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Introduccion Al Estudio Del Derecho - Luis Recasens Siches

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La realidad del Estado, como complejo de fenómenos sociales, la hallamos no
tan sólo en la base fundadora y condicionante del sistema normativo, sino, además,
la encontramos también como factores que actúan dinámicamente en .el manteni-
miento y en el desarrollo del Derecho en todos sus grados. Los procesos reales de
voluntad social predominante obran no s6lo como cimiento de la norma funda-
mental o constitución primera de un orden jurídico, sino que obran también influ-
yendo en su desarrollo dinámico. Pues un orden jurídico, concebido rigorosameote
como una estructura jerárquica o graduada o escalonada de normas y de competen-
cias, no es, mientras está vigente, un producto fósil, un cuadro estático, sino que,
por el contrario, es un mecanismo en movimiento que va innovando y reformando
algunas de sus partes y creando nuevas normas.
La mera estructura formal de delegaciones escalonadas entre los varios órganos
del orden jurídico no es un sistema vivo, que posea dentro de sí mismo la fuerza
efectiva de. su dinamismo; antes bien, se pone en movimiento por virtud de la ac-
ción de fuerzas' sociales efectivas. Esas fuerzas sociales son las que, dentro de los
márgenes del orden jurídico establecido, determinan y configuran los contenidos
del Derecho.

El Poder Legislativo y también el reglamentario disponen de una anchurosa es-
fera de facultades discrecionales para dictar las normas cuyo establecimiento se les
confiere. Así pues, el problema del por(lué, dentro de todo el repertorio posible
de determinaciones que permite la esfera de competencia establecida por el ordena-
miento, el órgano estatal elige una de ellas y no otras, es una cuestión que escapa
. por entero a la simple teoría del Derecho. Esto puede ser explicado sólo mediante
un estndio sobre íos [actores sociales concretos, que condicionan la elección hecha
por el legislador, y sobre las ideas políticas que 11 inspiran, entendidas no sólo
como ideas, sino en tanto que convicciones colectivas vigentes que ejercen una in-
fluencia. El legislador, dentro del margen de discrccionalidad que le confiere la
Constitución, dicta una ley con determinado contenido y no con otro, sencillamente
porque en la constelación de los factores político-sociales es ésta la orientación que
predomina. Así pues, esta ley, que ha sido elaborada dentro del marco constitucional,
tiene su origen, en cuanto a su contenido, en un proce5io social de carácter político,
en un entrecruce de necesidades sociales y de aspiraciones e ideales o progr:mus.
Piénsese que, dentro de una idéntica Constitución y con estricto respeto de la misma
pucden gobernar lo mismo un' grupo avanzado que un ,grupo moderado. Que su-
ceda lo uno O lo otro es algo que no puede explicarse por la pura teoría del Dere-
cho; es el efecto de un hecho social 'de car.ictcr político. Yesos hechos sociales
de carácter político forman parte de la realidad del Estado.
Lo mismo podría decirse respecto de las determinaciones que otros Órganos es-
tatales tomen dentro de la esfera de su competencia. Así, el hecho de que entre

DINÁMICA DE LA REAUDAD SOCIAL DEL ESTADO

271.

los varios reglamentos posibles, un ministro elija uno determinado y no otro es algo
que se explica, no por el esquema formal del orden jurídico --en el que se con-
sagra su competencia discrecional- sino que es algo que se funda sobre la realidad
de una situaciÓn social-política.

Los hechos social-políticos ejercen influencia también sobre las sentencias judi-
ciales y las resoluciones administrativas. En efecto, sucede que el sentido de las leyes
y reglamentos tiene que ser integrado o completado mediante una articulación de
esas normas con los modos vigentes de vida colectiva. Así, por ejemplo, cuando
la ley habla del pudor, o de la ganancia lícita, o de las exigencias de la economía
nacional o de la existencia digna del trabajador, muchas veces no contiene una defi-
nición de esos conceptos; y, entonces, sucede que, expresa o tácitamente, se remite
a las convicciones colectivas que están vigentes sobre tales puntos en un determinado
lugar y en un cierto momento. Esas convicciones colectivas sobre tales materias y
sobreotras muchas análogas son hechos sociales, que están influyendo en la deter-
minación de los contenidos de las normas jurídicas individualizadas, que se dictan
mediante las sentencias judiciales y las resoluciones administrativas.

Por otra parte, sobre todas las fuentes productoras de normas jurídicas, Jo mis-
mo sobre las que emiten Jeyes y reglamentos, como también sobre las que dictan
disposiciones concretas, influyen los procesos de la opinión pública, los cuales son
hechos sociales. El grupo que ocupa el poder puede modificar su línea de conducta
por virtud de la presión de la opinión pública. E incluso el juez que quiera ser
más respetuoso de la ley positiva experimenta el influjo de la opinión pública sobre
Jas operaciones interpretativas que ha de realizar.

Queda, pues, claro que, por debajo del orden jurídico positivo formalmente vá-
lido y además vigente, existe una realidad que lo produce inicialmente, que lo man-
tiene después, que lo va reeleborando en Jo sucesivo de modo constante, y que lo
condiciona en cada momento. Y esa realidad es parte,. muy importante, de la reali-
dad efectiíÍa del Estado.

Entiéndase que esa realidad del Estado no es una realidad de la naturaleza física
ni de la biológica. Tampoco es un espíritu substante: no es un alma colectiva a la
manera como fantasmagóricamente lo supuso el misticismo romántico; ni es un es-
píritu objetivo, existente en sí, y por sí, como pretendieron Hegel y sus discípulos.
Es sencillamente una realidad humana: un conjunto de relaciones humanas, de cons-
telaciones humanas, una serie de modos de vida colectiva, y, al propio tiempo, la
totalidad de las interacciones y de los procesos dinámicos en que se crean y se rcpi-
ten esos modos y en los cuales se gestan otros nuevos, al correr de la historia.

Esos hechos, en tanto que humanos, no pueden ser estudiados por medio de una
explicación puramente causal, sino que,. por el contrario, puesto que se trata de he-
chus humanos COIl sentido, tienen que ser comprendidos o entendidos a la luz de
ese sentido. Ahora bien, el sentido de los hechos que constituyen la realidad JeI
Estado es un sentido político.

Pero no en razón de lo dicho el Estado consiste en un conjunto de significa.
cienes, es decir, de ideas. Por el contrario, el Estado está constituido por una reali-

272

DINÁMicA DE LA REALIDAD SOCIAL DEL ESTADO

dad compuesta por determinadas conductas humanas, las cuales poseen un sentido
específico, y son las que crean, sostienen, reelaboran y cumplen el orden jurídico.
El Estado es un conjunto de modos de vida humana colectiva; pero la realidad
del Estado DO consiste únicamente en esos modos, sino en el hecho de que tales

modos sean vividos efectivamente por los hombres.
Los procesos sociales que producen, mantienen y renuevan las formas estatales
y, consiguientemente, el Derecho, son procesos de integración de sus miembros. Y
tales procesos confluyen a formar una unidad superior, la cual cristaliza en la uni-
dad del orden jurídico.

La realidad social del Estado es una urdimbre de conductas humanas, una tex-
tura muy complicada de comportamientos, una trama de especiales interacciones
entre los hombres. Esa trama o ese tejido de actos que son realizados por los indi-
viduos es lo que constituye la realidad social del Estado. Para un sujeto individual,
la realidad social del Estado, que encuentra ante sí, consiste en el agregado de las
influencias que sobre él ejerce el conjunto de una serie de conductas de los demás
hombres integrados en ese Estado. La realidad social del Estado consiste en una
acumulación de energías humanas entretejidas, formando una especial estructura.
Se explica la fuerza imponente que el Estado ejerce sobre los hombres (hasta
el punto de que parezca que constituye algo ajeno a éstos, algo a.sí como una mag-
nitud independiente, contra la que nada o poco pueden los individuos), porque en
el Estado se condensan las fuerzas de un sinnúmero de sujetos, cuya totalidad re-
sulta inabarcable para la conciencia y para la acción de un individuo.
Hay además otros resortes que aumentan el poder del Estado. Entre esos fac-
tores figura la eficacia que deriva de la organización; pues, en efecto, unas ener-
gías combinadas entre sí, formando estructuras complejas, resultan mucho más fuer-
tes que si actuasen sueltas.
Otro de los factores que acrecientan la fuerza de esos conglomerados de energía
humana, que integran la realidad del Estado, es el fenómeno de inercia, de mecá-
nica repetición de los comportamientos que compollen la dinámica urdimbre real
del Estado.

,
Pero no sólo hay que registrar ese hecho de inercia, muy fuerte desde luego,
pero no el más decisivo. Hay que tener además en cuenta que el Estado se suscita como
medio para satisfacción de unas necesidades humanas, las cuales no pertenecen úni-
camente al ayer, sino que son también de hoy y serán seguramente de mañana.
Pa¡a acabarnos de persuadir de que el Estado no es una realidad substante, de
que no es un ser independiente con existencia propia, sino tan sólo u,na realidad
integrada por relaciones ,y" procesos interhumanos, podemos emplear el siguiente
argumento. Pensemos ;cn la hipótesis, desde luego prácticamente de imposible rea-
lización, pero imaginable sin dificultad, de que en una mañana todos los sujetos,
cuyas conductas" integran la realidad social del Estado, despertasen con la firme
decisión 'de dejar de pertenecer a éste, y de comportarse de tal modo que éste que-
dase suprimido, e imaginemos que cumplieran esa resolución con inquebrantable
voluntad. Pues bien, en el momento en que eso sucediera, dicho Estado habría des-
aparecido, sin que quedase ningún residuo con realidad substantiva.

DINÁMICA DE LA REALIDAD SOCIAL DEL ESTADO

273

¿Qué sentido y qué alcance tiene el juicio que formemos respecto de la existen-
cia real de un Estado, refiriéndonos no sólo al momento presente y al pasado, sino
como algo duradero, al menos en los tiempos próximos de fácil previsión? Pues
bien, cuando uno afirma que existe un Estado, no sólo en el ipstante en que se
habla" sino refiriéndose también a un futuro próximo, esto en el Fondo se apoya
sobre una inmensa serie de probabilidades de que las gentes cuyos comportamientos
integran la existencia del Estado, mañana y pasado mañana y el mes o el año que
viene, etc, continuarán aportando aquellas conductas necesarias para que' subsista
el Estado; verbigracia, el Presidente de la República seguirá despachando los asun-
tos de su competencia, lo mismo harán los ministros o secretarios de despacho; los
militares seguirán prestando sus servicios; los jueces continuarán dictando senten-
cias; los funcionarios postales seguirán tramitando la correspondencia; la mayor
parte de los ciudadanos seguirán cumpliendo las leyes; etc.
He apuntado que el Estado representa una unidad colectiva, que se manifiesta
en el orden jurídico. Ahora bien, nótese que esta ordenación constituye una unidad
social, no sólo en tanto que nonnrairidad, sino también en tanto que normalidad, es
decir, en tanto que habitualidad efectiva, en tanto en cuanto sigue produciendo una
organización. Esta organización culmina 'en una instancia de decisión, porque el
ordenamiento jurídico formulado, lo mismo como normatividad ,que como norma-
lidud regular y efectiva, resuelve todos los conflictos, tanto los previstos, como los
no previstos, que se produzcan en el futuro.
Pero la existencia del ordenamiento jurídico no es suficiente para determinar
cuál deba ser la conducta ante el acontecimiento inesperado. Por esta razón, es me-
nester que haya una instancia de poder, como rectora de la organización social, para
determinar e imponer la decisión pertinente.
Cuando se trata de un Estado nacional, es decir, de un Estado que comprende
una sola nación y que a ésta la abarca por completo, la existencia de la nación cons-
tituye un Factor de largo alcance para la formación de la unidad estatal.
Mas p:tr:1. que surja el Estado precisa que se produzca la unidad del'ordena-
miento normativo, que se obtiene mediante 13. organización de las competencias
estatales, según lo determinado por el orden jurídico. Pero, a su vez, la base funda-
mental del orden jurídico positivo, se produce y se apoya por un resultado de la
voluntad social preponderante que establece una unidad de mando.

7. RELACIÓN ENTRE I.A DIMENSiÓN JURÍDICA DEL ESTADO

y SU REALlDAO SOCIAL

¿Cuáles son los fenómenos sociales que pertenecen a la realidad del Estado?
Adviértase que hay un sinnúmero de fenómenos de vida colectiva que no perteoe-
cen al Estado. ¿Cuáles son, pues, los hechos sociales que constituyen la realidad
del Estado?

Esta pregunta se contesta diciendo que pertenecen •.1 la realidad estatal todas las
relaciones, todas las situaciones, todos los procesos sociales ClI)'O sentido intencional
se reliere fl lo jurídico, -a la creación de normas jurídicas, a su mantenimiento. a su

., ,:-,...

274

CUÁL ES LA REALIDAD SOCIAL DEL ESTADO

modificación o a su derrocación; y también a toda acción política nacional o inter-
nacional del Estado en tanto que tal. Así, por ejemplo, debemos decir que un movi-
miento colectivo que tenga como contenido una opinión artística o una corriente
científica no está incluido dentro de la realidad social del Estado. Pero, en cambio,
pertenece a la realidad social del Estado: cualquier conducta que influya O tienda a
influir sobre la opinión' pública acerca del gobierno, acerca de la conveniencia o in-
conveniencia de determinada institución jurídica, acerca del asentimiento o de la repul-
sa a una cierta norma del Derecho; también, todo acto de cumplimiento o incumpli-
miento del Derecho; todo propósito de conservar o de procurar la sustitución de unas
normas jurídicas; etc. Todos esos hechos, y el sinnúmero de sus análogos, tienen una
dimensión de realidad estatal, y precisamente en la medida en que apunten hacia lo
jurídico. Es así, porque todos esos hechos son, en suma, ingredientes que influyen o
pueden influir en la formación concreta del Derecho, en el mantenimiento de éste,
en su cumplimiento, en su desarrollo o en su derrocación. Se ha dicho, por ejemplo,
por Kelsen, que esos hechos son metajuridícos; pero adviértase que esa calificación
lejos de suponer una independencia total frente a lo jurídico, por el contrario implica
una necesaria referencia al Derecho, al Derecho que es, o al Derecho que se desea
implantar, o a los programas jurídicos, etc. Tales factores metajurídieos son aqq.e-
Ilos elementos que, no perteneciendo estrictamente al orden normativo del Derecho,
están, sin embargo, en contacto con él, sea engendrándolo, sea apoyándolo, sea cum-
pliéndolo, sea quebrantándolo, sea dinamizándolo, sea atacándolo, etc.
Asimismo pertenecen a la realidad social del Estado todas aquellas conductas
humanas que apuntan a establecer al poder político y a orientar la acción y las decí-
siones de éste 10 mismo en la esfera interna que en el campo internacional.'

1 Sobre estos temas, abundan observaciones muy correctas en: .HELI.ER, Hcrmann, Teovis
del Estado, edición y prólo¡.:o de Gcrhan Nicmayer, traducción de Luis Toblo. 2 ~ edición,
Fondo de Cultura Económica, México, 19,17; y Pí,REZ ABREU Di, f.h TORRE, lecciones de cátedra
(de Sociología) y papeles todavía inéditos.

OCTAVA PARTE

ESTIMATIVA O AXIOLOGIA ]URIDlCA
(O DERECHO NATURAL)

CAPITULO XIX

INTRüDUCCIÚN A LA ESTIMATIVA ]URIDICA

SUMARIO

1. LA CUESTIóN ESTIMATIVA O VALORADORA DEL DERECHO.-2. JUSTIFICA-
CIóN DE LA t:STIMATIVA JURfDICA.-3. FUNDAMENTO PRIMARIO DE LA ESTI·
MATIVA JURfUICA.-4. OBJETIVIDAD DE LOS FUNDAMENTOS pE LA ESTIMATl
VA JURIDICA. CRITICA DEL RELATIVISMO.-S. OBJETIVIDAD INTRAVITAL DE
LOS VALORES.-6. OBJETIVIS,MQ DE LOS VALORES Y RELATIVIDAD DE LAS ESTI·
MACIONES CONCRETAS

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