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Prehistoria Dominicana Para Maestros - Marcio Veloz Maggiolo

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PREHISTORIA DOMINICANA PARA MAESTROS

Marcio Veloz Maggiolo

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Título original: PREHISTORIA DOMINICANA PARA MAESTROS Ediciones Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón © Por la presente edición: Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón Octubre 1997 Coordinación: Dominique Bluhdorn y Angel Caba Fuentes Texto: Marcio Veloz Maggiolo Diseño gráfico y portada: Beatriz Ureña llustraciones: Leslie Jean-Bart y Marcio Veloz Maggiolo Fotografía de la cubierta: Leslie Jean-Bart Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón Apartado Postal 140 La Romana, Rep. Dominicana Tel. (809) 523-8554 Fax: (809) 523-8554 Impreso en la República Dominicana por: Editora de Colores, S. A, C/Juan Tomás Mejía y Cotes No.8, Arroyo Hondo Santo Domingo, República Dominicana Tels.: 809-540-3214 • Fax: 809-540-3613

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ÍNDICE

PRIMERA PARTE LAS SOCIEDADES TEMPRANAS Introducción 4 Fundación Centro Cultural Altos de Chavón 6 ¿Qué es Prehistoria? 9 Arqueología e Historia 11 La importancia del Medioambiente 13 ¿Qué es la Arqueología? 14 Arqueología como ciencia Social 16 Las Antillas 18 Las primeras sociedades Antillanas 19 La cultura barreroide o mordanoide 20 Procedencia de los barreroides 23 La cultura Banwaroide 24 La vida ritual de los Banwaroides 29 Culturas y complejos Culturales 31 El periodo de las hibridaciones 33 Los recolectores con cerámica 35 Los recolectores como sociedades de bandas 37 El arte rupestre 39 Términos y nomenclaturas para los recolectores 40 Paleoindio 40 Arcaico 41 Paleoarcaico 42 Mesoindio 42 Ciboneyes y Guanahatabeyes 43
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Algunas nomenclaturas Culturales 43 SEGUNDA PARTE LAS SOCIEDADES AGRICULTORAS El mundo de los Taínos 44 Los primeros agricultores 46 Los cultivos de la selva 47 Barrancoides y saladoides 48 Agricultores en Punta Cana 49 La transformación antillana 49 La sociedad Ostionoide 51 Los Macorijes 53 Los Ciguayos 55 Los Taínos 57 La vida cotidiana 60 División del trabajo 61 Obtención de alimentos 61 Cultivos 63 Objetos de uso 64 La vida ritual 64 La Cohoba 65 Enfermedades rituales 66 La muerte 66 Juegos y costumbres 68 Culminación cacical 69 Nomenclaturas y elementos estilísticos 71 Neoindios 71 Agro alfarero 72 El término “Oide” 72 Taínos, Macorijes, Ciguayos y Caribes 72 Estilos alfareros 73 Usos y voces taínas 74

INTRODUCCION

El Museo Arqueológico Regional Altos de Chavón es una institución comprometida con la comunidad, ha venido desarrollando desde 1994 un agresivo programa educativo y científico a nivel local, nacional e internacional. Es así como desde 1996 empezamos a ofrecer por todo el territorio nacional el Taller sobre las Culturas Aborígenes de las Antillas. Estos cursos dirigidos a los profesores a través de los Distritos Escolares han contado con una asistencia media de unos 250 profesores por taller. Los dos primeros talleres, ofrecidos en La Romana conjuntamente con el Distrito Escolar de esta Ciudad, sirvieron de base para ofrecerlos más tarde en las ciudades de Río San Juan y Nagua. En el ámbito científico hemos celebrado dos eventos internacionales con la Organización de los Estados Americanos (O.E.A). El primero fue el Taller de las Culturas Aborígenes de las Antillas, donde participaron durante dos semanas, estudiantes avanzados de antropología de más de diez países latinoamericanos y del Caribe. En 1995 celebramos el Primer Seminario de Arqueología del Caribe. En este evento participaron los más destacados especialistas de la arqueología 3 caribeña.

Entendemos que la enseñanza adecuada sobre nuestros orígenes ha de ser una de las metas de todo proyecto de transformación educativa, piedra angular del motor de desarrollo de toda sociedad. Sin embargo, esta área no ha recibido la atención adecuada en nuestro sistema educativo dominicano. Algunos educadores de nuestras escuelas desconocen los aspectos más elementales de prehistoria dominicana, que es precisamente donde comienza a forjarse nuestra identidad como pueblo. Esta ha sido la experiencia que hemos acumulado ofreciendo estos talleres en toda la geografía nacional a lo largo de un año, El Museo Arqueológico Regional y la Fundación Centro Cultural Altos de Chavón se sienten complacidos con ofrecer a los profesores y al público en general este manual de Prehistoria Dominicana para Maestros, escrito por una de las máximas autoridades en el área, el Dr. Marcio Veloz Maggiolo. Nuestro compromiso con la educación nos llevará en el futuro a ofrecer otros cursos y talleres con miras a dotar al maestro dominicano de mayores conocimientos en la enseñanza de las grandes áreas de nuestra cultura que, al fin y al cabo, son los elementos forjadores de nuestra identidad. Este libro de Prehistoria Dominicana para Maestros viene a llenar un vacío y ha de ser usado como texto en la enseñanza de estos talleres.
Angel Caba Fuentes Director
Museo Arqueológico Regional
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FUNDACION CENTRO CULTURAL ALTOS DE CHAVON

La Fundación Centro Cultural Altos de Chavón, ubicada en la provincia de La Romana, República Dominicana, es una entidad cultural y educativa sin fines de lucro. Desde su formación en 1983, se ha dedicado a la creación de una comunidad artística multifacética que incluye las artes visuales, talleres artesanales y presentaciones artísticas, así como programas de enseñanza en las áreas del diseño y las artes plásticas. Cinco dependencias conforman la Fundación: La Escuela de Diseño, el Programa de Artistas en Residencia, La Galería, el Museo Arqueológico Regional y la Casa de Chavón en Santo Domingo. Cada una de ellas está orientada hacia el logro de dinámicos programas culturales y educativos. La Escuela de Diseño es un centro de estudios dirigido a la formación de profesionales a nivel universitario en diseño y arte aplicado a la industria con un programa intensivo de dos años que culmina con un grado asociado a nivel técnico. Desde su fundación en 1983, la Escuela ofrece cuatro carreras en artes aplicadas tales como ilustración, gráficas, modas y diseño de interiores. La Escuela opera bajo la afiliación de la Parsons School of Design, filial de la New School for Social Research,
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en la ciudad de Nueva York. La Escuela de Diseño posee un amplio programa de becas para el cual son elegibles tanto los estudiantes de nueva admisión como los que ya cursan estudios en La Escuela. El Museo Arqueológico Regional documenta el magnífico legado precolombino de la Isla y funciona como valiosa fuente de información para estudiantes, visitantes e investigadores. Objetos rituales y utilitarios, ordenados cronológicamente y por estilo, muestran la evolución de la cultura de las sociedades indígenas desde la era precerámica hasta los taínos, cultura predominante en la isla a la llegada de los conquistadores españoles. Además de conservar y exhibir estos valiosos objetos, el Museo es también un dinámico centro educativo para la investigación científica y cultural. En el Programa de Artistas en Residencia confluyen pintores, escultores, escritores, músicos, arquitectos que viven y trabajan en Altos de Chavón durante un período de tres meses. En este tiempo intercambian experiencias culturales y educativas, a la vez que interactúan con su contraparte dominicana. Este programa se inició en 1981 y ha acogido a artistas de fama y renombre mundial. La Galería es un espacio de exhibición orientado al estímulo general de la cultura dominicana mediante la promoción y distribución de su arte. Al mismo tiempo es anfitriona de muestras internacionales de alto nivel y brinda una oportunidad expositiva para artistas plásticos y estudiantes de diseño.
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La Casa de Chavón en la ciudad de Santo Domingo es la sede de operaciones de la Fundación Centro Cultural Altos de Chavón en la capital dominicana. A través de estas oficinas se puede establecer un enlace directo con los programas y actividades que tienen lugar en Chavón. Igualmente, este centro facilita los procesos de admisión y orientación para los estudiantes de los programas regulares y especiales de la Escuela de Diseño. Esta amplia programación educativa y artística inmersa en un exuberante paisaje natural, le confiere a Altos de Chavón ese carácter cultural dinámico que nutre y estimula la creatividad de los diseñadores de hoy y de mañana.

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PRIMERA PARTE: LAS SOCIEDADES TEMPRANAS

¿QUÉ ES LA PREHISTORIA? El uso de la palabra "prehistoria" se ha generalizado tomando en cuenta el viejo concepto de que todo aquello que ha sido descubierto sin la presencia de documentos escritos, es prehistoria. En tal sentido los historiadores tradicionales han seguido usando la palabra prehistoria bajo la concepción de que la historia es sólo aquella parte de la vida del hombre que puede rastrearse al través de documentos escritos. Sin embargo la historia humana es total, y el concepto de prehistoria, aunque se sigue usando por inercia o tradición, hoy se considera muy poco acertado, puesto que en los últimos cincuenta años o más, las técnicas que se han desarrollado para estudiar las sociedades sin escritura son cada vez mayores. Al arqueólogo australiano Vere Gordon Childe se debe la primera gran interpretación del dato arqueológico como "dato histórico". Este historiador, pues así puede llamársele, demostró que los análisis de los restos del pasado sin documentación escrita pueden muy bien arrojar datos con los cuales se puede "reconstruir" la historia de buena parte de la humanidad. En un libro que es fundamental, que tituló en inglés Man makes himself, o sea, "El hombre se hizo a sí mismo", y en otro titulado What happened in History, "Qué pasó en la historia"; el investigador aseguró y demostró que una buena revisión de los objetos, los medioambientes, los espacios, y los
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restos de cultura sin documento escrito, podían muchas veces proporcionar informaciones suficientes como para reconstruir el pasado. Así, desde 1942, Childe inició una transformación del concepto de prehistoria, señalando que la historia era total, y que sólo la metodología diferenciaba el estudio de la misma. Si los documentos escritos eran fundamentales, los "documentos" no escritos que venían dados por las excavaciones arqueológicas tenían una importancia similar, demostrando que muchas veces los documentos extraídos del suelo, los restos de viejas sociedades, podían incluso rebatir documentos escritos. El documento escrito, como son las cartas, los memoriales, las viejas historias, y todo aquello que significa la presencia de la escritura de cualquier tipo, tiene muchas veces la impronta interesada de quien escribe. La historia es generalmente escrita para que la use una clase social determinada en el caso de las sociedades desarrolladas. Por lo tanto el ingrediente personal que tiene el documento no está presente en los restos de la arqueología, la cual el investigador o arqueólogo descubre o interpreta según una realidad que no se basa en el documento. En tal sentido arqueología y el documento escrito pueden ser contradictorios y también complementarios. Al usar la palabra "prehistoria" usamos un término que se ha hecho popular y tradicional, pero que no refleja la realidad de la investigación, puesto que todo es historia.

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ARQUEOLOGÍA E HISTORIA. El investigador arqueológico "maneja" y saca a la luz "documentos no escritos". En el momento actual la información que tiene un arqueólogo para hacer sus interpretaciones es inmensa. Mediante el sistema de laboratorio puede establecer cómo era por ejemplo el medioambiente, por qué en tal o cual sitio se erigieron ciudades, qué clases sociales regían estos lugares, cuáles eran las sociedades sin clases. Formas de investigación nuevas ayudan al conocimiento de las sociedades del pasado. Por ejemplo los análisis de restos alimenticios nos proporcionan el tipo de dieta, pero además por el tipo de animal sabemos dónde estaban los lugares de captación de recursos alimenticios, y por el tipo de animal sabemos cómo eran los ambientes, puesto que ciertas especies se producen sólo en cierto tipo de lugares. Lo mismo se consigue con los análisis de polen fósil extraído de las entrañas de la tierra arqueológica, los que nos permiten, mediante un método de análisis microscópico llamado palinología, determinar cómo eran los ambientes debido al tipo de plantas, las que, tienen un hábitat o medio definido, pero igualmente, el polen fósil permite saber cuáles eran los principales cultivos. Los métodos de investigación físico-química, como el llamado método del Carbono 14, y otros, permiten establecer fechas aproximadas si se hacen sobre material orgánico, o sea restos de plantas y animales. El nivel de información de los estudios arqueológicos ha permitido que tengamos noticias de cambios fundamentales en muchas regiones, y también, usando métodos muy sofisticados, determinar plagas, cambios climáticos que
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cambiarían las características de una población dada, o bien elementos tales como enfermedades, detectadas al través de métodos que permiten bajo análisis óseo y de otro tipo, conocer las crisis alimenticias de ciertas sociedades. Por ejemplo, los arqueólogos saben que cuando un esqueleto presenta en la radiografía las llamadas "líneas de Harris", marcas de anemia en los huesos, hubo crisis alimenticias o fallas de salud que evitaron el desarrollo biológico normal de una persona y a veces de una población. Estos datos simples revelan que el arqueólogo de hoy trabaja en equipo con biólogos, antropólogos físicos, químicos, botánicos, especialistas en fauna antigua y actual, geógrafos, etc. Este modelo de interpretación se ha llamado arqueología social, y fue un modelo iniciado por la arqueología marxista con el que se intentó una interpretación de la prehistoria en función de la historia misma y no de representaciones de obras aisladas. Pese a que en estos momentos situaciones políticas han revelado la mala aplicación de cierto marxismo a la interpretación de las sociedades como elemento político, muchas de las formas integrales de la interpretación del dato obtenido por el arqueólogo siguen siendo fundamentales para entenderlas desde la metodología que el arqueólogo Childe propuso en los años cuarenta. Todas las culturas o sea, las formas de modificación del medio por el hombre, han tenido que vérselas con su medioambiente.

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LA IMPORTANCIA DEL MEDIOAMBIENTE. El medioambiente no es otra cosa que el entorno natural y biológico que el hombre tiene que enfrentar para dominar sus espacios vitales. Así pues, para la historia de las culturas menos desarrolladas relativamente, el medio fue un factor fundamental. El dominio de la naturaleza y su transformación fue, y es el paso fundamental para la creación de civilizaciones. Las civilizaciones son sociedades en las que la tecnología y el desarrollo de altas clases sociales han emergido al través de procesos de dominio de la naturaleza y del propio género humano. En la medida en que una sociedad se hace más compleja, el entorno es cada vez más artificial. La mano del hombre ha creado los espacios artificiales que hoy habitamos en muchas partes del mundo. Pero en las sociedades que vamos a estudiar, o sea los grupos precolombinos de las Antillas y la isla de Santo Domingo, ese proceso de transformación del medioambiente fue mínimo, y por tanto, una de las contradicciones principales del ser humano fue la de domesticar, vencer y mantener vigente su integración con los elementos naturales. En las sociedades sin clases, como era el caso del área del Caribe precolombino, en donde el poder tenía una relación directa con formas de trabajos tribales, y en donde no existió la propiedad privada de los medios productivos, la concepción del medioambiente como una zona de uso colectivo obligaba a una visión casi biológica del espacio. El uso de los recursos naturales era fundamental, y la transformación de los espacios
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para un mejor aprovechamiento de la naturaleza se hacía gracias a experiencias también colectivas. Por tales razones las sociedades ágrafas del Caribe, es decir, que no tenían conocimiento de la escritura, necesitaban de un mecanismo recordatorio que es milenario, y que en el caso de los taínos y los grupos de selva tropical de Sudamérica, guardaba en la memoria de los viejos las experiencias en torno al medio, a la historia del grupo familiar, y que se expresaba en festines que luego fueron conocidos por los españoles desde 1492 como areítos. Los ambientes propiciaron a los grupos con culturas pre-clasistas, o sea anteriores a toda noción de clase social, la fuente primordial de sostén. Como veremos, hubo sociedades pre-agrícolas en el Caribe, o sea, desconocedoras de la agricultura, que basaron su vida en la recolección, en la pesca, en la cacería, y que usaron del medioambiente como fuente cíclica de sustento, por lo que su contradicción y enfrentamiento básico era el medio, en ocasiones más importante que las contradicciones humanas mismas. ¿QUÉ ES LA ARQUEOLOGÍA? La arqueología es una de las ciencias que integran la antropología, Otras ciencias antropológicas o "ciencias del hombre" son la biología humana, la antropología física, la etnología, la etnohistoria, la filología. Por tanto, el arqueólogo social tiene que hacer uso de estas ciencias para él complementarias, si es que desea presentar una interpretación del proceso de análisis de sus datos.

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El arqueólogo excava los sitios en función de otra técnica llamada "estratigrafía". La estratigrafía es el orden en el cual durante años, siglos, milenios o millones de años, se ha ido depositando el residuo arqueológico de una o muchas sociedades. Las sociedades más tempranas, o sea las más antiguas, están en lo más profundo del terreno, mientras que las más recientes están en la superficie o cerca de ella. Por tales razones la excavación arqueológica respeta el orden de aparición de los objetos, y ello permite que el investigador defina la composición temporal de un sitio, y que también defina los tipos de "ocupación" del mismo, puesto que un lugar puede haber sido ocupado muchas veces y en muy diversas épocas por gentes iguales o distintas. Se puede decir que la estratigrafía, por su orden en los depósitos culturales, es fundamental para entender los sitios de habitación del hombre. Vale señalar que el arqueólogo tiene que ir separando sus hallazgos por estratos, para tener una visión de esos cambios que las otras ciencias auxiliares para él, les van a permitir aclarar. Cada estrato contiene informaciones sobre polen, dietas, objetos de uso ritual, artefactos, formas diferentes de materia prima, etc. Cuando se trata de cementerios, en los casos antillanos, existen las posibilidades de comparar los tipos de enterramiento y aquello que los rodea, con estratos culturales de la misma población, para establecer un definitivo patrón de la vida humana. La planimetría, o sea el estudio topográfico de los sitios, y su relación con la información que produce una excavación arqueológica, es lo que permite a los arqueólogos
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hablar de los "patrones de asentamiento", en los cuales se destaca siempre el modelo de explotación del medioambiente en relación con la organización espacial del sitio, y los llamados "nichos ecológicos", o sea las posibles zonas de búsqueda de recursos alimenticios o de otro tipo que hacen posible la permanencia de la ocupación humana. LA ARQUEOLOGÍA COMO CIENCIA SOCIAL. Visto el panorama que presentamos, la arqueología se considera hoy, por gran parte de los investigadores, como una "ciencia social". Posee los lineamientos de lo que llamara Miguel Acosta Saignes, "etnología antigua". La etnología es el estudio de las sociedades tradicionales. Y se inicia en América con muchos de los misioneros y viajeros españoles, portugueses, y de otras nacionalidades que hicieron contacto con los pobladores indígenas y describieron sus costumbres. Estos estudios alcanzaron no sólo a América, sino que antes, en documentos de viajeros que se desplazaron por otras latitudes, aunque sin rigor antropológico, existen historias, documentos y descripciones que han servido para conocer a fondo las costumbres y modelos de la vida "primitiva". En las Antillas el primer interesado en saber qué cosa creían los indios, los aborígenes, fue el propio Cristóbal Colón. Una de las argumentaciones de Colón para su viaje era que había llegado a Cipango, a la India, pero aunque mantuvo esta teoría, ya su primer "lengua", o sea su primer traductor había fracasado en Las Bahamas cuando quiso hablar con los indios y se dio
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cuenta de que aquellos indios no hablaban las lenguas orientales que su traductor sabía. Entonces decidió capturar indios, y enseñarles la lengua española. En su segundo viaje, Colón trajo consigo a un cura ermitaño de la orden de San Jerónimo, llamado Ramón Pané, quien aprendió primero la lengua de los indios macorijes de la costa norte de la isla de Santo Domingo, y luego la lengua taína "general", produciendo para Colón un informe que se tituló Relación acerca de las antigüedades de los indios y que fuera usado luego por el Padre Fray Bartolomé de las Casas y otros historiadores para describir costumbres y rituales. El propio Las Casas, quien vivió en Cuba como encomendero y luego se hiciera religioso de la Orden de los Predicadores o Dominicos, convivió con los aborígenes tanto en Cuba como en Santo Domingo, donde se ordenó como cura, y trae en sus libros información invaluable sobre las sociedades aborígenes. Estos cronistas son de gran ayuda para el arqueólogo, puesto que la información cruzada permite reforzar la visión de los grupos que el arqueólogo social desea presentar lo más completamente posible en su interpretación histórica. La relación de grupos de una zona cultural con otra, como veremos, es importante. Los cronistas, misioneros e historiadores que hicieron contacto con el indio en muchos puntos de América, permiten al arqueólogo hacer comparaciones. Por ejemplo, la crónica relativa a Venezuela, de importantes observadores, ha permitido desde un primer momento establecer una relación de costumbres y formas de vida entre los indios de Venezuela con los de las Antillas, y los grupos de indios de Venezuela con
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todos los grupos indígenas del área amazónica. El cultivo de la yuca, por ejemplo, fue el más importante cultivo antillano, y el más importante en el área que abarcan las cuencas de ríos como el Orinoco, el Amazonas y los grandes ríos de la zona selvática de Colombia y Perú. LAS ANTILLAS. El llamado "arco antillano" se extiende desde la isla de Trinidad, frente a la costa oriental de Venezuela, hasta el sur de la Florida. Para los fines arqueológicos, este arco incluye las llamadas "Antillas menores", de las que St. Lucia, St. Vicente, S. Kitts, Trinidad-Tobago, Dominica, Martinica, Guadalupe, y St. Thomas, entre otras, fueron puntos de tránsito hacia las Antillas Mayores en variadas épocas históricas. El concepto de área del Caribe, desde el punto de vista de la arqueología es mucho más amplio. Debe saberse que la división del Caribe se ha hecho según muchos enfoques. Por ejemplo, para algunos autores el Caribe abarca sólo el arco antillano y las tierras que están al sur de la península de La Florida. Para otros el Caribe incluye una concepción ligada a la trata de negros desde el mismo siglo XVI, y es ésta una visión más económica que cultural. Para los fines de un Caribe más amplio algunos arqueólogos han hablado del llamado "Caribe ribereño", que incluye las islas al sur de Florida, claro está que también las Antillas Menores, y la costa norte de Sudamérica y Centroamérica. En fin, a este Caribe se une la concepción de que las costas de las Guayanas, aunque hacen contacto con áreas brasileñas, responden a ese Caribe arqueológico. Si aceptamos
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las semejanzas, procedencias y formas de vida de los aborígenes de origen selvático en el Caribe, aceptamos la visión amplia de que el Caribe arqueológico abarca las Islas, la costa Centroamericana, y la costa Sudamericana que incluye las Guayanas. Los medioambientes, las culturas, los modos de vida, constituyen en este gran espacio expresiones regionales que se relacionan. Son, en realidad, antiguas expresiones de una historia regional continua, de la cual es posible seguir aspectos significativos. LAS PRIMERAS SOCIEDADES ANTILLANAS. Las Antillas comenzaron a poblarse desde épocas muy tempranas. Las pruebas de C-14, o método radioactivo para materiales orgánicos señalan que en algunos lugares de la isla de Santo Domingo, como lo es el occidente de Haití, grupos de navegantes arribaron hacia el 4000 antes de Cristo. En los sitios de la actual Bahía de Puerto Príncipe hay fechas que van desde el 4000 antes de Cristo hasta casi el año 1000 antes de Cristo, esos mismos navegantes se ubicaron en el sur de la República Dominicana, habiéndose encontrado sus asentamientos en la zona del Río Pedernales, en Barrera-Mordan, provincia de Azua, en donde las fechas alcanzan el año 2600 antes de Cristo. Debido a que los primeros estudios sobre esta cultura se hicieron en el área de Barrera-Mordán, en la provincia de Azua, los arqueólogos denominaron la misma como "cultura barreroide" o "cultura mordanoide".
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LA CULTURA BARREROIDE O MORDANOIDE. La cultura barreroide o mordanoide es la más temprana de las culturas de las Antillas Mayores, y se caracteriza por ser una cultura de recolectores y pescadores marinos, cuyos artefactos están generalmente hechos de una piedra cortante llamada "sílex", o sílice. Estas piedras aparecen en bloques redondeados generalmente y son el producto de una acumulación cristalina. Al ser rotas con un objeto contundente, se quiebran como si fueran de cristal, y producen láminas o "lascas" que una vez modificadas, son convertidas en puntas, en cuchillos, en raspadores para pelar madera, en astillas pequeñas para rallar o guayar raíces. Los barreroides o mordanoides ocuparon tempranamente el occidente de la isla de Santo Domingo, pero también el oriente de la isla de Cuba, y un sitio de aquella isla llamado Levisa, también las fechas son tempranas, puesto que el C-14 o análisis de radiocarbono arroja resultados de 3190 antes de Cristo. A partir de esas áreas los mordanoides se extendieron hacia las demás islas, llegando al occidente de Puerto Rico en sus canoas posiblemente hacia e1 2000 antes de Cristo, en lugares del occidente de aquella isla, cerca del actual Cabo Rojo. Los barreroides eran recolectores y cazadores de animales pequeños como iguanas, lagartos, y fueron también recolectores de ostras y almejas que se producían en las playas arenosas. Fueron importantes consumidores de las llamadas "cucarachas de mar", cuyos nombres científicos son Chitón y Acanthopleura. Lo mismo usaron del llamado burgao, y posiblemente cazaron en épocas tempranas animales grandes, los únicos mamíferos del
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tamaño de un hombre que habitaron la isla: los Parocnus, cuyo nombre científico es Parocnus serus, descritos por el paleontólogo de Smithsonian Institution Gerrit S. Miller. Los Parocnus ya no existían cuando llegaron los españoles. Grandes puntas de sílex han sido encontradas en la Cordillera Central de la República Dominicana y en la .costa norte de Haití, en la región de Fort Liberté, lo mismo que en Ile'a Vache, Haití, y en otros lugares como Cabaret. En Barrera Mor dan y Puerto Alejandro, en las provincias de Azua y Barahona, los barreroides vivieron por largo tiempo, lo mismo que en la desembocadura o muy cerca del río Pedernales. Los barreroides han sido estudiados gracias a los análisis de huesos hechos por el antropólogo físico dominicano Fernando Luna Calderón, quien pudo clasificar restos de numerosos esqueletos ligados a esta cultura. La media de vida de esta gente era baja, apenas 15 años de edad. Cuando se dice "media de vida" significa que el promedio de edad era bajo. Es decir, hay que dividir la edad de todos los restos encontrados y promediarla. Si la mortandad infantil es alta, aunque tengamos restos de gente vieja, el promedio en total puede ser bajo en cuanto a edad debido a que una buena parte de la población muere muy joven. Así, los casos de gente barreroide de Cueva Roja, en la provincia de Pedernales, son bien ilustrativos. En nuestro libro titulado Las sociedades arcaicas de Santo Domingo, hacemos uso de la información de Luna Calderón en la que él informa sobre los resultados de sus investigaciones. Por ejemplo, señala el antropólogo Luna Calderón que en el caso de
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los barreroides de Cueva Roja el 44.5% de la población, o sea, casi la mitad, no llegaba a ser adulta. Ello refiere muchas muertes en la infancia y en la adolescencia. Esa población tenía una baja estatura, apenas 5 pies de tamaño o 5.2. El máximo de edad en una persona de esta cultura fue de 35 años en una muestra bastante grande de esqueletos quemados y fracturados. De la población considerada adulta casi el 20% sufrió fracturas, principalmente en brazos y piernas, y las patologías o sea muestras de enfermedades que se pueden notar en los huesos, fueron más de un 25 %. Luna considera que la gran movilidad de estos grupos, itinerantes, que iban de un lado a otro buscando zonas en donde captar sus alimentos, producía estos accidentes. El índice de fracturas es muy elevado, y existen luego de las fracturas indicaciones de infecciones que eran producto de un mal tratamiento de las patologías producidas por las fracturas. Según afirma el mismo antropólogo, la población infantil moría en un 35%, y 10.2% de la población total tenía crisis al llegar a la adolescencia. La supervivencia de los barreroides revela contradicciones fuertes con su medioambiente, del cua1 obtenían el sustento. Conjuntamente con los huesos humanos encontrados en Cueva Roja, y ya hacia el año 1500 antes de Cristo, fecha muy tardía para grupos que habían llegado hacia el 4000 antes de Cristo, se encontraron semillas de uva de playa, restos de cáscara de corozo o corojo, así como de otros frutos. Los artefactos que se
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encontraron en Cueva Roja fueron pequeñas puntas, navajas, cuchillos, restos de hojas de sílex que servían para cortar, y algunas piedras de río usadas como martillos. PROCEDENCIA DE LOS BARREROIDES. Para la mayoría de los investigadores del área, los barreroides tienen una relación directa, debido a la técnica de fabricación de instrumentos, con grupos arcaicos de la costa de Honduras y Belice, en Centroamérica. Algunos autores que trabajaron allí en los años 80, descubrieron culturas tempranas que se denominan arcaicas, las cuales ocuparon las costas de esos sitios hacia el año 8 a 9000 antes de Cristo. Los habitantes de Belice y las zonas aledañas fueron creando experiencia navegatoria, y posiblemente partieron hacia las Antillas por los cambios climáticos violentos en su área de supervivencia costera. Las primeras sociedades y las más tempranas pueden ubicarse en el occidente de la isla de Santo Domingo y el oriente de Cuba, en donde además del sitio Levisa, ya mencionado, hay muchos otros lugares, no fechados, con las mismas características barreroides de la isla de Santo Domingo. La evidencia barreroide está presente en Puerto Rico, y al parecer, más tardíamente, estos navegantes se desplazaron desde las Antillas Mayores hacia el sur, encontrando sitio en la isla de Antigua, en un lugar llamado Salt Pond. Los lugares escogidos por los barreroides para supervivir tenían que ver con la materia prima para construir sus artefactos. Es decir, que se ubicaron casi exclusivamente en sitios en donde
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era posible obtener el sílex o piedra silícea que servía para la mayoría de sus instrumentos. Para el investigador A. Gus Pantel, quien trabajó durante largo tiempo los yacimientos de BarreraMordán, en la provincia de Azua, los artefactos de sílex fueron hechos para trabajar fundamentalmente la madera, y muchos de ellos tenían una función llamada de "multiuso", es decir, que podrían ser usados por ejemplo para raspar, cortar, descamar peces, quitar pieles de animales pequeños o grandes, etc. Estos usos parecen revelar que la madera fue muy utilizada en barbacoas o sitios de refugio, y que la cestería, fábrica de canastos, redes, y cuerdas pudo ser muy importante para ésta población que con este instrumental también fabricó sus canoas y recipientes de madera. Cuando se hace una revisión de los "patrones de asentamiento", nos damos cuenta de que los barreroides, por ejemplo, nunca ocuparon el este de la isla de Santo Domingo, en donde como veremos, arribaron otros grupos recolectores muy diferentes casi mil años después que ellos. Estas primeras culturas, sin embargo, no fueron las únicas que poblaron en épocas tempranas la isla de Santo Domingo. Otros grupos con una visión bien diferente llegaron desde la costa sudamericana y establecieron sus poblaciones en sitios en los que no vivieron los barreroides. LA CULTURA BANWAROIDE. Hacia el año 2500 antes de Cristo, grupos de la isla de Trinidad, muy ligados a la costa venezolana, y poseedores de una importante variante en su modo de vida, hicieron su entrada en las Antillas escalando de isla en
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isla, y asentándose en Puerto Rico, la isla de Santo Domingo y más tarde en la isla de Cuba. El nombre "banwaroide" se debe a que los primeros hallazgos arqueológicos de estos grupos en relación con el Caribe fueron detectados en el lugar llama do Banwari-Trace, en el sur de San Fernando, en la isla de Trinidad. Las fechas de los banwaroides en Trinidad son muy tempranas, y estudios hechos allí por Peter Harris y luego por Veloz Maggiolo y un equipo dominicano, revelan que hacia el 8000 antes de Cristo estos grupos ya habitaban la zona. Todavía hacia esa fecha los banwaroides iniciales vivían en un territorio que estaba unido a la costa venezolana. Hacia el 4000 antes de Cristo una elevación del nivel del mar separó definitivamente la isla de Trinidad (Trinidad y Tobago) del continente, y los banwaroides, con largos milenios de experiencia, parece que comenzaron a moverse hacia el norte, también en canoas, llegando a las Antillas en muy diversas épocas. Las fechas más coherentes para estos grupos los ubican ya en las Antillas Mayores hacia el 2000 quizás 2500 antes de Cristo. A diferencia de los barreroides, los banwaroides explotaban otro tipo de nicho ecológico, de ecosistema. Fueron notables explotadores de los manglares. Como se sabe, la planta llamada "mangle" vive cerca de la desembocadura de los ríos, muy cerca del mar, tiene raíces llamadas "aéreas", porque parecen zancos o escaleras entretejidas que salen del agua varios pies y son el soporte de una alta vegetación en la que se resguardan animales
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de todo tipo. Generalmente el mangle genera con la caída del follaje y sus raíces que funcionan como grandes coladores subacuáticos, una enorme acumulación de basuras. Estas basuras son en verdad importantes fermentos y alimentos que con la descomposición se transforman en proteínas y carbohidratos. Peces, camarones, ostiones, cangrejos, y muy diversas especies de animales viven dentro del manglar. Los peces no adultos, llamados juveniles, así como juveniles de otras especies, viven del manglar y se protegen en el mismo, porque los grandes depredadores marinos no pueden penetrar en las raíces. Cangrejos, jaibas del río, camarones, ostiones, y a veces pequeños manatíes se alimentan dentro de las raíces. En el tupido follaje de los manglares hay numerosas aves que desovan y que viven, como gallaretas, gallinulas, y hasta serpientes de carne aprovechable. Por esas razones el manglar fue un gran atractivo para esta importante oleada migratoria que, remontando las Antillas Menores, parece que no se quedó largo tiempo en las islas pequeñas, para aprovechar las zonas de manglares en las grandes Antillas. Puede verse siempre que existía un atractivo natural con el cual estos navegantes isleños resolvían sus contradicciones con el medio. En el caso barreroide fue la presencia de depósitos importantes de sílex que proporcionaban materiales para su supervivencia, y con los cuales dominar su medio natural: en el caso de los banwaroides, el manglar fue un atractivo básico, A diferencia de sus predecesores, con los cuales vivieron separada pero simultáneamente, los banwaroides exhibían otro
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tipo de instrumental. Su cultura se orientaba hacia una más amplia gama de ambientes. Ya en la isla de Trinidad usaron morteros para majar semillas, y fabricaron manos de mortero, o majadores, los cuales tenían formas cónicas, cúbicas, o cónico truncadas. En vez de modificar la piedra golpeándola, la modificaban por abrasión, por raspado y luego con un proceso que se hacía con una piedra más dura con la que obtenían las formas deseadas. Entre los artefactos de los banwaroides hay piedras casi planas, con un hueco central, usadas para moler semillas, y lo que los arqueólogos llaman "yunques"; o sea piedras preparadas en forma cúbica, con pequeños huecos para apoyar las semillas. Estos nuevos habitantes del arco antillano tenían por lo tanto un mejor dominio del medioambiente. Eran recolectores de frutos de palma, así como de corozo, usaban de raíces o bulbos casi todos desconocidos, realidad que se establece en la presencia de rocas planas de piedra arenisca que servían para guayar o rallar raíces, entre las cuales las de la planta llamada guáyiga parecieron ser muy importantes. Fueron sin dudas pescadores de alta mar, pues en los sitios dominicanos como Hoyo de Toro y El Porvenir, con fechas que van desde el 2000 al 1200 antes de Cristo, hay abundancia de peces llamados óseos, tales como jureles, tiburón, pargos, y animales de gran tamaño, en El Porvenir, trabajado inicialmente por Manuel García Arévalo y Fernando Morbán Laucer, se rescataron restos de cachalote y de caimán.
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Las lagunas que se forman en la desembocadura de los ríos eran una fuente importante de abastecimiento de fauna. Aves del tipo de la paloma, colúmbidas, están presentes en su dieta, y en momentos importantes desde el punto de vista de los ciclos naturales, los banwaroides se internaban en la zona de montaña, ya que en lugares como Manabao, en la zona de Constanza, existen evidencias de hachas grandes, en forma de mariposa o "mariposoides", hechas para ser enmangadas en su centro acinturado. Los banwaroides estaban en la isla de Vieques, Puerto Rico, hacia el 2000 antes de Cristo, y pasaron a Cuba posiblemente hacia el 1500 antes de Cristo, en donde se inició, como en Santo Domingo, un intercambio de tecnologías con los grupos barreroides que eran más antiguos en la zona. Quizás el sitio mejor estudiado de la cultura banwaroide en la isla de Santo Domingo es Cueva de Berna, y otro lugar ya con elementos híbridos , es decir, con mezcla de artefactos tanto banwaroides como barreroides, es el lugar llamado Fort Liberté, en la costa norte de Haití. Los banwaroides ternan un sistema de uso de materiales muy parecido al de los posteriores agricultores que entrarían en las Antillas cientos de años después. Eran grandes conocedores de los nichos o zonas en donde la explotación era masiva. Se organizaban en campamentos en los lugares escogidos para explotar el medioambiente, y desde esos campamentos usaban los recursos fabricando viviendas de madera que se
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abandonaban cuando se necesitaba un cambio de lugar por motivos de estación o por ciclos naturales en los cuales se decidía explotar otro lugar. Usaron las vísceras o zona de entrada de ciertas cavernas para explotar lugares cercanos al mar, y cuando abandonaban los sitios dejaban enterrados los instrumentos con la finalidad de no cargar con ellos. En lugares como Honduras del Oeste, en la capital dominicana, las manos para mortero en forma de cono, o de cubo, se encontraron adosadas a las paredes de los abrigos rocosos o viseras rocosas. En El Porvenir, en la desembocadura del rio Higuamo, provincia de San Pedro de Macorís, fueron encontradas superpuestas varias piedras planas con desgaste central muy grandes, de hasta medio metro de largo y cuarenta centímetros de ancho. Bolas muy redondas, parecen haber sido parte de ceremonias en las cuales fueron usadas como ofrendas. LA VIDA RITUAL DE LOS BANWAROIDES. Hasta el momento los banwaroides tienen características rituales que los diferencian de los barreroides. En la mayoría de las veces enterraban a sus muertos. En una caverna como la llamada Cueva de Berna, muy cerca de Boca de Yuma, en la provincia de La Altagracia, fueron encontrados enterramientos completos. Una niña de unos seis años, estudiada por Luna Calderón fue localizada a 70 centímetros de profundidad en la capa de ceniza que es virtualmente el piso de la caverna. Como en casi todas las sociedades recolectoras la anemia parece haber sido un factor mortal, posiblemente debido a enfermedades infecciosas que maltrataron la vida de estos habitantes. En estos grupos la
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deformación intencional del cráneo está presente: se trata de una deformación llamada seudo-circular, la cual se logra atando una cinta o liana al recién nacido, que le presiona hasta marcarse con el tiempo deformando el hueso. Era, sin dudas, un elemento para el logro de un patrón de belleza de aquellas sociedades. Los llamados "enterramientos secundarios" están igualmente presentes en la Cueva de Berna; se trata de entierros de huesos humanos sueltos, los que fueron desenterrados cuando formaban parte de un entierro completo, y seleccionados muchas veces como ofrendas rituales. El entierro secundario es común también en los posteriores grupos agrícolas. En total, los enterramientos de Cueva de Berna son cinco, ya que algunos son "residuales", calificación que Luna da a los restos humanos que parecen ser basura o son tratados como basura, porque no tienen características rituales. La media de vida, o sea el promedio, es de 12 años de edad, puesto que al parecer, lo mismo que entre los barreroides, y a pesar del éxito en la explotación de recursos naturales, las enfermedades fueron muy importantes y diezmaron permanentemente estos grupos. El más viejo de los enterramientos de Cueva de Berna llegaba a los 25 años de edad, otro podría calcularse en 18, la niña completa en 6, y uno de 2 años. Los cálculos valen para poblaciones recolectoras conocidas en la selva actual, y según comunicación de Adelaida Díaz Hungría, destacada antropóloga física de Venezuela, los grupos recientes, antes del contacto con
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la civilización y con los métodos científicos de curación, tenían una baja media de vida. CULTURAS Y COMPLEJOS CULTURALES. Las culturas antillanas pre agrícolas, como las que hemos estado analizando para la isla de Santo Domingo y otros puntos, variaron mucho con el tiempo, y los barreroides y banwaroides no fueron los únicos grupos que emigraron hacia el arco antillano. En el oriente de Venezuela hubo otros grupos recolectores diferentes en tecnología. Sitios como los llamados Ño-Carlos, Las Varas, Cubagua y Manicuare, están igualmente representados en la arqueología antillana. Los sitios con este tipo de cultura no son tantos. En el norte de la isla de Puerto Rico hay fechas de casi 4000 antes de Cristo para un enorme sitio de recolectores que tiene relación con No Carlos en Venezuela. Cerca del río Manatí se descubrió hace ya años un asentamiento pre-agrícola con enterramientos humanos y artefactos bien diferentes. Los morteros son pocos, y la piedra de rio fragmentada es el común denominador de este lugar. No se han hecho estudios profundos sobre esta gente. Dos lugares similares, Rio Maimón, con fecha de 2500 antes de Cristo en la costa norte de la provincia La Altagracia, y Cueva del Agua, en la costa de La Romana tienen características iguales. El más reciente de los poblamientos hacia el arco antillano parece haber sido el de los grupos "manicuaroides". Su sitio de ocupación temprana está en la costa venezolana, y lo mismo que la gente de Cubagua, se trata de gente muy especializada en la
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pesca marina, y de navegantes que son ya tardíos, puesto que la fecha temprana de Cubagua es de 2000 antes de Cristo y la de Manicuare, de donde toma nombre la cultura, es de 1800 antes de Cristo. Los "manicuaroides" eran fundamentalmente pescadores costeros que emigraron hacia el arco antillano hacia el 2000 antes de Cristo. Sus instrumentos, como anzuelos de hueso, pesas para redes, y gubias para trabajar la madera se encuentran igualmente en la isla de Cuba y en algunos puntos del sur de La Florida. Los objetos de concha fueron importantes: vasos, raspadores, martillos para romper ostiones y ostras. Ligados al manglar, arribaron a las Antillas. Un solo lugar de la República Dominicana, La Isleta, en la desembocadura occidental del río Higuamo, tipifica su ocupación hacia el 1200 antes de Cristo. La abundancia de gubias para trabajo en madera en la isla de Cuba parece asegurar que grupos de esta cultura llegaron a Cuba en ese rango de años, generando entre los aborígenes anteriores nuevas tecnologías del trabajo en madera, vista la popularidad de la gubia de concha, la que aparece muy pocas veces, y mostrando factura y forma muy diferente en algunos lugares dominicanos. Como puede verse, en el curso de miles de años las Antillas fueron pobladas por muy diversas culturas. Algunos arqueólogos han usado el término "complejo cultural" para aglutinar elementos característicos de un tipo de cultura. Por ejemplo "complejo cultural manicuaroide", o "complejo cultural
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banwaroide". El sufijo "oide" simplemente apunta hacia el parecido de los instrumentales de trabajo, pero en el caso de la arqueología social apuntaría hacia los instrumentos y el modelo de explotación del medioambiente. EL PERIODO DE LAS HIBRIDACIONES. En nuestro libro titulado Medioambiente y adaptación humana en la prehistoria de Santo Domingo, demostramos que ya hacia el año 2000 antes de Cristo pudo iniciarse el contacto antillano entre muchas culturas y formas culturales. Era natural que siendo las islas territorio limitado por el mar, algunas técnicas de explotación de los lugares o nichos ecológicos, fuesen intercambiadas. El intercambio de tecnologías no significó, al parecer, una unión definitiva entre las culturas, sino más bien el logro de acuerdos para intercambio de experiencias. Los grupos precolombinos del período pre-agrícola respetaron los linderos de sus lugares de explotación. Existía, al parecer, un acuerdo formal para que cada grupo explotase un territorio que era de uso cíclico. Mientras que los barreroides se adaptaron al manglar tardíamente, como acontece con los grupos barreroides que invaden el manglar en Puerto Alejandro, Barahona, hacia el 1500 antes de Cristo, los grupos típicamente banwaroides incrementaron su producción con técnicas adecuadas en la zona de manglares y en sitios boscosos. En lugares de características tardías como son EI Porvenir, hacia el 1200 antes de Cristo o Batey Negro, en el 650 antes de Cristo, todos de factura banwaroide, aparecen los artefactos de
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sílex hechos por los barreroides. Lo mismo acontece en Fort Liberté, posiblemente hacia la misma época, en el norte del actual territorio haitiano. Ha de suponerse que el uso de artefactos de esquemas que durante cientos y cientos de años funcionaron separadamente y se mezclaron tardíamente, enriqueció, además, con experiencias de intercambio ambas culturas, y lo mismo las posteriores. En Cuba, por ejemplo, los arqueólogos definieron una cultura híbrida llamada Cayo Redondo, en la cual se presentan tanto las tecnologías banwaroides como las posteriores manicuaroides. También se distinguen los grupos ligados a la cultura Ño-Carlos, en la parte más occidental de la isla, los que aceptaron, igualmente, formas de trabajo de los grupos anteriores. Este proceso de "hihridación cultural" culminara hacia el siglo V antes de Cristo, cuando comienzan a aparecer nuevos modelos de adaptación en los cuales hay por vez primera entre los recolectores el uso de objetos de cerámica, de vasijas, cuya procedencia se discute, pero que revelan un nuevo contacto con nuevas gentes que, o arriban ya con el conocimiento de la alfarería, y que quizás conocían algún tipo de agricultura. Por estas razones los arqueólogos han determinado dos vías o rutas para las primeras oleadas agricultoras hacia el año 500 antes de Cristo, cuando ya los recolectores, desconocedores de la agricultura y del uso de la cerámica, tenían más de 3500 años viviendo en las Antillas.

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LOS RECOLECTORES CON CERÁMICA. Los últimos vestigios de sociedades recolectoras con características híbridas aparecen en Santo Domingo y Cuba, entre el siglo V antes de Cristo y los comienzos de la era cristiana, extendiéndose en el tiempo hasta por lo menos el siglo VIII. Varios lugares de la isla de Santo Domingo han sido localizados con una ocupación de indios que al parecer comienzan a usar por vez primera objetos de cerámica, pero cuyos útiles de trabajo son los mismos que utilizan los recolectores tradicionales. En el caso de la isla de Santo Domingo estas poblaciones se ubican desde la actual capital de Santo Domingo hacia el este. El sitio Honduras del Oeste fue el primero de estos lugares estudiado por los arqueólogos. Los habitantes ocuparon las viseras o abrigos rocosos, los farallones pleistocénicos que están a varios kilómetros del mar. Usaron como alimentos cangrejos, babosas de concha dura, o sea caracoles terrestres, frutos de la palma llamada corozo, (Acrocomia), y fabricaron ollas o cuencos generalmente pequeños, poco decorados, y de buena factura. Algunos investigadores creen que estos grupos pudieron haber tenido relación con la costa norte de Colombia y no con Sudamérica. Usaron morteros planos para rallar o guayar las raíces, y cazaron animales pequeños, como lagartos, jutías, iguanas, habiendo vivido también de cierta pesca litoral que incluye peces de los arrecifes, como por ejemplo el pez loro.

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La fecha de radiocarbono para el sitio de Honduras del Oeste, en el barrio Honduras de la capital dominicana, es de 360 antes de Cristo. Otro poblamiento similar es El Caimito, también alejado del mar y en la provincia de San Pedro de Macorís. Los habitantes de El Caimito vivieron cerca de estos abrigos rocosos, y usaron la guáyiga y otras raíces como sustento. En el sitio la cerámica es más decorada, y aparecieron algunos restos de perro usados como alimento, y fundamentalmente piedras lascadas, o sea, raspadores y cuchillos muy rústicos hechos de piedras de rio, y no de sílex. Una característica de este sitio es la poca profundidad de los depósitos culturales. Las fechas de El Caimito van desde el siglo III antes de Cristo al siglo II después. Similar a El Caimito es el lugar denominado Musiépedro, cerca del rio Duey, en la Provincia La Altagracia. Allí la cerámica o alfarería tiene un mínimo de decoración. Elementos como el burén que en poblaciones posteriores, como veremos, es común a los aborígenes que fabricaron casabe, aquí no están presentes, por lo que los arqueólogos piensan que la yuca no fue importante entre estos grupos y que posiblemente no era conocida por los pobladores que muchos autores llaman caimitoides, tomando en cuenta el hallazgo de El Caimito como punto de referencia. Otro lugar conocido, con alfarerías tempranas, recolección intensa y sin burén, es el lugar llamado La Piedra, a tres
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kilómetros al oeste de la desembocadura del río Soco, en la provincia de San Pedro de Macorís. En el oriente de Cuba recientes hallazgos de grupos con estas características hacen suponer que hubo una ocupación de recolectores con cerámica por lo menos a partir del año 500 antes de Cristo, y que la misma no tenía grandes conocimientos agrícolas, aunque para algunos autores estos habitantes pudieron muy bien ser agricultores. El tema de los caimitoides sigue en discusión. LOS RECOLECTORES COMO SOCIEDADES DE BANDA. Las sociedades de bandas son aquellas que se integran para una labor colectiva en la cual las relaciones de producción no son fijas. A diferencia de las sociedades llamadas tribales, las de banda no tienen una división compleja del trabajo, sino que funcionan más bien de acuerdo con los ciclos de la naturaleza, por cuanto su economía depende de ellos y no de una transformación artificial del medio. Las sociedades pre-agrícolas de las Antillas y posiblemente algunas que son denominadas proto-agrícolas, como es el caso de los caimitoides, fueron, al parecer, sociedades de banda. Según observaciones más recientes de sociedades que funcionaron y funcionan como tales en la actualidad, una sociedad de banda se compone de un conjunto de personas que difícilmente sobrepasa los cincuenta individuos. Todas las sociedades de banda del área del Caribe se organizaron, al parecer, en torno a espacios ecológicos que permitían una abundante depredación de los sitios, lo que es una de sus características. Por estas razones se han llamado sociedades depredadoras, ya que como se ha apuntado, no son
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grupos que reproducen la naturaleza como es el caso de las sociedades agrícolas posteriores, sino que la aprovechan. Sin embargo los antropólogos y etnólogos que han trabajado con sociedades recolectoras actuales en muchos puntos del globo, están de acuerdo en que los integrantes de ellas son muy respetuosos del medio que depredan, y que en muchos casos tienen un dominio del mismo al punto de saber hasta dónde puede ser explotado un recurso para que no desaparezca. Los recolectores, por tanto, tenían una conciencia muy selectiva del modelo de depredación, permitiendo así la regeneración de los sitios y abandonándolos en un momento y por tiempo definido para que recuperasen su potencial como tales. Es decir que nunca explotaban un lugar más allá de sus capacidades de regeneración. Es importante decir que estos grupos recolectores, al ser de pequeña dimensión, la mayoría de las veces estaban incapacitados para poder agotar zonas de inmensa riqueza ecológica, como por ejemplo, los grandes manglares, y el sistema itinerante, o sea el movimiento cíclico, hacía que fuera posible y más productiva su economía, Muchas de estas bandas, como las que se asentaron desde por lo menos el 2000 antes de Cristo en las desembocaduras de ríos como el Soco y el Higuamo, entre otros, ocuparon los lugares por casi dos milenios. Es decir, que la gente y su descendencia, siguió retornando a los lugares porque los mismos no eran agotados, y por tales razones el instrumental se mantuvo durante centurias
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igual, sin cambios importantes, a no ser por la incorporación de otros tipos de artefactos procedentes de procesos de hibridación entre grupos humanos. El cambio de lugar o de lugares en función de lo que producía y se aprovechaba en cada nicho ecológico, fue una costumbre heredada, posiblemente, por los posteriores agricultores en la selva tropical amazónica, en donde la agricultura fue hecha en base a un uso rotativo de la tierra, como luego veremos. EL ARTE RUPESTRE. Entre los grupos recolectores de las Antillas el arte rupestre fue una expresión importante. Se llama "arte rupuestre" a las pinturas y grabados hechos sobre las paredes de las cavernas. Los recolectores se caracterizaron por un arte rupuestre en el que se usó pintura hecha de piedras tintóreas, vegetales y carbón. La mayoría de las representaciones que aparecen en las paredes de las cuevas y abrigos rocosos son abstractas. Muchas son círculos, o círculos concéntricos, cruces, líneas quebradas y paralelas, así como líneas llamadas "laberínticas" por ser extremadamente onduladas y hasta cierto punto confusas. Las pictografías son aquellas que se lograron a base de pintura, mientras que se denomina petroglifo a la talla de figuras o líneas sobre la piedra. Las muestras rupuestre no tienden a representar, en este período, animales, gentes, u objetos naturales, y en algunos casos se considera que el arte rupestre de los antillanos más antiguos tiene gran unidad, puesto que tanto en Cuba, como en Santo Domingo, tiene características similares. Muestras de este arte se ha encontrado
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en el occidente de la isla de Cuba, y en el occidente de la isla de Santo Domingo, principalmente en la zona de la provincia de Pedernales. Se considera que los petroglifos en formas de greca, y de tejidos hechos sobre las paredes de las llamadas Guácaras de Comedero, cerca de Cotuí, podrían haber sido hechos por grupos recolectores. TÉRMINOS Y NOMENCLATURAS PARA LOS RECOLECTORES. Los estudios arqueológicos y etnológicos han usado de muy diversos términos cuando se habla de las culturas recolectoras del pasado. Así, daremos algunos nombres y explicaremos su relación con las culturas, puesto que los mismos se refieren, generalmente, a los mismos grupos humanos que en el área fueron anteriores a los poblamientos agrícolas, es decir, aparecieron en las Antillas mucho antes que los agricultores, aunque hubo épocas ya tardías en las que recolectores y agricultores llegaron a ocupar simultáneamente sitios precolombinos. PALEOINDIO. Es un término arqueológico que usaron algunos investigadores norteamericanos para calificar a los aborígenes de los Estados Unidos de América que vivían de la gran cacería de bisontes, mamuts, ciervos, alces y otros animales de buen tamaño. El término fue adaptado por los arqueólogos Irving Rouse y J.M Cruxent para aplicarlo a los grupos más tempranos de las Antillas, los cuales usaron artefactos de sílex, o roca silícea, con

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técnicas parecidas en la confección al paleoindio americano, que a su vez tenía relación con el clásico paleolítico europeo. Los artefactos de los grupos barreroides les parecieron a Rouse y Cruxent objetos para la cacería de grandes animales, y emitieron la teoría de que estos iniciales habitantes de BarreraMordan, en la provincia de Azua, pudieron haber vivido de la cacería del manatí, de la foca tropical (Monachus tropicalis), que una vez habitó en la isla, y de alguno que otro animal de menor tamaño. Sin embargo, los trabajos de investigación profunda realizados por arqueólogos como Veloz, Ortega, Guerrero, Rímoli, Pantel y otros, revelaron que los barreroides eran realmente pescadores, recolectores de playas marinas, cazadores de iguanas, hutías y animales pequeños y nunca captaron gran fauna, la que era prácticamente inexistente como para una cultura típica de cazadores. Los grupos barreroides confeccionaron sus artefactos de sílex para con ellos trabajar la madera, aunque en casos excepcionales se usaran artefactos para la cacería de un tipo de oso antillano desaparecido de nombre Parocnus serus, que más que oso era un edentado que se alimentaba de follaje, y con tamaño relacionable con el de un hombre. Sin embargo, hasta el momento en ningún lugar han aparecido restos de Parocnus ligados a artefactos indígenas, aunque existe una fecha de radiocarbono para despojos de este animal de 800 años aproximadamente antes de Cristo, época en la que la isla estaba habitada plenamente por grupos recolectores.
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Lo cierto es que el término Paleoindio se ha considerado erróneo, porque no existe evidencia de sociedades que hayan vivido exclusivamente de la gran cacería en las Antillas. PALEOARCAICO. Este término, usado por Veloz Maggiolo y otros arqueólogos, se refiere no ya a una acción económica como la cacería, sino a las formas más antiguas de vida de los grupos barreroides. ARCAICO. Es un término usado por algunos autores para diferenciar los paleoindios, grandes cazadores en las praderas norteamericanas, de los grupos recolectores. El término fue propuesto por los investigadores P. Phillips y Gordon Willey, teniendo mucha aceptación. Como no se refería a los artefactos mismos, sino al modo de vida, ocupa gran parte de la literatura arqueológica señalando un período en el cual el hombre se adapta al medioambiente explotando nichos ecológicos y abandonando lentamente la gran cacería. MESOINDIO. El término apuntaría hacia la definición de estas sociedades arcaicas. Tiende a señalar que las mismas están ubicadas, cronológicamente, entre los pobladores paleoindios y los posteriores agricultores a los que los autores, Irving Rouse y J. M. Cruxent llamaron en alguna oportunidad neoindios. CIBONEYES Y GUANAHATABEYES. Es común encontrar en la literatura histórica del período de contacto estos nombres. Algunos como el nombre ciboney fue dado a las culturas recolectoras de Cuba por varios autores, dentro de los cuales cabe citar al norteamericano Mark Harrington, quien lo
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popularizó. En principio, y en la clasificación cubana, se consideraba que existían dos modelos de recolectores: Ciboney aspecto Guayabo Blanco, cuyos artefactos eran rústicos y con poca muestra de abrasión o modificación de la piedra, y Ciboney aspecto Cayo Redondo, el que presentaba piedras modificadas, y elementos que hicieron suponer que era una expresión más tardía. Hoy se sabe que los dos corresponden a un periodo que no sobrepasa el 2000 antes de Cristo y que los artefactos y restos no son definitorios de una cronología más antigua para el Ciboney de Guayabo Blanco. Guanahatabey se refiere a indios encontrados en el occidente de Haití y también el occidente de Cuba al momento de la conquista y mencionados por la crónica. Eran en verdad reductos de las sociedades recolectoras que vivían aisladamente al momento de la llegada de los europeos. ALGUNAS NOMENCLATURAS CULTURALES. Los investigadores y arqueólogos han ido confeccionando nombres que apuntan en todo caso hacia el modelo de vida, hacia el desarrollo de la función principal de estas sociedades. Encontramos términos que se aplican a las sociedades recolectoras y que en verdad no son del todo precisos. Un término muy utilizado es Preagrícola, referido a una sociedad anterior a la agricultura, otro es Protoagrícola, referido a aquellas sociedades recolectoras que se considera estaban en vías de usar o "descubrir" formas agrícolas. También se han usado términos como Sociedades Prealfareras o Preagroalfareras, con la intención de señalar que éstos
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recolectores no conocían ni la agricultura ni el uso de la cerámica u objetos de barro. También, y es muy común encontrarlo en la arqueología del Caribe, se ha usado el termino Precerámico, muy común para englobar los grupos recolectores sin alfarería. Esto bajo un erróneo y generalizado criterio de que toda sociedad sin alfarería debe ser recolectora. Sin embargo, en algunos puntos de América, como la costa peruana, por ejemplo, existen sociedades recolectoras sin cerámica, y a la vez, parecen existir sociedades con cerámica que no usaron la agricultura. Como veremos, existieron en el Caribe sociedades transicionales llamadas caimitoides que al parecer usaron cerámica sin evidencia clara de los cultivos que luego incorporarían otros grupos.

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SEGUNDA PARTE: LAS SOCIEDADES AGRICULTORAS

EL MUNDO DE LOS TAINOS Los taínos fueron los grupos agricultores antillanos con mayor desarrollo cultural que encontró el conquistador español en Cuba, Santo Domingo y Puerto Rico. Si bien al momento de la conquista que se inicia en el año de 1492 las Antillas tenían diferentes tipos de sociedades cuya sustentación se basaba en el cultivo de raíces, en la pesca, en la recolección y en la pequeña cacería, no todas alcanzaron un grado que las pudiera definir como sociedades cacicales. El cacicazgo, indicador de una sociedad en vías de estratificación, parece haber sido un proceso relativamente tardío en las Antillas Mayores, además de una expresión que localmente mostró diferencias profundas con otros puntos del Caribe, como el propio nororiente de Venezuela, desde donde partieron hacia el arco antillano las sociedades de selva tropical que se transformaron ya en las islas en grupos con una visión muy diferente de la organización social misma. La arqueología ha mostrado como muchas de estas sociedades fueron desarrollándose en un proceso local, pero con posibles influencias continentales, que luego se transforma en general.
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Antes de la aparición del cacicazgo que caracterizó a los grupos llamados taínos, habitantes pre-taínos constituyeron una enorme gama de sociedades y culturas, algunas de las cuales fueron las primeras que habitaron el arco de las Antillas. Ya hemos visto cómo estas culturas iniciales tienen fechados de aproximadamente 4000 antes de Cristo, en algunas de las islas, como La Española y Puerto Rico, ya que en el occidente de Haití existen dataciones de hasta 3700 antes de nuestra era, según autores como Clark Moore, y en el norte de la isla de Puerto Rico existen fechados similares. Estos grupos recolectores, como se ve, muy anterior a las culturas agricultoras que encontrara el conquistador, procedían de la costa oriental de Sudamérica y posiblemente de algunos puntos de Centroamérica. Al sur de la isla de Trinidad, frente a la costa venezolana, el sitio Banwari- Trace, que fue parte del territorio venezolano presenta fechas de 7000 años antes. Las culturas preagrícolas llamadas "barreroides" o bien "mordanoides", caracterizadas por el uso de instrumentos de piedra fracturada para el logro de navajas, cuchillos y puntas, tienen contrapartidas tempranas en la costa centroamericana de Belice, en donde la tecnología, más temprana, es exactamente la misma, la que ha sido documentada por las investigaciones de McNeish, Nelken-Terner y otros autores. Las llamadas culturas "banwaroides" parecen ser un desprendimiento hacia el 3000 antes de Cristo de grupos recolectores con instrumentos diferentes, producto de la modificación de la piedra por abrasión, el uso del hueso, y una insistente adaptación a las
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lagunas y manglares. Arribarían a las Antillas partiendo de la isla de Trinidad, en donde Peter O. Harris las detectó en 1971. Al parecer estas sociedades se mezclaron en Santo Domingo, Puerto Rico y Cuba, intercambiando técnicas que las hicieron más exitosas en relación con el medioambiente. LOS PRIMEROS AGRICULTORES. Como puede inferirse, cuando los primeros agricultores, de posible filiación arawaca llegan a las Antillas hacia el 500 ó 400 antes de Cristo, ya estos territorios estaban desde milenios ocupados parcialmente por pobladores tempranos que basaron sus economías en el dominio de los ciclos de la naturaleza. Sus economías pueden calificarse de "depredadoras", puesto que no reproducían la naturaleza, sino que simplemente la explotaban. Los pobladores iniciales se especializaron en la explotación de nichos ecológicos diversos, y es muy posible que los grupos agrícolas posteriores absorbieran gran parte de estas poblaciones llamadas por la etnología ciboneyes, y guanahatabeyes, según los más diversos autores, siguiendo nominaciones aparecidas en las diversas crónicas del período colonial en donde se informa de la presencia de estos grupos viviendo separada, o colaborativamente, y en ocasiones de modo simultáneo con las sociedades antillanas del período de contacto con los europeos. Los primeros agricultores antillanos procedían del sistema de selva tropical orrnoco-amazónico. En Venezuela estos grupos ya tribales se adaptaron a las zonas costeras, y mejoraron profundamente sus técnicas de supervivencia. La navegación en
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ríos caudalosos, y en caños, los preparó para la navegación marina posterior. Las familias se organizaron en territorios en donde era posible hacer de la vida fluvial y marina a la vez, espacio para la supervivencia. La yuca amarga o mandioca, posiblemente procesada en forma de casabe por vez primera en el norte de Colombia, según los trabajos de Carlos Angulo, fue el más importante elemento dietético dentro del conjunto de raíces y tubérculos que caracterizan la agricultura de la selva tropical. La transformación de la yuca amarga en casabe constituyó posiblemente desde el 2000 antes de Cristo, en Malambo, Rotinet y otros lugares del norte colombiano, el elemento fundamental que caracterizó la vida de estas sociedades selváticas, por cuanto como cultivo principal influenció notablemente el patrón de asentamiento, y el proceso de la vida cotidiana en general. LOS CULTIVOS DE LA SELVA. Los cultivos de la selva, y el sistema de cultivo basado en la deforestación, la quema del bosque, y la siembra sobre lechos de ceniza, pasaron desde el mismo 400 antes de Cristo a las Antillas. El sistema, denominado como cultivo de roza o swidden, comporta una traslación cada diez, doce años o antes, según se agotan las condiciones del suelo. Por tales razones en amplios territorios como los selváticos, los grupos familiares terminaban abandonando los lugares de cultivo- a los que retornaban sólo para cosechar frutales- y quemaban otras áreas para siembras totalmente nuevas. Cuando se producía este nuevo proceso, la sociedad se dividía debido al crecimiento demográfico de la
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misma, y por tanto, en un proceso de fragmentación, hacia lo mismo cada vez, abarcando espacios inmensos los cuales constituían pueblos con parentesco común, con costumbres similares, y con identidad suficiente como para considerarse miembros de un mismo clan. Las sociedades así establecidas fueron denominadas como "sociedades segmentarias" o "de linaje", como las define E. Terray. Estas sociedades, al mantener vigente sus sistemas de creencias, poseían objetos que se repetían con variantes mínimas, pero visibles, en sus decoraciones, en su arte, en su alfarería, en su manera de controlar la naturaleza. BARRANCOIDES Y SALADOIDES. Desde casi el año 1200 antes de Cristo, los grupos llamados "barrancoides", en el Orinoco Medio, iniciaron un descenso hacia las bocas del río, que fue seguido por los llamados grupos "saladoides". La llegada a los lugares costeros del nor-oriente venezolano, estudiados por Iraida Vargas y Mario Sanoja, o a Los Barrancos, estudiado por Rouse y Cruxent, revela una tendencia hacia una hibridación de éstas etnias que fue cada vez mayor, al punto de que cuando pasan a las Antillas Menores cruzando la isla de Trinidad, los elementos de su cultura consignan una mezcla de rasgos "saladoides y barrancoides", que los arqueólogos han denominado como estilo "saladoide insular". Como es costumbre en algunos arqueólogos el uso de apelativos que se relacionan con el lugar de hallazgo de los primeros restos de una cultura, es común. Saladoide toma su nombre del sitio Saladero,
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y barrancoide toma su nombre del sitio Barrancas, ambos en las márgenes del río Orinoco. AGRICULTORES EN PUNTA CANA. Mientras los "saladoides" y "barrancoides" se esparcían hacia el arco antillano desde la costa venezolana, otros grupos con agricultura y otro tipo de alfarería lo hacían igualmente. En el lugar llamado Punta Cana, región oriental de la isla de Santo Domingo, fueron localizados poblados antiguos cuya fecha es de 240 antes de Cristo. La cerámica se parece a la barrancoide venezolana, y parece ser procedente de otras culturas agrícolas de la zona. En Punta Cana se originan, al parecer, decoraciones que luego pasarán a la cultura taína, Uno de los esqueletos fechados arrojó una datación de 300 después de Cristo, lo que cambia bastante la idea de que sólo los agricultores barrancoides y saladoides entraron a las Antillas tempranamente. LA TRANSFORMACIÓN ANTILLANA. Las sociedades del nor-oriente de Venezuela al entrar en las Antillas encuentran un medioambiente diferente. Los espacios de las pequeñas islas son menores que los de la selva tropical, y por lo tanto el cultivo de roza, que necesita de un constante traslado y de una quema permanente y extensiva, recibe un duro golpe. En esta readaptación de las sociedades insulares hacia el siglo I y II después de Cristo el cultivo fue "atenuado" y parece haberse disminuido incrementándose la recolección marina, la pesca, la cacería. Este proceso ha sido bien documentado en el sitio Cerrillos por el arqueólogo puertorriqueño Edgar Maíz, quien
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analizando una sociedad saladoide insular del siglo IV ha encontrado que el consumo de aves, fundamentalmente palomas (colúmbidas de muchos tipos), es fundamental en la dieta, lo mismo que los peces de río, manteniéndose indudable contacto con la costa venezolana todavía en el siglo VI de nuestra era. Sin dudas estas características de la adaptación parecen dibujar un cuadro en el cual la producción sigue siendo desarrollable sólo hasta un tope, puesto que no existe una potencial producción más allá de un tradicional uso óptimo del medio ambiente tal y como el mismo se presenta. Los arqueólogos han ido identificando "estilos alfareros" en base a las formas de vasijas, las decoraciones, y existe una gama enorme de sitios con estilos diferentes, los cuales, cuando son parecidos, se aglutinan con el sufijo "oide". Por ejemplo, y ello nos interesa con relación a la isla de Santo Domingo, algunos de los estilos de Puerto Rico aparecen igualmente, pero modificados, en sitios dominicanos, lo que revela un tránsito desde Puerto Rico, en donde muchas sociedades hicieron escala. Estilos como el llamado "Cuevas", o como el llamado "Ostiones", aparecen en algunos lugares dominicanos muy modificados. Mientras tanto, y ello fue común en las grandes Antillas, algunos estilos evolucionaron generando formas locales. El caso del estilo "Ostiones", oriundo del occidente de Puerto Rico es importante, los "ostionoides" iniciaron un importante proceso de adaptación humana en el suroeste de la isla de Puerto Rico, y como veremos, precedieron y fueron parte formativa de la posterior cultura taina,
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LA SOCIEDAD "OSTIONOIDE". Seguir el ritmo del desarrollo de la vida cotidiana entre los grupos anteriores a la sociedad taína obliga a un somero análisis de las sociedades anteriores. En Puerto Rico es posible considerar que hasta las expresiones saladoides de las sociedades del estilo Hacienda Grande, trabajado por Rouse y Alegría, los estilos Sorcé y La Hueca, trabajados por Chanlatte et al. en la isla de Vieques, los estilos Cuevas en el propio Puerto Rico y otros como el de Los Corrales, en la isla de Santo Domingo con características "cuevoides"; el modelo de vida cotidiana fue muy similar: cultivo de la yuca, preparación de tierras, incremento de la recolección, la caza y la pesca como un mecanismo de equilibrio, organización familiar en grandes bohíos que hacen pensar en el sistema de familias extensas o extendidas, y ceremonias ligadas, claro está, al ritual de la cohoba, encabezado no tanto por un cacique sino por un samán o brujo que inhalaba los polvos alucinógenos y "predecía" la vida, vencía enfermedades y conocía la historia de las comunidades tribales. Pero la sociedad "ostionoide", cuyos primeros rasgos aparecen en la isla de Puerto Rico, trajo consigo una nueva visión del proceso productivo. Su desarrollo local se inicia hacia el siglo VII o quizás poco después. Su capacidad de dispersión parece entroncarla con una experiencia navegatoria diferente de la de los grupos "saladoides insulares" ya mencionados. Ello así porque elementos ostionoides, como asas levantadas en forma de gasa, murciélagos estilizados y vasijas grandes que en los finales del período alcanzan formas naviculares o de nave, muy
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características, se producen ya simultáneamente en Puerto Rico, la isla de Santo Domingo y parte de Cuba, en donde hay fechas que señalan hacia el siglo VIII formas ligadas al estilo. El ídolo de tres puntas, denominado como "trigonolito" por Herrera Fritot, se dispersa en forma creciente, aunque no alcanza en la primera etapa de dispersión el tamaño y la elegancia del posterior período taíno. Los ostionoides fueron la sociedad pre-taína más importante del período del llamado cultivo de roza; ellos se iniciaron como cultivadores que usaron de la atenuación con la recolección, la pesca y la caza como subsistencia importante. Pero descubrieron el uso de un sistema nuevo para la producción agrícola: el montículo. El sistema de monticulación del terreno fue el resultado de una acumulación de basura y materiales que se transformaron en "abono" para el sembradío de frutos. La alta concentración de nitrógeno en los montículos hizo posible una producción mayor de la agricultura, y ello a la vez comenzó a influir en el proceso social, ya que la mejoría en la producción, obligue a una reformulación de la redistribución de los productos y de un uso controlado de suelos y espacios, y por lo tanto a nuevas acciones y responsabilidades sociales que parecen haber sido heredadas y mejoradas por la posterior sociedad de los taínos. Elementos ceremoniales tan importantes como el juego de la pelota o batey se presentan por vez primera en las sociedades ostionoides de Puerto Rico en el siglo VIII de nuestra era, pasando a ser luego, en la sociedad taína un elemento definitorio. La plaza de Las Flores, trabajada por Ortiz Aguilú y
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las de la Villa de Tam, en Puerto Rico, parecen revelar que el areíto y el juego de pelota o batey, fueron practicados inicialmente por estas sociedades, o que por lo menos se incrementó su presencia a partir de las mismas. Los ostionoides utilizaron las zonas de playas, pero también penetraron valles y las faldas de las montañas en la isla de Santo Domingo. Colonizaron inicialmente algunas zonas del norte de la isla de Santo Domingo; por ejemplo algunos sitios cercanos a Cabrera, Rio San Juan, y otros lugares, fueron ocupados ya hacia el siglo IX por grupos agricultores del estilo ostionoide. LOS MACORIJES. Cronistas como Fray Ramón Pané, el Padre Fray Bartolomé de las Casas y el propio Cristóbal Colón, se refirieron al hecho de que la isla de Santo Domingo tenía diversos tipos de culturas y lenguas. La lengua de los taínos, y posiblemente, pese a sus diferencias, la de los macorijes y ciguayos, venía de un tronco común sudamericano. Eran dialectos o formas del lenguaje arawak, o arawaco, o arnaco, si no nos atenemos a las diversas grafías sobre el mismo. Esa lengua empalma todavía hoy con el lokono, arawak que se habla en las Guayanas, y existen importantes estudios sobre ella de los expertos Manuel Álvarez Nazario y José J. Arrom, entre otros. Los macorijes habitaron el noroeste, parte del norte de la isla de Santo Domingo. Cuando Colón funda La Isabela, en los primeros días de 1494, se entiende en parte con grupos macorijes. Intenta recoger informaciones sobre los habitantes de la isla, y pronto se da cuenta de que los macorijes hablan otra
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lengua, o por lo menos un dialecto diferente del que habla la mayoría de los habitantes de la isla. Por tales razones, Fray Ramón Pané, quien fuera el primer español que aprendiese expresamente una lengua indígena, es enviado al lugar de Maguá, con indios que habían aprendido algo de español, que hablaban la lengua macorix, y la taína, con la intención de cristianizar. La historia es reveladora de que los macorijes eran, por tanto, una cultura diferente. Los arqueólogos han detectado la presencia de alfarerías macorijes en toda la parte norte del rio Yaque del Norte, así como en las zonas de la provincia de Valverde, actualmente, en buena parte de la Línea Noroeste, y claro, en el occidente de Haití. La alfarería revela diferencias profundas con la taína. Vale decir que tanto macorijes como ciguayos y taínos, vivieron simultáneamente en la isla. Las primeras evidencias de grupos macorijes parecen comenzar a finales del siglo VIII, cuando en el valle del Cibao, en Cutupú, cerca de la ciudad de La Vega, se localizaron restos de una cultura ostionoide que parecía tener relación con elementos cuevoides, una mezcla de estilos que termina produciendo una nueva expresión decorativa en la que se usan aplicaciones de tiras de barro, decoraciones cruzadas formando rejillas sobre cazuelas pequeñas, asas en forma de botón, asas en forma de gasas pequeñas, así como representaciones mínimas de ciertas aves. El hallazgo de estas primeras formas de alfarería atribuibles a los macorijes se realizó en Haití, hacia los años de 1939 por I. Rouse, quien denominó esta cerámica como meillacoide, debido a que el primer sitio en donde se encontró se
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llamaba Meillac, en Haití. Pero trabajos posteriores en el valle de La Vega, llevados a cabo por Veloz Maggiolo, E. Ortega y Angel Caba Fuentes revelaron que la cultura meillacoide oriunda de la parte este de la isla, el cual fue confirmado luego por los trabajos de Bernardo Vega, que demuestran que existía una relación entre los sitios meillacoides y los sitios macorijes según las afirmaciones de la crónica española. Los macorijes utilizaron también el montículo agrícola, que es posiblemente una herencia de los grupos ostionoides. LOS CIGUAYOS. Cuando Cristóbal Colón llegó a Samaná, de regreso hacia España durante su primer viaje, tocó en aquel territorio con grupos indígenas con características bien diferentes de las que presentaban macorijes y taínos. Se trataba de un grupo humano que fue identificado como el de los ciguayos. Estos pobladores usaban arcos grandes, pelo largo atado con una redecilla en la parte atrás de la cabeza y una pluma o plumas adornando la cabeza en su parte atrás. Eran gentes diferentes, con aguerridas posturas que degeneraron en una escaramuza que la tradición ha llamado erráticamente "Batalla del Golfo de las Flechas". Los ciguayos iban teñidos de negro, y atacaron a Colón, hiriendo a un español en un glúteo o nalga. Simplemente se defendieron de la intención española de tomar indios para llevar como muestra a España y para enseñarle la lengua castellana de modo que en otros viajes pudieran servir como guías o "lenguas".

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Los indios que llevaba Colón desde las islas Bahamas y los tornados en la parte norte de la isla de Santo Domingo, señalaron de alguna manera que estos ciguayos hablaban de otro modo, y que eran realmente otro grupo con idioma diferente. Colón recoge y compara palabras ciguayas con otras generales, para demostrarlo. En verdad la descripción que hace Colón en su diario y las posteriores afirmaciones de cronistas como Las Casas, revelan que estos ciguayos tenían características bien diferentes de los taínos y macorijes. Según las descripciones, su parecido físico podría ser comparado con los caribes de las Antillas Menores. Las posteriores descripciones sobre los caribes de Martinica, Guadalupe y otros sitios de las Antillas Menores, pueden hacer suponer que los ciguayos fueran un grupo caribe adaptado a la cultura taína, o bien taínos que imitaban a los grupos caribes. Sin embargo, el uso de una lengua diferente obliga a pensar en que ciertos caribes se adaptaron a la vida social dentro de las comunidades taínas. Un elemento que confunde es el hecho de que en la zona considerada como ciguaya, que incluye Samaná, Nagua, hasta Cabrera en la costa norte, la alfarería es taína, típica del estilo llamado Boca Chica, o sea igual a las de los grupos del este de la isla y la más común y mejor lograda. Se sabe por la crónica que los ciguayos aprendieron el uso del areíto de los taínos del valle del Cibao, por cuanto Mayobanex, su líder, al ser apresado por Bartolomé Colón, contesta al interrogatorio que le hacen los españoles diciendo que apreciaba a Guarionex, a quien se alió para protegerlo, porque este y su
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gente le habían enseriado a "cantar y a bailar". Como veremos el areíto era la manera como las sociedades sin escritura guardaban en la memoria, a base de música, cantos y bailes, los hechos de los antepasados y las costumbres. No existen en las Antillas evidencias de arqueología de los caribes, porque los artefactos de cerámica los fabricaban las mujeres, y generalmente las mujeres de las sociedades caribes de las Antillas Menores fueron raptadas de otras sociedades como la taína y tal vez la macorix, produciendo ellas la alfarería que los propios caribes usaban. De modo que la crónica es fundamental para saber que los caribes habitaban muchas islas menores al momento de la conquista. Los caribes hablaban un dialecto arawaco diferente, como bien han apuntado ya importantes especialistas, y como lo demostrara Douglas Taylor. Es importante señalar que el canibalismo de estos grupos era ritual, y que el canibalismo o ingestión de carne humana fue siempre un elemento ceremonial, puesto que los grupos caníbales en su gran mayoría consideran que comerse la carne, ciertos órganos o la ceniza de un enemigo o un familiar, supone un trasiego de poderes del muerto al vivo. LOS TAÍNOS. Aunque muchos autores engloban las sociedades antillanas, todas, bajo el concepto de taíno, nosotros hemos planteado una posición que siguen algunos investigadores, y que refiere el "tainato" o la sociedad taína a una relación con el alto desarrollo de la cultura ligada a la alfarería de estilo "Boca Chica". Elementos de tipo chicoide son
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los que relacionamos con la sociedad taína. La influencia taína fue importante al punto de que ya en el siglo IX, los taínos ocuparon parte de las Lucayas o Bahamas, y partiendo de un centro de dispersión como el sur de la isla de Santo Domingo, ocuparon la isla Mona, y parte de la isla de Puerto Rico en una especie de retorno a los orígenes previos. Cuando los primeros europeos llegan al arco antillano, se encuentran con una sociedad sobresaliente, que domina por su desarrollo cultural el ámbito en el que participan otras sociedades no taínas, como por ejemplo la de los macorijes y ciguayos, y caribes. Los taínos fueron sin dudas una sociedad cacical. Cassá la ha definido claramente en sus trabajos, y lo mismo Samuel Wilson. Las crónicas y la arqueología parecen coincidir en que existía una concentración de poder en una o varias personas. En el caso del cacique, el mismo tenía características de gobernante, jefe religioso, líder guerrero y personaje de un alto prestigio social. No todos los segmentos de la sociedad taína tenían un mismo desarrollo, puesto que la arqueología demuestra la existencia de sociedades que se dedicaron a actividades semi-especializadas, como la pesca de modo exclusivo en el caso del sitio La Unión, costa norte de la República Dominicana, en donde un cementerio indígena muestra esqueletos con numerosos restos de caracoles marinos como ofrendas, y numerosas pesas de redes formando parte del ajuar del lugar de habitación. En Anadel, provincia de Samaná, también en la República Dominicana, se recolectaron centenares de pesas para redes de pesca en un área de pocos metros
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cuadrados. Otros segmentos sociales usaron de la recolección intensiva como elemento fundamental de su economía, como aconteció en el sitio de El Soco, costa este de la República Dominicana, en donde la vida cotidiana se desarrolló al borde del manglar, en la desembocadura del río, y la gente fue abandonando el cultivo de yuca por el uso de otra planta silvestre llamada "guáyiga" (Zamia debilis), la que permitió un intenso uso de la recolección, con cierto abandono del cultivo de yuca, al punto de que los bohíos primeramente de familias extensas y luego de familiares nucleares, se construyeron sobre un basurero de conchas, restos de comida y cenizas de tres metros de profundidad, constituyendo el cementerio de la comunidad. En los tres casos la alfarería del estilo chicoide es de altísima decoración, y sin dudas pertenece a lo más destacable de la cultura taína, Estas afirmaciones sirven, en principio, para ilustrar cómo la cultura taína aprovechó los nichos, y como esos nichos producían al máximo desde su óptimo de explotación, en una sociedad que usó del intercambio y la producción para almacenamiento. El dominio cacical alcanzaba la producción colectiva. Valdría la pena recordar que cuando Bartolomé Colón pide oro a Boechío, cacique de Jaragua en la isla de Santo Domingo, este dice que no puede entregar oro porque no lo tiene su región, pero que sí puede llenar varias carabelas de algodón. Ello revela no sólo el poder de los caciques, sino su sentido y dominio de un tipo de producción y de un ámbito ecológico.
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LA VIDA COTIDIANA. La vida cotidiana de los taínos se desarrolla dentro de varios tipos de patrones va de asentamiento: pueblos organizados circularmente con plaza central, como acontece con el del lugar llama do Juanpedro, en la provincia de San Pedro de Macorís, Republica Dominicana; pueblos conformados por dos calles cruzadas, como los describe el Padre Las Casas para algunos lugares del Este de la isla de Santo Domingo y poblados pequeños ubicados en zonas de barranco de los ríos, en lugares altos, constituidos por muy pocos bohíos. En ciertos pueblos la plaza ceremonial estaba al centro de las comunidades, como el lugar llamado El Atajadizo, en Boca de Yuma, Republica Dominicana, o en La Aleta, cerca de este lugar. En ocasiones parece haber plazas distantes de los poblados, más bien centros ceremoniales sin restos claros de habitación en los alrededores, como acontece con el complejo de plazas de Utuado, en Puerto Rico, o con la enorme plaza circular llamada "Corral de los Indios", en San Juan de la Maguana, Republica Dominicana. Mark Harrington informa sobre algunos lugares similares para el oriente y centro de Cuba. La demografía era variable. Arqueólogos del área han supuesto la posibilidad de poblados mayores de mil personas para sitios muy densos. Sin embargo, las evidencias de tipo arqueológico no son tan claras y hacen suponer que los poblados mayores oscilarían entre las 500 y 1000 personas, siendo más abundantes los de cifra inferior.

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DIVISION DEL TRABAJO. En la sociedad cacical taína el trabajo se realizaba por sexo y edad. La mujer ejercía la agricultura, el hombre debía preparar el terreno, desbrozarlo, quemarlo cuando era necesario, y plantar. La mujer era la encargada de la atención a la agricultura mientras llegara la cosecha, de la fabricación de la alfarería y los niños cuidaban de los sitios de sembradío espantando aves dañinas que afectaban el proceso agrícola. Los hombres practicaban la pesca, la caza, y las mujeres colaboraban con la recolección. El trabajo masculino incluía la construcción de la vivienda, la talla de canoas y elementos de la madera. Posiblemente el tejido, la cestería y las telas eran hechos por la mujer a base de algodón (Gossipium) y cabuya o sisal, (Agave). LA OBTENCIÓN DE ALIMENTOS. La pesca fue el producto de redes y nasas, pero también del uso del anzuelo y la azagaya o lanza. La utilización de barbascos para envenenar las aguas ha sido documentada por la crónica, así como el uso de "corrales", o sea varas clavadas muy juntas en las zonas bajas de los ríos, que evitaban el paso de los peces, los que eran atrapados con facilidad. Informes sobre la isla de Cuba señalan el uso del pez rémora, el que adherido con su ventosa a peces mayores, permitía la captura de los mismos. Entre los bancos coralíferos y los manglares su usaron luminarias o candiles para cierto tipo de peces que atraídos por la luz eran fácilmente capturarles.

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La crianza de perros fue importante. Los llamados "perros mudos", de talla pequeña, parecen haber sido parte de cierta dieta taína, puesto que se han encontrado sus restos en basureros junto a residuos de la dieta del periodo. Al parecer hubo perros de dos tamaños, según evidencias arqueológicas en Cuba y Santo Domingo. Los perros fueron importantes en la cacería de jutías, las que eran perseguidas luego de que se daba fuego a la sabana. La posibilidad de que hubiese domesticación de jutías parece confirmarse en algunos lugares por la presencia solo de restos adultos, como acontece en el sitio Punta Garza, República Dominicana. Otra importante domesticación fue la de colúmbidas y avecillas, principalmente de varios tipos de tórtolas, palomas y otras especies. La cacería de patos y ánades se hacía en las zonas de lagunas durante el paso de estas especies migratorias, colocándose sobre la cabeza una calabaza y caminando o nadando en los bajo fondos, solo con la calabaza a flor de agua para evitar la sospecha y la huida del ave, halándola luego por las patas y ahogándola. La recolección en muchos lugares fue importante. La zona de manglares, en sitios costeros, permitió una abundante "cosecha" de cangrejos, huevos, hicoteas, peces juveniles, ostiones, y en las zonas arenosas fue abundante la recolección de bivalvos, como varios tipos de caracoles de tierra, o "babosas".

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Los cronistas del periodo de contacto informan de la importancia de las iguanas (Cyclura), cuya carne era considerada comida de caciques. CULTIVOS. El principal cultivo fue la yuca amarga (Mallihot esculenta), la que era procesada guayándola, exprimiéndola luego en una manga de oeste ría o "cibucán" para sacarle el jugo venenoso, cuya masa colocada al fuego sobre el "burén", un plato redondo y plano para cocer, producía la torta de casabe. Hacía varios tipos de torta, y una especial para el Cacique, pequeñas, más fina y sumamente suave llamada xabaxao. Los taínos cultivaron fundamentalmente raíces, La dhiatuía o yautía, (Xanthosoma), la batata o aje (Ipomea), los lerenes olirenes (Maralltha arundinacea) y así mismo cultivaron el maní, el maíz, el que comían tierno sin cocer, y asado. No existían modalidades de arepas o formas procesadas del maíz. El ají fue un elemento importante por su picor y porque era el sazón más apreciado. Los hervidos eran la modalidad básica, puesto que no tenían la costumbre de freír. Bebidas de maíz fermentado y orígenes similares eran comunes en las festividades. Los frutales fueron también parte importante de la dieta y habría que citar algunos como el mamey, el caimito, las anonas, la guanábana, los jobos, la gina o ina, el caimoní y otros. Para encender el fuego frotaban dos trozos de madera o bien una vara sobre piedras ahuecadas y con yesca alrededor.

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OBJETOS DE USO. Las casas taínas, a veces para familia extensa y otras para familias nucleares, tenían pisos de tierra apisonada, y zonas en donde la ceniza revela fogones indistintamente. Una casa taína tenía vasijas de barro, guayos o ralladores de piedra o madera para desmenuzar la yuca, cibucanes para exprimir la yuca, azagayas, redes, macutos para la carga, hachas petaloides para uso en la agricultura, canastas, recipientes de calabazas, coas o palos para plantar, los ídolos o formas religiosas, hamacas para el descanso, tinajas para el agua. Muchos de estos objetos eran totalmente de uso cotidiano. Algunos eran objetos de uso ocasional y otros, como amuletos, collares, sellos para decorar el cuerpo y dujos o asientos, eran fundamentalmente ceremoniales. LA VIDA RITUAL. Los taínos alcanzaron un alto grado de ritualidad. Llegaron a tener numerosos dioses dentro de creencias animistas no del todo unificadas. Es evidente que algunos dioses pertenecían al panteón total, pero otros no. El más apreciable fue el dios de la yuca, llamado indistintamente Yocahú, Yocahu-bagua-maorocoti, y Yuchati-guama. Se representaba una figura de tres puntas, que tenía además la fortaleza de hacer más abundante la cosecha. Arqueológicamente es llama do "trigonolito", y representa figuras antropomorfas, (humanas), zoomorfas (animales) y antropozoomorfas,(mezcla de hombre y animal), lo que revela la diferencia de las creencias en torno al dios. Su decoración es
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variada y a veces compleja. El animismo de los taínos se caracterizaba por la presencia de dioses particulares, familiares, clánicos. En términos generales, sin embargo, había deidades ya consolidadas como figuras míticas. Los dioses de la cultura taína podían tener nombres colectivos, posiblemente representativos de las cualidades que los adornaban. Así, la madre de Yocahuhagua-ma-orocoti, dios de la yuca, tenía varios nombres que eran según Fray Ramón Pané: Atabes, Yermaoguacar, Apito y Zumiaco. La leyenda del origen de los taínos se remonta a una caverna llamada Cacibajagua. Se recoge la recreación del sexo femenino, cuando formas femeninas sin sexo fueron perforadas por el pajar o carpintero que las transformó en mujeres, puesto que las primeras que hubo en la isla huyeron raptadas por un personaje llamado Guayuyona. Los personajes mitológicos son muchos. Están presentes dioses de la lluvia, el trueno, las inundaciones. Guabancex, cemí femenino antes propiedad de un cacique llamado Aumatex, y según la descripción de Pané, era una diosa que movía vientos, lluvias, torrenteras y derrumbaba viviendas. Una diosa del huracán, que se acompañaba de dioses menores que manejaban la lluvia, la anunciaban y la recogían cuando terminaba la tormenta. LA COHOBA. La cohoba fue el ritual fundamental de los taínos. Se trataba de la inhalación de polvos alucinógenos obtenidos de la maceración y preparación muy cuidadosa de las semillas de la Anadanthera peregrina, las cuales hechas polvo
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producían estados de delirio en los cuales el contacto con los dioses producía importantes soluciones, mensajes, y formas de enfrentamiento de la vida cotidiana. En la sociedad cacical taína parece que el ritual estaba casi exclusivamente manejado por los hombres, y que el cacique era la figura principal. Se describe como sentado sobre un banco de madera o dujo, frente a un ídolo o cemí que posee un plato en la cabeza, mientras que el cacique inhala los polvos no sin antes haber vomitado mediante la provocación del vómito con la introducción de una espátula ritual por la boca hasta tocar la epiglotis, provocando el fenómeno. Estas espátulas eran construidas de madera de guayacán, costillas de manatí, y otros materiales, alcanzando un grado primoroso de factor acción. ENFERMEDADES RITUALES. Casi todas las enfermedades del periodo taíno eran curadas por la vía mágica. La función del buhití o buhitío era la de sacar del cuerpo del enfermo materialmente la enfermedad que lo aquejaba. El hechicero usaba de la maraca para encantar al espíritu que producía la enfermedad, del humo del tabaco que fumaba y lanzaba sobre el enfermo, y los cánticos que deberían producir el alivio. Muchas veces cuando el brujo no lograba curar al enfermo podía ser legalmente azotado y apaleado por los familiares. LA MUERTE. Entre los taínos la muerte tenía gran importancia. Los muertos iban a un "más allá" no muy diferente del de muchas religiones actuales. Los espíritus, llamados
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"opias" o "hupias", habitaban en los sitios en donde había montes de guayabos, planta de la que se alimentaban los murciélagos, y las que también eran alimento de las "opias". Estas "opias", cuando eran masculinas, eran dadas a engañar a las mujeres, y a veces querían realizar el contacto sexual con ellas, y el modo de identificarlas era la ausencia de ombligo. Los enterramientos taínos eran variados. Generalmente el cadáver era envuelto en cintas o bandas de algodón, colocado de manera acuclillada en posición fetal y enterrado con algunas de sus pertenencias. Existía el sofisticado enterramiento del cacique, con el cual eran sacrificadas varias de sus mujeres, enterradas vivas junto a él. Otro tipo de tratamiento era el que se daba a ciertos caciques y nitaínos o caciques secundarios, cuyos cuerpos eran colocados sobre el fuego en una especie de barbacoa que iba asándolos, dejándolos sin grasa. El enterramiento secundario también fue común. Meses después de haber sido enterrado, el muerto era desenterrado y se le separaba la cabeza, la que era enterrada en otro lugar luego de permanecer como una especie de trofeo en la vivienda familiar. Las costumbres funerarias taínas tempranas usaban del enterramiento en casas, las que eran quemadas y abandonadas. Hacia el siglo XIV los cementerios organizados comenzaron a sustituir estas viejas prácticas, y en poblados nucleares como El Atajadizo, cerca de Boca de Yuma, el cementerio indígena estuvo al norte del poblado, separado del mismo y haciendo conjunto con el asentamiento circular de viviendas nucleares alrededor de una gran plaza cuadrada. El nombre dado a los
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enterramientos colectivos del cacique y sus mujeres, fue Athebeanenequen, y en la crónica se hace referencia a la muerte del cacique Boechío o Boechío, hermano de Anacaona, al que sucedió en el mando del enorme sitio de Jaragua; dicha referencia señala que los españoles evitaron que varias mujeres preferidas del cacique fuesen enterradas vivas junto a él. JUEGOS Y COSTUMBRES. La sociedad taína debido a su desconocimiento de la escritura usó de los elementos pnemotécnicos para mantener vigente su historia. El fenómeno llamado "areíto"; que es fiesta, recuerdo, baile, música y forma ritual, no era otra cosa que un sistema de recordación tribal en el cual se pasaba de generación en generación la historia de la comunidad, así como experiencias y conocimientos de la vida cotidiana. Los areítos eran generalmente desarrollados en las plazas centrales de los poblados. Participaban en ellos hombres y mujeres. El uso de bebidas espiritosas y estimulantes daba como resultado festines de varios días, como acontecía en la selva amazónica y acontece en varios lugares de la cuenca del rio Orinoco actual. Un juego importante entre los taínos fue el de la pelota o batey, celebrado igualmente en la plaza fundamental del poblado, con presencia del cacique y basado en el golpeo de una pelota de resina de árboles con la misma característica del caucho. Posiblemente el árbol sea el llamado cupey, (Clausea rosea). La bola era golpeada con las rodillas, los hombres, los
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antebrazos, los muslos, la espalda, pero jamás con las manos, y el equipo perdedor era el que dejara rodar la bola sin alcanzar a mantenerla en el aire. El batey era un juego ritual. En el mismo se apostaban desde objetos de uso hasta productos. Se recuerda que cuando Diego Méndez fue enviado por Colón, naufragó, desde Jamaica a la Isla Española con la idea de avisar que el Almirante estaba encallado allí, indios del extremo de la isla lo capturaron y lo rifaron en un juego de pelota. Luego fue liberado y pudo hacer el viaje en canoa desde Jamaica a la Española acompañado de remeros taínos jamaiquinos. Hernando Colón, en la biografía de su padre Cristóbal Colón, habla igualmente de un juego indígena presentándole a Bartolomé Colón, en el que los indios se disparaban con lanzas, como el juego de cañas en Castilla, y en el que algunos resultaron muertos y mal heridos, y los hubiera mucho más si, según el cronista, los propios hispanos no detienen el juego. CULMINACION CACICAL. La cultura taína tuvo su más alto índice de desarrollo en las islas de Santo Domingo y Puerto Rico, lo mismo que en la parte oriental de Cuba. Los trabajos en madera, alfarería, hueso y concha fueron elementos claves de un arte único en el área del Caribe. El surgimiento del sistema cacical desarrolló un tipo de sociedad de características casi teocráticas, en las que hubo estamentos de servicio como los llamados naborias o servidores de los caciques. La vida cotidiana estaba organizada productivamente, y la explotación
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racional de las zonas ecológicas está demostrada en muchos de los cronistas y en estudios arqueológicos. El dominio de las corrientes marinas fue obvio, y la navegación interisleña fue la mayor que se recuerde en la prehistoria del área. Canoas antillanas con más de cien indios fueron avistadas por Colón cerca de la costa de Honduras, pero también Juan de Esquivel encontró en Yucatán una india que había nacido en Jamaica. La división en grandes zonas de poder, llamadas cacicazgos, fue un elemento distintivo. Estos cacicazgos, aun en discusión en cuanto a sus fronteras y contenidos tribales, se constituían en verdaderas federaciones temporales de cara a un enemigo común. Los taínos, cuya lengua entronca con el lokono o arawak legítimo de la Guayana, no parecen haber sido solo una evolución local, sino que muchos datos revelan que estas sociedades navegantes mantuvieron posibles contactos con las costas del norte de Centroamérica y Colombia, de donde, posiblemente provinieron experiencias en lo relativo a tecnología y hasta formas de creencia que no estaban vigentes en el arawaco del sureste de Venezuela. Hachas monolíticas del modelo tairona, amuletos similares a los de la vertiente norte de Costa Rica, imágenes de murciélagos que entroncan perfectamente con colgantes pectorales de la región andina venezolana, y ocarinas y objetos de arte de influencia sudamericana, parece confirmar que el contacto con tierra firme fue constante, puesto que ya en sitios pre-taínos , como La Hueca y Sorcé, en la isla de Vieques, elementos típicamente
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rituales de Sudamérica, como colgantes en forma de cóndores con cabezas humanas entre las garras, hablan de un temprano contacto que se acrecentó con los taínos a partir, posiblemente, del siglo XIII o XIV de nuestra era. Los estudios de contacto y de influencias intercontinentales e interisleñas faltan, pero son parte de una búsqueda que continua y que es común a muchos investigadores del área del Caribe. NOMENCLATURAS Y ELEMENTOS ESTILISTICOS. Lo mismo que en el caso de las culturas recolectoras, los interesados en las culturas agrícolas, entre las cuales se encuentra la cultura taina, encontraran muchas veces llamados que pueden confundirlos. Esta parte de este texto que desea ser didáctico se refiere a nomenclaturas y descripción de estilos alfareros y otras modalidades que se han usado y se usan en el Caribe. NEOINDIO. Lo mismo que en el caso de los llamados paleoindios dentro del periodo recolector, que ya hemos visto, algunos arqueólogos llamaron así al periodo en el cual aparece la agricultura en las Antillas. Como puede notarse, el término tiene que ver con el término de la arqueología europea "neolítico", o periodo de la piedra pulimentada. Sin embargo, estos términos cayeron hace tiempo en desuso, puesto que en América el neolítico no concuerda totalmente con la agricultura, y hubo muchas sociedades agrícolas, como las de la costa peruana, que fueron agricultoras sin conocer aún el uso de la alfarería.
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AGROALFARERO. Se ha llamado así a las culturas antillanas que usaron la alfarería conjuntamente con la agricultura, y el término se aplica a las diversas culturas agricultoras. De modo que tanto taínos, como macorijes, o ciguayos, o bien ostionoides, son fundamentalmente agro alfareros. EL TÉRMINO OIDE. Sufijo oide, como hemos visto, se relaciona con un estilo de alfarería encontrado en un lugar y que se repite. Chicoide por ejemplo hace referencia al estilo Boca Chica, oriundo del este de la isla de Santo Domingo, y a sitios en donde se repite. Sabemos que la serie chicoide es un conjunto de estilos que se relacionan con el modelo Boca Chica, y sabemos también que el modelo Boca Chica toma su nombre del sitio y que además, la cultura taina tiene estrecha relación con el estilo Boca Chica. Pero cuando no tenemos referencias escritas, como en el caso de los taínos descritos por los cronistas, cuando usamos el sufijo oide estamos a la vez refiriéndonos a un estilo y a una cultura. Como no sabemos cuál era el nombre de las gentes que hicieron la cultura en Ostiones, Puerto Rico, los llamamos a ellos y a su cerámica estilística "ostionoide", fundiendo el estilo en un nombre cultural para el grupo humano. Lo mismo pasa con todas las sociedades que no hicieron contacto con el español. TAINOS, MACORIJES, CIGUAYOS Y CARIBES. Fueron grupos que hicieron contacto con el español en las Antillas, y que por lo tanto ha sido posible establecer en parte su
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relación con aspectos culturales dados por sus sitios de ocupación. ESTILOS ALFAREROS. Así como los recolectores marinos o terrestres son identificados por el conjunto de artefactos, y por sus tecnologías, lo que es una manera de diferenciarlo, las alfarerías del periodo agrícola son, en verdad, una impronta 0 sello muy importante para seguir trayectos cronológicos, puesto que su repetición y el logro de fechas al través de su relativa presencia, nos permite saber hasta dónde y durante qué tiempo un conjunto de personas se expandieron y mantuvieron sistemas similares de vida y creencias. Aunque los estilos alfareros son fundamentales, vale decir también que otros elementos como artefactos, materias primas, manejo de ambientes etc., son fundamentales para determinar cambios y posiciones del hombre frente a su medio, con 10 que deseamos seriarla que la cerámica es solo un elemento para determinar ciertas características culturales. Una alfarería que comienza, por ejemplo, en el siglo X antes de Cristo y que se repite consecutivamente y en diversos lugares y épocas por varios centenares de años permite saber que grupos tribales de un mismo clan siguieron produciendo con sus mismas creencias, y se expandieron por lugares diferentes manteniendo un sistema ideológico común. Los estilos alfareros no son solo decorativos. La alfarería tiene elementos importantes como son la decoración, el tipo de pasta o barro de que está hecha una vasija, el desgrasante del
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barro, o sea el material que se agrega para que este barro sea mejor y más sólido y liviano o pesado al ser cocido, las formas de las vasijas y su posible uso, y otros elementos que hablan de los modos de trabajo de las comunidades. USOS Y VOCES TAÍNAS. Desde el primer contacto de los españoles con América, ya algunas voces o palabras tainas pasaron a formar parte de la lengua. Hamaca, fue la primera de ellas. Numerosos lugares de las Antillas y de la isla de Santo Domingo tienen nombres de lengua arawaca. Yuma, Yuna, Jarabacoa, Macorís, Haina, Ocoa, y muchos otros más se pueden considerar relictos de lenguas del pasado. Asimismo hoy usamos denominaciones que provienen del pasado precolombino: bibijagua, cigua, ciguato, búcaro, jícara, guácara, carey, cocuyo, comején, jején, jicotea, jutia, iguana, jaiba, tiburón, huracán, canoa, ají, amacei, batata, yuca, mamey, bejuco, ausubo, bija, camión, caoba, capa, ceiba, cuaba, guanábana, guayacán, hicaco, jenequen, jobo, maíz, maní, tabaco, y otras. El conuco y la tumba o quema del terreno para sembrar los heredamos de las culturas precolombinas, lo mismo puede decirse del casabe, el uso de la canoa, del barbasco o guanibrey para envenenar las aguas y pescar, la nasa, los corrales de pesca, cierto modo de hacer las vasijas de barro y las tinajas. Heredamos el mabí, que al parecer es palabra de los caribes según la crónica francesa, la hamaca que fue importante durante la conquista, ciertas redes de pesca, y hasta ciertos insectos molestosos como la nigua.
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La población indígena fue diezmada y ya en 1550 había prácticamente desaparecido. La mezcla racial del dominicano se produjo con más persistencia con los grupos negros traídos de África, lo que en el siglo XVIII, y durante los primeros censos, revelaba una población mulata creciente que es la que tenernos hoy. El elemento racial indígena desapareció así por completo.

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