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Respetemos La Naturaleza

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Published by: Abg. Libertad Regalado Espinoza. MBA on Aug 13, 2012
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RESPETEMOS LA NATURALEZA Libertad Regalado E.

Creí que el irrespeto a la naturaleza era una condición inherente a todos los ciudadanos

del mundo, pero con mucho gusto he comprobado que no es así, hay pueblos, donde se practica esa consideración al medio ambiente, nada es agresivo, de tal suerte que las casas o los edificios parecen emerger en medio de los árboles, lo que los diferencia de nosotros, que cada vez que queremos construir una nueva ciudadela, terminamos con cualquier manifestación de la naturaleza, para instalar donde antes estaba la vida, el frío cemento. En Guatemala hay comunidades indígenas donde tienen una costumbre: por cada hijo que nace están obligados a sembrar un árbol, el cual se convertirá en el símbolo de su identidad y lo acompañará en su vida. Quienes viven en Río de Janeiro, a pesar de los millones de habitantes que pululan en sus calles, son incapaces de cortar un árbol, claro que esto no es gratuito, las ordenanzas son respetadas; caso contrario, todo el peso de la ley cae sobre quien osó talarlo. Qué amplias y hermosas son sus playas, el mar mantiene los mismos derechos de hace miles de años sobre ellas, nadie ha osado ganarle un centímetro, por eso miles de turistas pueden disfrutar su gran dimensión. Sus malecones no son de cemento, ni hay vías rápidas rompiendo el equilibrio de la naturaleza, se dejan admirar, palpar si sobresaltos; con esa libertad que es la partida de nacimiento de los pueblos que nacieron junto al mar; los transeúntes disfrutan de la brisa que llega a raudales, mientras sus pies miden la diminuta arena que alegre se extiende en esas interminables playas llenas de alegría y colorido y las montañas están intactas, conservan sus plantas nativas, una que otra casa emerge entre los árboles. Aquí parece que nuestro placer radica en robarles su ropaje verde y transformarlas en una mole de cemento, o pasar sobre ellas máquinas, hasta dejarlas convertidas en una planicie. De esta forma, lugares donde veíamos crecer libremente los ceibos, los bototillos, el jaile, el algarrobo, el moyuyo se transforman en selvas de cemento. Entiendo que el incremento explosivo de la población obliga a nuevas urbanizaciones, pero por qué no respetar su topografía y por lo menos un 50% de la vegetación, o si cortamos un árbol, sembrar otro, creando pequeños oasis. Hablamos del calentamiento global, llenamos páginas en revistas y periódicos, armamos paneles y debates, para tratar el tema como si fuera un mal de los otros, esto lo hemos provocado todos, con nuestra violación constante a la madre tierra. Sembremos árboles, cuidemos las pocas elevaciones que rodean las ciudades, limpiemos los cauces de los ríos, dejemos de contaminar sus aguas, devolvamos al mar sus playas o las que aún quedan intactas no las clausuremos con malecones de cemento. Aprendamos a vivir pensando que el mañana no nos pertenece, por que es un legado para las nuevas generaciones.

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