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La diferencia como una clasificación natural predeterminada o una afirmación ontológica

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La diferencia como una clasificación natural predeterminada o una afirmación ontológica

7.12.2006

La diferencia como una clasificación natural predeterminada o una afirmación ontológica
Abdel Anahí Vidrio F02366576 La teoría postulada por René Guénon podría considerarse una “antítesis” de la filosofía propuesta por Gilles Deleuze –donde la “diferencia” desempeña un papel crucial en la ontología-, puesto que apela a un ser que esta totalmente determinado y limitado, para Guénon, la diferencia esta plenamente definida y tiene una función específica. Si bien es cierto que, Guénon menciona la importancia de realizar una distinción precisa del “ámbito esencial” y del “ámbito accidental”, es decir, entre los principios necesarios y las circunstancias contingentes, además de tratar a lo largo de varias obras la situación confusa que se vive, especialmente en la época moderna, sobre estos conceptos; el planteamiento que realiza en su libro Autoridad espiritual y Poder temporal no parte de un análisis como en su momento lo hizo Bergson1, Guenón se refiere al problema de pensamientos racionalistas y empiristas que atentan –por su escepticismo- de una u otra manera, al orden natural –cósmico- que la metafísica estudia, de tal suerte que la única manera de revertir esta situación sería por medio de la restauración del “espíritu tradicional”, es decir, regresar a la “tradición primordial”. Por el contrario, Deleuze, basará su teoría en cuestiones como la diferencia, la afirmación y la repetición, influenciado por filósofos2 como Henri Bergson y Friedrich Nietzsche para fundamentar su ontología de la diferencia, la cual abole el preformismo de la multiplicidad en la unidad y da pie a la libertad de la multiplicidad de la organización, donde el individuo, a partir de una voluntad de poder puede, crear su propia vida. La determinación como orden universal Guénon asevera que en casi todas las culturas –y con mayor claridad en las culturas antiguas- se encuentra frecuentemente la representación de una “tradición primordial”, que atiende a la delimitación del “poder espiritual” y del “poder temporal”, y utilizará se referirá a la religión hindú, para ejemplificar cada uno de estos poderes y de cómo éstos se representan por razas. El hinduismo considera la existencia de una “casta primitiva única”, que cuenta con un grado espiritual muy elevado y que va más allá del resto de castas que se constituyen ulteriormente; cada una de ellas, representa diferentes funciones sociales a desempeñar por cada uno de los individuos. Dicha distinción social es la que constituye a la especie humana, es una “clasificación natural” a partir de la cual se distribuyen “divinamente o naturalmente” las atribuciones de cada sujeto, es decir, se nace con una función determinada en la sociedad.
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Henri Bergson menciona que la intuición es el método que divide o separa las representaciones en términos de diferencias de naturaleza o de grado. El método plantea principalmente tres reglas: 1) la denuncia de falsos problemas, entre los cuales se encuentran los problemas inexistentes y los problemas mal planteados; 2) la búsqueda de verdaderas diferencias de naturaleza y de cómo lo real también tiene convergencias entre lo ideal y lo virtual; 3) el planteamiento de problemas y su solución en función del tiempo más que del espacio. 2 Baruc Spinoza es otro de los autores en los cuales Deleuze basa su teoría a partir del concepto de inmanencia, sin embargo, este no será un tema que se discuta en este trabajo.

La primera distinción por excelencia en cuanto a las castas es la de los brâhmanes y los kshatriyas, que son los que de mejor manera pueden representar cada uno de los poderes o ámbitos que existen en el mundo. Los brâhmanes corresponden al “poder sacerdotal” y los kshatriyas representan el poder temporal o también conocido como real. Según la tradición hindú, el mundo atraviesa por el Kali-Yuga, es decir, la cuarta etapa del Manvantara o Era de Manu3, en la cual se ha dado la subversión del orden normal, de manera que, el “poder temporal” subyugado al espiritual. Todo lo que existe en el mundo participa de las Leyes Universales, que son las esencias eternas e inmutables contenidas en la actualidad del Intelecto Divino –Manu-. Es por lo anterior, que todas la “cosas contingentes” representan los principios según su orden de existencia, de otro modo, no serían más que pura nada, en otras palabras, todo lo que existe en el mundo viene a cumplir con una función –divinamente- asignada. Este orden universal o natural que se manifiesta por medio de las clases sociales, no niega la diferencia, sin embargo, esta diferencia no es vista como una manifestación del ser, sino que atiende a una finalidad que es el de cumplir con una función que a su vez de pie a un equilibrio universal. La raza que corresponde al poder sacerdotal tendrá como función esencial la conservación y transmisión de la doctrina tradicional, la sabiduría es su atributo. Los kshatriyas son los hombres que nacieron para la acción, no para el conocimiento, representan la fuerza, el ejercicio de todo poder exterior y visible. Cualquier intento que se realice en contra de esta denominación de funciones, es decir, cualquier diferencia a las leyes establecidas, será negado por la misma fuerza del dharma, por ser un movimiento antinatural: “el poder temporal se arruina a sí mismo cuando desconoce su subordinación frente la autoridad espiritual, porque, todo lo que pertenece al mundo del cambio, no puede bastarse así mismo, puesto que el cambio, sin un principio inmutable, es inconcebible y contradictorio”. (Guénon:1929:42) La diferencia como fundamento ontológico A partir de otras teorías filosóficas como la de Bergson y otros, Deleuze realiza una crítica a todo aquel pensamiento que considera que el “ser” esta bajo el influjo de un proceso negativo de determinación, o bien, una dialéctica “determinista”; no esta de acuerdo con un movimiento negativo, en el sentido de que la diferencia parta de una negación del ser, es decir, que la existencia de algo sea la negación de alguna otra cosa. Todo lo contrario a esto, Deleuze considera que para que el ser sea necesario deberá ser indeterminado, esto significa que el movimiento será positivo y no negativo; la diferencia será de naturaleza, es decir, que es interna y no externa, será la diferencia lo que sostendrá al ser, lo fundamentará y le suministrará su parte necesaria y sustancial.

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Una parte fundamental en la teoría de Guénon es la figura del Rey del Mundo o Manu, como legislador primordial y universal, el cual se hace presente en todas las culturas ya sea como Dios, Brahmâtmâ, Metatrón, Melki-Tsedeq, entre otros nombres, este Rey del Mundo representa el dharma o ley universal.

Al igual que Guénon, Platón fundamenta la diferencia en virtud de un destino o una causa final y que, contrario a lo que defiende Deleuze, es sólo diferencia de grado no de naturaleza, puesto que la causa de la diferencia es externa, por tanto no pueden sustentar el ser como necesario. La noción de multiplicidad basada en diferencias de naturaleza, apela a la multiplicidad de organización, esto quiere decir que no existe un orden establecido, ya que esto sólo implica cuestiones cuantitativas y no cualitativas; a partir de un movimiento positivo del ser entre lo virtual y lo actual se sustenta su propia necesidad, además de proporcionarle al mismo tiempo, diferencia, unidad y multiplicidad. Esta diferencia y multiplicidad se puede apreciar en Bergson, quien explica la relación que existe entre la virtualidad y la actualidad, donde la duración y la memoria proporcionan los elementos necesarios para explicar la diferencia interna así como su división y cambio de naturaleza, como se mencionó anteriormente. Pero Deleuze también retoma de Nietzsche conceptos que de igual manera fundamentan esta ontología de la diferencia como la voluntad de poder, la afirmación y el eterno retorno. Si bien la metafísica se distingue por la división de dos mundos, en donde esencia y apariencia se contraponen, no es algo que se le pueda atribuir exclusivamente a Sócrates, sino que es una división que se da en otras culturas orientales, como, el hinduismo, el islamismo, el judaísmo entre otras que, basan gran parte de su pensamiento filosófico, político y social, en este precepto. Primeramente Nietzsche hace una crítica al papel que tiene el filósofo, el cual durante mucho tiempo ha fungido como sacerdote, y se ha visto atrapado en un pensamiento pasivo, que juzga o mide la vida a partir de valores superiores, generando un movimiento negativo. El verdadero papel del filósofo es entonces del legislador, quien deja de lado el ideal del conocimiento por la interpretación y el descubrimiento de la verdad, por el de la evaluación, y quien no tendrá un papel sumiso sino que será crítico y creador. La voluntad de poder en Nietzsche consiste en crear y dar, el poder no implica un deseo de dominar, sino que es meramente la actitud de construir partiendo del hombre mismo. Cuando Nietzsche habla sobre la muerte de Dios, más que nada se refiere a la muerte de los valores predeterminados, que tienden a un nihilismo como fuerza reactiva que limita, es dar pie a la negación, es decir, a un devenir del esclavo; siendo el esclavo aquél que carga con el peso de los valores “superiores”. Deleuze apoya la idea de una transmutación de valores, en un devenir activo, una afirmación dentro de la voluntad de poder, donde el ser deje de negarse, y devenga en la multiplicidad y se afirme, de tal suerte que, lo múltiple no este sometido a una jurisdicción. Es a partir de lo anterior, que el juego del eterno retorno implique el regreso del devenir del ser, en donde no sea un retorno de lo mismo, sólo es el movimiento lo que deviene. El eterno retorno no es sólo un pensamiento selectivo, sino el ser mismo; el ser se afirma a partir de este movimiento y expulsa de sí todo lo que contradiga su afirmación. Para Guénon, todas las cosas se encadenan y corresponden para concurrir a la “armonía universal y total”, puesto que la armonía es el reflejo de la unidad principal en la

multiplicidad del mundo manifiesto. La institución de castas es algo que en Occidente ha sido muy criticado, ya que, según Guénon, no hay una comprensión de la importancia de la “diferencia de naturaleza” que existe entre los individuos humanos, y sobre todo, al respeto de dicha jerarquía, de tal manera que, si la humanidad no se rigiera por esta jerarquía sólo existiría el desorden y la confusión, porque el concepto de igualdad no existe en ninguna parte. Todo lo contrario a Guénon, Deleuze sí considera que la diferencia es un movimiento positivo del ser, que no atenta en absoluto a un orden, ya que el orden establecido parte precisamente de esta constante en la multiplicidad, el sujeto se ve envuelto en una gama de posibilidades y esta en su voluntad que estas posibilidades se concreticen en algo real. El devenir del retorno y de la afirmación es lo que le proporciona al individuo la posibilidad de crear, el pasado es lo que sienta las bases al futuro, este devenir en sentido deleuzeano, podría considerarse como una constante, no como ley, no como una determinación, el hombre puede ser Dios, en el sentido de que el mismo tiene la voluntad de poder para crear su propia existencia.

Bibliografía Deleuze, Gilles (1996) El Bergsonismo, Madrid: Ediciones Cátedra, S.A. ------- (2000) Nietzsche y la filosofía, Barcelona: Anagrama. Colebrook, Claire (2002) Gilles Deleuze, Oxford: Routledge. Hard, Michael (2004) Gilles Deleuze: un aprendizaje filosófico, Buenos Aires: Paidós.

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