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Los Simbolos Patrios en la construcción de la identidad Nacional.-Hurtado Galves, Jose Martin

Los Simbolos Patrios en la construcción de la identidad Nacional.-Hurtado Galves, Jose Martin

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LOS SÍMBOLOS
PATRIOS EN LA
CONSTRUCCIÓN DE LA
IDENTIDAD NACIONAL
LOS SÍMBOLOS
PATRIOS EN LA
CONSTRUCCIÓN DE LA
IDENTIDAD NACIONAL

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Después de obtener su independencia y lograr el estableci-
miento del régimen republicano, México requería de un canto
patriótico que unificara las conciencias de los ciudadanos.81
Numerosos intentos82

se realizaron durante más de tres dé-
cadas para encontrar un himno de aceptación nacional, sin
obtener el éxito deseado.
Según J. Jesús Zamora83

la primera tentativa por escribir
un himno nacional fue en 1820. La letra decía “Honor a los
héroes / honor a los sabios / sus brazos, sus labios / susten-

81

Al menos esta era la intención del entonces Presidente de México Antonio
López de Santa Anna (presidente 11 veces, de 1833 a 1855) pues buscaba
mantenerse en el poder y seguir gobernando como Su Alteza Serenísima; pero,
al huir en 1855, a consecuencia de la Revolución de Ayutla, los siguientes
presidentes de México, ignoraron por completo el Himno González Bocanegra-
Nunó, pues lo consideraban una inaceptable herencia del santanismo, por eso
los liberales tenían su propio himno.

82

“Diez tentativas se habían hecho […] para que Méjico pudiera tener su propio
himno; y diez fracasos fueron el resultado de esas tentativas” Joaquín Antonio
Peñalosa, Francisco González Bocanegra. Su vida y su obra. Imprenta Universitaria,
México, 1954, p. 44.

83

Cfr. http://www.am.com.mx/sanfco/nota.asp?ID=24944

72

tan la ley...” Este texto más bien ideal que formal presenta el
deseo de unión y libertad, el reclamo de honor y veneración
para los héroes. No tuvo trascendencia entre los mexicanos.
El segundo intento por contar con un himno nacional fue
el 28 de julio de 1821. José Torrescano escribió con un senti-
do claramente antiespañol “Viva América libre / Cortés, oh,
nombre infame / Fuego, fuego”.84

Este himno no tuvo eco
entre los mexicanos (que no acababan de conceptuarse como
tales) pues, al parecer, obedecía más a la capitulación del Bri-
gadier Luacés, sitiado por Iturbide el 28 de junio del mismo
año en Querétaro.
El tercer intento se dio en Tulancingo en donde Don José
María Garmendia compuso una marcha, la cual tuvo el mis-
mo destino que las anteriores.
En 1844 se estrenó una composición que se distribuyó gra-
tuitamente, con la letra de un poeta anónimo y la música de
Eusebio Delgado, la cual hablaba fundamentalmente de las
victorias de Antonio López de Santa Anna.85
Hasta ahora los intentos por contar con un himno nacio-
nal, no habían sido convocados por el gobierno de la Repú-
blica, por lo que en agosto de 1849, el pianista Henry Herz
le propuso al gobierno mexicano la composición de un him-
no, esto lo hizo por medio de los periódicos. No tardó mu-
cho para que la Academia de Letrán, invitada por la Junta
Patriótica, convocara a un concurso literario, en éste figura-
ban como jueces José María Lacurriza, José Joaquin Pesado,
Manuel Carpio, Andrés Quintana Roo y Alejandro Arango
y Escandón. El 4 de septiembre de 1850, la Academia infor-
maba el resultado del concurso en sesión pública. Se presen-
taron 30 composiciones eligiéndose dos solamente: una del
joven Andrew Davis Bradburn (de origen estadounidense) y

84

Ibidem.

85

Cfr. http://www.edomexico.gob.mx/newweb/servicios/civica/pasajes/HimnoNacio-
nal.htm

73

otra del poeta mexicano don Félix María Escalante. Ésta
composición poética sirvió de base al pianista austriaco
Henry Herz para musicalizarla y fue estrenada en el mes de
noviembre de ese mismo año en la ciudad de Guadalajara,
Jalisco. Las demás composiciones fueron quemadas para que
se ignorara el nombre de sus autores. Los premios consistie-
ron en libros; a Davis Bradburn se le entregó solamente una
medalla de oro.

Según J. Jesús Zamora, “en 1849 la Academia de Letrán
consideraba que el poema de Andrés Davis Bradbum, entre
las composiciones que concursaron, era el más digno de ser-
vir para himno nacional”. El mismo Jesús Zamora hace una
comparación del coro de este himno con el posterior de
González Bocanegra. A continuación tal comparación:
Uno y otro invitan a la guerra y emplean tal cual palabra

igual:

Truene, truene el cañón; que el acero
en las olas de sangre se tiña.
Al combate volemos; que ciña
nuestras sienes laurel inmortal.

Aquel soberbio dilema de muerte o gloria que planteara Bo-
canegra, aquí ya dos veces sienta cátedra:

Nada importa morir, si con gloria
una bala enemiga nos hiere;
Que es inmenso placer al que muere
ver su enseña triunfante ondear.

Y al final:

Claro brille el pendón mexicano,
o sucumba con gloria y honor.

74

Dice Jesús Zamora “La Bandera es ya para Davis, seis años
antes de Bocanegra, símbolo patrio y motivo de canción.
Ambos poemas emplean igual arte métrica: los decasílabos
marciales ordenados según el esquema de la octava italia-
na”.86

Por esa misma época, el poeta cubano, Juan Miguel Lozada,
y el compositor europeo, Karl Bochsa, crearon un nuevo him-
no nacional, dedicado al presidente de la República, en ese
entonces, José Joaquín de Herrera. “Este poema, como el
Himno definitivo, empieza con el grito imperante de Mexi-
canos, si bien luego se bifurcan. Uno los llama para alzar el
canto; otro, para aprestar el bridón. He aquí, ya desde el pri-
mer verso, el diverso enfoque de los dos poemas. Todo el de
Lozada es más bien el canto sereno de la paz, el alegre regre-
so del campo de batalla; tema cantado por Bocanegra, pero
casi hasta el final del Himno”.87

Más adelante, cuando se
vea el himno nacional escrito por González Bocanegra, se
comparará parte de la letra de dichos himnos.
Posteriormente se realizan cuatro intentos más por dar a
México un himno nacional: dos del compositor italiano
Antonio Barilli, estrenados uno el 8 de septiembre de 1850
y, el otro, el 26 de julio de 1851; otro himno fue compuesto
por el húngaro Max Maretzek, el cual fue estrenado tam-
bién el 26 de julio de 1851 y, finalmente, un himno de otro
italiano, el compositor Ignacio Pellegrini, el cual fue ento-
nado el 22 de abril de 1853.
Con el tiempo, estos himnos nacionales quedaron en el
olvido, sin embargo, el interés por contar con un Himno
Nacional resurgiría durante el gobierno de Antonio López
de Santa Anna.

Es interesante hacer notar que, por aquellos tiempos, el
poeta Francisco González Bocanegra llegó a fungir como

86

Cfr. http://www.am.com.mx/sanfco/nota.asp?ID=24944

87

Ibidem.

75

jurado, así lo podemos constatar en la siguiente cita: “[…] la
Junta Patriótica sometió al juicio de Bocanegra y de Francis-
co Granados Maldonado, un drama de don Severo María
Sarriñana, titulado La entrada triunfal de don Agustín de
Iturbide en México. Los censores publicaron un informe en
que se declaraba que la obra pecaba contra las reglas de las
composiciones dramáticas, por sus vulgares escenas y malos
versos. Sariñana disgustado por tan severo juicio, envió a los
periódicos un remitido diciendo a sus censores que, como
no era necesario que hubieran publicado su informe, iba a
proceder judicialmente contra ellos, por el delito de ataques
a la vida privada. A pesar de todo, el drama se estrenó en el
Teatro Nacional, el 27 de septiembre de 1850”.88
En el esa misma fecha, “en 1850 leyó e imprimió poste-
riormente una Composición Poética leída en la Alameda de
Méjico, en el Aniversario de las víctimas de la Patria, el 28
de Septiembre de 1850, […] el Ciudadano Francisco
González Bocanegra, individuo de la Academia Literaria de
San Juan de Letrán y socio titular del Liceo Hidalgo. Evoca
en ella a los héroes mejicanos –Hidalgo, Morelos, Allende,
Abasolo, Iturbide-”.89

Como podemos constatar, González
Bocanegra manifestaba un claro interés por escribir textos
patrióticos. Es importante observar que dicho texto llevaba
dos dedicatorias: “A la memoria de los mártires de la Pa-
tria”.- [y] “Al autor de la historia de la traslación a Méjico de
las cenizas de D. Agustín de Iturbide […]”.90

Además, “como
orador cívico, fue invitado varias veces, especialmente en las
festividades patrióticas, conmemorativas de la Independen-
cia […] en las fiestas de septiembre de 1851, fue nombrado

88

Joaquín Antonio Peñalosa, Op. cit., p. 41.

89

Ibid., p. 33.

90

Ibidem.

76

para integrar la Comisión Permanente, presidida por Don
Valentín Gómez Farías”.91
“El Daguerrotipo, [periódico] que empezó a funcionar el
11 de mayo de 1850, publicó una que otra noticia sobre Bo-
canegra, pero ningún poema suyo […] hasta 1851 encon-
tramos colaboración poética en las revistas; si bien en 1850
había publicado En el aniversario de las víctimas de la Patria
y en 1849 el soneto dedicado A la Srta. Doña Guadalupe
González del Pino en su Cumple Años (sic), por su cuenta”.92
Aún así, “entre 1851 y 1853, publicó quince poesías en la
Ilustración Mejicana”.93

Bocanegra también colaboró en el

“Presente Amistoso”, revista de cumplido.94
El 12 de noviembre del año de 1853,95

(siete meses des-
pués del estreno del himno de Pellegrini), el gobierno de la
República, por medio del Ministerio de Fomento, Coloniza-
ción, Industria y Comercio, cuya titularidad ocupaba Joa-

91

Ibid., p. 35.

92

Ibid., p. 42.

93

Ibidem.

94

Ibidem, este tipo de revistas publicaba poemas y, en general, textos dedicados a
lisonjear e los miembros de la alta sociedad de la época.

95

Unos meses antes, el 11 de marzo de 1854, se había declarado el Plan de Ayutla
reformado en Acapulco, en el que, dentro de los Considerandos, se establecía:
“Que la permanencia del Excmo. Señor general don Antonio López de Santa
Anna, en el poder, es un constante amago por la independencia y la libertad de
la Nación, puesto que bajo su Gobierno se ha vendido sin necesidad una parte
del territorio de la República, y se han hollado las garantías individuales, que se
respetan aún en los pueblos menos civilizados […] Que bien distante de corres-
ponder a tan honroso llamamiento [el de ser presidente de México], sólo se ha
ocupado en oprimir y vejar a los pueblos recargándolos de contribuciones one-
rosas [como la de cobrar impuestos por puertas y ventanas], sin consideración a
su pobreza general, y empleando los productos de ellas, como en otras ocasiones
lo ha hecho, en gastos superfluos y en improvisar las escandalosas fortunas de
sus favoritos […]”. Más adelante, ya en el Plan propiamente, el punto No 1
dice: “Cesan en el ejercicio del poder público, el Excmo. señor general Antonio
López de Santa Anna y los demás funcionarios que como él hayan desmerecido
la confianza de los pueblos, o se opusieran al presente plan” Antología de Historia
de México. Documentos, narraciones y lecturas. SEP, México, 1993, pp. 27-29.

77

quín Velásquez de León, convocó a un concurso96

dividido
en dos partes consecutivas, la primera se refería al certamen
literario para seleccionar el texto de la letra para el Himno
Nacional, y la segunda trataba de la musicalización del poe-
ma triunfador.

A partir del día 14 de dicho mes, y durante veinte días, se
publicó la convocatoria en el Diario Oficial firmada por don
Miguel Lerdo de Tejada, entonces Oficial Mayor de Fomen-
to: “Deseando el Excmo. Señor Presidente que haya un en-
canto verdaderamente patriótico, que adoptado por el
Supremo Gobierno sea constantemente el 'Himno Nacio-
nal', he tenido a bien acordar un premio, según su mérito, a
la mejor composición poética que sirva a ese objeto, y que ha
de ser calificada por una junta de literatos nombrada para
este caso. En consecuencia, todos los que aspiren al premio
remitirán sus composiciones a este Ministerio en el término
de veinte días, contados desde el primero de la publicación
de esta convocatoria, debiendo ser aquellas anónimas, pero
con un epígrafe que corresponda a un pliego cerrado, con el
que han de acompañar, y en el que constará el nombre de su
autor, para que cuando se haga la calificación sólo se abra el
pliego de la composición que salga premiada, quemándose
las demás. Otro premio se destina en los mismos términos, a
la composición musical para dicho Himno, extendiéndose,
en consecuencia, esta convocatoria, a los profesores de este
arte; advirtiendo que el término para éstos es el de un mes,
después del día en que se publique oficialmente cual haya sido
la poesía adoptada, para que a ella se arregle la música. Méxi-
co, noviembre 12 de 1853.- Miguel Lerdo de Tejada” .97

96

La convocatoria a este concurso fue publicada hasta el día 14 de noviembre
y durante 16 ocasiones en el Diario Oficial, Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit,
p. 44.

97

Celebración del grito de Independencia. Instituto Nacional de Estudios Históricos
de la Revolución Mexicana (INEHRM). México. 1985. p. 161.

78

Una semana después se informaba al público, por el mis-
mo medio, que el jurado calificador para la parte literaria es-
taría integrada por don José Bernardo Couto98

como

presidente y don Manuel Carpio99

y José Joaquín Pesado100

como vocales.

Al ser enterados del concurso, un grupo de amigos del
joven poeta potosino Francisco González Bocanegra, lo ani-
maron a participar en dicho evento,101

pero él se negaba rei-
teradamente explicando que no tenía confianza en obtener

98

Durante su último gobierno, el presidente Santa Anna restableció la Academia
Mexicana de la Lengua, que había sido creada en 1835. Al restablecerla, por
decreto de 24 de enero de 1854, figuró entre sus miembros de número don José
Bernardo Couto en calidad de presidente interino. Es importante señalar que
Couto era del partido conservador y que, años antes, había participado en la
venta de gran parte del territorio de México a los Estados Unidos.

99

“[Manuel] Carpio fue un poeta religioso, sobre todo dedicado al culto de la
Tierra Santa; su poesía giraba alrededor de la historia del pueblo judío, sin
embargo es necesario reconstruir toda una poética o cultura católica que estaba
muy presente y que determinó dramáticamente las letras nacionales. Su culto
a lo religioso, al triunfo de la República, influyó para minimizarlo, además de
que se le acusaba de imitador y que tenía defectos en sus versos”.

http://www.cnca.gob.mx/cnca/nuevo/diarias/210898/alfilode.html

100

“José Joaquín Pesado […] fue un autor importante dentro de la Academia de
Letrán, […] fue conservador […] muchos de los escritores o los personajes del
siglo XIX lo tacharon de traidor […] enfrentó al proyecto modernizador de los
liberales; con gran habilidad trató de descubrir todo el entramado ideológico
que subyace en esa modernidad que los liberales quisieron preservar. Su obra
puede dividirse en tres aspectos: la poesía, que es religiosa y moral; la que recrea
poemas prehispánicos; y su trabajo en prosa publicado en el periódico la Cruz,
de la cual era director. A través de este medio buscaba salvaguardar la ortodoxia
religiosa frente a todo el discurso moderno que los literales estaban propagando”
http://www.cnca.gob.mx/cnca/nuevo/diarias/210898/alfilode.html

101

“[El] fallo favoreció a un joven que no tenía más significación que el haber
escrito algunas canciones patrióticas muy celebradas por sus amigos, y era, por
lo mismo, familiarizado con esta suerte de trabajos. Cierto es que sus amigos lo
habían animado para que se presentara aspirando al premio; pero también que
sus competidores probables eran muy pocos, y eso lo obligaría a dejar a un lado
su modestia de escritor hasta entonces sin renombre en los altos cenáculos. Era
González Bocanegra, oriundo de San Luis Potosí, y por entonces frisaba los
veintinueve años […]. Era autor de un drama, “Vasco Núñez de Balboa”, y de
varias composiciones eróticas” Ibid., p. 161.

79

el triunfo, porque participarían destacados e inspirados inte-
lectuales. En esa época González Bocanegra era oficial
archivista en la Administración de Caminos y Peajes, del
Ministerio de Fomento.
Mientras tanto, en 1854, el gobierno publicó un anexo a
la Convocatoria: “Y habiéndose conformado S. A. S. (Su
Alteza Serenísima) el general Presidente con el parecer de la
Comisión Calificadora, se hace a la referida convocatoria,
para que los compositores de música que deseen oponerse al
premio ofrecido a la composición que obtenga la aprobación
de la Junta que se nombre para el caso, dentro de setenta
días, contados desde esta fecha; bajo el concepto de que di-
chas obras deberán venir anónimas y acompañadas de un
pliego cerrado en que conste el nombre del autor, marcando
en la cubierta alguna contraseña que dé a conocer, la obra
que corresponda.- México, febrero 3 de 1854.- Miguel Ler-
do de Tejada”.102
El señor González Bocanegra sostenía en esos días rela-
ciones de noviazgo formal con la señorita Guadalupe
González del Pino y Villalpando,103

quien de acuerdo con
algunos amigos del poeta, en una ocasión en que se reunían
en una tertulia en la casa de Santa Clara número 6104

(hoy
Tacuba), se le ocurrió, -según cuenta la leyenda- encerrarlo
en una de las habitaciones donde previamente había coloca-
do tinta y papel, advirtiéndole que no lo libraría del encierro
hasta que entregara una composición patriótica que fuera
enviada al concurso.

102

Celebración del grito de Independencia..., p. 162.

103

Prima del poeta en tercer grado eclesiástico, hija de don José González del Pino
y de doña Mariana Villalpando, prima hermana de la madre del poeta, y entenada
de don José Ramón Pacheco. Murió doña Guadalupe el 19 de febrero de 1892,
31 años después que su esposo. Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, pp. 54 y 59.

104

Ibid., p. 47.

80

Nada valieron las excusas que argumentó el poeta, la no-
via insensible ante los reclamos, promesas y amenazas, no
cedió en sus condiciones y Francisco, después de casi cuatro
horas, a las seis de la tarde,105

concluyó el poema, mismo que
pasó a su novia por debajo de la puerta, recuperando con ello
su libertad.

El poema fue del agrado de la “novia del poeta”,106

-como
se le conoció durante mucho tiempo en la historia de nues-
tro país-, y con pocas modificaciones fue remitido al concur-
so al finalizar el mes de diciembre. “Posteriormente
Bocanegra retocó el poema antes de ser entregado al jurado.
No salió desde luego de manos de su autor del todo perfecto;
antes bien, algunas posteriores correcciones sufrió, que no
poco lo mejoraron”.107

Las modificaciones que sufrió el poe-

ma son las siguientes:108

En la estrofa IV, en sus versos 1, 2 y 5 decía:

Del Caudillo feliz de Zempoala
Te defiende el acero terrible...
El será de tus hijos, ¡oh patria!

El adjetivo “fiera” de la estrofa VIII fue sustituido por “ar-

diente”

Y que al golpe de ardiente metralla...

105

Ibidem, p. 48.

106

Bocanegra le llamaba Elisa. Al respecto es interesante observar que otros poe-
tas de la época, también le cambiaban el nombre a sus musas, tal es el caso de
Manuel José Otón que le llamaba Esther y, López Velarde que le decía
Fuensanta.

107

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, p. 48.

108

Ibid., pp. 48-49.

81

En la estrofa VII, el poeta cambió “Estado” por “huestes”,
que tiene mayor significación poética. Toda una estrofa fue
suprimida por Bocanegra:

De soldados la turba violenta
no profane los patrios hogares,
que no venga con torpes cantares
de la virgen la paz a turbar.
Que no humillen ante ellos vencidos
nuestros padres las frentes rugosas;
muertas hallen las hijas y esposas
los que piensen su honor mancillar.

Estas correcciones fueron publicadas, con la letra autógrafa
del poeta, en El Imparcial en 1909. “El manuscrito del Him-
no estaba redactado en papel para carta de cuatro cuartillas;
falta la página central. La tinta, empalidecida por el tiempo,
no se ha borrado aún y permite leerlo con facilidad. La letra
es elegante, pequeña, casi femenina, si no fuera por unos
rasgos finales que le dan un sello de fuerza, de carácter”.109
Como mencionamos líneas antes, a continuación leere-
mos la comparación que realiza Jesús Zamora de parte del
himno del poeta cubano Juan Miguel Lozada con el de
González Bocanegra.

Nuestros campos bañados con sangre (Lozada)
Tus campiñas con sangre se rieguen (Bocanegra)
Guerra, guerra a los fieros tiranos (Lozada)
Guerra, guerra sin tregua al que intente (Bocanegra)

Al respecto dice Jesús Zamora “Una simpatía más es el em-
pleo de igual sistema métrico: el decasílabo y la octava italia-
na, que parecía obligada en las odas patrióticas de aquel

109

Periódico Novedades, México, D. F., 10 de octubre de 1942, p. 13.

82

tiempo. […] ¿Las semejanzas de Bocanegra respecto a los
himnos precedentes son causales o deliberadas? ¿O bien, el
Himno de Bocanegra y los himnos que le antecedieron tra-
tan de seguir cierto tipo –arquetipo- de poesía civil? Sin duda
Bocanegra debió conocerlos, puesto que participó tan de cerca
en el movimiento literario y poético de su tiempo. La seme-
janza métrica débese a la moda, a la costumbre de entonces
de adoptar tal esquema para tal tema. Así lo pedía la ortodo-
xia métrica”.110

Volviendo al veredicto del jurado, pasaba el tiempo y éste
no anunciaba su fallo, hasta que el 3 de febrero de 1854, en
el Diario Oficial111

apareció el siguiente documento: Minis-
terio de Fomento.- Sección Indiferente.- Sometidas al exa-
men del Excelentísimo señor don José Bernardo Couto y de
los señores don Manuel Carpio y don José Joaquín Pesado,
las 26112

composiciones poéticas que se presentaron a esta
Secretaría en virtud de la convocatoria publicada el 12 de
noviembre último, ha sido calificada de mayor mérito la si-
guiente, de que resultó ser autor, al abrir el pliego cerrado que
llevaba su epígrafe, el señor don Francisco González Boca-

110

http://www.am.com.mx/sanfco/nota.asp?ID=24944

111

El 25 de abril de 1853, Santa Anna había decretado la Ley de Imprenta, o Ley
Lares, en la que se señalaban “como escritos subversivos los impresos que
atacaran o se dirigieran a destruir las bases para la administración pública o que
atacaran al Supremo Gobierno, a sus facultades y a los actos que ejerciera en
virtud de ellas; los que insultaran el decoro del Supremo Gobierno, del Consejo
o de cualquier autoridad “superior o inferior” y, por supuesto, los contrarios a la
religión católica” El liberalismo mexicano. Tomo II. Jesús Reyes Heroles. FCE.
México. 1994. pp. 398 y 400-401.

112

Nótese que después se supo que los participantes habían sido 25, y no 26 como
se había dicho. La razón de ello es que se envió una composición del sacerdote
don Andrés Davis Bradburn sin su consentimiento, éste así lo informó por
medio de una carta que publicó el periódico “El Siglo XIX”, el 29 de diciembre
de 1853. Es interesante hacer notar que dicha composición había sido enviada
con “carácter de anónima”. Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, p. 45.

83

negra.113

Y habiéndose conformado su Alteza Serenísima,
el General Presidente con el parecer de la Comisión Califi-
cadora, se hace saber al público, con arreglo a la referida con-
vocatoria, para que los compositores de música que deseen
oponerse al premio ofrecido a la composición que obtenga
la aprobación de la Junta, que se nombre para el caso, dirigir
sus obras a esta Secretaría dentro de sesenta días contados
desde esta fecha; bajo el concepto de que dichas obras debe-
rán venir anónimas y acompañadas de un pliego cerrado en
que conste el nombre de su autor, marcando en la cubierta
alguna contraseña que dé a conocer la obra a que correspon-
de. México: febrero 3 de 1854.- M. Lerdo de Tejada.
De inmediato, el también poeta y la vez impresor don Vi-
cente Segura Argüelles, gran amigo del triunfador, hizo la
primera edición de la letra del canto cívico, la cual llevaba
una dedicatoria y una carta escritas por el autor al Presidente
de la República, Antonio López de Santa Anna;114

se distri-
buyó al público durante el transcurso de ese mismo mes. Los
talleres donde se imprimió por primera vez el himno se en-
contraban instalados en la calle de la Cadena No. 10.
No se sabe en dónde quedó el autógrafo del Himno, pues
éste “[…] se envió a la imprenta sin restituirlo después a su

113

“González Bocanegra se dio a la tarea con un empuje ardoroso, y es, el hecho
que no tuvo dificultad para dar cima a su hazaña, dando un golpe magistral
cuando incluyó este verso que halagaría a los señores miembros del Jurado
Calificador: “Del guerrero inmortal de Zempoala te defiende la espada invenci-
ble”, o, en otros términos, el señor Presidente general Antonio López de Santa
Anna, quien era el factótum de la situación, y claro, no se disgustaría, porque su
nombre apareciera en tan honrosa forma aludido”. Celebración del grito de Inde-
pendencia. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexica-
na, p. 161. Además, en el Decreto del 12 de noviembre de 1853, Santa Anna
había declarado “Libertador a don Agustín de Iturbide y a su descendiente
[ordenó] se le hiciera miembro del Consejo de Estado”. Jesús Reyes Heroles Op.
Cit., pp. 400-401, de ahí que también le haya gustado que en el Himno se
dijera: “del bravo adalid”, para referirse a Agustín de Iturbide.

114

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, p. 50.

84

expediente para conservarlo así y transmitirlo a la posteri-
dad”.115

Algunos de los nombres de los demás participantes en el

concurso116

son: José María Esteva, José María Monroy, Félix
Romero, Félix María Escalante, Francisco Granados
Maldonado, José Rivera y Rivera, Francisco Villalobos y José
Rivera y Río.117

Llegó el miércoles 17 de mayo de 1854, día en que se
celebraba el regreso de Santa Anna a la Capital, después de
una infructuosa campaña contra los partidarios del Plan de
Ayutla;118

las dos compañías de ópera, que en ese momento
actuaban en la ciudad de México, quisieron homenajearlo.
La Compañía en que cantaba Enriqueta Montoya le ofre-
ció, en el Teatro Santa Anna,119

una brillante función en la
que fue cantado un himno nacional musicalizado por Juan
Bottesini,120

que en ese entonces era el director de la Com-
pañía de Opera Italiana “René Masson”, basado en la com-
posición de González Bocanegra; pero el efecto que tuvo no
fue el que se esperaba. Para el siguiente día, pero ahora en el
Teatro Oriente, el programa era: “obertura de la ópera
Guillermo Tell, de Rossini; canto el Himno a Santa Anna con
letra de González Bocanegra y música de José Nicolao; re-
presentación de los dos primeros actos de la ópera Lucrecia

115

Ibid., p. 50.

116

Como se puede apreciar, no se quemaron las identificaciones (plicas) de los
demás concursantes.

117

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, p. 46.

118

En la batalla de Acapulco.

119

Este teatro fue inaugurado en febrero de 1844, en la calle de Bolívar, posterior-
mente se llamó Gran Teatro Nacional. Fue demolido en 1901 para prolongar la
avenida Cinco de Mayo. Ibid., p. 50.

120

También se ejecutó la obertura de la ópera Nabucodonosor, de Verdi, y la ópera La
hija del Regimiento, de Gaetano Donizetti. Ibid., p. 35.

85

Borgia, de Donizetti y algunos números sueltos”.121

Poste-
riormente, se programaron otras dos interpretaciones con
música de Bottesini y Luis Barragán para los días 11 y 27 de
septiembre respectivamente, fechas conmemorativas del
triunfo contra la invasión de Barradas en Tampico, y la rela-
tiva a la entrada del Ejército Trigarante en la ciudad de Méxi-
co en 1821.

Acto seguido, se procedió a llevar a efecto el certamen
para musicalizar el poema, prolongándose su resultado por
causas diversas hasta el día 12 de agosto,122

en que fue decla-

rado triunfador123

por el jurado formado por don José Anto-
nio Gómez, don Tomás León y don Agustín Balderas,124

el

compositor identificado solamente con las iniciales J.N.125

y

el epígrafe “Dios y Libertad”,126

por lo que al publicarse el
resultado en el Diario Oficial, dos días después, se solicitaba
la aclaración respectiva del autor: “No pudiéndose saber por
las contraseñas quién sea el autor [se referían a la música] el
Excmo. Ministro ha acordado que se publique este aviso para

121

Ibid, p. 36.

122

Aunque la fecha oficial fue hasta el día 13 de agosto de 1854, Ibid, p. 50.

123

De un total de 15 participantes en el concurso, Ibidem.

124

“José Antonio Gómez era un erudito compositor que había escrito dos misas y
muchos motetes, además de una teoría musical que, por lo extenso de sus
respuestas, fue relegado al olvido, y se le conocía como organista de la Catedral
de México; respecto a Agustín Balderas, se trataba de un pianista de mérito y
magnifico acompañante y fundó el Conservatorio de Música; y en cuanto a
Tomás León, fue uno de los fundadores de la Sociedad Filarmónica, y en su casa
se reunían más tarde los estudiosos que veían en él a un virtuoso del piano y a
un selecto musicógrafo”, Ibid., pp. 162-163.

125

El Jurado Calificador declaraba que se habían encontrado en dicho texto musi-
cal “más originalidad y energía, mejor gusto, y, por decirlo así, más popularidad,
reuniendo a esta circunstancia la de su sencillez y buen gusto. Notamos con
sentimiento añadir que no lo hayan instrumentado; pero esto, por supuesto que
no ha sido requisito para su presentación, lo podrá hacer su mismo actor”., Ibid.,
p. 163.

126

El pliego, o sobre, en el que estaba el escrito sólo tenía la contraseña número 10.

86

que se presente en esta Secretaría la persona que haya com-
puesto dicho Himno, a manifestar su nombre, comproban-
do debidamente ser el verdadero autor.- México, agosto de
1854”. 127

El mismo día, 12 de agosto, se presentó el señor Jaime

Nunó128

en la Secretaría de Fomento para acreditar su pater-
nidad autoral de la composición premiada y como la Junta
Patriótica deseaba que el Himno Nacional se estrenara el
siguiente mes de septiembre (por motivo de las fiestas na-
cionales), se solicitó al autor que instrumentara y editara por
su cuenta las primeras partituras, lo que realizó con oportu-
nidad, entregando el día 6 de septiembre, los primeros ejem-
plares para las bandas militares,129

los cuales habían sido
impresos por la casa Murguía, establecida en el edificio que
ahora corresponde a la calle 16 de septiembre No. 54. Jaime
Nunó entregó a la Plaza Mayor del Ejército, 260 ejemplares
y 10 a la Dirección de Artillería, al precio de tres pesos cada
uno.

El mismo día 6 de septiembre de 1854, Don Leandro
Estrada, presidente de la Junta Cívica, anunció el programa
para las festividades de ese mes: “Día 15 a las 7 de la noche,
la Junta Cívica se reunirá en el Gabinete del Gobierno del
Distrito, se dirigirá al Teatro de Santa Anna, seguida de una

127

Ibid., p. 162.

128

De Jaime Nunó, el periódico El siglo XIX, en 1852, decía: “D. Jaime Nunó. Así
se llama un músico español que ha venido en el último paquete, que toca
instrumentos y que, según se dice, es una verdadera notabilidad” Ibidem, p.
163. Al respecto, nótese que “Fue designado triunfador del concurso musical el
reaccionario compositor español, Jaime Nunó, a quien el propio gobernante
[Antonio López de Santa Anna] había traído consigo tras su destierro en la isla
de Cuba”. Enrique Ávila Camacho & Efraín Gracida Camacho. Calendario
cívico escolar (y algunas fechas olvidadas). Ediciones Quinto Sol. México. 1990. p.
133.

129

El 31 de agosto se le informó al Ministro de Guerra, se sirviera comunicar a
todas las bandas militares sobre el Himno Nacional, remitiéndoseles un ejem-
plar, el precio de dichos ejemplares lo fijó Jaime Nunó por órdenes del mismo
Ministro.

87

compañía de granaderos de Infantería con música. Luego
que lleguen SS. AA. SS. se cantará allí el Himno Nacional;
se pronunciará la arenga cívica por el S. D. Francisco
González Bocanegra, nombrado al efecto; se leerán algunas
composiciones poéticas, alternándose con varias piezas de
canto, que los artistas más distinguidos de la Compañía se
han prestado voluntariamente a desempeñar. Vitoreada la
Independencia en el mismo Teatro, la Junta volverá a las
casas Consistoriales y al sonar las 11 de la noche el Primer
titular presentará en el balcón principal de Palacio Munici-
pal el Pabellón Nacional, que será saludado con salvas arti-
llería, repiques, cohetes, fuegos artificiales, dianas y vítores”.130
Este programa, por razones que no se especificaron, no se
pudo llevar a cabo, correspondiéndole entonces al himno de
González Bocanegra-Nunó los días 15 y 16 de septiembre
para conmemorar el grito libertario de don Miguel Hidalgo.
Por fin, la noche del 15 de septiembre de 1854 se estrenó
el Himno Nacional en el teatro Santa Anna,131

ocasión en

130

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit, p. 51.

131

“Los palcos, de antepecho de hierro calado, que permitían la inspección íntegra
de la toaleta, eran, en realidad, venturosos escaparates que exhibían la más
deslumbrante belleza de la época. Gracia, juventud, frescura, opulencia... Todo
se ponía a la vista de los espectadores como en una vitrina... sin cristales. Era
aquello un museo de belleza y de elegancia. Las damas, con los aparatos arreos
de entonces, penetrábanse íntimamente de su papel mundano. Revestíanse de
dignidad majestuosa y eran maniquíes palpitantes que no aventuraban un
movimiento brusco, ni un gesto aturdido, ni una postura negligente. Clavadas
en la butaca mantenían, por educación o por temperamento, el armonioso ritmo
de la línea. Sus discreteos discerníanse en la más estricta dignidad; sus comen-
tarios, hechos como con pudor y casi sin moverse, reconocíanse sólo por el suave
ondular de los labios. El único movimiento ostensible, en los palcos, era el leve
vaivén de los abanicos. Entonces se lucían las finas manos, la flexible gracia de
la muñeca, la elegancia de los dedos en el varillaje y en el cintillar de los
brillantes en las sortijas. A veces los bustos se adelantaban para un decoroso
aplauso, para un saludo de etiqueta, o bien para fijar, con el impertinente la
aparición de una figura en el escenario. Así, con este leve desacomodo de la
figura, incendiábanse las brasas de los “riviéres” o saltaban, en mil chispas los
iris de los solitarios” Ibid., pp. 161-162. “Los mexicanos, selecta y solemnemen-
te reunidos, conocieron su Himno el 15 de septiembre de 1854, cuando fue

88

la que pronunció un discurso el señor González Bocanegra.
sobre este discurso la prensa de la época dijo lo siguiente:
“El discurso del Sr. Bocanegra nos parece bien escrito; pero
creemos que en vez de detenerse tanto en los acontecimien-
tos de Europa, hubiera hecho mejor narrar la guerra de Insu-
rrección o en hacer conocer el sacrificio de nuestros héroes
[…] Al fin se cantó el himno nacional del Sr. Nunó […]
Las estrofas son bonitas, nos parecieron bien escritas”.132
La orquesta, bajo la dirección del compositor maestro
Bottesini, acompañó a la primera soprano, señora Claudia
Fiorentini y al primer tenor Lorenzo Salvi, quienes entona-
ron las estrofas, participando el coro formado por toda la
compañía. Esta es la crónica del evento: “El Presidente no
asistió a la fiesta por hallarse indispuesto, la asistencia oficial
fue muy reducida; pero, en cambio, el Teatro estaba comple-
tamente lleno […] Muy bien iluminado y adornado con muy
buen gusto, tanto interior como exteriormente. Los patios
estaban llenos de luces de colores, de espejos, de naranjos y
de flores. En medio había una bonita fuente. En el interior,
se formó un salón que abrazaba todas las lunetas y gran par-
te del palco escénico, en cuyo fondo había un dosel, debajo
del cual tomaron asiento el señor Gobernador y los miem-
bros del Ayuntamiento. Los palcos estaban adornados con
las banderas nacionales, con flores y con unos bonitos can-
diles chinescos”. 133
Al día siguiente se volvió a cantar en el mismo lugar aho-
ra por la soprano señora Steffenone, asistiendo el Presidente
de la República, las autoridades nacionales y de la ciudad,
tanto civiles como militares.

cantado en el Teatro Santa Anna de la Ciudad de México”. Enrique Ávila
Camacho & Efraín Gracida Camacho. Op. cit., p. 134.

132

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit., pp. 51-52.

133

Ibidem.

89

Respecto al premio, “ni Bocanegra ni Nunó […] habían
contendido por el atractivo premio material,134

que no llega-
ron a recibir a consecuencia de la penuria del tesoro, de la
indiferencia burocrática o de las azarosas circunstancias de
los gobiernos. El poco dinero que, con tantos trámites, se
dio a Nunó, más que un premio era un acto comercial de
venta; pues él mismo, por su cuenta, litografió la composi-
ción para que, según el acuerdo del Ministerio de Fomento
del 31 de agosto de 1854, fuera vendida a las bandas milita-
res de los Cuerpos del Ejército de la República”.135
El Himno fue bien recibido por el público, pero, quizá
debido a los conflictos del país136

durante los siguientes años,
pasó casi al olvido. De hecho, no se volvieron a editar las

134

“El premio acordado en la convocatoria jamás llegó a fijarse ni mucho menos a
darse” Sólo se sabe que “Bocanegra recibió algunos libros de premio”. Incluso los
concursantes que no ganaron llegaron a obtener algo más que libros: “Lo que
son las cosas en nuestro país; mi compadre [Bocanegra], cuya composición fue
elegida, nada obtuvo; y los que fuimos desechados, sí recibimos medallas”, Ibid.,
pp. 52-53.

135

Ibidem.

136

Es importante hacer notar que la mayoría del pueblo no estaba de acuerdo con
el gobierno de Santa Anna, un ejemplo de ello: “En 1838, durante la Guerra de
los Pasteles, que Francia desató contra México, Antonio López de Santa Anna
fue herido en la pierna izquierda por un cañón cargado con metralla. Tendido
en una camilla, Santa Anna informó de lo sucedido al presidente de la Repúbli-
ca [Anastasio Bustamante 1837-1839], con desvergonzada exageración y tono
heroico. Finalmente, los médicos amputaron debajo de la rodilla. El párroco de
Veracruz, que había asistido para impartir sus auxilios al herido, se llevó la
pierna a sepultarla en Manga de Clavo, lugar en el que Santa Anna tenía su
hacienda. En septiembre de 1842 durante la sexta presidencia de Santa Anna
[fue ocho veces presidente 1834-1835; 1839; 1841-1842; 1843; 1844; 1847;
1847 (dos veces en el mismo año, con interrupción de Pedro María Anaya);
1853-1855], su pierna fue desenterrada de Manga de Clavo y sepultada con
gran boato en el cementerio de Santa Paula, por una comitiva integrada por
todos los ministros, los militares, los niños de las escuelas y los curiosos de todas
las clases sociales. Entonces, Santa Anna sustituyó su pata de palo por una
pierna postiza, calzada con bota napoleónica de lustroso charol. Durante la
Revolución de Ayutla, el pueblo exhumó y arrastró la pierna de Santa Anna, el
cual había establecido una dictadura “vitalicia y hereditaria”, que fue derrota-
da”. J. de Jesús Nieto López. Historia recreativa. Ediciones Quinto Sol. México.
1999. pp. 61-62.

90

partituras que había compuesto Jaime Nunó. Era el fin del
régimen de Santa Anna como presidente de la República,
estaba a punto de triunfar la revolución de Ayutla, iniciar la
Guerra de Reforma y la lucha contra la intervención.
Mientras tanto, González Bocanegra era invitado a parti-
cipar en actos literarios: “Ese mismo año de 1855, participa
González Bocanegra en la Distribución de premios hecha en
el Colegio Nacional de San Juan de Letrán, bajo la presidencia
del Excmo. señor ministro de Justicia, don Benito Juárez, la
noche del 21 de noviembre de 1855”.137
En los tiempos del gobierno del Presidente Juárez y pri-
mer período siguiente, se tocaba oficialmente, casi como him-
no nacional, la llamada Marcha Nacional Zaragoza,
calificada por Ignacio Manuel Altamirano como la
Marsellesa de México, compuesta por el maestro Aniceto
Ortega, la cual era ya considerada en el extranjero una de las
más bellas composiciones de aire marcial.
Posteriormente, en plena lucha entre liberales contra con-
servadores, “Al entrar el general Miguel Miramón a la capi-
tal de la República el 7 de enero de 1860, triunfador de la
batalla de Colima, tras el Te Deum en la Villa de Guadalupe
y el recorrido por las calles en carreta abierta, al final de un
suntuoso desfile de vehículos, y al presenciar desde Palacio
los fuegos de artificio, escuchó un himno en su honor, cuya
letra fue escrita por Bocanegra […] Según la versión del
Diario Oficial del Supremo Gobierno, donde se publicó este
Himno, en su edición del lunes 9 de enero, afirmaba que se
cantó en la noche del sábado en el Teatro Nacional, en la
función de obsequio al Excmo. Sr. Presidente […] con esta
dedicatoria: Al Excmo. Sr. Presidente de la República en su
entrada a Méjico, después de la campaña de Colima”.138

137

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit., p. 38.

138

Ibid., p. 40.

91

Conozcamos ahora un poco más acerca de la vida de Fran-
cisco González Bocanegra: Poeta mexicano nacido en la ciu-
dad de San Luis Potosí, el 8 de enero de 1824. Hijo de padre
español (gaditano), Sr. José María González Yánez, y Doña
Francisca Bocanegra y Villalpando, originaria de Real de Pino,
Aguascalientes; sobrino en primer grado, por la rama materna
de don José María Bocanegra, eminente diputado, político
intelectual zacatecano, que fuera ministro de Relaciones Ex-
teriores con varios presidentes, entre ellos Vicente Guerrero
y Valentín Gómez Farías, inclusive Presidente interino.
José María Bocanegra (tío de Francisco González Boca-
negra) nació en la hacienda “Labor de la Troje”, en
Aguascalientes, el 25 de Mayo de 1787. Cursó estudios de
jurisprudencia y se graduó como abogado. Fue electo dipu-
tado al Congreso en dos ocasiones: en 1822 y en 1827, así
como ministro de Hacienda. Vicente Guerrero lo llamó para
que desempeñara la Cartera de Relaciones Interiores y Ex-
teriores en 1829. José María Bocanegra atendió a los recla-
mos de las potencias europeas que pretendían una serie de
indemnizaciones por supuestos daños sufridos en el llama-
do Motín de la Acordada. En política exterior, mostró una
posición pacífica en el conflicto entre Guatemala y El Sal-
vador. También abordó la cuestión de Texas con la Ley Ge-
neral de Colonización del 18 de agosto sobre las características
de las familias que se introducirían en las nuevas Colonias.
A finales de este año ocupó la presidencia de la República de
forma Interina del 18 al 23 de diciembre, ya que fue despla-
zado por el triunvirato golpista integrado por Lucas Alamán,
Quintanar y Vélez. Más tarde, el presidente Anastasio
Bustamante lo designó nuevamente ministro de Relaciones
Exteriores en 1837 y desde ahí le tocó afrontar el envío por
parte de Francia de escuadras navales al Puerto de Veracruz.
Posteriormente ocupó el Ministerio de Relaciones Exterio-
res e Interiores con Santa Anna de 1841 a 1842; en 1843, y

92

en 1844. Cuando Nicolás Bravo ocupó la silla presidencial
continuó en ese cargo de 1842 a 1843 y, finalmente con
Valentín Canalizo fungió en ese puesto por última ocasión
de 1843 a 1844. Abarcó también la literatura, escribió la obra

Memorias para la Historia de México Independiente (1822-
1846). Murió en Aguascalientes a los 75 años de edad..
Regresando a Francisco González Bocanegra, éste emi-
gró hacia España en 1827, regresando a México en 1836.
Radicado en la capital de la República, fue, entre otras co-
sas, Administrador General de Caminos, censor de teatros y
director del Diario Oficial del Supremo Gobierno bajo la ad-
ministración conservadora de Miguel Miramón.139

Le fue-

ron publicados diversos trabajos poéticos140

(pertenecía a la
Academia de Letrán y al Liceo Hidalgo, donde se reunían
ilustres poetas de la época, además, publicaba en algunas re-
vistas literarias, especialmente en dos de Ignacio Cumpli-
do)141

antes de participar y ganar en el certamen convocado
por el gobierno mexicano para escribir la letra del Himno
Nacional Mexicano.
Después de la batalla de Calpulalpan en la que fue derro-
cado el gobierno de Miramón, el 22 de diciembre de 1860, y

139

De hecho, Francisco González Bocanegra estuvo “constantemente afiliado al
partido conservador” Ibid., p. 62.

140

Aunque le interesaban las letras, a Bocanegra “no le gustaba la música; por lo
que su esposa, pianista notable, tuvo que abandonar su instrumento después
del matrimonio. Se cuenta que cierta vez que Elisa [como él le decía] tocaba el
piano mientras su marido regresaba del trabajo, fue sorprendida por el poeta
quien, un tanto molesto, tomó la llave y cerró el piano, que cerrado quedó, sin
que haya noticias de su reapertura. Ninguna de las hijas aprendió música, tan
indispensable y tradicional en las jóvenes de entonces; y aún después de muerto
don Francisco, cuando la admirable viuda tuvo que abrir un modesto colegio
para enfrentarse a la educación y manutención de la familia, no quiso enseñar
música, fiel al gusto y al recuerdo del poeta” Ibid., pp. 57-58.

141

Ibid,, p. 41.

93

creyendo que iba a ser perseguido por su filiación conserva-
dora, además del puesto oficial que tenía a su cargo, Bocane-
gra se refugió el 25 de diciembre, fecha en que repicaron
todo el día las campanas anunciando la entrada de los ven-
cedores, en el sótano de la casa de un tío materno, el licen-
ciado José María Bocanegra, “de donde salía por las noches,
disfrazado nada menos que de indio, para visitar a su familia
que vivía a media calle, en Santa Clara número 6, donde
había escrito el Himno Nacional”.142

Al respecto, un des-
cendiente suyo opinó: “La situación del escondite, la fre-
cuencia de las salidas y sobre todo la transparencia de tal
disfraz -un indio de calzón blanco que usa perilla rubia y
melena romántica, y tiene ojos azules, y se mueve con ele-
gancia de aristócrata, y sale de una residencia del corazón de
la ciudad para entrar a otra, a media calle, la cual, ¡qué casua-
lidad!, es la del poeta Bocanegra, ampliamente conocido-,
me han hecho pensar siempre que la persecución en contra
de mi bisabuelo no fue muy enconada”.143
La casa estaba situada en la esquina de San José el Real y
Santa Clara, hoy Isabel la Católica y Tacuba, a corta distan-
cia del lugar donde compuso el Himno, pues creía estar sen-
tenciado a morir,144

en ese lugar enfermó gravemente de tifo,
falleciendo el 11 de abril de 1861 a los 37 años de edad.

142

Ibid., p. 65.

143

Ibidem.

144

La razón de ello, es que en 1860, González Bocanegra compuso un himno más,
esta vez en honor de Miguel Miramón. “Al entrar a la República, en los festejos
en su honor, se canta un himno cuya letra escribe Francisco González Bocane-
gra, el mismo poeta del Himno Nacional dedicado al “Excelentísimo señor Pre-
sidente de la República don Miguel Miramón, en su entrada a México, después
de la batalla de Colima” ; he aquí un fragmento (en los anexos se puede leer
completo): Gloria, gloria al invicto guerrero / de la Patria defensa y honor... / De
Colima en las altas montañas / y en los campos también de la Estancia / de vil turbia la
necia arrogancia / con su espada en el polvo la hundió... / ¡Miramón! De la Patria
doliente eres tú la esperanza más bella como luz que apacible destella anunciando feliz
porvenir... / Gloria, gloria al invicto guerrero..”. Islas García, Luis. Miramón caba-
llero del infortunio. 2ª. edición. Figuras y episodios de la historia de México. Edi-

94

Cuando falleció, los periódicos apenas si dedicaron alguna
nota al respecto:

El Movimiento: “El día 11 en la noche falleció, a conse-
cuencia de la fiebre tifoidea, el Sr. D. Francisco González
Bocanegra, escritor que fue del Diario Oficial en tiempos
de Miramón. Séale la tierra leve”.145

El Amigo del Pueblo: “Escribió algunas obritas que le die-
ron lugar entre los literatos”.146

La Prensa: “Entendemos que el malogrado joven deja in-
éditos algunos trabajos de importancia, entre ellos, dos o
tres comedias y un Canto a Colón”.147

El Siglo XIX (que tomó la nota de El Monitor Republica-
no): “Defunción. Leemos en El Monitor, ha fallecido en
esta capital, el Sr. D. Francisco González Bocanegra, des-
pués de una corta enfermedad. Era uno de los jóvenes
poetas que mayores esperanzas ofrecía para el porvenir.
Algunas de sus composiciones eran muy elogiadas; y su

torial Jus. México. 1957. p. 87. Miguel Miramón fue presidente de México de
1859 a 1860, por parte de los conservadores, aunque, en ese mismo año,
también gobernó México por parte del mismo partido, José Ignacio Pavón,
reincorporándose de nuevo el general Miguel Miramón también en 1860; mien-
tras que por parte de los liberales, era Benito Juárez quien gobernaba en ese
entonces al país (de 1858 a 1872). Por eso el himno González Bocanegra-Nunó
fue rescatado hasta las postrimerías del porfiriato, cuando en 1910, con motivo
de las fiestas del Centenario de la Independencia, el himno se cantó en los actos
oficiales, suprimiendo, según órdenes del gobierno, que se cantaran las estrofas
IV y VII [hoy 7 y 13] porque en éstas se hacía alusión al “inmortal guerrero de
Zempoala” (Antonio López de Santa Anna) y al bravo adalid (Agustín de
Iturbide).

145

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit., p. 66. Nótese que no se anotaba que él era
el autor del Himno Nacional

146

Ibidem.

147

Ibidem.

95

primer drama fue bastante aplaudido en el teatro. Era un
joven de muy finos modales y de bastante instrucción que,
por circunstancias que nunca comprendimos, se filió en
un partido al cual nunca debió pertenecer. Deja una viuda
y algunos hijos de muy tierna edad, para quien pedimos al
cielo consuelo en su inmenso dolor”.148

Fue sepultado en el panteón de San Fernando hasta que, en
1942,149

fueron removidas sus cenizas a la Rotonda de los
Hombres Ilustres en la Ciudad de México. Es interesante
observar que, con motivo del traslado de su cuerpo “el Secre-
tario de Educación Pública, licenciado Octavio Véjar Vázquez
acordó pagar los premios adeudados, desde hacía 88 años, a
los descendientes de los ilustres artistas, en una sencilla ce-
remonia, el 13 de octubre de 1942, en el Salón de Acuerdos
de la propia Secretaría de Educación Pública; al mismo tiem-
po que se determinó otorgar la nacionalidad de mejicanos a
los hijos de Nunó, don Jaime y doña Cristina, y colocar una
placa conmemorativa en la casa donde murió Bocanegra, en
la calle de Tacuba número 36 de la ciudad de Méjico”.150
Por su parte, el señor Jaime Nunó, músico español, nació
en San Juan de las Abadesas, Provincia de Gerona, España,
el 8 de septiembre de 1824 (en algunas biografías aparece el
año de 1825). Estudió composición en Barcelona y en Italia.
En 1851 fue nombrado director de la Banda de Música de la
Reina de España, en Cuba, donde vivió durante dos años, al
cabo de los cuales se trasladó a México contratado por el
gobierno como director de Bandas Militares por ser mag-

148

El Siglo XIX, Méjico, 13 de abril de 1861, p. 3, col 5, 6ª época, año 21, t. I,
núm. 89. Cfr. Ibid., pp. 66-67.

149

Ya en 1901, la escritora Emilia Beltrán, había publicado en El Tiempo que los
restos de Francisco González Bocanegra debían ser honrados, por lo que debe-
rían trasladarse a un mejor sitio.

150

Juaquin Antonio Peñalosa, Op. cit., p. 53.

96

nífico compositor y especialista en instrumentos de latón,
cuya introducción se estaba iniciando en México. En aque-
llos días, el señor Nunó había tenido serios conflictos por el
excesivo apoyo que le daba el Presidente para imponerlo como
director del conservatorio que pretendía fundar, además del
nombramiento que le había otorgado en el Ejército Mexica-
no (director de Bandas Militares). Por esa razón, el señor
Nunó que vivía en compañía del también catalán don Nar-
ciso Bassols, destacado guitarrista, en la calle de Zulueta No.
4, le pidió a su paisano que copiara la música y la entregara
en el Ministerio de Guerra, para que de ahí la enviaran al
jurado. Así participó y ganó el concurso de composición del
Himno Nacional, antes de mudarse a los Estados Unidos.
En los años de la década de los ochenta (siglo XIX), la casa
editora de música H. Nagel Sucesores volvió a imprimir el
Himno Nacional de González Bocanegra-Nunó para piano
con lo que logró buenos resultados comerciales. En 1899 la
casa Wagner y Lavien editó las instrumentaciones prepara-
das por el maestro Susano Robles, que ya incluían las parti-
turas para banda y la de piano y canto. Unos mexicanos que
visitaban la feria mundial de Búfalo, en Nueva York, se en-
contraron ante un anuncio que decía: “Jaime Nunó-Estu-
dio”, gratamente sorprendidos penetraron al edificio y
llamaron a la puerta indicada, la que abrió un anciano de
cabeza blanca. Emocionados escucharon que era el maestro
Jaime Nunó, autor de la música de nuestro Himno y de in-
mediato le manifestaron su reconocimiento el 2 de julio de
1901 en la casa No. 78 de la Avenida Delaware. Volvió a
México en 1901, invitado por Porfirio Díaz, y en 1904, para
el 50 aniversario del Himno Nacional. Murió en Bay City,
Nueva York, (algunos autores dicen que murió en
Aubuendale, barrio de Bayside, Municipio de Queen, lugar
cercano a Manhatan, en los suburbios de Nueva York, y que
su cuerpo embalsamado fue sepultado en Búfalo) Estados

97

Unidos, el 8 (en algunas biografías aparece el día 18) de julio
de 1908. En 1942, se trasladaron sus restos a la ciudad de
México, al mismo tiempo que eran exhumados los de Fran-
cisco González Bocanegra. Las urnas que contenían sus res-
tos fueron expuestas en la Plaza de la Constitución y de ahí
se les trasladó hasta la Rotonda de los Hombres Ilustres,
siendo sepultados uno al lado del otro.
Días después de haberse realizado la ceremonia de home-
naje a los restos de los señores González Bocanegra y Jaime
Nunó, el Presidente de la República, General Manuel Ávila
Camacho, emitió un acuerdo por el cual se declaraba de uso
oficial el Himno Nacional, siendo obligatoria su difusión en
la escuelas de todo el país, bien fueran del gobierno o parti-
culares, sin importar el nivel académico que impartieran.
Además se regulaba su canto y ejecución y, sobre todo, se
prohibía que se tocara en sitios inadecuados o en actos en
donde no se le diera un marco de respeto y solemnidad. Las
características de los modelos utilizados se basaron en el dic-
tamen preparado por los maestros Julián Carrillo y Manuel
Barajas, así como el historiador, entonces teniente coronel,
Manuel de J. Solís Andoaga.
El maestro Carrillo, en el año de 1922, había efectuado
una encuesta a nivel nacional con el fin de encontrar los
documentos originales de las primera partituras del Himno
preparadas por don Jaime Nunó, logrando encontrar en
Saltillo, Coah. un ejemplar de la primera edición de la músi-
ca impresa por la casa Murguía en 1854, la cual había sido
litografiada por Iriarte. Dicho ejemplar fue donado al Mu-
seo Nacional de Historia donde se conserva.151

151

Cfr. Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales. Comisión nacional para
las celebraciones del 175 aniversario de la Independencia Nacional y 75 aniver-
sario de la Revolución Mexicana. México, 1985. pp. 22-34.

98

A continuación, y con el fin de tener una idea acerca del
recibimiento del Himno Nacional en los estados de la Re-
pública, presentamos el caso de Querétaro.

La primer vez que se cantó el Himno Nacional Mexicano
en Querétaro en el Teatro Iturbide (hoy de la República)152

Fue enviado a Querétaro el texto del Himno y la partitura
de su música, inmediatamente después de haber sido apro-
bada ésta, para que fuera estrenado en septiembre con moti-
vo de las fiestas patrias.
Faltaba poco tiempo para la celebración patriótica y el [en-
tonces] Gobernador coronel Ángel Cabrera, quien había
sustituido al anterior, dispuso que se encargase de la organi-
zación del magno acontecimiento Don Luciano Frías y Soto,
notable periodista, amante de la poesía y con grandes facul-
tades para la tarea teatral.
Con inusitado entusiasmo preparó el estreno del Himno
Nacional Don Luciano Frías y Soto, encomendando la eje-
cución del mismo a la orquesta que dirigía el maestro Don
Bonifacio Sánchez, quien puso todo su empeño para que la
ejecución de la marcial obra fuera todo un acontecimiento.
Anunciado que fue el estreno un público entusiasmado
por anticipado se apresuró a concurrir al acto y agotó total-
mente las localidades del Teatro153

. A tal grado que fue nece-

152

Con el fin de analizar la versión “oficial” (por haber sido Ramírez Álvarez
cronista de la ciudad de Querétaro), es que tomamos el siguiente texto del libro
Teatro de la República, de José Guadalupe Ramírez Álvarez. Ediciones del Go-
bierno del Estado, segunda edición. Querétaro. 1975. pp. 38-40.

153

Es importante aclarar que “la gente humilde por lo regular sólo tenía cabida en
el Teatro de la Media Luna [el cual se cerró en alrededor de 1880], que era
donde se llevaban a cabo los bailes de carnaval, las posadas, y donde actuaban
los artistas más modestos, sobre todo compañías de aficionados locales, lo que
hacía accesibles los costos de entrada. Dicho recinto se encontraba en la calle
de Arteaga (antigua de Huaracha), y fue el primero de esa naturaleza que hubo

99

sario colocar sillas en los pasillos, que fueron traídas de las
casas cercanas al Teatro154

para dar cabida a la mayor canti-

en la ciudad” Valentín F. Frías. Las calles de Querétaro. Gobierno del Estado de
Querétaro/Presidencia Municipal. 1995. p. 64. “También se le llamó Coligallo
debido a que se le utilizó para peleas de gallos y actos de acrobacia. Las funcio-
nes en la Media Luna se anunciaban mediante un letrero iluminado por una
farola, que se colgaba al centro de la calle sostenido por una reata. En un
callejón estrecho y obscuro que daba acceso al teatro se colocaba una mesa en
donde se expendían los boletos; y al final del callejón había un pequeño mostra-
dor con bebidas, ésta era la “cantina”. Algunos parroquianos solían tomar
rompope antes de entrar al recinto; y durante los entreactos de las obras, salían
a la puerta principal a fumar y a comer fiambres […] en un círculo rodeado de
una valla de blanca madera de poca altura; indispensable para los careados a la
balanza, como dicen los galleros. En contorno, dejando sólo la parte destinada
al escenario, se levanta una gradería con toscas divisiones de tabla a cuyos
departamentos se les da el pomposo título de palcos. En el círculo antes dicho
se ponen hileras de pequeñas bancas, a cuyos asientos también se les llama con
garbo lunetas. El techo es cónico, de madera, todo con enjarre de mezcla,
teniendo en su remate una esfera con una media luna. El alumbrado en general
es […] cazuelejas de barro alimentadas de grasa, y el cual no pocas veces
ensucia los lindos trajes de la nata de las damas […] El telón de boca es un
lienzo pintado (si así puede decirse) pésimamente, representando dos figuras:
la Comedia y la Tragedia, cada una en un extremo”. Valentín F. Frías.Leyendas
y tradiciones queretanas. Universidad Autónoma de Querétaro. 1990. Primera
serie. pp. 124-125.

154

“A diferencia del teatro de la Media Luna, el ambiente del Teatro Iturbide,
actual Teatro de la República, era muy formal. A este recinto de dos mil
localidades inaugurado en 1850, acudían las más reputadas familias de la ciu-
dad de Querétaro. Los espectadores tenían su propio ritual de cortesía; a su
llegada [al teatro], los caballeros asistentes, ataviados con elegantes trajes de
color obscuro, se situaban en la puerta central formando una fila hasta la
entrada a los palcos y plateas para recibir y saludar quitándose el sombrero a las
señoras que iban entrando; acción que repetían al concluir el espectáculo.
Parte integral del ambiente teatral era también la venta de bocadillos. A la
orilla de la banqueta del frontispicio del teatro, se situaban unas tres o cuatro
mesas en donde se vendían las entonces famosas frutas de horno, que consistían
en pastelería, polvorones, etc., alumbradas con sendas lámparas humeantes
alimentadas con petróleo y guarecidas del viento por llamémosle pantallas de
papel” Documentos para la historia de Querétaro. Efemérides queretanas coleccionadas
por...José Rodríguez Familiar. Tomo I. 1870-1887. Querétaro. Imprenta
Salesiana. 1973, pp. 236-237. Citado por Lisette Griselda Rivera Reinaldos en:
“Diversiones públicas y esparcimiento social en la ciudad de Querétaro durante el
Porfiriato”, Querétaro interpretaciones de su historia. Cinco ensayos. Universidad
Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Instituto de Investigaciones Históri-

100

dad posible de concurrentes.155
Por vez primera, el Teatro sería escenario de un aconteci-
miento cívico sin precedente.
Y conscientes los organizadores del acto de lo que estaba
ocurriendo, dispusieron el Teatro adecuadamente.
Los colores nacionales cobraron vida en las coronas de
flores que fueron distribuidas convenientemente para un
mayor lucimiento; dieron al Teatro no sólo la hermosura de
sus colores sino también un ambiente fresco que estallaba
en aromas.

Se prepararon hermosas banderas de seda que entrelazadas
debidamente con las coronas de flores daban al Teatro un es-
pléndido ornato que provocaba la emoción al contemplarlo.
La iluminación no fue menos fastuosa, pues se distribu-
yeron en todo el Teatro lámparas especiales para que el oro y el
carmesí predominantes en la decoración fuera marco suntuoso
de los colores nacionales que en todo el Teatro refulgían.
Conocidos los preparativos por el público, la espera del día
conmemorativo de la iniciación de la Independencia de Méxi-
co se hacía más apremiante y todos querían ya vivir el emocio-
nante momento de vitorear a la Patria, sobre todo de escuchar
el que prometía ser un estruendoso, un estremecedor, un vi-
brante Himno Nacional.
Por fin llegó la anhelada noche del 16 de septiembre de

1854.

Acudió el público en cantidad muy superior a la capaci-
dad del Teatro; se ocuparon todos los sitios disponibles y aún
muchos concurrentes quedaron de pie.

cas. México, 1998, pp. 203-204. Se incluyó esta cita en el presente libro,
porque aunque se refiere a la época del porfiriato, nos permite acercarnos un
poco a cómo era la situación del Teatro Iturbide, en el siglo XIX.

155

“El teatro se convertiría en punto de reunión de la sociedad queretana y de las
familias acomodadas de otras poblaciones. Y también del pueblo en quien late
con más vigor el sentimiento patriótico” Alberto Trueba Urbina. El Teatro de la
República. Ediciones Botas. México. 1954. pp. 52-53.

101

En el pórtico del Teatro fue esperado el Gobernador Don
Antonio Cabrera, quien fue recibido por el organizador de la
ceremonia y a quien acompañaba una distinguida represen-
tación del pueblo queretano.
Introducido al vestíbulo, el Gobernador escuchó la mar-
cha ejecutada por una banda ahí colocada con la que se le
honraba.156

En llegado el Gobernador ocuparon sus asientos los titu-
lares de los poderes del Estado, colocados en el foro.
Comenzó así la velada histórica en que se iba a escuchar
por primera vez en Querétaro, estremeciendo hasta lo más
profundo de su ser a los que lo escucharan, el Himno Nacio-
nal.

Alzáronse las sonoridades de los instrumentos musicales
y formaron en su armonioso conjunto el magnífico obse-
quio artístico que fue la obertura con que realmente se daba
principio a la velada.
Dedicando una parte de la misma al arte lírico, se escu-
charon bellísimas composiciones poéticas de circunstancia
y extraordinarias piezas oratorias que estremecieron a los
concurrentes arrancándoles los más estruendosos y grandes
aplausos.

156

Como se ha visto hasta aquí, era costumbre durante el siglo XIX, componer y
ofrecer poemas y marchas a los principales generales y presidentes. “En 1854,
escritores conservadores y afectos a Santa Anna escriben elogios grandilocuentes
al dictador: Del guerrero inmortal de Zempoala / te defiende la espada terrible,
/ y sostiene su brazo invencible / tu sagrado pendón tricolor [que formara parte
del Himno González Bocanegra-Nunó]. Ese mismo año Guillermo Prieto pu-
blica en su libro Viajes de orden suprema, los primeros versos de la “Marcha de los
cangrejos”, que sin duda alude a Santa Anna: De lo alto del palacio / soldado
matasiete, / poniéndose un bonete / se le escuchó exclamar: / ¡Cangrejos para
atrás. Esta marcha es un himno satírico que se canta durante décadas para
molestar a los conservadores, y su éxito es tal que será la canción más difundida,
copiada y parodiada del inmenso repertorio del cancionero liberal […]. He
aquí, a manera de ejemplo, el coro: Cangrejos, al combate, / cangrejos, a com-
pás; / un paso pa (sic) delante, / doscientos para atrás. Rafael Barajas (El
Fisgón). La historia de un país en caricatura. Caricatura mexicana de combate 1829-
1872. CONACULTA. FCE. México. 2000. pp. 357-358.

102

De sorpresa en sorpresa fueron los concurrentes; ahora
contemplaron un espectáculo maravilloso que evocaba la
aventura existencial de pueblos hermanos que aunque aleja-
dos de nosotros por la geografía se encontraban muy cerca
por razones del corazón: un lindo de lindas muchachas
queretanas se presentó, cada una de ellas ataviada con el tra-
je típico de la nación cuya bandera enarbolaban sus manos.
En ágiles, rítmicos, juveniles movimientos formaron un
círculo dejando al centro a la más linda de entre todas las
abanderadas, vestida con el traje que se consideró más típico
para representar la mexicana157

recibió el Gobernador la ban-
dera nacional que tomándola, de las manos delicadas y re-
presentativas de la femineidad mexicana recibió el
Gobernador la bandera nacional, que tomándola la levantó
ante la multitud de pie; la tremoló vigorosa y
acompasadamente, propiciando el que un rumoreo entusiasta
ascendiera del patio del Teatro, bajara de las localidades altas
para confundirse en una sola oblación a la patria.
A una señal del Gobernador cesó el rumoreo y alzando la
voz el mandatario vitoreó a la Independencia y a sus Hé-
roes.

¡Viva la Independencia de México!
¡Viva la Corregidora de Querétaro!
¡Viva el Cura Hidalgo!
¡Viva Ignacio Allende!
¡Viva México!158

157

Alberto Trueba Urbina le llama en dos ocasiones “nuestra Malinche”, op. cit., p.
53. Y, sobre este personaje, Margo Glantz (compiladora) afirma que: “La
Malinche, para usar el nombre más común, ha sido llamada la “madre de la
nación mestiza”. Mitos nacionalistas e identidades étnicas. CONACULTA. UNAM.
Plaza y Valdez. México. 2001. p. 187; La Malinche: sus padres y sus hijos. Facul-
tad de Filosofía y Letras. México. UNAM. 1994. Citado en: Natividad Gutiérrez
Chong, Op. cit., p. 196.

158

Es de notar que en otras partes del país, también se celebraba la Independencia
de México, como es el caso de Guadalajara, pero a diferencia de Querétaro, en

103

Cada invocación era seguida de estrepitosos vivas y calu-
rosos y nutridos aplausos que al final crecieron, llegando a
una ovación ensordecedora.

aquella no se ensalzaban las figuras de la Corregidora de Querétaro, ni la de
Hidalgo, ni la de Allende, ni el recién creado Himno Nacional; antes bien,
siguiendo la línea conservadora, se le daba todo el crédito a Agustín de Iturbide:
“Impulsado irresistiblemente por un sagrado deber hacia mi país y en justa
obediencia a la primera autoridad militar y civil, que tan dignamente rige a
nuestro Departamento, me presento en este sitio sobrecogido de justísimo
temor; porque estoy plenamente convencido, de que me escuchan personas de
profundo saber y buen discernimiento […] día cuyo gratísimo recuerdo nos
obliga en esta festividad a la par nacional y religiosa, con el alma inundada de
alegría, de placer y gratitud, a postrarnos adorando la bondad y altísimos desig-
nios del Eterno, y a tributar a su instrumento, el ínclito Iturbide, todo nuestro
respeto, todo nuestro amor. […] D. Agustín de Iturbide, aquel hombre verda-
deramente providencial, no solamente llevó a cabo feliz nuestra emancipación
de la antigua madre-patria, sino que con admirable previsión nos señaló la
senda directa, fácil y segura que nos conduciría a ver realizadas las dulcísimas
esperanzas de ventura y de grandeza que infundió en todos los corazones el acto
solemne y majestuoso de nuestra instalación nacional. Oíd: Mejicanos, nos decía,
“ya estáis en el caso de saludar a la Patria independiente como os anuncié en Iguala: ya
recorrí el inmenso espacio que hay desde la esclavitud a la libertad... ya sabéis el modo de
ser libres, a vosotros toca señalar el de ser felices... yo os exhorto a que olvidéis las palabras
alarmantes y de exterminio, y sólo pronunciéis Unión y Amistad Íntima... la unión
general es la única base sólida en que puede descansar nuestra común felicidad... no os
pido otra cosa, que lo que vosotros mismos debéis pedir y apetecer; unión, fraternidad,
orden, quietud interior, vigilancia y horror a cualquier movimiento turbulento. La
naturaleza nada produce por vosotros, sino por grados intermedios. El mundo moral,
sigue las reglas del mundo físico […]. Que este día, señores, solemne porque en él
nació nuestro gran LIBERTADOR, y glorioso porque en él conquistó nuestra
INDEPENDENCIA […]. Mario A. Aldana (Selección e introducción). Inde-
pendencia y nación. Discursos jaliciences del siglo XIX. 1841-1871. Edición conme-
morativa. 175 Aniversario de la Independencia Nacional. IES/Universidad de
Guadalajara. Guadalajara. 1985. pp. 107-117. Años después, al morir Benito
Juárez, “en la mañana del día 19 de julio de 1872, los habitantes de la ciudad
de México despertaron ante el rugir de la artillería seguida de cañonazos cada
cuarto de hora para señalar la muerte del Jefe de Estado”. Charles A. Weeks. El
mito de Juárez en México. Traducción de Eugenio Sancho Riba. Editorial Jus.
México. 1977. p. 31. Ante esto, “La prensa conservadora y católica reaccionó al
interpretar el asunto como hostil hacia los católicos, es decir, -dijo un periódico-
, a la gran mayoría de la nación, y celebrar a Agustín de Iturbide, que había
muerto el 19 de julio de 1824. El Nacional anunció que aunque aceptaba que
Juárez era una figura de importancia debida a la clara naturaleza anticatólica
de los procedimientos. ”La manifestación de Juárez”, El Nacional (10 de julio de
1887). La Voz de México, el diario católico de mayor importancia en la Capital,
fue más allá al decir que los mexicanos deberían honrar a Iturbide, por haber

104

En este ambiente de fervor patriótico un numeroso grupo
de niños preparados para el efecto comenzó a cantar con
voz dulce.

Mexicanos al grito de guerra
el acero aprestad y el bridón;
y retiemble en sus centros la tierra
al sonoro rugir del cañón.
Estas voces eran sostenidas hábilmente por la orquesta que
las elevaba a los más alto de la realización estética de una
obra tan perfectamente acabada como el Himno Nacional.159
Gritos de entusiasmo se escuchaban en el Teatro, los aplau-
sos se confundían a los gritos y los corazones exaltados co-
menzaban a manifestarse por los ojos de los circunstantes
en la forma tierna y cálida de las lágrimas160

.
Con mayor brío continuó el coro entonando el Himno
Nacional hasta completarlo inacabablemente.

representado y sostenido un orden de cosas que tenía por base la constitución
cristiana de la sociedad, y por programa, el programa benéfico seguido por el
gobierno virreinal” “Triste aniversario” La Voz de México (19 de julio, 1887)
Citado por Charles A. Weeks, Op. cit., p. 43.

159

Es interesante hacer notar que en Querétaro, en 1864, se escribiría un Himno
en honor del Emperador Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota (el
cual se puede leer completo en la parte de los anexos).

160

Aunque no había, en realidad, mucho que festejar, al menos en el aspecto
judicial: “El Tribunal del Departamento de Querétaro dejó de funcionar en
enero de 1854. en la recepción de los expedientes se hizo constar la entrega de
11 legajos de causas y expedientes concluidos en los meses de enero a diciembre
de 1853, marcados con los números 116 a 126. no hay legajos correspondientes
a 1854 ni siquiera de causas inconclusas. Con ello, Querétaro quedó como un
mero distrito judicial, como en tiempos de la Colonia, solamente con baja
justicia. En lo sucesivo, los recursos de apelación, súplica, denegada súplica y el
recurso de nulidad correspondían a un tribunal ubicado fuera de los límites
territoriales de Querétaro. Desde luego que no es posible hablar siquiera de
violación de soberanía, porque los departamentos no estaban dotados de ese
atributo, sino sólo la República como un todo. Pero si cabe hablar de una
ruptura de la tradición regional probada durante casi tres décadas, en cuyo
desarrollo había soportado sin alteración un cambio de sistema político”. Juan
Ricardo Jiménez Gómez. El sistema judicial en Querétaro 1531-1872. Gobierno
del Estado / UAQ / Porrúa. México. 1999. pp. 433-434.

105

A medida que transcurría la ejecución del grandioso cán-
tico, las banderas que representaban a las naciones amigas
iban siendo inclinadas por sus portadores ante la de México,
en un ademán de reconocimiento al grandioso pueblo que
desde siglos ha luchado por realizarse y fue capaz de forjar
una cultura admirable, manifiesta en la majestuosidad de las
pirámides, en la delicada talla de sus dioses, en la forja admi-
rable de su orfebrería y que después supo asimilar la cultura
cristiano-europea para, con la propia constituir, el mestizaje,
la mexicaneidad.
Al terminar la ejecución del Himno Nacional, la ovación
emocionante y estruendosa y prolongada que siguió es in-
descriptible.161

Es importante mencionar que para 1867, para festejar la
independencia nacional, en Querétaro se realizó un festival,
el cual fue organizado por la Junta Patriótica de Querétaro,
en dicho festival se cantó el Himno Nacional, pero, en vez
de ser el que había compuesto González Bocanegra, fue otro,
uno escrito especialmente para honrar esa fecha.162

161

“La solemne fiesta cívica terminó con imponentes “gallos” que recorrieron las
calles de Querétaro derrochando alegría y entusiasmo patrióticos” Trueba Urbina,
Op. cit., pp. 54-55

162

Se respetó la forma original en que está escrito el Himno Nacional. En el
periódico La Sombra de Arteaga dice que el autor es Hilarión Frías y Soto.
También, respecto a las festividades, menciona que “Terminó el acto oficial
cuando iban á dar ya las once de la noche. Entonces salieron un grupo de 12
niñas y 12 niños, dos jóvenes y los SS. Pastor y Vallejo. Este último empuñó la
bandera nacional y se colocó en el centro del grupo. La orquesta entonó el
himno nacional. El teatro estaba pleno. Todo el mundo se puso en pié y un
aplauso inmenso y prolongado resonó por todas partes: la gente se agolpaba por
las puertas y no pudiendo contener el local aquella multitud, esta rebozaba
invadiéndolo todo. El coro general entonó entonces su estrofa, la estrofa cuya
letra conocen ya nuestros lectores [se había dado a conocer en el mismo perió-
dico el 27 de agosto de 1867]. Era el himno compuesto expresamente para la
presente solemnidad. Y después las voces principales cantaron sus octavas con
tanta pureza con tanto sentimiento que el público electrizado aplaudía más y
más. Pero lo sublime, lo arrebatador, fue el coro de niñas. Recordamos que en su
estrofa dice así: Ave oh Patria! Tus hijas llegamos / Agrupadas al pié de tu altar / Y
en la frente arrugada del mártir / Damos un beso de paz. Figuraos un grupo de

106

Ya antes habíamos mencionado que el Himno Nacional
de González Bocanegra-Nunó había pasado casi inadverti-
do durante el siglo XIX, y que en cambio los liberales tenían
su propio himno163

con el cual afirmaban su ideología libe-
ral. Recordemos que para 1867 en Querétaro se festejaba,
igual que en otras partes de la república, el triunfo de la se-
gunda república; es decir, el triunfo de Benito Juárez sobre
Maximiliano de Habsburgo, por ello, los liberales no reco-
nocían al Himno de González Bocanegra-Nunó, pues re-
presentaba al grupo conservador.164
Aún así, para los liberales, el himno que habían festejado
y que representaba sus ideales, no era motivo de reconoci-
miento sagrado, pues el mismo periódico nos informa que,
al siguiente día: “Allí hemos tenido el gusto de oír otra vez el
himno nacional, y las magníficas piezas cantadas por los SS.
Pérez, Sánchez y Vallejo. […] A todos damos las gracias en
nombre del gobierno por la deferencia y buena voluntad con

ángeles vestidos de gasa blanquísima, de niñas, ceñidas por una banda tricolor,
rizadas sus cabezas infantiles, risueñas, conmovidas levantaron esa voz dulce,
de timbre argentino agudo y sonoro que sólo imita el cristal herido por el cristal.
Y al pronunciar el último verso todas se levantaron a besar la bandera tricolor...
era la misma que había ondeado en el fuerte de Loreto de Zaragoza el día 5 de
Mayo de 1862. Y una de aquellas niñas, la más pequeña, profundamente
enternecida se puso de rodillas para besar el pabellón nacional. Entonces el
arrebato del público no tuvo límite. El pueblo no aplaudía sino que bramaba
como la tempestad de los mares. Y en todos los ojos brotaron lágrimas de
ternura: nadie podía contenerse” La Sombra de Arteaga. Jueves 19 de septiem-
bre de 1867. Archivo Histórico del Estado. Como podemos ver, la descripción
del evento es muy parecida a la que nos narra José Guadalupe Ramírez Álvarez,
ello obedece, -creemos-, a que en Querétaro, al igual que en otras partes de la
república, el fervor patriótico estaba a flor de piel, quizás por las constantes
luchas intestinas que había desangrado y cansado a los hombres y mujeres de
aquel entonces. (en los anexos se puede leer completo este himno).

163

Igual que, -como se mostró anteriormente-, los pro-imperialistas queretanos le
habían compuesto a Maximiliano de Habsburgo su propio himno.

164

Recuérdese que González Bocanegra le había compuesto en 1862 un himno a
Miguel Miramón.

107

que amenizaron este acto”;165

como podemos ver, el himno
no sólo se cantó en el recinto oficial, sino que, posterior-
mente, se volvió a escuchar a la par que otras piezas y cantos
“para amenizar” a la concurrencia.

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