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La Mujer en los Juegos Olímpicos

La Mujer en los Juegos Olímpicos

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Artículos escritos por José Osvaldo Casás sobre la historia de la participación de la mujer en los Juegos Olímpicos y su significado para el Club CUBA
Artículos escritos por José Osvaldo Casás sobre la historia de la participación de la mujer en los Juegos Olímpicos y su significado para el Club CUBA

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08/26/2012

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Seguramente las palabras más

recordadas del Acto de Apertura de
las Olimpíadas de Londres 2012 serán
las que en su breve discurso pronunció
el Presidente del Comité Olímpico
Internacional (COI), el doctor Jacques
Rogge, cuando señaló: “Por primera
vez en la historia de las Olimpíadas
todos los equipos participantes
contaron con atletas femeninas. Esto
es un paso enorme hacia la igualdad
de género”.

Las palabras del actual Presidente del
COI, cobran especial significado por
las cualidades que distinguen su
personalidad. Nació en Gante
(Bélgica) en el año 1942 y estudió
medicina en la Universidad de esa
ciudad donde obtuvo su graduación
profesional. Como deportista compitió
en vela en los Juegos Olímpicos de
México en 1966, Munich 1972 y
Montreal 1976 y si bien no consiguió
ninguna medalla, llegó a ser campeón
del mundo en su disciplina. También
jugó al rugby e integró el seleccionado
de su país.

Cuando Rogge se retiró de la
competición integró el Comité
Olímpico Belga en representación de
El discurso del Presidente del Comité Olímpico
Internacional en la Apertura de los Juegos de Londres
los deportistas, alcanzando la
presidencia de ese organismo en el
periodo 1989-1992, al tiempo que
también pasaba a formar parte de los
Comités Olímpicos Europeos (1989-
2001). En 2001 fue elegido Presidente
del Comité Olímpico Internacional,
cargo que viene desempeñando
hasta la fecha. En otro orden, por su
trayectoria, fue nombrado caballero
por el Rey Alberto II de Bélgica, quien
además le otorgó el título de Conde.

Si algo lo ha caracterizado como
Presidente del Comité Olímpico
Internacional ha sido su decidida lucha
contra la corrupción y el dopaje, lo
que lo llevó, en el primer aspecto, a
prescindir de su Vicepresidente, el
surcoreano Kim Un Yong (condenado
judicialmente en su país) por su obrar
poco transparente en las visitas a las
ciudades candidatas para la
organización de futuros juegos y la
elección de las sedes; y en el segundo
aspecto, a marcar una férrea política
de expulsión de atletas que saltearon
varios controles en la víspera de los
Juegos de Atenas de 2004 y que
estaban llamados a competir por el
propio país organizador.

“Por primera vez en la
historia de las
Olimpíadas todos los
equipos participantes
contaron con atletas
femeninas. Esto es un
paso enorme hacia la
igualdad de género.”
Jacques Rague durante la
Ceremonia de Apertura de los
Juegos Olímpicos de Londres
2012
Autor
José Osvaldo Casás



Una publicación de



La mujer en los juegos olímpicos
Las Leonas felices con su
medalla de plata ganada
los juegos olímpicos de
Londres 2012.

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abrazarlo, descubriéndose su iden-
tidad. Calipatira fue absuelta por el
Senado Olímpico, al considerar los
jueces como eximente de su culpa
el ser hija, hermana y madre de
campeones olímpicos".*

En la Grecia Clásica, también las
mujeres llegaron a tener sus propios
Juegos, al menos en Esparta, y su
realización se debió a Licurgo, quien
tuvo una participación activa en el
diseño de la Constitución de dicho
Estado, en donde no imitó a otras
ciudades helénicas sino que
consignó reglas incluso opuestas
respecto a la mayoría de ellas. Las
Olimpíadas femeninas se realizaban
tiempo después de las masculinas,
teniendo como competencia
central una prueba atlética de
velocidad que entrenaba a las
participantes en su rapidez y fuerza,
pues era función esencial de las
mujeres libres espartanas engendrar
guerreros vigorosos.
Las Olimpíadas en la Antigua Grecia
El renacer de las Olimpíadas
En los juegos olímpicos de Paris en 1900, la inglesa Charlotte
Cooper se convirtió en la primer mujer campeona Olímpica al
vencer a la francesa Pauline Prevot en la final por 6-4, 6-2

v. Juan Famic, "Las Olimpíadas de Atenas 1896 a México 1968", Editorial
Hispano Europea, Barcelona, España, 1968


Atleta olímpico lanzando el disco.
Foto del Museo Británico.
En las Olimpíadas que se
desarrollaron en la Antigua Grecia
a partir del año 776 a.c., y
terminaron en el año 394 d.c., ante
la prohibición del emperador
romano Teodosio, sólo podían
tomar parte los varones. Las mujeres
quedaban terminantemente excluí-
das. La infracción de este precepto
estaba castigada con la muerte: la
ley prescribía el despeñamiento de
la infractora desde el monte Tipeo.

La única transgresora de la norma
que se conoce es la célebre
Callipatira, quién fue absuelta tras
presenciar la participación de su
hijo Pesirrodos, que competía en la
carrera del estadio. Como la
entrada al recinto deportivo le
estaba prohibida, Callipatira entró
en el estadio camuflada bajo una
túnica de entrenador, y se colocó
en el lugar que a éstos estaba
reservado. Terminada la carrera,
como su hijo se alzó con el triunfo,
Callipatira, abandonó toda pruden-
cia y se lanzó a la arena para
En la era contemporánea los Juegos Olímpicos
dieron nuevamente testimonio de la discriminación
de la mujer, situación afortunadamente hoy
superada totalmente. Pierre de Frédy, Barón de
Coubertin, fue el impulsor de la resurrección de las
Olimpíadas al fundar en 1894 el Comité Olímpico
Internacional, organismo que tomaría la
trascendente decisión de volver a celebrarlas cada
cuatro años, eligiendo a Atenas como sede de las
primeras en 1896. En aquella ocasión Coubertin —
reconocido misógino —, preservó la perimida
costumbre de la antigüedad y las olimpíadas se
llevaron a cabo con la asistencia de 111 atletas de
13 países, pero con la exclusión de la participación
femenina.

De Coubertin pensaba que "incluir a las damas (en
las actividades olímpicas) era impráctico, poco
interesante, no estético e incorrecto". A su vez un
vocero del COI agregaba sobre el tema de los sexos:
"Creemos que los juegos olímpicos deben reservarse
para la solemne y periódica exaltación del atletismo
masculino, con el internacionalismo como base, la
lealtad como credo, el arte en su realización y el
2 La mujer en los juegos olímpicos


* v. Conrado Durantez, "La Historia
Olímpica - Olímpic 776 a. C. -
Barcelona 1992", edición del Comité
Olímpico Español, p. 10 y ss.,
Barcelona, 1992




















































No… Entonces, ¿por qué
autorizarlas a participar en algunas
y prohibírselo en otras?”.

En la sesión del COI de Amberes en
1920, Coubertin, abstraído a la
evolución que ya experimentaba el
deporte en la mayoría de los países
aseguraba: “Yo no admitiría a las
mujeres, quienes en regla general
no deberían participar en los juegos
en absoluto”.

La intransigencia y la misoginia de
Coubertin condujo a que, bajo el
impulso de la francesa Alice Milliat
(1884-1957), practicante del Remo
y dirigente deportiva, se fundara en
1921 la Federación Deportiva
Femenina Internacional (FSFI) para
poner fin a tal discriminación,
entidad que organizó los Juegos
Mundiales Femeninos de París en
1922 con gran suceso y en
Gotenborg, Suiza, en 1926, donde
concurrieron aún más represen-
taciones nacionales. De tal modo,
la FDFI se convirtió en el azote de
Coubertin y de la Federación
Internacional de Atletismo (IAF), a
los que conminó a dar plena
entrada a las mujeres en las
Olimpíadas. Al mismo tiempo, se
produjo un importante cambio en
el COI al pasar a ser presidido por el
conde belga Henri de Baillet-Latur,
reconocido defensor de la
participación de la mujer en los
Juegos.

En su discurso de despedida
durante las Olimpíadas de
Amsterdam de 1928, que marcaron
el punto de inflexión al dejarse de
lado la exclusión femenina, el Barón
de Coubertin, igual pronunció una
frase que dio lugar al más
generalizado rechazo, cuando al
referirse a las mujeres, señaló a su
respecto: “Para ellas la gracia, el
hogar y los hijos, reservemos para
los hombres la competición
deportiva”

Fue así que, recién en 1928, las
mujeres aparecieron en las pruebas
de atletismo, consistentes en 100 y
800 metros llanos, relevos cuatro
por cien, salto de altura y
Mildred Didrikson durante su
participación en los 80 metros con
vallas en las Olimpíadas de
Los Ángeles, 1932.
Alice Millet durante una
competencia de remo.
aplauso de la mujer como su
recompensa... ". Es que, el papel de
las damas en dichos aconteci-
mientos deportivos se limitaba a
“coronar a los vencedores”.

La mujer tuvo una fugaz interven-
ción en los Segundos Juegos
Olímpicos que se llevaron a cabo
en París en 1900, adonde
participaron un puñado de tenistas
y golfistas. En las Olimpíadas de
Saint Louis, EEUU, en 1904
participaron en tiro con arco
llegando en las Olimpíadas de
Londres en 1808 a participar en
Vela y Patinaje Artístico.

A pesar de estas participaciones en
pruebas periféricas y fuera del
Estadio Olímpico, la posición de
Coubertin no cesaba cuando
sostenía: “Nosotros afirmamos que
los juegos olímpicos deben estar
reservados a los hombres ¿Es
posible aceptar que las mujeres
participen en todas las pruebas?:
3
La mujer en los juegos olímpicos

lanzamiento de disco. De todos
modos, en la carrera de 800 metros,
varias participantes, por falta de
entrena-miento adecuado, debieron
retirarse agotadas, lo que reviviría el
debate sobre su participación en los
Juegos dando lugar a agrias
polémicas, arribándose a modo de
laudo com-ponedor, a admitir la
participación de las mujeres en
carreras de velocidad de una
distancia máxima de 200 metros, lo
que recién sería revisado en las
Olimpíadas celebra-das en Roma en
1960.

Ya en Los Ángeles, en 1932,
participaron 127 deportistas mujeres,
siendo Mildred "Babe" Didrikson la
estrella de esos Juegos al ganar dos
medallas de oro en 80 metros con
vallas y jabalina.





















































En cuanto a la intervención argentina
en las Olimpíadas, la misma se
concreta recién en las de París de
1924, y es en las de Berlín del año
1936, cuando una mujer obtiene la
primera medalla femenina para
nuestro país, en dicho caso la de
plata, por el segundo puesto en
natación 100 metros estilo libre, con
la actuación de Janette Capbell.

Cabe añadir en este punto la
intervención olímpica de deportistas
mujeres del Club Universitario de
Buenos Aires. Tal es el caso de
Victoria Carbó, quien integró el
equipo de hockey sobre césped
femenino en los Juegos Paname-
ricanos de 1987 de Indianápolis,
EEUU, y de 1991 de La Habana,
donde en ambas ocasiones, este
deporte alcanzara la medalla de oro.
Entre estas dos competencias integró
el equipo del mismo deporte en los
Juegos Olímpicos de 1988 de Seúl,
Corea del Sur, en que dicho
seleccionado, al obtener el séptimo
lugar, ganó su primer diploma
olímpico, sembrando las bases del
equipo nacional de “Las Leonas” que
ha coronado tantos éxitos deportivos
en el plano internacional. Victoria
integró el Seleccionado Juvenil en
1979, a los 16 años, y el Nacional
desde 1980, equipo en el cual ocupó
su capitanía y la llevó a ser ternada
para el Premio Olimpia.

Tampoco puede omitirse la
trayectoria de Paula Reinoso en el
deporte de la vela, quien se inició a
los 8 años en la Clase Optimist en la
sede de Núñez del Club, accediendo
a la condición de subcampeona,
categoría femenina de dicha clase
en el año 1987, para obtener en
enero de 1988, el primer premio
femenino en la Semana del Yachting
del Club Náutico Mar del Plata. En
tales condiciones, y pasando a
revistar en la Clase 470 femenina,
representó a la Argentina en las
Olimpíadas de Atlanta 1996, Sidney
2000 y Atenas 2004.



“La mujer ha debido
recorrer un arduo
camino para
superar un estado
de marginación y
lograr exteriorizarse
en plenitud, incluso,
en el terreno de las
competencias
olímpicas”
Victoria Carbó,
Magdalena
Aicega y Jorgelina
Rimoldi durante un
evento de la
Secretaría de
Deportes en 2006.
Jeanette Campbell,
tapa de El Gráfico,
1935.
La mujer en los juegos olímpicos
La mujer Argentina en las Olimpíadas
4

















































Reflexión final sobre la participación de la mujer en las Olimpíadas

de indumentaria para facilitar la
concurrencia de mujeres que
profesaran la religión musulmana
(tales como Arabia Saudita, Quatar
y Brunei).

Es que, como lo señalara el
catedrático italiano Sabino Cassese
1
una nota característica de los
últimos 50 años del Siglo XX, es que
el mundo se ha ampliado consa-
grando en el plano internacional
una serie de principios, derechos y
garantías con vigencia práctica-
mente universal que se expresan,
por un lado, en el campo de los
Derechos Humanos, como lo
testimonian las numerosas conven-
ciones, pactos y tratados interna-
cionales en la materia
2
; y por otro,
en el campo de las actividades
deportivas, lo que ha permitido,
sobre la base de reglas ciertas y no
controvertidas a lo largo y a lo
ancho del mundo el desarrollo de la
confraternidad a través del deporte
—cuya práctica se ha considerado
un derecho humano por la Carta
Olímpica— en donde atletas,
individualmente o conformando
equipos de conjunto; integrados por
jugadores de las más diversas razas;
que hablan, a su vez, diferentes
lenguas; que pertenecen a variadas
culturas; y que profesan credos
distintos, o el agnosticismo o el
ateísmo, puedan competir entre sí.

Pensemos por ejemplo, en el caso
del fútbol, que además de un
deporte ampliamente difundido, se
ha convertido en un espectáculo
con fuerte presencia en los medios,
con transmisiones incluso intercon-
tinentales. Los deportistas que lo
practican conforman equipos con
once jugadores; se someten a las
decisiones de un árbitro asistido por
sus colaboradores; saben que si la
pelota traspone los límites de la
cancha, la ingresa un jugador del
equipo contrario con la mano o con
el pie según haya salido por los
laterales o por las líneas de fondo; se
juega en dos tiempo de 45 minutos,
a los que se adicionan el de las
interrupciones del juego; conocen
Sarah Attar, la primera mujer saudí en participar en atletismo olímpico,
compitiendo en Londres 2012.


en los órganos directivos de las
organizaciones deportivas nacionales
e internacionales con vistas a la
aplicación estricta del principio de
igualdad de sexos” y se añade que
“Toda forma de discriminación con
respecto a un país, a una persona, ya
sea por razones raciales, religiosas,
sexo u otras, es incompatible con la
pertenencia al Movimiento Olímpico”.

Aquí cabe destacar la lucha de
Linda Weil-Curiel, co-fundadora del
Comité Atlanta+, abogada france-
sa que bregó para que solo se
aceptaran en las siguientes Olimpí-
adas delegaciones deportivas que
incluyeran mujeres, no admitién-
dose para excluirlas pretextos
culturales y/o religiosos.

Sobre tales bases, se conformó en
el año 2004 la Comisión Mujer y
Deporte del COI, presidido por la
estadounidense Anita DeFrantz,
quien demandó que el 100% de las
delegaciones estuvieran conforma-
das por deportistas de ambos sexos,
admitiendo flexibilizar ciertas reglas
Vale la pena destacar que,
garantizada la presencia de la
mujer en todas las delegaciones
que se hicieron presentes en las
Olimpíadas de Londres, ello no fue
sino consecuencia de la aplicación
de los “principios fundamentales”
de la Carta Olímpica donde puede
leerse:

“El Movimiento Olímpico tiene como
objetivo contribuir a la constitución de
un mundo mejor y más pacífico,
educando a la juventud a través del
deporte practicado sin discriminación
de ninguna clase y dentro del espíritu
olímpico, que exige comprensión
mutua, espíritu de amistad, solidaridad
y juego limpio”
Para concretarlo el Movimiento
Olímpico “participará en las acciones
a favor de la paz, actuará para
proteger los derechos de los miembros
del Movimiento Olímpico y actuará
contra toda forma de discriminación
del Movimiento Olímpico”; “…esti-
mulará, por todos los medios
apropiados, la promoción deportiva
de las mujeres a todos los niveles y en
todas las estructuras y, especialmente,
5 La mujer en los juegos olímpicos
,


Georgina Bardach,
ganó una medalla de
bronce en natación por
su actuación en 400 m
combinados, en Atenas
2004.
cuáles son las infracciones y las
penalidades, y entienden la “ley de
la ventaja” haciendo seguir la
jugada, en determinadas circuns-
tancias, como una forma de no
favorecer al equipo transgresor.

Ha sido en ambos ámbitos, en el de
los Derechos Humanos y en el de la
práctica deportiva, donde se han
construido consensos que abarcan
los cinco continentes, en los cuales
la mujer ha vencido numerosas
batallas para superar la barrera del
apartheid sexual.

A modo de balance, y como saldo
de los Juegos de Londres 2012, se
destaca que, sin discriminaciones,
todas las delegaciones olímpicas
nacionales concurrieron con depor-
tistas mujeres.

Resulta en cambio, verdadera-
mente triste, que muchos locutores
de medios televisivos, al transmitir las
pruebas femeninas, se hayan
ceñido a un relato sexista y poco
profesional. Es que abundaron en
incesantes e innecesarios comen-
tarios de las deportistas, en el mejor
de los casos devenidos en una
suerte de improvisados críticos de
pasarela de la moda, y en otros,
imitando animadores de espec-
táculos del grotesco —a los que nos
tiene acostumbrados nuestra tele-
visión—, viendo en las atletas, más
allá de la belleza de muchas de
ellas, meros objetos producidos, sin
resaltar las aptitudes técnicas, el
compromiso con la disciplina, ni la
búsqueda afanosa de la victoria
que las guiaba.

Lo cierto es que las mujeres en estas
últimas Olimpíadas no fueron un
elemento ornamental periférico,
acompañantes, invitadas, huéspe-
des, adherentes o adheridas de los
Juegos, sino deportistas cabales,
que en igualdad de dignidad y de
trato, demostraron ser excelentes
atletas, contribuyendo a construir un
mundo mejor, más pacífico y
educado, en base a la comprensión
mutua, el espíritu de amistad y el
juego limpio.

________
Notas
1
Catdrático de la “Facoltà di
Giurisprudenza” de la “Università degli
Studi di Roma I, La Sapienza".
Conferencia pronunciada en la Ciudad
de Buenos Aires en 2001, en evento
organizado por la Asociación Argentina
de Derecho Administrativo
2
Vale la pena mencionar la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes
del Hombre; la Declaración Universal de
Derechos Humanos; el Convenio
Europeo para la Protección de los
Derechos Humanos y de las Libertades
Funda-mentales; la Convención
Americana sobre Derechos Humanos; el
Pacto Internacional de Derechos Econó-
micos, Sociales y Culturales; el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y
Políticos y su Protocolo Facultativo; la
Convención Internacional sobre la
Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer, solo para
citar algunos


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