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Introduccion Al Estudio Del Derecho - Luis Recasens Siches

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Por virtud de unos procesos reales de integración colectiva, surge el Estado (cada
uno de los Estados particulares, concretos e históricos), con una determinada base,
con una determinada estructura, con un determinado contenido, con un determinado
ideario político, y con una dimensión dinámica, porque el Estado es siempre algo
actuante y en reelaboración y cambio, cuyos movimientos se producen por la ac-
ción de los hechos sociales históricos, esto es, como efecto de los fenómenos de
una determinada realidad colectiva.

En fin de cuentas, el Estado, en tanto que ordenación jurídico-positiva, se pro·
duce inicialmente, se sostiene y evoluciona, caduca y es sustituido -bien normal-
mente, o bien con solución de continuidad (revoluci6n, etc.)- por virtud de los
procesos reales de integración de los factores efectivos que constituyen la organi-
zación de la sociedad política; y por virtud de los fenómenos del resultado prepon-
derante de las voluntades en esa organización política.

El Estado como orden normativo, es decir, como Derecho positivo válido y vi-
gente, está basado, mantenido y condicionado y es reformado por un complejo de
fenómenos sociales.

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,LA~ , ' I ~ ~ : A ' L I D A D SOCIAL DEL ESTADO

Lo que constituye y actúa como fundamento real, sociológico, del Estado es un
fenómeno de poder colectivo, que copstituye la resultancia efectiva de las volunta-
des de los hombres que participan en la organización política. Esos fenómenos
reales de poder consisten en la existencia de una unidad efectiva de decisión 111-
prema sobre la regulación de la vida en común. No se trata de una voluntad colec-
tiva entendida místicamente, concebida como una nebulosa fantasmagórica, como una
entidad aparte e independiente de los hombres que componen el Estado y de sus
voluntades singulares; no se trata de suponer fantasiosamente un alma real de la
sociedad -alma que no existe en absoluto--; no se trata de un espíritu colectivo
apan;e y distinto de los individuales, sino que se trata tan sólo de una efectiva
resultante- tmifitada de la conjunción de fuerzas que integran la comunidad política.
Entre todas las voluntades particulares -muchas veces diversas y aun contradicto-
rias-': surge un proceso, del cual en última instancia fluye una determinada dirección
unitaria. que aparece como resultante decisiva, como producto último, individua-
lizado y formado a través de todos los mecanismos sociales que integran la trama
y la dinámica de la colectividad politica. La norma fundamental del Estado (como
Derecho, como orden jurídico válido y vigente) es la expresión normativa del he-
cho de la resultante de voluntad 'lile encarna en el poder predominante. Todo el
edificio jurídico-positivo en su base descansa sobre aquella realidad social, que cons-
tituye la instancia suprema de decisión colectiva.
No se trata, de ninguna manera, no se trata en absoluto, de que la dominación
sea considerada COmo último fundamento. del Derecho. :eticamente, el Derecho nece-
sitará fundarse siempre sobre razones de valor; deberá justificarse estimativamente
mediante títulos ideales.
Por otra parte, debe evitarse a toda costa el error de interpretar el fenómeno
de poder social predominante como pura relación de violencia material. El poder
social es cosa muy distinta de la fuerza física. En definitiva, el poder social se
funda sobre factores de conciencia. No consiste puramente en la posesión de la fuer-
za, sino en la obediencia de las personas. Todo poder social se apoya, en último
término, sobre el reconocimiento del mismo por quienes a él se someten, en suma,
sobre la opinión pública predominante.
Quien ejerza exclusivamente la fuerza material podrá dirigir una. agresión con-
tra un pueblo, incluso mantenerla algún tiempo, pero propiamente no ejercerá un
mando político sobre ese pueblo. Dice a este respecto José Ortega y Gasset:
"Conviene distinguir entre un hecho o proceso de agresión y una situación de
mando. El mando es el ejercicio normal de la autoridad. El cual se funda siem-
pre sobre la opinión pública -siempre, hoy como hace diez mil años, entre los
ingleses como entre los botocudbs-... La verdad es que no se manda con
los genízaros." Así, decía TalIeyrand a Napoleón: "con, las bayonetas, Majestad,
se puede hacer todo menos una cosa: sentarse sobre ellas" Y mandar no es
. gesto de arrebatar el poder, sino tranquilo ejercicio de él. En suma, mandar
es sentarse; es trono, silla, curul, banco del gobierno, poltrona ministerial, sede...
El Estado, en definitiva, es el estado de la opinión pública. Quien manda jurf-
dicamente dispone de toda la fuerza para imponer sus normas a los rebeldes. Pero

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LA REALIDAD SOCIAL DEL ESTADO

269

el hecho global de su mando, o, lo que es lo mismo, el fundamento del sis-
tema político y del orden jurídico, del régimen como totalidad, na puede ser
la fuerza, sino que debe ser una adhesión de la comunidad. Para que las órdenes
que emita un poder sean normas jurídicas, no basta con que tengan la forma de
tales y can que cuenten con el apoyo de la fuerza bruta detentada por los que
ocupan el poder. Es preciso. además. que esas normas. en tanto que totalidad, es
decir, en su conjunto, traduzcan una situación de normalidad. Un orden jurídico,
para que sea tal, requiere una base de normalidad congruente.
Recuérdese aquí las especificaciones que suministré al ocuparme del factor po-
lítico en el Derecho (capítulo IV, epígrafe 10). Refiriéndome ahora a algunas rea-
lidades trágicas de nuestro tiempo convendría hacer las siguientes observaciones:
Esta ley de que a la postre se impone la opinión pública predominante es válida;
pero puede variar considerablemente el plazo de su cumplimiento. Sucede en los
tiempos actuales que la realización de esa ley de gravitación de la opinión pública
puede sufrir un considerable retraso en su cumplimiento, debido a un nuevo hecho
que ha irrumpido en nuestra época: la pavorosa fuerza de la técnica mecánica, apli-
cada a las armas. Los efectos destructores de las ametralladoras, tanques. gases as-
fixiantes, nuevas bombas, son de tal calibre, que quien disponga de la posesión de
esos instrumentos podrá mantenerse en el poder valiéndose sólo de la fuerza bruta
un tiempo muchísimo más largo de .10 que hubiera ocurrido en otras épocas. Esto
es 10 que sucede precisamente con los regímenes totalitarios de hoy en día. Aun
cuando, desde luego. a la postre, confiamos en que habrán de sucumbir bajo el im-
perio de un impulso de opinión auténtica, que le sea adversa, y que determine la
indisciplina de los componentes de las fuerzas armadas que en tales regímenes tota-
litarios oprimen a sus pueblos.
Para que la opinión pública actúe eficazmente como poder social, es necesario
que se convierta en algo más que opinión. Es necesario que se transforme en acciánt.
es preciso que se torne conducta efectiva.
Por otra parte. el juego normal de la opinión pública, como orientadora de las
decisiones políticas, y con ello como configuradora del Derecho a través del Estado,
requiere que, por debajo de todas las discrepancias entre las varias corrientes. exista
como mínimo un denominador común, constituido por unas coincidencias funda-
mentales y por un radical sentido de solidaridad nacional. Es decir, por debajo de
todas las oposiciones que separen a los grupos antagónicos, precisa que haya un
subsuelo común a todos ellos, sobre el cual florezcan las diversidades y las pugnas.
Cuando no se da ese fondo común. }' los diversos grupos se consideran entre sí en
absoluta insolaridad, en polar antagonismo, propiamente en guerra virtual sin cuar-
tel -que es lo que acontece cuando hay escisiones hostiles por motivos de raza, de
clase social, o por cualquier otro que romp:l.hasta' la raíz la comunidad nacional-,
entonces, propiamente, desde el punto de vista. sociológico, ya no existe una na-
ción, o mejor dicho, no existe una colectividad política, sino varias en latente guerra
recíproca, aunque por inercia siga la apariencia de la unidad creada por el orden
jurídico. Y si los grupos en que se ha escindido la comunidad son dos diametral-

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LA REALIDAD SOCIAL DEL ESTADO

mente contrapuestos y tienen Sus fuerzas relativamente equilibradas, puede ocurrir
que un audaz aventurero dé un golpe de mano y se apodere del mando político.

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