostraba que las mismas personas no podíamos continuar abocándonos simultáneamente a tareas políticas y militares. Pero numerosos cuadros intermedios y combatientes subestimaban la envergadura y las repercusiones. estaba el frente que construíamos. Pero para deslindar los organismos y las funciones era preciso alcanzar fases de desarrollo más altas. desde 1975 el originario destacamento guerrillero de los fundadores se había incrementado numéricamente. ni predominaba la capacidad para relacionar el accionar de nuestro frente con el conjunto de la organización y del proceso de lucha. Y a lo largo y ancho de su territorio era necesario estructurar organismos políticos y militares diferenciados del destacamento que los forjaba. no fue posible uniformar ni mejorar cualitativamente el armamento. abastecimiento e información. Por otra parte. Sin embargo no estábamos en capacidad de lograrlo. al recibir en su seno a cuadros de 257 . Además.

A ello se sumó la heterogénea e insuficiente calidad política de los combatientes. las contradicciones también se originaban en el choque de diferentes concepciones político-militares y estilos de trabajo entre los dirigentes y entre los cuadros.distintas especialidades. quienes. pero la agrupación no había sido capaz de constituirse en la fuerza militar superior. al crecer espontánea y desordenadamente. los cuales se agudizaron al reunirse de nuevo las columnas dispersas. a nuevos reclutas y aún a cuadros organizadores locales que pasaban experiencia. y no contábamos aún con una línea militar propia. Por otra parte. adiestradora de combatientes y cuadros en las distintas zonas de operaciones. cuando las grandes necesidades organizativas y políticas del frente y del crecimiento obligaban a la dirección y a los prin­ cipales cuadros a concentrarse en labores de construcción organizativa. la guerrilla madre había perdido agilidad. aunque había realizado dos ataques exitosos. y su solo abastecimiento era trabajoso y complicado bajo situación de ofensiva enemiga. la dirección de la montaña se había propuesto convertir el destacamento originario en una fuerza móvil estratégica que fuera a su vez organizadora del frente. y que ante todo constituyera una más poderosa unidad de combate. Al contrario. capacidad combativa y libertad de movimiento. en junio de 1975. de formación política y de logística. 258 . compañeros mal reclutados—. como hemos consignado. Esa contradicción del desarrollo fue el marco de los conflictos y divergencias internas que estallaron en el curso de 1977. el manejo de la teoría militar entre los dirigentes era desigual. — con refugiados. Pero. Un aspecto del conflicto se originaba en el hecho de haber creado un numeroso agrupamiento de combatientes. Al iniciar la nueva etapa de propaganda armada. cuadros organizadores que no pudieron permanecer en sus localidades. Los dos objetivos primeros se habían cumplido satisfactoriamente.

mientras los cuadros no se reproducían y. La superación inmediata se logró mediante la 259 . pues se necesita más fortaleza y rectitud para ello que para criticar a otros. Y mayor valentía y firmeza de principios que para enfrentar al adversario de clase. Necesitábamos estar dispuestos a transformar y profundizar ideas y valores constantemente. O verdades que se transformaban en su contrario. Las bases igualitarias de convivencia. según fueran las circunstancias en que se daban los hechos. se multiplicaban geométricamente. Inicialmente confiamos en que el frente urbano nos proporcionaría recurso humano calificado políticam ente. eran otros los que debíamos rectificar y evitar. en cambio. Pero no eliminaban —porque no dependen de la voluntad ni de las intenciones— las causas que las producían.además. El destacamento erogaba constantemente compañeros a costa de su propia calidad. a pesar de la experiencia que acumulábamos y de las bellas vivencias de humanidad que protagonizábamos. estallaron los primeros hechos conflictivos. permanentemente descubría verdades que no sospechaba o que tenía encasilladas en marcos estrechos que debía romper a fuerza de reflexión y sensatez. De ahí que tampoco lográramos asir la complejidad de la reali­ dad que pretendíamos subvertir. No teníamos entonces la capacidad política y organizativa correspondiente a los objetivos que nos proponíamos y a las dificultades que enfrentábamos. Así que. Nuestros límites eran superiores a nuestros alcances en relación a los ideales que nos movían. así como el compañerismo prevalecientes contribuían a limar y superar las tensiones que inevitablemente se suscitaban. Lo más difícil era ser crítico con uno mismo. pero no sucedió así. Si no eran unos errores. se dispersaban dentro del frente. En lo personal. la participación equitativa en las tareas manuales y en la defensa militar del grupo. muchas veces a ritmos vertiginosos y sin tregua.

Debido a su estilo demagógico. De ahí que temiéramos que. A partir de allí se logró que la Dirección Nacional abordara el caso y que. sabíamos que la colectividad se había distanciado de su persona por el incidente concreto. Y ello afectaba cada vez más el trabajo. varios de nosotros teníamos crecientes contradicciones con él. independientemente de lo que resolviera. Más bien veían nuestras discusiones y roces como asunto de organismos superiores. Y de ninguna manera porque cuestionara sus ideas políticas y militares. La situación había llegado a un punto crítico sin que pudiéramos actuar con probabilidades de éxito. Desde tiempo atrás. le favorecía indudablemente a él y a quienes lo rodeaban. ignoraba planes y saboteaba los esfuerzos conjun­ tos en ese sentido. Este conflicto permitió a los otros compañeros de la dirección confrontarlo globalmente en el seno del organismo. dicho dirigente gozaba de mucha aceptación entre la base. Si bien no era novedad que incurriera en este tipo de proceder. satisficiera la demanda de que dicho compañero saliera del frente cuanto antes. Sin embargo. Y él violaba acuerdos. Era fundador del destacamento y veterano de la Sierra de las Minas. Pero dicho compañero protagonizó un incidente que dio la oportunidad para actuar. 260 . si de eso se hubiera tratado. la mayoría de compañeros no se percataba de tales diferencias. o como producto de problemas personales. En esa situación la mayoría del grupo no le daría el apoyo que él indudablemente buscaría. al pasar de los días.salida de la montaña y de la Dirección Nacional de uno de sus integrantes. La correlación de fuerzas numérica. priorizando la promoción de su persona. Quienes estábamos conscientes de que el problema con él abarcaba la totalidad de su concepción. quienes compartían el pensamiento y estilo suyo causaran nuevos problemas. sí era la primera vez que la colectividad se sentía afectada y se involucraba en la discusión.

Esta vez desencadenada por un veterano manipulador y militarista. en lugar de "estar pegado" a la gente. hizo labor entre algunos compañeros de la base. ni era miembro del destacamento. cargar menos o no hacerlo y 261 . cuya respon­ sabilidad pretendieron adjudicar a mi persona. Tenía asignado el trabajo de organización en una zona. Y en una reunión de las que solíamos realizar. Pero también se expresaron así algunos compañeros sin estos rasgos. pero que llevába­ mos meses sin combatir contra el ejército. costeño. Más bien utilizaban ese argumento para ponerle manto a sus verdaderas razones: "estar pegado" a la población significaba para ellos comer abundantemente y variado. Que sólo hablábamos de luchar. pero que a todas luces concernían a la conducción global del trabajo y a la dureza que la lucha en la montaña le imprimía a nuestra vida. No era de la dirección. Entre otras cosas dijeron que el destacamento estaba aislado de la población porque "se refundía" en la selva. pocos meses después afloró otra crisis. estando de visita. indios y ladinos. él y su compañera — quien sí era del destacamento— pidieron la palabra para plantear señalamientos y descontentos. que se autodenominaban "Los Puntudos" y que se caracterizaban por su machismo y guerrillerismo.Efectivamente. Pero quienes protestaban no se caracterizaban por valorar el trabajo político y organizativo entre la población. exaltados y agresivos como los instigadores. Que se les hacía cargar mucho y pasar hambre. insistieron en que la responsabilidad de lo que señalaban era mía. Sus protestas fueron retomadas por algunos compañeros de la base que. pero frecuentaba el destacamento para infor­ mar y consultar a la dirección. Cierta vez. Lo que confusa y coléricamente expusieron no me incumbía personalmente. Él era trabajador agrícola de origen. La mayoría eran jóvenes costeños. dotado de admirable inteligencia y bueno para conversar.

Ante su proceder. se optó por dejarlos hablar todo lo que quisieran. los había reconocido oportunamente y no me caracterizaba por negarlos. y llamaron a la reflexión y a la compostura. los compañeros de la dirección y del mando intervinieron con lucidez y ecuanimidad para encauzar la discusión. De manera que los inconformes vociferaron y repitieron múltiples veces las mismas cosas. se limitó a observar y escuchar silenciosamente. Tenían conocimiento de que cerca de la población estaban los organizadores y que la comunica­ ción con ellos era regular. permanecí atenta y tranquila las doce horas ininterrumpidas que duraron los ataques de este grupo. Por mi parte. Sí me sorprendió la confusión y la ligereza de algunos compañeros de la base. De mis defectos y errores reales no mencionaron uno solo. hacía esfuerzos por superarlos pues estaba convencida de su necesidad. Y conocían el trabajo que hacía el destacamento en función de la población. Luego de periódicos intentos por hacerlos entrar en razón. diciendo que la dirección y el mando querían impedir que se me criticara. Nuestras diferencias eran numerosas y viejas. La mayoría de la colectividad no intervino. No se preocupaban por fundamentar. No me sorprendió la irresponsabilidad ni la animadversión de los dos instigadores. Sabía cuáles eran mis puntos débiles. Pero fue peor. Sabían que el destacamento no acostumbraba a estacionarse junto a la población porque los riesgos para ella y para nosotros aumentaban signi­ ficativamente. Los dirigentes mencionados también intentaron asumir la responsabilidad de lo que les correspondía a ellos.alternar con muchachas. Los descontentos se enardecieron aún más. Varias de ellas subjetivas y falsas desde cualquier punto de vista. Pero la carga emotiva y virulenta estaba dirigida contra mí. Pero confiaba en que los 262 . Además. persuadir ni proponer alternativas o soluciones. Pero no les prestaron atención.

No per­ mitieron ni un alto para cenar. que fue más de un año. Decíamos que la crítica es un método para señalar errores y deficiencias. El descontento era fuerte y el papel agitador del veterano y su pareja evidente. ni por su forma se trataba de críticas según las definía uno de nuestros materiales internos. para buscar sus posibles causas y contribuir a su superación. Y al final no propusieron ni pidieron nada. en el contenido. Los planteamientos daban evidencias de cansancio por la dureza de la vida en la montaña y rechazo a la concepción con que se conducía el trabajo global del destacamento. buscando personificarlos en alguien a quien culpar. Si a los compañeros de la dirección y del mando les habían impedido exponer sus puntos de vista y centrar la discusión.miembros de la dirección percibían el fondo del conflicto y lograrían finalmente encauzar una solución. Y principalmente denotaban confusiones e incomprensiones profundas sobre el hacer revolucionario y sobre nuestros lineamientos políticos como organiza­ ción. Pero fueron exteriorizados de manera caótica y dis­ torsionada. concentrándola en cuestiones funda­ mentales y debidamente argumentadas. Y no tratando de buscar las razones que hacían dura la vida que llevábamos y muy lento el desarrollo de nuestro trabajo. También afirmábamos que debía exponerse fraternal y constructivamente. ni en la duración. No teníamos antecedentes en la tónica. mucho menos me permitirían hablar a mí. para los pocos que pudieron enten­ 263 . estudiados y aceptados supuestamente por los presentes. Pero ese hecho constituyó. Estos compañeros intervinieron de las seis de la tarde a las seis de la mañana del día siguiente. Tampoco volvimos a vivir situaciones similares en el tiempo que todavía permanecí en la montaña. Ni por su contenido. No tenía caso intentar intervenir.

Su sede era la capital. Un llamado de atención sobre los riesgos de desborde dentro de nuestras propias filas. inseguridad. si el trabajo y las dificultades estaban a la vista de todos. me invitó a nadar al río. cuya única condición era garantizar el secreto sobre lo que se conocía. Salvo el cumplimiento de las consabidas medidas de seguridad y de las tareas de subsistencia. pasé el día en mi puesto. Estaba sorprendida y preocupada. Años después. con otros compañeros en el escenario de la montaña. descontentos y temas diversos con franqueza y compañerismo. La dirección se reunió para analizar los acontecimientos y tomar decisiones. Pero no experimentaba tristeza. El día siguiente se dio libre. llegaron a la montaña dos compañeros más de la dirección. convocados por los dirigentes del frente. Me ocupé revisando trabajos de formación. una señal de alarma. cuando podía. Pero esa mañana mi ánimo no estaba para retozar. ni resentimiento alguno. pero estaban presentes para abordar la crisis de dirección y coordinar el trabajo general. No comprendía por qué la virulencia y el trabajo de zapa. Afortunadamente. si teníamos por costumbre abordar en colectivo problemas. me sentía golpeada moralmente y cansada por el desvelo. Mucho 264 . se vivieron situaciones más graves por su envergadura e implicaciones. sonriente. por esos días. Eran alrededor de las diez de la mañana cuando se aproximó a mi puesto uno de los combatientes que con mayor agresividad me había atacado. me zambullía con ellos. Mucho menos por qué había sido yo el catalizador. Pensativa. si era posible pedir traslados o bajas. Llegó corriendo y. En ese momento no lograba comprender el por qué de tamaño descontento si se suponía que estábamos allí voluntariamente y de manera consciente.derlo. los miembros del destacamento pudieron dedicarse a lo que gustaron. Sabía que me gustaba el agua y que.

Algunos de ellos fueron a buscarme para que asistiera. Me excusé con él. Preferíamos hablar de otras cosas. No fue posible persuadirlo de que sencillamente no tenía deseos. Pero él se contrarió y me dijo resentido que en realidad estaba enojada con él porque me había criticado la noche anterior. 265 . De nuevo. El me conocía bien y se caracterizaba por ser crítico y exigente con mi desempeño militante. mostrándole los cuadernos que en ese momento examinaba y le di las gracias. Como militantes no nos correspondía hacerlo sino en las reuniones orgánicas.menos para alternar con quienes me habían atacado tan injustamente. animándome serenamente a que confiara en que las aguas recobrarían su nivel de nuevo. Era costumbre entre nosotros no abordar privadamente lo que se veía en nuestros respectivos organismos. me expresó su comprensión. y como pareja no nos convenía ocupar en cuestiones de trabajo los pocos ratos que estábamos juntos. Para esa noche. Entre otras cosas me había acusado de haber tratado de matar de hambre a una patrulla. Y sin decir palabra alguna. Pero no hablamos sobre la reunión de la víspera. Pero estaba consciente de que la prueba había sido dura. Mucho menos tratándose de problemas. No nos habíamos visto durante el día. descansar o simplemente amamos. Sabía que entre mis cualidades destacaba la fortaleza. Nos saludamos cariñosamente y él estuvo especialmente tierno y animoso conmigo. Y me dijo bromeando: "¡Vaya cumpleaños el que te tocó!". los combatientes organizaron un baile. pero no quise ir. Al caer la noche llegó Benedicto a nuestro lugar. pero era invariablemente camaraderil y solidario. ni le pregunté sobre su actividad. el razonamiento de varios agresores fue que me negaba porque estaba enojada por las críticas. Ese día amanecí cumpliendo años y él era el único que lo sabía.

Luego me dijo que mi actitud en la reunión había sido correcta. me asaltaron fuertes impulsos por tomar mi pistola y pegarme un tiro. Estos últimos se concentraban en el hijo que había dejado lejos y en mi compañero. Nos dimos las buenas noches y nos dispusimos a dormir. Y agregué de inmediato que no lo haría porque había numerosos motivos para no hacerlo. Temía que unos . donde teníamos nuestras mochilas y el equipo militar. Me despabilé extrañada por esa sensación desconocida e inexplicable para mí. que colgaba sobre un tapexco "matrimonial". Entonces desperté a mi pareja. y sacudí la cabeza. Finalmente me reiteró que confiara en que el problema se resolvería. Previo a compartir con él lo que me sucedía. lo mejor dentro de las circunstancias. apareció con mayor fuerza. quien dormía profundamente. Me respondió que así era. le hice prometer que a nadie se lo contaría. Este debidamente colocado al alcance de la mano. queriendo espantar el absurdo y desagradable deseo. Pero ello no bastó para eliminar el impulso que se posesionaba de mí al comenzar a vencerme el sueño. que no me faltaba ninguna razón habida y por haber. pero cuando estaba por perder la conciencia y dormirme. para seguir luchando y para ser feliz. políticos y afectivos. Pronto me invadió un sueño pesado. En cambio. Y que eran más que suficientes para no hacerlo. Preocupada alejé el equipo militar del alcance de mi mano e hice un inventario de las razones que tenía para no proceder así. pero al relajarme y adormecerme. Intenté conciliar el sueño de nuevo. abarcando razonamientos ideológicos. Abrazándome tranquilo me pidió que se los enumerara y así lo hice.Con mi compañero nos acomodamos en nuestra respectiva ham aca. eran motivo para vivir. pero que necesitaba mantenerme despierta. Sin dificultad alguna hice un listado mental. le narré calmadamente lo que me pasaba. Pidiéndole que no se preocupara.

aunque externamente no lo manifestara. También 267 . Era necesario aprender la lección política y esforzarme más por ser menos idealista. Por primera vez una vivencia adversa desestabilizaba mi equilibrio interno. Participaba en la gesta de los desposeídos confiada en el poder oculto y dormido de éstos. Quizás por eso mismo el golpe había sido tan fuerte. mis propios límites. Una especie de huracán interior había dejado mi fortaleza en harapos. en su capacidad de reaccionar al estímulo emancipador y lanzarse a la conquista de su propia felicidad. Una de las ironías de la vida me había sometido a tal prueba en manos de mis compañeros. Evoco su recuerdo y lo comparto porque el hecho es ilustrativo de las tensiones a que estábamos sometidos. Y expresa una de las múltiples reacciones que teníamos ante ellas. y no del adversario como podía imaginarse. Antes de dormimos le pedí que pusiera mis armas de su lado. bellas y estimulantes. abrazada por él y atándome mentalmente las manos. que otros lo utilizaran para hacerme daño y que se preocuparan quienes me apreciaban. Así logré que la tempestad en el alma no me venciera y nunca más volví a sentir impulsos suicidas. Me había involucrado en la lucha porque aspiraba a una humanidad superior. Nos bajamos de las hamacas al tapexco. Y. comprendí las complejidades y los límites psíquicos del ser humano. unos heredados del sistema donde surge y otros propios de lo nuevo que se abre paso. Al amanecer esa experiencia autodestructiva quedó soterrada en mi memoria bajo otras. Sin embargo. naturalmente. No cabía duda que los hechos me habían afectado más de lo que yo tenía alcance para comprender. desde aquella noche lejana en la selva. Allí. Sabía que toda lucha arrastra contradicciones y conflictos. me dormí profundamente hasta la mañana siguiente. Pero no imaginaba las repercusiones negativas que ellos podían tener en mí.no lo comprendieran.

comencé a comprender a los suicidas. También había decidido suspender indefinidamente la actividad formativa que impulsábamos las mujeres del mando. La dirección nos dio a entender que nos tocaba hacer de chivos expiatorios. contribuyendo así a que la situación se polarizara peligrosamente. pudiendo no serlo a fuerza de valor y voluntad ante las adversidades. de la química del cuerpo. o que. pero políticamente necesaria. Nos recordó que hacía apenas unos días habíamos logrado lo 268 . la razón y las convicciones. a partir de ese momento. Y que en nuestro ser se pueden operar mecanismos de comportamiento que pasan por encima de la voluntad. Nos explicaron que esas drásticas medidas eran necesarias para retomar el control de la situación y evitar un desborde de consecuencias impredecibles. Al segundo día. pero que en medio de las circunstancias era el costo menor. Pero pensaba que los demás suicidas eran sencillamente cobardes o débiles de carácter. dándose cuenta del proceder inconsecuente de los inconformes. dada la envergadura del pro­ blema y la fragilidad del equilibrio. permanecieron callados. Pero también para obligar a reflexionar a numerosos compañeros que se habían dejado confundir y manipular. del estado de ánimo. Haciendo las consideraciones del caso. ella retomaba la conducción directa del destacamento. que abarca quién sabe qué dimensiones de la mente. quedando tal trabajo suspendido. dicha instancia nos comunicó que nuestro organismo había sido disuelto y que sus integrantes volvíamos a la base. Que. Se nos dijo que era una medida injusta hacia los miembros del mando. Me di cuenta que el fenómeno es complejo. Hasta entonces consideraba un acto de valor y firmeza el suicidio ante la certeza de caer en manos de cuerpos represivos como los de mi país. O el que se ejecuta cuando se padecen enfermedades dolorosas e incurables. el mando fue convocado a reunión por la dirección.

Varios años después.más importante: la retirada del compañero de dirección que generaba los problemas mayores. fusilamientos?" Ellos se quedaron callados. como antes. Pero creo que se congratularon de la remoción del mando y se sintieron recompensados. uno de los dirigentes les respondió: "¿Qué quieren. Ninguno de sus integrantes teníamos sus años de participación. la indisciplina y la subestimación del enemigo. resintió su remoción y me culpó de la misma. El funcionamiento de diversas unidades y organismos bajo su responsabilidad. Pero que no se había resuelto del todo el problema porque era evidente que otros pensaban y procedían como él en varios aspectos. éramos más jóvenes que él. con incontenible cólera. y. aspiraba a ser mando. Los compañeros hombres del mando aceptaron conformes la decisión. subordinados a la dirección. liberal y personalista marcó la forma de conducción y de trabajo de todo un frente guerrillero. la pareja inconforme reclamó oblicuamente a la dirección no haber tomado "me­ didas suficientes". se caracterizó por el extremo liberalismo. además de que dos éramos mujeres y de procedencia urbana. Es más. Los veteranos que trabajaban como organizadores en la selva —uno de ellos el instigador — no constituyeron organismo alguno y quedaron. Sin embargo. Estábamos desayunando cuando se ex­ presaron así. No valoraba su propio rol como organizador. Pero la otra compañera no comprendió la profundidad del conflicto. lue­ go de que se comunicaron los cambios. me sentí contenta de volver a la base. 269 . su invariable estilo improvisador. sobre todo provenientes de la ciudad. cuando fue nombrado comandante. Yo me sentí liberada de una función que había aceptado por disciplina y que había cumplido con responsabilidad y entrega. militarista como era. Lo cierto es que en el veterano había resentimiento y celos de autoridad acentuados res­ pecto al mando. Entonces. O representaban también focos de conflicto. cosa que le chocaba profundamente.

Tal cuadro de cosas contrastaba no sólo con la tradición de responsabilidad y disciplina practicada en los primeros años del destacamento. Pues siempre es necesario analizar el contexto y considerar los antecedentes. Se distorsionó la moral combativa y se abandonó la disciplina política y orgánica. Y es que dichas verdades aparecen velada y caóticamente. se implemento una política de dispendio y falta de control sobre los recursos financieros. y aunque se le advirtió a tiempo que estaba atrapado en una celada. Enfilamos hacía los ríos Xaclbal e Ixcán. pero no se tocaba fondo. Y quien se queda en las aparien­ cias. La víspera del golpe de Estado de 1983. sino también con la práctica obser­ vada en otros frentes de trabajo nuestros. Meses después de haberse insubordinado a la Dirección Nacional. No cabe duda que en las crisis emergen verdades ocultas que muy pocos tienen la lucidez de ver. reco­ rriendo una amplia zona de parcelamientos. Era tiempo de crecidas e inundaciones. incurriéndose por parte de él mismo y algunos cuadros y combatientes en diversos actos de corrupción. fue acribillado en una emboscada al sur de la ciudad de Guatemala. Para agilizar el paso tendimos una soga de lado a lado. En esa oportunidad el destacamento abandonó el campamento bajo lluvia torrencial. Era estrecho. y tres voluntarios atravesamos las armas de todos. se violaron normas básicas de seguridad. no logra comprenderlas ni contribuir a su superación. Y cotidianamente escuchamos el estruendo del cañoneo del ejército hacia 270 . el valor para aceptarlas y la capacidad para contribuir a salir de ellas. la mayoría. más allá del papel personal de los involucrados. de manera que saliendo del lugar debimos cruzar el primer zanjón turbulento. Avanzába­ mos de noche y descansábamos de día.Se permitió la embriaguez. este compañero cayó víctima de su propia subestimación del aparato de inteligencia contrainsurgente.

Para algunos de nosotros fue un acontecimiento volver a comer naranjas en esos días. En varias oportunidades pasamos o nos detuvimos próximos a la tropa que nos buscaba. Finalm ente alcanzamos la orilla oeste del río Ixcán.distintos puntos de la selva. donde creía que podíamos estar. nos adentramos en la maleza varios kilómetros y acampamos. 271 . Entonces no nos quitábamos la mochila. y permanecíamos concentrados en completo silencio. La única actividad que realizamos fue la alfabetización. En varias jornadas no tuvimos acceso a fuentes de agua ni pudimos instalar hamacas.

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y permanecieron 273 . mientras los jóvenes y los adultos huyeron entre la maleza. Durante siete meses a partir de entonces trabajamos en lugares distantes. Luego interrogó y hostilizó a la población aledaña. Entonces nos separamos con Benedicto. Sin embargo. Me integraron al grupo que penetraría Huehue­ tenango. nos instalamos cerca de viviendas amigas. En una oportunidad atacó a campesinos que volvían de la siembra. Con el arg u m en to de los resp o n sab les de organización de que el ejército nunca llegaría a donde nos encontrábamos porque estaba retirado. y montó emboscadas en los caminos esperando sorprendernos. el ejército localizó dicho lugar y lo revisó detenidamente. Estos compañeros incluso afirmaron que era zona liberada porque la población estaba con nosotros. Pero no consideraban otro factor esencial: la capacidad para defenderla militarmente. era de difícil acceso y había poca población. pero luego fue dividido en columnas con tareas en territorios distintos.DANZA DEL VENADO El destacamento estuvo agrupado varios días más. Encontró un tiro de carabina abandonado por descuido y otros indicios de nuestra reciente estadía. volvían a sus ranchos. contraviniendo hábitos del destacamento. Los mismos responsables lo consideraron innecesario. Los trabajadores fueron sorprendidos por el fuego de las armas cuando. Como resultado quedó gravemente herido un niño de diez años. cada columna tomó su rumbo. Abandonamos el campamento sin borrar huella ni supervisar el espacio ocupado. sin posibilidad de comunicamos sino un par de veces. pocas semanas después. En ese lugar ejecutamos tareas prácticas y. por carta. cansados de la jomada agrícola. al concluirlas.

siempre desde distinto punto. Mientras tanto. Ante la impertinencia del militar. "guerrilleros". Todas estaban indignadas y dolidas por el ataque a sus hombres. mientras un niño permanecía tendido con un brazo destrozado. En ambos casos se valían de un soldado traductor. sin atreverse a volver a sus casas. ¿Vas a trabajar la milpa para nosotras? Heriste al niño y se va a morir. Y los niños permanecían en silencio o se alejaban corriendo. A partir de entonces el sitio fue visitado frecuente y sorpresivamente por un oficial acompañado de tropa. Como el afectado por la emboscada era un grupo familiar. ¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Vos nos vas a mantener?" Mientras tanto. Y rastros de sangre que se perdían en la vegetación. cortando leña. ¿qué querés? ustedes son matagente. Retornaron con el herido. Rastreaban los alrededores de las casas y sorprendían a las mujeres y a los niños en el río. la mujer más vieja le dijo en mam: "Ya mataste a nuestros hombres. "bandidos". decidieron ir en su busca. están desaparecidos. quienes seguían desaparecidos. las demás mujeres lloraban y gritaban a 274 . había numerosas mujeres. son comegente". desangrándose y gimiendo. angustiadas por la desaparición de los demás. A los niños que encontraban solos les preguntaban sobre el paradero del padre y sobre las actividades de la madre. A las primeras las interrogaban sobre la presencia de "hombres malos". las mujeres que oyeron la balacera y esperaron inú­ tilmente la vuelta de sus seres queridos. Fue así como encontraron al niño tirado en la vereda. no somos animales. Las mujeres les respondían invariablemente que los únicos hombres malos y bandidos que conocían eran ellos. Se aproximaban silenciosamente de día o de noche. Somos gente.enmontañados. Y franqueándole la puerta del mísero rancho le gritó imperativa y sollozante: "¡Entrá y hartátelo! ¡Hartátelo de una vez si eso querés! Ustedes nos han traído la desgracia. No había quien lo curara y temían que muriera. en el huerto.

pero las mujeres desconfiaron de sus intenciones y no aceptaron. Desde el establecimiento de la tropa habían sucedido numerosas agresiones. De estos hechos nos enteramos posteriormente. en la región ixil se habían instalado varios cuarteles. De ahí que no pocas mujeres estuvieran alertas. los hombres se aproximaron cautelosos a sus viviendas. Entonces le dieron los primeros auxilios y lo vendaron. En los días libres los soldados se emborrachaban y violaban mujeres con la tolerancia. el hambre y la vida a la intemperie. especialmente cuando el marido se ausentaba. El oficial entró a ver al niño y dijo que necesitaba hospitalización.la tropa. pero aquél insistió en que lo hiciera. de los oficiales. Era tarde en la noche 275 . incluso el estímulo. Luego de varios días de penalidades a causa de las heridas. delante de ellas. vivía en un rancho solitario en las afueras de Chajul. Agregando que si de verdad quería curarlo que lo hiciera allí. sin embargo. Pero al niño hubo que sacarlo en parihuela. El soldado que hablaba el idioma dudaba para traducir. En días de camino. Ofreció llevarlo en helicóptero a la capital. Temían que lo desaparecieran y así se lo dijeron." Pero a las mujeres les aseguró que no habían sido ellos. Luego se retiraron y no volvieron a molestar. porque para entonces nos movíamos en otra zona. Mientras tanto. cuya pareja se encontraba en la costa. con los niños abrazados o apretados contra sus piernas. No se atrevía a decirle al oficial lo que las mujeres expresaban. Una joven esposa. La víctima salvó la vida. Al escuchar la traducción se desconcertó y dirigiéndose a los soldados les dijo: "¿Ya vieron?. los vecinos que lo transportaron alcanzaron el altiplano de Santa Cruz Barillas. Pero durante un tiempo siguieron escondidos en la montaña alimen­ tados por las mujeres. perdió su brazo. la chingamos porque eran campesinos y no guerrilleros esos que emboscamos.

debido a que se hacía de día por caminos. ¿por qué se esconde? A raíz de los abusos y crímenes militares. fue acusada de guerrillera y declarada culpable de asesinato contra "un defensor de la patria". y entre las cañas que hacían de pared distinguió al soldado que resueltamente se dirigía a su casa. Estaba espantada pero decidida a defenderse. Entonces tomó el machete y alzándolo con las dos manos se paró al lado de la puerta. apenas unos metros adentro de la vegetación. ella le descargó el machetazo. Aunque atenta a ruidos 276 . cuando el destacamento se dividió. Así que no bien entró el violador. Pero por defender su dignidad de la única manera que estaba a su alcance. respeto y apoyo para rehacer sus vidas sobre nuevas bases. De lo contrario. En su lucidez no tuvo más camino que apresuradamente encargar a los hijos con unos familiares. tampoco desplegaba actividad reivindicativa alguna. no participaba en el trasiego. Con el soldado muerto a sus pies. quien de una patada abrió la puerta. pues nos desplazaríamos a donde no contábamos con base de apoyo. Eramos su única alternativa de comprensión. Lo hizo con tal fuerza que le partió la cabeza.cuando escuchó pasos que se aproximaban a la vivienda. Semanas antes de tales acontecimientos. ¿a quién acudir? ¿al ejército que centralizaba el poder en la región? ¿a las autoridades civiles ladinas que apañaban las mismas prácticas en terratenientes y comerciantes ricos? ¿a un abogado que cobraba cantidades que ella no podía pagar. Esta mujer no estaba organizada con nosotros. nuestra columna permaneció en la zona acopiando víveres. dijo el ejército. Estuvimos acampados a la orilla de un rastrojo. numerosa población buscó vínculo con nosotros. mandar aviso al marido para que no volviera al rancho y esconderse. En varias oportunidades permanecí sola horas o días enteros. que vivía lejos en la cabecera departamental y que terminaba sirviendo a los poderosos por corrupción o por miedo? No.

quizás un águila o un milano. En su cúspide se posó una hermosa rapaz. que se dedicó a escrutar el suelo. pero no cerrada ni hostil. Súbitamente se lanzó en picada y. el único que permaneció de pie después de la roza. una vez contemplaba el claro de la siembra ya cosechada. Me adentré. asentando un pie junto a su cuerpo. Con pocas semanas de diferencia vi las mazacuatas más grandes de mi vida. cultivadas y surcadas de caminos para aproximarnos a las vegas del río San Ramón. incluso disfrutar días de completa soledad. Usar esa ruta nos permitió evadir áreas habitadas.y movimientos extraños. También pude descansar. entonces. llevaba entre sus garras a una serpiente que se contorsionaba. al tiempo que intentó 277 . Su vegetación era exuberante. Era abrupto y de suelo calcáreo. y el ambiente fresco. Nuestra columna emprendió la marcha cargada al máximo. húmedo y sombrío. De su estudio resultaron sendos materiales con las ideas principales para la formación colectiva. apenas llegó a tierra. Volvió el ave al mismo tronco y ávidamente picoteó y devoró a su presa. Sin verla di el paso. días atrás había echado a mi mochila De la guerra. un compañero próximo me alertó. en una etapa tranquila y de poca actividad en comparación con la dinámica anterior y posterior. y en el terreno se encontraban multitud de rocas con aristas filudas. Y como desconocía la teoría militar. La primera de ellas estaba enroscada durmiendo y tenía el vientre muy abultado. Había en él un inmenso palo quemando. de Karl von Clausewitz y El arte de la guerra. se elevó de nuevo. en los linderos de los Cuchumatanes. tendría alrededor de veinte metros de altura y carecía de ramas. de Sun Tzú. Por primera vez desde que me incorporé al destacamento tuve tiempo para leer algunos libros. En el trayecto escalamos un cerro que alcazaba los 600 metros de altura y poseía varios kilómetros de ancho.

Esta. Campesino medio. en un parpadear de ojos. mientras los dos animales yacían inertes a nuestros pies. removía la harina para la cena y conversaba con un compañero. 278 . el compañero desenvainó el machete y junto a mi rostro lo descargó en la cabeza de la víbora. una ninfa del bosque — ranita arborícola verde y rosado— se dirigía hacia donde yo estaba. dando saltos descomunales por la altura. pero cortos en su avance. Era el mayor de edad entre nosotros y había dejado mujer e hijos para integrarse al destacamento. La lujuriante vegetación nos rodeaba a sólo dos metros de distancia y de allí salió la serpiente. como un rayo. al mismo tiempo. El segundo ejemplar de esa especie se atravesó en nuestro camino. Delante de ella. El hecho sucedió en fracción de segundo. Pero se lo impedí porque el reptil estaba quieto. La culebra era una ranera verde. Al ver surgir su cabeza sostuve el pie en el aire para no pisarla. otro combatiente le asestó un machetazo. Sin embargo. Por entonces también presencié a quemarropa la caza de una rana por una serpiente. zumbando en el aire. junto al fuego. En el sueño la boa constrictor fue sorprendida por la muerte. era firme. ladino huehueteco de mal genio y desconfiado. sin alterar su ruta ni prestarnos atención. sin embargo. No sabría decir qué me dejó más estupefacta: si la serpiente que se lanzó sobre mí por obtener su alimento o el sorpresivo machetazo que me silbó en la cara. valiente y disciplinado.dispararle. Esta vez la dejamos seguir su curso y nosotros continuamos el propio. Pasó tranquila. Se imponían la inconsciencia y el desconocimiento sobre los animales del lugar donde trabajábamos. en dirección a mi rostro. Lo cierto es que seguí removiendo la harina. había prensado a su víctima entre las fauces. caracterizada por ser veloz y agresiva. Salió de la maleza al trillo cuando estaba por dar el siguiente paso. Sentada sobre mis piernas en un tercio de leña.

proletario de la costa sur y uno de los que había trabajado como organizador en El Ixcán y como pionero de la penetración a Huehuetenango. 279 . Pero cuando es­ taba recién nacido el segundo. su salud estaba sensiblemente afectada por los años de montaña y tensión. poco comunicativo y nervioso. su madre. Por otra parte. La otra compañera era su pareja. siendo en ese entonces monolingües y analfabetas. a quien ellas cuidaban. como pioneros del trabajo político entre su gente. a trasegar víveres que habíamos acopiado.En el grupo iban chujes y kanjobales —grupos étnicos del área— así como ladinos originarios de ese . No volvimos a saber de ellos. Originaria de la costa sur. Pero cuando se encontraba con una araña pedía auxilio a su compañero. valiente ante el peligro y laboriosa. Esto sucedió en la costa sur a finales de 1981. Los indígenas se habían incorporado años atrás. los dos niños y un combatiente herido. desaparecieron en un operativo de inteligencia contrainsurgente. Instalados en la nueva zona. Dos éramos mujeres y nuestra presencia daba confianza a la población en las visitas iniciales. de risa fácil y contagiosa. Pero también íbamos revolucionarios de otras partes del país. Habían migrado al Ixcán en la década del sesenta y estaban entre los primeros parce­ larios que le tendieron la mano a nuestros compañeros. alegre. Virginia era una muchacha inteligente. la compañera. departamento. Era valiente y sencillo. o de solicitud de servicios para obtener artículos en los mercados de la región. antes de iniciar el trabajo político fuimos y venimos a nuestro punto de partida. Ahora regresaban bilingües y dominando el alfabeto. su madre era ladina y su padre cakchiquel. El responsable del grupo era un veterano ladino. Pocos años después tuvieron dos hijos. Necesitábamos reservas para una temporada porque nuestra labor se distorsionaba cuando era acompañada de transacciones comerciales. un hermanito.

Si bien el área estaba tranquila y la detonación de un rifle 22 es leve. Nos adentramos en la montaña para pasar la noche y amaneciendo volvimos a la vivienda. Entonces señaló hacia un punto de la maleza y me pidió autorización para disparar. Próximos al punto de llegada. Un venado cabrito dejaba ver su cabeza entre la vegetación a pocos metros de nuestra posición. Los compañe­ ros. y el tirador afirmaba que no podía con una libra más. Dos de nosotros llevábamos un quintal a cuestas. a un cakchiquel y a mí. Así 280 . Sin embargo. El azar había estado a nuestro favor. disminuimos la veloci­ dad y redoblamos el estado de alerta. Había avanzado la tarde. por lo que platicamos brevemente con la familia. donde encontramos a las mujeres moliendo maíz y avivando el fuego. se adelantaron al rancho. En uno de esos viajes. la información y el secreto de la población organizada eran la base de nuestra seguridad. Varias veces me correspondió hacer el trayecto en ese acarreo. El margen de riesgo estaba determinado por los rastreos sorpresivos que realizaba el ejército. Cerca del medio día. Hasta el día anterior estuvo peinando el área y no tuvimos la información sino cuando llegamos a nuestro destino. el permiso obedecía a que cazar al animal representaba echarnos más peso encima. el compañero que iba a la van­ guardia se detuvo y en silencio aguardó a que lo alcanzara. Nos saludamos con alegría compartida. mientras comíamos una escudilla de hierbas con tortillas. por su parte. por ejemplo. Tomamos atol. En la primera oportunidad nos enviaron a un chuj. avanzamos detrás de la tropa sin saberlo. nos despedimos y emprendimos el regreso. La sigilosidad. En las inmediaciones encontramos a la abuela rajando leña.la colectividad trabajaba mejor cuando el hambre no apremiaba. el deseo de cobrar su primera pieza era manifiesto y la expectativa de comer carne esa noche era de los tres. tomé el hacha de sus manos y terminé de hacer el trabajo mientras conversábamos.

281 . dándole en el corazón. procurando producir brasa abundante. Recorrimos el trayecto jadeantes y sudorosos. El huitzitzil dio una voltereta en el aire y desapareció. haciendo un solo descanso para comer los tamalitos que llevábamos de almuerzo. Ambos aceptamos y. Anocheciendo llegamos al lugar y a oscuras recogimos leña y buscamos material para un tapexco. el animal estaba inerte. Mientras cuidábamos el fuego que debía mantenerse vivo. Botamos las mochilas y corrimos en dirección a donde había estado. Nos faltaban cinco horas de ascenso en terreno rocoso para llegar al único punto donde había agua. Acto seguido nos invitó a danzar para celebrar la caza del huitzitzil. bailamos la hora que duró el programa y que fue el tiempo que tardó en asarse la carne. pero moderado. El tirador. Entonces nuestras cargas sobrepasaron el quintal y el cazador debió ayudamos a ponernos de pie. construí la tarima y encendí el fogón. El tiro había entrado por la paleta derecha. sin­ tiendo una fuerte presión en el cuello y los hombros. disparó una vez. El compañero chuj me dio parte del maíz que llevaba y en su lugar acomodó al venado. Por vez primera vi bailar son al joven tirador.que el compañero chuj y yo asumimos compartir la nueva carga. Mientras los compañeros destazaban el venado. La alegría del cazador y el festín próximo nos dieron la energía para resistir. Encontramos sangre y a unos metros de su ubicación anterior. formando un círculo. sin quitarse el mecapal. Pero avanzamos a paso sostenido. Aunque llevaba sangre india en sus venas. Era un macho que pesaba alrededor de cuarenta libras. Ya saladas colocamos las tiras de carne sobre el enrejado y cocinamos las visceras en una olla. solía rechazar tal tipo de música y se burlaba de quienes gustábamos de ella. el compañero chuj sintonizó una estación radial donde tocaban sones.

Una vez tendida en la hamaca. Aunque logré despren­ derlo pronto y el daño sufrido fue leve. Nunca le hice caso y. Mi compañero me reñía por hacerlo a oscuras. originarios del altiplano huehueteco. salvo esa noche con el cangrejo y otra con una planta urticante. las semillas estaban dispersas e inconexas. Y habría perdido encanto esta reivindicación irrenunciable si la hubiera realizado pensando en los peligros que me acechaban. Se lo debíamos a tres veteranos. así 282 . Luego instalamos toldos y hamacas. realizaron visitas al destacamento. Nos correspondía comenzar a darles unidad territorial y organizativa. Habitaron con familias misérrimas. combatientes y bases de apoyo de la selva. apoyándose en algunos contactos. Me imagino lo que sintió el crustáceo cuando lo desperté de un pisotón en su casa. Sin embargo. pero con frecuencia la alternativa era no hacerlo a ninguna hora. realizaron durante meses una labor discreta. no tuve sorpresas desagradables. Establecieron relación con varios dirigentes comunales. el agua fresca y la tranquilidad de la noche compensaron el cansancio del día. compartiendo su pobreza y esperanza por una vida digna. Pero al dar el primer paso entre el agua me mordió un cangrejo. Por otra parte. Me bañé sin prisa. quienes antes de que nuestra columna penetrara. me enojé con mi suerte porque creía merecer un final de jornada mejor. Sin embargo. quienes solitarios ascendieron desde la selva y. llevaron el mensaje de la revolución en sus visitas familiares o viajes de trabajo. De manera que generamos un fermento al que era necesario darle continuidad. me dormí pensando con amor en el hijo que crecía lejos y en el compañero ausente. El trabajo en el altiplano huehueteco se había iniciado tiempo atrás. yo me dirigí al arroyo.Alrededor de la media noche comimos los lomos con placer indescriptible. y mientras mis compañeros se dispusieron a descansar.

Los llaman lol y se los comen asados con tortilla. largo y grueso que abunda en los troncos de árboles como el cajetón y el caulote. colchic. al guxnay —espiga de flor — y al momón. y cada vez que partían llevaban y traían piedra de moler. necesitaba recurrir a los alimentos silvestres para mejorar su dieta. Previamente les quitan la cabeza. Y tanto la población que descendía a la selva como la que permanecía en el altiplano. debíamos garantizar el ascenso a los Cuchumatanes. Recolectaban diversos hongos que en su idioma llamaban champá.como profundizar el trabajo político iniciado. rirí y xilom. cuando sobreviven a la captura de la población hambrienta. creando organización donde no la había. porque la pobreza no les permitía tenerlos en ambas partes. Muchos migraban con la familia y vivían en galeras de palma. De ahí que desde el bajío de los municipios de Barillas y San Mateo Ixtatán. En las áreas frías habitadas por kanjobales. Y por el mes de junio. de cuyas hojas se alimenta. La zona donde nos adentramos estaba escasamente habitada. descen­ diendo periódicamente a las zonas bajas del norte. fruto de enredadera silvestre que crece en las rozaduras. eran de consumo común las hierbas como el tzitzil y el tzoloj. se convierten en lindas mariposas blancas. para sembrar maíz en terrenos baldíos o trabajar en las fincas que allí había. por ejemplo. la cola y las tripas. molino y demás enseres domésticos. dulces y amarillas. al quixtán. en algunos lugares del altiplano huehueteco se alimentan con un gusano verde. Parte de la población era flotante porque vivía temporalmente en sus comunidades de tierra fría. o las semi­ llas del ujuxte o ramón que las comen tostadas. Estos gusanos. También aprovechaban la "papa extranjera". mientras que en las tierras cálidas recurrían al temí o quilete. O frutillas de árboles como las del buxté que son pequeñas. sin paredes. quedando un cuerito grasoso que se lava y salado se 283 .

los granos. la tuberculosis. Y no todos soportaron la prueba. o jugábamos con los niños y les improvisábamos algún juguete. Luego de saludar a todos. sal.asa en el comal. Aunque tuviéramos hambre no pedíamos ni aceptábamos comida. las várices y los problemas dentales. Numerosas personas sólo tenían la ropa que llevaban puesta y que lavaban cada vez que se bañaban. Si había oportunidad. para evitar que la gente se asustara. A varios compañeros les tocó experimentar este bocado. por ejemplo. Pero todas extrañadas del hecho insólito de ver a hombres y 284 . Así no desvirtuábamos nuestro motivo. unas riendo. A veces heredaban la ropa parchada de pa­ dres a hijos y de hermanos mayores a menores. cuando el nixtamal del día siguiente quedaba cocido. ni dábamos a pensar que la necesidad nos llevaba hacia ellos. Las mujeres nos observaban calladas. la anemia. algunos de nosotros nos incorporábamos al trabajo casero. quienes habitaban en la parte selvática debían caminar durante días. Nos presentábamos y explicábamos lo que hacíamos y pensábamos. y ninguno de ellos confiaba en nosotros si llegábamos estando él ausente. pedíamos permiso al jefe de la familia para hablar con él. Y no pocos andaban tan remendados que no se sabía qué había sido la prenda original. otras serias. el parasitismo. Abundaba el paludismo. Ninguna mujer nos recibiría si el jefe de familia no estaba presente. conversábamos sobre las particularidades de la zona o de la población de la cual eran parte. los abscesos. Visitábamos a la población tratando de no interrumpir las labores del campo y cuando el hombre se encontrara en casa. Para obtener ocote. Nos aproximábamos despacio y teniendo cuidado porque las armas no resaltaran. fósforos. las mujeres continuaban las labores domésticas que sólo terminaban entrada la noche. Mientras tanto. Y con frecuencia se recurría al trueque porque no tenían moneda circulante.

se reían incrédulas o se desconcertaban.mujeres. exclamaron más conmovidas que. entonces. cargando a mecapal y hablándoles con conocimiento de su realidad. algunas me compadecían. También querían saber si no temíamos vivir entre numerosos hombres y si nuestra pareja estaba en la unidad presente. me replicaron que era muy duro cocinar y lavar ropa de tantos hombres. seguramente tenía que acostarme con todos. si teníamos hijos. al preguntarles por qué se expresaban así. No eran las mismas que traté cuando trabajaba abierta y legalmente. me relacioné desde otra perspectiva con las cam­ pesinas. A las revolucionarias nos preguntaban si éramos casadas. si estaba trabajando contenta por la revolución. Y cuando les reiteraba que mi compañero estaba en otra parte. especial­ mente entre población que por primera vez veía a una guerrillera. Al participar desde el destacamento en las visitas do­ miciliarias. Yendo entre tantos hombres les parecía imposible que mi pareja no fuera alguno de todos. Cuando les respondía que no. Y hacían gestos de admiración o de sorpresa cuando respondíamos que sí. Una vez. si el marido andaba con nosotras. pero pertenecían al mismo mundo. realizar con destreza los oficios de la mujer campesina. las mujeres solían llamarme aparte. Cuando me desplazaba sola entre decenas de compañeros. Y cuando las conocí. Al aclararles que no era así. nunca faltaba la pregunta relativa a si andaba con mi marido. indios y ladinos. Y las mujeres guardaban silencio la mayoría de las veces. Y aunque me preguntaban y contaban sobre diversas temáticas. Otras veces el razonamiento 285 . que no siempre andábamos con el esposo y que nuestros hijos estaban al cuidado de otras personas. Con visitas similares agotamos tardes y noches de años enteros. Pero poco a poco algunas se animaron a hablar. ni ellas ni los hombres mostraban inquietud sobre la opresión de la mujer.

nuestra compañera per­ manecía dentro del rancho. de impulsar la organización de los primeros núcleos de población keqchí. Cuando esta combatiente se despidió de la familia para reintegrarse al destacamento." 286 . a quienes acudíamos llenos de ánimo y convicciones de lucha. Luego que el destacamen­ to se retiró de allí. había quedado encargada. volvía para descansar. que se ofreció para alojarla. Seguramente guiados por ese sentimiento. Nunca se me había ocurrido que pudiéramos ser objeto de dicho sentimiento. no faltaba quien nos demostrara compasión. muchos de estos compatriotas. nos tenían lástima al principio. y nosotros tardamos en darnos cuenta. Pero así sucedió al principio con algunos que nos apoyaron. Vivió con una familia de las más entusiastas y dispuestas. De día. sumida en una miseria inimaginable. alimentarla y esconderla. ayudando en los quehaceres domésticos. a buscar mejor vida a otra parte.espontáneo las llevaba a afirmar convencidas que yo era maestra o enfermera y por ese motivo andaba con ellos. mucho menos por parte de población que vivía igual o peor que nosotros. Luego agregó: "¿Tenés que regresar a la montaña por fuerza? ¿Cuánto querrán los compañeros por vos? Yo te compro y te vas para donde querrás. con otros compañeros. Sin embargo. Por donde quiera encontramos población laboriosa. el hombre de la casa le dijo que a todos les dolía que vol­ viera al monte porque allí era puro sufrir. Al oscurecer se desplazaba a otras partes para realizar su labor y a media noche. Cuando les pedíamos opinión sobre nuestros planteamientos. Creíamos que lo hacían porque comprendían y compartían nuestras ideas. La primera vez que nos expresaron lástima me desconcerté. cuando en realidad era por solidaridad humana. ciertos colaboradores quisieron comprar a una de nuestras compañeras en Alta Verapaz. o por la madru­ gada. analfabeta y enferma.

pero muy poco en la cuestión de género. la convicción que mostrábamos sobre la necesidad de luchar por una sociedad justa. Les atraía la vida en colectividad y el trato fraternal que privaba entre nosotros. si bien éramos iguales a ellos en pobreza. sin embargo. la única a su alcance. Intuían en nuestra vida compensaciones que la suya no les daba. llegamos a representar no sólo su única esperanza de alcanzar una vida digna. Para numerosa población. Y es que las familias que tenían parientes o conocidos entre nosotros. el modo respetuoso y la actitud de escuchar que les expresábamos. percibían el progreso espiritual y material desde la primera visita de aquél. donde los jóvenes se superaban. De ahí que también fuéramos un imán para no pocos jóvenes y padres de familia. en la construcción de viviendas. Y era que. Éramos sus amigos. los gajes del oficio por nuestra condición de mujeres se convirtieron en motivo de bromas que nos daban ánimo para ponerle más empeño al asunto. Constituíamos una escuela. independientemente del triunfo o del fracaso de nuestra causa. "la necesidad obliga a luchar. nos distinguíamos por la mayor acumulación de conocimientos. el modo de vida y los propósitos. el que tiene hambre no tiene 287 . Pues éramos sus consejeros en un sinfín de cuestiones. La labor que entonces realizábamos calaba en varios aspectos. Luego del desencanto inicial que experimentamos. Incluso rompíamos la monotonía y la sole­ dad de su vida. sus vecinos y sus ocasionales compradores o socios económicos.En los años iniciales de trabajo tales razonamientos no eran excepcionales. Quienes impulsaban a sus hijos e hijas a unirse con nosotros decían cosas como éstas: "mejor sufrir y peligrar luchando por una vida mejor. o fuerza de trabajo voluntaria para ayudarlos en las tareas agrícolas. apoyo eficaz para resolver problemas concretos. sino también una autoridad. que por padecer ésta".

la desnutrición. salarios decorosos. con indescriptible paciencia y sin no pocos altibajos y sinsabores.por qué rajarse". salvo la vida. paso a paso. pero avanzada la noche la temperatura se desplomaba quién sabe cuántos grados. el pecho y los pies. Finalmente instalar sobre la chamarra y la hamaca un plástico que llegara hasta el suelo. Uno a uno íbamos asomando a la cocina. donde en vela esperábamos el 288 . En el piso no podíamos dormir porque estaba lodoso. Y entonces no teníamos. El arte residía en ponerse papel periódico junto a la piel en la espalda. la represión patronal o militar. pasamos los fríos más terribles que hayamos conocido en la selva. una vez ganada. como en otras temporadas." Efectivamente no tenían nada qué perder. y si llovía se formaban corrientes que lo empapaban todo. papel periódico ni plástico extra. Por el mes de diciembre de 1977. Pero esta compleja relación. la población anteponía a sus propios riesgos y penalidades nuestra seguridad. En la hamaca nos helábamos. escuelas. Estos materiales eran la solución para el frío de las noches. El destacam ento guerrillero llevó a miles de campesinos pobres la primera esperanza de emancipación social y el primer ejemplo de honestidad política y entrega desinteresada al servicio del pueblo. Pero ésta se las arrebataba la enfermedad. trato digno. es lucha por la vida. De ahí que varias noches continuas nos levantáramos ateridos y desvelados para juntar fuego y acurrucamos a su alrededor. Luego colocarse la camisa y bolsas plásticas entre el papel y los calcetines. caminos. Por eso. Y nunca escuchamos que desearan dádivas o prebendas. que suponía enorme confianza hacia nosotros la lográbamos a pulso. trabajo. Demandaban tierra. atención médica. títulos de propiedad. Durante el día sufríamos un calor sofocante. "lo que se arrebata por hambre a un rico no es robo.

sino porque no tenía con quien compartir un sinfín de inquietudes y reflexiones aunque estaba rodeada de compañeros. A veces conversábamos animadamente. Entonces quise expresar gráficamente algunos de ellos. mis dibujos no pudieron sustraerse al impacto que la flora y la fauna tropicales produjeron en nosotros. entonces. la suavidad de su trato y su sentido del humor. como si nos hubiésemos conocido siempre. nos encontramos en breves y esporádicas tareas. tranquilo. Al igual que los poemas. deseando que tales fríos terminaran pronto. No lo hacía desde 1966. franco. Lo hice de un tirón. su rectitud y generosidad. sino porque la inusual quietud en que se encontraba el campamento acabaría en cualquier momento. Después de conocernos en las montañas de la región ixil. leía con frecuencia los poemas que él escribiera años atrás en esas montañas. También fue entonces cuando comprendí por qué numerosos campesinos y campesinas son reservados y parcos para hablar. rivalismo. De él me gustaron su cuello 289 . otras permanecíamos silenciosos. Recurrí a los únicos materiales que tenía a mano: papel bond. figuración. Militábamos. Sin embargo. en frentes diferentes. desde el primer encuentro nos comunicamos de manera fluida y natural.amanecer. Fue durante esa temporada cuando experimenté la soledad y la falta de comunicación por primera vez en mi vida. No sólo porque pasé días solitaria en el mundo del misterio verde. especialmente sobre sus propias desgracias. su lejanía de todo lo que pudiera ser prepo­ tencia. rápidamente. Cierto día sentí el impulso de dibujar y pintar. a falta de podernos comunicar. lápiz y marcadores de colores. De él me atrajeron su modo de ser modesto. Añoraba a Benedicto y. independientemente del tema y la calidad. No sólo porque las imágenes se agolpaban en mi cabeza.

Pero. o porque es penetrante para captar las contradicciones de la realidad y del comportamiento humano.grueso y sus manos fuertes. que trataba de un gigante que comía naranjas y tenía una muela de hielo. Por eso lo fui queriendo. pues la experiencia matrimonial me había dejado sabor amargo. navegante y explorador que llevaba dentro. se abrían paso a filo de machete o hacían una caricia tímida. un recuerdo de la que fuera su novia cubana. De él me sorprendieron la importancia que dio a mi presencia en su vida. 290 . De él me impresionó su profunda sensibilidad. su habitual retraimiento y silenciosa forma de ser. los sentimientos y la atracción tuvieron su propia dinámica. tres papeles de china con la suerte de un canario de feria. ni los esfuerzos de la voluntad. los poemas que me escribió luego de conocernos y su delicada forma de expresar ternura. anchas y callosas que indistin­ tamente escribían versos. como suele suceder. O quizás porque vive maravillado de la vida y del cosmos. amor. su inmensa necesidad de amor. aquéllos se impusieron a éstas y el amor inundó mi vida. como si el desamor lo hubiese acompañado demasiado tiempo. al principio opuse resistencia al sentimiento que me brotaba. una bolsa plástica con carros de colores. Y también un cuento para niños hecho por él mismo. y no atendieron las leyes de la razón. Sin embargo. Me conmovieron el niño observador. Para mi felicidad. Y porque no quería ataduras con hombre alguno. deseaba concentrarme en la militancia que había asumido por propia e independiente decisión. De él me desconcertaron los tesoros que llevaba consigo: la figurita de lotería popular que representa la estrella. respeto. a quien abandonó para incorporarse a la lucha.

porque la experiencia demostraba que ello generaba conflictos que afectaban la cohesión y el trabajo. Días atrás me anunció que deseaba hablar conmigo. siempre que lo hiciéramos con honradez y respeto entre los implicados y hacia la colectividad. entonces lo invité a sentarse en un tronco próximo. Entonces comprendí de qué se podía tratar y le reiteré que expresara con confianza lo que quería.LA FUERZA DE LOS SUEÑOS Una tarde me declaró su amor. Al cabo de un tiempo. cierto atardecer llegó a mi puesto. Y que no se valía tener dos o más relaciones simultáneamente. ¿No será que el compañero puede ser tu marido y yo tu novio?. luego guardó silencio. pero llegado el momento se retractaba. pero siguió callado. Pasado un rato lo animé a plantear lo que deseaba. la 291 . Lo vi afligido y sin saber qué hacer. Sin embargo. no presté especial atención esta vez. Era el dilema humano de tantos amores y atracciones sexuales que nacen fuera de las convenciones sociales. sin dejar de apretar una mano contra la otra y clavando la mirada al frente. Como era común que los compañeros me buscaran para conversar. Se acomodó juntando las manos y bajando la vista. Luego agregó enfático y viéndome a los ojos: "Pero yo te quiero. Continuó diciendo que entendía las explicaciones respecto a que los integrantes del destacamento éramos libres de establecer las relaciones amorosas que quisiéramos. e insistió en que respetaba a mi pareja. Aseguró que lo haría si le daba mi palabra de no quitarle la amistad nunca y por ninguna razón. ¿no será que sí se puede?" Años atrás había escuchado frases parecidas dos o tres veces. Y calló de nuevo. No insistí y permanecí silenciosa a su lado. Conversamos sobre el tema. dijo que nos respetaba mucho a Benedicto y a mí.

Aprendió castilla. Poseía un corazón preñado de ternura y generosidad. lo había desbordado. Poco para la risa y observador penetrante. no se conforme con un solo marido. Y tras un rostro impasible ocultaba una susceptibilidad y emotividad excepcionales. raramente veía a su interlocutor a los ojos. Desde la infancia y hasta que se incorporó al destacamento. pastoreó rebaños ajenos. Se distinguía por su entrega. Esta vez el sentimiento amoroso. No había conocido más hábitat que ese y nunca asistió a la escuela. cuando abandoné la plaza de maestra en un remoto municipio de Huehuetenango. Aunque sabía que con el tiempo le pasaría ese sentimiento hacia mi persona. de trato suave. Aquella noche. Y un albañil y marimbista de edad avanzada. la madre de un alumno escribió en una tarjeta de agradecimiento: "Viva doscientos años y tenga dos mil hijos". maltratada por la intemperie. Tiempo atrás. como nos sucede a todos más de alguna vez en la vida. De ahí que había pasado la mayor parte de su vida silencioso y solitario en las cumbres de los Cuchumatanes. rectitud y lealtad.vida y las circunstancias en que luchábamos. me dio pena su tribulación y la situación de soledad amorosa de tantos en el frente. evoqué dos consejos. me dijo persuasivo y circunspecto: "Seño. de cuya sinceridad y buena fe no puedo dudar. a raíz de ese hecho. Era retraído. Usted bien puede con cuatro. chocando con las reglas establecidas 292 . se alfabetizó y politizó con nosotros. originario de los páramos de San Mateo Ixtatán y proveniente de una familia misérrima por generaciones. De mirada esquiva. bajo una piel áspera. sencillo. al despedirme." El compañero que esta vez me declaró su amor era un joven chuj. consejos que se grabaron en mi memoria por el desconcierto que en su momento me causaron. Entrada la noche nos despedimos con un apretón de manos y una sonrisa de mutua comprensión.

ilusiones. No hablábamos de los sueños con frecuencia. los sueños son experiencias del alma que pueden reflejar muchas cosas: deseos. preocupaciones. Y es que en la cultura indígena se consideran premonitorios o explicatorios del destino y de situaciones personales o sociales. o más preocupado estuviera el protagonista de tales representaciones mentales. Por ejemplo. éste caía amorfo y blando a un par de metros de distancia. Indudablemente. Y no tenía qué ver la procedencia social. ni la conciencia o cultura que se tuviera. la voz no nos salía. más risa 293 . generalmente aquélla que más nos gustaba. interrogando sobre su posible significado. sino más bien el peso que en nosotros tenían los peligros y las privaciones cotidianas. Era común que mientras más difícil fuera la situación en que nos encontrábamos. En numerosas comunidades había personas especializadas en su interpretación. Someter al primero y buscarle cau­ ce al segundo eran un reto permanente. En nuestra colectividad guerrillera la mayoría de los sueños que se narraban eran recurrentes en su esencia. pero nunca alcanzábamos a comerla porque despertábamos en el preciso momento de llevárnosla a la boca. Que teniendo deseos de gritar para pedir auxilio o alertar a alguien. que a la hora del combate el arma no disparaba y si lanzaba el proyectil.y haciendo tambalear su sistema de valores. pero cuando el tema surgía estas problemáticas predominaban. compensaciones. Que al correr para alejarnos de algún peligro no lográbamos avanzar. suscitaba bromas que desencadenaban la risa de todos. Pero el pensamiento predominante en dicha cultura le agregaba elementos particulares que trascendían esa dimensión. Y la narración de estos sueños en algún descanso u hora de comida. temores. Que teníamos comida. Los sueños tenían gran importancia para él y con frecuencia los narraba. Pues el miedo era un acompañante tan tenaz como el amor.

el cual alzaba con delicadeza. me senté de espaldas a la construcción. también vestida de fiesta. consentida y sin responsabilidades. Adelita había surgido de la exuberancia tropical ataviada con un vestido largo. creyendo ver alucinaciones. Las saludé y atónita las 294 . cuya familia simpatizaba con nuestra causa y apoyaba en lo que estaba a su alcance. El sol caía a plomo y veíamos reverberar el calor por la evaporación abundante. próxima a la línea fronteriza.nos causaran las desgracias que sufríamos en la vida real y en los sueños. quien le correspondía en el amor. Asueñada por lo sofocante de la atmósfera me restregué los ojos y sacudí la cabeza. Era una muchacha mexicana. Vivía en una casa solitaria. Cierta vez integré una patrulla que se dirigió hacia una vivienda fronteriza. Para tener visibilidad hacia una vereda que conducía a la línea divisoria. Su madre apareció detrás. Esta tenía por vecindad. A cincuenta metros de distancia terminaba el sitio y comenzaba la vegetación feraz. El padre era campesino medio y pagaba fuerza de trabajo para las labores agrícolas. Adelita era hija única. la casa de la novia. Adelita tenía catorce años cuando se enamoró de uno de nuestros compañeros. aunque a varias horas de camino. Nos instalamos en el patio a desgranar el maíz que debíamos transportar. Pero las imágenes permanecieron sin que lograra comprender. rosado. pues había tranquilidad operativa y el rancho estaba aislado. Los padres veían con beneplácito su relación con el guerrillero guatemalteco. por lo que mantenía relaciones sociales y comerciales con los parcelarios guatemaltecos. calzaba zapatos blancos de tacón y sus manos iban cubiertas con guantes. No sabía leer ni escribir y cifraba en el matrimonio su felicidad y destino único. llevaba el pelo largo recogido y adornado con flores. Tomé mi carabina y avancé al encuentro de quienes para entonces había reconocido. Allí se adentraba el sendero.

Esa vez sentí la pena de amor ajena como propia. lianas y helechos para desandar el camino hacia su hogar solitario. Pero como su amigo chapín les avisó que ese día estaríamos en su casa. sencillo y jovial. Habían caminado horas entre el fango y la espesura verde. El esmero que había puesto en arreglarse y el esfuerzo que habían invertido para llegar a donde estábamos. Fue imposible contener la hemorragia y murió desangrado en cuestión de minutos. cumpliendo tareas de la revolución y no pudo cumplirle. Armando se había incorporado a 295 . Se perdieron entre árboles gigantescos. Pero al volver por donde habían llegado parecían llevar la pesadumbre del mundo encima. en Alta Verapaz. Sólo para él se había engalanado. pues dos años después perdió la vida en la toma de Chisec. Las invitamos a descansar y las hicimos reír con nuestras bromas cariñosas. de conciencia firme. se dirigieron hacia allí pensando encontrarlo entre nosotros. le perforó la arteria femoral. disparado por arma nuestra. El idilio duró el tiempo que nuestro compañero alcanzó a vivir. Inmediatamente sus ojos se inundaron de lágrimas y la congoja se apoderó de ella. Con su deceso pagábamos cara nuestra inexperiencia militar y perdíamos a un organizador eficaz. Adelita me respondió sonriendo que cumplía quince años y que el novio le había prometido visitarla. con gran arte para no estropearse. Era responsable de la operación y en la oscuridad. cometió el error —creyendo que nuestros compañeros lo habían reconocido — de cruzar el sector de fuego de uno de ellos. sólo pensando en el guerrillero amado. Pero el novio se encontraba lejos. Un proyectil de G-3. El desconsuelo de la muchacha fue equivalente a la ilusión que por semanas alimentó la promesa del enamorado. El nombre de Adelita se lo pusimos nosotros en asociación a las adelitas de la revolución mexicana.interrogué por las galas. supervisando los grupos de contención. me tenían impresionada.

me respondió: "Siempre querés que te demos nuestra vida. había agrupamientos de iguanas que nuestros compañeros cazaron con honda para enriquecer la dieta colectiva. El ambiente estaba saturado por el vaho y un olor sulfuroso. Fue de los primeros en incorporarse al destacamento original. pero vos nunca nos das la tuya. Y en los alrededores. por disciplina y discreción. pensando. Con su reclamo este compañero indígena nos demostraba que nuestra historia personal sí tenía valor para ellos. Y la dirección se había opuesto a que quienes proveníamos de capas acomodadas la narráramos. y me sentí mal. Una noche pedí a un compañero que me contara sobre su vida y su pueblo. pero parte de la realidad que juntos pretendíamos transformar." Y no me la contó. Consideraba que por no haber vivido los sufrimientos de los explotados y oprimidos carecía de valor para la colectividad. más que por falta de voluntad. Efectivamente nunca hablaba de mi vida con ellos. quienes con gran paciencia respondían mis preguntas e inquietudes. ¿No tenían ellos derecho y capacidad para aprender de la mía? Pasados varios meses las columnas nos dimos cita. Significaba darnos de otra manera. me había abstenido de compartirla.mediados de 1974. confiarles nuestra vida que para ellos era un misterio. En las proximidades de la concentración descubrimos aguas borbollantes que fluían en un arroyo y en múltiples afloramientos que lo bordeaban. Originario de una barriada capitalina. Pero a diferencia de la mayoría. pero hasta entonces ninguno me había preguntado al respecto. sobre árboles secos y troncos podridos. Esa noche permanecí silenciosa. Era mostrarles un mundo desconocido. Yo. era hijo de una prostituta y un policía nacional. animado por un tío que era veterano. Aprendía mucho escuchando a mis compañeros. distinto al suyo. Cuando murió apenas alcanzaba los veintiún años de edad. 296 .

sino sus­ tituirlas por nuevas. aunque todavía sin afectar mi desempeño cotidiano.00 a Q60. Y mi cuello permanecía rígido. había rebajado el precio de Q80. Pero bastaba con no cargar un par de días para que la inflamación y el dolor cedieran. aunque esta molestia desaparecía al inyectarme Complejo B-12 periódicamente. por uno o dos días. como el padre estaba organizado y era muy consciente. la fuerza de sus sueños llevó a un combatiente a solicitar dinero para comprar a una muchacha. pero cuando nos deteníamos y el cuerpo se enfriaba. Y cada vez que llevaba a cuestas más de cincuenta libras. Fue necesario retomar colectivamente el tema y convencer al solicitante de que no debíamos reproducir esas prácticas. pues habían afirmado que si no 297 . la costumbre ancestral resurgía como retoño en árbol podado. Aunque el tema de la compraventa de mujeres había sido abordado. se me comenzaron a inflamar y endurecer los ganglios de la base de la cabeza. nada mejor en su esquema de valores que la dirección ocupara su lugar. Pero quedaba la tarea de hablar con los padres de la novia. Y contento agregó que. También experimentaba punzadas en la espalda. el cuello y las axilas. todavía con las raíces intactas en la mentalidad de algunos compañeros. lo cual solía suceder. Los años de esfuerzo y alimentación precaria comenzaban a repercutir en mi organismo. Como los padres del muchacho vivían en otra región. Entusiasmado y seguro de que no habría objeción lo planteó con desenfado.Para entonces había perdido parte del pelo y mis dientes estaban tan sensibles que no soportaba masticar alimentos como la tortilla tostada o la caña de azúcar. me invadía un dolor intenso que se irradiaba a toda la cabeza y a los hombros. como con tortícolis. como si se tratara de alfilerazos. Por esos días. Entonces no soportaba el roce de la hamaca ni la proximidad de la ropa.00. Mientras cargaba no lo notaba.

Llevaba un recipiente con leche y abrazándome amorosamente me lo ofreció. La noticia causó revuelo entre los combatientes. Se mostraba feliz porque ese día la tomaría yo en lugar de ellos. A cambio. Eran jóvenes campesinas originarias de las montañas del noroeste. La muchacha sufría por su impedimento. Cuando arribó el grupo. diciendo lo mucho que le alegraba que hubiera pasado precisamente esa noche. "porque su hija no era cualquier cosa para regalarla". aunque se logró suprimir la transacción con labor persuasiva.era pagada no la daban. las armas y los machetes relumbraron más que de costumbre. Traté de negarme a aceptar el presente. Pero en ese estado no podíamos hacerlo. padecía tuberculosis muy avanzada. aumentó la dedicación al estudio y a las tareas. Diligentes remendaron ropa y mejoraron su presentación. En ese y otros casos. Era la media noche de un sábado y todos dormían. la caballerosidad y la servicialidad se hicieron notorias para 298 . pero fue imposible. Pasé a darles noticias de ella y a saber cómo estaban. me detuve en casa de una familia cuya hija mayor estaba con nosotros. Se trataba de una familia muy pobre y su segunda hija. de dieciocho años. tosía con coágulos de sangre y estaba pálida y débil. pero la señora salió muy contenta a saludarme. Esperábamos a compañeros de la ciudad y a un contingente de nuevos reclutas. compraban leche que bebían el domingo por la mañana. Estando de paso por una localidad. me dijo. Los sábados. carecíamos de condiciones para propiciar su curación y no soportaría nuestro régimen de vida. En éste había seis mujeres y el hecho no tenía precedentes. la incorporamos a las tareas de apoyo en la localidad. la dirección debió asumir el papel de los padres y hacer las visitas a la usanza campesina para que la familia de la muchacha quedara conforme. Ella anhelaba sumarse a nosotros y llorando nos había suplicado que la aceptáramos.

Luego de una temporada. Era evidente la competencia por ganar el corazón. de manera que se le envió de regreso a su casa. dos volvieron como organizadoras a sus zonas. Nuestro trabajo pionero de aquellos años es uno de los factores que propiciaron esta irrupción de la mujer campesina en la lucha social y política guatemalteca. No faltaron los accidentes por derroche de valor y destreza. Varias destacaron rápidamente. ni las bromas y apuestas sobre quiénes serían los afortunados. También surgieron dirigentes populares y cuadros políticos femeninos a diversos niveles. la admiración de las recién llegadas. otras destacaron por su valentía y agresividad en el combate. por encima de los varones que se incorporaron simultáneamente. Parte de nuestros sueños de entonces se han hecho realidad. en dedicación a las tareas. 299 . Pero hubo una que a los pocos días evidenció que sólo le interesaba coquetear. posteriormente. La mayoría de ellas pasan desapercibidas pero no por ello su capacidad y aporte es menor. disciplina y progreso en el estudio.con las nuevas. Y abundaron los voluntarios para instruirlas en el manejo de las armas y las tareas del campamento. o cuando menos. Con los años varias mujeres más desarrollaron dotes de activistas y organizadoras.

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salvo los que tenían tareas. al tiempo que exclamó: "¡Ay vamos. Así que con presteza recogí leña y me retiré a descansar. Entusiasmado me invitó a bailar. bondad y seriedad. resulté con ampollas y rozaduras en los pies. imaginando que bebíamos tales delicias en ese instante. Apenas comenzaba a ceder el dolor de las ampollas y el agotamiento de la caminata. algo había fallado con mis calcetines. me rogaba. además." Ya no me invitaba. Dijo que lo estaba. agregando que ya tenía autorización. Sólo se sonrió y me miró con ojos tristes. todos estábamos tumbados procurando reponer energías para la jomada siguiente. Pero insistió:"Vení vos.EL ÁRBOL DE LA VIDA Emprendimos la marcha hacia el río Chixoy. Por mi parte. me tocaba cocinar el día siguiente y debía madrugar. con vos quiero bailar!" Y saltaba como un niño impaciente porque el primer son había concluido y yo no me movía de la hamaca. Entonces le propuse que invitara a otra compañera y le hice bromas en relación a las jóvenes recién llegadas." Y el montón replicamos jubilosos: "Síiii". Se había incorporado hacía pocos meses y se caracterizaba por su timidez. cuando se aproximó un compañero quiché. y durante un descanso algún dirigente bromeó: "Cuando triunfemos vamos a poner puestos de refrescos y cervezas frías en todas estas picas. pero que en la radio tocaban sones de su tierra y quería bailarlos. vení un ratito nomás. Le mostré mis pies lastimados y le expliqué que al día siguiente madrugaba. Le respondí que estaba muerta de cansancio y le pregunté si no lo estaba él también." Al concluir el penúltimo día de marcha estábamos extenuados y silenciosos. Pero un lúcido exclamó malhumorado: "¿Y qué putas vamos a estar haciendo aquí después del triunfo? Sólo eso nos faltaba. Entonces 301 .

pues aceptar la invitación conllevaba chapear mano a mano un pedazo de terreno. Recién incorporado se extravió a raíz de un choque con el ejército. aún cuando Mario reía. Pocos años después de haber convivido con nosotros en el 302 . bastó con despejar un par de metros cuadrados. Quienes descansaban en las proximidades sacaron la cabeza de la hamaca e incrédulos preguntaron si en serio pensábamos bailar. Hablaba con fluidez quiché y español. Mario fue incorporado al contingente de combatientes experimentados que se desplazó hacia dicha región. Tranquilo y callado. Sin embargo. Durante tres días sufrió las inclemencias de la intemperie porque en la escaramuza perdió su equipo. Como éramos sólo nosotros. algunos se calzaron y con su fusil al hombro se sumaron al baile. uno de ellos iluminó la flamante pista con un pedazo de hule ardiendo. no lo abandonaban. Mario era originario de Zacualpa. Ante nuestra afirmación nos llamaron locos de remate. Cuando las acciones político-militares de la organización se expandieron hacia el sur de El Quiché. pero éstas solían implicar respuestas difíciles. escondido en sus alrededores. Lo primero que hizo cuando se reintegró al grupo fue disculparse por haber consumido azúcar de la colectividad sin autorización. hacía pocas preguntas. Y varios de los que nos llamaron dementes se sentaron a ver. se mantuvo oculto entre la maleza. y probé el filo de mi machete. y. municipio al sur de El Quiché. Pero cuando colgamos el radio en una rama y dimos los primeros pasos. El iniciador de la locura estaba verdaderamente feliz. Me coloqué las botas y el equipo militar.ya no pude negarme a sus ojos de tristeza que. Los compañeros que salieron en su búsqueda lo encontra­ ron sereno y confiado en que daríamos con su paradero. se alimentó con azúcar. y sabía leer y escribir. Cuando terminó el programa radial éramos cuatro parejas las que reíamos bañadas en sudor y alegría. logró localizar un buzón que teníamos por el área y. poco a poco.

Y éstas debíamos atravesarlas a plena luz del día para avanzar con la rapidez que las circunstancias requerían. forzados por las características del terreno y la vegetación.destacamento. migró desde la costa sur al Ixcán 303 . En aquella marcha salvamos el río Chixoy en el curso de varias noches. Desde esa posición una unidad se desplazó hacia el sur para recoger un lote de armas. Moreno. alto y delgado. preocupada por salvar el obstáculo lo antes posible. Lo cruzamos en pequeños grupos precedidos de exploradores. probablemente me hubiera sentado a media carretera sin importarme nada. Fuimos los últimos en alcanzar la espesura. Yo iba al centro. no fue casualidad que él acudiera en apoyo de alguno de nosotros. cuando los grupos de contención dieran la señal. La retaguardia comenzó a rebasarme. Mario fue abatido en la retirada que siguió a la propaganda armada que el EGP realizó en Santo Tomás Chichicastenango en julio de 1981. pero empecé a rezagarme a media travesía. de pelo crespo largo. No sé qué hubiera hecho si él no me ayuda. que había llegado a la orilla contraria. varias brechas con maquinaria trabajando y un par de carreteras. El trayecto que entonces recorrimos era accidentado porque incluía un güiscoyolar pantanoso. animándome a sacar fuerzas. Del otro lado proseguimos hasta alcanzar el río San Román. Estaba extenuada. vio que me quedaba sola y veloz volvió sobre sus pasos. Dos mujeres fuimos integradas al grupo. Se colocó a mi lado. Se nos dio la orden de hacerlo en columna cerrada. Siendo de origen proletario. pues esa carretera era patrullada por el ejército. Una de ellas debimos cruzarla en diagonal. sus ojos negros eran de mirada profunda y dulce. en cuyas proximidades nos establecimos. me quitó la mochila y prácticamente me jaló. Un miembro de la vanguardia. Valentín se llamaba este compañero y destacaba por su nobleza y espíritu solidario.

muriendo instantáneamente. Cayó herido en un altozano. en enero de 1981. De los compañeros que entonces íbamos en esa unidad. no pudo pasar al asalto debido a la intervención de la Fuerza Aérea. siendo oficial guerrillero. Eider era jovial y de agradable carácter. Era ladino. y cuando emprendió la retirada el ejército le salió al encuentro. y en algún lugar crece orgulloso su hijo postumo. disciplina y capacidad operativa. rescatarlo era imposible. Pero aunque la guerrilla destruyó a la tropa acantonada —más de cien efectivos—. A Valentín lo crucificó el ejército en las afueras del poblado. en medio del fuego cruzado. Valentín ofrendó su juventud con la frente en alto. Una unidad nuestra realizaba propaganda armada en esa localidad keqchí. Eider. en junio de 1979. Valiente. ubicada al sur de Rubelolom y de Playa Grande. Mientras tanto. Nuestra unidad se retiró sin más bajas por una vía alterna. de cara al sol. disparando su fusil ametralladora. le gustaba hacer bromas. fue abatido por el fuego enemigo en la aldea Tzetún. Para el efecto instaló una cruz de madera y le puso guardia durante los días que las aves de rapiña tardaron en devorarlo. hijo de parcelarios migrados de la 304 . Dos años después de que realizamos esa misión. Allí se intentó entonces una operación de aniquilamiento y recuperación contra el destacamento militar. Destacaba por su lealtad. murió en el parcelamiento de Cuarto Pueblo. Como resultado.cuando su familia obtuvo una parcela. Esta bombardeó y ametralló el escenario del ataque. pecho descubierto. Eider fue alcanzado en la cabeza por un proyectil en el momento de la retirada. pero inexperto en el combate —como la mayoría — se lanzó contra los atacantes a . advirtió a los moradores de Tzetún y de los lugares aledaños que eso mismo haría con todos los que se levantaran en armas o apoyaran a los rebeldes. varios más perdieron la vida en los años venideros.

con gran sentido del humor y dotado para narrar y actuar. denotaba la presencia de sangre negra en sus venas. Nosotros acomodamos las cargas con presteza y nos alejamos del sitio. desde donde se incorporó al destacamento en 1974. nos entregaron el arma­ mento y se retiraron. Con experiencia en las tareas solitarias entre la población civil. se llegó a confiar y desmovilizar en su realización. cerca de los pozos petroleros de Rubelsanto. Sin embargo. Arzú fue reclutado en la capital. lo aniquilaron cuando agotó su dotación. Enseñado por un compañero de la dirección. Avanzamos varias 305 . Atrincherado en su posición. Arzú. Durante aquella marcha. Llegó muy joven e indisciplinado. Solía hacernos reír con su graciosa forma de contar las peripecias propias y ajenas. Aníbal era un compañero originario de San Juan Co­ tzal. llegaron puntuales a la cita. por ello su presencia fue clave en la penetración guerrillera a la Alta Verapaz. Cuando murió llevaba cinco años incorporado a la lucha. no llegaba a los 24 años cuando lo sorprendió la muerte. con el tiempo se disciplinó y dio muestras de ser sensible. aprendió a jugar ajedrez con extraordinaria aptitud. Proveniente de la costa sur. Ladino. los compañeros de la ciu­ dad que transportaban los pertrechos. dio la vida en Alta Verapaz. Sin palabras ni saludos.costa sur. Por circunstancias imprevistas debió combatir aislado de su columna. Aníbal era muy inteligente. Eider y Arzú. valiente y de moral resistente ante la dureza de la vida en la montaña. ágil y dispuesto para el trabajo. Al igual que Valentín. Finalmente fue descubierto y abatido mientras realizaba una de estas misiones. el keqchí y el español. Hablaba con fluidez su idioma. Al principio dio problemas por su relación conflictiva con otros combatientes y por atentar contra la despensa colectiva. otro de nuestros compañeros de entonces. simpático. moreno de pelo crespo. con rasgos acentuados de machismo.

Alejandro. El segundo caído. integraba la dirección del frente de la costa sur. con otros compañeros. por su firmeza revolucionaria y su sencillez. quien igualmente perdió la vida en dicha acción contrainsurgente. Era campesino pobre. dirigente de Rabinal y cuadro guerrillero. Al momento de caer era dirigente regional en la zona ixil junto con Cecilia. Lo sobreviven varios hijos. copó la vulnerable construcción donde se encontraban reunidos. Había sido trasladado años atrás para impulsar. nos sacudió la noticia de la caída de tres dirigentes nuestros en la costa sur. Durante los años sesenta había estado próximo a Pascual Ixpatá (Emilio Román López). valor y dinamismo en el trabajo. Jorge fue también fundador del destacamento y se caracterizó por su espíritu revolucionario. Allí preparamos nuestra cena y dormimos. hasta localizar unas cuevas que nos servían de escondite.horas a tientas. en la década de los sesenta. firmeza de principios. en Baja Verapaz. Fue fundadora 306 . Amaneciendo emprendimos camino a paso ligero para salvar los mayores obstáculos cuanto antes. Días después. Desde muy joven se incorporó a las tareas de apoyo para la guerrilla Edgar Ibarra. departamento de Suchitepéquez. en un operativo de inteligencia. En el momento de su caída era miembro de la Dirección Nacional. Murieron en combate cuando el ejército. coordinando trabajo político y acciones militares. En la década de los años sesenta había combati­ do en la guerrilla de Luis Turcios Lima. en San Bernardino. Ella era originaria de Jalapa. ladino. Destacaba por no perder de vista los intereses de la clase trabajadora. pero estudió magisterio en la capital. Fue el 17 de enero de 1978. originario de Rabinal. Jorge. originario de Zacapa y fundador del destacamento guerrillero en las montañas del noroeste. Uno de ellos. era campesino indígena pobre. la construcción de la organización en la costa sur. de la Sierra de las Minas. en la Sierra de las Minas.

junto con Otto René Castillo. quien crecía al cuidado de otros compañeros. disciplina y sencillez. inquisitivo y alegre. en marzo de 1967. impresionado por la firmeza y la dignidad de Nora. Los pormenores del cautiverio y asesinato de Nora se conocieron porque uno de los torturadores. Ambos fueron conducidos al campamento militar de Los Achiotes y luego a la base militar de Zacapa. en la Sierra de las Minas. Varias mujeres que en los albores de la década del setenta empuñamos las armas revolucionarias. fueron de las primeras revolucionarias guatemaltecas que cayeron vivas en manos del ejército y sufrieron su brutalidad. De carácter inquieto. Cecilia tenía una hija pequeña. Destacaba por sus firmes convicciones y principios. Con la información y los restos de Nora. quien fuera herida y capturada en combate. Al cesar el diluvio escuchamos rumor de maquinaria pesada 307 . Y durante las noches de tormenta la temperatura descendió drásticamente. apaleados y quemados vivos el 19 de marzo. buscó a la madre para narrarle los hechos y conducirla a la fosa clandestina donde estaba semienterrado lo que quedaba de ella. por su austeridad. Para conjurar el frío debimos protegemos con papel periódico y plásticos. su madre denunció públicamente la atrocidad de los militares. Pero ya entonces su impunidad era una realidad tan palpable como sus crímenes. La familia rescató un mechón de pelo y algunos huesos. heredamos el ejemplo de una hermana de Cecilia: Nora Paiz Cárcamo. un tiempo antes. Rogelia Cruz. Durante cuatro días ella fue violada y ambos mutilados. como el de Cecilia —Clemencia Paiz Cárcamo— resonarán en nuestra memoria como ejemplo de amor a la libertad y a la dignidad de nuestro pueblo. A lo largo de ocho días llovió torrencialmente y sin tregua alguna. Nora tenía 23 años en el momento de su asesinato.del EGP en el frente urbano Otto René Castillo. Su nombre. Nora y.

La tecnología del "progreso" devoraba.rumbo al sur. Encontró trabajo en una fábrica del sur de la ciudad. llevaba cuatro años en el destacamento. Un preludio de lo que el régimen desencadenaría generalizadamente pocos años después. lo llevaron a integrarse al sindicato de 308 . Más de cien indígenas keqchíes fueron asesinados por el ejército en la plaza del poblado. Sus tierras estaban siendo usurpadas por terratenientes. pero los criterios de clase y la conciencia social que adquiriera en el destacamento. cuando pacíficamente demandaban justicia ante las autoridades. originario de San Cristóbal Verapaz. Al día siguiente las máquinas depredadoras arrasaron el lugar y continuaron su marcha inexorable. indígena pocomchí. Evacuamos apresuradamente. municipio oriental de Alta Verapaz. y desde allí parte del destacamento ascendió al altiplano ixil. quien iba a la cabeza de su gente. botando árboles gigantes y todo lo que encontraba a su paso. Fue la primera masacre contemporánea contra la población indígena que trascendió a la opinión pública. al volver de una estancia en la capital pidió su retiro de la organización para dedicarse a la vida privada. las selvas guatemaltecas. pues el acimut de la brecha pasaba por nuestra cocina. Alto y robusto. Entre los asesinados estuvo una anciana dirigente llamada Adelina Caal de Makín —Mamá Makín—. El ruido era inconfundible y avanzaba en nuestra dirección. Por esos días pidió su baja Lin. Pasada una temporada retomamos al Ixcán. con brechas petroleras y caminos con función contrainsurgente. En mayo de 1978 escuchamos la noticia sobre la masacre de Panzós. Finalmente. Se enviaron exploradores de inmediato y ellos reportaron que un convoy de buldozers avanzaba en línea recta. De ahí que su desempeño tuviera altibajos. Las hambrunas y los momentos de peligro lo afectaban anímicamente al punto de postrarlo algunas veces. pero resentía la dureza de la vida en la montaña.

en dirección contraria a ellos. Corrían los primeros días de junio y un grupo salió en misión. Al regreso. Pero al poco tiempo chocaron con una patrulla militar que. Su idea era avanzar por él un trecho y. Pocos días antes había solicitado su reincorporación a la organización. Entre otras actividades. una vez estuvieran a la altura de nuestra posición. Lin murió de un balazo en la frente. realizaba un rastreo. Con frecuencia nos buscaba para conversar o simplemente estar cerca haciendo sus propias cosas. Fernando era un joven moreno y delgado de origen cakchiquel. Él y su hermano. Desde muy jovencitos pidieron ingresar a nuestras filas y allí se hicieron hombres. De personalidad difícil. En las luchas populares de octubre de 1978. pues su capacidad organizadora y política destacaba. Pronto fue promovido por sus compañeros a la dirección del mismo. deseaba superarse y anhelaba afecto y comprensión. instalaron barricadas para interrumpir el tránsito. cuando se irguió a responder con pedradas la orden de desalojo. fueron llevados por unos familiares al Ixcán.la empresa. En el tiroteo que se entabló resultó muerto el compañero nuestro que encabezaba la fila. confiados y queriendo aligerar la marcha. detonadas por el alza al precio al pasaje urbano. Pero las fuerzas represivas atacaron con armas de fuego a los trabajadores que se negaron a retirar los obstáculos. varios sindicatos decidieron participar. huérfanos desde pequeños. El espíritu de este compañero estaba golpeado por la discriminación y la pobreza. abandonaron la ruta secreta y buscaron un camino de herradura. aunque él no se lo propusiera. de ahí la susceptibilidad que evidenciaba en el trato. Cuando lo invadía la nostalgia añoraba volver a su pueblo de origen en los días de la fiesta patronal. quebrar el rumbo y retomar el trillo. pero entregado. los combatientes que lo integraban. entonces escuchar la marimba y los cohetes de 309 .

su idea de felicidad. Pero la correlación de 310 . Este militar observó detenidamente al guerrillero. Por otra parte. En ese momento no sabíamos si Femando estaba herido o muerto. ordenó recoger su equipo y dejar el cadáver a flor de tierra. Esta unidad violó varias medidas de seguridad durante el cumplimiento de su tarea. porque el avance por ellos era más rápido y menos agotador que rompiendo monte. la unidad logró retirarse a través de un navajuelar. dieron pistas de su presencia y movimientos. Estábamos a media hora del sitio. Los combatientes llegaron con la cara y las manos cortadas. Entre nosotros era una tentación permanente utilizar caminos vecinales y brechas. Luego se retiró.vara. sólo portaba arma corta en estuche de cuero. Los compañeros lograron colocarse a pasos de distancia de la emboscada enemiga sin ser detectados. Sin embargo. nos confesó. no las tomaron en cuenta cuando el cansancio se apoderó de ellos. El compañero lo juzgó de alta graduación porque era un hombre mayor. Luego del choque. Un colaborador que pasaba por el lugar vio cuando un helicóptero descendía en las proximidades y de él bajaba un oficial. Esa era. pero no los había alcanzado ninguna bala de la lluvia que les descargaron. de manera que cambiamos posición. y desde que hicieron contacto con la población. se solía desobedecer la regla. Nuestro compañero yacía en el mismo lugar donde había caído. comiendo los tamalitos que por esos días se preparan. tuvieron indicios directos e información sobre complejas operaciones militares en la zona donde se movían. llevándose las pertenencias de Fernando. Siguiendo órdenes la tropa esperó allí en previsión de que lo intentáramos rescatar. De ahí que cuando se desplazaban pequeñas unidades sin mandos suficientemente disciplinados y alertas. era barrigón y le costaba caminar entre los obstáculos. De ahí que se destacara una patrulla al lugar de los hechos.

no contábamos con parque de reserva y no nos convenía llamar la atención sobre una zona donde desplegábamos actividades organizativas y logísticas que se frustrarían si el ejército acrecentaba sus operaciones. Pero en toda confrontación que llega a medios violentos es inevitable pagar un precio en sangre. Fernando está enterrado bajo cedros y caobas. Recuperamos los restos de Femando quince días después. Al sepultarlo se le rindieron los honores guerrilleros. 311 . es amor a la dignidad y a la justicia.fuerzas era muy desigual. cuando el ejército se retiró. pues insectos y aves de rapiña lo habían consumido. De cada golpe era necesario sacar lecciones que mejorasen nuestra operatividad. La vida para nosotros es búsqueda de una humanidad mejor. es compromiso con el pueblo trabajador. el mejor homenaje era continuar la lucha con mayor entusiasmo y capacidad. y hacer las reflexiones del caso. abonan con la suya el árbol de la vida de nuestro pueblo. Su esqueleto era todo lo que quedaba. debíamos preservarla hasta donde fuera posible. Pues sólo vivos aportamos nuestro esfuerzo a la emancipación social. Por eso. No había lugar para la tristeza. en aquella selva donde aprendió a amar la libertad de su pueblo por encima de todo. al igual que miles de luchadores guatemaltecos. ante la muerte de nuestros compañeros. Nuestros compañeros. Si bien todos estábamos dispuestos a dar la propia vida. Su muerte no ha sido en vano y siempre los llevaremos vivos en la memoria como ejemplo y estímulo para las presentes y futuras luchas. reduciendo nuestros errores y deficiencias.

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el destacamento continuó rigiéndose por los criterios. En pocos minutos abandonaron el área y el ruido se perdió entre la vegetación. Y en su ruta aniquilan cuanto insecto. Pero cierta mañana oí el rumor creciente de hojarasca y palos que crujían. larva o huevecillo encuentran. se salva de su voracidad. elaboración de planes de cursillos y en la realización de los mismos. Al prestar atención reconocí el inconfundible maremágnum de las hormigas arrieras. Entonces realizaba mi labor sentada en la hamaca y usando la mochila por mesa. ninguno de ellos por grande y agresivo que sea. Y su dirección fue confiada a un miembro del ex mando. Por ejemplo. que avanzaban en dirección a mi puesto. estilo de trabajo y organización establecidos cuando existía el mando políticomilitar. Varios miembros de la Dirección Nacional con sede en la capital se encontraban en el frente. Terminaba mis actividades 313 . Me correspondió seguir trabajando en la reproducción de materiales. estas hormigas se desplazan siguiendo un rumbo invariable. Y nuestra colectividad siguió erogando recursos humanos a costa de su propia calidad. reunidos con sus homólogos de la montaña.OTRA MAÑANA DE OCTUBRE Bajo la conducción de la dirección. Cuando estuvieron próximas me retiré a su periferia y observé cómo pasaron sobre mi lugar sin desviarse. Era 1978 y fue un acontecimiento feliz porque este logro suponía que podríamos enfrentar sistemáticamente al ejército y especializar compañeros en el arte militar. la primera unidad militar propiamente dicha de las montañas del noroeste se formó con los combatientes más conscientes y experimentados de nuestro agrupamiento. En manchas im presionantes de varios metros cuadrados.

según la estatura de cada quien. A pesar de estos contratiempos avanzábamos con buen tiempo. Entonces nos los quitamos para colocarlos sobre nuestras cabezas y continuamos la marcha. De los compañeros me despedí como lo hacíamos todos. Fue un balde de agua helada. pero teníamos un contacto de reserva en el atardecer. las plagas 314 . Me encontraba contenta e identificada con ese medio de trabajo. y hacía sólo seis meses que nos había­ mos reencontrado con Benedicto. Pero al quedar bajo el agua las referencias de orientación. Partiría con una patrulla hasta las márgenes del río Chixoy. respetaba las decisiones del organismo superior y me disciplinaba a ellas. No obstante. Las dos horas iniciales avanzamos rápidamente en te­ rreno firme. Sin embargo. Había oleaje suave en dirección contraria a la nuestra y el nivel del agua ascendió hasta llegamos al pecho y al cuello. no concebía mi salida sino con el triunfo o la muerte. no sabíamos entonces cuánto duraría esta nueva separación. Para entonces. a partir de entonces empezamos a encontrar crecidas. a qué ni por cuánto tiempo se ausentaba quien partía. ni si volveríamos a encontrarnos. Había una tarea cuya responsabilidad querían que asumiera y sobre la cual me instruirían en la capital. sin saber a dónde. Había llovido durante semanas. todas las corrientes de agua. Muy temprano me despedí de mi pareja.del día cuando me llamaron para comunicarme que a la mañana siguiente salía temporalmente del frente. el avance se hizo lento e inseguro su rumbo. allí haría contacto con otra unidad para proseguir mi camino. El trayecto hacia el gran río no llevaba más de cinco horas. pero progresivamente el agua subió hasta alcanzar los cinturones y la base de las mochilas. cuando no salidas de madre. Y pronto el suelo se presentó anegado hasta en treinta centímetros de altura. pero ese día amaneció escampado.

Así avanzamos toda la tarde y la oscuridad comenzó a envolvemos sin arribar al punto de contacto y sin encontrar dónde acampar. pues para entonces amenazaba con llover. llevando enormes troncos como si se tratara de palillos de dientes. el pequeño navegante lanzó la canoa a la correntada y parado en la parte trasera maniobró con el canalete.y los insectos refugiados en las ramas y troncos flotantes. Los compañeros que me esperaron 315 . Allí me esperaba un niño. Mientras unos compañeros exploraron para determinar nuestra ubicación. cuya familia conocíamos de tiempo atrás. No llovió por la noche y al amanecer el desborda­ miento había cedido. pues tal inundación sólo la podía producir ese gigante. Las aguas corrían turbulentas y achocolatadas. Desembarcamos centenares de metros río abajo y tomamos una vereda que bordeando el río llevaba a su casa. aprovechando la energía del caudal. Nos acostamos empapados y hambrientos. Con admirable pericia. Feliz sorpresa fue descubrir que estábamos a un centenar de metros de donde debíamos haber llegado. también tensos por el peligro de que las aguas subieran. pero que se había retirado. Él me informó que el ejército pasó días antes en patrullaje por la ribera oriental. Me despedí de la unidad y sola me dirigí a las márgenes del río. nos acosaban. el compañerito de once años me cruzó al otro lado en un cayuco de dos metros de largo. Intuíamos que estábamos cerca del Chixoy. Fue entrada la noche cuando alguien localizó un altozano donde el agua sólo cubría alrededor de veinte centímetros. Allí colgamos hamacas y equipos lo más alto posible. otros recogimos leña y preparamos el desayuno. pero no teníamos idea de nuestra ubicación exacta. varios compañeros murieron en la costa sur. Seguro y tranquilo. Poco tiempo después. arrastrados por una creciente que los sorprendió mientras dormían en las proximidades de un río. Comimos animados y secamos nuestra ropa al calor de la fogata.

con la palidez característica de quien ha vivido en la penumbra varios años. soportando una plaga de jején. Las primeras veces que salí a terrenos donde el sol alumbraba directamente me fue imposible abrir los ojos. me dijo. pues los compañeros no asistieron a la hora convenida. a cuyo costado estábamos. y el olor a humo de quien ha permanecido cerca de fogatas ese mismo tiempo. con un combatiente nos dirigimos al punto donde me recogerían. Mis visitas a las localidades fueron siempre nocturnas. De ahí que no me percatara de los cambios que experimenté física y psicológicamente a causa de vivir en la penumbra. Efectivamente. campesinos y patrullas del ejército. Intentarlo me produjo un copioso lagrimeo.la víspera no dejaron mensaje alguno. Se alegró de verme pues. entre densa vegetación y en el ámbito del destacamento. De todas formas me dirigí al punto de contacto y esperé un rato previendo que volvieran. Me di cuenta hasta que visité de día lugares descombrados y viviendas. Partimos con el tiempo al límite y al tercer día. salí del frente. decidió rastrear en dirección inversa nuestra ruta. Otra mañana de octubre. El mismo mando. ardor de ojos y dolor de cabeza. Entonces no imaginaba que para mí concluía una etapa de militancia revolucionaria y que los azares de la lucha no me llevarían de vuelta a esa región. Debimos pasar toda la noche acurrucados y silenciosos. El primer período de estancia en el destacamento estuve permanentemente dentro de la montaña. transitaban vehículos particulares. Por la carretera. cuando no llegamos a la reserva. aun cuando diera la espalda al sol 316 . temían que algo grave nos hubiese ocurrido. De ahí que debiéramos esperar su retorno. se presentó un compañero de la unidad que me aguardaba. mien­ tras la unidad acampó. A la reserva llegaron puntuales quienes debían conducirme.

al tiempo que el combatiente se perdía entre la maleza llevando mi equipo militar de vuelta. Escuchar cantar a un gallo. luego de seis años de no vivir en ella. la ciudad. significó mucho más que la expresión sonora de un animal doméstico. En el primer arroyo que encontramos pedí que nos detuviéramos. Sentí nostalgia por los lugares habitados. después de meses de sólo oír animales silvestres. Instintivamente sentí que no tenía derecho a más porque afectaría las necesidades de otros. Y mientras avanzábamos por calles iluminadas y bulliciosas. Me sentí extraña y me ofendieron el ruido de los vehículos. mi mente evocaba con nostalgia verdes manaqueras y sonidos de la naturaleza. ¿Qué experimentaría al retomar a la urbe? Abordé el vehículo. los anuncios luminosos. Igualmente perdí el equilibrio al caminar por primera vez en terreno plano sin vegetación. Llegué a la capital entrada la noche. Y no me apeteció ninguna comida ni golosina de las que durante años ansié con obsesión. mis seres queridos. octubre de 1993 317 . no me atreví a tomar sino la cucharadita rasa que recibíamos en el destacamento. la música a fuerte volumen. Hacía dos días que no tocaba agua. Forzosamente debía volver a la espesura del bosque.y los protegiera con las manos. Me cambié ropa y calzado mientras el auto avanzaba y me explicaban la cobertura y el plan de emergencia. Me dio la impresión de retomar contacto con mi mundo originario. Y cuando me ofrecieron azúcar para endulzar mi bebida al gusto. la infinidad de bagatelas y modas del consumismo. los caminos. Sentarme en una silla y comer en una mesa me produjo una sensación extraña.

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la naturaleza. Amamos y dimos todo de nosotros sin límites ni condiciones. El régimen lanzó una ofensiva de masacres y tierra arrasada en 1982 y 1983. sobrevivir a ella y reflexionar sobre ella. Y por preservar personalismos en la dirigencia. la lucha social. es y será decisiva en mi vida para apreciar al ser humano. mi pueblo. Nos fuimos a la montaña para contribuir a que la población paupérrima rompiera su inmovilidad política y su fatalismo. negó el papel dirigente de la política sobre lo militar. frente a un sistema que cerraba a sangre y fuego las vías legales y pacíficas. Ni entonces ni después la guerra irregular que impulsamos llegó a desarrollar con el rigor debido el arte militar. Años después fracasamos por factores múltiples.EPÍLOGO Luego de veinte años de militancia puedo afirmar que el periodo en la montaña —altiplano y selva noroccidentales — es mi experiencia revolucionaria principal. Y al negar la necesidad de un partido. la organización que se conformó se negó a conducir el esfuerzo guerrillero con una fuerza política. las actividades políticas y militares de la organización no lograron dar el salto de calidad que las circunstancias requerían para derrotar las sucesivas ofensivas del ejército y liberar territorios. Mientras tanto. Los frentes guerrilleros que habíamos construido en las montañas del noroeste fueron desarticulados. otras fueron diezmadas y la región fue militarizada. Fue una suerte vivirla. Sin embargo. Ha sido. nuestro empeño fue sobrepasado por los acontecimientos. para que luchara por su dignidad y felicidad otra vez. ante la cual no logramos sostener el avance del proceso revolucionario. 319 . Numerosas localidades donde construimos organización fueron borradas del mapa.

negándose a evaluar los acontecimientos. petroleras y mineras transnacionales. después de que los hechos demostraron la derrota de su estrategia y la desarticulación de sus frentes. un mundo nuevo que construir en Guatemala. invadidos por colonos paupérrimos. socioeconómicos y políticos que afectan a la inmensa mayoría de guatemaltecos. Por ello no pueden ser sometidas ni eliminadas de manera definitiva por las fuerzas represivas del Estado. indudablemente. Peor aún. independientemente de que tengan o no carácter revolucionario o perspectiva de éxito. la ancestral intran­ sigencia del régimen dominante. la precaria existencia del campesino. No son los éxitos o los reveses que 320 . Veintiocho años después de la experiencia revolu­ cionaria que aquí se consigna es preciso decir que la lucha revolucionaria sigue en reflujo profundo. Proceder que la llevó a perder. narcotraficantes. Hay. Sin embargo. Lo que sigue inmutable es la opresión sobre los indios y las mujeres. se gestan y desarrollan a partir de causas estructurales y rezagos acumulados en detrimento de la justicia. traficantes ilegales de madera. no ha ocurrido lo mismo con los propó­ sitos que nos guiaron. persistió demasiados años en la acción militar. pues más que un problema militar y legal.desarrollando un estilo de conducción autoritario y uti­ litario respecto a los militantes. los desbordes violentos se darán de una y mil maneras. combatientes y bases. dignidad y la calidad de vida de las mayorías. la guerra de guerrillas y toda forma de rebelión popular. a menos que se erradiquen tales causas y rezagos acumulados. que las selvas y los bosques primigenios descritos están desapareciendo arrasados por la contrainsurgencia. Mientras tanto. son expresión de proble­ mas humanos. el apoyo de la mayoría de la población que la sustentaba. progresivamente. Si la forma de lucha que domina en estas páginas ha perdido vigencia.

enero de 2006 321 .contienen estos relatos los que cuentan en definitiva. sino la verdad que encierran y nuestra fidelidad de hoy al ideal que los hizo posible ayer.

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Chorreados: Sucios.GLOSARIO (Lo que no aparece en un diccionario manual común) Achí: Grupo étnico de origen maya que habita en Baja Verapaz. cuya savia es blanca y pegajosa como goma. Corte: Pieza de tela. Chumpa: En Guatemala chaqueta. Nombre del idioma que habla este grupo étnico. Cojón: En Guatemala. Sololá. enriquecida con vitaminas. transporte público de pasajeros. elaborada a base de maíz y soya. La in­ caparina fue producida por el Instituto de Nutrición para 323 . Suchitepéquez y Escuintla. Chuj: Grupo étnico de origen maya que habita al norte de Huehuetenango. que enrollado en la cintura usan como falda las mujeres indígenas. Sacatepéquez. Nombre del idioma que habla este grupo étnico. arbusto tropical. Incaparina: Harina alimenticia muy nutritiva. de 3 y más metros de largo. Nombre del idioma que habla este grupo étnico. Cakchiquel: Grupo étnico de origen maya que habita en los departamentos de Chimaltenango. Chineo: Acción de cargar en brazos a un niño para arrullarlo o mimarlo. Camioneta: En Guatemala autobús. Buzón: Depósito escondido para almacenar recursos. Guatemala.

Idioma que habla este grupo étnico. latifundios y tierras estatales. Mart). Petén e Izabal. que crece inclinado. Mam: Grupo étnico de origen maya que habita en los departamentos de Huehuetenango. al sur de la región de Ixcán. Jodido: Fastidiado. Idioma que habla este grupo étnico. boa de las regiones selváticas mesoamericanas. Keqchí: Grupo étnico de origen maya que habita en los departamentos de Alta Verapaz. M azacuata: (Boa constrictor im perator). formando arcos enmarañados que caen hasta el suelo. Idioma que habla este grupo étnico. Ixil: Grupo étnico de origen maya que habita las montañas más altas de El Quiché. fronteriza con México. Difícil. Nombre del idioma que habla este grupo étnico. Ixcán: Planicie selvática al norte de Huehuetenango y El Quiché. También llamada corozo o palmiche. 324 . especie de palma cuya hoja es utilizada para techar viviendas. con el fin de paliar los altos índices de desnutrición en el área. Quetzaltenango y San Marcos. Jimba: Especie de bambú con espinas en gancho. complicado. M anaqueras: Terrenos selváticos cubiertos única o principalmente de manacos o manacas (Attalea cohune. Kanjobal: Grupo étnico de origen maya que habita al norte de Huehuetenango. No ataca al hombre. Región de parcelamientos.Centro América y Panamá —INCAP—.

pocomam oriental y xinca. especializado en el pastoreo de ovejas y en la fabricación de frazadas de lana. Mimbreros: Recolectores de mimbre en los bosques húmedos. de canto estri­ dente y carne muy apreciada. patojos: En Guatemala niños. Zacapa. Oreja: Espía de los cuerpos represivos del Estado. ave trepadora silvestre de las regiones tropicales de Centroamérica. Paliacate: Pañuelo grande de algodón. Patojitos. Es de origen mexicano. Momostenango: Municipio del departamento de Toto­ nicapán. Algunos ejemplares alcanzan cinco metros de longitud. Oriente: Región este del país que abarca los departa­ mentos de Santa Rosa. Pava: (Penélape purpurascens). de colores y diseños vistosos. Jalapa y Jutiapa. pero también la habitan los grupos étnicos chortí. La mayoría de su población es mestiza o blanca. Chiquimula. Oriental: En Guatemala se le llama así a quien es origi­ nario del oriente del país. Se usa abundantemente en el campo y entre los sectores trabajadores urbanos.alimentándose de pequeños mamíferos y pájaros. El Progreso. 325 . Mozos colonos: Trabajadores permanentes que residen en terrenos de la finca donde laboran.

Pinol. colindante con México. vereda angosta. Sábana maletera: Lienzo de tela de aproximadamente 1mt2 que se usa para envolver y cargar recursos. Rastro leve señalizado con pequeños cortes o quiebres en la vegetación.Peinar. Perraje: Lienzo tejido de lana o de hilo. con el que se cubren del frío. Pica: Trillo. del sol o de la lluvia las mujeres indígenas y campesinas en Guatemala. Totonicapán y Quet­ zaltenango. algunas veces bordado. pinole: Harina de maíz tostado con la que se prepara una bebida. Quetzal: Unidad monetaria guatemalteca. Quiché: Grupo étnico de origen maya que habita en los departamentos de El Quiché. Pocomchí: Grupo étnico de origen maya que habita en los municipios sureños de Alta Verapaz y en Purulhá. Ropa de partida: En Guatemala ropa barata. de buscar indicios que conduzcan al descubrimiento de algo o de alguien. Antes de 1985 un quetzal equivalía a un dólar. Idioma que habla este grupo étnico. San Mateo Ixtatán: Municipio norteño de Huehuetenango. elaborada masivamente para consumo del campesinado pobre y capas bajas urbanas. 326 . Idioma que habla este grupo étnico. municipio norteño de Baja Verapaz. peinado: Acción de rastrear.

Tapexco: Construcción rústica con varas y horcones que se usa en lugar de cama o de mesa. Trabajadero: Nombre que en algunas regiones del país se da a las parcelas agrícolas. S u ch itep éq u ez: D ep artam en to de la co sta sur guatemalteca. Solomero: Originario de San Pedro Soloma.Santa Cruz Barillas: Municipio norteño de Huehuetenango. Árbol que la produce. Zunza: Fruto tropical silvestre de semilla grande y carne amarilla y dulce. medida usada para comercializar la leña. Tres tercios hacen una carga. Todosantero: Originario del municipio Todos Santos Cuchumatán. 327 . en el departamento de Huehuetenango. municipio de Huehuetenango. Tercio de leña: Atado de leña que una persona adulta puede cargar a la espalda con mecapal. colindante con México.

CONTENIDO Nota de la autora................................................ Presentación......................................................... Mariposas del sueño.......................................... Despertar en la Zona Reina.............................. En silencio y secreto........................................... Mujer nueva como gallina nueva................... Pruebas de fuego para el corazón................... Una mañana de octubre.................................... 9 17 21 29 41 53 81 95

En los montes de Ju il.......................................... 107 Mujeres de obsidiana......................................... 123 Lenguas, sangres, orígenes............................... 139 La ofensiva de la sierra..................................... 153 Bajo el cerco enem igo........................................ 169 Adiós a los Cuchumatanes............................... 185 La furia amorosa de la selva............................ 197 En la casa del jagu ar........................................... 217 Más allá de los cam inos.................................... El huracán interior............................................. Danza del venado.............................................. 235 257 273 Las niñas de la bandera..................................... 249

La fuerza de los sueños..................................... 291 El árbol de la v id a ............................................... 301 Otra mañana de octubre................................... 313 Epílogo.................................................................. 319 Glosario................................................................. 323

Este libro se terminó de imprimir en los talleres de Talleres Gráficos Serviprensa, S. A. en el mes de agosto de 2008. Fue diseñado con la tipografía Book Antigua de 80 gramos, es de 1,000 ejemplares.

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sus palabras se incrustan en los hechos y logran que de los recuerdos broten almendras de luz. 2006. la adepta de Dom Hélder Cámara y de su obra social por los pobres de Olinda y Recife.Tal vez el mérito principal de esta obra sea contener las vicisitudes de una guerrilla centroamericana por las selvas lluviosas. para que luchara por su dignidad y felicidad otra vez. educada en un colegio de religiosas norteamericanas en su país y militante revolucionaria por veinte años. Sin embargo. no escribió Mujeres en la alborada para hacer literatura. depar­ tamento de Huehuetenango. Por eso el rigor. sino para compartir su experiencia con las nuevas generaciones y reafirmar la necesidad de luchar por un mundo más humano. Amamos y dimos todo de nosotros sin lím ites ni condiciones frente a un sistema que cerraba a sangre y fuego las vías legales y pacíficas". la autora declara: "N os fuimos a la montaña para contribuir a que la población paupérrima rompiera su inmovilidad política y su fatalismo. Yolanda Colom rinde en estas páginas testimonio de la participación de la mujer en la lucha guerrillera y narra los años que siguieron al ciclo fundacional del Ejército Guerrillero de los Pobres en el norte de Quiché. . Nacida en una familia de profesionales de la clase media de la ciudad de Guatemala. la solidaria testigo de la gesta popular bajo el gobierno de Salvador Allende. La maestra juvenil de Cuilco. la veracidad y la ternura de Mujeres en la alborada. © A m oldo Ramírez Amaya. Disidente de su organización matriz desde 1984. recreadas por la palabra genitora de una mujer.