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El Milagro Del Perdon - Kimball Spencer

El Milagro Del Perdon - Kimball Spencer

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04/22/2015

El Milagro
del
Perdon

Spencer W. Kimball

http://www.cumorah.org

Prólogo

Y hacía Dios milagros extraordinarios....

(Hechos 19:1 l).

uestro Señor, Jesucristo, es ese Dios de milagros. En una ocasión
dijo a los creyentes judíos: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os

hará libres" (Juan 8:32).

¿Puede compararse milagro alguno con el que jesús nos
proporciona de "... desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de
opresión, y dejar ir libres a los quebrantados"? (Isaías 58:6). Sanó a los
enfermos, echó fuera demonios, calmó la tempestad y aun resucitó a los
muertos. Pero, ¿puede milagro alguno igualar al que libra a los hombres
de las cadenas de la ignorancia, la superstición y la transgresión? El
Profeta José Smith dijo: "Mejor es salvar a un hombre que resucitar a
uno de entre los muertos."
Pablo el apóstol dijo: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde,
oh sepulcro, tu victoria?, ya que el aguijón de la muerte es el pecado..." (1
Corintios 15: 55, 56). Y esto impele a decir: "No hay tragedia, sino en el
pecado."

Este libro no tiene por objeto entretener, sino más bien el serio
propósito de presentar pasajes de las Escrituras, experiencias y
exhortaciones con la esperanza de que por medió de estas cosas muchos
sean persuadidos a arrepentirse de sus pecados e indiscreciones, y se
dediquen a purificar y perfeccionar sus vidas.
Este propósito surgió de los años que he dedicado al ministerio
como presidente de estaca y como apóstol, durante los cuales he pasado
por muchas experiencias en mi labor con los transgresores,
especialmente aquellos que han incurrido en pecados sexuales, tanto en
los vínculos del matrimonio como fuera de ellos. Siendo las Escrituras la
firme base de la ley y la felicidad, constantemente he sentido la necesidad
de hacer una selección de pasajes que yo pudiera recomendar a los

N

ofensores. Mis apuntes de estas referencias crecieron hasta llegar a
constituir la colección de la cual proviene la presente obra.
En vista de que los hombres y mujeres son humanos y por lo
regular de mente carnal, y por motivo de que usualmente es más fácil
hacer lo malo que lo bueno, y "por cuanto todos pecaron, y están
destituidos de la gloria de Dios", tal vez he citado mayor número de
pasajes de las Escrituras sobre este tema del pecado sexual que cualquier
otro.

Para curar las enfermedades espirituales que nos ahogan e infestan
nuestras vidas, el Señor nos ha dado un remedio seguro, a saber, el
arrepentimiento.

Había sido mi determinación jamás escribir un libro, y más resuelto
me sentí al leer estas palabras de Job: "¡Quién me diera que... el
Omnipotente testificara por mí aunque mi adversario me forme
proceso!" (Job 31:35). Tres razones principales me hicieron cambiar de
parecer.

Primero, la necesidad. Cuando casi del diario me veo en contacto
con hogares destrozados, hijos delincuentes, gobiernos corruptos y
grupos apóstatas, y comprendo que todos estos problemas vienen como
consecuencia del pecado, siento deseos de exclamar junto con Alma:
"¡Oh, si pudiera salir . . . con una voz que estremeciera la tierra, y
proclamar el arrepentimiento a todo pueblo!" (Alma 29:1).
De ahí que, este libro indica la gravedad de violar los mandamientos
de Dios; muestra que el pecado sólo puede traer el pesar, el
remordimiento, la desilusión y la angustia; y advierte que las pequeñas
indiscreciones se vuelven más grandes y finalmente se convierten en
transgresiones mayores que exigen fuertes castigos. En vista de la
propagación y gravedad de la transgresión sexual y otros pecados
mayores, éstos se recalcan en forma particular. Se proporcionan señales
de peligro y pautas para reducir el riesgo de que uno sea inducido
ciegamente a entrar en senderos prohibidos.

Habiendo llegado a reconocer su grave pecado, muchos tienen la
tendencia de abandonar la esperanza, a causa de que no tienen un
conocimeinto claro de las Escrituras y del poder redentor de Cristo.
En segundo lugar, pues, escribo para hacer la gozosa afir mación de
que el hombre puede ser literalmente transformado, mediante su propio
arrepentimiento y por el don consiguiente del perdón de Dios que se
extiende a todos los pecados menos los imperdonables. Mucho mejor es
no haber cometido el pecado; dura es la vía del transgresor; pero es
posible la rehabilitación.
En tercer lugar, aquellos de nosotros que el Señor ha llamado para
dirigir tenemos una responsabilidad ineludible, igual que la de Jacob y de
José, de tomar

. . . sobre nosotros la responsabilidad, haciéndonos responsables de
los pecados del pueblo si no le enseñábam os la palabra de Dios con toda
diligencia; para que, trabajando con todas nuestras fuerzas, su sangre no
manchara nuestros vestidos (Jacob 1: 19).

Isaías amonesta: "Clama a voz en cuello, no te detengas; alza tu voz
como trompeta, y anuncia a mi pueblo su rebelión, y a la casa de Jacob
su pecado" (lsaías 58: l). Ezequiel hace esta advertencia a los que dirigen:
"¿No apacientan los pastores a los rebaños?" (Ezequiel 34:2). Y más
adelante: "Cuando [el atalaya] tocare trompeta y avisare al pueblo, cual-
quiera que no se apercibiere su sangre será sobre su cabeza" (Ezequiel
33:3,4).

La trompeta no debe anunciar "sino el arrepentimiento a esta
generación" (D. y C. 6:9). De modo que el mensaje es para todo el
mundo, no sólo para los miembros de la verdadera Iglesia de Jesucristo
de los Santos de los Últimos Días.
Estas razones y el predominio que se ha dado al tema en las
amonestaciones de todo profeta y director espiritual desde Adán en
adelante, me parecen justificar la existencia de un libro que hable
exclusivamente del pecado, el arrepentimiento y el perdón. Esto, a pesar
del hecho de que muchos escritores de la Iglesia han incluido este tema
como parte de una obra más completa.

Al escribir este libro, no me precio de originalidad ni genio literario.
En él tal vez no haya nada nuevo o impresionante. Por otra parte, he
repetido intencionalmente algunos pasajes de las Escrituras para apoyar
distintos aspectos del tema o para asegurar que se recalcarán
debidamente, con la esperanza de que aquellos que se sienten frustrados
y están en, pecado puedan lavar susropas en la sangre del Cordero", a fin
de que la paz descienda sobre ellos como rocío del cielo.
En igual manera, al escribir acerca del pecado y del arrepentimiento,
no es la intención dar a entender que el autor o cualquiera de las
personas citadas, salvo el propio Señor, se hallan sin culpa. ¡Sin embargo,
no habría mucho que nos impulsara a obrar rectamente, si todos los
oradores y escritores aplazaran sus discusiones y amonestaciones hasta
que ellos mismos fuesen perfectos!
Como se expresa Jacob: "Sé que las palabras de verdad son duras
contra toda impureza; mas los justos no las temen, porque aman la
verdad y son constantes" (2 Nefi 9:40).
Tal vez nos invadan a todos nosotros algunos de los mismos
sentimientos que sobrevinieron al apóstol Pedro cuando se acercaba al
fin de su vida:

Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros

con amonestación;

sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor
Jesucristo me ha declarado.

También yo procuraré con diligencia que después de mi partida
vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas (2 Pedro
1:13-15).

Acepto toda responsabilidad por lo que este libro contiene. En
particular, la Iglesia y quienes la dirigen quedan totalmente absueltos de
responsabilidad por cualquier error que en esta obra se encuentre.
Me es imposible a mí, o a cualquier otro ser mortal, salvar el alma
de otra persona, pero es mi humilde esperanza que por medio de este
libro algunos que estén padeciendo los perniciosos efectos del pecado
puedan recibir ayuda para encontrar el camino que conduce de las
tinieblas a la luz, del sufrimiento a la paz, de la miseria a la esperanza y de

la muerte espiritual a la vida eterna. Si en cualquier grado la presente
obra logra esto, y ayuda a confirmar a otros en una vida de justo
empeño, mis esfuerzos en su producción se habrán justificado.

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